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Nov 24 2024

Filocalía tomo 3. San Macario el Egipcio, paráfrasis de san Simeón el Traductor de los 50 logos en 150 capítulos

 

 

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Γ΄

Άγιος Μακάριος ο Αιγύπτιος

Repasada traducción 24/11/2024

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo 3

San Macario el Egipcio,

Paráfrasis de san Simeón el Traductor de los 50 logos en 150 capítulos

 

Breve biografía: Nuestro padre san Macario el Egipcio, que se renombra como el Megas-Grande, vivió en la época del rey Teodosio el Grande, sobre el año 370 dC. Una vez que por sus grandes esfuerzos y fatigas de la ascesis se ha convertido en modelo y ejemplo de la vida monástica, y al haber estudiado y meditado al grado máximo las santas Escrituras, escribió muchos tipos de logos, plenos de beneficio psíquico y de sofía-sabiduría divina del Espíritu; todos estos son cincuenta.

Estos logos, Simeón el Traductor, quien floreció en tiempos de Basilio el Macedonio, cerca del año 860, admirado por la enseñanza de utilidad para la comunidad y la sabiduría espiritual que contienen estos escritos, los tradujo y los separó en 150 para mayor claridad. Al hacerlos esplendorosos con lenguaje bello y atractivo, por el encanto, belleza, la elocuencia y la jaris-gracia de la lengua ática (ateniense), los volvió más dulces que la miel en los oídos de los que los escuchan.

Y así como por la sublimidad de los conceptos y la ética de sus enseñanzas son superiores a muchos, así también por la belleza del lenguaje y la fuerza de los esquemas. Por eso, fascinan y encantan con estas cualidades incluso a los corazones de los que buscan el dulce eco de la composición y se leen con mucho agrado y gozo.

Comentarios introductorios: Con una sola voz y un solo corazón, los monjes ortodoxos atestiguan que una de las obras de alto nivel y decisiva para la formación del carácter y moral monástico son “las «Cincuenta Homilías» de nuestro padre teóforo (portador de Dios o de la luz increada), Macario el Egipcio”.

Esta obra, gracias a su dulzura espiritual, su enseñanza segura sin engaño sobre Dios (que lo teologiza tanto apofáticamente (confirmación negativa como catafáticamente), su cristología Ortodoxa (incluso anterior al Cuarto Sínodo (Concilio) Ecuménico), su doctrina eclesiástica, sobre la superior creación de los ángeles, su caída y su transformación en demonios, la guerra que libran contra los hombres, su impecable antropología ortodoxa y, en general, su desarrollo lleno de χάρις jaris (gracia, energía increada) sobre las fuerzas de la psique-alma, las virtudes, los πάθος pazos y las luchas ascéticas, puede decirse que influyó profundamente en los didáskalos maestros posteriores de la Iglesia.

De hecho, todos los Padres ascéticos y nípticos, en las distintas fases de sus luchas espirituales y sus batallas dogmáticas, recurrían a las homilías de San Macario. Tanto es así que, incluso en el siglo XIV, el gran Gregorio Palamás, al fundamentar las experiencias comunes de los Santos, se refirió a San Macario el Egipcio, cuyo nombre y obra fueron confirmados sinódicamente, ya que era venerado eclesiásticamente como discípulo santo de San Antonio el Grande.

Sin embargo, lo que escribimos sobre San Pedro Damasceno puede decirse, en cierta medida, también sobre San Macario. Es inexplicable que los historiadores de su tiempo (Paladio, Rufino, Sócrates, Sozomeno) no mencionen esta obra en absoluto.

Además, desde mediados del siglo XVII, cuando se desarrolló significativamente la crítica de los textos, surgieron sospechas por parte de teólogos extranjeros y de nuestra tradición de que las homilías reflejaban ideas de los masalianos, debido a ciertas expresiones. Sin embargo, el tiempo y estudios posteriores demostraron que son plenamente ortodoxas y pertenecen, como patrimonio inalienable, a la ortodoxa tradición espiritual eclesiástica, especialmente en el ámbito de la teología mística.

Uno de los argumentos sólidos de que las «50 Homilías» son un texto tradicional es su aceptación común por la conciencia ortodoxa y el hecho de que fueron parafraseadas por el más famoso hagiógrafo de Bizancio, el Logozetis San Simeón, llamado el Traductor, que vivió a mediados del siglo X.

Este destacado teólogo, junto con otras obras espirituales y la traducción de 146 vidas de santos (de ahí su título de Traductor), admirado por la «enseñanza provechosa y sabiduría espiritual» de las homilías, emprendió su traducción-paráfrasis y las dividió en 150 capítulos, según la costumbre de la época, para hacerlas más comprensibles. Cabe destacar que su interpretación es fiel y conserva plenamente los significados del divinísimo, misticísimo y teologicísimo Macario el Egipcio.

¿Qué más podemos decir sobre estas dulcísimas homilías, “más dulces que la miel y el panal”, teóforas, cristóforas, pneumatóforas, inspiradas, con tanta inmediatez en la psique-alma santificada del teóforo, por ese Espíritu Santo que, junto con el Padre y el Hijo, habitaba en el Santo, según los logos del Señor Jesús: “Vendremos a él y haremos morada con él”?

Podría decirse que estas homilías por sí solas son suficientes para demostrar que su autor es un gran santo, que con ellas embellece a la Iglesia y que son suficientes para formar la psique-alma, educarla y elevarla hasta el trono de Dios, si se siguen fielmente.

Lo que distingue a las homilías es la participación amorosa del Santo en la persona de Dios, la referencia constante a la χάρις jaris increada del Espíritu Santo y la continua indicación de que el propósito de todas las obras ascéticas es la adquisición de esta χάρις jaris. Sin embargo, incluso entonces, quien participa no debe considerarse seguro, porque el pecado «habita en el interior», mientras no se haya alcanzado la perfecta απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) ni se haya iluminado completamente con la luz increada. Por ello, San Macario podría ser llamado el heraldo de la χάρις jaris (gracia, energía increada.

Por supuesto, debemos recordar que su enseñanza, revelada desde las profundidades de su psique-alma teófora, no puede diferir de las experiencias de otros grandes Santos. Pero, como se ha enfatizado repetidamente, los Santos, como personalidades libres, tienen sus peculiaridades e inclinaciones particulares en aspectos y cosas no esenciales.

Y San Macario, con su estilo expresivo, sus comparaciones, sus ejemplos llenos de χάρις jaris, sus imágenes y sus referencias a las Sagradas Escrituras, transmite una χάρις jaris increada que los monjes confiesan sentir.

Se trata de un lenguaje místico de los Santos, una transmisión de χάρις jaris increada desde su propia jaris. Esto sucede con San Macario, quien, con bondad indescriptible, expone su enseñanza pneumatófora (portadora del espíritu) sobre las transformadoras energías increadas del Espíritu Santo en las psiques-almas en las que como por infusión vendrá a habitar. Explica cómo la iluminación no es solo una iluminación, sino una acción continua de una luz hipostática (substancial), un testimonio que usó San Gregorio Palamás contra sus opositores racionalistas. Y no se detiene ahí, sino que enseña que esta iluminación interna se transmitirá, en la resurrección común, también a los cuerpos, que se volverán portadores de luz. La experiencia divina de San Macario es celestial y llena de luz. Prestemos atención a él.

 

San Macario el Egipcio

Paráfrasis de san Simeón el Traductor de los 50 logos en 150 capítulos

a) Sobre la perfección espiritual

b) Sobre oración

c) Sobre la paciencia y el discernimiento

d) Sobre la elevación del nus (espíritu de la psique).

e) Sobre la agapi

f) Sobre la libertad del nus

a) Sobre la perfección espiritual

1 Con la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y la donación o regalo del Espíritu cada uno de nosotros gana la σωτηρία (sotiría: redención y sanación, psicoterapia y salvación); por otra parte, con la fe y con la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado, altruista) y con la lucha de la independencia o libre albedrío de la predisposición y la voluntad uno puede llegar a la medida perfecta de la virtud. Y esto para heredar la vida eterna no sólo por la χάρις jaris sino también por la justicia; ni se debe esperar alcanzar la virtud perfecta con sólo la divina fuerza y la χάρις jaris, sin contribuir también con sus propios esfuerzos, ni tampoco llegar a la medida perfecta de la libertad y de la catarsis (psicoterapia, purgación y pureza) solamente por su propia predisposición, voluntad y δύναμη (dínami: poder, fuerza, potencia y energía), sin la ayuda de la mano de Dios desde lo alto. Como dice también el Salmista: “Si el Señor no edifica la casa y no vigila y guarda la ciudad, en vano vigilan los vigilantes y en vano se esfuerzan los constructores” (Sal 126, 1)

2 Pregunta: ¿Cuál es la voluntad de Dios hacia la que nos llama el Apóstol Pablo (Rom 12,2) a cada uno de nosotros a alcanzar?

