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Nov 25 2024

Filocalía tomo 4 San Teolepto de Filadelfia, Logos sobre trabajo interior en Cristo y vida monástica 9 Capítulos sobre διάνοια diania, νούς nus y oración

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ 

Οσιος Θεόληπτος Φιλαδελφείας

Repasada traducción 25/11/2024

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 4

San Teolepto de Filadelfia

Logos sobre trabajo interior en Cristo y la vida monástica

9 Capítulos sobre διάνοια diania, νούς nus y oración    

Breve resumen de su biografía

San Teolepto el verdaderamente gran iluminador de Filadelfia, prosperó en tiempos de Andrónico II Paleologo, alrededor del año 1325. Primero se ejercitó en la vida anacoreta en el Monte Athos y posteriormente recibió la cátedra episcopal de Filadelfia. Es el guía espiritual de san Gregorio Palamás, fue él que le inició a la santa nipsis y a la oración noerá o del corazón o de Jesús, cuando san Gregorio aún era hombre del mundo, tal como se cuenta en la vida del mismo Gregorio por el patriarca Filotheo de Konstantinópolis.

El logos, tratado presente hecho por Teolepto constituye un estudio perfecto y una regla exacta que se opera interiormente en el nombre de Cristo. Los siguientes capítulos han sido compuestos con perfectos conceptos divinos y con pureza y claridad de expresión. Todos estos han sido expuestos aquí con el propósito de ser útiles para los que buscan con celo adquirir un resumen breve sobre la sabia enseñanza de la filosofía espiritual y de las cosas divinas.

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Comentarios introductorios: El célebre maestro de la oración del corazón, espiritual o de Jesús, Teólepto, conocido como el maestro de San Gregorio Palamás, se dice que nació en 1250 y falleció en el Señor entre 1324 y 1326. Fue un hierodiácono casado que, de mutuo acuerdo, se separó de su esposa para dedicarse a la lucha contra la unión de las Iglesias, en particular en el Concilio de Lyon. Se trasladó al Monte Athos y se unió a los círculos de los hisijastas, de quienes aprendió la práctica de la oración espiritual o del corazón y de la nipsis.

Más tarde, regresó a Constantinopla para oponerse a las políticas unionistas de Miguel Paleólogo, y por su acción fue considerado un “confesor de la fe”, habiendo soportado torturas y encarcelamiento por parte del emperador. Después de la muerte de Miguel VIII, fue liberado y venerado por el pueblo debido a su vida ascética y su defensa de la ortodoxia.

En 1284, el sínodo patriarcal lo eligió como metropolitano de Filadelfia, donde desarrolló una notable actividad. Sin embargo, más adelante, por razones eclesiásticas, se limitó a su propia diócesis. Escribió varios tratados, que aún permanecen inéditos, y se considera que tuvo una influencia decisiva en el renacimiento espiritual de su época, que se selló en la teología mística de San Gregorio Palamás y en la vida litúrgica de Nicolás Cabásilas.

Los santos antologistas de la Filocalía no encontraron otros escritos de San Teólepto, aparte de un “Discurso sobre la vocación monástica” y nueve capítulos con el mismo título, que incluyeron en la obra. De la cronología se desprende que efectivamente fue maestro de la enseñanza ascética, níptica y espiritual de San Gregorio, antes de su vida monástica, es decir, antes de los veinte años, cuando partió hacia el Monte Athos. Porque san Gregorio, por su parte, permaneció en Athos desde 1321 hasta 1340, salvo dos breves viajes a Constantinopla por razones de sus hermanos en sangre monjes, mientras que Teólepto no volvió nunca a Athos.

Estas pequeñas obras reflejan la tradición de los hisijastas en cuyas comunidades Teólepto vivió aproximadamente una década. En sus líneas generales y en sus detalles, recuerdan al siglo XIV, una época en la que se exalta la práctica de la oración cordial o espiritual de Jesús, de la nipsis (sobriedad y vigilancia), de la instrucción ascética tradicional y de los frutos de la divina ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial).

Un destacado investigador de la vida y obra del monje San Nicéforo sostiene que Teólepto fue su discípulo. Los dos hombres fueron contemporáneos y compañeros en prisión, a causa de su oposición a la falsa unión de las Iglesias, pero en los escritos de Teólepto no se hace mención alguna del método psicosomático, del cual San Nicéforo fue creador y maestro.

La enseñanza de Teólepto, claramente empírica, no presenta ninguna originalidad excepto su particularidad personal, aunque constituye una guía infalible para una vida espiritual ortodoxa, basada en la oración cordial o de Jesús, la vigilancia y, en general, en la laboriosa disciplina e instrucción ascética. Y resulta curioso —notémoslo aquí en términos académicos— cómo la discípula de Teólepto durante veinte años, la “reina” Irene Evlogia Jumnina Paleóloga, se convirtió en una de los opositores más apasionados de San Gregorio Palamás durante las conocidas controversias del siglo XIV. Quizás, sin estar en desacuerdo con la práctica de la oración del corazón, se oponía, como su protegido Akindino, al tema doctrinal del discernimiento entre la Esencia y Energía increadas de Dios.

Logos sobre trabajo interior en Cristo y la vida monástica

San Teolepto de Filadelfia

La vida monástica ortodoxa, y en general la vida cristiana ortodoxa, es como un árbol alto, frondoso y muy fecundo. Su raíz es el alejamiento y desapego de todas las cosas materiales y corporales; sus ramas son el desapego y la liberación de la psique-alma de las inclinaciones apasionadas y malignas y la completa separación del monje de todo aquello de lo que ha renunciado. Su fruto es la adquisición de las virtudes, la deificante αγάπη agapi (amor desinteresado e incondicional) y la incesante alegría del corazón, tal como dice el Apóstol Pablo: “Los frutos del Espíritu son agapi, alegría, paz etc…” (Gal 5,2).

