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Sep 04 2024

Filocalía 3, San Pedro el Damasceno, Libro segundo, 24 Logos sinópticos llenos de γνώσις gnosis espiritual

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Γ΄ 

Όσιος Πέτρος ο Δαμασκηνός

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 3

San Pedro el Damasceno

Libro segundo

Contenidos

24 Logos sinópticos llenos de γνώσις gnosis conocimiento espiritual

Logos α´ άλφα αlfa (1º) Sobre la sabiduría

Logos β΄ βήτα vita (2º) sobre la Fe

Logos γ΄γάμα gama (3º) Sobre el temor o miedo

Logos δ΄ δέλτα delta (4º) Sobre la piedad

Logos ε΄ έψιλον épsilon (5º) sobre la paciencia

Logos ζ΄ ζήτα sllita (6º) sobre las cosas esperanzadas y futuras

Logos η΄ ήτα ita (7º) Sobre la άπροσπάθεια aprospázia’

Logos θ’ θήτα zita (8º) la necrosis de los pazos

Logos ι΄ γιώτα yota (9º) sobre la memoria de los padecimientos de Cristo y de nuestra muerte y pecados

Logos κ’ κάππα kapa (10º) sobre la humildad que Cristo regala

Logos λ΄ λάμδα lamda (11º) la humildad genera discernimiento

Logos μ’ μι mi (12º) La experiencia de la contemplación de las creaciones sensibles

Logos ν΄ νι ni (13º) Gnosis de las realidades espirituales

Logos ξ’ xi (14º) Sobre la απάθεια apázia

Logos o´ όμικρον ómicron (15º) sobre la αγάπη agapi

Logos π΄ πι pí (16º) Sobre la γνώσις gnosis de Dios.

Logos ρ΄ ρο ro (17º) sobre la prudencia

Logos σ΄ σίγμα sigma (18º) sobre la sensatez o sano juicio

Logos τ΄ ταυ taf (19º) sobre la valentía

Logos υ΄ípsilon (20º) sobre la justicia

Logos φ΄ φι fi (21º) sobre la paz perfecta en CristoDios

Logos χ΄ χι (22º) sobre la χαρά jará alegría

Logos ψ΄ψί psí (23º) sobre las Escrituras

Logos ω΄omega (24º) comprender el interés propio

 

Logos α´ άλφα αlfa (1º) Sobre la sabiduría

 

He aquí el prólogo y la letra άλφα alfa, que contiene la sabiduría espiritual. Pero, como el αlfa es el principio de todas las letras en todos los idiomas, así también esta [sabiduría] es el principio de todas las virtudes, y al mismo tiempo es su fin. Pero así como el alfabeto es una lección para los niños, pero sin él es imposible para la educación humana, así también con la gnosis-conocimiento; aunque su principio es muy pequeño, sin ella es completamente imposible adquirir virtud. Así que, ahora bendiga este principio, Padre.

 

El principio de todas las letras en cada idioma es la α, alfa, aunque algunos no lo conocen. Y el principio de todas las virtudes es la sofía-sabiduría espiritual, aunque ella misma también es el fin de las virtudes. Porque si esta no entra en el νούς nus con la mente, el hombre no puede hacer el bien, ya que nunca ha escuchado acerca de ello. Y si se le ha permitido escuchar algo, ese poco es sabiduría. Pero así como el alfabeto es una lección para los niños, y sin él nadie puede adquirir la sabiduría de las lecciones y ciencias naturales, así también el principio de la gnosis-conocimiento, aunque es muy pequeño, sin ella es completamente imposible encontrar la virtud. Por eso dudo en escribir algo sobre la sabiduría, ya que soy completamente ignorante άσοφος asofos sin sabiduría. Ya que pienso que hay cuatro maneras en que el νούς nus con el intelecto puede expresarse: o por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la bienaventuranza que viene desde arriba sobrenaturalmente, o por la catarsis y pureza que proviene del ejercicio o ascesis según Dios divinamente inspirado y tiene la fuerza y energía de restaurar la psique-alma a su belleza original, o por la experiencia de los conocimientos-gnosis naturales adquiridos a través de la educación y el ejercicio humano en la sabiduría secular, mundana o finalmente por el engaño maldito y satánico causado por el orgullo y la astucia de los demonios, que constituye una desviación de la naturaleza. Pero yo, al estar excluido de todo esto, ¿cómo puedo escribir? Me pregunto. No sé si vuestra fe, que me impulsa divinamente, atraerá la χάρις jaris (gracia, energía increada) a mi pluma. Porque mi νούς nus con el intelecto y mi mano son indignas e impuras. Conozco bien esto por experiencia propia; porque muchas veces esto me ha sucedido y me sucede siempre. Creedme, padres, cuantas veces he querido escribir algo, no he podido concebirlo antes de coger la pluma. Pero mi νούς nus (con la mente e intelecto unido al nus) muchas veces me motivaba por un pequeño concepto o tema de las Escrituras, o de la audición o visión de algo sensible en el mundo, y apenas cogía la pluma y comenzaba, inmediatamente encontraba lo que debía escribir, por el bien de alguien que me lo pedía insistentemente. Y desde entonces escribo así, sin obstáculos ni preocupaciones, tanto como pueda mi mano, sin demora alguna. Lo que Dios envía a mi oscuro corazón, eso escribo sin pensarlo. Creo que ocurre así para que no crea mío lo que he recibido con las oraciones de otro, como dice san Juan Clímaco siguiendo las palabras del Apóstol Pablo: «¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no fuera un regalo, sino que te jactas de algo que has logrado tú?» (1Cor 4:7). Como dice también san Isaac, las ideas que vienen automáticamente y sin pensar al νούς nus (espíritu de la psique) y al intelecto de aquellos que están en ησυχία hisijía (serenidad y paz cordial) en Dios son aceptables. Pero el que uno piense, eso es un concepto suyo propio. Y san Antonio dice: «Cada obra o logos debe tener testimonio de las divinas Escrituras». Por lo tanto, como habló una vez el asno de Balaán (Números 22:28-30), así también yo comenzaré ahora a escribir. No para enseñar, ¡que eso no ocurra!, sino para el examen de mi miserable psique-alma, para que al menos por vergüenza de sus logos y palabras, como dice el santo Clímaco, comience la obra aquel que no tiene obra, sino solo logos y palabras. ¿Quién sabe si viviré y podré escribir? O de nuevo, si vosotros podréis aplicar y cumplir estas cosas. Pero comencemos, yo y vosotros, con logos, palabras y obras, y donde cada uno pueda alcanzar. Porque nuestro fin es desconocido y no sabemos cuándo llegará el final (Mateo 24:14). Pero para Dios, que conoce todas las cosas, son conocidas las cosas que nos conciernen. A Él sea la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos β΄ βήτα vita (2º) sobre la Fe

 

Ahora el prólogo ha sido completado con esperanza. Y de nuevo, a la segunda parte, es decir, la βήτα vita, y el segundo logos que se pronunciará brevemente. La fe es la que engendra la otra, la gran fe, como dicen los Santos Padres, que es el fundamento de las virtudes, como el que la puso allí, el Apóstol del Señor (Col. 1:23). La primera se hace sin las obras de la Ley, la otra se perfecciona por las obras. Esta se encuentra en la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad, pero se logra a través de muchas guerras. Y ahora, bendiga esta lectura, Padre.

 

El santo padre Isaac quiso mostrar que la fe, de la cual habló el Apóstol, es el fundamento de las obras según Dios, es decir, la fe que recibimos del santo bautismo con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo y no por nuestras obras, y que esta fe engendra el temor de la fe, por el cual somos conducidos a la aplicación y cumplimiento de los mandamientos (logos, principios espirituales) y a la paciencia de las tentaciones, como dice san Máximo el Confesor; y aún más, que después de que trabajamos bien, entonces nace en nosotros la gran fe de la contemplación, sobre la cual dijo el Señor: «Si tenéis fe como un grano de mostaza, etc.» (Mateo 17:20). Dijo entonces que una es la fe común de los ortodoxos, es decir, las doctrinas correctas y los dogmas ortodoxos sobre Dios y sus creaciones, tanto espirituales como intelectuales y sensibles, según las recibió, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, la Santa Iglesia Católica Ortodoxa, y otra es la fe de la contemplación, es decir, de la gnosis-conocimiento, que de ninguna manera es contraria a la primera que la engendra, sino que más bien la hace más segura e inquebrantable. Porque la primera la aprendimos de oídas, después de haberla heredado de padres piadosos y maestros de la fe ortodoxa. Pero la fe de la contemplación proviene de la fe correcta ortodoxa y del temor del Señor, en Quien creímos. Porque del temor del Señor decidimos aplicar y guardar los mandamientos, y por esto queríamos trabajar en las virtudes corporales, es decir, la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y la tranquilidad, el ayuno, la vigilia simétrica, la salmodia, la oración, la lectura y la pregunta de los ancianos experimentados sobre cada pensamiento, logos, palabra y obra. Para que el cuerpo sea purificado por estas praxis, acciones de los repugnantes πάθος pazos (vicios, pasiones, etc) más viles, entiendo la gula, la fornicación o lujuria y el dinero superfluo, para que nos contentemos con lo que tenemos (Hebreos 13:5), como dice el Apóstol Pablo. De aquí obtiene el hombre la fuerza para permanecer cerca de Dios con tranquilidad y despreocupación. Aprende de las Escrituras y de los hombres experimentados acerca de las doctrinas ortodoxas, los dogmas ortodoxos y los mandamientos, y comienza a despreciar los ocho pensamientos principales de la maldad. Y comprendiendo las amenazas de las Escrituras, teme a Dios, no con un miedo común, sino como Dios, según el santo Nilo. Y de este temor comienza por la gnosis-conocimiento experimentada o empírica la aplicación y guardia de los mandamientos. Y cuanto sufre por cada mandamiento la muerte voluntaria, tanto más avanza en mayor gnosis-conocimiento y contempla lo que sucede en su interior por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo. Y por esto cree que realmente es grande la fe de los ortodoxos. Entonces comienza a anhelar a gustar y agradar a Dios. Y ya no duda, como antes, acerca de la ayuda de Dios, sino que entrega y confía todo su cuidado al Señor, como dice el Profeta (Salmo 54:23).

 

Como dice san Basilio el Grande, aquel que quiere tener dentro de sí la gran fe, no debe preocuparse en absoluto por su vida o su muerte, y aunque vea una bestia, o levantamientos de demonios o hombres malos, no debe temer en absoluto, sabiendo que todos son criaturas de un mismo Creador, y todos son siervos del Señor, como él mismo, y no tienen poder contra él, a menos que Dios lo permita. Temamos solo a Dios, quien tiene todo el poder, como dijo el mismo Señor: «Os diré a quién debéis temer» (Lucas 12:5), y añadió: «Temed a aquel que tiene poder para arrojar al infierno tanto la psique-alma como el cuerpo». Y para confirmar el logos, dijo: «Sí, os digo, a ése temed». Y muy justamente. Si hubiera otro además de Dios que tuviera poder, a ese deberíamos temer. Sin embargo, como solo Él es el Creador y Señor de los cielos y la tierra, ¿quién es aquel que puede hacer algo sin Él? Y si alguien dice que nuestros enemigos son criaturas que tienen libre albedrío, responderé que ciertamente tienen las potencias espirituales y los hombres, así como los demonios. Pero los órdenes de los incorpóreos celestiales y los hombres buenos no toleran dañar a ninguno de sus compañeros, aunque sea muy malo; más bien, se compadecen y suplican a Dios por él, como dice san Atanasio el Grande.

 

Sin embargo, los hombres malos y sus maestros, los demonios malvados, quieren, pero no pueden dañar a nadie, a menos que alguien dé ocasión para ser abandonado por Dios por sus malas obras. Y esto, sin embargo, sucede para la pedagogía, instrucción y la salvación de este hombre por el sumamente bueno Dios, si realmente quiere corregirse de su maldad, con paciencia y gratitud hacia Dios. De lo contrario, se hace para el beneficio de otro, porque el sumamente bueno Dios quiere que todos sean salvos (1Tim 2:4). Y las tentaciones de los justos y santos hombres se hacen por condescendencia de Dios, para perfeccionar sus psique-almas y avergonzar a sus enemigos, los demonios.

 

Por lo tanto, teniendo esto en cuenta, el obrero de los mandamientos (logos, principios espirituales) divinos de Cristo cree no solo que Cristo es Dios y que puede -lo cual vieron en la práctica incluso los demonios y se estremecieron (Sntg 2:19)-, sino que todo es posible para Él y toda Su voluntad es buena, y sin Él no se puede hacer ningún bien. Por eso, este hombre no quiere hacer algo fuera de la voluntad divina, incluso si ese algo es vida. Aunque tal cosa no puede encontrarse, porque solo la voluntad de Dios es vida eterna (Juan 12:50) y extremadamente bondadosa, y aunque esta labor de vida parezca fatigosa para algunos. Y por eso soy peor que un incrédulo, el miserable, porque no quiero trabajar para encontrar la gran fe, y a través de ella alcanzar el temor de Dios y el principio de la sabiduría (Prov 1:7) del Espíritu. Pero a veces cierro voluntariamente los ojos de la psique-alma y violo la ley, y a veces soy asediado y oscurecido por la ignorancia y alcanzo la ignorancia perfecta, y así ignoro lo beneficioso para mi psique-alma y me acostumbro al astuto malo y vil y adquiero la costumbre o hábito de maldad. Por lo tanto, si quiero volver de donde he caído, no puedo, porque mi voluntad se convierte en una pared intermedia y me separa de Dios, como dicen los Padres, y no quiero trabajar para derribar esta pared intermedia. Porque si tuviera la fe que proviene de las obras de la μετάνοια metania, podría decir: «Con la ayuda de mi Dios saltaré sobre el muro» (Salmo 18:30). No me acobardaría de la duda, diciendo: «¿Qué encontraré, entonces, cuando me apresure a alcanzar la altura del muro? ¿Tal vez hay un foso detrás? ¿No podré subir y derrumbarme y recaer abajo, después de haber trabajado?». Y muchas otras cosas así. Este, aquel que cree que Dios está cerca y no lejos (Jer 23:23), nunca piensa en estas cosas, sino que corre directamente hacia Dios, que tiene toda la potencia, la energía y la autoridad y toda la bondad y la misericordia, para ganar el premio (Filip 3:12); no como si golpeara en el aire (1Cor 9:26), sino que luchando, busca las cosas celestiales (Col 3:1).

Y después de abandonar abajo toda su voluntad, se dirige hacia la voluntad divina, hasta que él mismo escuche y hable también nuevos idiomas (Marcos 16, 17) o tal vez también hable, después de aprender los misterios, haciendo, o más bien, tomando ascensiones de fuerza y dinámica práctica, en fuerza de contemplación (Salmo 83, 6), con la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la filantropía de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él sea toda doxa-gloria, honor y poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos γ΄γάμα gama (3º) Sobre el temor o miedo

 

Γάμμα gama es tercero en lo elementos, y el logos es tercero para el miedo o temor. Hay dos tipos de temor del Señor: uno introductorio, guarda del mal, el otro es perfecto y conduce a un trabajo con buena disposición. Así que ahora bendiga la lectura, Padre.

 

La gula o glotonería es la primera de los ocho pensamientos principales de la maldad. El temor divino, que es el primer mandamiento, vence todo. Aquel que no tiene temor divino, ni otro bien puede tener. Porque, ¿cómo podrá cumplir un mandamiento alguien que no tiene miedo? A menos que uno haya llegado al agapi (amor incondicional). Pero incluso este último comenzó por el miedo, incluso si aún no conoce cómo pasó por él el miedo introductorio. Si ahora alguien dice que caminó hacia la agapi-amor por otro camino, estaba cautivo de la alegría espiritual o la insensibilidad, como aquellos que cruzaron el río dormidos, según el santo Efraín. Porque viendo este hombre las muchas beneficencias y bendiciones que la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios le ha concedido, es sorprendido y ama al Bienhechor.

 

Pero cuando uno vive insensible con placeres y honores, como el rico de la parábola, cree que los que temen y pasan por pruebas sufren a causa de sus pecados, y se enorgullece con arrogancia contra ellos, considerándose merecedor de esta prosperidad que tiene sin merecerla, después de hacerse a sí mismo indigno para la vida futura. Así que se atormenta y se oscurece con la vana amistad de las cosas temporales y quizás piensa que ha llegado a la gran agapi-amor y por eso es bendecido y beneficiado más que aquellos que sufren; y por eso desprecia la condescendencia de Dios hacia él. Por eso será inexcusable en el juicio y justamente oirá: «Tú disfrutaste de tus bienes en tu vida» (Lucas 16, 25). Esto es evidente porque muchos incrédulos se benefician de esta manera indignamente, y ninguno de los sabios y prudentes los bendice, ni dice que sean dignos de ser amados por Dios, o que aman a Dios y quizás por eso prosperan en la vida. Así que estas cosas son así.

 

El temor al Señor es de dos tipos, al igual que la fe. En ambos hay los introductorios, hay también los perfectos, que surgen de los introductorios. Aquel que teme los castigos, teme esclavamente y se aleja de los males. Como dice la Escritura: «Por temor al Señor uno se aleja del mal» (Prov 15, 27), y: «Les enseñaré el temor del Señor» (Salmo 33, 12). Por lo tanto, estas cosas y similares se han dicho sobre el temor introductorio, según el santo Doroteo, para que los pecadores vengamos del temor de las amenazas a la μετάνοια metania y arrepentimiento, buscando cómo encontrar la remisión de nuestros pecados.

 

Y nuevamente, cuando el temor permanece en nosotros, nos enseña el camino de la vida, como dice el salmista: «Apártate del mal y haz el bien» (Salmo 33, 15). Mientras uno lucha en el bien, el temor crece dentro de él, hasta que le revela incluso sus pecados más pequeños, que no consideraba nada cuando estaba en la oscuridad de la ignorancia. Y cuando el hombre llega al temor perfecto, entonces llega a la perfección a través del duelo o luto (según Dios) y ya no querrá pecar más. Pero como teme que los pazos vuelvan, permanece intachable en el temor puro. «El temor del Señor es puro», dice la Escritura, «y permanece por todos los siglos, siempre» (Salmo 18, 10). Porque el primer temor no es puro, sino que proviene más bien de los pecados. Mientras que aquel que ha llegado a la catarsis teme sin pecado, no como si fuera culpable, sino porque es un ser humano cambiante y propenso al mal. Y cuanto más alto sube con la adquisición de virtudes, más teme, por humildad. Y con buena razón. Porque cada rico teme mucho la pérdida, el castigo y la deshonra, después de caer desde lo alto. Mientras que el pobre está más libre de temor, solo teme ser golpeado. Pero estas cosas se han dicho para aquellos que son perfectos y puros en psique-alma y cuerpo.

 

Si ahora alguien aún tiene culpa, aunque sea en cosas pequeñas e insignificantes, no se engañe pensando que tiene un temor puro. Esto es un engaño, dice Juan Clímaco. Tal temor no es puro, ni es humildad, sino agradecimiento servil y temor de las amenazas. Por lo tanto, este hombre necesita corregir su pensamiento, para aprender en qué temor se encuentra y vaya limpiándose con mayor luto (según Dios) y paciencia sus penas de sus pecados, y así poder llegar al temor perfecto por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo.

 

La señal del primer temor es odiar el pecado y enojarse contra él, como aquel que fue herido por una bestia. La señal del temor perfecto es amar la virtud y temer la alteración, porque nadie es inmutable. Por lo tanto, en todo debemos siempre temer las recaídas en nuestras vidas, viendo al gran Profeta y rey lamentándose por dos pecados (Salmo 50, 1-6), y a Salomón que cayó en tanta maldad (3 Reyes 11, 1-10). Como dice también el Apóstol Pablo: «El que piensa que está bien firme, que se cuide de no caer» (1Cor 10, 12). Y si alguien dice que la agapi-amor echa fuera el temor (1Juan 4, 18), según Juan el Teólogo, dice bien; sin embargo, se trata del primer temor, el introductorio. Para el temor perfecto, dice David: «Bienaventurado el hombre que teme al Señor; él aplicará y cumplirá con gran anhelo Sus mandamientos» (Salmo 111, 1), es decir, amará fervientemente la virtud. Este está en la clase del hijo, porque no lo hace por temor al infierno, sino por la agapi-amor aquella que echa fuera el temor. Por lo tanto, aplicará y cumplirá los mandamientos con gran anhelo, no por obligación, como un siervo, por temor al castigo. De estas cosas, ojalá que seamos liberados, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la misericordia y filantropía de nuestro Señor Jesús Cristo, a quien se debe toda doxa-gloria, honor y adoración por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos δ΄ δέλτα delta (4º) Sobre la piedad

 

Ahora, el cuarto logos es sobre la piedad, que tiene la letra δέλτα delta. Este logos contiene la εγκράτεια engratia (templanza, continencia), que es el principio de los ocho oponentes de los ocho πάθος pazos, junto con la sensatez o sano juicio. Estas dos son obras de la piedad. Así que ahora bendiga la lectura, Padre.

