«

»

Mar 31 2024

LA GUERRA INVISIBLE, SAN NICODEMO EL AGHIORITA

ΑΓΙΟΥ ΝΙΚΟΔΗΜΟΥ ΤΟΥ ΑΓΙΟΡΕΙΤΟΥ

ΑΟΡΑΤΟΣ ΠΟΛΕΜΟΣ

LA GUERRA INVISIBLE

SAN NICODEMO EL AGHIORITA

 

Segunda edición repasada traducción 31/03/2024

Índice de Contenido

Índice de Contenido

PRÓLOGO y PRIMERA PARTE

Capítulo A. 1 En qué y cómo se encuentra la perfección cristiana. Cómo uno debe combatir. Las cuatro armas necesarias para esta guerra.

Capítulo A. 2 No debemos confiar en nosotros mismos, ni soltar las riendas de sí mismo.

Capítulo A. 3 La esperanza y la confianza en Dios

Capítulo A. 4 Cómo puede alguien conocer si trabaja con la desconfianza en sí mismo y la plena confianza a Dios

Capítulo A. 5 El error que cometen muchos creyendo como virtud la pusilanimidad.

Capítulo A. 6 Otras experiencias por las que se obtiene la desconfianza en uno mismo y fomentan la confianza en Dios.

Capítulo A. 7 Cómo debemos instruir nuestro nus para protegerle de la ignorancia.

Capítulo A. 8 Por qué no discernimos correctamente las cosas y cómo podemos conocerlas.

Capítulo A. 9 Cómo debemos vigilar y proteger nuestro nus de las distracciones por las acciones polifacéticas y la curiosidad.

Capítulo A. 10 Cómo debemos entrenar nuestra voluntad para que en todas nuestras prácticas internas y externas solo busque agradar a Dios como su objetivo final.

Capítulo A. 11 Algunos pensamientos que fomentan el deseo del hombre de hacer siempre la voluntad de Dios en todo.

Capítulo A. 12. La lucha entre las múltiples voluntades y deseos que existen en el hombre.

Capítulo A. 13 Cómo uno debe combatir contra la voluntad insensata de los sentidos y con respecto a las acciones que la voluntad debe llevar a cabo para adquirir las costumbres de las virtudes.

Capítulo A. 14. Qué hacer cuando la voluntad lógica superior parece vencida por la insensata voluntad inferior y los enemigos.

Capítulo A. 15 Cómo uno debe luchar siempre valientemente con todas sus fuerzas

Capítulo A. 16 Cómo debe prepararse el soldado de Cristo por la mañana para la batalla espiritual.

Capítulo A. 17 Con qué orden debemos luchar contra nuestros pazos.

Capítulo A. 18 Cómo combatir los inesperados impulsos de los pazos.

Capítulo A. 19 Cómo luchar contra los pazos carnales.

Capítulo A. 20 Cómo uno debe luchar contra la negligencia.

Capítulo A. 21 La corrección de los sentidos externos y de qué manera uno puede pasar a través de ellos a la zeoría (contemplación) y a la doxología (alabanza) de Dios.

Capítulo A. 22 Las cosas sensibles que mencionamos nos sirven como medios y herramientas para corregir nuestros sentidos, si pasamos de ellos al estudio del Logos encarnado y a los misterios de Su vida y pasión.

Capítulo A. 23 Cómo debemos corregir nuestros sentidos de otras maneras, cuando se nos presentan sus objetos visibles.

Capítulo A. 24 Cómo debemos gobernar nuestra lengua.

Capítulo A. 25 Cómo debemos corregir nuestra fantasía y nuestra memoria.

Capítulo A. 26 El soldado de Cristo debe evitar con toda su fuerza las perturbaciones y molestias, si quiere luchar bien contra sus enemigos.

Capítulo A. 27 Qué debemos hacer cuando estamos heridos.

Capítulo A. 28 ¿Cuál es la táctica que tiene el diablo para luchar en general y engañar a personas de diferentes situaciones?

Capítulo A. 29 La guerra, la estafa y el engaño que utiliza el diablo para aquellos que están bajo el servicio del pecado.

Capítulo A. 30 La guerra y el engaño que el diablo usa para aquellos que conocen su propio mal y quieren ser liberados; y por qué nuestras decisiones muchas veces no dan sus frutos.

Capítulo A. 31 El engaño que el enemigo usa para aquellos que creen que caminan hacia la perfección.

Capítulo A. 32 La guerra y el engaño que utiliza el diablo para que abandonemos el camino de la virtud que seguimos.

Capítulo A. 33 El último engaño o trampa que utiliza el diablo para que nuestras virtudes se conviertan en causas de maldad.

Capítulo A. 35 Las virtudes deben adquirirse gradualmente, paso a paso, y primero debemos ocuparnos de una y luego de otra.

Capítulo A. 36 Con qué medios se adquieren las virtudes y cómo debemos gobernarnos para ejercitarnos en alguna de ellas durante un cierto tiempo en una sola.

Capítulo A. 37 Debemos avanzar con cuidado y diligencia constante en el ejercicio de la virtud.

Capítulo A. 38 Teniendo la obligación de luchar siempre por la lucha de las virtudes, no debemos evitar aquellas cosas que nos sirven de motivos u ocasiones para adquirirlas.

Capítulo A. 39 Debemos amar todas las ocasiones y motivos que provocan la adquisición de las virtudes y más aquellos que traen más dificultades.

Capítulo A. 40 Cómo podemos utilizar en diversas ocasiones para ejercitar una y la misma virtud.

Capítulo A. 41 El tiempo que debemos dedicarnos al ejercicio de cada virtud; y sobre los signos de nuestro progreso.

Capítulo A. 42 No debemos desear muchas cosas para liberarnos de las fatigas que con paciencia sufrimos; y cómo debemos gobernar todos nuestros deseos para ser virtuosos.

Capítulo A. 43: Cómo debemos resistir al diablo cuando intenta engañarnos con la indiscreción.

Capítulo A. 44 Nuestra concepción y aprecio de nosotros mismos y la incitación del diablo nos llevan a juzgar con arrogancia a nuestro prójimo. Cómo debemos resistir a esto.

Capítulo A. 45 La oración

Capítulo A. 46 Qué es la oración noerá espiritual o del corazón y cómo debe hacerse.

Capítulo A. 47 La oración que se hace a través del estudio y la θεωρία zeoría (contemplación).

Capítulo A. 48 Otra manera de oración a través del estudio.

Capítulo A. 49 Método de oración a través de la Θεοτόκος Zeotoκos María.

Capítulo A. 50 Algunas reflexiones para acudir a la Θεοτόκος Zeotokos con fe, valentía y ánimo.

Capítulo A. 51 Cómo debe uno estudiar y orar a través de los Ángeles y de todos los Santos.

Capítulo A. 52 El estudio de los pazos-padecimientos del Señor causa diversas disposiciones y sentimientos divinos en nuestros corazones.

Capítulo A 53 Beneficios que podemos recibir por el estudio del Crucificado y la imitación de sus virtudes.

Segunda parte

Capítulo B. 1 El santísimo misterio de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía.

Capítulo B. 2 Cómo uno debe recibir el divino Misterio de la Divina Efjaristía, es decir, cómo debe recibir a Cristo sacramental o mistéricamente.

Capítulo B. 3 Cómo debemos prepararnos para la divina comunión o efjaristía para ser impulsados hacia la agapi de Dios.

Capítulo B. 4 La Kοινωνία kinonía Comunión Espiritual y mental, es decir, como se comulga y se conecta con el nus espiritualmente y mentalmente con el Cristo.

Capítulo B. 5 La atribución de las gracias y el agradecimiento.

Capítulo B. 6 La ofrenda mental y espiritual, es decir, cómo uno debe mental y espiritualmente (con el nus o espíritu del corazón de la psique y la mente) ofrecerse a sí mismo y todas sus obras a Dios.

Capítulo B. 7 La piedad sensible, más la frialdad y sequedad de esta.

Capítulo B. 8 El examen de conciencia

Capítulo B. 9 Cómo prepararnos contra los enemigos que nos combaten en la hora de la muerte.

Capítulo B. 10 Cuáles son los cuatro asaltos que traen nuestros enemigos durante la hora de la muerte. Primero, el asalto contra la fe y su terapia.

Capítulo B. 11 El asalto del oscurantismo y la desesperación y su curación

Capítulo B. 12 El asalto de la vanagloria y su terapia.

Capítulo B. 13 El asalto de las fantasías y su terapia.

Capítulo B. 14 La paz espiritual del corazón

Capítulo B. 15 El cuidado que debe tener la psique para que se pacifique.

Capítulo B. 16 Esta casa pacífica se edifica poco a poco.

Capítulo B. 17 La psique-alma debe evitar los honores y amar la humildad y la pobreza del Espíritu, mediante las cuales se adquiere la paz de la psique.

Capítulo B. 18 La psique-alma debe mantenerse en soledad e hisijía espiritual, para que el Dios traiga su propia paz dentro de ella.

Capítulo B. 19 El cuidado que debemos tener a la agapi-amor hacia el prójimo, para que no nos cause molestias en esta paz espiritual.

Capítulo B. 20 Una vez que la psique-alma queda despojada de su voluntad, debes permanecer de pie ante Dios.

Capítulo B. 21 Nadie debe buscar alimentos ni algo que provoque apetito, sino únicamente a Dios.

Capítulo B. 22 El siervo de Dios no debe preocuparse, incluso cuando siente dentro de sí cierta resistencia hacia la paz que hemos mencionado.

Capítulo B. 23 ¿Cuál es la vigilancia que el diablo ejerce para perturbar la paz misma de nuestras psiques-almas? Nosotros debemos evitar sus malas astucias, engaños y fraudes.

Capítulo B. 24 La psique no debe perturbarse por las tentaciones interiores y los loyismí.

Capítulo B. 25 Las tentaciones se han dado de Dios para nuestro beneficio.

Capítulo B. 26 Qué medicina debemos usar para no molestarnos por nuestros defectos, errores y debilidades.

Capítulo B. 27 La psique debe estar pacificándose y progresando sin perder tiempo.

“La guerra invisible”, es la denominación más justa que debe tener este libro tan psicoterapéutico y sanador. Porque aunque muchos de los libros sagrados y divinamente inspirados del Antiguo y Nuevo Testamento se nombraron directamente por las cosas que enseñan, por ejemplo, el Génesis de Moisés se llamó así porque se refiere sobre el nacimiento y la Creación desde la nada (del cero); y los cuatro Evangelios, porque relatan bien los mensajes psicoterapéuticos y redentores, sanadores y salvíficos para los hombres. ¿Quién no ve por qué también este libro se llamó apropiadamente «Guerra Invisible», debido a su contenido y las cuestiones con las que trata?

Porque enseña sobre la guerra invisible, no por una guerra física y visible, no por enemigos corporales y evidentes, sino por la guerra invisible que ocurre en la mente, en la cual cada cristiano participa desde el momento en que es bautizado y promete luchar contra ella hasta su muerte, por la gracia de este nombre divino. Por eso, en relación con esta guerra se ha escrito parabólicamente en los Números… Por eso este libro del A. Testamento se llama Guerra del Señor (Números 21,14), y enseña sobre enemigos incorpóreos, inmateriales e invisibles, los cuales son los distintos pazos, las voluntades de la carne y los malvados demonios, quienes odian a los seres humanos y no dejan de atacarnos y guerrearnos día y noche. Como dijo el bendito apóstol Pablo: “Porque nuestra lucha no es contra gente de carne, hueso y sangre, sino contra principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso que dominan sobre los hombres de este siglo pecador, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios entre tierra y cielo.” (Ef 6,12).

Y los soldados que combaten en esta guerra son todos los cristianos, como aprendemos de este libro. Como Capitán General se presenta nuestro Señor Jesús Cristo, rodeado por todos los capitanes y centuriones, es decir, de todas las legiones de “Ángeles y Santos”; el campo de batalla y el lugar donde se lleva a cabo esta guerra es el corazón mismo y todo el ser interior del hombre, y el tiempo de esta guerra es toda nuestra vida.

¿Cuáles son las armas con las que equipa a sus soldados esta Guerra Invisible? Escuchadlos; sus cascos y corazas, son la completa desconfianza y desesperanza en sí mismos; sus banderas y camisas de hierro son el coraje hacia Dios y la esperanza firme; su armadura y peto o corpiño son el estudio de los pazos (padecimientos, pasiones) del Señor; sus cinturones son la abstinencia de los pazos y deseos carnales; sus zapatos son la humildad y el reconocimiento de su propia debilidad y enfermedad; sus escudos son la paciencia en las tentaciones o pruebas y el alejamiento y expulsión de la negligencia; sus espadas, que sostienen con una mano, son la oración divina, tanto la llamada noerá, del corazón o de Jesús y la oral, como también aquella que se hace con el estudio; y mástil o lanza tridente que sostienen con la otra mano, es no dar su consentimiento al pazos que les está atacando y combatiendo , rechazándolo con ira y odiarlo y aborrecerlo desde lo profundo de sus corazones, así con su corazón llegan a tenerlo asco y repulsión.

Su alimento, del cual se alimentan para fortalecerse contra los enemigos es la continua Divina Comunión o Efjaristía, tanto de la mistagogía (iniciación mística) del sacrificio de la Divina Liturgia, como también del espiritual,  como la atmósfera luminosa y sin nubes, a través de la cual ven a los enemigos desde lejos; es la continua práctica del nus (espíritu de la psique y la mente para que pueda conocer correctamente las cosas y un continuo ejercicio de la voluntad para querer agradar sólo a Dios, y la paz del corazón y la ἡσυχία hisijía (tranquilidad y serenidad interior y exterior).

Aquí en esta Guerra Invisible, o mejor dicho, en esta Guerra del Señor, los soldados de Cristo aprenden las diversas estafas, artimañas y engaños, de todo tipo de maquinaciones, estrategias difíciles y tácticas utilizadas por los enemigos invisibles a través de los sentidos, de la fantasía y mediante la reducción de la devoción o piedad y especialmente a través de los cuatro asaltos, ataques que conducen al tiempo o momento de la muerte (espiritual); es decir, la incredulidad, la desesperación u oscurantismo, la vanagloria y la transfiguración de los demonios en ángeles de luz. Y a continuación los soldados estudian también cómo contraatacar y, desmontar y destruir estas maquinaciones de los enemigos. Aquí se les enseña qué orden y ley deben mantener y cuán valientemente deben luchar.  En resumen, a partir de este libro, cualquier persona que busque su σωτηρία sotiría (sanación, redención y salvación), aprende cómo vencer a los enemigos invisibles para obtener los premios y los tesoros, o sea, las virtudes divinas y verdaderas; y también, para recibir recompensas y coronas inmarchitables, es decir, la unión con Dios en el presente y en el futuro.

Queridos lectores, amigos de Cristo, aceptad y leed este libro con alegría y benevolencia y aprended de él el arte de la Guerra Invisible; ocupaos no sólo por luchar simplemente, sino por combatir legalmente y de la manera adecuada, para que seáis coronados (con la doxa´-gloria, luz increada). Porque, según el apóstol Pablo: “El atleta no puede conseguir la victoria si no se atiene a las reglas del deporte” (2 Tim 2,5). Armaos con las armas que os enseña, para con estas matar vuestros enemigos inteligibles e invisibles, los cuales son los pazos que corrompen la psique-alma y los demonios que son los creadores de estos pazos. “Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las tentaciones y maquinaciones del diablo” (Ef 6,11).

Recordad que en el bautismo os habéis comprometido que negáis y combatís contra Satanás, todas sus obras, todo su culto y todos sus pecados; que sus obras son el hedonismo o voluptuosidad, la vanagloria y la avaricia y todos los demás pazos. Por lo tanto, luchad, en la medida de lo posible, para ponerlo en fuga, avergonzarlo y derrotarlo totalmente con toda vuestra perfección. ¿Cuál es la recompensa y el salario que vais a recibir por vuestra victoria? Es grande y abundante. Escuchadlo de la propia boca del Señor, quien nos lo promete en el Libro del Apocalipsis: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios” (Apoc 2,7).

“El vencedor no será víctima de la segunda muerte” (Apo 2,11).

“Al vencedor le daré el maná oculto, escondido…” (Apo 2,17).

“Al vencedor le entregaré el poder que yo he recibido de mi Padre y también le daré la estrella de la mañana” (Apo 2,28).

“El vencedor será revestido de vestiduras blancas, yo no borraré jamás su nombre del libro de la vida y reconoceré su nombre delante de mi Padre y de los ángeles” (Apo 3,5).

“Al vencedor le haré columna del templo de mi Dios…” (Apo 3,12).

“Al vencedor lo sentaré conmigo en mi trono…” (Apo 3,21).

“El vencedor heredará todo; y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apo 21,7).

¡Veis cuántos axiomas (cargos selectos)! ¡Veis cuántos salarios! ¡Veis esta corona multiplicada por ocho y que está llena de flores y es inmarchitable, pero muchos más coronas os tejerán los hermanos si vencéis al diablo! Aprended, entonces, a luchar y a auto-dominaros, «para que nadie os arrebate el premio vuestra corona (de luz increada)”  (Apoc 3:11). Porque es verdad que es una gran vergüenza que aquellos que luchan en las competiciones físicas y en los juegos externos tienen continencia y autodominio casi en todo, para obtener una corona corruptible, ya sea de rama de olivo silvestre, perejil, rama de apio, palma, mirto, laurel o de alguna otra planta. Y vosotros, que debéis recibir una corona incorruptible, paséis vuestra vida con negligencia e indiferencia. Pues, que os convenza de esto el apóstol Pablo que dice: “¿No sabéis que los atletas que corren en el estadio, todos corren, pero sólo uno consigue el premio? Así también vosotros corred el camino de la virtud con persistencia y entusiasmo para conquistar el premio no sólo uno sino todos. Los atletas se privan de muchas cosas, y lo hacen para conseguir una corona corruptible; en cambio, nosotros recibiremos de Dios una corona incorruptible” (1Cor 9,24-25).

Así que deseo que todos nosotros disfrutemos de la victoria y el esplendor de estas coronas. Recordad, mis hermanos, orad al Señor para obtener el perdón de los pecados de aquel que se ha convertido en vuestro ayudante en esta hermosa edición de este libro. Pero, sobre todo, recordad elevar vuestros ojos al cielo y agradecer y glorificar al Soberano y Auto-didacta de esta victoria, vuestro Dios y Comandante en Jefe, Jesús Cristo. Y que cada uno diga lo que dijo Zorobabel: “De ti proviene la victoria… Y la doxa (gloria, luz increada) es tuya y yo soy pariente tuyo” (2 Esdras 59). Y también lo que el Profeta David dijo: «Tuya, Señor, es la grandeza, y el poder, y la gloria, y la victoria, y la majestuosidad, y la fortaleza, pues todo cuanto hay en el cielo y en la tierra es tuyo » (1 Crónicas 29:11). Ahora y por siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

PRIMERA PARTE

Capítulo A. 1 En qué y cómo se encuentra la perfección cristiana. Cómo uno debe combatir. Las cuatro armas necesarias para esta guerra.

La hazaña más grande y perfecta que alguien puede decir o pensar es acercarse de alguna manera a Dios y unirse a Él. Entonces, querido lector en Cristo, si deseas llegar a esta cima, primero debes conocer en qué consiste la vida espiritual y la perfección cristiana (1).

     1 La perfección cristiana es requerida como mandamiento y es entregada al Nuevo Testamento, porque dice el Señor: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt 5,48). Y Pablo dice: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (I Cor 14,20); “Que seáis perfectos y en todo cumplir con la voluntad de Dios” (Col 8,12); “Seamos conducidos en la perfección” (Heb 6,1). La perfección fue proclamada como mandamiento en el Antiguo Testamento, porque dice el Dios a los Hebreos en el Deuteronomio: “Que seas perfecto ante el Señor tu Dios” (18,18). Y David manda lo mismo a su hijo Salomón: “Y ahora hijo mío, conocerás a Dios de tus padres y le servirás con todo tu corazón y el ánimo de tu psique” (I Cron 28,9). Deducimos pues, que el Dios requiere de todos los cristianos que se ejerzan y estén plenos de perfección, es decir, el Dios pide de nosotros hacernos perfectos en todas las virtudes.

Porque son muchos los que dicen que esta vida y la perfección, se encuentra en los ayunos, en las vigilias, en las prosternaciones, en ejercicios duros y otras austeridades del cuerpo.

Otros por su lado dicen que se encuentra en la abundancia de las oraciones y en los largos oficios. Otros creen que la perfección se encuentra completa en la oración del corazón o de Jesús (2 ver más abajo capítulo 46), en la soledad, en la huida del mundo, en el silencio y en la instrucción según un canon o una regla; es decir, caminar según la regla y con mesura, sin excesos ni defectos o faltas. Pero estas virtudes, por sí solas no son lo que pedimos y buscamos como perfección cristiana, sino que a veces está también en los instrumentos o medios para que alguien llegue a disfrutar de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, y otras veces son el fruto del Espíritu Santo.

Y es muy cierto de que son instrumentos muy poderosos y dinámicos para disfrutar y deleitar la gracia del Espíritu Santo, no hay ninguna duda, ya que vemos a muchas virtuosas personas que los utilizan adecuadamente con este propósito; es decir, de adquirir fuerza y poder contra la maldad, la flojedad y la debilidad, para que puedan fortalecerse contra las tentaciones y el engaño de los tres enemigos comunes, es decir, la carne, el mundo y el diablo, y para recibir la ayuda espiritual necesaria para todos los siervos de Dios, y sobre todo para los principiantes, y, en última instancia, para ser dignos de recibir los dones/carismas del Espíritu Santo, es decir, “espíritu de sabiduría y de prudencia, espíritu de voluntad y de valor, espíritu de conocimiento y de piedad y espíritu de temor del Dios” (Is 11,2), tal y como los enumera el profeta Isaías.

El que estas praxis o acciones son también fruto del Espíritu Santo y su resultado son “agapi-amor, alegría, fe, tolerancia, continencia, paz, magnanimidad, templanza, bondad, paciencia” (Gal 5,22), tal como dijo Pablo, y en esto tampoco hay duda. En efecto, los hombres espirituales ejercitan el cuerpo con estos ejercicios, porque ha afligido a su Creador (3) y para tenerlo siempre dominado y sometido a trabajar las cosas de Dios. Se silencian y hacen vida de monje, para evitar el más mínimo perjuicio y daño hacia Dios. Oran y prestan atención al culto a Dios y a las obras de piedad, para que tengan el gobierno o régimen y ciudadanía de los cielos, estudian la vida y los padecimientos de nuestro Señor, no para otra cosa sino para conocer más su propia maldad, y la bondad y compasión de Dios, siguen a Jesús Cristo olvidando y renunciando de sí mismos y llevan la cruz en sus hombros, para que sean calentados más de la agapi (amor, energía increada) de Dios y se aborrezcan de sí mismos.

  1. Apunta que daño o perjuicio a Dios, para los teólogos es cada pecado, simplemente porque perjudica, daña, hiere y se opone a Dios. Pero como el pecado no existe como un ente vivo, perjudica, daña y se opone al ser de Dios y ya que es malo, perjudica la bondad de Dios; puesto que es enfermedad y debilidad, perjudica Su fuerza y el valor; ya que es desconocimiento y oscuridad, perjudica Su sabiduría. Y simplemente, puesto que el pecado se llama también imperfección y omisión, perjudica y se opone a las perfecciones infinitas de Dios; como es transgresión e ilegalidad, perjudica e hiere las leyes y los logos-mandamientos de Dios, y como todo logos contra Dios se llama blasfemia, porque perjudica la fama y el nombre de Dios, así también todo pecado se llama perjuicio y daño a Dios; y no sólo porque el pecado por sí mismo se opone y va de mal en peor, sino porque se hace en las creaciones de Dios y hace que sea blasfemado el Creador de estos, como si él también fuera así de malo y a continuación ha creado males de este tipo; puesto que la virtud de las creaciones, hace que sea glorificado y alabado también el Creador de estas.

Pero las virtudes que hemos referido, en aquellos que ponen todo el peso en ellas, pueden provocar más daño y perjuicio que los pecados obvios; no es por causa de las virtudes en sí mismas, (ya que todas son santas), sino debido a aquellos que las usan, ya que al centrarse solo en ellas, dejan que su corazón siga sus propias voluntades y deseos y las voluntades del diablo; el cual, al ver cómo estos individuos se apartan del camino recto, el diablo no solo los deja a regocijarse y alegrarse en sus luchas físicas, sino también a extender sus pensamientos vanos hasta las alturas y grandezas del Paraíso. De ahí que este tipo de personas creen que se han elevado hasta las legiones de los Ángeles y que perciben y sienten a Dios en su interior; y algunas veces sumergidos en este tipo de pensamientos y reflexiones curiosas y elevadas, creen que casi ya han dejado este mundo y han sido arrebatados hasta el tercer cielo. (¡Ay de ellos!)

Pero en cuántos errores están involucrados en sus vidas estos hombres y cuán lejos están de la verdadera perfección, cada uno puede darse cuenta a través de su vida, su comportamiento y la ética de su carácter. Porque estos individuos desean ser preferidos por encima de los demás en todo lo que existe. Son idiosincráticos y obstinados en su voluntad. Son ciegos a sus propios errores pero examinan cuidadosamente las palabras y las praxis, acciones de los demás, si alguien toca un poco su vano sentido de honor, que creen poseer y desean que los demás también les reconozcan; y si alguien los impide en sus devociones y virtudes con las que se están ocupando (¡que Dios nos guarde de esto!), inmediatamente se enfurecen, se incendian de ira y se convierten en frenéticos.

Y si el Dios, deseando llevarlos a un conocimiento exacto de sí mismos y al verdadero camino de la perfección, les envía aflicciones y enfermedades o concede que sufran persecuciones, (que son pruebas con las que el Dios prueba sus auténticos y verdaderos siervos), entonces manifiestan las cosas secretas y ocultas de sus corazones, mostrando que están pervertidos por la soberbia u orgullo. Porque en cada acontecimiento triste y doloroso que les ocurre, no quieren seguir la voluntad de Dios, se quedan satisfechos con los juicios justos, aunque secretos de Dios, ni quieren seguir el ejemplo del humillado y padecido Hijo, nuestro Señor Jesús Cristo y hacerse humildes teniendo como amigos amados a sus perseguidores o enemigos, como instrumentos de la divina bondad y colaboradores en su sanación y salvación.

Así que es obvio que están en gran peligro. Porque estos teniendo su ojo interior, es decir, el nus (espíritu de la psique) entenebrecido, se ven a sí mismos con este ojo; y pensando conseguir praxis (acciones y obras) externas, que son buenas, creen que han llegado a la perfección y de esta manera, enorgulleciéndose,  critican, enjuician y condenan a los demás. Por eso no es posible para alguien poder hacerles cambiar, excepto con la ayuda especial y particular de Dios. Porque mucho más fácil se convierte en bueno el pecador manifiesto que el oculto y cubierto con la coraza de las aparentes virtudes.

Ahora, pues, que has conocido muy bien que la vida espiritual y la perfección no se sostiene en estas virtudes que hemos dicho, sepas que no se constituye de nada más que la gnosis (conocimiento) de la bondad y la grandeza de Dios y de nuestra nimiedad y declinación hacia el mal contra la agapi-amor de Dios y al odio, aborrecimiento hacia nosotros mismos (4); en la obediencia, sumisión no sólo a la voluntad de Dios, sino también a todas las creaciones, por la agapi-amor de Dios, en la negación de nuestra propia voluntad y en la perfecta obediencia a la voluntad Divina; aún más, queremos y deseamos todas estas cosas y las hacemos claramente para la doxa-gloria de Dios (5), sólo gustar a Él y porque así lo quiere Él, y así debemos amarle y servirle.

  1. Mira, querido, qué excelente es la orden y el método con los que se maneja este libro. Porque cada orden y arte se reconoce por su propósito, de acuerdo con el axioma filosófico y el fin que se prepara y se busca según la intención; se convierte en el principio y la razón del trabajo y el intento de cada cosa; por eso, este libro mismo, antes que cualquier otra cosa, añade aquí al principio la perfección y el propósito de toda esta guerra invisible, para que aquellos que están a punto de luchar no se confundan con nada más, sino que se dirijan hacia esto, como a un punto y una dirección que guíe todas sus acciones.
  2. Por eso, el apóstol Pablo ordena en general que hagamos todas nuestras obras solo para la gloria de Dios: “ya comáis, ya bebáis, hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (1Cor 10,31).

Esta es la ley de la agapi (amor, energía increada divina),  la cual ha sido escrita por la mano del propio Dios en los corazones de Sus fieles siervos. Esta es la abnegación de nosotros mismos, la que demanda el Dios de nosotros. Este es el yugo dulce de Jesús y su peso ligero. Esta es la sumisión a la voluntad de Dios, a la que nos llama nuestro redentor y Maestro)con Su propio ejemplo y con Su voz6.

  1. Y verdaderamente, el someternos siempre a la voluntad de Dios y preferirla sobre la nuestra es una enseñanza que nos dio el líder y consumador de nuestra salvación, Jesús.

Él nos mandó a orar y decir «Padre nuestro que estás en los cielos… hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:10). Y a través de su ejemplo, desde el comienzo de su vida, inmediatamente después de entrar en el mundo, buscó hacer la voluntad de Dios, como lo dice el apóstol Pablo: «He aquí, vengo para hacer tu voluntad» (Hebreos 10:9); En el medio de su Evangelio decía: “he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquel que me ha enviado” (Jn 6,38); y al final de su vida en la oración, esto mismo selló diciendo: “Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,42).

Así que, hermano mío, tú que deseas alcanzar a la altura de esta perfección, y como es necesario que luches incesantemente contigo mismo para vencer de manera valiente y extinguir todas las voluntades grandes y pequeñas, obligatoriamente debes prepararte con todo el entusiasmo, ánimo y buena disposición de tu psique-alma para esta guerra; porque la corona no se entrega a cualquiera, sino sólo al guerrero valiente; la cual guerra, como es más difícil que cualquier otra guerra (porque luchamos contra nosotros mismos, y nos ataca y nos combate  nuestro propio yo), así también la victoria que conseguiremos será más gloriosa que cualquier otra y será más bien recibida de Dios.

Porque si quisieras matar tus desordenados pazos, tus deseos y tus voluntades, gustarás más a Dios y le servirás mejor que azotarte hasta derramar sangre y ayunar más que los antiguos ermitaños, le servirás mejor que hacer regresar al bien miles de psiques y tú siendo dominado realmente de los pazos (7).

  1. Casi lo mismo dice san Isaac en su logos 23: “Es mejor que liberes a ti mismo de la unión con el pecado que liberar a los esclavos de la esclavitud” y otras muchas parecidas del mismo que están de acuerdo con lo que aquí se explica, (lee también el logos 56 del mismo)

Porque, aunque el Dios ama más el regreso de las psiques-almas que la necrosis o muerte de una pequeña voluntad, sin embargo, tú hermano mío, no debes querer ni hacer nada más importante que lo que el Dios pide y lo que quiere ya únicamente de ti. Porque Él, con certeza, se complace más en que luches para aniquilar y enterrar tus propios pazos, en lugar de que hagas cualquier otra cosa, incluso si es grande y significativa, haciendo la vista gorda pasando por alto tus propios pazos.

Ahora bien, como has aprendido de qué se constituye la perfección cristiana y para obtenerla debes emprender una guerra dura y continua contra ti mismo, es necesario que seas prevenido y suministrado de cuatro cosas, como armamento muy seguro e imprescindible, para que te conviertas en vencedor de esta guerra invisible y recibas la corona (o la doxa- gloria luz increada).  Y estas son: a) el no confiar nunca en ti mismo, b) tener y mantener siempre ánimo, coraje y esperanza en Dios, c) luchar siempre, y d) orar. Quiero hablar contigo acerca de estos asuntos en particular, con la ayuda de Dios, pronto.

Capítulo A. 2 No debemos confiar de nosotros mismos, ni soltar las riendas de nuestro sí mismo.

El no confiarte de ti mismo (8), hermanos mío, es tan necesario en esta guerra, que sin ello, estate seguro que, no solo no podrás lograr la victoria que deseas, sino que tampoco podrás resistir ni siquiera lo más mínimo, así que graba bien esto en la memoria de tu nus (espíritu de la psique).

  1. El profeta Jeremías llama maldito y apóstata (tránsfuga) de Dios a aquel que confía en sí mismo, diciendo: “¡Maldito el hombre que confía y pone esperanza en otro hombre, y en el mortal se apoya y su corazón se aparta del Señor!” (Jer 5,17). Interpretando este pasaje, san Basilio el Grande dice que para aquel que tiene su esperanza puesta en otro ser humano, el profeta reveló que no debemos tener esperanza en otro confiando en que su brazo nos sostendrá, sino que debemos tener esperanza en nosotros mismos; y a ambos los llamó desviación de Dios. Y de otra manera interpretando este pasaje, concluye que es maldito y es un apóstata aquel que tiene esperanza en sí mismo. Porque, dice, quien tiene esperanza en el hombre está maldito y es un apóstata de Dios. Observa aquí cuán adecuado es el orden que utiliza este libro, ya que comienza la guerra desde la filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo), la cual es la causa previa, la raíz y el principio de todos los otros pazos y males.

Porque nosotros realmente siendo seres corruptos por nuestra propia naturaleza desde el tiempo de la transgresión de Adán, tenemos una gran idea y consideración de nosotros mismos, que aunque no es verdad, es más bien una mentira y nada más; Sin embargo, nosotros, con una impresión engañosa o un autoengaño creemos que somos alguien. (9) Esto es un defecto que es muy difícil de reconocer y que no agrada a Dios, quien desea que tengamos un conocimiento sin engaño acerca de esta certeza de la verdad.

     9. Pensar que somos alguien esto realmente se llama soberbia (jactancia, presumir, orgullo y vanagloria), que es un pazos muy malo que, si bien nace de la filaftía (egolatría, excesivo amor a uno mismo y al cuerpo), a su vez la genera y se convierte en la raíz y el principio de todas los demás pazos. Es tan fino este pazos de la vanagloria o jactancia, que por su gran sutilidad, finura y ocultación, aquellos que lo tienen no lo sienten, pero así es un mal muy grande. Porque la primera puerta del nus, por la que trata de entrar la jaris (gracia, energía increada) de Dios y habitar al hombre, este maldito pazos se detiene allí, cierra la puerta (u obstruye el nus, su energía) y no permite que la jaris entre, la cual justamente se retira.  Porque, ¿cómo puede la jaris gracia venir a iluminar o ayudar a la persona que piensa que es algo grande, sabia y que no necesita ninguna otra ayuda? Que el Señor nos libere de tal pazos tan eosfórico (diabólico) y enfermedad, a los que padecemos de este pazos de la soberbia (orgullo y vanagloria). El Señor castiga y aflige a este pazos mediante el profeta que dice: ¡Ay de aquellos que se creen que son sabios en su propia opinión! (Is 5,21). Y el apóstol Pablo nos pide esto: “No seáis orgullosos, poneos al nivel de los humildes. No os auto-engañéis y os consideréis como sabios, (Rom 12,16); y Salomón dice: “No te tengas por sabio’” (Prov 12,16).

En otras palabras, debemos saber que toda la jaris, (gracia, energía increada) y virtud que poseemos proviene únicamente de Él que es la fuente de todo bien; y que de nosotros no puede surgir ningún bien, ni siquiera un buen pensamiento que le agrade. Aunque esta verdad muy necesaria, (es decir, no confiar en uno mismo), es obra de la mano divina, que acostumbra dar a sus amados amigos, a veces con iluminaciones y apocalipsis (revelaciones interiores), otras veces con duros latigazos, correcciones y aflicciones, a veces con tentaciones violentas y casi invencibles, y otras veces con otros medios que nosotros no los entendemos ni captamos; con todas estas cosas Dios quiere que por nuestra parte hagamos aquello que es debido y es posible en nosotros. Por eso, hermano mío, aquí te pongo cuatro maneras, formas, modos o métodos con los que podrás, con la ayuda de Dios, conseguir esta duda acerca ti mismo, es decir, no confiar nunca en ti mismo.

El primer método es, conocer tu propia insignificancia o nimiedad (10) y pensar que por ti mismo no puedes hacer ningún bien para ser digno de pertenecer en la realeza increada de los cielos.

  1. Por eso san Crisóstomo dice que quien considera de sí mismo que no es nada, éste más que nadie se conoce a sí mismo. Y san Máximo el Confesor dice: Condición de la virtud es el reconocimiento de la enfermedad humana y la percepción y conocimiento de la fuerza y energía increada divina que trae la unión (Filocalía c.3 v.79); y san Pedro el Damasceno dice: “No hay mayor cosa y mejor que conocer tu propia enfermedad y desconocimiento, y nada peor que ignorarla” (Filocalia, página 611, Sobre el no reconocimiento de uno mismo).

El segundo  método es, pedir para esto muchas veces ayuda a Dios con ardientes y humildes súplicas, porque esto es carisma o don Suyo; y si quieres recibirlo, primero debes pensar en ti mismo, no solo desnudo de tu propio conocimiento, sino también pensar eres incapaz de conseguirlo por ti mismo. Luego, hablar con familiaridad muchas veces ante la presencia de la grandeza de Dios, y creo firmemente, a causa del océano de Su compasión, esta ayuda te la concederá cuando Él sepa que tú la disfrutarás, esto nunca no lo dudes.

El tercer método es, acostumbrarte a temer a ti mismo; temer a los innumerables enemigos, contra los cuales no eres capaz de hacer ni la mínima resistencia, sin la ayuda de Dios; temer su poderosa costumbre de combatir artimañas, estrategias, sus transformaciones en ángeles de luz, innumerables artificios y trampas que te tienden secretamente en el camino de la virtud.

El cuarto método es, cuando caigas en algún defecto o falta, pensar automática y claramente en tu completa impotencia; porque por esta razón o propósito el Dios concedió que caigas, para que conozcas mejor tu enfermedad (11) y así aprendas no sólo a menospreciarte a ti mismo como un nadie, debes estar dispuesto a permitir que otros te menosprecien como a un enfermo y débil. Porque sin esta voluntad, no es posible obtener esta virtuosa desconfianza en ti mismo, que tiene su fundamento en la verdadera humildad y en el conocimiento-gnosis práctico previo de la prueba.

  1. No solo cuando alguien comete un pecado, sino también cuando caes en diversas aflicciones, sufrimientos y desgracias, especialmente en enfermedades corporales prolongadas, debe conocer su humilde conocimiento de sí mismo, su debilidad y su impotencia, así se hace más humilde, porque para este propósito concede Dios que nos vengan las tentaciones, ya sean del diablo, de los hombres y de la naturaleza. Por eso también el apóstol Pablo considerando este propósito, decía que le persiguieron muchas tentaciones mortales en Asia: “Aún más, temimos como cierta la sentencia de muerte; y permitió el Señor estos peligros terribles y mortales para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos (2Cor 1,9). En resumen, aquel que desea conocer su enfermedad en la práctica, simplemente debe observar, no durante mucho tiempo, sino solo durante un día, sus loyismí (pensamientos, reflexiones y fantasías), palabras y acciones, y encontrará que la mayoría de sus pensamientos, palabras y acciones son erróneos, torcidos, tontos y malvados. A través de esta prueba, comprenderá cuán débil y enfermo es su propio ser y de esta comprensión y este conocimiento verdadero, por supuesto que se hará más humilde, y en el futuro no tendrá confianza en sí mismo…

Por tanto, el conocerse a sí mismo, cada uno ve cuánto imprescindible es esto para aquel que quiere unirse con la luz increada celeste; por el cual autoconocimiento, el Dios acostumbra conceder Su compasión a los orgullosos y prejuiciosos, a través de muchas caídas, es decir, dejándoles caer de manera justa en algún defecto (por el que creen que se pueden proteger) para que conozcan su propia debilidad, y ya no confiar en sí mismos en absoluto.

Pero, este medio, tan miserable y forzoso, Dios no acostumbra a utilizarlo siempre, sino solo cuando los otros medios, los más libres, como mencionamos, no provocan al hombre este reconocimiento de sí mismo; porque entonces concede al hombre caer en errores tanto mayores como menores, según sea mayor o menor su orgullo y reputación que tiene acerca de sí mismo; Por lo tanto, donde no hay absolutamente ningún orgullo y ninguna reputación o consideración de sí mismo, -igual que ha ocurrido en la Virgen María-, allí igualmente no hay ninguna caída. Entonces, tú cuando caigas, corre inmediatamente con tu humilde loyismós (pensamiento, reflexión) hacia la humilde gnosis (conocimiento) de ti mismo, y con oración persistente pide de Dios que te conceda la verdadera luz increada, para conocer tu insignificancia y nimiedad y no confíes en ti mismo en absoluto si deseas no caer nuevamente, y especialmente en un error mayor y más perjudicial.

Capítulo A. 3: La esperanza y la confianza en Dios

Es muy necesario en esta guerra que no confiemos en nosotros mismos, como hemos dicho; sin embargo, si sólo nos desesperamos, es decir, si expulsamos, solo, toda convicción y confianza en nosotros mismos, seguramente, o huiremos o seremos vencidos, y así seremos dominados y atrapados por los enemigos. Por eso, junto con la completa abnegación de nosotros mismos, también es necesario tener plena confianza y esperanza a Dios, esperando, de hecho, solo de Él todo bien, toda ayuda y victoria. Porque, como de nosotros mismos, donde no somos nada, pues, no esperamos nada más que caídas y derrotas, por las que no debemos tener ninguna confianza en nosotros mismos por completo, y de esta manera sin duda disfrutaremos de Dios cada victoria, tan pronto como armemos nuestro corazón con una esperanza viva en Él; y recibiremos Su ayuda de acuerdo con el Salmo que dice: “en él tuvo esperanza mi corazón y fui ayudado” (Sal 27,7).

Esta esperanza junto con la ayuda, podemos conseguirla por cuatro razones.

a) Porque pedimos de un Dios que es Omnipotente o Todopoderoso, que puede hacer lo que quiera y a continuación puede ayudarnos a nosotros también.

b) Porque pedimos de un Dios que realmente es infinitamente sabio, conoce todo con absoluta perfección y, por lo tanto, conoce todo aquello que nos conviene para nuestra sotiría (redención, sanación y salvación).

c) Porque pedimos esta ayuda de un Dios, quien al ser infinitamente bondadoso y con una agapi (amor, energía increada) y voluntad que no se pueden describir, está siempre preparado para darnos de un momento a otro toda la ayuda que nos hace falta para la victoria espiritual completa de nosotros o de nuestro sí mismo, tan pronto como corremos en Sus brazos con esperanza firme y estable.

¿Y cómo es posible que ese buen Pastor muestro, quien corría treinta y tres años buscando la oveja perdida, quedándose ronco de tanto gritar, que caminó en un camino duro y espinoso, que derramó toda su sangre y dio su vida, cómo es posible, digo, que no gire sus ojos ahora hacia este cordero que corre detrás suyo con anhelo, gritándole y rogándole!? Y ¿cómo puede no escucharlo y no ponerlo en sus hombros divinos, haciendo fiesta junto con todos los Ángeles del cielo? Y si el Dios nunca cesa de buscar con gran esmero y amor, para encontrar, según la parábola, la perdida dracma (moneda griega), el pecador sordo y el ciego, ¿cómo puede ahora abandonar a aquel que, como la oveja perdida, grita y llama a su propio Pastor? Y ¿quién va a creer alguna vez que el Dios, que está tocando siempre el corazón del hombre, deseando entrar en el interior y cenar, según el libro del Apocalipsis dándole sus carismas, cuando el hombre le abre la puerta y le invita, él mismo debería hacer de sordo y no permitirle?

        12. Los logos del Apocalipsis son:Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo” (Apoc 3,20)

d) Cuarto método o manera para obtener uno esta ayuda y esperanza en Dios, es correr con su memoria a la verdad de las divinas Escrituras, las cuales en tantas partes indican claramente que aquel que tuvo esperanza en Dios nunca ha quedado desamparado, avergonzado y sin ayuda. “Observad las antiguas generaciones y reflexionad; ¿quién se ha confiado a Dios y se ha avergonzado?” (Sirac 2,9). (13)

  1. Por eso aquel rey Avgaro, mientras restauró aquel icono de nuestro Señor hecho a mano, encima de la Puerta de entrada a la Ciudad de Edesa escribió estas palabras: “Cristo Dios, el que tiene esperanza en ti no fracasa nunca”.

Así que, hermano mío, ármate con estas cuatro armas  (métodos o maneras). Y comienza la obra y la lucha para vencer; y seguro que a través de ellas, obtendrás no sólo la esperanza total y firme a Dios, sino también tu desesperanza, desconfianza completa en ti mismo; sobre la cual no dejo de recordarte también en este capítulo, que tienes mucha necesidad del conocimiento de ella; porque en el ser humano la confianza de sí mismo está tan arraigada y de una manera tan fina y sutil que generalmente vive escondida en el interior del corazón, nos autoengaña y nos parece que no confiamos en nosotros mismos y tenemos esperanza a Dios. Por tanto, para alejarte, tanto como puedas, de esta vana consideración y reputación, y trabajes la falta de confianza en ti mismo y la esperanza a Dios, es necesario e importante que preceda la idea o el pensamiento de tu debilidad antes que el pensamiento de la omnipotencia de Dios, y nuevamente, con estos dos pensamientos juntos deben preceder a todas praxis, acciones nuestras.

Capítulo A. 4: Cómo puede alguien conocer si trabaja con la desconfianza en sí mismo y la plena confianza a Dios

A menudo, algunos osados y presumidos creen que no se fían de sí mismos y toda su esperanza y convicción la tienen en Dios; pero no es así. Y esto se demuestra por el resultado de su decadencia y caída cuando sucede. Pues, si sufren y se entristecen profundamente por su decaída y, de alguna manera se decepcionan y desesperan y creen que de ahora en adelante pueden hacer el bien, esto es una señal segura de que antes de su decaída creían en sí mismos y no a Dios. Y si su sufrimiento y desesperación son grandes, está claro que tenían mucha fe en sí mismos y poca en Dios; porque el que no confía mucho en sí mismo y tiene esperanza en Dios, cuando recaiga, no se extraña tanto ni sufre ni tampoco se entristece en exceso, ya que conoce que esto le ocurre por la debilidad del sí mismo y la poca esperanza que tiene en Dios; de hecho, entonces desconfía más del sí mismo y con más humildad confía más en Dios, odiando más que nadie los pazos perversos y desordenados que son la causa de su decaída con un gran dolor pacífico y sereno, por la tristeza en Dios; y así por supuesto que obtiene desconfianza en sí mismo, pero persigue a sus enemigos hasta la muerte con mayor valentía, coraje y determinación.

Estas cosas que he dicho, deseo que las piensen algunos que se consideran virtuosos y espirituales, quienes cuando caen en algún defecto, no pueden ni quieren encontrar la paz;  y algunas veces tratando de liberarse del gran sufrimiento, dolor y molestia que están pasando a causa de su excesivo amor a sí mismos, únicamente por esto corren inmediatamente a su padre espiritual, al cual principalmente tenían que haber ido antes para ser lavados de la contaminación del pecado y tomar fuerza contra el sí mismo con el divino misterio de la metania (confesión, arrepentimiento e introspección).

Capítulo A. 5 El error que cometen muchos creyendo como virtud la pusilanimidad.

En relación con esto, muchos se engañan al pensar que la pusilanimidad y la tristeza excesiva son virtudes que los acompañan después del pecado, sin darse cuenta de que estas provienen de un oculto orgullo y prejuicio o superstición que han cimentado su esperanza y confianza en sí mismos y en sus propias capacidades y fuerzas. Porque estos creyendo en sí mismos de que son algo en cierto sentido, se volvieron demasiado confiados y, al enfrentar la prueba de la caída, se dan cuenta de que no tienen ningún poder, se atormentan, se extrañan y se sienten perdidos, como si estuvieran viendo algo nuevo. Así que, al ver que han caído y que su base (es decir, en sí mismos) en la que habían depositado su coraje y esperanza ha fallado, sienten desánimo y se desesperan. Pero esto no sucede en una persona humilde, que pone su esperanza, ánimo y coraje sólo en Dios, sin tener ninguna esperanza en sí mismo. Por eso, cuando cae en cualquier tipo de error, incluso si siente dolor y tristeza, no se atormenta ni se extraña ni se desespera tampoco se desanima. Porque conoce que esto le ha ocurrido debido a su propia miseria y a la debilidad de sí mismo, la que conoce muy bien con la luz y energía (increada) de la verdad.

Capítulo A. 6 Otras experiencias por las que se obtiene la desconfianza en uno mismo y fomentan la confianza en Dios.

Dado que toda la fuerza por la que vencemos a nuestros enemigos, nace de la desconfianza en uno mismo y de la esperanza en Dios, es necesario, hermano mío, que te suministres de estas noticias y enseñanzas, para que adquieras esta fuerza con la ayuda de Dios; ten en cuenta con certeza que ni todas las virtudes, ya sean naturales o adquiridas, ni todos los dones o carismas otorgados gratuitamente, ni todo el conocimiento de las Sagradas Escrituras, ni el tiempo que has trabajado con Dios y te has acostumbrado a Su servicio, nada de todo esto te ayudará a cumplir la voluntad divina si no elevas tu corazón a Dios; aunque en todas las cosas hermosas y agradables a Dios que debemos hacer, en todos los peligros que debemos evitar, y en cada cruz que debemos llevar según Su voluntad, si, digo, nuestro corazón no es elevado por una ayuda especial de Dios y no se fortalece para realizarlos, como el Señor dijo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15:15).

Así que, debemos tener esta firme determinación durante toda nuestra vida, en todos los días, horas y momentos, de que de ninguna manera ni por ningún loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía) podremos confiar y tener esperanza en nosotros mismos.

En cuanto a la esperanza en Dios, cerca de lo que te dije en el capítulo 3, debes saber que no hay nada más fácil para Dios que vencer a tus enemigos, tanto a los pocos como a los muchos, tanto a los antiguos y fuertes como a los jóvenes y débiles. Por tanto, una psique-alma aunque esté cargada de pecados, aunque tenga todos los defectos del mundo; aunque esté tan contaminada que uno no podría imaginar, aunque haya probado y utilizado todos los medios y luchas para dejar el pecado y hacer el bien, incluso no ha podido nunca obtener ni una pequeña porción de bien, y, de hecho, avanzó aún más profundamente en el mal, a pesar de todo esto, no debe parar nunca de tener la esperanza en Dios, ni debe abandonar nunca las armas y las luchas espirituales, sino que debe luchar siempre con valentía y coraje.

Porque debes conocer que en esta guerra invisible nunca pierde aquel que no cesa de luchar y tener esperanza en Dios; quien nunca deja de ayudar a sus guerreros, a pesar que algunas veces permite que queden heridos;

Por lo tanto, que cada uno luche, porque de esta guerra depende y se sostiene todo. Y el remedio médico, curativo está preparado y efectivo para ser dado a los guerreros que buscan a Dios y su ayuda, con esperanza firme. Porque en un momento que menos lo esperan desaparecerán sus enemigos, tal y como se ha escrito: El guerrero de Babilonia perdió su fuerza y poder’ (Jeremías 51:30).

Capítulo A. 7 Cómo debemos instruir nuestro nus para protegerle de la ignorancia.

Si la desconfianza en nosotros mismos y la esperanza en Dios, tan necesarias en esta guerra, se mantienen aisladas, no solo no venceremos, sino que caeremos en muchos males. Por esta razón, junto con estas se necesita también ejercicio (práctica) que es la tercera cosa que hemos mencionado al principio, y que se debe hacer primero con el nus (espíritu de la psique) y con la voluntad.  Con el nus debemos protegernos de la ignorancia, la cual es muy adversa al nus, debido a que le oscurece, le embota y le impide  a la gnosis-conocimiento de la verdad que es su propio objetivo. Por eso, es necesario ejercitar el nus de modo que se convierta lúcido y limpio para poder discernir aquello que nos hace falta para la catarsis, purgación y sanación de nuestra psique-alma de los pazos y embellecerla con virtudes.

Esta lucidez del nus, podemos obtenerla de dos maneras. La primera y más necesaria es la oración, con la que rogamos al Espíritu Santo que se digne derramar su divina luz increada y energía en el interior de nuestros corazones, que por supuesto, lo hará, si realmente pedimos únicamente a Dios, si hacemos su santa voluntad y sometemos todo a la consulta y el consejo de nuestros Padres experimentados y espirituales.

La segunda manera o modo es el ejercicio constante de reflexión profunda y estudio de las cosas, para que con ello podamos conocer qué cosas son buenas y qué son malas, no como las juzgan erróneamente los sentidos y el mundo,  sino tal y como las juzga el logos correcto y el Espíritu Santo; es decir, la verdad de las Escrituras inspiradas divinamente y de los Padres y Maestros de nuestra Iglesia, (que son portadores del espíritu divino y de la divina energía y luz increadas). Porque cuando esta reflexión y estudio se hace correctamente y adecuadamente, entonces nos permiten conocer claramente que deberemos considerar nada (cero), vanas y falsas todas aquellas cosas que ama y busca de varias maneras este mundo corrupto, falso y ciego.

En otras palabras, los honores, el hedonismo, los placeres y la riqueza de este mundo no son nada más que vanidad y muerte (espiritual) de la psique-alma; y que los desprecios, calumnias e insultos que el mundo nos inflige, causan en nosotros verdadera gloria y que las aflicciones nos traen alegría; con perdonar a nuestros enemigos y hacerles el bien, es magnanimidad y una de las mayores similitudes con el Dios; pues despreciar el mundo es más poderoso que ser el gobernante del mundo entero. La disposición a obedecer es un acto de mayor magnanimidad y valentía que someter y mandar a grandes reyes.

Puesto que el conocimiento humilde de nosotros mismos, debe ser preferido más que todas las grandezas de las ciencias y el vencer y mortificar nuestras voluntades y apetitos por muy pequeños que sean, es digno de mayor elogio que combatir y vencer muchos castillos y ejércitos enemigos con armas en la mano y hacer milagros o resucitar muertos.

Capítulo A. 8 Por qué no discernimos correctamente las cosas y cómo podemos conocerlas.

La causa por la que no discernimos correctamente todas estas cosas que hemos dicho y muchas más, es porque no las pensamos en su profundidad, sino que tomamos el amor (cariño) o el odio hacia ellas de inmediato, solo por su apariencia y estudio externo. Así que cuando el amor o el odio hacia estas cosas se anticipan y nublan nuestro nus, entonces no podemos discernirlas correctamente, como son en realidad (14).

     14 Por eso san Gregorio el Teólogo de acuerdo con esto dice, que la verdad acostumbra a ser robada de la agapi o del odio; no hay nada tan agradable a los hombres que discutir sobre asuntos ajenos, y sobre todo cuando están afectados e influenciados por el odio o la simpatía por alguien, a causa de los cuales, como suele suceder, la verdad desaparece (Logos apologético).

Así que hermano mío, si no quieres que este engaño encuentre un lugar en tu nus, presta mucha atención, y cuando con una ojeada ves o estudias con tu nus alguna cosa, retén y aguanta lo que puedas tu voluntad y no la dejes amar u odiar la cosa, sino obsérvala solo con la atención de tu nus.

Pero ante todo, piensa tranquilamente con sensatez que si esta cosa es lamentable y opuesta a tu tendencia natural, entonces serás inducido por el odio a rechazarlo. Pero si esta cosa te produce agrado, placer, entonces eres inducido por el amor a quererla. Porque cuando el nus no está mareado por el pazos, entonces está libre, lúcido y limpio y puede conocer la verdad y penetrar en la profundidad de la cosa y ver dónde el mal está escondido, si está bajo un falso agrado o si el bien está cubierto bajo una superficie del mal.

Pero si la voluntad se ha anticipado a amar o a odiar esta cosa, el nus no puede conocer correctamente, como debería; porque esa disposición, o más bien, ese pazos que ha entrado en el medio, como un muro, perturba y marea tanto el nus y la mente que piensa que la cosa es diferente de lo que es en realidad y la hace pasar como tal en el deseo o ilusión; y a medida que el deseo ama o odia más la cosa, el cual en cuanto va por delante quiere u odia más aquella cosa, tanto que el nus se va oscureciendo aún más y, así oscurecido, hace que la cosa parezca más amable o más odiosa de lo que realmente es. Así que si no se sigue la regla que antes mencioné, que es muy necesaria en todo este ejercicio, es decir, retener tu deseo de amar u odiar la cosa, estas fuerzas de la psique-alma que son el nus y la voluntad, siempre progresan malamente, como en un ciclo, de oscuridad a mayor oscuridad y de error a un error mayor.

Entonces, amigo mío, vigílate y protégete con gran atención y cuidado del apasionado amor u odio hacia cada cosa, por la que no has investigado bien anteriormente con la luz de tu nus y el logos (lógica, razón) correcto, con la luz de la Santas Escrituras y con la luz increada de la Jaris-gracia y la oración, y con el juicio de tu padre espiritual, para no cometer errores y evaluar lo que es realmente bueno como malo, y lo que es realmente malo como bueno. Ya que esto suele ocurrir sobre todo en algunas obras que parecen buenas y santas en sí mismas, pero solamente bajo ciertas circunstancias; es decir, cuando ocurren fuera de temporada o en un lugar inadecuado o con un grado inapropiado, causan un gran daño a aquellos que las intentan, como sabemos que ha ocurrido en el caso de muchas obras loables y santísimas.

Capítulo A. 9 Cómo debemos vigilar y proteger nuestro nus de las distracciones por las acciones polifacéticas y la curiosidad.

Así como es necesario vigilar y protejer nuestro nus de la ignorancia, como hemos dicho antes, así lo mismo es necesario protegerlo de los actos polifacéticos (o múltiples conocimientos mundanos), los contrarios de la ignorancia. Porque al llenar el nus con muchos loyismí vanos, desordenados y perjudiciales, entonces le debilitamos y no puede entender aquello que conviene a nuestra verdadera des-mortificación y perfección. Por eso, debes estar totalmente como un muerto en todo estudio e investigación de las cosas terrenales, que aunque puedan permitirse, no son necesarias. Y recogiendo siempre tu nus en tu interior, tanto como puedas, hazle ignorante de todas las cosas de este mundo.

Los mensajes, las noticias nuevas y todos los cambios y alteraciones, pequeños y grandes del mundo y de los reinos, sean para ti de esta manera, como si no existieran en absoluto (15). Y aunque te sean ofrecidos por otros, recházalos, aléjalos de tu corazón y de tu imaginación o de tu fantasía. Que seas un amante cuidadoso de entender las cosas espirituales y celestes, no deseando aprender otra lección en el mundo, aparte del Crucificado, Su vida y muerte y lo qué Él requiere de ti; y por supuesto que agradecerás mucho a Dios, quien tiene como elegidos y amados aquellos que Lo aman y se esfuerzan por hacer su voluntad.

  1. Por eso san Basilio el grande aconseja que todas las habladurías mundanas que sean para nosotros como un pequeño sabor amargo. Y el profeta David, dice: “Los transgresores y soberbios me hablaban de frivolidades y vanidades; pero, no proceden según tu ley Señor” (Sal 118,85).

Debido a que cualquier otro asunto, estudio e investigación es egoísmo y orgullo, cadenas y trampas del diablo, quien como un astuto, viendo que la voluntad de aquellos que se dedican y cuidan de la vida espiritual es fuerte y poderosa, busca vencer el nus de ellos con tales curiosidades, para dominar de esta manera esto y aquello. Entonces, muchas veces acostumbra a inspirar pensamientos supuestamente altos, sutiles y curiosos, especialmente a aquellos que son versados y ágiles en el nus y en aquellos que son fáciles de presumir y vanagloriarse.

Porque ellos, cautivos por el placer y la conversación de aquellos pensamientos elevados, en los cuales falsamente creen que disfrutan de Dios, olvidan hacer la catarsis de sus corazones y fijarse al humilde conocimiento de sí mismos y de la verdadera mortificación (de los pazos). Y así, después de haber sido atados por la cadena del orgullo o soberbia, se convierten en ídolos de su propio nus, y a continuación, poco a poco, sin darse cuenta, llegan a creer que ya no tienen necesidad de consejo ni instrucción de los demás, porque se han acostumbrado en cualquier necesidad a correr detrás del ídolo de sus propios juicios y razonamientos; lo cual es muy peligroso y difícil de sanar, porque el orgullo o la soberbia del nus ya es más peligrosa que aquella de la voluntad.

Porque, el orgullo o soberbia de la voluntad, siendo evidente en el nus, se puede sanar fácilmente alguna vez, si se somete a lo que es apropiado. Sin embargo, cuando el nus tiene una convicción firme de que su juicio es superior al de los demás, ¿de quién puede ser sanado y cómo puede someterse a la opinión o juicio de los demás, aquel que no la consideran tan valiosa como la suya? Si el ojo de la psique-alma, que es el nus con el que el hombre puede conocer y limpiar el orgullo y la arrogancia de la voluntad, si pues, el mismo nus está enfermo, ciego y lleno de orgullo o soberbia, entonces ¿quién después podrá sanarlo? Y si la luz es oscuridad y la regla es incorrecta, ¿cómo quiere iluminar o corregir a las demás cosas y a otros? Por eso, debes resistir lo antes posible a este peligroso orgullo o arrogancia del cerebro, antes de que penetre a la médula del nus (espíritu del corazón) y, oponiéndote a ello, pon riendas o freno a la agudeza de tu nus y somete tu propio juicio al juicio u opinión de los demás, y conviértete como niño tonto en la agapi (amor incondicional) de Dios, y serás más sabio que Salomón: “El que piensa que es sabio según este mundo, hágase como niño tonto y llegará a ser sabio” (1 Cor 3:18).

Capítulo A. 10 Cómo debemos entrenar nuestra voluntad para que en todas nuestras prácticas internas y externas solo busque agradar a Dios como su objetivo final.

Más allá del ejercicio y la formación de tu νοῦς nus con su mente, debes gobernar también tu voluntad de tal manera que no la permitas dirigirse hacia tus propios deseos; sino que se vuelva una con la voluntad de Dios. Debes comprender que no es suficiente desear y buscar solo lo que agrada a Dios, sino que además, actuando bajo la dirección de Dios, debes querer claramente complacerlo.

Para el propósito de esto, tenemos una mayor conflictividad con la naturaleza, en lugar de todas las cosas mencionadas anteriormente. Porque nuestra naturaleza se desvía sola tanto en todas las cosas, a veces incluso en aquellas cosas buenas y espirituales, busca su reposo y su agrado, y de esto, como totalmente sin sospechas, incautamente se nutre como de alimento.

Por eso cuando nos son ofrecidas las cosas espirituales, las deseamos de inmediato y las vemos no como promovidas por la voluntad de Dios o sólo para agradar a Dios, sino también para aquella gratificación y alegría que viene en nosotros, queriendo las cosas que el Dios quiere. Este error, engaño está tan oculto, cuanto por sí solo es mejor y más espiritual aquello que hemos deseado. Porque no es suficiente con querer lo que Dios quiere, sino también quererlo de la misma manera, cuándo y por qué Él lo quiere16, de modo que también en querer a Dios mismo, a menudo encontramos muchas trampas y engaños de nuestro propio amor, es decir, de la φιλαυτία filaftía (egolatría y egoísmo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo).

  1. Por eso el Apóstol nos pide que probemos cuál es la voluntad de Dios; “Y no os acomodéis al mundo de este siglo; al contrario, metamorfoseaos, transformaos y renovad vuestro interior continuamente para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios y ofrenda viva, santa y grata” (Rom 12,2). Puesto que si falta una sola circunstancia o si con toda nuestra voluntad y fuerza no hacemos la voluntad de Dios, es evidente que eso es imperfecto y deficiente.

Porque a menudo, nos enfocamos más en nuestro propio interés y bienestar que en la voluntad de Dios, quien desea que lo amemos, lo deseemos y le obedezcamos solo por su doxa-gloria, como mencionamos anteriormente.

Así que, hermano mío, para protegerte de esta cadena que impide el camino de la perfección, y para progresar en querer y hacer que cada praxis tuya sea únicamente para la voluntad, la doxa-gloria y el agrado de Dios, (el cual en cada praxis y loyismós quiere ser el único, el principio y el fin), debes utilizar el siguiente método..

Cuando te dispongas a emprender alguna praxis/acción que Dios quiere, y que simplemente es buena, no debes inmediatamente dirigir tu deseo hacia hacerla; en su lugar, primero eleva tu νοῦς nus con la mente a Dios para determinar si es Su voluntad que la desees y, si Él así lo desea y si dentro de esta gustas solamente a Él. Y cuando te des cuenta de que tu inclinación es movida por esta divina voluntad, debes desear realizar esa praxis, acción y hacerla, ya que Dios la quiere y es solo por Su doxa-gloria y obediencia.

De la misma manera, cuando quieres detestar aquello que no quiere el Dios, es decir, el mal, no lo apartes inmediatamente, si primero no has fijado la mirada de tu nus y mente hacia su voluntad divina, la cual quiere que lo detestes para agradar a Él. Esto se debe a que el engaño de la naturaleza está oculto de manera tan sutil y por eso es conocido en pocos, porque la naturaleza siempre busca ocultamente para sí misma; y en muchas veces hace ver en nosotros que, nuestro propósito es agradar sólo a Dios, cuando en realidad no es así.

Por eso a menudo pensamos que queremos o no queremos algo por nuestro propio interés, sino para gustar a Dios solo. Así que para evitar este engaño, la verdadera terapia es la catarsis limpieza, purgación y sanación del corazón, que consiste en despojar al antiguo hombre y revestir al nuevo (y en esto nos orienta toda esta guerra).

Pero, para enseñarte el arte para hacer esto, escucha. Al comienzo de cada praxis, acción, debes esforzarte lo más que puedas por liberarte de cualquier voluntad propia (o deseo) y no desear ni realizar nada a menos que primero sepas que estás siendo impulsado a esto sólo por la simple voluntad de Dios. Y si en todas tus acciones y obras, tanto las externas como las internas de la psique-alma, no puedes sentir continuamente esta energía de que estás promovido de Dios para gustarle17, por lo menos estate contento que la tienes en potencia; es decir, que tú por ti mismo tengas siempre verdadera opinión y convicción en gustar a Dios en cada uno de tus actos.

