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Abr 27 2021

Ortodoxa Psicoterapia IV Instrucción terapéutica patrística

Ortodoxa Psicoterapia IV

Instrucción terapéutica patrística

Ierotheo Vlajos, Metropolita de Lepanto

 

Ortodoxa Patología

  1. Qué son los “πάθος pazos”
  2. División y evolución de los pazos.
  3. La terapia, psicoterapia de los pazos
  4. Απάθεια Apázia, sin pazos

Se sugiere leer primero el MINILÉXICO: http://www.logosortodoxo.com/minilexico/

(Libro aceptado y aprobado oficialmente por la SANTA IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA ORTODOXA, traducido en más de 15 idiomas hasta en Chino y se enseña por muchas Universidades del mundo sobre todo en los ramos de Psiquiatria y Psicología…)

 

Ortodoxa Patología

El Evangelista Juan con el fin de presentar el milagro del Señor al paralítico, nos describe la Pila bautismal de Bitzesdá y la situación que dominaba allí durante la visita del Señor. Bitzesdá tenía cinco galerías y “en éstas yacían multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua” (Jn 5,3).

Una Pila bautismal, una Bitzesdá espiritual es también la Iglesia. Todos nosotros, los miembros de la Iglesia dominados por la muerte y la corrupción, la disgregación y la mortalidad con todas sus consecuencias, permanecemos en ella teniendo nuestra esperanza en nuestra terapia espiritual.

San Crisóstomo interpretando el milagro que se hizo en la Pila bautismal por el Señor y poniendo la pregunta “¿cuál es la manera de esta terapia, cuál es el misterio  que se realiza en nosotros? Contesta que la Pila bautismal iconiza-representa y prefigura las cosas que se harían en el futuro y una de estas cosas principalmente es el Santo Bautismo. “Daría el Bautismo para el futuro, el cual tendrá mucha fuerza y sería una donación grande, bautismo que elimina todos los pecados, y en vez de muertos hace vivos” 1 (PG 9, 203).

Como el Santo Bautismo es el “Misterio inicial e introductorio” por el cual nos introducimos en la Iglesia, podemos decir que, extendiendo el simbolismo, la Iglesia es la Bitzesdá espiritual, el centro terapéutico espiritual y el hospital. Todos los Cristianos Ortodoxos saboreando la agapi (amor desinteresado, energía increada) de Dios, simultáneamente sentimos nuestra miseria espiritual. Porque la Χάρις Jaris de Dios que es divina energía increada, ilumina nuestro interior y por eso vemos la fuerza de los pazos dentro de nosotros y la ley del pecado en nuestros miembros. Por eso nos sentimos enfermos. Esta percepción es el principio de la terapia, o para expresarse mejor, es como el inicio de la zeoría contemplación espiritual de Dios, ya que la metania y el luto espiritual para hombre carnal son imposibles. Sólo el que participa de la Jaris increada de Dios vive y experimenta esta realidad interior.

En los Hospitales hay una sección especial que se llama sección patológica. También en la Iglesia, que es el Hospital espiritual, el centro terapéutico espiritual, existe la clínica patológica. No intentamos crear confusión sobre estos términos, sino que creemos firmemente que el logos sobre los pazos es patología. Por eso aquí veremos extensamente el muy importante tema de los pazos. Definiremos el pazos y avanzaremos hacia la división de los pazos y examinaremos más detalladamente la terapia de los pazos.

Esta referencia es necesaria, porque consiste y está relacionada con el carácter ortodoxo, la conducta y la ética ortodoxa. Tenemos la certeza que el logos para que sea ortodoxo debe discernirse de algunos elementos básicos. En principio se debe hacer referencia a la caída de la vida divina del hombre y del estado trágico a causa de la caída. Después se debe hablar del renacimiento con el Santo Bautismo y a continuación del continuo renacimiento que se hace dentro de la Iglesia (por el Misterio de la Metania y Confesión). No es ortodoxa la enseñanza sobre el renacimiento, cuando se insinúa como un acontecimiento momentáneo que se hace con la fe exterior a Cristo, porque el renacimiento continúa durante toda la vida y no hay fin o límite del perfeccionamiento. Tenemos el caso del Apóstol Pedro que se hizo digno de la contemplación de la Luz increada encima del monte Tabor, donde sus ojos se metamorfosearon y así vieron la doxa-gloria increada del Señor, y a pesar de esto unos días después negó a Cristo. Por supuesto que en aquel momento grande (la Teofanía) le condujo a la metania y al llanto. Su caída se vio muy grande comprándola con la gran visión. De todos modos aquí observamos el hecho que la fuerza de la ley del pecado fue tan grande, de modo que fue conducido también en caída después de la certeza de la deidad de Cristo. Existe el atenuante que el Apóstol Pedro cuando vio la doxa-gloria increada de Dios, se encontraba antes del Bautismo que se hizo durante el día del Pentecostés. La naturaleza del Apóstol aún no se había fortalecido por la energía increada del Santísimo Espíritu.

Lo mismo vemos también en el Apóstol Pablo. Aunque sentía su estrecha comunión con Cristo, hasta llegar a decir “yo no vivo ya en mí, sino que es Cristo el que vive en mí” (Gal 2,20), a pesar de esto, expresaba todo el dolor de la humanidad diciendo: “veo otra ley en mis miembros del cuerpo que se enfrenta a la ley de mi espíritu y queda preso en la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me liberará y redimirá de este cuerpo dentro del cual por el pecado domina la muerte?” (Rom 7, 23-24).

A continuación intentaremos ver esta ley del pecado, “la otra ley”. Creemos que este capítulo, que lo hemos llamado patología, será de los más básicos de este libro. En algunos puntos intentaremos ser muy analíticos describiendo y detallando todos los pazos, tal y como nos los presenta el Señor, los santos Apóstoles y los Santos Padres, porque  queremos localizar esta realidad horrorosa que nos infesta y devasta, la cual la mayoría de las veces la ignoramos.

 

    1. Qué son los “πάθος pazos”

“Πάθος pazos”, tal y como la misma palabra lo testifica, proviene del “πάσχω pasjo” (que en castellano quiere decir padezco, sufro) y muestra la enfermedad interior. Según San Filoteo el Sinaíta: “pazos (patología) se llama aquello que anida apasionadamente largo tiempo en la psique” (2 Filocalía t2, v.35). A continuación veremos como un pecado se convierte en pazos. Aquí queremos subrayar principalmente el hecho que, cuando un pecado se repite continuamente y anida mucho tiempo dentro de nuestra psique, se llama pazos. Los Padres llegan hasta el punto de explicar la diferencia entre “pazos” y “pecado”. Pazos es lo que “se mueve sobre la psique”, en cambio la praxis acción pecadora es la que se hace y “se ve en el cuerpo”. Sigue el mismo santo: “Por tanto, los que conocen este combate que dice Pablo (Ef 6,12), posiblemente no se han hecho firmes ni permanentes al bien por la experiencia, considerando sólo como caídas los pecados en praxis, sin haber considerado y tener en cuenta las victorias y las derrotas de los loyismí, pensamientos, ideas y reflexiones las cuales los ojos no pueden ver, porque son inaccesibles e invisibles y sólo el juez Dios y la conciencia del luchador las conocen”  (3 Idem v.37).

La enseñanza sobre los pazos la desarrolló el Señor en muchos puntos y está escrita en los Evangelios. Aquí describiremos algunos pasajes porque más tarde volveremos. El Señor motivado por los Fariseos que Le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos sino que comen el pan sin lavarse las manos?”(Mc 7,5), entonces, giró y dirigió la atención hacia al hombre interior, diciendo: “Porque de dentro del corazón de los hombres salen los malos pensamientos y meditaciones malas: adulterios,  fornicaciones, homicidios, hurtos, avaricias, maldades, engaño, lujuria, mal de ojo, insulto, blasfemia soberbia, insensatez. Todas estas maldades salen del interior y contaminan al hombre” (Mc 7. 22-23).

Explicando la parábola de la semilla del sembrador y sobre todo la que “cayó entre los espinos”, dice que los pazos son aquellos que ahogan la semilla y no le dejan dar los frutos: “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyeron, pero yéndose se ahogan por las preocupaciones, ansiedades, las riquezas y los placeres de esta vida, se ahogan y no fructifican.” (Luc 8,14).

Y el Apóstol Pablo conoce la existencia de los pazos dentro del corazón del hombre. Hablando sobre el estado de antes del Bautismo que es una vida carnal, escribe: “Porque mientras estábamos en la carne, los pazos pecaminosos que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte” (Rom 7:5). Describiendo la vida de los gentiles, nacionales-idólatras, escribe: “Por esto Dios los entregó a pazos vergonzosos; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza”,  (Rom 1:26).

Así pues, los pazos anidan dentro en nuestra psique y crean problemas terribles en toda nuestra existencia, tal como veremos a continuación en muchos puntos. Según la enseñanza de San Gregorio Palamás, aquel que ama la injusticia, odia su psique, disgrega y degrada la icona-imagen de Dios, es decir, su psique, y “sufre un pazos similar” a aquellos que están apoderados de manía y se destruyen sus carnes. Tal como aquel, el maniático, destruye su cuerpo, lo mismo el injusto y todo el que tiene pazos, “rompiéndose insensiblemente, desgraciadamente destruye su propia belleza innata, el adorno sobrenatural de su psique, el cual crea la agapi” (4. Filocalía t4 v.40) El pazos es zófosis (profunda oscuridad, tiniebla, melancolía), denigra y oscurece lo “como a icona-imagen” del hombre, la belleza de Dios.

Hablando sobre los pazos tenemos que localizar qué son exactamente estos. ¿Son fuerzas que se han introducido en nuestra psique y tenemos que desarraigarlas, o son fuerzas naturales de la psique que se han distorsionado por el pecado y por nuestro alejamiento de Dios? Toda la tradición bíblico-patrística cree lo segundo. Por eso tenemos que examinar la psique y su división, de manera que podamos ver a continuación como se pervierten estas fuerzas.

San Gregorio Palamás enseña que como Dios es Nus, Logos y Pnevma (Espíritu), así también la psique tiene nus, logos y espíritu. El espíritu de la psique es “aquello que coexiste con nuestros logos oral;  es el impulso del nus que es cohesivo con nuestro íntimo logos interior innato y con el de la diania, aunque incorpóreamente, y este impulso del nus que coexiste crónicamente con nuestro logos, necesita de los mismos espacios del tiempo y de imperfecto progresa en perfecto” (5. Filocalía t4 v.36). Según el santo aghiorita lo trinitario de la naturaleza de la psique es el nus, el logos y el espíritu; lo trinitario de la gnosis es noeró (espiritual), lógico y sensible y lo trinitario del nus como giro hacia a sí mismo y su elevación a Dios es nus, gnosis y eros (6 Idem Filocalía y Amfiloki Rantovits: El Misterio de la Santa Trinidad, según san Gregorio Palamás, Tesalónica 1973, pag 55).

Más allá de estas divisiones San Gregorio Palamás el arzobispo de Tesalónica, utiliza también la división de la psique instituida desde la época de los antiguos filósofos Helenos. La psique del hombre es uniforme y polidínamos-multifuerza-multidinámica. “La psique es una pero de múltiples fuerzas” (7 Filocalía t4, v.3). Se divide en tres: la logística o racional, la anhelante y la irascible (emocional) (8 Idem). La misma división utiliza también San Máximo el Confesor, tres son las fuerzas de la psique: logos, anhelo (deseo) e ira (emoción). Las dos últimas constituyen la parte llamada pasional de la psique y el logos lo logístico o racional (9 Filocalía t2, v.35). Así que cuando a continuación del desarrollo del tema sobre los pazos, se estará hablando sobre la parte pasional de la psique, que es el que se contamina y se debe sanar, tenemos que entender la ira (emoción) y el deseo (anhelo, obsesión). En la enseñanza de estos dos grandes Padres se debe de añadir también la del San Doroteo quien utilizando el pasaje de San Gregorio el Teólogo escribe que la psique es tripartita. “Porque tiene la parte logística o racional, la anhelante y la irascible” (10 Abad Dorotheo, Filocalía de los nípticos y de los ascéticos ediciones “Gregorio Palamás” tomo 12, pag 592).

Estas tres potencias deben estar girando hacia Dios. Este es el estado natural de ellas. Según San Doroteo que está de acuerdo también con Evagrio el Póntico, “la psique lógica energiza, opera por naturaleza cuando la parte anhelante de ella está dirigida por la virtud, la parte irascible por la lucha y la logística-racional expone e impone la zeoría contemplación y expresión de los acontecimientos, (11 Filocalía de los nípticos y de los ascéticos ediciones “Gregorio Palamás” tomo 12, pag 594).

San Thalasio escribe que la propia cualidad de lo logístico de la psique es ocuparse del conocimiento de Dios y lo pasional (deseo y ira/ emoción) de la agapi y la contención o autodominio (12 Filocalía t2, v.52). Nicolaos Cabásilas refiriéndose sobre el mismo tema está de acuerdo con los Padres anteriores y dice que la naturaleza del hombre se ha creado para el nuevo hombre. Hemos recibido el loyismós “para conocer a Cristo, el deseo (anhelo) para estar corriendo hacia Él y memoria para tenerle”, puesto que Cristo es el arquetipo de los hombres (13. Nicolás Cabásilas: “La vida en Cristo ”Filocalía de los nípticos y de los ascéticos ediciones “Gregorio Palamás” tomo 22, pag 574).

De acuerdo con lo anterior el hombre no se ha creado con los pazos, tal como ellos funcionan hoy en el hombre de la carne, el cual no tiene las energías (increadas) del Santísimo Espíritu. Los pazos no tienen esencia o hipóstasis (base substancial). Tal como la oscuridad no existe por esencia sino que es privación de la luz, así también se hace con el pazos. “La psique al haber declinado hacia el hedonismo por las virtudes hizo los pazos y los consolidó para sí misma” (14 Abad Dorotheo idem antes pag 310). Podemos decir mejor que los pazos son distorsión de las fuerzas psíquicas. Dios no ha creado al hombre con los pazos de la infamia y deshonra. Tal como dice San Juan el Clímaco, la maldad o el pazos “no está en la naturaleza, porque el Dios no es creador de pazos…” (15 san Juan el Sinaita: Escalera v.41). El estado natural del hombre es la existencia de las virtudes, en cambio los pazos son estado o situación contranatural. Entonces nosotros hemos cambiado y tergiversado las energías de la psique y de su estado natural las hemos conducido al contranatural. Dios, según San Juan el Sinaíta no ha creado ni construido el mal. Nosotros “las cualidades de los componentes e ingredientes de la naturaleza las hemos convertido en pazos” (16. Idem v.41)

En concreto el mismo santo comenta algunos ejemplos para hacerlo claro esto. Es natural en nosotros “la inseminación para hacer hijos”, pero nosotros la hemos convertido en lujuria, prostitución. Es natural la ira que se nos dio por Dios contra la serpiente, para combatir al diablo y nosotros utilizamos la ira contra el prójimo. Es natural el celo para tenerlo a las virtudes y así conseguirlas, pero nosotros utilizamos el celo, la envidia para las cosas feas. Es natural el deseo de doxa-gloria pero para la realeza y el reinado de arriba y para el disfrute y gozo de la bienaventuranza y felicidad celeste. Es natural el orgullo, pero que sea utilizado contra los demonios. También es natural la alegría pero aquella que tiene relación con el Señor y para la felicidad de nuestro prójimo. Hemos recibido el resentimiento, pero usarlo contra los enemigos de nuestra psique. Aún, hemos recibido la inclinación para el disfrute de las cosas pero no para el despilfarro, (17 idem v. 41)

Por esta razón los Padres recalcan continuamente la verdad de que los pazos tal como nosotros los conocemos en el estado de caída, son vida contranatural y movimiento anormal, antinatural. “Pazos es movimiento antinatural, anormal de la naturaleza” (18 idem Filocalía v.35).  San Máximo explicando cual es este movimiento contranatural de la psique dice que “es amistad irracional, insensata, anormal u odio exagerado a uno o a alguna cosa sensible” (19 idem v.16). En otro punto el mismo escribe que la maldad, el mal, es movimiento incorrecto de los conceptos en el cual sigue también el mal uso de las cosas. Utilizando el ejemplo del matrimonio dice que, el acto sexual es el fin de tener hijos. Aquel que ve sólo al placer “se ha equivocado sobre el juicio y lo no bueno es lo que le conduce como bueno”. En este caso este hombre “utiliza mal a la mujer”. Lo mismo sucede también con el resto de las cosas (20 idem v.17).

En la parte logística/racional de la psique del hombre post-caída domina el orgullo, en la parte anhelante (deseo) de la psique principalmente dominan los pazos carnales y en la parte irascible (emocional) los pazos del odio, del resentimiento y de la ira.

San Máximo quien se ha ocupado con la vida contra natural y la natural de nuestra psique nos lo analiza detalladamente. Escribe el santo, las fuerzas naturales de la psique, son el logos, el deseo (anhelo) y la ira (emoción). El funcionamiento y uso natural de estas fuerzas es por una parte “movimiento del logos buscando sólo la gnosis de Dios”, por otra parte el deseo, anhelo con dirección sólo hacia la  de Dios y de la ira (emoción) el impulso sólo a encontrar a  Dios. Es decir, el hombre cuando vive naturalmente, quiere conocer a Dios enteramente, desea sólo a Dios y lucha para conseguir a Dios, es decir, adquirir comunión con Dios. Resultado de este movimiento natural es la agapi (amor incondicional, desinteresado, energía divina increada). El hombre unido con Dios adquiere el bienaventurado y feliz estado de la agapi, puesto que Dios es agapi. En este punto se refiere el logos de la Santa Escritura: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique, con toda tu mente y con toda la fuerza de tu voluntad,” (Mc 12, 30). Cuando el hombre utiliza estas tres fuerzas de su psique contranaturalmente, entonces el resultado del logos es la ignorancia, del deseo es la filaftía (que es el excesivo amor a uno mismo y su cuerpo, egolatría, egocentrismo) y de la ira el resultado es la tiranía. Así ocurre la esclavitud completa del hombre al diablo y la depravación de la belleza de su psique, (21 Hieromonje Artemio Rantovasilevits: “El Misterio de la Salvación” según san Máximo el Confesor, pag 130).