 

Es conocido que la piedad es una palabra polimorfa y multifacética, como la filosofía secular. Porque cuando se completan las diez lecciones, entonces decimos que tenemos filosofía, y este nombre no pertenece a una o dos lecciones, sino a las diez. Así también la piedad no es el nombre de una virtud, sino de todas las virtudes. Proviene de «εύ + σέβω ef + sebo», es decir, sirvo bien. Si ahora alguien dice que la palabra se refiere a la fe, a respetar bien a Dios, que nos explique cómo primero uno teme al Señor y luego cree, y no sucede primero que uno crea y luego le tema. Así que el temor proviene de la fe y de este la piedad, según el Profeta, quien después de hablar primero sobre la sabiduría, dijo bajando: «Espíritu de gnosis-conocimiento y piedad, espíritu de temor de Dios» (Isaías 11:2-3). Y el Señor, después de comenzar por el temor, llevó al luto (espiritual) (Mateo 5:3-4) a aquel que tiene temor.

 

Ahora hablemos con orden sobre el conjunto de la piedad, es decir, sobre cada obra espiritual, no hay tiempo. Pero después de dejar de lado las prácticas corporales, antes de la gran fe y el temor puro, porque todos las conocen, hablaremos de las plantas del Paraíso espiritual e intelectual, es decir, de las virtudes de la psique-alma brevemente, con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada).

 

De estas nace la templanza general, es decir, la abstención de todos los πάθος pazos. Claro está, entre las prácticas corporales, está también la templanza o continencia parcial, que enseña el uso correcto de alimentos y bebidas. Sin embargo, la templanza general contiene todo pensamiento y movimiento de miembros que no se hace según la voluntad de Dios, por eso se llama templanza (continencia, autodominio) de los πάθος pazos. Aquel que tiene esta templanza, no soporta en absoluto ni pensamiento, ni palabra, ni movimiento de pie o mano u otro miembro del cuerpo, fuera del uso necesario del cuerpo, es decir, para la vida corporal y la salvación psíquica. Y de estas se multiplican las tentaciones de los demonios, que ven al hombre convertirse en ángel con cuerpo por la disposición y el trabajo de las buenas obras. Y esto es «trabajar y guardar» (Génesis 2:15), porque es una obra perfecta que requiere atención constante, no sea que pase en el interior sin darse cuenta ninguno de los πάθος pazos que esperan afuera. Y no son iguales las dos templanzas. La primera contiene la lujuria o fornicación y los πάθος pazos más vergonzosos, mientras que la segunda reúne en sí el pensamiento más sutil e inmaculado y, a través de él, lo eleva hacia Dios. Por lo tanto, nadie puede hablar con precisión ni conocer de oídas a través del logos y palabra, sino que la experiencia conduce a la obra espiritual y a la gnosis-conocimiento de cada una de estas, las cuales sorprenden grandemente al νούς nus (espíritu de la psique). Y es maravilloso cómo la templanza, con un nombre tan simple, tiene tanto poder que levanta la tierra -el hombre- y convierte lo material en inmaterial. La educación secular puede entender el contenido de varios nombres, tomando la oportunidad de su etimología. Pero la experiencia y la adquisición de las virtudes necesitan a Dios, y se logran con gran esfuerzo y después de mucho tiempo, especialmente en lo que respecta a las virtudes de la psique-alma, porque estas son más secretas y principalmente virtudes. Las virtudes corporales se consideran más bien herramientas de las virtudes, y son más fáciles, aunque requieren esfuerzos corporales. Las virtudes de la psique-alma solo necesitan la atención y control del pensamiento, sin embargo, es difícil adquirirlas. Por eso la Ley dice desde el principio: «Cuídate a ti mismo» (Éxodo 23:21). Sobre esto, san Basilio el Grande escribió un logos admirable.

 

¿Qué diremos nosotros, que no prestamos atención en absoluto, sino que algunos somos como los fariseos? Ayunos y vigilias y cosas similares, tal vez algunos tienen, y a menudo con gnosis-conocimiento espiritual parcial. Sin embargo, no tenemos discernimiento, porque no queremos cuidar de nosotros mismos y saber lo que se nos pide. Tampoco nadie quiere soportar la atención de los pensamientos, fantasías y conceptos, quizás para recibir y ganar experiencia en las muchas guerras y tentaciones, y convertirse al menos en un marinero experimentado para los demás, o incluso en capitán. Pero mientras todos somos ciegos, decimos como los fariseos (Juan 9:41) que vemos; por eso, como dice el Señor, tendremos una condena más severa (Marcos 12:40). Porque si fuéramos ciegos, no tendríamos condena, pero bastaría con el agradecimiento y la confesión de nuestra derrota e ignorancia. Ahora, sin embargo, ¡ay de nosotros! Por eso tenemos una condena más severa, similar a los idolatras, como dice Salomón (Sab. Salomón 13:8-9), quienes a pesar de su gran sabiduría perdieron el objeto buscado.

 

Por lo tanto, ¿nos quedaremos callados, ya que no tenemos obras? Esto es peor. El Apóstol Pablo aconseja: «Investigar y discernir siempre lo que es agradable delante del Señor, y no toméis parte en las obras infructuosas de las tinieblas; por el contrario, condenadlas y presentadlas abiertamente a los ojos de todos como perjudiciales y desastrosas, porque las cosas que ellos hacen en secreto da vergüenza decirlas» (Ef 5:11-12). Por lo tanto, guardaré silencio sobre este tema, pero comenzaré a hablar sobre las virtudes admirables. Porque mi corazón oscuro prueba placer hedonista por la memoria y dulzura de ellas. Y por eso olvido mi condición y no me importa la condena que me espera por hablar y no actuar. Por lo tanto, la templanza y la sensatez o sano juicio tienen el mismo poder y son dobles, como dijimos; pero ahora hablaremos de las cosas más perfectas. Por lo tanto, aquel que, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, tiene una gran fe y temor puro y luego desea tener templanza y moderación, debe dominarse completamente a sí mismo, interna y externamente, y ser como muerto para el cuerpo y la psique-alma ante este mundo y los hombres, diciendo en su pensamiento para todo: «¿Quién soy yo? ¿Y qué soy realmente, excepto un gusano? Mi origen es del polvo de la tierra (Génesis 3:19), mi fin en la corrupción, y el intermedio está lleno de toda insolencia, desvergüenza y algo más. ¿Qué es mi vida? ¿Y cuánta es? Una hora, y luego, la muerte. ¿Qué me importa esto o aquello? En cualquier momento, muero; porque Cristo decide la vida y la muerte. ¿Por qué me preocupo, disputo y discuto en vano? Necesito un poco de pan, ¿por qué quiero más? Si tengo este poco, la preocupación es innecesaria. «Si no lo tengo, tal vez me preocupe solo por esto, por la imperfección de mi gnosis-conocimiento, aunque Dios es el que provee».

 

Por lo tanto, toda la preocupación del hombre debe dirigirse a la vigilancia y protección de los sentidos y los pensamientos, para no creer o hacer algo que no sea según la voluntad de Dios. También debe prepararse para soportar lo que los demonios o los hombres le causan, ya sea agradable o desagradable, para que no se turbe ni experimente una alegría y orgullo desenfrenados, o tristeza y desesperación, y no acepte ningún pensamiento insolente, hasta que llegue el Señor. A Él pertenece la gloria por los siglos. Amén.

 

Logos ε΄ έψιλον épsilon (5º) sobre la paciencia

 

El quinto logos, que tiene la letra έψιλον épsilon como su número, nos presentará la paciencia. La paciencia es la primera, ella es la más grande entre las virtudes, pero también en cada gnosis-conocimiento. Por tanto, ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

El Señor dijo: «El que persevere hasta el fin, ése será salvo» (Mateo 10, 22). La paciencia es la composición de todas las virtudes. Porque ninguna virtud permanece sin paciencia. Quien se aparta no es apto para el reinado de la Realeza increada de los Cielos (Lucas 9, 62). Y aunque alguien piense que tiene todas las virtudes, no es apto si no persevera hasta el final, para que, después de ser salvado de las trampas del enemigo, llegue a la Realeza increada de los Cielos. Porque incluso aquellos que han recibido el contrato de la Realeza increada tienen necesidad de paciencia para obtener el premio perfecto en el siglo futuro. Porque en cada ciencia y gnosis-conocimiento se necesita paciencia. Y es natural. Ni siquiera las cosas sensibles se realizan sin paciencia; pero incluso si algo se realiza, necesita paciencia para mantenerse en su lugar. Y en general, cualquier cosa antes de hacerse, se hace con paciencia; y después de hacerse, se mantiene con ella; y sin ella no se sostiene ni se perfecciona. Porque si algo es bueno, la paciencia lo ha dado y lo guarda. Si es malo, ella ofrece consuelo y magnanimidad, y no deja que el tentado se entristezca por la pusilanimidad, que es el compromiso de la condenación.

 

La paciencia mata la desesperación que mata la psique-alma. Consuela la psique-alma y no la deja desanimarse por la multitud de guerras, tribulaciones y penas. Judas encontró la muerte de la psique-alma y del cuerpo después de perderla, porque no tenía experiencia de la guerra. Pedro, sin embargo, la tenía como un experto en la guerra y, aunque cayó, venció al diablo que lo había derrotado. Ese monje que alguna vez cayó en la fornicación también la encontró, y venció al vencedor del diablo al no ceder ante el razonamiento de la desesperación que lo empujaba a abandonar su celda y el desierto; sino que decía con paciencia en sus pensamientos: «No he pecado. Y les digo de nuevo, no he pecado». ¡Qué mentalidad y paciencia divina llena de inspiración mostró el hombre valiente! Esa bienaventurada paciencia llevó a Job a la perfección y a sus primeras buenas obras. Porque si el justo la hubiera perdido un poco, lo habría perdido todo. Pero Dios, que conocía la paciencia de Job, permitió las calamidades para su perfección y para el beneficio de muchos.

 

Por lo tanto, quien conoce lo que le es útil, antes que nada lucha por tener paciencia, como dice san Basilio el Grande. Porque él dice: «No pelees todos los πάθος pazos juntos, porque puedes fallar y retroceder y no ser adecuado para el reinado de la Realeza increada de los Cielos (Lucas 9, 6); lucha contra ellos uno por uno, comenzando con paciencia en las tentaciones». Muy correctamente. Si uno no tiene paciencia, nunca podrá sostenerse en una guerra sensible, sino que solo se convierte en la causa de huida y pérdida para sí mismo y para otros con su retirada, según el logos que Dios dijo a Moisés: «El cobarde no salga a la guerra, etc.» (Deut 20, 8). Y en la guerra sensible, uno puede tal vez quedarse en su casa y no salir a la batalla. Por supuesto, por eso pierde los regalos y las coronas y tal vez permanece en la pobreza y la deshonra. Pero en la guerra espiritual es imposible encontrar lugar sin guerra, incluso si rodea toda la creación, pero donde sea que vaya, encuentra guerra. En el desierto, hay bestias, demonios y otras tribulaciones, miedos y terrores; entre los hombres, hay demonios y personas que causan tentaciones. Nunca hay un lugar sin tentaciones. Por eso, sin paciencia, uno no puede encontrar descanso.

 

La paciencia proviene del temor y la fe, y comienza con la sensatez. El sensato prueba las cosas con su νούς nus (espíritu de la psique) y, encontrando impases como Susana (Daniel 22), prefiere las cosas superiores como ella. Específicamente, la bienaventurada Susana dijo a Dios: «Encuentro un callejón sin salida en todas partes; si hago la voluntad de los ancianos impíos, mi psique-alma se perderá en el adulterio, mientras que si los desobedezco, me acusarán de adulterio y como gobernantes del pueblo me condenarán a muerte. Pero es mejor refugiarse en el Todopoderoso, y si aún así tengo que ser asesinada». ¡Qué sensatez y sabiduría tenía la bienaventurada! Porque discernió correctamente y no cayó en la desesperanza en su esperanza. Así que cuando el pueblo se reunió y los jueces impíos e ilegales se sentaron para acusar a la inculpada y condenarla a muerte como adúltera, inmediatamente el niño Daniel fue nombrado profeta por Dios (Daniel 50) y la redimió de la muerte, volviendo la muerte sobre los ancianos que la juzgaron ilegalmente e impíamente (Daniel 62). Con ella, Dios mostró que está cerca de aquellos que prefieren soportar la tentación por Él y no traicionar la virtud por cobardía ante el dolor, sino preferir la ley de Dios soportando las desgracias y regocijándose con la esperanza de la salvación.

 

Y muy justamente. Porque si enfrentamos dos peligros, uno temporal y otro eterno, ¿no es bueno elegir el temporal? Por eso dice el Santo Isaac: «Es mejor soportar los peligros por el amor de Dios y avanzar hacia Él con la esperanza de la vida eterna, que por el temor a las tentaciones caer de Dios en las manos del diablo y, junto con él, ir al infierno».

 

Por lo tanto, sería bueno regocijarse en las tentaciones, como los Santos, por el amor de Dios. Pero si no somos así, al menos elijamos lo más ligero en la necesidad presente; porque estamos a punto de enfrentar peligros corporales y luchar con Cristo espiritualmente y mentalmente en esta vida con impasibilidad y serenidad, pero también en la futura, o caer del miedo a las tentaciones como dijimos y ser condenados al infierno eterno. De este, ojalá que Dios nos redima a través de la paciencia de los peligros.

 

La paciencia es como una piedra inquebrantable frente a los vientos y las olas de la vida. Y quien la tiene, ni en la inundación se desanima o retrocede atrás, ni en la calma y la alegría se enorgullece; sino que siempre es el mismo tanto en la prosperidad como en la dificultad. Por eso permanece ileso de las trampas del enemigo. Cuando encuentra una tormenta, la soporta con alegría, esperando el final; cuando el tiempo es bueno, espera la tentación hasta su último aliento, como dijo san Antonio el Grande. Este hombre sabe que absolutamente nada en la vida es inmutable, sino que todo pasa. Por eso no se preocupa por nada de eso, sino que lo deja en manos de Dios, porque Él cuida de nosotros (1Ped 5, 7). A Él debe toda doxa-gloria, honor y poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos ζ΄ ζήτα sllita (6º) sobre las cosas esperanzadas y futuras

 

El logos evangélico ha precedido al tema con la esperanza de que éste aquí se ocupe de las cosas y realidades futuras. La letra ζ΄ ζήτα sllita viene sexta a la serie de los dígitos, y el νούς nus con la mente busca y desea convertirse despreocupado. Ahora pues, bendiga la lectura, Padre.

 

La esperanza sin preocupaciones es vida y riqueza, oculta en la percepción y sentimiento, pero atestiguada por la sensatez y la naturaleza de las cosas. Los agricultores trabajan arduamente sembrando y plantando; los marineros también atraviesan muchos peligros; y los niños se fatigan aprendiendo letras y ciencias. Todos estos aspiran a la esperanza, por eso trabajan con alegría y tiran aparentemente lo que está listo (por ejemplo, semillas, dinero, etc.), mientras en realidad sufren para ganar más, y muchas veces pagan con su privación. Pero quizás uno dirá que aprenden por experiencia para la ganancia, mientras que para las cosas espirituales nadie resucitó de entre los muertos para decírnoslas. Esto, entonces, sucede debido a la inexperiencia de los dones o carismas espirituales y las gnosis-conocimientos, y no es extraño. Porque también aquellos que no tienen experiencia en estas cosas que mencionamos dudan, hasta que adquieren experiencia. Los niños, por ejemplo, al no conocer el beneficio de las letras y las otras materias, las evitan. Pero los padres, porque conocen el beneficio, los presionan y los obligan a ello; y cuando llega el momento, los niños también adquieren experiencia y comienzan no solo a amar las letras y a los padres que los obligan a ellas, sino también a esforzarse con alegría por las lecciones. Por eso también nosotros debemos primero, impulsados por la fe, correr con paciencia (Hebreos 12, 1) y no desanimarnos en las tribulaciones y aflicciones, para que cuando llegue el momento, aprendamos el beneficio de lo que está ocurriendo y así trabajemos con alegría y felicidad sin dificultad. Porque caminamos por fe, no por vista (2Cor 5, 7), como dice el Apóstol Pablo. Como un mercader en este tiempo no puede encontrar de inmediato la ganancia, así es imposible que alguien encuentre la gnosis-conocimiento y el descanso antes de trabajar con obra y logos en las virtudes. Y como los mercaderes siempre temen la pérdida y esperan la ganancia, así también debe hacer en las cosas espirituales, hasta el último suspiro.  Y como los comerciantes no solo se apresuran cuando ganan, sino también después de las pérdidas y los peligros, así deben hacer también los luchadores espirituales, sabiendo que quien no trabaja, no come de sus propios esfuerzos; por eso se vuelve pobre y tal vez deudor de muchos talentos. Por eso dice el Profeta: «Me has puesto a habitar y vivir lleno de esperanza» (Salmo 4, 9), y el Apóstol: «Huyeron de la vida con esperanza» (Hebreos 11: 39-40).

 

Todo lo anterior se dijo brevemente acerca de las cosas de la naturaleza y de las Sagradas Escrituras. Pero si alguien quiere adquirir experiencia, que trabaje tanto como pueda en las siete praxis, acciones corporales en su totalidad, como si fuera a la escuela, sin distracciones, y cuide también la ética, es decir, el trabajo psíquico. Y de estas, una vez que llegue a la esperanza y persista con paciencia en ella, conocerá con precisión lo que digo, que desde el principio de la μετάνοια metania y arrepentimiento, cuando comenzó las siete praxis, acciones, ya desde la primera, es decir, la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y la tranquilidad, fue la recompensa de la esperanza y la ganancia lista antes de fatigarse por las otras seis, es decir, el ayuno, la vigilia, etc. Pero tan pronto como comenzó a practicar la primera, la ησυχία hisijía y tranquilidad, que es también el comienzo de la catarsis de la psique-alma, inmediatamente tenía preparada también la ganancia. Pero como el discípulo era inexperto, no conocía la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor, así como el niño no conoce el beneficio de los padres, aunque antes de nacer, los padres eran en su decisión benefactores suyos, rezando para que naciera y viviera. Y no solo eso, sino también para heredarlos y tener todo lo que prepararon y lo que aún crearán con su trabajo. Sin embargo, el niño, como no sabe, no se preocupa en absoluto por estas cosas, sino que lo tiene por una molestia someterse a los padres, y si no fuera por el vínculo de la naturaleza y la necesidad de alimento, no tendría ningún agradecimiento hacia ellos.

 

Ahora aquel que quiere heredar el reinado de la Realeza increada de los cielos y no soporta las cosas tristes, muestra mayor ingratitud. Porque fue creado con la χάρις jaris (gracia, energía increada), tomando todo lo que tiene y esperando las cosas futuras, y reinará eternamente con Cristo, quien lo consideró digno, a él que no es nada, de tantos y tan grandes donaciones, tanto sensibles como espirituales, para que incluso derramara Su preciosa sangre por él, sin pedir nada más de Él, excepto el querer recibir Sus bienes, y nada más. Esta y solo esta es la demanda del Señor, que quien sea capaz de entenderla se maraville. Porque dice la Escritura: «¿Qué más te pide Dios a ti?» (Miqueas 6, 8). ¡Qué necios somos! ¿Cómo, viendo, no vemos sus terribles misterios? Porque incluso lo que parece que Él está pidiendo es un regalo mayor. ¿Cómo no entendemos que es mejor quien cuida de la virtud y está por encima de todos y vuela alto, aunque sea pobre y desconocido? ¿Acaso no aprendimos de los Profetas en este mundo, o de los Apóstoles y los Mártires, y por eso dudamos de las cosas futuras? Consideremos sus vidas y lo que hicieron, y de dónde dicen que tomaron la χάρις jaris  (gracia, energía increada) y la fuerza. Y no solo eso, sino que después de la muerte también realizan milagros. Veamos a los reyes y a los ricos, cómo veneran sus santas imágenes. Ahora veamos a los virtuosos, cómo viven con toda alegría, virtud y gozo espiritual, mientras los ricos se disgustan y se molestan más que los ascetas y los que no tienen propiedades. Y de esto esperamos que la virtud sea mejor que todo.

 

De lo contrario, veamos cómo los incrédulos, tal vez ignoran a Dios, pero alaban la virtud, incluso si el virtuoso les parece incrédulo. Por lo general, incluso el enemigo respeta la virtud. Y si creemos que la virtud es buena, necesariamente Dios, que hizo la virtud y la regaló a los hombres, es bueno. Y si es bueno, necesariamente es justo, porque la justicia es una virtud, por eso también es buena. Y si Dios es bueno y justo, ciertamente hace todo lo que hizo y hace por bondad, incluso si esto no se ve en los malvados.

 

Nada más oscurece y atormenta como la mala astucia y maldad. Pero Dios se revela en la sencillez y la humildad y no con dificultades. Y se revela, no como algunos desde su inexperiencia piensan, sino con la contemplación de los seres o de las existencias, es decir, Sus creaciones, y con las apocalipsis-revelaciones de los misterios contenidos en las Sagradas Escrituras. Este es el salario de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y las otras praxis, acciones en esta vida; mientras que en la futura, «lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman» (1Cor 2, 9), y abandonan sus voluntades con paciencia y la esperanza de bienes futuros. Estas cosas deseamos lograrlas, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) y la misericordia de nuestro Señor Jesús Cristo, a quien pertenece toda doxa-gloria, honor y poder, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos η΄ ήτα ita (7º) Sobre la άπροσπάθεια aprospázia  

 

[Definición de ‘απροσπάθεια aprospazia’: Refiere a la acción y el resultado de no intentar o no declinar la psique alma hacia los pazos, pasiones pecaminosas, despreocupación por los pazos.]