  1. Sentirnos activa la inducción e inspiración de Dios, esto se logra mediante la divina y espiritual iluminación en el nus (espíritu de la psique), con la que en los limpios y purificados se apocalipta-revela la voluntad de Dios contemplativamente o mediante interna inspiración de Dios con un logos o con otras energías y actos de la divina Jaris (gracia, energía increada), que son un calor que da vida, una inenarrable alegría, resaltos espirituales, fervor espiritual, lágrimas de corazón, agapi y los demás pazos-pasiones nobles, efectos y emociones divinamente inspirados y bienaventurados, que se obtienen no por nuestra propia voluntad, sino de Dios, movidos por otro y de manera pasiva; mediante la percepción y sentimiento de todas estas cosas nos informamos que aquello que buscamos hacer está de acuerdo con la voluntad de Dios. Pero, antes de todo esto, sobre cualquier tema nuestro, tenemos el deber de hacer oración cálida y lúcida a Dios, una y otra vez, y muchas veces.

Pero, en las obras y acciones que durarán algún tiempo, no sólo al principio es bueno que te motives a ti mismo en este agradecimiento a Dios, sino que debes renovar en tu memoria muchas veces hasta el final el por qué lo haces18, si no lo haces, corres el riesgo de enrollarte en las cadenas del amor físico (amor a sí mismo y al cuerpo), que, al declinarse más hacia sí mismo que a Dios, acostumbra muchas veces, con el paso del tiempo, a hacernos inconscientemente cambiar las cosas, modificando nuestros primeros objetivos y propósitos.

  1. Por eso san Gregorio el Sinaita escribía que: “estate atento también en la predisposición, intención (es decir, tu propósito) y examínala cuidadosamente en cada momento hacia dónde declina; si estás sentado en la hisijía (serenidad mental y paz cordial) por Dios, ya sea por un bien espiritual o un beneficio psicológico, ya sea que reces o salmodies o trabajes en alguna virtud ten cuidado para no ser atrapado sin saber lo que estás haciendo» (Capítulo 12, Filocalía).

Por lo tanto, si uno no presta atención a esto, a menudo comienza a hacer una obra con la intención de agradar solo a su Señor; luego después de un tiempo, sin darse cuenta que le guste ser conducido con su propia voluntad, de tal manera que olvida la voluntad divina; y queda tan atado a la satisfacción de esta obra que, si el mismo Dios se la obstruye a través de alguna enfermedad o tentación de los demonios o de los hombres o de cualquier otra manera, éste se disgusta y se trastorna completamente, y a veces juzga y condena a los demás de que fueron su obstáculo (por no decir que alguna vez gime también contra al mismo Dios), lo cual es una señal clara de que su juicio no era completamente de Dios, sino que nació de la raíz podrida y corrupta de la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egoísmo).

Porque aquel que se mueve y actúa únicamente por la voluntad y el agradecimiento a Dios, no prefiere una obra sobre otra, ya sea que una sea grande y alta y la otra pequeña y humilde, sino que quiere ambas por igual, porque son gustadas y agradables a Dios ya sea por el momento, o por el método o alguna otra circunstancia que solo Él conoce. Así que, ya sea que realice la obra importante y grande o la pequeña y humilde, permanece igual de tranquilo y en paz; porque de cualquier manera logra y disfruta de su propósito, que es ser agradable a Dios en todas sus obras y actos, ya sea en la vida o en la muerte. “Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por ser gratos a Dios, tanto si estamos en este cuerpo corrupto, como cuando partimos de este hacia el cielo durante la muerte.” (2 Cor 5,9). Por lo tanto, querido amigo, que seas siempre cuidadoso y reservado contigo mismo e intentar dirigir tus praxis hacia este propósito y objetivo final.

Si alguna vez te sientes impulsado por el deseo de tu psique-alma a hacer el bien para evitar los lugares de castigo y disfrutar del Paraíso, incluso puedes considerar como tu último propósito agradar y desear a Dios, quien quiere que entres en el reinado de Su realeza increada y no vayas al Hades. Sin embargo, esta causa, es decir, el fin, nadie puede conocerla correctamente, por mucho poder y fuerza que tenga.

Porque una obra, aunque sea muy humilde, aunque sea muy pequeña, cuando se hace con el propósito de agradar solo a Dios y a Su doxa-gloria, es infinitamente más valiosa (por así decirlo) que muchas otras obras importantes, gloriosas y grandes que se realizan sin este propósito. Así que, junto a Dios es más agradable dar un solo céntimo a un pobre, sólo por la causa de agradar a Dios, en vez de despojarte de todos tus bienes para otro propósito y fin, y si lo haces con el propósito de disfrutar de los bienes celestiales, que son un objetivo no solo bueno, también muy deseado.

Esta práctica, que debes llevar a cabo en todas tus praxis, acciones, es decir, tener un solo propósito de agradar solo a Dios, en el principio este ejercicio te parecerá difícil, pero después de un tiempo te resultará fácil, primero ya sea de la costumbre de estar siempre atento a esta cuestión y segundo por desear siempre a Dios y por él respirar con una disposición viva de tu corazón, como el bien supremo y único, que es digno de ser buscado no solo para sí mismo, sino que todas las criaturas lo busquen y lo sirvan, y que sea amado más que cualquier otra cosa.

El tener en cuenta esta infinita magnanimidad y recompensa de Dios, cuanto más profunda y continua se hace, tanto más eficaces serán las prácticas de nuestra voluntad a las que hice referencia anteriormente. Así que, más fácil y rápido desarrollaremos el hábito de hacer cada una de nuestras praxis/acciones solo por el amor y la gratitud del Señor, quien solo es digno de ser amado. Por último, si deseas comprender si Dios te impulsa a cada una de tus praxis, debes pedirlo a Dios con una oración ferviente, rogándole que te añada incluso esta jaris gracia junto con las innumerables donaciones y jaris gracias que Él te ha dado y sigue dando, solo por agapi (amor incondicional) y sin ningún beneficio propio.

Capítulo A. 11 Algunos pensamientos que fomentan el deseo del hombre de hacer siempre la voluntad de Dios en todo.

Para impulsar tu voluntad con mayor facilidad, desear en todo la gratitud y la doxa-gloria de Dios, recuerda a menudo que Él te honró y te amó de diversas maneras; te creó de la nada o de la inexistencia, a Su imagen y semejanza, y todas las demás criaturas y creaciones las hizo para tu servicio propio; te redimió de la esclavitud del diablo, enviando no a un ángel, sino a Su Hijo Unigénito para rescatarte, no con un precio corruptible de oro y plata, sino con Su preciosa sangre y la muerte más cruel e ignominiosa;  y después de todo esto, en todas horas y en cada instante, Él te protege de los enemigos; lucha por ti con Su divina jaris (gracia, energía increada) y tiene preparado como alimento tuyo y doxa-gloria tuya a Su amado Hijo en los santos Misterios inmaculados.

Todo esto es una señal de una magnífica honra y agapi-amor que Dios tiene para ti, tan grande, que nadie puede comprender cuánta honra ofrece un Rey tan grande a nuestra insignificancia y aflicción, y, por otro lado, cuánta honra y respeto debemos rendir nosotros a Su tan importante grandeza, el Cual hizo para nosotros tantas cosas maravillosas.

¡Y si los reyes terrenales, cuando son honrados por los hombres se sienten obligados a recompensarlos, cuanto más nosotros los insignificantes, debemos hacerlo al Rey del universo por el cual somos tan amados y apreciados! Además de lo que hemos dicho antes, recuerda siempre en tu mente que, la majestuosidad divina por sí sola es infinitamente digna de ser honrada y servida por todos, de la manera que más le agrade.

Capítulo A. 12. La lucha entre las múltiples voluntades y deseos que existen en el hombre.

Debes conocer bien que en esta guerra, hay dos voluntades opuestas dentro de nosotros: una es la voluntad de nuestra parte lógica o logística de la psique-alma, por eso se llama voluntad lógica y es superior;  la otra es la sensible de los sentidos, por eso se llama voluntad sensual y es inferior, y aún más comúnmente se llama voluntad irracional o animal, voluntad de la disposición de la carne y del pazos. Con la voluntad superior y lógica, queremos todo lo bueno; y con la voluntad inferior e irracional, queremos todo lo malo; entonces, cuando queremos algo solo con la percepción sensible, hasta que no la emparejemos y concordemos con la voluntad superior y lógica, no se considera que la queremos de verdad. Así que toda la guerra invisible, primero se mantiene en esto, es decir, en no permitir que la voluntad superior se incline y se someta a la inferior. Porque la voluntad lógica que se encuentra entre la voluntad de Dios que está por encima de ella y la voluntad sensible de los sentidos que está por debajo, es atacada tanto por una como por la otra. Debido a que cada una de ellas quiere arrastrarla, dominarla y someterla en sí misma19.

  1. Estas tres voluntades se llaman también leyes por el apóstol Pablo (Rom cap. 7). La voluntad lógica, la ley del nus y la ley animal o irracional que se encuentra en los miembros del cuerpo y va en contra de la ley del nus con la mente y del deseo de Dios, y contra de la ley espiritual y de la ley de Dios con las que conecta la ley del nus; y añade también una cuarta que es la ley del pecado; que según san Juan Damasceno es el ataque o asalto que lanza el diablo con malos loyismí, en donde queda cautiva la ley del nus que se encuentra en los miembros del cuerpo; y el deseo lógico junto con la ley del nus, san Juan Damasceno esto lo llama conciencia, (Teología, capítulo 99).

Por eso, es una gran prueba, esfuerzo y sufrimiento, especialmente al principio, para aquellos que están acostumbrados al mal cuando deciden cambiar su vida terrenal y carnal y entregarse a la agapi-amor incondicional y servicio de Dios. Porque las contradicciones que recibe la voluntad lógica de ellos, por la lógica de Dios y por la lógica sensible (o carnal), las cuales permanecen en una parte y en otra y pelean, son pruebas muy fuertes y las sienten fuertemente, cosa que no ocurre en aquellos que ya se han acostumbrado a vivir y reposar en las virtudes o en las maldades.

Porque los virtuosos se someten fácilmente a la voluntad de Dios, mientras que los malos se inclinan hacia la voluntad sensual (carnal, o animal) de los sentidos sin oposición20. Por lo tanto, nadie debe presumir que puede adquirir las verdaderas virtudes cristianas y servir a Dios como debe ser, si no se esfuerza realmente a sí mismo a abandonar no solo los mayores placeres, sino también los menores, en los que antes estaba entregado con amor mundano. Y es por eso que muy pocos llegan a la perfección.21

  1. Porque, según Salomón, «Cuando viene el impío, viene también el menosprecio» (Proverbios 18:3).
  1. Porque la perfección y la unión con el Dios es una cosa tan grande, sutil y fina, de modo que el más mínimo obstáculo, tan fino como un pelo, puede privarnos y dejarnos sin la unión con el Dios; como dice san Simeón el Nuevo Teólogo: “De modo que si por nuestra negligencia, acedia y descuido tenemos algún pequeño loyismós (pensamiento), o duda de fe, o cobardía, o cualquier otro pazos, no seremos dignos de tener como cohabitante en nuestra psique-alma a Dios”.

Porque, después de conquistar los mayores placeres con dificultad, no quieren después someterse a sí mismos para vencer incluso los deseos más pequeños e insignificantes que a menudo los dominan.

Por ejemplo, hay algunos que no quitan una cosa ajena, pero aman excesivamente lo que es suyo; hay otros que no buscan ganancias indebidas y honores con medios ilegales e inapropiados, pero no las aborrecen como es debido, sino que las desean, y algunas veces las buscan de distintas maneras. Otros cumplen los ayunos estipulados por su deber y obligación, pero están dominados por la glotonería y la gula comiendo más de lo necesario. Otros viven con continencia y autodisciplina pero no se desapegan de algunas compañías que les agradan, lo que les representa un gran obstáculo para la vida espiritual y la unión con Dios; y especialmente, deben evitar aquellas amistades con personas jóvenes y devotas, de las cuales, cuanto menos teme alguien, más debe evitarlas22.

  1. Aquí apunta, hermano mío, que por algunas tendencias naturales o pazos, los cuales no se consideran pecados mortales, ni perdonables, al no hacerse por nuestra predisposición o voluntad, están sujetos a la idiosincrasia, temperamento de los cuerpos y estos se llaman imperfecciones, defectos y faltas naturales; por ejemplo, hay muchos que por su naturaleza son amargados y melancólicos o depresivos; otros estrictos, irritables y de mal genio; otros ligeros en el loyismós pensamiento e insostenibles; mientras que otros son obstinados; otros son amantes de la amistad y algunos tienen otros defectos físicos. Por lo tanto, debemos luchar también contra estos defectos, corrigiendo los excesos y las deficiencias con el discernimiento del logos correcto y sano juicio, transformándolos en virtudes. Porque ningún defecto natural, por muy salvaje que sea, puede resistir tanto como para no ser vencido por nuestra predisposición y voluntad con la jaris gracia (energía increada) de Dios, con nuestro esfuerzo y con nuestra diligencia y atención. Digo que debemos luchar incluso contra estas imperfecciones, porque, ya sean naturales o no, nos impiden alcanzar la perfección.

Por lo tanto, lo que se deduce de lo que hemos mencionado, es que a ellos les persigue el hecho de que realizan buenas obras, pero incompletas, defectuosas y conformes a los deseos de la estima y elogios del mundo. El resultado de esto es que no progresan en el camino de la salvación, sino que retroceden y caen de nuevo en los primeros males; porque no aman la verdadera virtud ni parecen agradables a Dios, quien antes les liberó de la tiranía del diablo; por lo tanto, siguen siendo ignorantes y ciegos al no ver el peligro en el que se encuentran en algún momento, ya que piensan que son seguros y sin peligro.

Y aquí se revela un engaño, aún más perjudicial porque es menos conocido; porque son muchos los que siguen una vida espiritual, pero aman más de lo que deberían a sí mismos (aunque en realidad no saben amarse). Porque se ocupan más de aquellas luchas que su deseo inclina, y dejan de lado las que entran en conflicto con su inclinación natural y con los deseos de los sentidos, sensibles o sensuales y carnales, que debían haber combatido con todas sus fuerzas y energías de manera justa.

Por eso, amado en el Señor, hermano mío, te pido que ames siempre la dificultad y la prueba que trae consigo esta guerra, incluso si a veces estás vencido por ella. Porque dice Sirácides: «No aborrezcas el trabajo fatigoso» (7,16). Porque aquí radica todo. Mientras más ames la dificultad que muestra a los principiantes la virtud y la guerra, tanto más y más rápido vencerás. ¿Qué digo? Si amas más la penosa y dura guerra contra los pazos que tus propias virtudes y victorias, naturalmente adquirirás mucho más rápidamente todo lo bueno.

Capítulo A. 13 Cómo uno debe combatir contra la voluntad insensata de los sentidos y con respecto a las acciones que la voluntad debe llevar a cabo para adquirir las costumbres de las virtudes.

Cada vez que, por un lado, el deseo insensato de los sentidos y por otro lado, la voluntad de Dios, atacan tu deseo lógico, y cada uno quiere vencer, tú debes ejercitarte y esforzarte de muchas maneras para que venza totalmente el deseo de Dios.

Entonces, a) cuando seas atacado por los movimientos de algún deseo insensato de los sentidos, debes resistir fuertemente para que la voluntad de la lógica no sea captada por ellos.

b) Una vez que se detengan, debes llevarlos nuevamente contra ti, para vencerlos y expulsarlos lejos de ti con mayor fuerza y ​​violencia.

c) Y otra vez después de todo esto, vuelve a reclamarlos en esta tercera guerra, en la que te acostumbrarás a odiarlos con toda tu psique-alma y los detestarás y los tendrás asco23.

      23. Aquellos que, después de avanzar en la práctica, se han hecho fuertes en el loyismós pensamiento, liberándose de toda doxa-gloria falsa y absurda, han adquirido un verdadero logos correcto a través de la θεωρία zeoría (contemplación, consideración) de los logos espirituales y verdaderos , aquellos que se encuentran en la divina Escritura y en la creación; ellos pueden resistir, rechazar y combatir contra los pazos (vicios, emociones, pasiones y padecimientos) y los loyismí (pensamientos simples o unidos con fantasía) con reacción irascible, es decir, unas veces con logos, lemas o versos de la divina Escritura contra los pazos y los loyismí que les atacan, ya que con esta contradicción el Señor luchó y venció las tres tentaciones o ataques que le trajo el diablo, a) la tentación de la φιληδονία filidonía (hedonismo, amor al placer, sensualidad o voluptuosidad) , b) la φιλοδοξία filodoxía (amor a la gloria mundana, vanagloria, vanidad) y  c) la φιλαργυρία filarguiría (amor al dinero y las riquezas, codicia, avaricia). Pero en otras ocasiones, con el logos correcto y natural, que demuestra la falsedad y el engaño de los pensamientos sembrados y los pazos que luchan, por eso estos se llaman verdaderos, ya que luchan directamente contra los enemigos, los vencen y son coronados. Aquellos, sin embargo, que son débiles en el pensamiento, es mejor que luchen contra los λογισμοί loyismí y los πάθος pazos indirectamente en segundo plano; es decir, tan pronto como los pensamientos o los pazos los ataquen, correr en contacto consciente con oración hacia Dios, hasta que se calmen con la oración también los movimientos de los pazos y los discursos de los pensamientos, como enseña san Isaac el Sirio. (Aunque esto principalmente no se llama guerra sino huida de la guerra debido a la debilidad que existe). Pero estos enfermos, alguna vez cuando son atacados exageradamente de los pazos y los loyismí, o cuando conocen que en sí mismo tienen la fuerza, deben luchar también directamente contra los loyismí y los pazos, para que se vea también su propia valentía y la libertad de la voluntad contra este malvado, ya que esto también nos lo dice el mismo San Isaac el Sirio. Sin embargo, cuando atacamos directamente los pazos y los loyismí, una ayuda invencible, como arma de guerra, es tener el nombre del Señor Jesús Cristo; es decir, «Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ Υἱὲ τοῦ Θεοῦ ἐλέησόν με Kirie-Señor Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me, ayúdame, sáname, ten compasión o misericordia de mí…», como también lo decimos en el decimosexto capítulo. Porque de esta manera también luchamos y vencemos a nuestros enemigos, y en esto no nos enorgullecemos, sino que registramos la victoria misma en el nombre victorioso del Señor. Ten en cuenta que un vehículo supremo y poderoso en la guerra de los pazos y los loyismí, es el desprecio. Es decir, que uno desprecie como ladridos de perros (sin dientes) los asaltos y ataques de los loyismí y los movimientos de los pazos, y especialmente los pazos y los loyismí, que ya había luchado y rechazado anteriormente, y nuevamente con descaro lo molesten y, volviéndose serio y silencioso consigo mismo, no desee ni regrese para considerarlos ni escucharlos, cumpliendo ese Salmo que dice: “Pero yo me hacía como sordo que no quiere oír y como el mudo que no abre la boca para hablar” (Sal 37,14); Pero que corra en el camino de la virtud y del progreso, sin ser obstaculizado por las pequeñas trampas y nimios sustos o espantos de los loyismí, y aquel que quiere, pues, que utilice esta arma y se beneficiará mucho.

Estas tres guerras o batallas deben llevarse a cabo en cada uno de nuestros deseos incontrolados, excepto en los placeres carnales, de los cuales hablaré en el momento apropiado.

Por último, también debes realizar praxis, acciones contrarias a cada uno de tus pazos.

Por ejemplo, si alguien te ha deshonrado y tú sientes guerra por los movimientos de impaciencia, presta buena atención y te darás cuenta que estos movimientos siempre combaten contra la voluntad lógica y superior, intentando someterla y hacerla condescender y consentir; entonces, debes resistir a estos movimientos con todas tus fuerzas y apresúrate a forzarlos a que no te seduzcan ni obtengan la aprobación de tu voluntad lógica, diciendo tú también junto con Oseas: “resistiendo los destruiré” (1,2); y nunca debes detenerte en esta lucha hasta que notes que el enemigo está casi agotado, como si estuviera muerto y derrotado; pero ten mucho cuidado, vigila y protégete de la mala astucia del diablo. Porque cuando él se da cuenta de que estamos resistiendo fuertemente a los movimientos de algún pazos, no sólo no los excita en contra nuestra, sino que incluso si están revolucionados, trata de detenerlos para que no nos ataquen, para que no adquiramos formación y experiencia por este ejercicio y entrenamiento el hábito de las virtudes; y además, para hacernos caer al orgullo y a la vanagloria, convenciéndonos de una manera hábil de que somos soldados valientes y hemos derrotado rápidamente a nuestros enemigos.

Por eso tú, hermano mío, pasa a la segunda guerra, es decir, con la memoria despierta y levanta contra ti mismo aquellos loyismí que fueron la causa de tu impaciencia; y con continuos deseos y más violencia que los primero, expulsa lejos de ti sus movimientos, diciendo junto con David: “Perseguiré a mis enemigos, y no retrocederé hasta que los haya exterminado” (Sal 17,41). Pero como no es suficiente con sólo expulsar nuestros enemigos, sino que debemos odiarlos con nuestro corazón, para no ser vencidos por ellos nuevamente; por eso tú con la tercera guerra, debes oponerte con tanto ímpetu a los loyismí de la impaciencia, hasta que los odies y los tengas asco, diciendo aquello del Salmo: “Detesto y aborrezco la injusticia y la mentira” (Sal 118, 162) y “los he odiado con perfecto odio; y se hicieron enemigos personales” (Sal 118,21).

Por último, para que hagas perfecta tu psique-alma con las costumbres o hábitos24 de las virtudes, debes realizar también praxis, acciones internas que sean directamente opuestas a tu impaciencia, según el Salmo: “Aléjate del mal y haz el bien” (Sal 33,14).

  1. Por eso la costumbre o hábito o adicción significa una gran facilidad que alguien adquiere en la virtud o en el vicio o en cualquier otra obra o arte, que se obtiene fácilmente y se convierte en hábito a través de acciones y prácticas virtuosas o viciosas o del ejercicio del arte y la habilidad a lo largo de mucho tiempo y de manera continua; por eso, esta misma costumbre se llama segunda naturaleza porque, al igual que la naturaleza, también ella muestra sus acciones con facilidad.

Por ejemplo, si deseas adquirir completamente la costumbre o hábito de la paciencia, no basta sólo ejercitarte de los métodos de guerra que mencioné, sino que también debes amar el deprecio que has recibido de aquel que te ha deshonrado o insultado, deseando ser deshonrado e insultado otra vez, como la primera vez por el mismo hombre; y estar preparado para soportar mayores desprecios e insultos, ya que praxis similares son necesarias para hacernos perfectos en las virtudes. De lo contrario, todas las demás praxis, acciones, por numerosas y poderosas que sean, no son suficientes para extraer y extinguir la maldad de sus raíces. Por eso es necesario que allí donde antes estaba plantada y arraigada la maldad, plantar y arraigar en su lugar la virtud opuesta (25), para que se conviertan, según los médicos, en la terapia opuesta a las enfermedades contrarias.

  1. «Excelentemente aquí esto se enseña y, de acuerdo con san Isaac el Sirio que dice, que es mejor engañar y vencer nuestros pazos mediante el recuerdo, memoria de las virtudes contrarias a ellas, en vez de poner resistencia. Dado que las tres partes de la psique-alma que son lo logístico (lógico), lo anhelante (voluntarioso) y lo irascible (o emocional), nacen tres tipos de loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía). De la parte logística (lógica) nacen los loyismí de la incredulidad, infidelidad, ingratitud y gemidos hacia Dios, la falta de indiscreción, la ignorancia y la oscuridad, la ambición, la avaricia y, en general, todos los llamados loyismí blasfemos; y de la parte anhelante de la psique nacen los loyismí de la φιληδονία filidonía (hedonismo, amor al placer, sensualidad o voluptuosidad), de la φιλοδοξία filodoxía (amor a la gloria mundana, vanagloria, vanidad) y de la φιλαργυρίας filarguiría (amor al dinero y las riquezas, codicia, avaricia), y en general, todos los llamados loyismí indecentes; y de la parte irascible (emocional) de la psique nacen los loyismí de homicidio, venganza, odio, envidia, conflictos, perturbaciones y, en general, todos los llamados loyismí maliciosos, viles o astutos malos. Por lo tanto, tú debes vencerlos con las virtudes opuestas; es decir, la infidelidad con la fe inquebrantable en Dios; la ingratitud y el gemido contra Dios con el agradecimiento, gratitud; la indiscreción o falta de discernimiento con el discernimiento del bien y del mal; la ignorancia y oscuridad con la verdadera gnosis (espiritual e increada) de lo que realmente existe; y las blasfemias e insultos con las doxologías (alabanzas). Similarmente la filidonía (hedonismo) con la continencia y el ayuno; la vanagloria con la humildad; y la avaricia con la austeridad y la sencillez. Igualmente, la envidia y el odio con la agapi (amor incondicional); la venganza con la mansedumbre, magnanimidad y la paciencia; el conflicto y la perturbación con la serenidad del cerebro o mente y la paz del corazón. Y generalmente como dice san Máximo el Confesor: La parte logística o lógica adornarla con la virtud de la oración y la divina gnosis; la parte anhelante (volitiva) de la psique poner la virtud de la continencia, autodominio; en la parte irascible la virtud de la agapi; y por supuesto que la luz de tu nus no se oscurecerá nunca, y los anteriores loyismí pueden nacer fácilmente de estos.»

Así que si nosotros no nos acostumbramos con muchas y continuas praxis a amar el desprecio y alegrarnos por ello, porque en la agapi amor incondicional con el desprecio se cimienta y arraiga la paciencia, y no nos libraremos nunca de la maldad de la impaciencia, la que se fundamenta sobre el odio al desprecio. Por eso, manteniendo viva la raíz de la maldad, brota siempre de una manera que marchita la virtud y algunas veces la ahoga totalmente. Nos hace correr peligros, haciéndonos caer de nuevo en cualquier oportunidad que se nos presente. Es cierto pues, que sin las praxis, acciones contrarias que hemos dicho, no es posible que obtengamos la verdadera costumbre o hábito de las virtudes.

También debes saber que estas acciones deben ser tan frecuentes y numerosas que puedan destruir completamente el hábito del mal, que, al arraigarse y dominar nuestro corazón, debido a muchas malas acciones, praxis, debe ser desarraigado por muchas buenas y continuas acciones, praxis y así debemos arraigar en nuestro corazón el hábito de las virtudes. De hecho, yo digo que deben ser muchas más las praxis buenas que las malas, para que el hábito se convierta virtuoso. Esto se debe a que las acciones virtuosas no son como las acciones viciosas, que son respaldadas por la naturaleza, la cual está corrompida por el pecado.

Te digo aún más que si la virtud que practicas lo requiere, debes realizar acciones externas similares a las internas. Por ejemplo, para adquirir la paciencia, no solo debes amar con tu corazón a quienes te han humillado o molestado de cualquier manera, sino también debes decirles palabras de gentileza y amor, y si es posible, también servirles y pedirles perdón26. Y estas acciones, tanto las internas como las externas, aunque te parezcan difíciles debido a la debilidad de tu nus y tu mente y a la dificultad que tu deseo te impone, de ninguna manera debes abandonarlas, sino luchar por llevarlas a cabo. Porque, por muy débiles que sean, te mantienen firme y valiente en esta guerra y te facilitan el camino hacia la victoria.

  1. San Juan Crisóstomo (Homilía 15, Capítulo 5 de Mateo) dice que, el Señor enseña nueve grados, en los cuales eleva a todos los cristianos con los santos mandamientos: Primero, que los cristianos no deben ser injustos con algunos; segundo, que si alguien los injusticia, ellos no deben vengarse con la misma injusticia; tercero, que no deben hacer a otros lo que otros les hicieron, sino soportarlo con paciencia y estar tranquilos; cuarto, no solo estar tranquilos, sino también entregar voluntariamente sus almas para padecer los males; quinto, entregar sus almas a los sufrimientos más y más dispuestos que dondequiera que se vea que los otros están abusando de ellos; sexto, no odiar a quienes los maltratan; séptimo, amarlos desde el corazón; octavo, beneficiarlos; y noveno, rogar a Dios por ellos. El santo Simeón el Nuevo Teólogo, en su logos sobre la apázia impasibilidad (sin pazos, en paz) y los dones, añade a los nueve grados otros tres más importantes. Es decir, uno, no solo orar por aquellos que nos han maltratado, sino también imprimir en nuestra mente sus rostros y besarlos con apázia sin pasión, impasibilidad, con lágrimas de amor, como a verdaderos amigos. Segundo, guardar hacia ellos y al mismo tiempo que nos están dañando, el mismo estado de ánimo de nuestro corazón sin cambios. Y tercero, olvidar completamente todo lo que hemos sufrido y no recordarlo, tanto cuando ellos están presentes como cuando están ausentes, sino tratarlos sin ninguna reserva, como trata a sus amigos, hablando y compartiendo con ellos.

Estate con atención y precaución, concéntrate y prepárate bien para luchar no solo contra tus grandes y efectivos deseos, sino también contra los pequeños y ligeros impulsos de cada pazos; porque las pequeñas aberturas abren el camino a las grandes, por lo que, después de estas pequeñas nacen en nuestro interior los malos e indecentes deseos; y debido al poco cuidado que algunos tienen en arrancar de sus corazones los pequeños deseos después de haber dominado los grandes del mismo pazos, siguen inesperadamente y súbitamente, a ser heridos y vencidos por sus enemigos con más fuerza, daño y desgaste de lo que era antes.

Te recuerdo también que vayas recortando y mortificando tus deseos y voluntades, incluso para cosas que están permitidas, pero que no son necesarias; (como muchas charlatanerías, conversaciones frecuentes, alimentos en abundancia, y similares). Porque a partir de esto, te seguirán muchas cosas buenas. Porque estas cosas te volverán más preparado y más animado a vencer a ti mismo y a otras cosas. Debido a que te harás más fuerte y más experimentado en la guerra contra las tentaciones, ya que te escaparás de varias trampas del diablo y conseguirás cosas muy agradables y gustadas a Dios.

Entonces, amigo mío, si sigues estos ejercicios divinos de la manera que te he dicho, estate seguro que en poco tiempo progresarás mucho y te convertirás en hombre espiritual verdadero y real, no falsamente, sólo en nombre. Porque si emprendes otra manera o método y otros ejercicios que son agradables a tu deseo, de manera que pienses que te has unido a Dios y conversas dulcemente con Él, debes saber que no podrás adquirir la jaris gracia (energía increada) del Espíritu Santo o ninguna virtud; porque la jaris gracia increada del Espíritu Santo, tal y como te dije en el primer capítulo, no es creada sino increada, ni nace de ejercicios agradables y similares con nuestra naturaleza, sino de aquellas cosas y realidades que ponen cruces o que crucifican la naturaleza y los esfuerzos corporales duros, y de aquellas cosas que se recompone y se renueva el hombre a través de los deseos de las virtudes evangélicas y lo unen con Su crucificado Creador.

Conozca también esto, que los hábitos del mal se adquieren con muchas y frecuentes praxis, acciones de la voluntad lógica, porque es ella la que se entrega en los deseos insensatos del sentido o de los instintos animales. De la misma manera los hábitos de las virtudes evangélicas se adquieren con muchas praxis frecuentes y repetidas, entregándote a la voluntad de Dios, por el cual estamos llamados e invitados unas veces a una virtud y otras veces a otra. Porque tal y como nuestra voluntad lógica no puede ser nunca mala, carnal y terrenal, por mucho que sea atacada por el deseo insensato de la carne y del mal, si no se entrega por sí misma a la carne y se someta a ella; así de esta manera nuestra voluntad lógica, nunca puede ser virtuosa y estar unida con el Dios, aunque está llamada e invitada por la jaris (gracia, energía increada) de Dios, si no se entrega totalmente a la voluntad y a la jaris de Él, tanto con praxis internas como externas.

Capítulo A. 14. Qué hacer cuando la voluntad lógica superior parece vencida por la insensata voluntad inferior y los enemigos.

Si alguna vez piensas que tu voluntad lógica no puede resistir en absoluto el deseo insensato y a los enemigos que te atacan, porque no sientes que anímicamente estás dispuesto y preparado contra ellos; entonces, tú hermano mío, debes permanecer firme y no abandonar la guerra, porque serás considerado como vencedor, puesto que no te estarás viendo claramente a ti mismo como vencido. Pues así como nuestra voluntad superior no necesita los deseos más bajos para llevar a cabo sus acciones, de la misma manera, no puede ser sometida ni vencida por ellos, sin importar cuán feroz sea la guerra que le presenten. Porque el Dios ha regalado en nuestra voluntad tanta libertad, potencia y energía que, incluso si todos los sentidos, demonios y el mundo entero se armaran contra ella y la combaten fuertemente, a pesar de todo esto, nuestra voluntad puede con toda la libertad menospreciarlos y desear lo que quiera o no desear lo que no quiera tantas veces como quiera y para el propósito que le plazca.

Y si alguna vez los enemigos intelectivos o espirituales y tu deseo insensato, indecente, atacan tan ferozmente y te presionan sintiéndote deprimido y no puedes realizar ninguna obra espiritual para ayudarte a ti mismo, te digo, que en este caso no te acobardes, ni te desanimes y no tires la toalla y las armas en tierra; en lugar de ello, utiliza tu propio vehículo en su contra y dile a tus enemigos: “No retrocedo ni abandono esta guerra, ni tampoco ahora os dejaré ilesos”. “El Señor es la luz increada y mi sotiría (redención, sanación y salvación), ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza y el refugio de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?” (Sal 26,1). “Yo en Tu nombre aniquilaré a mis enemigos” (Sal 43,7); ahora bien, si te fortaleces mucho y otra vez caes vencido, como está escrito: “Por mucho que os unáis seréis aplastaos; y por mucho que os arméis seréis aniquilados” (Is 8,9). Por lo tanto, haz lo mismo que aquel que tiene a su enemigo delante y le tiraniza y no puede hacer nada para pegarle directamente, lo hiere lateralmente y trata de saltar atrás para poder herirlo directamente; así lo mismo haz tú también; reúne tus loyismí pensamientos en tu interior, reflexiona y piensa que no tienes ninguna fuerza y así acudiendo a Dios que todo lo puede, llámalo con ferviente oración, esperanza y lágrimas en contra tu pazos que te está atacando, diciendo: “Señor ayúdame; Dios mío, Dios mío ayúdame, Jesús Cristo Dios ayúdame, ataca a los que me atacan; toma tu escudo y tu armadura y ven a socorrerme” (Sal 34,1). “Santísima Zeotokos, Virgen, ayúdame, para no ser vencido por el enemigo”.

Si el pazos y tu enemigo te dan tiempo, aún puedes ayudar a tu voluntad a resistir contra el pazos a través de las reflexiones en contacto consciente con Dios y estos ejercicios. Por ejemplo, cuando tú caes en alguna dificultad o cualquier otro castigo y tu deseo no puede o no quiere soportarlos, ayúdalo con estas cosas.

A´ Piensa que debes soportar la prueba con dignidad porque tú mismo has dado lugar a esta situación y, con razón, debes sufrir la herida que te has infligido con tus propias manos.

B´ Si tú en esta prueba no tienes ninguna culpa, entonces vuelve y dirija tu loyismós pensamiento en otros muchos y grandes errores tuyos y piensa que, por estos el Dios no te ha dado aún el castigo que mereces, pero que tú tampoco los has corregido como deberías; por lo tanto, la compasión de Dios ha tenido misericordia de ti y para que no seas castigado eternamente, te ha mandado esta prueba provisional; y debes aceptarla con alegría y gratitud.

C´ Piensa que, aunque quizás hayas anticipado y cumplido suficiente la penitencia o la regla para tus pecados, con los cuales has entristecido la majestuosidad de Dios (lo cual no debes pensar nunca), pero piensa que en el reinado de la realeza increada de los cielos no entra nadie si no es mediante la puerta estrecha de las pruebas y las tribulaciones. “Tenemos que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reinado de la realeza increada de Dios” (Hec 14,21).

D´ Pues, aunque tú también puedes entrar a esta realeza increada de otro camino, es decir, a través de la agapi (amor incondicional y energía increada) de Dios, no debes ni siquiera considerarlo; porque incluso el Hijo de Dios junto con todos sus amigos entró en ella a través de espinas y cruces.

E´ Piensa y reflexiona que esta prueba que estás sufriendo, es según la voluntad de Dios; (lo cual debes tener en cuenta al principio de cada una de tus acciones y aflicciones que te ocurran, como te mencioné anteriormente en los capítulos 10 y 12, es decir, que desees que en cada obra tuya y en cada otro acontecimiento se haga la voluntad de Dios), el Cual por la agapi que te tiene, se complace y se alegra al verte sufrir como fiel y luchas heroicamente como un valiente guerrero suyo.

Por tanto, para tú puedas corresponder a esta agapi (amor y energía increada) de Dios, por muy injusta y pesada que sea la prueba que estás soportando, tanto más lucha para soportarla con paciencia y gratitud. Porque al hacerlo, demuestras que soportas con paciencia en la práctica y amas incluso las duras torturas sólo por la divina voluntad, por la cual y cerca de la cual, cualquier cosa amarga parece dulce y cada desorden tiene orden y regla o canon perfecto.

Capítulo A. 15 Cómo uno debe luchar siempre valientemente con todas sus fuerzas.

Si quieres estar venciendo a tus enemigos más rápido y fácilmente, hermano mío, es necesario luchar siempre valientemente contra todos tus pazos, especialmente contra tu φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), acostumbrándote a tener los desprecios y sufrimientos que el mundo te inflige como amigos queridos; porque ignorar esta guerra interior  de sí mismo y no tenerla en cuenta, ha ocurrido y ocurre siempre que las victorias sean difíciles, imperfectas, poco frecuentes y casi inexistentes.

Esta guerra, pues, debe librarse constantemente, es decir, continuamente hasta la hora de tu muerte, con valentía y con una psique fortalecida que puede obtenerse al pedirla a Dios; pero, si alguna vez consideras la furiosa embestida y el perpetuo odio que tienen tus enemigos demonios en tu contra y el gran número de ejércitos y batallones que poseen, reflexiona desde el otro lado y considera que la fuerza de Dios y el amor que te tiene son mucho mayores, y que hay muchos más ángeles en el cielo y las oraciones de los santos que luchan secretamente a nuestro favor, como se escribió sobre Amalec: «Con mano secreta e invisible el Señor pelea» (Éxodo 17:16).  Por esta razón, fueron movidas tantas mujeres y muchachos y han conquistado toda la fuerza y la sabiduría del mundo y han vencido todos los asaltos o agresiones del enemigo diablo con toda su furia y su manía.

Por lo tanto, no debes asustarte y tener miedo nunca, aunque te parezca que la guerra de los enemigos es muy fuerte y que permanecerá para toda tu vida, aunque te amenace con varias recaídas de varios tipos. Porque toda fuerza y conocimiento de nuestros enemigos se encuentra en las manos del Comandante supremo Jesús Cristo, que por el honor de Él te están atacando. El cual solo te llama y te invita con insistencia a esta guerra, no sólo no te dejará que tengas como peso fuerte ningún poder de los enemigos y ninguna victoria de ellos, porque esto lo considera una ofensa para él, sino que éÉ luchando por ti, los entregará vencidos en tus manos, cuando a Él le parece agradable, tal como se ha escrito: “El Señor, tu Dios, está en medio de tu campamento, va y viene para protegerte y librarte de tus enemigos y para captarlos y entregarlos en tus manos” (Deut 23,14).

Pero si el Señor retrasa hasta el último momento de tu vida, para que tú tengas esta victoria, esto será tu mayor beneficio (27). Tú sólo debes luchar con valentía; y si algunas veces en la guerra quedas herido nunca dejes las armas y te marches; en definitiva, para que seas movido valientemente en esta guerra, debes saber que ningún hombre puede evitarla, ya sea en vida o en la hora de la muerte; y aquel que no luche para vencer sus pazos y sus enemigos, inevitablemente debe ser capturado de aquí o de allá y morir.

  1. Como el Dios no exterminó todas las naciones de la tierra prometida sino que ha dejado en ella las cinco regiones con otras razas, más los Sidonios y los Hebreos; primero para probar si los hebreos guardan los mandamientos y la fe firme; segundo para que sean enseñados siempre en la guerra, como se ha escrito: “Los cinco principados sirvieron para probar a Israel… para ver si guardaban los preceptos del Señor. Y enseñarlos la guerra” (Jue 3, 4-5). De esta manera no extermina todos los pazos de nosotros, sino que nos deja algunos para que nos combatan hasta nuestra muerte, no por debilidad o causa suya, sino por causa nuestra, como interpreta Teodórito: 1) para que no caigamos en la negligencia, sino que estemos vigilantes, cuidadosos y cautelosos; 2) para que no olvidemos la guerra y de repente nos ataquen y nos venzan los pazos y los enemigos; 3 ) para que recurramos siempre a Dios y pidamos con más fuerza y ardor Su ayuda; 4) para no enorgullecernos y vanagloriarnos, sino que seamos humildes de conducta y carácter. 5) para que odiemos con todo nuestro corazón los pazos y los enemigos que incansablemente nos atacan tanto; 6) para que seamos probados si guardamos hasta el final el honor y la alabanza a Dios y la agapi-amor y la fe. 7) para que seamos estimulados a guardar todos los logos o mandamientos y no transgredirlos, ni siquiera el más pequeño; 8) para que aprendamos con la prueba lo que vale la virtud y a continuación no caer al pecado; 9) para que la guerra continua se convierta en una cuestión de mayores coronas; 10) para que glorifiquemos y alabemos más a Dios y avergonzar más al diablo y el pecado con nuestra paciencia hasta el final; y 11) para que seamos entrenados con la costumbre de la guerra a no tener miedo o terror el día de la muerte, cuando la guerra ya nos será más fuerte;

Por eso debemos luchar siempre valientemente, porque tenemos que tratar con este tipo de enemigos, los cuales nos odian tanto que no es posible que tengamos alguna esperanza de paz con ellos, ni tregua ni cese de la guerra. Por eso sería bueno desde el principio no abrir la puerta y permitir que los enemigos y los pazos entren en nuestra psique y corazón. Puesto que si los hemos dejado entrar una vez, ya no podemos quedarnos indiferentes, sino que debemos luchar para expulsarlos, porque estos descarados y sin vergüenzas no salen de otra manera que con la guerra 28.

  1. San Basilio el Grande, en su logos sobre la castidad, da un bello ejemplo en relación: “Si los soldados reales en tiempo de guerra no pueden guardar sus armas en casas cerradas, sino en aquellas casas que encuentran abiertas, y mientras las ponen dentro, ellos salen fuera y caminan por la calle sin tener miedo que alguien le arroje las armas fuera; de la misma manera, los malignos demonios, cuando encuentran la puerta de nuestro corazón abierta, ponen en su interior sus armas, que son los malos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y los pazos, dejándolos allí si nosotros no luchamos para expulsarlos afuera.

Capítulo A. 16 Cómo debe prepararse el soldado de Cristo por la mañana para la batalla espiritual.

Mientras te despiertes por la mañana y ores durante un buen rato diciendo: “Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με, Kirie-Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, eleisón me”, la primera cosa que debes pensar es esto: creer que te ves a ti mismo encerrado en un lugar o un estadio, que no es otra cosa que tu propio corazón y todo tu ser interior; y con esta ley en la mente, aquel que no lucha dentro de este lugar permanecerá muerto para siempre; y dentro de esto imagínate que ves frente a ti aquel enemigo y aquel mal deseo tuyo contra lo que has decidido luchar y estás preparado hasta herirte y morir, con tal de vencerlo. Y de la parte derecha del estadio, piensa que ves a tu triunfador Capitán general, a nuestro Señor Jesús, con Su Santísima Madre y muchas legiones de Ángeles y Santos y sobre todo el Arcángel Miguel; y de la parte izquierda piensa que ves el diablo terrenal con sus demonios preparados para levantar aquel pazos y deseo malo contra ti, y forzarte a abandonar la guerra y ser sometido a ellos; Imagínate que escuchas una voz como si fuera de tu Ángel de la guarda, diciéndote lo siguiente:

Tú hoy lucharás contra este pazos y los otros enemigos, pero no debes acobardarte ni evadirte de esta guerra, por miedo o cualquier otra limitación, ya que nuestro Señor y Capitán general Jesús está aquí, junto con todas sus gloriosas legiones, para luchar contra tus enemigos y no permitir que te opriman y te venzan. “El Señor combatirá por vosotros…» (Ex 14,14),

Por tanto, mantente firme, esfuérzate y soporta con paciencia cualquier dolor que puedas sentir y clama muchas veces desde lo más profundo de tu corazón: “Señor, no me entregues al capricho o voluntad de mis enemigos” (Sal 26,12).

Clama a tu Señor, a la Virgen y a todos los Santos y Santas, y con seguridad vencerás, ya que dice: “Os escribo jóvenes para aseguraos que habéis vencido al astuto maligno” (1Jn 2,3). Y si eres débil, mal acostumbrado y mal criado, mientras que tus enemigos son fuertes y numerosos, recuerda que las ayudas de Aquel que te ha creado y redimido son muchas más, y Dios es incomparablemente más fuerte en esta guerra; como está escrito: “Tu Señor es el héroe y el poderoso de la guerra” (Sal 23,8). Él desea más sanarte y salvarte que el enemigo desea arruinarte. Por eso, lucha y no te desanimes nunca en este esfuerzo tuyo. Porque de este esfuerzo, de la resistencia y de la prueba que sientes por la costumbre que has mostrado contra al mal, nace la victoria y el gran tesoro, con el cual se compra la realeza increada de los cielos y se une la psique-alma para siempre con el Dios.

Así que, comienza en el nombre de Dios a luchar con los vehículos de la desconfianza de ti mismo y la esperanza y confianza con todo tu ánimo a Dios, a través de la oración y la practica (entrenamiento); sobre todo con el vehículo de la oración noerá del corazón, que es: Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Señor Jesús Cristo, un nombre tan terrible y poderoso que, como un cuchillo con doble filo ,gira y penetra en lo más profundo del corazón, desgarrando y destruyendo a los demonios y los pazos. En relación con esto, dijo san Juan el Clímaco: “Azota a los enemigos con el nombre de Jesús Cristo”, sobre esto hablaremos por separado en el capítulo 45. Con estas armas lucha contra aquel enemigo y pazos y aquel mal deseo que te atacan y combaten, y que estás decidido a vencer siguiendo el orden que te he indicado en el capítulo 13; es decir, a veces enfrentándolos con resistencia hasta la muerte, otras veces con odio, y otras veces con las prácticas opuestas de la virtud.  De esta manera, harás lo que agrada a Dios, quien, junto con toda la Iglesia triunfante del cielo, estará a tu lado, vigilante, presenciando esta tu guerra. Guerra por la que no debes afligirte pensando que, por un lado, son las obligaciones que tenemos todos de trabajar y agradar a Dios y por otro lado, la necesidad de luchar, como te mencioné anteriormente. Porque si abandonamos esta guerra, seguramente pereceremos. Después, aunque te alejes, como un apóstata,  por momento de la guerra según Dios y te entregas al mundo y a todos sus disfrutes, comodidades y al bien estar de la carne, después otra vez tendrás que luchar nuevamente con presión contra tantas contrariedades con sudor en tu rostro y tu corazón herido por lipotimias mortales. ¿Cuándo? Pues, durante tu vejez y en la hora de tu muerte. Cuando los demonios y todos tus pazos posiblemente te rodearán y te abrumarán tanto que, sin poder enfrentarte a ninguno de ellos, caerás y te entregarás en la muerte eterna.

Por eso, amigo mío, no seas tan tonto e insensato como para querer luchar y pelear en una hora desfavorable; más bien, como alguien que es prudente, soporta con paciencia ahora el cansancio de la guerra, para que puedas vencer, ser coronado y unirte con Dios en Su realeza celestial e increada. “Y acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen los años de los que tú dirás ya no tengo fuerza” (Ec 12,1).

Capítulo A. 17 Con qué orden debemos luchar contra nuestros pazos.

(“Παθος Pazos”, en la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique; padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesiones según el contexto).

Hermano mío, es de gran importancia que conozcas el orden que debes mantener para luchar de manera adecuada, y no simplemente de manera aleatoria como muchos hacen, resultando perjudicados. En la guerra contra los enemigos y tus malos deseos, el orden es siguiente: primero, debes adentrarte en tu corazón e investigar con esmero de cuáles loyismí, deseos y tentativas lo rodean, y qué pazos lo dominan y lo afligen. Y luego, debes tomar las armas contra ese pazos y luchar contra él; pero si en algún momento te tientan otros pazos, debes siempre enfrentarte al paso más próximo que esté atacándote en ese momento, y una vez más dirigir la guerra hacia aquel pazos que más te domina y te somete.

Capítulo A. 18 Cómo combatir los inesperados impulsos de los pazos.

Amigo mío, si aún no estás acostumbrado a luchar contra los golpes inesperados y los ataques de los asaltos o de algunas otras cosas adversarias que te suceden, te aconsejo que hagas lo siguiente:

Acostúmbrate siempre, cuando estés sentado en tu hogar, a anticipar que pueden ocurrir muchos asaltos, ataques, deshonras e incluso heridas u otras adversidades. De esta manera, estarás preparado para no ser atormentado, sino para soportar todo con paciencia y gratitud, sin perturbarte ni alterarte. De hecho esta preparación debes hacerla especialmente antes de salir de casa, sobre todo si vas a interactuar con personas propensas a enfadarse fácilmente. Porque dice el Salmo: «Preparé mi corazón y no fui perturbado» (Sal 118, 60). Con este tipo de preparación y práctica, uno puede considerar insignificantes incluso los acontecimientos más terribles e inesperados, así como el pazos de la ira.30

  1. Muy sabiamente y verdaderamente aprendemos esto, que la premeditación y la preparación son las mejores armas y más efectivas para protegerse de los movimientos repentinos de los pazos; así como un tornado o una borrasca, cuando caen de repente en el mar, revuelcan los barcos y hacen a los experimentados marineros desesperarse, así de la misma manera estos encuentros y movimientos repentinos de los pazos hacen perder el discernimiento hasta en los que son perfectos en la virtud.

Junto con la premeditación y la preparación, también debes emplear esta estrategia: Cuando en algún caso, alguien sin esperarlo comienza a insultarte y provocarte cualquier otra deshonra, detente por un momento, y, después de reunir tus pensamientos en el corazón, pon tu nus en atención, vigilancia y guardia para no permitir que el pazos de la ira del otro te perturbe en tu corazón, pero si le ha dado tiempo y te ha molestado, no dejes que el pazos salga al exterior y te impulse a responder con insultos o venganzas.; porque dice el Salmo: “en mi interior se perturba mi corazón” (Sal 14);31

  1. Es decir, el pazos y la turbulencia de la ira no salieron al exterior; más bien, como las olas del mar salvaje, no salen más allá de los límites del mar, sino que al ser contenidas dentro de las costas, se vuelven tranquilas. De la misma manera, la ira actúa; así interpreta esta sentencia el Gran Basilio (Discurso contra los iracundos).

A continuación esfuérzate a elevar tu nus con la mente a Dios, pensando y reflexionando en la agapi (amor desinteresado e incondicional, energía increada) infinita que te tiene Dios, por la que te ha enviado esta tentación como una oportunidad para limpiarte y purgarte más y unirte más estrechamente a Él. Estas cosas, digo, piénsalas y vuelve hacia ti mismo, examinándote internamente, diciéndote: «¡Oh miserable y desdichado! ¿Por qué no quieres abrazar esta cruz y la prueba que te ha enviado tu propio Padre celestial, y no otro? Después, vuélvete hacia la cruz y abrázala en tu mente con la mayor alegría posible, diciendo: “¡Oh cruz, que fuiste establecida por la providencia de Dios antes de que yo existiera! ¡Oh cruz, que fuiste endulzada por el dulce amor del crucificado, clávame y conságrame en ti para que pueda unirme completamente con aquel que me redimió, muriendo en ti!”. Pero si el pazos de la ira ha avanzado y se mueve dentro de ti, y no te permite elevar tu nus con la mente hacia Dios desde el principio, nuevamente esfuérzate por hacerlo lo más rápido posible, como si no te hubieras perturbado en absoluto; porque así serás ayudado.

Pero la mejor y más eficaz terapia para los pazos, para que no se muevan inesperadamente, es que se eliminen las causas por las que proviene este movimiento. Estas causas son dos: la agapi-amor y el odio. Así que, si tú, amigo mío, has desarrollado un amor apasionado por alguien o por cualquier otra cosa, grande o pequeña y de repente te sientes perturbado cuando ves que te lo arrebatan o lo molestan, debes luchar para eliminar de tu corazón ese amor maligno que sientes por esa cosa, porque cuanto mayor o menor sea ese amor, mayor o menor será también el movimiento repentino del pazos.

Por el contrario, si tienes odio a alguien o cualquier otra cosa, y de esto sientes perturbado y repugnado cuando ves o escuchas algo elogiable sobre ellos, debes presionar tu voluntad hasta amarlos; no solo porque son criaturas de Dios, creadas a su imagen y semejanza, como tú, sino también porque, al igual que tú, han sido renacidas y redimidas con la preciosa sangre de Cristo; No debes odiarlos ni siquiera en tu pensamiento, como está escrito: «No guardarás rencor a tu prójimo» (Levítico 19, 17).

  1. Y el amado Juan dice: «15 Todo aquel que odia a su hermano es homicida. 14 Pero aquel que no ama al hermano permanece en estado de muerte espiritual» (1Jn 3:15,14).

Además, si esa persona es mala y digna de odio, al amarla te asemejas a Dios, quien ama todas sus creaciones y nunca se disgusta con ellas, como dice Salomón: «Todo es tuyo, Señor, que amas la vida» (Sabiduría de Salomón 11).

Y sobre todo, porque Dios perdona las maldades de los hombres y «hace salir el sol sobre buenos y malos, y envía lluvia sobre justos e injustos» (Mateo 5, 45).

Capítulo A. 19 Cómo luchar contra los pazos carnales.

Contra los pazos carnales, hermano mío, debes luchar de manera diferente a como lo haces con los demás. Para conocer cómo luchar en orden, debes entender que existen tres batallas antes de cada tentación: antes, durante y después de que esta haya pasado.

La guerra antes de la tentación será contra las causas que, por regla general, se convierten en los motivos de dicha tentación; es decir, tú primero debes luchar contra este pazos, no resistiendolo tal como te dije que hagas para los demás pazos, sino evitándolo con toda tu fuerza, eliminando cualquier tipo de estímulo o persona que pueda provocar la tentación en tu carne o cuerpo. Si alguna vez necesitas hablar con alguien que sea propenso a provocar este tipo de tentación, hazlo de manera breve, seria y digna, utilizando palabras más bien duras que blandas o dulces.

“Nunca confíes en tu enemigo”, dice Sirac (12,11). Y tú nunca confíes en ti mismo. Porque, igual que el cobre por sí solo genera el óxido u orín, así también tu naturaleza corrupta genera maldad por sí sola; “Igual que el cobre se oxida, así también tu maldad” (Idem). Otra vez te digo, no confíes en ti mismo, aunque hayas pasado mucho tiempo sin sentir los embates y las insinuaciones de la carne, porque esta maldita maldad, aquello que no ha hecho en muchos años, lo hace en una hora y muchas veces hace sus preparativos en secreto y cuando más se hace ver como amigo, dando menor sospecha sobre ella, tanto más perjudica y causa heridas incurables. (33)

  1. Como dijo el gran Nilo el Asceta: “Y si crees que estás con el Dios, protégete del demonio de la lujuria o fornicación, porque es un gran estafador, envidioso y quiere ser más rápido que el movimiento y la atención de tu nus” (Filocalía C.3). La causa por la que el deseo carnal siempre nos tienta y molesta es la filaftía egolatría, el excesivo amor al cuerpo y a sí mismo. Igual que la vanagloria siempre nos engaña, así también del deseo carnal difícilmente nos protegemos.

Por eso, como la experiencia ha demostrado, a menudo debemos tener más miedo de las personas con las que pensamos que es bueno estar en compañía, ya sea porque son parientes, virtuosos y piadosos, o porque nos han beneficiado y sentimos la obligación de saludarlas con frecuencia 34. Porque con esta compañía imprudente se enreda el sentido y sentimiento con un placer venenoso, de modo que imperceptiblemente traspasa poco a poco también al nus de la psique y oscurece tanto la lógica de manera que después dejan de tener en cuenta las causas peligrosas del pecado; es decir, las miradas eróticas, las palabras dulces del uno al otro, después los gestos y tocamientos con las manos, y acaban cayendo en el pecado total o en otros pazos diabólicos, de los cuales difícilmente se pueden liberar. 

  1. Muchas veces, personas aparentemente virtuosas y devotas han engañado a otros, ya sean mujeres u hombres, conviviendo o relacionándose descuidadamente, y han caído en vergonzosos pazos, siendo engañados por por la derecha (por lo que parece correcto); es decir, de la virtud, de la devoción y de la modestia; Sin embargo, aquí añadimos que uno no solo se involucra con un fuerte deseo y eros carnal con estas personas, sino que también, si se supone que son hijos de padres ricos y nobles, con un lenguaje educado, talento musical, una apariencia hermosa, astucia intelectual, habilidades en las artes y trabajos manuales, o poseen cualquier tipo de virtudes adquiridas; todas estas características aumentan considerablemente el deseo y el amor. Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado y protegernos de tales situaciones.

Por eso, hermano mío, debes evitar el fuego, porque eres como una tela que fácilmente se prende, no confíes en ti mismo como si fueras una esponja llena de agua con una voluntad fuerte y buena; no. Debes entender que eres como una esponja seca que, al acercarse al fuego, se incendia rápidamente. Según con lo que se ha escrito sobre Sansón: “rompió los nervios como una cuerda fina que se acerca al fuego” (Jue 16,9). No creas que tu decisión y deseo de preferir la muerte antes que afligir a Dios con el pecado son firmes. Con la continua compañía y exposición, el fuego y el calor gradualmente secan el agua de tu buena voluntad, y sin darte cuenta, te aferrarás al deseo diabólico de tal manera que no te avergonzarás delante de los hombres, ni respetarás los lazos familiares o la amistad, ni tendrás en cuenta las consecuencias del infierno, y cometerás el pecado. Por eso, aléjate lo más que puedas.

A´ De las compañías de las personas que escandalizan, si verdaderamente no quieres ser capturado por el pecado y morir (espiritualmente)35.

  1. Por eso también Salomón llama sabio a aquel que teme y evita las causas de los males, y tonto a aquel que confía en sí mismo y no las evita; «El sabio, temiendo, se aparta del mal, pero el necio, confiado, se mezcla en él» (Prov 18,16). José, el justo, fue sabio; al dejar su túnica y evitar la ocasión del pecado, también evitó el pecado mismo. Muchos maestros opinan que si no lo hubiera hecho así, habría pecado con su señora. En este sentido, el mártir de Cristo que sufrió mucho por el Señor, estando en prisión y siendo asistido por una monja, al confiar en sí mismo y no evitar la persona que lo escandalizaba, cayó en la fornicación, como escribe el Abad Macario. Por ello, también el Apóstol insinuaba esta evasión cuando decía: «Huid de la fornicación» (1 Cor 6,18).

B´ Evita la inactividad y la pereza, mantente vigilante y sobrio con tus loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y con las obras que convienen con tu actitud.

C´ No desobedezcas nunca, más bien obedece y sométete fácilmente a tus superiores y Padres Espirituales, haciendo con diligencia y rapidez aquellas cosas que te mandan, especialmente aquellas cosas que te hacen humilde y van contra tu voluntad y tus inclinaciones naturales.

D´ No juzgues arrogante y despectivamente a tu prójimo, especialmente en el pecado carnal del que estamos hablando, aunque esté claramente sumido en él; tratalo con simpatía y compasión,  no te burles de él y, con su ejemplo, humíllate a ti mismo reconociendo de que también eres enfermo, polvo y ceniza y vulnerable al pecado, diciendo: él ha caído hoy, yo caeré mañana. Porque si fácilmente juzgas y menosprecias a los demás, el Dios ejemplarmente te instruirá concediendo que caigas tú también al mismo defecto. “No juzguen para que no sean juzgados”, advierte CristoDios en el Evangelio de Mateo; para que reconozcas tu orgullo y te hagas humilde, pidiendo terapia tanto para tu orgullo como para tu lujuria. Pero si el Dios te ha protegido y no caes, no cambies tu actitud, ni te confíes en ti mismo, sino mantén siempre el temor y la duda sobre tu actitud y condición.

E´ Ten mucho cuidado, si has obtenido algún c-jarisma divino o te encuentras en una situación buena, no introduzcas en tu mente ninguna idea y fantasía superflua e innecesaria de que eres alguien y de que tus enemigos ya no te combatirán, aparentando que por ahora los odias y los rechazas. Porque, si te descuidas en esto, caerás fácilmente.

Estas son las cosas que debes vigilar antes de la tentación del pazos carnal.

Pero, en el tiempo de la tentación, debes pensar de dónde proviene esta guerra, de una causa interna o externa. La causa externa es la curiosidad de los ojos, palabras dulces de audición y canciones; suavidad y adorno de ropas, el olor de perfumes para el olfato, conversaciones, gestos y tocamientos que inducen al pecado; la terapia de todas estas cosas es la modestia y la humildad en las prendas de vestir, no querer escuchar, ver, oler o tocar todas estas cosas que promueven a esta maldad y sobre todo apartarte de las malas compañías, como hemos dicho antes.

La causa interna proviene del bienestar de la carne o de los loyismí pensamientos del nus con la mente que provienen de nuestros malos hábitos, de los pazos o de la incitación del diablo.

Y por una parte, la buena vida del cuerpo debe ser disciplinada con ayunos, vigilias, dormir en el suelo y especialmente las prosternaciones y otras penitencias similares, como lo explican el discernimiento y la enseñanza de los santos Padres; y por otra parte, las terapias de los loyismí pensamientos, vengan de donde vengan, son las siguientes: ocuparte con varios ejercicios adecuados a tu situación, que son la lectura de los libros sagrados, y sobre todo de san Efrén, de Juan de la Escalera, de la Filocalía, de Evergetinós y otros similares, el estudio y la oración; pues, que se realice así. Cuando estos loyismí pensamientos de lujuria comienzan a molestarte, recuerda de inmediato con tu mente al Crucificado y desde el profundo de tu psique-alma di esto: “Mi Jesús, dulcísimo Jesús, ayúdame rápidamente para no ser cautivado de este enemigo”. Y algunas veces abrazando (espiritualmente, como si estuviera presente), la cruz en la cual tu Señor está colgado, abraza sus heridas muchas veces, diciendo con agapi-amor: “heridas bellísimas, heridas santísimas y purísimas, herid este corazón mío sucio y miserable y evitad que os dañe”.

Por otro lado, tu terapia durante el período en el que los loyismí pensamientos de los placeres carnales aumentan, no debe ser directamente contra ellos, cosa que algunos libros así lo escriben; (como pensar en la comida y en la repugnancia del placer carnal; el control de la conciencia que te causará amarguras, los peligros, la pérdida de propiedad y de tu virginidad, la acusación de honor y otras cosas similares); te digo que tu estudio no debe ser sobre estos, porque esta preocupación no es siempre un medio seguro para vencer la tentación de la carne; de hecho, puede causar daño. Porque si bien el nus con la mente temporalmente rechaza los pensamientos con tal estudio, sin embargo, al estar débil y habituado maliciosamente, cuando estudia estas cosas imprime mejor el agrado y se deleita y se complace en él. Por lo tanto, la verdadera terapia contra los placeres carnales es evitarlos siempre, no solo de ellos, sino de cualquier cosa (incluso si está en su contra) que nos los recuerde. Por eso que tu estudio esté en otras cosas; es decir, sobre la vida y el pazos-pasión de nuestro crucificado Jesús, en el recuerdo de la terrible hora de tu muerte, en el día terrible del Juicio y en los diferentes tipos del infierno.

Pero si mismos loyismí pensamientos carnales te atacan más de lo habitual, (como sucede), no te acobardes ni te desanimes por ello, ni abandones el estudio mencionado anteriormente para enfrentarlos, no, sino sigue tanto como sea posible con tu estudio, sin preocuparte por completo por esos pensamientos, como si no fueran tuyos. Porque no hay mejor manera de resistirlos, aunque te combatan constantemente, que despreciarlos y no querer recordarlos en absoluto; después de todo eso, terminarás tu ocupación con esta súplica o similar a esta:

“Líbrame, mi Creador y mi Redentor, de mis enemigos, por el honor de tu pasión y de tu bondad inefable”. Y no gires tu nus con la mente hacia esta maldad carnal. Porque sólo un simple recuerdo de ella no está libre de peligro. Pero tampoco te detengas para conversar con esta tentación y te investigues a ti mismo si has condescendido en ellas o no. Porque incluso esa investigación, aunque parece buena, en realidad es un engaño del diablo, ya sea para molestarte y hacerte desesperar y desanimarte, o para mantenerte siempre enredado en esos pensamientos y hacer que caigas en este o en algún otro pecado.

Por eso, contra esta tentación (cuando el consentimiento no es evidente) es suficiente que la confieses en brevedad a tu guía espiritual, habiendo tranquilizado tu opinión y tu mente, sin pensar más en ello. Y revélale verdaderamente todos tus pensamientos sobre esto, sin mantener ninguna reserva o vergüenza. Porque si necesitamos el poder de la humildad para vencer a todos nuestros enemigos, cuánto más lo necesitamos en esta guerra carnal, más que en cualquier otra cosa. Porque esa maldad también es casi siempre el castigo y la consecuencia del orgullo.36

     36 Por eso, también Juan Clímaco dice que aquel que cae en la lujuria u otro pecado carnal, antes había tenido orgullo y por eso Dios permitió que cayera para humillarse; «donde cayó el cuerpo, allí se había alzado el orgullo». Y nuevamente, «el orgullo es la caída» (La Escala, Discurso 32).

