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Sep 04 2024

Filocalía 3, San Pedro el Damasceno, Libro primero

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Γ΄ 

Όσιος Πέτρος ο Δαμασκηνός

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 3

San Pedro el Damasceno

Contenidos

Libro primero

Breve biografía

Prólogo.

1) Sobre las siete praxis corporales. 2) Sobre el temor divino como el primer mandamiento. 3) Sobre el luto o duelo (espiritual) como el segundo mandamiento. 4) Las cuatro virtudes de la psique-alma. 5) La gnosis en praxis, práctica. 6) Las virtudes corporales son herramientas de las psíquicas. 7) Sobre la atención y la vigilancia del νούς nus-espíritu. 8) Sobre la evitación de los deseos, la subordinación y la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). 9) Las ocho contemplaciones intelectuales. 10) La primera gnosis-conocimiento. 11) La segunda contemplación. 12) La tercera contemplación. 13) La cuarta contemplación. 14) La quinta gnosis. 15) La sexta gnosis. 16) La séptima gnosis-conocimiento. 17) La octava gnosis-conocimiento. 18) No hay desacuerdo en las Escrituras Divinas. 19) La oración que corresponde a cada gnosis. 20) La humildad. 21) La απάθεια apázia. 22) Recordatorio de las siete acciones corporales. 23) El discernimiento. 24) La lectura según Dios. 25) El verdadero discernimiento. 26) Rechazo de la desesperación. 27) Corto camino hacia la adquisición de las virtudes y la abstención de los πάθος pazos. 28) La adquisición de la verdadera fe. 29) La tranquilidad es más beneficiosa para los enemigos. 30) La verdadera μετάνοια metania es un gran bien. 31) Beneficencias generales y especiales de Dios. 32) Dios lo ha hecho todo para nuestro beneficio. 33) El logos de Dios no es πολυλογία poliloghía charlatanería y palabrería. 34) La salvación es imposible sin humildad. 35) Edificación de la psique-alma con las virtudes. 36) La agapi-amor y el consejo con humildad son grandes bienes. 37) La repetición en las Sagradas Escrituras no es πολυλογία poliloghía palabrería. 38) La falsa γνώσις gnosis-conocimiento. 39) Catálogo de las virtudes. 40) Catálogo de los πάθος pazos. 41) Diferencia entre pensamientos y asaltos.

Libro segundo

24 Logos sinópticos llenos de γνώσις gnosis conocimiento espiritual

 

San Pedro el Damasceno

Libro primero

Breve biografía

San Pedro, nuestro venerable padre, quien sirvió como obispo de Damasco, vivió durante el reinado de Constantino Coprónimo alrededor del año 775. Habiendo llevado primero una vida monástica y anacoreta, vivió en tal pobreza que ni siquiera poseía un libro propio, como él mismo lo atestigua. Sin embargo, al tomar prestados libros de otros, me refiero a los del Antiguo y Nuevo Testamento, los grandes maestros de la Iglesia y todos los demás Padres nípticos y portadores Dios, demostró tal diligencia que, estudiando día y noche la ley del Señor y bebiendo de las aguas vivificantes, se convirtió verdaderamente en un árbol alto y celestial, como dice el salmista (Sal 1, 3), plantado junto a las corrientes de las aguas del Espíritu. Con una diferencia: el árbol da su fruto en una sola estación; sin embargo, el otro árbol, el venerable Pedro, no hizo lo mismo, sino que, permaneciendo ininterrumpidamente y siempre vigoroso, produjo en todas las estaciones frutos espirituales hermosos a la vista, dulces al gusto, fragantes al olfato, que satisfacen cada sentido del cuerpo y de la psique-alma con la inmortal y fragante dulzura que transmiten.

El santo padre, mientras vivía, produjo muchos y grandes frutos con sus esfuerzos ascéticos. A su muerte, produjo aún más y mayores, ya que recibió la corona del martirio; porque, al denunciar la herejía errónea de los árabes y los maniqueos, fue castigado con la mutilación de su lengua por Walid, hijo del líder árabe Isham, y exiliado a la Arabia Felix, donde terminó su vida hablando con claridad y oficiando. Después de su muerte, produce muchísimos y extremadamente grandes frutos con este libro verdaderamente hermoso y virtuoso que nos dejó como una herencia paterna e inalienable.

Este libro lo trabajó con tal arte y jaris gracia que no se puede describir. Es una exhortación común y muy beneficiosa para todas las virtudes, un tesoro de contemplaciones, una constelación de dones espirituales, una montaña de bienaventuranzas divinas, la base del ejercicio corporal, una anatomía muy precisa de las πάθος pazos individuales, el cuerno de Amaltea ascético, el almacén del conocimiento y la sabiduría divina y, en una palabra, la recapitulación de la sagrada νήψις nipsis.

Al ver entonces que este libro es afín a la Filocalia y que contribuye en gran medida al objetivo que perseguimos, consideramos absolutamente necesario incluirlo en ella, como un pequeño círculo dentro de un gran círculo, como alguien diría con ingenio, y como una Filocalia condensada dentro de la Filocalia extensa. Nos pareció inaceptable separar este libro —que es, como dijimos, una acumulación de tantos frutos espirituales— del divino coro de los Santos Nípticos; de lo contrario, el mismo libro nos acusaría de nuestra ignorancia, no tolerando de ninguna manera su separación de sus conocidos y amados Padres. Si lo separáramos, mutilaríamos en este punto toda la Filocalia, que requiere como necesario la presencia de este libro; además, privaríamos a los hermanos de tanto beneficio —porque siempre la adición de lo bueno es natural que haga mayor el beneficio.

Por lo tanto, si alguien desea adquirir las dos alas de la paloma espiritual, que David en tiempos antiguos buscaba pero no encontraba (Sal 54, 7), que lea este libro con diligencia. Y encontrará en él, de manera maravillosa, por un lado el ala de la práctica completamente plateada, y por otro lado el ala de la contemplación completamente dorada. Con estas dos alas, se alejará de todas las cosas terrenales, volará a los cielos y, posándose como una buena paloma en los nidos celestiales, descansará en la bienaventuranza celestial.

 

Prólogo.

Como recibí muchas y grandes dádivas por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, yo, el miserable, aunque nunca hice nada bueno, temí que mi inactividad y pereza me llevaran a olvidar tantos y tan grandes beneficios de Dios, así como mis pecados, y no mostrar al menos gratitud y agradecimiento al Benefactor. Por eso escribí, para examinar y reprochar a mi miserable psique-alma, este recordatorio y todos los textos de los santos Padres, vidas y logos que encontré, los cito nominalmente para tenerlos y recordar sus logos y palabras, aunque sea en parte. Lo hice porque no tengo, ni nunca tuve, libro propio, sino que los pedía prestados a los hermanos amantes de Cristo, así como todo lo necesario para mis necesidades corporales, por agapi-amor a Dios. Estos libros, después de estudiarlos con toda diligencia y cuidado, después los devolvía a sus propietarios. Son los siguientes: el Antiguo y el Nuevo Testamento, es decir, el Salterio, los cuatro libros de los Reyes, los seis libros de la Sabiduría (Job, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría de Salomón, Sabiduría de Sirac), los Proféticos, los libros de las Crónicas, los Hechos de los Apóstoles, los santos Evangelios y las interpretaciones de todos estos. Además, están todos los escritos patrísticos y didácticos de los grandes, es decir, Dionisio el Areopagita, Atanasio el Grande, Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo, Crisóstomo, Gregorio de Nisa, Antonio, Arsenio, Macario, Nilo, Efrén, Isaac, Marcos, Juan Damasceno, Juan de la Escalera, Máximo, Doroteo, Filemón y las vidas y logos de todos los Santos.

Me he dignado, yo el indigno, a investigar todo esto con toda comodidad y diligencia, buscando el principio y la causa de la salvación y  la perdición del hombre, y si todo lo que el hombre emprende o se dedica salva o no, investigando también qué es lo que todos buscan, y cómo antiguos y nuevos agradaron a Dios, en medio de riquezas o de pobreza, entre muchos pecadores o en el desierto, en vida matrimonial o en virginidad. Porque en general, en cada lugar y en cada esfuerzo encontramos vida y muerte, salvación o perdición. Además, también en nosotros los monjes encontramos diversas situaciones. Me refiero a la sumisión o subordinación corporal y espiritual a un Padre Espiritual, la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad que hace la catarsis y purifica la psique-alma, el consejo espiritual en lugar de la sumisión, de ser higúmeno o abad y obispo o sacerdote. En cada situación encontramos a algunos que se salvan y a otros que se pierden.

Y no sólo admiraba esto, sino también a aquel que era un ángel en el cielo con una naturaleza inmaterial, lleno de toda virtud, y se convirtió repentinamente en diablo, oscuridad e ignorancia, principio y fin de toda maldad, vileza y malicia. Luego a Adán, que disfrutaba de tanta honra, tantos bienes y tanta familiaridad con Dios, adornado con virtud y sofía-sabiduría, en el Paraíso solo junto con Eva (Gén. 2,22), y se encontró repentinamente en el exilio, hecho apasionado con πάθος pazos y mortal, trabajando con esfuerzo y fatiga, con sudor y mucha tristeza (Gén. 3,17-19). De él nacieron Caín y Abel, solos sobre toda la tierra. ¡Cómo venció la envidia, llegó el engaño y generó el asesinato, la maldición y el terror (Gén. 4,8-12)! Luego reflexioné sobre los otros descendientes de Adán, por los cuales, a causa de sus muchos pecados vino el diluvio o cataclismo (Gén. 6,5-7). Sin embargo, de nuevo Dios por su filantropía (amistad al hombre) salvó a los que entraron en el Arca, pero uno de ellos recibió la maldición, Canaán, el hijo de Cam que había pecado, porque el justo Noé, para no revertir la bendición de Dios, maldijo al hijo en lugar del padre (Gén. 9,22 y 24-27). Luego aquellos que construyeron la torre de Babel (Gén. 11,4-7), los habitantes de Sodoma (Gén. 18,20; 19,24-25), los israelitas (Núm. 14, 22-23), Salomón (3 Reyes 11,8-11), los ninivitas (Jonás 1,2), Giezi (4 Reyes 5,27), Judas (Mat. 26,24) y todos los que, estando en el bien, se volvieron malos.

También admiraba cómo, siendo Dios bueno y sumamente bondadoso y muy compasivo, permitió que vinieran al mundo muchas y variadas pruebas y tribulaciones. Algunas de estas, Dios las permite queriendo, como son los esfuerzos de la μετάνοια metania y penitencia, es decir, el hambre, la sed, el luto, la carencia de lo necesario, la abstinencia de los placeres, el desgaste del cuerpo en la práctica, las vigilias, los esfuerzos, los dolores, las muchas y amargas lágrimas, los suspiros, el miedo a la muerte, el examen, la defensa y la residencia en el Hades con los demonios, aquel terrible día del juicio, la futura vergüenza ante toda la creación, el terror, el amargo reproche por los actos, las palabras y los pensamientos, la amenaza, la ira, los castigos diversos y eternos, el lamento inútil y las lágrimas incesantes, la oscuridad sin luz, el miedo, el dolor, la caída, la tristeza, la angustia y el ahogo de la  psique-alma en el presente y en el futuro siglo. A esto añadamos los peligros en este mundo, los naufragios, las diversas enfermedades, los relámpagos, los truenos, el granizo, los terremotos, las hambrunas, los hundimientos, las muertes prematuras, y en general todas las cosas tristes y dolorosas que nos llegan sin querer, por la concesión de Dios. Otros tipos de tentaciones no los quiere Dios, sino nosotros y los demonios. Tales son las luchas, los πάθος pazos (pasiones, padecimientos, emociones, vicios, patologías etc.) los muchos tipos de pecados -que al avanzar en nuestro discurso mencionaremos por sus nombres, desde la insensatez hasta la desesperación y la perdición total-, la incursión de los demonios, la tiranía de los πάθος pazos, los abandonos, los disturbios y cambios de vida, las iras, los resentimientos, los enojos, las calumnias, y toda aflicción que voluntariamente causamos unos a otros sin que Dios lo quiera. Y nuevamente, cómo entre tantos males muchos se salvaron, sin que nada pudiera impedirlo, y muchos se perdieron sin que Dios lo quisiera.

Todo esto y mucho más de las Sagradas Escrituras, mientras lo reflexionaba con dolor, sentía una contrición en la psique-alma y, como agua derramada, caía muchas veces en la perplejidad, aunque no sentía completamente lo que se decía. Porque si lo sintiera, no podría permanecer en esta vida llena de maldad y desobediencia a Dios, de la cual provienen todas las cosas terribles de esta vida y de la futura. Sin embargo, con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada), obtuve la respuesta que deseaba a mis dudas, ya que encontré sus discernimientos en los santos Padres de la siguiente manera:

El principio de todo bien es la gnosis-conocimiento natural que Dios otorga, ya sea a través de las Escrituras mediante algún hombre, o mediante un ángel, o como una donación dada en el santo bautismo, el cual se llama conciencia, para la protección de la  psique-alma de cada creyente y para recordar los santos mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo. Con estos, si uno quiere seguirlos, se conserva la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo en el bautizado. Después de la gnosis viene la libre voluntad y predisposición del hombre. Este es el comienzo de la salvación. Esto significa, abandonar la propia voluntad, pensamientos y conceptos propios, y hacer la voluntad, los conceptos y los pensamientos de Dios. Y si logra hacerlos, no hay en toda la creación cosa, esfuerzo o lugar que pueda impedirle ser como Dios quiso que fuera desde el principio, «a Su imagen y semejanza» (Gen. 1,26), y por χάρις jaris (gracia, energía increada) llegar a ser en posición dios, impasible (sin pazos), justo, bueno y sabio, ya sea rico, pobre, célibe o casado, gobernante y libre, o súbdito y esclavo, en cualquier circunstancia, lugar o cosa. Por eso hay muchos justos tanto antes de la Ley, como durante la Ley, y en la época de la χάρις jaris, porque prefirieron el conocimiento-gnosis de Dios y Su voluntad a sus propios pensamientos, conceptos y voluntades. Y por el contrario, muchos se han perdido en los mismos tiempos y cosas, porque prefirieron sus propios pensamientos, conceptos y voluntades a los de Dios. Así son las cosas.

Sin embargo, hay una diferencia en los lugares y las obras, y cada uno debe tener discernimiento, ya sea el que Dios da a los humildes, o preguntando a aquellos que tienen el don o carisma del discernimiento. Porque sin discernimiento, nuestras obras no son buenas, incluso si por ignorancia creemos que lo son. Y una vez que alguien aprende con discernimiento sobre su capacidad en relación a lo que quiere hacer, entonces comienza a agradar a Dios. Pero, como dijimos, en todo debe renunciar a su propia voluntad para alcanzar el propósito divino y realizar su obra como Dios quiere. Si no lo hace así, no puede salvarse. Esto se debe a que desde la transgresión de Adán, todos hemos acostumbrado a los πάθος pazos y hemos sido dominados por ellos, y no aceptamos el bien con alegría, ni deseamos el conocimiento-gnosis de Dios, ni trabajamos el bien por agapi-amor, como los desapasionados e impasibles, sino que más bien amamos los πάθος pazos y maldades, y no deseamos para nada los bienes por necesidad, por temor a los infiernos. Y esto es lo que aceptan con fe firme y a propósito aquellos que aceptan el logos. Los demás, ni siquiera tenemos esta voluntad, sino que, sin considerar las tribulaciones de la vida, los sufrimientos y los infiernos futuros, servimos a los πάθος pazos con toda nuestra psique-alma. Algunos incluso sin sentir su amargura, asumen por necesidad y no voluntariamente los trabajos y esfuerzos de las virtudes. Y las cosas despreciables se han vuelto deseables para nosotros por nuestra ignorancia.

Así como los enfermos necesitan cirugías y cauterizaciones para recuperar la salud que perdieron, también nosotros necesitamos las tentaciones, los trabajos de la μετάνοια metania (psicoterapia, conversión, arrepentimiento y confesión) y el temor a la muerte y a los infiernos para recuperar la salud original de la psique-alma y expulsar la enfermedad que nos causó nuestra insensatez. De hecho, cuanto más el Médico de nuestras psique-almas nos regala dolor voluntario o involuntario, tanto más debemos agradecer Su filantropía (amistad al hombre) y aceptarlo con alegría. Porque nos beneficia cuando aumenta los dolores, ya sean voluntarios relacionados con la μετάνοια metania, o los involuntarios de las tentaciones y castigos, para que aquellos que desean sufrir voluntariamente sean liberados así de la enfermedad y de los castigos futuros, tal vez incluso de los actuales, mientras que los ingratos insensatos, con los castigos y al menos con las diversas tentaciones, sean sanados por la beneficencia del Médico. Sin embargo, aquellos que aman la enfermedad y permanecen en ella, se causan a sí mismos los castigos eternos, ya que se han vuelto semejantes a los demonios, y con razón disfrutarán junto con ellos de los infiernos y tormentos eternos preparados para los demonios (Mat 25,41), porque quisieron ser ingratos con el Benefactor como ellos.

Porque no todos aceptamos las beneficencias de la misma manera. Algunos, después de recibir el fuego del Señor (Isa 66,16), es decir, Su logos, con la práctica se ablandan en el corazón, como la cera, mientras que otros con la inacción, nos endurecemos como el barro, y nos volvemos pétreos (de piedra). Y aunque no todos recibimos igual el logos del Señor, Dios no obliga a ninguno de nosotros, sino que es como el sol que envía sus rayos e ilumina todo el mundo. El que quiere verlo, se ilumina por él, mientras que el que no quiere verlo, no es obligado por él. Y nadie más es culpable de que alguien se prive de la luz, sino él mismo que no quiere tenerla. Porque Dios hizo el sol y los ojos, y el hombre tiene el poder de ver. Así también aquí. Dios ilumina a todos con las gnosis-conocimientos como rayos, y después del conocimiento-gnosis, dio también la fe como un ojo.

Así pues, el que quiere recibir conocimiento-gnosis cierto a través de la fe guarda con las obras la memoria. A este, Dios le da mayor disposición, conocimiento y fuerza. Del conocimiento-gnosis natural, es decir, nace la disposición en quien lo prefiere, y de la disposición nace la fuerza para trabajar. Con el trabajo se guarda la memoria, y de la memoria proviene mayor trabajo, y a través de este se da mayor gnosis-conocimiento. De esta, que se llama prudencia, nace la continencia de los πάθος pazos y la paciencia en los dolores y sufrimientos. De estas nace el estudio de las realidades divinas y el reconocimiento de las donaciones de Dios y de nuestros propios pecados. Estas a su vez generan gratitud, de la cual se produce el temor de Dios, dentro del cual se realiza la aplicación y cumplimiento de los mandamientos (logos, principios espirituales). Quiero decir, el luto o duelo (espiritual, según Dios), la magnanimidad, la apacibilidad y la humildad. De estos nace el discernimiento, y de este la clarividencia, es decir, la previsión de las faltas futuras y su corte antes de que se realicen, por experiencia y memoria con la pureza de la νούς nus (espíritu de la psique) de los pecados pasados y actuales y de los que ocurren sin que lo sintamos. De estas nace la esperanza, que trae el desapego de los πάθος pazos y la agapi-amor perfecto. Entonces el hombre no quiere nada más que la voluntad de Dios, pero incluso esta vida temporal, la deja con alegría, por agapi-amor a Dios y al prójimo, porque se ha vuelto sabio y el Espíritu Santo ha habitado en él y ha sido adoptado por Dios, porque ha sido crucificado y sepultado, resucitado y ascendido espiritualmente con Cristo (Rom. 6,4-6) imitando Su conducta en el mundo. Y en general, se convierte en dios en posición por χάρις jaris (gracia, energía increada), recibiendo el anticipo de la bienaventuranza celestial, como dice san Gregorio el Teólogo, y con esto volviéndose, en relación con los ocho pensamientos impasible, desapasionado, justo, bueno y sabio, teniendo dentro de sí a Dios, como dijo Cristo, con la aplicación y cumplimiento de Sus mandamientos (logos, principios espirituales) (Juan 14,23) en orden, desde el primero y los demás. De estos hablaré más adelante, cómo debe ser el trabajo de los mandamientos.

Puesto que se mencionaron las virtudes, hablemos también de los πάθος pazos (pasiones, vicios, emociones, padecimientos, etc.). La gnosis- conocimiento llega como el sol y el necio cierra voluntariamente los ojos, es decir, la voluntad, por incredulidad o pereza, y de inmediato envía la gnosis-conocimiento al olvido con la inactividad, que proviene de la desidia y pereza espiritual. Porque la necedad genera desidia y pereza, y de esta la inactividad, de la cual se crea el olvido, y de ahí la φιλαυτία filaftía (egolatría, egocentrismo excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), es decir, amar los propios deseos, voluntades, pensamientos y conceptos, la φιληδονία filidonía (hedonismo, amor al placer) y la φιλοδοξία filodoxía (amor a la gloria mundana, ambición). De estas nace la avaricia, la raíz de todos los males (1Tim 6:10). Esta trae la distracción en los asuntos mundanos, y esta la total ignorancia de las donaciones de Dios y de nuestros propios pecados. De esto sigue la residencia en nosotros de los demás πάθος pazos. Me refiero a los ocho πάθος pazos principales-jefes, a saber: la glotonería o gula que trae la lujuria y con ella la avaricia, de la cual nace la ira, cuando alguien no logra lo que desea, es decir, su propia voluntad. De la ira, sucesivamente, nacen la acedia (desidia, decepción y depresión), de la acedia, la vanagloria y el orgullo o soberbia. De estos ocho πάθος pazos nacen todas las maldades, pazos y pecados. Y aquel que es devorado por ellos llega a la desesperación, la pérdida total, la caída de Dios y la asimilación con los demonios, como dijimos.

El hombre se encuentra entre estos dos caminos, es decir, la virtud y el pecado, y en cualquiera que desee andar, lo realiza. El camino ahora que ha ganado y los guías de ese camino, ya sean ángeles, demonios o personas malas, lo arrastran hasta el final, aun sin que lo desee y quiera. Los buenos hacia Dios y a la realeza increada de los cielos, los pecadores hacia el diablo y el infierno eterno. Nadie es responsable de la perdición, salvo la voluntad del hombre. Dios es el responsable de la salvación, quien nos regaló la vida y la bienaventuranza, la gnosis-conocimiento y la fuerza, las cuales el hombre no puede tener sin la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios. Pero tampoco el diablo puede hacer nada que lleve a la perdición, como, por ejemplo, provocar una voluntad contraria o debilidad o ignorancia involuntaria o cualquier otra cosa que pueda forzar al hombre, sino que solo pone en el νούς nus con la mente el recuerdo del mal. Por lo tanto, quien hace el bien debe atribuir la χάρις jaris (gracia, energía increada) a Dios, porque después de darnos la existencia nos regaló todo lo demás. Aquel que hace el mal, que solo se culpe a sí mismo, porque nadie lo obliga por la fuerza. Dios lo hizo independiente, autónomo, para que se convierta en digno de alabanza por parte de Él cuando prefiera el bien voluntariamente y no participe en él por necesidad de la naturaleza, como los animales irracionales y las  cosas inanimadas, sino como corresponde a su lógica, con la cual Dios lo honró. Pero nosotros, con nuestra opinión voluntaria y deliberadamente, preferimos hacer el mal, que aprendimos del inventor del mal, y el Dios súper-benévolo no nos obliga, para que no desobedezcamos por la fuerza y tengamos un castigo más severo. Tampoco nos quita la independencia, autonomía, que nos regaló adecuadamente.

Por lo tanto, quien quiere hacer el bien, que lo pida en oración a Dios, y de inmediato se le da el conocimiento-gnosis, la fuerza y energía, para que parezca que Dios envía la χάρις jaris (gracia, energía increada) justamente. Porque sin oración también podía regalarla, como lo hace también después de la oración. Aquel que respira el aire, sabiendo que sin él no puede vivir, no es digno de alabanza, sino que más bien debe muchas acciones de gracias a Aquel que hizo el aire y le dio la capacidad de respirar y la salud, para que respire y viva. Así también nosotros tenemos el deber de agradecer más bien a Dios, porque tanto la oración como el conocimiento-gnosis, la energía, la fuerza y las virtudes y a nosotros mismos y a nuestro entorno, todo lo hizo por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Y no solo eso, sino que nunca deja de tramar todo para vencer nuestra maldad y la de nuestros enemigos los demonios.

El diablo, habiendo perdido el conocimiento-gnosis de Dios por ingratitud y orgullo, quedó necesariamente sin gnosis-conocimiento. Por eso no sabe por sí mismo qué hacer, sino que ve lo que Dios hace para salvarnos y piensa y actúa maliciosamente haciendo lo contrario para que nos perdamos. Porque odia a Dios y, no pudiendo combatirlo, lucha contra nosotros que somos «a imagen de Dios» (Gén. 1:26), pensando que con eso se vengará de Dios, y nos encuentra obedientes a su voluntad, como dice Crisóstomo. Viendo, pues, que Dios creó a Eva como ayuda para Adán (Gén. 2:18), el diablo la hizo cómplice de la desobediencia y la transgresión (Gén. 3:6). Dios dio un mandamiento (Gén. 2:16-17) a Adán, para que, al cumplirlo, recordara tantas donaciones y agradeciera al Benefactor, y el diablo hizo que el mandamiento se convirtiera en motivo de desobediencia y muerte. En lugar de profetas, el diablo hace falsos profetas. En lugar de Apóstoles, falsos apóstoles. En lugar de ley, ilegalidad y anarquía. En lugar de virtudes, maldades y vicios. En lugar de mandamientos, transgresiones. En lugar de justicia, herejías repugnantes. Y nuevamente viendo a Cristo mostrar condescendencia, por extrema bondad, y aparecerse a los santos Mártires y Padres piadosos, ya sea Él mismo, ya sea a través de ángeles, o de alguna otra economía inefable, como dijo (Juan 14:21), también el diablo comenzó a mostrar muchas ilusiones engañosas a algunos, para llevarlos a la perdición. Por eso los Padres que tenían discernimiento escribieron que no debemos aceptar estas manifestaciones, ya sea que aparezcan con imágenes, con luz o con fuego, o con otra ilusión, fantasía o engaño. Porque el malvado trama engañarnos con estas cosas ya sea en sueños o en la vigilia. Y si las aceptamos, entonces hace que el νούς nus con la mente, por orgullo y completa ignorancia, dibuje formas o colores, para que piense que son manifestaciones de Dios o de ángeles. Muchas veces también muestra demonios en el sueño o en la vigilia, aparentemente huyendo derrotados, y en general maquina todo para nuestra perdición cuando somos convencidos por él y le obedecemos.

El diablo puede hacer todas estas cosas y fallar, si escuchamos a los santos padres que dicen que en el momento de la oración debemos tener el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente sin forma, sin figura, sin color, que no acepte nada, ni luz, ni fuego, ni nada en absoluto, sino con todas nuestras fuerzas enfocar la mente o intelecto unida al νούς nus en contacto consciente en lo que decimos, porque el que ora solo con la boca, ora al aire y no a Dios porque Dios presta atención al νούς nus y no a las palabras como los hombres. Como dice la Escritura: «Debemos adorar a Dios en espíritu y en verdad» (Juan 4:24), y: «Prefiero decir cinco logos y palabras con mi intelecto, que mil palabras con la lengua» (1 Cor. 14:19).

Cuando el diablo falla, entonces, no pudiendo hacer otra cosa, nos trae el pensamiento de desesperación, que: «Eran otros tiempos y otras personas a quienes Dios mostró milagros para que creyeran. Ahora no es necesario esforzarnos. Todos somos cristianos y hemos sido bautizados, y como dice la Escritura, quien crea y sea bautizado se salvará (Marcos 16:16). ¿Qué necesidad tenemos entonces?». Si nos convencemos y nos quedamos en esto, nos encontraremos desiertos, teniendo solo el nombre de cristianos ortodoxos y sin saber que el que ha creído y ha sido bautizado, debe cumplir todos los mandamientos de Cristo y, cuando haya logrado todo, debe decir que «soy un siervo inútil» (Lucas 17:10). El Señor dijo a los apóstoles que enseñen a las personas a aplicar y cumplir todo lo que les ha mandado (Mateo 28:20). Y cada uno que se bautiza, dice: «Renuncio a Satanás y a todas sus obras y me uno a Cristo y a todas Sus obras». ¿Dónde está nuestro renunciamiento, si no dejamos cada πάθος pazos y pecado que quiere el diablo? O más bien, si no lo odiamos con nuestra psique-alma y no amamos a Cristo cumpliendo Sus mandamientos (principios espirituales, logos). Y ¿cómo cumpliremos Sus mandamientos, si no renunciamos a cada uno de nuestros deseos, voluntades, conceptos y pensamientos?

Conceptos, pensamientos, deseos y voluntades se llaman aquellos que son contrarios a los preceptos de Dios. Porque a menudo hay algunos, que ya sea por su temperamento e idiosincrasia, o por costumbre, aman de algunas cosas lo bueno y odian lo malo. También hay pensamientos buenos, que están testificados por las Sagradas Escrituras, pero también necesitan discernimiento de los experimentados. Sin discernimiento, incluso aquellos que se consideran buenos, no son buenos, porque se hacen fuera de tiempo, o sin necesidad, o de manera indigna, o porque entendemos erróneamente lo que se dice. Porque no solo para la Escritura, sino también para cualquier pregunta, si no prestan atención tanto el que pregunta como el que responde, se alejan del significado de lo dicho, lo que causa no poco daño. Esto también me ha sucedido muchas veces, tanto cuando hacía preguntas como cuando me las hacían. Y cuando alguna vez entendía el asunto correctamente, luego me sorprendía cómo las palabras son las mismas mientras los significados difieren entre sí. Así, en todo lo demás también necesitamos discernimiento, cómo debemos actuar, para hacer las voluntades de Dios. Porque Él conoce nuestra naturaleza humana con precisión, como Creador de todo, y economizó nuestro beneficio y legisló no cosas ajenas a nuestra naturaleza, sino conforme a ella. Excepto si algunos quieren subir hacia Él superando la naturaleza y buscando la perfección. Para ellos es la virginidad o castidad, la pobreza, la humildad. La gratitud no es sólo para ellos, porque es natural, en cambio la humildad lo es porque es sobrenatural. El humilde trabaja toda virtud y, aunque no debe nada, se considera deudor e inferior a todos. El agradecido, en cambio, debe y confiesa la deuda. De manera similar, quien da limosna, da de lo que tiene y no está por encima de la naturaleza como el que no tiene propiedades. Ni el casado es como el que vive en virginidad. Porque la virginidad es un don sobrenatural. Por eso el casado se salva, si deja sus propios deseos y voluntades y cumple las voluntades de Dios, mientras que el virgen recibirá una corona por su paciencia y doxa-gloria de Dios, porque no solo dejó lo prohibido por las leyes, sino junto con eso también su propia naturaleza, con la ayuda de Dios, y amó con todo su corazón a Dios sobrenatural tratando de imitar en la medida de lo posible Su απάθεια  apázia (impasibilidad, desapego sin pazos).

Pero como ignoramos no solo a nosotros mismos y las cosas que hacemos, sino también cuál es su propósito, y qué buscamos con ellas, por eso nos parece que las Sagradas Escrituras y los logos de los Santos, de los antiguos Profetas y Justos y de los nuevos santos Padres, no están de acuerdo. Y ahora que queremos salvarnos, los encontramos discordantes entre sí, lo cual no sucede.

En resumen, veamos por la naturaleza de las cosas que, si alguien quiere salvarse, nadie puede impedírselo, ni el tiempo, ni el lugar, ni alguna acción. Basta con que no haga uso indebido de lo que quiere, sino que incline con discernimiento en cada pensamiento de Él hacia el propósito divino. Porque no son necesarias las cosas que se hacen, sino aquello que lleva a ellas. Ni pecamos involuntariamente, sino que primero consentimos voluntariamente en el pensamiento y concepto y luego nos convertimos en sus prisioneros, y este entonces lleva al prisionero a pecar, incluso sin querer. También los errores que se cometen por ignorancia, provienen de los hechos conscientes. Si, por ejemplo, nadie se embriagara, ya sea por vino, ya sea por deseo, no se le crearía ignorancia. Cuando se embriaga, comienza y oscurece el νούς nus con la mente, y de esto proviene la caída, y de la caída la muerte. Así que la muerte no vino por ignorancia, sino que la embriaguez consciente trajo la muerte por ignorancia. Y muchas cosas se encontrarán, especialmente en los conceptos y pensamientos, que muestran que caemos en los involuntarios desde los voluntarios, y de los conocidos caemos en errores por ignorancia. Pero como los primeros nos parecen leves y dulces, llegamos a los segundos sin querer y sin entender. Si quisiéramos desde el principio cumplir y guardar los mandamientos y permanecer puros como fuimos bautizados, no llegaríamos a tantos pecados y no tendríamos necesidad de los trabajos y dolores de la μετάνοια metania. Pero nuevamente, si queremos, la segunda χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, es decir, la μετάνοια metania, puede elevarnos a la belleza inicial. Si no nos preocupamos ni por la μετάνοια metania, entonces necesariamente, como impenitentes sin μετάνοια metania como los demonios, vamos con ellos al infierno eterno, más bien con nuestra voluntad, que sin ella. Dios nos creó para probar no Su ira, sino su agapi-amor incondicional (1Tes. 5:9), para que disfrutando de Sus bienes, tengamos disposición de agradecimiento y gratitud hacia el Benefactor. Pero nuestra negligencia en conocer sus donaciones, nos trajo a la pereza espiritual, desidia y esta nos entregó al olvido, del cual dominó sobre nosotros la ignorancia.

Cuando queremos comenzar el regreso de donde caímos, tenemos necesidad de mucho esfuerzo, porque no queremos dejar nuestras voluntades, sino que pensamos que con ellas también podemos hacer las voluntades de Dios, lo cual es imposible. Porque incluso el mismo Señor dijo: «No hago mi propia voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió» (Juan 6:38), aunque la voluntad del Padre, del Hijo y del Espíritu es una, ya que también es una naturaleza indivisible. Pero para nosotros lo dijo y para la voluntad de la carne. Porque si la carne no se supera, para que todo el hombre sea gobernado por el Espíritu de Dios (Rom. 8:14), no hace la voluntad de Dios, sino solo por la fuerza. Cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu domina dentro de nosotros, entonces ya no tenemos nuestra propia voluntad, sino que todo lo que hacemos es la voluntad de Dios. Entonces estamos en paz. Y tales personas serán llamadas «hijos de Dios» porque desean la voluntad del Padre, como el Hijo de Dios y Dios.

Es imposible para uno alcanzar esto sin aplicar y cumplir los mandamientos que suprimen todo placer hedonista y voluntad propia, así como todo sufrimiento, debido a la paciencia en aplicar y obedecer la voluntad de Dios. Porque de la insensatez surgen el placer hedonista y el sufrimiento, como hemos dicho, y de estos, todo mal. El insensato es ególatra, amante de sí mismo y no puede ser amante de su prójimo ni de Dios, ni tener control sobre los placeres hedonistas, es decir, sobre las voluntades que le agradan, ni paciencia ante los dolores y los sufrimientos; pero a veces logra su voluntad y aumenta el placer hedónico y la arrogancia, y a veces fracasa y cae en la desesperación y el ahogo de la  psique-alma, que es un presagio del infierno. Mientras que del conocimiento-gnosis, es decir, la sabiduría y la prudencia, nacen el autocontrol o templanza y la paciencia, porque el prudente y sabio domina su voluntad y soporta el dolor o sufrimiento por ella. Y creyéndose indigno de los bienes, siente disposición de gratitud y agradecimiento hacia el Bienhechor, y teme que debido a los muchos bienes que Dios le ha dado en esta vida, pueda dañarse en el siglo venidero. Así, con el autocontrol o templanza trabaja también las demás virtudes y se considera deudor en todo, sin encontrar nada para contra-ofertar al Bienhechor, pero considera también las virtudes como una deuda mayor. Porque recibe y no da, y esto solo, que se haya considerado digno de agradecer a Dios y que Dios acepte su gratitud, lo considera una deuda mayor, y agradece incesantemente a Dios haciendo siempre el bien. Y siempre se considera más deudor de sí mismo y humilde, se considera inferior a todos, se regocija con Dios que lo beneficia, y delante de Él siente gozo y alegría junto con temor (Salmo 2:11). Al alcanzar la divina e imperturbable agapi-amor con humildad, acepta los dolores y sufrimientos como si fuera digno de ellos. O más bien, se considera a sí mismo digno incluso de más aflicciones, y se alegra porque al menos ha sido digno de sufrir en esta vida y aliviarse un poco de los muchos castigos e infiernos que ha preparado para sí mismo, para la vida futura, y porque así conoce su debilidad para no enorgullecerse. Y porque ha sido considerado digno de conocer estas cosas y soportarlas con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, llega al divino anhelo. Porque la humildad nace de la gnosis-conocimiento, y la gnosis-conocimiento de las tentaciones. Y en aquel que se ha conocido a sí mismo se le da gnosis-conocimiento de todo. Aquel que se subordina a Dios somete a su propio ser toda la conducta carnal, y luego todo se someterá a él cuando la humildad reine sobre sus miembros. Como dicen los santos Basilio y Gregorio, aquel que comprende que su ser se encuentra entre la grandeza y la humildad -porque tiene una psique-alma lógica y un cuerpo mortal y terrenal- nunca se enorgullece ni se desespera, sino que por respeto a la naturaleza lógica y espiritual de su psique-alma, rechaza todas las cosas vergonzosas y repugnantes, y conociendo su enfermedad, impotencia y debilidad evita toda altanería.

Por lo tanto, aquel que ha conocido su enfermedad y debilidad a través de las muchas tentaciones de los πάθος pazos psíquicos y físicos, ha visto la infinita fuerza y energía increada de Dios, cómo redime a los humildes que claman hacia Él con oraciones llenas de dolor desde sus corazones, y ahora ya su oración se convierte en gozo porque sabe que sin Dios no puede hacer nada (Juan 15:5). Y por miedo a caer, lucha por permanecer unido a Dios por un lado, y por otro lado admira al pensar que Dios lo ha liberado de tantas tentaciones y sufrimientos, y agradece a Aquel que puede liberarlo. Y junto con la gratitud, adquiere humildad y agapi-amor, y no se atreve a juzgar a nadie, conociendo que así como Dios lo ayudó a él mismo, también puede ayudar a todos cuando uno lo desee y quiere, como dice el Santo Máximo el Confesor.

Incluso piensa que tal vez uno pueda luchar con muchos πάθος pazos y vencer, pero él por sí mismo no puede, es débil y enfermo y por eso Dios lo ayudó rápidamente para que no se perdiera por completo su psique-alma. Y aquel que conoce su enfermedad y debilidad piensa muchas otras cosas y así permanece inmaculado. Y es imposible llegar a esto si no sufre muchas tentaciones psíquicas y físicas y si no recibe la experiencia de ellas con paciencia con la ayuda de Dios. Este hombre no se atreve a hacer su propia voluntad en absoluto sin preguntar a aquellos que tienen experiencia, ni a presentar su propio concepto, pensamiento e idea propia. Porque ¿cuál es la necesidad de hacer o pensar algo que no se necesita para la vida o para la salvación de la  psique-alma?

Si ahora alguien no conoce qué voluntad y qué sentido, significado y concepto o idea debe dejar de lado, que pruebe cada cosa y cada concepto, qué tipo de respuesta y reacción provoca durante su abstinencia y su dominio. Si causa placer cuando se realiza, y dolor o sufrimiento cuando se evita, es malo y debe despreciarlo antes de que sea demasiado tarde, cuando luchará por vencerlo al darse cuenta de que es perjudicial. Esto lo digo por cada cosa y concepto, sin los cuales podemos vivir físicamente y agradar a Dios. Porque el hábito, cuando ha pasado mucho tiempo, adquiere poder natural, mientras que si no te sometes a él, se debilita y desaparece gradualmente. Ya sea bueno o malo, el tiempo lo alimenta, como la madera alimenta el fuego. Por eso debemos estudiar y practicar el bien con todas nuestras fuerzas, para que se nos convierta en hábito o costumbre. Y entonces el hábito trabaja automáticamente cada bien sin esfuerzo, como los Padres vencieron con las pequeñas cosas las grandes. Por ejemplo, aquel que no acepta ni lo necesario para el cuerpo, sino que lo rechaza para caminar por el camino estrecho y lleno de dificultades (Mateo 7:14), ¿cuándo caerá en la codicia o amor a las posesiones?»

Por supuesto, la avaricia no es sólo la posesión de muchas cosas, sino también el apego apasionado a algo y el mal o excesivo uso de ello. Muchos de los antiguos Santos tenían muchas cosas como Abraham (Génesis 13:2), Job (Job 1:3), David (1Crón 29:28) y muchos otros. Sin embargo, no estaban apegados a ellas, sino que las tenían como cosas de Dios, y más bien con ellas buscaban agradar a Dios. Pero el Señor, siendo súper-perfecto y la misma sabiduría, cortó incluso la raíz, es decir, no solo aconsejó a aquellos que lo siguen imitando su perfecta virtud que no tuvieran dinero y propiedades sino tampoco psique-alma (Lucas 14:26), es decir, voluntad propia o concepto propio.

Conociendo esto, los Padres evitaron el mundo como un obstáculo para la perfección, pero también evitaron incluso sus propias voluntades. Porque ninguno de ellos hizo jamás su propia voluntad. Pero otros se subordinaron para tener en el lugar de Cristo al padre espiritual como guía conductor en cada concepto y pensamiento. Otros vivieron en el desierto evitando perfectamente a los hombres y teniendo al mismo Dios como didáscalos-maestro, y por Su causa quisieron soportar la muerte de su propia voluntad. Otros siguieron el camino real, es decir, vivieron juntos con uno o dos otros hermanos la vida hisijástica o en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), tranquilidad y se aconsejaron mutuamente para complacer y agradar a Dios. Y aquellos que después de la subordinación, con el permiso de su guía espiritual, se colocaron como guías de otros hermanos, vivieron como si fueran obedientes, guardando las tradiciones de sus Padres, y les fue bien en todo lo que intentaron.