Respuesta: La perfecta catarsis de todo pecado, ser libres de los πάθος pazos de la deshonra y la adquisición de la virtud suprema. Esto es la catarsis (psicoterapia, purgación y purificación) y la santificación del corazón que se hace por la participación del perfecto y divino Espíritu, con una αίσθηση (észisi: percepción, sentimiento y sentido) espiritual interior. Porque dice el Señor: “Bienaventurados los que han hecho la catarsis del corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8), y “haceos perfectos igual que vuestro Padre celeste es perfecto” (Mt 5,8). Y David dice: “Ojalá que mi corazón se haga impecable en los mandamientos (logos, principios espirituales), para que no me avergüence” y de nuevo dice: “Sólo cuando no aplico ni cumplo los mandamientos seré avergonzado” (Sal 118, 6). También en aquel que pregunta: “¿Quién es digno de subir al monte del Señor y se quede en Su santo lugar?” y responde: “El que tiene las manos inocentes y al corazón hecha la catarsis” (Sal 23, 3-4), con estas palabras da a entender la perfecta destrucción del pecado que cuida y comete por la praxis y por la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro).

3 El Espíritu Santo conociendo que los πάθος pazos invisibles, escondidos y secretos difícilmente se van y están arraigados en la profundidad de nuestra psique-alma, nos muestra mediante de David con qué modo o manera emprendemos la catarsis de los pazos. Dice el mismo: “Hazme la catarsis de mis pazos escondidos y secretos” (Sal 18,3). Así revela que esto lo conseguiremos con mucha súplica y fe, y con un giro completo hacia Dios, junto con la sinergia (cooperación, co-energía, la energía de nuestra voluntad y la increada) del Espíritu. Paralelamente, también debemos resistir a los πάθος pazos y vigilar nuestro corazón con todos los medios posibles (Prov. 4, 23).

4 Y el bienaventurado Moisés queriendo con ejemplos indicar que la psique-alma no debe seguir las dos opiniones, es decir, el bien y el mal, sino sólo el bien, ni cultivar dos tipos o especies de frutos, es decir, beneficiosos y dañinos, sino sólo los que aportan beneficio, dice. “No ararás tu ejido (terreno) con dos animales de distinta especie, como un buey y un asno, sino que juntarás animales de la misma especie para trillar tus cosechas”, es decir, en el ejido o terreno de tu corazón que no trillen juntas la virtud y la maldad, sino sólo la virtud. “No tejerás lino en ropa de lana, ni lana con una de lino, no cultivarás en tu terreno juntas dos especies o semillas distintas. No cruzarás dos animales distintos, sino que las juntarás y las acoplarás de la misma especie de animal” (Deu 22,9-11). Con todos estos ejemplos, Él nos indica místicamente y simbólicamente que no debemos cultivar en nuestro corazón, como dijimos, la virtud y la maldad, sino que deben ser engendrados y nacidos exclusivamente los hijos de la virtud; ni que la psique-alma debe participar en dos espíritus, al espíritu de Dios y al espíritu del mundo, y sólo fructificar los frutos del Espíritu (Gal 5,22). Por eso dice el Salmista: “Me corregía y me guiaba en todos tus mandamientos (logos, principios espirituales) y odié todo lo que conduce a la injusticia” (Sal 118,128).

5 La psique-alma que desea mantener su castidad y unirse con Dios, no permanece pura sólo por los pecados manifiestos y visibles, como son la fornicación o lujuria, el asesinato, el hurto, la gula, la maledicencia, la mentira, la falsedad, el amor al dinero, la avaricia, la codicia y los similares, sino mucho más de los invisibles y ocultos, como mencionamos antes. Es decir, del deseo (vicioso), la vanagloria, el gustar a los hombres, la hipocresía, el amor al poder y prestigio, el engaño, la inmoralidad o maleducado, el odio, la incredulidad, la envidia, la φιλαυτία (filaftía: egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo). Según la Escritura, estos pecados interiores son iguales que los exteriores. Porque dice: “Dios dispersó los huesos de los buscan gustar a los hombres” (Sal 52, 6), y “el Señor odia al hombre sanguinario y falso” (Sal 5,7), indicando con esto que el Señor, aborrece la falsedad tanto como el asesinato. También dice sobre “los hombres que hablan pacíficamente con los demás pero en sus interiores proyectan y traman males (Sal 27,3) y de nuevo dice: “Dentro de vuestros corazones meditáis como cometeréis iniquidades en la vida” (Sal 57,3), y “ay de vosotros hombres cuando os elogian” (Lc 6, 26), es decir, cuando buscáis escuchar cosas buenas sobre vosotros mismos de los demás y dependéis de su opinión y elogios; porque ¿cómo es posible escapar de la atención de los hombres para siempre cuando hacéis el bien? Además, también el mismo Señor dice: “que brille vuestra luz delante de los hombres” (Mt 5, 16), pero añade: “que busquéis y pretendáis hacer el bien por la doxa-gloria increada de Dios y no para vuestra gloria y alabanza, ni que os mueva el amor para alabanzas y elogios humanos”. Porque el Señor ha demostrado y revelado que tales hombres son incrédulos, diciendo: “¿Cómo vais a creer vosotros en la verdad, puesto que buscáis y recibís doxa-gloria y honores los unos a los otros y no buscáis la verdadera doxa-gloria (luz increada) y el logos que viene del uno y único Dios? (Jn 5,44). Prestad atención también al Apóstol Pablo que exige precisión hasta en la comida y la bebida, diciendo: “Sea que comáis o que bebáis, o cualquier otra cosa que hagáis, lo hagáis para lo doxa-gloria increada de Dios” (1Cor 10,31). Y el Teólogo Juan el Evangelista iguala el odio con el asesinato, diciendo: “El que odia a su hermano o prójimo es un homicida, un asesino del hombre” (1Jn 3,15).

6 “La αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) todo lo acepta, y todo lo soporta con paciencia; la agapi nunca cae” (1Cor 13, 7-8), dice el Apóstol Pablo. Con lo “nunca cae” da a entender lo siguiente: Aquellos que han recibido los carismas o dones del Espíritu que se refirió (1Cor 12,28), y no se hicieron dignos aún de la libertad absoluta de los pazos mediante la plena y operante agapi, no han alcanzado aún la seguridad, sino que su virtud todavía se encuentra en peligro y en lucha y en temor, a causa de la imposición de los astutos malos y malignos espíritus (Ef 6, 12). Pero la perfecta agapi no se somete ni en caída, ni en pazos, sino, como indicó, el Apóstol, es de tal tipo que las lenguas de los Ángeles, la profecía, toda la gnosis (conocimiento espiritual) y los carismas de sanaciones son cero o nada cuando se exponen y se comparan con la agapi (1Cor 12,28 · 13,1-2).

7 La razón por la cual el Señor presentó la perfección como propósito y objetivo (Mt 5,48), es para que cada uno vea cuán pobre es en comparación con una riqueza tan grande y corra con fervor e ímpetu hacia esa meta, recorriendo así el camino espiritual hasta llegar al fin, como dice el Apóstol Pablo: “Corred de tal manera hasta que consigáis el premio” (1Cor 9,24).

8 El que uno se niegue de sí mismo (Mt 16, 24) significa lo siguiente: Estar completamente entregado a la hermandad y no seguir para nada su propia voluntad, ni poseer nada propio, excepto la ropa, para estar libre de todo y cumplir con alegría lo que se le ordene. Debe considerar a todos los hermanos, especialmente a los superiores y a aquellos que llevan las cargas del monasterio, como sus señores y amos en Cristo, obedeciendo a Aquel que dijo: “El que entre vosotros quiere ser primero y más grande, que sea el último de todos y δούλος (dulos: servidor, siervo) de todos” (Mrc 9,35). Que no busque de los hermanos ni gloria, ni alabanza o elogios, ni siquiera aquellos elogios que acompañan el buen servicio y la buena conducta. Porque dice el Apóstol Pablo: “Servidles no con hipocresía sólo cuando os ven, como para quedar bien con ellos, sino como dulos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad del Dios con toda vuestra psique-alma; servidles de buena gana, como si fuera al Señor y no a hombres, considerando que el Señor retribuirá a cada uno todo el bien que haga, lo mismo al esclavo que al libre” (Ef 6, 6-7). Y siempre debe considerarse a sí mismo como deudor de la diaconía-servicio hacia los hermanos con agapi y sencillez.

