«

»

May 10 2024

Filocalía tomo 2, San Teognosto Sobre la praxis y la contemplación y sobre el sacerdocio

Όσιος Θεόγνωστος – Περί πράξεως και θεωρίας και περί ιερωσύνης. (

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Β΄ (σελ. 327-344).

 

Filocalía tomo 2, San Teognosto

Sobre la praxis y la contemplación y sobre el sacerdocio

 

* Encabezamiento del texto original: “A los padres santísimos Lázaro y Varlaam, Teognosto el más despreciable indigno de todo el mundo”.

 

  1. Entonces, debes creer que tienes verdadera virtud cuando desprecies por completo todas las cosas terrenales y tengas siempre tu corazón listo con una conciencia clara y limpia para ir al Señor. Si quieres ser conocido por Dios, permanece desconocido tanto como puedas para los hombres.
  2. Ten cuidado con las consolaciones innecesarias del cuerpo y evítalas, para que no te quiten algo de tus esfuerzos, hasta el punto de que la comodidad tome el lugar de los esfuerzos anteriores, antes de adquirir la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos). Y considera como pérdida no la privación de los placeres, sino la degradación que proviene de su disfrute, alejándote de lo mejor.
  3. Considera conscientemente a ti mismo como una hormiga y un gusano, para convertirte en una imagen creada de Dios. Porque si no ocurre lo primero, no seguirá lo segundo. Y mientras desciendas, también ascenderás. Cuando consideres a ti mismo como nada delante del Señor (Salmo 38, 6), según el Salmista, entonces te vuelves grande desde pequeño sin darte cuenta. Y cuando pienses que no tienes ni sabes nada, entonces te vuelves rico en praxis-acción y gnosis-conocimiento, alabado por el Señor.
  4. Destruye el poder del pecador y del maligno (Salmo 9, 36), es decir, del placer o hedonismo y de la astuta malicia, de los cuales nace todo mal. Y destrúyelos con la εγκράτεια engratia (autocontención, autodominio y moderación) y la sin maldad que causa la humildad. Así, si tus pecados son buscados con persistencia y detalle cuando sean examinadas las obras de los hombres, no se encuentre nada. Porque los pecados se borran cuando odiamos las causas que los causaron y combatimos contra ellos, corrigiendo así la primera derrota con la victoria final.
  5. Nada es mejor que la oración pura y lúcida, de la cual brotan como de una fuente las virtudes: la sensatez, la apacibilidad, la αγάπη agapi (amor desinteresado), la templanza, la autocontención y la ayuda y consuelo de Dios que viene después de las lágrimas. La belleza de la oración es la dedicación de la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) solo a lo que se dice, se piensa y se entiende y el deseo siempre insaciable de alcanzar lo divino. Entonces, el nus (espíritu de la psique) con la mente, tratando de rastrear a su Señor a través de la θεωρία zeoría contemplación de los seres y buscando con una sed de ardiente anhelo, a encontrar y ver al invisible, contemplando la oscuridad que Le esconde (Sal 17,12), regresa con infinita devoción y reverencia y se recoge en sí misma, contenta con la zeoría que se le revela por su propio beneficio y se consuela por ella. Y por supuesto tiene la esperanza de que entonces alcanzará lo deseado, cuando se disuelvan las imágenes y las sombrías fantasías que ahora vemos como en un espejo y con enigmas (1Cor 13, 12), y se realice para siempre la acción pura de Dios.
  6. Que dudes ante las contemplaciones muy elevadas si aún no has alcanzado la suprema απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), y no corras en vano deseando lo que está más allá de tu capacidad. Porque, como dicen, si quieres convertirte en teólogo y contemplativo, eleva tu vida virtuosa y, con la catarsis, adquiere lo que es puro. Y como mencioné la teología, ten cuidado de no extenderse hacia la altura infinita de ella. Ten en cuenta que no se permite, mientras aún nos alimentamos con la leche (1Cor 3, 2) de las virtudes, intentar volar a esa altura, no sea que nuestras alas se desgasten, como le sucede a los pequeños pájaros, a pesar de que todo nos incite al deseo de la miel del conocimiento/gnosis. Cuando hemos hecho la catarsis con moderación y lágrimas, entonces nos elevaremos de la tierra como Elías (2 Reyes 2, 11) o Habacum (Daniel [Bel y el Dragón] 36) -esto es un preámbulo desde ahora de nuestro arrebato en medio de las nubes (1Tes 4, 17)- y, estando fuera de los sentidos, buscaremos a Dios con una oración pura, lúcida, contemplativa e inmaculada; entonces quizás tocaremos de alguna manera también la teología.
  7. Si deseas alcanzar la divina visión espiritual y la revelación, primero sigue una vida pacífica y tranquila. Y después de haber encontrado la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y la calma, conócete a ti mismo y a Dios. Si haces esto, nada te impedirá, en un estado de pureza, libre de todo pazos, como en una sutil brisa (3Reyes 19, 12), ver espiritualmente el invisible para todos, y recibirás con alegría la noticia de tu salvación con el conocimiento/gnosis más puro de Él.
  8. Así como cuando aparece un relámpago, inmediatamente esperamos el trueno, de la misma manera, donde brilla la divina misericordia y caridad, surge la paz incluso en la agitación de los pazos. Donde esto sucede, aquel que lo ha obtenido tiene también la promesa o arras de la futura bienaventuranza. No hay misericordia divina ni esperanza de απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) en una psique-alma que ama más al mundo que a Dios, que está apegada a lo terrenal y está totalmente entregada a los placeres y disfrutes carnales.
  9. ¿Qué es la divinidad y dónde reside? No intentes comprenderla con tu mente. Es supraesencial y no está contenida en ningún lugar, porque está por encima de todo. Contempla espiritualmente, en la medida de lo posible, solo a Logos de Dios, porque debido a su encarnación es comprensible, irradiando con Su naturaleza divina. Él puede ser contemplado y considerado en un lugar específico, aunque está en todas partes, ya que en su divinidad es ilimitado. Pero cuanto más te liberes de los pazos, más te acercarás al resplandor divino.