La fuga, abandono y desprendimiento del cosmos (mundo de los pazos) regalan el refugio en Cristo. Y por “mundo”, quiero decir, el apego y amor por las cosas sensibles, materiales y al cuerpo-carne. Aquel que, con el reconocimiento de la verdad, se aparta de estas, se convierte en amigo de Cristo, adquiriendo Su agapi-amor, por la cual renunció a todas las cosas mundanas y compró “la perla preciosa”, (Mt 13, 46), es decir, a Cristo.

Mediante el bautismo salvador te revestiste de Cristo (Gal 13,46); a través de este baño divino expulsaste la suciedad y recibiste el esplendor, luminosidad de la energía espiritual e increada, la χάρις jaris (gracia) y la nobleza y elegancia que tenía el hombre al ser creado. Pero, ¿qué ha sucedido? O más bien, ¿qué le ocurrió al hombre por su imprudencia? Al amar al mundo, alteró y transformó sus características divinas. Al entregarse y dedicarse a los pazos de la carne, ha maltratado y distorsionado la icona-imagen divina. La oscuridad de los pensamientos apasionados, indecentes y malignos empañó el espejo de la psique-alma en la cual aparece el sol espiritual, el Cristo. Pero tú has congelado e inmovilizado tu psique-alma por el temor a Dios. Has comprendido la oscuridad de la anomalía y del desorden de este mundo. Has concienciado la dispersión y distracción de la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) que provocan las preocupaciones mundanas. Has visto la vana distracción que enfrentan los seres humanos por la vida turbulenta. Has sido herido por la flecha del έρως eros (amor ardiente) de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Has buscado la paz de los pensamientos, al recordar el mandato: “Busca la paz y síguela” (Sal 33,15); has anhelado el descanso que ella da, porque oíste el logos: “Psique-alma mía, vuelve a tu descanso” (Sal 114,7). Por todo esto, ha considerado volver a ganar la nobleza que habías recibido por la χάρις jaris (gracia, energía increada) en el bautismo, pero la perdiste voluntariamente por tus pazos viviendo en el mundo. Así, pues, has hecho praxis esta buena decisión al ingresar en el sagrado claustro, a vestirte los hábitos preciosos de la μετάνοια metania y comprometer con toda tu psique-alma tu permanencia en el monasterio hasta la muerte.

Ahora has hecho un segundo pacto con Dios. El primero lo hiciste en el bautismo, al entrar en esta vida; el segundo, ahora que vas caminando hacia el final de esta vida. Entonces Cristo te recibió con piedad; ahora te has unido a Cristo a través de la μετάνοια metania. Allí encontraste un regalo (donación y gracia), aquí has aceptado una deuda. Entonces, mientras eras niño, no te diste cuenta del axioma (dignidad, cargo) que te fue dado, aunque cuando al crecer comprendiste la magnitud de la donación y pusiste en tu boca un freno o brida. Ahora, con pensamiento pleno, comprendes en profundidad lo que significa haberte incorporado a Él. Ten cuidado no vaya ser que transgredas esta promesa y como un vaso quebrado completamente seas arrojado hacia la tiniebla u oscuridad exterior, donde hay llanto y rechinar de los dientes (Mt 8,12). Porque fuera del camino de la μετάνοια metania, no hay otro camino que reconduce a la salvación.

Escucha lo que te promete David: “Has hecho del Altísimo tu refugio”. Así, al elegir la vida en Cristo con sus dificultades, ya no se te acercarán los males que antes adquiriste en tu vida mundana. Ya que has decidido estar en μετάνοια metania continua, no te seguirán el amor a las riquezas, al dinero, el lujo, el honor, los adornos y la incontinencia o descontrol de los sentidos; no permanecerán los transgresores ilícitos delante de ti, es decir, las exaltaciones y lucubraciones de la διάνοια diania (mente, intelecto), el cautiverio de tu νούς nus (espíritu de la psique-alma) y la languidez, atontamiento que provocan los sucesivos pensamientos y cualquier otra desviación y confusión voluntaria. Tampoco incurrirás en el amor por los padres, hermanos, parientes, amigos y conocidos; ni tendrán lugar en ti el encuentro, conversación y compañía inoportunos e inútiles con ellos. Si amas la renuncia de lo anterior con tu cuerpo y tu psique-alma, no te tocará el flagelo del sufrimiento y del dolor, y la flecha de la tristeza no herirá tu corazón, ni tu cara o rostro se oscurecerá ni se arrugará” (90,9-10 y 5,5-6). Es decir, aquellos que se alejan del hábito del placer hedonista y han roto el vínculo apasionado y apego de todo lo que dijimos, estos desvían de sus psique-almas los aguijones del sufrimiento, de la tristeza, pena y angustia.

Porque el Cristo se devela en la psique-alma que lucha y le concede al corazón una alegría inexpresable, y la alegría espiritual nunca puede ser anulada por nada de lo placentero o doloroso del mundo. Puesto que los estudios bondadosos y sus recuerdos salvadores, los conceptos divinos y los logos de sabiduría que están al servicio del combatiente, le protegen en todos los caminos de las obras que hace para Dios. Por eso también pisotea todo deseo animal o irracional y toda ira insolente, como si fuesen las serpientes áspide y basilisco, y pisotea y somete la ira como a un león y el placer o hedonismo como a un dragón (Sal 90,13). Y la causa de esto es que, al haber alejado toda su esperanza de los hombres y las cosas mencionadas, la puso y la ató en Dios y se hizo rico en gnosis (conocimiento) de Dios y siempre invoca espiritual y mentalmente a Dios para que lo ayude. Tal como dice también en la Escritura: “Sostuvo su esperanza en mí, por eso le salvaré también; lo protegeré, porque conoce Mi nombre. Cuando me llame, lo escucharé, y no solo lo libraré de los que lo entristecen y lo afligen, sino también le glorificaré” (Sal 90, 14-15).

