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May 11 2024

Filocalía tomo 2 Logos sobre el Abad Filemón

Αββάς Φιλήμων – Λόγος περί του αββά Φιλήμονος.

 Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Β΄

 

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 2

Logos sobre el Abad Filemón

Abad Filemón: Breve Biografía

El muy santo padre nuestro Filemón, el más níptico (sobrio) pero también el más penitente de los padres portadores de Dios, no conocemos exactamente cuándo vivió por su biografía. Sin embargo, aquellos que deseen ver que se convirtió en sumamente piadoso, como pocos de los yérontas (ancianos sabios e iluminados), y muy experimentado, amigo de la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y auténtico imitador del Gran Arsenio, pueden verlo en el presente logos escrito.

Perseverando pacientemente en oraciones y súplicas noche y día en su celda ascética, como en algún altar celestial, y lavando cada vez más su ser en lágrimas constantes y dulcísimos llantos, ascendió devotamente más alto no solo que todos los males, sino incluso que todo lo bueno, y sobre todo, sobre lo inteligible, espiritual y lo sensible; y se presentó ante Dios «sordo y mudo», como dice la Escritura, y alcanzó la suprema iluminación de Su divina χάρις jaris (gracia, energía increada). De él, como de un disco solar, se enriqueció abundantemente lo inefable con la capacidad de discernimiento y la visión y el don profético, a través de la suprema ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y el silencio.

Testigo confiable de lo que he dicho es este logos escrito aquí. En él, más que en cualquier otro, la enseñanza de la santa nipsis (sobriedad) con la fuerza del discernimiento se teje perfectamente, como una majestuosa púrpura tejida por Dios, tanto en lo que respecta a la práctica como en lo que contribuye a la θεωρία zeoría (contemplación natural y espiritual) y proporciona su fiabilidad con la experiencia de muchos años.

Por lo tanto, quien desee despojarse del vestido manchado y sucio de los πάθος pazos, o, lo que es lo mismo, del «viejo hombre», y vestirse con el luminoso vestido de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y la χάρις jaris (gracia, energía increada), que es el «nuevo hombre», como lo reveló Jesús Cristo, logrará su loable deseo si estudia constantemente este logos escrito y cumple tanto como pueda con estas obras que estudia.

 

Logos sobre el Abad Filemón

 

Decían del abad Filemón el anacoreta (retirado ermitaño) que se encerró en una cueva cerca de la Lavra (Laura) llamada de los Romanos, y allí llevó a cabo las pruebas de la ascética, repitiendo constantemente en su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) lo que el gran Arsenio solía dirigir a sí mismo, como dicen, «Filemón, no olvides por qué te has marchado y apartado del mundo». Permaneció, pues, en la cueva durante mucho tiempo y se dedicó al tejido de cestas. Las cestas que hacía las entregaba a su ecónomo para poder conseguir un poco de pan, porque no comía nada más que pan y sal, y eso no todos los días. Por lo tanto, no cuidaba en absoluto su carne (Rom. 13, 14), sino que, ocupado siempre en la θεωρία zeoría contemplación espiritual se bañaba por la iluminación divina y, mientras era iniciado en misterios inefables a través de ella, vivía en constante alegría, deleite y gozo. Al ir a la iglesia cada sábado y domingo, caminaba solo y concentrado en sí mismo, sin permitir que nadie se le acercara para no distraer su νούς nus (espíritu de la psique) con la mente del trabajo espiritual. Dentro de la Iglesia se quedaba en un rincón con la cara hacia el suelo y derramaba torrentes de lágrimas, manteniendo constante el luto espiritual o según Dios y el recuerdo de la muerte, siguiendo el ejemplo de los santos Padres y especialmente del gran Arsenio, cuyas huellas se esforzaba por seguir.

Cuando surgió una herejía en Alejandría y sus alrededores, se marchó y se dirigió a la Lavra que está cerca de la Lavra de Nicanor. Allí fue recibido por el muy reverendo y amante de Dios, Paulino; le concedió una celda especial, donde lo instaló con toda tranquilidad. Durante un año no permitió que nadie lo visitara, ni él mismo lo molestó en absoluto, excepto cuando le entregaba el pan necesario.

Cuando llegó la fiesta de la Resurrección del Señor, se encontraron y hablaron sobre la vida eremita (solitaria); y al darse cuenta de que también para el piadoso Paulino este propósito era más preferible, le cita palabras ascéticas de las Escrituras y de los Padres, y revela con ellas que sin la perfecta ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad es imposible agradar a Dios, como también filosofó y razonó sobre ello también el admirable abad Moisés. Porque la ησυχία hisijía engendra la ascesis, ejercicio espiritual, la ascesis engendra las lágrimas, las lágrimas engendran el temor, el temor engendra la humildad, la humildad engendra el don de la provisión, el don de la provisión engendra la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), la agapi hace que la psique-alma sea sana e impasible (sin pazos). Y entonces el hombre conoce que no está lejos de Dios.