 

La η ήτα íta es la séptima letra del alfabeto, y su correspondiente logos trata sobre la ‘απροσπάθεια aprospazia’. La despreocupación por los pazos nace de la esperanza y constituye una huida del mundo entero. Ahora bendiga la lectura, Padre.

 

La ‘απροσπάθεια aprospazia’ despreocupación por los pazos (libertad de inclinaciones pasionales y hostiles) proviene de la esperanza; porque aquel que espera alcanzar riqueza eterna, menosprecia fácilmente a quien la tiene en sus manos, incluso si pudiera ofrecerle todo el descanso que proporciona la riqueza temporal. Pero dado que la vida es laboriosa y está llena de aflicciones y fatigas, ¿quién convence al hombre racional de preferir esto a la agapi-amor de Dios, que da tanto la riqueza temporal como la eterna a quienes lo aman? A menos que el hombre sea ciego y no pueda ver debido a la incredulidad o mala voluntad, intención y hábito malvado. Porque si hubiera creído, se habría iluminado y habría luchado por eliminar su mal hábito. Y si hubiera tomado una decisión firme, la χάρις jaris (gracia, energía increada) habría colaborado y habría luchado junto a él. Por eso dice el Señor: “Son pocos los que se salvan” (Lucas 13:23), porque las cosas temporales se consideran dulces, aunque sea amargas. El perro que lame la lima se lastima la lengua, pero por la dulzura no siente el dolor ni que está bebiendo su propia sangre. De la misma manera, el glotón, al comer lo que daña su psique-alma y su cuerpo, no siente el daño. Y todos los que trabajan en los pazos pasiones, sufren lo mismo por insensibilidad. Y si quizás levantan la cabeza, todavía son arrastrados por el hábito. Por eso el Señor dijo: “El reinado de la realeza increada de los cielos requiere esfuerzo duro y violencia desde el lado del hombre” (Mat 11:12). Y esto no por naturaleza, sino debido al hábito de los pazos. Porque si por naturaleza requiriera violencia, nadie entraría en ella. Pero para aquellos que tienen la predisposición e intención, el yugo del Señor es bueno y su carga ligera (Mateo 11:30), mientras que para aquellos que no lo quieren, la puerta es estrecha y el camino es difícil (Mateo 7:14), y realeza increada requiere violencia, esfuerzo duro. Para los primeros, la realeza increada está dentro de ellos (Lucas 17:21) y cerca de ellos, porque lo quieren y desean adquirir pronto la απάθεια apázia impasibilidad e imperturbabilidad de los pazos.

 

Porque lo que ayuda o impide la salvación es la voluntad y nada más. ¿Has deseado algo bueno? Hazlo. ¿No puedes? Ten al menos la predisposición e intención, y ya lo tienes, aunque no lo tengas. Y así el hábito trabaja automáticamente poco a poco ya sea para el bien o para el mal. Si no fuera así, entonces ningún ladrón sería salvo. Y sin embargo, no solo se salvaron, sino que también brillaron muchos de los ladrones. Mira cuán lejos está la distancia del ladrón al santo; sin embargo, el hábito no prevaleció, sino que prevaleció la predisposición e intención. Ahora, aquel que con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo es un cristiano piadoso o incluso un monje, ¿qué lo impide de convertirse como ellos? Ellos están lejos, él está cerca, y la mayor parte del camino lo recibió por χάρις jaris o debido a una inclinación natural o porque heredó la piedad y la devoción de sus padres. ¿No es paradójico que cuando los ladrones y los sepultureros se conviertan en santos, mientras que los monjes serán condenados? ¡Ay de mí, el miserable! La vergüenza cubrió mi rostro (Salmo 43:16). Los reyes se convierten en pobres, como el santo Josafat y los similares a él, y el pobre no puede mantener la pobreza, en la que siempre estaba acostumbrado, para entrar sin esfuerzo en el reinado de la realeza increada de los cielos con la ‘απροσπάθεια aprospazia’ despreocupación de las cosas, que no heredó de sus padres. Pero cuando dijo que renunciaba al mundo, aunque no tenía nada (porque el mundo y las cosas del mundo las posee otro, y él solo tenía el poder de desearlas), pues, cuando renunció al mundo, entonces se encontró con mucho. Y dice: “No puedo ser y pobre estar sin posesiones, ni soportar las cosas que me vienen”. ¿Cuáles, dime? ¿Las prisiones y las cadenas que tenía antes, aunque fuera un gobernante? Porque aquellos que tienen el poder y las riquezas, sufren eso. Pero ¿cuáles? ¿La privación de lo necesario, la desnudez y las demás cosas que tenía?

 

No quiero hablar detalladamente ni alargar el logos ni avergonzar a aquellos que están llenos de vergüenza; es suficiente para nosotros precisamente esta adhesión pasional y hostil a algo de las cosas visibles, cuyo deseo hemos renunciado, para llenarnos de vergüenza y deshonra en el futuro, como sucedió con Giezí (2 Reyes 5:20 y 26-27) y Judas (Mateo 26:15 y 27:5). El primero, como se sabe, deseó lo que no tenía, por lo que junto con la caída, recibió también la lepra de Dios. El segundo, después de renunciar a lo que tenía, nuevamente deseó tenerlo; por lo que junto con la ansiedad heredó también la pérdida. ¿Qué más tiene el monje si no guarda la virginidad y la pobreza, o estar sin propiedades? Todos los demás deben cumplir guardar los otros mandamientos, porque son naturales. Amar a Dios y al prójimo, soportar las tentaciones, manejar naturalmente las cosas, abstenerse de astutas malas obras, uno debe hacerlos aunque no lo quiera. Si no los aplica y cumple, no encuentra descanso ni en esta vida. Porque las leyes castigan a los culpables y los gobernantes obligan a la virtud, según el apóstol Pablo: “Los gobernantes, mientras mandan correctamente, no inspiran miedo a los que obran bien, sino a los que obran mal. ¿Quieres vivir sin miedo a la autoridad? Haz el bien y pórtate bien, y tendrás su aprobación; pues la autoridad está al servicio de Dios para bien y para ayudar a ti y a los demás. Pero si te portas mal y haces mal, échate a temblar, no en vano la autoridad lleva la espada y está al servicio de Dios para castigar al delincuente y al infractor” (Rom 13: 3-4). Todas estas cosas, como naturales, todos las hacen y las quieren, pero también castigan su violación. Pero el destino del monje es sobrenatural, ya que es soldado de Cristo. Por eso tiene el deber de probar los padecimientos de Cristo para disfrutar también de Su doxa-gloria increada. Pero esto también es una ley natural que se testifica por las cosas sensibles. ¿Los soldados del rey no son glorificados porque sufren con él? ¿Cuánto más sufre uno aquí, tanto menos alabanza tiene? ¿Y cuanto más inepto parece, tanto menos es despreciado? ¿Nadie parece más amigo del rey cuanto más semejante es a él en uniforme? ¿Y cuanto más diferente es el uniforme que lleva, no parece tanto más extraño? Así debemos pensar también en nuestro Rey. Mientras uno sufre e imita la pobreza de Cristo y prueba los padecimientos y ultrajes que Él sufrió antes de ser crucificado por nosotros y sepultado, tanto más se vuelve familiar y partícipe de Su doxa-gloria, según las palabras del Apóstol Pablo: “Si padecemos con Él, entonces también seremos glorificados con Él” (Rom 8:17).

 

Ay de mí, ¿cómo no conocemos que, solo por pan, cuánto sufren y luchan los soldados y los ladrones? ¿Y cuán lejos van emigrando los caminantes y los marineros? ¿Y cuánto trabajo soportan las personas sin la esperanza del reinado de la Realeza increada de los cielos? Aunque a menudo no logran el objetivo por el cual trabajan. Y nosotros no queremos, por el bien de la Realeza increada de los cielos y de los bienes eternos, sufrir poco. Aunque esto quizás no sea tan laborioso, cuando la predisposición e intención disfruta y no considera molesta y soportable la adquisición de las virtudes, sino más bien alegría y descanso con la esperanza, la despreocupación y el honor involuntario que sigue a la virtud, que usualmente incluso el enemigo respeta y admira. La virtud culmina en el regocijo y la alegría. Y no solo eso, sino que con la virtud se une la alegría del esfuerzo, así como la tristeza con los πάθος pazos de la vergonzosa vida materialista. De la cual, ojalá nos liberemos y alcancemos la vida incorpórea y eterna a través del esfuerzo que engendra la necrosis o mortificación del cuerpo, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él sea toda doxa-gloria, honor y adoración por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos θ’ θήτα zita (8º) la necrosis de los pazos

 

Octavo logos en la serie, con la letra θ θήτα zita. La ‘απροσπάθεια aprospazia’ esfuerzo de no cometer el πάθος pazos engendra la necrosis o muerte de nuestros πάθος pazos; y si alguien no la sostiene con dificultad y dolor, nunca se libera de sus pazos. Y ahora bendiga la lectura, Padre.

 

Aquel que ha alcanzado la ‘απροσπάθεια aprospazia’ despreocupación por los pazos está constantemente dirigido hacia Dios a través de la contemplación de las cosas y realidades espirituales Porque la ‘απροσπάθεια aprospazia’ y desapego de las cosas sensibles provoca la contemplación de las cosas espirituales. Θεωρία zeoría contemplación aquí entiendo, no de lo seres y entidades, sino de los males que están antes y después de la muerte, sobre los cuales la χάρις jaris (gracia, energía increada) enseña al que se desapega y se desapasiona, para que por el luto o duelo (según Dios) mueran sus πάθος pazos y alcance la apacibilidad de los pensamientos cuando llegue el tiempo. De la fe nace el temor, y de este la piedad, es decir, la templanza; luego la paciencia del luto o duelo (según Dios), la apacibilidad, el hambre y la sed de justicia, es decir, de todas las virtudes, y la misericordia, según las bienaventuranzas del Señor (Mateo 5, 3-12); luego el ‘απροσπάθεια aprospazia’ despreocupación y desapego de los pazos, y de este la necrosis del cuerpo por los muchos gemidos y las amargas lágrimas de la μετάνοια metania arrepentimiento y la tristeza, con las cuales la psique-alma rechaza la alegría del mundo y la misma comida, debido a la agonía y angustia. Porque comienza a ver sus pecados como la arena del mar. Y esto es el principio de la iluminación de la psique-alma y el signo de su salud. Porque las cosas que antes se hacían, lágrimas tal vez incluso supuestos divinos conceptos, pensamientos y contrición, son burla y engaño de los demonios, especialmente para aquellos que viven entre los hombres o en distracción, incluso en muy poco. Porque es imposible, teniendo todavía inclinación hacia algo sensible, vencer nuestros πάθος pazos.

 

Ahora si alguien trae como ejemplo a los antiguos que lograron esto teniendo también las cosas sensibles, que aprenda que sí las tenían, pero no manejaron con pasión ninguna de ellas por completo. Y esto es evidente en que tomaron mujeres y después de muchos años llegaron a relaciones matrimoniales con ellas, como está escrito en el Antiguo Testamento sobre la genealogía de los hombres; y si las tuvieron o no, fue lo mismo. También de Job y los demás Justos. Pero también David fue rey y profeta, al igual que Salomón hasta cierto punto. Este último incluso dijo: ‘Dios dio un mal distractor a los hombres, para que se ocupen de vanidades, para que no se desvíen a lo peor’ (Eclesiastés 1, 13). Y esto lo enseña la naturaleza de las cosas. Porque si con mil y una distracciones algunos encuentran la oportunidad de cometer las cosas ilegales, cuánto más si la vida fuera sin distracciones; Por lo tanto, uno que es como estos debería tener una distracción. Es mejor tener una distracción malvada y ser lento en las cosas divinas y en los conceptos divinos, que realizar males, que son peores que la distracción. Sin embargo, aquel que con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios llegó a alguna gnosis-conocimiento parcial y pudo entender los males antes y después de la muerte, causados por la desobediencia de los primeros en ser creados, no debe dejar tales significados ni las obras que los traen, con toda ησυχία hisijía y sin preocupación, y estar ocupado con vanidades. Porque todo es vanidad, completamente vanidad de vanidades (Eclesiastés 1, 2). De este lema tomó la ocasión san Juan Damasceno y escribió: ‘En verdad, todo es vanidad, y nuestra vida es sombra y sueño. Por lo tanto, cada ser humano se turba en vano, como dijo la Escritura (Salmo 38, 12)’. Y con razón. De lo que termina en corrupción y tierra, ¿qué cosa es más vanidad? Por eso, la ‘απροσπάθεια aprospazia’ despreocupación por los pazos, el desapasionamiento o desapego es necrosis, pero no de la psique-alma, sino del cuerpo debido a las antiguas tendencias de lujo y descanso. Porque el descanso es una voluntad carnal, incluso si es muy pequeña. Debido a que la psique-alma se aflige más por esto, si ve que tiene algún trabajo espiritual o gnosis-conocimiento necesario. Pero si también es carnal, no permanecerá en ella el Espíritu de Dios (Génesis 6, 3). Por eso no le importa ninguna buena obra, sino que lucha por hacer las voluntades y los deseos del cuerpo y los pazos, y al obtener oscuridad sobre oscuridad, pasa todo su tiempo con gusto en completa ignorancia.

 

Sin embargo, el que ha sido iluminado para ver sus pecados no cesa de lamentarse a sí mismo y a todos los seres humanos, viendo la gran tolerancia de Dios y los muchos pecados que hemos cometido y seguimos cometiendo constantemente los miserables. De esto se vuelve agradecido, no atreviéndose a condenar a nadie, por vergüenza de las muchas beneficencias y bendiciones de Dios y nuestros propios pecados. Así, con alegría, abandona toda su voluntad que no sea conforme a la voluntad de Dios, y cuida que sus sentidos no hagan absolutamente nada que esté más allá del uso necesario, según las palabras del profeta David: ‘Señor, mi corazón no se ha elevado, ni mis ojos han mirado con arrogancia’ (Salmo 130, 1). Pero debe tener cuidado de no sufrir lo mismo que David, por negligencia o soberbia, y tal vez no pueda arrepentirse como él. Porque el pecado es fácil incluso para los muy justos, mientras que el arrepentimiento no es fácil para todos, porque la desesperación está cerca por la razón de que la muerte está cerca, y antes de la muerte, la desesperación.

 

Por lo tanto, es mejor para uno no caer que caer y levantarse. Pero si nos sucede caer, es bueno no desesperarnos ni alejarnos de la misericordia del Señor. Porque Él puede y quiere mostrar misericordia y filantropía en nuestra debilidad. Solo no nos alejemos de Él, ni nos disgustemos cuando nos sintamos presionados por Sus mandamientos, y, mientras no podemos alcanzarlos, salgamos del camino; pero sabiendo que mil años ante el Señor son como un día (Salmo 89, 4), y un día como mil años. Ni apresurémonos ni nos desanimemos, sino que siempre comencemos de nuevo.

 

¿Caíste? Levántate. ¿Y otra vez caíste? Levántate de nuevo. Solo no dejes al Médico Psicoterapeuta y no te condenes peor que el suicida debido a la desesperación. Quédate cerca de Él y Él mostrará misericordia, ya sea con tu retorno, a través de las pruebas, o de otra manera de Su providencia, sin que lo sepas.

 

El diablo tiene la costumbre de imponer a la psique-alma lo que encuentra más cercano a ella; sea alegría, presunción, jactancia, tristeza y desesperación, excesivos esfuerzos, pereza perfecta, cosas, conceptos y significados más bien temporales o fuera del uso correcto, oscuridad y odio indeterminado contra todos los seres. Y en general, lo que sea material que encuentre en cada psique-alma, eso le impone, para que no le sea útil; lo cual puede ser bueno y agradable a Dios, si se hace un uso medido de él por aquellos que pueden juzgar las cosas y encontrar el propósito de Dios que se esconde entre los seis pazos pasiones que lo rodean. Estos se encuentran desde arriba y desde abajo, desde la derecha y desde la izquierda, desde fuera y desde dentro. Porque cada praxis gustada a Dios y cada gnosis-conocimiento encierran un propósito bueno, el cual se encuentra en el medio de los seis afectos y pazos opuestos. Por eso, cada uno de nosotros en cada asunto necesita, según san Antonio el Grande preguntar, y ciertamente no a aquellos que son al azar, sino a aquellos que tienen el don del discernimiento, para que ambos no caigan por su inexperiencia en un atolladero, según el ejemplo evangélico (Mateo 15, 14). Porque sin discernimiento no se puede hacer ningún bien, incluso si parece muy bueno para aquellos que lo ignoran; porque se hace ya sea inoportunamente, fuera del uso correcto, o más allá de la medida de la cosa o la fuerza del hombre o su gnosis-conocimiento, y muchas otras cosas. Ahora bien, aquel que tiene el don del discernimiento, lo ha recibido de la humildad. Por eso conoce todas las cosas por la χάρις jaris (gracia, energía increada) y, en el momento adecuado, alcanza la clarividencia.

 

Así que del luto o duelo (según Dios) y la paciencia nacen la esperanza y el desapasionamiento y desapego de los pazos, de los cuales proviene la necrosis del mundo. Si ahora uno soporta bien sin desesperarse porque ve en todas partes tristezas y muertes, sino que sabe que son prueba e iluminación, y si además no se envalentona pensando que ha alcanzado altos niveles, viendo las muchas lágrimas de la tribulación, entonces llega a ver claramente los santos padecimientos del Señor, y se consuela mucho por ellos y se considera a sí mismo verdaderamente inferior a todos, viendo tantos bienes que le ocurren por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios. A Él pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Logos ι΄ γιώτα yota (9º) sobre la memoria de los padecimientos de Cristo y de nuestra muerte y pecados

 

He aquí el ι΄ γιώτα yota, y he aquí el noveno logos que habla de los venerables padecimientos o pasiones de Cristo. Es decir, de la memoria de la muerte y de los pecados, surgen muchas lágrimas para el obrero; y de estas puede uno mantener en mente la memoria de los sufrimientos de Cristo y de todos los Santos. Y ahora bendiga la lectura, Padre.

 

Para que nadie piense que está haciendo algo importante con el ejercicio y los muchos gemidos y lágrimas, se le da la gnosis-conocimiento de los padecimientos de Cristo y de todos los Santos. Y comprendiéndolos, se llena de sorpresa y al mismo tiempo se admira y se avergüenza en el ejercicio. Porque percibe su propia debilidad desde la contemplación de tantas tentaciones, que son innumerables. ¿Cómo pudieron tantos y tantos Santos sufrir con alegría? Y cuánto sufrió por nosotros el Señor. Junto con esto, se ilumina con la gnosis-conocimiento de las obras y logos del Señor. Y entendiendo todo lo que se dice en el Evangelio, a veces empieza a lamentarse amargamente por la pena, mientras otras veces se alegra espiritualmente, no porque piense que tiene buenas obras -porque eso es presunción, sino porque, aunque es muy pecador, fue digno de alcanzar la contemplación de estas cosas. Y se humilla aún más con obra y logos con las siete praxis, acciones corporales que mencionamos y con la acción praxis ética, es decir, la psíquica, y con la custodia de los cinco sentidos y los mandamientos del Señor. Sin embargo, no los cuenta como buenas obras y merecidas, sino más bien como un deber, y ni siquiera espera nunca liberarse de su deber, debido a la magnitud de la gnosis-conocimiento que se le dio. Y de alguna manera se convierte en prisionero de los pensamientos de los logos y palabras que lee o salmodia. De este placer muchas veces olvida sin querer sus pecados y comienza a llorar con una dulzura como la miel. Y de nuevo se encoge, por miedo al engaño, no sea que esto no suceda en su tiempo. Y mientras recuerda su vida anterior, llora amargamente de nuevo, y así avanza entre estos dos tipos de lágrimas, si de hecho presta atención y consulta siempre a alguien experimentado, y si se arrodilla ante Dios con la oración pura, que conviene al practicante, concentrando su νούς nus con su mente en todo lo que ha visto o escuchado, en la memoria de Dios, y si busca que se haga solo la voluntad de Dios (Mateo 6, 10) en todas sus obras, conceptos y pensamientos.

 

Si no lo hace así, se extraviará pensando que verá en una visión a uno de los Santos Ángeles o a Cristo, sin conocer que aquel que quiere ver a Cristo no debe buscarlo fuera, sino dentro de sí mismo, imitando Su vida en el mundo y siendo sin pecado en cuerpo y psique-alma, como Cristo. Y siempre debe tener el νούς nus con la mente en Cristo. Pero tener una forma o color o pensamiento durante la oración no es bueno, sino más bien extremadamente perjudicial. ¿Qué significa que el νούς nus con la mente esté en el lugar de Dios, lo explicó San Nilo, tomando como base el dicho del Salterio: ‘En su lugar, hay paz’ (Salmo 75, 3). La paz es que no hay ningún pensamiento, bueno o malo; porque, dice, si el νούς nus con la mente siente algo así, no está solo con Dios, sino consigo mismo también. Y eso es muy cierto. Porque Dios es inefable e ilimitado, sin forma ni color. Y aquel que dice que está solo con Dios, debe igualmente ser amorfo, incoloro, sin forma y sin distracción. Más allá de esto es un engaño y una trampa demoníaca.

 

Por eso uno debe prestar atención y, sin la pregunta de los experimentados, no debe aceptar ningún pensamiento, fantasía o concepto bueno o malo, porque ambos los ignoramos. Porque los demonios toman la forma y el aspecto de lo que quieren, al igual que el νούς nus con la mente humana se forma y se colorea según el aspecto de la cosa que asume. Pero los demonios lo hacen para engañarnos, mientras que nuestra mente gira en vano aquí y allá antes de alcanzar la perfección.