¿Ves las luchas y los combates y los siguientes premios que reciben quienes practican conforme a la voluntad de Dios? Por tanto, intenta hacer tu llamada praxis, hecho. Y como te has aislado físicamente y has expulsado los conceptos de las cosas y has cambiado tu vestidura, conviértete también en un extranjero, dejando tus palabras, conversaciones y a tus parientes. Porque si no frenas los ruidos y las divagaciones a las cosas exteriores, no te rebelarás contra aquellos que acechan dentro de ti. Si no vences aquellos que te hacen la guerra de manera visible, no puedes derrotar los enemigos invisibles. Pero cuando hayas eliminado las tentaciones externas y dejado los pensamientos internos, entonces el νούς nus es incitado para las obras y los logos (principios espirituales) del Espíritu Santo. Y en lugar de relacionarte con parientes y amigos, practicas las virtudes. Y en vez de ocuparte con vanas palabras que nacen de la convivencia mundana, ilumina y educa la psique-alma el estudio y la revelación de los logos divinos, que se mueven dentro de la διάνοια diania (mente intelecto). La liberación de los sentidos se convierte en cautiverio de la psique-alma; y el cautiverio de los sentidos, regala la libertad a la psique-alma. La puesta del sol trae la noche; y Cristo se retira de la psique-alma y la domina la oscuridad de los πάθος pazos, y las bestias invisibles la devoran. Sale el sol sensible, y las bestias se recogen en sus cavernas y madrigueras. Sale también el sol Cristo en el firmamento de la διάνοια diania (mente, intelecto) que ora, y desaparece y se desvanece todo hábito mundano, el amor a la carne se va y el νούς nus camina a su obra, es decir, al estudio de las cosas y realidades divinas, “hasta el anochecer” (Sal 103,23). Esta expresión no significa que el trabajo de la ley espiritual esté limitado en algún espacio del tiempo o que tenga cierta medida, sino que dura hasta llegar al final de esta vida, provocando la salida de la psique-alma del cuerpo. Esto exactamente manifestaba también el profeta David con sus palabras: “¡Cuánto amo a Tu ley, Señor! Es mi estudio todo el día” (Sal 118,97). El día significa toda la duración de esta vida. Por tanto, deja las relaciones externas y lucha con los pensamientos internos, hasta que encuentres el lugar de la oración pura y la casa donde habita el Cristo, iluminándote y endulzándote con Su visita y reconocimiento, preparándote y haciéndote considerar y sentir como alegría las tristezas o tribulaciones por Él por Su χάρις jaris (gracia, energía increada) y para que evites los placeres mundanos como el amarguísimo ajenjo.

Los vientos levantan las olas del mar, y si no se detienen, las olas no se calman ni se aquieta el mar. Y los espíritus astutos y malvados remueven y sublevan en la psique-alma del negligente los recuerdos de padres, hermanos, parientes, conocidos, banquetes, fiestas, teatros y todas las demás fantasías del placer, sugiriéndole que coloque la felicidad en los ojos, en la lengua y en el cuerpo. Así pues, este tiempo lo desperdicias inútilmente, y a continuación, cuando te quedas solo en tu habitación o celda, malgastas el tiempo en los recuerdos de las cosas que viste y conversaste. Así, la vida del monje pasa sin progreso, pues las ocupaciones mundanas dejan sus huellas en su διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro), como los pies de un hombre dejan sus huellas en la nieve. Si alimentamos a las bestias, ¿cuándo las mataremos? Y si estamos constantemente ocupados en obras y los λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos, fantasías) de la amistad y de los hábitos irracionales o animales, ¿cuándo mortificaremos la conducta animal de la carne? ¿Cuándo viviremos la vida en Cristo que hemos prometido? Las huellas de los pies encima de la nieve se disuelven cuando salga el sol o cuando llueve desaparecen. Y los recuerdos que se han excavado en la diania (mente, intelecto), por la disposición placentera y sus praxis correspondientes, desaparecen cuando salga el sol, Cristo, en el corazón, con la oración y la lluvia de las lágrimas del corazón dilatado o compungido. Por tanto, el monje (o el cristiano) que no actúa de acuerdo con el logos, ¿cuándo eliminará de su diania los recuerdos pasionales y viciosos?

Las virtudes prácticas se realizan con el cuerpo, si abandonas la relación con el mundo. Los recuerdos bondadosos se imprimen en la psique-alma y los logos divinos (principios espirituales) reposan en ella, si con continuas oraciones ofrecidas con intensa κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) no eliminas los recuerdos de tus praxis, actos anteriores. Porque la iluminación de la fe, el recuerdo de Dios y el quebrantamiento del corazón, raspan y cortan como cuchilla de afeitar los recuerdos malignos y astutos. Imita la sabiduría de las abejas. Ellas cuando perciben el enjambre de las avispas está volando a su alrededor, permanecen dentro de la colmena y evitan el daño de los enemigos. Avispas que consideres las relaciones mundanas, las cuales, evitándolas con mucho cuidado y gran diligencia, quédate en la celda de tu monasterio. Y de allí de nuevo intenta entrar en el castillo interior de la psique-alma, que es la casa de Cristo, y allí resplandece una paz imperturbable, alegría y serenidad. Estos regalos, como unos rayos, los emite de Sí mismo el sol espiritual, Cristo y con estos regalos recompensa la psique-alma de quien Le recibe y acepta con fe, buena preparación y disposición.