Pero ahora, como ni los subordinados ni los responsables queremos dejar de lado nuestras propias voluntades, por eso nadie avanza. Y quizás ha quedado, si ha quedado también esto, la evitación de los hombres y de los asuntos materiales, el camino real y la vida de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) con uno o dos más, y el estudio de los mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo y de toda la Escritura noche y día, para que, mientras se controla por todo esto y por la conciencia y la atención durante la lectura y la oración, al menos uno llegue al primer mandamiento, es decir, al temor de Dios, que viene de la fe y del estudio de las divinas Escrituras. Y del temor de Dios llega a la μετάνοια metania, y con esto a los mandamientos que el Apóstol Pablo mencionó, es decir, la fe, la esperanza y la agapi-amor (1Cor 13:13). Porque aquel que cree en el Señor, teme el infierno, y aquel que teme el infierno, aplica y guarda los mandamientos. Y aquel que aplica los mandamientos, soporta las tribulaciones, aflicciones y sufrimientos. Y aquel que soporta las tribulaciones, adquiere esperanza en Dios. La esperanza separa el νούς nus con la mente de todo lazo con las pasiones. Y aquel que se libera de todo lazo con los πάθος pazos adquiere agapi-amor incondicional a Dios. Donde sea que uno quiera practicar estas cosas, se salva.

La ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), de nuevo, porque es el principio de la catarsis de la psique-alma, realiza sin esfuerzo todos los mandamientos para aquel que tiene buena intención y voluntad. Como dicen: «Huya del mundo, silenciate, reposa, porque estas son las raíces del pecado». Y de nuevo dicen: «Evita a los hombres y serás salvo». Porque los encuentros y las conversaciones no permiten que el νούς nus con la mente vea ni sus propios pecados ni las maquinaciones de los demonios, para que el hombre pueda guardar su propio ser, pero tampoco las bondades y providencias de Dios, para que adquiera gnosis-conocimiento de Dios y humildad de estas. Y por eso aquel que quiere avanzar rápidamente hacia Cristo, es decir, hacia la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y la gnosis-conocimiento, y llegar con alegría a la perfección, no debe andar de aquí para allá, es decir, ni a la derecha ni a la izquierda, sino seguir toda su vida con entusiasmo el camino real. Y debe evitar con firmeza tanto los excesos como las deficiencias, porque ambos provocan placer y emoción. Es decir, ni con la multitud de alimentos y conversaciones debe atormentar su νούς nus, ni debe ser cegado por las distracciones en varias cosas. Tampoco, nuevamente, debe enturbiar su διάνοια diania (mente, intelecto) con largos ayunos y vigilias. Pero debe trabajar correctamente y con paciencia los siete modos, es decir, las praxis, acciones corporales, y debe ascender como por una escalera, dominando todas juntas las siete y avanzando hacia la praxis ética, con la cual las contemplaciones espirituales son dadas por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios a aquel que cree, como dice el Señor (Mateo 13:11-12).

Y debe saber que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil (2Tim 3:16), y que nadie puede impedir a aquel que quiere ser salvado, ni tiene otro poder sobre nosotros excepto Aquel que nos formó, quien está dispuesto a ayudar y cubrir de cada tentación a aquellos que lo invocan con todo su corazón y quieren hacer Su santa voluntad. Porque sin Él, nadie puede hacer nada bueno (Juan 15:5), ni padecer involuntariamente ningún mal, a menos que Él lo permita, para disciplinar e instruir al pecador y salvar su psique-alma. Y debe saber también que las malas obras son nuestras y se hacen por nuestra negligencia, pereza espiritual y colaboración con los demonios, mientras que toda gnosis-conocimiento, virtud, fuerza y energía es por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, como todas las demás cosas. Y que Dios, por χάρις jaris (gracia, energía increada), dio a todos la capacidad de hacerse Sus hijos (Juan 1:12) mediante la aplicación y cumplimiento de los mandamientos divinos, que son protección para nosotros y lo son por la jaris-gracia y gracias a Dios. Porque sin la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, tampoco podemos aplicarlos y cumplirlos, pero tampoco tenemos nada más que ofrecerLe, excepto fe, buena voluntad e intención. Y en general, dominando todos los dogmas ortodoxos con fe segura y oído, comenzamos la obra con atención inquebrantable, como las lecciones en la escuela, y así aprendemos cuidadosamente las obras mencionadas, que a continuación se presentan.

 

1) Sobre las siete praxis corporales

Primera es la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), es decir, un estilo de vida tranquila sin distracciones y preocupaciones, alejado de toda preocupación mundana, para que uno pueda, alejándose de las personas y las distracciones, evitar el ruido y el diablo que, como león rugiente, anda buscando a quien devorar (1Pedro 5,8) mediante las conversaciones y preocupaciones de la vida, y para que tenga una sola preocupación: cómo agradar a Dios y hacer que su psique-alma se encuentre irreprochable en la hora de la muerte, y para aprender con todo detalle las trampas de los demonios y sus pecados, que son más numerosos que la arena del mar y la mayoría los ignora como el polvo fino. Siempre lamentándose, se compadece de la naturaleza humana, pero se anima y se fortalece con Dios, porque se ha vuelto agradecido y se consuela porque ha sido digno de ver cosas que no esperaba ver cuando vivía fuera de su celda. Reconociendo su propia enfermedad y debilidad y la δύναμις dínamis (poder, fuerza y energía increada) de Dios, teme y espera, para que no confíe en sí mismo por ignorancia y caiga, ni olvide la filantropía (amistad al hombre) de Dios y se desespere si algo le sucede.

Segunda praxis es el ayuno (dieta) con moderación, es decir, comer una vez al día y no saciarse, comer un solo tipo de alimentos sencillos que se encuentran fácilmente y que no las desee la psique-alma, a menos que no haya otra cosa. Esto es para vencer la gula, la glotonería y el deseo, y permanecer sin distracciones y preocupaciones, y al mismo tiempo no abstenerse de ningún tipo de alimento, rechazando malamente aquellos que Dios hizo muy buenos (Gén. 1,31). Ni tampoco tragarse todo sin moderación por la φιληδονία filidonía (amor al placer hedonista), sino comer cada día de un solo tipo con moderación y así usar todo para la doxa-gloria de Dios, sin abstenerse de nada, considerándolo malo, como hacen los herejes malditos. El vino sólo en el momento adecuado, porque en la vejez, en la enfermedad y en el frío, el vino es muy útil, pero incluso entonces, poco. En la juventud, sin embargo, en el calor y en la salud, es mejor el agua, pero también poca, tanto como sea posible, porque la sed es mejor que todas las praxis, acciones corporales.

Tercera praxis es la vigilia con moderación, es decir, dormir la mitad de la noche y dedicar la otra mitad a salmos y oraciones, suspiros y lágrimas, para que con el ayuno y la vigilia moderados, el cuerpo obedezca a la psique-alma, sea saludable y esté preparado para toda buena obra, y la psique-alma se vuelva valiente y se ilumine para ver y hacer lo que es correcto.

Cuarta praxis es el canto de salmos, es decir, la oración corporal con salmos y postraciones para afligir el cuerpo y humillar la psique-alma, para que los demonios enemigos se alejen y los ángeles aliados se acerquen, y para aprender de dónde viene la ayuda. Porque cuando uno lo ignora, puede enorgullecerse, creyendo que lo que hizo es suyo, y ser abandonado por Dios para reconocer su enfermedad y debilidad.

Quinta praxis es la oración espiritual que se hace con el νούς nus con la mente unida al corazón (en uno), lejos de todo concepto. Entonces el νούς nus con la mente, permaneciendo en las palabras de la oración y postrándose ante Dios con una indescriptible contrición, sólo busca que se haga la voluntad divina en todas las obras, conceptos y pensamientos, sin suplicar en absoluto ningún pensamiento, concepto, forma, color, luz, fuego o cualquier otra cosa, sino que, al ser vista por Dios y hablar solo con Él, se vuelva sin forma, sin color y sin figura. Esta es la oración pura, que conviene al practicante. Al contemplativo le corresponden otras cosas, mayores que estas.

Sexta praxis es la lectura de los logos y vidas de los Padres -sin escuchar en absoluto dogmas y doctrinas ajenas u otras cosas, especialmente heréticas-, para aprender de las Escrituras sagradas y del discernimiento de los Padres, cómo vencer los πάθος pazos psicoterapiarse y adquirir las virtudes. También para llenar su νούς nus con la mente con las palabras del Espíritu Santo y olvidar las palabras y pensamientos indecorosos anteriores que escuchó cuando estaba fuera de su celda, y llegar, a través de mucha oración y lectura, a tener buenos conceptos en su νούς nus e intelecto. Porque la oración se ayuda de la lectura en la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y la lectura de la oración pura, cuando uno presta atención a lo que se dice y no lee o canta como una tarea secundaria, incluso cuando no puede entender adecuadamente la fuerza de las cosas que lee, debido a la oscuridad de los πάθος pazos. A menudo, ciertamente, somos engañados por la presunción y la vanagloria, especialmente aquellos que creen tener la sabiduría de este mundo, ignorando que necesitamos conocimiento práctico para comprender estas cosas y que no solo se beneficia de la audición aquel que quiere adquirir el conocimiento-gnosis de Dios. Porque una cosa es la audición y otra la praxis, práctica. Así como uno puede convertirse en artesano no solo escuchando lo que le dicen, sino ejecutando, viendo y fallando a menudo y escuchando las indicaciones de los experimentados, de modo que con paciencia y con la renuncia a sus voluntades y deseos y con el tiempo llegue a dominar el arte, así también el conocimiento-gnosis espiritual no viene solo del estudio, sino que es dado por las χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios a los humildes. Porque quien lee las Escrituras y quizás parece que en parte conoce, no es de admirar, especialmente si es práctico. No tiene aún ese conocimiento-gnosis de Dios, sino que escucha las palabras de aquellos que tienen conocimiento. De modo que aquellos que las escribieron muchas veces tenían conocimiento-gnosis de Dios, como los profetas, pero él no aún. Y yo también así conozco, porque recolecté de las Escrituras divinas, y no porque me haya sido concedido escuchar del Espíritu, sino que escuché de aquellos que escuchan el Espíritu, como aquellos que oyen sobre una ciudad o una persona de aquellos que conocen sobre ellos.

Séptimo es preguntar a los experimentados sobre cada logos y asunto, para no entender y hacer otras cosas en lugar de las correctas y ortodoxas por inexperiencia o autosatisfacción y así ser engañado muchas veces y caer en la presunción, jactancia creyendo que conoce como es debido, mientras aún no conoce nada, como dice el Apóstol Pablo (1Cor. 8,2).

Después, junto con estas praxis, acciones corporales, uno debe tener paciencia en todas las cosas tristes que Dios concede, para aprender y adquirir experiencia y conocimiento-gnosis de su debilidad. No debe ni envalentonarse ni desesperarse por lo que le suceda, sea bueno o malo. Debe rechazar todo sueño, palabra y obra inútil. También debe estudiar y reflexionar siempre en el nombre de Dios más que en su propia respiración, en todo momento, lugar y obra, y caer ante Él con todo su corazón, recogiendo el νούς nus con la mente de todos los pensamientos del mundo y solo buscando que se haga la voluntad de Dios. Entonces el νούς nus con la mente comienza a ver sus errores, que son como la arena del mar. Este es el comienzo de la iluminación de la  psique-alma y la prueba de su salud. Y en general, la psique-alma se quebranta y el corazón se humilla y hace humilde (Salmo 50:19), y se considera verdaderamente por debajo de todos. Comienza entonces a comprender las beneficencias, tanto las específicas como las más amplias, que se encuentran en las divinas Escrituras, así como sus pecados, y a aplicar y cumplir los mandamientos (logos, principios espirituales) con gnosis-conocimiento, desde el primero y todos los demás. Porque el Señor los ha puesto como en una escalera y uno nobkj puede pasar por alto uno para subir al siguiente, como con los escalones, así que desde el primer mandamiento ascendemos al segundo, y de este al tercero, hasta que estos hacen al hombre dios/a con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Aquel que los regaló a los que tienen buena disposición y voluntad.

 

2) Sobre el temor divino como primer mandamiento

Si alguien quiere avanzar rápidamente, debe mostrar su diligencia en los mandamientos (principios espirituales) y no en otra cosa, porque de lo contrario caerá en un precipicio, o más bien en un caos, abismo. Porque como en los siete dones o carismas del Espíritu, si no comienza con el temor, nunca podrá ascender a los otros, así también en las bienaventuranzas del Señor. Como dice David, «el principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Salmo 110:10). Y otro profeta, mencionando los dones desde la cima hacia abajo, dijo: «Espíritu de sabiduría y prudencia, espíritu de voluntad y fortaleza, espíritu de gnosis-conocimiento y piedad, espíritu de temor de Dios» (Isaías 11:2-3). Y el Señor comenzó a enseñar desde el temor, diciendo: «Bienaventurados los que se siente pobres en espíritu ante Dios» (Mateo 5:3). Esto significa que uno debe volverse aterrorizado por el temor de Dios y tener humildad y contrición de la psique-alma. El  Señor estableció este mandamiento como fundamento porque sabe que sin él, incluso si uno vive en el cielo, no se beneficia, si tiene la locura con la que cayeron el diablo y Adán y muchos otros.

Por eso, quien quiera observar el primer mandamiento, es decir, el temor como hemos dicho, debe estudiar y reflexionar con gran diligencia en los encuentros de la vida que se mencionaron anteriormente y en las beneficencias de Dios, las innumerables e inescrutables, y en lo que ha hecho y hace por nosotros con medios visibles e invisibles, con mandamientos, principios espirituales, dogmas y doctrinas, con amenazas y promesas, protegiéndonos, alimentándonos, proveyendo, vivificándonos y librándonos de enemigos visibles e invisibles. Las enfermedades causadas por nuestro propio desorden, las psicoterapia y sana con las oraciones y las intercesiones de Sus Santos. En nuestros pecados, impiedades e iniquidades siempre es magnánimo y paciente, por lo que hemos hecho y hacemos y lo que haremos. De estas cosas nos ha liberado Su χάρις jaris (gracia, energía increada). También se debe reflexionar cuánto irritamos a Dios con obras, logos, meditaciones y pensamientos. Y no solo nos soporta, sino que nos beneficia y bendice aún más, ya sea Él mismo o a través de ángeles, Escrituras, Justos y Profetas, Apóstoles y Mártires, Maestros y Santos Padres. Y al comprender las hazañas de los Mártires y las luchas de los Santos, y luego maravillarse de la condescendencia de nuestro Señor Jesús Cristo, Su vida en el mundo, Sus sagradas Pasiones-pazos, la Cruz, la Muerte, el Entierro, la Resurrección, la Ascensión, la venida del Espíritu Santo, los milagros indescriptibles que ocurren siempre y cada día, el paraíso, las coronas, la adopción que nos ha concedido y todo lo que contiene la Escritura divina y mucho más, y al considerar esto, se apodera de uno la sorpresa al ver la filantropía de Dios, mientras tiembla y se maravilla de Su paciencia y tolerancia hacia nosotros. Y se lamenta por el daño sufrido por la naturaleza humana, es decir, que perdió la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) angélica, el paraíso y todos los bienes de los que caímos, mientras caímos en tantos males, me refiero a los demonios, los πάθος pazos y los pecados, y la psique-alma se quebranta, comprendiendo cuántos males han surgido de nuestra propia maldad y de la mala astucia de los demonios.

 

3) Acerca del luto (espiritual) como el segundo mandamiento

Y así Dios le concede el bendito luto o duelo, es decir, el segundo mandamiento. «Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina al mundo, porque ellos serán consolados por Dios» (Mat 5, 4), dice, es decir, aquellos que están el luto o duelo por sí mismos y por su prójimo por agapi-amor y simpatía hacia él. Y esta persona llega a estar en luto como por un muerto, antes de la muerte, debido a las terribles visiones y conceptos de lo que sucede después de la muerte, gritando y lamentándose desde lo más profundo de su corazón con muchas lágrimas amargas y dolorosas e indescriptibles lamentos. Y así la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, la madre común de todos nosotros, le regala la apacibilidad o mansedumbre, el comienzo de la imitación de Cristo, es decir, el tercer mandamiento, como dice el Señor: «Bienaventurados y felices los apacibles porque ellos heredarán la tierra; [Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la nueva tierra prometida, la Jerusalén de arriba, o la Jaris-Gracia increada y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste] (Mat. 5, 5). Y se convierte en un ser tan firme como una roca que no se mueve en absoluto por el viento o las olas de la vida, sino que es siempre el mismo en la abundancia y en la pobreza, en la facilidad y en la dificultad, en el honor y en el deshonor. Y, en general, sabe en cada circunstancia y cada acción, con discernimiento, que todo pasa, tanto lo agradable como lo doloroso, y que esta vida es un camino hacia el mundo venidero. Y que quizás, aunque no queramos, suceden esas cosas que suceden, por lo que nos agitamos en vano (Sal 38, 7) y perdemos la corona de la paciencia y nos mostramos contrarios a la voluntad de Dios. Porque todo lo que hace Dios es muy bueno, pero nosotros no lo sabemos. Como dice la Escritura, Él guiará a los apacibles con juicio (Sal. 24, 9), o más bien, con el discernimiento de las cosas.

Pero incluso en tiempos de ira, esta persona no se perturba en absoluto. Más bien, se regocija, porque ha encontrado un tiempo de ganancia y filosofía, pensando que la tentación no ha ocurrido sin motivo, sino que antes habrá ofendido conscientemente o inconscientemente a Dios o al hermano o a otro, y que más bien se le ha dado la oportunidad de su perdón, para que al menos con paciencia reciba el perdón de sus muchos pecados. Piensa también que si no perdona lo que los demás le han hecho, tampoco el Padre celestial perdonará sus pecados (Mat. 6, 15), y que no hay virtud más rápida que ésta, es decir, el mandamiento de perdonar a los demás. Porque el Señor dice: «Perdonen y serán perdonados» (Mat. 6, 14). Se regocija también porque se le ha concedido conocer estas cosas y hacerlas en imitación de Cristo y convertirse, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del mandamiento, en una persona apacible y magnánima. Pero se lamenta por el hermano, porque con sus pecados el hermano fue llevado a la tentación por el enemigo común, el diablo, y se convirtió en un remedio o psicofármaco para la psicoterapia y curación de su propia enfermedad. Porque cada tentación es permitida por Dios para la psicoterapia y sanación de la  psique-alma del enfermo, porque concede el perdón de males pasados y presentes y se convierte en un obstáculo para los futuros. Sin embargo, no se alaba ni al diablo, ni al causante de la tentación, ni al tentado. Porque el diablo es digno de odio como malhechor, ya que lo que hace no lo hace por el bien. El causante de la tentación es digno de ser compadecido por el tentado, porque actúa no por agapi-amor, sino porque es engañado y atormentado por el diablo. El tentado, finalmente, soporta las tribulaciones debido a sus pecados y no por causa de otro, para ser alabado; porque él mismo no es sin pecado. Pero incluso si lo fuera, algo imposible, aún soporta con la esperanza de la retribución y por miedo al infierno. Así es con ellos. Dios ahora, porque no tiene ninguna necesidad ni falta, sino que dispone y economiza todo lo conveniente para todos, es digno de agradecimiento, ya que soporta con paciencia tanto al diablo como la maldad de los hombres, y proporciona todo bien, antes y después del pecado, a aquellos que vuelven a la μετάνοια metania y se arrepienten.

Así que habiendo aprendido cada discernimiento, aquel que ha sido digno de guardar el tercer mandamiento, la apacibilidad, no será engañado ni por su conocimiento-gnosis ni por su ignorancia, sino que habiendo recibido el don de la humildad, se considera a sí mismo como nada. Porque la apacibilidad es el material de la humildad, y ésta es la puerta que conduce a la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos). A través de ella entra en el agapi-amor impecable y perfecto aquel que conoce su naturaleza, es decir, lo que era antes de nacer y lo que será después de la muerte. Porque el hombre no es nada, sino un poco de hedor que desaparece en el mismo instante, y es de toda la creación el peor. Y esto porque ninguna otra criatura, ni inanimada ni animada, ha contravenido jamás la voluntad de Dios, sino que la naturaleza humana, que recibe muchas beneficencias de Dios, y sin embargo siempre Le irrita.

Y así el hombre es digno del cuarto mandamiento, es decir, del anhelo de adquirir las virtudes, como dice el Señor: «Bienaventurados y felices los hambrientos y sedientos de justicia y virtud, porque ellos serán saciados. [Dichosos los que anhelan, como hambrientos y sedientos, la justicia y la virtud, porque en ellos serán satisfechos plenamente sus deseos] (Mat. 5, 6). Y el hombre se convierte en alguien hambriento y sediento de toda justicia, me refiero a toda virtud corporal y ética, es decir, psíquica y espiritual. Si alguien no prueba algo, no sabe lo que se está perdiendo, dice San Basilio el Grande. Pero aquel que ha probado, lo desea mucho. Así también, aquel que ha probado un poco de la dulzura de los mandamientos y ha entendido que los mandamientos lo llevan poco a poco a la imitación de Cristo, desea adquirirlos todos, de modo que, por agapi-amor a ellos, muchas veces desprecia incluso la muerte. Y habiendo comprendido un poco los misterios de Dios que están ocultos en las divinas Escrituras, tiene una gran sed de alcanzarlos. Y cuando los conoce, tiene más sed y se quema, como si bebiera fuego. Pero como lo divino es incomprensible e inabordable para todos, permanece siempre sediento. Lo que es para el cuerpo la salud y la enfermedad, eso es para la psique-alma la virtud y la maldad o vicio, y para la νούς nus (espíritu de la psique) en el conocimiento-gnosis y la ignorancia. Y cuanto más cuida la piedad y la fe, es decir, la virtud práctica, tanto más se ilumina el νούς nus en la gnosis (conocimiento espiritual).

Y así es digno de la misericordia a través del quinto mandamiento, como dice el Señor: «Bienaventurados y felices los misericordiosos y caritativos, más los que se compadecen con las desgracias del prójimo, porque ellos alcanzarán la misericordia increada de Dios» (Mat. 5, 7). Misericordioso es aquel que tiene misericordia y compasión del prójimo con lo que ha recibido de Dios, ya sea dinero, alimentos, fuerza, logos útil, oración, y en general, con cualquier cosa que tenga con la que pueda mostrar compasión a quien lo necesita, creyendo que es deudor, porque ha recibido más de lo que se le pide y porque es digno de ser llamado misericordioso, al igual que Dios, especialmente por Cristo en esta vida y en la venidera, delante de toda la creación. Piensa que a través del hermano, Dios pide su ayuda y se convierte en su deudor, y que el pobre puede vivir sin lo que le pide, mientras que él, sin mostrar misericordia según su capacidad, no puede vivir ni salvarse. Porque si no quiere compadecerse del prójimo, ¿cómo pide a Dios que se compadezca de él? Y pensando en muchas otras cosas así, aquel que ha sido digno de aplicar y cumplir los mandamientos, no solo da sus bienes, sino también su vida por el prójimo. Esta es la misericordia perfecta. Así como Cristo sufrió la muerte por nosotros y dio a todos un ejemplo y un modelo (1Ped 2, 21), para que muramos unos por otros, y no solo por nuestros amigos, sino también por nuestros enemigos, cuando la ocasión lo requiera.

No es necesario tener, supuestamente para dar limosna. Esto más bien es una gran enfermedad. Pero aunque uno no tenga algo para dar limosna, debe tener compasión por todos y ayudar a quienes tienen necesidad con lo que pueda, dejando todo apego apasionado a las cosas de esta vida y teniendo simpatía por las personas. Tampoco debe enseñar por vanidad, para supuestamente beneficiar las psiques-almas de los enfermos, aquellos que no ha practicado previamente lo que dice, ya que él mismo es más débil que aquellos que cree que va a beneficiar. Cada cosa necesita su tiempo y discernimiento, para que nada se haga fuera de tiempo o sin necesidad. Para el débil, es mejor la fuga de todo, y la pobreza es mucho mejor que la limosna.

Con la ausencia de apegos apasionados, es digno del sexto mandamiento, como dice el Señor: «Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios; (Mat. 5, 8), es decir, aquellos que han logrado toda virtud con pensamientos santos y han llegado a ver las cosas como son en su naturaleza. Y así se pasa a la paz de los pensamientos. «9 Bienaventurados y felices los pacificadores o los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios; [Dichosos los que a su interior por su santificación tienen la paz y la transmiten también a los demás, pacificándolos entre sí y con Dios, porque ellos serán reconocidos y proclamados en el mundo terrenal y celeste hijos de Dios«] (Mat. 5, 9), es decir, aquellos que han pacificado la psique-alma y el cuerpo al someter la carne al espíritu, para que la carne ya no desee en contra del espíritu (Gál. 5, 17), sino que la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo reine en la psique-alma y la guíe como quiere, habiéndole concedido la divina gnosis (conocimiento divino). Con la gnosis divina, el hombre puede soportar la persecución, el oprobio y el maltrato por la virtud, y se regocija porque su recompensa será grande en los cielos (Mat. 5, 10-12).

Así que todas las bienaventuranzas hacen al hombre dios por χάρις jaris (gracia, energía increada), al volverse apacible, anhelando toda virtud, ser misericordioso, pacificador e impasible (sin pazos), soportar todo dolor con alegría por el agapi-amor incondicional de Dios y del prójimo. Son dones de Dios y debemos agradecer mucho a Dios por ellos y por las recompensas que tienen, es decir, el reinado de la realeza increada de los cielos en el futuro, mientras que en esta vida, consuelo y abundancia de todo bien y misericordia de Dios, y la revelación de Dios con la visión de los misterios ocultos que están escondidos en las Santas Escrituras y en todas las criaturas, y gran recompensa en los cielos. Y nos volvemos semejantes a Cristo imitando Su vida aquí en la tierra y «bienaventurados» de cada mandamiento, lo cual es el bien supremo, lo más elevado que puede desear el hombre. Porque según el Apóstol Pablo, solo Dios es bienaventurado y habita en luz increada (1Tim. 6:15-16). Pero aunque tenemos el deber de guardar los mandamientos, o más bien que los mandamientos nos guarden a nosotros, el Dios misericordioso, sin embargo, regalará las recompensas del mandamiento tanto aquí como en el cielo a aquel que cree en Él.

Con todas estas cosas y realidades que provienen del bienaventurado luto o duelo (según Dios), el νούς nus (espíritu de la psique) se alivia de los πάθος pazos y se reconcilia con Dios por sus pecados con lágrimas amargas y abundantes. Se crucifica espiritual y mentalmente con Cristo con la vida ética, es decir, con la aplicación y cumplimiento de los mandamientos, como dijimos, y la vigilancia de los cinco sentidos, para no hacer nada en absoluto más allá de lo necesario.

Dominando el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) los impulsos paradójicos, comienza a dirigir como un cochero los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, padecimientos, patologías, etc.) relacionadas con ella, quiero decir, la ira o emoción y el deseo. Y a veces la ira que se enfurece, la calma con la suavidad del deseo, y otras veces con la severidad de la ira, apacigua el deseo. Y entonces el νούς nus con la mente, al reflexionar sobre sí mismo, comprende su axioma y dignidad, que es dueño de sí mismo, y adquiere la capacidad de ver las cosas tal como son en su naturaleza. Porque abre el ojo izquierdo, que el diablo había cegado con el predominio de los πάθος pazos, y el hombre es considerado digno de ser enterrado con Cristo espiritual y mentalmente en relación con las cosas del mundo. Ya no se engaña por la belleza exterior, sino que ve el oro, la plata, las piedras preciosas y sabe que provienen de la tierra como las demás cosas inanimadas, la madera y las piedras. También sabe que el hombre es como la podredumbre y un poco de tierra en la tumba después de la muerte. Y considera todas las cosas placenteras de la vida como nada y siempre ve sus cambios con mucho pensamiento que proviene de la gnosis (conocimiento espiritual). Y se convierte con alegría en muerto para el mundo y el mundo se vuelve muerto para él, y ya no tiene dificultades, sino más bien encuentra descanso y falta de apego apasionado a cualquier cosa.

Y así, con la pureza y lucidez de la  psique-alma, es considerado digno de resucitar espiritualmente y mentalmente (despertar espiritual) con Cristo y recibe la fuerza para ver sin pasión incluso las bellezas externas de las cosas y a través de ellas glorifica al Creador de todo. Y al contemplar en las criaturas sensibles el poder y la providencia de Dios, Su bondad y sabiduría, de acuerdo con las palabras del Apóstol Pablo (Rom 1:20), y viendo los misterios que están escondidos en las Santas Escrituras, su νούς nus con la mente es considerada digna de ascender junto con Cristo con la contemplación de las criaturas intelectuales y espirituales, es decir, la gnosis (conocimiento espiritual) de las fuerzas espirituales. Y comprendiendo con muchas lágrimas de comprensión y alegría, de lo visible lo invisible y de lo temporal lo atemporal eterno, reflexiona que, si este mundo temporal, que se llama exilio y condena de aquellos que han violado el mandamiento de Dios, es tan hermoso, cuánto más lo son los bienes eternos e incomprensibles que Dios ha preparado para aquellos que lo aman (1Cor. 2:9). Y si esos bienes superan toda comprensión, cuánto más lo es Dios que creó todo de la nada.

Si alguien se retira* de todo y cuida las acciones corporales y espirituales que los Padres llaman piedad, y no cree en ningún sueño ni en ninguna interpretación propia y concepto propio que no tenga testimonio de la Escritura, y si evita toda conversación innecesaria, para no escuchar en absoluto o leer palabras ociosas, y especialmente sobre la herejía, aumentan en él las lágrimas de comprensión y alegría, tanto que las bebe. Y llega a la otra oración, la pura, que corresponde al contemplativo. Porque como antes debe tener otras lecturas y otras lágrimas y oración, así también ahora. Porque el νούς nus (espíritu de la psique) ha ascendido a contemplaciones espirituales, por eso de aquí en adelante debe estudiar todas las Santas Escrituras, ya que no corre ningún peligro por las palabras difíciles de entender de la Escritura como aquellos que todavía se dedican a la práctica y son débiles en entendimiento de la διάνοια diania (intelecto, mente). Esto es porque habiendo luchado mucho en las acciones corporales y éticas, se ha crucificado y enterrado con Cristo con el conocimiento-gnosis de las cosas, tanto en su naturaleza como en su cambio, y ha resucitado con Cristo con la impasibilidad y la gnosis-conocimiento de los misterios de Dios, que se encuentran en Sus criaturas sensibles. Y de allí ascendió con Él a lo supra-cósmico con la gnosis-conocimiento de lo espiritual y de los misterios que están escondidos en las Santas Escrituras.

* Los términos nípticos y ascéticos » σχολάζω sjolazo» y «σχολή sjolí» (según Dios) en la filocalía y el ascetismo significan la inactividad de todo el hombre en todas las preocupaciones del mundo y la entrega de las fuerzas psíquicas a Dios en el estado níptico (sobrio) de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). La «»σχολή sjolí» es la condición previa para acercarse a Dios y residir en Él con la oración y la contemplación.

Del temor uno asciende a la piedad, de la cual proviene la gnosis (conocimiento espiritual). De esta proviene la cicatriz, es decir, el discernimiento, y de este la fuerza que produce la comprensión y prudencia. Y así se llega a la sabiduría (Isaías 11:2-3). Por tanto, con todas las acciones y contemplaciones anteriores uno es considerado digno de obtener la oración pura y perfecta, que se crea a partir de la paz y la agapi-amor de Dios y la residencia en él del Espíritu Santo. Esto es aquello que dicen: «Adquiera a Dios dentro de ti». También la manifestación y la residencia de Dios, como dijo Crisóstomo, al volverse el cuerpo y la psique-alma, en la medida de lo posible, como el de Cristo, sin pecados. Y tener un νούς nus con la mente que piensa y comprenda en Cristo con la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la sabiduría del Espíritu, que es la gnosis-conocimiento de cosas divinas y humanas (4Macabeos 1:16).

 

4) Las Cuatro Virtudes de la  psique-alma

Existen cuatro formas de sabiduría: la φρόνηση frónisi prudencia (conducta ética), que es la gnosis-conocimiento de lo que se debe y no se debe hacer y la vigilancia del νούς nus con la mente lógica y la atención; la σωφροσύνη sofrosini sensatez (cordura o sano juicio o templanza), que consiste en enderezar nuestro νούς nus con la lógica para mantenernos alejados de cualquier acción, pensamiento, logos y palabra que no sea agradable a Dios; la ανδρεία andría valentía (valor, coraje, fortaleza) que es la fortaleza y la perseverancia en las luchas y tentaciones según Dios; y la justicia, que es la distribución equitativa en todas estas cosas. Estas cuatro virtudes generales nacen de las tres fuerzas o facultades de la psique-alma. Es decir, desde νούς nus con la mente por el pensamiento, nacen dos, la prudencia y la justicia, es decir, el discernimiento. De la parte anhelante de la psique nace la σωφροσύνη sofrosini sensatez (templanza), y de la parte irascible y emocional, la valentía (fortaleza, valor, coraje). Cada una de estas se encuentra entre dos pazos pasiones antinaturales. La prudencia tiene por encima la presunción excesiva y por debajo la necedad. La sensatez tiene por encima la simpleza y por debajo la inmoralidad. La valentía tiene por encima la temeridad y por debajo la cobardía. La justicia tiene por encima la privación y por debajo la codicia. Y estas cuatro virtudes son imagen del elemento celestial, mientras que los ocho pazos vicios que las rodean son imagen de lo terrenal (1Cor. 15:49).

Todo esto lo conoce Dios con exactitud, así como conoce las cosas pasadas, el presente y el futuro, y en parte lo conoce también aquel que ha aprendido por χάρις jaris (gracia, energía increada) las obras de Dios y ha sido digno de convertirse como «a su imagen y semejanza» (Gén. 1:26). Quien dice que solo conoce correctamente por lo que ha oído, miente. Porque el νούς nus (espíritu de la psique) humano no puede, sin guía, ascender nunca al cielo. Ni tampoco puede decir lo que no ha visto si no ha ascendido y lo ha visto. Pero lo que oye de las Escrituras, eso solo debe decir con sinceridad y reconocer al Padre del Logos, como dijo San Basilio el Grande. De lo contrario, creerá que tiene gnosis-conocimiento y será peor que aquel que no tiene. Porque cuando alguien cree que es algo, no puede convertirse en lo que cree ser, dice San Máximo*. Existe también una ignorancia digna de alabanza, como dice San Juan Crisóstomo, cuando uno sabe conscientemente que ignora. Y existe una ignorancia más allá de toda ignorancia, cuando uno no sabe que ignora. Hay también una gnosis-conocimiento llamada falsa o pseudognosis, cuando alguien cree que sabe, pero no sabe nada, como dice el Apóstol Pablo (1Cor. 8:2).

* Tercera centuria sobre el agapi-amor, cap. 80 (Filocalia, tomo 2) https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/#Tercera_Centuria_sobre_la_Agapi_san_Mximo_el_Confesor .

 

5) La gnosis en praxis, práctica

Existe una gnosis verdadera y una ignorancia universal. La más alta de todas es la gnosis práctica. Porque, ¿qué beneficia al hombre tener toda la gnosis-conocimiento, o mejor dicho, recibirla por χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios como Salomón (1 Reyes 3:12) -aunque es imposible que ocurra un caso similar- y luego ir al infierno? ¿Qué se beneficia si no recibe confirmación con el testimonio de la conciencia por sus obras y la fe segura de que ha sido liberado del infierno venidero, ya que la conciencia no lo acusa de haber descuidado algo de lo que debía según su capacidad, como dice San Juan el Teólogo? “Amados, si nuestro corazón está en paz y la conciencia no nos acusa ni nos condena, entonces podemos estar tranquilos ante Él y acercarnos a Dios con confianza y franqueza” (1Juan 3:21). Sin embargo, como dice San Nilo, incluso esta conciencia a veces miente. Esto ocurre cuando se oscurece por los πάθος pazos y cae en la maldad, como dice San Juan de la Escalera. Si solo la mala astucia o vileza, por naturaleza, oscurece al νούς nus (espíritu de la psique), dice San Basilio el Grande, y si la idea que uno tiene de sí mismo lo ciega y no le permite convertirse en lo que cree ser, ¿qué diremos entonces de aquellos que están esclavizados a los pazos, si creen tener una conciencia limpia? Y especialmente cuando vemos al Apóstol Pablo, que tenía a Cristo en él, diciendo con obras y con el logos: «Mi conciencia no me acusa de ningún pecado, pero eso no me justifica» (1Cor. 4:4). La mayoría de nosotros, debido a nuestra gran insensibilidad, creemos ser algo, cuando en realidad no somos nada. Pero dice el Apóstol Pablo: “cuando dicen las personas que tienen paz, entonces les sobreviene el desastre» (1Tes. 5:3). Porque no tenían paz, sino que decían tenerla, porque así lo creían, dice San Juan Crisóstomo, por su gran insensibilidad. Y como dice Santiago el hermano del Señor acerca de estas personas, «han olvidado sus pecados» (Sant. 1:25), así también muchos orgullosos, sin darse cuenta, como dice San Juan de la Escalera, pensaron que tenían απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos).

Así que yo, porque temo a los tres gigantes del diablo de los que escribió San Marcos el Asceta, es decir, la pereza (espiritual, acedia), el olvido y la ignorancia*, ya que siempre estoy poseído por ellos, y porque temo que ignorando mis límites me desvíe del camino recto, como dice San Isaac, he escrito esta colección. Porque como dice San Juan de la Escalera, quien odia la corrección, claramente muestra el pazos vicio del orgullo. Mientras que quien corre hacia la inspección, corrección, está libre de sus cadenas. Y Salomón dice: «Si el necio pide sabiduría, esto le será contado como sabiduría» (Prov. 17:28). Por eso he puesto al principio los nombres de los libros y los Santos, para no tener que decir para cada dicho de quién es y alargar el logos. Porque los Santos Padres también escribían los logos de las Escrituras Divinas muchas veces como están en el texto, como San Gregorio el Teólogo las palabras de Salomón, y otros, como Simeón Logoteta el Traductor dijo sobre San Juan Crisóstomo que «no es correcto dejar de lado sus logos y palabras y escribir las mías», aunque podía, porque todos recibieron del mismo Espíritu Santo. Así, los Santos Padres, a veces mencionan de quién es el dicho que usan, porque por humildad prefieren los logos de las Escrituras, y otras veces las dejan anónimas debido a su abundancia para no alargar el logos.

* Filocalía, tomo A, p. 175 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-1-san-marcos-el-asceta/.

 

6) Las virtudes corporales son herramientas de las psíquicas

Pero, dado que es mejor la repetición y el recuerdo frecuente, he aquí comenzaré con la mayoría de lo que he dicho, y estas cosas no son mis propias palabras, sino los logos, palabras y discernimientos de las Sagradas Escrituras y de los hombres Santos. Dice San Juan Damasceno* que las virtudes corporales, o mejor dicho, las herramientas de las virtudes, son necesarias cuando se practican con humildad y gnosis-conocimiento espiritual, porque sin ellas tampoco se logran las virtudes psíquicas. Pero si no se hacen así, sino como si fueran un fin en sí mismas, no sirven para nada, como tampoco las plantas sin sus frutos. Tampoco sin aprendizaje y sin cortar sus propias voluntades puede uno aprender nunca un arte correctamente y con seguridad. Por eso, después de la praxis, acción, necesitamos el conocimiento y sobre todo la dedicación y aprendizaje sólo según Dios y la ocupación con las Sagradas Escrituras, sin la cual, nadie puede adquirir virtud. Aquel que ha sido digno de dedicarse siempre y completamente, ha logrado el bien supremo; pero aquel que no ha sido digno, que no descuide dedicarse en parte. Sin embargo, bienaventurados son aquellos que se dedican completamente, ya sea subordinándose a alguien práctico que practica correctamente la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), o con ησυχία hisijía despreocupación y desinterés sometiéndose completamente a la voluntad divina y buscando los consejos de los experimentados para cada uno de sus esfuerzos, logos y pensamientos, aquellos que quieren alcanzar sin esfuerzo la impasibilidad y la gnosis espiritual, con el aprendizaje y ocupación completa según Dios, como Dios mismo dijo a través del Profeta: «Despreocupados (dejad de lado toda preocupación mundana) y sabed que yo soy Dios» (Salmo 45:11).

* Filocalía, tomo II. https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-ii/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-2-san-juan-el-damasceno/

Los laicos ocupados con las cosas mundanas y los supuestos monjes, dediquémonos aunque sea en parte, como los antiguos Justos, para examinar nuestra psique-alma miserable antes de la muerte y provocarle corrección o humildad y que no se pierda completamente con la ignorancia total y sus pecados conscientes e inconscientes. Porque también David, aunque era rey, cada noche mojaba su cama con lágrimas (Salmo 6:7), mientras que Job decía: «Por el sentimiento de lo divino, mis cabellos se erizaron» (Job 4:15), y demás. Así que también nosotros, dediquémonos, como los mundanos, aunque sea parte del día y de la noche, y veamos qué vamos a responder al Justo Juez en el terrible día del juicio. Y preocupémonos por esto como por una cuestión necesaria, por miedo al infierno eterno, y no por cómo vivirán los pobres y cómo se enriquecerán los filántropos, y no pongamos tontamente toda nuestra atención en las cosas mundanas. Como dice el divino Crisóstomo, debemos trabajar, pero no preocuparnos y angustiarnos por muchas cosas (Lucas 10:41), como le dijo el Señor a Marta. Porque la preocupación por la vida no permite al hombre preocuparse por su psique-alma y aprender cómo es, como aquel que se dedica y presta atención a sí mismo. Como también dice en la Ley: «Cuídate a ti mismo, etc.» (Deuteronomio 15:9). Sobre este dicho escribió San Basilio el Grande un logos admirable y lleno de toda sabiduría.

