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Jun 24 2024

Filocalia 5 San Simeón el Nuevo Teólogo Relato provechoso y logos sobre la fe y enseñanza. Sobre los tres modos de oración

 

 

 

 

Filocalia de los Santos Nípticos tomo 5

San Simeón el Nuevo Teólogo

1. Relato provechoso y logos sobre la fe y enseñanza.

2. Sobre los tres modos de oración

 

  1. Logos sobre la fe y enseñanza para aquellos que dicen que no es posible que los que están inmersos en las preocupaciones del mundo alcancen la perfección de las virtudes. Y relato provechoso al principio.

 

Hermanos y padres, es bueno proclamar a todos la misericordia de Dios y revelar a nuestros prójimos la compasión y la indescriptible bondad de Dios hacia nosotros. “Yo, pues, como lo veis, ni ayuné, ni hice vigilias, ni dormí en el suelo, sino que solo me humillé y el Señor pronto me salvó”, dice el divino David. Y alguien podría decir mucho más brevemente: “Solo creí, y el Señor me acogió”. Porque muchas cosas nos impiden alcanzar la humildad, pero no hay nada que nos impida encontrar la fe. Porque si lo deseamos de todo corazón y con toda nuestra psique-alma, la fe actúa en nosotros de inmediato, ya que es un don de Dios y una capacidad natural, aunque está sujeta a la libre voluntad o libre albedrio de nuestra disposición. Por eso incluso los Escitas y los bárbaros creen en las palabras de los demás. Y para mostrarles en la praxis, práctica la energía de la fe innata interior y confirmar lo que he dicho, escuchen un relato que escuché de alguien que no miente.

Un joven llamado Georgios-Jorge, hasta los veinte años de edad, vivía en Constantinopla ahora en nuestra época; era hermoso y llamativo en apariencia, modales y manera de andar, de tal manera que algunos formaron una mala opinión e imagen sobre él, es decir, aquellos que solo ven lo exterior y juzgan mal lo de los demás. Este se hizo amigo de un santo monje que vivía en un monasterio de la ciudad, y confiándole todo lo relacionado con su psique-alma, recibió de él una pequeña orden (una regla breve o ejercicio espiritual) para recordar. El joven también pidió al yérontas (anciano sabio e iluminado) que le diera algún libro que contuviera relatos sobre la vida de los monjes y su ascética práctica espiritual. Él le dio a leer el escrito del monje Marcos el Asceta que enseña sobre la ley espiritual; el cual el joven tomó como si hubiera sido enviado por el mismo Dios. Y teniendo esperanza que recibiría gran provecho de él, lo leyó todo con anhelo y atención. Y ciertamente se benefició de todo lo que leyó, pero solo tres capítulos quedaron, por así decirlo, grabados en su corazón. Uno decía textualmente: “Si buscas la psicoterapia y sanación de tu psique-alma, cuida tu conciencia y haz lo que ella te indique, y encontrarás beneficio y provecho”. El otro decía: “Quien busca las energías (increadas) del Espíritu Santo antes de cumplir los mandamientos de Dios, es como un esclavo comprado que en el mismo momento en que es comprado pide que le den el documento de liberación”. Y el tercero decía: “Aquel que ora corporalmente y aún no ha adquirido gnosis-conocimiento espiritual, es como el ciego que clamaba: “¨Υιέ Δαβίδ, ελέησόν με ié David eleisonme  Hijo de David, compadécete de mi». Cuando el antiguo ciego recibió la vista y vio al Señor, ya no lo llamó hijo de David, sino que lo confesó Hijo de Dios lo reverenció y lo adoró”.

(* Filocalía, tomo I, “cap. 69 de 200 capítulos sobre la ley espiritual”, “cap. 64 de 226 capítulos”, “cap. 13-14 de 200 capítulos sobre la ley espiritual” https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-1-san-marcos-el-asceta/ )

