
Repasada traducción 11/12/2025
Catequesis y Bautismo Ortodoxo para los mayores
Contribución al servicio pastoral de los que se acercan a la Ortodoxia.
Por Ierotheo Vlajos
ÍNDICE
Presentación del libro
Prólogo
- La Catequesis en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa
- Conexión del Catecúmeno con la Comunidad Eclesiástica
- Catequesis Ortodoxa
1ª Parte
Primera Catequesis: Cristo y los Cristianos
Segunda Catequesis: El Dios Cristiano
Tercera Catequesis: El hombre y su caída
Cuarta Catequesis: La Iglesia Ortodoxa y su trabajo
Quinta Catequesis: Comunión de Santos
Sexta Catequesis: La vida ascética o practicante
Séptima Catequesis: Miembros vivos y miembros muertos de la Iglesia Ortodoxa
2ª Parte : El Credo o Símbolo de la Fe
Octava Catequesis: La utilización de los Símbolos de la Fe
Novena Catequesis: Traducción del Símbolo de la Fe
Décima Catequesis: Dios Creador y la Creación
Onceava Catequesis: La Deidad del Logos
Doceava Catequesis: La encarnación o humanización del Logos
Treceava Catequesis: Los Pazos (Padecimientos) y la Resurrección de Cristo
Catorceava Catequesis: La Deidad del Espíritu Santo
Quinceava Catequesis: La Iglesia Ortodoxa y sus cualidades
Décimo sexta Catequesis: La vida mistiríaca de la Iglesia Ortodoxa
Decimoséptima Catequesis: La resurrección de los muertos y la vida futura.
3ª Parte
Decimoctava Catequesis: Varias enseñanzas
4ª Parte: Preguntas y respuestas
5ª Parte: La celebración del Misterio del Bautismo
6ª Parte: Orientación para después del Bautismo
Epílogo
Léxico, glosario por Ierotheo Vlajos
Presentación del libro
Al estudiar el libro “Catequesis y Bautismo para los Mayores”, sexta edición de la serie “Praxis y Θεωρία” (Zeoría: contemplación) y publicada por las ediciones de la Diaconía Apostólica de la Iglesia Ortodoxa Helena-Griega, podemos observar su gran contribución al servicio pastoral, especialmente dirigido a quienes se acercan a la Iglesia Ortodoxa. Hoy en día, muchos, decepcionados por otras religiones, teorías o el ateísmo, desean bautizarse y convertirse en miembros de la Iglesia Ortodoxa. Este trabajo también es útil para los ya bautizados, es decir, para todo miembro de la Iglesia Ortodoxa.
El trabajo catequético debe hacerse con responsabilidad y seriedad, evitando la secularización, mundanización e indiscreción, pues se trata de un servicio bendito.
Desde los primeros momentos de la fundación de la Iglesia Ortodoxa, se preparaba cuidadosamente a aquellos que querían hacerse miembros. La catequesis era un camino hacia la catarsis, a través del cual el hombre, “psicoterapiado” sanado y purificado, se convertía en templo del Espíritu Santo al bautizarse.
En este libro se abordan las condiciones imprescindibles para realizar una catequesis ortodoxa y correcta en nuestros días. El autor destaca que la principal condición para una catequesis efectiva es la existencia de un catequista experimentado, capaz de adaptar su logos (discurso) a las necesidades e intereses del catecúmeno. Además, es fundamental que la catequesis esté vinculada al culto, a los Misterios y a la ascesis (práctica, ejercicio), ya que, de no ser así, se corre el riesgo de que se convierta en algo meramente intelectual, mental y teórico.
Es esencial que el catecúmeno se conecte a una comunidad eclesiástica, como una parroquia o un monasterio, para comprender que la Iglesia Ortodoxa es una comunidad espiritual psico-terapéutica en la que se psicoterapian y se sanan las enfermedades psíquicas del hombre.
El lector puede estudiar, en un marco general, las homilías catequéticas que el autor presenta, mostrando cómo se puede realizar una catequesis contemporánea para quienes desean bautizarse. Se incluye un análisis del Credo o Símbolo de la Fe, así como preguntas y respuestas sobre cuestiones fundamentales y puntos clave de la fe y la vida ortodoxa, con el objetivo de consolidar los conocimientos impartidos a los catecúmenos.
En el apartado sobre la celebración del Misterio del Bautismo, se subraya la importancia de la conexión entre el bautismo y la Divina Liturgia, la cual contribuirá al renacimiento de la vida litúrgica. «El Espíritu Santo que actúa, opera con el agua de la pila bautismal, renaciendo al hombre entero». A través del Santo Bautismo, considerado un misterio introductorio, recibimos la luz increada de la divina Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) y nos incorporamos al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia Ortodoxa.
Al final del libro, se proporcionan pautas para después del bautismo, enfatizando que la catequesis para los ya bautizados es aún más difícil que para los catecúmenos antes del bautismo. El creyente, mediante su lucha personal y la Jaris increada de Dios, se convierte en un miembro real de la Iglesia Ortodoxa, después de haber adquirido el conocimiento personal de Dios. El objetivo del bautismo es conducir al hombre a la κοινωνία (kinonía: conexión, participación, unión, comunión) con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que es el centro de todos los Misterios y de la vida eclesiástica y espiritual del hombre.
PRÓLOGO
San Gregorio Palamás dice que Cristo, con Su encarnación (humanización), «como Dios y ser (existencia) de antes de los siglos, se hizo también Teólogo para nosotros». Así, el mayor teólogo para los hombres es el Hijo y Logos de Dios, quien se hizo hombre y nos apocaliptó-reveló verdades que ni los mayores filósofos pudieron descubrir. Naturalmente, la filosofía revelada-apocaliptada por Dios no es una ideología, sino una verdadera vida, pues se vincula directamente con el renacimiento del hombre.
En una discusión teológica entre Cristo y el fariseo Nicodemo, quien inicialmente fue Su discípulo secreto y luego se convirtió en un discípulo público y valiente, Cristo abordó el tema del renacimiento del hombre. Nicodemo, junto con José el ministro jurado, bajaron a Cristo de la Cruz y Lo sepultaron. Desde el inicio de la conversación, Cristo le dijo a Nicodemo: «De verdad en verdad te digo, el que no nazca de agua del bautismo y del Espíritu, no puede entrar en la βασιλεία (vasilía: reinado de la realeza increada) de Dios. [«Respondió Jesús: «De verdad en verdad te digo que: si uno no naciere espiritualmente del agua del bautismo y de la χάρις jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo, no puede ver ni entrar a la realeza increada de Dios, tampoco puede disfrutar de los frutos de la Realeza increada o del Espíritu Santo»] (Jn 3:5)”. Aquí se hace un discernimiento entre el nacimiento terrenal y el nacimiento celeste. El primero se refiere al nacimiento por matrimonio, mientras que el segundo hace referencia al renacimiento espiritual realizado mediante el Misterio del Bautismo. El hombre renace espiritualmente, y los miembros de su cuerpo se convierten en miembros del Cuerpo de Cristo. A través del Santo Bautismo, renacemos, recibimos la luz de la divina Jaris y, mediante ella, vemos al Θεάνθρωπος (Zeánzropos: Dios-hombre), nos convertimos en Sus miembros, nos introducimos en Su Realeza increada y cumplimos el propósito de nuestra existencia.
Nicodemo, sin poder comprender esta enseñanza, preguntó: “¿Cómo puede renacer el hombre siendo viejo, si no puede volver a entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer de nuevo? Respondió Jesús: «De verdad en verdad te digo, el que no nazca de agua del bautismo y del Espíritu, no puede entrar en la realeza increada de Dios. [«Respondió Jesús: «De verdad en verdad te digo que: si uno no naciere espiritualmente del agua del bautismo y de la χάρις jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo, no puede ver ni entrar a la realeza increada de Dios, tampoco puede disfrutar de los frutos de la Realeza o del Espíritu Santo»] (Jn 3:4-5).
Según los Santos Padres, el nacimiento de «agua y Espíritu» tiene dos interpretaciones:
Según los Santos Padres, el nacimiento de «agua y Espíritu» tiene dos interpretaciones.
Primera, dado que el hombre está compuesto de cuerpo y ψυχή (psijí: psique, alma, ánima, la que anima el cuerpo), cuando recibe el agua visible, esto se entiende como la catarsis (purgación) del cuerpo, mientras que el Espíritu coopera y actúa invisiblemente en el renacimiento de la psique (alma) invisible. Así, el Espíritu Santo, al operar junto con el agua de la pila bautismal, renueva al hombre en su totalidad: tanto el cuerpo como la psique-alma.
La segunda interpretación expresa el bautismo mediante el agua y el Espíritu. Es decir, el bautismo en la Santa pila debe conectarse con el Bautismo del Espíritu Santo, que llega al corazón, donde comienza la oración noerá (espiritual del corazón, con el nus). Cuando el hombre se convierte en templo del Espíritu Santo, automáticamente mantiene una memoria continua de Dios.
El bautismo de agua y Espíritu debe conectarse correctamente, lo cual se logra mediante una catequesis ortodoxa adecuada. No obstante, puede suceder que no se conecten de manera plena, ya que primero se recibe el bautismo de agua y luego el bautismo del Espíritu. Esto es evidente en los Hechos de los Apóstoles, cuando los cristianos de Samaria ya habían recibido el bautismo de agua en el nombre del Señor, pero no habían recibido el bautismo del Espíritu. Por ello, los Apóstoles Pedro y Juan fueron enviados a bautizarlos en el Espíritu Santo. En los Hechos de los Apóstoles leemos: “…les enviaron a Pedro y a Juan; llegaron y oraron por los samaritanos, para que recibieran los carismas del Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno de ellos, y sólo habían recibido el bautismo en el nombre de Jesús, el Señor. Entonces los Apóstoles les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (Hech 8,14-17).
Es cierto que en este contexto se hace referencia al Misterio del Bautismo y al Misterio de la Crismación. Sin embargo, en la Parádosis (Santa Entrega, Tradición) Ortodoxa, como se observa en muchos puntos, el Bautismo está relacionado con la catarsis (sanación, purificación o purgación) del «como a imagen» del hombre y con su adhesión a la Iglesia Ortodoxa. En cambio, la Crismación se vincula con la iluminación del νούς (nus: espíritu del corazón de la psique-alma) del hombre, lo cual se manifiesta con la llegada del Espíritu Santo al corazón y la activación de la energía noera (espiritual, del nus) de la psique-alma mediante la oración del corazón. Por esta razón, en el idioma latino, la Crismación se llama confirmatio, es decir, la confirmación de que el bautizado es miembro de la Iglesia Ortodoxa de Cristo.
El hecho es claro, tal como dijo Cristo a Nicodemo: “Lo que es nacido naturalmente de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es. [«Lo que ha nacido de nacimiento natural de cuerpo y carne esto también es natural y carnal, es decir, está lleno de debilidades y no puede entrar en esta increada realeza espiritual. Y lo nacido del Espíritu Santo es espíritu, es decir, está convertido en existencia y personalidad espiritual por y con la energía increada jaris y disfrutará de la realeza increada y espiritual de Dios»] (Jn 3,6-7). El nacimiento biológico hace al hombre carnal, mientras que el nacimiento espiritual, o regeneración, lo hace espiritual. Sin el divino Bautismo en el nombre del Dios Trinitario, somos carnales, y la carne no puede heredar la βασιλεία realeza increada de Dios.
Por todo esto, el Santo Bautismo es un «Misterio introductorio» y un regalo inmenso, ya que nos introduce en el Cuerpo de Cristo, en la Iglesia Ortodoxa. Es una gran bendición de Dios, y por ello requiere una acción responsable por parte de la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, el bautismo de agua debe conectarse, necesariamente, con el Bautismo del Espíritu, conforme a la tradición patrística ortodoxa.
Este pequeño libro se enfoca principalmente en el bautismo de aquellos que vienen de otras religiones y del ateísmo. También aborda el bautismo de los niños, quienes reciben la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) del Santo Bautismo como una protección contra los demonios y la muerte. Además, las Catequesis ayudan en la formación de los ya bautizados. Sin embargo, aquí nos centramos principalmente en la Catequesis de los mayores, ya que, debido a su falta de comprensión de los temas espirituales, la Catequesis debe ser realizada con seriedad y responsabilidad.
Examinaremos cómo la Iglesia Ortodoxa primitiva preparaba a los catecúmenos para convertirse en miembros de la Iglesia Ortodoxa. Propondremos un plan de Catequesis (instrucciones), con un ritual o forma típica de conexión y comunión entre el Misterio del Bautismo y el Misterio de la Divina Ευχαριστία (Efjaristía: Ef-Jaris o Eucaristía), y subrayaremos puntos clave que el catequista-sacerdote debe tener en cuenta para guiar a los bautizados después del Bautismo, de manera que la Catequesis no sea una ideología, sino una vida vivida en Cristo.
Si por razones particulares se debe abreviar o simplificar la Catequesis, el catequista-sacerdote puede utilizar diagramas propuestos para cada Catequesis, así como avanzar mediante preguntas y respuestas, como se propone en el capítulo 4.
Aquellos que tienen gran sensibilidad y aprecian el inmenso regalo de ser miembros de la Iglesia Ortodoxa a través del Bautismo y la Crismación pueden considerar el día de su bautismo como su «día de onomástica». Aquellos que, iluminados por la luz increada, vieron la oscuridad del pecado y comenzaron la μετάνοια (metania: arrepentimiento, introspección y confesión), y, aquellos que, habiendo alcanzado la iluminación del nus y experimentado el gran regalo de la oración noerá (del corazón), los que han llegado a la gnosis (conocimiento increado) de Dios, y los que, durante la Divina Comunión, sintieron profundamente que se unían al mismo Cuerpo y Sangre de Cristo, precisamente porque antes eran miembros de la Iglesia Ortodoxa mediante el Santo Bautismo, considerarán como la mayor bendición de sus vidas el día en que el sacerdote los sumergió en la pila bautismal y selló sus cuerpos con el sello del Espíritu Santo, pronunciando: «Sello, regalo del Espíritu Santo. Amén».
Escribía en Atenas, 13 de septiembre de 1992, en el día de la inauguración de la Resurrección, la pre-festividad de la Santa Cruz, en la memoria del Mártir y Santo Cornelio el Ecatóntarco, y en la memoria del Santo Padre Ierotheo el Ibirita (del Monasterio Ibiron de la Santa Montaña Athos).
Archimandrita Ierotheo Vlajos
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La Catequesis en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa
La incorporación o adhesión de una persona al Cuerpo de Cristo, que se realiza mediante el Bautismo, es una cuestión seria y responsable para la Iglesia Ortodoxa de Cristo. Por ello, los Santos Padres se preocuparon de que esta obra fuera realizada de manera ortodoxa.
Hoy en día se observa un fenómeno en el que muchas personas buscan y solicitan el Bautismo para hacerse miembros de la Iglesia Ortodoxa. Por un lado, esto es un motivo de alegría, pues no es poca cosa que alguien desee hacerse miembro del Cuerpo de Cristo y, como tal, ser digno de la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sin embargo, este proceso debe realizarse con seriedad y responsabilidad. Es por ello que nos ayudará la gnosis (conocimiento) de la Santa Parádosis* (Entrega, Tradición) de nuestra Iglesia Ortodoxa. Debemos observar cómo se hacía en la Tradición. Si no lo hacemos, podríamos estar cayendo en auto-invenciones y auto-proyecciones, con consecuencias graves e imprevistas para nuestro cuerpo eclesiástico. *(ver: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-Iglesia Ortodoxa-catolica-apostolica-ortodoxa/) ) Desgraciadamente, es frecuente que se observe la introducción de la mundanización (secularización, el espíritu humano y racional, no el divino) en este tema tan serio, al igual que en muchos otros aspectos de nuestra vida eclesiástica, donde actuamos con superficialidad y frivolidad, sin discernimiento y sin la debida consideración.
Al principio, debemos examinar cómo se realizaba la preparación de los hombres para recibir el Santo Bautismo en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa, y luego cómo podemos aplicar este mismo modelo en la actualidad, en aquellos que asumen la responsabilidad de este servicio.
Un Canon característico del 2º Sínodo Ecuménico establece el procedimiento para la incorporación de los heréticos. Los Santos Padres del 2º Sínodo Ecuménico, al referirse a los herejes Evnomianos, que solo realizaban una inmersión, a los Montanistas y a los Sabelianos, que enseñaban la paternidad del Hijo, así como a otros herejes, sugieren que se les aceptara de la misma manera que se aceptaba a los idólatras. Esto revela que en esa época (siglo IV) existía un procedimiento específico para la incorporación de las personas a la Iglesia Ortodoxa. En relación con este procedimiento, los Padres establecieron lo siguiente: “El primer día les hacemos cristianos; el segundo, catecúmenos; el tercero les exorcizamos mediante el soplo, primero en la cara y luego en los oídos; después les catequizamos y les hacemos permanecer un tiempo en la Iglesia Ortodoxa, contemplando las Escrituras, y finalmente les bautizamos”.
Este canon es de gran importancia y puede ayudarnos a entender cómo incorporar a los nuevos miembros a la Iglesia Ortodoxa. Solo de esta manera podemos discernir las motivaciones y motivos de aquellos que buscan y solicitan el Bautismo ortodoxo. Este proceso largo y detallado favorecerá una sincera y genuina preparación para el Misterio del Bautismo. Realizaremos un breve análisis de este canon tan relevante.
El que deseaba bautizarse, el primer día, era denominado “Cristiano”. Esto significa que se le leía una oración o bendición especial para comenzar su Catequesis. Se sospecha, y parece ser cierto, que la oración que se le leía en ese primer día es la misma que se lee hoy durante el sobre-sello de un niño, en el octavo día de su nacimiento. Esta bendición u oración ruega a Dios para que marque al neófito con la luz de Su persona, la Cruz de Su Unigénito Hijo, en su corazón y en sus pensamientos, para que se aparte de la vanidad del mundo y de toda maquinación maligna del enemigo, y siga Sus mandamientos. También se pide que, en su debido tiempo, se haga digno de unirse ortodoxamente, correctamente a la Santa Iglesia Ortodoxa y perfeccionarse en los Misterios de Cristo. Esta oración parece coincidir con la que se usaba en la antigua Iglesia Ortodoxa en el primer día de preparación para el Bautismo.
Es notable que primero se les llamaba «Cristianos» y luego «Catecúmenos». Esto implica que, tras la lectura de la oración especial, se inscribía su nombre en listas especiales y comenzaba la lucha espiritual contra el diablo y los pazos (deseos o pasiones). San Cirilo de Jerusalén, al hablar de los iluminados que se preparaban para el Bautismo, les llama: «Εl registro de los nombres se ha hecho ahora para vosotros, y la llamada a la milicia (o lucha).» Así, tras esta oración, la persona era incorporada a la clase de los Catecúmenos y comenzaba su instrucción terapéutica para estar debidamente preparado cuando se acercara el Misterio del Bautismo.
El tercer día comenzaban los exorcismos, es decir, oraciones para expulsar los demonios del corazón del hombre. Aquí no se trata de exorcismos para personas endemoniadas, donde el demonio ocupa la mente (el intelecto o la lógica) que es la acrópolis del hombre, sino para los Catecúmenos que estaban influenciados por diversos πάθος* (pazos: pasiones, vicios, adicciones, patologías, etc.) y deseos impuros, que, según toda la tradición, son efectos de las influencias demoníacas.
*(ver aquí sobre el término πάθος pazos: https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/)
Según San Cirilo de Jerusalén, los exorcismos se realizaban mediante soplos o anatemas. En los escritos de la Eceria, se menciona que durante los primeros cuarenta días, los que iban a ser bautizados recibían exorcismos de parte de los clérigos por la mañana, después de la Resurrección. Es posible que las bendiciones y oraciones utilizadas en los exorcismos de la época sean las mismas que se leen hoy durante el oficio de los Catecúmenos que precede al Bautismo.
Con los exorcismos también se impartía la Catequesis, enseñándoles las verdades de la fe. La Eceria menciona que cada mañana, tras los exorcismos, se colocaba a los Catecúmenos en el trono del obispo, en la Iglesia Ortodoxa del Martirio, y allí recibían las enseñanzas correspondientes. Analizaban libros del Antiguo Testamento, el Símbolo de la Fe, la celebración del Misterio del Bautismo, etc. La enseñanza duraba tres horas diarias durante la Cuaresma.
Sin embargo, la Catequesis no se limitaba solo a bendiciones, oraciones y una enseñanza intelectual vacía, sino que también se conectaba con la praxis del culto de la Iglesia Ortodoxa. Los Padres del 2º Sínodo Ecuménico sugieren que los Catecúmenos debían “permanecer largo tiempo en la Iglesia Ortodoxa y contemplar las Escrituras”. Debían participar activamente en la vida del culto, orando a Dios, y también los fieles oraban por ellos. No basta con una enseñanza teórica; también es necesaria la oración para que la Jaris (gracia, energía increada) de Dios actúe. Esto también se refleja en el orden de la Divina Liturgia, en la que se lee el Apóstol y el Evangelio; luego se realiza el kerigma y se recitan las oraciones correspondientes de los fieles por los Catecúmenos y los bienvenidos que se preparan para la iluminación divina: “Para que el Señor les tenga misericordia, les catequice en el Logos y en el logos de la verdad, les apocalipte-revele el Evangelio de la justicia, y les una con Su divina Iglesia Ortodoxa Católica y Apostólica Ortodoxa”.
Este trabajo no debe realizarse solo humanamente, sino de manera zeantrópica (divino-humana), es decir, primero Dios, luego el ser humano. La Catequesis debe ser realizada por Dios mismo, ya que la apocálipsis-revelación del Evangelio también debe ser obra de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios. Así, no se trata simplemente de una enseñanza intelectual vacía sobre las verdades de la fe, sino de un proceso profundamente espiritual. Cabe señalar que el kerigma, en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa, se realizaba después de la lectura del Evangelio para que los Catecúmenos pudieran escucharla, ya que inmediatamente después de esto se retiraban del Templo.
Después de todo este proceso exhaustivo, que podía durar hasta tres años, la Iglesia Ortodoxa determinaba el día del Bautismo de los Catecúmenos. Sin embargo, también existía una preparación correspondiente. En la Eceria se describe cómo los Catecúmenos se unían a los iluminados. Este período coincidía con el gran período eclesiástico de la Gran Cuaresma.
«El que da el nombre lo da en vísperas de la Gran Cuaresma, y un sacerdote anota todos los nombres. Es decir, esto se hace en vísperas de las ocho semanas que comprenden la Cuaresma. Cuando el sacerdote ha anotado todos los nombres, es decir, al día siguiente, principio de la Cuaresma, cuando comienzan las ocho semanas, se coloca un lugar para el obispo, es decir, al Martirio; en las dos partes están sentados los clérigos y el resto de ellos permanecen de pie. Después traen a los candidatos, uno por uno. Si son hombres, vienen con sus padrinos; y si son mujeres, con sus madrinas. Luego, a cada uno de los que se han acercado, el obispo les pregunta: ‘¿Tiene vida honesta? ¿Respeta a sus padres? ¿Acaso está dominado por la embriaguez y la mentira?’ A cada uno se le hacen varias preguntas serias sobre los pecados. Si el candidato no tiene reproche por estos pecados ante los testigos, el obispo escribe con su propia mano su nombre. Pero si se le acusa de alguno de estos pecados, el obispo no lo acepta, diciéndole: ‘Corrígete, y cuando hayas mejorado, entonces continuarás con el Bautismo’. Lo mismo ocurre con las mujeres, a las que se les hacen las mismas preguntas. Para los extranjeros, salvo que tengan testigos, el proceso hacia el bautismo es más difícil.»
De todo esto se desprende que la Iglesia Ortodoxa preparaba de manera rigurosa a quien deseaba convertirse en miembro suyo. San Cirilo de Jerusalén, hablando a los iluminados, les exhorta a que se preparen adecuadamente para el gran día del Bautismo: «El tiempo presente es tiempo de confesión. Confiesa lo que has hecho y dicho, tanto de noche como de día. Confiesa en el momento adecuado, y en el día de la salvación recibirás el tesoro celestial.» Debían confesar y participar en los exorcismos diarios y en la Catequesis: «Presta atención a los exorcismos, participa en las catequesis y recuerda lo que se ha dicho.» No solo se trataba de escuchar, sino también de ser sellados y confirmados en la fe.
Paralelamente con la Catequesis, se requería la lucha contra uno mismo y los pazos: «Elimina toda preocupación mundana de ti… No escuches con placer las charlas vacías; enséñate a través de la ascesis (ejercicio, práctica) con la valiente oración del corazón. Límpiate y sánate de la ansiedad y angustia, para que recibas abundantemente la Jaris (energía increada).»
En la Tradición de la Iglesia Ortodoxase observa que la preparación para el Bautismo se tomaba con gran seriedad. Se realizaban exorcismos, Catequesis, oraciones y participación en la praxis del culto de la Iglesia Ortodoxa. Solo cuando se comprobaba que el Catecúmeno estaba adecuadamente preparado, se le permitía avanzar hacia el Bautismo. Así, existía un cuidado pastoral integral, una ciencia psico-terapéutica para la incorporación de una persona a la Iglesia Ortodoxa. De esta manera, también se inspeccionaba la sinceridad de la intención del que solicitaba el Bautismo. Si la intención no era genuina, no se podía permanecer en el orden de los Catecúmenos por largo tiempo.
La Iglesia Ortodoxa cuidaba especialmente las intenciones de los futuros bautizados, como se ve en un Canon de Nueva Cesárea. Este canon establece que, si una persona se bautiza por enfermedad, no debe ser ordenado como Presbítero, a menos que no haya otros hombres dispuestos a ser Clérigos. La justificación de esta prohibición es: «Porque esta fe no es por preferencia y libre voluntad, sino por necesidad.» La fe tiene un gran valor cuando es elegida libremente, en contraste con cuando es una necesidad. San Nicodemo el Aghiorita, interpretando este Canon, escribe: «El presente Canon determina que, si un Catecúmeno que estaba sano aplazó el Santo Bautismo y, al caer en enfermedad mortal y temeroso, fue bautizado, no debe ser Sacerdote, porque se ve que no se bautizó por voluntad propia, sino por necesidad debido a su enfermedad.»
Este Canon resalta que, además de todo lo demás, la Iglesia Ortodoxa ejercía un cuidado pastoral detallado sobre los Catecúmenos. Como no estaban bautizados, no se les permitía actuar de cualquier manera. Sabemos que, según otros Cánones, si el iluminado cometía algún pecado grave, debía ser disciplinado por el obispo y comenzar la Catequesis desde el principio. Así, la Catequesis era un camino hacia la catarsis, de modo que el hombre sanado (purgado, purificado) podía recibir el Bautismo, la Crismación y convertirse en templo del Espíritu Santo. Desde la catarsis del corazón, debía llegar a la iluminación y a la θέωσις zéosis divinización, glorificación.
A continuación, intentaré presentar en términos generales un diagrama catequético para el servicio de aquellos que vienen a bautizarse. Se intentará combinar el culto con la Catequesis, todo dentro de la perspectiva eclesiástica ortodoxa. Así, podremos realizar este trabajo con gran responsabilidad y seriedad para el beneficio de los futuros bautizados.
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Conexión del Catecúmeno con la comunidad eclesiástica
Aquel que desea bautizarse y convertirse en Cristiano ortodoxo debe ser enviado a la Santa Metrópolis cercana a su lugar de residencia, donde se encontrará con el obispo o su representante. Es importante comenzar desde allí, porque es necesario que el Catecúmeno comprenda que el obispo es la cabeza de la Iglesia Ortodoxa local, como tipo y representación de Cristo.
Durante el encuentro con el obispo o su delegado se lleva a cabo una conversación destinada a esclarecer los fines y motivos de su deseo de Bautismo. Esto es fundamental para discernir si la búsqueda es sincera. Naturalmente, el discernimiento debe realizarse sin convertirlo en psicoanálisis, chantaje o coacción. El Catequista debe ser un sacerdote experimentado, buen instructor y maestro, que haya recibido la formación adecuada para guiar a personas provenientes de otras religiones o del ateísmo, considerando las particularidades de cada uno.
Respecto al sacerdote-catequista, es recomendable que tenga asignada una parroquia, de modo que el Catecúmeno pueda integrarse en la comunidad parroquial y seguir el programa de los oficios. Esto es significativo, porque durante la Catequesis el Catecúmeno debe comprender que la Parroquia es la célula de la vida eclesiástica, funcionando como centro psico-terapéutico y como familia espiritual. No se trata de un aprendizaje meramente racional o intelectual de la fe, sino de una inmersión en la vida eclesiástica.
Antes de iniciar la Catequesis, el sacerdote debe leer al Catecúmeno la bendición u oración correspondiente, la cual se asemeja a la que se utiliza hoy durante el octavo día del nacimiento de un bebé. Esto también puede ser hecho por el obispo desde el primer día. Así, con la oración y la bendición de Dios, comienza el trabajo serio y responsable de la Catequesis. La oración y bendición es la siguiente: «Señor, Dios nuestro, te suplicamos y te rogamos: sea marcada la luz de tu rostro sobre tu siervo, y sea marcada la Cruz de tu Hijo Unigénito en su corazón y en sus pensamientos, para que huya de la vanidad de este mundo y de toda la malvada asechanza del enemigo, y siga tus mandamientos. Y da, Señor, que permanezca en él tu santo Nombre sin daño, siendo unido en el tiempo conveniente a tu Santa Iglesia Ortodoxa, y siendo perfeccionado mediante los terribles Misterios de tu Cristo; para que, viviendo según tus mandamientos y guardando intacto el sello, obtenga la bienaventuranza de los elegidos en tu Βασιλεία Realeza increada, por la jaris-gracia y la filantropía de tu Hijo Unigénito, con el cual eres bendito, junto con tu Santísimo y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.»