Por lo tanto, le decía: «Debes, a través de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), hacer la catarsis y purificar completamente tu νούς nus (espíritu del corazón de la psique) y darle un trabajo espiritual ininterrumpido. Porque así como los ojos ven las cosas sensibles y se maravillan de su espectáculo, así también νούς nus puro con la mente clara ve las realidades inteligibles o espirituales y se extasía por la contemplación espiritual y difícilmente se distrae de ellas. Y cuanto más, a través de la hisijía, se despoje de los pazos y se sana haciendo la catarsis, tanto más conocimiento/gnosis se hace digno de recibir. Y entonces el nus con la mente se vuelve perfecto, cuando supera el conocimiento de la esencia de las cosas y se une a Dios, de modo que después de haber alcanzado el axioma real, ya no tolera ser pobre. Ni es arrastrado por los bajos deseos e instintos, aunque se le ofrezcan todos los reinos del mundo. Por lo tanto, si quieres alcanzar todas estas virtudes, no te preocupes por los asuntos de ningún hombre; retírate con todas tus fuerzas del mundo y sigue voluntariamente el camino de los Santos. Ten un aspecto descuidado y ropas viejas, sucias, viste humildemente, comportamiento sencillo, palabra espontanea sin fingir, paso modesto, voz sincera, que la pobreza sea tu compañera y el desprecio de todos. Sobre todo, guarda la vigilancia y la nipsis sobriedad de tu nus (espíritu de la psique). Ten paciencia en todas las tribulaciones, y guarda todo bien que tengas, intacto e inmutable. Y cuida mucho de ti mismo, no vaya ser que aceptes algún placer inoportuno. Porque los pazos de la psique-alma se calman con la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial); pero cuando son irritadas y estimuladas, se vuelven más salvajes y llevan a aquellos que las tienen a pecar más, y se vuelven difíciles de curar, como ocurre con las heridas físicas cuando se frotan y se irritan. Incluso una palabra ociosa puede separar el nus y la mente del recuerdo de Dios, ya que los demonios nos incitan a ello y los sentidos son persuadidos por ellos”.

“El esfuerzo y el temor de preservar y proteger tu psique-alma son grandes. Por lo tanto, debes separarte de todo el mundo por completo y romper el vínculo de simpatía entre tu psique-alma y tu cuerpo, y convertirte en alguien desapegado, sin ciudad, sin hogar, sin posesiones propias, desinteresado, sin ataduras, sin negocios mundanos, sin intercambios con otros, ignorante de los asuntos humanos, humilde, compasivo, apacible, manso, tranquilo, listo para recibir en tu corazón las indicaciones del conocimiento/gnosis divino. Porque no es posible escribir en una tabla de cera, si primero no la has alisado de las letras que están grabadas en la cera. Esto es lo que nos enseña san Basilio el Grande. Todos los santos se convirtieron así: completamente separados de la vida mundana, mantenían la mentalidad y conducta celestial sin mancha dentro de ellos y la iluminaban con las leyes divinas. Y brillaban con obras y logos piadosos, después de haber mortificado sus miembros terrenales con la εγκράτεια engratia (autodominio, moderación), el temor y el anhelo de Dios. Porque con la oración incesante y el estudio de las Sagradas Escrituras, abren los ojos psíquicos o espirituales de la psique-alma y ven al Rey de las potestades. Y entonces surge una gran alegría y un intenso anhelo que consume la psique-alma, la carne se levanta también por el Espíritu y el hombre se vuelve completamente espiritual. Estas son las cualidades que deben tener los trabajadores de la bienaventurada ησυχία hisijía divina y la vida ascética, que se han separado de toda consolación humana y hablan solo con el Señor celestial con claridad y pureza.”

Cuando escuchó estas palabras, aquel hermano piadoso amigo de Dios fue herido en la psique-alma por un divino anhelo, y fue con él al monasterio, donde los Padres más grandes habían recorrido el camino de la piedad. Allí vivieron en la Laura de San Juan el Colovós, y, deseando llevar una vida hisijástica, confiaron su cuidado al ecónomo de la Laura. Vivieron con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios en gran ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental), yendo libremente a la Iglesia todos los sábados y domingos. Los demás días de la semana se quedaban en la celda, cada uno haciendo sus propias oraciones y seguimiento. La práctica del santo anciano era la siguiente: toda la noche recitaba los Salmos y las odas (cánticos) sin ruido, y también leía una porción del Evangelio. Luego se sentaba y recitaba el «Κύριε έλέησον Señor, compadécete de mí, ten misericordia o compasión» en silencio y con atención durante mucho tiempo, hasta que ya no podía hacerlo. Y entonces tomaba un poco de sueño; y de nuevo al amanecer recitaba la Hora Prima y se sentaba en su taburete, mirando cuidadosamente hacia el este, recitando ocasionalmente y recordando de memoria fragmentos del Apóstol y el Evangelio. Y así pasaba cada día recitando y orando ininterrumpidamente (1Tes 5,17), y siendo nutrido por la θεωρία zeoría contemplación de las cosas celestiales, de modo que a menudo su nus (espíritu de la psique) se elevaba en la contemplación y no sabía si estaba en la tierra.

