«

»

Nov 28 2025

Teología Ortodoxa y Filosofía

Teología Ortodoxa y Filosofía

(Extractos de varios Padres antiguos y actuales)

 

Θεολογία (Zeología: Teología Θεός Zeós Dios y Λογος Logos)

El primer teólogo es el Logos increado del Antiguo Testamento: “Y dijo Dios: hágase la luz” (Gn 1,3). Este mismo Logos increado es el que se encarna, el Cristo del Nuevo Testamento: “Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος… (en arjí in o Lógos), en el principio el Logos era, es y será infinitamente eterno… todo fue creado por Él” (Jn 1,1-3).

El segundo “teólogo” es el diablo, cuya actividad queda manifiesta en las tres tentaciones del Señor (Mt 4,3-6) en el Nuevo Testamento, así como en el libro de Job y otros pasajes del Antiguo Testamento.

El cristianismo ortodoxo y su teología, en su expresión auténtica como Ortodoxia, constituyen la continuación de la teologización profética empírica. Para teologizar de manera auténtica y ortodoxa debemos tener como base la virtud del correcto “discernimiento” entre las divinas energías increadas y las energías humanas creadas. Este discernimiento entre lo increado y lo creado es fundamental para la teología verdadera y ortodoxa.

La divina οὐσία (usía, sustancia o esencia) es absolutamente inefable, ininteligible e inaccesible, y el ser humano no puede participar de ella. El hombre puede participar de las divinas energías increadas, pero nunca de la increada οὐσία divina.

En la tradición patrística ortodoxa, la teología no es fruto del estudio de libros ni de una ocupación intelectual, sino fruto de la gnosis espiritual increada y de la experiencia de Dios. Según los Padres, teólogo es aquel que ha llegado a la θέωσις (zéosis: divinización, deificación o glorificación, santificación, unión con Dios por la energía increada jaris).

Dicen los Santos Padres en la Filocalía: “El que ora es un teólogo, y el mejor teólogo es el que ora”. (https://www.logosortodoxo.com/category/la-askisis/er)

Θεόλογος zeólogos teólogo, indistintamente, es aquel que ha pasado por la áskisis (ascesis), el método-ejercicio espiritual en el Espíritu Santo propio del hombre ortodoxo. Este camino se fundamenta en la catarsis del corazón, en la iluminación del nus y en la nípsis (sobriedad y vigilancia del nus). (ver https://www.logosortodoxo.com/category/theosis-o-zeosis-%ce%b8%ce%ad%cf%89%cf%83%ce%b9%cf%82/)

Las premisas y condiciones de la teología son la catarsis psicosomática y la unión de los sentidos físicos y psíquicos del ser humano con Dios: “La finalidad de la catarsis es condición para la teología. Aquel que ha unido totalmente sus sentidos con Dios se mistagogiza (es instruido e iniciado) místicamente en los Santos Misterios, en la teología misma de Dios. Pero si los sentidos físicos y psíquicos no se han unido con Dios, es difícil y peligroso teologizar”.

San Juan Clímaco afirma: “En vez de teología sobre Dios tenemos logos del hombre caído y mortal, charlatanerías de auto-teólogos (‘teólogos’ de academia), que en lugar de vida y Jaris (gracia, energía increada) se convierten en instrumentos de escándalo, muerte y desgracia”.

Es decir, si el ser humano no se convierte y no se hace instrumento de la energía increada divina —Jaris (gracia increada)— no puede llegar a ser teólogo. (ver https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/la-teologia-el-primer-don-del-espiritu-santo/)

En los textos de la Filocalía de los Padres Nípticos, teología significa mucho más que el simple conocimiento de Dios o el dogma eclesiástico alcanzado por medios académicos: significa la percepción viva, consciente y participativa de la realidad divina, la dimensión práctica de la gnosis espiritual increada.

La teología, en su manifestación plena, presupone un estado de ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial, quietud interior) y απάθεια (apázia: impasibilidad, sin pazos), que se alcanza mediante la oración pura, imperturbable y lúcida, en la que el hombre pide dones que sólo son concedidos a muy pocos.

Los ortodoxos distinguimos tres tipos de teología:

a) Apofática, que expresa lo que Dios no es.

b) Catafática, que expresa lo que Dios sí es.

