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Abr 17 2024

La vida sin aflicciones, ni dolores y el engaño de su búsqueda

Ὁ ἄλυπος βίος καί ἡ πλάνη  τῆς ἐκζητήσεώς του

Archimandrita Atanasio Anastasiu, ex-higúmeno del Santo Monasterio Gran Meteoro

La vida sin aflicciones, ni dolores y el engaño de su búsqueda

 

Logos  Meteoríticos 4 (2022)

Publicación y distribución: Monasterio de Agios Stefanos, Meteora, Kalambaka 422 00, Teléfono: 2432022279, Fax: 2432025100

 

El carácter de la vida cristiana es ascético, es cruciforme. Esto nos lo enseñó con Su ejemplo la vida y Su sacrificio en la cruz, nuestro Señor Jesús Cristo. Esto establecieron y nos transmitieron los Santos Padres de nuestra Iglesia como un deber sagrado, un legado y un depósito de vida, y psicoterapia y salvación. Esto debe ser el elemento dominante de nuestra lucha espiritual y de toda nuestra vida.

No puede haber un verdadero cristiano sin participación en la Cruz de Cristo, sin seguirlo en su camino cruciforme. Nuestro Señor mismo lo declara claramente:

«Y el que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:27).

Como enfatiza característicamente el bienaventurado Higúmeno del Santo Monasterio de San Gregorio, Archimandrita Georgios Kapsanis:

«La vida en Cristo no es una vida desentendida, irresponsable, una vida de despreocupación, sin esfuerzo. Tiene la felicidad real, grandes y esenciales alegrías, mucha y profunda paz, que sin embargo se logran, se mantienen y aumentan gradualmente a través de una vida cruciforme» (Archimandrita Georgios Kapsanis, “La Cruz de Cristo en nuestra vida” , ediciones Santo Monasterio de San Gregorio, Santa Montaña, 1998, pag 9) https://www.logosortodoxo.com/la-cruz-de-cristo-y-su-importancia-en-nuestra-vida/

Doxa-gloria y pazos pasión o padecimiento, alegría y aflicción, descanso y trabajo, placer y dolor, se suceden mutuamente y se entrelazan en nuestra vida y cotidianidad. Ocurren y coexisten al mismo tiempo, dejando cada vez su dulce o amargo sabor. Pero donde realmente se distinguen y contrastan radicalmente es en la forma en que son aceptados y enfrentados. Es casi universal el fenómeno del esfuerzo obsesivo y desesperado por alejar el dolor de nuestra vida y del cuidadoso y persistente esfuerzo por asegurar la felicidad tan deseada, aunque sea ficticia.

Nuestra era, por otro lado, está caracterizada y dominada, en su mayoría, por el hedonismo absoluto e incontrolado, por la situación mítica de una prosperidad falsa que se agota en magnitudes económicas y en el propósito de sí mismo en «desarrollo», en progreso científico y técnico, con un mínimo efecto en nuestro descanso psíquico y en el alivio y felicidad personal.

Principal objetivo se constituye el éxito, el reconocimiento y nuestra aceptación por los demás. Solo buscamos la doxa-gloria separada del sufrimiento. Deseamos saborear solo alegrías, evitando de todas las maneras cualquier dolor. Creamos alrededor de nosotros, de nuestros seres queridos, de nuestra sociedad, una realidad ficticia, libre de cualquier cosa triste o angustiante.

Así, terminamos en el dolor o sufrimiento constante del vacío y la indignidad, que es el amargo resultado de la insatisfacción, la insuficiencia, el agotamiento, la mediocridad, la monotonía y la miseria. Y este es un dolor grave e incurable. Porque no tiene en sí la esperanza, porque no espera la resurrección, sino que se aplasta en los trágicos callejones sin salida de nuestro egoísmo auto-complaciente, de nuestra autosuficiencia personal y de nuestro aislamiento individualista.

Desgraciadamente, se encuentran fenómenos similares también en el campo de la vida espiritual, donde incluso nosotros, que decimos que somos cristianos, que estamos cerca o dentro de la Iglesia, deseamos asegurar nuestra salvación sin esfuerzo y sin problemas. Nos imaginamos y buscamos una vida espiritual cortada y cosida a nuestras medidas, sin dolor, sin lágrimas, sin esfuerzo. Queremos que todo a nuestro alrededor esté y sea a nuestro gusto y conveniencia. Todo ordenado, cómodo y feliz: una buena casa, un buen cónyuge, una buena familia, una carrera exitosa y mucho más… Queremos que todos nos traten bien, nos comprendan, nos toleren, nos apoyen, nos respeten, nos valoren, nos acepten y nos amen.