En otro punto el mismo San Máximo analiza que es el abuso, mal uso o desvirtuar. De la fuerza lógica el mal uso es la ignorancia y la insensatez. De la fuerza anhelante y de la irascible es el odio y el vicio. Al contrario el uso bueno de estas fuerzas son la gnosis, la sensatez, la agapi y sofrosini-templanza. Por eso nada es malo de lo que se ha creado por Dios (22 Filocalía t2, v.3). Puesto que lo que es natural no es malo, significa que el mal existe cuando se tergiversan las fuerzas por nosotros. El santo utiliza también algunos ejemplos. No son las comidas malas sino la gula, ni el sexo es malo para tener hijos, sino la lujuria, la prostitución, ni el dinero sino la avaricia, ni la gloria sino la vanagloria (23 idem v.4).

El mal uso de las fuerzas de la psique es pecado, enfermedad. La maldad, según San Doroteo es “enfermedad de la psique privada de la misma salud natural; que es la virtud” (24 PG 88, 1728 A, y Hieromonje Rantovasilevits idem antes pag 125).

Así podemos hablar de la enfermedad del hombre que se debe sanar, psico-terapiar. Porque la suciedad de la psique es “no funcionar y operar por naturaleza” y de este estado nacen al nus los apasionados y malignos  loyismí. El estado natural de la psique del hombre que es sobre todo la salud, se ve cuando son atacadas las fuerzas pasionales de la psique, es decir, la ira/emoción y el deseo y permanecen apazís inafectados, imperturbables y serenos. Como la psique del hombre es uniforme y polidínamo-multi-fuerzas, por esta razón, cuando enferma una fuerza de la psique enseguida enferman también el resto de las fuerzas (26 san Gregorio Palamás, Filocalía t4, pag. 133).

San Gregorio Palamás enseña que, tal como el mal uso de la gnosis de los seres crea la “sabiduría idiota, tonta”, así también el mal uso de las fuerzas de la psique es el que siembra los pazos desastrosos” (27 EPE tomo 2, pag 288, 6, 30-32).

El que los pazos son un movimiento contranatural de la psique y su giro de las partes pasional y logística/racional de Dios hacía las creaciones, esto se ve cuando el hombre con la energía increada de la divina Jaris y su lucha personal se ha sanado, “psicoterapiado” interiormente, entonces no se anulan las fuerzas pasionales de la psique, ni desaparecen sino que se giran hacia Dios, se impulsan hacia Él y adquieren la gnosis (increada) y la comunión junto con Él.

San Gregorio Palamás refiriéndose a Barlaam quien insistía que no hace falta el padecimiento y el luto (según Dios) durante la oración, porque las fuerzas pasionales durante la oración tienen que mortificarse ya que son malas, nos enseña que “existen pazos buenos y energías comunes de la psique y del cuerpo” las cuales no fijan el espíritu a la carne, sino que ellas elevan el cuerpo “cerca al valor del Espíritu”. Estas energías son las espirituales, las cuales no avanzan desde el cuerpo al nus sino desde el nus al cuerpo (28 idem antes pag 370).

Por eso pretendemos sanarnos, psico-terapiarnos, no mortificamos los pazos sino que los cambiamos, transformamos, tal como desarrollaremos más abajo. Las lágrimas, el luto, la metania, el sufrimiento y el dolor que son medios efectivos para la terapia de la psique, son aquellos que purgan, sanan y purifican la parte pasional y la parte logística/racional de la psique.

Cerrando este párrafo principalmente queremos recalcar que los pazos son las energías pervertidas de la psique. Cuando la psique se mueve fuera de la agapi y de la engratia-contención, autodominio, entonces pervierten los pazos de la parte anhelante e irascible (emocional) de la psique. Entonces estos pazos se mueven por los sentidos (29 san Máximo, Filocalía t2, v.65). Los pazos de la vida carnal son en el sentido general ausencia del Espíritu Santo, (falta de Su Jaris-gracia energía increada), son el movimiento contranatural de la psique y por eso el resultado es necrosis, muerte (espiritual) y enfermedad de la psique.

 

2. División y evolución de los pazos.

Puesto que hasta ahora hemos visto qué son los pazos a continuación examinaremos su división y evolución. Emprenderemos simultáneamente a numerarlos porque creemos que así ayudaremos a los Cristianos que combaten la lucha buena. A fin de sanarnos, psico-terapiarnos de los pazos es imprescindible y necesaria la diagnosis de ellos.

En principio se tiene que subrayar que la enseñanza sobre los pazos no la encontramos sólo en los escritos patrísticos sino también en la Santa Escritura. El Apóstol Pablo habla sobre la carne y el cuerpo. Es conocido que el hombre carnal, según el Apóstol, está privado de las energías del Santísimo Espíritu. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gal 5,17). A continuación define las obras de la carne que son pazos de ella: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reinado de la realeza increada de Dios” (Gal 5,19-21).

También en la epístola a los Romanos enumera las obras del pecado, los pazos que devastan toda nuestra existencia. Refiriéndose a todos aquellos que abandonaron a Dios y alabaron a los ídolos, escribe característicamente: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables y sin misericordia” (Rom. 1,28-31).

A su discípulo Timoteo describe el estado de los hombres en los “ésjatos” últimos días. “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”  (2 Tim 3,1-5).

Dentro de estos tres textos que hemos expuesto antes, se ve toda la situación del hombre que se encuentra lejos de Dios. Esto es realmente un escrito psiquiátrico, una radioscopia real de la psique del hombre que es dominado por los pazos. Pero continuaremos para ver el análisis en las obras patrísticas.

Según San Máximo el Confesor el pazos básico que vienen y nacen todos los pazos es la filaftía (egolatría, egocentrismo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo,). El fílaftos-ególatra es el hombre aquel que se ama excesivamente a sí mismo y se auto-alaba. Cuando la atención del hombre se separa de Dios y no se interesa unirse a Él y hacer Su voluntad, entonces obligatoriamente gira hacia sí mismo queriendo satisfacerse continuamente. “Vigílate a ti mismo de la madre de los males que es la filaftía-egolatría, egocentrismo, nos dice San Máximo”. Y definiendo la filaftía-egolatría, dice que es el amor excesivo e insensato al cuerpo y a sí mismo. Del pazos de la filaftía-egolatría, nacen los primeros malignos y apasionados loyismí “los tres generales y maniáticos loyismí”, es decir la gula, la avaricia y la vanagloria. De estos tres loyismí nace “todo el catálogo de los males” (30 san Máximo, Filocalía t2, v.59).

En otro punto presentando los horrorosos resultados de la filaftía-egolatría, egocentrismo, la nombra madre de la que provienen muchas hijas. La charlatanería y la gula hedónica son las causas de los vicios. La avaricia y la vanagloria son causa del odio hacia prójimo. La filaftía-egolatría, que es la madre de ellos es la causa de estas dos (31. san Máximo, Filocalía t2, v.7). En su obra a Thalasio, San Máximo el Confesor enumera todas las creaturas de la filaftía-egolatría, y las clasifica en dos categorías. En una categoría están los pazos que conducen a la hedoní-placer, al hedonismo y en la otra los que alejan de la odini-sufrimiento, dolor. En la primera categoría denominan los siguientes pazos: “La gula, la soberbia, el orgullo, la vanagloria, la exaltación, la avaricia, la codicia, la ambición, el ensalzamiento, la tiranía, la arrogancia, la insensibilidad, la manía, la jactancia, el tifus, el desprecio, el sacrilegio, el cotilleo, la prodiguez, el derroche, el vicio, la idiotez, la charlatanería, la grosería y todo lo demás que son del mismo género”.

En la segunda categoría son los siguientes pazos: “La ira, la envidia, el odio, la enemistad, el resentimiento, la maledicencia, la burla, la calumnia, la tristeza, la desesperación, la depresión, la providencia diabólica, la acedia, la pereza espiritual, la indolencia, la desgana, la falta de fe, y todos los demás que son del mismo género” (32 Hieromonje Artemio Rantovasilevits, idem antes pag 131).

San Gregorio Palamás crea una otra división. Hemos recalcado en el párrafo anterior que la psique dividida en tres partes, logístico, anhelante e irascible. De la parte anhelante su primera creatura astuta y maligna es el amor a la fortuna, propiedades y segunda la avaricia. De la parte logística de la psique su creatura es la vanagloria y de la irascible su cualidad es la gula de la cual proviene “toda suciedad carnal” (33 Filocalía t4, pag 100-104). Con otras palabras, de la egolatría que es la principal y madre de todos los pazos nacen los tres pazos generales, la vanagloria (φιλοδοξία, filodoxía), la avaricia (φιλαργυρία filaryiría) y el hedonismo (φιληδονία filidonía). De estos tres grandes pazos nacen todos los demás que contaminan la psique y el cuerpo del hombre.

San Marcos el Asceta intentando a valorar los pazos y encontrar las madres que paren los otros escribe que, tres son los gigantes grandes que cuando se mortifican, se limpian y purifican entonces fácilmente se reduce cualquier otra fuerza de los malignos astutos espíritus. Estos tres gigantes son la ignorancia que es madre de todos los males, el olvido que es “hermana y cooperante de la ignorancia y la razimía pereza espiritual y física que entreteje la prenda oscura y capa de la psique, la nube oscura. De estos tres pazos básicos, es decir, la razimía- pereza espiritual y física, el olvido y la ignorancia, “se sostienen, se mantienen y crecen el resto de los pazos”  (34 idem antes pag 137)… (ver https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-marcos-el-asceta-los-tres-enemigos-gigantes/)

Esta diferencia entre los tres Padres no es esencial. La filaftía-egolatría, la razimíapereza espiritual y física, el olvido y la ignorancia sobre Dios es el clima bueno dentro en el que se desarrollan todos los pazos de la vanagloria, avaricia y hedonismo. Cada Padre según su lucha personal y el tema que quería subrayar, ha descrito también los distintos pazos. Además, los santos Padres no han hecho filosofía o análisis de cada psique describiendo estos pazos, sino que siempre hablaban de su experiencia personal. Aún, se tiene que apuntar que la egolatría (filaftía) conecta estrechamente con la ignorancia, el olvido y la razimía pereza espiritual y física. Porque cuando el hombre gira su atención hacia sí mismo, por supuesto que entonces viene el olvido y la ignorancia de Dios con el resultado del nacimiento de todos los demás pecados-pazos.

Según San Juan el Damasceno la psique se divide en tres partes, es decir, la logística, la anhelante y la irascible (emocional). Los pecados de la parte logística son in-creencia, herejía, insensatez, insultos, ingratitud  y “los consentimientos de los pecados que se hacen por la parte pasional”. Los pecados de la parte irascible (emocional) de la psique son crueldad, odio, antipatía, resentimiento, envidia, crimen, homicidio y el “continuo recuerdo y estudio sobre ellos”. Los pecados de la parte anhelante son gula, alcoholismo, lujuria, prostitución, adulterio, suciedad, avaricia material o de dinero, vanagloria y el deseo de las riquezas y los placeres carnales. También el mismo describe los ocho concisos loyismí de la maldad que conectan naturalmente con los correspondientes pazos, puesto que mediante los loyismí se forma y se realizan los pecados que se desarrollan en pazos. Esto ocho loyismí son gula, lujuria, avaricia, tristeza (depresión), acedia (desinterés espiritual y por la salvación), vanagloria y el rey orgullo o soberbia, (35 idem ante pag 234-23).

Si la división de los pazos que hemos examinado hasta aquí es análoga con la división de la psique, ahora debemos de avanzar hacia otra división que encontramos en la enseñanza patrística. De acuerdo con esta enseñanza, los pazos se dividen en somáticos y psíquicos. La psique tiene sus correspondientes pazos y el cuerpo también sus correspondientes pazos.

Es conocida la enseñanza que encontramos en los textos patrísticos de que antes de la caída la psique del hombre estaba abierta a Dios y se alimentaba por la Jaris energía increada de Dios. Es cierto que el hombre debía de luchar para llegar a la plena comunión y unidad con Dios, pero entonces también saboreaba la Jaris-Gracia energía increada de Dios. Así la psique se alimentaba de la Jaris increada y el cuerpo también se alimentaba por la “agraciada-jaritificada psique”. El hombre entero saboreaba las donaciones de Dios. Después de la caída la psique separada de Dios, de la fuente de la vida real, “busca en alimentarse absorbiendo del cuerpo. Así nacen los pazos psíquicos… el cuerpo por su parte, no encontrando vida en la psique gira hacia fuera y es capturado y aprisionado, como es natural, en la materia y queda  enjaulado en el reciclaje de la corrupción, disgregación. Así aparecen los filídonos –hedonistas, placenteros pazos somáticos con los que el hombre lucha para bombear y absorber vida y alegría de la materia” (36 Panagiotis Nelas: “Animal deificándose”, Atenas 1979 pag 203-204). Esta es la muerte del cuerpo y principalmente de la psique. Al contrario, con la ascesis y la vida en Cristo pretendemos girar la psique hacia Dios para que sea alimentada por Él, de modo que el cuerpo a continuación sea alimentado de “la psique agraciada-jaritificada” y así se vaya santificando el hombre entero. Esto lo vemos en los Santos de la Iglesia, en los cuales algunas veces se interrumpen las funciones somáticas.

Según san Máximo, de los pazos unos son somáticos-corporales y otros psíquicos. La causa de los somáticos está en el cuerpo, en cambio los psíquicos la causa está en las cosas exteriores. La misma enseñanza sobre distinción de los pazos la encontramos también en San Elías el Presbítero quien dice. “Unos pazos son somáticos y otros psíquicos” (38 Filocalía t2, v.64).

San Juan el Damasceno emprende la descripción de los pazos, los somáticos y los psíquicos. Los pazos psíquicos son el olvido, la pereza espiritual y la ignorancia, por los que se oscurece el nus el ojo de la psique y a continuación es dominado por todos los demás pazos que son la impiedad, kakodoxía (mala gloria, alabanza u opinión), es decir, por cada herejía, blasfemia, ira, enojo, odio, resentimiento, maledicencia, juicio y condena, tristeza insensata, melancolía, hipocresía, miedo, cobardía, conflictos, incredulidad, ambición, materialismo, avaricia, tendencia a los pazos, relación con cosas terrenales, ingratitud, oscuridad, queja, zozobra, jactancia, desánimo, falta de seriedad, arrogancia, sed de poder, vanagloria, gustar a los demás, falsedad, desvergüenza, osadía, insensibilidad, zorrería, ironía, doble moral o cara, “los consentimientos de los pazos de la parte pasional y el continuo estudio de ellos”. También el engaño de los loyismí, la egolatría (filaftía) es la raíz y madre de todos los males que son la avaricia, el mal carácter, adicciones o malos hábitos y conductas de mala astucia y viles.

Los pazos somáticos según San Juan el Damasceno son: gula, glotonería, embriaguez, hedonismo, distintos placeres corporales, adulterio, lujuria, prostitución, suciedad, incesto, perversión de niños, sexo con animales, malos deseos y todos los pazos contranaturales, robo, sacrilegio, atraco, homicidio, cualquier comodidad carnal y deleite de voluntades carnales cuando el cuerpo está sano. También pazos somáticos son adivinaciones, magias, males de ojo, hechicerías, tarot-magia, estupideces, horóscopo, adornaciones, alucinaciones, fantasías, vagancia, juego de cartas y dados, y el uso apasionado y abuso de las cosas del mundo. También pazos somáticos son la vida dedicada sólo al cuerpo, la cual infla el nus y le hace terrenal, animal y bestial y nunca se dirige hacia Dios y al trabajo para las virtudes” (39 Filocalía t2, pag 233)

San Gregorio Sinaíta resume todo el proceso de los santos Padres  sobre los pazos psíquicos y somáticos. Escribe: “Pazos se llaman de muchas maneras y se dividen en somáticos-corporales y en psíquicos. Los somáticos se subdividen en penosos y pecaminosos. Los penosos se subdividen en morbosos e instructivos. Los psíquicos por su parte, se dividen en irascibles (emocionales), anhelantes y logísticos. Los logísticos se subdividen en fantasiosos y mentales-intelectuales. De estos unos por mal uso son voluntarios y otros por la fuerza y necesidad involuntarios, que se llaman pazos irreprochables, los cuales los Padres los llamaron cualidades naturales y asistentes. Una cosa son los pazos somáticos y otra cosa son los pazos psíquicos; otra cosa son los pazos del anhelo y otra cosa los pazos de la emoción, los irascibles: distintos son los de la parte logística/racional de la psique y otros son los del nus y de la diania (mente, intelecto); pero cooperan entres sí y están en sinergia los unos con los otros; y por su lado los somáticos hacia el anhelo, deseo, y los psíquicos hacia la parte emocional, irascible; y por su lado los pazos logísticos hacia el nus, hacia la diania y la memoria” (P G 150,1260-1261).

A pesar de la enumeración y la división de los pazos se debe de observar que los pazos no son impermeables, estancados y separados entre sí. De un modo conectan el uno con el otro estrechamente y de esta manera el hombre está totalmente contaminado y mortificado. Con los pazos se enferma la psique y se mortifica el nus. Así el hombre se convierte y se hace idólatra  y no puede heredar la Realeza increada celeste. Por eso el Apóstol Pablo es claro y categórico: “Porque debéis conocer bien y tener en cuenta esto, que todo lujurioso, o fornicario, o inmundo, o avaro, o ambicioso, o codicioso por amar los bienes materiales es idólatra, no tiene herencia y parte en el reinado de la realeza increada de Cristo y de Dios” (Ef 5,5).