Ambas se complementan y nunca se contradicen.

c) Teología trascendental, mística y sublime, que se manifiesta cuando el ser humano alcanza el tercer estadio de su áskisis: la Θέωσις zéosis, es decir, la glorificación, divinización, santificación o deificación, la unión con Dios por la energía increada Jaris y la Doxa —la gloria increada—. (ver: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/teologia-mistica-san-dionisio-el-areopagita/)

Según los sabios Santos Padres helénicos: “El filósofo ama conocer; el teólogo conoce amar”.

La filosofía mundana —la del filósofo— es la pregunta eterna. Pilato (imagen del filósofo) plantea lo abstracto: “¿Qué es la verdad?”. En cambio, Cristo (imagen del teólogo ortodoxo) define la Verdad como persona, como quién: “Yo soy la Verdad, la Vida, la Luz y la Agapi” (Jn 14:6); y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32), dice el Logos de Dios en el Evangelio de san Juan.

La base de la filosofía es lo abstracto, el “qué”, que pregunta y busca sin encontrar respuesta plena; la base del teólogo ortodoxo es el “quién”, la persona, el Θεάνθρωπος (Zeántropos, Dios-Hombre), el Logos increado de Dios.

La agapi —el amor divino— es más difícil que la filosofía, y a la vez es la filosofía más profunda y exigente.

Teología demostrativa y dialéctica

La santa Παράδοσις Parádosis Tradición íntegra de la Iglesia Ortodoxa —de la cual el gran hisijasta/hesicasta e iluminante Obispo de Tesalónica, san Gregorio Palamás, es columna firme y faro inextinguible— subraya en la teología el carácter ἀπρόσιτο (aprósito: inaccesible, inefable, invisible) de Dios y, en la economía, la manifestación de Sus energías increadas: doxa (gloria), jaris (gracia) y realeza.

Deseoso de hallar la expresión más auténtica de la enseñanza ortodoxa, san Gregorio Palamás, tras mucha insistencia por parte de sus amigos, redactó sus tratados sobre la procedencia del Espíritu Santo. En ellos, en lugar del método dialéctico o discursivo de Barlaam, aplica el método demostrativo, por lo cual titula sus logos como “Logos demostrativos”. (https://www.logosortodoxo.com/san-gregorio-palamas/demostraciones-en-la-teologia/)

San Gregorio considera que la dialéctica —“la que intenta convencer con conceptos filosóficos humanos”— no produce ningún resultado válido para la comprensión de lo divino, dado que “lo divino es superior a todo nus y logos”.

En lo referente a Dios, sólo es posible hablar de manera θεοπρεπής (zeoprepís: de modo divino, según el modo de Dios), “movido por el Espíritu”; a este método san Gregorio lo llama precisamente demostrativo.

Punto de partida del método demostrativo es la convicción de que la verdad “sobre los dogmas o logos de Dios” no está compuesta por conceptos filosóficos abstractos ni definiciones racionales. La teología examina “con palabras los supremos logos o supra-logos”, pero se manifiesta y se regala de forma “crística e inefable” por el Dios Uno y Trino, “el único dador y guardián de la verdadera teología, de los dogmas y de los logos acerca de ella”.

San Gregorio Palamás sostiene como fundamental que la teología no es producto de la dialéctica, sino verdad pura, preservada auténticamente en la teosofía de los Santos Padres, quienes para vivirla y anunciarla se apoyaron en los testigos y oyentes inmediatos: los discípulos y los Apóstoles.

Los Apóstoles fueron enseñados en todas las cosas directamente por Cristo: “El pre-eterno Logos de Dios se hizo también para nosotros teólogo; siendo la Verdad misma, se hizo mensajero y predicador de la verdad para nosotros”.

Por ello, los Apóstoles, “enseñados e iluminados, fueron enviados a enseñar tal como fueron enseñados, a iluminar tal como fueron iluminados y a predicar con franqueza lo que sus oídos habían escuchado… por apocalipsis (revelación) dentro de la suprema luz del gnofos —la luz increada que trasciende toda luz y todo desconocimiento de la usía (esencia)—”.

La diferencia entre logos dialéctico y logos demostrativo es clara:

El logos dialéctico es εὐπερίτρεπτος (efperítreptos: fácilmente invertido, contradictorio y cambiante), y por ello mismo inestable, indeciso y perturbador.

En cambio, el logos demostrativo es consistente, firme, no variable ni mudable, plenamente consolidado, afirmativo e inamovible (increado).

