
Feliz 2025 con CRISTODIOS
Ευτυχισμένο 2025 μαζί με τον Αληθινό ΘεόΧριστό
Homilía apocalíptica y profética, π. Atanasio Mitilineos,
En el Año Nuevo, titulada: La Teología de la Historia
[Transcripción de la homilía pronunciada en el Sagrado Monasterio de Komninenon, Larisa, el 1-1-2001]
(Se sugiere leer https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/la-relacion-del-hombre-con-el-espacio-y-el-tiempo/
También
https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/la-vision-ortodoxa-de-la-nocion-del-tiempo/ )
Una vez más, queridos míos, es el primer día del año. Ya nos encontramos en el primer peldaño del edificio anual del calendario. En el mismo día celebramos también la octava de la Circuncisión de nuestro Señor Jesús Cristo. Además, conmemoramos la memoria venerable del gran padre de nuestra Iglesia Ortodoxa, Basilio el Magno, llamado “Ουρανοφάντορος Uranofántor”, lo que significa, «aquel cuya gloria se muestra y se ve en lo alto», o también, según Suidas, «aquel que resplandece hasta el cielo y apocalipta-revela los misterios celestiales».
Hoy, sin embargo, nos ocuparemos del concepto del tiempo, que siempre debe servir como una brújula de navegación para cada creyente. El tiempo es un elemento fundamental, no solo porque está vinculado al espacio y es parte inseparable de él —no se concibe el uno sin el otro—, sino también porque constituye un aspecto de la presencia humana de Dios en la tierra y, por ende, de nuestra salvación.
Solo el ser humano, entre todas las criaturas vivientes de la creación, tiene noción del tiempo. Y cuando decimos «noción del tiempo», nos referimos al presente, al pasado y, sobre todo, al futuro. El tiempo está directamente relacionado con nuestra salvación. Además, solo el ser humano sabe que morirá, y esta realidad le plantea interrogantes. La noción del tiempo define la longitud de la vida, su fin, pero también la eternidad. Por eso, el concepto del tiempo es una brújula de navegación, especialmente para el creyente.
El tiempo se expresa con los acontecimientos, es decir, en lo que sucede, los hechos. De la misma manera que cualquier cosa se expresa a través del movimiento o la inmovilidad de todos los cuerpos, que estudia la Física. Cabe señalar que, cuando hablamos de «inmovilidad» (entre paréntesis), esta no existe. Colocaríamos la palabra «inmovilidad» entre comillas, porque ni siquiera dentro de un átomo de materia existe algo inmóvil. Todo está en un movimiento increíble.
Así puede escribir el apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud del tiempo -es decir, el momento que solo Dios conoce, “envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley’», escribe el Apóstol en su carta a los Gálatas 4; lo, «ya predestinado desde antes de la fundación del mundo -es decir, Cristo-, pero manifestado en los últimos tiempos por causa nuestra». Predestinado desde la creación del mundo, pero ahora revelado a nosotros. O también: «Cuando se acercó el tiempo de la promesa», dice el apóstol Pablo en los Hechos, «que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto» (Hec 7:17).
Por lo tanto, el tiempo está en las manos de Dios. Representa el despliegue de Sus designios y voluntades en este mundo. ¿Qué quiere Dios de los hombres? Si para Dios el tiempo es un elemento fundamental para revelar Sus voluntades y propósitos, también para el hombre el tiempo es un elemento crucial para comprender y aceptar lo que Dios le ofrece.
Dentro de él podemos entender muchas cosas, aunque no todas. Y cuando decimos tiempo, nos referimos a la historia, porque en el tiempo ocurren los acontecimientos, es decir, los hechos. Los hechos constituyen la historia; esto es conocido. Por lo tanto, la historia significa hechos: los hechos que Dios crea, como la Encarnación y todo lo que implica, y la aceptación o el rechazo de estos hechos por parte del hombre. El hombre tiene, de algún modo, la libertad de aceptar o rechazar.
