«

»

Mar 04 2025

EL PURGATORIO

EL PURGATORIO (no existe)

Metropolita de Nafpaktos-Lepanto, Hierotheos Vlajos

(Fuente: Del libro «La vida después de la muerte» capítulo V)

 

Contenidos

El fuego creado purgador del purgatorio

El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio

La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador

a) Introducción

b) La Necesidad del Debate Dogmático

c) Existen el Paraíso y el Infierno

d) No existe el fuego purgador del purgatorio

e) Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio

f) Interpretación del pasaje apostólico

g) Pasajes patrísticos en el diálogo

h) El fuego eterno es increado

¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?

 

El fuego creado purgador del purgatorio

La separación de la psique-alma del cuerpo es, en verdad, un gran misterio. Hemos visto previamente qué ocurre cuando se aproxima esta hora, qué exactamente sucede cuando la psique-alma se encuentra en un punto crítico, es decir, cuando se prepara para salir del cuerpo humano, y qué sigue después de su salida. Estos son misterios que Cristo nos ha revelado y que los santos de nuestra Iglesia han confirmado. En los Sinaxarios (Vida de Santos) encontramos numerosos ejemplos relacionados con estas cuestiones cruciales.

Los latinos han desarrollado la teoría del fuego purgatorio, es decir, que las psiques-almas de todos los hombres, justos e injustos, pasarán, después de su salida del cuerpo, por el llamado fuego purgatorio. En la tradición patrística se habla de la catarsis del corazón, pero con un significado completamente distinto. La teoría latina sobre el purgatorio con fuego purgadores una mala interpretación y una distorsión de los pasajes correspondientes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, utilizada con otros propósitos.

Es importante examinar la diferencia entre los ortodoxos y los franco-latinos 8papismo) sobre el tema del fuego purgatorio, ya que es una de las cuestiones de interés en este libro.

En el Sínodo de Ferrara-Florencia (1438-1439), que se llevó a cabo con motivo de la llamada unión de las Iglesias, entre otros temas, se discutió la cuestión del fuego purgatorio, y en ese contexto se evidenció la diferencia entre los Ortodoxos y los Latinos sobre este punto. A continuación, analizaremos este debate, así como también las posiciones de san Marcos de Éfeso, el Amable, ya que resultan bastante interesantes.

Considero necesario hacer algunas aclaraciones previas:

Primero, todo el tema será abordado basándonos en la enseñanza de san Marcos el Amable, quien fue el principal representante de la parte ortodoxa en dicho Sínodo, cuyas decisiones finales no fueron aceptadas por la Iglesia Ortodoxa.

Segundo, antes de desarrollar en detalle la enseñanza de san Marcos, es fundamental examinar históricamente cómo comenzó el Sínodo y cómo se abordó este asunto. Sin esta introducción, será difícil comprender su enseñanza y doctrina.

Tercero, dado que analizaremos las opiniones de san Marcos el Amable sobre el purgatorio con fuego purgador en relación con el Infierno y el Paraíso, no haremos muchas referencias a otros Padres de la Iglesia. Además, los temas relacionados con el Paraíso, el Infierno, el reinado de la Realeza increada de Dios y la vida eterna serán tratados en otros capítulos del presente libro. Ciertas repeticiones sobre estos temas, que son inevitables, nos ayudarán a asimilar mejor nuestros conocimientos sobre estas importantes cuestiones.

 

El debate en Ferrara-Florencia sobre el fuego purgatorio

La cuestión del purgatorio con fuego purgador fue el primer tema que se discutió entre los Ortodoxos y los Latinos, (Francolatinos) en Ferrara. La sesión inaugural del Sínodo tuvo lugar el 9 de abril de 1438, pero las discusiones sobre el purgatorio con fuego purgador comenzaron más tarde, en concreto en junio del mismo año. Seguiremos el desarrollo de estas discusiones basándonos en las actas helénicas-griegas del Sínodo y en los informes de Sirópulos, que son fuentes auténticas.

Dada la existencia de muchas diferencias entre las “Iglesias”, se decidió comenzar con la cuestión del fuego purgatorio. El representante latino, el cardenal Julián Cesarini, sugirió que primero se abordara la primacía del Papa, pero consideró más conveniente discutir sobre el purgatorio con fuego purgador» para purificarnos nosotros mismos a través de este debate». San Marcos de Éfeso estuvo de acuerdo con esta propuesta, pero preguntó de dónde habían recibido los latinos esta tradición, desde cuándo la creían y cuál era exactamente su doctrina y enseñanza sobre este asunto.

Antes de comenzar la discusión sobre el fuego purgatorio, el llamado lugar purgatorio, San Marcos preguntó al emperador Juan Paleólogo cómo debían responder a los latinos: «¿de manera combativa y firme o de forma económica conciliadora?» La respuesta del emperador fue clara: «Defiendan siempre con determinación nuestros derechos y nuestras enseñanzas de forma combativa».

Esto es significativo porque, como veremos más adelante, se optó por otro enfoque, es decir, el método del compromiso y conciliación, después de que San Marcos fuera obligado a guardar silencio durante el debate sobre el fuego purgatorio.

Finalmente, el 4 de junio tuvo lugar la reunión entre ambas delegaciones para discutir sobre este tema. El cardenal Julián expuso la posición de los latinos, afirmando que:

«Existe un purgatorio con fuego purgadoren el que, en el presente siglo, las psiques-almas de los pecadores son purificadas a través del fuego, si han cometido pecados veniales. Además, con la ayuda de la Iglesia, mediante las oraciones de los sacerdotes, las liturgias y las limosnas, se les libera de estos infiernos y castigos».

Dijo con más detalle que existen tres lugares y categorías. La primera es la de los santos, cuyas psiques-almas, después de la muerte, se encuentran en el cielo; la segunda es la de los pecadores sin metania e impenitentes, que están en el Hades, como la psique-alma de Judas; y también existe otro lugar intermedio, en el que se encuentran las psiques-almas de aquellas personas que tienen pecados perdonables, habiendo confesado y comulgado los divinos misterios, pero que «todavía deben cumplir una penitencia». Las psiques-almas de estas personas pasan por el fuego purificador.

Según Sirópulos, entre otras cosas, dijo que las psiques-almas de aquellos que se arrepintieron y confesaron sinceramente, pero no llegaron a cumplir la penitencia impuesta por su guía espiritual ni dieron frutos de metania para la expiación de sus pecados, «se purifican, se expían a través del fuego del purgatorio, unas más rápidamente, otras más lentamente, según la gravedad de sus pecados, y después de ser purificadas, alcanzan el gozo eterno».

Los latinos expusieron estas ideas utilizando diversos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. De la Sagrada Escritura citaron el pasaje del Apóstol Pablo: “El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención). (1 Corintios 3, 13-15). También utilizaron muchos pasajes de los Santos Padres de la Iglesia.

De estas opiniones se desprenden claramente tres puntos. Primero, que los latinos, al hablar del fuego purificador, lo distinguieron claramente del fuego eterno, ya que se referían a un fuego «en el presente siglo» y «en el tiempo actual», antes de la Segunda Parusía, Presencia Venida de Cristo. Segundo, que este fuego es en realidad creado, no es la energía increada de Dios. Y tercero, que las psiques-almas de los hombres se purifican a través de este fuego. Las posiciones de los ortodoxos se analizarán en el diálogo, pero principalmente en la enseñanza de San Marcos el Amable, que presentaremos en otra sección de este capítulo.

Después de la exposición de las opiniones por parte del Cardenal Juliano, habló San Marcos. Silvestre Sirópulos dice que, entre otras cosas, San Marcos mencionó que hasta ese momento creían que los latinos sostenían otras creencias, pero ahora escuchaban cosas diferentes. De hecho, dijo característicamente: «Por tu relato, venerable señor, encuentro que la diferencia entre nosotros en este punto es pequeña, y espero que incluso esta pueda ser corregida, si Dios lo permite». Naturalmente, como dice Sirópulos, esto lo dijo por economía para crear un ambiente amistoso: «Y esto lo dijo de manera más económica o reconciliadora, por así decirlo, o más amistosa y pacífica». No obstante, solicitó sus opiniones por escrito para poder dar una respuesta.

En las actas recogidas por Mansi, inmediatamente después de lo dicho en esta primera sesión, se exponen las cosas discutidas en la siguiente sesión, que tuvo lugar el día catorce de junio, en la cual respondieron los Ortodoxos. Sin embargo, Sirópulos conserva un episodio que muestra la mentalidad predominante y presenta de manera relevante por qué San Marcos evitó responder en estas sesiones, mientras que el encargado de exponer la posición ortodoxa fue el Metropolitano de Nicea, Bissarión.

Se llevaron a cabo interminables debates entre los ortodoxos sobre qué debían responder a las opiniones de los latinos acerca del fuego purificador. Finalmente, San Marcos y Bissarión de Nicea redactaron cada uno un escrito, los cuales fueron leídos en un sínodo entre los Ortodoxos. El emperador seleccionó entre los dos escritos. Ordenó tomar el preámbulo del texto de Bissarión y todo lo que pareciera útil de este, y del escrito de San Marcos tomar la mayor parte y lo mejor, y así componer el «documento a entregar». Desde entonces «comenzó el escándalo entre los de Éfeso y los de Nicea».

Bessarión asumió la palabra, pero otros también intervinieron, razón por la cual en las actas se dice que «los griegos respondieron en esos puntos». Sin embargo, parece que inicialmente la voz principal la tuvo Bissarión de Nicea, según nos informa Sirópulos. Él afirma que San Marcos escribió discursos excelentes que refutaban las opiniones de los latinos. Los latinos exigían que San Marcos respondiera cuál era la opinión y la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa sobre aquellos que fallecen. Sin embargo, San Marcos «no la expresó, ya que estaba impedido de hacerlo por el emperador». Los latinos insistían en conocer la razón por la cual no hablaba San Marcos y lo desafiaban a hacerlo, pero él «estaba sujeto a la orden imperial, impedido como con un freno, y se sentía incómodo». Entonces, Bissarión asumió la palabra y, de hecho, se retiró del lugar donde estaba sentado junto a San Marcos «y se sentó en un lugar separado, donde también estaban los mencionados senadores».

Este episodio demuestra las difíciles condiciones en las que se encontraba San Marcos, ya que no solo estaba restringido por el emperador para hablar, sino que también enfrentaba la envidia y el odio de Bissarión. Sin embargo, durante las discusiones posteriores, San Marcos respondió con éxito. Sirópulos escribe: «Nosotros nos maravillábamos de cómo el de Éfeso daba inmediatamente las soluciones con referencias de las Escrituras, sin haber sido advertido de antemano sobre lo que Juan iba a proponer».

Pero sigamos el interesante diálogo que tuvo lugar en Ferrara sobre el purgatorio con fuego purgador entre los Ortodoxos y los Latinos.

El emperador ordenó a Bessarión responder a las opiniones de los Latinos. Comenzó analizando el pasaje apostólico:

«Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego» (1 Corintios 3:13-15). Explicó que las obras que serán quemadas son las praxis, actos y la vida de las personas que vivieron en este mundo. El fuego mencionado en el pasaje apostólico es el fuego eterno del siglo venidero y no otro tipo de fuego. «El fuego al que se refiere el apóstol es para el siglo futuro, no para el presente». Además, el verbo «será salvo» no indica salvación o apocatástasis, restauración, sino que significa «no será aniquilado». Esto implica que el pecador no será destruido, sino que permanecerá «sufriendo eternamente en el fuego».

Los Latinos afirmaban que existe un fuego en el presente siglo mediante el cual se logra la purificación de la psique-alma, y otro fuego en el siglo venidero, que no es purificador, sino eterno. También sostenían que el fuego del presente siglo es universal, es decir, «todos son purificados a través del fuego». Aquel que tiene muchos pecados se purifica por más tiempo, mientras que quien tiene pocos pecados «se purifica menos y es liberado, con la cooperación de la Iglesia».

Las respuestas de los Latinos justificaban la reacción de San Marcos, quien, al escuchar la presentación inicial del Cardenal Juliano, dijo que tenían una idea diferente sobre la enseñanza de los Latinos acerca del purgatorio con fuego purgadory que estaban oyendo algo distinto que se introdujo en aquella exposición. Se evidenció que existía una diferencia. El caso es que durante el debate, quedó claro que se hablaba de dos fuegos, el presente y el futuro, y que todos los seres humanos pasaban por el fuego purgatorio.

Los Ortodoxos respondieron que en la Iglesia Ortodoxa no se hace distinción entre el fuego eterno y el presente. En la interpretación ortodoxa del pasaje apostólico, el fuego mencionado es el fuego eterno, y las psiques-almas de los pecadores van a un lugar oscuro y de tristeza, donde «sufren en parte y son infernadas al estar privadas de la luz divina e increada». Se limpian mediante las súplicas y oraciones de la Iglesia. Esta catarsis y alivio no se logran a través de un fuego existente, sino mediante la acción y energía de la oración, la súplica y la caridad (misericordia o limosna).

Durante los debates, se evidenciaron dos diferencias entre Ortodoxos y Latinos. La primera era que los Ortodoxos hablaban de un espacio de infierno, pena y tristeza, pero no de fuego, mientras que los Latinos hablaban de «castigo y purificación mediante el fuego». La segunda diferencia radicaba en que los Ortodoxos afirmaban que las psiques-almas de los pecadores sin metania, impenitentes aún no sufrían o no expulsaron completamente desde ahora sus infiernos (castigos), ya que esperaban la resurrección de los cuerpos, al igual que las psiques-almas de los santos aún disfrutaban desde ahora de los bienes celestiales pero “no plenamente”. Disfrutarán plenamente de los bienes cuando, en la resurrección de los cuerpos, las psiques-almas se unan con los cuerpos. Los Latinos, en cambio, sostenían que las psiques-almas de los pecadores aún no eran infernadas completamente, ya que esperaban la resurrección de los cuerpos para ser condenadas eternamente junto con ellos. Sin embargo, las psique-almas de los santos «ya han recibido perfectamente su corona en los cielos», y solo entonces se regocijarían eternamente «al revestirse de sus cuerpos».

Los Latinos solicitaron por escrito las opiniones de los Ortodoxos para analizarlas y discutirlas más adelante. En realidad, se llevaron a cabo más reuniones para debatir sobre este tema, durante el 25 y el 27 de junio.

En estas primeras reuniones, el tema central fue el pasaje apostólico que menciona la salvación «como por fuego». Los Ortodoxos basaban su interpretación en la explicación del pasaje dada por San Juan Crisóstomo, la cual se tratará en una sección posterior, cuando se exponga detalladamente la enseñanza de San Marcos sobre el fuego purgatorio. No obstante, cuando los Latinos retomaron la discusión, defendieron que el verbo » σωθήσεται και το σώσον será salvo» y el término «salvación» se usaban en un sentido positivo y no negativo. Citaban pasajes bíblicos en los que se ve que «ser salvo» significaba «salvación, ayuda, liberación de los males y regocijo».

Un ejemplo característico es el salmo de David: «Salva a tu siervo, oh Dios mío, que en ti confía», así como el grito del apóstol Pedro cuando se hundía en el mar: «Señor, sálvame». Los Ortodoxos, por su parte, contraponían otros pasajes con un significado diferente.

En esta primera fase de los debates, los Ortodoxos no querían revelar completamente su doctrina y enseñanza sobre el tema, «sino solo hacer preguntas y respuestas indirectas con sorpresa». De este modo, buscaban prolongar los trabajos del Sínodo «hasta que llegaran los embajadores de los reyes». El Papa había enviado emisarios a los reyes de Venecia para solicitar ayuda para Constantinopla, que se encontraba en una situación crítica. Por esta razón, los Ortodoxos alargaban las discusiones y no exponían completamente sus posiciones.

Sin embargo, los Ortodoxos debatían entre ellos sobre si «los santos ya habían recibido completamente los bienes celestiales o no». Esto ocurrió el 16 de julio de 1438. El Emperador pidió sus opiniones por escrito, y se generó «una gran disputa sobre este asunto». Finalmente, prevaleció la opinión de que «las psiques-almas las han recibido y no las han recibido: las han recibido plenamente en cuanto psiques-almas, pero las recibirán aún más plenamente en la resurrección, junto con sus propios cuerpos, y entonces resplandecerán como el sol, o como la luz increada con la que brilló nuestro Señor Jesús Cristo en la Metamorfosis del monte Tabor».

La discusión sobre el purgatorio con fuego purgador continuó en Florencia, adonde se trasladó la sede del Sínodo. En este capítulo no examinaremos todo lo que se discutió allí, sino únicamente lo que se dijo sobre el fuego purgatorio, que fue uno de los temas de debate. En Florencia, se llegó a una propuesta que parece ser de carácter conciliador. Según esta propuesta, «las psiques-almas de los justos han recibido la corona perfecta en los cielos, mientras que son psique-almas; las de los pecadores, el infierno perfecto; y las que están en medio, existen en un estado de sufrimiento, y sea fuego, tinieblas y tormenta, o cualquier otra cosa, no nos preocupamos por diferenciarlo».

Esta propuesta es conciliadora porque parece que en las discusiones los latinos volvían repetidamente a los mismos puntos. Los latinos presentaron un texto escrito con la solicitud de que los ortodoxos lo aceptaran y firmaran, para que posteriormente «se realizara la unión». En este texto, en relación con el fuego purgatorio, se afirma que existe dicho fuego, el cual es aceptado por quienes se han arrepentido y confesado. Hay una frase significativa que muestra la diferencia entre los latinos y los ortodoxos. Los latinos sostenían que los santos, que no necesitan pasar por el fuego purgatorio, «inmediatamente ven la esencia de Dios». También afirmaban que aquellos que se purifican tras pasar por el fuego purgatorio, también serán dignos de «contemplar inmediatamente la esencia de Dios».

Aquí se presenta la opinión de los franco-latinos de que los santos ven la esencia o sustancia de Dios, mientras que en la Tradición Ortodoxa se hace una distinción entre la esencia y la energía (increadas) de Dios, y se afirma claramente que los seres humanos participan de la energía increada de Dios y no de Su esencia. El hecho de que en la enseñanza expuesta en el Sínodo de Ferrara-Florencia se hable de un purgatorio con fuego purgador temporal, que purifica al hombre y lo lleva a la participación en la esencia o sustancia de Dios, demuestra que el fuego purgatorio, según los latinos, es una realidad creada y que el hombre alcanza la participación en la esencia de Dios. Sin embargo, en la enseñanza Ortodoxa sabemos bien que la catarsis es el resultado de la energía catártica (purgadora, purificadora) increada de Dios, mientras que la iluminación y la θέωσις (zéosis, glorificación, divinización) son participación en la energía iluminadora y deificante de Dios, y no en Su esencia.

Por lo tanto, parece que la enseñanza sobre el purgatorio con fuego purgador no es ajena a la errónea identificación de la esencia y la energía (increadas) de Dios, que es el mayor error y utopía de los latinos y su principal desviación de la teología de los santos Padres. De hecho, si uno examina detenidamente todas las diferencias entre los franco-latinos y los ortodoxos, comprenderá que se reducen a una sola: la verdad sobre la esencia y la energía increadas de Dios.

En las reuniones informales que tuvieron los Ortodoxos con los Franco-Latinos (papistas), donde se les entregó el texto para que lo firmaran y así a continuación se lograra la unión, los Ortodoxos estaban dispuestos a aceptar la propuesta sobre el fuego purgatorio, pero no sobre la cuestión de la «divina esencia y energía increadas». Se registra en las actas helénicas-griegas: «Nos obligaban a aceptar el escrito, pero como no teníamos orden imperial, no lo aceptamos».

Se llevaron a cabo muchas discusiones sobre el fuego purgatorio. Aunque se llegó a un acuerdo en otros temas, aún existían desacuerdos sobre el purgatorio con fuego purgador y el perfeccionamiento o consumación de los regalos o dones divinos. De hecho, en un momento dado, los Ortodoxos dijeron respecto al fuego purgatorio: «Por esto no nos hemos separado por el purgatorio, ni es algo necesario, ni falta que hace». Los latinos querían incluir el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para el acuerdo de la unión. Había miembros de la delegación ortodoxa que querían agregar el tema del purgatorio con fuego purgador como condición para finalizar el asunto, pero el emperador se oponía. Finalmente, en los términos del Sínodo se estableció que los justos son recibidos inmediatamente en el cielo tras su muerte, los que han en pecados mortales sin arrepentimiento «descienden directamente al Hades», y los que han pecado y se han arrepentido sin haber dado frutos dignos de metania, arrepentimiento, «sus psiques-almas son purificadas después de la muerte». Con las oraciones de los vivos, los sacrificios sagrados y las limosnas, sus psiques-almas son aliviadas y liberadas de sus castigos.

Por supuesto, este término no fue firmado por San Marcos de Éfeso, el Amable, algunos que estaban de acuerdo con él, así como algunos que habían abandonado Florencia anteriormente. La «Unión de las Iglesias» que se llevó a cabo en Ferrara-Florencia no se concretó finalmente, y esto fue una gran bendición para la Ortodoxia. El pueblo Ortodoxo, clérigos y laicos que vivían la Santa Tradición Ortodoxa, reaccionaron contra esta unión y, por lo tanto, lo que se firmó sobre el purgatorio con fuego purgador no es aceptado.

Es muy significativo que el Sínodo de Constantinopla del año 1722, en una encíclica dirigida a los Ortodoxos de Antioquía, se refiriera, entre otros temas, al fuego purgatorio. Es un documento sinodal de gran valor e importancia.

Se dice que, mientras los Latinos sostienen que existen tres lugares a los que van las psiques-almas de los fallecidos, «nosotros, los piadosos, siguiendo la verdad y rechazando tales innovaciones, confesamos y aceptamos únicamente dos lugares para las psique-almas de los difuntos, el paraíso y el infierno, para los justos y los pecadores, tal como nos enseña la Sagrada Escritura.

No aceptamos en absoluto un tercer lugar ni un purgatorio, porque ni la Escritura ni los santos Padres nos han enseñado tal cosa. Sin embargo, creemos que estos dos lugares tienen muchas y diversas moradas…

Ningún maestro de la Iglesia ha transmitido ni enseñado tal purgatorio, sino que todos hablan de un solo lugar de castigo, el Hades, y de un solo lugar luminoso y resplandeciente, el Paraíso. No obstante, ambos lugares tienen diversas moradas, como hemos dicho, y dado que las psiques-almas de los santos y justos van indudablemente al Paraíso, y las de los pecadores al infierno, entre estos pecadores, los impíos y quienes han cometido pecados imperdonables son castigados eternamente, mientras que aquellos que han pecado de manera leve y perdonable tienen la esperanza de obtener la libertad por la infinita misericordia de Dios. Por ello, la Iglesia ofrece oraciones y súplicas, liturgias, conmemoraciones y limosnas en favor de estos, es decir, de aquellos que han cometido pecados leves y perdonables, para que sus psiques-almas reciban beneficio y alivio. Así pues, cuando la Iglesia ora por las psique-almas de los difuntos, esperamos que Dios les conceda el perdón, pero no por medio del fuego y el purgatorio, sino por su divina misericordia o filantropía, del modo que conoce la infinita bondad de Dios».

De lo expuesto, se ve claramente que en la enseñanza y doctrina de los Latinos (franco-latinos, papistas) sobre el purgatorio con fuego purgador hay dos puntos interesantes que muestran su diferencia con la enseñanza ortodoxa.

Primero, que el purgatorio con fuego purgador se distingue del fuego eterno del infierno, lo cual no se encuentra en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni en la Tradición Patrística.

Segundo, que se afirma que a través del purgatorio las personas alcanzan la visión de la esencia de Dios y, dado que en la enseñanza latina la esencia y la energía se identifican, al hablar del actus purus y de una energía creada, el llamado purgatorio con fuego purgadores algo creado. Más adelante veremos las premisas de esta enseñanza latina y sus consecuencias para la vida espiritual. Sin embargo, es necesario señalar que esta enseñanza difiere claramente de la teología de los Padres de la Iglesia Ortodoxa.

 

La Enseñanza de San Marcos el Amable sobre el Fuego Purificador

 

a) introducción

San Marcos, Metropolita de Éfeso, fue uno de los protagonistas del Sínodo de Ferrara-Florencia y un fiel representante de la enseñanza patrística ortodoxa en todos los temas. Al estudiar su enseñanza, se puede comprobar claramente que expresa la enseñanza ortodoxa y, sobre todo, es un fiel exponente de la teología de San Gregorio Palamás. En este punto, podemos apreciar el valor de su teología.

Era natural que también se ocupara del tema del fuego purificador o purgatorio y expusiera las opiniones ortodoxas al respecto. Dado que sus palabras son de gran interés y están relacionadas con muchas cuestiones teológicas, procederemos a un análisis más amplio de sus enseñanzas.

Los puntos que analizaremos se encuentran en dos discursos de San Marcos que se han conservado. Estos discursos fueron presentados en las discusiones durante el Sínodo de Ferrara, además de algunos capítulos que resumen toda su enseñanza y en los cuales rechaza la enseñanza latina sobre la existencia del fuego creado purificador del purgatorio.

El primer discurso lleva el título: «Del muy reverendísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amble, refutación de los capítulos latinos que ellos propusieron acerca del fuego del purgatorio». Como parece, se trata del discurso que San Marcos redactó inmediatamente después de la presentación del tema, por orden del emperador.

El segundo discurso lleva el título: «“Del sapientísimo y eruditísimo Metropolita de Éfeso, señor Marcos el Amable, segunda apología contra los latinos, en la cual expone también la verdadera enseñanza de la Iglesia Ortodoxa Helénica».

Los capítulos se titulan:

«Diez silogismos, razonamientos que demuestran que no existe fuego purificador».

Por supuesto, es difícil presentar en detalle toda la enseñanza de San Marcos sobre este tema. Se requeriría un estudio especializado para analizar todas sus opiniones y aspectos. Sin embargo, intentaré exponer a continuación sus posiciones generales sobre el fuego purificador o purgatorio, procurando no alterar su contenido. Considero esto importante porque, lamentablemente, sabemos muy poco sobre este tema, y lo que se ha presentado hasta ahora no siempre refleja completamente la perspectiva ortodoxa sobre el asunto.

 

b) La Necesidad del Debate Dogmático

Al comenzar su segundo discurso, San Marcos enfatiza la importancia de la verdadera investigación sobre los temas dogmáticos que son objeto de controversia. Escribe de manera característica: «En verdad, se necesita una gran investigación y discusión sobre aquellas enseñanzas o dogmas que son debatibles y que presentan argumentos sólidos y poderosos en ambos lados.»

La investigación sobre cuestiones dogmáticas dudosas y controvertidas debe llevarse a cabo con verdad, sin engaños, utilizando siempre los argumentos más sólidos. Un debate de este tipo traerá un gran beneficio, porque conducirá y será apocaliptada-revelada la verdad: «Así pues, el beneficio que resulta de tal discusión es muy grande.»

Naturalmente, San Marcos sostiene que este beneficio será real solo si ambas partes buscan sinceramente la verdad y no simplemente el conflicto, y si no intentan imponerse a toda costa, sino que están dispuestas incluso a aceptar la derrota con nobleza. Con estas palabras, señala la actitud de los latinos (francolatinos, papistas), quienes hacían exactamente lo contrario: no buscaban la verdad sobre el fuego creado purificador del purgatorio, sino simplemente imponer su enseñanza, como en otros asuntos.

Refiriéndose al Sínodo Apostólico convocado para determinar si los cristianos de origen pagano debían ser circuncidados, y a la discusión que tuvo lugar entre los Apóstoles, así como a la armonía alcanzada después del Sínodo, San Marcos el Amable señala que ellos también deben aspirar a la paz y la concordia, incluso si el debate es extenso.

Por lo tanto, el debate dogmático es necesario cuando hay argumentos sólidos y un interés genuino en la paz y la unidad. Sin embargo, si predominan la discordia y el deseo de imponer una opinión a cualquier costo, entonces el debate no tendrá ningún beneficio. Este principio es esencial en cualquier discusión teológica, ya que, si el Espíritu Santo no actúa y no prevalece la paz durante los debates, entonces es imposible encontrar la verdad.

 

c) Existen el Paraíso y el Infierno

La enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio sostenida por los latinos (francolatinos, papistas) está relacionada con la enseñanza sobre el Paraíso y el Infierno, por lo que San Marcos el Amable examina también esta cuestión.

San Marcos rechaza la existencia del fuego purificador del purgatorio basándose en la parábola del Rico y Lázaro, narrada por Cristo. En ella, la psique-alma de Lázaro se encuentra en el seno de Abraham, mientras que la psique-alma del rico está en el Hades. Según San Marcos, en esta parábola el Señor revela con el seno de Abraham «el estado supremo de felicidad para los amigos de Dios en su bienaventurado destino,» mientras que con el Hades representa «la condenación final y el castigo eterno de los pecadores.» Y, claramente, con esta parábola Cristo «no dejó lugar a otra región intermedia con un castigo temporal.» Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Hades, sin ninguna otra región de castigo y sufrimiento temporal. Además, según esta parábola, entre el Paraíso y el Hades hay un gran abismo que los separa.

En ninguna parte de las Sagradas Escrituras se menciona que, inmediatamente después de la muerte, las psiques-almas puedan ir al Paraíso, al Infierno y a un tercer lugar como el purgatorio con el fuego creado purificador. La naturaleza inmaterial de la psique-alma hace que sea ilógico que sufra tormentos por un fuego corporal o material, ya que el cuerpo ha sido disuelto. Sin embargo, después de la resurrección, cuando la psique-alma se una de nuevo al cuerpo incorruptible, cuando toda la creación se transforme y cuando el fuego se divida, es decir, cuando se diferencie el fuego iluminador del fuego abrasador, entonces el ser humano experimentará el infierno eterno, de la misma manera que los demonios, ya que estos también tienen cierta materialidad densa y tienen cuerpos de naturaleza aérea e ígnea. Por lo tanto, solo existen el Paraíso y el Infierno, sin ningún estado intermedio. La experiencia de presabor de estos comienza inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo.

Es cierto que en las Santas Escrituras se menciona el Hades antes de la Encarnación de Cristo y antes de la abolición de la muerte, mediante Su sacrificio en la cruz. Pero incluso el Hades, tal como se describe en la Santa Escritura, no puede identificarse con el fuego creado purificador del purgatorio de los latinos. El Hades es un lugar espiritual, ya que las psiques-almas no tienen forma. Las psiques-almas de los justos eran retenidas en el Hades antes de la venida del Salvador solo por el pecado original, «no como en el fuego y el tormento, sino como en una prisión y una celda.» Por lo tanto, el Hades no es el fuego purificador del purgatorio que enseñan los franco-latinos.

La creencia en un fuego creado purificador temporal entre el Paraíso y el Infierno está, de alguna manera, relacionada con la enseñanza de la apocatástasis (la restauración de todas las cosas), que fomenta la negligencia y la pereza espiritual en aquellos que confían en un castigo temporal. La enseñanza de la apocatástasis y la eventual anulación del Infierno eterno, enseñada por Orígenes y adoptada por algunos escritores eclesiásticos antiguos, fue condenada y anatematizada por el Quinto Sínodo Ecuménico, ya que inducía a los negligentes y perezosos espiritualmente a ser más negligentes y perezoso, al hacer creer a los pecadores que serían liberados de sus sufrimientos.

De la misma manera, la enseñanza sobre el fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, ya que promueve la falsa idea de que no es necesario esforzarse en esta vida, ya que se espera una purgación, purificación posterior. San Marcos lo expresa así:

«Por la misma razón, esta enseñanza del fuego creado purificador del purgatorio debe ser rechazada por la Iglesia, porque inculca la negligencia y la pereza en los creyentes y los persuade de que no necesitan esforzarse por hacerse la catarsis (purgarse y purificarse) en la vida presente, ya que esperan otra catarsis (purgación, purificación) futura.»

Al analizar el tema del Paraíso y el Infierno, San Marcos, expresando la enseñanza de la Iglesia, afirma que ni los justos poseen plenamente la bienaventuranza después de la muerte, ni los pecadores experimentan inmediatamente el tormento eterno. Ambos estados se manifestarán en su plenitud «después del último día del juicio y la resurrección de todos.»

Ahora, tanto los justos como los pecadores «se encuentran en los lugares que les corresponden,» pero con diferencias:

Los justos están en paz y libertad junto con los ángeles en el cielo y anticipan, presaborean la bienaventuranza y felicidad del reinado de la Βασιλεία (Vasilía) Realeza increada de los Cielos.

Los pecadores están confinados en el Hades, esperando con angustia, pena y una tristeza inconsolable, como condenados que aguardan la sentencia del Juez, y viendo ya la tortura eterna que les espera.

De la enseñanza de San Marcos se deduce y se ve claramente que no existe un estado intermedio de las psiques-almas como sostenían los latinos (francolatinos, papistas), es decir, un lugar entre el Paraíso y el Infierno llamado purgatorio con un fuego creado purificador. Sin embargo, sí existe una «condición intermedia» en el sentido de que, después del éxodos-salida de la psique del cuerpo, los justos esperan la plena bienaventuranza y dicha del Paraíso y los pecadores la sentencia final del Juez y la condena final.

No obstante, después de la muerte, la contemplación, expectación de Dios por parte de los justos es más intensa que durante su vida terrenal. San Marcos escribe de manera explícita que los justos, después de la muerte, disfrutan de la bienaventurada visión, expectación o contemplación de Dios «con mayor plenitud y pureza que antes en la vida.»

San Marcos, para apoyar esta opinión, utiliza numerosos pasajes de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia. En el Juicio Final, que tendrá lugar después de la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo, los justos escucharán la siguiente declaración: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reinado de la Realeza increada preparada para vosotros». Esto significa que aún no habían heredado el reinado de la Realeza increada inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Además, si ya lo hubieran heredado, no habría necesidad de la resurrección de los cuerpos, la presencia del Juez y aquel temible y universal tribunal.

Asimismo, el apóstol Pablo escribe: “Por esto, presentes o ausentes, nos esforzamos por ser gratos a Dios, tanto si estamos en este cuerpo corrupto, como cuando partimos de este hacia el cielo durante la muerte, puesto que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo claros y descubiertos, para que reciba cada uno según lo que hubiere hecho mientras vivió en el cuerpo, bueno o malo” (2 Cor. 5:10). Esto significa que, antes de comparecer ante aquel Tribunal y antes de presentarnos ante Cristo, y especialmente mientras la psique-alma vive separada del cuerpo, «nadie disfruta por lo que ha hecho por el cuerpo».

Cuando a San Atanasio se le preguntó si los justos disfrutan de los bienes y los pecadores del castigo después de la salida de la psique-alma del cuerpo, respondió: «De ninguna manera, pero la alegría que ahora tienen las psiques-almas de los santos es un disfrute parcial, así como el sufrimiento y tristeza que experimentan los pecadores es un infierno parcial».

Y San Marcos concluye que ni los justos disfrutan plenamente de los bienes eternos ni los pecadores han recibido aún su condena definitiva ni han sido enviados al Infierno. De hecho, antes de la resurrección de los cuerpos, los seres humanos son incompletos, «como si estuvieran divididos en dos y privados del cuerpo». Solo después de que las psiques-almas entren en cuerpos incorruptibles recibirán los premios y honores de sus hazañas.

Por lo tanto, entre el Paraíso y el Infierno, que los justos y los pecadores experimentan y presaborean inmediatamente después de la salida de la psique-alma del cuerpo (es decir, tras la muerte biológica), no existe un purgatorio con fuego creado purgador. Este dogma de los latinos (francolatinos, papistas) no puede sostenerse en la santa parádosis, tradición eclesiástica.

 

d) No existe el fuego purgador del purgatorio

Lo que se ha mencionado no es el único argumento contra la existencia del fuego purgador del purgatorio. Como fiel portador y defensor de la Parádosis-Tradición Ortodoxa, San Marcos, con argumentos irrefutables, derrumba las teorías de los latinos y presenta la opinión ortodoxa sobre el tema.

En primer lugar, sostiene que en ninguna parte de la Sagrada Escritura ni de la tradición patrística se menciona la existencia de un purgatorio con fuego purificador. Siempre que se hace referencia a este tema, se habla del fuego increado y eterno, que los pecadores experimentarán después de la Segunda Παρουσία (Parusía_ Presencia, Venida) de Cristo. De esto hablaremos más adelante. Aquí es importante señalar que la enseñanza de los latinos sobre un purgatorio con fuego purgador antes de la Segunda Parusía de Cristo no se sostiene, y de hecho, no es posible fundamentarla en la Sagrada Escritura.

La idea de que las psiques-almas pueden purgarse, purificarse de los pecados mediante castigos purificadores, infligidos por un fuego temporal, «no la encontramos escrita expresamente en ninguna parte, ni en las oraciones y cánticos realizados en favor de los difuntos, ni en los logos y palabras de los maestros de la Iglesia». Ciertamente, en algunos textos utilizados por los latinos (francolatinos, papistas) se hace referencia a este tema, pero han sido malinterpretados, es decir, insertados en otra tradición exegética, como veremos más adelante.

En algunos escritos patrísticos se menciona que los pecadores impenitentes sin metania «son castigados en parte», pero no que hayan sido arrojados al Infierno. En los textos de la Sagrada Escritura y de los Padres se habla de la tristeza de quienes están en un estado intermedio, que los atormenta y los castiga, o de vergüenza y tormento de conciencia, de remordimiento, de encierro y oscuridad, de miedo e incertidumbre sobre el futuro, o simplemente del retraso en la visión, contemplación divina, dependiendo de lo que cada uno haya hecho. Pero nunca se menciona un fuego que infierne y purifique psiques-almas incorporales e inmateriales con un fuego material. Ningún Padre de la Iglesia que haya interpretado los pasajes pertinentes de la Sagrada Escritura ha entendido que en ellos se haga referencia al purgatorio con fuego creado purgador enseñado por los latinos.

El Señor, en su Sermón de la Montaña, dice que quien llame a su hermano «necio» «será reo del juicio». San Marcos explica que Cristo no lo envía al purgatorio, sino al Infierno. Se rendirá cuentas por toda palabra ociosa «en el momento del juicio», pero no se enseña que se purificará por el fuego.

En la Sagrada Escritura se afirma que la visión, expectación o contemplación de Dios es la recompensa perfecta para quienes han hecho la catarsis y purificado su corazón, según los logos de Cristo: «Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la purgación, sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán la doxa-gloria luz increada de Dios» (Mt. 5,8). Por supuesto, hay distintos grados de visión, contemplación de Dios, según el grado de catarsis alcanzado. Por lo tanto, ni todas las personas tienen el mismo grado de catarsis ni, naturalmente, hay necesidad de un purgatorio con fuego purgador en caso de que la catarsis de algunos no sea completa. En toda la Sagrada Escritura se observa que «quienes están menos catartizados (purgados y purificados) contemplarán menos a Dios». Los seres humanos verán, contemplarán a Dios según su grado de catarsis, y por esta razón no es necesaria otra catarsis después de la muerte.

Así, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona explícitamente la existencia de un purgatorio con fuego creado purgador temporal después de la muerte de la psique-alma, ni esta enseñanza innovadora de los latinos armoniza con el espíritu de la Biblia. No existe un purgatorio con fuego purgador entre la muerte de cada persona y la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo.

 

e) Logos y razones teológicas contra la existencia del fuego creado purgador del purgatorio

Las enseñanzas de San Marcos de Éfeso sobre el tema del purgatorio con fuego creado purgador son muy extensas y, naturalmente, es difícil presentarlas en este análisis resumido. Nos vemos obligados a ser breves y fragmentarios. Sin embargo, a pesar de las dificultades para exponer toda la enseñanza de San Marcos, nos esforzamos por no alterarla, sino por examinar sus opiniones generales sobre el tema que nos interesa aquí.

Al final de su primer discurso, presenta como conclusiones los logos y las razones por las cuales no puede existir el fuego creado del purgatorio, tal como lo entienden los latinos, es decir, como un fuego creado, temporal e intermedio entre la muerte y la Segunda Παρουσία (Parusía, Presencia, Venida) de Cristo. Las razones son las siguientes:
Primero. Puesto que el deseo por lo divino, es decir, la misma agapi-amor, purga y purifica a los seres humanos y los hace semejantes a Dios, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo después de la muerte? ¿Por qué este deseo no podría purificar los pecados menores en lugar de necesitar un purgatorio con fuego creado purgador?

Segundo. Conviene a la bondad de Dios no pasar por alto el pequeño bien ni castigar el pequeño pecado. Pero el pequeño bien, entre grandes pecados, no logra ninguna recompensa. Tampoco es necesario que el pequeño mal, para aquellos que han logrado grandes cosas, sea llevado a juicio. Por esta misma razón, no es necesario que exista el purgatorio con fuego creado purgador.

Tercero. El poco bien en los pecadores no puede tener recompensa, sino solo una diferencia en el castigo. Lo mismo ocurre con los santos, el poco mal en ellos no genera condenación e infierno, sino solo una diferencia en el disfrute de la doxa-gloria increada. Dado que hay diferencia de recompensa y disfrute para los justos y diferencia de infierno para los pecadores, no hay necesidad de un purgatorio con fuego creado purgador.
Cuarto. La continuación de lo anterior es que la visión, contemplación de Dios se logra igualmente por todos los hombres, pero depende de la diferencia y el grado de la catarsis. Por lo tanto, para aquellos que tienen una catarsis incompleta, «no hay, pues, necesidad del fuego creado purificador del purgatorio «.
Quinto. San Gregorio el Teólogo en su logos sobre la Pascua, afirma claramente que «no hay catarsis después de esta noche», es decir, no hay ninguna catarsis después de esta vida, que es caracterizada como una «noche».
Sexto. San Gregorio también enseña que es mejor hacer la catarsis, purgarse, purificarse y psicoterapiarse, en esta vida y no ser enviado al tormento del infierno, porque «el tiempo después de la muerte es tiempo de infierno, no de catarsis». Esto demuestra claramente que no hay catarsis después de la salida de la psique-alma del cuerpo, sino solo infierno eterno.
Séptimo. En la parábola del Rico y Lázaro, Cristo no dejó entre el Paraíso y el Infierno «otro lugar temporal que tuviera algún tipo de tormento, sino que un gran abismo infranqueable separaba a ambos entre sí, representando la máxima y directa oposición».
Octavo. No es posible que la psique-alma incorpórea e inmaterial, después de separarse del cuerpo, sea castigada e infernada por un fuego material corporal. Este fuego eterno existirá después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo y después de la asunción del cuerpo incorruptible.

Noveno. El Hades, al que descendían las psiques-almas de los santos del Antiguo Testamento, no era con la figura o tipo del fuego y del infierno, sino con la figura o tipo de una cárcel y prisión. Del mismo modo, las psiques-almas de quienes pecaron moderadamente «tal Hades las retendrá después de la muerte». Es decir, aquellos que pecaron poco vivirán hasta la Segunda Παρουσία Parusía de Cristo como en una cárcel y prisión, esperando el juicio final, en el cual comenzará el Infierno. Por esta razón, no es necesario que exista el purgador fuego creado del purgatorio.

Décimo. Los santos Padres, que vivieron la vida igual a la de los ángeles en la tierra y fueron iniciados a través de visiones, sueños y milagros en la vida del eterno infierno de los impíos y pecadores, tal como lo pinta y describe la parábola del Rico y Lázaro, «en ninguna parte aclararon nada acerca de un purgatorio, de un purgador fuego creado temporal».
Undécimo. Debe rechazarse el dogma del purgatorio con fuego creado purgador porque conduce a las personas a la negligencia, a la pereza espiritual y a no esforzarse por hacer la catarsis y purificarse en la vida presente, esperando alguna catarsis (purgación, purificación) futura, tal como también fue rechazado el dogma de la apocatástasis (restauración de todos), porque lleva al hombre a los mismos resultados.

Los mismos argumentos desarrolla también en sus silogismos y razonamientos sobre la inexistencia del purgatorio con fuego creado purgador, donde se exponen las razones por las cuales no podemos aceptar la existencia de tal purgatorio con fuego, temporal y creado. En estos silogismos y razonamientos, los argumentos de san Marcos se centran en tres puntos principales.

El primer punto es que, como enseña toda la Sagrada Escritura y la Parádosis-Tradición de la Iglesia, existe diferencia en la visión, contemplación de Dios, según la catarsis del hombre desde esta vida. Cuanto más catartizado purgado, purificado y psicoterapiado está alguien, más perfectamente contempla la doxa-gloria increada de Dios. Por lo tanto, existe una mayor o menor contemplación de Dios, según el grado de catarsis. Aquel que tiene algunos pecados también «ve a Dios sin necesitar del fuego purgatorio», bastando para ello la filantropía de Dios, aunque, naturalmente, en un grado correspondiente. Sin embargo, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador anula esta diferencia en la participación de la doxa-gloria increada de Dios. Porque, dado que las personas de esta categoría pasan por el fuego purgatorio temporal, se deduce que todas las psiques-almas de los justos «están en la misma contemplación de Dios, que es la bienaventuranza y felicidad». Pero esto es falso, porque Cristo dijo que en el reinado de la Realeza increada de Su Padre «hay muchas moradas» (Jn 14, 2).

El segundo argumento es que no es posible que ningún fuego purgatorio cambie la voluntad del hombre después de la salida de esta vida. «El movimiento de la voluntad y las cosas que ocurren por necesidad están necesariamente encerrados en esta vida». La voluntad puede ser cambiada mientras el hombre esté en esta vida, pero una vez que muere, permanece inmóvil. «Y por esto no tiene éxito en el esfuerzo o el juicio, y no avanza hacia ello por medio del purgatorio con fuego creado purgador». Por lo tanto, dado que la rectitud de la voluntad se requiere para la bienaventuranza y felicidad, y dado que el purgatorio con el fuego creado purgador no puede cambiar la voluntad de malvada a buena, porque esto solo ocurre mientras el hombre está vivo, «el purgatorio no contribuye en absoluto a la bienaventuranza y felicidad». Esto significa también que las personas no pueden ser purgadas y purificadas por ningún purgatorio.

El tercer argumento es que, así como existe una diferencia en el disfrute del reinado de la Βασιλεία (vasilía) Realeza increada de los Cielos, también hay una diferencia en el infierno. Y, como se mencionó anteriormente, el pequeño bien de los pecadores no puede dar una retribución, «sino solo una diferencia en el infierno o castigo». De la misma manera, el pequeño mal en los justos «no causará infierno, sino solo una diferencia en el disfrute». Por esta razón, no puede existir un purgatorio con fuego purgador creado, como dicen los latinos

En conclusión, la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa rechaza la enseñanza latina del fuego purgatorio, pues no se encuentra en la Sagrada Escritura ni en la Tradición de los Padres, y además contradice la comprensión ortodoxa de la justicia y misericordia divinas.

 

f) Interpretación del pasaje apostólico

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar la enseñanza del purgatorio con fuego creado purificador, utilizaron diversos pasajes de las Sagradas Escrituras. Por esta razón, San Marcos el Amable, en estos discursos y logos de carácter apologético, que fueron utilizados en el Sínodo de Ferrara-Florencia, interpreta estos pasajes de manera ortodoxa y demuestra que los franco-latinos en realidad los malinterpretaron para justificar su nueva enseñanza.

El pasaje principal que se aborda es el que proviene de la Primera Carta a los Corintios, en el que se habla de la prueba de las obras a través del fuego. En concreto, el apóstol Pablo escribe: «Según la χάρις jaris-gracia energía increada y la misión que Dios me ha concedido entre las naciones, yo, como buen sabio arquitecto iluminado de Dios, puse el cimiento firme e imperturbable en Corinto, y otro construye el edificio encima de este cimiento. Cada uno que mire y tenga cuidado cómo edifica sobre este cimiento. Porque nadie puede poner otro nuevo cimiento que el que está ya puesto en la base del edificio, y este es el Jesús Cristo. Sobre este cimiento uno puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, maderas, caña y paja. El valor del trabajo de cada uno aparecerá claro el gran día del juicio, porque ese día se apocaliptará-revelará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno y quemará lo podrido. Si la obra que uno ha edificado sobre este cimiento que es el Cristo, resiste la prueba del fuego, recibirá el premio o el salario; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego. (Se salvará si la justicia de Dios lo juzga digno de salvación y perdón por lo menos por su buena disposición e intención)» (1 Cor 3,10-15).

Este pasaje, según San Marcos, aunque parece introducir la idea del fuego purgatorio creado, en realidad «más que nada, la refuta». Las razones que lo demuestran son las siguientes:

Primero, el apóstol Pablo lo llama fuego de prueba y no fuego purificador o purgador.

Segundo, todas las obras, incluso las bondadosas, buenas y valiosas, pasarán por este fuego, lo que significa que no todas necesitan catarsis (purgación, purificación).

Tercero, el Apóstol afirma que mientras las obras de los malvados serán consumidas, ellos mismos sufrirán pérdida. Sin embargo, según la interpretación de los francolatinos, aquellos que sean purgados, purificados ganarán.

Cuarto, todo lo que dice el Apóstol sucederá en el Día del Juicio y en el siglo venidero, y no se refiere a un purgatorio con fuego purificador entre el Paraíso y el Infierno.

Además, de hecho, en ninguna parte de la Sagrada Escritura se menciona esto. Es más, Cristo es categórico cuando dice: «E irán estos al infierno eterno, y los justos a la vida eterna» (Mt 25,46).

Por lo tanto, en realidad se trata esencialmente de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) de Dios, la cual ilumina a los justos, pero sobre-quema a los pecadores. Esto es confirmado también por diversos pasajes de la Sagrada Escritura que cita San Marcos. El profeta David dice: «Dios vendrá manifiestamente, nuestro Dios, y no guardará silencio; Un fuego abrasador va delante de Él, y una gran tormenta estalla a su alrededor» (Sal 49,3). Y también: «Fuego irá delante de él, y abrasará a sus enemigos alrededor« (Sal 96,3). El profeta Daniel escribe: «Un río de fuego corría y salía de delante de él« (Dan 7,10).

Particular importancia tiene la frase del apóstol Pablo: «si la obra se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará con gran dificultad, pero como el que escapa atravesando las llamas del fuego«. San Marcos, al interpretar esta frase, explica que la obra que el fuego quemará y consumirá completamente es la mala astuta disposición o energía. El término «sufrirá pérdida» se refiere a la carga de maldad que llevaban los pecadores, mientras que «será salvo» se refiere a su permanencia. Escribe lo siguiente: «Sin embargo, será preservado, es decir, permanecerá y será guardado para siempre, sin ser destruido junto con su maldad o mala astucia».

Esto significa que la Jaris increada de Dios conservará también a los pecadores, restaurará su naturaleza y ellos permanecerán eternamente en el Infierno. Por lo tanto, la σωτηρία sotiría salvación aquí se refiere a la conservación.

Esta interpretación de San Marcos el Amable no es arbitraria, sino que es la enseñanza de los santos Padres de la Iglesia. San Marcos menciona la interpretación de San Juan Crisóstomo y la enseñanza de San Basilio el Magno sobre el fuego del siglo venidero.

San Juan Crisóstomo, quien es la voz del apóstol Pablo, así como Pablo es la voz de Cristo, al interpretar esta frase del apóstol, escribe exactamente: «Porque ‘será salvo’, dice, el pecador, pero como a través del fuego», es decir, permanecerá siendo castigado en el fuego y no perecerá junto con sus malas obras y disposiciones». Esto no es ajeno a la enseñanza ortodoxa de que el hombre es una persona, que nunca puede ser conducido a la inexistencia o al no ser, y que Cristo, con su Resurrección, concedió a todos los seres humanos, justos e injustos, la resurrección como un regalo Suyo. Esta resurrección ocurrirá en Su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida), restaurando la naturaleza, pero no la voluntad de los hombres. Así, mientras los justos disfrutarán del «siempre bien ser y estar», los pecadores recibirán el «siempre mal ser y estar».

San Basilio el Magno, al interpretar el salmo «La voz del Señor corta llamas de fuego», explica que, dado que el fuego tiene dos propiedades, una iluminadora y otra abrasadora, la voz del Señor interrumpirá este fuego «para que el fuego del Infierno sea sin brillo, mientras que la luz del descanso permanezca sin quemar».

Al presentar este pasaje de San Basilio el Magno, San Marcos explica que las obras luminosas y brillantes de los justos aparecerán aún más resplandecientes, y los justos se convertirán en herederos de la luz increada. Sin embargo, los pecadores sufrirán la pérdida de sus obras y «serán salvados con una salvación peor que la perdición, permaneciendo perpetuamente en el fuego (porque esto es lo que realmente significa el término ‘ser salvado’), para que no se piense que, debido a la naturaleza destructiva del fuego, también ellos sean completamente aniquilados».

Al mismo tiempo, San Marcos señala que, si algún intérprete entiende la palabra σωτηρία sotiría salvación como la liberación del Infierno, y la pasada a través del fuego como purificación, entonces este «parece haber entendido erróneamente este pasaje por completo».

Según San Marcos el Amable, la interpretación del Santo Juan Crisóstomo es la más valiosa y con ella están de acuerdo todos los didáscalos-maestros de la Iglesia. Así, la interpretación de san Juan Crisóstomo es «más precisa y verdadera que todas». En este contexto, él mismo agrega una interpretación que se relaciona con los hechos que ocurrían en Corinto y que dieron motivo al Apóstol Pablo para decir este logos.

San Marcos sostiene que el Apóstol Pablo, en este caso, se refiere al cristiano de Corinto que había caído en fornicación. Era uno de los maestros que, aunque había caído en un gran pecado, «sin embargo, resistía por su valor docente, teniendo un sistema que no podía ser despreciado y confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto». Así, parece que el Apóstol tenía en mente a algún maestro que, aunque había pecado, continuaba enseñando, confiando en la sabiduría externa y en la riqueza de su intelecto. San Marcos extrae esto de lo que se dice en el capítulo correspondiente de la epístola del Apóstol Pablo.

Por lo tanto, según San Marcos el Amable, esta palabra se dirige claramente «al lujurioso, al que ha fornicado». Un tal maestro no solo no recibirá salario por su enseñanza, sino que también su obra de enseñanza será consumida por el fuego. Sin embargo, permanecerá siendo juzgado por sus actos. «Este maestro no será corrompido por su propia obra, pero será salvado y se presentará ante el juez y dará cuenta de sus hechos y soportará el juicio eterno, sin que la obra de esa enseñanza, que ha sido corrompida, lo condene… y será salvado con una salvación peor que la pérdida, ya que le hubiera sido mejor no haber nacido ni haber sido salvado en ese momento, cargando con tal materia».

Cabe señalar que repetidamente San Marcos utiliza la palabra de San Juan Crisóstomo, que define la salvación como «permanecer», «…la salvación se entiende solo como el hecho de no corromperse por la obra, sino permanecer, incluso cuando esa obra se haya corrompido». Este hombre se presentará ante el Juez «quemado».

Además, el fuego del que habla el Apóstol Pablo es solo un fuego de prueba, «pero no es ese el fuego que recibe a los pecadores eternamente». Claramente, San Marcos aquí distingue entre el fuego de prueba del juicio, en la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y el fuego eterno del infierno. Naturalmente, el fuego del juicio no es creado, sino increado. Creo que este discernimiento revela, por un lado, la prueba del juicio, realizada por el mismo Cristo, y por otro, la cualidad abrasiva de la energía increada de Dios, que depende del estado espiritual del ser humano.

San Marcos refutando la opinión de que la palabra salvación no se utiliza para lo malo, sino solo para lo bueno, cita el pasaje correspondiente de Job. Después de la destrucción, un mensajero fue a Job para anunciarle lo sucedido, diciendo: «Pero yo me salvé vine solo a anunciarte esto» (Job 1:15). Se salvó, fue preservado de la destrucción y fue a anunciarle el mal.

Por lo tanto, la palabra apostólica no puede sustentar ningún purgatorio con fuego creado purgador, como dicen los latinos (francolatinos, papistas). Se refiere claramente al juicio futuro, al juicio y la preservación del pecador, es decir, a su paso por el fuego sin ser destruido junto con sus obras malvadas.

 

g) Pasajes patrísticos en el diálogo

Los latinos (francolatinos, papistas), para apoyar su nueva enseñanza del fuego creado purgador del purgatorio, utilizaron en el diálogo varios pasajes patrísticos. Y esto porque los ortodoxos pidieron saber en qué se basaban en esta enseñanza, que es ajena a la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, veremos más adelante que los francolatinos en realidad distorsionaban los pasajes de los Padres, como también hicieron con los pasajes bíblicos.

No voy a hacer un análisis grande de este aspecto del tema, solo lo comentaré, extrayendo las conclusiones necesarias.

Los latinos (papistas, francolatinos) utilizaron «algunas palabras del Quinto Sínodo Ecuménico «, en las que parece que aceptan la enseñanza de San Agustín y San Ambrosio. Luego usaron pasajes de San Gregorio el Dialogo, oraciones de San Basilio el Grande, dichos del bienaventurado Gregorio de Nisa, así como dichos del divino Dionisio Areopagita, del gran Epifanio y del divino Damasceno. También se hace referencia al bienaventurado Teodóritos.

Utilizando todos estos pasajes patrísticos, los franco-latinos llegaron a la conclusión de que la justicia divina no deja nada impune, y por eso es necesario que exista otro lugar para aquellos que no fueron castigados en esta vida, ni serán castigados en el cielo o en el infierno, donde serán castigados y purificados. Después de esto, los franco-latinos dicen: «Por lo tanto, es necesario que haya otro lugar apartado, donde debe ocurrir esta purgación, purificación, por la cual cada uno, siendo purificado, se eleva de inmediato a la dicha celestial».

San Marcos el Amable, portador de la Santa Parádosis-Tradición Ortodoxa y auténtico intérprete de las Escrituras y de los logos patrísticos, analiza e interpreta correctamente todos estos pasajes, refutando y derrumbando las opiniones de los papistas francolatinos. Demuestra claramente que en ninguno de estos pasajes patrísticos se menciona explícitamente el llamado fuego creado del purgatorio. Por lo tanto, no se justifica en ningún lugar la existencia del purgatorio, como decían los franco-latinos. Simplemente, en su intento de legitimarlo, distorsionaban y malinterpretaban los logos de los santos Padres.

Así, san Marcos el Amable demuestra que algunos de los pasajes mencionados no hablan claramente sobre el «fuego purificador del purgatorio», como los de San Agustín y San Ambrosio, mientras que otros son malinterpretados, como los de San Basilio el Grande, san Dionisio Areopagita, San Juan Damasceno, San Gregorio Nacianceno, etc.

Sin embargo, es necesario señalar que San Gregorio Nacianceno no habla de la restauración de todas las cosas de manera filosófica y herética, como algunos estudiosos contemporáneos influenciados por la tradición hermeneútica, interpretativa occidental quieren presentarlo, sino que se integra dentro de la Santa Parádosis-Tradición eclesiástica Ortodoxa. Esto lo veremos en otro capítulo.

Además, el uso por parte de los papistas francolatinos de pasajes del V Sínodo Ecuménico es objeto de crítica y revisión por parte del santo Marcos, quien sostiene que no es posible que este gran Sínodo haya instituido tal enseñanza. Luego, el santo Marcos concluye de manera característica: «ni la Escritura ha entregado a nosotros un infierno doble ni un fuego doble, ni tampoco el quinto Sínodo ecuménico nos lo ha entregado».

En su segunda homilía, el santo Marcos analiza en detalle este tema, presentando pasajes patrísticos que se refieren a las realidades futuras, sin mencionar claramente el «fuego purificador del purgatorio», así como la enseñanza de San Gregorio Nacianceno y cómo la Iglesia aborda este serio tema. Sin embargo, no es el lugar adecuado para desarrollarlo aquí.

En general, el santo Marcos sostiene que los latinos (francolatinos. papistas) malinterpretan y falsifican la enseñanza patrística sobre este tema. Los latinos no tienen las premisas ortodoxas para comprender a los Padres de la Iglesia, y por ello fallan en su presentación hermeneútica, interpretativa.

Por supuesto, en la enseñanza ortodoxa se habla del perdón de los pecados y el valor de las oraciones por los difuntos. Estos dos elementos no pueden ser comprendidos realmente por los franco-latinos. A continuación, se hará una breve referencia a la enseñanza relacionada de la Iglesia.

El perdón de los pecados en la Tradición Ortodoxa es liberación del infierno y del castigo. Y este perdón ocurre de tres maneras y en tres momentos diferentes. La primera en el tiempo del Bautismo, la segunda después del Bautismo, mediante la μετάνοια metania y el duelo o luto (espiritual o según Dios) durante la vida presente, y la tercera manera es después de la muerte, a través de las oraciones, las buenas obras y todo lo que realiza la Iglesia de Cristo.

El perdón por el Bautismo es sin esfuerzo y es igual para todos. Es obra de la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) y no requiere obra por parte del hombre, sino solo fe. El perdón después del Bautismo es arduo y requiere μετάνοια metania y contrición. El perdón después de la muerte también es arduo, ya que está estrechamente relacionado con el arrepentimiento «y la conciencia que golpea y la tristeza por no haber hecho el bien», pero es completamente diferente del castigo, ya que no puede ser perdón y castigo al mismo tiempo.

En el primer y tercer perdón, prevalece la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, y las oraciones «contribuyen solo un poco». El perdón intermedio se realiza con la Χάρις Jaris increada, pero depende más de nuestro trabajo y sinergia: «en el perdón intermedio, por el contrario, tiene un poco de Χάρις Jaris, pero se necesita mucha más labor de nuestra parte». También, difiere la primera remisión o perdón a través del santo Bautismo, de la última remisión o perdón, porque la primera remisión es la remisión de todos los pecados, mientras que la última remisión o perdón es solo para los pecados no mortales, y especialmente para aquellos por los que la persona se arrepintió durante su vida biológica.

Esta es la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, como dice san Marcos el Amable, por eso pide el perdón de los difuntos. Pide a Dios que perdone los pecados de los cristianos que han vuelto a la μετάνοια metania, se arrepintieron, que murieron en la fe, sin mencionar ningún castigo, porque sabe que, para tales pecados, «la bondad divina prevalece sobre logos y palabras de justicia». Así, en la Iglesia Ortodoxa hablamos de la bondad de Dios y no de la satisfacción de la justicia divina.

Relacionado con el perdón de los pecados está también el tema de las oraciones por los difuntos. La Iglesia Ortodoxa celebra memoriales por los cristianos difuntos y ora por ellos a Dios, pero de manera diferente y por razones distintas que los franco-latinos. En otras palabras, no es posible vincular el «fuego purificador» del purgatorio de los latinos con los memoriales realizados en la Iglesia Ortodoxa. El primero presupone catarsis (purgación y purificación) a través del castigo, el segundo presupone perfección en el continuo proceso del hombre hacia la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación). El santo Marcos ofrece interesantes explicaciones sobre este tema.

Los memoriales en la Iglesia Ortodoxa se celebran por todos los que han dormido con la esperanza de la resurrección y la fe en Jesús Cristo. Por lo tanto, los memoriales y las oraciones de la Iglesia benefician a todos los difuntos, justos e injustos, santos y pecadores. Claro, la oración difiere dependiendo de cada cristiano. Incluso por los santos, hacemos memoriales y ofrecemos «kolyva» (granos trigo hervido, típicamente utilizados en la tradición ortodoxa en memoriales), pero, como tenemos pruebas de su santidad y han sido inscritos en el catálogo y coro de los santos, por eso la oración es diferente. No le pedimos a Dios que los misericordie, sino que oramos «en honor y memoria» y pedimos sus bendiciones e intercesiones para nosotros.

San Marcos el Amable escribe sobre la utilidad de las oraciones de los memoriales: «Hacemos por todos igualmente los memoriales de los que duermen en la fe, y decimos que todo lo que aportamos a estos contribuye y les beneficia, haciendo que todos pasen a través de su fuerza, poder y beneficio». Por lo tanto, las oraciones se hacen por todos los difuntos en la fe ortodoxa.

La Iglesia ora principalmente por los pecadores, que están encerrados en el hades (infierno), «para que reciban algo de consuelo, aunque no de liberación completa». Ora principalmente por los difuntos en la fe «aunque sean muy pecadores». Claro, hay casos de santos que oraron incluso por los impíos, pero «la Iglesia de Dios no ora por tales». Los pecadores y aquellos que están encerrados en el hades (infierno) después de la muerte se benefician de estas oraciones, en parte porque no han sido finalmente condenados y aún no tienen la decisión definitiva del Juez, y en parte porque aún no han caído en el infierno, lo que sucederá después de la Segunda Venida de Cristo. Si esto es cierto para los pecadores, mucho más benefician los memoriales y las oraciones a aquellos que volvieron a la μετάνοια metania, se arrepintieron, pero no pudieron ser completamente purgados, purificados y llegar a la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma). Si ellos tienen pecados pequeños o leves, serán restaurados al clero de los justos o permanecen donde están, es decir, en el hades (infierno), y «aliviarán sus dificultades, mal estar y les darán mejores esperanzas».

Sin embargo, los memoriales y las oraciones de la Iglesia también benefician a los justos y a los que vivieron piadosamente. Esta es la enseñanza central de nuestra Iglesia. San Marcos el Amable sostiene que las oraciones de la Divina Liturgia demuestran que «incluso para los que ya disfrutan de la bienaventuranza de Dios, el poder de estas oraciones, especialmente la del sacrificio místico, pasa a ellos». Esto se ve en una oración correspondiente en la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo: «Ofreciendo aún esta adoración o culto lógico por los que descansan en la fe: nuestros antepasados, padres, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, confesores, ascetas, y todos los espíritus justos que han sido perfeccionados en la fe». Aunque, al orar por los santos, no les pedimos bienes, sino que les agradecemos, «hacemos esto en su honor, doxa-gloria y gratitud, y de esta manera, de algún modo, el sacrificio también se hace hacia ellos».

En otro punto, San Marcos analiza más detalladamente cuál es el beneficio de los santos al ser probados por el fuego que está siempre con Dios, y que es Su energía increada. Escribe: «Porque tal fuego revela a los santos, al no llevar nada de malicia, como más brillantes, tal como el oro probado en el horno…». Es evidente en este pasaje, como en otros pasajes similares de los Santos Padres, que los santos brillan más y se vuelven más receptivos a la participación de la doxa-gloria increada de Dios.

San Marcos también utiliza un pasaje de San Dionisio Areopagita, en el que parece que el jerarca ora también por aquellos que han alcanzado la perfección en la vida divina. Al citar este pasaje, San Marcos dice que el poder y la energía de las oraciones, especialmente del sacrificio místico, pasa «también a aquellos que han vivido rectamente y piadosamente». Esto se explica porque, en relación con la perfección, incluso los santos son imperfectos y, por lo tanto, pueden hacerse más receptivos a la divina doxa-gloria increada. Específicamente, escribe: «El poder y la energía de las oraciones y de la Divina Liturgia también pasa a los que han vivido rectamente y piadosamente, porque ellos siendo imperfectos, siempre recibiendo el don hacia lo bueno y aún, no disfrutando de la perfección de la bienaventuranza».

Por lo tanto, las oraciones de la Iglesia pasan a todos, tanto a los pecadores como a los justos, pero operan, actúan de manera diferente en cada uno, según la condición espiritual que hayan adquirido en esta vida. Y concluye el santo: «Dado que las oraciones de la Iglesia pasan a todos, no es necesario aceptar el fuego purificador del purgatorio. La catarsis (purgación y purificación) y salvación son obra de la bondad y la filantropía de Dios».

Esta enseñanza de San Marcos es ortodoxa y se encuentra en muchos textos de los Padres. No tenemos la intención de desarrollarla exhaustivamente aquí. Lo que debe destacarse es que, según la enseñanza ortodoxa, existen tres etapas en la perfección espiritual: la catarsis (purgación y purificación) del corazón, la iluminación de la mente y la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación) del ser humano. La perfección del hombre es incompleta. Siempre el hombre puede mejorar en su estado espiritual. Este proceso continuará también en el siglo venidero. Por lo tanto, cuando el hombre, a través de la μετάνοια metania, entra en la etapa de la catarsis, pero, debido a la muerte no puede completar la catarsis y avanzar hacia la iluminación, esto se llevará a cabo mediante las oraciones y memoriales que realiza la Iglesia. Es decir, habrá un continuo progreso en la participación de la energía catártica (purgadora, purificadora), iluminadora y divinizadora de Dios. Así debemos entender muchos de los incidentes que encontramos en la vida de los santos, en los que su oración justificó a sus hijos espirituales. Si pensamos que justificación significa iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma), y naturalmente esto es principalmente y ante todo el perdón de los pecados, entonces podemos explicar estos incidentes.

 

h) El fuego eterno es increado

En ningún lugar de los Padres se menciona que exista un lugar de castigo o un fuego punitivo por el cual pasarán las personas después de su muerte, especialmente aquellos que no tuvieron tiempo de cumplir con sus reglas o cánones. En la enseñanza de los Padres, como hemos visto, se dice claramente que existe el Paraíso y el Infierno después de la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, y una prefiguración del Paraíso y el Infierno después de la salida de la psique-alma del cuerpo. Hasta la Segunda Parusía de Cristo, la Iglesia celebra los memoriales, cuyo poder y energía pasa a todos los difuntos que han vivido en fe, ya sean pecadores, justos o santos. En ningún lugar se menciona un fuego purificador o purgatorio para los cristianos que se han vuelto en la metania y arrepentido, pero no han completado su μετάνοια metania.

San Marcos dice que, cuando en la Sagrada Escritura y en los textos patrísticos se habla de fuego, se entiende el fuego eterno del Infierno, que, por supuesto, es increado y no creado. Es decir, no se trata de algo creado, de una realidad creada, sino de la energía increada de Dios, que es experimentada por los no sanados como fuego.

En un punto de su primer discurso, afirma: «Y si en algunos de estos cánticos y oraciones se menciona el fuego, no se refiere a un fuego temporal o purificador, sino al fuego eterno y a la interminable infierno y condena, pidiendo los santos a Dios que salve a los difuntos dormidos en fe…».

Este fuego del que se habla en los textos eclesiásticos no es un fuego temporal, sino el fuego eterno e increado. Citando un pasaje de San Gregorio Nacianceno, dice: «No es un fuego temporal y transitorio, sino un fuego más doloroso y más duradero».

Así, el fuego del Infierno no es físico, no es creado, sino increado. La luz increada para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios, dice San Marcos. Y, por supuesto, esta luz es la doxa-gloria increada de Dios. San Marcos vincula la luz increada con el fuego del Infierno. Es decir, dice que el fuego eterno no es físico, «así como la luz para los dignos es la visión, expectación o contemplación de Dios». Al analizar esta visión, expectación o contemplación sostiene que los santos de la Iglesia interpretaron el fuego eterno y los interminables infiernos o condenas «de una manera alegórica». Se trata de una alegoría, porque ni la luz de los justos es física, ni el fuego de los pecadores es creado y físico o corporal. Son hechos reales y situaciones verdaderas, pero no son las situaciones que conocemos en el mundo sensible.

Claro, la Santa Escritura utiliza muchas iconas-imágenes para describir el estado de los infernados, como el fuego, el gusano, los reptiles y el rechinar de dientes. Todas estas expresiones representan realidades distintas. Con el fuego, los santos entienden la ignorancia de Dios: «así como no debe pensarse en un fuego físico allí, ni en una oscuridad externa, sino solo en la ignorancia de Dios». Naturalmente, cuando se habla de la ignorancia de Dios, se refiere a la no-participación en Dios, ya que sabemos que los pecadores verán a Dios, es decir, tendrán una visión de Dios, pero no una participación en Él, y, por lo tanto, experimentarán y tendrán ignorancia. De hecho, en la Parádosis Tradición Ortodoxa, el conocimiento-gnosis de Dios es la participación en Él. El gusano o algún tipo de reptil venenoso y carnívoro simboliza el tormento de los impíos debido a la conciencia y esa amarga contrición. Lo mismo ocurre con el rechinar de dientes, es decir, simboliza el dolor, el lamento amargo y la rabia de los que se sienten atormentados.

Es claro, entonces, que cuando se hace referencia al fuego en la tradición eclesiástica, se entiende el fuego eterno e increado. Esto significa que no se trata de algún fuego purificador temporal o purgatorio, sino de la experiencia de la jaris gracia increada como fuego, debido a la impureza del ser humano. Precisamente por esta razón, no es posible que exista un fuego creado purificador o purgador del purgatorio como lo entienden los latinos.

En general, podemos decir que la enseñanza de San Marcos de Éfeso, como se refleja en sus discursos durante el Sínodo de Ferrara-Florencia, está orgánicamente integrada en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa acerca de la vida del ser humano después del éxodos-salida de la psique-alma del cuerpo. San Marcos es un auténtico intérprete de la enseñanza ortodoxa, porque él mismo es portador de la Παράδοσις Parádosis Tradición Ortodoxa. Así, se demuestra que el fuego purificador del purgatorio de los latinos (francolatinos, papistas) es una vana gloria, una nueva enseñanza, una enseñanza novedosa que no puede ser adoptada por la Iglesia Ortodoxa. San Marcos se muestra, en este tema, también como un auténtico intérprete de la Tradición Ortodoxa.

 

¿A qué se debe la enseñanza y doctrina de los latinos sobre el fuego purgatorio?

 

Un aspecto interesante del tema que nos ocupa es identificar las causas que llevaron a los Latinos (franco-latinos, papistas) a desarrollar la enseñanza del fuego purgatorio. Esto es necesario porque, según creemos, la aparición de esta enseñanza no es un hecho fortuito.

Debemos señalar que, como se desprende del estudio del tema, la enseñanza del purgatorio con fuego purgador se integra orgánicamente dentro de toda la teología de los Latinos y se desarrolla en el marco de su atmósfera teológica. Por lo tanto, no es un acontecimiento fortuito y aislado, sino un síntoma de la teología de Occidente, tal como evolucionó tras su separación de la teología ortodoxa. Ya hemos tenido la oportunidad de ver esto en análisis previos, pero ahora lo estudiaremos de manera más extensa y detallada.

Podemos señalar cinco causas, que llevaron al pensamiento teológico occidental a la enseñanza sobre el purgatorio.

Primera causa es la falta de teología níptica. La teología occidental al alejarse de la teología ortodoxa, y, sobre todo, de la tradición níptica relacionada con la catarsis del corazón, la iluminación del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y la contemplación espiritual o zéosis de Dios, creó las condiciones para el desarrollo y enseñanza del purgatorio o fuego creado purificador.

Esto se dice en el sentido de que la teología níptica-hisijasta de la Iglesia Ortodoxa se habla de la energía increada de Dios, que como fuego catartiza purga y sana al hombre. Según el resultado de la acción y efecto de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios también recibe un nombre particular: se dice catártica, iluminadora y deificante o divinizadora energía increada. En otras palabras, cuando la energía increada de Dios catartiza purga, limpia y sana al hombre, se llama catártica, cuando ilumina se llama iluminadora y cuando le glorifica o diviniza se llama θεοποιός zeopiós deificante o divinizadora.

El mismo Cristo dijo: «¡He venido a arrojar fuego sobre la tierra y qué más quiero, si ya se ha encendido!» (Lc 12,49). Vine a echar un celo ardiente y entusiasmo en los corazones de los hombres de buena voluntad, pero este celo encenderá fuego de odio contra mí y mis fieles seguidores. ¡Y qué más quiero, si ya se ha encendido este fuego! (Lc 12,49). Y el Apóstol Pablo escribe: “porque nuestro Dios es fuego consumidor o devorador” (Heb 12,29). Quema y consume a todo impío y desvergonzado.

San Juan el Clímaco, que expresa toda la tradición níptica sobre este tema, dice que vivimos y experimentamos la Jaris increada de Dios primero como fuego, y luego como luz. El fuego supracelestial, cuando se introduce en el corazón, a unos los sobrequema debido a la catarsis incompleta y a otros los ilumina «según la medida del perfeccionamiento». Este mismo fuego se llama «fuego consumador e iluminador». Es por eso que unos saliendo de su oración es como si salieran de un horno encendido, sintiendo una ligereza al quitarse la impureza, y otros, al terminar la oración, se sienten como si estuvieran saliendo iluminados por la luz y revestidos con el manto de la humildad, la alegría y el gozo.

En otro punto, San Juan el Clímaco dice que todo nuestro esfuerzo se realiza hasta que el fuego de Dios entre en nuestro santuario, es decir, en nuestro corazón. Dios, que es fuego, consume «toda suciedad y movimiento, destruye y mata tanto por dentro como por fuera todo vicio y pazos visible e invisible”.

En general, en toda la tradición eclesiástica se habla del fuego que entra en el corazón, es decir, de la Χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, que uno siente en su corazón quemando sus pazos. Por supuesto, este fuego es increado, es decir, la Jaris increada de Dios, que quema los pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y hace la catarsis (purga, limpia y sana) el corazón, por eso se llama Jaris catártica, purgante y esto se realiza durante la lucha del hombre por su terapia “psicoterapia”. Es esencialmente la primera etapa o estadio de la vida espiritual. Además, este mismo fuego, es decir, la Jaris catártica, purgante de Dios, estará operando también sobre los difuntos que han entrado en la etapa de la catarsis, pero no han tenido tiempo de catartizarse completamente.  Así, como hemos dicho anteriormente, con la memoria por los difuntos y las oraciones de la Iglesia el hombre se catartiza y sube a las etapas de la culminación espiritual, ya que, en última instancia, el perfeccionamiento es interminable.

Los latinos o franco-latinos, al haber perdido la teología níptica y no vivir estas experiencias empíricamente, malinterpretaron los textos patrísticos. Se dieron cuenta de que en los escritos de la Sagrada Escritura y de los Padres santos se habla de un fuego que hace la catarsis, limpia, purga y sana al hombre, y que esto continúa después de la muerte, para aquellos que ya habían entrado en la μετάνοια metania, en la etapa de la catarsis, y los francolatinos al no disponer de experiencia espiritual de esta enseñanza, malinterpretaron los pasajes patrísticos. Así, llegaron a hablar de un fuego creado de castigo, a través del cual pasarán todos los seres humanos. Pero está claro que el término tiene un significado diferente en la enseñanza patrística ortodoxa.

Segunda causa de la aparición de la enseñanza del purgatorio es la identificación de sustancia o esencia y energía en Dios, lo que ha causado muchos males y problemas en Occidente.

Conocemos bien por la teología ortodoxa que Dios tiene sustancia o esencia y energía. No hay esencia sin energía. Si la esencia es increada, su energía también es increada, si la sustancia o esencia es creada entonces su energía también es creada. La esencia de Dios es increada, por eso decimos que Su energía es increada. La agapi-amor, paz, justicia, etc., son energías increadas de Dios, que, por supuesto, no están sin hipostasis (base substancial), sino existentes en hipostasis, ya que no puede haber energía sin hipostasis, dado que quien actúa, opera o energiza es la persona. Esta verdad teológica nos preserva de muchos peligros y desviaciones heréticas. (Discernimiento claro indivisible entre esencia-sustancia-usía y energía=naturaleza. El don o carisma de discernimiento el mayor de todos, según los Padres. San Dionisio el Areopagita: “discernimiento no es dividir sino unir lo dividido y distinguir lo unido”).

En cambio, en Occidente no se hace este discernimiento. Los “teólogos” (charlatanes, tiólogos) escolásticos, en su esfuerzo por preservar la simplicidad de Dios y al mismo tiempo distinguir integralmente entre Dios y el mundo, identifican la energía de Dios con Su esencia-usía, la llaman «actus purus», y al mismo tiempo consideran la energía providencial y salvadora de Dios como creada. De este modo, según la teología occidental, Dios no tiene una relación real con el mundo a través de Su energía increada, sino sólo mediante medios creados y energías creadas. Sin embargo, esta enseñanza sacude todo el pedestal y contenido de la “psicoterapia” sanación, redención y salvación del ser humano.

Si examinamos cuidadosamente todas las diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y los Franco-latinos, comprobaremos y veremos que se deben a esta cuestión teológica crucial. Esto es precisamente lo que se refleja en la enseñanza franco-latina sobre el purgatorio. En primer lugar, hablan acerca de la experiencia del purgatorio, que es creado, ya que Dios no tiene contacto o comunicación directa con las criaturas, creaciones, y luego hablan sobre la visión de la sustancia o esencia-usía increada de Dios por los purgados. Es decir, ya que las personas pasan por el purgatorio, alcanzan la visión de la esencia de Dios. Pero esta enseñanza, además de todo lo anterior, al hablar de la σωτηρία sotiría salvación, necesariamente elimina el discernimiento entre creado e increado, entre lo según naturaleza y lo según Χάρις (jaris: gracia, energía increada).

En la Iglesia Ortodoxa, sin embargo, la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) se identifica con la participación del hombre de la deificante o divinizante Jaris y energía increada de Dios. Por lo tanto, la sotiría es pragmática, real y Dios permanece Dios.

Tercera causa, es la enseñanza y doctrina sobre el purgatorio es una conjunción de toda la tradición franco-latina, tal como lo expresa la llamada teología escolástica. De hecho, como mencionamos anteriormente, la teología escolástica que se alejó y se desvinculó de la teología empírica hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, generó muchos males y problemas en Occidente.

Según la teología occidental, que se basó en el divino Agustino, sostiene que el pecado original o ancestral se hereda de Adán a todos sus descendientes, y que la justicia de Dios condenó a toda la humanidad al infierno e impuso la pena de muerte. En consecuencia, según la tradición franco-latina, el infierno y la muerte son castigos de Dios y no enfermedad, como enseña la teología ortodoxa.

Como resultado de esta enseñanza es que los francolatinos fueron conducidos a la teoría del infierno y del purgatorio. Los francos, como creían que los malvados o infernados no ven a Dios, tomaron e interpretaron el fuego del infierno como creado. En este sentido y punto de vista, debemos ver el infierno de Dante, donde los pecadores serán atormentados por el fuego creado del Infierno. De este modo, los franco-latinos imaginaron el mundo como un edificio compuesto de tres pisos: el cielo inmutable para los dichosos o bienaventurados, la tierra variable, mutable para la prueba de los hombres y los reinos subterráneos variables, mutables para los infernados viciosos y los purificados.

Naturalmente, como hemos visto antes, los franco-latinos también hablaban de la visión de la esencia-usía de Dios por parte de los justos y los purificados. En otras palabras, los salvados verán, por la jaris-gracia increada y su lógica, a Dios y los arquetipos de los seres que existen en Él. Con esta visión de la esencia-usía divina, las psiques-almas serán de la parte anhelante (deseo), de la irascible y de las variables, la mutabilidad, y así se convertirán dichosas, bienaventuradas inmutablemente. No es necesario señalar que la Iglesia Ortodoxa no acepta estos puntos de vista, ya que los arquetipos de los seres no existen en Dios. Dios crea, provee y salva al mundo mediante Su energía increada.

Asimismo, los francolatinos no comprendieron correctamente la teología apofática (afirmación negativa) y la consideraron más como una teología especulativa. En la teología ortodoxa, la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de Dios se expresa y se atribuye en términos opuestos: luz y gnofos (luz invisible, que transciende toda luz), fuego y skotos-oscuridad. La primera antítesis manifiesta y significa la doxa-gloria increada de los justos, la segunda, el estado de los pecadores. Estas antítesis se utilizan no porque haya contradicciones en Dios, sino para expresar la verdad de que no hay similitud o semejanza entre la doxa-gloria increada de Dios y las criaturas, creaciones.

Sin embargo, estas condiciones previas de la teología franco-latina han llevado a los teólogos occidentales a la enseñanza del fuego del purgatorio, mediante el cual los pecadores y los arrepentidos serán castigados para alcanzar así la visión de la esencia-usía de Dios. Por eso, afirmamos que la enseñanza del fuego “purgatorio” de los Latinos (papistas) no es independiente de las estructuras básicas de la teología escolástica de Occidente.

Cuarta causa principal de esto es la enseñanza de los Francolatinos sobre la satisfacción de la justicia divina. Según Anselmo de Canterbury, la exigencia del castigo y la exigencia de la salvación del hombre es necesidad de la naturaleza divina. A diferencia de la enseñanza de los santos Padres, que hablan del pecado como enfermedad y la σωτηρία (sotiría: redención, sanación y salvación) como agapi-amor incondicional de Dios, a través de la cual agapi (amor: emoción de la energía increada) se consigue la terapia “psicoterapia” del hombre por supuesto con su propia sinergia, cooperación; Anselmo habla de la ofensa de la justicia de Dios y su expiación.

Tal punto de vista y consideración por parte de los franco-latinos sobre la salvación del hombre era de esperar que inevitablemente los conduciría a la enseñanza sobre el purgatorio, como castigo del hombre para que Dios sea expiado. Naturalmente, esta enseñanza altera y tergiversa toda la vida espiritual, ya que pone a un intercambio o    transacción comercial y en relaciones de ofendidos y caídos.

Quinta causa de la aparición de la enseñanza sobre purgatorio es la estructura política y económica del Papismo. Después de que los franco-latinos perdieron la teología empírica de la Iglesia Oriental y la desconexión de la tradición litúrgica, hisijástica y níptica de la Iglesia Ortodoxa, era de esperar que cayeran en situaciones antropocéntricas. La percepción, concepción feudal de la organización social y formación de la sociedad, el auge de la construcción y la elevación económica, el conflicto con la autoridad política, etc., contribuyeron a la enseñanza del fuego purgatorio. De esta manera o modo el laós-pueblo se oprime, se sangra económicamente pero también se ayuda a la “Iglesia” en la construcción de edificios.

La conexión del purgatorio con fuego purgador con las ofrendas materiales ha causado la decepción del pueblo con el Papado, Papismo. Se dice que el fuego purgador, conocido como purgatorio, fue inventado para completar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma y para financiar la corte papal. Sin embargo, es importante señalar que la enseñanza del purgatorio con fuego purgador no fue simplemente inventada para explotar al pueblo, porque, como vimos antes, se integra en la teología escolástica de los francolatinos. Sin duda, fue utilizada también con fines económicos.

Tras este análisis, podemos llegar a la siguiente conclusión. Así como la teología ortodoxa constituye una unidad, yo diría, un círculo, y cuando uno se acerca a un punto del círculo encuentra con todo el círculo, lo mismo sucede en la teología de frankolatina o papista. Todas sus novedosas enseñanzas están interrelacionadas y se definen a partir de la misma base.

Esto significa que la pérdida de la teología hisijástica, el rechazo de la teología terapéutica, psicoterapeuta empírica dio lugar al nacimiento a una gran cantidad de problemas y males en Occidente. El dogma del purgatorio tiene relación con la pérdida de la enseñanza sobre el discernimiento indivisible entre esencia-usía y energía increada en Dios.

El purgatorio es el fruto y resultado de la teología escolástica de los francolatinos o papistas y no tiene ninguna relación ni nada que ver con la teología ortodoxa tal y como la enseñó Cristo, la vivieron los Apóstoles y nos la transmitieron los santos Padres. Amín.

Traducido por: Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  https://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.