En la teología ortodoxa hablamos de la existencia de Dios a través del testimonio de los Santos, quienes han llegado a la Apocálipsis (Revelación), a la expectación y visión de Dios, es decir, a la divina Luz increada. La certeza de la existencia de Dios se fundamenta en el testimonio de los santos y en las santas reliquias. Por tanto, nuestras demostraciones sobre la existencia de Dios no son racionalistas, sino empíricas y tangibles.

Al acercarnos a las reliquias y a las iconas (representaciones o imágenes sagradas), adquirimos certeza de la existencia de Dios, porque la Jaris, energía increada de Dios, energiza, opera y se manifiesta a través de ellas de diversas maneras: a veces por suave fragancia, otras por su incorruptibilidad, o bien mediante milagros o sanaciones físicas o psíquicas. Todo ello lo perciben quienes poseen fe y sentidos espirituales sanos y purificados.

Los Santos Padres han respondido de forma demostrativa y empírica a todas las cuestiones de la vida, incluyendo aquellas planteadas por los filósofos.

Uno de los mayores problemas sociológicos es la muerte; pero en cada hombre el tiempo y su percepción son distintos. Las reliquias de los santos testifican que la superación de la muerte es una realidad. Comprendemos así que la enseñanza sobre la victoria de Cristo sobre la muerte es completamente verdadera. Las reliquias muestran que, en realidad, la muerte es un sueño: los santos están simplemente dormidos somáticamente (físicamente) hasta la Segunda Presencia y la resurrección común.

Otro problema que atormenta al ser humano es el carácter limitado del tiempo. Las reliquias de los santos muestran la superación de este límite, puesto que participan ya de lo inmortal. Dios, por medio de las reliquias, ayuda a los hombres de múltiples maneras.

La filosofía de los heterodoxos y de los heréticos se diferencia claramente de la teología de los Santos Padres en que sus teorías no pueden demostrarse, verificarse ni certificarse, mientras que las enseñanzas de los santos sí lo son. Por ejemplo, la teoría clásica del “mundo de las ideas”, según la metafísica tradicional, no se puede demostrar científicamente y por ello hoy se considera inválida.

En cambio, que Dios es energía-luz increada se demuestra y certifica en la enseñanza de los santos a través de la experiencia. (Y también que es Persona, pues si no lo fuera, ¿quién activaría y manifestaría la energía increada?).

Quien desea asegurar la verdad de esto puede seguir el método que vivieron los Padres y, si Dios lo concede, llegar a los mismos resultados. Esto se demuestra incluso médicamente: el ser humano en tal estado se santifica y su cuerpo se vuelve incorruptible. Esto muestra que supera la corruptibilidad, cosa que la misma ciencia médica puede constatar.

Es cierto que el único Teólogo, Terapeuta y Psicoterapeuta de los hombres es Cristo, y esta obra la realiza la Iglesia mediante los clérigos, que son sus instrumentos para la terapia “psicoterapia” del ser humano. Pero para que el clérigo no ejerza este trabajo de manera filosófica, racionalista, moralista o antropocéntrica, debe ser él mismo conocedor por experiencia de todo este camino hacia la θέωσις zéosis. Esto significa que ha vivido la energía increada sanadora, iluminadora y divinizante (deificante, glorificadora) de Dios; así es un verdadero teólogo en el sentido patrístico. Entonces puede ser Padre Espiritual e indicar el camino de la terapia —la auténtica “psicoterapia”—, de la santificación y de la zéosis. Aquí se cumple el logos de Cristo: “Médico, sánate a ti mismo” (Lc 4,23).

Así, el Teólogo es también Padre Espiritual, y viceversa. Esto significa que el verdadero teólogo discierne entre energías divinas increadas y energías creadas demoníacas, gracias a su experiencia personal; conoce la enfermedad espiritual y el modo de alcanzar la terapia —la auténtica psicoterapia—; conoce por experiencia tanto los “tejemanejes” del diablo como la energía increada de la divina Jaris (Gracia increada). Por ello puede guiar a sus hijos espirituales por el camino de la catarsis, la iluminación y la zéosis.

San Gregorio Palamás nos dice: «Porque hablar sobre Dios no es lo mismo que hablar con Dios».

La teología ortodoxa presenta ciertos contenidos como unidos y otros como discernidos; por ello, no es correcto dividir lo que la santa parádosis tradición entiende como inseparable, ni mezclar y confundir aquello que debe permanecer claramente distinguido.