El hermano Paulino, al verlo tan entregado y extendido a la oración y completamente transformado por las divinas ideas, le dijo: «Te esfuerzas y te cansa mucho, padre, con tanta ancianidad, en afligir tu cuerpo y en tratarlo como a un esclavo (1Cor 9,27)”. Y el yérontas (anciano sabio e iluminado) respondió: «Créeme, hijo mío, Dios ha puesto en mi psique-alma un deseo y anhelo tan grande por el seguimiento que mis fuerzas no son suficientes para satisfacerlo en toda su extensión. Pero el anhelo de Dios y la esperanza de los futuros bienes vencen mi debilidad corporal». Así que el anhelo de su nus (espíritu de la psique) siempre se elevaba hacia el cielo. Y no solo en otras horas, sino también a la hora de la comida.

Una vez, un hermano que vivía con él le preguntó cuál era el misterio de la θεωρία zeoría contemplación espiritual. Él, viendo que deseaba aprender y le rogaba, le dijo: «Te lo digo, hijo mío, en verdad, que si el νούς nus (espíritu de la psique) hace la catarsis completamente, entonces Dios le revela las contemplaciones incluso de las potencias angélicas que le sirven». Y de nuevo le preguntó: «Padre, ¿por qué, más que toda la Sagrada Escritura, te deleitas más con los Salmos? ¿Y por qué, aunque los recitas en silencio, pareces estar conversando con alguien?». El abad respondió: «Déjame decirte, hijo mío; Dios ha puesto en mi humilde psique-alma tanta fuerza y energía de los Salmos como en el profeta David, y no puedo separarme del dulzor de las diversas enseñanzas y contemplaciones que contienen. Los Salmos contienen toda la Escritura divina». Y esto lo confesó al hermano con gran humildad, después de ser presionado mucho por él, deseando beneficiarlo.

Un hermano llamado Juan, procedente de las costas, fue a este santo y gran padre Filemón, cayó a sus pies y le dijo: «¿Qué debo hacer, padre, para ser salvo? Porque veo que mi nus (espíritu de la psique) con la mente divaga y se pasea aquí y allá en cosas que no debe». El anciano, después de guardar silencio un poco, le dijo: «Este πάθος pazos es de los mundanos, y todavía lo tienes, porque no has adquirido el anhelo perfecto de Dios. Aún no has sentido el calor del anhelo y el conocimiento/gnosis de Dios». El hermano dice: «¿Y qué debo hacer, Padre?». Y él le respondió: «Ve y ten un estudio secreto en tu corazón, que puede purgar y limpiar tu nus y corazón de estas cosas». El hermano, siendo inexperto en estas cosas, le dice al anciano: «¿Qué es el estudio secreto, Padre?». Y él le respondió: «Ve, ten nipsis vigilancia y sobriedad en tu corazón y di con cuidado dentro de tu nus, con temor y temblor: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Señor Jesús Cristo, eleisón me, compadécete o ten misericordia, de mí». Esta es la instrucción que da el bienaventurado Diádoco a los principiantes». Filocalía tomo 1 cap. 59-61. https://www.logosortodoxo.com/filocalia/100-capitulos-practicos-san-diadoco-de-fotica/

Entonces el hermano partió, y con la ayuda de Dios y las oraciones del Padre, después de haber encontrado ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y tranquilidad, se deleitó dulcemente en este estudio y  práctica, pero solo por un tiempo. Sin embargo, cuando este estudio y práctica se detuvo repentinamente y no podía cultivarla con nipsis sobriedad y oración, volvió nuevamente al yérontas (anciano sabio e iluminado) y le contó lo que le había sucedido. El yérontas le dijo: «Ahora has experimentado al menos un rastro de ησυχία hisijía y trabajo espiritual y has probado la dulzura que proviene de ello. Por lo tanto, siempre ten esto en tu corazón: ya sea que estés comiendo, bebiendo, hablando con otros, fuera de tu celda, caminando por la calle, nunca dejes de tener esta oración en contacto consciente con tu mente y corazón con sobriedad y concentración, y recita y estudia oraciones y salmos. Pero incluso en esta necesidad, tu nus con la mente no debe estar ocioso, sino que debe estudiar y orar en secreto. Porque así podrás conocer las profundidades de las Escrituras y el poder que reside en ellas, y darle un trabajo incesante a tu mente unido al corazón en contacto consciente con la oración para cumplir con el mandato apostólico que dice: “Orad sin cesar” (1 Tes 5:17). Por lo tanto, cuida con precisión y guarda tu corazón para que no acepte pensamientos malvados ni vanos y fútiles. Pero siempre, ya sea que estés durmiendo, comiendo, bebiendo o hablando, que tu corazón en secreto, a veces medite en los salmos, a veces ore con “Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete de mí”. Y nuevamente, cuando recites con tu lengua, ten cuidado de que tu boca no diga una cosa y tu mente vaya en otra dirección».