 

7) Sobre la atención y la vigilancia del νούς nus-espíritu

Sin atención y vigilancia del νούς nus-espíritu con la mente es imposible salvarnos y liberarnos del diablo, que anda como un león rugiente buscando a quién devorar (1Pedro 5:8), dice San Juan Damasceno. Por eso, el Señor decía a menudo a sus discípulos: «¡Velad, pues, y estaos atentos y preparados siempre, porque no sabéis en cuál día viene vuestro Señor! Y velad, estad en alerta y orad, para que no entréis en tentación que os hundirá a la negación; en verdad, el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil y enferma. etc.» (Mateo 24:42; 26:41), advirtiendo a todos con esto sobre la memoria de la muerte, para que estemos listos para dar una respuesta y apología aceptable, que se hace con obras y atención. Los demonios, como dice San Hilarión, son incorpóreos, insomnes y toda su preocupación es atacarnos y llevar nuestras psique-almas a la perdición, con logos, palabras, obras y con pensamientos, mientras que nosotros no somos así. Sino que a veces nos preocupamos por el placer y la gloria pasajera, otras por las cosas de la vida y por muchas otras cosas, y no queremos ni siquiera un poco comprometernos a examinar nuestra vida, para que el νούς nus con la mente se acostumbre a esto y pueda prestar atención a sí mismo sin esfuerzo. Como dice Salomón, pasamos entre muchas trampas (Eclesiástico 9:13). Sobre estas escribió San Juan Crisóstomo y explica detalladamente cuáles son estas trampas, con gran precisión y mucha sabiduría. Y el Señor, queriendo cortar toda nuestra preocupación, ordenó despreciar incluso la comida y el vestido, para que tengamos una sola preocupación, cómo escapar como un ciervo de la trampa y como un ave del lazo (Proverbios 6:5), para alcanzar la agudeza del ciervo y el vuelo alto del ave con la despreocupación. Y lo más maravilloso es que Salomón decía esto, aunque era rey; también su padre, David, decía y hacía lo mismo. Y aunque tenían tanta atención y muchos esfuerzos y poseían toda sabiduría y virtud, después de tantos dones y la manifestación de Dios, fueron vencidos -ay de mí- por el pecado, así que David lloró por adulterio y asesinato al mismo tiempo (2 Samuel 12:9), y Salomón cayó en tantos males (1 Reyes 11:1-9). Por lo tanto, esto no está lleno de horror y terror para aquellos que tienen νούς nus (espíritu de la psique), como dicen San Juan Clímaco y el asceta Filemón*; ¿cómo es posible que no nos aterroricemos y evitemos la distracción de la vida, debido a nuestra enfermedad y debilidad, nosotros que no somos nada, pero permanecemos insensibles como animales irracionales? Y ojalá hubiera preservado mi naturaleza como un animal irracional, porque en esto, el perro es mejor que yo.

* Filocalía, tomo II, https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-2-logos-sobre-el-abad-filemon/ .

 

8) Sobre la evitación de las voluntades, deseos, subordinación y ησυχία hisijía (serenidad metal y paz cordial)

Si deseamos vernos en qué estado mortal nos encontramos, debemos liberarnos de nuestras propias voluntades y de las cosas del mundo. Y evitando todas estas cosas, ocupémonos diligentemente en la bendita y divina contemplación y la dedicación a Dios, cada uno buscando su psique-alma dentro del estudio de las Sagradas Escrituras, ya sea en perfecta subordinación de la psique-alma y del cuerpo, o en la vida tranquilizadora y alabadora de los ángeles, la ησυχία hisijía (serenidad metal y paz cordial), quietud y especialmente aquellos que aún son pasionales, hostiles e incontrolables en sus pazos y apetitos, pequeños y grandes. «Siéntate en tu celda», dicen, «y esto te enseñará todo». Y el Gran Basilio dice: «El comienzo de la catarsis de la  psique-alma es la ησυχία hisijía (serenidad metal y paz cordial)». Y Salomón: «Dios dio una distracción malvada astuta a los hombres para que se desvíen hacia lo vano» (Eclesiastés 1:13), para que no se inclinen hacia lo peor debido a la pereza irracional, pasional y hostil. Ahora aquel que con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios se libra de estos dos abismos y es digno de ser monje (o cristiano ortodoxo a medida de lo posible) y de llevar la forma monástica, ortodoxa y angélica, para que así pueda demostrar que es una imitación del único Dios tanto como sea posible, con obras y palabras, como dice el Gran Dionisio Areopagita, que no siempre debe descansar y vigilar atentamente en cada acción y mantener siempre un estudio continuo que sea aceptable, adecuado a su estado; así dicen los Santos Padres, Efrén y los demás, para los principiantes. Otro, dicen, debe tener el salmo en sus labios, otro el versículo, y otros deben observar con la atención de su νούς nus los salmos y troparios (cantos, himnos), aquellos que, por supuesto, aún no han alcanzado ninguna contemplación, es decir, gnosis-conocimiento, para que nadie se encuentre fuera de algún estudio, ya sea que trabaje, camine o se acueste para dormir. Pero tan pronto como establezca su canon o regla, debe limitar inmediatamente su νούς nus con la mente a algún estudio, para que el enemigo no lo encuentre lento o despistado de la divina memoria y lo ataque con los mismos males. Y estas cosas se dicen para todos. Pero cuando uno con muchos esfuerzos, es decir, virtudes corporales y psíquicas, pueda elevarse espiritual e intelectualmente a una obra espiritual e intelectual, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo, para dar luto (espiritual) a su psique-alma, entonces tiene el deber de guardar ese pensamiento que trae lágrimas dolorosas, como una pupila del ojo, como dice Juan Clímaco, hasta que el fuego y el agua se vayan por la economía de Dios, es decir, para evitar la arrogancia o exaltación. El fuego es el dolor del corazón y la fe ardiente, mientras que el agua son las lágrimas. Estas no se dan a todos, sino a aquellos, como dice el Gran Atanasio, que fueron dignos de ver los males antes de la muerte y después de la muerte, con un recuerdo incesante de ellos en la ησυχία hisijía (serenidad metal y paz cordial). Como dice Isaías, «el oído del hisijasta escucha cosas admirables» (Job 4:12), y en otro lugar dice: «Dedicaos a Dios y aprended» (Salmo 45:11). Solo la ησυχία hisijía (serenidad metal y paz cordial) engendra la gnosis-conocimiento de Dios, ya que puede ayudar mucho a los más hostiles con pazos y los más débiles, con una vida sin distracciones, evitando a las personas, reuniones y preocupaciones que turban el νούς nus, no solo las necesarias para la vida, sino también las triviales que no se consideran pecaminosas. Como dice san Juan Clímaco, incluso un pequeño cabello perturba el ojo, y otras cosas. Y el Santo Isaac dice: «No creas que solo el oro y la plata constituyen la avaricia, sino cualquier cosa hacia la cual se incline el pensamiento». Y el Señor dice: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6:21), es decir, ya sea en realidades divinas o cosas terrenales y conceptos. Por eso a todos les conviene la despreocupación y la dedicación según Dios, ya sea parcialmente en los mundanos, como dijimos, para que gradualmente lleguen al discernimiento y al conocimiento espiritual, o en aquellos que pueden retirarse por completo y dirigir toda su preocupación hacia agradar a Dios, para que Dios vea la intención y voluntad de ellos y les conceda descanso a través de la gnosis (conocimiento espiritual) y los lleve al punto de estudiar la primera contemplación, para obtener la contrición y humildad inexpresable de la  psique-alma, y hacerse pobres de espíritu (Mateo 5:3). Y así, gradualmente elevándolos a las otras contemplaciones, Él los dignificará para preservar las bienaventuranzas hasta que lleguen a la paz de los pensamientos, que es el lugar de Dios, como dice el Santo Nilo, utilizando las palabras del salterio: «Su lugar se encuentra en un lugar tranquilo y de paz» (Salmo 75:3).

 

9) Las ocho contemplaciones espirituales

Las contemplaciones espirituales, según entiendo, son ocho: las siete pertenecen a este mundo, mientras que la octava es la obra del futuro, como dice San Isaac.

La primera es la gnosis-conocimiento de las tribulaciones, aflicciones y sufrimientos, tristezas y tentaciones de la vida, como dice San Doroteo, y el dolor y sufrimiento por cada daño sufrido por la naturaleza humana a causa del pecado.

La segunda es la gnosis-conocimiento de nuestros pecados y de las beneficencias y bendiciones de Dios, como dicen Juan Clímaco, San Isaac y muchos otros padres.

La tercera es la gnosis-conocimiento de los tormentos antes y después de la muerte, como se menciona en las Sagradas Escrituras.

La cuarta es el estudio de la vida de nuestro Señor Jesús Cristo y de Sus discípulos en este mundo, y de las obras y logos de otros santos mártires y padres santos.

La quinta gnosis-conocimiento es la naturaleza y el cambio de las cosas, como dicen los santos padres Gregorio y Damasceno.

La sexta es la contemplación de los seres, es decir, la gnosis-conocimiento y la observación cuidadosa de las creaciones sensibles de Dios.

La séptima es la observación cuidadosa de las creaciones espirituales de Dios.

La octava es la gnosis-conocimiento llamado Teología.

Estas, pues, son las ocho contemplaciones. Las tres primeras corresponden al práctico, para que pueda hacer la catarsis, purgar y limpiar su psique-alma de todos los πάθος pazos con muchas y amargas lágrimas. Entonces recibe la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y las restantes. Las otras cinco corresponden al contemplativo, es decir, al gnóstico/conocedor, porque preserva y siempre ejecuta las acciones físicas y éticas, es decir, las psíquicas. De estas, se hace digno espiritualmente y con claridad y lucidez que sienta las cinco últimas contemplaciones. De la primera, el práctico toma el principio de la gnosis-conocimiento, y desde entonces cuida y estudia los conceptos y significados que le da la χάρις jaris (gracia, energía increada) y progresa en ellos, hasta que se familiarice con ellos. Entonces automáticamente sigue la otra gnosis-conocimiento en el νούς nus (espíritu de la psique). Lo mismo con las demás contemplaciones. Pero para aclarar lo dicho, hablaré de cada contemplación por separado, aunque no tengo la fuerza. Diré las cosas que se entienden y las que se dicen, para encontrar una ocasión y un motivo para aprender cómo debemos actuar cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) comienza a abrir los ojos de la psique-alma, para comprender y admirar desde los conceptos, significados y palabras que pueden hacer que el miedo resida en nosotros, como dijimos antes, es decir, la contrición de la psique-alma.

 

10) La primera gnosis-conocimiento

La primera gnosis-conocimiento es aquella que a través de ella se dan también las otras al que tiene la disposición y voluntad. Por lo tanto, aquel que se considere digno de alcanzarla debe hacer lo siguiente: sentarse mirando hacia el este, como Adán una vez, y estudiar lo siguiente: «Entonces Adán se sentó y lloró frente al Paraíso, golpeándose la cara con las manos, y dijo: ‘Tú, misericordioso y caritativo, ten misericordia de mí o compadécete de mí, que me he desviado». También lo otro de Triódion: «Cuando Adán vio al Ángel que empujó y cerró la puerta del jardín divino, suspiró profundamente y dijo: Tú, misericordioso y caritativo, ten misericordia o compadécete de mí, que he pecado». Luego, comprendiendo lo que había sucedido, comienza a lamentarse así con gemidos de todo su corazón, y moviendo su cabeza, dice con dolor en su corazón: «¡Ay de mí, el pecador, qué he sufrido! ¡Ay de mí, qué era y qué he llegado a ser! ¡Ay de mí, qué he perdido y qué he encontrado! En lugar del Paraíso, encontré este mundo corruptible; en lugar de Dios y la comunión con los ángeles, encontré al diablo y a los demonios impuros; en lugar del descanso, el trabajo; en lugar del disfrute y la alegría, la aflicción y la tristeza del mundo; en lugar de la paz y la alegría interminable, el miedo y las lágrimas dolorosas; en lugar de la bondad y la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), la maldad y los πάθος pazos; en lugar de la sabiduría y la familiaridad con Dios, la ignorancia y el destierro; en lugar de la despreocupación y la libertad, encontré la vida llena de preocupaciones y la malísima esclavitud. ¡Ay de mí, el desdichado, cómo fui creado rey y me he convertido en esclavo de los πάθος pazos por mi insensatez! ¡Ay de mí, el miserable, cómo, en lugar de la vida, he traído la muerte cerca de mí por mi transgresión! ¡Ay de mí, el desgraciado, qué he sufrido con mi error! ¿Qué debo hacer? Por aquí hay guerras, por allá disturbios; por aquí enfermedades y por allá tentaciones; aquí peligros, allá naufragios; aquí miedos, allá tristezas; aquí πάθος pazos, allá pecados; aquí amarguras, allá angustias. ¡Ay de mí, el desdichado, qué haré? ¿A dónde ir? Por todas partes hay un callejón sin salida, como dijo Susana. No sé qué buscar; si busco la vida, temo las tentaciones de la vida y los cambios y las consecuencias.

»Veo al ángel satanás, que era como la aurora que se eleva por la mañana, convertirse y ser llamado diablo; al primer creado, exiliado; a Caín, fratricida; a Canaán, maldecido; a los sodomitas, quemados con fuego; a Esaú, caído; a los israelitas, sufriendo la ira de Dios; a Giezí y al apóstol Judas, caídos, porque estaban enfermos de avaricia; al gran profeta y rey, llorando por dos pecados; a Salomón con toda su sabiduría, caído; a uno de los siete diáconos y a uno de los cuarenta mártires, caídos. Acerca de este último, dice el Gran Basilio: “Con alegría el primer y peor diablo arrebató de los doce al pobre Judas; de Edén, al hombre; de los cuarenta, al caído’. De quien también se lamenta y dice: ‘El necio e irreparable perdió tanto esta vida como la futura; pues apenas se acercó al fuego, exhaló el último suspiro y se fue al fuego eterno’. Y veo a muchos otros innumerables que han caído; no solo incrédulos sin fe, sino también muchos de los padres con muchas luchas.

Entonces, ¿quién soy yo, el peor, el más insensible y más débil de todos? ¿Cómo debo llamarme a mí mismo? Abraham se llama a sí mismo ‘tierra y ceniza’; David, ‘un perro muerto y una pulga entre los israelitas’; Salomón, ‘un niño pequeño que no sabe distinguir entre la derecha y la izquierda’. Los tres jóvenes dicen: ‘Nos hemos convertido en vergüenza y deshonra’; el profeta Isaías dice: ‘¡Ay de mí, que estoy perdido!’; el profeta Habacuc dice: ‘Soy pequeño en edad’. El apóstol Pablo se llama a sí mismo ‘el primero de los pecadores’; y todos los demás santos dicen que no son nada.

Entonces, ¿qué haré yo? ¿Dónde me esconderé de mis muchos pecados? ¿Qué seré yo, que soy menos que un cero a la izquierda, y peor que nada? Porque el nada no pecó ni fue agraviado como yo. ¡Ay de mí, cómo pasaré el resto de mi vida! ¿Cómo escaparé de las trampas del diablo? Los demonios están vigilantes y son incorpóreos, y la muerte está cerca, y yo soy débil. Señor, ayúdame, no permitas que tu creación se pierda, ya que te preocupas por mí, el miserable. Muéstrame, Señor, el camino que debo seguir, porque en Ti he puesto mi psique-alma. No me abandones, Señor mi Dios, no te alejes de mí; acércate y ayúdame, Señor en mi psicoterapia, sanación y salvación».

Así se quebranta la psique-alma por estas palabras, si tiene alguna sensibilidad. Y cuando alguien medita mucho en esto y adquiere el temor divino, su νούς nus (espíritu de la psique) con el intelecto  comienza a observar y estudiar los logos y palabras de la segunda contemplación, que son los siguientes.

 

11) La segunda contemplación

«¡Ay de mí, el miserable, qué haré yo? ¿Qué seré yo? Muchos son mis pecados. Muchas son las divinas misericordias. Mucha es mi debilidad. Muchas son las tentaciones, la pereza, acedia me retiene, la negligencia me aflige y no me deja ver a mí mismo y la multitud de mis pecados. La ignorancia es mala, la transgresión inconsciente es peor, la virtud es difícil de alcanzar, son muchos los sufrimientos, los demonios son astutos, el pecado es fácil, la muerte está cerca, el juicio es amargo. ¡Ay de mí, qué haré yo? ¿Dónde escaparé de mí mismo? Porque yo soy la causa de mi propia pérdida, he sido honrado con el libre albedrío y nadie puede obligarme. He pecado y siempre peco y vivo descuidadamente respecto a toda buena obra y nadie me fuerza a ello. ¿A quién acusaré? Dios es bueno y compasivo y siempre desea el retorno a Él con la μετάνοια metania (conversión, arrepentimiento y confesión). Los ángeles me aman y me protegen. Los hombres también quieren mi progreso. Los demonios no pueden obligar a nadie a perderse sin que lo quiera, ya sea por negligencia o desesperación. Entonces, ¿quién es el culpable, sino yo mismo, el miserable? Mira, acabo de darme cuenta de que mi psique-alma se está perdiendo y no quiero comenzar en la piedad y la fe Ortodoxa.

¿Por qué, psique-alma mía, descuidas tu propio ser? ¿Por qué no te avergüenzas delante de Dios y de Sus ángeles cuando pecas, como te avergüenzas ante los hombres? ¡Ay de mí, miserable! ¡Ay de mí, que ni siquiera como humano me avergüenzo del Creador y Señor mío! Porque frente a un hombre no puedo pecar, pero utilizo toda artimaña para demostrar que hago el bien. Y cuando estoy delante de Dios, no me avergüenzo de pensar y decir muchas veces cosas malas. ¡Qué loco e insensato soy! No temo hacer el mal mientras Dios me ve, y no puedo confesar mis propios pecados a un hombre para enmendarme. ¡Ay de mí, ay de mí! Conozco el infierno y no quiero volver a la μετάνοια metania. Amo el reinado de la realeza celestial y no tengo la virtud. Creo en Dios y siempre desobedezco Sus mandamientos (logos o principios espirituales). Odio al diablo y no dejo de hacer las cosas que le agradan. Cuando rezo, la negligencia me atrapa y soy como un insensible. Cuando ayuno (o estoy en dieta), me enorgullezco y me condeno aún más. Si velo, me creo que hago algo para que también esto se pierda. Cuando estudio, actúo como un insensible. Ya sea que busque la gnosis-conocimiento por vanagloria y así me atormente más, o aprenda pero no practique, y así me condene más. Aunque tal vez deje de pecar en praxis, acción por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, aún no dejo de pecar con la palabra. Aunque la χάρις jaris de Dios me cubre en esto, con mis pensamientos, conceptos y fantasías irrito perpetuamente al Señor, ¡oh qué desventurado y desgraciado soy! ¡Oh, entonces, qué debo hacer! A donde quiera que vaya, encuentro pecados. Demonios en todas partes. Desesperación peor que todas. He enojado a Dios, también he entristecido a los ángeles, y muchas veces he dañado y escandalizado a los hombres. Quería borrar con mis lágrimas la escritura de mis pecados, Señor, y agradarte con mi μετάνοια metania el resto de mi vida. Pero el enemigo me engaña y lucha contra mi psique-alma. Señor, sálvame antes de que me pierda por completo. He pecado contra Ti, mi Salvador, como el hijo pródigo. Acéptame, Padre, en μετάνοια metania arrepentido y ten misericordia o compadécete de mí, Dios mío. Te imploro y Te clamo, Cristo, mi Salvador, con las palabras del publicano. Ten misericordia de mí, como de él, y compadécete de mí, Dios mío. ¿Qué será entonces al final? ¿Qué pasará? ¡Ay de mí, el miserable, ay de mí! ¿Quién me dará agua en la cabeza para que mis ojos se conviertan en fuentes de lágrimas? ¿Quién podrá llorarme todo lo necesario? Yo no puedo hacer esto. Venid, montañas, y cubrid al miserable. ¡Oh, qué tengo que decir! ¡Cuántos bienes me ha hecho Dios, lo que solo Él sabe, y cuántos males ha causado mi ignorancia! Siempre enojo al Bienhechor con obra, con logos, con pensamiento, con mi διάνοια diania (mente, intelecto). Y mientras Él es magnánimo, paciente y tolerante, yo, el desgraciado, menosprecio y me vuelvo más insensible que las piedras inanimadas. Sin embargo, no me desespero, sino que reconozco Tu misericordia, Señor. No tengo μετάνοια metania ni lágrimas. Por eso, mi Salvador, te suplico que me devuelvas antes de mi fin y me des μετάνοια metania y arrepentimiento para salvarme del infierno. Señor, Dios mío, no me abandones. No soy nada delante de Ti, sino sumergido en el pecado, y ¿dónde puedo encontrar el sentido concienciado de mis muchos pecados? Porque, incluso el no hacer el bien me causa gran condenación. Dios hizo el cielo y la tierra por mí, por mí hizo los cuatro elementos y las cosas que se hacen por ellas, dice el teólogo Gregorio. El resto no lo diré, porque no soy digno de decir nada debido a la multitud de mis pecados. ¿Por qué, entonces, quién podría, incluso si fuera digno de tener νούς nus (espíritu) angelical, entender las χάρις jaris y beneficencias que Dios me ha hecho? ¿Y con mi impenitencia yo el miserable sin μετάνοια metania caeré de todos estos misterios?»

Y así, cuando uno estudia y reflexiona sobre estas cosas, después de un tiempo llega a la tercera gnosis-conocimiento y dice siempre con lamento.

 

12) La tercera contemplación

«¡Ay de mí, qué angustia siente la psique-alma cuando se separa del cuerpo! ¡Ay de mí, cuántas lágrimas derrama entonces y no hay nadie que la compadezca y consuela! Ella mira a los ángeles, pero sus ruegos quedan sin respuesta. Extiende las manos hacia los hombres, pero nadie la ayuda. Lamento y me duelo cuando pienso en la muerte y contemplo la imagen de Dios hecha belleza del hombre yace en las tumbas, deforme, sin gloria, sin belleza. ¡Qué paradoja! ¿Cómo se convirtió esto en un misterio relativo a nosotros? ¿Cómo fuimos entregados a la corrupción? ¿Cómo hemos entrado bajo el yugo de la muerte? En verdad, esto se hizo por mandato de Dios, como dice la Escritura (Gén 3,19). ¡Oh, qué haré entonces, el más miserable en la hora de la muerte, cuando los demonios rodeen mi miserable psique-alma y sostengan en sus manos escritas las malas praxis, acciones que he cometido, consciente e inconscientemente, con el logos, con la palabra, con el trabajo y con la διάνοια diania (mente, intelecto), y pidan cuentas por todas estas cosas? Pero, ay, incluso sin otro pecado, seré condenado severamente por los mandamientos que no cumplí, y justamente.

 

»Pobre psique-alma mía, dime ahora, ¿dónde están las promesas que hiciste en el bautismo? ¿Dónde está el pacto con Cristo y el rechazo a satanás? ¿Dónde está el cumplimiento de los mandamientos de Dios, dónde la imitación de Cristo con virtudes corporales y espirituales, por las cuales recibí el nombre de cristiano? ¿Dónde está también la promesa de la vida monástica? Y si te excusas con una enfermedad corporal, ¿dónde está la fe que encomienda todo el cuidado a Dios y con la cual podrías mover montañas, si tuvieras de ella como un grano de mostaza (Mateo 17:20)? ¿Dónde está la μετάνοια metania total que se aleja de toda obra y palabra malvada? ¿Dónde está la aflicción de la psique-alma y el duelo o luto (según Dios) extremo y excesivo? ¿Dónde está la apacibilidad, la magnanimidad, la misericordia, la pureza del corazón de pensamientos malignos, la templanza o continencia general, que refrena todos los miembros del cuerpo y todo pensamiento y deseo que no se dirige a las necesidades del cuerpo o a la salvación de la psique-alma? ¿Dónde está la paciencia, que soporta las diversas aflicciones por el reinado de la realeza increada de los cielos? ¿Dónde está la gratitud en todo, la oración incesante, la contemplación de la muerte, las lágrimas de tristeza, después de no haber alcanzado las lágrimas de agapi-amor? ¿Dónde está la sabiduría divina que guarda la  psique-alma de las trampas de los enemigos y adversarios? ¿Dónde está la templanza que se abstiene de todo lo que es contrario a Dios o que proviene de mi propia voluntad? ¿Dónde está el valor que soporta las tristezas y tiene coraje contra los enemigos con esperanza? ¿Dónde está la justicia que devuelve a cada uno lo suyo? ¿Dónde está la humildad que conoce su propia debilidad e ignorancia, y la filantropía de Dios, con la cual se podría escapar de todos los artilugios y maquinaciones del enemigo? ¿Dónde está la απάθεια apázia, el amor perfecto y la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filip 4:7), con la cual se podría ser llamado hijo de Dios (Mat 5:9)? Todo esto puede tenerlo el hombre que lo desea, y sin fuerza corporal, solo con su propia elección.»

¿Qué tengo yo que decir a todo esto? ¿Qué haré yo, pobre de mí? Aunque un poco sólo me acobardo por la falta de información, porque aunque haya descuidado un poco algo que podría haber hecho, voy a encontrarme en el Hades, como dice el Gran Atanasio. ¡Ay de mí en mi miseria! ¿Qué he causado a mí mismo, no sólo con los pecados que he cometido, sino más bien con los casos que no he querido arrepentirme? Porque si me arrepintiera y volviera a la μετανοια metania como el pródigo (Lucas 15:21), el Padre amoroso aceptaría mi regreso; y si mostrara sinceridad como el publicano (Lucas 18:13), condenando solo a mí mismo y no a otro, también recibiría el perdón de mis pecados de Dios, y ciertamente si lo suplicara como él. Pero ahora no me veo así a mí mismo. Por eso temo que habitaré en el Hades con los demonios, temo el juicio futuro, donde está el río de fuego, los tronos y los libros abiertos (Daniel 7:9-10), donde los ángeles preceden y todo el género humano está presente, y todas las cosas están desnudas y visibles (Hebreos 4:13) ante el temible y justo Juez.

¡Ay de mí, cómo soportaré el examen, la ira del temible y justo Juez, la reunión de los innumerables ángeles, la demanda de la deuda con terribles amenazas, la sentencia irrevocable, el lamento incesante, la lágrima inútil, la oscuridad sin fin, el gusano que no muere, el fuego que no se apaga, los diversos castigos, la caída del reino, la separación de los santos, la retirada de los ángeles, la alienación de Dios, la cobardía, la muerte eterna, el miedo, el dolor, la tristeza, la vergüenza, el tormento de la conciencia? ¡Ay de mí, pecador, qué me ha pasado! ¿Por qué me pierdo miserablemente? ¿Tengo todavía tiempo para arrepentirme y volver a la μετανοια metania? El Señor me anima, ¿y yo lo pospongo? Hasta cuándo, psique-alma mía, persistes en los pecados, hasta cuándo pospones la μετανοια metania? Piensa en el juicio venidero, clama en voz alta al Cristo Dios: Conocedor del corazón, he pecado; antes de que me condenes, ten misericordia de mí. En Tu terrible presencia, Cristo, que no escuchemos que no nos conoces (Mateo 25:12); ponemos nuestra esperanza en Ti, Salvador, aunque no cumplimos tus mandamientos debido a nuestra negligencia. Pero te suplicamos, ten misericordia o compadécete de nuestras psique-almas.  ¡Ay de mí, Señor, por haberte afligido mucho y no haberlo sentido! Pero Tu χάρις jaris (gracia, energía increada) me hizo probar y sentir un poco, y me sorprendí, el desgraciado, mi psique-alma miserable se asustó. ¿Pero acaso me queda aún algo de vida para llorar amargamente y lavar y limpiar mi carne y psique-alma contaminadas? ¿O de nuevo me afligiré por una hora y luego volveré a estar insensible como siempre? ¿Qué debo hacer para encontrar un dolor de la psique-alma incesante? ¿Ayunar y velar? Pero sin humildad no me beneficio de nada. ¿Cantar salmos y leer solo con la boca? Pero mis πάθος pazos  han oscurecido mi νούς nus y mente o intelecto  y no puedo entender la fuerza de lo dicho. ¿Debo permanecer postrado durante mucho tiempo ante Ti, dador de bienes? Pero no tengo audacia. Estoy desesperado por mi vida, he perdido mi psique-alma. Señor, ayúdame y acéptame como al publicano. Como el pródigo, he pecado contra el cielo y contra ti (Lucas 15:18, 21), y como la pecadora que lloró (Lucas 7:37-38), de quien se dice en la liturgia: “Ella, que estaba en desesperación por su vida y a quien Tú recibiste por su μετανοια metania, Señor, acércate a mí, llevando perfumes y diciendo: “No me rechaces, oh Hijo de la Virgen; no pases por alto mis lágrimas, alegría de los ángeles; sino acéptame arrepentida en μετανοια metania, como no me rechazaste cuando pequé, Señor, por Tu gran compasión”. Porque yo también soy miserable, desesperado por mis muchos pecados, pero aceptado por tu inefable misericordia, filantropía y tu inmenso océano de compasión, donde después de arrojar la desesperación de mi psique-alma, me atrevo a concentrar mi νούς nus (espíritu de la psique) en Tu santa memoria. Y mientras me levanto, al menos haré una súplica con mucho temor y temblor: que también yo, el indigno, sea considerado tu siervo, y con Tu χάρις jaris (gracia, energía increada) mi νούς nus sea informe, sin color e inmaterial; y así como alguna vez Daniel cayó ante Tu ángel (Daniel 10:9), así también yo caigo de rodillas delante de Ti, el único Dios y Creador de todo, apoyando mis palmas en la tierra, y te ofrezco primero gratitud, luego confesión, y así comienzo a buscar Tu santa voluntad, el pobre de espíritu, y reconozco todos los bienes que me has dado a mí, que soy tierra, ceniza y polvo. Y así como he sido considerado digno solo con mi νούς nus (espíritu de la psique) de estar delante de ti, yo que soy completamente terrenal, y creyendo que me ves, grito con toda mi psique-alma y digo:

“Señor, Dios misericordioso, te doy gracias, te glorifico, te alabo y te adoro, porque me has considerado digno en este momento de agradecerte y escuchar algunos de Tus milagros y beneficencias que has hecho y haces por nosotros; psíquicos, espirituales y físicos, innumerables e inexplorados, visibles e invisibles, aquellos que conocemos y aquellos que no conocemos. Confieso tus dones, no oculto tus beneficios, predico tus misericordias. Te glorifico y confieso Tus donaciones con todo mi corazón, Señor, Dios mío, y glorifico tu nombre por siempre, porque Tu misericordia ha sido grande sobre mí (Salmo 85:12-13) y es inefable Tu paciencia y tolerancia hacia la multitud de mis iniquidades y pecados, de mis impiedades y maldades, lo que he hecho y siempre hago y seguiré haciendo, pero Tu χάρις jaris (gracia, energía increada) me ha protegido; de lo que he hecho consciente o inconscientemente, con logos, palabras, obras y con la διάνοια diania (mente, intelecto), que lo conoces, oh Señor, conocedor de los corazones, desde mi nacimiento hasta el fin de mi vida.

Por estas cosas me atrevo, el desdichado, a hacer confesión delante de Ti. He pecado, he actuado con iniquidad, he sido impío, he hecho lo malo delante de Ti (Salmo 50:6) y no soy digno de mirar y ver la altura del cielo. Pero teniendo confianza en Tu inefable misericordia, filantropía, bondad y compasión que superan todo entendimiento y νούς nus, me arrojo delante de Ti y Te suplico. Ten misericordia de mí, Señor, porque soy débil (Salmo 6:3), y perdona la multitud de mis pecados. No me permitas pecar más o desviarme de Tu camino recto, ni dañar ni afligir a nadie más. Sino pon freno a cada una de mis maldades, malas costumbres e impulso loco de la psique-alma, del cuerpo, del enojo, ira y del deseo, y enséñame a hacer Tu voluntad. Ten misericordia también de mis hermanos y padres (espirituales) y de todos los monjes y sacerdotes en todas partes, mis padres (carnales), hermanos y parientes; aquellos que nos han servido y a quienes hemos servido; aquellos por quienes oramos y aquellos que nos han dado instrucción para orar por ellos; aquellos que nos odian y aquellos que nos aman; a quienes he dañado o afligido y a quienes han hecho lo mismo o lo harán, y a todos los que creen en Ti. Perdónanos cada pecado voluntario e involuntario, y guárdanos en la vida y en la muerte de los sucios espíritus inmundos y de toda tentación, de toda iniquidad y maldad, de la soberbia, del orgullo y de la vanagloria, de la desesperación, de la incredulidad y el desespero, de la arrogancia y la cobardía, del engaño y de disposición tiránica y de las malditas trampas del diablo. Concédenos las cosas convenientes en nuestras psique-almas, y en esta vida y en la que está por venir, como agrade Tu bondad y filantropía. Conceda reposo a nuestros padres y hermanos que han partido de la vida. Con las oraciones de todos, muéstrame compasión en mi miseria, ten compasión de mí en mi perdición, mira cuánto he sido afligido y dolido por todo. Corrige mi vida, guía con paz mi vida y mi fin. Hazme tal como Tu quieres y de la manera que Tu deseas, ya sea que yo lo desee o no; solo no pierda mi lugar en Tu derecha en el día del juicio, Señor Jesús Cristo, Dios mío, y aunque sea el último de Tus siervos que se salvan. Trae paz a Tu mundo y ten misericordia de todos, como conoces. Permíteme participar en tu cuerpo imperecedero y en tu sangre preciosa por el perdón de mis pecados, en la κοινωνία kinonía (conexión, comunión y unión) del Espíritu Santo y en el compromiso o arras de la vida eterna Contigo junto con Tus elegidos, con las intercesiones de Tu inmaculada Madre, de Tus santas potencias celestiales y de todos Tus santos. Porque a Ti corresponde la bendición y devoción por los siglos de los siglos. Amén.

Παναγία Panaghía (toda santa o la más santa) Soberana Θεoτόκος Zeotokos (la que da a luz a Dios), todos los poderes celestiales de ángeles y arcángeles y todos los santos, intercedan por este pecador. Señor Dios, Padre todopoderoso, Señor Hijo Unigénito Jesús Cristo y Espíritu Santo, etc.»

Y de inmediato uno se vuelve hacia sus pensamientos y dice: ‘Venid, adoremos y postrémonos ante nuestro Rey Dios’ (tres veces). Y comienza los salmos, diciendo en cada antífona el trisagio, y concentrando su νούς nus con la mente en lo dicho. Al final de los cuarenta Κύριε ελέησον Kirie eléison Señor, ten misericordia o compasión», cada antífona hace una oración y termina reverenciando con: “He pecado, Señor, perdóname” (una vez), mientras se levanta levantando las manos y diciendo: “Oh Dios, ten compasión de mí, pecador” (Lucas 18,13) (una vez). Y después de orar, debe decir la segunda oración, ‘Venid, adoremos’ tres veces y la otra antífona también. Sin embargo, cuantas veces la χάρις jaris (gracia, energía increada) le da κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), debe más bien tener el νούς nus con la mente en las profundidades de la dilatación del corazón, y si incluso la boca se detiene para cantar y el νούς nus (espíritu de la psique) es capturado en la buena cautividad de la katánixis, como dice el santo Isaac. Porque entonces es tiempo de cosecha, no de siembra (Ecl 3,2). Y por eso debe persistir en estas ideas para que el corazón tenga más κατάνυξις katánixis dilatación del corazón y dé el fruto, es decir, lágrimas que son según Dios. Cuando un logos tuyo te provoca κατάνυξις katánixis dilatación del corazón, dice el santo Juan Clímaco, permaneced en él. Porque toda actividad física, ayuno y vigilia, salmos y lectura, silencio y demás, se hacen para hacer la catarsis, limpiar y purificar el νούς nus (espíritu de la psique). Pero el νούς nus sin contrición o sin luto (espiritual) no puede purgarse, limpiarse y purificarse para unirse a Dios a través de la oración pura, que lo arrebata de todos los pensamientos y lo hace informe y sin figura. Porque así se hacen bien las cosas que mencionamos, que ciertamente son buenas; como también lo contrario.

Cada cosa necesita discernimiento para que se realice correctamente. Sin discernimiento no conocemos la naturaleza de las cosas y tal vez la mayoría de nosotros nos escandalizamos cuando vemos que las enseñanzas de los Padres se contradicen con lo que hacen. Como por ejemplo, la Iglesia ha recibido cantar troparios con música y muchos himnos, mientras que san Juan Clímaco, elogiando a los que lloran según Dios, dice que ellos no cantarán himnos. Y san Isaac, hablando de aquellos que oran puramente, dice que muchas veces uno puede concentrar su νούς nus con la mente en la oración y de repente cae de rodillas en el suelo, como lo hizo una vez el profeta Daniel (Dan 6,10); tiene las manos levantadas y sus ojos miran la cruz de Cristo, mientras que sus pensamientos cambian y sus miembros se paralizan por los nuevos pensamientos y conceptos que vienen automáticamente a su mente. Igualmente, muchos de los Santos Padres escriben sobre tales personas, que no solo superan los himnos y las salmodias automáticamente del νούς nus, sino que también olvidan a ese νούς nus, como dice san Nilo. Y la Iglesia, ciertamente aceptó bien con agrado divino y de buen grado los cantos y los otros troparios (cantos divinos), por la enfermedad de nuestro νούς nus, para que alabemos a Dios con la dulzura de la melodía, nosotros que no tenemos gnosis-conocimiento porque no queremos. Sin embargo, aquellos que tienen gnosis-conocimiento y entienden lo que se dice, vienen en κατάνυξις katánixis, (dilatación del corazón, compunción). Y subimos como por una escalera al nivel de tener buenas ideas y conceptos, como dice Juan el Damasceno. Y a medida que avanzamos con el hábito de las ideas y conceptos según Dios, tanto más nuestro anhelo de Dios nos atrae a entender y llegar a adorar espiritualmente y verdaderamente al Padre (Juan 4,24), como dice el Señor. Y el Apóstol Pablo dice: “pero en la Iglesia prefiero hablar cinco palabras que sean entendidas por mí y por los otros, para enseñar también la verdad de Dios a otros, que decir diez mil palabras en lengua desconocida para ellos” (1Cor 14,19), y de nuevo: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar levantando sus manos limpias del pecado y con los frutos de las virtudes, sin ira ni rencores, sin dudas ni poca fe” (1Tim 2,8). Por lo tanto, los cantos y los salmos son medicinas para nuestra enfermedad psíquica, mientras que las otras cosas que mencionamos son perfecciones del νούς nus (espíritu de la psique). Esta es la resolución de estos asuntos. Porque todas las cosas son buenas en su tiempo (Sirácides 39,34), pero cuando no están en su tiempo, parecen discordantes para aquellos que no conocen el tiempo de cada uno, que no están de acuerdo entre sí. Cada cosa tiene su tiempo (Eclesiastés 3,1), como dice Salomón.

Cuando alguien alcanza buenas nociones y conceptos, debe cuidar con precisión que esas contemplaciones permanezcan dentro de sí mismo, para no abandonar la χάρις jaris (gracia, energía increada) por descuido o arrogancia, como dice San Isaac. Porque si las nociones divinas se multiplican en la psique-alma de una persona y lo guían hacia una mayor humildad y κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), debe siempre agradecer y reconocer la χάρις jaris de Dios, porque fue digno de aprender esas cosas, y considerar que es indigno. Pero si estas cesan y el νούς nus vuelve a perturbarse y rechaza el temor y el pesar o luto (según Dios), debe lamentarse profundamente y humillarse a sí mismo con actos y palabras, reconociendo que la χάρις jaris lo ha abandonado, para conocer su propia enfermedad, adquirir humildad y ocuparse en su corrección, como dice San Basilio: “si alguien no descuidara el duelo o luto divino, no le faltarían lágrimas cuando las necesitara». Por eso siempre tenemos el deber de conocer nuestra enfermedad y la χάρις jaris de Dios, ni tampoco desesperarnos por lo que pueda suceder, ni pensar que somos algo, sino más bien esperar siempre en Dios con humildad. Estas cosas son apropiadas para aquel que busca mucho las lágrimas con obra y logos, porque fue digno de recibir una χάρις jaris tan grande pero no preservó lo que Dios conocía de antemano, debido a negligencia pasada, presente o futura, o arrogancia, como hemos dicho. Pero para aquel que, con su voluntad, deja estos dones o carismas, es decir, el duelo, las lágrimas y los luminosos conceptos y entendimientos, ¿qué otra cosa es apropiada, sino lamentarse? Porque el mundo no tiene algo más insensato que aquel que, después de ser digno de estos dones y destinado naturalmente a superar las cosas contra natura y llegar a las sobrenaturales, es decir, las lágrimas de la conciencia y de la agapi-amor, y por cosas absurdas o pensamientos insignificantes y gracias a su voluntad se vuelve hacia la ignorancia de los animales, como el perro hacia su vómito (2Pedro 2:22). Pero si quiere de nuevo y se dedica sólo según Dios en la lectura de las Sagradas Escrituras con atención y ocupación sobre la muerte y proteger su νούς nus (espíritu de la psique), recuperará lo que perdió; y especialmente si nunca se compadece de nadie, incluso si sufre peores males que otros, y si no deja que nadie se compadezca de él, sino que Le sirve con toda su fuerza con obra y logos. Entonces la psique-alma se alegra más, liberándose de la agitación de la ira. Y adquiere experiencia para no descuidar nunca su psique-alma, por miedo a ser abandonado nuevamente. Y por este temor, no cae en pecados, y siempre tiene lágrimas de arrepentimiento y dolor, hasta que llegue a las lágrimas de amor y alegría, y a partir de ellas llegue a la paz de los pensamientos con la χάρις jaris  (gracia, energía increada) de Cristo. Así son estas cosas.

