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Ene 20 2026

GÉNESIS Cosmología y Antropología Cristiana Ortodoxa

ΓΕΡΟΝΤΟΣ ΑΘΑΝΑΣΙΟΥ ΜΥΤΙΛΗΝΑΙΟΥ (†23 Μαΐου 2006).

YÉRONTAS ATANASIOS MITILINEOS (Mayo 2006)

ΓΕΝΕΣΙΣ GÉNESIS

Cosmología y Antropología Cristiana Ortodoxa

 

Gén 1:1 En (en el o junto con) el principio Dios creó el cielo y la tierra

Gén 1:26 y dijo Dios: hagamos el hombre a (como o según)

icona-imagen y semejanza nuestra

Γεν. 1,1 Ἐν ἀρχῇ ἐποίησεν ὁ Θεὸς τὸν οὐρανὸν καὶ τὴν γῆν

Γεν. 1 ,26 καὶ εἶπεν ὁ Θεός· ποιήσωμεν ἄνθρωπον

κατ᾿ εἰκόνα ἡμετέραν καὶ καθ᾿ ὁμοίωσιν

12 homilías grabadas de las clases catequéticas.

 

Tomo A

Santo Monaterio de Comninéon de la ciudad Larisa, Thesalia

 

Contenidos

Prólogo del Monasterio

Introducción por el Yérontas

1ª Lección (homilía): Génesis, capítulo 1 Creación.

2ª Lección (homilía): “Creó”- “el Dios”- “el cielo y la tierra”.

3ª Lección (homilía): La situación de la tierra. Santo Dios Triádico crea el mundo. El Hijo y el Espíritu Santo

4ª Lección (homilía): El Espíritu de Dios encima de las aguas. La creación de la luz

5ª Lección (homilía): El primer día de la creación – Sobre días creativos – El octavo día de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios).

6ª Lección (homilía): La creación del tercer día creativo y la formación de las aguas terrestres – La creación de la vida y la aparición de la vida en el reino vegetal.

7ª Lección (homilía): Sobre la vida vegetal – Teorías sobre el principio de la vida – La creación automática imposible.

8ª Lección (homilía): Continuación sobre las plantas – Cuarto día creativo – “Háganse las lumbreras”

9ª Lección (homilía): Concepto reductivo de la luminosidad y de la capacidad cáustica o calorífica de la luz.

10ª Lección (homilía): Quinto día creativo. La creación de los peces y las aves.

11ª Lección (Homilía): La creación de los animales terrestres. La teoría de la evolución

12ª Lección (homilía): La Divina Providencia y Gobierno divino

 

Prólogo del Monasterio

Con la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) y la bendición de nuestro Santo Dios Tríadico, la hermandad de nuestro Santo Monasterio edita el primer tomo de las clases catequéticas del bienaventurado Yérontas Atanasio Mitilineos, que se refieren a la Cosmología y la Antropología Cristiana, basándose en los primeros tres capítulos del Génesis. Estas clases se impartieron en la sala de Catequesis de san Jaralmbus, en la ciudad de Larisa.

El bienaventurado Yérontas había concienciado sobre la necesidad de la catequesis, buscando que nuestro pueblo, (y el mundo) adquiera el conocimiento (gnosis) de nuestra fe ortodoxa. Decía:

“La catequesis no es un lujo, ni algo especial o preferencial; es muy necesaria. Es una verdadera bendición. Si alguna vez comprendiésemos que, después del Bautismo, debemos completar nuestra catequesis en la adultez, concienciándonos de que debemos adquirir el conocimiento de nuestra fe, entonces estaríamos corriendo a completar nuestro conocimiento espiritual, teológico y cristiano ortodoxo, no sólo durante la infancia o la adolescencia, sino a lo largo de toda nuestra vida”.

También señalaba especialmente que el contenido de la catequesis de los cristianos debe centrarse principalmente en el dogma ortodoxo y en el carácter ético y evangélico, y que sus fuentes deben ser la Santa Escritura (Antiguo y Nuevo Testamento) y la Santa Παράδοσις (Parádosis: Transmisión, Tradición divina). (Ver sobre el término en: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/)

El bienaventurado Yérontas consideraba que el kerigma (discurso teológico) es obra principal de los obispos y clérigos, para que el pueblo sea catequizado y no caiga en el engaño de las herejías.

Podemos afirmar con certeza que, en la actualidad, nuestro pueblo se encuentra en una crisis espiritual preocupante, porque no ha sido catequizado ni lo es de manera correcta y suficiente. Cristo dio orden a los Apóstoles, y también a sus sucesores, de ir al mundo y predicar el Evangelio a todos los pueblos (Marcos 16:15).

Por eso, el canon 58º de los Santos Apóstoles establece:

“El obispo o presbítero que descuide al clero o al pueblo, y no les enseñe los dogmas de la fe y la piedad, sea anatemizado; si persiste en su negligencia, desgana o pereza, sea depuesto”.

Para comprender la seriedad del kerigma en la catequesis del pueblo, basta escuchar lo que dice Dios al profeta:

“Hijo de hombre, te he establecido como centinela entre los israelitas. Escucharás de mi boca una palabra y con ella amonestarás de mi parte. Cuando anuncie amenazas contra el hombre malvado y diga que con toda certeza morirá por sus pecados si no se arrepiente, y tú no protestas, sino que te retraes y no le hablas con firmeza para apartarlo de los caminos perversos de su vida, para que escape de la muerte y viva, el malvado ciertamente morirá por sus maldades; pero yo te pediré cuentas por su muerte, porque no lo ayudaste a volver a la μετάνοια (metania)” (Ezequiel 3:17-18).

Todas estas realidades eran conocidas por el bienaventurado Yérontas, por lo que sentía un gran peso de responsabilidad ante Dios, quien le confió este santo depósito. Por ello, asumió con celo su compromiso con la catequesis del pueblo de Dios.

Nuestra hermandad agradece a todos aquellos que, con gran celo e interés irreductible, contribuyeron a la preparación de este primer tomo de las clases catequéticas. Que el Señor los bendiga. Rogamos a los lectores de este tomo que oren por la edición de los tomos restantes, (y ya que están editados, recen por su traducción al español y para la Doxa-gloria de Dios Trinitario).

Hermandad del Santo Monasterio, mayo 2017

 

Introducción por el Yérontas

 

En la antigua Iglesia, el bautismo se realizaba en la mayoría de edad. Como hoy se bautiza en la infancia, la catequesis tiene lugar después del bautismo. Por esta razón, es una verdadera bendición si comprendemos que debemos completar nuestra catequesis al llegar a la edad adulta, después de haber sido bautizados.

La catequesis no es un lujo, algo excepcional ni, si se quiere, algo preferencial. Es absolutamente necesaria. Por eso, si tomamos conciencia de que debemos adquirir la gnosis (conocimiento) del contenido de nuestra fe, entonces, sin duda, no solo buscaremos, durante nuestra juventud, completar nuestro conocimiento teológico, espiritual y cristiano, sino que veremos que es una tarea continua para toda la vida.

Los discípulos de Cristo, hasta su muerte, eran llamados «alumnos», lo cual significa que tenían un espíritu de aprendizaje. También nosotros, hasta el día en que muramos, debemos conservar ese espíritu de alumno o discípulo. Por eso, no consideréis que venir aquí es algo excepcional o voluntario. Es algo muy, pero muy necesario; incluso diría obligatorio, si queremos llamarnos y ser cristianos.

Y si queréis, os diré más: todos los males que se han acumulado en nuestra vida se deben, precisamente, a la falta de catequesis. Una gran parte de nuestro pueblo está desinformado en los temas de la fe. Está des-catequizado. Y esa es una gran desgracia.

Este año, los temas serán la cosmología y la antropología cristiana.
Cuando hablamos de antropología, nos referimos al logos (tratado, causa) del hombre, a su constitución física y espiritual.
Cuando hablamos de cosmología, nos referimos al logos (tratado, causa) del cosmos, es decir, del mundo o universo.

Este tema es enorme. Siempre ha ocupado a los filósofos, especialmente a los primeros pensadores helenos, desde los presocráticos, que intentaban penetrar el misterio de la creación. Se preguntaban: ¿Qué es el mundo? ¿Qué es todo esto que nos rodea? ¿Quién lo ha creado? ¿Qué propósito tiene? ¿Adónde nos lleva?

Esto es lo que llamamos cosmología cristiana. ¿Y por qué cristiana? Porque no abordaremos este tema desde una perspectiva filosófica o científica, sino desde la perspectiva hagiográfica cristiana. Aunque, si me decís: “Vale, pero la ciencia y la filosofía dicen esto o aquello…”, de acuerdo; ciertamente, en algunas partes también nos referiremos a cuestiones filosóficas y científicas.

Pero ¿qué queréis que os diga? Si digo que voy a enseñaros ciencia, entonces no sería catequesis. ¿Qué debe hacerse entonces?

Escuchad: Los joyeros tienen una piedra que llaman “piedra de toque”. Cuando alguien les lleva una joya de oro o que parece ser oro, pero no se sabe cuántos quilates tiene, el joyero la frota contra esa piedra, y queda una marca del metal. Luego aplica un ácido, y según cómo reaccione esa marca, si se oscurece o no, y en qué grado, puede determinar si es oro y de cuántos quilates.

Así también, hijos míos, si aprendemos muy bien -pero muy bien- el contenido de nuestra fe desde la perspectiva cristiana, os aseguro que, paso a paso, cualquier teoría que escuchéis, ya sea en la escuela, en el periódico o en cualquier otro lugar -teorías sobre la creación del mundo y del ser humano, es decir, la antropología -, podréis evaluarla y juzgar si es aceptable desde el punto de vista cristiano.

Porque, en definitiva, este es nuestro objetivo: conocer, desde la perspectiva cristiana, todo lo que circula sobre estos temas.

La razón por la cual este año trataremos este tema es que una joven tenía dudas y me preguntó sobre ello. Le respondí que viniera a la catequesis, donde le contestaría, y así pensé en analizar estos asuntos durante este año.

¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando escucháis hablar de la teoría de la evolución? Este año se celebran los cien años desde la divulgación de la teoría de Darwin, que sostiene que las especies evolucionan y que provenimos del mono. ¡Cuántas cosas de este tipo se dicen en nuestras escuelas, en los periódicos, etc.! (Los helenos, por cierto, usamos la metáfora del mono para referirnos al diablo). Y os preguntáis: ¿Acaso no nos ha creado Dios? ¿Nuestro origen es el mono, por evolución y al azar? ¿Ese desarrollo no tiene ningún plan? ¿Ocurre simplemente por azar? ¿Este mundo es fruto del azar? ¿Y qué es, en definitiva, este mundo?

Teniendo clara esta enseñanza, seréis capaces, en todo momento, de responder primero a vosotros mismos y después a vuestro entorno, si hemos aprendido bien estos temas.

Por lo tanto, abordaremos estos temas -la cosmología y la antropología cristiana- desde una perspectiva hagiográfica, es decir, según lo que revela (apocalipta) el Logos de Dios.

Es cierto que la Santa Escritura se refiere, más o menos, a estos temas. Pero el libro por excelencia del cual extraeremos toda la información este año y que analizaremos detenidamente será el libro del Génesis.

Este libro fue escrito por Moisés en el siglo XV antes de Cristo. Es el primer libro del Antiguo Testamento y, por lo tanto, el primero de toda la Santa Escritura. Muchos, desinformados, consideran que se trata de un mito o que tiene un carácter mítico, y que no resiste el análisis científico; por ello, afirman que ya no podemos hablar de Adán y Eva, ni de que Dios creó el cosmos/mundo en seis días.

Sin embargo, aunque ya os he dicho que no vamos a hacer ciencia, sino ciencia divina, veréis que lo que escribe el Logos de Dios es tan maravilloso que no solo resiste el análisis, sino que deja absolutamente sorprendido al estudioso (no al simple lector), incluso en comparación con lo que afirma la ciencia actual.

De modo que, sin dedicarnos a la ciencia como tal, inevitablemente surgirán comparaciones con ella, y así obtendremos información auténtica desde nuestra perspectiva cristiana. Porque está claro que ni los filósofos ni la ciencia pueden ofrecer una respuesta auténtica: hoy dicen una cosa, y mañana otra distinta. La ciencia reconsidera continuamente sus postulados; los científicos abandonan teorías antiguas y formulan otras nuevas… pero siguen siendo solo teorías.

Las verdades científicas demostradas son muy pocas. En general, la ciencia se mueve dentro del ámbito de las teorías: es decir, de suposiciones o hipótesis que aún están en evaluación. Esto es lo que entendemos por «teoría»: una explicación provisional, no una verdad definitiva. Por ejemplo, hablamos de la teoría de la evolución, la teoría sobre el origen del universo, etc. Hay muchas teorías -A, B, C, etc.-, porque ninguna ha dado una respuesta definitiva.

Antes de continuar con el desarrollo del tema, quisiera completar esta introducción con algunas ideas más.

El libro del Génesis es antiquísimo, tiene aproximadamente tres mil quinientos años. Uno podría preguntarse: ¿realmente vale la pena tomar información de un libro tan antiguo? Lo sorprendente es que cuanto más antiguo es, más asombroso resulta, porque ¿cómo es posible que en un libro de hace milenios se formulen ideas que apenas hoy estamos empezando a descubrir?

Esto eleva el grado de θεοπνευστία (zeopnefstía: inspiración divina) de la Santa Escritura, y en especial del libro del Génesis.

Debo decir también que si alguna vez escucháis o leéis que el autor del Génesis -Moisés- tomó elementos o fuentes externas a la Biblia, como de los babilonios, egipcios o caldeos, para componer este libro, sabed que existe una enorme distancia entre esas cosmovisiones antiguas y el contenido del Génesis. Sería un disparate -por no decir una broma- afirmar que Moisés copió de esas fuentes.

Esto puede constatarlo cualquiera que compare superficialmente un texto babilónico o egipcio con el Génesis. La diferencia salta a la vista.

Y como en nuestros días existe una cierta deificación de la ciencia, muchas veces queremos acudir a ella incluso cuando analizamos cuestiones desde la Santa Escritura. En los casos necesarios, también haremos referencia a la ciencia.

En este punto, me gustaría compartir con vosotros la opinión de dos grandes científicos.

El primero es André-Marie Ampere, el gran físico en cuyo honor se nombró la unidad de medida de la corriente eléctrica: el amperio. Él dijo lo siguiente: “Lo que Moisés escribió hace tres mil quinientos años, o bien demuestra que tenía el conocimiento antropológico y cosmológico de nuestra época, o fue inspirado por Dios.”

Pero que Moisés poseyera el conocimiento científico de nuestra época es totalmente imposible. ¿Cómo podría tenerlo, si en aquel tiempo ni siquiera sabían que la Tierra giraba alrededor del Sol? Un concepto impensable en el siglo XV a.C.

Además, Moisés no podía tener conocimientos de biología o geología como los actuales, que en su mayoría datan de los últimos cien años. Por lo tanto, la única conclusión razonable es que lo que escribió fue por inspiración divina, es decir, que fue θεόπνευστος (zeopnefstos: inspirado por Dios).

Otra opinión es la de Lapérouse, gran geólogo de la Academia Francesa, quien dijo lo siguiente: “Si tuviera que hacer un resumen en cuarenta líneas de las más auténticas conclusiones de la geología, copiaría el texto del Génesis. Es decir, la historia de la creación de la geología la haría igual que lo ha escrito Moisés.”

¡Veis qué maravilloso! Esto otorga una autenticidad grandiosa y un prestigio incalculable al libro del Génesis. Esto es solo una pequeña introducción a los temas que vamos a analizar durante este año y, si Dios quiere, el siguiente, si llegamos a concluirlos.

Yo personalmente considero estos temas grandiosos, muy apetitosos, suculentos. Por ejemplo, cuando entremos en los temas de la antropología cristiana, nos plantearemos preguntas como: ¿qué es el άνθρωπος (ánzropos: hombre, ¿ser humano) y qué quiere decir άνθρωπος?

Cuando Platón describió y formuló su conocida definición sobre el hombre: “un animal con dos patas y sin alas”. Entonces otro filósofo heleno, Diógenes, tomó un gallo, lo desplumó y dijo: “He aquí el hombre”. Al observar sus patas y alas, que se parecían a las del hombre, exclamó: “¡Mirad al hombre!”

El hombre es un misterio. No sabemos qué es el hombre. Hasta hoy, ni la filosofía ni la ciencia han dado una respuesta definitiva sobre qué es el hombre. Mucho más difícil aún es definir cuál es el propósito o fin para el cual el hombre existe.

¿Queréis saber algo más? Decimos: ¿la mujer es ἄνθρωπος (ánzropos: ser humano)? Ciertamente, bajo la perspectiva de la Santa Escritura, bajo el prisma de la Iglesia, la respuesta parece obvia. Es evidente que la mujer es un ser humano. Pero hubo un tiempo en que no era tan claro, con las consecuentes implicaciones prácticas de esa cuestión. Fue por ello que surgió el feminismo. Hoy en día, decimos que la mujer es igual al hombre. En nuestra época, existen conflictos sobre este tema. Pero si aprendemos cómo se hizo la mujer, de dónde vino, y cómo permaneció junto al hombre (varón), tendremos todos los elementos del auténtico feminismo cristiano. ¿Por qué, entonces, hablar del feminismo?

Como os dije, los textos que vamos a estudiar son tan valiosos que llenan nuestras almas de entusiasmo. Funcionan como la “piedra de toque” del joyero, que permite distinguir lo auténtico de lo falso. El feminismo mundano, que a menudo tiene efectos negativos y terribles, reduce a la mujer a una penuria o miseria. Mientras que el feminismo lucha por igualar a la mujer al hombre, el feminismo mundano tiende a varonizar a la mujer, reduciéndola a una penuria y miseria. Nosotros, en cambio, guardaremos la medida correcta, y esa medida nos la da la Santa Escritura, la apocálipsis (revelación) de Dios.

Ahora, vamos a entrar en el texto sagrado.

 

1ª Lección (homilía): Génesis, capítulo 1 Creación.

 

Γεν. 1,1 Ἐν ἀρχῇen arjí… En el principio, Dios creó el cielo y la tierra.
2 η δέ γῆ (i de yí)… pero o en cambio, la tierra era invisible, no formada, y la tiniebla, oscuridad, cubría el abismo, y el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas.
3 Y dijo Dios: «Hágase la luz; y se hizo la luz». Aquí me detengo.

[Añadido por mí: es de otras homilías del bienaventurado Yérontas Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo según los Padres de Athos, y fue apocalíptico para mí en el año 2003; así, de memoria, lo describo.

Las primeras palabras del Génesis, que coinciden con las primeras palabras del Evangelio de la Luz increada de san Juan Evangelista, esconden un gran misterio:
Gén. 1,1: Ἐν ἀρχῇ… en arjí… «en el principio» («junto con el principio»), que coincide con:

Jn 1,1: Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o Logos): «Junto con el principio era y siempre es el Logos; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y Dios era y es siempre Logos».

[1,1: «En el principio, junto con y en el Espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material, existía siempre el Logos increado. Como Hijo y Logos de Dios, nace siempre del Padre como Logos vivo, increado e infinito de Nous perfecto y sabio. El Logos, como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad, existía y está siempre inseparable de Dios; y el Logos era y es siempre Dios, increado, perfecto e infinito, tal como el Padre y el Espíritu Santo (un Dios, tres hipóstasis/bases subsistenciales o sustanciales, y una usía esencia/sustancia, y una energía, increadas)»].

(Y «Ἐν ἀρχῇ» (en arjí) es un sólicon o solecismo —es decir, una construcción asintáctica: está en declinación  dativa, y debería ser: «εἰς τὴν ἀρχήν…» (is tin arjín…) declinación acusativa. No es casualidad que el divino escritor, inspirado por el Espíritu Santo, lo pone así para llamarnos la atención de que esconde un misterio. Es decir, que manifiesta al Logos junto con el Espíritu Santo, lo cual se expresa más abajo: «y el Espíritu de Dios se movía, se cernía o planeaba sobre la faz de las aguas, o sobre la superficie del mar» (Gén 1,2); y la frase «dijo Dios» manifiesta el Logos (increado y aún no encarnado) de Dios.

*Σόλοικον (Sólikon), sólico o solikismo: expresión agramatical, sin coherencia sintáctica. Σόλοικον (sólico o solikismo) designa una construcción agramatical, sin coherencia sintáctica. Es decir, se refiere a quien, en un texto, se aparta de la sintaxis y de la gramática. En este caso, especialmente san Juan y otros santos escritores lo hacen muchas veces de manera intencionada, para indicar que se esconde un misterio o lo difícil, inefable e inexpresable que es lo divino, o Dios mismo. Los occidentales, en general, no tienen en cuenta este concepto y, por ello, dicen equivocadamente que se trata de simples errores del escritor inspirado.]

En el principio, Dios creó el cielo y la tierra. ¿Qué significa esto? Dice Akakio de Cesarea: «Es lo mismo que: Dios creó el principio del tiempo y el principio del cosmos-mundo». Así, pues, vemos directamente desde el principio que se ponen dos elementos: el del tiempo y el elemento del espacio. Cierto que sabéis poquito de matemáticas y física del colegio; de verdad disfrutaréis mucho de estos temas. Pero si algunos no tienen estos estudios mínimos, espero que no les defraude ni canse, sino que hagan un pequeño esfuerzo por entender, porque realmente se beneficiarán. Esta primera frase: «En el principio Dios creó el cielo y la tierra», por costumbre del escritor sagrado constituye el prólogo de todo el libro, pero también el resumen del capítulo y de todo el libro.

Pero vamos a detenernos en las dos primeras palabras: «En principio». Cuando dice «principio», inmediatamente denota y revela tiempo. Decimos, por ejemplo: cuando empiecen las clases…, cuando empiece a comer…; esto indica tiempo (χρόνος cronos). Pero el tiempo en los antiguos no fue observado: permaneció inadvertido. Es decir, los filósofos antiguos, en el tema de la creación, observaron sin tener en cuenta el tiempo; o sea, no estuvieron atentos, no tuvieron en cuenta este tema. Veían delante de ellos solo la creación. Pero la creación sin el tiempo es una cosa inconcebible, totalmente incomprensible. Simplemente porque dentro de la misma creación tenemos acontecimientos, hechos, y estos acontecimientos tienen principio y final, aunque sea parcialmente. Por ejemplo, decimos que empieza nuestra clase y terminará. Después empezará la siguiente homilía y terminará. Estas son cosas que ocurren: acontecimientos, hechos; diríamos que son unos trozos pequeños del tiempo. Y toda la creación, sin duda, está constituida de estos trozos pequeños del espacio que tienen una manifestación.

Aun hasta una cosa estática, que está parada -decimos un edificio-, ¿qué tiene esto? No tiene ningún acontecimiento. Es estático. ¿Cómo que, ¿no? Dentro del tiempo existen los acontecimientos, existe la corrupción o desgaste. ¿Existe algo sin corrupción? No tiene nada que ver si esta casa durará mil años o un monte, por ejemplo, quinientos mil años; o si mi reloj durará solo cinco años. Esto no tiene ninguna importancia. Lo importante es que hay metábole: variación, modificación, cambio, y esta variación siempre se escribe con el tiempo-cronos (del helénico χρόνος jronos, que quiere decir tiempo; de ahí viene en castellano cronómetro, herramienta con la que se mide el tiempo). No es, pues, la creación algo estático. Entra el tiempo-cronos, y esto es honor para la Santa Escritura: que inmediatamente nos introduce a la creación del espacio y del tiempo. Con «en el principio» se refiere al tiempo, y con «creó el cielo y la tierra» se refiere al espacio. Así pues, queridos míos, tenemos esta cosa maravillosa que hizo falta miles de años para que el hombre la entendiera, y la ha comprendido apenas ahora.

Cierto que los filósofos empezaron a percibir y entender algo, como os voy a decir más abajo, pero la ciencia ahora, últimamente, lo ha formulado. ¿Qué? Pues que espacio y tiempo son cosas que se han creado simultánea    mente y no se separan. Decimos que tengo una tela: esta tela se constituye de hilos. ¿Cuál es la composición de la tela? Pues de los verticales y los horizontales. Si quito los hilos verticales, simplemente tengo una línea de hilos; no tengo tela, y viceversa: lo mismo. Para tener tela tengo que tener las líneas verticales y las horizontales. Para tener la creación tengo que tener el espacio y también el tiempo. No se entiende la creación sin el tiempo; el espacio sin el tiempo. Son dos cosas que son simultáneas. Ninguno se hizo antes que el otro: se hicieron juntos, a la vez.

Esto lo dice muy bien el divino Agustino; cierto que esto lo dice de la Santa Escritura: «No, in tempore, sed cum tempore finxit Deus mundum… no en tiempo, sino junto con el tiempo, Dios consolidó o fijó al mundo», lo que nos muestra que no existía el tiempo y, en un momento, empieza la creación. Pero el tiempo y el espacio están juntos. ¡Es asombroso!

Platón dijo lo siguiente: «Dios hizo el mundo junto con el tiempo-cronos. De manera que, si alguna vez se disuelven, que se disuelvan juntos». Esto es una gran verdad que la veremos más abajo.

Así que, por «en el principio Dios creó el cielo y la tierra», llegamos al espacio y tiempo de Einstein. Saben que antes de Einstein los fenómenos los examinábamos en la ciencia; no es que ignorásemos el tiempo: no decimos que la velocidad es igual al espacio por el tiempo. El tiempo entra dentro de todos los elementos, pero no habíamos percibido que el tiempo hace un papel muy importante cuando, en un momento dado, la velocidad se hace muy grande, cuando llega al punto de que puede mover la materia se hace enorme; es decir, llegar a la velocidad límite de la luz: entonces inmediatamente tenemos energía. La energía, sabéis, es igual a la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado, E = m·c².

Esto es, pues, un cimiento o base para que veáis que «en el principio Dios creó el cielo y la tierra» parece algo simple, pero no es nada simple. Este «simple» es sabio, pero se proclama muy sencillamente. Esto nos hace hoy llegar al tiempo y espacio de Einstein. ¡Sorprendente, maravilloso! Pero aún una cosa más: cuando dice «en el principio» significa que tenemos principio y final, porque todo lo que empieza termina. Es también esto una tesis filosófica, si queréis. Lo que empieza termina. ¿Saben qué gran valor tiene esto en el tema de la paciencia? Porque, por ejemplo, puede que una persona me esté aturdiendo o castigando sin parar. Puede estar sentado en la silla y me diga y diga continuamente y me esté castigando incomparablemente. ¿Saben cómo tengo la paciencia? Pues que un día u hora acabará. Esto es muy importante, porque, como va a terminar, ¿por qué tengo que gritar? Esto tiene aún más valor. Nuestra vida tiene muchas penas, castigos, pero decimos que terminarán. Pero si damos valor a la vida también más allá de la muerte, porque esto ocurre, entonces nace una virtud importante, que es la paciencia. Todo termina. Así, dentro de nuestro pueblo, hasta al hombre con menos estudios, analfabeto, está regada esta verdad: que lo que empieza, acaba. Entonces, cuando «en el principio Dios hizo el cielo y la tierra», da a entender también final. Y decimos: ¿o sea, la creación tiene final? Claro. Es cierto: existe el final, puesto que hubo principio. ¿Cuál es este final de la creación?, ¿qué significado tiene este final de la creación?, ¿este universo un día acabará? Lo imagináis, hijos míos: hasta estos mismos científicos nos hablan sobre este final del universo.

Tenemos dos lados: uno, el lado físico, y el otro lado, el apocalíptico (o revelador). Primero tomemos el lado físico. La misma ciencia nos dice que el universo muere, aunque existen billones de billones de materia. Sobre todo, para nuestro sol se dice que muere. Si queréis, os doy unos datos. Calculan que toda la vida del sol es ciento diez por diez elevado al nueve (110·10⁹), es decir, 107 billones de años: esa es toda la vida del sol. O sea, que este tiempo puede vivir el sol. Hasta ahora el sol está en la edad del niño; es decir, tiene solo seis por diez a la nueve (6·10⁹). O sea, si tuviésemos un hombre que tendría que vivir ciento siete años, este hombre ahora tiene seis años: aún le faltan de vida ciento uno años. Entonces, la vida del sol hasta ahora es 6·10⁹, es decir, seis billones de años.

Escuchad ahora esto. El sol pierde materia, y la pierde por la energía, por la luz. Además, nuestra tierra, si queréis, se hace más y más pesada recibiendo materia por la forma de la luz. Escuchad: dentro de un segundo el sol pierde cuatro millones de toneladas de materia, en un tic-tac. En un minuto pierde doscientos cincuenta billones de toneladas; en veinticuatro horas pierde 360 billones de toneladas de materia. Entendéis, pues, lo que va a pasar. Puesto que pierde, no se añade algo. Entonces, después de ciento uno billones de años, como os dije antes, el sol se perderá; por lo tanto, muere. Y tal como muere el sol, muere también el universo entero. ¿Pero qué quiere decir que muere el universo? Pues muere con la llamada muerte térmica.

La teoría de la muerte térmica nos dice lo siguiente: como sabrán, según el segundo axioma termodinámico, de esta devaluación cualitativa de la energía no se pierde nada, sino que solo la calidad cae o se rebaja. Nos muestra que no tenemos pérdida de energía; saben que existe el principio de la conservación de la materia, el principio de Lavoisier -lo recordáis de la escuela- y el principio de la conservación de la energía. Por lo tanto, no se pierde nada. ¿Entonces, cómo mueren las cosas? De la siguiente manera; atención a esto. ¿Por qué se mueve la Tierra alrededor del Sol? Porque la temperatura del Sol es de este tipo que la hace mover, como también a los demás planetas. Si ya el Sol no tiene temperatura, no tiene luz, no estará en movimiento. ¿Entonces qué pasará? Significa que la energía del universo, la cual está en forma de luz, cae en la forma del calor. El calor es la más baja calidad de energía y cada punto de esta energía está en el mismo nivel. Puesto que no tenemos diferencia dinámica, tenemos muerte. Un ejemplo: ¿el mar tiene energía? Sí, energía potente, terrible. Si tuviéramos una manera de tener el mar encima de una montaña y pasara dentro de un gran túnel y nos moviera, imaginaos qué máquinas, qué electricidad, etc., nos produciría. Pero para llevar el mar encima de la montaña necesitamos energía. No podemos, pues, llevar el mar a la montaña. El mar es como un nivel: para levantarlo más arriba necesito energía; entonces, para darle energía, ¿qué tomaré? Recibiré menos de lo que daré; por lo tanto, no interesa. ¿Por qué? Porque el mar tiene gran valor, porque es energía y tiene gran energía, pero la tiene al mismo nivel; por lo tanto, no puedo aprovechar este elemento de la energía. Así pues, dentro del universo, el mar después permanecería inamovible. ¿Puede el mar subir a la tierra? No. Permanece allí. Así también la energía del universo caerá a este mismo nivel; es decir, todos los puntos y señales de la energía caerán al mismo nivel, no tendrán diferencia, con el resultado de que no exista movimiento. Es decir, muerte. Pero la muerte no significa desaparición, sino inamovilidad.

Si tomamos un hombre muerto, ¿por qué está muerto, cadáver? Porque no tiene movimiento, no tiene vida. Sobre lo demás, su materia: pues encerrarlo herméticamente dentro de una cuba de vidrio para que no se escape nada de lo que se disuelve y pesarlo cada año. Veréis que no se perderá nada. A pesar de esto, tenemos muerte. Así pues, la ciencia nos dice que tenemos la muerte térmica del universo, y esto se hace sobre la base de la ley de la entropía, así se dice en la física. Esto por parte física.

Por lo tanto, bien dijo Moisés «θεόπνευστος zopnefstos», es decir, de manera inspirada divinamente, que el universo tuvo principio. Aun si queréis, no vayáis a los antiguos filósofos: vayan a los sistemas y teorías materialistas de nuestra época y abran el diccionario en la palabra materia, por ejemplo, el diccionario de Rosental. Allí veréis que dice: la materia es eterna. Ingenuidad: la materia eterna. A pesar de esto, llenamos la cabeza de nuestros hijos hoy con sistemas materialistas. La materia no es eterna.

Pero tenemos también el lado apocalíptico (revelador). El final, como nos dice la ciencia, no es desaparición, sino inamovilidad. De acuerdo. Dios nos revela y nos dice que el final realmente no es desaparición, porque lo que Dios creó no vuelve al cero, a la nada, como lo veremos un poquito más abajo: cómo Dios hizo el mundo. ¿Pero qué es? Es cambio, transformación en tiempo y espacio de tipo o forma peculiar. Y este tiempo-espacio de tipo peculiar, después de la muerte del universo —que no coincide con la muerte física, tened esto en cuenta—, sino con la Segunda Presencia de Cristo. Este tiempo-espacio de tipo particular no es nada más que la Βασιλεία (Realeza increada) de Dios. Escuchad cómo lo dice el Salmo 101: «En principio, tú, Señor, has cimentado la tierra, y los cielos son obra de tus manos; pero ellos se pueden perder (pero no desaparecerán); pero tú permaneces, y todos, los cielos, la tierra, toda la creación, se envejecerá como una prenda, y tú, como buen modisto, la prenda la girarás de dentro hacia fuera y la harás nueva». Sabéis que antiguamente la ropa de vestir estaba muy cara: volvíamos la tela de dentro hacia fuera y la prenda parecía nueva. Esto lo hará Dios; esta imagen está tomada de allí, del modisto. Dice que girará de dentro hacia fuera la creación. ¿Qué es esto de dentro hacia fuera? Es un tema o cosa de Dios, y la creación se hará nueva.

Dice el evangelista Juan: «Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía» (Apoc 20,1). Por lo tanto, el universo tendrá otra forma: no será la forma esférica, no será el mar; toma el mar como elemento. El universo no será tal como lo sabemos. «Y dijo el sentado sobre el trono, el Cristo: “He aquí, hago todo nuevo”» (Apoc 21,5). Así pues, vemos que Dios cimienta el tiempo y el espacio, pero Él mismo permanece fuera del tiempo-espacio. En lo referente a cómo Dios permanece fuera del tiempo-espacio y no se identifica con el tiempo-espacio, sino que es el Creador del universo y del tiempo-espacio, esto lo veremos el siguiente domingo (en este caso, en la siguiente homilía). Amín, 24 de octubre 1982

 

2ª Lección (homilía): “Creó”- “el Dios”- “el cielo y la tierra”.

 

Refiriéndonos a la cosmología cristiana, en la homilía anterior habíamos analizado el «En el principio hizo Dios el cielo y la tierra» (Gen 1,1), que es la primera línea del primer capítulo de la Santa Escritura. Habíamos dicho qué significa esto de «en el principio». Dijimos que expresa tiempo y que Dios, junto con el cosmos, cimentó, formó también el tiempo, y que el tiempo y el espacio son dos elementos que se unen, se conectan entre sí, y nos es imposible entender -es incomprensible, no puede captarlo la mente humana- que estos se separen. Porque cada metábole, cambio de la creación, aunque sea estática o inamovible (no hay nada inamovible), las metáboles, cambios, expresan tiempo. Y decíamos que el Creador del tiempo es Dios, porque «en principio Dios creó el cielo y la tierra». También vimos, sobre el tema del tiempo, que puesto que, ya se puso el principio, también se pondrá final, y que algo que empieza termina. Y que tenemos dos tesis: una, el final del mundo de parte física, y otra, la teoría de la muerte térmica del universo, es la ley de la entropía, que es cuando todos los puntos de la energía están en el mismo nivel. Acordaos de que dije el ejemplo del mar, que es del mismo nivel, y entonces ya no tenemos productividad de energía, y esto se llama muerte térmica del universo, porque la forma más baja de energía, el calor, que ya no puede rendir, cae porque todos sus puntos están al mismo nivel. Diríamos que la energía calor es la más baja, pobre. La primera forma de energía es la luz y la última forma es el calor. Esto, del lado físico, nos lo confirma la misma ciencia: que existe final. Algunos dicen, principalmente el materialismo, que no existe final de la creación ni principio. Que Dios, dicen, ha hecho al mundo: esto es paradójico. Sí, esto es paradójico lo que dicen ellos de parte lógica. Porque todo lo que tiene metábole, cambio, todo lo que tiene el sello del tiempo, esto significa que terminará porque empezó. Pero el hombre no pudo captar el concepto del principio, porque no puede captar que existe antes del principio. Esto lo veremos un poco más abajo, este punto sobre la creación y el espacio.

Y un segundo punto sobre el tema del principio que expresa tiempo: que no es solo la tesis de la física, que acaba el mundo porque empezó, sino que es también la tesis apocalíptica. Es decir, que cuando decimos que termina la creación porque empezó, no significa que desaparece o se hace cero, sino que cambiará, se transformará, y os había dicho el ejemplo de la prenda vieja. El ejemplo no es mío, es de la Santa Escritura, del Salmo 101, 20-26, que dice que todos los cielos y todo, como una chaqueta, envejecerán, y girará lo de dentro hacia fuera y los renovará. Este «de dentro hacia fuera» es una icona, imagen; esto lo sabe Dios, no podemos captarlo. Porque entonces ya no tendremos más que un tiempo de tipo peculiar que se llama perpetuidad o eternidad. Esta es la vida eterna. Ay, con qué facilidad decimos que ganes la vida eterna. Si pudiéramos profundizar en estas cosas, que los hombres de apariencia superficial y vanidosa con una raya fácilmente las borran sin interés alguno, que manifiesta la frivolidad del hombre. Pero, si Dios cimentó el tiempo, está claro que Dios está fuera del tiempo. Si yo cimiento la casa, yo estoy fuera del cimiento que pongo, porque no tendría sentido que yo cimiente y yo mismo sea el cimiento: sería inconcebible. Dios, pues, cimienta el tiempo y está fuera del tiempo, lo que significa que es el Kirios (Soberano, Dueño y Señor,) del tiempo. Significa que Dios no envejece. Qué difícil es expresar estas cosas. La Santa Escritura está escrita en la lengua popular para que sea entendida por los niños pequeños, los hombres analfabetos, por todos los hombres. Hay una bella expresión en la Santa Escritura que dice «el viejo de los tiempos», y se presenta Dios y Cristo en el Apocalipsis con barbas blancas y pelos blancos como la nieve, y se llama «el viejo de los tiempos», pero principalmente se dice así del Padre. Es decir, el que ha envejecido demasiado por la edad. ¿Qué significa «se ha envejecido»? Significa, por expresarlo de alguna manera, a este que no le vence el tiempo: es el más antiguo de todos y de todo, pero existe. Es una expresión popular, como os dije, para decirnos la Santa Escritura que Dios está fuera del tiempo; no podemos expresarlo de otra manera. Como veremos un poquito más abajo, Dios también está fuera del espacio. Dios es omnipresente y, a la vez, no tiene ninguna relación con el tiempo ni con el espacio. Exactamente como el pintor: pone su sello al lienzo que pinta, pero no tiene ninguna relación con el lienzo que pinta; no está dentro del lienzo, sino que está fuera. A pesar de eso, su genio, su pintura, sus cualidades artísticas, las coloca encima del lienzo, pero él no está allí. Así también es el Dios.

Ahora voy a la siguiente palabra: «creó, εποίησεν epíisen», ποιώ (pió) que significa hacer, constituir, construir; es decir, el creador. También os recordaré otra palabra, un sustantivo; decimos “ποιητής piitís poeta”, que es el que escribe o crea poemas. En la lengua helénica, «ποιώ (pió)» tiene muchas fases o formas, pero tiene un solo significado: que hago algo de lo que existe. De algo que no existe no puedo hacer algo.

Pero, como la Santa Escritura quiere hablar de la creación desde el cero, pone una palabra especial. El tal cero, en el pensamiento helénico antiguo, es lo que el mismo cero dice: que no existe. El filósofo del pensamiento heleno dirá que no existe el cero, aunque en las matemáticas lo utilizamos como símbolo. Atención aquí: el heleno dice que no existe el cero; el hebreo dice, por apocalipsis (revelación), que el cero existe, porque antes de hacerse lo que se ha hecho existía el cero. Incomprensible: lo veremos un poquito más abajo.

*(El simbolismo del cero es uno de los logros más importantes del intelecto humano. No es en absoluto algo evidente, y fueron necesarios milenios para que surgiera. En los sistemas numéricos de los antiguos griegos y latinos, que no eran sistemas posicionales como el decimal, sino simples representaciones de números (por ejemplo: α, β, γ, δ, ε… o: I, II, III, IV, V), nunca existía el elemento cero. Así pues, del mismo modo que hoy nos resulta incomprensible la idea de que de la nada haya surgido todo un universo, igual de incomprensible les parecía a los antiguos griegos la existencia del cero, es decir, la existencia de la inexistencia… El significado del cero está relacionado, como concepto, con el nada, pero no se identifica con él.)

Por eso, en la filología hebrea se formula un verbo que expresa la creación del ser y del no ser Este verbo en hebreo se llama «barac», que significa «crear». Pero el «barac» tiene dos significados. El primero quiere decir crear de cero; los latinos lo dirían «primera creación, creatio prima o creatio ex nihilo creación desde la nada ». El segundo significado del verbo «barac» quiere decir crear del ser, de algo que existe, y los latinos lo dirían «segunda creación» crear de lago que existe.

Para entenderlo mejor, un ejemplo: para que hagáis una prenda de punto sin que os dé pelo, me diréis: dame pelo para hacértelo punto y después una chaqueta. Lo primero es del cero y lo segundo es de lo que existe; es decir, tenéis el pelo y podéis hacer el punto y luego chaqueta.

Así que significa que Dios «barac», creó el cielo y la tierra; por lo tanto, creó de cero y después configuró, formó, hizo evolucionar lo que había creado de cero. (El texto hebraico del Génesis utiliza dos verbos, unas veces el verbo “bara” para la creación desde el cero, y otras el verbo “asah” para la formación del material existente).  Pero cuando Dios crea, está fuera de lo que crea. Cuando formo un objeto, estoy fuera de este objeto. Atención: esto es muy importante. Aquí, en esto, las distintas corrientes, sobre todo filosóficas, principalmente helenas, son diversas, porque no pudieron captar estas verdades apocalípticas, reveladoras. No podían captarlas; es normal. Se debía revelar (apocaliptar) toda esta verdad, porque la mente humana, engañada y oscurecida, no podía captar estas cosas.