9 Los encargados o superiores de la hermandad, como han asumido una obra grande y responsable, deben luchar con humildad contra las malas astucias de la maldad, para no caer al πάθος pazos de la soberbia u orgullo y, ejerciendo un poder tiránico hacia los hermanos obedientes, pueden provocar daño grande, perjuicio y pérdida en vez de obtener una gran ganancia. En cambio, como padres misericordiosos y habiéndose entregado a la hermandad por amor a Dios, deben cuidarlos como hijos de Dios. Por supuesto que no deben descuidar abiertamente los deberes y las funciones del encargado o del guía, es decir, dar órdenes, aconsejar a los más probados y cultivados, o reprender e inspeccionar donde hace falta, o consolar donde es debido, para que no venga confusión y desorden en los monasterios con la excusa de la humildad o apacibilidad, ya que se anula el discernimiento de la función de los encargados y de los subordinados. Sin embargo, en el fondo de sus corazones deben creer que son dulos-sirvientes indignos de todos los hermanos y, como buenos pedagogos o tutores que les han sido confiados los hijos de su Señor, deben cuidar con toda buena disposición y temor a Dios a edificar (espiritualmente) cada hermano en toda obra buena, conociendo que por estos esfuerzos Dios les ha preparado salario o recompensa grande e irreducible.

10 Los que han asumido la pedagogía o educación de los jóvenes, que en ocasiones pueden ser incluso sus propios amos, no descuidan castigarlos por el bien de la educación y el orden, pero lo hacen con agapi-amor incondicional. De la misma manera, los superiores no deben castigar a los hermanos que necesitan instrucción y disciplina por enojo, arrogancia o venganza, sino con gran bondad de corazón y con el propósito y objetivo de producir la corrección y el beneficio espiritual de ellos.

11 Cada uno que quiere que se arraiguen en su interior estos buenos hábitos debe, por encima de todo y en todo lugar, pretender tener el temor a Dios y la divina agapi-amor, que es el primer y mayor mandamiento (Mt 22,37-38). Y debe pedirlo incesantemente al Señor para que llene su corazón, de modo que, con la memoria continua e ininterrumpida de Dios, progresando día a día con Su χάρις (jaris: gracia, energía increada) y aumentando en ese agapi-amor. Porque con el entusiasmo, el celo), el valor, el cuidado y la lucha nos hacemos dignos y capaces de adquirir la αγάπη agapi de Dios, la cual se va formando en nuestro interior por la χάρις jaris y la donación de Cristo. A partir de este agapi-amor conseguimos fácilmente también el segundo mandamiento, es decir, la agapi hacia el prójimo (Mat. 22, 39). Porque las cosas que están primero entran por delante y debemos cuidarlas más que las otras, y después las segundas siguen las primeras. Ahora bien, si alguien quiere descuidar el primer y mayor mandamiento, es decir, la agapi hacia Dios, -que proviene de nuestra disposición interior, de nuestra conciencia bondadosa y de las conductas y actitudes ortodoxas (correctas) sobre Dios junto también con la ayuda divina- y del segundo mandamiento, quiere sólo dedicarse al cuidado exterior de la diaconía-servicio, es imposible que lo ejerza correctamente y con pureza. Porque cuando la maldad encuentre el νούς (nus: espíritu de la psique) desierto del recuerdo o la memoria, la agapi y la búsqueda de Dios, ya sea que haga que se vean difíciles y fatigosos los preceptos divinos, encendiendo en la psique-alma murmuraciones, lamentaciones, tristezas y acusaciones contra la diaconía-servicio de los hermanos, o engañarle con la idea de que es supuestamente virtuoso, hinchándolo y convenciéndolo que se considere a sí mismo digno de honor, importante y perfecto cumplidor de los mandamientos-logos.

12 Cuando el hombre cree y presume que se cuida perfectamente de los mandamientos (logos, principios espirituales), entonces es evidente que peca y transgrede el mandamiento, porque él mismo se ha juzgado sin esperar a Aquel que juzga con verdad. Cuando el Espíritu de Dios da testimonio común con nuestro espíritu, según lo que dice Pablo (Rom 8,16), entonces somos verdaderamente dignos de Cristo e hijos de Dios; pero no cuando justificamos a nosotros mismos por nuestra propia idea. Porque, como dice el Apóstol, “que no es hombre de probada virtud el que a sí mismo se recomienda, sino aquel a quien el Señor recomienda” (2Cor. 10, 18). Cuando el hombre se encuentra desnudo y privado del recuerdo-memoria y del temor de Dios, entonces es inevitable que sienta amor por la gloria vana y persiga el elogio y la alabanza de aquellos a quienes sirve. Sin embargo, tal persona es inspeccionada y reprendida por el Señor como incrédulo, como se mencionó anteriormente. Porque dice: “¿Cómo vais a creer vosotros en la verdad, puesto que buscáis y recibís doxa-gloria y honores los unos a los otros y no buscáis la verdadera δόξα doxa (gloria, luz increada) y el λόγος logos que viene del uno y único Dios? (Jn 5,44).

13 Como se ha dicho, la αγάπη agapi hacia Dios, se consigue con mucha lucha y esfuerzo del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) mediante conceptos modestos, pensamientos divinos y un cuidado constante de todas las cosas buenas. Esto se debe a que el enemigo impide que el νούς nus se enfoque en el divino έρως (eros: amor ferviente, ardiente) mediante la memoria de lo bueno, y más bien despierta sus deseos hacia lo terrenal. Porque la muerte del enemigo y su guillotina (o ruina), por así decirlo, es cuando el νούς nus trata sin distracción en la agapi y en la memoria de Dios. De esto puede nacer también la agapi al prójimo, así como la verdadera sencillez, la apacibilidad, la humildad, la integridad, la bondad y la oración, y en general, toda hermosa corona de las virtudes, por el uno, único y primer mandamiento, la αγάπη agapi a Dios (Mt 22,38), absorbiendo la perfección. Por tanto, tenemos necesidad de mucha lucha y trabajo doloroso interior e invisible del examen de los λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) y también el ejercicio de los debilitados sentidos (psíquicos) de nuestra psique-alma para discernir entre lo bueno y lo malo (Heb 5,14); y del refuerzo y reanimación de los miembros doloridos, fatigados y cansados de la psique-alma mediante la elevación del νούς nus hacia Dios. Porque cuando nuestro νούς nus con la mente se apega de tal manera continuamente a Dios, se hará un espíritu con el Señor, según lo que dice Pablo (1Cor 6, 17).

14 Aquellos que aman la virtud deben mantener incesantemente, de día y de noche, esta lucha secreta, este esfuerzo y estudio en el cumplimiento de cualquier mandamiento (logos, o principio espiritual); es decir, cuando oran, cuando sirven, cuando comen, cuando beben o cuando hacen cualquier otra cosa, de modo que cualquier bien se realice para la doxa-gloria increada de Dios (1Cor 10,31) y no para nuestra propia gloria. Así será fácil y agradable para nosotros todo cuidado de los mandamientos, ya que la agapi de Dios facilita y aligera el esfuerzo. Porque toda la lucha y el cuidado del enemigo, como hemos dicho, se concentra en desviar y arrastrar el νούς (nus: espíritu de la psique) de la memoria de Dios y de Su temor y agapi, y engañando con trampas y cebos terrenales hacerle volver desde la bondad y el bien real hacia lo que se cree como bueno.

15 El patriarca Abraham, cuando se encontró con el sacerdote de Dios, Melquisedec, le dio como regalo los mejores de sus bienes y así recibió su bendición (Gen 14,19). Con esto, el espíritu se eleva en contemplación espiritual superior. Es decir, debemos ofrecer como holocausto-sacrificio sagrado las extremidades y las mejores partes de toda nuestra mezcla y composición psicosomática, los cuales son el νούς nus (espíritu de la psique), la conciencia y la δύναμη (dinami: potencia y energía) agapítica-amorosa de nuestra psique-alma. Después, los primeros y mejores λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o compuestos con la fantasía) dedicarlos a la memoria de Dios y hacerlos que se ocupen continuamente en Su agapi y en Su έρως eros místico y supralógico. Así podemos progresar en la virtud día a día con la ayuda de la divina χάρις jaris increada y entonces la carga de la justicia de los mandamientos (logos o principios espirituales) nos parecerá ligera (Mt 11,30), realizándolos irreprochablemente, lúcidamente y limpiamente ayudados por el mismo Señor mediante nuestra fe hacia Él.