Existe también otra división de los pazos. Es entre los monjes y los laicos. Como es distinta la manera de vivir de los hombres que viven en el mundo y de los monjes que practican el ejercicio espiritual en los Monasterios, por eso unos pazos dominan en una situación y otros en la otra. San Juan el Sinaíta escribe que los hombres que viven en el mundo, la raíz de todos los males es la avaricia, en cambio para los monjes  la raíz de todos los males es la gula, glotonería, (41 San Juan el Sinaita: Escalera v.44). Explicando el mismo santo, describe que unos pazos empiezan por el interior y se manifiestan en el cuerpo y otros desde afuera avanzando al interior de la psique. Lo primero por regla general, sucede a los monjes “por ser faltos de las materias”;  en cambio el segundo, por regla general, sucede en aquellos que viven en el mundo (42 idem v.44).

También son distintos los pazos que se manifiestan en los monjes y los que se manifiestan en los mundanos durante la enfermedad. Los mundanos cuando enferman son tentados por los pazos de la ira (enfado, enojo, resentimiento) y el insulto o blasfemia. Los monjes que tienen las cosas necesarias son molestados principalmente por el demonio de la gula y de la lujuria o fornicación, en cambio los monjes que viven en lugares inconsolables y ascéticos son molestados principalmente por el demonio de la acedia (desgana y pereza espiritual) e ingratitud (43 idem v.15). Aquí vemos que el hombre no recibe siempre las mismas tentaciones. Esto depende de su estado espiritual, su forma de vida y de otros factores. El diablo es muy astuto y maquinador y conoce muy bien a combatir en cada ser humano según su situación.

Antes hemos localizado el hecho de que unos de los pazos se califican como madres y otros como hijas. Porque algunos de los pazos paren, generan  y otros son creaturas de los anteriores. San Juan el Sinaíta aprendió de hombres santísimos que la gula es la madre de la lujuria y la vanagloria es la madre de la acedia (desinterés y pereza espiritual). Es decir, lo cierto es que cuando nos posee la acedia, eso indica que estamos afectados e influenciados por el pazos de la vanagloria. También la tristeza (depresión, angustia) y la ira, son hijas de las tres. La vanagloria es la madre de la soberbia, orgullo. Además, se ha enseñado que, por regla general, en los hombres imprudentes no hay moderación, coherencia y orden sino más bien desorden y confusión. La risa a destiempo a veces nace de la lujuria, fornicación y otras veces de la vanagloria. El dormir mucho a veces proviene del hedonismo, la vida placentera, y a veces por el ayuno, y otras veces por la acedia y la necesidad física. La habladuría, charlatanería unas veces nace de la gula y otras de la vanagloria. La acedia unas veces nace del hedonismo y otras de no tener temor a Dios. La blasfemia es creatura principalmente de la soberbia. Pero muchas veces proviene de las censuras, juicios y condenas interiores o a destiempo por la envidia de los demonios. El corazón duro proviene a veces de la saciedad y la mayoría de las veces de la insensibilidad, la declinación hacia el pazos y el apego. El apego que es apegarse en cualquier cosa sensible proviene de la lujuria, de la avaricia, de la vanagloria y de otros. La mala astucia o vileza nace del presumir, jactarse y de la ira. La hipocresía proviene de la jactancia y de la peculiaridad. Generalmente la madre paridora de todos los pazos es la hidoni (voluptuosidad, hedonismo) y la mala astucia o vileza, (44 idem antes v.29).

Es importante en este punto examinar cómo se desarrolla un pecado en pazos. Porque los Santos Padres científicos en esta lucha interior no se limitan simplemente en la enumeración de los pazos sino que continúan en la descripción de las causas y el desarrollo del pazos. Según San Thalasio, los pazos son movidos por estos tres: “la memoria, el temperamento y el sentido (sensibilidad o sensación)” (45 Filocalía t2, v.32). El hombre concentrando su nus a las cosas sensibles, alejado de la agapi-amor espiritual y del autodominio, contención y aceptando la energía y acción del demonio, se convierte en objeto de ataque. “Los pazos son movidos por los sentidos, cuando no existe la agapi espiritual y la contención o autodominio”, (46 idem antes v.34).

Cuando se desatan y se sueltan las riendas de los sentidos hegemónicos, entonces se hace la revolución de los pazos, y “se mueve y opera la energía de los sentidos más serviles y rastreros”, (47 san Nikitas Stizatos, Filocalía t2, v.6). La insensatez, irracionalidad de los sentidos, cuando el sentido se suelta de las riendas del autodominio o contención crea las causas de los pazos, (48 idem antes). Tal como se ha observado antes, realmente cuando en el nus del hombre pierde su tiempo en alguna cosa sensible entonces seguro que está poseído de este pazos, o sea, el pazos del deseo, de la ira o del resentimiento, (49. San Máximo el Confesor, Filocalía t2. v.2,2). Por eso, la declinación hacia el pazos del apego que se describe de todos los Padres, consiste en que no sea aprisionado el nus por algo sensible o alguna idea, porque enseguida sigue el pazos y la catástrofe. Con el aprisionamiento del nus se siembran en nuestra psique los espermas de la tragedia.

También, aparte del aprisionamiento del nus, un papel importante para el desarrollo de los pazos lo hace el deseo que existe en nuestro interior. San Santiago el hermano de Dios describe esta situación: “14 sino que cada uno es tentado de su propia concupiscencia y de su deseo malo es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia y el deseo, una vez concebidos, producen el pecado; y el pecado, una vez cometido esclaviza la psique-alma, y produce la muerte psíquica y espiritual” Sant. 1, 14-15). Y un hermano preguntó al abad Sisois: “¿qué tengo que hacer para los pazos?”, el Yérontas contestó: “Cada uno de nosotros es tentado por nuestro deseo” (50 Gerontikón, pag114, v.44).

Detalladamente el desarrollo de los pazos es el siguiente. Según San Máximo el Confesor primero la memoria trae un loyismós pensamiento fino. Cuando este loyismós se hace crónico entonces se mueve el pazos. El siguiente paso es el consentimiento. Este conduce en energía y acción al pecado, (51 Filocalía t2, 84).

San Hisijio el Presbítero presenta el camino que sigue un pazos. Primero es  el asalto, ataque, sigue la combinación cuando se mezclan nuestros loyismí-pensamientos simples o unidos con la fantasía con los loyismí del diablo. Después viene el consentimiento y a continuación “la praxis sensible, física, es decir, el pecado” (52 Filocalía 21, v.46).  Y cuando el pecado se repite muchas veces entonces se convierte en pazos.

San Gregorio Palamás incorporado dentro en la tradición terapéutica ortodoxa, escribe que el amor al placer-hedonismo es el principio de todos los pazos carnales y de las enfermedades de la psique. En estos “el nus es el primer afectado”, es decir, primero es atacado el nus y se mueve astuta y vilmente mediante los sentidos se introduce dentro en la psique la fantasía de las cosas sensibles y se dispone para los pecaminosos de ellos. Principalmente la  huella de estas iconas, imágenes se hace por los ojos (53 Filocalía t4, pag 105).

San Juan el Sinaíta describe analíticamente el desarrollo del loyismós hasta que se convierta en pazos. Una cosa es el asalto, ataque, otra cosa es  la combinación, distinto es el consentimiento, otra cosa  el aprisionamiento, otra cosa el combate y otra cosa es el pazos. Analizando todos estos nos escribe que el “asalto, ataque” es un logos, una palabra o una imagen cualquiera simple que aparece como primera vez al corazón. Esto no es culpable y pecador. La “combinación” es la conversación, diálogo con lo que apareció, o sea apasionadamente o no. Incluso esta situación tampoco es tan culpable. El “consentimiento” es el guiño hedónico de la psique hacia lo aparecido. Esto es malo o bueno depende del estado del fiel luchador. El “aprisionamiento” es el rapto involuntario y violento del corazón o la involuntaria cohesión con cualquier cosa. El aprisionamiento es de una manera cuando se juzga y se razona durante la oración y de otra manera en las demás horas. “Lucha” es el afrontamiento entre fuerzas iguales con el enemigo, es decir, es el esfuerzo y la lucha de la psique para que no se cometa el pecado. Esta lucha provocará triunfos, coronas,  o castigos. Finalmente viene el “pazos” que es, tal como hemos dicho, el que anida largo tiempo en la psique y el cual, por el hábito, ha hecho que la psique sea entregada sola a este. Este pazos se arregla con la análoga metania o se castiga en el futuro infierno” (54 san Juan el Sinaita: Escalera v.73).

Más allá de este desarrollo de cada pazos, es decir, cómo el loyismós se hace pazos en la psique del hombre los Santos Padres nos describen también un otro desarrollo. Cómo se desarrollan los pazos según la edad. Es decir, tenemos un desarrollo particular de los pazos.

San Gregorio Palamás se refiere que desde la pequeña edad se desarrollan pazos con el siguiente orden. Primero se desarrollan los pazos de la parte anhelante de la psique, es decir, amistad material y avaricia, por eso los niños quieren tener cosas y cuando avanzan un poco de edad piden dinero. Más tarde “avanzando de edad”, se desarrollan los pazos de la vanagloria. La vanagloria se distingue en dos formas. Primera es la amor a la gloria (vana) mundana que aspira a “la belleza y adorno corporal y a las prendas de lujo” y la segunda gloria (vana) mundana es aquella que ataca a los virtuosos y se manifiesta con el engreimiento, presumir y la hipocresía, por las que el enemigo está maquinando para destruir la riqueza espiritual de la psique. Finalmente después de la amistad a la fortuna material, propiedades y a la gloria (vana) o ambición, se desarrolla la φιληδονία filidonía (hedonismo, amigo al placer), es decir, la gula “que es la causa de toda suciedad carnal”. San Gregorio a la vez hace una interesante observación. La hidoní-placer o voluptuosidad y los movimientos naturales para la recreación de hijos que se ponen en el pecho o teta, sin embargo no son muestras de psique enferma, porque los pazos naturales no son perversos o malos, ya que fueron creados por el Dios bondadoso, para que con estos andemos en obras buenas”. El pazos es malo, cuando nos cuidamos para los deseos de la carne. Por tanto, sinópticamente recalcamos que, según san Gregorio Palamás, durante la niñez se desarrollan los pazos de la avaricia y de la codicia material, en la edad de muchacho se desarrollan los pazos del amor a la doxa-gloria, ambición, más tarde los pazos de la filidonía-hedonismo, de la voluptuosidad, (55 Filocalía t4, pag 100-105).

Es cierto que los pazos tanto somáticos-físicos como psíquicos son difíciles de discernir; no es fácil distinguirlos; porque los demonios que los promueven generalmente se esconden y no podemos distinguirlos. Por eso se necesita un buen terapeuta conocedor de esta vida interior escondida, el cual tiene que ser recipiente del Santísimo Espíritu para discernir y psicoterapiar, sanar; según el temperamento de cada persona y su estado espiritual darle el correspondiente fármaco espiritual para sanarlos. Este discernimiento es uno de los grandes carismas del Santísimo Espíritu.

San Juan el Sinaíta refiriéndose al ejemplo, que  muchas veces hemos bombeado agua de las fuentes “sin darnos cuenta hemos cogido también la rana”, lo conecta con las virtudes. Cultivando las virtudes servimos también las maldades, que sin ser vistas están mezcladas con ellas. Comenta algunos ejemplos. Con la filoxenía (hospitalidad) se mezcla la gula. Con la agapi la lujuria. Con el discernimiento los sufrimientos o temores. Con la prudencia la vileza. Con la apacibilidad la socarronería, la pereza, la contradicción, el individualismo y la desobediencia. Con el silencio se mezcla la por enseñanza altanería, y con la alegría se mezcla la jactancia, el presumir. Con la esperanza se mezcla la holgazanería. Con la agapi la crítica. Con la hisijía la acedia (desanimo espiritual) y la pereza. Con la pureza, el comportamiento amargo. Con la humildad, el libertinaje (56 san Juan el Sinaita: Escalera, v.37).

 Se ve claramente de este logos que uno le hace falta mucha atención para descubrir los pazos. Porque es posible que pensemos que estamos trabajando en la virtud y en realidad servimos a las obras del diablo y estar cultivando los pazos. Es necesario estar atentos a la rana que generalmente es el pazos de la vanagloria. Este pazos contamina el trabajo de los mandamientos.

Según el mismo Santo, el demonio de la avaricia finge la humildad. Y el demonio de la vanagloria o del hedonismo nos incita a la caridad, a dar limosna (57 idem v.56). Por eso más que nada se necesita mucha atención para discernir la mala astucia y vileza del demonio, aún cuando cultivamos las virtudes. Se refiere a un caso en el que uno había sido dominado por el demonio de razimía desinterés, desánimo espiritual y pensaba marcharse de la celda. Cuando vinieron unos hombres y le felicitaron como hisijasta, entonces enseguida “el loyismós de la razimía expulsado por el de la vanagloria, se marchó”. Entonces se asombró como el demonio de la vanagloria combate a todos los malos astutos demonios (58 idem v.10). También el demonio de la avaricia combate fuertemente a los insolventes, pobres materialmente. Cuando no puede conseguir nada, entonces utilizando como causa la limosna, o la caridad a los pobres, convence “a los inmateriales que vuelvan otra vez a ser materialistas (59 idem v.30).

Otro punto que citan los Padres en sus obras es cómo podemos comprender la existencia del pazos. Es cierto que el sitio importante en este caso lo tiene el Yérontas-anciano sabio con discernimiento y apázia (sin pazos), quien ve los movimientos de la psique y nos corregirá. Pero más allá de él también existen otras maneras de percibir la existencia y energía de los pazos. Señal de que energiza, opera el pazos voluntario es cuando el hombre “se le inspecciona o se le corrige sobre esto y se atormenta, enfada. Cuando uno soporta serenamente sin perturbarse la inspección que se le hace es señal que el pazos está vencido o que el que le ha inspeccionado ignora esto” (60, abad Dorotheo v.18 pag 648). Con otras palabras, la inspección y la perturbación o imperturbabilidad muestran la existencia del pazos, el voluntario y el involuntario, consciente o inconsciente. “Los malos pazos están escondidos en nuestras psiques. Se manifiestan cuando aparecen las cosas correspondientes que los provocan” (61 san Thalasio, Filocalía t2, v.30).

San Máximo en el intento de describir exactamente qué es el pazos, dice que uno cosa es la cosa, otra cosa es el significado o concepto y otra cosa es el pazos. La cosa es el hombre, la mujer, el oro etc. El significado o concepto es “la memoria fina de lo dicho anteriormente”, y el pazos es “amistad insensata u odio indiscreto de lo dicho anteriormente” (62. Idem ante v.42). También el abad Theódoro, a fin de separar el pecado del pazos, escribe que una cosa son los pazos y otra cosa son los pecados. Los pazos son la emoción, la ira, la vanagloria, el hedonismo, el odio, el deseo malo e indecente y los semejantes. Los pecados son las energías y operaciones de los pazos. Así que es posible en un hombre “que tenga los pazos pero no los active y opere” (63 abad Dorotheo pag 246-266). Y de este pasaje comprendemos que es posible que estemos llenos de pazos y que no podemos percibirlo, porque por casualidad no hemos cometido ningún pecado. Por eso se requiere terapia completa por Yérontas-guía espiritual con discernimiento y  experimentado.

Para concluir con esta unidad debemos sinópticamente citar cuales son los terribles resultados de los pazos. Hemos escrito esporádicamente que los pazos narcotizan y mortifican nuestro nus. Queremos desarrollar más este tema.

La revolución de los pazos “son dolor en el cuerpo y ensuciamiento de la psique” (64 san Marcos el Asceta, Filocalía, t1, v.77). Tal como un pájaro que está atado por el pie mientras empieza a volar cae en la tierra, así también el nus, si no tiene apázia (sin pazos), “atraído por los pazos sobre la tierra se destruye” (65 Filocalía t,2, pag 12, v.85). Apegan al hombre en las cosas terrenales.

Los pazos pervertidos son cadenas del nus teniéndole atado en las cosas sensibles (66 san Thalasio, Filocalía t2, v41, pag 219).

Muchas veces con el paso del tiempo, los pazos contaminan la psique, tal como algunos alimentos perjudican el cuerpo y traen la enfermedad más tarde o el día siguiente (67 San Juan Sinaita: Escalera v.55). De todos modos se ve de este pasaje que los pazos enferman a la psique.

La psique del hombre con pazos “es un taller de malos loyismí” y una psique así desde su propio tesoro ofrece las cosas malignas (68 san Thalasio, Filocalía t2, v.77).

El nus se narcotiza y se mortifica de los pazos y no siente el consejo. Además, no siente “la instrucción espiritual” (69 idem antes pag 22, v.41).

Cada pazos lleva en su interior el esperma de la muerte.

Los pazos son el infierno. La psique con pazos siempre se infierna “por el mismo mal hábito y teniendo siempre la memoria amarga y siempre con la dolorosa charlatanería de los pazos quemándola”. Este tormento es el principio, es una pequeña sensación de aquel otro tormento en aquellos terribles lugares que se encontrarán y estarán atormentándose los “cuerpos aquellos, los que servían a la psique en tanto tormento y tristeza y al no destruirse, estarán en aquel fuego inefable y oscuridad o tiniebla…” (70 Abad Dorotheo pag 498).

El salario de los dolores para la virtud es la apazia y la gnosis, que se hacen causantes de la Realeza increada de los Cielos, en cambio “los pazos y el desconocimiento, ignorancia son autores del perpetuo infierno” (71san Máximo, Filocalía II, v.34).

San Gregorio Palamás interpretando el versículo aquel que los demonios salieron del endemoniado y se introdujeron en los cerdos, los cuales a continuación cayeron en el mar, escribe que “la vida cerdícola” insinúa y provoca todo pazos maligno para la suciedad. Aquellos que llevan la prenda de la carne son cerdos: “En concreto, cerdos son los que por la carne llevan manchada su vestimenta” (72 Homilías de san Gregorio Palamás, pag 106).

Por tanto, los pazos narcotizan y mortifican totalmente al nus y trabajan curtiendo nuestro infierno. Se requiere terapia espiritual para liberarse el nus y se deleite en Dios. Ahora nuestro logos girará sobre el tema de la terapia, psicoterapia, sanación.