Aquí ahora debemos ver cuál es la relación de Dios con el cosmos-mundo. Lo primero es que puede haber una creación de emanación o derramamiento. ¿Qué quiere decir eso? Porque esto lo sostenían los filósofos estoicos. Y aquí, ahora, debemos ver cuál es la relación de Dios con el cosmos-mundo. Como os decía la otra vez, y lo estaré repitiendo, puede ser que todas estas cosas parezcan teorías, pero son fundamentales. Porque uno me decía: quizás no son tan espirituales estas cosas. Le contesto: ¿cómo no, si son Santa Escritura? ¿Es posible que no sean espirituales? Y cuando uno cimienta estos conceptos, ¿entonces uno puede ser engañado? No. Como os diré más abajo sobre el panteísmo, que se arrastra y engaña a nuestros jóvenes, de yoguismos o los gurús, etc., sobre todo a los universitarios. Porque el día de mañana os invitarán a escuchar una conferencia sobre todo esto y seréis engañados; no sabréis qué lugar tomar y no podréis percibir que allí, en estas cosas, la relación con Dios y el mundo es una tesis panteísta (todo dios). Estos temas son importantísimos. Por eso mucho os ruego poner mucha atención y veréis que saldrá mucho trabajo espiritual de esto.

Pero vuelvo al tema. Los filósofos estoicos decían que la relación del mundo es relación de emanación o derramamiento. Es decir, ¿cómo se hizo el cosmos-mundo? Como no podían captar que la creación se hizo de cero, por eso dijeron que el cosmos salió de la esencia de Dios y que el cosmos-mundo constituye una parte de la esencia de Dios. De la misma manera que cuando tomamos un panal lleno de miel —este ejemplo es de los estoicos—, de la manera que están hechos los panales, la miel está dentro y no cae. Pero si apretamos este panal, entonces la miel empieza a fluir, a derramarse. Así dicen que provino el mundo de Dios. Y cuando decimos que Dios hizo el mundo, significa, según ellos, que el cosmos-mundo fluyó, surgió y fue derramado de la esencia de Dios. Por lo tanto, el mundo participa de la esencia de Dios. Eso es una cosa extranjera. Aquí pone el verbo «crear», que significa que Dios no tiene ninguna relación, de parte de esencia, con el cosmos-mundo. Una cosa es la esencia de Dios, que es increada, y otra la esencia del cosmos-mundo. No es derrame o emanación de la esencia de Dios.

Os diré un punto: si el cosmos-mundo peca, entonces significa que peca la esencia de Dios, puesto que el cosmos-mundo procede de Dios. He aquí una oposición que muestra que el mundo no es derrame o emanación de la esencia de Dios, sino que es creación y está fuera de la esencia de Dios.

Platón decía otra tesis: que Dios no creó el cosmos-mundo. Para él, Dios siempre existe eternamente, sin principio ni final, y también el cosmos-mundo siempre existe sin principio ni final; es decir, que el mundo no fue creado. Entonces Platón introduce dos principios filosóficos: el principio Dios y el principio cosmos-mundo. ¿Entonces qué relación tiene Dios con el mundo? Simplemente, Dios tenía delante suyo la materia, la cual existe, pero deformada, y la transforma. Por consiguiente, según Platón, la relación de Dios con el cosmos-mundo es relación de transformador, es relación de decorador: que Dios decora la creación, pero la creación siempre existía, existe y existirá. Esto dice hoy el materialismo. Me diréis: qué coincidencias raras. Sabéis que el materialismo no quiere saber nada sobre Platón, que le considera idealista y no se siente nada bien con él. A pesar de eso, este principio de Platón es el principio del materialismo.

Os diré lo que el materialismo dice sobre el cosmos, como lo ponen en el diccionario filosófico: el mundo, es decir, la materia, existía, existe y existirá; es un fuego eterno, es decir, sin principio ni fin. Como Dios también es sin principio ni final, por lo tanto, es tesis platónica. El que Dios tenga delante de Él la creación: no la hizo Dios, sino que la transforma. Es como si doy al alfarero un trozo de barro para que me haga un jarrón; pero el alfarero no ha hecho el barro, simplemente lo transforma. Esta tesis es ajena, totalmente extranjera, en la enseñanza cristiana, por la sencilla razón de que Dios no es extranjero del mundo que crea. Si tuviera tiempo os diría también el tercer elemento de Platón, que son las ideas. Las ideas son el prototipo (modelo, figura simbólica), y copia los prototipos y hace al cosmos-mundo; es decir, que transforma al mundo de acuerdo con las ideas, estos eternos prototipos (modelos). Cosas que no tienen ninguna relación con la creación por parte cristiana.

Por lo tanto, Dios creó el cosmos-mundo, es el Κύριος (Kírios: Soberano, Dueño y Señor,) del mundo, como veremos; por lo tanto, ama al cosmos-mundo y todo es creación suya. No permanecen ajenas ni extranjeras, no están enajenadas las creaciones de Dios. Digo este punto porque muchas veces algunos materialistas dicen que son idealistas, no materialistas, y toman frases y tesis de Platón y creen que son tesis cristianas. Las tesis de Platón no tienen ninguna relación con las tesis de la apocálipsis (revelación), del Evangelio y del Cristianismo: ninguna relación. Esto lo digo también para que no seáis engañados, porque se dice mucho esto.

Y una tercera cosa falsa que se dice sobre la relación del mundo con Dios. Sabéis que esto es un gran problema, el llamado problema teológico o cosmológico en la filosofía: es que Dios se identifica con el cosmos-mundo, y cuando decimos cosmos-mundo o Dios es la misma cosa, y que el dios cosmos se crea a sí mismo. Esto se llama panteísmo (todo dios), que quiere decir que todo lo que existe es Dios: todo dentro de la creación es un trozo de Dios. Pero entonces sabemos muy bien que la creación no tiene conciencia, es inconsciente; el sol y la luna no tienen conciencia, no son personas. Un ejemplo sencillo: solo voy a tomar nuestro pequeño barrio, el sol y nuestra tierra, aunque tenemos influencia del universo entero. Cuando, por la iluminación del sol, tenemos tantas transformaciones e influencias sobre la tierra, como invierno, verano, la lluvia, nieve, vientos, sequedades, etc., tantas y tantas transformaciones conocidas que existen, ¿esto se hace por y con conciencia? Es decir, ¿sabe el sol lo que hace?, ¿sabe la tierra lo que le pasa y hace? Sin duda, no. Hasta un niño pequeño, si le preguntamos, nos lo dirá. Porque no hay conciencia, no existe yo. ¿Cómo, pues, es posible que en una creación que tiene el sello de la dinamis (fuerza, potencia y energía), de la sofía (sabiduría) y de la agapi (amor incondicional) sean conseguidas estas cosas de manera sorprendente y sean resultado de una inconsciente energía? Imposible. A pesar de esto, hijos míos, todas las religiones orientales que se han introducido en Occidente tienen un pedestal panteísta: budismo, hinduismo, todas estas cosas que ahora las traen aquí a Grecia, a Europa, a América, los gurús, yoga, etc. El año pasado os dije algo sobre esto. Yoga quiere decir ejercicio, y hacen allí varios ejercicios, pero no son simples ejercicios. Atención: estos hombres engañan. Os dicen que es un ejercicio, gimnasia simple, pero no es nada de esto, sino que tiene carácter teletúrgico, oficiante. Como nosotros decimos la oración de Jesús, ellos dicen repetidamente hare krishna, hare krishna; es decir, regreso al Krishna, volver al dios todo: es decir, panteísmo. Atención, cuidado, no seamos engañados. El masonismo también es panteísmo. La teosofía tiene su origen en el budismo y el hinduismo: es panteísmo.

No creáis que son cosas lejanas y que no nos conciernen. Están aquí, dentro y alrededor de nosotros. Os diré una expresión, porque estas expresiones son muchas veces las que traicionan o predisponen. Decimos: «¡Qué flor más bella! ¡Que hace la naturaleza!». Esto es panteísta. ¿La naturaleza hace o Dios? Lo veis: y lo decimos en nuestra vida diaria. «Crea la naturaleza». Diríamos: no, señores, no crea la naturaleza, sino Dios crea. «Mi Padre —dice Cristo— hasta ahora trabaja y yo trabajo; yo, el Dios Logos, que lo he creado todo, trabajo, y mi Padre también». ¿Qué trabaja? ¿Todo lo que existe? No que Dios haga nuevas cosas, porque Dios cesó la creación. Entonces, ¿cómo trabaja? Manteniendo, gobernando, dirigiendo todo. Así que vemos que Dios no se identifica con la creación.

Recapitulo los últimos puntos. La creación, siempre en relación con Dios, no es resultado de derramamiento o emanación de Dios, como decían los estoicos, ni como decía Platón, que el mundo y Dios son coprincipiantes, sin principio ni fin; es decir, existe Dios y existe el cosmos, sin principio ni final los dos. Y tercero: que Dios no se identifica con la creación. Está fuera de su creación como esencia, mientras que la tesis panteísta la identifica. Esto significa que el lado ortodoxo cristiano, el apocalíptico, es que Dios crea por proyección exterior: lo que hace es fuera de Dios; esto se dice «proyección exterior». Lo que Dios hace lo hace sin que algo preexistiese, y aun sin que ese algo tenga relación con la propia esencia de Dios. ¿De dónde hace esto Dios? Pues de cero. Aquí ahora hemos encontrado un escollo para nuestra lógica.

¿Qué quiere decir «de cero»? Dirá que de cero no entendemos nada. Aristóteles decía: de cero, tenemos cero. Era un dogma filosófico. Es algo autodemostrable, obvio, que del cero no podemos sacar nada; no existe cero, lo decíamos antes. A pesar de esto, este incomprensible para el pensamiento humano: viene el Logos de Dios a decirnos que Dios de cero hizo todo. La madre Salomónida de los siete Macabeos decía a su hijo menor: «Hijo mío, no olvides que Dios, del no ser, de la nada, produjo al ser, a la existencia, todas las cosas». Todo lo creó de la inexistencia, es decir, de cero. Es una tesis antilógica. No la entendemos.

Por eso la Santa Escritura se refiere a este tema fundamental: que Dios es uno. Pero atención: este Dios es Dios trascendental. Puesto que crea el tiempo-cronos y, cuando decimos cosmos-mundo, nos referimos al espacio, a lo que vemos. Pero atención: Dios no tiene ninguna relación con el tiempo ni con el espacio-cosmos; está fuera de estos. Por lo tanto, es trascendental, está más allá del cosmos-mundo y del tiempo. Pero es tan bello el cosmos-mundo, tan potente y tan sabio, de modo que todos los científicos de todas las épocas, sobre todo hoy, con los perfectísimos instrumentos, podemos ver interminables fines del universo. Por supuesto que, no existen fines interminables, existen sin existir. Ha llegado nuestro ojo a los 18 billones de años luz. Para que venga de aquella esquinita del universo la luz que corre trescientos millones de metros por segundo -o sea, que da la vuelta a la Tierra siete veces y media en un segundo-, tarda en venir de allí dieciocho mil millones de años.

¿Qué creéis, es grande el universo?

Insólitamente enorme.

Entonces, pues, vemos un universo terrible, potente; vemos la δύναμις (poder, potencia y energía) de Dios, que desgraciadamente la insultamos y decimos que no existe. Ay de nosotros. Dudamos de la sabiduría, de la δύναμις de Dios. Si uno observa un poquito el universo quedará sorprendido, y cuantos más estudios tenemos, tanto más se ve la sabiduría de Dios. Pero también la agapi (amor incondicional e increado) de Dios. Para que permanezcan los seres, para que permanezca Su creación y no se pierda, ¡qué ingenió Dios en unas combinaciones maravillosas!

Así pues, Dios hizo el cosmos-mundo, ¡este es el Dios uno, que es trascendental, de δύναμις (dínamis: poder, potencia y energía increadas), ¡sabiduría y agapi!

Mirad lo que dice: «el Dios». Lo pone con artículo. ¿Por qué? Porque se trata de un Dios concreto, no o simplemente de algún Dios (abstracto). Pero mirad lo que dicen y cómo dicen algunos hombres: una superior δύναμις fuerza o un poder superior hizo todo esto. Hombre, ¿cuál es esta δύναμις fuerza o poder superior? Cosas ambiguas, imprecisas, aguadas. No «Dios», sino «el Dios».

Pero el artículo no solo expresa un Dios concreto, sino que expresa algo más muy importante: que es el Dios personal, persona. El Dios-persona, personal, es decir, que tiene conciencia de Sí Mismo. Porque la δύναμις (fuerza, poder y energía) la sabiduría y la agapi, ¿cómo se podrían expresar si el Dios no tuviera conciencia? Es un Dios que nos abraza y nos da la posibilidad de abrazarlo también nosotros, porque a nosotros, los seres humanos, Sus criaturas, nos hizo personas. Y el Dios persona, personal busca encontrarse con las personas. La mayor felicidad dentro de la creación: el encuentro del hombre con el Dios; la persona del hombre con la persona de Dios personal.

Así pues, «Dios creó el cielo y la tierra». Aquí ahora tenemos una debilidad en la palabra hebrea, mientras que en la lengua helénica hay una riqueza. Veis que no existe ninguna lengua humana perfecta. Los helenos escribirían: «El Dios creó el universo», una palabra. Los hebreos escriben: «El Dios creó el cielo y la tierra», porque no existe una palabra en la filología hebrea que contenga las dos: el cielo y la tierra.

Pero, a pesar de la diferenciación, al decirnos que el universo es el cielo y la tierra, esto tiene un valor y significado muy importantes, porque atiende una tesis fundamental: que el Dios es el creador del cielo y también de la tierra, Por lo tanto, el dualismo desaparece con la palabra universo. ¿Qué quiere decir dualismo? Pues que hasta hoy existen dualismos: creían los hombres, y también Platón, la masonería —que también es dual—, la teosofía —que es la teoría de la masonería—, es decir, que existe el dios bueno y el dios malo. Y se expresa como el dios de la luz y el dios de la materia, el dios de los espíritus y el dios de los cuerpos. Platón* decía que el cuerpo es la cárcel de la psique (alma) y que se liberarán las psiques del cuerpo y se marcharán e irán a unos lugares luminosos y bellos. No: Dios es el Dios de los cuerpos y de los espíritus. El Dios es también del cielo y de la tierra. No existe dios tierra, dios materia y dios espíritu, dios cielo. El Dios es uno.

*[Según Platón, el hombre está encarcelado al cuerpo-soma (Kratílo 400c · Gorgías 493a · Fedón 62b, 82e). Por eso sólo después de su muerte vive realmente, cuando la psique-alma por fin está libre y puede acercarse y tocar la verdad completa, sin ser molestada por los sentidos, (Kritón118a, Leyes XII, 959b)]

Aquello que decimos que es malo, nos equivocamos. No existe mal en la materia. Perdonadme: ahora voy a bajar a un nivel muy bajo con un ejemplo. Aquello que comeré irá al estómago y se hará una esencia muy fea, huele mal y después lo sacamos, es decir, los excrementos: ¿son malos? ¿Estas cosas las ha hecho Dios? Pero ¿quién os ha dicho que esto es algo malo? El sentido o concepto del mal solo está en el pecado, solo en la apostasía y la infracción; no está el mal en la materia. A pesar de esto, los hombres colocaron el mal en la misma materia. No existe el mal dentro de la materia. El mal está en la preferencia del pecado o en la libre voluntad del hombre. Hasta el matrimonio, los agnósticos lo consideraban un mal; lo escribe el apóstol Pablo: «Vendrá tiempo que os dirán: no os caséis, porque es sucia la boda o el matrimonio».

¿Dónde está lo sucio del matrimonio, dónde está el pecado? En ninguna parte. Solo en la infracción de los mandamientos de Dios: allí está el pecado. Veis, os lo dije: salen muchas cosas. Si aprendéis sobre estas cosas, aunque solo las básicas, entonces solos podréis sacar conclusiones por lo que os ocurre en vuestras vidas.

Así pues, el mundo material y el espiritual son creaciones de Dios. La materia no es principio: fue creada. Dios crea también el cosmos-mundo y el cielo. ¿Quién es el cielo? En la Santa Escritura tenemos tres expresiones sobre el cielo: el cielo meteorológico, el astral y el espiritual. Decimos: las nubes están en el cielo o los pájaros vuelan al cielo; es el cielo meteorológico. Decimos: el sol está en el cielo; es el cielo astral. Decimos: Dios está en el cielo; es el cielo espiritual. Dios, pues, crea el cielo y la tierra. Y aquí acaba la primera línea, que nos habla sobre un Dios que es la causa creativa de todo. Las siguientes líneas, dos y tres, que veremos en la próxima homilía, la Santa Escritura nos indica que Dios es trinitario. ¿Me diréis qué, desde la segunda línea del Antiguo Testamento, nos dice que Dios es uno y trinitario? ¿Y se introduce el dogma de la Santa Trinidad: que Dios es uno y trinitario? Sí, pero lo veremos en la próxima homilía. ¡Es maravilloso esto!, siempre, claro está, con la luz del Nuevo Testamento.

La conclusión, ¿cuál es, pues? Voy a recapitular lo pasado y lo de hoy. Primero: el cosmos-mundo tenía principio.

Segundo: el cosmos-mundo no es resultado del azar.

Tercero: el cosmos-mundo no es derrame o emanación de Dios, ni se identifica Dios con el mundo, ni es co-principiante o coprincipio con el mundo, ya que dijimos que tiene principio.

Cuarto: el cosmos-mundo se hizo de Dios, el Dios uno, no de muchos dioses.

Quinto: Dios es trascendental, más allá y por encima de todos y de todo.

¿Qué diríamos sobre Dios? ¿Quién es aquel que: “En el principio creó el cielo y la tierra”?

Un Padre de la Iglesia dice que es “la bienaventurada fisis (naturaleza), la abundante bondad, el extremo o absoluto anhelado, aquello que hace a la psique humana descansar solo en Él y en ninguna otra cosa; la muy deseada belleza y bondad por las criaturas lógicas; el principio de los seres, la fuente de la vida, la luz espiritual, la inconcebible sabiduría” (san Basilio el Grande, homilía 1ª “al exaimeron-seis días”, EPE tomo 4º, pág 32).

Este es el Dios, hijos míos, que hizo el mundo, el Dios persona o personal que nos ha hecho personas, como veremos en la antropología cristiana, para tener con nosotros los pequeños koinonía-comunión, conexión. Uno no tiene más que hacer sino alabar, glorificar y agradecer la δύναμις dínamis, la sabiduría y la αγάπη agapi de Dios. Amén. Domingo 31 de octubre 1982.

 

3ª Lección (homilía): La situación de la tierra. Santo Dios Triádico crea el mundo. El Hijo y el Espíritu Santo

 

«Al principio Dios creó el cielo y la tierra» (Al principio Dios creó las realidades celestes y después las terrenales.)

  1. ἡ δὲ γῆ (i dé yí): «pero o en cambio la tierra»… «…era invisible, no formada, y la tiniebla, la oscuridad, cubría el abismo; y el Espíritu de Dios flotaba sobre las aguas».
  2. Y dijo Dios: «Haya luz»; y se hizo la luz.

Es verdad que cada vez que uno lee estas líneas siente y se ve dentro de una grandeza: la grandeza de Dios. Ya hemos visto la primera fila, que se refiere a la creación del espacio y del tiempo, el cielo y la tierra. Ahora pasamos a la segunda fila: «ἡ δὲ γῆ…» —«y en cambio, (pero o al contrario), la tierra era invisible, no formada, y la tiniebla cubría el abismo, y el Espíritu de Dios flotaba sobre las aguas».

Vamos a analizar esta fila.

´H δὲ γῆ (i dé yí), «en cambio» (pero o al contrario), la tierra». Con esta conjunción adversativa, después de decir bellamente que Dios creó el cielo y la tierra, el texto introduce: «en cambio, la tierra…». Es decir, pasamos ahora al tema de la tierra, que es precisamente el tema que interesa al escritor sagrado. A partir de aquí, se ocupará sobre todo de la tierra. De esta manera, muy natural y logotécnicamente, pasa del cielo al tema de la tierra.

Lo mismo hacemos en la oración del Padre Nuestro: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Realeza, hágase tu voluntad…» -hasta aquí hablamos del Padre que está en los cielos. Y luego decimos: «…hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra». Con esta frase pasamos de modo natural del tema del cielo al tema de la tierra. Después: «El pan nuestro…», que ya se refiere directamente a las realidades terrenales. Es decir, descendemos de los temas celestes a los temas de la tierra.

De la misma manera aquí: «Dios creó el cielo y la tierra; ἡ δὲ γῆ…, en cambio la tierra, era invisible y no formada». Se indica así el paso al tema de la tierra, que será el centro de la exposición.

Ahora bien, dentro del camino de la vida del hombre, podría interesar también el cielo; pero, en principio, al hombre le interesa sobre todo la tierra. Y que así son las cosas, hijos míos, lo vemos también en el punto siguiente. Hombres contemporáneos, que no tienen ninguna relación con el Logos de Dios, se preguntan: «Cuando el hombre empieza a conquistar el universo, las estrellas, ¿por qué lo hace, si todavía no ha arreglado su situación sobre la tierra? Su propia casa no la ha arreglado. No tenemos salud ni felicidad; nos peleamos y nos matamos con guerras. ¿Por qué correr hacia cosas más allá?».

Está claro que muchas veces es la guerra la que empuja a los hombres a buscar más allá. Heráclito decía que la guerra es el padre de todas las cosas: «La guerra es padre de todas las cosas y rey de todas; a unos los mostró como dioses, a otros como hombres; a unos los hizo esclavos y a otros libres» (Sobre la Fisis 53, 1-3). En realidad, esta prisa por conquistar el espacio nace de razones de dominio; se pensó, por ejemplo, que conquistando la Luna se podría supervisar toda la tierra. Es decir, motivos claramente militares y conquistadores empujan a los hombres a moverse así.

A pesar de esto, también podemos decir —como os indiqué antes— que cuando la Santa Escritura habla de «cielo y tierra», el cielo no es solamente el meteorológico (donde vuelan los pájaros), ni sólo el astral (donde está el sol), sino también el cielo espiritual, el mundo de los ángeles. Por tanto, cuando la Escritura dice que Dios creó el cielo y la tierra, podemos verlo desde este aspecto que Dios creó el mundo espiritual y el material.

Entonces, la «tierra» puede abarcar, en sentido amplio, todo el universo material. Porque también el sol, en cierto modo, es «tierra», en cuanto está compuesto de los mismos materiales. O, si se prefiere, si la tierra se separó del sol según algunas teorías, los materiales que encontramos en la tierra los encontramos también en el sol. Lo mismo sucede con la luna: cuando el hombre fue a la luna, encontró «tierra». Vemos, en realidad, que todo el universo es «tierra» en sentido amplio, pues dondequiera que vayamos encontramos los mismos elementos.

Otra cosa es que podamos descubrir elementos nuevos, o que algunos se encuentren en ciertos lugares y no en otros. Pero, en general, se ve que el universo entero está hecho de los mismos noventa y dos elementos que aprendemos en física: desde el hidrógeno hasta los elementos más complejos. Parece que toda la estructura del universo está compuesta de estos elementos. Más adelante veremos otras cosas sobre la composición de la materia.

Pero se ve que el universo entero está hecho de los conocidos noventa y dos elementos, que aprendemos en la física. Y parece que la estructura del universo está compuesta de estos elementos: empezamos por el hidrógeno y llegamos a los multi-compuestos, aquellos elementos por los que parece que está formada la creación entera. Alguna otra vez veremos más cosas sobre el tema de la composición de la materia.

Mientras tanto, como el libro del Génesis no es una exposición o un trabajo científico, no es un libro que quiera dar datos científicos, como lo serían la astronomía o la geología, sino que es un libro en el que Dios apocalipta, revela Su voluntad y tiene fines instructivos y religiosos. Es decir, cómo aprenderemos, incluso la persona más simple, que la creación, el cosmos, el mundo entero, es creación de Dios, y que Dios es el Padre, al que debemos amar y cumplir Sus mandamientos.

Este es el objetivo, el fin por el que se ha escrito el libro del Génesis, es decir, de modo popular, para objetivos o razones instructivas y religiosas. Otra cosa es que, a pesar de la sencillez del libro, no es un libro simplista o ingenuo: es sencillo, pero tiene una exactitud que nos sorprende literalmente.

Así que, a partir de aquí, nos ocuparemos de la tierra. Los otros somas (cuerpos) celestes, no nos ocuparán.

«ἡ δὲ γῆ (i dé yí)… y en cambio, la tierra era invisible, no formada…» (Gén 1,2). Es decir: ¿para quién era invisible? Cuando decimos que algo es visible o invisible, presuponemos un ojo, un observador. ¿Había alguien que viera? Me diréis: Dios. Pero Dios es el Creador, y para Dios no existe nada oculto; todo está presente ante Él. Entonces, ¿para quién era invisible la tierra?

¿Quizá para los ángeles? Es sabido —y aquí vemos una exactitud de la Santa Escritura— que Dios creó el cielo y la tierra. Si aceptamos el sentido más amplio de «cielo» como mundo espiritual, entonces el mundo espiritual fue creado antes que el mundo material. El libro de Job nos dice que «cuando se hicieron las estrellas y el universo, los ángeles me admiraron y me alabaron o me observaban y me alababan». Esto confirma lo que os dije antes: que el «cielo» no es sólo el astral, sino también el espiritual.
¿Podría ser entonces que la tierra fuese invisible para los ángeles? No.

Aquí Moisés escribe con una dimensión física, no espiritual. Entonces, ¿para quién? No existía todavía ningún hombre. Sin embargo, el texto supone un ojo de observador. Y aquí aparece una hipótesis fundamental, muy importante para estudiar y entender todo este capítulo del Génesis.

El texto introduce un observador hipotético, supuesto, colocado en la superficie de la tierra. Y tal como vería este observador, así juzgaría la descripción que nos ofrece el libro del Génesis. Por tanto, para ese ojo hipotético observador, la tierra era invisible.

¿De qué era invisible? ¿Qué hacía a la tierra invisible?
Era la muy condesada nubosidad que existía por encima de la superficie de la tierra. O, si queréis, todo el volumen de agua que hoy forma los océanos. Sabéis que los océanos, si habéis estudiado un poco de geografía, cubren las tres cuartas partes de la superficie terrestre y alcanzan profundidades de nueve o diez mil metros; incluso el Mediterráneo, que es pequeño, llega a cuatro mil metros de profundidad. Pensad que aquí en el Mediterráneo cerca en el cabo de Ténaro en Peloponeso la profundidad del mar es más de cinco mil metros. Es el punto más profundo del Mediterraneo, por eso tiene terribles y violentas tempestades.

Ese inmenso volumen de agua que hoy está en los mares, en aquel estado primitivo no cubría la tierra, sino que estaba por encima de ella, en forma de vapor y nubes, porque la tierra se encontraba en un estado térmico muy elevado. Esto lo confirma también la ciencia. Por lo tanto, toda esta agua estaba en forma de nubes y se encontraba por encima de la superficie de la tierra.

Habéis visto la nubosidad que tuvimos ayer y el día estaba oscuro; es decir, no tenemos luz, sino una poca luz del sol por dispersión, y no por radiación directa. Pensad: si tenemos todos los océanos por encima de nosotros, ¿puede la luz pasar? Sin duda que no.
Por tanto, cuando el texto dice que la tierra era «invisible», significa que para un observador situado sobre la superficie terrestre la luz solar no llegaba.

Esto se verá aún más claramente cuando, más adelante, en la fila sexta, cuando allí el Dios comience a ordenar y configurar las aguas, aquellas que ya caerán en la superficie de la tierra y aquellas que estarán subiendo por encima de la superficie de la tierra constituyendo las nubes. Allí se dirá: «en medio del agua y del agua» (Gén 1,6), Observad esta frase: «¡en medio del agua y del agua!»  ¿Cuál es el agua y el agua? El agua de abajo será el mar; el agua de arriba, las nubes.
Pero al principio, toda el agua estaba arriba. Luego, al enfriarse la tierra, las nubes se condensaron, cayó el agua, y así se formaron las aguas inferiores y superiores. Más adelante, Dios seguirá configurando este orden formando ríos, lagos, mares y océanos, hasta llegar a la forma que hoy conocemos y la tierra adquirirá la forma definitiva que conocemos hoy.

Así que, mirad: la tierra era invisible y no estaba constituida, es decir, no estaba formada. ¿Qué significa esto? Como sabéis, todo el universo, os lo he dicho en la primera homilía: la tierra constituye una parte del universo. Pero la tierra es una parte insignificante del universo; es como un grano de arena en una inmensa playa cubierta por muchísimos kilómetros de arena. ¿Y qué se deduce de esto? Que la tierra es insignificante con respecto a la magnitud del universo.
Os preguntaréis: bien, ¿en esta tierra insignificante colocó Dios al hombre? ¿Y es posible que exista vida en otra parte del universo?

Aunque no es nuestro tema de hoy -y lo veremos en otra ocasión-, todo indica que el hombre es una criatura única dentro de toda la creación. Si existe o no vida en otros lugares del universo, no lo sabemos con certeza. Hasta ahora no se ha encontrado vida.
¿Está el universo muerto? Así parece.
¿Y se hizo este universo para servir a la tierra? Así parece.
¡Esto es sorprendente! Es decir, ¿todo para el hombre? Así parece.
¿Tan importante es el hombre? Así parece.

Dice san Juan Crisóstomo que por el hombre se enviaron profetas y el cielo mismo se extendió. Como dice muy bien Pascal*: el sol mata, pero no sabe por qué mata. El sol es terriblemente grande en relación con el hombre; pero el hombre sabe por qué muere. Esto significa que el hombre tiene conciencia: es la icona, la imagen de Dios.

*(Pascal: «El hombre no es sino un junco, el más frágil de la naturaleza, pero un junco que piensa. No hace falta que todo el universo se alce para aplastarlo: basta un vapor, una gota de agua, para destruirlo. Y aun si el universo lo aplastara, el hombre seguiría siendo más noble que aquello que lo mata, porque es consciente de su muerte y comprende la superioridad del universo sobre él; mientras que el universo no sabe nada de esto» Blaise Pascal, L´ homme est un roseau pensant, fragment 39)

Y este universo terrible -terrible no sólo por su extensión, sino también por su a-filoxenía, su inhospitalidad- ¿qué expresa? ¿Por qué es así? Dijeron aquellos que fueron a la luna que el universo es aterrador, que crea miedo y terror. Sí, es inhóspito. ¿Pero por qué?
Es evidente: para expresar la δύναμις (dinamis: fuerza, potencia y energía) de Dios, para que aprenda el hombre a no blasfemar y a respetar a Dios. Pero además expresa la sofía-sabiduría de Dios, y tiene también un valor práctico: este universo se convertirá en la filóxena-hospitalaria realeza increada de Dios. Esta realeza hospitalaria será renovada, regenerada; y Cristo Jesús, el Creador de todo, hará todo nuevo cuando vuelva: «Y el que estaba sentado en el trono dijo: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apoc 21:5).

Por eso os decía que cuando estas cosas comienzan a hablar en nuestros corazones, nace en nosotros el respeto y el temor divino. Reverenciamos y alabamos a Dios con todo nuestro ser. Hijos míos, estas cosas son majestuosas, maravillosas y grandiosas.

 Así que la tierra no estaba formada. Está en su proceso de convertirse en la casa, en la morada del hombre, ¡de este ser único sobre la tierra!

Pero cuando se dice que nuestra tierra no estaba formada, ¿qué significa? Que aún no había tomado la belleza que hoy posee. Al principio predominaba la oscuridad a causa de la densa nubosidad, y la tierra debía llegar a hacerse cosmos-mundo.

Como sabéis, en la lengua helena κόσμος cosmos significa adorno, ornamento, decoración. Los antiguos helenos empleaban esta palabra para expresar que algo está embellecido, ordenado. Por tanto, la tierra debía hacerse cosmos, debía ser adornada, configurada.

Aquí el Dios Logos pasa de lo general a lo particular: desde el no-ser crea el ser, y ahora, desde el ser, procede a la configuración y formación. Ya no veremos sólo la δύναμις (dínamis: fuerza, poder, potencia y energía) de Dios en un universo aterrador, sino los detalles de su sabiduría concreta, cuando Dios Logos vaya creando animales, vegetales, y todas las formas de vida. Hoy, con el microscopio, descubrimos la estructura de este universo y el fenómeno de la vida en una riqueza tan inmensa que nos deja anonadados.

Por eso dice san Isaac el Sirio que estudies sin saciarte los libros de los que escriben sobre la historia física. Allí estarás encontrando la omnipotencia, la sabiduría y la agapi de Dios. Por eso el Señor hizo un llamamiento de investigación y observación: «Lee continuamente y sin cesar en los libros de los maestros sobre la providencia de Dios. Porque estos guían la mente para percibir el orden de las criaturas de Dios y sus obras, y la visten y la capacitan para alcanzar pensamientos iluminados por la sutileza de su enseñanza, y así caminar con pureza hacia la comprensión de las criaturas de Dios. Lee también los Evangelios, los que Dios ha dispuesto para el conocimiento de todo el universo, para que te fortalezcas con el poder de su providencia a través de cada generación y tu mente se sumerja en las maravillas de Dios» (Logos ascéticos sobre la agapi). De ahí el llamamiento del Señor a la observación: «Observad los lirios del campo, los pájaros del cielo…» (Mt 6: 26-28). Estos son los que, cuando en primavera estamos en el campo, los pisamos. A pesar de eso, Dios los adornó, y no pasa nada si los pisas. Dios las puso; te puso a ti, hombre, el rey de la creación, una alfombra de flores. Toma una flor que hasta ahora no te habías fijado y obsérvala con atención, mírala e investígala; quedarás muy sorprendido. Verás aquello que dijo el Señor: “Ni Salomón con toda su doxa-gloria real se vistió tal como está vestido, lleno de combinaciones de colores y bellezas, un simple lirio del campo”.

Estas cosas se llaman transformación o configuración de la tierra.

Por lo tanto, hasta ese momento la tierra permanecía deformada. No había aparecido aún el fenómeno de la vida, ni en forma vegetal ni animal. Era, como diríamos hoy, materia muerta. La superficie de la tierra no estaba configurada como ahora, con lagos, mares, islas, cabos, playas, etc.

Y continúa: había oscuridad sobre el ἄβυσσος (ávyssos, abismo).

¿Qué significa ἄβυσσος ávyssos? Proviene de a- (privación) y vyzós (fondo): «sin fondo». Literalmente, son aguas tan profundas que parecen no tener fondo. Por ejemplo, en el océano Pacífico, con profundidades de más de diez kilómetros, si arrojamos una cuerda con peso decimos que no toca fondo. Así se expresa la inmensidad de las aguas. De esto habla Jonás cuando dice: «El abismo me rodeó» (Jonás 2:6) cuando estaba dentro de aquel pez.

Pero el texto dice que la oscuridad estaba sobre el abismo. Es decir, la oscuridad que había entre el agua de abajo y el agua de arriba. Como os recordé al hablar del segundo día creativo: «Y dijo Dios: haya firmamento que separe un agua de otra agua, y Dios separó las aguas» (Gén 1,6). Todo esto —no lo olvidemos— se describe desde la perspectiva de un observador situado sobre la tierra.

«…y el Espíritu de Dios flotaba (una manera de expresar) sobre las aguas».
Atención a este pasaje: ¿quién es este Espíritu de Dios que flotaba por encima de las aguas? Siempre a la luz del Nuevo Testamento, se trata del Espíritu Santo. Que el Espíritu Santo esté sobre las aguas de la tierra es significativo. Pero si Dios es espíritu, entonces ¿qué sentido tendría decir “espíritu de Dios”? Sería como decir “espíritu del Espíritu”, algo curioso. Cuando la Escritura dice “Espíritu de Dios”, quiere expresar algo distinto: y este algo distinto, según la luz del Nuevo Testamento, es realmente el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santa Trinidad.

Como también sucede en la lengua del Nuevo Testamento, cuando se dice “Espíritu de Dios” entendemos: por “Dios”, el Padre, y por “Espíritu de Dios”, la tercera Persona. Es decir, es el Padre que envía Su Espíritu Santo en la tierra. ¡Así que aquí encontramos al Espíritu Santo! Es cierto.

Y, además, inmediatamente más abajo hablará también sobre la Segunda Persona: «Y dijo Dios: hágase la luz, y se hizo la luz». Este «dijo» expresa a Dios Logos (increado, aún no encarnado), al Logos del Padre. El Logos del Padre es quien crea el cosmos-mundo; es la Segunda Persona de la Santa Trinidad.

Recordad el Salmo: «Por el Logos del Señor se fundamentaron los cielos», es decir, por la Segunda Persona de la Santa Trinidad. Y también aquello que dice el Salmo 32: «Por el Logos de Él se fundamentaron los cielos, y con el Espíritu de Él están contenidas, coexisten y viven». ¿Quién es ese «Él»? Es el Padre.
Las cosas se cimentaron, se configuraron y se transformaron por Su Logos, el Hijo, y permanecen cohesionadas, unidas, coexistentes y vivas por su Santo Espíritu. Así pues, vemos que toda la Santa Trinidad participa.

Lo expresa admirablemente san Ireneo: «El Padre quiere, complace y manda, “dijo Dios”, el Hijo hace y crea, y el Espíritu Santo alimenta y acrecienta». Y como dice Teófilo de Antioquía: «La voz de Dios, ¿qué otra cosa puede ser sino el Logos, el Hijo de Dios? Por lo tanto, cuando Dios “dijo”, significa que crea por medio de su Hijo y Logos». Es verdaderamente grandioso: aquí tenemos la presencia del Dios Trinitario.

Pero ¿os habéis fijado qué se dice en la primera línea? «En el principio creó Dios el cielo y la tierra». Esto expresa que Dios es uno.
Luego: «Y dijo Dios: hágase la luz», y también: «el Espíritu flotaba sobre las aguas». Esto expresa que Dios es uno, pero trinitario.

Así, en la primera línea del primer libro de toda la Santa Escritura se establece el primer cimiento: Dios es uno. En la segunda, el segundo cimiento: Dios es uno, pero también trinitario, tres Personas.

En realidad, el cimiento de una religión es la gnosis-conocimiento de quién es Dios. El primer cimiento es el Dios. El segundo es el hombre y el tercer cimiento es la relación del hombre con Dios o de Dios con el hombre. Esto es lo que se llama religión. Estos elementos característicos si los encontramos es realmente una religión.

Aquí, el primer cimiento nos dice quién es Dios: Dios es mónada -unidad- en Trinidad, y Trinidad en mónada: una es la esencia y tres Personas. Este fundamento se halla ya en los dos primeros pasajes de la Santa Escritura. Es verdaderamente grandioso. ¿Lo habríais imaginado?

Puesto que empezamos a conocer quién es Dios, era lógico que en los primeros pasajes del Génesis se nos enseñara quién es Él. Sin embargo, la plenitud de la apocálipsis (revelación) del Dios Trinitario nos la dará el Dios Logos encarnado, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, que vendrá a revelarlo ya no en sombras, sino en plenitud.

Porque alguien podría decir: «Dios», «Espíritu de Dios», «dijo Dios»… no lo veo muy claro. Y es cierto: existía el peligro de la idolatría en Israel, y el pueblo debía permanecer firmemente en el monoteísmo. Por eso, la revelación del Dios Trinitario debía darse de forma velada, para que no se pensara en una multiplicidad de dioses. Los hombres aún estaban inmaduros.

Quedaba, pues, como privilegio propio de la venida del Hijo de Dios como segunda Persona encarnada de la Santa Trinidad hacer la apocálipsis-revelación plena de que Dios es Trinitario. Recordad lo que dice el Señor en el Evangelio de san Juan, en su oración sacerdotal: «Les he revelado tu nombre a los hombres». ¿Cuál es el nombre de Dios? No es simplemente “Yahvé”, propio del Antiguo Testamento. Dios es uno y se llama Kyrios (Soberano, Dueño y Señor,). Sin dejar de ser Kirios, se nos concede una apocálipsis/ revelación mayor.

Debemos saber que tenemos tres apocalipsis revelaciones de Dios, y ya no tenemos otras. Lo dice el libro del Éxodo, en el sexto capítulo, donde Dios dice a Moisés: “Mi nombre, Kirios, no lo revelé a Abraham”; allí reveló el nombre Dios. Uno podría pensar que hay otros dioses, pero el nombre Kirios, absoluto, y que no existen otros dioses, lo revela a Moisés. Esto quiere decir Yahvé (Kirios, Señor, Soberano).

La tercera apocálipsis revelación se realiza en Jesús Cristo y es: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dice el Evangelio de Mateo: “Id a las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Dice “en el nombre”, no dice “en los nombres”, porque Dios es uno.

Así vemos de manera admirable que en toda la creación coparticipan las tres Personas de la Santa Trinidad: el Padre quiere, el Hijo ejecuta la creación, y el Espíritu Santo vivifica la creación.

Qué significa exactamente “quiere”, “ejecuta” y “vivifica”, lo veremos en la siguiente homilía.

Domingo 7 de noviembre de 1982

 

4ª Lección (homilía): El Espíritu de Dios encima de las aguas. La creación de la luz

 

Decíamos en la homilía anterior que durante la creación estaba como Creador el Santo Dios Trinitario, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Más concreto aún: El Padre quería, el Hijo creaba y el Espíritu Santo vivificaba.

De todos modos, observamos que las tres Personan cooperan en la creación; es decir, el Padre expresa la omnipotencia (pantodinamía), el Hijo la Su sofía-sabiduría y el Espíritu Santo la vivificación y perfeccionamiento de la creación. Se refiere especialmente a la segunda Persona de la Santa Trinidad, que se llama Sofía-Sabiduría, la Sabiduría de Dios.

Dice el libro de los Proverbios en el Antiguo Testamento 8,27 y 30 que: “Yo, la Sabiduría, co-armonizaba el cielo con Él. Y yo, la Sabiduría, cuando el Padre preparaba el cielo, estaba presente junto a Él y lo armonizaba”. ¡Qué imagen más bella! Es decir, que vemos realmente a la segunda Persona creando el mundo.