Entonces, aquel joven leyó esto y se maravilló, y creyó que con el cuidado de su conciencia encontraría beneficio, provecho y con la práctica de los mandamientos recibiría conscientemente la energía increada del Espíritu Santo y con Su χάρις jaris (gracia increada) se abrirían los ojos espirituales (o psíquicos) y vería al Señor. Y herido por la αγάπη agapi (amor incondicional) y el deseo del Señor, buscaba ya la Belleza Primera, lo invisible. Sin embargo, no hacía nada más, como me aseguró después con juramentos, excepto cumplir cada noche la breve regla que le había ordenado aquel santo Yéronta, y entonces se acostaba y dormía. Y cuando su conciencia le decía: “Haz más postraciones, añade más salmos, di más veces Κύριε ελέησον Kirie eléison el Señor, compadécete o ten misericordia, ya que puedes”, él obedecía a ella con buena voluntad y ganas y sin dudar, y así lo hacía, como si lo dijera el mismo Dios. Y desde entonces nunca se durmió con la conciencia reprochándole y diciendo: “¿Por qué no hiciste esto?”. Y así, obedeciendo sin falta a su conciencia y ella añadiendo día tras día más, en pocos días aumentó mucho su oración vespertina. Durante el día, el joven se encargaba de la supervisión de la casa de un patricio y tenía muchas preocupaciones mundanas, y cada día iba al Palacio. Así, nadie se dio cuenta de lo que él hacía por las noches. Pero cada noche corrían lágrimas de sus ojos y hacía muchas postraciones y prosternaciones, y cuando se ponía a orar mantenía los pies juntos e inmóviles y recitaba oraciones a la Θεοτόκος Zeotokos (Madre de Dios) con dolor, suspiros y lágrimas, y, como si el Señor estuviera presente físicamente, caía ante Sus inmaculados pies y, como un ciego, le pedía misericordia y que le regalara la luz de los ojos de su psique-alma. Y a medida que cada noche aumentaba su oración, se mantenía hasta la medianoche, y durante todo el tiempo que oraba, permanecía de pie como una columna o como un ser incorpóreo, sin relajarse en absoluto, ni volverse perezoso, ni siquiera mover ninguna parte de su cuerpo, ni girar o levantar sus ojos.

Una noche, mientras estaba de pie y decía «Dios, ten misericordia de mí, pecador» más con el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) que con la boca, de repente apareció abundantemente desde lo alto un resplandor divino y todo el lugar se llenó de luz. El joven no se dio cuenta ni recordó si estaba dentro de una casa o bajo un techo, porque veía luz por todas partes y no sabía si estaba de pie sobre la tierra. No tenía miedo de caer, ni ninguna preocupación del mundo, ni nada de lo que corresponde a personas que tienen cuerpo pasaba por su mente. Sino que, permaneciendo completamente en la luz inmaterial, le parecía que él también se había convertido en luz y olvidó todo el mundo, y estaba completamente lleno de lágrimas y de una alegría, deleite y exultación inexpresables. Y después de esto, su νούς nus ascendió al cielo y allí vio otra luz más brillante que la que lo rodeaba; y cerca de esa luz le pareció que estaba el santo y isangélico (igual que ángel) yérontas aquel que le había dado, como mencionamos, la regla (ejercicio espiritual) y el libro.

Yo, entonces, como lo escuché del joven, pensé que la intercesión de ese santo había colaborado mucho en esto y que Dios también había economizado a mostrar al joven hasta qué altura de virtud se encontraba aquel santo. Cuando pasó esta visión, contemplación sobrenatural y el joven volvió en sí, como decía, estaba lleno de alegría, asombro y sorpresa, y le salían lágrimas desde lo más profundo de su corazón; y junto con las lágrimas venía una dulzura. Finalmente, se acostó a dormir y en ese momento cantó el gallo, indicando la medianoche; y poco después las campanas de las Iglesias sonaron para el Matutino. Y el joven se levantó para salmodiar como de costumbre, sin pensar en absoluto en dormir esa noche.

Todo esto sucedió como Dios sabe, quien lo realizó por razones que solo Él conoce, mientras que el joven no hizo nada más que lo que habéis oído, excepto que tenía una fe ortodoxa, recta y una esperanza indudable. Y nadie diga que él hizo esto para probar, porque él ni siquiera con su pensamiento dijo ni pensó algo así, ya que quien prueba o tienta a Dios no tiene fe. Sino que, rechazando el joven todos los otros pensamientos apasionados, lujuriosos y hedonistas, se esforzaba tanto -como decía bajo juramento- en realizar lo que su conciencia le decía, que en todas las demás cosas sensibles del mundo era como insensible y no quería ni comer ni beber con placer hedonista o más frecuentemente.

¿Habéis escuchado, hermanos míos, lo que logra la fe en Dios cuando se confirma con obras? ¿Entendéis que ni la juventud es desechable, ni la vejez beneficiosa si falta la prudencia  o sano juicio y el temor de Dios? ¿Habéis aprendido que ni la permanencia en nuestra ciudad nos impide trabajar en los mandamientos de Dios si tenemos disposición y vigilancia, ni el aislamiento y la retirada del mundo nos benefician si estamos en pereza, desidia y negligencia? Todos escuchamos sobre David y nos maravillamos y decimos que solo hubo un David y ningún otro; y mirad que en este joven ocurrió algo más grande que en David. Porque David recibió testimonio de Dios mismo, fue ungido profeta y rey, se hizo partícipe del Espíritu Santo y recibió muchas pruebas de Dios. Entonces, cuando pecó y perdió la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y el oficio de profeta, y se apartó de la comunión con Dios, ¿qué de extraño hay en que él lo pidiera nuevamente cuando recordó la χάρις jaris de la que había caído? Pero este joven nunca había pensado en algo así, sino que estaba enfocado solo en las cosas mundanas y veía solo las cosas temporales, y su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) no había imaginado nada superior a lo terrenal; y -¡cuán maravillosos son Tus juicios, Señor!- solo escuchó sobre esto y de inmediato creyó. Y creyó tanto, que mostró obras que corresponden a la fe, con las cuales su διάνοια diania tomó alas y llegó a los cielos, e hizo que la Madre de Cristo se compadeciera de él y, con su intercesión, expiara y apaciguara a Dios y atrajera hacia él la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu; y esta le dio fuerza para alcanzar los cielos y le hizo digno de ver la luz increada, la cual todos desean pero muy pocos logran.