La gnosis (conocimiento) de la filosofía y la riqueza de la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) deben someterse a la humildad y a la santidad.

 

La teología ortodoxa y la teología secularizada

(por Ierotheo Vlajos, Metropolita de Lepanto)

El término ἐκκοσμίκευση (ekosmíkefsi, secularización, mundificación) proviene de kósmos (mundo) en el sentido de mundo dominado por los πάθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, patologías). (Ver sobre el término Pazos: https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/)

Últimamente este término se utiliza con frecuencia, pero a menudo cada uno lo emplea para acusar como “secularizada” alguna expresión teológica de otro con quien no concuerda; en realidad, lo usa para exaltar su propia teología, que por costumbre considera auténtica.

Es cierto que el término ἐκκοσμίκευση lo utiliza la teología ortodoxa para calificar la teología occidental, tanto la escolástica como la protestante, que se apartaron de la tradición níptica–hesicasta de los santos y sabios Padres, identificándose así con la filosofía racionalista, la meditación intelectual, la logicocracia (racionalismo extremo) y la eticocracia (moralismo).

Por extensión, esto también describe la situación cuando algunos teólogos ortodoxos intentan teologizar siguiendo las condiciones y datos de la teología occidental. En ese caso, desde el principio se desligan de la tradición hisijasta (o hesicasta) —que es el modo ortodoxo de teologizar— y caen así en la secularización en toda su profundidad.

Por lo tanto, estos teólogos (ortodoxos o no), influidos por métodos occidentales, expresan una teología secularizada.

He subrayado repetidamente que la teología de la Iglesia Ortodoxa, tal como la expresaron casi todos los Santos Padres divinizados, (los que alcanzaron (zéosis) —especialmente san Dionisio el Areopagita, san Gregorio el Teólogo, san Gregorio de Nisa, san Focio, san Simeón el Nuevo Teólogo, san Máximo el Confesor, san Gregorio Palamás, san Marcos el Amable, san Nicodemo el Aghiorita, y los Padres hesicastas hasta nuestros días— se fundamenta en los estadios de la vida espiritual: catarsis, iluminación y zéosis.

Todos insisten en estas etapas del perfeccionamiento espiritual, que constituyen la participación progresiva en la Χάρις Jaris, la energía increada de Dios: unas veces como catártica (sanadora, purificadora, limpiadora, psicoterapéutica); otras como iluminadora; y otras como divinizante, glorificadora, santificante o perfeccionadora (zeótica).

Teólogo secularizado es aquel que no es θεόπτης (zeóptis: divino-visionario, el que ha visto la luz increada) ni sigue a los santos divinizados, deificados, sino que mezcla sus meditaciones, invenciones y fantasías con los dogmas de la Iglesia Ortodoxa.

Es aquel cuya teología no brota de su catarsis, iluminación y zéosis, sino que es producto de la meditación intelectual o de la fantasía e imaginación característica propia de la teología escolástica.

Cristianos secularizados son quienes no siguen a los teólogos visionarios θεόπταις (zeóptes, plural de zeóptis), partícipes de la luz increada, ni tampoco siguen a pastores que aceptan la autoridad de estos Padres visionarios. No se orientan hacia la visιón divina, sino que siguen a pastores espiritualmente enfermos, impregnados de teología escolástica, ética moralista protestante o teología nacida de sus propios πάθος pαzos.

Pastores de este tipo conducen a sus hijos espirituales según criterios filosóficos, humanocéntricos o antropocéntricos, o según la “psicología” académica, y no según la experiencia y la enseñanza de los Santos visionarios de Dios, receptores de la energía y luz increada del Dios Trino.

Finalmente, creo con absoluta firmeza que la ἐκκοσμίκευσις (ekosmíkefsiw: mundificación, secularización) es un desprecio de la tradición níptico-hesicasta, condición imprescindible para la vivencia y experiencia de la teología verdadera, que es una gnosis increada, una experiencia existencial de Dios: es decir, la visión y contemplación de Dios o de la luz increada.

Toda teología que se apoya en la meditación racional y en la fantasía e imaginación, y que se aleja de la experiencia de los santos, es una teología sobre el no-ser (inexistencia), una teología intelectual, meditativa, imaginativa, fantasmática, apoyada en los sentidos físicos y en las cosas sensibles; en suma, una teología enferma.