  10. Si deseas el verdadero conocimiento/gnosis y tener una certeza sin reservas de que serás salvado, lucha primero por romper los lazos apasionados de la psique-alma hacia el cuerpo. Después de haber sido despojado de la adherencia apasionada o apego a lo material, desciende al abismo de la humildad y encontrarás la preciosa perla de tu salvación, escondida como en una ostra dentro del conocimiento divino, dándote un anticipo del esplendor del reinado de la realeza increada de Dios.
  11. Aquel que ha logrado la sumisión espiritual y ha sometido la carne al espíritu, no necesita someterse a los hombres. Se somete al logos y a la ley de Dios como un súbdito agradecido. Pero para nosotros, que todavía luchamos y combatimos entre el cuerpo y la psique-alma, es necesario someternos y tener un general y un gobernante, que nos guíe con conocimiento y nos equipe adecuadamente, para que no seamos destruidos por los enemigos espirituales y nos hundamos en los pazos debido a la inexperiencia.
  12. Cuando no te molesta ningún pazos y el anhelo divino crece en tu corazón, y cuando consideras la muerte como un sueño y no temes, sino que más bien anhelas mucho la partida de aquí, entonces has obtenido el compromiso o arras de la salvación y tienes el reinado de la realeza increada de los cielos dentro de ti, experimentando una alegría indescriptible.
  13. Si has sido dignificado con el sacerdocio divino y venerable, tienes el deber primero de sacrificarte a ti mismo mediante la necrosis o mortificación de los pazos y los placeres, y así atreverte a acercarte al sacrificio vivificante y terrible, a menos que quieras, como material inflamable, ser consumido por el fuego divino. Porque si el Serafín no se atrevió a tocar el carbón divino sin tenazas (Isaías 6, 6), ¿cómo te acercarás tú sin απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos)? Con la apázia, obtendrás una lengua santificada, labios puros y una psique-alma pura junto con el cuerpo; incluso tus manos serán más brillantes que el oro, ya que servirán al supremo fuego y sacrificio.
  14. Comprende bien el poder de lo que se dice: como sacerdote, ves todos los días en los misterios divinos ese “salvador de Dios”, que una vez vio el anciano Simeón y quedó asombrado, y deseaba la liberación de la vida (Lucas 2, 29). Y si el Espíritu Santo no te ha revelado que eres aceptado como mediador entre Dios y los hombres, como un ángel, no te atrevas a realizar la terrible e inmaculada liturgia de los misterios divinos, que incluso los ángeles respetan, y muchos de los Santos la han evitado como intocable e inmaculada, por gran reverencia y devoción; no vayas a ser destruido como aquel Jan (2Reyes 6:6-7), pensando que lo que haces es bueno.
  15. Cuídate a ti mismo (Éx 23,21), como dijo alguien, para que si tienes alguna mancha antigua, o si ahora sufres alguna debilidad, seas consumido por el fuego divino, ya que siempre presentarás los honorables dones primero para el perdón de tus propios pecados. Porque así, como un vaso elegido, útil y limpio y digno para tal sacrificio, podrás, si algunos se parecen a vasos de madera o de barro, transformarlos en plata u oro, es decir, solo si con tu franqueza haces que Dios condesciende en ti. Porque donde Dios está dispuesto a escuchar, no hay ningún obstáculo para transformar estas cosas en aquellas.
  16. Observa qué honor angélico has sido dignificado y asegúrate de permanecer intocado en el grado de santidad al que has sido llamado, con toda virtud y pureza. Sabes hasta qué altura y profundidad cayó Lucifer o Eosforo por orgullo. No permitas que te suceda a ti, imaginándote grandeza para ti mismo, sino considerándote tierra, barro y ceniza (Génesis 18, 27) y basura y perro, y llorando constantemente, porque te consideras digno de ser llamado a la divina comunión κοινωνία kinonía (conexión y comunión) y parentesco divino, al realizar con tus manos el terrible rito sagrado de los santos misterios (sacramentos), por inefable filantropía, compasión y bondad inexpresable de Dios.
  17. El sacerdote debe, por supuesto, estar libre y limpio de todos los pazos, especialmente de la fornicación, el resentimiento y la malicia, y no tener ni siquiera la más mínima fantasía. De lo contrario, será odioso y repugnante, como alguien leproso o ensuciado en el rostro que toca el cuerpo del rey.
  18. Después de haber sido blanqueado primero con ríos de lágrimas, incluso más blanco que la nieve, entonces, con la blanqueada conciencia purificada, toca lo sagrado como un santo, mostrando la hermosura interna de tu psique-alma con la blancura exterior angélica de tus vestiduras. Ten cuidado durante la liturgia de los sagrados misterios, no conformarte con el conocimiento secreto transmitido por los hombres, sino teniendo también la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) para enseñarte las verdades más elevadas de manera oculta y mística.
  19. Si deseas la inmortalidad y la incorruptibilidad, acércate con respeto, reverencia, devoción y fe a los misterios vivificantes e incorruptibles, anhelando la partida de este mundo, ya que has sido perfeccionado por la fe. Pero si temes la muerte, aún no te has unido a Cristo a través de la agapi-amor, al cual has sido llamado a sacrificar con tus propias manos y a comer Su carne. De lo contrario, estarías apresurándote a ir hacia donde está tu amado y ya no considerarías en absoluto la vida y la carne.
  20. Después de haberte convertido en sacrificio de la carne de Dios, y también en participante a través de la comunión, debes unirte a Él con la semejanza de su muerte (Rom 6:5), para que ya no vivas para ti mismo, sino para Aquel que fue crucificado y murió por ti (2 Cor 5:15), como dice el Apóstol Pablo. Pero si vives con pasión para la carne y el mundo, entonces prepárate para pasar a través de la muerte en un castigo inmortal, si voluntariamente no dejas de oficiar antes de tu muerte el sacrificio sin sangre. Y a muchos que oficiaban indignamente aquí, la muerte repentina los arrebató y los entregó a castigos justos allá.
  21. Un hieromonje tenía fama de piadoso y muchos lo consideraban venerable por su apariencia externa, pero secretamente estaba contaminado por λογισμοί loyismí (pensamientos, simples o unidos con la fantasía) de lujuria. Una vez, mientras oficiaba la divina y sagrada liturgia, cuando llegó la hora del himno del querubín y se inclinó como de costumbre al leer la plegaria “Ninguno es digno…”, murió repentinamente y su psique-alma lo dejó en esa postura.