Este joven, que ni ayunó muchos años, ni durmió nunca en el suelo, ni vistió ropas ásperas, ni recibió la tonsura monástica, ni se retiró físicamente del mundo, sino solo espiritualmente; solo veló un poco y resultó ser superior a Lot en Sodoma. Más bien, se convirtió en un ángel en cuerpo, que aunque los demás lo tocaban y lo veían, era sin embargo incontenible e inalcanzable, un hombre en apariencia pero incorpóreo en el espíritu, visible para todos y encontrado solo en la compañía del omnisciente Dios. Por esto, con la puesta del sol visible, lo bañó la dulce luz del Sol espiritual, y muy razonablemente; porque su αγάπη agapi (amor incondicional) por el buscado Dios lo sacó completamente del mundo y de su propia naturaleza, de todas las cosas, y lo hizo totalmente espiritual, pleno de luz increada, y más aún mientras vivía en la ciudad y tenía la supervisión de una mansión, cuidando a esclavos y libres, haciendo y actuando todo lo que corresponde a la vida.

Pero ya son suficientes las cosas y elogios que hemos dicho sobre el joven para motivarlos a ustedes a desear y emular su ejemplo, o ¿quieren que les cuente cosas aún mayores, que quizás sus oídos no puedan soportar? Pero, ¿qué otro hallazgo podría ser mayor o más perfecto que esto? Seguramente, no hay nada más grande, como dice san Gregorio el Teólogo: «El principio de la sofía-sabiduría es el temor del Señor. Donde hay temor, hay también la aplicación y cumplimento de los mandamientos; y donde está la aplicación y cumplimento de los mandamientos, hay también la catarsis de la carne, que es una nube ante la psique-alma y no le permite ver claramente el resplandor divino; y donde hay catarsis, hay resplandor, iluminación. Y la iluminación es la satisfacción del deseo de aquellos que anhelan las cosas mayores o lo mayor, o aquello que es superior a lo grande». Con esto mostró que la iluminación del Espíritu es el fin inacabado de toda virtud, y quien llega a esto, ha alcanzado el fin y el límite de todas las cosas visibles y ha encontrado el comienzo del conocimiento-gnosis de las cosas y realidades espirituales.

Estos son, hermanos míos, los milagros de Dios; por eso Dios revela a Sus Santos ocultos, para que unos los imiten y otros se queden sin excusa. Porque tanto aquellos que están en medio de distracciones como aquellos en los cenobios (monasterios de vida común), montañas y cuevas, que se gobiernan como es debido, se salvan y son dignos de recibir grandes bienes de Dios, por su sola fe en Él, para que aquellos que fallan por pereza y desidia espiritual no tengan nada que decir en el Día del Juicio. Porque, hermanos míos, no miente Aquel que prometió salvar por la sola fe en Él.

Por lo tanto, compadézcanse de ustedes mismos y de nosotros que os amamos y a menudo lloramos y lamentamos por vuestro bien, porque así manda que seamos el misericordioso y compasivo Dios; y creyendo de todo corazón en el Señor, abandonen la tierra y todo lo que perece, y acérquense y apéguense a Él, porque pronto el cielo y la tierra pasarán, y fuera de Dios no hay ni descanso ni final ni conclusión de la caída de los pecadores. Es decir, ya que Dios es inabarcable e incomprensible, dime, si puedes, ¿dónde se encontrará lugar para aquellos que caen de Su reinado de la realeza increada?

Me viene el llanto y me lamento profundamente y me derrito por ustedes, cuando pienso que tenemos tal Señor generoso y filántropo, que por nuestra sola fe en Él nos concede cosas que superan toda mente, espíritu, oído y entendimiento y que ningún hombre jamás ha concebido, y nosotros, como animales irracionales, preferimos solo la tierra y lo que ella produce para nosotros por la gran misericordia de Dios para satisfacer las necesidades del cuerpo; para que podamos alimentarnos de estas cosas con medida y que nuestra psique-alma haga su viaje hacia lo alto sin obstáculos, alimentándose también ella con el alimento espiritual del Espíritu, de acuerdo con su catarsis y su ascenso.

