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Nov 26 2025

Sobre la egolatría, egocentrismo (φιλαυτία filaftía) y la libertad

Sobre la egolatría, egocentrismo (φιλαυτία filaftía) y la libertad

†Yérontas Georgios Kapsanis

Anterior Abad del Santo Monasterio Grigoriu de Athos

 

  1. La filaftía-egolatría, egocentrismo madre de los πάθος pazos
  2. La filaftía es egocentrismo
  3. La filaftía trae la pereza en el combate espiritual, la poca fe y el engaño.
  4. La filaftía es la muerte de la vida divina e instrumento del diablo
  5. La superación de la filaftía egolatría

[Φιλαυτία (filaftía) egolatría, egocentrismo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, narcicismo. La φιλαυτία (filaftía), entendida como el amor excesivo hacia uno mismo, ha sido objeto de reflexión desde la filosofía clásica hasta la psicología contemporánea. Aunque en su origen griego podía referirse tanto al cuidado propio como a la vanidad extrema, hoy se vincula con actitudes como la egolatría, el egocentrismo y el narcisismo. Este concepto permite examinar cómo el desmesurado aprecio por la propia imagen o cuerpo puede distorsionar las relaciones humanas, afectar la identidad y limitar la capacidad de empatía. Analizar la filaftía implica, por tanto, explorar las fronteras entre la sana autoestima y el amor a uno mismo llevado al exceso. La psicoterapia y la sanación de la filaftía se encuentran ampliamente desarrolladas en la Filocalía, así como en las enseñanzas de todos los Santos Padres.]

 

La filaftía-egolatría, egocentrismo madre de los πάθος pazos

 

Durante todo este período de la Gran Cuaresma se recita la muy conocida oración de San Efrén: «Señor y Dueño de mi vida, no me des un espíritu de pereza, curiosidad, ambición y chisme. Más bien, concédeme un espíritu de sobriedad, humildad, paciencia y amor. Sí, Señor Rey, concédeme ver mis propios pecados y no juzgar a mi hermano.» En el fondo, todas estas peticiones apuntan a liberarnos de la filaftía egolatría, que, según los santos Padres, es la raíz de todos los males.

Antes de profundizar en el tema, quisiera leer brevemente la muy iluminadora interpretación de San Nicodemo el Haghiorita sobre las palabras del apóstol Pablo en la Segunda Carta a Timoteo, capítulo 3:1

«Debes saber que en los ésjatos-últimos días, vendrán momentos difíciles y se presentarán en el camino de la Iglesia circunstancias peligrosas. Porque los hombres serán egoístas, avaros amigos del dinero, altivos, orgullosos, blasfemos, maldicientes, rebeldes con los padres, ingratos, injustos, desnaturalizados, desleales, diabólicos, calumniadores, desenfrenados, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, obcecados, inflados y oscurecidos por la vanagloria, más amigos de los placeres carnales del hedonismo que de Dios, los cuales tendrán una apariencia exterior de piedad, pero en realidad están lejos, habiendo negado la fuerza de ella. Apártate lejos de ellos.»

Veamos algunas realidades de estas, cómo las interpreta san Nicodemo el Hagiorita, quien es intérprete (exégeta) patrístico del Nuevo Testamento. El Apóstol señala inmediatamente el primer πάθος * vicio de todos y la raíz de todos los males: la filaftía. Esto se debe a que, naturalmente, uno primero ama a sí mismo y luego, por uno mismo, ama también a los demás y a las demás cosas del mundo. Por lo tanto, la filaftía es un amor excesivo, desordenado hacia nosotros mismos, del cual, al ser vencidos, hacemos todos los males y caemos en pazos (pasiones, vicios) en lugar de sanar nuestro propio ser. La filaftía egolatría nos hace no pensar en el bien del prójimo, sino solo en nuestro propio beneficio. Se llama φίλαυτος (filaftos: ególatra, egocéntrico, egoísta, narcisista) la persona que solo se ama a sí misma, de cuyo amor propio se deriva incluso la incapacidad de amarse a sí mismo verdaderamente. *(Ver sobre el término pazos aquí: https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ y también https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/)

Porque tal como sucede con los miembros del cuerpo, el daño de un solo miembro, como el ojo, la mano o el pie, afecta a los demás miembros; así también sucede en la casa o en la estructura de un edificio, si alguien quita una piedra del muro, sacude y perturba las demás piedras. Así ocurre también en la Iglesia de los Cristianos, quien se ocupa solo de sí mismo y descuida a su hermano, perjudica también su propio ser.

