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May 05 2026

El papel de la Iglesia Ortodoxa: La terapia de la psique

Ο ΡΟΛΟΣ ΤΗΣ ΕΚΚΛΗΣΙΑΣ: Ἡ θεραπεία τῆς ἀνθρώπινης ψυχῆς. (Ἱερομόν. Σάββας)

Repasada traducción 04/05/2026

 

El papel de la Iglesia Ortodoxa: la “psicoterapia”, terapia de la psique-alma humana.
Por Savas el Aghiorita, hieromonje, adaptado y traducido de tres homilías suyas.

 

Contenidos

1ª PARTE: “LA PSICOTERAPIA”, TERAPIA DE LA PSIQUE-ALMA Y DEL NUS

  • El oscurecimiento del “como imagen”
  • El propósito de la Iglesia Ortodoxa: la terapia de la noerá energía o del nus
  • Discernimiento entre οὐσία (usía, sustancia, esencia) y energía de Dios y de la psique-alma humana
  • Νούς (nus), energía noerá y corazón, según los Santos Padres.
  • ¿Cuál es el funcionamiento correcto del nus-espíritu humano?
  • La infusión o soplo de Dios: el Espíritu Santo
  • La desobediencia de los primeros en ser creados y la humanización, encarnación del Salvador Jesús Cristo
  • “Oscurecimiento del nus de Adán”
  • Necesidad de terapia para todos: catarsis de los pazos e iluminación
  • ¿Qué son los pazos?
  • La “psicopatía” del hombre
  • Quién es el hombre saludable espiritualmente
  • Camino hacia la Catarsis, la Iluminación y la Zéosis o Glorificación
  • Cómo se hace la Catarsis y la Iluminación
  • Las oraciones de la Iglesia hablan sobre la Catarsis y la Iluminación
  • La Iluminación
  • Puesto que nos bautizamos, ¿por qué necesitamos de nuevo catarsis?
  • La Ortodoxia acepta a todos los hombres para la terapia “psicoterapia” sin obligarlos
  • Μετάνοια Metania y Confesión general: “la divina psicoanálisis”
  • La confesión general, a través del Misterio de la Metania, es el misterio del verdadero psicoanálisis.
  • Solo la Iglesia hace psicoterapia y sana la psique-alma humana
  • La terapia, psicoterapia de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima) es obra solamente de la Iglesia Ortodoxa.
  • La pérdida de la instrucción terapéutica ortodoxa de los heréticos. Nuestro Cristo es llamado Médico
  • Por qué se ha perdido la tradición terapéutica de Occidente
  • Debemos cambiar y hacernos hombres de Dios
  • En los heréticos, papistas, protestantes, etc., el que cambia es Dios
  • La relación de tipo comercial con Dios
  • Durante la Segunda Parusía (Presencia), todos veremos a Dios, pero unos como luz increada y otros como fuego increado
  • Qué es la nipsis
  • Qué es Ἡσυχία (hisijía), hesiquía
  • Qué es el ἡσυχασμός (hisijasmo o hesicasmo)
  • El hisijasmo en la ciudad
  • La experiencia de la terapéutica ortodoxa y la ayuda al prójimo
  • Aquel que se “psicoterapia”, es decir, que se sana en la Ortodoxia, puede también instruir en esta terapia y ayudar a sanar a su prójimo.

2ª PARTE: PREGUNTAS AL PADRE SAVAS EL AGHIORITA Y RESPUESTAS

  • Pregunta sobre la cantidad y la calidad en la oración
  • Pregunta sobre la necesidad de un Guía Espiritual o Yérontas experimentado:
  • Pregunta sobre la iluminación del nus
  • Pregunta sobre κατάνυξις (katánixis: compunción, dilatación del corazón), iluminación y lágrimas
  • Pregunta: ¿Cuánto tiempo debemos permanecer en la oración y cuándo es mejor hacerlo?
  • Pregunta sobre la iluminación y cómo se llega a ese estado
  • Pregunta: ¿Por qué nosotros vamos hacia atrás?
  • Pregunta sobre la fuerza, el cansancio y la dificultad en la oración incesante:
  • Pregunta: ¿Cómo nos acostumbramos a la oración noerá, del corazón o de Jesús?
  • Pregunta sobre la voluntad de Dios y la oración incesante del corazón:
  • Pregunta sobre la agapi a Dios y la dificultad en la oración incesante
  • Pregunta: ¿Cómo aprendemos la voluntad de Dios?
  • «Pedid primero el reinado de la Realeza increada de Dios»
  • La Iglesia existe principalmente para esta vida.
  • La Iglesia no está para que las cosas nos vayan bien
  • La educación de los hijos en la oración incesante del corazón
  • La instrucción a los hijos, en general

3ª PARTE: LA ΑΓΑΠΗ AGAPI DEL HOMBRE A DIOS Y LA AGAPI DE DIOS A LOS HOMBRES

  • El primer mandamiento
  • La gran fiesta: la venida de la divina jaris increada
  • El Espíritu Santo enseña qué es la agapi-amor
  • La oración y la Divina Liturgia son nuestro consuelo

4ª PARTE: EL REINADO DE LA REALEZA INCREADA DE DIOS ES REALEZA DE SANGRE

 

1ª PARTE: “LA PSICOTERAPIA”, TERAPIA DE LA PSIQUE-ALMA Y DEL NUS

 

El oscurecimiento del “como imagen”

Se ha dicho muy correctamente que el propósito de la Iglesia Ortodoxa es “psicoterapiarnos”, sanarnos y hacernos saludables psíquica y espiritualmente. Los Santos Padres nos dicen que el resultado de la primera desobediencia que hizo el hombre (Adán) a Dios fue la pérdida de la κοινωνία (kinonía: conexión, participación y comunión) con Él. Ocurrió entonces lo que llamamos “oscurecimiento del como imagen” del hombre.

Tal como conocemos, en nuestra psique-alma está imprimida la imagen (icona) de Cristo. Pero esta imagen se ha oscurecido y manchado, y esto sucedió a causa del pecado ancestral u original. El resultado del oscurecimiento fue lo siguiente: esta imagen de Dios que tenemos en nuestro interior ya no está limpia, clara y lúcida en nuestra vida y en nuestras acciones.

Así pues, ahora, después de la caída, el hombre completo está enfermo; desgraciadamente, está “manchado, ensuciado”… desde la cabeza hasta los pies. En cada faceta de su vida, en cada praxis y acción, en cada energía psíquica (pensamientos, emociones y deseos) y en cada operación somática, corporal, todo está enfermo.

En este punto os rogaría que me siguierais con atención. Las cosas que más abajo voy a decir puede ser que, para algunos, sean oídas por primera vez. Pero son muy sencillas.

 

Discernimiento entre οὐσία (usía, sustancia, esencia) y energía de Dios y de la psique-alma humana

En principio, es importante señalar que Dios tiene esencia y energías, y son increadas. Energías y esencia tiene también la psique humana, pero son distintas de las de Dios: son creadas, es decir, la psique-alma está creada según la “imagen” de Dios.

Específicamente, Dios tiene:
a) οὐσία (usía), esencia, sustancia increada; pero el hombre no la conoce ni puede conocerla, porque Dios es increado, sin principio ni fin; en cambio, el hombre es creado, criatura.
b) energías increadas; estas energías de Dios son accesibles y participadas por nosotros los hombres, es decir, tenemos la capacidad de participar de ellas, experimentarlas y vivirlas.

Las energías increadas de Dios las entendemos en cierta medida. Podemos acceder y participar de ellas, como hemos dicho. Por ejemplo, la αγάπη (agapi: amor incondicional, emoción de energía increada) de Dios y Su justicia podemos vivirlas y experimentarlas; también que Dios es dulzura inexpresable y Luz increada, que es Vida y Resurrección, etc.

Así que estas cosas, es decir, las energías increadas, cuando las percibimos y las vivimos, entonces podemos comprenderlas en cierta medida. Por supuesto, no las entendemos intelectualmente, encefálicamente con el cerebro, sino ontológica o existencialmente, cuando amamos a Dios. Entonces, a través de la Divina agapi increada participamos de ellas, las vivimos y las experimentamos.

¿Pero cuándo amamos a Dios?

Naturalmente, cuando aplicamos y cumplimos Sus logos o mandamientos: «El que cumple mis mandamientos/ logos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21).

San Gregorio Palamás, en la Filocalía, nos dice: “La energía increada no se conoce mediante su esencia increada, sino que, por la energía increada, nos informamos de que la esencia increada existe, pero no sabemos qué es. Por eso Dios se hace conocido y partícipe a nosotros no de Su esencia increada, sino de Su providencia, según los Teólogos. Y la energía difiere de la esencia también en esto: aquello que informa es la energía increada, y lo que conocemos a través de ella, que existe, es la esencia increada” (https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/tomo-iv/).

Nuestra psique también tiene:
a) οὐσία (usía, esencia, sustancia), pero no sabemos exactamente lo que es ella;
b) energías.

Pero, como la esencia está enferma a causa del pecado, entonces están enfermas también las energías que se producen de nuestra psique-alma.

 

Νούς (nus), energía noerá y corazón, según los Santos Padres.

El nus o la energía del nus del hombre debe permanecer en el corazón. El nus es el sacerdote y el corazón es el altar interior del hombre que debe estar dedicado a Dios.

Dicen los Santos Padres que el nus del ser humano debe estar dentro del corazón y allí orar incesantemente, celebrando una Divina Liturgia incesante en el altar interior del corazón humano.

El nus no debe estar disperso hacia fuera mediante los sentidos, sino que debe encontrarse y volver en sí mismo. Es decir, la energía del nus que se dispersa al ambiente a través de los sentidos deberá retornar a su esencia o sustancia, que es el corazón (psicosomático) del hombre.

[Apuntamos aquí que en la psique-alma distinguimos: a) la esencia o sustancia, que se encuentra en el interior del corazón y se llama corazón profundo o subconsciente, y b) la energía, que se llama también energía noerá. La energía noerá opera en el corazón del hombre espiritualmente saludable como oración noerá (del nus) incesante, y en el cerebro o enkéfalos como διάνοια (diania: mente, intelecto o lógica].

Cuando se completa el regreso del nus al corazón, entonces el nus por sí mismo se eleva sobre el concepto de Dios. Entonces la energía noerá funciona correctamente. Es decir, entonces la psique funciona de forma natural, según los Padres.

El Padre Romanidis nos enseña que: “La terapia, psicoterapia de la psique es la ocupación principal de la Iglesia Ortodoxa. Había comprobado, a partir de la tradición hebraica, y del mismo Cristo y de los Apóstoles, que en la parte del corazón natural funciona algo que los Santos Padres llamaron nus.

Por lo tanto, desde esta perspectiva, la energía noerá (del nus) es una y única energía de la psique-alma, la cual en el cerebro o mente funciona como lógica, pero la misma funciona a la vez en el corazón como nus. Es decir, el mismo órgano, el nus, ora incesantemente en el corazón —se entiende, en los que han conseguido tener la oración incesante— y, a la vez, piensa con la mente o cerebro, por ejemplo, problemas matemáticos y cualquier otra cosa” (Padre Ioanis Romanidis, “Teología Patrística”, pág. 19 https://www.logosortodoxo.com/teologia-patristica-ortodoxa/).

En los escritos de los Santos Padres se habla mucho sobre el regreso del nus al corazón, el retorno de la energía a la esencia. Dice san Basilio el Grande que el nus que no se dispersa hacia fuera ni se difunde por los sentidos en el mundo retorna en sí mismo y por sí mismo asciende al concepto de Dios. Y, a continuación, rodeado e iluminado por la Χάρις (Jaris: Gracia) increada, la Luz increada y la belleza de Dios, no se interesa por las cosas terrenales y olvida hasta la misma naturaleza; es decir, este hombre no se preocupa, ni se inquieta ni sufre por lo que va a comer ni por lo que va a vestir.

El retorno del nus de la dispersión al corazón, es decir, el regreso de la energía del nus al corazón, es la terapia del nus, la apocatástasis-restablecimiento en su forma natural, normal.

Entonces, con la oración cordial incesante, el corazón hace su catarsis, se purga, se limpia y se sana, y viene al corazón sanado el Paráclito, el Espíritu Santo con sus frutos, que son: agapi, alegría, paz y serenidad, fe, bondad, magnanimidad, tolerancia, bondad, apacibilidad y continencia. Entonces, naturalmente, desaparecen el egoísmo, la tristeza y la depresión que son producidos por él.

San Teolepto de Filadelfia: “cuando el nus (espíritu) se va y deja de lado las cosas exteriores y sigue concentrándose hacia las interiores, entonces vuelve a sí mismo; es decir, se une naturalmente la διάνοια (diania: cerebro, mente) con el logos y, con el logos que existe sustancialmente en su interior, se une con la oración. Entonces, mediante la oración, asciende a la gnosis (conocimiento increado) de Dios con toda su amorosa potencia y energía, con toda su predisposición y con todo su estado de ánimo. Entonces se va desvaneciendo el deseo, el anhelo carnal; todo tipo de sensación o sentimiento hedonista se vuelve lento, y las cosas bellas de la tierra le parecen repugnantes” (Filocalía, tomo 4). (Ver también: https://www.logosortodoxo.com/psicoterapia-ortodoxa/el-uso-de-la-noera-energia-y-de-la-energia-logica-del-hombre-segun-san-gregorio-palamas/)

 

El propósito de la Iglesia Ortodoxa: la terapia de la noerá energía o del nus

—¿La Iglesia ortodoxa, por tanto, qué propósito tiene?

El propósito de la Iglesia es sanar, “psicoterapiar” la psique-alma y así, de enferma, hacerla saludable. Creo que hasta aquí las cosas son sencillas.

La energía de la psique-alma se llama «noerá energía (νοερὰ ἐνέργεια)»; así la llamaron también los Santos Padres. Esta “noerá energía”, cuando se encuentra dentro del corazón de la psique del hombre, los Santos Padres la llamaron “nus (νούς) o espíritu del corazón humano”; pero cuando está y funciona en el cerebro, la llamaron “lógica” o “διάνοια (diania), cerebro, inteligencia, intelecto, mente o energía lógica”.

El nus y la diania son dos manifestaciones diferentes de la energía de nuestro nus-espíritu, la cual cada vez se manifiesta de distinta manera según el lugar en el que se encuentra. La lógica, que se encuentra en la región del cerebro, se utiliza por el hombre para captar, conceptuar, razonar y formular las cosas que percibe y conoce el nus, el cual, como hemos dicho, está en el corazón (psicosomático).

Repito y os recuerdo que, en la situación de post-caída en la que nos encontramos, todas estas cosas están enfermas. En cuanto el hombre aún no quiere, a través de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios, hacer la μετάνοια (metania: cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión), si no se ha limpiado, purgado y sanado, “psicoterapiado”, todas estas cosas no funcionan correctamente. El “como imagen” que está impreso en nuestra psique-alma está aún “oscurecido” (manchado, entenebrecido y ensuciado).

La Iglesia ortodoxa realiza esta terapia: “psicoterapia”; sana nuestra psique-alma.
Sana el nus y la lógica, estas dos cosas.

Cuando el nus está sanado, funciona correctamente, y mientras la “noerá energía” funciona correctamente en el corazón del hombre, entonces funciona correctamente también la “lógica”.

 

¿Cuál es el funcionamiento correcto del nus-espíritu humano?

El funcionamiento correcto de nuestro nus es estar en conexión y comunión con Dios, orar y “ver, contemplar” a Dios. Cuando funciona de esta manera, entonces tiene Luz, recibe la Luz increada de Dios…

Esta Luz increada, que hemos perdido con la desobediencia, la hemos readquirido con la Jaris (gracia, energía increada) de Dios mediante nuestra vida dentro de la Iglesia Ortodoxa, con la metania, con la oración incesante del corazón o de Jesús y la vida ascética y mistérica (sacramental), es decir, participando en los Misterios ortodoxos.