La historia, por tanto, debe interpretarse teológicamente. Lo repito: la Historia debe interpretarse teológicamente, para descifrar los designios y voluntades de Dios y tomar una postura o posición correcta como seres humanos.
El mundo habla de la filosofía de la Historia. Quizás pocas personas instruidas pueden conocer y hablar, o mucho menos tratar filosóficamente la Historia. Aquí permitidme un paréntesis, una aclaración: Platón no se ocupó de la filosofía de la Historia. Por la sencilla razón de que, al ser hechos y, por lo tanto, efímeros, carecen de valor según él. Platón se ocupó de lo que podía permanecer. Para comprender que, efectivamente, pocas personas pueden abordar la filosofía de la Historia, es decir, observarla y analizarla desde una perspectiva filosófica e intelectual humana: «¿Por qué ocurrió esto? ¿De qué depende? ¿Cuál es el significado de esto?». Esa es la filosofía de la Historia.
Por el contrario, la perspectiva teológica de la historia es la interpretación de la Historia con criterios teológicos, y en esta nos detendremos. No nos interesa la filosofía de la Historia, que muchas veces falla porque es un esfuerzo del intelecto humano. Nos quedaremos con los criterios teológicos de la Historia, que son inmutables y derivan de la apocálipsis-revelación de lo que Dios dice. De allí extraemos la teología de la Historia.
Así, el Antiguo Testamento, queridos míos, es un manual, desde una perspectiva. Es un manual de la teología de la Historia. Presten atención: aquellos que con tanta facilidad y ligereza lo rechazan —muchos de nuestros propios cristianos—, lo repetiré: el Antiguo Testamento es un manual de la teología de la Historia. Allí Dios se apocalipta-revela, se revelan sus voluntades y designios y también las consecuencias de aceptar o no aceptar lo que Dios apocalipta-revela. Dios dice algo, y vemos que Su pueblo a veces acepta y otras veces no acepta aquello que Dios apocalipta-revela.
De todos modos, en cada paso, el Antiguo Testamento esto muestra. Les diré un ejemplo. Solo uno, por falta de tiempo. Dios dice: «Si queréis y me escucháis» –dice a través del profeta Isaías– «comeréis los bienes de la tierra. Todo lo que la tierra pueda ofrecer será vuestro. Pero si no queréis ni me escucháis, la espada os devorará; porque la boca del Señor ha hablado estas cosas». ¿Qué significa esto? Ocurre una masacre de personas. Por ejemplo, los babilonios entraron en Palestina, mataron, incendiaron, tomaron cautivos y arrastraron a los hebreos a Babilonia… ¿Qué diría aquí la filosofía de la Historia? ¿Qué podría decir? ¡Ah! Podría decir: «Nabucodonosor fue ambicioso, quiso expandir sus fronteras…». ¡No! Dice la teología de la Historia. Esto es para todos; presten atención. ¡No! Porque no permanecieron en la voluntad de Dios. Si le dices esto a personas seculares, inmediatamente rechazarán lo que dices, e incluso te rechazarán a ti. Por eso estas cosas son muy importantes. ¿Por qué nos atacaron? ¿Por qué entramos en la Segunda Guerra Mundial? ¿Por qué ganamos, perdimos, esto o aquello? ¿Por qué? ¿Por qué perdimos Asia Menor? ¿Por qué razón?
«Esto dice el Señor», dice el profeta Jeremías, «Preguntad entre las naciones: ¿Quién ha oído cosas tan terribles como las que hizo el virgen (casto) Israel?». Le llama «el virgen» porque no se había mezclado con la idolatría; pero, ¡ay de ella!: «Porque mi pueblo me olvidó, ofrecieron incienso a lo vano –es decir, a los ídolos–; como viento abrasador los dispersaré frente a sus enemigos, les mostraré el día de su perdición», dice en el capítulo 18 Jeremías. Allí encontramos la respuesta. Esta es la teología de la Historia. No agradaron a Dios. No porque fueran un pueblo pequeño, ni por ninguna otra cosa de esas.
