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Abr 13 2025

LUNES SANTO MAITINES y VÍSPERAS

 

Μεγάλη Εβδομάδα Semana Grande y Santa

Μεγάλη Δευτέρα

LUNES SANTO MAITINES y VÍSPERAS

San juan Crisóstomo, san Máximo el Confesor, Agustino Cantiotis

 Sobre la higuera estéril

San Juan Crisóstomo

Lunes Santo Maitines (Mateo 21, 18-43)

“En aquel tiempo, regresando Jesús a la ciudad, tuvo hambre” (Mateo 21,18).
Pero ¿cómo es que el Señor tiene hambre tan temprano en la mañana? Cuando lo permite a su cuerpo-carne, entonces manifiesta también su pazos, pasión.

“Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló en ella más que hojas, y le dijo: ‘Nunca jamás brote fruto de ti’. Y al instante se secó la higuera”.
La higuera, que solo tenía hojas y ningún fruto, representa a la sinagoga de los judíos, que entonces mostraba solo hojas, apariencias y formas exteriores, pero no frutos de virtud. Y para dar una enseñanza sobre cuál será el destino de toda persona estéril como esa higuera, dijo: “No produzcas ya más fruto”. Y la higuera se secó de inmediato.

Otro evangelista dice que aún no era tiempo de frutos: Pero si no era tiempo de frutos, ¿cómo dice el evangelista Marcos que Jesús tuvo hambre, vio de lejos la higuera y “fue a ver si hallaba algo en ella?” (Marcos 11,13).

Por lo tanto, queda claro que esto fue un pensamiento de Sus discípulos, ya que aún eran espiritualmente inmaduros, y en muchos casos los evangelistas recogen precisamente los pensamientos de los discípulos. Así como ese fue un pensamiento de ellos, también fue idea suya suponer que el Señor maldijo la higuera simplemente porque no tenía fruto.

¿Por qué, entonces, la maldijo? Por causa de sus discípulos, para que recibieran ánimo y coraje. Es decir, porque Él siempre hacía el bien y no castigaba a nadie, pero debía mostrar también Su poder punitivo, para que tanto Sus discípulos como los judíos conocieran que Él puede secar a aquellos que Le crucificarán, pero que con su voluntad les perdona y no los seca. Y como no quería revelar esto abiertamente a las personas, demostró Su acción punitiva sobre la higuera.

Por tanto, cuando algo similar ocurre con lugares, plantas o animales irracionales, no examines los hechos con excesivo detalle, ni digas: “¿Cómo fue justa la maldición a la higuera si no era tiempo de frutos?”. Eso es una muestra de necedad. Observa el milagro, admíralo y glorifica a nuestro Señor que obra maravillas. Porque lo mismo dijeron algunos acerca de los cerdos que se ahogaron, cuestionando si fue justo o no. Pero tampoco ahí debemos hacer caso, ya que también eran animales irracionales, así como la higuera era una planta sin psique-alma.

¿Por qué entonces este hecho toma tal forma y es causa de una maldición? Como dije antes, eso era un pensamiento de los discípulos. Y si realmente no era época de frutos, es erróneo decir que aquí se alude a la Ley (de Moisés), ya que el fruto de esta era la fe, y ese era precisamente el momento para dicho fruto, y ciertamente lo producía. Porque dice: 35 ¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: «Alzad vuestros ojos y ved los campos ya dorados para la siega. [35. «¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo que también existe la siega espiritual, en la que el logos de Dios puede fructificar en tiempo muy breve. Y para que os convenzáis, pues, alzad vuestros ojos y ved la multitud de samaritanos que están viniendo; además, de los otros pueblos que están listos para venir. Estos son como los campos de personas lógicas, en los cuales aún no se ha sembrado el logos de la verdad, pero que están dorados y preparados ya para la siega. Así también en todas partes del mundo las psiques-almas de los hombres ahora están maduras para recibir la σωτηρία sotiría es decir, la auténtica psicoterapia, terapia, redención y salvación».] (Juan 4,35); y también: 38 «Yo os he enviado a segar lo que no habéis trabajado; otros labraron, yo y los profetas antes que yo y vosotros os beneficiaréis de su trabajo» [38. Yo, el Señor del campo, os he mandado a segar lo que vosotros no habéis labrado; otros han labrado y sembrado, es decir, yo y los profetas, y vosotros entrasteis en sus labores para segar lo que no habéis sembrado] (Juan 4,38).