 

3. La terapia, psicoterapia de los pazos

Habiendo concienciado la gran catástrofe que provocan los pazos en nuestra existencia entera, debemos de avanzar hacia el tema de terapia, psicoterapia, sanación. Esto es un punto básico del capítulo presente y queremos retener nuestra atención. Porque muchos de nosotros conocemos que estamos enfermos y tenemos el sentido, sensación y percepción de la enfermedad espiritual pero ignoramos totalmente o parcialmente la manera de terapia. Creo que la Ortodoxia, la cual es una ciencia terapéutica, debe desarrollar estos temas que son muy contemporáneos. Tenemos la certeza que uno de los mensajes que debe ofrecer la Iglesia Ortodoxa al tambaleante mundo contemporáneo, es el mensaje de enfermedad y a la vez terapia. Con todo esto nos ocuparemos a continuación.

En principio debemos de hacer algunas aclaraciones. Una es que, la terapia de los pazos principalmente es la transformación, metamorfosis de ellos, tal como hemos descrito anteriormente. Puesto que los pazos naturales in-perversos o in-apasionados, se han pervertido y, por consiguiente, aceptando la instrucción terapéutica debemos transformarlos. Esto es principalmente terapia de los pazos. El abad Pimín citó al abad Isaac: “nosotros no nos hemos instruido para ser matacuerpos sino para ser mata-pazos” (73 Geronticón pag 101, v.193). Mata-pazos debemos de entenderlo en el sentido de transformación de los pazos.

Una otra observación es que los Padres en sus obras ofrecen mucha instrucción terapéutica. Uno estudiando los capítulos sobre la agapi de san Máximo verá que existe mucho material terapéutico. Tengo que confesar que cuando quise estudiar esta obra creía que encontraría algunas reglas para la agapi y la descripción del valor de ella. Pero enseguida observé que san Máximo se fija más en los temas de los loyismí, de los pazos y de la terapia de los pazos. San Máximo da un gran peso en la terapia del hombre, porque la agapi hacia Dios y al hombre genera y es “madre de la apazia”. Un corazón que está dominado por los pazos es imposible amar. (ver https://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-maximo-el-confesor-filocalia-4-centurias-sobre-la-agapi/ )

También una otra observación es que los santos Padres, cuando hablan para la terapia del hombre, exponen principios básicos. Es decir, tienen en cuenta al hombre entero y dan varias recetas y maneras de terapia. Nosotros a continuación citaremos todas estas cosas y realidades, pero insistimos que cada hombre necesita su propio método terapéutico. Este método la da, el terapeuta experimentado y con discernimiento, en aquel que viene a preguntar con humildad, obediencia y buena disposición para terapiarse, “psicoterapiarse”. Entonces en este punto se citarán las reglas generales de la instrucción terapéutica. Cada hombre debe ejercer su propia terapia bajo la conducción espiritual de contemporáneos “organismos vivos espiritualmente”.

La terapia de las enfermedades de nuestra psique, que son los pazos, es necesaria e indispensable. Esto ya se ha visto anteriormente. Hemos localizado la situación deformadora que crean los pazos en nuestro interior. En esta deformación se refieren muchos versículos de la Santa Escritura.

El Apóstol Pablo a los Colosenses da la siguiente petición: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en doxa-gloria luz increada. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: lujuria/fornicación, impureza, pazos desordenados, malos deseos y avaricia, que son idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Col. 3, 5-11).

Según san Máximo, el Apóstol aquí llamó tierra la conducta de la carne. Prostitución/lujuria el pecado por energía y acción. Un consentimiento que se realiza y se hace pecado, se llama pecado por energía y acción. Suciedad es el consentimiento. Pazos llamó al apasionado y maligno loyismós. Deseo malo el Apóstol llamó “la fina aceptación del loyismós-pensamiento y del deseo”. La codicia creadora y crecedera del pazos la llamó materia. Los que son miembros de la conducta de la carne se tienen que mortificar, (74 Filocalía, t2, v.83). Cuando estos se hayan mortificado y metamorfoseado, más abajo veremos de qué manera, es decir, que se entreguen a Dios, entonces se expulsa el antiguo hombre con las praxis y los deseos y se viste el nuevo hombre que se convierte como imagen de Dios y semejanza de Jesús Cristo el Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre, es decir, se hace prósopon persona con personalidad.

En otra epístola el Apóstol portador del Espíritu da las mismas exhortaciones: “Lujuria, fornicación y toda inmundicia, o avaricia el deseo insaciable de bienes materiales, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los que han sido santificados por Dios y progresan hacia la santidad (la zéosis); ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias y agradecimiento a Dios. Porque debéis conocer bien y tener en cuenta esto, que todo lujurioso, o fornicario, o inmundo, o avaro, o ambicioso, o codicioso por amar los bienes materiales es idólatra, no tiene herencia y parte en el reinado de la realeza increada de Cristo y de Dios” (Ef 5,3-5),

Y en otra epístola escribe: “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gal 5,26).

Todo esto muestra la necesidad de la terapia, psico-terapia. Los Cristianos, como residencias del Santísimo Dios Tríadico, no deben estar sin catarsis, sucios o más bien se tienen que convertir en templos del Espíritu Santo y para que en el interior de ellos habite Dios, antes deben hacer la catarsis, depurarse y purgarse espiritualmente y, una vez se han hecho templos del Espíritu Santo deben mantenerse limpios, purgados y purificados.

Además, esto muestra también la finalidad de la terapia. No luchamos simplemente para hacernos buenas personas adaptadas en la sociedad. Es decir, la causa de la instrucción terapéutica no es hacer los hombres sociales y satisfacer una enseñanza humano-céntrica sino conducirles a la comunión con Dios y esta visión, expectación de Dios no se haga fuego que los queme, sino luz que los iluminará.

Los Padres conocen por experiencia claramente esta finalidad de la instrucción terapéutica, pero conocen también el propósito que ponen varios hombres. San Máximo dice que unos de los hombres se alejan de los pazos “por miedo humano”, otros por el autodominio y autocontención y otros se liberan de los pazos por “las divinas maldiciones” (75 idem antes v.23). Aún, el abad Dorotheos nos hace ver sobre este tema en que uno “no debe de querer librarse del pazos como si quisiera “evitar y huir del sufrimiento y aflicción de los pazos, sino a odiarlo exactamente con perfecto odio” (76 abad Dorotheo pag 646, v16).

Los Santos conocen que algunos quieren liberarse de los pazos porque producen mucho dolor. Pero esto no es el propósito de la instrucción terapéutica ortodoxa. El propósito y fin básico es llegar a la comunión con Dios. Cierto que conocemos bien que dentro en la Iglesia existen varias edades espirituales y situaciones. Tal como dicen los Padres, unos cumplen el logos de Dios por miedo al Infierno, otros para ganar el Paraíso y otros por agapi-amor incondicional hacia Cristo. Los primeros son esclavos, los segundos asalariados y los terceros son hijos de Dios. Aceptamos estas tres edades espirituales, pero recalcamos que luchamos para llegar a la tercera categoría. Se requiere una continua terapia y el propósito de la instrucción.

Es necesario recalcar que la terapia de los pazos no es trabajo solo del hombre o solo de Dios. Deben de estar en cooperación, sinergia los dos. Es decir, Dios y el hombre. Esta es la sinergia de Dios y del hombre. Todo dentro en nuestra Iglesia es Θεανθρώπινο Zeantrópino (Divino-humano). En principio se tiene que dar la Χάρις Jaris increada de Cristo. La catarsis del hombre que es la terapia, psicoterapia, se hace por la energía (increada) y acción de Cristo, la cual se ofrece con toda la vida espiritual, la que vive el Cristiano dentro en la Iglesia Ortodoxa. El Apóstol Pablo en sus epístolas insiste con frecuencia esta realidad. El hombre que vive por su carne tiene en su interior la energía de los pazos. Pero cuando recibe la Jaris increada de Cristo, entonces se libera del hombre antiguo y del mundo del pecado. “Porque mientras hacíamos vida carnal del antiguo hombre, los pazos o las pasiones pecaminosas que eran condenadas pero no sanadas por la ley, obraban en nuestros interior por nuestros miembros llevando fruto para muerte (espiritual). Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo ahora obedecer a Dios, para vivir la nueva situación y nuevo régimen que nos ha regalado el Espíritu y no bajo el régimen viejo que dominaban los tipos y la letra” (Rom 7, 5-6).

Sólo los hombres de Cristo y los que viven en Cristo se liberan de la carne y del deseo de la carne, que consisten el mundo del pecado: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pazos y deseos. Si realmente vivimos la vida el Santo Espíritu, debemos andar y comportarnos también conforme las cosas que nos enseña el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gal 5, 24-25). Cuando el hombre camina en espíritu, es decir, cuando tiene la Jaris increada de Dios Trinitario, entonces se psico-terapia, se sana interiormente: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gal 5:16-18). Además, conocemos muy bien que las obras de la carne son todos los pazos tal como hemos dicho antes, (ver Gal 5, 19-21).

El combatir a los pazos y el pecado es trabajo nuestro, pero desarraigar y metamorfosear los pazos, esencialmente es obra de Dios. Tal como el hombre no puede ver sin el ojo y hablar sin la lengua, o escuchar sin orejas o oídos, o caminar sin pies, o trabajar sin manos, lo mismo “sin Jesús no puede sanarse y salvarse y entrar en la Realeza increada de los Cielos” (77 san Macario de Egipto: “Homilías espirituales”, ver Dionisio Metropolita de Trikis y Stagón, “el Monaquismo Ortodoxo Oriental, pag 396). “Porque contradecir el pecado puede hacerlo la psique pero vencerlo y desarraigar el mal sin Dios no puede” (78 idem antes pag 372).

El sentimiento de la agapi de Dios que es comunión con la Jaris energía increada de Dios, y nuestra propia agapi hacia Dios, que es fruto del Santísimo Espíritu, son las que metamorfosean y sanan los pazos. El mortificar la parte pasional de la psique no significa que la enceramos en sí misma quieta e inamovible, es decir, no cometer el pecado, sino quitarlo, cambiarlo y trasladarlo de su relación con la mala astucia hacia “la agapi a Dios” (79 Obras de san Gregorio Palamás, EPE. Tomo 2, pag 396”. Pero este traslado hacia la agapi de Dios no se hace sin la vivencia, experiencia de la agapi. De todos modos cuando se está abrasando por la agapi hacia Dios, que es divina inspiración, entonces el mundo interior se metamorfosea, se transforma entero y se calienta por la divina Jaris energía increada y se santifica. “Dominando la agapi (amor incondicional, energía increada) de Dios, desata las cadenas del nus y convence al hombre a despreciar no sólo las cosas sensibles, sino incluso su vida provisional” (80 san Máximo, Filocalía, t2, v.3). Con todo esto se ve que la terapia de los pazos se consigue cuando energiza y opera la divina Jaris, la agapi de Dios. Esta divina Jaris energía increada se ofrece mediante los santos Misterios. Principalmente queremos recalcar el hecho que la divina Efjaristía y la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo ayuda eficazmente al hombre en el esfuerzo de hacer la catarsis de su psique. La divina Comunión/Efjaristía es el fármaco de la inmortalidad.

Pero más allá de la fuerza y energía increada de Cristo que juega un papel importante, debe de cooperar-sinergizar también la voluntad humana. Si no se hace esto, entonces es imposible para que el hombre pueda vencer los pazos y esencialmente vencer a los demonios, puesto que “el que vence los pazos daña a los demonios” (81 san Juan el Sinaita: Escalera, v.25) y “según el pazos que uno se ocupa, también expulsa el demonio de este” (82 Gerontikón idem pag104). A continuación intentaremos esta sinergia de la voluntad humana.

Primeramente es necesaria la autognosis (autoconocimiento). Es muy importante conocer nuestro estado espiritual. La ignorancia (desconocimiento) nos constituye perpetuamente insanos. El Evangelista Juan escribe. ”Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1Jn 1,8).

San Pedro el Damasceno describiendo las ocho zeorías contemplaciones o gnosis espirituales de las que las primeras siete son de este siglo, en cambio la octava es del siglo venidero, como segunda gnosis considera “la gnosis/conocimiento de nuestras faltas y las beneficencias de Dios” (83 Filocalía t3, pag. 32). Es decir, el conocimiento de nuestros pecados y pazos es zeoría contemplación de Dios.

Como la soberbia se mezcla con la valentía, por eso nuestro trabajo es evitar continuamente hasta el más fino pensamiento de que hemos adquirido el bien (84 san Juan el Sinaita: Escalera, v.46). (Así adquirimos humildad).

Los Padres conocen por la larga experiencia espiritual que disponen, que las señales o puntos de los pazos no son fáciles de diagnosticar exactamente, porque estamos enfermos y se han unido con nuestra naturaleza. Por eso nos aconsejan buscar cuidadosamente el hallazgo de los pazos (85 idem antes). Es necesario que en todos los pazos y en todas las virtudes, pero principalmente en los pazos, a analizar y examinar, “conversando con nosotros mismos dónde estamos: en principio, en el medio o en el perfeccionamiento” (86 idem v.48). Es indispensable esto que se haga, porque la vida espiritual es un continuo camino, crecimiento espiritual y la terapia es sin fin. Continuamente hacemos la catarsis depurándonos, purgándonos para llegar a la unión y comunión con Dios (por la Jaris).

Además, es indispensable, porque el estancamiento y la autosuficiencia acechan continuamente en nuestro camino espiritual. Además, el autoconocimiento es indispensable porque en el hombre existen tres situaciones o estados: “a) el que activa, energiza el pazos, b) el que lo contiene y lo padece, y c) el que lo desarraiga” (87Abad Dorotheo pag 460). Es decir, no basta con hacer parar de activar y operar el pazos con distintos medios terapéuticos, sino que debemos de metamorfosearlo, convertirlo en agapi-amor incondicional hacia Dios y los hombres. Para que se haga buen autoconocimiento se necesita hisijía-tranquilidad exterior. Debemos de parar el pecado por energía y acción. Mientras los sentidos funcionan carnalmente es imposible el autoconocimiento. “Hace falta dirigir el nus sobre las cosas y conocer hacia qué cosa tiene el pazos” (88 Sam Máximo, Filocalía t2, v.77).

El autoconocimiento de nuestros pazos conecta estrechamente con la metania y la confesión. Además que el primer grado de la metania es el conocimiento de nuestros pecados, el sentido y percepción de las enfermedades (espirituales) de la psique y la exteriorización de la metania es la confesión de la falta, el error o del pecado. Aquí el logos trata sobre la divina confesión.

Cierto que se debe observar que en los textos de la Santa Escritura y de los Santos Padres existen dos clases de confesión. Primera, es la confesión noerá (con el nus, espiritual) que hacemos suplicando y orando hacia Dios y segunda, es la confesión que hacemos al médico espiritual que es también nuestro terapeuta. San Juan el Sinaíta hablando sobre la compunción/κατάνυξις katanixis dilatación del corazón y definiendo su significado dice que: “la compunción/κατάνυξις katanixis es castigo y sufrimiento continuo de la conciencia, la cual por la confesión noerá o mental logra refrescar el corazón que está en llamas” (89. Escalera, v.3). La noerá-mental confesión crea dilatación, quebrantamiento del corazón y consuela el corazón del hombre. Más allá de estas cosas, la confesión es metania continua, sin detención y se completa dentro en la atmósfera de la metania. Es el luto del corazón, que crea “olvido de la naturaleza”. “Confesión significa olvidarnos de nuestra naturaleza; alguien a causa de esto se olvidaba aún hasta comer”, «Salmo 101», (90 Escalera logos 7, v.4).

Se debe, según san Diádoco de Fótica, ofrecer confesión persistente  e incesable al Soberano Cristo también por los pecados involuntarios y no parar hasta que “reciba nuestra conciencia la información en lágrimas de agapi sobre esta absolución” (91 Filocalía t1, v.100). Más allá de esto el santo nos sugiere que tengamos mucho cuidado no vaya ser que nuestra conciencia “se mienta a sí misma dando a entender que se ha confesado a Dios” (92 idem antes, v.100)). Esto lo escribe porque orando, suplicando y confesando nuestros pecados a Dios muchas veces cometemos errores en este trabajo y así vivimos en una autosuficiencia de que hemos confesado a nuestros pecados. Esto es un autoengaño, una falsa ilusión. Debemos, pues, tener cuidado constantemente del tipo de confesión, no vaya ser que nuestra conciencia se engañe a sí misma, creyendo que nos hemos confesado suficientemente a Dios. Porque si estas cosas no las confesamos convenientemente como es debido, en la hora de la muerte probaremos una cobardía desconocida y un temor tenebroso” (93 idem antes v.100).

La confesión a Dios mediante la oración no anula la confesión de nuestros pecados al padre espiritual, ni la confesión al terapeuta espiritual revoca la confesión por la oración. Es indispensable que las dos formas de confesión estén unidas. Sobre todo después de la confesión por la oración hace falta también nuestra venida a nuestro guía confesor. En ellos el Dios ha dado el derecho, poder de absolución de los pecados: «les sopló en sus rostros el vivificante aliento de la nueva vida celeste, y les dijo: «Recibid divino Espíritu; es decir, la energía increada Jaris–Gracia, tal y como al principio el Dios sopló al rostro de Adán. A quienes perdonéis o remitiereis los pecados les son perdonados o remitidos; a quienes se los retengáis, les son retenidos» (Jn 20, 22-23). De este pasaje se ve claramente “qué honor ha dado a los sacerdotes la jaris del Espíritu Santo” (94 PG 48, 643). Los sacerdotes según san Crisóstomo, viviendo en la tierra “se les ha permitido gobernar las cosas celestes”, puesto que “aquellas cosas que los sacerdotes trabajan en la tierra, estas Dios arriba las ratifica y la opinión de los esclavos/servidores el Soberano certifica” (95 PG 48, 643). Por eso es necesario acudir a los médicos espirituales para nuestra terapia. “Sobre todo confesémonos a nuestro único buen juez”. Aún, si nuestro buen juez nos pide confesarnos delante de todos, debemos hacerlo, porque el principio básico es que los traumas que se denuncian se sanan. Es cierto que para conseguir la terapia es indispensable un buen médico. Todos los guías espirituales pueden hacer el Misterio de la sagrada confesión, pero no todos pueden sanar, porque no tienen la santidad espiritual, tal como la hemos desarrollado en otro capítulo.