San Juan el evangelista nos dirá lo siguiente: “Todo fue hecho por el Logos de Dios, y sin Él no se hizo nada de todo lo creado” (Jn 1,3). Aquí percibís quién es la identidad de Jesús Cristo: es la Sofía-Sabiduría de Dios. Esta Sabiduría de Dios que creaba el mundo, en un momento del tiempo de la creación, tomó la naturaleza humana. Es maravilloso: aquel que tuvimos entre nosotros es el Creador de todo. ¡Admirable! Todo se creó por Él, hasta lo más mínimo de la materia, un átomo o un sub-átomo; todo se hizo por y con el Hijo, Aquel que se humanizó, encarnó, por Jesús Cristo, y sin Él -el Logos increado que se encarnó- no se hizo nada de todo lo creado.

San Pablo dice a los Colosenses: “Todo fue creado, formado por Él, es decir, Jesús Cristo, y por cuenta de Él” (Col 1:16). Atención a este punto: “por cuenta de Él”, o sea, el Hijo o la Sofía-Sabiduría enhipóstatos (en persona, personificada) hizo el cosmos y lo hizo para Sí mismo. Esto es una segunda cosa grandiosa. Lo veremos más abajo el por qué y cómo. (Cosmos, además de mundo, en helénico quiere decir también adorno, ornamento).

Así, pues, ¿reconocéis a Dios Logos, la segunda Persona de la Santa Trinidad, que se humanizó, encarnó y, como dice el evangelista Juan, acampó, ¿puso su tienda o su casa entre nosotros? (Jn 1.14) ¿Lo reconocéis? Si alguna vez tenemos la pregunta: ¿cómo nos visitó Dios?, nos ha visitado del modo de la humanización: se hizo hombre. No vino con un ruido, con un rayo o con una voz, etc., sino que vino semejante a nosotros (cf. 3Reyes 19:11-12).

Dice, sobre Dios, el evangelista, esta bella imagen ética y realista, en el prólogo de su Evangelio: «Existía, estaba y está en el mundo y el mundo fue hecho por Él, y el mundo no le aceptó, ni le reconoció como Dios. [«Existía y está siempre antes del principio en el mundo, gobernando todas sus creaturas visibles e invisibles de las que se compone el mundo terrenal y celeste, que fue hecho por él. Aun así, cuando la luz increada, el Hijo y Logos de Dios tomó cuerpo y se hizo hombre, el mundo de los hombres, corrompido, pervertido y apegado a las cosas terrenales, lleno de pazos, no le reconoció ni le aceptó como su Creador y Dios».] Vino a los suyos o semejantes y los suyos o semejantes no le recibieron ni le aceptaron como su Salvador y Dios. Pero los que le aceptaron y creyeron, como Redentor, Sanador y Salvador, les dio potestad, valor y fortaleza para poder renacerse y estar convirtiéndose y haciéndose* continuamente en hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,10-12). (*El verbo γενέσθαι (yenesze) aquí define tiempo continuo hasta el último suspiro de nuestra vida, por la metania, dicen los santos Padres)

Dice que en el mundo estaba no solo como omnipresente, sino también como gobernante, y que el cosmos-mundo se hizo por el Hijo, y el mundo no le reconoció. Vino a los suyos, a nuestras casas, a nuestro espacio, vino sobre la riqueza de la tierra. Y los suyos, es decir, nosotros los hombres y especialmente los hebreos, no lo recibimos ni lo reconocieron. No porque no haya dado elementos suficientes para reconocerlo, sino porque los hombres tenían maldad, vileza, mala astucia. Y a los que le creyeron y le recibieron, les dio poder para hacerse y llamarse hijos de Dios.

Es realmente algo especialmente grandioso descubrir uno la Sofía-Sabiduría de Dios, la enhipostasiada (personificada, en persona). Repito, no una sabiduría abstracta; aquí no es la Sabiduría de Dios una cosa abstracta, como la sabiduría de un hombre encefálico o intelectual, o una invención de la mente; no, es Persona. Y como se mueve sabiamente, se llama Sofía-Sabiduría de Dios: el Hijo y Logos de Dios que se humanizó, encarnó. A este, que hoy los hombres niegan, a Jesús Cristo. Y no simplemente le niegan, sino que le insultan. Es incalificable, es incomprensible, es el mayor crimen que puede cometer el hombre: negar a Jesús Cristo.

No es un gran crimen cometer adulterio, prostituirse, matar, etc., lo que queráis, de todos los pecados que existen. El mayor pecado es negar a Jesús Cristo. Este pecado se califica por el evangelista Juan como estado de anticristo. ¿Quién es el anticristo? Dice que el que niega que el Hijo de Dios se hizo hombre o que Jesús es Dios, es decir, si niegas Su naturaleza divina o Su naturaleza humana, o sea, la Θεανθρώπινα (Zeanzrópina, divino-humana), eres anticristo, sigues las enseñanzas del anticristo, del satanás o diablo.

Pero también el Espíritu Santo. Recordad que decíamos que estaba, o “volaba”, por decirlo de alguna manera, por encima de las aguas de la tierra. No dice que estuviera en otra parte ni en otro día, porque -como os expliqué- al escritor sagrado le interesa la historia de la tierra y sólo nos escribe sobre ella. No le interesa otra cosa, porque la tierra sería la casa del hombre.

¿Qué quiere decir esto: “el Espíritu volaba por encima del abismo”? Dice: Espíritu de Dios. En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo se simboliza como paloma —cuidado: no es que el Espíritu Santo sea una paloma, sino “como” paloma— o en Pentecostés “como lenguas de fuego” (Hechos 2:3). Es decir, se nos da una imagen, un modo de expresar cómo actúa el Espíritu Santo, que viene a “incubar” las aguas para que de ellas brote la vida. Mirad qué punto tan extraordinario: una manera de “incubar” las aguas.

La gallina clueca —y las aves en general— se sientan sobre los huevos y, después de unos veintidós días, nacen los polluelos. La gallina se posa sobre los huevos con cuidado y con un cariño y afecto especial; los campesinos conocen bien con cuánta atención los protege y no deja que nadie se acerque. De modo semejante, el Espíritu Santo, “como” abrazando las aguas, las “incuba”, las calienta, para que de allí surja la vida.

Y realmente, como veremos más adelante al hablar del fenómeno de la vida, la primera vida apareció en las aguas. Es algo maravilloso: manifiesta que el Espíritu Santo es quien da la vida y la mantiene, aquello que la Sofía-Sabiduría de Dios, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, creó.

Pero ¿por qué Dios procedió a la creación? ¿Por qué razón hizo Dios el cosmos-mundo? ¿Tenía Dios necesidad del mundo? ¿Acaso necesitaba algo de la creación? ¿Buscaba Dios algo de ella? Sin duda que no: Dios es autosuficiente. Por tanto, el primer motivo de Dios es Su ἀγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado). ¡Dios ama! Es la agapi de Dios la que trae a la existencia todas las cosas creadas.

Quizá os preguntéis: ¿por qué Dios hizo el cosmos-mundo? Es una pregunta muy profunda y difícil de comprender para nuestra lógica humana. ¿Por qué existen miríadas de especies y géneros en el reino vegetal y animal? ¿Por qué esta abundancia, hasta el punto de que no existe ni una centésima de la materia sin vida, ya sea en la superficie de la tierra o en las profundidades de los océanos, de modo que la vida literalmente rebosa sobre la faz de la Tierra? Además, ¿por qué Dios creó esta realidad con tanta sobreabundancia? ¿A qué apunta todo esto? ¿Cuál es su finalidad? Y todavía más: ¿por qué ha creado Dios este universo inmenso? ¿Cuál es el propósito último de todo ello?

Porque para todas estas cosas no hay otra respuesta que solo esta: ¡la ἀγάπη agapi de Dios! ¡Solo la agapi de Dios hizo la creación! Dios es autosuficiente, no tiene necesidad de nada; no que sea glorificado, ni alabado, no elogiado. Si pide Su doxa/ gloria y alabanza, es- siempre por la libre voluntad y oferta del hombre, que es el culto y la doxología (alabanza)- conseguir el hombre la bienaventuranza, felicidad de Dios; que se haga el hombre partícipe, y por el hombre partícipe de la bienaventuranza y felicidad de Dios toda la creación. Por eso, el Dios hizo al mundo: por ἀγάπη agapi. No quería disfrutar de Su bienaventuranza y felicidad sólo, sino que quería que participasen todas las creaciones que creó. Además, Dios todo lo que hace es feliz y bendito.

Os diré un pequeño ejemplo, que muchas veces me lo dije a mí, como pregunta. ¿Los gusanos que están dentro de las maderas de los árboles y en la tierra, son felices? En concreto hay gusanos que nunca ven la luz del sol; allí dentro roen, comen y nada más. ¿Qué pensáis? ¿Estos gusanos dentro de la tierra o en las maderas están felices? ¡Sí están felices! Dios nunca hace criaturas desgraciadas e infelices. Lo que hace infelices y desgraciadas las criaturas es el pecado.

Cuando entraremos en la antropología cristiana, lo veremos, porque hoy muchos animales puede que sean infelices y desgraciados, que pasen hambre, o que tengan frío o mueran. Son desgraciados porque se ha perturbado el orden por el pecado de los hombres. Entonces lo veremos esto. Ahora solo os digo que Dios no crea criaturas desgraciadas e infelices.

La segunda razón por la que Dios hizo la creación es porque lo quería. Si no quisiera no haría la creación, pero como quería, la hizo.

Dice el Salmo 134:6 “Todo lo que quiso Dios ha creado”. Hizo solo lo que quiso, lo que no quería no lo hizo. Por lo tanto, todo lo que se ha creado es por la voluntad de Dios, todo está dentro en la voluntad de Dios. Y aquellas cosas que parecen curiosas y paradójicas, no se escaparon de la voluntad de Dios. Nosotros no tenemos la mentalidad que tenía Adán. Se ha oscurecido nuestro νούς (nus: espíritu del corazón de la psique-alma); y muchas veces tenemos preguntas y dudas, como: ¿Eso para qué hace falta? ¿Aquello por qué? Esto parece raro, paradójico… Nada se ha escapado de la voluntad de Dios. La creación no tiene cosas torcidas o defectuosas. Lo que quiso Dios lo hizo y lo que no quiso, no lo hizo.

Y ahora vamos un poco más abajo.

“Y dijo Dios: Γενηθήτω (yenizito) Hágase la luz, y se hizo la luz” (Gn 1,3). Este Γενηθήτω (yenizito) se escribe con una n, porque es del verbo γίγνομαι  (g o yígnome) hacerse y de γεννώ (yennó) parir. Si se escribiera con dos n se traduciría nacer. Es decir, nacimiento como nace algo vivo. Pero es del verbo γίγνομαι (g o yígnome) hacerse.

“Y dijo Dios: Γενηθήτω (yenizito) Hágase la luz, y se hizo la luz” (Gn 1,3). En esencia, la creación comienza aquí. Los dos primeros versículos son un resumen, un prólogo de todo lo que se dirá después; son una introducción, una exposición condensada de la creación:
“En el principio Dios creó el cielo y la tierra, (al principio Dios creó las creaciones celestes y después las terrenales).  La tierra era invisible y no formada; la oscuridad cubría el abismo y el Espíritu de Dios se cernía o flotaba sobre las aguas” (Gn 1,1–2).

Así pues, el inicio de la creación se manifiesta en esto: “Y dijo Dios: hágase la luz, y se hizo la luz”. [ Esto conecta con el Evangelio de san Juan: “4 En Él existe y está la vida y la vida era y es la luz de los hombres. [4. «En Él existe y es la vida increada, y como fuente increada de la vida creó y mantiene toda vida creada. Para los hombres lógicos además de la vida natural, es también la luz ética y espiritual que ilumina el nus de ellos, es decir, el espíritu de los corazones de sus psiques y sus mentes/intelectos, que los conduce a la comprensión, a la gnosis y a la aceptación de la verdad», (Juan 1,4).]

Aquí comienza el primer día creador. La creación empieza con la luz, no con el cielo ni con la tierra, sino con la luz.

Quizá surja la pregunta: si el sol, la luna y las estrellas fueron creados el cuarto día creativo, ¿cómo pudo existir la luz desde el primer día? ¿Cómo se concilia esto? Debo deciros que esta luz no tiene ninguna relación con la luz solar. Podríamos decir que el primer día Dios he creado esta luz, en esta luz está contenida toda la creación*. Tened un poco de paciencia y esto lo veréis. Sólo os digo esto: que el sol no es fuente de luz sino portador de luz. * Sólo tened un poco de paciencia y lo veréis.

 *(El 1965 de los Panzias y Wilson se hizo un descubrimiento fascinante: la detección de la luz primigenia, que hoy llega a la Tierra en forma de microondas desde todas las direcciones del cielo. La radiación de fondo es un testigo infalible, un eco de la Creación.)

Os recuerdo que el sol no es la fuente de la luz, sino el portador de la luz. Si tengo una caja de cerillas, estas contienen fuego en potencia. Al encender una cerilla, aparece la luz y el fuego. Eso significa que la cerilla es portadora de la luz, no su fuente. La fuente de la luz es el Logos increado de Dios, que dijo: “Hágase la luz”. El sol, por tanto, es portador de la luz, no su origen.

Una cosa más: recordad que dijimos que Moisés coloca siempre a un observador sobre la superficie de la tierra. Por un lado, la luz fue creada el primer día y con ella toda la creación —esto lo veremos a continuación—, pero, por otro lado, para un observador situado sobre la tierra, cubierta entonces por una densísima nubosidad, el sol no era visible. Cuando las nubes cayeron en forma de lluvia y se formaron los océanos, entonces la luz del sol pudo llegar a la superficie.

Por tanto, no significa que el sol fuera creado el cuarto día, sino que se hizo visible el cuarto día para el observador en la tierra. Lo repito: todo fue creado el primer día; los demás días describen su ordenación, su manifestación. El sol, pues, apareció o se hizo visible el cuarto día creador para el observador situado en la tierra.

¿Por qué digo todo esto? Porque podríais objetar: nosotros hemos aprendido en la escuela que existe una teoría según la cual la tierra se separó del sol y por eso gira en torno a él. De acuerdo: acepto esa teoría, que efectivamente afirma que la tierra se separó del sol, como también los otros planetas. No hablo ahora de la multitud de satélites. Ciertamente, todo esto tuvo como centro al sol.

Entonces, ¿cómo podemos decir que primero tenemos la tierra y después el sol? No: el sol y la tierra fueron creados el primer día. No es en absoluto contradictorio afirmar que la tierra se separó del sol. Atención: el cuarto día aparece la luz del sol. Y como la exposición del Génesis es de carácter popular, Moisés dice que Dios hizo el sol el cuarto día. Es decir, para un observador sobre la tierra, el sol “se hizo” el cuarto día, no el primero.

Pero surge la pregunta: ¿de verdad todo se hizo el primer día? Pues sí: todo se hizo el primer día. ¿Y los demás días? En los demás días tenemos formación, transformación y configuración.

Entonces, ¿qué se hizo el primer día? Se hizo la materia: llámese sol, tierra, luna, billones de galaxias, satélites… el universo entero fue creado el primer día.

¿Y en los días siguientes, en relación con nuestra tierra, qué vemos? Vemos que se separan las aguas de arriba y las de abajo, las nubes de los océanos; aparece la tierra seca; brota la hierba; se forman los peces del mar; los reptiles; los vegetales y los árboles; luego las aves; después los animales de cuatro patas; y finalmente se forma el hombre. Es decir, en los cinco días siguientes tenemos configuración y formación de la tierra. No se trata ya de creación desde la nada, sino de transformación de lo existente. Dios dice: “que la tierra produzca hierbas”, “que la tierra saque reptiles”… Para crear al hombre toma tierra, es decir, materia ya existente. No crea al hombre de la nada, sino a partir de la materia creada.

Por tanto: en cinco días tenemos creación como formación y transformación de lo existente, y en el primer día tenemos creación desde la nada, desde la inexistencia, desde cero. Así aparece ya el espacio material.

Pero podríais decir: si en el primer día tenemos la luz, y tú hablas de materia, ¿qué sucede? ¿Qué quiere decir “materia creada” y qué quiere decir “energía creada”, puesto que la luz es energía creada? Habéis aprendido en la escuela que la luz es energía, el calor es energía, la electricidad es energía.

¿Y esta energía no está relacionada con la materia? Pues, amados míos, sea que digamos energía o materia, hablamos de la misma realidad: es una moneda con dos caras. Esto ya lo sabéis por la física. De la materia pasamos a la energía, y de la energía obtenemos materia. Es sencillo: si tomamos madera y la quemamos, pasamos de la materia a la energía; la energía de la madera se manifiesta en el calor del fuego y su luz. Ahora bien, podemos volver a la inversa, a la química y hacer de nuevo madera. Dentro de la naturaleza, en nuestra tierra, se producen continuamente transformaciones, de una forma de energía vamos a otra, no lo olviden esto.

El punto clave es la relación conocida de Einstein, fundamental y básica: E = m · c², es decir, la energía es igual a la masa (materia) por el cuadrado de la velocidad de la luz. Vemos así que la materia y la energía son, en el fondo, la misma realidad en distinto estado. Si digo materia o si digo energía, digo esencialmente lo mismo. Comprendemos, entonces, que la velocidad de la luz en el universo es un estado dinámico, una magnitud básica y fundamental, un parámetro universal, es decir, lo que llamamos constante universal. Así, ahora, a partir de la ecuación que expresa la equivalencia de la materia con la energía, obtenemos este parámetro y veremos que la energía es igual a la masa, es decir, a la materia. Y, efectivamente, es igual, porque, ya se llame masa o energía, es lo mismo.

Pero surge entonces la pregunta: ¿qué fue primero, la materia o la energía?, Como si dijésemos: ¿qué fue primero, la gallina o el huevo? Tal vez digáis que no tiene mucha importancia, pero la pregunta no es tonta. Quiere decir: si algo comenzó a existir, ¿qué fue primero? De modo semejante: ¿qué fue primero, la materia o la energía? Puesto que ambas provienen de la nada, de cero, ¿cuál apareció primero?

El libro del Génesis nos responde: lo primero que se hizo fue la luz, es decir, la energía. Y aquí prestad atención, porque esto es extraordinario: fue la luz. La luz es energía en su forma más pura. Está por encima de la electricidad y del calor. De la energía-luz que Dios creó, después se formó la materia.

Y esto, hermanos míos, la ciencia lo ha descubierto sólo en el siglo XX: que podemos obtener materia a partir de energía y energía a partir de materia. Y quedamos asombrados al ver que la Santa Escritura nos dice que lo primero que fue creado fue la luz. ¿No es grandioso?

Esto fue escrito hace unos tres mil quinientos años. Y pensad qué decir de los incrédulos que se burlan de la Santa Escritura. El libro del Génesis es el más perseguido, calumniado y ridiculizado por los incrédulos y por los científicos ateos. Dicen: “Mirad qué tonterías escribe Moisés…” Dice que primero se hizo la luz después el sol el cuarto día etc., y hasta en las escuelas se enseña a los niños que el Génesis es un cuento. ¿Por qué? Porque dice la verdad. Y lo verdadero es lo que más quema: es lo más perseguido por los incrédulos. (La misma energía increada de la gracia quema a los que no creen, mientras que a los creyentes los purifica, los sana, los ilumina y les da gozo y alegría).

Se burlan diciendo: “¿Cómo es posible que la luz se haga el primer día y el sol el cuarto?”. Pero ahora vemos que la Escritura queda justificada: lo primero que se creó fue la luz, y de la luz procede la materia. ¡Maravilloso! Así se cierran las bocas de los burladores.

Sólo este punto —que la primera cosa creada fue la luz y que de la luz procede la materia— basta para hacernos decir: creo en Dios, en el Santo Dios Trinitario; soy cristiano. Este solo hecho es tan grande que deja al hombre de nuestra época completamente sobrecogido.

Sobre este caso, os voy a leer lo que dice la ciencia sobre esto. El científico, Paul Kouderk un físico atómico Francés, en su libro sobre la relatividad, dice lo siguiente: “¿Tenemos el derecho de sorprendernos sobre un universo que se presenta en todas sus manifestaciones como una síntesis electromagnética? El universo nos obliga a identificar sus más profundas cualidades y consecuencias con las cualidades y consecuencias de la luz, es decir, que el universo empezó de la luz.” ¡Qué caso admirable! Ya no sólo los poetas tendrán el privilegio de deificar la luz con sus filas. Ya la ciencia entera se ha hecho himno a la luz. Ya os lo dije, que yo me haría Cristiano ortodoxo sólo por este punto, más añadiendo lo demás de la Santa Escritura para que uno se convierta en cristiano ortodoxo firme e inquebrantable.

El profesor francés de mineralogía y geología Mariel de Seret escribe: “La Santa Escritura adivinó el resultado de los novísimos descubrimientos científicos, diciendo que la luz se puso en acción o en movimiento durante el primer tiempo o época; y sólo no se encuentra en oposición con el progreso de los conocimientos físicos, sino que también aporta su apoyo al prestigio de la ciencia.”.

Qué quiere decir que adivinó. Pues, que la Santa Escritura es Θεόπνευστος (zeópnefstos: inspirada de Dios), no puede uno adivinar desde hace tres mil quinientos años, sobre todo cosas científicas para hoy, esto quiere decir que no es un oráculo sino inspirada de Dios.

Por favor estas cosas guardarlas, son puntos muy importantes para que vosotros sepáis estar y también que las confeséis, cuando escuchéis en cualquier lugar que se digan cosas estúpidas sobre la Santa Escritura. Así pues, vemos que esta gran verdad de la Santa Escritura viene apenas al siglo veinte a verificarse.

Ahora avancemos un poco. ¿Por qué Dios hizo la luz? Sabéis que lo más bello es la luz. Pensad en la ausencia de la luz ¿qué tenemos? Nada. Cómo se proyectará la ciencia, el arte, todo, sin la luz, con la falta de la luz; nada de nada. Con la ausencia de la luz no tenemos nada. ¿Porqué, pues, Dios hizo la luz y empezó toda la creación de la luz y se formó o configuró la materia de la luz? Porque, “Dios es luz”. Nos dice el evangelista Juan que “Dios es luz”. Pero la luz de Dios es increada. Es la Luz que vieron los tres discípulos, Juan, Santiago y Pedro, encima del monte Tabor.  Esta luz de Dios es increada, esta misma luz la tendremos nosotros en la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la realeza increada) de Dios.

En nuestra iconografía pintamos sobre la cabeza de los santos una aureola. Esta aureola es la manera que expresamos esta Luz increada. Increada quiere decir esta luz que no la ha creado Dios, sino que está atada con la naturaleza-fisis de Dios, con su esencia. Atención, esta energía no es la esencia de Dios, sino que está atada con la esencia de Dios. Y como la esencia de Dios no se ve, Dios se hace conocido sólo con Sus energías increadas. Aquello, pues, que hace a los hombres, los seres, los ángeles conocer a Dios, son Sus increadas energías.

Cuando decimos increadas, nos referimos y damos a entender la Deidad. Porque si decimos cosa creada es creación y es inferior a nosotros. Cualquier cosa es inferior de los hombres y de los ángeles. Pero, aquello que se podía decir que es Dios, es increado. Esto lo increado viene en contacto con la creación visible y podemos decir, he aquí Dios.

Aquella luz que también la vio Moisés en Sinaí; y cuando bajó del Sinaí su rostro estaba luminoso; y los hebreos no la aguantaron teniendo la mirada hacia esta luz.

Esta Luz increada, pues, viene ahora a darnos su icona, imagen, por decirlo de una manera, en la creación. Es sorprendente que, por un lado, el hombre es exactamente como imagen de Dios, y por otro lado, la creación es imagen de Su propia energía increada que es la luz. ¡Es asombroso! Por eso, pues, Dios hizo la luz, hizo la creación bajo la forma de la luz y de aquí después empieza hacer nuestro conocido mundo-cosmos como lo vemos.

Y Continuamos: “Y vio Dios que la luz era buena y bella” (Gen 1,4). Aquí es una expresión antropomorfa por el éxito de la consecución de la creación. Cuando Dios hizo la luz que ahora es creación, creada, atención, una cosa es luz creada y otra increada; esta luz creada es como la creada luz solar. Cuando Dios la vio, dijo que “es bella y buena”. ¿Qué quiere decir esto que “es bella y buena”? ¿Podía Dios juzgar y decir que lo he conseguido, es un éxito, esto es bueno y bello? No. Es para nosotros, es un modo antropomorfo para que sea expresado que la creación es un éxito, que es muy bella. Así, pues, lo que el Dios crea es bueno y bello, puesto que la luz es buena, entonces todo lo demás es bueno. Pero lo maravilloso es que en cada formación o configuración que hace Dios dice que “es bella, buena”. Es un punto que se repite en cada praxis creadora de Dios.

Pero para una cosa más, como dice san Teodórito: “Para convencer a los ingratos que no se quejen por algunas cosas de la creación, que dicen aquello es bueno y lo otro no. Y también para dar una respuesta tapando la boca a los que dicen que existe el Dios de la luz y el de la oscuridad. Y estos dos dioses luchan continuamente, sin que alguna vez consiga uno vencer al otro, así tapa la dualidad Persa. Esto lo decían los Persas y lo sacaron de la sucesión del día por la noche, para explicar algunas cosas que tienen relación con la oscuridad del pecado y la ignorancia de la luz divina. Decían que a falta de la luz se crea la sombra, un el dios hizo la luz y cuando interviene un objeto delante vence el otro dios y se hace la sombra.

Pero la sombra, la oscuridad nos es más que la falta, ausencia de luz. Creador de la luz y la oscuridad es Dios. No hay dualidad, no existen dos dioses. Uno es uno y único, no existe dualidad, dos dioses. Dios y lo que hace Dios es muy bueno, bello y admirable, de manera que los hombres admiren a Dios, Su agapi (increada) y Su sabiduría-sofía, y glorificarle, alabarle y de esta manera participen y vivan la bienaventuranza, es decir, la felicidad divina de Dios.”

¡Qué cosas grandísimas y bellas!… pero continuaremos el próximo domingo. Amín.

Domingo 14 de noviembre 1982

 

5ª Lección (homilía): El primer día de la creación – Sobre días creativos – El octavo día de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios).

 

El primer día de la creación. Sobre los días creativos. La creación de la vida en la aparición de la realeza de Dios.

Continuamos, hijos míos, sobre el tema de la cosmología cristiana.

 “Y Dios separó entre la luz y entre las tinieblas, y llamó a la luz día y a la oscuridad noche”, eso sucedió el primer día que Dios creó la luz.

Aquí vemos a Dios denominar; esto de “llamó” indica que Dios es el padrino espiritual de Sus creaciones: crea y atribuye nombres. Por lo tanto, todas en Dios están conocidas con sus nombres. Esto impresiona. En el libro de los Salmos y en otros libros de la Santa Escritura vemos que Dios denomina las estrellas, y así, delante de Dios están conocidas con sus nombres. «Él cuenta el número de las estrellas y a todas ellas les pone nombre» (Salmo 146 (7), Job 38,7 Bar 3:33-35). Esto significa que para Dios no hay nada desconocido. La denominación de todas las creaciones muestra que, todas pertenecen al interés de Dios y todo está en la providencia y agapi (amor) de Dios.

El hombre también adquirirá el poder de denominar las creaciones. Veremos, cuando hablemos sobre la antropología cristiana, una característica muy importante que parece, tal como se describe en el libro del Génesis, insignificante, pero no lo es: que el hombre fue llamado a denominar los animales. Dice que pasaron por delante de él los animales para darles nombres (Gen 2:19-20).

 Además, que el propósito de Dios era que Adán percibiera que no existe un ser o ente que sea semejante a él y que todos los animales entre sí tienen su semejanza (Gen 2, 19-20); es decir, que la oveja no era sólo una oveja, había más que una, etc. Para que Adán percibiese que estaba solo y no había nada que se asemejara a él.

Esto básicamente sirve al plan de Dios, que lo veremos más abajo. Pero también sirve para otra cosa que indica que Adán tiene el poder de denominar.

Como sabréis, los animales no tienen el poder de denominar, porque el nombre expresa un concepto o significado, y el concepto se crea sólo en un ser lógico. Por lo tanto, el que Adán tuviera el poder de denominar expresa que Adán, desde el principio, tenía lógica. Por consiguiente, no era un animal que se desarrolló. Veis qué dato más importante es esto. Es decir, no había un animal como es el mono que se desarrolló. Desde el principio de su creación el hombre tenía lógica, racionalidad, sobre todo una lógica o racionalidad muy superior a la que tenemos nosotros hoy día, sus descendientes; una lógica que en sus descendientes se oscureció.

Pero esto lo digo de paso; lo diremos analíticamente cuando hablemos sobre ello. Para indicaros que Dios denomina y el ser humano, la icona/ imagen de Dios, también denomina. Y tal como el hombre debería tener conocimiento de los seres, así también Dios da nombres que expresan Su contacto, κοινωνία (kinonía: conexión comunión) y unión de Dios con Sus creaciones. Esto es muy importante. Tomad un maestro de vuestra escuela que conoce vuestros nombres. ¿Esto no tiene una importancia especial? Cuando os llama por vuestros nombres significa que hay un conocimiento, una relación.

Pero, aun, esta separación de luz y oscuridad no es una separación local, sino una separación de tiempo. Es decir, no dijo Dios que aquí estará la oscuridad y allí la luz. Es una separación de tiempo que indica metábole, cambio de los sómas-cuerpos que pueden recibir o no la luz. Diríamos que la presencia de la oscuridad no es otra cosa que la falta de luz. Porque la oscuridad se crea por la ausencia de la luz.

Me diréis que esto es muy evidente. Esto que hoy consideramos evidente antes no lo era en absoluto. También lo veremos analíticamente en la creación de las plantas: que la oscuridad se consideraba autoexistente y la luz también autoexistente. Sobre todo, no sólo se deificaba la luz por los hombres, sino también se deificaba la oscuridad. Por ejemplo, en la dualidad pérsica había dos dioses: Mithra el de la luz y Ahrimán el dios de la oscuridad. Se consideraban como dos principios básicos que luchaban entre sí, sin que nunca uno venza al otro en los siglos de los siglos.

Así pues, la oscuridad se consideró como autoexistente, pero no es autoexistente. Esto lo dice muy bien san Basilio el Grande; tiene un ejemplo con una tienda de campaña. Dice: “toma una tienda y verás que cae la luz encima y dentro tendremos oscuridad. Por lo tanto, la oscuridad no es otra cosa que la falta de luz;” es muy sencillo”. Tal como os dije, hubo una época en que no era evidente que la oscuridad es la falta de luz.

¿Así, qué significa aquí separación temporal (de tiempo) de la luz y la oscuridad? Pues no significa otra cosa que el poder de la tierra de estar girando sobre sí misma y, de esta manera, estar creando el fenómeno de oscuridad y luz, es decir, esto que llamamos día con su noche (período de veinticuatro horas). Cuando, pues, Dios dice que inmediatamente separó entre la luz y la oscuridad, alude al giro de la tierra sobre sí misma y a la creación de las veinticuatro horas del día con su noche. Por lo tanto, el cambio temporal, es decir, el movimiento de la tierra, es la causa creativa de la oscuridad y la luz, o sea, del día con su noche.

Y el versículo 5 dice: “… y se hizo la tarde y se hizo mañana, ημέρα, μία imera mía: día, primo, uno” (Gen 1,5). Esta expresión de los seis días creativos es un estereotipo: “… y se hizo tarde y mañana, día: primo, uno”, y lunes, martes, etc. Fijaos en esta expresión cómo se enumera el tiempo-cronos: se hizo tarde y mañana, así que el contar, medir, se hace empezando de la tarde y acaba en la tarde.

Realmente, en el calendario hebreo el cambio del día se da desde la puesta del sol, de ocaso a ocaso del sol. Este calendario hebreo obviamente no es igual que el astral. El calendario astral, como sabéis, es de medianoche a medianoche, y aquí acaba el día y ya empieza el nuevo.

Nosotros, los cristianos, en nuestro calendario eclesiástico mantenemos el calendario hebreo, pero sólo especialmente. Por eso veis que una fiesta empieza con el esperinós (víspera) y acaba en la novena hora, que es la última praxis de los oficios dentro de las veinticuatro horas. Empezamos con las vísperas con la puesta del sol, después el vespertino, después el oficio de medianoche, después los maitines, luego es la primera hora, después la tercera hora, la sexta hora y la hora novena. La primera hora es a las seis de la mañana, la tercera a las nueve, la sexta a las doce y la novena a las tres de la tarde. Así que los oficios de las veinticuatro horas son ocho. Las encontraréis dentro del gran himerológion (libro de calendario eclesiástico). Así que empezamos con las vísperas y acabamos con la novena hora. Por lo tanto, la víspera es el comienzo de las veinticuatro horas. Creo que esto lo habéis captado: que nuestras fiestas empiezan con la víspera. Por ejemplo, en la fiesta de san Demetrio empezamos con la víspera y salmodiamos los troparios de san Demetrio, y no acaba la fiesta. El día siguiente acaba en la novena, donde decimos que “la memoria de san Demetrio hemos celebrado, festejado”; es decir, hemos terminado, hecho. E inmediatamente empezamos la víspera para el día siguiente.

En la práctica no cumplimos el calendario hebreo. Cuando hacemos ayuno no ayunamos desde la tarde; por ejemplo, el ayuno de los miércoles debería empezar la tarde del martes y terminar la tarde del miércoles. Pero no ayunamos así. Empezamos a medianoche y terminamos la otra medianoche; es decir, seguimos el calendario astral.

Esto os lo he dicho para justificar por qué tiene la frase “…y se hizo tarde y se hizo mañana, día: primo, uno” (Gen 1,5). Se hará tarde para cerrar el día y se hará mañana para que termine el día y vayamos al siguiente, etc.

Pero observemos una cosa. Aquí hay un problema: el llamado problema del día de la creación. Es aquello que los hombres ignorantes y profanos, que nunca leyeron la Santa Escritura, les distingue la incredulidad y se burlan de aquello que van a escuchar o escuchan de la Santa Escritura. Y dicen: “bien, ¿en seis días Dios hizo el mundo? ¿Tan rápido se hizo el mundo? Nosotros sabemos por la ciencia que el mundo, por lo menos la tierra, por no decir el universo, se ha hecho por una evolución en millones de años. Vosotros nos decís en seis días, etc.”

Pues, hijos míos, ¿qué creen? ¿No tiene poder Dios de hacer la creación no en seis días, sino en un día, y qué digo un día, en una centésima de segundo si quiere? En un momento del tiempo puede Dios traer de la nada la existencia, es decir, del universo entero. ¿Se debilita Dios? ¿Para Dios existe tiempo? El tiempo es para las creaciones, no es para Dios.

A pesar de esto, me gustaría apuntaros lo siguiente: cuando la creación cambiará, es decir, se hará nueva, y ya al final, cuando acabe la historia y entonces se haga todo nuevo, como dice san Basilio, “se hará regeneración o renovación de los elementos de la creación; pasará de la corrupción a la incorrupción y de la mortandad a la inmortalidad, no sólo de los hombres sino también de la creación”. Os lo dije también en un tema pasado: que el universo tenía principio. ¿Tiene final? Sí, tiene final. ¿Qué es el final? ¿Anulación o pase a la nada, al cero, puesto que la creación está hecha de cero, de la nada, es catástrofe y desierto, soledad? No. Es renovación y vida incorrupta e inmortal. Esto lo decíamos en la primera lección, si os acordáis.

Pero os decía que la creación entera resucitará y se hará nueva. Por lo tanto, el cosmos-mundo terminará, pero no se hará cero. ¿Cómo se hará nuevo el cosmos? ¿Cuánto tiempo hará falta? ¿Hará falta el mismo tiempo que se creó el mundo?

Entonces, os recordaréis lo que dice el apóstol Pablo: se refiere a la resurrección de los muertos, pero los cuerpos que tomaremos serán los antiguos que hemos tomado de la tierra, pero serán cambiados. Como Adán, que es de la tierra; es decir, que tiene elementos materiales. Dice, pues, que esta resurrección de los muertos, o sea, el cambio de la materia de corruptible a incorruptible y de mortal a inmortal, se hará en tiempo instantáneo. En la epístola a los Corintios nos dice: “He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos (moriremos), pero todos seremos transformados, en un tiempo-átomo (indivisible), en un abrir y cerrar de ojos, en un instante, cuando sonará la trompeta, la ésjatos (la última); porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados y nosotros, los vivos, seremos transformados” (2Cor 15, 51-52). Nos informa que la resurrección de los muertos, el cambio de vivos y muertos de la corrupción a la incorrupción y la ascensión de los justos y, a continuación, la combustión del universo, será instantánea, en tiempo-átomo (indivisible). Es decir, en tiempo cero, por decirlo de alguna manera. Para darnos una imagen de que estas cosas se harán en tiempo cero, toma una formulación teórica o una palabra filológica y una imagen visible o práctica. Y nos dice que estas cosas se harán en tiempo átomo. El átomo quiere decir en un tiempo indivisible, lo mismo que podríamos decir de un trocito pequeñísimo de la materia que es indivisible. Es decir, en un tiempo que no se puede cortar más; en este caso, no el segundo, que es un tiempo grande, sino milésimas de milésimas de segundo. Significa un tiempo muy pequeño, porque no podía ser captada, comprendida, su expresión en átomo, tanto si se habla para la materia como para el tiempo. Pero para que fuera entendido en su época dijo también un ejemplo más grosero o amplio: “en un abrir y cerrar de ojos”.

Como saben por la Física, la imagen que se forma en la retina a partir de un objeto no desaparece inmediatamente cuando éste deja de estar presente, sino que se conserva en el centro visual de nuestro cerebro durante aproximadamente una décima sexta parte de segundo. Cuando abrimos y cerramos los ojos, no percibimos que haya algo delante de nosotros que nos impida ver, sino que seguimos viendo los objetos de manera continua, porque nuestro sistema visual presenta una cierta inercia perceptiva.

Sobre este principio se basa también el cine. Las imágenes que componen la película cinematográfica son estáticas, teniendo una pequeña diferencia unas con respecto a otras. Así pues, cuando pasan delante del objetivo, éste debe abrirse y cerrarse al menos dieciséis veces por segundo. Es decir: se proyecta una imagen, se cierra el objetivo, la cinta avanza un poco, se vuelve a abrir el objetivo, se proyecta otra imagen… y así sucesivamente. El cerebro, debido a esta inercia, no percibe la alternancia de las imágenes, sino que ve un flujo continuo de impresiones, ve movimiento. De este modo, el cine da la ilusión del movimiento.

Dios quiso que se transformara el cosmos-mundo dentro de millones de años y hacerse nuevo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Creen que es una cosa pequeña la transformación de una creación en un tiempo de millones de años? Es admirable, como también admirable es “en un abrir y cerrar de ojos”. Para que aprendamos que Dios es potente tanto para una cosa como para la otra.

De todos modos, lo que decimos seis días no son seis días solares, sino que son seis días creativos, y su significado a continuación vamos a analizarlo.

Primero. Cuando decimos día (día con noche) entendemos veinticuatro horas, el tiempo de la rotación de la tierra. Pero el día con su noche presupone la presencia del sol. El primer día ya tenemos la descripción de la luz; el segundo, la separación, etc., pero no tenemos la presencia del sol o, por lo menos, como decíamos en una homilía anterior, no tenemos la presencia de la luz del sol. ¿Cómo, pues, tendremos la medición del tiempo, que la haría un observador que se encuentra en la superficie de la tierra, si no existe distinción de luz y día? La distinción de luz y de día se hará sensible el cuarto día, cuando tenemos el sol que brilla ya sobre la tierra. Entonces, aquí indica que cuando dice “se hizo el día uno o primo” no da a entender el día con su noche de veinticuatro horas.

Segundo: la palabra día en la Santa Escritura, en hebreo se dice “iom”, muy a menudo no significa un día de veinticuatro horas, sino un espacio de tiempo grande. En el mismo libro del Génesis encontramos este significado de espacio grande del día. Está en el siguiente capítulo, fila cuarta, en que dice Moisés: “Este es el libro del génesis del cielo y la tierra cuando se hizo, el día durante el cual hizo el Señor el cielo y la tierra” (Gen 2,4).

Pero antes nos ha dicho que Dios hizo el mundo en seis días. Ahora nos dice sobre el día en que hizo el cielo y la tierra, es decir, el día en que lo hizo todo. En este instante, pues, pone un día indiferente, sin referencia, que no se trata de un día de veinticuatro horas, sino de un espacio de tiempo grande. Así que con la palabra día contiene también los seis días.

Tercer punto. Todavía, el día de Dios no es nuestro día. Dice el apóstol Pedro: “… un día es ante Dios como mil años, y mil años como un día” (2Ped 3,8).

Aún un cuarto punto. En la Santa Escritura predomina el concepto del tiempo condensado. ¿Qué es este tiempo condensado? Dice san Basilio: “Tanto si dices día como siglo, la misma cosa o concepto tendrás”.

Aún un punto más, quinto. Mientras que Moisés refiere para todos los días “… y se hizo tarde y se hizo mañana, día primo”, cuando llega al séptimo día dice que se hizo mañana, sin apuntar que se hizo tarde, que finalice. ¿Cuál es el séptimo día? El séptimo día es el que pasamos ahora. Es decir, que vivimos en el séptimo día. Pero este séptimo día, que por un lado en el sexto se hizo el hombre y, por otro lado, después de la creación del hombre empieza el séptimo día, y no se hace tarde, sino sólo mañana, no se finalizó, significa que para este día también se hará tarde, pero aún no se ha hecho. ¿Cuándo se hará la tarde del séptimo día?

¡Mirad qué exactitud en la Santa Escritura! ¡Es asombroso! Nunca el hombre sería capaz de componer este tipo de texto con esta exactitud de expresión de las cosas, sino sólo si es el hombre θεόπνευστος (zeópnefstos: inspirado por Dios) el que escribe. Hijos míos, el final del séptimo día es el final de la historia. Y cuando se acabe el séptimo día y se haga tarde, entonces se hará el octavo día, del cual inmediatamente más abajo os voy a hablar.

Pero, atención. Puesto que no se ha hecho la tarde del séptimo día, entonces significa que los días creativos realmente no son días de veinticuatro horas, sino espacios muy largos de tiempo. Exactamente esto es lo que dice la ciencia: que para pasar de la forma sin vida o no vivificada a la forma vivificada, es decir, a la vegetal, y de ella, a la forma animal, y de la forma animal a la humana, han pasado millones de años. De acuerdo, diríamos, porque los seis días creativos son largos o grandes espacios de tiempo.