  22. Nada es más útil que el logos correcto y el conocimiento/gnosis. De ellos surge el temor y el anhelo de Dios. El temor limpia y purifica con devoción, reverencia y contracción, mientras que el anhelo perfecciona con la iluminación y el discernimiento, y con la θεωρία zeoría alta y ascenso hace que el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) ascienda al cielo. Es imposible sin temor ser conducido a la divina agapi-amor y, a través de ella, elevarse y alcanzar las cosas esperanzadas.
  23. Por tanto, adelante, escúchame, tú que anhelas tu salvación con ardor y sin vacilaciones; corre hasta alcanzarla, buscándola con dolor, buscándola constantemente y golpeando pacientemente (Mateo 7:7), hasta que logres tu objetivo. Pero pon como base firme la fe inquebrantable y la humildad. Entonces habrás alcanzado lo anhelado, cuando no solo recibas el perdón y absolución de tus pecados, sino cuando ya no te perturbe en absoluto, ni temas el levantamiento de ningún pazos, y cortes valientemente y sin miedo la relación con tu carne o cuerpo.
  24. Pide a Dios con muchas lágrimas que te informe si estás salvado, pero no antes de la hora de tu muerte, si eres humilde; no vayas a ser descuidado y desdeñoso en el futuro. Pide que se te dé esta información cerca del momento de tu éxodo, partida, pero sin temor al fracaso, para que no cobres valor pensando que ya estás salvado, engañado por la arrogancia y la exaltación, y pierdas lo que deseas cuando llegue ese tiempo esperado. ¿Y a dónde irás, desgraciado y, sin la información interior indudable y sin la certeza que salva y que da el Espíritu?
  25. Si deseas la divinizante απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), primero la encontrarás mediante la obediencia y la humildad, para que no sigas otro camino y sufras. La απάθεια apázia, ciertamente, no la tiene aquel que a veces se molesta con los pazos y otras veces está tranquilo y en reposo, sino aquel que disfruta constantemente de la απάθεια apázia y permanece inmóvil mientras los pazos y sus causas están presentes. Más aún, aquel que no se ve afectado ni siquiera por los pensamientos de los pazos.
  26. Cuando la psique-alma sale del cuerpo, el enemigo diablo se precipita contra ella con audacia y la combate, la avergüenza y se convierte en un acusador estricto y temible de sus pecados. Pero entonces uno puede ver la psique-alma que ama a Dios, aunque muchas veces antes fue herida por muchos pecados, no temer los ataques y amenazas, sino más bien fortalecerse con la δύναμη (poder, fuerza y energía) del Señor y ser llevada por la alegría; ser animada por los santos ángeles que la guían, y rodeada por la luz de la fe, contradecir audazmente y fuertemente al diablo con gran valentía: “¿Qué tenemos en común, tú, fugitivo de los cielos, y esclavo astuto malvado? No tienes poder sobre nosotros. Cristo, el Hijo de Dios, tiene poder sobre nosotros y sobre todo. En Él pecamos, a Él nos enfrentaremos y daremos cuentas, teniendo garantía Su misericordia hacia nosotros y de nuestra salvación Su honorable Cruz. Pero tú, instigador de la destrucción y perdición, ¡apártate de nosotros! No tienes nada que ver con los siervos de Cristo.” Y mientras la psique-alma dice estas cosas con valentía, el diablo retrocede, lamentándose fuertemente, incapaz de resistir el nombre de Cristo. Y la psique-alma, al estar más elevada, vuela hacia abajo y golpea al enemigo, como el halcón golpea al cuervo. Y luego, llena de alegría y deleite, es llevada por los santos ángeles a los lugares que le han sido asignados, según su estado.
  27. El deseo de las cosas corruptibles no puede arrastrarte hacia abajo en la tierra cuando tu νούς nus (espíritu del corazón de la psique) con la mente está en los cielos. Pero si estás atado por algún apego a lo terrenal, eres como un águila atrapada en una trampa por su garra y es impedida volar alto. Por eso, considera todas estas cosas como basura (Filip 3:8), con la esperanza de mejores cosas. Y cuando llegue el momento, desecha también este cuerpo y sigue al Ángel de Dios, que te separa de él.
  28. Así como es imposible que una moneda que no lleva la imagen del rey tome su lugar junto a las monedas normales en el tesoro real, así de la misma manera es imposible, sin un conocimiento correcto y sin απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), recibir el compromiso o arras de la bienaventuranza celestial y salir con valentía e información certera de aquí hacia lo esperado, y ser clasificado junto a los elegidos. Al hablar de conocimiento/gnosis, no me refiero a la sabiduría, sino al conocimiento sin error de Dios y de las cosas divinas, con el cual el amigo de Dios, al no ser arrastrado abajo por los pazos, se eleva en θέωσις zéosis con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu.
  29. Y aunque ejercites toda la virtud práctica, ni siquiera entonces debes atreverte a pensar que has alcanzado la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) y caminas libre, despreocupado por el mundo. Puedes cargar con las impresiones o huellas de los pazos y encontrar dificultad al salir del mundo. Pero siempre deja que el miedo te guíe y cuida tu naturaleza, que es fácilmente mutable y cambiable. Aléjate con sabiduría de las causas de los pazos, porque la απάθεια apázia completamente inalterable pertenece a aquellos que han alcanzado la perfecta agapi-amor y con la incesante contemplación han ascendido por encima de todo lo sensible y han superado este cuerpo pobre y humilde. A ellos ya no les afecta la llama de los pazos, porque la voz del Señor los ha interrumpido (Salmo 28, 7), ya que ellos ya han sido transformados hacia la incorruptibilidad.
  30. No desees la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) prematuramente, para no experimentar lo que experimentó el primer hombre, comiendo antes de tiempo del árbol del conocimiento/gnosis (Gén 3, 6). Trabaja pacientemente con autodominio, moderación general y oración constante, y vigila y guarda (Gén 2, 15) con autoexamen y extrema humildad lo que has trabajado. Y después de esto, espera en el momento adecuado y la χάρις jaris de la απάθεια apázia; después de la gran tempestad y agitación, espera también el puerto del reposo. Porque Dios no es injusto con aquellos que caminan correctamente de no abrir la puerta de la απάθεια apázia cuando es necesario.