Si el diagnóstico de las enfermedades somáticas a veces es equivocado y bien conocido en pocos, mucho más en las enfermedades espirituales. “Además los pazos de la psique son muy difíciles de distinguir” (97 San Nikita Stizatos, Filocalía t2, v11). Cuando un sacerdote proyecta debilidad, debemos entonces recurrir a otro, “porque sin médico es raro que se sane uno” (98 san Juan Sinaita: Escalera v.63).

El valor de la confesión se ha subrayado mucho por muchos psiquiatras contemporáneos. Es muy básico que el hombre se abra y no se cierre a sí mismo. En la lengua eclesiástica decimos que, cuando el hombre sabe abrirse a Dios, mediante su guía espiritual, puede evitar muchas enfermedades psíquicas, aún hasta la misma locura. Sentimos el valor de la confesión en la praxis. Es decir, un pecado existente nos cansa también somáticamente. Vivimos incluso la debilidad del cuerpo también. Cuando decidimos confesarnos entonces empieza el estadio de la terapia. La serenidad y la paz inundan la psique y el cuerpo. Pero claro está, hace falta que hagamos confesión correcta.

Como el diablo conoce el valor de la confesión, por eso hace lo que sea para convencernos a no confesarnos, o hacer este trabajo como si hubiese cometido los pecados otro o echar la culpa y responsabilidad a otros (99 San Juan el Sinaíta: Escalera v.55). Pero se requiere mucha valentía espiritual para que el hombre revele su trauma o herida al médico espiritual. San Juan el Sinaíta aconseja: “Desnude, desnude tu trauma al médico espiritual”. Además, junto con la revelación de la enfermedad que se haga cargo de toda la culpabilidad sobre sí mismo, diciendo humildemente: “Páter, es mío el trauma y mía la herida. Mi acedia y pereza espiritual y negligencia la ha provocado. Nadie más es causante de mi pecado, ni hombre, ni el diablo, ni cuerpo ni nadie, sino sólo mi negligencia” (100 San Juan el Sinaíta: Escalera v.46). No tiene que avergonzarse, más bien tiene que vencer la vergüenza del pecado y su desnudez. La hora de la revelación al guía de las heridas interiores debe parecer en el comportamiento, en la cara y en el loyismós como de un condenado. Y en concreto, sugiere san Juan el Sinaíta, “si puedes moja con tus lágrimas los pies de tu guía espiritual y juez como si fuesen los pies de Cristo” (101 Escalera v.46). El mismo santo certifica que ha visto confesados que mostraron disposición humilde y confesaron con cara de lágrimas, llantos y súplicas de desesperación y de esta manera ablandecieron la dureza del juez y alteraron “el enfado de él en caridad y misericordia” (102 Escalera v.58).

Es natural que uno sienta vergüenza, cuando se trata de confesar su herida pero debe de superarlo y vencer. “No escondas tu vergüenza” (103 Escalera v.31). Inmediatamente después de la confesión, compartimiento de los pecados, viene la serenidad y la paz interior. Se salvaguarda la información de que un monje importante poseído por el loyismós-pensamiento de la blasfemia, fundió su cuerpo en ayunos y vigilias pero no sentía ningún beneficio y alivio. Cuando decidió compartir este loyismós al médico espiritual, escribiéndolo en un papel, entonces se sanó inmediatamente, (104 Escalera v.14). Esto muestra también la verdad que la confesión no es un esfuerzo humano, sino que se energiza, opera con la fuerza y energía increada de Dios. La psique se sana por la divina Jaris energía increada. Ni el ayuno ni la vigilia benefician mucho, si no se combinan con el compartimiento y la confesión.

Por regla general los médicos espirituales reciben los ataques de los confesados, cuando los últimos no se confiesan con humildad y autoconocimiento. Con la sagrada confesión se hace una operación espiritual y por eso el enfermo resiste. Pero la petición de los Padres es clara. “No te enojes y te enfades contra aquel que te ha operado por sus inspecciones sin quererlo; mira la porquería que ha sacado de tu interior, menospréciate a ti mismo y agradezca a este que te ha provocado este beneficio según la divina economía” (105 San Elías el Ékdiko, Filocalía t3, v.31). El compartimento y confesión de los pecados extrae toda la suciedad y porquería de la psique, por eso, por un lado debe de movernos en balanceos, removimientos de nosotros mismos y por otro lado, agradecimiento al médico espiritual. De todos modos aquel que resiste la inspección muestra la existencia del pazos, en cambio el que acepta la inspección “se desata de la atadura” (106 Filocalía t.3 v.50).

Es necesario recalcar que la metania combinada con la divina confesión cura la herida del hombre. La metania, que es inspiración del Paráclitos, arde al corazón y allí donde hay luto se psico-terapian, se sanan todas las heridas. El hombre en este estado adquiere el gran tesoro de la castidad. San Nikitas Stizatos nos pide que: “no digas con tu corazón que ya que he perdido la castidad es imposible para mí en el futuro que readquiera, ya que con el cuerpo he caído en varias manías y corrupciones”. Aunque el hombre haya perdido su virginidad o castidad puede adquirirla de nuevo con las lágrimas de la metania, del segundo bautismo que es la metania. Por eso continúa el mismo Santo Padre: “Porque donde hay esfuerzos grandes de metania, para el cuerpo y el calor de la psique y se han corrido ríos de lágrimas de compunción y dilatación del corazón, todos estos castillos del pecado caen y se apaga todo fuego de los pazos y se celebra el renacimiento celeste por la venida del Paráclitos y de nuevo la psique se hace palacio de la castidad y de la pureza” (107 Filocalía t4, v.50).

El renacimiento del hombre no se puede conseguir si no se somete en padres espirituales que en Cristo le sanarán: “El no someterse al Padre Espiritual”, que es según la imitación de Cristo que hizo obediencia a Su Padre hasta la muerte y la cruz, equivale con “el no renacimiento de arriba” (108 san Nikita Stizatos, Filocalía t4, v.54). Porque este renacimiento “se hace y se consigue por la sumisión y obediencia a padres espirituales” (109 san Nikita Stizatos, Filocalía t4, v.53).

Pero muchas veces los miserables pazos de la psique no se sanan enseguida después de la confesión. Hace falta mucha ascesis, mucha lucha y ejercicio espiritual de la psique para liberarse de sus pazos. Esencialmente la absolución de los pecados no es una confesión típica que quizá la hacemos bajo grandes presiones psicológicas, sino que es la liberación, libertad de los pazos. Aquel que no se ha liberado de los pazos con la Jaris energía increada de Cristo, “aún no ha recibido el perdón o absolución (110 San Thalasio, Filocalía t2, v.101). Tal como un enfermo que padece de una enfermedad física crónica no puede conseguir la salud “en una ráfaga del tiempo, así tampoco se puede expulsar de golpe los pazos y sanarse” (111 san Juan Sinaita: Escalera v.47). Se necesita tiempo y sobre todo ascesis, ejercicio espiritual y praxis-acción y así se sanan “psicoterapian” los pazos (112 San Nikitas Stizatos Filocalía t4, v.34). Por eso “las luchas, los ejercicios y los sufrimientos espirituales traen la apázia-sin pazos en la psique” (113 idem v.34).

A continuación intentaremos describir como se sana, “se psicoterapia” lo tripartito de la psique, los pazos psíquicos y los somáticos, cuáles preceden y cuáles los siguen. Aquí describiremos las maneras generales de la terapia “psicoterapia” de la psique.

En otro párrafo hemos subrayado que san Gregorio Palamás separando la psique en tres partes, lo logístico/racional, lo irascible/emocional y lo anhelante, escribe que con el alejamiento del hombre de Dios toda fuerza de la psique se enferma pero también la psique entera del hombre. Por tanto, se necesita terapia, psicoterapia. La terapia consiste en la pobreza espiritual, la que bienaventuró y bendijo el Señor: “Por tanto, hagámonos humildes en espíritu nosotros también, descuidando y ejercitando duramente la carne y en nuestra vida permanezcamos, por libre voluntad, insolventes, pobres materialmente”, para que nos hagamos herederos de la Realeza increada Celeste” (114 Filocalía t4, pag 106). Lo logístico/racional de la psique donde rabian los pazos de la vanagloria, lo sanaremos por la humildad. Lo anhelante de la psique donde rabian los pazos de la posesión material y la avaricia, lo sanaremos por la insolvencia, la pobreza material; y lo emocional de la psique que le hacen rabiar los pazos de la carne, lo sanaremos con la ascesis, autodominio, ayuno y contención. Es muy característico que san Gregorio Palamás en sus métodos de terapia de los pazos de la vanagloria incluye la partida, huida y la noerá hisijía-quietud, tranquilidad y serenidad en autogobierno o régimen en silencio y soledad en la kelia-celda (115 Filocalía t.4 pag 106). Y los pazos de la carne no se sanan de otra manera sino por el ejercicio y descuido de la carne y por la oración operativa del corazón humillado o de la pobreza en espíritu” (116 idem pag 105)

La vivencia de la triple pobreza nace por el luto en Dios que conecta con la súplica realizada. Del luto nacen las lágrimas. El valor del luto para la catarsis del nus del hombre es muy grande. La pobreza somática quebranta el corazón. “Quebranta el corazón la tripartita contención del dormir, comer y confort carne” (117 idem antes pag108). La autocrítica o autocondena que juega un papel grande en la vida espiritual del hombre, nace de esta humildad y del luto somático, carnal. (De nuestro léxico: ALFAOMEGA; 109. Πένθος (penzos) luto: en los textos patrísticos, es “la lipi tristeza o luto según Dios, es sufrimiento del que nace la metania”. El “luto según Dios no se identifica con el luto cósmico mundano, el que sienten los hombres cuando por ejemplo, pierden seres queridos, sino que es resultado de su concienciación del pecado y la creación de sanas vivencias y experiencias mediante la metania y el regreso al Señor. Se trata de un luto con originalidad propia, que con la increada energía divina Jaris, combina la alegría y la tristeza del luto (“luto alegre, pena-alegre”). No causa conflictos ni perturbaciones psíquicas, todo lo contrario trae paz y serenidad en la psique y buena disposición para cumplir los divinos mandamientos, logos y esperanza en Dios.)

La pobreza material que se expresa por la insolvencia, pobreza (sin posesiones materiales), la cual está unida con la pobreza del espíritu y hace la catarsis del nus. Cuando el nus, según san Gregorio Palamás, se ha liberado de las cosas sensibles y sube por encima del cataclismo del tumulto de las cosas terrenales y gira hacia sí mismo, entonces ve “la máscara (careto) especial que se ha hecho por deambular abajo” y acude mediante el luto a lavarla (118 idem pag 109). Así consigue la catarsis del nus y disfruta de la paz de los loyismí-pensamientos. Cuando el nus saborea la bondad (cristotis) del Santísimo Espíritu, entonces “empieza la Jaris increada a pintar en el “como a imagen” el “como a semejanza” (de Cristo)(119 idem pag 111). Entonces el hombre se convierte en prósopo-persona con personalidad, puesto que la vivencia, experiencia del “como a semejanza” nos constituye en prósopos-personas, personalidades. El luto al principio es doloroso, porque conecta con el temor a Dios pero contiene y trae gran beneficio. Mientras se va haciendo crónico se nace la agapi hacia Dios y el hombre se asemeja con ella. Y cuando haya vivido profundamente el luto, entonces “fructifica y disfruta de la divina súplica por la bondad del Paráclitos-Espíritu Santo” (120 idem pag. 114). El principio del luto por Dios “es búsqueda del nuncio (lazo, unión) con el Dios”. Como se ve muy débil y difícil el nuncio (lazo, unión) con Dios, por eso los amantes de Dios se esfuerzan y oran. El final del luto es la perfecta unión y comunión de la psique con Dios en noviazgo puro y perfecto, por la Jaris increada (121 idem 114).

Por consiguiente, según san Gregorio Palamás, la terapia, psicoterapia del tripartito de la psique se consigue por la correspondiente triple pobreza. De la pobreza nace el luto, el cual a continuación después de muchas expresiones y manifestaciones conduce al hombre en comunión con Dios. El luto es purgante, purificante y sanador del nus y del corazón (espiritual, o psicosomático).

San Juan e Damasceno, separa la psique, tal como dijimos anteriormente, en tres fuerzas, la logística o lógica/racional, la irascible/emocional y la anhelante. La terapia, psicoterapia y sanación de la fuerza logística/racional “es la fe decidida, firme e inquebrantable hacia Dios y los dogmas verdaderos, inequívocos y ortodoxos de la piedad, el continuo estudio de los logos del espíritu, la oración pura y continua, y el agradecimiento a Dios”. De la fuerza irascible o emocional de la psique, la terapia y curación es “la filantropía, la agapi, la apacibilidad, la fraternidad, la simpatía, la indulgencia y la bondad (cristótis). Y de la fuerza anhelante de la psique la terapia y curación es “el ayuno, la contención, autodominio, privaciones carnales, la pobreza, entrega de dinero a los pobres, el deseo de aquellos bienes futuros y el anhelo, apetito del reinado de la realeza increada de Dios y el deseo de adopción o ser hijo adoptivo de Dios” (122 idem pag. 234-235).

Es muy sinóptica la formulación de San Juan el Sinaíta: Con la divina Trinidad armarnos contra los tres pazos, es decir, armarnos contra la φιληδονία filidonía (hedonismo), la φιλαργυρία filaryiría (avaricia, codicia) y la φιλοδοξία filodoxía amor a la vana gloria, ambición, osea, a través de las tres, o sea, la contención/autodominio, la agapi/amor desinteresado y la humildad, (123 Escalera v.24)

Hemos dicho que lo emocional/irascible y lo anhelante de la psique los padres lo llaman παθητικό pazitikó pasional-padeciente o sentimental. Así pues existe la parte logística/racional y la parte pasional de la psique. La parte logística la catartiza, purga, sana y  purifica el leer, el  estudiar, y la oración, y la parte pasional la sana la agapi y la contención/autodominio (124 san Thalasio Filocalía t2, v.84).

San Marcos el asceta, tal como hemos observado, considera el olvido, la ignorancia y la pereza o desgana/desidia espiritual como los tres gigantes de los pazos. Sugiere que debemos de sanar el olvido mediante “la perfecta memoria sobre Dios”, la desastrosa ignorancia hacerla desaparecer “por la gnosis iluminada y celeste” y la razimía-pereza espiritual expulsarla “mediante la disposición virtuosa y bondadosa” (125 Filocalía t1, pag 138). Ver: http://www.logosortodoxo.com/filocalia/san-marcos-el-asceta-los-tres-enemigos-gigantes/

También existe una división de los pazos psíquicos y somáticos. Estos pazos se sanan con las correspondientes praxis espirituales. Los apetitos carnales y las exaltaciones corporales se frenan por la contención/autodominio, el ayuno y las luchas espirituales. Las inflamaciones de la psique y “los placeres del corazón los frena y congela la lectura de las santas escrituras y la continua oración humilde; todas estas como aceite las ablanda la compunción y dilatación del corazón” (126 san Stizatos Filocalía t4, v.68).

Los santos Padres en su terapéutica ascética presentan también el orden que se debe tener para luchar contra los pazos. Los pazos básicos según san Nikitas Stizatos son la φιληδονία filidonía (hedonismo), la φιλαργυρία filaryiría (avaricia, codicia) y la φιλοδοξία filodoxía amor a la vana gloria, ambición, que corresponden al tripartito de la psique. Tal como los pazos generales son tres, lo mismo tres son los modos de combatirlos. El introductorio, el medio y el perfeccionador. “El que se está introduciendo en la lucha por la piedad, comienza por lucha contra el espíritu del hedonismo φιληδονία filidonía. Destruye la carne con el ayuno, la vigilia y las oraciones nocturnas, y la psique la quebranta el recuerdo del castigo del hades/infierno y el estudio de la muerte. Aquel que se encuentra en el medio de las luchas, es decir, puesto que se ha catartizado purgado y depurado del hedonismo, “gira las armas contra el espíritu infiel de la avaricia, codicia”. Y  “el que ha pasado del medio por la contemplación espiritual y la apázia (sin pazos)” y se ha introducido en la teología, lucha contra el espíritu de la vanagloria (127 idem antes pad 282-283). Por consiguiente, lo primero que se combate es el hedonismo, después la avaricia y finalmente la vanagloria. Este es el orden de la terapia, psicoterapia.

Hasta ahora hemos enumerado los medios terapéuticos que se debe de utilizar para sanar varias fuerzas de la psique, es decir, el tripartito de la psique, los pazos somáticos y psíquicos, más los tres gigantes de los pazos etc. Ahora examinaremos métodos y formas terapéuticas generales que son adecuadas para todos los pazos.

En principio de todo en esta lucha espiritual no hace falta perturbarse, inquietarse y deprimirse o estar en tensión. Porque la turbación, la inquietud y la tensión crean y hacen mucho daño a la psique que combate espiritualmente. Cuando nos alborote un pazos, entonces no debemos perturbarnos; “porque el que uno se perturbe por un pazos, es signo de orgullo y de desconocimiento, porque no quiere ver su propia situación y porque quiere huir de la lucha”. Debemos de tener paciencia y persistencia, luchar y rogar a Dios (128 Abad Dorotheo pag 522-524).

Después es indispensable no tener gran convicción y confianza en nosotros mismos sino que giremos hacia Dios. “Realmente siéndonos con pazos no debemos creer a nuestro corazón”, porque la regla torcida hasta las cosas y realidades correctas y rectas las tuerce (129 idem antes pag 644,2).

Otra manera de combatir los pazos es cuando aún son pequeños. Mientras la falta sea pequeña “expúlsala antes que se amplíe y crezca”. Si el hombre se descuida más tarde encontrará “un hombre cruel”. El que combate desde el principio contra un pazos, rápidamente lo dominará, (120 San Isaac el Sirio, pag 20). Porque realmente una cosa es “arrancar una hierba pequeña y otra cosa es arrancar un árbol grande” (131 Abad Dorotheo pag 424). Al principio el corte de los pazos es fácil y se requiere poco esfuerzo, en cambio si se hacen grandes y pasa mucho tiempo entonces “se necesita mucho esfuerzo y violencia” (132 idem antes 474). Mientras los pazos están frescos más fácil es el esfuerzo y la lucha contra ellos.