 

Sin embargo, tanto como pueda cada uno, debe mantener su νούς nus con el intelecto en algún estudio sobre Dios. Porque así como hay siete obras corporales, también hay ocho contemplaciones del νούς nus o gnosis-conocimientos. Tres de ellas están mencionadas anteriormente sobre los padecimientos inmaculados del Señor, que cada uno debe estudiar por sí mismo siempre, para que su psique-alma y la de sus semejantes estén en luto o duelo (espiritual). Es decir, entender los males que el género humano ha sufrido por la transgresión de los Primeros en ser creados, y cómo la naturaleza humana cayó en tantos παθος pazos (padecimientos, pasiones, sufrimientos, vicios, etc.); también reflexionar sobre sus propios pecados y las tentaciones que Dios envía para corrección. Luego meditar sobre la muerte y los sufrimientos que esperan después de la muerte para los pecadores, para que su psique-alma se dedique al luto o duelo (según Dios) para consuelo y humildad, para que tal vez no desespere por esos muchos y terribles conceptos; ni tampoco crea que ha realizado una obra espiritual, sino para permanecer en el temor y la esperanza, un estado que se llama apacibilidad y dulzura de los pensamientos y no tiene recaídas. Esto lleva el νούς nus con el intelecto a la gnosis-conocimiento y al discernimiento, según los logos del Profeta: «Guiará a los apacibles en sano juicio» (Salmo 24:9), o más bien al discernimiento, que según otro Profeta es llamado gnosis-conocimiento con piedad.

 

Pero así como la piedad tiene un nombre pero muchas obras, también la gnosis-conocimiento es un nombre, pero contiene muchas gnosis, sabidurías y contemplaciones. Porque incluso el comienzo de la obra corporal fue gnosis-conocimiento, ya que sin gnosis-conocimiento nadie puede realizar el bien; y hasta el final, es decir, la adopción divina y la elevación del νούς nus (espíritu de la psique) al cielo con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo, se llama gnosis-conocimiento y contemplación. La primera se da antes de los esfuerzos para que se logre con ella la obra, como se construye un edificio con herramientas, mientras que la segunda se da después de la fe, para que se proteja del miedo como un muro. Y nuevamente la gnosis-conocimiento se convierte en la obra de las virtudes de la psique-alma, para preparar y plantar esas plantas del paraíso. Luego viene la gnosis-conocimiento del νούς nus y la obra espiritual, es decir, la comprensión del νούς nus y el ordenamiento de las costumbres de la psique-alma, para que el trabajador de los mandamientos trabaje y cuide esas plantas diligentemente. De estas se hace el cuidado de las plantas y viene la ayuda divina como el sol, el viento y el crecimiento, sin los cuales todo el trabajo del trabajador es vano, incluso si tal vez se hacen según la lógica. Porque ni sin la ayuda divina puede hacerse algo bueno nunca, ni la ayuda divina y la χάρις jaris (gracia, energía increada) viene a aquel que no tiene buena predisposición y voluntad, dice San Juan Crisóstomo. Todo en esta vida es doble: praxis y gnosis, predisposición o voluntad y χάρις jaris (gracia, energía increada), temor y esperanza, luchas y premios. Pero las segundas no ocurren antes que las primeras. Puede parecer, pero esto es un error. Como aquel que no sabe de agricultura, cuando ve las flores, creyendo que son frutas, se apresurará a recogerlas, y no sabe que de esta manera destruye el fruto, así también aquí: pensar que uno es algo, no permite que se convierta en lo que piensa, dice San Nilo. Por eso uno debe permanecer cerca de Dios y hacer todas las cosas con discernimiento.

 

El discernimiento se logra haciendo preguntas con humildad y acusando a uno mismo, sus praxis, acciones y sus pensamientos. Porque el diablo se transforma en ángel de luz (2Cor 11:14), y esto no es extraño. Ya que incluso los conceptos y pensamientos que provienen de él parecen virtuosos para los inexpertos. La humildad, dice Juan Clímaco, es la puerta que conduce a la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), mientras que su material es la humildad, según San Basilio el Grande. Porque ella hace que el hombre sea similar en las cosas, conceptos y pensamientos difíciles y fáciles, y no se preocupa ni por honor ni por desprecio, sino que acepta tanto lo agradable como lo trabajoso con alegría y no se perturba como aquella monja mencionada por San Antonio el Grande*. Dice en concreto: «Una vez, cuando estaba en tal abadía, vino una monja y dijo al yéronta (anciano sabio e iluminado): ‘Padre, como cada seis días y todos los días recito el Antiguo y Nuevo Testamento’. El yérontas le respondió: ‘¿Te ha parecido la privación como abundancia?’ Ella respondió: ‘No, padre’. ‘¿Ni el desprecio como alabanza?’ ‘No, padre’. ‘¿Ni los enemigos como amigos?’ De nuevo ella dijo que no. Entonces dijo el sabio anciano: ‘Ve y trabaja, porque no has hecho nada'». Muy razonablemente. «Si ayunara tanto, de modo que comiera una vez por semana, y eso poco, ¿no debería haber tenido la privación como abundancia? Y de nuevo, ya que recitaba todos los días el Antiguo y el Nuevo Testamento, ¿no debería haber aprendido la humildad? Y después de no tener nada en la vida, ¿no debería haber tenido a todos ellos como amigos? Ni siquiera al menos los enemigos no pudo tener como amigos después de tantos esfuerzos. Entonces bien le dijo el yérontas que no había hecho nada. Yo añado que una persona así se condena más severamente, como dice Crisóstomo sobre las cinco vírgenes insensatas. Es decir, ellas lograron ejercer la virtud más pesada, es decir, la virginidad que supera la naturaleza, y no pudieron ejercer la misericordia, que es lo más fácil, que incluso los idólatras y los incrédulos ejercen hasta hoy. Por lo tanto, ya que la monja de quien hablamos no sabía cuál era el objetivo, trabajaba en vano. Debes, nos dice el Señor, hacer esto, y no debes omitir eso: “¡Ay de vosotros, γραματείς escribas-gramatís o gramaticales y fariseos, hipócritas! que diezmáis la menta, el eneldo y el comino, cumplís pero dejasteis lo más importante de la ley, el sano y justo juicio, la caridad/misericordia y la fe verdadera; esto era necesario hacer sin dejar aquello” (Mateo 23:23).

 

El ejercicio es bueno, pero cuando tiene un propósito correcto. Y esto debemos tenerlo, no como obra, sino como preparación para la obra; ni como fruto, sino como tierra que con el tiempo, el trabajo y la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios puede producir plantas, y esta es la catarsis de el νούς nus (espíritu de la psique) y la unión con Dios. A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

* Evergetinós, libro 3, caso 29, G,4.

 

Logos κ’ κάππα kapa (10º) sobre la humildad que Cristo regala

 

Κάππα kapa he aquí la décima letra y aquí se habla de la humildad que Cristo regala. Esta humildad nace de la falta de preocupaciones, cuando la psique-alma cultiva solo a sí misma siempre trabajo con toda diligencia. Así que ahora bendiga la lectura, Padre.

 

El humilde de corazón no cesa nunca de acusarse a sí mismo, incluso si el mundo entero lo combate y desprecia. Y esto no solo para ser salvo involuntariamente, como aquellos que tienen paciencia, sino también para correr voluntariamente hacia los padecimientos o pasiones de Cristo, de quien este hombre aprendió la humildad, la mayor de todas las virtudes, en la cual habita el Espíritu Santo. Esta es la puerta de la realeza increada, es decir, de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos). Y aquel que entra por ella llega a Dios. Sin ella, el trabajo es vano y el camino es muy fatigoso. Esta virtud concede todo descanso y reposo a aquel que la lleva en su corazón, porque dentro de ella habita Cristo. Con ella permanece la χάρις jaris (gracia, energía increada) y se preservan los carismas, dones. Esta virtud nace de muchas virtudes, como la obediencia, la paciencia, la castidad, la pobreza, el temor divino, la gnosis-conocimiento y otras, y sobre todo de las que proviene el discernimiento, que ilumina profunda y completamente el νούς nus con el intelecto.

 

Sin embargo, que nadie piense que puede adquirir la humildad fácilmente o por casualidad. Esta es algo sobrenatural y, cuanto mayor es el don o carisma, mayor es la dificultad y se necesita gran prudencia y paciencia frente a las tentaciones y demonios que se le oponen; porque la humildad supera todas sus trampas. La humildad es el fruto de la gnosis-conocimiento y la gnosis-conocimiento es el fruto de las tentaciones. Aquel que se conoció a sí mismo recibe la gnosis-conocimiento de todas las cosas, y aquel que se sometió a Dios, todo se someterá a él cuando la humildad reine en sus miembros. Y esto es justo. A través de muchas tentaciones y de la paciencia en ellas, uno se hace experto, y a través de esto conoce su debilidad y la fuerza de Dios. Y de conocer su debilidad y la ignorancia que antes tenía de lo que ignoraba, ahora entiende que como una vez ignoró realmente estas cosas y no sabía que las ignoraba, así hay muchas otras que quizás aprenda más tarde, según el Gran Basilio. Porque él dice que si uno no prueba algo, no sabe de qué se priva. Ahora, aquel que ha probado la gnosis-conocimiento sabe que hay otras cosas que ignora, y así su gnosis-conocimiento se convierte en el promotor de la humildad. Y nuevamente, aquel que entendió que es una criatura mutable, alterable nunca se enorgullece de nada, porque incluso si posee algo, lo posee del Creador. Nadie alaba un utensilio o herramienta porque se haya hecho útil a sí mismo, sino que alaba a su fabricante. Y cuando se destruye el utensilio, entonces culpa la causa de su destrucción y no al fabricante. Ahora bien, si el utensilio es lógico, es por necesidad también autosuficiente e independiente. Por lo tanto, el donador de los bienes es el Creador, como también la causa de la creación; pero en la caída y el desviarse, la causa es la predisposición y voluntad del independiente y de la autosuficiencia. Entonces, así como uno es elogiado por χάρις jaris (gracia, energía increada), permaneciendo inalterable e inmutable, también se dirige la acusación a aquel que recibe y acepta el mal de la serpiente-diablo. Por supuesto, el elogio no corresponde solo a aquel que recibe regalos, sino a Aquel que los da, junto con la gratitud. Quizás debería ser elogiado por la χάρις jaris (gracia, energía increada) también aquel que recibió regalos, porque recibió debido a su intención los regalos que no tenía, o más bien por su gratitud hacia el Benefactor. Y si esto no sucede, no solo pierde los elogios, sino que también se condena por su ingratitud.

 

Nadie tiene tanta desfachatez como para atreverse a decir que lo que recibió no son regalos, pero con astucia condena a quienes no se han convertido supuestamente como él, robando así elogios y presumiendo en secreto; como si mostrara que el tesoro que cree tener lo obtuvo él mismo y no lo recibió por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Y aunque tal persona quizás agradezca al Donante, se asemeja al fariseo de la parábola, porque dice a sí mismo: «Te doy gracias porque soy esto y aquello» (Lucas 18:11). Así que el Evangelista dijo bien, o más bien el Dios conocedor de los corazones, que el fariseo no hablaba hacia Dios, sino hacia sí mismo. Porque aunque pareciera que hablaba a Dios con su boca, sin embargo, Dios, que conoce su psique-alma orgullosa, no dijo «a Dios», sino «se puso de pie el fariseo y habló consigo mismo» (Lucas 18:11).

 

Que las Escrituras repitan muchas veces los mismos logos, dichos o sus similares no es, según Crisóstomo, una reiteración o una locuacidad, sino que se hace para imprimir el logos en el corazón de los oyentes. Y el salmista, por divino anhelo, repetía cada logos o lema y no quería dejarlo, como aquellos que no han probado su dulzura y, por su negligencia y acedia, pisotean incluso el logos mismo para liberarse de su peso. ¿Acaso incorporará y se beneficiará alguna vez tal persona de algo útil de las divinas Escrituras? Más bien, solo recibirá condenación y oscurecimiento espiritual y mental, ya que abre la puerta a los demonios que lo combaten, según lo dicho del Señor: «Si esto hacen con el leño verde, ¿qué se hará con el seco?» (Lucas 23:31) y «Si el justo con dificultad se salva, ¿dónde aparecerá el impío y el pecador?» (Proverbios 11:31; 1 Pedro 4:18). Y si a aquellos que tienen todo su pensamiento en la memoria de Dios inmaterial y sin formas o figuras, los combaten los demonios, y si sin la ayuda de Dios a través de la humildad, su oración no tiene la fuerza para ascender, sino que regresa sin praxis inútil, ¿qué haremos nosotros, los miserables, que ni siquiera oramos verbalmente para que Dios se apiade de nosotros alguna vez y haga condescendencia a nuestra ignorancia y debilidad debido a nuestra buena disposición?

 

Que los demonios luchen incluso contra los perfectos, escuchemos lo que dice el santo Macario*. Dice que nadie se convierte en perfecto en este mundo, porque entonces no sería una anticipación de lo que se da aquí. Y trae el testimonio de un hermano que oraba junto con otros y fue arrebatado inmediatamente espiritualmente al cielo, donde vio la Jerusalén celestial y las residencias de los Santos. Después de descender, cayó de la virtud y resultó en una completa perdición, porque pensó que logró algo y no que más bien adquirió una mayor deuda, ya que fue considerado a tan altura, aunque era indigno y terrenal por naturaleza. Y otra vez el mismo Santo dijo: «Conocí a muchos, y por mi experiencia, mientras convivía con ellos, conozco exactamente que nadie aquí es perfecto, pero incluso si se vuelve completamente incorpóreo y casi se une a Dios, el pecado aún lo sigue y nunca desaparece antes de la muerte». Y el Santo Nilo** dijo de alguien que estaba orando y, por la concesión de Dios, por su beneficio y el de muchos otros, los demonios lo atormentaban fuertemente, agarrándolo de las manos y los pies, y para evitar que su cuerpo sufriera daño cayendo al suelo, lo sostenían en una pajilla. Y después de hacer esto durante mucho tiempo, no pudieron bajar su mente y su espíritu de los cielos. Entonces, ¿alguna vez una persona así sentirá que tiene hambre? ¿O cuándo sentirá la necesidad de salmos o lectura? Nosotros, sin embargo, necesitamos estas cosas para la debilidad de nuestro νούς nus (espíritu de la psique), aunque ni siquiera así queremos prestar atención. ¡Ay de nosotros! ¡Un Santo así afrontaba guerra, y nosotros estamos despreocupados por la guerra! ¡Los Santos, con humildad, se protegen de las trampas del diablo, y nosotros nos enorgullecemos en nuestra ignorancia! Verdaderamente, grande es la ignorancia de vanagloriarse por algo que no se posee. Como dice el abad Casiano***: «¿Qué tienes, sino lo que has recibido gratuitamente de Dios o mediante las oraciones de otros? Y después de haber recibido, como dice el Apóstol (1 Corintios 4, 7), ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido, sino como si lo hubieras logrado tú mismo?»

*Filocalía tomo 3 cap. 82 y 95 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-3-san-macario-el-grande-parafrasis-de-san-simeon-el-traductor-de-los-50-logos-en-150-capitulos/

**Filocalía tomo 1 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/153-reflexiones-sobre-la-oracion-del-corazon/

***Filocalia tomo 1 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-1-san-casiano-el-romano-sobre-los-ocho-pensamientos-y-conceptos-de-la-maldad-y-sobre-el-discernimiento/

La humildad, por lo tanto, nace de la gnosis-conocimiento, y la gnosis mismo genera discernimiento, del cual nace la visión perspicaz o clarividencia, que el Profeta llama «voluntad» (Isaías 11, 2). Esta ve las cosas según su naturaleza, y así el νούς nus (espíritu de la psique) se libera de la influencia del mundo a través de la contemplación de las obras de Dios. A Él sea la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos λ΄ λάμδα lamda (11º) la humildad genera discernimiento

 

Estamos en el logos once y la letra λ΄ λάμδα lambda. La humildad genera discernimiento para discernir naturalmente las obras sensibles. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

Es muy beneficioso preguntar en todo, pero a los expertos. Preguntar a los inexpertos es peligroso porque carecen de discernimiento. El discernimiento conoce el tiempo, el uso, la situación del hombre, la cantidad, la fuerza, la gnosis-conocimiento y la voluntad de aquel a quien se pregunta, el propósito de Dios y cada lema de las Sagradas Escrituras, y mucho más. Aquel que carece de discernimiento puede trabajar mucho pero no logrará nada. Si se encuentra alguien que lo tenga, ese es el guía de los ciegos y la luz de los que están en tinieblas (Rom 2, 19), y debemos confiar todo a él y aceptar todo lo que nos dice, aunque todavía no veamos tal como queremos debido a nuestra inexperiencia. Pero aquel que tiene discernimiento se ve de esto: puede hacer que los que le escuchan entiendan lo que se dice incluso sin quererlo. Porque el Espíritu examina y revela las cosas divinas, ya que puede persuadir al νούς nus con la mente a creer incluso sin quererlo, como en el caso de Jonás (Jon 2, 1-3), de Zacarías (Lucas 1, 18-20) y alguien que se llamaba David*, quien antes de hacerse monje era un ladrón. Un ángel impidió a este último decir la menor cosa fuera de la regla que había promulgado mientras cantaba. Y si no hay nadie en nuestra generación que tenga discernimiento debido a la ausencia de su madre, la humildad, debemos orar por cada intento con dolor, según el Apóstol Pablo (1Tim 2, 8). Es decir, si no tenemos «manos santas», o sea, pureza de psique-alma y cuerpo, al menos asegurémonos de estar limpios de malicia, resentimientos y malos pensamientos. Porque esto es lo que significa el mandato apostólico: «elevar manos santas en oración, sin ira ni disensiones ni meditaciones» (1 Tim 2, 8). Y lo que entendemos que está de acuerdo con la voluntad de Dios, hagámoslo sin pasión; y si tal vez no es muy bueno, pero por nuestra ignorancia y con el propósito de Dios será contado como bueno por la χάρις jaris (gracia, energía increada); sin embargo, si hay pasión-pazos que sea la voluntad divina, como dijimos.

* Capítulo 143 del libro Limonario.

 

Y estas cosas suceden por necesidad, solo por la bondad de Dios. Pero donde está nuestra propia voluntad y no la divina, ahí está el orgullo y Dios no está complacido, ni revela Su voluntad, para que nadie sea condenado aún más por conocer pero no hacer. Porque lo que Dios nos da y lo que no nos da es para nuestro beneficio, incluso si nosotros, como niños, lo ignoramos. Dios no envía Su Espíritu Santo a aquel que no ha hecho la catarsis a sí mismo de los πάθος pazos a través de actos corporales y éticos, para no caer nuevamente de la costumbre en lοs pazos y hacerse culpable como indigno de la infusión del Espíritu Santo.

Pero cuando uno se ejercita mucho en la práctica y primero hace la catarsis de su cuerpo del pecado ejercitado, pequeño y grande, luego su psique-alma de todo deseo y de todo tipo de ira, y ordena su carácter con buena costumbre, de modo que no haga nada más que la voluntad de su νούς nus (espíritu de la psique) con los cinco sentidos, ni dé consentimiento interno a tal cosa, y se someta a sí mismo, entonces también Dios somete todo a él con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, a través de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Porque primero uno debe someterse a la ley de Dios, y luego aquellas cosas que están bajo Su autoridad se someten a él, para que el νούς nus reine como fue construido desde el principio, con un reinado prudente, sobrio, valiente y justo. Y a veces calma la ira con la suavidad del deseo, mientras que otras veces pacifica el deseo con la severidad de la ira. Y sabe que es un soberano y todos sus miembros trabajan según el mandato de Dios, y ya no es engañado por el olvido y la ignorancia como antes. Entonces, debido a la continua devoción a Dios, se vuelve perspicaz, clarividente y comienza a prever las trampas establecidas por el diablo y las cosas que hace engañosamente sin que se vean. Pero no predice el futuro como los profetas. Esto es sobrenatural y se proporciona para el bien del pueblo. Sin embargo, la perspicacia es natural y cuando el νούς nus con el intelecto se hace la catarsis, se purga y se sana, se revela como si hubiera estado cubierto previamente por la oscuridad, debido al dominio de los πάθος pazos. Y con la humildad viene la χάρις jaris (gracia, energía increada) y abre el ojo de la psique-alma que el diablo cegó, y de inmediato comienza a ver las cosas según su naturaleza. Y ya no se deja engañar por la contemplación externa de las cosas como antes. Ahora ve sin adherirse con malicia al oro, la plata, las piedras preciosas, y no se desvía ni juzga erróneamente por malicia, sino que conoce que estas cosas provienen de la tierra, al igual que otros materiales del mundo, como dicen los Santos Padres. Y ve al hombre y sabe que es de la tierra y a la tierra volverá nuevamente (Génesis 3, 19). No reflexiona superficialmente sobre estas cosas como todos los hombres que por experiencia conocen estas cosas, pero como están en la tiranía de los πάθος pazos, adquieren el apego a las cosas.