Nosotros, sin embargo, los pasionales llenos de πάθος pazos e insensibles, tenemos el deber de estudiar siempre las palabras del luto o duelo (espiritual) y examinarnos a nosotros mismos todos los días, antes, durante y después de la regla establecida, trabajando incluso los más enfermos y débiles para la dedicación divina y el retiro de todas las cosas, como dice San Isaac, o siendo lentos, sentados en el mismo lugar, los que tienen ojos siempre abiertos y διάνοια diania (mente intelecto) vigilante, como dice San Juan Clímaco. Presta atención para que tu psique-alma progrese y comience a llorar, como dice San Doroteo. Pero esto lo hemos dicho respecto a las tres contemplaciones anteriores, para que nos consideremos dignos de alcanzar también las restantes, de las cuales inmediatamente sigue la cuarta contemplación.

 

14) Cuarta θεωρία zeoría contemplación

Esta contemplación es la comprensión de la condescendencia y el modo de vida en el mundo del dulcísimo Salvador nuestro Jesús Cristo, para que poco a poco uno pueda olvidar incluso su comida, como dice el Gran Basilio, y como hemos escuchado acerca de David que olvidó comer su pan (Salmo 101, 5) (dice el santo Juan Clímaco), ya que su διάνοια diania (mente intelecto) fue cautivada por las maravillas de Dios con gran asombro. Y uno puede preguntarse cómo retribuir los beneficios a Dios, como dice el intérprete de las cosas celestes san Basilio: «¿Qué le devolveremos al Señor por todos los beneficios que nos ha dado?» (Salmo 115, 3). Por nosotros, Dios se hizo hombre; por la naturaleza humana que estaba sujeta a la corrupción, el Logos se hizo hombre y habitó entre nosotros (Juan 1,14). El Bienhechor vino a los ingratos, el Libertador a los cautivos, el Sol de justicia a nosotros que estábamos en tinieblas. El Impasible subió a la cruz, la Luz fue al Hades, la Vida probó la muerte, Aquel que es la Resurrección de los caídos. Cantemos a Él, ¡Gloria a ti, Dios nuestro!» Y Juan Damasceno dice: “Los cielos quedaron extasiados y los confines de la tierra se asombraron porque Dios se manifestó corporalmente a los hombres y tu seno, Zeotokos, Madre de Dios, se hizo más espacioso que los cielos. Por eso te glorifican las multitudes de ángeles y de hombres”. Y en otro lugar: «Cada uno que oyó la condescendencia secreta de Dios sintió temor, que el Altísimo descendió voluntariamente hasta el punto de tomar cuerpo y carne y convertirse en hombre desde un vientre virginal. Por esto, los fieles glorificamos a la inmaculada Zeotokos Madre de Dios.» «Escuchadme, pueblos, y venid, ascendamos al monte santo y celestial, y estemos en la ciudad del Dios viviente como inmateriales. Y contemplemos espiritual y mentalmente la inmaterial divinidad del Padre y del Espíritu que resplandece en el Unigénito Hijo.» «Me atrajiste y me encantaste con tu anhelo, Cristo, y me transformaste con Tu divino έρως eros (amor ardiente). Pero quema con fuego inmaterial mis pecados y concédeme ser digno de saciarme con el gozo y deleite que das, para glorificarte y alabarte con alegría, oh Bondadoso, en Tus dos presencias.» «Eres todo dulzura, mi Salvador, eres todo deseo y verdaderamente un anhelo insaciable; eres todo belleza suprema.»

Quien con virtudes físicas y psíquicas adquirió la gnosis-conocimiento de estos misterios escondidos en los logos de los santos varones y en las divinas Escrituras, especialmente en los Santos Evangelios, ya no se tranquiliza más del anhelo y las muchas lágrimas, que siempre corren sin ningún esfuerzo incontrolablemente. Nosotros, sin embargo, que solo escuchamos de las Escrituras, siempre debemos estudiar y reflexionar, para que el deseo de Dios se imprima en nuestros corazones con insistencia, como dice San Máximo, y como hicieron los Padres antes de recibir la gnosis-conocimiento automática. Todo el anhelo de los Mártires había volado hacia el Señor solo y se había unido a Él con amor y alabanza; como también dijo Juan el Damasceno acerca de los tres jóvenes: «Despreciando el peligro de sus vidas por causa de las leyes paternas, los bienaventurados jóvenes en Babilonia despreciaron la orden insensata del rey. Y en el fuego que no les hizo daño, entonaron digno himno a Dios (Daniel 3).» Y es bien bendito. Cuando alguien siente las maravillas de Dios, queda completamente extasiado y olvida incluso esta vida transitoria, por la comprensión de las divinas Escrituras, como dice San Isaac. No como nosotros que tal vez sentimos algo de conmoción por las Escrituras y debido a la negligencia, la pereza espiritual, la acidia y nuestra ignorancia nos oscurecemos nuevamente y nos volvemos insensibles a nuestros πάθος pazos. Porque quien ha hecho la catarsis por el dolor de los πάθος pazos, siente los misterios ocultos en todas las Escrituras y se sorprende por todo, especialmente por las obras, logos y palabras que menciona el Evangelio, y por cómo la sabiduría de Dios hizo lo difícil fácil, para que poco a poco haga al hombre dios. Lo hace bueno para que pueda amar incluso a sus enemigos. Lo hace compasivo y misericordioso, como compasivo y misericordioso es el Padre (Lucas 6,36). Lo hace impasible, como el Dios impasible, sin pazos. Lo hace poseedor de toda virtud y perfección, como perfecto es el Padre (Mateo 5,48). Y en general, este libro sagrado enseña al hombre lo que es apropiado para Dios, para que el hombre se convierta en dios.

¿Y quién no admiraría el contenido del santo Evangelio? Por sí sola la voluntad y disposición proporciona todo descanso, tanto en este mundo como en el futuro, con gran honor, como dice el Señor: «El que se humilla será enaltecido» (Lucas 18,14). Esto está atestiguado por el hecho de que Pedro, después de dejar las redes, recibió las llaves del reinado de la realeza increada de los cielos (Mateo 16,19), y los demás Apóstoles, después de cada uno dejar pequeños asuntos mundanos, tomaron en sus manos el mundo entero tanto en este siglo como en el venidero; tomaron cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni νούς nus con intelecto o mente humana imaginó y concibió (1 Corintios 2,9). Estas cosas no solo sucedieron a los Apóstoles, sino también a todos aquellos que voluntariamente lo desean, aún hoy, como dice uno de los Padres: «Aunque me fatigaba en el desierto, sin embargo tenía gran descanso». Esto lo decía por la vida tranquila y sin preocupaciones. Y ¿quién pensamos que tiene más descanso y honor, aquel que se retira y se dedica para Dios y cuida de su psique-alma, o aquel que vive entre las ansiedades, perturbaciones y preocupaciones de la vida y los tribunales? Aquel que siempre conversa con Dios a través del estudio de las Sagradas Escrituras, la oración incesante y las lágrimas, o aquel que se cansa y se desvela por robos y acciones ilegales, en las cuales, si falla, solo obtiene esfuerzo, fatiga y quizás una doble muerte, física y espiritual? He aquí, pues, que incluso sufrimos la muerte con gran esfuerzo y deshonor, sin beneficio. O más bien, muchos han sufrido gran pérdida, daño y perjuicio en la psique-alma, como ladrones, piratas, prostitutas, contendientes, quienes no quisieron ser salvados con descanso, honor y beneficio de sus psiques-almas. Pero ¡qué ciegos somos, que sufrimos incluso la muerte para perdernos, mientras que para salvarnos, no amamos ni siquiera la vida! Pero incluso si vamos a morir por el reinado de la Realeza increada de los Cielos, ¿qué más hacemos que el ladrón o el sepulturero o el soldado, que a menudo encuentran solo su sustento en su pan, tanto en la muerte actual como en la futura? A menos que la primera muerte sea para Cristo, a través de quien se da el reinado de la Realeza increada de los Cielos a aquellos que quieren; mientras desprecian todo y lo tienen bajo su poder, y no solo reinan sobre las cosas, sino también sobre el cuerpo, despreciándolo, y sobre la muerte con el coraje y valor inquebrantable de la fe; y en el futuro, para reinar eternamente con Cristo, teniendo también sus cuerpos, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la resurrección común.

La muerte ocurre tanto para el justo como para el pecador, pero la diferencia es grande. Como mortales, ambos mueren y esto no es sorprendente; pero el pecador sin recompensa y quizás condenado, mientras que el justo muere bienaventurado y feliz, tanto ahora como en el futuro. ¿Qué importancia tiene ganar dinero, que incluso sin querer está destinado a dejar, no solo en la hora de la muerte, sino también antes, a menudo con gran vergüenza, trabajo y dolor? Algunos, sin embargo, incluso soportan la muerte por dinero, más allá de los innumerables atractivos de la riqueza, el miedo, quiero decir, preocupación, incesante tristeza, angustia y depresión queriendo o no queriendo.

Pero los santos mandamientos (logos, principios espirituales) del Evangelio liberan al hombre de todo eso y le regala toda serenidad mental, paz cordial e inefable alegría, sobre todo a aquellos que prefieren voluntariamente la desapropiación, pobreza y la sencillez. ¿Qué otra cosa, entonces, es tan agradable como volverse impasible (sin pazos), no ser dominado en absoluto por la ira o el deseo de cualquier cosa del mundo? Pero lo que muchos desean, considera que es nada y se eleva por encima de todo, viviendo como en el Paraíso, o más bien en el Cielo, superior a toda necesidad, con serenidad mental, paz cordial y sólo en la dedicación  y voluntad de Dios. Porque mientras soporta con alegría lo que le sucede, todo le proporciona descanso, reposo; y mientras ama a todos, es amado por todos. Y se hace superior a todo despreciando todo y no deseando tener algo por lo cual otros luchan y se entristecen cuando no lo consiguen, y quizás sea condenado cuando logra lo que desea. Pero aquel que no anhela nada, se redime de todos los males de este siglo y del futuro al aplicar y contemplar los mandamientos (logos, principios espirituales). Porque no querer algo que no se tiene es superior a todo descanso y riqueza, así como es contrario el desear algo que no se tiene, es un gran tormento e infierno antes del infierno y tormento eterno. Este hombre es esclavo, incluso si es rey o rico. Y cuánto peso tienen los mandamientos (logos, principios espirituales) del Señor (1Juan 5:3) para que los hagamos los miserables sin salario con mucha gana y gran prontitud.

Por lo tanto, aquel que pudo entender parcialmente la χάρις jaris del Santo Evangelio y todo lo que contiene, es decir, las praxis, actos y enseñanzas del Señor, los mandamientos (logos, principios espirituales) doctrinas psicoterapéuticas,  los dogmas que son las recetas de los psico-fármacos, las amenazas y promesas, él sabe qué tesoros inagotables ha encontrado, aunque no pueda narrarlos adecuadamente, porque las realidades celestiales son inexpresables. Cristo está escondido dentro del Evangelio y aquel que desea encontrarLe debe primero vender todas sus posesiones y comprar el Evangelio, para no solo encontrar a Cristo a través de la lectura, sino también recibirlo en Su psique-alma imitando Su conducta en el mundo. Porque aquel que busca a Cristo, dice San Máximo, no debe buscarlo fuera, sino dentro de sí mismo, es decir, llegar a ser en cuerpo y psique-alma sin pecado como Cristo, tanto como es posible para el hombre, y mantener siempre con toda su fuerza de voluntad el buen testimonio de su conciencia, para reinar sobre cualquier deseo y voluntad suya y vencerlos con desprecio, aunque para el mundo sea pobre y desconocido. Entonces, ¿qué beneficio tiene aquel que parece ser rey, pero está dominado por la ira y el deseo en este mundo, mientras que en el futuro encontrará el infierno eterno, si, por supuesto, no quiere mantener los divinos mandamientos (principios espirituales, logos)?

*Segunda Centuria sobre Teología, capítulo 35 Filocalía, Tomo II).

Pero qué gran tontería la nuestra, porque no queremos con algo pequeño y temporal adquirir las cosas grandes y eternas, sino que rechazamos los bienes y deseamos las contrarias; ¿qué es menos que un vaso de agua o un trozo de pan o la evitación de un deseo, una voluntad o un pequeño pensamiento y concepto? Y sin embargo, estas cosas nos traerán el reinado de la Realeza increada de los cielos por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Aquel que dijo: “La realeza increada de Dios está dentro de vosotros» (Lucas 17:21). Porque la realeza increada de los cielos no está lejos, ni fuera, sino dentro de nosotros, dice San Juan Damasceno. Solo necesitas querer dominar tus πάθος pazos y, al vivir tal como Dios manda, lo tendrás inmediatamente dentro de ti. Sin embargo, si no quieres, no tienes nada. Porque la realeza increada de Dios, dicen los Padres, se refiere a la vida gustada por Dios, a la primera venida del Señor y a la segunda. Sobre la segunda venida del Señor hemos escrito anteriormente en relación con el duelo o luto según Dios.

Ahora, aquel que a través de la χάρις jaris (gracia, energía increada) ha entendido con sentido y sentimiento de la psique-alma la primera venida del Señor, debe decir con gran asombro: «Grande eres, Señor, y maravillosas son tus obras» (Sirácides 11:4), y no hay palabras para alabar Tu grandeza. He aquí, mi dulce Señor, Tu siervo está delante de Ti mudo, inactivo, de pie y esperando de Ti la iluminación de la gnosis-conocimiento. Tú dijiste, Señor, que «sin mí no podéis hacer nada» (Juan 15:5). Así que enséñame acerca de Ti. Por esto me atreví a sentarme a Tus pies inmaculados, como la hermana de Tu amigo Lázaro (Lucas 10:39), para escuchar también yo algo espiritual, si no relacionado con Tu incomprensible divinidad, al menos algo sobre Tu vida corporal en el mundo, para entender un poco Tus logos y palabras en el Evangelio de Tu χάρις jaris (gracia, energía increada). ¿Cómo, por ejemplo,  Te relacionaste y viviste entre nosotros apacible y humilde de corazón (Mateo 11:29), como Tu boca santa dijo para que nosotros lo sepamos de Ti; y cómo viviste con tanta pobreza Tú, rico en misericordia (Efesios 2:4), con esfuerzo y deseo voluntarios, Tú que diste a la mujer samaritana el agua de vida (Juan 4:10), como dijiste, Señor: «El que tiene sed, venga a mí y beba» (Juan 7:37). Porque Tú eres la fuente de las psicoterapias y sanaciones  y ¡quién puede alabar Tu conducta en el mundo!

 

Pero ya que hiciste digno a mí el barro, la ceniza, el polvo, el infractor, el suicida, a mí, que he pecado mucho contra Ti y siempre peco, que entienda aunque sea un poco de Tus obras y logos y me atreva a suplicarte por ellos, porque por fe creo que te veo, invisible entre todas Tus creaciones; perdona mi atrevimiento. Tú conoces, Señor, el conocedor de corazones, que no pregunto por curiosidad, sino porque quiero aprender, creyendo que si merezco Tu gnosis-conocimiento, me la concederás, como lo haces con los que Te desean, y también la fuerza para imitar tu conducta carnal, con la cual, por la χάρις jaris (gracia, energía increada), he sido llamado cristiano. Aunque ninguno pueda, como Tus discípulos, soportar la muerte por Tus enemigos, ni siquiera adquirir Tu propia pobreza y virtud, sino sólo parcialmente cada uno, según su predisposición y voluntad. Porque si alguien muere cada día por Ti, tampoco así puede pagar la deuda.

Porque Tú, Señor, siendo un Dios perfecto y un hombre perfecto, pasaste sin pecado Τu vida en este mundo y sufriste todo por todos. Nosotros, sin embargo, aunque quizás padezcamos algo, sufrimos por nosotros mismos y nuestros pecados. ¿Y quién no se asombra al reflexionar profundamente sobre tu inefable condescendencia? Mientras eres un Dios incomprensible, inabordable y omnipotente, y te sientas sobre los Querubines -el nombre significa «sabiduría que se multiplica»-, por nosotros que siempre te provocamos, humillaste a Ti mismo, así que aceptaste el nacimiento y la crianza, la persecución y la lapidación, el desprecio y la burla, golpes y azotes, insultos y escupitajos, luego la Cruz y los clavos, esponja y caña, vinagre y hiel, y lo que no soy digno de oír. Luego, el inmaculado costado fue atravesado con una lanza, de donde fluiste para nosotros la vida eterna, Tu honorable sangre y agua.

»Te alabo por tu nacimiento y por Aquella que te dio a luz, a quien mantuviste Virgen antes y después de Tu nacimiento. Te adoro envuelto en pañales dentro de la cueva y en el pesebre. Te glorifico, a ti que partiste hacia Egipto con tu Madre Virgen e Inmaculada, y viviste en Nazaret, obedeciendo a Tus padres según la carne, a tu creído como padre, padrastro legal y a Tu verdadera madre. Te alabo a Ti que fuiste bautizado en el Jordán por el Precursor, Señor, y al Padre que te atestiguó, al Espíritu Santo que Te apocaliptó-reveló, a Tu bautismo y al bautista Juan, tu profeta y siervo. Te glorifico porque ayunaste en el desierto por nosotros y te sometiste voluntariamente a las tentaciones y venciste al enemigo con el cuerpo que tomaste de la naturaleza humana, y nos das la victoria sobre el enemigo con tu inexpresable sabiduría. Te alabo a Ti que viviste con tus discípulos y sanabas a los leprosos, enderezabas a los cojos, dabas luz a los ciegos, oído a los sordos y habla a los mudos; a Ti que bendecías los panes, caminabas sobre el mar como sobre tierra seca, y enseñabas a las multitudes sobre praxis, acciones y contemplaciones; a Ti que hablabas del Padre y del Espíritu Santo y preveías las amenazas y promesas futuras y hacías todo lo que contribuye a nuestra salvación; a Ti que sorprendías súbitamente al enemigo y arrancabas los πάθος pazos con Tu enseñanza omnisciente; a ti que hacías sabios a los necios, mientras transformabas a los astutos en insensatos con tu sabiduría ilimitada; a Ti que resucitas a los muertos con Tu poder inefable y expulsas a los demonios con poder, como Dios de todo. Y no solo eso, sino que das poder a Tus siervos para hacer aún mayores milagros (Juan 14:12) y que admiremos más, como dijiste, Señor. Grande es Tu nombre, porque con Tu poder se realizan los milagros a través de Tus santos.

»Señor Jesús Cristo, Amo, Hijo y Logos de Dios, el nombre dulcísimo de nuestra salvación, grande es Tu doxa-gloria increada; grandes son Tus obras, maravillosas son tus logos, más dulces que la miel y el panal (Salmo 18:11). Doxa-gloria y gracias a Ti, Señor, doxa-gloria a ti. ¡Quién puede glorificar y cantar tu condescendencia, bondad, poder, potencia, energía y sabiduría increadas, Tu conducta en el mundo y Tu enseñanza! ¡Y cómo enseñan tus santos mandamientos (logos, principios espirituales) naturalmente y con facilidad la vida virtuosa! Como dijiste, Señor: «Perdona, y se te perdonará» (Mateo 6:14) y: «Busca, y encontrarás; llama, y se te abrirá» (Mateo 7:7), y: «Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti» (Mateo 7:12). ¿Y quién, entonces, cuando entiende tus mandamientos y el resto de tus logos y conceptos, no se sorprenderá al comprender Tu sofía-sabiduría ilimitada?

»¡!!Sofía-sabiduría de Dios, Vida de todos, Χαρά Jará (alegría) de los ángeles, Luz inefable e increada, Resurrección de los muertos, Buen Pastor, que diste Tu vida por Tus ovejas (Juan 10:11)!!! Alabo Tu metamorfosis, crucifixión, entierro y resurrección, ascensión y establecimiento a la derecha de Dios y Padre, la venida del Espíritu Santo y Tu segunda Parusía-Presencia o venida, que ocurrirá con gran fuerza, energía y doxa-gloria increadas y será incomprensible. Pierdo mi fuerza, Señor, ante Tus maravillosas obras y, de confusión, deseo refugiarme en el silencio. Pero ¿qué puedo hacer, no sé? Si guardo silencio, me sorprendo; si me atrevo a decir algo, me asombro y me desconcierto. Considero que soy indigno para el cielo y la tierra y merezco cualquier condena, no solo por lo que he pecado, sino mucho más por todo lo que he recibido de Ti, ingrato y miserable. ¡Por qué has saciado mi psique-alma con todo bien, oh Señor, suprabondadoso! He comprendido en parte tus obras, y mi νούς nus (espíritu de la psique) con la διάνοιά diania (mente, intelecto) ha sido dominado por éxtasis (Habacuc 3:2). Me he convertido en nada o cero, Señor, solo viendo Tus obras. Por eso cierro mi boca con mi mano, como Job una vez (Job 40:4), y recurro a los Santos por mi confusión, el miserable.

»Soberana bondadosa del mundo, tú conoces que los pecadores no tenemos audacia delante de Dios, a quien diste a luz, pero con tu propio valor y coraje tus siervos nos postramos a los pies del Señor por tu mediación, porque tienes audacia hacia tu Hijo y nuestro Dios. Creyendo en Él también yo, el indigno, te suplico, Señora, que el Señor me conceda la sentimiento de la χάρις jaris (gracia, energía increada), de Tus carismas y los de los demás Santos, y cómo presentaste tantas virtudes. Pues Tú, incluso el hecho de que el Hijo de Dios haya nacido de ti, te testifica como superior a todas las criaturas. Porque encontró en ti un alojamiento digno de habitar Aquel que conoce todo y antes de que sucedan, como el hacedor de todo, y nadie puede examinar lo que concierne a ti porque trascienden la naturaleza, el νούς nus y el pensamiento. Te confesamos verdaderamente como Zeotokos, Virgen Purísima, nosotros que hemos encontrado nuestra salvación a través de ti, y te glorificamos junto con los coros de los ángeles. Porque, aunque es imposible para los hombres ver a Dios, a Quien ni siquiera se atreven a mirar los coros de los ángeles, sin embargo, Santísima, a través de ti se presentó a los hombres el Logos encarnado. AlabándoLe, te bendecimos y bienaventuramos junto con las huestes celestiales. ¿Cómo te nombraremos, Κεχαριτωμένη Kejaritomeni Llena de Χάρις jaris (gracia, energía increada)? ¿Cielo? etc. Zeotokos, eres la verdadera vid que produjo el fruto de la vida. Te suplicamos, Gloriosa, intercede junto con los Apóstoles y todos los Santos para que nuestras psique-almas sean misericordiadas y compadecidas, a ti la siempre bendita, como profetizaste, Señora (Lc. 1,48). Verdaderamente, todas las generaciones te bendecirán como la única Θεοτόκος Zeotokos, que eres «más honorable que los Querubines y incomparablemente más gloriosa que los Serafines». Pero como no puedo comprender todo lo que te concierne, hablaré con asombro sobre los otros Santos.

»¿Cómo pasaste, Bautista y Precursor del Señor, en el desierto? ¿Y cómo te llamaremos, Profeta? ¿Ángel, Apóstol o Mártir? Ángel, porque viviste como inmaterial. Apóstol, porque convertiste a las naciones. Mártir, porque fuiste decapitado por Cristo. Suplica a Él que salve nuestras psiques-almas. Como dice Salomón, la memoria del justo es acompañada por alabanzas (Prov. 10,7). Pero para ti es suficiente el testimonio del Señor, Precursor, porque verdaderamente te has destacado, etc.

»Santos Apóstoles y discípulos del Salvador, fuisteis testigos oculares de los misterios y predicasteis al Invisible e Incorruptible, diciendo: 1:1 Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o logos) Junto con el principio era y siempre es el Logos; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es siempre Logos. [1:1 «En el principio junto con y en el espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material existía siempre el Logos increado, como Hijo y Logos de Dios nace siempre de-el Padre como Logos vivo, increado e infinito de Nus perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios; y el Logos era y es siempre Dios, increado, perfecto e infinito, tal como el Padre y el Espíritu Santo; (un Dios tres hipostasis/bases subsistenciales o substanciales y una usía-esencia/sustancia y una energía increadas)]» (Jn. 1,1), aunque no fuisteis creados antes que los ángeles, ni enseñados por hombres, sino por la sabiduría de lo alto. Por vuestra audacia hacia Dios, os suplicamos, interceded por la salvación de nuestras psiques-almas. Admiro vuestra agapi-amor incondicional por Dios, como dicen los antiguos himnos: Señor, porque vuestros Apóstoles os desearon sinceramente, consideraron basura todas las cosas terrenales para ganar solo a Ti; «más aún, todo lo tengo por pérdida ante el sublime conocimiento-gnosis de Jesús Cristo, mi Señor, por quien he sacrificado voluntariamente todas las cosas, y las considero basura con tal de ganar a Cristo» (Flp. 3,8), y por vuestro bien entregaron sus cuerpos a las heridas. Por eso fueron glorificados ε interceden por nuestras psiques-almas. ¡Cómo, Apóstoles, siendo hombres como nosotros y llevando la carne terrenal, presentasteis tantas virtudes, de modo que soportasteis la muerte por vuestros asesinos! ¡Y cómo, siendo tan pocos, conquistasteis todo el mundo! Y simples, analfabetos e iletrados, vencisteis a los reyes y a los gobernantes, incluso desarmados y desnudos, y a través de ellos vencisteis a los demonios invisibles, vosotros los pobres y los que vestís la enfermedad y debilidad humana; ¡y qué era esa fuerza, o más bien la fe, con la cual recibisteis el poder del Espíritu Santo, vosotros y los santos Mártires, «que bien lucharon y fueron coronados»? Interceded al Señor para que tenga misericordia de nuestras psique-almas, Apóstoles, Mártires y Profetas, Jerarcas, Santos, etc.

»¡Y quién no se sorprendería al ver, Santos Mártires, la buena lucha que librasteis! ¿Cómo vosotros, teniendo cuerpo, vencisteis al enemigo inmaterial, confesando a Cristo y armándoos con la cruz! Por eso fuisteis justamente glorificados como perseguidores de demonios y guerreros contra bárbaros. Interceded incansablemente para que nuestras psiques-almas sean salvadas. Porque, como los Tres Jóvenes en Babilonia antes que vosotros, sufristeis las pruebas no con la esperanza de recompensa, sino por amor a Dios, como vosotros dijisteis. Es decir, «y si Dios no nos salva, entonces todavía no lo negaremos». Admiro también vuestra extrema humildad, Santos Tres Jóvenes, que no teniendo forma de agradecer en las llamas, dijisteis: «No hay tiempo ahora para señores ni profetas ni líderes; seamos recibidos solo con el quebrantamiento de la psique-alma y la humildad del espíritu». Admiro también la fuerza y energía increada de Dios que se manifestó en vosotros y en el profeta Elías, como dice san Juan Damasceno: «Del fuego emanaste frescura para Tus Santos Jóvenes, y quemaste la ofrenda rodeada con agua del justo» (3 Reyes 18,38). Todo lo haces, Cristo, solo con Tu voluntad».

»¿Pero qué debería pensar primero? ¿El contenido del Evangelio o los Hechos de los santos Apóstoles? ¿Los logros de los santos Mártires o las luchas de los santos Padres? ¿De los antiguos o de los nuevos Santos, hombres y mujeres? ¿Las vidas y logos de todos, o sus interpretaciones y explicaciones? ¡Me maravillo y me asombro!

»Pero te ruego, Señor filántropo y bondadoso, no permitas que estas cosas me conduzcan a mi condena por mi indignidad y mi ingratitud al intentar entender Tus tantos misterios, los cuales has revelado a Tus Santos y a través de ellos a mí, Tu siervo pecador e indigno. He aquí, Señor, Tu siervo está delante de Ti, lento en todo y mudo como un muerto, y no me atrevo a decir nada ni a mirar con desvergüenza, sino que como siempre caigo delante de Ti y desde lo más profundo de mi psique-alma clamo y digo: “¡Caritativo Señor, ten misericordia, compadécete de mi Señor…” y lo demás de la oración.»

Y la otra oración y los salmos deben ser cuidadosamente atendidos, guardando las conductas éticas de la psique-alma y del cuerpo, para llegar al entendimiento de los divinos conceptos y significados, para poder comprender con gran sentido, sentimiento y percepción todos los misterios y maravillas que están en las Sagradas Escrituras. Y con asombro por los dones de Dios, llegar a amarlo solo a Él, y alegrarse en Él como todos los Santos. Porque las Sagradas Escrituras están llenas de toda maravilla, como dice Salomón.

 

Junto con las otras maravillas de Dios, admiro también Su omnipotencia como se manifestaba en el maná. Esto no se conservaba hasta el día siguiente, sino que se derretía y llenaba de gusanos, para que los incrédulos no se preocuparan por el mañana, pero la cantidad que se guardaba en la tinaja dentro de la tienda del Altar siempre permanecía indemne (Éxodo 16:20 y 33). Y de nuevo, no se quemaba en el fuego, mientras que se derretía ante el más mínimo rayo del sol, para que los avaros no acumularan más de lo que necesitaban. ¡Oh maravilla qué milagro! ¡Cómo Dios trabaja en todas partes para la salvación de los hombres, como dijo el Señor hablando de la divina providencia: “Mi Padre sigue trabajando hasta ahora, y yo también trabajo” (Juan 5:17).

 

Por lo tanto, aquel que tiene esta santa instrucción, es enseñado con signos perceptibles de las Sagradas Escrituras, y espiritualmente de la providencia de Dios, y comienza a ver las cosas según su naturaleza, como dicen san Gregorio de Nisa y san Juan Damasceno. Y ya no es engañado por la belleza externa de las cosas de este mundo, es decir, la hermosura, la riqueza, la doxa-gloria que desaparece, y cosas similares, ni se deja seducir por la sombra que las cubre, como aquellos que todavía están en πάθος pazos.

 

14) La quinta γνώσις gnosis

 

De esta quinta gnosis, que se llama “voluntad” (Isaías 11:2) según el Profeta, uno conoce (como dijimos al final de las bienaventuranzas) la naturaleza y el cambio de las creaciones sensibles, que provienen de la tierra y a la tierra vuelven, según el dicho del Eclesiastés: ‘Vanidad de vanidades, todo es vanidad’ (Eclesiastés 1:2). Y lo mismo dice san Juan Damasceno: “Todo las cosas humanas son vanas, las que cesan de existir después de la muerte. La riqueza no permanece, la doxa-gloria no nos acompaña; apenas llega la muerte, todo esto desaparece.” Y de nuevo dice: “Verdaderamente, todo es vanidad, y nuestra vida es sombra y sueño. Por lo tanto, vanamente se turba todo hombre” (Salmo 38:12), como dice la Escritura. “Cuando ganamos el mundo, entonces viviremos en la tumba, donde están juntos reyes y pobres.»

 

15) La sexta γνώσις gnosis

 

Cuando alguien adquiere la quinta gnosis, que no se aferre a las cosas, entonces se le da la sexta gnosis, que se llama «poder, potencia» (Is. 11:2), y comienza a ver con indiferencia sin pazos-pasión las bellezas de las creaciones sensibles. Porque existen tres tipos de pensamientos: el humano, el demoníaco y el angélico.

El humano es la simple idea o noción que viene al νούς nus y la mente, por ejemplo, hombre, oro u otra creación sensible.

El demoníaco es una composición de noción, significado y pazos pasión. Por ejemplo, la idea de «hombre», cuando está vinculada a una amistad irracional, es decir, una relación que no es amistad según Dios, sino que apunta a la fornicación; o de nuevo, con un odio injustificado, es decir, envidia, resentimiento o condenación. De manera similar, la idea del oro, cuando está vinculada a la avaricia, el robo, el saqueo o algo similar, o cuando conduce al odio por el oro y la blasfemia contra las obras de Dios, de modo que con ambos se llega a la perdición. Porque si no amamos las cosas como deberíamos, sino que las preferimos por el amor de Dios, no diferimos en absoluto de los idólatras, dice el santo Máximo*. Y de nuevo; si las odiamos, como si no hubieran salido muy bien (Gén. 1:31), enfurecemos a Dios.

El pensamiento angélico final es la contemplación sin pasión-pazos de las cosas, es decir, la gnosis verdadera, que es la que está entre los dos precipicios y protege y guarda el νούς nus y separa el objetivo correcto de las seis trampas que lo rodean. Quiero decir, de las trampas que están arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, dentro y fuera del objetivo correcto. Es la gnosis verdadera que se sostiene como un centro en medio de las seis trampas mencionadas anteriormente, que enseñan los ángeles terrenales a quienes han entumecido su ser por el mundo, para que su νούς nus (espíritu de la psique) se vuelva impasible, desapegado sin pazos y vea las cosas como deben ser. Y no de arriba para superar el objetivo correcto con arrogancia, pensando que lo entiende con su propio entendimiento y virtud, ni de abajo por ignorancia, pensando que no puede alcanzar mejoramiento y perfeccionamiento; ni a la derecha por aversión y odio a las cosas, ni a la izquierda por amistad insensata, es decir, apego malicioso y pasional; ni dentro del objetivo correcto por ignorancia en general y pereza, ni fuera de él por activismo y cuidado irracional, insensato, por superficialidad y mala astucia. Sino para recibir la gnosis-conocimiento con paciencia y humildad y una buena esperanza que surge de la fe segura, para elevarse con la gnosis parcial en la agapi-amor incondicional divino, con la conciencia, debido a la debilidad, ignorancia de adquirir humildad, y con la esperanza y fe persistentes alcanzar el objetivo del asunto que busca. Y ni odiar en absoluto ninguna cosa como mala, ni amarla ilógicamente, sino comprender al hombre y admirar cómo el νούς nus (espíritu de la psique) es imagen del Dios invisible, y es ilimitado, a pesar de estar limitado por el cuerpo, como dice san Basilio el Grande. Y cómo alcanza hasta los confines de la figura, como Dios que provee para el mundo. Porque el νούς nus se transforma en cada cosa y se tiñe según la forma de cada cosa que imagina e imprime. Pero cuando se establece que se encuentre en Dios informe y sin figura, entonces él también se vuelve informe y sin figura. Luego admira cómo el νούς nus puede mantener cada idea o noción y los últimos significados no pueden alterar los anteriores, ni los primeros significados pueden dañar a los últimos, sino que la διάνοια diania (intelecto, mente) posee todos con vigilancia como un tesoro; y cuando el νούς nus quiere revelar con la lengua aquellas cosas que piensa y considera, no solo las recientes, sino también las que ha almacenado desde hace mucho tiempo. Y cómo nuevamente, aunque los logos y palabras salen constantemente, el νούς nus permanece igual, no disminuido e inmutable; Y nuevamente, observando el cuerpo, admira cómo los ojos, los oídos y la lengua reciben estímulos externos según el psique-alma desea; Los ojos a través de la luz, los oídos a través del aire, y ninguno de los sentidos impide al otro, ni puede hacer nada fuera del propósito de la psique-alma. Y cómo el cuerpo inanimado, por orden de Dios, se unió con la psique-alma lógica y espiritual; que fue creada por el Espíritu Santo, como dice san Juan Damasceno, por el aliento o soplo (Gén. 2:7), aunque algunos, debido a la ignorancia, creen que proviene de la divinidad supraesencial, lo cual es imposible. San Crisóstomo dice: «Para que el νούς nus humano no se considere a sí mismo dios, Dios le dio ignorancia y agnosia-desconocimiento, para que así adquiriera humildad». Y de nuevo: «Quiso Dios dividir esta composición natural de la psique-alma y del cuerpo». Y como dice Juan Clímaco, la psique-alma se va o bien arriba, es decir, al cielo, o, lamentablemente, abajo al infierno, mientras que el cuerpo terrenal regresa a la tierra de la cual fue tomado. Pero nuevamente, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Salvador Jesús Cristo, aquello que fue separado se unirá en Su segunda parusía-presencia o venida, para que cada uno de nosotros sea recompensado según sus obras. ¡Qué gran milagro! ¿Quién pensará poco en este misterio y no se sorprenderá, que Dios resucite al hombre nuevamente de la tierra después de tantos males que ha hecho, despreciando Sus mandamientos (logos, principios espirituales) y le conceda la inmortalidad que tenía inicialmente, pero como no guardó el mandamiento que le preservaba de la muerte y la corrupción, sino que desafió, atrajo sobre sí mismo la muerte.

*Primera centuria sobre el amor, capítulo 7 Filocalía, tomo II https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/.

 

Asombrándose, pues, uno por todas las realidades y cosas respecto al hombre, que es enseñado por influencia angélica, y por muchas otras cosas, se queda perplejo. Y de nuevo considera la belleza y utilidad del oro y se maravilla de cómo de la tierra se formó para nosotros de tal manera que los débiles gastan el dinero con caridad, y aquellos que no quisieron ser misericordiosos, ayudan dándolo sin querer, después de algunas tentaciones, para salvarse, si de hecho sufren con gratitud por las cosas que encuentran, y así ambos se salvan. Aquellos que prefieren la ascesis (práctica, ejercicio espiritual) serán coronados, porque con lo que hacen superan la naturaleza, así como aquellos que viven en castidad, virginidad. Y así como el oro es una cosa corruptible y terrenal, nadie debe preferirlo al mandamiento de Dios; pero como creación de Dios y útil para la vida corporal y la salvación, no debe ser tratado con odio, sino con moderación y amor.

 

Y en general, el hombre iluminado anhela al Creador cuando considera sin pasión-pazos la belleza y utilidad de todas las cosas, y cuando comprende todas las cosas sensibles, las creaciones superiores e inferiores, es decir, el cielo, el sol, la luna, las estrellas, las nubes, los torbellinos, las lluvias, la nieve, el granizo, que el agua se congela a pesar del intenso calor, luego los truenos, los relámpagos, los vientos, el aire y su alternancia, las estaciones, los años, los días, las noches, las horas, los momentos, la tierra, el mar, los innumerables animales, los cuadrúpedos, las fieras y reptiles, las muchas especies de aves, las fuentes, los ríos, las innumerables especies, domésticas y salvajes, de plantas y hierbas. Ve en todo el orden, la estabilidad, los tamaños, la belleza, el ritmo, la cohesión, la armonía, la utilidad, la concordia, la diversidad, el placer, la postura, el movimiento, los colores, las formas, las especies, el retorno a ellas y su permanencia en lo corruptible, y en general, recordando todas las creaciones sensibles, se asombra. Y admira al Creador, cómo de la inexistencia por Su sola orden creó los cuatro elementos (tierra, aire, fuego, agua), y cómo aunque son opuestos entre sí, no se destruyen mutuamente, y cómo de los cuatro elementos hizo todas las cosas para nosotros. Aunque estas cosas son pequeñas en comparación con la condescendencia de Cristo y con los bienes futuros, según el teólogo Gregorio.

 

También se maravilla, comprendiendo por las artes la bondad y la sabiduría, la fuerza y la providencia de Dios que están ocultas en las creaciones, como Él mismo dijo a Job (Job 12:13), y luego en los logos, palabras y letras, cómo con este insignificante y inanimado tinte, reveló tantos y grandes misterios para nosotros a través de las Sagradas Escrituras. Y lo más admirable es que los santos Profetas y Apóstoles con mucho trabajo y agapi-amor incondicional a Dios alcanzaron tantos bienes, mientras que nosotros los aprendemos solo con la lectura. Porque las Escrituras, como si tuvieran lógica, nos hablan de cosas muy paradójicas.

 

Conociendo esto, el hombre iluminado cree que en la creación no hay nada superfluo ni malo, sino que todo lo que sucede contrariamente a la voluntad divina, Dios lo transforma maravillosamente en bienes. Como por ejemplo, la caída del diablo no fue voluntad de Dios, pero he aquí que termina para el beneficio de los que se salvan. Porque Dios permite que él tiente a aquellos que tienen buena intención, según la fuerza de cada uno, como dice el santo Isaac, para que sea burlado por los hombres iguales a ángeles, y ser vencido con la ayuda de Dios, no solo por varones, sino también por muchas mujeres, con paciencia y fe en el Luchador, de Quien reciben las coronas de la incorrupción con Su χάρις jaris (gracia, energía increada) y misericordia increada. Porque Él es el que venció y vence a la asquerosa serpiente, al diablo homicida.

Entonces, aquel que ha recibido de Dios el don o carisma de la gnosis espiritual sabe que todo es muy bueno (Génesis 1:31), mientras que aquel que está en el comienzo de la teognosía (gnosis  de Dios) tiene el deber de conocer con humildad que ignora, y decir para cada cosa «no conozco», como aconseja Juan Crisóstomo. Porque él dice: “Si alguien dice que la altura del cielo es tanto, y yo respondo que no lo sé, de todos modos he dicho la verdad; y él se equivoca pensando que sabe, o no sabe como debe, según el Apóstol Pablo (1Cor 8:2)”. Por lo tanto, debemos aceptar con fe segura y preguntando a los experimentados, los dogmas de la Iglesia Ortodoxa y las interpretaciones de los maestros, tanto para las Sagradas Escrituras como para las creaciones sensibles, inteligibles y espirituales, para no seguir nuestra supuesta sabiduría y caer rápidamente, como dice el santo Doroteo. En todo debemos encontrar nuestra ignorancia, para que alguien pidiendo, dudando y no creyendo en sus propios pensamientos, desee aprender; y después de encontrarse en duda con mucha gnosis, descubra su propia ignorancia con la sabiduría de Dios. Como dice Gregorio el teólogo, el νούς nus espiritual recibe una percepción espiritual cuando hace la catarsis y se purifica para Dios. Pero sin embargo, debemos tener la gnosis-conocimiento con más temor, no sea que haya alguna doctrina maliciosa o algún dogma herético escondidos en la psique-alma, capaz de castigarla sin ningún otro pecado, dice San Basilio el Magno.