  31. Vete hacia la hormiga, oh perezoso (Prov 6, 6) e inútil, con tu insignificancia y humildad, vete hacia ella y aprenderás que Dios, que no carece de nada y es abundante, no necesita de nuestros bienes, sino que los dispensa generosamente y salva por la χάρις jaris a aquellos que son agradecidos voluntariamente, aunque acepta con filantropía también el trabajo conforme a su poder. Así que si trabajas como deudor de los bienes que has recibido anteriormente de Dios, haces bien y la misericordia divina está cerca. Pero si crees que Dios es tu deudor por los bienes que piensas que has ganado trabajando, te has extraviado del camino recto. Porque, ¿cómo puede ser deudor el Bienhechor? Aun así, corre como un empleado, y avanzando gradualmente, llegarás, con la misericordia de Dios, a tu objetivo.
  32. ¿Quieres que te muestre otro camino hacia la salvación, o más bien hacia la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos)? Obliga al Creador con tus súplicas, con toda tu fuerza, para que no pierdas tu objetivo, presentándole incesantemente como mediadores a todas las potestades celestiales y a todos los santos juntos, junto con la Santísima Madre de Dios. Y no busques la απάθεια apázia como si fueras indigno de esta donación; busca la salvación con dolor y la recibirás, junto con ella, la απάθεια apázia. Porque la salvación se asemeja a la plata, mientras que la απάθεια apázia se asemeja al oro puro. Cultiva tanto como puedas el trabajo oculto, con el cual Dios es adorado, y algunos aspectos de los misterios ocultos relacionados con Él te divinizarán, con los cuales Dios se complace y se inclina.
  33. Lucha por obtener el compromiso de la salvación en secreto en tu corazón con indudable información interior, para no ser sorprendido por la agitación y el temor repentino en la hora de tu muerte. Y entonces lo habrás recibido cuando tu corazón ya no te acuse por deficiencias y tu conciencia no te reproche por casos de ira; si la ferocidad de las pazos bestiales se ha calmado con la divina χάρις jaris, si las lágrimas de consuelo divino brotan y tu νούς nus (espíritu de la psique) ora con pureza y concentración. Y aún más, cuando tu corazón esté preparado y esperes la muerte con placer, que muchos evitan y consideran terrible.
  34. Los logos que conducen a la vida eterna (Juan 6, 68), los cuales, según el testimonio del eminente Apóstol, son los logos del Dios Logos, son los logos-causas de Sus creaciones. Aquel que, como puro, es iniciado en ellos por el Dios Logos, ya desde aquí ha obtenido la vida eterna y el compromiso o arras del Espíritu y la esperanza segura de la salvación. No puede recibirlos aquel que prefiere la carne a la psique-alma y tiene una inclinación pasional y hostil y una relación con las cosas terrenales.
  35. No es lógico quien tiene un discurso o logos verbal; porque eso lo tiene todo hombre; lógico es aquel que, con la lógica, busca y examina para encontrar a Dios. Y encontrará no lo que es en Su esencia el Supraesencial, porque eso es imposible para todas los seres, sino la sabiduría en la creación de los seres, la providencia, la administración, la cohesión, la gobernación y la preservación, dentro de las cuales se encuentra y de alguna manera se ve al Artista, así como el constructor es visto a través de las obras de sus manos.
  36. No puedes lograr la desapropiación o sin posesiones, pobreza como es debido, sin απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), ni apázia sin agapi-amor; ni agapi-amor sin temor y oración pura y lúcida; ni estas sin fe y despreocupación. Con estas virtudes, el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente adquiere alas, rechaza el pensamiento que se inclina hacia lo terrenal y vuela hacia lo alto y divino, buscando a su Señor.
  37. Ama la pureza como tus propios ojos, para que puedas convertirte en un templo y morada amada por Dios. Porque sin templanza es imposible ser íntimo de Dios. Este anhelo divino engendra la falta de apego a cualquier cosa y el desprendimiento del mundo; los conserva la humildad junto con la εγκράτεια engratia (autodominio, moderación), la oración incesante, la contemplación espiritual y las lágrimas continuas acompañadas sin ira. Pero la belleza del discernimiento no la obtendrás sin απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos).
  38. Que nadie te engañe, hermano, pensando que es posible ver a Dios sin santidad, como dice el Apóstol (Hebreos 12, 14). El Señor supremamente santo y por encima de toda pureza no se revela a un impuro. Así como no es digno de Él aquel que ama más que a Él a su padre, o a su madre, o a su hija, o a su hijo (Mateo 10, 37), así tampoco es digno aquel que ama cualquier cosa temporal y mundana; y mucho menos aquel que prefiere el pecado repugnante y sucio a la agapi-amor incondicional del Señor. Porque Dios rechaza a quien no se aparta de la impureza, ya que la corrupción no puede heredar la incorruptibilidad (1 Cor 15, 50).
  39. Sin conocimiento/gnosis, no alcanzarás la divina agapi-amor; ni gnosis/conocimiento sin fe. Cuando digo fe, no me refiero a la fe desnuda, sino a aquella que se adquiere mediante el trabajo de las virtudes. Alcanzarás la verdadera katánixis compunción (dilatación del corazón) cuando, con εγκράτεια engratia (autocontención, autodominio) y vigilancia, oración y humildad, aniquiles completamente el placer innato de la carne y seas crucificado con Jesús (Gál 2, 19-20), ya no viviendo egoístamente y pasionalmente, sino con la χάρις jaris gracia increada y la guía del Espíritu (Gál 5, 25) con la esperanza de la realeza increada de los cielos.
  40. Clama al Señor: “De esto sabré que me quieres, porque no permitirás que mi enemigo se regocije a expensas mía” (Salmo 40, 12), tiranizándome y afligiéndome con los sufrimientos de los pazos hasta el final. Pero me arrebatarás de sus manos antes de mi muerte, y después de que me haya hecho digno a vivir espiritualmente, como a Ti te agrada, con un buen fin me presentarás salvado ante Tu trono. Y con Tu misericordia, me darás desde aquí el compromiso o arras de la salvación y la información indudable, para no encontrarme desprevenido en la hora de mi muerte y de mi perturbación y tormento pensar la aflicción más amarga y sufrimiento insoportable, peor que la muerte y el infierno.