Todo esto que os quede grabado en vuestra mente, sea vuestra riqueza y lo asimiléis bien, para que, por un lado, vosotros estéis consolidados, asegurados, y, por otro lado, que en cualquier otro sitio cuando escuchéis que hieren la Santa Escritura con argumentos y razones tontos, necios -porque ellos también lo ignoran-, entonces, si vosotros también ignoráis, ¿qué pasa? Entonces vosotros también seréis engañados y arrastrados. El fin o propósito por el que atacan la Divina Escritura es que quieren atacar al Dios Creador.

 

Dicen que: el cosmos-mundo no tenía Creador (Demiurgo) ni tenía principio, el cosmos-mundo existía, existe y existirá siempre, según ellos, lo mismo dice la ciencia del materialismo. Pues, puesto que existía, existe y existirá siempre, ¿por qué tienes que tener miedo o temor de Dios, de juicio, de infierno, de paraíso, de ley ética? Además, si el hombre nació del mono, entonces es un animal y no tiene muchas responsabilidades. Por lo tanto, no tienes que temer nada.

Mirad dónde llegamos. Por eso quiero, con estos temas, que os aseguréis, os consolidéis y os fortalezcáis. Para que digáis que existe Dios Creador y es Dios quien gobierna y provee para Su creación; pero Dios también juzgará Su creación; Dios lo ve y conoce todo. Por eso os dije antes que Dios dio nombre a Sus creaciones, lo que significa que conoce todo. Así que podréis decir vosotros también como Josef: ¿cómo voy a hacer este acto malastuto e indecente, si voy a pecar delante de los ojos de mi Dios?, cuando se lo dijo la mujer de Petefrís: “Delante de los ojos de Dios”. José tenía en los ojos de su psique-alma, en su conciencia, la omnipresencia de Dios. Dios lo ve todo; por eso tenía el sentido de Dios. Todo esto tiene mucho valor y sentido, para que no pequemos y vivamos la vida de virtud real. Por eso todas estas cosas que decimos tienen un carácter y sentido muy prácticos. Por eso os ruego que las guardéis.

Pero os expliqué que el séptimo día, es decir, la tarde del séptimo día, terminará cuando acabará la historia; es cuando el mundo acabará, en el sentido o concepto de que Cristo otra vez volverá a venir. Cuando otra vez vuelva a venir Cristo, es decir, coincide la Segunda Παρουσία (parusía: presencia, venida) de Cristo con la tarde del séptimo día, puesto que ahora aún no ha venido y la vivimos. La primera Parusía de Cristo se hizo dentro del séptimo día.

Pero, ¿qué empezará después del séptimo día? Empezará el octavo día. ¿Y cuál es este octavo día? Es el día que tiene sólo mañana y ya no tiene tarde, ni se trata de que alguna vez tenga tarde. Es la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios. Por eso en el canon de la Pascua decimos el “día sin crepúsculo”, el octavo día. El “día sin crepúsculo”: ya no atardece, ya no oscurece, ya no anochece, ya no termina.

Me diréis que arbitrariamente dice esto.

 Claro que no. Aún hasta la misma letra nos ayuda a interpretar sobre lo relativo. Escuchadlo; atención a un detalle gramático: “… y se hizo tarde y se hizo mañana, ημέρα μία día primo o uno”. No dice “día primero”, sino que dice “día primo o uno”, o sea, más abajo dirá “segundo día”, mientras tendría que decir “día dos”, pero dice “segundo”. Lo que decimos segundo día, tercer, cuarto, que Dios crea los días creativos, son nuestros conocidos números tácticos. En cambio, cuando decimos primer número, segundo, tercero, etc., estos son los números absolutos; esto es de la gramática. En vez, pues, de utilizar número táctico y decir “día primero”, utiliza número absoluto y dice “día primo o uno”. Y, por un lado, para el primer día dice “día primo o uno”, utiliza número absoluto; por otro lado, para el resto de los días utiliza número táctico, es decir, segundo, tercero, etc. Y para el primero dice “día primo o uno”, no “primero”. Esto significa que no tiene sintaxis gramatical: debería decir “día primero”, no “día primo o uno”. Sí, es sin sintaxis, pero lo dice a propósito (esto en griego se llama solecismo, que hay que tener muy en cuenta en los escritos helénicos), para provocar la atención del lector sobre este día primo o uno y que este día primo tiene algo particular y especial.

Este particular y especial, ¿cuál es? Vamos al Nuevo Testamento y lo veremos.

En el Nuevo Testamento que la resurrección del Señor se hizo como dice: “Τῇ δὲ μιᾷ τῶν σαββάτω primo, uno de los sábados”; sábado quiere decir semana. Cuando dice “primo, uno de los sábados” quiere decir el primer día de la semana. Si el sábado era el séptimo, entonces ¿cuál es el primer día de la semana? Es este que hoy nosotros llamamos domingo; es el primero. ¿Cuál es el segundo día de la semana? Es el lunes (en griego, deftera, segunda), martes (triti, tercera), etc.; a partir de aquí va normal el orden. (Los helenos empezamos la semana desde el domingo, lunes, martes; en cambio, en España empieza por lunes, martes, etc.). Pero no dice “el primero de la semana”, sino “el primo, uno de la semana”, el primo o uno de los sábados: “… el primo o uno de los sábados, con las puertas cerradas…”, se hizo la Resurrección de Cristo.

¿Por qué aquí también pone el número absoluto y no pone el número táctico? Para provocar la atención del lector, y para indicar que este día primero ahora no es como el primero en que se hizo la creación, sino que tiene algo más distinto, especial.

¿Qué exactamente?

Por un lado, el primer día se hizo la luz; por otro lado, aquí, el primer día que empieza la semana se hace la Resurrección de Cristo. Pero el día en que se hizo la luz tenemos algo particular, especial, que es la creación del mundo. Cuando Cristo resucita tenemos algo particular, especial, que es el sello, la presuposición, la declaración, la prueba de la recreación del mundo. Es decir, que el mundo se hará nuevo: “He aquí, todo lo hago nuevo, cuando vuelva” (Apoc 21:5), dirá Cristo cuando entonces vendrá ya como resucitado.

Entonces, el primo, uno de los sábados es el octavo día, porque el séptimo es el sábado. Pero ahora, más abajo, enumerando, decimos el primo, uno de los sábados, y es el octavo día. Este octavo día, el primo de los sábados, el principal y soberano, tal como dice el canon de la Pascua, la Fiesta de las fiestas y el festejo de los festejos, es el día en que se hará la Segunda Parusía, Presencia de Cristo y entrarán en la realeza increada de Dios todos los divinizados, los santos. Exactamente por eso se dice también el nuevo día, el octavo día, el día de la realeza increada de Dios y el primo, uno de los sábados.

Los padres de nuestra Iglesia, a menudo, consideran y utilizan mucho la expresión “el séptimo día” como “sabatismo”. Y dicen: puesto que hoy estamos en el séptimo día, en este vivimos; pero el séptimo día es el sábado, en el que Dios ya no crea nada nuevo, sino que simplemente mantiene. Cuando morimos, entonces sabatizamos. Cristo sabatizó el Sábado Santo: murió el viernes y el sábado sabatizó, y el domingo resucitó. Sabatizar quiere decir descansar. Es decir, moriremos -y deseo que vayamos al paraíso, no al Hades- y allí, en el paraíso, las psiques-almas, como psiques, no hacen ninguna obra, nada. ¿Qué hacen? Pues sabatizan, es decir, descansan. ¿Y qué esperan? Allí esperan el octavo día; es decir, esperan el día de la resurrección de los muertos.

Cuando resuciten los muertos, es decir, cuando el ángel suene la trompeta y entonces la psique-alma del hombre se revista del antiguo cuerpo, aquel que se ha desgastado, disuelto en la tumba y se hizo tierra, el antiguo cuerpo pero renovado; este cuerpo antiguo, hijos míos, Cristo lo resucitará en este ésjato (último) día; este es el día ésjato del séptimo, el del sabatismo. Y Cristo lo resucitará con Su dínamis, y entonces cada psique-alma, sea piadosa o impía, se unirá con su antiguo cuerpo renovado (espiritual). Y si esta psique con su cuerpo trabajó obras piadosas, si trabajó las virtudes entonces quedará con franqueza ante Cristo durante el día del juicio. Pero si no hubiera trabajado será condenada.

 Debemos trabajar, hijos míos, porque ahora es tiempo de trabajo para el hombre. Dice el Señor: “Hasta que tengáis la luz, trabajad; cuando la luz se vaya y se haga de noche, no podéis trabajar”. ¿Y cuál es la noche? Es el sabatismo, es la muerte. ¿Y cuál es la luz? Es el día que vemos para trabajar. ¿Qué día? Nuestra vida. “Hasta que tengáis la luz, trabajad”. ¿El qué? La virtud. Tenemos que trabajar la virtud; y cuando digo que tenemos que trabájame refiero a la general y especial εγκράτεια (engkrátia: continencia, autodominio, abstinencia, ayuno), la pureza, la candidez. He tomado estas virtudes que se refieren al cuerpo y cualquier cosa que se refiera contra el cuerpo, que se hace por la pureza y el amor a Dios; entonces, cuando resucitemos, este cuerpo que tomaremos no será nuevo: será el antiguo, pero será renovado; esto quiere decir resucitado; y este cuerpo será incorruptible e inmortal; la psique se volverá a reunir con este cuerpo renovado y, si este cuerpo salió con esta virtud, francamente se presentará delante del Juez, Cristo. Pero si ha salido con un cuerpo que se ha ensuciado con la indecencia, con borracheras, con varias suciedades; por ejemplo, cuando uno se emborracha, fuma o toma drogas, desprecia y ofende la psique y también el cuerpo; pero con este cuerpo, ¿cómo se va a presentar delante de Cristo? Este tipo de existencias, de forma de vida, son inadecuadas para la realeza increada de Dios; y entonces escucharán aquello: “… vayan al fuego eterno”, que es un infierno, que es fuego incorruptible, interminable, y los cuerpos se queman sin desgastarse; es decir, corrupción incorruptible y muerte inmortal. ¡Terrible!

Este, pues, hijos míos, es el octavo día y este el séptimo día que vivimos ahora, en el cual alguna vez sabatizaremos, como os expliqué; de una manera u otra sabatizaremos; por supuesto que sabatizaremos en la tumba, de una manera u otra; pero antes debemos trabajar; y esperaremos -deseo el Paraíso- la resurrección de los muertos para ir a continuación a la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios.

Todas estas cosas son grandiosas. Veis que directamente el Antiguo Testamento y el Nuevo conectan entre sí; no están separados el uno del otro. Veis, pues, que desde el primer capítulo del Antiguo Testamento hasta los últimos capítulos del libro del Apocalipsis del Nuevo Testamento se refieren a los ésjatos (últimos) de la creación, a la Segunda Parusía Presencia y al Juicio que hará Cristo que volverá a venir; veis cómo están conectados. Nuevo y Antiguo Testamento, hijos míos, son un libro: el libro de Dios, que viene a decirnos la gran verdad, que Dios hizo el mundo, Dios renovará el cosmos-mundo y entonces dentro de este mundo no habrá ni vivirá más que la justicia, la virtud y la santidad. El mal, la maldad, ya definitivamente habrá pasado y sido condenado. Así pues, dignifiquemos y valoremos el séptimo día, antes de que aún se haga la tarde o víspera, incluso antes de la muerte sabaticemos en la tumba. Amén.

Domingo 21 de Noviembre 1982.

 

6ª Lección (homilía): La creación del tercer día creativo y la formación de las aguas terrestres – La creación de la vida y la aparición de la vida en el reino vegetal.

 

Después del primer día creativo, hijos míos, que a medida que hemos de analizar y decir cómo Dios creó la luz, ahora avanzamos al tercer día- para abreviar y hablar de algún modo de este período-, que se refiere a la disposición de las aguas sobre la Tierra, es decir, a la configuración de la superficie terrestre y a la creación del reino vegetal.

“Καὶ εἶπεν ὁ Θεός· συναχθήτω τὸ ὕδωρ τὸ ὑποκάτω τοῦ οὐρανοῦ εἰς συναγωγὴν μίαν…
Y dijo Dios: Júntense, reúnanse las aguas que están debajo del cielo en una sinagoga (εἰς συναγωγὴν μίαν – is sinagogín mían – en una asamblea o reunión), y véase lo seco; y así se hizo. Y se reagruparon las aguas debajo del cielo en sus sinagogas, y apareció lo seco. Y Dios llamó a lo seco tierra, y a la masa, al sistema de las aguas, las llamó mares. Y vio Dios que esto estaba bien y bello” (Gen 1, 9-10).

(La palabra συναγωγὴ (sinagogí) es helénica. Quiere decir: sinagoga, asamblea, reunión, agrupación o deducción, conclusión. El verbo es συνάγω (sinágo): para personas o animales significa agrupar, congregar, juntar; para cosas, reunir, juntar; y, metafóricamente, inferir, deducir, concluir.)

Realmente, pues, tenemos aquí la formación o configuración de la superficie de la tierra. Veamos ahora el tercer elemento principal que predomina durante el tercer día creativo, donde todo se arregla, se transforma y se configura: el agua.

“…συναχθήτω τὸ ὕδωρsinajzíto to ídorreúnase, júntese, que se agrupe el agua”. Aquí tenemos la transformación de la tierra, como os dije, y aquí la creación del agua, es decir, creación ya sobre el género o especie. No es creación desde la nada o desde el cero, sino creación en el sentido de que Dios toma lo que ya existe, lo configura, lo transforma, lo adorna y lo decora.

Durante este tercer día, en este punto, la Santa Escritura no se refiere a muchos detalles, nos dice poco, pero en otros lugares sí que se refiere más sobre ello. Tenemos la formación de las capas geológicas, es decir, las precipitaciones, las sedimentaciones, las irrupciones, los derrumbes de esta corteza de la tierra con la presencia del agua.

Os dije que el libro del Génesis en este punto deja el tema poco desarrollado. También os dije que la descripción que tenemos no es científica, aunque, si uno la examina bien, es de una gran exactitud, pero está escrita de forma popular y su finalidad es dar la icona/ imagen a los lectores de que el Creador de todo es Dios. Esto tiene mucha importancia: que el creyente pueda comprender quién es el Creador de todo.

Pero el libro de los Salmos, como también el libro de Job, nos dan muchos pasajes que se refieren al tercer día creativo. Recordad que los Salmos tienen carácter poético, y creo que entenderéis que, cuando se quiere dar expresión poética a grandes verdades, se personifican las realidades, etc. Por eso, con lenguaje poético, se describen las agitaciones geológicas.

Os leeré algunos párrafos del Salmo 103:

“…abismo de aguas como en un vestido;
sobre las montañas estarán paradas las aguas (las nieves) (v. 6);
ante tu amenaza emprenderán la huida,
cuando con tu voz de trueno les hables, se asustarán y se reunirán (v. 7);
saltando por las montañas y descendiendo por los valles,
hasta el lugar que tú les has establecido (v. 8);
les señalaste un límite, es decir, entre tierra y mar, que no pueden cruzar,
para que no vuelvan a cubrir la tierra (v. 9);
haces manar las fuentes a raudales,

Así que, durante el tercer día creativo —muy brevemente lo digo— tenemos el arreglo de la superficie de la tierra. A grandes rasgos, diríamos que quedó tal como la tenemos hoy día. Digo a grandes rasgos, porque, como sabréis, la presencia del agua y de otros fenómenos como los seísmos, etc., transforman continuamente la faz, el rostro de la tierra. Tenemos mar y tierra allí donde antes no los había. Tenemos ríos allí donde antes no existían y, a la inversa, etc.

Por lo tanto, el agua es el alimento más importante de la creación.

Sabrán que las tres cuartas partes de la superficie de la tierra están cubiertas de agua, de océanos y mares.

También conocerán que el agua, este elemento tan abundante dentro de la naturaleza, está constituida de dos elementos gaseosos, -pensad esto- el agua constituida de dos gases: el hidrógeno y el oxígeno H2O

¡Cuidado! No hacemos física, por eso no agoto los temas concernientes a ella, sino que doy sólo una icona/ imagen de las cosas.

Además, el agua posee una serie de cualidades que otros cuerpos no tienen.

El agua tiene tres estados básicos: sólido, líquido y gaseoso, según la temperatura. Así, tenemos el hielo, el agua líquida tal como la conocemos, y también el vapor de agua. Y uno ve estas aguas que están en los océanos ascender hacia la atmósfera en volúmenes sorprendentes. Pensad cuánta agua cae cuando llueve.

Imaginaos, por ejemplo, sólo la región de Tesalia cuando llueve, y no os menciono a Grecia entera o a Europa, cuando llueve fuerte y continuamente durante veinticuatro horas, caen billones de metros cúbicos de agua. Estos billones de metros cúbicos se han evaporado de la tierra y del mar, han ido al cielo meteorológico y desde allí han vuelto a caer. Es realmente un milagro.

Pero donde verdaderamente se manifiesta el gran milagro del agua -y no es fruto del azar, sino que lo provee el Dios Creador- es en lo siguiente: el agua, como todas las cosas materiales, cuando se congela se contrae, se reduce, y cuanto más se congela, tanto más se contrae. Sin embargo, el agua, cuando llega a los cuatro grados sobre cero, en lugar de seguir contrayéndose, empieza a dilatarse. Es cierto que comienza a congelarse, pero su volumen es mayor que cuando estaba en estado líquido. Por eso se da el fenómeno de que el hielo flota, es decir, es más ligero porque su volumen ha aumentado y su densidad se ha reducido, ocupa un volumen mayor que el agua en estado líquido.

¿Y por qué sucede esto, hijos míos?

 Porque de esta manera Dios quiso proteger la vida que existe en las aguas. Imaginaos que se congelaran totalmente los lagos, los ríos y los mares, entonces los peces y todos los seres vivos morirían, la vida desaparecería.

Por eso vemos que, cuando el agua se congela, el hielo sube a la superficie y debajo queda agua, por debajo no se congela. Es decir, harían falta temperaturas extremadamente bajas para que todo se congelase, temperaturas que normalmente no se alcanzan. Finalmente, el hielo queda arriba y la vida se conserva.

¿Esto qué creéis, hijos míos, es por suerte (casualidad o azar)? Hay una pregunta fundamental: ¿qué existe, suerte (casualidad, azar) o creación?

No existe la suerte. Si se supone que existe la suerte (casualidad, azar), ¿cómo se explican todos estos maravillosos fenómenos? En ninguna parte existe la suerte o el azar. En todo existe la planificación, la creación. Cuando decimos creación, damos a entender algo que se hizo bajo un νούς nus (espíritu), bajo una mano, y no se hizo al azar o suerte, solo, por sí mismo.

¡Ay, ay! Cuando escuchamos esa expresión: “¿Cómo se hicieron todas estas cosas…? ¡Por azar (casualidad, suerte)!… ¡O lo hizo la φύσις fisis naturaleza!… Es decir, ¡se hicieron solas!”

¿Cómo las ha hecho la fisis naturaleza?… La naturaleza no es una entidad lógica, ni se autocrea. ¿habéis escuchado lo que dije? ¡La φύσις fisis naturaleza, no se autocrea, no se crea por sí misma! Cuando no vemos a Dios, tenemos el fenómeno de la autocreación. Por ejemplo, cuando me corto un dedo y tengo una herida, vemos una recreación de las células con el fin de que esta herida se cierre. Pero esta recreación no se ha puesto para que se haga fortuitamente. Dios puso fuerzas de modo que se hiciera así; por lo tanto, tenemos una situación dirigida. Es decir, tenemos creación.

¡Atención! La suerte (casualidad, azar) no existe, ni en la creación ni en nuestra vida. Nunca digáis que esto fue fortuito. Lo que no podemos explicar, hacer o comprender en nuestra vida lo llamamos suerte. Decían los antiguos helenos: “Los hombres han creado el ídolo de la suerte, porque su voluntad no llegaba a hacer algo y así se decían: ¿qué vamos a hacer?, ¡era del azar!” Además, tenemos un poder de conocimiento limitado, y lo que no conocemos lo llamamos suerte (casualidad o azar).

Así pues, el agua es un gran transformador de la superficie de la tierra, pero también de su interior. Echad una ojeada a toda la superficie de la tierra y veréis campos, lagos, ríos, precipicios, deltas, bahías, cráteres, cabos, islas, cuevas dentro y fuera de la tierra, estalactitas, estalagmitas…, es decir, obras de Dios que retiene en Sus manos este maravilloso elemento que se llama agua. 

Ciertamente, si vais a alguna cueva, como la de Ioánina, que es impresionante, veréis allí las estalactitas y las estalagmitas. Estalactita se llama la barra calcárea que se forma en el techo de una cueva a partir de las sales del agua que gotea, y cuelga hacia abajo. Al mismo tiempo, en el suelo de la cueva, debajo de la estalactita, se forma hacia arriba también otra barra, la estalagmita, a partir de las sales del agua que gotea desde el techo de la cueva. Para que se haga cada estalagmita y cada estalactita se necesitaron muchísimos años. Para un solo centímetro, por ejemplo, se necesitan cien, doscientos o trescientos años. ¡Y veis metros enteros de tales cosas! Y dices: “¿Qué es esto aquí?”. Y ciertamente, cuando además cae (se añade) la iluminación adecuada, como en la cueva de Ioánina, uno queda atónito por la belleza de aquella cueva… y lleno de admiración dice: “¡Grande es el Señor, grande es Dios, sabio y gran Artesano!

Pero Dios hizo también la δόξα doxa gloria: el arco iris. (En griego, el fenómeno de la naturaleza que es el arco iris lo llamamos doxa, es decir, gloria, luz de luces). Es decir, el poder del agua que puede analizar la luz solar.

Es conocido que una gotita de agua, cuando se ilumina, puede convertirse en una lente, y aquí tenemos algo sorprendente: ¡el análisis de la luz!

¡Pero qué les voy a decir sobre la luz…! En las lecciones anteriores no dijimos nada sobre la luz, simplemente la mencionamos. ¡Qué les voy a decir sobre qué es la luz…! Básicamente no sabemos qué es la luz, no lo sabemos. «Es onda… es partícula…», parece que es ambas cosas. Es onda, porque explica fenómenos como la interferencia, la difracción y la polarización; es también partícula porque explica fenómenos relacionados con la interacción de la luz con la materia, como el efecto fotoeléctrico; es tanto onda como partícula, porque explica fenómenos de la reflexión y de la refracción. Pero de verdad, aunque decimos estas cosas, la naturaleza de la luz no la conocemos: ¡es algo maravilloso y misterioso!

Así pues, tenemos la luz constituida por una gama de frecuencias. Esta gama, al analizarse, nos da los colores. Cuando estos colores, estas frecuencias se mezclan, tenemos la luz blanca; cuando se analizan, tenemos los colores, desde el rojo hasta el super violeta. Esta región pertenece a la luz, y se analiza por las gotas de la lluvia.

Cierto que existen otras formas de analizar, como por ejemplo el cristal; pero ahora hablamos del agua, porque el cristal, en cierto modo, imita al agua o más bien, el agua se hace como un cristal que analiza la luz.

 Así, entonces, tenemos el fenómeno del arcoíris, un fenómeno óptico y meteorológico muy colorido, durante el cual aparece el espectro de colores. Y su forma es arqueada, porque está compuesto de arcos circulares coloreados que tienen un centro común, porque el sol es redondo.

Además del de la luz, tenemos también aquel ofrecimiento colorido de la fisis (naturaleza), que es algo magnífico. Todos los colores que existen en la naturaleza —por ejemplo, los árboles con hojas verdes o las flores en diversidad de colores— se deben a la luz, no al azar. En todo esto la luz y el agua actúan y nos dan esta riqueza y belleza de colores que existe dentro de la naturaleza.

Así que tenemos el himno de la luz y el himno del agua dentro de la creación. Y Dios, sobre estas dos, puso el símbolo de su paz con los hombres, cuando dijo: “sobre la doxa celeste, el arco iris, estableceré la paz con los hombres”. Y el arco iris celeste no es más que luz y agua. ¡Es algo grandioso!

Καὶ εἶπεν ὁ Θεός· συναχθήτω τὸ ὕδωρ ὑποκάτω τοῦ οὐρανοῦ εἰς συναγωγὴν μίαν…
Y dijo Dios: Júntense, reúnanse las aguas que están debajo del cielo en una sinagoga, asamblea o reunión (εἰς συναγωγὴν μίαν, en sinagogí mía, en sinagoga una). (La palabra συναγωγὴ sinagoghí es helénica. Quiere decir: sinagoga, asamblea, reunión, o también deducción, conclusión. El verbo es συνάγω (sinago): para personas o animales, agrupar, congregar, juntar; para cosas, reunir, juntar; metafóricamente, inferir, deducir, concluir).

¿Cuál es esta “sinagoga una”? Cierto que cuando decimos “sinagoga una” es una calificación muy general, porque tenemos gran variedad de mares, ríos, lagos, etc. Pero aquí existe también un carácter místico, secreto.

Como sabéis, san Basilio el Grande ha interpretado bellamente los seis días del Génesis de Moisés; y los Padres que interpretan las tesis de los “seis días” nunca se quedan en la dimensión física de la creación, sino que buscan algo más profundo. Y como nosotros aquí hacemos catequesis cristiana, debemos ir siempre más allá de la creación percibida por los sentidos: tener conversión y elevación de nuestro nus (espíritu humano) y de nuestro corazón, de nuestras emociones o sentimientos. Esta elevación la veréis también en un poeta o en un escritor: cuando se impresiona ante la creación, no se detiene sólo en lo que ve, sino que eleva su mirada, pone dentro sus sentimientos y no describe sólo lo que ve, sino también lo que siente.

Así también el hombre espiritual, cuando sabe que Dios hizo la creación y no la hizo simplemente para que el hombre sea servido de manera física, sino que por la creación, en cualquier momento, se apocalipte/ se revele Dios y Sus verdades.

Por esta razón, ¿cuál es esta “sinagoga una”?

¡La “sinagoga una, hijos míos” es la Iglesia, la Ortodoxa que Dios bendice!

El agua, además, es aquel elemento que, con la presencia del Espíritu Santo y la invocación del nombre del Santo Dios Trinitario, expulsa los pecados. Es el bautismo. Nuestro Señor nos dijo: «De verdad en verdad te digo, el que no nazca de agua del bautismo y del Espíritu, no puede entrar en la realeza increada de Dios. [5. «Respondió Jesús: «De verdad en verdad te digo que: si uno no naciere espiritualmente del agua del bautismo y de la χάρις jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo, no puede ver ni entrar a la realeza increada de Dios, tampoco puede disfrutar de los frutos de la Realeza o del Espíritu Santo»] (Jn 3,5).

Dice que si uno no renace de la pila de agua y del Espíritu Santo —aquí la pila del bautismo es una mitra de renacimiento, especialmente el agua y el Espíritu Santo— realmente se gesta allí nuestra vida espiritual para convertirse y hacerse un hombre nuevo. Tal como se gestó la vida dentro del agua, cuando decíamos que “el espíritu de Dios flotaba por encima de las aguas” (Gen 1,2), de la misma manera se gesta nuestra vida real, la espiritual, allí dentro del agua y en el Espíritu Santo. Es decir, en el santo Bautismo.

Y termina el versículo 9 así: “…vio Dios que esto era bueno y bello” (Gen 1,8). Vio Dios el agua, su desarrollo sobre la tierra y la transformación de la superficie, y dijo: es bueno, es bello.

Todo lo que crea Dios es bueno y bello. Dios, cuando crea, no crea cosas feas. Prestad atención en esto. Si alguna vez crea aquello que nosotros llamamos feo, como algunos animales que parecen horribles —por ejemplo, las serpientes—, estas crean el fondo de lo bello. Es decir, la contra, la antítesis, igual que un pintor o un arquitecto crean contrariedades para proyectar lo bello; así también, Dios, para proyectar lo bello, tiene fondos que muestran aquello que, si lo viésemos aislado, nos parecería feo.

A pesar de esto, nada es feo. Por ejemplo, una serpiente o víbora puede provocarnos rechazo por otras razones, pero miradla con atención y veréis que la víbora es bella. Tiene figuras geométricas en su cuerpo que os sorprenderían; encima de la cabeza tiene un triángulo, una figura muy bella. En cambio, nosotros, en un primer momento superficial, diríamos que son cosas feas. ¡Pero estas son muy bellas!

¿Qué nos hace ver algunas cosas de la creación como feas? Más allá de lo que os dije antes: es que nuestro ojo ya no ve con belleza; es decir, vemos mal porque hemos pecado. El hombre pecador no ve la creación tal como salió de las manos de Dios, la ve fea. ¡Pero el hombre limpio y purificado ve la creación bella, muy bella! Es, pues, un tema de pureza interior, y esto lo subrayo. Así que, si realmente quisiéramos ver la creación con los ojos de Dios, entonces también nosotros diríamos junto con Él que la creación es bella y buena, “…vio Dios que esto era bueno y bello” (Gen 1,8).

Ahora hijos míos, vamos a otro punto de la creación, que se realizó también durante el tercer día creativo: el reino vegetal.

Y dijo Dios: Vegete, brote, germine la tierra… βοτανι χόρτου, σπείρον σπέρμα κατά γένους planta de hierba sembrada con semilla, según su especie y, como semejanza, ξύλον κάρπιμον árbol frutal que produzca frutos sobre la tierra, que contengan la semilla de su especie o género. Y así fue. La tierra produjo vegetación: vegetó plantas, sembradas con semilla de su especie o género, y árboles frutales que contienen su propia semilla, de su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Hubo tarde y hubo mañana: día tercero” (Gén 1,11-13).

Por tanto, aquí ahora venimos a la creación del reino vegetal. ¡Aquí tenemos el principio de la vida, este fenómeno de la vida! Hasta ahora, lo que vimos en la creación era sin vida, no había rastro o señal de vida. Hemos visto la luz, la tierra y las aguas, pero no llevaban vida, no estaban vivificados. Ahora entramos el fenómeno de la vida.

Pero, ¿qué es vida? ¿Cómo comenzó la vida? No tenemos que decir nada más que de antemano es un milagro, pero un gran milagro. Y sobre el milagro uno puede decir muchas cosas. Esta constituye la segunda creación, después de la creación del todo. La primera creación del todo fue de la inexistencia, de la nada o cero. La creación de la vida, en cambio, es del ser, de lo que existe. Por eso Dios dice: “Produzca, brote de la tierra planta de hierba”. Pero la tierra ya existía y de la materia existente, de la tierra, se produce el fenómeno de la vida. Por lo tanto, también tenemos aquí una señal, es decir, la creación de una nueva especie; la creación de especie o género, y la acción de poner cada uno con su propio género.

La vida es un misterio inescrutable; cuanto más lo investigamos, más misteriosa resulta.

A partir de ahora, sin embargo, la vida no se creará, sino que se transmitirá. La vida fue creada una vez bajo los tratados creativos y condiciones de Dios, sea la vida de las plantas, de los animales o del hombre. Estos tratados y condiciones especiales por los que Dios hizo la vida, hasta hoy son desconocidos. Una sola cosa sabemos: Dios, bajo estos tratados especiales, crea la vida, y la vida no se crea en todo momento, sino que se transmite.

Es como la llama de Pascua: uno toma la llama de la vela de otro, y así todos tienen llama. Todas estas velas se encendieron de la vela del Sacerdote que la tenía en la Bella Entrada o en el Altar.

Así aparece el fenómeno de la vida: se transmite, no se vuelve a crear. Fraudulentamente decimos: “he parido o dado a luz a un hombre” o “se ha creado una planta”, pero todo tiene sus padres; sale de su semilla. Por lo tanto, como dije, tenemos una transmisión, pero la transmisión de la vida permanece un misterio realmente inescrutable.

Hijos/as míos, cuando seáis padres y madres y estaréis filosofando y observáis a vuestro hijo, diréis: “¿Qué es esto? Esto es mío, es un hombre nuevo.” ¡Qué cosa curiosa! ¡Qué misterio!

Cuando Eva vio a su primer hijo, Caín, quedó anonadada y dijo: “Mira, esto se parece a nosotros, es como la forma de Adán, como su padre y su madre” (Gén 5:3)

De esta manera, el hombre queda sorprendido y maravillado frente al misterio inescrutable de la vida. Debe permanecer así, no sólo para investigar, sino también para admirar, adorar y glorificar a Dios, el Creador de todo cuerpo, carne y espíritu. Como dice la Santa Escritura: “El Dios de los espíritus y de toda carne, cuerpo” (Núm 16:22 · 27:16)

Cuando Dios hizo el mundo inanimado o sin vida, a la vez cimentaba aquello que hoy llamamos leyes físicas o naturales.

Por ejemplo, si tomo un reloj y lo suelto, caerá. Pero ¿por qué caerá? Si pongo a una persona dentro de una nave espacial y sale de la influencia de la tierra, ¿qué peso tendrá? Puede llegar a peso cero, puede estar flotando en la nave espacial.

 ¿Qué es lo que llamamos peso? Es una δύναμις (dínamis: fuerza, potencia y energía), una atracción. Es una magnitud relativa: varía según la ubicación. Por supuesto que depende de dónde me encuentre. Un peso en el polo norte no es igual que en el ecuador, sin duda. Porque es otra la distancia del del centro de la tierra del ecuador y otra del polo norte. Y esto sucede porque la tierra es ligeramente ensanchada en los polos, mientras que es ligeramente hinchada a la altura del ecuador. Así tendré el peso específico distinto.

Esto nos lleva al concepto de ley o leyes físicas o naturales.

Pero, más allá de estas leyes, viene Dios, creando la vida y cimentando las leyes biológicas.

¿Qué son leyes biológicas? En líneas generales: nacimiento, crecimiento y muerte; es decir, el ciclo de la vida, dejando descendencia y culminando en la muerte. Dentro de estas leyes hay una inmensa complejidad. Es decir, un organismo vivo primero nace, después crece, después se reproduce, o sea, deja descendientes y finalmente muere. Este círculo contiene las leyes biológicas, que os dije que son inmensamente complejos.

¡Atención ahora, este punto es muy útil, porque aquellos que quieren negar a Dios apelan a las leyes físicas o biológicas! Pero, ¿qué es ley? Ley es la conclusión o resultado que hemos formulado después de una observación de muchos acontecimientos repetidos, y es válido en un sistema, de modo que esto se mantenga en una situación armónica.

Por ejemplo, si no tuviéramos igual y opuesta fuerza centrípeta y centrífuga, ¿la Tierra dónde iría? Si tuviéramos mayor fuerza centrípeta caeríamos al sol y nos quemaríamos. Si tuviéramos mayor fuerza centrífuga, nos desplazaríamos tan lejos del sol en grado que nos congelaríamos y moriríamos.

Por tanto, ¿por qué se ha puesto aquí esta ley natural? Para que en cada momento se mantenga estable esta distancia entre el sol y la tierra. Aunque la órbita de la Tierra alrededor del Sol puede ser elíptica; dejémoslo, mejor no nos extendamos demasiado.

Y algo más. Las leyes físicas o naturales son caracterizados por su exactitud (akríbia), exactitud sorprendente, en concreto en todas partes dentro del universo. Digamos que el giro de la tierra alrededor del sol se hace en 365 días; pero no exactamente, el año trópico tiene 365, 242192265 días. El giro de la Tierra sobre el Sol, durante siglos, puede tener un error de centésimas de segundo, pero lo que se pierde en cincuenta años, se recupera en los siguientes cincuenta. ¡Maravilloso!

Los científicos usan esta exactitud para retroceder y estudiar la creación de millones o miles de millones de años atrás etc… basados en esta maravillosa exactitud.

Así, ¿qué es la ley física? La ley física es aquello que Dios ha puesto para mantener Su creación y que no se estropee.

¿Qué es la ley biológica? La ley biológica es aquello que Dios ha puesto para que la vida no se pierda, no desaparezca; y para mantener el equilibrio entre el reino físico y el reino animal. El reino animal depende del vegetal; si solo existiera el vegetal, bloquearía todo. Si solo existiera el animal, devoraría el vegetal y desaparecería. Por tanto, hay un equilibrio entre reino animal y vegetal. Este equilibrio sostiene la vida en la Tierra. Estas cosas se llaman “leyes biológicas”.

Atención en algo. ¿Qué es, pues, una ley, sea biológica o sea física?

No hay una respuesta definitiva; no existe una definición en sentido estricto. Mirad lo que realmente hay: experiencia cualificada, especializada. Eso es lo que llamamos ley física o biológica.

¿Y qué quiere decir “experiencia cualificada o especializada”? Quiere decir que cualifico aquello que se repite continuamente, no sólo en mi generación, sino también en cada generación anterior o futura.

Por ejemplo, decimos que la Tierra gira alrededor del Sol o de sí misma, porque observamos continuamente amanecer y el ocaso del Sol. Aún decimos que, si soltamos un objeto, caerá a la tierra y lo explicamos por la ley de la gravedad, o de Kepler o de Newton.

Porque atribuimos un fenómeno en alguna ley. Porque siempre ocurre así. Este “siempre cae” significa que, como se repite de modo constante, lo cualifico, lo especializo y digo: “así debe suceder”, y lo llamo ley.

Así pues, en el fondo, no sabemos qué es una ley física o biológica en sí misma; sabemos sólo que es la regularidad de lo que se repite.

¿Cómo, entonces, algunos -principalmente los materialistas- apelan a las leyes físicas o biológicas para herir a Dios, para herir la creación y afirmar que todo se hizo por azar, etc.?

¡Por consiguiente, el κύριος (kirios: dueño y señor) de las leyes es Dios, ¡tanto de las leyes físicas como de las biológicas!

He aquí un ejemplo. El Señor una vez sació a cinco mil hombres, y por la noche mandó a sus discípulos a cruzar el lago en barca mientras Él subía a la montaña a orar. Hacia las tres de la madrugada lo vieron caminar sobre las aguas del lago. Yo, en cambio, cuando camino sobre las aguas, me hundo. ¿De qué modo el Κύριος Kirios Señor camina para no hundirse? Porque Él es el Κύριος (Kirios: Soberano, Dueño y Señor) de las leyes físicas.

Además, resucitó muertos, y el Mismo también resucitó, venciendo la muerte, que después de la caída de los primeros en ser creados, se hizo un elemento de las leyes biológicas. ¿Cómo? Pero la muerte es un elemento de la ley biológica. ¿Cómo? En efecto, Cristo, que es Dios, es kirios dueño y señor de las leyes biológicas.

Por lo tanto, Dios cimenta las leyes físicas y biológicas y, al mismo tiempo, es Κύριος Kirios —Dueño, Señor, Creador, Propietario y Administrador— de todas ellas.

¿Y qué quiere decir milagro? Significa que Dios cambia o suspende el curso ordinario de una ley. Por ejemplo, frente a la muerte —que no es una realidad física en sí misma, sino una consecuencia del orden biológico caído—, Dios introduce una remisión o una superación de la ley física o biológica, y lo que resulta de ello lo llamamos milagro. Es decir, el milagro es simplemente que Dios regula soberanamente las leyes físicas o biológicas.

Yo diría algo más: ¿por qué no llamar también milagros a las propias leyes físicas y biológicas? Aquellos que tienen la psique-alma purgada, limpia y los ojos espirituales purificados, consideran milagros a todas las cosas de la creación. Realmente lo son. Amén. Continuaremos la semana próxima.

Domingo, 28 de noviembre 1982.

 

7ª Lección (homilía): Sobre la vida vegetal – Teorías sobre el principio de la vida – La creación automática imposible.

 

En la homilía anterior hablamos sobre la creación del reino vegetal y que Dios, al tercer día, arregló las aguas que estaban en forma de nubes, cayeron como lluvias encima de la superficie de la tierra y se configuraron o transformaron y constituyeron la tierra y el mar, los ríos y los lagos; y el mismo día apareció la vida, el fenómeno de la vida, bajo la forma del reino vegetal.

“Y dijo el Dios: Vegete, brote, germine la tierra… βοτανι χόρτου, σπείρον σπέρμα κατά γένους… (votani jortu, spíron sperma) ‘planta de hierba sembrada con semilla según su especie’ y como semejanza y árbol frutal que produzca sobre la tierra frutos que contengan la semilla de su especie o género y como semejanza; y así fue. La tierra produjo vegetación: vegetó de plantas sembradas con semilla según su especie o género y semejanza; y árboles frutales que contienen su propia semilla de su especie. Vio el Dios que esto estaba bien. Hubo tarde y hubo mañana: día tercero” (Gén 1, 11-13)”.

La orden, pues, o el mandato de Dios: “dijo el Dios”, en todas partes vemos “dijo el Dios”, no es otra cosa sino siempre el enhipostasiado (personificado) Dios Logos. Cuando dice: “dijo el Dios”, como hemos dicho en el primer tema, siempre es el Dios Logos el que crea.

Así que “dijo el Dios”, es decir, el Dios Logos, ahora emprende una segunda praxis, no ya de la nada o la inexistencia, tal como fue la luz por la cual se hizo todo el universo, sino de la existencia, que es la vida. Porque dice claramente que: “dijo el Dios: que vegete, brote o germine la tierra vegetación, o plantas de hierba”, es decir, que vegete la tierra. Pero la tierra es un estado preexistente, es la materia muerta y de la materia muerta dijo que provenga la vida. Por lo tanto, la vida provino de la materia muerta ¿de qué y cómo? No lo sabemos. Así Dios creó las condiciones y creó también la gran hipótesis de la creación de la vida.

Cierto que nosotros intentamos crear vida; quizás de la materia muerta intentamos imitar a Dios, como veremos más abajo.

Pero cuando Dios dijo: “Vegete, brote o germine en la tierra planta de hierba”, esto no es un mandato de un momento concreto, el cual permanece, sino que se repite. ¿En qué sentido? En el sentido de que el fenómeno de la vida no sería para un momento histórico de los vegetales y después desaparecerían. Al contrario, la creación de la vida permanecería ya no como creación inicial sino como perpetuación del género, y esta perpetuación del género sería por aquel admirable hecho que os decía la otra vez que se llama semilla.

Es esto que dice aquí Dios: “que vegete, brote o germine la tierra hierba, sembrada de su semilla según su especie y semejanza”, es decir, “sembrada de semilla”, semilla que estará cayendo de la planta inicial a la tierra. Será sembrada la semilla y estará germinando o brotando una vida nueva y así será perpetuada la vida vegetal.

Pero esta perpetuidad, diríamos ahora, que es una tercera praxis de creación, otro modo.