Se requiere recortar los asaltos, ataques y las causas que provocan los pazos. Ya hemos descrito como un loyismós-pensamiento se desarrolla en pazos. Cuando estamos atentos a los loyismí y rechazamos la oferta del astuto maligno entonces evitamos el nacimiento y la excitación de los pazos. Aquel que rechaza el asalto, ataque “por una acción ha cortado todas las posteriores” (133 san Juan Damasceno, Filocalía t2, 23, 30). Cuando el nus del hombre se hace crónico en una cosa sensible, entonces es natural que nazcan o se exciten los pazos. Hace falta despreciar aquella cosa por el que el nus está prisionero. Si el hombre no desprecia esta cosa “no se puede liberar de este pazos” (134 san Máximo Filocalía t2, v.2). En este deporte espiritual es necesario que nos alejemos de los apetitos corruptos y de las praxis pecadoras, “y huir de ellos sin vuelta atrás” (135 san Gregorio Palamás, EPE,t.2, pag 398).

Es común la enseñanza patrística en relación al corte de las causas y motivos del pecado. CristoDios el médico de nuestras psiques y cuerpos no pide que abandonemos las relaciones y tratos con los hombres sino que cortemos las causas de nuestros males (136 san Casiano el Romano, Filocalía t1, v.14). “Aquel que odia los pazos quita del medio los motivos y las causas de ellos” (137 san Marcos el Asceta, Filocalía t1, v.119). Si el atleta de la vida espiritual se contraría y rechaza al loyismós, entonces “se debilita el pazos y se hace impotente para atacarle y afligirle y así poco a poco luchando y ayudado por Dios desaparece y se libera de este pazos” (138 abad Dorotheo pag 624.626). Sinópticamente para el tema del corte de las causas y motivos, podemos decir que es una petición general de los Padres, “al momento que te viene el pazos inmediatamente córtalo” (139 Gerontikón, pag 113, v.22).

Hace falta lucha intensa y persistente para reducir los pazos y a continuación se necesita la nipsis* espiritual para que no crezcan, y también la guerra para adquirir las virtudes y la nipsis para guardar las virtudes (140 san Máximo Filocalía, t2, v.41). Así todos nuestros esfuerzos se encuentran entre la guerra y la nipsis. («Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” o santa serenidad o serenidad cardíaca (del corazón psicosomático)»).

La lucha es grande. No es cosa fácil para uno metamorfosearse, transformarse a sí mismo, catartizarse purgarse, purificarse y sanarse de los pazos y llenarse de virtudes. Porque la catarsis del hombre es negativa y positiva. Según los Santos Padres la guerra espiritual se hace con la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos/logos de Cristo, y conocemos bien que cuando el hombre lucha para someter el cuerpo a la psique y la psique a Dios, entonces nacen las virtudes psíquicas y físicas/somáticas. En el hombre post-caída el cuerpo se alimenta de materia, las cosas materiales, y la psique por el cuerpo. Ahora se tiene que hacer lo contrario. Debemos de liberarnos del estado contra-natura. La psique tiene que aprender alimentarse de la Jaris-Gracia energía increada de Dios y el cuerpo alimentarse de la “psique jaritificada-agraciada, poseída por la Jaris” y el resultado es un equilibrio en nuestro organismo. Esto lo conseguimos con el esfuerzo de adquirir las virtudes, tales como la humildad, la agapi, el ayuno, la ascesis, la oración, la obediencia etc. En este punto queremos recalcar algunas virtudes de este tipo que son indispensables para la metamorfosis de nosotros mismos.

El esfuerzo de vivir la agapi (amor incondicional, desinteresado) expulsa todos los pazos: “lucha por amar a todo ser humano por igual, y así expulsas conjuntamente a todos los pazos” (141 san Thalasio Filocalía t2, v.39).

La oración incesante, el nombrar incesantemente a Dios es un fármaco que revoca no sólo todos los pazos sino la misma praxis. Tal como el médico coloca un fármaco encima de una herida del paciente y esto opera de una manera que el enfermo no la sabe, así también el Nombre de Dios “cuando se nombra sin que nosotros los sepamos revoca todos los pazos” (142 San Nicodemo el Aghiorita: Libro sobre Barnasufio y Juan, pag 216-217).

San Juan de Clímaco dice que el revocante de todos los pazos es la humildad “los que la han adquirido han vencido todo” (143 Escalera v.29). El Profeta David en su salmo introductorio refiriéndose a las bestias del monte dice “el sol se puso y se reunieron y se acostaron en sus rediles”. Y San Juan interpreta que cuando amanece en nuestra psique el sol de la justicia por la humildad huyen todas las bestias de los pazos de los corazones hedónicos, voluptuosos (144 Escalera, v.44).

El casamiento de las fuerzas de la psique con las virtudes nos liberará de la tiranía de los pazos (145 san Thalasio, Filocalía t2, v.65)

La sumisión en un Padre espiritual conecta con la contención y la doma las bestias de los pazos (146 Gerontikón, pag 5, v.35).

El Cristiano ortodoxo debe delimitar su sentido sólo a un alimento y sus nus a la monóloga oración del corazón o de Jesús; así saliendo de la relación con los pazos, llegará también a ser arrebatado hacia al Señor durante la oración (147 San Elías el Ekdikos, Filocalía t3, v.75).

El que quiere liberarse de todos los pazos tiene que emprender y hacerse cargo de “la contención/autodominio, la agapi y la oración” (148 san Thalasio, Filocalía t2, v.93). Existen algunos trabajos que frenan los pazos y no los dejan crecer y existen otros trabajos que disminuyen los pazos. Por ejemplo, el ayuno, el esfuerzo y la vigilia no dejan el deseo a crecer, y la partida/huida, la contemplación, la oración, el estudio y el eros (amor ardiente) hacia Dios frenan y exterminan el deseo. El pazos de la ira (enojo) lo frenan y no lo dejan crecer, la tolerancia, la magnanimidad, el no resentimiento y la apacibilidad, pero lo reducen la agapi, la caridad, la bondad y la filantropía (149san Máximo Filocalía, t2, v.47). El que ha destituido auténticamente todas las cosas del mundo y sirviendo sin hipocresía a su prójimo mediante la agapi, “este se libera rápidamente del pazos y se constituye partícipe de la divina agapi y de la gnosis-conocimiento divina, (150 san Máximo Filocalía, t2, v.27).

La nipsis, la objeción y la oración expulsan el asalto/ataque de la tentación y todo queda lento, es decir, el asalto no llega hacerse consentimiento y pazos: “46. En principio se produce el asalto del pensamiento malo; en segundo lugar la combinación, cuando se mezclan nuestros loyismí y los demoníacos; en tercer lugar, el consentimiento, cuando nuestros loyismí se acoplan, co-meditan y asocian con los demoníacos para cometer el mal; en cuarto lugar, está la acción sensi­ble, es decir, el pecado. Si el nus pone atención con la nipsis, y por me­dio del rechazo y de la invocación del Señor Jesús expulsa el asalto desde su aparición, entonces los siguientes (combinación, consentimiento y pecado) quedan tardíos, vanos y alejados. Pues el maligno astuto demonio, siendo un nus incorpóreo, no puede engañar a las psiques más que por medio de la fantasía, imaginación y de los loyismí. Y en lo que concierne al asalto, David dice: cada mañana yo mataba todos los pecadores de la tierra (Sal 100,8). Sobre el consentimiento y la alianza, el gran Moisés dice: no harás una alianza con ellos, no los consentirás para que no te hagan pecar (Ex 23, 32). 151 san Hisijio Filocalía, e1, v-4.

Dos grandes carismas ha dado Dios al hombre por los que puede sanarse, salvarse “y ser redimido y liberado de todos los pazos de, antiguo hombre, la humildad y la obediencia” (152 San Nicodemo el Aghiorita: Libro sobre Barnasufio y Juan, pag 224).

Medios auxiliares para la catarsis y la liberación de los pazos es también el logos de Dios. El Apóstol Pablo hablando sobre la armadura espiritual que debe de tener cada Cristiano se refiere al logos de Dios. “Y tomad como otro yelmo la convicción de la sotiría redención, sanación salvación, y tomad la espada del Espíritu, que es el logos iluminador de Dios” (Ef 6,17). Es necesario tener continuamente ante nuestros ojos los logos, dichos de Dios. “Ocúpate continuamente con los logos divinos, porque la ocupación y esmero sobre ellos destruye los pazos” (153 san Thalasio, Filocalía t2, v.18). En otra parte san Thalasio pide que luchemos por los mandamientos/logos “para que nos liberemos de los pazos” (154Filocalía t2, v.18). Los mandamientos/logos de Dios se refieren al tripartito de la psique. Los mandamientos de Cristo, “todos los logos/mandamientos del santo Evangelio se ve que legislan, ordenan y sanan, psicoterapian las tres partes de la psique, o más bien, que en verdad la sanan. Estas tres partes de la psique se ve que el diablo las combate día y noche. Y ya que el Satanás combate las partes de la psique, está claro que combate los logos-mandamientos de Cristo; efectivamente, el Cristo con los logos-mandamientos legisla y ordena las tres partes de la psique que son: la irascible/emocional, la anhelante (deseo, volitiva) y la logística/lógica-racional (155 san Filoteo el Sinaita Filocalía t3, v.16).

A continuación san Filoteo cita algunos ejemplos para que esto sea claro. Para la parte irascible/emocional cita el mandamiento, “pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (Mt 5,22), para la parte anhelante cita el mandamiento “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mt 5,28) y para la parte logística/racional el mandamiento “el que no niega todo y no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí” (Mt 10,37-38). El Cristo, según el Santo, legisla el tripartito de la psique mediante los logos-mandamientos. Pero el diablo combate el tripartito de la psique, por consiguiente, combate los mandamientos de Cristo (156 san Filoteo el Sinaita Filocalía t3, v.16).  Sus mandamientos realizados nos catartizan, nos purgan, nos sanan y nos purifican de los pazos que son las malas disposiciones, intenciones y conductas “de nuestro hombre interior” (157 abad Dorotheo pag 143, v.49).

Hemos recalcado anteriormente que el luto, la metania y la confesión son las armas más eficaces contra los pazos. Aquellos se han oscurecido o ensuciado por el vino “se han lavado mucho y muchas veces con mucha agua, y los que se han oscurecido por los pazos se han lavado con las lágrimas” (158Escalera v.9).

Complementos de la metania son también distintas tentaciones y pruebas en nuestra vida, es decir, “efectos involuntarios”. Los virus del mal son muchos y se requiere el fuego catártico y purificador de la metania mediante las lágrimas. Porque nos catartizamos limpiamos, purgamos y purificamos de las infecciones del pecado “o por sufrimientos voluntarios” de la ascesis o “por involuntarios efectos” de las tentaciones. Cuando preceden los dolores voluntarios de la metania, no siguen los involuntarios, es decir, las grandes tentaciones. El Dios economizó de manera que si la ascesis voluntaria no haya energizado, operado la catarsis, entonces vienen los efectos de las fatigas involuntarias “operan con más intensidad y violencia contribuyendo para la apocatástasis-restablecimiento en la belleza ancestral” (159 san Nikitas Stizatos, Filocalía t4, v.19). Esto significa que muchas tentaciones que vienen en nuestra vida son porque aún no hemos hecho la metania voluntaria. La carga voluntaria de la cruz de la metania tiene como consecuencia la liberación de la cruz involuntaria de las tentaciones y de las pruebas.

También un arma grande para la terapia de los pazos es la hisijía*, principalmente la noerá hisijía (del corazón) de la que hablaremos en otro capítulo. El Apóstol Pablo afirma que: “ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida” (2 Tim 2,4). (* «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».)

Y san Marcos el Asceta comenta que aquel que con la implicación mundana quiere vencer los pazos, parece semejante a aquel que quiere apagar el fuego con pajas (160 Filocalía t2, v.107).

Cierto que el tema de la hisijía y la partida, (huida, salida) es muy grande y muy fino. La partida, salida no es para todos buena. Porque si existe un pequeño pazos psíquico escondido, en el desierto no se puede sanar, porque allí no existe el objeto que lo provocará. Dice san Juan el Sinaíta: aquel que se enferma de un pazos psíquico e intenta la hisijía, parece a aquel que saltó del barco en alta mar y cree que con una tabla llegará a tierra (161 Escalera v.11).

No son contrarios los consejos de los santos Padres sobre la hisijía. Hisijía es la “permanencia en Dios” y la pureza, claridad del nus. Esta es la llamada noerá hisijía(espiritual). El esfuerzo de limitar las excitaciones de los sentidos y la dedicación a la oración, ayuda a la libertad de los pazos. Pero cuando el hombre, está sin la preparación especial y la bendición particular de guía espiritual experimentado con discernimiento, huye y evita  de los hombres y se dirige al desierto, entonces es posible que no consiga la terapia, ni se sane. Porque el desierto, para el hombre aquel que no tiene las condiciones indispensables, cubre los pazos y no los sana (162 Filocalía t1, pag72).

Hasta aquí hemos citado varios medios que generalmente sanan “psicoterapian” los pazos. Ahora queremos presentar también algunos medios terapéuticos que sanan los pazos especiales.

Según san Casiano el Romano existen ocho loyismí-pensamientos de la maldad: gula, lujuria, avaricia, ira, pena (depresión), acedia, vanagloria y soberbia. ¿Cómo se sanan estos ocho loyismí que corresponden a los ocho pazos correspondientes?

La gula se sana con la contención, ayuno y autodominio de la panza, por el ayuno diario y por no salir de tu garanta placer, hedonismo “(163 Filocalía t1, pag 61-62).

La lujuria la sana uno cuando vigila su corazón “de los sucios loyismí”. La lujuria la sana con el quebrantamiento y dilatación del corazón, la oración del corazón o de Jesús y el estudio cuidadoso y continuo de las Escrituras, más el trabajo manual… y todo contribuye a la humildad de la psique ((164 Filocalía t1, pag 63).

La avaricia se sana con el desprendimiento, renuncia y la pobreza/insolvencia, tal y como enseñan la Santa Escritura y los santos Padres (165 Filocalía t1, pag 68-70).

La ira que es la emoción ciega los ojos de nuestro corazón, se sana por la sin maldad y la indulgencia hacia nuestros prójimos. La paz interior que es contraria de la ira “no se consigue por la tolerancia y magnanimidad que se hace hacia nosotros por los demás, sino por nuestra no maldad, ni resentimiento hacia el prójimo. No basta con no enfadarnos ni enojarnos contra los hombres, sino ni siquiera hacia las cosas irracionales y las que no tienen psique. También se sana por expulsar no sólo la ira en acción… sino también la ira de la diania, mente, cerebro, intelecto. No sólo mantener nuestra boca cerrada en tiempo de tentación, sino el catartizar, purgar y sanar el corazón del resentimiento y no dejar rodeando loyismí astutos malignos en la diania-mente contra el hermano. La terapia perfecta es cuando nosotros no movemos ni hacia los justos ni hacia los injustos. (166 Filocalía t1, pag 72-74).

La lipi- depresión tristeza, melancolía, se sana por la guerra que se tiene que hacer contra los pazos interiores. Debemos luchar contra el espíritu de la tristeza-depresión, que trae la desesperación en la psique, para expulsarlo de nuestro corazón. Debemos tener sólo la tristeza la que viene por el arrepentimiento de nuestros pecados que se hace y trae esperanza buena. Es decir, la lipi-tristeza se expulsa y se sana cuando por la Jaris de Cristo y nuestra valentía la convertimos en lipi-tristeza espiritual, tristeza de metania. Esta lipi-tristeza según Dios convierte al hombre y le constituye bueno, afable, humilde, apacible, sin maldad y persistente con paciencia hacia todo dolor bueno, bien dispuesto y obediente a todo trabajo espiritual, (167 Filocalía t1, pag. 75-76).

La acedia o desidia espiritual no se sana de otra cosa “sino por la oración, abstención del charloteo, la paciencia de las tentaciones y el estudio de los divinos logos”. Se necesita también trabajo somático, físico. “Los Santos Padres que se ejercitaron en Egipto, no permiten en ningún tiempo que el monje estuviera sin trabajo”. Trabajan y así ofrecen comida no sólo para ellos mismos sino a los que necesitan también; creyendo que con esto realizan obra buena y sacrificio divino que es bien recibido de Dios” (168 Filocalía t1, pag76-78).

La vanagloria es de múltiples formas y difícil de combatir. Se requiere mucha atención. El hombre debe de utilizar cualquier medio para vencer “esta bestia multiforme”. No hacer nada con la intención que le elogien los hombres “y rechazando siempre los loyismí que vienen en su corazón y lo elogian, y que se agote a sí mismo ante Dios” (169 Filocalía t1, pag78-79).

Finalmente, la soberbia es la peor de todas las luchas anteriores y la más salvaje. Se sana por la humildad, la que viene por la fe y el temor a Dios, la apacibilidad y la perfecta pobreza, por la que se logra la agapi perfecta (170 Filocalía t1, pag79-80).

Pero el enemigo de nuestra salvación, el diablo, es ingenioso y listo. Por eso también el Cristiano, el combatiente en esta lucha tiene que ser él también ingenioso. La inteligencia del hombre se ve por las maneras que trata para engañar al diablo. En las obras patrísticas encontramos muchas “inteligentes” ocasiones y experiencias por las que se esquiva el diablo y se sana la psique.