Porque esto es el hombre y para esto fuimos creados y llegamos a existir; recibiendo aquí estos pequeñas dádivas, con gratitud y acción de gracias a Dios, disfrutemos allí de los mayores y eternos. Pero nosotros, ay, mientras no nos preocupamos en absoluto por el futuro, somos ingratos por lo que disfrutamos aquí, y así nos hacemos semejantes a los demonios o incluso peores, si debo decir la verdad. Y por esto debemos ser castigados más severamente, porque hemos recibido más beneficios y conocemos a un Dios que se hizo hombre por nosotros, como nosotros, solo sin pecado, para liberarnos del error y liberarnos del pecado.

¿Qué más puedo decir? En todo esto creemos solo con palabras, y con las obras lo negamos. ¿No se escucha el nombre de Cristo por todas partes, en las ciudades y pueblos, cenobios y montañas? Si quieres, mira y examina detenidamente, si aplican y cumplen Sus mandamientos; y apenas encontrarás -es verdad- uno en mil o uno en diez mil que sea cristiano tanto en palabras como en obras. ¿No dijo nuestro Señor y Dios en el santo evangelio: «El que cree en Mí, también él hará las obras que Yo hago y aún mayores»? ¿Quién de nosotros entonces se atreve a decir: «Yo hago las obras de Cristo y creo correctamente en Cristo»? ¿No ven, hermanos, que seremos encontrados infieles en el Día del Juicio y seremos castigados peor que aquellos que no conocen al Señor? Porque es necesario que o seamos condenados como infieles, o que Cristo sea probado falso, lo cual es imposible, hermanos míos, imposible.

Estos escritos no los hice para impedir la retirada de este mundo y promover la vida dentro de él, sino para informar a todos aquellos que lean esta narración, cómo aquel que desea hacer el bien, recibe también la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) de Dios para poder hacerlo en cualquier lugar. Y ser digno de recibir también dones, carismas  espirituales y visiones divinas como este joven, el bendito Georgios-Jorge, a quien, por haber sido conocido y amigo cercano, le pedí que me contara y así lo escribí.

Por eso, hermanos míos en Cristo, les ruego que corramos también nosotros con esfuerzo el camino de los mandamientos de Cristo, y no quedaremos avergonzados. Porque así como Cristo abre las puertas del reinado de Su realeza increada a cada uno que llama con insistencia, y da el Espíritu ortodoxo, recto y santísimo a cada uno que lo busca, y es imposible que aquel que pide de todo corazón no encuentre la riqueza de sus dones o carismas, así también ustedes disfrutarán de sus bienes místicos, los cuales ha preparado para aquellos que lo aman, ahora en parte y con sabiduría espiritual, pero en el siglo venidero completamente, junto con todos los santos, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Jesús Cristo nuestro Señor. A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

  1. Sobre los tres modos de oración

Tres son modos de atención y oración, por los cuales la psique-alma o se eleva o se derrumba; se eleva cuando se utilizan en el momento adecuado, se derrumba cuando los posee de manera inoportuna y necia. La nipsis (vigilancia y sobriedad) y la oración están ligadas como la psique-alma al cuerpo y una no puede sostenerse sin la otra. Estas dos están unidas de dos maneras. Primero, la nipsis se opone al pecado, como una vanguardia, y luego sigue la oración, la cual mata inmediatamente y destruye todos esos pensamientos impuros que la atención había neutralizado previamente; porque por sí sola no puede hacerlo. Esta dupla, es decir, la atención y la oración, es la puerta de la vida y de la muerte, y cuando con la nipsis (vigilancia sobria) mantenemos pura la oración, mejoramos, mientras que cuando no prestamos atención y la contaminamos y la corrompemos, aumentamos en la maldad. Por lo tanto, como dijimos, los modos de atención y oración son tres, debemos también explicar las características de cada modo para que, quien desee encontrar la vida y trabajar, pueda asegurarse de estas tres situaciones distintas y elegir la mejor, y no por ignorancia tomar la peor y así ser excluido de la mejor.