Por tanto, cuando te sientes en tu celda o habitación, recuerda a Dios, elevando tu νούς nus (espíritu de la psique) por encima de todas las cosas conduciéndole mudo hacia Dios, y concentrar ante Dios toda la disposición de tu corazón apegado a Él con la αγάπη agapi (amor incondicional). Porque el recuerdo o la memoria de Dios es contemplación de Dios, quien atrae la vista y el deseo del νούς nus (espíritu de la psique) hacía Sí sismo y lo rodea y lo ilumina con Su luz increada. Es decir, cuando el νούς nus regresa a Dios, dejando y cesando todos los conceptos, pensamientos y fantasías de los seres, ve sin imágenes y embellece y resplandece su visión por esta agnosia (desconocimiento) que trasciende toda gnosis (conocimiento), a causa de que la divina δοξα doxa gloria, luz increada e inefable. Y aunque que no conoce, ya que lo visto es ininteligible e inalcanzable, sin embargo, conoce, porque ve la verdad del Ser superior, el único que tiene el ser que trasciende a todo ser. Y con la abundancia de la bondad que emana de allí, alimentando su έρως eros (amor ardiente) y satisfaciendo plenamente su movilidad, se hace digno del bienaventurado reposo sin fin. Estas son las cualidades y características del recuerdo correcto o verdadera memoria de Dios.

Ahora bien, oración es diálogo de la διάνοια diania (mente, intelecto) con el Señor. Con la concentración y fijación total del νούς nus (espíritu de la psique) hacia Dios, este diálogo lleva logos de súplica en Él. Porque cuando la diania (con el logos) invoca continuamente al Señor y el νούς nus se enfoca conscientemente con claridad y lucidez en la invocación del divino nombre, (contacto consciente con la atención de la mente al corazón donde nace el logos, la voz íntima e innata) llega la luz de la gnosis (conocimiento) de Dios y cubre como nube luminosa la psique-alma completa. El verdadero recuerdo o memoria de Dios trae consigo la agapi-amor y la χαρά jará (alegría), tal como dice el Psalmista: “Me recordé de Dios y me llené de gozo” (Sal 76,4). La oración καθαρή kazarí, (pura, limpia, lúcida y concienciada,) es seguida por la gnosis y la κατάνυηις katánixis (compunción, dilatación del corazón), como dice el mismo: “Cualquier día que te invoque, he aquí, conozco que tú eres mi Dios” (Sal. 55,10), y, “El sacrificio que agrada a Dios es el espíritu quebrantado,” (Sal 50,19).

Cuando el νούς nus (espíritu de la psique) y la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) se encuentran ante Dios con concentración activa y ferviente súplica, entonces sigue la katánixis (compunción, dilatación del corazón) de la psique-alma. Y cuando la atención y percepción del νούς nus con el logos y el espíritu del corazón se postran ante Dios, el νούς nus con la atención y vigilancia, el logos con la invocación y el espíritu con la katánixis (compunción, dilatación del corazón) y la agapi-amor, entonces íntegramente el hombre interior rinde culto al Kirios-Señor, de acuerdo con el mandamiento: “Amarás al Kirios-Señor, tu Dios con todo tu corazón” (Deu 6, 5).

No obstante, quiero que conozcas también esto; no sea que, creyendo que oras, estés lejos de la oración, cansándote sin beneficio y corriendo vanamente. Lo que sucede con la psalmodia, cuando el νούς nus con la mente vaga en otros lugares, y se dispersa divido en πάθος pazos y cosas diversas, perdiendo de esta manera el sentido y significado de lo de lo que se canta, también lo mismo sucede con la διάνοια diania (mente, intelecto). Es decir, muchas veces la διάνοια diania con el logos mientras dice las palabras de la oración, el νούς nus no acompaña la atención ni se concentra en Dios que es con quien se dialoga en la oración, sino que se desvía y se distrae por varios pensamientos sin percatarse. Así la διάνοια diania (con el logos) dice las palabras por costumbre rutinaria, pero el νούς nus (espíritu de la psique-alma) se aleja de la gnosis (conocimiento) de Dios. Por eso, la psique-alma entonces se ve como si no comprendiera y está desganada, porque el νούς nus se dispersa en algunas fantasías o imaginaciones y se dedica a aquellas cosas que le engañan o aquellas que desea y le ilusionan. Porque cuando no existe la gnosis de la oración y el que suplica no asiste ante Él que brinda consuelo, ¿cómo se endulzará y se regocijará la psique-alma? ¿Cómo gozará el corazón, si finge hipócritamente que ora y no se interesa para la verdadera oración? “Gozará el corazón de los que buscan al Señor” (Sal 104,3). Busca y pide al Señor aquel que con toda su διάνοια diania y ánimo ardiente se presenta delante de Dios y aleja toda noción, pensamiento y concepto de este mundo a favor de la gnosis-conocimiento y la agapi-amor de Dios, que emanan de la oración continua y pura, lúcida y consciente.

Para que tengas mayor claridad, te describo detalladamente y te aclaro la contemplación que nace al νούς nus (espíritu de la psique) durante la memoria o recuerdo de Dios, y a la vez el valor e importancia de la diania (mente, intelecto) durante la oración limpia, lúcida y pura, me serviré de una comparación con el ojo y la lengua. Es decir, lo que es la pupila para el ojo y la pronunciación del logos para la lengua, lo mismo es la memoria para el νούς nus y la oración para la διάνοια diania. Tal como el ojo cuando ve algo visible no dice nada, sino que, a través de la experiencia de la visión, recibe la gnosis (conocimiento) de lo que observa, igual también el νούς nus, al entregarse amorosamente a Dios por el recuerdo y con el silencio de una comprensión completamente simple, se ilumina con resplandor divino, recibiendo las arras de la futura gloria. De nuevo, así como la lengua expresa al oyente la voluntad invisible del νούς nus, así también lo mismo la διάνοια diania unida con el logos cuando recita las breves palabras de la oración con fervor, sin pausa, presenta al omnisciente Dios la petición de la psique-alma. Y con la permanencia en la oración y con el persistente quebranto del corazón, se abren las entrañas compasivas y caritativas del Señor que está lleno de simpatía, y entonces el que ora recibe la riqueza de la “psicoterapia”, la sanación y la salvación, tal como dice el Salmista: “Dios no rechaza, ni reprobará el corazón que se ha quebrantado y se hizo humilde (Sal. 50,19).