Así se sigue este esquema: Promesas de Dios –para bien–, apostasía, castigo, μετάνοια metania, arrepentimiento, y nuevamente las promesas bondadosas de Dios. Este esquema lo utiliza constantemente Dios en el Antiguo Testamento. ¿Lo ven? Y si queréis, también dentro de la Iglesia… El pueblo peca, Dios castiga, el pueblo vuelve a la μετάνοια metania y se arrepiente, y nuevamente Dios, como bondadoso, otorga sus bienes. Este esquema se repite continuamente en la Historia. Así, queridos míos, podemos reflexionar teológicamente sobre la Historia con la ayuda de la apocálipsis-revelación de Dios en la Historia.
Sin embargo, la consideración teológica por excelencia de la Historia se nos da en el Nuevo Testamento. El centro de todas las apocalipsis-revelaciones del Antiguo Testamento es la persona divino-humana (theantrópina) de Jesús Cristo, que también constituye el criterio: el rostro divino-humano de Cristo. Con esto podemos ver e interpretar todo.
En estos días, en estos tiempos, como ven, estamos atravesando diversas turbulencias a nivel mundial. En el marco de lo que hablamos sobre la globalización de todo. Algunos la desean, otros no, algunos están preocupados, otros dicen que es algo bueno… De cualquier manera, hay turbulencias. ¿Con qué ojos interpretaremos los acontecimientos? Si los vemos filosóficamente -por tercera vez insisto-, no los evaluaremos correctamente. Solo si los vemos teológicamente los interpretaremos correctamente. Pueblos que han rechazado la fe ortodoxa y han construido torres de Babel, han derribado sus edificaciones –es decir, sus planes– como torres de papel. Noten, si tuviéramos más tiempo, hablaríamos de por qué Dios no quiere la globalización. No la quiere. Nos referiríamos a la construcción de la torre de Babel. Y Babel significa confusión. Así lo ve el mundo, la filosofía del mundo, y así nos lo apocalipta-revela el logos increado de Dios.
Leemos en el Salmo 2 (he puesto el Salmo entero traducido por mí, JJ, vale la pena leerlo completo): «1 ¿Por qué las naciones idólatras se alborotaron y se desmadraron como caballos salvajes, indomables? ¿Y por qué estos pueblos meditaron y trazaron planes vanidosos, pecaminosos e infructuosos?
2 Los reyes de la tierra se alzaron, y los gobernantes se reunieron en conjunto, contra el Señor y contra Su Ungido, a quien Él consagró como profeta, sumo sacerdote y rey.
3 Rompamos las ataduras que nos mantienen sometidos al Señor y a Su Ungido, y alejemos de nosotros el yugo que nos oprime, dijeron estas naciones impías y los reyes rebeldes.
4 Pero Él, el Dios todopoderoso y justo que habita en los cielos, se reirá y se burlará de ellos, los hará objeto de risa delante de todos.
5 En el momento adecuado, hablará con ellos en su ira y los sacudirá con el estallido de su justa ira.
6 Sin embargo, yo, Cristo o Ungido suyo, a pesar de las enérgicas acciones hostiles de los opuestos, fui entronizado por este Dios y Padre como Rey eterno en el monte santo Sión, en Jerusalén,
7 para proclamar el mandamiento del Señor a todo el mundo. Este es el mandato con el cual me elevó al trono. Mi Señor me dijo: “Tú eres mi Hijo unigénito, al que hoy he engendrado desde mi eterna esencia, hoy te he levantado glorioso de entre los muertos.»
8 Pide libremente de mí, con la confianza de un hijo, lo que desees, y te daré como herencia todas las naciones, y pondré bajo tu dominio toda la tierra hasta sus confines.
9 Los gobernarás con vara de hierro, con autoridad invulnerable, y quebrantarás a todos aquellos que se opongan a ti como si fueran vasijas de barro frágiles hechas de arcilla.
10 Y ahora, al escuchar estas proclamaciones, vosotros, reyes, sed sensatos, aprended de vuestras experiencias, así como todos vosotros, gobernantes que gobernáis y juzgáis a los pueblos de la tierra.