No comprendemos ni aceptamos el hecho de que nuestra salvación solo puede lograrse a través de muchas aflicciones, sufrimientos y tentaciones, como muy acertadamente observa San Isaac el Sirio, «el camino hacia Dios es una cruz continua. (San Isaac el Sirio, Logos ascéticos, logos 4)

Nadie ha ido al cielo con comodidad. Por esta razón, la búsqueda de una vida sin preocupaciones ni dolores en la vida espiritual es un engaño, una ilusión, ya que contradice su propósito principal, que es la Realeza increada de los Cielos. “Tenemos que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reinado de la realeza increada de Dios» (Hechos 14:22), a través de pruebas y tentaciones, es decir, insultos, desprecios y diversas dificultades.

Como muy acertadamente señalaba el Padre Demetrios Ntoutkos: «A veces, a pesar de nuestra fe en Cristo, incluso intentamos hacer cómodo el camino hacia el reinado de la realeza de Dios. El mundo nos ha vuelto locos con sus bienes y su progreso técnico. Y aunque a veces hablan de dolor y sufrimiento, de repente dan la vuelta y dicen: ¡El cristianismo es alegría! ¡Todo debe ser alegría! Pero la alegría no viene así. La alegría no se compra. No se compra con dinero. La alegría del cristiano se compra con el dolor y el sufrimiento. ¡No hay otros medios de compra! Para que el hombre sea salvo, nuestro Señor subió a la cruz. Voluntariamente. Y fue crucificado. Y murió. Luego resucitó. Luego vino la alegría.

“La cruz nos asusta. Y eso es natural. Porque la comodidad nos ha destrozado. El dolor es algo terrible para nosotros. Pero el dolor no es terrible. La comodidad es terrible. Esta debería asustarnos. Y de hecho, todos los males modernos tienen su origen en la vida cómoda. El dolor, el sufrimiento, la cruz, dijo Cristo, son algo bueno, son beneficiosos. Y así su carga se vuelve buena» (idem antes, Archimandrita Georgios Kapsanis, pag 39-40)

Esto nos lo confirman los Santos Mártires de nuestra Iglesia, quienes soportaron todos los tormentos y dolores, incluso la muerte misma, con absoluta calma y alegría como una corona de victoria y triunfo. Ellos también recorrieron el camino de Cristo, es decir, el camino del Gólgota, el camino del dolor y la humillación extrema, el camino de la divina Doxa-Gloria increada y la victoria final, el camino de la Resurrección, el camino que conduce al Paraíso.

Si queremos seguir el camino de nuestros Santos, entonces lo que el Santo Máximo el Confesor nos aconseja debe ser nuestro guía: «Cuando en el camino de tu vida encuentres una paz continua e inquebrantable, debes temer, porque estás muy lejos del camino recto, que han pisado los pies cansados de los Santos. …Cuanto más avanzas en el camino real y te acercas a la puerta de Dios, más intensamente enfrentas el poder de las tentaciones. Cuanto más progresas en la virtud, más se multiplican los obstáculos y las tentaciones en tu contra» (De San Máximo el Confesor, Evergetinós tomo 3, pag 241)“.

La mayoría de las veces, el problema proviene de la absolutización de las emociones y su división dicotómica por parte de los hombres modernos. «Para ellos», escribió Kontoglou, «la tristeza es tristeza o sufrimiento, es decir, es algo amargo y desesperado, y la alegría es alegría, algo agradable que satisface su egoísmo. No pueden entender a David, quien le dice al Señor: ‘En la angustia me has ensanchado’ es decir, ‘con la angustia has abierto mi corazón'».

Esta dimensión del dolor en la teología patrística ortodoxa se llama pena-alegre o luto/duelo alegre. Es la alegría de Dios que brota de las tribulaciones, los sabores de la χάρις jaris (gracia, energía increada) que inundan el corazón abierto al dolor, las experiencias de la visita de Dios, que disipa toda sombra y renueva y revitaliza la psique-alma del hombre, a pesar de las dificultades externas, que a menudo pueden ser insuperables.

Porque dentro de la divina χάρις jaris y la bendición de Dios uno aprende y asimila otro tipo de superaciones y aproximaciones a las cosas. Experimenta el poder de la debilidad y enfermedad, la victoria del fracaso, la belleza de lo sobrio y sencillo, la bendición del dolor, el dominio de la humildad, la revelación del silencio, el valor de la prueba, tentación.