 

Sin embargo, si piensa por presunción que sin los esfuerzos anteriores y virtudes llegó a ver las cosas según su naturaleza, eso no es admirable. Porque la arrogancia o la jactancia sabe cómo hacer que los ciegos crean que ven y los tontos se vanaglorien en vano. Si fuera tan fácil ver naturalmente las cosas solo pensando en ellas, entonces el luto (espiritual) y la catarsis que provienen de esto serían innecesarios, como también el ejercicio multifacético, la humildad, la χάρις jaris (gracia, energía increada) divina y la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Pero no es así, no lo es. Esto ciertamente sucede más fácilmente a menudo entre los muy simples que tienen el νούς nus con la mente o intelecto muy claro de las cosas y las maquinaciones del mundo, cuando tienen la suerte de someterse a un padre espiritual experimentado, o de manera similar a los antiguos Justos, de modo que la χάρις jaris (gracia, energía increada) economiza antes de que conozcan lo correcto o lo incorrecto, es decir, el bien o el mal, como dice Salomón (1 Reyes 3, 7). Pero para nosotros, que desde una edad temprana nos hemos sometido en πάθος pazos y cometimos casi todas las malicias y astucias con todo nuestro empeño, es imposible liberarnos de estos males y ver las cosas según su naturaleza sin dedicación, tiempo y sin la ayuda divina. A menos que, así como amamos las malicias, también amemos adquirir virtudes, y nos esforcemos con celo para lograrlas con obras y logos. Aunque muchas veces ni siquiera entonces nos beneficia nuestra diligencia, ya sea porque no soportamos las tentaciones hasta el final, o porque ignoramos el camino o el propósito, o por pereza, o incredulidad, o por alguna otra razón, y los motivos son innumerables.

 

Entonces, si las cosas son así y estamos demasiado lejos, ¿cómo nos atreveremos a decir que hemos alcanzado la belleza original? A menos que estemos engañados por la egolatría, auto-complacencia y una pérdida invisible. Porque así como la autocrítica y auto-reproche es un progreso invisible, porque uno puede ir bien y no sentirlo, así también la vanidad, la egolatría, el autoengaño y la auto-complacencia son una pérdida invisible, porque uno retrocede y no se da cuenta. Y es razonable. En la psique-alma vanagloriosa, incluso los pazos vicios que la χάρις jaris (gracia, energía increada) ha hecho la catarsis regresan. Como dijo el Señor: “Y cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares áridos buscando reposo, pero no lo encuentra, entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí, es decir, al corazón del hombre de donde salí; y al llegar, la encuentra desocupada, barrida y puesta en orden, o sea, encuentra al hombre con desidia y pereza espiritual y bien dispuesto a volver a la primera situación pecadora y desastrosa” (Mateo 12, 43-44). ¿Por qué sucede esto? Porque no hay trabajo espiritual en el lugar del cual salió, ni humildad, por eso regresa el espíritu impuro y vuelve a habitar junto con muchas otras maldades y muchas cosas de las cuales la psique-alma había sido liberada previamente por su trabajo. El que tiene nus-espíritu con entendimiento, entienda. No quiere el logos divino explicar todas estas cosas, ni tampoco omitirlas, sino como sea conveniente. Como dijo Juan Crisóstomo, es una gran beneficencia de Dios que en las divinas Escrituras haya algunas cosas fáciles de entender y otras difíciles, para que podamos avanzar primero con fe y diligencia, y no porque no las entendamos en absoluto terminemos en incredulidad y negligencia, mientras que con otras seamos estimulados a la búsqueda y el esfuerzo, liberándonos de la arrogancia y encontrando la humildad, precisamente porque no podemos entenderlas. Y así, de ambas maneras, ganamos humildad y anhelo hacia Dios, si comprendemos las donaciones de Dios.

 

Esta es, entonces, la quinta θεωρία zeoría contemplación de la que hablamos, y la seguridad; es decir, de que uno pueda ver en la praxis, práctica las creaciones sensibles y los pensamientos y conceptos con discernimiento, y que los que tienen pazos no se equivoquen por alguna ilusión o percepción pasional o emocional, y actúen en contra del propósito de Dios, o consientan y se complazcan en sus propios pensamientos y conceptos; sino que también si enfrentan la muerte, no se desvían del propósito divino en logos y obra. Esto, por supuesto, se dijo para el fin de la gnosis-conocimiento; porque al principio, como alumno, uno logra el propósito por necesidad con obediencia, o quizás también debido a la práctica de su trabajo, ya que la costumbre lo atrae hacia él. Y a veces, por economía, se desvía por un momento y regresa inmediatamente con gran humildad, mientras que otras veces, desde la presunción, llega al orgullo. En esta situación, uno debe saber que la χάρις jaris (gracia, energía increada) lo educa y lo enseña a humillarse y a aprender de dónde obtiene su fuerza y gnosis-conocimiento; para que no tengamos confianza en nosotros mismos, como dice el Apóstol Pablo, sino en Aquel que resucita a los muertos (2Cor 1, 9), lo cual también ocurre aquí. Porque si uno soporta sin enorgullecerse ni retroceder de la virtud, también se resucita de la necrosis del cuerpo y de las cosas hacia la gnosis-conocimiento de los seres. Como dice el Apóstol Pablo (Rom 6, 4-6), el hombre es crucificado, corporalmente con las acciones corporales y psíquicamente con las psíquicas, luego es co-enterrado con la muerte de los sentidos y sentimientos y la gnosis-conocimiento de las cosas según la naturaleza, y resucita con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) espiritual e intelectual, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos μ’ μι mi (12º) La experiencia de la contemplación de las creaciones sensibles

 

Elemento el μ’ μι mi, y el duodécimo logos, por tanto, el presente. La experiencia de la contemplación de las creaciones sensibles que nadie debe buscar temprano. Ahora, pues, bendiga la lectura, Padre.

 

Si el νούς nus (espíritu de la psique) no adquiere la necrosis o mortificación de los πάθος pazos, no le conviene acercarse a la contemplación  de las cosas  sensibles. Cuando se encuentra en distracciones y no se dedica al estudio de las divinas Escrituras con gnosis-conocimiento y ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), el hombre se oscurece más por el olvido y gradualmente cae en la ignorancia. Esto ocurre incluso si había alcanzado antes una gnosis-conocimiento espiritual e intelectual, y especialmente si la gnosis-conocimiento no le fue otorgado por χάρις jaris (gracia, energía increada), sin que él mismo lo supiera, sino que aprendió estos misterios de la lectura y de los expertos. Así como cuando el agricultor no cultiva la tierra, ésta se llena de maleza, y especialmente si es fértil, de la misma manera el νούς nus con el intelecto, si no se dedica a la oración en contacto consciente con Dios y a la lectura y no lo tiene como trabajo propio, engorda y cae en la ignorancia. Y así como cuando la tierra recibe lluvia y sol, el agricultor no se beneficia si no la siembra y la cuida, así tampoco el νούς nus con el intelecto puede tener gnosis-conocimiento sin la praxis, acción ética, incluso si tal vez la recibió por χάρις jaris (gracia, energía increada); pero apenas se desvíe un poco, por descuido, hacia los πάθος pazos, inmediatamente se engaña y se extravía. Si ahora tiene presunción o jactancia, aunque sea poco, es abandonado por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Por eso los Padres, quizás por vejez y debilidad, a menudo disminuyeron las acciones corporales, pero nunca las psíquicas y espirituales. Porque en lugar de las acciones corporales tenían la enfermedad corporal, que podía afligir la carne. Pero es imposible, sin la acción ética, preservar la psique-alma sin pecado para que el νούς nus (espíritu de la psique) sea iluminado. Porque incluso el agricultor cambia a menudo sus herramientas o quizás las coloca en el almacén; sin embargo, nunca deja la tierra no cultivada, ni sembrada o sin vigilancia de sus frutos, si en verdad desea probar esos frutos.

 

Si ahora alguien es ladrón y salteador y no quiere entrar por la puerta, sino subir por otro lado, como dice el Señor (Jn 10, 1 y 10), a éste las ovejas no lo escuchan, es decir, los sentidos divinos según el divino Máximo el Confesor *. Porque el ladrón no entra sino para robar con la audición y matar los conceptos con la alegoría, no pudiendo interpretar la Escritura, y perderá también a sí mismo y a los conceptos con la gnosis-conocimiento falsa por la presunción o jactancia. Mientras que el pastor sufre junto con los conceptos como buen soldado de Cristo (2 Tim 2, 3) según el Apóstol Pablo, con la aplicación y cumplimiento de los mandamientos divinos, y entra por la puerta estrecha (Mt 7, 13), es decir, la humildad, que es la puerta de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Y antes de ser digno de recibir la divina χάρις jaris (gracia, energía increada), estudia y aprende todo de oídas. Y cuando viene algún concepto que es lobo con apariencia de oveja, lo rechaza con la autovisión y autocrítica diciendo: «No sé quién eres. Dios lo sabe». Si el concepto viene con desvergüenza y busca ser aceptado diciendo que «si no aceptas los conceptos y no disciernes las cosas, entonces no tienes ni fe ni gnosis-conocimiento», responde: «Y si dices que soy un tonto, sé por el santo Crisóstomo que el tonto en este mundo puede volverse sabio (1Cor 3, 18), según el Apóstol Pablo». Como también dice el Señor, los hombres de este mundo son más astutos en su generación que los hijos del reinado de la realeza increada de los cielos (Lc 16, 8). Y realmente, los primeros desean vencer y enriquecerse, alabarse, y glorificarse, vanagloriarse y dominar y otros similares; y si aún fracasan y su trabajo es inútil, todavía se preocupan más de lo que pueden por estas cosas. Mientras que los «hijos de la realeza» quieren tener lo contrario de lo anterior, con lo cual a menudo desde aquí reciben el compromiso o aras de la bienaventuranza celestial y cuidan mucho, al menos tanto como los anteriores, recibir la libertad del νούς nus (espíritu de la psique) por la χάρις jaris (gracia, energía increada), con la cual puede tener la memoria incesante y los conceptos, o conocer que sus conceptos son testificados por las divinas Escrituras y por aquellos que tienen experiencia de la gnosis-conocimiento espiritual, o al menos ignorar con mucha gnosis-conocimiento, a causa de la duda. Y conocer que los conceptos anteriores fueron tentaciones para probar su libre albedrío o independencia, para que el humilde se aparte y desconfíe de su propio concepto, pensamiento y propósito, o más bien teme y pregunta con muchas lágrimas y recurre a la humildad, a la autovisión y a la autocrítica, y considera gran pérdida la gnosis-conocimiento y los dones o carismas.

* Filocalía, tomo II, segunda centruria sobre el amor, cap. 55 https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/

 

Por el contrario, el orgulloso busca apoyar sus propios conceptos, sin escuchar a Juan Clímaco que dice que no busquemos cosas de un tiempo antes de su tiempo, o a san Isaac que enseña: «No entres con desvergüenza, sino agradece en silencio». También a Crisóstomo, que aprendió del Apóstol Pablo a decir «no sé, no conozco» (2Cor 12, 2-3), o a san Juan Damasceno, que dijo acerca de Adán que aún no era tiempo de volver al estudio de las realidades espirituales intangibles. Porque los sentidos de los niños son insuficientes para una alimentación sólida, y necesitan leche, como dice el Apóstol Pablo (Heb 5, 12-14). Por eso no busquemos contemplación en un tiempo que no es para contemplación, sino primero obtengamos las madres de las virtudes dentro de nosotros, y la gnosis vendrá sola, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo. A Él pertenece la doxa-gloria increada por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos ν΄ νι ni (13º) Gnosis de las realidades espirituales

 

El elemento es ν΄ νι ni, decimotercer logos, aquí habla de la gnosis de las cosas espirituales e intelectuales. Cualquiera que vea concluye respecto a los ejércitos espirituales de los incorpóreos desde las cosas sensibles. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

La gnosis-conocimiento se vuelve comprensible, espiritual e intelectual después de la costumbre a la contemplación de las cosas sensibles, pero esto no significa que el gnóstico/conocedor verá a un ángel. Porque, ¿cómo el hombre, que ni siquiera ve su propia psique-alma, podrá ver una sustancia inmaterial y conocida solo por su Creador? Para el bien común y por la providencia de Dios, los Ángeles se manifestaban muchas veces a nuestros padres, pero no sucede esto para nosotros, porque lo queremos por orgullo, y ni siquiera nos preocupamos por el bien común, ni soportamos ni sufrimos nada en consideración a Dios. Por eso, aquel que desea tal cosa, probablemente desea ver un demonio, ya que este asume la forma de un ángel de luz, como dice el Apóstol Pablo (2Cor 11, 14). Es posible que aparezca un ángel, pero cuando nadie lo pone en mente ni lo cree, tal vez se manifieste, y entonces nuevamente ocurre si alguien lo acepta por bien común. Por lo tanto, esto se reconoce por no querer ni aceptarlo en nuestros sueños ni considerarlo si sucede, sino estar como si no supiéramos nada. Porque si realmente es un ángel, tiene poder de Dios para hacer que el νούς nus con la mente se calme y lo acepte, sin quererlo. Mientras que el demonio no puede hacer esto, pero si ve que el νούς nus lo acepta, aparece por concesión. De lo contrario, huye perseguido por el Ángel guardián que tenemos desde el bautismo, porque el νούς nus no le entregó el consentimiento, la independencia y el poder.

 

Estas cosas, pues, son así. Ahora se hablará de la contemplación de las Órdenes superiores, cómo hay nueve órdenes según Dionisio el Areopagita y como vemos en todas las Escrituras. Las nueve órdenes tienen nombres, según su naturaleza y energía. Se llaman incorpóreos porque son inmateriales, espirituales porque son nus-espíritus, y ejércitos (Lucas 2, 13) porque son espíritus que sirven (Hebreos 1, 14) al Rey de todo. También tienen otros nombres que son comunes y específicos al mismo tiempo, es decir, se llaman Potencias (Efesios 1, 21; 1 Pedro 3, 22) y Ángeles (Mateo 1, 20 y otros). Potencias es el nombre de una de las órdenes celestiales, pero según la energía, todas las nueve órdenes se llaman Potencias, porque tienen la δύναμη dinami (potencia, energía y poder) de ejecutar todas las voluntades divinas. Ángeles, por otro lado, es el nombre específico de una de las órdenes que está primera sobre nosotros y novena desde el terrible trono de Dios, pero según la energía, todos se llaman ángeles, porque anuncian las órdenes divinas a los hombres. Como en el libro de Job, Salomón dice que «vino otro ángel» (Job 1, 16-19), pero no era un Santo Ángel, sino que, como dice Crisóstomo, se le llamó así solo porque él fue salvado y vino a anunciar los acontecimientos. Pero también el Señor es llamado Ángel en el Antiguo Testamento en varios puntos. Dice, por ejemplo, que Abraham hospedó Ángeles (Génesis 18, 1-5), y era el Señor antes de encarnarse; como dice san Juan Damasceno sobre la Zeotokos: «Abraham en su tienda vio el misterio relacionado contigo, oh, Zeotokos. Por lo tanto, él recibió a tu Hijo antes de encarnarse, etc.». Además, Él mismo era como un Ángel junto con los tres jóvenes en el horno (Daniel 3, 25). El Señor se llama Ángel según la energía (increada), como lo llama el profeta Isaías «Ángel de la gran voluntad» (Isaías 9, 6), y como Él mismo dijo, «todo lo que he oído del Padre, eso os declaro» (Juan 8, 26). A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos ξ’ xi (14º) Sobre la απάθεια apázia

 

Este logos, que acompaña al elemento ξ’ ξι ksí, tiene como único tema la verdadera απάθεια apázia (impasibilidad, desapego sin pazos). Ahora hay catorce capítulos en formato conciso, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

La απάθεια apázia es algo maravilloso y paradójico, porque tiene la δύναμη dinami (potencia, energía y poder), una vez que el hombre domina los πάθος pazos y adquiere el hábito en esto, de hacerlo imitador de Dios, tanto como es posible para un ser humano. Porque aunque el impasible sufre y lucha contra los demonios y hombres malvados, parece como si no estuviera sufriendo él mismo, sino otro, como lo hicieron los Santos Apóstoles y Mártires. Y ni siquiera cuando es glorificado se enorgullece, ni cuando es insultado se entristece, porque considera que las cosas agradables son la χάρις jaris (gracia, energía increada) y condescendencia de Dios que no las merece, mientras que las dolorosas y tristes son pruebas. Y las primeras se dan aquí por la χάρις jaris para consuelo, mientras que las segundas son para humildad y buena esperanza para el futuro. Así que el impasible, con el discernimiento, es como insensible -con mucho sentido o sensación- hacia lo doloroso.

 

La απάθεια apázia impasibilidad no es una virtud, sino el nombre del conjunto de virtudes. Así como el hombre no es un miembro, sino muchos miembros, y no son ellos solos, sino junto con la psique-alma, así también la απάθεια impasibilidad es la conexión de muchas virtudes y tiene al Espíritu Santo como psique-alma. Porque todas las obras espirituales dichas son inanimadas si no tienen el Espíritu Santo, del cual aquel que se llama espiritual recibió también el nombre. Si la psique-alma no despoja todos los πάθος pazos, no viene el Espíritu Santo a ella, pero ni siquiera sin Él se llama απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) a esta virtud inclusiva, sino que incluso si alguien la adquiere, probablemente se encuentra en insensibilidad. Por eso, los griegos, no conociendo estas cosas, dicen: «No te vuelvas impasible como un ser inanimado, ni apasionado como un animal». Y dijeron «inanimado» en correspondencia con la gnosis-conocimiento que tenían, porque no tenían la gnosis-conocimiento del Espíritu Santo. Pero decir «animal» al hombre apasionado nos parece correcto. No decimos esto simplemente por haberlo aprendido de ellos, porque esto no es gnosis-conocimiento ni experiencia, sino que, después de haber experimentado la tiranía de los pazos, aprendimos lo que padecemos y experimentamos de ellos. Y nuevamente, después de aprender de los Padres que alcanzaron la απάθεια apázia impasibilidad, escribimos sobre la adquisición de las virtudes. Dicen, por tanto, que el excesivamente apasionado se convierte en cautivo e insensible por la amistad con los pazos pasiones. Y a veces por deseo salta impulsivamente sin precaución como un animal, a veces por ira que defiende el deseo, rechina los dientes contra sus semejantes. Así también el impasible, por la perfecta agapi-amor a Dios, se vuelve insensible. Y a veces tiene el continuo estudio y reflexión continua a Dios, a veces alguna de Sus maravillas o algún versículo de las divinas Escrituras, según el santo Nilo. Y si está entre muchos o en el mercado, su espíritu y mente está como si estuviera solo. Esta condición proviene de la vigilancia y guardia de los mandamientos (logos, principios espirituales) de Cristo, a Quien pertenece la doxa-gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos o´ όμικρον ómicron (15º) sobre la αγάπη agapi

 

La vigilancia, guardia de los mandamientos divinos es prueba de αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios y al prójimo. Por eso, este logos está relacionado con la agapi y tiene la letra ómicron (la o pequeña), que es la decimoquinta en el alfabeto; porque la agapi es el principio y fin de la Ley. Ahora, pues, bendiga la lectura, Padre.

 

Quien quiera hablar de la αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado), se atreve a hablar de Dios, según el Teólogo Juan, que dice: «Dios es agapi-amor, y el que permanece en agapi-amor, permanece en Dios» (1Juan 4:16). Y lo maravilloso es que esta virtud principal entre todas es natural. Por eso la Ley la puso en primer lugar: «Amarás al Señor tu Dios, etc.» (Deuteronomio 6:5). Yo, por lo tanto, apenas oí «con toda tu psique-alma», quedé extasiado y no necesité más. Porque «con toda tu psique-alma» significa todas las partes de la psique-alma, la lógica-racional, la irascible y la anhelante o concupiscible. De estos tres está compuesta la psique-alma, y lo primero, el νούς nus con la mente o intelecto, siempre medita en lo divino; el anhelo solo a Dios desea incesantemente, y no a otro, porque la Ley dijo «con todo, etc.», mientras que la ira por naturaleza se mueve contra los obstáculos de este deseo, y solo eso. Así que las Escrituras dijeron correctamente que Dios es agapi-amor. Si, pues, Dios ve estas tres potencias o facultades de la psique-alma, que solo a Él anhelan según Su mandamiento, es natural que Él, siendo bueno, no solo ame, sino que también habite en un hombre así y camine con él (Levítico 26:11-12), como dijo, con la infusión del Espíritu Santo.

 

El cuerpo, sin querer, se someterá a la lógica, como ilógico que es, y ya no deseará la carne contra el Espíritu (Gálatas 5:17), como dice el Apóstol Pablo, sino que, como el sol y la luna, aunque son sin psique inanimados, se mueven por el mandamiento de Dios para iluminar al mundo. Así también el cuerpo, por la voluntad de la psique-alma, trabaja las obras de la luz. Y como el sol avanza gradualmente desde el amanecer hasta la puesta del sol y completa un día, mientras que cuando falta se hace noche, así también toda virtud que el hombre realiza ilumina la psique-alma, mientras que cuando falta se convierte en pazos y oscuridad, hasta que adquiera la virtud nuevamente y la luz regrese. Y como el sol, a medida que se mueve lentamente de un extremo al otro del amanecer al atardecer, crea tiempo, así también el hombre progresando desde el principio de las virtudes se convierte en impasible, sin pazos. Y como la luna crece y decrece cada mes, así el hombre fluctúa cada día en cada virtud hasta que alcance al hábito de alguna virtud. Y a veces se entristece y se aflige según Dios, mientras que otras veces se regocija, se alegra y agradece a Dios, sintiéndose indigno de adquirir virtudes. Y a veces se ilumina, a veces se oscurece, hasta que termine el camino.