  41. La fe y la esperanza no son cosas aleatorias y sin contenido. Pero la fe necesita una psique-alma fuerte, y la esperanza necesita rectitud en el corazón y en la voluntad. Porque ¿cómo creer fácilmente en lo que no se ve, sin la ayuda de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada)? Y ¿cómo tener esperanza a los bienes futuros inciertos, si no se tiene algo de experiencia, a través de la rectitud, de los carismas del Señor, con los cuales se informa acerca de las futuras como si fueran presentes? Por lo tanto, también en ambos – fe y esperanza – se necesita virtud y el fortalecimiento y ayuda de Dios. Cuando estos no están presentes, trabajamos en vano.
  42. La verdadera virtud engendra o gnosis/ conocimiento, o απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), o ambas. Si no hay ninguna de estas, entonces trabajamos en vano y la virtud que creemos tener no es auténtica. De lo contrario, tendría abundantes frutos, no solo hojas; mientras que ahora, como surge de la presunción, o de la complacencia en uno mismo, o de alguna otra causa que no agrada a Dios, es ilegítima y no amada por Dios. Sin embargo, una vez que corrijamos la causa, sin duda alcanzaremos, junto con la utilidad, la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro buen Dios, que nos llevará, en el momento adecuado y en la medida correcta, tanto la gnosis/ conocimiento como la απάθεια apázia.
  43. Con la iluminación de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) percibirás los pensamientos que provienen del enemigo y, cayendo con lágrimas delante de Dios, confesarás tu impotencia considerándote a ti mismo como nada, aunque el engañoso diablo intente convencerte de que eres algo. No busques regalos de los dones o carismas si no contribuyen a tu salvación y no preservan la humildad. Busca la gnosis/conocimiento que no trae arrogancia y exaltación, porque es la causa de la teognosía gnosis divina. También busca no ser dominado por los pazos hasta el final, sino ser liberado del cuerpo en un estado de απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos) o, algo más humilde, con el perdón de tus pecados y errores.
  44. Así como no se puede volar alto sin alas, tampoco se pueden alcanzar las esperanzas sin conseguir la indudable información certera desde aquí. La información indudable proviene ya sea de una humildad extrema o de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo en aquellos que están completamente reconciliados con Dios, quienes tienen también απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos), ya sea parcial o más perfecta, según la reconciliación y la catarsis. Aquellos que se separan sin tal información de su cuerpo, como si se marcharan en el invierno de los pazos o en un día de sábado (Mat 24, 20) (es decir, sin haber trabajado las virtudes), serán juzgados y examinados en el tiempo de la retribución.
  45. Después de ser salvado gratuitamente, agradece al salvador Dios. Si ahora deseas ofrecerle regalos, ofrécelos con gratitud, desde tu psique-alma que queda viuda, los dos céntimos, me refiero a la humildad y a la agapi-amor. Y los aceptará, lo conozco bien, más que un montón de virtudes que muchos ofrecen en el tesoro de la salvación (Marcos 12, 41-43). Pero si, como otro Lázaro (Juan 11, 20-44), tienes necesidad de resucitar porque has muerto a causa de los sufrimientos de los pazos, estas, como auténticas hermanas, la humildad y la agapi-amor, ofrécelas como mediadoras hacia Él, y seguramente alcanzarás lo deseado.
  46. Trabajando la virtud práctica no podrás, solo con ella, alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos), para orar sin distracciones puramente y lúcidamente y, si no están presentes en el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente las contemplaciones espirituales del conocimiento/gnosis que ilumina y la comprensión de los seres. De estas, el nus con la mente toma alas y se ilumina, y todo se eleva con la agapi-amor de la verdadera oración, y se inclina hacia las luces afines de los órdenes inmateriales superiores, y desde allí, tanto como sea posible, se dirige hacia luz (increada de la gran y de tres luces Tríada divina.
  47. No seremos castigados en la vida futura porque hayamos pecado, ni seremos condenados por ello, ya que nuestra naturaleza es propensa al cambio, alteración y a la transformación. Seremos castigados porque pecamos y no nos arrepentimos, ni nos apartamos del mal camino hacia el Señor, mientras se nos ha dado el poder y el tiempo para arrepentirnos y volver a la μετάνοια metania, para demostrar que Dios es bueno -como realmente lo es- y no vengativo, por el contrario, si nos vengara de alguna manera y se enojara con nosotros. Pero Dios castiga la maldad y no a nosotros, porque es libre de cualquier pazos y de cualquier espíritu de venganza, aunque se dice que se moldea según nuestras obras y disposiciones, como un espejo, y recompensa a cada uno según lo que haya hecho en la vida.
  48. Cuando te tambalees por tu buena condición, no te preocupes, sino corrígete a ti mismo, corriendo lo más rápido posible hacia tu condición anterior, con tristeza, con semblante abatido y con un auto-reproche y auto-arrepentimiento implacable; incluso, con muchas lágrimas y con el espíritu abatido. Con estas cosas te levantarás de la caída que te ha ocurrido y alcanzarás el valle de la salvación deleitosa, cuidando en el futuro tanto como puedas, para no enojar nuevamente al Juez y necesitar lágrimas, sufrimientos y aflicciones para expiarte. Si no lo haces aquí, serás castigado en la vida futura.
  49. Hablaré nuevamente sobre el venerable y respetuoso sacerdocio; que requiere un orden angelical y una catarsis, y luego una mayor precaución, templanza y moderación que antes. Dado que lo impuro debe ser de alguna manera limpio y purificado, por tanto, ¿cómo puede ser profanado lo puro? De lo contrario, si mezclamos la oscuridad con la luz y el mal olor con el perfume, seguramente heredaremos el lamento, los ayes y la pérdida como sacrílegos, como Ananías y Safira (Hechos 5, 1-10).
  50. De un recipiente perdido e inútil que eras -aunque quizás pienses que recibiste justamente el sacerdocio celestial debido a alguna catarsis tuya-, te has convertido en un recipiente de elección y útil para el Señor, según Pablo (2 Tim 2, 21; Hechos 9, 15). Por lo tanto, mantén inmaculada la honra que has sido digno de recibir, guardando la divina donación como tus propios ojos, para no mancharte por descuido y ser rechazado desde la altura del sacerdocio a un profundo abismo, del cual difícilmente encontrarías retorno.