Esto lo entenderéis cuando lleguemos en la antropología cristiana, que, en los tres primeros humanos, Adán, Eva y Caín, tenemos tres maneras de creación distintas. El Adán se crea de la tierra, es decir, de la materia existente, la tierra. La Eva se crea de la costilla de Adán, por lo tanto, no de materia muerta sino de la materia viva. Caín se crea de una tercera manera de creación, del matrimonio de Adán y Eva. El primero es milagro, el segundo es milagro y el tercero es milagro.

Tenemos, pues, tres maneras creativas admirables y la tercera se repite. Por consiguiente, es un milagro repetido.

Cierto que hoy día no tenemos desde la materia muerta creación del hombre, ni de la costilla del hombre que se haga una mujer, pero tenemos el nacimiento de un hombre. Es cierto que se acostumbra a decir que algo que se repite no es un milagro, o si queréis viceversa: ¿qué es milagro? Milagro es aquello que se escapa de la repetición y constituye una excepción. Yo os diría, y ya os lo dije la otra vez, que la creación entera en todas sus formas es un milagro. Es decir, ¿la creación es menor milagro que un humano, por la manera de ser creada Eva desde la costilla de Adán y que Adán fuera creado desde la tierra? Para nada es menor, hijos míos.

Cuando alguna vez seáis padres y veáis a vuestro hijo, entonces empezaréis a estar pensativos frente a este misterio y que un nuevo hombre os estará viendo y diréis que este niño ha salido de mí mismo, pero no soy yo. Es una nueva criatura. Y os quedaréis sorprendidos y maravillados delante de este misterio de la vida.

Por lo tanto, cuando aquí tenemos el fenómeno de la semilla, la cual cae, se siembra para crear una nueva planta, cierto que no tenemos la creación inicial desde la tierra muerta, sino que tenemos la perpetuación en forma ya de semilla. El Dios pone todas las fuerzas allí dentro de la semilla para que sea creada la vida.

La semilla, tal como decíamos la otra vez, se hizo plena planta. Sobre todo, como se dice en micrografía, la semilla es una planta completa y se transporta fácilmente. Dentro están contenidas todas las cualidades del género o especie. Lo sorprendente es que la expresión “según la especie o género y semejanza” (Gén 1, 10), que dice el libro del Génesis, quiere decir que esta planta dejará descendientes que serán de la misma planta. Y así será del mismo género y será también en semejanza. Si tenemos algunas variaciones, es porque nosotros, los hombres, intervinimos dentro de la naturaleza y tenemos estos cambios, como es el embolismo o injertación.

Permanezco y hablo siempre en el reino vegetal; al reino animal aún no he pasado, allí veremos otras cosas. Pero en este punto sí tenemos cruces en el reino vegetal, en algunos casos raros de transgresión de la naturaleza. Entonces tenemos una nueva forma, que lo filial no se parece a lo materno. Pero cuando vuelva a plantar lo materno o tome su semilla, regresa a lo materno.

Por ejemplo, tomad una rosa que está injertada. Injertada quiere decir que fue salvaje y con varios cruces e injertos consigo tener rosas muy bellas y no parecen la rosa materna. Tomad las semillas de la planta filial, sembradlas y veréis algo sorprendente. Las semillas sacarán rosas (plantas) que serán semejantes a la abuela, es decir, con la primera planta de la rosa y no con aquella que la habíais injertado y experimentado mejoría. ¡Es maravilloso!

Esto, pues, “según el género y semejanza”, se mantiene dentro de la creación. Cuando tenemos algunas transgresiones, como os dije, estas retroceden hacia atrás. Porque, si no volvieran atrás, entonces tendríamos la creación de nuevos géneros. Pero esto no lo podemos conseguir: lo que existe, está y existe; mejoría, sí; nuevo género, no.

Aún vemos que las plantas se crean el tercer día y el sol se crea el cuarto día. Aquí se consideró que hay un punto vulnerable de la autenticidad y prestigio de la narración sobre los seis días de Moisés. Pero esto no es correcto. Porque se ha demostrado lo siguiente: que el sol aparece el cuarto día plenamente como solanera, como luz solar, pero había luz indirecta; lo veremos un poquito más abajo, que realmente Dios crea el sol el cuarto día creativo. Pero ya os lo dije otra vez: que el sol, como la tierra, fueron creados el día uno, es decir, cuando se estaba formando y configurando el universo; los siguientes días son los que conciernen a la formación o configuración de la tierra.

Cuando Dios dijo que se haga la luz, entonces se hizo el universo; porque de la luz, de la energía, tenemos todo ya, como elemento material y también como otras formas de energía. A continuación, cualquier otra cosa que se describe en el Génesis, excepto el día uno, tenemos lo concerniente a la tierra.

El sol, pues, no se forma, no se configura el cuarto día, ni la luna, tampoco las estrellas; no se ven el cuarto día. Porque, puesto que ya las aguas ocuparon sobre la superficie de la tierra y la atmósfera se limpió -esto no lo olvidéis nunca-, entonces un observador siempre, encontrándose sobre la superficie de la tierra, verá el sol. Para el observador, pues, que describe la historia de la tierra, el sol “se crea” el cuarto día, y pondría entre paréntesis “se crea”. Pero, el que el sol aparece o se ve el cuarto día, no significa que había plenitud de oscuridad; fue igual que cuando hoy día tenemos una nubosidad fuerte, pero hay luz reducida. Es la luz indirecta. Creo que me habéis entendido.

Y se sabe que para que viva una planta se necesita, sin falta, calor, humedad y luz. Aquí el tercer día de la creación, calor y humedad había, pero faltaba la luz o más bien había poca luz que era indirecta. Pero se ha observado lo siguiente: que las plantas herbáceas o la vegetación herbácea puede vivir con luz indirecta.

Y realmente en esta época, que se llama por la geología edad o período carbonífera, tenemos carbón o piedra de carbón. El carbón se originó y está formado a partir de restos vegetales de pteridófitas, equisetales (género Calamites) y licofitas arborescentes del género Lepidodendron, que durante el Carbonífero alcanzaban alturas de 25 a 30 metros. Hoy son arbustos o matas, con tronco muy fino; entonces eran árboles a causa de la mucha humedad y calor, y estas plantas viven con luz indirecta.

Yo en mi casa tengo carbón de piedra y estaba mirándolas y encontré un carbón que tenía una estampa como de helecho. La rompí en varios trozos y encontré multitud de estampas de hoja de helecho. Es maravilloso, hasta las fibras vegetales se han estampado encima del carbón. Está tan fuertemente estampada sobre el carbón, que si ahora marcásemos una hoja sobre el carbunco no se vería tan claro. Si tuviéramos un microscopio, se los mostraría y lo podrían ver. Verían no solo el conjunto completo de la hoja —es decir, el tallo central con sus ramificaciones más pequeñas y los foliolos a la derecha y a la izquierda, tal como ocurre en el helecho—, sino también las fibras de las hojas, que han quedado impresas en el carbón. ¡Es realmente asombroso! La impresión del helecho sobre el carbón se ve con más viveza que si tuviéramos la planta frente a nosotros y la observáramos en la naturaleza.

Apuntar que, en estos carbuncos, faltan los círculos anuales del tronco de las plantas, los árboles, etc. Es conocido que la planta que crece bajo la sombra no desarrolla círculos anuales en su tronco. Solo si la planta es de madera crea los conocidos círculos redondos anuales. ¿Cuáles son estos círculos redondos? Si cortamos un árbol vemos en su tronco que hay unos círculos y, si los contamos, tenemos la edad del árbol. Quiere decir esto que, en un año que hace la tierra el giro sobre el sol, añade a la planta un círculo vegetal, porque tenemos la influencia del sol del verano y del invierno. Estos círculos vegetales, que se llaman círculos vegetales anuales, no existen y manifiesta que realmente entonces no teníamos sol. Es decir, no teníamos radiación directa del sol.

Una cosa más, que es muy característica. Dice el texto sagrado: “dijo el Dios: Vegete, brote o germine la tierra βοτάνι χόρτου planta de hierba sembrada, con semilla según su especie y como semejanza; y ξύλον κάρπιμον árbol frutal que produzca sobre la tierra frutos, que contengan la semilla de su especie o género y como semejanza; y así fue…”. Primero dice: βοτανι χόρτου planta de hierba y después dice: ξύλον κάρπιμον árbol frutal. El árbol ya no es βοτανι χόρτου planta de hierba, árbol sin madera, sino aquello que tiene necesidad de la radiación del sol y es en plenitud planta. Porque βοτανι hierba es planta incompleta. Y llama la atención que primero pone βοτανι χόρτου planta de hierba, que es una planta incompleta, y después pone el árbol que porta madera, tronco. Significa que aquí realmente nos lo dice la ciencia: primero se hizo la planta sin madera y después la planta o el árbol con madera. ¿No os impresiona esto?

Aún nos impresiona también lo siguiente: “sembrado en semilla”, se refiere dos veces. Tanto para la “βοτανι χόρτου planta de hierba”, es decir, sin madera, como para “ξύλον κάρπιμον árbol frutal”, es decir, que tiene madera, tronco, que indica que una cosa es uno y otra lο otrο. Son dos categorías de plantas distintas. ¡Estos detalles impresionan mucho!

Por lo tanto, no es solo un punto vulnerable para acusar el libro del Génesis, sino admirable y sorprendente. Esto no lo observaría mucho más tarde ni siquiera Aristóteles en el siglo IV a.d.C. en su colección, en las observaciones que ha hecho sobre las plantas, – naturalmente no menos Moisés el siglo XV a.d.C- este detalle no lo observaría fácilmente.  Sí, así es… Para que veáis que la Santa Escritura es θεόπνευστος (zeópnefstos: está inspirada por el espíritu de Dios).

Pero aquí vamos a tomar otro punto. Si os habéis fijado, en las clases que hacemos, como estamos haciendo catequesis cristiana, buscamos también algunos elementos espirituales, sin duda, no es una clase de física. Por eso no nos quedamos solo en unos datos de la física, sino que aprendemos que Dios es el creador del todo y para ver cuánto θεόπνευστος zeópnefstos es la Santa Escritura. Así que intentamos, dentro del texto sagrado, encontrar también los llamados signos o puntos místicos.

Místico no significa secreto, sino que, detrás de lo que se ve y comprendemos podemos ver también algo más profundo. Por ejemplo, el tema de la luz, ya os lo decía la otra vez: cierto que es un tema de investigación científica, pero es algo más, es la icona/ imagen de la Luz increada o de la divina Doxa-Gloria increada. Como os decía, el Dios creó la luz porque Él mismo es Luz increada. Dice el evangelista Juan que: “Dios es luz”; lo mismo aquí: no podemos estar diciendo algo de lo que vemos en la naturaleza sin profundizar en un elemento o dato más espiritual.

El hombre desde siempre quería interpretar la φύσις fisis naturaleza. La interpretación de la naturaleza creó las llamadas religiones mistéricas (las que celebran misterios). En su base, todas las religiones mistéricas son, en su profundidad, la interpretación de los fenómenos físicos, sobre todo de la vegetación y de la vida, es decir, del reino vegetal y animal. Más abajo os diré cómo son estas.

En la antigua Grecia teníamos los misterios órficos y los misterios de la Perséfone, es decir, de la hija de Dimitra, la diosa del campo. En Egipto había los misterios de la diosa Isis. En Asia Menor había los misterios de la Kiveli. La Isis, la Kiveli y la Dimitra en realidad son las mismas deidades con distintos nombres; es la deidad tierra. Apolo es dios del sol, igual que Osiris en Egipto, etc.

Todas estas cosas no son otra cosa sino un intento de deificar la creación o interpretarla deificada. ¡Atención! ¡Interpretarla y a la vez deificarla! ¿Y qué observa el hombre? Observa que con la luz tenemos la vitalidad de la vida encima de nuestra tierra. Tenemos la vegetación, los animales, etc. Y allí se crean dos deidades: el dios sol, el cual fertiliza la diosa tierra. De esta fertilización nace, o de la boda entre sol y tierra se crea la vida. En Egipto decían que de Osiris y de la Isis nace el Hor, que es el hombre. Es decir, el hombre sale de la unión entre el sol y la tierra, por lo tanto, génesis automático de la vida.

Ya que el sol se deifica, -nos al azar que el sol sea masculino y la tierra femenina- siempre paren o engendran. Y la frase “la madre tierra”, cuántas veces escuchamos esta expresión… Así pues, se crea una religión que está interpretando los fenómenos de la vida.

Principalmente para ellos, el sol muere y resucita con el solsticio de verano, que sube, y con el invierno cae y muere. Sobre este fenómeno está sostenida también la Masonería, que es una religión y una religión mistérica. No hace otra cosa que intentar interpretar los fenómenos de la vida y resultante del mito de Osiris e Isis, que no es otra cosa que personificación del sol. Pero dejemos esto.

Por tanto, el hombre interpreta los fenómenos de la vida tal como los ve en la naturaleza, pero quiere participar en los fenómenos de la vida. Tal como cuando yo tengo a Cristo, participo en Cristo. ¿Cómo participo? Comiendo Su cuerpo y bebiendo Su sangre y me hago del mismo cuerpo y la misma sangre con Cristo. Así también aquí, el hombre cuando crea las condiciones para unirse con el sol y la tierra, es decir, unirse de forma mística o mistérica, con esto que ya empieza a crear como religión se llama “religión mística o mistérica”.

Así veréis que los masones, en los dos solsticios que tenemos: en primavera y otoño, cuando tenemos igual el día y la noche, celebran un banquete en honor al dios sol. Y este dios sol, en el lenguaje de ellos, se llama M. A. T. S., la primera letra de las palabras “mega o gran arquitecto del universo”, que en griego empiezan así. Deifican el sol e interpretan el fenómeno de la vida. Es, pues, una religión mistérica. Y con el banquete que celebrarán intentarán participar del fenómeno de la vida; esto quiere decir religión mística o mistérica.

Así que, mirad qué bonito es esto: primero se hizo la vegetación y después el sol. ¿Pero por qué? ¡Para que se machaque toda religión mística o mistérica! ¿Cómo se hizo la vegetación? Si todas las religiones místicas dicen que la presencia del sol fertiliza la tierra, aquí tenemos la fertilización de la tierra y la presencia de la vegetación aún antes de aparecer el sol, lo cual indica que cada cual puede interpretar lo que quiera. Pero estas cosas no son religión, son falsas y demoníacas.

Por lo tanto, diríamos: lo que se crea primero es la vegetación y después el sol. Esto es una respuesta que catapulta contra toda religión mística, es decir, idólatra y, por lo tanto, también de la masonería.

No creáis que estas cosas están muy estiradas y pasadas. Y que hoy tenemos la religión de Dimitra. Pues sí, hijos míos, tenemos la religión de Dimitra y del sol, Osiris, etc., sí, sí.

Me diréis: ¿cómo lo sabemos esto?

Pues, si tenemos tantos masones que creen estas cosas y reverencian al dios sol, el M.A.T.S. Es cierto que estos temas son muy efímeros y muy importantes.

No debemos ver la creación solo por la parte física, ya que otros la ven más a fondo, pero ellos filosofan sobre la creación, en cambio nosotros teologizamos sobre la naturaleza. No filosofamos, sino que teologizamos, porque la teología es superior a la filosofía. La filosofía es fruto del nus (espíritu) e intelecto humano. La teología es apocálipsis (revelación) de Dios.

Decidme, ¿podría uno conocer este Génesis, ¿cómo se hizo la creación del cosmos-mundo, los seis días? No es fruto del pensamiento humano racional, sino que es apocálipsis/ revelación de Dios. Dios apocalipta (revela) a Moisés la creación y él la describe.

Por lo tanto, aquellos filosofan y se conducen a la demonización; nosotros teologizamos y nos conducimos a la verdad, porque tenemos la apocálipsis (revelación) de Dios. La creación no se crea por sí misma, no se deifica, no puede deificarse; Dios increado crea la creación. La creación es creada y, como creada, no puede ser Dios. Ni el sol puede ser Dios, ni la tierra.

Atención a estos temas, hijos míos, ponedlos bien en vuestra cabeza, porque puede que conozcáis muchas personas idólatras de este tipo. Y si no tenéis formación, entonces vosotros también os liaréis y compartiréis con ellos, aceptando este tipo de tonterías, necedades y charlatanerías filosóficas.

Pero avancemos. ¿Cuál es el principio de la vida según la ciencia? Es decir, ¿cómo floreció la vida?

Es cierto que la ciencia nunca querría hablar sobre aquello que apocalipta (revela) Dios. Ella, de lo que encuentra y sostiene, quiere demostrarlo de manera experimental; por eso investiga. Bueno, hace bien, está en su derecho a investigar. Pero, en lo referente a interpretar el fenómeno de la vida, para nosotros está interpretado: “dijo Dios: que se haga la vegetación”. Es decir, el Dios creador hizo las plantas; no se hicieron solas. Para ser más exacto, el Dios Logos, este que después se humanizó, se hizo hombre, es decir, Jesús Cristo.

Referente a la vida, ¿qué dice la ciencia? Para explicar el fenómeno de la vida intenta con varias teorías. Os diré unas teorías antiguas y alguna nueva; continuamente se añaden nuevas y nuevas y no acaban nunca, pero siempre se rodean de los mismos motivos y cosas.

Una primera teoría es que se hizo un traslado de la vida de otro planeta. Unos organismos invisibles al ojo del hombre, como son las semillas de los hongos (setas), como sabéis tenemos tres mil especies de hongos, setas, diríamos semillas de hongos o de cualquier otra cosa que existía en un planeta. Pues, semillas de estos hongos desde aquel supuesto planeta decidieron viajar hasta nuestra tierra. Por lo tanto, la vida vino de otro planeta.

Pero esta teoría se puede examinar. En principio, en el espacio interplanetario o inter-astral no existe un vacío absoluto. También hay una intensa radiación de rayos (alfa, beta, gamma), que, como sabéis, matan la vida.

En paréntesis os digo, si ahora pasteurizamos la leche sin hervirla, la irradiamos de rayos gamma, que matan cualquier microorganismo que existe dentro de la leche, y sin hervirla esto se puede beber. Esto se llama pasteurización.

Por lo tanto, ya que estos los rayos matan la vida, ¿cómo, pues, viajarían estas semillas desde el espacio exterior y llegarían aquí a la Tierra, donde existe intensa radiación cósmica, que son la alfa, la beta y la gamma? Así, finalmente, la vida no conseguiría llegar a la Tierra sino solo muerta.

Hijos míos, no pasa nada si estas cosas no las sabéis, puede ser que en vuestra vida las leáis y las tengáis en vuestra mente como conocimientos (gnosis). (Este curso de catequesis es para jóvenes estudiantes del bachillerato).

Aún esta semilla, cuando llegara a la Tierra, se necesitan combinaciones sorprendentes e inimaginables para llegar hasta el punto de tener la diversidad de las plantas. Existen cuatrocientas mil especies de plantas.

De tal manera, diríamos que se sentó el Dios Logos e hizo una por una las plantas. ¡Es maravilloso, admirable! Solo el hombre creyente puede vivirlo y disfrutar de esto encima de la Tierra. ¡Una por una las plantas, con agapi (cariño, amor) especial y con especiales cualidades y características! Una cualidad que no tiene una la tiene la otra: figuras, planos, colores, variedades en el tronco, en las hojas, la manera que crecerá, etc., ¡gran variedad en cuatrocientas mil especies de plantas!

¡De paso os lo digo, porque llegaremos también allí: hay seiscientas mil especies de insectos! Pero vamos a otra teoría, la teoría de la evolución o desarrollo; es decir, el que la vida llegue hasta aquí, -si es que podría llegar-, y dejar este tipo de combinaciones y elaboraciones, como veremos más abajo, de modo que al final debería desarrollarse por sí mismo todo este reino de vegetales y animales.

Pero, ¿qué piensan? ¿No moriría esta semilla hasta que diere el milagro de la variedad de las plantas? Por supuesto que sí, moriría. Cómo sería posible sobrevivir esta cosa que necesita tantas y tantas combinaciones complejas. Por consiguiente, no es posible que haya sido transportada de otro planeta.

Pero, ¿quizás haya venido con un meteorito? No sé de qué manera, no sé ¿cómo utilizó la nave, o yo qué sé, el meteorito y ha legado a la Tierra? Pero el meteorito entrando en la atmosfera se hace candente. Entonces la semilla se destruiría, y, ¿sería posible que alguna vez fuera transportada?

*(Charles Lipman el 1936 publicó que aisló microbios de una superficie pasterizada de meteoritos, que eran capaces de crecer dentro de líquidos nutritivos. Pero en realidad, estos microbios eran totalmente similares que los microbios de la tierra de los cuales tomaron los meteoritos mientras iban cayendo en la tierra)

Entonces, vemos que el problema no se soluciona, sino simplemente se traspasa. Porque después diríamos: allí, en aquel planeta, ¿cómo se encontró la vida? Por lo tanto, no solucionamos el problema, sino que lo traspasamos.

Y vamos a una tercera teoría, que es cierto que ha circulado mucho: la llamada autobiogénesis o la génesis automática de la vida. Aquí tenemos la teoría de la génesis automática, es decir, que la materia muerta, por sí sola, ha hecho, creado la vida. Atención, γένεση génesis del verbo γίγνομαι yígnome hacerse (llegar a ser) y no γέννηση génisis del verbo γεννώ yenó «engendrar», «dar a luz», «producir», «hacer nacer».

Según la teoría de la génesis automática, ¡la materia muerta sola ha creado la vida! ¡Bajo de especiales condiciones de temperatura, de presión, de luz y humedad, la materia, en un momento dado, había empezado a removerse y a estar creando el fenómeno de la vida!

Después de la génesis automátic fenómeno de la vida, tenemos la teoría de la evolución y la diversidad de géneros y así intentan interpretar el fenómeno de la vida.

Pero, por desgracia de aquellos que inventaron y creen en estas teorías, no verifican esto ni comprueban la génesis automática, ni la teoría de la evolución. Me explicaré, pero muy rápido, por falta de tiempo.

Una vez, el científico francés Pouset (1800-1872) había publicado y sostenido que podía, desde la materia muerta, crear vida. Pero los experimentos que se hacían eran tan ingenuos que daban risa. Decían que un trozo de gusano sacaba gusanos y decían: ¿dónde se encontraron los gusanos? Mirad, ¡simplemente la carne sacó gusanos!… Incluso cavaban en la tierra y encontraban gusanos. ¿Cómo la materia muerta ha creado gusanos? Por tanto, ¡la materia muerta, pues, ha creado los gusanos!…

Entonces Pasteur primero afrontó a Frené, otro francés químico, con una serie de experimentos que hizo al mosto de uva.

Como sabrán, cuando presionamos las uvas, sabéis que sale el mosto. Entonces, todos sabemos que empieza una fermentación. El que allí hay unos hongos, unos microorganismos que son responsables, diríamos, de la modificación del azúcar de las uvas en alcohol. Mientras el mosto es dulce, se cambia en bebida alcohólica, que significa que el azúcar se hizo alcohol.

¿Cómo se hizo esta cosa?

Se hizo sola, podrían decir aquellos que sostienen la autobiogénesis o la génesis automática.

¿Pero cómo se hizo sola?…

Aquí, pues, Pasteur demostró que no se hizo sola. Demostró que, cuando las cortezas de las uvas aún están en la vid, allí van y se asientan los hongos. Y cuando se presionan las uvas, los hongos se mezclan, se asfixian por no poder respirar y empieza el mosto a hervir y a sacar dióxido de carbono. Los hongos respiran y sacan dióxido de carbono; tal como las plantas sacan dióxido de carbono porque respiran. Por eso, si os quedáis en una habitación que hay un barril con mosto, moriréis; es conocido esto. La llama de la vela se apaga cuando está encima del barril del mosto, porque el dióxido de carbono no aviva la llama, como el oxígeno.

Por lo tanto, Pasteur hizo lo siguiente. Tomó unas uvas, las cubrió de algodón y las puso en un recipiente, de modo que no vayan los hongos a asentarse encima de las cortezas. Tomó otra serie de uvas y las dejó libres. Y en cada serie las presionaba por separado y sacaba con distintos tubos el mosto. Tomó una tercera serie de uvas, que las presionó y las hirvió. Tres series, pues, y observó que las uvas que no se hirvieron y no tenían ninguna protección fermentaron y se constituyeron en vino. Las uvas que se pusieron protegidas con algodones no sacaron vino, no se hizo la fermentación. Y el mosto que se hirvió no se hizo vino. Esto significa que algo va y se asienta allí, y si lo hervimos, esto muere. Entonces, vemos que no paría, no nacía en el mosto la vida, sino que había allí dentro la vida. Así, con sus famosos experimentos, Pasteur con Causé ponían carne y salían gusanos; carne que la pasteurizaban, es decir, recipientes sin que tengan microbios, como en las conservas.

Finalmente demostró que no se produce la vida de la materia muerta, sino que existe difusa en nuestro planeta, sin que podamos interpretar el fenómeno de la génesis de la vida. Así que había un axioma biológico que primero formuló William Harbin en el siglo XVII: todo lo vivo proviene de semilla o esperma. Cuando tenemos el fenómeno de la vida tenemos esperma; si no, no se explica el fenómeno de la vida.

Después se formuló de la siguiente manera: cada cosa que vive proviene de la vida, es decir, cada fenómeno de la vida es otra vez de la vida; no tenemos génesis de la vida desde la materia muerta. Esto se hizo solo una vez. ¿Cuándo? Cuando Dios dijo: “Se haga la vida de la materia muerta”, y así se hizo la vida. Después de esto no se repite el fenómeno. Cierto que la virología en 1935 descubrió los virus, pero se demostró que estos no son más que portadores de vida. Así vemos que hasta la molécula es complejísima; si uno estudia biología verá esto. Por lo tanto, la génesis automática es imposible. Solo nos queda esto: la creación de la vida es únicamente de Dios creador. Pero primero Dios, continuaremos el domingo siguiente.

Domingo, 5 de diciembre 1982.

 

8ª Lección (homilía): Continuación sobre las plantas – Cuarto día creativo – “Háganse las lumbreras”

 

Decíamos, hijos míos, la vez pasada sobre la creación de las plantas. Hoy diremos unas palabras más, para terminar este tema “sobre las plantas”.
Observamos que, en el fenómeno de la vida, incluso también en las plantas, existe una εντελέχεια, enteléjia entelequia. Este término enteléjia es de Aristóteles, que significa εν uno-τέλος fin o finalidad-ἔχειν tiene; εν-τέλος-ἔχειν. Τέλος significa fin, finalidad, propósito u objetivo. Es decir, cuando Aristóteles dice que existe una enteléjia-entelequia, da a entender que hay un objetivo o propósito en las creaciones, en los seres. Es decir, en cada creación, y en este caso cada planta, está integrada en un propósito y objetivo; no está suelta al azar. No existe suerte o azar en ninguna parte en la creación. No solo no apareció al azar el cosmos-mundo con sus ornamentos y bellezas, como os decía la otra vez, sino que todas tienen su propósito y objetivo. Por tanto, cada cosa que tiene un propósito significa que no es por azar, y se observa esta enteléjia (-quia). Pensad: el filósofo de Cristo, Aristóteles, esto lo ha observado, y todos los que tienen un νοῦς nus, saludable, observan que existe esta enteléjia. Por lo tanto, no es posible que uno se sostenga en el elemento que llamamos suerte o azar. Muchas veces habréis oído, y especialmente en nuestra época, que existe el ateísmo, que el mundo se encontró o se hizo por el azar. ¡No existe mayor locura, insensatez que esta… el que uno sostenga y crea que el mundo es por el azar o suerte, y que los seres, entes, no tienen un propósito y objetivo predeterminado!

Observamos aún que las plantas son la base del reino animal. Si no existiesen las plantas, no existiría el reino animal. Y muy sabiamente nos apunta el texto sagrado que primero fueron creadas las plantas y después el reino animal.
Y realmente, no simplemente es necesario el reino vegetal para el reino animal, sino que entre reino animal y vegetal existe un equilibrio. No puede el reino vegetal crecer más que el animal y, a la inversa, el reino animal producirse más que el reino vegetal. Porque tendríamos un desequilibrio entre los dos reinos; entonces, si hubieran existido solo vegetales, plantas, se hubiese agotado el dióxido de carbono; si tuviésemos solo animales, se hubiese agotado todo el oxígeno de la atmósfera.
Así que existe un equilibrio entre estos dos reinos. Pero también encima de la tierra tendríamos derogación de las leyes biológicas si no existiese el equilibrio. Me referiré a un pequeño ejemplo para que lo veáis.

Una vez una familia de ingleses había emigrado a Australia. Llevaron consigo una planta de una especie de cactus y la sembraron en el patio de su casa. Esta encontró tierra fértil y se desarrolló. Pero creció tanto, de modo que, después de unas décadas de años, esta planta ocupó inmensas extensiones terrenales y no podían limitarla y eliminarla.
Una planta similar tenemos nosotros también en nuestros campos, que es la maleza, que todos sabemos que se esparce rápidamente en contra de otras plantas y no se elimina fácilmente. Tiene raíces y tubérculos dentro del suelo, cuya parte superior, al salir del suelo, forma nuevos brotes. Hagas lo que hagas para evitarla, y aunque la cortes en pedazos y tamices la tierra, si queda un pequeño trozo de raíz, esta volverá a brotar rápidamente. Pisa la maleza tanto como quieras desde arriba, durante años enteros, ¡ella seguirá insistiendo en multiplicarse!
Así empezó a crear problemas este cactus en la agricultura; ¡problemas muy serios, no sabían cómo limitarlo y exterminarlo!

Entonces, después de muchos estudios y observaciones, descubrieron que en África había un microorganismo, como es la meligra o melada, un insecto que se llama lak. Observaron que a este insecto lak le gustaba mucho comer estas plantas. La trajeron, pues, a Australia y lo pusieron encima de estas plantas. Al encontrar mucha y rica comida este insecto, comenzó a comer aquellas plantas, especies de cactus. ¡En poco tiempo los había comido todos los cactus! Y al no tener más que comer, se murió este también.
Es decir, ¿qué observamos? En un sistema cada organismo influye a los otros y es influenciado por ellos. El reino animal no permite al vegetal desarrollarse exageradamente, lo mismo a la inversa. ¡Así existe este admirable equilibrio entre el reino vegetal y animal!

Aún, hijos míos, las plantas no son máquinas. Puede que nos dé la impresión de que una planta es una cosa inamovible, pero tiene en su interior mucha vida. Pero no es una máquina el organismo de una planta.

La máquina recibe de afuera el movimiento y se encuentra siempre bajo el cuidado de su fabricante. Un ser embrión como la planta es autónomo, independiente, es decir, opera y se mueve por sí misma; siempre tiende hacia su propósito. Para la planta este propósito es comenzar su vida por una semilla, brotar, desarrollarse, florecer, dar fruto y al final morir. Por tanto, sigue un ciclo biológico, con un propósito final: mantenerse la especie encima de la tierra.

Ahora bien, si toda la creación, con sus propósitos particulares, tiene también un propósito final, esto es un tema de investigación de la ciencia. Si uno no es cristiano, es un tema de la filosofía; pero si es cristiano, es un tema de teología. La teología nos apocaliptará/revelará el propósito de todo esto que existe a nuestro alrededor. Y por supuesto que existe para servir al hombre y a la doxa-gloria de Dios. Porque Dios quiso crear al hombre.

Pero antes de crear al hombre debería crear las condiciones para él. Y las condiciones son la creación del cosmos-mundo, la formación y desarrollo de la tierra, como su ornamento, el cual se hizo con el reino animal y vegetal y con otras muchas más cosas. En este caso, como casar a nuestros hijos, los preparamos para su hogar, es decir, los ponemos muebles nuevos y cualquier cosa que haga falta. Así también Dios preparó Su hogar.

Por tanto, el mundo-cosmos. Por mucho que esto para algunos tontos que filosofan en algunas cosas les parezca arrogante, y al final resulten en resultados equivocados: ¡el mundo entero se ha hecho para el hombre!… Y el hombre se ha hecho para Dios. Por consiguiente, empieza toda la creación de Dios, se hace por Dios y es conducida a Dios. Es esto que dice el apóstol Pablo sobre Jesucristo: “Este, el Hijo, es imagen-icona de Dios invisible, primogénito que no fue creado, sino nacido antes de los siglos (preeternamente), antes de que fuera creada toda la creación, de la misma usía-esencia del Dios Padre, porque por él mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, sean como tronos, como dominaciones, como principados, como potestades; absolutamente todo fue creado por él y para la doxa-gloria a él; y él mismo, atemporal y perpetuo, existe antes que todas las cosas, todas subsisten en él y todo es gobernado por él” (Col 1:15-17); por el Cual, con el Cual y para el Cual se han creado todas las cosas.

El epítome (resumen) de la creación es el hombre. Sobre esto volveremos a hablar cuando lleguemos al final de nuestras clases. El resumen de la creación es el hombre. El hombre, combinando en su interior estos dos mundos, el espiritual y el material, constituye él mismo un microcosmos, es decir, un epítome y resumen de la creación; con razón es calificado como la culminación, la cima y la corona de la creación. El hombre es el que da sentido y significado a la creación. ¿Por qué existen las plantas, los animales, los pájaros, las hormigas, las serpientes, los elefantes, en general los de cuatro patas? ¿Por qué existen todas estas? Existen solo por una razón: ¡porque existe el hombre! La existencia de estos adquiere sentido y significado solo por la presencia del hombre. Si no existiese el hombre, no tendría sentido ni la existencia de estos. Por eso el propósito último y supremo de la creación es el hombre.

Sin embargo, la presencia del hombre da sentido y significado también a la presencia de Dios. Porque el hombre adquirirá sentido y significado cuando cierre este ciclo a Dios. El apóstol Pablo dice que toda la creación tiene como objetivo a Jesús Cristo; por el Cual y para el Cual se ha creado todo. Todo se ha hecho a cuenta de Dios Logos que se ha encarnado (c. f. 1Cor 15:28). Y allí cierra este círculo.

Pero no os digo más detalles, porque tenemos también aquel acontecimiento de la encarnación de Dios. Ahora solo os digo esto: que todo tiene su sentido, significado y propósito.

¡Observamos aún que existen cuatrocientas mil especies de plantas! ¡Tan grande es la variedad y la riqueza! Pensad, hijos míos, que últimamente han descubierto en el desierto del Sáhara, allí donde nadie podía creer que hay rastros o señales de vida, existe un vegetal que es microscópico, tan pequeño que solo lo vemos con lupa, no se ve con el ojo. En concreto, piensan sacarle provecho, explotarlo, porque esta planta puede dar muchos productos.

Me dirán: ¿Incluso hasta el desierto?… ¿…allí, en esta arena candente del sol, existe vida?… Sí, la vida rebosa en nuestro planeta. No hay ni un milímetro cuadrado sobre la superficie de la tierra que no tenga vida, sea animal, sea del reino vegetal, ¡no hay!

Sabéis que los μύκητες míkites, hongos o setas, son plantas, y se calculan en muchos miles de especies. Para que entiendan, un hongo o una seta es también la conocida penicilina. Todos estos fármacos, penicilina, streptomikina, teramikina (tera = tierra), etc., se hacen de los μύκητες míkites, hongos o setas. Cuando escuchan este segundo componente, mycín o mikín, se refiere a los hongos. Es decir, son organismos que tienen diversos usos beneficiosos. Puede ser que sean venenosos, puede que maten algunos otros microbios, etc. Y realmente observamos que hay una gran utilidad y beneficialidad de las plantas, una inmensa utilidad, que el hombre solo muy poco ha descubierto.

Pero en el reino vegetal existe también la belleza. La belleza, por supuesto, es un plano general de la beneficialidad o utilidad, pero a la vez también se desvía, sale de sí. Existen hombres que son poseídos de la posición filosófica de que no les interese lo bello sino lo útil y beneficioso; es nuestro conocido utilismo, beneficialismo.

Pero el beneficialismo, hijos míos, es… ¿qué os voy a decir? Es la matanza de toda belleza. El decir que no me interesa el cuadro pintado sino solo su precio, lo que vale, si puedo venderlo y cuánto dinero voy a ganar, entonces, ¡entendéis que matamos un mundo entero, el mundo de la belleza!

La belleza del cuadro, por supuesto que no tiene beneficialidad o utilidad en el sentido de ver cuánto dinero ganaremos si lo vendemos, y qué haremos con este dinero, dónde lo gastaremos, sino que colma, llena al hombre. Pero si queréis, también la belleza, en el sentido amplio de la palabra, tiene su utilidad o beneficialidad.

Así que Dios no queda solamente en un plano de utilidad o beneficialidad de una planta, sino que también ¡la adorna, la hace bella!

Me diréis que: ¿por qué la hace bella? ¿Por qué razón hace la variedad de los colores, las hojas y las flores? ¿Quizá para que sean atraídas las ovejas?

¡Entre el reino animal y el vegetal hay un ciclo de interacción interminable, una combinación interminable!… Dentro de estas combinaciones, en las ataduras del reino animal y el vegetal, siempre existe esto: ¡que el hombre admire y se alegre!

¿Qué pensáis? Una planta, digamos una rosa, ¿tiene conciencia de sí misma? ¿Conoce su color? ¿Reconoce su belleza? Sin duda, que no. Pero también los animales o los insectos y cualquier animal, si ven una planta que les impresiona, irán a comerla o rodearla para recoger su néctar, por mucho que sean atraídos por esta planta, ¿estimarán su valor artístico? Solo el hombre será el que reconocerá la belleza, porque en su interior tiene poeticidad, tiene poesía, porque lleva dentro el aliento de su Creador, quien es Poeta —en el sentido amplio de la palabra «poeta»—, es decir, el Creador o Demiurgo. Y el hombre se siente muy alegre y feliz ante esta belleza.

Por supuesto que la belleza no es el propósito, sino el medio. Desgraciadamente, aquellos que tienen una sensibilidad en el tema de la belleza y permanecen solo en este punto, resultan ser idólatras y desgraciados. Dios, si ha hecho la naturaleza muy bella, no la hizo para que nos quedemos en la naturaleza, sino para que, admirándola, lleguemos y nos elevemos al Creador. Entonces, claro que no idolatramos. Por tanto, la belleza no es el propósito, sino el medio. Así que, no nos detendremos en ella.

Os digo esto porque uno ve pintores, poetas, músicos y otros artistas que, es cierto, tienen una sensibilidad a la belleza, al ritmo, al color o al juego de la luz con la sombra; todas estas cosas les encantan, pero permanecen en ellas. Y como también vuestra psique-alma, por supuesto, tiene una sensibilidad y os gustaría siempre cultivar en vuestro interior el valor de lo bello, debemos tener cuidado en este punto.

Y no creáis, por supuesto, que la belleza es poner maquillajes en la cara… Que Dios nos guarde. Esto es fealdad. ¡Creedme, es fealdad! Cuando te depilas las cejas, muchacha mía, cuando te pintas las mejillas, los ojos -sobre todo los ojos-, que los pintas alrededor de negro y pareces un vampiro, como una tísica, una tísica de muchos años, esos ojos negros tuyos… ¡como si hubieras recibido un puñetazo!… Te pregunto: ¿eres hermosa, muchacha mía? No lo eres. No es ahí donde está la belleza, hijos míos, fíjense bien en esto.

Me entendéis lo que quiero decir con lo bello y cuál es su valor. Realmente vemos que la belleza está expandida dentro de la creación y queremos vivirla, disfrutarla y alegrarnos de ella. El que uno vea, digamos, los juegos de la luz en la creación, ¡es una cosa maravillosa… muy bella! Por eso, además de la pintura, tenemos también el arte fotográfico, porque por supuesto que no podemos ser siempre pintores para reproducir los juegos de la luz y la sombra que nos dan varios objetos; ¡es muy bello, muy bonito!

Pero lo vuelvo a decir, no pararemos allí. Debemos cultivar lo bello. Si lo cultivamos, no buscaremos otras pretensiones ilegales, pretensiones y disfrutes de la vida, porque habremos creado en nuestra psique-alma contrapesos, antivirus. Amar el arte de la fotografía, de la pintura o de la música, todas estas cosas son muy bellas. Pero atención: existe también la mala música, como también la mala pintura, que quizá nos conduzcan lejos de Dios, o a situaciones pecadoras… ¡Que Dios nos guarde!

También, si cultivamos el arte alto, la literatura, la poesía o cualquier otra cosa, nunca deberemos quedarnos allí; deberemos llegar a Dios y alabar a Dios.

Decimos que la fisis, naturaleza, alaba a Dios. ¿Cómo Le alaba? Decimos que los pájaros alaban a Dios; pero los pájaros no tienen conciencia. Sin embargo, su misma presencia es la que crea el himno hacia Dios. La presencia de las plantas, de los pájaros, de los animales, en general de toda la creación, del sol, de la luna, del fuego, todas estas con su presencia crean un himno a Dios.

Incluso, hijos míos, esta belleza fue alabada por el mismo Señor. Os acordáis lo que dijo: “Mirad y enseñaos de los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; pero yo os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria no se vistió de una prenda tan esplendorosa como uno de los lirios del campo” (Lucas 12:27).
¡Habéis visto!… Y en concreto el mismo Señor nos incita a la observación cuando decimos: “Mirad las aves del cielo… Observad atentamente los lirios y las flores del campo…” (Mateo 6:26 · 28). Es decir, ¡mirad con atención los pájaros del cielo y conoced bien los lirios del campo! Por supuesto que no para ver allí quizás solo la belleza, sino para descubrir algo más allá de la belleza; ¡descubrir la providencia de Dios, la sofía-sabiduría y la agapi (amor incondicional) de Dios!

¡Así, si alguna vez tomáis una flor en vuestras manos, poder decir: ¡Qué cosas más bellas ha creado el Dios Logos!… Le reconoceréis de verdad… ¡Es Él que se ha hecho hombre, está allí! ¡Él ha creado las flores que tenéis en vuestras manos… el Dios Logos que se ha encarnado, el Jesús Cristo!

Hijos míos, aquí el texto sagrado cerrará el tema del reino vegetal de la siguiente manera: “…Hubo tarde y hubo mañana: día tercero (Gen 1:13). ¡Cada vez que nos dice esto, cuando termina cada día creador, y viendo Dios las cosas que ha creado, las califica de buenas y bellas!

Y ahora pasamos al cuarto día creativo, donde tenemos la creación del sol, de la luna y de las estrellas. Primero os leeré el texto, que es un poco largo, y después lo analizaremos.

“Háganse las lumbreras”. Creación del sol, la luna y las estrellas.