11 Servid al Señor con temor, para probar en vuestros corazones la alegría que lleva la piedad hacia Dios y el temor que trae consigo, no sea que lo enfurezcan con algún pecado vuestro.
12 Mientras sea el momento adecuado, aprovechad con toda vuestra fuerza y mantened firmemente esta educación que proviene del Señor, no sea que, debido a vuestra negligencia, el Señor se enoje contra vosotros y seáis destruidos y perdidos del camino recto.
13 Cuando dentro de poco el justo enojo de Dios arda como un horno ardiente, serán felices y bendecidos aquellos que hayan puesto su esperanza y confianza en Él».
Es el intento de, en cierto modo, secularizar a todos los pueblos de la tierra. Presten atención, no piensen que cuando llegue el Anticristo abolirá, como tal, la enseñanza del Evangelio, de Cristo; pero abolirá todas las religiones del mundo: el budismo, el islamismo, todas las religiones… ¿Por qué? Quiere lograr que, en esos tres años que gobernará, se le rinda culto a él mismo, lograr su propia adoración -es decir, al diablo a través de la figura del Anticristo. Todas las religiones –lo dice el apóstol Pablo–: no aceptará «ningún objeto de veneración» el Anticristo. Por tanto, entiendan que quiere al ser humano sin religión. Así como lo vemos. Hoy, decimos, para alcanzar la globalización, hay que unirlo todo o rechazarlo todo. Todo lo que es religioso. Todo lo que es venerable. Porque de otra forma no prosperará esta globalización.
Vemos, entonces, la actitud, especialmente de los pueblos cristianos, que ya se han vuelto contra Dios y contra Jesús Cristo; el llamado mundo occidental, el cristianismo occidental. Y emiten resoluciones. ¿Qué dice el Salmo? «Rompamos sus cadenas y arrojemos lejos de nosotros su yugo». Es decir, «dejemos de tener relación con el cristianismo, rechacemos la ética evangélica –oh, Dios mío…– como inútil o impracticable». Es decir, en algún momento Dios «se enfurece», cuando dice que llega un informe al cielo de que en Sodoma las personas practican tales costumbres. Y le dice a Abraham, que aparece «junto a la encina de Mambré»: «Voy a ver, ¿es así?». Escuchen: Dios dice: «Voy a ver, ¿es así? ¿Tal vez… no llegó un buen informe?». Lo muestra con una figura humana –es una figura humana. ¿Acaso Dios no sabe que los hombres cultivan tales actitudes?
Entonces, comprenden, para hacer lo que queremos, lo que nos da la gana –la homosexualidad, en primer lugar, porque eso existía en Sodoma–, debemos rechazar el Evangelio. Sin embargo, «el que habita en los cielos», dice a continuación, «se burlará de ellos, los ridiculizará». Ridiculizar es cuando con los dos dedos me toco la nariz. Era una forma de burla entre los hebreos. Como nosotros, ¿quién no ha sacado la lengua? Es el gesto de los niños pequeños cuando se les dice algo que no quieren. Entonces, entre los hebreos era «me burlo», tomo mis narices y hablo como quien habla sujetándose la nariz, etc.
«Entonces hablará el Señor con ellos». ¿Con qué hablará? Con los acontecimientos, queridos míos. Dios responde con los acontecimientos: «en su ira y en su furia los turbará». Y este «los turbará» son todas las agitaciones que vivimos en todas las épocas, especialmente en la nuestra. Y Dios sabe qué más dará –ni lo sabemos… Esto significa veo la Historia con criterios teológicos. Por eso el salmista saca sus conclusiones y dice, en el mismo Salmo, el segundo: porque habla Dios, pero también el salmista interviene, por así decirlo: «Y ahora», dice, porque teme, porque se preocupa: «¿A dónde iremos?». «Y ahora, reyes, entended, educaos, enseñaos y corregíos, todos los que juzgáis la tierra. Tomad educación o enseñanza». ¿Saben? Uno de los nombres de Jesús Cristo, no sé si lo saben, es el nombre Παιδεία Pedía (Educación, Enseñanza), con P mayúscula o el Educador. Es decir, «abrazad a Cristo, vivid cristianamente», eso quiere decir: «para que no se enfurezca el Señor y perezcáis en el camino justo. Cuando su furia se encienda de repente, bienaventurados todos los que confían en él». Somos bienaventurados si creemos en lo que Dios dice y, por supuesto, protegemos y guardamos nuestro ser.