16 En relación con la ascesis (ejercicio) exterior y qué trabajo es mayor y primero, debéis saber también esto amados míos: que las virtudes están entrelazadas y atadas entre sí y siguen una la otra como una cadena divina, cada una asida a la otra. La oración, por ejemplo, nace de la agapi, la agapi de la alegría, la alegría de la apacibilidad, la apacibilidad de la humildad, la humildad del servicio-diaconía, la diaconía de la esperanza, la esperanza de la fe, la fe de la obediencia, la obediencia de la sencillez. De igual modo, también los contrarios están entrelazados y atados entre ellos; el odio con la ira; la ira con la soberbia u orgullo; el orgullo con la vanagloria; la vanagloria con la incredulidad; la incredulidad con la dureza del corazón; la dureza del corazón con la negligencia; la negligencia con la languidez (o flojera, relajación); la languidez con la indiferencia; la indiferencia con la acidia o pereza; la acidia con la impaciencia o intolerancia y ella junto con la acidia con la φιληδονία (filidonía: hedonismo, amor al placer). Así también el resto de maldades, pazos y vicios, unos siguen a los otros.

17 Cualquier bien que el hombre haga, el maligno astuto pretende mancharlo, contaminarlo y corromperlo, mezclando sus propios “espermas, semillas”, ya sea con vanagloria, arrogancia, murmuración o algún otro defecto similar, de manera que el bien no se haga solo por Dios o con buena disposición de ánimo. Se dice en la Escritura que Abel ofreció a Dios sacrificios de los primeros y más selectos animales, los primeros partos de las ovejas. También Caín ofreció regalos de los frutos de la tierra, pero no de los mejores y primeros. Por ello el Dios aceptó los sacrificios de Abel, pero no aceptó las ofrendas de Caín (Gen 4, 3-5). De esto aprendemos que es posible que un bien no se haga correctamente, ya sea por negligencia, desprecio o con otro motivo que no sea por el Dios, y por eso puede no ser aceptado por Él.

b) Sobre oración

18 La recapitulación y conclusión de todo buen esfuerzo y la cumbre de los logros y éxitos es la constancia en la oración, por la que adquirimos también las demás virtudes, ya que el Dios que Le invocamos, nos tiende la mano para ayudarnos. En efecto, durante la oración, se da a los dignos la comunión con la energía (increada) mística de Dios y la afinidad, cohesión de su disposición con Su santidad, como también del νούς (nus: espíritu de la psique) con la agapi (amor incondicional) inefable e indescriptible. Dice el Salmista: “Has dado deleite, gozo y alegría en mi corazón” (Sal 4,8). Y el mismo Señor dice: “La realeza (increada) de los Cielos se encuentra en vuestro interior” (Lc 17,21). El que se encuentre en nuestro interior la realeza increada (o la energía jaris increada o la doxa-gloria increada) ¿qué otra cosa significa, sino que el gozo celestial del Espíritu se revela con claridad en las psiques-almas dignas? Porque las psiques dignas, a través de la comunión operante del Espíritu, reciben desde aquí las arras o anticipo de la felicidad y del gozo espiritual, de la alegría y del deleite que participarán en la eterna luz increada los Santos/as en el reinado de la realeza increada de Cristo. Algo similar nos da a entender también el divino Apóstol Pablo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, el Padre de las misericordias increadas y Dios de todo consuelo para los hombres afligidos y angustiados, que nos consuela y nos serena en todas nuestras tribulaciones y sufrimientos, para que podamos consolar nosotros a todos los hombres encontrados en tribulación, dolor, sufrimiento y angustia con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2Cor 1,4). Pero también: “Mi psique-alma se saciará como de una comida suculenta y nutritiva” y otros versículos semejantes, tienen el mismo significado y aluden a la alegría, al gozo y al consuelo activos del Espíritu.

19 Igual que la obra de la oración es mayor que todas las demás, así el que tiene έρως (eros: amor ardiente) por ella, necesita mayor esfuerzo y cuidado para que no lo engañe la maldad sin que se dé cuenta. Porque aquellos que se ocupan y se cuidan para el bien y la bondad mayor, los ataca y los afecta también con más fuerza el maligno astuto. Por eso el que ora, le hace falta mucha νήψις (nipsis: sobriedad, atención, vigilancia interior) para presentar cada día más frutos de αγάπη agapi, humildad, sencillez y bondad, como también de discernimiento mientras permanece perseverante en la oración. Estos frutos harán evidente su progreso y su éxito en las realidades y cosas divinas, y al mismo tiempo incitarán a los demás al mismo fervor y celo.

20 El divino Apóstol enseña que debemos orar sin cesar (1Tes 5,17) y perseveremos en la oración, y también el Señor con aquello que nos dijo: “Mucho más Dios concederá la justicia a los que Le suplican día y noche” (Lc 18,7), y también: “Estaos en alerta y vigilancia continua y orad” (Mt 26, 41). Debemos siempre orar y no ser negligentes e indolentes (Lc 18,1). Por tanto, igual que aquel que persevera en la oración ha escogido la obra principal y la más importante, así también debe asumir una gran lucha y mantener el vigor y el ánimo indomables e inflexibles, ya que la maldad trae muchos impedimentos en la oración persistente, es decir, trae sueño, acidia, pesadez del cuerpo, desviación de los loyismí (pensamientos), νούς (nus: espíritu del corazón) inestable y desordenado, relajamiento, languidez y otros artificios de la maldad. Después, tribulaciones, sufrimientos y sublevaciones de los astutos malignos espíritus que se oponen y combaten contra nosotros con ardor e impiden la psique-alma acercarse a Dios, aquella que verdaderamente Le busca sin descanso.

21 Quien se cuida y se dedica en la oración, debe mostrar valor con toda diligencia, buen ánimo y nipsis (vigilancia en la sobriedad), con paciencia y lucha de la psique-alma y esfuerzo del cuerpo, sin relajarse ni dejarse llevar por las desviaciones de los loyismí (conceptos, pensamientos), el sueño excesivo, la acidia, la relajación, la languidez y la confusión, o utilizar palabras ruidosas y gritos indebidos, o entregar su διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) en cosas de este tipo, quedándose satisfecho sólo en permanecer largo tiempo en pie en la oración y de rodillas, mientras que su νούς nus con la mente vaga lejos de lo que está haciendo. Porque si no lucha para tener el νούς nus limpio, claro y lúcido con nipsis, de modo que, por un lado, se oponga a los pensamientos vanos, y por otro lado, a examinarlos detalladamente y analizarlos con gran precisión, y si no anhela fervientemente siempre al Señor, nada le impedirá ser seducido ocultamente de diversos modos o maneras por el astuto maligno; o incluso puede que se exalte y se enorgullezca contra aquellos que no pueden perseverar más en la oración y con estos artificios y maquinaciones del maligno destruya el buen trabajo de la oración sacrificándola al astuto demonio.

22 Si nuestra oración no la adornan la humildad, la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado, altruista), la sencillez y la bondad, entonces esta oración nuestra, más bien, aparente oración, muy poco puede beneficiarnos. Y esto no lo decimos sólo para la oración, sino para todo esfuerzo y empeño: castidad, ayuno, vigilia, salmodia, diaconía-servicio, cualquier trabajo que hacemos por el bien de la virtud. Si no vemos que tenemos en nuestro interior los frutos de la agapi, la paz, la alegría, la sencillez, la humildad, la apacibilidad, la falta de fingimiento, la fe ortodoxa, la magnanimidad o tolerancia, la benevolencia, la paciencia y la amabilidad, no nos hemos beneficiado de nada por nuestros esfuerzos. Porque los esfuerzos y las fatigas los soportamos para beneficio de los frutos. Si no se encuentran en nuestro interior los frutos de la agapi no se diferencian de nada de las cinco vírgenes necias e insensatas, las cuales, como no tenían en sus corazones el aceite espiritual desde este mundo, es decir, las energías de las virtudes anteriores por la δύναμις (dínamis: potencia y energía) increada del Espíritu, fueron llamadas tontas, necias y excluidas de modo muy lamentable y miserable del banquete nupcial del Rey (Mt 25 y 12), sin que su esfuerzo en la virginidad les sirviera de nada.