“Y dijo el Dios: hágase lumbreras en el firmamento del cielo para que iluminen sobre la tierra y separen entre el día y entre la noche y sirvan para distinguir los signos, los tiempos, los días y los años; y luzcan en el firmamento del cielo para iluminar la tierra. Y así fue. Dios hizo las dos lumbreras grandes, la mayor para el gobierno del día, y la menor para el gobierno de la noche, y las estrellas. Y el Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, regular el día y la noche y separar entre la luz y entre la oscuridad. Vio el Dios que esto estaba bien, hubo tarde y mañana: día cuarto” (Génesis 1:14-19).

Así que el cuarto día creativo tenemos la creación del sol, la luna y las estrellas.

Aquí repetiré algo que antiguamente os había dicho. No es que todas estas se hayan creado el cuarto día, sino que aparecieron, se vieron el cuarto día. Tanto el sol y la luna como las estrellas no se hicieron después de la creación de la tierra. Nuestra tierra, las estrellas, el sol, la luna, que todos son estrellas, se hicieron el primer día, cuando se hizo la luz. Y la luz, tal como os decía otra vez, es la hipóstasis (base substancial) del mundo visible. De la luz como energía Dios hizo la materia. Hizo este hecho tan terrible, es decir, el universo que produce admiración y terror.

Así que todo se hizo el primer día. Pero la decoración y la aparición siguen, respecto a un observador o a nosotros mismos que nos encontramos sobre la tierra, durante los siguientes días llamados creativos, es decir, estos grandes espacios de tiempo.

¿Queréis ver qué es según el fenómeno (lo visto, lo aparecido); es decir ver como estas se ven los fenómenos (los vistos, los aparecidos) y no cómo son en realidad? ¿Qué quiere decir esto? Los fenómenos son tal como aparecen, no como son en realidad, sino tal como se ven. Porque cuando se haya hecho la descripción de los fenómenos (los aparecidos), los vistos sobre los aparecidos, quiere decir que tenemos una expresión y descripción popular.

Si un poeta o un escritor de prosa se pusiera a escribir las bellezas de la creación no sobre el fenómeno (lo visto) sino de manera científica, solo poema, no sería lo que habría hecho. Así que daría una icona, imagen muy bella de descripción de las cosas, las creaciones, si el poeta hablara de manera popular. Atención, de modo popular.

Os diré un ejemplo para que lo entendáis. Decimos que, el sol subió dos o tres metros sobre la montaña. Si tuviéramos que decirlo con otras palabras, diríamos: la tierra, girando, después de tanto tiempo, el cálculo que se hace es que dio la vuelta en sí misma por x del ángulo, etc., en su giro da la impresión de que el sol está en aquel punto del cielo, etc. Si escribieses un poema o una prosa y la describieras así, ¿qué sería esta cosa? Sería terrible. Escribimos, pues, de modo popular, los fenómenos (apariciones, las visibles) tal como se ven.

Demostración, pues, de esto es lo siguiente: dice que Dios hizo dos grandes lumbreras, el sol y la tierra. El sol es la gran lumbrera, la menor es la luna. Pero sabemos que la luna es un satélite y muy pequeño. ¿Puede la luna compararse con las estrellas? ¿Es posible esto? Sin duda que no. Os diré unos números y os asustaréis. Pero por lo visto (el fenómeno), la luna es la estrella mayor arriba en el cielo cercano, porque da más luz y porque está más cerca. Por lo tanto, por la misma descripción que habéis escuchado, indica que la constancia escrita de la creación está escrita de modo popular. Sobre el fenómeno de los fenómenos (lo visto de las visibles), creo que lo habéis entendido.

Así pues, tenemos la luz, que es la hipóstasis (base substancial) del cosmos-mundo visible, tal como os dije. ¿Y el sol? El sol es el portador de la luz. El sol, como soma-cuerpo candente, no es la luz, es el portador de la luz; tal como os dije, la luz se hizo el primer día o día uno. Muy bien lo describe esto san Basilio el Magno, aunque es muy antiguo, no de ahora, dice que: “Luz y lumbrera son entes o existencias distintas”… Quiere decir que entre sí se diferencian como existencias. El sol es lumbrera, es decir, portador de la luz. Y ciertamente dice la Santa Escritura que hizo las lumbreras, no dice que hizo la luz. Sobre la luz habló el día primo o uno. Pero ahora, el cuarto día, son las lumbreras. Repito, no se crean, sino que aparecen y se ven el cuarto día.

Así que el cielo apareció, se vio ya el cuarto día. Aquí ya tenemos esclarecimiento de la atmósfera. Si tuviésemos un espectador sobre la superficie de la tierra, diría: ¡qué expectación, ¡qué vista más bella! ¡El sol, la luna, las estrellas!…

Pero este espectador entonces no estaba, pero somos nosotros los espectadores. Y la desgracia es la siguiente. Si decís a uno que levante la cabeza y vea el sol, cuán brillante es, y la luna con sus fases, cuán bella es, y las estrellas, te dirá que es una cosa muy vulgar e insulsa. Es decir, como cada día vemos el fenómeno (lo visto) del cielo, ¿es vulgar, no impresiona? Esto significa una enfermedad en la psique (alma).

Hijos míos, os daré un consejo. Ved todas las cosas de este mundo con ojos vírgenes, purificados, que quiere decir con ojos (espirituales) limpios y libres de los pecados; ¡veréis entonces que brillan… las veréis de distinta manera!

Una cosita más: ved todas las cosas del mundo como si las vierais por primera vez, que no caiga sobre vuestros ojos el polvo de la costumbre diciendo: “¿qué voy a ver del sol o de la luna…? ¿Qué voy a ver de una rosa…?”. Porque diré, muy bien, pero las rosas para ponerlas en el florero. ¿Qué otra cosa puedo decir? Pues, no. ¡Quédate observándolo todo bien y te enloquecerás de su sabiduría y belleza!

Por eso, muchas veces cuando vemos a uno que se queda absorbido observando la naturaleza o las creaciones, porque así quiere verlas, decimos que este se ha vuelto como loco. No, no se han vuelto locos, sino que han echado lejos el polvo de la costumbre y ven con ojos distintos. Ven y vuelven a ver como por primera vez.

Esto es un secreto para que lo aprendáis, para que veáis la creación cuán bella es y la disfrutéis, y que seáis verdaderamente alegres y felices dentro de este mundo, ¡que otros humanos lo ven feo y desagradable!

Recuerda aquel dicho conocido que afirma que es feo ver la creación. Uno observa una rosa con sus pinchos. Si ven mal la creación dicen: “mira que malas, las rosas también sacan pinchos”. Si ven bellamente, dicen: “mira, hasta los pinchos sacan rosas”. Un vaso que está hasta la mitad de agua, el hombre que no tiene buena mirada, es pesimista, dice: mira un vaso medio vacío. El optimista, el que tiene otra forma de mirar, dice: mira, un vaso medio lleno. Es la misma cosa y la forma de verlo distinta. Esto quiero deciros tanto rato: que adquiráis otros ojos y veáis de otra manera.

San Isaac el Sirio, el asceta, atención ¡el asceta… quien escribió sus logos ascéticos!,¿sabéis lo que escribe?: “Lee con avidez los libros sobre la naturaleza que escriben los sabios; te serán de gran provecho… Leed continuamente los libros de los maestros sobre la providencia de Dios…” (Logos 23, Sobre la agapi-amor a Dios).

Estamos preparando un pequeño museo en el Monasterio y pienso poner el rótulo con este escrito de san Isaac el Sirio. Pero, lo siento, no sé si me dará tiempo… Si supiese que voy a vivir quinientos, haría muchas cosas… Crearía también un museo de la Historia de la Fisis-Naturaleza, ¡para que se llene la psique-alma del hombre! Si alguna vez os encontréis en Kifisiá (barrio de Atenas), visitad el museo de Gulandris; es un museo de la Historia Natural. Allí veréis cosa que diréis: ¡que cosas más bellas existen en esta cosmos-mundo!…

Así que hijos míos, debéis estudiar vosotros también libros de Astronomía, Geología, Minerología, Física, Botánica, Zoología… leed y leed tendréis mucho beneficio.

Vamos a ver ahora un poco sobre el cielo. Un poco sólo, porque en pocos minutos no es posible para uno mismo decir muchas cosas sobre un tema tan grande.

Este firmamento o cúpula del cielo, que naturalmente no es el único, porque los que están en el hemisferio sur tienen otro cielo distinto. Es decir, que existen estrellas que no se ven en el hemisferio norte y viceversa. Esta multitud de estrellas, la extensión del espacio cósmico, nos sorprende.

Hace unos años, el mayor telescopio del mundo (la homilía es del año 12-12-1982) estaba en el monte Palomar de América del Norte y su diámetro de foco era de cinco metros. Hoy hay uno en Rusia y es de seis metros, un metro más.

¿Qué revelan, pues, estos telescopios? Nosotros pertenecemos al Sol, a nuestro sistema solar, que es nuestro vecindario, y cuando hablamos sobre estrellas interplanetarias, están dentro de nuestro sistema planetario. Imaginaos si nos marcháramos de nuestro sistema planetario; yo diría: imposible. Lo veréis inmediatamente. No es por otra causa sino para que se rebajen un poco los aires de los arrogantes que tienen un súper entusiasmo (entusiasmo es endiosamiento), que conquistaremos el universo y no tenemos necesidad de Dios. No hay mayor necedad que esta tesis u opinión.

Pues, nosotros pertenecemos a este Sol con sus ocho planetas. Nuestro Sol está dentro de una galaxia. Es nuestra conocida galaxia, que la vemos como una nebulosa desde un extremo del cielo al otro. Dentro de esta galaxia existen doscientos billones de soles. Existen soles de diez hasta cincuenta mil veces mayores que nuestro Sol. Uno del otro está tan lejos como nosotros estamos lejos de ellos. ¿Lo captáis, qué significa esto? ¿Qué extensión tiene esta galaxia nuestra? A pesar de esto, no es la única galaxia dentro del universo, sino que existen otros cien billones de galaxias. Nuestro Sol es un millón trescientas mil veces mayor que la Tierra. El Sirius es doce veces mayor que nuestro Sol.

La distancia de la Tierra al Sol es ciento cuarenta y nueve millones seiscientos mil kilómetros y se toma como una mónada o unidad de medida astronómica. Como tenemos que hacer sobre billones de billones de distancias, entonces tomamos como unidad de medida o mónada la distancia entre la Tierra y el Sol. La distancia entre el Sol y Plutón, uno de los planetas de nuestro sistema solar, es cincuenta mónadas astronómicas. Está cincuenta veces más lejos de lo que nos distanciamos nosotros del Sol. Por lo tanto, un espectador desde Plutón ve el Sol muy pequeño.

Pero para las distancias fuera de nuestro sistema solar utilizamos mayores unidades de medición como “el año de luz. ¿Qué quiere decir un año luz? Como sabrán, la luz corre y en un segundo recorre trescientos millones de metros. Para que tengan una idea, es siete veces alrededor de la Tierra. Otra imagen es la luz del Sol, que, para llegar a la Tierra, -si uno tuviera un interruptor para tomarla estáticamente- la luz llegaría a la Tierra después de ocho minutos, más o menos. Pues, cuando la luz corre y recorre un año, es decir, 365 días, ¿saben la distancia que cubre? Nueve y medio trillones de kilómetros al año, es decir, 9,5 × 10¹² km.

A pesar de esto, la estrella fija más cercana, que está cerca del Centauro, tiene una distancia de cuatro años luz, el más cercano. ¿Adónde vamos, pues? Debemos viajar a esta velocidad y después de cuatro años llegamos allí. Es decir, fuera de nuestro sistema planetario o solar.

El Sirius dista nueve años luz, el Vega veintisiete años luz, el Estaltes de la Virgen trescientos años luz, la galaxia más cercana a nosotros, que está fuera de la nuestra, es la de la nebulosa de Andrómeda y dista un millón y medio de años luz. Y el diámetro del universo conocido, última medición, es decir, allí hasta donde ha llegado nuestro ojo, no es que sea tanto, sino que allí llegó nuestro ojo gracias al telescopio, es de dieciocho billones de años luz. ¿Qué decís, pues? ¿Qué es este universo? ¡Terrible, terrible!

A pesar de ello, esto nos indica la dínamis (fuerza, energía y potencia), la sabiduría y la agapi de Dios. ¿Este universo se hizo solo? ¿Es posible alguna vez que se haya hecho solo?… ¿Y que exista un orden y un fin en estas órbitas de las innumerables estrellas y galaxias? ¿Se ha hecho solo?… Sólo un loco podría decir esto, ¡por lo que el ateísmo es una especie de locura. ¡Realmente es una locura! Aquel que tiene un poco de mente limpia, lúcida y clara dirá: grande es Dios. Dios lo hizo todo. Potente es Dios. Sabio y bondadoso es Dios. Bello es Dios.

El próximo Domingo continuaremos sobre este tema.

Domingo 12 de diciembre 1982.

 

9ª Lección (homilía): Concepto reductivo de la luminosidad y de la capacidad cáustica o calorífica de la luz.

 

Nos encontramos al cuarto día de la creación, cuando Dios dijo: “Háganse las lumbreras”.

Hablábamos la vez anterior sobre la magnitud y la grandeza del cielo. Naturalmente, las cosas que dijimos fueron explicadas de manera muy elemental y simplemente nos dieron una imagen, un sabor de cuán grande es el cielo, sin que con esto creamos que hemos llegado al fin del universo.

El universo, por parte de su extensión se define como limitado infinito.

Cierto que es oxímoron (contradictorio, tonto), esta palabra que parece un poco tonta; ¿cómo es infinito si es limitado?… Pero, exactamente, esta expresión “oxímoron” indica que no podemos captar lo grande que es el universo y tampoco podemos entender que no es posible que el universo no tenga final. Nosotros estamos en un punto del universo, pero cada punto del universo es un centro del universo. Vayamos a donde vayamos, estaremos siempre en el corazón del universo. Es decir, que no encontraremos nunca un fin o un extremo y nunca podremos llegar a las fronteras y decir que más allá de las fronteras no existe universo; es inconcebible.

En la mente humana no cabe el concepto “cero”. La mente humana se mueve siempre dentro del espacio y el tiempo. Como la mente no entiende nada de todo esto, ha dado la definición de que el universo es un infinito limitado.

Hemos hablado en las clases anteriores sobre la luz primigenia y que se hizo el primer día, etc., y, naturalmente, allí hablamos de unas cosas. Pero la naturaleza de la luz, como ya la recibimos de los portadores de la luz, que son el sol, la luna y las estrellas: ¿cuál puede ser la naturaleza de la luz? Obviamente, decíamos en nuestro tema sobre la luz que su naturaleza es desconocida. Sólo están reconocidas las cualidades que puede tener. Es decir, que la gnosis (conocimiento) de la luz ha pasado por una crisis, por las larguísimas discusiones de los científicos sobre su naturaleza.

En principio, la luz fue estudiada por Newton como partículas o células, es decir, como proyectiles, y Dupón la introdujo al estudio de la mecánica. Así apoyado en la naturaleza corpuscular de la luz, formuló la ley del reflejo, cuando un rayo del sol cae en un espejo, este se refleja y el ángulo de caída es igual al ángulo del reflejo, etc., estas cosas las sabéis de vuestra escuela.

Pero con este aspecto, después no podía interpretar algunos otros fenómenos, como el fenómeno de la refracción (cambio de dirección de la luz). Entonces, el científico Fresnel, que fue el primero que estudió a Newton, dijo que la luz es de textura ondulatoria. Después, los científicos avanzaron a la interpretación de los fenómenos de la refracción, la difracción y la polarización de la luz.

Pero, no obstante, después de multitudes de experimentos, se observó que la luz tiene un comportamiento doble, una cara doble, por decirlo así, verificando todos los fenómenos de la luz. Después vino el científico francés Luis de Broglie y dijo que la luz en su textura es dos cosas: célula o partícula (proyectil) y onda. Así pudo reunir estas dos teorías.

A pesar de esto, la fisis naturaleza de la luz permanece desconocida, porque no es otra cosa que la fisis naturaleza de la energía o la naturaleza de la materia, que permanece desconocida y parece ser que permanecerá desconocida siempre para el hombre.

Pero de las cualidades podemos conocer muchas cosas. Dos cualidades básicas de la luz son la luminosidad y la causticidad. Es decir, que la luz ilumina y quema. Vamos a decir sólo estas dos, puesto que la luz tiene muchísimas cualidades: biológicas, químicas, etc. Me quedo en estas dos, la luminosidad y la causticidad, porque quiero que nos sirvan a un hecho que me gustaría que conocierais.

Como decíamos la otra vez: la luz es, por decirlo de una manera, icona-imagen de la doxa-gloria increada (doxa también en griego es la luz del arco iris) de Dios. El hombre es icona de Dios y la creación representada por la luz es icona-imagen no de Dios sino de la doxa—gloria increada de Dios. La doxa-gloria de Dios es luz, pero esta luz es increada; es sin principio ni fin, consiste de una manera la misma deidad. Dice san Juan el Evangelista que “Dios es luz”, (1Juan 1:5).

Pero, puesto que Dios es luz y esta luz de Dios los hombres pueden verla, en cambio, a Dios no puede verle nadie. Dice la Santa Escritura que veremos la doxa-gloria increada de Dios, es decir, la divina luz increada. Pero: 18A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito que es el Ὤν on (existente, el ser, “el que era y siempre es”), que está en el seno del Padre, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios. [18«Por tanto es natural que recibamos la apocálipsis/revelación perfecta de la verdad. A Dios nadie lo ha visto, es decir, su ουσία usía/esencia; el Hijo unigénito que es el Ὤν on, (existente, el ser, “el que era y siempre es”), nacido de la esencia del Padre y está en el seno siempre del Padre inseparable, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios»] (Jn 1, 18).

Puesto que Dios es luz y esta luz los hombres la pueden ver, pero a Dios no puede verle nadie. Dice la Santa Escritura que veremos la doxa—gloria increada de Dios, es decir, la divina luz, pero a Dios nadie lo ha visto jamás ni nunca podrá verle.

¿Cómo podemos casar que “a Dios nunca lo ha visto el hombre y jamás puede verle” con el ver a Dios? Veo la divina doxa-gloria porque, simplemente, la divina doxa-gloria no constituye elemento de la esencia o sustancia de Dios, sino Su energía increada. Pero sólo ésta es visible. Esta se refleja mediante la luz física-natural creada que tenemos dentro de la creación.

Por lo tanto, cuando tomamos la luminosidad de la luz, hablamos sobre la luminosidad de la divina doxa-gloria increada. Cristo dijo: “Los justos brillarán como el sol en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de su Padre” (Mt 13:43). Porque la existencia entera del hombre justo se hace luz, tanto su psique-alma como su cuerpo; y el cuerpo, hijos míos se hace luz porque, resucitaremos, o sea los dos se hacen luz.

Así que he aquí, inmediatamente, que en la Realeza de Dios aquello que habrá será luz, pero la luz increada, la divina doxa-gloria, de la que su icona-imagen es la luz creada, como os dije.

Así, esta luz increada simultáneamente es portadora de la bienaventuranza, la felicidad de Dios. Es decir, no es exactamente como decimos: “recibí la luz y tengo una luminosidad”; no, no es así. Tal como cuando recibo la luz solar, sufro efectos beneficiosos, biológicamente, me vivifica, -porque si estoy en la oscuridad, me enfermaré-, y me da calor, me da un estado de ánimo, me da tantos elementos y, por efecto de la luz, tengo cambios químicos en mi interior.

Así también la divina doxa-gloria, la luz increada de ella, se hace portadora de divina bienaventuranza, felicidad. Por lo tanto, esta divina doxa me da la inenarrable alegría, la paz y toda felicidad, sobre todo la gnosis (increada), conocimiento de Dios.

Así, esta divina doxa-gloria lleva consigo todos estos elementos de la bienaventuranza de Dios. Esto que ocurre en la Realeza increada de Dios, es decir, la doxa de Dios, es iluminante e ilumina a los creyentes. Tomad un pequeño ejemplo: el de la Metamorfosis. Los tres alumnos, Pedro, Santiago y Juan, encima del Tabor, ¿qué recibieron? Recibieron la luz de la divina doxa-gloria. Cristo brilló y esta divina doxa iluminó los rostros de los alumnos, de modo que Pedro llegó a decir: “Es bueno para nosotros que nos quedemos aquí” (Mt 17:4 Mrc 9:5 Luc 9:33).

Pero, como la luz tiene causticidad, si nos exponemos a los rayos del sol nos quemaremos, así también, esta luz increada de la divina doxa tiene también causticidad. ¿Y cuál es esta causticidad? Es aquella que quema a los impíos. Y escuchad ahora esto, hijos míos.

Decimos que en la Realeza increada de Dios hay luz; es esta luz de la que tanto hemos hablado, y decimos que en el infierno existe el fuego eterno que estará quemando y, a la vez, es oscuridad, densa tiniebla. Decimos σκότος τό εξώτερον (skotos to exóteron) la oscuridad exterior u oscuridad del más allá; quiere decir oscuridad de afuera, es decir, oscuridad densa, que no deja ningún rastro de luz y, simultáneamente, es mar de fuego, fuego del Infierno. Deberá, pues, ser que este fuego sea sin luz, o sea, que no ilumine; realmente así es.

Escuchad, pues, cuando sale de Dios la divina doxa-gloria increada, entonces la luminosidad de la divina doxa se detiene en los justos, en la Realeza increada de Dios, sin la causticidad; la causticidad continúa y va hacia los pecadores, en el Infierno, pero sin la luminosidad, sólo con la causticidad. Por eso, en el Infierno habrá este terrible suplicio, tortura o tormento, por la causticidad de la divina doxa-gloria de la divina luz o energía increada sin la luminosidad.

Y estas cosas, hijos míos, podemos tenerlas también en la luz creada, como una icona-imagen, para que podamos captar qué pasa y qué ocurre en la Realeza increada de Dios y qué ocurre en el Infierno. Por eso he permanecido sólo en estas dos cualidades de la luz: la causticidad y la luminosidad.

Y continúa el escritor sagrado diciendo: “…y sirvan las lumbreras grandes, es decir, el sol y la luna y también las estrellas, como signos o señales para distinguir, indicar los tiempos, los días y los años; y luzcan en el firmamento del cielo para iluminar la tierra” (Gen 1,14).

Pues tenemos cuatro elementos, que son más allá de su luminosidad. Veis que tenemos la luminosidad del sol, cuántos bienes nos da la luz del sol sobre la superficie de la tierra. Porque sin la luz del sol nada puede vivir. Pero, además de la luz, tenemos también otro beneficio.

Tal como vemos aquí, las lumbreras se pusieron como signos o señales para que indiquen tiempos, días y años, es decir, medición del tiempo.

Aún, si queréis más, aquello de “signos” no es sólo medición del tiempo; lo veremos a continuación, pero es algo más allá de la simple luminosidad y vitalidad que nos regala, sobre todo la luz del sol. Vamos a ver estas cosas con brevedad, que ciertamente son muy importantes.

En principio, son los signos. ¿Cuáles son estos signos? Son los signos meteorológicos, fenómenos meteorológicos naturales, como la humedad, el frío, el mal tiempo, la tempestad, que todos ellos se condicionan por los cuerpos celestes y por su posición respecto a la tierra, o más bien, la posición de la tierra hacia ellos.

Como sabréis, la tierra es y está declinada, está inclinada sobre su eje de modo que su hemisferio norte, en el que nos encontramos, reciba los rayos del sol lateralmente y se exponga más que el hemisferio sur, entonces, obviamente, tenemos invierno. Así tenemos el fenómeno del invierno, que significa hoy humedad, frío, mañana buen tiempo, después mal tiempo y nieve, tempestades del mar, vientos etc.; todos estos elementos son signos que se crean por la posición o la relación de la tierra frente a los cuerpos celestes.

Además, hay signos -aquí me gustaría que pusierais atención- que también son espirituales. Es decir, mientras tenemos el sol, la luna y las estrellas, que son cuerpos físicos, simultáneamente también nos dan signos o señales espirituales. Os voy a decir algunos.

Como os acordaréis, Jesús de Naví había pedido en su oración que se alargara el día, para que el resultado de los hebreos contra los enemigos fuera vencedor. Y dijo Jesús de Naví: “Que se detenga el sol”, y frenó el sol. Es decir, no tenía este andar del sol -entendéis que ahora os hablo de modo popular-, el sol que va de oriente a occidente; sino que “se detuvo, paró”. Este “se detuvo” es un signo, pero un signo que no es natural, es un signo espiritual. Esto fue resultado de la oración de un hombre, que, para su éxito, Dios, como dueño del todo, puede conceder.

Además, no tenemos sólo la parada del sol, sino también el retroceso del sol. Es decir, el sol, mientras se mueve de oriente a occidente, se mueve también desde occidente hacia oriente. Esto ocurrió en la época de Isaías, cuando dijo su grandiosa profecía: “El Señor mismo os dará una señal o signo: he aquí, la virgen encinta dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel” (Is 7,14). Emmanuel quiere decir “Dios entre nosotros”. Es decir, ¡que éste será Dios!

Fue un signo, pero este signo se debería confirmar, y se confirma con otro gran signo o señal, natural: el retroceso del sol. En aquella época tenían relojes solares con graduaciones, e inmediatamente las graduaciones empezaron a indicar que el sol retrocedía, volvía hacia atrás. ¡Es maravilloso, es un milagro verdadero!

De todos modos, era un signo que indicaba otro signo: el signo de la humanización, encarnación de Dios. Y signo o señal, en el lenguaje de la Santa Escritura, quiere decir milagro. Dice que: “Jesús hizo signos, señales…”; es decir, milagros (Mt 12:39, Mrc16:17, Luc 11:29, Juan 2:11·18·23).

Aún os recuerdo la estrella del Nacimiento de Cristo. Esto también fue un signo, una señal. Pero, ¿era una estrella natural? El año pasado os lo expliqué en las dudas: no fue una estrella natural, pero parecía una estrella sobre el fenómeno (lo visto), y esto nos muestra el lugar del nacimiento de Cristo.

Pero tenemos aún un fenómeno físico claro, que recibe la influencia inmediata de la voluntad de Dios y sale de sus límites naturales: el oscurecimiento del sol en la crucifixión de Cristo, durante tres horas, en toda la tierra (Lc 23,44). Cuando el ecatóntarco o centurión vio que el sol se oscurecía sin que hubiera un eclipse, se extrañó y se asustó mucho (Mt 27,54).

Lo importante es que la ciencia, retrocediendo, no registró un eclipse en aquel tiempo. (Pero ahora sí, unos astrónomos chinos hace unos años demostraron científicamente que hubo un eclipse). San Dionisio el Areopagita nos ha transmitido sobre este tema que se ve claramente que fue un fenómeno universal. Y, aun si quisiéramos hablar de eclipse del sol, no podemos, porque nunca queda total oscuridad en toda la tierra, y la Santa Escritura deja claro este hecho: “Y cierto que desde la hora sexta (doce del mediodía) hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena tres de la tarde”, dicen los evangelistas (Mat 27:45, Mrc 15:33, Luc 23:44).

Tenemos también la tradición de san Dionisio el Areopagita sobre este tema, y se que esto entonces fue un fenómeno universal. Según los Hechos de los Apóstoles, cuando el Apóstol Pablo visitó Atenas y predicó al Areópago: “Algunos, sin embargo, se unieron a él, le siguieron con confianza y creyeron en su kerigma; entre ellos se encontraba Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros” (Hechos 17:34). Cuando Cristo fue crucificado, y sucedió el eclipse por tres horas, san Dionisio el Areopagita se asombraba diciendo: «O bien un Dios sufre, o el universo entero se desintegra». El oscurecimiento, pues, del sol no fue resultado de un eclipse, porque durante tres horas permaneció la oscuridad. Es conocido que nunca dura un eclipse de sol tres horas, sino solo unos minutos.

 Por tanto, aquí vemos un signo natural que mostraba otro: el signo espiritual; que el Hijo de Dios murió sobre la Cruz, teniendo sarx- carne y cuerpo mortal, como resultado de la maldad de los hombres. ¡Asombroso!

Pero esperamos aún otros o señales signo. Son los signos esjatológicos que nos refiere el libro del Apocalipsis. Allí dice que “el sol y la luna se oscurecerán y las estrellas estarán cayendo” (Apoc 6:13 y 8:11-12 y 9:1). Estos signos son muy importantes y los llamamos Σημεία των καιρών (símia ton kerón): “signos o señales de los tiempos”, no del tiempo meteorológico sino del tiempo espiritual.

El mismo Señor, el Creador de todo, nos da en esta ocasión a ver las cosas así; lo vemos en el Evangelio de Mateo, diciendo lo siguiente: “Y por la mañana miráis y decís: Mal tiempo hoy, porque el cielo está enrojecido y nebuloso. Hipócritas, sabéis distinguir los fenómenos del cielo, en cambio las señales (signos) del tiempo, es decir, los milagros que yo hago, que testifican que han llegado los días del Mesías, ¿no las sabéis y no las podéis distinguir e interpretar?” (Mt 16,2-3). Hipócritas: los signos que dan los elementos meteorológicos los conocéis, y las señales o signos de los tiempos espirituales, ¿no las conocéis, no las veis? “

¡Han visto!… Por eso dice san Ignacio de Antioquía en una carta a su discípulo Polícarpo: “Estudia y aprende bien los tiempos, los signos de los tiempos, los tiempos espirituales, y espera, anhela a Aquel al que estamos esperando: Jesús Cristo”.

Es decir, los signos de los tiempos, las señales espirituales, son cuando vemos a la gente caer mucho con la cara en los pecados, en el fenómeno o signo de la apostasía, etc., y decimos: el Señor está cerca, está cerca Cristo, que no tardará en venir.

Estas, pues, hijos míos, constituyen los signos o señales de los tiempos.

Pero, si el sol y la luna se hicieron para que se distingan los tiempos, entonces se excluye toda astrología y toda teratología (bestialidad o bestiología).

¿Qué es la astrología? Ay de esta contemporánea manía: aunque siempre existió y ocupó a los hombres, en nuestra época se ha convertido en una manía. No hay periódico ni revista que no publiquen un plano zodíaco-astrológico en el que os informan cada día cuál será el camino astral y vuestra suerte, y qué os va a pasar durante ese día. Es decir, nos dejamos aconsejar y ver qué decisión tomaremos influenciados por ello, y cómo nos comportaremos y nos moveremos hoy.

¿Tienen algo las estrellas que decirnos? Que Dios nos guarde. El camino de nuestra vida lo regulan Dios y nuestra voluntad.

¿Las estrellas influyen sobre la tierra para que digamos: “nací tal día y fecha y estoy bajo la influencia de tal o cual estrella, y debo, bajo estas influencias astrales, estar toda mi vida”? No, esto es una necedad. Dios nos guarde de semejante cosa.

Atención, hijos míos, nunca os ocupéis con la astrología. Nunca digáis ni penséis qué tienen que decirme las estrellas, ni busquéis con una curiosidad, siempre enfermiza, aquellos planos astrológicos en los periódicos o en las revistas para saber de qué se trata o qué suerte me depara. Os informo que se trata de un pecado muy grande, porque allí tenemos los signos o señales del diablo.

Dios, para castigarnos, deja a veces que salgan aquellas cosas que consultamos —es terrible para uno tener que decir esto: es espíritu de engaño. Si uno consulta aquellas listas zodiacales astrológicas y le salen lo que escriben, entonces, sepa que Dios le ha abandonado. Le ha concedido un espíritu de engaño para que se verifiquen por él mismo y él creerlas y permanecer en ellas. Y si alguien le aconseja que se marche de estas cosas, le responde: “¿Qué dices? ¡Si salen, son verídicos!”.

¡Aquí está la desgracia! ¡Atención! Esto lo confesaréis en vuestra Confesión, si os habéis ocupado de estas cosas: la astrología, el zoroastrismo, las cartas astrales, etc. Tened cuidado: este pecado es muy serio. El diablo hace así las cosas para que los hombres reciban influencias de los cuerpos celestes. Cuidado: si creéis en influencias astrales, son la puerta de Satanás.

Pero vamos más abajo.

Los cuerpos celestes fueron puestas también para otro propósito y objetivo. Veamos pues, que es καιρός, οἱ (kerós i), tiempo, tiempos. ¿Qué son los tiempos? Son espacios de tiempo, los tiempos de siembra, del florecimiento, de la cosecha; es decir, cuándo araremos, cuándo sembraremos, cuándo segaremos, etc.

 Καιρός (kerós), tiempo, es también la época que emigran las aves. Por ejemplo, las golondrinas son admirables meteorólogos: ven cuándo tienen que salir hacia los países del norte y cuándo han de volver al sur.

También καιρός (kerós) es el tiempo de las temporadas o los cursos comerciales o los escolares. Decimos que empezamos ahora las fiestas de Navidad, o en la enseñanza es el septiembre que comenzamos el curso escolar, etc.

Καιρός (kerós) también son los viajes, que antiguamente se movían con los tiempos, porque no tenían el petróleo ni la electricidad; con los medios de locomoción de entonces y con la fuerza del viento debían navegar los barcos y calculaban las tempestades.

En otras palabras, καιρός (kerós) es la medición de los movimientos y las actividades. Es aquello que dice la sabiduría de Salomón: “cada cosa en su tiempo”. ¡Cuán sabio es esto!

Si leéis este libro, veréis que dice que hay tiempo de silencio y tiempo de hablar; tiempo para reír y tiempo para estar de luto. Si te ríes allí donde los demás están de luto, eres un imbécil, estás haciendo el ridículo. Si hablas donde los demás están en silencio, eres idiota o necio. Hablarás cuando se debe hablar; no hablarás cuando no debes hablar. La regla de oro que da la medida de prudencia en cada hombre, es ésta de la Santa Escritura: poder hacer siempre en cada tiempo aquello que se debe.

Estas cosas sobre los tiempos.

Pero, los cuerpos celestes fueron puestas también para una tercera razón; para indicarnos los días, los períodos de rotación de la Tierra alrededor de su eje. Veis qué bien lo ha hecho Dios: día y noche (24 horas), día y noche (24 horas), y así contamos estas sucesiones de la luz del sol. Día es que hay sol y noche es la falta del sol, y así tenemos las veinticuatro horas. Así puedo medir los días y tengo el séptimo día para discernir el día del descanso. Aún el primero de mes, del año, aún las fiestas. ¡Qué sabiduría! Todo lo concerniente a los cuerpos celestes, tal como los ha colocado Dios.

Y un cuarto propósito de los cuerpos celestes es para poder medir los años. Tenemos los años lunares, pero la medición lunar no la utilizamos hoy día. Tenemos los años solares, que son los que utilizamos. Cuando decimos “un año” es una plena y total traslación de la tierra alrededor del sol. Y éstas son las reglas para que sea medido el año. Los años son para para medir grandes espacios de tiempo. Decimos: tantos años después de aquel acontecimiento.

Y aún para hacer una verificación de las épocas del año, revocación o rectificación de los fenómenos. Decimos que ahora estamos en otoño, en primavera, etc. Es decir, para conocer cuando tenemos las cuatro estaciones del año.

Aún otro propósito es para medir también la vida del hombre. Si no existiese esta manera de medir el tiempo de nuestra vida, seríamos como los animales que se mueven sin tener el sentido del tiempo como nosotros. Los animales no tienen el sentido del tiempo como medición y no saben que morirán, pero el hombre sabe que morirá. Y esto le atribuye una gran tragedia al incrédulo, pero si es un hombre con fe supera esta tragedia. ¿Por qué? Porque cuando uno es fiel piensa que el tiempo se le ha dado es para la μετάνοια (metania: introspección, arrepentimiento, conversión y confesión), porque el tiempo está cada vez más cercano para irse de esta vida física hacia la patria eterna. “No nos atemos a viejas formas y cosas del mundo; porque no tenemos aquí abajo ciudad y patria permanente, sino que busquemos a ganar la futura y eterna, es decir, el reinado de la realeza increada y celeste del Señor” (Hebreos 13: 14). ¿Y cómo se hace esto? Se hará cuando podamos contar nuestros años de vida.

Así pues, hijos míos, no estamos solos en el universo, tenemos el sol, la luna y las estrellas, que influyen sobre nuestra tierra, como os dije, de diversas maneras. El sol y influyen sobre la vida con el calor, con las alteraciones naturales, con fenómenos como la lluvia, etc. Pero la Luna influye sobre nosotros con las mareas y otros fenómenos que provoca.

*(Según un estudio publicado recientemente en la revista científica Earth and Planetary Science Letters, la Luna, más allá de ser la joya más hermosa de nuestro cielo nocturno, es una razón por la cual nuestra vida sigue siendo segura. Aunque se encuentra a 384.403 kilómetros de nosotros, los científicos han descubierto que su gravedad activa la aleación de hierro y níquel en el núcleo de la Tierra, manteniendo así fuerte el campo magnético terrestre, el cual protege la vida de las diversas partículas provenientes del Sol.) Todas estas cosas tienen su valor y dan la vida y el movimiento a nuestro planeta, nuestra tierra.

Pero existe también un concepto secreto y místico sobre el sol y la tierra. ¿Cuál es? Es que la luna es el símbolo del cambio, de la alteración de las cosas terrestres. Como tiene fases, cambia la luminosidad de su disco. Y el sol es el símbolo de la estabilidad de las cosas celestes.

Así vemos bellamente en el libro del Apocalipsis, en el capítulo doce, que “la mujer”, que es la Iglesia y la Θεοτοκος Zeotocos, está envuelta del sol y pisa encima de la luna, lo que significa que pisa encima de las cosas terrenales, provisionales y cambiables, para venir después a quedarse sólo con las celestes, lαs cuales la envuelven, ya que está rodeada por el Sol.

Aquí, hijos míos, cerramos el tema del cuarto día, con los cuerpos celestes. Ya que se acercan las Navidades os deseo felices fiestas.

Domingo 19 de diciembre 1982.

 

10ª Lección (homilía): Quinto día creativo. La creación de los peces y las aves.

 

Como os acordaréis, hijos míos, habíamos analizado las cosas de la creación del cuarto día, que se refería a los cuerpos celestes: el sol, la luna y las estrellas. Ahora venimos al quinto día creativo, permaneciendo siempre en el primer capítulo del Génesis.

«Y dijo Dios: «Que las aguas produzcan peces con almas vivas o vivificadas, y aves que vuelen por encima de la tierra, sobre el firmamento del cielo”; y así se hizo. Y Dios hizo los grandes cetáceos y toda psique viviente de pez que produjeron las aguas según su especie y género, y toda ave según su especie. Y vio Dios que esto estaba bien. Y Dios los bendijo, diciendo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad las aguas del mar, y multiplíquense las aves sobre la tierra”. Y se hizo tarde y se hizo mañana: día quinto» (Gén 1,20-23).

Así pues, durante el quinto día creativo tenemos la creación de los animales acuáticos y las aves. Los animales terrestres se crearán durante el sexto día creativo, al final del cual tendremos también la creación del hombre, quien es la última palabra de toda la creación de Dios.

Como percibís, durante el quinto día creativo tenemos el gran momento de la creación de la vida animal, después de la creación de la vida vegetal que se hizo, como os acordaréis, el tercer día creativo. ¡Es muy grande este momento durante el cual se crea la vida animal, el fenómeno de la vida!… ¡Es el elemento más maravilloso y más sabio de la creación del mundo visible!… *(Es la segunda vez que el texto hebraico utiliza el verbo “bara”, que significa creo desde el cero o de la nada, y esto porque realmente la vida animal no provino de una vida anterior.)

¿Cómo se crea esta vida?

«Y dijo Dios: “Que las aguas produzcan los animales acuáticos, en psiques vivas, vivificadas o animadas, y aves que vuelen por encima de la tierra y del firmamento del cielo”; y así se hizo» (Gén 1,20).

Cuando aquí dice “animales acuáticos” que nadan en el agua. Por eso exactamente los llama ερπετά (erpetá: reptiles), porque se arrastran como si se deslizaran dentro del agua, y esta natación es una especie de deslizamiento. Los animales acuáticos se arrastran, reptan en el agua, como reptan los reptiles encima de la tierra. Por eso todos estos que están en las aguas, en los mares por la Santa Escritura se llaman ερπετά (erpetá: reptiles) (Salmo 103:25, Amb 1,14, etc).

Por tanto, que no os confunda el que tengamos reptiles terrestres. Los reptiles terrestres como las serpientes y otros terrestres se harán el sexto día creativo. El cocodrilo se hizo el quinto día creativo porque es un animal acuático, lo mismo que la rana. Estos son animales acuáticos, porque pueden vivir también fuera del agua. Tenemos algunos animales que viven en las dos partes, en el agua y también afuera., y se llaman αμφήβια (anfibia: los que viven en dos ámbitos).

Solo quería aclararos que aquí con la palabra ερπετά (erpetá: reptiles), se entienden todos aquellos animales que viven en las aguas.

Así que, cómo se crea la vida: «Y dijo Dios: “Que las aguas produzcan…”

Dice san Basilio en su Hexaémeron o Los seis días una frase muy bella: «La voz de Dios que dijo “que se haga la vida” es pequeña o, mejor, no hay nada de voz, sino una inclinación viva e impulso de la voluntad de Dios”. Porque tendría que escribirse de una manera y ser escuchada por Moisés, a quien Dios le apocalipta (revela) cómo se hizo la creación, para poder describirla tal como la escuchó de Dios, para que no crea Moisés que la vida acuática fue hecha automáticamente o al azar. Pero ni siquiera existe voz. Entonces, ¿qué hay? Como dice más abajo, una propensión, es decir, una inclinación o un impulso fuerte de la voluntad: Dios quiere que se haga esto y se hace esto dice la Santa Escritura, Dios “Hizo lo que quiso”».

Pero atención aquí: ¿cómo se crea esta vida animal o, mejor dicho, ¿dónde se crea esta vida animal? Se crea dentro de las aguas. En cambio, nuestro planeta es inicialmente inanimado, sin vida; Dios procede el tercer día al reino vegetal. Ahora procede a la creación del reino animal, y empieza a llenarse nuestro planeta de vida. Veremos -y esto lo sabemos hoy, y también por la Santa Escritura- que tanto la vida vegetal como la vida animal en nuestro planeta, literalmente están atascadas de vida: no hay un milímetro cuadrado donde no haya vida.