Tras la lectura de esta bendición, se inscribe al Catecúmeno en el catálogo parroquial. Se le llama “Cristiano” aun siendo Catecúmeno, porque teóricamente ha aceptado que Cristo es verdadero Dios y desea cumplir Sus mandamientos e imitar Su vida, es decir, hacerse discípulo de Jesús Cristo. Debe comprender claramente que no ha sido llamado únicamente a ser seguidor de Cristo, sino discípulo, destinado a aprender continuamente la vivencia de la Realeza increada de Dios.
Cada día debe participar en el oficio de los exorcismos, realizados principalmente durante la Cuaresma, si el Bautismo se va celebrar el Santo Sábado. Los exorcismos son las bendiciones u oraciones que hoy se leen durante el oficio de los Catecúmenos, previo al Misterio del Bautismo. El hecho de que estas oraciones se lean diariamente o de manera continua no significa que no deban recitarse nuevamente antes del oficio del Misterio del Bautismo. En cualquier caso, las oraciones de los exorcismos prevalecen durante la Catequesis. Es decir, cuando el Catecúmeno acude a aprender los elementos de la fe, el oficio de los exorcismos precede a la Catequesis. Se leerán todas las oraciones o, según se considere, algunas de ellas.
El sentido verdadero de las bendiciones no reside en su mera recitación, sino en su cooperación con la expulsión de Satanás del corazón del Catecúmeno. Según la Tradición, la catarsis precede al Bautismo; especialmente con la Crismación, el Catecúmeno alcanza la iluminación. Por ello, el Bautismo se denomina iluminación y el Crisma confirmatio (confirmación), señal de que el hombre, mediante ambos sacramentos, se ha convertido en miembro del Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Esta catarsis no se realiza únicamente con la lectura de las bendiciones, sino también mediante el esfuerzo personal del Catecúmeno. La psico-terapia, sanación y salvación del hombre son sinergia: Dios es el energizador, operador y el Catecúmeno, el cooperador. ((Sinergia, cooperación y unión de la energía increada de la voluntad divina con la creada humana).
La sinergia del Catecúmeno se evidencia en su intento de liberarse del dominio de los πάθος pazos. Por ello, el sacerdote-catequista lo guía paternal y terapéuticamente, enseñándole a reconocer los loyismí (pensamientos simples o compuestos de fantasía, ideas, reflexiones), cuál es su desarrollo y cómo un loyismós se convierte en acción (praxis). Y naturalmente el Catecúmeno intenta “psicoterapiarse” y sanarse mediante su propia voluntad y esfuerzo ascético, pero principalmente con la energía increada de la divina Jaris. A este punto lo conduce su sacerdote-catequista, paternalmente, con discernimiento y de manera terapéutica. Debe aprender la forma de su guerra interior invisible para liberarse de la fuerza y energía de los pazos. Su corazón debe ser purificado, liberado del pecado, de los malos deseos y de los loyismí, de modo que, cuando el sacerdote le pregunte antes del Bautismo: “¿Destituyes, renuncias a Satanás?”, pueda responder con verdad: “Lo he destituido y renunciado”. La negación y liberación de Satanás no se realiza mediante teorías ni únicamente con bendiciones, sino principalmente mediante el esfuerzo personal que uno hace contra los pazos, los malos deseos y los loyismí.
Por tanto, los exorcismos deben estar necesariamente unidos al esfuerzo ascético de la catarsis del corazón de los pazos y los loyismí. De otro modo, no cumplen plenamente sus fines ni su propósito.
Al inscribirse en los catálogos parroquiales y recibir la bendición inicial, el Catecúmeno, llamado Cristiano, pertenece a la comunidad según su orden. Se establece así un discernimiento claro entre Catecúmenos y Fieles: el Catecúmeno participa en el culto bajo ciertas condiciones, pero no puede participar en la celebración del Misterio de la Divina Efjaristía, especialmente durante la transformación del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.
Concretamente, el Catecúmeno participa en las vísperas, maitines, Paraklisis (súplicas) que se realizan en el Templo, en el oficio de Alabanzas a la Madre de Dios (Theotokos) y, en general, en la mayoría del culto de la Iglesia Ortodoxa. También participa en el inicio de la Divina Liturgia hasta la lectura del Evangelio y las bendiciones correspondientes posteriores. Tras la lectura del Evangelio, se dirigen súplicas a Dios y, a continuación, el diácono dice: “Los catecúmenos que salgan…”.
Con esta indicación, los Catecúmenos salen del Templo y permanecen los Fieles para continuar la Divina Liturgia.
Por lo tanto, los Catecúmenos no acuden sólo en determinadas horas de la tarde para escuchar algunas enseñanzas de la Iglesia Ortodoxa, como si se tratara de una simple escuela de catequesis, sino que pertenecen a un orden particular —el orden de los Catecúmenos— y viven litúrgicamente dentro de la comunidad parroquial, donde se “psicoterapian”, es decir, se sanan para liberarse de los pazos y así recibir posteriormente el Santo Bautismo y el Santo Crisma.
Asimismo, el Catecúmeno puede vincularse con un Monasterio Ortodoxo, donde encontrará la verdad de la Iglesia Ortodoxa Ortodoxa, que es una comunidad psico-terapéutica: un hospital espiritual que sana las enfermedades psíquicas del ser humano, y donde hallará personas que se esfuerzan y luchan por su propia psicoterapia espiritual. Los Monasterios Ortodoxos, cuando viven según la Tradición, son auténticas escuelas espirituales terapéuticas, que enseñan mediante la ascesis y los ejercicios prácticos el método de la psicoterapia y sanación.
Es indispensable la conexión de la Catequesis con el culto y la ascesis, porque así el Catecúmeno aprende la vida, el carácter y moral ortodoxo. De otro modo, la Catequesis se vuelve teórica e intelectual, sin ofrecer frutos sustanciales. Ciertamente, en el estadio inicial no aprenderá muchas cosas, pero lo esencial es comenzar. La experiencia más profunda la adquirirá después del Bautismo, cuando viva plenamente dentro de la comunidad parroquial. En cualquier caso, este período de prueba espiritual —que puede durar hasta tres años, dependiendo del celo, ánimo y deseo del Catecúmeno— es importante para discernir si su intención de bautizarse es auténtica.
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Catequesis Ortodoxa
Si, mediante el esfuerzo ascético del Catecúmeno, los exorcismos le ayudan en la terapia de la psique respecto de los pazos; si el culto lo conecta con la comunidad parroquial; y si la forma de la Catequesis lo introduce en las profundidades de la teología ortodoxa e instruye en la fe, entonces la Catequesis se hace imprescindible, pues a través de ella se revela la verdad apocalíptica y se impulsa al Catecúmeno hacia su vivencia y experiencia.
Al principio el Catecúmeno adquiere la fe “por el oído” y, posteriormente, mediante la lucha personal y la Jaris (energía increada de Dios), llega a la fe por contemplación (zeoría), es decir, al conocimiento espiritual (gnosis increada) personal de Dios.
Las Catequesis para la instrucción en la fe ortodoxa son indispensables. La Tradición Ortodoxa siempre ha reconocido su valor. Son bien conocidas las homilías catequéticas de San Juan Crisóstomo, las instrucciones místicas de San Cirilo de Jerusalén, el “Gran Logos Catequético” de San Gregorio de Nisa, las Catequesis de San Simeón el Nuevo Teólogo y muchas otras enseñanzas de los Santos Padres destinadas a transmitir la verdad revelada a los Catecúmenos y también a los creyentes.
San Gregorio de Nisa enseña que el logos de la Catequesis es necesario para que la Iglesia Ortodoxa crezca con los que se salvan. Pero el método de enseñanza debe variar según los recién llegados, por lo que es necesario adaptar la Catequesis a las “diferencias de las religiones”. Existen diferencias entre las religiones de las que proviene cada persona y, por consiguiente, el contenido de la Catequesis debe adecuarse. Las convicciones equívocas constituyen una enfermedad espiritual y, por ello, deben administrarse los fármacos correspondientes: “según el tipo de enfermedad, así se adapta la manera de psicoterapiar y sanar”.
San Gregorio observa que el hebreo piensa de un modo, el helenizante o idólatra de otro, y de otro aún el maniqueo y los anomianos (quienes sostenían que la esencia del Hijo era distinta e inferior a la del Padre). Por tanto, no se puede sanar del mismo modo el politeísmo del idólatra y la incredulidad del judío en el Hijo unigénito de Dios. Incluso entre los idólatras existen diferencias: uno puede ser ateo, negando toda existencia divina, y otro puede creer en muchos dioses. Cada caso requiere un tratamiento particular. Lo mismo sucede con los que vienen las diversas herejías.
Por ello, cuando ejercemos la Catequesis en personas concretas es necesario discernir sus formas de pensamiento para tratarlas adecuadamente. El Catecúmeno puede tener buena disposición para aprender las cosas de la fe y hacerse Cristiano Ortodoxo, pero debemos conocer el contenido de la religión en la que se ha formado. Así podremos ofrecer los fármacos espirituales apropiados y ayudarlo a comprender las diferencias esenciales.
A continuación se presentará un marco general para la Catequesis y las homilías. El catequista experimentado podrá adaptar su enseñanza según las necesidades y circunstancias del Catecúmeno. Hemos dividido las Catequesis en dos grandes unidades que pueden desarrollarse en sesiones catequéticas separadas. Cada unidad puede tratarse en un día, o dividirse en dos o más sesiones. Insistimos en que este marco constituye una guía general sobre cómo puede ejercerse una Catequesis contemporánea para quienes desean bautizarse.
1ª Parte
Primera Catequesis: Cristo y los Cristianos
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- Nos llamamos cristianos porque estamos conectados con Cristo.
- Cristo es Θεάνθρωπος (Zeánthropos), es decir, Dios y hombre.
3.Le esperaban todos los hombres.
- Su vida y enseñanza las vemos en la Santa Escritura.
- Le vivimos en la Iglesia Ortodoxa por los Misterios.
- La parábola del hijo insaciable (derrochador, pródigo).
Los que se bautizan se convierten en miembros de la Iglesia Ortodoxa y se llaman discípulos de Cristo, Cristianos. Nosotros, en la Ortodoxia, añadimos también el adjetivo “ortodoxo” para indicar la fe verdadera, la correcta. Porque existen también cristianos que tienen percepciones equivocadas sobre Dios, el hombre y la psicoterapia, redención, sanación y salvación de éste; por eso fue necesario hablar de cristianos ortodoxos.
Los miembros de la Iglesia Ortodoxa se llamaron cristianos porque siguen a Cristo en sus vidas, es decir, cumplen Su voluntad y se unen con Él mediante los Misterios, particularmente por el Misterio de la Divina Ευχαριστία (Efjaristía, ef-jaris o Eucaristía.
La palabra Χριστός (Jristós, Cristo) proviene del verbo χρίω (jrío) y manifiesta al que está crismado, es decir, el que ha sido ungido por Dios. Se identifica con el Mesías del Antiguo Testamento. Así, la palabra Χριστός (Jristós, Cristo) declara que la naturaleza humana fue tomada por la Segunda Persona de la Santa Trinidad y ha sido crismada por Su deidad. Esto significa que Cristo es Dios y hombre, en una palabra Θεάνθρωπος (Zeánthropos: Dios-Hombre). Por lo tanto, con el nombre Χριστός (Jristós, Cristo) manifestamos que Dios se hizo hombre, sin perder Su deidad, para sanar y salvar a los hombres.
Los hombres siempre anhelaban la salvación; por eso esperaban al redentor y salvador. En su memoria conservaban una vida bendita y, a la vez, vivían la tragedia de la existencia por la muerte, las enfermedades, las guerras, el odio entre los hombres, etc.; por eso esperaban al Redentor. Había, pues, una esperanza universal hacia el Dios Redentor.
En China, desde el siglo VI a. C., se esperaba “al santo que vendría de occidente”, y Confucio le llama “θεάνθρωπο – zeánthropo, dios-hombre”. También los babilonios esperaban al salvador y redentor “como dios humanizado, encarnado”. Los hindúes esperaban la llegada de un salvador que redimiría al mundo y restauraría “la antigua época dorada”. Según el Vedismo, antigua forma del hinduismo, se esperaba que el dios del fuego y del sol, Agni, se encarnara de una Virgen, enviado por el Padre de los cielos “como mesías entre Dios y el mundo”.
Los antiguos helenos también esperaban al redentor, sanador y salvador. Sobre Prometeo Desmotes se dice que el redentor de Prometeo —quien quedó encadenado en las montañas del Cáucaso y sufrió terriblemente a causa de su infidelidad a Zeus— sería hijo de la Virgen Ío y de un dios. Sócrates, en su Apología, se refiere al Redentor que esperaba y que sería enviado por Dios para el bien del género humano. La percepción de los helenos sobre la existencia de un Dios desconocido y anónimo era difusa; por eso, en Atenas habían dedicado un altar con el título: “Al Dios desconocido”. La misma búsqueda y anhelo se observa en los romanos y en todos los pueblos. Naturalmente, los hebreos esperaban al Redentor y Salvador, puesto que los Profetas —y particularmente el Profeta Isaías, calificado como el trueno de los Profetas y el quinto Evangelista— describieron muchos detalles sobre la llegada, la vida y el padecimiento del Hijo del Hombre.
Así, Aquel a quien todos los hombres esperaron durante los siglos es Cristo. En Su persona (hipóstasis) se unieron Dios y el hombre. Nació del Espíritu Santo y de la Virgen María. Su concepción y nacimiento se realizaron milagrosamente. El Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre para sanar y salvar al hombre. Si estudiamos Sus logos y obras verificaremos que supera absolutamente a todos los demás jefes de religiones. Mientras que aquéllos eran hombres, Él es Θεάνθρωπος (Zeánthropos, Dios-Hombre). Habló sobre la agapi (amor desinteresado, incondicional, emoción de la energía increada), la limpieza y pureza del corazón y de las disposiciones; venció el pecado (la enfermedad), al diablo y a la muerte, y resucitó de los muertos. Ningún jefe de religión ha resucitado. Cristo resucitó y venció la muerte y al diablo; es el único jefe religioso cuya tumba está vacía, no tiene huesos. Por eso es el único Θεάνθρωπος (Zeánthropos, Dios-Hombre).
Nos llamamos Cristianos porque creemos que Él es el verdadero Dios y cumplimos Sus mandamientos en nuestra vida personal. Aspiramos a adaptar nuestra vida a la Suya.
Cristo no es un perfecto filósofo ni un gran legislador; no es un moralista ni un jefe religioso, aunque fuese el más perfecto. Es el vencedor de la muerte, del diablo y del pecado. No vino a cambiar simplemente las condiciones exteriores de la vida del hombre, sino a santificarlo, transformarlo, glorificarlo y deificarlo, haciéndolo hijo por Jaris, la energía increada. Él es por naturaleza Hijo de Dios; nosotros debemos convertirnos, por la Jaris increada, en hijos adoptivos de Dios.
La vida terrenal de Cristo la vemos en el Nuevo Testamento, particularmente en los cuatro Evangelios escritos por Sus discípulos. Allí aparecen pocos datos sobre Su nacimiento y educación. Principalmente se describen tres señales: lo que dijo Cristo; lo que hizo; lo que padeció por los hombres.
Lo que dijo Cristo lo vemos en Sus logos, mandamientos, parábolas y enseñanzas.
Lo que hizo Cristo se manifiesta en los milagros que realizó por caridad y agapi hacia los hombres, así como para subrayar enseñanzas altísimas. Es decir, “psicoterapió” y curó al ciego de nacimiento para revelar la verdad de que Él es la luz del mundo.
Lo que padeció Cristo lo vemos en los sufrimientos que soportó para la sanación y salvación del género humano. Naturalmente, continuación de Sus padecimientos es también Su resurrección, que significa que Cristo, como Dios, resucitó la naturaleza humana, la misma que murió en la Cruz. Dentro de estos tres puntos se ve claramente la Persona, la obra y la misión de Cristo.
Es cierto que esta gran obra de Cristo, así como Su deidad, no sólo la leemos en la Santa Escritura, sino que la vivimos dentro de la Iglesia Ortodoxa. Con el Misterio del Bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo y vivimos en nuestra vida personal la Pasión, la Cruz, el Entierro y la Resurrección de Cristo. Así, experimentamos todos estos acontecimientos en nuestra propia vida. Con el Bautismo morimos y nos enterramos con Él; esto manifiesta la triple inmersión en la pila bautismal. Con la Divina Comunión recibimos en nuestro interior el mismo Cuerpo de Cristo, y con la zéosis o glorificación nos unimos con Él.
Por lo tanto, somos cristianos, discípulos de Cristo, porque nos unimos a Él. Así como el discípulo del colegio tiene como prototipo o modelo al maestro, así también nosotros tenemos como prototipo o modelo de vida, conducta y gobierno a Cristo. Del mismo modo que el pintor toma en cuenta un prototipo o modelo para representarlo, así también nosotros tenemos como modelo en nuestra vida a Cristo y queremos metamorfosearla, transformarla en vida en Cristo.
San Juan el Crisóstomo (boca de oro) dice que dentro de la Iglesia Ortodoxa Cristo se llama camino, porque por Él subimos al Padre; piedra angular, porque Él lo sostiene todo; raíz, porque gracias a Él florecemos; Pastor, porque Él nos alimenta; cordero, porque Él se ha sacrificado por nosotros, nos sanó y salvó; vida, porque, estando muertos por el pecado, Él nos ha vivificado; luz, porque nos ha liberado de la oscuridad; prenda, porque con el Bautismo nos hemos vestido de Él mientras estábamos desnudos; banquete, porque lo comemos en los Misterios; casa, porque vivimos en Él; e inquilinos, porque somos templos de Él.
Todos estos nombres —la mayoría revelados por Él mismo con Su enseñanza— manifiestan cuál es la obra de Cristo, cuál es la causa y el propósito por el que se hizo hombre y también cuál es nuestra relación con Él. No es simplemente un jefe de religión ni un reformador social, sino la luz increada y nuestra vida, nuestra cabeza y santificación, nuestro Sanador, Salvador y Redentor, nuestro Padre y nuestra Madre. Además, esta relación con Cristo es pragmática, real y orgánica, y no abstracta, intelectual o especulativa. El hecho de llamarnos cristianos indica esta relación orgánica y esencial con Él.
Entre lo que dijo Cristo a Sus discípulos se conservan también las famosas parábolas. Parábolas se llaman ciertas imágenes e historias dichas por Cristo dentro de las cuales se esconden grandes verdades. Por ejemplo, Cristo, utilizando la parábola de las bodas, manifestó que la divina Eucaristía, así como la Realeza increada de Dios, es la boda espiritual, puesto que une al hombre de manera real con Dios.
Una de las parábolas de Cristo es la del hijo insaciable, derrochador o pródigo (Lc 15, 11-32). Se trata de una famosa parábola en la que se esconden grandes verdades. Podría decirse que revela cuál es la finalidad de la encarnación de Cristo, qué es la caída del hombre, cuál es la obra de la Iglesia Ortodoxa y cómo uno puede sanarse y salvarse. Dentro de estos marcos se manifiesta toda la vida cristiana.
Con palabras sencillas, la parábola describe lo siguiente:
«Un hombre tenía dos hijos. Un día, el hijo menor pidió al padre la parte de la fortuna que le correspondía, la legítima, y se marchó lejos de su casa. Vivió insaciablemente, derrochando la fortuna; y encontrándose en gran necesidad, se hizo esclavo de un ciudadano, pastoreando cerdos. En su tristeza recordó la vida y felicidad que había en su casa paterna y decidió volver, pero no como hijo, sino como trabajador. Cuando volvía a su casa, lo vio su padre, que lo estaba esperando. Su padre corrió primero, lo abrazó y lo besó. El hijo insaciable le pidió perdón y dijo que era indigno de ser considerado hijo suyo y que deseaba ser asalariado, pues había gastado su parte de la fortuna. Pero el padre ordenó que lo vistieran con la primera prenda, que le pusieran el anillo y los zapatos y que mataran el mejor becerro. Así comenzó la fiesta.
Pero cuando el hijo mayor volvía y escuchó la fiesta que se celebraba, pidió saber qué ocurría. Cuando le dijeron que era porque su hermano había regresado, se enfadó y no quiso entrar en casa. Su padre intentó convencerlo, pero él, utilizando pretextos lógicos y expresando sobre todo envidia, no quiso entrar; y deja entender que finalmente no participó en la alegría por el regreso de su hermano, perdido y “muerto” espiritualmente.»
Esta famosa parábola indica toda la obra de Cristo y también la vida de la Iglesia Ortodoxa. Intentaremos en las siguientes catequesis analizar y ver más extensamente todos los conceptos espirituales.
Aquello que debemos retener de esta primera catequesis es que Cristo es Dios y Hombre y, por ello, sanador y salvador real de los hombres. No existe ningún otro sanador, salvador o redentor. Sobre esta piedra de la fe y la confesión se debe sostener la vida cristiana. Los que vivimos dentro de la Iglesia Ortodoxa nos llamamos y somos cristianos porque estamos estrictamente vinculados y conectados con Cristo, nos alimentamos de Su Cuerpo y Sangre y vivimos en nuestra vida personal todos los acontecimientos de Su vida.
Segunda Catequesis: El Dios Cristiano
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- Dios es nuestro Padre.
- La trinitariedad de Dios.
- Esta verdad al principio la aceptamos lógicamente y después la vivimos personalmente.
- Dios es Persona y agapi.
- El verdadero Dios y los ídolos de las religiones.
- Cristo es hermano y amigo.
En la parábola del hijo pródigo o insaciable derrochador, que hemos visto en la catequesis anterior, Dios se presenta con la imagen del Padre. Se dice: «Un hombre tenía dos hijos». Luego, cuando el hijo menor pidió su parte, dijo: «Padre, dame la parte de la sustancia o fortuna que me corresponde» (Lc 15, 11-12). En esta parábola, la persona central es el padre. Por eso existen intérpretes que, en vez de llamarla la parábola del hijo pródigo (insaciable o derrochador), la califican como «el padre caritativo» o «la bondad del padre». El padre de la parábola afronta con agapi y compasión al hijo menor y con filantropía la rareza y el capricho del mayor.
La icona, imagen del Padre para el Dios, se utiliza con dos conceptos. El primero se refiere a la primera Persona de la Santa Trinidad, de la cual, antes de los siglos, nace el Hijo y de la cual procede el Espíritu Santo; y el segundo se refiere a la relación con el hombre, puesto que Él lo ha creado, así como también el mundo entero.
El verdadero Dios, en el cual nosotros los ortodoxos creemos, es Trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además, las tres Personas de la Santa Trinidad tienen el mismo valor, la misma doxa-gloria y la misma fuerza o energía. Esto significa que el Padre no es superior al Hijo, ni el Hijo inferior al Padre y superior al Espíritu Santo, ni el Espíritu Santo inferior al Padre o al Hijo. Tal como los tres lados de un triángulo equilátero son iguales, también las tres Personas-Hipostasis de la Santa Trinidad son iguales. La única diferencia es que del Padre nace el Hijo y el Espíritu Santo procede del Padre.
Esta verdad nos la ha revelado el mismo Cristo con Su encarnación, de modo que San Gregorio Palamás nos dice que la finalidad de la encarnación de Cristo es revelar lo triádico de Dios, que antes el hombre ignoraba.
La trinitariedad de Dios la vemos en el río Jordán durante el bautismo de Cristo como hombre. El Hijo se bautiza, el Padre certifica que Él es Su Hijo amado y el Espíritu Santo participa “en forma de paloma” (Lc 3,22). Lo mismo vemos también en la Metamorfosis de Cristo sobre el Monte Tabor. El Hijo se metamorfoseó, transformó delante de los discípulos y Su rostro brilló como el sol, manifestando Su deidad. El Padre certifica que éste es Su Hijo amado y el Espíritu Santo participa con la nube luminosa.
Repetidas veces Cristo hablaba sobre Su Padre. Una vez dijo: “Mi Padre trabaja sin parar y yo también incesantemente para la sanación y salvación del mundo”. En otra parte dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30). Se calificó a Sí mismo como Hijo de Dios. Hacia el final de Su vida reveló también la existencia del Espíritu Santo: “Pero cuando venga el Paráclitos, Espíritu Santo, al que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu Santo de la verdad que la transmite a los hombres, el cual procede del Padre, como agua del río emana de su fuente, él os dará testimonio de mí” (Jn 15:26).
Cristo, después de Su resurrección, mandó a Sus discípulos por todo el mundo para enseñar a los hombres, no rociándoles con agua, sino “bautizándoles, sumergiéndoles en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Por eso, durante el Misterio del Bautismo, la triple inmersión se hace en el nombre de las Personas de la Santa Trinidad: “Se bautiza el siervo de Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Además, en todas las pronunciaciones terminamos con la imploración al Dios Trinitario, como: “A ti pertenece toda doxa-gloria, honor y alabanza, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos”.
La trinitariedad de Dios nos fue también ratificada por los discípulos y los Apóstoles de Cristo, quienes recibieron la Apocalipsis (Revelación). De sus experiencias personales entendieron claramente que Dios es Trinitario. Por eso el Apóstol Pedro dice: “Elegidos por la prognosis/presciencia de Dios Padre en la santificación por el Espíritu para obedecer a la voluntad de Jesús Cristo y ser redimidos con su sangre, os deseo la χάρις jaris-gracia energía increada y la paz en abundancia” (1 Pe 1,2). Lo mismo encontramos en muchos versículos del Apóstol Pablo.
Es muy característica la bendición apostólica que la Iglesia Ortodoxa incluyó dentro de la Divina Liturgia: “La χάρις jaris-gracia, energía increada, del Señor Jesús Cristo y la agapi-amor (incondicional y energía divina) de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amín” (2Co 13,13).
Esta testificación de los santos es importante. Al principio debemos aceptar esta apocálipsis (revelación) lógicamente y, a continuación, podemos llegar también a la confirmación personal. Debemos aceptar el testimonio de billones de santos que nos confirmaron que Dios es Trinitario. Algunos hombres fueron al espacio, a la Luna, y todos aceptamos el testimonio de ellos. Muy pocos historiadores conservaron un acontecimiento histórico, y nosotros lo consideramos cierto. Lo mismo y más debemos hacer con la apocálipsis (revelación) del Dios Trinitario que nos dieron los santos, quienes confirmaron este testimonio, sobre todo con su sangre y sacrificio.
Se debe hacer lo mismo que en la ciencia humana. Todos nosotros aceptamos los descubrimientos de un científico, aunque no los comprendamos racionalmente y nuestros sentidos den una imagen distinta. Cuando aceptamos los resultados de los científicos, podemos a continuación, mediante experimentos personales, llegar a la ratificación personal. Lo mismo se hace con la vida espiritual. Al principio aceptamos el testimonio de los santos y, a continuación, luchamos por seguir la forma de vida que ellos practicaron, y así llegamos a ratificar la verdad sobre lo Trinitario de Dios.
Uno no puede demostrar esta verdad mediante ejemplos, porque Dios es increado, mientras que el mundo es creado. Sin embargo, los santos padres utilizan algunos ejemplos, tal como los rayos del sol. Así, los tres soles tienen el mismo resplandor, pero son distintos soles. De manera similar, las Personas de la Santa Trinidad tienen cualidades personales, pero poseen el mismo resplandor y las tres son Dios.
La mejor confirmación y demostración de la existencia del Dios Trinitario es “psicoterapiarse”: hacer su catarsis, sanarse y purificarse uno mismo de los pazos. Entonces viene la Jaris, energía increada de Dios, dentro del corazón sanado y limpio, y el hombre adquiere la gnosis (increada) del Dios Trinitario. Entonces se convierte en residencia de Dios Trinitario y Dios se hace inquilino del hombre. Es cuando el hombre recibe el calificativo de casa o templo de Dios.
El hecho de que Dios sea Trinitario —Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas Increadas, pero una esencia y una energía/s increadas— es muy importante para la vida espiritual. Aquí se encuentra la diferencia del Cristianismo Ortodoxo con las demás religiones.
En principio, Dios es Persona-Hipóstasis. Esto significa que no es una fuerza abstracta que gobierna al mundo, porque un poder ilógico es destructor. Dios tiene agapi (amor, emoción de energía increada). Los poderes superiores no pueden tener agapi respecto al hombre. La Apocálipsis (Revelación) de que Dios es Persona y que el hombre es persona-hipóstasis indica que las relaciones del hombre con Dios son personales, lo que significa que el hombre no se pierde como una gota dentro del océano de Dios.
En el Budismo existe una percepción similar sobre Dios y el hombre: se dice que el Atmán individual se debe identificar absolutamente con el Brahmán universal, y eso es la salvación. Pero una identificación de este tipo no sugiere agapi (amor), puesto que, como sabemos, la agapi busca comunicación, relación correcta y mantenimiento de la libertad. Una sanación y salvación sin agapi es odio, y una agapi sin libertad es una catástrofe.
Además, Dios es Trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto quiere decir que Dios es agapi. Si no existiera otra Persona, no podría existir agapi. Comprender a Dios sin el Hijo es como comprenderlo sin agapi, porque cada agapi exige su objeto. Cuando usamos el verbo αγαπώ (agapó, amar), enseguida surge la pregunta: ¿a quién amas? Si no existe otra Persona, no puede existir la agapi.
