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Ene 05 2025

Sobre la Teofanía o Epifanía: «¿Por qué Cristo fue bautizado?», Mitilineos

Sobre la Teofanía o Epifanía

[Transcripción de una homilía del yérontas Atanasio Mitilineos pronunciada en el Monasterio de Komnineon, Larisa, el 6 de enero de 1991] con el tema:

«¿Por qué Cristo fue bautizado?»

«¿Quién es el Dios?», decía el mundo antiguo. «¿Qué es Dios?», volvía a preguntar. Y las respuestas eran muchas, porque no había una respuesta clara. Sin embargo, la αγάπη (agapi: amor incondicional) y la filantropía del verdadero Dios, que permanecía oculto para el ser humano pecador o, mejor dicho, el pecado cegó al hombre y no podía verlo, vino y se manifestó. Como dice el apóstol Pablo en la lectura de hoy de su carta a Tito:
«Se manifestó la bondad, la filantropía y la agapi-amor para con los hombres de nuestro salvador Dios” (Tito 3:4)
«Se manifestó.» Esto significa «Epifanía«: una revelación, una manifestación. La Θεοφάνεια (Zeofánia)Teofanía significa: «Dios se hizo visible».

¿Cómo «se manifestó»? A través del bautismo de Jesús en el río Jordán. De manera sencilla y concisa, el evangelista Marcos nos informa: «Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu de Dios como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto, en ti tengo plena complacencia” (Marcos 1: 9-11). Así, queridos, el mundo supo que Dios está en el cielo, porque desde el cielo se escuchó la voz (el Logos increado de Dios). Pero también está en la tierra. Está presente en todas partes, aunque no tiene relación alguna con Su creación en términos de esencia. Es decir, la creación no es Dios. Fue entonces cuando los hombres comprendieron que no podían adorar a la creación como si fuera Dios. Que Dios es aquel que tomó, asumió Su creación, no se identificó con ella, sino que la asumió bajo la forma de la existencia humana y vino a nosotros por agapi-amor inmenso e incondicional a nosotros. Dios es Uno y Trinitario.

Ahora, en la Teofanía, el Padre da testimonio de Su Hijo bien amado, y el Espíritu Santo muestra claramente quién es el Hijo. Muestra, señala. No llena a Jesús, se entiende, la naturaleza humana, con el Espíritu Santo. ¡Lejos de eso! Muestra, señala; es decir, muestra una plena y maravillosa Teofanía. Así, el Hijo apocalipta-revela al Padre, el Padre presenta al Hijo, y el Espíritu Santo señala, muestra al Hijo por orden del Padre.

De esta manera, el mundo conoció al verdadero Dios, al que ahora podía adorar, venerar y alabar. Esta es la mayor apocálipsis-revelación de la Historia humana: que el hombre conozca a Su Creador. Es la mayor apocálipsis -revelación.

Es cierto que muchas veces Dios se manifestó, como en el caso de Abraham, en el Sinaí y en la zarza ardiente, donde estaba el Logos, pero de manera ensombrecida. Aquí tenemos una apocálipsis -revelación clara de Dios, especialmente cuando Uno de la Tríada, al asumir la forma humana, vino a estar entre nosotros de un modo extraordinario e indescriptible.

Pero junto a esta majestuosa revelación, porque viene, como les dije, el segundo de la Trinidad, a ser bautizado en el río Jordán, tenemos también una multitud de otras apocalipsis-revelaciones. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿por qué vino el segundo de la Trinidad a ser bautizado en el río Jordán? Los Padres, queridos míos, mencionan varias razones por las que Jesús fue bautizado en el Jordán. Claro, una no sería, diríamos, la primera en importancia, pero no las mencionaré en orden de importancia o jerárquico, simplemente algunas, dos, tres, cuatro razones os mencionaré. Vino para hacer la catarsis a mí, el hombre. Y Cristo se bautiza, ‘no porque Él mismo necesitara catarsis, sino porque se identificó, se familiarizó con mi catarsis´. No vino porque Él necesitara hacer Su catarsis, sino que asumió mi catarsis. Y recibió el baño del bautismo en el río Jordán.