La percepción racionalista moderna y el individualismo nos privan de experiencias similares y nos mantienen prisioneros de una mentalidad secularizada, mundanizada que reconoce el éxito solo en la realización personal, invoca la verdad con el propósito de la autojustificación y menosprecia despectivamente a los probados, tentados y aparentemente débiles.

Es, por supuesto, un hecho que este dolor en sí mismo no es ni un objetivo de sí mismo ni puede ser entendido y percibido de manera agradable y beneficiosa fuera de la Verdad del Evangelio, sin integrarse en la lucha total de cada fiel por su psicoterapia y salvación, ya que la Cruz de Cristo es ella misma la que dignifica el dolor que la práctica humana secular o mundana no puede encontrar ningún reconocimiento.

El carácter cruciforme de la vida cristiana no tiene el significado de imposición, obligación, castigo o búsqueda enfermiza de tribulaciones y dolor. El cristiano no es masoquista, no elige el ejercicio o ascesis por el ejercicio, ni busca pruebas por las pruebas. No ama el dolor porque le gusta sufrir, no es egoísta, ni está dominado por síndromes psicológicos.

Además, el ejercicio (espiritual) o ascesis, las privaciones, las pruebas no tienen en absoluto el significado que les dan diversas religiones orientales y sectas, que crean personas no libres, dependientes y marginales.

“En nuestra Iglesia Ortodoxa, el ejercicio espiritual o ascesis nunca es un fin en sí mismo que conduzca a la autosatisfacción. Siempre es un medio para adquirir la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y la verdadera agapi hacia Dios y hacia el prójimo. Para los cristianos ortodoxos, llevar la cruz es expresión de obediencia y agapi-amor a Dios. Es una ofrenda y una contra-ofrenda al Señor que se sacrificó por nosotros» (idem antes, Archimandrita Georgios Kapsanis, pag 37). https://www.logosortodoxo.com/la-cruz-de-cristo-y-su-importancia-en-nuestra-vida/

«Dostoievski proclamaba: ‘Así que sufro, pero existo’, interpretando su existencia dentro del hecho de la Resurrección, en contraste con Nietzsche, que encontraba en el dolor absoluto e inconsolable uno de los componentes de su superhombre autónomo y egocéntrico.

El dolor, las pruebas, las tentaciones son algunos de los principales componentes de la vida espiritual. Son lo que nos acerca más y mejor a Dios. Como hemos enfatizado muchas veces y no dejaremos de repetir, la búsqueda de una vida sin preocupaciones, sin esfuerzos y sin derramamiento de sudor y sangre es la mayor trampa espiritual moderna, ya que una vida fácil, cómoda y sin dolor no nos conduce al Cielo.

La literatura patrística está llena de incidentes que confirman el significado salvífico de las tentaciones y pruebas en nuestra vida cotidiana. Le presentamos, a modo de ejemplo, algunos de ellos:

El abad Juan Kolovós había estado orando durante años a Dios para que lo librara de los pazos y sufrimientos que albergaba en su interior y de todas las debilidades humanas. Cuando finalmente recibió este don, se volvió despreocupado.

Pero en el fondo de su psique-alma había una cierta inquietud. Fue a consultar a su anciano, el Abad Pimén.

-Veo en mi gran tranquilidad y reposo, Padre. Ya no tengo ninguna guerra.

-Ve directamente y pide a Dios que te envíe de nuevo las tentaciones que tenías antes, le dijo severamente el Santo. ¿No has aprendido aún cómo la psique-alma progresa en la virtud a través de la lucha espiritual? El padre Juan hizo lo que su Anciano le aconsejó. Ya no rezaba para ser liberado de toda lucha y guerra, sino que con gran humildad le decía a Dios:

-Señor, dame fuerzas en el momento de la tentación» (Gerontikón, de Teodora Jampaki, ediciones “Lidia” Tesalónica 1987, pag 392)

Otro Padre santo solía decir a menudo a los jóvenes:

“Aleja las tentaciones y nadie será salvado, nadie se convertirá en santo. Aquel que evita las tentaciones y las pruebas se aleja de la vida celestial y pierde la salvación” (Abad Antonio, Apotegmas, PG 65, 77A)

Pero también desde un punto de vista práctico es igualmente improductivo y destructivo buscar -y especialmente persistir- en una vida cómoda sin dolor, desterrando de nuestra vida el dolor y las pruebas como si fueran logros. Como si no fuera seguro que enfrentaremos en nuestra vida diversas situaciones y dificultades, fracasos, rechazos, menosprecios, degradaciones, desprecios, injusticias, humillaciones, calumnias, envidias, ignorancia, traiciones incluso de amigos y parientes, enfermedades, muertes de seres queridos, dificultades profesionales, dificultades económicas y tantos otros eventos desagradables.