El hermano luego dijo: «En mi sueño veo muchas fantasías vanas». El Yérontas le dijo: «No te desanimes ni descuides; pero antes de acostarte, haz muchas oraciones en tu interior y resiste los pensamientos, de modo que el diablo no te arrastre hacia sus deseos, para que Dios te reciba y acepte. Y mientras puedas, después de los salmos y el estudio cuidadoso, duerme, y no descuides ni permitas que tu mente acepte pensamientos ajenos, sino que con aquello por lo que has orado y estudiado, inclínate para que estén contigo cuando duermas, y cuando despiertes te hablen (Prov 6:22). Di también el Símbolo de la fe antes de acostarte. Porque la fe correcta en Dios es la fuente y la protección de todos los bienes».

El hermano luego preguntó: «Muéstrame amor, Padre, y dime, ¿qué trabajo hace tu νούς nus (espíritu de la psique) con la mente? Enséñame para que también pueda ser salvo». El Yérontas le respondió: «¿Por qué quieres indagar en estas cosas?» Entonces el hermano se levantó, tomó los pies del santo, y besándolos, le rogó que le contara. Después de muchas horas, le dijo: «Todavía no puedes soportarlo; porque asignar la tarea apropiada a cada sentido es una característica del hombre que ha adquirido el hábito en la virtud. Ni aquel que no está completamente limpio de los pensamientos vanos del mundo puede aspirar a recibir este carisma. Por lo tanto, si deseas estas cosas, conserva el estudio secreto con un corazón limpio. Porque si tu oración se hace ininterrumpidamente y el estudio de las Escrituras, entonces los ojos espirituales o psíquicos de la psique-alma se abrirán y vendrá a ella una gran alegría y un anhelo inefable y poderoso, al punto de que incluso la carne arderá por el Espíritu, para que el hombre se vuelva completamente espiritual. Entonces, ya sea de noche o de día, si Dios te concede orar sin distracción con el nus y corazón limpio, no te limites a tu canon o regla, sino que, con toda la fuerza que tengas, extiéndete en la oración y dedícate a Dios. Y Él iluminará tu corazón sobre qué trabajo espiritual hacer». También agregó esto: «Una vez vino un Yérontas a visitarme; le pregunté por su estado espiritual y me respondió: “Durante dos años enteros rogaba al Señor con todo mi corazón y fuerza de mi voluntad sin desanimarme, para que me diera el carisma de imprimir incesantemente y sin distracción en mi corazón la oración del corazón o de Jesús que Él mismo enseñó a Sus discípulos. Y después de ver mi esfuerzo y paciencia, el generoso Señor me otorgó el carisma».

El hermano continuaba diciendo: «Los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) que surgen en la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) acerca de las cosas vanas son enfermedades de la psique-alma perezosa y ociosa. Por lo tanto, como dice la Escritura, debemos guardar nuestro nus (espíritu de la psique) y la mente de todas las maneras posibles (Prov 4:23), y cantar sin distracción con conciencia, y orar con un nus limpio, puro y lúcido. Entonces, hermanos, Dios quiere que mostremos nuestra dedicación primero con esfuerzos y luego con agapi-amor y oración incesante, y Él nos guiará por el camino de la salvación. Y es evidente que el único camino que lleva al cielo es la perfecta ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y, evitar todo mal, adquirir lo bueno, la agapi-amor perfecto a Dios y la unión con Él en santidad y toda virtud. Si alguien alcanza esto, ascenderá rápidamente al espacio celestial. Pero ciertamente, aquel que desee alcanzar esta altura debe mortificar los miembros que anhelan lo terrenal (Col 3:5). Porque cuando la psique-alma se regocija y goza con la contemplación del verdadero bien, no vuelve a ninguno de los pazos y placeres sensuales, sino que, después de rechazar todo placer corporal, recibe con la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) pura e inmaculada la revelación de Dios.