El bautismo de Juan era un bautismo de μετάνοια metania. Tenemos tres tipos de bautismos:

  1. El bautismo de los judíos, que era una práctica, enseñada por los rabinos, obligatoria antes de comer. Recordemos cómo los fariseos criticaban a los discípulos del Señor diciendo: «¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras, recogiendo espigas con sus manos?» Como señala el evangelista, los judíos no comían sin lavarse previamente. Esto era el bautismo hebreo.
  2. El bautismo de Juan, que era un bautismo de μετάνοια metania y arrepentimiento.
  3. El bautismo cristiano, que es un bautismo de perdón, adopción y participación en la vida de Cristo.

Cristo, pues, fue bautizado por Juan, el bautismo intermedio. El bautismo de Juan que era el de μετάνοια metania y arrepentimiento. Pero, ¿cómo se realizaba? El bautizado era sumergido en el agua, permanecía inmerso mientras confesaba sus pecados. Por eso el evangelista Mateo señala que Jesús «subió inmediatamente del agua.» No salió del agua simplemente, sino que ascendió del agua, porque no estaba inmerso como los demás. ¿Por qué? Porque no tenía pecados.

Jesús vino a perdonar mis pecados. Vino a hacer la catarsis a mí, al hombre. Por eso Mateo usa la palabra «inmediatamente» Jesús ascendió del agua. Su bautismo abrió el camino al bautismo cristiano, el que nos entregaría y que es, como dije, el bautismo de remisión de pecados, tanto del pecado original como de nuestros pecados personales.

Además, el Señor fue bautizado en el río Jordán, entre otras razones, para aplastar las cabezas de los dragones, es decir, de los demonios, en las aguas del Jordán. Esto puede parecer extraño. La creación, queridos míos, que fue hecha para el ser humano, quedó bajo la autoridad de Satanás porque el hombre, desde el Paraíso, reverenció y adoró al diablo al hacer su voluntad. Desde entonces, la creación está dominada por demonios.

Así, el Señor vino a santificar la creación en las aguas del Jordán. Es sorprendente que el agua aquí represente toda la creación. ¿Quieren que les explique algo? Para quienes puedan comprenderlo. Es asombroso porque… claro, la teología del agua es inmensa y profunda, pero aquí les diré solo un punto: el agua es H₂O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, el hidrógeno es el primer elemento que, al agregársele protones en su núcleo, se convierte en el segundo, tercero, cuarto, quinto, quincuagésimo, noventésimo elemento, etc. Toda la creación, en términos simples y no científicos, es como una repetición del átomo de hidrógeno. Por lo tanto, el hidrógeno podría considerarse como el representante de toda la Creación. Y este hidrógeno fue generado por la energía de la luz. ¡Asombroso! «Dijo Dios: Hágase la luz’, y fue hecha la luz». Primero la luz, luego el hidrógeno, después toda la creación. Así, de alguna manera, el hidrógeno representa la creación, y abunda en el agua.

De esta manera, Cristo santifica el agua, las aguas del río, es decir, ¡santifica toda la creación! Y al santificarla, expulsa a los demonios que dominaban la creación. Por eso escribe San Cosme el Himnógrafo en el canon de hoy, que escuchamos en el Oficio de Maitines, en el primer tropario de la primera oda: «Y las cabezas de los dragones que allí anidaban, las rompe en las aguas del Jordán». Las cabezas de los demonios, representadas simbólicamente por los egipcios que fueron sumergidos en el Mar Rojo. Los egipcios, simbólicamente, representan el reino de las sombras de la muerte, el poder del Hades, los demonios.

Pero atención, no son los egipcios demonios, solo son un símbolo. Cuando intentaron pasar, también ellos fueron sumergidos. Así, el Salmista dice en el Salmo 73: «Tú aplastaste las cabezas de los dragones en las aguas». ¿Qué dragones? Simbólicamente, los egipcios, que representan a los demonios. «Tú quebrantaste —sigue diciendo— la cabeza del dragón». Primero en plural, luego en singular, porque se refiere tanto a los demonios como al diablo, el líder.

Por eso, queridos míos, por el poder o potencia del bautismo de Cristo en el Jordán, en cada bautismo de un creyente se recitan oraciones. También se pronuncian exorcismos sobre quien será bautizado, para expulsar los demonios que puedan habitar en su interior, y sobre el agua para consagrarla para que se realice el bautismo. Escuchen lo que dice una oración: «Tú santificaste también las corrientes del Jordán, enviando desde el cielo tu Espíritu Santísimo, y quebrantaste las cabezas de los dragones que allí habitaban. Tú mismo, Rey filántropo —lo escucharán también en el rito u oficio del bautismo que seguirá ahora—, preséntate aquí ahora mediante la venida de tu Santo Espíritu y santifica estas aguas». «Que bajo la señal de la forma de tu preciosa Cruz se quiebren todas las fuerzas contrarias —los demonios—. Que retrocedan ante nosotros todos los ídolos aéreos y ocultos, y que ningún demonio oscuro se esconda bajo estas aguas». Así, Cristo vino al Jordán para santificar la creación, aplastando las cabezas de los dragones y la cabeza del gran dragón, el diablo.

Cristo, además, queridos míos, en el Jordán destruyó la enemistad entre Dios y el hombre. San Cosme el Himnógrafo dice nuevamente en la quinta oda, en el irmo: «Jesús, el jefe o lider de la vida, vino a liberar la condena de Adán, el primero en ser creado, y aunque como Dios no necesitaba catarsis, hace la catarsis al caído en el Jordán, donde destruye la enemistad».

Eliminó la enemistad; por eso se dice que el río Jordán es la tumba de la enemistad, la muerte de la muerte, pues el Jordán mató a la muerte. Un Padre de la Iglesia pregunta: «¿Cómo es que Pablo dijo que Cristo destruyó la enemistad en la Cruz, y el himnógrafo aquí dice que la destruyó en el Jordán?». Pablo dice que la enemistad, la separación entre el hombre y Dios, fue destruida en la Cruz, pero aquí se menciona el río. ¿Qué ocurre? Diríamos que Cristo resolvió la enemistad con todos los misterios de Su economía encarnada: con su concepción, nacimiento, bautismo, crucifixión y resurrección. Todos estos son hitos o estaciones de Su economía encarnada, misterios que eliminaron la enemistad entre el hombre y Dios y que, según San Nicolás Cabásilas, son «causantes de nuestra salvación», los que contribuyen a nuestra salvación.

Pablo dice: «Esto sabed: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo en el bautismo». Por eso el hombre participa en los sufrimientos de Cristo mediante el bautismo. Por eso San Juan Crisóstomo dice: «El bautismo se llama cruz». El bautismo, entonces, es cruz, y la Cruz del Señor se representa místicamente en el bautismo. Cruz y Bautismo son esencialmente uno, y expresan la misma verdad. Cruz y Bautismo: son una misma cosa.

Además, Éste, el Señor, cuando entró al río, se convierte en el mediador de dos orillas separadas. Una orilla del río y la otra orilla del río. Una de este lado, la otra del otro lado. Dios y los hombres. Él entra al medio del río y une lo que estaba separado. Por eso Cristo es llamado el mediador entre Dios y los hombres. Es algo asombroso. Por lo tanto, el río Jordán es un símbolo de la separación entre Dios y los hombres. Cristo, el mediador. Una prefiguración de esto es la capa de Elías, la piel que llevaba Elías, la cual arrojó a Eliseo cuando fue llevado al cielo, y él golpeó con ella la orilla del Jordán, que se secó. Y Eliseo pasó por allí. La capa de Elías es un símbolo de la mediación de Cristo, que une las dos orillas, los dos lados: Dios y los hombres.

Además, ¿por qué se bautizó Cristo? Para «cumplir y completar» la ley. «Cumplir» significa «llenar», es decir, «completar, realizar, no dejar nada sin haberlo llevado a cabo». El mismo Dios instituyó el bautismo de Juan; por lo tanto, Él mismo, como hombre, debía cumplir la ley, y por eso vino a ser bautizado. El evangelista Mateo nos señala: «Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo, diciendo: ‘Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ Jesús le respondió: ‘Déjalo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.’» «Justicia» significa «toda la ley». «Debemos cumplir toda la ley».

Y con el cumplimiento de la antigua ley en la persona de Cristo, Cristo nos liberó de la ley ceremonial o teletúrgica, es decir, de la Antigua Alianza, ya que ahora la justificación, es decir, la salvación, no se obtiene con el cumplimiento de la ley, sino con el cumplimiento de la fe. Pasamos de la alianza de la ley a la alianza de la fe.

¿Quieren más? Hay muchos otros motivos. Pero permítanme mencionar uno más, ya que nos queda algo de tiempo. Un motivo sumamente importante. Es que la manifestación del Dios Tríadico y Uno en su totalidad ocurre por primera vez, como ya les mencioné en la introducción del discurso, en la Historia de la creación, de una manera clara, visible y comprensible. Pero podemos decir algo más que nos concierne a nosotros. El tercer himno de la octava oda del mismo himnógrafo, San Cosme, dice: «La manifestación de la Trinidad tuvo lugar en el Jordán; porque esta es la naturaleza supradivina —en otra ocasión explicaremos lo que significa ‘naturaleza supradivina’-, el Padre habló: ‘Este es mi Hijo bien amado, el que está siendo bautizado,’ y el Espíritu Santo estaba presente, junto con Su semejante, es decir, el Hijo, etc.

En el primer himno de la primera oda se dice: «Recrea al Adán corrompido en los arroyos del Jordán.»

Por lo tanto, aquí tenemos la manifestación del Dios Trino y Uno para recrear al hombre, lo cual demuestra que el hombre es creación del Dios Trino y Uno. ¡Viene el Dios entero para recrear al hombre! ¿Por qué? Porque el Dios entero creó al hombre. ¿Qué dijo? «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.» «Hagamos.» «Hagamos al hombre.» Y San Gregorio de Tesalónica, el Palamás, pregunta: «¿Por qué razón se revela el misterio de la Santa Trinidad durante la creación y recreación del hombre, primero en Adán y ahora en el Jordán?»

Y el mismo Padre responde: «Porque el hombre no solo es iniciador-mistis y adorador de la Santa Trinidad en la tierra, sino que también es su única y exclusiva imagen-icona.» «El hombre es exclusivamente la imagen-icona de la Santa Trinidad.» Exclusivamente. ¿Por qué? Porque los animales no tienen intelecto con logos o lógica y νούς nus. Y la vida que poseen es vida animal, no una vida que proviene del Espíritu Santo. Por otro lado, los ángeles, el mundo angelical, también lo mismo. Tienen intelecto con logos o lógica y nus, pero no tienen cuerpos que puedan ser vivificados por el Espíritu Santo. Solo el hombre ha sido vivificado por el Espíritu Santo, y su vida no es como la de los animales, sino que es la vida del Espíritu Santo. Es el nus y el logos. Por lo tanto, tres elementos reflejan el dogma de la Santa Trinidad.

«Pero no un espíritu vivificante —dice San Gregorio refiriéndose a los ángeles—, porque tampoco tienen un cuerpo que pueda ser vivificado por Él.» Los santos ángeles no tienen cuerpo. Por lo tanto: «El hombre —dice San Gregorio—, único, absolutamente único, creado a imagen de la naturaleza tripersonal o trisipostática, tiene nus, logos y espíritu (psique) que vivifica el cuerpo.» El Nus es el Padre, el Logos es el Hijo, y el Espíritu es el Espíritu Santo. Así, el Dios Trino y Uno crea al hombre a Su imagen, y ahora la imagen refleja el arquetipo, porque verdaderamente la manifestación de la Santa Trinidad no es otra cosa que el arquetipo que recrea al hombre creado a Su imagen. Esto es lo primero y lo más grande. Hay mucho más.

Amados míos, frente a tan grandes acontecimientos, la Iglesia, asombrada, exclama: «Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra, todo lo que quiso el Señor lo hizo. Y la Iglesia canta: «¿Quién es Dios grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas.» Sí, amados míos, y el creyente, al sentir el misterio del amor de Dios, glorifica constantemente al Santo Dios Trino y Uno, que ha obrado la salvación de los hombres en la tierra.

Atanasio de Mitileneos,

PARA LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINO Y UNO
transcripción de la conferencia grabada y edición electrónica: Eleni Linardaki, filóloga
FUENTE:

http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

 

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