Dios permite todo esto en nuestra vida con el fin de fortalecer nuestra lucha espiritual y ejercitar nuestras psiques-almas. A través de ellos nos da motivos y oportunidades para el progreso espiritual y la santificación personal. Nos da oportunidades de acercarnos a Él y de experimentar la dulzura de la κοινωνία kinonía (conexión y comunión) con Él. Para sentir la vanidad y lo efímero de esta vida temporal. Para darnos cuenta de que no somos habitantes permanentes de esta tierra, que somos extranjeros, huéspedes, peregrinos, ‘porque no tenemos aquí una ciudadanía de ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir’. Que somos ciudadanos del Cielo. Nuestra patria es el Cielo, la deseamos, la buscamos y luchamos por ella.

Todo lo demás -honores, glorias, grandezas, riquezas, éxitos- todo lo que constituye la felicidad en su sentido y razón mundanos, todo se perderá y se extinguirá en la vanidad de esta vida presente.

El gran Santo y Maestro del desierto, Abad Isaac el Sirio, nos presenta lo siguiente de manera representativa:

«Así como los párpados de nuestros ojos están tan cerca y se tocan entre sí, así de cerca están también las diversas tentaciones y pruebas para los seres humanos. Dios ha dispuesto sabiamente esto para tu beneficio. Para que golpees constantemente y sin descanso la puerta de Su misericordia, y para que la memoria de Dios sea plantada en tu mente, intelecto libre por el temor de las aflicciones. Así, te acercarás a Él con tus oraciones persistentes, tu corazón será santificado por el constante recuerdo de Dios, y mientras Le invoques, Él te escuchará. Entonces comprenderás que Dios es quien te liberará de las adversidades y calamidades. Sentirás la presencia de tu Creador en tu psique-alma, quien te da fuerza y te protege del mal” (San Isaac el Sirio, “Logos ascéticos).

El venerable padre Moisés del Monte Athos dijo: «El dolor es la huella de Dios en nuestras vidas. Los afligidos y doloridos son los enriquecidos por Dios», (Moisés monje Aghiorita, “La bendición del dolor y el dolor de la agapi, ediciones Tinos, pag 12).

Muchas veces no podemos comprender ni aceptar esta bendición de Dios porque no hemos experimentado su presencia en nosotros. No tenemos experiencias de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, nuestro corazón no ha sido transformado por el fuego de nuestro amor por Cristo, no se ha ablandado por las lágrimas de nuestro deseo de encontrarlo, conocerlo, vivir con Él, y entregarnos a la infinita misericordia de Su amor y Su sacrificio por nosotros.

No hemos experimentado y saboreado la plenitud de Su alegría y la paz llenando nuestro corazón, por eso buscamos todas esas cosas en otros lugares donde no las encontramos y permanecemos siempre con un vacío, un insatisfactorio, que es el vacío de la falta de Cristo en nuestro corazón. Por eso el santo Theofanis el Ermitaño nos aconseja: «Todavía no has experimentado y saboreado la paz, la serenidad y la tranquilidad. Búscala y se te dará. No puedo desearles nada mejor. Pero tengan en cuenta que la verdadera paz no se encuentra fuera, sino dentro de nuestra psique-alma. No proviene de condiciones externas, sino de una buena disposición interna y orden interior. Cuando está presente, entonces todas las condiciones externas se armonizan con ella.»

Somos insípidos, insensibles y ciegos en las cosas y realidades espirituales, por eso no estamos en reposo y en paz. Por eso todo nos molesta y todo lo consideramos grande y difícil. Todo nos parece problemático y difícil de superar. Y no nos damos cuenta de que en estas cosas difíciles y problemáticas se encuentra el significado esencial y la verdad de la vida espiritual. Estas dificultades y problemas son los que nos bendicen y nos santifican. Estos son los que nos abren la puerta de nuestra salvación. A través de estas dificultades, problemas, dolor, tristeza, lo insoportable, ganaremos el Cielo.