También te instruirá en la oración lúcida y pura aquello que ocurre con el rey terrenal. Es decir, cuando te presentas ante rey y estás físicamente frente a él, rogándole con tu lengua y con los ojos, y así atraes su favor. Haz tú lo mismo, ya sea en la asamblea de la Iglesia o solo en tu habitación. Es decir, cuando os reunís en nombre del Señor con los hermanos para el culto, tal como participas con el cuerpo y ofreces con la lengua la salmodia o canto al Señor, así debes tener el νούς nus atento en los logos y a Dios, y que sea consciente con quien conversa y a quien se acerca. Porque cuando la διάνοια diania (mente, intelecto) se entrega con fervor, pureza y lucidez en la oración, entonces el corazón se hace digno de disfrutar de una irreducible alegría y una inexpresable paz cordial y serenidad mental. Y de nuevo, cuando estés solo en tu habitación, no apartes la oración de tu διάνοια diania, con νήψις nipsis (sobriedad y vigilancia) del νούς nus y el quebrantamiento del corazón o espíritu; entonces a través de la νήψις nipsis te encubrirá la contemplación, y a través de la oración acampará en tu interior la gnosis conocimiento espiritual y la sofía-sabiduría descansará y aliviará tu interior con la κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), expulsando el placer animal, carnal y material e instalando la divina αγάπη agapi (amor desinteresado e incondicional, energía increada).

Créeme, te lo digo de verdad; si en todo tu trabajo espiritual adquieres a la madre de todos los bienes, la oración, ella no se cansará ni se adormecerá hasta mostrarte la divina habitación nupcial, introducirte a su interior y colmarte de indescriptible δόξα doxa (gloria, luz increada) y gozo. Porque ella reduce todos los obstáculos, allana el camino de la virtud y lo convierte accesible, cómodo y fácil para aquel que la busca.

Observa ahora con cuidado el τρόπος tropos (modo, método, forma, manera) de la oración de la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro). La conversación con Dios elimina los pensamientos apasionados, apegados y compulsivos. La elevación del νούς nus (espíritu de la psique) con la mente o intelecto hacia Dios pone en fuga las ideas, meditaciones, nociones y conceptos mundanos. La κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción) de la psique-alma aleja el apego amistoso con el cuerpo-carne y entonces se manifiesta la oración por la recitación silenciosa y continua del divino nombre, que es armonía, sinfonía y unión del νούς nus, de la διάνοια diania, del logos (pensamiento lógico hablado por la voz propia) y de la psique-alma. Dice el Señor: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí entre ellos estoy yo”, (Mt 18,20).

Así, pues, la oración, al reunir las δυνάμεις dinámis (fuerzas y energías) de la psique-alma de la dispersión que los pazos les provocan, las conecta, las unifica y las une entre sí; y al unir con ella (la oración) la psique-alma tripartita (logos o lógica, anhelo o deseo e ira o emoción), la une y la reconcilia con el único Dios trino o de tres hipostasis (personas o bases substanciales). Es decir, primero, con los tropos modos o métodos de las virtudes, reduce y borra de la psique-alma la suciedad y la fealdad del pecado; luego, habiendo vuelto a ilustrar, pintar y reproducir en la psique-alma la belleza de los caracteres divinos mediante la gnosis-conocimiento divino que otorga, la presenta ante Dios. Entonces inmediatamente la psique-alma conoce a su Creador, como dice el Salmista: “Cualquier día que te invoque, he aquí por experiencia, conozco que Tú eres mi Dios” (Sal 55,10) y ella es conocida por Dios. Porque el Dios conoce los Suyos (2Tim 2,19).

Le conoce porque tiene dentro de sí Su imagen-icona limpia, clara y pura, y cada icona-imagen se refiere al original o prototipo; y es conocida por Él debido a su semejanza con Él, gracias a las virtudes, por las cuales no solo posee conocimiento-gnosis de Dios, sino que también es conocida por Dios.

Aquel que busca y pide el favor del rey, utiliza tres formas: o le dirige palabras de súplica, o guarda silencio, o cae a los pies de quien puede ayudarle. Así también la oración limpia, pura y lúcida unida con el νούς nus, la διάνοια diania, el logos y el corazón, y con la diania pegada al logos (contacto consciente con las palabras) invoca el nombre divino y con el νούς nus contempla firmemente a Dios a quien ruega, mientras que con el espíritu manifiesta la katánixis (dilatación del corazón, compunción), la humildad y la agapi-amor. Así, de esta manera, apacigua (aplaca, suaviza) a la sin principio Santa Trinidad, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, el único Dios.

Así como la variedad de alimentos abre el apetito para probarlos, lo mismo también los diversos significados y conceptos de las virtudes despiertan la movilidad del νούς nus (espíritu de la psique) con la mente. Por eso, recorriendo el camino de la διάνοια diania (mente, intelecto), debes escoger los logos de la oración y dirigirte al Señor con logos continuos sin desesperarte; implora continuamente imitando el descaro de la viuda que logró doblegar al juez intransigente y despiadado (Luc 18,2-5). Entonces caminas de acuerdo con los mandatos del Espíritu, (Gal 5,16); y no prestes atención a los deseos corporales- carnales ni interrumpas la continuidad de la oración por pensamientos mundanos, sino que vayas convirtiéndote en templo de Dios, mientras Le cantas himnos sin distraerte.  Cuando practicas así la oración por διάνοια diania, te haces digno de llegar también a la memoria o recuerdo de Dios y te introduces en las profundidades y rincones del νούς nus (espíritu de la psique) y contemplas al Invisible con contemplaciones, expectaciones o visiones místicas (secretas, difíciles de contar) y en tu aislamiento solo adoras y veneras a Dios inundándote de gnosis (conocimiento divino) junto con la energía de la αγάπη agapi (amor incondicional).

Así, cuando notes que el sopor y la desgana te domina durante la oración, entonces debes de utilizar un libro y, leyendo cuidadosamente recibes en tu interior la gnosis y la sabiduría. No adelantes con prisas los logos y las palabras, sino reflexiona profundamente para enriquecerte de sus significados. Después reflexiona lo que has leído, de manera que entiendas con este estudio, para que deleite la διάνοια diania (mente, intelecto) y permanezcan inolvidables para ti. Así se vuelve a encender tu celo para los divinos conceptos, como dice el Salmo: “Durante mi estudio se encenderá en mi interior fuego” (Sal 38,4). Al igual que el alimento agrada al gusto al masticarlo, así también los divinos logos cuando son recordados dentro de la psique-alma, alimentan y deleitan la διάνοια diania, como dice el Salmista: “¡Cuán dulces son Tus logos en mi garganta!” (Sal 118,103). Memoriza también logos del Evangelio y lemas de los bienaventurados Padres e investiga sus vidas, para tenerlas como estudio durante las noches; de modo que cuando tu διάνοια diania se cansa de orar, la renueves con la lectura y el estudio de los divinos logos, así haces más dispuesta y agradable la oración.

También, debes utilizar la salmodia, pero con la voz muy suave y con el νούς nus (espíritu de la psique) atento, sin consentir que te pase un logos sin entenderlo. Y si alguna vez se escapa de tu atención algo, repite la frase del renglón las veces que haga falta hasta que consigas que tu νούς nus esté atento a los logos o dichos. Porque el νούς nus tiene fuerza y energía también de salmodiar con la boca y a la vez recordar a Dios. Esto apréndetelo a partir de la experiencia natural. Tal como aquel que se encuentra conversando con alguien lo ve al mismo tiempo con los ojos, así también aquel que salmodia con los labios también puede contemplar a Dios a través del recuerdo o la memoria.

No abandones los arrodillamientos o genuflexiones, porque con la rodilla doblada se simboliza la caída por el pecado y se convierte en una especie de confesión, mientras que al erguirse se manifiesta la μετάνοια metania y se simboliza la promesa de una vida virtuosa. Cada arrodillamiento que sea hecho junto con la invocación mental y espiritual de Cristo, de modo que postrándose al Señor con la psique-alma y el cuerpo, puedas sosegar a Dios de las psiques-almas y de los cuerpos.

Finalmente, si mantienes tus manos ocupadas en alguna labor silenciosa junto con la oración sin ruido durante la oración con la διάνοια diania (mete, intelecto), para evitar el sueño y la pesadez, esto también contribuye a tu esfuerzo ascético o ejercicio espiritual.

Todas estas actividades, cuando se realizan junto con la oración, afilan el νούς nus, expulsan la pereza y la acedia, convierten más viva la psique-alma y hacen el νούς nus más agudo y fervoroso con la διάνοια diania (mente intelecto) en el trabajo u ocupación.

Cuando suene la campana, sal de tu celda teniendo tus ojos girados hacia la tierra y tu διάνοια diania (mente, intelecto) fijada (apegada) en la memoria, recuerdo de Dios. Al entrar en la Iglesia y ocupar tu lugar en el coro, no converses vanamente con el monje que está a tu lado, ni divagues con tu νούς nus y mente en vanidades.

Guarda tu lengua solamente en la psalmodía y tu διάνοια diania en contacto consciente con la oración. Cuando llega el final de la Liturgia despídete y regresa a tu celda y comienza el canon que se te ha encomendado. Cuando vas al comedor, no observes alrededor las porciones de comida de tus hermanos, ni permitas que en tu psique-alma entren varias sospechas no buenas; mira y come lo que se te ha puesto, dándole al oído la escucha de las lecturas y a tu psique-alma la oración. Así, te nutrirás física y espiritualmente y darás doxa-gloria plena a Aquel que te concede abundantemente los bienes de tu deseo. Al levantarte de allí con modestia y silencio, regresa a tu celda y, como una abeja laboriosa, dedícate a la obra de las virtudes. Cuando realizas un servicio-diaconía junto a tus hermanos, que trabajen tus manos, callen tus labios y tu νούς nus (espíritu de la psique-) y la  διάνοια diania (mente, intelecto) recuerden a Dios. Y si alguien empieza a charlatanear, para cortar esa distracción y desorden, levántate pide perdón, haz una reverencia y márchate.

Expulsa y aleja los pensamientos y no permitas que entren en tu corazón ni se alojen en el corazón y queden mucho tiempo allí, porque la permanencia de pensamientos apasionados aviva los pazos y mata el νούς nus (espíritu de la psique). Al momento que te ataquen inmediatamente con tu νούς nus unido con la διάνοια diania (mente, intelecto), apresúrate a eliminarlos con la flecha de la oración. Y si persisten en a molestarte y provocan confusión en tu διάνοια diania (mente, intelecto), ya sea que se retiren, mientras otras veces atacan, debes saber que están atrincherados fuertemente detrás de tu anterior voluntad. Y como han adquirido derechos en tu psique-alma a causa de la derrota de tu voluntad anterior, por eso te turban y te molestan. Por ello, debes vituperarlos, reprobarlos y denunciarlos en la confesión (a tu Yérontas, guía espiritual); porque cuando los pensamientos malignos se hacen evidentes, huyen. Es decir, igual que cuando aparece la luz, la oscuridad se retira, así también la luz de la confesión elimina los pensamientos de los pazos, que ellos también son oscuridad. Esto ocurre porque la vanagloria y la comodidad, a causa de las cuales encontraban cobijo los pensamientos, han sido destruidos por la vergüenza de la confesión y por los esfuerzos de las penitencias conforme la regla o canon que se te ha dado. Por eso, si los pensamientos encuentran la διάνοια diania (mente, intelecto) libre de los pazos, gracias a la oración continua y plena de κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), entonces huyen avergonzados. Realmente, cuando el luchador intenta con la oración cortar los pensamientos que le perturban, logra cortarlos por un tiempo e impide sus múltiples conceptos, mientras lucha y guerrea contra ellos; pero, no se libera completamente, porque permite las causas de los pensamientos que lo atormentan, es decir, el descanso y la comodidad del cuerpo y el deseo de los honores mundanos, y por estas causas no acude a la confesión. Por eso tampoco tiene paz, ya que conserva las cosas que pertenecen legítimamente a los enemigos. ¿Quién es aquel que posee bienes ajenos sin que los propietarios los reclamen? Y, ¿quién, si no entrega lo que posee indebidamente cuando se lo solicitan, logra liberarse de sus adversarios? Pero cuando el luchador o combatiente, fortalecido por la memoria, recuerdo de Dios, ama el desprecio y el esfuerzo duro de la carne y, sin vergüenza, avanza en la confesión de sus pensamientos, inmediatamente los enemigos se retiran, y entonces la διάνοια diania (mente, intelecto) encontrándose libre, consigue la continuidad de la oración y el estudio y reflexión de las cosas y realidades divinas.