 

Por eso, nadie debe precipitarse superficialmente o con presunción en esta contemplación, sino que con orden debe trabajar los mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo y las contemplaciones que hemos mencionado, sin desviaciones y levitaciones. Y después de hacer la catarsis y limpiar su psique-alma con paciencia y muchas lágrimas de temor y luto o duelo (según Dios), y llegar a ver las cosas naturalmente, y adquirir la percepción de todas estas cosas, entonces el νούς nus instintivamente llega automáticamente a esta contemplación, guiado espiritualmente por los ángeles. Si ahora alguien se encuentra más atrevido y quiere entrar en las segundas antes que en las primeras, que sepa que no solo no podrá lograr su propósito de agradar a Dios, sino que también levantará muchas guerras en su contra, especialmente desde la consideración y contemplación en torno al hombre, como hemos aprendido sobre Adán. Porque no beneficia en absoluto a aquellos que todavía están con pazos y son pasionales  hacer las obras de los impasibles, desapegados sin pazos, o entender sus significados, así como la comida sólida no conviene a los niños, aunque sea muy beneficiosa para los perfectos (Hebreos 5,14). El apasionado con pazos y apegos debe desear y abstenerse con discernimiento de estas cosas como indigno; y no debe apartarse por desesperación y pereza cuando venga la χάρις jaris (gracia, energía increada), ni nuevamente debe buscar algo prematuramente por arrogancia. Porque si buscamos antes de su tiempo aquellas cosas que son de otro tiempo, no las encontraremos ni en su tiempo, como dice Juan Clímaco; sino que nos confundiremos y quizás no encontremos corrección ni de ninguna persona ni de ninguna Escritura.

 

Si alguien tiene un propósito divino y, con humildad y paciencia en las tentaciones que le llegan, pide algo por duda y quizás se confunde en ello, Dios tiene para él una solución para indicarle. Y así, con mucha vergüenza y alegría, regresa pidiendo el camino de los Padres, porque lo que se hace conforme a Dios, y no por otro propósito, dice san Juan Clímaco, se considera un bien por la χάρις jaris (gracia, energía increada), incluso si está muy lejos de ser bueno. Pero si no actúa así, ni tiene paciencia ni mucha humildad, sufrirá lo que muchos han sufrido y se perderán por su necedad, porque creyeron en sus propios entendimientos y pensaron que podrían caminar correctamente sin guía ni la experiencia que provoca la paciencia y la humildad. Porque esta experiencia no tiene tribulación, tristeza y sufrimiento, ni tentación, y quizás ni siquiera guerra. Y si se le permite pelear un poco, esta tentación causa gran alegría y beneficio al experimentado, porque se le concede por Dios para obtener experiencia y valentía contra los enemigos.

 

Los signos de esta tentación son las lágrimas y el quebrantamiento, contrición de la psique-alma ante Dios, buscar refugio en la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y en Dios con paciencia, el esfuerzo y la diligente investigación de las Escrituras, y la búsqueda del propósito de Dios por fe. Mientras que el signo de otra tentación es la duda sobre la ayuda de Dios, la vergüenza de preguntar con humildad, la evitación de la hisijía y la lectura, y el amor por las conversaciones y la distracción, con la idea de que a través de ellos encontrará descanso, lo cual no es cierto. Más bien, en este tiempo arraigan los πάθος pazos  y las tentaciones se vuelven más fuertes y se multiplica la pusilanimidad, la ingratitud, la acedia y la negligencia, por la gran ignorancia. Porque son diferentes las tentaciones de los hijos para su disciplina y aprendizaje de una lección, y distintas las tentaciones de los enemigos para su perdición. Mucho más cuando uno es engañado por el orgullo, porque Dios se opone a los orgullosos, soberbios, mientras que a los humildes les da Su χάρις jaris (gracia, energía increada) (Proverbios 3,34; Santiago 4,6).»

 

Cada tribulación y aflicción que tiene paciencia es buena y beneficiosa. Aquella que no tiene paciencia es rechazo de Dios y sin beneficio alguno. Si uno no se psicoterapia y no se sana a sí mismo con humildad, no tiene otro fármaco; porque el humilde, cuando la tribulación y aflicción llega a él, se culpa y se acusa a sí mismo y no a otro. Y por eso, practica la paciencia y busca la solución de Dios; y cuando llega la solución, se regocija y la soporta agradeciendo y adquiere experiencia a través de estas cosas y así recibe gnosis (conocimiento espiritual). Y reconociendo su debilidad e ignorancia, busca al médico con dolor. Y buscando, encuentra la psicoterapia y sanación, como dijo el mismo Cristo (Mateo 7:8). Y después de encontrar la psicoterapia y sanación, anhela; y anhelando, anhela aún más; y haciéndose la catarsis y purificándose tanto como pueda, se esfuerza por preparar un lugar al anhelado. Y Aquel después de encontrar un lugar, habita allí, como dice el Gerontikón (Libro de Santos Yérontas). Y después de habitar, guarda Su casa y comienza a iluminarla y embellecerla. Y mientras el hombre se ilumina y se embellece, conoce; y conociendo, es conocido, como dice San Juan Damasceno. Por lo tanto, todo esto y lo que hemos mencionado debe ser guardado por cada uno, y lo que pueda alcanzar, debe trabajar por ello. Pero por las cosas que no puede alcanzar, debe agradecer en silencio, como dice San Isaac, y no pensar que entrará en ello con arrogancia. Porque él mismo dice, tomando palabras de Sirácides: «Cuando encuentres miel, cómela en medida, no sea que te satures y vomites» (Prov 25:16). Y como dice el Teólogo, la contemplación sin freno puede llevar también al abismo. Esto es buscar lo excesivo y no querer decir «Dios conoce estas cosas, pero ¿quién soy yo?». También debe creer que Aquel que hizo las montañas y los grandes cetáceos, también hizo el hueco y el aguijón de la abeja, como dice San Basilio el Grande.

 

Por lo tanto, aquel que por la prudencia ha llegado a la fortaleza, conoce de las cosas sensibles las inteligibles, espirituales e intelectuales, y de las visibles y temporales, las invisibles y eternas. Y entiende por la χάρις jaris (gracia, energía increada) las cosas que conciernen a las δυνάμεις dinamis (potencias, fuerzas, poderes superiores). En efecto, si todo el mundo no vale tanto como un justo, como dice Crisóstomo: «Piensa, por favor, en tantas naciones y tribus: el justo es superior a todo», ciertamente el ángel es superior al hombre, y basta la contemplación de un ángel para provocar toda sorpresa. Basta recordar lo que le ocurrió al isánguelos (igual a ángel) Daniel cuando vio al ángel (Daniel 10:8).

 

16) La séptima gnosis

 

Aquel que se ha hecho digno de la séptima gnosis se asombra ante la multitud de fuerzas, potencias incorpóreas: las Potestades, los Tronos, las Dominaciones, los Serafines y Querubines, los nueve órdenes o coros mencionados en todas las Escrituras divinas, cuya naturaleza, poder y demás cualidades buenas solo son conocidas por Dios, su creador. Se maravilla también de cómo están ordenados según su jerarquía. Pero también las legiones celestiales tienen otros axiomas o rangos. Crisóstomo dice que el nombre «Señor Sabaoth» (Is. 6, 3) se interpreta como «Señor de las legiones de las potencias». Y cómo estas legiones se transmiten la iluminación entre sí. Se dice que los Ángeles iluminan a los hombres y son iluminados por los Arcángeles, y los Arcángeles por los Principados. Y así cada orden o coro recibe la iluminación y el conocimiento-gnosis de otro coro. Se maravilla nuevamente de cómo el género humano es la única oveja, se dice, que se perdió por su propia culpa y no por culpa de Dios, mientras que los coros de los Ángeles son las noventa y nueve ovejas (Mt. 18, 12). Y comprendiendo la sabiduría y la fuerza del Creador, se asombra de cómo creó tantas multitudes con solo Su mandato. Primero, como dice el Teólogo, trae a su mente las potencias angélicas. Y después de pasar mentalmente y espiritualmente a través del velo, se vuelve incorpóreo, como dice San Isaac. Porque el templo exterior es un tipo de este mundo, el velo es un tipo del firmamento del cielo, y el santísimo lugar el altar de los altares es un tipo de los supra-cósmicos, donde los incorpóreos e inmateriales alaban incesantemente a Dios y le ruegan por nosotros, según el Gran Atanasio. Y así esta persona llega a la paz de sus pensamientos y se convierte en hijo de Dios por χάρις jaris  (gracia, energía increada, y conoce los misterios que están ocultos en las Escrituras divinas, como dice san Juan Damasceno: «El velo del templo se rasgó durante la crucifixión del Creador (Mt. 27, 51) para revelar a los fieles la verdad que estaba oculta en la letra. Por eso los fieles exclamamos: Digno eres de ser bendecido y alabado, Dios de nuestros padres». Y como dice San Cosme el Melódico: «El primer hombre, después de comer del fruto del árbol, se volvió corruptible (Gn. 3, 17-19). Porque después de ser condenado a una muerte deshonrosa, transmitió a todo el género humano la muerte como una enfermedad contagiosa. Pero ahora que nosotros, los mortales, hemos encontrado la revocación de la sentencia condenatoria con la madera de la cruz, clamamos altísimamente: Supra-alabado, etc.».

 

17) La octava   gnosis

 

A través de esta octava gnosis, el hombre se eleva a la contemplación de Dios mediante la segunda, la oración pura, es decir, la que es apropiada para el contemplativo. Así, dentro de este movimiento impetuoso de la oración, el νούς nus (espíritu de la psique) es arrebatado por el divino anhelo y ya no conoce nada de este mundo, como dicen los Santos Máximo y Juan Damasceno. Y el νούς nus no olvida solo todas las demás cosas, sino también a sí mismo. Porque, como dice el Santo Nilo, mientras el νούς nus aún se comprende a sí mismo, no está solo en Dios, sino también en sí mismo. Entonces, como dice San Máximo, recibe apocalipsis-revelaciones sobre Dios y se convierte en teólogo, porque se ha hecho digno de la presencia del Espíritu Santo.

 

Escuchando ahora sobre Dios, que nadie piense por ignorancia que Dios es lo que consideramos sobre Él, es decir, bondad, benevolencia, justicia, santidad, luz, fuego, sustancia, naturaleza, poder, energía, sabiduría y cosas similares, dice Dionisio el Areopagita; pero ni siquiera lo que el νούς nus puede abarcar. Porque lo divino es indefinible e incomprensible y no se teologiza como realmente es, sino en base a las cosas y realidades que se contemplan a su alrededor, como dice Dionisio el Areopagita a San Timoteo, tomando el testimonio de San Hieroteo. Es más correcto decir que se teologiza desde lo inconcebible, lo inescrutable, lo in-interpretable y de las cosas que no pueden ser definidas. Porque Dios está por encima de todo νούς nus y concepción y solo es conocido por Sí mismo, Dios uno, tris-hipostático o tri-substancial, sin principio, sin fin, supremamente bueno, supremamente alabado. Y las cosas que se dicen sobre Él en la Sagrada Escritura se dicen por falta de gnosis-conocimiento, para que sepamos que existe un Dios, y no qué es Él, porque es incomprensible para toda naturaleza mental, lógica y espiritual.

 

Del mismo modo debemos admirar también la encarnación del Hijo de Dios y la unión hipostática, como dice San Cirilo, y cómo Su divinidad se unió a la carne que tomó de nosotros, según San Basilio el Grande. Porque así como el hierro se une al fuego cuando se forja, así es esta unión, para que conozcamos al único Cristo con dos naturalezas, como dijo san Juan Damasceno sobre la Zeotokos: «Con una hipóstasis y dos naturalezas diste a luz, totalmente Madre de Dios, a Dios encarnado, a Quien todos alabamos: Tú debes ser bendecido y alabado, Dios nuestro». Y también: «El Ilimitado, permaneciendo inmutable, se unió hipostáticamente con la carne en tu vientre, Παναγία Panaghía (la más santa o todasanta), porque es misericordioso y caritativo, el único bendito».

 

18) No hay desacuerdo en las Escrituras Divinas

 

Generalmente, cualquier persona que haya sido iluminada de alguna manera, cuando comprende alguna lectura o salmodia, siempre encuentra una ocasión para la contemplación y la teología, y que cada Escritura es confirmada por otra Escritura. Sin embargo, aquel cuyo νούς nus (espíritu de la psique) con la mente o intelecto aún está sin iluminar, cree que las Escrituras presentan desacuerdos. Pero esto no se debe a las Escrituras Divinas, ¡Dios no lo quiera! Porque algunas de las Escrituras son confirmadas por otras, mientras que otras dependen del tiempo en que fueron escritas o de las personas, y por eso cada palabra de la Escritura es irreprochable. Lo que está fuera de estos casos se debe a nuestra ignorancia, y no se debe criticar las Escrituras, sino aplicarlas y cumplirlas con todas nuestras fuerzas tal como son, y no como queremos que sean. Esto es lo que hicieron los idólatras y los judíos, quienes no se dignaban a decir, «no sé qué es esto», sino que por orgullo, vanagloria y por gustar a los demás, criticaban las Escrituras y la naturaleza de las cosas y las entendían como querían y no según la voluntad de Dios. Por eso se extraviaron y cayeron en toda maldad. Porque quien busca saber lo que la Escritura apunta, nunca elevará su propio significado, sea bueno o malo. Pero, como dijeron San Basilio el Grande y San Juan Crisóstomo, tiene como maestro la Escritura Divina y no las enseñanzas del mundo. Así aceptará lo que Dios pone en el corazón puro que ha hecho la catarsis, sin pensamiento, si hay también el testimonio conforme de las Escrituras Divinas, como dice San Antonio el Grande. Porque los conceptos que vienen automáticamente a la mente o intelecto de aquellos que descansan en Dios, sin pensamiento, son aceptables, dice San Isaac. Pero para uno investigar y pensar es su propia voluntad y ciencia corporal. Y especialmente si fuerza la Escritura como un ladrón, para alguna alegoría, dice San Juan Crisóstomo, y no entra por la puerta de la humildad, sino que sube por otro lado (Juan 10,1). No hay en la tierra nadie más necio que quien fuerza el propósito de la Escritura o la critica y acusa la para sostener su propia gnosis-conocimiento, o más bien ignorancia. ¿Y qué ciencia es esta, transformar el propósito de la Escritura como quiere y atreverse a alterar las palabras? El verdadero científico es quien ve las frases inalterables y con la sabiduría del Espíritu logra encontrar los misterios ocultos, testificados por las Escrituras Divinas.

 

Sobre todo, tales son los tres grandes iluminadores: San Basilio el Grande, San Juan el Crisóstomo y San Gregorio el Teólogo. Ellos encuentran el testimonio ya sea del mismo dicho, o de otro dicho de la Escritura. Así, quien objeta, no tiene qué decir. Porque no traen testimonio fuera de la Escritura, para que alguien diga que es su propio significado, sino del mismo dicho que tienen en mente, o de otra Escritura que habla del mismo tema. Y con razón. Como son dignos, han recibido del Espíritu Santo la comprensión y el logos.

 

Así, cualquier cosa que no tenga testimonio de ser buena, pero sobre la cual hay duda, nadie debe hacerla, ni consentir en su pensamiento. Porque ¿qué necesidad hay de dejar algo claro que tiene testimonio de ser bueno y agradable a Dios, y hacer otra cosa sobre la que no se está seguro de si es buena o no? A menos que actúe con πάθος pazos. Esto es en cuanto a este tema.

 

19) La oración que corresponde a cada γνώσις gnosis

 

Sobre las ocho gnosis debemos saber que en las cuatro primeras debemos decir aquello que hemos escrito para cada una, mientras que en las demás, solo «Κύριε ελέησον Kirie eléison Señor, ten compasión o misericordia», como se dice del santo Filemón*, y mantener el νούς nus con la mente o intelecto completamente fuera de las concepciones. Porque tal debe ser la conducta del luchador. A veces debe tener su νούς nus con la mente en la contemplación de los sentidos, otras veces en las gnosis-conocimientos de las realidades espirituales y en permanecer sin forma. O también en alguna concepción de la Escritura y en la oración pura. Y debe ocupar el cuerpo a veces en la lectura, otras en la oración, otras en lágrimas por su propio bien o el de otro por compasión y simpatía que Dios quiere, otras en trabajo para ayudar a alguien que está enfermo física o espiritualmente, para así hacer exclusivamente las obras de los santos Ángeles y no preocuparse en absoluto por nada de este mundo. Y Dios, quien lo eligió y lo apartó para hacerlo su compañero inseparable y le concedió esta forma de vida y la despreocupación, Él cuidará de él y le asegurará el alimento espiritual y corporal. Porque dice la Escritura: «Confía y deja al Señor tus preocupaciones, y Él te asegurará tu alimento» (Salmo 55:23). Y cuanto más confíe en Dios para todas sus necesidades espirituales y corporales, más Dios cuidará de él, hasta el punto de que se considere inferior a todas las criaturas, debido a las muchas donaciones y carismas de Dios visibles e invisibles, espirituales y corporales. Como deudor de una gran deuda, no puede enorgullecerse de nada, avergonzado por las dádivas y beneficencias de Dios. Y cuanto más agradece a Dios y se esfuerza por forzarse por agapi-amor incondicional a Él, más se le acerca Dios con Sus carismas y desea darle descanso y hacerle preferir la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), pobreza material y desapropiación o pobreza más que todos los reinos de la tierra, incluso sin recompensa en la vida futura. Porque los santos Mártires también sufrían los golpes de los enemigos, pero el deseo del reinado de la realeza increada (o de la jaris y doxa) y la agapi-amor incondicional de Dios superaban los dolores, y recibir de Dios la potencia de la divina energía jaris (increada) para vencer a los enemigos lo consideraban un gran consuelo y al mismo tiempo una deuda con Dios, porque fueron dignos de sufrir la muerte por el nombre de Cristo, de modo que muchas veces se volvían insensibles al dolor. Del mismo modo, los santos Padres se ejercitaron mucho al principio con diversas prácticas y luchas provocadas por los espíritus malignos, pero prevalecía y vencía el anhelo y la esperanza de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos). Porque con la απάθεια después del esfuerzo se vuelve despreocupado, ya que venció los πάθος pazos. Y el apasionado cree que está bien, pero eso lo cree debido a su ceguera. Solo a aquel que llamamos luchador le corresponde el esfuerzo y la lucha, porque quiere vencer los πάθος pazos y no puede, ya que a veces Dios permite que sea vencido por sus enemigos, para que adquiera humildad. Por eso debe reconocer su enfermedad y debilidad y evitar con todas sus fuerzas lo que le perjudica, para olvidar su antigua costumbre, hábito o adicción. Porque si uno no evita primero la distracción y no adquiere un silencio perfecto, no puede llegar a tener algo impasible, sin pazos  o decir siempre lo bueno. Y, en general, en cada cosa conviene primero la perfecta evitación de la distracción, para no ser arrastrado por el hábito o adicción anterior.

*Fuente: Filocalía, tomo II, pág. 313 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-2-logos-sobre-el-abad-filemon/.

 

Pero nadie, al oír hablar de humildad, απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y cosas similares, debe pensar por ignorancia que ya las posee, sino que debe buscar la señal de cada virtud y encontrarla dentro de sí.

 

20) La humildad

 

Las señales de la humildad son que, aunque uno tenga toda virtud física y espiritual, se considere más endeudado con Dios, ya que por Su χάρις jaris (gracia, energía increada) ha recibido mucho siendo indigno; y si le sobreviene alguna tentación, ya sea de demonios o de hombres, considera que la merece y más aún, para así poder saldar un poco de su deuda y encontrar alivio en el juicio de los tormentos e infiernos que espera. Y cuando no sufre algo así, mucho se entristece y se angustia, buscando maneras de forzarse a sí mismo. Y cuando le sucede, nuevamente se humilla, considerándolo un regalo de Dios. Y no encontrando con qué recompensar al Benefactor, sigue trabajando siempre y considerarse a sí mismo aún más endeudado.

 

21) La απάθεια apázia

 

La señal de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, desapego, desapasionamiento) es quizás esta: estar imperturbable y sin miedo en todo, porque ha recibido fuerza por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios para lograr todo, según el Apóstol (Fil. 4,13), sin preocuparse por el cuerpo, sino esforzándose al máximo para alcanzar el reposo de la costumbre o adicción. Y agradeciendo por ello, encuentra otra forma de forzarse, para estar siempre luchando y venciendo con humildad. Esta es la verdadera progresión del hombre. Porque las cosas que se hacen sin esfuerzo no son obras, como dice San Isaac, sino regalos. Si el reposo viene con el primer esfuerzo, esto es premio de derrota y no motivo de jactancia. No se alaba a quienes reciben salario, sino a quienes se esfuerzan en el trabajo y no reciben nada.

 

¿Qué tenemos que decir? No importa cuánto hagamos y cuánto agradezcamos al Benefactor, siempre estamos en deuda y mucho más, porque Él no carece de nada ni necesita nada, mientras que sin Él no podemos hacer ningún bien (Juan 15,5). Aquel que se ha hecho digno de alabar a Dios, es él quien se beneficia, porque ha recibido un gran y admirable don o carisma. Y cuanto más alaba, más en deuda se siente, y no encuentra fin a la interrupción de la gnosis-conocimiento de Dios o de la gratitud o de la humildad o de la agapi-mor incondicional. Porque estas no son de este siglo para tener fin, sino del otro, del siglo aquel que es eterno y siempre creciente en gnosis-conocimiento y carismas-dones. Aquel que se ha hecho digno de esto en obras, logos y palabras, se libera de todos los πάθος pazos (pasiones, padecimientos, emociones, vicios, adicciones, etc.). Pero aquel que desea alcanzar esto, debe permanecer cerca de Dios y no preocuparse por este siglo y mundo, ni temer ninguna tentación, porque gracias a ella ascenderá a un mayor progreso y a un grado superior. Ni por sueños malos o supuestamente buenos, ni por ningún pensamiento vil, maligno o bueno, ni por tristeza, tribulación o supuesta alegría, ni por orgullo o desesperación, ni por profundidad o altura o abandono o supuesta ayuda y fuerza, ni por negligencia o progreso o pereza, acidia o supuesta diligencia, ni por aparente impasibilidad (sin pazos) o gran πάθος pazos. Sino que debe mantener una vida tranquila en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) sin distracciones con humildad, creyendo que nadie puede hacernos daño si nosotros no queremos, salvo tal vez por nuestro orgullo y falta de constante recurrencia a Dios; y debe postrarse ante Dios y pedir que se haga Su voluntad en todo, diciendo a cada pensamiento que viene: «No sé quién eres, Dios sabe, ya sea bueno o no, porque he dejado y sigo dejando mi vida en Sus manos. Él cuida de mí. Así como me hizo de la nada, así por la χάρις jaris (gracia, energía increada) me salvará, si le place. Que sólo se haga Su santa voluntad en esta vida y en la venidera, como Él quiere y cuando Él quiere. No tengo voluntad propia, sólo sé que he pecado mucho, he sido grandemente beneficiado y ni siquiera agradezco con obras o palabras Su bondad. Sin embargo, Él puede y quiere salvar a todos, y también a mí, a Su manera. Siendo humano, ¿cómo puedo saber si quiere que sea así o de otra manera? Por temor al pecado he dejado el mundo y he venido aquí; y por mis pecados y muchas debilidades me quedo ocioso en mi celda, como los prisioneros, esperando el juicio del Señor».

 

Y si se ve a sí mismo ocioso y perdido, no debe asustarse y temer. Porque pronto encontrará contrición en la psique-alma y lágrimas dolorosas, si no sale de su celda. Y nuevamente, si tiene gran diligencia en todo trabajo espiritual y lágrimas, no debe considerarlo como alegría, sino como engaño y preparación para la batalla. En general, debe despreciar todo bien o mal para permanecer imperturbable en todo y tranquilizarse en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y luchar según su capacidad, aplicando las cosas que ha aprendido, por supuesto si tuvo o tiene algún consejero espiritual. De lo contrario, debe tener a Cristo como su consejero en cada acción, concepto y pensamiento con oración pura desde su corazón con humildad. Y nunca debe confiar en que se ha convertido en un monje probado, hasta que se encuentre con Cristo en el futuro, como dicen Juan Clímaco y el Abad Agathon. Y si sólo tiene el propósito de agradar a Dios, Él le enseñará Su voluntad, ya sea mediante información espiritual en el corazón, o a través de alguien, o por la Escritura. Y si abandona sus propios deseos y voluntades por Él, Él lo llevará a la perfección con un gozo inexpresable, de una manera que no entenderá. Y cuando vea esto, se maravillará grandemente, pues la alegría y la gnosis-conocimiento brotan de todas partes. Encuentra beneficio en todo y Dios reina en él, porque no tiene voluntad propia, ya que se ha sometido a Su santa voluntad. Y se convierte como un rey, de modo que si pone algo en su mente, se hace sin esfuerzo e inmediatamente por Dios, quien cuida de él. Esta es la fe de la que habló el Señor: «si tenéis fe inquebrantable y no dudáis de la potencia de Dios, no sólo haréis el milagro de la higuera; etc.» (Mat. 21:21). Sobre esta fe se edifican las demás virtudes (Col 1:23), según el Apóstol. Por eso el enemigo utiliza todas las artimañas para apartar al hombre de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y hacerle caer en la tentación. Y de alguna manera se encuentra infiel, confiando en su propia fuerza y prudencia, sea total o parcialmente. Y de esto se aprovecha el enemigo para vencerlo y llevarlo cautivo, al miserable.

 

Aquel que ha aprendido estas cosas, abandona todo disfrute y reposo del mundo, sabiendo qué es esto, y corre hacia la despreocupación. Ya sea en la subordinación, teniendo al yérontas (anciano experimentado, sabio e iluminado) en lugar de Cristo, y entregando a él cada pensamiento, en logos, palabra y obra, para no tener nada por sí mismo. O se dirige a la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad con fe cierta, evitando todo. Y allí tiene a Cristo en lugar de todo, y Él se convierte en todo para él, como dicen Crisóstomo y Damasceno, tanto en esta vida como en la venidera. Cristo lo alimenta, lo viste, lo alegra, lo consuela, lo deleita, lo calma, lo enseña, lo ilumina, y en general, como cuidaba de Sus discípulos, así cuida de él. Sólo que él no se esfuerza como ellos, sino que tiene una fe cierta, con la cual no se preocupa por sí mismo como los demás hombres. Pero por temor a los espíritus malignos, como entonces los Apóstoles por temor a los judíos (Juan 20:19), se queda en su celda esperando a su Maestro, para que lo resucite espiritualmente de los πάθος pazos  con la verdadera contemplación, es decir, el gnosis-conocimiento de Sus criaturas, y le regale la paz, como a los Apóstoles mientras las puertas estaban cerradas (Juan 20:19), dice San Máximo*.

*Filocalía, tomo II, segunda centuria, cap. 46 pág. https://www.logosortodoxo.com/filocalia/200-capitulos-a-thalasio-sobre-la-teologia-y-la-economia-de-la-encarnacion-del-hijo-de-dios/

 

22 Recordatorio de las siete praxis, acciones corporales

 

Lo que se escribió anteriormente al comienzo del logos sobre las siete praxis, acciones corporales y éticas, uno debe aplicarlo y seguirlo siempre; y no reducirlo por falta, ni aumentarlo por exceso, a menos que sea tiempo de guerra corporal debido a la juventud o gran fuerza física, para la cual se necesita un ejercicio excesivo. O, por el contrario, debido a una enfermedad, en cuyo caso se necesita un poco de descanso. Sin embargo, no se debe hacer una abolición completa del ejercicio, porque esto puede dañar incluso a los impasibles, como dice San Isaac. Pero el descanso debe ser por necesidad como tratamiento de la enfermedad, y no una excusa para que la psique-alma relaje el ejercicio espiritual. La relajación ocurre cuando uno desea con todo su ser el descanso. Sin embargo, el descanso suele dañar a los jóvenes y sanos. Porque los santos Padres, Basilio el Grande y Máximo el Confesor, dicen que para el hambre y la sed, el pan y el agua son suficientes; pero para la salud y la fuerza del cuerpo, Dios ha regalado otras cosas por filantropía, para que el hombre enfermo no se repugne comiendo siempre lo mismo, sino que se beneficie con la variación de los alimentos, como dijimos antes. La abstinencia y la incontinencia son las que causan las enfermedades, mientras que la moderación y la variación diaria de los alimentos causan la salud, para mantener el cuerpo alejado del placer hedonista y la enfermedad y para ser un ayudante en la adquisición de virtudes.

 

Dijimos esto para aquellos que aún luchan. Los impasibles ahora, que han alcanzado la infancia en Cristo, a menudo no comen durante muchos días, ya que olvidan incluso el cuerpo, como San Sisoes. Este, después de comer, pedía recibir los Sagrados Misterios, debido al éxtasis que tenía hacia Dios. El Apóstol dice al respecto, para beneficio de muchos: «Si estamos en éxtasis, es para Dios; si estamos en nuestro juicio, es para vosotros» (2 Cor. 5:13). De manera similar, el Gran Basilio dice acerca de algunos, y algunos otros. Tampoco estas personas, cuando comían muchos alimentos con otros, los sentían, sino que era como si no comieran nada. Porque el νούς nus (espíritu de la psique) de estas personas no está en el cuerpo, para sentir el descanso o el dolor. Y esto es evidente por muchos Padres y santos Mártires. También es evidente por el Santo aquello que escribió San Nilo*. Había, dice, un anciano en el desierto que oraba con su νούς nus; a este, por concesión de Dios, para beneficio propio y de muchos otros, los demonios lo agarraban de las manos y los pies y lo lanzaban hacia arriba, y nuevamente, para que su cuerpo no se dañara al caer desde tal altura, lo atrapaban con una alfombrilla y esto lo hicieron por mucho tiempo para probar si su νούς nus descendía del cielo, cosa que no pudieron lograr. ¿Podría alguien así tener alguna sensación de comida o bebida o algo corporal?

 

Y nuevamente, San Efrén, habiendo vencido los πάθος pazos psíquicos y los corporales con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo, para no quedarse inactivo por las guerras del enemigo y ser condenado, como creía por su gran humildad, rogaba a Dios que le quitara la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la impasibilidad. Al respecto, Juan Clímaco, lleno de asombro, escribió que «hay algunos que son más impasibles que los impasibles, como aquel sirio, etc.».

* Sobre la oración, cap. 111 Filocalia, tomo 1. https://www.logosortodoxo.com/filocalia/153-reflexiones-sobre-la-oracion-del-corazon/

 

23 El discernimiento

 

Por eso, en todo necesitamos el discernimiento para juzgar con lógica según el tiempo de cada tarea. El discernimiento es una luz que muestra a quien lo tiene el tiempo, el intento, la tarea, la obra, la fuerza, la gnosisconocimiento, la edad, la capacidad, la enfermedad, la intención, la disposición, la contrición, el hábito, la ignorancia, la fuerza y la complexión del cuerpo, la salud y el sufrimiento, el modo, el lugar, el comportamiento, la crianza, la fe, la disposición, el propósito, la conducta, el permiso, la experiencia, la prudencia natural, el cuidado, la vigilancia, la demora y cosas similares. Luego, muestra la naturaleza de las cosas, su uso, la cantidad, los tipos, el propósito de Dios que está en las Escrituras divinas, el significado de cada palabra, como por ejemplo, lo dicho en el Evangelio según Juan que «vinieron los helenos-griegos buscando al Señor; y Él dijo inmediatamente: Ha llegado la hora, etc.» (Juan 12:23). Aquí claramente se refiere a que había llegado la hora de la llamada de las naciones a la fe; había comenzado el tiempo de la Pasión y esto lo pone como un signo. El discernimiento aclara todo esto, y no solo esto, sino también el propósito de la interpretación de los Padres, que lo que se busca no es lo que se hace, sino por qué se hace, dice San Nilo. Y aquel que hace algo sin conocer las cosas que dijimos antes, quizás se esfuerce mucho, pero no logra nada, como dicen el Gran Antonio y San Isaac sobre aquellos que se esfuerzan en las virtudes corporales, pero descuidan el trabajo del νούς nus y de la psique-alma, aunque esto es lo que realmente se busca, como dice San Máximo*, dale al cuerpo el trabajo según su capacidad, y dirige todo tu esfuerzo al νούς nus. Porque, dice, quien trabaja físicamente, a veces es vencido por la glotonería y la somnolencia, por la distracción y la verborrea, de estas cosas se oscurece el νούς nus (espíritu de la psique). Otras veces, con el ayuno y la vigilia prolongada y con los esfuerzos excesivos, se nubla el νούς nus y la mente. Sin embargo, quien cuida del νούς nus, contempla, ora, teologiza y puede lograr toda virtud. Porque el hombre prudente y lógico lucha con experiencia y habilidad para reducir lo más posible las necesidades del cuerpo para volverse poco cuidadoso o incluso despreocupado, para aplicar y cumplir los mandamientos, como dice el Señor: «No os afanéis, etc.» (Mt. 6:25). Cuando uno es ocupado en exceso, ni siquiera puede verse a sí mismo; ¿y cómo puede ver las trampas del enemigo que están preparadas desde hace tiempo?

* Cuarta centuria sobre el amor, cap. 63 Filocalía, tomo 2 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/.

 

Porque el enemigo tiene la costumbre de no hacer siempre guerra abierta, como dice Crisóstomo. Si hiciera guerra abierta, entonces no caeríamos fácilmente en sus trampas muchos, de modo que pocos sean los que se salven (Lc. 13:23), como dice el Señor. Pero cuando el enemigo quiere llevar a alguien a grandes pecados, primero lo hace negligente en las pequeñas y ocultas cosas: antes del adulterio, lo induce a mirar frecuentemente y con lujuria; antes del asesinato, a la pequeña ira; antes de la oscuridad del νούς nus, a la pequeña distracción; y antes de la distracción, le presenta la supuesta necesidad del cuerpo. Por eso el Señor, que es la sabiduría del Padre (1Cor. 1:24) y prevé todas las cosas, anticipándose a las artimañas del diablo, ordena a los hombres que corten de antemano las causas, para que no pensemos que son fácilmente perdonables las pequeñas cosas y caigamos miserablemente en los terribles y grandes pecados. Por eso dice: «Habéis oído que a los antiguos (es decir, aquellos que tenían la Ley) se les dio este y aquel mandamiento; pero yo os digo, etc.» (Mt. 5:21-22).

 

Aquél que se convierte en discípulo del santo Evangelio debe prestar atención a las enseñanzas del Salvador y ponerlas en práctica para liberarse de las trampas del enemigo, considerando los mandamientos como un gran honor y beneficio, porque con gran sabiduría pueden salvar la psique-alma. Los mandamientos (logos principios espirituales) son regalos de Dios, y muy razonablemente, como dice el hermano de Dios, «toda buena dádiva y todo regalo perfecto provienen de Dios» (Stg. 1, 17). Como dice también San Juan Damasceno: «Has mandado a Tu Madre, oh Cristo, para interceder bienaventuradamente por nosotros. Con sus oraciones, concédenos el Espíritu compasivo que transmite bondad, el cual viene del Padre a través de ti.»

 

Quien ha recibido el don o carisma de prestar atención a las Sagradas Escrituras, como dicen los Padres, encuentra todo bien escondido en ellas, como dice el Señor: “El que se ha hecho alumno en el reinado de la realeza increada de los cielos” (Mt. 13, 52), es decir, en la escuela divina y en la lectura de las Sagradas Escrituras.

 

Porque la Escritura revela otra cara a los demás hombres, incluso si piensan que saben, y otra a aquel que está dedicado a la oración continua, es decir, que tiene la noción de Dios en lugar de respiro en todo, aunque sea inexperto y falto de gnosis-conocimiento en los estudios de los hombres, como dice San Basilio el Grande. Dios se revela más bien en la sencillez y la humildad, como dice Juan Clímaco, y no en los esfuerzos y la sabiduría humana que quedan abolidas, se desecha. De hecho, Dios rechaza esto si no va acompañado de humildad, porque es mejor ser inexperto en palabras que en gnosis (conocimiento espiritual), según el Apóstol (2 Cor. 11, 6). Porque la gnosis-conocimiento espiritual es un don, mientras que el saber de las palabras es una enseñanza humana, al igual que las demás lecciones de este mundo, y no ayuda en absoluto a la salvación de la psique-alma. Esto es evidente por los helenos-griegos.

 

La lectura se realiza para que aquellos que conocen las cosas por experiencia recuerden y para que aquellos que no las conocen aprendan. Como dice San Basilio el Grande, cuando Dios encuentra el corazón limpio de todas las cosas y enseñanzas mundanas, escribe Sus propios dogmas (principios, leyes espirituales) como en una tabla en blanco. Esto lo digo para que nadie lea lo que no le gusta a Dios. Y si alguna vez leyó por ignorancia, que luche rápidamente por borrarlo de su memoria con la lectura espiritual de las Sagradas Escrituras, especialmente aquellas que le ayudan en la psicoterapia y salvación de su psique-alma, según la condición en la que ha alcanzado y se encuentre. Si aún es práctico, que estudie las vidas y logos de los Padres; si la χάρις jaris (gracia, energía increada) lo elevó a la divina-gnosis, conocimiento divino, que estudie todas las Sagradas Escrituras, porque puede, según el Apóstol, refutar todo lo que se exalta contra la gnosis-conocimiento de Dios y castigar toda desobediencia (2 Cor. 10, 5-6) con la práctica y la verdadera gnosis-conocimiento de los mandamientos dogmas (fármacos, principios espirituales) y doctrinas divinas de Cristo. Además de esto, que no lea nada más. ¿Qué necesidad hay en recibir un espíritu impuro en lugar del Espíritu Santo? Porque en lo que sea que uno lea, ese espíritu desea tener, aunque no parezca malo, como parece a aquellos que tienen experiencia.

 

24) La lectura según Dios

 

La lectura según Dios debe hacerse para que el νούς nus con la mente no se desvíe de un lado a otro. Esto es el principio de la salvación, porque el enemigo odia, como dice Salomón, el sonido que advierte de su venida (Prov. 11, 15). Así como la dispersión o alucinación o encantamiento de la διάνοια diania (intelecto, mente, cerebro) es el principio del pecado, como dice San Isaac. Aquel que quiere evitar completamente el pecado debe permanecer principalmente en su celda. Si es dominado por la negligencia, debe trabajar un poco, al igual que el impasible y el gnóstico/conocedor, para beneficio de los demás y para ayudar a los débiles y enfermos. Así lo hicieron los grandes Padres por consentimiento y por humildad, identificándose con los pasionales, para que pudieran tener a Dios en todas partes y pudieran dedicarse en la θεωρία zeoría contemplación según Dios, incluso en el trabajo manual y en el mercado, como dice San Basilio el Grande sobre los perfectos, que «ellos siempre están solos entre la multitud y con ellos mismos y con Dios». Aquel que no tiene todavía estas cosas, pero quiere divorciarse de la acedia y negligencia, debe rechazar toda relación con los hombres y el sueño excesivo y permitir que su cuerpo y psique-alma se derritan hasta que se cansen y se vayan, demostrando su paciencia en la incansable dedicación y lectura según Dios y en la oración pura. Porque cuando el enemigo ve que es capaz de lograr algo, continúa luchando; de lo contrario, se retira, ya sea completamente o temporalmente. Por eso aquel que quiere vencer a los enemigos debe tener mucha paciencia. Quien persevera hasta el final, ese será salvo (Mt. 10, 22). «Porque es propio de la obra de la justicia de Dios retribuir con sufrimientos a los que os hacen sufrir, y a vosotros, que sufrís, daros el descanso y la alegría en compañía nuestra, cuando Jesús, el Señor, aparezca desde el cielo con sus ángeles poderosos y la fuerza que el mismo los ha dado, entre llama de fuego increado, para atribuir castigo justo a los que no quieren conocer a Dios y no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús Cristo” (2Tes. 1, 6-7).

 

No es malo nada de lo que sucede según la voluntad de Dios, con humildad. Pero hay diferencias entre cosas y obras. Por lo tanto, todo lo que es más de lo necesario se convierte en obstáculo para aquel que quiere ser salvo, es decir, todo lo que no sirve para la salvación de la psique-alma, o para la vida física corporal. No son los alimentos, sino la gula lo malo; no es el dinero, sino el apego a él; no es el logos (hablar), sino la ociosidad y la charlatanería; no son los placeres y agradables del mundo, sino la incontinencia; no es el amor hacia los nuestros, sino el descuido que proviene de él en detrimento del agrado de Dios; no son las ropas, sino las superfluas y lujosas; no son las casas para evitar el frío, el calor y los enemigos, bestias y personas, sino casas de dos y tres plantas, grandes y costosas; ni el que uno tenga algo, sino no tenerlo para uso necesario; ni tener libros para los muy estudiosos, sino no tenerlos para la lectura según Dios; no son los amigos, sino los amigos que no causan beneficio psíquico y espiritual. No es mala la mujer, sino la lujuria, fornicación; ni es la riqueza, sino la avaricia; ni es el vino, sino la embriaguez; ni es la ira natural dada para el castigo del pecado, sino el uso de ella contra los semejantes; no es el poder, sino la ambición; ni es la gloria, sino la ambición, y peor que esta, la vanagloria; no es adquirir virtud, sino creer que se tiene; ni es la gnosis-conocimiento, sino creerse conocedor/gnóstico, y lo peor, no conocer la propia ignorancia; no es la gnosis-conocimiento verdadera, sino la falsa; ni es malo el mundo, sino los πάθος pazos; no es la naturaleza, sino las cosas contra natura; ni es la concordia, sino aquella que se hace para mal y no para la salvación de la psique-alma; no son los miembros del cuerpo, sino su mal uso.