Luego, después de que haya pasado la tentación, lo que tienes que hacer es esto: por mucho que te parezca que estás liberado de esta guerra de la carne y estás seguro de todo, sin embargo, debes mantenerte con el nus alejado de estas cuestiones y de las personas que fueron la causa de la tentación; y no pienses que debes estar en compañía con ellas, aunque sean parientes o virtuosos o incluso tus benefactores; porque también esto es un engaño de la mala naturaleza y una trampa del enemigo astuto diablo que fácilmente se metamorfosea, transforma en ángel de luz para meternos en la oscuridad o en las tinieblas como dijo san Pablo (2Cor 11,14).

Capítulo A. 20 Cómo uno debe luchar contra la negligencia.

Para no caer en la deplorable maldad de la negligencia, que te impide el camino hacia perfección y te entrega en las manos de los enemigos, debes evitar toda curiosidad, todo apego terrenal y todo tipo de comentarios y ocupaciones que no convienen ni se ajustan a tu situación. Después debes esforzarte, en obedecer rápidamente a todo buen consejo y cualquier orden de tus superiores y tus guías espirituales, haciendo cada cosa en el tiempo y la manera que les guste.

En cada obra que tienes que hacer no tardes mucho en hacerla; porque esa pequeña demora trae consigo la segunda, la tercera y las demás, en las cuales el sentido se desvía más fácilmente que en la primera. Porque fue absorbida y cautivada más por el placer que probó de la segunda, la tercera y las demás demoras.

Por eso la praxis o comienza muy tarde o se abandona completamente muchas veces como molesta; y así poco a poco se convierte en hábito la negligencia, la que después de todo eso te lleva a tal punto que no se reconoce de otra manera, a menos que, después de habernos hartado de la inteligencia,  nos entreguemos completamente en obras importantes y cuidadosas. Porque a través de esta última ocupación nos hemos enterado que hasta entonces habíamos sido muy descuidados y negligentes, con vergüenza y daño para tantas buenas obras que podríamos haber hecho.

Esta la negligencia corre por todas partes y con su veneno, no solo envenena la voluntad y la hace rechazar todo trabajo espiritual, manual y de cualquier servicio, sino que también ciega al nus (espíritu de la psique) con la mente para que no se dé cuenta y considere en qué logismós pensamiento insensato se sostiene esta voluntad; y también por esta consideración y observación no motive la voluntad a ocuparse de realizar rápidamente todos los servicios requeridos y no demorarlos para otro momento. Porque no es suficiente solo hacer el trabajo que tienes que hacer rápidamente, sino hacerlo en tiempo adecuado, que requiere la calidad de aquel trabajo con todo el esmero y cuidado que corresponde a eso, para tener toda la perfección posible. Porque está escrito: “Maldito aquel que hace las obras del Señor con negligencia” (Jer 48,10). Y todo este mal sucede porque no piensas en la fuerza que tiene aquella obra buena para hacerla en su debido tiempo y con decisión firme, para vencer la dificultad y el cansancio que trae la negligencia, sobre todo a los soldados novatos.

Así que, tú debes pensar muchas veces que sólo con una elevación del nus a Dios y con una humilde reverencia de arrepentimiento hacia la tierra, que se hace en el nombre y el honor de Dios, vale más que todos los tesoros del mundo. Y que cada vez que dejamos de lado la negligencia y nos ponemos en obras diligentes y esmeradas, los Ángeles traen de la realeza increada de los cielos una corona de la gloriosa victoria; y que, al contrario, a los negligentes , no sólo el Dios no les da coronas, sino que también les quita poco a poco las alegrías y favores que les había dado, dejándolos privados de su realeza increada por sus negligencias. Porque se ha escrito: “Los llamados para las bodas celestes permanecieron indiferentes y fueron unos en sus terrenos y otros en sus negocios” (Mt 22,5).

Sin embargo, aumenta estos favores y gracias a los diligentes, cuidadosos y forjadores de sí mismo, haciéndolos entrar después de eso también en su realeza increada celeste; “La realeza increada de los cielos se gana con esfuerzo y la ganan aquellos que luchan” (Mt 11,12).

Pero si el mal loyismós pensamiento lucha y pelea por derribarte en la negligencia, te trae en el nus el pensamiento que para poder obtener la virtud que deseas, te cansarás mucho y por muchos días, y que tus enemigos son fuertes y muchos, mientras que tú eres un hombre débil y necesitas esforzarte mucho y hacer muchas praxis para conseguirla. Te aconsejo que si estas cosas te las trae en el nus el loyismós de la negligencia, no le hagas caso ni le escuches; pero comienza a traer a tu mente acciones como si tuvieras pocas cosas que hacer y como si tuvieras que trabajar un poco y por poco tiempo; y como si tuvieras que luchar contra un solo enemigo y como si no hubiera otros para luchar contra ti, y con una esperanza tan grande, como si fueras (como eres), con la ayuda de Dios, más fuerte que ellos. Porque si haces esto, la negligencia comenzará a debilitarse en ti y después tendrás disposición para introducir gradualmente en tu psique-alma la virtud opuesta que es la diligencia o cuidado..

Lo mismo aplícalo también para la oración; por ejemplo, si el tiempo requiere que hagas una hora de oración y esto parece duro en tu negligencia, empieza la oración como si tuvieras que orar un cuarto de hora y después fácilmente pasarás al siguiente cuarto y de allí al siguiente, etc. Y si alguna vez en este espacio de tiempo sientes alguna dificultad y resistencia muy fuerte, deja de momento la oración para que no te caiga antipática y luego, después de un rato, reanuda la oración que antes dejaste; debes usar el mismo método en tu trabajo manual y en tu servicio cuando te encuentres con cosas que parecen muchas y difíciles en tu negligencia, mientras tú te perturbas completamente. Por eso, empieza con tu corazón tranquilo de una cosa como si no tuvieras más que hacer. Y así actuando con diligencia, esmero y cuidado, harás todas las cosas con mucho menos esfuerzo y dificultad que aquellas que parecen en tu negligencia mucho y difícil. Por eso, si no haces así y si no piensas luchar contra el esfuerzo y la dificultad, que tu enemigo te muestra para cada virtud, la negligencia prevalecerá en ti, por lo que no solo cuando esté presente el esfuerzo y la dificultad, sino también desde lejos, te hará impaciente y temeroso, que siempre tendrás problemas y dificultades y que siempre tus enemigos te tentarán y molestarán. Entonces, incluso en tu propia relajación, tendrás molestias de tus propios loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía).

Entiende, hijo mío, que el pazos de la negligencia, con su veneno oculto, poco a poco corrompe, no sólo las primeras y pequeñas raíces, las que trataban de brotar y nutrir los hábitos de las virtudes, sino que también corrompe incluso las raíces de los buenos hábitos adquiridos anteriormente. Y tal como el gusano corroe la madera, así también este pazos progresa, devorando imperceptiblemente y consumiendo la vida espiritual del nus (espíritu de la psique). Y con este medio, el diablo conoce poner las trampas y los lazos en cada hombre, pero especialmente en las psiques espirituales, conociendo que fácilmente cae en los deseos todo aquel que es descuidado, perezoso y negligente, como está escrito: “Todo perezoso, desocupado y parado se encuentra en deseos e ilusiones”(Prov 13,4).

Por lo tanto, mantente siempre vigilante, orando y cuidándote bien como un valiente luchador: “Las manos de los hombres valientes trabajan con dinámica, valentía y diligencia” (1Reyes 11:28). Y no esperes tejer tu túnica nupcial cuando tengas que ir allí adornado para encontrarte con el Novio Cristo. Y recuerda cada día que el hoy es tuyo y el mañana está en la mano de Dios; y que aquel que te dio la mañana no te promete que te dará también la tarde. Por eso no escuches al diablo que te dice que le des el hoy y dejes el mañana para Dios; no, no, sino que gasta todos los momentos de las horas de tu vida tal y como le plazca a Dios. Y actúa como si no hubiera otro tiempo para darte. Y ten en cuenta que por cada momento darás cuentas exactas, porque el tiempo que tienes en tus manos de verdad es oro, valioso, y llegará el tiempo que lo estarás buscando pero no lo encontrarás.

Considera también como perdido aquel día (aunque hayas hecho muchas otras obras), en el cual no lograste muchas victorias sobre tus malas inclinaciones, deseos y voluntades, y en el cual no agradeciste a Dios, no solo por los beneficios que te concedió, sino especialmente por el pasaje tormentoso que sufrió por ti; y también por la dulce instrucción paternal de las aflicciones y dolores que a veces te enviará. Y para concluir, te pido: «Combate siempre la buena batalla» (1Tim 6,12), porque muchas veces sólo una hora de diligencia se ha ganado el paraíso y por una hora de negligencia se ha perdido. Y hazte diligente y cuidadoso si quieres tener segura la esperanza de tu salvación en Dios. “Aquel que confía en Dios lo tiene todo” Prov 28,25). (37).

  1. Porque dos son las esperanzas, según Isaac el Sirio, una es verdadera y muy sabia y la otra tonta y falsa. Y los que se han entregado por completo a sí mismos a Dios, no se preocupan de ninguna cosa mundana, estando enteramente dedicados a la diligencia, al trabajo y práctica de las virtudes; ellos realmente tienen esperanza en Dios de que los redimirá y salvará de cada mal, tanto en la vida presente como en la futura; pero los que pasan con negligencia sus vidas y no se ocupan con las virtudes, aunque dicen que tienen esperanza en Dios, es falsa y tonta la esperanza de ellos. Es como si dijera que uno debe cansarse para sembrar virtudes y obras buenas y después tener la esperanza que tiene que segar para recibir su salario de la σωτηρία sotiría (sanación, redención y salvación) de su psique.

Capítulo A. 21 La corrección de los sentidos externos y de qué manera uno puede pasar a través de ellos a la zeoría (contemplación) y a la doxología (alabanza) de Dios.

Se necesita una gran reflexión y un ejercicio constante para gobernar y corregir bien nuestros cinco sentidos externos: es decir, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Porque el deseo irracional del corazón que es como capitán de nuestra naturaleza corrupta, se inclina excesivamente hacia buscar siempre deleites y reposos, y al no poder obtenerlos por sí solo, utiliza los sentidos del cuerpo como soldados y órganos naturales para captar de los objetos externos; es decir, las cosas sensibles de las cuales pasan las imágenes agradables y las fantasías, al capturarlas, las imprime en la psique-alma y después de esto continua el agradable placer.

Esto se debe a la afinidad que existe entre el alma y la carne, comparten todas esas partes de los sentidos donde este placer y complacencia reside; y de esto ocurre (por desgracia) la inmortal muerte (espiritual); y se cumple lo que se ha escrito: “La muerte subió por las ventanas” (Jer 9,20). Es decir, a través de los sentidos, que son como ventanas para la psique-alma, para disfrutar de las cosas sensibles.

¿Ves, pues, hermano mío, el gran daño que te causan los sentidos físicos. Por tanto, ten cuidado de sanarlos, es decir, cuida bien de no dejar que tus sentidos vayan hacia donde quieran, ni de usarlos solo para el placer de los sentidos y no para ningún otro fin bueno o beneficioso o necesario. Y aunque hasta ahora, sin conocer estas cosas, tus sentidos han sido totalmente entregados a los placeres sensibles, ahora y en adelante lucha todo lo que puedas para recuperarlos y gobernarlos tan bien, de donde antes estaban esclavizados miserablemente a los placeres vanos y dañinos de la psique, después adquieran de toda creación y objeto sensible conceptos útiles y los introduzcan en el interior de la psique; a través de estos conceptos la psique puede recogerse en sí misma y, con las alas de sus nobles poderes, elevarse al estudio y la alabanza de Dios; (38)

  1. Por eso aquel gran Agustino decía que “las creaciones que se encuentran en el mundo, hablan con los hombres virtuosos con una lengua realmente muda y silenciosa pero muy energética en muchos aspectos, que es fácilmente escuchada y comprendida por ellos, y los incita más a la agapi a Dios, y encuentran en todo motivo para tener pensamientos buenos y reverentes». Y san Gregorio el Teólogo dice: “Todas las cosas alaban y glorifican a Dios con voces inenarrables; porque el Dios con todo se agrada a través de mí; y así el himno de estas se hace nuestro, del cual tomo el himno” (Logos en el Día del Señor). Y los tres jóvenes en su himno se inspiraron de todas las creaciones para alabar a su Creador.

Esto es algo que también puedes hacer de la siguiente manera.

Por ejemplo, cuando te encuentres frente a cualquier sentido tuyo un objeto sensible, ya sea visible, audible, olfativo, gustativo o tangible, distínguelo en tu mente del objeto material que tiene el espíritu inmaterial, es decir, la energía increada del Espíritu Santo que está en él; y piensa que esto por sí solo no puede tener su existencia u otra cosa de lo que se encuentra en él; sino que su existencia entera es una obra de Dios, que con su Espíritu invisible le da lo que es, su bondad, su belleza, su fuerza, su sabiduría y cualquier otra cosa que tenga en su interior. Así que aquí tu corazón debe regocijarse, porque sólo el Dios es la causa y el principio de tantas cosas exactas, diversas, grandes y admirables y que él, con supremacía, contiene y abarca todo en sí mismo; y que estas perfecciones de las creaciones sensibles, no son más que un grado pequeñísimo o una sombra de sus infinitas maravillas y perfecciones divinas.

Y cuando te acostumbres de esta manera a ver las cosas sensibles y no te quedes solo en lo externo y en el fenómeno o lo que se ve, sino que penetres con tu nus y la mente en la oculta belleza interior; (porque según san Dionisio el Areopagita, las iconas-imágenes de las cosas concebibles o inteligibles son las sensibles); entonces despreciarás y pasarás por alto su belleza externa como insignificante y material, pero en la potencia y energía increada ocultas del Espíritu Santo fijarás tu nus con la mente, glorificando y alabando al Señor.

Así viendo los cuatro elementos, el fuego, el agua, el aire, la tierra, y reflexionando sobre su esencia, la potencia y la energía que tienen con gran agrado dirás hacia al perfecto Creador, que los ha creado de esta manera; ¡oh divina esencia! ¡oh infinita potencia y energía increada muy deseada, cuánto me alegro porque tú eres el único principio y causa de toda esencia creada de los entes o seres y de toda energía y potencia! (39).

  1. Nota que, según san Máximo el Confesor, la esencia de los seres existentes tiene la imagen del Padre, la potencia o poder del Hijo y la energía del Espíritu Santo, de modo que de cualquier manera lo presenta como el Dios Creador, no solo cómo es uno, sino también cómo es Trino.

Así que cuando veas los cuerpos celestes y luminosos, el sol, la luna y las estrellas y pienses que han recibido la luz y la luminosidad de Dios, gritarás: ¡oh luz increada, que supera toda luz, por el que se ha creado cada luz inmaterial y material! ¡Oh luz maravillosa, el primer objeto de la alegría de los ángeles y el deleite de los santos, ante cuya visión inquebrantable los ojos de los querubines se ciegan, y en comparación con ella, todas las luces sensibles aparecen como la más profunda oscuridad, te glorifico y te exalto; ¡oh verdadera luz increada, que iluminas a todo hombre que viene al mundo (Juan 1,9), permíteme verte espiritualmente, para que mi corazón se regocije con tu perfección! «.

Y así, cuando veas los árboles, las hierbas y varias otras plantas, y pienses cómo viven, cómo se alimentan, crecen y producen sus semejantes ,y cómo por sí solas no tienen vida ni todo lo que tienen, sino que son vivificadas sólo por el Espíritu Santo, que tú no ves; entonces podrás decir: “¡He aquí está la verdadera vida, de la cual, en la cual y por la cual viven, se alimentan y crecen todos, oh terapia viva de mi corazón!”. De manera similar, de la forma de los animales, elevarás tu nus con la mente a Dios, quien les da sentido, sentimiento y movimiento de lugar a lugar, diciendo:  ¡oh primer motor, que aunque mueves todas las cosas, estás inmóvil en ti mismo; oh cuánto me alegro y deleito en tu inmovilidad y estabilidad!

Mirándote a ti mismo de nuevo o a otros seres humanos y reflexionando que solo tú tienes forma erguida y eres correcto y lógico en todo lo demás, y que eres una unión y un lazo entre las creaciones inmateriales, intangibles y las materiales, tangibles, muévete en doxología, alabanza y agradecimiento a tu Dios Creador y di: “¡oh Trinidad suprasustancial, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que seas glorificada por los siglos. Cuánto te debo agradecer siempre, no sólo porque me has creado de la tierra y me has hecho rey de todas las creaciones terrenales, no solo porque me has honrado con mi naturaleza y las has hecho como imagen tuya con nus, logos y espíritu o psique vivificante de mi cuerpo (40), sino también porque me has dado la fuerza con mi libre voluntad y predisposición adquirir las virtudes, a semejanza tuya, para que así pueda disfrutar de ti en los siglos!”.

  1. Ver también en Filocalía el capítulo 38 de los capítulos físicos y teológicos del gran Santo de Tesalónica, Gregorio Palamás, que dice: “el Espíritu vivificante del cuerpo es un eros (amor ardiente y espiritual), el cual proviene del nus y del Logos, y que existe en el nus y en el logos y en este está el logos y el nus; y que, según este Espíritu vivificante, la psique noerá (espiritual humana) y lógica es más a imagen de Dios que los Ángeles, porque los ángeles no tienen este tipo de Espíritu vivificante, porque no tienen el cuerpo que da la vida.

Vengo ahora a los cinco sentidos en particular y te digo: hermano mío, si eres atraído por la belleza y el esplendor de las creaciones, que tus ojos ven, separa con tu nus lo que ves, del espíritu que no ves; y piensa que toda aquella belleza externa que ves proviene del único invisible y bellísimo Espíritu, del cual recibe aquella belleza externa; y lleno de agradecimiento y alegría, di: “¡He aquí las corrientes de la fuente increada; he aquí las gotas del infinito océano de toda bondad y todo bien; oh cuánto me alegro en lo más profundo de mi corazón, pensando en la belleza eterna e infinita de mi Creador, que es el principio y la causa de toda belleza creada! ¡Oh, cuánto me deleito, pensando y contemplando en la inefable e inenarrable belleza de mi Dios .del cual emana el principio de toda belleza!”

Cuando escuches cualquier dulce voz de armonía de sonidos y cantos, dirige tu mente con el nus a Dios y di: “¡Oh Señor mío, armonía de armonías! ¡Cuánto me deleito con tus infinitas perfecciones; ya que todas juntas componen y rinden armonía supracelestial; y aún unidas con los Ángeles en los cielos y con todas las creaciones, forman una gran sinfonía; cuándo llegará, mi Señor, la hora, en que oiga dentro de los oídos de mi corazón tu voz más dulce, diciendo: “te doy mi paz; la paz los pazos-pasiones y sufrimientos; porque tu voz es dulce y agradable”, según el Cantar (2,14).

Si de nuevo hueles alguna aroma o flor fragante, trasciende de la fragancia externa a la fragancia oculta del Espíritu Santo y di: “¡He aquí las fragancias de aquella flor toda fragante y de aquella mirra insaciable, la que fue dada a todas sus creaciones! Según el Cantar: “yo soy la flor del campo y el lirio de los valles” (2,10); y otra vez: “tu nombre es mirra que se esparce” (1,2). “He aquí la fragancia que emana y se transmite de fuentes divinas y que en abundancia inunda los soplos divinos de los purísimos Ángeles hasta las últimas creaciones y las hace todas a perfumar”, egún san Dionisio el Areopagita (Jerarquía Eclesiástica cap. 4); en relación con la fregancia, Isaac dijo a su hijo Jacobo: “la fragancia de mi hijo es como el campo fértil que el Señor ha bendecido” (Gen 27,27).

Nuevamente, cuando comas o bebas, piensa cómo Dios, que da a todos los alimentos su sabor y solo en Él contento y agradecido, puedes decir: ‘Alégrate, psique-alma mía, porque, así como fuera de tu Dios no hay descanso alguno, así tampoco hay dulzura o sabor fuera de Él; por lo tanto, solo a Él puedes agradecer, ya que David te incita diciendo ‘Gustad y ved qué bueno es el Señor’ (Salmo 33,8). Y Salomón te informa diciendo en relación a esto: “Su fruto es dulce en mi paladar” (Cantares 2,3).

Cuando muevas tus manos para hacer alguna obra, piensa que el Dios es la primera causa de aquella obra y no tú, y que tú no eres más que un instrumento vivo de él; y elevando tu loyismós pensamiento, di así: ‘¡Cuánta alegría experimento dentro de mí mismo, Oh Dios supremo del universo! Porque no puedo hacer nada sin ti; en verdad, eres el primer y original creador de todas las cosas’.

Cuando veas en otros bondad, sabiduría, justicia y otras virtudes, haciendo con tu nus (espíritu de la psique) una distinción, di a tu Dios: ‘Oh tesoro más rico de la virtud, cuánta alegría la mía! porque de ti y a través de ti solo proviene todo bien; y porque todo el bien, en comparación con tus divinas perfecciones, es nada; te doy gracias, mi Dios, por esto y por todo otro bien que has hecho a mi prójimo; pero recuerda, mi Dios, también mi pobreza y mi gran necesidad de virtud’.

Y para decirlo en general, cada vez que encuentres en las criaturas algo que te guste y te agradezca, no te detengas en ello, sino pasa con tu mente a Dios y di: “¡Oh, Dios mío, tus criaturas son tan hermosas, tan agradables, tan atractivas, cuánto más hermoso, alegre y dulce eres tú, el Creador de todas ellas!”

Así que, amado, si haces esto, puedes disfrutar a Dios a través de tus cinco sentidos y siempre elevarte de las creaciones al Creador, de modo que la formación de la creación se convierta en una teología para ti, y aún estando en el mundo de los sentidos, puedas imaginar el mundo de los inteligibles y espirituales. Porque es verdad que todo el mundo y toda la naturaleza, no son más que una ley y un instrumento bajo del cual se encuentra invisiblemente el Creador y artista, actuando y mostrando con su arte, y con las cosas visibles y las materiales muestra las perfecciones y sus energías increadas invisibles e inmateriales.

  1. Por eso, desde un lado, Salomón dijo: “por el tamaño y la belleza de las creaciones recibimos la idea correspondiente de la creación de estas” (Sab 13,5).; y por otro lado, san Pablo dice: “Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se dejan ver a la diania (inteligencia, mente, intelecto) y se hacen visibles y perceptibles a través de las cosas creadas, tanto su eterna omnipotencia como cada divina perfección; hasta el punto que no tienen excusa por su vida pecadora” (Rom 1,20). Añadimos aquí que para este propósito fueron creadas todas las creaciones con logos y sabiduría por un lado, y por otro lado, los hombres fueron enriquecidos con fuerza y energía lógica, estudiando los logos- causas de las creaciones, para que a través de esta capacidad lógica puedan ascender al conocimiento y estudio del pre-eterno y enhipostasiado-substanciado Logos que por Él se hizo todo: “Todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado” (Jn 1,3). Porque desde las causas conocemos los resultados, y de las consecuencias, lo que precedió; de modo que solo basta que uno sepa pensar correctamente, y de inmediato, dentro de la Creación encuentra la fe y de las Creaciones y los logos estudiados de las Creaciones, percibe y cree sin duda que hay un Dios.

Capítulo A. 22 Las cosas sensibles que mencionamos nos sirven como medios y herramientas para corregir nuestros sentidos, si pasamos de ellos al estudio del Logos encarnado y a los misterios de Su vida y pasión.

Te he mostrado anteriormente cómo podemos elevar nuestro nus con la mente a la θεωρία zeoría-contemplación de Dios; ahora aprende otra manera para elevar tu nus al estudio del Logos encarnado, pensando en los santísimos misterios de Su vida y pazos-padecimiento. Todas las cosas sensibles del universo pueden ayudar en este estudio y contemplación, si primero reflexionas que en estas, tal como mencionamos anteriormente, al Dios Supremo como la única y primera causa que las ha dado la existencia, la fuerza, la belleza y todas las otras bellezas que tienen; y si después de esto piensas cuán grande e infinita fue esta bondad del mismo Dios, el cual realmente siendo el principio y Señor de toda creación, quiso caer tan bajo como hacerse hombre, padecer y morir por el hombre, permitiendo que las mismas obras de sus manos se armaran contra Él para crucificarlo.

Por lo tanto, cuando tú ves, oigas o tocas armas, cuerdas, palizas, columnas, espinas, clavos, martillos y otras cosas parecidas, reflexiona con tu nus que todas estas cosas fueron los instrumentos del pazos pasón de tu Señor.

Nuevamente, cuando veas o habitas en casas pobres, deja que venga a tu mente la cueva y el pesebre de tu Señor. Si ves que llueve, acuérdate aquella lluvia sangrienta del sudor que caía desde el cuerpo de nuestro santísimo y dulcísimo Jesús en el jardín, que empapó la tierra.  Si ves el mar y los barcos recuerda cómo tu Dios caminó físicamente sobre él y cómo estaba de pie en las barcas enseñando la multitud. Las piedras que verás te recordarán aquellas piedras que fueron aplastadas con su muerte; la tierra te recordará aquel seísmo que hizo entonces durante su pazos-padecimiento.

El sol te recordará la oscuridad que lo envolvió en aquel momento; las aguas te recordarán aquel agua que brotó de su santa costilla, cuando el soldado con su lanza la traspasó en la cruz. Si bebes vino u otra bebida, recuerda el vinagre y la hiel que dieron a tu Soberano. Si te atrae el aroma de las fragancias, mentalmente ve hacia el hedor que Jesús sintió en el monte Gólgota, que era un lugar de condena, donde decapitaban a los hombres y por eso era desagradable y maloliente42

  1. Por dos razones se llamó la colina del Gólgota el lugar del Calvario; primero y más importante, porque según la opinión de Basilio, Crisóstomo y Teófilacto, es la tradición que allí estaba enterrado el cuerpo de Adán. Por eso el monje Epifanio en este mismo libro relacionado con Siria y Jerusalén dice: «Bajo el Golgota hay un templo (o casa) pequeña de Adán, y en él está su cráneo bajo el calvario», de donde se llamó el lugar del Calvario; la segunda y más inmediata opción es porque según la opinión de Coresio y otros historiadores, nunca faltaban allí cráneos esparcidos de aquellos malhechores que eran decapitados, de los cuales también se llamó el lugar del Calvario o Cráneo.

Cuando te vistes, recuerda que el Logos eterno se ha vestido de carne humana para vestirte con Su deidad. Cuando te desvistas, piensa en tu Cristo, quien se quedó desnudo para ser azotado y crucificado por ti. Si escuchas alguna voz dulce y agradable, transfiere tu agapi-amor a tu Salvador, cuyos labios derramaron toda jaris (gracia, energía increada) y dulzura, según el salmo: “Se derramó la jaris en tus labios” (Sal 44,3); y de la dulzura de su lengua estaba suspenso el laós-pueblo, según el Evangelista Luca: “el pueblo estaba suspenso oyéndole” (Lc 19,48).

Si escuchas tumultos y gritos del pueblo, piensa en aquellos gritos ilegales de los judíos: “aprisa, aprisa, como sea, crucifícalo, crucifícalo”, que se escucharon fuertemente en sus oídos divinos.  Si ves algún rostro guapo, recuerda que el bellísimo Jesús Cristo, que está por encima de todos los hombres, fue deformado, despreciado y deshonrado, sin ninguna belleza encima de la cruz por tu agapi (amor desinteresado e incondicional). Cada vez que suene el reloj, deja que venga a tu mente aquella angustia del corazón que Jesús sintió cuando comenzó a temer la hora de la pasión y la muerte que se acercaba; o piensa que estás escuchando aquellos golpes duros que resonaban desde los martillos cuando lo clavaban en la cruz. Y para decirlo simplemente, en cada ocasión de tristeza y tribulación que te encuentres o encuentres a otros, piensa que nada es en vano en cada tristeza y prueba, en proporción y similitud a las inauditas pruebas que afligieron y quebrantaron el cuerpo y la psique-alma de tu Señor.

Capítulo A. 23  Cómo debemos corregir nuestros sentidos de otras maneras, cuando se nos presentan sus objetos visibles.

Cuando veas cosas bonitas en la vista y valiosas en la tierra, piensa que todas son insignificantes, y como excremento, en comparación con las bellezas y las riquezas del cielo, las cuales disfrutarás después de la muerte, si desprecias el mundo entero; y girando toda tu mirada hacia el sol pensando que tu psique-alma es más luminosa y hermosa que él, si te detienes en la jaris (gracia, energía increada) de tu Creador; de lo contrario, la psique es más tenebrosa y repugnante por la oscuridad del inframundo.

Mirando con tus ojos al cielo, pasa con los ojos de tu psique-alma más alto, hacia cielo candente (43), y allí concéntrate con tu pensamiento, como si el cielo te fuera preparado para hogar eternamente feliz, mientras hayas vivido aquí en la tierra con inocencia. Durante la primavera, escuchando los cantos de los pájaros y otras canciones melódicas, eleva tu nus en aquellos cantos melódicos del Paraíso, y piensa que allí se escucha incesantemente el Aleluya y otras doxologías-alabanzas e himnos angelicales (44) y ruega a Dios hacerte digno de alabarle para siempre junto con aquellos espíritus celestiales; “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro” (Apo 19,3).

  1. El cielo candente, teniendo su esencia purísima de luz, según San Calisto, es, según los teólogos, el trono de Dios, según «el cielo es mi trono»; y de nuevo, «los cielos de los cielos pertenecen al Señor», él mismo es la morada de todos los santos, tanto de los ángeles como de los hombres; él mismo es el reinado de la realeza celestial tan deseada, sobre la cual el bienaventurado Agustíno decía, «si tuviera que disfrutar del la realeza celestial solo por un día, despreciaría todas las delicias del mundo y todo placer corporal». Y Jerónimo se apareció en sueños a San Agustín y lo primero que le preguntó acerca del reinado de la realeza increada de los cielos, diciendo: «Hermano, la bienaventuranza celestial no se describe con palabras ni se entiende con el intelecto humano. Los ángeles la disfrutan, los justos la co-disfrutan y cree así».
  2. Tres himnos gloriosos y doxologías son con las cuales las nueve órdenes de ángeles glorifican a la Santa Trinidad. Y para la primera jerarquía Tronos, Querubín y Serafín, es el mismo himno “Yel, yel-”, el cual sale de los círculos de los Querubines según Ezequiel (1,13), y manifiesta un reciclaje o revoloteo, según san Dionisio el Areopagita (Jerarquías celestes cap.15). De la Segunda Jerarquía, Dominaciones, Virtudes y Potestades, el himno es “Santo, santo, santo (Is 6,3). Y de la tercera Jerarquía, Principados, Arcángeles y Ángeles, el himno es “Aleluya, aleluya, aleluya”, según Nikitas Stizatos (Filocalía cap.8, tercera centnturia)… https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-4-tres-centurias-psicoterapeuticas-y-de-autoconocimiento-san-nikitas-stizatos-san-nikitas-stizatos/

a que debajo de ese placer se esconde la serpiente subterránea, muy atenta y dispuesta a matarte o incluso a herirte, y di contra la serpiente: “¡Oh, maldita serpiente! ¿Cómo te atreves a sentarte así, habiendo preparado una trampa para atraparme?» y después gira hacia Dios y di: “Bendito seas, Dios mío, que me has revelado a mi enemigo y me has liberado del feroz ataque de su garganta y de su trampa”. Y luego inmediatamente acuda a las heridas del crucificado, concéntrate en ellas y piensa lo que ha sufrido el Señor en su santísimo cuerpo para liberarte del pecado y hacerte odiar los placeres de la carne o del hedonismo.

Te recuerdo también una otra cosa, para evitar este peligroso placer y deleite de la carne o hedonismo; y eso es sumergir bien tu nus con la mente en reflexionar qué será de ese rostro que tanto te gustaba después de la muerte; es decir, que se pudrirá y se estará lleno de gusanos y suciedad; cuando caminas, con cada paso y zancada que das, recuerda que de esa manera te vas acercando en la tumba. Cuando ves los pájaros del cielo, o las aguas corriendo, piensa que tu vida vuela con mayor velocidad y se dirige hacia su fin.

Cuando en invierno se levantan vientos fuertes o hay rayos y truenos en el cielo, entonces recuerda el terrible día del Juicio; y doblando tus rodillas, reverencia y adora a Dios y ruégale que te administre jaris (gracia, energía increada) y tiempo para prepararte bien para presentarte entonces ante la Suprema Majestuosidad.

Si te encuentras con varios acontecimientos, practica de esta manera; cuando cuando, por ejemplo, estás triste con algún dolor o melancolía o sufras de fiebre, resfriado o cualquier otra aflicción, eleva tu nus con la mente a la voluntad de Dios, en la cual se mostró complacido de que sufras en esta medida y en este momento esa enfermedad y aflicción, por la cual, tu gozoso de la agapi que Dios te muestra, y por la oportunidad que te da de servirle en todo lo que le complace más, di con tu corazón; “He aquí, en mi se cumple la voluntad de mi Dios, la cual ha mandado Dios para sufrir con agapi este dolor; bendito sea siempre mi buen Señor”.

Y de nuevo, cuando te llegue algún buen pensamiento, vuelve a Dios y sabiendo que proviene de él, agradéceselo.

Cuando lees, cree que estás viendo a Dios debajo de esas palabras, acéptalas como si vinieran de la boca divina. En el momento que veas que el sol se está poniendo y cae la noche, recógete y ruega a Dios que no caigas a la oscuridad eterna. Al ver la cruz, reflexiona cómo ella es la bandera y el estandarte de tu campaña y tu guerra, y cómo, si te apartas de ella, te entregarás en manos de los enemigos, pero si la sigues, llegarás al cielo cargado de gloriosos premios.

Viendo el icono de la Panaghía (Santísima Madre), dedica tu corazón a ella, que reina en el Paraíso , y agradécela, porque siempre estuvo lista para la voluntad de tu Dios, porque ha dado a luz, ha amamantado y criado al Redentor del mundo, y porque nuestra protección y ayuda no faltan en nuestra guerra invisible. Los iconos de los Santos que proyecten en tu nus con la mente que tienes tantos garantes y mediadores ante Dios y ruegan por ti; ellos, alzando con valentía sus lanzas y abriendo el camino después de caminar, te guiarán por el camino a través del cual, caminando, serás coronado junto a ellos en una eterna doxa gloria (gloria, luz increada).

Cuando vayas a la Iglesia, entre tus otras reflexiones piensa que tu psique-alma es el templo de Dios, según «vosotros sois el templo del Dios viviente» (2Cor 6,16) y debes mantenerla sana, limpia y pura. Al escuchar en todo momento el saludo del Ángel, “Madre de Dios Virgen”, haz estas reflexiones: a) agradece a Dios por aquel mensaje que envió del cielo a la tierra y que se convirtió en el principio de nuestra σωτηρία sotiría (sanación, redención y salvación). b) Alégrate junto con la Virgen María por los muchos grandes hechos por los cuales fue exaltada por su honorable dignidad y profunda humildad. Υ c) adora junto con ella a la Madre feliz y al Arcángel Gabriel su divino hijo, que inmediatamente fue concebido en su vientre; esto debes repetirlo tres veces al día, por la mañana, por el mediodía y por la noche.

En la noche del jueves, reflexiona sobre el dolor de la Θεοτόκος Zeotokos Madre de Dios por la sangrienta sudoración que brotó de su amado Hijo mientras rezaba en el Jardín, cuando los soldados fueron con Judas y lo apresaron, y por el sufrimiento que tuvo su Hijo toda esa noche; en la mañana del Viernes, piensa los sufrimientos, los dolores y las aflicciones que sufrió por la presentación de su Hijo unigénito ante Pilatos y Herodes, por la decisión de su muerte y por la crucifixión; al mediodía, hasta el sábado, reflexiona sobre la espada de dolor que atravesó su corazón, la muy digna Señora, por la crucifixión y la muerte de su hijo único, por el doloroso golpe de la lanza en el costado de su santa costilla y por el entierro, etc. Y en resumen, siempre sé vigilante y cuidadoso para gobernar tus sentidos, y en todo lo que te ocurra, ya sea agradable o doloroso, lucha por avanzar o retroceder, no por el amor o el odio de las cosas terrenales, sino solo por la voluntad de Dios y acepta o rechaza según la voluntad de Dios.

También debes saber que los modos mencionados anteriormente, que te revelé para gobernar tus sentidos, no te los di para que te ocupes constantemente de ellos; porque tienes obligación casi siempre de tener tu nus con la mente concentrado y recogido en tu corazón, para estar junto a tu Señor, quien quiere que te ocupes en vencer a tus enemigos y tus pazos, con acciones continuas, tanto con la resistencia y refutación, como con las praxis para las virtudes contrarias, como te dije en el capítulo 13; pero te los expliqué para que conozcas a gobernarte a tú mismo, cuando alguna necesidad lo requiera. Porque muchos ascetas antiguos y nuevos, y otros con fantasías similares, fueron engañados y perdidos por el diablo, el cual conoce y acostumbra metamorfosearse, transformarse en ángel de luz para engañar al hombre, como ha dicho Pablo: “Porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2Cor 11,14).

Sepas también esto, que mientras del sentido o sentimiento surge la fantasía, así también inversamente de la fantasía surge el sentido o sentimiento, es decir, que la fantasía se engorda tanto en algunos hombres que provoca las mismas energías y acciones y tiene los mismos resultados que tiene el sentido o sentimiento. Por eso, muchos hipocondríacos y fantasiosos temen sus fantasías, así como temen sus sensaciones o sentimientos; ya sea que se consuelen y traten de mitigarlas o que sufran y soporten algunos e incluso mueran solo por esas mismas figuras y cosas que fantasean e imaginan, de manera similar a como si estuvieran presentes de manera perceptible y real, esas mismas figuras y cosas que imaginan. Entonces, ¿quién no ve cuán malvada es la fantasía o imaginación y cuánto debemos evitarla?

Capítulo A. 24 Cómo debemos gobernar nuestra lengua.

Es muy necesario para uno gobernar y domar la lengua como es debido y la controle. Porque cada uno tiende mucho a dejarla correr y hablar sobre aquellas cosas que agradan a nuestros sentidos; la verbosidad o charlatanería, la mayoría de veces proviene del orgullo, del cual, nosotros nos imaginamos que conocemos mucho y satisfaciendo nuestra opinión, nos presionamos con muchas repeticiones de nuestras palabras, para imprimir nuestra opinión en los corazones de los demás, para hacerlos de maestros; y de hecho mostramos el mismo orgullo cuando les enseñamos sin que ellos nos pregunten primero.

Los males que nacen de la verbosidad o la charlatanería no se pueden describir en pocas palabras; la verborrea es madre de la acedia (pereza espiritual); causa de ignorancia y necedad; puerta de la maledicencia, servidora de las mentiras y del enfriamiento del calor piadoso de la fe; mucha palabrería trae pobreza y fortifica los pazos (pasiones, patologías, vicios, defectos, adicciones) y a partir de estos se mueve la lengua con más facilidad en conversación impertinente e indiscreta. Por eso el Apóstol Santiago, queriendo manifestar lo difícil que es no pecar con las palabras que uno dice, dijo este característico de los hombres perfectos: “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar y domar entero el sí mismo y todo su cuerpo” (Sant 3,3). Porque una vez que la lengua comienza a hablar, corre como un caballo salvaje y no habla solo de las cosas apropiadas, sino también las malas. “La lengua no tiene huesos pero quebranta huesos”, dice el antiguo dicho popular. Por eso la lengua se llama por el mismo Apóstol, “llena de mal y de veneno mortal”. Y como también dijo Salomón: “De la verborrea o charlatanería no evitarás el pecado” (Prov 10,20). Y en general, “aquel que habla mucho muestra que es insensato y tonto” (Ecl 10,14).

No te metas en conversaciones largas y grandes con aquel que te escucha con mala gana, para no aburrirlo y hacer que te tenga asco y desprecio, como se ha escrito: “El que habla más de la cuenta es repudiado y detestado” (Sab Sirac 7). Evita hablar en voz alta y con exaltación. Porque estas dos maneras son muy odiosas y dan la impresión de que eres vanidoso y tienes gran idea de ti mismo; nunca hables de ti mismo y de tus cuestiones o de tus parientes, excepto si es necesario y tanto como puedas, con brevedad y concisión.

Y si te parece que los otros hablan más de la cuenta de sí mismos, haz un esfuerzo para no imitarlos, si crees que incluso sus palabras parecen humildes y acusatorias. Pero para tu prójimo y las cosas que le conciernen, habla lo menos posible, cuando sea necesario para su bien (45).

  1. Hablando, recuerda prestar atención al mandato del santo Thalasios que dice: «De los cinco modos de conversación, elige tres. No te acostumbres al cuarto, y abstente del quinto» (Filocalía https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-2-san-thalasio-el-libio-4-centurias-sobre-la-agapi-la-continencia-y-sobre-la-conducta-y-gobierno-del-nus/). Los tres modos, según Nicolás Kataskepinós, son el afirmativo, el negativo y el claro. El cuarto es el dudoso. Y el quinto, lo desconocido, es decir, hablar sobre cosas que sabes que son verdaderas, falsas o específicas; y respecto a lo dudoso y lo desconocido, no hables en tus palabras; o porque hay cinco tipos de logos o discurso, según Blemides en la lógica. El vocativo, con el que llamamos a alguien. El interrogativo, con el que preguntamos. El optativo, con el que deseamos bien y bendecimos. El definido, con el que hablamos de manera definitiva y afirmativa, y el imperativo, con el que ordenamos de manera autoritaria y auténtica. Por lo tanto, utiliza en tu discurso solo los tres, y no utilices el definido y el imperativo.

Sobre el Dios, habla con todo tu ánimo y ganas, especialmente sobre su αγάπη agapi (amor desinteresado e incondicional, energía increada) y su bondad. Pero con temor, reflexionando que también puedes equivocarte en esto. Por lo tanto, es mejor amar y prestar atención cuando otros hablan en relación a estas cosas, guardándolas en los interiores de tu corazón. En cuanto a las otras cosas de las que hablan, deja que solo el sonido de sus voces moleste tus oídos; pero que tu nus (espíritu de la psique) atento con la mente, que esté permanentemente fijado o elevado hacia Dios. Pero aún cuando sea necesario escuchar aquel que está hablando para entenderle y responderle, también entonces no olvides entre medio elevar o fijar  tu nus con alguna oración hacia el cielo donde habita tu Dios, y considera su grandeza y cómo siempre ve tu insignificancia, examina cuidadosamente aquellas cosas que vienen a tu corazón para decir antes de que salgan de tu boca, y encontrarás muchas cosas que es mejor no expresarlas; pero aún así, sabes que es mucho mejor enterrarlas en el silencio, y aprenderás, después de esa conversación.

El silencio es una gran fortaleza en la Guerra Invisible y una esperanza segura de victoria; el silencio es muy querido por aquel que no confía en sí mismo, sino que en Dio  s tiene toda su esperanza y confianza; es vigilante y una ayuda maravillosa en el ejercicio de las virtudes 46.

  1. Por eso el Abad Isaac (logos 3) dice que el silencio es el mejor cooperante y la mayor obra de la vida monástica. Y también es el misterio del siglo venidero. Y el gran Barnasufio dice que, el silencio que es detenido por nuestra voluntad, es superior de la misma teología.

Y aún más, es un signo de prudencia. Porque, si alguien no habla, es porque no tiene motivo para hacerlo; “Sea firme en tu criterio y en tu logos. Sé pronto para oír y lento en tus respuestas. Si tienes algo sensato, responde a tu prójimo, sino tapa la boca… la lengua del hombre es su ruina y deshonor del hablador. No seas tachado de charlatán, no tiendas lazos con tu lengua…” (Sabiduría Sirac 5). Y otro, porque espera el momento adecuado para hablar y otro por otras causas47;

  1. El abad Isaac dice que hay tres cosas por las que alguien guarda silencio: a) por la doxa-gloria de los hombres; b) por el deseo caluroso y celo por la virtud; c) porque tiene conversación divina y secreta dentro de sí mismo y por esta razón el nus se fija hacia esta (logos 26).

Pero en general y completamente, el que no habla muestra que es sensato, prudente y sabio; «está callado, y es sabio» (Prov. 14,27). «Uno guarda silencio y se demuestra sabio» (Sab Sirac 20,4).

Para acostumbrarte a callar, piensa muchas veces los daños y los peligros de la verbosidad o charlatanería y los grandes beneficios del silencio y estas tres maneras que mencioné en los tres capítulos anteriores; es decir, que uno se eleve de las cosas sensibles a la θεωρία zeoría contemplación de Dios, a la zeoría del Logos encarnado, y en adorno del carácter con virtudes; aquellos que tienen conocimiento, discernimiento y poder en el razonamiento, pueden usarlos para corregir sus sentidos con ellos. Pero aquellos que no tienen este conocimiento y poder pueden corregir sus sentidos de otra manera; es decir, con todo su poder para abstenerse de todas esas cosas sensoriales que pueden dañar sus psiques-almas.

Y así, hermano mío, en primer lugar, debes vigilar con gran atención a los malvados y rápidos ladrones que tienes, es decir, tus propios ojos, y no permitir que se extiendan y observen con curiosidad los rostros de las mujeres, tanto los hermosos como los feos, o los rostros de los hombres, especialmente los jóvenes e insolentes, o que contemplen la desnudez no solo de cuerpos extraños, sino también la de tu propio cuerpo. Porque a partir de esa curiosidad y esa mirada lujuriosa, el corazón captura el placer y el deseo de la prostitución o fornicación y la pederastia. Como dijo el Señor: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt 5,28). Y un sabio dijo: “Por los ojos uno se conduce al eros pasional48”.

  1. Es evidente esto también por los ejemplos de las Sagradas Escrituras. Porque los hijos de Dios, es decir, los de Set y Enós, al ver a las hijas de los hombres, es decir, los descendientes de Caín, que eran hermosas, tomaron a estas mujeres como esposas y las corrompieron, lo que resultó en el diluvio mundial (Génesis capítulo 6). Siquem, hijo de Hemor, en Siquem, para casarse con Dina, hija de Jacob, la amó y la corrompió, y de esta corrupción surgió la destrucción catastrófica de los Siquemitas, desde los hombres hasta los animales (Génesis 34). Sansón conoció mujeres, tanto en Timnat como en Gaza, y las amó y durmió con ellas (Jueces 14 y 16). El rey David vio a Betsabé cuando se bañaba y la amó, y así cometió adulterio con ella (2 Re 11). Ambos, ancianos y jueces del pueblo, vieron a Susana y la desearon (Historia de Susana 9). Y muchos otros casos similares.

Por eso, Salomón también ordena que no nos dejemos atrapar por nuestros ojos, ni nos venzamos por el deseo de belleza: «Hijo mío, no te venzas por el deseo de belleza, ni te dejes cautivar por tus ojos» (Proverbios 6,25).

Además de esto, cuídate de no mirar con curiosidad las deliciosas comidas y bebidas, recordando a la primera madre de nuestro género humano, Eva, quien, para alcanzar el fruto prohibido del árbol restringido en el Paraíso, lo deseó, lo tomó, lo comió y así murió; ni de mirar con gratificación las hermosas ropas, el oro y la plata, o las glorias brillantes del mundo, para que no entre en tus ojos el deseo de ambición, codicia y avaricia. “Gira los ojos de mi psique para que no vea y codicie las cosas vanas y provisionales de este mundo” (118,37);  y para hablar en general, cuídate de no mirar bailes, juegos, banquetes, disipaciones, peleas, contiendas, carreras y todas las demás cosas desordenadas e indecentes, que ama el mundo insensato y están prohibidas por la ley de Dios; pero evita y cierra tus ojos a ellos, para no llenar tu corazón y tu fantasía de imágenes y pazos feos, y provocar disturbios y una nueva guerra contra ti, abandonando la lucha que tienes que luchar contra tus viejos pazos. Pero ama ver las Iglesias, las santas iconas, los libros sagrados, los cementerios, las tumbas y todo lo demás que es solemne y sagrado, cuya contemplación te beneficia.

Primero, debes proteger tus oídos, para no escuchar palabras obscenas y eróticas, canciones e instrumentos musicales, que endulzan tu psique-alma y encienden tu corazón con deseo carnal. Porque está escrito: «Aparta de mí las palabras de iniquidad» (Proverbios 4,11).

En segundo lugar, para no escuchar chistes y palabras ridículas, que son fantasías y todo tipo de mentiras del mundo, saboreándolas y endulzándote de estas. Porque no es correcto para el cristiano escucharlas con agrado estas cosas, sino para aquellos hombres corruptos, de los cuales dijo Pablo: “Cerrarán sus oídos a la verdad y volverán hacia los cuentos y las fábulas” (2Tim 4,4).

En tercer lugar, para no escuchar con placer las críticas malignas y las verborreas que otros hacen contra el prójimo, sino o bien evitarlas, si puedes, o no sentarte a escucharlas. Porque san Basilio el Grande considera dignos de excomunión tanto aquellos que charlatanean o chismorrean, como a los que escuchan las calumnias: «Si alguien es encontrado murmurando o condenando sobre otro o escuchando murmurar y no les reprende… sea excomulgado junto con él».

Cuarto, cuida de no complacerte en escuchar palabras vanas, indecentes y vacías, y chismes, en los cuales se ocupa la mayoría de la gente; porque está escrito: “No escucharás logos vanidosos” (Ex 23,1). Y Salomón dijo: “logos vano expúlsalo lejos” (Prov 30,8). Y el Señor dijo: “Mas yo os digo que de todo logos ocioso que hablen los hombres, de ello darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36).

En resumen, protégete y evita de no escuchar todos aquellos logos y habladurías que pueden perjudicar y dañar tu psique-alma; especialmente los halagos de los aduladores y los elogios, sobre los cuales Isaías dijo: “Pueblo mío, los que os halagan, os engañan” (Isaías 3,11). Más bien, ama escuchar logos divinos, melodías y psalmodías sagradas, y todo lo que es divino, sabio y edificante en la psique-alma; y sobre todo ama escuchar las reprimendas y los insultos que te hacen los otros.

Quinto, vigila el olfato de los perfumes, los ungüentos y las fragancias agradables que no debes usar ni en ti ni en exceso para oler. Porque todas estas cosas son características de las mujeres indecentes e impúdicas, no de los hombres prudentes, y adormecen la nobleza de la psique-alma y empujan hacia pazos lujuriosos, codicias y deseos lascivos, atrayendo a aquellos que las usan a las maldiciones proféticas que dicen:: “Y ved lo que sucederá: en lugar de perfume habrá podredumbre o hedor; en lugar de cinturón, una cuerda; en lugar de peinados, calvicie; en lugar de vestidos lujosos habrá un saco; en lugar de belleza, la marca de la infamia” (Is 3,24). «¡Ay de los que se perfuman con los mejores perfumes!» (Amós 6:6).

Sexto, protege y vigila el sabor, tu gusto y tu estómago, para no someterte a comidas y bebidas engordantes, sabrosas y variadas, que antes de adquirirlas te llevarán al robo, la mentira, el halago y otras miles de cosas que sirven a los pazos y los males; pero cuando los consigas, te abatirán y te arrastrarán en caminos torcidos de los placeres y las codicias carnales del hedonismo y de los deseos bestiales, los cuales se realizan debajo del vientre; y traerán sobre ti todas aquellas maldiciones proféticas de Amós: “Ay de los que duermen sobre lechos adornados de marfil, se recuestan sobre divanes, comen corderos del rebaño y terneros lechales del establo…” (Amós 6,4).

Séptimo debes protegerte y tener cuidado de no tocar con la mano no solo el cuerpo extraño de una mujer, un hombre o un anciano, sino ni siquiera tu propio cuerpo y especialmente tus partes secretas, sin necesidad. Porque, el sentido del tacto es tan poco elegante, tan sensible, sensacional y vivo, que excita los pazos de la carne y arrastra al hombre hasta la misma praxis del pecado. Y aunque todos los demás sentidos sirven al tacto, y de alguna manera trabajan desde lo lejano el pecado; pero cuando uno llega al tacto, es decir, llega a tocar, difícilmente ya puede detenerse y no cometer el pecado.

En el sentido del tacto también se incluye el adorno de la cabeza, el cuerpo y los pies. Por lo tanto, cuídate de no adornar tu cuerpo con ropas blandas, diversas y brillantes, o con adornos caros para la cabeza o con zapatos costosos, porque estos son apropiados para las mujeres y no para los hombres, sino más bien viste modestamente y humildemente y lo que es necesario y útil, en el frío del invierno y en el calor del verano para el cuidado del cuerpo, para que no escuches también lo que escuchó el rico que se vistió de púrpura y lino fino, es decir: “acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida” (Lc 16,25), y sobre ti venga la maldición que dice Ezequiel: «Despojarán sus ropas y quitarán de ustedes las joyas de oro» (Ezequiel 16:16).

En el sentido del tacto también se refieren a otros lujos del cuerpo, como el arreglo del cabello y el lavado frecuente de la barba, las casas lujosas y caras, las camas y sillas suaves y costosas. De todas estas cosas debes cuidarte, como dañinas para tu psique-alma y responsables de la lujuria y las pasiones o pazos carnales, para que no heredes el ¡Ay de Amós, que dice: «Ay de vosotros que os recostáis en lechos adornados con marfil!» (Amós 6:4).

Estas cosas que te he dicho hasta ahora, son la tierra que fue condenada a comer la serpiente conceptual o intelectual, el diablo. Estas son la materia y el alimento con los que se alimentan todos los pazos de la carne. Así pues, si tú pensando que son pequeñas no las desprecias, sino que las combates valientemente y no las permites entrar a través de los sentidos en tu psique-alma y corazón,  te aseguro que realmente harás desaparecer fácilmente el diablo y los pazos, y en poco tiempo serás un excelente ganador en esta Guerra Invisible.

Porque está escrito por Job, que el diablo es a la vez “león y hormiga”, desapareció y pereció al no tener comida para alimentarse” (4,11).50

  1. El monje Jobios, en el «Myriobiblos» de Focio, dice que el diablo se llama μυρμηκολέων mirmikoleon»hormiga-león» porque primero arroja al hombre a pequeños pecados; y luego lo arroja a los grandes; y al principio parece débil y pequeño, como las hormigas, pero luego aparece y se ve agrandado contra el pecador, como un valiente y gran león.

Capítulo A. 25 Cómo debemos corregir nuestra fantasía y nuestra memoria.

Amigos en y de CristoDios-Hombre, he creído conveniente comenzar con el término tan importante de Φαντασία (Fantasía o imaginación), que está en nuestro léxico https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ . Φαντασία (Fantasía o imaginación): Posiblemente sea la palabra más crucial en el léxico ortodoxo psicoterapéutico e hisijasta. Se refiere a la parte de la psique-alma que tiene la capacidad de crear imágenes o iconas. Desde Aristóteles, se ha referido a la capacidad psíquica para crear imágenes o la misma imagen creada por esta capacidad. (Icona o imagen, en este caso, es una representación de la psique o la reproducción de una representación como creación real libre que se introduce en la psique a través de los sentidos del cuerpo).

La fantasía o imaginación es un fenómeno posterior a la caída, una recaída y un tránsito. Los Padres Nípticos la llaman la de muchos rostros y también el puente de los demonios, como los mitos de Dédalo o la serpiente de múltiples cabezas, la Hidra de Hércules. La lucha ascética consiste en la catarsis limpieza, purgación y purificación del nus (espíritu de la psique) de la energía propia de su fantasía, que recubre el nus, lo oscurece y lo ofusca. A medida que el hombre avanza en el camino espiritual, comienza a adquirir imágenes de cosas que no tienen relación inmediata o referencia en el mundo exterior y que emanan inexplicablemente de las profundidades de sí mismo. Este proceso indica que la conciencia del hombre se está volviendo más profunda: los sentidos externos y los pensamientos habituales se detienen en cierto grado y los impulsos, compulsiones, miedos, esperanzas, pasiones, emociones, vicios y afecciones que se encuentran en el subconsciente comienzan a aflorar a la superficie. Uno de los objetivos de la vida espiritual es la adquisición de la gnosis (increada), el conocimiento espiritual, que supera tanto el nivel habitual de conciencia como el subconsciente (que es el corazón psicosomático según los santos Padres).

Los Padres Nípticos enfatizan que «el nus mismo debe cuidarse y vigilarse a sí mismo, manteniéndose separado de la fantasía», porque esta «maldita, resiste mucho y nos impide la oración pura del corazón y también el trabajo unificado, indivisible y sin errores del nus». Es un hecho que las imágenes, especialmente cuando el hombre se encuentra en un nivel avanzado de su vida espiritual, pueden ser proyecciones de arquetipos celestiales en el campo de la imaginación y, en este caso, pueden usarse creativamente en el mundo iconográfico, es decir, en la elaboración de material de iconos o representaciones. Pero la mayoría de las veces, las imágenes provienen de un nivel medio o bajo y no tienen nada de espiritual ni creativo que ofrecer. En este caso, son parte del mundo fantasioso y no del mundo de la imaginación con un significado auténtico. La fantasía se distingue en dos: «decente» e «indecente». Los avanzados en virtud rechazan ambas. Los nuevos, los principiantes, pueden mantener la fantasía decente para confrontarla con la indecente y, con todas sus armas, ya sea que la decente gane o rechazarla completamente a través de la μετάνοια metania, la destrucción de la dureza del corazón y la ταπεινοφροσύνη tapinofrosini (nus y mente-intelecto sensatos y humildes), ante todo debido al estudio y la contemplación de los seres. Los Sabios Padres Ortodoxos enfatizan especialmente para los nuevos, debido a los peligros que acechan en este tipo de experiencias, que también es posible la creación de imágenes o fantasías que sean consecuencia de un movimiento demoníaco o diabólico. También aconsejan a aquellos que aún no tienen el don o carisma del discernimiento que no se aprisionen ni se deleiten con este tipo de imágenes o fantasías engañosas, cuya influencia puede llevar al nus con la mente al cataclismo. Su consejo es que no les den importancia y sigan invocando el nombre divino, rechazando la tentación en el nombre de Jesús Cristo. También es indispensable un buen Guía espiritual con experiencia, un Yérontas. Estas son las razones por las cuales los Hisijastas adoptan una actitud negativa y muy cuidadosa hacia las imágenes en forma de figuras o fantasías.

Finalmente, las fantasías de los sueños pueden provenir de la exaltación de los pazos o por la incitación de los demonios. No se consideran pecaminosas en sí mismas, pero indican que la psique está enferma y se atormenta y angustia por sus pazos y los placeres del cuerpo, el hedonismo… ver también https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/la-sencillez-en-cristo-y-la-fantasia/

Y

https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/los-tipos-o-generos-de-la-fantasia-y-la-lucha-contra-ella/

y

https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/la-fantasia-instruccion-terapeutica/

Capítulo A. 25 Cómo debemos corregir nuestra la fantasía y nuestra memoria.

Después de hablar sobre la corrección de nuestros sentidos, es apropiado decir aquí cómo debemos corregir nuestra fantasía o imaginación y memoria, porque según la opinión de casi todos los filósofos, la fantasía y la memoria no son más que una representación de todas esas cosas sensibles que hemos visto, oído, olido, saboreado y tocado. Y en resumen, la fantasía y la memoria son un sentido común interno que imagina y recuerda claramente todas las cosas que nuestros cinco sentidos externos les ha dado tiempo percibir y presentir. Y de alguna manera el sentido y las cosas sensibles percibidas, se asimilan con el sello, mientras que la fantasía con la estampa (impresión o huella) del sello.

Esta fantasía y memoria nos fue dada después de la caída para que las usemos cuando nuestros sentidos externos estén inactivos y cuando no tengamos delante de nosotros los objetos sensibles que pasaron por los sentidos y se imprimieron en ella. Porque es imposible tener siempre presentes todas las cosas que hemos conocido, escuchado, olido, saboreado y tocado; por eso los traemos delante de nosotros con la fantasía o imaginación y la memoria, que los tiene impresos, y así hablamos de ellos y pensamos en ellos como si estuvieran presentes.

Por ejemplo, si tú fuiste una vez a la ciudad de Esmirna, y después saliste de allí y ya no la ves con el sentido externo de la vista, sino con el sentido interior, es decir, con la fantasía y la memoria, cuando quieras, traes la ciudad Esmirna delante de ti y la ves como si estuviera presente, con la misma forma, tamaño y ubicación que tenía; no es que vayas y veas Esmirna en ese momento (como algunos ignorantes creen), sino que ves la imagen de Esmirna, que está impresa en tu interior en tu fantasía y memoria. Esta fantasía de las cosas sensibles es la que nos molesta también cuando dormimos con variopintos sueños en los que, cuidado, no debes creer nunca.

Otro ejemplo del libro sobre la vigilancia de la fantasía es el siguiente: cuando escuchas los nombres Marta y Sofía, estas son simplemente dos voces que, al ser escuchadas, sólo llegan al oído; pero la fantasía no se contenta solo con escuchar las voces, sino que inmediatamente forma imágenes de Marta y Sofía, y a partir de aquí provoca más perturbación y el pazos del hedonismo en la psique.

Pero como esta fantasía es una representación ilógica y tosca de los cinco sentidos, y representa las cosas sensibles con su forma, color y tamaño, como dijimos antes. https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/los-tipos-o-generos-de-la-fantasia-y-la-lucha-contra-ella/

A. Debes saber que Dios, como está más allá de todos los sentidos junto con los sensibles y más allá de toda forma, color, espacio y lugar, como completamente informe y sin forma, así también está más allá de toda fantasía o imaginación. Y después, ten en cuenta que la fantasía o imaginación es una fuerza de la psique-alma que no tiene capacidad para unirse con Dios, por lo que tiene sus defectos (ver en la Filocalía, que dice que «ninguna fantasía tiene lugar en el caso de Dios. Porque en general está por encima de cualquier concepto»).

B. Debes saber también que el eosforos (Lucifer), el primero de los Ángeles, siendo antes superior a la fantasía ilógica y más allá de toda forma, color y sentido como nus (espíritu) lógico e inmaterial y sin forma, después de imaginar y formar con su nus con la mente convertirse igual a Dios, cayó de ese estado informe, sin forma y sin pasión de la psique-alma, abajo en la imaginación poliforme, polimorfa y corpórea, como opinan muchos teólogos; y así, de un ángel informe, inmaterial y apasionado, se endemonió, se oscureció y se convirtió en un diablo, material, de una manera muy poliforme y pasional, lleno de pazos. Por eso también se llama por los santos Padres pintor que imita todas las cosas, y serpiente polimorfa que se come la tierra de los pazos, “mascarás” con muchas mascarillas o caretas, fabricante de fantasías y otros nombres similares. El mismo Dios le asemeja y le denomina como dragón con cuerpo, cola, nervios, costillas, columna, nariz, labios, piel, carne y otras partes similares 51. Y mira también los capítulos 40 y 41 de Job.

  1. Entonces el santo Gregorio del Sinaí, así habla sobre los demonios: «Siendo ellos también en algún momento seres espirituales e intelectuales, después de haber caído de esa inmaterialidad y sutileza, cada uno adquirió cierto grosor material, teniendo un cuerpo acorde con el orden y la energía que ha hecho por el hábito de los pazos» (Cap. 71, Filocalía). Y continuando más adelante dice: «Por el hábito de los pazos, se hicieron de alguna manera materiales» (es decir, los demonios). Ver en https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-4o-tomo-137-capitulos-utiles-espiritualmente-por-san-gregorio-el-sinaita/ .

De todo esto, hermano mío, aprende que la fantasía con distintas formas, al ser un descubrimiento y fruto del diablo, por eso le es muy deseada y apetitosa. Porque según los Santos, ella es el puente a través del cual pasando los asesinos demonios se unen con la psique y así la convierten en hogar de indecentes, malignos y blasfemos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y hogar de todos los sucios pazos psíquicos y corporales o carnales. (52) Ver el capítulo 64 de Cálistos e Ignacio los Xanzópuli, en la Filocalía… aquí  https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-5-metodo-y-regla-precisa-para-aquellos-que-eligen-la-vida-hesicastica-santos-calisto-e-ignacio-los-xanthopulos/

C. Debes saber que según el teólogo más santo, Máximo el Confesor, el primer hombre Adán fue creado por Dios sin fantasía. Porque su νούς nus (espíritu de la psique) con su mente, siendo pura, única y verdaderamente nus, no era impreso ni formadο por los sentidos y las diversas especies de las cosas sensibles. Sino que sin recurrir a la fuerza inferior de la fantasía y sin imaginar formas, colores, especies y dimensiones, observaba con la fuerza superior de la psique-alma, es decir, la διάνοια diania (dianús, mente, intelecto o cerebro) los propios logos (conceptos, razonamientos) finos de los seres, desnudos y simples, incorpóreos, puros y espirituales53.

  1. En este caso, también el nuevo Adán, nuestro Señor Jesús Cristo, aunque tenía la filosofía y la gnosis natural de los seres y las cosas (ver en relación capítulo 52), no tenía, sin embargo, este nus pasional, es decir, la fantasía de las cosas sensibles, sino que tenía nus en energía, activo e impasible y sin pazos, este nus que se inculca inmediatamente en los logos, conceptos de las existencias, según la opinión de los teólogos. Así que el teólogo Georgio Koresios, en una de sus cuestiones teológicas y soluciones relacionadas con la economía encarnada, dijo lo siguiente: «El Señor era digno de un salario… debido al creciente conocimiento (es decir, el conocimiento disímil de las cosas) que existe inmediatamente en Cristo y no era impedido por nada (o por el sueño), es decir, por las fantasías del sueño u otra causa, como sucede con la mente de los hombres porque el nus con la mente de Cristo no dependía de las fantasías, lo que impide la transmisión de los pensamientos a los logos incorpóreos)». En demostración de esto coincide también aquello que dice san Teofilacto de Bulgaria (interpretación del capítulo IV de Lucas) de que el Señor no imaginaba los reinados del mundo que el enemigo le mostraba. https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/la-sencillez-en-cristo-y-la-fantasia/

Pero el homicida del hombre, el diablo, como él mismo cayó de la fantasía, así también hizo con Adán, para que formara en su nus la igualdad con Dios y cayera de su propia imaginación, y así de aquella vida espiritual angélica, única, unificada, informe y lógica, el desgraciado, se desplomó en esta fantasía sensible, polimorfa y poliforme y la condición de los animales salvajes e insensatos. Porque la fantasía es principalmente el atributo de los animales insensatos, irracionales y no de los seres lógicos.