El futuro, que es parte del tiempo, queridos, es siempre una esperanza del presente para corregir el pasado. No nos desanimemos. Está en nuestras manos. Cuando Caín se dio cuenta de que su sacrificio no fue aceptado, su rostro se oscureció, se llenó de tristeza, y Dios le dijo: «¿Por qué te has entristecido?». De hecho, le dice: «¿Por qué se ha caído, enturbiado tu rostro?». Como decimos nosotros: «¿Por qué bajaste la mirada?». «Tranquilízate; es decir: no temas», «a ti corresponde el asunto, y tú puedes gobernarte a ti mismo para corregir algo. Pero Caín fue vencido por el mal y mató a Abel, a quien había envidiado tanto.
El Año Nuevo es un punto de partida en el tiempo. Expresamos muchos deseos. Hagamos el comienzo para realizar nuestro regreso a Dios. Está en nuestras manos. Los niños cantan: «Se va el año viejo…». Lo alejamos porque, en esencia, nos pesan nuestros errores y pecados. Buscamos el nuevo año porque dentro de nosotros tenemos esperanzas de mejora. Y la esperanza siempre está ligada al tiempo. Volvamos al Señor, porque Él sabe cómo proteger a Su pueblo.
Queridos míos, comencemos a adquirir una visión teológica, un ojo teológico, criterios teológicos. Siempre bajo la guía de las Sagradas Escrituras y de los Padres de nuestra Iglesia. Debemos interpretar la Historia teológicamente y reconocer la presencia viva de Cristo en ella. Así también debemos discernir los propósitos o voluntades de Dios, Su αγάπη (agapi: amor incondicional), Su sabiduría y Su justicia. Encontrar la medida con la que juzgaremos la Historia. Y esta medida es Cristo. Dejemos de decir lo que decía Protágoras, el sofista, que recordaréis de la escuela: «El hombre es la medida de todas las cosas». No… «La medida de todas las cosas es Cristo». Él es la medida con la que mediremos todo. Por lo tanto, Cristo es el Juez de la Historia. El Cristo también es el criterio de la Historia.
Como ve el evangelista Juan y escucha en el Apocalipsis: «Y vi cuando el Cordero abrió uno, el primero, de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres o animales espirituales que decía con voz de trueno: Ven» (Apoc 6:1). Esto se dirige al Señor, a Jesús Cristo. ¿Ven a dónde? A la Historia. A la Historia. ¡Ven! «Y miré, y he aquí vi un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco, y le fue dado una corona, y salió venciendo, y para seguir venciendo [hasta el fin de los siglos]. (La icona-imagen simboliza el kerigma del Evangelio, el cual desde el principio vence y estará venciendo el mal y el maligno para la salvación de los hombres. Es la victoria la que venció al mundo)» (Apoc 6:2). Cristo vencerá. Está escrito. No vencerán las fuerzas de este mundo. Cristo vencerá.
Queridos míos, esta es la gran esperanza de Cristo. Cuando usamos a Cristo como el criterio de todo y cuando tenemos la esperanza de que Él vencerá, y que nuestras luchas no serán en vano, entonces tenemos esperanza, nos alegramos, incluso en un mundo lleno de eventos, acontecimientos en su mayoría desagradables. Por eso, nunca dejemos que Cristo se aleje de nuestras vidas.
Queridos míos, que tengan un buen año, bendecido por el Señor.
PARA LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINITARIO
Y con infinita gratitud hacia nuestro guía espiritual, el difunto padre Athanasios de Mitileneos,
Transcripción del discurso y digitalización del texto: Eleni Linardaki, filóloga
FUENTE: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_260.mp3
Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