Luego, se menciona al «φιλάργυρο (filághiro: amante del dinero y las riquezas, avaro». Y continúa: «Así como todo bien nace del amor, todo mal nace de lo contrario, de la filaftía, que es lo opuesto al amor. El amor es amplio, generoso y derrama sus beneficios a todos; la filaftía, en cambio, estrecha el alcance del amor y concentra sus ‘beneficios’ únicamente en una persona: uno mismo.»

«Αλαζόνες» (alaszones: altivos, jactanciosos, presuntuosos). En los tiempos finales, los hombres serán altivos, jactanciosos, es decir, presumidos, pensando que son superiores a los demás. De la filaftía egolatría nace también esta rama venenosa de la jactancia, pues alguien se enorgullece porque ama demasiado a sí mismo y desea ser glorificado sobre los demás.

«Soberbios u orgullosos y blasfemos». Cuando la jactancia crece, se convierte en soberbia u orgullo, y la soberbia, a su vez, en arrogancia, insulto y blasfemia contra Dios. Porque quien se jacta y se considera superior a los demás, entonces se enorgullece, se atribuye todos sus logros y virtudes a su propia fuerza y no a la Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) y la δύναμις (fuerza, poder) de Dios; al pensar esto el desdichado, blasfema contra Dios, de quien proviene toda virtud y todo bien. Es evidente, entonces, que tanto la soberbia u orgullo como la blasfemia hacia Dios nacen de la filaftía egolatría.

Después, comenta sobre los términos: desobedientes a los padres, ingratos, impíos, despiadados, implacables.

Y concluye: «¿Ves, hermano, cómo los pazos y los males están interconectados como una cadena y uno engendra al otro? Así como, por el contrario, las virtudes también están interconectadas y una engendra a la otra.»

Luego interpreta el término «διάβολοι» (diávoli: diablos, demonios/maliciosos) y dice que: «Los hombres llegarán, en los tiempos finales, a ser como diablos, demonios, es decir, calumniando a todos los hombres y difamándolos, porque aquel que no conoce ningún bien ni virtud en sí mismo, difama a los demás como si ellos fueran iguales. ¿Por qué? Porque piensa que con esto obtiene algún consuelo para sí mismo, para que no parezca que solo él es malo, sino que también los demás lo son. ¿Ves, querido, que la filaftía egolatría es la raíz que engendra incluso las calumnias en el mundo?»

San Nicodemo continúa y explica que, efectivamente, la raíz de todos los males es la filaftía.

Veamos también lo que dicen otros santos Padres sobre este tema.

San Hesiquio el Presbítero, en su carta a Teódulo, dice: «No hay veneno más poderoso que el veneno del escudo y del basilisco (serpiente mítica de África). Y no hay maldad peor que la filaftía egolatría. Hijos de la filaftía, que actúan con ímpetu, son la autoalabanza en el corazón, la vanidad, la glotonería, la fornicación, la vanagloria, la envidia y la cúspide de todas, la soberbia u orgullo, que no solo hace caer a los hombres sino incluso a los ángeles del cielo, vistiendo su ser de oscuridad en lugar de luz.»

San Talasio dice: «Si quieres liberarte de los males de una vez, rechaza a la madre de los males, la filaftía.» (https://www.logosortodoxo.com/filocalia/filocalia-tomo-2-san-thalasio-el-libio-4-centurias-sobre-la-agapi-la-continencia-y-sobre-la-conducta-y-gobierno-del-nus/)

 

La filaftía es egocentrismo

 

La filaftía no es el amor correcto que debemos tener hacia nosotros mismos, sino un amor enfermo, egoísta, que tenemos hacia nuestro yo. Amar a nosotros mismos es voluntad de Dios: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Pero amar de manera enfermiza, egoísta y egocéntrica nuestro yo es filaftía egolatría, un amor irracional y animal de nosotros mismos.

San Máximo el Confesor dice: «El principio de todos los pazos es la filaftía; el fin, la soberbia u orgullo. La filaftía es un amor irracional hacia el cuerpo; quien lo corta, corta todos los pazos que de ella nacen.»

En efecto, el filafto ególatra evita la disciplina corporal para no fatigar ni maltratar su cuerpo.

San Talasio también dice: «La filaftía precede a todos los pazos, y la soberbia u orgullo sigue como el último de todos.»

Cuando alguien logra superar y eliminar la filaftía, todos los males se eliminan, porque la filaftía es la raíz de todos los males: «Quien elimina a la madre de los pazos, la filaftía, con Dios fácilmente elimina los demás pazos, como la ira, la tristeza, la envidia y los demás.» Pero quien está dominado por la filaftía, aunque no lo quiera, es herido también por los otros pazos.

Según San Máximo, de la filaftía nacen también todos los λογισμοί (pensamientos pasionales simples o unidos con la fantasía, imaginación, ideas): «La filaftía, como se ha dicho muchas veces, es la causa de todos los pensamientos pasionales, viciosos e indecentes. De ella nacen los tres pensamientos generales del deseo: de la glotonería, de la avaricia y de la vanagloria; de la glotonería, nace la lujuria; de la vanagloria, la soberbia u orgullo; y todos los demás siguen a estos tres: la ira, la tristeza, la envidia, la calumnia y los demás.»

San Talasio afirma de nuevoque los pensamientos de deseos malignos e indecentes provienen de la filaftía: «Los tres pensamientos generales del deseo tienen su origen en el pazos de la filaftía. Comprende los pensamientos de la glotonería, la vanagloria y la avaricia, y todos los demás pensamientos patéticos pasionales siguen a estos.»

Con la filaftía, el diablo atacó al hombre y lo separó de Dios y de su prójimo. San Máximo dice: «Debemos saber que el diablo, con engaño y malicia, usando como instrumento la filaftía, después de habernos engañado y atacado con el placer (hedonismo), nos separó de Dios y de nuestros semejantes.» Y agrega de manera muy bella: «No seas filaftos ególatra, vanidoso y no odiarás a tu hermano; no seas filaftos y amarás a Dios.»

De todo lo que hemos dicho, entendemos que la filaftía egolatría es una forma de egocentrismo: preferir la propia voluntad y los propios pensamientos antes que la voluntad, los conceptos y los pensamientos de Dios. Dice san Pedro de Damasco, santo hieromártir y uno de los Padres de la Filocalía: «Este es el comienzo de la salvación: que el hombre abandone sus propias voluntades y pensamientos, y haga los pensamientos y las voluntades de Dios»; (https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-iii/filocalia-3-san-pedro-el-damasceno-libro-primero/)

Cuando el ser humano deja sus propias voluntades y empieza a acoger, a aceptar y a cumplir en su vida las voluntades y pensamientos de Dios, entonces supera su filaftía. Dice también: «Muchos fueron hallados justos antes de la Ley, en la Ley y después de la Ley».

¿Y por qué fueron justos? Porque «prefirieron el conocimiento increado (gnosis) de Dios y Su voluntad antes que sus propios pensamientos y voluntades».

La filaftía nos impide amar verdaderamente a Dios y también a nuestro prójimo. San Pedro Damasceno dice: “Quien con filaftía ama a sí mismo no puede con su psique-alma amar plenamente a Dios, sino solo a medias o parcialmente”. «Si amamos a nosotros mismos y a muchas otras cosas vanas, ¿cómo podemos decir que amamos verdaderamente a Dios?»

Y cuando —dice— amamos a nuestro propio yo o a nosotros mismos y nos hemos apegado también a tantas otras cosas vanas, ¿cómo podemos o nos atrevemos a decir que amamos verdaderamente a Dios? «Si la vida temporal, y quizá también la futura, no la entregamos por el prójimo, como Moisés y el Apóstol, ¿cómo decimos que lo amamos?». Este es un logos terrible. Si —dice— no estamos dispuestos a sacrificar por el prójimo no solo la vida presente, sino también la vida futura, ¿cómo podemos decir que amamos al prójimo?

«Porque él (Moisés) dijo acerca del pueblo a Dios: si perdonas sus faltas, perdónalos; pero si no, bórrame también a mí del libro de la vida que has escrito» (Éxodo 32:32). Es decir: si vas a perdonar también al pueblo, perdónalo; pero si no, bórrame también a mí del libro de la vida.

«Y el Apóstol Pablo dice: ser anatema de Cristo, y lo demás; pues deseaba que su propia perdición se realizara, para que otros se salvasen, y estos eran los que buscaban matarlo, los cuales son israelitas».

¿Y qué hacía el apóstol Pablo? Deseaba hacerse él anatema de Cristo para que se salvaran los israelitas. ¿Qué israelitas? Aquellos que buscaban matarlo.

«Tales son las psiques-almas de los santos: aman a los enemigos más que a sí mismos, prefiriendo la salvación del prójimo en esta vida y en la otra, incluso si quizá éste es su enemigo por mala intención y por malicia».

Esta es la misterioso y aterradora αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado, altruista) de los santos, que nosotros a menudo tenemos mucha dificultad en comprender.

El opuesto de la filaftía es la φιλοθεΐα (filozeía: amistad o amor a Dios) y φιλαδελφία. y la filadelfía (amistad o amor fraternal). Según el santo Pedro Damasceno: «El insensato φίλαυτος (filaftos: ególatra, amante excesivo de sí mismo) no puede ser φιλάδελφος (filadelfos) ni φιλόθεος (filozeos)». Es decir, nadie puede ser filafto ególatra y al mismo tiempo filadelfo y filotheos. Cuando alguien es filaftos ególatra, no será ni filadelfo ni filotheos. Pero cuando alguien es filotheo y filadelfo, no será filafto ególatra.

El hombre filafto ególatra egocéntrico tampoco tiene control sobre los placeres: «No tiene templanza respecto a los placeres, es decir, respecto a los deseos y voluntades que le agradan; ni paciencia ante los dolores y padecimientos». La falta de paciencia es un signo de filaftía egolatría (egocentrismo). «Cuando logra su propio deseo egoísta, se incrementa en él el placer, la altanería y la arrogancia; pero cuando falla y es angustiado y oprimido por el dolor de su fracaso, llega a la mezquindad y sofocamiento de la psique-alma, lo cual es un anticipo del infierno.»

Es decir, aquel que no puede satisfacer sus pazos pasiones cae en mezquindad de la psique-alma, en cobardía espiritual y en asfixia de la psique-alma, como si su alma se ahogara, y este estado que vive es un preludio (arras) del infierno, es infierno antes del infierno. Es digno de atención cómo los Padres estudiaron y conocen la psicología del hombre caído.

El filafto (egocéntrico, ególatra) es indiferente hacia los semejantes. San Basilio el Grande dice en sus “Reglas resumidas”: «El filafto es quien ama solo a sí mismo.» En el fondo, la filaftía es un amor falso hacia uno mismo, no un amor verdadero, porque el filafto finalmente se hace daño a sí mismo. Una característica del filafto es que no desea sacrificar nada de sí mismo por el bien del prójimo. San Basilio comenta: «Si alguien, por el bien del descanso de sí mismo, omite algo que necesita su hermano, ya sea algo espiritual o corporal, revela a los demás la maldad de la filaftía, cuyo fin es la perdición.»

Además, la calumnia, la difamación y el juicio injusto también son resultados de la filaftía. San Juan de la Escala dice: «Porque, si alguien quitara el velo de la filaftía (egocentrismo, amor propio exagerado) y descubriera sus propios errores, viéndolos con plena claridad, entonces no se ocuparía de nada más en la vida. Pensaría que ni siquiera el tiempo de toda su existencia le bastaría para llorar y borrar sus pecados —aunque viviera cien años, aunque de sus ojos brotara todo el río Jordán convertido en lágrimas. En cambio, quien está dominado por la filaftía no puede ver su propia enfermedad y observa las faltas ajenas.»

Aquel que ha descubierto y quitado de su psique-alma la filaftía y ha visto correctamente su propio ser y descubrió sus propios errores, nunca condenará a los demás ni se ocupa de los otros, porque sabe que, aunque viviera cien años en metania y arrepentimiento, y aunque derramara todo el río Jordán en lágrimas, no le bastarían para borrar sus propios pecados. Así pues, ¿cómo condenará al otro? Pero si tiene la filaftía, no puede ver su propia enfermedad: ve las enfermedades de los demás.

 

La filaftía trae la pereza en el combate espiritual, la poca fe y el engaño.

 

Otro efecto de la filaftía es la pereza en la lucha espiritual. Muchas veces no tenemos disposición para esforzarnos, para orar, para permanecer en la Iglesia o cumplir nuestros deberes espirituales. Esto proviene de la filaftía. San Gregorio el Sinaíta, citado por San Nicodemo, dice: «Nada hace tan paralizada, perezosa, endurecida e insensata la psique-alma del virtuoso como la filaftía, es decir, el amor irracional hacia a uno mismo, hacia nuestro propio yo, que es madre, causa y alimentadora de los pazos (pasiones, vicios, adicciones), porque prefiere más que los esfuerzos de la virtud el descanso del cuerpo, y cree, con conocimiento, que mantener sano el cuerpo es suficiente, excepto esforzarse voluntariamente en las obras de la virtud, y sobre todo en los pocos y modestos sudores de los mandamientos, y de esta manera provoca gran pereza y debilidad en la psique-alma del que practica la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial), y fortalece la parálisis en las obras de la práctica ascética hasta el punto de hacerlo impotente para la lucha». (https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/tomo-iv/)

Pero también la incredulidad, la poca fe y el engaño son, igualmente, resultados de la filaftía. «Principalmente aquellos que son carnales y aman la filaftía, son siempre esclavos del placer y la vanagloria; en ellos está arraigada la envidia… no aceptan ni creen en el Espíritu Santo, ni pueden ver ni conocer a Dios debido a su poca fe.» Tampoco pueden, por tanto, aceptar a Dios, ya que tienen a sí mismos como Dios. ¿Puede el filaftos creer sinceramente en Dios si tiene a sí mismo como Dios? ¿Y acaso no es esto lo que hemos sufrido hoy? Esta autonomía, que es también antropocentrismo y humanismo, que es el espíritu de este siglo, ¿no tiene aquí su raíz? En que el hombre se hace a sí mismo Dios.

 

La filaftía es la muerte de la vida divina e instrumento del diablo

 

Los santos Padres continúan: la filaftía es la necrosis, mortificación de la vida divina. San Máximo el Confesor dice: «Realmente es algo terrible y más allá de toda condena que alguien mate voluntariamente la vida que nos fue dada por Dios, como donación del Espíritu Santo, por amor a las cosas corruptibles. Y sin duda conocen este temor quienes han estudiado y preferido la verdad en lugar de la filaftía (del amor propio, egolatría, egoísmo).» (https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/tomo-ii/)

Veis pues, que la filaftía es una muerte voluntaria de la vida divina que el Espíritu Santo nos ha regalado.

Sin filaftía, el diablo no puede dañar al ser humano. La ventanita que abrimos y por la cual entra el diablo para perjudicarnos es la filaftía. Donde no hay filaftía, el diablo no tiene poder. Por medio de la filaftía entra y nos tienta. Dice san Nicodemo: “Pero si tú adulas y amas a ti mismo de manera desordenada, y más de lo que te corresponde, ¡ay de ti! Así no podrás ni esforzarte, ni entristecerte, ni soportar penalidades, ni sufrir tentación alguna, ni someterte hasta la muerte a la voluntad y a los mandamientos del Señor, como exige la vocación del cristiano. En pocas palabras: si eres ególatra, amante de ti mismo y te quieres de forma egoísta, en realidad te odias verdaderamente y perderás tu psique-alma; pero si no te amas de ese modo egoísta, entonces te amas verdaderamente y salvarás tu psique-alma, tal como dijo el Señor: “El que ama su psique-alma la perderá, y el que odia su psique-alma en este mundo la conservará para la vida eterna” (Juan 12:25)»” (https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/la-guerra-invisible-san-nicodemo-el-aghiorita/)

Por eso todos los Padres coinciden: la filaftía es la raíz y fuente de todos los males y pazos (pasiones, vicios), y sin ella el diablo no puede dañar al hombre ni en lo más mínimo…” Cuando el hombre es dominado por la filaftía, se separa de Dios y con frecuencia llega a la desesperación, la pérdida total y la caída, asemejándose a los demonios. Es decir, con la filaftía, el hombre, en lugar de hacerse según la semejanza de Dios, se hace según la semejanza de los demonios. Porque fue esta filaftía la que derribó también a los ángeles y los convirtió en demonios.

 

La superación de la filaftía egolatría

 

De todo lo que hemos dicho, queda claro que la filaftía (egolatría, egocentrismo, egoísmo, narcicismo) es nuestra enfermedad. Si no nos psicoterapiamos y no nos sanamos de ella, no podemos psicoterapiarnos y sanarnos espiritualmente, ni unirnos a Dios, ni avanzar en la θέωσις (zéosis o theosis), que es el propósito de nuestra vida. Por lo tanto, el contenido de la lucha del cristiano ortodoxo debe ser la superación de la filaftía; es decir, cómo luchar contra la filaftía.

Por ello existe la bendita ascética (práctica) de la Iglesia, para liberarnos de esta enfermedad y, liberados, poder entregarnos a Dios, dejando de ser filaftos (ególatras, egocéntricos, narcisistas) para convertirnos en filotheos (amigos o amantes de Dios) y filadelfos (amigos o amantes de los hermanos). Por eso la Iglesia Ortodoxa tiene períodos como este, la Santa y Gran Cuaresma. Toda la lucha de la Cuaresma —con el ayuno, las postraciones, las largas oraciones, la permanencia de pie, las vigilias— apunta a que podamos, poco a poco, superar la filaftía y alcanzar la filotheía y la filadelfía. ¡La Iglesia, siendo madre cariñosa, nos pedagoghiza (instrucción pedagógica), nos educa! Si prestamos atención a las lecturas que hacemos ahora en la Iglesia, así como a toda la tradición ascética (práctica) de la Iglesia, veremos que en el fondo se trata de una educación que la Iglesia ofrece a sus hijos para superar la filaftía. Este espíritu de lucha contra la filaftía ha sido y es vivido por nuestro pueblo ortodoxo. Lo vemos reflejado en nuestras tradiciones y en la vida eclesiástica del pueblo.

Por supuesto, hoy en día estamos perdiendo estas prácticas poco a poco debido a la secularización (mundanización), pero mientras nuestro pueblo era practicante ortodoxo, las mantenía. Por ejemplo, en los escritos del gran héroe Makriyannis se menciona que sus padres le enseñaron, desde niño, a hacer postraciones. Le decían: «Haz postraciones para atrapar perdices.» Y él las hacía para atrapar las perdices. Sus padres se las traían y le decían: «Mira, hiciste postraciones y las atrapaste.» Así aprendió poco a poco. Más adelante llegó a hacer, en un solo día, hasta tres mil postraciones, incluso siendo adulto y ya con dolencias físicas, unas veces para agradar a Dios y otras para interceder por el pueblo, que pasaba por grandes dificultades. La vida de Makriyannis refleja este espíritu ascético.

Lo mismo ocurre con San Cosme de Etolia. Si prestamos atención, veremos que su predicación es una invitación a superar la filaftía y a vivir la vida ascética (practicante) de la Iglesia, en la que se vence la filaftía.