 

Es decir, la vista no se hizo para desear aquello que no debemos, sino para ver las criaturas y glorificar al Creador, de modo que caminemos correctamente hacia lo que es beneficioso para nuestra psique-alma y nuestro cuerpo. Tampoco los oídos se hicieron para escuchar chismes, juicios malignos y tonterías, sino para escuchar el logos de Dios y los logos de los hombres, los cantos de los pájaros, etc., y glorificar a su Creador. El olfato no es para afeminar la psique-alma y debilitarla con perfumes, como dice san Gregorio el Teólogo, sino para respirar y recibir el aire que Dios nos concede y glorificarlo por ello, porque sin aire no puede vivir físicamente ni el hombre ni el animal.

 

Y admiro la sabiduría del Bienhechor, que las cosas más necesarias son fácilmente accesibles para todos, es decir, el aire, el fuego, el agua, la tierra. Y no solo estas, sino también aquellas que pueden salvar la psique-alma, las hizo más accesibles que otras cosas, mientras que las que condenan la psique-alma las hizo más difíciles. La pobreza, por ejemplo, salva más fácilmente la psique-alma, mientras que la riqueza se convierte en obstáculo para la psicoterapia, redención y salvación de muchos. Sin embargo, cualquiera puede encontrar la pobreza, mientras que la riqueza no está en nuestra mano adquirirla. Luego, el desprecio, la humildad, la paciencia, la obediencia, la subordinación, la continencia, el ayuno, la vigilia, el cortar de la voluntad propia, la enfermedad física, el agradecimiento en todas estas cosas, las tentaciones, las pérdidas, la privación de lo necesario, la abstinencia de los placeres, la desnudez, la paciencia y, en general, todas las obras que se hacen para Dios, son sin obstáculos y nadie las reclama, sino que más bien las cede a aquellos que desean tenerlas, ya sea que vengan voluntariamente o involuntariamente. Aquellas cosas que contribuyen a la pérdida de la psique-alma son difíciles de encontrar; como la riqueza, la gloria, el orgullo, la insolencia, el poder, el dominio, la incontinencia, la gula, la no aceptación, el hacer lo que uno quiere, la salud y la fuerza corporal, la vida sin dificultades, las ganancias, tener todo lo que uno desea, disfrutar de lo que produce placer hedonista, muchas y lujosas ropas y mantas, y similares, para las cuales hay mucho esfuerzo, escasa adquisición y beneficio transitorio. Y es grande la tristeza por estas cosas, pero pequeño el placer, porque tanto aquellos que las tienen como aquellos que no las tienen pero las desean, experimentan mucha aflicción y tristeza, aunque ninguna es mala, sino que es malo su uso indebido, como se dijo.

 

Así que nuestras manos y pies no nos fueron dados para robar, agredir y levantarlos contra los demás, sino para usarlos según Dios, para caridad hacia los pobres por los más débiles espiritualmente y psíquicamente para nuestra perfección y para ayudar a los necesitados, los más fuertes en psique-alma y cuerpo con la desapropiación y la imitación de Cristo y Sus santos discípulos, para glorificar a Dios y admirar la sabiduría que está escondida en nuestros miembros. Es decir, cómo estas manos nuestras y nuestros dedos pequeños están listos para cualquier ciencia y trabajo, escritura y arte por la providencia de Dios. De los cuales proviene la gnosis-conocimiento de los innumerables artes y escritos, de la sabiduría y de los medicamentos curativos, de las lenguas y de las diversas letras. Y en general, todas las cosas se han hecho y se hacen y se harán, nos han sido regaladas por infinita bondad y siempre se nos da para vivir físicamente y ser psicoterapiados y salvos psíquicamente, si las usamos según el propósito de Dios y glorificarLe con toda nuestra gratitud. De lo contrario, caemos y nos perdemos, y todo contribuye en tristeza y tribulación en esta vida presente, pero también al infierno eterno en el futuro, como se dijo anteriormente.

 

25) El verdadero discernimiento

 

Aquel que por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios ha recibido el don del discernimiento, debido a su gran humildad, tiene el deber de custodiar con toda su fuerza este don o carisma, para no hacer nada sin discernimiento, evitando pecar conscientemente por negligencia y provocar una mayor condena para sí mismo. Quien aún no ha recibido este don tiene el deber de no insistir en ningún sentido, concepto, logos o acción sin consultar a los expertos, y sin una fe cierta y una oración pura, sin las cuales no puede elevarse verdaderamente al discernimiento.

 

El discernimiento nace de la humildad y engendra la perspicacia, clarividencia, como dicen Moisés y Juan Clímaco, de modo que aquel que le posee pueda prever las intrigas ocultas del diablo y cortar las causas y motivos antes de que se manifiesten, como dice David: «Mis ojos vigilan a mis enemigos» (Salmo 53:9). Los signos del discernimiento son conocer verdaderamente las cosas buenas y las malas, así como conocer la voluntad de Dios en todos los asuntos. Los signos de la visión clara son conocer incluso los errores antes de que se lleven a cabo por la praxis y los que se producen por el engaño de los demonios.

 

Además, conocer los misterios escondidos en las Sagradas Escrituras y en las creaciones sensibles. El signo también tiene la madre de estas la humildad, como se mencionó anteriormente, y se conoce por ello. Es decir, si alguien es humilde, debe tener todas las virtudes y, sintiéndose en deuda, creer verdaderamente que es inferior a toda la creación. Pero si no se siente así, entonces solo eso es signo de que es peor que toda la creación, aunque parezca tener vida angelical. Porque el verdadero ángel, después de tantas virtudes y tanta sabiduría, no podía gustar y complacer al Creador sin humildad.

 

Entonces, ¿qué puede decir aquel que cree que es un ángel sin humildad, la cual es la causa de todos los bienes que existen o existirán? De aquí nace el discernimiento que ilumina los confines y sin el cual todo es oscuro. El discernimiento es también llamado luz, y por eso antes de cada logos, palabra y praxis, acción necesitamos esta luz, para ver el resto y admirar. Admirar también a Dios, quien el primer y principal día creó la luz (Génesis 1:3), para que no queden oscuras las cosas que vendrán después, como dice san Juan Damasceno.

 

Por tanto, la luz, como se dijo antes, es el discernimiento, del cual nace la perspicacia o clarividencia, que es lo más necesario de todos los carismas o dones. ¿Qué es ciertamente más necesario que ver los engaños de los demonios y vigilar y custodiar la psique-alma con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada)? Más necesario aún que todas las obras espirituales es la pureza de conciencia, dice el santo Isaac, y la santificación del cuerpo, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14), como dice el Apóstol Pablo.

 

26) Rechazo de la desesperación

 

Pero no debemos desesperar cuando no somos como deberíamos ser. Es ciertamente malo, oh hombre, que has pecado. Pero ¿por qué injustamente consideras a Dios incapaz debido a tu ignorancia? ¿Acaso no puede Él salvar tu psique-alma, Él que creó este vasto mundo que ves? Y si dices: «Este es probablemente mi condenación, junto con Su consentimiento», vuelve a la metania, arrepiéntete y Él acepta tu arrepentimiento, igual que del hijo pródigo (Lucas 15:20) y la prostituta (Lucas 7:47-48). Si no puedes hacer esto, pero pecas por hábito o adicción en cosas que no deseas, humíllate como el publicano (Lucas 18:13); esto es suficiente para tu salvación. Porque aquel que peca sin arrepentirse, pero no desespera, necesariamente se coloca por debajo de toda creación y no se atreve a juzgar ni acusar a ningún hombre. Más bien, admira la misericordia y filantropía de Dios y siente gratitud hacia el Bienhechor, y puede tener muchos otros bienes. Aunque sea esclavo del diablo por el pecado, sin embargo, por el temor a Dios, resiste al enemigo que lo empuja hacia la desesperación, y por eso está de alguna manera con Dios, si tiene gratitud, agradecimiento, paciencia, temor a Dios, y si no juzga a nadie para no ser juzgado (Mateo 7:1), lo cual es muy necesario.

 

Como dice Crisóstomo sobre el infierno o gehena, este nos beneficia casi más que el reinado de la realeza increada de los cielos; porque debido a él, muchos entran en el reinado de la realeza increada, mientras que pocos lo hacen debido a la misericordia y filantropía de Dios. Esto se debe a que el primero nos aleja con temor, mientras que el segundo nos abraza, y nos salvamos por ambos, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo. Así como aquellos que luchan contra muchos πάθος pazos, tanto psíquicos, espirituales como físicos corporales, son coronados si tienen paciencia y no entregan su libre albedrío por negligencia ni desesperan, así también aquel que alcanza la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego de los pazos) con seguridad, alivio y consuelo, cae rápidamente si no confiesa siempre las beneficencias por no juzgar a nadie. Si se atreve a hacer tal cosa, es como si demostrara que por su propio poder adquirió la riqueza de la απάθεια apázia, nos dice San Máximo. Y así como aquel que aún está con πάθος  pazos y carente de la luz de la gnosis-conocimiento corre un gran riesgo si es guía espiritual de otros, como dice san Juan Damasceno, así también aquel que ha recibido de Dios la απάθεια apázia y la gnosis-conocimiento espiritual, si no beneficia a otras psiques-almas.

 

Nada más beneficia al enfermo tanto como huir hacia la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz espiritual) y la tranquilidad, ni al pasional y carente de gnosis-conocimiento tanto como la subordinación. No hay nada mejor que conocer la propia debilidad e ignorancia, ni peor que ignorarlas. No hay otro πάθος pazos más odioso que el orgullo o soberbia, ni más ridículo que la avaricia, que es la raíz de todos los males (1Tim 6:10); y es ridículo porque los hombres que con mucho esfuerzo adquieren dinero hecho de metal terrenal, lo vuelven a esconder en la tierra, inútilmente. Por eso el Señor dice: «No acumulen riquezas en la tierra, etc.» y «donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mateo 6:19 y 21). Porque el hombre, con su νούς nus con la mente en las cosas que queda apegado mucho tiempo, en estas también es arrastrado por el hábito, ya sea en cosas terrenales, ya sea en πάθος pazos o bienes celestiales y eternos. El hábito, cuando se arraiga, adquiere la fuerza de la naturaleza, dice el Gran Basilio. Y cuando alguien está enfermo y débil, entonces debe prestar más atención al testimonio de su conciencia, para liberar su psique-alma de toda condenación, no sea que llegue al final de la vida y tenga que arrepentirse inútilmente y lamentarse eternamente. Por lo tanto, aquel que no puede soportar por Cristo una muerte sensible como Él, al menos debe soportar la muerte espiritual voluntariamente. Y será testigo ante su conciencia, al no someterse a los demonios y a los deseos y voluntades propias que lo combaten, sino vencerlos, como los santos Mártires y los santos Padres; porque los primeros sufrieron de manera sensible, mientras que los segundos lo hicieron espiritualmente. Por lo tanto, si uno se fuerza un poco, vence al enemigo; o si descuida un poco y se confunde, está perdido.

 

27) Corto camino hacia la adquisición de las virtudes y la abstención de los πάθος pazos

 

Nada más perturba y oscurece al νούς nus, dice el Gran Basilio, como la maldad o mala astucia, vileza, y nada ilumina el νούς nus tanto como la lectura en silencio. Nada conduce más rápidamente al dolor de la psique-alma que el recuerdo de la muerte. Nada lleva a un progreso más oculto que el auto reproche y el corte de las voluntades propias y deseos; ni a una pérdida más oculta que la presunción y el auto-gustarse. Nada provoca el alejamiento de Dios y el castigo del hombre más que el murmullo y la queja; ni facilita el pecado más que la confusión y la verborrea o charlatanería. No hay un camino más corto para adquirir la virtud que el aislamiento y la concentración del νούς nus. Ni para la gratitud y el agradecimiento que el estudio de las donaciones de Dios y nuestros propios pecados. Ni para el aumento de las beneficencias que su alabanza. Nada ofrece tan a menudo la salvación involuntaria como las tentaciones. Ni hay un camino más corto hacia Cristo, es decir, hacia la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y la sabiduría del Espíritu, que el camino real, es decir, aquel que en todas las cosas se aparta de los excesos y las deficiencias. Ni otra virtud puede cumplir tanto la voluntad divina como la humildad y el abandono de todo nuestro concepto y voluntad. Ni hay otro colaborador en toda buena obra como la oración pura. Ni hay otro obstáculo para la adquisición de las virtudes como la distracción y la alucinación o delirio de la διάνοια diania (mente, intelecto), aunque sea en un grado muy pequeño.

 

Cuanta más pureza tiene alguien, más parece que peca, porque ve. Y cuanto más peca, más se preocupa, aunque parezca que tiene pureza. Y de nuevo, cuanto más gnosis-conocimiento tiene, más parece como si no tuviera. Y cuanto menos conoce su ignorancia y su gnosis-conocimiento espiritual parcial, tanto piensa que es conocedor/gnóstico. Y el luchador cuanto más soporta las tribulaciones, tanto más vencerá al enemigo. Y cuanto mejor lucha uno para hacer algo en un día, tanto más debe a todos los días de su vida, dice San Marcos*. Es decir, si su fuerza y disposición son suyas, la χάρις jaris (gracia, energía increada) es de Dios. Y por eso, ya que pudo cuando vino la χάρις jaris (gracia, energía increada), ¿qué gloria y presunción puede tener este hombre? Porque piensa que puede hacer algo bueno solo y condena injustamente a aquellos que no pueden. Aquel que exige algo de su prójimo, es más justo que lo exija de sí mismo. Así como aquellos que pecan deben temer porque enojaron a Dios, así también aquellos que les cubrió y protegió la χάρις jaris (gracia, energía increada) debido a su debilidad y disposición hacia la desesperación, deben temer más porque deben mucho. Y cuanto mayor es el abismo de la ignorancia de las Escrituras, dice San Epifanio, tanto mayor es el mal de la transgresión voluntaria en conocimiento.

*226 capítulos,  cap-33-44, Filocalía tomo1 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-1-san-marcos-el-asceta/

 

Es más importante beneficiar a una psique-alma con el logos y la palabra que con la oración y tener paciencia cuando se es injustamente tratado por el prójimo, para no entristecer al que injustamente trata, sino para satisfacer su voluntad en su momento de turbación, como dice San Doroteo, y así levantar la carga de su prójimo por compasión por su psique-alma y orar por él, anhelando su salvación y cualquier otro bien, físico y psicológico. Y esta es la pura inocencia sin maldad, que hace la catarsis, purga y limpia la psique-alma y la eleva a Dios. Porque la terapia, “psicoterapia” del hombre es superior a cualquier trabajo y cualquier virtud. Ni hay una virtud más grande y perfecta entre las virtudes que la agapi-amor (desinteresado, altruista) al prójimo. El signo de esta agapi-amor no es solo que uno no tiene necesidad de lo que el otro tiene, sino que también soporta la muerte por él con alegría, según el mandato del Señor (Jn 15,13), y considerar estas cosas como un deber, y benditas. Porque cada uno debe amar al prójimo hasta la muerte, no solo porque tiene la misma naturaleza que él, sino también por la preciosa sangre que Cristo derramó por nosotros, que también dio el mandamiento de la agapi-amor incondicional al prójimo. No seas ególatra, egocéntrico, dice San Máximo, y serás amante de Dios; no busques excesivamente amar más a ti mismo, y serás amante del hermano. Por lo tanto, esta agapi-amor es causada por la esperanza. La esperanza es que uno crea firmemente con toda la mente e intelecto que seguramente alcanzará lo que espera. Y esto nuevamente nace de una fe segura, es decir, de no preocuparse en absoluto por su vida o su muerte, sino dejar toda preocupación a Dios, como dijimos antes para aquel que quiere alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) con los signos, en los cuales la fe es el fundamento. Quien tiene esta fe debe pensar que así como Dios creó todas las cosas y junto con ellas también a nosotros desde la inexistencia con la suma bondad, así seguramente economizará nuestra psique-alma y nuestro cuerpo, como Él conoce.

Cuarta centuria sobre la agapi-amor, cap.37 (Filocalía, tomo II, https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/

 

28) La adquisición de la verdadera fe

 

La verdadera fe es el fundamento de todos los bienes y la puerta de los misterios de Dios, y una victoria sin igual sobre los enemigos, y más necesaria que cualquier otra virtud, y alas de la oración, y residencia de Dios dentro de la psique-alma. Por eso, quien anhela adquirirla, tiene el deber de soportar todas las pruebas que le vienen de los enemigos y de los múltiples y variados pensamientos y conceptos, sobre los cuales nadie puede entender completamente, ni hablar de ellos, ni encontrarlos, excepto solo el inventor del mal, el diablo. Pero que ese hombre tenga valor; porque si vence las tentaciones que le llegan con tanta violencia y sostiene su νούς nus y mente para no ceder ante los pensamientos que brotan en su corazón, vencerá de una vez todos los πάθος pazos. Porque no es él quien venció, sino Cristo que vino en él con la fe. Para esos hombres, Cristo dice que «Si tuvieras fe como un grano de mostaza, etc.» (Lucas 17,6).

 

Pero incluso si su pensamiento se debilita y retrocede, que no se desanime, ni se desespere, ni crea que lo que se dice por el jefe y gobernante del mal, el diablo, proviene de su psique-alma. Sino que proceda con cuidado y paciencia en el trabajo de las virtudes según su capacidad y en la guardia de los mandamientos, con ησυχία hisijía (serenidad mental y paz del corazón) y dedicación a Dios y absteniéndose de pensamientos voluntarios, para que después de que el enemigo ponga en movimiento toda maquinación y fantasía de noche y de día, y vea que no presta atención a los juegos y engaños y a todos los conceptos con los que intenta asustarlo, ya que no son más que juegos falsos, se canse y se vaya. Y después de aprender por experiencia el trabajador de los mandamientos de Cristo la debilidad de su enemigo, ya no teme sus maquinaciones, sino que hace lo que quiere según la voluntad de Dios, porque con la fe se fortalece y es ayudado por Dios, en quien cree, como dijo el Señor: «Todo es posible para el que cree» (Marcos 9,23). Porque no es él quien lucha contra el enemigo, sino Dios que cuida de él a través de la fe, como también dice el Profeta: «Al Altísimo tienes tu refugio, etc.» (Salmo 90,9).

 

Un hombre así ya no se preocupa por nada en absoluto, porque sabe que «la caballería se prepara para la guerra, pero desde el Señor vendrá la victoria » (Prov 21,31), como dice Salomón. Y con la fe tiene valentía y se atreve a todo, como dice el santo Isaac: «Adquiera fe y con ella pisotearás a tus enemigos.» Porque no vive como autosuficiente, sino que es dirigido como una bestia por la voluntad de Dios, como dice el Profeta: «Me he convertido en una bestia delante de Ti y estoy contigo para siempre» (Salmo 72,22-23). «¿Quieres -dice al Señor- consolarme dándome tu gnosis-conocimiento? No me opongo. ¿Quieres nuevamente, por humildad, permitirme tener tentaciones? Estoy igualmente de acuerdo; no tengo nada mío que hacer. Sin Ti, no habría venido de la nada a la existencia, ni podría vivir, ni salvarme. Haz lo que quieras con Tu criatura. Creo que, como eres bueno, harás bien en mí de acuerdo con los modos de Tu divina economía, aunque aún no lo sepa que es para mi interés. Tampoco soy digno de saberlo, ni pido saberlo para tener consuelo; tal vez no me convenga. Ni me atrevo a pedir alivio de alguna guerra, aunque soy débil y todo me duele, porque no sé lo que me conviene. Tú conoces todas las cosas, y como sabes, haz; solo no que no fracase, pase lo que pase, pero sálvame, ya sea que lo quiera o no; y esto también si te gusta. Yo no tengo voluntad propia. Estoy delante de Ti como un inanimado. A mi psique-alma la confío en Tus manos no manchadas, tanto en esta vida como en la futura. Señor, tú puedes todas las cosas y conoces todas las cosas y quieres siempre mi salvación. Y esto es evidente por todas las beneficencias que has hecho y siempre haces para nosotros por la χάρις jaris (gracia, energía increada), abiertamente y en secreto, tanto las que conocemos como las que no conocemos, y por Tu incomprensible condescendencia hacia nosotros, Hijo y Logos de Dios. Pero quién soy yo para atreverme a mencionarte, a Ti que conoces los corazones? Pero digo estas cosas para darme cuenta a mí mismo y a mis enemigos de que a Ti recurro, el puerto de mi salvación. He aquí aprendí de Tu χάρις jaris (gracia, energía increada) que Tú eres mi Dios, y ya no me atrevo a decir mucho, pero solo quiero presentar mi νούς nus (espíritu de la psique) ante Ti, lento, sordo y mudo. No soy yo, Tu χάρις jaris (gracia, energía increada) trabaja todo. Porque no conozco haber hecho ningún bien, sino multitudes de males, y por eso caigo ante ti con la forma de un siervo, porque me has digno de estar en μετάνοια metania continua, a arrepentirme y porque soy Tu siervo y el hijo de Tu sierva (Salmo 115,7). Pero no me dejes, mi Señor, mi Señor Jesús Cristo, mi Dios, hacer o decir o pensar lo que no quieres, porque tengo suficiente con la multitud de mis pecados anteriores; como quieras, ten misericordia y compadécete de mí. He pecado, ten misericordia de mí como conoces. Creo, Señor, que escuchas esta voz mía tan miserable. Ayúdame en mi incredulidad (Marcos 9,24), Tú que me has dado la vida y me has considerado digno de ser cristiano. Lo considero muy grande, como dice Juan Carpatios *, que me llamaste a ser monje y cristiano. Como dijiste, Señor, a uno de tus siervos: «Es un honor para ti ser llamado por Mi nombre» (Isaías 49,6). Esto es mejor para mí que todos los reinos de la tierra y del cielo, solo no quiero fallar en ser llamado por Tu dulce nombre. Muy misericordioso Señor, te doy gracias, etc. *, como hemos escrito antes.

* Hacia los monjes de la India, cap. 44 Filocalía, tomo I, https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-i-san-juan-el-carpathios100-capitulos-consoladores-para-los-monjes-de-la-india-y-logos-complementario/

 

«Así que, como algunas lecturas son adecuadas para la práctica y otras son palabras, lágrimas y oración, así también esta fe es diferente de la primera que engendra la ησυχία hisijía (serenidad y paz cordial). Porque aquella es fe de oídas, mientras que esta es contemplativa, como dice San Isaac, y la contemplación es más segura que el oír. De esta gnosis-conocimiento natural nace la primera y común fe de los ortodoxos, de la cual nace la dedicación solo según Dios, como dijimos, el ayuno, la vigilia, la lectura, el canto de salmos, la oración y la pregunta a los expertos. Y de todas estas nacen las virtudes de la psique-alma, es decir, la aplicación y cumplimiento de los mandamientos y el arreglo de las conductas morales, de las cuales nace la gran fe, la esperanza y la agapi-amor perfecta, que arrebata el νούς nus (espíritu de la psique) hacia Dios, como dijimos, durante la oración, cuando uno se une a Dios espiritualmente, como dice San Nilo.

 

Las palabras de la oración se escribieron una vez, para que quien quiera mantener su νούς nus con la mente fija ante la Santa y Vivificante Trinidad siempre dirija la misma oración, creyendo que está siendo visto por Ella, aunque es completamente imposible que él mismo vea el más mínimo detalle; que tenga su νούς nus con la mente amorfo, deforme, incoloro, imperturbable, inatento, inmóvil, incorpóreo, no encontrándose en nada de lo que se piensa y se entiende en la creación, sino que, en una paz profunda y perfecta serenidad, converse con Dios y tenga solo Su santa memoria, hasta que alcance la captura del νούς nus y sea digno de decir la oración del Señor como debe ser, como hicieron San Filemón*, Santa Irene junto con los santos Apóstoles, Mártires y Santos. Lo que es fuera de esto es una ilusión engañosa causada por el orgullo. Porque lo divino es indefinible e inconcebible, y el νούς nus que está concentrado en sí mismo debe ser así, para ser digno de ser visitado por el Espíritu Santo. Porque, como dice el Apóstol, no caminamos por sentido, sino por fe (2 Corintios 5,7). Por eso debemos dedicar mucho tiempo al ejercicio, para que el νούς nus debido a la prolongada dedicación y por el hábito, sea atraído con anhelo hacia lo divino. Porque si el νούς nus no encuentra algo superior a las cosas sensibles, no dirigirá su deseo hacia ello y no dejará lo que se ha acostumbrado por el uso frecuente. Así como los filántropos y los impasibles no son perjudicados por las cosas de la vida, porque las manejan bien, así también son aquellos que tienen grandes dones o carismas, porque atribuyen a Dios sus logros.

*Filocalía tomo 2 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-2-logos-sobre-el-abad-filemon/

 

29) La ησυχία hisijía es más beneficiosa para los pasionales con pazos

 

La ησυχία hisijía (serenidad y paz cordial) y la evitación de cosas y personas son beneficiosas para todos, pero especialmente para los pasionales y débiles. Por supuesto, el νούς nus no puede volverse impasible, sin pazos solo con el ejercicio práctico, si no tiene sucesivas contemplaciones espirituales. Tampoco la distracción y ser encargado de los demás pasan sin daño, si uno no adquiere primero απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) mediante la evitación. La preocupación por la vida y la confusión generalmente dañan incluso a los perfectos y a los impasibles sin pazos. Como dice San Juan Crisóstomo, ningún beneficio proviene del trabajo humano sin la ayuda celestial. Tampoco la ayuda celestial viene al que carece de predisposición y buena voluntad. Necesitamos ambos, tanto la ayuda divina como del trabajo humano, tanto de la praxis, acción como la gnosis-conocimiento, tanto el miedo como la esperanza, tanto el luto o duelo (según Dios) como el consuelo, tanto la timidez como la humildad, tanto el discernimiento como la agapi-amor amor. Por eso, dicen, todas las cosas de la vida son duales: día y noche, luz y oscuridad, salud y enfermedad, virtud y maldad, facilidad y dificultad, vida y muerte. Y de las primeras los débiles aprenden a amar a Dios, y de las segundas evitan el pecado por temor a las tentaciones. Los fuertes, por otro lado, debido a todos, aman a Dios como Padre, reconociendo que todo es muy bueno (Génesis 1,31), y Dios administra nuestras vidas para nuestro beneficio. Y de las cosas fáciles y agradables se contienen, mientras desean las difíciles, porque saben que con las primeras se vivifican cuerpos para la doxa-gloria del Creador, mientras que con las segundas las psiques-almas serán ayudadas a ser salvadas por la inefable misericordia de Dios.»

 

Los seres humanos se distinguen en tres estados espirituales: esclavos, asalariados e hijos. Los esclavos no aman el bien, pero por temor a los infiernos evitan el mal. Esto, dice San Doroteo, ciertamente es bueno, pero no es agradable. Los asalariados aman el bien y odian el mal, pero con la esperanza de recibir salario. Los hijos, por último, siendo perfectos, no evitan el mal por temor al castigo, sino que lo detestan y lo odian intensamente; no hacen el bien con la esperanza de ser recompensados, sino que lo consideran como su deber. Y aman la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), porque es imitación a Dios y causante y receptora de Su residencia; por ella se apartan de todo mal, incluso si no hay amenaza alguna. Pues si alguien no se hace impasible, sin pazos, Dios Santo no le envía el Espíritu Santo, para que no caiga de nuevo en los πάθος pazos , arrastrado por el hábito, haciéndose así culpable por la infusión del Espíritu Santo y tiene mayor condena. Pero cuando por la costumbre de la virtud ya no tiene amistad con los enemigos, ni es arrastrado por el mal hábito de los πάθος pazos, entonces se convierte en partícipe de la χάρις jaris (gracia, energía increada) y permanece sin censura al recibir el don o carisma.

 

Por eso dice san Juan Clímaco, que Dios no nos revela Su voluntad para que no la desobedezcamos después de conocerla, y así seamos condenados más severamente; aunque como niños no conocemos la infinita misericordia de Dios hacia nosotros, los ingratos. Aquel, dice que quien quiera conocer la voluntad de Dios tiene el deber de morir para el mundo y para sus propias voluntades con respecto a todas las cosas. Por eso no debe nadie hacer lo que provoque dudas, ni considerarlo bueno, a menos que no pueda vivir ni ser salvo sin ello. Entonces para asegurarse debe preguntar a los experimentados, con fe segura y oración, si aún no tiene la perfecta απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) que hace la psique-alma fuerte e invencible en toda buena obra. Así que la guerra es grande, pero el hombre se mantiene ileso. Porque el Señor dice: “Mi potencia y fuerza se manifiesta en la plenitud de la debilidad” y el Apóstol Pablo continúa: “Por esta tentación y sufrimiento rogué tres veces al Señor que retirase de mí esta espina, y el Señor me dijo: «Te basta mi χάρις-gracia, energía increada, porque mi dinamis la potencia de mi energía increada se ve más perfecta mediante la enfermedad o debilidad humana por las grandes obras admirables que logra». Muy gustosamente, pues, continuaré gloriándome y jactándome en mis enfermedades y debilidades, de modo que permanezca humilde, para que habite en mí la dinamis increada de Cristo. Por lo cual me complazco y siento el gozo y la alegría interior en las enfermedades, en los oprobios, en los insultos, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por Cristo; pues cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte” (2 Cor 12:9-10). Porque no es bueno que alguien esté sin luchas. Como dice Juan Clímaco, los demonios muchas veces retroceden por diversas razones, para tenderle una trampa al hombre, para hacerlo orgulloso, dejándole el engreimiento u otro mal, y se contentan con esto, porque puede compensar todos los demás πάθος pazos (vicios, pasiones, emociones, apegos, patologías, etc.).

 

Los Padres, como dice el libro Gerontikón, guardaron los mandamientos, y otros después de ellos los escribieron, pero nosotros lo que escribieron los guardamos en los armarios. O incluso si los leemos y no nos tomamos el tiempo de entender lo que se dice y ponerlo en práctica, sino que lo leemos como una tarea secundaria, o pensamos que estamos haciendo algo grandioso y nos enorgullecemos; o más bien, ignoramos que probablemente nos espera condenación si no lo hacemos, como dice Crisóstomo. Y el Señor dice: “A quien se le ha dado mucho, mucho se le pedirá” (Lucas 12:48). Así que la lectura y la gnosis-conocimiento son buenos, pero cuando conducen a una mayor humildad. Lo mismo sucede con el consejo, cuando uno no examina la vida de su maestro, como dice el Teólogo: “No investigues la credibilidad de aquel que te enseña o te predica”. Y como dice el Señor: “Todo lo que os digan los sacerdotes” (Mateo 23:3). El que pregunta no sufre en absoluto por las acciones de aquel que le enseña, pero tampoco se beneficia, si no hace lo que se le enseña. Más allá de eso es antinatural y merece condenación. Como dice San Efstratio, Dios, siendo bueno y justo como es, con su bondad nos regala todo bien cuando tenemos gratitud, usando como un conducto justo nuestra gratitud. Pero cuando somos ingratos, entonces caemos del bien, según el justo juicio de Dios. Así que la bondad y la justicia de Dios causan todo bien en nosotros cuando actuamos según la naturaleza; pero cuando hacemos mal uso, causan infierno eterno.

 

30) La verdadera μετάνοια metania es un gran bien.

 

Sin embargo, si alguien lo desea, puede comenzar de nuevo con la μετάνοια metania. “¿Caíste?” dice un santo, “Levántate. ¿Caíste de nuevo? Levántate de nuevo, sin desesperar por tu salvación pase lo que pase. No te entregues voluntariamente al enemigo; tu paciencia, tu autocrítica y auto-reproche son suficientes para salvarte’.”’Nosotros también éramos una vez necios”, dice el Apóstol Pablo, “solíamos seguir nuestros deseos, etc.” (Tito 3,3). Por lo tanto, no te desesperes en absoluto, ignorando la ayuda de Dios, porque Él puede hacer lo que quiera. Pero espera en Él y Él hará una de las siguientes cosas: o causará tu corrección a través de pruebas y otros medios que Él conoce, o aceptará tu paciencia y humildad en lugar de otro trabajo espiritual, o a través de la esperanza encontrará alguna otra manera amorosa de salvar tu psique-alma que no tiene franqueza y confianza. Simplemente no abandones al Médico o Psicoterapeuta, porque entonces sufrirás una doble muerte injustamente, porque no conoces el propósito oculto de Dios.

 

Como dijimos sobre la gnosis-conocimiento, ahora diremos sobre la praxis-acción. Cada acción corporal y psíquica pasa por seis trampas: derecha e izquierda, es decir, entre el exceso y la falta de esfuerzo, arriba y abajo, es decir, entre la arrogancia o altanería y la desesperación; internamente y externamente, es decir, entre la cobardía y el coraje o valor. En medio de estas seis trampas está la labor medida que se realiza con humildad y paciencia.

 

Uno debe admirar al νούς nus humano, cómo cambia en su interior todas las criaturas según lo desea, aunque ellas sean invariables y permanezcan exactamente iguales para otros. Y por eso no todos tenemos la misma disposición y ánimo hacia los seres, pero cada uno maneja las cosas como quiere, ya sea correctamente, ya sea malamente; las cosas sensibles con la obra, las espirituales inteligibles con el logos, la lógica y la reflexión.

 

Creo que en cuatro consideraciones, contemplaciones o estados se clasifican todos los hombres, como los llama el Teólogo. Algunos están bien y buenos tanto en este mundo como en el futuro, como todos los Santos y aquellos que se hicieron impasibles, sin pazos. Otros son buenos solo aquí, porque se benefician espiritual o físicamente sin merecerlo, porque no tienen gratitud al Bienhechor, como el rico de la parábola y sus semejantes. Otros son castigados solo aquí; es decir, aquellos que han estado enfermos durante mucho tiempo, como ese paralítico y aquellos que aceptan las tentaciones voluntariamente, agradeciendo a Dios. Otros son infernados aquí y allá, como aquellos que son tentados y molestados por sus propias voluntades, como Judas y sus semejantes. Y de nuevo, cuatro disposiciones tienen para las cosas sensibles. Algunos odian las obras de Dios, como los demonios, y desde su mala voluntad e intención las acusan. Otros las aman como cosas buenas, pero con envidia, como los animales insensatos, y no se ocupan nada por la contemplación natural o la gratitud de Dios. Otros, como seres humanos, según la naturaleza y la gnosis-conocimiento espiritual y la gratitud, utilizan todas las cosas con templanza y moderación. Finalmente, otros, de manera que excede la naturaleza, como los ángeles, consideran todas las cosas para la doxa-gloria del Creador y utilizan solo las cosas necesarias para su vida, como dice el Apóstol Pablo (1Tim 6,8).

 

31) Beneficencias generales y especiales de Dios

 

Por eso tenemos el deber de agradecer siempre a Dios todos los hombres, por Sus beneficios, generales y especiales, psíquicos y físicos. Los generales son los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego) y todo lo que proviene de ellos, y todas las cosas maravillosas y magníficas de Dios contenidas en las Sagradas Escrituras. Los especiales son los que Dios ha dado particularmente a cada uno; ya sea riqueza para la caridad, pobreza para la paciencia con gratitud, poder para impartir justicia y fortalecer la virtud, subordinación y esclavitud para la salvación inmediata de la psique-alma, salud para ayudar a los necesitados y para una obra agradable, enfermedad para la corona de paciencia, gnosis-conocimiento y fuerza para adquirir virtudes, debilidad e ignorancia para la subordinación con ησυχία hisijía (serenidad mental y paz del corazón) y humildad y evitación de las cosas, privación involuntaria de propiedad para la salvación voluntaria y ayuda a aquellos que no pueden alcanzar la perfección de la desapropiación o pobreza, o al menos para la caridad, ya sea comodidad y prosperidad, para el esfuerzo voluntario y trabajo en el campo de las virtudes, para que podamos hacernos impasibles sin pazos y salvar otras psiques-almas, o tentación y dificultad para salvar a aquellos que no quieren, pero que no pueden cortar sus voluntades, o para la perfección de aquellos que pueden soportar pacientemente con alegría.

 

Todas estas cosas y realidades mencionadas anteriormente, aunque sean contradictorias entre sí, son muy beneficiosas cuando se enfrentan adecuadamente; pero cuando no se enfrenta como se debería, no son buenas, sino más bien perjudiciales para la psique-alma y el cuerpo. Lo mejor de todo es la paciencia en las tribulaciones y aflicciones. Aquel que ha sido digno de poseer este gran don debe agradecer a Dios, porque ha sido más beneficiado que todos; se ha convertido en imitador de Cristo y de Sus santos Apóstoles, Mártires y Santos, porque ha recibido gran fuerza y gnosis-conocimiento de Dios para abstenerse voluntariamente de los placeres hedonistas, las cosas agradables y preferir más bien lo difícil, renunciando a sus propias voluntades y deseos y rechazando cualquier pensamiento que no esté de acuerdo con la voluntad de Dios, para siempre hacer y pensar lo más gustado a Dios. Y aquellos que han sido guiados a manejar las cosas según su naturaleza deben agradecer mucho a Dios con gran humildad, porque han sido liberados de lo contra natura y de la violación de los mandamientos, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios. Nosotros, sin embargo, que aún somos pasionales con pazos y hacemos mal uso de las cosas, porque actuamos contra natura, debemos agradecer mucho al Bienhechor con toda nuestra gratitud y admirar Su paciencia inefable, porque aunque desobedecemos Sus mandamientos y hacemos mal uso de las cosas, y rechazamos Sus dones, soporta nuestra ignorancia y sigue beneficiándonos, esperando nuestro vuelta a la μετάνοια metania, arrepentimiento y conversión hasta nuestra última respiración. Así que todos debemos agradecerle, como está escrito: “Dad gracias a Dios en todo” (1Tesalonicenses 5:18). Y de esto se cumplirá otra enseñanza del Apóstol Pablo: “Orad sin cesar” (1Tes 5:17), es decir, tener la memoria de Dios en todo tiempo, lugar y circunstancia. Cualquier cosa que uno haga, debe recordar a Su Creador en cada cosa. Por ejemplo, si ves la luz, no olvides a Aquel que te la regaló. Si ves el cielo y la tierra, el mar y todas las criaturas, admira y glorifica a Su Creador. Si llevas ropa, reconoce a Aquel que te la dio y alábalo por proveer para tu vida. Y en general, que cada movimiento sea una oportunidad para glorificar a Dios; así, orad sin cesar. Y por todas estas cosas la psique-alma siempre se regocija, como dicen los logos del Apóstol Pablo: “Estad siempre alegres, pase lo que pase en vuestras vidas. Orad sin cesar. Dad gracias a Dios en todo, bueno o malo, porque esta es la voluntad de Dios, tal y como lo ha manifestado Jesús Cristo en vosotros mediante nuestro kerigma. No apaguéis el Espíritu y sus carismas, que son luz increada y fuego increado (de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo). No despreciéis las profecías que el Espíritu Santo apocalipta-revela mediante los santos. Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno. Evitad toda clase de mal, de mala astucia. Y el Dios fuente y donador de la paz os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, espíritu-nus, psique-alma y cuerpo, sean conservados irreprochablemente para la venida de nuestro Señor Jesús Cristo. El Dios que os ha llamado es leal y cumplirá su promesa, de esto estoy seguro” (1Tes 5:16-24). Porque el recuerdo de Dios alegra la psique-alma, como dice San Doroteo, trayendo como testigo al rey David que dijo: “Pensé en Dios y me alegré” (Salmo 76:4).

 

32) Dios ha hecho todo para nuestro beneficio.

 

El Dios ha hecho todo para nuestro beneficio. Los ángeles nos guardan y nos enseñan, los demonios nos prueban para humillarnos y llevarnos a Dios. Y así nos salvamos y nos liberamos del orgullo y la negligencia por el temor de las tentaciones. Y, de nuevo, de las cosas placenteras del mundo, como la salud, la prosperidad, la fuerza, el descanso, la alegría, la luz, la gnosis-conocimiento, la riqueza, el progreso en todo, el estado de paz, el disfrute del honor, el poder, la abundancia y todo lo que se considera bueno en esta vida, somos llevados a gratitud y agradecimiento al Bienhechor, y a amarLo y hacer el bien en la medida de lo posible, como un deber natural por Sus donaciones, pensando que Le recompensaremos supuestamente con buenas obras, aunque esto no sea posible, simplemente aumenta la deuda hacia Él. Ahora, de aquellos que se consideran desagradables, como la enfermedad, la dificultad, el trabajo, la debilidad, la pena no deseada, la oscuridad, la ignorancia, la pobreza, la desgracia en todo, el temor de la privación, el deshonor, el agotamiento, la privación de las cosas necesarias, la enfermedad y todo lo contrario a los placeres y las cosas agradables mencionados anteriormente, llegamos a la paciencia, la humildad y la buena esperanza para el futuro. Y no solo eso, sino que también en el presente siglo nos causan gran consuelo. Por lo tanto, Dios ha economizado y dispuesto todo para nosotros de manera maravillosa con Su inefable e inexpresable bondad.

 

Quien desee conocer estas cosas y poseerlas como es debido, que luche por adquirir las virtudes, para que todo lo que hemos mencionado lo acepte con gratitud, tanto lo bueno como lo que parece malo, y esté imperturbable, en ataraxia y en paz en todo. Y no solo eso; sino también cuando los demonios le presenten un pensamiento orgulloso para hacerlo vanagloriarse, entonces debe recordar los pensamientos viles que le presentaban antes y vencer el pensamiento, y terminar en humildad. Y al contrario, cuando los demonios le presenten un pensamiento vil y asqueroso, entonces debe recordar el pensamiento orgulloso anterior y vencerlo. Así, con la memoria, debe hacer que un pensamiento venza al otro, con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada). Así nunca caerá en desesperación por los pensamientos viles y repugnantes, ni en la arrogancia por la gran idea de sí mismo; sino que cuando el νούς nus se eleve, buscará humildad, y cuando los enemigos lo humillen, se elevará hacia Dios con esperanza, para no perturbarse nunca ni caer, ni desesperarse nuevamente por cobardía, hasta su último aliento. Y este es el gran trabajo del monje, como dice el libro Gerontikón. Por lo tanto, cuando los enemigos presenten desesperación, él presenta esperanza; y cuando ellos le presentan arrogancia, él contrapropone humildad, sabiendo que nada en esta vida es absolutamente inmutable. Quien persevera hasta el final, será salvo (Mateo 10:22).