Si tomáis tierra -obviamente no de grandes profundidades- y la observáis con el microscopio, veréis miles y millones de microorganismos, ya pertenezcan al reino animal o al vegetal, microbios, etc. ¡La vida literalmente abunda y se acumula!

Y la vemos sobre todo si salimos fuera de una manera sensible de la siguiente forma: veis rocas, peñascos sobre el mar; tal como las atacan las olas, ¡estas toman sobre sí vida y esta permanece, sea vegetal o animal! ¡Veis muchas veces rocas en las montañas, llueve y veis que toman y tienen vida encima de ellas! Los ladrillos de los tejados de las casas, veis que verdean cuando llueve, con la humedad y la lluvia desarrollas estos vegetales parasíticos. ¿Por qué verdean? ¡Porque allí va y se asienta la vida vegetal!

En todas partes está la vida, sea vegetal o animal; realmente la vida abunda hasta en una milésima de centímetro cuadrado sobre nuestro planeta.

Pero ¿dónde se ha creado primero la vida animal, el reino animal? Nos dice la Santa Escritura: «en las aguas»; esto también nos lo dice la ciencia. Esto sorprende: vemos cosas que la ciencia observó mucho más tarde, pero que el Logos de Dios ya había revelado/ apocaliptado. Así pues, la primera vida animal realmente se hizo en las aguas.

Y una cosa más sorprende: que Dios hace primero a los que están dentro de las aguas del mar. Pero aquí la Santa Escritura, cuando dice «aguas del mar», se refiere a todos los sistemas de agua, sean dulces o salados: ríos, lagos o lo que hoy llamamos mares salados.

Sorprende también que la creación de los animales acuáticos preceda a la de las aves. ¡Otro signo admirable que se verifica hoy!

Dios hizo primero los animales acuáticos y después las aves.

 Aquí me gustaría deciros algo.

Mientras la Santa Escritura describe el orden de la creación del reino animal, lo hace de los más inferiores a los más perfectos, porque el ave es un animal más perfecto que el acuático. Sobre todo, los animales que están dentro del agua están incomunicados en relación con el hombre. No tienen voz, o si la tienen, nosotros, al menos, no la escuchamos. Puede ser que tengan sonidos muy desarrollados, pero en relación con el hombre no tienen comunión. ¿Habéis visto alguna vez al hombre domar peces o estar en verdadera compañía con ellos? Nunca. Los peces no tienen comunión con el hombre. [Se excluyen los cetáceos, formalmente llamados cetáceos mayores, que no son peces, sino grandes mamíferos marinos perfectamente adaptados a su entorno; entre ellos se incluyen los delfines y las ballenas.]

Pero las aves sí tienen una mayor comunión, y más aún los animales de vigilancia, que son animales más perfectos. Y también los mamíferos, tienen aún mayor comunión. Observad cómo avanza la creación: comenzamos de los menos perfectos hacia los más perfectos.

Esto no significa, sin embargo, que exista una evolución de los peces que salieron a tierra y constituyeron las aves, como plantea la famosa teoría de la evolución, la cual trataremos en otro capítulo. Aquí la Santa Escritura nos dice claramente que Dios crea los seres de los menos perfectos a los más perfectos, pero dentro de su género o especie.

Como veremos más adelante, existe una insuficiencia interpretativa en el tema de la evolución de los seres o entes. No podemos afirmar que realmente haya evolución de una especie a otra de lo menos perfecto a lo más perfecto de manera evolutiva. La teoría de la evolución es insuficiente, tiene muchas fallas, muchas indicaciones, pero carece de demostraciones concluyentes.

Lo que sí nos dice la Santa Escritura es que Dios crea las especies según su género. Escuchad cómo lo expresa: «Y Dios hizo los grandes cetáceos y toda psique viviente de peces, los cuales produjo en las aguas según su especie y género, y toda ave según su especie» (Gén 1,21). Dios hizo los cetáceos —como ballenas, tiburones, focas, delfines— y los peces según su especie y género, y las aves según su especie y género. Es decir, cada uno según su especie y género: los peces producen peces y las aves producen aves; los peces no hicieron las aves. Habéis visto que la Santa Escritura, el logos de Dios lo dice dos veces para enfatizar o como si nos revelara que la teoría de la evolución no tiene valor frente a la verdad revelada por Dios.

No olvidemos que, a lo largo de la historia, los hombres se han fatigado con teorías, especialmente científicas. Pero las teorías pasan y una sustituye a otra; el logos de Dios permanece inamovible y constante, conteniendo la verdad. Esta verdad es de apocálipsis, de revelación: no la hemos inventado ni imaginado, sino que Dios mismo nos la ha revelado/ apocaliptado.

Así, tenemos una praxis creativa particular para los peces y otra para las aves; no hay mezcla de géneros, cada uno permanece en su propio género.

Cuando uno viera que la vida sale de las aguas, creería por sí mismas las aguas crearon la vida. En concreto uno las que es partidario de la teoría de la evolución, creería que esto lo dice el texto sagrado.

No olviden que muchas veces algunos teologantes de la teoría de la evolución o teólogos que sostienen la teoría de la evolución, exactamente esto aceptan. ¡Existen también teólogos (tíos tíologos de academia, sin práctica o ascesis ortodoxa) que sostienen la teoría de la evolución!*  Pero esto no sé cómo podía calificarlo uno. Pero os digo esto: si alguien leyera la Sagrada Escritura de manera algo superficial, ¡quizás se le ocurriría algo que vio en ella, y luego podría afirmar que la Escritura habla acerca de la teoría de la evolución!

*(San Paísios, quien en su infancia recibió la aparición del mismo Cristo, contaba que, debido a una tentación de incredulidad provocada por la enseñanza de Darwin, decía: Ahora al principio para que no haya reacciones, dicen: “No negamos a Dios; simplemente, para no ir en contra de las cosas que dicen los grandes científicos, que tomamos simbólicamente el “χούν” (jun) tierra especial, (acaso hecho pone χούν y no χώμα joma tierra, para declarar algo especial) y decimos que Dios tomó el mono para el soma-cuerpo, y le sopló en la psique-alma”. Pero veréis que a continuación cuando esto lo acepten muchos Cristianos que estas cosas las interpretan con el cerebro, después dirán: “Eh bueno ahora qué más da… sopló psique-alma… ¿sobre un fu (soplo), un aire estaremos hablando? ¡Si el mono como estaba vivo tenía soplo de vida! Esta es la psique-alma, la vida. Y después de unos años, cuando ya acepten bien esto, nos dirán: “¡Quién Dios de adán y Eva…? De acuerdo, vale, no decimos que todas las cosas se hicieron solas. Existe un poder superior, la Fisis o Naturaleza” (Vida del Yérontas Paísios).

Por tanto, si uno viera que la vida nace de las aguas, lo primero que diría sería que tenemos génesis automática. Sobre la génesis automática ya he hablado en anteriores homilías: esta teoría sostiene que la vida se produce de la materia muerta, se hace sola y luego evoluciona progresivamente de una partícula a otra, ascendiendo en el escalonamiento del reino vegetal y animal.

Pero las cosas no son así. Digamos que un observador que vea la creación desde la superficie de la tierra podría pensar que la materia produce sola la vida: que la hierba surge de la tierra y los peces del mar. Sí, podría parecer que la materia muerta produce vida, pero este observador no ha escuchado el mandato de Dios, no ha percibido la voluntad divina: «Dijo Dios». La vida no surge automáticamente de la materia muerta.

Si la materia produjera la vida por sí misma, sería sabia… ¡y sería Dios la materia muerta! Y como algo así creen los hombres, llegan a dar culto y adorar la tierra y el sol, porque la tierra se fertiliza por el sol, con sus rayos y su temperatura, y produce la vida.

 En el fondo de esta creencia se sostienen todos los antiguos cultos mistéricos; algunas antiguas religiones celebraran cultos al sol o a la tierra, creyendo que estos producían la vida, es decir, creen que la materia muerta produce la vida. Pero aquí está el engaño, porque no pueden ver la voluntad y el mandato de Dios. Pero ahora nos revela/ apocalipta Moisés que: “Dijo Dios” y se hizo la vida. Así que de la materia muerta el Dios crea la vida, no automáticamente. Por lo tanto, no tenemos la génesis automática de la vida sino praxis creativa. Esto tiene mucha importancia.

Dios, hijos míos, es omnipotente. ¿De qué creó la materia? De la nada, del cero. De la nada trae la materia a la existencia y, de la materia, crea la vida y también el ser humano. Como veremos más abajo, Dios, tomando χούν” (jun: tierra especial) creó al hombre (Gén 2:7).

Pero quiere darle un soplo, que será su psique-alma, la cual no es increada; el espíritu del hombre no es deidad, ni un trocito de la deidad, es creación, es producto: Dios quiere y crea los espíritus. Como dice un Salmo: “El que hace Sus ángeles espíritus y Sus servidores llama de fuego” (Salmo 103:4, Hebreos 1:7). Por lo tanto, los ángeles y los espíritus son creaciones, porque Dios hace lo que quiere. Una cosa solo quiero recalcar, que Dios haga todas estas cosas; no se hacen solas.

La demostración de esto es evidente; se han realizado miles de experimentos para intentar repetir el fenómeno de la vida desde la materia muerta, y no se ha conseguido nada. Reproducir la vida de la materia muerta nunca ha sido posible, ni por azar, ni en laboratorios, ni se ha observado jamás génesis automática.

Para que veáis cuán ingenuo puede ser el hombre y cómo cree que es sabio, os daré un ejemplo.

¿Sabéis cómo fue apoyada científicamente la génesis automática? Porque, es cierto, que no es una nueva teoría, la creían todos los antiguos pueblos que antes os mencioné que hacían cultos mistéricos al sol y la tierra. Pero no me extenderé mucho en esto. Científicamente se sostuvo en el siglo XVII la idea de que la vida surgía de la materia muerta mediante procedimientos muy simples y absurdos. Escuchad, escuchad… ¡y esto se llamaba entonces ciencia!… Para que veáis qué tonterías dice y hace el hombre en nombre de la ciencia.

Por ejemplo, se decía: enterrad una serpiente muerta en la arena caliente del río Nilo, y después de unos días aparecerán gusanos. ¿De dónde salen los gusanos? Según ellos, “la arena caliente del Nilo los produjo”. Es ridículo para uno decir esto. Otro ejemplo: ¡tomad albahaca, machacadla y colocadla entre dos tejas; veréis que producirá escorpiones!…

Hijos míos, el tema es muy sencillo. Os recuerdo los experimentos de Pasteur, que hablábamos en una clase anterior, y también aquello “omne vivum ex vivo”, que os había dicho, la vida proviene de la vida.

¿Por qué una serpiente enterrada saca gusanos? Porque cualquier cosa que enterremos en la tierra saca gusanos. Simplemente ese organismo tenía huevos de gusanos; al ser enterrado, los huevos eclosionan, los gusanos salen, comen el cuerpo enterrado, etc., es el conocido proceso de los insectos y los gusanos.

Pues bien, los científicos de entonces decían que la materia muerta producía los gusanos. ¡Qué ingenuidad de la ciencia! Hijos míos, os había dicho aquello: la vida proviene de la vida. El fenómeno de la vida no se ha repetido en la tierra, ni tampoco por experimentos. De una vez para siempre dijo Dios que se haga la vida y se hizo la vida; y ahora la vida continúa sólo de otra manera. Dios no vuelve a crear la vida, sino que la perpetúa por medio del esperma y del óvulo. Cada ser deja su descendencia. Todos tienen “huevos”: los vegetales, los animales, incluso los mamíferos.

Por lo tanto, todos comienzan del óvulo y del esperma. Tenemos la perpetuidad de la vida no de forma automática ni de modo evolutivo, sino por género o especie, de organismos vivos, unos a partir de otros.

Entre todos los animales, incluidos los terrestres —de los que os hablaré más adelante—,

Entre todos los animales —incluidos los terrestres, de los que hablaré más adelante— hay animales útiles y otros dañinos. Por ahora, me limito a preparar gnoseológicamente el terreno; cuando abordemos con mayor detalle el tema de la evolución, desarrollaré este punto con más profundidad.

Uno podría preguntarse: “¿cuándo hizo Dios los animales dañinos después de la caída de los primeros creados o antes? Sabemos que la dañosidad (o lo dañino) de ciertos animales y vegetales es peligrosa para el hombre. ¿Apareció esto después de la caída?” No. Dios hizo tanto los útiles como los perjudiciales antes de la caída, pero con una diferencia: no podían perjudicar al hombre. Os diré algunos ejemplos.

La serpiente es venenosa, pero su veneno lo tenía desde el principio. Del mismo modo, los microbios dañinos existían desde el inicio. Sin embargo, el hombre era inmune, invulnerable. La serpiente no lo atacaba ni le molestaba, y los microbios no lo perjudicaban. Es decir, el organismo del hombre era inmune: no se veía afectado por la presencia de microbios. Cuando el hombre pecó, entonces enfermó; es decir, se debilitó, y al debilitarse recibió el ataque de los microbios y de los animales dañinos, incluso de los vegetales perjudiciales, se entiende si los prueba.

Lo mismo ocurre con los narcóticos. En principio, Dios los hizo, pero eso no significa -como dice san Basilio- que todo lo que existe en la creación tenga que pasar por nuestro vientre o estómago. Es importante comprender esto: Dios hizo muchísimas cosas que, sin duda, no están destinadas a nuestro consumo. A pesar de ello, nosotros queremos pasarlo todo por nuestra panza, es decir, probarlo todo.

Si Dios hizo el opio, es decir, las plantas que producen narcóticos, drogas esto significa que pueden utilizarse para ciertos fines, no para lo que hacemos hoy tomando drogas.

Cuando Dios hizo la planta del tabaco, no quiso decir que debamos convertirla en cigarrillos para fumar, pues es natural que nos perjudique.

Entonces, ¿por qué Dios hizo el tabaco con nicotina, que es perjudicial, un veneno? ¿Y quién ha dicho que los venenos no pueden ser útiles, incluso sanadores, como elementos terapéuticos? No son comestibles, ni están hechos para que los fumemos. Pero tienes elementos terapéuticos.

Entendéis, pues, que Dios hizo tanto las cosas útiles como las perjudiciales entonces cuando creó todos los seres y entes.  Según san Basilio, los animales se distinguen en cuatro categorías: útiles, bellos, agradables y didácticos.

Esto significa que algunos animales son útiles y benéficos para comerlos y alimentarnos. Otros son muy bellos para verlos; a veces también un animal bello puede comerse, pero existen otros que podemos contemplarlos sin poder comerlos, porque no son útiles son dañinos.

-¿Por qué estos animales son bellos?
Hijos míos, no olvidéis que la estética también es alimento de la psique (alma). La estética no es un lujo, sino una necesidad de la psique.

Una vez un maestro ruso, en la época de la Ocupación Alemana, que estaba en la cárcel solo con cuatro paredes y era muy deprimente, no decía que deseaba si viniera algún periódico en la cárcel, sacaría sus iconas, imágenes y las pondría a la pared.

Porque cuando colgamos las iconas de Cristo y de la Panaghía en la Pared, pero también pinturas, cuadros, cuando pintamos las paredes, ¿qué creéis, que esto es lujo? No ¡Es una necesidad de la psique-alma hijos míos!

Es impresionante que el hombre de las cavernas pintara las paredes del interior de la cueva que habitaba. Hoy encontramos pinturas antiquísimas, prehistóricas. El hombre tenía necesidad de pintar. Por lo tanto, la estética es una necesidad de la psique. Es muy interesante, llámese pintura, llámese música, todo lo que generalmente es calificado como bello, es necesidad de la psique-alma.

Así pues, Dios, para satisfacer la psique-alma humana, hace también cosas ha hecho también animales bellos.

Paro ha hecho también las cosas agradables y las didácticas. ¡Hay animales, insectos, aves y peces que muestran virtudes… y otros que manifiestan maldades! Naturalmente, ni unos tienen virtud moral ni los otros tienen maldad moral, porque las virtudes y las maldades son obras de la libre voluntad, que maneja el hombre y sólo el hombre es libre. Pero por naturaleza presentan comportamientos que nos enseñan.

Por ejemplo, podéis ver la paloma, que ama la vida familiar. Hay aves, como el pelícano, que, si muere uno de la pareja, el otro permanece viudo toda su vida y no vuelve a unirse. Para enseñarte, como dice san Basilio, que no debes buscar segundos, terceros o décimos matrimonios: si ha muerto tu marido o tu mujer, no vuelvas a casarte. Esto nos lo enseña el animal, el ave.

Las hormigas son laboriosas, como también las abejas, las cigarras son perezosas, y también lo es muchas veces el hombre. En todos estos animales vemos enseñanzas. Por ejemplo, el cerdo: límpialo y lávalo, y enseguida volverá a meterse en el barro y a ensuciarse. Te enseña, hombre, que si te limpias del pecado con metania (arrepentimiento, conversión y confesión), no debes volver a meterte en el fango del pecado. La gata, si se le arroja algo encima, inmediatamente se limpia; no acepta sobre sí misma ni siquiera su propia suciedad. ¿Quién la enseñó a la gata a ser limpia, incluso donde pone sus excrementos? Sí, hijos míos, para decirte que no debes ser un hombre sucio.

Tenemos muchísimos otros ejemplos similares de los animales. Así pues, ¿qué hacen los animales? Enseñan, tanto positiva como negativamente, qué debemos hacer y qué no debemos hacer.

Me diréis: ¿por qué Dios hizo esto?

Porque preveía que el hombre caería.

El hombre tiene conciencia; tiene inscrita en sí la ley de Dios; no tendría necesidad de aprender de la creación. Dice Pascal que cuando Dios te lleva a aprender cosas del reino animal y vegetal, significa: que eres “pobre y desgraciado hombre, estás caído… ¡ya que aprendes de las cosas que son inferiores a ti!”

Así pues, como el hombre destruiría en su interior la ley innata de Dios, la ley de la conciencia, Dios puso virtudes y pazos (defectos) en los animales para enseñarnos de algún modo y ayudarnos a regresar al camino recto. Por eso la creación nos beneficia tanto y nos enseña mucho, con tal de que tengamos ojos limpios y lúcidos.

Dice san Nicodemo el Aghiorita que, si tienes ojos limpios, lúcidos y puros puedes aprender muchas cosas de la creación. Escuchad algo admirable de san Isaac el Sirio, que, viniendo del mundo ascético, tiene gran importancia. En su Logos 23.º dice: “Lee continuamente, sin saciarte, en los libros de los maestros sobre la providencia de Dios, sobre la creación, los animales, los vegetales, etc., porque estas cosas conducen el nus (espíritu) junto con nuestra mente a ver con claridad la luminosidad de Dios, ¡cómo ha creado todo y con qué sabiduría!”.

Y yo os sugeriría: alejaos de las revistas impuras de hoy y leed libros que se refieran a la creación de Dios, porque así tendréis ojos limpios y puros y os beneficiaréis de verdad. Pero también observad vosotros mismos la creación. Todo esto, con gran sabiduría, lo hizo Dios para indicarnos quién es Él y cuánto nos ama a nosotros, los hombres.

Desgraciadamente el tiempo ha pasado, este poco que queda os iré algún ejemplo, en plan rápido, precisamente para edificarnos espiritualmente, no para pasar el rato.

La abeja todos la conocéis. ¡La bendita abeja… tiene compuestos dos ojos enormes, que están constituidos de seis mil ojitos pequeños! Por supuesto que la abaja no ve colores, ve únicamente blanco y negro; pero ve tan bien, que todos envidiaríamos la abeja con sus seis mil lentes en cada ojo.

Puede oler una flor de una manzana en una distancia de un kilómetro o más lejos e ir a vendimiarlo, chupar el néctar de esta flor. ¡Esto impresiona!

La abeja tiene una vida social muy bien organizada, que sin duda la envidiarían los hombres; tiene leyes muy estrictas, es muy labradora y ordenada. ¡La abaja no tiene en su comunidad miembro que sea anarquistas… Todas las abejas son ordenadas y obedientes y en un grado sorprendente! Tiene sumisión, obediencia, muestra cariño a las pequeñas abejitas, etc. Con qué cuidado y espero se preocupan por las nuevas abejitas…

Los zánganos, las abejas machos que no hacen miel, después de cumplir su función, son sacrificados. Se colocan como guardias las obreras allí, en la entrada de la colmena, y no dejan pasar a ningún zángano al interior de la colmena. Sí, no lo dejan. Pero en Suecia, cuando alguien consume drogas a la edad de veintisiete años, se le considera incapaz, inútil, y le dan una pensión. En la colmena, en cambio, si alguien es ocioso, un zángano inútil, ¡no entra dentro!

Estas cosas hacen los animales, hijos míos. He aquí por qué debemos volver a los animales. Si no abrimos el Evangelio, entonces debemos volver a la naturaleza para recibir clases de comportamiento social.

En el panal —que no es más que un rombo hexagonal, como todos habréis visto— la bendita abeja resuelve un problema de matemáticas superiores. Una vez me tocó a mí este mismo problema en los exámenes. Es el llamado problema del mínimo y del máximo. Este problema dice lo siguiente: cómo obtener la mayor capacidad con la menor cantidad de material; por eso se llama problema del máximo y del mínimo.

Este problema, hijos míos, lo resuelve la abeja con sus celdas hexagonales, sus panales, que solo bajo un ángulo determinado cumplen el verdadero propósito. Y calcula realmente hasta el último y segundo de grado para formar los ángulos correctos, de modo que se cumpla su diseño.

Además, posee un sentido innato de la vertical y la horizontal. Si inclináis un poco la colmena y la dejáis torcida, la abeja no construirá el panal torcido, sino siempre con base en la vertical.

Todo esto, naturalmente, Dios Logos lo ha otorgado a los insectos, a las plantas y a los animales, para mostrarnos Su sabiduría.

Pero, ¿qué decir y qué omitir…? Observad la maravillosa comunidad de las hormigas; cuántas cosas aprendemos de ellas… Qué decir del Murciélago, todos conocéis el radar que tiene… Y también está el águila, que resuelve el problema de la ruta más corta. Como sabréis, la ruta más corta no es la línea recta, sino una curva. Y la luz, de igual manera, a grandes distancias no sigue la línea recta, sino una curva.

Como dice también San Basilio el Grande: «qué decirles primero… qué describirles y qué omitir… En medio de los ricos tesoros de la creación, es imposible hallar cuál es el más valioso, y sumamente penosa es la pérdida de lo que se ha pasado por alto» (Exaímeros, 6 Días, homilía 5).
Ha pasado el tiempo, y solo les diré esto, niños: que todo esto, con muchísima sabiduría, lo hizo Dios, para mostrarnos quién es y cuánto nos ama Dios a nosotros, los seres humanos.

Domingo 9 de enero 1983.

 

11ª Lección (Homilía): La creación de los animales terrestres. La teoría de la evolución

 

Ya entramos, hijos míos, en el sexto día creativo y el último, que se refiere a la creación de los animales terrestres y a la creación del ἄνθρωπος (ánzropos: ser humano, el hombre). Porque en el sexto día fue creado también el hombre, del cual hablaremos especialmente y con mayor profundidad una vez que hayamos terminado la Cosmología Cristiana, pues entonces entraremos en la Antropología Cristiana.

Os leo el texto sagrado:
«Y dijo Dios: Produzca la tierra ψυχὴ (psijí: psique-alma) viva: seres según su género, bestias, reptiles y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su especie, y bestias según su “κατά γένος (katá yénos) según su género”, y todo animal que anda arrastrándose sobre la tierra según su especie; y vio Dios que era bello y bueno» (Gén 1,24-25).

Por tanto, vemos aquí a Dios venir a una nueva praxis creadora, dando orden para que saque la tierra, en psique-alma viva, seres según su género, que se constituyen en tetrápodos, reptiles y bestias.

Ciertamente, puesto que la exposición de lo que describe el autor sagrado es siempre de carácter popular, por esta razón explicamos lo siguiente. Los tetrápodos son animales domésticos; las bestias son animales de la jungla o del bosque; los reptiles son aquellos que no tienen patas, o las tienen muy pequeñas y dan la impresión de que se deslizan, arrastrándose sobre la tierra. Una serpiente realmente se arrastra, se desliza sobre la tierra. Pero un lagarto o un cocodrilo, que en realidad es un lagarto grande, no es como la serpiente: tiene cuatro patas, pero como son muy cortas, da la impresión de que se arrastra sobre la tierra.

Por tanto, tenemos aquí tres categorías: los animales domésticos, los no domésticos y los reptiles, los cuales, por supuesto, no se domestican, igual que los peces no se domestican, como es bien conocido.

Así pues, el reino animal cierra el sexto día con la creación de los animales.

No me gustaría detenerme mucho en este punto de la creación de los animales, como hice la vez anterior, cuando dije de forma rápida algo sobre la vida de los insectos y las aves, sobre la abeja, etc. Si tuviera que imitar a san Basilio en su exposición del Hexaímeron (los seis días), narrando varios acontecimientos del reino animal, la verdad es que estaríamos aquí horas y horas describiendo los animales.

Es tan grande la formación de ellos, tienen tantas capacidades admirables y sus vidas son tan maravillosas, que sería una bendición amar estudiar, además de los libros del colegio, la vida de la naturaleza en general: la de las plantas y la de los animales, los reptiles, los tetrápodos, las aves, los insectos, los peces, etc. Y esto amarlo.

Que no os guste leer otros libros, aquellos que estropean y arruinan la psique-alma, especialmente la joven. Amad leer los libros que os ayudarán, que os darán muchos conocimientos, que os permitirán un acercamiento más profundo a la naturaleza –físis-, a admirar a Dios, su sofía (sabiduría), su agápi (amor incondicional). Así, de esta manera, se cultiva vuestra psique-alma, vuestras emociones, vuestro espíritu, intelecto y mente, vuestra agudeza de observación y perspicacia. Todos estos son elementos muy importantes, y os lo aconsejo.

Pero no me quedaré en esto para no tardar; tenemos muchos temas que analizar y no debemos detenernos más aquí. Sin embargo, al referirnos al sexto día creativo, el de la creación de los animales terrestres, me gustaría detenerme solo en un punto.

Cuando leía el texto sagrado, habréis observado que aumentaba mi voz en la expresión «κατὰ γένος» (katá génos) según su género». Esta expresión el escritor sagrado Moisés, que habla de la creación de los animales terrestres, ¡la repite cinco veces dentro de tres líneas! ¡Cinco veces…! ¿Qué significa esto?

Permitidme decir que es como si Moisés conociera lo que sucedería alguna vez a los hombres y qué teorías dominarían, y de alguna manera asegura en el texto sagrado la respuesta sobre las cosas que se dirían en el futuro por los hombres. Por tanto, da una respuesta contundente y demoledora a aquellos que sostienen ciertas teorías que no son correctas. ¿Me entendéis lo que quiero decir? ¡Me refiero a la teoría de la evolución!

Esta es una teoría cuya formulación tiene ya más de cien años, como veremos a continuación, y cuya respuesta se encuentra ya en el logos de Dios, a pesar de que parece que algo quisiera decir sobre ella la Santa Escritura. Este κατά γένος (katá yénos) según su género”, es una respuesta; es decir, que no tenemos evolución como la perciben y entienden los evolucionistas, porque Dios crea los géneros.

(En la antípoda de la teoría de la evolución se encuentran algunas otras teorías, como la teoría de la «planificación inteligente» y la «evolución deísta»).

Y como esta teoría, según me ha informado uno de vosotros, está escrita en vuestro libro de Biología del colegio, no quiero extenderme mucho, porque supongo que ya lo sabéis. Tampoco quería extenderme, aunque esté escrita en el manual escolar, porque en realidad esta teoría está ya superada y caducada, a pesar de que parezca que todavía sigue circulando.

Así, en verdad, me resultaría aburrido y pesado referirme a cosas que ya se han superado; y, sin embargo, los hombres continúan hablando de ellas y causan mucho daño. Por eso, conociendo esta dificultad mía, me referiré a esta teoría únicamente para protegeros y para que no aceptéis estas cosas que pueden conduciros a situaciones que nunca podríais imaginar.

Cuando decimos teoría de la evolución, ¿qué entendemos?

En principio debo deciros que quien la formuló fue Charles Robert Darwin (1809–1882), inglés, que vivió en el siglo XIX. Formuló su teoría en un libro que publicó en 1859 con el título El origen de las especies por medio de la selección natural.

Darwin era un especialista en el campo de la botánica y de la zootecnia. No era exactamente un científico en el sentido moderno, sino más bien un técnico, diríamos, en plantas y animales. Hizo muchos viajes, especialmente a Sudamérica. Tenía un terreno y, como era muy observador, observaba los conejos que tenía en su propiedad; y comenzó a pensar algunas cosas que, por supuesto, los hombres siempre piensan y reflexionan.

¿Toda esta variedad de los organismos vivos tiene un enlace o una cadena entre ellos? ¿Existen de manera autónoma o quizá exista una relación entre ellos?

Tomad los mamíferos: vemos que tienen unas características comunes. Tomad las aves: también estas tienen características comunes; lo mismo ocurre con los peces. Todos los mamíferos tienen pelaje; todas las aves tienen plumaje; mientras que los peces tienen escamas. Además, vemos que los mamíferos dan a luz crías vivas, mientras que los peces ponen huevos.

Cierto que me diréis: tenemos la foca, el delfín y la ballena, que viven en el mar, pero no ponen huevos. Sin embargo, estos son cetáceos, no son peces, no sé si lo tenéis en cuenta; dan a luz crías vivas.

La foca, por ejemplo, sale también a tierra y toma el sol… Es decir, la foca no es un pez. Es cierto que tiene cola y aletas, porque debe nadar, ya que la mayor parte de su vida la pasa en el agua, pero también sale fuera. No tiene branquias, tiene pulmones; es un mamífero y da a luz crías vivas. Lo mismo ocurre con la ballena. La ballena tiene la capacidad de almacenar mucho oxígeno en sus pulmones y puede permanecer mucho tiempo debajo del agua. Después, cuando se le acaba este aire, sale a la superficie, porque no dispone de branquias como dispone un pez.

La rana, que es anfibia, tiene branquias y también pulmones; puede vivir igualmente bien tanto en el agua como en el aire. En los anfibios, los órganos respiratorios varían según el estadio de su desarrollo. Por ejemplo, la rana en la etapa de renacuajo utiliza branquias para la respiración, mientras que la rana adulta posee sacos aéreos, es decir, pulmones rudimentarios.

Además de estas excepciones, que por supuesto fueron dignas de observación -y veremos más abajo el porqué-, los animales pueden clasificarse de acuerdo con sus características generales. Los mamíferos tienen similitudes entre ellos, pero también presentan diferencias. Básicamente, las similitudes son más que las disimilitudes dentro de cada categoría. Pero ¿existe entre ellos una relación?

Es cierto que Darwin no llegó al punto de decir que la gata, el perro, la oveja, la cabra o la vaca -que son mamíferos, tienen pelaje, dan a luz crías vivas y las amamantan- tengan relación directa con el hombre. En concreto, la vaca está embarazada nueve meses; por tanto, ¿tiene alguna relación con la mujer, cuyo embarazo dura también nueve meses? Es decir, ¿el animal mamífero tiene relación con el ser humano?

El ser humano tiene pelaje, igual que el mamífero; pero ¿tenemos alguna relación? Tenemos dos ojos, igual que ellos; dos orejas, una nariz, boca y cabeza. Estas son características generales que nos hacen parecer mucho entre nosotros. Por tanto, ¿tenemos alguna relación? Esta pregunta siempre ha ocupado a los hombres.

Darwin, pues, comenzó a hacer una clasificación de las cosas e intentó encontrar una solución, un punto de partida sobre este tema.

Atención: antes de avanzar, me gustaría deciros que no hago un análisis completo de la teoría de la evolución. Solo diré unas pocas cosas para que tengáis una idea general; no entraré en muchos detalles. Observaba, pues, Darwin que, en la naturaleza, entre los animales, existe una lucha existencial. Como zootécnico, este hombre tenía una granja de conejos en su terreno, como ya dijimos. Observó- (y lo observamos también nosotros; en mi casa, por ejemplo, teníamos conejos) -que una coneja puede dar a luz diez conejitos. Estos conejitos no tienen la misma constitución corporal todos. Es decir, todos son conejos, pero uno puede ser más fuerte, otro más flaco, otro más débil o más enfermizo. Igual que ocurre con los hijos que da a luz una mujer: no todos gozan de la misma salud ni de la misma fuerza.

Estos diez conejitos que da a luz una coneja disponen de distinta vitalidad y dinamismo. Si se supone que la coneja tiene ocho tetas y los conejitos son diez, entonces dos de ellos quedan sin amamantar. Estos serán más flacos y más débiles, ya que no tendrán la fuerza necesaria para correr y amamantar primero. Los otros, en cambio, tendrán más fuerza y se engancharán con ímpetu a los pechos de su madre para comenzar a amamantarse.

Así, estos dos deberán intentar desplazar a otros para poder amamantar. Aquellos que han sido desplazados, con el apetito que tienen, intentarán a su vez desplazar a otros. De este modo se produce una lucha real por el alimento, una lucha por amamantar.

También en las gatas lo habréis observado. Por ejemplo, si una gata da a luz cinco gatitos y tiene solo cuatro tetas, sobra un gatito. ¿Qué hará este? Intentará meterse para poder amamantar.

Así pues, como estos dos conejitos que quedan siempre al final suelen ser los más débiles, como hemos dicho, serán desplazados por los más fuertes. Poco a poco comenzarán a adelgazar, no podrán crecer y, en algún momento, morirán.

Esto lo observó Darwin. Pero pensó, como buen zootécnico, en proyectar esta observación más adelante y decir: «Mi coneja parió diez conejitos, pero tiene ocho tetas. ¿Qué haré? Tomaré yo estos dos conejitos, los más débiles, que yo escogeré, y, puesto que son inútiles, los eliminaré». Atención a la palabra que he dicho: escogeré, haré una elección. Hizo una selección técnica, conociendo que estos dos conejitos no vivirían, los separó para que vivieran los que estaban sanos. Esta es una elección técnica.

Dijo, pues, Darwin: «Lo que estoy haciendo yo es una selección técnica; lo mismo puede hacer la naturaleza». A esto lo llamó selección física o natural. Esta selección natural se realiza por la lucha por la existencia, que es una lucha por sobrevivir.

En esta lucha por sobrevivir, según él, existen unas características que son mejores y más perfectas que las del que está al lado, tu hermanito. Pero cuando uno tiene unas características mejores y más fuertes que su hermano -y aquí aparece el error de Darwin, porque no era científico en el sentido moderno, sino zootécnico-, pensó que transmitiría estas características a sus descendientes.

El que ha sobrevivido habría adquirido unas capacidades y cualidades que serían mejoradas en sus hijos, y en sus nietos aún más. De mejoramiento en mejoramiento, por esta selección producida por la lucha por la existencia, comenzaría cada animal a adquirir nuevas cualidades, las cuales transmitiría a sus descendientes. Y de este modo, dijo Darwin, se produciría la aparición de nuevas especies.

[*(Sin embargo, existen paleontólogos y biólogos contemporáneos que reconocen la necesidad de redefinir la relación entre los organismos embrionarios y el mecanismo de aparición de nuevas especies. El principal motivo de esta problemática es el hecho de que, según el período geológico Cámbrico, se observa la aparición abrupta o repentina de muchas especies, sin que consten etapas intermedias en el registro fósil. Los paleontólogos se refieren a este fenómeno como la explosión cámbrica. La aparición súbita de múltiples formas de vida, junto con algunos estudios contemporáneos sobre genética molecular, ha llevado a ciertos investigadores evolucionistas a reconsiderar la versión tradicional de la teoría darwiniana. Un ejemplo significativo es el biólogo molecular Stewart Newman, quien sostuvo que es imprescindible desarrollar una nueva teoría de la evolución que pueda explicar la aparición repentina o abrupta de nuevas formas de vida. (¡He aquí la encuentras, señor, en el Génesis interpretado por el Yérontas Mitilineos!).

En concreto, Newman afirmó: “Creo que el mecanismo darwiniano que se usa para explicar todos los cambios evolutivos se sobrevalorará o quedará obsoleto, de modo que se convertirá en uno más de los distintos mecanismos y el menos importante en lo que respecta al entendimiento de la macro-evolución, es decir, de la evolución en la que se observan grandes trasvases entre los tipos somáticos (corporales)”. (Archaeology, The Origin of Form Was Abrupt Not Gradual, October 11, 2008)]

Muy brevemente os he descrito la teoría de la evolución, con sencillez y quizá con un poco de ingenuidad. Pero no penséis que exagero: aunque toméis un libro científico, así encontraréis expuestas estas ideas, como os las he dicho.

Pero os diré, hijos míos, que esta teoría encierra una gran ingenuidad, porque tampoco Darwin conocía muchas cosas. No conocía, por ejemplo, los descubrimientos de Mendel, es decir, las leyes de la herencia genética. No sabía nada de todo esto y sacó, a grandes rasgos, estas conclusiones.

Es cierto que existen otras teorías, como la de Lamarck, quien sostuvo también que los animales adquieren cualidades añadidas, impuestas por la influencia del ambiente.

Es decir, tengo dos manos. Con una sujeto mi sotana y con la otra mi paraguas. Mi sotana está hecha de tal modo que debo sujetarla; pero llueve y con la otra mano debo sujetar el paraguas. Si además tengo un bolso, no puedo sujetarlo también: necesitaría una tercera mano. ¡Y allí -según esta teoría-, en algún momento, brota una tercera mano! (No os riais…), para poder sujetar el bolso que necesito levantar.

Esto es lo que dice la teoría de Lamarck: que es necesario crear nuevos órganos, nuevas condiciones, nuevas situaciones. Y cuando vaya a dar a luz hijos, estos nacerán con tres manos. ¡Os dije que no os rieseis! He aquí, pues, la idea de que se heredan cualidades adquiridas.

Pero también esto, hijos míos, es muy anticientífico; por eso ha caído también el lamarckismo, porque se ha observado simplemente que esto no es posible, salvo en casos muy aislados y excepcionales, y que, en definitiva, no existe transmisión hereditaria de cualidades añadidas de un individuo a otro, ni mucho menos de un género a otro.

Pero mirad un momento, hijos míos. Me diréis que ahora tenemos una teoría que se llama evolución. Cuando decimos evolución, ¿qué entendemos? Debería habéroslo dicho desde el principio, pero os lo digo ahora.

Existen dos sentidos o dos formas de entender la evolución. Un primer caso es el que vemos en la creación de los seres o entes, tanto en el reino vegetal como en el reino animal, donde se pasa de lo simple o menos perfecto a lo más desarrollado. Si echamos una ojeada al primer capítulo del Génesis, como ya hemos dicho aquí, no es difícil verlo; lo observamos inmediatamente.

En las plantas, primero tenemos las hierbas, las plantas herbáceas, que no tienen tronco ni madera, es decir, no son leñosas. Luego tenemos los arbustos. Después aparecen las plantas leñosas, con troncos completos, normales, bien formados. Es decir, pasamos de las plantas más simples a las más desarrolladas. En los animales sucede algo semejante: primero tenemos los peces, después las aves y, finalmente, los mamíferos, que son más perfeccionados que las aves. He aquí, pues, una evolución, un desarrollo.

La primera forma de evolución consiste, por tanto, en pasar de los seres o entes más simples a los más desarrollados. Está claro que la Santa Escritura se refiere a esto y expone esta evolución. Naturalmente, es Dios quien la crea y quien conduce este paso de lo simple a lo más desarrollado. Este es, pues, el primer sentido de evolución.

Pero Darwin no se refería a esta evolución, ni los evolucionistas entienden así esta palabra, sino que pretenden explicar cómo se puede pasar progresiva e insensiblemente de unas especies a otras más desarrolladas.

*(Ninguno de la mayoría de los fósiles -que incluyen formas de vida invertebradas, procedentes principalmente del Cámbrico- pertenece a una forma transicional. Tampoco en los restos de las formas de vida más desarrolladas se ha encontrado ninguna forma transicional que muestre el paso de los peces a los anfibios (por ejemplo, cómo las aletas se convirtieron en patas), de los anfibios a los reptiles, o de los reptiles a las aves o a los mamíferos. No se han hallado, por tanto, formas transicionales de los órganos particulares de cada especie que puedan tender un puente sobre el enorme abismo morfológico que separa a una especie de otra. Sería, pues, paradójico que existiera una evolución transicional de este tipo —que, según los evolucionistas, requeriría millones de años y presupone innumerables formas intermedias— sin que se haya encontrado ni una sola de ellas entre los innumerables fósiles descubiertos. El número y la amplitud del registro fósil no constituyen una prueba de la transición gradual de las especies. De manera característica, la revista National Geographic, en su número de noviembre de 2004, titulado “¿Se equivocó Darwin?” (¿Was Darwin wrong?), compara el registro fósil con una película de la que, de cada 1.000 fotogramas, ¡se han perdido 990!).

Finalmente, surge la pregunta fundamental: ¿quién crea? ¿Dios, o existe quizá algún otro factor fuera de Dios que crea? ¿Y quién sería ese factor? ¿O acaso, si Dios creó los peces, tomó luego algún pez, le puso alas y lo convirtió en ave para volar? ¿O creó los peces tal como son y después realizó una nueva praxis creadora para las aves, sin ninguna relación con los peces? ¿Qué es exactamente lo que sucede?

Sea lo que sea, hijos míos, la Santa Escritura nos dice que Dios, en todos los casos de la creación, ha hecho todos los seres o entes «κατὰ γένος» (katá génos) según su género», y no ha pasado de un género a otro. Aunque Dios tiene el poder y el derecho de hacerlo -es una cuestión suya, pues Dios es omnipotente y hace lo que quiere—, vemos que, cuando Dios crea, no pasa de un género a otro.

*[Pierre-Paul Grasse, zoólogo francés, “Tu el pequeñito Dios”, 1971, pág. 101, 110: A priori, desde principio, el ente o ser embrión existía obligatoriamente como una cosa compuesta, que, hasta cierto punto, viene en oposición con la supuesta evolución gradual de formación, configuración de la materia viva que imaginas y fantasean los evolutivos. Después no es tan seguro que los animales multimoleculares son hjos de los protozoos. Ninguna forma transitoria, a pesar de las minuciosas investigaciones, no pudo encontrar en el intermedio de los actuales protozoos y metazoos, un profundo abismo los separa.]