Toda teología que no se ocupa del camino que uno debe recorrer para sanarse, para “psicoterapiarse” de los pazos (pasiones, vicios, adicciones, patologías), y llegar a la κοινωνία (kinonía: comunión, unión, conexión, participación) y a la gnosis (conocimiento) increada de Dios, es una teología secularizada.

Una teología formada por fraseología bella, palabras agradables e inteligentes meditaciones, pero que se mueve fuera de los marcos de la parádosis tradición hisijasta/hesicasta, es realmente mundificada y secularizada.

Una teología secularizada de este tipo —basada en análisis meditativos, filosóficos o incluso científicos— no conduce al ser humano a la libertad existencial ni a la gnosis increada y personal de Dios. Por eso, aunque los hombres secularizados puedan apreciar este tipo de teología, en realidad constituye una herida para la verdadera vida eclesiástica ortodoxa.

 

Θεολογία (zeología) — Teología y Φιλοσοφία — Filosofía

En la Teología Patrística Ortodoxa, definida dogmáticamente, el uso de la filosofía helénica se limitaba a la terminología, las formas y los estilos, pero nunca implicaba “la aceptación del pensamiento teologizante del antiguo helenismo”.

“La helenicidad patrística presupone y supone la superación y trascendencia de la helenicidad previa al cristianismo”, tal como certifican los mismos Padres helénicos hasta el siglo XIV, cuando en el Sinodikón de la Ortodoxia queda resuelto y codificado este asunto. Allí se describe y se acepta el estudio formativo de la filosofía, distinguiéndolo claramente de la teología.

El cristianismo ortodoxo y su teología, en su auténtica expresión como Ortodoxia, constituyen la continuación de la empírica teologización profética.

La teología es ἀποκάλυψις (apokálipsis: revelación, manifestación) de Dios al hombre, sobre todo a aquel que ha realizado la catarsis (purgación, limpieza, terapia) del corazón, donde Dios se revela a través de Su jaris, Su energía increada.

La filosofía, en cambio, es ἀνακάλυψις (anakálipsis: descubrimiento, invención, hallazgo) humano, basada en la razón o lógica cerebral, en la imaginación y en la fantasía.

La diferencia entre νούς nus (ojo de la psique; espíritu humano; energía y atención fina) y διάνοια (diania: mente, lógica, cerebro, intelecto) es la misma diferencia que existe entre teología y filosofía.

El ser humano posee dos centros gnósticos.

Uno es el nus, instrumento adecuado para recibir la apokálipsis —la revelación de Dios—, la cual posteriormente se proyecta, se formula y se expresa mediante la lógica de la diania (intelecto, mente, cerebro).

El otro centro es precisamente la lógica o razón, que conoce y analiza el mundo sensible que nos rodea.

Con el nus adquirimos la gnosis increada de Dios; en cambio, con la lógica de la mente e intelecto obtenemos la gnosis creada del mundo y el aprendizaje de la ciencia sensible. (ver: https://www.logosortodoxo.com/san-gregorio-palamas/el-uso-de-la-noera-energia-y-de-la-energia-logica-del-hombre-segun-san-gregorio-palamas/)

Si intentamos definir la filosofía, comprobamos la dificultad de ofrecer una definición exacta, pues cada filósofo la entiende de modo distinto. Sin embargo, etimológicamente, el término filosofía expresa “la sabiduría (sofía) de la amistad o del amor (agapi)”.

Según la tradición, el primero en llamarse a sí mismo filósofo —y de ahí proviene el término filosofía— fue Pitágoras. Antes se empleaban los términos sofós (sabio) y sofista.

En los filósofos helenos antiguos, el término filosofía aludía principalmente a la enseñanza sobre Dios, el hombre y el cosmos, que intentaban interpretar mediante la lógica, la meditación y la fantasía estas grandes verdades. En esencia, se ocupaba de la metafísica.

Así, a simple vista, se ve que el dios de los filósofos no es el Dios de la Iglesia Ortodoxa, que el dios de la filosofía es abstracto, y que el hombre de la filosofía no es el hombre de la Iglesia. Esto se evidencia en la abierta oposición entre los Santos Padres y la filosofía de los filósofos…

Todos los aspectos e ideas de los filósofos fueron desaprobados por los Padres de la Iglesia. En la Iglesia no aceptamos la enseñanza acerca de las ideas, ni la ontología de Dios tal como la describen los filósofos, ni la preexistencia de la psique-alma, ni la eternidad o incorruptibilidad del mundo y del tiempo. Tampoco aceptamos lo que dicen sobre la redención del ser humano —por ejemplo, que la psique debe escapar del cuerpo, que sería la “cárcel” de la psique-alma—, ni que Dios es el primer motor inmóvil, etc.