El Metropolita de Ajrida observa: “Conceptuar y comprender a Dios sin el Hijo es lo mismo que concebirlo sin agapi. Cada agapi exige su objeto. Cuando un hombre dice: ‘amo’, automáticamente surge la pregunta: ¿a quién amas? ¿A quién, pues, amaría Dios Padre en la eternidad, antes de la creación del mundo, si no tuviera a Su Hijo como objeto de Su amor? Significaría que no sabría amar, ni qué era agapi en Su esencia antes de crear el mundo, como objeto de Su agapi. Esto implicaría que Dios adquirió algo que antes no tenía y, así, habría cambiado. Pero esto no es lógico ni tiene sentido, y a la vez es contrario a la Divina Escritura, que desde el cielo testifica que: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces increadas y creadas, en el cual no hay cambio, ni sombra de variación” (Sant. 1,17)”.
Entonces, si no aceptamos que Dios es Trinitario, consideraríamos a Dios sin agapi; sería únicamente un Dios justo. Pero esto tergiversa nuestras relaciones con Él. No solo altera esta verdad revelada, sino también la sanación y salvación del hombre, e incluso su propia existencia.
Esto se observa en el Mahometismo (islamismo). Allí no se habla del Hijo de Dios, sino solo de Alá; por eso, en las relaciones del hombre con Alá, no se subraya la agapi, sino la justicia y la misericordia. El Obispo de Ajrida Nikolaos señala: “El Islam, a pesar de ser una religión grande en gente, de ninguna manera acepta a Dios como Divina Trinidad. En el Corán, esta enseñanza se ridiculiza. En la mezquita de Omar en Jerusalén está escrito: ‘Fieles, sepáis que Alá no tiene hijo’. Dado que, según esta religión, Dios no tiene hijo, en ninguna parte se habla de la agapi de Dios, sino solo de su justicia y misericordia. Esto, claro está, tergiversa toda la vida del hombre. La agapi de alguien hacia sí mismo no es agapi, sino φιλαυτία (filaftía: excesivo amor a sí mismo y su cuerpo, egolatría, egoísmo y egocentrismo), la madre de todos los males. Por eso, Mahoma no menciona la agapi en relación con Alá, sino solo su justicia y misericordia.
Los idólatras de la época antigua creían en muchos dioses, pero estos estaban poseídos de pazos y debilidades humanas. Los dioses que se mezclan en guerras y odios no pueden sanar ni salvar al hombre; por eso son ídolos, autoengaños y alucinaciones.
Subraya otra vez el Metropolita de Ajrida Nikolaos: “En el mundo idólatra existía fe en la Trinidad, pero no en la Santa y Única. Los hindús creían y siguen creyendo hoy en el Trimurti, es decir, en los sublimes dioses Visnú, Brahma y Siva, de los cuales el último es el Diablo que destruye lo que los dos primeros crean. En Egipto creían también en tres deidades con agapi carnal, como una familia de la que de Osiris e Isis nace su hijo Or, a quien Osiris mata, y así se disuelve esta boda bestial. Antes de Cristo, los hombres consiguieron, con su nus (energía y espíritu del corazón de la psique) e intenciones, crear grandes civilizaciones en todos los continentes, pero no podían llegar a la correcta percepción de Dios como Santa Trinidad en Unicidad (Mónada), y en consecuencia, tampoco de Dios como agapi”.
Por lo dicho anteriormente, vemos que la fe en Dios Trinitario es imprescindible, porque esta es la verdad tal como nos la reveló Cristo y porque fuera de esta apocálipsis (revelación) no puede existir agapi. Un dios que es una fuerza o poder superior que creó y gobierna el mundo, un dios concebido como valor y unidad, no puede tener agapi. Y naturalmente, sin agapi no se pueden desarrollar relaciones interpersonales ni una sociedad con verdadera comunión. En ese caso, Dios será el castigador, y el hombre perderá su carácter personal. No podemos hablar de agapi verdadera fuera de la apocálipsis (revelación) de la Trinitariedad de Dios.
Dentro de la Santa Escritura, además de la icona-imagen del Padre, existen también otras iconas-imágenes que califican a Dios; principalmente determinan las relaciones de Cristo con los hombres. Dos de estas ilustraciones son las de “hermano” y “amigo”. Estas imágenes se refieren principalmente a Cristo, quien, por agapi, se hizo hombre, vivió entre nosotros, nos sanó y nos salvó del pecado, del diablo y de la muerte.
Cuando avisaron a Cristo que Le estaban buscando Sus hermanos carnales y Su madre, Aquél, indicando a los discípulos, dijo: “Mirad a mi madre y a mis hermanos; aquel que haga la voluntad de mi Padre celestial, éste será mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,46-50). Inmediatamente después de Su Resurrección dijo a las mujeres Mirróforas: “No tengáis miedo, id y anunciad a mis hermanos que salgan a Galilea, y allí me verán” (Mt 28,10).
El mismo Cristo utilizó la imagen de amigo para indicar la relación personal con aquellos que cumplen Su voluntad: “Pero vosotros, por los que yo me sacrifico, sois mis amigos y seréis siempre mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo más siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Os he llamado y llamo amigos míos, porque todas las cosas que he oído de mi Padre os las he dado a conocer” (Jn 15,14-15). (Por lo tanto, tenéis mucha gnosis-conocimiento de lo que yo hago y sabéis la causa por la que lo realizo, es decir, para que con pleno conocimiento seáis colaboradores y continuadores de mi obra.)
El divino Crisóstomo presenta a Cristo diciendo a los hombres: “YoSoy el Padre, el hermano, el novio, el alimentador, la prenda, todo lo que quieras, YoSoy. Yo también trabajaré; he venido para servir y no para servirme. YoSoy también el amigo, el miembro y la cabeza. YoSoy para ti el pobre y el marginado. Todo lo mío es tuyo, hermano, heredero, coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres?” Este versículo indica la agapi de Dios expresada por Cristo al género humano.
Así pues, Dios es Agapi-Amor y ama profundamente al hombre, justamente porque es Persona y Trinitario. La enseñanza sobre Dios Trinitario es el Α (alfa) y el Ω (omega) de nuestra fe (Principio y fin). Además, como el Α es la primera letra del verbo ΑΓΑΠΩ (agapó) y el Ω la última, decimos que Dios Trinitario es agapi y ama intensamente al hombre, sacrificándose hasta la Cruz.
¡El hombre condenó a Dios a la muerte, y Dios, con Su inmensa agapi, condenó al hombre a la inmortalidad! (San Justino Pópovits).
Tercera Catequesis: El hombre y su caída
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- El Logos, por naturaleza, es Hijo de Dios, y los hombres son hijos de Dios por la Jaris (gracia), energía increada.
- La creación del mundo.
- El hombre como icona (imagen) y semejanza de Dios.
- El Paraíso inicial.
- La caída del hombre.
- Las consecuencias de la caída.
Después del análisis teológico de la parábola del hijo pródigo, es decir, después de los conceptos que se refieren a Dios, es necesario avanzar también en el análisis antropológico de esta parábola. Nos permitirá comprender el valor del hombre y cuál es la verdadera vida.
El padre de la parábola tenía dos hijos. Esto presupone nacimiento y parentesco entre ellos. Además, ambos hijos permanecieron en casa y disfrutaban de los bienes de su padre.
Dios se llama Padre en relación con Su Hijo unigénito, pero también Padre en relación con el hombre. Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre estos dos casos: el Hijo nace del Padre antes de todos los siglos, mientras que el hombre fue creado dentro del tiempo y es hijo de Dios por la Jaris (gracia, energía increada), en contraste con la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad, que es Hijo por naturaleza.
Podemos utilizar un ejemplo para mayor comprensión. Un pintor crea un cuadro, que es su obra, “hijo suyo”, por así decirlo, porque expresa sus pensamientos y carismas. Pero también engendra hijos. Así, el cuadro lo construye, mientras que al hijo lo engendra. Con analogías convenientes, esto ocurre con Dios Padre en relación con el Logos y los hombres.
El Dios creó todo el mundo. Primero creó los ángeles, el llamado mundo noeró (espiritual), y a continuación, en cinco días, todo el mundo visible: la creación, los pájaros, los peces, los animales, los vegetales, etc. Durante el sexto día creó al hombre, constituido de una parte del mundo espiritual y de una parte del mundo visible, es decir, psique (alma) y cuerpo. Tal como afirman los Padres de la Iglesia Ortodoxa, primero creó los Reinos y los palacios, y después al Rey, el hombre. Desde su creación, el hombre fue llamado a ser rey del mundo.
La Santa Escritura dice que el hombre fue creado “a imagen y semejanza” de Dios. El “como imagen” se refiere a lo espiritual y a la independencia, es decir, posee nus (espíritu y energía del corazón de la psique) y libertad; en cambio, el “como semejanza” indica su destino: convertirse en dios por la energía increada de la Jaris. El “como imagen” alude a la naturaleza triádica de la psique. Tal y como Dios es Nus, Logos y Espíritu así también el hombre nus, que es el centro de la personalidad; logos, que es articulado, vocal, formado y formulado con la lógica de la διάνοια (diania: cerebro, mente o intelecto); y espíritu, que es el eros (amor ferviente), la fuerza interna para alcanzar la zéosis o glorificación.
Esto significa que el arquetipo de la creación del hombre, su prototipo o modelo, es Dios y especialmente el Logos de Dios, la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad. El hombre no se creó a sí mismo, sino que tiene un prototipo. Así como de un film imprimimos muchas fotografías, el hombre es la icona (imagen) del Logos, su fotografía. Por ello, debe mantener limpia esta imagen, porque de otra manera no corresponde a su creación y pierde su valor.
El “como imagen” indica la ontología del hombre, es decir, la realidad de su naturaleza; el “como semejanza” indica su destino y finalidad. Esto significa que el hombre siempre debe tener presente su origen: es príncipe y señor, descendiente de familia alta y grande, y debe esforzarse por corresponder a esta gran misión. Su propósito no se agota en las necesidades materiales ni en la satisfacción personal; tampoco consiste únicamente en estudiar, trabajar o casarse, etc. Su objetivo más profundo es convertirse en Dios por la Jaris, la energía increada.
San Gregorio el Teólogo lo define maravillosamente: “El hombre tiene vida y se las arregla sirviéndose en esta vida, pero camina hacia la otra. De la vida biológica a la espiritual se llama Misterio, y está claro que la finalidad del Misterio es deificarse o glorificarse por la Jaris, la energía increada de Dios”.
En la parábola que estudiamos se ve que los dos hijos permanecieron en la casa de su Padre. Según la interpretación de los Padres, esto indica que, inmediatamente después de su creación, el hombre permaneció en la casa de Dios, es decir, en el Paraíso, y tenía verdadera comunión con Él. Este Paraíso era visible, sensible y espiritual: un estado y lugar particular, pero también una relación personal con Dios. En el Antiguo Testamento, especialmente en el Génesis, vemos que Adán, inmediatamente después de su creación, poseía la Jaris, la energía increada de Dios; por eso él y Eva vivían exactamente como los ángeles en el Cielo.
El hijo menor pidió la parte de la herencia que le correspondía: “Dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió la fortuna. Pasados unos días, el más joven reunió todo y partió a un país lejano, y allí derrochó insaciablemente toda su fortuna llevando una mala vida. Después de gastarlo todo, sobrevino una gran hambre en aquella tierra y comenzó a padecer necesidad. Fue y se puso al servicio de uno de los ciudadanos de aquel país, y aquel lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciar su hambre con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie de los otros sirvientes se las daba” (Lc 15,12-16).
Este punto de la parábola se adapta plenamente a la caída y al alejamiento del hombre de Dios. Consideremos los elementos esenciales.
Según san Gregorio Palamás, el hijo menor pidió la parte legítima de su padre, lo cual significa que el pecado es posterior, más nuevo, mientras que la virtud es primogénita. El hombre fue creado por Dios limpio, puro y sano, con la capacidad de alcanzar la zéosis o glorificación. El pecado es un invento posterior, fruto de la mala preferencia y voluntad del hombre. Con su libertad escogió la apostasía y el alejamiento de Dios. El pecado del hombre consistió en apropiarse de las obras de Dios y pretender vivir según su propia voluntad y no según la voluntad divina. Como muestra el Antiguo Testamento, quiso obedecerse a sí mismo, a su lógica, y no a Dios. Se puso en el centro a sí mismo, sus deseos e ilusiones, y no a Dios. Esta es la esencia del pecado original y de todo pecado.
En la parábola vemos los grados de la caída y la tragedia del hijo menor: apropiación de la herencia, emigración, dispersión de la fortuna, privación y esclavitud. Dentro de estos límites debemos comprender la desgracia del pecado y de todo pecado humano.
Cuando el hombre agota su vida dentro de los límites biológicos e intenta interpretarla solo con la lógica o razón, esto significa alejamiento de Dios. Emigra a una tierra lejana y pierde la comunión con Él. Desde su creación, el hombre está formado de psique-alma y cuerpo inseparables. La psique-alma es la vida del cuerpo, pero la vida de la psique es el Espíritu Santo. Así, sin el Espíritu Santo, el hombre está espiritualmente muerto. Es muy significativo lo que dice el padre de la parábola cuando el hijo vuelve: “Este hijo mío estaba muerto y volvió a vivir” (Lc 15,24). Esto significa que el alejamiento de Dios es muerte espiritual. El hombre puede moverse, trabajar y ocupar un puesto elevado en la sociedad, pero sin Dios todo está muerto y la vida es insípida, carece de sentido.
San Juan Damasceno, refiriéndose a la caída de Adán y Eva, afirma que el hombre, con el pecado, perdió la divina Jaris, la energía increada; el “como imagen” se oscureció en él; quedó desnudo de la Jaris y por ello sintió su desnudez corporal. Las consecuencias fueron terribles: como perdió la Jaris, primero vino la muerte espiritual, es decir, el alejamiento de Dios, y después la muerte corporal, es decir, enfermedades, mortalidad y, finalmente, la separación de la psique-alma y el cuerpo.
La vida del hombre sin Dios, que lo creó, es una privación real. Nada tiene significado. No encuentra placer en nada, porque ha perdido su arquetipo, que es Dios. Pierde la verdadera agapi-amor y también la verdadera libertad. Esto significa que está subyugado y esclavizado a los ciudadanos de aquel país lejano, y estos ciudadanos del Infierno son el diablo y su tropa. Se entrega en manos del diablo y se convierte en instrumento suyo. Esta es la verdadera privación y esclavitud del hombre. Ha sido creado para ser príncipe y vivir en palacios reales, pero prefirió quedarse desnudo, harapiento y pastor de cerdos; es decir, agotado en sus fuerzas biológicas y entregado a la satisfacción y placer de los instintos animales y de los sentidos físicos.
Decíamos antes que el hombre sin el Espíritu Santo está espiritualmente muerto. San Macario de Egipto utiliza dos iconas-imágenes para hacer comprensible esta realidad. Una es la de la carne sin sal: en este estado la carne se pudre rápidamente y desprende un olor terrible. La otra icona es la de una moneda que no tiene grabada la imagen del rey; una moneda así es falsa y no tiene ningún valor. Lo mismo ocurre con el hombre que no tiene en su interior la energía increada del Santo Espíritu: no es un hombre natural y no tiene vida verdadera.
San Gregorio de Nisa nos dice un logos característico: “Porque, en realidad, el que no tiene la verdadera vida no vive. La vida de los pecadores no puede llamarse vida; sólo tiene el nombre”. Esto significa que Dios es la vida de los hombres. Además, el mismo Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). El que vive lejos de Dios no posee vida real. Por eso la vida de los pecadores se llama simplemente vida, pero no lo es verdaderamente; es trágica. El hombre se encuentra encarcelado en los instintos naturales, la mortalidad y la corrupción. No puede tocar el cielo puro de la libertad. Es torturado por todos los problemas trágicos de la existencia y no encuentra escapatoria. Está exiliado en una isla desierta, y no existe esperanza de sanación y salvación si no regresa con su libre voluntad a Dios.
El hombre lejos de Dios es insaciable, pierde su valor y su belleza. No tiene padre, ni casa, ni amigos, ni agapi-amor. Todos lo explotan. Por eso, en medio de su amargura y tragedia, busca a Dios. El deseo de Bautismo nace exactamente dentro de esta perspectiva: quiere alcanzar la vida, que es Dios, y tener relaciones personales con Él, que es su arquetipo. La petición del Bautismo no tiene carácter social, ni debe estar motivada por búsquedas exteriores y humanas, sino que debe enraizarse en esta visión. Uno quiere bautizarse para volver de la necrosis (mortificación) a la vida, de la perdición al encuentro, de la tragedia a la paz, del país lejano a la casa paternal, de la privación a la abundancia, de la orfandad al Padre.
Cuarta Catequesis: La Iglesia Ortodoxa y su trabajo
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- La Iglesia Ortodoxa, el nuevo Paraíso.
- Fuera de la Iglesia Ortodoxa está la insaciabilidad.
- Regreso al nuevo Paraíso.
- Los tres principales Misterios.
- La Iglesia Ortodoxa es el verdadero Cuerpo de Cristo.
Como la verdadera vida del hombre se encuentra cerca de Dios, debe volver a su casa. Hemos dicho hasta ahora que la casa es el Paraíso y la comunión del hombre con Dios. Después de la caída, esta comunión se realiza dentro de la Iglesia Ortodoxa Ortodoxa, que es el verdadero Paraíso. Por eso, el hombre caído debe regresar nuevamente a su casa, que es la Iglesia Ortodoxa Ortodoxa. A continuación veremos la dimensión eclesiológica y efjarística de la parábola del hijo pródigo, tal como la analiza San Juan Crisóstomo.
Este análisis se dirige a los cristianos y a los catecúmenos, concretamente a los que se preparaban para el Bautismo, los llamados iluminados. Por esta razón tiene un contenido intensamente efjarístico. En el período del Triodion, la Iglesia Ortodoxa preparaba con mayor intensidad a los catecúmenos para recibir el Santo Bautismo. San Crisóstomo dice que debemos contemplar la filantropía de Dios, especialmente en este tiempo, para el beneficio común y la edificación de las futuras estrellas que nacerán de la Santa pila bautismal. Los bautizados que salen de la Santa pila se llaman estrellas, porque son iluminados por la Jaris (energía increada) del Espíritu Santo. Sol iluminador es Dios, y los bautizados reciben la luz increada del sol espiritual de la justicia.
Donde no se cultiva el trigo de la σωφροσύνη (sofrosini: prudencia, mente y espíritu con conducta serena, sana y humilde) y el viñedo de la ενγκράτεια (engratia: templanza, continencia y autodominio), domina la fuerte hambre y la gran inanición. Esto significa, claramente, que fuera de la casa espiritual que es la Iglesia Ortodoxa hay hambre y privación espiritual. Aquel que siente esta realidad decide regresar a su casa, de la cual se había alejado. Allí lo espera el caritativo y filántropo Padre, preparado para derramarle Su agapi-amor incondicional. No se trata de un intercambio comercial, sino de un desbordamiento de amor y filantropía. Naturalmente, este amor y esta comunión se hacen efectivas mediante los Misterios de la Iglesia Ortodoxa. Lo que siguió en la parábola y los mandamientos que dio el Padre expresan precisamente esta realidad: “Dijo el padre a sus servidores: sacad el mejor traje y vestídselo; ponedle también un anillo en la mano y calzado en los pies; y traed el novillo cebado y matadlo; comamos, alegrémonos y festejemos, porque este hijo mío estaba muerto y revivió; estaba perdido y fue hallado” (Lc 15, 22-24).
El traje que ordenó traer es el uniforme espiritual tejido por el fuego increado del Espíritu Santo. Este uniforme se teje en las aguas de la pila bautismal e indica que el hombre, lejos de Dios, queda desnudo y pierde su belleza. La Jaris —la energía increada de Dios— lo reviste y lo embellece. El Padre, según el divino Crisóstomo, parece decir: “Asead y adornad a mi hijo; no puedo verlo descuidado, no soporto ver mi propia imagen desnuda y abandonada”.
Con el Santo Bautismo uno se reviste de la Jaris de Dios, por eso psalmodeamos: “Los que en Cristo fuisteis bautizados, de Cristo os habéis revestido”. Además, con el Bautismo se limpia el “como imagen” que se había oscurecido.
El anillo que se le coloca en la mano indica el noviazgo espiritual y la protección del Espíritu Santo. Es señal de adopción. Llevando este anillo, todos los enemigos de Dios lo temen. Manifiesta su comunión con Dios y declara desde lejos que es hijo de Dios por la Jaris increada.
Los zapatos que le ponen en los pies son la fuerza de Dios para que el maligno no encuentre su pierna desnuda y pueda herirlo de nuevo; y para que el bautizado pueda pisotear al dragón y destruirlo.
El ternero cebón es el mismo Cristo, que se sacrificó por el género humano: “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Esto simboliza la Divina Efjaristía, donde el hombre se regocija, se deleita espiritualmente y recupera la vida. Fuera de la Iglesia Ortodoxa y de la Divina Efjaristía se encuentra el mundo de la caída y de la corrupción.
Según San Nicolás Kabásilas, tres son los Misterios básicos que constituyen la vida espiritual: el Bautismo, el Crisma y la Divina Efjaristía.
Con el Bautismo, el hombre nace espiritualmente, pues la pila bautismal es la matriz espiritual de la Iglesia Ortodoxa. Así como en el seno materno recibimos la vida biológica, también en la matriz de la Iglesia Ortodoxa —la Santa pila— recibimos la vida espiritual.
El Crisma es el movimiento que energiza y activa la Jaris que hemos recibido en el Bautismo. No basta con nacer: es necesario vivir después del nacimiento. Y esto se realiza mediante el Santo Crisma.
La Divina Efjaristía es también vida, pues en ella comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Nos bautizamos y nos crismamos para poder, de esta manera, como miembros de la Iglesia Ortodoxa, comulgar de los inmaculados Misterios y vivir. Porque el Santo Bautismo debe ir junto con la divina Efjaristía y la divina Comunión. La divina Efjaristía es el centro de todos los Misterios y de toda la vida eclesiástica. Es la que indica que la Iglesia Ortodoxa es el Cuerpo de Cristo. Un filósofo materialista decía que el hombre es lo que come. Con esto quería derrumbar la metafísica y todas las teorías, y recalcar que la única realidad es la materia. Podemos aceptar esta frase en el sentido de que, cuando el hombre come sólo comida material, es materialista, carnal. Cuando come comida espiritual, que es el Cuerpo del Hijo del Hombre, es espiritual, es decir, maduro y entero.
El divino Crisóstomo, analizando toda esta dimensión efjarística de la parábola del hijo pródigo, al final se dirige con sugerencias tanto a los bautizados como a los iluminados que estaban a las puertas del Bautismo. Les exhorta a que rechacen cualquier tipo de loyismós (pensamiento) perverso y dirijan sus psiques (almas) hacia el Novio celeste, para gozar de la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. Dice característicamente: “El Redentor ha llegado a la puerta, el médico se encuentra cerca de los que creen, la consulta ha sido abierta, los fármacos están delante de nosotros, la pila bautismal acepta a todos, la divina Jaris se extiende por todas partes, la prenda espiritual se está tejiendo por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Bienaventurados los que se han hecho dignos de vestir esta prenda”.
Aquí aprovechamos la ocasión para subrayar que la Iglesia Ortodoxa no es un organismo o institución, no es un grupo social y filantrópico, sino el Cuerpo zeantrópino (divino-humano) de Cristo. Esto significa que existe comunión, conexión interior y espiritual de los cristianos con Cristo. Los cristianos no son miembros de una asociación, sino miembros del Cuerpo de Cristo.
En Occidente se ha desarrollado la teoría de que una cosa es el Cuerpo místico de Cristo, del cual son miembros los bautizados, y otra cosa es el Cuerpo real de Cristo, que es el pan efjarístico que se encuentra encima de la Santa Mesa o Altar. Pero en la Iglesia Ortodoxa no existe este tipo de distinción. Recalcamos que la Iglesia Ortodoxa es el Cuerpo de Cristo, el cual es a la vez el cuerpo que tomó de la Panaghía (Santísima), lo deificó y resucitó; el pan efjarístico que se encuentra encima de la Santa Mesa y los santos que constituyen los miembros del Cuerpo de Cristo. Así comprendemos perfectamente el gran valor que tiene ser cristiano ortodoxo, miembro del Cuerpo de Cristo. Desde la luz de esta perspectiva sentimos la gran beneficencia del Santo Bautismo y de la divina Efjaristía.
Con el Santo Bautismo nuestros miembros se convierten en miembros del Cuerpo de Cristo. Esto significa que cada pecado personal tiene su importancia y peso. El Apóstol Pablo dice que, cuando pecamos, pecamos en Cristo, de quien somos miembros. No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Cristo, que nos ha santificado y nos ha unido consigo mismo. Tal y como pecado es pisotear y despreciar el Cuerpo de Cristo que se encuentra en el divino Cáliz y en el artoforio (portador del pan), el mismo pecado es pecar con nuestros miembros, que son miembros del Cuerpo de Cristo.
En la Iglesia Ortodoxa debemos sentirnos como en la casa de la fiesta, donde se sacrifica la ternera cebona y domina el deleite espiritual. La Iglesia Ortodoxa es misericordia espiritual de toda la humanidad, sínodo o asamblea del cielo y de la tierra.
Quinta Catequesis: Comunión de Santos
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- Los sirvientes o esclavos de Dios
- Los Apóstoles de Cristo
- Los Clérigos
- La Iglesia triunfante (Profetas, Apóstoles y Santos)
Después del regreso del hijo pródigo y del abrazo de su padre, el caritativo padre dio órdenes de vestirle y prepararle para festejar y alegrarse de su regreso. En la parábola se dice que el padre ordenó a sus sirvientes (Lc 15,26). ¿Quiénes son los sirvientes que cumplen y obedecen la voluntad del Padre? Según los Padres de la Iglesia, ya que la casa es la Iglesia Ortodoxa, los sirvientes son los Clérigos. Ellos reciben el mandamiento de Dios de vestir al hijo pródigo que ha vuelto.
Cristo escogió a los doce Apóstoles, los santificó, los formó, les dio el Espíritu Santo y los envió por todo el mundo a bautizar, catequizar e instruir a los hombres. Sobre todo, dijo a sus discípulos: “El que os escucha a vosotros, me escucha a Mí; y el que os rechaza a vosotros, me rechaza a Mí; y el que me rechaza a Mí, rechaza al que me ha enviado” (Lc 10,16). Así, los Apóstoles no son meros representantes de Cristo, sino el Misterio sensible de la presencia de Cristo entre nosotros; son sus instrumentos sensibles para la celebración de Sus Misterios. Esto significa que los Clérigos no se parecen a embajadores de un Estado ante otro, ni a representantes de un soberano, sino que, por medio de los Apóstoles, energiza y opera el mismo Cristo. Cuando los Apóstoles perdonan, perdona y ratifica el mismo Dios.
A los Clérigos pertenecen los obispos, los presbíteros y los diáconos. Los obispos son la cabeza visible de una Iglesia concreta como tipo y lugar de la Cabeza de la Iglesia, es decir, de Cristo. En la persona de los obispos recibimos a Cristo. Existe la sucesión apostólica. Es decir, tal y como de una vela encendemos una segunda y una tercera, y transportamos la luz por todas partes, así ocurre también con la sucesión apostólica. Con la ordenación y la vivencia de la Ortodoxa Parádosis (Santa Entrega, Transmisión, Tradición), se transmite de generación en generación la Χάρις Jaris, la energía increada de los Apóstoles, y la bendición que ellos recibieron de Cristo. La interrupción de la tradición apostólica crea la herejía. Por eso tiene gran significado verificar de quién hace memoria el obispo durante la Liturgia. Si este obispo está en comunión con las demás Iglesias Ortodoxas, quiere decir que es canónico y ortodoxo; si no está en comunión, tenemos que alejarnos.
Los obispos ordenan presbíteros y diáconos para la sanación y salvación del hombre. Son los líderes del laós (pueblo) de Dios, que diaconizan (sirven) al pueblo para llevarlo al Paraíso, a la tierra prometida. Tal como Moisés, con la bendición de Dios, conducía al pueblo hacia la tierra prometida, lo mismo hacen también los Clérigos: conducen al pueblo de Dios al Paraíso.
Por esto se requiere respeto hacia los Clérigos. No podemos decir: “Amo la Iglesia, pero no quiero tener relación con los Clérigos”. Esto constituye una esquizofrenia espiritual. Los Clérigos nos bautizan, nos crisman, nos alimentan con el Misterio de la divina Comunión, nos confiesan, nos casan y, en general, realizan todos los Misterios. Claro está que debemos decir que los Clérigos realizan este trabajo con la Χάρις Jaris increada y la bendición de Dios, y no con sus propias fuerzas. Durante la oración del himno querúbico, el obispo o el sacerdote ora a Cristo: “Tú eres el que ofrece y el ofrecido, el prestado y el transmitido, Cristo nuestro Dios…”. Los Clérigos oran al Padre para que santifique los dignos regalos; el Padre envía el Espíritu Santo y transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y mediante el sacerdote se ofrecen al pueblo.
Pero la Iglesia es una comunión de Santos, sínodo (asamblea) de ángeles y hombres, celestes y terrenales. Así, la Iglesia se distingue en la llamada Iglesia militante y la Iglesia triunfante. A la militante pertenecen todos los bautizados y los que confirman la fe, es decir, aquellos que se han bautizado y mantienen encendida la Χάρις Jaris, la luz increada del Santo Bautismo; y a la Iglesia triunfante pertenecen los Santos.
Santos no se llaman simplemente las buenas personas, sino aquellos que participan de la deificante y santificadora energía increada de Dios. Dios, con su increada energía creadora, creó el mundo; con su increada energía vivificadora y gobernante lo vivifica y lo gobierna; y con su increada energía divinizante, deificante o santificadora lo diviniza, santifica o glorifica. La energía increada vivificante y gobernante no sana al hombre ni lo salva; es decir, no significa que por haber sido creados se salvarán. Se salvan aquellos que participan de la energía increada divinizante, deificante o santificadora de Dios. Además, para participar de esta energía, primero se tiene que “psicoterapiar”: limpiar, purificar y sanar el corazón de los pazos; es decir, se necesita una intensa preparación.
Un lugar central en la Iglesia lo tiene la Θεοτόκος Zeotocos, la que ofreció su cuerpo a Cristo. Se llama Zeotocos porque da a luz por el Espíritu Santo, en cuerpo y carne, a Dios, la Segunda Persona de la Santa Trinidad. Es decir, no dio a luz a un hombre bueno que más tarde se convirtió en un gran profeta, el cual tomó la Jaris de Dios y se convirtió en Hijo de Dios. El Logos increado de Dios era Dios antes de la concepción y después del nacimiento por la Παναγία Panaghía. La Panaghía se caracteriza como siempre Virgen. Era Virgen antes del nacimiento y permaneció Virgen durante y después del nacimiento. Uno es el mediador entre Dios y los hombres, y este es Cristo. La Panaghía es mediadora entre nosotros y Cristo. Amamos a la Panaghía por dos razones: primero, porque amamos a Cristo; y segundo, para llegar a la agapi (amor) de Cristo. Así, nuestra agapi hacia la Panaghía es fruto o camino hacia la agapi de Cristo.
A la Iglesia triunfante pertenecen también los Santos. Ellos son los Profetas y los justos del Antiguo Testamento, los Apóstoles y los Santos durante los siglos. A los últimos pertenecen los Mártires que dieron testimonio y sufrieron el martirio por Cristo, los osios (santificados) que se ejercitaron en los monasterios o en el desierto por Cristo, y los casados que cumplieron la voluntad de Cristo dentro de su familia. Existen Santos de todas las capas sociales del pueblo, de todas las edades, de todos los Estados y de todas las épocas. Esto indica que no podemos excusarnos diciendo que hoy es imposible la sanación, la salvación y la santificación. El objetivo y finalidad más profunda del hombre es convertirse en santo.
En este punto podemos referirnos a la biografía, la vida y el testimonio de algunos Santos, en concreto de aquellos que tienen relación con el país del que proviene el Catecúmeno, con la edad que tiene y con el trabajo que ejerce. Tenemos que hacer también una referencia especial al Santo que ama especialmente y cuyo nombre quiere llevar en el Bautismo. Esto es de gran importancia, porque le indicará que es posible la sanación y la salvación en cualquier época.
Sexta Catequesis: La vida ascética o practicante
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- El nus derrochador insaciable
- Consecuencias por el alejamiento del νούς nus del corazón
- La esencia del pecado
- La verdadera μετάνοια metania
La Parábola del hijo pródigo (insaciable y derrochador), además de teológica, antropológica y eclesiástica, tiene también su lado ascético o práctico.
San Gregorio Palamás, analizando la parábola del hijo pródigo, dice que el insaciable derrochador es el nus del hombre que se aleja de Dios; y para expresarlo mejor, afirma que la fortuna del hombre, la que tomó de su padre y derrochó insaciablemente, es el nus: “Sobre todo, esencia y fortuna innata nuestra es nuestro innato nus”. La psique del hombre tiene nus, logos y espíritu, siguiendo como prototipo al Dios Triádico. El nus, en su estado natural, está iluminado y dirige al logos. Así, el hombre derrochador insaciable es aquel que gasta su nus en otras cosas y no tiene la memoria de Dios.
Cuando el hombre sigue los métodos y formas de psicoterapia, sanación y salvación ortodoxas, el nus permanece en sí mismo y se dirige al primer nus, que es Dios. Pero cuando se abre la puerta a los pazos, el nus, que es aquella fuerza y energía de la psique que puede calificarse como atención fina, se dispersa en las cosas corporales, carnales y terrenales, en sus placeres, hedonismos corporales y materiales, y en los apasionados y malignos loyismí (pensamientos simples o compuestos, ideas, o meditaciones). La virtud y la templanza que discierne el bien del mal es la riqueza de Dios. En cuanto el nus cumple los mandamientos de Dios y permanece en Él, así también la virtud y la cordura funcionan naturalmente, separando lo bueno de lo malo y prefiriendo lo primero sobre lo segundo. Pero cuando el nus se desenfrena, se dispersa, se desboca y se prostituye, llegando a la insensatez y la locura.
El nus es, pues, la fuerza y energía principal de la psique-alma que finalmente dirige y orienta al hombre entero. El nus detiene y mantiene el deseo dirigido hacia Dios. Pero cuando el nus languidece, la fuerza de la psique-alma que se dirige hacia la agapi cae de Dios y se dispersa en otras cosas, donde se desarrollan los pazos del hedonismo, la avaricia y la vanagloria. En su estado natural, el nus dirige la ira contra el diablo. Pero cuando el nus ya está disperso y languidecido, la ira se dirige hacia las otras personas y lucha contra ellas. Por consiguiente, el hombre se convierte en derrochador insaciable y su nus en demoníaco y bestial.
Esto significa que el nus del hombre es lo primero afectado en relación con el pecado. Mediante los loyismí, las cosas sensibles y las fantasías, se introduce en el hombre la propuesta tentativa con el único objetivo de apoderarse de su nus, esta finísima atención que es el centro de la personalidad humana. Por ejemplo, surge el loyismós de que, para hacerse uno rico, tiene que robar y perjudicar a otros. La belleza de la riqueza y todo lo que está hecho de ella se presenta en forma de imágenes dentro de la psique, con el fin de apoderarse del nus. Si es cautivado, entonces se convierte en deseo o ilusión; a continuación, en ejecución; y finalmente, la acción repetida se convierte en pazos. Así, el hombre es totalmente cautivado por el diablo, exactamente como el insaciable hijo derrochador fue apresado por los ciudadanos de aquella ciudad.
Así pues, la libertad del hombre es en realidad interior. Puede uno estar libre exteriormente y habitar en patrias libres, pero si no tiene libertad interior, vive la tragedia de su vida. En cambio, con la libertad existencial, uno puede permanecer prisionero en las más grandes tiranías y sentirse libre. Los mártires, en los períodos de persecución, tenían libertad interior; en cambio, muchos cristianos contemporáneos, que gozan de libertades exteriores, no cumplen la voluntad de Dios y son esclavos.
En la Parábola del insaciable hijo pródigo se dice:
“Y se fue a servir a casa de un ciudadano de aquel país, que le mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciar el hambre de su estómago con algarrobas que comían los cerdos, y ninguno de los otros sirvientes se las daba” (Lc 15,15-16).
Los ciudadanos y gobernantes de aquella ciudad, que se encontraba lejos de su casa, son los demonios. En la Iglesia Ortodoxa decimos que los demonios son espíritus maliciosos, astutos y malignos, que odian exageradamente a los hombres y hacen todo lo posible para alejar al hombre de Dios. Los demonios, en principio, fueron ángeles que veneraban a Dios, pero por su orgullo cayeron y se convirtieron en demonios. Ellos, por sí solos, engendraron el mal y quieren conducir al hombre a la apostasía. El mayor pazos es la soberbia, el orgullo, y este fue el primer pecado tanto de los demonios como del hombre.
Cada pazos es vida cerdícola (vivir como cerdos) a causa de su gran suciedad; y cerdos son los hombres que se revuelcan en los pazos. Se llama pazos al contranatural movimiento y funcionamiento de las fuerzas de la psique. Los tres pazos básicos son la φιλοδοξία (filodoxía, vanagloria), la φιλαργυρία (filargiría, avaricia, amor al dinero, ls riqueza) y la φιληδονία (filidonía, amor al placer, voluptuosidad, hedonismo). El centro de estos tres pazos es la φιλαυτία (filaftía, egolatría, egocentrismo), que es el excesivo amor a sí mismo y al cuerpo; es decir, cuando uno solo ama y satisface a su cuerpo independientemente de la psique-alma. De estos pazos se engendran y provienen los demás pazos que torturan al hombre.
En la Iglesia Ortodoxa decimos que los pazos son las energías y fuerzas psíquicas que han tomado el camino equivocado, o fuerzas anormales de la psique, o funcionamiento desbocado de las energías de la psique. Es decir, existe la agapi dentro del hombre (que es emoción, energía y fuerza) para que se dirija hacia Dios y lo desee. Pero cuando esta agapi, en vez de girar hacia Dios, se dirige apasionada y malignamente hacia las creaciones, hablamos de pazos de la psique-alma.
El hombre insaciable no puede hartarse ni llenarse de las algarrobas que comen los cerdos; es decir, no le es posible satisfacer plenamente su deseo. Siempre queda con hambre. Cuando más aumenta su fortuna, más aumenta su carencia y también el deseo de conseguir más. Entonces el hombre quiere, si le fuera posible, adquirir todo el mundo. Pero como el mundo es uno y los avariciosos muchos, nunca podrán saciarse ni hartarse.
Por consecuencia, cuando el nus está apresado o cautivado por un loyismós o una fantasía, arrastra también las partes anhelante e irascible o emocional de la psique lejos de Dios, y así el hombre entero queda apresado y enferma con terribles consecuencias, tanto para sí mismo como para la sociedad. Y, naturalmente, tal como dijimos antes, esto comienza por el nus que está apresado.
Así entendemos bien qué es el pecado. Lo hemos vinculado con algunos acontecimientos y actos exteriores. Sin duda, estos actos también son pecado (robo, mentira, enfados, etc.), pero son fruto y resultado del oscurecimiento y cautiverio del nus, continuando el movimiento anormal de las fuerzas de la psique y el alejamiento del hombre de Dios, de su casa real. En este estado, cualquier cosa que haga el hombre es pecaminosa. San Gregorio Palamás llega al punto de decir que cuando el hombre no tiene la Jaris, la energía increada de Dios, en su interior, todo lo que hace es pecado. Además, Cristo, en otra parábola, se refirió a las cinco vírgenes tontas que, mientras ejercían castidad y autodominio, no tenían aceite en sus velas; es decir, como no tenían en su interior la Jaris, la energía increada de Dios —presente en la existencia de la oración noerá o del corazón— no entraron en la Realeza increada de Dios.
Por esto, la ascesis ejercicio, práctica espiritual también consiste en cómo mantener el nus limpio, cómo pasar de la oscuridad a la iluminación, y cómo lograr la memoria incesante de Dios. La ascesis ortodoxa no se agota con algunas obras exteriores, sino con la catarsis del corazón y la iluminación del nus. Porque cuando el nus del hombre está correctamente orientado, todo el organismo humano funciona normalmente.
Si el pecado es el oscurecimiento y embotamiento del nus y su alejamiento de Dios, la ματάνοια (metania: introspección, arrepentimiento y confesión) es la iluminación del nus y su regreso a Dios. En la parábola del insaciable hijo pródigo se ve claramente qué es la metania. Se dice característicamente: “Y un día volviendo en sí, en su sano juicio, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y comidas, y yo aquí me muero de hambre! Resucitado o despertado espiritualmente se dijo a sí mismo, me iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo ante Dios y sus ángeles, y contra ti. (Aquí la palabra ἀναστὰς anastás la traduzco literalmente: resucitado o al haber resucitado, o despertado espiritualmente, en vez de levantado o al levantarse; expresamente el divino escritor pone el verbo ανασταίνω anasteno resucitar en vez de εγείρω eguíro levantar; y por mi experiencia personal así la he vivido esta parábola hasta en los comas y los acentos que no me sobra nada). Ya no soy digno de ser llamado tu hijo y llevar tu honorable nombre; tenme como a uno de tus jornaleros. Y al haber resucitado o despertado espiritualmente, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, su padre que desde mucho tiempo lo esperaba y siempre miraba con anhelo a la calle, lo vio, se conmovió, se compadeció de él y corrió a su encuentro, y se echó con mucho cariño sobre el cuello de su hijo, y le cubrió de besos” (Lc 15,17-20).
En este texto podemos ver algunas cualidades de la μετάνοια metania:
Primero, que volvió en sí mismo. Esto manifiesta que el nus, desde su esparcimiento, regresó a su corazón. Mientras estaba moribundo de hambre, el nus se encontraba disperso fuera, en el mundo, a través de los sentidos. Llega un momento en que el hombre despierta espiritualmente y comprende su terrible y desastroso estado.
Segundo, se desarrolla intensamente la virtud del autojuicio, la autovisión y la autocondena. Se condena a sí mismo, considerándose indigno de ser hijo de Dios. No culpa a otros ni considera a los demás responsables de su alejamiento de la casa de su Padre. Considera que es indigno de ser hijo de su padre; incluso ser su asalariado lo considera grande.
Tercero, este despertar y reconocimiento -autocrítica y autocondena- no es un trabajo u obra humana, sino obra y tiempo de la Jaris, la energía increada de Dios. Mediante la divina Jaris compara la terrible situación en que se encuentra con la casa de su padre. Realmente, Dios, mediante Su filantropía, revela algunos rayos de Su doxa (gloria, luz increada), de forma que el hombre perciba su terrible y desastroso estado. Nadie puede comprender su condición si no ha sido inspirado por la Jaris de Dios. La metania es, por tanto, una inspiración divina.
Cuarto, no se conforma con sus buenos deseos, sino que energiza y activa también la parte irascible o emocional de su psique-alma. No puede uno regresar a Dios si la parte irascible no coopera. Por eso se dice que el insaciable hijo pródigo, enseguida después de los pensamientos que hizo, “levantándose vino hacia su padre”.
Quinto, el resultado final del regreso es la entrada en la casa y su participación en la fiesta que se realiza allí, así como su participación en la cena efjarística (de agradecimiento), en la Divina Liturgia, en la comida y bebida del Cuerpo y Sangre de Cristo. Así comprendemos que el perdón del pecado es co-caminar y coparticipación en la Iglesia Ortodoxa. Con el oscurecimiento y cautividad del nus nos alejamos de la Iglesia Ortodoxa, y con la liberación e iluminación del nus regresamos a la Iglesia Ortodoxa.
Las enseñanzas de esta catequesis indican que el pecado es el alejamiento del hombre y de su nus de Dios, más el oscurecimiento del nus. La metania es el regreso del nus y del hombre a Dios. Esto tiene un gran significado, porque comprendemos por qué el Bautismo se llama iluminación: el nus se ilumina, todas las fuerzas de la psique-alma —el anhelante, el irascible y el logístico— son santificadas y se gratifican (se llenan de la energía increada, la Jaris), y así, santificándose, se santifica todo el hombre.
Séptima Catequesis: Miembros vivos y miembros muertos de la Iglesia Ortodoxa
Diagrama
- El hijo mayor.
- Miembros sanos y miembros enfermos.
- Las cualidades del verdadero cristiano.
El padre de la parábola que estudiamos tenía dos hijos, el menor y el mayor. El menor se marchó lejos de su casa y volvió un día arrepentido; en cambio, el mayor permaneció en casa, cumplía sus obligaciones típicas, pero finalmente se alejó porque se escandalizó por la agapi (amor) de su padre hacia el hijo que había retornado.
Cuando el mayor recibió la noticia de que había vuelto su hermano menor, “se enfadó y no quería entrar”. Ante los ruegos del padre para convencerle y alegrarse también por el retorno de su hermano menor, el hijo mayor contestó: “He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar y gozar con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha derrochado tus bienes con rameras, has hecho matar para él el ternero cebado. Entonces el padre le dijo: ¡Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas y nunca te he privado de nada! Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto espiritualmente, y ha resucitado o despertado espiritualmente y revivido; estaba perdido, y lo hemos hallado. (Se enfadaban los arrogantes y altaneros Fariseos cuando veían al Señor recibir con cariño a los pecadores que volvían a la metania arrepentidos y proclamándolos ciudadanos del reinado de su realeza increada. Los Fariseos y sus semejantes, siendo ególatras e interesados, honraban a Dios sólo exteriormente y típicamente, y se alejaban ellos mismos de la agapi-amor desinteresado e incondicional de Dios y de la alegre comunión con los ciudadanos del reinado de la realeza increada de los cielos)”, (Luc 15,25-32).
La conducta del hijo mayor es muy característica de aquellos hombres que permanecen de manera rutinaria dentro de la Iglesia Ortodoxa. Analizando la situación psíquica del hijo mayor, observamos que tiene la conciencia de cumplir las leyes de su padre. En realidad, es un cumplidor jurídico. Naturalmente, no cumplía la ley exactamente, ya que el cumplimiento de la ley sin agapi no significa que seas un verdadero hijo de Dios.
Además, siente que tiene derechos por permanecer en la casa de su padre. Tiene exigencias que provienen del fiel cumplimiento de los mandamientos de su padre. Carece de agapi, simpatía y compasión. Se muestra indolente ante el regreso de su fatigado hermano. Esta falta de agapi la expresa con su gran agresividad. No dice “mi hermano”, sino “este hijo”, es el ἄσωτος (asotos, insaciable, sin fondo, interminable), “el que derrochó su vida con las prostitutas”. Se ve entonces que, mientras el hijo menor mostraba metania y se alegraba de la fiesta en casa, el mayor evidenciaba su enfermedad espiritual y permanecía fuera de casa.
Dentro de la Iglesia Ortodoxa existen miembros sanos y enfermos. Principalmente, quisiera que viésemos el estado espiritual de la enfermedad de los miembros de la Iglesia Ortodoxa.
Con el Misterio del Bautismo y del Crisma nos hacemos miembros de la Iglesia Ortodoxa y del Cuerpo de Cristo. El Bautismo precede a la ascesis, que es un período de catequesis, y continúa con la vida ascética, que consiste en la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos, los logos de Cristo. El Bautismo, en realidad, es el principio de la nueva vida en Cristo, no el final. Cristo dijo a Sus discípulos: “Id pues, a enseñar la metania y la verdad a todas las naciones; y a los que creerán y se harán vuestros discípulos, bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a aplicar, cumplir y guardar todas las cosas que os mandé. He aquí YoSoY y estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo o de los siglos. (Estará siempre junto con nosotros porque Él es el Emanuel, del cual el nombre significa: el Dios con nosotros)” (Mat. 28,19-20).
Los discípulos deben hacer dos cosas: primero, bautizar a los hombres, y después enseñarles a aplicar y cumplir los mandamientos, logos, de Cristo. Por lo tanto, no basta con el Bautismo; también es necesario aplicar y cumplir los mandamientos de Cristo.
Para alcanzar la salvación, uno debe estar bautizado y seguro de su fe, tal como dice San Simeón el Nuevo Teólogo. Esto significa que hay que bautizarse, porque “el que crea y sea bautizado se salvará” (Mc 16,16), y a continuación debe vivir de acuerdo con la misión del cristiano ortodoxo. Esto es comparable a cualquier organización o asociación humana: uno no sólo se inscribe, sino que debe cumplir las obligaciones correspondientes.
Es cierto que la Jaris, la energía increada del Santo Bautismo, no se pierde nunca, sino que permanece en el fondo del corazón del hombre. Pero, según enseñan los Santos Padres, con los pecados que comete el hombre, esta Jaris increada queda cubierta por los pazos. En este estado, el hombre es miembro en potencia de la Iglesia Ortodoxa, pero no en energía y acción. Es decir, tiene la posibilidad de llegar a la zéosis (glorificación o perfeccionamiento), pero por su libre elección no la energiza ni activa. Se parece a una máquina que puede producir, pero no está conectada a la energía eléctrica, o a un televisor cuyo interruptor está apagado, aunque está completamente capacitado para mostrar imagen.
En este sentido, la Santa Escritura y los textos de los Santos Padres hablan de miembros enfermos y muertos de la Iglesia Ortodoxa. La Iglesia Ortodoxa es vida, puesto que es el Cuerpo de Cristo, que es la luz y la vida de los hombres. Aquel que no vive real y verdaderamente en la Iglesia Ortodoxa no tiene vida; puede tener vida biológica, pero carece de la Jaris, la energía increada de Dios, en su interior.
A continuación, veremos cómo un miembro de la Iglesia Ortodoxa se parece al hijo mayor de la parábola del insaciable hijo pródigo. Para entenderlo mejor, debemos examinar en qué consiste ser un miembro vivo de la Iglesia Ortodoxa. Esto nos permitirá comprender inmediatamente la enfermedad de los demás miembros.
Verdadero miembro de la Iglesia Ortodoxa y cristiano real es aquel que dispone de las siguientes cualidades:
Primero, permanece en la Iglesia Ortodoxa, sin separarse de ella mediante el ateísmo o la herejía. No participa en contra-sinagogas ni en reuniones secretas con hombres heréticos. Esto significa que acepta plenamente la fe que confesó con el Símbolo de la fe, participa en los Misterios de la Iglesia Ortodoxa sanándose y santificándose a través de ellos, y en su vida personal se ejercita para cumplir los mandamientos de Dios. Siente que permanece en la Iglesia Ortodoxa para sanarse y salvarse, y no para salvar, porque la Iglesia Ortodoxa no necesita salvadores.
Segundo, siente que es hijo de Dios, es decir, que tiene Padre y no está huérfano. Su gran Padre es Dios. Además, los clérigos son también padres, puesto que están en tipo, tiempo y espacio de la presencia de Cristo. Por lo tanto, el miembro real de la Iglesia Ortodoxa obedece a los obispos y clérigos, tiene padre espiritual que le conduce a la vida espiritual, y acepta la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa, intentando imitar sus vidas, sus ascesis, testimonios y martirios.
Tercero, siente que pertenece a una familia, por lo tanto, tiene hermanos espirituales. No está solo en la Iglesia Ortodoxa. Esto significa principalmente que ama a sus hermanos, no juzga sus errores ni los condena. Tolera, es magnánimo y aleja su ira de posibles debilidades de ellos. Manifiesta su agapi de distintas maneras: comparte alegrías y penas; la alegría y la tristeza de los demás también son suyas. Su agapi es comunión de agapi y su fe, unión de fe. Todo lo vive como común. Debe sentir la Iglesia Ortodoxa como familia, exactamente como lo hacían los primeros cristianos según los Hechos de los Apóstoles (2,41-47). Si alguien cumple la ley de Dios pero carece de agapi, no es un cristiano real, sino un miembro enfermo de la Iglesia Ortodoxa.
Cuarto, en caso de pecado, sigue la instrucción terapéutica. El hombre es cambiante y variable; durante su vida se altera y se lesiona, por lo que es de esperar que peque. La Santa Escritura dice: “¿Quién está limpio de suciedad? Ninguno, aunque su vida fuera un día en la tierra” (Job 14,4-5). San Juan el Evangelista dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (1 Jn 1,8).
Los pecados no son solo culpabilidades ni simples negaciones de la ley; principalmente son enfermedades y lesiones espirituales. Por ello, el afrontamiento del pecado debe hacerse dentro de los marcos medicinales y psico-terapéuticos. El sacerdote actúa como médico espiritual en nombre del Gran Médico que es Cristo: realiza la catarsis, limpia y cicatriza (purga) heridas, e incluso realiza intervenciones necesarias para curar los traumas. Dentro de este marco, deben considerarse la metania, la confesión y los mandamientos del padre espiritual, los llamados epitimia.
La μετάνοια metania consiste en sentir nuestro error y enfermedad, desear la terapia, psicoterapia, acudir al terapeuta a confesar nuestra condición, revelar las cosas escondidas y los puntos oscuros de la enfermedad, y luego, con valentía y ánimo, seguir los consejos terapéuticos del médico espiritual. La Iglesia Ortodoxa posee el Misterio de la metania (introspección, arrepentimiento y confesión).
En la antigua Iglesia Ortodoxa, cuando alguien pecaba y enfermaba seriamente, se alistaba nuevamente en las órdenes de los catecúmenos. Por eso, en la categoría de pecadores purificados se incluían catecúmenos, endemoniados y arrepentidos. Todos seguían una instrucción terapéutica adecuada. Aunque los cristianos bautizados no se bautizaban de nuevo, debían pasar por el estadio de la metania, sintiendo en su interior que la Jaris, la energía increada de Dios, volvía a energizar y operar en ellos.
Cuando un cristiano bautizado abandonaba la Iglesia Ortodoxa y caía en herejías, debía pasar un procedimiento para volver a ser incluido en la Iglesia Ortodoxa. Era necesaria la metania y la firma de un certificado en el que acusaba la herejía en la que había caído, y luego era crismado nuevamente.
De todo esto comprendemos que no basta con el bautismo; es necesario vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios para ser miembro pleno de la Iglesia Ortodoxa. Si el cristiano enferma espiritualmente, existe un método especial para que recupere su salud y vuelva a la vida eclesial plena.
2ª Parte
El Credo o Símbolo de la Fe
Octava Catequesis: La utilización de los Símbolos de la Fe
Después del análisis de la Parábola del insaciable hijo pródigo, donde se manifiestan todas las verdades básicas de nuestra fe, podemos continuar con el análisis del vigente “Símbolo de la Fe”, que confiesa el iluminado antes del Bautismo y que, al convertirse en miembro de la Iglesia Ortodoxa, pasa a ser una recitación permanente.
En primer lugar, debemos decir algunas cosas sobre el uso de los símbolos en la Iglesia Ortodoxa antigua.
La Iglesia Ortodoxa, desde el inicio, consideró imprescindible la utilización de textos simbólicos, es decir, breves fórmulas confesionales. Esto se hacía por dos razones: a) Para poner límites entre la verdad y el engaño, expresando la fe ortodoxa con pocas palabras y enfrentando así las herejías. b) Para ser utilizados como confesiones bautismales, de modo que los catecúmenos dieran una confesión de fe antes del Bautismo.
Además, la necesidad de una enseñanza resumida de la fe impulsó la creación de estos símbolos.
El análisis de los antiguos símbolos indica que, al principio, se referían solo a la confesión de que Cristo es el Hijo de Dios. Luego tomaron también la confesión de la divinidad del Padre y del Hijo, y fueron llamados símbolos duales. Más tarde se desarrollaron los símbolos tripartitos, que se referían al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y se añadieron otros aspectos confesionales.
La primera y más breve formulación dogmática —que dio origen al desarrollo de todos los demás textos confesionales— es la exhortación de Cristo a Sus discípulos:
“Id por todos los pueblos a instruir a los hombres, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a aplicar y cumplir todo lo que yo os he revelado” (Mt 28,19-20).
Que en la antigua Iglesia Ortodoxa los bautizados debían dar confesión de fe antes del Bautismo se ve claramente en la Santa Escritura y manifiesta la praxis de la Iglesia apostólica. Con frecuencia se habla del “depósito” y de la “confesión”.
Es característico el versículo del Apóstol Pablo en la Epístola a los Hebreos, donde se hace referencia a la enseñanza de los bautismos. Escribe el divino Pablo: “Por eso, como tanto tiempo habéis escuchado la enseñanza sobre Cristo y ya no debéis estar como niños espiritualmente, dejemos las enseñanzas elementales sobre Cristo y avancemos hacia las más perfectas, sin volver a echar los cimientos de la metania y del arrepentimiento de las obras muertas y de la fe en Dios, de la enseñanza sobre los bautismos, el cristiano y el de los judíos y de la imposición de las manos después del bautismo para la transmisión de los carismas del Espíritu Santo, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Estas cosas las dijimos al principio” (Heb 6,1-2).
En este versículo vemos que la praxis de la antigua Iglesia Ortodoxa consistía en preceder la enseñanza del Bautismo y exigir la confesión de fe antes de la entrada del catecúmeno en la Iglesia.
Muchos sostienen que en el Nuevo Testamento existen frases completas que eran, de hecho, textos confesionales utilizados antes del Bautismo. Citaré tres versículos que probablemente se utilizaban como símbolos bautismales.
El primero proviene de la primera epístola del Apóstol Pablo a Timoteo, donde dice: “Y sin duda alguna es grande el misterio de nuestra fe o piedad como nos lo ha enseñado el Señor: “Que Dios se ha manifestado como hombre, ha sido acreditado por el Espíritu, como impecable y justo Hijo de Dios, visto por los ángeles, ha sido anunciado a las naciones, creído en el mundo, elevado a los cielos con doxa-gloria” (1 Tim 3,16). Este texto es calificado como “el Misterio de la piedad”.
El segundo está tomado de la primera epístola de San Pablo a los Corintios: «Porque primeramente os he enseñado lo que a mi vez recibí: Que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados, conforme lo habían profetizado las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Kefás o Pedro y después a los doce Apóstoles. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o han fallecido…» (1 Cor 15,3-8).
El tercero proviene de la epístola del Apóstol Pablo a los Filipenses:
«En esto procurad a imitar a Jesús Cristo, es decir, cultivar la virtud de la humildad ante los demás y la agapi-amor incondicional hacia los otros, esto que había también en Jesús Cristo, Cristo teniendo la naturaleza gloriosa de Dios con sus infinitas cualidades, y como imagen-icona de Dios existía en forma de Dios, no consideró como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se despojó y se vació a sí mismo y solo empequeñeció provisionalmente su infinita e increada doxa-gloria de su deidad, y tomó la naturaleza de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, estando en su condición y forma de hombre simple, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, sin dejar ni un momento de ser también Dios perfecto. Por ello Dios le glorificó y le exaltó a lo sumo y como hombre le otorgó el nombre Kirios-Señor Jesús Cristo, que está por encima de cualquier otro nombre en la tierra y en el cielo, para que al nombre de Jesús doblen su rodilla los ángeles del cielo, los hombres de la tierra y hasta los malignos espíritus del abismo, y toda lengua confiese Jesús Cristo Kirios-Señor para doxa-gloria de Dios Padre» (Flp 2,5-11).
En estos versículos se ve claramente la confesión de que Cristo es verdadero Dios, que se hizo hombre para la sanación y salvación del ser humano. También se aprecia que eran fórmulas litúrgicas de la Iglesia antigua y probablemente han influido en la composición de textos confesionales posteriores. Es un hecho que, desde el principio, los bautizados confesaban que Cristo es el verdadero Dios y proclamaban la Trinidad.
Debido a la aparición de herejías desde los primeros tiempos, fue necesario redactar símbolos para enfrentar las nuevas kakodoxías (malas enseñanzas contra-ortodoxas). Se conservan muchos textos de este tipo, como los de San Ignacio, San Ireneo y el mártir y filósofo Justino.
En general, el uso de símbolos tanto para confrontar a los herejes como para la confesión de los bautizados es visible en toda la tradición de la Iglesia antigua.
El Símbolo de la Fe es utilizado hoy para la confesión de los catecúmenos antes del Bautismo, y posteriormente por todos los fieles, es obra del I y II Sínodos o Concilios Ecuménicos. Los primeros artículos fueron formulados en el I Sínodo Ecuménico de Nicea, y el resto, así como la forma definitiva, en el II Sínodo Ecuménico en Constantinopla.
En aquel tiempo habían aumentado los herejes que, usando la filosofía y la especulación, alteraban la verdad revelada de la fe. Principalmente frente a la herejía de Arrio, y también contra otras doctrinas gnósticas anteriores, surgió la necesidad de componer el Símbolo de la Fe, que constituye la síntesis de la enseñanza ortodoxa.
Novena Catequesis: Traducción del Símbolo de la Fe
Leeremos repetidamente el Símbolo de la Fe que emplea hoy la Santa Iglesia Ortodoxa y que fue establecido por los Sínodo Ecuménicos I (Nicea, 325) y II (Constantinopla, 381). El sacerdote-catequista procurará que el catecúmeno lo aprenda íntegro de memoria.
Texto
Creo (creemos) en un solo Dios, Padre Todopoderoso (Pantocrátor), creador del cielo y de la tierra, y de todo lo visible e invisible.
Y en un solo Señor, Jesús Cristo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; consustancial al Padre, por quien todo fue hecho.
Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos, y se encarnó por el Espíritu Santo y de María la Virgen, y se hizo hombre.
Y fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato; padeció y fue sepultado.
Y resucitó al tercer día, según las Escrituras.
Y subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre.
Y vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, y su Realeza no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor, dador de vida, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, y que habló por los profetas.
En la Iglesia Ortodoxa, una, santa, católica y apostólica.
Confieso (confesamos) un solo bautismo para la remisión de los pecados.
Espero (esperamos) la resurrección de los muertos
Y la vida del siglo venidero. Amén.
Puntos centrales
Los puntos centrales del Símbolo de la Fe son cinco.
El primero se refiere al Padre, que creó todo mediante Su Hijo. El segundo expone la divinidad del Logos, la segunda Hipóstasis de la Santa Trinidad, y también Su encarnación para la sanación y salvación del hombre. En la encarnación están comprendidos todos los acontecimientos de la divina Economía: nacimiento, crucifixión, resurrección, ascensión y la segunda venida para juzgar a los hombres.
El tercero es la confesión de la divinidad del Espíritu Santo, la tercera Hipóstasis de la Santa Trinidad. Por tanto, Dios es uno en esencia y trino en hipóstasis. En la Divina Liturgia cantamos: «Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad consubstancial e indivisa».
El cuarto punto se refiere a la Iglesia Ortodoxa y a la vida mistiríaca que comienza con el Santo Bautismo.
El quinto habla de la resurrección de los muertos y la vida futura.
En estos cinco puntos del Símbolo está contenida toda la fe de la Iglesia Ortodoxa. Son absolutamente básicos, porque sin fe es imposible la sanación y la salvación. Si no creemos en el Dios trinitario, en la encarnación para la sanación del hombre, en la unicidad de la Iglesia Ortodoxa y en la resurrección, entonces los cimientos de nuestra fe se derrumban y demostramos que no somos verdaderos cristianos.
En las siguientes catequesis analizaremos el Símbolo de la Fe Ortodoxa.
Décima Catequesis: Dios Creador y la Creación
«Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso (Pantocrátor), creador del cielo y de la tierra y de todo lo visible e invisible».
«Creo» está en primera persona para expresar la fe personal en las verdades reveladas–apocaliptadas que la Iglesia Ortodoxa custodia y guarda. Pero los Padres de los Concilios I y II, que establecieron el “Símbolo de la Fe”, lo redactaron en plural —«creemos»— porque expresa la confesión común de la Iglesia Ortodoxa, ya que se proclamaba en la Divina Liturgia y en otros oficios a los que asistían numerosos fieles, y porque los bautismos se realizaban colectivamente.
La fe ortodoxa es apocálipsis–revelación. No hemos descubierto la verdad: Cristo la apocaliptó-reveló, en el Antiguo Testamento a los Profetas y en el Nuevo Testamento a los Apóstoles y a los Santos, encarnándose y haciéndose hombre.
Primero recibimos esta apocálipsis-revelación como experiencia transmitida; después, si luchamos por purificar el corazón de los pazos, podemos ratificarla personalmente.
Cristo dijo: «Bienaventurados los limpios y puros de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).
Ocurre lo mismo que en la ciencia: los alumnos aprenden los descubrimientos de otros, pero luego ellos mismos experimentan y confirman o descubren nuevos conocimientos. Científico es tanto quien recibe la ciencia como quien la desarrolla. Así también hay dos modos de fe:
— la fe por el oído, cuando aceptamos la experiencia de los Santos;
— y la fe por la zéosis o contemplación espiritual, cuando llegamos a la apocálipsis-revelación.
«En un Dios». Dios es uno. La Iglesia Ortodoxa no acepta múltiples divinidades. Hablamos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero no son tres Dioses distintos: es un solo Dios en esencia, con tres Personas o Hipóstasis (bases subsistenciales o substanciales). La razón humana no puede abarcarlo, concebirlo y comprenderlo; es verdad apocaliptada-revelada. Quienes alcanzaron la zéosis y vieron la luz increada conocieron personalmente esta realidad.
Puede usarse, con cautela, un ejemplo: todos los seres humanos comparten la misma naturaleza —cuerpo, psique, energía noerá y las demás energías de la psique-alma— pero cada uno es una persona distinta. Así también en Dios: una esencia común y tres Hipóstasis con propiedades personales distintas, siempre respetando las debidas diferencias entre lo creado y lo increado.
“Padre”. Aquí se subraya la Primera Persona de la Santa Trinidad, llamada Padre porque de Él nace el Hijo. Esto ocurrió antes de la creación del mundo. Y como el tiempo fue creado junto con el mundo, el Hijo nace eternamente, antes de todos los siglos. Nunca existió el Padre sin el Hijo y sin el Espíritu Santo.
“Pantocrátor (todopoderoso)”. Dios es Pantocrátor, es decir, todopoderoso, Aquel que gobierna y sostiene todo el universo. Este término se refiere a la energía increada gobernante de Dios. Tras crear el mundo, no lo abandona como un relojero que deja funcionar su reloj, sino que lo mantiene y dirige continuamente. El mundo fue creado de la nada, es decir, no existía materia previa, y tampoco puede volver a la nada porque Dios lo sostiene con Su energía increada.
“Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible”. Dios creó el cielo y la tierra, es decir, los cuerpos celestes, el sol, la luna y toda la tierra con cuanto existe en ella —plantas, animales, aves y al hombre—. También creó las cosas y realidades visibles e invisibles.
A lo visible pertenece todo lo que percibimos con los sentidos; a lo invisible, lo que no vemos.
Entre lo invisible están los ángeles, espíritus litúrgicos que sirven para la sanación y salvación del hombre. Hay Santos que purificaron sus corazones de los pazos y han sido dignos de ver a los ángeles. San Espiridón, durante la Liturgia, los vio concelebrando con él. Los pastores escucharon su salmodía en el nacimiento de Cristo. Muchos Profetas del Antiguo Testamento, como Isaías vieron a los ángeles y su ministerio.
Los ángeles están divididos en nueve órdenes: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles y ángeles.
También pertenecen al orden invisible los demonios, que al principio fueron buenos, pero al llenarse de orgullo quisieron una doxa-gloria superior a la de Dios y cayeron. De espíritus luminosos se convirtieron en malignos y de ángeles de gloria se endemoniaros y se hicieron demonios. Odian profundamente al hombre e intentan alejarlo de Dios con pensamientos y múltiples engaños. Los Santos han visto muchas veces su manía y acción destructora. Antes de la encarnación de Cristo tenían gran poder, pero tras ella lo perdieron, y ahora el hombre puede vencerlos con la fuerza y la jaris energía increada de Cristo.
Entre las cosas visibles se encuentra el hombre, culmen de la creación. Dios creó primero las naturalezas espirituales (los ángeles), después el mundo visible, y finalmente, el sexto día, al hombre, compuesto de psique-alma y cuerpo, convertido así en un microcosmos, un resumen de la creación, lo más excelente de lo creado. El hombre es la creación más perfecta de Dios.
Al principio el hombre vivía en el Paraíso en comunión con Dios. El Antiguo Testamento describe esta vida bienaventurada. Pero por la incitación del diablo y por su propio consentimiento, desobedeció a Dios, perdió Su Jaris (gracia, energía increada) y la comunión con Él. Entonces fue expulsado del Paraíso, y entraron en su vida la corrupción y la muerte. De esta muerte y del dominio del diablo, Cristo liberó al hombre mediante Su encarnación.
Onceava Catequesis: La Deidad del Logos
“Y en un solo Señor, Jesús Cristo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado; Ὁμοούσιος (omoúsios), consustancial al Padre, por quien todo ha sido hecho.”
“Y en un solo Señor (Kyrios) Jesús Cristo.” Kyrios significa Señor, soberano y gobernante. El Hijo es Kyrios-Señor del mundo igual que el Padre. El Padre creó el mundo por medio del Hijo y con la sinergia del Espíritu Santo. Las tres Personas sostienen el mundo porque tienen la misma energía y el mismo poder.
No es el Hijo inferior al Padre, sino verdaderamente Dios. En el Símbolo de la Fe vemos que el Padre es llamado Pantocrátor, el Hijo Señor, y el Espíritu Santo Señor, mostrando la igualdad divina de las tres Personas.
El nombre Jesús significa sanador y salvador (Mt 1,21) y se refiere a la naturaleza humana asumida por el Logos, la cual fue divinizada, deificada por la Naturaleza divina. El título Cristo significa Ungido, Crismado, el Mesías: Dios que ha sido ungido, crismado en cuanto hombre, lo cual es distinto del hombre que es ungido por Dios. El término expresa así la unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la única Hipóstasis del Logos.
“El Hijo de Dios”. Cristo es el Hijo de Dios nacido del Padre antes de los siglos. El mismo Padre lo reveló en el Jordán y en la Metamorfosis:
«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo» (Mc 9,7).
“Unigénito.” No existe otro Hijo por naturaleza. Él es el único. Los hombres llegamos a ser hijos de Dios por la energía increada de la Jaris, como hijos adoptivos. La diferencia es análoga a la que existe entre un hijo natural y uno adoptado. Podemos utilizar un ejemplo: un padre engendra un hijo y, a la vez, adopta a otro. Ambos viven en la misma casa, pero existe una diferencia esencial: el primero es hijo natural y el segundo es adoptado. Esta imagen nos ayuda a comprender la diferencia entre Cristo y los hombres.
“Nacido del Padre antes de todos los siglos.” Ni el nacimiento del Hijo ni la procedencia del Espíritu Santo pueden comprenderse con la razón. Han sido revelados-apocaliptado por Cristo mediante imágenes humanas. El hecho es que, con la palabra “nacido”, se indica la deidad del Logos, Su relación con el Padre y la identidad de esencia con Él. “Nacimiento” y “procedencia” expresan la manera particular en que existen las Personas de la Santa Trinidad; aunque comparten la misma esencia, poseen propiedades hipostáticas distintas. Esto lo comprenden los Santos cuando se hacen dignos de ver a Dios. Lo mismo que dijimos en otra catequesis vale aquí: nosotros aceptamos la apocálipsis-revelación de Cristo y de los Santos, y, cuando llegamos a la apocálipsis personal, podemos conocer empíricamente las relaciones de las Personas de la Santa Trinidad.
“Luz de luz.” Quienes llegan a la experiencia de la apocalipsis-revelación ven que Dios es luz increada. La Iglesia Ortodoxa confiesa: «Luz el Padre, luz el Logos, luz el Espíritu Santo». En la Metamorfosis esto se manifestó: el rostro de Cristo resplandeció, el Espíritu apareció en la nube luminosa y la voz del Padre brilló con luz. En los textos litúrgicos se alaba más a Dios como luz increada que agapi-amor.
Esta luz increada es la Deidad. No es una luz creada, sino increada; es decir, no es como la luz del sol, que es creada, sino que la luz de la Deidad es increada. Debemos subrayar que los seres humanos nos hacemos merecedores de participar en las energías increadas de Dios, pero no en Su esencia. Un ejemplo de la luz visible puede ayudar a comprenderlo: el sol se encuentra más allá de la atmósfera de la Tierra, pero nosotros participamos de su energía. Análogamente sucede con Dios: de la esencia de Dios participan las Personas de la Santa Trinidad, mientras que nosotros participamos de Sus energías increadas, de la divina Jaris.
“Dios verdadero de Dios verdadero.” Esta expresión distingue al Hijo de los falsos dioses. Esta es la fe de la Iglesia Ortodoxa. Muchos se han presentado y se presentan como dioses, pero no son verdaderos, ya que son creaciones de la fantasía humana. Sólo en la Iglesia Ortodoxa creemos en el verdadero Dios, porque nos ha sido apocaliptado (revelado) por Cristo. Por eso, sólo a Cristo confiamos nuestra salvación.
“Nacido, no creado.” Sobre lo de “nacido” ya hemos dicho algunas cosas anteriormente. Aquí se hace la diferenciación con “creado”, porque en aquella época existía la herejía de Arrio, según la cual Cristo era creación, es decir, que fue creado y constituido por Dios. Esto perturba los cimientos de la fe. Una cosa es creación y otra es nacimiento. Por ejemplo, de un herrero nacen hijos, pero él también crea hierros. Hay una diferencia esencial entre ambas. Así, “nacido” indica la deidad del Hijo.
“Ὁμοούσιος (omoúsios)”, consubstancial, de la misma esencia que el Padre”. Este término se empleó también para combatir la herejía arriana. El Hijo es de la misma esencia que el Padre. En el ejemplo del herrero que mencionamos antes, se ve que de una esencia está hecho el hijo que nace y de otra los objetos de hierro que crea o construye.
“Por quien todo ha sido hecho”. En otra catequesis señalábamos que el mundo lo creó el Padre. Lo afirmaron los Padres del primer Sínodo Ecuménico, porque en esa época los heréticos insistían en que el mundo había sido hecho por un Dios inferior, que sería el Logos. De esta manera interpretaban el mal que existe en el mundo. Sin embargo, los Padres enseñan que el mundo fue creado por el Padre mediante el Hijo, con la sinergia del Espíritu Santo. Con esto querían manifestar que el Hijo es Dios. El mal que existe en el mundo es consecuencia de la caída del hombre; es un parásito y no obra de un dios inferior. Así como en un árbol puede brotar un parásito que no tiene relación con la naturaleza del árbol, de la misma manera podemos explicar el mal que existe en el mundo. Dios creó el mundo muy bueno (“y vio Dios que era muy bueno”), pero el desorden vino con la caída del hombre.
Doceava Catequesis: La encarnación o humanización del Logos
Quien por nosotros los hombres, y para nuestra salvación, descendió de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y de María, la Virgen, y se hizo hombre.
El hombre es la creación más perfecta de Dios, pero con su caída se esclavizó al diablo, al pecado y a la muerte. Dios no podía permitir que Su creación sufriera y se torturara. Por eso, por agapi (amor), envió a Su Hijo para hacerse hombre y salvar al hombre. Esta obra se llama la divina Economía, porque indica cómo Dios dispuso y arregló las cosas para sanar y salvar al hombre.
“Quien por nosotros los hombres”. No era necesario que el Logos de Dios se humanizara para Sí Mismo; lo hizo única y exclusivamente por el hombre. Esto indica la gran agapi de Dios al tomar la naturaleza humana y unirla con la divina.
“Y para nuestra salvación”. La salvación mencionada aquí no se refiere a la liberación de la psique del cuerpo, como enseñaban los antiguos filósofos o muchas religiones orientales contemporáneas, sino a la sanación y liberación del hombre del pecado, la muerte y el diablo, así como a su unión con Dios.
“Bajó de los cielos”. Esta frase no significa que el Logos, con Su humanización, dejó de ser Dios, ni que abandonó los cielos o el trono de Dios. En el oficio del Acathisto decimos: “ha sido condescendencia divina y no traslado de lugar”. La palabra “bajó” indica que el Hijo y Logos de Dios tomó la naturaleza humana para salvar al hombre.
“Se encarnó del Espíritu Santo y de María, la Virgen.” La encarnación de Cristo es un misterio grandioso. La concepción de Cristo no ocurrió como en los hombres. La concepción se hizo por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María, sin participación de hombre alguno. Esto lo vemos en la Anunciación de la Santísima Zeotocos Madre de Dios, (Luc 1,26-38). Sobre este tema se ocupó particularmente el III Sínodo. La Παναγία (Panaghía, Toda Santa) era Virgen antes y durante la concepción, y permaneció Virgen después del nacimiento. Esto se representa en cada ícono que muestra a la Panaghía con tres estrellas en la cabeza y en ambos hombros. En el altar de los altares había llegado a la zéosis o glorificación. La Panaghía era totalmente pura, y su pureza se debía a la Jaris increada de Dios, a su esfuerzo y lucha personal, y a las continuas catarsis de sus progenitores. Todas las catarsis del Antiguo Testamento aspiraban a la Panaghía. Sus padres la concibieron con oración, ayuno y obediencia a Dios; por eso el esperma de San Joaquín (Padre de la Panaghía) se llama σπέρμα πανάμωμον, “esperma totalmente puro, incontaminado”.
“Y se hizo hombre”. El término ἐνανθρώπηση (enanzrópisi, humanización) es muy importante y muestra que Cristo es perfecto Dios y hombre perfecto. Es decir, Dios tomó la verdadera naturaleza humana, la real. Debemos subrayar algunas verdades esenciales sobre este acontecimiento.
En principio, la Segunda Persona de la Santa Trinidad se hizo hombre porque el hombre es “como imagen” del Logos y, por Él, se hizo toda la creación. Además, el Hijo anuncia la voluntad del Padre como Logos, y el Hijo de Dios debía hacerse hijo del hombre de manera que la cualidad de Logos permaneciera inamovible.
Cuando hablamos de humanización, debemos entender que tomó toda la naturaleza humana entera y no sólo el cuerpo. Es decir, tomó el cuerpo, la psique-alma, el nus y todas las cualidades de la naturaleza humana. Las tomó y las glorificó, divinizó.
Como Cristo era perfecto Dios y perfecto hombre, posee dos naturalezas, dos energías y dos voluntades que están unidas entre sí, sin alterarse ni separarse, sin dividirse ni confundirse. Esto significa que no existe confusión ni alteración entre las dos naturalezas: la divina mantiene sus cualidades y la humana también las suyas. En el milagro de la resurrección de Lázaro, la naturaleza humana de Cristo lloró, pero no la Deidad; en cambio, la divina naturaleza resucitó a Lázaro, no la humana. De todos modos, las dos naturalezas operan y energizan en comunión mutua. Esto significa que las dos naturalezas son inseparables e indivisibles. Nunca se separaron ni se dividieron. Esto es un gran Misterio.
Un ejemplo que podemos usar es el hierro candente: si colocamos el hierro en el fuego, se unen las dos naturalezas del hierro y del fuego. Pero cada naturaleza mantiene sus cualidades, porque si el hierro candente se enfría, sigue siendo hierro y no se destruye. Ciertamente, este ejemplo debe tomarse con moderación, porque no existe equivalencia plena: Cristo tiene una naturaleza increada y otra creada, mientras que en el hierro candente ambas naturalezas son creadas.
La naturaleza humana que Cristo tomó de la Panaghía era pura e impecable. Cristo nunca cometió pecado alguno. Aunque Su naturaleza humana era pura y santa, Cristo, con Su libertad, asumió los llamados pazos irreprochables, es decir, padecimientos que no son pecados, como hambre, sed, cansancio e incluso la mortalidad. Los pazos irreprochables no actuaban obligatoriamente, sino que los gobernaba la Deidad. Si en los Santos que alcanzan la vivencia de la zéosis se suspenden todas las funciones somáticas, como vemos en Moisés en el monte Sinaí, donde permaneció cuarenta noches sin alimento ni bienes materiales, lo mismo —e incluso más— podemos decir de Cristo. Tenía un cuerpo humano real, pero Él Mismo gobernaba los pazos irreprochables.
Finalmente, del Misterio de la humanización de Cristo, algo puede ser percibido por los Santos que alcanzan la zéosis y conocen la metamorfosis de Sus naturalezas por la energía increada de Dios. Racionalmente, uno no puede comprenderlo en su plenitud. Lo aceptamos y continuamos en la santificación.
Treceava Catequesis: Los Pazos (Padecimientos) y la Resurrección de Cristo
Fue crucificado también para nosotros, bajo el poder de Poncio Pilato; sufrió y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Y subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y volverá en gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Y Su Realeza no tendrá fin.
“Fue crucificado también para nosotros, bajo el poder de Poncio Pilato”. Cristo murió realmente en la Cruz. La muerte en la Cruz fue terrible y vergonzosa. Que Su cuerpo fuera crucificado y muriera nos muestra que era un cuerpo real y no imaginario. Cristo murió por nosotros de manera que Su muerte se convirtiera en nuestra vida. No fue crucificado para expiar la divina justicia, porque concebirlo así implicaría que Dios puede ser afectado por los pazos. Pero Dios no tiene pazos; no es apasionado, no se enfada ni necesita sacrificar a Su Hijo para satisfacer Su justicia. Cristo fue crucificado por agapi (amor) hacia el hombre. Murió para liberarlo de la muerte y regalarle la vida. El hecho de que se mencione la hegemonía de Poncio Pilato, gobernador romano, subraya la historicidad del acontecimiento.
“Sufrió”. Los padecimientos que sufrió Cristo fueron de la naturaleza humana, no de la divina. Sin embargo, la naturaleza divina co-padecía. Podemos usar dos ejemplos para clarificar: supongamos que hay un árbol iluminado por el sol. Si un leñador corta la madera, no afecta la energía del sol. Otro ejemplo: el hierro candente. Cuando echamos agua, el fuego padece al apagarse, pero el hierro no se destruye. De manera análoga, Cristo padecía en Su naturaleza humana, mientras que la divina co-padecía sin sufrir daño.
“Fue sepultado”. Cristo murió realmente en la Cruz y, a continuación, fue enterrado en un sepulcro nuevo. El descenso de la Cruz lo realizaron Nicodemo y el ministro jurado José. Así, después de la muerte y el entierro, el cuerpo de Cristo, junto con la Deidad, permanecía en el sepulcro; en cambio, la psique-alma, unida también a la Deidad, descendió al Hades, donde se encontraban las psique (almas) de los muertos. Es decir, la Deidad no se separó de la psique ni del cuerpo. Por eso el cuerpo permaneció incorruptible en el sepulcro sin sufrir daño alguno, mientras que la psique liberó a todos los justos del Antiguo Testamento. Esto significa que, después de la salida de la psique, el cuerpo no sufrió alteración alguna. Podemos comprenderlo analógicamente con las reliquias de los Santos, que perfuman y algunas permanecen totalmente incorruptibles.
“Y resucitó al tercer día”. Después de tres días, la psique-alma volvió al cuerpo, y así resucitó. Es decir, la Deidad de Cristo resucitó su naturaleza humana. Los Evangelios describen cómo Cristo apareció a las Mirróforas mujeres y a Sus Discípulos, otorgándoles paz, alegría, bendición y el Espíritu Santo para absolver y perdonar los pecados. El cuerpo, tras la Resurrección, estaba incorruptible y espiritual, no estaba limitado por distancias ni restricciones, tal como serán los cuerpos de los justos después de la resurrección de los muertos. La Resurrección de Cristo es preámbulo de nuestra resurrección.
“Según las Escrituras”. Cristo reveló a los Profetas y a los justos del Antiguo Testamento todo lo que iba a ocurrir. Así, los Profetas describieron muchos años antes los acontecimientos futuros. El Profeta Isaías es llamado la grandiosa voz de los Profetas y quinto evangelista, porque ochocientos años antes describió detalladamente la venida del Mesías.
“Subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”. La ascensión a los cielos no contradice el descenso explicado anteriormente; aquel descenso se entiende como la toma de la naturaleza humana cuando se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Cristo, como Dios, permanecía en el Cielo unido con Su Padre, y en la tierra se relacionaba con los hombres. “Subió… y se sentó a la derecha del Padre” significa que la naturaleza humana también fue glorificada y elevada. Por ello, podemos sanarnos y salvarnos, porque Cristo deificó, glorificó la naturaleza humana y la sitúa a la derecha del Padre.
“Y volverá en gloria”. La segunda venida de Cristo será llena de doxa-gloria. La primera venida fue humilde y poco conocida para la mayoría de los hombres, realizada a través de Su humanización por la Panaghía. La segunda venida será gloriosa, acompañado de Sus ángeles, y todos Le verán sobre el trono de la doxa-gloria increada. El momento de la Segunda Venida-Parusía es desconocido para nosotros (ver Mt 24,36 y He 1,7).
“A juzgar a los vivos y a los muertos”. Con la Segunda Venida Parusía Presencia se efectuará el juicio final. Serán juzgados los vivos y los muertos, ya que estos resucitarán. Cristo describió este futuro juicio (Mt 25,31-36). Todos verán a Dios; para unos será Paraíso y para otros Infierno. Aquellos que en esta vida adquirieron ojo espiritual limpio verán la doxa (gloria, luz increada) de Dios —esto es el Paraíso—; los ciegos espiritualmente percibirán la energía de Dios como fuego, que es el Infierno. Podemos usar un ejemplo: el sol tiene energía iluminadora y cáustica. Quienes tienen ojos ven la energía iluminadora; los ciegos sienten la energía cáustica. Así se representa el Paraíso y el Infierno también en la iconografía de la Segunda Parusía, donde los justos están en nubes iluminantes y los pecadores en un río de fuego que emana del trono de Cristo.
“Y Su Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) no tendrá fin”. La Realeza increada de Dios es el Paraíso, la comunión del hombre con Dios. Esta Realeza se vive desde ahora como noviazgo, y en el futuro como boda. La Realeza de Dios será eterna e interminable, al igual que el Infierno será también interminable.
Catorceava Catequesis: La Deidad del Espíritu Santo
Y en el Espíritu Santo, Señor, Dador de vida, que procede del Padre. Que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo, y que habló por los profetas.
Sobre la Deidad del Espíritu Santo se ocupó principalmente el II Sínodo Ecuménico, porque entonces se dudaba de que el Espíritu Santo fuese Dios.
“(Creo) en el Espíritu Santo, el Señor y Vivificador”. Estos tres adjetivos —“santo, señor, vivificador”— muestran la Deidad del Espíritu Santo. Además, estos tres nombres y atributos se aplican a las tres Personas de la Santa Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crearon y vivifican toda la creación.
El Espíritu Santo se menciona en tercer lugar, como también el Hijo aparece en segundo lugar respecto del Padre; pero esto no significa inferioridad del Hijo respecto al Padre ni inferioridad del Espíritu Santo respecto al Padre o al Hijo. Las tres Personas de la Santa Trinidad poseen la misma esencia, la misma doxa- gloria increada y son iguales entre sí. Un ejemplo claro lo vemos en los lados de un triángulo equilátero: ningún lado es superior o inferior a los otros.
El Padre se menciona primero porque Él es el causante del nacimiento del Hijo y de la procedencia del Espíritu Santo. El Hijo se menciona segundo porque nace del Padre y lo sentimos más cercano debido a la humanización o encarnación. De todos modos, el orden de las Personas a veces se intercambia para mostrar la igualdad de valor. Por ejemplo: “la Jaris increada del Señor Jesús Cristo, y la agapi de Dios Padre, y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros” (2 Cor 13,13). Aquí aparece primero Cristo, luego el Padre y después el Espíritu Santo.
“Quien procede del Padre”. El Hijo nace; el Espíritu Santo procede del Padre. Esto no podemos entenderlo racionalmente. Cristo nos lo apocalipta (revela) cuando dice: “Cuando venga el Paráclitos, el que Yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí” (Jn 15,26). Aquí vemos que el Espíritu Santo procede del Padre y es enviado mediante el Hijo, pero finalmente Él mismo testifica sobre Cristo, y por Él se realiza la formación de Cristo en nuestro interior.
Los Franco-latinos añadieron al “Símbolo de la Fe” el Filioque entre las palabras “Padre” y “procedencia”, es decir: “que procede del Padre y del Hijo”. Pero esto es un error y crea grandes problemas. Primero, no tenían derecho a hacerlo, porque el III Sínodo Ecuménico decretó que nadie debe añadir ni quitar ni una sílaba del “Símbolo de la Fe”. Además, así como entendemos que el Hijo nace únicamente del Padre, así también entendemos que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre.
Esta enseñanza de los Franco-latinos conduce a la subestimación del Espíritu Santo o a la disolución de la Santa Trinidad. Porque, si el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, entonces resulta inferior a ellos, ya que no participa en la existencia de las demás Personas. Pero, si debe participar también en la existencia del Padre y del Hijo, se disuelven entonces las cualidades hipostáticas (bases personales), pues podría sostenerse que el Hijo nace del Espíritu Santo. Además, se podría suponer la existencia de otra persona proveniente del Espíritu Santo; por lo tanto, se disolvería la Santa Trinidad.
Cristo apocaliptó, reveló claramente que el Espíritu Santo procede del Padre y es enviado por el Hijo. Los Franco-latinos llegaron a esta enseñanza herética porque se alejaron de la teología empírica de la Iglesia Ortodoxa, perdieron las condiciones de la verdadera teología ortodoxa y alteraron el camino mediante el cual llegamos a la comunión con Dios. Se formaron la idea de que su teología especulativa y reflexiva era superior a la de nuestros Santos Padres. Nosotros nos apoyamos en lo que Cristo nos ha revelado y en lo que los Santos han vivido.
“Que es adorado y glorificado con el Padre y el Hijo”. Esta frase muestra la Deidad del Espíritu Santo. Por lo tanto, el Espíritu Santo no es inferior a las otras dos Personas de la Santa Trinidad, puesto que es adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo.
“Que habló mediante los Profetas”. El Espíritu Santo habló a los Profetas y les reveló las verdades de la fe. Sabemos que las revelaciones del Antiguo Testamento son revelaciones del Logos no encarnado, pero estas revelaciones se realizan a través del Espíritu Santo. En general podemos decir que no hay una obra de Cristo distinta de la del Espíritu Santo. Cristo envía al Espíritu Santo, y Éste forma y educa a Cristo en nuestros corazones. Mediante el Espíritu Santo se limpia, sana y purifica el corazón, y nos unimos con Cristo. Cuanto más unidos estamos con Cristo, tanto más percibimos los regalos del Espíritu Santo.
Quinceava Catequesis: La Iglesia Ortodoxa y sus cualidades
En una Iglesia Ortodoxa Santa, Católica y Apostólica
El Símbolo de la Fe es obra de la Iglesia Ortodoxa, como naturalmente también la Divina Escritura. La Iglesia Ortodoxa escribe la Santa Escritura, la interpreta y crea los dogmas; es decir, pone los límites entre el engaño y la verdad. La Iglesia Ortodoxa compone los cánones para su normal y buen funcionamiento, así como para “psicoterapiar”, sanar a sus miembros enfermos.
La Iglesia Ortodoxa es el Cuerpo de Cristo, que Él mismo tomó de la Panaghía y lo glorificó, deificó. La Iglesia Ortodoxa no es una corporación humana ni una organización, sino el Θεανθρώπινο (zeantrópino, divino-humano) Cuerpo de Cristo.
Existe un vínculo estrecho entre la Ortodoxia, la Iglesia Ortodoxa y la Santa Efjaristía. La Ortodoxia es la verdadera fe de la Iglesia Ortodoxa, y la divina Efjaristía es la verdadera praxis de la Iglesia Ortodoxa. Si hay Iglesia Ortodoxa sin Ortodoxia y sin Efjaristía, no es Iglesia. Si hay Ortodoxia fuera de la Iglesia Ortodoxa y de la divina Efjaristía, no es Ortodoxia. Y si hay divina Efjaristía sin Ortodoxia y sin Iglesia Ortodoxa, no es verdadera divina Efjaristía. Por esto sostenemos y afirmamos que fuera de la Iglesia Ortodoxa no existe Iglesia, sino herejías. Así pues, a los heréticos lo que les hace falta es regresar a la única Iglesia verdadera, que es la Ortodoxa, de donde nunca deberían haber salido.
En el Símbolo de la Fe confesamos y creemos las cuatro cualidades básicas de la Iglesia Ortodoxa.
“En una”.
La Iglesia Ortodoxa es una y no muchas. A pesar de la cantidad de Iglesias Ortodoxas locales, una sola es la Iglesia Ortodoxa. Es decir, existen muchos Patriarcados Ortodoxos e Iglesias Ortodoxas autocéfalas, pero al tener la misma fe y comunión entre sí, constituyen una sola Iglesia Ortodoxa. Podemos utilizar un ejemplo: uno es el pan que se encuentra encima de la Santa Mesa. Los que comulgamos no comulgamos una parte de Cristo, sino a Cristo entero, puesto que “se parte y se reparte el Cordero de Dios, el repartido y no dividido”. Lo mismo sucede también con las Iglesias Ortodoxas: constituyen el uno y único Cuerpo de Cristo. Por eso los que, a causa de la herejía, se han alejado de la verdadera Iglesia Ortodoxa deben regresar.
“Santa”. La Iglesia Ortodoxa es santa, divina, porque fue santificada por su Cabeza, que es Cristo. La Iglesia Ortodoxa no se santifica por sus miembros, sino que es ella la que los santifica. Debemos permanecer en la Iglesia Ortodoxa para santificarnos; fuera de ella es incierta nuestra sanación y salvación.
“Καθολικήν (kazolikín), Católica”.
(https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/el-termino-%ce%ba%ce%b1%ce%b8%ce%bf%ce%bb%ce%b9%ce%ba%cf%8c%cf%82-kazolikos-catolico-una-iglesia-santa-catolica-o-universal-y-apostolica/)
Se llama católica por varias razones: primero, porque se encuentra en todo el mundo; segundo, porque guarda la verdad entera; y tercero, porque la vida que tiene es común en todos. El adjetivo “católica” se identifica con “ortodoxa”. Católico es el ortodoxo, el que tiene toda la verdad y es transformado enteramente por ella.
“Apostólica”. La Iglesia Ortodoxa se califica como apostólica porque como Cabeza suya tiene a Cristo, que es el Apóstol (Enviado) y Sacerdote; fue fundada en el cimiento de los Apóstoles y es Patrística. Además, los Padres son los sucesores de los Santos Apóstoles, tanto en el sacerdocio como en la instrucción y enseñanza. Tienen la misma fe y la misma vida que ellos.
Permanecemos continuamente dentro de la Iglesia Ortodoxa, aceptamos la enseñanza de los Santos, obedecemos a los mandamientos y a la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, nos santificamos por sus Misterios y así tenemos esperanza en la salvación. Nunca debemos sentir que tenemos que salvar a la Iglesia Ortodoxa, sino que permanecemos dentro de ella para psicoterapiarnos, redimirnos y salvarnos. Cada miembro de la Iglesia Ortodoxa que se aleja de su Cuerpo se autodestruye y muere espiritualmente, tal y como muere cada miembro humano que se aleja del cuerpo humano. Este tipo de miembros son los heréticos, los cismáticos y los ateos.
Décimo sexta Catequesis: La vida mistiríaca de la Iglesia Ortodoxa
Confieso un solo bautismo para absolución de los pecados. La Iglesia Ortodoxa tiene sentido, significado y contexto en los Misterios. Por los Misterios de la Iglesia, el cristiano demuestra que es miembro del Cuerpo de Cristo, puesto que con ellos se une con el Θεανθρώπινο (zeantrópino) Cuerpo de Cristo y saborea la energía increada de la divina Jaris.
“Confieso un Bautismo”. El Santo Bautismo es y se llama Misterio introductorio, porque nos introduce en la Iglesia Ortodoxa y nos convierte en miembros del Cuerpo de Cristo. El Bautismo nos injerta en la nueva vida. Antes del Bautismo, en la Iglesia antigua venía la Catequesis, que preparaba al hombre y le daba la posibilidad de convertirse en miembro real del Cuerpo de Cristo. El estudio de las bendiciones u oraciones del Misterio del Bautismo muestra cuál es su finalidad y el gran valor que tiene.
Cristo pidió a Sus discípulos: “Id por todos los pueblos instruyendo a los hombres, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir y aplicar todo lo que Yo os he revelado” (Mt 28,19-20). Así pues, son llamados a convertir a los hombres en discípulos de Cristo bautizándolos y enseñándoles a aplicar y cumplir Sus mandamientos.
Por lo tanto, el Bautismo es necesario, pero también la ascesis (práctica), que no es otra cosa que el intento y esfuerzo de cumplir en nuestras vidas los mandamientos de Cristo. Los Misterios sin la ascesis no ayudan, y la ascesis sin Misterios no significa comunión con Cristo.
Cristo dijo a Nicodemo: “Si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en la Realeza increada de Dios” (Jn 3,5). Según la interpretación de San Simeón el Nuevo Teólogo, hay que conectar el bautismo del agua con el del Espíritu, que es la llegada de la energía increada de la Jaris divina en el corazón. Un ejemplo característico aparece en los Hechos de los Apóstoles. Los cristianos de Samaria se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús, pero no tenían el Espíritu Santo. Entonces Pedro y Juan fueron a Samaria y “pusieron las manos sobre ellos y recibían el Espíritu Santo” (Hech 8,14-17). La imposición de manos hoy está vinculada con el Santo Crisma o Crismación.
“Para absolución de los pecados”. El Santo Bautismo otorga la absolución de los pecados, que no debe interpretarse como un juicio mundano jurídico, sino como una liberación de la culpabilidad o herencia del pecado original, y también debe interpretarse terapéuticamente. Es decir, se limpia, se purga y se sana el “como imagen” del hombre, se ilumina el nus y vuelve a la vida natural. Con este sentido hablamos sobre absolución de los pecados. Además, el pecado es el oscurecimiento del nus y del “como imagen”.
El Santo Bautismo es Misterio de iniciación, porque introduce al hombre en la Iglesia Ortodoxa. La finalidad del Bautismo es conducir a la comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo. Entonces la divina Efjaristía es el centro de todos los Misterios y de la vida eclesiástica, como también de la vida espiritual del hombre. Sin la divina Efjaristía uno no puede vivir. Pero la participación en la divina comunión es análoga al grado de la catarsis, la iluminación y la zéosis del hombre.
Decimoséptima Catequesis: La resurrección de los muertos y la vida futura.
Espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo futuro. Amén.
Espero la resurrección de los muertos. En el “Símbolo de la Fe” confesamos que esperamos la resurrección de los muertos. Cierto es que cuando decimos resurrección de los muertos entendemos la resurrección de los cuerpos. Los cuerpos, los cuales con la muerte se separan de la psique-alma, resucitarán; es decir, las psiques regresarán a los cuerpos y serán vivificados. El hombre entero tiene que vivir eternamente.
Resucitarán todos los cuerpos de justos e injustos, santos y pecadores. Así podemos hablar de apocatástasis (restablecimiento) de la naturaleza y no de apocatástasis de la voluntad. El regalo de la resurrección se dará a todos los hombres, justos e injustos. Así que todos resucitarán, pero sólo los justos ascenderán y serán arrebatados “entre las nubes por los aires al encuentro del Señor” (1Tes 4,17).
La resurrección de Cristo es preámbulo de nuestra resurrección. Los santos desde ahora viven la resurrección de los cuerpos, el hecho de que fue anulada la muerte y que la salida de la psique del cuerpo en realidad es como quedarse dormido. Pero nosotros también podemos vivir esta gran verdad. Las reliquias de los santos son demostración de que los santos duermen y de que la muerte ha sido anulada. La muerte de los justos es como un sueño. Sus cuerpos incorruptibles perfuman y hacen milagros; son un presabor de la futura resurrección. Así, el trabajo de la Iglesia Ortodoxa es hacer del cuerpo del hombre una “reliquia”.
La resurrección de los muertos sucederá seguro. Tenemos la confirmación absoluta por Cristo. Pero no sabemos cuándo. El tiempo de la segunda venida de Cristo es desconocido y lo ignoran también los ángeles. Lo conoce sólo el Padre.
Los cuerpos resucitados serán espirituales. El Apóstol Pablo escribe sobre este tema: “Se siembra algo corruptible y resucita incorruptible; se siembra una cosa despreciable y resucita bella y gloriosa; se siembra débil y resucita plena de fuerza y energía; se siembra como cuerpo que vivía gracias a los instintos animales y resucita en cuerpo espiritual” (1Cor 15,42-44).
Esto será para aquellos que ya estarán dormidos (muertos). Pero para los hombres que estarán viviendo en aquel momento en que será la segunda Parusía de Cristo, el Apóstol Pablo dice que automáticamente se transformarán: “…no todos dormiremos, moriremos, pero todos seremos transformados en un abrir y cerrar de ojos…” (1Cor 15,51-52).
“Y la vida del siglo futuro”. Terminando el Símbolo de la Fe confesamos que creemos en la vida eterna. Realmente la vida del hombre no se agota en esta vida de aquí, ni desaparece la psique-alma después de su salida del cuerpo. La psique del hombre es por la Jaris inmortal. Esto significa que cada creado por naturaleza tiene principio y fin. Pero Dios quiso que la psique-alma del hombre sea inmortal. Cierto es que esto debe decirse desde la perspectiva de que la psique-alma y el cuerpo por sí solos no componen todo el hombre, sino que el hombre tiene las dos partes juntas. Así que el hombre entero vivirá eternamente.
Existen dos maneras de vida sobre lo eterno. Una es “el continuo o siempre bien estar” y el “continuo o siempre mal estar”. El primero conecta con la comunión del hombre con Dios y la participación de Él como luz increada, mientras que el segundo conecta con la alteración por Dios o la vivencia de Dios como oscuridad. Todos los hombres verán a Dios, pero para los justos será visión, contemplación y participación; en cambio, para los pecadores no será participación, sino infierno.
“Amén”. El amén tiene dos significados. El primero es oración o bendición, y el segundo es la confirmación. Recitando el “Creo”, por un lado, confirmamos las cosas confesadas y por otro lado bendecimos, deseando que todas estas cosas se realicen en nuestra vida personal.
Ojalá que esta confesión de la fe se convierta en vivencia en nuestra vida personal y sea nuestra sangre y comida.
3ª Parte Decimoctava Catequesis: Varias enseñanzas
Después del análisis de la parábola del hijo pródigo y del estudio interpretativo del Símbolo de la Fe, si el catequista considera necesaria alguna enseñanza adicional, puede continuar libremente con otros temas.
Proponemos los siguientes:
- Análisis de la parábola del Buen Samaritano según san Juan Crisóstomo, donde aparece claramente la obra terapéutica de Cristo y de la Iglesia Ortodoxa (P.G. t. 62, v. 775-778).
- Análisis de la oración del Señor, el “Padre Nuestro”, según la enseñanza de san Máximo el Confesor en la Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 2. También puede hacerse un análisis según san Juan Crisóstomo (E.P.E., t. 9, pág. 668).
(Puede utilizarse también la traducción al castellano del “Padre Nuestro” del Yérontas Georgios Kapsanis, del Monasterio de san Gregorio del Monte Athos). - Análisis de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12) según la interpretación de san Juan Crisóstomo (E.P.E., t. 9, pág. 460 ss.); o según san Simeón el Nuevo Teólogo (SC 6, pág. 254 ss.); o según san Gregorio de Nisa (E.P.E., t. 8, pág. 124 ss.).
- Estudio de la obra de san Gregorio Palamás: “Decálogo sobre el Estatuto de Cristo, es decir, del Nuevo Testamento”, en la Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 4.
- Análisis sobre la celebración del Misterio del Bautismo, consultando la obra Baño de renacimiento de Georgios Mavromatis.
Consideramos que, con estos análisis, el catecúmeno recibirá, en la medida de lo posible, una formación correcta y completa sobre los puntos centrales y fundamentales de la fe ortodoxa.
4ª Parte: Preguntas y respuestas
Después de finalizar las Catequesis, pueden hacerse preguntas al catecúmeno relacionadas con su contenido. Estas preguntas no tienen carácter de examen, aunque en muchos casos son necesarias para una formación coherente, como síntesis de las verdades enseñadas.
Tal como se dijo en otro capítulo, la fe introductoria es la llamada fe lógica, adquirida por la escucha.
Las preguntas y respuestas se refieren a dos realidades. Primera, la repetición de lo enseñado. A través de ellas, el catecúmeno recuerda y retiene los puntos centrales de cada Catequesis. Este conocimiento lógico, unido a la experiencia eclesial, lo ayuda a comprender la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, que es la verdad revelada de nuestra fe.
Segunda es la evaluación pastoral; permite y ayuda al catequista-sacerdote ver de manera sencilla el avance de la catequesis. Por eso, cuando no hay tiempo suficiente, estas preguntas y respuestas —junto con los diagramas al inicio de cada Catequesis— pueden ayudar a catequizar adecuadamente a cualquier catecúmeno.
Las respuestas completas se encuentran en las Catequesis correspondientes; por eso las preguntas siguen su mismo orden, para facilitar el trabajo tanto del catequista como del catecúmeno.
1ª Catequesis — Preguntas y respuestas
- ¿Por qué nos llamamos cristianos?
Porque estamos unidos a Cristo. - ¿Qué significa la palabra “Cristo”?
Significa “crismado, ungido”, porque la naturaleza humana fue ungida por la Deidad. - Quién es Cristo? El Mesías, perfecto Dios y perfecto hombre, el Θεάνθρωπος Theánthropos Dios-Hombre.
- ¿Qué pueblos esperaban al Redentor y Salvador?
Todos los pueblos: helenos, romanos y orientales. - ¿Dónde se manifiesta la superioridad de Cristo frente a los dioses de otras religiones?
6. En que Cristo no es sólo hombre, sino Θεάνθρωπος Theánthropos Dios y hombre; resucitó de entre los muertos y venció a la muerte. - ¿Cuál es la obra de Cristo?
La sanación, la redención y la salvación del hombre, es decir, la aniquilación del diablo, de la muerte y del pecado. - ¿Dónde podemos ver la obra de Cristo?
En el Nuevo Testamento: en los Evangelios se narra lo que dijo, hizo y padeció; en los Hechos y en las Epístolas se ven los frutos de Su encarnación y la zéosis o glorificación del hombre. - ¿Cómo podemos vivir su vida?
Dentro de la Iglesia Ortodoxa, por los Misterios y el cumplimiento de sus mandamientos. - ¿Puedes recordar algunos nombres que la Sagrada Escritura atribuye a Cristo para indicar su relación con nosotros?
Camino, fundamento, raíz, vid, pastor, cordero, vida, prenda, pan, casa, entre otros. - ¿Qué son las parábolas?
Iconos o imágenes narrativas que contienen grandes verdades espirituales.
- ¿Puedes relatar la parábola del hijo pródigo?
(Respuesta según el catecúmeno, basada en la catequesis previa.)
2ª Catequesis — Preguntas y respuestas
- ¿Por qué Dios se llama Padre?
Porque la primera Persona de la Santa Trinidad es Padre, ya que el Hijo nace de Él antes de todos los tiempos. Y se llama Dios Trinitario porque creó al ser humano en el tiempo. - ¿Quién es el verdadero Dios?
El Dios Trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo. - ¿Cómo sabemos que Dios es Trinitario?
Por la apocálipsis-revelación de Cristo, por los acontecimientos del Bautismo y la Metamorfosis, y por el testimonio de los Santos que lo han experimentado personalmente. - ¿Cómo podemos adquirir experiencia personal del Dios Trinitario?
Aceptando el testimonio de los Santos, haciendo la catarsis y sanando el corazón, participando en los Misterios y llegando, por la jaris gracia increada, a la revelación-apocálipsis interior. - ¿Existen ejemplos en la naturaleza que indiquen que Dios es Trinitario?
Sí. Por ejemplo, el símbolo de tres soles: distintos entre sí, pero con un mismo resplandor. O un triángulo equilatero. - ¿Qué significa que Dios es Persona y no una fuerza impersonal, o que es Trinidad y no una simple mónada?
Que Dios es amor (agapi), algo imposible para una fuerza impersonal o para una unidad solitaria. - ¿Qué implica en el Mahometismo o islamismo afirmar que Dios no tiene Hijo?
Que no existe en Dios un amor eterno. Por eso, en el islam se habla de la justicia y la misericordia divinas, pero no de un amor personal. - ¿Cómo se entiende la salvación en el Budismo?
Como la identificación absoluta del alma individual (Atman) con el alma universal (Brahmán). Esta anulación de la persona no constituye verdadera sanación ni salvación. - ¿Por qué los dioses de los idólatras no son verdaderos dioses?
Porque están sujetos a pasiones y, en esencia, son inexistentes. - ¿Las antiguas religiones hablaban del Dios Trinitario? ¿Y cómo lo entendían?
Algunas hablaban de triadas divinas, pero las entendían en términos carnales, como en Egipto, o atribuyendo a un dios funciones destructivas, como en la India. - Además de la imagen del Padre, ¿existen otras imágenes bíblicas para presentar a Cristo?
Sí. Entre muchas otras, las imágenes de “hermano” y “amigo”.
3ª Catequesis — Preguntas y respuestas
- ¿Cuál es la diferencia entre el Logos como Hijo de Dios y el hombre como hijo de Dios?
La segunda Persona de la Santa Trinidad es Hijo por naturaleza, y el hombre es hijo por la Jaris —la energía increada—, es decir, como hijo adoptivo. Además, el Logos es increado (no construido, no tiene principio), y el hombre es creado (construido, tiene principio). - ¿Qué precedió a la Creación del hombre?
La creación del mundo espiritual (el de los ángeles) y del mundo sensible (toda la creación). - ¿Cómo se entiende que el mundo está creado como imagen y semejanza de Dios?
El “como imagen” se refiere a su naturaleza, es decir, que tiene nus y libertad, o nus, logos y espíritu. El “como semejanza” se refiere a la zéosis o glorificación, que es cuando se ha unido con Dios. - ¿Quién es el prototipo o arquetipo del hombre?
La segunda Persona de la Santa Trinidad, el Logos de Dios, el Cristo. - ¿Cuál es el propósito o la finalidad del hombre?
Llegar a la zéosis (divinización, glorificación) es decir, a la unión y la comunión con Dios. - ¿Cómo era el Paraíso?
Perceptible, tangible; es decir, un lugar bendito y espiritual. Era la comunión del hombre con Dios. - ¿Cuál es la esencia de la caída del hombre?
La apostasía, la condición de tránsfuga de Dios, el alejamiento de Él, y apoyarse en las fuerzas humanas y no en la obediencia a Dios. - ¿Cuáles son las consecuencias de la caída?
El oscurecimiento del nus o la falta en su nus de energía increada divina; el desnudamiento de la energía divina de la Jaris; el desgaste, la privación, la esclavitud y la mortalidad. - ¿Qué significa que el hombre está espiritualmente muerto?
Que vive biológicamente, pero no tiene el Espíritu Santo, la Jaris —energía increada— de Dios. - ¿Cómo se justifica el deseo del Bautismo?
Queremos regresar al Paraíso, adquirir otra vez la unión con Dios y liberarnos del alejamiento, la emigración y la privación.
4ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Quién es el nuevo Paraíso?
La Iglesia Ortodoxa, por la que llegamos a la zéosis divinización o glorificación. - ¿Cómo se interpreta la parábola del insaciable hijo pródigo, según San Juan el Crisóstomo, en lo referido al bautismo de los Catecúmenos?
La casa es la Iglesia Ortodoxa. La prenda de vestir es la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. El anillo indica el noviazgo espiritual, que es vigilado por el Espíritu Santo. Manifiesta la adopción. El calzado es la fuerza de Dios, para que el diablo no golpee al hombre en la pierna. La ternera cebada es la divina Efjaristía. La fiesta es la alegría de la Iglesia Ortodoxa por el regreso del hombre al Paraíso. - ¿Cuáles son los principales Misterios de la Iglesia Ortodoxa?
El Bautismo, el Crisma y la divina Ευχαριστία Efjaristía. - ¿Dónde se ve el valor de la divina Efjaristía?
En que es el centro o lo principal de todos los Misterios, y en que comemos el Cuerpo de Cristo y bebemos Su Sangre. - ¿Cuáles son los otros Misterios?
La μετάνοια metania el Sacerdocio, la Boda y el Ευχέλαιο Efjéleo (bendición de óleos para los enfermos).
¿,6. Qué es la Iglesia Ortodoxa según la enseñanza ortodoxa?
Es el Cuerpo de Cristo que tomó de la Panaghía, lo deificó y glorificó; y es la comunión de los Santos.
5ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Los clérigos son representantes de Dios?
No, no son representantes de Dios, sino instrumentos. Son el Misterio de la presencia sensible de Cristo; están “en tipo y lugar” de Él. - ¿Cuáles son los grados del sacerdocio?
Tres: el de obispo, el de presbítero y el de diácono. - ¿En qué consiste la sucesión apostólica?
En la continuación de la Jaris del sacerdocio —o santidad— desde los Apóstoles hasta hoy, y en el mantenimiento de la verdad. - ¿Cuál es el trabajo de los Clérigos?
“Psicoterapiar”, es decir, sanar a los hombres y celebrar los Misterios de la Iglesia Ortodoxa. - ¿Cuál es la Iglesia Ortodoxa militante y cuál la triunfante?
La militante es la de los cristianos que viven y luchan para unirse con Dios. La triunfante es la de los Santos que ya se han “dormido” y viven en la Realeza increada de Dios. - ¿Quiénes son llamados Santos?
Los que participan de la energía increada deificante o divinizante de Dios. - ¿Qué calificaciones fueron dadas por la Tradición a la Madre de Cristo?
Muchas. Entre ellas: Θεοτόκος (Zeotókos, la que da a luz a Dios, alumbradora o Madre de Dios), Παναγία (Panayía, Todasanta, Santísima), y Siempre-Virgen. - ¿Cómo se entiende que la Zeotokos es mediadora entre nosotros y Cristo?
Mediador entre Dios y los hombres es Cristo. La Zeotokos es mediadora entre nosotros y Cristo. - ¿Por qué amamos a la Panaghía?
Porque amamos a Cristo y para llegar a la agapi de Cristo. - ¿En cuántas categorías se separan los Santos?
Hay Profetas, Apóstoles y todos los demás Santos, que se componen de mártires (testigos), mártires por martirio, Santos y Santas casados/as. Hay Santos de todas las edades, de todos los oficios, de todas las etnias y de todas las épocas. - ¿Cómo ha sido la vida y la conducta del Santo del que llevarás su nombre y será tu protector?
(Esta pregunta exige respuesta personal del Catecúmeno.)
6ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- San Gregorio Palamás dice que pródigo, insaciable es el nus del hombre que se va de Dios y del corazón. ¿Cómo entiendes esto?
La vida natural del nus es encontrarse en Dios y en el corazón. Cuando se dispersa hacia las creaciones mediante los sentidos y se aleja de Dios, entonces es insaciable, pródigo. - ¿Cuáles son las tres fuerzas de la psique?
El nus, el logos y el espíritu. - ¿Qué es el nus?
La finísima atención, el ojo y energía del corazón de la psique-alma, y el centro de la existencia del hombre. - ¿Cuál es el natural y contranatural movimiento del nus?
El natural y sobrenatural movimiento del nus es cuando gira hacia Dios, y hacia esta dirección mantiene todas las fuerzas de la psique-alma. El contranatural es cuando se aleja de Dios y distorsiona todas las demás fuerzas de la psique.
- ¿Qué es el pecado?
El oscurecimiento del nus (o falta de energía divina), el alejamiento de Dios y el movimiento contranatural de las fuerzas de la psique-alma. - ¿Cuál es el camino del pecado?
Propuesta y loyismí (pensamientos, reflexiones), combinación, deseo,
praxis y pazos (padecimiento, pasión, emoción, apego, costumbre mala, patología). - ¿Cuál es la libertad verdadera?
La interior, la existencial: la liberación de los pazos y de la muerte. - ¿Qué son los demonios?
Espíritus malignos y astutos que odian al hombre. - ¿Qué son los pazos?
El movimiento antinatural de las fuerzas de la psique.
Pazos es cuando la agapi, en vez de girar hacia Dios, gira hacia las creaciones. Lo mismo ocurre con todas las demás fuerzas de la psique. - ¿Cuáles son los pazos principales?
La φιλαυτία filaftía, que es el excesivo amor a uno mismo y a su cuerpo, egolatría, de la que nacen la vanagloria (filodoxía), la avaricia (filarγiría) y la voluptuosidad (filidonía, hedonismo).
- ¿Qué entendemos exactamente cuando hablamos sobre la ascesis ortodoxa?
La práctica y el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, mediante los cuales se la hace la catarsis, se limpia y sana el corazón, y adquirimos la iluminación del nus (corazón como esencia, y nus como energía o el ojo espiritual de la psique). - ¿Qué es la μετάνοια metania?
El movimiento natural de las fuerzas de la psique-alma, el regreso a Dios y la iluminación del nus. - ¿Cuáles son las cualidades de la verdadera μετάνοια metania?
El regreso del nus al corazón, la autocrítica y autocondena, la inspiración para cambiar, tener guía espiritual-confesor, la introducción en la Iglesia Ortodoxa y la participación en la cena efjarística cristiana ortodoxa.
7ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Quién es llamado legislador?
El que cumple exteriormente la ley y no tiene agapi (amor desinteresado). - ¿Basta sólo el Bautismo para la salvación?
Se necesita la ascesis práctica también después del Bautismo. Se salvan los bautizados y los que siguen con certeza la fe. Se necesita el Bautismo y también la aplicación y cumplimiento de los mandamientos. “Bautizándoles y enseñándoles a cumplir” los mandamientos, dijo Cristo. - ¿Se pierde la Jaris increada que recibe uno con el Bautismo por cometer pecado?
No se pierde, sino que se cubre de los pazos. - ¿Qué significado tienen las frases “en dinamis (potencia, fuerza)” y “en energía” para los miembros de la Iglesia Ortodoxa?
Lo de “dinamis–potencia” manifiesta los que se han bautizado y tienen la posibilidad de llegar a la zéosis divinización, glorificación. Lo de “energía” se refiere a los que han energizado y activado con su libertad esta posibilidad y llegaron a la zéosis. - ¿Cuáles son las cualidades de los miembros vivos de la Iglesia Ortodoxa?
Permanecen en la Iglesia Ortodoxa, es decir, no participan en contra-sinagogas y asambleas heréticas, sienten que tienen como Padre a Dios y como padres a los clérigos, a los cuales manifiestan agapi y, cuando pecan, vuelven a la metania. - ¿El pecado es enfermedad y qué hacemos para sanarnos, “psico-terapiarnos”?
Sentimos la enfermedad, queremos la terapia, recurrimos al terapeuta, nuestro pnevmaticós (guía espiritual) y recibimos los fármacos y sus mandamientos. - ¿Cómo se sanaban los enfermos espiritualmente en la antigua Iglesia Ortodoxa?
Incluyéndolos en la orden de los arrepentidos (metanoizados) que recibían la instrucción terapéutica, naturalmente sin haberse bautizado de nuevo. Como re-bautismo se consideraba el Misterio de la metania, que se llama segundo bautismo o bautismo de la metania.
8ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Por qué desde el principio la Iglesia Ortodoxa utilizaba Símbolos?
Para que existiesen límites entre el engaño y la verdad y utilizarlos como confesiones bautismales. - ¿Cuáles son los puntos más básicos de estos textos confesionales antiguos?
Que Dios es Trinitario y la Segunda Persona-Hipóstasis de la Santa Trinidad se hizo hombre para sanar y salvar al hombre. - ¿Existen textos en la Santa Escritura que se manifiestan como textos confesionales?
Tres versículos básicos: 1ª Epístola a Timoteo (3,16), 1ª Epístola a los Corintios (15,3-8), Epístola a los Filipenses (2,5-11) - ¿Cuál fue el factor básico por el que se escribieron este tipo de textos simbólicos?
La aparición de herejías que alteraban la verdad revelada de la fe y también la breve confesión de los bautizados. - ¿Quiénes compusieron el Símbolo de la Fe que utilizamos hoy?
Los Padres de los dos primeros Sínodos Ecuménicos.
9ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Puedes recitar de memoria el Símbolo de la Fe?
(Se espera que el Catecúmeno lo recite.) - ¿Cuáles son sus puntos principales?
Creemos en el Padre que creó al mundo, en el Hijo que se hizo hombre, padeció, fue crucificado, ascendió y se sentó a la derecha del Padre, y vendrá para juzgar a los hombres; creemos en la Deidad del Espíritu Santo; que la Iglesia Ortodoxa es Una, Católica y Apostólica; que existe un Bautismo; que sucederá la resurrección de los muertos y habrá vida eterna.
10ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Cuáles son los dos grados de la fe?
La fe por oído, que es cuando escuchamos el Logos de Dios, y la fe por zeoría (contemplación), cuando vemos a Dios. - ¿Por qué confesamos que el Padre creó el mundo?
Porque en la antigua época los heréticos sostenían que el mundo es malo y que lo creó un dios inferior. - ¿Quiénes pertenecen al mundo invisible?
Los ángeles y los demonios. - ¿Qué son los ángeles?
Son espíritus litúrgicos. Pertenecen a las nueve legiones: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, poderes, principados, arcángeles y ángeles. - ¿Los demonios eran ángeles?
Sí, eran ángeles bondadosos, pero por orgullo y soberbia pecaron y se convirtieron en demonios, espíritus malignos. - ¿Qué es el hombre?
La creación más perfecta de Dios. Fue creado el sexto día, ya que primero creó el mundo espiritual y el sensible. Es el resumen de la creación, puesto que tiene cuerpo y psique-alma. La psique-alma y el cuerpo están estrechamente conectados entre sí.
11ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Qué significa la frase “Señor Jesús Cristo”?
Manifiesta la cualidad de Cristo como Dios y hombre, es decir, perfecto Dios y perfecto hombre. “Señor” manifiesta la divina naturaleza, “Jesús” la humana, “Cristo” la unión de la divina y humana naturaleza en la Persona-Hipóstasis del Logos. - ¿Qué significa “Hijo unigénito”?
Que el Logos es Hijo único, que nació del Padre, y porque el Espíritu Santo procede. Así el Logos es Dios, consubstancial con el Padre. - ¿Por qué el Logos nació y no fue creado?
Porque es el Dios verdadero. Nacimiento y creación no son lo mismo: el Logos nació, el hombre fue creado. Tal como de un obrero que es padre nace su hijo, también el obrero crea las obras que construye. - ¿Por qué Dios es llamado Luz (increada)?
Porque los que vieron a Dios le vieron como Luz (increada). Luz es el Padre, Luz es el Logos y Luz es el Espíritu Santo. Esto manifiesta la Deidad de las Personas de la Santa Trinidad. - ¿Qué es la esencia y qué es la energía?
La energía proviene de la esencia. Ejemplo: la esencia es el sol que se encuentra en el espacio y sus energías son la luz y el calor que nos llegan. Participamos de las energías del sol, no de su esencia. Lo mismo ocurre con Dios. Diferencia: la esencia y la energía de Dios son increadas; la del sol y las cosas sensibles son creadas.
12ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Por qué la encarnación, humanización del Logos se llama también Divina Economía?
Porque la humanización manifiesta cómo Dios economizó la salvación del mundo. Por ella se ve Su gran agapi para el hombre. - ¿Cuántos nacimientos de Cristo tenemos?
Dos: uno divino, antes de los siglos, del Padre sin madre; y uno humano, en el tiempo, por la Panaghía sin Padre carnal. - ¿Por qué se humanizó la Segunda Persona de la Santa Trinidad y no los otros?
Porque el Logos anuncia la voluntad del Padre, porque el hombre está hecho como icona-imagen del Logos y por Él debería glorificarse, divinizarse, deificarse. Además, el Hijo de Dios debía convertirse también en hijo del hombre, manteniendo inamovible la cualidad del Logos. - ¿Cristo con Su humanización tomó solo cuerpo?
No, tomó la naturaleza humana entera: nus, logos, psique y cuerpo. Además, la tomó realmente, no en apariencia. - ¿Cristo tenía una o dos naturalezas?
Tenía naturaleza divina y humana, puesto que era Dios perfecto. Las dos naturalezas estaban unidas inconfundiblemente, indivisible, inalterable e inseparablemente. Esto es el gran Misterio. Utilizando por condescendencia el ejemplo del hierro candente podemos decir que en esto se mantienen también las dos naturalezas unidas, la del hierro y la del fuego. Es cierto que en este ejemplo las dos energías alguna vez se separarán, pero en Cristo no se separaron ni se separarán nunca. - ¿Cómo operaban y energizaban las dos naturalezas en Cristo?
Cuando una naturaleza operaba, cooperaba en comunión con la otra. Ejemplo: en la resurrección de Lázaro, la naturaleza divina vivificó al cuerpo muerto, la humana lloró, pero ambas estaban unidas por la hipóstasis. - ¿Una o dos energías tenía Cristo?
Puesto que tenía dos naturalezas, también tenía dos energías. No existe naturaleza sin energía. La diferencia está en que la naturaleza increada tiene energía increada; en cambio, la naturaleza creada tiene energía creada. Cristo tenía energías divina increada y humana creada. - ¿Podemos decir lo mismo de la voluntad?
Sí. Cristo tenía dos voluntades. - ¿Puesto que Cristo tomó la naturaleza humana, significa que tomó los resultados de la caída (pazos y muerte)?
La naturaleza humana que tomó de la Panaghía era enteramente pura y santa. Tenía pazos intachables (hambre, sed, cansancio y posibilidad de morir), pero Cristo dominaba sobre ellos. - ¿Por qué Su Madre se llama Θεοτόκος Zeotokos?
Porque dio a luz a Dios con cuerpo y carne, es decir, dio la naturaleza humana al Hijo de Dios. - A qué se debía la pureza de la Panaghía?
A la Χάρις (Gracia: Jaris: gracia, energía increada) de Dios, a su lucha personal y a las continuas purificaciones y catarsis de sus progenitores.
13ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Por qué se recalca en el Símbolo de la Fe que Cristo padeció durante el dominio de Poncio Pilatos?
Para manifestar la historicidad del acontecimiento. Cristo vivió en un lugar y un tiempo concreto como hombre. - ¿Padeció la Deidad o la carne de Cristo?
Dios quiso voluntariamente padecer en Su sarx (cuerpo y carne), pero no padeció la Deidad mediante Su sarx. La divina naturaleza no se separó nunca de la humana, ni siquiera en la Cruz. Padecía lo pasional (la naturaleza humana), pero no co-padecía lo impasible (la divina naturaleza). Dos ejemplos indican esta realidad: cuando se corta en trozos un árbol que se está iluminando, se fragmenta el árbol, pero el sol permanece sin fragmentar. Lo mismo ocurre cuando echamos agua a un hierro candente: entonces el fuego padece, es decir, se apaga, pero el hierro permanece intacto, porque no se deshace por el agua. - ¿Murió realmente Cristo encima de la Cruz?
Realmente murió la naturaleza humana. La Deidad permaneció inmortal. - ¿Bajó Cristo al Hades?
La psique, junto con la Deidad, bajó al Hades; en cambio, el cuerpo, junto con la Deidad, permaneció en el Sepulcro, así el cuerpo era incorruptible. La Deidad no se separó, a pesar de que se separó la psique-alma del cuerpo. - ¿Qué significa que Cristo resucitó?
Resucitó la naturaleza humana mediante la divina. Cristo, como era Dios, resucitó a la naturaleza humana. - ¿Cómo era el cuerpo de Cristo después de la resurrección?
Incorruptible, tal y como serán los cuerpos de los hombres después de la resurrección de los muertos. - ¿Qué conoces de la Ascensión de Cristo?
Cuarenta días después de Su Resurrección, Cristo ascendió a los cielos, de los que nunca se alejó como Hijo de Dios. Con la Ascensión ascendió la naturaleza humana y con ella se sentó a la derecha del Padre. - 8. ¿Cuándo sucederá la Segunda Parusía (Advenimiento) de Cristo?
Esto es desconocido. De todos modos, es seguro que sucederá, para juzgar a los hombres. - ¿Qué es el Paraíso y qué es el Infierno?
Todos verán a Dios, pero los justos que adquirieron ojo espiritual limpio verán la cualidad de la luz, y esto es el Paraíso; en cambio, los pecadores, ya que no tienen ojo espiritual limpio sino oscurecido su nus (ojo espiritual), sentirán la cualidad quemadora de la luz, y esto es el Infierno. - ¿Qué es la Realeza increada de Dios?
Es la comunión del hombre con Dios, participación de Su doxa (gloria, luz increada). La vivimos desde ahora con los Misterios, como en un noviazgo, y con el cumplimiento de los mandamientos de Cristo y la irradiación de la divina Luz; en cambio, en la Segunda Parusía será como en una boda.
14ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Qué Sínodo se ocupó de la Deidad del Espíritu Santo?
El segundo Sínodo Ecuménico en el año 381 d. C., en Constantinopla. - ¿Qué adjetivos se utilizan en el “Símbolo de la Fe” para el Espíritu Santo?
Santo, principal o esencial, vivificador. También se dice que procede del Padre y que se co-venera, co-alaba y co-glorifica junto con el Padre y el Hijo. Estos adjetivos muestran Su Deidad. - ¿Por qué se utilizan los mismos adjetivos también para las tres Personas de la Santa Trinidad?
Porque las tres Personas son la misma esencia, mismo valor y misma doxa-gloria, y tienen comunes las energías. Los nombres expresan las energías (increadas) de Dios. - ¿El hecho de que el Espíritu Santo se ponga tercero en el orden, después del Padre y el Hijo, significa que es inferior a las otras Personas de la Santa Trinidad?
No. La enumeración de las Personas de la Santa Trinidad no se hace según el valor superior o inferior, sino por la forma de existencia. El Padre es la causa de la existencia de las otras dos Personas: del Hijo con el nacimiento y del Espíritu Santo con la procedencia. Es decir, la forma con la que existe el Hijo es de nacimiento y la del Espíritu Santo de procedencia. Las tres Personas de la Santa Trinidad son iguales. Se pone primero al Padre porque Él es el causante de las otras dos Personas. Esto no lo comprendemos con nuestra razón o lógica, sino que nos lo ha apocaliptado (revelado) el mismo Cristo y es experimentado durante la apocálipsis (revelación) personal de cada uno. - ¿De dónde nos basamos para decir que el Espíritu Santo procede del Padre?
En el logos de Cristo: “cuando venga el Paráclito, el cual yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, aquél testificará sobre mí” (Jn 15,26). - ¿Por qué los Francos añadieron en el Símbolo de la Fe el Filioque, es decir, que el Espíritu Santo procede también del Hijo?
Porque se alejaron de la enseñanza de los Padres y no tenían experiencia personal de esta verdad; también tenían y mantienen la convicción de que la teología de ellos ha superado la teología de los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa. Además, el Filioque lo utilizaron por causas políticas, para dominar la parte occidental del Imperio Romano. - ¿Tenían derecho los Francos de añadir el Filioque?
No lo tenían. Porque el tercer Sínodo Ecuménico y otros dijeron que nadie debe añadir o reducir, ni siquiera una sílaba, en el Símbolo de la Fe. Además, como en el Símbolo de la Fe se da a entender que el Logos nació solamente del Padre, así se sobreentiende que el Espíritu Santo también procede solamente del Padre.
15ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Qué es la Iglesia Ortodoxa?
El Cuerpo de Cristo. - ¿Esta Iglesia Ortodoxa es invisible?
No, es concreta, es comunión de Santos. - ¿Existen muchas Iglesia Ortodoxas?
Una es la Iglesia Ortodoxa, puesto que uno es el Cuerpo de Cristo. La Iglesia Ortodoxa comulga, conecta con la Ortodoxia y la divina Efjaristía. - ¿Las otras llamadas Iglesias Ortodoxas qué son?
Para-sinagogas heréticas. - ¿Cuáles son las cuatro cualidades de la Iglesia Ortodoxa, tal y como confesamos en el Símbolo de la Fe?
Una, Santa, Católica y Apostólica. - ¿Por qué se dice “una”?
Porque a pesar de la existencia de las Iglesia Ortodoxas locales, uno es el Cuerpo de Cristo. - ¿Por qué se dice “Santa”?
Porque Santa es la Cabeza y esta santifica también todo el Cuerpo.
- ¿Por qué se llama “católica”? (en el sentido correcto heleno-ortodoxo)
Porque se encuentra en todo el mundo, conserva la verdad entera e inalterada y su vida es común para todos. - ¿Por qué se dice “apostólica”?
Porque como Cabeza tiene a Cristo, que es el Apóstol y Sacerdote; fue fundada sobre el cimiento de los Apóstoles y es patrística, puesto que los Padres son sucesores de los Apóstoles.
16ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Por qué el Bautismo se llama Misterio introductorio?
Porque mediante el Bautismo nos introducimos en la Iglesia Ortodoxa, en el Cuerpo de Cristo. - ¿De dónde se sostiene agiográficamente (de la Santa Escritura) el Misterio del Bautismo?
En muchos versículos. Me referiré sólo al logos de Cristo a Sus discípulos después de la Resurrección: “Id por todos los pueblos instruyendo a los hombres, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir y aplicar todo lo que yo os he apocaliptado-revelado” (Mt 28, 19-20). - ¿Basta el Santo Bautismo para salvación?
Se exige también el cumplimiento y aplicación de los logos, mandamientos de Cristo. “Bautizándoles y enseñándoles a cumplir”. - ¿Por qué se conecta el Bautismo con la absolución de los pecados?
Porque por el Bautismo se limpia el “como imagen” del hombre, se ilumina el nus y regresa a la vida por naturaleza. El Bautismo no libera al hombre de la culpabilidad tal y como dicen algunos, sino que le “psicoterapia”, sana y le conduce hacia la zéosis o glorificación. - ¿Por qué confesamos “un Bautismo”?
Porque se hace una vez. Si uno se va de la Iglesia Ortodoxa, regresa con el Crisma. El Santo Bautismo no se hace dos veces, puesto que una sola vez nace uno. - ¿Cuál es la causa del Bautismo?
Introducir al hombre en la Iglesia Ortodoxa y hacerle digno y merecedor de comulgar el Cuerpo y Sangre de Cristo. Por esto el Bautismo conecta con la divina Efjaristía.
17ª Catequesis – Preguntas y respuestas
- ¿Qué entendemos cuando decimos resurrección de los muertos?
Damos a entender resurrección de los cuerpos, puesto que las psiques-almas no mueren. - ¿Resucitarán sólo los cuerpos de los justos?
Resucitarán todos los cuerpos, de los justos y de los pecadores. - ¿Cómo conocemos que sucederá la resurrección de los muertos?
Además de que nos lo ha dicho Cristo y Él mismo resucitó, incluso los Santos viven desde ahora la resurrección de los cuerpos por la doxa (gloria, luz increada) que reciben de la Jaris increada de Cristo y de las reliquias de los Santos. - ¿Cómo serán los cuerpos de los hombres después de la resurrección?
Serán espirituales. El apóstol Pablo dice que serán incorruptibles, glorificados, fuertes y espirituales (1 Cor 15, 42-44). - ¿Qué pasará con los cuerpos de aquellas personas que estarán viviendo durante la Segunda Parusía?
En aquel momento cambiarán. El apóstol Pablo dice: “…no todos dormiremos (moriremos), pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos…” (1 Cor 15, 51-52). - ¿Qué significa vida eterna?
Es la vida del hombre después de la muerte y sobre todo la participación de los justos en la doxa (gloria, luz increada) de Dios. - ¿Cuál es la diferencia entre justos y pecadores?
Los justos vivirán el “continuo o siempre bienestar” y los pecadores el “continuo o siempre malestar”. - ¿Qué significa la palabra “Amén”?
Tiene dos significados. El primero es la confirmación, es decir, confesamos que todas estas cosas son verdaderas. El segundo es bendición, es decir, bendecimos y anhelamos para que venga lo más pronto y rápido la Segunda Parusía (Venida, Presencia) de Cristo para disfrutar de Su doxa (gloria, luz increada).
Estas preguntas y respuestas se referían a las verdades que se han enseñado a los Catecúmenos. Si el Catequista-sacerdote habla también de otros temas, como las diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y otras confesiones (Papismo, Protestantismo, etc.), deben hacerse también las correspondientes preguntas.
El hecho es que, de esta manera, se consolidarán las gnosis, conocimientos que adquirieron los Catecúmenos mediante las Catequesis.
5ª Parte: La celebración del Misterio del Bautismo
De todo lo que hemos visto hasta ahora, se ha dicho que la Catequesis de los Catecúmenos es un asunto serio y no se puede hacer con superficialidad, porque las prisas y la frivolidad son cosas mundanas. En vez de contribuir al crecimiento de la Iglesia Ortodoxa, contribuyen al aumento de una Iglesia mundanizada, secularizada (llevada por el espíritu humano mundano y no por el divino).
Lo mismo debe hacerse con la celebración del Misterio del Bautismo. Esto también tiene que englobarse dentro de los marcos ortodoxos y tradicionales; de otra manera, no ayuda mucho al bautizado a comprender el gran valor y significado para su vida posterior. Además, no basta sólo con la celebración del Misterio, sino que también es necesaria la vivencia y experiencia de la vida en Cristo. Para hacer las cosas más fáciles expondremos algunos puntos básicos para la celebración del Misterio del Bautismo para los mayores.
Primero: tal y como hemos concretado anteriormente, es muy bueno que la Catequesis conecte con grandes periodos de devoción y recogimiento de nuestra Iglesia Ortodoxa. Es cierto que la Catequesis puede hacerse todo el año, pero el estadio final, como vemos en las Catequesis de San Cirilo de Jerusalén y en la enseñanza de otros Santos Padres, debe conectar con la Santa y Gran Cuaresma. Este periodo se presta a este trabajo por las siguientes razones.
Al principio es un periodo de recogimiento, devoción, oración y ayuno que ha fundamentado a la Iglesia Ortodoxa. Los oficios eclesiásticos crecen en esta época, el ayuno es más fuerte; los cantos y todos los temas de los Domingos ayudan. Los cantos hablan de metanía y regreso; los versículos apostólicos y evangélicos, tanto del Triodion como de la Cuaresma, se refieren a puntos básicos de la fe ortodoxa. Las grandes figuras de Santos que se festejan y los distintos acontecimientos ayudan mucho a la Catequesis ortodoxa. Se dará la posibilidad al Catecúmeno de escuchar las parábolas del Publicano y el Fariseo, del insaciable hijo pródigo y de entender, a través del culto, qué es la salida del Paraíso; festejar la grandeza de la Ortodoxia y comprender en qué consiste la fe Ortodoxa; comprobar el gran significado de la enseñanza de San Gregorio Palamás; ver la fuerza de la Divina Cruz; comprobar la esencia de la áskisis (ascesis, ejercicio espiritual) ortodoxa tal y como se ve en el libro de San Juan el Sinaíta, “La Escalera”; se animará mucho con la gran metania de Santa María de Egipto y finalmente vivirá personalmente las Pasiones, la Cruz y la Resurrección de Cristo.
Después vivirá todas las Liturgias (oficios) que tiene la Iglesia Ortodoxa, es decir, la de San Basilio el Grande, la de San Juan Crisóstomo y los Dones Presantificados. Sobre todo, en la última Liturgia escuchará las súplicas de los fieles y de los miembros de la Iglesia Ortodoxa por los Catecúmenos, que se recitan hasta hoy. Esto facilitará al Catequista-sacerdote su trabajo.
Además, si el Bautismo de los Catecúmenos se hace el Sábado Santo, les ayudará a comprender sus propias resurrecciones en Cristo y sus entradas en el resucitado Cuerpo de Cristo. Además, el periodo de la Resurrección que seguirá será un primer deleite, vivencia y experiencia de la nueva vida que recibieron con el Bautismo. Se les dará la posibilidad de tomar la comunión cada día durante el período de la Diakenísimo (Semana Luminosa), tal y como se hacía en la época antigua. El periodo pentecostal ayudará eficazmente. Además, los temas de la mayoría de los Domingos hasta Pentecostés se han hecho para ayudar a los Catecúmenos a concienciar con la praxis qué es la vida en Cristo. Sabemos muy bien que la mayoría de los textos evangélicos de este período hablan de agua, pila bautismal y llegada del Espíritu Santo, que quita la sed del hombre; sobre la terapia del nus, el ojo espiritual, etc. La Iglesia Ortodoxa no hace nada sin una meta y propósito.
Segundo: combinar el Bautismo de los Catecúmenos con las grandes fiestas. Como hemos mencionado antes, la Pascua es la fiesta más importante. Así, el Bautismo se hará el Sábado Santo, porque todo el oficio se hace por esta razón. Según las lecturas de las vísperas del Sábado Grande, el Bautismo se realiza en el baptisterio o capilla cercana y después, enseguida, los Catecúmenos se introducen en el templo principal y todos salmodian el himno trisagio: “Los que os habéis bautizado en Cristo, os habéis vestido de Cristo. Aleluya.” Toda la comunidad se alegra de este acontecimiento. Si no hay capilla o baptisterio, se hace en alguna parte del pórtico del templo.
Pero puede combinarse el Bautismo también con cada fiesta grande. Además, por eso en todas estas fiestas grandes —Navidad, Teofanía, Pascua, etc.— en vez del himno trisagio, todavía en nuestra Iglesia Ortodoxa se salmodia el himno: “Los que os habéis bautizado en Cristo…”. Es la alegría de todos los miembros de la comunidad por la adhesión de estos nuevos miembros.
Tercero: el Misterio del Bautismo debe combinarse, en este caso, con la Divina Eucaristía. En años posteriores se ha introducido el tópico de la conexión entre el Misterio de la boda y la Divina Eucaristía. Pero esto debe hacerse principalmente con el Bautismo, porque este es su sitio orgánico. Siempre en la época antigua, como hemos dicho anteriormente, el Bautismo se conectaba con la Divina Liturgia. Además, así se manifiesta en la praxis que nos bautizamos para comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo como miembros de la Iglesia Ortodoxa.
Es cierto que es mejor conectar el Bautismo con la Divina Liturgia del Gran Sábado, y como esta Divina Liturgia se hace después de la Víspera, es más conveniente. Porque, enseguida después del Bautismo, se salmodia el himno “Los que os habéis bautizado en Cristo…” y sigue la Divina Liturgia. En este caso, se necesita baptisterio o pequeña capilla cerca del templo central.
También se puede hacer el Misterio del Bautismo entre el Orzros (Maitines) y la Divina Liturgia en el templo central o en la capilla de al lado, tal como sugiere San Nicodemo el Aghiorita. Incluso se puede realizar el Misterio en la capilla cercana al templo hasta el momento del Bautismo, y al mismo tiempo en el templo central se salmodia el Orzros. Después continúa la Divina Liturgia. Durante el himno trisagio se hace el baile y continúa la Liturgia.
Me gustaría, a continuación, poner un rito de conexión del Misterio del Bautismo con el Misterio de la Divina Liturgia.
El oficio de los Catecúmenos se celebra el día anterior del Bautismo, después de Vísperas. El Misterio del Bautismo se hace durante la Divina Liturgia.
Al principio se celebra el oficio del Orzros (Maitines) regularmente. Después de la doxología se hace la despedida en voz o secretamente. Enseguida, después, se celebra el Misterio del Bautismo. Debemos decir que en aquel día toda la llamada “Liturgia de los Catecúmenos”, es decir, desde “Bendita sea la Realeza del Padre…” hasta la pequeña entrada, se enlaza, porque en esa parte pequeña se hará el Misterio del Bautismo. Entonces, el orden de conexión entre Bautismo y Divina Liturgia se puede hacer de la siguiente manera:
Después de la doxología y del apolitikio o del theotokio, recitamos “Bendita es la Realeza del Padre…” y decimos los “pacíficos” del Bautismo. Se realiza toda la celebración que tiene el rito de la Iglesia Ortodoxa para el Bautismo hasta que el bautizado vista el manto. Es decir: leemos la oración de santificación de las aguas y del aceite, ungimos de aceite al Catecúmeno con el aceite exorcizado, le bautizamos (sumergimos) con el agua santificada de la pila, decimos el salmo “Bienaventurados los que han sido absueltos de sus ilegalidades”, leemos la bendición y crismamos al bautizado con la Santa Mirra, le vestimos con el manto y enseguida salmodiamos el tropario “Manto iluminado se me ha entregado”.
En este punto los sacerdotes se introducen en el Santo Altar y, salmodiado el apolitikio del día, se hace la entrada con el Santo Evangelio. Aquel día, en vez de lo introductorio, se salmodia: “Bienaventurados los que han sido absueltos de sus ilegalidades y se borraron sus pecados. Sálvanos, Hijo de Dios…”.
Se salmodian los apolitikios del día y “Los que en Cristo se bautizaron…”. Durante los apolitikios leemos la bendición del himno trisagio: “Los que os habéis bautizado en Cristo…”. Se salmodia en el centro del templo santo, alrededor de la pila. Enseguida se leen el Apóstol y el Evangelio del Bautismo.
Después del Evangelio se hace la petición: “Dios, compadécete de nosotros…” y se salmodia el himno querúbico. Es decir, la Divina Liturgia continúa normalmente. En el “Con temor a Dios…” se acerca primero el bautizado para comulgar de los Divinos Misterios, como también su padrino. De esta manera se aplica el logos de San Nicolás Kabásilas, según el cual inmediatamente después del Bautismo se acercan a la Divina Comunión; y también se verifica la fidelidad del padrino, puesto que no puede comulgar si está fuera de la Iglesia Ortodoxa o si se ha casado sólo por lo civil, en cuyo caso no puede ser padrino de otro.
Después de la oración posterior, el resto del séquito del Bautismo, es decir, las oraciones de la despedida, del corte del pelo, la bendición del sacerdote “Señor nuestro Dios…”, se hace la curá (tonsura) y se pronuncian las súplicas correspondientes por el nuevo iluminado y el padrino.
Inmediatamente después de la “Bendición del Señor” se hace la liberación. Primero toman el antídoro (“contra-regalo”, pan que es repartido entre los fieles al final de la Liturgia) el bautizado y el padrino, y después el resto.
Después de la Divina Liturgia, si es posible, se salmodia el primer matinal o el theotokio de vísperas. Preferentemente, el sacerdote, el padrino y el bautizado van a su casa si está cerca, o al aula de la Iglesia Ortodoxa si existe, y allí se dan las bendiciones y se hacen las correspondientes invitaciones.
Esta conexión del Bautismo con la Divina Liturgia ayudará mucho a los Catecúmenos y a los fieles, y contribuirá al renacimiento de nuestra vida litúrgica. Creo que será el remate de la ortodoxa Catequesis y manifestará que la Iglesia Ortodoxa actúa seria y responsablemente en este trabajo, siendo el principio de una buena y nueva vida después del Bautismo.
6ª Parte: Orientación para después del Bautismo
Diagrama
- Adhesión a la comunidad eclesiástica.
- Continuación de la Catequesis.
- Se necesita tiempo para la vivencia personal de la verdad.
- Cuidado ante la aparición del fanatismo.
- Enfrentamiento de un posible escándalo.
- Conducción en el período de privación de la energía increada de la divina Jaris.
El servicio pastoral de los cristianos, y particularmente de los Catecúmenos, requiere un camino cruciforme, una misión responsable y una vida testimonial. El sacerdote no se contenta sólo con una presentación típica de las verdades de la fe, no se agota como en un trabajo social, sino que se crucifica y sacrifica diariamente para hacer renacer a los cristianos.
Prototipo del pastor debe ser el logos de Cristo: “El buen Pastor da su vida por sus ovejas” (Jn 10,11), y también el logos del apóstol Pablo, que expresa la vida sacrificante: “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro, ¡hasta ver que la personalidad de Cristo esté formada en vosotros!” (Gal 4,19).
El clérigo-catequista se interesa principalmente en formar a Cristo en el corazón del Catecúmeno y del nuevo iluminado. Esto significa que el esfuerzo catequético no se detiene en el Bautismo, sino que se extiende más allá de éste y continúa durante toda la vida del bautizado.
A continuación, me gustaría subrayar algunos puntos básicos que el Catequista-sacerdote debe tener en cuenta después del Bautismo de los catequizados. Considero que son indispensables para el correcto acompañamiento de los bautizados.
Primero: Debe adherirse orgánicamente a la comunidad parroquial. Esto presupone que la parroquia está correctamente organizada, tiene vida de culto, es filantrópica y posee acción social, etc.
El bautizado, con el Bautismo, debe sentir que ha entrado en una familia y que se ha hecho miembro del Cuerpo de Cristo y de una parroquia concreta. Debe vivir la realidad de tener un padre espiritual y hermanos espirituales. La fe no es un acontecimiento individual: es fe eclesiástica. No se ha catequizado y bautizado para seguir viviendo como individuo y considerar que con el Bautismo simplemente adquirió una mejor comprensión dogmática sobre Dios, la creación del mundo y la salvación del hombre. Todo esto debe vivirlo personalmente en una parroquia.
Por eso, los contemporáneos padres espirituales experimentados sugieren que no bauticemos a las personas sin asegurarles previamente esta comunidad parroquial y espiritual, porque se crean personalidades divididas.
Si, por ejemplo, un protestante se hace ortodoxo en la Santa Montaña del Athos, pero al regresar a su ciudad no le aseguramos su adhesión a una comunidad ortodoxa, entonces vive trágicamente: no es ni protestante ni ortodoxo, pues ya no puede participar en asambleas protestantes, ni pertenece a una comunidad ortodoxa.
Esto significa que debemos ocuparnos seriamente, en tales casos, de encontrar la manera en que pueda adherirse a una comunidad ortodoxa.
Segundo: Continuamos catequizando y guiando espiritualmente a los neoiluminados. Tienen que aprender mucho, principalmente a vivir la vida en Cristo. Así como se exige catequesis para los creyentes, lo mismo ocurre con los bautizados.
Los Apóstoles, cuando fundaban una Iglesia Ortodoxa, seguían después en continua comunicación con ella. Esto se ve en las epístolas apostólicas.
El apóstol Pablo se interesa personalmente por las Iglesias que había fundado, afronta pastoralmente todos los problemas que aparecen, catequiza a los recién bautizados en la vida en Cristo y soluciona las diferencias que se crean.
Los clérigos sugieren a los bautizados cumplir los mandamientos de Dios en su vida diaria. Así llegarán a la perfección y a la santidad. Cuando hablamos de vida ascética, comprendemos principalmente el cumplimiento de los logos (mandamientos) de Cristo.
Se exhorta a los bautizados a comulgar los Inmaculados Misterios, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este punto es fundamental, porque sin Cristo no existe virtud ni vida. Naturalmente, en caso de un pecado serio, es necesaria la metania y la confesión.
Tercero: Debe conocer el Catequista-sacerdote que, aunque el bautizado haya aprendido la mayoría de las verdades de la fe, aun así pasará mucho tiempo antes de que se conviertan en vivencia personal.
El recién bautizado proviene de una religión, cultura o tradición distintas. Intelectualmente entendió las verdades de la Ortodoxia, pero para que se conviertan en alimento y sangre, para que se hagan vivencia, experiencia y se estabilicen, pasarán muchos años.
Se esfuerza en concebirlas racionalmente, pero para que se hagan convicción personal y cambien toda su tradición cultural y religiosa anterior, pasará mucho tiempo. Por eso hace falta continua instrucción y una gran metania.
Así entendemos la diferencia entre los que han nacido ortodoxos, en quienes muchas cosas ya están dadas y cultivadas, y aquellos que se convierten a la Ortodoxia en edad adulta. Es cierto que su gran celo y entusiasmo pueden superar muchos problemas.
Cuarto: Se necesita una conducción seria y responsable respecto a la manera en que reaccionan los neobautizados.
El catequista experimentado sabe claramente que quien llega a la Ortodoxia puede caer fácilmente en el fanatismo, que se manifiesta de dos maneras:
a) acusando a su antigua religión, y b) hace de maestro pretendiendo enseñar a los demás ortodoxos, considerándose quizás en mejor situación que ellos.
Por esta razón, el Catequista-sacerdote debe tener mucho cuidado. Sin deprimirlo ni desanimarlo, debe ayudarlo adecuadamente. Principalmente significa que cuando escuche al nuevo bautizado acusar a su antigua religión, no debe participar en esos pensamientos o palabras.
Es posible que más tarde el bautizado se arrepienta de lo que dijo en su primer entusiasmo; pero si recuerda que los demás ortodoxos, o incluso el sacerdote, participaron o lo alentaron en tales conversaciones, puede indignarse contra ellos, pensar que lo fanatizaron o que hicieron proselitismo, e incluso regresar a su antigua religión con odio contra la Ortodoxia.
Se han cometido muchos errores espirituales de este tipo.
Además, no debe permitirse que el nuevo bautizado haga de maestro de los demás. Es posible que pertenezca a un nivel social elevado, posea muchos conocimientos creados, experiencia y cualidades intelectuales extraordinarias. Esto a veces provoca a los demás ortodoxos, que consideran un honor que tal persona sea miembro de su Iglesia Ortodoxa, y por eso lo elogian, lo invitan a hablar y lo impulsan a enseñar.
Esto alimenta el fanatismo y el celo del neoiluminado, le crea exaltación y egoísmo, con consecuencias desastrosas para su desarrollo espiritual.
No es correcto que el neófito o recién convertido haga de maestro de los demás creyentes. Esta es la razón por la cual Pablo aconseja a su discípulo Timoteo no ordenar obispo a un recién convertido: “Que no sea recién convertido, para que no le seduzca el orgullo y venga a caer por la arrogancia que cayó el diablo” (1Tim 3:6)
Después de la apocálipsis (revelación) de Cristo, el apóstol Pablo no acudió a sus parientes según la sangre ni a Jerusalén para encontrarse con los demás Apóstoles; se retiró a Arabia (Gal 1,16-18). Allí, en el desierto, durante tres años lloró su anterior caída, cuando perseguía a la Iglesia de Cristo. A lo largo de toda su vida recordaba ese estado terrible, lo cual aumentaba su humildad, pese a las grandes apocalipsis-revelaciones que recibió.
Esto debe tenerse muy en cuenta para el éxito de esta gran misión catequética con los nuevos miembros. Es necesaria una metania total del bautizado durante toda su vida. Si no existe esta metania profunda e integral, la vida anterior dejará huellas nocivas que pueden conducirlo a volver a su antigua fe. En general, no debemos animar a los recién iluminados a convertirse en maestros de otros fieles.
Quinto: existe el serio peligro de que los nuevo-iluminados se escandalicen por la mala conducta de ciertos ortodoxos. Aunque han recibido la Catequesis como instrucción terapéutica, al entrar plenamente en la vida de la Iglesia pueden encontrarse con personas dominadas por los pazos y escandalizarse. Por ello, el Catequista-sacerdote debe preparar a los Catecúmenos para afrontar esta situación. Deben comprender que en la Iglesia hay miembros vivos y muertos, sanos y enfermos. Si alguien no cuida su vida espiritual puede perder la Jaris (energía increada) recibida en el Bautismo y hacerse peor que un infiel. El Bautismo y la venida de la Jaris no anulan la libertad humana.
Los posibles errores de miembros de la Iglesia deben servir como enseñanza para el recién bautizado, pues también él puede caer si no vigila su vida. Debe aprender que la Iglesia Ortodoxa es un cuerpo con miembros que luchan por la perfección y la zéosis; que el Bautismo es el comienzo del camino, no el final; y que también se requiere nuestra lucha personal. Como los hebreos que marchaban hacia la tierra prometida: muchos salieron de Egipto, pero no todos llegaron. La Iglesia Ortodoxa es militante: lucha, vence y también tiene heridos. Es un Hospital espiritual, un centro terapéutico. Sus miembros se dividen en tres categorías: los sanados (los Santos), los que están en terapia y los enfermos (psíquicos) que quizá comiencen alguna vez la psico-terapia.
Con este espíritu, el bautizado permanecerá con los pies en la tierra, conocerá la realidad y crecerá espiritualmente. Comprenderá que la vida en Cristo es asunto personal. A pesar de los escándalos, hay Santos y cristianos que luchan contra el mal. Además quien hoy peca, mañana puede entrar en metania y salvarse. La separación definitiva entre buenos y malvados se hará en la Segunda Parusía de Cristo (Mt 13,24-30).
Sexto: Hay un punto fino que debemos subrayar para conocer la manera de instrucción a los bautizados. De la enseñanza ortodoxa sabemos que existen tres estadios espirituales en relación con la energía increada, la Jaris de Dios. El primero es la venida de la Jaris increada al corazón del hombre; el segundo es la privación de la Jaris por causas que Dios conoce; y el tercero es la nueva venida de la divina Jaris. Todos los hombres, en un momento determinado, sienten la venida de la divina Jaris en el corazón. Todos la pierden porque Dios quiere que se energice y active su libertad personal; entonces empieza la lucha espiritual, el dolor y la ascesis.
Naturalmente, pocos se hacen merecedores de adquirir otra vez la divina Jaris increada, permaneciendo fija en sus corazones. Durante la privación de la divina Jaris se necesita una instrucción sabia y con discernimiento.
Esto se da especialmente en los catequizados y bautizados. Si han recibido la catequesis tradicional, durante el Bautismo sienten la divina Jaris en su interior, se activa la oración noerá (del corazón) y aparecen sus frutos: lágrimas de metania y alegría, oración, agapi por todos, celo y embriaguez espiritual en Dios etc. Los clérigos deben conocer este camino de la Jaris increada para que, cuando llegue el tiempo —meses o años después— y los bautizados pierdan la divina Jaris, no se desanimen. Deben instruirles con prudencia, explicándoles que este estado es natural y que así se energiza su libertad. Dios, por agapi, nos priva de la Jaris para que aprendamos Su filantropía y progresemos en la lucha personal.
Si el Catecúmeno no aprende este fino trabajo espiritual, es posible que se aparte, se desanime y caiga en una gran depresión o abatimiento, con el inmediato y grave peligro espiritual. La experiencia ha demostrado que esta es la mayor tentación que reciben los bautizados. Con el Misterio del Bautismo se sienten como embriagados; se alegran existencialmente, todo es alegría y felicidad. Pero, en el período de la privación de la Jaris, se encuentran en un estado trágico. Entonces pueden pensar que el estado anterior fue simplemente entusiasmo o euforia psicológica, o creer que su estado actual demuestra una enfermedad psicológica. La sensata y prudente instrucción, junto con la observación paternal, les ayudará a comprender que este es el camino de la santificación. Así, los regalos de Dios se convertirán en un estado personal fijo e inalterable.
Por todo esto afirmamos que la Catequesis de los bautizados es más dolorosa y más difícil que la Catequesis de los Catecúmenos antes del Bautismo.
EPÍLOGO
La preparación para el Bautismo y la guía espiritual de los bautizados es una cruz y una misión responsable. No se trata de un trabajo superficial y social, sino de un asunto muy serio.
Con el Santo Bautismo y la vida eclesiástica aspiramos a la adhesión del hombre a la Iglesia Ortodoxa, que es el Cuerpo de Cristo y la comunión de zéosis, divinización o glorificación. El hombre, desde el “como imagen”, debe llegar al “como semejanza”, es decir, a la zéosis o al perfeccionamiento. Mientras que con su nacimiento siente a Dios como Creador, con el Bautismo lo siente como Padre, y con la divina Comunión como Novio y Madre. Con el nacimiento de su madre adquiere la vida biológica; con el renacimiento de la Iglesia Ortodoxa, la vida carnal se hace espiritual.
San Nikolaos Cabásilas dice que con el Bautismo nacemos espiritual y realmente. Así como con el nacimiento carnal tenemos la carne de nuestros padres, así con el nacimiento espiritual tenemos el Cuerpo, los huesos y la Sangre de Cristo. Pero existe también una gran diferencia entre estos dos nacimientos: en el nacimiento natural, nuestra sangre era de nuestros padres, pero ahora es nuestra; en cambio, en el nacimiento espiritual nuestra sangre es la Sangre de Cristo; de otra manera, no podemos vivir. Cristo no nos dio la vida y luego se alejó, sino que siempre está presente y se une con nosotros, si nosotros no nos alejamos de Él. Cuando salimos de la matriz de nuestra madre y nos alejamos de nuestros padres, continuamos viviendo; pero cuando nos marchamos de Cristo, morimos. No maduran los hijos si no se marchan de la dependencia paternal; pero si nos alejamos de Cristo, viene la muerte.
Por tanto, tanto la preparación para el Bautismo como la ascesis y la conducción después del Bautismo son trabajos muy responsables. Por ello se requiere un catequista-sacerdote ortodoxo conocedor de todo el trabajo espiritual. Sólo quien tiene sensibilidad espiritual puede corresponder a esta gran misión. No es una tarea obligada, sino una diaconía bendita, que uno asume con alegría y honor, porque se hace digno, por Dios y por la Iglesia Ortodoxa, de convertirse en guía de nupciantes en Cristo.
Sanar una grave enfermedad corporal mortal se considera un acontecimiento grande, un milagro. Pero “psicoterapiar”, sanar una enfermedad espiritual, es una obra superior. Engendrar hijos se considera una bendición particular de Dios. Pero engendrar hijos de Dios y hombres miembros del Cuerpo de Cristo, y conducirlos al Paraíso, es el trabajo más importante.
El modo en que la Iglesia Ortodoxa catequiza y bautiza a quienes desean convertirse en sus miembros manifiesta el modo en que responde a esta alta misión. Por lo tanto, evitando una catequesis mundana, también “psicoterapiamos”, sanamos a la Iglesia Ortodoxa mundanizada y secularizada. Amén.
Final
Página última exterior: Serie: θεωρία (zeoría) y praxis
Θεωρία (zeoría), contemplación o expectación, en nuestra tradición ortodoxa significa gnosis, conocimiento de la verdad revelada; y praxis, la experiencia personal de la vida en Cristo. La contemplación y la praxis constituyen dos elementos básicos de nuestro ser eclesiástico, los cuales se conectan inseparablemente entre sí.
La contemplación, como enseñanza ortodoxa, inspira y da sentido a la praxis. La praxis, como ascesis (ejercicio espiritual) personal y vida eclesiástica en la Jaris increada, se revela con la fuerza renaciente de la contemplación. Sin la contemplación (zeoría), la praxis pierde su profundísimo sentido y se convierte en una fórmula muerta; y sin la praxis, la contemplación permanece como letra vacía y vana, o recae en una ideología no encarnada.
La nueva serie de ediciones de la Diaconía Apostólica, con el título general ΘΕΩΡΙΑ (zeoría) y PRAXIS, presenta de forma bien resumida ejemplares con temas de vital importancia sobre la fe ortodoxa y la vida cristiana.
Por su parte, la Diaconía Apostólica desea realzar la relación orgánica entre zeoría y praxis, verdad y experiencia, teología y vida, tal como se ha forjado y fortalecido dentro de los largos siglos de nuestra tradición eclesiástica. Esta unión armónica constituye el cimiento de la vida espiritual de los fieles y la esperanza para un renacimiento de nuestra vida eclesiástica en los marcos de la época actual.
Metropolita de Lepanto (Nafpaktos), Ieroteo Vlajos
Copyright: www.pelagia.org / Santo Monasterio del Nacimiento de la Zeotocos
Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/).
Léxico , glosario por Ierotheo Vlajos
- Αγάπη (agapi) amor. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν (O zeós agápi estín) Dios es agapi-amor (1ª Jn 4,8)” La agapi es la energía increada superior de la Jaris. “Porque la agapi proviene de Dios” (1ªJn 4,7). Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir mediante la continua metania y confesión, la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo, en la desinteresada divina e increada agapi de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. Dios creó al cosmos (adorno, ornamento) de la nada y libremente sin ninguna necesidad, por agapi. No sólo creó al cosmos, mundo, sino que lo mantiene por Sus energías increadas. Para nosotros los Ortodoxos Dios es el gran presente y para los occidentales es el gran ausente, ya que ignoran la existencia de las energías increadas, “la mayor de ellas la agapi” (Cor. 12,13).
- Ἀκηδία, (akidía), acedia, desgana. Es la parálisis de las fuerzas de la psique (alma), aquel estado que hay plena indiferencia sobre la oración, el ayuno y generalmente inercia para el cumplimiento de los mandamientos evangélicos. Puesto que el hombre es existencia psicosomática, esto significa que la acedia psíquica refleja también al cuerpo. Es una parálisis psicosomática, debilidad y languidez.
- Ἄκτιστον Φῶς (áktiston fos) increada Luz. Es la energía increada de Dios que muchas veces se puede ver como Luz. Esta energía de Dios es la gloria de la deidad. Se llama increada Luz porque es divina por consecuencia increada. No es energía de la creada existencia.
- Ἁμαρτία (amartía) pecado. En el lenguaje teológico pecado es el oscurecimiento del nus. Cuando el nus se va del corazón deja de tener memoria de Dios. Se dispersa mediante los sentidos a la creación y entonces comete el pecado. Como esta dispersión por los sentidos se hace mediante los actos, hechos (praxis) por eso estos se llaman pecados. El pecado empieza por el consentimiento y continúa por el deseo o anhelo, el acto y finalmente el padecimiento (pazos).
- Ἀπάθεια (apázia) sin pazos, pasiones. No es la mortificación de la parte pasional de la psique, alma (es decir, del anhelante y del irascible, emocional) sino su metamorfosis, transformación. La psique tiene tres fuerzas: logística, anhelante y emocional, irascible. Las dos últimas constituyen la parte pasional de la psique. Generalmente cuando todas las fuerzas de la psique giran y se dirigen hacia Dios esto se llama apázia.
- Ἄσκησις (áskisi) ascesis, ejercicio se llama así el esfuerzo del hombre como también el método que utiliza para pasar los tres estadios de la vida espiritual: la catarsis del corazón, la iluminación del nus y la zéosis o glorificación. Como esto se consigue con los mandamientos de Cristo, por eso la ascesis es el esfuerzo del hombre en aplicar los mandamientos de Él. Así la ascesis conecta con los mandamientos de Cristo y la terapia, sanación del hombre.
- Γέροντας Yérontas, es el Clérigo o el monje que se ha “psicoterapiado” o está sanándose con la energía increada Gracia de Dios, y ayuda a sus obedientes a sanarse, es decir, que pasen de la catarsis del corazón a la iluminación del nus y la zéosis o glorificación.
- Γνώσις (gnosiς) conocimiento. No es una ocupación intelectual con Dios, ni gnosis mentales, cerebrales o intelectuales sobre Él, sino la experiencia personal de Dios. La increada gnosis o conocimiento de Dios conecta estrechamente con la zeoría (contemplación) de la increada Luz. Este conocimiento es superior de la creada gnosis humana y se consigue por la zéosis o glorificación del hombre. En la visión de la increada Luz llega el hombre mediante la zéosis. La zéosis es la comunión y unión del hombre con Dios. Esta unión trae la gnosis de Dios que difiere de los conocimientos humanos creados.
- Διάκρισις (diákrisiς), discernimiento, distinción. No se trata de inteligencia del cerebro, sino de energía de la increada Jaris (Gracia) de Dios y de carisma que se manifiesta al nus sanado, purificado, limpio y lúcido. Principalmente es discernimiento, el que uno pueda separar y distinguir lo creado de lo increado, la increada energía de Dios de la energía del diablo y a la vez de las energías psicosomáticas del hombre. Así de este carisma uno discierne cuáles son las situaciones emocionales, cuales las energías demoníacas y cuales las experiencias o vivencias espirituales.
- Ἐκτασις éxtasis. No se trata de la salida de la psique (alma) del cuerpo, sino de desencadenamiento del nus de la lógica de la mente y del mundo ambiental y su regreso al corazón. No es una suspensión de las energías intelectuales y psíquicas sino la suspensión de las energías somáticas (dormir, comer, etc.).
- Ἡδονή (hidoní) voluptuosidad, placer. Se llama el placer, el contento que siente el hombre por el disfrute de una cosa, una idea etc. Tal como existe la psique y el cuerpo así también existe hidoní espiritual y corporal. La hidoní que proviene de Dios conecta con la paz, en cambio la del pecado y del diablo provocan turbación y conflicto. También una hidoní que provoca dolor y culpa proviene del diablo y conecta con los pazos (pasiones, padecimientos).
- Ἡσυχία (hisijía), interior tranquilidad, paz y serenidad. Es la paz del corazón, el estado del nus sin molestias, permanencia en Dios y la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí), de los pazos influenciados por el ambiente. La hisijía es el único camino para que el hombre llegue a la zéosis, expectación o semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá hisijía. Hisijasta es aquel que lucha con maneras especiales para la recogida del nus dentro al corazón.
- Θεολογία (zeoloyía)-θεολόγος (zeologos) teología y teólogo. Teología es el conocimiento de Dios. No es fruto de estudio de libros ni ejercicio de la diania mente o intelecto, sino que es fruto del conocimiento y la experiencia personal de Dios y por otro lado es el camino que conduce a la terapia del hombre y la gnosis de Dios. Teólogo es aquel que pasó de la catarsis del corazón a la iluminación del nus y ha llegado a la zéosis o glorificación. Así adquiere el conocimiento de Dios y habla auténticamente sobre Él. Teólogo se puede llamar también aquel que no tiene experiencia personal pero acepta la experiencia de los santos.
- Θεωρία-θεωρητικός (zeoría-zeoriticós) contemplación-contemplativo. Zeoría es una visión de la doxa (gloria, luz increada) de Dios. Zeoría se identifica con la visión de la increada Luz, de la increada energía de Dios, con la unión del hombre con Él y con la zéosis, glorificación del hombre. Así la zeoría, visión y zéosis conectan estrechamente entre sí. La zeoría tiene varios grados. Es claridad, alumbramiento, espectación y duradera visión (horas, días, semanas, meses). La oración del corazón o noerá es el primer estadio de la zeoría. Hombre zeoritikós contemplativo es aquel que se encuentra en este estado. En la teología patrística el zeoritikós se considera pastor de ovejas.
- Θέωσις Zéosis, expectación o glorificación, es la participación de la increada deificante Jaris-Gracia de Dios. La zéosis se identifica y conecta con la contemplación (zeoría) de la increada Luz. Se llama “zéosis por la Jaris-Gracia” porque se hace con la increada energía de la divina Gracia. Es sinergia de Dios y del hombre, puesto que Dios es el energizante, operante y el hombre el co-energizante, cooperante.
- Κάθαρσις (kázarsis) catarsis, sanación, purificación, limpieza, purgación. La catarsis se refiere principalmente a la psique (alma). En la teología patrística se utiliza para declarar tres estados. El primero es la despedida de los pensamientos-reflexiones (loyismí) del corazón. Los loyismí se llaman así porque deben de encontrarse en la lógica del cerebro. El segundo es el esfuerzo ascético de modo que todas las fuerzas de la psique (logístico, anhelante e irascible) caminen natural y sobrenaturalmente, es decir, que giren hacia Dios y no contra natural. El tercero es la manera ascética por la cual desde la interesada agapi (amor) el hombre llega a la desinteresada.
- Καρδιά (kardia) corazón. Es el centro del mundo espiritual. Es aquella parte dentro de la cual se revela (apocalipta) con la en Gracia ascesis el Mismo Dios. Además se llama el componente de las fuerzas-energías de la psique (logístico, anhelante e irascible).
- Λογική, lógica es la fuerza de la psique por la que tenemos conciencia del mundo ambiental y nos venimos en relación con él. Con el nus adquirimos la experiencia de Dios y con la lógica de la diania mente o intelecto cuando hace falta formulamos a la medida de lo posible estas experiencias.
- Λογισμοί (loyismí). Se llaman así los pensamientos, pero los que están conectados con las imágenes y las irritaciones distintas que provienen de los sentidos y la fantasía. Por el loyismós se desarrolla el pecado, es decir, se hace deseo, anhelo, praxis y pazos. Se llaman loyismí porque se energizan y operan en la lógica de la mente o cerebro.
- Λύπη (lipi) tristeza. Es el dolor psíquico interior. Hay la tristeza por Dios y la por el mundo. La primera inspiración espiritual, es decir, se mueve dentro en el ambiente de la esperanza por Dios y empuja al hombre en luchas espirituales. Tiene una gran fuerza y energía activa. La segunda conduce al hombre en la desesperanza y en una parálisis psicosomática.
- Μνήμη θανάτου, (mnimi zanatu) memoria de la muerte, no es sólo y simplemente el sentido de que una vez vendrá el final de la existencia biológica, sino principalmente el sentido de la inmortalidad, de las prendas de piel que vistió el hombre después de la caída. La memoria de la muerte se energiza, activa por la increada Gracia de Dios y produce inclinación hacia la metania. Además, memoria de la muerte es la vivencia existencial de la pérdida de la increada energía de la Gracia.
- Μνήμη θεοῦ, (mnimi zeú) memoria a Dios, es el recuerdo incesante del nombre de Dios. Esta memoria no se hace simplemente con la lógica de la mente-intelecto sino con el nus sanado, limpiado, purificado y lúcido. Se consigue y se expresa con la oración noerá o del corazón.
- Νήψις nipsis (sobriedad). Se llama así la alerta, guardia y vigilancia espiritual, la continua atención y vigilancia de manera que el loyismós pensamiento-reflexión no avance desde la lógica de la mente y se introduzca al corazón. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí pensamientos-reflexiones. Esta alerta vigilante se llama nipsis (sobriedad)
- Νοερά προσευχή (noerá prosefjí) oración noerá o del corazón. Es la oración que se hace con el nus (el espíritu humano). Cuando el nus ha sido liberado de su esclavitud en la lógica intelectual, de los pazos, pasiones y del mundo que le rodea y regresa de su dispersión dentro al corazón, entonces se hace la oración del corazón o noerá. Así la noerá oración del corazón se hace con el nus dentro al corazón, en cambio la oración lógica se hace con la lógica de la diania mente o intelecto.
- Νοῦς nus, en la enseñanza patrística el término se utiliza diversamente. Unas veces le usan para mostrar la psique (alma), otras el corazón psicosomático y otras una energía de la psique. Pero principalmente nus es el ojo de la psique, la parte más pura, es la finísima atención. Se llama también energía noerá (espiritual humana) y no se identifica con la energía lógica del cerebro o de la mente.
- Πάθος (pazos) pasión, padecimiento, hábito, vicio, patología es el último estadio del pecado. Los estadios del desarrollo del pecado son ataque, incitación mediante los pensamientos-reflexiones, combinación, consentimiento, deseo, praxis y pazos. Pazos es acción repetida costumbre que adquiere fuerza y poder sobre el hombre. En la teología ascética pazos se llama el movimiento contra natural de las fuerzas de la psique (alma).
- Πένθος (penzos) luto. Profunda y fuerte aflicción, tristeza. El luto por Dios es energía increada de la Jaris-Gracia y conecta estrechamente con la metania (arrepentimiento y confesión), las lágrimas y el llorar. Se llama luto gratificador porque no crea anomalías psicológicas sino paz interior y giro del hombre para adaptar su vida en los mandamientos de Cristo.
- Πράξις (praxis) acción, acto, hecho y πρακτικός (practicós) practicante. Praxis es el esfuerzo por la catarsis del corazón que es el primer estadio de la vida espiritual. Practicante es aquel que lucha para limpiar el corazón. En la teología patrística practicós se caracteriza el pastor, es decir, como el pastor de los animales que lucha para domarlos y domesticarlos.
- Υποτακτικός (ipotacticós), obediente. En el significado estricto es el monje que obedece a un Yérontas (anciano experimentado, sabio) con el fin de sanarse y adquirir la zéosis, expectación de la increada Gracia, la adopción. Con el concepto más amplio del término es cada cristiano que acepta la conducción espiritual por un padre espiritual.
Φαντασία, fantasía, imaginación. Son los filos de la parte noerá (espiritual) de la psique que cubren el nus y le oscurecen. Es un fenómeno posterior de la caída. El esfuerzo ascético consiste en la catarsis del nus de la energía de la fantasía.
- Φωτισμός (fotismós) iluminación. Después de la expulsión de todos los loyismí pensamientos-reflexiones regresa dentro al corazón el nus y se hace incesantemente la oración. Esto se llama iluminación del nus y conecta estrechamente con la oración noerá o del corazón.
Metropolita de Lepanto (Nafpaktos), Ieroteheo Vlajos
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Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