Por tanto, aquí no se insinúa algo similar, sino que se manifiesta lo que ya dije: el Señor demuestra Su poder punitivo y Su fuerza de castigo. Y esto se hace evidente por las palabras: “porque no era tiempo de higos”; lo que significa que se acercó a la higuera fuera del tiempo de fructificación, no porque tuviera hambre, sino por causa de Sus discípulos, quienes se maravillaron mucho, a pesar de haber visto milagros más grandes. Pero como ya mencioné, este milagro fue particular, porque por primera vez mostró su poder punitivo y fuerza de castigo. Por eso no realizó el milagro en otra planta, sino en la más fértil, para que el milagro pareciera aún mayor.

Y para que entiendas que el milagro fue por causa de Sus discípulos, para enseñarles a tener confianza, escucha lo que dice a continuación:

“Y respondiendo Jesús, les dijo: de cierto, en verdad os digo, si tenéis fe inquebrantable y no dudáis de la potencia y energía increada de Dios, no sólo haréis el milagro de la higuera, sino que aun si a este monte dijerais: quítate y échate al mar, se haría; y todo cuanto pidáis en oración con fe, lo recibiréis” (Mt 21,21.

Es decir, “vosotros también haréis milagros mayores si queréis creer y si basáis vuestra fe y confianza en la oración”. ¿Ves cómo todo fue hecho por ellos, para que no temieran ni se intimidaran ante las amenazas? Por eso lo repite una segunda vez, porque quiere afianzarlos en la oración y en la fe. “Porque no solo haréis esto, sino que moveréis montañas y lograréis cosas aún más grandes, apoyados en la fe y la oración”.

San Juan el Crisóstomo

Lunes Santo maitines: Sobre la higuera estéril (Sobre Marcos 11,12-14 y Mateo 21,18)

San Máximo el Confesor

Pregunta: ¿Cuál es la higuera del Evangelio que se secó, aparentemente sin razón? ¿Y cuál es esa hambre extrema que buscaba fruto fuera de tiempo? ¿Y qué significa maldecir una cosa insensible?

Respuesta:

«El Dios Logos, que economiza y dispone todas las cosas con sabiduría para la psicoterapia, redención y salvación de los hombres, primero educó nuestra naturaleza mediante la Ley, la cual contiene un culto más corporal. Esto, porque nuestra naturaleza no podía recibir la verdad desnuda de sus revestimientos rituales, a causa de la ignorancia y la alienación en que había caído respecto de las realidades divinas arquetípicas (originales). Luego, cuando vino al mundo, haciéndose hombre manifiestamente por sí mismo, tomando cuerpo-carne dotado de psique-alma lógica y espiritual, y como Logos elevó nuestra naturaleza al culto espiritual, inmaterial y del conocimiento.

Y, habiéndose ya manifestado la verdad en la vida, no quiso que siguiera dominando la sombra, cuyo símbolo era la higuera. Por eso dice que al volver de Betania a Jerusalén (Mateo 21,18; Marcos 11,11s), es decir, después de aquella presencia suya que era simbólica y sombría, oculta dentro de la Ley, y viniendo nuevamente a los hombres con cuerpo-carne -porque así debe entenderse la expresión ‘regresando’-, vio en el camino una higuera que sólo tenía hojas (cf. Mt 21,18; Mc 11,13), que esta higuera representaba la sombra y los símbolos, es decir, el culto corporal de la Ley, según la tradición cambiante y pasajera -porque estaba junto al camino-, una adoración basada y culto solo en formas externas, costumbres y preceptos que pasan.