 

Todas estas cosas se hacen por economía divina, para que el hombre evite el orgullo y la desesperación. Como en este mundo el sol tiene cambios y la luna oscilaciones, mientras que en el futuro será siempre luz (increada) para los justos (Prov 13:9) y oscuridad, ay de mí, para los pecadores como yo, así también ahora, antes de la perfecta agapi-amor y la contemplación divina, la psique-alma tiene cambios mezclados con virtudes, y el νούς nus con la mente oscurecimientos con conocimientos, hasta que el hombre sea digno de ejercer el trabajo de la vida futura con la perfecta agapi-amor, por la cual se realiza todo esfuerzo y trabajo. Por agapi-amor, el siervo obedece el mandamiento, y por agapi-amor, el rico y libre se convierte en esclavo, para entregar incluso su ser a aquellos que desean tener lo suyo. También el que ayuna, para que otros coman los alimentos que él comería. La vigilia, la salmodia y las cosas similares se hacen por la agapi-amor de Dios. Y en general, cada obra espiritual se realiza por agapi-amor a Dios o al prójimo. A Él pertenece la doxa-gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos π΄ πι pí (16º) Sobre la γνώσις gnosis de Dios.

 

La letra π’ πι pi del alfabeto, decimosexto logos, brevemente habla sobre la gnosis-conocimiento de Dios. Esto se debe a que muchos hablaron mucho sobre teología con reglas, argumentos y logos. Y ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

Todas las cosas que Dios creó tiene un comienzo; y cuando Él lo quiera, también tienen un final, porque surgieron de la no existencia o del no ser. Pero Dios no tiene ni principio ni fin. Además, Sus virtudes no tienen ni principio ni fin, porque nunca estuvo sin ellas, sino que siempre es sumamente bueno, justo, sabio, omnipotente, invicto, impasible, indescriptible, ilimitado, inescrutable, incomprensible, interminable, eterno, increado, inalterable, verdadero, indivisible, invisible, insondable, infinito, perfecto, superior, inexpresable, incomprensible, lleno de misericordia, omnisciente y omnipresente. Por supuesto que no, como dice san Dionisio el Areopagita, que Dios, teniendo virtudes, se apresura a Sí mismo realizar cada una como los virtuosos, sino que actúa la virtud por voluntad propia y la maneja como herramienta con autoridad, según Su divina voluntad.

 

Por lo tanto, los ángeles y los hombres virtuosos recibieron de Él, por la χάρις jaris (gracia, energía increada), tanto la existencia como las virtudes, con las cuales, imitando a Dios, se volvieron justos, buenos y sabios. Y como son creaciones, necesitan el auxilio y la ayuda del Pantocrátor o Todopoderoso, sin el cual no pueden tener ni virtud ni sabiduría, porque las creaciones son susceptibles al cambio y se llaman compuestas porque están compuestas de varias partes. Pero Dios es incorpóreo, simple, sin principio, un Dios que es adorado y glorificado como Padre, Hijo y Espíritu Santo por toda la creación. Y el que lo imitó, tiene una voluntad y no muchas y complicadas; tiene el νούς nus (espíritu de la psique) sencillo y siempre se toma su tiempo manteniéndolo libre de cualquier forma, tanto como puede, y desciende con condescendencia, sin querer, de esta condición a la contemplación de algún pasaje de las Escrituras o de las creaciones. Y para no ser condenado, cuida del cuerpo, no porque lo ame y quiera vivificarlo, sino para que no se vuelva completamente inútil y sea condenado por ello, como dijimos. Porque como entonces el νούς nus con la mente o intelecto no rechazará los pazos relacionados con él, sino que las utiliza naturalmente, así también la psique-alma no rechaza el cuerpo, sino que lo utiliza para toda buena obra. Y así como el νούς nus domina los impulsos animales de los pazos y los dirige hacia la voluntad de Dios, así también cuando el hombre domina los miembros de su cuerpo, se convierte con una sola voluntad y no muchas. Porque ni los cuatro elementos del cuerpo ni los muchos miembros dejará que hagan lo que quieran, ni permitirá que las tres potencias o facultades de la psique-alma piensen y se consideren descuidadamente y sin restricciones, o inciten al cuerpo a actuar, sino que, previniendo y cuidando con sabiduría espiritual, hace inseparable la voluntad de las tres potencias de la psique-alma. Las formas de esta sabiduría espiritual son cuatro: la prudencia, la sensatez o sano juicio, la valentía y la justicia, sobre las cuales escribió con gran alcance el Teólogo con la iluminación de Jesús Cristo, nuestro Señor, a Quien pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos ρ΄ ρο ro (17º) sobre la prudencia

 

He aquí ahora el décimo séptimo logos que trata de una virtud general. En la letra ρ΄ ro hemos llegado ahora; de las cuatro, la prudencia es la primera. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

Es más fácil para aquellos que lo desean, aprender sobre las cuatro virtudes generales de san Gregorio el Teólogo; pero también aquí diremos unas pocas palabras sobre cada una. Porque cada virtud parcial necesita estas cuatro virtudes generales y no puede existir sin ellas. ¿Cómo, por ejemplo, podría suceder cualquier cosa sin prudencia? Esta surge de la lógica y se encuentra entre la excesiva habilidad (o exceso de prudencia) y la insensatez. La primera lleva la prudencia hacia arriba para conspirar y dañar mucho, tanto la psique-alma de quien la tiene como a los demás, mientras que la segunda hace al hombre insensible e inútil, y no permite que el νούς nus (espíritu de la psique) cuide de lo divino, ni de algo que beneficie la psique-alma o al prójimo. Y la excesiva prudencia parece una montaña muy alta, y la insensatez parece un abismo. Aquel que camina en el campo que está en medio es sabio. Mientras que cualquiera que se desvíe del camino, o caiga en el abismo, o intente subir muy alto y, no encontrando paso, se derrumba de nuevo, sin querer, en el abismo, y no puede parar porque no quiere volver desde la altura de la montaña a la prudencia con la μετάνοια metania (arrepentimiento y confesión). Ahora, aquel que ha caído en el abismo, suplica humildemente a Aquel que puede guiarlo al camino real de la virtud. Pero el prudente ni sube con orgullo buscando dañar a nadie, ni desciende sin pensar para que otro le dañe , sino que, recogiendo lo mejor, lo guarda con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo, nuestro Señor. A Él pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos  σ΄ σίγμα sigma (18º) sobre la sensatez o sano juicio

 

La letra σ΄ σίγμα sigma es el decimoctavo elemento, y el logos actual trata sobre la σωφροσύνη sofrosini sensatez o sano juicio. Ahora, bendiga la lectura, padre.

 

La σωφροσύνη sofrosini es «juicio sano», conducta sana, es decir, sin falta alguna. No permite que aquel que la posee caiga en la intemperancia ni en la estupidez; más bien, guarda los bienes que la prudencia recoge y rechaza todo lo peor, concentra el pensamiento en sí misma y, a través de sí, eleva al hombre hacia Dios. Como buen pastor, protege las ovejas, es decir, los divinos conceptos, y mata la intemperancia como un perro rabioso, con la abstención de las cosas dañinas, mientras que rechaza la estupidez como un lobo salvaje que no le permite aislar ni desgarrar las ovejas, sino que lo vigila constantemente y lo revela a la parte lógica de la psique-alma para que no se esconda en la oscuridad y se consuele con sus propios conceptos. La sensatez o sano juicio nace de la parte anhelante de la psique-alma. Sin ella, ningún bien se mantiene, si es que se produce. Porque sin σωφροσύνη sofrosini sensatez o sano juicio, las tres partes de la psique-alma se dirigen hacia arriba o hacia abajo, es decir, hacia la estupidez o la intemperancia. No entiendo por intemperancia solo el preocuparse por la gula, sino por cualquier pazos pasión, concepto y pensamiento que no se controle voluntariamente conforme a Dios. La σωφροσύνη sofrosini sensatez o sano juicio castiga todas estas cosas y domina los impulsos irracionales de la psique-alma y el cuerpo, dirigiéndolos hacia Dios. A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos τ΄ ταυ taf (19º) sobre la valentía

 

La letra τ΄ ταυ taf, para la valentía, es el decimonoveno logos en orden. De la parte irascible de la psique-alma nace la valentía, se encuentra entre la cobardía y la desfachatez, descaro. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

El carácter de la valentía no es vencer y oprimir al prójimo. Eso es desfachatez, tiranía y está por encima de la valentía. Tampoco se debe evitar por miedo a las tentaciones las obras y las virtudes conforme a Dios, ya que eso es cobardía y está por debajo de la valentía. Más bien, la valentía consiste en soportar en toda obra buena y vencer los pazos de la psique-alma y del cuerpo. No luchamos «contra sangre y carne», es decir, contra los hombres, como solían hacer los judíos, considerando que cualquiera que venciera a los extranjeros de otra raza estaba haciendo la obra de Dios. Nuestra lucha es «contra los principados y las potestades» (Efesios 6, 12), es decir, contra los demonios invisibles, y aquel que vence, vence en lo espiritual o es vencido por los pazos. Aquella lucha de los judíos era un tipo o prefiguración de nuestra propia guerra. Porque estos dos pazos, aunque parezcan contrarios entre sí, sin embargo, ambos son perturbados por la debilidad. La desfachatez arrastra hacia arriba y asusta golpeando aparentemente, como una osa impotente, mientras que la cobardía huye como un perro acosado. Porque nadie de aquellos que tienen uno de estos dos afectos tiene esperanza en el Señor. Por eso no pueden permanecer en la guerra, ya sea porque se descaran o se acobarden. Pero el justo es como un león con confianza (Proverbios 28, 1) en Jesús Cristo, nuestro Señor, a quien pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Logos υ΄ípsilon (20º) sobre la justicia

 

La letra υ΄ ύψιλον ípsilon y el vigésimo logos para el conjunto de virtudes, la justicia. Esta es la que distribuye lo igual, y la misma nace del νούς nus (espíritu de la psique). Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

Dios es alabado, dice el gran Dionisio Areopagita, también con la justicia. Y es justo. Porque sin justicia todo es injusto, y sin ella no se mantienen firmes. Se llama discernimiento y distribuye lo igual en cada caso, para que no haya ni escasez por juicio recriminatorio e injusto ni exceso por codicia. Porque aunque estos dos parecen opuestos, ya que están por encima y por debajo de la justicia, ambos se inclinan a un lado por injusticia. La línea si tiene una curva o una hendidura, se aparta de lo recto. Y la balanza que se inclina se aprovecha del otro. Ahora, aquel que puede sostener la justicia no cae ni abajo con estupidez, intemperancia, cobardía y codicia, para que se arrastre con el vientre como la serpiente (Génesis 3, 14), comiendo tierra y trabajando en los pazos de la deshonra, ni por encima se levanta, con astucia, audacia, estupidez y falta, para que se enorgullezca, se vanaglorie y piense maliciosamente por encima de lo que merece, sino que tiene el pensamiento y conducta de la σωφροσύνη sofrosini sensatez o sano juicio (Rom 12, 3) y soporta con humildad, conociendo que todo lo que tiene, lo recibió por la χάρις jaris (gracia, energía increada), según el Apóstol (1Cor 4, 7), y no lo niega. Porque se está haciendo daño a sí mismo y al prójimo, o más bien a Dios, cuando cree que sus logros son propios. Pero si piensa que tiene algún bien de sí mismo, también se le quitará eso (Mateo 13, 12), como dice el Señor. A Él pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos φ΄ φι fi (21º) sobre la paz perfecta en CristoDios

 

La letra φ΄ φι fi phi es el logos vigésimo primero sobre la paz perfecta de los pensamientos, como los discípulos del Señor la recibieron (Juan 14, 27); porque tal es la que Dios proporciona. Ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

El Señor dijo a los Apóstoles: “Les doy mi paz” (Juan 14, 27), y añadió: “no como la da el mundo”, es decir, no con palabras, como los hombres de aquel país saludan y dicen “paz a ti”, y como la Sunamita dijo, ‘paz a ti’ (4Reyes 4, 23); o como Eliseo dijo a Giezí: ‘¿Le dirás, tienes paz? Es decir, ¿tiene paz tu marido? ¿Tiene paz tu hijo?’ (4Reyes 4, 26). Pero el Señor se refiere a la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4, 7), la cual Dios da a aquellos que lo aman con todo su corazón, para las guerras y peligros que han soportado anteriormente. Por eso de nuevo dijo el Señor: “Unidos a mí, tendrán paz” y añadió: «Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí, mediante la comunión y unión conmigo. Puesto que estáis en el mundo tendréis tristezas, tribulaciones y sufrimientos; pero tened ánimo y confiad en mí, yo he vencido al mundo y con esta victoria he asegurado también vuestra victoria y la doxa (gloria, luz increada) para vosotros» (Juan 16, 33). Es decir, aunque uno enfrente muchas aflicciones y peligros de demonios y hombres, tiene la paz del Señor; todas estas cosas las considera como nada. Y de nuevo dijo: “Vivan en paz entre ustedes” (Marcos 9, 50). Todas estas cosas las dijo el Señor a los discípulos anteriormente, porque estaban por entrar en guerras y sufrir aflicciones y tribulaciones por causa de Él.

 

Aplicando ahora esto a nosotros, vemos que cada uno de nosotros, los fieles, tiene pazos que lo atacan y escandalizan, y si tiene paz con Dios y con el prójimo, vence todo. Porque estas son las cosas del mundo, que Juan el Teólogo nos ordenó odiar (1Juan 2, 15); no las criaturas, sino los deseos mundanos. La psique-alma tiene paz con Dios cuando está en paz consigo misma y se convierte toda en todo lo que Dios desea. Y se convierte así cuando está en paz con todos los hombres, aunque sufra muchos males de ellos. Porque con la imperturbabilidad sin maldad no se perturba en absoluto, sino que todo lo acepta, desea el bien de todos y ama a todos los hombres por Dios y porque todos tenemos la misma naturaleza. Y por los incrédulos que caminan hacia la perdición, se lamenta, como lo hicieron el Señor y los Apóstoles, mientras que por los fieles ora y se esfuerza. Y así adquiere la paz de los pensamientos y vive espiritualmente en la contemplación y en la oración pura hacia Dios. A Él sea las gracias y la doxa-gloria increada por los siglos de los siglos. Amén.

 

Logos χ΄ χι (22º) sobre la χαρά jará alegría

 

Logos vigésimo segundo, que tiene la letra χ’ χι jí de las veinticuatro del alfabeto helénico y dice que: La χαρά jará (alegría) nace de la paz. Por la que diré pocas palabras y brevemente, porque existe la χαρά alegría espiritual, pero también la otra. ¡Ahora, bendiga esta lectura Padre!

 

El Apóstol Pablo dice: “Que tengáis la χαρά jará alegría que da el Señor” (Fil. 3,1). Justamente lo formuló así, porque si la alegría no proviene del Señor tal vez uno nunca se alegrará. Porque Job, examinando la vida humana encontró que toda ella contiene tristeza, angustia y desolación. También san Basilio el Magno. Y san Gregorio de Nicea dijo que las aves rapaces (se refiere a los necios) y los demás animales se alegran porque son insensibles, pero el hombre lógico no puede alegrarse de ninguna manera, a causa de su luto, duelo (espiritual). Porque, dice, que no somos dignos de tener gnosis-conocimiento ni de los mismos bienes de los cuales nos hemos desviado y recaído. Por eso la misma φύσις fisis (naturaleza) también nos enseña más bien a estar en luto o duelo (según Dios), porque la vida es muy fatigosa, penosa, llena de aflicciones, y el exilio está lleno de pecados. Sin embargo, si uno tiene incesantemente la memoria de Dios, se alegra, deleita y goza, según el Salmista que dice: “Recordé a Dios y sentí alegría, gozo y deleite” (Sal. 76,4). Porque mientras el νούς nus (espíritu de la psique) se alegra y goza con la memoria a Dios, olvida las penas del mundo, tiene esperanza en Dios, se convierte en despreocupado, ocupándose de Él. Porque la despreocupación trae la χαρά jará (alegría) y la εὐχαριστία efjaristía, (ef jaris buena alegría, gratitud, agradecimiento). Εὐχαριστία efjaristía, gratitud o agradecimiento que está unido con el reconocimiento, aumenta las dádivas, los regalos y los χαρίσμα (jarísma, c-jarismas) o dones. Y cuando más se multiplican las beneficencias, aumenta a la vez la efjaristía gratitud y la oración pura junto con las lágrimas de alegría, y así poco a poco el hombre se exculpa y se libera de las lágrimas de las penas, sufrimientos y fatigas de los pazos y de las angustias. A continuación, de todas las maneras llega a la χαρά jará espiritual. Y por las cosas agradables se hace humilde y agradece; por las tentaciones se convierte y nace en su interior la certeza de la esperanza para el futuro. Con estas dos se alegra y ama a Dios y a todos con naturalidad como benefactores. Y no encuentra en toda la creación nada que pueda perjudicarlo y dañarlo, sino que iluminado por la gnosis (increada) de Dios, de todas las creaturas recoge alegría que el Señor inspira y admira el cuidado y la caridad que tiene el Dios para Sus creaciones. Porque el que ha llegado a la increada gnosis espiritual, no sólo admira aquellas cosas que parecen dignas de alabanza, sino por igual aquellas que los inexpertos y principiantes no les parecen necesarias, y se maravilla. Además no sólo admira el día por su luz sino también la noche.

 

Porque la noche es benéfica para todos. A los ascetas o practicantes les da ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y oportunidad para la oración. A los que están de luto (según Dios) les conduce a la memoria de la muerte y al hades, (lugar invisible o infierno). Aquellos que aspiran a la ética les conduce a un estudio más preciso y escudriñamiento de las donaciones divinas y en arreglar su moral y su carácter, sus costumbres, conductas y actitudes, tal y como dice el Salmista: “Lo que digáis dentro de vuestros corazones que lo examinéis con recogimiento en vuestras camas” (Salmo 4, 5). Es decir, en la tranquilidad y serenidad de la noche que reflexionéis con devoción y recogimiento los resbalones que habéis tenido por la confusión durante el día. “Que la enseñanza del logos de Cristo habite entre vosotros con toda su riqueza, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con toda sabiduría, con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y dando gracias a Dios con todo vuestro corazón. Y todo lo que hagáis o digáis, hacedlo en nombre de Jesús, el Señor, dando gracias a Dios Padre por medio de él, que tanto nos ha beneficiado y sigue beneficiando” (Col. 3,16-17), es decir, que os enseñéis a sí mismos a vivir con oraciones y salmos, prestando atención y profundizando en las lecturas. Así se logra la praxis ética con el inventario y estudio de sí mismo de los hechos durante el día, sentirlos en la “ησυχία hisijía” (serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad de la noche e igualmente poder tener luto o duelo (según Dios) por vuestros pecados. Y cuando con χάρις jaris (gracia, energía increada) prospere y compruebe de verdad y no con la fantasía, que algunas de sus acciones éticas de su psique o de su cuerpo se hacen con obras o logos, de acuerdo con el mandamiento de Cristo, agradece con temor y humildad; y lucha con oración y muchas lágrimas a Dios manteniendo aquella moral bondadosa, aconsejándote a ti mismo a retener su memoria, para que no se pierda otra vez esto por el olvido. Porque con largos tiempos se logra en nuestro interior la bondadosa ética y el buen carácter; y lo que se consigue con mucho sacrificio y tiempo, puede en un momento perderse. Eso para los practicantes.

 

Ahora para los “θεωρητικούς zeoríticos” contemplativos, la noche tiene muchas “zeorías” contemplaciones, tal como dice San Basilio el Grande. Cada vez que viene, les recuerda la creación del mundo, porque su oscuridad hace invisible toda la creación, tal como estaba anteriormente,. Cuando por otro lado, las nubes cubren las estrellas, el contemplativo es conducido en “θεωρία zeoría” contemplación espiritual, cómo el cielo, cuando al principio estaba vacío y sin estrellas. Cuando entra en su celda y le envuelve la oscuridad, se acuerda de aquella oscuridad que rondaba encima en el abismo (Gén. 1,2). Cuando de nuevo el cielo de repente se aclara, un monje, saliendo de su celda se apodera de sorpresa del mundo de arriba y alaba a Dios, tal y como dice Job, igual que los ángeles, alabaron a Dios cuando por primera vez vieron las estrellas (Job 38,7. Debe contemplar a la vez la tierra invisible y no formada (Gén.1,2), igual que entonces cuando los hombres dormidos como si no existieran, y tiene la sensación de que está sólo, como Adán y glorifica, alaba al Creador de la creación con gnosis (conocimiento) junto con los ángeles. Cuando hay truenos y centellas piensa en el día del Juicio. Escuchando las voces de las aves, es como si escuchara la voz de la trompeta de aquel entonces (1Tes 4,6). Desde el amanecer y el alba, comprende la manifestación de la sagrada y vivificadora Cruz (Mat 24,30). Por el despertar del sueño de los hombres deduce la resurrección común, en cambio de la salida del sol la venida del Señor. Observa que, otros salen en su encuentro con himnos, por encima de las nubes (1Tes. 4,17) tal como los Santos de entonces, mientras que otros se descuidan y duermen como aquellos que están destinados al futuro juicio y condena. Los primeros gozan todo el día con la alabanza, la “θεωρία zeoría” contemplación, la oración y el resto de las virtudes y viven dentro de la luz de la gnosis, tal como los justos entonces, mientras que los otros quedan en los πάθος pazos, apegos, vicios, pasiones, emociones y la oscuridad de la ignorancia tal como los pecadores de entonces.