Una vez que el hombre cayó en esta condición, ¿quién puede decir en cuántos pazos, cuántos males y cuántos engaños fue precipitado a través de la fantasía? Llenó la filosofía ética con distintos engaños. Llenó la física con muchas falsas alabanzas y la teología de muchos dogmas falsos y podridos. Porque muchos, tanto grandes como más jóvenes, deseando opinar y hablar sobre Dios y sus misterios relativos, intangibles, simples, inimaginables y sin forma, donde energiza y obra la fuerza más alta de todas las fuerzas de la psique que es el νούς nus; pero hablaron antes de hacer la catarsis, limpiar y sanar sus nus de las malignas y pasionales formas e imágenes de las fantasías de las cosas sensibles y en lugar de encontrar la verdad, encontraron la mentira. Y el mayor mal es que abrazaron esta mentira y la mantienen fuerte como si fuera una verdad y una realidad, y en lugar de teólogos, se convirtieron en fantasiólogos, puesto que se entregaron a un nus desaprobado sin experiencia, como dice el Apóstol.

Así que tú, hermano, si amas liberarte fácilmente de estos engaños y los pazos, si deseas escapar de las diversas trampas y artimañas del diablo y si deseas unirte a Dios y alcanzar la divina iluminación y la verdad, lucha, pero lucha con todas tus fuerzas a desnudar tu nus de las formas, colores y espacios, y en general de cada fantasía y recuerdo de las cosas sensibles, tanto buenas como malas.

Porque todas estas cosas son como contaminaciones, fangos y oscuridades que ensucian la pureza, la honestidad y el esplendor de nus y engordan su inmaterialidad. Y casi ningún pazos psíquico o somático (carnal) puede acercarse al nus, sino a través de esa fantasía de las cosas sensibles.

  1. Porque si alguien, aunque por casualidad y con asombro, ve con pasión un rostro hermoso, lucha sin embargo y no imprime en su fantasía la imagen de ese rostro, sumergiendo su nus con la mente en su corazón en contacto consciente con la monologa oración, se libra de la placentera combinación hedónica de pensamientos, se libra de la lucha, se libra del consentimiento y por último, se libra y no cae en la comisión del pecado. Por eso también el teólogo Gregorio dijo lo siguiente: “Me ha deslumbrado la serpiente, pero no me ha captado. No he montado el ídolo del pecado. La experiencia es ídolo, evitemos la ejecución. Estos son los estadios del engaño del enemigo”. Pero, si uno permite que se imprima en su fantasía la imagen y el recuerdo de aquel rostro, fácilmente puede caer en mayores grados del pecado hasta llegar a la ejecución de este. Así que todo permanece en la fantasía.

Lucha, pues, para guardar tu nus sin colores, sin formas, lúcido y limpio, tal como le ha creado el Dios.

Por supuesto, esto no se puede hacer de otra manera que volviendo, recogiendo y concentrando la energía de tu nus en el lugar estrecho de tu corazón y de todo tu hombre interior; y allí dentro, acostumbrarle a encontrarla con tu logos o voz interior del corazón orando algunas veces con luto espiritual, diciendo: «Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με Señor-Kirie Jesús Cristo, eleisón me, o compadécete de mí, ayúdame, sáname, ten misericordia…», prestando atención solo a las palabras de esta oración (como te digo más o menos en el capítulo 26), a veces observándote a ti mismo, más bien a través de ti mismo entendiendo a Dios y reposando. 57 Por eso dice el gran Basilio, cuando el nus con la mente no se dispersa en cosas externas, ni se extiende en el mundo a través de los sentidos, regresa a sí mismo y desde sí mismo asciende a la idea o concepto de Dios (1 epístola). 

Esta θεωρία zeoría contemplación y estudio se llama circular e inequívoca58 (o inconfundible cíclica y segura,).

  1. Porque según san Dionisio el Areopagita, tres son los movimientos de la psique-alma: a) el circular, que se hace cuando la psique retorna de las muchas cosas externas y primero se recoge en sí misma, después se une con las fuerzas unitarias y angelicales y así se une al bien sin principio ni fin, es decir, a Dios; b) el movimiento espiral o helicoidal, que se hace cuando la psique se mueve y recibe los divinos conocimientos (las gnosis), pero no completamente espiritualmente, unitariamente e intransitivamente, sino transitoriamente y con el pensamiento de un concepto llevado a otro, con operaciones de una manera mezcladas con el movimiento circular y el recto; c) el movimiento recto es cuando la psique se eleva a la contemplación de las cosas sensibles que están a su alrededor y de las externas y sensibles como también de las distintas y muchas imágenes, sube y transciende a las simples y unitarias θεωρίας (zeorías) contemplaciones, (Sobre divinos nombres, capítulo 4 https://www.logosortodoxo.com/?s=divinos+nombres). El movimiento primero, principal y superior de la psique se llama circular; porque, igual que los dos extremos de una barrilla cuando se unen, se forma una corona y un círculo, así también la energía y potencia conceptual, espiritual y gnóstica o cognitiva de la psique, que está excepcionalmente en el cerebro, como un órgano corporal, se une con la sustancia del nus o noerá de la psique-alma, que se encuentra en el centro del corazón y el allí más puro espíritu vital, como en un órgano corporal, según el Evangelio, los santos y sabios Padres nípticos de la Filocalía: en el cerebro como un órgano corporal o físico se encuentra mayoritariamente esta energía, y cuando se une con el purísimo espíritu vivificador (nus) y con la esencia noerá o espiritual de la psique que se encuentra en el centro del corazón, como un órgano corporal, este movimiento se llama circular; y de la unión y retorno de estos dos se hace un círculo y con este círculo se une el nus con la divina jaris (gracia, energía increada), la que se encuentra en el medio del corazón…

Porque, como la serpiente, cuando quiere deshacerse de su antigua piel, va y pasa por un lugar estrecho, como dicen los fisiólogos, así también el nus, desde el estrecho lugar del corazón y de la Oración Noerá (o del Corazón o de Jesús) que se encuentra dentro de él, se filtra y se quita el vestido de la fantasía de las cosas sensibles y de las malas supersticiones, prejuicios y malos pensamientos y se vuelve resplandeciente, lúcido, limpio, puro y apto para la unión con el Dios para la semejanza que adquiere con Él.

Y nuevamente, como el agua, cuanto más se une y pasa a través de los tubos estrechos, más se adelgaza, se fortalece y se eleva; así también el νούς nus, cuanto más se ocupa del estudio exacto del corazón y de su propia zeoría contemplación, tanto más se afina haciéndose más fuerte y más alto de todo pazos y ataques o asaltos de los loyismí pensamientos, y de cualquier forma y especie, no sólo de las cosas sensibles sino también de las inteligibles, intelectuales, quedándose todas estas afuera, porque allí dentro no pueden entrar.

  1. Para dar un mejor ejemplo: como los rayos del sol, cuanto más se alejan del centro y del medio del vidrio que enciende la lumbre, tanto más débiles, tenues y oscuros se vuelven, y cuanto más se reúnen en el centro, más fuertes, densos y brillantes se vuelven, de la misma manera, el nus y las fuerzas y energías cognitivas de la psique-alma, cuanto más se concentran en el centro del corazón, más fuertes, luminosas y brillantes se vuelven.

Si alguna vez tu nus con la mente se dirige a cosas externas que ves y a las fantasías del mundo, otra vez retorna en la cámara del corazón hasta que se acostumbre y se habitúe.

Amigo mío, este es el primer y más importante método que debes tener constantemente para corregir tu fantasía y tu memoria; ¿qué digo? Para corregir y eliminar desde la raíz las malas concepciones de la fantasía y los ídolos. Este método, por útil,  fructífero y beneficioso que sea, también es agotador; y cuanto más agotador es, más difícil de emprender, (por no decir difícil de creer), junto de muchos y especialmente de nuestros sabios y maestros del presente siglo, los cuales no quieren creer en la enseñanza del Espíritu Santo y de tantos y tantos Padres portadores de la divina luz increada; y que este método la enseñan en el libro de la Filocalía; este libro es más precioso que cualquier piedra preciosa; así que ellos se privan de los frutos del Espíritu Santo, de los cuales disfrutan muchos analfabetos e ignorantes: “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños” (Lc 10,21). Porque aquellos que no creen en este trabajo espiritual del nus (espíritu y corazón psicosomático del hombre), tampoco pueden entender el beneficio que proviene de esta tarea, según Isaías: “Si no creéis, no entenderéis” (Is 7,9).

Cuando veas que tu nus con la mente se cansa y ya no puede quedarse en el corazón y en la oración del nus (espíritu que se está haciendo en su interior, entonces utiliza el segundo método o plan B´, es decir, permite que salga afuera y se ocupe de estudios, observaciones y en significados y conceptos de divinos y espirituales, tanto, aquellos que están contenidos en la Divinas Escrituras, como los que están en las creaturas, especialmente en las inteligibles o conceptuales, que se llaman popularmente metafísicas y abstractas de la materia. Porque estos conceptos y pensamientos espirituales, afines al nus, tienen la sutileza y la cualidad de lo inmaterial o intangible y no le dejan engordar, sino que fácilmente le hacen retornar al lugar del corazón y reunirse nuevamente con la memoria espiritual de Dios. Por eso dice el divino Máximo el Confesor: “Sólo la praxis o práctica no puede hacer que el nus sea sin pazos (impasible), si no le suceden o no le siguen muchas y diversas  θεωρίας zeorías contemplaciones espirituales”.

Pero atención, ten cuidado en no ocuparte y recrearte en logos y conceptos de los cuerpos materiales y animales, es decir, en las llamadas cosas físicas, ya que aún tienes pazos pasiones. Porque tu nus (espíritu) con la mente no siendo realmente liberado de las maliciosas fantasías de las cosas sensibles, antes de penetrar dentro en los loyismí (pensamientos, conceptos) espirituales e intangibles o inmateriales, que se encuentran dentro de los cuerpos y los animales, entonces es captado solo de la forma externa y la superficial de ellas; y así satisfecho con eso, adquiere falsas opiniones, alabanzas y pazos (pasiones, emociones), como dice San Máximo, en vez de encontrar verdad y απάθεια apázia (impasibilidad, serenidad, quietud), como les ha ocurrido tantos y tantos filósofos que se llaman físicos.

O usa también este plan C´ o tercer método para el reposo y alivio de tu νούς nus (espíritu del corazón de la psique); es decir, imagina los misterios de la vida y el pazos-padecimiento del Señor; pues, Su Nacimiento en la cueva, Su Presentación al Templo, Su Bautismo en el río Jordán, Su ayuno de Cuarenta días en el desierto, el kerigma de Su Evangelio, los diversos milagros que hizo, Su Metamorfosis en el monte Tabor, el lavado de los pies de Sus discípulos, la traición, y los pazos padecimientos; Su Cruz y Su Epitafio (Entierro); Su Resurrección y Su Ascensión; y los diversos tormentos y castigos de los Mártires y los largos ejercicios de los Santos.

Del mismo modo, puedes imaginar la contrición o el quebrantamiento duro de tu corazón y la μετάνοια metania, la terrible hora de tu muerte, el terrible día del Juicio, y los diversos tipos de los infiernos eternos, es decir, las energías demoníacas y lagos del fuego eterno (infierno), las prisiones oscuras y subterráneas; las tumbas muy frías; los gusanos que beben la sangre y la compañía con los demonios; imagina incluso el deleite de la inenarrable alegría y gozo, aquella realeza increada celestial de los justos con la eterna δόξα doxa (gloria, luz increada), felicidad y bienaventuranza; el sonido de aquellos que celebran la unión con Dios y el conocimiento, la relación y la convivencia eterna de todos los santos.

  1. Hermano mío, si con estos divinos significados, conceptos y estudios, pintaras el mapa de tu fantasía, no solo te librarías de los recuerdos malignos, viles y de los malos λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), sino que serás elogiado con franqueza y valentía en aquel Día del Juicio. Porque dice san Basilio el Grande en su “logos sobre castidad”, que cada hombre que se está en su cuerpo, es como un pintor que dibuja una imagen en un lugar oculto. Tal y como ese pintor, cuando saca la imagen al teatro, es alabado por los espectadores si pintó sobre ella caracteres o rostros de santos y otras cosas hermosas y dignas de ver, pero es recriminado si pintó sobre ella cosas sucias, indecentes y odiosas, de la misma manera, cada ser humano cuando después de la muerte se encuentre en el Juicio de Dios, será elogiado y bienaventurado por Dios, los Ángeles y los Santos, si ha adornado su nus con su mente y su fantasía con conceptos divinos, brillantes y espirituales. De nuevo, será avergonzado y condenado si ha llenado su fantasía con pazos, con ídolos e imágenes indecentes, indignas y despreciables. Y san Gregorio Palamás de Tesalónica se maravilla cómo de las cosas sensibles se crea en la psique-alma, con la fantasía o la luz conceptual o espiritual, el que proporciona la vida eterna o tormento y oscuridad infernal (Filocalía https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/).

Pero, ten en cuenta que no te digo que te ocupes siempre de estas cosas, sino que las manejes solo de vez en cuando y algunas veces, hasta que tu nus con la mente descanse y luego retorne al corazón y allí trabaje lo inimaginable, inefable y sin forma a través de la memoria cardíaca de Dios. Igual que los animales que llevan el caparazón como su casa, como los caracoles, las tortugas y los crustáceos, no encuentran reposo en ningún otro lugar sino dentro en su casas o su caparazón, que están vestidos y dentro de sus agujeros, así también el nus, de manera natural, no encuentra descanso en nada más que en estar dentro del cuerpo que lleva, es decir, dentro de la cámara del corazón y del hombre interior, y desde allí, como en una fortaleza, combate contra los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), los enemigos (los demonios) y los pazos, que allí están escondidos, aunque la mayoría de los seres humanos esto no lo conocen61.

  1. Y que los pazos y los λογισμοί loyismí pensamientos están ocultos en el corazón y salen de allí y nos atacan y nos guerrean, lo testifica el Señor diciendo: “Pero las cosas que salen de la boca provienen del corazón, y estas contaminan al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones y las blasfemias” (Mt 15,18-19). Pero también los enemigos demonios están escondidos alrededor del corazón y están presentes, pero en energía y no en esencia, como dice san Gregorio Palamás (4º Domingo del Cuaresma). Y esto lo testifica también san Diádoco en la Filocalía tomo 1º c.76, diciendo que antes del Santo Bautismo, la divina jaris (gracia, energía increada) mueve al hombre hacia el bien desde dentro, en cambio el Satanás está acechando en las profundidades de la psique-alma y del corazón, pero una vez que el hombre es bautizado, el demonio sale fuera del corazón, mientras que la jaris entra y permanece dentro. Pero incluso después del Bautismo (dice el mismo santo cap. 82), se concede que puedan estar en la superficie exterior del corazón profundo, para prueba del libre albedrío o independencia y de allí estimulan e irritan al nus con el flujo de los placeres (hedonismo) carnales.

Por eso dicen los santos Padres que los demonios no los gusta que los hombres conozcan que se encuentran en el interior de ellos, para no ser expulsados de allí y ser combatidos a través del nombre de Jesús Cristo, el cual se dice dentro en el corazón, como dijimos antes. Esto también lo testifica san Gregorio el Teólogo, diciendo que lo que dijo el Señor, que el espíritu impuro, después de salir del hombre, toma siete espíritus más malvados y entra y habita en él (Mateo 12,43); esto, digo, testifica el santo, que ocurre después del Bautismo, al permitir Dios que entren los demonios en el bautizado, por los malos pensamientos, palabras y obras, que hará después del Bautismo (Logos sobre Epifanía; vea también el capítulo 11 de la segunda parte).

Por encima de todo, te digo que para luchar y protegerte bien, no permitas que tu fantasía y tu memoria recuerden todas esas cosas que viste, escuchaste, olfateaste, probaste o tocaste, especialmente las indecentes y malas. Porque ha sido confirmado por la experiencia que alguien hace más guerra para liberarse de la fantasía y la memoria de algo que por su propia percepción y sentido. Pues ver, supongamos hipotéticamente, o no ver a una persona o rostro con pasión, eso es fácil y no tiene mucha guerra; pero cuando la ve y se interesa y la inspecciona, ya no es fácil, sino que requiere guerra y esfuerzo para sacar el recuerdo o memoria de esa persona de su fantasía.

Y muchas veces, solo una mirada apasionada y curiosa que echamos sobre un rostro hermoso, nos graba tan profundamente en la fantasía su recuerdo, que luchamos durante cuarenta o cincuenta años, incluso en nuestra vejez, y no podemos borrar ese recuerdo y fantasía. Y es digno de risa que aquel rostro envejece y se pone feo o muere y se convierte en tierra; y muchas veces nosotros mismos en la tumba tocamos con nuestras manos sus huesos, pero nuestra fantasía mantiene tan firmemente y poderosamente su imagen, que siempre lo consideramos este rostro como joven y vivo. Y así la fantasía como insensata y ciega que es, nos hace pecar con eso en el corazón, como si fuera real, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos.

  1. Observa que te he dado un ejemplo de la fantasía que nace de la visión. Porque debes conocer que no hay otro sentido que nos ataque tanto como la vista. Y así como ella es la más real, la más sutil, la más pura de todos los demás sentidos y la más afín al nus en su brillo y sin cuerpo, como dicen los teólogos, de la misma manera las fantasías que nacen de la vista son muy difíciles de borrar y extinguir. En segundo modo nos atacan las fantasías de esas palabras feas y malvadas que hemos escuchado; y debes conocer también que así como, cuando los otros sentidos están en funcionamiento, los ojos no se complacen si no ven lo que las otras percepciones y sentidos sienten, de la misma manera la fantasía no se complace si por casualidad no hace visibles todas las cosas que se oyen, saborean, huelen y tocan, según san Gregorio Palamás de Tesalónica (Filocalía).

Aún te recuerdo que te protejas y te cuides bien y no creas, ni aceptes como verdadero, si ves algo cuando estás despierto o dormido, cualquier figura desde dentro o fuera de tu corazón, como luz o fuego o una especie de ángel o algo similar, sea lo que sea esto.

Capítulo A. 26 El soldado de Cristo debe evitar con toda su fuerza las perturbaciones y molestias, si quiere luchar bien contra sus enemigos.

Como es obligación inevitable para todo cristiano, cuando pierde la paz de su corazón, hacer todo lo posible para recuperarla, así también debe saber que ningún acontecimiento que ocurra en el mundo, y que le ocurriría a él, es correcto ni sabio para privarle o perturbarle esa misma paz. Efectivamente, debemos entristecernos por nuestros pecados, pero con un dolor y sufrimiento pacífico, de la manera que antes os he mostrado en muchos puntos; y así, sin molestias al corazón y la disposición con la agapi (amor desinteresado) piadosa del corazón, compadecernos de cada otro pecador y llorar internamente al menos; es decir, que tengamos luto espiritual y pena por sus errores. Para las demás cosas que suceden, las  duras, graves y angustiosas como enfermedades, heridas, muertes de nuestros parientes, guerras, epidemias de hambre, incendios y otros males similares, aunque los hombres mundanos la mayoría de las veces las rechazan como molestias de la naturaleza, a pesar de esto, podemos con laχάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, no sólo sufrirlas y soportarlas, sino también quererlas y amarlas como un justo castigo para los injustos e ilegales y como oportunidades para las virtudes de los buenos. Porque en este propósito aspiramos como objetivo, y además esto gusta también a nuestro Señor y Dios, pues, que nos los envía; nosotros siguiendo Su voluntad pasaremos con un corazón en paz y mente serena, reposando de todos los tormentos, sufrimientos y dolores de la vida presente. Y estate seguro que cualquier molestia y perturbación de nuestro corazón, no gusta a los ojos divinos; porque cualquiera que sea, siempre está acompañada de la imperfección y siempre proviene de alguna raíz mala de la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor de sí mismo y al cuerpo).

Por eso debes tener siempre despierto y vigilante un punto de observación o atención, que inmediatamente, tan pronto como sientas y percibas algo que pueda molestarte y perturbarte, te haga un guiño para que entiendas de qué se trata, y tomes las armas para gestionarlo pensando que todos aquellos males y muchos otros similares, aunque parezcan externamente malas, es decir, perjudiciales, pero en realidad no son males reales, ni pueden privarnos de los verdaderos bienes espirituales y que todo lo manda y concede el Dios, para los propósitos correctos que mencionamos antes y que nos benefician, así como para otros que no son conocidos para nosotros, pero son muy justos y muy santos sin duda. Y si en cada acontecimiento triste que te suceda, tu corazón permanece así pacífico y reposado, puedes tener mucho beneficio; pero si te perturbas, sepas que todo ejercicio que hagas no te proporciona ningún beneficio o muy poco.

Además, te digo también esto, que cuando el corazón está molesto, agitado y perturbado, está siempre bajo diversos golpes y guerras de los enemigos, y lo más importante, cuando estamos agitados no podemos ver claramente y discernir el camino recto y la trayectoria segura de la virtud; nuestro enemigo, pues, el diablo, odia mucho esta paz interior, (porque es parte donde habita el espíritu o la energía increada de Dios, para que pueda operar grandes cosas), muchas veces viene como amigo y trata de quitárnosla, utilizando varios deseos, los cuales nos parecen buenos63; pero cuán engañosos y falsos son estos deseos, puedes conocerlo entre otras cosas también de esto: es decir, porque nos roban la paz del corazón (y la serenidad de la mente).

  1. Por eso el Abad Isaac a menudo llama la confusión el vehículo y carro del diablo, sobre el cual, sentado, entra en la pobre psique-alma y la hunde. Y san Pedro el Damasceno dice: Ninguna maldad es tan fácil para el pecado como la confusión” (Filocalía).

Por eso, si quieres impedir este daño tan grande, cuando el observador, es decir, el nus con su atención te avisa que algún nuevo deseo de algo bueno quiere entrar en tu interior, no le abras la entrada de tu corazón, si primero no te has liberado de toda voluntad propia y la presentes a Dios, confesando tu ceguera y tu ignorancia, rogándole ardientemente que te ilumine con su luz increada, para que veas si este deseo proviene del litigante enemigo; y por eso, corre hacia tu padre o quía espiritual y déjaselo, tanto como puedas, en su juicio.

Sin embargo, si ese deseo es de Dios, antes de intentarlo, debes humillarte y aplacar tu gran entusiasmo, disposición y calidez que tienes por ello; porque esa obra, precedida por tu propia humildad, agrada mucho más a Dios que si se realiza por el deseo de la naturaleza, de hecho, a menudo le gusta mucho más tu humildad que la propia obra.

Y de esta manera, si primero tranquilizas también tus movimientos naturales, una vez hayas eliminado de ti mismo los deseos que no son buenos y no haciéndolos buenos, contendrás la paz y la seguridad en tu corazón.

Para salvaguardar aún más tu corazón en paz en todas las cosas, debes examinarlo y protegerlo de algunas molestias y conflictos internos de tu conciencia, que a veces provienen del diablo, aunque parezcan ser de Dios, al acusarte de algún error; de dónde vienen semejantes controles y remordimientos, los reconocerás por sus resultados.

Porque, si te humillan y te impulsan a trabajar diligentemente y no te quitan la esperanza y la confianza que tienes en Dios, debes aceptarlos como si fueran de Dios y agradecerle con un corazón alegre y agradecido; pero si te confunden, te perturban y te hacen desanimado, desconfiado, negligente y perezoso para el ejercicio espiritual y el bien, ten por seguro que provienen del enemigo; y no les des importancia, sino sigue tu camino y tu práctica. Porque, además de todas estas cosas que te he dicho, generalmente nacen en nuestro corazón hostigamientos, molestias y confusiones por los incidentes de cosas opuestas que nos siguen en este mundo.

Pero para protegerte de estos golpes de la confusión, puedes hacer dos cosas: una es reflexionar sobre cuáles son las cosas opuestas en tu espíritu y tu psique-alma; o sobre nuestro amor propio o egolatría y nuestros deseos; porque si son opuestos a tus deseos y tu φιλαυτία filaftía (excesivo amor propio o egolatría, que en general es tu primer enemigo), no debes llamarlos opuestos, sino recibirlos como beneficios y ayuda del Supremo Dios, por lo tanto, acéptalos con corazón alegre y agradecido; pero, si son opuestos a tu espíritu y a tu psique-alma, tampoco por ello debes perder la paz de tu corazón, como aprenderás en el siguiente capítulo; lo otro es elevar tu nus con la mente a Dios y, con los ojos cerrados, (sin querer conocer nada más), aceptar cualquier incidente de la mano caritativa de la divina providencia como una cosa llena de varios bienes64.

  1. Por eso es digno de recordar lo que solía decir siempre el divino Juan Crisóstomo en toda ocasión que le sucedía, buena o mala, agradable o desagradable, y este dicho es: «Doxa-Gloria, gracias y alabanza a Dios por todo lo que me sucede; porque nunca cesaré de decirlo siempre en todas las cosas que me suceden» (de las Cartas a la Diaconisa Olimpiada 11); lo cual también imitaba y decía el divino Gregorio Palamás de Tesalónica, como vemos en su vida.

Capítulo A. 27 Qué debemos hacer cuando estamos heridos.

Cuando te encuentres herido, ya sea porque has caído en algún pecado debido a tu debilidad o alguna vez por tu propia voluntad para tu mal, no te desanimes ni te acobardes; ni tampoco te atormentes por ello, sino después de volver inmediatamente a Dios, háblale así: “Señor mío, ves que he hecho estas cosas, así soy; ni tampoco era posible que esperaras alguna otra cosa que degeneración y caída de mi que soy tan débil y malicioso” Y aquí, humíllate ante tus ojos durante bastante tiempo y súfrelo con dolor en el corazón por el pesar que has causado a Dios y sin confundirte, ni deprimirte, enfádate contra tus pazos, especialmente y sobre todo, contra aquel que causó que cayeras; luego di de nuevo: «Ni hasta aquí me detendría, Señor, y pecaría peor, si no me sostuvieras con tu gran bondad».

Y agradécele y ámale más que nunca, admirando su gran compasión, que a pesar de que se entristeció por ti, otra vez te da su mano derecha y te ayuda para que no vuelvas a caer en el pecado; por último, con gran valentía en su gran compasión, di: “Señor mío, haz lo que Tú eres, perdóname y no permitas que en el futuro viva separado de ti, ni que me aleje nunca, ni que te cause más dolor y tristeza».

Y haciendo así, no pienses si te ha perdonado, porque esto no es más que orgullo y perturbación en el nus, pérdida de tiempo y engaño del diablo, adornado con varios pretextos buenos. Por eso, dejándote a ti mismo libre en las manos caritativas de Dios, sigue con tu práctica como si no hubieses caído. Y si sucede que a causa de tu debilidad pecas muchas veces al día (65) y te quedas herido, haz lo que te he dicho todas las veces, no con menos esperanza en Dios. Y acusándote más a ti mismo y odiando más el pecado, lucha para vivir con más precaución y vigilancia.

  1. En los capítulos 26 y 27 de la segunda parte de este libro nos enseña más claramente que los pecados que dice este capítulo presente, no quiere decir que son los pecados capitales y mortales, sino los no mortales y perdonables; y aquellos mismos que pecan en ellos, no entienden que son ellos los que simplemente viven indiferentes y cometen pecados mortales de vez en cuando; (porque ellos también deben ser molestados y con dolor de corazón llorar y tener gran consideración para siempre examinar su conciencia y confesar; y tener siempre una tristeza adecuada, pero no caer en desesperación y depresión por una tristeza excesiva); pero los que hacen vida espiritual, siendo luchadores de la virtud. Porque ellos al cometer estos pecados veniales (cuáles son, vea al principio del capítulo 21) o incluso peores y más graves (en los que a veces también caen, por concesión de Dios), siguen la disposición del presente capítulo; sin embargo, esta disposición beneficia simplemente a toda persona que comete cualquier pecado.

Esta práctica no le agrada al diablo; porque ve cómo le agrada mucho a Dios, ya que el adversario se queda avergonzado al ver que fue vencido por aquel a quien él mismo había vencido antes. Por eso, utiliza diferentes métodos engañosos para impedirnos hacerlo. Y muchas veces consigue su propósito debido a nuestra negligencia y el poco cuidado que tenemos de nosotros mismos. Por eso, cuanto más dificultades encuentres en esto por parte del enemigo, tanto más debes luchar en hacer el ejercicio muchas veces, incluso si alguna vez has caído; de hecho, debes hacerlo, si después de haber pecado sientes que te molesta y te confundes, y te invade la desesperación y depresión para que puedas así obtener serenidad en tu mente y paz en tu corazón y coraje juntos; y después de equiparte con esas armas, dirigirte a Dios.

Porque este tipo de molestia, perturbación y alboroto que alguien tiene por el pecado, no se produce porque haya entristecido a Dios con lo que hizo, sino por el miedo a su propia condenación; y esto significa que esto viene de la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor de sí mismo y al cuerpo), como hemos dicho muchas veces.

Así que, el método para conseguir esta paz es el siguiente; olvidar completamente tu caída y tu pecado (66) y entregarte al pensamiento de la gran e inefable bondad de Dios; y que él está muy dispuesto y desea perdonar cada pecado, por muy gordo y grave que sea, llamando e invitando al pecador de distintas maneras y a través de varios caminos, para que vuelva en sí mismo y se una junto a él en esta vida a través de Su χάρις jaris (gracia, energía increada); y en la otra vida santificarlo con su δόξα doxa (gloria, luz increada) y hacerlo eternamente bienaventurado y feliz. Y una vez  que hayas serenado tu nus con la mente y corazón con estos pensamientos y reflexiones similares, entonces regresarás a tu caída, haciendo como te he dicho anteriormente; luego, cuando llegue el momento de la confesión, (que te aconsejo que la hagas muy a menudo), recuerda todos tus pecados y, con nuevo dolor y aflicción por el dolor y tristeza por el pesar de Dios, y con disposición, intención y decisión de no entristecerlo más, revela y confiesa todos tus pecados en tu Guía Espiritual y haz con buena voluntad, gusto y coraje el canon que él te determine.

  1. A esto se ajusta la historia que leemos en el libro Gerontikón; se muestra que un monje cayó en la fornicación o lujuria. Pero como los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) de depresión y desesperación lo molestaban desde adentro, de que había perdido su psique-alma y ya no hay sanación y salvación para él; éste como era prudente y experimentado contra la guerra invisible del enemigo, decía a sus λογισμοί loyismí: “no he pecado, no he pecado”, hasta que entró y se encerró en su kelia (celda) y después de pacificar su corazón y serenar su mente, entonces mostró la adecuada metania por su pecado; por lo tanto, también se apocaliptó-reveló en otro Yérontas visionario con el don de perspicacia y previsión de que aquel monje había caído, sí, pero se levantó y venció.

Capítulo A. 28 ¿Cuál es la táctica que tiene el diablo para luchar en general y engañar a personas de diferentes situaciones?

Sepa, hermano mío, que el diablo no se preocupa por nada más que por nuestra perdición, y que no hace la guerra a todos de la  misma manera. Y para empezar a describirte algunas de sus guerras, tácticas, fraudes y engaños, te presento cinco situaciones o estados interiores del hombre.

Algunos están al servicio del pecado sin ningún pensamiento de liberarse; otros, quieren liberarse, pero no lo intentan; hay quienes que después de la adquisición de las virtudes caen profundamente con mayor corrupción en pecado. Otros creen que caminan en la perfección, otros abandonan el camino de la virtud que han seguido y otros hacen de la virtud que tienen la causa de la maldad. Para todos estos hablaré por separado.

Capítulo A. 29 La guerra, la estafa y el engaño que utiliza el diablo para aquellos que están bajo el servicio del pecado.

Cuando el diablo retiene a alguien bajo el servicio del pecado, no se preocupa por nada más que cegarle aún más y quitarlo de cada loyismós pensamiento que puedo pueda estimularlo y llevarlo al conocimiento de la vida tan extremadamente desgraciada que tiene; y no sólo le saca de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) que llaman al retorno, a la conversión y a la metania, sino que pone en su nus otros loyismí malos y contrarios, pero también con pretextos bien preparados y rápidos, lo hace caer el muy maldito frecuentemente en el mismo pecado o en otros aún mayores, de los cuales resulta más oscurecido y ciego, de modo que con su ceguera cae y se precipita al hábito y la rutina del pecado; y así el miserable corriendo en la praxis del pecado a una ceguera mayor, y nuevamente de la ceguera a mayores pecados, así da vueltas casi en toda su miserable vida hasta la muerte, si el Dios no economiza su σωτηρία sotiría (redención, sanación y salvación) con su χάρις jaris (gracia, energía increada)

Entonces pues, quien se encuentra en esta situación muy desgraciada, si quiere psicoterapiarse y sanarse, debe aceptar inmediatamente lo antes posible el loyismós (pensamiento, reflexión) y la inspiración que le invita y le llama salir de la oscuridad a la luz y desde el pecado a la metania (penitencia, arrepentimiento, introspección y confesión), clamando con todo su corazón a su Creador: “Señor mío, ayúdame rápidamente y no me dejes ya más en la oscuridad y en las tinieblas del pecado”. Que no deje de repetir esto muchas veces de la misma manera y con el mismo clamor; y de inmediato, tan pronto como sea posible, que busque ayuda y consejo para poder liberarse del enemigo; pero si no puede ir de inmediato, pues, que recurra rápidamente al crucificado Jesús y se arrodille a Sus santos pies con la cara hacia el suelo y a la Zeotokos (Madre de Dios) María, pidiendo compasión, misericordia y ayuda; y la victoria se encuentra en esta prontitud y rapidez.

Capítulo A. 30 La guerra y el engaño que el diablo usa para aquellos que conocen su propio mal y quieren ser liberados; y por qué nuestras decisiones muchas veces no dan sus frutos.

Aquellos que conocen la mala vida que llevan y desean cambiarla, en su mayoría permanecen engañados y vencidos por el enemigo con estas armas; después de ellas; estas cosas son para después, para mañana, ahora no, mañana, primero terminaré esta cuestión y después de todo esto me entregaré con más tranquilidad a la jaris (energía increada) de Dios y en la vida espiritual; hoy voy hacer primero esto y mañana haré la metania (penitencia, arrepentimiento, introspección y confesión). Hermano mío, la trampa del enemigo es esta, que ha atrapado y aún atrapa mucha gente. La causa de esta trampa es nuestra negligencia y nuestra ignorancia. Porque incluso en tales asuntos, de los cuales depende toda sotiría (redención, sanación y salvación) de nuestra psique-alma y toda la gloria de Dios, no agarramos rápidamente ese arma tan poderosa y decir a nosotros mismos: hoy mismo, sólo a partir de ahora, voy hacer vida espiritual y no después de esto; hoy y sólo por hoy voy haré la metania y no mañana; el ahora y el hoy están en mis manos, el después de esto y el mañana están en las manos de Dios. Pero incluso si se me diera el después de esto y el mañana, ¿qué camino de sotiría (redención, sanación y salvación) y victoria será esta, si primero quiero ser herido y después psicoterapiarme y sanarme al hacer primero mis travesuras y después corregirme?

Entonces, hermano mío, si quieres salir de este engaño y vencer el enemigo, tu psicoterapia y sanación está en obedecer rápidamente a los buenos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y las divinas inspiraciones que te llaman a la metania (arrepentimiento, introspección y confesión) y no dejar ningún espacio intermedio en absoluto, ni pensar y decir que yo he decidido definitivamente a arrepentirme y confesarme (metanoizarme) después de todo esto y ya no puedo cambiarlo; no; porque estas decisiones muchas veces son erróneas y muchos teniendo gran confianza en ellas, fueron engañados y por diversas razones quedaron sin metania.

A´ Porque nuestras decisiones no están basadas sobre la desconfianza de nosotros mismos y en la confianza, esperanza y ánimo a Dios; y después de viene el no poder ver nuestra gran soberbia (u orgullo), a partir de la cual, siendo provocados, confiamos en nuestras propias decisiones, creyendo que son estables. Pero la luz para conocer esta soberbia y enfermedad nuestra y la ayuda para psicoterapiarnos y sanarnos proviene de la bondad de Dios, quien, como mencionamos anteriormente,  concede que caigamos y, con la caída, nos llama a no tener confianza, esperanza y ánimo en nosotros mismos, sino a esperar y confiar sólo en Él; y desde nuestra soberbia, nos llama al conocimiento de nosotros mismos. ¿Quieres conocer, hombre, cuándo son posibles y sólidas tus decisiones? Cuando no tienes ninguna confianza en ti mismo y cuando todas están fundamentadas con humildad en la esperanza, confianza y ánimo a Dios.

B´ Cuando nosotros nos movemos para tomar alguna decisión, pensamos sólo en la belleza y la fuerza de la virtud, que arrastra nuestra voluntad hacia su parte, por muy enferma y débil que sea; pero después de todo esto, cuando se presenta alguna dificultad y esfuerzo por los que se logra la virtud, al ser débil también nuestra voluntad, empequeñece y retrocede y a continuación nuestras decisiones quedan sin ejecutarse. Por eso, acostúmbrate a amar mucho más las dificultades, que traen la adquisición de las virtudes, que a las propias virtudes; y que de estas dificultades siempre sea alimentada tu voluntad, unas veces con lo poco y otras con lo mucho, si realmente quieres adquirir las virtudes. Y estate seguro que cuanto más rápidamente y con valentía venzas a ti mismo y a tus enemigos, tanto más valiente abrazarás y amarás las dificultades.

C´ Porque nuestras decisiones muchas veces no piensan las virtudes y la voluntad de Dios, sino nuestro propio interés, que suele seguir las decisiones que tomamos por los placeres espirituales y para adquirir los dones o carismas divinos. Por eso, en nuestros sufrimientos y aflicciones que nos causan mucho sufrimiento, no encontramos otra ayuda que no sea entregarnos completamente a Dios y a las prácticas de las virtudes. Y sí también quieres entregarte tú mismo en esto, hermano mío, pues, durante el tiempo de los deleites y placeres espirituales que seas cauteloso y humilde en tus decisiones; sobre todo ten cuidado y protégete en no dar órdenes a ti mismo y no haga promesas para no violarlas y caer en el pecado; y cuando te estés triste, que tu decisión y tu opinión sea sufrir tu cruz y tu sufrimiento alegremente, como quiere el Señor, rechazando toda ayuda terrenal y alguna vez también la celestial; que sea tu única búsqueda y deseo recibir ayuda de Dios para poder soportar cualquier cosa adversa sin manchar la virtud de la paciencia y sin hacer que tu Dios se moleste.

Capítulo A. 31 El engaño que el enemigo usa para aquellos que creen que caminan hacia la perfección.

Cuando el enemigo no puede derrotar ni a los que  han dependido del pecado, ni los que buscan ser liberados del pecado, como antes se ha mencionado, entonces el malvado se va corriendo a los virtuosos y lucha el granuja como guerrero astuto para hacerlos olvidar a los enemigos que están cerca de ellos y que los están combatiendo y perjudicando directamente, haciéndoles pensar, imaginar y desear las cosas altas y grandes, (67) que están por encima de sus fuerzas, antes de que tengan objetivos definidos apropiados para alcanzar la perfección. El resultado de esto es que no se cuidan por sus heridas, con las que están lastimados, sino que, considerando esos deseos y decisiones de perfección como si fueran obras y cosas, se enorgullecen de diversas maneras. Entonces, al no querer sufrir nada contrario a la acción, ni siquiera el más mínimo obstáculo o un logos corto, después de ese tiempo, pierden mucho tiempo en grandes estudios de decisiones, es decir, decidiendo con su nus y mente, sufrir grandes pruebas por la agapi-amor de Dios.

Y como toman decisiones fantasiosas o imaginarias, no sienten ninguna tristeza o sufrimiento ni contradicción en su cuerpo, por eso los miserables creen que se encuentran a la altura de aquellos virtuosos que sufren grandes pruebas en la práctica. Y no saben que las palabras y las decisiones son una cosa y las acciones y la realidad son otra.

Por tanto, hermano mío, si quieres evitar este engaño, decídete luchar contra los enemigos que realmente te atacan y te guerrean de cerca, y así conocerás claramente si las decisiones que tomas son verdaderas o falsas; si son fuertes o débiles; y así caminarás y avanzarás hacia la virtud y la perfección a través del camino probado, seguro y real.

  1. Por lo tanto, debes saber, hermano mío, que de seis partes nos atacan y guerrean los demonios, como dicen los santos Padres, especialmente san Máximo el Confesor: desde arriba y abajo; desde la derecha y la izquierda; desde delante y atrás. Y desde arriba están los excesos que están por encima de nuestra capacidad para la virtud; desde abajo, las deficiencias que tenemos en la misma virtud por nuestra negligencia; (por eso los Padres dijeron que los extremos son de los demonios); y desde la derecha se dice, cuando los demonios nos atacan con una causa justa y una excusa para el bien, nos llevan al mal; a la izquierda, cuando por una causa clara del mal nos hacen pecar; y desde delante, cuando los demonios nos atacan con los loyismí pensamientos y los recuerdos de las cosas que están por venir; desde atrás, cuando nos atacan con recuerdos y supersticiones de cosas pasadas. Y en general todos los malos loyismí atacan e infectan la psique interna o externamente; e internamente la atacan e infectan ya sea con idea e imagen impresa teóricamente en la fantasía, o con el logos interno (la vocecita de la conciencia) del corazón impreso sustancialmente en la misma fantasía. Externamente, nos atacan y nos infectan a través de los objetos sensibles de los cinco sentidos, es decir, con las cosas visibles, audibles, olfativas, táctiles y gustativas; (con respecto a estos, consulta el capítulo 23: Cómo debemos corregir nuestros sentidos). Las causas de los pensamientos internos y externos son tres: primero, los demonios; segundo los pazos, es decir, las heridas que hemos recibido al corazón por el hábito o por el odio de alguna cosa o amándola apasionadamente; y tercero es el estado corrupto de la naturaleza humana.

Contra aquellos enemigos que no te molestan por ahora, no te aconsejo que declares la guerra, sino solo si has percibido que posiblemente con el paso del tiempo vendrán a atacarte y hacerte la guerra. Porque con la prognosis, previsión y la premeditación puedes prepararte a resistir con decisiones valientes; y cuando vengan, se quedarán inactivos y con las manos vacías, puesto que te encontrarán preparado. Por eso, nunca creas que tus decisiones se han convertido obras y praxis, incluso si has practicado las virtudes por un corto tiempo con los métodos adecuados; pero en estas cosas que seas humilde y tengas temor de ti mismo y de tu propia debilidad, y así teniendo esperanza en Dios, corre hacia Él con frecuentes súplicas para que te fortalezca y te guarde de los peligros, sobre todo de cualquier pequeña superstición y esperanza en ti mismo. Porque si tú eres humilde de esta manera, posiblemente aunque no estés liberado totalmente de algunos pequeños defectos, (los cuales algunas veces deja el Dios para hacerte conocer la debilidad de ti mismo y protegerte de algún bien que tienes), a pesar de todo esto, se te permite desear y tomar grandes decisiones para ascender a un nivel o grado más alto de perfección.

Capítulo A. 32 La guerra y el engaño que utiliza el diablo para que abandonemos el camino de la virtud que seguimos.

El cuarto engaño y artimaña con el que nos ataca el malvado y astuto diablo, es cuando nos ve que estamos al camino correcto de la virtud, entonces despierta diversos deseos e ilusiones y los pone en nuestra contra para hacernos caer de la práctica de las virtudes en las maldades. Por ejemplo, cuando un enfermo sufre con entereza y paciencia su enfermedad, el enemigo que conoce con qué manera este hombre puede lograr el hábito de la paciencia, le presenta muchas obras buenas, que podría hacer si se encontrara en otra situación, y se encarga de convencerlo de que si estuviera sano, podría servir mejor a Dios y beneficiarse a sí mismo y a los demás.

Una vez que el diablo ya le ha presentado estos deseos e ilusiones va poco a poco aumentándolos de manera que le agita y le perturba porque no puede terminarlos según su voluntad. Y mientras estos deseos e ilusiones similares se van haciendo más grandes y poderosos, aumenta aún más la molestia y la perturbación de su corazón; y después poco a poco, con habilidad, el enemigo lo convence para que ya no soporte su enfermedad, no como enfermedad, sino como un obstáculo para aquellas virtudes que ansía practicar para un mayor beneficio. Y una vez que lo lleva a ese punto, con mucha habilidad le roba de la memoria del nus ese propósito que tenía para servir mejor a Dios y adquirir más virtudes. Y así, no le deja más que el deseo desnudo y solo de liberarse de la enfermedad. Pero, como no sucede según su voluntad, se atormenta y se confunde a tal punto que se vuelve complemente impaciente, y así el miserable cae en la maldad de la desesperación, desde la virtud de la paciencia, que había estado practicando anteriormente sin siquiera darse cuenta68.

  1. Así también aquel que progresa bajo la obediencia de algún Yérontas (anciano sabio, guía espiritual) deseando conseguir mayores virtudes, es engañado y abandona la obediencia y se va al desierto para la ascesis o práctica espiritual; y allí, cayendo en la negligencia pierde incluso el poco progreso que había conseguido en la obediencia, tal como dice san Juan el Clímaco. Lo mismo sucede también al eremita y al anacoreta, cuando abandona el desierto y se va a la obediencia, para adquirir supuestamente más virtudes y beneficio; porque en la obediencia pierde también la poca hisijía (paz del corazón y serenidad de la mente) que disfrutaba en el desierto.

El método, pues, para resistir a este engaño del diablo es el siguiente: cuando te encuentres en este estado de enfermedad y te estás molestando y agitando, ten cuidado, no aceptar o para nada te eches para atrás por tus deseos e ilusiones por muy buenos que parezcan que sean. Porque entonces al no poder hacer ninguna obra buena, forzosamente te mareas, te confundes y no te pacificas. Debes, pues, con toda humildad, paciencia y obediencia creer que estos deseos e ilusiones tuyos no pueden tener aquel resultado y finalidad que deseas, siendo tú mucho más débil y sin sostén en aquello que tú calculas; o piensa que el Dios por tus pensamientos ocultos o por tus pecados no quiere de ti aquellos bienes que deseas, sino más bien quiere tenerte en humildad con paciencia bajo su dulce y potente mano de su voluntad.

Así también, aunque alguna vez tengas una regla o canon de tu Guía Espiritual por alguno de tus pecados y no puedas, como deseas, seguir con consistencia cada acción que realizas por la devoción y piedad, especialmente de la Divina Comunión o Eucaristía, no te disgustes ni te molestes por sus deseos; más bien, después de haber rechazado tu propia voluntad, viste lo que agrada a Dios con dolor en el corazón, diciendo en tu interior: “Oh, si el ojo de la divina providencia no viera la ingratitud y los defectos en mí, ciertamente no estaría ahora en tal miseria, privándome de la jaris (gracia, energía increada) de los santísimos Misterios (sacramentos) por ello, viendo que mi Señor con ello me revela mi ineptitud e indignidad, lo alabaré y glorificaré su nombre por los siglos, diciéndole:

“Caritativo Soberano mío, teniendo esperanza en tu bondad, aunque soy miserable e indigno de recibirte en mi psique-alma mediante los divinos Misterios, a pesar de todo esto, no ceso de abrirte de otra manera mi corazón, para que entres espiritualmente en él, para alegrarlo y fortalecerlo contra los enemigos, que quieren separarlo de ti; y permanecer siempre agradecido por todas las cosas que te complacen, mi Creador y Salvador; eso solo deseo, que tu voluntad sea ahora y siempre mi alimento y mi fuerza; y solo esa gracia o favor, querido mío, te pido: que mi psique-alma, liberada de todo lo que no te agrada, permanezca siempre vestida con el vestido de tus santos mandamientos y preparada para tu venida espiritual y para cualquier otra cosa que desees darme.»

Si guardas estas peticiones, estate seguro de que cada deseo del bien estar y ser que tú no puedas completar, y que proviene de la naturaleza o del diablo, que siempre quiere molestarte y alejarte del camino de la virtud, o a veces incluso de Dios, para probar tu obediencia a su voluntad, y repito, en cada deseo tuyo incumplido, siempre tendrás motivo para agradecer a Dios como le agrada. Porque de esto está constituida la verdadera piedad y la tarea o servicio que el Dios pide de nosotros.

También quiero que sepas esto, que para que no te enfades, te exasperes y pierdas tu paciencia en las tribulaciones, sufrimientos y tentaciones que vienen de cualquier parte que sean, debe utilizar aquellos medios justos y prudentes que suelen usar los siervos de Dios; es decir, que tú no seas motivo de estas tentaciones, rogando a Dios que te libere de ellas y otras cosas similares; pero no con tanto deseo y dedicación total, para liberarse de esas tribulaciones, sino porque Dios quiere que usemos tales medios como instrumentos (69).

Porque no sabemos si Dios quiere liberarnos de esas tribulaciones con esos medios. Por lo tanto, si tú actúas de otra manera, pidiendo ser liberado por completo de las tribulaciones, te derrumbarás en muchos males y fácilmente caerás en la impaciencia y desesperación, ya que la libertad no se obtendrá según tu deseo y esfuerzo; o tu paciencia será defectuosa, y no será agradable a Dios, sino que será digna de salario muy pequeño.

  1. Es decir, que supliquemos para no entrar en tentación, porque dice: “No nos dejes caer en tentación” (Mt 6,13), y “orad para que no entréis en tentación” (Lc 22,40); esto lo interpreta Teofílacto de Bulgaria diciendo que es demoníaco y arrogante que uno se someta solo a tentaciones. «Porque es demoníaco y arrogante arrojarse a uno mismo a tentaciones». Debemos, pues, también antes de la tentación rogar para no caer en ella, y después de caer en la tentación, nuevamente debemos rogar, para no ser vencidos por ella (porque así se interpreta «no nos dejes caer en tentación», según Teofílacto); Pero, no debemos preocuparnos, inquietarnos y sufrir cuando por casualidad nos suceden varias tentaciones y aflicciones, sino que debemos agradecer y alegrarnos, como nos ordena el Apóstol Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas y tentaciones, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (San 1,2); realmente estando informados que la tentación que padecemos, sólo molesta en nombre, es decir, la tentación nos prueba y reluce y refina la fe y la agapi hacia el Dios, como el fuego que refina y reluce el oro al crisol.

En definitiva, te informo aquí sobre un engaño secreto y oculto de la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), que suele cubrir nuestros defectos y de alguna manera rechazarlos, como en el ejemplo siguiente; uno está enfermo y con poca paciencia por su enfermedad, y que oculta su impaciencia con la apariencia de una virtud, diciendo que su sufrimiento y tristeza no es impaciencia por el sufrimiento que soporta por la enfermedad, sino que está razonablemente triste, o porque él mismo dio ocasión a la enfermedad, o porque los que lo sirven están disgustados y asqueados por su enfermedad y sufren y se lastiman.

Así que uno puede decir que también el vanaglorioso, que se confunde y se enfada por la gloria y la fama que no ha recibido, no atribuye el motivo de su fracaso es su propia soberbia, arrogancia y vanidad, sino de otros motivos, pretextos y excusas. Pero está claro que la raíz de la pusilanimidad, la pequeñez y la confusión de éstos, no es para otros o para otra causa, sino porque ellos odian y se apartan de lo que es contrario a su deseo, es evidente; porque ni el enfermo mencionado anteriormente se preocupa ni se perturba porque los mismos que lo sirven se esfuerzan o están disgustados y lastimados por la enfermedad de otro, sino solo por la suya propia; ni el vanaglorioso, al que me referí, se perturba tanto por otras tristes circunstancias que le suceden, como por el fracaso de recibir los halagos y el puesto que él deseaba. Por lo tanto, tú para que no caigas en este error y en otros, soporta con paciencia todo esfuerzo, disciplina e instrucción, que te seguirá, de cualquier tipo que sea el motivo que sea.

Capítulo A. 33 El último engaño o trampa que utiliza el diablo para que nuestras virtudes se conviertan en causas de maldad.

La serpiente astuta y malvada nunca cesa de molestarnos y tentarnos con sus artimañas, astucias y engaños, incluso en estas virtudes que hemos adquirido, para que estas se conviertan en causas de corrupción y maldad. Porque siendo congratulados en ellas y en nuestro propio ser, llegamos a ensalzarnos y así después caemos (¡ay!) en la maldad y en el precipicio del orgullo, la soberbia y la vanagloria, (¡ojalá que así no sea!). Por lo tanto, hermano mío, para que te protejas de este peligro, recoja y reúne todo tu nus (la energía del espíritu y mente) en tu corazón y lucha para siempre ese demonio, en un amplio y espacioso campo de batalla, en la verdadera y muy profunda gnosis (conocimiento espiritual) de tu propia insignificancia y nimiedad, pensando que de verdad no eres más que un cero a la izquierda, y que no puedes hacer nada, y cómo no tienes otra cosa más que molestias, enfermedades, maldades y defectos, y cómo no mereces otra cosa más que condena eterna. Una vez te hayas asegurado y afianzado en esta verdad, nunca permitas que tu nus con la mente se ocupe de las cosas externas del mundo, ni siguiera de un pequeño pensamiento o acontecimiento que te suceda, por supuesto que teniendo seguro que todas tus cosas externas son tan hostiles y enemigas que si te hubieses entregado en las manos de ellas, seguro que estarías muerto o herido.

Y para ejercitarte bien y mantener esta lucha verdadera de gnosis (conocimiento) de tu nimiedad e insignificancia, utiliza este canon o regla: todas las veces que dirijas tu nus a pensar en ti mismo y en tus obras, siempre cuenta que aquello que es tuyo y no con lo que es de Dios y su jaris (gracia, energía increada); y luego, considera a ti mismo de tal manera que veas cómo eres con tu propia fuerza, por ejemplo; si piensas en el tiempo antes de que existieras, verás que en toda esa profundidad de la eternidad eras un puro nada o cero, ni siquiera podías hacer nada para existir; nuevamente, en el tiempo en que tienes existencia, sólo por la bondad de Dios, dejándole a Él su cuidado (que es su providencia constante, con la que te protege en cada hora), ¿qué más eres sino un nada o cero? Porque no queda ninguna duda de que en tu primer nada o cero (desde el cual te ha traído el Dios con su mano omnipotente) podrías volver a ser en un instante si Él te dejara por un solo momento.

Por lo tanto, está claro que quedándote en esta existencia natural, con tu propia fuerza, nunca podrás contar contigo mismo para nada, ni desear que los demás te tengan en cuenta.

Luego, si permaneces en el “bien estar y ser” de la jaris (gracia, energía increada), debes considerar cómo, si tu propia naturaleza fuera despojada de la divina ayuda y la jaris increada, ¿qué bien y recompensa podría lograr por sí misma?  Por supuesto, nada. Así que tú también puedes decir con Pablo: “no me he esforzado y cansado yo, sino la jaris (gracia, energía increada) de Dios que está conmigo” (1Cor 15,10). Luego, por otro lado, considerando desde el otro lado tus muchos errores pasados, y sobre todo en otros males que habrías hecho, si Dios no te hubiera impedido con su mano compasiva, encontrarás que tus transgresiones, multiplicándose, no solo en días y años en los que ocurrieron, sino también en tus malas acciones, hábitos y pazos (porque un pazos vicioso llama y arrastra al otro), tus transgresiones, digo, pueden llegar a un número casi incontable y tú te convertirías en otro lúcifer infernado.

Por lo tanto, cuando no quieras ser un codicioso rapaz y un ladrón de la bondad y la doxa (gloria, luz increada) de Dios, ya que todo lo demás lo dio Dios y en sus creaciones, pero la doxa-gloria la reservó Él, para ser glorificado solo como el Creador de todo, por eso dice: «Mi doxa-gloria no la daré a otro» (Isaías 42:8), sino que siempre permanecerás con tu Señor y lo glorificarás solo a él, como es justo, en cada una de tus buenas praxis, acciones, como principio, medio y fin de todos los bienes, debes creer que eres el más bajo y el peor de todos los hombres70.

  1. ¡Qué beneficioso es para uno mismo considerarse peor y más bajo que todos los hombres, lo atestiguan los santos! El divino Juan el Crisóstomo dice: «No hay nada tan amado por Dios como considerarse uno mismo peor que todos los demás». El gran entre los Padres Barsanufio dijo: «Si verdaderamente quieres ser salvado, escucha lo que debes hacer prácticamente: levanta tus pies del suelo y eleva tu nus con la mente a Dios. Y que tu estudio esté allí día y noche; y con toda tu fuerza desprecia a ti mismo; creyendo que ves a ti mismo por debajo de todos los hombres; esta es la verdadera manera; fuera de esta no hay otra para aquel que quiere ser salvado por el poder y energía increada de Cristo; que corra aquel que quiere anticiparse; lo conjuro por el nombre del Dios viviente que quiere conceder la vida eterna a quien desee». El divino Gregorio el Sinaíta añade que debemos considerarnos a nosotros mismos peores y más miserables que todas las criaturas, y más despreciables que los propios demonios, porque, dice, “hay dos tipos de humildad, como dicen los Padres. Uno es considerarse a uno mismo peor que todos y referir sus logros a Dios; el primero es el principio, el segundo es el final». Y esta humildad se adquiere por los que buscan, cuando con conocimiento reflexionan sobre estos tres para sí mismos: de que son los más pecadores de todos; y que son los más indecentes de todas las creaciones, porque están en un astado contranatural; y que son más miserables que los demonios, porque sirven a los demonios” (Filocalía c.115 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-4o-tomo-137-capitulos-utiles-espiritualmente-por-san-gregorio-el-sinaita/)

Y debes saber bien que este juicio que haces sobre ti mismo no es ninguna exageración para que tengas motivo y te enorgullezcas de ello; sino que es justo y verdadero, y luego, motivo de humildad, es decir, de que eres peor que todos los demás. Pero si incluso crees que al conocer tu maldad y mala astucia, superas a otro que imagina algo para sí mismo, sepas que te quedas atrás y te vuelves peor que él, aunque desees que las personas te valoren y piensen en ti como tal (como una persona que pueden valorar), lo cual sabes que no eres en realidad.

Entonces, si deseas que el conocimiento de tu astuta maldad y tu pequeñez mantenga lejos a tus enemigos y te haga amado por Dios, es necesario no solo que desprecies a ti mismo como indigno, y luego digno de todos los males, sino también que desees ser despreciado por los demás, despreciando los honores, regocijándote en las acusaciones y haciendo todo lo que aquellos que tienen sabiduría mundana desprecian. No aceptes en absoluto su opinión y sus palabras, (71), ni abandones esta praxis santa y divina de desprecio de ti mismo, y que esto se haga de ti sólo con el propósito de tu humildad y no para gustar a los hombres y te tengan en cuenta de que eres algo.

  1. Según esta enseñanza, dice también el gran confinado y profético Barsanufio lo siguiente: «El ser despreocupado de todas las cosas te acerca a la ciudad, y el no ser considerado por los hombres te hace habitar en la ciudad; y morir por cada hombre te hace heredar la ciudad y sus tesoros. Si quieres ser salvado, mantén el desprecio, es decir, no ser considerado por los hombres, y corre hacia este objetivo». La falta de consideración, según el santo Juan, discípulo de Barsanufio, es no igualarse a uno mismo con otro y no compararse con otro. Ni siquiera decir por ninguna buena acción que también yo lo hice esto. (Nuevamente aquí el santo se refiere al corazón, o a la apázia (impasibilidad, sin pazos), o al conocimiento divino).

Pero si por casualidad alguna vez sucede que otros te amen mucho y te alaben por algún bien que Dios te haya dado, mantente firmemente en tu interior y no te apartes en absoluto del verdadero conocimiento de tu pequeñez y nimiedad, que se dijo anteriormente, pero vuélvete primero hacia Dios, diciéndole con todo tu corazón: “»Nunca permitas, Señor mío, que me convierta en ladrón de tu honor y jaris (gracia, energía increada); a ti pertenecen la alabanza, el honor y la doxa-gloria, y para mí la vergüenza”. “Tuya es, Señor, la justicia y a mí la vergüenza de tu rostro» (Daniel 9:7); «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino da gloria a tu nombre» (Salmo 113:9). “Tu gloria es tuya y yo soy tu siervo» (Esd 4,29).

Después de esto, vuélvete hacia aquel que te alaba, hablando así dentro de ti mismo con tu loyismós pensamiento, reflexión: ¿Por qué me tiene él por bueno, cuando nadie es bueno y justo sino solo mi Dios? “Nadie es bueno, sino sólo el Dios” (Mt 19,17). Porque haciendo así y atribuir a Dios lo suyo, mantendrás lejos a tus enemigos y serás digno de recibir mayores carismas y beneficencias de Dios.

Pero incluso cuando la memoria de las buenas obras y virtudes que haces te tiente al orgullo y a la vanagloria, piensa de inmediato que esas obras son de Dios y no tuyas (72) y como si hablaras con ellas, di:

“¡Yo no sé cómo os habéis venido y manifestado en mi nus con la mente! Porque yo no soy vuestro principio u origen, sino el bondadoso Dios y su jaris (gracia, energía increada), Él os creó, os alimentó y os guardó, por tanto, a Él sólo quiero reconocer como verdadero y primer padre y causa, agradecerle a él y atribuirle todo elogio y alabanza”.

  1. Y a continuación reflexiona sobre esta verdadera y certera reflexión, es decir, cuantas más virtudes adquieras y cuantos más carismas, dones recibas, tanto más beneficiado eres de Dios; y cuanto más beneficiado eres, tanta más deuda tienes hacia el Dios y tanto más obligado y deudor te haces; así de esta reflexión no solo no te enorgullecerás ni te vanagloriarán por tus virtudes y tus carismas, sino que lucharás y bajarás al fondo de la humildad no teniendo algo equivalente y digno para agradecer a Dios por sus carismas divinos.

Luego, piensa cómo todas las obras que has realizado, no alcanzaron la proporción y simetría en la luz y la jaris increada que te fueron entregadas, para que las conozcas y las hagas, sino que están muy lejos e imperfectas de aquel propósito claro y de la diligencia adecuada con la que deberías hacerlas.

Entonces, si piensas bien profundamente, debes avergonzarte más de tus virtudes que complacerte en ellas en vano y enorgullecerte de ellas. Porque es verdad que las virtudes naturales de Dios, que debemos imitar, ellas son puras, limpias y muy perfectas en sí mismas, pero se contaminan de alguna manera y se degradan por las imperfecciones y deficiencias de nuestra imitación73.

  1. Aparte de esto, todas las virtudes, al ser energías increadas naturales de Dios y donaciones y energías increadas del Espíritu Santo, por lo tanto, son sin principio e interminables, según san Máximo el Confesor, e infinitas sobre su magnitud e incontables sobre la multitud, como dice san Basilio el Grande. ¿Cómo pues puede uno ensalzarse y enorgullecerse que ha adquirido virtudes, cuando ha aprendido que las virtudes no tienen principio ni fin, ni número? ¿Y cómo no bajará al fondo de la humildad, cuando piensa que por muchas virtudes que haya adquirido, sabe otra vez que no ha llegado ni al principio de las virtudes? Sino que solo ha recibido de ellas tanto como una gota del infinito océano; o cómo no será impulsado él mismo siempre a decir esa oración del gran Arsenio, que dice: «Oh Dios mío, no me abandones; no he hecho nada bueno delante de ti, pero por tu misericordia, ayúdame a comenzar».

Además, compara tus obras con las obras de los santos, los verdaderos amigos y servidores de Dios y conocerás que las mayores y mejores obras tuyas son muy insignificantes y muy pequeñas y dignas de poco o ningún valor y honor, si las comparas nuevamente con las obras de nuestro Señor Jesús Cristo, que hizo para ti en los Misterios de su vida y de su Cruz, (las cuales debes considerar no como obras de Dios, sino en sí mismas solo como obras de hombre) y si piensas  en la impecabilidad y en la pureza de su agapi-amor, con cual las hizo, conocerás que todas tus obras y virtudes son casi pecados e impurezas. Porque se está escrito: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Is 64,6), o mucho peor, peores que la nada.

Finalmente, si elevas tu nus a la deidad y a la infinita grandeza de tu Dios, “que ante él ni el cielo está limpio”, como se ha escrito (Job 15,15), y en el servicio y el culto y adoración que se le corresponde, verás claramente que no es el orgullo, la arrogancia y la vanagloria que deberías sentir, sino un gran temor y reverencia en todas tus obras, aunque sean santas, aunque sean muy perfectas, y que solo deberías decir con todo tu corazón a Dios, esa humilde voz del Publicano: “Dios ten misericordia de mí que soy pecador” (Lc 18,13).

Además, te pido que no seas fácil en revelar los carismas que te da Dios. Porque, esto casi siempre, a Dios no le agrada, como él mismo nos ha enseñado con la siguiente historia.

Jesús Cristo apareció una vez a un piadoso y virtuoso como un niño, y aquel sabiendo que era el Señor, le rogó con sencillez que le dijera la alabanza angélica, como se acostumbra decir por todos, es decir, “Zeotokos Virgen”; y comenzó aquel santísimo niño a decirla con alegría: “Alégrate María llena de jaris, tu Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres”, y aquí se detuvo, y no quiso, con las otras palabras, alabarse a sí mismo y decir: “Y bendito es el fruto de tu vientre”. Pero como él le rogaba que dijera también el siguiente verso y las otras palabras, el niño desapareció, dejando al siervo fiel en gran alegría. Y con su propio ejemplo, manifestó en él esta enseñanza celeste, es decir, que nunca nadie debe alabarse a sí mismo ni a las jaris gracias que tiene. Así que, aprende tú también hacerte humilde y no alabarte a ti mismo, conociéndote a ti mismo y sabiendo que tú y todas tus obras buenas no son nada. “Que te alabe el prójimo, y no tu propia boca; un extraño, y no tus propios labios” (Pro 27,2).