Nadie ha subido al cielo sin esfuerzos, ansiedades, pruebas, aflicciones y tentaciones fuertes. Basta con que estemos en una posición de reconocer y aceptar estas bendiciones de Dios que nos visita a través de diversas pruebas y tentaciones. Aceptemos la transformación y abramos nuestro corazón a la santificación de Su χάρις jaris (gracia, energía increada), que se nos da tan abundantemente. Entonces sentiremos la otra dimensión, la verdadera dimensión del dolor, la alegre y esperanzadora.

El verdadero cristiano, que desea unirse al Novio Cristo, que lo tiene como centro y objetivo de su vida y que lucha por ganar su Reino celestial, encuentra en las aflicciones la paz y la alegría de Dios. Encuentra descanso, felicidad, belleza, dulzura y consuelo celestial.

Sabe muy bien que todas estas cosas y realidades no son más que visitas de Dios en su vida. No son más que la manifestación del cariño discriminativo y pedagógico de Dios, Su cuidado y preocupación por la salvación de la psique-alma del ser humano.

Sin embargo, para que esto suceda, debemos desechar la mentalidad mundana, la lógica mundana, que busca la ευδαιμονία efdemonía (bienestar y placer material de los instintos animales), una vida sin preocupaciones, comodidades y facilidades, éxitos y logros. Debe preceder la absoluta disposición de nuestro yo hacia Dios, nuestro autoabandono a la voluntad de Dios. «Nosotros mismos, los demás y toda nuestra vida, entreguemos a Cristo Dios.» (Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo)

Sin fe y esperanza en Dios, es imposible levantar nuestra propia cruz. Sin amor a Dios y experiencia personal de Su presencia en nuestra vida, es imposible entender el misterio del sufrimiento y lo que la sabia Economía de Dios está obrando para nuestras psiques-almas. Sin participación consciente en la vida mistérica/sacramental de nuestra Iglesia, en la confesión y la Divina Liturgia, sin lucha espiritual y esfuerzo, es imposible encontrar otros recursos para enfrentar las diversas tentaciones.

Por lo tanto, no busquemos una vida sin preocupaciones, sino sintamos la beneficiosa oferta de las aflicciones y tentaciones que Dios envía a nuestras vidas, cuando y como Él lo juzgue. En la pobreza espiritual de nuestra era, la resistencia a las tentaciones y la esperanza en la misericordia de Dios serán los factores determinantes para nuestro camino espiritual y la salvación de nuestras psiques-almas.

Con el Santo Serafín de Viritsa, ruso, quien falleció en 1949, queremos concluir con un conmovedor texto de un nuevo santo ruso de nuestra Iglesia, . (San Serafín de Víritsa, “Vida – Milagros-Profecías”, ediciones Kipseli-Colmena Ortodoxa, 2007, pag 153-157).

Se trata de una carta que fue enviada por san Serafín a un Obispo, hijo espiritual suyo, quien estaba en prisión (por el satánico régimen soviético comunista). Es un logos de consuelo y agapi-amor incondicional que presenta a Dios Padre dirigiéndose a la psique-alma del hombre (con la frase característica «De Mí fue esto«) en un esfuerzo por comprender y no dudar de que las pruebas también están dentro del plan de Su Divina Providencia, que es tan tierna y llena de agapi-amor incondicional por Su criatura:

«¿Has pensado alguna vez que todo lo que te concierne a ti, también me concierne a Mí? Porque lo que te concierne a ti, concierne también a la pupila de Mi ojo.

Eres preciosa a Mis ojos (habla sobre la psique-alma), y te he amado, así que es una especial alegría para Mí enseñarte.

Cuando las tentaciones y el enemigo, como un río, vienen sobre ti, quiero que sepas que,

De Mí fue esto.

Quiero que sepas que tu debilidad necesita de Mi δύναμις  dínamis (poder, potencia y energía divina) y tu seguridad está en permitirme protegerte.

Quiero que sepas que cuando te encuentras en circunstancias difíciles, entre personas que no te entienden, que no aprecian ni tienen en cuenta lo que es agradable para ti, y te rechazan,

De Mí fue esto.

Soy tu Dios, las circunstancias de la vida están en Mis manos, no te encontraste en tu posición por casualidad, es precisamente la posición que te he designado.

¿No Me suplicabas que te enseñara la humildad? Y te puse exactamente en este entorno y ambiente, en la escuela donde enseñan esta lección.

Tu entorno y quienes te rodean solo hacen Mi voluntad. Tienes dificultades económicas y apenas las superas, quiero que sepas que,

De Mí fue esto.