  51. Piensa sabiamente como un prudente que cuando Dios perdona, nadie puede condenar (Rom 8, 33-34). Y si has sido llamado y has ingresado en la χάρις jaris gracia celestial del sacerdocio, no te preocupes en absoluto por tu vida anterior, si tal vez tiene alguna mancha; con la ayuda de Dios y tu propia corrección, ha sido purgada y purificada nuevamente. Pero debes tener cuidado y sobriedad para no oscurecer la χάρις jaris. Así que si alguien duda imprudentemente de tu oficio debido a tus antiguas manchas, escuchará una voz divina que le dirá: “Lo que Dios ha limpiado, no lo consideres tú como impuro” (Hechos 10, 15).
  52. El mandato o axioma del sacerdocio es ligero y su yugo es bueno y fácil (Mateo 11, 30), pero solo cuando uno lo lleva y lo dirige como debe ser, y cuando la χάρις jaris del Espíritu Santo no ha sido adquirida con dinero. Pero si lo innegociable se ha convertido en objeto de negociación con astucia humana y algún regalo corruptible, y el llamado al sacerdocio no ha venido del cielo, entonces la carga es demasiado pesada, porque se basa en alguien indigno y sin el poder y la fuerza necesaria, y el yugo es demasiado duro, y si no se deja por aquel que lo lleva, desgastará su cuello y su fuerza, hasta que lo agote por completo y lo destruya.
  53. Una vez que te has atrevido y has asumido el yugo del sacerdocio, asegúrate de ser irreprochable y de enseñar correctamente el logos de la verdad (2 Timo 2, 15), trabajando a través del sacerdocio por tu propia salvación con temor y temblor (Fil 2, 12), porque nuestro Dios es un fuego consumidor (Hebreos 12, 29). Si tocas este fuego como oro o plata, no temas quemarte, como los tres jóvenes en Babilonia no temieron al fuego (Daniel 3, 17-18). Pero si eres de hierba o de caña, es decir, los materiales más inflamables, porque te preocupas por las cosas terrenales, teme no ser consumido por el fuego celestial, -a menos que, como Lot (Génesis 19, 17 y 29), evites la ira renunciando a los misterios horribles. No sé si los pecados muy pequeños, que alguien tiene por debilidad, son eliminados por este fuego divino del más sagrado culto, y por eso no te quemas con este fuego, como aquella débil planta de la zarza (Éxodo 3, 2).
  54. Ya que, como aquellos que sufren de gonorrea, no tienes la fuerza para liberarte de tu estado malicioso y pasional debido a la larga costumbre, ¿cómo te atreves a tocar aquello que ni siquiera los ángeles se atreven a tocar, desgraciado? ¿O es que por miedo te mantienes alejado de la divina liturgia, y así reconcilias a Dios, o esperas como insensible e incorregible caer en la ira y en las manos del Dios vivo, que no mostrará filantropía, ni compasión ni misericordia, sino que te castigará sin piedad, porque te atreves con desvergüenza a entrar en el banquete real con la psique-alma y el vestido manchados, y eres indigno incluso de entrar, y mucho menos de sentarte en la mesa nupcial (Mateo 22, 12).
  55. Conocí a un sacerdote que se atrevió a celebrar los santos misterios de manera indigna, mientras caía en la pasión de la lujuria. Primero cayó enfermo con una enfermedad incurable y terrible y se acercaba a la muerte. Aunque utilizó todos los medios, no veía beneficio, sino que empeoraba. Entonces se dio cuenta de que estaba muriendo porque celebraba los misterios de manera indigna, y enseguida renunció con un juramento al sacerdocio divino; inmediatamente fue sanado, tanto que no quedó ni rastro de la enfermedad.
  56. Tanto el mandato como el vestido del sacerdocio son brillantes, pero solo si la psique-alma brilla desde adentro con pureza. Pero cuando la psique-alma se mancha por negligencia, mientras que la conciencia que se queja se ignora, entonces la luz se convierte en oscuridad y causa la oscuridad eterna y el fuego eterno. A menos que abandonemos este camino empinado y desde ambos lados, y nos volvamos hacia otro camino, que con virtud y humildad lleva sin peligro al reinado de la realeza increada de Dios.
  57. El éxito de la salvación se logra con la humildad y la virtud, no con el glorioso sacerdocio, que requiere una vida angelical. Así que hazte impasible y desapegado sin pazos como los ángeles, con la mente y mentalidad fuera del mundo y de la carne, y asciende por esta escalera celestial, o reconociendo tu debilidad, teme la altura del sacerdocio, de donde la caída es grande para aquellos que no son capaces. Elige el camino que muchos siguen, que se une a Dios no menos que el sacerdocio. En él, si caes, es fácil volver a la μετάνοια metania, arrepentirse y levantarse con la misericordia y la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios.
  58. La carne y la sangre no heredarán la realeza increada de Dios (1Cor 15, 50). ¿Y cómo tú, mientras comulgas la carne y la sangre de Dios, no te haces uno con Él y no te unes a Su sangre, teniendo ya dentro de ti el reinado de la realeza increada de los cielos, pero estás rodeado de pazos de carne y sangre? Temo que el Espíritu de Dios no permanecerá en ti porque eres carnal (Gén 6, 3), y tal vez sufras un castigo severo en el momento del juicio y se te quite el venerable sacerdocio, porque eres indigno de esta χάρις jaris gracia increada, y seas enviado al infierno eterno.
  59. Cuando no tienes ante tus ojos el temor de Dios, piensas que es una pequeñez servir de manera indigna, engañado por la φιλαυτία filaftía (excesivo amor propio, egolatría) y por eso pensando que Dios es bueno. Esto les sucedió a Datán y Abirón en el pasado, hasta que la tierra los tragó (Núm 16, 31-33). Teme esto y reflexiona sobre cuán grande es la labor del sacerdocio, y ya sea que ejerzas el sacerdocio dignamente y puramente, por no decir como un ángel, o detén de celebrar la terrible adoración y culto, tal vez menospreciando ahora y engañando tu conciencia que te juzga, llegues entonces, cuando se juzgue y se ordene todo, a decir con dolor mientras eres condenado: “El temor que temía me ha llegado, y lo que me asustaba, lo he encontrado” (Job 3, 25).
