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Abr 14 2025

Martes Santo: Sobre la parábola de las diez vírgenes

Martes Santo: Sobre la parábola de las diez vírgenes
San Juan Crisóstomo y San Nicolás Velimirović

La parábola de las diez vírgenes 25:1-13

25,1 Entonces el reinado de la realeza increada de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del novio, que vendría de noche para llevarse la novia.

2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco eran insensatas;

3 porque las insensatas, al tomar las lámparas, no tomaron consigo aceite,

4 pero las prudentes tomaron aceite en las vasijas juntamente con sus lámparas.

5 Y tardándose el novio, todas tuvieron sueño y se durmieron.

6 Pero a la medianoche se oyó un clamor: ¡He aquí el novio viene, salid a su encuentro!

7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron y adornaron sus lámparas.

8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: dadnos de vuestro aceite, pues nuestras lámparas se están apagando.

9 Pero las prudentes respondieron, diciendo: id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas, no sea que no haya suficiente para nosotras y vosotras.

10 Pero mientras iban a comprar, llegó el novio, y las preparadas entraron con él a la sala de bodas, y fue cerrada la puerta.

11 Luego, las otras vírgenes también llegan diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!

12 Pero él respondiendo, dijo: En verdad os digo que no os conozco.

13 Velad pues, y estaos en alerta, ya que no sabéis el día ni la hora que viene el Hijo del hombre, el novio de la Iglesia, el Kirios-Señor y juez de toda la tierra habitada. (No conocéis el día ni la hora que por la muerte os marcharéis del mundo para presentaros con vuestras obras ante del Hijo del hombre[Mateo 25, 1-5]

 

San Juan Crisóstomo. Comentario a los versículos: Mateo 25, 1-13

Estas parábolas se parecen a la anterior, la del siervo fiel y del ingrato, aquel que derrochó los bienes de su señor. Pues son cuatro en total las parábolas que nos exhortan a las mismas verdades, pero de forma diversa. Me refiero a la necesidad de practicar la misericordia y procurar el bien del prójimo por todos los medios y formas posibles, ya que no es posible salvarse de otro modo.

En la parábola de los talentos se habla, de manera general, de toda clase de beneficio que debemos procurar al prójimo. En cambio, en la parábola de las vírgenes se habla específicamente de la limosna que se hace con dinero, y con más énfasis aún que en la parábola del siervo bueno y del malo, ingrato. Pues en aquella se castiga al que golpea, se embriaga y disipa los bienes de su señor; mientras que aquí se castiga también al que no beneficia, ni da generosamente a los pobres lo que posee. Porque las vírgenes insensatas tenían aceite, pero no en abundancia, y por eso son castigadas.

¿Pero, por qué presenta esta parábola en la figura de vírgenes, y no simplemente de cualquier persona? Porque había exaltado mucho la virginidad cuando dijo: «Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, tanto los unos como los otros son impotentes para matrimonio y por necesidad se quedan castos, solteros sin casarse, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos, castos por causa del reinado de la realeza increada de los cielos. El que sea capaz de aceptar y aplicar este logos, que así sea y avance hacia el camino de la castidad y virtud» [Mateo 19,12]

Sabía también que muchos tenían una alta estima por la virginidad. Y, en sí misma por naturaleza, es una cosa importante, lo que se muestra también en el hecho de que ni siquiera en el Antiguo Testamento fue impuesta como ley obligatoria. No fue mandada, sino dejada a la libre elección de Sus oyentes. Por eso también Pablo dice: «Acerca de los solteros/as, no tengo ningún precepto del Señor; pero doy mi opinión particular como maestro vuestro quien es digno de crédito por la misericordia del Señor» [1Cor7,25]
«Alabo, por supuesto, a quien logra vivir en virginidad, pero no obligo a quien no quiere, ni hago de ello un mandamiento».

Ya que esto -la virginidad- era una cosa grande y muy admirada por muchos, para que no se conforme quien la practica pensando que ya ha alcanzado todo y descuide lo demás, menciona esta parábola, la cual basta para mostrar que la virginidad, aunque se tenga todo lo demás, si no está adornada con obras de misericordia, es rechazada junto con los lujuriosos, impuros, y coloca al cruel e inhumano al mismo nivel que ellos.