El Logos la vio como una higuera hermosa y majestuosa, adornada de hojas -es decir, con los envoltorios exteriores de los preceptos corporales de la Ley-, pero al no encontrar fruto, es decir, justicia, la maldijo porque no ofrecía alimento al Logos, o mejor dicho, ordenó que no cubriera más, sometiendo la verdad a los formalismos legales, lo que se demostró posteriormente con los hechos, ya que se secó por completo la belleza legal que solo existía en los rituales y las formas exteriores, se apagó y desapareció el orgullo y la arrogancia de los judíos respecto a ella.

Porque no era razonable, ni oportuno que, al haberse manifestado plenamente la verdad en los frutos de la justicia, se dejara engañar y arrastrarse el deseo de los hombres (que corren por esta vida como por un camino) por las hojas y se olvidaran los ricos frutos comestibles del Logos.

Por eso dice: «No era tiempo de higos» (Mc 11,13), es decir, el tiempo en que dominaba la Ley sobre la naturaleza humana no era tiempo de frutos de justicia, sino que simbolizaba esos frutos y anunciaba el futuro misterio divino y salvador de todos, al cual el pueblo antiguo no llegó por su incredulidad y por eso se perdió.

Porque, como dice el apóstol divino, «Israel, buscando una ley de justicia (es decir, una justicia basada en sombras y tipos), no alcanzó la ley de la justicia, que es la que se cumple en el Espíritu de Cristo» (Rom. 9,31).

O también, porque el grupo de sacerdotes, gramaticales-escribas, juristas y fariseos, enfermos de vanagloria y de una falsa piedad moral, aparentaban practicar la justicia, pero alimentaban el orgullo de su arrogancia y presunción, el Logos dice que esa arrogancia es una higuera estéril, llena solo de hojas, la cual maldice y seca, ya que Él desea la salvación de todos y «tiene hambre» de la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación, deificación); de modo que, prefiriendo ser justos antes que parecerlo, se despojen del manto de la hipocresía moral y se revistan con el auténtico manto de la virtud, como lo quiere el divino Logos, para que vivan su vida con piedad, presentando a Dios la disposición de la psique-alma más que la apariencia fingida de moralidad ante los hombres.

Y si algunos de nosotros los cristianos somos también así, fabricando nuestra piedad solo en las formas, sin obras de justicia, si aceptamos al Logos como filántropo que tiene hambre de nuestra salvación, Él seca la semilla de la maldad dentro de la psique-alma, es decir, la arrogancia, para que no nos dé ya la vanagloria, que es fruto de la corrupción.

Según mis humildes fuerzas, este es el sentido de este pasaje: el Señor tuvo hambre con razón, maldijo la higuera de forma útil, y la secó en el momento adecuado, porque era un obstáculo a la verdad.
Esa higuera representaba tanto la antigua tradición legal de ritos corporales, como el comportamiento soberbio de los fariseos, o incluso el nuestro propio.

Fuente: “Filokalia de los Padres Nipticos y Ascéticos”, A San Thalasios – Cuestiones difíciles (Preguntas A’-NΓ’),

 

Lunes Santo Vísperas – Los ocho «¡ay!»
†Metropolita de Florina, p. Agustino Kantiotis

(Γραμματεῖς (gramatís), de nuestro léxico https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

El término clave en este pasaje es Γραμματεῖς (gramatís) que puede traducirse como «intelectuales», «escribas», «gramáticos o gramaticales » o «estudiosos». Γραμματεῖς (gramatís) gramaticales, intelectuales, escribas o doctores de la ley pertenecían a la clase de los Fariseos y ocupaban un puesto eminente entre ellos. Constituían la aristocracia espiritual del pueblo hebreo. los hebreos; eran llamados súper λόγιος (loyios) sabedores intelectuales, o sabios), componían odas para el culto, eran maestros, guías espirituales, juristas y defensores abogados de la ley… Su labor principal era la interpretación y análisis de la Ley Mosaica, y especialmente, el registro y explicación de la tradición de la célebre ancestral, de sus antepasados. Sin embargo, a menudo ideaban sus propias leyes, mediante las cuales manipulaban o reinterpretaban la tradición conforme a su conveniencia. Pero en realidad en la práctica, esto oscurecía y desplazaba la Ley de Moisés y los mandamientos de Dios. Como agentes judiciales o abogados, participaban en juicios y en la asamblea, y su opinión era tenida en alta estima. El hecho es que imponían sobre los hombres “cargas pesadas, difíciles de soportar, mientras ellos no movían ni un dedo para cumplirlas”.

Lo mismo sucede hoy con muchos heterodoxos y también con algunos que, aunque se dicen ortodoxos (cristianos de clase burguesa), carecen de Χάρις (Jaris), es decir, de la Energía Increada del Espíritu Santo. Aun así, se atreven a interpretar las Sagradas Escrituras y los Santos Padres, que sólo pueden comprenderse por la iluminación del Espíritu Santo. Por eso hoy abundan los gramatís o escribas intelectuales disfrazados de “teólogos/as”, que creen que pueden encerrar la Verdad y la Jaris en las jaulas académicas de las aulas universitarias.)

A ellos se les recomienda leer con atención el capítulo 23 del Evangelio según San Mateo, o bien consultar a la Santa Iglesia Ortodoxa Helénica-

Los ocho «¡ay!» Lunes Santo vísperas

ANTES, queridos míos, de una gran batalla, suele suceder que los dos ejércitos enemigos se enfrenten entre sí en pequeños choques, lo que se llama escaramuzas. Las escaramuzas son como un preludio del gran enfrentamiento que está por venir.

Algo similar vemos descrito en el evangelio que se leyó hace un rato. A medida que avanza la Semana Santa, se acerca la hora en que tendrá lugar el gran enfrentamiento, el mayor de la historia del mundo. Y esa gran batalla de la historia es la lucha del Gólgota. Allí, la luz se enfrentará con las tinieblas, la bondad con la maldad, Dios con el diablo. Antes, pues, de ese enfrentamiento final del Viernes Santo, antes de que Cristo enfrente al enemigo cara a cara, preceden, a modo de escaramuzas, enfrentamientos verbales con los instrumentos del enemigo. Escaramuzas son las preguntas maliciosas de los herodianos, los saduceos y los fariseos, las cuales Cristo, defendiéndose, responde con respuestas contundentes.

Pero después de defenderse, pasa al ataque. Y el ataque es la reprimenda de Cristo hacia los escribas y fariseos, en la que se escuchan ocho terribles «¡ay!» (véase Mateo 23:13-35).
Vale la pena que pongamos especial atención en esos «¡ay!».

* * *

Después de todos los esfuerzos coordinados que hicieron los sofistas y abogados de aquella época con el propósito de perturbar, liar y atrapar a Cristo, para humillarlo ante el pueblo y mostrar que no sabe nada, que es un ridículo y nada más, Cristo se enojó y comenzó a dirigirles un pliego de cargos. Así como el fiscal se levanta desde su estrado y dice «acuso» contra criminales y culpables, así también Cristo. Desde su propia perspectiva -superior a la limitada justicia humana-, con los criterios que un día juzgará a toda la humanidad, dirigió una durísima acusación contra los γραμματεῖς (gramatís: intelectuales, escribas, gramaticales) y fariseos.

Esta acusación se encuentra en el evangelio de hoy. Quien lea o escuche esta acusación de Cristo, cree que el cielo truena y que caen rayos y centellas. Son los «¡ay…!», los «¡ay…!» que escuchamos.

«¡Ay!» significa «¡pobre de aquel!», «¡infeliz!», «¡tres veces desgraciado aquel que hizo tales cosas!».
Esos rayos, que caen sobre las cabezas de los hipócritas, son ocho. ¿Los oísteis?

El primero dice:
«¡Ay de vosotros, γραμματεῖς gramatís y fariseos, hipócritas!», porque entráis en las casas de las viudas con fingida cortesía y piedad, como si quisierais hacer el bien, y les robáis sus bienes. Aunque sois ladrones y devoráis los bienes de los pobres, os hacéis pasar por piadosos, haciendo largas oraciones. Por eso seréis juzgados con mayor severidad. (Mateo 23:13)

Segundo «¡ay!»:
«¡Ay de vosotros, γραμματεῖς gramatís y fariseos, hipócritas!», porque no solo vosotros no creéis ni seguís el camino de Dios, sino que impedís también a los demás que lo sigan. ¿Cómo los impedís? En primer lugar, silenciosamente, con vuestro mal ejemplo, ya que el pueblo suele imitar a sus dirigentes, y sobre todo en lo malo.

También los impedís activamente, ejerciendo vuestra influencia. De acuerdo, vosotros no creéis; pero ¿por qué, cuando veis a alguien que cree, intentáis apagarle la fe? Lo vemos en nuestros días: no cree el padre o la madre, y en cuanto ven que un hijo comienza a creer, ¡cómo reaccionan! No respetan la libertad del otro. Son incrédulos, y quieren propagar la incredulidad a quienes los rodean. Quienes actúan así, pertenecen a esta categoría del segundo «¡ay!». Vosotros, les dice el Señor, no queréis entrar en la Iglesia -que es la βασιλεία (vasilía: realeza increada) de los Cielos sobre la tierra-, pero tampoco dejáis entrar a los que sí quieren. «Vosotros no entráis, ni dejáis entrar a los que quieren entrar» (Mateo 23:14)

Tercer «¡ay!»:
«¡Ay de vosotros, γραμματεῖς gramatís y fariseos, hipócritas!», que recorréis mar y tierra para convertir a un extranjero a vuestra religión, y cuando lo conseguís, con vuestra mala vida lo guiais por un camino torcido que lo lleva a la condenación o infierno, lo hacéis «hijo de la gehena (infierno)» peor que vosotros mismos (Mateo 23:15)

Cuarto «¡ay!»:
«¡Ay de vosotros, γραμματεῖς gramatís y fariseos, hipócritas!», porque siendo ciegos queréis guiar a otros. ¿Y adónde los lleváis? Al error. Enseñáis que, si alguien jura por el templo, no tiene importancia; pero si jura por el oro del templo -pues adoraban al oro, los avaros-, entonces es un gran pecado. «¡Necios y ciegos!», dice Cristo, ¿qué es mayor, el oro o el templo que santifica el oro? (Mateo 23:16-22)

Quinto «¡ay!»:
«¡Ay de vosotros, γραμματεῖς gramatís y fariseos, hipócritas!», que cumplís los mandamientos pequeños, pero dejáis de lado los grandes. Los pequeños mandamientos los cumplían porque eran fáciles (por ejemplo, dar el diezmo del eneldo, del anís y del comino). Pero los grandes mandamientos, que exigen sacrificio, los pisoteaban sin temor de Dios: grandes mandamientos son la «justicia» (no cometer injusticias), la «misericordia» (ayudar al prójimo), y la «fe» (hacer las cosas u obras por fe en Dios). A esta categoría pertenecen hoy muchos llamados cristianos, que hacen pequeñas cosas (echan unas monedas en la Iglesia, encienden una vela, se persignan, ayunan miércoles y viernes).
Debemos hacer también esas cosas, por supuesto; está bien encender una vela, venerar los íconos, ayunar, etc. Pero además de eso, que es relativamente fácil, existen los grandes mandamientos: la justicia, la compasión y, sobre todo, la agapi-amor desinteresado, que es la virtud suprema.
«¡Ay de vosotros!», dice, que filtráis el mosquito, pero os tragáis el camello entero. Así son muchos: severos con lo pequeño, indulgentes con los grandes pecados y crímenes. (Mateo 23:23-24)

«¡Ay de vosotros!», dice, « γραμματεῖς gramatís y fariseos hipócritas».
Limpian por fuera la copa y el plato, pero la comida y la bebida que contienen provienen del robo, y por tanto están sucios. Así también es toda vuestra situación: por fuera parecéis personas decentes y piadosas, pero vuestra psique-alma está llena de pazos vicios, pasiones. Si de verdad queréis hacer vuestra catarsis y purificaros, detened, frenad la injusticia (cf. Mateo 23,25-26)

«¡Ay de vosotros!», dice, « γραμματεῖς gramatís y fariseos hipócritas».
Sois como sepulcros blanqueados, que por fuera se ven hermosos, pero al levantar la losa, por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza. Así también vosotros: por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y maldad (cf. Mateo 23,27-28)

«¡Ay de vosotros!», dice en el último «¡ay!», «γραμματεῖς gramatís y fariseos hipócritas».
Construís los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, es decir, honráis a los santos y grandes hombres de vuestra historia. Pero ¿qué tenéis en común con ellos? En nada os parecéis. Si de verdad los honrarais sinceramente, ¿por qué estáis listos para matar a los nuevos profetas que Dios os envía? Porque en toda época existen profetas, enviados de Dios. Vosotros decís que honráis a los grandes profetas antiguos, pero si apareciera un nuevo profeta en el mundo, lo ejecutaríais. Hijos de víboras, dice, descendientes nuevos de Caín, que mató al inocente Abel, ¿cómo escaparéis a la condenación del infierno? (cf. Mateo 23,29-35)

* * *

Así habló, queridos míos, Cristo en aquel tiempo a los γραμματεῖς gramatís y fariseos.
¿Pero acaso los fariseos desaparecieron desde entonces?
Existen también hoy, y existirán hasta el fin del mundo.
Por eso, también al final del Nuevo Testamento, en el Apocalipsis de Juan, se oyen otros «¡ay!» (cf. Ap. 8,13; 18,10, etc.), para los fariseos de los últimos tiempos.

Y si alguno se pregunta:
«¿Acaso Dios es malo y amenaza?»
La respuesta es esta: Dios ama y quiere la salvación de todos; por eso amenaza con los «¡ay!», para prevenir el mal, para llevar a la conversión y a la salvación.

† Obispo Agustino. Lunes Santo Vísperas, 1983

Traducido por: χΧ jJ  https://www.logosortodoxo.com/

https://www.logosortodoxo.com/category/nuevo-testamento/

Evangelio de san Mateo. Capítulo 23: Control a los hipócritas Gramatís-Escribas y a los Fariseos, 1-28. Crímenes y castigo de Jerusalén, 29-39.

Control a los hipócritas Gramatís-Escribas y a los Fariseos, 23:1-28.

23,1 Entonces Jesús habló con una forma muy dura y con autoridad a las multitudes y a sus discípulos,

2 diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas-gramatís y los fariseos.

3 Haced y cumplid pues todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, pero no hacen ni aplican nada de lo que dicen;

4 porque atan cargas pesadas e insoportables y las echan a los hombros de los hombres, mientras que ellos no las quieren mover ni con su dedo.

5 Antes bien, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres, porque ensanchan sus filacterias (hojas largas con lemas de la Ley) y alargan los flecos de sus mantos, para parecer así que son piadosos e impresionar a los hombres.

6 y les gusta estar en los primeros puestos en las cenas y en las primeras sillas en las sinagogas,

7 y los saludos pomposos en las plazas, y que los hombres los llamen Rabbí-Maestros.

8 Pero vosotros no seáis llamados Rabbí, porque uno solo es vuestro maestro, el Cristo y todos vosotros sois hermanos, por tanto iguales entre sí.

9 Y no llaméis padre, sea carnal o espiritual a nadie en la tierra, en el sentido que él tiene autoridad absoluta e ilimitada ante vosotros, pues uno solo es vuestro Padre, el celestial,

10 ni seáis llamados profesores, porque uno es vuestro único y perfecto profesor: el Cristo; el cual es el único que enseña la verdad pura e inconfundible y conduce con seguridad a los hombres al difícil camino de la sotiría redención, sanación y salvación.

11 Y el que es mayor de vosotros sobre la gnosis-conocimiento y axioma, debe con humildad y bondad ser vuestro servidor.

12 Porque el que se enaltezca y enorgullezca frente a los demás será humillado, y el que con amor-agapi cristiano se humille y se haga servidor de los demás, será enaltecido y glorificado por Dios.

13 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos, hipócritas! porque, como sinvergüenzas y ambiciosos que sois, coméis en las casas de las viudas y a la vez con el pretexto de la piedad hacéis largas oraciones; por eso seréis castigados por la divina justicia mucho más que los ladrones y los desvalijadores.

14 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos, hipócritas! porque por vuestra falsa enseñanza que la presentáis como si fuera de Dios, cerráis el reinado de la realeza increada de los cielos delante de los hombres, así no entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

15 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos hipócritas! que para hacer a un idólatra prosélito recorréis mar y tierra, y cuando lo llega a ser, lo hacéis dos veces más hijo de la gehena/ infierno que a vosotros.

16 ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: todo el que jure por el santuario/templo, eso no es nada, pero quien jure por el oro del santuario/templo, debe cumplir su juramento.

17 ¡Necios y ciegos!, porque ¿qué es de mayor valor: el oro, o el santuario que santifica el oro?

18 Y decís además: todo el que jure por el altar, nada es; pero quien jure por la ofrenda que está sobre él, debe cumplir su juramento.

19 ¡Necios y ciegos! porque ¿qué es mayor y más sagrado, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?

20 Sabed pues, que el que juró por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él.

21 Y el que juró por el santuario/templo, jura por él, y por el que habita en él, es decir, a Dios.

22 Y el que jura por el cielo, jura a la vez por el trono de Dios, y por el Dios que está sentado sobre él.

23 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos, hipócritas! que diezmáis la menta, el eneldo y el comino, cumplís pero dejasteis lo más importante de la ley, el sano y justo juicio, la caridad/misericordia y la fe verdadera; esto era necesario hacer sin dejar aquello.

24 ¡Guías ciegos, que coláis el agua y el vino no vaya ser que bebáis algún mosquito, y tragáis un camello! Es decir, cumplís con las cosas pequeñas e insignificantes y sois indiferentes para las grandes e importantes.

25 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos hipócritas! que limpiáis lo de afuera de la copa y del plato, pero por dentro están llenos de comidas que provienen de rapiñas, codicias e injusticias.

26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro de la copa y del plato, para que no provenga de la injusticia, sino de tu trabajo honrado, para que sea limpio también lo de fuera. Es decir, no miréis aparecer piadosos sólo exteriormente, sino que intentéis adquirir también la catarsis, limpieza, sanación y santidad interior.

27 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos hipócritas! que os parecéis a sepulcros blanqueados, los cuales a la verdad se muestran hermosos por fuera, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

28 Así también vosotros, por fuera, ciertamente aparecéis justos ante los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía, basura e iniquidad

Crímenes y castigo de Jerusalén, 23:29-39.

29 ¡Ay de vosotros, escribas-gramatís y fariseos hipócritas! que edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,

30 y decís: Si estuviéramos en los días de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en el derramamiento de sangre y muerte injusta de los profetas.

31 De modo que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos descendientes auténticos de los que mataron a los profetas.

32 ¡Completad también vosotros la obra de vuestros padres! (es decir, hacéis las cosas que ellos no hicieron, matasteis al Mesías llegando así al límite extremo de maldad).

33 ¡Serpientes, raza con pensamientos venenosos de víboras! ¿Cómo pensáis escapar del juicio justo y de la condena del infierno/gehena?

34 Por tanto, he aquí tenéis la última ocasión para salvaros, yo os envío profetas, sabios y escribas-gramatís, que son mis Apóstoles. Pero vosotros a unos de ellos los mataréis y crucificaréis, y a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los expulsaréis y perseguiréis de ciudad en ciudad.

35 Para que caiga sobre vosotros toda la sangre justa que está siendo derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar sin tener miedo y respeto a su santidad.

36 En verdad de verdad os digo: Todo esto vendrá sobre esta generación.

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que Dios te ha enviado! ¡Cuántas veces quise rejuntar a tus hijos, como los pájaros juntan sus polluelos bajo las alas, y no quisisteis!

38 He aquí para castigo por vuestra maldad y para vuestra destrucción se queda desierta y desprotegida por Dios vuestra ciudad y vuestro templo.

39 Porque os digo que desde ahora en adelante, de ningún modo me veréis hasta que vueltos en metania, digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Traducido por: χΧ jJ  https://www.logosortodoxo.com/

 

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