 

Y en general, aquel que tiene gnosis espiritual encuentra todas las cosas que contribuyen en la “psicoterapia”, la sanación y salvación de la psique-alma y la doxa-gloria de Dios, por la que se crearon por el Señor, el Dios de las gnosis-conocimientos (1Reyes 2,3), tal como lo dijo la madre del profeta Samuel. Por eso, que no se jacte el sabio por su sabiduría, etc., sino el que presume o se jacta porque percibe, comprende y conoce al Kirios-Señor (1Reyes 2,10). Es decir, por lo que percibe, entiende y conoce bien al Señor por Sus creaciones y Le imita, a medida de lo posible, con el cumplimiento de Sus divinos mandamientos, con los cuales Le conoce, y para poder hacer juicio justo y producir justicia sobre la tierra (1Reyes 2,3), tal como lo hace Él. Porque estas palabras las dijo la madre de Samuel profetizando la crucifixión y la resurrección del Señor. Correspondientemente, pues, el creyente a la vez debe participar en la pasión-pazos de Cristo con la adquisición de las virtudes, de manera que se convierta en copartícipe de la doxa-gloria increada de Su resurrección (Rom. 8,17) con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pasiones, desapego) y la gnosis; y estar orgulloso porque pasó de ser esclavo o servidor de semejante Señor e imitador de Su humildad, puesto que es un indigno. Entonces se darán las alabanzas por el Kirios-Señor (1Cor. 4,5). ¿Cuándo? Cuando dirá a los de Su derecha: “Venid los benditos a heredar el reinado de la Realeza increada” (Mat 25,34). Ojalá que seamos todos ἄξιος axios (capaces, dignos y merecedores) de recibir la χάρις jaris  (gracia, energía increada) y la filantropía del Kirios-Señor, en el Cual pertenece la doxa-gloria y el poder por los siglos. Amén.

 

Logos ψ΄ψί psí (23º) sobre las Escrituras

 

El logos sobre las Escrituras es el vigésimo tercero, el de la letra ψ΄ ψί psí, de modo que aquellos que desean investigarlas nunca encuentren en ellas ninguna discrepancia en absoluto, sino que las comprendan correctamente y como es debido. Y ahora, bendiga la lectura, Padre.

 

“Cantar con sensatez” (Salmo 46, 8), dice el Profeta, y “Examinad las Escrituras” (Juan 5, 39), dice el Señor. Por tanto, el que escucha se ilumina, y el que desoye se oscurece. Pues si alguien no presta atención a las palabras, no se beneficia tanto de las divinas Escrituras, incluso si canta y lee muchas veces. “Estudiad y aprended” (Salmo 45, 11), dice la Escritura; pues el estudio concentra el νούς nus con la mente o intelecto, y si uno desea prestar atención un poco, adquiere una gnosis-conocimiento parcial (1Cor 13, 12), como dice el Apóstol, especialmente aquel que no está privado de la acción ética, ya que esta pone a prueba el νούς nus en la lucha contra los πάθος pazos. Pero no conoce todos los misterios que cada logos y palabra de la Escritura oculta, sino solo lo que la pureza de su νούς nus puede recibir y aceptar por χάρις jaris (gracia, energía increada). Y esto se hace evidente en que a menudo conocemos teóricamente un dicho de la Escritura, así como uno o dos de los propósitos para los que fue escrita. Sin embargo, con el tiempo, tal vez, a medida que el νούς nus se vuelve más limpio, lúcido y claro, se hace digno de recibir otra gnosis del dicho, más alta que la primera gnosis, de modo que admire la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y Su sabiduría inefable, y llegue a temblar ante el Dios de las gnosis-conocimientos, como dijo la profetisa Ana, que el Señor es un Dios de gnosis-conocimientos (1Re 2, 3). No me refiero, por supuesto, a la gnosis cuando uno oye algo de la Escritura o de una persona, porque eso no es pureza del νούς nus ni apocalipsis-revelación; pero cuando recibe la gnosis-conocimiento y no tiene confianza en sí mismo, hasta que encuentre que la divina Escritura o algún Santo está de acuerdo con la gnosis automática que recibió sobre el dicho de la Escritura, o algún objeto sensible o intelectual. Y si tal vez, en lugar de un propósito, encuentra muchos, o escucha muchos de las divinas Escrituras o de los Santos Padres, no debe dudar ni considerarlo una discrepancia. Porque a menudo hay muchos propósitos para la misma cosa, como por ejemplo con respecto a la vestimenta. Si uno dice que la vestimenta calienta, otro que es decorosa, otro que cubre, los tres dicen la verdad, porque la vestimenta es tanto para el calor como para cubrirse y para la decencia. Y los tres han encontrado el divino propósito de la vestimenta y están de acuerdo con la divina Escritura y la naturaleza de las cosas. Ahora bien, si alguien es ladrón o ratero y dice en su mente que la vestimenta es útil para el robo o el hurto, está mintiendo, porque ni la Escritura ni la naturaleza de las cosas atestiguan que se hizo para ese propósito, ya que las leyes castigan tales acciones.

 

Lo mismo es válido para cada objeto sensible o intelectual o logos de la divina Escritura. Porque los Santos no conocen ni todos los propósitos de Dios para cada cosa o logos y palabra gráficos, ni tampoco escriben todo lo que saben. Esto se debe, por un lado, a que Dios es inconcebible y Su sofía-sabiduría no tiene límites, para que la pueda caber o abarcar un ángel o un ser humano; como dice Juan Crisóstomo sobre cierta contemplación: “Yo he dicho ahora lo que debo decir, pero Dios, además de lo que dije, conoce también otras cosas que no se comprenden”. Y por otro lado, porque no es conveniente que los Santos digan todo lo que saben, debido a la incapacidad de los seres humanos y para que el logos no se alargue y se vuelva odioso o incomprensible por la confusión, sino que los logos y palabras deben ser dichos con moderación, como dice el teólogo Gregorio. Por eso vemos a un Santo decir hoy una cosa y mañana otra sobre la misma cosa. Y esto no es discrepancia si el oyente tiene gnosis-conocimiento o experiencia de lo que se dice. Y de nuevo, uno dice esto y el otro aquello, pero por el mismo motivo de la divina Escritura, porque muchas veces la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) ha regalado tanto esto como aquello a los hombres y en el tiempo. Lo que se requiere es que cada cosa se haga o se diga según el divino propósito y se apoye en las divinas Escrituras, para que no oiga del Apóstol el ‘anatema’, incluso si es un ángel (Gálatas 1, 8), ya que enseña un propósito diferente, fuera del divino propósito o de la naturaleza de las cosas, como dicen san Dionisio el Areopagita, san Antonio el Grande y san Máximo Confesor. Por eso dice san Juan Crisóstomo que no nos han transmitido estas cosas los sabios griegos, sino la santa Escritura.

 

No es, por ejemplo, discrepancia que la Escritura diga de alguien que no vio Babilonia durante el cautiverio, y en otro lugar que fue a Babilonia con los demás. Porque quien lee cuidadosamente la Escritura encontrará en otro lugar de la Escritura que se dice de la misma persona que fue cegado y así fue capturado, y por lo tanto fue a Babilonia, pero no la vio (4Reyes 25, 7; Jeremías 52, 11). Y aún así, algunos por inexperiencia dicen que la Epístola a los Hebreos no es del Apóstol Pablo, o que uno de los discursos de San Dionisio el Areopagita no es suyo. Pero si uno presta atención a estos discursos, encontrará la verdad. Porque los Santos, cuando se trata de una cosa física, desde la clarividencia (es decir, la gnosis-conocimiento físico o la contemplación  de los seres, de las criaturas, que surge de la pureza y lucidez del νούς nus), dicen con toda precisión el propósito de Dios, examinando las Escrituras, como dice san Juan Crisóstomo, igual que aquellos que buscan encontrar oro en las minas de la tierra, y aún encuentran las vetas más finas, para que no se pierda ni una ‘i yota ni un tilde’ (Mateo 5, 18), como dice el Señor. La ‘i yota´ es la décima letra del alfabeto, y el ‘tilde’ es el llamado acento, sin el cual no podemos escribir correctamente. Hemos dicho esto sobre las cosas físicas; pero cuando se trata de una cosa sobrenatural, sensible, espiritual o intelectual, o del logos de la Escritura, los Santos lo saben por la clarividencia y la apocálipsis-revelación, si se les da gnosis-conocimiento sobre esto por el Espíritu Santo. Si tal vez no se les da, pero permanece incomprensible en beneficio suyo, no dudan ni se avergüenzan en decir la verdad y reconocer la debilidad humana, diciendo como el Apóstol: “No lo sé, no conozco Dios lo conoce y sabe” (2Cor 12, 2). O como dice Salomón: «Tres cosas no entiendo, y la cuarta no alcanzo a comprender» (Proverbios 24:18), y como dijo Crisóstomo: «Yo no sé, pero si los herejes me llaman incrédulo, que me llamen también necio».

 

Y en general, todos aquellos que poseían sabiduría terrenal y celestial prefirieron la celestial, aunque utilizaron la educación secular con sabiduría y moderación, siguiendo el ejemplo apostólico, para no jactarse más allá de sus límites (2Cor 10:13), como lo hicieron esos egipcios que se burlaron de la sencillez del logos del Apóstol Bernabé, sin saber que su predicación contenía logos que conducen a la vida eterna (Juan 6:68), según lo dicen los escritos Clementinos. Muchos de nosotros también experimentamos esto cuando escuchamos a alguien hablar en otro idioma y nos reímos, incluso si esa persona es sabia en su idioma y habla sobre terribles misterios. Pero esto sucede por falta de experiencia. Los Padres, sin embargo, escribieron tanto simple como complejo intencionalmente, según el tiempo y las personas a las que escribían. Dice el santo Gregorio Nisis, alabando a san Efrén, que aunque era sabio, escribió de manera simple. También dice con admiración cómo san Efrén, siendo muy experto en dogmas y doctrinas, pegó hojas de los libros malditos de algún hereje con un enfoque infantil y, por orgullo el hereje, no pudiendo soportar la vergüenza, murió. Porque la santa humildad está por encima de la naturaleza y no puede tenerla el incrédulo, sino que la considera contra naturaleza, como dice san Dionisio el Areopagita a san Timoteo, escribiendo que «para los antiguos la resurrección de los muertos parece contra naturaleza, pero para mí y para ti y para la verdad no es contra naturaleza, sino más allá de la naturaleza. Y esto nos concierne a nosotros. En cuanto a Dios, la resurrección no es sobrenatural, sino natural. Porque el mandato de Dios es la naturaleza de Dios».

 

Los Padres aman más la humildad con obras y logos, por ejemplo, como el autor del Gerontikón. Él, aunque era obispo y exiliado por Cristo, hablando de una monja, dice que «también tomé de ella un trapo para ser bendecido». Y los santos padres Doroteo y Casiano escribieron de manera simple aunque eran sabios. Esto lo digo para que nadie piense que algunos escribieron de manera áspera por orgullo, o viceversa, otros de manera simple por ingenuidad. Pero el contenido de ambos es uno y proviene del mismo Espíritu Santo; mientras que el propósito era para el beneficio de todos. Si todos escribieran solo de manera simple, ninguno de los letrados se beneficiaría jamás, porque los considerarían indignos de su erudición debido a su simplicidad. Del mismo modo, ninguno de los más simples se beneficiaría si todos escribieran de manera áspera, porque no entenderían el significado de las palabras. Ahora aquel que tiene experiencia de las Escrituras sabe que el contenido de la expresión más simple y la más sabia es uno y tiene como objetivo salvar al hombre. Pero aquel que no tiene tal experiencia a menudo se escandaliza, sin saber que la educación secular coopera mucho cuando se convierte en vehículo de la sabiduría celestial del Espíritu. Porque lo celestial da significados luminosos, mientras que lo terrenal da poder de palabra, si uno tiene una mente o intelecto firme y compañera de la humildad, que le hace temer la insensatez y la altivez y tener un espíritu de templanza y sobriedad, como dice el Apóstol (Rom 12:3). Así como «amén» (que se dice en el Evangelio según Lucas como «verdaderamente» (Lucas 9:27)) es una palabra firme que afirma lo dicho anteriormente, así también la prudencia es un pensamiento firme que puede conservar la verdad. «Amén» revela la permanencia de la nueva χάρις jaris (gracia, energía increada), por eso en el Antiguo Testamento, que fue un prototipo o prefiguración, no se dice en absoluto, mientras que en el Nuevo Testamento de la χάρις jaris se dice en todas partes, porque ésta permanece por siempre por los siglos de los siglos.

 

Logos ω΄omega (24º) comprender el interés propio

 

Ahora la ω΄ ωμέγα omega (la o grande), el vigésimo cuarto y último logos que trae al corazón un sentimiento para que uno comprenda el interés propio. Así que bendiga ahora la lectura, Padre.

 

¡Cuántas lágrimas necesito cuando me examino un poco a mí mismo! Porque si no peco, me enorgullezco por arrogancia y vanagloria; si peco y puedo ver mi pecado, me desanimo por angustia y me desespero. Si me refugio en la esperanza, de nuevo viene la arrogancia. Si lloro, eso me da alivio; si no lloro, vuelven los πάθος pazos. Mi vida es muerte, y la muerte es peor, por temor al infierno. Mi oración se convierte en tentación y mi descuido, destrucción. «Quien aumenta la gnosis-conocimiento, aumenta el dolor» (Eclesiastés 1:18), dice Salomón.

 

Me asombro y me maravillo y no sé qué hacer. Si acaso conozco y no hago, la gnosis-conocimiento se convierte en mi condena. ¡Ay de mí, qué debería elegir! Desde mi ignorancia, veo todo al revés y no puedo poner las cosas en su lugar. No encuentro la virtud y la sabiduría que se esconden en las tentaciones, porque me falta paciencia. Abandonando la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) por los pensamientos, encuentro afuera los πάθος pazos en la tentación a través de los sentidos. Si intento practicar el ayuno y vigilia, encuentro como obstáculo la jactancia, presunción y la atonía. Cuando como y duermo sin moderación, caigo en el pecado sin querer. Me retiro de todo y huyo por temor al pecado, y la acidia o negligencia nuevamente me aflige, aunque veo a muchos coronados por tales luchas y tentaciones, porque tienen una fe firme, mediante la cual obtuvieron el temor divino, y con ese temor alcanzaron la práctica de las demás virtudes. Si tan solo tuviera fe como ellos, obtendría el temor, a través del cual obtuvieron la piedad y la gnosis-conocimiento, como dice el Profeta, de la cual provienen la fuerza, la voluntad, la sensatez y la sabiduría del Espíritu (Isaías 11:2) para aquellos que permanecen cerca de Dios con cuidado y estudio de las Sagradas Escrituras con paciencia, mediante la cual se igualan los aspectos superiores e inferiores. Es decir, cuando un πάθος pazos se convierte en una virtud, el tiempo y la experiencia lo destapan y lo revelan. Pero cuando la virtud se desvía hacia el πάθος pazos, el tiempo y la experiencia generalmente la separan de esto con paciencia. Porque si la paciencia no nace en la psique-alma por la fe, de ninguna manera puede tener virtud. «Con vuestra paciencia salvaréis vuestras psique-almas» (Lucas 21:19), dice el Señor, quien solo Él construyó los corazones de los hombres (Salmo 32:15), como dice el Salmista. Y de esto se hace evidente que solo el corazón se construye por sí mismo, es decir, el νούς nus (espíritu de la psique), con paciencia en las tribulaciones y aflicciones.

 

Porque aquel que cree que tiene a otro que gobierna invisiblemente su vida, a menudo se rinde al pensamiento que le dice: «Quiero esto y no quiero eso; esto es bueno, eso es malo». Si tiene a alguien como gobernante, debe preguntarle en cada asunto y aceptar con sus oídos la respuesta y cumplir con obras lo dicho. Pero si no tiene ninguno, entonces, según el Efjaites, tiene a Cristo, a quien pregunta con una oración desde su corazón, y con fe espera la respuesta con obras, logos y palabras, para que no sea que el satanás, que no puede hacer con obra, responda con palabras, fingiendo ser un gobernante, y lleve a la perdición a aquellos que no tienen paciencia. Porque tales personas se apresuran por ignorancia a recibir lo que nunca se les da; porque un día a los ojos del Señor es como mil años y mil años como un día (Salmo 89:4). Sin embargo, aquel que a través de la paciencia adquirió experiencia en las artimañas del enemigo hace lo que el Apóstol, es decir, lucha y corre con paciencia para alcanzar su objetivo (1Cor 9:24 y 26) y poder decir: «No ignoramos los designios del enemigo, para no ser víctimas engañadas de los ardides de Satanás y seamos dominados por él, ya que no ignoramos sus propósitos y conocemos sus intenciones e invenciones» (2 Cor 2:11), es decir, los trucos ocultos que muchos ignoran. Porque el enemigo, como dice el Apóstol, toma la forma de un ángel luminoso (2 Cor 11:14), y esto no es sorprendente, porque incluso los pensamientos que presenta en el corazón parecen pensamientos de justicia para los inexpertos.

 

Por eso es bueno decir «no conozco». Y así, nadie duda ni de las palabras del Ángel ni cree en las artimañas del enemigo, sino que con paciencia evita ambos abismos y espera recibir en la práctica la respuesta después de muchos años, sin buscarla ni conocerla él mismo (lo mismo ocurre, como alguien dijo, con la contemplación de los seres, es decir, las creaciones de Dios), hasta que llegue a algún puerto, es decir, a la gnosis práctica y empírica. Y cuando ve que ha pasado mucho tiempo, entonces aprenderá que su oración realmente fue escuchada y que recibió una respuesta invisiblemente. Por ejemplo, uno ora para vencer los πάθος pazos que lo combaten. Y no escucha ninguna palabra ni ve una forma engañosa, ni ve alguna figura. Pero incluso si algo así sucede en sueños o incluso conscientemente, no cree en absoluto. Después, pues, de años, ve que aquella guerra terminaba por χάρις jaris (gracia, energía increada), y venían pensamientos que llevaban su νούς nus (espíritu de la psique) y su intelecto a la humildad y a la gnosis de su propia debilidad. Pero ni siquiera así creía, sino que esperaba durante muchos años, por temor a que esto también fuera un engaño de los demonios. Como dice San Juan Crisóstomo sobre los Apóstoles, por eso el Señor, después de decirles aquellas cosas tristes, añadió al final: «El que persevere hasta el fin, ése se salvará» (Mateo 10, 22), para que no se desanimen, sino que luchen por temor a caer. Porque nadie se beneficia de otras virtudes, incluso si vive de manera celestial, si tiene la arrogancia con la que el diablo y Adán y tantos otros han caído. Por eso nunca se debe desechar el temor, hasta que uno llegue al puerto de la agapi-amor perfecta (1Juan 4, 18) y se vuelva extranjero para el mundo y el cuerpo. Un hombre así no deja voluntariamente el temor, sino que por la gran fe hace que su νούς nus (espíritu de la psique) no se preocupe por la vida o la muerte del cuerpo, alcanza el puro temor (Salmo 18, 10) de la agapi-amor.

 

Con respecto a esto, el san Atanasio el Grande dice a los perfectos: «No temas a Dios como a un tirano, sino teme a su agapi-amor, para que no temas solo porque pecas, sino también porque Dios te ama y tú no lo amas, y también porque te beneficia sin que seas digno». Así, con este temor a estos bienes, uno empuja su psique-alma a amar y se hace digno de las bendiciones que se le hacen y que se le harán, con gratitud hacia el Bienhechor; y del puro temor de la agapi-amor llega a la humildad sobrenatural. Porque aunque reciba tanto bien y soporte tantos males, en absoluto cree que tiene la paciencia o la buena condición física, mental, intelectual y espiritual por su propia fuerza o sabiduría. Es decir, de la humildad recibió el discernimiento, con el cual sabe que es creación de Dios y que ningún bien puede hacer por sí mismo, ni puede conservarlo si se le da por la χάρις jaris (gracia, energía increada), ni tampoco puede resistir la tentación desde su valentía y sabiduría. Y del discernimiento viene a una gnosis-conocimiento parcial de las cosas y comienza a ver con su νούς nus (espíritu de la psique) todas las criaturas, y sin conocer sus logos y razones, anhela al Maestro. Y como no lo encuentra, porque es invisible, pero también otro que aparece como maestro, no lo soporta, tal como aprendió del discernimiento, ni acepta el concepto y significado sin testimonio de las Escrituras, permanece sorprendido y desconcertado. Y por eso todas las cosas hace y enseña, las considera en vano, viendo que antes de él hay tanta gente que cayó con mucho trabajo y gnosis-conocimiento, desde Adán hasta aquí. Y como escucha y no entiende algo de las sagradas Escrituras, comienza a llorar de esta gnosis-conocimiento, es decir, porque sabe que realmente no conoce como debería. Y lo maravilloso es que aquel que piensa que sabe algo, todavía no ha aprendido nada, como debería conocer (1Cor 8, 2), y aquel que piensa que tiene, se le quitará (Mateo 13,12)), como dice el Señor, porque piensa pero no posee. Y al contrario, aquel que piensa que es necio e insensato, débil y sin gnosis-conocimiento, se lamenta por ello y se aflige, pensando que recibe incluso aquello que no tiene, con gratitud. Porque la humildad nace de muchas virtudes, pero engendra también las más perfectas. También la gnosis-conocimiento, la gratitud, la oración y la agapi-amor, porque siempre estas virtudes reciben aumento. Por ejemplo, uno se humilla y se lamenta como pecador, y a través de ello se disciplina y soporta las tribulaciones y aflicciones causadas voluntaria e involuntariamente, por los demonios, el ejercicio y los hombres, para que su fe sea probada y se vea si su esperanza está puesta en Dios, o en el hombre, o en su propia fuerza y sabiduría. Y después de soportar con éxito las pruebas con paciencia (Santiago 1:12) y entregándolo todo a Dios, recibe la gran fe, aquella de la cual habla el Señor: «Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» (Lucas 18:8). Con esta fe, entonces, alcanzará la victoria sobre sus enemigos. Y cuando lo logra, reconoce su debilidad y su ignorancia, porque le llega fuerza de la energía increada y sabiduría de Dios. Y entonces comienza humildemente a dar gracias y a temblar, por temor a caer de nuevo en desobediencia a Dios. Y a partir de este temor puro, que no es debido al pecado, y de la gratitud, la paciencia y la humildad que le fueron otorgadas por la gnosis-conocimiento, empieza a esperar que encontrará misericordia por la χάρις jaris (gracia, energía increada). Y por la experiencia de las beneficencias que recibe, espera y teme ser indigno de las grandes beneficencias y bendiciones de Dios. Y a través de esto, la humildad y la oración cordial sincera aumentan en él. Y mientras estas virtudes crecen junto con la gratitud, recibe una mayor gnosis-conocimiento. Y así, a partir de la gnosis-conocimiento, llega al temor, y del temor a la gratitud, y a la gnosis-conocimiento que está por encima de estas cosas. Y por esto naturalmente ama al Bienhechor y con alegría ansía servirlo como un deudor debido a la gnosis. Y de inmediato recibe un aumento en la gnosis y, junto con las beneficencias y bendiciones especiales, también considera las generales. Incapaz de agradecer por ellas, lamenta y, maravillándose de nuevo por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, se consuela. A veces, tiene lágrimas dolorosas, mientras que otras veces, nuevamente derrama lágrimas más dulces que la miel, debido a la alegría espiritual, que proviene de la inefable humildad.

 

Todo esto, ciertamente, sucede cuando alguien anhela verdaderamente la voluntad de Dios y desprecia toda honra y descanso, colocándose a sí mismo por debajo de todos, de manera que nunca piensa que es alguien. Y sucede cuando cree que está en deuda consigo mismo, con Dios y con todos los hombres, y por eso considera las pruebas, las tentaciones y las tribulaciones como grandes beneficios, mientras que la alegría y el descanso son grandes pérdidas. Y anhela las primeras cosas con toda su psique-alma, sin importar de dónde vengan, mientras teme a las otras, incluso si provienen de Dios para probarlo. Y mientras se encuentra en estas lágrimas, el νούς nus comienza a adquirir pureza y vuelve a su estado original, es decir, a la gnosis-conocimiento natural que había perdido debido a los πάθος pazos.

 

A esto algunos lo llaman sabiduría o prudencia, porque el νούς nus con la mente ve las cosas como son naturalmente; y otros lo llaman clarividencia o perspicacia, porque aquellos que la tienen conocen una parte de los misterios ocultos, es decir, el propósito de Dios que está en las Sagradas Escrituras y en cada creación. Esto nace del discernimiento y puede entender los logos, razones de las cosas sensibles e inteligibles. Por esto se llama contemplación de las cosas, es decir, de las creaciones, pero esta es natural y proviene de la pureza y lucidez del νούς nus (espíritu de la psique). Si alguien se digna a alcanzar la clarividencia o perspicacia para el bien común, esto es sobrenatural. Porque solo Dios prevé y conoce todas las cosas en cada caso, y el propósito de cada cosa que hizo y cada logos y palabra de las Sagradas Escrituras, y concede por la χάρις jaris (gracia, energía increada) a los dignos la gnosis-conocimiento. Por lo tanto, la contemplación de las cosas sensibles e inteligibles, llamada prudencia o sabiduría, es visión clarividente o perspicaz y gnosis-conocimiento natural, porque pre-existía en la naturaleza humana, pero los pazos oscurecieron el νούς nus. Y si Dios no quita los pazos mediante la virtud práctica, el νούς nus no puede ver. La previsión no es así, sino que es χάρις jaris y sobrenatural. Pero incluso la perspicacia sin Dios no se realiza, aunque sea natural. Porque incluso los griegos inventaron muchas cosas, pero no encontraron el propósito de Dios en las creaciones, como dice San Basilio, ni encontraron a Dios, porque no tenían la humildad y la fe de Abraham.

 

Entonces uno se llama fiel cuando cree en las realidades y cosas invisibles a partir de las visibles. Cuando uno cree en lo que le parece, no cree en aquel que enseña o predica. Por eso, para probar la fe, las tentaciones son evidentes, mientras que las energías de la divina ayuda son invisibles, para que el fiel descubra después de la prueba la gnosis-conocimiento y así aprenda que estaba en la ignorancia y que se beneficiaba, y gane la humildad y la agapi-amor a Dios como Bienhechor, y al prójimo para servir a Dios. Y lo hace con naturalidad y considera que es su deber, por lo cual anhela aplicar y guardar los mandamientos (principios espirituales, logos). Aborrece y odia los pazos como enemigos, y desprecia el cuerpo porque lo considera un obstáculo para la απάθεια impasibilidad e imperturbabilidad y la gnosis-conocimiento de Dios, es decir, para la sabiduría oculta (1Cor 2:7), que está oculta pero también está revelada. Porque aquel que tiene éxitos y placeres, descanso y la gloria de este mundo es claramente amigo de la sabiduría de este mundo. Pero lucha por hacer lo contrario a esto aquel que es amigo de la sabiduría de Dios, es decir, aquel que se fatiga y se controla y tiene toda aflicción y deshonra por el reinado de la Realeza increada de los cielos. El primero anhela acercarse a los bienes aparentes y a las gnosis terrenales y a los reyes terrenales, y por eso sufre muchas veces, mientras que el segundo participa en los padecimientos de Cristo. Uno busca tener esperanzas aquí, si puede tenerlas, porque las cosas terrenales son temporales e inciertas; mientras que el otro, en esta vida se oculta o se esconde de los ojos de los insensatos (Sab de Sal 3:2), como dice la Escritura, pero se revela en la futura, cuando las cosas ocultas se hagan manifiestas. Y no solo esto, sino que también para consuelo de los que están en luto o duelo (espiritual o según Dios) (Mat 5:4), aquí se da la gnosis-conocimiento de las cosas y realidades ocultas, según san Juan Crisóstomo, es decir, la contemplación de las Sagradas Escrituras y de las creaciones,. Por lo tanto, de la fe nace el temor, del temor el luto o duelo (según Dios), de él viene la humildad, a través de ella surge el discernimiento, y a través de este, la perspicacia o clarividencia y, por χάρις jaris la (gracia, energía increada), la previsión o prognosis. Ahora, el gnóstico-conocedor nunca debe confiar en su propio juicio y concepto, sino siempre querer tener como testigo la Sagrada Escritura o la naturaleza de la cosa. Cuando estas cosas no están presentes, la gnosis no es verdadera, sino mala astucia y error, como dice en algún lugar san Basilio hablando sobre las estrellas. Porque las Sagradas Escrituras mencionan algunas pocas cosas, mientras que los griegos, yendo errados, enumeran muchas. Porque el propósito de las Sagradas Escrituras es ese, decir todo lo que contribuye a salvar la psique-alma y revelar a algunos los misterios de las Sagradas Escrituras y los logos de los seres, es decir, el propósito por el cual cada cosa fue hecha, para que el νούς nus (espíritu de la psique) se ilumine con la agapi-amor de Dios y de Su providencia y diligencia para las creaciones, conocer Su grandeza, Su sabiduría inefable y Su providencia.

 

Por lo tanto, nadie, a partir de esta gnosis-conocimiento, teme violar los mandamientos de Dios y culpa su propia debilidad e ignorancia, y por esto se humilla y ama a Dios y no desprecia Sus mandamientos, como aquellos que carecen de Su gnosis-conocimiento activo. Sin embargo, Dios mantiene ciertos misterios ocultos para él, para que anhele y no se canse rápidamente, como Adán, y para que el enemigo no lo encuentre vulnerable y lo arrastre hacia su maldad. Así es como realmente sucede para los virtuosos. A los insensatos, por otro lado, los aterroriza con tentaciones para que se mantengan alejados del pecado, y los fortalece con beneficios físicos para que no se desesperen.

 

Por tanto, Dios con su infinita bondad, siempre actúa de esta manera para salvar y redimir a todos de las trampas del diablo, ya sea dando o quitando beneficios y gnosis-conocimientos. Y según la gratitud de cada uno, otorga dones o carismas, conceptos y entendimientos. También ha hecho que las Sagradas Escrituras se oculten a algunos y sean conocidas por otros para beneficio propio, según la predisposición y voluntad de cada lector. Sin embargo, el propósito de los sofistas del mundo no era este, sino que cada uno se preocupaba por vencer al otro y parecer más sabio, y por eso ni ellos ni los que los imitan encontraron al Señor, aunque se esfuercen y trabajen mucho. Como dice Juan Clímaco, Dios no se revela en los esfuerzos, sino en la humildad y la sencillez a través de la fe, es decir, la contemplación de las Escrituras y las creaciones. En relación con esto, dice el Señor: «¿Cómo vais a creer vosotros en la verdad, puesto que buscáis y recibís doxa-gloria y honores los unos a los otros y no buscáis la verdadera doxa-gloria (luz increada) y el logos que viene del uno y único Dios?” (Juan 5, 44).

 

La gran fe es aquella que puede confiar toda su preocupación en Dios. El Apóstol la llama fundamento o cimiento (Colosenses 1, 23), Juan Clímaco la describe como madre de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), y San Isaac la llama fe de la contemplación y puerta de los misterios. Porque aquel que tiene esta fe es desprendido de toda preocupación, como todos los Santos, cuyos nombres también son adecuados para ellos, como sucedía con los Justos del Antiguo Testamento. Pedro tiene el nombre de la firmeza, Pablo del reposo y reposición, Santiago significa «talonador» porque con el talón pisoteó a Belial-satán. Stéfanos (Esteban) tiene el nombre de la corona inmarcesible, Atanasio de la inmortalidad, Basilio del reino, Gregorio de la vigilancia de la sabiduría, es decir, de la teología, Crisóstomo, boca de oro del precioso don de la retórica y de la χάρις jaris (gracia, energía increada) muy deseada, Isaac de la indulgencia. En general, como en el Antiguo Testamento, también en el Nuevo los nombres son apropiados para cada uno. Así también Adán tiene el nombre de los cuatro puntos cardinales de la tierra. La α significa el este, la δ el oeste, la otra α el Ártico (el norte) y la μ el mediodía (el sur). Y de nuevo, en la lengua de entonces, es decir, en siríaco, el hombre se llama fuego porque tiene una naturaleza similar. Porque de un hombre, por así decirlo, se hizo todo el mundo, así como uno puede encender tantas velas como desee sin que la primera se agote. Sin embargo, después de la confusión de las lenguas (Génesis 11, 9), otra lengua etimologiza la palabra «hombre» del olvido que este tiene, y otra de sus otras cualidades.

 

La lengua griega, por su parte, la etimologiza y la deriva de «άνω αθρέω ano zreo mirar, ver hacia arriba». Pero principalmente la naturaleza del hombre es el logos, por eso se llama lógico, porque solo él tiene esta cualidad o atributo. Porque según sus otros atributos, hay otras criaturas que son sinónimos suyos. Por eso, tenemos el deber de dejar todo esto y, siendo lógicos, preferir al logos (lógico), y con el logos ofrecer los logos al Logos de Dios, para que seamos considerados dignos de recibir los logos del Espíritu Santo en esta vida, según lo que se dice: «Él da oración al que ora» (1Re 2, 9), es decir, a aquel que ora bien con oración corporal, Dios le da la oración del νούς nus (espiritual) con el corazón. Y a aquel que la practica con cuidado y diligencia, le da la oración que es libre de formas y figuras y procede del puro temor a Dios. Y de nuevo, a aquel que realiza bien esta última oración, le da la θεωρία zeoría contemplación de las creaciones. Y de esta, regalará la captura o arrebato del νούς nus (espíritu de la psique), junto con la teología y la beneficencia, en la vida futura, a aquel que se dedica a todo y tiene a Dios como su estudio con obra y logos, y no solo con el oído.

 

La gnosis-conocimiento, por tanto, cuando viene involuntariamente y lleva a su poseedor a la humildad por vergüenza, porque cree que no la merece y, como dice Juan Clímaco, la rechaza como dañina con la mano de la humildad, aunque quizás sea dada de Dios, entonces es buena. Un ejemplo contrario es el de alguien cuya psique-alma fue arrancada por los demonios oscuros con tridente. ¡Qué desgracia! Este tenía gran fama y la gente lo amaba tanto que todos lamentaron su muerte y consideraron una gran pérdida su privación. Pero debido al orgullo escondido en su interior, alguien escuchó sobre él una voz del cielo que decía: «No lo reposen, porque ni siquiera una hora me ha dado reposo». Ay de él; aquel a quien llamaban santo y muchos esperaban ser salvados por sus oraciones de todo tipo de tentación, tuvo tal final debido a su altivez. Es evidente que esa fue la causa. Porque si hubiera sido otro pecado, no habría escapado la atención de todos, ni podría haberlo cometido cada hora. Si decimos que era herejía, el hereje provoca seguramente la ira de Dios cada hora con la blasfemia de su opinión, pero ni eso permanece siempre invisible, sino que por la economía de Dios se revela para la corrección del hereje, si decide convertirse, o para la seguridad de los demás. Por lo tanto, solo el orgullo, la altivez o vanagloria con la auto-complacencia o gustarse a sí mismo o sea, egolatría o narcicismo, puede escapar la atención de todos, casi incluso de aquel que la tiene (autoengaño), aunque no se le permita caer en tentaciones, de las cuales viene en la psique-alma el autoexamen, auto-control y conocer su debilidad e ignorancia. Por eso también el Espíritu Santo no encontró ni una hora de descanso en aquella psique-alma miserable, porque siempre tenía el mismo pensamiento y sentía deleite y gozo de él, como si fuera alguna hazaña; por eso también se atormentó y se oscureció como los demonios. Por supuesto que nunca parecía pecar claramente, quizás porque alimentaba solo este pazos y deseo, la altivez, la vanagloria u orgullo, en lugar de todos los demás, y eso fue suficiente para los demonios, ya que puede reemplazar el lugar de los otros males de los demonios, como dice Juan Clímaco.

 

No encontré por mí mismo el discernimiento y la contemplación sobre este tema, sino que lo escuché del santo Yérontas y lo escribí. Él también contó sobre san Pablo el Simple*, que la razón por la cual el demonio no lo escuchó de inmediato para salir del hombre fue porque no obedeció de inmediato y arrepentirse por no obedecer cuando el Gran Antonio le dijo: «Abad Pablo, saca al demonio de este hombre», sino que de alguna manera objetaba diciendo: «¿Por qué no lo sacas tú?». Y cuando escuchó de Antonio que «yo no tengo tiempo», entonces obedeció. Por eso dijo el bienaventurado Yérontas que el demonio no salió de inmediato, sino después de mucho esfuerzo del Abad Pablo. Esta explicación es razonable, no solo porque el Yérontas, siendo portador de Dios, es confiable, sino también porque está atestiguado por el incidente del lavatorio (Juan 13:7-8), y por la objeción de Moisés (Éxodo 4:10), y por la historia del Profeta que buscó que alguien lo golpeara. Pero como esta historia (3Reyes 21:35-42) es significativa y no la hemos mencionado, la mencionaremos ahora.

 

* Historia Lafsíaca, capítulo 22.

 

En el Antiguo Testamento se menciona a un rey que gobernaba de manera tiránica, por lo que el Dios amante de la humanidad, no soportando la tiranía, ordenó al Profeta que fuera y controlara a ese rey. El Profeta, sabiendo que el rey era despiadado, no quería ir tal como estaba, no sea que lo vea desde lejos y sospeche la causa y lo expulse, y así no pueda controlarlo, o si le dijera «Dios me envió por tu crueldad», quizás no preste atención a sus palabras. Por lo tanto, pensó en ser golpeado por alguien y de esa manera ir al rey cubierto de sangre como un mensajero, para engañarlo y hacerlo escuchar. Y cuando encontró a alguien en el camino que sostenía un hacha, le dijo: «El Señor ordena: levanta tu hacha y golpéame en la cabeza». Debido a que era piadoso, él dijo: «Nunca, mi señor; soy un hombre de Dios, no levantaré mi mano contra un profeta ungido por el Señor». Y el Profeta dijo: «El Señor dice: porque no obedeciste la voz del Señor, que un león del desierto vendrá y te desgarrará». Esto no fue ira, no lo permita Dios; sino que fue para el beneficio de muchos. Y ese buen hombre era digno de no morir como los demás hombres, sino según el logos del Señor, de ser desgarrado por la bestia y ser coronado debido a esta muerte tan dura.

 

Algo similar se dice en los Hechos de los Padres sobre cuatro sacerdotes que acordaron vivir juntos *.

 

Dos de ellos murieron y se fueron al Señor; el cuarto, que también era su diácono, cayó en la fornicación. Entonces los otros dos pidieron al Señor que el cuarto fuera desgarrado por una bestia para expiar su pecado, pero el Señor no los escuchó; juzgó que debía escuchar al tercer hisijasta ermitaño que oraba por el diácono, para que fuera salvado del león. Luego, en la continuación de la historia, el Profeta encontró a otro obediente y le dijo: «El Señor ordena: levanta tu hacha y golpéame en la cabeza». El Señor ordena: «Levanta tu hacha y golpéame en la cabeza». Al escuchar esto, sin cuestionar, él golpeó al Profeta en la cabeza con su hacha. Entonces el Profeta le dijo, como Moisés en otro tiempo: «Que tengas la bendición del Señor, porque has obedecido el logos del Señor» (Éxodo 32, 29). Así que el primero, por mucha bondad, respetó al Profeta y no obedeció, como Pedro que no permitía que el Señor le lavara los pies (Juan 13, 8), mientras que el otro, sin cuestionar, obedeció, como el pueblo de Moisés cumplió obedeciendo al matarse unos a otros (Éxodo 32, 27-28). Y en lo manifiesto, aquel que escucha la voluntad divina, hace lo mejor, porque considera más sabia la orden sobrenatural de Dios que la gnosis-conocimiento natural, mientras que aquel que desobedece, hace algo inferior, porque considera justas las cosas aparentemente buenas más que lo que Dios demanda. Pero en realidad, lo profundo no es así, sino que el propósito de la obediencia o la desobediencia es lo que importa. Es decir, quien tiene como propósito agradar a Dios, es quien hace lo mejor. Y en lo manifiesto, Dios parece enojarse contra aquel que desobedece y bendice al que obedece; pero en lo profundo no es así, sino como dijimos de acuerdo con la contemplación natural, ambos fueron igualmente buenos, porque el propósito de ambos fue conforme a la voluntad de Dios. Y así son estas cosas.

 

Y el Profeta, después de ir al rey y pararse frente a él, le dijo: «Rey, toma venganza, porque mientras caminaba por el camino, alguien me encontró y me golpeó en la cabeza». Viendo él la sangre y la herida, se enojó según su costumbre, no contra el Profeta, sino pensando que tenía que juzgar a otro y no a sí mismo, decidió una pesada sentencia contra el autor. Y el Profeta, después de alcanzar lo que quería, le dijo: «Bien dicho, rey. Por esto, así dice el Señor: Voy a destruir tu reino y lo quitaré de ti y de tus descendientes, porque tú eres el que ha hecho esto». Y así el Profeta completó su misión como deseaba, y con astucia hizo que el rey prestara atención a sus palabras, y se fue glorificando a Dios.

Este pasaje se encuentra en el libro «Evergetinós», tercer libro, caso 38, A, 10-14.

 

Así pues, eran las psique-almas de los Profetas. Amaban a Dios y estaban dispuestos a sufrir por cumplir Su voluntad, porque tenían gnosis-conocimiento de Dios. Y es justo. Aquel que conoce exactamente un camino o un arte, lo sigue con facilidad y entusiasmo, y también muestra a otros el camino o los secretos y métodos del arte, incluso si es joven y sencillo, mientras que los otros son ancianos y sabios en otros temas. Y los Profetas, Apóstoles y Mártires no aprendieron teología y sabiduría de oídas como nosotros, sino que dieron su sangre y recibieron el Espíritu, como dicen los Yérontas (Ancianos sabios e iluminados): «Da sangre para recibir espíritu». Por eso, los Padres sufrieron el martirio de la conciencia en lugar del martirio físico, teniendo en lugar de la muerte física la muerte de la voluntad, para que el νούς nus espíritu de la psique con la mente o intelecto venciera los deseos carnales y se convirtiera en rey, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él pertenece la doxa-gloria increada y el poder, el honor y la adoración, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com  02/08/2024

 

 

 

 

 

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