Tal como cuando se cultiva una viña, todo el cuidado, esmero y esfuerzo se realizan con la esperanza de obtener los frutos, y si no se producen los frutos, resulta vano todo el trabajo, de igual manera, si con la energía del Espíritu no hemos visto en nuestro interior los frutos de agapi, paz, alegría y los demás que enumera el Apóstol (Gal 5,22) y si esto no lo confesamos con toda certeza interior, sentido y sentimiento espiritual, entonces se demuestra vano el esfuerzo en la virginidad, la oración, la salmodia, el ayuno y la vigilia. Porque, tal como dijimos, estos intentos y esfuerzos de la psique-alma y del cuerpo se deben hacer con la esperanza de obtener los frutos espirituales, mientras que la fructificación de las virtudes es el disfrute, el gozo y la alegría espiritual con el placer incorruptible que es operado por la energía increada del Espíritu de modo indescriptible dentro de los corazones fieles y humildes. Así, los esfuerzos y las luchas deben ser considerados lo que son, es decir, esfuerzos y luchas, mientras que los frutos, frutos. Ahora bien, si alguien por falta de gnosis (conocimiento espiritual), de trabajo y de esfuerzo, los considera como frutos del Espíritu, que no se olvide que engaña y se engaña a sí mismo, y así es privado de los verdaderos y grandes frutos del Espíritu Santo.

23 Igual que aquel que está completamente entregado al pecado, actúa de manera natural en los deshonrosos pazos antinaturales, es decir, la impudicia, la fornicación o lujuria, la codicia, la avaricia, el odio, el engaño, la falacia y las demás manifestaciones de los pazos de la maldad con gozo, deleite y placer, así también el verdadero y perfecto Cristiano ortodoxo, realiza todas las virtudes y todos los frutos sobrenaturales del Espíritu Santo, es decir, la agapi, la paz, la paciencia, la fe, la humildad, la magnanimidad o tolerancia y todo el precioso conjunto de virtudes, las realiza como algo natural con gran gozo, alegría, felicidad y placer espiritual, ya sin esfuerzo y con facilidad. Ya no lucha más contra los pazos de la maldad, porque ha sido redimido y liberado totalmente por el Señor y ha recibido el espíritu bueno en su corazón, la perfecta paz, la felicidad, el gozo, el deleite y la alegría de Cristo. Este es quien se ha apegado al Señor y se ha hecho un espíritu con Él (1Cor 6, 17).

24 Los que por inmadurez aún no pueden dedicarse totalmente a la obra de la oración, ellos deben asumir el servicio a los hermanos con piedad, fe y temor de Dios, como si sirviesen un mandamiento de Dios y como una cuestión espiritual, y no como los que esperan de los hombres compensación y honor, o agradecimiento y gloria. Además, no deben murmurar en absoluto, ni enaltecerse o descuidarse por la negligencia, ni vanagloriarse ni relajarse. De esta manera, esta buena obra no queda manchada y arruinada, sino más bien, será hecha con devoción, piedad, temor y alegría y será bien recibida por Dios.

25 ¡Cuánta es la divina caridad y misericordia hacia nosotros!!! El Señor con tan grande filantropía y bondad ha sido tan condescendiente a los seres humanos, de modo que prometió de no descuidar ninguna compensación de ninguno por sus obras buenas, sino elevarnos desde las pequeñas virtudes a las grandes, de modo que, si uno da hasta un vaso de agua fría, no le privará de su recompensa. Porque dijo: “Y cualquiera que dé a beber tan sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños e insignificantes discípulos míos, de cierto os digo que de ningún modo perderá su recompensa de Dios” (Mt 10,42), y añade: “Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto, en verdad os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (El Cristo, el Rey, que es el Hijo de Dios y también Hijo del hombre, a los pacientes, a los pobres y a los desnudos, a estos que los vanidosos y orgullosos menosprecian, los considera como hermanos suyos, hijos del Padre celestial y los asiste con toda Su agapi. Por eso cada ayuda que se ofrece a ellos la considera como ofrecida a él mismo) (Mt 25,40). Sólo con la condición que todo debe hacerse por la voluntad de Dios y no por la gloria humana. Porque el Señor añadió «solo porque es mi discípulo», es decir, por temor y amor a Cristo. Y, al criticar a aquellos que hacen el bien de manera ostentosa, concluyó: «Les aseguro que no recibirán otra recompensa» (Mateo 6:2), confirmando así Su logos con una decisión irrevocable.

26 La sencillez, ante todo, y la ingenuidad, la  αγάπη agapi-amor mutuo, la alegría y la humildad deben establecerse de cualquier manera como base en la hermandad, para que no nos enorgullezcamos ni murmuremos unos contra otros, y así hagamos inútil nuestro esfuerzo. Aquel que insiste continuamente con paciencia en la oración no debe enorgullecerse sobre aquel que no puede hacer lo mismo, y aquel que se dedica al servicio-diaconía no debe murmurar contra aquel que se dedica a la oración. Si los hermanos se comportan entre sí con tal sencillez y buena disposición, el excedente de los que oran pasará a suplir la carencia de los que sirven, y el excedente de los que sirven suplirá la carencia de los que oran, para que haya igualdad, según lo dicho: “Así que la abundancia de paciencia y oración de ellos a Dios, alivie vuestra escasez, de manera que haya equidad sobre el nivel espiritual entre vosotros, según está escrito: “Ni el que recogió mucho abundaba, ni el que recogió poco estaba escaso” (2Cor 8, 14-15).

27 Entonces se hace la voluntad de Dios sobre la tierra como que en el cielo cuando, como dijimos, no nos enorgullecemos y no nos exaltamos unos sobre otros, cuando no solo sin celos sino también con la sencillez estamos unidos con agapi (amor incondicional, desinteresado), paz, gozo y alegría entre nosotros, considerando el progreso de nuestro prójimo como nuestro y su carencia como nuestra propia pérdida.

28 Aquel que durante la oración es perezoso, vago y negligente, y al servicio de los hermanos es parsimonioso y descuidado, éste por el Apóstol Pablo es llamado claramente ocioso y es considerado indigno hasta de su mismo pan. “El ocioso”, dijo, “ni siquiera coma” (2Tes 3,10). Y en otra parte: “Dios odia a los ociosos, vagos”, y “el ocioso no puede ser ni siquiera fiel”. Y en la Sabiduría se dice: “La ociosidad, vaguedad, ha enseñado mucho mal y mucha maldad” (Sab. Sir 33,28). Por lo tanto, cada uno en cualquier obra que hace según la voluntad de Dios, debe presentar sus frutos e indique el celo o fervor, aunque sea en una de las buenas obras, para que no se encuentre totalmente estéril, sin frutos, y se convierta absolutamente desconectado y excluido de los bienes eternos.

29 A aquellos que dicen que es imposible alcanzar la perfección y liberarnos totalmente de los pazos, o conseguir también la participación y la plenitud del bondadoso y bueno Espíritu, es necesario llevarles el testimonio de las divinas Escrituras y demostrar que ellos no saben bien ni dicen lo correcto y la verdad. Así dice el Señor: “Haceos perfectos como perfecto es vuestro Padre celestial” (Mt 5,48) y “Quiero que donde yo estoy, ellos también estén conmigo, para que contemplen mi δόξα (doxa: gloria, luz increada) (Jn 17,24). Estos son logos de Él que dijo: “El cielo y la tierra pasarán y dejarán de existir, pero mis logos no dejarán de tener valor” (Mt 24,35). El mismo significado tienen también los logos del Apóstol: “a quien nosotros anunciamos aconsejando, enseñando e instruyendo a todo hombre en toda sabiduría, para hacerlo y presentarlo perfecto en Jesús Cristo” (Col 1,28), y “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe sin diferencias y contrariedades y al conocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto desde el aspecto de sabiduría y virtud espiritual, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Ef 4,13). Cuando, pues, de esta manera aspiramos con la mirada hacia esta perfección, conseguimos dos cosas bellísimas: primero asumimos y perseguimos esta intensa e incesante lucha, yendo hacia la meta, hacia el fin, con la esperanza de la adquisición de este estado culminante; y segundo, que no nos dominamos por el orgullo, la arrogancia, sino que actuamos de modo moderado y humilde, considerándonos a nosotros mismos pequeños, porque aún no hemos alcanzado la perfección.