Rechaza completamente toda sospecha y todo resentimiento que nazca en tu corazón contra alguien, porque destruye la agapi-amor y la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Toda adversidad, desdicha, calamidad que te venga de afuera, acéptala con valentía, porque produce paciencia salvadora, esta paciencia que regala la permanencia y el descanso en los cielos. Cuando pasas así los días, vivirás la vida presente con buen ánimo, humor y buena disposición, puesto que las bienaventuradas esperanzas te alegrarán, mientras que durante tu partida o éxodo de aquí serás trasladado con franqueza y valentía y pasarás en lugares de descanso, los cuales preparó el Señor, como recompensa de tus esfuerzos y fatigas de aquí, para que co-reines con Él.

Al Señor-Kirios pertenece toda gloria, honra y culto, junto con el sin principio ni fin Padre y Su santísimo, bondadoso y vivificador Espíritu, ahora, siembre y por todos los siglos; Amín.

9 Capítulos sobre διάνοια diania, νούς nus y oración

San Teolepto de Filadelfia

  1. Cuando el νούς νούς nus (espíritu de la psique) se aparta de las cosas exteriores y se recoge hacia el interior, entonces vuelve en sí mismo; es decir, se une naturalmente con el en διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) logos (concepto) y, con el logos (voz interior) que coexiste sustancialmente en su interior, se une con la oración. Y mediante la oración se eleva a la γνώσις gnosis (conocimiento increado) de Dios con toda su fuerza agapítica-amorosa y disposición cariñosa. Entonces se va desvaneciendo el deseo carnal, y cada sensación y percepción hedonista o placentera desvanece y las cosas placenteras de la tierra le parecen ser repugnantes y feas. Porque la ψυχή psijí (psique, alma, ánima), habiendo dejado atrás todo lo que pertenece al cuerpo o se relaciona con él, corre detrás de la belleza de Cristo, siguiéndolo obedientemente con sus obras de autogobierno y vida virtuosa la modestia y con la pureza y lucidez de la διάνοια diania, canta: “Vírgenes seguirán detrás del Rey”, (Sal 44,15). Contempla y ve ante sí a Cristo y dice: “Veo siempre al Rey ante mí porque Él está en mi diestra” (Sal 37,10). Continuamente se apega y contempla a Cristo y clama: “Mis ojos (νούς nus y διάνοια diania) están continuamente dirigidos hacia al Señor” (Sal 24,15). Con Cristo conversa mediante la oración limpia, pura y lúcida, causando agrado a Él y gozo y alegría a sí mismo, según el salmo: “Espero que le agrade al Señor esta conversación con Él y yo gozaré y me alegraré por mi comunicación con Él” (Sal 103,34). Porque el Dios recibe y acepta la conversación por la oración, porque a Él es al que ama la psique-alma y Le invoca y reclama Su ayuda, y la psique-alma que suplica, Él la regala la alegría inexpresable. Así, mientras ella menciona a Dios durante su conversación de la oración, se deleita por el Señor, como dice el Salmista: “Me acordé de Dios me alegré y deleité” (Sal. 76,4).
  2. Evita y despréndete de las percepciones y sensaciones de los sentidos y te convertirás inactivo de los placeres hedonistas (carnales, materiales). También en la διάνοια diania (mente, intelecto) debes eludir las fantasías e imaginaciones de las cosas agradables y abolirás la sensualidad (hedonismo, voluptuosidad) de los λογιμοί (logismí: conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía). Y cuando el νούς nus con la diania queda sin fantasías, sin permitir que las formas de placer o los pensamientos de deseo dejen su impresión y sello en ella, entonces se encuentra en lucidez y pureza. Y al elevarse por encima de lo sensible e inteligible, eleva el concepto o la noción a Dios. Y con el continuo recuerdo a Dios, clama desde la profundidad de su psique-alma el nombre del Señor y nada más, tal como un niño llama a su padre. “Te llamaré con mi nombre al Señor delante de ti” (Ex. 33,19), dice la Escritura. Y tal como Adán, fue plasmado del polvo o tierra por la mano (Espíritu) de Dios, se convirtió en psique-alma viviente con cuerpo por el divino soplo (Gén. 2,7), así también el νούς nus mientras se educa y se forma por las virtudes, al invocar incesantemente al Señor con la διάνοια diania limpia, la conciencia lúcida, buen ánimo y disposición fervorosa, experimenta la metamorfosis, transformación divina, vivificándose y divinizándose, porque conoce y ama a Dios.
  3. Si te alejas y te desprendes de las ilusiones y codicias de las cosas terrenales con la oración continua, franca y sincera y, descansas (espiritualmente) no en el sueño, sino abandonando todo pensamiento y concepto sobre las criaturas y te sostienes exclusivamente en la memoria-recuerdo de Dios, se edificará en tu interior, como otro ayudante, la agapi-amor de Dios. Porque el clamor de la oración que sale de la disposición interior hace aflorar la divina agapi-amor; y la divina agapi-amor despierta el νούς nus (espíritu de la psique) para manifestarle las cosas escondidas u ocultas; entonces el νούς nus unido con la agapi fructifica la sofía-sabiduría; y con la sofía proclama los secretos confidenciales. El Dios Λόγος (Logos) cuando se llama con el clamor de la oración hecha con verdadera disposición y buen ánimo, toma la energía noética conceptual (del νούς nus) como si fuera la “costilla” de Adán, regalándole la gnosis (conocimiento divino); y en su lugar reemplaza la buena disposición, regalando la virtud. A continuación, edifica la iluminadora αγάπη agapi (amor incondicional) y la conduce al νούς nus (espíritu de la psique) que se encuentra en éxtasis (extensión interior) y sueño y reposa de todo deseo terrenal. La agapi asiste como una ayudante del νούς nus, el cual ha reposado de su apego insensato a las cosas sensibles, por eso también le despierta (espiritualmente), porque ya está limpio, puro y lúcido para escuchar los logos y palabras de la sofía-sabiduría (divina). Entonces, el νούς nus, mirando hacia la agapi (amor divino) y llenándose de placer (divino) y alegría, revela a los demás las escondidas situaciones y estados de las virtudes y las invisibles energías y operaciones de la gnosis (conocimiento divino), desarrollándolas mediante el logos.
  4. Despréndete y apártate de todas las cosas visibles y sensibles, abandona la ley del cuerpo-carne, y la ley espiritual se escribirá en tu διάνοια diania (mente, intelecto). Es decir, igual que aquel que se mueve por las inspiraciones del Espíritu, no realiza los deseos del cuerpo-carne, según dice el Apóstol (Gal 5,16); de la misma manera, aquel que sale fuera de los sentidos y las cosas sensibles, es decir, fuera del cuerpo-carne y del cosmos (lo mundano, mundo de los pazos), llega a moverse por el Espíritu y a pensar, opinar y compartir las realidades del Espíritu. Y eso apréndetelo de las cosas que Dios había preparado y prometido a Adán antes de la desobediencia.
  5. Aquel que lucha por aplicar y guardar los mandamientos y persevera en el paraíso de la oración y permanece cerca de Dios con Su continua memoria, el Dios lo aparta de las actividades placenteras de la carne, de todos los movimientos de los sentidos y de todas las formas pasionales y enfermizas de la διάνοια diania (mente, intelecto). Y convirtiéndolo en muerto para los pazos y los pecados, le hace partícipe de la vida divina. Tal como aquel que está durmiendo se asemeja a un muerto, y está vivo, y muerto en cuanto a la energía del cuerpo, vivo en cuanto a la sinergia, cooperación de la psique-alma, así también aquel que permanece en el Espíritu se convierte muerto para el mundo y el cuerpo-carne, pero vive según los principios y la ética y mentalidad del Espíritu.
  6. Si entiendes y conoces lo que salmodias, adquieres el conocimiento concienciado de ello. Del conocimiento concienciado adquieres la lógica o sano juicio y la prudencia. De la lógica brota la praxis de las cosas que has entendido. De la praxis operación, acción práctica fructifica la gnosis (conocimiento divino) que se convierte en hábito. De la gnosis que es acompañada de la experiencia, emana y nace la verdadera θεωρία zeoría contemplación (espiritual). De ella amanece y surge la sofía-sabiduría que llena la esfera o el vacío de la διάνοια diania (mente, intelecto) con luminoso logos de la χάρις jaris (gracia increada energía) y explica a los demás los secretos escondidos.
  7. Primero el νούς nus (espíritu de la psique) pide, busca y encuentra, luego se une con aquello que ha encontrado. La búsqueda la hace con la lógica de la psique-alma, en cambio la unión se realiza a través de la energía de la αγάπη agapi. Y por un lado, la búsqueda mediante la lógica se hace para la verdad, por otro, la unión mediante la agapi para la bondad o el bien.
  8. Aquel que supera la fluidez natural de las realidades y cosas presentes y desatiende las ilusiones y deseos de las pasajeras, no mira hacia abajo, ni desea las bellezas de la tierra; sino que se le abren los espectáculos de arriba, contempla las bellezas celestiales y la bienaventuranza de las realidades y cosas inmaculadas. Es decir, tal como aquel que se entretiene perdiéndose delante de las cosas materiales y está sucumbido en los placeres de la carne-cuerpo, los cielos están cerrados, ya que están oscurecidos sus ojos espirituales (que son: νούς nus espíritu y la diania mente, intelecto), de igual manera, aquél que se desprende y desprecia las cosas de abajo y las rechaza, tiene su νούς nus elevado hacia arriba y ve la δόξα doxa (gloria, luz increada) de los seres eternos y contempla el esplendor y la brillantez que ha sido preparada para los Santos. Éste recibe a la vez la αγάπη agapi amor de Dios que desciende sobre él desde el cielo y se convierte en templo del Espíritu Santo y anhela las voluntades de Dios, guiado por el espíritu de Dios, y se hace digno hijo adoptivo y Dios se complace y satisface en él. Porque los que son conducidos por el espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
  9. Mientras respires, no dejes la oración debido a la enfermedad, ni siquiera un día, escuchando al Apóstol que dice: “Por lo cual me complazco y siento el gozo y la alegría interior en las enfermedades, en los oprobios, en los insultos, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por Cristo; pues cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte.” (2Cor 12,10). Al actuar así, te beneficiarás mucho, y la oración te levantará rápidamente, con la ayuda de la xάρις jaris gracia increada energía, (que quita la des-gracia creada por mí). Porque donde está el consuelo del Espíritu, la enfermedad o la pereza no persisten. Amín.

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας  Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com.

 

 

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