«Por lo tanto, hermanos, necesitamos gran atención y esfuerzos físicos y catarsis de la psique-alma, para hacer de Dios un morador en nuestros corazones, de modo que podamos aplicar y cumplir sin error sus divinos mandamientos-logos en adelante. Y entonces Él nos enseña a aplicar y cumplir Sus leyes con seguridad, enviándonos como rayos solares Sus energías increadas con la χάρις jaris gracia increada de Su Espíritu que ha puesto en nuestro interior. Porque mediante esfuerzos y tentaciones debemos limpiar y purificar la imagen divina, según la cual nos hicimos lógicos y receptivos de cada conocimiento y de la semejanza con Dios; teniendo nuestros sentidos inmaculados de toda mancha, templándolos de alguna manera en el crisol de las tentaciones y transformándonos en la dignidad y axioma real. Dios hizo que la naturaleza humana fuera partícipe de todo bien, capaz de contemplar espiritualmente las danzas de los ángeles, las glorias de las dominaciones, potestades, principados, potencias, la luz inaccesible, la doxa-gloria ultra-brillante e increada. Pero cuando logres la virtud, que no se eleve tu pensamiento sobre tu hermano, pensando que tú lograste y él descuidó; eso es el principio de la soberbia. Cuídate con todas tus fuerzas de no hacer nada para agradar a los hombres. Si luchas contra un πάθος pazos, no te canses ni te desanimes, aunque la batalla persista. Levántate y ofrécete a Dios con todo tu corazón, y di con el Profeta: “Juzga, Señor, a los que me injurian, porque yo no puedo vencerlos” (Salmo 34:1). Y Dios, al ver tu humildad, te enviará rápidamente Su ayuda. Cuando de nuevo camines con otro en el camino, no aceptes conversación vana, sino dirige tu nus (espíritu de la psique) y la mente al trabajo espiritual que ya tenía, para que se convierta en una buena costumbre para ti, olvidando los placeres del mundo y llegando finalmente al puerto de la απάθειας apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos)». Con tales y muchas otras enseñanzas, después de instruir al hermano, le dio su bendición y lo dejó ir.

Después de un tiempo, el hermano regresó y preguntó de nuevo al anciano Yérontas: «¿Qué debo hacer, padre? Durante mi vigilia nocturna, el sueño me pesa y no me deja rezar con nipsis sobriedad y atención, pero tampoco puedo mantenerme despierto por mucho tiempo, y cuando salmodio, me viene en la mente a ocuparme con el trabajo manual». El anciano Yérontas respondió: «Cuando puedas orar con nipsis sobriedad y atención, no te vuelvas al trabajo manual. Pero si la acedia pereza te domina, muévete un poco, amenaza a tu pensamiento y toma el trabajo manual». El hermano le dijo de nuevo: «A ti, padre, ¿no te pesa el sueño durante tu vigilia?» Él le respondió: «Rara vez; pero si alguna vez me llega, me muevo y comienzo a recitar el Evangelio de Juan desde el principio, levantando los ojos de la psique-alma (nus y mente) hacia Dios, y desaparece de inmediato. Lo mismo hago con los pensamientos; cuando surge un pensamiento, lo enfrento con lágrimas ardientes como fuego, y desaparece. Pero tú aún no puedes armarte así, sino más bien mantén siempre el estudio oculto y las oraciones prescritas por los Santos Padres para el día: las Horas Tercia, Sexta y Nona y las Vísperas; asegúrate de cumplir también con las vigilias nocturnas. Con todas tus fuerzas, procura no hacer nada para agradar a los hombres, ni tengas enemistad contra tu hermano, para que no te separes de tu Dios. Esfuérzate por mantener tu mente inquebrantable sin distracciones, atenta a los pensamientos internos. Cuando estés en la Iglesia y vayas a comulgar los divinos Misterios de Cristo, no salgas fuera hasta que hayas alcanzado la paz perfecta; permanece en el mismo lugar y no te vayas de allí hasta la despedida. Ten en cuenta que estás en el cielo y que junto con los santos ángeles te encontrarás con Dios y lo recibirás en tu corazón. Prepárate con mucho temor y temblor, para no convertirte en un partícipe indigno de las fuerzas y energías santas». Con estas palabras, armó al hermano y, después de encomendarlo al Señor y al Espíritu de Su jaris gracia (Hechos 20:32), lo dejó ir.

Además de esto, el hermano que estaba con él dijo lo siguiente:

“Una vez que estaba sentado junto a él, le pregunté si había experimentado tentaciones por parte de los demonios cuando estaba en el desierto. Él respondió: «Perdóname, hermano. Si Dios permite que las tentaciones que sufrí del diablo te alcancen, no creo que puedas soportar su severidad. Tengo setenta años, o más. He soportado cada vez más y más; he permanecido en varios desiertos en profunda ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y tranquilidad y he sufrido tanto de ellos que no vale la pena relatar su severidad a aquellos que aún no han experimentado la vida hisijástica eremítica. Esto es lo que hacía siempre durante las tentaciones, toda mi esperanza la dirigía a Dios, hacia quien también hice promesas de renunciar al mundo. Y Él siempre me salvó de cualquier necesidad. Por eso, hermano, ya no me preocupo por mí mismo. Porque conozco que Él cuida de mí y sufro las tentaciones que vienen sobre mí con más ligereza. Lo único que ofrezco de mí mismo es orar constantemente (1Tes 5:17).