30 Aquellos que dicen estas cosas perjudican y dañan mucho la psique-alma de tres maneras: primero, porque demuestran no tener fe ante las Escrituras inspiradas por Dios; segundo, ya que no se familiarizaron con el propósito u objetivo superior y perfecto del Cristianismo ortodoxo, ni luchan por alcanzarlo, no pueden entender y poner esfuerzo ni dedicación, ni tener hambre y sed de justicia (Mt 5, 6), sino que, satisfechos con las apariencias externas y costumbres, y con algunos pequeños logros, quedan lejos de la esperanza bienaventurada, la perfección y la completa catarsis o psicoterapia de los pazos; y tercero, al creer que han llegado a la cima con la realización de unas pocas virtudes, como dijimos, y al no mostrar diligencia hacia la perfección, no solo les falta humildad, pobreza y quebrantamiento del corazón, sino que tampoco presentan progreso ni ascenso diario, porque se justifican a sí mismos creyendo que ya han conseguido su propósito y objetivo.

31 Aquellos que creen que es imposible esta metamorfosis-transformación y perfección que se realiza en los hombres a través de la energía increada del Espíritu y que es la “nueva creación” (2Cor 5,7) del corazón catartizado, purgado y psicoterapiado, el Apóstol los asimila claramente con aquellos que, a causa de su incredulidad, no se hicieron dignos de entrar en la tierra prometida y por eso han dejado sus huesos en el desierto (Heb 3,17-18). Y por supuesto lo que entonces era exteriormente la tierra prometida, esto es para nosotros místicamente (y espiritualmente) la redención y liberación de los pazos, que el Apóstol mostró que es el fin de todo mandamiento (Hebreos 9:15). Esta es la verdadera tierra prometida, y para ella se nos han transmitido todas aquellas prefiguraciones o protiposis del Antiguo Testamento. Por eso el divino Pablo, queriendo asegurar a sus discípulos para que ninguno caiga en la incredulidad, dice: “Por tanto, hermanos, tened cuidado, que no haya entre vosotros un corazón tan malo, duro e incrédulo que se aparte del Dios vivo” (Heb 3,12). Con la palabra “se aparte” no da a entender la negación de Dios, sino en el sentido de no creer en Sus promesas. Explicando, pues, alegóricamente las prefiguraciones del Antiguo Testamento y comparándolas con la verdad, continúa: “¿quiénes fueron los que, después de haber oído, se rebelaron? ¿No fueron todos aquellos que salieron libres de Egipto conducidos por Moisés? Y ¿contra quién se irritó Dios durante cuarenta años? ¿No fue contra los culpables, que pecaron ante Dios y se endurecieron sus corazones, cuyos cadáveres cayeron en el desierto? Y ¿contra a quién juró Dios que no entrarían en su tierra prometida de descanso y paz, sino a aquellos que habían sido desobedientes y duros de corazón? Vemos, pues, que ellos a causa de su incredulidad no pudieron entrar a la tierra prometida” (Heb 3-19). Y Pablo añade: “Por tanto, nosotros también teniendo en cuenta el castigo a los hebreos, no temamos de que, mientras sigue en vigor la promesa de entrar en el descanso eterno de su Realeza increada, alguno de vosotros parezca que ha retrasado y queda fuera. Porque también nosotros, como ellos, hemos recibido la divina promesa de la vida eterna, exactamente igual que aquellos habían recibido la promesa para la tierra de su descanso; pero a ellos no les aprovechó el logos que habían oído, porque al escucharlo no se unieron a él por la fe y la libre buena voluntad. Entremos, pues, nosotros, que hemos creído, en el descanso eterno del cielo, según lo que dijo Dios: «Y juré en mi indignación contra ellos: ¡No entrarán jamás en mi tierra de descanso que los prometí!», a pesar que las obras de Dios, y por consecuencia también la tierra del descanso, se hicieron desde que se constituyó el mundo-cosmos” (4, 1-3). Y un poco después añade: “Esforcémonos, pues, por entrar en este descanso celeste, para que nadie sucumba imitando aquel ejemplo de desobediencia de los hebreos” (Heb 4,11). ¿Y cuál es el verdadero descanso o reposo de los Cristianos, sino la liberación de los pazos pecaminosos y el habitar plenamente y activamente el bondadoso Espíritu en el corazón? Y así Pablo de nuevo conduciendo a sus discípulos a la fe, dice: “comparezcamos con un corazón sincero y honesto, con fe iluminada e inquebrantable, por la sangre redentora, purgados y purificados los corazones de toda mancha y de todo remordimiento que tengamos en la conciencia, a causa de nuestras obras malignas y astutas” (Heb 10,22). También dice: “¿cuánto más la sangre de Cristo, que unido del Espíritu eterno se ofreció como sacrificio a sí mismo a Dios como víctima inmaculada, purgará y purificará nuestra conciencia de sus obras que conducen a la muerte eterna y dará la fuerza de dar culto ortodoxo al Dios vivo?” (Heb 9,14). Por tanto, conviene que por la desmesurada bondad prometida de Dios a los hombres expresada en las palabras anteriores, que confesemos como sirvientes-dulos agradecidos y consideremos Sus promesas como verdaderas y ciertas. De modo que, si por negligencia, pereza o debilidad de la predisposición y voluntad no nos hemos entregado completamente a Dios, ni siquiera hemos buscado y aspirado a las grandes y perfectas medidas de la virtud, por lo menos podamos conseguir algo de misericordia por nuestra conducta correcta y actitud ortodoxa y firme y por nuestra fe sana.

32 La obra de la oración y del logos, cuando se realiza adecuadamente, es superior a toda virtud y mandamiento (logos). Y testigo de esto es el mismo Señor. Había ido a casa de Marta y de María, y mientras María estaba ocupada en la filoxenía-hospitalidad del Señor, María sentada a Sus pies, disfrutaba del deleite y de la ambrosía de aquella lengua divina. Cuando su hermana la reprochó de que no le ayudara y por este motivo se dirigió  a Cristo, Él haciéndola ver la cosa más importante antes que la segunda, dijo: «Marta, Marta, te ocupas, te cansas y te apuras para preparar muchas cosas; pero sólo una cosa es necesaria e indispensable, el alimento espiritual, el que yo ofrezco, y María escogió la parte mejor, la espiritual, la cual no le será quitada nunca a nadie; porque los beneficios de los alimentos espirituales son eternos e irreducibles» (Lc 10, 38-42). Esto lo dijo no porque desaprobaba la obra de la diaconía-servicio, sino para proponer lo que es más grande a lo que es inferior. De lo contrario, ¿cómo habría aceptado el servicio Él mismo? ¿O cómo sirvió Él también cuando lavó los pies de los discípulos (Jn 13, 14-15)? Allí evitó tanto impedir la diaconía-servicio que incluso ordenó a los discípulos que hicieran lo mismo entre ellos, según su ejemplo (Jn 13, 14-15). Aún puedes ver también a los Apóstoles quienes al principio servían en las mesas de los fieles, pero después determinaron la preferencia a una obra mayor, es decir, a la obra de la oración y del logos. Dijeron pues: “No está bien y agradable a Dios que nosotros abandonemos el divino logos y servir en las mesas. Por eso, elegid cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encomendaremos este servicio; nosotros perseveraremos más en la oración y en el servicio del kerigma y de la proclamación del logos divino” (Hec 6, 2-4). ¡Ves que prefirieron lo primero a lo segundo, aunque sabían que ambos eran brotes de una misma raíz buena!

c) Sobre la paciencia y el discernimiento

33 Aquellos que quieren obedecer al logos de Dios y trabajar para dar fruto bueno y bondadoso son acompañados por los siguientes signos: suspiros, llanto, tristeza, ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial), movimientos de cabeza, oración, silencio, perseverancia, luto espiritual (o según Dios) lleno de dolor o sufrimiento que procede de la disposición piadosa y devota. Y las siguientes obras: vigilia, ayuno, εγκράτεια (engratia: templanza, autodominio, contención), apacibilidad, magnanimidad o tolerancia, oración incesante, estudio de las divinas Escrituras, fe, humildad, filadelfia (amigo de los hermanos), subordinación, fatiga o esfuerzo, sufrimiento, agapi (amor desinteresado, incondicional), bondad, amabilidad y, en general, luz (increada), que es el Señor (Juan 8, 12). Aquellos que no producen fruto de vida, sus signos son los siguientes: acidia, negligencia, inflamiento, distracción, mirada curiosa, desatención, murmuración y estupidez; y las obras son las siguientes: glotonería o gula, ociosidad, incredulidad, desorden, olvido, inquietud, resentimiento, ira, rencor, odio, maledicencia, vanidad, hablar fuera de lugar y tiempo, incredulidad, desorden, inestabilidad, olvido, agitación, amor al dinero, ganancias deshonestas, avaricia, codicia, ambición, envidia, celos, contienda, altanería o megalomanía, charlatanería, risa desproporcionada e inoportuna, y en general oscuridad y tinieblas que es el satanás.