 

Pero aquel que quiere que las cosas sean como le gustan, no sabe hacia dónde camina, sino que es como un ciego que es llevado por cualquier viento, y cualquier cosa que venga lo domina completamente. Como un esclavo teme las cosas desagradables y es arrastrado como un prisionero por el orgullo. Por la alegría sin razón, piensa que tiene aquellas cosas que nunca ha aprendido qué son ni de dónde provienen. Y si dice que lo sabe, entonces está aún más cegado; porque esto es consecuencia de no autocriticarse, auto-inspeccionarse y acusarse a sí mismo. Esto se llama gustarse a sí mismo o egolatría y perdición invisible, como dice San Macario* en la narración del monje que fue a la perdición, después de ver la Jerusalén celestial mientras oraba con otros hermanos y su νούς nus fue captado; porque creyó que había logrado algo en lugar de haber asumido una deuda mayor. Así como los exageradamente pasionales con pazos no conocen lo obvio para muchos, debido a la oscuridad de los πάθος pazos, de la misma manera, los impasibles sin pazos conocen lo que muchos ignoran debido a la pureza de su νούς nus.

*Ver en este mismo tomo 3, cap 82 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-3-san-macario-el-grande-parafrasis-de-san-simeon-el-traductor-de-los-50-logos-en-150-capitulos/ .

 

33) El logos de Dios no es πολυλογία polilolighía charlatanería y palabrería.

 

El logos de Dios, dice San Máximo*, no es charlatanería y palabrería. Aunque todos los hombres digamos muchos logos y palabras, no habremos completado ni una sola palabra y logos de Dios. Por ejemplo, Dios dijo: «Amarás al Señor tu Dios con toda tu psique-alma y corazón, etc.» (Deut. 6,5; Mat. 22,37). ¿Cuánto no han dicho y escrito los Padres, y todavía dicen y escriben, sin haber agotado este único precepto? Porque «con toda tu psique-alma», como dice San Basilio el Grande, significa no amar nada más junto con Dios. Porque si uno ama su propia psique-alma, no ama a Dios con todo su psique-alma y corazón, sino solo con la mitad. Entonces, si amamos a nosotros mismos y a innumerables otras cosas, ¿cómo podemos amar a Dios o atrevernos a decirlo? Lo mismo ocurre con el amor al prójimo. Si no rechazamos nuestra vida temporal, e incluso quizás la futura, por amor al prójimo, como Moisés y el apóstol Pablo, ¿cómo podemos decir que amamos a nuestro prójimo? Moisés dijo a Dios sobre el pueblo: «Si quieres perdonarles sus pecados, perdónalos. Si no, bórrame a mí del libro de la vida en el que me has escrito» (Éx. 32,32). Y el Apóstol Pablo dijo: «Yo mismo desearía ser separado de Cristo, etc.» (Rom. 9,3-4). Es decir, rogaba perderse a sí mismo para que los demás, los israelitas, que incluso buscaban matarlo, fueran salvados.

* Filocalía, tomo II Segunda centuria sobre la teología, cap. 20: 20. Cada logos increado de Dios no requiere muchas palabras, ni charlatanería, sino que es uno y está compuesto de distintas consideraciones (o conceptos), y cada una de estas es elemento y parte del Logos (increado). De modo que, quien habla por la verdad, aunque lo diga todo sin dejar nada, un logos de Dios habrá dicho. https://www.logosortodoxo.com/filocalia/200-capitulos-a-thalasio-sobre-la-teologia-y-la-economia-de-la-encarnacion-del-hijo-de-dios/

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Así son las psiques-almas de los Santos; aman a sus enemigos más que a sí mismos, de modo que en este siglo y en el venidero prefieren en todo al prójimo, incluso si por su mala disposición es enemigo de ellos, sin buscar recompensa de aquellos a quienes aman, sino que se alegran como si recibieran cuando lo dan todo a los demás, para agradar al Benefactor e imitar, en la medida de lo posible, Su filantropía (amistad al hombre), porque Él es bueno con los ingratos y pecadores (Luc. 6,35). O mejor dicho, cuanto más se digne alguien a tener estos dones, carismas, tanto más debe considerarse deudor ante Dios, que lo elevó de la tierra y dignificó el polvo para imitar en parte al Creador y Dios. Porque soportar las injusticias con alegría, beneficiar a los enemigos sin rencor ni maldad, sacrificar la vida por el prójimo y cosas similares, son dones o carismas regalados de Dios y se otorgan a quienes tienen la buena disposición y buena voluntad para aceptarlos y trabajarlos con esmero y guardarlos, como dijo Dios a Adán (Gén. 2,15), para que los dones o carismas regalados permanezcan en ellos con gratitud hacia el Benefactor. Porque nunca adquirimos ningún bien por nosotros mismos, sino que todos los bienes nos son dados por Dios por la χάρις jaris (gracia, energía increada) como el ser del no-ser. «¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios?» dice el Apóstol Pablo. Y ya que lo que tienes lo has recibido de Dios, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido (1 Cor. 4,7), sino como si lo hubieras logrado tú mismo? -lo cual es imposible, ya que el Señor dijo: «Sin mí no podéis hacer nada» (Juan 15,5).

 

34) La salvación es imposible sin humildad

 

No sé si es posible, debido a la gran oscuridad de los πάθος pazos (vicios, pasiones, emociones, apegos, patologías, etc.), llegar a una necedad tan grande que alguien piense que es igual a los ángeles, y aún mayor, debido a la falta de humildad, la misma que perdió el antiguo eosforos lucero (portador de luz) y sin otro pecado se convirtió en oscuridad. Entonces, ¿qué le pasará a aquel que no tiene humildad, el mortal, el polvo, por no decir el pecador? Quizás porque está ciego, no cree que es un pecador. Es absolutamente necesario -dice San Juan Crisóstomo- que el hombre perfecto se haga igual a los ángeles, como dice el Señor, en la resurrección de los muertos, por supuesto, y no en este mundo; pero ni siquiera entonces dijo que se convertirán en ángeles, sino iguales a los ángeles (Luc. 20,36). Porque, dice, los hombres no podrán cambiar su naturaleza en angelical, sino que se harán como los ángeles, inmutables en el bien, por χάρις jaris (gracia, energía increada) y libres de toda necesidad, y tendrán el poder de libre albedrío y el gozo y la agapi-amor inacabables hacia Dios y todo lo que ojo humano no ha visto, etc. (1 Cor. 2,9). Aquí es imposible que alguien se haga perfecto, simplemente recibe un anticipo de los bienes prometidos.

 

Así como los que no tienen dones, carismas divinos deben humillarse como pobres, lo mismo deben hacer aquellos que los tienen, porque los recibieron de Dios, para no ser condenados por ingratitud. Y así como los ricos deben agradecer a Dios por los bienes que les ha dado, también los ricos en virtudes deben agradecer mucho más.

 

Y así como los pobres deben agradecer a Dios y amar a aquellos que los benefician generosamente, porque son beneficiados por ellos, también los ricos mucho más, porque se salvan tanto en este mundo como en el venidero con la caridad y la misericordia. Porque sin los pobres, los ricos no pueden salvarse, ni tampoco pueden escapar de las tentaciones de la riqueza. Y así como los estudiantes deben amar a sus maestros, así también los maestros a sus estudiantes, y reconocer ambos las beneficencias y bendiciones de Dios, quien da a todos la gnosis- conocimiento y todo cualquier otro bien, por los cuales todos debemos siempre agradecerle. Mucho más aquellos que hemos sido fortalecidos para regresar al estado original del bautismo divino con la μετάνοια metania y arrepentimiento, sin el cual nadie puede salvarse. Porque el Señor dijo: «¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» y no hacéis lo que os digo?» (Luc. 6, 46).

 

Sin embargo, que nadie insensato, al escuchar estas palabras del Señor, piense que si no invoca al Señor es irreprochable. Es lo contrario; se condena más, como dice el Señor: “Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué se hará con el seco?’ (Lucas 23:31). Y Salomón dice: “Si apenas se salva el justo, ¿dónde aparecerá el impío y el pecador?” (Prov 11:31). Tampoco, al ver que es dificultoso cumplir con los mandamientos divinos, debe desesperarse y condenarse peor que el suicida. Más bien, debe admirar las Sagradas Escrituras y los mandamientos, cómo de aquí y de allá empujan al hombre hacia el perfeccionamiento, para que no pueda escapar del bien buscando comodidad en lo peor, pero apenas quiera hacer algo así, se encuentra con todos los males delante y se vuelve hacia el bien, así como Dios administra su filantropía de manera admirable. Esto para que cada hombre se perfeccione de alguna manera y sin querer, aunque sea independiente. Sin embargo, los agradecidos se esfuerzan más, ansiosos por las beneficencias y bendiciones, como aquellos que cruzaron el río mientras dormían, como dijo el santo Efrén.

 

Por esto dice el santo Isaac, Dios da muchas tribulaciones para que le temamos y busquemos refugio en Él. Aquel que no lo entiende y lo critica malamente por amargura y amor al placer hedonista, se mata a sí mismo y se destruye; ya que después de tomar armas contra los enemigos, las usa para sacrificarse a sí mismo. Dice el gran Basilio que así como Dios, siendo bueno, desea beneficiar a todos, también el diablo, siendo malo, desea arrastrar a todos a su maldad e insidia, aunque no puede. Y así como los padres amantes de los hijos los reprenden con amenazas cuando hacen cosas irracionales, actuando con amor y cariño hacia ellos, así también Dios permite las tentaciones como un bastón que hace que los dignos retornen de las voluntades del diablo. Quien duda en usar el bastón, odia a su hijo, pero quien lo ama, lo disciplina y lo educa con cuidado (Prov 13:24). Sin embargo, nosotros, que somos amantes del placer hedonista, ególatras y egocéntricos y buscamos peligro desde ambos lados, -aunque para los amantes de Dios es más probable que sea la salvación-, es decir, de las tentaciones por concesión y permiso de Dios, y de la caída en la perdición que proviene de la soberbia u orgullo y del alejamiento de Dios, como hijos que se educan, pero no nos matan, “cual moribundos, bien que vivamos; cual castigados, mas no muertos hasta ahora (2 Cor 6:9), debemos elegir lo más ligero. Porque es mejor soportar con paciencia las aflicciones y tribulaciones, refugiarse en Dios, que por el miedo de los peligros resultar en la recaída de Él y caer en las manos del diablo, lo que resultará junto con él a la destrucción eterna, o más bien, el infierno. Porque una de las dos cosas sucederá, o soportaremos las tentaciones, que son temporales, o el infierno, que es eterno.

 

Pero los justos no son tocados y afectados por ninguno de los dos peligros, porque aman con alegría lo que nos parece difícil, y abrazan las tentaciones como si encontraran una oportunidad de ganancia eterna y permanecen ilesos por ellas. No muere cualquiera que le han lanzado una flecha y no lo hirió, sino aquel que recibió una herida fatal. ¿Qué daño le causó la herida a Job? ¿Acaso no le aportó una corona? (Job 40:8). ¿O quizá alguna vez asustó a los Apóstoles y a los Mártires? “Se regocijaron, dice, porque fueron considerados dignos de sufrir deshonra por Su nombre” (Hechos 5:41). Cuanto más es combatido el vencedor, más se corona, y de esto obtiene gran alegría. Cuando escucha la voz de la trompeta, no la teme como anuncio de la carnicería, sino más bien se alegra porque le preanuncia la entrega de las coronas.

 

No vemos habitualmente que nada más traiga la victoria sin esfuerzo como el valor o valentía acompañada de una fe firme. Tampoco hay nada que traiga más la derrota como la φιλαυτία filaftía (egolatría, egocentrismo, excesivo amor a sí mismo) y la cobardía que proviene de la incredulidad. No hay guía hacia el valor como la diligencia y la experiencia. Tampoco hay otro guía hacia la sutileza de los pensamientos como la lectura en silencio y ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Ni otra cosa más causa olvido como la pereza. Tampoco hay un camino corto hacia el perdón de los pecados como la sin maldad, indulgencia. Y nada más trae la reconciliación con Dios desde la enemistad por los pecados como la μετάνοια metania y el arrepentimiento y el corte del pecado. No hay progreso mayor de la psique-alma como el corte de nuestros deseos, voluntades y pensamientos. Y no hay nada mayor que presentarse ante Dios noche y día y rogarle que se haga Su voluntad en todos los asuntos. Y nada peor que amar la independencia y la alucinación o delirio de la psique-alma y del cuerpo. Y esto, porque a nosotros que amamos el bien solo por miedo de los infiernos y las tentaciones, la independencia o autonomía no nos conviene en absoluto, sino la restricción y la evitación de las cosas para al menos, con la evitación de las cosas que dañan nuestra enfermedad, luchar contra los pensamientos.

 

Los impasibles sin pazos gobiernan los espíritus soberanos o principescos, porque vencieron los pazos más viles y repugnantes, mientras que los subordinados obedientes a un padre espiritual gobiernan los espíritus que son gobernados. Porque, como dicen los santos Macario y el abad Cronio, los demonios se dividen en soberanos y en gobernados. Los pazos soberanos o principescos son la vanagloria, la presunción y cosas semejantes; los gobernados son la gula, la lujuria y los pazos similares.»

 

Aquellos que han alcanzado la agapi-amor perfecta tienen poder, porque hacen el bien sin esfuerzo y se regocijan al hacerlo, y nunca quieren abandonarlo. Y cuando encuentran obstáculos sin buscarlos, se sienten como los que son tiranizados; entonces los atrae el anhelo divino y se retiran inmediatamente a la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y al trabajo espiritual, porque lo tienen como disfrute y están acostumbrados a ello. De ellos dicen los Padres: “Reza un poco, lee un poco, estudia un poco, trabaja un poco, cuida tu νούς nus y así pasa tu tiempo”. Dicen estas cosas porque los impasibles sin pazos gobiernan sobre sí mismos y no son capturados por ninguna voluntad y deseo, al contrario de lo que debería ser, pero cuando las desean, concentran su νούς nus (espíritu de la psique) y controlan su cuerpo como un esclavo. Nosotros, sin embargo, debemos estar bajo la ley y la regla, a pesar de nuestra voluntad, aunque no lo queramos y obligados por el deber, hacemos el bien. Y esto es porque amamos más los pazos y los placeres hedonistas, es decir, el descanso o comodidades del cuerpo y nuestras propias voluntades y deseos, y el enemigo guía nuestro νούς nus con la mente donde quiere. También el cuerpo que tiene impulsos desordenados hace lo que quiere, como si no tuviera lógica y es razonable. Donde no hay control del νούς nus, todo se hace contra lógica y contra natura, y no como es adecuado para “verdaderos israelitas”.

 

Así dijo el Señor a Simón el Cananeo el celoso: «He aquí un israelita de verdad, en quien no hay engaño, ni mala astucia» (Juan 1:48). Con estas palabras proclamó la virtud de Natanael. Porque el nombre Natanael se interpreta como ‘celo o entusiasmo de Dios’. Y su nombre principal era Simón; se le llamaba Cananeo porque era de Caná de Galilea, y Natanael, de nuevo, por su virtud; también israelita, que significa νούς nus que ve a Dios, sin ningún engaño. Porque es costumbre de las Escrituras, como dice el Gran Basilio, nombrar a las personas por su virtud en lugar de su linaje. Por ejemplo, los principales de los Apóstoles, Pedro y Pablo, al primero el Señor lo llamó Pedro (roca) por su estabilidad (Marcos 3:16), mientras que al segundo que se llamaba Saulo, es decir, mareo, fue llamado Pablo (Hechos 13:9), es decir, descanso, reposo, y muy naturalmente; porque así como perturbó primero a los fieles, así después descansó y reposó todas las psiques-almas con su obra y logos, como dice sobre él san Juan el Crisóstomo.

 

Observa la piedad del Apóstol. Recordando a Dios, no enseñaba hasta que ofrecía a Dios su acción de gracias y promesa que le debía (Hechos 18:18), revelando así que de Él tiene la gnosis-conocimiento y la fuerza y energía increada; como es razonable, combinaba la oración con la enseñanza. Y el venerable Lucas dejó sin completar los Hechos de los Apóstoles no por descuido o alguna otra necesidad, sino porque partió hacia Dios. Pero nosotros, cuando dejamos algo incompleto, actuamos por descuido o incapacidad, porque no realizamos la obra de Dios con diligencia y no la amamos como nuestra principal tarea, sino que la despreciamos como un trabajo secundario y aburrido, y por eso no prosperamos. O incluso nos volvemos atrás muchas veces, como aquellos que se apartaron y ya no siguieron a Jesús (Juan 6:66). Aunque -como dice Crisóstomo- el logos no era duro como pensaban (Juan 6:60), sino que lo que se dijo entonces se refería a doctrinas y dogmas. Donde no hay voluntad ni predisposición, también las cosas fáciles uno las encuentra difíciles, como también contrarias.

 

35) Edificación de la  psique-alma con las virtudes

 

Cada persona necesita sobre todo paciencia, como la tierra necesita la lluvia, dice el Gran Basilio, para establecer sobre ella el fundamento que menciona el Apóstol Pablo, es decir, la fe (Hebreos 6, 1), y sobre la fe edifica gradualmente el discernimiento como un hábil constructor construye la casa de la psique-alma. Así que constantemente pone barro de la tierra de la humildad para atar una piedra con otra, es decir, una virtud con otra, hasta que se coloque el techo, es decir, la agapi-amor perfecta. Entonces entra el dueño y habita en la psique-alma, si tiene buenos porteros, siempre armados, es decir, conceptos y pensamientos luminosos y obras dignas de Dios, que pueden mantener al rey sin molestias. No tenga por portera a una mujer con su trabajo manual en la mano (2 Reyes 4, 6), como dice San Nilo* interpretando la antigua historia. Por eso, dice, el patriarca Abraham no puso a una mujer como portera, sino más bien un pensamiento valiente y abrupto, armado con diversas armas, como dice el Apóstol Pablo, y entre ellas con la espada del Espíritu, es decir, con el logos de Dios (Efesios 6, 17), para matar o alejar a quienes se le acercan. Porque permanece sin sueño en vigilia y recto, matando los pensamientos enemigos con la obra espiritual contraria y el logos refutador, y rechaza con desprecio y expulsión todo lo que llega al corazón y no es conforme al propósito de Dios, para que no sea obstruido de ninguna manera el νούς nus (espíritu de la psique) iluminado por la θεωρία zeoría contemplación de Dios y los divinos pensamientos. Esto, dice, es la obra de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz espiritual); como en otro lugar San Nilo interpreta alegóricamente las Sagradas Escrituras y aclara que la distracción es la causa de que se enturbie el νούς nus con la mente. Y con razón. Porque si el νούς nus no es retenido en todas partes, como el agua en la tubería, la διάνοια diania (mente, intelecto) no puede reunirse en sí misma para ascender hacia Dios. Y si uno no asciende espiritual y mentalmente y no saborea las realidades y cosas superiores, ¿cómo puede despreciar fácilmente lo inferior?

* Filocalía, tomo 1, pág. 245.

Así que debemos, fortaleciendo la fe, correr con paciencia, como dice el Apóstol Pablo (Hebreos 12, 1-2), y tener como trabajo nuestro agradar a Dios. Y cuando llegue el tiempo, aquellos que corren bien podrán adquirir la gnosis parcial y luego en el futuro la completa, después de que sean abolidos los espejos (1Cor13, 12), es decir, esta vida corruptible. Allí, en la vida futura, la psique-alma ya no deseará las cosas contrarias a la carne, ni la carne lo contrario al Espíritu (Gálatas 5, 17); ni la negligencia o pereza espiritual puede traer el olvido y el olvido la ignorancia, como ahora muchos experimentamos y necesitamos escribir para recordar. Muchas veces me ha llegado espontáneamente algún pensamiento y lo he escrito para recordarlo; y en tiempos de guerra espiritual lo he tenido como ayuda y consuelo o gratificación, cuando se apoyaba en las Sagradas Escrituras. Pero si fuera negligente y descuidado en estas cosas y no lo escribiera, no lo tendría cuando lo necesitara, y sufriría por el malísimo olvido. Por eso tenemos el deber de aprender las virtudes en la práctica y praxis, para que el recuerdo del bien se conserve por su costumbre, y no solo con logos y palabras. Porque, como dice el Apóstol Pablo el reinado de la realeza increada de Dios no consiste en palabras, sino en δύναμη dinami (potencia y energía increada) (1 Cor 4, 20).

Aquel que busca con las obras, aquel conoce la pérdida y la ganancia en cualquier cosa que emprende, dice San Isaac, también ese puede dar consejo a otros, porque ha sufrido muchas veces y ha adquirido experiencia. Porque, dice, hay cosas que parecen buenas, pero ocultan no sin razón daño y perjuicio; y hay otras que parecen malas y, sin embargo, contienen un gran beneficio. Por eso, dice, no todo hombre es confiable para dar consejo, sino aquel que ha recibido de Dios el don del discernimiento y ha adquirido un νούς nus (espíritu de la psique) perspicaz y clarividente a través de la experiencia en la práctica, como dice San Máximo. Y debe hacerlo con gran humildad, no aconsejando a todos, sino a aquellos que preguntan voluntariamente con sinceridad, sin forzarse y con disposición de aprendizaje. Y esto para que el logos se imprima en la psique-alma de aquel que pregunta con humildad y con una solicitud voluntaria, y se caliente por la fe al ver al buen consejero, como aquel consejero maravilloso que mencionó el profeta Isaías, «el Dios fuerte, el Soberano, etc.» (Isaías 9, 6), es decir, nuestro Señor Jesús Cristo. Quien dijo a aquel que se quejó: «¿Quién me ha constituido soberano o juez entre vosotros?» (Lucas 12, 14), aunque, como dice la Escritura, el Padre ha dado al Hijo todo el poder para juzgar a los hombres (Juan 5, 22). Pero dijo esto para mostrarnos, como con todo, el camino de la salvación con Su santa humildad. Porque no obliga, sino que dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y sígame» (Mateo 16, 24); es decir, no preocuparse en absoluto por su vida, sino como yo hago y soporto la muerte visible y voluntaria por el bien de todos, así también él que me siga con obras y logos, como los Apóstoles y los Mártires. De lo contrario, al menos soporte la muerte de la voluntad. Y de nuevo, a aquel rico “Jesús le dijo: Ya que quieres ser perfecto, anda, vende tus posesiones y repártelas a los pobres, y adquirirás un tesoro en los cielos, después ven y sígueme, etc.» (Mateo 19, 21).

 

San Basilio el Grande dice que el rico mintió al afirmar que había guardado los mandamientos. Porque si los hubiera guardado, no tendría tantas posesiones, ya que la Ley dice primeramente: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu psique-alma» (Deut 6:4-5). Al decir «con toda tu psique-alma», no permitió que aquel que ama a Dios ame también a otra cosa por la cual lamentarse cuando la niega. Además, la Ley dice: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18), es decir, a cada ser humano. ¿Y cómo guarda el mandamiento cuando muchos otros necesitan alimento diario mientras él posee muchas propiedades y está apegado a ellas con pasión? Porque si las poseyera como Abraham, Job y los demás Justos, como si fueran de Dios, no se habría ido triste de Cristo (Mateo 19:22). También dice san Juan el Crisóstomo que el rico creyó que las palabras del Señor eran verdad, por eso se marchó triste; pero era incapaz de cumplirlas. Pues muchos creen en los logos y palabras de las Escrituras pero son incapaces de cumplirlas.

 

36) La agapi-amor y el consejo con humildad son grandes bienes.

 

Por eso el Señor aconseja esto y muchas otras cosas más, al igual que los Apóstoles que escriben: «Os rogamos, hermanos, haced esto y aquello» (1Tes 4:10). Nosotros, sin embargo, no nos negamos a rogar a aquellos que buscan nuestro consejo, para que al ver que nos humillamos y les honramos, obedezcan con alegría y sepan que hablamos del logos de las Santas Escrituras con agapi-amor y gran humildad. Por el honor y la agapi-amor que les mostramos, se apresurarán a aceptar lo difícil y lo encontrarán fácil debido a la agapi-amor.

 

Así como el Santo Apóstol Pedro, que cuando oía frecuentemente sobre la cruz y la muerte, se regocijaba y estaba en tal disposición como si no oyera nada de estas cosas, por la agapi-amor que tenía hacia su Maestro. Y no tenía ningún problema con los milagros como los incrédulos, sino que decía al Señor: «Tú tienes logos de vida eterna» (Juan 6:68). Pero no fue así con Judas, que murió dos veces. Pues se ahorcó (Mateo 27:5), pero no murió; después de vivir sin volver a la μετάνοια metania y sin arrepentirse, enfermó gravemente, su vientre se abrió (Hechos 1:18), como dice el Apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles. Y el Santo Apóstol Pablo, escribiendo a los hermanos, a veces dice: «Os amo tanto que quiero daros no solo el Evangelio de Cristo, sino también mi propia vida» (1Tes 2:8), y otras veces: «Nosotros somos vuestros siervos por amor de Cristo» (2 Corintios 4:5). Y a Timoteo le escribe que respete a los mayores como a padres, a los más jóvenes como hermanos (1 Tim 5:1).

 

¿Y quién es capaz de comprender completamente la humildad de los Santos y la ardiente agapi-amor incondicional que tenían por Dios y por el prójimo? Por lo tanto, no debemos solo prestar atención a ellos, sino también a aquellos a quienes hablamos o escribimos. Pues aquel que quiere amonestar y aconsejar a alguien, o más bien recordarle como dice Juan Clímaco, debe primero hacer  su catarsis y purificarse de los πάθος pazos pasiones para conocer sin error ni engaño la voluntad de Dios y la condición de aquel que busca consejo. Porque no todos conviene el mismo remedio o fármaco, aunque sea para la misma enfermedad. Luego debe asegurarse del estado de ánimo de aquel que busca consejo, viendo ya sea su total subordinación con psique-alma y cuerpo, o que lo ha pedido espontáneamente con fe ardiente y que busca consejo sin ser instigado por el maestro y sin ninguna necesidad que lo haga fingir que desea escuchar algún logos. De lo contrario, ambos pueden caer en mentira, verborrea, maldad y muchas otras cosas.

 

Aquel que pregunta, obligado por el supuesto maestro a hablar más allá de su intención, miente por vergüenza y finge que quiere hacer el bien. Y el maestro, con astucia, lisonjea al discípulo para descubrir lo que oculta en su mente, y en general pone en marcha toda su maquinaria y verborrea. Y como dice Salomón, con la verborrea o palabrería nadie escapará del pecado (Prov 10:19). Escribió también el Gran Basilio cuáles son los pecados de esta.

 

Sin embargo, esto no se dijo para alejar a aquellos que vienen a ser instruidos con espíritu de subordinación y fe firme, especialmente aquellos de nosotros que son impasibles sin pazos, sino para evitar enseñar con osadía por vanagloria, nosotros que aún somos apasionados con pazos, a aquellos que no desean escuchar ni por obras ni por una fe ferviente. Tampoco debemos enseñarles de manera autoritaria, sino que, como decían los Padres, sin la pregunta de los hermanos, nadie debe hablar con el propósito de beneficiar, para que el bien se haga con su consentimiento (Filemón 1:14), como dicen los Apóstoles: «Apacentad el rebaño que Dios os ha confiado y cuidad de él no a la fuerza, sino de buena voluntad y buenas ganas, como Dios manda y quiere; no por una vil ganancia, sino con buen ánimo y generosidad; no como dictadores, sino como modelos de virtud para el rebaño» (1 Pedro 5:3). Y Pablo escribe al santo Timoteo: «El labrador debe ser el primero en comer de los frutos» (2 Tim 2:6), es decir, debe hacer primero lo que se dispone a enseñar. Y en otro lugar le dice: «Que nadie te menosprecie por ser joven» (1 Timoteo 4:12), es decir, que no hagas nada como lo hacen comúnmente los jóvenes, sino que seas perfecto con la χάρις jaris (gracia, energía increada)  de Cristo. También el libro Gerontikón dice que los Padres no hablaban sobre la salvación de la psique-alma sin ser preguntados por los hermanos, sino que lo consideraban charlatanería, y con razón. Pues hablar sin ser preguntado significa que creemos tener más gnosis-conocimiento que los demás. Porque, cuanto más pecadores somos más libertad creemos que tenemos; igual que los Santos, cuanto más se acercan a Dios, más pecadores creen que son, dice el Santo Doroteo. Llenos de asombro por haber sido dignos de conocer a Dios, quedaban desconcertados. También los santos ángeles, por el inmenso gozo y asombro, no dejan de alabar a Dios. Y porque fueron considerados dignos de alabar a tal Señor, lo alaban incesantemente, admirando Sus obras, como dijo san Juan el Crisóstomo, y avanzando en mayor gnosis-conocimiento, como dice el Teólogo. Lo mismo todos los Santos, tanto en este mundo como en el futuro.

 

Como las potencias espirituales transmiten la iluminación una a la otra, así también los lógicos y sabios aprenden unos de otros. Unos aprenden de las Sagradas Escrituras y enseñan a los menos instruidos; otros aprenden espiritualmente del Espíritu Santo y revelan los misterios que les han sido revelados por escrito. Por eso necesitamos humillarnos ante Dios y los demás, ya que nuestra existencia y todo lo que somos proviene de Dios y, a través de Él, uno aprende de otro. Aquel que se humilla se ilumina más; pero aquel que no tiene humildad permanece en la oscuridad, como aquel que fue anteriormente lucero de la mañana y luego diablo. Porque el eosforos lucero de la mañana fue el primero en el orden inferior de las potencias espirituales, es decir, el décimo en la jerarquía después de la más alta que se mantiene ante el trono terrible de Dios y el primero desde la tierra hacia arriba. Pero por su orgullo cayó, junto con los ángeles que le obedecieron, no solo debajo de las nueve jerarquías y de nosotros los terrenales, sino también debajo de los abismos infernales, y fue arrojado al Tártaro por su arrogancia. Por eso muchas veces se ha dicho que la presunción o arrogancia es suficiente para perder la psique-alma, sin ningún otro pecado.

 

Aquel que piensa que sus pecados son pequeños se expone a caer en pecados mayores, dice el santo Isaac. Y aquel que ha recibido un regalo de Dios y es ingrato, prepara su propia privación del regalo, porque se ha hecho indigno del regalo de Dios, como dice el Gran Basilio. Porque la gratitud es nuestro mediador. Sin embargo, la gratitud no debe ser como la de aquel fariseo: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano (Lucas 18:11), que condenaba a los demás y se justificaba a sí mismo, sino más bien reconocer que debe más que todos y, sorprendido de cómo retribuirlo, agradecer con asombro, comprendiendo la inefable magnanimidad y tolerancia de Dios. Y no solo eso, sino que también debemos admirar cómo el Supremo Dios, aunque no necesita nada, acepta nuestra gratitud, aunque siempre lo enojamos y amargamos, a pesar de las muchas y grandes beneficencias que nos ha hecho, generales y especiales, de las cuales escribió el Teólogo Gregorio y los demás Padres, no solo corporales, sino también espirituales de muchas maneras.

 

Estas son innumerables, y entre ellas está esto: algunos contenidos de las Sagradas Escrituras son claros y comprensibles, mientras que otros son abstractos, imprecisos y difíciles de entender. Y esto para atraer a los más negligentes primero en la fe y en la búsqueda de las cosas y realidades que quedan, para que no caigamos de la gran incomprensión de las Escrituras en desesperación e incredulidad; y con los demás, para no ser condenados más por el desprecio de lo dicho que es obvio y fácil de entender, sino con esfuerzos voluntarios para aquellos que desean investigar diligentemente lo difícil de entender, y de esto serán alabados, como dice san Juan el Crisóstomo.

 

37) La repetición en las Sagradas Escrituras no es πολυλογία poliloghía palabrería.

 

Las Sagradas Escrituras a menudo repiten el mismo dicho, no es palabrería o verborrea, sino que lo hacen por amor a la humanidad, para guiar con recordatorios más frecuentes a los más descuidados en la memoria y comprensión de lo dicho de manera paradójica, y para que el logos y la palabra no se escapen de la audición por la brevedad y la pequeñez del dicho. Esto es especialmente cierto cuando estamos ocupados con las cosas de la vida, nosotros que no tenemos ni la gnosis-conocimiento parcial que el Apóstol Pablo menciona (1Cor 13:9). Aunque sobre esto, Juan Crisóstomo dice que la gnosis-conocimiento parcial que tenemos no es completa como parcial, sino parte de lo parcial. Pero será abolida, no desapareciendo y dejando de existir -porque entonces no tendríamos gnosis-conocimiento ni seríamos humanos-, sino reemplazando la gnosis-conocimiento parcial por la gnosis-conocimiento cara a cara, como se elimina la edad infantil con la adultez. Esto lo dijo el mismo Apóstol Pablo (1 Cor 13:10-12), interpretando el dicho con el ejemplo del niño. Como dice nuevamente san Juan el Crisóstomo, sabemos que el cielo existe, pero qué es no lo sabemos; entonces la gnosis-conocimiento parcial será abolida por la gnosis-conocimiento completa, es decir, aprenderemos qué es el cielo, para que la gnosis-conocimiento aumente aún más. Porque muchos misterios de Dios están escondidos en las Sagradas Escrituras y no conocemos el propósito de Dios en los logos o dichos. Pero, como dice el Teólogo, que nadie sea arrogante al ver que con buena intención confesamos nuestra ignorancia y critiquemos las palabras. Es irracional e inapropiado no prestar atención al propósito sino a las palabras, dice el Gran Dionisio Areopagita. Pero cuando alguien busca a través del bienaventurado duelo o luto (espiritual), entonces encuentra. Este es el trabajo del temor mediante el cual se realiza la revelación de las realidades ocultas.

 

Por ejemplo, el profeta Isaías dice: “Los muertos no verán la vida” (Isaías 26:14), mientras que más adelante dice: “Resucitarán los muertos” (Isaías 26:19). Esto no es contradicción como piensan aquellos que no conocen el propósito a partir de la contemplación de la Escritura. “Los muertos no verán la vida” lo dijo por los ídolos de las naciones que son inanimados, mientras que ‘Resucitarán los muertos’ lo dijo por la resurrección común y la alegría de los justos. También lo dijo proféticamente para la resurrección de los muertos en la Resurrección de nuestro Salvador Jesús Cristo. También en el santo Evangelio, sobre la Metamorfosis del Señor, un Evangelista dice que ocurrió “después de seis días”, mientras que otro “después de ocho días” (Lucas 9:28), es decir, después del milagro que precedió y la enseñanza del Señor. Esto porque uno omitió el primer y el último día y mencionó los seis intermedios, mientras que el otro calculó incluso esos y así dijo ocho. Y nuevamente, el Teólogo Juan en una parte de su santo Evangelio dice: “Hay también muchas otras cosas que hizo Jesús delante de sus discípulos, que no están escritas”, etc. (Juan 20:30), mientras que en otro lugar dice: “Hay también muchas otras cosas que hizo Jesús” (Juan 21:25), y no dice ‘delante de sus discípulos’. Sobre este tema, el santo Prójoros, que escribió bajo el dictado del Evangelista, relata que el primer versículo se refiere a los milagros y otros hechos realizados por el Señor que Juan no escribió, porque ya habían sido relatados por los otros Evangelistas; por eso añadió la frase «delante de sus discípulos». Mientras que el segundo versículo se refiere a la creación del mundo, cuando el Logos de Dios aún no se había encarnado, con quien el Padre creó todo desde la nada, diciendo «que se haga esto» (Gén. 1, 3 y 6), y haciéndose así, el Teólogo menciona que: “y  hay también otras muchas cosas que hizo Jesús Cristo. Si se escribieran una por una, creo que en el mundo entero con sus bibliotecas no cabrían los libros que podrían escribirse” (Jn 21,25).

 

Y, en general, cada Escritura y cada logos y palabra de Dios, o de algún Santo, o de alguna de las criaturas visibles o invisibles, esconde algún propósito. Y no solo eso, sino también cada logos y palabra humana. Y nadie conoce el significado de cada versículo, a menos que se le revele. Como dice el Señor, «el viento sopla donde quiere, etc.» (Jn. 3, 8). Sobre esto, el Crisóstomo dijo que Cristo no quiso decir que el viento tiene autoridad para ir donde quiere, sino que mencionó el viento condescendiendo a la debilidad de Nicodemo, para que entendiera lo que el Señor le decía. Mencionó el viento queriendo hablar del Espíritu Santo, es decir, de los logos y palabras que le decía, como también dijo a otros que «los logos que os he dicho son espíritu» (Jn. 6, 63), es decir, espirituales, «y no como vosotros pensáis; no os hablo de cosas corporales, para que vosotros, siendo carnales, las entendáis». Por eso dice san Juan Damasceno que, si no se escucha cuál es el propósito de un logos y palabra y de parte de quien la dice, no se puede afirmar que se conoce ese propósito. Y, ¿cómo se atreve alguien a decir que conoce el propósito de Dios escondido en las Santas Escrituras, sin que se lo revele el Hijo de Dios? El mismo Cristo dijo: «y a quien el Hijo quiera revelarlo» (Mt. 11, 27); es decir, a quien tiene la buena pre-disposición y voluntad de recibirlo cumpliendo Sus mandamientos divinos, sin los cuales, quien dice que conoce, miente. Porque lo dice basado en sus propios razonamientos y silogismos no porque haya aprendido de Dios, como dice Juan el Clímaco, incluso si por orgullo se jacta más allá de sus límites (2 Cor. 10, 13). A este, san Gregorio el Teólogo a veces lo llama «oh tú, el más filósofo», y otras veces «oh tú, el más letrado», reprochándole su arrogancia, que por ella cree poseer algo, aunque en realidad está en la ignorancia. Y lo que cree tener, también le será quitado (Mt. 13, 12), porque no quiere decir, como todos los Santos, «no sé, no conozco», para que se le dé por su humildad, y de hecho en abundancia, como sucedió con los Santos. Estos, aunque sabían y conocían, decían que no sabían ni conocían nada, como dice san Juan el Crisóstomo. Ejemplo de ello es el Apóstol Pablo, que no dijo: «Todavía no sé nada», sino: «No sé nada como debería» (1 Cor. 8, 2). Así que sabía y conocía, pero no como debía.

 

38) La falsa γνώσις gnosis-conocimiento.

 

La falsa γνώσις gnosis es aquella que cree saber cosas que nunca aprendió. Esta es peor que la ignorancia total, dice san Juan el Crisóstomo, porque no se digna a ser enseñada por otro y corregirse, creyendo en su gran maldad que es y está en lo correcto. Por eso los Padres dicen que, aquellas cosas que se encuentran en las Santas Escrituras, debemos buscarlas con dolor, humildad y el consejo de los experimentados, para aprenderlas más con hechos que con palabras; pero aquellas sobre las que las Escrituras guardan silencio, no debemos buscarlas en absoluto, porque eso es irracional, como dice san Antonio el Grande sobre aquellos que buscan conocer el futuro y no quieren más bien abstenerse de ello, como indignos. Aunque a veces esto puede suceder no por influencia demoníaca, sino por la Providencia divina para el beneficio de muchos, como sucedió antiguamente a Nabucodonosor (Dan. 2, 31-35) y a Balaam (Num. 24), aunque ellos mismos eran indignos; y más aún cuando ocurre mediante sueños o fantasías. La razón de que estas cosas no se hayan dicho es para que investiguemos las Escrituras con actos corporales y éticos, según el mandato del Señor, para encontrar la vida eterna (Jn. 5, 39), y no para buscarlas con la lógica y razón y creer por orgullo que hemos logrado algo, especialmente aquello que está oculto de nosotros para mayor humildad, y finalmente, para no ser condenados al transgredirlas con nuestra gnosis. Porque aquel que ha sido digno de obtener gnosis-conocimiento espiritual y no se esfuerza con dedicación y atención en el estudio de las Santas Escrituras y los conocimientos que le han sido dados, con humildad y temor de Dios, sintiéndose indigno de lo que Dios le ha regalado, es apartado de la gnosis-conocimiento con amenazas, como Saúl del reino (1 Reyes 15, 28-29), dice San Máximo*. Mientras que aquel, dice, que se dedica y se esfuerza, debe como David rogar siempre y decir: «Edifica en mí, Dios mío, un corazón limpio, e instala en mis entrañas el Espíritu recto» (Sal. 50, 12), para ser digno de recibir Su infusión e inspiración.

* Filocalía, tomo II Tercera centuria sobre el amor, cap 65, https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/ .

 

Como entonces los Apóstoles recibieron la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo a la tercera hora del día, como se menciona en los Hechos (Hec 2, 15), y en un día domingo, como dice el divino Lucas (Hechos 2, 1). Porque la Pentecostés que menciona es el séptimo domingo desde el domingo en que se celebraba la Pascua judía, que se traduce al griego como «paso» y «libertad». Así, el domingo después de cincuenta días se llama Pentecostés, porque completa los cincuenta días desde la Pascua, según la Ley (Deut. 16, 9-10). Y Juan el Teólogo dice en su santo Evangelio, «en el último y gran día de la fiesta» (Jn. 7, 37), porque entonces se celebraba la clausura de la fiesta de la Pascua. Como dice san Juan Damasceno, la χάρις jaris (gracia, energía increada) fue dada a la tercera hora, pero en un solo día, el Domingo, para mostrar que debemos reverenciar a las tres Hipostasis-Personas, pero con un solo poder, es decir, la única divinidad o deidad. Porque el domingo se llama «uno de la semana» y no «primero», dice el Crisóstomo, porque la Escritura divina lo distingue. El Antiguo Testamento profetiza sobre este, por eso no le llama en orden como el segundo y los demás; porque es un día especial, lo llama «uno de los sábados» (Sal. 23, título), es decir, de la semana, mientras que de otra manera lo llamaría «primero». En la nueva era la de la χάρις jaris (gracia, energía increada) ahora, este día santo y distinguido (Lev. 23, 35-36) se llama «Domingo» (Apoc. 1, 10), porque en él ocurrieron los principales eventos de la vida del Señor, la Anunciación, el Nacimiento, la Resurrección (Lc. 24, 1-2), y en este día será la Resurrección común de los muertos. Este día, dice san Juan Damasceno, fue creada por Dios la luz visible (Gén. 1, 2), y nuevamente en este día será la Segunda Parusía-Presencia o Venida del Señor, para que este día permanezca en los siglos interminables como «uno» y «octavo», ya que está fuera de estos siete siglos que tienen días y noches.