Y con toda razón: el impuro y lujurioso fue vencido por el amor a los cuerpos, pero el virgen fue vencido por el amor al dinero. Y no es igual el amor a los cuerpos que el amor al dinero: el primero es más fuerte y mucho más tiránico. Por tanto, cuanto más débil es el competidor adversario, más inexcusable es quien cae. Por eso llama «insensatas, necias» a aquellas vírgenes que no habían previsto, durante su vida terrena, hacer obras virtuosas de caridad, pues habiendo soportado el mayor dolor de los sacrificios, fracasaron por lo más pequeño: por no querer privarse de sus bienes para darlos a los pobres y necesitados que veían a su alrededor mientras vivían.

Y por «lámparas» aquí se entiende el don de la virginidad, la pureza de la santidad; y por «aceite», la caridad, la limosna, la ayuda a los pobres.

«Pero como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron».

Con estas palabras indica también que no será corto el tiempo que transcurra antes de Su regreso, para apartar a los discípulos de la expectativa de una manifestación inmediata de Su Βασιλεία (Vasilía: realeza increada), porque eso esperaban. Por esta razón continuamente los frena y los aleja de esa esperanza. Además, con ello muestra que la muerte es como un sueño, porque dice que «se durmieron».

«A medianoche se oyó un grito: “¡Aquí viene el novio! ¡Salid a su encuentro!”» [Mt. 25,6].

Aquí el texto o bien permanece dentro de la parábola, o quiere mostrarnos que la resurrección sucederá durante la noche. De hecho, también Pablo menciona ese grito cuando dice: «Porque el Señor mismo, a una orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que han dormido (fallecido) con la fe en Cristo resucitarán los primeros» [1Tes. 4,16].
¿Y para qué son necesarias las trompetas? ¿Qué dice el grito? «¡Aquí viene el Novio! ¡Salid a su encuentro!» Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y prepararon sus lámparas.

«Las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”».
Nuevamente las llama «necias» para mostrar que no hay nada más insensato que quienes acumulan riquezas aquí, atesoran aquí y parten desnudos hacia la otra vida, justo donde más se necesita la caridad, la filantropía y el aceite de la misericordia que hayamos demostrado hacia nuestros semejantes durante esta vida terrenal.

Y no sólo por eso son insensatas, necias, sino también porque esperaban recibir aceite en ese momento y no lo buscaron cuando era el tiempo oportuno.
Aunque nada hay más caritativo que aquellas vírgenes prudentes -y por eso precisamente fueron distinguidas-, aun así, no pudieron darles aceite.

Y no pedían todo el aceite, porque decían: «Dadnos de vuestro aceite», para mostrar cuán grande era su necesidad: «porque nuestras lámparas se apagan», decían.
Pero ni así lo consiguieron. Ni la caridad de aquellas a quienes se lo pidieron, ni la facilidad de cumplir su petición, ni la urgencia de lo solicitado bastaron para satisfacer su ruego.

¿Qué aprendemos entonces de esto?
Que allí, en el otro mundo, ninguno de nosotros, si ha sido traicionado por sus obras, podrá presentarse con confianza ante Dios.
No porque Él no quiera, sino porque no puede.
Porque también las vírgenes prudentes invocan su incapacidad para satisfacer la petición de las necias.
Y esta imposibilidad también fue invocada por el bienaventurado Abraham, cuando dijo: «Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo establecido, para que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, ni los de allá puedan cruzar hacia nosotros» [Lc. 16,26].

«No sea que no baste para nosotras y para vosotras; id más bien a los que venden y comprad para vosotras», respondieron las prudentes.
¿Y quiénes son los que venden? Los pobres.
¿Y dónde están? Aquí.
Así que era necesario buscar ese aceite entonces, durante la vida en la tierra, no en aquel momento.

¿Ves cuán grande debe ser nuestro cuidado por los pobres?
Y si los desprecias y no les prestas atención ni los ayudas mientras vives, estás anulando la mayor esperanza de tu salvación.

Por eso debemos almacenar «aceite» de obras de caridad, filantropía y misericordia, para que nos sea útil cuando llegue la hora del llamado.
Porque el tiempo de recolectar no es el de allá, sino el de aquí.
No desperdicies entonces lo que tienes en placeres y vanidades, porque entonces tendrás gran necesidad de mucho de ese “aceite”.

Cuando las vírgenes necias oyeron estas cosas, se marcharon, pero no compraron nada.
Y el Señor dice esto o para continuar y concluir la parábola, o para mostrarnos que incluso si llegamos a ser caritativos después de la muerte, no obtendremos nada de eso para salvarnos.
Así que ni siquiera entonces hubo suficiente disposición por parte de ellas, porque no acudieron aquí, en esta vida, a los que vendían, sino allá, en el cielo, después de la muerte.

Tampoco el rico obtuvo nada cuando, después de la muerte, se volvió tan caritativo que se preocupaba por sus parientes para que no padecieran lo mismo que él por la dureza de corazón que habían mostrado hacia los pobres.

Porque aquel que despreciaba a un hombre absolutamente pobre y miserable que estaba tendido en su puerta, ahora se apresura a librar de los peligros y del infierno del fuego a los que ni siquiera ve ya, y ruega que se envíe a alguien a advertirles [cf. Lc. 16,27-28: «Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos. Que les advierta, para que no vengan también ellos a este lugar de tormento»].

Pero tampoco logró nada con esa petición, al igual que tampoco lo lograron las vírgenes necias. Porque justo cuando se marchaban tras haber oído esto, vino el novio y las vírgenes prudentes entraron con él, mientras que ellas quedaron excluidas:
«Mientras iban a comprar, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta. Luego llegaron también las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, Señor, ábrenos!” Pero él respondió: “De cierto os digo, no os conozco”».

Después de tantos esfuerzos, de sudores incontables y de aquella lucha insoportable, después de haber logrado levantar trofeos contra su naturaleza salvaje, partieron avergonzadas y con las lámparas apagadas, cabizbajas. Porque no hay nada más tenebroso que la virginidad no acompañada de misericordia.

Por eso también, la mayoría suele llamar «oscuras, tenebrosas» a las personas crueles y despiadadas.

¿Dónde está entonces el beneficio de la virginidad, si ni siquiera vieron al Novio, ni obtuvieron nada cuando tocaron la puerta, sino que escucharon aquella terrible respuesta: «¡Apartaos, no os conozco!»?
Y cuando el Señor dice eso, ya no queda nada más sino la Gehena (infierno) del fuego y un infierno insoportable.
Esa respuesta, de hecho, es peor que el mismo infierno.
Y esta misma respuesta la dio también a quienes practican la iniquidad.

«Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora en que vendrá el Hijo del Hombre» (Mt. 25,13).
El mensaje de la parábola es que debemos estar prevenidos, con la psique-alma siempre iluminada por la luz de la virtud, provistos del aceite de la calidez interior y de la fuerza y energía espiritual, que se cultivan mediante una constante comunión con Dios.
Así debemos esperar la venida del Hijo del Hombre, el Novio de la Iglesia, Cristo, despiertos y preparados en todo momento, porque no sabemos el día ni la hora en que vendrá para llevarnos al gozo y a la dicha de sus bodas (Mat 25,13).

¿Ves cómo el Señor lo repite constantemente, para mostrarnos que es beneficiosa esta ignorancia del momento de nuestra salida de esta vida?

Dónde están entonces aquellos que pasan su vida en pereza y negligencia, y cuando los reprendemos nos dicen: “Cuando llegue la hora de mi muerte, dejaré mis bienes a los pobres”

Escuchemos estas palabras y corrijámonos, porque muchos han fallado también en ese momento, al ser arrebatados de manera repentina y morir inesperadamente, sin tener siquiera la oportunidad de pensar en sus seres queridos o hacer lo que deseaban.

Esta parábola fue dicha respecto a la limosna material.
La parábola siguiente, la de los talentos, se dirige a aquellos que no sólo no quieren ayudar al prójimo con bienes, con palabras, con protección o con cualquier otro medio, sino que además ocultan todo cuanto tienen.

¿Y por qué la parábola de los talentos menciona a un rey, mientras que esta habla de un novio?

Para que comprendas cuán amistosa y cercana es la relación de Cristo con los vírgenes, aquellos que renuncian a sus posesiones y lo siguen.
Eso, después de todo, es la virginidad verdadera.

Por eso también Pablo establece esta condición:
«Quiero que estéis libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor» (1 Cor. 7,32), y también: «Y esto pues, lo digo respecto a la soltería, únicamente para vuestro bien. No para imponeros una carga ni para forzaros a permanecer solteros, sino para asegurar una conducta decorosa y una posición honrosa junto al Señor, libres de preocupaciones y de los agobiantes cuidados de la vida cotidiana» (1 Cor. 7,35).
“Esto es lo que os aconsejamos”, dice san Pablo.

San Juan el Crisóstomo.

Martes Santo: El significado del Evangelio de las diez vírgenes
(San Nicolás Velimirović)

A María Z., que pregunta…

A María Z., que pregunta…
Cinco vírgenes prudentes y cinco insensatas, necias.
Lee: cinco psiques-almas humanas sabias y cinco insensatas.

Las sabias tenían sus lámparas limpias y aceite en ellas.
Las insensatas, sólo las lámparas.

Las lámparas simbolizan el cuerpo; el aceite, la misericordia.
La palabra griega “ἔλαιον” (éleon: aceite) está relacionada con ἔλεος (éleos: misericordia).
De ahí también viene πολυέλεος (poliéleos: gran misericordioso), que designa al que tiene mucha compasión y caridad. En el templo, el gran candelabro (πολυέλεος) se enciende durante los maitines mientras se cantan los salmos sobre la gran misericordia de Dios hacia su pueblo:
«porque eterna es su misericordia, aleluya» (Salmo 135).

Las vírgenes sabias y prudentes tenían, pues, cuerpo y alma puros, pero también gran misericordia hacia los más débiles, hacia aquellos que aún no se habían liberado del pecado.
En cambio, las insensatas guardaban estrictamente la virginidad corporal, pero eran implacables, mirando con desprecio y orgullo a los más frágiles. Los juzgaban con arrogancia y los rechazaban con soberbia.

“Con justicia se las llama insensatas”, dice San Nilo del Sinaí, “porque, aunque lograron lo muy difícil -la virginidad-, descuidaron la misericordia, la compasión, el perdón”.

Sus lámparas estaban limpias, pero vacías y oscuras.
Cuando llegue la muerte, el cuerpo se disolverá en la tierra, pero la psique-alma emprenderá su camino hacia la casa eterna y será la luz de la misericordia lo que debe iluminarlas y guiarlas. Pero, quien carezca de ese aceite será envuelto por las tinieblas.

¿Cómo cruzará ese paso tan difícil?
La psique-alma se llena de miedo, tiembla, se ve rodeada de sombras tenebrosas y visiones espantosas, como pesadillas que torturan el sueño.

¿Quién la compadecerá entonces? ¿Quién le dará siquiera un rayo de luz?
Dios tendrá misericordia, sí, pero de los misericordiosos.
Porque está dicho: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt. 5,7). Quienes mostraron compasión hacia las criaturas, recibirán compasión del Creador.

¿No es eso justo y consolador?

En nuestro barrio vivía una mujer que permaneció pura toda su vida.
Hasta aquí, todo digno de alabanza. Pero de pronto su lengua empezó a lanzar veneno contra quienes vivían en el matrimonio, a quienes llamaba pecadores. Desde la mañana hasta la noche presumía de su virginidad y ridiculizaba a quienes consideraba peores que ella.
Un sacerdote nos dijo en una conversación: “Si no sabéis cómo es una virgen necia del Evangelio, ahí la tenéis”.

Y es verdad, la necedad aparece claramente cuando una persona tiene una sola virtud, pero le faltan las demás. Una sola virtud es como una pequeña luz en la oscuridad, que obliga al caminante a inclinarse hacia un lado u otro para poder ver.

La sofíasabiduría no está en una virtud aislada, sino en la suma de todas. Como dijo el Omnisciente: «La sabiduría edificó su casa y talló siete columnas» (Prov. 9,1). Sabia es la psique- alma que posee al menos siete virtudes.

Esta parábola de Cristo también tiene un significado más profundo: Las cinco vírgenes necias representan los cinco sentidos del cuerpo.
Quien vive sólo de lo que ve y oye, sin control alguno del pensamiento, tiene una psique-alma insensata.
Cuando la muerte cubre este mundo sensible, esa psique-alma queda en total oscuridad.

En cambio, las cinco vírgenes sabias simbolizan los cinco sentidos interiores, que dominan al νούς (nus: espíritu de la psique-alma) y el pensamiento y controlan los sentidos externos.
¿Serás capaz de darte cuenta de esto durante tu vida?
El tiempo lo dirá.

Paz y salud de parte de Dios.

(San Nicolás Velimirović del libro “Un camino sin Dios no se soporta”, ediciones «En Plō»)

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

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