Debo deciros una cosa más: todo lo que os he dicho ahora sobre la teoría de la evolución se refiere de manera general al reino animal y vegetal, no al ser humano. Sobre la supuesta evolución del ser humano hablaremos cuando lleguemos al relato de la creación del hombre.

Así pues, hijos míos, vemos que la teoría de la evolución se mueve en este segundo significado del término evolución: intenta justificar e interpretar el paso de un animal a otro. Esto es lo que afirma la teoría de la evolución. Y esto no se parece en nada a la descripción del Génesis, donde se expone un desarrollo sucesivo de los entes o seres, de los más simples a los más desarrollados, pero siempre «κατὰ γένος» (katá génos: según su género).

Es cierto que existe también la teoría de los cambios de De Vries (botánico-logo y biólogo holandés), quién dijo: “la teoría de Darwin sobre la génesis de las especies es enferma, porque no se puede explicar solo con la percepción de cambios graduales”.

Pero ¿qué os voy a decir yo sobre todas estas cosas? Son muchísimas y, como os dije, no me gustaría extenderme. Solo os comento que hubo también una teoría opuesta, sostenida por un tal Paul Büchner.

Esta teoría afirmaba que no es correcta la opinión de que progresamos del ser o ente más simple al más desarrollado. Büchner sostuvo lo contrario: que el mono procede del hombre, y que esto sucedió porque el hombre se degeneró, y su degeneración produjo al mono.

Naturalmente, esto no es correcto. Ni el mono produjo al hombre -como sostiene la teoría de la evolución de Darwin-, ni el hombre degenerado produjo al mono, como sostiene la teoría de Büchner. Aquí se manifiesta una misma debilidad: la incapacidad de explicar cómo se da el paso de un género a otro. No podemos explicar la síntesis de los géneros, el paso o traspaso de una especie a otra.

Además, esto es precisamente lo que llamamos teoría. ¿Sabéis qué es una teoría? Es un creer científico. Atención a este punto.

Estas cosas quiero que las tengáis claras y las mantengáis. La teoría no es una verdad científica. Se apoya en algunas observaciones, pero nunca es, por sí misma, una verdad científica. Parte de una suposición o hipótesis, a veces incluso de una intuición o percepción del científico; a continuación, formula una hipótesis, construye una teoría e intenta demostrarla con los datos de las observaciones de que dispone. Si estos datos se verifican siempre, en cualquier lugar, en cualquier tiempo y por cualquiera, entonces esta teoría científica se convierte en verdad científica, y ya no cabe duda alguna: finito, no hay objeción posible. Pero mientras no llegue a ese punto, sigue siendo teoría científica. Incluso una teoría científica puede ser sustituida por otra más desarrollada y perfeccionada.

Y realmente, desde 1859 hasta hoy, desde que se formuló la teoría de Darwin, han pasado más de ciento veinte años (hoy 2026 ciento setenta y tres). Ha habido épocas en que fue olvidada y otras en que volvió a salir a la superficie, a la luz pública. Esto indica que no es una verdad científica definitiva; por lo tanto, no podemos afirmar con certeza que tengamos el origen de las especies explicado de modo evolutivo.

Un profesor extranjero decía lo siguiente: «Uno se hace o no evolucionista, no por las demostraciones que acumula la Historia Natural, sino a causa de sus ideas filosóficas» (Yves Delage, partidario de la teoría de la evolución).

¿Qué significa esto? Aquí, ahora, prestad atención, porque veremos la raíz del problema.

¿Sabéis que la teoría de Darwin nunca se ocupó del tema del ser humano, del hombre? Aquellos que quisieron apoyar la idea de que el hombre proviene del mono descubrieron que Darwin nunca dijo que el hombre procede del mono. ¿Os sorprende esto? ¿Sabéis también que Darwin nunca dijo que no creía en Dios? Entonces, ¿de quién se trata? Os lo diré.

Cuando en el siglo XIX se formuló la teoría de Darwin, el materialismo estaba en su apogeo. El materialismo es aquel sistema que niega el concepto de Dios y, por lo tanto, también el concepto de creación. Acepta la materia como eterna, autoexistente y autocreada; es decir, sostiene que la misma fýsis —la naturaleza— se ha creado por sí misma. A esto se le llama ὑλισμός (hylismós), materialismo.

El materialismo dominante de aquella época, al ver esta teoría, se aferró a ella y fue más allá de lo que el propio Darwin había formulado. ¿Y sabéis por qué hizo esto? Para demostrar que, si el hombre procede del mono, y el mono de un animal más allá…, y así sucesivamente hasta llegar a un organismo unicelular; y si ese organismo unicelular surgió por sí solo de la materia muerta, según la génesis automática de la que hablábamos en una clase anterior (7ª), entonces, sencillamente, no existe Dios. Y si no existe Dios, entonces no tenemos que rendir cuentas a nadie por nuestras praxis y actos. Dicho de manera sencilla: entonces es inútil creer que existe el Paraíso y el Infierno.

Lo que molesta profundamente a los hombres, hijos míos, es esta posición metafísica: que existe el Juicio, que existe el Paraíso y que existe el Infierno. Si existe el Infierno, debo convencerme a mí mismo de que no existe; y para decir que no existe el Infierno, debo decir también que no existe Dios. ¿Y cuándo diré yo esto? Cuando no quiera cambiar mi vida.

Porque existen solo dos posiciones: o cambio mi vida ante Dios y obedezco su voluntad, o digo que Dios no existe y permanezco en mi propia voluntad. Una de las dos. Si finalmente elijo decir que Dios no existe, entonces necesariamente necesitaré la teoría de la evolución para sostener que el hombre proviene del mono, y así no tendré que dar cuentas de mis actos a ningún Dios, puesto que yo también sería solo un animal, un mono.

*[El D.Vernet, profesor de las Ciencias naturales, en su libro, “Fe y ateísmo”, escribe que: “Los seguidores de la teoría de la evolución y sus explotadores, la alimentaron con sus argumentos el ateísmo, el materialismos dialéctico o discursivo, el racionalismo, el científico y el religioso. Y el inglés Bernard Shaw escribió muy acertadamente: “Darwin tuvo la suerte de satisfacer a cada uno que quería servir a su propio e interesado propósito y objetivo.]

Pero hay algo más aún. Incluso desde el punto de vista de la vida social, desaparecería toda responsabilidad. Sería impensable que me lleven ante un juez porque he roto el escaparate de una pastelería y he comido todos los dulces. Si me detiene la policía y me pregunta: «¿Qué haces aquí?, ¿por qué has hecho esto?», yo podría responder: «Nada distinto de lo que hace una gata: salta a la mesa del pescadero, arrebata un pescado porque tiene hambre, lo huele y lo toma».

¿Tiene la gata responsabilidad porque ha comido el pescado? ¿Acaso va a rendir cuentas porque se lo ha comido? No, porque es un animal. Por tanto, si yo también soy un animal -¡y lo digo con gusto y placer!- porque provengo del mono, entonces no tengo que dar cuentas ni a Dios ni ante los tribunales, ni ante los hombres ni ante la sociedad, etc. Así pues, la teoría de la evolución ha ofrecido a cualquier opresor, abusador, maltratador y violento una magnífica justificación para sus crímenes.

En nuestra época es cierto que, en el siglo XX, el materialismo teórico ya no está en su apogeo. Este tuvo su auge en el siglo pasado y, en efecto, desde el punto de vista científico hoy está arruinado y obsoleto. Pero en nuestro tiempo tenemos los frutos del materialismo. Es decir, hoy tenemos una vida materialista, un modo de pensar materialista. Y como existen sistemas materialistas -sean sociales o filosóficos, creo que me entendéis-, los cuales tienen una base materialista y niegan a Dios, sin duda necesitan sostenerse, aunque sea supuestamente, en la teoría de la evolución.

*[Muchos ateos, materialistas y capitalistas de la época de Darwin celebraron la aparición de la teoría de la evolución; pero más que nadie, quien se impresionó profundamente con la teoría de Darwin fue el ateo Karl Marx. Él la aceptó como un regalo celeste, porque la “lucha por la existencia” de la que hablaba Darwin se ajustaba perfectamente a su idea ateísta y marxista sobre la lucha de clases. También Friedrich Nietzsche tomó muy en serio esta teoría, y en concreto criticó a Darwin porque no llevó su teoría hasta las últimas consecuencias, especialmente en lo que respecta a la sociedad. Además, todo el comportamiento del fascismo, con líderes como Mussolini y Hitler, se determinaba en gran medida por la teoría de la selección natural de Darwin. Es característico el caso del libro de Hitler, Mi lucha (Mein Kampf), que se sostiene en gran parte sobre esta teoría. Durante el período del nazismo, en los colegios alemanes la teoría de la evolución de Darwin era una lección básica del currículo escolar. Hoy, en Francia, algunos científicos critican a Darwin, argumentando que él inspiró indirectamente a Hitler y que, de manera recurrente, su teoría sigue inspirando ideologías extremas. (P.-P. Grassé, L’Homme en Accusation, Albin Michel, París; rev. Nature, vol. 189, 19/02/1981)]

Por esta razón, en nuestros días -y hablo ahora concretamente de Grecia—, he aquí que en los últimos años esta teoría realmente podrida ha vuelto a salir de los viejos armarios. Se ha refrescado, se ha vuelto a publicar en nuevos libros, se le han añadido bellas imágenes, y se sirve como si fuera la última palabra de la ciencia, porque existe una necesidad de apoyarse en algo.

¿Qué más queréis que os diga? Hablaros de Haeckel, este alemán, que formuló —¡escuchad, escuchad!— que el hombre procede de determinados animales y tomó supuestos embriones de distintos animales, los dibujó, los presentó en comparación con el embrión humano y dijo: «¡He aquí de dónde proviene el hombre!». Luego algunos de sus colaboradores y otros científicos comprobaron y descubrieron -¡ay, ay, qué grave es esto para un científico!- la falsificación que había cometido. Entonces un periódico de Berlín, porque allí ocurrió esto, escribió con grandes titulares sobre la falsificación de Haeckel. ¿Para qué servía esta falsificación? Para servir al materialismo.

*[Ernst Haeckel (1834–1919) fue un biólogo, filósofo y artista alemán que hizo más propaganda que ciencia, aprovechando y explotando la teoría de Darwin con fines personales. El tema por el que es más conocido es la “Ley biogenética fundamental”, también llamada “Ley de Haeckel” o “Ley de la recapitulación”, según la cual la ontogénesis —es decir, el desarrollo del individuo— recapitula la filogénesis, es decir, la supuesta transformación progresiva de las especies. En contraste con la enseñanza bíblica de la creación κατὰ γένος (según su género), esta teoría sostiene que el embrión, a medida que se desarrolla durante el período de gestación (ontogénesis), pasa resumidamente por todos los estadios de la evolución del género o especie (filogénesis). Aunque sus ideas tuvieron importancia en la historia de la teoría de la evolución, muchas de ellas hoy se consideran equivocadas o falsas. Haeckel también describió y nombró microorganismos ancestrales hipotéticos que, en realidad, nunca fueron encontrados.]

O puedo hablaros del cráneo de Piltdown, hallado en Inglaterra en Piltdown Common. ¡Un cráneo humano con mandíbula de mono! Dijeron: «¡Hemos encontrado el hombre-mono!». ¡Cantos de victoria científicos! Pero se sentaron, lo estudiaron con seriedad y descubrieron que el cráneo pertenecía a un hombre perfectamente moderno, contemporáneo. Examinaron la mandíbula y encontraron que era de mono. ¡Y aun así dijeron que el hallazgo era importante! Este falso descubrimiento se colocó junto al hombre de Neandertal, del que hablaremos cuando lleguemos a la creación del hombre.

¿Y cuál fue el resultado? Se descubrió que el cráneo de Piltdown era falso. Alguien tomó un cráneo, lo trató con ácidos, realizó un tratamiento químico, cavó una capa geológica, lo enterró allí y luego dijo: «¡He encontrado un cráneo!». Este engaño ocurrió alrededor de 1912. ¿Por qué se hizo?

Décadas después, hacia 1960 —hace relativamente poco; tengo incluso recortes de periódico que lo describen—, se descubrió que todo había sido un fraude. Un profesor de Biología, Yannis Koumaris, de la Universidad de Atenas, escribió entonces un artículo titulado Los farsantes y la ciencia, en el que señalaba que, finalmente, el cráneo de Piltdown era falso.

¿Y por qué este engaño? Simplemente para servir al materialismo. Cuando no existen demostraciones, aparecen las falsificaciones… ¡Cosas inmorales y deshonrosas!

*[El filósofo francés existencialista contemporáneo Albert Camus señala al respecto que Marx escribía a Engels que la teoría de Darwin constituía la base de sus propias teorías. Para que el marxismo permaneciera infalible, sería necesario suprimir todos los demás descubrimientos biológicos posteriores a Darwin. Sin embargo, ocurrió lo contrario: tras los bruscos cambios constatados por De Vries, que introdujeron en la biología —contra el determinismo— el concepto de lo casual o del azar, Lysenko intentó imponer de nuevo el más elemental determinismo, pretendiendo ordenar los cromosomas por decreto. ¡Esto es de risa! (Albert Camus, El hombre rebelde).]

Hijos míos, para terminar: la teoría de la evolución, tal como se presenta hoy, más bien confunde las cosas que las aclara. He leído -y lo conservo- un artículo reciente que afirma que la teoría de la evolución ha creado más problemas de los que ha resuelto.

Hasta este momento sigue siendo siempre una teoría, con muchísimos puntos débiles, incapaz de explicar de manera fundamental aquellas cuestiones que preocupan al hombre. Permanece, lo repito, una teoría y nada más.

Y, sin embargo, como aprendéis en la escuela y escucháis por todas partes, se presenta como una verdad científica. Llegan los maestros a enseñaros así, o lo oís en la televisión o en la radio, que el ser humano proviene del mono. Nadie ha podido demostrar esto, lo repito, porque no constituye una verdad científica. No es una verdad científica; permanece un problema sin solución.

La Santa Escritura, en cambio, nos lo resuelve claramente: cada γένος (yénos, género) fue creado por la praxis creadora de Dios. Por eso insiste una y otra vez el escritor sagrado Moisés en que Dios creó cada cosa κατὰ γένος (katá yénos), según su género.

*[Por su parte, Friedrich von Huene (1875–1969), profesor alemán de Paleontología en la Universidad de Tubinga, afirmaba: «El camino de la historia de la vida, a lo largo de los siglos geológicos, es la creación de Dios. El desarrollo geológico de los seres vivos corresponde exactamente a lo que se describe en el primer capítulo del Génesis, especialmente a lo realizado en el quinto y el sexto día.]

Así pues, hijos míos, con el fin de apoyar el ateísmo, con el objetivo de atacar el Evangelio y la Santa Escritura y de negar y suprimir a Dios, los hombres, desgraciadamente, no actúan con honestidad interior y utilizan la ciencia como servidora de sus intenciones, poniéndola al servicio de la mentira y de la falsedad.

Por tanto, tengamos cuidado con las mentiras y falsedades que se nos presentan, para poder conocer realmente la realidad y aprender lo que es la verdadera ciencia. Amín.

Domingo, 16 de enero de 1983

 

12ª Lección (homilía): La Divina Providencia y Gobierno divino

 

Estamos en el último capítulo sobre la Cosmología Cristiana, el tema sobre la Cosmología Cristiana es muy grande. En los capítulos anteriores hemos visto exactamente cómo Dios ha hecho al mundo, que de la luz (increada) hizo el universo y cómo hizo las plantas, los pájaros y los animales acuáticos y terrestres. El sexto día formó también al hombre, del cual hablaremos por separado especialmente.

Pero toda esta creación, tal como la vemos, la disfrutamos y nos alegramos, ¿pero no tiene necesidad de mantenimiento? Si construimos nuestra casa, debemos mantenerla. Si tenemos nuestro coche, también debemos mantenerlo. La creación entera, tal como se puso en funcionamiento y movimiento, ¿no requiere mantenimiento? Sin duda que sí. Este cuidado, pues, se llama Providencia de Dios. Y es todo aquel cuidado y atención que pone Dios para el mantenimiento de lo que ha creado.

¿Qué es, pues, Providencia de Dios o Divina Providencia?

Nemesio de mediados del siglo V d. C. nos dice que: “Providencia de Dios, o divina providencia, es la preocupación, atención y cuidado que se hace de parte de Dios para las creaciones. O providencia es la voluntad de Dios de que existan los seres, existencias, e igualmente aquel que los ha creado, Él mismo sea tanto creador como providente de ellos»”.

Así que la Providencia de Dios es muy necesaria, porque existe la corrupción, el desgaste dentro de la creación. El por qué existe la corrupción dentro de la creación y la muerte de lo que tiene vida, esto lo veremos cuando lleguemos a la formación del hombre.

Sólo os   digo esto: que Dios no hizo la corrupción ni la muerte. Tanto la corrupción como la muerte son cosas interpuestas; entraron dentro de la creación, naturalmente no sin que Dios lo quiera, sino que Dios permitió que se introduzcan estos dos elementos, el de la muerte y la corrupción, exactamente porque el hombre pecó. Pero esto lo veremos cuando lleguemos a la creación del hombre y a la caída de él; ahora no lo podemos entender. Porque el universo se hizo para el hombre y el hombre se hizo para Dios. El hombre cortó sus relaciones con Dios y perdió la relación vivificante con Él. Porque la inmortalidad y la incorruptibilidad son elementos que se darían al hombre y, por el hombre, a la creación, si el hombre mantuviese la relación vivificante con Dios. Porque Dios es el único inmortal.

Dice el apóstol Pablo en su primera epístola a Timoteo que “Dios es el único que tiene inmortalidad” (1Tim 6:16). Y el hombre no tiene por sí mismo la creación, ni los ángeles son inmortales por sí mismos, pero la inmortalidad la tenemos de Dios.

Por lo tanto, puesto que el hombre interrumpió por sí mismo sus relaciones con Dios, totalmente, como hombre se introdujo la muerte. De este modo entraron la muerte y la corrupción. Una cosa es la muerte y otra la corrupción, el desgaste. El desgaste es cuando yo ahora crezco, envejezco y enfermo; esto se llama corrupción, y cuando muero se llama mortandad.

Apuntar aún que el desgaste o corrupción está puesto a los seres vivos o entes a la vez que la creación de ellos. ¡Es terrible! Dentro de la semilla existe la vida y, a la vez, la corrupción y la muerte. Cuando yo fui concebido en las entrañas de mi madre, simultáneamente, allí que se engendraba la vida, a la vez se engendraba la corrupción junto con la muerte. ¡Es una cosa terrible! Es una de las cosas más contranaturales y paradójicas. El misterio de la vida y la muerte es uno de los misterios inexplicables; es una discordancia dentro de toda la armonía de la creación. Y es discordancia, como os expliqué, porque exactamente ni la corrupción ni la muerte son creaciones de Dios. Dios no hizo la corrupción ni la muerte: “Porque Dios no hizo la muerte, ni se complace en la destrucción de los vivientes” (Sabiduría Salomón 1:3)

Aún más: como se introdujeron la corrupción y la muerte, Dios provee que su creación no vuelva al cero, que no esté en una situación inenergizada, in-operada o inactiva; es decir, en una situación en la que esta bella creación no podría llegar a su fin definitivo, de lo que hablaremos más abajo.

Por lo tanto, ¿qué vemos? Vemos que Dios ahora prevé y cuida de Su creación. Entonces Aquel que hizo el cosmos-mundo es también su proveedor.

La Providencia o previsión, atención o cuidado, está en la materia no orgánica, es decir, el universo, y está también en la materia orgánica, es decir, las plantas y los animales, pero particularmente está en el hombre. Así que Dios provee que existan todos en su sitio y en su orden.

Cuando hizo la Tierra, la hizo de tal manera que pueda existir la vida encima de la tierra. Esto es algo asombroso. La distancia nuestra del sol no es más que la justa para que se mantenga la vida. Si estuviésemos un poco más lejos, como está Marte, no tendríamos vida encima de nuestro planeta. Y si estuviésemos más cerca del sol, como Afrodita, lo mismo no podría haber vida porque haría mucho calor. Mucho más si estuviésemos en el lugar de Hermes. El lugar, pues, de la tierra está así y de tal manera para que no se destruya la vida.

Aún tenemos el día con su noche, las veinticuatro horas; tenemos las estaciones: todas estas cosas, siempre en sus cambios, crean el mantenimiento de la vida. Pero para que estas existan debe alguien cuidarse de ellas. Porque debo deciros que Dios no ha creado el universo de una manera como el relojero hace el reloj, le da cuerda, lo pone en la pared, lo deja y funciona. Dios no hizo las leyes físicas y se alejó de Su creación diciendo que ahora -lo digo simple- he dado cuerda a la creación y ahora funciona muy bien. He puesto las leyes físicas y funciona muy bien. No. Dios sí, por un lado, hizo las leyes físicas; aún veremos en nuestra teología que Dios puso también ángeles en toda la creación para que la estén vigilando y cuidando.

Prestad atención, en toda la creación puso ángeles para que cuiden y vigilen la creación. Y la vigilen no solamente para que funcione bien, sino para que la guarden de la energía y acción maligna de Satanás, del diablo. El cual, ciertamente, es creación de Dios como ángel bondadoso, pero ha caído y piensa y quiere destruir la creación.

Os recuerdo sólo un pequeño caso de la Santa Escritura, cuando el diablo pidió a Dios hacer mal a Job. Enseguida lo puso todo patas arriba. Si los ángeles dejaran libre al diablo dentro de la creación, lo pondría todo patas arriba en unos segundos, lo destruiría todo. La manía del diablo contra las creaciones de Dios es tan grande que no podéis imaginar, sobre todo contra el hombre (Job 1:14-19).

 Así pues, los ángeles protegen la creación y también la protegen del diablo.

Todo está con un funcionamiento adecuado, armonioso. Es asombroso cómo la tierra se mueve alrededor del sol y lo que pierde durante su recorrido en cien años puede perder una centésima de segundo; y mucho me temo que nuestros instrumentos, por muy perfectos que sean, quizá al final no puedan rendir una absoluta exactitud. Y lo asombroso es que lo que pierde la tierra en cien años, esa centésima de segundo, lo recupera en los próximos cien años y permanece exactamente como antes. ¡Este movimiento de la tierra alrededor del sol es asombroso, como también el de la tierra sobre sí misma!

Todas estas cosas, hijos míos, no son al azar, porque Dios está dentro de Su creación. A pesar de que ha puesto las leyes físicas y tiene ángeles que guardan Su creación, también Él mismo está presente. Las leyes naturales expresan la voluntad de Dios, sin que supriman el cuidado continuo de Dios, según la forma deísta.

*[Deísmo es un movimiento filosófico y religioso que se encuentra en las antípodas del Cristianismo, pero también del ateísmo. El Cristianismo sostiene su fe en irrompible, continua relación entre Dios y el cosmos-mundo, mediante las energía increadas de Dios, mientras que el Deísmo no acepta que existe tal relación. El ateísmo, por su lado, no acepta la existencia de Dios, en cambio el deísmo acepta la existencia de Dios, Quien no interviene en la naturaleza y en la historia, ni comulga, ni conecta, ni participa con los hombres].

Y el Señor nos dijo que “mi Padre trabaja hasta ahora, no para, no cesa, y yo también trabajo”. Conocemos que Dios paró de Sus obras cuando hizo también al hombre, como veremos en otro tema otro día. ¿Pero qué quiere decir que cesa? Paró, cesó en crear nuevas cosas, pero aquí el Señor nos dice que Su Padre trabaja hasta ahora. Trabaja también Jesús Cristo. ¿Pero en qué trabaja? Trabaja en muchas cosas, como la salvación y sanación del hombre —como veremos—, pero también en el cuidado y atención de toda la creación.

Así, Dios está muy cerca de Sus creaciones: las ama, las acaricia, por decirlo de alguna manera, como totalidad el universo, pero también cada creación muy de cerca. Acordaos de las palabras del Señor que dice: “¿Qué valor tiene un gorrión? Pues os aseguro que un gorrión no está olvidado de la agapi, del amor increado de Dios” (Luca 12:16. Dios conoce esto.

Qué queréis que os diga: dentro de la creación hay infinidad de ejemplos para contar. Os digo uno que me acuerdo ahora.

Sabéis que el agua se congela. Si se congelaran los ríos, los lagos, los mares, etc., entonces la vida allí dentro se congelaría también, los peces, etc. ¿Qué pasa, pues, con el agua?

El agua, como sabéis, tiene una excepción: cuando se congela, como todos los cuerpos, debería contraerse, reducirse. El agua, al congelarse, se reduce hasta los cuatro grados sobre cero, pero a partir de allí empieza a dilatarse; por eso el hielo flota sobre el agua. Significa que el hielo es más ligero que el agua. El peso específico del hielo es menor que el peso específico del agua, y el hielo flota sobre el agua. Esto significa que, si se congela la superficie, la vida está más abajo, es decir, los peces están más abajo y no se congelan. ¡Es algo asombroso!

¿Creen que esto es algo del azar? Está en la Providencia de Dios todo esto. Cierto que la Providencia de Dios aquí, en el sentido de que desde el principio de la creación se hizo de tal manera que nada de ella se destruya. Nada puede destruir el hombre en la creación; si lo destruye, está en contra de él. Esto es porque Dios se cuida y prevé, como os dije, no sólo con las leyes físicas, sino también con Su presencia personal dentro de la creación.

Son muy emocionantes aquellas palabras que escribe el θεόπνευστος (zeópnefstos: inspirado por el Espíritu de Dios) Salomón 11, 24-26: “Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si algo aborrecieras, no lo hubieses creado. ¿Y cómo subsistiría nada si no hubiese sido creado por ti? Pero eres caritativo con todos, porque todo es tuyo, Señor cariñoso de las vidas que has creado y que amas cuanto existe”. Hay tantas cosas que decir, por no decir aún que desde su creación las existencias llevan dentro la Providencia.

Una cosa más. ¿No os sorprende cuando brotan todas aquellas flores y plantas del campo durante la primavera? Todas estas, cuando llega el final de mayo y empieza junio, se habrán secado. Habrán hecho su semilla, y la semilla, por supuesto, caerá en el suelo, y ellas se habrán secado. Las condiciones que hicieron la semilla brotar -atención- fueron el calor y la humedad.

Pero se crea una pregunta o duda:  que en el otoño tenemos la misma humedad y temperatura que en la primavera. ¿Por qué estas plantas o flores no brotan también en el otoño y sólo en la primavera? Las amapolas, por ejemplo., ¿cómo es que no brotan también en el otoño, si son las mismas condiciones?

Esto se hace porque, si brotasen, no les daría tiempo de dejar la semilla en la tierra, porque les avanzaría algún frío, y entonces la primavera siguiente no brotaría nada: no habría flores. Pero ¿por qué brotan sólo en primavera y no brotan entonces, puesto que, como os dije, existen las mismas condiciones?

¡Atención… escuchad la sabiduría de Dios! Ojalá que uno pudiera tomar una escalerita y entrar allí dentro, o entrar dentro del átomo de la materia y ver allí los secretos de la creación. Hijos míos, la semilla por unos meses, quizá un año más o menos, es estéril. Por eso nos dicen los médicos agrónomos que de plantas de las que hemos sacado la semilla el mismo año no sembremos; es decir, si sacamos de una planta una semilla, no la sembremos inmediatamente: es estéril, no tiene fecundidad en su interior. La semilla, para adquirir fecundidad, tiene que envejecer. Preguntamos: ¿cuánto tiempo tiene que envejecer? Un año, nos responden. Así pues, a pesar de que tenemos las mismas condiciones en otoño, no brotan las semillas de las flores de la primavera. Brotarán otra vez la primavera del año siguiente. ¡Cosas muy asombrosas!

Pero la cosa muy grande y admirable, hijos míos, está en la Providencia especial, separada, que existe para el hombre. ¡Qué puedo decir… qué puedo decir para la Providencia del hombre! ¡Lo que uno diga es poco!

Dice Dios mediante Isaías: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aun cuando ella se olvidare, yo nunca me olvidaré de ti” (Isaías 49:15)

¡Desgraciadamente hay madres que se olvidan de sus hijos o incluso los matan!… (Se refiere a los abortos), detenedlo bien esto en vuestras cabezas. Quizás muchas aquí ahora sois jóvenes y no entendéis algunas cosas. Pero si lo mantenéis en vuestra memoria cuando seáis mayores entenderéis muchas cosas de la maldad que hay en los seres humanos.

 Una vez una madre fue al cine con su hijo. El niño se durmió y lo puso en el asiento de al lado. Acabó la película y se olvidó del niño. Al tomar el autobús para su casa, por un momento se oyó un grito fuerte. Todos los pasajeros se giraron para ver qué le había pasado. ¡Gritaba que se había olvidado de su hijo en el cine!… Parece extraño. Pero dice Dios que, si la madre te olvida, ¡Yo no te olvidaré!

Y aquello tan bello que dijo el Señor: “O ¿qué hombre hay de vosotros que, si su hijo le pide un pan, le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿le dará acaso una serpiente? Pues si vosotros, siendo astutos malos y corruptos por el pecado, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le piden!” (Mt 7, 9-11). Así que vemos realmente que existe este cuidado especial de Dios para el hombre.

Pero la cima del cuidado de Dios para el hombre, ¿sabéis cuál es? ¡Es la humanización, la encarnación de Dios! ¡Ay, qué puede decir uno sobre esto! ¡Cuando el mismo Dios se hace hombre y viene entre nosotros…! ¿Es pequeña cosa esto? Si intentáis a captarlo o comprenderlo esto, puede ser que lleguéis hasta los límites de la incredulidad.

Es tan grande esta realidad que nos deja perplejos. Es como si os dijera, ¡que vuestros abuelos y bisabuelos han resucitado y están allí arriba en la Iglesia esperándoos!… (Las catequesis se hacían en el sótano del templo de san Jaralambus). Es de tal magnitud la cosa que por un momento quedaréis incrédulos y, sorprendidos, clamaréis: ¿será posible? Por tal grandeza uno se hace incrédulo, aunque uno se sepa que resucitaremos, aunque uno se queda incrédulo en un momento, tal como fueron incrédulos los discípulos cuando escucharon de las mujeres que el Señor había resucitado.

Escuchad cómo lo dice Nemesio: “Esta obra santísima de la Providencia, que por la exageración de la filantropía de Dios llega a los límites de la incredulidad, ¿qué es? Es que Dios se encarnó, se hizo hombre. Solamente esto que piense uno es bastante para comprender la magnitud de la divina Providencia y la agapi de Dios”.

Pero no vayáis a creer que Dios simplemente se cuida de la naturaleza o sólo de cada hombre en particular. Se cuida y se preocupa de la totalidad de los hombres, como es la sanación y salvación, pero también hay otra cosa: Dios entra también dentro de la historia. Le encontramos, pues, proveedor dentro de la naturaleza, y le encontramos también providente dentro de la historia. Además, la encarnación o humanización es Su providencia dentro de la historia. Porque Aquel que es sin tiempo, atemporal y eterno, se hizo tiempo (χρόνος jrónos). Porque historia quiere decir tiempo, y Él mismo se hizo también historia. Entró dentro de la historia humana y en la historia de la creación para estar tan cerca con nosotros. Así pues, entra dentro de la historia y, si queréis, también dirige la historia.

Así vemos a Israel, el pueblo de Dios, como Dios entra dentro de la historia y dirige la historia de este pueblo. Si leéis los libros del Antiguo Testamento, veréis cómo Dios, después de la degeneración de los pueblos, toma de los descendientes de Noé a una persona que se llama Abraham. Lo aísla de su antiguo ambiente, de sus parientes, y lo coloca en un país nuevo, y allí crea un pueblo entero. A este pueblo, dentro de muchas peripecias, lo cuida -como en Egipto, en el desierto, en múltiples circunstancias- para dar la Θεοτόκος (Zeotókos: la que da a luz a Dios), que dará al Salvador Cristo, el Hijo de Dios encarnado. Todo esto no es más que Providencia de Dios dentro de la historia.

Ved una cosa más: no hay ningún acontecimiento histórico en el que falte Dios. Dice: “Si pecas, te castigaré, te mandaré enemigos que te harán la guerra. Pero Yo después castigaré a aquellos que te harán la guerra” (Gen 15,16-14; Sal 17:48; Deut 32:43 3 28:45-46, etc.). Veis: entra incluso en los acontecimientos bélicos. Dios entra en todo y, como os dije, realmente dirige la historia.

Aun las fronteras de los pueblos son obra de Él. Si Grecia hoy tiene estas fronteras es porque Dios permite que tenga estas fronteras. Si hace cincuenta, cien o doscientos años tenía fronteras distintas, es porque Dios lo ha permitido. Acordaos de lo que dice Pablo a los atenienses en el Areópago (tribunal supremo de la antigua Atenas), y también en el Deuteronomio, en la última oda de Moisés, que dice: “Dios puso las fronteras de los pueblos. Y también puso ángeles que guardan las fronteras de los pueblos”.

Por lo tanto, no hay nada de lo que Dios no cuide, se ocupe y provea, en la naturaleza y también en la historia.

Vamos ahora a ver las cosas desde la parte práctica. Si Dios se cuida de todas estas cosas, decidme de verdad: ¿existe el caso de la suerte o del azar? O hablamos de Providencia o de suerte. Si Dios es omnipresente, no puede haber ninguna esquinita en la que pueda reinar la suerte. No podemos, pues, creer en la suerte, el azar, la casualidad. Dios está presente en todo, es omnipresente, no se le escapa nada y lo provee todo.

Si me preguntan: “¿por qué tiene que existir el mal y por qué Dios deja que exista el mal?”, entonces os diría que Dios permite que exista el mal simplemente porque existe la libertad del hombre, y con su libertad el hombre introdujo el mal en la creación. Pero Dios destruirá el mal un día. Pero mientras exista este mal en este mundo, para los hombres piadosos está vencido, porque lo venció Cristo, como también la muerte ha sido vencida y la corrupción ha sido vencida, como dice el apóstol Pablo: “Porque debemos a este cuerpo corruptible vestirlo de incorrupción y al cuerpo mortal vestirlo de inmortalidad” (1Cor 15.53). Todas estas cosas Cristo las ha vencido, pero el hombre las introdujo con su caída.

A pesar de esto, la presencia en el mundo del mal, la corrupción y la muerte crean en los hombres creyentes elementos de virtud y santidad. Dice san Basilio lo siguiente: “Al deportista le forma el estadio; al gobernante de un barco, el mal tiempo, la tempestad; al capitán general, su ejército; al hombre de gran corazón, las desgracias; y al cristiano, la tentación le prueba”.

No sigo más sobre este punto, aunque me gustaría quedar más. Quiero hablar de un tema que es muy importante y muy interesante.

Más o menos los hombres, hijos míos, tienen la sensación y el sentido de que Dios provee y se cuida de Su creación. Un poco creyente que sea el hombre lo ve y lo entiende: Dios provee y cuida. Pero toda esta creación que se hizo, de la cual Dios cuida, ¿qué propósito o fin tiene?, ¿a dónde va? Tal como diríamos: tengo un coche y lo mantengo y lo cuido, ¿a dónde va esto, tiene algún fin? Es decir, ¿cuál es el propósito o finalidad de la creación? La finalidad o propósito de la creación es muy importante. Para llegar a este propósito de la creación no es suficiente que exista la Providencia de Dios; ahora debe haber también el Gobierno de Dios. Este es el elemento nuevo que muchos hombres no conocen.

El Dios pues, provee sobre su creación y también la gobierna. Pero la gobierna para una razón y fin. ¿Cuál es esta razón o propósito? Tal como gobierna los seres, las existencias y el universo entero, también gobierna la historia. Es verdad en la historia nada se hace fuera del conocimiento de Dios. El hombre está libre crea la historia y los acontecimientos, pero el final lo gobierna Dios.

¿Cuál es el propósito que Dios gobierna la historia y el universo? ¡Es la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios! ¡Este realmente es el gran tema, hijos míos, la Realeza de Dios! (ver: https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/ 2. ΒΑΣΙΛΕΙΑ-VASILIA, REALEZA)

Realmente la creación entera la que no tiene vida, ni psique-alma, la álogos (sin lógica, irracional) no desaparecerá. Cuando vuelva el Cristo, la creación entera no se hará cero o nada, ni pasará a la inutilidad. Hay multitud de pasajes en la Santa Escritura que hablan sobre esto. En el Apocalipsis se dice: “ …vi que el antiguo cielo y la tierra antigua se habían ido y vi nuevo cielo y tierra” (Apoc 21,1);  “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra” (Isaías 65:17); “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13) y muchos más pasajes bíblicos.

 Cuando dice que se habían ido, no quiere decir que pasaron a la nada o al cero, porque el Dios lo que crea de cero lo hace “muy bueno y bello”. Este “muy bueno y bello” es muy chocante y en la creación se repite mucho. El Dios sus creaciones no las vuelve al cero, si envejecieron a causa del pecado, simplemente las renueva. Todo se renovará. Y dirá el Cristo: «Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas» (Apoc 21,5).

Así que nuestra tierra se renovará, el cielo y el universo se renovarán. Renovará también el tiempo (cronos) y el espacio. Y el espacio y el tiempo serán la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) eterna de Dios. Entonces también la historia, si leéis el libro del Apocalipsis esto lo veréis, no es más que la dirección de la historia hacia el final que es la Segunda Parusía Presencia de Cristo y la Βασιλεία Realeza increada de Dios. Por lo tanto, la creación entera y la historia entera se conducen a la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios.

Para que esto lo entendáis os diré un ejemplo que no es mío, pero es muy característico.

Suponed un barco que viaja. Dentro del barco hay pasajeros, marineros y todos se ocupan de sus trabajos. Suben, bajan, otros se ocupan de las máquinas, otros de las habitaciones, tienen sus recreos, etc., todo lo tienen dentro de este barco. Todos dentro del barco que viaja están muy contentos. Tienen todas las condiciones de vivir muy bien dentro del barco. Así parece la creación, todo está muy bien. Pero el barco, ¿a dónde va? Con toda esta carga el barco viaja a un sitio, es decir, que está gobernado de alguien, del capitán. No sólo es pues, lo que lleva dentro el barco, sino que el barco se dirige a algún lugar.

Así tenemos la Providencia y el Gobierno. El universo tiene todo en su interior. Todo está bienaventurado y feliz, pero todo junto se dirige a algún lugar. Se dirige al puerto de la Realeza increada de Dios.

Esto realmente es grandioso y es la respuesta a la pregunta ¿cuál es el significado de la creación? ¿Por qué el Dios hizo el universo? Esta es la respuesta. Porque el Dios amaba que todo esto volviera en Él y estén a Su propia bienaventuranza y felicidad. Dice el Apóstol Pablo: “Porque por él mismo y a cuenta de él fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo visible y lo invisible…”  (Col 1, 16).

Todo pues, fue creado por el divino Logos increado y para Él y todo vuelve otra vez atrás en la creación. He dicho “vuelven”, pues, sí, debían de volver para el hombre. Pero el hombre fracasó, pecó. En cambio, el hombre debería de dirigir la creación a Dios, porque la creación sigue al hombre, porque ella se hizo para el hombre. Pero el hombre tropezó y cayó y viene el mismo Dios, entra dentro de las cosas, entra en la creación, se hace Él Mismo hombre y devuelve la creación otra vez en Él.

¡Es grandioso esto, hijos míos! Esto es el sentido y significado, como os expliqué antes, de la creación del universo cosmos-mundo.

Por lo tanto, en lección de hoy hemos visto como el Dios se cuida y provee de todo, y no sólo esto, sino que lo gobierna todo, gobierna la naturaleza y la historia; y la dirección dirige todo es la Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios.

Cuando estas cosas grandiosas en cada momento las tenemos dentro de nosotros, entonces no sentimos que estamos perdidos, dentro de este inmenso universo.

Pero, ¿lo imaginan cómo se sienten aquellos que no creen en Dios? Cierto que vosotros no lo pueden imaginar, sea porque estas cosas las escucháis aquí, sea porque las habéis leído, sea porque las escucháis en vuestras casas o de distintas maneras en discursos, homilías, estudiando, etc y más o menos tenéis una imagen de estas cosas que os digo hoy, pero también cada vez hablamos aquí en nuestra catequesis.

Sin embargo, no podéis percibir y captar qué sienten los hombres que no creen en Dios: o creen en Dios y simplemente le llaman un poder o dinamis superior áloga (ilógica, irracional) que no interviene en la historia, ni dentro de las cosas humanas y no interviene dentro de la creación, no sabemos o no sé cómo lo pueden imaginar. Podéis imaginar, ¿cómo se sienten estos hombres?

Terriblemente mal. ¿Saben por qué? Porque se sienten perdidos dentro del universo y piensan y se preguntan, ¿qué y quién soy?… ¿Sabéis por qué? Porque no creen en el Dios providente y gobernante.

En cambio, el hombre creyente ve su pequeñez, pero también su grandeza… Dice que soy muy pequeño dentro del universo, pero también muy grande, porque soy icona/ imagen de Dios y llegó Dios a hacerse hombre para mí. Soy pues, algo muy grande y sobre todo no se siente nunca solo, siente el respiro, el calor y el abrazo de Dios. En cualquier lugar que se encuentre, como dice aquel bello Salmo 138,7: “¿A dónde voy fuera de tu persona, a dónde voy? Si voy al cielo estás allí, si bajo a las profundidades del mar estás allí, si voy al hades o el infierno, estás allí, vaya a donde vaya está presente”.

Este sentimiento, sensación de la omnipresencia de Dios, este sentimiento de la providencia y gobierno de Dios, esta sensación o sentimiento de la agapi (amor increado e incondicional) de Dios, hace al hombre que no sienta para nada la soledad, encuentra sentido y significado a su vida y desarrolla todas sus fuerzas cuantas le ha dado el Dios y vivir dentro de la agapi increada, la grandeza y la felicidad de Dios. El tema sobre divina Providencia y Gobierno es muy grande. Aquellos que lo aprenden y los que lo viven, ellos son de verdad felices. Nunca la puerta de sus corazones las toca la desesperanza, la depresión, la decepción o el sentido de suicidio, nunca. Qué dice el Salmista: “El Señor es mi pastor y yo su oveja, el Señor me gobierna y de nada me privará, nada me pasará”. No tengo miedo a nada, porque el Dios es mi Padre y el Padre de toda la creación.

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220.

Yérontas y Profeta Atanasio Mitilineos, el Nuevo Crisóstomo según Athos.

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas xX jJ www.logosortodoxo.com.

 

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