
Domingo de la Ortodoxia Κυριακή της Ορθοδοξίας
Evangelio san Juan 1,44-52 ΕΥΑΓΓΕΛΙΟΝ Ἰωάν. α΄ 44-52
44 Al día siguiente, Jesús decidió salir de Judea hacia Galilea; encontró a Felipe, y le dice: «Sígueme». (Felipe también era discípulo de Juan Bautista de quien había escuchado hablar mucho sobre el Mesías.)
45 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro,
46 Felipe encontró a Nataniel y le dice: “Hemos encontrado a aquel sobre quien Moisés escribió en la ley y los profetas; es Jesús de Nazaret, el hijo de José”.
47 Nataniel respondió: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.
48 Jesús, vio a Nataniel que se le acercaba y dijo de él: «He aquí un israelita de verdad, en quien no hay engaño, ni mala astucia».
49 Nataniel le dijo: “¿de qué me conoces?” Jesús le contestó: «Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi».
50 Respondió Nataniel y le dice: “Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel, al que según las profecías esperábamos”.
51 Jesús le contestó y le dijo: «¿Porque te he dicho que te he visto debajo de la higuera crees? Cosas mayores que estas verás».
52 Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
- «Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo, a partir de ahora que el cielo se ha abierto por mi bautismo, veréis el cielo abierto también para vosotros y los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo de Dios, quien se ha hecho hombre perfecto; y como hijo del hombre será y es el único representante o vicario del género humano; y que volverá a venir como juez glorioso sentado sobre las nubes; y los ángeles estarán subiendo y bajando para servir a Él y Su Iglesia».
DOMINGO DE LA ORTODOXIA
(Por “Ο ΣΩΤΗΡ”, el Salvador, hermandad de teólogos)
- La Iglesia «combatida, vence»
Festivo y glorioso es el día de hoy, Domingo de la Ortodoxia. Es el día en que celebramos el increíble milagro de la fe, el triunfo por la prevalencia de la verdad de la Ortodoxia sobre el error y engaño de las herejías.
Durante 2.000 años la Iglesia Ortodoxa «es combatida, guerreada, pero gana y triunfa” (San Juan Crisóstomo). Es perseguida, pero no deja de extenderse, de propagarse; es manchada y difamada, pero mantiene la verdad incorrupta, limpia y pura; es encarcelada, pero permanece siempre libre; parece que muere, pero resucita; ni las persecuciones y martirios, ni ataques calumniosos de herejías, ni holas de ateísmo y la polémica guerra del diablo han sido capaces de anular Su logos ortodoxo y verdadero y Su fuerza y energía increada sanadora, iluminadora y santificadora. Así se verifica el logos profético del Señor que dijo: “y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18); es decir, ¡la muerte y las fuerzas, potencias organizadas del mal nunca vencerán la Iglesia Ortodoxa!
Glorifiquemos y alabemos, pues, al Señor παντοδύναμο (pantodínamo) todopoderoso, porque nos ha hecho dignos de convertirnos miembros de Su Santa Iglesia, y luchemos para mantener íntegro el tesoro de la Ortodoxia, que hemos recibido de los Apóstoles, los Jerarcas, los Mártires, los Ascetas y todos los Santos que han vivido como fieles creyentes y dedicados discípulos en Él.
- El deber de la misión
Una de las principales características de la Iglesia es esto que confesamos en el “Credo o Símbolo de la Fe” con la palabra “Apostólica”. La Iglesia Ortodoxa mantiene la sucesión apostólica y continúa la obra de los santos Apóstoles. Por eso también en el santo Evangelio durante este día solemne nos traslada a la llamada de los primeros discípulos del Señor. El Señor Jesús ya había dirigido la invitación, llamada a Andreas y Juan para que Le siguieran, y después a Pedro, quien fue conducido a Cristo por su hermano Andreas. Ahora el Señor llama a Fílipo. Y aquel corre inmediatamente a encontrar a su amigo Nathanael para anunciarle la buena y gozosa noticia: “Hemos encontrado a aquel sobre quien Moisés escribió en la ley y en los profetas. Es Jesús…” Lo hemos encontrado! ¡Es el Jesús! Este movimiento espontáneo de Filipo revela su ἀγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) e interés para el prójimo. Esta es una cualidad característica y esencial también de todo cristiano consciente. «No hay cosa más fea, fría y dura para el cristiano que no se interese por la psicoterapia, sanación, redención y salvación de los demás»”, dice san Juan el Crisóstomo (PG 60, 162).
