
Test, prueba a Patriarcas, Arzobispos, Metropolitanos y demás teólogos
¡Confianza en todos, pero… hasta que se demuestre lo contrario!
«Y vuestro logos que sea sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de maligno astuto procede…para que no caigáis en hipocresía y condenación» (Mt 5,37 · Snt 5,17).
Existe una pregunta crucial que, si se formula, penetra como una espada en lo más profundo del corazón y revela desde el principio, con absoluta claridad, la disposición interior y la mentalidad y conducta de un cristiano ortodoxo, y también si eres… “tibio, y no frío ni caliente” (Apocalipsis 3,16), especialmente de un jerarca, es decir, de aquel que debe estar impregnado del espíritu de la Parádosis-Tradición eclesiástica y Patrística Ortodoxa.
¿Cuál podría ser esta pregunta?
Supongamos que un cristiano ortodoxo dirige pública y directamente a un jerarca la siguiente pregunta:
«Su Eminencia, ¿existe otra Iglesia aparte de la Una, Santa, Católica y Apostólica, la Iglesia Ortodoxa?»
¡He aquí el gran desafío! ¡He aquí la demostración! ¡He aquí la hora del “juicio”!
¿Cuál será, en primer lugar, su reacción? ¿Y qué espera escuchar el que pregunta?
Se entiende que el pastor, el obispo, el guardián del rebaño y de los límites de la verdad eclesiástica, el padre de la Iglesia, tiene un deber profundo: debe responder en tal caso obligatoria y evidentemente según el Evangelio: «Sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, …para que no caigáis en hipocresía» (Mt 5,37 · Snt 5,17).
Es decir, ¡con un “sí” o con un “no”!
Hoy en día, esta es una pregunta–desafío para el acercamiento, la confianza, la comunicación y la cooperación en la Verdad y en el Amor entre los fieles y la Iglesia dirigente. Es el punto crucial para una cooperación plena y en Cristo con el obispo, con todo guía espiritual y teólogo, y para la aceptación de sus palabras y de sus obras.
Hoy el ecumenismo, el cristianismo antropocéntrico, la concepción mundanizada de la verdad en Cristo, lo nivelan todo, ayudados por la confusión general, los disturbios mundiales y las maquinaciones de los depredadores del planeta.
Por eso, esta pregunta, con su correspondiente respuesta, resulta decisiva para el vínculo estrecho y fraternal entre el cuerpo de la Iglesia y sus pastores.
Existen al menos cuatro posibles reacciones ante esta pregunta:
- Que el interpelado no acepte la pregunta y la desprecie, desviando la conversación hacia otro tema o despidiendo groseramente al que preguntó, tildándolo de extremista, orgulloso, inhumano u otro calificativo semejante.
- Que el que pregunta no escuche ni un “sí” ni un “no”, y el jerarca comience la “conversación” con frases como: «Mira, déjame explicarte…», procurando eludir la respuesta. En tal caso, lo mejor y más seguro para ambos es que el fiel se retire discretamente y sin demora.
- Si escucha un “sí”, un “por supuesto”, expresado con seguridad, entonces debe marcharse inmediatamente, diciendo simplemente: «Gracias, que le vaya bien».
- Si, en cambio, escucha un claro “no”, entonces se arrodillará humildemente a los pies del jerarca, hará una profunda reverencia y le agradecerá con gratitud desde lo más hondo del corazón, besándole las manos y los pies.
Sí, a tal punto ha llegado la situación. Y no debe considerarse esta escena hipotética como un juego o una ironía: es la verdad. Y por eso, aunque se escuchan innumerables sermones y se escriben libros sobre miles de temas, esta cuestión casi nunca se aborda confesionalmente, sino solo por unos pocos.
Los hechos ocurridos y que siguen ocurriendo en la Iglesia pueden mostrar esta distorsión y convertir la cuestión en un punto firme e inamovible. No hace falta enumerarlos, pues las omisiones que resultarían, debido a su incontable número y a la multitud de personas implicadas, acabarían perjudicando la verdad.
Aquellos ecumenistas que ocupan puestos de autoridad en la Iglesia deben recordar que el patrimonio de la Iglesia es Su Verdad, y esta es herencia común de todos los cristianos ortodoxos bautizados. Es una propiedad indivisa; y cuando uno la ataca y los demás callan, la responsabilidad se comparte por igual.
Cada bautizado tiene el derecho y el deber de clamar ante vosotros:
«¡Señor, la Verdad es tan tuya como mía!»
Y esta posición de los pastores resulta aún más trágica cuando no hablan. Ante la ofensa a la Verdad no cabe decir: «Yo no lo dije» o «Yo no lo hice». Si alguien lo dijo o lo hizo, y nosotros lo vimos sin reaccionar, aunque fuera herejía o engaño, nuestra responsabilidad es la misma, quizá incluso mayor. Así ha vivido la Iglesia a lo largo de los siglos.
Y si el corazón de algunos se ha cargado de “sueños modernizadores” de una noche sin luna ni estrellas, y no quieren oír nada sobre la Santa Parádosis-Tradición* y los sagrados cánones —porque ellos mismos han fabricado sus propios “cañones”, prestados de un Occidente tambaleante, y bombardean la Verdad en nombre de Aquel en cuyo nombre fueron ordenados—, entonces que dejen “armas, cascos y cartucheras” y se dirijan al lugar de su μετάνοια metania y arrepentimiento. (* https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/)
Y que no se elogien unos a otros por su mutua falsa autoafirmación, sino que busquen, en metania y arrepentimiento, solo la confirmación en Cristo.
«Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te voy a vomitar de mi boca», [te reprobaré y te cortaré de mi Iglesia] (Apocalipsis 3:16).
Sávas Iliádis, Maestro, en Kilkís, 18 de junio de 2020 (Fuente: http://aktines.blogspot.com/2020/06/blog-post_793.html#more)
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/