Debemos enfatizar que la filaftía no se vence de la noche a la mañana. Es una enfermedad profundamente arraigada en nuestro interior, como todos sabemos por experiencia propia. Por ello, debemos luchar contra la filaftía toda nuestra vida. No se puede decir: «Ahora he superado la filaftía y soy filotheos y filadelfo.» Sus raíces son muchas, como la Hidra de Lerna: si cortas una cabeza, crecen diez.

Por eso se requiere lucha continua. Toda la vida en la Iglesia nos ayuda en esto: los santos Misterios, las oraciones, las Liturgias, la oración constante como el “Señor Jesús Cristo” que decimos en el Monte Athos y que ustedes seguramente también dicen, son un combate constante para salir del cierre egoísta y filafto hacia uno mismo y abrirnos a Dios y a nuestros hermanos.

Cuanto más disminuye la filaftía en una persona, más libre se siente y más se une a Cristo. Los cristianos ortodoxos que luchan tienen la experiencia de que cuanto más se abren a Dios, más Dios viene a ellos. Esto ocurre porque Dios respeta nuestra libertad. Mientras estemos llenos de nosotros mismos y de nuestra filaftía, ¿cómo puede entrar Dios? No hay espacio. Debemos vaciarnos para que Dios pueda entrar. Y mediante esta lucha, vaciándonos de nuestros deseos, voluntades y pensamientos —como dice San Pedro Damasceno—, de nuestra vanidad, autosuficiencia, confianza en nosotros mismos y autoafirmación, y entregándonos a Dios, Él viene a nosotros.

Una monja me confesó que una vez su Yerontisa, a quien obedecía con total entrega, le dijo: «Hija mía, con tu obediencia me das descanso.»

En ese momento, sintió que todo Dios entraba en ella. Se había vaciado completamente a sí misma y a su voluntad individual y Dios llenó todo su ser interior.

Lo mismo ocurrió con un trabajador campesino, de un pueblo cercano al Monte Athos, que trabajaba en nuestro monasterio como leñador. Una vez, pues, mientras yo pasaba por el bosque del Monasterio, me saludó y me dijo: “Siéntate, Yéronta, para que te cuente un gran milagro que me hicieron los santos Cuarenta, para que veas cuán milagrosos son los santos Cuarenta. Me dolía la pierna durante años. Iba a los médicos, a los hospitales, pero no me hicieron nada. Y yo, porque amo mucho a los santos Cuarenta, fui a su fiesta, en la Iglesia de mi pueblo. Allí había mucha gente, la Iglesia estaba llena. Apenas llegué a la Iglesia, comenzó a dolerme mucho la pierna. Entonces pensé en salir fuera de la Iglesia para descansar la pierna. Pero el loyismós (pensamiento) me dijo: «Judas dejó la divina Eucaristía y salió fuera. ¿Judas te vas a hacer tú también?’. ‘Te quedarás dentro, aunque te duela’. Al poco rato me dolía aún más y pensé en sentarme en una silla para descansar la pierna. Pero entonces vi frente a mí el icono de los santos Cuarenta, los vi congelándose en el lago y me dije: ‘Ellos tuvieron tanta paciencia y se congelaron por Cristo, ¿y tú no puedes mantenerte de pie?’. “Te mantendrás de pie, aunque te mueras”.

En el momento en que dije esto, vino una corriente, me envolvió desde la cabeza y pasó por todo mi cuerpo hasta mi pierna dolorida. Desde entonces quedé sano y no volví a sentir dolor. “¿Ves, Yéronta, cuán milagrosos son los santos Cuarenta?” Él no tenía ninguna sensación de haber hecho algo meritorio. Creía que era un milagro de los santos Cuarenta. Pero vemos: ¿cuándo ocurrió el milagro y cuándo vino Dios dentro de él? Cuando él mismo se vació completamente de sí mismo y de su filaftía, y decidió morir por amor a Dios.

†Yérontas Georgios Kapsanis

Anterior Abad del Santo Monasterio Grigoriu de Athos

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

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