Generalmente los pazos “les gusta volver” (171 Escalera v.8). Mientras parece que se han ido o sanado, después de poco tiempo vuelven más fuertes. Es conocido el logos del Señor sobre el espíritu sucio e impuro: «Y cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares áridos buscando reposo, pero no lo encuentra, entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí, es decir, al corazón del hombre de donde salí; y al llegar, la encuentra desocupada, barrida y puesta en orden, o sea, encuentra al hombre con desidia y pereza espiritual y bien dispuesto a volver a la primera situación pecadora y desastrosa. Entonces el espíritu malvado va, y toma consigo otros siete espíritus superiores y peores que él mismo, y entran y se instalan allí. Y así el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta generación malvada; la cual cuando vino Juan el Bautista por el momento no se removió ni conmocionó por su kerigma-predicación; pero cuando vino el Cristo, el Mesías a ofrecer la sotiría redención sanación y salvación negó a recibirlo y aceptarlo, se quedó irreparable, sin corregirse y se pervirtió aún más» (Mat 12, 43-45). Esto lo conocen los santos y toman todas sus medidas.

Algunos métodos, modos e indicaciones de los Santos Padres nos gustaría a continuación exponer. La guerra se debe de hacer principalmente contra el pazos principal, “sobre todo ármate sobre este pazos”. Porque si no se vence el pazos que está en aventaja y domina en nuestro interior “la victoria a los demás pazos en nada nos beneficia” (172 Escalera v.39).

Cuando estamos atacados a la vez con dos pazos, entonces debemos de retroceder al más débil para que no seamos vencidos por el pazos más fuerte. San Juan el Sinaíta menciona dos ejemplos. Algunas veces cuando estamos en oración ocurre que vienen hermanos. Entonces tenemos que hacer una cosa de las dos: no recibir a los hermanos o parar la oración a favor de los hermanos. Preferiremos parar la oración, porque la agapi es superior a la oración. Otras veces, escribe el mismo Santo, encontrándose en una ciudad, apenas sentándose a la mesa recibió los loyismí de la gula y de la vanagloria. Y prefirió ser vencido por la vanagloria, es decir, contenerse de la gula y ser alabado por el ayuno, porque temió más el aprisionamiento de la panza, de la gula, que es la madre de la fornicación y fue vencida por la vanagloria (173Escalera v.39).

El abad José enseña que a veces es preferible que dejemos que sean introducidos en nuestro interior los pazos y allí combatirlos y otras veces cortarlos inmediatamente desde el principio. Por eso en un hermano que le preguntó en relación le contestó: “déjalos que se introduzcan y combátelos” y eso para que te conviertas más experimentado. Pero en otro hermano que le hizo la misma pregunta, si debe de dejar que los pazos se le acerquen, le contestó: “No dejes que se introduzcan sino córtalos inmediatamente” (174 Gerontikón, pag 53, v.3). Esto muestra que es el terapeuta espiritual que nos determinará la clase de lucha y combate y también la manera, porque cada hombre es distinto y cada caso por separado.

San Juan el Clímaco se refiere dos maneras o modos con los que uno puede vencer los demonios. Estos modos o maneras se ven muy extremas pero se tiene que decir que no puede aplicarlas cualquier hombre, sino el que ha vencido los pazos. Es decir, el catartizado sanado, purificado y limpio del corazón utiliza muchos medios a fin de herir a los demonios.

Un hermano sufrió injusticias pero no se ha turbado para nado, sino que oraba noerós-espiritualmente con el nus (o el corazón contacto consciente con CristoDios). Pero después empezó a protestar por las injusticias, así de esta forma con un falso pazos esconder su apázia (sin pazos) (y evitar los elogios).

Otro hermano mientras estaba totalmente desanimado, sin ganas por el primer puesto, en cambio hipócritamente decía que luchaba para conseguirlo. Otro hermano que se distinguía por su pureza entró en un prostíbulo y arrastró la prostituta a la vida de la ascesis cristiana.

A un asceta le trajeron uvas. Aquel después de la marcha del hermano mientras no tenía apetito tragó todas las uvas presentándose como goloso a los demonios.

Este tipo de praxis, las hacían los llamados locos por Cristo para burlarse del demonio y beneficiar de varias maneras a los hermanos. Pero esto requiere una particular bendición, pureza y Jaris de Dios. Por eso san Juan el Sinaíta, presentando estos sucesos escribe: A los que emprenden este método se necesita mucha nipsis no vaya ser que burlando a los demonios sean burlados por ellos (175 San Juan el Sinaita: Escalera v.8).

Después de mucha lucha el hombre consigue por la Jaris de Cristo a sanar sus pazos, los sufrimientos de su psique y se convierse el rey. Muchas veces el atleta de la lucha espiritual saborea este tipo de alegrías, de manera que repita lo que decía el abad José: “Yo soy el rey hoy, porque he reinado sobre los pazos” (176 Gerontikón, pag 54). Entonces disfruta de la vida de y en Cristo, porque “el que pasa a la vida es aquel que ha vencido los pazos y se ha separado de la ignorancia” (177 san Thalasio, Filocalía t2, v.53). 

Pero mientras nos encontramos en esta vida y vestimos del desgaste, de la corrupción y de la mortandad, tenemos que luchar continuamente. Por eso cuando el hombre ha vencido “casi todos los pazos”, entonces quedan dos demonios para que combatan contra al hombre de Dios.

“99. Cuando el hombre de Dios ha vencido casi todos los pazos, entonces quedan dos demonios que combaten contra él. De ellos uno molesta la psique y de la gran agapi a Dios la conduce en un celo inoportuno, de manera que no quiera que nadie más complazca tanto a Dios como ella. El otro, combate al cuerpo impulsándolo a un ardiente deseo sexual. Esto ocurre al cuerpo, en primer lugar, porque el placer carnal está dentro de su naturaleza para la procreación y así fácilmente vence y en segundo lugar, por concesión de Dios. Cuando el Señor ve que un luchador prospera con multitud de virtudes, alguna vez concede que sea manchado por este demonio, para tener una razón en considerarse como el peor de todos los hombres y ser humilde. Sin embargo, la molestia de este pazos acompaña las hazañas, u otras veces precede antes y después opera el pazos y la psique se ve como inútil por muy grande que sean sus hazañas. El primero de estos demonios lo combatiremos con mucha tapinofrosisni-humildad, modestia (conducta interior humilde, modesta y serena) y agapi. El segundo demonio lo combatiremos con engratia (autodominio, continencia y ayuno), ausencia de ira y profundo estudio de la muerte, para que así, teniendo continuo el sentimiento del Espíritu Santo, vencer estos pazos con la jaris (energía increada) del Señor” ( 178 San Diadoco de Fótica, Filocalía t1, v,99). El Dios permite que seamos atacados por el diablo en toda nuestra vida para que nos humillemos y seamos humildes.

Un hermano dijo al abad Pimin: “Mi cuerpo se ha agotado pero mis pazos no se agotan” (179 Gerontikón pag 99, v.161). A pesar de todo esto el hombre en su esfuerzo en hacer la catarsis vive la bienaventurada y feliz situación de la apázia. Por eso ahora vamos a estudiar la bendita vida de la apázia.

 

4.Απάθεια Apázia, sin pazos

El desarrollo de la apázia intentaremos que sea más resumido porque ya por las cosas anteriores se nos muestra la manera de la adquisición de este estado feliz y bienaventurado.

El valor de la apázia para la vida espiritual es muy grande. El hombre que la ha adquirido se ha acercado y tocado a Dios y se ha unido junto con Él, puesto que la comunión con Dios muestra la existencia de la apázia. La apázia según la enseñanza de los Padres “es la salud de la psique” (180 san Thalasio, Filocalía t2, v.2). Si los pazos son la enfermedad de la psique, la apázia es el estado saludable de la psique. La apázia  “es resurrección de la psique antes del cuerpo” (181 san Juan el Sinaita, Escalera, v.2). Apazís (sin pazos) es aquel que ha hecho incorruptibles los instintos, elevó su nus por encima de la creación y ha sometido todos sus sentidos-instintos al nus y presentó su psique delante la cara/persona del Señor (182 idem antes). Así que la apázia es la entrada en la tierra prometida (183 San Hisiquio el Presbítero, Filocalía t2, v.14). Aquel que se ha acercado en la montaña de la apázia, subiendo según su limpieza, por la belleza de las creaciones hacia el Creador, “recibe inundaciones de la luz increada del Espíritu” (184 san Nikitas Stizatos, Filocalía t4, v.90). Con otras palabras, la apázia tiene un gran valor y se alaba por los santos Padres, porque es liberación del nus. Si los pazos esclavizan y aprisionan al nus, la apázia le libera y le conduce hacia el conocimiento de los seres y del conocimiento/gnosis de Dios. “La apázia conduce hacia el conocimientos de los seres” (185 san Thalasio, Filocalía t2, v. 20). Entonces es “el camino de la gnosis (increada)” (186 san Máximo, Filocalía t2, v.58). El resultado de esta gnosis es adquirir el gran carisma del discernimiento. El hombre por y en Jaris increada puede separar y discernir lo bueno de lo malo, las energías creadas de las increadas, las energías satánicas de las energías de Dios. “La apázia genera y hace nacer el discernimiento” (187 idem antes v.90).

Nuestros contemporáneos hablan mucho sobre las pertenencias o bienes comunes. Pero el error de la mayoría está en que limitan la insolvencia o pobreza en los bienes materiales y se olvidan que es algo más que todo esto. Cuando el nus del hombre se libera de las cosas creadas y deja de ser esclavizado a las cosas creadas y se eleva hacia Dios, entonces vive la verdadera insolvencia o pobreza. Esta verdadera pobreza del espíritu, la disfruta el apazís (sin pazos): “La pobreza o insolvencia es espiritual e ilegible, es la apázia total, por la que el nus que la ha logrado sale de sí y abandona las cosas mundanas”  (188 san Thalasio Filocalía t2, v.90).

Pero tenemos que definir qué es la apázia. Desde la antigua época los filósofos Estóicos hablaban sobre la apázia como necrosis de la parte pasional de la psique. Hemos recalcado que la parte pasional de la psique es la irascible (emocional) y la anhelante. Cuando estos se mortifiquen según la antigua interpretación, entonces tenemos apázia. Pero cuando los Padres hablan de la apázia no dan a entender la necrosis de la parte pasional de la psique sino que hablan para su metamorfosis, transformación y conversión. Puesto que, por causa de la caída, nosotros vivimos el estado contranatural de las fuerzas de la psique y con la apázia, es decir, con la liberación de los pazos tenemos el estado natural de la psique.

La apázia en la enseñanza de los santos Padres es la inmovilidad de la psique hacia el mal, y claro está, esto es imposible de conseguir sin la misericordia (energía increada) de Dios (189 san Thalasio Filocalía t2, v.36). Según san Máximo, la apázia es un estado pacífico y sereno de la psique durante el cual la psique se hace “difícil de moverse hacia la maldad” (190 Filocalía t2, v.3). Esto significa que apázia es que uno no padezca por los conceptos de las cosas (191san Máximo Filocalía, t2 v.38). Es decir, la psique está libre de los loyismí-pensamientos simples o unidos con la fantasía imaginación, que se mueven por los instintos y por las mismas cosas. Tal como en la antigua época de la zarza ardiente, mientras estaba ardiendo no se quemaba (no se consumía), así también el hombre apazís (sin pazos) aunque tenga “el cuerpo muy pesado y ardiente” sin embargo el calor del cuerpo “no molesta ni ensucia el cuerpo-carne ni al nus”. Porque en este caso “la voz del Señor suspendió la llama de la naturaleza” (192 san Karpacio, Filocalía t1, v.3). Así el hombre apazís (el que logró la apázia) vive la libertad del nus y no le molesta ninguna cosa terrenal, ni la temperatura del cuerpo. Por supuesto que esta libertad del nus por todos los movimientos de la carne y los conceptos de las cosas es incomprensible para los hombres que no viven el estado de la apazia, sino más bien viven las energías y operaciones de los pazos. Pero para los hombres de Dios lo llamado por la gente mundana natural es contranatural y lo llamado sobrenatural lo vive como natural.

San Simeón el Nuevo Teólogo enfrentando las acusaciones de que no era posible para el hombre vivir situaciones sobrenaturales y vivir la libertad de la carne, escribía que aquel que no es apazís no conoce qué es la apázia, “además ni siquiera cree que uno puede tenerla en esta tierra” (193 SC 1, pag 66, v.85). Esto de una manera es normal, puesto que cada uno “juzga y razona a su prójimo según su estado interior, sea por la virtud, sea por la maldad” (194 idem antes). Cada uno juzga según el contenido de su vida y de la manera que vive. De todos modos es cierto que, para los que tienen experiencia, es que la cualidad característica del apazís es “estar en todo imperturbable y sin miedo”, puesto que ha recibido de Dios “ser fuerte e imperturbable en todo” (195 San Pedro Damasceno, Filocalía t3, pag 388).

Con todo esto queremos recalcar la verdad que la apázia es un estado natural en todo, es la metamorfosis (transformación, conversión) de la parte pasional de la psique y su vuelta al estado de vida natural. En este tema se ha discutido enormemente en el siglo 14 entre san Gregorio Palamás y el filósofo papista Barlaam. El segundo acusando la forma de oración que hacían y hacen los hisijastas, insistía que la apázia es la necrosis de la parte pasional, pero san Gregorio Palamás teniendo experiencia personal sobre el tema y expresando toda la experiencia de la Iglesia Ortodoxa refutó esta opinión y aspecto de Barlaam. “Pero nosotros, oh filósofo, no nos ha sido enseñado que la apazia es esto que tú dices, o sea, la mortificación de la parte pasional de la psique, sino que el traspaso de lo pasional desde lo inferior a lo superior y por la acción de la increada energía divina, total aversión y rechazo de las cosas malignas y vuelta hacia las cosas buenas” (196 san Gregorio Palamás, EPE tomo 2, pag 388). Apazís es el “que se ha apropiado de las virtudes, tal como los que tienen los pazos de los placeres malos o del hedonismo”. Los que están con pazos someten la parte lógica de la psique a la pasional, en cambio el apazís (sin pazos) somete la parte pasional de la psique, es decir, irascible/emocional y anhelante, las somete “a la parte lógica de la psique del sano juicio y del conocimiento” (197 idem antes). Con la parte logística/lógica de la psique mediante la gnosis-conocimiento de los seres adquirirá la teognosía (conocimiento de Dios) y con la parte pasional trabajará “las virtudes adecuadas” y “la parte anhelante abrazará la agapi y la parte irascible/emocional la dominará la paciencia” (198 idem antes pag 390). Apázia, pues, es la metamorfosis, conversión de la parte pasional de la psique y su sometimiento al nus que por la naturaleza contiene la hegemonía y el movimiento, “por la memoria incesante de Dios hacia Dios” y así de esta manera consigue la divina disposición y el hábito perfecto que es “la agapi a Dios” (199 idem antes). Así comprendemos que no se mortifica la parte pasional, sino que adquiere gran fuerza, fortaleza y vida. En otro punto san Gregorio enseña que al crucificar la carne “con sus pazos y deseos” no significa que tenemos que mortificar cada energía y fuerza del cuerpo, es decir, suicidarse, sino que nos alejemos de los apetitos corruptos y praxis corruptas, pecadoras “y salir de estas sin volver atrás”, es decir, no permitirlas, así nos haremos hombres de deseos espirituales y avanzando con valor hacia adelante, según el prototipo del Lot en Sodoma. En resumen podemos decir que según san Gregorio Palamás, los apazís no mortifican la parte pasional de la psique sino “que la tienen viva y operativa hacia las cosas superiores” (200 idem pag 398).

Así pues la apazia se conecta y enlaza con la agapi y es vida, movimiento. Según san Juan el Sianaíta tal como la luz, el fuego y la llama están concurridos y asistidos por una energía, ocurre lo mismo con la apázia, la agapi y la adopción. La apázia, la agapi y la adopción se diferencian solamente por los nombres (201 San Juan el Sinaita; Escalera, v.4). La apázia está estrechamente conectada con la agapi y la adopción y son vida y κοινωνία kinonía comunión, unión con Dios (por la Jaris).

Por supuesto que cuando decimos apázia no queremos decir que el hombre no es atacado por el diablo. El enemigo de nuestra vida sigue molestando también al hombre sin pazos, puesto que tentó al mismo Señor al desierto con las tres tentaciones conocidas, pero la apázia es de los que están en combate y atacados permanecen incompatibles (202 san Diádoco de Fótica, Filocalía t1, v.98)

Existen muchos estadios o grados de apázia que queremos citarlos presentando la enseñanza de los santos Padres.

San Máximo cita cuatro grados de apázia. La primera apázia se observa a los introductorios, principiantes y es la abstención de los pazos que están en energía y acción. En este grado el hombre no hace las praxis exteriormente. La segunda apázia es la que se encuentra en los virtuosos y es la total expulsión de la diania mente, intelecto de los apasionados loyismí. La tercera apázia es la total inmovilidad del deseo sobre los pazos y se observa en los glorificados, los que han logrado la zéosis y la cuarta apázia es la catarsis total hasta de esta simple fantasía, esta es de los perfectos (203 san Máximo,PG 90, 1281). Se ve claro por este pasaje que, según el grado de la catarsis del hombre se manifiesta también la correspondiente apázia.

San Simeón el Nuevo Teólogo separa la apázia en dos categorías. Una es la apázia de la psique y la otra es la del cuerpo. La apázia de la psique santifica también al cuerpo por el propio esplendor y la inundación de luz increada del Espíritu y la apázia del cuerpo por sí misma, si no existe la apázia de la psique, no beneficia en nada a su poseedor, (204 PG 66, 86). Además, aunque el hombre haya superado toda virtud práctica no debe de confiarse que ha llegado a la apázia (205 san Teógnosto, Filocalía t2, v.4).

San Juan el Clímaco encontrándose dentro en la tradición eclesiástica escribe que existe el apazís y “el apazís más apazís”. El primero odia fuertemente los astutos malignos demonios, pensamientos, ideas y cosas y el segundo “se enriquece insaciablemente en virtudes” (206 Escalera, v.4). Entonces se ve aquí que la apázia no es trabajo solo negativo sino positivo también. Es la adquisición de las virtudes que es fruto del Santísimo Espíritu.