  60. Ofrece primero con nipsis sobriedad y esfuerzo por ti mismo con contrición, humillación y lágrimas para la expiación el salvífico sacrificio sagrado. Porque después de tu muerte, ¿a quién tendrás para trabajar y ofrecer el sacrificio inmaculado por ti? Por eso, como una persona sabia, prepárate desde ahora, entierra tu ser mismo y recuérdalo anticipadamente, ofreciendo a Dios las cosas santas que están sobre la santa Mesa o Altar como mediación de tu salvación y recordándole con esto Su sacrificio voluntario, amoroso y filántropo.
  61. Inenarrable e inexpresable es el deleite y placer de la psique-alma, que, con la información certera de su salvación, se separa del cuerpo y lo despoja como una vestimenta. Porque al haber alcanzado las esperanzas, deposita sin pesar el cuerpo y avanza pacíficamente hacia el brillante y alegre ángel que viene de lo alto. Junto con él atraviesa sin obstáculos el aire, sin ser molestada en absoluto por los espíritus malignos. Asciende con alegría y valentía y con voces de agradecimiento, hasta que llega a adorar al Creador y recibe la decisión de ser clasificada junto con los semejantes a ella e iguales en virtud, en el momento de la resurrección común.
  62. Te diré una palabra paradójica y no te maravilles. Y si no logras la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos), quizás debido a los recuerdos resentidos que te atormentan, sin embargo, en el momento de tu partida, te encuentras en la profundidad de la humillación y la humildad, te elevarás por encima de las nubes no menos que el que ha conseguido la apazia. Porque si el tesoro de los que están sin pazos o los impasibles es la suma de todas las virtudes, pero la preciosa piedra de la humildad las supera a todas en valor. No solo es el medio de expiación del humilde ante Dios, sino también el medio de entrada junto con los elegidos al banquete del reinado de la realeza increada de Dios.
  63. Cuando recibes de Dios la expiación de tus pecados, glorifica al Señor que es benigno y sin maldad, y toma medidas con toda tu fuerza contra los pecados voluntarios. Aunque también estos son perdonados y expiados diariamente hasta la hora de la muerte, sin embargo, te revelas ingrato pecando fácilmente con pleno conocimiento. Pero cuando con la roca de la buena esperanza ahuyentas al perro de la desesperación y ruegas con audacia y perseverancia, tus muchos pecados serán perdonados, para que también tú como deudor ames mucho al Misericordioso y Bueno en el siglo venidero.
  64. Cuando, con la energía de la divina χάρις jaris gracia increada, te pones delante de Dios en tu oración con lágrimas, debes rodar en forma de cruz por la tierra y golpeando tu cabeza, pidiendo a Dios tu liberación de las cosas de aquí, como liberación de la corrupción y alejamiento de las tentaciones. Pero no según tu voluntad, sino como lo considere bueno Dios; cuando y donde Él quiera. Desea desde ahora el paso y prefieras ir al Señor con lágrimas en la profundidad de la humildad y humillación y, para que, sin preocupaciones, termines el fervoroso anhelo y la súplica; sin embargo, acepta por ahora el aplazamiento, porque Dios prevé algo mejor (Hebreos 11, 40). Busca intensamente y con juramento no fallar, haciendo y diciendo y examinando todo con el fin de no desviarte de Dios.
  65. Siendo que llevas carne, no intentes explorar las cosas inteligibles y espirituales, cómo son, aunque la parte intelectual y espiritual de la psique-alma conduce a ellas a través de la pureza y la lucidez. Porque si lo incorpóreo que es impedido por la respiración y la sangre, no se libera de la densidad de la materia y no se acerca a las cosas inteligibles y espirituales, no podrá contemplarlas y entenderlas como es debido. Entonces, cuando te prepares para salir de la materia, como de un segundo útero oscuro, hacia aquellas cosas incorpóreas y luminosas, sé feliz y glorifica al Benefactor que nos transporta con la muerte hacia las esperanzas. Mantén una nipsis sobriedad vigilante y constante sobre los demonios impíos que nos rodean (Salmo 11, 9) y que siempre están planeando nuestra perdición y acechan para golpear nuestro talón (Gén 3, 15), es decir, el fin de nuestra vida, y tiembla hasta tu partida por la incertidumbre del futuro, porque has sido creado propenso a la alteración y distorsión, debido al libre albedrío o independencia.
  66. El enemigo nos ataca con tentaciones feroces y terribles cuando percibe que la psique-alma ha alcanzado grandes niveles de virtud. Esto se evidencia tanto en las palabras de la oración como en nuestro esfuerzo por elevarnos por encima de la dualidad material, es decir, la carne y los sentidos. El misántropo nos tienta y nos aflige con tanta envidia que llegamos a desesperarnos por esta vida (2Cor 1, 8). Quizás el inútil y desgraciado ignora cuántos bienes nos proporciona; con ellos nos somete a pruebas de paciencia y nos entrelaza las coronas de manera más brillante.
  67. No hay lucha más grande que la lucha por la sobriedad y la castidad. Quien prefiera la castidad será admirado incluso por los mismos ángeles y será coronado no menos que los mártires. ¿Por qué aquel que está ligado a la carne y la sangre, y sin embargo está dispuesto a imitar siempre la incorporeidad de los cuerpos sin materia, necesita tantos esfuerzos y sudores? Realmente es una hazaña tan grande y elevada que casi se considera también imposible, como sobrenatural; y sería imposible si Dios no ayudara desde lo alto la enfermedad y fortaleciendo la debilidad de la naturaleza y apoyando su impotencia, y de alguna manera levantando desde la tierra con el divino έρως eros (amor ardiente) y la esperanza de los premios que se han legislado para los atletas.
  68. La carne, que se vuelve blanda por beber excesivamente y por el sueño excesivo, es un gran obstáculo para la sobriedad. La verdadera sobriedad permanece indemne incluso ante las fantasías del sueño. Porque enfocar el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente en ellas es señal de que todavía lleva en lo más profundo la enfermedad de la pasión-pazos carnal. Pero si el nus con la mente se acostumbra con la divina χάρις jaris gracia increada a hablar con Dios en el sueño sin la mediación del cuerpo, entonces se convierte en un guardián intocable y vigilante de la psique-alma y del cuerpo que se calman y descansan. Entonces se asemeja a un perro que vigila despierto a los lobos astutos sin ser engañado.