Es un deber de agapi (amor desinteresado) hacia nuestros hermanos, instruirlos, ilustrarlos e iluminarlos acerca de la fe y la vida Ortodoxa. Recomendarles un libro adecuado o revista ortodoxa, alguna homilía o conferencia de instrucción y formación espiritual ortodoxa; ayudémosles a participar conscientemente en los Misterios (sacramentos) Ortodoxos de nuestra Iglesia; y señalémosles con discreción y discernimiento lo que es correcto según la Sanata Παράδοσις * (Parádosis: Entrega y Tradición Santa) de nuestra Iglesia; Sobre todo, enseñémosles con nuestro ejemplo, que, si es correcto, constituye la prueba más convincente de que el Evangelio se aplica también hoy, psicoterapiando, iluminando, pacificando y santificando la ψυχὴ (psijí: psique, alma, ánima, la que anima el cuerpo) de toda persona.
- Experiencia personal de la fe.
Ciertamente, la fe ortodoxa no se conquista como gnosis-conocimiento teórico, ni se agota en la enseñanza de ciertos dogmas. En esencia, es la experiencia personal y un modo de vida. Por eso Filipo sugirió a su amigo Natanael que viniera él mismo a conocer personalmente a Cristo. «Ἔρχου καὶ ἴδε …erju ke ide… ven y lo verás»!!!
Es necesario acercarnos, saborear, entender lo que creemos, qué es la vida cristiana, qué grandezas vivimos en la Iglesia Ortodoxa. Debemos valorar y apreciar nuestra fe que es verdadera, vivificante y llena de vida. ¡Gozarla y disfrutarla! ¿Qué puedes entender si solo te hablan de la dulzura de la miel y nunca la has probado?
Nuestra fe Ortodoxa es un tesoro. Nuestro culto o liturgia es una riqueza inagotable. La vida espiritual es alegría, deleite y gozo. Pero todo esto podemos sentirlo solo si lo experimentamos y lo saboreamos personalmente.
En este mundo caótico y caprichoso en el que vivimos, en tiempos de confusión sin precedentes, de concesiones y de compromisos, hoy, Domingo de la Ortodoxia, se destaca nuestro deber urgente e imperioso: vivir la fe y la santa parádosis-tradición ortodoxa como el único camino de salvación y luchar para conservarla genuina e intacta y no falseada. Así, la luz increada de la Ortodoxia se transmitirá de generación en generación y brillará por todo el mundo «hasta los confines de la tierra». “Ο ΣΩΤΗΡ”, el Salvador. Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Κυριακή Α΄ Νηστειών. Ο Θρίαμβος της Ορθοδοξίας
Domingo 1º de Cuaresma. El Triunfo de la Ortodoxia
(Jristakis Efstazíu Teólogo –Iglesia de Chipre)
Como sabemos, cada domingo de la Gran Cuaresma se presentan ante nosotros dos temas sobre los cuales el creyente está llamado a profundizar y obtener ricos suministros y bienes espirituales. Así también, el primer Domingo de los ayunos, nuestra Iglesia celebra el triunfo de la Ortodoxia.
Este día recordamos la victoria contra los iconoclastas*, una herejía muy peligrosa en engaños y falacias, que en esencia consistían en la negación de la Encarnación de nuestro Señor. Esto significa que el hombre no podría sanarse, ni salvarse, ni incorporar los mensajes eternos de la verdad eterna de nuestro Señor. *https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/la-santa-tradicion-sobre-los-iconos-ortodoxos/
La controversia iconoclasta, que se desarrolló de la manera más terrible durante los más de cien años, causó gran agitación y dejó muchas «heridas» a su paso. Muchas personas santas fueron perseguidas, torturadas y sacrificaron sus vidas defendiendo la Fe Ortodoxa. Entre estas personas santas figuran también san Juan el Damasceno, san Teódoro el Studita y otras. Finalmente, en el año 843 d.C., después de muchas batallas y sacrificios de santas figuras que adornan el edificio de la Iglesia y lo iluminan con sus presencias, se realizó la restauración de los sagrados iconos, acontecimiento que lo festejamos y celebramos como el triunfo de la Ortodoxia.
El Triunfo de la Iglesia
La victoria de nuestra Iglesia Ortodoxa es señalada con la restauración definitiva y veneración de las Santas Iconas con el Sínodo que se hizo en Constantinópolis en el año 843 d.C. Informativamente cabe señalar que la relación de esta festividad con la Gran Cuaresma es, desde un punto de vista, histórica: el primer triunfo de la Ortodoxia tuvo lugar precisamente este Domingo. El resplandecimiento de la verdad.
Nuestros santos Padres con la sabiduría Divina que les distinguía, colocaron en este domingo la victoria de la Ortodoxia para que los fieles pudieran obtener de ella los necesarios bienes, provisiones y cualidades espirituales, que los acompañarán en su gran peregrinación hacia el encuentro con el Cristo resucitado.
Precisamente, Ortodoxia significa la correcta Fe. Es un requisito y una condición muy básica en la lucha del creyente que realiza durante este período para poder ascender a cumbres espirituales más altas, teniendo como telón de fondo las virtudes que puede adquirir a través de la etapa de su lucha. La correcta fe solo nos la da la persona de nuestro Señor. Sólo cuando buscamos sinceramente con verdad, conocemos realmente a Cristo, se dignifica nuestra vida y adquiere su verdadero valor. Sólo el encuentro y la relación personal con el Señor, puede aliviar y dar descanso a nuestra existencia… Esto nos lo atestiguan y afirman las nubes de Mártires, Santos, Padres y Maestros que combatieron hasta la muerte para la Fe Ortodoxa. A ellos los honramos hoy, el Domingo de la Ortodoxia, y recordamos sus logros y hazañas.
La iglesia Cuerpo de Cristo
Cuando hablamos de la Ortodoxia, hablamos de lo más precioso de la fe y la esperanza. ¿Sin embargo, es posible definir o describir lo que participa uno en el misterio de Dios, en la vida divina, en esta vida inagotable de Dios que llena nuestra existencia humana, incluso en nuestro pecado y caída?
Es casi imposible dar una definición precisa del término Εκκλησία eklisía Iglesia, porque, realmente no existe ninguna definición que pueda considerarse como una autoridad dogmática reconocida. Más bien la Iglesia es una realidad que vivimos, en vez de un objeto que “analizamos y estudiamos”, señala característicamente el Padre Georgios Florosky.
Queridos hermanos, el Evangelio nos ha invitado, “ven y los verás” (Jn 1, 47). Y esta venida nuestra es un camino humilde, limpio y puro que pasa a través de la vida litúrgica, mistiríaca (sacramental) y culto de nuestra parroquia, nuestra Iglesia, entonces seremos conducidos en nuestra unión con la Iglesia, y a nuestro crecimiento y nuestro renacimiento en Cristo, de modo que cada uno de nosotros pueda decir éste logos, como el de Natanael en el Evangelio de hoy: “Rabí, de verdad eres el hijo de Dios”.
Desde esta perspectiva podemos hablar sobre restablecimiento, restauración de nuestra icona (imagen), con toda su grandeza y nobleza que el Dios le ha otorgado.
Queridos hermanos, la celebración de hoy de nuestra Iglesia y de nuestra Ortodoxia, nos recuerda también el deber y la obligación que tenemos como Cristianos ortodoxos de servir con todas nuestras fuerzas la verdad de nuestro Señor. Debemos depositar con absoluta confianza nuestra vida en la perspectiva y el camino que Él abre para nuestra sanación y salvación. La Ortodoxia no se agota ni se limita sólo en formulaciones verbales, sino que se extiende en el sentido dinámico de la ortopraxía (acción, praxis correcta), que implica la transformación en praxis de la verdad de nuestra Iglesia en una práctica diaria de vida.
Para lograr esto, se requiere que toda nuestra vida se convierta en un testimonio vivo diario que se transmite en las frecuencias de buen ejemplo, tal como esto emana a través de la realidad de nuestra Iglesia.
El triunfo de esta verdad nos impone grandes responsabilidades para que también nosotros respondamos a la sagrada obligación de transmitirla a todo el mundo. El Triunfo de la Ortodoxia, finalmente actúa y funciona como un reto, un desafío para que su presencia brille e irradie a través de nuestras propias existencias la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y transmita mensajes eternos en todo el mundo.
Jristakis Efstazíu Teólogo –Iglesia de Chipre. https://aktines.blogspot.com/
Primer Domingo de ayunos del Cuaresma. El Triunfo de la Ortodoxia
Sacerdote Georgios Dorbarakis
El Synodikon de la Ortodoxia (del libro sobre los sínodos), que escuchamos el primer domingo de la Cuaresma, expresa la convicción de la Iglesia Ortodoxa de que ella misma no está en el mundo como una rama en el árbol del cristianismo, como creen algunos herejes, sino como el propio árbol, la extensión verdadera del Señor, «Cristo prorrogado, extendido a través de los siglos» (San Agustín).
«Los Profetas como vieron, los Apóstoles como enseñaron, la Iglesia como recibió, los Didáscalos-Maestros como dogmatizaron, la Οικουμένη como estuvo de acuerdo, la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) como resplandeció… Cristo como recompensó, así pensamos, así hablamos, así predicamos a Cristo, nuestro verdadero Dios…». «Esta es la fe de los Apóstoles, esta es la fe de los Padres, esta es la fe de los Ortodoxos, esta es la fe que sostuvo la Οικουμένη (Icumeni: toda tierra habitada)».
- Esta convicción significa, ante todo, que, si alguien quiere tener una relación correcta con Cristo, si quiere verLo sin adulteraciones y auténticamente, debe unirse a Su cuerpo, convertirse en miembro de Él y ser bautizado como cristiano ortodoxo. Porque la Iglesia Ortodoxa sostiene firme, con demostraciones y pruebas históricas, pero también con el carisma de sus numerosos santos, la verdadera icona-imagen de Cristo y la revela al mundo con toda su vida.
Esto significa que el cristiano no tiene su propia fe y cosmovisión. Su fe es la fe de la Iglesia, de la cual debe ser un miembro consciente. Si acaso alguies se diferencia y quiere tener su propia fe, automáticamente deja de pertenecer a la Iglesia de Cristo, por la sencilla razón, que ha puesto su propio yo por encima del todo, del cuerpo -en realidad, ha seguido el camino de la «auto-deificación», eligiendo su ego, su auto-convicción y egocentrismo como criterio de todo.
- Así, la característica principal del creyente ortodoxo es la obediencia: «por el Cristo, yo el Pablo y los otros Apóstoles, hemos recibido la χάρις (jaris: divina gracia, energía increada) y el cargo del apostolado para predicar a todas las naciones la nueva fe en honor y doxa-gloria de su nombre» (Rom. 1, 5), señala el apóstol Pablo, y por tanto también la humildad – la humildad y la obediencia siempre coexisten.
Por eso se enfatiza repetidamente que ortodoxo no es tanto el virtuoso (y quizás orgulloso), cuanto el humilde. Esta humildad también juzga la autenticidad de cualquier santidad presunta. En otras palabras, aquel considerado santo es tanto más santo cuanto más está dispuesto a obedecer a la Iglesia, con su estructura sinodal espiritual existente y sus pastores canónicos.
Ningún verdadero santo, después de todo, ha puesto jamás su propia santidad por encima de la santidad de la Iglesia. Por eso, no es casualidad que los grandes santos contemporáneos, como los venerables Porfirio, Paisios, Iakovos y Sofronios, tuvieran un fuerte espíritu eclesiástico y siempre remitían a las personas a integrarse en la Iglesia ortodoxa canónica, de la cual ellos mismos eran miembros honorables.
Escuchemos, por ejemplo, el logos conmovedor de san Porfirio, repitiendo una expresión similar de san Juan Crisóstomo: «Prefiero errar dentro de la Iglesia que ser santo fuera de ella», o lo que escribe extensamente sobre esto en una carta san Sofronio de Essex: «Creo en Cristo. Creo a Cristo. Estoy atado, unido con la ἀγάπη (agapi: amor incondicional desinteresado, altruista) de Cristo. Confío solo en el Cristo que conocí en la Iglesia… ¡El Cristo que me dio la Iglesia! No desprecio ningún medio que contribuya a mi unión con Cristo. Pero, ¿es acaso posible encontrar fuera de la Iglesia estos medios en mayor abundancia? En la Iglesia tengo al Dios encarnado de tal manera que comemos y bebemos a Dios, respiramos Su Logos. Con Su nombre, Su Logos, Su δύναμή (dínamis: poder, fuerza y energía increada) realizamos los santos Misterios (sacramentos). Y estos Misterios no son simplemente símbolos, sino una realidad verdadera. Y toda la experiencia lo atestigua con tanta claridad». Y en otro punto de la carta escribe lo siguiente, de manera asombrosa:
«El cristianismo no puede dejar de ser eclesiástico, si examinamos cuidadosamente la Iglesia como cuerpo de Cristo o como fenómeno histórico, como comunidad de los cristianos… ¿Qué es entonces lo que me da la Iglesia? El bautismo, la μετάνοια (metania: introspección, penitencia, arrepentimiento y confesión), la comunión, el sacerdocio, etc. A través de la Iglesia, siempre según la medida de mis posibilidades, me convierto en heredero de la parádosis (divina entrega y tradición) más grandiosa que existe en la historia de la humanidad. Por medio de la Iglesia y dentro de la Iglesia vivo continuamente la relación más viva con Juan el Teólogo y Pablo y los Apóstoles, con Atanasio, Basilio y los otros Padres, con Antonio y Sisoe, con Macario e Isaac, con Máximo y Simeón el Nuevo Teólogo, con Gregorio Palamás, con Serafín de Sarov. Ellos son mis allegados, mis parientes. Sin embargo, los he recibido en el orden eclesiástico. Fuera de la Iglesia, la conexión con ellos se debilita. Aunque sea en menor medida, vivo, no obstante, la misma vida que ellos. Por medio de la Iglesia formo en mi conciencia la icona-imagen del Cristo Crucificado por nuestros pecados con amor infinito. Icona-imagen que siempre, de manera suave pero intensa, atrae mi psique-alma. Y he aquí, todo esto me da la fuerza para soportar muchas cosas insensatas y pervertidas que encontramos en el entorno eclesiástico».
- Es evidente, por lo tanto, que ortodoxo no es simplemente quien habla de la Ortodoxia, sino aquel que vive la fe ortodoxa, quien cumple la voluntad del Padre Celestial, aquel que cree en Cristo y también ama a su prójimo según el mandamiento del mismo Señor.
¡Una ortodoxología (de palabras y logos ortodoxos) sin estar activa y animada por la misma vida constituye la definición de la hipocresía y de la muerte espiritual! «La fe sin las obras está muerta» (Sant. 2, 26).
«La fe operada por la agapi-amor incondicional, desinteresado» (Gál. 5, 6). Esta activación de la fe por agapi-amor incondicional, desinteresado en Cristo, ciertamente, convierte al hombre en una extensión de Cristo, ¡un otro Cristo sobre la tierra! Así como Él mismo lo apocaliptó-reveló y lo prometió: «YoSoY la vid, vosotros los sarmientos» (Jn. 15, 5). Y como lo proclamaban también los Apóstoles: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2, 20).
- Así, nuestros santos, que vivieron y viven la fe, muestran la profundidad del significado y la restauración de los iconos -lo que celebramos históricamente el Domingo de la Ortodoxia: restauraron, con la jaris gracia increada de Dios, la icona-imagen de Cristo oscurecida por el pecado dentro de ellos, por eso, al honrarlos a ellos, en realidad honramos y glorificamos a Cristo. «…A Él (Cristo) lo veneramos y reverenciamos como Dios y Soberanos, y a ellos (los santos), por el común con el Señor, los honramos como siervos auténticos suyos, rindiéndoles la veneración correspondiente según la relación», y según la formulación también del Sinodikón de la Ortodoxia (Libro de Sínodos).
El Domingo de la Ortodoxia no es una celebración para triunfalismos, sino una ocasión para provocar una reflexión sobre la calidad de nuestra propia fe: si caminamos guiados por la verdadera fe de Cristo o si la alteramos con elementos ajenos a ella. Y el Señor fue absoluto en este punto: «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mateo 12, 30). ¡O con Él, o, lamentablemente, contra Él!
Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ παπα Γιώργης Δορμπαράκης
Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com