Sobre el primer modo de oración

Las características del primer modo o manera oración son las siguientes. Cuando alguien está en oración y levanta sus manos, ojos y νούς nus con la mente hacia el cielo, y su mente forma pensamientos divinos y bellezas celestiales, coros de ángeles y moradas de santos, y en general, todo lo que ha escuchado de las Escrituras, lo reúne en su νούς nus con la mente durante el tiempo de la oración y mueve su psique-alma hacia el deseo divino, mirando constantemente al cielo y, algunas veces, derramando lágrimas de sus ojos. De esta manera, poco a poco, su corazón se enorgullece y se exalta, y le parece que lo que sucede es por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) como consuelo, y desea estar siempre en tal actividad. Todo esto son signos de engaño, porque el bien no es bueno si no se hace de manera correcta. Si una persona así se retira a una completa soledad y tranquilidad, es imposible que no se vuelva loca; y si no llega a tal extremo, es imposible que adquiera virtudes o alcance la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, sobriedad). De esta manera se engañaron también aquellos que ven la luz de manera sensible, perciben ciertos olores fragantes con su olfato, y oyen voces y muchas otras cosas similares. Y algunos de ellos fueron poseídos por demonios y deambulan frenéticamente de un lugar a otro y de un país a otro; otros no reconocieron a quien se transforma en ángel de luz (2Cor 11,14) y fueron engañados al aceptarlo, permaneciendo desde entonces incorregibles hasta el final, sin aceptar ningún consejo de las personas. Otros fueron inducidos por el diablo que los engañó y se suicidaron; algunos se arrojaron desde alturas y otros se colgaron. ¿Y quién puede contar todas las diversas formas de engaño del diablo? Además de lo que hemos mencionado, cualquier persona sensata puede comprender cuál es el beneficio del primer modo de atención. Y si alguien no sufre lo que hemos mencionado, porque está con otros (ya que esto les sucede a los anacoretas o ermitaños que están solos), sin embargo, pasa toda su vida sin progreso.

Sobre el segundo modo de oración

El segundo modo o manera de oración es el siguiente. Cuando el νούς nus con la mente reúne obre sí mismo de todas las cosas sensibles y se protege de los sentidos externos, y reúne todos los pensamientos, pero sin darse cuenta, camina en vano; y a veces examina sus pensamientos, a veces presta atención a las palabras de súplica que dice a Dios; y otras veces trae de vuelta a sí mismo los pensamientos que fueron capturados, mientras que otras veces, habiendo sido dominado por algún πάθος pazos (pasión, vicio, emoción, adicción, etc.), comienza de nuevo a regresar a sí mismo con esfuerzo. Con esta guerra, es imposible que alguien encuentre paz o reciba la corona de la victoria. Porque una persona así es como alguien que lucha en la noche, que escucha las voces de los enemigos y recibe heridas de ellos, pero no puede ver claramente quiénes son, de dónde vinieron, cómo y por qué lo hieren, porque la oscuridad en su νούς nus con la mente causa este daño, y es imposible que alguien que lucha de esta manera escape de sus enemigos invisibles que lo oprimen y destruye. Y soporta el esfuerzo, pero pierde la recompensa. Además, es engañado por la vanagloria sin darse cuenta, y le parece que es atento; y al ser dominado y burlado por esto, a menudo menosprecia a otros con orgullo y los critica como desatentos, y se presenta a sí mismo como pastor de ovejas, como un ciego que promete guiar a otros ciegos.

Este es el segundo modo de oración, y de esto puede el diligente aprender el daño que causa. Sin embargo, la segunda oración es mejor que la primera, así como la noche con luna llena es mejor que la noche sin estrellas y sin luna.

Sobre el tercer modo oración

He aquí que comenzamos a hablar sobre la tercera manera o modo de oración. Esta es una cosa paradójica y difícil de explicar; y para aquellos que la desconocen, no solo es difícil de comprender, sino casi increíble, porque no se encuentra entre muchos; y como creo, este bien se alejó de nosotros junto con la obediencia. Porque la obediencia libera a su amante de las influencias de este mundo presente maligno, y lo libera de preocupaciones y apegos apasionados, y lo hace dispuesto e incansable en su objetivo buscado, si es que ha encontrado un guía libre de error y engaño. Es decir, de qué cosas temporales puede ser vencido el νούς nus de alguien que con la obediencia ha muerto a todo apego apasionado al mundo o a su cuerpo. O de qué preocupación se puede comprometer aquel que ha confiado toda la preocupación de su psique-alma y cuerpo a Dios y a su padre espiritual, y ya no vive para sí mismo, ni desea agradar a los hombres. De estas cosas, las emboscadas mentales de los demonios apóstatas, que como cuerdas arrastran la mente a muchos y diversos pensamientos, conceptos y fantasías se disuelven; y entonces el νούς nus con la mente queda libre y lucha con autoridad, y examinando los pensamientos, conceptos y fantasías de los demonios, los rechaza con habilidad y ofrece sus oraciones a Dios con un corazón puro. Esta es la base de la vida monástica, y aquellos que no tienen tal base trabajan en vano.

El inicio del tercer modo o manera de oración no consiste en mirar al cielo, levantar las manos y concentrar los pensamientos pidiendo ayuda desde el cielo; estos, como hemos dicho, son rasgos del primer tipo de engaño. Tampoco, como en el segundo modo de oración, el νούς nus con la mente empieza a protegerse de los sentidos externos y a no ver a los enemigos internos. Porque una persona así es atacada por los demonios, pero no contraataca; es herida y no lo sabe; es hecha prisionera y no puede defenderse de los que la capturan siempre los pecadores (demonios) que planean males a sus espaldas (Salmo 128:3) o más bien frente a sus ojos, haciéndola vanidosa, soberbia y orgullosa.

Pero si deseas comenzar este trabajo generador de luz y deleite, hazlo con buena disposición y libre voluntad de la siguiente manera. Después de la obediencia perfecta que se describió anteriormente, necesitas hacer también todas tus obras con una conciencia pura, porque sin obediencia no hay conciencia pura. Y debes guardar tu conciencia, primero ante Dios, segundo ante tu padre espiritual, y tercero ante las personas y las cosas del mundo.

Ante Dios debes guardar tu conciencia de manera que no hagas aquellas cosas que sabes que no reposan a Dios no Le agradan.

Ante tu padre espiritual, debes hacer todo lo que él te dice conforme a su propósito y objetivo, sin añadir ni omitir nada.

Ante las personas, debes vigilar y guardar tu conciencia de modo que no hagas a otros lo que tú odias (Tobías 4:15).

Y en cuanto a las cosas del mundo, debes evitar el uso incorrecto en todas las circunstancias y caso, ya sea en comida, bebida, vestimenta; y en general, debes hacer todo como si estuvieras delante de Dios, sin que tu conciencia te reproche nada.

Habiendo así preparado y allanado el camino de la verdadera atención, digamos brevemente algunas características y cualidades de la verdadera y correcta atención y oración. La verdadera libre de error y engaño atención y oración es esta: que el νούς nus con la mente vigile y guarde el corazón cuando ora, y siempre se mueva dentro de él, y desde esa profundidad eleve las súplicas al Señor. Y después de haber probado que el Señor es bueno (Salmo 33:9), ya no saldrá del lugar del corazón, ya que también él dice como el Apóstol: «Es bueno que estemos aquí» (Mateo 17:4). Y observando constantemente los lugares allí, golpea y expulsa los pensamientos y conceptos que siembra el enemigo. A aquellos que desconocen este trabajo salvador, les parece muy duro y difícil; y realmente es agotador y laborioso, no solo para los no iniciados, sino también para aquellos que han experimentado su dulzura sin error, ni engaño pero no han enviado y asentado su deleite o placer espiritual en la profundidad del corazón. Sin embargo, aquellos que han disfrutado de su deleite, placer y han saboreado su dulzura con la garganta de su corazón, pueden exclamar junto con Pablo: «¿Quién nos separará de la agapi-amor de Cristo?» (Rom 8:35).

Porque nuestros santos Padres, al escuchar al Señor decir que del corazón salen malos pensamientos, homicidios, adulterios, robos, falsos testimonios, y que estas cosas son las que contaminan al hombre (Mateo 15:19-20), y que aconseja tener limpio el interior del vaso para que también el exterior esté limpio (Mateo 23:26), dejaron toda otra forma de práctica de las virtudes y lucharon por esta vigilancia y guardia del corazón, sabiendo muy bien que junto con ella podrían practicar sin esfuerzo cualquier otro trabajo espiritual, mientras que sin ella ninguna virtud puede permanecer. A esta, algunos de los Padres la llamaron  a esto «ησυχία hisijía cordial (serenidad de la mente y paz del corazón) ; otros, » προσοχή prosojí atención»; otros, «vigilancia y guardia del corazón»; otros, «nipsis, sobriedad” y “rechazo u objeción); y otros, «examen de los pensamientos, conceptos y fantasías” , y “vigilancia del νούς nus con la mente». Pero todos ellos cultivaron la tierra de su corazón con ella y fueron dignos de alimentarse con el maná divino. Sobre esto, dice el Eclesiastés: «Alégrate, joven, en tu juventud y camina en los caminos de tu corazón sin mancha y aparta de tu corazón el enojo, la ira. Si el espíritu del que domina viene contra ti, no dejes tu lugar» (Eclesiastés 11:9; 10:4). Al decir «lugar», se refiere al corazón, como también dice el Señor: «Del corazón salen los malos pensamientos y reflexiones» (Mateo 15:19). También dice: «No disperséis vuestra mente aquí y allá» (Lucas 12:29), y: «¡Qué estrecha es la puerta y difícil el camino que lleva a la vida!» (Mateo 7:14), y nuevamente: «Bienaventurados los pobres en espíritu» (Mateo 5:3), es decir, aquellos que no han adquirido dentro de sí ningún interés por este mundo. El Apóstol Pedro también dice: «Sed sobrios y vigilantes; vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar» (1Pedro 5:8). Y Pablo se refiere claramente a la vigilancia del corazón cuando escribe a los Efesios: «Nuestra lucha no es contra carne y sangre» (Efesios 6:12). Y los divinos Padres escribieron mucho sobre la vigilancia del corazón. Quien quiera, puede leer sus escritos y ver lo que escribió el asceta Marcos y lo que dice Juan Clímaco, Hesiquio, Filoteo el Sinaíta, Isaías, Barsanufio, y el libro «Paraíso de los Padres» (Gerontikón). Y para ser breve, nadie pudo, sin la vigilancia del νούς nus con la mente, alcanzar la pureza del corazón para ser digno de ver a Dios (Mateo 5:8). Porque sin la atención, nadie puede ser «pobre en espíritu», ni puede tener luto (espiritual), ni tener hambre y sed de justicia. Sin νήψις nipsis sobriedad, nadie puede ser verdaderamente misericordioso, puro de corazón, pacificador, o perseguido por causa de la justicia (Mateo 5:3-10). En resumen, de ninguna manera puede uno adquirir todas las virtudes inspiradas por Dios, excepto a través de la nipsis sobriedad. Por eso, más que nada, debes atender y ocuparte de ella, para comprender mediante la experiencia mis palabras, que son desconocidas para todos los hombres. Y si deseas aprender también el modo de la oración, te lo diré con la ayuda de Dios, tanto como pueda.

Antes que nada, debes adquirir tres cosas y luego comenzar tu búsqueda. Estas son: a) la despreocupación por todas las cosas, tanto razonables como irracionales, es decir, una necrosis o mortificación hacia todo; b) una conciencia pura, es decir, vigilar y guardar a ti mismo libre de reproches por tu conciencia; y c) la indiferencia, es decir, no inclinarte hacia ninguna cosa de este mundo, ni siquiera hacia tu propio cuerpo. Luego, siéntate en una celda tranquila y en un rincón solitario y procura hacer lo que te digo. Cierra la puerta y recoge tu νούς nus con la mente de toda cosa vana y temporal; entonces, inclina tu barbilla hacia tu pecho, dirigiendo tus ojos físicos y tu mente al centro de tu vientre, es decir, al ombligo, y retén tu respiración nasal para no respirar libremente; investiga y busca interiormente en tus entrañas para encontrar el lugar del corazón (psicosomático o espiritual) donde, por naturaleza, residen todas las fuerzas psíquicas. Al principio, encontrarás oscuridad y una dureza implacable. Pero si persistes y trabajas en esta tarea día y noche, encontrarás, ¡oh maravilla!, un gozo y a alegría infinita. Porque cuando el νούς nus con la mente encuentra el lugar del corazón, ve inmediatamente allí cosas que nunca conoció. Ve el aire dentro del corazón y a sí mismo, iluminado y lleno de discernimiento. Y a partir de entonces, desde dondequiera que aparezca un pensamiento, antes de que se forme o se materialice, lo expulsa y lo destruye con la invocación de Jesús Cristo. Desde allí, el νούς nus con la mente, resentido y odiando a los demonios, levanta contra ellos su ira natural y persigue y golpea a los enemigos invisibles. Los demás detalles los aprenderás con la ayuda de Dios por ti mismo, manteniendo tu νούς nus con la mente y guardando a Jesús en tu corazón. Como dice alguien: «Siéntate en tu celda o habitación, y esta te enseñará todo» (es decir, la oración del corazón o de Jesús te lo enseñará todo).

Pregunta: ¿Por qué la primera y la segunda custodia no pueden llevar al monje o al cristiano a la perfección?

La respuesta es sencilla: Porque no las tratamos en el orden debido. Juan Clímaco las compara con una escalera, diciendo: «Unos limitan los pazos, otros se ocupan del canto de salmos y dedican más tiempo a esto, otros se concentran en la oración del corazón o de Jesús, y otros se enfocan en la contemplación y viven en lo profundo. En este problema, usemos el ejemplo de la escalera».

Entonces, los que quieren subir una escalera no empiezan desde arriba hacia abajo, sino desde abajo hacia arriba, ascendiendo primeramente el primer peldaño y luego el siguiente y todos los superiores, y así uno puede elevarse desde la tierra hasta el cielo (con los pies en el suelo). Por lo tanto, si queremos ser hombres perfectos en la plenitud de Cristo (Ef. 4,13), comencemos como niños la escalera que mencionamos, para que mediante diversas graduaciones o edades  avancemos alcanzando sucesivamente los estados del niño, del hombre y del anciano.

Primera edad de la vida monástica es la limitación de los pazos; esta es la tarea de los principiantes.

Segunda etapa y graduación, es la ocupación con el canto de salmos; después de tranquilizar y la reducir los pazos, el canto de salmos produce dulzura en la lengua y es agradable a Dios, ya que no es posible salmodiar a Dios en tierra extranjera, es decir, con corazón lleno de pazos, Este es el signo de aquellos que progresan.

Tercera etapa y graduación es del joven que se hace hombre espiritualmente, es la perseverancia en la oración, que es el signo de aquellos que han progresado. Y la oración difiere del canto de salmos tanto como el hombre maduro del joven y del adolescente, según el grado que tenemos.

Además de esto, el cuarto grado y la madurez espiritual es del anciano y canoso; es decir, la contemplación inquebrantable de la θεωρία zeoría contemplación, que es de los perfectos. He aquí, el camino se ha completado y la escala ha llegado a su fin.

Así pues, estas cosas son así y así fueron establecidas por el Espíritu, y no es posible que el infante crezca y se convierta en un anciano canoso, sino que debe comenzar, como hemos dicho, desde el primer grado y pasando correctamente por los cuatro alcanzar la perfección.

El comienzo para que llegue a la luz aquel que quiere renacer espiritualmente es la reducción de los πάθος pazos, es decir, la vigilancia y custodia del corazón; de lo contrario, es imposible reducir los pazos, porque del corazón provienen, como dice el Salvador, los malos pensamientos, conceptos y reflexiones que contaminan al hombre (Mateo 15,19). En segundo lugar, después de esto, está la intensificación de la salmodia. Porque una vez calmados y disminuidos los pazos mediante la oposición a ellos del corazón, el deseo de reconciliación con Dios inflama el νούς nus (espíritu del corazón de la psique). Y a partir de esto el νούς nus con la mente se fortalece y golpea y expulsa los pensamientos que rodean la superficie del corazón. Y luego se dedica nuevamente mucho más a la segunda atención y oración. Y entonces surge la contraofensiva de los espíritus malignos y los espíritus de los pazos agitan ferozmente el abismo del corazón. Sin embargo, con la invocación del Señor Jesús Cristo desaparecen y se derriten como cera. Y nuevamente, una vez expulsados de allí, agitan a través de los sentidos o las percepciones sensibles la superficie del νούς nus. Y por esto el νούς nus pronto siente la paz en él, pero librarse completamente de ellos y no luchar más es imposible. Esto se ha concedido solo a aquel que ha llegado al grado de hombre perfecto, que se ha alejado de todo lo visible y permanece continuamente en la atención del corazón. A partir de esto, el atento se eleva poco a poco a la prudencia del yérontas (anciano canoso sabio e iluminado), es decir, al ascenso a la θεωρία zeoría contemplación, que es de los perfectos.

Quien, pues, usa estas cosas correctamente y a su debido tiempo, puede, después de eliminar los πάθος pazos de su corazón, dedicarse a la salmodia y contrarrestar los pensamientos que se levantan a través de los sentidos y perturban la superficie del nus y la mente, y elevar los ojos sensibles junto con los ojos espirituales al cielo cuando sea necesario, y orar verdaderamente y con pureza; pero esto debe hacerlo raramente, por temor a los demonios que acechan en el aire. Porque esto solo pide Dios de nosotros, que nuestro corazón esté limpio con la vigilancia y custodia; y si la raíz es santa, como dice el Apóstol (Rom 11,16), es evidente que también las ramas y el fruto son santos. Pero sin el método que hemos dicho, quien levanta sus ojos y su νούς nus con la mente al cielo y quiere imaginar algo espiritual inteligible, este forma ídolos dentro de sí mismo y no la verdad; porque al estar impuro su corazón no progresa ni la primera ni la segunda atención.

Es decir, cuando queremos construir una casa, no ponemos primero el techo y luego el cimiento, porque esto es imposible; sino que primero ponemos el cimiento y luego construimos la casa y entonces ponemos el techo. Así debemos hacer también en estas cosas que decimos. Primero pongamos el cimiento espiritual, es decir, vigilemos y custodiemos el corazón y reduzcamos en él los πάθος pazos; y luego construyamos las paredes de la casa espiritual, es decir, repeliendo con la segunda atención la tormenta de los espíritus malignos que levantan los sentidos externos y escapemos lo más rápido posible de esta guerra. Y entonces levantemos el techo con la perfecta inclinación y giro hacia Dios y el retiro, y así completamos nuestra casa espiritual con la δύναμη dinami (poder, fuerza y energía) de Jesús Cristo nuestro Señor. A Él sea la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ  www.logosortodoxo.com 24/06/2024

 

1 comentario

  1. Alberto balducci

    Filos Kalos

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