34 Según la Divina Economía, el astuto maligno no fue enviado directamente a la gehena (infierno) que él mismo había escogido, sino que fue dejado suelto para la prueba, el examen y la corrección del hombre y su independencia o su libre albedrío. Y esto para que, sin quererlo, hiciera a los Santos más dignos y justos mediante la paciencia y se convirtiera en la causa de mayor doxa-gloria para ellos. En cambio, a sí mismo, con su malicia y sus artimañas contra los Santos, haría más justo el infierno. Y como dice el Apóstol, para que se manifestara y se viera el pecado en toda su pecaminosidad y maldad (Rom 7,13).

35 El enemigo al seducir y engañar a Adán (Gen3, 1-6) y dominar sobre él, le quitó el poder y se denominó el mismo “príncipe de este mundo” (Jn 12,31). Sin embargo, el príncipe de este mundo y señor de las cosas visibles era inicialmente el hombre, designado por el Señor (Génesis 1, 26). Porque ni el fuego fue más fuerte que él, ni el agua lo sumergía, ninguna fierra lo causaba daño, ni veneno de serpiente le afectaba. Pero desde el momento que retrocedió y sucumbió al engaño del diablo, le entregó a él el dominio y principado que tenía. Por este motivo, magos y hechiceros, mediante la energía demoníaca y por concesión, permiso de Dios se convierten en hacedores de maravillas y falsos milagros. Es decir, dominan serpientes venenosas y desafían el agua y el fuego, como los compañeros de Janés y Jambrés que se opusieron a Moisés (Ex 7,11-12 y 2Tim 3,8), y como el mago Simón que se opuso enfrentándose al puntal de los Apóstoles, Pedro (Hec 8,18-19).

36 Yo creo que el enemigo cuando vio la δόξα (doxa: gloria, luz increada) primitiva de Adán resplandeciente sobre el rostro de Moisés (Ex 34, 29-30), habría quedado muy herido al ver en esto la evidencia de la anulación de su reinado. Y nada impide que interpretemos también con el mismo sentido la afirmación del Apóstol: “La muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aún sobre aquellos que no pecaron” (Rom 5,14). Porque, me parece que el rostro resplandeciente y glorioso de Moisés fue tipo o modelo y muestra del primer hombre que fue creado con las manos (Espíritu Santo) de Dios. Este rostro cuando lo vio la muerte, es decir, el autor de la muerte, el diablo, entonces allí sospechó que su reinado caerá, lo cual realmente le sucedió más tarde por el Señor. Por lo tanto, esta gloria resplandeciente la revisten de aquí y ahora los verdaderos cristianos ortodoxos y se expulsa, se anula y se aniquila en sus interiores la muerte, es decir, los pazos de la infamia y deshonra, porque ya no pueden operar, ya que sus psiques-almas son iluminadas por el resplandor del Espíritu en todo sentido y plenitud. Y en la resurrección la muerte será totalmente aniquilada, abolida (1Cor 15, 26).

37 El enemigo engañó a Adán con la mujer, es decir, con algo semejante a él, y le quitó el esplendor con que Dios le había vestido. Y así se encontró desnudo y vio su fealdad y su vergüenza, que antes no veía, porque deleitaba y tenía su mente sumida en las bellezas celestiales (Gen 3, 1-7). Porque después de la transgresión, sus pensamientos y conceptos se convirtieron en terrenales y bajos, y su mentalidad y conducta sencilla y buena se mezcló con la conducta carnal de la maldad. El que el Paraíso fue cerrado a Adán y confiado a los Querubines con la espada llameante para impedir su entrada (Gen 3,24), creemos que constituye un acontecimiento visible, como se ha dicho. Pero también es algo que sucede sin que lo comprendamos, y en toda psique-alma. Es decir, alrededor del corazón se extiende el velo de la tiniebla u oscuridad, me refiero al fuego del espíritu mundano, el cual no deja que νούς (nus: espíritu de la psique) se acerque a Dios, ni que la psique-alma ore, o crea y ame al Señor como quiere. De todo esto, maestro es la experiencia en aquellos que verdaderamente confiaron a sí mismos al Señor, tanto con la perseverancia en la oración como con el impetuoso y enérgico ataque contra el diablo.

38 Bastón pedagógico y correa de azote es el príncipe de este mundo para aquellos que aun espiritualmente son neófitos, niños. En ellos, como antes hemos dicho, produce δόξα doxa gloria grande y mayor honor mediante las tribulaciones, los sufrimientos y las tentaciones. Es decir, de estas realidades y cosas el resultado es que adquieren ellos también la perfección. Mientras que para sí mismo prepara un infierno mayor y castigo más duro. Mediante el diablo se economiza o se administra un plan divino muy grande; como dijo alguien, el mal, con una intención no buena, coopera al bien. Porque en las psiques-almas buenas, bien intencionadas y con buena voluntad, incluso las cosas que se consideran dolorosas resultan en bien, como dijo también el Apóstol Pablo: “A los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para el bien” (Rom 8,28).

39 Por eso ha sido dejado libre este bastón pedagógico (el diablo), para corregir y que las vasijas y utensilios se vuelvan más sólidos, como si se cocieran en el horno, y para que se separen los inadecuadas de baja calidad, los cuales, como son frágiles, no aguantarán al calor del fuego. Porque también el diablo es δούλος (dulos: siervo, esclavo) y criatura de Dios, no tienta cuando a él le parece, ni causa tribulaciones a su antojo, sino lo que Dios le consiente y le permite con su concesión o permiso. Porque el Señor conoce exactamente la situación de cada uno y cuanta fuerza tiene cada uno, y concede la prueba en la medida, tal como dice también el Apóstol: “No os ha llegado ninguna tentación insuperable. Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; junto con la prueba os dará fuerza para soportarla y superarla” (1Cor 13,10).

40 Aquel que busca y llama a la puerta y pide hasta el final (Mt 7,8), según el logos del Señor, consigue sus peticiones. La única condición es que tenga la franqueza y el valor de buscar y pedir continuamente con el νούς (nus: espíritu de la psique) y con la boca, y resistir inflexible en el culto corporal hacia Dios, sin inmiscuirse ni enredarse en cosas y asuntos mundanos, ni ser complaciente con los πάθος pazos de la maldad. Porque es infalible, no miente Aquel que ha dicho: “Todo lo que pidáis en oración con fe, las recibiréis” (Mt 21,22). Ahora bien, aquellos que dicen que, aunque uno haga todas las cosas mandadas, si no recibe la χάρις (jaris: gracia, energía increada) en este mundo, no fue beneficiado en nada, piensan y hablan equivocadamente y en desacuerdo con las Santas Escrituras. Porque el Dios no es injusto, de modo que cuando nosotros cumplimos con todos los deberes y con todo lo que se requiere de nosotros, Él se descuide y no cumpla con lo que Le concierne. Sólo cuídate cuando la psique-alma se separa de este mísero cuerpo que te encuentres en la lucha, lleno de fuerza y fervor en la espera de la promesa divina, siendo perseverante, pleno de fe y que pidas con discernimiento. Y yo te digo, y cree en ello, que entonces partirás de la vida de aquí con alegría y gozo, tendrás confianza, franqueza y serás digno de la Realeza increada. Porque tal hombre, ya se encuentra en κοινωνία (kinonía: conexión, comunión y unión) concienciada con Dios. Es decir, igual que aquel que mira una mujer con deseo vicioso, ya ha cometido en su interior adulterio con ella (Mt 5,28), y a pesar de que no se ha contaminado en su cuerpo, es considerado ya adúltero, así también el que ha rechazado con su corazón las cosas malignas y viles y conecta y se une con el Señor con anhelo y búsqueda, con perseverancia y con predisposición divina, se encuentra ya de una manera en comunión con Dios, entonces ha recibido de Él el gran regalo, es decir, el perseverar en la oración, en el buen celo y en la vida virtuosa agradable a Dios. ¡Si un vaso de agua fría que damos no queda sin recompensa (Mt 10,42), cuánto más dará Dios lo que prometió a aquellos que están dedicados a Él día y noche y Le suplican!