San Nikitas Stizatos hablando sobre la apázia la separa en dos categorías. En los importantes la apázia es doble. La primera viene después del final de la filosofía práctica que es la catarsis, es decir, el entrenamiento legal, cuando se han mortificado los pazos y quedan inactivos los impulsos carnales y las fuerzas de la psique se mueven hacia al por naturaleza. La segunda y más perfecta apázia según el Santo es “después del inicio de la zeoría-contemplación natural viene la segunda apázia, la más perfecta, la cual, una vez que por la noerá hisijía del nus se ha elevado en un estado pacífico del nus, le convierte y le hace excepcionalmente perspicaz y provisor. El nus del apazís se hace excepcionalmente perspicaz en las cosas de Dios, en visiones y en apocalipsis-revelaciones de los misterios de Dios, y muy providente a las cosas humanas, entonces ve desde lejos las cosas humanas de los hombres que en el futuro vendrán hacia él, (207 Filocalía t4, v.89).

Los Padres generalmente aconsejan tener mucho cuidado en el tema de la apázia, porque es posible que uno no se turbe por los pazos cuando faltan las cosas, pero cuando aparezcan las cosas entonces los pazos perturban al nus. Esta es la apázia parcial (208 San Máximo, Filocalía, t2, v.53). La apázia tiene grados y aquel que se esfuerza y lucha por conseguirla no debe de parar nunca, sino que esté luchando continuamente puesto que el perfeccionamiento es interminable. Generalmente se tiene que recalcar que una cosa es la absolución de los pecados y otra la apázia. San Juan el Clímaco escribe: “absolución y perdón de los pecados en breve lo consiguen muchos, pero nadie de esos consigue la apázia, porque ella se consigue después de mucho tiempo y anhelo y con la ayuda de Dios” (209 Escalera v.49). Por eso hemos recalcado en otros capítulos que no basta solo la confesión, sino que es necesaria la terapia, psicoterapia de la psique, es decir, la adquisición de la apázia parcial y aún hasta la perfecta.

De todo esto que hemos dicho se ve claramente que existen unos elementos que distinguen la apázia real, la pragmática de la falsa. San Juan el Sinaita, conocedor de la vida interior de la psique y teniendo el carisma del discernimiento, escribe que los pazos y los demonios se marchan de la psique durante un tiempo o para siempre. Pero pocos hombres conocen las maneras y las causas de la marcha. Primero desaparecen los pazos por el divino fuego. La divina Jaris (Gracia energía increada) como fuego quema los pazos y realiza la catarsis, purga, limpia y purifica la psique. Segundo, los demonios retroceden solos para hacernos creer que se han ido y despreocuparnos, de modo que de forma repentina atacarnos y arrebatar nuestra psique. Tercero, los demonios retroceden cuando la psique se ha acostumbrado a los pazos y la misma psique auto-engañada se ha hecho enemiga y auto impostora de sí misma. Ocurre lo mismo que a los niños después de la larga lactancia, que sin el pecho de la madre los niños están chupando su propio dedo. Finalmente otra apázia es la que viene por mucha sencillez y entereza (210 Escalera, v.49).

Además, la apázia real, la pragmática se distingue de la falsa y se ve por la actitud que tenemos ante los hombres. La apázia conecta con la agapi, por eso por regla general la actitud que mantenemos con los demás muestra la verdadera o falsa apázia. No tiene aún apázia “aquel que por una tentación no puede ignorar el defecto de su amigo, sea real o hipotético”. Porque los pazos que están en la psique al ser removidos ciegan la diania mente y el nus y no dejan ver la luz de la verdad; ni puede discernir lo mejor de lo peor; por tanto ni la perfecta agapi ha logrado este hombre, (211 san Máximo el Confesor, Filocalía t2, v.92).

La extrema e inalterable apázia se encuentra en aquellos que han llegado a la perfecta agapi “y por la zeoría contemplación espiritual incesante han subido por encima de las cosas sensibles y han superado a este pobre cuerpo” (212 san Teognostos, Filocalía, t2, v.29). Aquel que se ha acercado en los límites de la apázia tiene consideraciones buenas hacia todos los hombres “siempre piensa bien para todos, todos los ve como santos y puros y tiene juicio correcto para cosas divinas y para las humanas. Y así no ama nada de las cosas materiales del mundo, por las que tanto se preocupan los hombres”. El nus del hombre apazís (sin pazos) se libera de todo lo creado “y siendo despojado, se lanza hacia los cielos y hacia Dios, limpio de todo barro y libre de cualquier esclavitud; está absorbido totalmente de los bienes espirituales de Dios en solo espíritu, ve la divina belleza increada y se introduce de modo divino en lugares divinos de la bienaventurada doxa (gloria luz increada) de Dios en silencio y con inexplicable alegría. Así de esta manera, alterados todos los sentidos, es como un ángel dentro en cuerpo material, y se relaciona y se comporta como inmaterial entre los hombres” (213 san Nikitas Stizatos, Filocalía, t4, v.90). “Aún cuando el apazís habla sobre el pecado del hermano, lo hace por dos razones: para corregirlo o para provecho de otro. Si lo dice fuera de estas dos razones, sea a este hermano, sea a otro, lo dice para ultrajarlo o para herirlo; y no podrá escapar del abandono por parte de Dios, sino que caerá absolutamente en el mismo o en otro pecado y falta y, una vez, acusado, rechazado y ultrajado por otros, será avergonzado”, (214 san Máximo el Confesor, Filocalía t2, v.72).

Perfecta apázia es cuando el hombre permanece inamovible durante la aparición de una cosa y también con la aparición en su memoria. “La virtud que se hace crónica, mata los pazos; pero si se descuida, otra vez los despierta” (215 idem antes v.4). Por eso apázia no tiene aquel que unas veces es molestados por los pazos y otras se calma y descansa, “sino “el que se regocija y disfruta ininterrumpidamente con la apázia, y a pesar de estar presentes las causas de los pazos permanece firme e inamovible; aún más, éste no se inmuta ni por los conceptos de los pazos” (216 san Teógnostos, Filocalía t2, v.25).

También otro punto de perfecta existencia de apázia al hombre es cuando al tiempo de la oración no molesta a su nus ninguno de los conceptos del mundo (217 san Máximo el Confesor, Filocalía t2, v. 88).

San Juan el Sinaita dice que de los soberbios que han creído que eran apazís “en su salida han visto su propia pobreza” (218 Escalera v.28).

El discernimiento entre la apázia verdadera y la falsa conduce al punto de examinar cuales son las verdaderas cualidades de la verdadera apázia.

Cualidad de la apázia es el verdadero discernimiento (219 san Thalasio, Filocalía t2, v.43).

Se ha recalcado antes que el punto de distinción entre la verdadera apázia y la falsa es la agapi. Ahora queremos puntualizarlo aún más. Según san Máximo el Confesor aquel que ha llegado a la extrema apázia no conoce la diferencia entre “sí mismo y otro, de sí misma u otra, de fiel e infiel o de femenino y masculino”. Aspirando en la una naturaleza de los seres humanos “todos los considera igual y de la misma forma se comporta con todos” (220 Filocalía t2, v.30). De nuevo el mismo san Máximo dice que, tal como Dios es por naturaleza bondadoso y apazís (sin pazos) y ama por igual a todos los seres humanos “por un lado glorifica al virtuoso y al que se ha apropiado de la gnosis y al corrupto por su naturaleza y pazos”  (221 idem Filocalía t2 v.25). También el apazís-sin pazos es aquel que entre otras cosas no tiene resentimientos contra aquellos que le han perjudicado o han hablado mal sobre él mismo (222 San Máximo, Filocalía t2, v.42). El apazís ama a todos los hombres “no distingue entre santos y no santos” (223 San NIkita Stizatos, Filocalía t4, v.44). Más allá de todo esto el apazís se aflige y ora mucho por prójimo, (224 san Marcos el Asceta, Filocalía I, v.132”

También aquel que tiene apázia y corre hacia Dios todo el día; y no sólo no se entristece por las injusticias y los insultos de los hombres sino que se aflige y se entristece cuando no se burlan de él, (225 san Juan el de la Ecalera, v.130). Esto indica la pureza del corazón de los pazos incluidos los escondidos, secretos.

Generalmente el apazís está pleno de carismas del Santísimo Espíritu, es decir, es un árbol con muchos frutos bondadosos, que tiene como frutos del Espíritu Santo las virtudes. Los Padres cuando citan las virtudes no las consideran como praxis autónomas de una deontología ética, sino que las consideran virtudes ontológicas. Es decir, las virtudes no son praxis buenas y valores abstractos sino prósopo-persona, personalidad, naturalmente no en-hipostasiada en el sentido de autoexistente. La agapi es comunión con la verdadera agapi que es Cristo. La paz no es un valor abstracto sino el Mismo Cristo. Lo mismo también la justicia etc. Puesto que el apazís tiene conexión y comunión con Cristo, es normal que las virtudes de Cristo se hagan también propiedad de él. No queremos tratar sobre el tema de las virtudes. Sólo decimos que tal como existen pazos somáticos/físicos y psíquicos así también existen virtudes psíquicas y somáticas. Y tal como existen estadios y grados de pazos, así también existen estadios y grados de virtudes. Y como existen madres e hijas de los pazos, así también existen madres e hijas de las virtudes. Pero creo que no se deben de enumerar aquí. Les remitimos a los siguientes Padres. Para las virtudes somáticas y psíquicas a San Juan el Damasceno (226 Filocalía II pag232). Para las virtudes que corresponden a las tres edades espirituales, para los principiantes o introductorios, para los medianos y para los perfeccionadores a San Juan el Sinaita 227 pag 126, v.14.

En todo caso cuando al hombre no le molesta el pazos, cuando crece el divino anhelo en su corazón y no teme la muerte considerándola como un sueño, entonces ha adquirido el nuncio, el lazo de la salvación y “la realeza increada de los cielos circula en el interior alegrándose con inenarrable alegría” (228 san Teógnosto, Filocalía II, v.12).

El carisma de la apázia no lo recibe el hombre así de fácil y por suerte. Por eso se requiere esfuerzo intensivo y gran lucha. Por eso vamos a ver cómo se consigue la apázia. Cierto que con lo que hemos dicho en el párrafo anterior en relación con la lucha para la psico-terapia de los pazos se ve la manera de la adquisición de la apázia. Pero aquí queremos contar sinópticamente las maneras que conducen en la tierra prometida, es decir, en la tierra de la apázia. Obligatoriamente debemos de ser breves exponiendo los pasajes patrísticos.

La humildad nace de la obediencia que produce la apázia (229 San Juan el Sinaita pag 42, v.65). Si el hombre avanza por otro camino, no podrá encontrar lo deseado (230 san Teognosto, Filocalía II, v.39). La apázia no se consigue sin la agapi (231 idem antes v.25). Como existen estadios de agapi y como existe la recíproca inter-circundeación-coexistencia de las virtudes, ya que la vida espiritual es unificada y conectada orgánicamente, por eso la vivencia, experiencia de la agapi trae la apázia y la apázia está conectada estrechamente con la agapi. La agapi y la engratia-autodominio, continencia “mantienen el nus apazís sin pazos hacia las cosas y los conceptos” (232 san Máximo, Filocalía II, pag 32, v.79). La apázia es el salario de la εγκράτεια engratia-continencia/autodominio” (233 idem v.25). Para el desarrollo de la apázia ayuda mucho el ayuno, la vigilia y la oración, y rápidamente con esto sube a las montañas de la apázia, por supuesto que si la psique está contenida de humildad provocada por las lágrimas y está incendiada por la agapi de Dios (234 Nikita Stizatos Filocalía IV,v.6). También la dieta no dura y anómala que conecta con la agapi, introduce muy rápido al monje en el puerto de la apázia (235 Abad Evagrio, Gerontikón pa. 34, v.6). Trabaja con paciencia, con la engratia-autodominio y contención, con  oración continua y a la vez la extrema humildad con autojuicio, autoexamen y autocondena, y guarda todo esto que has trabajado. Y después de esto espera el tiempo adecuado y la jaris de la apázia” (236 san Teógnosto, Filocalía II v.30). San Juan el Sinaita dice que la apázia que se logra con la hisijía, la quietud del cuerpo, no permanece imperturbable, en cambio la que se consigue por la obediencia en todas partes está inalterable e imperturbable, (237 Escalera, pag 90, v.34). La pureza y lucidez que viene por los mandamientos/logos de Dios produce la apázia (238 san Máximo, Filocalía II, v.71). Se ve de todo esto que de la aplicación y el cumplimiento de los logos/mandamientos de Dios nace la apázia (239 san Talasio Filocalía, II v.25) .Pero sólo por la gimnasia física corporal, sin la fe, no pueden los hombres introducirse en la perfecta apázia y en el perfeccionamiento de la gnosis-increada (240 San Nikita Stizatos, Filocalía IV, v.71).

San Teógnosto también dice claramente que, el hombre trabajando la virtud práctica, en praxis, no podrá sólo con esta alcanzar la apázia, de modo que pueda orar claramente y sin molestias, si no siguen en el nus zeorías contemplaciones espirituales de la gnosis que ilumina y del entendimiento de los seres, (241 san Teógnostos, Filocalía, v.46). Este pasaje es muy importante. Porque existen hoy también seres humanos que dicen que con la práctica de la virtud podemos alcanzar la apázia. Esto no lo admite san Teógnosto. Hace falta indispensablemente que cooperen también las zeorías-contemplaciones espirituales, la metania y la oración, principalmente la oración del corazón o de Jesús.

Una ayuda importante para la adquisición de la apázia proviene del luto según Dios. Según san Juan el Sinaita el luto según Dios en muchos se ha hecho la bienaventurada apázia, Por eso este luto según Dios es una forma de vida. Esta catartiza, purga y sana la psique-alma, al nus y le constituye capaz de recibir súplicas divinas. Este luto según Dios  conecta con la metania y la verdadera metania con el aborrecimiento u odio de nosotros mismos. El Señor habló sobre el odio de nuestra psique-alma, tratando de seguir a Cristo y conseguir el reinado de la Realeza increada de los Cielos. “25 El que ama su psique la perderá; y el que aborrece su psique (vida) en este mundo la conservará para la vida eterna. 25. El que ama su psique (alma o vida) y evita sacrificarla cuando el deber se lo exige, éste perderá la eternidad de la realeza increada. Y aquel que gracias a su deber no le importa su psique-vida en este mundo, éste conservará y disfrutará la realeza increada en la vida eterna” (Jn 12,25); y “el que viene detrás de mí y no odia a su padre y madre… incluso a su propia psique-alma, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26). San Gregorio Palamás escribe que también los que viven en el mundo deben ejercer violencia para utilizar las cosas según los logos-mandamientos de Cristo. Esta violencia, sincronizándose con el hábito, hace dulce la relación hacia los mandamientos-logos de Dios y transforma esta disposición en hábito. Este hábito regala el odio o aborrecimiento fijo contra los malos hábitos y las relaciones y fructifica la apázia, (243 Obras de san Gregorio Palamás EPE t2. Pag 390). Así que el odio contra el mal y de nuestro sí mismo pervertido, se hace fuente de la apázia. Y cuando el hombre ha adquirido la apázia, entonces el pecado no le domina y se ocupa de la libertad y la ley del Espíritu (244 san NIkitas Stizatos , Filocalía IV, v.75)

Cuando vemos que existen algunos hombres muy importantes en la vida espiritual, los cuales tienen algunos defectos y pazos pequeños, no debemos escandalizarnos, porque el Dios concede por economía algunos pazos de este tipo, de modo que por estos se auto-inculpen y se examinen de sí mismos y reciban la divina riqueza la humildad.

Este es el gran tesoro de la apázia. Conecta y se relaciona con todas las virtudes y la vida espiritual. Por eso hace falta que oremos mucho para adquirir la bienaventurada apázia. Todos los apasionados, los que tenemos pazos, dice san Juan el Sinaita que roguemos al Señor insistentemente, porque todos los apazís libres de los pazos progresaron a la apázia. Por supuesto que esta apázia no debemos pedirla con orgullo y egoísmo para tener grandes y sobrenaturales regalos. Porque puede ser que el hombre pida un regalo de este tipo, como es la apázia, y que le sea dado por el diablo, en el sentido de que el pazos se vaya por poco tiempo y el diablo engañarle por la vanagloria. Por eso san Teógnosto nos aconseja: “Y no pidas apázia, como indigno de este regalo, sino que pidas la sotiría redención, sanación y salvación con dolor y recibirás junto con esto también la apázia.

A pesar de la oración que haremos y la lucha intensiva que ejercitaremos, es posible que el Dios no permita que nos liberemos de algún pazos, para saborear parcialmente o totalmente la apázia. Esto sucede porque lo hemos pedido de Dios antes del tiempo o indignamente sin merecerlo o vanagloriosamente, o recibiendo esto podría ser que nos ensalcemos y descuidar después de la adquisición. Por tanto, no debemos entristecernos cuando pedimos al Señor algo y no somos escuchados. El Dios podría constituirnos en apazís en un momento, pero economiza para nuestro interés propio, como hemos dicho antes. Además en la historia de la Iglesia tenemos casos que los hombres al haber recibido la apázia, pedían de Dios que le quitase esta bendición para que combatan contra el enemigo. San Efrén, una vez que por la Jaris de Cristo que hubo vencido los pazos físicos y psíquicos, para que se encuentre lento y perezoso de las guerras del enemigo y así sea juzgado, pedía que le fuera quitada la jaris de la apázia.

La apázia parcial o total muestra la psico-terapia, sanación de la psique. La psique es psicoterapiada, sanada y se despierta de su necrosis y oscurecimiento. La apázia al nus le levanta, le despierta (espiritualmente) cuando se oscurece y se mortifica por los pazos. “La bienaventurada apázia eleva desde la tierra al cielo al pobre nus y al pobre hombre le levanta y le limpia del estiércol de los pazos. Mientras que la agapi le hace digno de sentar junto con los soberanos Ángeles, con los soberanos del pueblo del Señor. Amín.

Próximamente capítulo V, “La hisijía como método de terapia”

y

Capítulo VI “Gnosiología Ortodoxa

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas)  www.logosortodoxo.com 

 

 

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