Quiero que sepas que dispongo de tu dinero y que te vuelvas a Mí y sepas que dependes de Mí.

Quiero que sepas que Mis recursos son inagotables, y que puedes estar seguro de que soy fiel a Mis promesas.

Nunca permitas que te digan en tu necesidad ‘No confíes ni creas en tu Señor y Dios’.

¿Has pasado alguna vez una noche en la tristeza y pena? ¿Estás separado de tus parientes, de las personas que amas?

Te lo permití para que te volvieras a Mí, y en Mí encuentres consuelo eterno y alivio.

Te engañó tu amigo o alguien a quien le habías abierto tu corazón,

De Mí fue esto.

Yo permití que esta decepción te afectara para que sepas que tu mejor amigo es el Señor.

Quiero que todos vengan a Mí y me lo digan todo.

Te calumniaron, déjalo a Mí, aférrate a Mí, refúgiate en Mí, yoSoy tu refugio, para que te escondas de los conflictos y las discusiones de los hombres.

Haré que tu justicia brille como la luz y tu vida como el mediodía.

Tus planes fueron destruidos, tu psique-alma se dobló y está exhausta,

De Mí fue esto.

Hiciste planes y tenías tus propios propósitos, Me has traído para bendecirlos.

Pero quiero que los dejes a Mí, que te guíe y dirija las circunstancias de tu vida, porque eres un huérfano, no un protagonista.

Te encontraste con fracasos inesperados, y la desesperación invadió tu corazón, debes saber que,

De Mí fue esto.

Porque a través de ese cansancio y ansiedad, pongo a prueba cuán fuerte es tu fe en Mis promesas y tu franqueza en la oración por tus familiares.

¿No fuiste tú quien confió sus preocupaciones por ellos en Mi agapi-amor providencial? ¿No eres tú quien ahora los deja bajo la protección de Mi santísima Madre?

Una grave enfermedad te ha alcanzado, ya sea que pueda ser curada o incurable, y te ha clavado en tu lecho,

De Mí fue esto.

Porque quiero que Me conozcas más profundamente, a través de la enfermedad física, y que no murmures por esta prueba que te envío, y que no intentes entender Mis planes, de psicoterapia y salvación de las psiques-almas de las personas de diversas maneras, sino que humildemente inclines tu cabeza ante Mi bondad.

Soñabas con hacer algo especial y único para Mí, y en lugar de eso, caíste en la cama del dolor,

De Mí fue esto.

Porque entonces estarías absorto en tus propias obras y no podría atraer tu pensamiento hacia Mí, sino que quiero enseñarte Mis pensamientos más profundos y Mis lecciones para que Me sirvas.

Quiero que aprendas a sentirte nada sin Mí. Algunos de Mis mejores hijos son aquellos que están separados de la vida activa, para aprender a manejar el arma de la oración constante.

Fuiste llamado inesperadamente a asumir una posición difícil y responsable, apoyada en Mí. Confié en ti con estas dificultades y por eso el Señor tu Dios te bendecirá en todas tus obras, en todos tus caminos; tu Guía y Maestro será el Señor tu Dios.

En este día, en tus manos, hijo Mío, he colocado este recipiente con el aceite de mirra divina, para usarlo libremente.

Recuerda siempre que cualquier dificultad que encuentres, cada palabra provocativa, cada acusación, perturbación y crítica, cada obstáculo en tu camino que pueda causar irritación, enojo y desilusión, cada revelación de tu debilidad e incapacidad, será ungida con este aceite (la divina jaris energía increada),

De Mí fue esto.

Recuerda que cada obstáculo es una instrucción y enseñanza de Dios, así que graba en tu corazón este logos que te he revelado hoy,

De Mí fue esto.

Debes saber y recordar siempre, dondequiera que estés, que cualquier enojo o aguijón se desvanecerá tan pronto como aprendas a ver en todo a Mí.

Todo lo que te ha sido enviado de para la perfección de tu psique-alma, todo eso fue de Mí».

 

Apéndice de textos de los Santos Padres

El Gerontikón nos describe sabiamente y con instrucción: Una vez, Dios permitió que un hermano fuera probado severamente en el monasterio, para que los demás se beneficiaran de su paciencia. Sin causa ni culpa propia, todos los otros hermanos lo despreciaron. Lo evitaban. No querían ni siquiera saludarlo. Si alguna vez pedía un poco de pan u otra cosa absolutamente necesaria, nadie estaba dispuesto a dárselo. En domingo, nunca lo invitaban a comer con los otros hermanos en amor fraternal. Una vez regresó exhausto a su celda durante el verano y no encontró ni un pedazo seco para calmar su hambre. Ni un poco de agua para refrescar sus labios que estaban ardiendo de sed. Ninguno de sus vecinos sintió compasión por él para aliviarlo. Sin embargo, no se desanimó ni se enfadó con los demás, ni los odió ni los acusó de falta de hermandad. Soportó valientemente su prueba, diciéndose a sí mismo que por sus pecados merecía cosas peores.

Dios, viendo su paciencia, lo libró inmediatamente de esa prueba. Esa misma noche, un extraño pasó por su celda del monasterio y le dejó un cargamento de pan y otros alimentos que llevaba en su camello. Antes de que el hermano pudiera agradecerle, desapareció.

Entonces el monje comenzó a llorar y decir en su oración:

‘No Señor mío, no era digno de afligirme un poco por Tu amor, por eso me libraste de la prueba?’

Y realmente se la quitó, porque al día siguiente los hermanos dejaron de tratarlo con dureza» (Theodora Jamaki, Gerontikon, pág. 388-389).

San Isaac el Sirio dijo: «¿Quién es verdaderamente el más fuerte? Es aquel que se regocija en las aflicciones temporales, donde está oculta Su vida e iluminadora doxa-gloria, y no anhela la comodidad donde está oculta el olor de la vergüenza que empapa eternamente a quien lo encuentra. (Logos 85, párrafo 5).

«Pero debes estar listo para recibir las pruebas y tentaciones del cuerpo con todo tu corazón, para sumergirte en ellas con todos tus miembros, tener lágrimas en tus ojos para que tu ángel guardián no se aleje de ti. Porque sin tentaciones, la providencia de Dios no se manifiesta, es imposible adquirir franqueza hacia Dios, es imposible aprender la sabiduría del Espíritu, es imposible asegurar el deseo divino en tu psique-alma. Antes de las tentaciones, el hombre ora a Dios como un extraño. Pero cuando entra en tentaciones por agapi-amor a Él y no acepta la alteración o corrupción, entonces, como uno que Dios está en deuda con él, se considera un amigo verdadero de Dios. Porque por Su voluntad luchó contra el enemigo y lo venció» (Isaac el Sirio, Logos 44, párrafo 14).

San Teófano el Recluso dijo: «Os sucede una desgracia tras otra. ¿Sabes lo que significa esto? ¡Dios te ha recordado! No es común pensar así, pero esa es la verdad. Y Dios te ha recordado, no con ira, sino con misericordia. Por supuesto, vosotros solo sentís la privación y la pérdida. Pero no ves la misericordia que se esconde detrás de estas cosas y dentro de ellas» (Theófano el Recluso, pág. 73).

Los Santos Padres profetizaron sobre la última generación. Se preguntaron: ‘¿Qué hemos hecho nosotros?’. Uno de ellos, un gran asceta llamado Isjiríon, respondió: ‘Nosotros hicimos los mandamientos de Dios’. Preguntaron: ‘Entonces, ¿qué harán aquellos que vienen después de nosotros?’. Él respondió: ‘Lograrán la mitad de nuestras obras’. Preguntaron de nuevo: ‘¿Y los que vienen después de ellos?’. Él dijo: ‘Los hombres de esa generación no tendrán ninguna obra. Vendrá una tentación. Y aquellos que se encontrarán en esta la tentación serán mayores que nosotros y que nuestros padres’ (Gran Gerontikón, vol. D, cap. 18, párrafo 17).

San Efrén el Sirio: «Aquel que desea agradar a Dios y convertirse en Su heredero a través de la fe, y ser llamado hijo de Dios que nació del Espíritu Santo, debe, después de haber adquirido sobre todo magnanimidad, tolerancia paciencia y perseverancia, soportar con valentía y gratitud todas las aflicciones y dificultades que encuentre, es decir, enfermedades físicas y dolores, humillaciones y ofensas de los hombres o diversas guerras invisibles que guerrean contra la psique-alma los espíritus malignos, queriendo llevarla a la negligencia, desesperación y descuido. Esto sucede por la economía de Dios, que permite que cada uno de nosotros sea probado con diversas aflicciones, para que aquellos que Le aman con toda su psique-alma, si soportan con valentía y gratitud todo lo que proviene del mal y no se apartan de la esperanza y la confianza en Él, sino que siempre esperan con mucha fe y paciencia ser liberados de las pruebas con la ayuda de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada). De esta manera, podrán escapar de toda tentación y así conseguir el cumplimiento de la promesa, ya que se han demostrado ellos también ser dignos del Reinado de la Realeza increada siguiendo los pasos de todos los santos de todas las épocas y del mismo Señor, y se convierten en partícipes no solo de sus padecimientos, sino también de su doxa-gloria increada.