  69. Te diré algo paradójico y no te asombres. Existe un misterio que se lleva a cabo en secreto entre Dios y la psique-alma. Esto pertenece a los más altos niveles de santidad y a la catarsis perfecta y a la agapi-amor y la fe, cuando el hombre, completamente reconciliado con Dios, se une a Él a través de la familiaridad mediante la oración incesante y la contemplación ininterrumpida. En este estado espiritual, Elías cerró los cielos causando sequía (3 Reyes 17, 1) y consumió el sacrificio con fuego celestial (3Reyes 18, 36-38); Moisés dividió el mar (Éxodo 14, 21) y con la extensión de sus manos derrotó a los amalecitas (Éxodo 17, 11-13); y Jonás fue salvado del vientre de la ballena y del abismo (Jonás 2, 2 y 11). Porque aquel que se vuelve digno de este misterio obliga al Dios más amoroso y muy filántropo a hacerlr lo que Él quiera. Y aunque todavía esté en la carne, ha superado el límite de la corrupción y la mortalidad y espera la muerte como el sueño común que lo llevará a los bienes esperados llenos de alegría.
  70. Por respeto a los afectos dominantes y a la kenosis vaciamiento del Logos de Dios por nuestro bien, pero también por el sacrificio y la unión con nosotros del cuerpo y la sangre vivificadores y divinos, que no solo hemos sido dignos de compartir, sino también de oficiar, humilla tu ser como un cordero para el sacrificio, creyendo verdaderamente a todos los demás superiores a ti. Y ten cuidado de no herir la conciencia de nadie, especialmente sin motivo. Sin santidad, no te atrevas a tocar las cosas sagradas, para que no te quemes como la hierba por el fuego divino y te consumas como una vela que se ha derretido (Salmo 57, 9).
  71. Ciertamente, si realizas adecuadamente la terrible ceremonia del divino y venerable rito o de la Divina Liturgia y tu conciencia no te acusa de nada, esperarás tu salvación de ella. Porque de ella recibes un beneficio mayor que de cualquier otra obra o servicio espiritual y contemplación. Pero si no la llevas a cabo como deberías, ¡ay de ti! Es mejor abandonar la altura del sacerdocio por reconocimiento de tu debilidad que ejercerlo no perfecta y puramente, y aunque los demás te consideren que estás muy alto, tú estarás en una caída digna de lástima debido a tu indignidad.
  72. A través del divino sacerdocio, el culto, la expiación y la súplica a Dios sobresalen tanto por encima de cualquier psalmodía o canto y oración como el sol difiere en brillo de las estrellas. Porque en la Divina Liturgia sacrificamos, presentamos y ofrecemos para nuestra redención al mismo Hijo unigénito de Dios, quien fue sacrificado sin retribución por los pecadores por filantropía (amistad a la humanidad). Y hacemos esto no solo por el perdón o absolución de los pecados, sino también sin duda por el cumplimiento de peticiones para nuestro beneficio, siempre y cuando la conciencia permanezca limpia y pura. Y el divino cuerpo unido a la divinidad, como un carbón encendido, quema todo pecado e ilumina los corazones de aquellos que se acercan con fe. Además, la sangre divina y preciosa lava, purga y hace la catarsis, más que cualquier hisopo (Sal 50,9), a todas las manchas, infecciones y contaminaciones de aquellos que, cuanto más limpiamente y puramente pueden, se atreven y se acercan a lo sagrado, -si acaso algo sucio ha quedado dentro de ellos.
  73. Como dijo uno de los Santos, en la divina liturgia no se sacrifica el cuerpo del Logos de Dios que ha ascendido al cielo, descendiendo de allí, sino que el mismo pan y el mismo vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo, mientras son servidos con fe, temor, anhelo y devoción por aquellos que han sido dignos del divino sacerdocio, y reciben este metábole cambio con la energía increada y la influencia y soplo del Espíritu Santo. No se convierte en un cuerpo diferente al del Señor, sino que el pan se transforma en ese mismo cuerpo y se convierte en el portador de la incorrupción, sin corromperse. ¿Cuánta pureza y santidad, entonces, debe tener el sacerdote al tocar el cuerpo divino? Y ¿cuánta audacia y franqueza al convertirse en mediador entre Dios y los hombres y toma co-intercesores, junto con la Santísima Madre de Dios, todas las potencias celestiales de los ángeles y los Santos desde el principio del cosmos-mundo? Yo creo que así igual que tiene el valor angelical o arcangelical, también debe tener la misma familiaridad con Dios.
  74. Y ten en cuenta esto, oh Pisinio; que después del Símbolo de la Fe, los preciosos dones o regalos, que pronto serán santificados, quedan descubiertos sobre el santo altar, como si de alguna manera suplicaran y clamaran con voces incesantes a Aquel que mora en los cielos, por aquellos que los ofrecen. Porque al mirarlos, Él no ignora; y al verlos, no pasa por alto, sino que recuerda la voluntaria kenosis (vaciamiento) y la inefable condescendencia y el sacrificio por filantropía (amistad, amor a la humanidad). No nos regaló ciertamente la redención con Su pasión-pazos mientras éramos justos, el bueno y el sin culpa, sino que mientras éramos enemigos Suyos, nos tuvo piedad y nos llamó de nuevo a Su lado.
  75. Y aunque practiques la oración pura, que une el νούς nus (espíritu de la psique) inmaterial con Dios, y has llegado a ver como en un espejo la condición que te espera después del final de esta vida, porque has aceptado el compromiso o arras del Espíritu (2Cor 5,5) y has obtenido dentro de ti la realeza increada de los cielos con todo sentido, sentimiento e información certera, no soportes ser liberado de la carne sin prever la muerte. Sino que ruega incansablemente por ello y ten buena esperanza de lograrlo, acercándote a tu partida, si es tu beneficio. Y prepárate constantemente para ello, rechazando toda cobardía. Así podrás, después de atravesar el aire y escapar de los espíritus malignos astutos, cruzar con valor y sin miedo los rayos celestiales. Y después de alinearte con los órdenes angelicales y ser añadido a los elegidos y justos que han existido desde el principio del mundo, contemplarás a Dios tanto como sea posible; es decir, recibirás los bienes que provienen de Él y verás el Logos de Dios iluminando las realidades celestiales, y junto con Su carne incorruptible e inmaculada ser adorado simultáneamente con el Padre y el Espíritu en reverencia y adoración común por toda la hueste celestial y por todos los Santos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com 10/05/2024

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies