
El término Καθολικός (kazolikós) católico
Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica
El término helénico-griego Καθολικός (kazolikós) católico, significa universal, general, global, cada uno enteramente, con todo totalmente.
Καθολικός (kazolikós) católico, el que se refiere al conjunto, a lo general o universal. Se trata de un tema o interés‖- total, entero o global.
Καθολικό (cazolikó) catolikó: (a) libro comercial, contable donde se reúnen todas las cuentas de una empresa, (b) Eclesiásticamente el templo principal, es decir, el lugar entre el pórtico y el altar donde permanecen los fieles de la Iglesia;
Καθολικά (kazoliká) en latín universalia, (a) filosóficamente conceptos o categorías generales, en los cuales están sujetos todos los miembros de un género o un orden, (b) lingüísticamente los atributos o cualidades generales que aparecen en la estructura de la mayoría de las lenguas humanas y en las cuales se sostiene que son entregas lingüísticas del hombre biológicamente definidas. (Léxico helénico por el catedrático Babiniotis).
Καθολικός (kazolikós) palabra compuesta de “κάθε cada” y “ολικός total, todo entero”, o sea, “cada uno enteramente, con todo, íntegramente o completamente”, esto teológicamente es de suma importancia.
Esta catolicidad quiere decir también el primer y más importante mandamiento:
Μαρκ. 12,30 καὶ ἀγαπήσεις Κύριον τὸν Θεόν σου ἐξ ὅλης τῆς καρδίας σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς ψυχῆς σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς διανοίας σου καὶ ἐξ ὅλης τῆς ἰσχύος σου.
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu psique, y con toda tu διανοίας (diania: mente, intelecto) y con todas tus fuerzas o potencia de la energía de tu voluntad”.
“ἐξ ὅλης σου con todo tu”, es decir, en helénico con toda tu existencia, esto es ser católico y en esto llegan los que han pasado por la Catarsis, la Iluminación y si Dios quiere a la Zéosis permanente que son los Santos/as o Profetas del Nuevo Testamento de nuestra Santa Παράδοσις Parádosis* (divina entrega y tradición). Que es la Continuación de los Hechos de los Apóstoles, porque el libro de los Hechos no acaba, es decir, no tiene punto final sino punto y seguido, y esto es la Santa Parádosis, según los Santos Padres. (ver *https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/ Esto es una de las varias nociones según contexto del término teológico helénico Καθολικός (kazolikós).
Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica
(Por http://el.orthodoxwiki.org)
«Una Iglesia Santa Católica o Universal y Apostólica», esta frase constituye el noveno artículo del Símbolo de la Fe de la Iglesia Ortodoxa, el cual se refiere a las cuatro cualidades de la Iglesia: unidad, santidad, catolicidad o universalidad y apostolicidad.
Esta confesión de fe de los Ortodoxos que está incluida en el llamado Símbolo o Credo de Nicea-Constantinopla, el Símbolo más importante de todos los símbolos en la Iglesia Ortodoxa, expresa la profunda convicción de esta misma Iglesia y que se entiende a sí misma como constituida por el mismo Θεάνθρωπο (zeánzropo) Dios y hombre, Cristo y santificada de Su sangre, ya que está edificada y en continuidad ininterrumpida de la Iglesia de los primeros ocho siglos.
Se hace claro, por lo anterior, que la Iglesia Ortodoxa sostiene que no es una Iglesia parcial que se encuentra al mismo nivel o igualdad con las muchas iglesias que existen ahora, sino que encarna en sí misma la una y única Iglesia de Cristo. Exactamente porque la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y porque también la cabeza de ella es una, el Jesús Cristo y por supuesto con una cabeza puede ser sólo un cuerpo con relación orgánica. Por consiguiente, no es una Iglesia parcial y fragmentada, sino καθολική (kazolikí) católica o universal, global, íntegra y completa, y como enseñanza suya tiene la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, que la ha mantenido intacta a través de los siglos, ilustrándola de varias formas.
En esta eclesiología concisa, las cuatro propiedades o cualidades de la Iglesia no consisten en cuatro características herméticas, estancadas, sino más bien en una unidad y totalidad, donde uno se enlaza y contiene al otro, donde lo uno no se entiende ni existe sin los otros, y esto porque todo emana de la Persona o Personalidad de Cristo, como jaris (gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo y como agapi (amor, energía increada) del Padre y como comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,13).
La Iglesia Ortodoxa es Católica o Universal
El concepto de la καθολικότητας (kazolikótita) catolicidad o universalidad eclesial se puede interpretar de dos maneras: local-geográficamente y modalmente o trópicamente. En el concepto local o geográfico significa la Iglesia que tiende a incluir en su seno todo el mundo, todos los pueblos de la tierra, según lo dicho: “Id a predicar el Evangelio en todo el mundo o todos los pueblos de la tierra” (Mrc 16, 15).
En el significado modal o trópico significa la Iglesia que constituye un todo unificado y uniforme, sin restricciones locales, temporales o cuantitativas-numéricas, incluyendo en su seno todos aquellos que pertenecían y pertenecerán al cuerpo místico de Cristo “vivos y difuntos”, de todos los siglos, los fieles de todo el mundo sean vivos o los que han vivido antes de la presencia de Cristo y han salido con la fe desde la tierra hacia la Iglesia celeste.
La Iglesia puede existir y ser también Católica o Universal en los marcos de una Iglesia local (Grecia, Rusia…), basta que en esta existan los elementos que la hacen Iglesia Una, tal y como se ha dicho anteriormente. Esta cualidad de universalidad o catolicidad entendía la Iglesia ya desde los tiempos antiguos. Es evidente que el concepto de catolicidad o universalidad como también la misma Unidad, expresa la identidad y la Iglesia Ortodoxa, excluyendo todos aquellos elementos (herejía, cisma, escisión) que distorsionan y tergiversan su esencia indivisible. Por consecuencia, la Iglesia católica o universal es sólo una, es aquella que ha permanecido fiel en la pureza dogmática, en la base bíblica y tradicional, en la correcta sotiriología (tratado o logos de psicoterapia, redención y salvación), y ha mantenido auténtica, sin engaños, manipulaciones y errores la teología, la piedad y los Misterios (sacramentos). Fuente: http://el.orthodoxwiki.org
La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11).
Es obvio, por todo lo anterior, que los francolatinos con su estado vaticano y el cesar papa, ha tomado la palabra helénica católica y se ha autodominado “iglesia católica”, es una falsedad, el papismo es de todo menos la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” que solamente es la Ortodoxa.
El sentido del término católico usado por Roma es, por una parte, una reducción a uno solo de los aspectos del término, el que tiene que ver con lo geográfico territorial, y señala algo parecido a lo que la οικουμενη (icumeni: tierra habitada) en el sentido que le daba el imperio, todas las tierras conocidas; por otra parte, lo interpreta sin relación a las otras tres notas de la Iglesia: la Unidad, la Santidad y la Apostolicidad, haciendo que ese universalismo se añada a la unicidad, cuando en realidad es una sola cosa con ella, sin distinción esencial. De ahí que sean habituales muchas confusiones. Cuando la Iglesia Ortodoxa proclama el Símbolo de Nicea-Constantinopla, está diciendo algo distinto a lo que se refiere el título de “Católica” que se atribuye Roma.
Η Εκκλησία είναι Μία, Αγία, Καθολική και Αποστολική
π. Λουκάς Γρηγοριάτης
La Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica
Hieromonje, médico y teólogo Lucas del Monasterio Grigoriu, Athos
La historia de la Iglesia atestigua que siempre el énfasis en la autoconciencia ha sido necesario diacrónicamente.
Las herejías y los cismas hicieron imperativo definir los elementos y factores con los que uno distinguiría la Iglesia de las comunidades heréticas. Debido a que las herejías no siempre eran fácilmente distinguidas y reconocibles y, a menudo, adoptaban y tenían una apariencia eclesiástica; de todos modos, la esencia de la herejía era siempre error, callejón sin salida y destrucción. El Apóstol Pablo para proteger los cristianos de las enseñanzas heréticas que conducían fuera del seno de la Iglesia, escribía categóricamente: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal 1,9).
Además, el evangelista Juan afirmaba que algunas de estas enseñanzas heréticas de la época apostólica eran «las profundidades de Satanás» (Ap. 2,24) y que su enseñanza de que el Cristo no se hizo verdadero hombre, es una mentalidad y conducta del espíritu del anticristo: «2. En esto discerniréis si el espíritu es de Dios: “El que confiesa que Jesús es el Cristo, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre, el Mesías hecho hombre, este es de Dios”. [2 En esta señal y criterio conoceréis y distinguiréis con certeza el espíritu de Dios: Todo hombre que manifiesta que tiene carisma del Espíritu y confiesa, no sólo con palabra sino también con obras, que Jesús Cristo se encarnó realmente y vivió como hombre, es decir, que vino en la tierra como Θεάνθρωπος Zeánzropos-Dios y hombre redentor, este es realmente de Dios]. 3. Y el que no confiesa que Jesús Cristo es Dios y hombre no es de Dios; esto es del anticristo, del cual habéis oído decir que estaba para venir y ya está en el mundo. [3. Y todo aquel que dice que tiene inspiración del Espíritu y no confiesa que Jesús Cristo vino del cielo y se ha hecho hombre, éste no es de Dios. Es decir, negar a Jesús Cristo como Θεάνθρωπος Dios y hombre es el espíritu del anticristo, de quien habéis oído que está por llegar. Y ya está en el mundo representado por herejías, pseudo-maestros y falsos profetas que están preparando el terreno para su presencia»»] (1Jn 4:2-3).
En el siglo IV, tras las arduas luchas contra las herejías variopintas más antiguas y contra la herejía de Arrío, el arrianismo y sus múltiples variantes, la Iglesia, en el II Sínodo Ecuménico definió el Símbolo de la Fe o Credo de que la Iglesia es «Una, Santa, Católica y Apostólica». En cuatro palabras, describió su carácter y lo distinguió de cualquier otra estructura eclesiástica que pudiera parecerse a la Iglesia sin serlo.
De acuerdo con la letra y el espíritu del Símbolo de la Fe o Credo, la Iglesia es:
A´ «Una».
La Iglesia es Una, porque por su naturaleza está caracterizada por la unidad de la Fe, unidad de Culto, unidad de gobierno y administración, unidad Ética (vida espiritual) y, sobre todo, unidad en el Espíritu Santo. Esta unidad de la Iglesia es aquel don o regalo sobrenatural por el que oró el Gran Sacerdote hacia el Padre Celestial: “21 Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, también que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 La doxa ilimitada (gloria, luz increada) que me has dado como hombre, la he dado a ellos, para que sean uno, así como tú y yo somos uno. [22. «También como hombre, me has glorificado, puesto que por mí naturaleza humana les has revelado-apocaliptado mi divina naturaleza, como unigénito Hijo tuyo pleno de jaris (energía increada) y verdad. Y esta gloria de filiación que también diste a mi naturaleza humana, yo la he dado a ellos. Les he regalado el poder de adopción y les he hecho coparticipes de nuestra vida divina, para que entre ellos sean cada uno enteramente uno o una persona o personalidad completa, como lo somos nosotros».] 23 Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en uno, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado y amas a ellos como me amas a mí. [23. «Yo viviendo dentro de cada uno de ellos, tal y como tú vives dentro de mí, para que estén perfeccionados cada uno en una persona íntegra y un cuerpo espiritual y que el mundo viendo este milagro de unidad, conozca y crea que tú me has enviado al mundo y que a ellos les has amado y amas como amas a mí».] 24 Padre, quiero los que tú me has confiado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa (gloria, luz increada), que tú me has dado, porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 17,21-24). Gracias a esta unidad sobrenatural, los miembros de la Iglesia, a cualquier Iglesia local que pertenezcan, están conectados y unidos por la misma Fe Ortodoxa, celebran la misma Divina Efjaristía y viven la misma vida del Espíritu. Cada Iglesia local expresa y refleja la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, (San Irineo de Lion, “Control y vuelco de la falso conocimiento-gnosis”). Cuando, por causa de la herejía, algunas personas o iglesias locales se separan y se aíslan de la Iglesia, esta permanece Una. No hay división, separación o fragmentación en su esencia. Es siempre la Iglesia de los Apóstoles, el mismo cuerpo de Cristo, la misma Vid, aunque se hayan separado las ramas secas y muertas.
B´ «Santa».
La Iglesia es Santa, porque Santa es su Cabeza, el Cristo, y porque ella es Su santo teantrópino (divino-humano) cuerpo que se inspira totalmente por el Espíritu Santo. La Iglesia, según el Apóstol Pablo, es la gloriosa Novia, la que el Cristo amó y purificó «con el baño del agua por el Logos», para ser santa e inmaculada, sin mancha ni arruga (cf. Ef. 5, 25-27). Todo lo imperfecto o pecaminoso que se observa en el llamado hoy “espacio o ámbito de la Iglesia”, no pertenece a la santa naturaleza de la Iglesia, sino que es el pecado y la imperfección de nosotros sus miembros, quienes, a través de la μετάνοια metania debemos santificarnos, divinizarnos y conservarnos como miembros sanos y santos del santo cuerpo de Cristo.
C´ «Católica».
La Iglesia es Católica, porque contiene la plenitud de la Verdad, “la que ha sido una vez dada a los santos de la Fe” (Jud 3); porque es “…la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Ef 1,3); y contiene “ …todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1,16); porque tiene todos los carismas, dones del Espíritu Santo y ofrece a los creyentes la plenitud de la Vida divina, porque en ella está “el Cristo que es el todo, y en todos” (Col 3,11).
D´ «Apostólica».
La Iglesia es Apostólica, porque está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra angular Jesús Cristo mismo” (Ef 2,20). La enseñanza, la tradición, la vida, la mentalidad y conducta de los Santos Apóstoles es el mismo Evangelio, impregna la vida entera de la Iglesia y se entrega en ella hasta hoy a través de los Santos Padres sin añadir, ni quitar o manipular nada.
Durante la época primitiva cristiana, los Gnósticos, los Dokitas, los Montanistas, los Maniqueos y otros heréticos no cumplían con estas cuatro condiciones. Por ello, no eran Iglesia. Durante el período de los Sínodos Ecuménicos, las comunidades de los Arrianos, Nestorianos y Monofisitas, a pesar de tener estructura eclesiástica (obispos, sacramentos, culto), al haber perdido la integridad o plenitud de la Fe apostólica, no eran Iglesia. De manera similar, hoy en día, las «iglesias» anticalcedonianas, la «iglesia» católica romana y las confesiones protestantes, por razones dogmáticas distintas cada una, no son Iglesia.
Seguro que suena duro este logos con esta afirmación decir que, en un número tan grande de pueblos cristianos, que desde 1000 o 1500 años, suceda que no tengan unidad dogmática, litúrgica, institucional o administrativa con la Iglesia Ortodoxa, dejaron de ser Iglesia, cuerpo de Cristo. Sin embargo, debemos admitir que, como “iglesias” cristianas no poseen las características que las constituirían en Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Los romanocatólicos, por ejemplo, se autodenominan “católicos” y creen que en su “iglesia” subsiste la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. No obstante, graves desviaciones dogmáticas y canónicas hacen que la “iglesia” romanocatólica o papista sea esencialmente distinta de la Iglesia de los Apóstoles y los Padres. La primacía papal, la infalibilidad papal, el filioque, la χάρις (jaris: gracia) creada, la inmaculada concepción, el antropocentrismo (humano-centrismo), el estado del Vaticano, etc…
Por otro lado, los anticalcedonianos quieren llamarse “Ortodoxos”. Pero su enseñanza cristológica no es Ortodoxa, porque la Iglesia la ha condenado como herética ya en cuatro Sínodos Ecuménicos y por los logos y palabras de la boca de los grandes y eminentes Padres (san Máximo el Confesor, san Juan el Damasceno, san Focio el Grande, san Gregorio Palamás y otros).
Los Protestantes, por su parte, han negado los dogmas fundamentales de la Iglesia, los principios éticos básicos del Evangelio y esencialmente la misma Iglesia. Por tanto, ni cada una de las confesiones protestantes ni todas juntas pueden reclamar el título de verdadera Iglesia. Por supuesto, tampoco como Consejo Internacional de Iglesias tienen derecho a llamar – ¡incluir también a los Ortodoxos!- «to be One Church», (ser Iglesia Una)- ¡como si en los siglos no subsistiera la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, sino que ahora debe recomponerse!
Aunque todo esto que se ha dicho hasta ahora, por parte Ortodoxa se ve bien y teológicamente correcto, a pesar de esto, circula también entre los Ortodoxos la cuestión problemática que se resume de la siguiente manera: Nuestra época es diferente de la época que se produjeron los grandes cismas y rompieron la Cristiandad unida. Cuando surgieron los cismas, era imperativo que los fieles se distinguieran de la herejía emergente. Hoy en día, por el contrario, se intenta sanar los cismas, y el esfuerzo de todos los Cristianos ortodoxos para la terapia, psicoterapia de estos es un deber sagrado. ¿Quizá nuestra confesión a la “Iglesia Una Santa Católica y Apostólica” debería orientarse no hacia la dirección de la exclusividad confesional sino hacia la unidad inter-cristiana?
A esta pregunta crucial, que presupone una percepción y concepto protestante sobre Iglesia y que es la esencia de las búsquedas del Ecumenismo contemporáneo, la respuesta está dada por san Basilio el Grande. Es un pasaje de la epístola hacia el obispo Ortodoxo san Eusebio de Samosata, entonces que se hacían los intentos y diálogos de volver a unirse los Omiusianos (parecida esencia) con los Ortodoxos. El texto es sencillo:
“A pesar de esto, no considero correcto alejarnos totalmente de los que no aceptan la fe, sino que considero correcto tener alguna atención para estos hombres, de acuerdo con las antiguas costumbres de la ἀγάπη (agapi: amor incondicional, altruista) y escribirles en común epístolas e invitarlos a la unión, ofreciéndoles consejos y advertencias con compasión, proponiéndoles la fe verdadera de los Padres y exhortándolos a la comunión y unión. Y si logramos convencerlos, pues, será excelente unirnos en común con ellos; pero si fracasamos, nos bastará con estar unidos entre nosotros, rechazando esa actitud de ambivalencia, y adoptando la vida evangélica y sincera que vivieron desde el principio aquellos que se acercaron al Logos. Porque dice: ´Los que habían creído estaban unidos en un corazón y una psique-alma´. Pero si no, reconoced a los que causan conflicto y dejad de enviarlos en adelante mensajes sobre reconciliaciones.” (Epístola 128).
El didáscalos (maestro) ecuménico de la Iglesia nos entrega la forma ética y el método del diálogo de la Iglesia Una Santa Católica y Apostólica con los heterodoxos. Según sus palabras, el miramiento por la reanudación de los heterodoxos a la Iglesia es un deber de agapi-amor, pero no un fin en sí mismo. Si la unión no resulta amiga y agradable a Dios, porque no parece fundamentarse a la Fe apostólica, es bastante para nosotros, los miembros de la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia, permanecer unidos entre nosotros en la misma moral, ética y vida espiritual Ortodoxa, tal y como la primera Iglesia de Jerusalén, y rechazar los titubeos y la “ambigüedad ética moral” tambaleándola de un lado a otro.
Hieromonje, teólogo y médico Lucas del Monasterio Grigoriu Monte Athos, 19 de octubre de 2011
Traducción: χΧ, jJ Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