Por lo tanto, observa y mira cómo desde el principio todos los padres, patriarcas, profetas, apóstoles y mártires lograron agradar a Dios, pasando a través del camino de las aflicciones, dolores y tentaciones y soportando con valentía y alegría todas las dificultades, gracias a la esperanza de la recompensa esperada, como dice la Escritura: «Hijo mío, si te acercas a servir al Señor, prepara tu psique-alma para la tentación; endereza y prepara tu corazón y sé valiente» (Sabiduría Sirac 2: 1-2), es decir, mirando a Dios y recibiendo fuerza de la esperanza en Él. Y también el apóstol dice: » Si estuvieseis sin esta pedagogía, a la que a todos los verdaderos hijos de Dios participaron y saborearon, no seríais hijos auténticos, sino bastardos» (Hebreos 12: 8). Y el Señor bendice a aquellos que luchan por Él y son duramente probados, ya sea abiertamente por los hombres o en secreto por los espíritus malignos, que, como dijimos, luchan contra la psique-alma que ama a Dios y provocan diversas aflicciones para impedir su entrada en la vida eterna, si realmente la hacen caer en la negligencia y la desesperación. Por lo tanto, las pruebas y las tentaciones prueban y distinguen las psiques-almas que aman a Dios de aquellas que no Le aman y, por lo tanto, revelan cuáles son dignas de Dios y cuáles son indignas de Él.

Por lo tanto, cada psique-alma que quiera complacer a Dios debe mantener la valentía, sobre todo, la paciencia y la esperanza, y así podrá resistir y superar cualquier asalto, ataque y ofensa del maligno. Porque Dios, en una psique-alma que espera en Él y Le espera con paciencia, no permite que sufra una tentación tan grande que la haga desesperar bajo un peso que no puede soportar. Pero tampoco el astuto maligno prueba y aflige la psique- alma tanto como quiere, sino lo que Dios permite. Porque nuestro Creador sabe cuánta prueba y tentación debe soportar la psique-alma, y solo permite tanto.» (San Efrén el Sirio, Evergetinós tomo A, pag 431-433)

San Marcos el Asceta: «No pienses que cada aflicción viene a las personas debido a los pecados. Hay algunos que son agradables a Dios, y sin embargo, tienen tentaciones. Porque está escrito: “Los impíos y los inicuos serán expulsados” (Salmo 36:28). Pero también está escrito esto: “Y todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos” (2 Timoteo 3:12). (San Marcos el asceta, “Sobre la ley espiritual, Filocalía tomo 1, pasaje 174 … https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-1-san-marcos-el-asceta/)

«198. Cuando te llegue una tentación, no busques saber por qué, cómo o de quién vino, sino busca levantarla sin tristeza ni resentimiento”. Y “139. En los dolores y sufrimientos que no hemos buscado se esconde la misericordia de Dios, que atrae a la metania al que muestra paciencia y lo libera del infierno eterno”, (San Marcos el asceta, 226 capítulos a propósito de aquéllos que se creen justificados por sus obras, pasaje … https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-de-los-santos-nipticos-tomo-1-san-marcos-el-asceta/)

San Juan el Crisóstomo: “Aquellas psiques-almas que pasan la vida sin dificultades, sin sufrimientos y están llenas de comodidad y prefieren sentir placer por los bienes presentes y eligen la vida sin dolor, en vez de sufrir como todos los santos, para el reinado de la Realeza increada de los Cielos, como se vuelven mucho más débiles y más frágiles que cualquier cera, están destinadas a ser devoradas por el fuego eterno. Sin embargo, aquellas que se han entregado a peligros, trabajos y sufrimientos y prueban las tribulaciones por causa de Dios y se dedican a ellas, son mucho más firmes y valientes que el hierro mismo o el diamante, porque sufren continuamente y se vuelven invencibles ante los enemigos y adquieren una inquebrantable fuerza de paciencia y valentía.»

(San Juan Crisóstomo, en el apotegma apostólico que dice: ‘Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia'(Romanos 5:3), EPE 26, Ediciones Patrística san Gregorio Palamás pag 515). AMÉN.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com

 

 

 

 

 

 

 

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