Y sé que cuanto más intensos son los sufrimientos, más coronas se otorgan al que los soporta. Porque las tentaciones son letras de cambio ante el justo Juez. Por lo tanto, hermano, no te desanimes; debes saber que estás y luchas en medio de la guerra y que son muchos los que luchan de nuestro lado contra el enemigo de Dios. ¿Cómo podríamos atrevernos a luchar contra un enemigo tan temible para nuestro género humano si no fuera por la poderosa mano del Logos de Dios que nos sostiene, protegiéndonos? ¿Cómo podría la naturaleza humana resistir sus ataques? La Escritura dice al respecto: “¿Quién puede quitarle su coraza, o quién puede penetrar las dobleces de su armadura? De su boca salen antorchas encendidas, y lanzan llamas. De sus fosas nasales sale humo denso como de una hoguera que quema carbón. Su aliento aviva las brasas, y de su boca sale fuego. Su fuerza se concentra en su cuello. La destrucción corre delante de él. Su corazón es duro como una piedra, y firme como un yunque. Hace hervir el abismo como una olla, considera el mar como un recipiente de ungüento y tiene bajo su dominio las profundidades del abismo. Observa todo lo que es alto y tiene el dominio sobre todo lo que hay en las aguas” (Job 41: 5, 11-14, 16, 23-24, 26).

Tenemos que luchar y pelear contra él, hermano. La Escritura ha representado a este terrible y poderoso tirano. Pero aquellos que se han dedicado legalmente a la vida hisijástica eremítica lo vencen fácilmente, porque no tienen nada en común con él, ya que han renunciado al mundo y se destacan en virtudes. Tenemos con nosotros a Aquel que lucha de nuestro lado. Dime, ¿quién se ha acercado al Señor y, habiendo tomado en serio su temor, no ha cambiado? ¿Y quién ha iluminado su propia vida con las leyes divinas y las obras divinas, y no ha hecho brillar su psique-alma con divinos significados y pensamientos? Este nunca permite que su psique-alma se vuelva lenta, porque tiene a Dios que despierta su νούς nus (espíritu del corazón de la psique) y su mente para desear ansiosamente la luz increada. Y a medida que esta psique-alma recibe continuamente la divina energía increada, no se deja adormecer por las pasiones-pazos, sino que como un rey que con ardiente y terrible ira lucha contra sus enemigos, degollándolos y cortándolos impunemente y sin retroceder en absoluto, gana la victoria en la guerra, levantando las manos hacia el cielo con la virtud práctica y la oración del nus o del corazón”.

El mismo hermano solía decir también esto: “Junto con otras virtudes, poseía también esta: nunca soportaba escuchar palabrerías y logos vanos. Si alguien decía descuidadamente algo que no tendía hacia el beneficio espiritual, no respondía en absoluto. Pero incluso cuando iba a algún servicio, no me preguntaba «¿dónde vas?». Y cuando regresaba, no me preguntaba «¿dónde has estado?» o «¿cómo te fue?» o «¿qué hiciste?». Una vez fui a Alejandría por un asunto necesario y desde allí fui a Constantinopla por un asunto eclesiástico, después de saludar a los otros hermanos piadosos, sin avisar al anciano. Después de quedarme allí un tiempo considerable, volví a la skiti asceterio cerca de él. Cuando me vio, se llenó de alegría y después de besarme, hizo una oración y se sentó, sin preguntarme nada, pero permaneció absorto en la θεωρία zeoría contemplación espiritual.

«Otra vez, queriendo probarlo, esperé algunos días sin darle pan. Él ni pidió ni me dijo nada. Después de esto, me arrepentí y le dije: ‘Muestra amor, padre, y dime, ¿no te entristeció que no te trajera tu comida habitual?’ Me respondió: ‘Perdóname, hermano. Y si no me das pan durante veinte días, no te lo pido. Mientras mi psique-alma lo soporte, así lo soporto también en el cuerpo’. Estaba tan absorto en su θεωρία zeoría contemplación espiritual del Bien verdadero.

También decía que “desde que llegué a la Skiti asceterio, no permití que mi pensamiento saliera de la kelia celda, ni acepté otro pensamiento con mi mente, excepto el temor a Dios y los castigos en el siglo venidero. Siempre tenía en mente el castigo que Dios ha amenazado contra los pecadores, el fuego eterno y las tinieblas exteriores, en qué estado se encuentran las psique-almas de los pecadores y las psique-almas de los justos, y cuáles son las recompensas preparadas para los justos, y cómo cada uno disfruta de su recompensa según su trabajo (1 Cor 3:8); uno por sus muchos trabajos, otro por su misericordia y amor sincero, otro por su desprendimiento, desapropiación y total renuncia al mundo, otro por su humildad y profunda ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental), otro por su perfecta subordinación, otro por su exilio. Por tanto, reflexiono sobre todas estas cosas y no permito que otro pensamiento entre en mí, ni puedo aún estar con la gente, o ocupar mi mente y mi nus con ellos, para no separarme de los pensamientos más santos”.

«A esto añadía el relato de un monje que decía que ‘había llegado a la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y recibía su pan de la mano de un ángel, pero por su negligencia perdió este honor. Porque cuando la psique-alma pierde la concentración y la intensidad de su νούς nus (espíritu del corazón de la psique), entonces la noche la domina. Donde Dios no ilumina, todo está disperso como en la oscuridad y no pueden ver a Dios solamente y temen Sus logos. Dice el Señor: “¿Yo soy un Dios que me acerco a vosotros y no un Dios lejano? ¿Se puede esconder alguien en el lugar más escondido y yo no lo vea? ¿Quizás no lleno yo el cielo y la tierra? (Jer 23:23-24)’. Recordaba también a muchos otros que habían experimentado lo mismo. Junto con esto, mencionaba la caída de Salomón, ‘quien, decía, aunque recibió tanta sabiduría y fue alabado por todos porque era como la estrella de la mañana y difundía su sabiduría a todos, sin embargo, por un pequeño placer perdió la doxa-gloria (3 Reyes 11:1-11). Uno debe temer la negligencia. Debemos orar sin cesar (1 Tes 5:17), para que no venga un pensamiento extraño y nos separe de Dios y algo extraño se adhiera a nuestro nus (espíritu de la psique) y la mente. Porque el corazón puro, una vez lleno completamente del Espíritu Santo, ve dentro de sí claramente como en un espejo a Dios mismo.»

«Cuando escuché esto, continuó el hermano, comprendí en la práctica que los sufrimientos carnales eran totalmente inactivos para él. Siempre deseaba lo mejor, para que siempre pareciera que estaba siendo metamorfoseado, transformado por el Espíritu Santo; gemía con gemidos inefables (Rom 8:26), reflexionaba dentro de sí mismo y evaluaba su propio ser, y luchaba para que no entrara nada clandestino en su nus y mente y oscureciera su pureza sin que se diera cuenta, sin dar lugar a ninguna ocasión para la censura.»

Viendo yo estas cosas, dijo el hermano que estaba cerca de él, y sintiéndose incitado por la envidia para hacer también las mismas hazañas, me acercaba a él y le preguntaba frecuentemente: «¿Cómo puedo adquirir también un nus (espíritu de la psique) puro y mente lúcida, como tú?» Y él me decía: «Ve y trabaja. Porque se necesita esfuerzo y dolor del corazón. Aquellas cosas que son dignas de celo o entusiasmo y de nuestros esfuerzos, no nos vienen cuando dormimos y estamos acostados, ya que incluso los bienes terrenales no vienen sin esfuerzo. Por lo tanto, aquel que quiere avanzar en el progreso espiritual, primero debe renunciar a sus propios deseos y voluntades y adquirir el luto espiritual o según Dios perpetuo, la desapropiación o sin propiedades y la humildad. No debe prestar atención a los pecados de los demás, sino solo a los suyos, y debe llorar por ellos día y noche, y no tener amistad con nadie. La psique-alma que sufre por las desgracias y es controlada por el recuerdo de sus pecados se vuelve muerta para el mundo, y el mundo muere para ella, es decir, los placeres de la carne se vuelven ineficaces e inactivos, y el hombre se vuelve desapegado hacia ellos. Aquel que renuncia al mundo y sigue a Cristo y encuentra paz, ama a Dios y mantiene pura la imagen divina y adquiere la semejanza divina. Porque recibe de Dios la donación del Espíritu y se convierte en la residencia de Dios y no en la residencia de los demonios; presenta obras justas delante de Dios. Y la psique-alma que está limpia del mundo y libre de contaminaciones carnales y no tiene ninguna mancha ni arruga (Ef 5:27) será coronada con la corona de la justicia, y brillará completamente con la belleza de la virtud. Si alguien al principio de su renuncia al mundo no tiene luto en su corazón, ni lágrimas espirituales, ni recuerdo del tormento interminable, ni verdadera paz, ni oración persistente, ni salmos, ni estudio de las Sagradas Escrituras, ni se ha vuelto costumbre para él, para que a través de su constante perseverancia en ellas sea obligado por su mente a practicarlas incluso sin quererlo, y si el temor de Dios no crece en su nus y corazón, entonces aún encuentra consuelo en la amistad del mundo y no puede adquirir un nus puro y una mente lúcida en la oración. La piedad y el temor de Dios hacen la catarsis y purifican la psique-alma de los pazos y liberan el nus, le guían hacia la contemplación natural y le llevan a tocar la teología, que espera en forma de bienaventuranza, porque esto da a los partícipes un anticipo de la bienaventuranza eterna y mantiene la psique-alma inquebrantable.

Por lo tanto, con toda nuestra fuerza, cuidemos de la práctica laboriosa, mediante la cual ascendemos a la piedad y devoción, que es la limpieza y lucidez de la διάνοια diania (mente, intelecto). Su fruto es la θεωρία zeoría contemplación natural y la teología. Porque es la práctica la que nos eleva a la θεωρία zeoría, como dice el santo Gregorio, esta mente e intelecto inteligente de gran voz y el más teológico. Por lo tanto, si descuidamos la virtud práctica, estaremos vacíos de toda filosofía. Porque, incluso si uno avanza hasta el límite más extremo de la virtud, necesita los esfuerzos de la disciplina y ascesis para domar los impulsos desordenados de su cuerpo y para lograr la vigilancia de sus pensamientos. Así es como podemos lograr que Cristo habite en nosotros. Cuanto más abunda la justicia en nosotros, más adquirimos valentía espiritual. Y una vez que el νούς nus (espíritu de la psique) se perfecciona, alcanza su plena unión con Dios y es iluminado por la divina luz increada, y los misterios ocultos se le apocaliptan-revelan. Y entonces aprende verdaderamente dónde está la sofía-sabiduría, la δύναμη dinami (poder, potencia y energía), el entendimiento para conocer todas las cosas, lo que es la longevidad y la vida, lo que es la luz de los ojos y la paz (Baruc 3:14). Porque mientras νούς nus esté absorto en la batalla de los πάθος pazos, aún no tiene tiempo para disfrutar de todas estas cosas. Y esto se debe a que las virtudes y los vicios ciegan el νούς nus y la mente. Los vicios, para que no vea las virtudes; las virtudes, para que no vea los vicios. Pero cuando cesa la guerra y uno se dispone a recibir los carismas espirituales, entonces se vuelve completamente luminoso, ya que la χάρις jaris (gracia, energía increada) actúa abundantemente sobre él y se mantiene firme en la θεωρία zeoría contemplación de las cosas espirituales. Este hombre no está atado a las cosas terrenales, sino que ha pasado de la muerte a la vida (Juan 5:24). Por lo tanto, aquel que sigue el camino de la vida piadosa, espiritual y se acerca a Dios debe tener el corazón puro y la boca limpia, para que el logos puro que sale de su boca pueda alabar dignamente a Dios. Porque la psique-alma que se ha dedicado a Dios conversa constantemente con Él.

Así que, hermanos, deseemos alcanzar esta cumbre de virtudes y no quedemos atados a la tierra por nuestros πάθος pazos. Porque aquel que lucha y se hizo digno de acercarse a Dios y convertirse en partícipe de la santa luz increada y ser herido por el anhelo de Dios, disfruta de Dios con un gozo espiritual e indescriptible, como dice el salmo sagrado: «Pon tu deleite en el Señor, y él te dará lo que tu corazón desea. Hará que tu justicia brille como la luz, y Su juicio como el mediodía» (Salmo 36:4,6). Como dice también el Gran Basilio, ¿qué anhelo de la psique-alma es tan poderoso e insoportable como el anhelo de Dios que llega a la psique-alma cuando ha hecho la catarsis y está purificada de toda maldad, y dice con verdadera disposición de corazón: «Estoy herido de agapi-amor» (Cantar de los Cantares 5:8)? Los relámpagos de la divina belleza están más allá de toda descripción y narración. El logos con la palabra no puede representarlos, ni el oído puede recibirlos. Y si los comparas con la luz del amanecer, o con el resplandor de la luna, o con la luz del sol, todas estas son muy pobres para hacernos imaginar aquella doxa-gloria increada, y son aún más deficientes en comparación con la verdadera luz, tanto como difiere la profunda noche o la horrenda oscuridad de un mediodía resplandeciente. Estas cosas y realidades nos las transmitió san Basilio el Grande, el venerable maestro, que aprendió y enseñó por la experiencia.»

Por lo tanto, estas cosas, y aún más, narraba el hermano que vivía cerca del abad Filemón. Pero incluso con lo que voy a decir, ¿quién no admirará que es una demostración de su gran humildad? Porque aunque había sido digno del sacerdocio desde mucho tiempo y había ascendido a las alturas, tanto con su vida como con su conocimiento/gnosis, evitaba tanto la magnitud de los divinos oficios que en los muchos años de su lucha apenas se atrevió a acercarse casi a la Santa Mesa o Altar. Pero incluso los santos misterios, aunque vivía con tanta austeridad, cuando ocurría encontrarse con personas, no participaba. Cuando estaba a punto de participar en los divinos misterios, se reconciliaba y suplicaba a Dios con oraciones, salmos y confesiones, porque sentía horror cuando oía la voz del sacerdote decir: «Las cosas santas para los santos». Porque decía que la Iglesia está llena de santos ángeles y el mismo Rey de los ejércitos está presente y celebra misteriosamente dentro de nuestros corazones y se convierte en carne y sangre. Por eso, decía: «Debemos nosotros, con pureza y limpieza, y saliendo de alguna manera de la carne, sin absolutamente ninguna duda ni vacilación, atrevernos a participar y comulgar los misterios inmaculados de Cristo, para convertirnos en partícipes de la iluminación que proviene de ellos. Muchos de los santos padres veían a los ángeles que los seguían, por eso guardaban silencio, sin hablar con nadie.»

También decía esto: Si alguna vez fuera necesario de vender su trabajo manual el mismo, para que no resultara ninguna mentira, ni juramento, ni palabrería, ni ningún otro pecado de la discusión y negociación, fingía que era tonto. Y cualquiera que quisiera comprar, tomaba de él y le daba lo que quisiera. Tenía como trabajo manual el tejido de pequeñas cestas. Aceptaba con gusto lo que le daban, sin decir una palabra, verdadero filósofo este hombre.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com 11/05/2024

 

 

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