Este es el cimiento de todas las virtudes 74; el Dios nos has creado de la nada y ahora que existimos por su causa, quiere cimentar toda nuestra edificación espiritual encima de esta gnosis (conocimiento) nuestra, es decir, que de nosotros mismos somos nada o cero y cuanto más profundizamos en ella, tanto más crecerá el edificio; y cuanto más tierra sacamos de esta profundidad, es decir, cuanto más conocemos nuestros defectos, nuestras miserias y faltas, tanto más el arquitecto divino pondrá las piedras sólidas y seguras, para aumentar esta edificación espiritual. Y no creas, hijo mío, que alguna vez puedes profundizar en esta gnosis o conocimiento espiritual tanto como lo requiere. Porque esto es imposible; de hecho, haz este cálculo y reflexiona contigo mismo sobre esto, que si fuera posible entregarse en alguna creación tal cosa, no podría encontrarse una profundidad más profunda para explorar e investigar su propia insignificancia y nimiedad.

  1. Por eso, el Señor, queriendo a construir el maravilloso edificio de las bienaventuranzas, puso como primera piedra angular la pobreza de espíritu, es decir, la humildad, diciendo: “Bienaventurados los pobres del espíritu, porque de ellos es la realeza increada (reinado en energía increada) de los cielos” (Mateo 5:3).

Desde este conocimiento (gnosis) bien aplicado en la práctica y praxis, podemos tener todo bueno; y sin él, somos prácticamente nada, incluso si quisiéramos hacer las obras de todos los santos y estar siempre ocupados con Dios. ¡Oh bienaventurada gnosis (conocimiento increado), que nos haces felices en la tierra y glorificados en cielo! ¡Oh luz increada que sacas de la oscuridad nuestras psiques y las haces brillantes, lúcidas, puras y sanas! ¡Oh alegría que no te das cuenta cómo brillas entre nuestras impurezas!  ¡Oh nada o cero, que cuando te conocemos, nos haces señores del universo! No puedo nunca saciarme, hablando contigo sobre esto, amado. Si quieres alabar a Dios, humilla tu egoísmo, acúsate a ti mismo y desea ser acusado de los demás. Hazte humilde y debajo de todos, si quieres exaltar a Dios y a ti mismo hacia Él. Si deseas encontrarle, no te enaltezcas, porque él se aleja; hazte humilde y abájate lo máximo que puedas y él vendrá a encontrarte y a abrazarte; y tanto quiere recibirte y unirse fuertemente contigo con tanta agapi-amor incondicional, cuanto más humilde te estás haciendo ante sus ojos, y cuanto más deseas humillarte incluso ante los demás y todos te rechazan, como una cosa despreciable.

Pues, hermano mío, tú el afligido por tus pecados, por la abundancia de la jaris (gracia, energía increada) que te concede el Dios, para unirte consigo mismo, haz también tú lo mismo, es decir, creerte a ti mismo como indigno y peor que todos los demás y no omitas continuamente agradecer a Dios y que eres deudor de aquellas cosas que son motivo para que te hagas humilde; es decir, de aquellos que te han despreciado o incluso te desprecian constantemente. Y aunque lo hagas en contra de tu voluntad y con mala gana de tu corazón, soporta sus desprecios, pero lucha tanto como puedas para no mostrar ningún signo externo de que te disgustan.

Y aunque con todos estos pensamientos y consideraciones, que son muy verdaderos, la mala astucia del diablo, el desconocimiento y nuestra mala tendencia pudieran predominar sobre nosotros, de tal manera que los loyismí pensamientos de la vanagloria y de la altanería no cesen de molestarnos y herirnos el corazón, aún entonces es un tiempo apropiado, tanto más, para humillarnos y menospreciarnos y odiarnos a nosotros mismos, cuanto más, desde la prueba, vemos cómo luchamos, sí, y nos esforzamos con todas nuestras fuerzas, para librarnos de ello; pero no podemos liberarnos de su tiranía, porque padecemos las molestias del orgullo, el cual tiene su raíz y principio en el vano y maldito engreimiento de que somos algo y de nuestra maldita reputación, y así uno sacará del veneno amargo miel, de las heridas logrará salud y de la misma soberbia u orgullo adquirirá humildad.

Capítulo A. 34 Algunas gnosis-conocimientos que son útiles para vencer los pazos y adquirir nuevas virtudes.

Aunque hasta ahora te he dicho muchas cosas, mostrándote el método para vencer a ti mismo y armarte de virtudes, sin embargo, es necesario anunciarte y ordenarte aún algunas otras cosas.

Y primero te digo esto: si quieres, hermano, adquirir las virtudes, no sigas el orden que algunos utilizan y hacen ejercicios espirituales los siete días de la semana, un ejercicio para una virtud y otro para otra, no; sino que el orden tuyo de ejercicio que sea hacer la guerra contra los pazos viciosos que siempre te molestan y te lastiman y todavía continúan lastimándote, sino adornarte con las virtudes opuestas a tus pazos viciosos, tanto como puedas.

Porque, cuando adquieres estas virtudes opuestas a los pazos que te molestan, seguro que todas las demás virtudes las realizarás con facilidad y las obtendrás con pocas praxis, acciones, cada una en su debido tiempo y su acostumbrada causa; porque las virtudes están siempre juntas y conectadas y el que ha logrado una completamente, todas las demás las tiene fácilmente a mano en la puerta de su corazón.

Segundo. No pospongas nunca el tiempo para la adquisición de las virtudes, ni días, ni semanas, ni meses, ni años. Sino casi siempre lucha, como si hubieras nacido entonces; y como soldado joven, lucha constantemente y avanza hacia la altura del perfeccionamiento de las virtudes sin detenerte ni un momento. Porque quedarse en el camino de las virtudes y del perfeccionamiento no es como cuando respiras y tomas fuerza, sino desviarse hacia atrás o debilitarse aún más.

Por quedarse, me refiero a creer que has adquirido completamente la virtud y buscar un poco las pequeñas omisiones y faltas que aún tienes, o incluso las causas y motivos que te invitan a praxis de otra nueva virtud. Por lo tanto, que seas siempre gnóstico (conocedor, consciente), ardiente y hábil para no perder ni siquiera el más mínimo motivo y causa de la virtud. Ama todos los motivos y causas que te impulsan a la virtud, y especialmente aquellas causas y motivos que son más difíciles de vencer. Dado que las acciones, praxis realizadas para superar las dificultades de las virtudes, más rápidamente crean los hábitos de las virtudes y con raíces más profundas. Sin embargo, esas causas que pueden incitarte a la tentación de la carne, evítalas con todo esmero y rapidez, como te mencioné anteriormente.

Tercero. Que seas prudente, sereno y discreto en aquellas virtudes externas que pueden dañar, debilitar y enfermar el cuerpo, como torturarte con ayunos excesivos, vigilia, estudios y similares; porque las virtudes, como te dije, se adquieren poco a poco y con sus grados, como diré más abajo. Porque las otras virtudes que son totalmente interiores y psíquicas, como amar a Dios, despreciar al mundo, hacerte humilde ante tus propios ojos,  de odiar a los pazos viciosos y el pecado, ser paciente, tener apacibilidad y perseverancia, amar a todos y a aquellos que te dañan y perjudican y similares, estas virtudes, digo, no necesitas adquirirlas poco a poco, ni subir a su perfección con grados y escalones, sino apresúrate a hacer por ellas cada acción tanto como puedas, lo más rápido posible.

Cuarto. Todo tu pensamiento de la mente, todo corazón y deseo que no piensen, ni deseen nada más que cómo vencer aquel pazos que combates y te combate y que logres la virtud que es opuesta al pazos; esto que sea para ti todo el mundo, el cielo y la tierra; esto que sea tu tesoro y propósito, para con esto seas gustado a Dios; si comes, si bebes, si ayunas, si te fatigas, si descansas, si velas, si duermes,  todo lo que haces, cuando estás en casa y cuando estás fuera, ten cuidado de las piedades, devociones y trabajos manuales, todas estas cosas deben dirigirse y apuntar a vencer y superar esa pasión y adquirir la virtud correspondiente.

Quinto. Que seas enemigo común de todos los placeres terrenales y disfrutes. Porque de esta manera, serás menos atacado de las demás maldades, las cuales todas tienen como raíz el hedonismo o el placer. Cuando el placer, hedonismo sea cortado con el aborrecimiento a uno mismo, entonces las maldades y los vicios pierden su fuerza. Porque si quisieras luchar contra alguna maldad, por un lado, digamos de un placer parcial, y por otro lado, atiendes a otros placeres terrenales, aunque no sean mortales, sino ligeros, indulgentes y perdonables, tu guerra será dura, sangrienta y muy incierta y luego tu victoria será muy rara y difícil. Por eso debes acordarte siempre de aquellas divinas decisiones y decretos: “25 El que ama su psique (vida) la perderá; y el que aborrece su psique (vida) en este mundo la conservará para la vida eterna. 25. El que ama su psique (alma o vida) y evita sacrificarla cuando el deber se lo exige, éste perderá la eternidad de la realeza increada. Y aquel que gracias a su deber no le importa su psique-vida en este mundo, éste conservará y disfrutará la realeza increada aquí y en la vida eterna” (Jn 12,25). Y “así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne y sus deseos; porque si vivís conforme a la carne y sus deseos, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne y sus deseos, viviréis“ (Rom 8,12).

Sexto. Y por último, te pido, que es muy bueno y quizá necesario, para adquirir virtudes, que primero hagas una confesión general, con todos los modos debidos, para asegurarte más de que la jaris (gracia, energía increada) de tu Dios te cubre y te está protegiendo, de quien esperarás todos los carismas o dones, todas las virtudes y victorias.

Capítulo A. 35 Las virtudes deben adquirirse gradualmente, paso a paso, y primero debemos ocuparnos de una y luego de otra.

Aunque el verdadero soldado de Cristo, el que ama llegar a la plenitud del perfeccionamiento, no tratará nunca de poner en algún período del tiempo o plazo en su progreso, pero con cierto discernimiento deben ser sujetados aquellos calores y efervescencias exagerados del espíritu y corazón, los cuales, se encienden, sobre todo al principio, con un gran deseo, pero después se apagan y nos dejan a mitad del camino.

Por lo tanto, no solo las virtudes externas y físicas deben adquirirse poco a poco, como grados y escalones, como mencionamos antes, sino también las virtudes internas y psíquicas deben ser adquiridas de la misma manera. Porque de esta manera, lo poco se convierte rápidamente en mucho y permanece. Por ejemplo, para lograr la virtud interna de la paciencia, no puedes inmediatamente alegrarte ni desear los insultos, desprecios y oirás cosas opuestas que alguien te provocará, porque la alegría y el deseo, son más altos grados o niveles de paciencia; no debes ascender a ellos tal vez antes de pasar por los niveles más bajos y los peldaños de esta virtud. Estos peldaños son: menospreciarte a ti mismo primero; no inclinarte a vengarte; odiar la venganza y cosas similares (ver capítulo 13).

Aún te aconsejo que no te ejercites, sobre todo,  en todas las virtudes, ni en muchas, sino primero una sola y luego otra. Porque así se siembra y se arraiga más fácil y firmemente la costumbre virtuosa en la psique y se hace más estable. Porque con el ejercicio constante de una virtud, tu memoria recorre más fácilmente hacia ella y tu nus con la mente se afina cada vez más para encontrar nuevas maneras y razones para adquirirla; y tu voluntad se declina más fácilmente y con mayor disposición hacia ella. Todo esto, por supuesto, no te resultará ni sucederá si te ocupas de muchas virtudes.

Además, las praxis de una sola virtud, al ser similares entre sí, se realizan con la misma y similar práctica, menos laboriosa. Porque la una virtud llama y ayuda la otra, similar a ella y a causa de esta similitud, se imprimen aún mejor en nosotros, al encontrar el trono de nuestro corazón ya preparado y dispuesto para recibir aquellas nuevas praxis, acciones que volveremos hacer, ya que antes ha recibido y aceptado también las otras, sus similares.

Estos métodos, que hemos dicho, tienen tanta fuerza y verdad, que por supuesto conocemos con certeza que aquel que se ejercita bien en una virtud, aprende junto con lo demás también el método de ejercitarse en la otra virtud y así, con el aumento de una, se aumentan todas juntas, por la unión indisoluble que tienen entre ellas, porque todas las virtudes son rayos que provienen de la misma y única divina luz increada.

Capítulo A. 36 Con qué medios se adquieren las virtudes y cómo debemos gobernarnos para ejercitarnos en alguna de ellas durante un cierto tiempo en una sola.

Para la adquisición de las virtudes se necesita una psique-alma valiente y grande, y una voluntad, no enferma, débil y blanda, sino decidida y fuerte, con la segura presuposición de que tenemos que pasar por muchas cosas contrarias y duras, y aún debemos tener una inclinación especial y amor por ellas; aquella inclinación que podemos adquirir, si reflexionamos cuánto estas virtudes son agradables a Dios y cuán nobles y excelentes son por sí mismas y cuánto útiles y necesarias nos son. Porque cada perfección y progreso nuestro tiene su origen y fin en ellas.

Entonces, todas las mañanas, debemos tomar resoluciones y decisiones drásticas para ejercitarnos en las causas de la virtud, las cuales posiblemente puedan ocurrir ese día; por la noche, debemos examinar si las hemos utilizado bien; y la mañana siguiente, renovar otra vez las mismas decisiones y deseos, con más vigor, sobre todo para ejercitarnos en la adquisición de esa virtud que entonces tenemos en nuestras manos. De manera similar, los ejemplos de los santos y nuestras oraciones y estudios sobre la vida y el Pazos-Padecimiento de Cristo, todos estos, que son tan necesarios en todo ejercicio espiritual de las virtudes, deberían ser principalmente para esa virtud en la que deseamos ejercitarnos; pero también por muchos motivos y causas que nos encontremos ese día, aunque sean diferentes entre sí, debemos tratarlos, tanto como sea posible, para adquirir esa virtud que deseamos (véase en el capítulo 40).

De esta manera, debemos preocuparnos a acostumbrarnos a hacer las praxis-acciones virtuosas, internas y externas, con tanta facilidad y prontitud que antes hacíamos con las contrarias maldades, o mejor dicho, con la facilidad que se hacen también los deseos naturales de nuestro corazón; o, en otras palabras, tanta costumbre debemos conseguir en las virtudes, que se vuelvan naturales para nosotros. Y cuanto más dificultades encontremos en ellas, (como dijimos anteriormente), más rápido y más profundamente sembrarán la buena costumbre en nuestra psique-alma.

Los logos adecuados de la Divina Escritura, cuando son dichos por nosotros con voz o con contacto consciente con el nus en el corazón, tienen una fuerza maravillosa para ayudar en el ejercicio de la virtud buscada, porque dice Salomón: “¿Qué debes cumplir y aplicar, hijo mío? Pues, los logos de Dios” (Prov 31,2). Por eso, tengamos a mano y en nuestra memoria muchos logos sobre la virtud, los cuales deben convertirse en acciones y ser dichas todo el día, especialmente cuando el deseo contrario de esa virtud nos ataca.

Por ejemplo, si nos ocupamos en adquirir la paciencia, podemos decir los siguientes logos y otros similares: “El hombre tolerante tiene paciencia y prudencia; el hombre tolerante, paciente y magnánimo es superior que el poderoso; y aquel que detiene y domina su ira es superior de aquel que conquista una ciudad” (Proverbios 14:31). “La paciencia de los pobres no desaparecerá” (Sal 9,19). “Ay de los que han perdido la paciencia” (Sabiduría Sirac 2,15). “Con vuestra paciencia sanaréis y salvaréis vuestras psiques-almas” (Lc 21,19). “Con la paciencia recorremos el camino de la lucha que tenemos por delante” (Heb 12,1). “Tened por bienaventurados y felices los que muestran paciencia” (Sant 5,11). “Bienaventurado y feliz el que acepta con paciencia las pruebas” (Sant 1,12). “Vuestra paciencia debe durar hasta el final” (Sant 1,4). “Tenéis necesidad de paciencia” (Heb 10,36). Igualmente podemos decir también estas pequeñas oraciones: “Oh Dios mío, cuándo será armado mi corazón con el arma de la paciencia; cuándo superaré cada prueba con corazón sereno y reposado para dar alegría a mi Dios”. “¡Oh queridísimas pruebas que me habéis hecho semejante a mi Señor Jesús Cristo, que sufrió para mí; oh Jesús Cristo la única vida de mi psique, ¿quizás yo viviré alguna vez sosegado y tranquilo dentro de las miles de torturas y fatigas para la gloria tuya?” “¡Bienaventurado yo que, aunque estoy en medio del fuego de los sufrimientos y las tribulaciones, me encienda del deseo de sufrir para ti mayores fatigas y tormentos!”

Estas pequeñas oraciones las usaremos para progresar en las virtudes, y otras aún más adecuadas para cada virtud que estamos practicando, cuantas nos inspire el espíritu de devoción y piedad. Estas pequeñas oraciones se llaman lanzas y flechas, porque son como lanzas y flechas que se lanzan y vuelan hacia el cielo y tienen un gran poder para levantarnos en la virtud y alcanzar los oídos de Dios, si están acompañadas de dos cosas, como dos alas; un ala es la verdadera gnosis (conocimiento espiritual) de la alegría de nuestro Dios, de la que recibimos para el ejercicio que hacemos en las virtudes; y la otra es un ardiente deseo para adquirirlas y gustan a Su divina majestuosidad 75.

  1. El divino Agustín, no solo amaba mucho componer y recitar las oraciones similares a flechas y saetas, sino que también aconsejaba a su hija espiritual, la piadosa Proba, que recitara y estudiara estas mismas oraciones; algunos incluso llaman a sus oraciones amorosas saetianas.

Capítulo A. 37 Debemos avanzar con cuidado y diligencia constante en el ejercicio de la virtud.

Entre las cosas necesarias que contribuyen a la adquisición de las virtudes, además de las que hemos dicho anteriormente, son las siguientes; es decir, para estar yendo siempre en adelante si queremos alcanzar el objetivo que deseamos aquí. Porque de lo contrario, si solo nos detenemos, retrocedemos; o sea que, si paramos las praxis virtuosas, necesariamente ocurre, mediante violentas caídas y declinaciones de la disposición placentera y sensual y de las otras cosas que nos impulsan externamente, sucede, digo, que nazcan en nosotros muchos pazos viciosos desordenados, los cuales corrompen las virtudes o por lo menos las disminuyen y, así nos privan de muchas alegrías y favores que podríamos haber obtenido al progresar, de Dios.

Por eso, el camino espiritual es diferente que el camino que hace el viajero terrenal. Porque viajero terrenal, si el viajero se detiene, no pierde nada de la trayectoria que ha recorrido; en cambio, en el camino espiritual, si el viajero de la virtud se detiene, pierde todas las virtudes había adquirido anteriormente; además, el viajero de la tierra cuando más camina más se cansa, mientras que en el camino espiritual cuando más avanza alguien más descansa, más valor, fuerza y poder adquiere.

Porque con el ejercicio virtuoso, por un lado, la parte inferior, es decir, el cuerpo, que con su lucha ha hecho difícil y arduo el camino de la virtud, siempre se debilita más, por otro lado, la parte superior en la que permanece la virtud, es decir, la psique-alma, se sostiene y se fortifica cada vez más. Por lo tanto, cuanto progresamos al bien y en la virtud, más disminuye y empequeñece aquella prueba que sentimos al principio de la virtud; y aún más, una dulzura mística, (que proviene de Dios), se une con nosotros y crece cada vez más cada hora. Y así, avanzando siempre con más facilidad y fuerza, de virtud en virtud, finalmente llegamos a la cumbre de la montaña, allí donde la psique-alma se hace perfecta y opera ya no con desgana y disgusto, sino con alegría, felicidad y deleite especial. Porque, habiendo vencido y domado los pazos y ha sometido toda la creación a través de la sumisión del cuerpo, vive feliz en Dios; y allí esforzándose agradablemente, recibe reposo y sosiego.

Capítulo A. 38 Teniendo la obligación de luchar siempre por la lucha de las virtudes, no debemos evitar aquellas cosas que nos sirven de motivos u ocasiones para adquirirlas.

Si quieres caminar siempre hacia delante en el camino de las virtudes sin detenerte, debes tener cuidado de no dejar escapar de tus manos lo que puede ser una ocasión para adquirir la virtud. Por lo tanto, los que evitan deliberadamente las cosas que pueden ayudarlos a adquirir la virtud piensan mal; por ejemplo, si deseas adquirir el hábito de la paciencia, no es bueno evitar las cuestiones, praxis y los loyismí pensamientos que te llevan a la impaciencia; y por eso no debes alejarte de ciertas acciones que te resulten molestas. Pero relacionándote y conversando con cualquiera que sea, que te cause disgusto y tristeza, siempre debes tener tu voluntad lista y dispuesta, sufrir cualquier cosa repugnante y desagradable que pueda suceder. Porque si haces lo contrario, no te acostumbrarás nunca a la paciencia.

Así también debes actuar en cualquier praxis que te cause repulsión, ya sea por sí misma o por la influencia de aquel que te incita a ella, o incluso por la influencia de aquel que te impide hacer otra cosa que te gusta más; es decir, debes manejar y seguir aquella obra y praxis que te molesta y te confunde y podrías descansar si la dejaras. Porque así nunca podrás aprender a sufrir; pero tampoco puede ser nunca verdadero descanso y sosiego el que buscas, cuando no proviene de una psique-alma sanada, psicoterapiada y purificada del pazos de la φιλαυτία  filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo) y adornada de la virtud.

Te digo lo mismo para esos pensamientos que a veces te molestan, perturban y confunden tu nus y tu mente. Estos no debes expulsarlos solo, porque, con la prueba que te dan, a la vez te hacen acostumbrarte a soportar con paciencia las cosas contrarias. Y aquel que te dice lo contrario a esto, y te aconseja que es mejor evitar la prueba temporal que sientes, en lugar de seguir la verdadera virtud que deseas, por supuesto que se equivoca.

Es cierto que el soldado novato debe luchar contra las ocasiones adversas que mencionamos, con cuidado y habilidad; y a veces debe luchar contra ellas, y a veces despreciarlas y dejarlas, según la mayor o menor progresión y fuerza que adquiera en la virtud. Pero no debe dar la espalda completamente y retroceder, a tal punto que abandone cualquier ocasión de oposición que le suceda.

Porque, aunque en el pasado queríamos evitar el peligro de caer en esa fuga, en el futuro correremos más riesgo de ser vencidos por los golpes y los asaltos de la impaciencia, ya que no estaremos antes armados con el uso de la virtud opuesta, es decir, la paciencia. Sin embargo, estos pensamientos y silogismos no tienen lugar en los pazos viciosos carnales, como dijimos anteriormente separados para ellos. Porque las causas de estos siempre deben ser evitadas con perfección.

Capítulo A. 39 Debemos amar todas las ocasiones y motivos que provocan la adquisición de las virtudes y más aquellos que traen más dificultades.

No debes, amigo mío, bajo ninguna circunstancia, evitar aquellas cosas que se convierten en ocasiones para adquirir las virtudes. Por el contrario, debes aceptarlas siempre con alegría tan pronto como se te presenten, considerándolas preciosas y queridas, incluso aquellas que te resulten más desagradables e indeseables. Y esto lo conseguirás, con la ayuda de Dios, si imprimes bien en tu nus con la mente los siguientes pensamientos.

Primero debes pensar que las ocasiones o los motivos son instrumentos, incluso necesarios, para adquirir las virtudes. Por lo tanto, si tú pides las virtudes de Dios, es normal que pidas también sus instrumentos y las ocasiones para ellas. De lo contrario, tu oración es vana y solo sirve para provocar a Dios. Porque el Dios nunca acostumbra dar la virtud de la paciencia sin sufrimientos y pruebas, los cuales son las ocasiones e instrumentos de la paciencia; ni da humildad, sin desprecios y deshonras; lo mismo también para todas las demás virtudes.

Por eso, debemos encontrar aún más agradables y queridas estas ocasiones y los instrumentos de las virtudes cuanto más laboriosos sean. Porque las praxis, acciones que realizamos en estas ocasiones que nos suceden son más nobles y valientes, más poderosas, más fáciles y rápidas para abrirnos el camino de la virtud. Sin embargo, no debemos ejercitarnos solo en las grandes ocasiones y contradicciones que nos ocurren, sino también en las pequeñas. Por ejemplo, no debemos soportar y tener paciencia solo de los golpes e insultos que nos suceden, sino que debemos aguantar también una forma y mirada mala que alguien nos hará o una palabra fea y dura que nos dirá 76. Porque las praxis que se hacen por estos pequeños motivos o pequeñas ocasiones ocurren más frecuentemente y a continuación nos acostumbran a soportar más fácilmente también los grandes.

    76 Por eso el apóstol Santiago nos pide que nuestra paciencia no sea incompleta y deficiente, teniendo paciencia para unas cosas y para otras no, algunas veces soportando y otras no, sino soportando tanto las pequeñas como las grandes pruebas: ”Que la paciencia complete su obra, para que sean perfectos y cabales, sin que les falte nada. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Sant 1:4-5).

En segundo lugar, debes pensar que todas estas cosas que nos suceden vienen de Dios para nuestro beneficio y para que podamos obtener frutos de ellas. Y si algunas de ellas, por ser nuestras propias faltas o las de otros, no se puede decir que provienen de Dios (quien no desea el pecado), sin embargo, se dice que son de Dios, porque él permite que ocurran y porque, aunque podría evitarlas, no lo hace. Además todos los sufrimientos, tristezas y fatigas, ya sea que provengan de nuestras propias faltas o de la malicia de otros, se dicen que son de Dios y para Dios, porque quiere que los soportemos y suframos por el bien de la virtud, que podemos ganar de ellos, y para otras pruebas de Dios, que son sin duda incomprensibles, pero justas y razonables, como dice San Agustín (ver también el capítulo 41).

Por tanto, nosotros estando realmente seguros que el Dios quiere que soportemos voluntariamente todo tipo de molestias que provienen de nuestras obras injustas o de nuestras propias malas acciones, debemos decir, (como muchos, pretextando su impaciencia), que el Dios no quiere y sobre todo se repugna por los males que se hacen, no es otra cosa que excusar y cubrir nuestras faltas y errores con un pretexto vanidoso, rechazando la cruz de los sufrimientos, lo cual no podemos negar que es gustado a Dios y que él mismo manda que soportemos nuestra cruz; de hecho yo digo que el Dios ama mucho más que soportemos con paciencia aquellas pruebas que provienen de la maldad y mala astucia de los hombres, especialmente aquellos que se benefician de nosotros, en lugar de las fatigas y tormentos que vienen por otros acontecimientos desagradables, tristes y dolorosos. Porque de estas cosas naturalmente nuestra naturaleza orgullosa se hace más humilde y se aplana por ellos; y además sufriendo estas cosas voluntariamente, nos sanamos, psicoterapiamos y alabamos más a nuestro Dios, al estar colaborando con Él en una obra admirable, en la que resplandece su omnipotencia e inenarrable bondad. Y esto es sacar del venenoso brebaje del pecado un dulcísimo fruto y miel de virtud, belleza y bondad.

Por eso, el Dios, apenas vea que tenemos verdaderamente el deseo vivo y ardiente y que le rogamos como es debido, para una gloriosa adquisición del bien de este tipo, nos prepara el cáliz de las tentaciones más fuertes y difíciles y las ocasiones más duras, para que las aceptemos en el momento adecuado.

Por tanto, nosotros conociendo su agapi amor incondicional hacia nosotros y nuestro propio interés, debemos aceptarlo este cáliz con alegría y beberlo todo hasta el fondo, con buen ánimo y con seguridad; porque es medicinal y psico-terapéutico, que se ha dado de una mano que no se equivoca y está compuesto de hierbas tan beneficiosas para la psique-alma, como amargas son en sí mismas.

Capítulo A. 40 Cómo podemos utilizar en diversas ocasiones para ejercitar una y la misma virtud.

Como mencionamos anteriormente, el ejercicio para una sola virtud, que se realiza por un corto período, es más fructífero y beneficioso que aquel que se realiza mediante el ejercicio de muchas virtudes juntas, y que, según ella, las ocasiones que nos ocurren serán gobernadas, aunque sean diferentes entre sí. Por lo tanto, ahora presta atención para aprender cómo esto puede lograrse muy fácilmente.

Muchas veces sucede que en el mismo día o incluso en la misma hora, alguien nos puede evaluar sin razón por una buena acción nuestra, o puede negarnos un favor que le pedimos, o nos puede ocurrir alguna otra cosa que nos dé una mala impresión sin razón, o podemos sufrir algún dolor en nuestro cuerpo; o alguien superior puede ordenarnos algo que no nos gusta, o podemos enfrentar otras dificultades y adversidades, de las cuales está llena la miserable  y tormentosa vida del ser humano. En esta gran variedad, digo, de similares u otros acontecimientos, podemos proyectar varias praxis de virtud; pero para mantener la regla que se ha definido, debemos ejercitarnos con praxis que todas sean del mismo tipo y semejantes a la virtud que tenemos entonces en nuestras manos.

Por ejemplo, si en tiempo desigual vienen los motivos u ocasiones que se han dicho, nos estamos ejercitando en la paciencia, haremos operaciones y actos para soportar todos estos motivos u ocasiones voluntariamente y con placer y alegría en nuestra psique-alma; si nuestro ejercicio está en la humildad, hará que nosotros mismos conozcamos cómo es digno de todo mal todo lo contrario que nos suceda, si nuestra lucha está en la obediencia, se someterá con buen ánimo y gusto a la mano muy fuerte de Dios; y para la propia terapia, (porque así lo quiere), nos someteremos también en las creaturas lógicas, e incluso a los animales y a las inanimadas que no tienen psique-alma, de donde provienen esas fatigas y sufrimientos para nosotros.

Si, por otro lado, nos ejercitamos en la pobreza, debemos estar pacientes y agradecidos con cualquier consuelo de este mundo, sea grande o pequeño. Si nuestro ejercicio está en la agapi (amor desinteresado, energía increada), proyectaremos las praxis de agapi también hacia el prójimo, ya que él se ha convertido en instrumento del bien, que podemos adquirir también hacia Dios, puesto que es la causa primera y amada, de donde provienen o son permitidas estas aflicciones y sufrimientos, para nuestro ejercicio y progreso espiritual. De lo que hemos dicho, es evidente que incluso con una sola ocasión o motivo de enfermedad u otra aflicción, que puede seguirnos durante mucho tiempo, podemos realizar acciones, praxis de esa virtud, que entonces practicamos.

Capítulo A. 41 El tiempo que debemos dedicarnos al ejercicio de cada virtud; y sobre los signos de nuestro progreso.

En cuanto al período de tiempo que debemos dedicar al ejercicio de cada virtud, no debemos determinarlo nosotros. Porque esto debe ser regulado por cada individuo según su situación, su necesidad, su progreso en la vida espiritual y de acuerdo con el discernimiento del Yérontas o Guía Espiritual que nos dirige en esto. Pero, si mostramos la dirigencia real y utilizamos los métodos que hemos dicho, no hay ninguna duda de que en pocas semanas se observará un gran progreso. Un signo de que hemos progresado en la virtud es la continua práctica de la misma. Y esto deberá estar ocurriendo también en momento de enajenación, oscurecimiento y angustia de la psique-alma, incluso en momentos que, por divina economía o concesión, serán reducidos de nosotros los consuelos y alegrías espirituales77.

  1. San Isaak el Sirio (logos 12) quiere que pongamos señales en cada paso que damos para conocer nuestro progreso o el engaño del enemigo. De hecho, dice también los siguientes puntos: cuando ves que tu nus con la mente no corre hacia los buenos pensamientos con violencia, sino que libremente se dirige hacia ellos, esto es un punto de que estás progresando. De manera similar, cuando estás a la oración y tu nus con la mente no se va de un lado a otro, sino que incluso el verso del salmo se corta de tu lengua y viene a ti el silencio y la admiración sin que tú lo desees. También cuando ves que en cada recuerdo tuyo, cada loyismós pensamiento y cada estudio y contemplación, tus ojos se llenan de lágrimas, sin violencia. Del mismo modo, cuando ves que en algunos espacios del tiempo todo tu nus con la mente se sumerge completamente en tu corazón y permanece allí por un tiempo y después de esto ves todos tus miembros agotados y reina en tus loyismí pensamientos la paz, todas estas cosas dice el santo, son signos de nuestro progreso.

Un signo muy claro de nuestro progreso es también la guerra que nuestra carne libra para manifestar las obras de la virtud. Porque, mientras y cuanto más se debilita la guerra carnal, más debemos saber que hemos progresado en la virtud.

Por lo tanto, cuando no sentimos guerra o resistencia en la parte sensual e inferior, o cuando las causas y ofensas repentinas cesan, esto es un signo de que hemos tenido éxito en la virtud78. Pero también cuando nuestras acciones están acompañadas de mayor diligencia en su ejecución desde el principio y hay también alegría y gozo espiritual, entonces podemos calcular con mayor precisión que hemos progresado en la virtud.

  1. Pero incluso entonces no debemos desanimarnos, si no nos perturbamos cuando las causas de los pazos viciosos nos sorprenden repentinamente. Porque, supongamos que no hemos sido perturbados por una o dos veces al día, realmente estando en buen estado, pero es posible que con la cuarta o quinta vez seamos perturbados de los pazos viciosos. Y para hablar más claramente, como el hombre por naturaleza es alterable y puede cambiar de hora en hora, y en un momento puede estar al paraíso y al siguiente en el hades, por eso debe siempre estar en alerta y tener temor en su corazón, tal como nos ordena san Pablo: “Trabajen en su salvación con temor y temblor” (Fil 2,12) y así no nos descuidaremos y en toda nuestra vida estaremos en alerta.

Sin embargo, a pesar de todo esto, nunca debemos tener la certeza y confianza de que hemos adquirido las virtudes o hemos vencido completamente algún pazos, aunque después de largo tiempo y muchas guerras no sintamos ya sus movimientos, porque aquí puede ser que esté escondida la astucia y la energía del diablo y nuestra propia naturaleza que nos engañan. Así algunas veces esta malicia, que por algún orgullo escondido se presenta como virtud y además de esto, si pensamos en la perfección en la que nos está llamando el Dios, incluso si hubiésemos progresado mucho en la virtud, aún no podemos pensar que hemos alcanzado el principio y las primeras fronteras o límites 79.

  1. Por eso también los Padres y sobre todo san Juan el Clímaco, esta perfección de los perfectos, la llamaron interminable, imperfecta y deficiente: “el interminable perfeccionamiento de los perfectos”, dicen los santos Padres. Y Pablo también define la perfección en esto, en que siempre corremos adelante y no retrocedemos, y en que pensamos que no hemos logrado nada: “No quiero decir con esto que haya alcanzado ya la perfección y la victoria, sino que lucho continuamente y corro tras ella con la pretensión de darle alcance, por cuanto yo mismo fui alcanzado y atraído en la fe por Jesús Cristo. Él tiene la última palabra de mi salvación en los cielos. Hermanos, yo no creo haberla alcanzado ya;de una cosa pienso siempre y me ocupo: olvidando lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que está delante y se debe realizar; y pretendo realizar con firmeza y celo el propósito de mi llamada, para recibir el premio que nos ha preparado Dios, quien nos ha llamado por Jesús Cristo arriba en el cielo. Así pues, los que deseamos ser perfectos sintamos de este modo; de que no nos hemos hecho perfectos, debemos luchar continuamente hasta el fin, y si alguno siente de otra manera de lo que os digo, esto Dios os lo hará ver” (Fil 3, 12-15). Es decir, la perfección es pensar que nunca hemos alcanzado la perfección. Y esta es la actitud de la virtud, no detenernos, sino correr siempre hacia ella, lo cual parece algo extraño cuando se dice.

Entonces, en lo profundo de nuestros corazones se encuentran tantos pazos ocultos y sutiles que ni siquiera sabemos que son pazos. ¿Cómo, pues, podemos entonces estar seguros de que hemos sido “psicoterapiados” sanados y purificado de los pazos? Y si aquellos ojos poderosos y proféticos de David no podían conocerlos, ¿cómo nosotros podemos conocerlos? Por eso él rogaba a Dios que le limpiara y sanara de ellos: “Señor, sáname y purifícame de los pazos ocultos de mi corazón” (Sal 18,13), así lo mismo nosotros también estamos obligados a rogar siempre por la catarsis de semejantes pazos ocultos y sutiles. Porque nosotros conocemos sólo las energías y las ramas de los pazos, pero no podemos conocer sus fuerzas, energías y sus raíces sin la iluminación del Espíritu Santo. Por eso, sólo cuando los pazos están activos y operan, entonces nos damos cuenta que tenemos pazos. Pero cuando están tranquilos y quietos80, pensamos que hemos alcanzado  la perfección.

  1. ¿Cómo sabemos entonces que están en calma dentro de nuestro corazón? Por la siguiente señal: porque cuando encontramos una causa, especialmente repentina, que incita los pazos, entonces nosotros también entendemos que los pazos nos perturban, nos remueven y nos sorprendemos de dónde estaban escondidos y han brotado. Por eso, es bonito el ejemplo que pone san Isaak el Sirio. Dice que así como en invierno las hierbas y las plantas desaparecen de la superficie de la tierra, pero sus raíces están escondidas en lo profundo de la tierra, y en cuanto huelen las lluvias primaverales, brotan y llenan la cara de la tierra, así sucede también con los pazos. Y para decirlo más inteligentemente: así como esta tierra fue maldita para que broten espinas y cardos, así también nuestra naturaleza humana, después de haberse corrompido y sembrado y capturada por el pecado, naturalmente engendra pazos vicios, pasiones y nunca tiene confianza.

Por eso, como tú eres un principiante en la guerra y como un niño que ha nacido para pelear, debes ejercitarte siempre con diligencia, como si aún no hubieras comenzado en la virtud. Y es mejor que te preocupes por progresar en las virtudes en lugar de examinar y buscar signos de tu propio progreso espiritual.

Porque nuestro Señor, el verdadero Dios y el único examinador de nuestros corazones, a algunos les ilumina para que conozcan su progreso, y a otros no, ya que sabe que de esta gnosis (conocimiento espiritual) puede seguir la humildad o el orgullo, y por un lado como un Padre amoroso evita el peligro y por otro les da oportunidad de aumentar su virtud. Pero incluso aquellos que no conocen su progreso deben continuar ejercitando sus virtudes y lo sabrán entonces cuando sean agradables a Dios; y esto será para su mayor bien.

Capítulo A. 42 No debemos desear muchas cosas para liberarnos de las fatigas que con paciencia sufrimos; y cómo debemos gobernar todos nuestros deseos para ser virtuosos.

Cuando te encuentras en alguna prueba y la sufres agradablemente, ten bien cuidado de no ser vencido ni por el diablo ni por el amor egocéntrico de ti mismo y desear ser liberado de eso. Porque de eso sufrirás dos grandes daños y pérdidas; uno es que, aunque este deseo no te privará en el presente de la virtud de la paciencia, sin embargo, poco a poco te llevará a un estado de impaciencia; el otro, es que tu paciencia será deficiente, puesto que perderás las recompensas y los premios que regala el Dios, solo por ese período de tiempo en el que estás sufriendo. Porque, si no desearas tu propia liberación, sino que en todas las pruebas dedicaras a ti mismo a la bondad divina, incluso si esa prueba que estás sufriendo en realidad podría durar una hora o incluso menos, Dios aún podría considerarla como un tratamiento o terapia que duró mucho tiempo.

Por eso, en todas las cosas debes mantener tus deseos alejados de tu propia voluntad, y enfrentarlos simplemente todos y claramente con su único propósito verdadero, que es la voluntad de Dios. Así, de esta manera también serán justos y correctos, y tú en cada acontecimiento contrario estarás en sosiego, tranquilo y en paz. Porque, como nada puede suceder sin la voluntad de Dios, y tú no quieres nada más que la voluntad de Dios, es evidente que llegarás al punto de querer y desear completamente lo que sea que suceda en cualquier momento.

Sin embargo, lo que digo aquí, que se haga la voluntad de Dios, no se refiere a tus propios pecados o los de otros, porque Dios no los quiere, ni de acuerdo con su voluntad anterior ni con la siguiente, como teologiza el divino Juan Damasceno81, sino que se refiere a cualquier instrucción, corrección y castigo que provenga de nuestros pecados o de algo más. Esta prueba y tribulación, llamada cruz, es tan querida y amada por Dios que a veces beneficia incluso a sus amigos y seres queridos. También se cumple con esto la voluntad siguiente, que siempre es justa y beneficiosa para nosotros, según el santo (ver también en el capítulo 39).

  1. Libro A´ sobre la “Fe Ortodoxa” capítulo 45. Según los teólogos, existen dos voluntades de Dios: la previa o anterior y la siguiente o posterior. Según la voluntad anterior que se llama también condescendencia o beneplácito y que procede de Dios, según san Juan Damasceno, el Dios desea no solo todo lo bueno y la salvación de los hombres, sino también los premios y las recompensas de los buenos, tanto temporales como eternas. Pero según la voluntad siguiente o posterior, también llamada concesión, y que proviene de nuestra causa, el Dios sanciona todos los males, tanto los temporales como los eternos. Y este infierno eterno, según san Marco de Efeso, es conveniente y beneficioso para los infernados y es útil porque es cortar el mal y la realización de la divina justicia. Pero los verdaderos males, es decir, los pecados, Dios no los quiere ni según la voluntad previa ni según la siguiente, porque son solo producto de la mala predisposición, voluntad y elección de las criaturas lógicos o racionales.

Lo que quiero decir aquí, es que debes soportar con paciencia cada tribulación y prueba, entiéndelo como lo que permanece en nosotros y es agradable a Dios sufrirlo; es decir, después de usar primero los medios permitidos para liberarnos de ello (como es la oración y no dar lugar nosotros mismos a la tentación, y similares), pero incluso esos medios deben usarse como quiere y ordena Dios, que los ha designado para nuestro servicio; es decir, porque Él quiere que los utilicemos así y no de acuerdo con nuestra propia voluntad e intención, ni porque deseamos más ser liberados de esas molestas situaciones y pruebas, sino para usarlos para el servicio y la complacencia de Dios.

Capítulo A. 43 Cómo debemos resistir al diablo cuando intenta engañarnos con la indiscreción.

Cuando el malvado diablo sabe que estamos avanzando correctamente en el camino de la virtud, con deseos vivos y debidamente ordenados y con moderación, de los cuales no puede apartarnos con engaños y fraudes evidentes, entonces se disfraza como ángel de luz y, con loyismí pensamientos y razonamientos amigables y citas de las Sagradas Escrituras y ejemplos de los santos, nos incita e induce, oportunamente o inoportunamente, a avanzar indiferentemente hacia la perfección, para luego hacer que caigamos en el precipicio. Así nos impulsa a fatigarnos duramente nuestro cuerpo con ayunos, latigazos, abstenciones, genuflexiones y otras fatigas similares, o para enorgullecernos creyendo que hemos conseguido grandes cosas o para que nos sobrevenga alguna enfermedad y no podamos hacer obras buenas, o para que, a causa del esfuerzo y la práctica, nos cansemos y nos hastiemos por las prácticas espirituales; y así, poco a poco, después de enfriarnos por el bien, caemos con más deseo que antes en los placeres y diversiones terrenales. Y esto ha sucedido a muchos.

Ellos, siguiendo el impulso de un celo o entusiasmo indiscreto y excediendo el límite de su virtud, con muchas fatigas y tormentos se han perdido en sus invenciones y se convirtieron en juguete de los malignos astutos demonios. Pero esto no sucedería si pensasen bien aquellas cosas que hemos dicho; y si aún pensasen que estas praxis-prácticas fatigosas, aunque son dignas de elogio y fructíferas, a pesar de esto, necesitan la fortaleza del cuerpo y la análoga humildad de la psique-alma, similar a la fuerza corporal;

Sin embargo, también se requiere una complexión similar en la cualidad y carácter de cada individuo.

Pero aquellos que no pueden luchar con esta dureza de vida similar a los Santos, pueden también con otras maneras imitar la vida de los Santos; es decir, tener deseos grandes, decisivos y eficaces para la virtud, haciendo oraciones ardientes, anhelando las coronas más gloriosas de las verdaderas guerras por Cristo Dios; despreciando todo el mundo, incluso de sí mismos, entregándose al silencio y la soledad; siendo realmente humildes y apacibles con todos; sufriendo el mal y haciendo el bien a los enemigos y a los desagradecidos; vigilándose a sí mismos de cualquier error, aunque sea pequeño; todas estas cosas son más agradables y gustadas a Dios que las fatigas y los ejercicios duros para el cuerpo.

Por eso te aconsejo que para los ejercicios duros del cuerpo, caminar con discernimiento, para poder aumentarlos poco a poco; porque con los excesos llegarás inevitablemente al punto de abandonarlos. Pero te aconsejo que no caigas en otro error y la exageración de algunos, que se consideran como hombres espirituales. Ellos halagados y engañados por el excesivo amor a sus cuerpos, se cuidan mucho a mantener su salud corporal, y parecen tan celosos de lo que desean que, con el más mínimo esfuerzo y la mínima molestia tiemplan y temen a perderlo. Por eso no hablan con tantas ganas para otra cosa, ni piensan en nada más que en gobernar sus vidas y cuerpos. Por eso siempre se preocupan por buscar alimentos más adecuados a su apetito que a su estómago, que a menudo pierde su fuerza debido al exceso de bienestar de comidas.

Y si estos sostienen que esto lo hacen para poder servir mejor a Dios, por supuesto que esto no significa nada más que se ponen de acuerdo entre sí, sin ningún beneficio en el espíritu y el cuerpo, y de hecho, es perjuicio y pérdida de ambos, convirtiéndose en dos enemigos cabezas y principales, es decir, el cuerpo y el espíritu. Porque con este cuidado, la salud del cuerpo se elimina y la devoción y la piedad del espíritu se pierde. Por eso, lo más seguro y beneficioso tanto para el cuerpo como para la psique-alma es tener algún modo de vida libre, pero no con el discernimiento aquel que me he referido antes; con ese discernimiento, también deben observarse las diferentes condiciones y situaciones de los hombres y los diferentes temperamentos o constituciones de los cuerpos, que no están todos sujetos a la misma y única regla, como dice el Gran Basilio en sus logos Ascéticos82. Añado también esto; no sólo para que logremos las virtudes externas, sino también para la adquisición de las virtudes internas, debemos progresar con moderación y gradualmente, poco a poco, como he dicho anteriormente al capítulo 34.

  1. Dice el santo que, así como el cobre y el hierro difieren y son más fuertes que la paja y la madera, así también difiere y es más fuerte un cuerpo y una constitución o temperamento que otro. Por eso, lo que es sufrimiento para algunos, es un descanso cómodo para los más fuertes; así dogmatiza lo siguiente: «La mejor moderación del estómago es aquella que se calcula según la capacidad de cada uno» (Regla Ascética, capítulo 4).

Capítulo A. 44 Nuestra concepción y aprecio de nosotros mismos y la incitación del diablo nos llevan a juzgar con arrogancia a nuestro prójimo.  Cómo debemos resistir a esto.

De la raíz de la φιλαυτία filaftía (egolatría,  excesivo amor y honor de sí mismo y del cuerpo), que hemos mencionado muchas veces, proviene otra maldad, que nos causa grandes daños y perjuicios; ella es el juicio arrogante y la crítica maligna y condena que hacemos contra nuestro prójimo. A partir de esta crítica maligna, llegamos al punto de deshonrar, despreciar y humillar a nuestros hermanos. Como este defecto proviene del orgullo o la soberbia, se alimenta y se nutre con avidez. Porque este orgullo, junto con la crítica maligna y condena, aumentan constantemente, ya que, sin darse cuenta, se complace y se gusta el uno al otro, y ambos simultáneamente se están equivocando.

Cuando más aprecio y honor tenemos de nosotros mismos, tanto más propensos seremos a juzgar, condenar y menospreciar a los demás, pensando que nosotros estamos lejos de aquellas imperfecciones y defectos que creemos que ellos tienen. Y el astuto diablo, que ve en nuestro interior una disposición tan maligna, siempre está alerta para abrirnos los ojos y mantenernos despiertos para que veamos y exageremos los defectos de los demás. Pero los negligentes no lo creen y no conocen cuánto se preocupa y cuánto coopera ese enemigo para imprimir en nuestro nus (espíritu) con la mente estos pequeños defectos de uno y otro.

Por eso, hermano mío, el diablo está despierto, siempre está vigilante para dañarte, pero tú debes permanecer despierto y en alerta para que no caer en sus trampas. Y tan pronto como te presente algún error de tu prójimo, retrocede de ese pensamiento de juicio, porque está escrito: “Que nadie piense la maldad del prójimo” (Zac 8,17). Y aún si sientes que estás inducido a juzgarlo, piensa que este poder no se te ha dado a ti. Pero aun si te fuera dado, tú no podrías juzgar correctamente, ya que tú estás rodeado de miles loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, ideas) y pazos y siendo muy fácil tener una mala idea para los demás, sin una causa justa.

El fármaco o remedio más efectivo contra esta maldad es que te ocupes siempre con tu loyismós pensamiento, reflexión en investigar tus propias maldades y tus propios pazos, los cuales son tan numerosos y tan ocultos que, para conocerlos y sanarlos “psicoterapiarlos”, no te alcanzarán todos los días de tu vida, y no te sobrará tiempo para investigar, examinar y controlar las praxis acciones de los demás. Si de esta manera investigas y juzgas solo tus propios pazos, purgarás, limpiarás y sanarás los ojos interiores de tu psique-alma de aquellos malos flujos o humores y las grandes vigas que se encuentran en tu interior, de las que estás inducido a ver las pequeñas pajas (pinchitos) que los demás tienen en sus ojos, como dijo el Señor: “¿Cómo es que ves la paja en el ojo de tu hermano si no adviertes ni ves la viga en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Deja que saque la paja de tu ojo, teniendo una viga en el tuyo?” (Mt 7,3-4).

Debes saber que, así como examinas con mala disposición algún pazos vicioso de tu hermano, alguna raíz del mismo pazos se encuentra también en tu corazón, que de acuerdo con la disposición, el ánimo y el pazos que tiene, así de esta manera con esta malicia, animadversión o resentimiento juzga también los pazos de los demás, como está escrito: “…el hombre malo, del depósito de su corazón saca su maldad y las cosas malas” (Mt 12,35). Porque también de otra manera un ojo limpio y sin pazos, ve las cosas con apázia (impasibilidad y serenidad) y no vilmente con mala astucia. “El hombre bueno, de la bondad de su corazón saca buenas cosas…” (Mt 12,35), y “El ojo está santo, purificado y limpio cuando no mira las cosas malas y sucias” (Hab 1,13).  Así que cuando te viene un loyismós para juzgar los errores y defectos de los demás, enfádate contra ti mismo como culpable y obrero del mismo error, y di en tu corazón: “¿Cómo yo, el miserable y desgraciado, encontrándome en el mismo error levantaré la cabeza para ver, juzgar, y condenar los errores de los demás?”. Y así, las armas que utilizarás para los errores de los demás, utilízalas contra ti mismo, para “psicoterapiar”, sanar y curar tus heridas.

Incluso si el error de algún hermano puede que ser público y evidente, tú justifícalo con agapi amor y con filadelfía (fraternidad) y di que en ese hermano pueden encontrarse otras virtudes ocultas, para que estas puedan ser preservadas; el Dios permitió que cayera en ese error; o si hace poco tiempo que tiene este defecto, es para que permanezca más humilde ante sus propios ojos; y aún con el desprecio de los demás, puede producir algún fruto de humildad y complacer más a Dios, y así su beneficio será mayor que su pérdida. Y sí por otro lado, el pecado de alguien no sólo es evidente, sino que también grave y proviene de un corazón obstinado, tozudo, y soberbio, no le juzgues ni condenes; más bien corre con tu pensamiento a los terribles juicios de Dios y allí verás también otros hombres que mientras antes estaban en la ilegalidad y transgresión en gran medida, ahora haber alcanzado con la metania (introspección, arrepentimiento y confesión) grandes medidas de santidad; y por otro lado, otros que, habiendo estado en el grado más alto de perfección, han caído en desastroso precipicio o en el abismo más miserable .

Por eso, siempre debes estar con temor y temblor, más por ti mismo que por cualquier otro. Y estate seguro que todas aquellas palabras amables que dirás sobre tu prójimo y la alegría que probarás y disfrutarás por él, son fruto y resultado del Espíritu Santo. Y por el contrario, cada desprecio, juicio maligno y maledicencia contra tu prójimo, proviene de nuestra maldad y de la incitación, efecto y estímulo demoníaco del diablo.

Así que si algún defecto de tu hermano te ha escandalizado, nunca te relajes, ni cierres tus ojos hasta que lo expulses de tu corazón con toda tu fuerza y energía.

Capítulo A. 45 La oración

Aunque la desconfianza a nosotros mismos, la esperanza y confianza en Dios, así como el ejercicio y práctica (espiritual), son tan necesarios en esta guerra como se ha demostrado hasta ahora, sin embargo, la oración es aún más necesaria que estos tres (que es el contacto consciente con el Dios); como hemos dicho en el primer capítulo es la cuarta arma poderosa; con la oración podemos recibir del Señor, no sólo las cosas que hemos dicho, sino también cualquier otro bien. Porque la oración es el medio y el instrumento para recibir todas las jaris (favores y gracias, energías increadas, o carismas) que nos inundan, procedentes de aquella inagotable fuente increada de la agapi (amor desinteresado e incondicional) y bondad de Dios; con la oración que es el contacto consciente con Dios, pondrás la espada en la mano de Dios para que haga la guerra y venza por ti. Y para que utilices bien esta oración, debes hacerla constante y convertirla en hábito, costumbre, y debes esforzarte para tener los siguientes resultados:

1) Tener siempre un deseo vivo de servir a Dios en todas las circunstancias, de tal manera que sea agradable a Dios. Y para encender este deseo en tu interior, piensa bien que el Dios por sus maravillosas excelencias, bondad, grandeza, sabiduría, belleza y otras innumerables perfecciones, es digno de ser servido y honrado; y que Él para servirte, se ha fatigado y esforzado duramente durante treinta y tres años, ha psicoterapiado sanado, curado y regalado la salud a tus llagas infectadas y sucias, envenenadas por la maldad del pecado; no con vino, aceite y parches, sino con su preciosa Sangre, que se ha derramado de sus santísimas venas y de su carne purísima, que fueron desgarradas por los látigos, las espinas y los clavos. Y aún más, piensa cuánto nos conviene y nos beneficia este servicio. Porque nos convertimos en señores de nosotros mismos, superiores del diablo y hijos del mismo Dios.

2) Debes tener siempre una fe viva y ardiente de que Dios te dará todo lo que necesitas para su servicio y tu propio beneficio. Esta santa fe y esperanza son el recipiente en el que la compasión y misericordia de Dios llena con los tesoros de sus χάρις jaris (energías increadas, favores). Y cuanto esto más grande es y mayor cobertura tiene, más rica convertirá la oración en nuestro corazón o pecho. ¿Y cómo es posible que el Dios inmutable y omnipotente se detenga para hacernos partícipes de sus jaris gracias, en el momento en que él mismo nos ha mandado pedírselas? Y ha prometido darnos su Espíritu, si lo pedimos con fe y paciencia; porque dijo: “Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc 11, 13); y en otra parte dice: “Y todo lo que pidáis en la oración con fe, lo recibiréis” (Mt 21,22).

3) Debes acercarte en la oración con decisión firme de que deseas sólo la voluntad divina y no la tuya; tanto al pedir como al recibir lo que pides; es decir, orar porque el Dios lo quiere; y desear que él te escuche, porque así lo quiere él también. Y en resumen, tu decisión que sea unir tu voluntad con la voluntad de Dios, y no querer que el Dios ceda y se someta a tu voluntad.

¿Y por qué? Siendo tu voluntad realmente afectada y contaminada de la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor y honor de sí mismo y del cuerpo) muchas veces se equivoca y no sabe lo que pide. En cambio la voluntad de Dios está siempre unida con la inenarrable bondad y nunca puede fallar. Por lo tanto, ella es la reina y la regla de todas las voluntades, y todas las otras voluntades de las criaturas racionales deben seguirla y obedecerla.

Por eso siempre debes pedir aquellas cosas que agradan a Dios. Pero si tienes alguna duda que alguna cosa de estas no gusta a Dios, pídeselo con la determinación de que lo quieres si el Dios quiere que lo tengas. Y aquellas cosas que conoces que seguro son gustadas a Dios, como son las virtudes, pídelas más, para servir y agradecer solo a él y por ningún otro propósito u objetivo, y si aún así es espiritual.

4) Debes acudir a la oración adornado con obras adecuadas para tus peticiones y cuestiones, y después de la oración, debes esforzarte más para ser receptivo de la jaris (energía increada) y la virtud que pides a Dios. Porque de lo contrario, si alguien pide una virtud a Dios y no usa medios y obras para hacerse receptivo a la jaris gracia (energía divina) de la virtud que pide a Dios (porque el ejercicio de la oración siempre debe ir acompañado de la lucha para vencer a uno mismo, para que uno pueda ayudarse mutuamente siguiendo al otro), pero muestra indiferencia, esto significa que se burla o está probando a Dios y que no lo está suplicando. Por eso el divino Santiago dijo: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Sant 5, 13-16)83

  1. Según san Máximo el Confesor, oración energetizada, activa u operativa es aquella que es acompañada de las obras imprescindibles en la oración, tanto del que ora, como del otro por el que uno ora.

5) En tu oración debes mantener aquellas cuatro cosas que dijo san Basilio el Grande: primero, alabar a Dios; segundo, agradecerle por la dádivas que te ha concedido; tercero, confesarte en él de que eres pecador e infractor de sus logos, mandamientos; y cuarto, pedir siempre aquello que es imprescindible para tu σωτηρία sotiría (redención, sanación y salvación).

Por ejemplo, puedes orar de la siguiente manera: “Señor y Dios mío, te alabo y te doy gracias por tu doxa-gloria natural y tu infinita grandeza, y te agradezco porque me has creado sólo a causa de tu bondad y me has redimido tantas veces, que yo mismo no lo conozco, y me has liberado de las manos de mis enemigos; sí, lo confieso que yo siempre he sido transgresor de tus santos mandamientos o logos e ingrato ante todas las beneficencias me has hecho y dádivas que me has dado. Pero tú Dios mío, no te ofendas de mi ingratitud, sino ayúdame también ahora y no rechaces lo que te pido para la σωτηρία sotiría (redención, sanación y salvación) de mi psique”. Y si estás practicando en alguna virtud, pídela también de la misma manera a Dios; y si alguien te aflige por algo, no olvides agradecer a Dios por esta cosa contraria que te ha dado. Porque eso tampoco es un beneficio pequeño.

6) Para que la oración adquiera su fuerza y el Dios cumpla nuestros deseos, tanto a causa de su propia bondad natural y compasión, como por los méritos de la vida y pazos padecimientos de Su Hijo Unigénito, y por su promesa de escucharnos, deberías concluir tu oración con una o más de las siguientes palabras:

“Concédeme, oh Dios mío, esta energía increada, la gracia por tu compasión infinita. Que las recompensas de la vida y el pazos padecimiento de tu amado Hijo sean mi intercesión ante ti, para obtener la jaris gracia que te pido; recuerda, Señor, cómo prometiste escucharnos, diciendo: “Cuando clames, yo responderé: aquí estoy” (Isaías 58:9). También puedes pedir la intercesión de la siempre virgen María y de los otros Santos que tienen gran poder cerca de Dios y son muy honrados por Él, porque en esta vida han honrado mucho su divina Majestad.

7) Debes orar siempre y con paciencia. Porque la humilde paciencia vence al invencible Dios y atrae su misericordia increada. Y si la perseverante e inflexible paciencia de la viuda del Evangelio, hizo que el juez cediera ante sus peticiones, y ese juez era todo injusticia y maldad, según relata el Evangelio que dijo el Señor a propósito, para que no desistamos sino que perseveremos en la oración: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desanimarse y desmayarse” (Lc 18,1). Si el juez injusto cedió ante las peticiones de la viuda, ¿cómo no va a ceder en nuestras súplicas el Dios que es la cumbre, la plenitud y el súmmum de los bienes? Así que, si alguna vez en tu oración el Dios tarda en contestarte, y sobre todo si te muestra signos de que no te está escuchando, tú sigue orando, manteniendo firme y viva la esperanza de su ayuda. Porque en Dios nunca falta, sino que, por el contrario, abundan en exceso, todo lo que lo obliga a beneficiar a los demás.

Por eso, si la carencia y la causa no provienen de ti mismo, estate seguro que recibirás aquello que pedirás; pero si no lo recibes, es porque no te conviene, debes saber que aun así lo has recibido, quizás incluso más de lo que pedías, y que de este fracaso sacarás un mayor beneficio. Y cuanto más no seas escuchado, tanto más humilde te estarás haciendo ante los ojos de Dios; y reflexionando sobre tu indignidad y apoyándote siempre en la misericordia de Dios, aumenta siempre tu valor y tu esperanza en Él. Esta esperanza es tanto más combatida por el enemigo cuanto más agradable sea al Señor.

Sobre todo, agradece siempre a Dios, reconociéndolo y aceptándolo como tu bondadoso, sabio y amado bienhechor, tanto cuando no recibes algunas de las cosas que pides, como cuando recibes todo lo que pediste84, manteniéndote firme y alegre en cada una de tus peticiones, bajo la humilde sumisión a su divina providencia.

  1. De acuerdo con estas cosas dice también san Crisóstomo (Logos 1, a los Andriantas): “La oración es un bien grandioso cuando se hace con diania (mente, intelecto, cerebro) agradecida y agradable. Debemos instruirnos a nosotros mismos para agradecer a nuestro Dios, no sólo cuando recibimos, sino también cuando no recibimos; porque unas veces da y otras no, pero siempre para nuestro beneficio e interés. Así que tanto si recibes, como si no recibes, pues, sin recibir has recibido; y si tienes éxito, o si no tienes éxito, has tenido éxito, sin tener éxito; porque algunas veces es más beneficioso para uno no recibir. Porque si no fuera beneficioso, muchas veces, no habría dado; de modo que uno fracase, según su interés, esto en realidad es un éxito.

Capítulo A. 46 Qué es la oración noerá espiritual o del corazón y cómo debe hacerse.

La oración del corazón y noerá (con el nus atento al corazón) o oración de Jesús, según los Santos Padres los llamados Nípticos (sobrios), es la concentración del nus humano (es decir, (es decir, la energía de la mente, cerebro y del cuerpo) al corazón principalmente, y sin hablar con la boca, con sólo el logos interior e innato (contacto consciente con la vocecita interior de la conciencia), que comienza y se habla en el corazón, decir esta breve y monóloga oración: «Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé, eleisón me, Señor, Jesús Cristo, eleisón me, compadécete de mí o ten misericordia o compasión de mí», deteniendo un poco también la respiración85 (O con la energía del cerebro o mente acompañando la respiración y manteniendo la atención y contacto consciente allí al fondo del corazón y así se disuelven los pensamientos circulares y compulsivos que están en la mente, cerebro y nos impiden estar serenos en mente y paz en corazón, unir este cortocircuito que es provocado por los pensamientos enfermizos circulares y compulsivos de la mente). Pero a veces también, abusivamente y en un sentido más amplio, se llama oración noerá espiritual o cordial a cualquier otra súplica que no se hace por la boca, sino con el logos interior e innato del corazón mencionada anteriormente.

  1. Muchos y grandes son los carismas y virtudes que produce y genera esta divina y noerá oración del corazón, enumerados por los Padres santos y teoforos (portadores de la luz increada de Dios), llamados los Nípticos, ver también en Filocalía, https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/ y https://www.logosortodoxo.com/category/oracion/. Sin embargo, yo aquí me voy a referir al más importante y general de todos. El hombre se dice que es “como a imagen” de Dios, teniendo nus, logos y espíritu vivificante del cuerpo, es decir, la voluntad natural y agapi amor desinteresado. Pero como el Dios es uno y tres, y el hombre que es como a imagen de Dios debe convertirse en tres y uno, para asemejarse y parecer a su prototipo (modelo original) y a continuación unirse a él. Esta unión y semejanza con el Dios no se logra de otra manera sino sólo a través de esta oración. Cuando, pues, el nus tiene toda su atención puesta al innato logos interior (aquella vocecita interior de la conciencia que avisa) que está dentro al corazón y este logos interior dice: «Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé, eleisón me, Señor, Jesús Cristo, eleisón me, compadécete de mí o ten misericordia o compasión de mí, ayúdame, consuélame, etc.», mientras que el Espíritu y la voluntad natural con toda su fuerza aman y se dedican a estas palabras de la oración, entonces estas tres fuerzas o energías, siendo tres, se convierten en una, una unificada. Y el hombre uno se convierte en tres, siendo uno. Y esto significa aquello que dice en breve el gran san Gregorio Palamás de Salónica, el gran obrero y maestro de la Oración Noerá o del Corazón: “Cuando lo uniforme o unidad del nus se convierte en tres, siendo uno uniforme, entonces se une con la Primera Divina Monada Trinitaria, excluyendo todo tipo de entrada del engaño y error, y se encuentra por encima de todo dominio de la carne y del gobernante del mundo, el diablo”. Y a continuación dice el santo que, como esta unión de los tres, mediante la oración, es lo más agotador y laborioso que cualquier otro esfuerzo y trabajo por la virtud, sin embargo, proporciona los misterios inefables y las apocalipsis-revelaciones de Dios cuando uno persevera mucho tiempo en este trabajo y unión. Y ¿por qué hablar demasiado? De ninguna otra manera puede el hombre guardar el primer mandamiento, es decir, “amar al Señor tu Dios con toda tu psique, con toda tu mente, con todo tu corazón y con toda la fuerza de tu voluntad…”, como lo manda el Señor en Lucas (10,27), excepto a través de la Oración Noerá o del Corazón (o de Jesús).