Por el contrario, los santos Padres expresan la verdad de la Iglesia Ortodoxa: El Dios no es la idea del Bien, como enseñaba Platón, sino el Dios personal que se manifestó a los Profetas, a los Apóstoles y a los Santos. La psique-alma no preexiste, sino que es creada por Dios al mismo tiempo que el cuerpo. El cuerpo no es la cárcel de la psique-alma, sino que, junto con ella, constituye al ἄνθρωπος (ánzropos: hombre, ser humano). El cuerpo no es el ἄνθρωπος en plenitud, sino su cuerpo; y la psique-alma no es el ἄνθρωπος completo, sino su psique-alma.

Los santos Padres enseñan también que el mundo no ha llegado a la existencia por la caída del llamado “mundo real” o de las ideas, sino que ha sido creado por Dios de manera positiva. Enseñan igualmente que el mundo ha sido creado “desde el cero o no ser”, es decir, de la nada, y que es dirigido por la Providencia y por la gobernante energía increada de Dios.

Enseñan asimismo que el έρως (eros: amor ardiente) no es sólo un movimiento del hombre hacia Dios, como afirmaba Platón, ni expresa la debilidad del ser humano que se mueve hacia el primer motor inmóvil para alcanzar su plenitud. El eros es una energía increada, una acción positiva. Dios no es simplemente el motor inmóvil, sino que también se mueve hacia el hombre: mueve y se mueve. El eros no es un elemento de debilidad humana, puesto que eros se llama también Dios mismo, que es eros, amor y amado; que se mueve y mueve.

Que la Iglesia haya rechazado todas estas teorías puede verse de manera sinóptica en el Sinódico de la Ortodoxia, texto que se lee el Domingo de la Ortodoxia.

Los Padres rechazaron también la manera en que los antiguos filósofos llegaron a sus conclusiones, es decir, su metodología, porque conduce a teorías falsas acerca de Dios, del hombre y de la creación. Los filósofos filosofaban mediante la meditación, la imaginación y la fantasía, teniendo como centro la lógica o razón del cerebro y una base antropocéntrica; en cambio, los sabios y santos Padres tienen como centro el νούς nus. Primero realizaron la catarsis del corazón de los pazos, y su nus fue iluminado —y esta iluminación no es simplemente el conocimiento de los arquetipos de los seres, sino la venida de la χάρις (járis: gracia, energía increada) al corazón—; y posteriormente alcanzaron la θεωρία zeoría contemplación de Dios, que es visión y expectación de Dios dentro de la Luz increada.

Así, los Profetas, los Apóstoles y los Santos recibieron la apokálipsis/revelación, la manifestación de Dios en sus corazones, y después, movidos por el Espíritu divino, hicieron teología en la verdadera Iglesia Católica Ortodoxa; (no en los frankolatinos de Roma)

Por lo tanto, la teología ortodoxa no tiene parentesco con la filosofía, sino más bien con la medicina. Observamos que todos los heréticos, a lo largo de los siglos, realmente utilizaron la filosofía, mientras que los santos Padres vivieron el hisijasmo/hesicasmo*. Esto se observa en toda la Santa ΠαράδοσιςParádosis, Tradición eclesiástica ortodoxa y en los tres Jerarcas: san Basilio el Grande, san Gregorio el Teólogo y san Juan Crisóstomo. Ellos siguieron un método distinto para participar de la divina energía increada, que es la χάρις jαris de Dios, y adquirir la gnosis pragmática, real, la increada.

En la ciencia médica existe la terapia, y mediante ella el ser humano es conducido a la salud. Lo mismo ocurre en la teología ortodoxa: el hombre cura y sana su órgano gnóstico, que es el nus, y así llega a la salud y adquiere la gnosis increada de Dios, que implica su psicoterapia, redención, sanación y salvación.

San Juan Damasceno ofrece seis definiciones de la filosofía:

  1. La filosofía es gnosis de los seres, es decir, de los entes creaturas naturales. De esta gnosis se ocupa la ciencia.
  2. La filosofía es gnosis de las cosas divinas y humanas, es decir, de las visibles e invisibles. Con el término “filosofía” se designa también la ciencia y la teología que tratan de Dios.
  3. La filosofía es el estudio de la muerte natural y de la muerte voluntaria. La muerte natural es la salida de la psique-alma del cuerpo; en cambio, la muerte voluntaria es la mortificación, conversión o transformación de los pazos, que se alcanza mediante la catarsis del corazón. Por esta razón, san Máximo el Confesor llama a la catarsis del corazón “filosofía práctica”.
  4. Filosofía es la misma semejanza a Dios. En este sentido, filosofía es el camino del ser humano hacia la θέωσις zéosis. Es característico de los textos patrísticos que los términos “filosofía” y “teología” se intercambien: los filósofos se llaman teólogos porque se ocupan de Dios, y los teólogos son llamados filósofos porque poseen, por excelencia, la teología apocalíptica. En el sentido ortodoxo, los verdaderos teólogos son los θεόπτες (theóphtes, “los que ven, contemplan a Dios”, es decir, los que han visto, contemplado la luz increada).
  5. Filosofía es arte de los artes y ciencia de las ciencias. Aquí se ve que la filosofía se concibe también como una ciencia.
  6. Filosofía es amor o amistad hacia la sofía —la sabiduría—.
    Y la verdadera Sabiduría es Dios; por lo tanto, la agapi hacia Dios es la verdadera filosofía.

Después de estas definiciones, San Juan Damasceno afirma que la filosofía se divide en teorética y práctica.

a) La parte teorética se subdivide en teológica, natural y matemática y b) La parte práctica se divide en ética, económica¹ y política.

Se observa claramente que en ninguna parte habla de la metafísica, ya que, como se ha señalado, los Padres no la aceptan.

Conclusión:
El filósofo ama conocer; el teólogo ortodoxo conoce amar.
La agapi (amor desinteresado) es más difícil que la filosofía, y, a la vez, la filosofía es más difícil que muchas otras disciplinas. La libertad ama, y la agapi libera. (Todo esto, dicho telegráficamente, pues el tema es grandísimo, ver también las 4 cuatro centurias sobre la agapi, que son verdadera psicoterapia o teología psicoterapéutica por la agapi divina: https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-ii/filocalia-tomo-2-san-maximo-el-confesor-4-centurias-sobre-la-%ce%b1%ce%b3%ce%ac%cf%80%ce%b7-agapi/) ).

*****

  1. Nota sobre Οἰκονομία (ikonomía, “Economía de Dios”)

Etimología: Οἰκονομία (ikonomía) proviene del verbo οικονομῶ (ikonomó): “arreglo, dispongo, ordeno”, derivado de οἶκον νέμω —ikon nemō, “distribuyo/ordeno mi casa”–. De ahí procede el sentido de “dirección”, “gestión”, “administración” o “plan”.

Tres significados principales del término en la Tradición Ortodoxa

Primero: La presencia, permitida por concesión de Dios, de un acontecimiento en nuestra vida para nuestro beneficio o instrucción espiritual (empleándose aquí el verbo economizar con este mismo sentido “ordenar providencialmente”.).”

Segundo: Designa el plan ancestral de Dios para la salvación del género humano, llevado a su cumplimiento en la Encarnación del Hijo. Es la Economía divina por excelencia.

Tercero: Tercero: en la justicia canónica regular, es la desviación provisional y concreta de la exactitud del cumplimiento absoluto de un canon, regla eclesiástica o tradición, aplicada en una circunstancia particular con discernimiento —sin alterar, por supuesto, los términos dogmáticos— con el fin de alcanzar un propósito de salvación de las psiques-almas.”

Sentido teológico profundo de la Economía: El mismo Dios viene a lavar la derrota ancestral y a sanar el trauma de la raíz del género humano. La Economía en Cristo constituye una nueva recapitulación de la creación primigenia. De el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, se celebra así la regeneración y renovación del mundo, con el ser humano como centro.

Discernimiento entre Teología y Economía: Este principio fue formulado primero por san Atanasio el Grande.

San Gregorio Palamás explica: “La obra de la naturaleza divina es el perpetuo nacimiento del Hijo y la proyección —o influjo— del Espíritu Santo, movimiento que no tiene ninguna relación con los seres creados. En cambio, la obra de la voluntad divina y de su proyección es la constitución de la creación en el tiempo y en absoluta libertad.

Por lo tanto, aquello que opera en el ámbito de la Deidad, opera por la esencia increada; aquello que se relaciona con la economía, opera por la voluntad divina y por la energía increada.”

Traducición Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.