Los Santos Padres nos dicen: Adán y Eva, antes de la desobediencia, estaban en un estado de continua κοινωνία (kinonía: conexión, participación y comunión) con Dios. El Espíritu Santo, que estaba junto a ellos, los iluminaba.

 

La infusión o soplo de Dios: el Espíritu Santo

Los primeros en ser creados obtuvieron el Espíritu Santo desde el momento en que recibieron el “soplo” de Dios. Os acordaréis del Antiguo Testamento, donde se escribe que Dios “infundió o insufló soplo de vida” a los primeros en ser creados, Adán y Eva. Este soplo de vida no es la psique-alma, como equivocadamente creen algunos, sino el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios al hombre una vez que antes les había formado y dado cuerpo y psique-alma. Este fue el que unió a los primeros en ser creados con Dios y los mantenía en conexión y comunión continua con Él.

 

La desobediencia de los primeros en ser creados y la humanización, encarnación del Salvador Jesús Cristo

La primera Iglesia, increada, es la misma Santa Trinidad; es el mismo Dios, el cual es Uno y también Tres Personas (Hipóstasis) discernidas entre sí.

Allí, dentro de esta Iglesia, había puesto Dios a Adán y Eva. ¡Tanta agapi nos mostró! Pero, desde el momento en que hemos desobedecido a Dios, se alejó el Espíritu Santo: lo hemos perdido; es decir, hemos perdido la conexión con la energía increada Jaris del Espíritu Santo como Persona-Hipóstasis. Entonces hemos perdido la comunión con Dios, con la Santa Trinidad, y así salimos de esta primera Iglesia increada.

A pesar de esto, Dios no nos ha abandonado al desierto. Ha mandado a Su Hijo para volver a unirnos con Él. Esta fue la causa por la que Dios se hizo hombre: para que el Espíritu Santo restablezca otra vez en nuestro interior Su energía increada y vuelva a traernos a la comunión con Él, haciéndonos otra vez miembros de Su primera Iglesia, miembros de la Iglesia increada de la Santa Trinidad.

Por tanto, viene el Hijo y Logos de Dios, una de las Tres Personas, toma nuestra naturaleza y Él vuelve a hacer en Sí mismo la unión de lo creado con lo increado: el hombre, que es creado, se une con lo increado, que solo es Dios, puesto que a Dios nadie lo ha creado; Dios existe siempre, perpetuamente. Por tanto, en lo sucesivo, el que se une con Él regresa a la primera Iglesia de la que cayeron los primeros en ser creados: «1 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador o viñador.

2 Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, el Padre lo corta; y todo el que da fruto lo cuida, lo limpia y lo poda, para que dé más fruto. (Cada hombre que dice que cree en mí y no tiene la virtud como fruto de la fe, el Padre lo separa de mí. Al contrario, el que tiene obras de virtud, le ilumina y le refuerza para que pueda hacer obras más virtuosas.)

3 Y vosotros gracias al logos que os he anunciado y enseñado, estáis lúcidos y limpios, como sarmientos espirituales estáis purificados y preparados para fructificar;

4 Permaneced unidos en mí y yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis unidos en mí, no podréis hacer obras virtuosas.

5 YoSoY la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece unido en mí y yo en él, ése trae mucho fruto. Porque sin mí nada podéis hacer. Separados de mí, sin mi jaris o gracia que es mi energía increada, vivificadora, sanadora y salvadora que emana de mí, nada bueno podéis hacer.

6 El que no permanece unido en mí, será echado fuera como el sarmiento inútil, y se seca, y los hombres los recogen y los echan al fuego para que ardan.

  1. Aquel que no permanece unido en mí espiritualmente, será echado fuera como el infructuoso sarmiento; y se secarán porque no tienen vida espiritual y no les queda ni huella de energía increada jaris, gracia. Éstos espiritualmente son como los sarmientos secos, y serán echados por los ángeles al fuego eterno del infierno» (Juan 15:1-6).

 

“Oscurecimiento del nus de Adán”

Después de la caída de los primeros en ser creados, el hombre está enfermo. Cuando decimos “enfermo”, damos a entender que su psique-alma está enferma. Y cuando decimos que la psique está enferma, entendemos que el nus-espíritu del hombre y la lógica (diania, mente, cerebro) están enfermos; están oscurecidos, como dicen los Santos Padres. Por eso nos hablan mucho sobre la caída del hombre, durante la cual se ha oscurecido y entenebrecido su nus.

“Se oscureció el nus” de Adán: esta es la enfermedad de la naturaleza humana y la tenemos todos los hombres.

 

Necesidad de terapia para todos: catarsis de los pazos e iluminación

Todos los hombres necesitamos terapia. Se debe hacer la catarsis, sanarse, purgarse y limpiarse nuestro nus, e iluminarse por el Espíritu Santo con Su energía increada. Son los dos primeros estadios de la vida espiritual de los que nos han hablado los Santos Padres: catarsis e iluminación.

—Κάθαρσις (kázarsis), catarsis: literalmente es sanación, terapia, curación, limpieza, purgación y purificación, y se refiere principalmente a la psique-alma, es decir, a la psicoterapia.

—Φωτισμός τοῦ νοῦ (fotismós tu nú): iluminación del nus o del espíritu humano. Es la segunda etapa de la vida espiritual, después de la catarsis del corazón. En esta etapa, el nus ya ha expulsado los apasionados loyismí (pensamientos) y se hace templo del Espíritu Santo, tal y como estaba antes de la caída, lleno de la energía increada Jaris, y adquiere plegaria incesante por la memoria de Dios. Por eso la iluminación del nus se enlaza estrechamente con la oración noerá del corazón o de Jesús.

Ahora bien, ¿de qué se debe catartizar, purgar y sanar el hombre?

Otra vez nos dicen los Padres: debe catartizarse, purgarse y sanarse de los pazos.

 

¿Qué son los pazos?

Πάθος (pazos o pathos): son las fuerzas psíquicas que han tomado una dirección equivocada. El término significa una patología, algo que ocurre en la persona a modo de experiencia, en la que queda afectada anímica, pasional o emocionalmente. Resulta una alteración de la psique (alma) o del cuerpo, como el padecer, el tener una afección, defecto de carácter, enfermedad, calvario, adicción, hábito, apego, y a veces es un autoengaño.

Decía san Paisios el Atonita: “Πάθος (pazos o pathos): los pazos son las fuerzas y energías psíquicas que han tomado el camino equivocado”. Son los pecados, es decir, las desobediencias a Dios, que se repiten muchas veces. Así, uno poco a poco adquiere un hábito y después comete fácilmente el pecado concreto.

Si uno, por ejemplo, no controla la comida, la cantidad y la calidad, si no tiene continencia, no ayuna, poco a poco adquiere el pazos de la gula o ansia, desesperación por comer, y a veces sin tener hambre.

Estos pazos fueron desarrollados en su interior porque este hombre no controló este pecado concreto desde el principio. Es decir, retrocedió y cedió una vez, dos, tres… y, al final, se ha hecho guloso, esclavo de su vientre. Entonces ya hablamos de un pazos instalado. Este pazos no existía siempre. Si este hombre comió cuando no tenía necesidad de comer, si ha comido más de lo que debía, etc., finalmente se hizo un glotón, un ansioso por comer.

Entonces, “de estos pazos tenemos que hacer la catarsis”, nos dicen los Santos Padres.

—Pero uno me dirá: ¿es pecado comer?

No, no es pecado; pero se convierte en pecado desde el momento en que sobrepasas la necesidad de comer para vivir, desde el momento en que pones en tu estómago más de la cuenta.

Dicen los Santos Padres que, cuando sobresatisfacemos un pazos decente, noble y no perverso como el hambre, entonces se convierte en indecente, perverso; es decir, lo satisfacemos más de lo que exigen nuestras necesidades.

(Ver también sobre pazos en: “12 Lexis apocalípticas” http://www.logosortodoxo.com/πάθος-pazos-y-ἀπάθεια-apazia-sin-pazos)

 

La “psicopatía” del hombre

Diríamos que el hombre, como está enfermo en la psique-alma y tiene varios pazos, es un psicópata en el sentido literal y real del término «ψυχοπαθής (psijopazís, psicópata)». No en el sentido que lo dice la psiquiatría actual, sino de acuerdo con la terminología patrística. Como tiene pazos, su psique está enferma; por eso a este hombre se le puede llamar “psicópata (ψυχο-παθής psijo-pazís)”.

No hace falta que uno sea, digamos, esquizofrénico para ser psicópata; pero, desde el aspecto patrístico, la psicopatía existe en aquel hombre cuya psique no funciona correctamente. La energía de su psique-alma —como hemos dicho anteriormente, la que los Santos Padres llamaron “noerá energía (νοερὰ ἐνέργεια)”— no funciona correctamente.

Por tanto, cuando la “noerá energía” no funciona correctamente —y en todos nosotros sucede esto mientras no nos hemos sanado, “psicoterapiado”, en el centro terapéutico que se llama Iglesia Ortodoxa—, entonces el hombre es un psicópata. Entonces el nus está lleno de λογισμοί loyismí pensamientos, ideas y fantasías, y esto es lo que constituye su “suciedad”. En la persona con pazos o “psicópata”, su nus está sucio, según la terminología patrística.

Exactamente en esto consiste nuestra psicopatía: en que nuestro nus está lleno de loyismí, pensamientos simples o unidos con la fantasía; no solo malos, sino también buenos.

Acordaos de lo que hemos dicho sobre el nus: que es la noerá energía que existe dentro del corazón del ser humano.

Normalmente, en el espacio del corazón no debe haber ningún otro pensamiento, ningún loyismós, aparte de Cristo. Esta conexión y comunión se realiza con la incesante oración del corazón o de Jesús. Cuando, pues, allí dentro del corazón han descendido y existen otros pensamientos con sus energías, entonces la “noerá energía” está disfuncional y confusa. Existe, de algún modo, un cortocircuito entre el nus (espíritu del corazón humano) y la diania (mente, cerebro). Pensamientos que deberían estar limitados a la diania-mente descienden al corazón y ocupan el lugar que pertenece solo a Dios. Este desorden o confusión lo tenemos todos en nuestro interior mientras estamos sin terapia, sin psicoterapia.

Por eso veis que no podemos hacer oración limpia, lúcida, pura y cordial, porque dentro del corazón hay cosas que no deberían haber entrado. Es decir, la energía de distintos pensamientos ha descendido desde el cerebro al corazón. Estos loyismí-pensamientos se conectan con los deseos e ilusiones y se convierten en apasionados. Normalmente, todos estos loyismí deberían permanecer en la diania-mente. Pero, desgraciadamente, a causa de nuestro descuido y negligencia, han descendido al corazón y lo han manchado… No solo los malos, repito, también los buenos.

Por tanto, aquel que tiene buenos o malos loyismí en su corazón, este hombre, desde el aspecto patrístico, es “psicópata”. Lo repito: desde el punto de vista patrístico. No se confundan con los términos de la ciencia psiquiátrica actual.

Aunque estos loyismí sean éticos, incluso muy morales, inmorales, deshonestos o cualquier otra cosa, diríamos que son un cuerpo extranjero y extraño dentro del corazón. O sea, el psicópata para los Padres de la Iglesia es aquel que no ha hecho la catarsis de su psique-alma de los pazos y, con la Jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, no ha llegado a una situación o estado de iluminación.

Para el psiquiatra, psicópata es una cosa distinta; es aquel que padece de psicosis, el esquizofrénico. Pero para la Ortodoxia, uno que no ha hecho la catarsis de su psique-alma de los pazos, es decir, que no ha empezado a sanarse y purgarse, a “psicoterapiarse” a través de la metania, y no ha llegado a la iluminación, vamos a decirlo así de sencillo: este no es normal.

 

Quién es el hombre saludable espiritualmente

Esto lo podemos ver si leemos el oficio del Bautismo y el de la Santa Mirra, que se celebra en Constantinopla cada Jueves Santo, así como en la inauguración de los templos. Allí veremos lo que significa “templo del Espíritu Santo”. Además, esto algunas veces lo decimos: “este hombre está iluminado”.

¿Pero quién es el iluminado?

Esto solo dentro de la Tradición Litúrgica ortodoxa podemos verlo y entenderlo. La Iglesia ortodoxa no tiene ideas, sino método psicoterapéutico y sanador. Si uno está saludable, su salud se ve por unas señales y puntos concretos; y cuando está enfermo, esto también se ve.

Realmente, el hombre saludable espiritualmente es el iluminado, el que se ha convertido en templo del Espíritu Santo. Un hombre que ha logrado la terapia y se ha sanado tiene la capacidad de entender quién, entre los demás hombres, está saludable y quién está enfermo.

 

Camino hacia la Catarsis, la Iluminación y la Zéosis o Glorificación

¿Pero qué quiere decir que el hombre es “templo del Espíritu Santo”?

Vamos a decirlo ahora. En el hombre que es “templo del Espíritu Santo” sucede lo siguiente: el Espíritu Santo, con Su energía increada, está en el corazón, ora a Dios y está en conexión y comunión con Él. Es el restablecimiento-apocatástasis del antiguo Adán, el de antes de la caída. Porque este era el Adán antes de la caída: tenía el Espíritu Santo y, con Su energía increada, estaba en comunión constante con Dios. Esto ahora se vuelve a realizar dentro de la Iglesia Ortodoxa, en los hombres que quieren y progresan en la catarsis y en la iluminación a través de la Jaris (gracia), la energía increada del Espíritu Santo.

Cuando el hombre, mediante la catarsis, se ha vaciado de todos estos loyismí-pensamientos y reflexiones (de los que hemos hablado), entonces se crean las condiciones adecuadas para habitar el Paráclito, es decir, el Espíritu Santo. Viene el Espíritu Santo y habita en el interior del hombre. Sucede lo que dijo nuestro Cristo: “El que me ama aplicará y cumplirá la enseñanza de mis logos, y mi Padre lo amará y vendremos a él y en él nos alojaremos permanentemente, metamorfoseando y convirtiendo su corazón y su cuerpo en templo vivificado y deificado del Dios vivo” (Juan 14:23). Y entonces el hombre se convierte y se hace “templo del Espíritu Santo”.

El hombre se hace templo cuando realiza este procedimiento y ha sanado, limpiado y vaciado su corazón de todos sus loyismí —buenos y malos—; entonces concede al Espíritu Santo (que desea mucho unirse con nosotros) el poder de venir a nuestro interior y hacer Él la oración. Entonces el hombre se convierte en “templo”.

Por eso, literalmente, lo que llamamos oración, “la oración noerá o del corazón”, que hace el contacto consciente con Dios, no es lo que nosotros hacemos, sino lo que hace el mismo Espíritu Santo cuando viene a nuestro interior. Hasta entonces, lo que nosotros hacemos es imperfecto; simplemente es un esfuerzo que prepara nuestra unión con Dios. Pero, para que se haga esta avenencia, este puente y unión del hombre con Dios, debe venir Dios para realizarla.

Nuestra oración incesante comienza en la boca: «Jesús Cristo, Kirie-Señor, eléison me, compadécete de mí, ayúdame, sáname, ten misericordia… Ἰησοῦ Χριστὲ Κύριε ἐλέησόν με». Después, la diania (cerebro, mente, intelecto) toma la oración y la desciende al corazón. Luego, poco a poco, cuando esta monóloga oración «Jesús Cristo Señor, eléison me, compadécete de mí, ayúdame, sáname, ten misericordia… Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ ἐλέησόν με» lleva cierto tiempo y se ha acostumbrado, acoplado y fijado dentro del corazón, entonces esta imploración constante, con la energía del divino Nombre, expulsa todos los loyismí, pensamientos, fantasías, ideas y meditaciones. Este es el método.

 

Cómo se hace la Catarsis y la Iluminación

Me dirán: «¡Muy bien, Padre Sava! ¿Cómo se hace esta catarsis y cómo se van estos loyismí que han entrado en nuestro corazón?».

Exactamente con esto; es decir, con la incesante imploración y el contacto consciente con el Divino Nombre constantemente en nuestro corazón; y, por supuesto, también con el resto de la instrucción terapéutica y ascética (ejercicio espiritual) de nuestra Iglesia Ortodoxa, que comprende: metania, ayunos, vigilia, vida litúrgica, es decir, participación en los oficios y misterios ortodoxos y, sobre todo, en la Divina Liturgia, así como tener conciencia dogmática correcta, fe ortodoxa, la correcta.

Por ejemplo, no puedes ser errático, herético, y hacer la “oración noerá o del corazón” correctamente y que sea fructífera. Si no tienes “creencias” ortodoxas correctas sobre Dios, sobre la Santa Trinidad y sobre Cristo, no consigues nada. Uno que no está bautizado ni catequizado y se ha extraviado de la fe ortodoxa, aunque haga toda la oración que quiera, no va a conseguir nada.

Todas estas cosas, es decir, la instrucción ascética y psicoterapéutica de nuestra Iglesia, combinadas con la fe ortodoxa y con la participación activa en los Santos Misterios ortodoxos, conducen a la catarsis de los pazos y de los loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, meditaciones e ideas).

Cuando, pues, nuestra oración ha descendido al corazón, con la potencia de su energía expulsa todos estos loyismí y permanece limpio, purificado y sano; entonces se introduce el Espíritu Santo y llega la iluminación, que es el segundo estadio de la vida espiritual. Entonces es cuando el hombre se convierte en “templo del Espíritu Santo”.

 

Las oraciones de la Iglesia hablan sobre la Catarsis y la Iluminación

Todos nuestros oficios divinos, como también la Tradición ascético-hesicasta de nuestra Iglesia, se refieren principalmente a estos tres estados espirituales, y dos de ellos ya los hemos mencionado:

1.º estado espiritual: la catarsis de los pazos de la psique-alma y del cuerpo.
2.º estado espiritual: la iluminación del nus del hombre mediante la Jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo.
3.º estado espiritual: la zéosis (divinización, glorificación) de la psique-alma y del cuerpo del hombre, contemplación de la Luz increada, de nuevo mediante el Espíritu Santo.

Los Santos Padres hablan principalmente de la catarsis y la iluminación.

Los oficios divinos de la Iglesia ortodoxa son expresiones del culto lógico, es decir, del culto que realizamos con la lógica, la diania (mente, intelecto), y no con el corazón. Esto que hacemos con el corazón no se oye. La oración cordial es mística, secreta. En el templo, en los oficios divinos, hablamos, leemos y cantamos o salmodiamos; es decir, con nuestra lógica formulamos oraciones y las decimos en voz alta, de modo que el otro las escuche. Este tipo de oración se llama lógica; este es el culto lógico.

Las oraciones que han compuesto los Santos Padres y el culto lógico nos hablan principalmente de estos dos estadios: catarsis e iluminación.

 

La Iluminación

Los dos estadios, catarsis e iluminación, los da Dios como regalo a los que quieren y desean; no hace distinciones. Si lo quiere el hombre, puede pasar del primer estadio y llegar al segundo. Lo único que se requiere es que el hombre, sinceramente, realice la metania (el divino psicoanálisis) y entre en el proceso del esfuerzo para hacer la catarsis de su psique-alma, de su nus y de su corazón, cooperando con la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. Cuando el hombre va haciendo esto, seguro que llegará también a la iluminación.

La iluminación no es otra cosa que lo que llamamos “pre-sabor” o “sabor anticipado del Paraíso”. El hombre siente ya que está, desde aquí y ahora, en el Paraíso. Porque la Iglesia es “el Paraíso en la tierra o el reinado de la Realeza increada en la tierra”. Miembro de la Iglesia, realmente, es aquel que vive en el Paraíso desde aquí y ahora. ¡Es aquel que ha llegado a la iluminación, es decir, el que se ha convertido en templo del Espíritu Santo!

Por tanto, volviendo a la pregunta: ¿quién es el “normal” fiel ortodoxo?

¿Acaso es el bautizado que no ha hecho la catarsis? Por supuesto que no.
¿Quizás sea el que ha hecho la catarsis y se ha iluminado? ¡Por supuesto que este es el cristiano ortodoxo normal!

Sobre todo, la catarsis y la iluminación son estados concretos y pueden ser comprobados por Padres espirituales experimentados e iluminados. Porque realmente existen estos criterios con los que se comprueba la salud psíquica y el grado de la apocatástasis-restablecimiento del hombre. La ortodoxia es una ciencia médica. La Iglesia ortodoxa es el único centro terapéutico de la psique humana y tiene sus médicos o psicoterapeutas: son los Padres espirituales, teniendo como médico de cabecera al mismo Señor.

En la Iglesia hablamos de realidades y no de ideas ni de filosofías. Puesto que el nus es un órgano “fisiológico” de cada hombre, lo tienen todos los hombres, ortodoxos o no, helenos, musulmanes, budistas… todo el mundo; por lo tanto, todos los hombres necesitan la catarsis y la iluminación. Y esto sucede, como hemos dicho, porque el nus de todos está oscurecido, entenebrecido y “ensuciado”.

 

Puesto que nos bautizamos, ¿por qué necesitamos de nuevo catarsis?

No basta, pues, solo con bautizarse. Uno deberá hacer esto que llamamos catarsis.

-Y me diréis: ¿por qué tengo que hacer la catarsis? ¿No tengo bastante con el Bautismo?

Sí, pero después del Bautismo nosotros mismos repetimos la desobediencia de Adán, no una vez, sino muchas. Me dirán:

¿Cómo es que el pecado entra en nuestro interior, puesto que cuando nos bautizaron éramos niños?

¡Eh! Al principio nos inducen a los pazos nuestros padres y el estrecho ambiente familiar. Ellos, al principio, nos inculcan la egolatría, la vanagloria, la ambición, la codicia, la avaricia y la soberbia. A continuación, colaboramos también nosotros, y así permitimos que de nuevo entren en nuestro interior los “escombros” de los pecados y de los pazos. La educación equivocada conduce a la formación de seres o existencias enfermas. La ignorancia de los padres en cómo educar y criar a sus hijos tiene resultados dolorosos, tanto para los hijos como para los mismos padres y la sociedad.

Con los “bravo, bravo”, la inmediata satisfacción de nuestros caprichos, multitud de “caricias” y de halagos que nos ofrecen los padres, nos inducen y nos crían en los gigantes más grandes de los pazos: la vanagloria, la soberbia u orgullo y el egoísmo

Así, poco a poco, se infecta otra vez nuestro nus con todos los pazos, y así perdemos o, mejor dicho, desactivamos el Espíritu Santo que habíamos recibido en los misterios del Bautismo y de la Crismación. Por tanto, hace falta realizar de nuevo la catarsis… y esta vez a través de la metania, las lágrimas del corazón y la confesión.

 

La Ortodoxia acepta a todos los hombres para la terapia “psicoterapia” sin obligarlos

La Iglesia abraza a todos los hombres, porque no es una religión. Es terapia, psicoterapia y centro médico. Cuando vas al médico, no te pregunta: “si eres griego te recibo, o si eres albano no te recibo, o si eres de cualquier otro país no te recibo”. El médico sana y cura a todos, naturalmente, si es un médico “correcto”.

Así también la Iglesia Ortodoxa no es de un Estado o una nación. Por eso, como sabéis, no decimos: la Iglesia de los griegos, sino: la Iglesia Ortodoxa de Grecia. La Iglesia de Grecia no se interesa solo por los griegos, sino por todas las personas que viven en este momento en el país, sean albanos, chinos o de cualquier otro origen; la Iglesia los abraza a todos. Si todos estos van a este centro médico que es la Iglesia Ortodoxa, los aceptará y los psicoterapiará, los sanará, porque el nus de todos ellos está enfermo, y la Iglesia existe para psicoterapiar, sanar a todo el mundo.

También decimos: Obispo de Atenas; no decimos: Obispo de los atenienses. Es decir, todos están bajo el cuidado pastoral y la agapi; la Iglesia Ortodoxa los abraza a todos.

Vemos, pues, que la Iglesia Ortodoxa es una unidad de todos, y dentro de la Iglesia estamos todos, como decía san Porfirios el Athonita. Todos estamos en potencia; ojalá que nos convirtamos en miembros en energía, es decir, que entremos todos en la Iglesia Ortodoxa con nuestra libre voluntad.

Nuestro Cristo no obliga a nadie a ser sanado. Diríamos que es muy “democrático”, mucho más de lo que imaginamos sobre el concepto de democracia de hoy en día. Aquel que quiere ir, va junto a Él; le recibe, pero a nadie conduce forzosamente a la terapia o psicoterapia.

 

Μετάνοια Metania y Confesión general: “la divina psicoanálisis”

Μετάνοια Metania del verbo μετάνοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia. Quiere decir giro del nus y metanús, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Metania se llama también confesión y es uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose. (Ver también sobre este término en nuestro libro https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/).

 

La confesión general, a través del Misterio de la Metania, es el misterio del verdadero psicoanálisis.

El que está en metania se auto-reprocha, se autocritica y se humilla, y así atrae la Divina Jaris (gracia, energía increada). La culminación de la metania es la confesión de toda nuestra vida ante un Guía Espiritual o Yérontas. El cuidado, después de la confesión, de no repetir los errores del pasado y el esfuerzo por hacer los bienes contrarios, así completa correctamente el proceso psicoterapéutico.

Es bueno que la confesión de nuestra vida se repita de tiempo en tiempo. El multicarismático sabio y ahora santo Porfirio enseñaba que esta confesión general “psicoterapia” sana al hombre no solo de los daños de sus pecados personales, sino también de distintos traumas psicológicos y de las vivencias o problemas hereditarios de sus antepasados. La confesión general, el santo Yérontas la llamaba “Divino Psicoanálisis”.

Esta importante función del Misterio de la confesión, es decir, la terapia de los traumas psicológicos del hombre, nos ha sido apocaliptada/ revelada por el santo Yérontas Porfirio.

Un hijo espiritual del Yérontas nos narra: “El Yérontas veía en el interior de la psique-alma de los hombres lo que Dios le apocaliptaba-revelaba. Para una persona conocida mía me dijo: ‘Veo dentro de su psique una cosa mala y muy sucia. Es un trauma, pero es antiguo y es demoníaco. No sé exactamente lo que es esto; puede ser que Dios me lo apocalipte/ revele más tarde’. Y después de unas semanas: ‘Esta cosa mala que vi en la psique de esta persona se puede marchar y expulsar, pero solo si esta persona se diviniza y se sana con la energía increada. Entonces cambia el hombre con la increada energía de la divinización. Por muy pecador que sea, todos los traumas psíquicos se van. Hoy en día, los médicos todas estas cosas las llaman “enfermedades psíquicas o mentales”, pero en realidad son influencias e infecciones demoníacas y se deben a los pecados’” (“Junto con el Yérontas Porfirios”, por Konstantino Gianitsiotis, pág. 122).

El hombre, cuando se confiesa y está en metania, a través de la energía increada, junto con la remisión y absolución de los pecados, se corrige y se diviniza o santifica, y así recibe la sanación de sus heridas que le ha provocado el maligno astuto, el mundo (la gente y los pazos) y su propia negligencia y pereza espiritual.

Las personas estigmatizadas con problemas morales, psicológicos, neurológicos, sociales, conyugales y familiares u otros problemas personales se van terapiando y sanando, y así, poco a poco, se van preparando para unirse a la nueva familia inmensa de la Realeza increada de los Cielos. La terapéutica energía increada del Misterio de la Santa Confesión abraza o abarca toda la existencia psicosomática del hombre.

Decía el Yérontas y nuevo Santo Porfirio: “En el momento en que dices estas cosas al confesor, viene la Divina Jaris (gracia, energía increada) y te libera de todas tus malas experiencias, de las heridas, las culpabilidades y de los traumas psicológicos, porque el confesor ora ardientemente al Señor para que seas liberado de todas estas cosas”. Hay situaciones o comportamientos que vive el ser humano en los que se esclaviza y que son debidos a los traumas infantiles o fetales.

“Cada ser humano ha recibido en su interior también experiencias vividas de los padres y especialmente de la madre”. La Jaris (energía increada) de Dios, que se “irradia” del guía espiritual durante la Confesión General, alivia, emblandece y cierra estas heridas abiertas y ensangrentadas.

El proceso de la Confesión General, que el Yérontas Porfirio llamaba “el Divino Psicoanálisis”, es el que conduce a la verdadera psicoterapia. Exteriormente, la Confesión General —decía el Yérontas— se parece al psicoanálisis. En realidad, es algo muy superior, muy profundo y muy eficiente. En el “psicoanálisis mundano” se hace un raspado de la psique humana, pero sin la capacidad de terapia y sanación. Es “un continuo hablar, un charlatanear sin final” que no conduce a ninguna parte; incluso puede perjudicar y dañar.

Por el “psicoanálisis mundano” se produce daño y perjuicio, puesto que, cuando uno: a) recuerda el pasado y b) se ocupa de los sueños, no hace más que remover el estanque; estos dos métodos los Santos Padres nos los prohíben. Como resultado de esto, tenemos el enturbiamiento de la psique-alma y la emanación de vapores fétidos que contaminan e infectan aún más al ser humano.

Sin embargo, la Confesión General proporciona la Jaris (energía increada) terapéutica tanto a la parte consciente como a la inconsciente del hombre y opera como un “divino psicoanálisis y verdadera psicoterapia”.

El padre y santo Porfirio se refiere a muchos casos de terapia “psicoterapia” a través de la Confesión General.

Decía sobre una señora que se confesaba con él: “En el momento en que se confesaba, la observaba dentro de su psique-alma y veía que iba la Jaris (energía increada) en su interior, tal como yo la estaba mirando” (5).

El Guía Espiritual ortodoxo, cuando ora, irradia y emite rayos de divina Jaris que psicoterapian y sanan al que se está confesando. Decía el Yérontas que todos los guías espirituales y confesores ortodoxos tienen esta Jaris y, cuando oran y bendicen, la irradian y la emiten como conductos transmisores.

Aconsejaba a un hijo espiritual lo siguiente: “Hijo mío, tienes que hacer una Confesión General en ciertos momentos de tu vida, porque los distintos traumas psicológicos o varios acontecimientos nos producen enfermedades psíquicas y somáticas o corporales. En la confesión no debemos decir solo nuestros pecados, sino también los distintos loyismí (pensamientos, ideas, fantasías, reflexiones), por ejemplo, de miedo, de tristeza, de alegría que nos suceden por varios acontecimientos, como son muertes, seísmos, bodas, pensamientos de poca fe, etc.”.

 

Solo la Iglesia hace psicoterapia y sana la psique-alma humana

Ψυχή (psijí: psique, alma, ánima), el término viene desde la antigüedad y se usa igualmente hasta hoy.

En el Nuevo Testamento y en los Santos Padres se usa a menudo en lugar de la palabra άνθρωπος (ánzropos: ser humano, hombre) (Rom 13,1). A veces, en la Sagrada Escritura, significa simplemente la vida (Mt 2,20; Jn 10,11; Rom 16,4). Pero “psique-alma” se dice sobre todo del elemento espiritual, no material, de nuestra existencia (Mt 10,28). Es la base sustancial que vivifica el cuerpo. Es uno de los dos componentes de nuestra naturaleza; el otro es el soma, cuerpo. El cuerpo no contiene la psique-alma, sino que la psique-alma contiene y sostiene al cuerpo. La prueba está en que, cuando la psique-alma sale del cuerpo (soma), este se convierte en cadáver (ptoma) y se disuelve.

Los hombres tienen psique-alma con esencia y energía; por eso tienen nus, logos (lógica) y espíritu. Este espíritu es la energía increada Jaris, que vivifica el cuerpo en su conjunto. El nus y el logos están unidos e inseparables de la psique después de la muerte física. Los animales tienen psique por energía; por eso no tienen nus ni logos (lógica). (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Lexis apocalípticas”, en el blog en español: www.logosortodoxo.com).

La instrucción psicoterapéutica es una. No hay muchas terapias o psicoterapias para el nus y la psique-alma: una es la de la Iglesia Ortodoxa. Las “llamadas psicoterapias” que circulan por el mundo —por lo menos aquí en Grecia son unas ciento veinte—, y no es mía esta expresión “los llamados psicoterapeutas y psiquiatras”, es del padre y nuevo santo y profeta Porfirios el Athonita.

¡Ciento veinte métodos de “psicoterapia” circulan hoy aquí en Grecia; imaginaos en el mundo! De esto uno entiende que, dentro de estos sistemas y “tiendas psiquiátricas”, no existe verdadera terapia. Porque, si la hubiera, no harían falta ciento veinte o más métodos. Donde uno ve muchos fármacos y muchos métodos para la misma enfermedad, significa que no tenemos un tratamiento de psicoterapia efectivo ni conocemos la terapia.

Los llamados psiquiatras, psicólogos y psicoterapeutas no conocen qué es la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima). Diría que es absolutamente cierto que estos hombres no saben psicoterapiar, sanar la psique-alma, simplemente porque ni siquiera conocen lo que es la psique-alma. Solo la Iglesia Ortodoxa y los Santos Padres conocen qué es la psique-alma, por supuesto en la medida en que se les ha dado a conocer por el supra-sabio Dios.

Los llamados psiquiatras mundanos no hablan ni conocen nada sobre la catarsis del nus. Si uno observa este tipo de “psicoterapias” que circulan por ahí, lo comprobará… Además, el término “psicoterapia”, tal y como se utiliza en los ámbitos mundanos, es un error: es una burla, una ridiculización del bello término helénico. Igual que los términos “psiquiatría” y “psicología” son, en este sentido, impropios respecto a las especialidades que representan, porque todos ellos no sirven a las especialidades homónimas: no saben qué es la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima). ¿Cómo, pues, psicoterapiarán, sanarán, sin saber nada de aquello que pretenden sanar?

Si uno lee los léxicos en relación con el término o estudia los libros psicológicos, en ninguna parte encontrará que se escriba algo claro sobre lo que es la ψυχή (psijí). No dan ninguna definición sobre la ψυχή, dan una descripción muy periférica, refiriéndose al comportamiento o la conducta. Y todos estos métodos, los llamados “psicoterapéuticos”, son sustancialmente métodos de control y rectificación del comportamiento y de la conducta, que solo pueden ofrecer al paciente un alivio superficial; no son métodos de terapia de la psique-alma. Ninguno toca la psique.

 

La terapia, psicoterapia de la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima) es obra solamente de la Iglesia Ortodoxa.

Solo la Iglesia Ortodoxa puede psicoterapiar la psique y sanar la “noerá energía”, el nus del hombre. Y tiene un método concreto; no hay otro: es el método de la Catarsis, la Iluminación y la Zéosis (divinización, glorificación). Esta instrucción terapéutica de la psique-alma, una y única, es la que existe en la Iglesia Ortodoxa. Y esto debemos entenderlo bien: la terapia de la psique-alma es obra solamente de la Iglesia Ortodoxa y de nadie más.

Es inaceptable, por ejemplo, que uno venga a confesarse (esto lo digo para nosotros, los Guías espirituales) y mandarlo a terapia psicológica mundana. Atención: si el hombre tiene necesidad de tomar fármacos porque padece de sus nervios, le mandaremos al médico, sí, pero no para la terapia de su psique… porque ninguno de estos llamados “psicoterapeutas” sana la psique.

Es posible que el hombre, con los pecados que ha cometido, haya perjudicado también su sistema nervioso, porque la psique-alma afecta también al sistema nervioso. Y, si uno comete graves errores y grandes pecados en la psique, entonces afecta al cuerpo y a todo el sistema nervioso. Allí hace falta tomar fármacos. No es el rol del psiquiatra esto. El psiquiatra, en este caso, no hace psicoterapia, sino neurología: hace terapia de los nervios. No se debería decir que es psiquiatra, sino neurólogo o neuroterapeuta. Sana los neurotransmisores, las neuronas, etc.

Vemos, pues, que el término “ψυχίατρος (psijíatros: psiquiatra, médico de la psique)” es engañoso, sin querer perjudicar las posibles buenas intenciones de estas personas. Reconozco que la mayoría de ellos intentan ayudar a su prójimo y, en la medida de lo que saben, intervienen terapéuticamente en el sistema neurótico.

Solo la Ortodoxia hace psicoterapia real; es efectiva y sana verdaderamente la ψυχή (psijí: psique, alma, ánima) humana a través de la Divina Jaris (gracia, energía increada) dentro de la Iglesia Ortodoxa.

 

La pérdida de la instrucción terapéutica ortodoxa de los heréticos. Nuestro Cristo es llamado Médico

Los que están fuera de la Iglesia —aunque se autoproclamen “cristianos”— han perdido esta terapéutica. En los heréticos, en ninguna parte encontraréis que hablen de terapia o psicoterapia del hombre; es decir, los que se han apartado de la Iglesia Ortodoxa (papistas, protestantes, etcétera) han perdido el método psicoterapéutico. Se han alejado de esta tradición; ya no piensan ortodoxamente (en el marco de la terapia de la enfermedad del nus y de la psique).

Aquí radica también la diferencia de la Ortodoxia respecto de todas las otras religiones, dogmas y doctrinas. Ninguna religión habla de terapia tal como lo hace la Iglesia Ortodoxa. Si buscamos en las oraciones, bendiciones y en nuestra Divina Liturgia, veremos que, en repetidas ocasiones, nuestro Cristo es llamado “el Médico, el Terapeuta de nuestras psiques y cuerpos”. Cristo es nuestro Médico, el Terapeuta y nuestro Psiquiatra. Si buscamos en la tradición papista o en la protestante, esta nominación de nuestro Cristo como Médico no existe en ninguna parte. Solo en la Tradición Ortodoxa existe esta nominación, porque precisamente solo la Tradición ortodoxa realiza la terapia de la psique-alma y la sana.

 

Por qué se ha perdido la tradición terapéutica de Occidente

¿Pero por qué se ha perdido esta tradición psicoterapéutica en los papistas, los llamados romano-católicos y los protestantes? ¿Por qué, cuando les hablamos de instrucción terapéutica, se extrañan?

Porque la necesidad de la catarsis y de la iluminación es una necesidad de cambio interior, y esta se ha apartado de estos hombres desde el momento en que han perdido la Ortodoxia, es decir, la correcta doxa (consideración, veneración y fe) sobre Dios. Han cambiado los dogmas y la teología; por eso, a continuación, perdieron también las recetas terapéuticas para sus existencias y sus vidas. (La receta de la medicina se ha cambiado antes del cisma, empezó casi desde san Agustín y su uso se consolidó con el III Sínodo de Toledo, celebrado en el año 589 y después progresivamente se institucionalizó)

¡Los dogmas son los que salvaguardan la Verdad y la vida! Cuando alteras y estropeas los dogmas, ya no tienes “cerco” para la vida correcta. Cuando ya no hay barreras ni vigilancia, entonces fácilmente se introduce en la vida la mentira y el engaño.

También sucede a la inversa. Es decir, cuando se altera la vida, entonces se producen dogmas alterados y corruptos para acomodarse a esta vida arrogante, alterada y corrupta. Los dogmas alterados se asemejan a medicamentos alterados que no solo no sanan, sino que empeoran la enfermedad. Los dogmas correctos, ortodoxos sanan, “psicoterapian” la psique; los corruptos y falsos la enferman.

Precisamente esto ocurrió en la antigua Europa ortodoxa, que sufrió la invasión de los francos. Así, Occidente, conquistado por los heréticos —más bien por los bárbaros francos—, al principio vio alterada su vida. Después, por los mismos francos, se alteraron los dogmas. Así se perdieron los fármacos, los medicamentos y la receta terapéutica ortodoxa, incluso la instrucción ortodoxa que da al hombre la capacidad de realizar su destino, que es su semejanza a Cristo. ¡Ahora, en los papistas y los protestantes, no es el hombre el que cambia, sino Dios!

 

Debemos cambiar y hacernos hombres de Dios

Acordaos de cuando decíamos que, en la Ortodoxia, debemos cambiar; debe cambiar el hombre, es decir, estar en metania, psicoanalizarse y psicoterapiarse en Cristo. Debe cambiar nuestro nus, nuestra mentalidad, y hacer la catarsis del corazón, vaciándose de todo para llenarse de nuestro Cristo. Debemos cambiar, convertirnos.

Por eso, que no os moleste cuando os dicen: “Has cambiado…”.
Sí, he cambiado. Pero la cuestión es: ¿hacia dónde he cambiado?…

“Has cambiado porque has entrado en la Iglesia y te han engañado los curas…”
Sí… Pero la verdad es que es necesario cambiar.

Si nos dicen que “has cambiado”, pues no nos avergoncemos ni tengamos miedo de decir: sí, he cambiado.

Cuando nos dicen que “hemos cambiado”, lo que intentan es golpear y herir nuestro egoísmo y nuestra vanagloria. Ya que esto, precisamente, es lo que debemos hacer: tenemos que cambiar y, de enfermos, hacernos sanos, saludables. Que no permanezcamos enfermos para aparentar que somos caracteres “estables”, firmes y enteros; ni tampoco es despreciativo aceptar y decir que, hasta ahora, habíamos tomado un camino de vida equivocado…

 

En los heréticos, papistas, protestantes, etc., el que cambia es Dios

En contra de la teología ortodoxa, los heréticos —los cuales son excesivamente egoístas y soberbios— predican que no es el hombre el que debe cambiar. Supongo que conocéis que la herejía proviene de la soberbia y del egoísmo. Todos los jefes de las herejías eran hombres muy soberbios y orgullosos. ¡Para ellos, es Dios quien cambia y no el hombre! Esta idea la han convertido en teología.

Mientras que la verdad es lo contrario: Dios es inalterable, no cambia nunca. También, como decimos en la teología ortodoxa, Dios es perpetuo; es siempre el mismo antes de todos los siglos; es perfectísimo y superior a toda perfección. Por eso no necesita ningún desarrollo, mejora o cambio.

¡Ay si Dios cambiara! ¡Esto significaría que Dios tiene pazos (pasiones, emociones y vicios)! Por supuesto que no… Dios no tiene pazos; es inalterable. ¡Sin embargo, en la teología de los heréticos (papistas, protestantes…) Dios cambia!

Observad ahora cómo esta teología, en parte, se ha introducido e intenta introducirse también en nosotros, los ortodoxos. El gran Padre Romanidis dice: “En los papistas y en los protestantes, el hombre no cambia. La única cosa que el hombre hace, según ellos, es que se hace chico bueno. Es decir, cambia algún aspecto de su conducta y comportamiento exterior. Pero su esencia, su psique-alma, es decir, el hombre esencial, no cambia. Simplemente, exteriormente, se hace ‘chico bueno’. Y, cuando el hombre, de chico malo que es, se ha hecho chico bueno, entonces Dios le ama. De lo contrario, Dios le aborrece, le detesta y le castiga”.

¡Observad qué teología… totalmente equivocada! Es decir, que Dios, según ellos, puede odiar y detestar. Si uno permanece chico malo, entonces Dios no le quiere. Y esta percepción, en algunas partes, ha pasado también a nosotros e intentan inculcarla… Si el hombre se hace chico bueno, entonces Dios cambia, se alegra y se hace bueno. ¡Veis dónde acabamos! Y, si el hombre se hace chico malo, entonces Dios cambia, se enfada y, donde antes le amaba, ahora le odia.

Desgraciadamente, este tipo de percepciones e ideas dominan en Europa. Esta es la teología de Occidente. Esencialmente, toda esta teología es una refutación, una anulación de Dios, porque Dios no es así. Por eso Occidente ha llegado a la negación de Dios y al ateísmo. (Sobre este tema podéis leer el artículo del teólogo Nelas: “La teología de la muerte de Dios”).

 

La relación de tipo comercial con Dios

La relación ortodoxa con Dios debe ser agapítica, con agapi (amor incondicional desinteresado), y no de tipo comercial para que lo pasemos bien nosotros. Relación de tipo comercial tienen los creyentes de las demás religiones con sus supuestos dioses (es decir, los demonios). Ellos dicen: “Iré al mago o al sacerdote, al hinduista, al yogui, etc.; le daré dinero o cualquier cosa material; haré mi sacrificio y ofrenda para que aquel me lea una oración especial y me vayan bien las cosas: para no tener enfermedades, para tener buenas cosechas, para que vaya bien mi coche, mi cuenta corriente y las acciones en la bolsa, etcétera…”. Desgraciadamente, esta tendencia muchas veces está también dentro de muchos ortodoxos.

Un ejemplo que muestra el grado de ignorancia y alteración, muchas veces, en nosotros los ortodoxos, es el siguiente:

“Decimos al sacerdote que venga a nuestra casa para hacer el misterio del Εὐχέλαιο (efjéleo), Bendición o Santificación de óleo, o para santificar la casa con agua bendita.
—Y el cura pregunta: ¿para qué?
—Y respondemos: así, para el bien, para que me vayan bien las cosas…
¿Pero, qué bien? No sabemos lo que es el bien.

Por ejemplo, ¿por qué hacemos el Misterio del Εὐχέλαιο (efjéleo), Bendición o Santificación de óleo?
Pues el Εὐχέλαιο (efjéleo) es un Misterio especial de la Iglesia que se realiza cuando uno está enfermo; está directamente conectado con la Confesión, con la Metania. ¿Cómo va a venir Dios a curarte cuando tú no tienes relación esencial con Él, no le amas, no te confiesas ni te arrepientes, y no cambias de mentalidad y de vida? ¿Para qué quieres entonces el Εὐχέλαιο? ¿Así, simplemente, “para el bien”, para bendición?… Dicen algunos: “para estar bien con Dios”, rebajando y convirtiendo el Εὐχέλαιο en un acto casi mágico.

¿Cómo harás estos Misterios si no haces Metania, Confesión y arrepentimiento, ¿si no pides perdón por las cosas malas que has hecho? ¿Cómo restablecerás tu conexión y comunión con Dios? ¿Acaso piensas que aplacarás y suavizarás a un Dios-policía, enfadado y vengativo? Esta percepción es totalmente equivocada. Porque Dios no tiene necesidad de ser aplacado ni suavizado… Dios siempre nos ama, tanto si somos pecadores como justos; aunque estemos en el infierno, allí también nos ama. Incluso si, a causa de nuestros graves pecados, nos endemoniamos, también entonces nos ama; ama a todo el mundo.

Es cierto que Dios no cambia nunca; somos nosotros los que debemos cambiar, arrepentirnos y regresar a Dios, de modo que Él venga a obrar en nuestro interior…

Con los pecados que cometemos, construimos paredes alrededor de nosotros y no puede traspasar la agapi, la energía increada Jaris de Dios, a nuestra psique-alma para hacernos bien y psicoterapiarnos. Entonces nos convertimos en desgraciados. Si no derrumbamos esta pared con la metania, por muchos “trucos mágicos” que hagamos, no podemos conectar ni comulgar con Dios. Así no se logra nada.

Así pues, según la teología tergiversada de Occidente, el hombre, cuando es bueno, entonces Dios le ama…

 

Durante la Segunda Parusía (Presencia), todos veremos a Dios, pero unos como luz increada y otros como fuego increado

Una cosa es segura: durante la Segunda Parusía (Presencia), todos veremos y viviremos a Dios, tanto los salvados como los condenados. Pero la diferencia está en cómo le veremos. Si tenemos nuestros ojos espirituales abiertos, es decir, el nus sanado mediante la catarsis, veremos a Dios como dulcísima Luz increada. Pero, si nuestros ojos espirituales —es decir, nuestro nus— están oscurecidos y entenebrecidos por los pazos, porque no nos hemos preocupado, a través de la metania, de abrir nuestros ojos espirituales mientras estábamos en esta vida, entonces le veremos como “fuego abrasador y consumador”, como fuego candente.

Aquí debemos recalcar algo muy importante: la apertura de los ojos espirituales de la psique es obra de esta vida provisional. Solo en esta vida se realiza esto, no en la otra, la eterna; y debe hacerse por nosotros en sinergia o cooperación, siempre con la divina Jaris (gracia, energía increada), que se nos concede a través de los santos Misterios de la Iglesia Ortodoxa.

La Iglesia Ortodoxa, pues, tiene este papel: prepararnos de manera que veamos a Dios como dulcísima Luz sin crepúsculo e increada, y no como “fuego abrasador”.

Pensad: si hoy sacáramos a un ciego al sol, ¿ve?
Por supuesto que no; pero siente la quemadura del sol y sufre…
Al contrario, quien tiene los ojos abiertos se alegra de la luz y de toda la belleza de Dios. Esta es la diferencia, y esta es la obra de la Iglesia Ortodoxa: darnos ojos espirituales y concedernos sentidos espirituales para que disfrutemos de Dios, de Su energía increada, desde aquí y ahora, en esta vida, como dulcísima Luz increada.

 

Qué es la nipsis

Νῆψις (nipsis), vigilancia y sobriedad: su significado principal es la sobriedad, es decir, el estado contrario a la embriaguez. Metafóricamente, en el lenguaje ortodoxo y en la Escritura, es la sobriedad espiritual: lucidez, vigilancia y alerta, que se expresa en la actitud de cuidado y vigilancia mediante la cual el hombre examina y custodia su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez, supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración, y la oración purifica y clarifica la nipsis.

San Hisiquio, en la Filocalía, nos describe algunos métodos de la nipsis: 13. Ahora bien, cuántos métodos y maneras de nipsis existen, según a mí, que pueden hacer la catarsis y limpiar el νούς nus de los apasionados y malos loyismí pensamientos, no dudaré ni me cansaré de revelártelos con un lenguaje sencillo y sin adornos. Porque no me parece bien, en tiempos de guerra espiritual, esconder y disfrazar dentro de este logos la utilidad mediante palabras elegantes; sobre todo cuando es dirigido a personas sencillas. Dice Pablo: “Y tú hijo mío Timoteo, presta atención lo que estudias y lees” (Tim 4,13).

  1. Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós pensamiento; es decir, el “asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí pensamientos o conceptos y presentarlos al νούς nus (espíritu de la psique) para engañarlo.
  2. Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), alejado de todo loyismós pensamiento, y orar.
  3. Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en tu ayuda.
  4. Otro método es recordar incesantemente la muerte.
  5. Todas estas prácticas, querido mío, impiden los pensamientos malignos y viles como porteros terribles. Mirar hacia el cielo y considerar que la tierra no es nada también es útil y efectivo junto con los otros métodos, y si Dios me inspira y me concede logos, lo expondré más extensamente en otra ocasión. (https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/tomo-i/)

El metropolita Ieroteo Vlajos dice: “Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta y la atención del hombre para mantener limpio su nus de diversos loyismí (pensamientos, reflexiones), imágenes y fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, y que le separan de la comunión con Dios, la cual consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón debe encontrarse solo el nus, la atención y su energía, y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también ‘santa ησυχία hisijía’ (serenidad mental y paz cordial)”.

La nipsis es el camino para la adquisición de toda virtud y para el cumplimiento de los mandamientos, logos de Dios.

 

Qué es Ἡσυχία (hisijía), hesiquía

Ἡσυχία (hisijía), en la tradición ortodoxa, como término ascético-teológico, es principalmente la paz del corazón: el estado del nus en serenidad mental, sin perturbaciones; la permanencia en Dios; la liberación del corazón de los pensamientos (loyismí) y de los pazos, de modo que permanezca en Dios. Es una vivencia interior y no depende necesariamente de las condiciones exteriores.

La hisijía es el camino por el que el hombre llega a la θέωσις zéosis. La hisijía del cuerpo ayuda a alcanzar la hisijía noerá (del nus).

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “La hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, contemplación de la luz, elevación del nus, diálogo claro con Dios, vigilancia constante, oración noerá o del corazón, unión con Dios y, finalmente, zéosis y descanso sin dolor tras los grandes esfuerzos de la ascesis”.

Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, la atención y la prontitud del hombre para mantener su nus y su mente limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su pureza, separándole de su comunión y conexión con Dios, que consiste en la gnosis de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”.

Así, pues, por hisijía entendemos el método mediante el cual el hombre se une con Dios y supera la muerte, que es uno de los mayores problemas del ser humano.

 

Qué es el ἡσυχασμός (hisijasmo o hesicasmo)

Cuando hablamos de ἡσυχασμός (hisijasmo o hesicasmo), no debe ir nuestra mente únicamente a los ascetas y eremitas que están en el desierto, en quietud y serenidad. El hisijasmo es el método terapéutico de la Ortodoxia. Todos nosotros debemos utilizar este método, practicar el hisijasmo. Diríamos que es un “paquete” completo de acciones y energías psicoterapéuticas. En este espacio no puedo analizarlo en profundidad, pero el hisijasmo es todo aquello que propone nuestra Iglesia Ortodoxa como medios y métodos terapéuticos: ἄσκησις (áskisis: ascesis, ejercicio, práctica espiritual), oración incesante, oración del corazón, metania, vida litúrgica, etc.

Ἡσυχασμός (hisijasmós) es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano; es la vida espiritual ortodoxa cristocéntrica. Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa: el cumplimiento de los mandamientos de Cristo, la lucha contra los pazos, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la recepción de los carismas o dones divinos, la iluminación espiritual, la zéosis y, finalmente, la oración por todo el mundo.

En síntesis, el hisijasmo expresa la causa y la finalidad de la creación de Dios: hacia dónde se dirige el hombre y con quién debe unirse para completarse y glorificarse; la contemplación de la luz increada; el modo en que el hombre se transforma progresivamente en luz, en un solo ojo espiritual (nus), en un solo sentido espiritual en Cristo.

El método de la gnoseología sobrenatural en la Tradición Ortodoxa se llama hisijasmo y se identifica con la nipsis y la catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. Un hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es, patrísticamente, impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo exterior; todo lo contrario. El pietismo, desarrollado en ámbitos protestantes, se centra en prácticas exteriores que no tienen que ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos del movimiento del “como imagen” al “como semejanza” y de la unión con Dios mediante la increada Jaris, los Misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio enseña que la vida hisijasta se practica principalmente mediante la oración noerá o del corazón, o de Jesús (corazón: centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre):
«Jesús Cristo, Señor, eléison me, compadécete de mí, ten misericordia de mí, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) es también la forma de vida de los monjes anacoretas, que buscan la conexión y comunión con Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. Poco a poco se convirtió en un movimiento espiritual basado en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, especialmente la invocación del nombre de Jesús:
«Κύριε Ἰησοῦ Χριστέ, Υἱὲ τοῦ Θεοῦ, ἐλέησόν με» (Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí).

Primer maestro del hisijasmo fue el discípulo de Orígenes, Evagrio el Potikós (399 d. C.). Fundadores y representantes del hisijasmo ortodoxo son: san Macario de Egipto, san Diádoco de Fótica, san Juan de la Escalera, san Simeón el Nuevo Teólogo, san Gregorio Palamás, san Nicodemo el Aghiorita y san Serafín de Sarov, etc.

 

El hisijasmo en la ciudad

Pero me dirán: “Padre Sava, ¿nos vas a hacer monjes?”. No me avergüenzo de decirlo: sí, pero sin túnicas; con conducta y actitud hisijasta dentro de vuestra casa, con vuestra familia y en vuestra ciudad. Porque este tipo de vida conduce al restablecimiento de la salud psicosomática del hombre.

Este método psicoterapéutico, que se ha salvaguardado con sangre y martirio en los monasterios ortodoxos —a pesar de las persecuciones desde la época de Jesús Cristo—, cuando se aplica en nuestra vida cotidiana, en nuestra psique, nos “psicoterapia”, es decir, nos sana psicosomáticamente.

Hoy, desgraciadamente, casi exclusivamente en los monasterios ortodoxos se conserva esta verdadera psicoterapia. En tiempos bizantinos también estaba presente en el pueblo; muchos laicos vivían como hisijastas en el mundo. Si leéis, por ejemplo, a san Efrén el Sirio (siglo IV), veréis que dice que en las ciudades se practicaba más ascesis que en los monasterios.

Hoy se dice: “Estas cosas se han perdido; una cosa es ser laico y otra, monje”. Se afirma que la vida del laico debe ser más “ligera” y que no puede hacer lo mismo que un monje. ¡Esto es un gran error! Todos estamos enfermos, laicos y monjes. Si no entras en el proceso terapéutico del hisijasmo, aunque seas monje, no te sanarás: no sana el lugar, sino el método.

Por eso, cuando oímos “hisijasmo”, debemos entender todo este método terapéutico.

 

La experiencia de la terapéutica ortodoxa y la ayuda al prójimo

Este es el papel de la terapéutica ortodoxa. Nosotros, los ortodoxos, en medio del mundo actual —marcado por la violencia, la brutalidad y la desesperación— debemos tener abiertos nuestros ojos (físicos y espirituales), aprender correctamente el método psicoterapéutico ortodoxo, no de forma encefálica o meramente intelectual, y, sobre todo, vivirlo, experimentarlo.

Debemos adquirir salud espiritual para poder ayudar a este mundo afligido, a las personas desesperadas que nos pedirán ayuda.

El padre y ahora santo Paísios decía: “Vendrán días en que la gente os cogerá de la manga y os dirá: ‘Decidnos algo sobre Cristo’”.

¿Qué les vamos a decir entonces sobre Cristo?

¡Mirad qué bellas vestimentas, qué hermosas túnicas tenemos, qué bonitas iglesias y qué iconas tan bellas!
Pero a ellos esto no les dice nada. No son estas cosas las que atraerán, sino la terapia, psicoterapia de la psique-alma que se les ofrecerá a través de la Ortodoxia.

Este tipo de obras de arte, que incluso algunos honran como ídolos, ellos también las tienen. La Ortodoxia no los atraerá ofreciéndoles nuevos ídolos, como haría cualquier religión. La verdadera “baza” de la Ortodoxia, aquello por lo que conquistará el mundo, es su método terapéutico: mediante este método, como una auténtica psicoterapia, la psique humana se sana, y sólo por este sana.

El propósito de la Ortodoxia no es dar a los nuevos creyentes un nuevo “fetiche” o amuleto. Hasta ahora, por ejemplo, muchos en África —idólatras— tenían sus propios “fetiches”.

Ahora bien, ¿cuál es el propósito de los ortodoxos? ¿Acaso reemplazar las obras de arte y los fetiches de otros pueblos por nuevos “fetiches ortodoxos”? ¿O ir en misiones para simplemente cambiarles la religión y sus objetos?

¡Por supuesto que no!
Nos dirán: “Antes teníamos como fetiche un hueso de mono u otra cosa, ¿y ahora qué?”. ¿Acaso les ofreceremos como fetiche la cruz?

¡Ay, si la Ortodoxia se ofrece así!… Entonces volverá a convertirse en una superstición. Para los paganos será simplemente otra religión más, y no la verdadera terapia psicoterapia.

Si no les damos la terapéutica de la Iglesia Ortodoxa, si no los sanamos con la Jaris (gracia, energía increada) de Dios, entonces no habremos hecho nada.
Pero para poder ofrecer esto al otro, primero debes realizarlo en ti mismo.

 

Aquel que se “psicoterapia”, es decir, que se sana en la Ortodoxia, puede también instruir en esta terapia y ayudar a sanar a su prójimo.

Aquí es donde podemos ver lo admirable y bello de la Ortodoxia: cuando has realizado en ti mismo esta “psicoterapia ortodoxa”, cuando has sido sanado mediante la Jaris (gracia, energía increada) de Dios, entonces te conviertes en terapeuta, en médico de la psique-alma de los demás.

Que esto no os parezca extraño. Te conviertes en guía, en padre o madre espiritual, aunque no vistas sotana o hábito. Adquieres hijos espirituales. Puedes mostrar la Luz increada y ayudar también a otros.

Desde el momento en que entras en el proceso de la catarsis y comienzas a iluminarte, empiezas también a ejercer una acción terapéutica sobre quienes te rodean.
¡Esta es la belleza y la grandeza de la Ortodoxia!

¿Por qué? Porque te conviertes, en esencia, en portador del Espíritu Santo, y es Él quien realiza esta terapéutica. No eres tú quien lo hace, ni en ti ni en los demás, sino Dios mismo, el Espíritu Santo.

Esta es la verdadera misión ortodoxa y santa. La Iglesia Ortodoxa no realiza una misión al estilo occidental, entendida como el envío de legiones de misioneros para someter o subyugar a los “infieles”.
La Ortodoxia realiza su misión a través de la terapéutica.

Envía a un hombre sanado, transformado, que quizá ni siquiera hable la lengua local y que simplemente conviva entre los demás. Pero aquel que lo ve percibe algo distinto: percibe que allí hay salud, que allí está la Luz increada, que allí actúa el Espíritu Santo.

Ese hombre es misionero porque lleva en su interior la Luz increada de Dios.
Y esa luz se manifiesta en todo: en su cuerpo, en sus ojos, en su voz e incluso en su silencio.
Irradia por todas partes.

Esta es la verdadera misión sagrada y apostólica de la Ortodoxia.

 

2ª PARTE: PREGUNTAS AL PADRE SAVAS EL AGHIORITA Y RESPUESTAS

 

Pregunta sobre la cantidad y la calidad en la oración:
Se dice que nosotros no podemos alcanzar la calidad de la oración, porque es el Espíritu Santo quien nos regala la oración pura y lúcida. Nosotros, en cambio, podemos aportar la cantidad, es decir, orar lo máximo posible…
Leo en los libros —y los Padres así lo enseñan— que quienes vivimos en el mundo, con muchas ocupaciones, podemos, al menos en los tiempos libres, llenar nuestros vacíos intentando decir la oración del corazón: «Jesús Cristo Señor, eleisón me», lo más posible y de cualquier forma; mientras comemos, trabajamos o conducimos… decir la oración.
Así cubrimos el tiempo libre, pero ¿es suficiente esta cantidad?

Respuesta del Padre Savas:
No es suficiente, porque, desgraciadamente, tenemos tantas ocupaciones que, al final, no quedan ni cinco minutos para realizar este Trabajo, esta Obra de oración pura y lúcida… En realidad, este Trabajo de la oración noerá o del corazón requiere tiempo.

Para que el corazón realice la catarsis, se sane y pueda orar correctamente, hacen falta muchas horas. No lo digo yo; lo dice san Juan Crisóstomo desde el siglo IV, cuando exhortaba a los fieles que vivían en el mundo a orar al menos 4 o 5 horas diarias.

Como me preguntáis sobre la cantidad, os digo que las preocupaciones por muchas cosas materiales son un impedimento para la oración.
Me dirás: «Tengo tantos trabajos que no me da tiempo».
—Pues ¡recorta los trabajos! Nuestro trabajo principal es este.

¿Por qué el Cristo dijo: «No os preocupéis»? ¿Por qué dijo que tuviéramos cuidado con las espinas, no sea que nos ahoguen?
—Las espinas son, precisamente, las preocupaciones mundanas y los trabajos.

Y aquí decimos: «Compraré una máquina para que me ayude; así tendré más tiempo libre». Compramos la máquina y después decimos: «Ya que la tengo, voy a hacer esto y aquello», y finalmente caemos en otra trampa. ¿Qué trampa? Hacer muchas más cosas, ya que han aumentado nuestras capacidades con la máquina, con el fin de alimentar aún más nuestras pasiones (pazos) y, sobre todo, nuestro egoísmo. Así, en vez de tener más tiempo, tenemos menos, y además más angustia y estrés. Porque la máquina, en algún momento, se estropeará… habrá que arreglarla, etcétera. Por supuesto, primero tendrás que aprender a manejarla; después, cuando salga algo nuevo, deberás cambiarla… y así caemos en esta trampa.

Por eso los Padres hablaron de la pobreza material, de la autosuficiencia y de la vida sencilla. Ten las mínimas cosas materiales posibles, y así no tendrás muchas ocupaciones. ¡Veis cómo retornamos a la instrucción terapéutica de la Iglesia!

Pregunta sobre la necesidad de un Guía Espiritual o Yérontas experimentado:

Respuesta:
Todo lo que hagamos no debemos hacerlo basándonos en nosotros mismos. Debemos tener siempre y consultar a nuestro Yérontas o Guía Espiritual. Él nos dirá cómo progresar en la oración.

Por supuesto, este Guía debe estar él mismo terapiado, sanado. ¡Atención! Aquí no puede ser cualquiera.
Debes encontrar un Guía espiritual terapiado, sanado, que conozca por experiencia vivida la terapéutica de la Iglesia ortodoxa, y no solo por libros. Este método terapéutico lo conocen por experiencia, por lo general, aquellos que han vivido en monasterios con verdadera obediencia.

Lo repito: no porque yo haya vivido o viva en un monasterio, sino porque allí se salvaguarda este método terapéutico casi exclusivamente, y no en el mundo.

Pregunta sobre la iluminación del nus:
¿La iluminación es un estado estable, o el Espíritu Santo unas veces viene y otras se retira?

Respuesta del Padre Savas:
Cuando uno alcanza la iluminación, este estado es estable. Existe constantemente y es una situación que se vive las veinticuatro horas del día. Es decir, incluso cuando duermes… el Espíritu Santo ora en tu interior, y lo percibes hasta en el sueño.

Esto es lo que dice el Cantar de los Cantares: «Yo duermo, pero mi corazón está en vigilia, vigilante». ¿Cómo en vigilia? Con la oración incesante. El corazón no cesa de elevar oraciones las 24 horas. Este es el estado de iluminación. Entonces el hombre se convierte en templo del Espíritu Santo.

Pregunta sobre κατάνυξις (katánixis: compunción, dilatación del corazón), iluminación y lágrimas:
¿Tiene alguna relación la iluminación con la katánixis compunción? Es decir, ¿en la Iglesia el hombre que está en plenitud de oración y en estado de katánixis podemos decir que está iluminado?

Respuesta del Padre Savas:
Depende: puede que sí y puede que no. En cuanto al tema de la katánixis compunción o dilatación del corazón y de las lágrimas, es necesario tener un Yérontas o Guía espiritual iluminado que te diga exactamente lo que ocurre. Hay muchos tipos de lágrimas.

Existen lágrimas emocionales: son aquellas que surgen cuando uno recuerda algo, se conmueve y llora.
Existen lágrimas egoístas: alguien me ha dicho algo, no lo he soportado y me han salido lágrimas… porque hay egoísmo, porque el ego o yo ha sido herido. El marido dice una palabra y la esposa no aguanta y empieza a llorar… Estas lágrimas, por supuesto, no tienen ninguna relación con la katánixis compunción. Con ellas, el hombre no recibe la jaris (gracia, energía increada), sino que se infernaliza, se entenebrece aún más su nus y su psique-alma.

También existen las lágrimas de metania, de arrepentimiento: como las que derramó Pedro, lágrimas amargas: «lloró amargamente», dice el Evangelio.
Existen igualmente las lágrimas dulces, que son de otro tipo y vienen cuando llega la Luz increada de Dios, el Espíritu Santo. Entonces el hombre llora y, a la vez, se alegra, se deleita y alimenta su psique-alma de la agapi (amor incondicional, emoción de la energía increada) de Dios.

Es necesario tener un Guía espiritual o Yérontas para discernir cuándo se deben cultivar las lágrimas que vienen y qué tipo de lágrimas se deben cultivar y acoger.

Pero os voy a decir un secreto: uno puede cambiar la tendencia. Por ejemplo, si le han venido lágrimas de cualquier tipo, puede transformarlas en lágrimas de metania, de arrepentimiento. Puede decir: «Perdóname, oh Dios mío». Puede comenzar a confesarse ante Dios: «He hecho esto, aquello… soy pecador, perdóname». De este modo, aunque las primeras sean lágrimas egoístas, después rompe, por así decirlo, «la columna vertebral del diablo» y las transforma en lágrimas de metania y arrepentimiento.

Pregunta: ¿Cuánto tiempo debemos permanecer en la oración y cuándo es mejor hacerlo?

Respuesta del Padre Savas:
Lo diré de forma sencilla: si has comenzado a hacer oración, significa que has comenzado a respirar. Entonces, cuando preguntamos «¿cuánto tiempo aguantamos orando?», es como si preguntáramos: «¿cuánto tiempo aguantamos respirando?».

Decidme: ¿aguantas respirar solo cinco minutos de las veinticuatro horas? ¡No aguantamos ni dos minutos sin respirar! ¡Es una locura lo que digo! Sin embargo, eso es precisamente lo que hacemos…

Nuestra psique-alma «respira» cinco minutos por la mañana y cinco por la noche… ¿y el resto de las veintitrés horas y cincuenta minutos qué hacemos? Pues no respiramos, es decir, no oramos.

Entonces, ¿está justificado que tengas angustia, estrés y ansiedad?
—Absolutamente sí.
¿Está justificado que tengas asfixia, desesperación?
—Absolutamente sí.
¿Y que todo te moleste?
—Por supuesto. Si tapamos la nariz y la boca, veremos que no aguantamos más de dos minutos sin respirar.

¿Sabéis lo que ocurre?
Cuando empezamos a hacer la oración del corazón, la noerá o de Jesús, de manera constante, ya no nos preguntamos «cuánto aguantaremos», sino lo contrario: no aguantamos no hacerla.

 

Pregunta sobre la iluminación y cómo se llega a ese estado:

Respuesta:
En el estado de iluminación, el hombre ora incesantemente. En plena iluminación, la oración se autoactiva; es decir, se dice por sí sola en el corazón del hombre.

—Pero ¿cómo se llega allí?

Al principio, uno se esfuerza y se disciplina hasta acostumbrarse a orar.

¿Qué hace el recién nacido cuando sale del vientre de su madre?
Al principio llora, porque entra en un ambiente extraño. Pero si no llora, no respirará. Debe llorar para tomar la primera respiración. Después quiere respirar continuamente; pero si no toma esa primera respiración, sufrirá asfixia.

Así sucede también con la oración noerá, del corazón o de Jesús. Al principio hace falta esfuerzo, pero después, cuando empiezas a «respirarla», no solo deja de hacer falta esfuerzo, sino que cuesta detenerla. ¡No quieres detenerla!

Ahora bien, nosotros, que estamos en esta situación enferma, ¿sabéis qué nos ha ocurrido? Nos hemos acostumbrado a beber petróleo.

¿Es normal beber petróleo?
—Naturalmente que no.

Desde el momento en que dejes de beberlo, comprenderás qué absurdo hacías antes, y después no querrás volver a hacerlo. Esto significa que el hombre ha llegado al estado de iluminación. Entonces ya no recae fácilmente en el pecado; es muy difícil recaer, porque nuestra naturaleza es no pecar.

Pregunta:  ¿Por qué nosotros vamos hacia atrás?
Respuesta: Porque no hacemos la verdadera metania (introspección, arrepentimiento, conversión y confesión), falta la verdadera metania. Simplemente cambiamos de opinión. Vamos al Guía espiritual y le decimos: «Sabes, Padre, estoy muy triste porque he hecho esto, esto… y lo he vuelto a hacer», pero, desgraciadamente, no cambiamos de mentalidad, no nos convertimos ni nos arrepentimos; es decir, no tomamos la decisión de hacer una revolución, una explosión en nuestro interior y decir: «¡Se acabó! A partir de ahora pondré toda la atención de mi nus con mi mente en contacto consciente con Dios mediante la oración».

—¿Pero con fuerza?
—Sí, debemos luchar con fuerza para realizar una revolución, una explosión y una incisión en nuestro interior, y comenzar este proceso de catarsis.

 

Pregunta sobre la fuerza, el cansancio y la dificultad en la oración incesante:

Respuesta del Padre Savas:
La oración noerá, del corazón o de Jesús, como ya hemos dicho, al principio requiere fuerza, incluso cierta violencia. Aquí todo depende de la fe. Si crees en Dios, harás la oración noerá o del corazón, porque Dios ha dado esta oración como mandamiento. Dios nos pide que oremos incesantemente.

Lo dice el apóstol Pablo a los Tesalonicenses… Cristo mismo nos lo enseñó en la parábola del juez injusto y la viuda: que oremos sin cesar, sin detenernos. Y también lo repite san Pablo: «Orad sin cesar».

Cuando nosotros comenzamos a hacer correctamente e incesantemente esta oración monológica, llega un momento en que el mismo Espíritu Santo viene y la realiza en nosotros.

 

Pregunta: ¿Cómo nos acostumbramos a la oración noerá, del corazón o de Jesús?

Respuesta del Padre Savas:
Al principio, hazla como puedas… Os diré un método. Conocí a una persona que practicaba la oración noerá del corazón dos horas por la mañana, dos horas al mediodía y dos horas por la noche; a veces de pie y a veces arrodillada. Se forzó, se cansó, pero la aprendió… y después la hacía durante las veinticuatro horas; y más tarde la hace el Espíritu Santo: ya no hay esfuerzo ni cansancio, sino alegría.

Como ves, debes establecer un programa, igual que los atletas. Ellos realizan muchos ejercicios físicos, mucha gimnasia; hacen esfuerzos intensos, suben y bajan escaleras, recorren caminos difíciles, se exigen al máximo… ¿para qué? Para ganar una copa y alcanzar fama. ¿Y qué? Después de unos años, nadie se acuerda…

Si para cosas vanidosas nos esforzamos tanto, ¿no deberíamos esforzarnos un poco por las cosas espirituales y eternas?

Pregunta: ¿La vida espiritual cansa?

Respuesta del Padre Savas:
En el ámbito del espíritu no sucede así; no existe ese tipo de fatiga. En las cosas espirituales ocurre lo contrario: hacemos algo contrario a nuestro estado actual, pero regresamos a nuestro estado natural; realizamos algo verdaderamente fisiológico.

Es como si hasta ahora camináramos con las manos, y mediante el ejercicio espiritual en el Espíritu Santo volviéramos a caminar normalmente. ¿Requiere esfuerzo? Sí, al principio; pero una vez que te acostumbras, ya no quieres volver atrás ni caminar con las manos.

Esto es el pecado: caminar al revés. Esto es la no metania, la falta de arrepentimiento. Cuando nuestro nus la mente está disperso y nuestro corazón (psicosomático) está lleno de logismí (pensamientos, fantasías, ideas y meditaciones), es como si camináramos con las manos. ¿Cómo vamos a vivir así?

 

Pregunta sobre la voluntad de Dios y la oración incesante del corazón:

Respuesta del Padre Savas:
Si en cada momento tienes en tu nus y mente la voluntad de Dios, entonces tendrás también oración. Mirad: la oración no consiste solo en decir palabras. Puedes pronunciar palabras sin estar atento a ellas, y entonces no haces nada.

Pero cuando mantienes tu nus y tu mente en contacto consciente con la voluntad de Dios, te preguntas: «¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Cuál es el primer mandamiento?». «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente (diania) y con toda la fuerza de tu voluntad».

¿Qué significa «con toda tu mente (diania)»? Significa pensar y estar en contacto consciente con Dios continuamente. Esto es la oración: pensar siempre en Cristo.

Tenía una persona que se confesaba conmigo. Me decía: «Páter, yo no decía nada; solo tenía mi nus y mi mente en Cristo. Es muy cansado, Páter —me dijo—, me cansé mucho al principio… pero después tenía muchas zeosis, contemplaciones y experiencias divinas».

He aquí la oración: que la atención de tu nus y la conciencia de tu mente no se aparten de Cristo.

 

Pregunta sobre la agapi a Dios y la dificultad en la oración incesante:

Respuesta del Yérontas Savas:
Es como cuando amas a una persona. Decidme: ¿hace falta esfuerzo para pensar en esa persona? No; no hace falta. El nus-espíritu con la mente va hacia ella y permanece allí continuamente. Puedes estar caminando por el centro de la ciudad, en medio del ruido y la multitud, y no ver ni oír nada… porque la atención de tu nus-espíritu está en la persona que amas.

Así es la relación con Cristo, el Divino Eros (amor ardiente). Esto es lo que quiero decir cuando hablo de amar a Dios.

Por supuesto, en este estado no hace falta esfuerzo. Desde el momento en que se enciende esta agapi a Dios, no se requiere esfuerzo ni fuerza: oras espontáneamente.

Pero dirás: «Yo, que no le he amado, ¿cómo lo haré?».
Al principio hace falta un poco de esfuerzo. Es lo que dijo Cristo: «La Realeza increada se conquista con violencia, y los violentos la arrebatan».

Al principio debes pensar en Él voluntariamente y esforzarte un poco. Es como cuando intentas encender un fuego. ¿Qué sucede? Al principio hay humo; el fuego no prende enseguida. La leña produce humo, los ojos se llenan de lágrimas… pero después, cuando el fuego ha prendido bien, desaparecen el humo y la humedad de la leña; entonces te calientas, te alegras y estás bien, gozando del calor del fuego.

Lo mismo sucede con la oración incesante.

 

Pregunta: ¿Cómo aprendemos la voluntad de Dios?

Respuesta:
Esto solo es posible si tenemos un Yérontas o Guía Espiritual. Solos no podemos encontrarla. Leed todos los libros espirituales: no vais a encontrar la voluntad de Dios, porque no es una cuestión de conocimiento encefálico, cerebral o intelectual; es cuestión de humildad, de obediencia, de la divina jaris (gracia, energía increada) y de la experiencia de Dios, de modo que puedas conocer, en cada momento concreto, qué quiere Dios de ti y qué decisión debes tomar.

Por eso hace falta un Guía Espiritual o Yérontas: él te indicará el camino y te dará las claves, de manera que, poco a poco, sepas discernir en cada momento la voluntad de Dios. Llegará un momento en que, con la jaris increada de Dios, tú mismo podrás discernir; pero esto no sucede al principio.

Primero debes pasar por la catarsis y llegar a la iluminación. Entonces podrás no solo conducirte a ti mismo —aunque esto no significa que ya no necesites un Guía o Yérontas—, sino también ayudar a otros e indicarles el camino por el que pueden llegar a donde tú estás.

En verdad, esta realidad tan hermosa sucede en la Iglesia Ortodoxa: cuando has realizado la catarsis, puedes convertirte también en médico, en terapeuta de los demás.

 

«Pedid primero el reinado de la Realeza increada de Dios»

«Pedid primero el reinado de la Realeza increada de Dios y todo lo demás os será añadido» (Mateo 6:33). Pedir la Realeza significa pedir que Dios reine, con Su energía increada, en nuestro interior; que sea Él el Dueño y Señor de nuestro “reino”, y ese reino es nuestro cuerpo.

Pero esto debemos creerlo. Ahí está el problema: «¿Por qué tengo que creerlo?», dicen algunos. Si no crees, naturalmente no tienes ninguna motivación.

Debes creer que tus ojos espirituales deben abrirse, porque, si no se abren en esta vida, después es imposible. En el Hades no hay metania: esta es una enseñanza básica de la Ortodoxia. Es un elemento fundamental: si no abres los ojos espirituales aquí, en la otra vida será imposible.

No es casual abrir los ojos espirituales: debes hacerlo, ciertamente con la ayuda de Dios. Lo haces con la jaris (energía increada) de Dios, no tú solo; pero debes querer hacerlo en esta vida. ¡Tened cuidado!

 

La Iglesia existe principalmente para esta vida.

Sin embargo, existe -desgraciadamente, incluso entre algunos ortodoxos- el engaño de pensar que la Iglesia nos prepara únicamente para la otra vida.
¡Gravísimo error!

La Iglesia Ortodoxa no nos prepara para la otra vida, sino para esta: para que aquí se abran nuestros ojos espirituales y podamos obtener y gozar, aquí y ahora, la Realeza increada de Dios, el Paraíso. Si no encuentras el Paraíso en esta vida, aquí y ahora, tampoco lo encontrarás en la otra; porque en la otra vida no hay metania, no podrás arrepentirte ni confesarte.

 

La Iglesia no está para que las cosas nos vayan bien

Algunos creen que la Iglesia existe para que todo nos vaya bien en esta vida. Esto también es un error. Si entendemos así la Iglesia Ortodoxa, la reducimos a una superstición, como una de tantas religiones creadas por los hombres.

La Ortodoxia no es una religión: es la apocálipsis (revelación) de Dios al hombre con el propósito de sanar, “psicoterapiar” y curar el nus-espíritu, la psique-alma y el cuerpo del ser humano.

 

La educación de los hijos en la oración incesante del corazón

El padre o la madre pueden reunir a los hijos ante el iconostasio y decirles: «Hijos, venid para hacer juntos cinco minutos de oración: “Jesús Cristo Dios, eleisón me, compadécete de mí o de nosotros… Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ ἐλέησόν με”».

O incluso más breve: «Cristo Dios, eleisón me o eleisón nos: ayúdame, ayúdanos, compadécete de nosotros, alívianos, protégenos…». Solo cinco minutos.

Así comienzas, como decía el nuevo santo Paísios, a “tirar de la cuerda de la máquina” hasta que la máquina arranque. Especialmente en los niños, cuya psique-alma está más pura —sin tantas pasiones y logismí (pensamientos y fantasías) como los adultos—, la oración es comprendida con facilidad. Se alegran y captan rápidamente qué significa la oración noerá del corazón o de Jesús. Después les gusta y quieren hacerla continuamente.

Los niños no están tan entenebrecidos como los mayores. Por eso, esos cinco minutos pueden convertirse en diez, quince…

Cuando uno comienza así el día, intenta continuar la oración también durante el desayuno; luego, al mediodía, antes de comer, otros cinco minutos; y por la noche, antes de dormir, otros cinco minutos. Así se entra en el proceso de la memoria incesante de Dios.

Poco a poco, con el tiempo, hay que enseñar al niño que, durante el resto del día, intente acordarse de Cristo. Porque, si durante cinco minutos construimos y luego, durante tres o cinco horas, destruimos, no se logra nada esencial.

 

La instrucción a los hijos, en general

Lo fundamental es que los hijos tengan un Guía espiritual o Yérontas, que lo visiten con frecuencia y le obedezcan. Se entiende que este Guía debe conocer la terapéutica ortodoxa y ser él mismo un hombre sanado, “psicoterapiado”: esto es esencial.

Tiene una gran importancia lo que hacen los padres en su vida personal como luchadores espirituales. Por ejemplo, si practican la oración noerá del corazón como es debido, los hijos los imitarán, porque los hijos imitan a sus padres. No basta con decirles cosas buenas: en la medida de lo posible, deben orar junto con ellos.

«Ahora vamos a orar».

Fin. Gracias y gloria a Dios.

 

3ª PARTE: LA ΑΓΑΠΗ AGAPI DEL HOMBRE A DIOS Y LA AGAPI DE DIOS A LOS HOMBRES
(De otra homilía sobre la agapi del hieromonje Savas el Aghiorita)

 

El primer mandamiento

La agapi a Dios es el primer y gran mandamiento que Dios nos ha dado: «Amarás a Dios con toda tu psique, con toda tu mente, con todo tu corazón y con toda la fuerza de tu voluntad, y al prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 37).

Esta agapi, cuando llega a ser propiedad del hombre, lo transforma y lo convierte en fuego. Esta es la agapi que cultivaron los santos, y es la que nosotros debemos cultivar por encima de todo.

El padre y nuevo santo Paísios el Aghiorita dice: «Para mí hay tres tipos de agapi:
a) la agapi carnal, que está llena de microbios espirituales;
b) la agapi mundana, que es hipócrita, aparente y sin fondo;
c) la agapi espiritual, que es la agapi verdadera, pura, “cara” y costosa. Esta agapi es inmortal» (Logos del Yérontas Paísios, tomo 5, Pasiones y virtudes).

Cuando nos referimos a la divina agapi espiritual, hablamos de la agapi (amor, emoción, sentimiento de la energía increada) del Espíritu Santo. Del mismo modo, cuando hablamos de vida espiritual, entendemos la vida en el Espíritu Santo; es decir, la vida con Él y en Él.

El hombre espiritual —el santo— es aquel que ha llenado y colmado su psique-alma, su corazón, con la energía increada Jaris del Espíritu Santo. Es aquel que está guiado por el Espíritu Santo, y cuyos pensamientos, reflexiones, energías, acciones y emociones están impregnados de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Santo.

La agapi-amor increada a Dios se adquiere mediante la oración incesante del corazón, la oración noerá o de Jesús.

El padre Paísios nos enseña cómo alcanzar esta agapi espiritual hacia Dios y hacia los hombres: «Debéis mantener la atención de vuestro nus (el espíritu del corazón de la psique) continuamente en Dios» (ibíd., p. 102).

En realidad, para amar a Dios, el método es mantener un contacto consciente con Él a través de la oración. Los santos Padres enseñan —y en esto coinciden todos— que cuando el hombre piensa en Dios, entonces le ama. Cuanto más piensa en Dios, más le ama; y cuando piensa en Él incesantemente, enciende verdaderamente un fuego en su interior, en su corazón.

Los santos Padres nos han enseñado la oración noerá o del corazón como una forma muy eficaz y sencilla de amar a Dios. «Decid la oración noerá, hablad con Dios. Cuando el hombre realiza este trabajo, al principio siente un poco la agapi de Dios; y más tarde, a medida que progresa, mucho más», enseñaba el padre Paísios.

Mediante este contacto consciente con Dios, el hombre no solo comienza a amar a Dios, sino que también percibe que Dios le ama. Y esto es lo más importante: que Dios nos ama a pesar de que somos pecadores.

Muchas veces nos quejamos de que no podemos concentrarnos en la oración. La causa es que no hemos amado suficientemente a Dios. Cuando amas a alguien, es evidente que lo cuidas: vigilas lo que dices y estás atento a lo que él te dice. Así debe ser también en nuestra relación con Dios.

Observa de nuevo lo que dice el Yérontas Paísios: «Cuando se enciende la agapi espiritual, se ilumina y arde todo el pecho. Allí se enciende un fuego: el hombre arde por la gran llama y la dulce agapi de Dios. Realmente “vuela” y ama con una agapi verdadera y maternal» (ibíd., pp. 204-205).

La llama divina realiza la catarsis del corazón del hombre y lo llena de deleite y gozo espiritual. Con la divina jaris (gracia, energía increada) se lleva a cabo esta catarsis y purificación interior.

La catarsis del hombre no consiste solo en una kénosis (vaciamiento) de su cerebro y de su corazón psicosomático, sino también en su plenitud: en el llenado total del interior del hombre por el fuego de la divina agapi increada. Entonces se consumen todas las formas inferiores de agapi: toda agapi carnal y mundana, y todo aquello que roba una parte del corazón del hombre.

Entonces es cuando la psique experimenta los divinos hedonés —placeres— que no se pueden comparar con ningún otro. Cuando se enciende esta divina agapi (amor, emoción de energía increada), el hombre percibe grandes placeres y gozos espirituales, incomparables con los placeres terrenales que la mayoría de la gente estima en exceso: la buena comida, la agapi carnal, los placeres corporales, el dinero o la vanagloria mundana.

La agapi de Dios “funde” al hombre. Así como Dios es infinito, también Su energía increada —la agapi— es infinita. Si el hombre percibiera, aunque fuera una pequeña parte de esta agapi, su corazón de barro tendería a disolverse; no podría soportarla, porque está hecho de barro.

«Cuando el hombre entrega su corazón por completo a Dios, entonces lo ama todo: no solo a todos los hombres, sino también a los pájaros, a los árboles, e incluso a las serpientes y a los demonios», como dice el abad Isaac el Sirio. Este es, por así decirlo, un hombre verdaderamente universal, (católico o ecuménico) en el pleno sentido de la palabra.

La agapi hacia Dios es la energía increada de Dios, que inunda al hombre cuando ora, participa en las Divinas Liturgias, vive en metania y estudia el logos de Dios. Cuando el hombre ama verdaderamente a Dios, ama también todas Sus obras, las respeta y las honra.

La agapi hacia Dios es como una embriaguez. Dice el padre Paísios: «Si el hombre se embriaga espiritualmente con el vino celeste, su vida en la tierra se vuelve martírica… La embriaguez celeste es buena, pero hay que permanecer junto al inagotable tonel celeste. Deseo que encontréis el canal divino y os embriaguéis continuamente del vino paradisíaco» (ibíd., p. 208). ¡Ved con qué fuerza viva y experiencial habla el Yérontas, desde lo profundo de su corazón!

Quizá alguien diga: «¿Estas cosas son para nosotros, que vivimos en el mundo, o solo para los monjes?».
—No, no son solo para los monjes; son para todos. Esta embriaguez divina, esta experiencia de la psique-alma, como también la llama san Juan Clímaco, es para todos. Todos podemos saborearla, gustarla, porque todos somos imagen de Dios y llevamos en nuestro “ADN espiritual” la vocación, la perspectiva y el destino de llegar a ser semejantes a Dios; es decir, llegar a ser agapi, puesto que «Dios es agapi» (1 Jn 4, 8).

Cuando hemos amado a Dios, entonces nos hacemos, por participación, «omnipotentes». Todos tenemos la capacidad y la llamada a participar en esta energía increada —cualidad divina— que es la agapi. «Dios es agapi, y quien permanece en la agapi permanece en Dios» (1 Jn 4, 16), dice el mismo Señor.

Y, puesto que Dios es agapi, quien permanece en ella se hace uno con Él y, por así decirlo, se convierte en un “pequeño dios” por gracia, energía increada. Se asemeja a Dios y se hace todo fuego, como Dios es Fuego abrasador; se hace luz increada, como Dios es Luz increada. Es decir, en la medida posible al hombre, adquiere por la jaris (gracia, energía increada) las cualidades divinas.

Por eso los santos eran como “pequeños dioses”: tocaban a los endemoniados y los demonios salían; bendecían y bendicen a los enfermos y sanaban; con sus oraciones influían e influyen en los acontecimientos y, con sus súplicas, cambiaban y cambian el curso de la historia. Con la divina jaris increada podían hacerlo todo, eran “omnipotentes”, porque Dios —el Omnipotente— actuaba a través de ellos.

Pero Dios actuaba en ellos porque previamente se había realizado en su interior la catarsis de los pazos. La agapi (amor, emoción de energía increada) de Dios quemó toda la basura, todos los escombros y todos los pazos que habitaban en ellos —y que, desgraciadamente, existen en el corazón de todo ser humano—, y así se convirtieron en moradas de Dios.

 

La gran fiesta: la venida de la divina jaris increada

Cuando viene esta χάρις (jaris: gracia, energía increada) y enciende el fuego en nuestro corazón, entonces comienza verdaderamente la gran fiesta.

San Siluán el Athonita dice: «Señor, eres bondadoso. Agradezco Tu misericordia. Me has enviado Tu Espíritu Santo y a mí, que soy pecador, me has concedido saborear Tu agapi; y mi psique-almaaaa es atraída hacia Ti, que eres Luz increada e invisible».

¡Admirad la humildad del santo: cuán profundamente percibe su propia enfermedad!… Confiesa: «Soy pecador, y aun así Tú has condescendido a venir a mí y a revelarme Tu agapi. Señor, ¿quién podría conocerte si Tú, misericordioso, no te revelaras a la psique-alma? Te he visto y conocido a Ti, mi Creador y Dios bondadoso, y mi psique-alma te anhela insaciablemente. Porque Tú, Señor misericordioso, has atraído mi alma hacia Ti y te ha conocido. Ves cuán enferma y pecadora está la psique-alma del hombre, pero Tú, como compasivo, le das la fuerza para amarte. Y la psique-alma teme perder la humildad, que los enemigos intentan arrebatarle; porque sin la humildad, Tu jaris abandona la psique-alma».

La soberbia y el orgullo son el gran obstáculo para recibir la divina jaris. La caridad del Señor existe, pero no la percibimos, porque estamos llenos de soberbia y orgullo.

El mismo san Siluán el Athonita dice: «Hermanos, haceos humildes y sentiréis la caridad de Dios, que ya existe y se os ofrece».

No es correcto pensar que llamamos a Dios y Él no viene. Dios está muy cerca de nosotros; pero no lo percibimos, porque con nuestro egoísmo, nuestra soberbia y nuestra egolatría hemos levantado muros a nuestro alrededor.

 

El Espíritu Santo enseña qué es la agapi-amor

Nadie puede conocer por sí mismo qué es la agapi increada de Dios si el Espíritu Santo no se lo enseña. Llevamos tanto tiempo hablando de Dios, de la agapi que Él tiene por nosotros… pero ¿la hemos comprendido realmente? No, no podemos entenderla de manera intelectual, encefálica, es decir, con el cerebro o con la mente.

Podemos describir algunos aspectos de la agapi, expresarlos de algún modo; pero para vivirla, experimentarla y sentirla, es necesario que el Espíritu Santo nos la enseñe. Y la enseña a aquellos que desean escucharle, a los que viven en metania, oran, estudian el Logos de Dios y participan en la vida de la Iglesia.

En nuestra Iglesia, la agapi increada de Dios se hace conocida por medio del Espíritu Santo. Por eso hablamos de ella.

Creo que todos nosotros, que intentamos de alguna manera vivir espiritualmente con la ayuda de nuestro guía espiritual, hemos experimentado en alguna ocasión la gran agapi de Dios: tal vez durante la Divina Liturgia, durante la oración —pero oración correcta—, o mientras estudiábamos el Logos de Dios. En esos momentos hemos sentido el soplo del Espíritu Santo. Lo que leíamos entonces tocaba nuestra psique-alma, nuestro corazón, de una manera distinta.

 

La oración y la Divina Liturgia son nuestro consuelo

La oración y la Divina Liturgia son nuestro consuelo. El Señor parece estar ausente y sentimos que nos falta Su presencia física; pero en realidad no es así: está presente con nosotros por medio de Su Espíritu Santo.

Permanece con nosotros místicamente —sacramentalmente— en la Divina Liturgia de la Santa Iglesia Ortodoxa. Aunque no tengamos Su presencia visible según la carne, tenemos a nuestros hermanos; y cuando oramos unos por otros, encontramos consuelo. Nuestra oración, llena de agapi por los hermanos, se convierte en dulce compañía.

Esta agapi fraterna entre nosotros ha sido dada por Dios como consuelo en medio de nuestras calamidades, penas y aflicciones, en este valle de lágrimas que es la tierra. Esta agapi desinteresada actúa también como apoyo para elevarnos hacia el cielo.

Permanezcamos, pues, en estas realidades y glorifiquemos a Dios, que nos ha dado a los santos para iluminarnos y enseñarnos estas cosas maravillosas, que quizá nos parecen lejanas, pero en verdad están muy cerca.

Nosotros, con nuestra libre voluntad, debemos esforzarnos por encender en nuestro interior este fuego increado de la agapi hacia Dios. El Señor dijo que para esto vino a la tierra: para encender el fuego increado del Espíritu Santo.

Amén.

 

4ª PARTE: EL REINADO DE LA REALEZA INCREADA DE DIOS ES REALEZA DE SANGRE
De otra homilía sobre la “Realeza increada” del hieromonje Savas el Aghiorita

(He conocido fieles ortodoxos hispanohablantes que me han dicho que, cuando han hecho el cambio del término «reino» a «Realeza increada», se les ha abierto un mundo nuevo en sus percepciones y experiencias divinas, y han profundizado más).

«El que come de mi Cuerpo y bebe de mi Sangre permanece en mí y yo en él» (Juan 6:56)

«El tiempo se ha cumplido, y el reinado de la Realeza increada de Dios ha llegado» (Mc 1, 15; Mt 4, 17).
«Mi reinado no es de este mundo» (Jn 18, 36), decía el Señor.

«Porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de la ciudad, y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la iluminen, porque la doxa-gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara. A su luz caminarán las naciones…» (Ap 21, 22-27).

El Α (alfa) y el Ω (omega), τό ἔσχατο lο ésjato (último) vino a la historia. El reinado de la Realeza increada de Dios ha llegado a nosotros, y podemos comenzar a saborearla ya en esta vida mediante los Misterios (Bautismo y Divina Eucaristía) y el renacimiento en Cristo. Sin embargo, permanece en nosotros una intensa nostalgia y esperanza de lo “perfecto y pleno”, que se apocaliptará-revelará en el siglo futuro.

Pero esta Realeza increada de Dios, escatológica, se hace realidad tangible cada vez que la Iglesia Ortodoxa —el nuevo Israel (los cristianos) de la jaris, el pueblo reunido de Dios— se congrega «en un mismo lugar», principalmente para celebrar la Divina Efjaristía. Y no como un acto mágico o una práctica individual de salvación, sino como expresión dinámica de comunión en comunidad y reflejo de la perfecta comunión de la Santa Trinidad, anticipo y revelación previa del reinado de la Realeza increada de Dios.

La Iglesia se manifiesta y llega a ser lo que realmente es, el Cuerpo de Cristo, el pueblo de Dios, κοινωνία (kinonía: participación, conexión y comunión) del Espíritu Santo, cada vez que se celebra la asamblea efjarística en cada comunidad local ortodoxa.

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre: la divina Sangre de Cristo Dios, que fue derramada en el Gólgota y se ofrece en cada Divina Liturgia.

Nuestro Dios es agapi (amor, emoción, sentimiento de energía increada) y paz; y Su Realeza increada es también agapi y paz. El predominio de la agapi y de la paz entre nosotros, y entre el hombre y Dios, se ha hecho posible gracias al Sacrificio cruciforme de Cristo.

Quien comulga del Cuerpo y la Sangre de Cristo se apropia personalmente de los dones que emanan de este Sacrificio y reina con Él en la eternidad. La Sangre de Cristo nos introduce en el reinado de Su Realeza increada, que es la «Realeza del Cordero degollado» (Ap 13, 8).

Por tanto, el don de Cristo crucificado es la paz, la reconciliación, la alegría y la agapi, que son características de Su Realeza increada.

La Sangre de nuestro Señor Jesús Cristo nos purifica y nos sana de todo pecado, y crea las condiciones para entrar en el reinado de Su Realeza increada. La Divina Comunión, en nuestra condición presente, es un anticipo —un sabor previo— de la futura y más perfecta comunión en Su Realeza celeste.

El sacerdote, inmediatamente después de comulgar, canta este tropario:
«¡Oh Pascua grande y santísima, Cristo! Oh potencia, sabiduría y Logos de Dios, concédenos participar con mayor pureza y claridad en Tu día sin ocaso, en el reinado de Tu Realeza increada».

Esta comunión, en máxima pureza y claridad con Cristo, será la fuente infinita de alegría y gozo en la futura Realeza increada y celeste de Dios.

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre, porque es el paso a la Pascua eterna mediante la sangre del Cordero inmaculado y sin mancha, Cristo.

Es Realeza de Sangre porque su imagen es la Divina Comunión o Efjaristía.

En la Divina Liturgia vivimos y saboreamos anticipadamente el estado que vivirá el mundo cuando predomine la Realeza increada de Dios, cuya venida todos los fieles esperamos y por la cual oramos cada vez en el Padrenuestro: «ελθέτω η Βασιλεία σου (elzéto i Vasilía su) venga en nosotros tu realeza».

Las características de esta Realeza increada contienen todo lo que contemplamos en la Divina Liturgia Ortodoxa.

Con la encarnación de Cristo se unió lo increado con lo creado. Así, en cada hombre se dio la posibilidad de experimentar, por la jaris, la unión de la naturaleza creada con la energía increada de Dios en Jesús Cristo.

Los santos adquirieron esta experiencia y llegaron a ser, por la jaris, partícipes de lo increado y de la inmortalidad, porque la energía increada y la vida inmortal fueron implantadas en su interior. De este modo, experimentaron la vida eterna ya desde esta vida biológica.

Por tanto, el problema no es un trasplante físico o genético, sino el “trasplante” de Dios en nuestra hipóstasis (base substancial). Y esto se realiza mediante la Divina Comunión del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo; por supuesto a condición de tener el Misterio ortodoxo del Bautismo y la Crismación.

Una experiencia de este tipo da sentido de vida al hombre..

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque es participación en el banquete —el simposio— de la Divina Efjaristía, en la Cena de la Vida. Y la Vida es Cristo.

La imagen —el icono— de Su Realeza es la Divina Efjaristía o Comunión.

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque es vida en y por Cristo. Esto se manifiesta también en el libro del Apocalipsis, donde se describe la ciudad celeste: «Y no vi en ella templo, porque el Señor Dios Todopoderoso —Pantocrátor— es su templo, y el Cordero» (Ap 21, 22).

Es decir, en el reinado de la Realeza increada de Dios, los salvados vivirán en comunión con Dios y con el Cordero. En realidad, cuando el templo creado desaparezca, habrá relación y comunión directa con el Templo increado, con el mismo Cristo Dios…

Este Templo increado, no hecho por manos humanas, lo viven ya como promesa y anticipación —desde aquí y ahora— los divinizados (deificados, glorificados) especialmente aquellos que contemplan la doxa (gloria increada), que es la misma Realeza increada de Dios…

En este punto existe una gran diferencia entre Oriente y Occidente. En Occidente, cuando se habla del «reino de Dios», se suele entender principalmente una realidad creada, un orden moral o un dominio ético en la tierra. En cambio, en el Oriente ortodoxo, cuando hablamos de la Realeza increada de Dios, entendemos participación, comunión y contemplación de la doxa (gloria increada) y de la jaris (gracia, energía increada) de Dios.

La Realeza increada en nuestro interior significa que en nuestra vida se cumple la voluntad de Dios y participamos de Su energía y de Su luz increada. Nuestro tiempo, nuestra vida y nuestros días le pertenecen; nada es propiamente nuestro. Todo pertenece a nuestro Rey: Él tiene nuestra vida en Sus manos y habita en nuestros corazones. En este sentido, el «reino» sería el espacio —nuestro cuerpo, nuestra psique, nuestra vida y nuestra existencia— donde Él reina.

Es imprescindible la catarsis del fiel para entrar en la Realeza increada de Dios, en la Sangre de Cristo. Es necesaria la “dosis” de la sangre espiritual de la obediencia y de la áskisis (ascesis, ejercicio espiritual) para recibir el Espíritu (energía increada). «Dad sangre para recibir Espíritu».

La Realeza increada de Dios es Realeza de Sangre porque implica la contemplación —la expectación— de la doxa-gloria increada de Dios, que se concede a los divinizados (glorificados o deificados que alcanzaron la zéosis). Y los divinizados son aquellos que participan y comulgan del soberano Cuerpo y Sangre de Cristo, cumpliendo las condiciones necesarias: encontrarse en uno de los tres estadios de la vida espiritual: Catarsis, Iluminación y Zéosis.

Al haber ofrecido la “sangre espiritual” de la obediencia y la sangre biológica de la áskisis —el ejercicio y el martirio—, han sido purgados (limpiados, purificados), iluminados y divinizados; y así viven para siempre en el reinado de la Realeza increada de Su Sangre.

La Metamorfosis (Transformación) de Cristo en el monte Tabor tuvo lugar después de esta declaración: «De verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios, es decir, la Iglesia, instalarse y cimentarse en la tierra con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo, durante el día del Pentecostés» (Mc 9, 1).

Y después vemos que el Evangelista describe el acontecimiento de la Metamorfosis, que tuvo lugar seis días más tarde; pues, como se observa en los Evangelios, no se menciona ningún otro acontecimiento, enseñanza ni milagro entre ambos momentos. Esto indica que los días transcurridos entre el logos de Cristo y Su Metamorfosis pasaron en silencio y quietud.

Así vemos que vemos que la Realeza increada de Dios conecta con Su Metamorfosis: «…hasta que vean la Realeza increada de Dios venida con poder». Se revela, por tanto, que esta Realeza es la contemplación de la jaris increada (energía divina) y de la doxa-gloria (luz increada) del Dios trinitario en la naturaleza humana del Logos; es decir, la θέωσις zéosis del hombre.

Cristo, en estοs logos, relaciona la Realeza increada con la visión: «hasta que vean la Realeza increada de Dios». Se trata de la contemplación de la luz increada.

La expresión «venida» no indica un desplazamiento desde otro lugar, sino una manifestación o revelación, ya que donde está Cristo está también Su Realeza increada. No es una venida local, sino una revelación-apocálipsis en el corazón de la psique-alma humana, realizada por el Espíritu Santo. Esto es lo que significa «en potencia» (ἐν δυνάμει, en fuerza y energía increada).

Sin embargo, es imposible para el ser humano contemplar la doxa (gloria increada) de Dios si sus sentidos psicosomáticos no son fortalecidos por la energía increada divina.

Este fortalecimiento se adquiere dentro de la Iglesia Ortodoxa mediante la lucha espiritual del fiel —para su catarsis— y mediante la comunión del divino Cuerpo y Sangre de Cristo. Así el hombre adquiere sentidos espirituales y puede contemplar la doxa-gloria increada de Dios.

La Iglesia Ortodoxa y la Divina Efjaristía o Comunión pueden llamarse Realeza de Dios si quienes viven en ella llegan a la contemplación de la increada doxa-gloria de Dios, que es la verdadera Realeza increada. Si hablamos de la Iglesia Ortodoxa y de la Realeza increada de Dios sin vincularlas con la θεοπτία (theoptía: contemplación o visión divina), entonces caemos en error y reducimos la teología a mera palabrería.

Además, los Misterios (sacramentos) de la Iglesia Ortodoxa revelan y conducen al hombre a la Realeza increada de Dios precisamente porque están estrechamente unidos a la divina energía increada: la que purga (purifica, catártica), ilumina y diviniza. No se puede alcanzar la catarsis, la iluminación y la zéosis del hombre sin la Divina Efjaristía o Comunión de la Sangre de Cristo, que purifica y sana la psique-alma de todo pecado y de toda enfermedad (física, psíquica y espiritual).

Cuanto más el fiel “da sangre” mediante la ascesis (ejercicio espiritual) y la obediencia, tanto más recibe el Espíritu de vida y de paz. Entonces vive en paz consigo mismo, con los demás y con Dios. Vive la paz que el Señor nos dejó tras Su santa Resurrección como preciosa herencia en la Iglesia. Las primeras palabras del Señor resucitado fueron: «La paz esté con vosotros» (cf. Lc 24, 37).

Cuanto más se pacifica el hombre, más ama; porque, como dice san Juan Crisóstomo, si la paz es agapi, entonces la agapi es también paz. Y cuanto más amo, más se une a Dios —que es agapi (amor, sentimiento de energía increada)— mediante la comunión, introduciéndose cada vez más en Su Realeza increada.

Cuando el hombre comulga del vivificador Cuerpo y de la divina Sangre de Cristo, participa más plenamente de los dones que brotan de Su sacrificio cruciforme; se diviniza y se convierte en heredero de la Realeza increada de Dios.

Como escribe san Nicolás Cabásilas: «La obra de la celebración de los divinos misterios es el intercambio de los dones ofrecidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y su propósito es la sanación, la divinización, la santificación de los fieles, los cuales, al participar de estos misterios, reciben la remisión de sus pecados, la herencia de la Realeza increada de los Cielos y bienes semejantes» (Interpretación de la Divina Liturgia).

El cristiano que ha alcanzado la paz con Dios, consigo mismo y con sus semejantes transmite esa paz a su entorno. Da testimonio con su vida de que ha llegado a la Realeza increada de Dios y de que esta es real y accesible también para el hombre contemporáneo, perturbado y angustiado. Se convierte en hombre pacificador: con la paz de su psique-alma ofrece descanso y consuelo a los demás. Por el contrario, el hombre sin paz lleva el infierno a su alrededor, transmitiendo angustia, ansiedad, estrés y perturbación.

La Realeza increada de Dios es Realeza de sangre porque es la Realeza de los que viven en metania: aquellos que, luchando hasta la sangre, participan en la Cruz del Señor para alcanzar la catarsis de los pazos, la iluminación y la zéosis. Así llegan también a la Resurrección con Él.

Por ello, el fiel debe dar pasos decisivos para entrar en la Realeza increada de Dios:
a) ἔξοδος (éxodos): salida del “mundo”, es decir, del ámbito del pecado y de los pazos;
b) εἴσοδος (ísodos): entrada en el sepulcro de la metania y de la humildad.

La mortificación del pecado, la metania y la catarsis de los pazos se realizan mediante la sinergia: la cooperación entre la energía humana y la energía divina increada. Para purificarnos y resucitar, es necesario crucificarnos con dolor, derramando la “sangre espiritual” de la obediencia y de la ascesis, esforzándonos —voluntaria o involuntariamente— en medio de las aflicciones.

Porque «por muchas tribulaciones debemos entrar en la Realeza increada de los cielos». Algunos desean llegar a la Resurrección sin pasar por el Gólgota, pero esto no es posible. Del mismo modo que una herida infectada necesita ser limpiada —aunque duela— para sanar, así también la psique-alma necesita catarsis.

Con el esfuerzo continuo por la catarsis, mediante la humildad y la mortificación del cuerpo, y con la participación en la Divina Efjaristía, comenzamos a vivir desde ahora la Realeza increada de Dios.

La Divina Liturgia se llama Efjaristía (ευχαριστία), es decir, acción de gracias, porque en ella damos gracias a Dios; y se llama Comunión porque en ella comulgamos, nos unimos y entramos en comunión con Cristo.

Según el libro Didajé (Enseñanza de los Apóstoles, cap. 9):
El Señor Jesús Cristo nos conduce al Padre y nos envía el Espíritu Santo… Él es nuestra paz» (cf. Ef 2, 14). Él es la vida eterna, Él es el Paraíso, Él es la Realeza increada, y Él es todo en todos.

Por eso le alabamos, le reverenciamos y le glorificamos. Pidamos, pues, la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de nuestro Señor crucificado y resucitado, para que, mediante nuestra lucha diaria, nos hagamos partícipes de Su santo Cuerpo y de Su preciosa Sangre, que nos concede la verdadera paz divina como prenda y vínculo de unión con el reinado de Su Realeza increada.

Amén.

Hieromonje Savas el Aghiorita Ἱερομόναχος Σάββας Ἁγιορείτης

http://HristosPanagia3.blogspot.com

Traducido por: Jristos Jrisoulas, www.logosortodoxo.com

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