 

Puesto que hemos aprendido el propósito de estas cosas de los Santos, aprendamos también el propósito de cada trabajo de este discurso o logos desde el principio. El propósito de mencionar una vez los nombres de los libros y de los Santos es para recordar siempre sus logos y palabras y para adquirir el celo o entusiasmo de imitar sus vidas, como dice San Basilio el Grande, y para que aquellos que los desconocen los conozcan y aprendan. Quien conoce los libros, los recordará, y quien no los conoce, buscará el libro correspondiente. El hecho de mencionar nuevamente, en cada sección, al Santo o la Escritura pertinente, lo hacemos para una mayor recordación y para recordarnos brevemente las obras y los logos de cada uno de ellos, así como para comprender lo que dice cada cita de la Escritura divina, o el discernimiento y el buen consejo del maestro; porque no son mis dichos o logos, sino los de las Escrituras divinas.

 

También para admirar y comprender la inefable filantropía de Dios, cómo con tinta y papel dispuso la salvación de nuestras psiques-almas y nos regaló tantas Escrituras y tantos maestros de la fe ortodoxa. Y cómo yo, ignorante y perezoso, he tenido el privilegio de estudiar tantas Escrituras sin poseer ningún libro propio ni nada en absoluto, sino que siempre soy extranjero y pobre, y paso mi tiempo con todo descanso y despreocupación y con gran placer corporal. Si ahora dejo algunas cosas sin nombre, es por mi negligencia y para no alargar el discurso o logos escrito.

 

Hemos presentado preguntas comunes y sus soluciones, para que los lectores aprendan y agradezcan a Dios que concedió a sus Santos, nuestros Padres, la gnosis-conocimiento y el discernimiento, y a través de ellos a nosotros, los indignos; también las presentamos para condena a los que somos débiles y sin gnosis-conocimiento. También se mencionaron los Justos del Antiguo Testamento, que se salvaron a pesar de ser muy ricos y vivir entre personas pecaminosas e incrédulas, aunque ellos también eran seres humanos con la misma naturaleza que nosotros, que no queremos alcanzar la medida de la perfección, aunque hemos recibido más experiencia y gnosis-conocimiento del bien y del mal, ya que hemos aprendido de los suyos y hemos sido dignos de más χάρις jaris (gracia, energía increada) y gnosis-conocimiento de las Escrituras.

 

Hemos mencionado también nuestras propias obras, de los monjes, para saber que de muchas maneras podemos salvarnos, si abandonamos nuestras propias voluntades, y que si no lo hacemos así, no podemos tener descanso, ni tampoco aprender y cumplir las voluntades divinas. Porque nuestra voluntad es una pared divisoria que nos separa de Dios, y si esa pared divisoria no se derriba, no podemos aprender ni hacer la voluntad de Dios, sino que estamos lejos de Él y somos atormentados por los enemigos en contra de nuestra voluntad. También dijimos que la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad es mayor que todo, y sin ella no podemos hacernos la catarsis y psicoterapiarnos de los πάθος pazos ni conocer nuestra debilidad y las malas astucias y artimañas de los demonios, ni tampoco entender la fuerza y la providencia de Dios a partir de los logos divinos que se cantan y se leen. Porque todos los seres humanos necesitamos este tiempo de dedicación, ya sea parcialmente o totalmente, y sin ella es imposible que alguien alcance la gnosis-conocimiento espiritual y la humildad, mediante la cual quien tiene buena voluntad y disposición comprende los misterios que están ocultos en las Escrituras y en todas las criaturas. Además, no se debe utilizar ninguna cosa, palabra, esfuerzo o concepto fuera de la necesidad esencial de la salvación de la psique-alma y del sustento del cuerpo. Y que sin discernimiento, incluso aquellas cosas que se consideran buenas no son aceptables para Dios; pero también fuera del propósito correcto, el buen trabajo no puede beneficiar a nadie.

 

Los himnos se escribieron aquí para que los comprendamos y también las otras Escrituras y para que quienes aún son espiritualmente débiles se conmuevan y se compunjan, como dice San Juan de la Escalera. Porque la melodía, dice San Basilio el Grande, atrae la διάνοια diania (mente, intelecto) del hombre hacia lo que se quiere, ya sea al duelo o luto (según Dios), al anhelo, a la tristeza o a la alegría. También dijimos que tenemos la obligación de estudiar las Escrituras según el mandato del Señor, para encontrar en ellas la vida eterna (Juan 5:39), y prestar atención al significado de los salmos y de los himnos, y reconocer con mucha gnosis-conocimiento que tenemos ignorancia. Porque, dice San Basilio el Grande, si uno no prueba la gnosis-conocimiento espiritual, no sabe cuántas cosas se priva.

 

Se escribieron también las causas de la generación de las virtudes y de los πάθος pazos (vicios, pasiones, padecimientos, etc.) para adquirir experiencia y gnosis-conocimiento, de modo que alguien conozca estas cosas y luche por sus genitores; unas para adquirirlas, otras para desecharlas y otras para vencerlas con el trabajo contrario. Y que las acciones corporales, como las plantas, debemos mantenerlas siempre con el buen trabajo, y las virtudes psíquicas y espirituales debemos atenderlas siempre y estudiar cómo adquirir cada virtud. Y después de aprender sobre esto a partir de las Escrituras divinas y de los Santos, aplicarlo y mantenerlo con dolor de psique-alma como un tesoro con nuestro trabajo, hasta que lleguemos al hábito de cada virtud. Y entonces, con diligencia, comenzar la otra virtud, para no abordar todas a la vez y quizá debilitarnos, como dice San Basilio el Grande. Sino comenzar con la paciencia en las cosas que nos acontecen, y entonces avanzar con fuerza en las demás virtudes con toda disposición, teniendo como propósito agradar a Dios. Todos debemos guardar los mandamientos de Dios como cristianos, porque no necesitamos esfuerzo corporal para adquirir las virtudes psíquicas y espirituales, sino sólo disposición y voluntad para recibir el carisma o don, como dicen San Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y los demás. Sin embargo, las virtudes psíquicas y espirituales de la psique-alma se logran más fácilmente a través de las praxis, acciones corporales, especialmente los hisijastas, debido a la vida sin distracciones y la despreocupación por todo; porque uno no puede ver sus actitudes éticas y corregirlas, a menos que se dedique a ellas y se preocupe por ellas.

 

Por eso, uno debe primero alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) evitando las cosas y las personas, y entonces, si llega el momento, asumir la responsabilidad de ser encargado de otros y gestionar las cosas sin atraer crítica mala, condena ni ser perjudicado, ya que con el hábito de la libertad de inclinaciones apasionadas ha llegado a la απάθεια apázia perfecta, especialmente si ha recibido la llamada de Dios -dice San Juan Damasceno-, como Moisés (Éxodo 3:4), Samuel (1Re 3:10) y los demás profetas (Isaías 6:8; Jeremías 1:5) y los santos apóstoles (Mateo 4:19 y 21), para que muchos se salven. Y no sólo eso, dice, sino que uno también debe dudar en aceptar, como Moisés (Éxodo 3:11; 4:10 y 13), Habacuc (Daniel [Bel y el Dragón] 35), Gregorio el Teólogo y otros; y como dijo San Projoro sobre el Evangelista Juan, que no quiso dejar su amada ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y silencio, aunque tenía la obligación como apóstol de no quedarse en silencio, sino de predicar. Y por supuesto, no se fue a la soledad como alguien pasional, el más impasible, de ninguna manera; sino porque no quería separarse de la contemplación de Dios y privarse nunca de la dulzura de la ησυχία hisijía. Otros, aunque eran impasibles, se fueron a los desiertos más profundos por humildad, por temor a la confusión, como el Gran Sisoes, quien, cuando su discípulo le pidió que fueran a un lugar más cómodo, no accedió, sino que dijo: «Donde no hay hombres, allí vamos». Y, sin embargo, había alcanzado tal impasibilidad que se convirtió en prisionero de la agapi-amor de Dios, y por ese agapi-amor no sentía las cosas corporales y no sabía si había comido o no. Y en general, todos cortaban sus voluntades y deseos en profunda ησυχία hisijía, y así algunos, como discípulos, fueron elegidos por su maestro para enseñar a otros y recibir la confesión de los λογισμοί loyismí (pensamientos conceptos y fantasías) y tener autoridad sobre otros, ya sea como obispos, ya sea como abades, habiendo recibido con sentido espiritual el sello del Espíritu Santo a través de Su efusión, como los santos Apóstoles (Hechos 2,3), y antes que ellos Aarón (Éxodo 28,1), Melquisedec (Génesis 14, 18; Hebreos 7) y otros.

 

San Juan el Damasceno dice que quien se atreve solo por sí mismo a ascender a tales axiomas o rangos es condenado. Pues aquellos que asumen varios cargos sin orden real son severamente condenados, ¿cuánto más aquellos que se atreven a tomar los cargos o axiomas divinos sin la orden de Dios? Y más aún si por ignorancia u orgullo creen que esta terrible acción no se castiga, o que pueden ejercerla para tener honor y descanso, y no más bien para hundirse en un abismo de humildad y soportar incluso la muerte, si el tiempo lo llama, por el bien de los subordinados y de los enemigos. Así hacían los santos Apóstoles mientras enseñaban a otros, y esto mientras eran impasibles sin pazos y sabios en grado sumo. Pero si ni siquiera conocemos esto, es decir, que somos débiles e incapaces, ¿qué debemos decir?

 

El orgullo o soberbia y la ignorancia ciegan a aquellos que no quieren ver con auto-concentración su debilidad e ignorancia. Como dice el libro Gerontikón, la celda del monje es el horno de Babilonia, dentro del cual los tres jóvenes encontraron al Hijo de Dios (Daniel 3, 25). Y en otro lugar dice: «Siéntate en tu celda y ella te lo enseñará todo». Y el Señor dijo: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18, 20). Además, Juan de la Escalera: «No te desvíes -dice Salomón- ni a la derecha ni a la izquierda, sino camina por el camino real, es decir, permanece en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y quietud junto con uno o dos; ni solo en el desierto, ni con una gran compañía de hermanos. El término medio es adecuado para la mayoría». Y en otro lugar dice: «El ayuno humilla el cuerpo, la vigilia ilumina el νούς nus, la ησυχία hisijía trae el duelo o luto (espiritual), el duelo o luto según Dios) bautiza al hombre y lava la psique-alma y la hace sin pecado». Por eso mencionaremos al final del discurso los nombres de casi todas las virtudes y los  pazos (vicios, pasiones) para aprender cuántas virtudes debemos adquirir y por cuántos males debemos lamentar; porque sin duelo o luto (según Dios) no hay catarsis no psicoterapia. Sin embargo, el duelo o luto (según Dios) no existe en la distracción continua. Y sin catarsis de la psique-alma nadie recibe información sobre su salvación. Y sin información, la separación de la psique-alma del cuerpo es peligrosa. Lo incierto, dice Juan de la Escalera, es quizás poco confiable.

 

Las ocho θεωρίες zeorías contemplaciones mencionadas anteriormente no son nuestros trabajos, sino la recompensa por nuestro trabajo en las virtudes. Y no debemos adquirirlas solo de la lectura, incluso si lo intentamos con diligencia orgullosa, como dice Juan de la Escalera, es decir, para las más perfectas las cuatro últimas; porque se trata de cosas celestiales y el νούς nus y la mente impuros no las comprenden ni caben. Toda nuestra buena voluntad, presteza y diligencia debemos tenerla en las virtudes corporales y psíquicas o espirituales; y así nace en nosotros el primer mandamiento, es decir, el temor de Dios. Y cuando envejecemos en él, nace el duelo o luto (según Dios). Y cuando adquirimos el hábito de una θεωρία zeoría contemplación, entonces la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, la madre común de todos, como dice San Isaac, nos regalará lo demás, hasta que adquiramos dentro de nosotros las siete gnosis; luego nos dignará recibir también la octava, que es el trabajo del mundo venidero, aquellos que trabajan diligentemente las virtudes con el propósito correcto de agradar a Dios.

 

Pero nosotros debemos, cuantas veces nos llegue de por sí uno de estos conceptos divinos, ya sea el primero, ya sea cualquier otro, repentinamente sin esperarlo, dejar de inmediato cualquier preocupación mundana, incluso nuestro propia regla muchas veces, y guardar como la pupila de nuestros ojos (Deuteronomio 32, 10) la gnosis-conocimiento espiritual y la katánixis (dilatación del corazón, compunción) que nos ha llegado, hasta que por economía de Dios nos deje. Entonces debemos estudiar continuamente los diversos versículos sobre el temor y el duelo que están escritos, tanto antes como después de la regla, y siempre que tengamos tiempo, ya sea de día, ya sea de noche, ya ocupados en labores manuales, aquellos de nosotros que aún somos débiles y estamos fácilmente dominados por el sueño y la pereza, o inactivos, aquellos que pueden dedicarse completamente al duelo o luto (según Dios) y ser cautivados por las palabras de la oración y las lágrimas que siguen. Por eso se escribieron, para que tanto yo como los inexpertos en esto, expulsemos la pereza de nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con el estudio de estos logos y la atención. Porque aquellos que tienen buena voluntad, diligencia y experiencia debido a su hábito en el trabajo de las virtudes, conocen y dicen mucho más de lo dicho, especialmente en el tiempo de la katánixis (dilatación del corazón, compunción) que viene por sí misma. La hora de esta katánixis tiene una fuerza grande, más que la katánixis que logramos nosotros mismos.

 

Sin embargo, que nadie piense que es trabajador de estos carismas o dones; más bien debe, sintiendo que lo que ha recibido supera su valor, agradecer mucho y temer que tenga una mayor condena por esto, porque sin haber trabajado en absoluto está a punto de ser digno de recibir el trabajo de los Ángeles. Porque la gnosis-conocimiento ha sido dada para ejercitar el νούς nus y la mente y para fortalecernos en guardar los mandamientos y trabajar las virtudes; también para conocer cómo y por qué trabajamos las virtudes, y qué debemos hacer y qué no hacer, para no ser condenados. Y, con las alas de la gnosis-conocimiento, trabajar las virtudes con alegría y recibir mayor gnosis, fuerza y regocijo en este trabajo. Y una vez que esto suceda, hacernos dignos de agradecer a Aquel que nos regaló estos carismas o dones, reconociendo de Quién recibimos tan grandes bienes. Porque cuando le agradecemos, nos regala mayores bienes. Y habiendo recibido sus dones, Le amaremos más, y con la agapi-amor alcanzaremos la sabiduría de Dios, que el principio de ella es el temor de Dios (Prov 1, 7). El trabajo del temor es el μετάνοια metania (conversión, arrepentimiento y confesión), dice San Isaac, con el cual se hace la revelación de las cosas ocultas.

 

Los conceptos del temor deben ser estudiados de la siguiente manera: Después del oficio vespertino uno debe decir el Símbolo de fe o Credo, el Padre Nuestro y el Κύριε ελέησον Kirie eléison Señor ten misericordia o compasión muchas veces. Luego se sienta hacia el este y, como aquellos que lloran por un muerto, moviendo la cabeza con dolor de la psique-alma y suspiro de corazón, dice las palabras de la gnosis-conocimiento que encuentra, comenzando desde la primera, hasta llegar a la oración. Y entonces cae con el rostro ante Dios con indescriptible miedo y ora. Primero da gracias, luego confiesa, y las demás palabras de la oración, como se ha dicho antes. Como dice el san Atanasio el Grande, debemos confesar nuestros pecados que desconocemos y aquellos que hubiéramos cometido si la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios no nos hubiera guardado, para que no se nos pida cuenta de ellos en la hora de la muerte. Y también orar unos por otros, según el mandamiento del Señor (Lucas 22, 32) y del Apóstol Santiago (Sant 5, 16).

 

El propósito de lo que decimos en la oración es el siguiente. Nuestra gratitud por el hecho de que en ese momento damos gracias a Dios, es una confesión de nuestra incapacidad para gratitud y de nuestra negligencia en agradecer a Dios en otros momentos, y que esa hora es una gracia y favor de Dios. La confesión proclama que las cosas que Dios me ha dado son innumerables y no pude comprenderlas todas, ni siquiera conocerlas, sino solo escucharlas, y nuevamente no todas, sino en parte; y que continuamente nos beneficia Dios manifiestamente y secretamente, y es indescriptible Su tolerancia por mis muchos pecados; además de que soy indigno de siquiera mirarlo, como el publicano (Lucas 18, 13), y que teniendo confianza y ánimo no en otra cosa, sino en Su inefable filantropía, caigo ante Él, como Daniel ante el Ángel (Daniel 8, 17) y como el Apóstol (Apocalipsis 1, 17) y los demás Padres, con toda mi psique-alma.

 

Gran atrevimiento esto para mí, porque soy indigno de hacerlo y de confesar los tipos de mis pecados brevemente para recordarlos y lamentarlos, y para reconocer mi debilidad, para que venga a mí la fuerza y energía increada de Cristo, como dice el Apóstol (2Cor. 12, 9), y sean perdonados mis muchos pecados. No me atrevo a orar por todos, sino solo por mis muchos pecados y para frenar toda mi maldad y hábito perverso, porque no puedo resistir. Ruego y pido al Todopoderoso que detenga los impulsos de mis pazos (vicios, pasiones) y no me deje pecar contra Él ni contra ninguna persona, para que al menos de esto obtenga la salvación por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Y con este recuerdo obtener dolor de la psique-alma y capacidad para orar por los demás, cumpliendo el mandato del Apóstol (Santiago 5, 16), y amor hacia todos. También para nombrar los tipos de παθος pazos uno por uno, porque me dominan, de modo que me refugie en el Señor y obtenga katánixis (compunción, o dilatación del corazón). Y orar por aquellos que entristecí o que me entristecieron o que me entristecerán en el futuro, porque no quiero tener ni rastro de rencor y resentimiento, pero temo mi debilidad, no sea que cuando me suceda algo triste no pueda soportar sin rencor o rezar por ellos, según el mandato del Señor (Lucas 6, 28). Y por eso me anticipo al tiempo, como dice San Isaac: «Antes de enfermar, busca al médico, y antes de la tentación, reza». Y además, rezo por los que han partido de esta vida, para que encuentren salvación, y para recordar la muerte, y porque rezar por todos es una muestra de agapi-amor incondicional; además, porque yo también necesito la oración de todos. También, para ser guiado por Dios y convertirme en lo que Él quiere. Y así unirme a los demás en oración y recibir misericordia con sus oraciones, porque los considero superiores a mí.

 

Sin embargo, durante la oración por los demás, no me atrevo a pedir perdón de cualquier pecado, para no considerar a los demás indignos de perdón, queriendo humillarme a mí mismo. Y como persona que ignoro y no puedo hacer nada, me refugio en Dios y pido que se haga según Su filantropía, porque soy pecador y temo Su justicia. Le digo: «Solo que no pierda el lugar a Tu derecha, y que sea el último de los que serán salvados, porque no soy digno de ellos». Rezo también por todo el mundo, como tenemos la tradición de la Iglesia.

 

Además, para ser digno de la Divina Comunión, como tengo el deber, para que al rezar de antemano, encuentre listo el ayudante cuando desee comulgar, y también para recordar los Pazos (padecimientos, sufrimientos) sagrados de nuestro Salvador y amar Su recuerdo; además, para que la Comunión se convierta en la comunión del Espíritu Santo. Porque el mismo Paráclitos (Suplicador) consuela a los que están en luto o duelo según Dios, tanto en este mundo como en el venidero, al igual que a aquellos que lo invocan con toda su psique-alma y con muchas lágrimas y dicen: «Rey celestial, etc.» Además rezo para que la comunión de los inmaculados misterios se convierta en arras o compromiso de la vida eterna que da Cristo, con las intercesiones de Su Madre y de todos los Santos.

 

Luego me postro ante todos los Santos, suplicándoles que intercedan ante el Señor por mí, porque pueden hacerlo. A continuación, digo la oración habitual de San Basilio el Grande, porque contiene una teología admirable. Y solo pido la divina misericordia y alabo a Dios. Y luego, de inmediato, digo a mis pensamientos y conceptos con gran concentración y atención: «Vengan, adoremos…» tres veces, y lo demás que se escribió anteriormente. Y todo esto, para que el νούς nus (espíritu de la psique) se vaya limpiando con la oración del corazón y el estudio de las Sagradas Escrituras y comience a ver los misterios ocultos en las Sagradas Escrituras.

 

Sin embargo, la psique-alma debe estar libre de toda maldad, y especialmente del rencor y resentimiento, en el tiempo de la oración, como dice el Señor (Marcos 11, 25). Por eso, San Basilio el Grande, queriendo castigar la contradicción, porque esta engendra el rencor, el resentimiento dice al Abad que imponga a quien le contradice muchas postraciones, hasta mil. Eleva el número ya sea a mil o a una. Es decir, el que contradice debe hacer ya sea mil postraciones a Dios, o una al Abad diciendo, «perdóname, padre». Y se perdona con una, que es principalmente la postración y el corte del hábito de contradecir.

 

San Isaac dice que la contradicción no pertenece a la vida cristiana; esto lo tomó del Apóstol que dice: «Si alguien quiere contradecir, sepa que nosotros no tenemos tal costumbre» (1Cor. 11, 16). Y para que no parezca que solo de sí mismo expulsa a quien contradice, el Apóstol añadió: «Ni las Iglesias de Dios». Así, cada uno percibirá que, cuando contradice, está fuera de todas las Iglesias y de Dios. Y necesita aquella una postración maravillosa, que si la omite, ni mil pueden beneficiarle, ya que es impenitente. La postración es el corte del mal, dice San Juan Crisóstomo. Las llamadas postraciones son más bien genuflexiones y muestran que quien se postra humildemente ante Dios y los hombres, cuando falta en algo, tiene la apariencia de esclavo, para que su defensa sea aceptada si en absoluto no contradice, ni intenta justificarse como el Fariseo. Debe más bien imitar al Publicano (Lucas 18, 11-13), considerándose peor que todos e indigno de mirar hacia arriba. Porque si cree que tiene penitencia y se atreve a contradecir a quien lo juzga razonablemente o sin razón, no es digno del perdón por χάρις jaris (gracia, energía increada), porque busca justicia y derechos y cree ganar algo por el camino de la justicia.

 

Sin embargo, esto es ajeno a los mandamientos del Señor. Y con mucha razón. Donde hay justificaciones, allí se busca la justicia y no la filantropía. Y entonces deja de actuar la χάρις jaris (gracia, energía increada), que justifica sin obras de justicia al impío (Rom. 4, 5), solo con la gratitud y la paciencia en las inspecciones y correcciones, con agradecimiento a quienes inspeccionan y corrigen y tolerancia a quienes acusan, con toda ausencia de rencor, y resentimiento para que la oración sea pura y la μετάνοια metania efectiva. Cuanto más se reza por aquellos que calumnian y acusan, tanto más Dios ilumina e informa a sus enemigos y le concede descanso y reposo con la oración pura y persistente.

 

En la oración, no mencionamos nuestros asuntos en detalle para supuestamente enseñar al Señor, quien conoce los corazones, sino para que nosotros mismos nos conmovamos de estos; y porque anhelamos permanecer cerca de Él tanto como sea posible, multiplicamos cuidadosamente las palabras de la oración, le damos gracias y confesamos sus grandes beneficencias tanto como podemos. Como dice san Juan Crisóstomo sobre el bienaventurado David, no es fraseología, palabrería o repetición vana, decir muchas veces la misma frase o similar; sino que el Profeta lo hacía por amor y también para que el logos de la Sagrada Escritura se imprima en el νούς nus y el intelecto de quien ora o estudia. Porque Dios lo sabe todo antes de que suceda, y no necesita escuchar nuestras palabras. Pero nosotros lo necesitamos para saber qué pedimos y por qué debemos rogar, para ser agradecidos y adherirnos a Él con nuestras peticiones. Y cuando los pensamientos nos perturban, no ser vencidos por los enemigos debido a que no tenemos dentro de nosotros el recuerdo de Dios, sino alcanzar, con la ayuda de la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras, la adquisición de las virtudes.

 

Los santos Padres escribieron sobre estas virtudes en varios lugares, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo. De ellos las aprendí y mencionaré sus nombres tanto como me sea posible, aunque no todas, porque me falta gnosis-conocimiento.

 

39) Catálogo de las virtudes.

 

Las virtudes son las siguientes: Prudencia, sensatez, valentía, justicia, fe, esperanza, agapi-amor, temor, piedad, gnosis-conocimiento, voluntad, fortaleza, discernimiento, sabiduría, contrición, duelo o luto (espiritual), apacibilidad, estudio de las Sagradas Escrituras, caridad, pureza de corazón, paz, paciencia, templanza, perseverancia, buena disposición, intención, percepción, diligencia, confianza en Dios, fervor, vigilancia, fervor espiritual, estudio, disposición, sobriedad, memoria, recogimiento, devoción, pudor, arrepentimiento, abstención del mal, μετάνοια metania, penitencia, retorno a Dios, alineación con Cristo, renuncia al diablo, cumplimiento de los mandamientos, custodia de la psique-alma, pureza de conciencia, recuerdo de la muerte, dolor de la psique-alma, práctica del bien, trabajo, esfuerzo, mortificación, ayuno, vigilia, hambre, sed, frugalidad, autosuficiencia, orden, decoro, modestia, ausencia de soberbia, desprecio de las riquezas, desapego del dinero, la no avaricia, renuncia a las cosas mundanas, subordinación, obediencia, docilidad, pobreza, despojo de bienes, huida del mundo, corte de voluntades, renuncia a los deseos, abnegación, consejo, magnanimidad, dedicación a Dios, ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), disciplina, amor a la liturgia, esfuerzo, atención, comer frugalmente, vestimenta insuficiente, desgaste del cuerpo por el ascetismo, soledad, calma, serenidad, buen humor, valentía, audacia, celo divino, corazón ardiente, progreso, locura por Cristo, custodia,vigilancia del νούς nus (espíritu de la psique), buen comportamiento, piedad, virginidad, santidad, pureza del cuerpo, pureza de la psique-alma, lectura para Cristo, devoción divina, gnosis-conocimiento, aptitud, verdad, ausencia de curiosidad, no juzgar, perdonar las faltas de los demás, economía, destreza, perspicacia, agudeza, indulgencia, uso correcto de las cosas, ciencia, inteligencia, experiencia, salmodia, oración, acción de gracias, confesión, súplica, petición, conversación con Dios, canto de himnos, alabanza, confesión, cuidado de la psique-alma, llanto, tristeza, angustia (espiritual), ansiedad (espiritual), lamentación, suspiro, llanto, lágrimas dolorosas, compunción, silencio, búsqueda de Dios, clamor lamentoso, despreocupación por todo, ausencia de rencor y resentimiento, humildad, modestia, sencillez de la psique-alma, simpatía, evitar la ostentación, bondad, indulgencia acciones naturales, acciones sobrenaturales, amor fraternal, concordia, relación según Dios, dulzura, disposición espiritual, afabilidad, inocencia, bondad, sencillez, elogio al prójimo, hablar bien de los demás, hacer el bien, preferencia por el prójimo, cariño según Dios, hábito virtuoso, perseverancia en la virtud, firmeza en la virtud, gratitud, humildad, ausencia de inclinaciones pasionales, grandeza, tolerancia, longanimidad, bondad, benevolencia, discernimiento, accesibilidad, amabilidad, calma, contemplación, guía, estabilidad, clarividencia, impasibilidad, alegría espiritual, ausencia de faltas, lágrimas de entendimiento, llanto de la psique-alma, deseo divino, compasión, misericordia, filantropía, pureza de la psique-alma, pureza del νούς nus (espíritu de la psique), previsión, oración pura, pensamiento que no se cautiva, resistencia, actividad de la psique-alma y del cuerpo, iluminación, elevación de la psique-alma, aborrecimiento a la vida (mundana), enseñanza correcta y ortodoxa, buen deseo de muerte, niñez en Cristo, estabilidad, instrucción y estímulo, ejercicio con moderación pero también con esfuerzo, admirable transformación, éxtasis hacia Dios, perfección en Cristo, genuina iluminación, divino έρως eros(amor ardiente), rapto del νούς nus, residencia de Dios, amor a Dios, filosofía interna, teología, apología, desprecio de la muerte, santidad, logro del propósito, salud perfecta de la psique-alma, virtud, alabanza de Dios, χάρις jaris (gracia, energía increada), divina realeza increada y adopción; todas ellas suman 238.

 

Llegar a ser en posición un dios por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios se logra con la victoria sobre πάθος pazos, cuyos nombres, según creo, son los siguientes.

 

40) Catálogo de los πάθος pazos.

 

Crueldad, astucia, maldad, mal humor, insensatez, intemperancia, seducción, ignorancia, falta de gnosis-conocimiento, pereza, frialdad espiritual, necedad, adulación, tontería, irracionalidad, pérdida de juicio, locura, grosería, desfachatez, cobardía, entumecimiento, negligencia de las buenas obras, delitos, avaricia, ambición, insuficiencia, ignorancia, falsa gnosis, demencia, olvido, falta de discernimiento, insensibilidad, injusticia, mala disposición, psique-alma inconsciente, desidia, charlatanería, retroceso, error, pecado, ilegalidad, transgresión, pasión, cautiverio, consentimiento malo, combinación irracional con malos pensamientos, ataque demoníaco, demora en el mal, exceso de descanso del cuerpo, maldad, culpa, enfermedad de la psique-alma, debilidad, impotencia mental, negligencia, indolencia, tristeza reprobable, desprecio de Dios, desvío, transgresión, incredulidad, desconfianza, mala fe, falta de fe, herejía, acuerdo con herejes, politeísmo, idolatría, desconocimiento de Dios, impiedad, magia, observación de presagios, adivinación, encantamiento, renuncia, participación en ceremonias paganas frenéticas, incontinencia, despilfarro, retórica, pereza, egolatría, desatención, falta de progreso, engaño, error, uso de drogas mágicas, impureza, consumo de alimentos impuros, lujo, libertinaje, glotonería, prostitución, avaricia, ira, tristeza, apatía, acidia, vanagloria, orgullo, arrogancia, soberbia, blasfemia, obscenidad, saciedad, vanidad, somnolencia, placer, codicia, gula, insaciabilidad, comer a escondidas, comer en exceso, evitar la comida comunitaria, indiferencia, facilidad para el mal, voluntad propia, falta de voluntad, complacencia, búsqueda de la aprobación de los demás, falta de experiencia en el bien, falta de educación, incompetencia, ligereza de juicio, ignorancia, rusticidad, contradicción, disputa, maledicencia, gritos, disturbios, lucha, ira, deseo irracional, bilis, paroxismo, escándalo, enemistad, intromisión, calumnia, amargura, difamación, reproche, maledicencia, crítica, acusación, odio, insulto, palabras ofensivas, deshonra, ferocidad, locura, severidad, irritabilidad, perjurio, juramento, falta de misericordia, falta de fraternidad, desigualdad, parricidio, matricidio, banquete, parálisis, soborno, robo, saqueo, envidia, discordia, celos, indecencia, burla, reproche, mofa, ridiculización, invención de modos para dañar al otro, opresión, desprecio del prójimo, flagelación, burla, ahorcamiento, ahogamiento, falta de afecto, intransigencia, violación de acuerdos, mal de ojo, inhumanidad, insolencia, desvergüenza, cautiverio, oscuridad de pensamiento, ceguera, apego apasionado a lo temporal, pasión, vanidad, desobediencia, mareo, somnolencia de la psique-alma, dormir en exceso, fantasía, embriaguez, inutilidad, debilidad, placer irracional, amor al placer, lujuria, lenguaje obsceno, afeminamiento, deseo inmoderado, inflamación, blandura, corrupción, adulterio, homosexualidad, bestialidad, corrupción, lascivia, mancha de la psique-alma, incesto, impureza, contaminación, impureza, amistad particular, risa, juegos, baile, palmadas y pisotones, canciones obscenas, movimientos de baile, música, descaro, cambio frecuente de monasterio, insubordinación, desorden, concordia reprochable, conspiración, guerra, asesinato, bandidaje, sacrilegio, avaricia, usura, engaño, profanación de tumbas, dureza de corazón, difamación, murmuración, blasfemia, quejas, ingratitud, mala voluntad, negligencia, mezquindad, confusión, mentira, charla ociosa, vaniloquio, alegría irracional, devaneo, amistad irracional, malicia, palabrería, charla insensata, charlatanería, tacañería, malicia, falta de destreza, indignación, acaparamiento, rencor, mal uso de las cosas, corrupción, jactancia, fantasía, amor al poder, hipocresía, ironía, traición, ingenio, derrota, amor satánico, curiosidad, causas de descontento, falta de temor de Dios, desobediencia, ingratitud, altivez, jactancia, hinchazón, desprecio del prójimo, falta de compasión, insensibilidad, falta de esperanza, relajación, odio a Dios, desesperación, suicidio y, a través de todo esto, la caída de Dios y la pérdida total. Todo lo anterior suma 298.

 

Estos πάθος pazos, pues, los encontré mencionados en las Sagradas Escrituras y las he enumerado aquí, al igual que hice con los títulos de los libros al principio de este logos escrito. No pude, ni intenté clasificarlas, porque esto supera mis capacidades, por la razón que dijo Juan de la Escalera: «Buscarás, dice la Escritura, sabiduría entre los malvados y no la encontrarás» (Prov 14, 6). Porque en los demonios todo es desordenado. Sólo tienen un propósito, en el cual están de acuerdo los discordantes e impíos: llevar a la perdición a las psiques-almas de aquellos que aceptan su consejo destructivo. Aunque a otras personas les procuran coronas, es decir, cuando son vencidos por aquellos que tienen esperanza en el Señor con fe y paciencia, y que con la práctica de las buenas obras y la resistencia a los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía), luchan y oran contra ellos.

 

41) Diferencia entre pensamientos y asaltos.

 

Los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, conceptos) tienen diferencias entre sí en todos los aspectos, y algunos son sin pecado, mientras que otros no. Por ejemplo, el llamado asalto, es decir, el recuerdo de lo bueno o lo malo, que no tiene ni recompensa ni condena. A esto le sigue la llamada combinación, es decir, el diálogo, conversación con el pensamiento, ya sea para consentimiento o para rechazar el pensamiento. Si el pensamiento es agradable a Dios, tiene elogio, pero pequeño, así como si es malo, tiene acusación. Luego está la llamada lucha con el pensamiento, que o vence o es vencido por el νούς nus y la mente y causa una corona o condena, cuando llega a la acción. Igualmente, el consentimiento, que es la inclinación placentera de la psique-alma hacia lo que se le presenta, del cual se produce la cautividad, que lleva con violencia el corazón a la praxis, acción, sin quererlo. Ahora cuando el pensamiento apasionado permanece en la psique-alma, se convierte en lo que llamamos πάθος pazos, que con la costumbre lleva la psique-alma al hábito (adicción) y la hace ir por sí misma hacia la acción, de manera voluntaria y familiar. El πάθος pazos en cualquier caso, está indudablemente sujeto o a la μετάνοια metania correspondiente, o a la condena futura, dice Juan de la Escalera; esto es, no por la guerra, sino por la falta de metania y arrepentimiento. Porque si no fuera así, dice el mismo santo, no podríamos la mayoría recibir perdón sin completa impasibilidad; porque no es posible que todos se vuelvan impasibles, pero no es imposible que todos se salven y se reconcilien con Dios.

 

Por lo tanto, quien es prudente, rechaza la madre del mal, el maligno asalto, para cortar de una vez todos los males que lo siguen; pero siempre está preparado para aceptar el asalto bueno. Así la psique-alma y el cuerpo adquieren el hábito de la virtud y se liberan de los πάθος pazos con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo. Porque no tenemos absolutamente nada que no hayamos recibido de Él (1Cor. 4, 7), ni nada que ofrecerle, salvo solo la voluntad, que si fallamos en ella, no encontramos ni gnosis-conocimiento espiritual, ni fuerza para hacer el bien. Esto es obra de la filantropía de Dios, para no ser condenados como ociosos y perezosos, porque la ociosidad es el principio de toda maldad. Y no solo eso, sino que el mismo trabajo del bien necesita discernimiento, como dice el libro Gerontikón. Una monja que ayunaba comiendo cada seis días y estudiaba continuamente el Antiguo y el Nuevo Testamento, aunque lograba lo difícil, cayó en lo fácil, a pesar de que debería haber adquirido impasibilidad después de tantos esfuerzos; pero esto no sucedió. Porque el bien no es bueno, si no tiene como propósito la voluntad de Dios. Esto lo vemos en la Escritura divina, donde frecuentemente Dios se muestra disgustado con personas que hacen cosas que parecen buenas a todos, mientras que en otros momentos acepta acciones que parecen malas. Esto lo testifica el Profeta que pidió a algunos que lo hirieran; aquel que desobedeció, creyendo que hacía el bien, fue devorado por una bestia (1 Re. 21, 36). También Pedro, creyendo que hacía el bien, no dejaba que el Señor le lavara los pies y recibió una reprensión por ello (Jn. 13, 8). Por eso debemos encontrar y hacer la voluntad divina con todas nuestras fuerzas, incluso cuando algo nos parece bueno. Por eso, el trabajo del bien no se realiza sin esfuerzo, para no perder, junto con el libre albedrío o independencia, también el elogio de haber forzado a nosotros mismos.

 

En general, todo lo que ordena Dios es maravilloso y supera todo entendimiento y concepción. Y no debemos maravillarnos solo del significado de lo que se realiza y se celebra en la Iglesia Ortodoxa, sino también de sus símbolos. Cómo, con el santo bautismo, nos convertimos en hijos de Dios por la χάρις jaris (gracia, energía increada), sin ofrecer nada antes, pero ni siquiera después, excepto la aplicación y cumplimiento de los mandamientos (logos, principios espirituales). Y cómo estas cosas terribles, me refiero al santo bautismo y la santa comunión, no se realizan sin sacerdocio, como dice el divino Crisóstomo. En esto se muestra el poder dado al Apóstol Pedro; porque si no se abren las puertas del reinado de la realeza increada de los Cielos con el sacerdocio, nadie puede entrar (Mt. 16, 19). Como dice el Señor: «Si no nace alguien del agua y del Espíritu…» (Jn. 3, 5), y de nuevo: «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn. 6, 53). Debemos maravillarnos aún, cómo el antiguo Templo, en la parte exterior donde los sacerdotes realizaban los sacrificios, era un tipo del mundo, mientras que interiormente tenía lo santo de los santos o altar de los altares (Heb. 9, 16), donde se ofrecía el incienso, compuesto por cuatro tipos: incienso, mirra, smirna y casia; estos indicaban las cuatro virtudes generales. Lo que se hacía entonces exteriormente, era la condescendencia de Dios hacia los judíos de mentalidad infantil, para que no se desviaran hacia los ídolos con canciones y placeres. Sin embargo, la nueva Iglesia es un tipo de lo que está por venir. Por eso, todo lo que se realiza en ella es celestial y espiritual. Así como hay nueve órdenes en el cielo, así también en la Iglesia hay Patriarcas, Metropolitanos, Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Subdiáconos, Lectores, Salmistas y Monjes. Además, debemos maravillarnos cómo con el signo de la santa y vivificante Cruz huyen los demonios y las diversas enfermedades, cosa gratuita y sin esfuerzo para todos. ¿Quién puede contar los elogios de la Cruz? Los santos Padres nos entregaron el simbolismo de este santo signo, para contradecir a los incrédulos y herejes. Los dos dedos y el pulgar representan al Señor Jesús Cristo crucificado, que conocemos con dos naturalezas y una hipóstasis; la mano derecha recuerda su poder infinito y su establecimiento a la derecha del Padre; el movimiento de arriba hacia abajo significa su condescendencia desde el cielo hacia nosotros; finalmente, el movimiento desde el lado derecho hacia el izquierdo, por una parte ahuyenta a los enemigos, y por otra muestra que el Señor con su poder invencible venció al diablo, que está a la izquierda, débil y oscuro. Y cómo de nuevo, la iconografía con pocos colores nos presenta lo que el Señor y todos los Santos hicieron hace muchos años, como si estuviera sucediendo ahora. Esto se debe a la providencia de Dios, para que veamos estas cosas con nuestros ojos y las deseemos cada vez más, como dice el santo Apóstol Pedro en el martirio de su discípulo el santo Pancracio.

 

Así que, todo lo que hemos dicho desde el principio, no sirve de nada sin la fe correcta, ni tampoco puede hacerse sin obras (Stg. 2, 20). Muchos santos Padres escribieron sobre la fe y las obras. Para recordarlo, diré brevemente que, por una parte debemos tener las obras que se mencionaron antes, cada uno según su orden en la Iglesia, y por otra parte, la fe ortodoxa, la que recibimos de los Santos mencionados anteriormente, para alcanzar junto con ellos los bienes eternos, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la filantropía de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él le corresponde todo honor y adoración, junto con Su eterno Padre y Su santo, bueno y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Dije, mientras terminaba: Cristo, a Ti te corresponde la doxa-gloria.

Traducido por Jristos Jrisοulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com 23/07/2024

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