También anoto lo siguiente para aquellos que están en contra del modo de esta oración, que es la decisión que tiene el Tomo Sinodico, contra Barlaam y Akindynos, en el tiempo de rey Andrónico Paleólogo, ante la Asamblea y los jueces romanos. Y dice así: “Se ha demostrado y probado que Barlaam blasfemaba y hablaba mal sobre la Luz increada Taborita, (la Luz increada de la Metamorfosis en Tabor) y sobre aquellos monjes y sobre la santa oración noerá espiritual o del corazón que ellos pronuncian. Los Monjes se ha demostrado que son de categoría superior y superiores a su acusación, permaneciendo en las explicaciones y tradiciones de los Santos Padres… Por eso… el mismo Barlaam… y cualquiera otro que aparezca hablando blasfemias y mal basándose a las blasfemias que él mismo dijo y que se dirija contra los Monjes, más bien contra la Iglesia, o cualquier otro que aparezca ocupándose en general con cosas similares, será sometido a la misma condena por nuestra mediocridad, y será rechazado y separado de la Iglesia Católica Oriental del Cristo y del sistema Ortodoxo de los cristianos.

Por lo tanto, hermano mío, si quieres que la oración sea escuchada más fácilmente por Dios y recibir lo que pides, lucha todo lo que puedas en esta oración del corazón o noerá, suplicando a Dios con todo tu nus-espíritu, tu corazón y fuerza de tu voluntad, para que tenga misericordia, compasión de ti y te conceda aquellas cosas que son imprescindibles y beneficiosas para tu σωτηρία sotiría (redención, sanación y salvación). Porque, cuanto más esfuerzo y cansancio pones en esta oración noerá espiritual del corazón, de aquella que se dice con la boca oralmente, más la escucha el Dios, quien escucha mejor el clamor espiritual interior del corazón, que las voces fuertes de la boca. Por eso, le decía a Moisés, quién le suplicaba solo con el nus (espíritu) y con el corazón por los hebreos: “¿Por qué clamas a mí en voz alta?” (Éxodo

14,15).

También ten en cuenta que, ya que la misericordia increada de Dios es un Nombre universal y contiene todas las jaris gracias86 (energías increadas) y favores que nosotros también pedimos de Dios, y el Dios nos las concede, por eso  en cada χάρις jaris favor y cuestión que pides de Dios, puedes utilizar dicha oración breve y concisa: «Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé, eleisón me, Señor, Jesús Cristo, eleisón me, compadécete de mí o ten misericordia o compasión de mí, etc…». Porque también el nus con la mente con ella se recoge y se concentra más fácilmente, mientras que en otras oraciones, más largas y numerosas, el nus con la mente se dispersa. Pero, si también deseas orar por diversas necesidades y gracias, cuestiones y favores, aquí te expongo algunas oraciones, para que las tengas como ejemplo. Por ejemplo, cuando pides un favor y jaris, puedes decir con tu corazón los siguientes logos: “Señor, Dios mío, concédeme esta jaris gracia y virtud para tu honor y doxa-gloria tuya”; o así: “Señor mío, yo creo que te gusta y es doxa-gloria tuya el que yo también te pida y reciba esta jaris gracia; concédeme este deseo de acuerdo con tu voluntad”. Cuando eres atacado y guerreado fehacientemente por los enemigos, orarás así: “Dios mío, corre rápido para ayudarme, para que no sea vencido por mis enemigos; o Dios mío, mi refugio y la fuerza de mi psique-alma, ayúdame rápidamente para que no caiga”.

Cuando continúa la batalla, sigue tú también este método de oración, resistiendo valientemente en aquello que te está haciendo la guerra. Luego, cuando haya concluido la dureza de la batalla, vuélvete hacia Dios, preséntale al enemigo que te ha hecho la guerra y tu debilidad para resistirlo, diciendo: “He aquí, Señor, lo creado con la bondad de tus manos, lo redimido y comprado con tu Sangre. He aquí tu enemigo que busca a extinguirme y devorarme; a ti acudo, en ti sólo tengo esperanza que eres omnipotente y bondadoso; y mira mi debilidad y con qué rapidez (si tú no me ayudas) me someto y subordino voluntariamente; por tanto, ayúdame, tú que eres el poder, la fuerza y la esperanza de mi psique-alma”.

Te recuerdo también lo siguiente: Cuando te canses de orar con el nus (espiritualmente) y con el corazón, puedes decir la oración también oralmente y con la boca, tanto la oración noerá espiritual del corazón «Κύριε, Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με Kirie Iisú Jristé, eleisón me, Señor, Jesús Cristo, eleisón me, compadécete de mí o ten misericordia o compasión de mí», como dicen los santos Padres, como también las otras oraciones que quieras. Pero, ocúpate entonces tener recogido tu nus para que estés concentrado y prestes atención en contacto consciente con las palabras de la oración.

Algunos de hecho dicen que la oración noerá espiritual se dice aún de la siguiente manera: cuando el hombre una vez haya recogido y concentrado todas las fuerzas y energías noerás (psíquicas, espirituales) de su psique en su corazón, sin decir ninguna palabra ni con el logos innato e interior, y sólo con su nus en el corazón reflexiona intransitivamente que el Dios está presente ante él; y que está parado ante él unas veces con respeto y temor como un condenado, y otras veces con fe viva para recibir su ayuda; y otras veces con agapi-amor y alegría para servirle siempre. Y esto es aquello que dice David: “Veía siempre al Señor delante de mí” (Sal 15,8). Esta oración puede realizarse también sólo con un guiño  o una mirada ininterrumpida del nus hacia el Dios, penitente y suplicante, el cual guiño o mirada es como un recordatorio y aviso silencioso de aquella χάρις jaris (energía increada) y favor que le habíamos pedido antes con el logos y la oración del corazón. Por eso, como esta oración espiritual puede hacerse fácilmente en cualquier lugar y en cualquier ocasión, mantenla en tus manos y en tu mente, como un arma poderosa y serás ayudado mucho.

  1. ¿De dónde es evidente esto? Porque la misma jaris gracia increada que Dios otorga en la vida presente, así como la doxa gloria (luz increada) que está por venir, para las cuales dijo David “Gracia y gloria dará” (Salmo 83:12), ambas se llaman misericordia (increada). En efecto, la jaris gracia increada, porque aquellos que han sido agraciados por Dios, simplemente según el apóstol Pedro se llaman misericordiados: “los que en un tiempo no erais pueblo de Dios, ahora habéis venido a ser pueblo suyo; habéis conseguido misericordia increada de Dios los que en otro tiempo estabais excluidos de ella” (1Ped 2:10). Y el divino Pablo, él mismo que ha sido tan agraciado, se llama a sí mismo misericordiado: “Doy mi opinión como alguien que ha sido misericordiado” (1Cor 7:25); y en otro lugar dice: “Pero fui tratado con misericordia porque lo hice por ignorancia” (1Tim 1:13). De manera similar, la doxa-gloria increada de los santos en los cielos y la corona se llama misericordia y se otorga por misericordia, como dice el salmista: “El que te corona de misericordia y de compasión” (Salmo 102:4). Interpretando esto, el divino Crisóstomo dice: “Así que la corona es el resultado de la jaris gracia increada y la filantropía”.

Capítulo A. 47 La oración que se hace a través del estudio y la θεωρία zeoría (contemplación).

[Por el traductor: He creído conveniente poner término teológico ortodoxo, Θεωρία zeoría teoría, contemplación o vida θεωρητική zeorιtiκί (contemplativa), del verbo Θεωρώ Zeó-oró Dios-veo, contemplo con el nus y lo describo con la diania (mente, intelecto y cerebro) y el logos. En la faceta mundana, laica significa teoría, consideración, abstracción o especulación.

El significado más simple heleno-ortodoxo, quiere decir, que uno no se quede como simple observador de las celebraciones, sino que considere y profundice en significados espirituales de las zeorías, experimentándolas y estudiándolas espiritualmente de corazón. Θεωρία zeoría es la percepción o contemplación, visión divina por la sinergia (cooperación) de la iluminadora Χάρις Jaris y la oración pura mediante la cual el hombre adquiere gnosis increada espiritual. En la terminología Patrística Helénica esta experiencia por la observación de las energías increadas del Espíritu Santo se llama Θεωρία zeoría. Con el significado más profundo la Θεωρία zeoría se fundamenta en el recogimiento orante y carismático de la psique a los «altísimos, sublimes y espirituales» misterios, que existen por excelencia en la divina Trinidad, pero también en el hombre y en la esencia de lo creado por Dios en su divina creación.

Según la etapa personal del desarrollo espiritual, hay dos niveles: uno puede ser θεωρία zeoría visión sentimiento, intuición perceptiva de energías interiores o principios de los seres creados y el otro más alto nivel y forma teológica de la vida espiritual θεωρία zeoría es la visión de la luz divina, «participación» de Dios respecto a Sus divinas energías o la visión-experiencia, θέωσις zéosis de la gloria de Su rostro. La Θεωρία zeoría tiene distintos grados (resplandor, visión y continua visión). La vida θεωρητική zeorítikí contemplativa es la forma teológica más alta. El hombre que se encuentra en esta situación se llama θεωρητικός zeoritikós contemplativo.]

Ya que también la διάνοια (diania, mente, intelecto, cerebro) con la que el nus (espíritu de la psique) contemplativamente pasa de un concepto a otro y hace sus silogismos o razonamientos se llama logos intelectual o mental; por eso también el estudio y la θεωρία zeoría contemplación, cuando se realizan con el semejante logos intelectual sobre los conceptos y significados divinos y espirituales, se consideran como oración por los santos padres (87), y cuando al final de semejante estudio pedimos a Dios que nos conceda alguna χάρις jaris (energía increada), favor y virtud que deseamos, con la fuerza de esos conceptos que hemos estudiado.

  1. San Isaac el Sirio dice: “Hermanos míos, debéis saber también lo siguiente: que cada conversación que se hace ocultamente en secreto, cada ocupación bondadosa de la diania (mente, intelecto, cerebro) en Dios y cada estudio de lecturas espirituales se determina por el nombre de la oración (es decir, se llama oración) y está oculta dentro de ese nombre; ya sea que recites varias lecturas, o voces de la boca o alabanzas a Dios, o preocupaciones dolorosas en el Señor, ya sea que hagas genuflexiones, o cantos de versos de los salmos, o cualquier otra cosa, de la cual se compone la enseñanza de la verdadera oración” (Logos 35).

Porque de alguna manera ese movimiento transicional del nus con la mente y la zeoría contemplación y especialmente aquella que se realiza con cierta katánixis (compunción, dilatación del corazón) y con los pazos pasiones divinas o sentimientos divinos del corazón, es una voz concebible o inteligible y una oración de la que el Señor es el primer Nus y creador de los nus o espíritus humanos. Por eso tú también, deseando orar por un cierto período de tiempo, por ejemplo, por media hora, una o más, puedes añadir a tu oración también un estudio o lectura espiritual, como es la vida y la pasión de Jesús Cristo, siempre refiriendo y poniendo sus praxis acciones en aquella virtud que tú pides y deseas; como, por ejemplo, si deseas adquirir la virtud de la paciencia, estudiarías de alguna manera el Misterio de la Flagelación y el castigo del Señor de la siguiente manera:

1) Que después de la orden de Pilatos, Jesús permaneció en el lugar determinado, arrastrado por los siervos de la injusticia con gritos y burlas para ser azotado.

2) Que permaneció desnudado ante ellos que estaban muy rabiados y aquellas partes más puras de su carne quedaron completamente desnudas y descubiertas.

3) Que sus manos, que nunca fueron culpables, fueron apretadas con cuerda fuerte y permanecieron atadas en la columna.

4) Que su cuerpo permaneció muy herido y desgarrado de los latigazos y las palizas, y así Su Sangre divina corrió por la tierra como un río.

5) Que las palizas, añadidas una tras otra y en el mismo lugar, lo rasgaron y, por lo tanto, empeoraron y aumentaron aún más sus heridas, que antes estaban en partes inmaculadas de su cuerpo (88).

  1. Esto era inevitable que sucediera. Porque como cuenta Cornelio el Italiano, los instrumentos de la flagelación de nuestro Señor eran cadenas, azotes, varas con púas y cuerdas con ganchos en sus extremos. Los verdugos que lo azotaban eran sesenta en número. Por lo tanto, no le dejaron parte sin heridas. Le abrieron las venas y la sangre fluía como un río, de tal manera que por las muchas heridas, sus carnes desaparecieron y podían contar uno por uno sus huesos, como lo profetizó el profeta David diciendo: «Han contado todos mis huesos» (Salmo 21:18). Este relato parece estar en consonancia con los Evangelios. Porque tanto Mateo como Marcos relatan que aquellos que sirvieron en la flagelación y los otros insultos al Señor fueron toda la cohorte, es decir, todo el batallón militar de Pilato, como interpreta Teófano; lo cual significa que es posible y es probable que incluso exceda el número de sesenta.

Estos estudios u otros similares, en primer lugar harán las disposiciones anímicas interiores de tu psique que sientan lo más vívidamente posible las amarguísimas ansiedades y los duros tormentos que sufrió tu Amado Señor en todas las partes de su santísimo Cuerpo, y en todo junto; y luego te darán la disposición y el ánimo para adquirir la paciencia. Después de las heridas externas del Cuerpo, pasa a su santísima Psique y piensa, tanto como puedas y pueda caber en tu nus con la mente, la paciencia, la mansedumbre y la apacibilidad con las que sufrió tantos dolores y angustias, sin nunca saciar la sed que tenía de sufrir más y mayores tormentos para la doxa-gloria increada de su Padre y por tu propia beneficencia y tu bien estar.

Después piensa que Él mismo sufre de un deseo vivo de que tú también quieras sufrir y aguantar la prueba o tentación que tienes; y que constantemente suplica al Padre por ti, para que te conceda también la χάρις jaris (gracia, energía increada), para que aguantes la tentación con paciencia la cruz, el sufrimiento y el dolor que te está haciendo sufrir a ti y cualquier otro ser humano. Así por estos estudios y θεωρίας zeorías (contemplaciones), acepta tú también a sufrir con un corazón paciente cualquier cosa. Y después, girando tu nus hacia al Padre celeste, agradécele que sólo para tu agapi ha mandado al mundo Su Hijo Unigénito, para sufrir tan duros castigos y fatigas y está rogando siempre para ti; después pídele la virtud de la paciencia con la fuerza de las obras y las súplicas de Su Hijo.

Capítulo A. 48 Otra manera de oración a través del estudio.

Todavía puedes orar de esta manera y meditar sobre los propios sufrimientos del Señor para recibir tu petición. Por ejemplo, después de reflexionar con cuidado sobre los sufrimientos de nuestro Señor y con tu propio juicio ofrecer la disposición del corazón con la que los soportó, como mencionamos anteriormente, por la magnitud de las aflicciones y su paciencia, pasarás a dos reflexiones adicionales: una es sobre su merecimiento, es decir, las innumerables recompensas que Jesús fue responsable tanto por sí mismo como hombre, como por todo el género humano, por esos pazos, padecimientos, sufrimientos y su paciencia. Y la otra es sobre la alegría y la doxa-gloria increada de su Padre, que recibió por la perfecta sumisión de su Hijo que sufrió esos pazos padecimientos.

Estas dos reflexiones presentándolas a la Divina Majestad por causa de la potencia de estas, pedirás laχάρις jaris (gracia, energía increada) y la virtud que deseas. Y esto puedes hacerlo, no sólo en cada tipo de los pazos padecimientos del Señor, sino también en cualquier otra praxis parcial, interna y externa, que él hizo en toda su vida.

Capítulo A. 49 Método de oración a través de la Θεοτόκος Zeotoκos María.

Hermano mío, tienes también otro método para estudiar y orar a través de la Santísima Θεοτόκος Zeotoκos (la que da a luz a Dios), dirigiendo tu nus con la mente, a) al Padre celestial, b) hacia al Dulcísimo Jesús, y c) a la misma gloriosa Madre suya.

Dirigiendo tu nus (atención del espíritu) con la mente a Dios, piensa: a) sobre la gran alegría que Dios ha tenido, desde tiempos inmemoriales, contemplando el rostro de la Madre de Dios, Zeotokos; sus virtudes y praxis, desde que nació en el mundo hasta que se durmió en el Señor.

Esto primero estúdiatelo y reflexiónalo de la siguiente manera: Eleva tu pensamiento por encima de todo tiempo, siglo, lugar, y por encima de toda creación inmaterial, espiritual y sensible. Y entrando, por así decirlo, en la misma eternidad y en el nus espíritu de Dios, piensa en las delicias y las inefables alegrías que recibía el Dios a través de la siempre Virgen María89. Encontrando a Dios entre estas delicias, pídele que, debido a estas inefables alegrías y gozos, te conceda, la jaris (energía increada) y fuerza para poder someter y vencer a tus enemigos; especialmente a aquel que te está guerreando en ese momento; después, recordando las muchas y extraordinarias praxis y virtudes extraordinarias de la Zeotokos, y presentándolas todas juntas o una por una a Dios por la potencia de ellas, pídele de su infinita bondad todo aquello que necesitas y deseas.

  1. Con toda justicia se alegraba y también se alegraba aún más la Santa Trinidad antes de la creación del mundo, conociendo de antemano, según la inicial idea divina, la siempre virgen María. Algunos teólogos opinan que si suponemos que todos los nueve órdenes de ángeles se derrumbaran desde los cielos y se convirtieran en demonios, y si todos los humanos, desde el momento en que se creó el mundo, se volviesen malvados y fueran al infierno sin que nadie se salvara; si todas las creaciones, cielo, tierra, estrellas, elementos, animales y vegetales, se rebelaran contra Dios y salieran de su orden, yendo hacia la inexistencia, todas esas maldades de las criaturas, comparadas con la plenitud de la Zeotokos, no podrían entristecer a Dios; porque sólo la Señora Zeotokos podía agradarle por todo y en todo, y no dejarle que se entristezca tanto por la gran pérdida y la destrucción de sus creaciones, en cuanto le haría alegrarse excesivamente con ella misma; porque sólo ella incomparablemente lo amó más que ningún otro, porque ella más que cualquier otro obedeció su voluntad; porque sólo ella pudo y fue capaz de recibir todos aquellos carismas naturales, sobrenaturales y opcionales que el Dios distribuyó en toda la creación. Y en pocas palabras, porque ella se hizo en otro Segundo Mundo, incomparablemente mejor que todo el mundo sensible e inteligible, y suficiente en sí mismo para glorificar eternamente al Creador de la belleza y variedad de sus carismas más que toda la creación del universo. De todo esto pues, sale la conclusión que, como el Dios también predestinó a la Zeotokos, según su eterna complacencia desde ante de los siglos, que no es la voluntad posterior o siguiente, sino su principal voluntad anterior, como lo interpreta san Gregorio Palamás, el gran Obispo de Thesalónica. (Homilía A’ en la Epifanía y logos sobre el Nacimiento de Cristo). De todo esto se deduce, digo, la conclusión de que, así como se planta un jardín para plantar un árbol y luego se planta el árbol para el fruto, así también todo el Mundo sensible e inteligible se hizo para este propósito; es decir, la Señora Zeotokos; y nuevamente la Señora Zeotokos se hizo para nuestro Señor Jesús Cristo; y así se cumplió la voluntad ancestral y el primer propósito de Dios; con que se ha recapitulado todo en Cristo y la creación se ha unido con el Creador, no por naturaleza, ni voluntariamente y por la χάρις jaris (divina gracia increada), sino según la hipóstasis (base substancial o subsistencial); este es el grado superior de unión y que después de este no hay otro superior ni se ha encontrado ni tampoco se encontrará ningún otro más alto.

Después de esto, lo segundo, nuevamente volviendo y dirigiendo tu nus a nuestro Señor, su Hijo, recuérdale su Santísimo vientre que lo llevó durante nueve meses; la devoción con la que le reverenció, cuando nació y le reconoció como verdadero Dios y hombre perfecto, Hijo y creador suyo; sus ojos cariñosos que le vieron tan pobre; los brazos que lo acogieron, la leche que amamantó, los esfuerzos, los sufrimientos y las fatigas que sufrió por él en su vida y en su muerte; y te prometo que con todas estas cosas provocarás una disposición agradable a su divino hijo para que obedezca y escuche con prontitud.

Finalmente, vuelva y dirija tu nus espíritu con la mente a la Panaghía Θεοτόκος Zeotoκos y recuérdala que fue la escogida de Dios por la perpetua providencia y bondad de Dios, como Madre de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la caridad y como nuestra Madre, defensora y intercesora nuestra y que después de su Hijo no tenemos refugio más seguro y poderoso al que podamos acudir que a Ella; recuérdala que todos nosotros los cristianos, como el Hijo de ella nos ordenó, no llamamos padre a nadie en la tierra, porque sólo tenemos un Padre, el que está en los cielos: “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mt 23,9) – de la misma manera, no llamamos madre a ninguna otra en la tierra, ya que principalmente solo tenemos una Madre en el cielo, y todos nosotros nos jactamos de ser llamados sus hijos. Por eso acudimos a ella para que nos socorra y compadezca completamente, igual que acude el niño a su madre sin desviarse, cuando le han separado de los brazos de su madre, como se ha escrito: “Elevé psique-alma como un niño amamantado cerca de su madre” (Sal 130,3).

Todavía, recuérdala las verdades escritas en los libros sobre ella, y que todos los fieles creen en las tan altas, sublimes y admirables hazañas y carismas que produjo para todo el género humano, porque sólo ella, estando realmente entre el Dios y los hombres, hizo a Dios hijo de hombre y a los hombres hijos de Dios; que sin su intercesión, nadie puede acercarse a Dios, ni hombre ni ángel, porque sólo ella se encuentra entre la creada y la celeste creación; y que sólo ella es Dios directamente después de Dios, y es la segundaria después de la Santa Trinidad, porque verdaderamente es la Madre de Dios; y que ella no sólo es el tesorero de toda la riqueza de la Deidad (divinidad increada), sino también la administradora de todos, los ángeles y los hombres, de todas las luces sobrenaturales y de los carismas espirituales dados por Dios a la creación. Y que no hay nadie que la haya implorado con fe y no haber sido escuchado con compasión. En definitiva, preséntale las fatigas y los pazos pasiones, padecimientos de Su Hijo Unigénito que sufrió por nuestra σωτηρία sotiría (redención, sanación y salvación), y ruégale que pida por ti la jaris (gracia, energía increada) de él, de modo que en ti estos pazos padecimientos produzcan el mismo resultado por el cual su Hijo los soportó; y esto es tu propia σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación; y esto no por otra cosa, sino por la gloria y complacencia de él.

Capítulo A. 50 Algunas reflexiones para acudir a la Θεοτόκος Zeotokos con fe, valentía y ánimo.

Queriendo acudir a la Θεοτόκος Zeotoκos con fe, valentía y ánimo para todas tus necesidades, puedes conseguirlo al reflexionar sobre lo siguiente:

a) Que todos aquellos recipientes, (como bien sabes por tu experiencia) en los que se ha colocado el incienso o cualquier otro aroma precioso, aunque no contienen el aroma en sí, retienen la fragancia de ese aroma. Y cuando más tiempo permanece el aroma en el recipiente más mantienen esos recipientes la fragancia; y de hecho, cuanto más tiempo permanece el aroma en ellos, más fragancia emanan, aunque ese incienso u otro aroma sea de un poder restringido y limitado. De manera similar, piensa que alguien que está cerca de una gran hoguera retiene el calor durante mucho tiempo incluso después de alejarse del fuego. Y dado que estas cosas son verdaderas, ¿entonces de qué fragancia de filantropía inenarrable, de qué fuego de agapi y de qué pensamientos de misericordia y compasión podemos decir que están llenas las entrañas de la Zeotocos, que durante nueve meses mantuvo en su seno a Cristo, el inagotable aroma o mirra, que siempre sostiene en su pecho y en su agapi-amor incondicional a su Hijo de Dios que es la misma auto-agapi y autocompasión y no de una fuerza restringida y limitada sino increada, ilimitada e infinita!

Así que, igual que aquel que toca los recipientes que contienen el perfume recibe la fragancia o el aroma sobre sí, y el que se acerca a un gran incendio, no puede sino recibir su calor, así también, y mucho más, cualquier pobre que tiene necesidad y se acerca con humildad y fe al aroma o mirra celestial (la energía increada), al fuego de la agapi (divino amor incondicional), de la misericordia increada y la compasión, que siempre desprende fragancia y siempre enciende el pecho de la Virgen, seguro que recibirá ayudas, beneficencias, favores y las jaris energías increadas, cuanto más frecuente y con mayor fe, ánimo y valentía se acerque.

b)) Que ninguna criatura amó tanto a Jesús Cristo, el Hijo de Dios, ni se amoldó tanto con Su voluntad, como su Panaghía (Santísima) Madre, por una parte, porque ha dado a luz sola sin un varón, y por otra parte, ha dado a luz sólo a él y a ningún otro, y así no compartió con otro su agapi-amor; Por lo tanto, si el mismo Hijo de Dios y amado Hijo de la Virgen entregó toda su vida y todo su ser por nuestras necesidades pecaminosas y le dio a su madre como madre nuestra defensora para ayudarnos, y después de él se convirtió en el medio de nuestra sotiría redención, sanación y salvación, ¿cómo y de qué manera alguna vez esta amada madre suya y nuestra y defensora, podrá ser desertora y desobediente de la voluntad de su Hijo tan amado y no ayudarnos?

Por eso, amigo mío, corre, y corre con valentía y ánimo para todas tus necesidades a la Panaghía Zeotocos (Santísima Madre de Dios). Porque esta confianza, y valentía que muestras en ella, es rica, bienaventurada y un refugio seguro y que siempre concede en tu corazón las jaris (energías increadas) y las caridades.

Capítulo A. 51 Cómo debe uno estudiar y orar a través de los Ángeles y de todos los Santos.

Dos formas o maneras puedes utilizar para recibir la ayuda y la protección de los santos celestiales. Una es dirigirte hacia al Padre Celestial y mostrarle la agapi con la que es amado y los cantos, alabanzas o himnos con los que es alabado por todos los santos del cielo; así como las luchas, sufrimientos y fatigas que soportaron estos santos encima de la tierra por su la doxa-gloria; y así, con la fuerza de estas cosas, pedir a Su Majestad lo que necesitas.

La otra forma es acudir a los mismos espíritus de los Ángeles y de los Santos, porque ellos desean no sólo nuestra sanación y salvación terrenal y la perfección, sino también nuestra doxa-gloria increada en los cielos y pedirles que te ayuden contra todos los males de tus enemigos y te protejan incluso en la hora de tu muerte.

Alguna vez piensa también en estos Santos del cielo, las muchas y excepcionales jaris (energías increadas) y favores que ellos recibieron de Dios, despertando y encendiendo en tu interior una fuerte alegría y agapi-amor por ellos, porque están enriquecidos con tantos carismas sobrenaturales que debes considerarlos como tuyos. De hecho, si es posible, debes regocijarte y alegrarte más porque ellos los tienen y no tú, ya que esta es la voluntad de Dios que es bendito y admirable. Y para llevar a cabo este ejercicio con facilidad y orden, divide las legiones de Santos del día de la siguiente manera: Lunes, suplica las nueve Legiones de los Ángeles; Martes, al Honorable Precursor, San Juan el Bautista; Miércoles a los Patriarcas y Profetas; Jueves, a los Apóstoles; Viernes, a los mártires; Sábado, a los Jerarcas con los demás Santos; y Domingo, a las Vírgenes junto con las demás Santas.

Pero no dejes de recurrir diariamente a la Zeotocos, la Reina de todos los Santos/as, a tu Ángel de la guarda, al Arcángel Miguel y a todos los Santos, tus intercesores y ayudantes. Suplica diariamente a la Siempre Virgen María, a Su Hijo, nuestro Señor Jesús Cristo y a su Padre celestial, para que te hagan digno de esta jaris gracia y donación; es decir, para que te concedan como intercesor y protector universal y principal a José, su justo prometido. Y luego, acuda a este mismo José el justo con súplicas y valentía para que te reciba bajo su amparo y protección. Porque fueron innumerables las beneficencias y los favores que recibieron de él aquellos que le tenían devoción y acudían a él, no sólo cuando tenían necesidades espirituales, sino también materiales, y especialmente que les guiara cómo deben orar y estudiar correctamente. Porque si Dios ama a los demás Santos, porque lo honraron y se sometieron a él, ¿cuánto más debemos creer que ama a este humilde y santo hombre? ¡Y qué tan efectivas son sus súplicas ante Dios, ya que él mismo fue honrado por el mismo Dios cuando estaba en la tierra, deseando someterse a Él y obedecerlo como a su Padre, como lo afirma el Santo Evangelio (Lucas 2,51), y sirviéndolo en todo lo que necesitaba, como claramente lo demuestra san Basilio el Grande en su libro “la Ascética! 90

  1. Los logos de san Basilio el Grande son los siguientes: “Durante los primeros años de su vida fue subordinado a sus padres, todo esfuerzo corporal lo realizaba con apacibilidad y obediencia. Porque realmente siendo hombres justos y piadosos, pero pobres y sin tener las cosas necesarias (esto lo demuestra el pesebre de su divino nacimiento), naturalmente trabajando constantemente, ganaban para sí mismos las cosas imprescindibles. Y Jesús subordinado a ellos, como dice la Escritura, en sus esfuerzos y labores mostraba la obediencia necesaria.

Capítulo A. 52 El estudio de los pazos-padecimientos del Señor causa diversas disposiciones y sentimientos divinos en nuestros corazones.

Aquellas cosas que he dicho anteriormente sobre los pazos padecimientos, pasiones del Señor son para que oremos, nos instruyamos y estudiemos y después para que pidamos aquella χάρις jaris (energía increada), virtud y favor que queremos.

Ahora aquí añadiré cómo podemos, a partir del estudio de estos mismos padecimientos, producir en nuestros corazones varios estados de ánimo, sentimientos y emociones divinas. Por tanto, si quieres, al estudiar la crucifixión de Jesús Cristo, puedes considerar los siguientes aspectos y conceptos:

1) En el momento en que nuestro Señor estaba en el monte Gólgota, la multitud furiosa lo despojó de sus ropas y laceró su carne, que previamente había estado adherida a sus vestiduras por los azotes.

2) Antes de ser crucificado, le quitaron de la cabeza la corona de espinas, la cual, tras la crucifixión, al colocarla sobre él, fue la causa de nuevas heridas.

3) Con los golpes de los martillos y los clavos, fue fijado con gran dureza en la madera desnuda y seca de la cruz.

4) Como no alcanzaban sus miembros divinos para crucificarlo, aquellos soldados crueles y sanguinarios los extendieron con tanta violencia que todos sus huesos salieron de su sitio, como lo menciona el salmista en ese pasaje: «Contaron todos mis huesos» (Salmo 22,18).

5) Que en el momento en que lo colgaron en el madero seco, como no podía apoyarse en ninguna parte excepto en los clavos, por el peso de su cuerpo, las santas llagas se abrieron más, y a partir de eso nuestro dulcísimo Jesús sentía los dolores más agudos y duros en su corazón.

De esta manera, a partir de estos u otros estudios similares, si deseas, puedes generar en ti mismo disposición y pasión por la agapi amor incondicional a tu Dios, asegurándote, entonces, de pasar del conocimiento de tales sufrimientos a la mayor gnosis (conocimiento espiritual) de la infinita bondad de tu Señor y su agapi amor hacia ti; y cuando en tu interior esta gnosis haya aumentado, aumentará también la agapi-amor hacia tu Señor.

Por tanto, para recibir en tu corazón dolor, tristeza y aflicción (espirituales), porque con tus pecados has entristecido tantas veces a tu Dios y con tanta ingratitud, considera la infinita bondad y agapi amor desinteresado que te mostró el Señor de todos, quien sufrió y soportó tanto por tus transgresiones e ilegalidades.

Para que seas promovido a la esperanza, piensa que un Señor sublime y altísimo llegó al punto de de sufrir tanto para erradicar tu pecado, para liberarte de las cadenas del demonio y de algunos de tus propios errores, y para expiar a tu Padre eterno contigo y darte el ánimo y valor para acudir hacia Él en todas tus necesidades.

Para ser movido e incitado a la alegría, pasa de sus sufrimientos que padeció a los resultados de sus sufrimientos. En otras palabras, considera que con esos sufrimientos Él hace la catarsis, sana, purga y purifica los pecados de todo el mundo. Propicia la ira de su Padre. Confunde al príncipe de las tinieblas. Mata la muerte. Con las psiques-almas de los santos reubica el lugar de los ángeles caídos y causa alegría al Padre Anárquico (sin principio) y al Espíritu consustancial, ganando la virgen María y toda la Iglesia triunfante en el cielo y la Iglesia militante en la tierra.

Para odiar tus pecados, usa todos los pensamientos que estudies con ese fin únicamente; es decir, considera que nuestro Señor no sufrió por ningún otro propósito sino para que odies tus pecados y tus malos deseos; especialmente aquel deseo que te domina más y que es contrario a la grandeza de Dios.

Para asombrarte y maravillarte, considera qué cosa puede ser mayor que esta, es decir, ver al Creador de todo, que otorga vida a todos, ser condenado a muerte por sus propias criaturas; ver a la suprema grandeza pisoteada y humillada; la justicia condenada; la belleza escupida; el amor del Padre celestial odiado; ver la luz increada e inaccesible, sometida al poder de las tinieblas; ver que el bienestar, la autogloria y la felicidad sean consideradas deshonor y desprecio por el género humano y llegar a la mayor miseria y sufrimiento.

Para que te entristezcas y sufras (espiritualmente) junto con tu entristecido Señor, dejando de lado sus fatigas y torturas externas, piensa en otras incomparablemente superiores que le torturaban interiormente. ¡Porque, si te entristeces por las torturas exteriores, mucho más asombroso será, por cómo no se va a romperse, quebrantarse tu corazón por la tristeza y aflicción de sus padecimientos y tormentos interiores! Es decir, cuando pienses que la psique-alma de Cristo, viendo claramente a Dios sobre la tierra con aquella divina visión bienaventurada, tal y como ahora le ve en el cielo 91, y entonces le conocía como sumamente digno y superior a cualquier honor y servicio, por eso deseaba también que todas las criaturas con todas sus fuerzas le rindieran este honor. Así, al ver a Dios ahora, por el contrario, tan gravemente ofendido y vilipendiado por los innumerables errores y las abominables transgresiones del mundo, inmediatamente era herido por innumerables dolores y tormentos; esos tormentos lo afligían aún más, cuanto mayor era su amor y deseo de ser honrado y servido por todos, tan sublime Majestad. Así pues, como nadie puede entender la magnitud de esta agapi amor incondicional y deseo, tampoco nadie puede comprender cuán dura y pesada fue esa tristeza interna del Crucificado Jesús.

  1. Todos los santos cuando se encontraban en la tierra se hicieron dignos de ver vagamente a Dios como en un espejo, en enigma, como dice Pablo (1Cor 13); pero al ascender a los cielos y volverse bienaventurados, dichosos, ven a Dios cara a cara o persona a persona, es decir, de inmediato y claramente, como también lo dice Pablo. Sin embargo, la psique-alma de Cristo, siendo realmente unida en hipostasis (substancialmente) con el Dios Logos y teniendo la Deidad de su extrema concepción, como nos enseñan los santos teólogos, tenía luego la visión absoluta desde esta primera unión. Y mientras el Cristo estaba aún en la tierra, veía con su nus claramente y directamente a Dios, a su bienaventurada visión, contemplación sentía júbilo y deleite, incluso cuando estaba sufriendo los dolorosos pazos-padecimientos de la cruz, que solo sentía según su naturaleza humana y sentido. Esta bienaventurada visión de Cristo se deduce también de muchas otras cosas, especialmente del versículo: “13Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el hijo del hombre, el Ὤν on (existente, el ser, el que es, era y siempre es) que está en el cielo. [13. «Nadie de los hombres ha subido al cielo para aprender las cosas celestes y enseñaros estas verdades, sino sólo el que descendió del cielo y se encarnó haciéndose hijo del hombre, el cual mientras esté viviendo aquí en la tierra permanece siendo el Ὤν (on, existente, el ser, el que es, era y siempre es) en el cielo y en la tierra como Dios»]” (Jn 3,12); lo que significa que el Cristo estaba al cielo con esta bendita visión o contemplación, que se da en el cielo. Porque los teólogos dicen que la psique-alma de Cristo tenía tres gnosis-conocimientos: esta gnosis bendita o bienaventurada, como hemos dicho, la de inspiración de Dios, que tenían también los Profetas, con la que el Cristo conocía incluso los pensamientos ocultos de los hombres, como se dice: “Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos y de los conceptos sutiles de sus enseñanzas, porque él los conocía muy bien a todos, (es decir, la inestabilidad de sus caracteres, sus prejuicios y sus imperfecciones), y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio y le informase sobre el hombre, porque él conocía y conoce muy bien qué había y qué hay en el interior de cada hombre” (Jn 2:24-25); y la gnosis adquirida, es decir, la filosofía natural de los seres, la que ciertamente estaba impregnada en la psique-alma de Cristo, como lo estaba también en Salomón, pero en cuanto a su naturaleza e hipostasis (base substancial) es y se llama adquirida, porque se adquiere con dolor y aprendizaje.

Junto con todo esto, piensa que el Señor amando excesivamente todas sus criaturas, de acuerdo con esta misma agapi-amor, se entristeció y se afligió excesivamente por todos sus pecados, por los cuales iban a separarse de él. Porque por cada pecado mortal que cometían y cometerán todos los hombres, todos los que han nacido y los que nacerán, y por decirlo más sencillo, cuantas veces que alguien peque, tantas veces se separa del Señor, con quien podría estar unido por la agapi amor incondicional. Pero esta separación fue tanto más dura para Jesús que la separación de sus miembros físicos corporales cuando se separan y salen de su lugar natural, cuanto la psique-alma, siendo realmente un espíritu limpio, puro es más noble y perfecta que el cuerpo y luego es más capaz de sufrir dolor. Entre estos pazos-padecimientos del Señor que probó por las creaciones, el más duro es aquello que sufrió por todos los pecados de los infernados, que, al no poder unirse con él, van a sufrir inenarrables tormentos eternos y fatigas.

Hermano mío, si tu psique-alma no se ha sentido dolor por dichas fatigas, sufrimientos y tormentos de tu amado Jesús, que avance un poco más con su loyismós pensamiento y reflexión y encontrará en él tormentos y fatigas más y mucho más duros para compadecerle. Porque el Señor fue maltratado y con los innumerables dolores saldó la deuda, no sólo de los pecados que se han cometido, sino también aquellos que se cometerán por los hombres (92); y por supuesto que aquellos pecados los ha perdonado, pero otros nos ha dado poder y fuerza para evitarlos.

  1. Tan abundante y rica fue la compensación por nuestros pecados por parte del Señor, que se asemeja a un océano infinito y todos los pecados de los hombres, pasados, presentes y futuros parezcan como una gota al océano. Así teologiza sobre esto san Juan el Crisóstomo: “El Cristo ha pagado mucho más de lo que debíamos; y tanto más, cuanto se compara un inmenso océano con una pequeña gota de agua”. Por eso Pablo decía: “La jaris (energía increada) que ha traído Cristo, no es comparable con la transgresión” (Rom 5,15), y de nuevo: “mas cuando el pecado abundó, allí la jaris (energía increada) de Dios sobreabundó” (Rom 5,20). Y san Gregorio el Teólogo dice: “Si el sabor del fruto condenó a los hombres, cuánto más los ha justificado y ha hecho justicia el pazos padecimiento de Cristo”. Y algunos teólogos dicen que el hijo de Dios fue suficiente para pagar los pecados de todos los hombres, incluso si sintiera un dolor tan pequeño uno, como cuando uno le arrancan un pelo de la cabeza. Pero como recibió y aceptó tantos dolores y derramó toda su sangre, hasta su última gota y con una muerte tan deshonrosa, imagina tú también cuán abundante e infinita es la compensación y satisfacción que se hizo por nuestra gracia.

No faltarán también otros pensamientos y reflexiones para compadecer al Crucificado. Porque el Señor encima de la cruz sufrió y sintió, sin excepción alguna, todos los tipos de dolores que podría sufrir cualquier ser humano desde Adán hasta el fin del mundo. Así que las tentaciones, los insultos, las calumnias, las durezas, los maltratos y toda aflicción y prueba de todos los hombres del mundo, afligieron y fatigaron la psique-alma de Cristo mucho más que aquellos que las experimentaron. Porque con las tristezas y los sufrimientos, grandes y pequeños, tanto de la psique como del cuerpo que experimentaron los hombres a lo largo de sus vidas, desde un pequeño dolor de cabeza hasta la picadura de la aguja, él los experimentó todos hasta el final, y por su infinita agapi (amor incondicional, energía increada) quiso compadecer y grabar en su corazón el caritativo Señor nuestro, porque él era el nuevo Adán y el Padre espiritual de todos los hombres.

Pero, no es posible para uno describir cuánto Le afligieron los dolores a Su Santísima Madre, ya que ella también, de todas las maneras y por todas las causas que afligieron y maltrataron a su Hijo, se compadeció y co-sufrió en gran medida. Así estos dolores de Su Panaghía (Santísima) Madre renovaron en su Hijo bendito sus heridas internas y su dulcísimo corazón permaneció como si no se hubiera herido por las innumerables flechas candentes; y este corazón, por tantos tormentos y fatigas, que os he mencionado y otros casi innumerables y desconocidos en nosotros, uno podía decir fácilmente que era un hades (o abismo) caritativo de voluntarios dolores, fatigas y tormentos, como solía llamar al Crucificado una psique-alma piadosa con sencillez divina.

De todos modos, amigo mío, si piensas y consideras bien la causa de todas las fatigas y tormentos mencionado que sufrió nuestro Redentor y Señor, no encontrarías otra excepto el pecado. “Él cargó nuestras tribulaciones, tristezas y sufrimientos y soportó nuestros propios dolores” (Is 53,5). Así que se deduce claramente que sufrir y co-padecer verdaderamente con tu Dios Crucificado y devolver los favores que él te pide, tú estás obligado a hacerlo sin ninguna excusa ni justificación, es verdaderamente sufrir por su agapi amor incondicional, es haberlo entristecido, y es odiar más que cualquier otra cosa el pecado y luchar valientemente contra todos tus enemigos y contra todos tus malas inclinaciones y voluntades, para despojarte del viejo hombre junto con sus praxis, acciones y vestirte al nuevo, adornando tu psique-alma con las virtudes evangélicas.

Capítulo A. 53 Beneficios que podemos recibir por el estudio del Crucificado y la imitación de sus virtudes.

Junto con los demás beneficios que puedes recibir de este divino estudio del Crucificado son:

1) El lamentar y sentir dolor no solo por tus pecados pasados, sino también por los pazos malignos y viciosos que aún viven dentro de ti, los cuales pusieron a tu Señor en la cruz.

2) Pedir perdón por tus pecados, culpas y errores y la gracia para odiarte completamente a ti mismo y tu mal carácter, para no lamentarlo y entristecerlo más. De hecho, por la recompensa de tantos padecimientos suyos, en adelante amarle y servirle perfectamente, lo cual no puede suceder sin este divino y santo odio espiritual de tus pecados.

3) Expulsar de tu interior cualquier mala inclinación y hábito malo, por muy pequeños que sean.

4) Luchar con toda tu fuerza para imitar las virtudes de tu redentor, que ha padecido no solo para sanarnos y salvarnos pagando por nuestros pecados, sino también para darnos un ejemplo a seguir sus divinas huellas. “Pues también Cristo sufrió por vosotros, y os dejó ejemplo para que sigáis sus pasos” (1 Ped 2,21).

Y aquí te muestro una forma de estudio que utilizarás para imitar las virtudes del Señor y manifestarlas, como se refiere: “para anunciar las grandezas del que os ha llamado de las tinieblas a su maravillosa luz increada” (1 Ped 2,9).

Por tanto, para adquirir la virtud del no tener resentimiento y no tener odio y rencor hacia tus enemigos, sino quererlos, perdonarlos y orar por ellos sinceramente con toda tu psique-alma a Dios para que los perdone, incluso si te han insultado, perjudicado y dañado, y tu vida estuvo en peligro hasta la muerte, entonces mira una vez a tu Señor clavado encima de la cruz y lleno de sangre. Obsérvalo con la corona de espinas en la cabeza, con el rostro humillado y escupido y con los labios secos, clamando y rogando a su Padre para que perdone a sus crucificadores: “¡Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,24), aunque podría haber ordenado a la tierra que los engullera instantáneamente!  ¡Pues, de esto piensa lo siguiente: Si el Todopoderoso Señor perdonó el pecado de sus enemigos mortales tan grandes, ¡qué gran cosa sería si tú, insignificante, sucio y miserable gusano de la tierra, imitas a Él y perdonas a tus enemigos desde tu corazón!

Para que adquieras la virtud de la obediencia a tus padres espirituales y tengas humildad en tu corazón, piensa a éste Logos del Padre eterno y consubstancial, que sólo con un guiño creó todo, cómo se hizo obediente a la voluntad paternal y tan humilde, de modo que aceptó la muerte, y de hecho muerte en la cruz, como dijo Pablo: “y, en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2,8). Con la palabra cruz muestra la muerte más deshonrosa, injusta y maldita, que ha recibido el Señor. “Aquel que es colgado es maldito de Dios” (Deut 21,23). Una muerte que ningún hombre en la historia del mundo ha experimentado.

Y en resumen, fíjate a las deshonras que sufrió en los siguientes acontecimientos: ¡Es traicionado por uno de sus discípulos; otro le niega; los demás discípulos y los apóstoles se marchan y le abandonan solo! Todas estas cosas causaron una gran deshonra a nuestro Señor. Porque todo el mundo hablaba contra él, es decir, que era un hombre de tan mal carácter que incluso su propio discípulo lo odiaba por sus maldades y le traicionó; y el otro le negó como falso y mentiroso; otro lo negaba como un impostor. Y luego, todos los demás discípulos, como no lo amaban con un amor genuino, sino hipócritamente, también lo odiaron y lo abandonaron y huyeron. ¡Se enfrentó de pie delante muchos y diferentes criterios de Annás, Caifás, el Pilatos y Herodes! ¡El criminal Barrabás se consideraba mejor que Jesús y fue preferido por el pueblo, y todas estas cosas fueron una gran deshonra!  ¡Fue burlado por Herodes, puesto que le vistió con un manto espléndido de púrpura y lo envió de vuelta acompañado por sus soldados reales. ¡Fue burlado por Pilatos con el manto de púrpura, con una corona de espinas y una caña en la mano derecha, y fue reverenciado supuestamente como un rey falso! ¡Fue escupido! ¡Le cubrieron el rostro y así lo golpearon y lo abofetearon! ¡Todos vieron cuanto desastrosas y deshonrosas son todas estas cosas! ¡Levanta la cruz solo sobre sus hombros93, y corrió por medio de Jerusalén al lugar llamado Cráneo o Calavera! ¡Fue desnudado y crucificado como ladrón con los ladrones, no sin clavos94, sino con clavos, para que aquellos que lo vieran pensaran que era un hombre malvado, un traidor y un rebelde provocador de rebeliones! ¡Fue burlado encima de la cruz en Jerusalén, sin que nadie lo defendiera y sin que nadie lo consolara, siendo Jerusalén una ciudad tan populosa que entonces puede ser que tuviera más de dos millones de habitantes! Delante de ellos fue expuesto como si fuera actor de un teatro y burlado con el título trilingüe95 escrito encima la cruz, y en lugar de calmar su sed con agua, fue alimentado con hiel y vinagre. Sus humillaciones no terminaron hasta aquí. ¡Y después de su muerte, recibe una lanzada en el costado, es declarado engañador y falso, y su tumba es sellada para que no sea robado! Por supuesto que podría haber quedado sin sepultura, por aquellos hombres sin piedad, si aquel bendito José de Arimatea no tuviera compasión de él y no se atreviera a pedir por su entierro.

  1. El tamaño del la Santa Cruz era de quince pies de largo y ocho pies de ancho en el travesaño, según una antigua tradición. Por lo tanto, debido al gran peso del Crucifijo, Jesús ya no podía levantarlo, agotado por los sufrimientos previos. Por esta razón, en el camino, a menudo se arrodillaba, lo que al verlo, los soldados obligaron a Simón a levantarlo, no porque lo compadecieran, sino porque temían que muriera en el camino antes de sufrir la deshonrosa muerte en la Cruz.
  2. La crucifixión con clavos era común entre los romanos, no para todos, sino para los más culpables y malhechores, como se evidencia en la decisión de Pilato con respecto a Cristo. Por lo tanto, muchos creen que los dos ladrones no fueron crucificados con clavos como Jesús, sino que fueron atados firmemente con cuerdas.
  3. El título fue escrito en tres lenguas, romana, hebrea y helena, que supuestamente Jesús era apóstata o desertor del reino y quiso sólo por sí mismo hacerse rey.

Por lo tanto, avergüénzate ahora, avergüénzate también tú, hermano, y ya no te enorgullezcas más, sino en general no permitas que ni el más mínimo pensamiento de orgullo entre en tu psique-alma, recordando la gran humillación y humildad de tu Dios.

En definitiva, para obtener la virtud de la paciencia y seguir el ejemplo de tu Cristo, piensa:

1) Que la psique-alma de Cristo teniendo toda su atención al Dios Logos, se sorprendía al contemplar aquella grandeza incomprensible e infinita, ante la cual todas las cosas del mundo son como un cero o nada, y sufrir encima de la tierra tantas y tantas deshonras por el hombre, (y ella permanecía inmóvil en su gloria), por el cual no ha recibido más que insultos e infidelidades. Porque las deshonras e insultos que el hombre infligió a la humanidad de Cristo, las hizo a este mismo Dios Logos, con quien estaba unida en hipostasis (en base substancial).

2) Piensa que el Dios y Padre quiso y alentó la psique de Jesús Cristo, es decir, la de su Hijo, a sufrir para nosotros semejantes pazos padecimientos; es decir, golpes, azotes, blasfemias, espinas y, al final, la muerte en la cruz, manifestando en ella de que le gusta verla llena de todo tipo de sufrimientos y vergüenzas.

3) Piensa que viendo con su iluminadísimo nus, cuánto gustado es esto a Dios y amando con absoluta agapi su divina grandeza, apenas recibiendo la llamada a padecer para nuestra agapi y para nuestro ejemplo, aceptó con alegría y quiso con ánimo obedecer a su santa voluntad; ¡y quién puede pasar con su pensamiento dentro de aquellos profundos deseos que tenía para esto aquella psique, la más bondadosa y pura de todas!96. Ella se encontraba allí como si estuviese en un laberinto de tormentos, buscando siempre y no encontrando (como quería) nuevas maneras y nuevos caminos de pazos-padecimientos. Y por eso entregó libremente todo su ser y sus carnes inocentes al sacrificio y la trituración de los hombres impíos, ilegales y a las fuerzas del hades (inframundo), para hacer lo que ellos quisieran.

  1. Igual que del humo conocemos el fuego, así también de algunos signos externos podemos entender humildemente el fuego interior del inmensurable deseo que tenía el Señor por padecer. Estos signos en breve resumen son: el controlar a Pedro y llamarlo Satanás, porque le impedía viajar a Jerusalén para no padecer: “¡Apártate de mí, sal detrás, Satanás! Me eres tropiezo, porque no dices ni sientes lo que es gustado de Dios, sino lo que gusta a los hombres” (Mt 16:23); por su excesiva tristeza antes del pazos-pasión, es decir, cuándo llegará la hora para padecer; porque esto revela el pasaje: “Yo tengo que recibir el bautismo (del martirio y dolor); y estoy con anhelo y me angustio hasta que se cumpla, (y sea proclamado y extendido en todo el mundo el fuego de la fe y del celo divino) Lc 12:50; lo de llamar el pazos padecimiento y la muerte, cáliz o copa, según san Teofilacto, muestra la alegría, el placer y la fiesta que tienen los que beben vino. “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Jn 18,11); lo de correr medianoche para cruzar el torrente de Cedrón y asegurarse de llegar al jardín, que Judas conocía, y mostrar con esto que viene voluntariamente al pazos-pasión, como interpreta san Juan el Crisóstomo; “Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Judas el traidor, conocía el sitio, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos” (Jn 18,1-2); el que salga sólo y diga a los soldados “yoSoy” (Jn 18,5) para que le capten, tal como interpreta también Salomón en el Cantar, refiriéndose a la pasión voluntaria del Señor y dijo en su nombre: “Me iré al monte de la mirra” (Cantar de los Cantares 4,6), es decir, el de la muerte y la necrosis, porque así se convirtió el monte Gólgota, según interpretan san Máximo, san Nilo y san Gregorio de Nicea. El que sus ojos estén alegres cuando estaba colgado en la cruz, como dice Jacob: “Sus ojos están brillantes y alegres con el vino” (Gen 49,12), según interpreta san Cirilo. Pero de manera particular y enfática nos muestran el amor y el deseo infinito que Cristo tenía de sufrir y padecer siempre por nosotros estas dos cosas: a) la entrega de los divinos misterios (sacramentos), en los cuales el Cristo mistéricamente o sacramentalmente y espiritualmente siempre muere y padece, pero también resucita; b) la historia que relata san Dionisio el Areopagita en su carta a Demófilo; porque dice que el apóstol Carpo, estando en Creta, se entristecía y rogaba a Dios que infernara a un hombre impío, infiel e irrespetuoso, que había conducido a un cristiano al engaño y la impiedad. Allí pues, donde estaba rogando, descendió con una multitud de ángeles y, después de extender su mano derecha sobre él, le dijo que lo golpeara; porque a pesar que los hombres lo crucifiquen y por eso sean castigados e infernados, él está preparado para morir por la salvación de los hombres muchas veces; «así que golpéame, porque estoy listo para morir nuevamente por aquellos que desean ser salvados, y esto es querido por mí, ya que no habrá más personas que pecarán».

4) Después de todo esto, mira a tu Jesús, que con ojos caritativos y serenos gira hacia ti y dice: “¡He aquí hijo mío, que tú al no haber querido resistir un poco a tus pazos padecimientos, sufrimientos, los cuales me causaron tus deseos caóticos y perversos, mira cuánto sufro y con cuánta alegría por tu agapi, para darte un ejemplo de verdadera paciencia! Te ruego, pues, hijo mío, por todos mis dolores que tú también voluntariamente levantes y aguantes tu cruz y cualquier otra cosa que yo quiero, dejándote en las manos de aquellos hombres que te persiguen, a quienes yo recompensaré según tu honor y contra tu cuerpo. ¡Ojalá que conocieras cuánto me alegraría por esto! Y esto lo puedes ver en estas heridas mías, las que he aceptado y recibido con excesiva alegría, como cosas preciosas y amadas para adornar con virtudes preciosas tu pobre psique-alma, que es amada por mí, más que todo lo demás, que no puedes imaginar! Y si yo he sufrido para ti tantos pazos padecimientos, ¿por qué tú, mi querida psique o novia, no quieras sufrir algo, para sanar y endulzar las heridas que me ha provocado tu desesperación y me ha producido mayor amargura que mis propias heridas?

5) ¡Piensa bien quién es aquel que habla junto a ti de esta manera y verás que es Éste Rey de la Doxa (gloria luz increada), Cristo verdadero Dios y hombre perfecto! ¡Piensa la magnitud de los tormentos, fatigas e insultos que no merecía ni siguiera el peor ladrón del mundo! ¡Mira al Señor estando de pie entre tantas fatigas, no sólo inamovible y con admirable paciencia, sino alegrarse como si estuviese en sus bodas! ¡Y cómo con poca agua enciende más el fuego, así con el aumento de las fatigas que eran pequeñas delante de la rica agapi suya, sobraba más y más la alegría y el deseo de sufrir cada vez más!

6) Después piensa la razón o motivo por lo que el caritativo Señor sufrió todo esto, (no sin su voluntad, sino voluntariamente y por su agapi-amor hacia ti); pues, fue para que te ejercites tú también imitando a él en la virtud de la paciencia, para que experimentes más profundamente lo que él quiere de ti y la alegría que te dará, si luchas en esta virtud, para que aguantes tu cruz no sólo con paciencia, sino con ardiente agapi amor y alegría, y así cualquier otra tristeza, dolor y sufrimiento, para que imites mejor a tu Dios, para que lo tranquilices y reposes más. Así poniendo delante de tus ojos las vergüenzas y las amarguras que saboreó el Señor por ti y su paciencia y fortaleza, debes sentirte vergüenza y repugnancia porque todos tus dolores, sufrimientos y aflicciones en comparación con aquellos del Señor, y toda tu paciencia en comparación con aquella paciencia no es verdadera paciencia, sino una sombra de paciencia; y debes temer y asustarte de que todavía hay un pequeño pensamiento en tu corazón que no quiere sufrir por el amor de tu Señor.

Este Señor crucificado, hijo mío, es el libro que te entrego para que estudies continuamente, a través del cual puedes aprender y tener la verdadera imagen de cada virtud. Porque él, al ser un libro de la vida, no sólo enseña al nus (espíritu) con la mente con palabras, sino que también calienta la voluntad con su ejemplo vivo. El mundo está lleno de libros. Pero, a pesar de esto, no todos estos libros juntos pueden enseñarte la manera y forma tan perfecta cómo adquirir todas las virtudes, como te enseña Jesús.

A este crucificado te aconsejo, hijo mío, que recurras y lo beses con lágrimas y lo abraces con fervor cada vez que las serpientes invisibles de las tentaciones demoníacas y humanas te muerdan, y seguro que serás curado de tus heridas, igual que una vez los hebreos se curaban de las picaduras de las serpientes reales, cuando veían sobre la madera que estaba colgada la serpiente de bronce, que prefiguraba a nuestro Señor, como él mismo decía: “Tal y como Moisés en el desierto colgó alto la serpiente de cobre para que la vean con fe los Israelitas y sean salvados del veneno mortal de las serpientes del desierto, así, según el sabio plan de Dios, es necesario que sea colgado también encima de la cruz el hijo del hombre; para que todo aquel que en él cree, gane y tenga la vida eterna; y no sea condenado a la perdición eterna.” (Jn 3,14).

Sepa también esto, hijo mío, que aquellos que gastan muchas horas llorando por cada pazos padecimiento de nuestro Señor y meditan sobre su paciencia y luego, cuando les suceden desgracias, enfermedades, pruebas, insultos y humillaciones, parecen impacientes, pues, ellos se parecen a los soldados cobardes del mundo, que antes de empezar la batalla, bajo de sus tiendas prometen grandes cosas, luchan y ganan por sí solos; pero cuando aparezcan los enemigos, abandonan las armas y huyen. ¿Qué cosa puede ser más estúpida y digna de desprecio y burla que uno medite sobre las virtudes del Señor, admirarlas, amarlas y luego olvidarlas por completo o no valorarlas ni honrarlas cuando llegue el momento de practicarlas?  Amín, fin de la 1ª parte.

 

SEGUNDA PARTE

Capítulo B. 1 El santísimo misterio de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía.

Añadido por el traductor, del gran léxico AlfaΩmega: Εὐχαριστία, Θεία (Efjaristía Zía) Eucaristía divina, divina Comunión, ef-jaris=buena jaris. Uno de los siete Misterios de nuestra Iglesia, el más importante que se celebra durante la Divina Liturgia. Los puntos visibles son: el pan (con levadura) y el vino. En la celebración del Misterio con la Epíclisis (imploración) del sacerdote el Pan y el Vino se transforman en Cuerpo y Sangre de Cristo. Este “cambio” no tiene sentido físico-químico, es decir, no se hace desnaturalización (percepción romanocatólica), sino “metábole, transubstanciación”, o sea, cambio espiritual y súper-lógico o lógica divina del Pan y el Vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, sin que se cambie la sustancia del Pan, etc., por razones de Economía divina para que sean sensibles por el hombre.

Hasta aquí querido lector, como has visto, te he ofrecido cuatro armas que te son imprescindibles en esta guerra, para que puedas a tus enemigos; es decir, a) no te fíes de ti mismo, b) tener confianza y esperanza sólo en Dios, c) luchar y d) orar. Ahora te muestro otra más. Este es el santísimo misterio (sacramento) de la Divina Εὐχαριστία Efjaristía Eucaristía. Debido a que este misterio es superior a los demás, igualmente es un arma superior de todas las demás armas. Las cuatro armas que hemos dicho, toman la potencia y la energía de los salarios (o recompensas) dignos y de la χάρις jaris (gracia, energía increada) que nos concedió la sangre de Cristo. Pero esta arma es la misma Sangre y el mismo Cuerpo con la psique-alma y la Deidad/Divinidad de Cristo. Con ellas se libra la batalla contra los enemigos con la fuerza y poder de Cristo. Pero con esta arma nosotros luchamos contra los enemigos junto con Cristo y Cristo lucha con nosotros. Porque el que come el cuerpo de Cristo y bebe su Sangre, queda con Cristo y Cristo con él. «56 El que come mi sarx cuerpo y carne y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él.». [«Cada uno que come mi sarx-cuerpo y carne y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en templo mío»] (Jn 6,56).

Por eso también nosotros si vencemos al enemigo, le vencemos con la fuerza de la sangre de él, como se refiere en el libro del Apocalipsis: “Vencieron con la sangre del Cordero” (12,11).

Y como este misterio es el más sagrado, y que esta arma o más bien el mismo Cristo quien se encuentra dentro de este misterio, puede realizarse (ponerse en práctica) de dos maneras; es decir, que alguien lo reciba mistéricamente o sacramentalmente, o sea, con reverencia y devoción, muy a menudo y tantas veces que pueda, (por su puesto siempre que no haya algún impedimento de su guía Espiritual) con la preparación adecuada, es decir, contrición, quebrantamiento del corazón, confesión y ayuno según sus fuerzas; y uno debe recibirlo también mental y espiritualmente en cada momento y hora; por eso, tú también no te detengas en recibirlo con la segunda manera muchas veces, y cuando puedas, de acuerdo con la primera manera que describimos más abajo.

Capítulo B. 2 Cómo uno debe recibir el divino Misterio de la Divina Efjaristía, es decir, cómo debe recibir a Cristo sacramental o mistéricamente.

En diversas ocasiones podemos acercarnos a este divino misterio, el cual para conseguirlo y tener éxito, debemos hacer varias cosas que están divididas en tres períodos: Antes, durante y después de la divina Comunión o Eucaristía. Antes de la Comunión debemos “catartizarnos”, limpiarnos, purgarnos con el misterio de la Metania (divino psicoanálisis, introspección y arrepentimiento) y Confesión, de la infección o contagio tanto del pecado mortal como del pecado no mortal que hemos cometido, y debemos cumplir con el canon o regla que nos dará el guía Espiritual. Y con la buena disposición y ánimo de todo nuestro corazón y alma, entregarnos enteramente con toda nuestra psique-alma, con toda nuestra voluntad y con todas nuestras fuerzas a Jesús Cristo y a lo que le agrada. Porque Él mismo en este misterio nos da su Cuerpo y su Sangre con la psique y la Deidad y con sus dignas recompensas o salarios. Y pensando que nuestro regalo, en comparación con el suyo, es pequeño y casi nada, debemos desear tener un regalo tan grande como nunca le han ofrecido todas las criaturas humanas y celestiales, para que podamos entregarlo a su divina Majestad.

Por eso, pues, cuando quieras recibir este Misterio, para que también sean destruidos tanto tus propios enemigos como los suyos, antes de comulgar, empieza desde la víspera o incluso antes, pensar cuánto desea el Hijo de Dios que le des lugar en tu corazón con este Misterio, para unirse contigo y ayudarte a vencer todos tus pazos, pasiones malignas y vicios.

Este deseo del Señor es tan grande e inmensurable que el nus espíritu creado del hombre no puede entender y llegar a su altura y grandeza. Sin embargo, tú para que puedas hacerlo caber de alguna manera en tu nus, debes poner en tu nus y mente y tener en cuenta dos cosas: una es el inexpresable deseo que tiene el Hijo de Dios de estar en nuestro interior. Porque esta unión con los hombres él la llama su júbilo y gozo, su alegría y felicidad. “Mi alegría y felicidad es estar con los hijos de los hombres”.

La otra es pensar bien que Dios odia mucho el pecado, porque es la causa de que Dios se una a nosotros, algo que tanto desea, y es contrario a sus perfecciones divinas. Porque  el Dios, siendo por naturaleza bien absoluto, luz pura increada y belleza infinita, no puede hacer otra cosa que por naturaleza odiar y asquearse infinitamente del pecado, el cual no es otra cosa que el absoluto mal, oscuridad, falta y repugnante fealdad en nuestras psiques-almas. Y este odio de Dios contra el pecado es tan grande y fuerte, de modo que para su destrucción se dio la orden y se realizaron todas las obras del Antiguo y del Nuevo Testamento, y especialmente aquellas las del Santísimo Pazos-Pasión de su Hijo. Por eso algunos teólogos y maestros dicen que para erradicar de nosotros cada pecado, incluso el más pequeño, si fuera necesario y apropiado, Dios estaba dispuesto a entregarse y a sufrir miles de muertes nuevamente.

Por lo tanto, de estos estudios y pensamientos, aunque sea en un grado pequeño, comprendiendo la magnitud del deseo que tiene el Dios de introducirse en tu corazón para vencer totalmente a tus enemigos, tanto los suyos como los tuyos, encenderás dentro de ti un deseo vivo de recibirle para llevar en tu interior este resultado. Y así, después de llenarte de valor, envalentado y animado de la esperanza de que el capitán celestial Jesús vendrá a habitar en tu interior, llama fuertemente muchas veces en guerra aquel pazos que quieres vencer y abátelo con dobles y triples deseos y ganas, odiándolo y proyectando las praxis de virtud contrarias hacia aquel pazos. Así harás durante la víspera.

Por la mañana nuevamente, un poquito antes de la Divina Comunión, echa una ojeada rápida en tu interior para ver los errores que has cometido desde el tiempo que has comulgado por última vez hasta ahora, todos los que hiciste sin temor como si el Dios no existiera para verte y juzgarte, ni sufriera por ti tantos pazos-padecimientos encima de la cruz. Porque también tú preferiste tus asquerosos y vacíos deseos en lugar de la voluntad y la gloria de Dios. Y pensando así con mucha vergüenza y con temor sagrado, sentirás vergüenza de tu ingratitud y de tu indignidad. Pero aún así, pensando después en esto, que el abismo inmensurable de la bondad de Dios te llama y te invita a sus Misterios a pesar de tu ingratitud y tu poca fe, acércate a él con ánimo y valor y regálale un espacio amplio en tu corazón, para que se convierta en tu Señor y Soberano completo. ¿Cómo y de qué manera? Cuando expulses desde el interior de tu corazón todo deseo, disposición y amor a las creaciones, cerrándolo para que no entre nadie más que tu Dios.

Y después de haber tomado la divina comunión, sumérgete inmediatamente en los secretos de tu corazón, reverenciando y adorando primero al Señor con toda humildad y devoción y háblale espiritualmente de esta manera: “Tú ves, mi único bien, cuán fácilmente te daño y perjudico, cuánta fuerza tiene contra mí ese pazos que me combate y yo solo no tengo la fuerza para liberarme. Por eso, principalmente esta es tu guerra y solo de ti espero la victoria, a pesar de que es necesario que yo también guerree y luche”.

Después de todo esto, gira tu nus hacia al Padre celestial y también hacia su bendito Hijo en agradecimiento por tu victoria, porque él mismo te ha dado los Misterios y que ya los guardas en tu corazón. Y combatiendo valientemente contra el pazos aquel que te combate, espera con fe la victoria de Dios. Y no hay posibilidad de que te prive de la victoria, si hiciste todo lo que pudiste, y aunque Dios tarde en dártela.

Capítulo B. 3 Cómo debemos prepararnos para la divina comunión o efjaristía para ser impulsados hacia la agapi de Dios.

Para ser impulsado por este misterio celestial hacia la agapi amor de Dios, debes reflexionar con tu pensamiento sobre la agapi (amor increado, incondicional y desinteresado) que tiene el Dios hacia ti; pensando desde la noche anterior que ese Dios Pantocrátor y Grande, no se contentó solo con haberte creado a su imagen y semejanza, y que ha enviado a la tierra a Su Hijo Unigénito para que caminara treinta y tres años, para buscarte y sufrir los duros pazos-padecimientos, sufrimientos y la muerte torturadora y agonizante de la cruz, para sacarte y redimirte de las manos del diablo, sino que también quiso entregártelo para tu necesidad y tu alimento en este divino Misterio. Principio del formulario

Piensa bien, hijo mío, sobre las incomprensibles grandezas y bellezas de esta agapi que en todo es muy perfecta y extraordinaria.

1) ¡Porque si pensamos que el Dios nos ha amado eterna e incondicionalmente, y mientras Él es eterno en su Deidad, igualmente eterna es su agapi (amor increado), con la que antes de todos los siglos decidió a darnos su Hijo de esta manera admirable! Por eso deleitando interiormente, puedes decir lo siguiente con alegría espiritual: “En aquel abismo de la eternidad estaba mi pequeñez, tan calculada y amada por el Dios absoluto y de tal manera que Él con la voluntad de su inefable agapi pensaba para mí y deseaba darme como alimento Su Hijo Unigénito”.

2) Todas las demás agapes-amores del mundo, por muy grandes que sean, tienen algún límite y medida y no pueden extenderse más. Pero sólo esta agapi (amor, energía increada) de Dios hacia nosotros es ilimitada e increada. Y por eso, el Dios queriendo que el hombre se sanara completamente, ha dado su Hijo, igual en grandeza e infinidad que él y de la una y misma esencia y naturaleza. Por eso es tan grande su agapi como también su carisma, y viceversa, tan grande el carisma como la agapi. Lo uno y lo otro son tan grandes e increados que ningún nus y mente humana creados puede imaginar un tamaño mayor.

3) Dios no fue impulsado por ninguna necesidad para amarnos, sino sólo por su bondad natural y por su gran agapi hacia nosotros, que no podemos entenderla, porque es ilimitada e increada.

4) Tampoco alguna obra o buena praxis nuestra pudo preceder, para que el infinito Dios nos muestre una agapi de este tipo para nuestra fatiga. Pero sólo por causa de su libertad, se nos fue dada enteramente a nosotros que somos sus creaciones, de las cuales somos completamente indignos.

5) Si piensas bien la pureza de esta agapi, verás que no es como las ágapes/amores del mundo, mezclada con algún beneficio personal. Porque el Dios no tiene necesidad de nuestras bondades y de nuestros bienes. Porque Él por sí mismo es muy feliz, bienaventurado y muy glorioso por sí mismo, sin nosotros. ¡Así que, utilizó su inexpresable e increada agapi y bondad hacia nosotros, no por su propio beneficio, sino por el nuestro!

Meditando bien estas cosas, te dirás a ti mismo: “¿Cómo es posible esto? ¿Que un Dios Altísimo ponga su corazón en una creación tan baja?  ¿Rey de la Doxa (gloria, luz increada), qué quieres y qué esperas de mí que no soy otra cosa más que un poco de polvo de la tierra y ceniza? Oh Dios mío, veo bien que en la luz increada de tu agapi, que es como fuego, que solo tienes un propósito, que ahora claramente me muestras tu agapi hacia mí que es sin dolo, ni engaño. Porque te entregas a mí como alimento y bebida sólo con el fin que yo me transforme y me convierta como tú, no porque tengas necesidad de mí, sino que viviendo tú en mí y yo en ti, podré hacerme a través de tu unión amorosa como tú mismo; y de la unión de mi corazón terrenal y tu corazón celestial se formará dentro de mí un solo corazón, espiritual y divino”.

Por lo tanto, de este tipo de loyismí pensamientos, debes llenarte de asombro y alegría, al ver que tú mismo has sido honrado tanto y amado por Dios; y conociendo que Él con Su omnipotente agapi amor incondicional no busca ni quiere otra cosa de ti, sino atraer toda tu agapi hacia sí mismo y distinguirte como el primero de todas las criaturas, y luego incluso de ti mismo, porque eres su creación; para que puedas ofrecerte por completo a Dios como sacrificio y para que desde ahora y en adelante su única agapi y su divina voluntad dirijan tu nus-espíritu, tu mente, tu voluntad y tu memoria y que gobierne él todos tus sentidos. Y viendo después de esto que otra cosa no puede causar en ti semejantes resultados divinos como el santísimo Misterio de la Divina Efjaristía (eucaristía), entonces abre tu corazón con las siguientes inspiraciones amorosas y cariñosas y dile:

«Oh alimento celestial, ¿cuándo llegará aquella hora que yo me sacrificaré completamente por ti, no con otro fuego, sino con ese fuego de tu agapi (amor incondicional, energía increada)? ¿Oh Dios, cuándo viviré sólo de ti y para ti y únicamente para ti? Oh, mi vida, ¿cuándo será eso? Oh Vida bella, agradable, eterna y maná celestial, ¿cuándo me hastiaré de cualquier otro alimento terrenal y desearé solo a ti, para ser alimentado solo por ti? ¿Cuándo sucederá esto, oh dulzura mía? ¿Cuándo mi único bien? Oh Señor mío, encantador y omnipotente, libera este miserable corazón mío de todo apego y de todo pazos maligno. Adórnalo con tus divinas virtudes y con aquel verdadero propósito por el que yo pueda hacer cualquier cosa para agradarte. De esta manera vendré a abrirte mi corazón. Señor mío, quiero agradecerte y rogarte que te introduzcas en mi corazón, en el cual, tú, Señor, sin resistencia, traerás aquellos resultados que siempre deseas operar».

En estas intenciones y disposiciones amorosas puedes estar ejercitándote desde la víspera y por la mañana para la preparación de la divina Comunión o Efjaristía. Después, cuando se aproxime el tiempo, piensa quién eres para vivir, es decir, ¡que aquel es el Hijo de Dios, que tiene majestuosidad que no podemos entenderla, ante la cual tiemplan los cielos y todos los poderes o potestades! ¡Que Él es el Santo de los Santos, el espejo más puro! ¡Una pureza que no se puede comprender, con la cual en analogía no hay ninguna creación pura! ¡Y que es Aquel que, como un gusano de la tierra y como racimo (deshidratado de uva), quiso ser despreciado por tu propia agapi, burlado y crucificado por la maldad y la ilegalidad del mundo!

Es Dios aquel en cuyas manos está la vida y la muerte de todo el mundo. Y tú, que tratas de comulgar con él, eres todo lo contrario, un nada, un cero y debido a tu maldad te has vuelto peor que la nada y de cada cosa insignificante y sucia, solo mereces ser humillado y burlado por los demonios oscuros.  Y que tú en vez de agradecerle por tantos innumerables beneficencias, despreciaste con tus fantasías y tus deseos a un Señor tan Sublime e Inmortal y menospreciaste su preciosa Sangre. Pero Él, a pesar de todo esto, a causa de su eterna agapi e inmutable bondad, te llama y te invita en su Cena divina. Y a veces te insta a ir, amenazándote con la muerte diciéndote: “Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx (cuerpo y carne) del hijo del hombre y no bebéis su sangre, a través del misterio de la divina Efjaristía, no tendréis vida en vosotros” (Jn 6,53). ¡Y no te cierra la puerta de su caridad y misericordia ni te da sus espaldas divinas, aunque por tu propia naturaleza tú estás lleno de la lepra del pecado, cojo, ciego, endemoniado y esclavizado en los pazos (pasiones, emociones y vicios) de la infamia y de la deshonra!

Esto es lo único que él te pide: 1) que sientas dolor de corazón por las calamidades que le has causado, 2) que odies más que cualquier otra el pecado, pequeño y grande, 3) que ofrezcas todo tu ser a él y te entregues con buena disposición y amor de corazón siempre y para todo según su voluntad y obediencia, 4) que tengas esperanza y fe firme en que él te perdonará, te psicoterapiará, te sanará, te purgará y te protegerá de todos tus enemigos.

Y después de ser fortalecido y consolidado por esta inexpresable agapi (amor incondicional increado) de Dios, irás a la Divina Comunión con un temor sagrado, un temor espiritual que produce la agapi-amor, diciendo: “Señor mío, yo no soy digno de recibirte, porque tantas y tantas veces que yo te he entristecido y aún no he llorado como es debido por haberte entristecido. Señor mío, yo no soy digno de recibirte, porque aún no me he entregado con sinceridad en tu agapi, en tu voluntad y en tu obediencia. Oh Dios mío, Todopoderoso e infinitamente bondadoso, hazme digno de recibirte con esta fe”.

Y una vez que hayas comulgado, inmediatamente enciérrate en la parte oculta de tu corazón y olvidando toda cosa creada habla a tu Dios de esta manera o similar: “Oh Altísimo Rey del cielo, ¿qué es lo que te ha traído en mi corazón, en mi que soy pobre, ciego, miserable y desnudo (espiritualmente)?” Y él te contestará: “La agapi”. Y tú, vuelve a decir:: “¡Oh agapi increada! ¡Oh agapi dulce! ¿Qué quieres de mí?”. Y él te dirá que no quiere nada, que no desea nada más que amor diciendo: “No quiero que se encienda otro fuego en el altar de tu corazón y en todas tus obras, sino solo el fuego de mi agapi, para quemar toda otra agapi y toda tu voluntad personal y entregármelo como un aroma fragante. Esto he pedido y esto pido siempre de ti. Porque yo deseo ser todo tuyo y tú todo mío, lo cual no se realizará nunca si permaneces apegado a la agapi-amor de ti mismo, a tu propia opinión, a todos tus deseos y al honor del mundo (ambición). Te pido el odio y el aborrecimiento de ti mismo para entregarte mi agapi. Pido tu corazón unirlo al mío, porque por esta razón se me fue abierto con la lanza encima de la cruz. Y te pido a ti entero, para que yo sea enteramente tuyo. Tú ves que yo soy de un valor incomparable, sin embargo me convierto tanto, lo que tú vales o mereces. Cómprame entonces, oh alma mía amada, entregándote a mí.

Hijo mío, muy amado, yo quiero que no quieras otra cosa, ni escuches nada más que a mí y mi voluntad, para que yo también quiera toda cosa para ti, pensar para ti, escucharte, obedecerte y verte metamorfoseado, convertido, de modo que tu propio ser, después de haber caído en el abismo de mi infinitud, se transforme en eso, y así estarás en mí lleno de contenido (no te sentirás vacío) muy feliz y bendito, y yo muy satisfecho y contento contigo».

Ocúpate diariamente en aumentar y hacer sobrar en tu psique-alma la fe en este Santísimo Misterio de la Efjaristía o Comunión y no ceses nunca de admirar este inefable Misterio y alegrarte pensando en cómo parece Dios bajo de aquellas humildes especies de pan y vino, para hacerte más divino, más digno y feliz. Porque bienaventurados son aquellos que no ven, sino que creen, según el logos del Señor: «Porque me has visto, has creído, a partir de ahora en los siglos de los siglos, bienaventurados y felices los que creen sin haberme visto. Y creerán así las futuras generaciones de mi Iglesia» (Jn 20,29). No desees que te aparezca Dios en esta vida bajo otro tipo de manifestación o apariciones, sino sólo bajo las de los Misterios. Intenta incitar tu voluntad en este Misterio y sé más dispuesto diariamente a cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas. Y siempre, cuando con este Misterio te ofreces a Dios, es decir, cuando participas y comulgas, debes estar dispuesto y preparado a padecer por su agapi, todos los tormentos, fatigas, dolores, sufrimientos y desprecios que te sucederán y toda enfermedad física o corporal 97.

  1. San Basilio el Grande apunta un otro deber para los que comulgan. Porque los que comulgan con la Comunión anuncian la muerte del Señor, como dice san Pablo: «Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (1Cor 11,26). Y la muerte del Señor se hizo para todos aquellos que comulgan y para todos los hombres en general según otra vez el apóstol Pablo: “que si uno murió por todos, luego todos murieron, y por todos murió” (2Cor 5,15). Pues, los que comulgan, deben para la agapi, la fe y los mandamientos de Dios mostrar obediencia hasta la muerte y que no vivan ya al mundo del pecado y en sí mismos, sino sólo en Dios, comulgando en él que por ellos ha muerto y resucitado, según dice otra vez Pablo: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Cor 5,15). Y esto dice san Basilio es un dogma que se ha entregado de Pablo. (En el logos de san Basilio sobre: “El que ha renacido por el bautismo debe ser alimentado y así sucesivamente”).

Por último, ofrecerás al Padre Celestial su Hijo, primero para su agrado y después para tus necesidades, para toda la santa Iglesia, para todos tus parientes, para todos aquellos a los que estás en deuda y para las psiques-almas que han dormido o fallecido. Y esta oferta la harás en recuerdo y unión de aquella misma oferta, con la que el Hijo de Dios se ofreció a sí mismo, es decir, cuando él estaba todo manchado de sangres y colgado encima de la cruz, se ofreció al Padre. Y de esta manera puedes ofrecerle todos tus sacrificios, es decir, las celebraciones, los oficios y las oraciones, que se hacen aquel día en la santa Iglesia.

Capítulo B. 4 La Kοινωνία kinonía Comunión Espiritual y mental, es decir, como se comulga y se conecta con el nus espiritualmente y mentalmente con el Cristo.

[Kοινωνία kinonía comunión, conexión y unión con Cristo y de la energía increada de Dios Trinitario.

Νούς Nus espíritu y energía perceptiva del corazón psicosomático de la psique-alma, (siendo corazón esencia, nus energía, percepción interior y atención y psique naturaleza espiritual humana que contiene el nus (corazón) y el logos).]

Aunque no podemos recibir a nuestro Señor más que una vez al día de manera mistérica o sacramental, sin embargo, podemos estar recibiendo su presencia espiritual e intelectualmente en cada hora y cada momento, a través de la práctica de todas las virtudes, la aplicación de los logos (mandamientos) y especialmente con la divina oración, en particular, la oración monologa del corazón cordial o de Jesús99.

  1. Todas las demás virtudes, aunque tengan alguna semejanza con Dios, hacen que el hombre virtuoso capaz de unirse con Dios, pero no lo unen realmente. Sin embargo, la oración Noerá o del Corazón o de Jesús posee la fuerza y energía para unir al hombre con Dios (ver también en el capítulo 45). En cierto sentido, todas las demás virtudes son como instrumentos que enderezan y ajustan las dos tablas, mientras que la oración se asemeja al pegamento que une las dos tablas enderezadas. Por eso, San Gregorio Palamás, el gran obispo de Salónica, afirmó que «la fuerza de la oración realiza, oficia la elevación y unión del hombre con Dios, porque es un lazo entre las criaturas lógicas con el Creador» (Filocalía https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/).

Puesto que también el Señor está oculto dentro de sus santos mandamientos y logos, y quienquiera que realice una virtud o logos, mandamiento, lo recibe inmediatamente en el interior de su psique-alma, y al Señor que está escondido en ellos, quien prometió que habitará junto con su Padre en el interior de aquel que aplicará y guardará sus logos (mandamientos), diciendo: «El que me ama, aplicará y cumplirá la enseñanza de mi logos, y mi Padre lo amará y vendremos a él y en él nos alojaremos permanentemente, metamorfoseando, convirtiendo su corazón y su cuerpo en templo vivificado del Dios vivo» (Jn 14,23) 100.

100 De este versículo san Máximo el Confesor concluye que quien trabaja y aplica los logos (mandamientos) del Señor, no recibe solo al Señor en su psique-alma, sino que junto con Él al Padre que está junto e inseparable del Espíritu Santo. Recibe en su interior toda la Santa Trinidad y se convierte en su casa (Filocalía centuria 2) https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/..

Esta κοινωνία kinonía (comunión, conexión y unión) no puede ser quitada o desconectada de nosotros por ninguna criatura o creación, sino sólo por nuestra indiferencia o cualquier otro error nuestro. Y algunas veces esta Comunión es tan fructífera y tan agradable a Dios, que supera cualquier otra comunión mistérica que otros puedan experimentar. Por lo tanto, cada vez que estás bien dispuesto y preparado para una κοινωνία (kinonía) Comunión similar, encontrarás al Hijo de Dios dispuesto y listo para alimentarte espiritualmente con sus propias manos.

Por tanto, para prepararte para esta comunión con el nus (espíritu de la psique), haz lo siguiente: Gira y dirige tu mente y tu nus con su atención hacia Dios y, mirando con una ojeada rápida por un lado tus pecados y desde otro lado a Dios, apenándote por el perjuicio y daño que le has causado, y con toda humildad y fe, ruega que venga a tu humilde psique-alma para “psicoterapiarla”, sanarla y fortalecerla contra los enemigos. O cuando tratas de ejercitarte y fortalecerte por superar algún deseo o para realizar alguna nueva praxis de virtud o para aplicar y guardar algún logos (mandamiento), hazlo todo con el propósito de preparar tu corazón para el Dios, quien siempre te lo está pidiendo. Luego dirige tu atención hacia Él e invócale con gran deseo y anhelo para que venga con su jaris (gracia, energía increada) para psicoterapiarte, sanarte y liberarte de los enemigos, de modo que solo Él tenga tu corazón en su poder. O acordándote de las oraciones de la κοινωνία comunión de los misterios mencionados anteriormente, con un corazón ardiente, di: “Cuándo, Señor mío, te recibiré de nuevo, cuándo, cuándo etc…” Y si deseas tener una comunión espiritual aún mejor y más efectiva, prepárate desde la noche anterior, dedicando tus esfuerzos físicos y la práctica de virtudes a este propósito, es decir, para recibir espiritualmente tu Señor. Y por la mañana, cuando amanezca, ¡piensa qué bien! ¡Qué felicidad y riqueza! ¡Qué bienaventuranza y dicha hay en la psique aquella que dignamente participa y comulga mistéricamente el santísimo Misterio de la divina Comunión o Efjaristía! Porque a través de esta comunión, se recuperan las virtudes perdidas, y de nuevo la psique-alma vuelve a su belleza anterior y se convierte en partícipe de los méritos del pazos (padecimiento, sufrimiento) del Hijo de Dios (en la psique-alma se comulgan los frutos, los méritos y los salarios del pazos padecimiento del Hijo de Dios).

Y de la comunión mistérica o sacramental pasa a la mística κοινωνία kinonía (comunión, conexión y unión) espiritual; y reflexionando espiritualmente, disfrutas de los mismos bienes que la comunión mistérica, y procura a encender en tu corazón con un gran deseo y anhelo de recibirlo intelectual y espiritualmente con tu nus y mente o intelecto, y una vez que te hayas saciado de ese deseo, vuelve a tu Señor y dile: «Señor mío, como no puedo recibirte mistéricamente este día, hazlo tú, que eres bondad, fuerza y energía increada, que te reciba dignamente ahora espiritualmente  y en cada hora y día, dándome nueva fuerza y jaris energía increada para combatir contra todos mis enemigos, especialmente contra aquel pazos del enemigo del cual estoy en guerra con tu ayuda”101.

  1. Pero incluso aquellos que quieren y desean comulgar mistéricamente (sacramentalmente) la Divina Comunión con frecuencia, es decir, comulgar a Cristo que se encuentra en los Misterios, y no pueden recibir esta mistérica (sacramental) Divina Comunión debido a que se encuentran en un lugar solitario donde no hay sacerdotes, ni altar ni templo, o porque están en el mundo y son impedidos por los guías espirituales no por ningún error propio, sino por la costumbre pervertida, corrupta y maligna que predomina, estos, digo, que anhelan y quieren recibir mistéricamente o sacramentalmente a Cristo en sus interiores mental y espiritualmente, pero por todo que se ha dicho o por otras razones no puedan, pues, que reciban a Cristo dentro de ellos, mental y espiritualmente, como dice san Nicolás Kabásilas en su interpretación sobre la Divina Liturgia (capítulo 42); porque el Cristo que se encuentra en los misterios espiritualmente y sin ser visto les transmite invisiblemente la santificación, divinización y la divina χάρις jaris (energía increada) de los misterios de la manera que Él mismo conoce.

Capítulo B. 5 La atribución de las gracias y el agradecimiento.

Dado que todo lo bueno que hacemos proviene de Dios y se hace por Dios, por eso estamos obligados a agradecerle por cada nuestro ejercicio bueno, por cada victoria y por todas las beneficencias que hemos recibido de su mano caritativa, tanto las evidentes como las ocultas, tanto las comunes, como las particulares, tal como se refiere: “Dad gracias a Dios en todo, porque esta es la voluntad de Dios, tal y como se ha apocaliptado-revelado en nosotros por Cristo Jesús” (1Tes 5,18). Porque según san Juan el Crisóstomo: “la mejor forma de guardar un beneficio es recordarlo y dar gracias perpetuamente”.102

  1. Por eso el abad Isaac escribió: «La gratitud de quien recibe incita a aquel que dio para dar regalos mayores que los anteriores» (Logos 50). Algunos interpretaron este pasaje del salterio de la siguiente manera: «¿Qué tengo en el cielo? (solo gratitud) y de ti, hombre, ¿qué he pedido en la tierra? (solo doxa-gloria y gratitud)» (Salmo 72,24).

Y esto para hacerlo de la manera correcta, tenemos que pensar sobre el propósito por el que Dios se mueve para transmitirnos sus beneficencias.

Por cada beneficencia el propósito primero y principal de Dios es por descontado el honor y la obediencia a su voluntad, por eso tú piensa que:

1. La mayor gratitud que puedes ofrecer a Dios por todas las beneficencias que te ha dado, es aplicar y guardar sus mandamientos o logos, rendirle honor y estar preparado a seguir su voluntad, como se ha escrito: “¿Qué pide de ti el Señor tu Dios? Sino practicar la justicia (virtud en general), amar la misericordia y caminar diligentemente y seguir humildemente a tu Dios” (Miqueas 6,8).

2 Viendo que no tienes algo digno de alguna beneficencia, porque no has hecho nada más que pecados, desgracias e ingratitudes, con profunda humildad di a Dios: “¿Cómo es posible, Señor mío, que te dignes a ofrecer tantas beneficencias a mí que soy muerto (espiritualmente) y perro sucio? Bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos”.

3. Pensando que él con sus beneficencias que te hace, pide de ti que le ames y le sirvas, entonces enciéndete de la agapi de tu tan amado Señor y del deseo honesto de servir como él quiere. Pero para esta cosa debes hacer una ofrenda total de ti mismo de la siguiente manera.

Capítulo B. 6 La ofrenda mental y espiritual, es decir, cómo uno debe mental y espiritualmente (con el nus o espíritu del corazón de la psique y la mente) ofrecerse a sí mismo y todas sus obras a Dios.

Para que la ofrenda de ti mismo sea completa, perfecta y amada por Dios en todos los aspectos, necesitas dos cosas: una es unir tu propia ofrenda con la ofrenda que Cristo hizo a su Padre. La otra es que tu voluntad y tu corazón estén desapegados del amor de toda cosa creada.

Para la primera, debes saber que el Hijo de Dios, viviendo en este valle de lágrimas, no solo ofreció a su padre Celeste a sí mismo y sus obras juntas también con nuestras obras; de modo que nuestras ofrendas sean aceptadas y gustadas por Dios, deben hacerse con la unión y con la esperanza de las ofrendas de Cristo.

Para la segunda, piensa antes de hacer la ofrenda, si tu voluntad tiene algún obstáculo o apego. Porque si tienes algo similar, debes desapegarte de todo amor, a medida que puedas, y recurrir a Dios para que Él con su mano derecha te desapegue totalmente y así suelto y libre de toda cosa podrás ofrecerte a ti mismo a la divina majestuosidad.

Y presta atención a este punto. Porque si ofreces a ti mismo a Dios mientras estás apegado a las creaciones, no te estás ofreciendo sino a las creaciones, porque entonces tú tampoco te perteneces a ti mismo sino a las creaciones, en las que está apegada tu voluntad; cosa que no es gustada a Dios, que es lo mismo como si quisieras engañarlo y burlarlo. Porque al igual que al Antiguo Testamento no eran aceptados los sacrificios que tenían algún defecto – por  eso el Dios ordenó que no se le ofrecieran animales ciegos o que tuvieran algún defecto. “No ofreceréis animal defectuoso, pues no sería aceptado” (Lev 22,20)- de la misma manera, nuestra ofrenda tampoco es aceptable cuando tiene algún defecto similar y apego103; porque estas ofrendas que se ofrecen a Dios, deben ser dignas para Él, según Sirac que dice: “Al Señor ofrecerás sacrificios y ofrendas dignas” (Sab. S 14,11).

  1. Según San Basilio (logos 53), la santidad consiste en entregarse completamente y sin interrupción a Dios en todo momento, y procurar hacer lo que es agradable a Él. También afirma que lo que se dedica una vez a Dios es sacrílego y temerario si alguien lo retira y lo usa para un uso común y humano.

Por esta razón, sucede que por muchas ofrendas que hagamos a Dios, no sólo permanecen sin ningún fruto, vacías y desacertadas, sino que después de ellas caemos en varios defectos, errores y pecados. Es verdad que podemos ofrecernos a nosotros mismos a Dios, a pesar de que estemos apegados en las creaciones, pero con el propósito de que su bondad nos libere de las cadenas que estamos atados, y así después podamos entregarnos por completo a su divina Majestuosidad y a su servicio. Y esto debemos hacerlo muchas veces con mucho ánimo, con buena predisposición, con ganas y con amor en nuestro corazón.

Así que, hermano mío, tu ofrenda hacia el Dios que sea sin dependencia de algo, sin ninguna voluntad propia tuya y sin fijarte a las cosas terrenales ni a los bienes celestiales, sino sólo a la voluntad y a la providencia de Dios, a quien debes subordinarte por completo y sacrificarte como sacrificio perpetuo. Y olvidando toda cosa creada decir al Señor: “He aquí Señor mío y Creador, te ofrezco por completo mi voluntad en la mano de tu voluntad y en tu providencia eterna. Haz, pues, de mi vida aquello que tú crees y te gusta, en mi muerte y después de mi muerte, en toda mi estancia y eternidad”.

Si haces tu ofrenda de esta manera puramente (lo conocerás cuando te sucedan varias vicisitudes sobre esto), de terrenal te convertirás en consignatario del Evangelio y estarás muy feliz. Porque tú serás de Dios y el Dios será tuyo. Porque él es siempre amigo de aquellos hombres que elevan a sí mismos desde las criaturas o creaciones (terrenales) y se entregan y se sacrifican por completo a su divina Majestad.

Ahora pues, hijo mío, aquí ves una manera, forma o método muy poderoso con el cual puedes vencer a todos tus enemigos. Porque, como se ha dicho, cuando tu ofrenda te una con el Dios, tú te haces todo de Dios y el Dios se hace todo tuyo. Entonces, ¡qué enemigo o qué poder podrá dañarte alguna vez!

Cuando de nuevo, quieras ofrecerle alguna de tus obras, como el ayuno, la oración, toda praxis de paciencia y otras obras buenas, piensa, como hemos dicho antes, la ofrenda que hizo Cristo a su Padre; sus ayunos, sus oraciones y las otras obras, y así con valor y la fuerza de tu ánimo de estas cosas, ofrécele también las tuyas. Si, por otro lado, quieres ofrecer al Padre Celestial la ofrenda de las obras de Cristo por tus deudas, hazlo de la siguiente manera: Echa una ojeada general en todos tus pecados, y algunas veces a cada uno de tus pecados y viendo claramente que no puedes solo expiar la ira de Dios a causa de tantos pecados tuyos, ni satisfacer su justicia divina, inevitablemente tendrás que recurrir a la vida y πάθος pazos padecimiento, pasión de su Hijo, pensando en alguna obra suya104, ο cuando ayunaba y oraba o derramaba su sangre. Allí verás que para apaciguar al Padre por tu deuda de pecados, él ofreció esas obras, esos sufrimientos, esa sangre, como si le estuviera diciendo:

«He aquí Padre eterno, de acuerdo con Tu voluntad, yo alivio tu rica justicia para los pecados y las deudas de tu siervo, que disfrute, pues, tu divina Majestad, perdónale y recíbele en la cuenta de tus elegidos».

Entonces, también tú ofrécele al mismo Padre esa misma ofrenda y estas mismas súplicas por ti mismo, llamándole a liberarte de toda deuda mediante la fuerza de aquellas. Y esto comenzarás a hacerlo no solo pasando de un misterio a otro de la vida y el pazos padecimiento de él, sino también de una praxis a otra praxis de cada misterio suyo. Y no solo para ti mismo, sino también para otros, incluso puedes usar este método de oración.

  1. Apunta que toda obra y cada tipo de pazos padecimiento, pasión de nuestro Señor, por algunos maestros se llama misterio, porque cada uno de ellos contiene también algún significado misterioso. Por eso en el capítulo más adelante dice que pasemos de un misterio a otro de su vida y pazos. Por lo tanto, aprende esto y no dudes.

Capítulo B. 7 La piedad sensible, más la frialdad y sequedad de esta.

Hermanos mío, la piedad sensible o sensorial, es decir, que te sientas a ti mismo interiormente de que estás dispuesto con ánimo y ganas para las cosas divinas, y que tienes agapi, katánixis compunción, dilatación del corazón) y piedad, esto proviene unas veces de la naturaleza física105, otras veces del diablo 106 y a veces de la divina jaris (gracia, energía increada). De los frutos de ella puedes conocer de dónde proviene. Porque si no acompaña la mejora de tu vida, puedes sospechar que proviene posiblemente del diablo o de la naturaleza física; mucho más si esta piedad es acompañada del apetito, de la dulzura y de la dependencia o apego en algo o de alguna fantasía (idea) acerca de ti mismo. Por tanto, cuando percibas que tu nus o corazón siente cierta dulzura de sabores espirituales, no te pares a pensar de dónde provienen, ni te sostengas en esto, ni dejes que tu nus salga de tu humilde conocimiento de ti mismo, sino con más cuidado y odio de ti mismo, ocúpate a mantener tu corazón libre de todo apego o dependencia, incluso espiritual. Y desear solo a Dios y lo que le agrada.

  1. Por ejemplo hay algunos devotos que fácilmente tienen katánixis (compunción, dilatación del corazón) como las mujeres, y los que por suerte por su naturaleza tienen temperamento suave.
  2. Se dice que son abrumados por el diablo aquellos que realizan estas acciones por vanidad y complacencia humana, o por embriaguez, o por diversas pasiones similares.

De la misma manera también la frialdad y la sequedad de la piedad proviene de las tres causas que mencionamos anteriormente: 1) del diablo, para impedir al nus de las obras espirituales y dirigirlo a las obras vanidosas y los placeres del mundo; 2) de nosotros, de nuestros deseos y dependencias que tenemos de las cosas terrenales, y de nuestra indiferencia; y 3) de la jaris, por las siguientes causas; es decir, para que la jaris (gracia, energía increada) nos haga más cuidadosos y abandonemos todo apego y ocupación que no sea de Dios, ni termina en Dios; o para que conozcamos en praxis y práctica que cada bien nuestro proviene solo de Él; o para que en adelante honremos más a sus carismas y seamos más humildes y cuidadosos en conservarlos; o incluso para que nos unamos más fuerte con su divina majestuosidad con una completa renuncia de nosotros mismos, incluso de estos júbilos o deleites espirituales, de modo que no dividamos nuestro corazón en dos, teniéndolo apegado a estos, porque el Dios lo quiere todo para sí mismo; o también porque el mismo Dios se complace cuando nos ve luchar con todas nuestras fuerzas utilizando también su propia χάρις jaris (energía increada).

Así que, si te das cuenta de que eres frío y seco y no tienes la debida agapi (amor desinteresado), devoción y katánixis compunción que se debe tener para las cosas divinas, examínate a ti mismo y mira de qué defecto se te ha sido retirada similar devoción, piedad y lucha contra este defecto, no para recibir otra vez el sentimiento de la jaris, sino para reducir de ti mismo aquello que no gusta a Dios. Pero si no encuentras la causa y el defecto, entonces tu piedad sensible que sea de verdad piedad; es decir, bien dispuesta para su subordinación a la voluntad de Dios. Por eso ocúpate de no abandonar, por ningún motivo, tus ejercicios espirituales, sino practicarlos con toda tu fuerza, aunque te parezcan que no dan fruto ni beneficio bebiendo con tu voluntad el cáliz de la amargura; el cual cáliz te da con la frialdad de la piedad y la privación de la dulzura espiritual, la amada voluntad de Dios.

Y no quieras seguir a Jesús sólo cuando va al Monte Tabor, sino síguelo también cuando va al monte Gólgota. Es decir, no quieras solo sentir en tu interior la divina luz increada, las dulzuras y las alegrías espirituales, sino que desees también las oscuridades, los dolores, los sufrimientos y los fármacos amargos que saborea la psique de las tentaciones de los demonios, internos y externos. Y si alguna vez semejante frialdad y sequedad es acompañada de oscurantismos del nus, de manera que no sepas qué hacer, ni dónde dirigir tu mirada, 107 a pesar de esto, no te asustes ni tengas miedo, sino mantente firme en la cruz, lejos de todo vicio y placer mundano que el mundo o las criaturas puedan ofrecerte.

  1. Estudia el logos de Isaac el Siro y verás la alteración que recibe la psique y el oscurecimiento, la depresión y la duda sobre la fe, mas las blasfemias, y sabrás el cómo, el porqué y quiénes son los que padecen estas cosas y cómo se sanan.

Oculta incluso tu pazos de cualquier persona y manifiéstalo sólo a tu padre espiritual; pero incluso a él muéstralo no para ser liberado de la prueba, sino para que te explique cómo puedes soportar y sufrir de modo que guste a Dios108. 108. Y san Isaac en el mismo discurso dice que, al hombre que padece de estas cosas, para que el mismo sea iluminado y fortalecido por él, le hace falta tener un hombre iluminado y con experiencia en temas similares.

Incluso las oraciones, las divinas comuniones y tus otros ejercicios y luchas no los utilices para las dulzuras divinas y para bajar de la cruz y para cortar tu voluntad; sino para que recibas fuerza y puedas levantar la cruz para mayor doxa-gloria del Crucificado, siendo realmente contento con lo que Él quiera. Y cuando alguna vez por la confusión de tu mente y de tu nus no puedas orar y estudiar como sueles hacer, estudia de la mejor manera que puedas, y aquello que puedas hacer con tu nus y mente intenta hacerlo con tu voluntad y con palabras, hablando contigo mismo y con el Dios, y tendrás resultados admirables y tu corazón recibirá fortaleza, valor y ánimo.

Por tanto, en tiempo de la oscuridad de tu nus y mente puedes decir: “¿Oh, psique-alma mía, por qué te entristeces, te inquietas y te quejas? Espera en Dios: “que he de alabar de nuevo al Salvador y Dios mío” (Sal 42,6). Y de nuevo: “¿Por qué Señor mío te mantienes lejos de mí y estás ausente en los tiempos difíciles y en los sufrimientos? Señor y Dios mío no me abandones ni te alejes de mí” (Sal 9,2). Y recordando la sagrada enseñanza que el Dios de las aflicciones inspiró en Sara, la amada esposa de Tobías, debes tomarla para ti también y decir con voz firme: «Lo mismo sucederá a cualquiera que te adore: esta vida, si es para prueba, será coronada por aquel que la soporta; si está en angustia, será liberado de la angustia. Y si está destinado a ser destruido (será en corrupción), esto no puede suceder sin tu misericordia, porque no te regocijas en nuestra destrucción, ya que después del tumulto del mar traes calma, y después de lamentos y llantos, esparces alegría. Dios de Israel, sea bendito tu nombre por los siglos de los siglos» (Tobit).

También recuerda a Cristo,  que cuando estaba en el jardín y en la cruz para mayor prueba, su parte sensible fue abandonada por su Padre Celestial. Así que tú también, al recordar esto, llevando y sufriendo tu cruz, dirás con todo tu corazón: “Señor, que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mt 26,39). Y operando así, tu paciencia y tu oración, elevarán las llamas del sacrificio de tu corazón y llegarán hasta el trono de Dios; y permanecerás realmente devoto, piadoso, porque la verdadera devoción es un deseo vivo de la voluntad y una agapi (amor incondicional) estable para seguir a Cristo con la cruz en sus hombros en cualquier camino que el mismo nos invita hacia él mismo; y para querer a Dios por Dios mismo, es decir, porque así lo quiere Dios. Por eso si los hombres quisieran medir su progreso por esta devoción, piedad, no por lo que se ve con los sentidos, es decir, solo sentir en sus corazones la dulzura espiritual de la jaris (energía increada), no caerían en engaño ni por sí mismos, ni por diablo, ni se afligirían sin beneficio. De hecho, agradecerían a Dios por un bien tan grande que les concede y tendrían más cuidado de aquí en adelante a trabajar con mayor celo y entusiasmo en la majestuosidad divina que gobierna el universo y muchas veces permite cosas semejantes para su propia gloria y nuestro beneficio.

Por eso, algunos se engañan cuando con temor y prudencia evitan los motivos y ocasiones de los pecados, pero cuando son molestados de loyismí (pensamientos simples o con fantasías, ideas, reflexiones) feos y horribles y algunas veces también con sueños terribles y repugnantes, se confunden, se acobardan y creen que han sido abandonados por Dios y así se alejaron totalmente de Dios. Y así se quedan muy marchitados y decepcionados, y casi decepcionados y desesperados, y abandonando toda buena práctica para las virtudes, regresan otra vez a Egipto de los pazos y no perciben ni entienden bien el favor que les hace Dios, dejándoles a ser molestados de estos espíritus de la tentación, para que entiendan su humillación y se acerquen a Dios como enfermos y como hombres débiles que necesitan ayuda. Por eso, desgraciadamente se quejan de aquello que deberían agradecer por Su inmensurable bondad.

Por tanto, cuando suceden cosas similares, lo que tú tienes que hacer es lo siguiente: pensar bien y reflexionar tu inclinación pervertida, la que el Dios quiere que conozcas, cuál es para tu propio bien; conocer que estás preparado caer en cualquier mal grande y que sin la ayuda de Dios habrías sufrido mayor ruina y daño. Después tener esperanza y estar seguro que el Dios está pronto para ayudarte, porque te hace ver el peligro y quiere atraerte más cerca de él, estimulándote a rezar y correr hacia Él. Por eso debes dar humildes agradecimientos. Y estate seguro que semejantes  tentaciones o pensamientos blasfemos, malignos y repugnantes que te molestan y te tientan, se expulsan mejor con una esperanza y paciencia perseverante y con un perfecto desprecio, y con una resistencia hábil y no con una oposición hábil y una guerra de objeción. También lee y estudia atentamente la nota 23 del capítulo 13 de la primera parte.

(A mí el traductor me parece correcto poner otra vez el capítulo 23, porque es muy importante, así el lector no tiene que correr a la primera parte en el capítulo 23).

[Añadido capítulo A.23: Aquellos que, después de avanzar en la práctica, se han hecho fuertes en el loyismós pensamiento, liberándose de toda doxa-gloria falsa y absurda, han adquirido un verdadero logos correcto a través de la θεωρία zeoría (contemplación y consideración) de los logos espirituales y verdaderos, aquellos que se encuentran en la divina Escritura y en la creación; ellos pueden resistir, rechazar y combatir contra los pazos (vicios, emociones, pasiones y padecimientos) y los loyismí (pensamientos simples o unidos con fantasía) con reacción irascible, es decir, unas veces con logos, lemas o versos de la divina Escritura contra los pazos y los loyismí que les atacan, ya que con esta contradicción el Señor luchó y venció las tres tentaciones o ataques que le trajo el diablo, a) la tentación de la φιληδονία filidonía (hedonismo, amor al placer, sensualidad o voluptuosidad) , b) la φιλοδοξία filodoxía (amor a la gloria mundana, vanagloria, vanidad) y  c) la φιλαργυρία filargiría (amor al dinero y las riquezas, codicia, avaricia). Pero en otras ocasiones, con el logos correcto y natural, que demuestra la falsedad y el engaño de los pensamientos sembrados y los pazos que luchan, por eso estos se llaman verdaderos, ya que luchan directamente contra los enemigos, los vencen y son coronados. Aquellos, sin embargo, que son débiles en el pensamiento, es mejor que luchen contra los λογισμοί loyismí y los πάθος pazos indirectamente en segundo plano; es decir, tan pronto como los pensamientos o los pazos los ataquen, correr en contacto consciente con oración hacia Dios, hasta que se calmen con la oración también los movimientos de los pazos y los discursos de los pensamientos, como enseña san Isaac el Sirio. (Aunque esto principalmente no se llama guerra sino huida de la guerra debido a la debilidad que existe). Pero estos enfermos, alguna vez cuando son atacados exageradamente de los pazos y los loyismí, o cuando conocen que en sí mismo tienen la fuerza, deben luchar también directamente contra los loyismí y los pazos, para que se vea también su propia valentía y la libertad de la voluntad contra este malvado, ya que esto también nos lo dice el mismo San Isaac el Sirio. Sin embargo, cuando atacamos directamente los pazos y los loyismí, una ayuda invencible, como arma de guerra, es tener el nombre del Señor Jesús Cristo; es decir, «Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ Υἱὲ τοῦ Θεοῦ ἐλέησόν με Kirie-Señor Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me, ayúdame, sáname, ten compasión o misericordia de mí…», como también lo decimos en el decimosexto capítulo. Porque de esta manera también luchamos y vencemos a nuestros enemigos, y en esto no nos enorgullecemos, sino que registramos la victoria misma en el nombre victorioso del Señor.

Ten en cuenta que un vehículo supremo y poderoso en la guerra de los pazos y los loyismí, es el desprecio. Es decir, que uno desprecie como ladridos de perros (sin dientes) los asaltos y ataques de los loyismí y los movimientos de los pazos, y especialmente los pazos y los loyismí, que ya había luchado y rechazado anteriormente, y nuevamente con descaro lo molesten y, volviéndose serio y silencioso consigo mismo, no desee ni regrese para considerarlos ni escucharlos, cumpliendo ese Salmo que dice: “Pero yo me hacía como sordo que no quiere oír y como el mudo que no abre la boca para hablar” (Sal 37,14); Pero que corra en el camino de la virtud y del progreso, sin ser obstaculizado por las pequeñas trampas y nimios sustos o espantos de los loyismí, y aquel que quiere, pues, que utilice esta arma y se beneficiará mucho.]

Capítulo B. 8 El examen de conciencia

Para el examen de conciencia piensa tres cosas: los errores de cada día, la causa de estos errores y la mezquindad y predisposición que tienes para combatirlos y adquirir las virtudes contrarias a ellos. Para los errores haz aquello que te dije en el capítulo 26 (qué debemos hacer cuando estamos heridos, etc.). Respecto a la causa de ellos, obliga a tu ser a luchar contra ella, derrotarla y arrojarla a tierra. Respecto a la disposición que necesitas para hacer esto y adquirir las virtudes, fortalece tu voluntad con la desconfianza en ti mismo, es decir, no confiar en ti mismo y tener la confianza, la esperanza y el ánimo a Dios, con la oración y con el odio a las praxis de la maldad y con el deseo a las praxis de la virtud correspondiente.

Cuida, hermano, siempre en cada pensamiento, logos y obra a tener la conciencia irreprochable, sin remordimiento, es decir, que no te acuse y te atormente tu conciencia por alguna cosa. Porque el que examina profundamente la conciencia correcta, ortodoxa y divina, nunca puede fallar o si comete algún error, no puede dejar de corregirse. Porque la conciencia es la ley natural que ha dado el Dios en los corazones de los hombres para guiarlos siempre como una linterna en todas las cosas buenas. Como dijo san Nilos: “utiliza tu conciencia como una linterna pera tus praxis, acciones”. Y el apóstol Pablo: “los mandamientos o logos de la ley de Dios están escritos en los corazones” (Rom 2:15).

Tu conciencia estás obligado a mantenerla intachable frente cuatro cosas: a) frente a Dios, b) frente a ti mismo, c) frente a tu prójimo y d) frente a otras cosas. En lo que concierne a Dios, debes examinar tu conciencia para ver si has guardado todas aquellas cosas que estás obligado a salvaguardar ante él; es decir, aplicar y cumplir todos los mandamientos o logos hasta los más insignificantes (109); y si le has amado y servido con toda tu psique-alma y estás preparado para morir por Él, como estás obligado. Y si estas cosas no las has cumplido y salvaguardado, ocúpate de aquí en adelante a cumplirlas y guardarlas.

Respecto a ti mismo, salvaguardarás tu conciencia intachable sin acusarte, si no eres indiferente, sino que haces completamente ese deber que te corresponde y que estás obligado hacerlo y está de acuerdo con tu fuerza, tanto hacia el Dios como hacia tu prójimo y hacia otras cosas. Además de todo esto, si no caes en excesos y deficiencias destruyendo prematuramente tu salud, tu vida y tus fuerzas físicas con un ejercicio inadecuado y excesivo y no das al cuerpo su medida justa, cuidando de su constitución y mantenimiento. Porque esto es contrario a la conciencia y la razón correcta o logos correcto.

Frente tu prójimo mantendrás tu conciencia limpia, si no haces algo que es contrario a la agapi (amor incondicional) que debes ante él, atribuyendo a tus mayores, semejantes e inferiores aquello que es debido para cada uno, de acuerdo con el grado y la profesión, y vigilando de no escandalizarlos con logos, con obras, formas, gestos y guiños, como dice el apóstol Pablo: “A esto tened cuidado: no pongáis impedimentos o escándalo al hermano” (Rom 14:13) y Salomón dice: “Pensad correctamente ante el Señor y los hombres” (Prov 3:4).

Pero aunque te sucedan algunas cosas que no están de acuerdo con el mandamiento de Dios, sino que según tu juicio son permitidas, sobre estas cosas digo, si tu conciencia te informa que tal vez eres fuerte y puedes guardarlas o no, pero que se escandaliza la conciencia de tu hermano que es débil, entonces tú estás obligado a no ser motivo de escándalo para él, sino dar alivio y descanso a la conciencia de él: “Pero si alguno os dice: no comas carne sacrificada a los ídolos (dice Pablo) , por causa de aquel que te informó y por la conciencia…” No de tu conciencia, sino la del otro. “Pues, ¿por qué mi libertad ha de ser juzgada por conciencia ajena?” (1Cor 10, 28). Sin embargo, en las cosas que son mandamiento de Dios y se escandaliza la conciencia del otro, entonces tú debes despreciar la conciencia de ese para no transgredir el mandamiento, dice san Basilio Grande.

Frente las otras cosas, tendrás tu conciencia irreprochable, tranquila sin acusaciones, si tienes una medida justa y no utilizas exageraciones y deficiencias, tanto en las comidas y las bebidas, como en la ropa, el dinero y la fortuna. Porque como cosa inconsciente o contra conciencia no sólo se comprende que uno desprecie y deje que se estropeen las buenas comidas y la ropa o el dinero y la fortuna con los que uno puede servir a sus necesidades físicas o corporales, sino también querer y buscar comidas sibaritas y hedónicas, prendas de lujo, dinero y bienes patrimoniales que no son necesarios para su servicio.

Y para hablar, cualquier cosa que está fuera de la lógica correcta, se llama para-conciencia o contra-conciencia. Por eso, también tú, hermano mío, para cada cosa que trates de hacer, sea pequeña o grande, primero debes consultar tu conciencia y examinarla, pero no superficialmente y con negligencia, sino profundamente y con mucho cuidado y con precisión. Porque al igual que los pozos, cuanto más profundos se excavan, más buena y limpia agua se extrae de estos, así también nuestra conciencia, cuanto más se examina y se destapa de los pazos (pasiones, emociones y vicios) con los que está cubierta, tanto más y mejor nos enseña qué debemos hacer.

Sin embargo, como existen también varias conciencias, no sólo buenas, limpias y puras, sino también cauterizadas y sucias, como dice Pablo, es decir, viles con mala astucia, inconscientes, insensibles y contaminadas por los pazos, y luego, debido a la insensibilidad o la contaminación, o incluso porque las conciencias no se examinan con mucho cuidado, no siempre enseñan correctamente y bien. Por esta razón, es correcto no confiar siempre solo en tu conciencia, sino que las cosas que ella te aconseja, tú las compares si son de acuerdo con aquellas que enseña la Santa Escritura o que las presentes a los Guías Espirituales y te digan si son correctas para no ser engañado.

Agregué “o porque las conciencias no se examinan con tanto cuidado y diligencia”, esto lo he añadido porque la conciencia del hombre por muy insensible, vil y maligna que sea, sin embargo, cuando se examina con precisión, diligencia y cuidado no cesa nunca de controlar, golpear y acusar al hombre de que está pecando y será infernado por sus pecados si no vuelve a la ματάνοια metania (penitencia, confesión y arrepentimiento). Porque ella fue puesta por Dios en nuestro interior como adversario, según el logos evangélico: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel” (Mt 5:25); y es un testigo fiel y verdadero, como san Pablo dice: “En esto da testimonio también la conciencia de ellos” (Rom 2:15); y al mismo tiempo es juez implacable, vital, muy justo, estricto y logos correcto, por eso no puede callarse. Pero el hombre cuando es dominado por sus pazos (pasiones, emociones y vicios) y quiere hacer sus deseos sin ningún tipo de brida o freno, como desobedece y transgrede la ley de Dios, así también desobedece y transgrede los exámenes y juicios de la divina conciencia. Y para no ser más controlado por ella como otro Herodes que corta la cabeza de Juan, es decir, no considera, ni hace caso su conciencia y toma la decisión de infernarse. Por eso Salomón conociendo esto, no dijo que la conciencia cuando es cuidadosa, no examina al pecador, sino que cuando el pecador llega al punto extremo de los males, entonces menosprecia y deshonra. «Cuando el impío alcanza la cúspide del mal, desprecia» (Prov18:3).

Aún te aconsejo una cosa más que vale la pena que seas informado: es decir, nunca te fíes de tu conciencia, si alguna vez te acusa por alguna cuestión tuya, porque se llama conciencia por aquellas cosas que solo sabemos y no para las que no conocemos. Porque según el profeta Jeremías, “el corazón está más complejo y profundo que toda otra cosa” (el corazón psicosomático es el subconsciente según los santos Padres), y dentro del corazón se encuentran ocultos muchos pazos (pasiones, emociones y vicios) sutiles, de los cuales nada conoce aquel que los tiene, y por los que David suplica que sea sanado y purgado, diciendo: “límpiame, púrgame y sáname de los pazos ocultos” (Sal 18,13); por eso tú también nunca debes creer  que tu corazón está, purgado, limpiado y sanado “psicoterapiado” de los ocultos y sutiles pazos, los cuales sólo son conocidos por Dios, que sólo Dios examina los corazones, como dice Salomón: “solo Tú conoces totalmente el corazón de todos los hombres” (3 Re 8:39). Y ten como seguro aquello que dice Juan: “el Dios es superior que la conciencia de nuestro corazón y conoce todo” (1 Jn 3,20).

Por eso el Apóstol Pablo conociendo esto decía: “No me siento culpable de nada; pero no por esto quedo justificado, porque quien me juzga es el Señor” (1 Cor 4,4). No conoce que su conciencia le acuse y tenga remordimientos de alguna cosa, pero a causa de esto no cree que él sea inocente y justo ante Dios.

Y cuantas buenas obras y victorias has logrado, considéralas sospechosas. Estas cosas te aconsejo que no las pienses mucho con tu conciencia, porque existe el peligro de la oculta vanagloria y orgullo.  Porque dice san Diádoco de Fótica en la Filocalía: “Condición de humildad para uno es tratar de olvidar su propio mérito de sus buenas obras.” Así dejando atrás todas estas cosas cualquieras que sean y entregándolas a la caridad de Dios, dirige tu loyismós pensamiento hacia el camino que te queda para ese día.

Después de todo esto, cuando acabe el día, examínate a ti mismo, si has utilizado bien todas las cosas que te han sucedido. Y para las que te has equivocado, pues, que te arrepientas y pidas a Dios que te perdone y en adelante intenta subsanarte y corregirte. Después, agradécele por los favores y benevolencias que te ha regalado este día. Reconócele como Creador de todo bien, y agradécele más porque te ha salvado de tantos enemigos visibles como de los invisibles. Porque Él ha dado buenos loyismí (pensamientos, reflexiones e ideas) y motivos para la virtud y para cualquier otra beneficencia que tú no conoces.

  1. San Basilio el Grande en su prólogo “sobre los términos amplios”, muy sabiamente y extensivamente demuestra que todos los cristianos, pequeños y grandes, están obligados a cumplir y aplicar los mandamientos o logos que nos manda el Señor en el Santo Evangelio sin excepción alguna: A) Porque el Señor al enviar a sus discípulos a predicar, los dijo que en sus kerigmas enseñen todas las naciones y que cumplan y apliquen todos los logos que él ha proclamado: “Id y haced discípulos míos en todas las naciones… enseñándoles a cumplir y aplicar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28:19). Es decir, no algunos mandamientos o logos para guardarlos y otros para descuidar, sino todos sin ninguna excepción.  B) Porque si todos los mandamientos no fueran necesarios e indispensables para nuestra “psicoterapia” sanación y salvación, no se escribirían en la Santa Escritura, ni el Señor daría la orden de guardarlos todos obligatoriamente. C) Si el Señor nos manda “hacernos perfectos” (Mt 5:48) y Pablo nos pide que el hombre de Dios sea adiestrado, correcto e instruido completo a Dios (2Tim 3,17); está claro que esta perfección y compleción nos la regalará la aplicación y la vigilancia de los mandamientos de Cristo. D) Porque los mandamientos o logos de Cristo están interconectados uno con el otro como una cadena, de modo que quien infringe y viola solo uno de los mandamientos, con la solución y la transgresión de ese mandamiento, disuelve y viola simultáneamente todos los demás mandamientos, y no recibe recompensa por los mandamientos que ha guardado como castigo por aquellos que no ha guardado. Por eso también el hermano de Dios, Santiago dice: “Porque el que guarda toda la ley, pero peca aunque sea un mandamiento, se hace culpable de todos los mandamientos o logos” (Sant 2,10). Y el mismo san Basilio dice: ¿De qué me beneficiarán los demás mandamientos que he conseguido, si digo a mi hermano idiota y por eso seré considerado como culpable para la gehena del fuego ardiente? De todo esto, pues, se deduce la conclusión de que cada cristiano tiene la gran obligación de aplicar y cumplir todos los mandamientos o logos. Y ¿qué digo simplemente aplicarlos y cumplirlos? Aplicarlos y cumplirlos con toda su fuerza, con toda su voluntad y con todo su amor, si quiere, según el Apóstol, ser coronado como atleta legítimo. Y no solo eso, sino que él mismo, por iniciativa propia, añade algo más a los mandamientos, haciendo de alguna manera un exceso. Porque también aquel que tenía un solo talento no recibió alabanza de su Señor, porque devolvió el talento, sino que fue condenado porque no lo aumentó. Concluyo con la nota en pie de página y te digo: Hermano, si perteneces a la categoría de los esclavos o servidores y temes a Dios para no ser infernado, pues, aplica y guarda todos los mandamientos. “Bienaventurado y feliz es aquel que teme al Señor y en sus mandamientos encuentra la gran felicidad y deleite” (Sal 111,1). Si asciendes a la categoría de los asalariados y esperas recibir el salario por tu virtud en la realeza increada de los cielos, guarda todos los mandamientos: “Decliné mi corazón para hacer tus decretos para recompensa” (118,111). Si asciendes a la categoría de los hijos y sirves a Dios sólo por agapi hacia Él, guarda todos los mandamientos: “Elevo mis manos hacia tus mandamientos que he amado” (118,49). Y en otro lado: “Si soy Padre, ¿dónde está mi doxa-gloria?”, dice el Dios. Doxa-gloria del padre es la obediencia del hijo hacia los mandamientos o principios espirituales. Porque debes saber lo siguiente: si transgredes un solo mandamiento cuando podrías no transgredirlo, no tendrás confianza y franqueza en el día del juicio, sino vergüenza. Por eso David decía: “Entonces no tendré vergüenza alguna en mirar a todos tus mandamientos” (Sal 118,6). Te recuerdo también que todos los mandamientos del Antiguo y del Nuevo Testamento, sobre todo se dicen con un verbo imperativo, como: “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen…”, rara vez se dicen en indicativo, como “amarás al Señor tu Dios, no matarás, no cometerás adulterio…” y muy rara vez se expresan con otros verbos.

Capítulo B. 9 Cómo prepararnos contra los enemigos que nos combaten en la hora de la muerte.

Toda nuestra vida encima de la tierra es una guerra continua y debemos guerrear, batallar siempre hasta el final de nuestra vida, como mencionamos en el capítulo quince de la primera parte. Pero el día principal y más importante de la guerra es durante la última hora de la muerte. Porque el que cae durante aquella última hora ya no podrá levantarse. No te sorprendas por eso. Porque si el enemigo se atrevió a presentarse ante  el impecable Señor nuestro al final de su vida, tal vez para encontrar en él algún error pequeño, como dijo el Señor: “viene el príncipe de este mundo pecaminoso, pero no tiene ningún poder sobre mí” (Jn 14,30); pues, mucho más se atreve a venir al final de nuestras vidas contra nosotros que somos pecadores.

  1. Dice san Basilio el Grande en su interpretación del salmo 7 sobre la frase: “3. no sea que, como leones, me desgarren, me despedacen sin que haya quien me libre”; dice que estos valientes atletas, los que en toda su vida han peleado contra los demonios y se libraron de sus trampas y ataques, sin embargo, al final de sus vidas son examinados por el príncipe de este siglo, y si se encuentren con algunas herida, infección o mancha del pecado, son retenidos por él; pero si se encuentran sin herida, ni infección, ni mancha, reposan como libres en Cristo. Por otro lado, aquello que dijo Dios a la serpiente “él te aplastará la cabeza y tú sólo tocarás su calcañal o talón” algunos lo han entendido alegóricamente de la siguiente manera: que el diablo siembre observa al final de la vida del hombre e intenta encontrar algún pecado para recibirle. Es decir, talón significa el final de la vida, porque este también es el final y el extremo del cuerpo.

Por eso, lo que debes hacer para encontrarte bien preparado en ese momento, es guerrear con valor en este tiempo de tu vida que se te ha dado: porque aquel que guerrea bien en esta vida, con el buen hábito que ha adquirido, fácilmente obtiene la victoria durante la hora de la muerte. Incluso debes pensar muchas veces en la muerte con atención. Porque cuando llegue, menos te asustarás y menos miedo tendrás y tu nus (espíritu de tu psique) estará libre y bien dispuesto para la guerra. Los hombres del mundo evitan este pensamiento y la memoria de la muerte, para no cortar el deseo, el ansia y las ganas que tienen para las cosas terrenales, a las cuales están apegados y se entristecen mucho si piensan en que tendrán que abandonarlas. Por eso tampoco disminuye la inclinación desordenada que tienen a las cosas, si no que adquiere más fuerza. Por eso, cuando se trata de separarse de esta vida y de sus cosas tan queridas para ellos, sienten una gran e inexplicable tristeza y pena y sufren un gran dolor.

Por lo tanto, tú para hacer mejor esta imprescindible preparación, debes con tu loyismós pensamiento y reflexión meditar, encontrándote sólo sin ninguna ayuda, expuesto en las aflicciones, angustias y penas de la muerte y pensar en aquellas cosas que pueden guerrearte en aquel último tiempo. Aquí te hablaré sobre la terapia, tratamiento de esto, para que puedas enfrentar mejor aquella última perturbación y angustia. Porque aquella guerra y aquel golpe que están por venir y será una vez, quienquiera que lo haga, debes conocerlo bien, para no fallar en ese momento, porque después no hay lugar de reparación y rectificación.

Capítulo B. 10 Cuáles son los cuatro asaltos que traen nuestros enemigos durante la hora de la muerte. Primero, el asalto contra la fe y su terapia.

Cuatro son los principales asaltos o ataques y los más peligrosos con los que nuestros enemigos demonios suelen combatirnos en la hora de la muerte. 1) La guerra contra la fe, 2) el oscurantismo o desesperación, 3) la vanagloria y 4) los diversos fantasmas y transformaciones de los demonios en ángeles de luz.

Respecto al primer asalto te digo que si el enemigo empieza a atacarte con falsos argumentos, introduciendo en tu mente pensamientos de incredulidad, vete inmediatamente de tu mente a tu voluntad, diciendo: “Sal detrás satanás padre de la mentira, yo no quiero en absoluto escucharte, ya que me basta creer lo que cree mi Santa Iglesia”.

Y no permitas en absoluto lugar en tu corazón a los loyismí-pensamientos de incredulidad, como se dice: “Si un espíritu poderoso, es decir, el enemigo, te ataca, no abandones tu posición” (Eclesiastés 10,4). Estos pensamientos considéralos como movimientos del diablo que en aquel momento intenta escandalizarte. Y si no puedes sostener tu nus con la mente, detente con valor y mantente firme con tu voluntad para que no caer en algún loyismós-pensamiento y reflexión o en algún versículo de la Santa Escritura que te ofrecerá el enemigo. Porque, por muchos versículos de la Santa Escritura que te recuerde en aquel momento, sepas que están tergiversados y con faltas, ofreciéndolos con mala intención y mal explicados, aunque que parezcan evidentes, claros y buenos, son malos.

Y si la maldita serpiente te pregunta con el pensamiento de que él cree en la Iglesia, despréciale completamente y no le respondas. Sino que viendo su mala astucia, maldad y mentira y que intenta atraparte con palabras, entonces cree con todo tu corazón y ten fe sin ninguna duda. Por otro lado, en caso que estés fuerte en la fe y tienes pensamiento-loyismós potente, y quieres hacer que el enemigo se avergüence, respóndele que mi Santa Iglesia cree en la verdad. Y sí te dice cuál es esta verdad, respóndele: aquello que ella cree. Por encima de todo, mantén tu corazón siempre firme, atento y girado hacia al Crucificado Cristo Dios, diciendo: “Dios mío, Creador y Redentor mío, ayúdame rápidamente y no concedas que caiga nunca de la verdad de tu santa fe. Pero ten compasión y misericordia de mí, como nací en esta verdad por tu χάρις jaris (gracia, energía increada), que así también termine en mi vida mortal para la doxa-gloria de tu nombre”.

Capítulo B. 11 El asalto del oscurantismo y la desesperación y su curación

El segundo ataque que utiliza el malvado para apresarnos totalmente es el miedo que nos provoca el recuerdo de nuestros pecados, para hacernos caer al fondo del oscurantismo, la desesperación y la decepción.

Por lo tanto, hermano mío, incluso en este peligro, mantén firme tu propio espíritu en esta regla segura, es decir, que el recuerdo de nuestros pecados en ese momento es de la jaris (energía increada) de Dios y tiene como objetivo nuestra salvación, es entonces cuando te hace humilde y te hace sentir dolor en el corazón y tristeza, porque tú has entristecido a Dios, y es entonces cuando te hace tener ánimo, valentía y esperanza a la bondad de Dios. Pero cuando este recuerdo te molesta y te conduce a la incredulidad, la pusilanimidad y la desesperación, y te hace pensar que estás infernado y que para ti ya no hay tiempo de salvación, sepas que proviene del diablo. Por eso humilla tu egoísmo, humíllate y ten más esperanza y confianza a Dios. Y con esta manera vencerás al enemigo con sus propias armas y glorificarás a Dios.

Sí, hermano mío, debes entristecerte cada vez que recuerdes tus pecados y te duela por haber perdido la jaris (gracia, energía increada) de Dios, pero ten todo tu ánimo a Su pazos-pasión y Su misericordia y busca el perdón. Incluso si te parece que el Dios mismo te está diciendo que no eres de sus ovejas, tú de ninguna manera debes perder tu ánimo y esperanza que tienes en Él, pero humildemente decirle: “Sí, Dios mío, tienes razón de reprenderme por mis pecados. Pero tengo mayor ánimo y esperanza en tu compasión y misericordia de que me perdonarás. Por eso también de ti pido la salvación de esta pobre criatura tuya, que fue condenada por su maldad pero fue redimida por la doxa-gloria de Tu santa sangre. Redentor mío, quiero ser salvado, para tu propia doxa-gloria, con la esperanza de tu inagotable misericordia. Por eso me entrego por completo en tus manos y que se haga en mí lo que te plazca. Porque tú eres mi único Señor. Y aunque me mates, pongo en ti todas mis esperanzas de vida».

Capítulo B. 12 El asalto de la vanagloria y su terapia.

Tercer asalto es el de la vanagloria y el orgullo con los cuales tienes confianza en ti mismo y en tus obras para ser salvado. Por eso y especialmente aquella última hora de tu muerte no dejes tu nus (espíritu) y tu mente a pensar ni el más mínimo aprecio y mérito de ti mismo, ni de tus obras, incluso si has logrado todas las virtudes de los santos. Más bien, que tu apreciación y confianza esté solo a Dios, teniendo esperanza clara en su compasión y misericordia, y en las obras de su vida y su pazos-pasión para ser salvado. Siempre, delante de tus ojos despréciate y humíllate a ti mismo hasta el último respiro. Y si ocurre que pienses en alguna buena obra tuya, sólo debes reconocer que la ha hecho Dios y no tú, y que provino sólo de Él.

En efecto, debes recurrir a la ayuda de Dios. Pero no esperes recibirla simplemente porque la mereces, ni por tus muchos y grandes esfuerzos y victorias. Sostente siempre en un temor sagrado, confesando verdaderamente que todas tus luchas, previsiones, trabajos y esfuerzos habrían sido en vano si el Dios no los hubiera ayudado y sostenido bajo la sombra de sus alas; pon toda tu esperanza solo en su defensa.

Si sigues a estos consejos, durante la hora de la muerte, los enemigos no podrán aparecer como superiores a ti. Pero se te abrirá el camino para que pases con alegría desde esta tierra y este exilio a la Jerusalén celestial, a la dulce patria. Consulta también el capítulo A:32 de la primera parte, donde encontrarás un logos más amplio sobre la terapia, “psicoterapia” de la vanagloria, la soberbia y el orgullo.

Capítulo B. 13 El asalto de las fantasías y su terapia.

Si el astuto maligno y tenaz enemigo nuestro, que nunca se cansa de molestarnos y tentarnos, quisiera alguna vez guerrearte, especialmente en la hora de la muerte con algunas apariciones falsas y transfiguraciones en un ángel de luz, tú debes permanecer firme en el conocimiento de tu propia humildad y la nimiedad de ti mismo. Y decir con corazón firme, valor y atrevimiento: «Vuélvete miserable a tu propia oscuridad, porque no necesito visiones ni nada más, sino la misericordia de mi Jesús y las súplicas de la Siempre Virgen María y de los demás santos». Pero incluso si reconoces con muchas señales que esas visiones son verdaderas y provienen de Dios, a pesar de esto, tú tienes que rechazarlas siempre y expulsarlas lo más lejos posible de ti. Y no temas que a Dios no le agrade este rechazo que haces, considerando tu propia indignidad. Porque si esas visiones son de Dios, Él sabe bien cómo aclarártelas, y no le disgustará si no las aceptas. Porque aquel que otorga la χάρις jaris (gracia, energía increada) a los humildes, no se la quita a ellos de nuevo por acciones que realizan debido a su humildad.

Estas son las armas más acostumbradas que el enemigo acostumbra utilizar contra nosotros en aquella última hora de la muerte. Pero también a cada uno le ataca según sus inclinaciones personales y los pazos que tiene, a los cuales conoce que tiende a caer y sucumbir más frecuentemente. Por eso, amigos míos, antes de que se acerque esa terrible hora de la gran guerra, debemos armarnos contra lo pazos, los más poderosos que nos dominan y nos roban el tiempo y guerrear con valentía para facilitar en aquel tiempo la victoria, que nos lleva en cualquier otro momento.

Capítulo B. 14 La paz espiritual del corazón

Tu corazón, amigo mío, fue creado por Dios sólo para este propósito, es decir, ser amado y habitado por Él. Por eso te llama diariamente para que se lo entregues: “Hijo mío, dame tu corazón” (Prov 23,26). Pero como el Dios es la paz y es superior a todo nus (espíritu), el corazón que trata de recibirle debe estar en paz, sereno e imperturbable, como dijo David: “La paz ha dominado en su lugar, la paz está en su residencia” (Sal 75,2). Por eso, antes que nada, debes reforzar y consolidar tu corazón en un estado de paz, de modo que todas tus virtudes exteriores nazcan de esta paz y de las otras virtudes interiores, tal y como dijo aquel asceta hisijasta Arsenio: “Ocúpate de que todo tu trabajo interior sea de acuerdo con la voluntad de Dios y vencerás los pazos externos”. Porque aunque todos los ejercicios con los que se ejercita el cuerpo son elogiables, cuando se hacen con discernimiento y moderación, como corresponde a la persona que los practica, sin embargo, tú nunca lograrás alguna virtud verdadera solo mediante estos ejercicios anteriores, sino vanidad y vanagloria, incluso si estos ejercicios no reciben fuerza y vida y no son gobernados de las virtudes psíquicas e interiores.

La vida del hombre no es nada más que una guerra y tentación continua, tal y como dijo Job: “¿No es un lugar de tentaciones y sufrimientos la vida del hombre en la tierra? (Job 7,1). Por lo tanto, a causa de esta guerra, tú debes estar siempre atento y vigilante, observando y cuidando mucho tu corazón, para que esté siempre en un estado pacífico y reposado. Y cuando se levanta alguna ola de perturbación en tu psique-alma, debes estar bien dispuesto a serenar y a pacificar tu corazón, no permitiéndole cambiar de rumbo y sea destruido por aquella turbulencia, perturbación. Porque el corazón del hombre es similar con la pesa del reloj y el volante del barco. Así como cuando un pesa del reloj es descolgada de su sitio, inmediatamente se mueven también todas las ruedas, y cuando el barco no toma bien la curva, entonces todo el barco se desvía de su curso normal, lo mismo ocurre también con el corazón; cuando alguna vez es perturbado, inmediatamente se conmueven todos los órganos interiores y exteriores del cuerpo y el mismo nus (espíritu humano) sale de su movimiento correcto y de su logos o razón correcto. Por eso siempre debes estar pacificando tu corazón cuando sucede alguna confusión y molestia interior, sea durante el momento de la oración o en cualquier otro tiempo.

Y debes conocer lo siguiente: entonces sabes cómo orar correctamente cuando sabes cómo trabajar correctamente y permanecer en paz; porque el apóstol Pablo también nos manda que oremos pacíficamente, sin ira, ni discusiones, ni meditaciones: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1Tim 2,8). Así que piensa que cada trabajo tuyo debe hacerse con paz, dulzura y sin violencia. En resumen, toda la ascesis (ejercicio espiritual) de tu vida debe realizarse para que tengas paz en tu corazón y no ser perturbada, y a continuación, con esta paz realizar todas tus obras con apacibilidad y serenidad, como se ha escrito: “Hijo mío, que realices con dulzura y apacibilidad todas tus obras” (Prov 3,17), para que te hagas digno de la bienaventuranza de los apacibles, que dice: “Bienaventurados los que tratan con apacibilidad a los demás, porque estos heredarán el reinado de la Realeza increada (o la tierra prometida o el paraíso)” (Mt  5,5).

Capítulo B. 15 El cuidado que debe tener la psique para que se pacifique.

Por tanto, hermano mío, antes de cualquier otra cosa debes tener esta paz y contracción en tus cinco sentidos; es decir, en no ver ni mover tus manos, ni hablar ni caminar perturbado, sino con paz y con buenos movimientos. Porque cuando te acostumbres a mantener esta paz en tus movimientos externos, fácilmente y sin agotamiento lograrás pacificarte interiormente, porque según los santos Padres, el hombre interior se transforma por el exterior. Acostúmbrate amar a todos los hombres y estar en paz con todos, como te dice el apóstol Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Rom 12,18). O como dice san Máximo el Confesor: “si no puedes amar a tus enemigos, por lo menos esto sí que es fácil para ti hacerlo, no tener odio, ira, rencor y resentimientos contra nadie”. Vigila tu conciencia para que no te acuse por ninguna cosa, sino que esté reposada con el Dios, contigo mismo y con las cosas exteriores, como hemos dicho en el capítulo B. 8. Y sobre todo que no te acuse que has omitido algún mandamiento de Dios, porque el mantenimiento de la conciencia pura y clara genera la paz del corazón: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal 118, 164).

Acostúmbrate a soportar los insultos sin perturbarte. Es verdad, que sufrirás mucho hasta lograr esta paz, por falta de práctica y ejercicio espiritual. Pero una vez que tu psique adquiera esta paz, encontrará mucho alivio y consuelo en cada situación contraria que encuentre. Y día a día aprenderás mejor este ejercicio o esta ascesis para que te pacifiques espiritualmente.

Por otro lado, cuando alguna vez te veas a ti mismo muy afligido, disgustado y molestado, de modo que no puedas tener paz en tu interior, entonces corre inmediatamente con la oración en contacto consciente con Dios y persevera en ella imitando a nuestro Señor, el cual en el Jardín oró tres veces para darte ejemplo, de manera que en cada calamidad, pena y disgusto tuyo tengas como refugio la oración; y por muy afligido y amilanado que estés, no debes abandonarla, hasta que encuentres tu voluntad de acuerdo con la voluntad de Dios; y a continuación la encontrarás pacífica y piadosa y a la vez con mucho valor y coraje para que pueda recibir y abrazar aquello que antes temía y lo evitaba. Porque también el Señor mientras temía el pazos-pasión, sin embargo, después de la oración recibió ánimo y dijo: “Levantaos, vámonos de aquí; he aquí se acerca aquel que me entregará” (Mt 26,46).

Capítulo B. 16 Esta casa pacífica se edifica poco a poco.

Preocúpate, como se ha dicho, que tu corazón nunca se perturbe ni se mezcle en alguna preocupación o cuestión que lo moleste, sino que siempre luches y lo mantengas pacífico y reposado. Y el Dios, que te ve luchando y actuando así, edificará con su χάρις jaris (gracia, energía increada) en tu psique-alma una ciudad de paz. Y tu corazón será una casa de júbilo y alegría, tal y como se entiende en el salmo: “»Jerusalén, que está bien edificada como ciudad»” (Sal 121,2).

Esto es lo único que Dios quiere de ti; que cada vez que seas perturbado, inmediatamente cambies e intentes serenarte, tranquilizarte y pacificarte en todas tus obras, pensamientos y reflexiones (loyismí). Y como una ciudad no se edifica en un día, así también debes pensar tú, es decir, que en un día no puedes adquirir esta paz espiritual interior. Porque esto no significa otra cosa que edificar para el Dios de la paz una casa y una tienda sublime para convertirte en su templo. Y debes saber que el mismo Dios es el que edificará esta casa. Porque tu esfuerzo y cansancio de otra manera sería vano, como dice el salmo: “Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Sal 126,1). Además de esto, debes conocer que el cimiento básico de esta paz del corazón es la humildad (111) y evitar, en la medida que puedas, perturbaciones, tormentos y escándalos. Porque en la Santa Escritura también vemos que el Dios no quiso construirle un templo y casa a David, que tuvo guerras y perturbaciones casi durante toda su vida, pero su hijo Salomón permaneció, según su nombre, un rey pacífico y no hizo ninguna guerra con nadie.

  1. Y realmente, la humildad, la paz y la apacibilidad del corazón están tan unidas de modo que donde se encuentra una, está la otra; y el que es apacible del corazón, éste es también humilde; y viceversa, el que es humilde de corazón es también apacible y pacífico. Por eso el Señor todas estas cosas las ha pronunciado unidas: “Aprended de mí que soy apacible, humilde y pacífico de corazón” (Mt 11,29). 

Capítulo B. 17 La psique-alma debe evitar los honores y amar la humildad y la pobreza del Espíritu, mediante las cuales se adquiere la paz de la psique.

Por tanto, hermano mío, si amas la paz del corazón, lucha por introducirte en ella por la puerta de la humildad, (porque no hay otra entrada en ella fuera de la humildad). Pero para adquirir la humildad, debes luchar y esforzarte (especialmente al principio) para abrazar todas tus calamidades, penas y contrariedades como queridas hermanas tuyas, y evitar toda gloria y honor, deseando que seas menospreciado por todos y que no haya ninguno que te defienda y te consuele, excepto tu Dios. Asegura y sostenga este pensamiento en tu corazón, es decir, que solo tu Dios es tu bien, tu único refugio y que todas las demás cosas son para ti un tipo de espinas, las cuales, si las pones en tu corazón te dañarán con la muerte (espiritual). Y si alguien te hace pasar vergüenza no te aflijas ni sufras, sino aguanta con alegría la vergüenza, estando seguro de que entonces el Dios está contigo. Y no busques otro honor, ni busques nada más, sino sufrir sólo para la agapi amor incondicional de Dios y por lo que produce mayor doxa-gloria.

Esfuérzate y lucha por alegrarte cuando alguien te insulta, te critique o te subestima, porque bajo de este polvo y desprecio se encuentra un tesoro grande. Y si lo aceptas con tu voluntad, entonces rápidamente te volverás rico, sin que lo conozca ni siquiera aquel que te provoca este carisma, es decir, aquel que te deshonra y desprecia. Nunca busques que alguien te ame en esta vida, ni que te honre y alabe, para que puedas sufrir junto con el Crucificado Cristo y que nadie te impida hacerlo. Que te vigiles y desconfíes de ti mismo como de tu mayor enemigo. No sigas tu voluntad, ni tu nus y mente, ni tu idea u opinión, si no quieres perderte. Por eso, debes tener siempre las armas, para protegerte de ti mismo. Y cuando tu voluntad quiera inclinarse hacia alguna cosa, aunque sea santa o divina, primero aíslala y luego desnúdala y colócala sola delante de Dios, rogando que se haga Su voluntad y no la tuya. Y esto hazlo con deseos cordiales, sin ninguna mezcla de la egolatría y el egoísmo, conociendo que no tienes nada que provenga de ti mismo, ni puedes hacer nada solo.

Vigílate y protégete de los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) que traen consigo la apariencia de santidad y celo, que no tienen discernimiento, por los cuales Dios dice: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,15). Y sus frutos son cualquier inquietud, molestia y perturbación que dejan en la psique-alma. Porque todas estas de cualquier color y forma que sean, te alejan de la humildad y de esta paz y serenidad interior. Estos son los pseudo-falsos profetas, quienes, siendo realmente vestidos con apariencia de cordero, es decir, con la hipocresía del celo, sin discernimiento para beneficiar al prójimo, son en realidad lobos rapaces que arrebatan tu humildad y esa paz, tranquilidad y serenidad interior, que son tan imprescindibles para el que quiera tener un progreso espiritual seguro. Y esta hipótesis o cuestión, cuanto más color y apariencia de santidad tiene, tanto más debes examinarla, y esto, como se ha dicho, debe hacerse con mucha calma, serenidad y paz interior. Pero si alguna vez te falta algo de estas, no te trastornes y te desconcentres, sino humíllate delante de tu Dios reconociendo tu debilidad, y de ahora en adelante, conoce bien, que puede ser que el Dios te lo permite posiblemente para humillar a tu egoísmo, alguna soberbia tuya u orgullo que se encuentran ocultos en tu interior y no lo sabes.

Si, por otro lado, alguna vez sientes que tu psique-alma está siendo pinchada por alguna espina poderosa y venenosa, es decir, de algún pazos y pensamiento o reflexión, no te perturbes ni te alarmes por ello, sino pon mayor atención para que no traspase en tus entrañas. Vuelve tu corazón hacia atrás y con agrado coloca tu voluntad en el lugar de la hisijía espiritual, paz, calma y serenidad, guardando limpia tu psique-alma delante de Dios, a quien siempre encontrarás en tus entrañas y en tu corazón para la rectitud de tu opinión, estando seguro que cada cosa sucede para probarte y para que puedas entender tu propio interés y para que seas digno de la corona de la justicia y virtud que te está preparada por la compasión y misericordia de Dios.

Capítulo B. 18 La psique-alma debe mantenerse en soledad e hisijía espiritual, para que el Dios traiga su propia paz dentro de ella.

Como el Dios de los dioses y Señor de los señores hizo tu psique para ser residencia y templo suyo, debes honrarla de tal manera que no permitas que se humille ni se incline hacia otra cosa; y sus deseos y esperanzas estén siempre esperando la venida de Dios, quien si no encuentra la psique-alma sola, no vendrá a visitarla. Él quiere la psique sin reservas, sin pensamientos loyismí, y si es posible completamente sola y libre de deseos y mucho más libre aún de su propia voluntad. Por eso tú solo y sin el don del descernimiento, no debes ejercerte duramente, ni buscar motivos para padecer por la agapi-amor de Dios solo con la opinión de tu propia voluntad, sino con el consejo de tu Padre Espiritual que te guía como guardián de Dios, de manera que mediante Dios, te mande y opere en tu voluntad aquello que él quiere. Nunca hagas lo que quieras. Sino que haga el Dios aquello que quiere en ti. Tu voluntad que esté siempre libre de ti mismo, es decir, que tú nunca quieras alguna cosa, y cuando quieras algo, que sea de tal manera que aunque no se haga aquello que quieres, especialmente si es contrario, no te aflijas, sino que tu espíritu permanezca tan tranquilo y sereno como si no hubieses deseado y querido  nada.

Esta es la verdadera libertad del corazón y la soledad, es decir, que no se vincule y se comprometa con el nus (espíritu humano) o con su voluntad en ninguna cosa. Por lo tanto, si entregas a Dios tu psique tan disuelta, libre y sola, verás milagros que él energizará y operará en ella, pero en particular y excepcionalmente la paz divina ( ησυχία hisijía), que es aquel regalo que puede ser la causa de que puedan caber todos los demás carismas, como dijo el Megadidáscalos san Gregorio Palamás obispo de Salónica en su “Logos sobre la monja Xenia” https://www.logosortodoxo.com/filocalia/hacia-la-venerable-monja-xenia-san-gregorio-palamas-filocalia-t-4/: ¡Oh maravillosa y admirable soledad y tesoro oculto del Altísimo! En la que solo Él quiere ser escuchado y no en otro lugar, y donde Él quiere hablar al corazón de tu alma-psique. ¡Oh desierto e hisijía (paz y serenidad espiritual) que te has convertido en paraíso! Porque el Dios sólo en el corazón de la psique da permiso para que lo vean o hablen con Él. “Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema” (Ex 3,3), decía Moisés cuando se encontraba en el desierto espiritual y físico de Sinaí.

Pero si tú también quieres llegar a esto, entra dentro en esta tierra descalzo porque es sagrada. Desnuda primero tus pies, es decir, las disposiciones e intenciones de tu psique-alma permaneciendo desnuda y libre de toda cosa terrenal. No lleves bolsa, ni bastón en este camino, como pidió el Señor a sus discípulos (Lc 10,4), porque tú no debes querer ninguna cosa de este mundo, como lo hacen los demás. Ni reverenciar a ninguna persona en este camino, como ordenó Eliseo a su joven discípulo (Re 4,29) y decía el Señor a sus discípulos: “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado, y a nadie saludéis por el camino” (Lc 10,4), teniendo todo pensamiento, disposición y agapi sólo a Dios y no a las criaturas; “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8,22). Tú avanza sólo hacia la tierra de los vivos, y la muerte no tenga lugar o nada que ver contigo.

Capítulo B. 19 El cuidado que debemos tener a la agapi-amor hacia el prójimo, para que no nos cause molestias en esta paz espiritual.

El Señor nos dijo en el Evangelio que vendrá a poner el fuego de su αγάπη agapi (amor incondicional e increado, energía divina) en la tierra, es decir, en el corazón, y nos ha indicado cuánto quiere y desea que este arda: “Fuego vine a echar en la tierra; y no quiero nada más que esté encendido” (Lc 12,49). Por tanto, la agapi de Dios no tiene límite y es increada, al igual que el mismo Dios que es amado es increado no tiene fin ni medida tampoco límite, pero la agapi-amor hacia el prójimo debe tenerlo. Porque si no la utilizas con la medida adecuada, puedes ser separado de la agapi de Dios, causarte gran daño y destrozarte a ti mismo para ganar a otros. En efecto, debes amar a tu prójimo, pero hasta el punto que no te dañes a tu psique-alma. Por supuesto, estás obligado a dar el ejemplo bueno, pero nunca debes hacer todas las cosas solo por eso. Porque de esa manera, no harías nada más que causarte daño a ti mismo. Haz todas las cosas correctamente y divinamente, sin aspirar nada más que agradar a Dios.

Humilla tu egoísmo o humíllate en todas tus obras, y entenderás qué poco puedes beneficiar a los otros con ellas. Piensa que no debes tener tanta ardiente pasión y celo por tu psique-alma, hasta el punto de perder tu calma, serenidad y paz del corazón; que seas muy sediento y desees fervientemente que todos conozcan la verdad, como tú la percibes y entiendes, y que se embriaguen del vino aquel que el Dios promete y regala gratis a cada uno: “Y compraréis sin dinero vino y aceite” (Is 55,1). Esta sed para la psicoterapia, sanación y salvación del prójimo debes tenerla siempre. Pero debe provenir de la agapi que tienes hacia el Dios y no de tu celo o entusiasmo sin discernimiento. El Dios es quien puede sembrar esta agapi en la soledad inteligible o espiritual de tu psique-alma, y cuando quiera, reunirá la cosecha dentro de ti. No siembres nada por ti mismo, sino ofrece a Dios la tierra de tu psique limpia, lúcida y pura de cualquier cosa, y Él entonces de la manera que quiera sembrará la semilla en ella y así dará fruto.

Recuerda siempre que el Dios así quiere tu psique,  que esté sola y libre de toda cadena o todo vínculo, para unirla consigo mismo. Sólo déjale que te escoja y no le impidas con tu libre albedrío o independencia que tienes. Sentado siempre sin tener ningún loyismós pensamiento y reflexión sobre ti mismo, a excepción de aquel que debes gustar a Dios, esperando a ser llamado a trabajar. Porque el dueño y señor ya ha salido de su casa buscando trabajadores para su viña, según la parábola del Evangelio. Expulsa lejos toda preocupación y todo loyismós pensamiento sobre ti mismo, desnúdate de toda ocupación de ti mismo y de todo amor a las cosas temporales, para que te vista solo el Dios y te regale aquello que no puedes ni imaginar. A la medida que puedas, olvídate de ti mismo completamente, y en que tu psique-alma viva solo la agapi de Dios.

Incluso con todo cuidado debes calmar el celo y el fervor que tienes para los demás, para que el Dios te proteja con toda paz y serenidad. Medita y ocúpate que no sea privada tu psique-alma de su propio capital (que es la paz del corazón) y ponerlo sin discernimiento en el lugar de los demás. Porque la única feria durante la cual debes comercializar para hacerte rico, es la subordinación de tu psique a Dios, libre de toda cosa. Pero incluso esto debes hacerlo sin atribuírtelo a ti mismo o tener la impresión que estás haciendo alguna cosa grande; porque es el Dios que lo hace todo y no quiere nada de ti mismo, excepto que seas humilde ante él y le ofrezcas tu psique-alma totalmente libre de las cosas terrenales, deseando que en tu interior se haga todo a la perfección y todo conforme a la voluntad de Dios.

Capítulo B. 20 Una vez que la psique-alma queda despojada de su voluntad, debes permanecer de pie ante Dios.

Hermano mío, teniendo esperanza en el mismo Dios, que te llama diciendo: “Venid hacia mi todos los cansados y cargados en la psique y daré descanso en vuestras psiques” (Mt 11,29), a esta invitación de Dios debes seguir esperando la venida del Espíritu Santo. Y arroja tu ser de manera decidida, con los ojos cerrados, al océano de la divina providencia y de la eterna complacencia, de tal manera que te comportes como un objeto inanimado, solo siendo llevado por las olas más poderosas de la voluntad de Dios, sin oponer resistencia con tu propia voluntad, para ser llevado al puerto de tu perfección y salvación. Haz esto muchas veces al día, lucha y esfuérzate con toda la seguridad que puedas, interna y externamente, para acercarte con todas tus fuerzas psíquicas en aquellas praxis que te incitan y promueven a amar a Dios; y estas praxis son la oración y el recuerdo continuo de su dulcísimo nombre, las lágrimas que brotan de la agapi-amor, la piedad o devoción con fervor y la alegría hacia él y las otras obras espirituales. Y estas praxis deben hacerse siempre sin violencia y opresión de tu corazón, para que no te debiliten mediante los ejercicios molestos y sin discernimiento y quizás te endurezcan y te conviertan en individuo que no pueda recibir y caber algo espiritual en su interior. Por eso, acepta también el consejo de los experimentados e procura acostumbrarte siempre con el deseo en la memoria de Dios, desde el principio hasta al final, y en la θεωρία zeoría contemplación de las continuas y amadas benevolencias y donaciones de Dios; y aceptes con humildad las gotas y las dulzuras que descenderán en tu psique-alma de Su inexpresable bondad. Todas estas cosas y especialmente las lágrimas 114, tú no las busques con violencia, sino que debes permanecer tranquilo, en tu soledad interior, rogando para estas y esperando la voluntad de Dios. Y cuando Él te las conceda, entonces serán dulces y fructíferas sin fatiga ni esfuerzo propio. Por eso las recibirás con gratitud y felicidad. Y más que todo lo demás, con toda humildad. Y la llave con el que se abren las cajas ocultas de los tesoros espirituales de la gnosis (conocimiento) y de la divina agapi (amor increado, energía increada), está en saber negarte a ti mismo en toda circunstancia y en todo tiempo. Y con esta misma llave se cierra también la puerta del desconocimiento, de la oscuridad y de la frialdad que teníamos hasta entonces.

  1. Una cosa es el luto y otra cosa las lágrimas. El luto es un pensamiento doloroso y una aflicción del corazón, con la cual nos entristecemos y nos dolemos: a) Porque hemos afligido y amargado a Dios con nuestros deseos y hemos transgredido sus mandamientos, b) porque en esta vida nos hemos sido privados de su jaris (energía increada) y después de la muerte podríamos ser privados también de Su realeza increada. c) porque con nuestros pecados nos hemos convertido a nosotros mismos responsables para el infierno eterno. Este dolor mismo y la reflexión se convierten en una carga que aplasta el corazón o como un aguijón que lo punza, y de ahí surgen los gemidos desde lo más profundo y entonces cuando la carga y la punzada se hacen muy intensas, entonces el corazón se abruma y las lágrimas brotan de los ojos, pero a través de la sinergia (cooperación de la jaris (gracia, energía increada) de Dios, que nos regala estas lágrimas para lavar nuestros pecados y volver a ganar su jaris. Porque como se dice, el Dios, al privarnos de su jaris endurece nuestros corazones. “¿Por qué, Señor, nos haces andar errantes lejos de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te temamos” (Is 63,17). Así se dice que con la concesión de la jaris (energía increada) compunge y dilata nuestros corazones, (Rom 11,8, Sal 59,3 e Is 29,10). Por tanto, nosotros debemos ocuparnos siempre con el luto (espiritual), porque depende de nosotros y se parece al regreso y la metania del hijo Pródigo. Pero las lágrimas se deben pedir de Dios como un carisma suyo, y se asemejan con los abrazos y las caricias de Dios Padre hacia el hijo Pródigo, como dice el Megadidáscalos San Gregorio Palamás.

A la medida que puedas, tienes que amar estar junto a la Zeotocos Madre de Dios a los pies de Cristo, y escucha lo que Dios te dirá.

Ten cuidado de tus enemigos, y el mayor de ellos eres tú mismo, que no te impidan este santo silencio. Y cuando tú con tu nus (espíritu de la psique) y la mente unida al corazón buscas encontrar a Dios para que seas aliviado y descansar en Él, no busques lugares y fronteras con tu estrecha y débil fantasía115. Porque él es incomparablemente infinito y se encuentra en todas partes, o más bien todas las cosas se encuentran en él. Tú le encontrarás en el interior del corazón de tu psique-alma cada vez que realmente lo busques (116), es decir, para encontrar sólo a Él y no a ti mismo. Porque la alegría de Dios es encontrarse con nosotros los hijos de los hombres, como hemos dicho anteriormente, para hacernos dignos de Él, sin necesidad alguna de nuestra parte.

  1. Por eso, el Santo Agustín en sus oraciones amorosas, después de preguntar a las estrellas, al abismo y a otras creaciones si tenían a su Dios, y cuando supo que no habitaba en ellas, al final, después de volver a sí mismo, encontró a Dios habitando dentro de él. Y así se reprochó a sí mismo por buscar a Dios en cosas externas, mientras él mismo estaba en su interior.
  2. Apunta que el Dios se encuentra dentro en la psique y se participa no por su esencia, lejos de un pensamiento blasfemo de este tipo, sino por Su propia χάρις jaris (gracia, energía increada), como dicen los santos teólogos: se encuentra de hecho en la esencia de la psique y no sólo en su energía. Ya que sólo el Dios es creador de esencias, por consecuencia sólo él es quien se une también mediante las esencias y con las esencias, tanto de los cuerpos como de los espíritus, tal y como se refiere con todo detalle aquel gran sabio san Gregorio Palamás de Tesalónica en su epístola a Barlaam. Mejor y más concreto, Él es todo el centro en el cual se encuentran y se sostienen todas las esencias de los seres, según el pasaje de la Escritura: “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hec 7,28) Mira también el capítulo A. 24 de la primera parte. Dije que sólo el Dios se une con las esencias, porque ninguna creación sea espíritu o cuerpo no se une con la esencia de otra creación, sino sólo por su energía: de modo que el satanás no puede unirse con la esencia de la psique, sino sólo conectar con la energía de ella, como dice san Gregorio Palamás.

Cuando estudias o lees las Santas Escrituras, no lo hagas sólo para ojear las páginas, sino detente en las palabras que encuentres sosiego, compunción y agapi-amor divina o alegría y gozo espiritual y allí detente disfrutando de Dios con toda manera y forma que él quiere conectarse y comunicarse contigo. Y si abandonas el estudio que tenías planeado, no te inquietes por ello, porque el propósito y la finalidad de todos estos ejercicios o ascesis, es para que tú disfrutes y goces de Dios. Pero no elijas como tu único propósito esta alegría de Dios, sino mejor, para amar su santa voluntad, deseando imitar sus obras en lo que puedas. Así, cuando encuentres este propósito, ya no debes cuidarte más por los medios que se te indican, no por otro fin que para alcanzar este propósito.

De manera similar también cuando estudias algún pazos-pasión de Cristo o cualquiera de sus obras, detente en aquello que más sosiego y compunción te trae y estúdialo más tiempo y muchas veces. Uno de los múltiples obstáculos contra la calma, la serenidad y la paz espiritual (hisijía), hermano mío, es cuidarte y preocuparte del pensamiento-loyismós de que debes leer cada día tantos Salmos, tantos capítulos de lectura de los Santos Evangelios o las Epístolas, y preocuparte si no lo pasas todos; sin que te preocupes si tu corazón va a encontrar sosiego y compunción de estas cosas que lees o sin que reciban tu nus y mente algún significado espiritual117, lo cual no es nada más que buscar a Dios saliendo de Dios y querer servir a Dios sin hacer su voluntad.

Si realmente deseas en esta vida vivir virtuosamente y alcanzar el fin que deseas, no tengas otro propósito que encontrar a Dios; y donde él quiera, pues, que allí se revele. Y entonces abandona toda cosa y no avances ya más donde tú no tienes voluntad. Pero olvídate de cualquier otra cosa y reposa sólo en tu Dios; y de nuevo, cuando la majestuosidad de Dios quiera esconderse y no se manifieste más de misma manera, entonces puedes volver y buscarle siguiendo tus ejercicios y de nuevo con el mismo propósito y deseo; es decir, a través de ellos encontrar a este que amas y al encontrarlo, hacer las cosas que hemos dicho, abandonando todas las cosas, sosegado y reposado sólo en Dios, conociendo bien que entonces se cumple el deseo de él.

Y debes conocer bien también lo siguiente, es decir, que muchas personas espirituales no tienen fruto espiritual ni serenidad y paz espiritual (hisijía), porque aumentan demasiado sus ejercicios espirituales y piensan que no están haciendo nada, si no los terminan todos, colocando en esto la perfección, convirtiéndose en autosuficientes, individualistas y caprichosos siguen así sus propias voluntades; y así torturados estos desgraciados no llegan al verdadero reposo y sosiego, ni en la serenidad y paz (hisijía) interior, en la que verdaderamente reside y reposa el Dios.

  1. El san Isaac el Sirio también dice lo mismo, ordenando que dejemos de lado la cantidad y el conocimiento de las medidas y los versos y la recitación, y que solo nuestro pensamiento se centre en el estudio de lo que se dice, hasta que nuestra psique-alma se eleve en la alabanza a Dios, o en una útil tristeza y katánixis compunción (dilatación del corazón). Desde entonces desaparece la confusión, que quita la dulzura de los pensamientos y como un viento huracanado ahoga los pensamientos que se están estudiando (Logos 3). Observa también el logos 28, donde él mismo dice que debemos realizar nuestra obediencia con absoluta libertad, sin perturbación. Y si nuestro pensamiento nos dice que debemos abreviar, debemos detenernos o continuar lo que queramos…

Capítulo B. 21 Nadie debe buscar alimentos ni algo que provoque apetito, sino únicamente a Dios.

Debes elegir siempre las aflicciones y las tribulaciones, y amar tener alegría en algunas amistades y defensas que no te proporcionen ningún beneficio para la psique-alma, y alegrarte de estar bajo el poder de otros y depender de la voluntad de otros. Todo tiene que ser motivo y razón para dirigirte hacia Dios, y nada debe impedirte en este camino. Esta debe ser tu alegría, es decir, cada cosa para ti que sea amargura y sólo el Dios sea tu reposo y sosiego. Todas tus fatigas, angustias y sufrimientos cuéntalas a Dios. Ámalo y ofrécele todo tu corazón sin ningún miedo, y él encontrará la manera de disipar todas las dudas y enderezarte incluso si has caído.

Terminando te digo algo en resumen: Si tú amas a Dios, recibirás todo salario o toda recompensa. Ofrécete a ti mismo a este Dios como sacrificio con paz y serenidad espiritual. Pero para continuar mejor tu camino y permanecer sin cansancio ni perturbación, debes en cada paso tuyo conceder tu voluntad a la voluntad de Dios. Y cuanto más la sometas a Él, tanto más recibirás.

Tu voluntad debe estar dispuesta de tal manera que quiera en cada cosa lo que el Dios quiere y no quieras nada, si el Dios no lo quiere. Siempre en cada caso y cuestión debes renovar la intención, disposición y decisión de tu psique-alma, es decir, que seas agradable a Dios.

Ten cuidado, no decidir nunca para alguna cosa tuya que está fuera del día que te encuentras, porque no conoces qué va a suceder el día siguiente, pero mantén tu ser libre. “No presumas del día de mañana, porque no sabes qué dará de sí el día” (Prov 27,1).

Pero nadie está impedido tener cuidado y hacer con diligencia y esmero lo que le hace falta, según su posición y su profesión. Porque este cuidado y atención son según la voluntad de Dios, y no obstaculizan la paz, ni el verdadero progreso Espiritual. En todos tus asuntos debes decidir hacer aquello que puedes y aquello que es debido y estás obligado hacerlo, y no te preocupes ni te involucres en lo que sucede fuera de ti mismo.

Aquello que siempre puedes hacer es ofrecer tu voluntad a Dios y no desear nada más, teniendo siempre esta libertad y estando realmente separado de todas partes, (lo cual puedes tener en todo momento y en todo lugar), así estarás disfrutando de la serenidad y la paz espiritual (la ησυχία hisijía).

En esta paz del Espíritu se encuentra aquel gran bien que tú escuchas de las Santas Escrituras, y esta libertad no es otra cosa que la permanencia del hombre interior en sí mismo, sin desear ni extenderse buscando alguna cosa fuera de sí mismo. Así que durante todo ese tiempo en el que permanezcas de esa manera libre, disfrutarás al mismo tiempo de esa divina e inefable alegría que es de la realeza increada de Dios que está dentro de nosotros, como dijo el Señor: “la raleza increada de Dios está en vuestro interior” (Lc 17,21).

Capítulo B. 22 El siervo de Dios no debe preocuparse, incluso cuando siente dentro de sí cierta resistencia hacia la paz que hemos mencionado.

Debes conocer que muchas veces sentirás que tu propio ser se molesta y carece en su interior de esa santa paz, dulce soledad y querida libertad, y a veces puede levantarse del movimiento de tu corazón una mota de polvo que te molestará en el camino que estás por emprender. Y esto te lo concede el Dios para tu mayor bien. Acuérdate que esta es la guerra de la que los santos han recibido las coronas y los grandes premios o salarios. En todas esas cosas que te perturban, te confunden y te marean, debes decir: “Señor mío, aquí ves a tu siervo, hágase tu voluntad en mí. Reconozco y confieso que la verdad de tus logos permanece siempre firme y estable y tus promesas son veraces y en ellas tengo esperanza. Me quedo solo por ti”. Por supuesto que la psique-alma que se ofrece con esta manera a su Señor, está feliz cada vez que es molestada o confundida. Y si esta guerra persiste y no puedes unir tu voluntad con la voluntad de Dios tan rápido como quisieras, no te lamentes, ni te acobardes y desanimes por eso. Pero continúa ofreciéndote a ti mismo, y reverenciándolo y adorándolo así vencerás. Echa una ojeada también al jardín donde estaba el Cristo cuando la humanidad le giraba la espalda y le aborrecía, cuando dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa o cáliz”. Pero inmediatamente mandó a poner su psique-alma en soledad y con una voluntad simple y libre, decía con profunda humildad: “pero no sea como yo quiero, sino como Tú” (Mt 26,39).

Cuando te encuentras en alguna dificultad, no cedas para nada, si primero no has elevado tus ojos a Cristo encima de la cruz, y allí verás marcado con letras grandes de que tú serás conducido a esa aflicción y sufrimiento. Y este tipo, forma o modelo cópialo con obras en ti mismo, y cuando alguna vez seas molestado por tu φιλαυτία filaftía egolatría o amor excesivo a ti mismo, no te acobardes, ni te desanimes, ni tampoco te separes de la cruz, sino corre rápido hacia la oración y muestra paciencia en tu humildad, hasta que venzas tu voluntad y quieras que se haga en ti la voluntad de Dios. Y después de retirarte de la oración, concentrándote solo en ese fruto, párate feliz y alegre. Pero si tu psique-alma no ha alcanzado aún esto, quiere decir que aún está hambrienta y sin su alimento. Lucha de manera que habite solo el Dios en tu psique y ninguna otra cosa, ni siquiera por corto período de tiempo. No te apenes ni te amargues por ninguna cosa, ni observes las malas astucias, malicias y malos ejemplos de los otros, sino sé como un niño pequeño que no sufre de ninguna de estas amarguras, sino que las supera todas  y todo sin ningún daño y avería.

Capítulo B. 23 ¿Cuál es la vigilancia que el diablo ejerce para perturbar la paz misma de nuestras psiques-almas? Nosotros debemos evitar sus malas astucias, engaños y fraudes.

Nuestro enemigo el diablo se alegra por cualquier confusión y perturbación de nuestro corazón, tal y como se alegra el lobo durante el invierno y la tormenta. Por esta razón, él intenta absorber y devorar nuestras psiques y a medida que pueda, alejarlas de la humildad y la sencillez; incluso atribuir a nosotros mismos la ocupación de alguna reputación y así no vemos la obra preliminar de la llamada divina jaris (gracia, energía increada), sin la cual nadie puede invocar al Señor Jesús Cristo, como dice el apóstol Pablo: “y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor 12,3).

Y aunque podamos resistirnos a esta jaris con nuestra libre voluntad, sin embargo, no podemos de nuevo recibirla sin esta misma jaris gracia, de manera que si alguien no la recibe, la causa es él mismo; pero si logra recibirla, entonces no puede hacer ninguna obra sin esta misma jaris gracia que inicialmente se da a todos los hombres.

El enemigo, pues, intenta hacernos juzgar y pensar que uno muestra mayor diligencia que otro y pone mejor predisposición para recibir los carismas de Dios; y después el enemigo intenta que el hombre realice buenas obras con orgullo y vanagloria, sin pensar en su propia debilidad, y de esta manera acepta el pensamiento de menospreciar a los demás. Por lo tanto, si tú no muestras mucha atención y cuidado y no cambias rápidamente de modo que te avergüences, humilles a tu egoísmo y menosprecies a ti mismo, tal como dijimos, te hará caer al orgullo y la vanagloria como el Fariseo que dice el Evangelio, el cual presumía de sus obras buenas y condenaba las malas obras de los demás.

Y si el enemigo una vez te domina con tu voluntad, seguramente después te dominará muchas veces más, y te derrumbará en todo tipo de maldad. Así sufrirás gran daño y peligrarás mucho. Por eso el Señor nos pidió que estemos en alerta, vigilantes y oración: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26,41).

Por tanto, es imprescindible que tengas mucho cuidado, lo más que puedas con todo detalle, para que el enemigo no te domine y pierdas un tesoro tan grande, como es la hisijía la paz, la serenidad y la calma de la psique. Porque el enemigo con toda su fuerza intenta expulsar de tu interior este reposo y sosiego y la paz de la psique y hacerla vivir en inquietud y confusión, puesto que él conoce que en esto se encuentra todo el daño y el desastre de la psique. Porque cuando una psique-alma está en paz, entonces cada cosa suya la hace con facilidad, y también hace muchas y buenas obras, persiste con su voluntad y fácilmente resiste a cualquier cosa que le suceda. Por el contrario, si está perturbada, inquieta y ansiosa, hace pocas y esas en gran medida imperfectas, se cansa fácilmente y finalmente vive un martirio y una agonía sin beneficio.

Por eso tú, si quieres vencer y que el enemigo no estropee tu mercancía, debes tener cuidado más que cualquier otra cosa, en no permitir que sea perturbada tu psique y no aceptar que permanezca perturbada ni un momento. Y para que conozcas como cuidarte y protegerte mejor de los fraudes, engaños y artimañas en este evento, guarda como regla lo siguiente: que cualquier loyismós pensamiento que te separa y te aleja de la agapi de Dios y en general de toda tu esperanza en Dios, es un demonio terrible del hades (infierno) y como tal debes alejarlo, ni siquiera escucharlo. Porque la obra del Espíritu Santo no es otra cosa que en cada caso y por cualquier motivo unir siempre las psiques con Dios, calentándolas y fortaleciéndolas en su dulce agapi (amor, energía increada), poniendo en sus interiores nueva convicción, confianza y agapi hacia el Dios; mientras que el trabajo del diablo es completamente contrario.

Como él utiliza todos los medios, métodos y formas que puede para este propósito, es decir, infunde en el corazón un miedo mayor que el normal, aumenta la debilidad habitual de la psique, no permite que la misma psique-alma se desahogue ni se endulce y se deleite como es debido, ni en la confesión, ni en la divina comunión o efjaristía, ni tampoco en la oración, sino que la empuja a tratar todas estas cosas sin ánimo, ni agapi-amor, sino con confusión y miedo. La falta de piedad sensible y la privación de la dulzura interior, que muchas veces ocurre en la oración y en otros ejercicios espirituales, hace que la psique acepte estos ejercicios con una tristeza impaciente, dándola a entender que esto sucede por parte de Dios, no para probarla, sino que de esta manera todas sus obras están perdidas y es mejor que abandone sus ejercicios espirituales. Y al final, la hace caer en una gran confusión y desesperación, hasta que piensa que todo lo que hace es completamente inútil y sin fruto. Así que aumenta en el interior de la psique el miedo, la tristeza y la depresión, y cree que el Dios la ha abandonado. Pero la verdad no es esta. Porque la psique puede ser que pruebe la sequedad y la falta de dulzura espiritual, sin embargo siempre puede hacer incontables obras buenas, siguiendo sólo la fe sencilla, teniendo paciencia y perseverancia en hacer el bien como pueda.

Por tanto, para que tú esto lo entiendas mejor y no te cause daño, aquel bien y beneficio que te va a dar el Dios con la privación de esa piedad y de la dulzura similar, te pondré en el siguiente capítulo los bienes que provienen de la humilde paciencia y perseverancia que uno mostrará durante la sequedad de la piedad; para que tú también aprendas y no pierdas la paz espiritual por esta razón; por si acaso alguna vez te sucede y te encuentres en una similar sequedad del nus (espíritu de la psique) y tristeza del corazón, tanto por la privación del fervor de la piedad y de la dulzura espiritual que tenías, como por la amargura que saboreas de cada tentación interior y de los malignos loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, reflexiones).

Capítulo B. 24 La psique no debe perturbarse por las tentaciones interiores y los loyismí.

Aunque ya habíamos hablado previamente, en el capítulo 7, sobre la amargura y la sequedad interior de la piedad, ahora también diremos las cosas que hemos omitido allí; es decir, que son muchos los bienes que produce en la psique esta amargura y sequedad espiritual; o sea, la privación de la alegría espiritual y de la dulzura, si las aceptamos con humildad y paciencia, cosas que si un hombre las entendiera, sin ninguna duda no le molestarían mucho y no se entristecería tanto cuando le suceden, porque recibiría y aceptaría esta amargura y privación que le muestra el Dios no como señal de odio, sino como una señal de gran agapi excepcional y un favor excelente que le concede Dios.

Porque estas situaciones similares no suceden a todos, sino en aquellos hombres que quieren entregarse por completo al servicio de Dios y apartarse de aquellas cosas que pueden perjudicarlos y dañarlos. Y generalmente estas cosas no suceden al principio del regreso de los hombres a Dios, sino cuando hayan servido a Dios por algún período de tiempo y una vez que se hayan psicoterapiado, limpiado y sanado moderadamente en sus corazones con la santa oración y la katánixis (compunción, dilatación del corazón) y han sentido en sus corazones alguna dulzura espiritual, calor y alegría, y deciden entregarse completamente a Dios y servirlo con más perfección incluso cuando ya han comenzado la obra. Porque nunca vemos a los pecadores y aquellos que están inmersos en los asuntos del mundo que se quejen de tentaciones similares. Así que se ve claramente que esta amargura es una comida honorífica y cara, con la que el Dios invita aquellos que ama a convidar. Y aunque no sea sabroso para nuestro paladar, nos beneficia sin que lo sepamos cuando lo saboreamos. Porque la psique que se encuentra en esta clase de sequedad y sabor amargo y tiene este tipo de tentaciones y loyismí, que sólo con pensarlo nos perturban, aunque amargan el corazón y casi paralizan todo el hombre interior, sino que de esta manera la psique adquiere temor, odio y repugnancia de sí misma y obtiene aquella humildad que nos pide el Dios; y además adquiere agapi amor más ferviente hacia el Dios, atención más exacta a los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) y estómago más fuerte para digerir las tentaciones sin daño y tiene sentidos espirituales ejercitados en el discernimiento fácil entre el bien y el mal, como dijo Pablo (Heb 5,14). Pero la psique-alma que entonces no entiende estos motivos misteriosos, se asquea y evita la amargura que se ha mencionado, como si no quisiera nunca quedarse sin sabor y placer espiritual y cualquier otro ejercicio lo considera como pérdida de tiempo y esfuerzo sin progreso ni fruto.

Capítulo B. 25 Las tentaciones se han dado de Dios para nuestro beneficio.

Y en general, para entender que todas nuestras tentaciones nos son dadas por Dios para nuestro beneficio118, debemos considerar que el ser humano, debido a la mala inclinación de su naturaleza corrupta, es orgulloso, ambicioso y vanaglorioso, extremadamente ingenioso en las artes de la persuasión y defensor empedernido de su propia opinión, y siempre quiere ser considerado por todos, más de lo que realmente es. Pero esta reputación es tan peligrosa para el progreso espiritual, de modo que solo el olor de ella es suficiente para impedir al hombre llegar a la verdadera perfección. Por eso, el Dios, como Padre caritativo, que tiene un interés amoroso para cada uno, especialmente por aquellos que se entregaron a su servicio, siempre permite que nos ocurran las tentaciones y de esta manera se cuida a colocarnos en tal posición para que podamos salir de este peligro terrible de semejante reputación; y casi con violencia venimos a la humilde gnosis (conocimiento espiritual) de nosotros mismos, tal como hizo a apóstol Pedro, a quien permitió negarle tres veces para que pudiera conocer su propia debilidad y no tener confianza en sí mismo.

Como hizo también con el apóstol Pablo, a quien después de haberlo subido al tercer cielo apocaliptándole-revelándole los misterios divinos y ocultos, le dio una tentación física para que conociera su fragilidad del cuerpo y debilidad y su enfermedad; y así haciéndose humilde se jacte de sus enfermedades y no ensoberbecerse por la magnitud de las apocalipsis/revelaciones que recibió de Dios, como el mismo dice: “Y para que la grandeza de las apocalipsis/revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca y me convierta en un soberbio y vanaglorioso” (2Cor 12,7).

  1. Muchas y diversas son las causas por las que permite el Dios, de acuerdo con el abismo de sus inescrutables juicios, que las tentaciones ocurran tanto a los pecadores como también a los santos y virtuosos. San Crisóstomo, en su logos sobre el dicho apostólico «usa poco vino por causa de tu estómago y tus frecuentes enfermedades», enumera once causas por las cuales Dios permite que los santos sean tentados. Y San Isaac el Sirio en sus logos 5 y 48 apunta muchas otras causas por las que están tentados los hombres. Pero en su logos 48 en general dice: “la tentación beneficia a todo hombre… los luchadores son tentados para añadir más riqueza en la riqueza. A los flojos para que se protejan de las cosas que les hacen daño; a los que duermen para que se despierten y a los que están alejados de Dios para que se acerquen a Él; en cambio a los amigos de Dios los tienta para que tengan mayor franqueza y libertad”. Por eso también san Juan el Damasceno en su capítulo 45 sobre la Fe Ortodoxa, una vez que haya dicho que las tentaciones vienen a los justos y a los pecadores por perdón, por concesión o por abandono económico y espiritual, al final añade: “Debemos conocer que todas las cosas desagradables a los que las aceptan con agrado sin perturbarse, ciertamente producen mucho beneficio”.

El Dios, pues, siendo caritativo con nuestra inclinación perversa y miserable, permite que nos visiten las tentaciones, que algunas veces son tan espantosas, horrorosas y terribles, que con distintas maneras nos hacen humildes y conocedores de nosotros mismos, a pesar que nos parezca de que no nos benefician en nada. Y en este punto simultáneamente muestra también su caridad, bondad y sabiduría, porque aquello que nosotros consideramos como más dañino y perjudicial, con aquello nos beneficia, porque nos hacemos más humildes, lo cual es lo más imprescindible que todo lo demás para nuestra psique-alma.

Así que, si en general todas las tentaciones provocan humildad, debe humillarse también el siervo de Dios que siente en su corazón las tentaciones y los loyismí, como antes mencionamos, y la impiedad y la falta de alegría y dulzura espiritual; y debe pensar que estas cosas suceden por nuestros pecados y que no puede haber alguien que sea tan deficiente su psique y sirva a Dios con tanta tibieza como la suya, y que este tipo de loyismí pensamientos no suceden en otros, sino solo en aquellos que están abandonados por Dios, y por esta razón también ellos mismos son dignos de ser abandonados.

He aquí, pues, el beneficio que proviene de estos humildes pensamientos y reflexiones (loyismí): Aquel que anteriormente no creía que tenía algún mal, ahora se cree el hombre más pecaminoso e ilegal del mundo y que incluso no es digno ni siquiera del nombre cristiano. Por supuesto que nunca podría pensar tan bajo para sí mismo, (concepto vil) ni llegar a tan profunda humildad, si no lo hubieran obligado, y aquellas particulares tentaciones y amarguras del corazón, que son una benevolencia que da el Dios a la vida de aquella psique que se dedica humildemente a Él, para psicoterapiarla y sanarla con estos medicamentos, y que solo Él conoce bien que son imprescindibles para su salud y el buen estado.

Aparte de los frutos que provocan en nuestras psiques semejantes tentaciones y la falta de piedad, existen también otros muchos frutos. Porque aquel que está afligido de estas tentaciones interiores, casi se ve obligado a acercarse a Dios, y trata de hacer lo que es correcto para la terapia de la aflicción, de la depresión y de la amargura del corazón y para poder liberarse rápidamente de tal martirio psíquico y espiritual. Va examinando su corazón, evitando todo pecado y todo defecto hasta el más pequeño que de cualquier manera le aleja de Dios.

Y así aquella tribulación (tristeza, depresión y sufrimiento), que él creía tan contraria, dañina y perjudicial, después se convierte en un centro por el que comienza y busca más a Dios, con más fervor, y se aleja aún más de aquello que cree que no es según la voluntad de Dios. Y hablando en brevedad, diría que todas las tribulaciones (sufrimientos, depresiones, angustias y fatigas) que padece la psique con estas tentaciones interiores y las privaciones de las alegrías y los placeres espirituales, no son más que un amistoso purgatorio con el que el Dios “psicoterapia”, purga y sana la psique si las aguanta con humildad y paciencia; y estas pueden hacernos merecedores de aquella corona celestial que se logra solo mediante estas tribulaciones. Y cuanto mayores son las tribulaciones, tanto más glorioso será también el cielo.

De esto es evidente que nosotros no debemos confundirnos, perturbarnos y entristecernos tanto por las tentaciones exteriores que nos vienen, como por las interiores que antes dijimos; tal como hacen aquellos que tienen poca experiencia  en cosas similares y que cualquier cosa que les suceda lo atribuyen al diablo o a sus propios pecados e imperfecciones, y las señales de la agapi de Dios las consideran como señales de odio, y las benevolencias y donaciones las consideran como pruebas y golpes que salen de un corazón iracundo, y hagan lo que hagan están perdidos, sin recompensa y que este daño y pérdida no tiene cura. Porque si creyeran que de semejantes tentaciones no deriva ningún daño, sino gran adquisición de virtudes, si la psique de estos las utiliza y las recibe con agrado, y si creyeran que estas son solo un recuerdo de la agapi tierna de Dios hacia nosotros, no podrían ser perturbados y perder la paz de sus corazones, pero ellos se afligen y se entristecen por muchas tentaciones y extraños loyismí blasfemos y se encuentran en sequedad, tibios y sin  devoción en la oración y en otros ejercicios espirituales que hacen.

Entonces con una determinación persistente renovada, les gustaría humillar sus psiques delante el Dios y decidir de cualquier manera en cada caso cumplir la voluntad divina, servir a Dios en este mundo y esforzarse por parecer como pacíficos y serenos, creyendo que toda cosa la reciben de la mano del Padre celestial, en cuya mano se encuentra esta copa amarga que se les da. Porque ya sea que la molestia y la tentación provengan del diablo, de los hombres, de sus pecados o por cualquier otra razón, siempre y en todo es el Dios que los concede por diversos medios, como Él considera adecuado, para que no llegues a otro mal, sino solo en aquel que es para tu castigo y corrección, el cual Dios permite siempre que venga para tu beneficio.

Y si el mal del pecado, es decir, el pecado que ocurre, por ejemplo, por parte del prójimo, es contrario a su voluntad, él aún lo usa para tu beneficio y salvación, si lo soportas sin inquietud sin perturbación ni tormento o trastorno.

Así que en lugar de lamentarte y preocuparte, debes estar agradeciéndole con alegría interior y deleite, haciendo lo que puedas con perseverancia y paciencia, pero sin perder el tiempo, y junto con esto, perder también muchos y grandes salarios y premios que Dios quiere que adquieras con la ocasión que permite que llegue.

Capítulo B. 26 Qué medicina debemos usar para no molestarnos por nuestros defectos, errores y debilidades.

Si alguna vez caes en algún error perdonable o no mortal con palabras o con obras, es decir, desconcertarte por algún acontecimiento que te suceda o juzgas y condenas o escuchas que los demás te condenan, o discutes con alguien, o muestras desesperación, curiosidad o sospechas hacia los demás, o si caes en la negligencia, entonces no debes desconcentrarte ni desesperarte más ni lamentarte pensando en lo que has hecho; otras veces pensando que no vas a salvarte de estas debilidades, otras veces que tus imperfecciones son la causa de ellas y tu débil voluntad, y a veces imaginando que no estás realmente en el camino del Espíritu y del Señor y cargas con mil miedos y temores tu psique-alma por cada cosa que te ocurra debido a tu tristeza, sufrimiento, mezquindad y desánimo.

Entonces, ¿en este caso qué sigue? Sentir vergüenza delante de Dios, el no tener el ánimo en Él, como si no le hubieras guardado la fe que debías, al estar cayendo y perdiendo el tiempo en estas cosas; buscando cuánto tiempo has permanecido en cada error y si consentiste, y si quisiste estas cosas o no, si expulsaste aquel pensamiento loyismós y otras cosas similares. Y cuando más te entristeces tanto más crece la desgana, la irritación y la ansiedad para confesarte. Pero también cuando vas a la confesión, te confiesas con un miedo irritable, y de nuevo cuando gastes tiempo en la confesión, otra vez no tienes tu espíritu reposado y sosegado, porque crees que no lo has dicho todo. Y así pasas una vida amarga, ansiosa e inquieta con pocos frutos, perdiendo tu tiempo. Y todo esto sucede para que pensemos mejor y más en nuestra flojera física y para que no sepamos la manera con la que nuestra psique-alma debe tratar (ocuparse) con el Dios: es decir, es mejor para el hombre que utilice la humilde metania y el retorno a Dios, cuando caiga en algún pecado no mortal, en vez de lamentarse tanto, sufrir demasiado y perturbarse tanto.

Dije los pecados no mortales, porque sólo en estos está acostumbrada caer la psique-alma, aquella que vive de acuerdo con lo que aquí hemos cuestionado, hablando solo de aquellos que hacen vida Espiritual y buscan progresar espiritualmente y se encuentran sin pecados mortales. Porque para aquellos que simplemente viven como sea y con pecados mortales, afligiendo cada dos por tres a Dios, hace falta otra clase de consejo, dirección y petición, ya que no es para ellos este medicamento que hemos dicho; estos deben irritarse y llorar con dolor y reflexionar largamente, examinando siempre sus conciencias y estar confesándose para que no les falte, a causa de sus indiferencias, la necesaria medicina, psicoterapia, sanación y salvación.

Por tanto, queriendo hablar sobre la paz y la hisijía serenidad y calma, que tiene aquel que trabaja y sirve a Dios, decimos que este retorno y metania para que esté puesta completa a la esperanza de Dios, no se debe entender sólo por las culpas y errores ligeros y diarios, incluso aún por los mayores y gordos en los que alguna vez cae el siervo de Dios no solo por la debilidad y la flojera, sino algunas veces también por maldad y predisposición119. Porque el quebrantamiento que hace la διάνοια diania (mente, intelecto) del hombre espiritual se perturbe y dude, nunca conducirá la psique en un estado perfecto, si no se une con la confianza y la amada esperanza a la bondad y compasión de Dios. Y esto en principio es imprescindible y necesario para aquellos que desean no sólo salir de sus fatigas, sino también para adquirir un gran grado de virtudes y una gran agapi y unión con el Dios;  algo que muchos hombres espirituales al no querer entenderla permanecen con el corazón y el nus (espíritu de la psique) casi siempre desesperados, que los retiene y no los permite avanzar hacia adelante o hacerse receptivos de los mayores carismas, los cuales el Dios les ha preparado y día tras día muchas veces hacen una vida miserable, inútil y digna de ser llorada por otros. Porque no quieren más que seguir su propia fantasía, no aceptando la enseñanza verdadera, psicoterapéutica y salvadora que les conduce a través del camino real hacia virtudes cristianas sublimes y firmes, y hacia aquella paz que ha dejado el Cristo en la tierra, diciendo: “La paz os dejo, os doy mi profunda y verdadera paz; no como este mundo la da. No estéis angustiados, ni tengáis temores interiores, tampoco estéis acobardados en vuestros corazones. [27. Me voy y os dejo la paz, os doy mi profunda y verdadera paz; no como este mundo la da, que es una paz hipócrita, engañosa e inestable. No estéis angustiados, ni tengáis temores interiores, tampoco estéis acobardados en vuestros corazones por miedos y amenazas exteriores] (Jn 14,27).

  1. Muy bien se enseña también lo siguiente: Es decir, que el siervo de Dios a veces cae en pecados leves y comunes o en pecados más graves de este tipo, que comúnmente se llaman perdonables y no mortales. Porque una cosa es el pecado perdonable o no mortal y otra es tener una inclinación y una voluntad general hacia él y repetirlo muchas veces; Porque incluso los santos no están completamente libres de esos pecados perdonables o no mortales, según la regla 121, 122 y 123 del Santo Sínodo de Cartago, pero muchas veces caen ya sea por ignorancia, o incluso con conocimiento de ellos, o por su propia voluntad debido a la debilidad y enfermedad humana. Pero aquellos que son similares no deben tener generalmente inclinación hacia ellos, ni con demasiada frecuencia, sino que deben luchar siempre para limpiar y hacer la catarsis de sus psiques-almas de esa mala inclinación, para no perder el favor y la jaris de Dios. Porque aunque Dios no castigue esos pecados perdonables o no mortales con infierno eterno, sin embargo, siempre les parecen desagradables y detestables, como a todos aquellos que los cometen. Y además estos pecados no mortales debilitan las fuerzas de la psique-alma, destruyen la piedad o devoción e impiden la χάρις jaris (gracia, energía increada) que proviene de Dios, abren la puerta a las tentaciones; y aunque no matan la psique, pero sí la enferman, especialmente cuando uno permanece en ellos largo tiempo con la declinación que tiene y con su propia voluntad. Porque una cosa es que uno diga una o dos veces una mentira ligera, y otra cosa es mentir en cada ocasión por cualquier cuestión y tener una declinación y deleitarse en tal defecto. Las moscas cuando pasan rápidamente por un perfume no lo destruyen por completo, pero cuando se detienen y mueren dentro, lo destruyen por completo, lo contaminan y lo hacen heder, como dice Salomón: “Las moscas muertas hacen que el perfume del aceite se torne fétido” (Ecl 10,1). Lo mismo ocurre con los pecados no mortales, cuando permanecen mucho tiempo en la psique del hombre, destruyen toda su piedad, devoción y su buen estado.

Además, los similares deben aceptar el consejo de su padre espiritual o de cualquier otro que consideren capaz de darles consejos similares cada vez que se enfrenten a alguna perturbación por alguna duda, y dedicarse a ello y descansar plenamente. Y en resumen, para concluir este logos, en cuanto a la perturbación que proviene de las deficiencias y faltas, sigue el próximo capítulo.

Capítulo B. 27 La psique debe estar pacificándose y progresando sin perder tiempo.

Haz aquellas cosas que te dije al capítulo A. 26 de la primera parte, es decir, todas las veces que te veas a ti mismo cayendo en algún defecto y error de los no mortales, ya sea pequeño o grande, y mil veces al día, hazlo siempre con tu voluntad y conocimiento, pues, no te agobies por la molesta tristeza y no te perturbes, ni pierdas mucho tiempo examinándolo, sino que inmediatamente reconociendo lo que has hecho, humíllate, y viendo tu debilidad dirígete con agapi a tu Dios y con la boca y con el espíritu del corazón, diciéndole:

“Señor mío, he hecho lo que soy. Y de mi no podrías esperar otra cosa que defectos, errores y otras cosas defectuosas. Y no permanecería sólo en ellas, si no existiera tu bondad para ayudarme y no abandonarme. Por esto te agradezco, porque me has liberado, y me duele por lo que he hecho, no correspondiendo a tu jaris (favor y gracia, energía increada). Perdóname y dame la jaris para no entristecerte más, y para que nada me separe de ti, a quien siempre quiero servir y obedecer”.

Una vez que hayas hecho esto, no pierdas el tiempo pensando o creyendo que el Dios no te ha perdonado. Pero con fe y sosiego avanza hacia adelante, siguiendo siempre los ejercicios habituales, como si no hubieses caído en error alguno.

Esto no debes hacerlo sólo una vez, sino cien si es necesario, y en cada momento y con tanto coraje y reposo la última vez, como la primera. Porque de esta manera honras mucho la bondad de Dios, a quien siempre debes recordar que es todo bondad e infinitamente caritativo, más de lo que tú puedes imaginar. Y así nunca será impedido tu progreso, tu paciencia y tu camino hacia adelante. Por eso, no pierdas tu tiempo injustamente ni el fruto.

Todavía puedes permanecer en paz, cuando caes en alguno de los defectos y errores anteriores, actuando de la siguiente manera: Con el impulso de una energía y acción interna para reconocer tu mezquindad y humillarte delante de Dios. Y una otra acción es reconocer la caridad y misericordia de Dios que te ha mostrado y amarlo y exaltarlo más, con la ayuda que el mismo Dios te dará.

En esto que hemos dicho, aquellos que se molestan, se confunden y dudan deben prestar atención; pues, cuando, por casualidad, cometan errores, deben darse cuenta de cuán grande es su ceguera, porque al avanzar con tanto daño y perjuicio, pierden el tiempo. Por eso, a estos también les damos la noticia, que es una llave con la que una psique-alma puede abrir grandes tesoros espirituales y en poco tiempo enriquecerse con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo, al Cual se debe toda doxa-gloria, honor y reverencia junto con Su Padre sin principio y Su Santísimo Espíritu, por ahora y siempre y por los siglos infinitos, amín.

San Nicodemo el Aghiorita, autor de la Filocalía.

Traducido por χΧ jJ www.logosortodoxo.com

 

En este día, 27 de marzo de 2016, coincidiendo con el Domingo del Gran Cuaresma y la conmemoración de san Gregorio Palamás, mi Santo de devoción por excelencia y protector, y por las bendiciones de mi santo Yérontas Fotios del Monasterio Grigoriu de Athos, finalizo la labor de traducir este maravilloso libro con alegría, gratitud y alabanza a CristoDios. Confío en que este trabajo sea de utilidad para la “psicoterapia” de muchos. Pido disculpas por cualquier error que haya cometido y ruego a quienes lo encuentren que nos ayuden a corregirlos y mejorar la calidad de la traducción. Este es un regalo destinado a mis hijos, mis nietos y a todos los hispanohablantes de libre buena voluntad que hablan la bella lengua de Cervantes.

Y

hoy, 31 de marzo de 2024, culmino una vez más el repaso de esta traducción, para sorpresa mía coincidiendo nuevamente con el B´ Domingo del gran Cuaresma y san Gregorio Palamás. Para mí, nada es fortuito; nunca habría imaginado este hecho, pues no recordaba la nota final, me di cuenta al repasar el último capítulo hoy, 30 de marzo de 2024,… ¡Siento una inmensa y especial alegría!!!

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies