«

»

Dic 30 2024

Ἡσυχασμὸς Hisijasmo: El corazón de la tradición ascética ortodoxa. El rocío vivificante del corazón

Ἡσυχασμὸς Hisijasmo: El corazón de la tradición ascética ortodoxa. El rocío vivificante del corazón

Por el Archimandrita Zacarias Zajaru

Monasterio san Juan el Bautista Essex Inglaterra

(Al final del texto los términos Ἡσυχασμὸς hisijasmós, Ησυχία hisijía y νήψις nipsis)

El Ἡσυχασμὸς hisijasmo no es un sistema de misticismo ortodoxo, sino una enseñanza completa y una θεωρία (zeoría: contemplación, expectación) del «gran misterio de la piedad»1 que Cristo reveló con su presencia en la tierra. La práctica ascética del hisijasmo es lo más sagrado, santo y perfecto que existe en la Santa Tradición Ortodoxa.

En la tradición ortodoxa, el hisijasmo nunca se ha considerado un fin en sí mismo ni un medio para adquirir la χάρις (jaris: gracia energía increada), sino un camino para encontrar y hacer la catarsis del corazón, (la psicoterapia) como un medio de enfocar la atención y mantener la memoria de Dios. En otras palabras, la oración hisijasta es un medio de κοινωνία (kinonía: participación, conexión y comunión) y unión con el Dios vivo y personal.

A menudo, las personas se preguntan cómo pueden evitar la ἁμαρτία (amartía: fallar el blanco, pecado, fallar la voluntad de Dios, enfermedad espiritual,) en la época contemporánea, cuando están rodeadas por tentaciones constantes. Todo lo que uno escucha o ve en el mundo contribuye, directa o indirectamente a la amartía al pecado. Sin embargo, el Señor fortaleció a su pueblo con un arma invencible, al darles el mandamiento de la νήψις nipsis: «Velad y orad para que no entréis en tentación» (Mateo 26:41). Y a través de lοs logos de Su apóstol explicó resumidamente: «Por eso, concentrad vuestro nus-espíritu y el intelecto/mente, estando en nipsis, alerta y vigilancia en sobriedad continua, [liberarlo de toda cosa que le oscurece y le aleja de Dios, estando en vela y continencia], y poned toda vuestra esperanza en la χάρις (jaris: gracia energía increada) que se os dará el día de la apocalipsis-revelación de Jesús Cristo, [durante aquel gran día de su majestuosa segunda parusía (presencia o venida)]» (1Pedro 1:13).

 

Ἡσυχασμός Hisijasmo: El rocío vivificante del corazón

La persona que hace o está en nipsis (vigilante) dirige su atención hacia el interior. Con el trabajo de la nipsis cultiva un espacio luminoso en el corazón hacia el cual se atrae el νούς (nus: espíritu de la psique) con la mente o intelecto, encontrando descanso. Como resultado, las impresiones que recibe a través de los sentidos no dejan huellas ni heridas significativas en su mente, intelecto, cerebro) ni en su νούς nus y corazón. Por esta razón, el hisijasmo es particularmente relevante en nuestro tiempo.

El hisijasmo significa la victoria del ser humano sobre los πάθος pazos y el mal del mundo; significa el descanso del Espíritu en la cámara nupcial del corazón. Es una práctica de doble carácter: por un lado, implica despojarse, renunciar y abandonar, y por otro, asumir, vestirse y recibir plenitud. Nadie puede entrar en el puerto tranquilo de la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) si no se convierte primero en aquel que «permanece con Cristo en sus sufrimientos»4 (Lucas 22:28), ascender a la cruz con el Señor, morir completamente al mundo, resucitar con Cristo (despertar espiritualmente) y participar en la plenitud de Su vida.

Los mártires, en un instante, desafiaron la amenaza de la muerte por la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) a Dios, recibieron la corona de la salvación y glorificación, y entraron triunfantes en el reinado de la Realeza increada de los Cielos. Sin embargo, el martirio diario de los ascetas o practicantes hisijastas o los que practican el método hisijasta (la oración de Jesús o del corazón), que durante décadas mantienen el “indomable o imparable” νούς nus con la mente» constantemente en su pecho invocando al Señor Jesús Cristo, es indescriptible e incomprensible para ojos ajenos.

La presencia continua del νούς nus con la mente en el corazón requiere gran paciencia y en ningún caso es pasiva. Exige que la persona lleve siempre en su cuerpo las «marcas del Señor Jesús«5 (Gálatas 6:17), que sea «amiga de la cruz«, que tenga un corazón circuncidado y afligido con un dolor incontenible, pero al mismo tiempo luminoso y dulce.

Las raíces del hisijasmo se extienden hasta el Antiguo Testamento. Ya en el Génesis se menciona que las personas «comenzaron a invocar el nombre del Señor«6 (Génesis 4:26).  El mismo Dios indicó al pueblo elegido el hisijasmo como camino hacia el verdadero conocimiento-gnosis y κοινωνία (kinonía: participación, conexión y comunión) con Él, dando el mandamiento: «Estad atentos, dejad las preocupaciones mundanas y sabed que yoSoy Dios» (Salmo 45:11).

Las visiones de los profetas y justos, como Moisés y Elías, fueron precedidas por la ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) y la oración a Dios. La Santísima Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, madre de Dios) dedicaba su tiempo en el Santo de los Santos (Altar de los Altares) a la oración hisijasta y al estudio de las Escrituras. En el fervor de esta oración, recibió el mensaje sobrenatural de la Anunciación y concibió en su vientre al único de la Trinidad, el Logos increado, el Señor Jesús.

El mismo Señor, dándonos el ejemplo, durante su vida terrenal se retiraba a lugares solitarios para orar. Especialmente antes de su terrible sacrificio, oró con sudor de sangre en Getsemaní para que Su obra llevara el sello de la bendición del Padre. Antes de resucitar y llenar «todo y todas las cosas de luz»8, el Señor Jesús descansó tres días en la tumba, mientras «todo cuerpo-carne mortal guardaba silencio»9. El Espíritu Santo descendió al mundo mientras los discípulos permanecían unidos en un cuerpo en ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial).

El hecho de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios no solo señala su origen, sino también su grandioso destino, preestablecido antes de la creación del mundo: convertirse en un «pequeño dios» por χάρις (jaris: gracia energía increada), eterno e inmortal, convertirse y hacerse «morada de Dios».

El hombre fue creado «muy bueno», pero no perfecto. Dios lo hizo libre, con la capacidad y facultad en su interior de alcanzar la perfección. Por lo tanto, dado que el hombre recibió el libre albedrío, para que Dios pueda otorgarle el don perfecto, necesita la συνεργεία (sinergia: co-energía, cooperación de la energía de la voluntad con la energía de la divina voluntad) del hombre.

En el Paraíso, el hombre recibió directamente de Dios su soplo o aliento, la primera infusión (dosis) del Espíritu Santo. Antes de la caída, era completo, disfrutando de una unidad maravillosa en todo su ser. No había pecado, ni dolor, ni enfermedad, ni, por supuesto, muerte. Dotado con una fuerza espiritual, el hombre disfrutaba inefablemente de la felicidad de la contemplación de Dios, teniendo continuamente su νούς nus con la mente dirigido hacia el Creador y Padre. Su νούς nus (como energía) estaba concentrado como un rayo de luz, unido al centro de su existencia: el corazón (psicosomático, esencia espiritual).

Con la caída, ocurrió una trágica ruptura y disgregación en todos los niveles. El Cielo se separó de la tierra, el hombre de la fuente de la vida (Dios), el hombre de su prójimo, y las fuerzas del hombre entre sí. El νούς nus con la mente y el corazón se dividieron y se fragmentaron. El hombre perdió el Espíritu de Dios y, en su interior, astutamente, se introdujo el espíritu del mundo, que está contaminado de la energía luciferina (eosfórica, demoníaca).

En el estado ordinario del hombre después de la caída -que se llama «natural», pero en realidad es completamente «antinatural o contra natura»-, el νούς nus con la mente está dispersa por toda la creación, sacudida por los vientos de la fantasía o imaginación. Desconectada del corazón, su base (y esencia), el νούς nus (como energía) se convierte en víctima de la imaginación o fantasía, que opera en exceso, empujándolo con la mente hacia el mundo exterior y en deseos pecaminosos (enfermizos). San Sofronio observa que «cuanto más lejos está el hombre de Dios, más dispersos están sus pensamientos y más confusas son sus experiencias espirituales»10. Además, afirma que «el mundo de la imaginación o fantasía humana es un mundo de ‘fantasmas’ de la verdad, común tanto para los hombres como para los ángeles caídos, y por eso la imaginación o fantasía a menudo sirve como canal para la energía demoníaca»11. En este estado enfermizo, el hombre puede incluso caer en la tentación de la autodeificación.

El ejercicio o práctica hisijasta tiene como objetivo unificar las fuerzas fragmentadas del hombre y “psicoterapiar”, sanar las heridas de la caída (psicoterapia auténtica por excelencia), para que alcance el nivel de perfección requerido por los dos grandes mandamientos de la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) hacia Dios y hacia el prójimo. Esencialmente, busca convertir al hombre en una morada de Dios, porque si el Señor no viene a habitar en él, «nada puede hacer» (Jn 15,5), mucho menos cumplir el mandamiento sobrenatural de la ἀγάπη agapi total hacia Dios y hacia los demás, especialmente el mandamiento de la ἀγάπη agapi hacia los enemigos.

San Gregorio Palamás habla del movimiento circular del νούς nus, (interpretando el movimiento circular de la psique-alma de san Dionisio el Areopagita). El primer movimiento es el resultado de la caída: la separación del νούς nus del corazón y su dispersión en el mundo creado.

El segundo movimiento ocurre cuando νούς nus con la mente se recoge hacia el interior y desciende al corazón. Algún buen pensamiento cambia la dirección del νούς nus con la mente y lo orienta hacia adentro, como en la parábola del Hijo Pródigo, donde el recuerdo de la casa paterna hizo que el hijo menor «volviera en sí, en su sano juicio o lógica» (12). Sin embargo, la unión del νούς nus con el corazón no se logra con medios artificiales ni ejercicios sin la percepción y cooperación con la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), por más que luche el asceta o practicante.

Finalmente, el tercer y perfecto movimiento ocurre cuando el νούς nus con la mente, unido al corazón, se orienta con un impulso indomable hacia Dios, llevando consigo todas las fuerzas de la psique-alma y el cuerpo del hombre, dirigiéndolos al Señor. San Sofronio llama a la oración con el νούς nus unido con el corazón como «el estado religioso o espiritual natural del espíritu humano, que deseamos, buscamos y nos es dado desde lo alto»13.

El corazón del «hombre viejo», del que no ha sido regenerado, está enterrado en su cuerpo, sin tener «sensibilidad o sentimiento espiritual». Se encuentra en un estado de letargo, como algunos reptiles y animales que caen en hibernación. Mientras el hombre vive en el mundo, esclavo de sus πάθος pazos pasiones y apegos, su corazón se entierra cada vez más profundamente. Un círculo lo encierra de manera asfixiante y lo mantiene prisionero. La única manera de que pueda respirar es mediante la invocación del Nombre divino.

El hisijasmo significa que el hombre mantiene un contacto consciente continuo con la energía de Dios14 a través de la incesante invocación del Nombre salvador del Señor Jesús. El Nombre del Señor fue revelado y es portador de la energía de Aquel a quien se invoca. Cuando el νούς nus se instala en el corazón mediante la invocación del Nombre divino, esta energía se transmite también a todo el ser humano. Entonces, la psique-alma experimenta un «soplo poderoso». El corazón sufre un «terremoto» y se rompe, pero luego sigue la suave brisa de la consolación del Espíritu Santo15.

Primero, el hombre experimenta la paz de los pensamientos, que prepara el espacio para los demás carismas o dones. Después, aprende la humildad, que es el origen y el vínculo de toda virtud y perfección. Entonces la χάρις (jaris: gracia energía increada) gobierna, unifica y sana todas las facultades y fuerzas de la psique-alma, que a partir de ese momento sirven a una única pasión o emoción natural: la divina ἀγάπη (agapi: amor incondicional). El hombre se santifica “completamente”16 «por el logos de Dios y encuentro con la oración» (1Tim 4:5)17 y «en Su Nombre» (Jn 1,12)18.

Así como la gallina se sienta pacientemente sobre sus huevos y los empolla, del mismo modo también el νούς (nus: espíritu de la psique) empolla el Nombre del Señor Jesús en el corazón. Gradualmente, la energía del Nombre se acumula, hasta que alcanza la plenitud, lo que provoca una gran explosión en la psique-alma, y entonces el hombre es arrebatado con todo su ser al otro mundo. Ya desde esta vida, ve «el reinado de la Realeza increada de Dios viniendo con poder»; más bien, él mismo entra en la Realeza.

Para emprender uno la hazaña sobrenatural y ultramundana del hisijasmo, debe estar consumido por la ἀγάπη (agapi: amor incondicional) a Dios hasta el punto de no permitir que pensamientos ajenos penetren en su corazón y enfríen el ardor del horno en su pecho. De lo contrario, si el fuego de la agapi divina no consume su ser, si su corazón no está desgarrado y su existencia no está atormentada por el dolor metafísico de la μετανοία metania, pronto el tedio lo superará en el desierto, y se encontrará en gran desconcierto. Comenzará a cultivar jardines y a construir celdas, pero habrá perdido la esencia de la vida ἡσυχαστικῆς (hisijastikí o hisijástica: en serenidad mental y paz cordial), y su vida dejará de estar «impulsada por la divina ἀγάπη agapi»19.

El hombre psíquico no puede soportar el estado ultramundano de la (hisijía: serenidad mental y paz cordial), a menos que Dios prepare y fortalezca su naturaleza. Según la experiencia del Apóstol que proclama: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte»20 (2Cor 12,10), lo que fortalece la naturaleza del hombre es la crucifixión, la muerte voluntaria, el duelo o luto (según Dios o espiritual) de la μετανοία metania.

El luto o duelo espiritual circuncida el corazón. Así como en el Antiguo Testamento nadie podía ser miembro del pueblo elegido de Dios sin la circuncisión de la carne, en la era del Nuevo Testamento nadie puede ser considerado miembro del Cuerpo de Cristo sin la circuncisión espiritual del corazón.

El duelo nace de la autoacusación o autoreproche. Según los Padres, la autoacusación es la imitación del Πάθος (Pazos: Pasión Padecimiento) del Señor crucificado y un camino en Su senda. «El que voluntariamente asume la culpa o falta, corre tras los Pazos-Padecimientos de Cristo»21. Si alguien se rompe el brazo, su νούς nus se fija en el miembro dolorido y no puede olvidarlo ni por un momento. Así también, el dolor causado en el corazón circuncidado por la autoacusación o autoreproche atrae el νούς nus hacia ese lugar. La autoacusación resulta ser un arma poderosa en las manos del practicante o asceta de la piedad. San Siluán el Athonita, el incansable y valiente trabajador del duelo o luto espiritual y de la μετανοία, da el siguiente consejo: «Si ves a Satanás que te quema con su fuego tratando de atrapar tu νούς (nus: espíritu de la psique), no temas, sino que ten firme esperanza en el Señor y di: “Yo soy el peor de todos”; y el enemigo se alejará de ti»22.

San Siluán no aconseja al creyente que comience a orar rápidamente, con fervor e intensidad, ni recomienda innumerables postraciones u otras obras ascéticas dolorosas. Simplemente señala que el camino que lleva a la victoria, incluso contra «los espíritus de maldad en los lugares celestiales»23, es que el hombre se coloque a sí mismo por debajo de toda criatura; que considere que es indigno incluso de invocar el gran, maravilloso y santísimo Nombre que se le dio para su salvación, y que los santos invocaban con gran temor, añadiendo: «No me condenes, oh Cristo, no me arrojes al Hades, no lleves mi psique-alma al abismo de la muerte, porque me atrevo a pronunciar tu Nombre, siendo yo inmundo, impuro y profano en todo»24.

En esencia, el asceta (practicante espiritual) no puede mantener el alto estado espiritual que aporta la oración hisijasta o de la hisijía (serenidad mental y paz cordial) si no se convierte en imitador de la «humildad según Cristo», si no camina al borde de la desesperación, si no mantiene su νούς nus con la mente en las llamas del «Sí». El más mínimo pensamiento de orgullo o vanagloria abre una rendija al enemigo, que entra furiosamente y devasta su corazón. Este es el motivo por el cual, como contaba San Sofronio, cuando era monje en el Monte Athos observó que, de alguna manera, se trataba a los hisijastas con cierto «menosprecio». Cuando visitaban los monasterios cenobíticos (de vida común), eran recibidos y se les proporcionaban algunos víveres, pero nunca se expresaba admiración por su forma de vida ni se les dirigían palabras de elogio.

Cuanto más agudo es el dolor espiritual, con mayor violencia es arrebatado el νούς nus, que desciende al corazón profundo y se ancla allí, donde está la fuente del dolor. San Gregorio Palamás explica que desde este punto la oración encuentra su ritmo. El νούς nus retorna a su posición original como soberano del hogar y, en adelante, todo el ser humano, psicoterapiado y sanado, funciona como un ángel, sirviendo y glorificando al Señor. La parte lógica o logística de la psique-alma se dedica ahora a la nipsis (atención, sobriedad, vigilancia espiritual); la parte anhelante se consagra al deseo de Dios, y la parte emocional se inflama con el fuego de la divina ἀγάπη.

Cuando Dios ilumina toda oscuridad en el corazón, el hombre aún no ha alcanzado la perfección. Ha adquirido una pureza relativa que le permite tener una doble visión; la visión pura del Santo de los santos y la visión horrorosa de su mundo interior. Es entonces cuando comienza la verdadera μετάνοια metania. El hombre realiza la metania se convierte y se arrepiente porque comprende cómo Dios lo había destinado a ser, es decir, cómo debería haber sido para tener total transparencia ante la Luz divina y convertirse en morada de Su Espíritu. Esta metania no tiene fin, ya que su final llegará únicamente en el reinado de la Realeza increada de Dios. Entonces el hombre será asimilado a la Luz (increada) de Dios, porque «le verá tal como es»25, como «luz en la cual no hay tiniebla alguna»26. Con esta esperanza, el cristiano fiel, en esta vida, «se hace la catarsis y se purifica a sí mismo, así como Él es puro»27.

San Gregorio el Teólgo, en un pasaje poético repetido cinco veces en sus escritos, expresa el corazón de la experiencia de la Iglesia que poseen los Santos:
«Cuando, según el gran Apóstol, despunte el día y el sol se levante en nuestros corazones, entonces, de acuerdo con el logos profético, el hombre verdadero sale a su verdadero trabajo y se eleva en la luz por el camino que asciende a montañas eternas. Y, ¡oh maravilla!, en esa luz se convierte en espectador de cosas supramundanas, ya sea sin separarse de la materia de la que fue originalmente creado, o separándose de ella según la senda concedida. Pues no se eleva sobre las engañosas alas de la διάνοια (diania: intelecto, mente, cerebro) que como ciego observa todo sin comprender clara y decisivamente ni lo ausente sensible ni lo trascendental inteligible; sino que, verdaderamente, se eleva por la δύναμη (dínami: potencia, y energía, dinámica) inefable del Espíritu, y con una comprensión espiritual indescriptible escucha palabras inefables y contempla lo invisible. Y ya desde aquí se convierte en uno con el milagro, y aunque está ausente de allí, compite, no obstante, con los himnógrafos incansables. Verdaderamente se convierte en otro ángel de Dios sobre la tierra, ofreciendo a través de sí mismo toda creación a Él, participando de todo y comunicándose ahora con Aquel que participa y está sobre todas las cosas, de modo que la imagen-icona sea precisa»28.

El hombre que ha ascendido a las «montañas eternas» y se ha convertido en «espectador de cosas supramundanas» comienza a iniciarse en el misterio del conocimiento-gnosis de Dios. Y, ya sea «dentro del cuerpo o fuera del cuerpo», tiene un solo propósito: como ángel de Dios sobre la tierra, se convierte en «espíritu ministerial enviado para servicio de aquellos que han de heredar la salvación»29. Se envuelve en oración por toda creatura y la ofrece a Dios con la súplica de su intercesión. Es entonces cuando comienza a ser «un sacerdocio real», un verdadero sacerdote, mediador entre Dios y la creación, el auténtico lugar de descanso de Dios. Amin.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com

 

De nuestro Miniléxico https://www.logosortodoxo.com/?s=minil%C3%A9xico

  1. ἩσυχίαHisijía o hesyquía, en general es tranquilidad, serenidad, sosiego, calma, silencio, interior y exterior.

Ἡσυχία (hisijía) en la tradición ortodoxa como término ascético-teológico, principalmente es la paz del corazón y serenidad de la mente, el estado del nus en serenidad y paz sin molestias, permanencia en Dios, la liberación del corazón de los pensamientos-reflexiones (loyismí) y liberación de los pazos influenciados por el demonio o el ambiente, de manera que permanezca en Dios. Es vivencia interior y no se relaciona necesariamente con las condiciones exteriores. La hisijía es el único camino por el que el hombre llega a la zéosis, expectación y conexión de la luz increada o al como semejanza. La hisijía del cuerpo es el ayudante para llegar el hombre a la noerá (del nushisijía.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: «Hisijía es estado imperturbable del nus y del corazón, serenidad, libertad y gozo de la psique, base sin olas, contemplación de la luz, rapto del nus, homilía ilustre y clara hacia Dios, ojo vigilante sin dormir, oración noerá o del corazón, asimilación y unión con Dios y finalmente zéosis y descanso sin dolor de los grandes dolores de la ascesis».

Ierotetheo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa, entendemos la alerta, atención y prontitud del hombre en mantener y tener su nus limpio de distintos loyismí e imágenes que mortifican su libertad interior y su limpieza separándole de su comunión-conexión con Dios, que consiste en la gnosis increada de Dios. Esta nipsis es calificada por los Padres de la Iglesia como “santa hisijía”. Así, pues, hisijía entendemos el método aquel que utiliza todo hombre para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los mayores problemas del hombre».

  1. Ήσυχασμός(hisijasmós) hesycasmo es el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus humano, es la Cristocéntrica vida espiritual ortodoxa.

Con este término expresamos la totalidad de la lucha cristiana ortodoxa que trata de cumplir los mandamientos de Cristo, la lucha contra los pazos, la catarsis del corazón, la atracción de la divina Jaris (energía increada), la consecución de los dones divinos, la Iluminación espiritual y la Zéosis o glorificación , y finalmente, la oración por todo el mundo.

El método de la gnoseología supranatural en la tradición Ortodoxa se llama Hisijasmo y se identifica con la nipsis-catarsis del corazón. El hisijasmo se identifica con la Ortodoxia. El hisijasmo fuera de la praxis hisijasta es patrísticamente o de parte de los santos Padres Ortodoxos impensable.

El hisijasmo no tiene ninguna relación con el pietismo (exterior) sino todo lo contrario. El pietismo ha sido desarrollado por los protestantes que trata de praxis exteriores, que no tienen nada de ver con lo interior. En la Ortodoxia hablamos de movimiento del como imagen al como semejanza y unión con Dios por la increada energía jaris, los misterios y la ascesis.

San Isaac el Sirio: En la vida Hisijasta se practica principalmente la oración noerá o del corazón o de Jesús (el centro de las fuerzas psicosomáticas del hombre): «Jesús Cristo Kirie-Señor, eleisón me, compadécete, ten misericordia o compasión de mi, que soy pecador».

Ἡσυχασμός (hisijasmós) hesycasmo: forma de vida de los Monjes anacoretas, que buscaban a conectar y comunicarse con el Dios a través del aislamiento, la hisijía y el silencio. El hisijasmo poco a poco se hizo un movimiento espiritual que consiste en autoconcentración, en el recogimiento, la nipsis y la oración incesante, principalmente la oración del corazón o la invocación del nombre de Jesús: «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με. Kirie Jesús Cristo Hijo de Dios, eleisón me».

  1. Νήψηs(nipsis) Sobriedad, su principal interpretación es sobriedad, o sea, el estado aquel que es contrario a la embriaguez.

Metafóricamente en el lenguaje y escritura ortodoxos, es la sobriedad espiritual, lucidez, vigilancia y alerta que se expresa por la actitud del cuidado y la vigilancia, donde el hombre inspecciona y cuida su pensamiento interior y su fantasía o imaginación. A la vez supone inspección y vigilancia del corazón y del nus. La nipsis depura la oración y la oración purifica, clarifica la nipsis.

San Hisíjio en la Filocalía nos describe algunos métodos de la nipsis: 1) Un método de nipsis es examinar frecuente y atentamente la fantasía del malo y astuto loyismós; es decir, el “ataque o asalto”, porque el satanás sin la fantasía no puede crear loyismí y presentarlos al nus para engañarlo. 2) Otro método es mantener el corazón siempre en profundo silencio e hisijía, alejado de todo loyismós, y orar. 3) Otro método es rogar, suplicar continuamente al Señor Jesús Cristo con humildad para que venga en nuestra ayuda. 4) Otro método es tener ininterrumpido el recuerdo de la muerte. 5) Sobre el importante método que consiste en mirar sólo al cielo considerando a la tierra como nada, que es también una práctica tan eficaz como otras, hablaré al respecto más extensamente en otro momento. Todas estas prácticas, querido mío, son como porteros terribles que impiden los pensamientos malignos y viles.

Metropolita Ieroteo Vlajos: «Hablando sobre la nipsis ortodoxa entendemos la alerta y atención del hombre en mantener limpio su nus de varios loyismí (pensamientos, reflexiones) e imágenes, fantasías que mortifican su libertad interior y su claridad, limpieza y le separan de la comunión con Dios que consiste en la gnosis (conocimiento increado) de Dios. En el corazón se debe de encontrar sólo el nus, la atención y su energía y no los loyismí. Esta nipsis es llamada por los Padres de la Iglesia también como “santa hisijía” (serenidad mental y paz cordial)».

La nipsis es el camino para la adquisición de cada virtud y los mandamientos-logos de Dios.

 

Notas al pie

  1. A’ Tim 3,16.

Mateo 26,41; ver también Mateo 24,42; Marcos 13,35 y 37; Marcos 14,38; Lucas 12,37.

  1. 1 Pedro 1,13.
  2. Lucas 22,28.
  3. 6,17.
  4. Génesis 4:26.
  5. Salmo 45,11.
  6. Ver los Cánones de la Resurrección.
  7. Ver el Himno Querubínico del Gran Sábado.
  8. San Siluán el Athonita, p. 333.
  9. Ibidem, p. 197.
  10. Lucas 15,17.
  11. San Siluán el Athonita, p. 91.
  12. Ver Gregorio Palamás, Sobre los que se retiran en silencio 2, 1, 30, Obras de Gregorio Palamás, Tomo I, Ed. P. Jristu, Tesalónica 1988, p. 491.
  13. 1 Reyes 19,11-12.
  14. 1 Tesalonicenses 5,23.
  15. 4,5.
  16. Juan, 1:9.
  17. Ver los Antífonos del primer grado.
  18. 2Corintios 12,10.
  19. Ver Pedro Damasceno, Discurso 10, Sobre la humildad, Filocalia de los Santos Nípticos, Tomo III, «Aster», Atenas 1961, p. 135.
  20. San Siluán el Athonita, p. 519.
  21. Efesios 6,12.
  22. Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos 25, 104-107, ed. Johannes Koder, «Fuentes Cristianas», Tomo 174, París 1971, p. 262.
  23. 1 Juan 3,2.
  24. 1 Juan 1,5.
  25. El 1 Juan 3,3.
  26. Ver Gregorio Palamás, Sobre la monja Xenia 59, Obras de Gregorio Palamás, Tomo V, ibidem, pp. 223-224.
  27. Hebreos 1,14.

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.