41 A aquellos que dudan y se preguntan diciendo: “Viene el día en el que incluso tengo odio contra el hermano, o me vienen en el pensamiento otros males que me suceden sin querer”, se le debe decir lo siguiente: “Toda la lucha, el cuidado y la diligencia del hombre debe ser para resistir al astuto maligno y los malignos λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía). Pero es imposible que, donde hay tinieblas y oscuridad de los pazos y de la muerte, es decir, la mentalidad y conducta carnal, no se presente también algún fruto particular del mal, ya sea ocultamente o abiertamente. Una herida o trauma que existe en el cuerpo, hasta que se cure completamente, es imposible que no expulse algo de pus, o no esté húmeda y pudriéndose, o no se inflame y se hinche, aunque se le dé tratamiento y no se omita nada de lo que contribuye a su cuidado; si, además, se descuida, produce putrefacción y, a veces, una destrucción total en todo el cuerpo. De la misma manera debes entender que también los pazos de la psique-alma, aunque absorben mucho nuestra atención y cuidado, sin embargo, interiormente persisten en arder lentamente sin llama. Pero con cuidado y diligencia perseverante, con la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y con la ayuda de Cristo, se psicoterapian y se curan completamente. Porque hay una suciedad escondida y una densa oscuridad profunda de los pazos, la cual, a pesar de la naturaleza limpia del hombre, ha penetrado a escondidas, secretamente con la transgresión de Adán en toda la humanidad, y esto enturbia, infecta y contamina la psique-alma y también el cuerpo. Pero, así como el hierro se limpia cuando se calienta y se martillea, o el oro se separa de la escoria solo con el fuego se separa, así también la psique-alma es catartizada (psicoterapiada, purgada y purificada) de todo pazos y pecados, cuando está candente y golpeada por el bondadoso Espíritu con los sufrimientos y pazos padecimientos inmaculados e incontaminados del Salvador.

42 Así como muchas lámparas, aunque se encendieron con el mismo aceite y el mismo fuego, no emiten la misma luz, así también los dones o carismas que provienen de diferentes logros tienen diferente resplandor del buen Espíritu. O igual que muchas personas habitan en una ciudad que consumen el mismo pan y beben la misma agua, algunos son hombres, otros son niños y otros son ancianos, y hay entre ellos grandes diferencias; o así como el trigo sembrado en el mismo campo produce diferentes espigas, sin embargo, se recoge en el mismo lugar y se almacena en el mismo granero, así será en la resurrección de los muertos también la diferencia de la doxa-gloria de aquellos que serán resucitados, quienes serán glorificados y reconocidos según la valía de sus logros o hazañas y según la participación del Espíritu divino que ya ha habitado en ellos aquí. Y esto significa el logos: “Y una estrella difiere de la otra en resplandor” (1Cor 15,41).

43 Aunque hay estrellas más pequeñas que otras, no obstante resplandecen con la misma luz. Por tanto, la imagen es evidente. Sólo de esto debe ocuparse cada uno, después de haber nacido del Espíritu Santo, lavarse del pecado que se encuentra en su interior. Porque también este nacimiento que se hace por el Espíritu Santo, por supuesto que contiene una perfección parcial, tanto en la forma como en las partes, pero no en la δύναμη (dínami: potencia y energía) en el νούς (nus: espíritu de la psique) o en la valentía. Y aquel que alcanza el pleno desarrollo de hombre perfecto (Ef 4,13), naturalmente que anula las cosas o maneras y modos del niño (1Cor 13,11). Y esto es lo que dice el Apóstol: “por tanto las lenguas y las profecías cesarán, dejarán de existir” (1Cor 13,8). Es decir, igual que aquel que se ha hecho ya hombre, ya no acepta comer y hablar como niño, sino que esto lo considera indigno para sí, porque su comportamiento ya ha cambiado, así también aquel que progresa en el perfeccionamiento de las obras y hazañas espirituales, abandona ya su niñez y llega al perfeccionamiento (interminable). Como dice el Apóstol: “Cuando me hice hombre, abandoné y anulé las maneras y modos de niño” (1Cor 13,11).

44 Lo que nace del Espíritu es de alguna manera perfecto, como hemos mostrado; igual que un niño decimos que es perfecto cuando tiene integridad, porque conserva todas sus partes. Sin embargo, el Señor no da el espíritu y la χάρις jaris para que caiga en pecados. Los hombres por sí solos son causa de sus propios males, porque no siguen la χάρις jaris y por ello son dominados por los males. Porque el hombre también por sus propios pensamientos naturales puede resbalar por negligencia, o desprecio, o incluso por arrogancia y altanería. Escucha lo que dice Pablo: “y a causa de la sublimidad de mis apocalipsis-revelaciones, para que yo no me engríe y me enorgullezca, me fue dada una espina en el cuerpo (o enfermedad incurable), un emisario de Satanás, que me abofetea, para que no me enorgullezca y presuma” (2Cor 12,7). ¡Ves, pues, que también aquellos que han alcanzado tales altos niveles necesitan protección! Además, si el hombre no da motivos al satanás, él no puede dominarlo por la fuerza y la violencia. Por esta razón, nadie es con certeza de Cristo o del satanás, pero si permanece con la χάρις jaris hasta el final, se va al lado de Cristo, mientras que si no actúa así, entonces, incluso si ha nacido del Espíritu y se ha hecho partícipe del Espíritu Santo, seguirá la voluntad del satanás por su propia responsabilidad.  “Porque algunas/os ya se han extraviado yendo en pos de Satanás” (1Tim 5,15). Porque si ya sea el Señor, ya sea el satanás, tomaran al hombre con violencia, este no sería responsable de ser arrojado al infierno ni de ganar el reinado de la realeza increada.

45 El amigo de la virtud debe tener mucho discernimiento, de modo que pueda conocer bien la diferencia entre el bien y el mal para evaluar, inspeccionar, controlar y comprender bien la variedad de los artificios y las diversas artimañas del maligno astuto, el cual suele engañar a la mayoría con fantasías y apariencias verosímiles. Sin embargo, la precaución siempre es beneficiosa. Es decir, igual que uno quiere probar la castidad de su esposa se acerca a ella de noche como un extraño, y si ve que lo rechaza, se alegra de que sea inaccesible y prueba su cautela, y comprueba con alegría su seguridad, así también nosotros debemos ser cautelosos y preparados ante las visitas de las potencias espirituales. Porque si rechazas a los seres celestiales, mucho más ellos se agradarán y te prepararán para hacerte partícipe de una mayor χάρις (jaris: gracia, energía increada) y te colmarán de gozo y deleite espiritual, al haber sido probado justamente por esta disposición hacia la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) a tu Señor. Por tanto, intelectualmente no te abras inmediatamente y fácilmente, en visitas espirituales, por ligereza de la mente, incluso si son ángeles celestes, sino mantente firme y somete todo esto a examen estricto y severo. Y así, recibiendo lo bueno y rechazando lo malo, harás que aumenten en tu interior las manifestaciones de la χάρις jaris, las cuales el pecado por mucho que disimule hipócritamente como bueno, no puede otorgar nada, en absoluto. Porque como dice el Apóstol Pablo, el satanás sabe metamorfosearse, transformarse en ángel de luz (2Cor 11,14), para engañar; pero, aunque aparezca con imagen muy luminosa, no puede, como dijimos, ofrecer y dar buena y bondadosa energía, de esto se revela su falso disfraz, careto o geta. Es decir, no puede dar αγάπη agapi hacia Dios o hacia al prójimo, ni apacibilidad, ni humildad, ni alegría, ni paz, ni pureza ni lucidez de pensamientos, ni odio al mundo pecador, ni reposo espiritual, ni puede producir deseo de las cosas y realidades celestiales, ni eliminar los pazos y los placeres o hedonismo. Todas estas cosas son operaciones claras de la χάρις jaris; tal como dice el Apóstol, los frutos del Espíritu son, agapi, alegría, paz, paciencia, bondad, templanza, continencia, etc., (Gal 5,22). Por el contrario, el satanás o los demonios son muy astutos y hábiles y capaces de provocar presunción, altanería, vanagloria, orgullo y soberbia. Por tanto, por la energía de su operación entenderás si la luz que iluminó en tu psique-alma es de Dios o del satanás. Pero también la misma psique-alma, si tiene discernimiento fuerte, inmediatamente por su sentido, sentimiento e intuición espiritual reconoce la diferencia. Igual que el vinagre y el vino a la vista parecen iguales, pero después de probarlos el esófago o garganta los distingue, así también la psique-alma por este sentido espiritual y energía puede discernir los carismas del Espíritu y los fantasmas del satanás.

46 Es necesario que la psique alma observe y vea perfectamente y atentamente en sí misma, para que no sea dominada en lo más mínimo por el poder y energía del enemigo. Así como cuando un animal queda atrapado en una trampa por una pata, necesariamente se rinde y cae en manos de los cazadores, así sucede comúnmente también con la psique- alma a causa de los demonios. Y esto lo manifiesta el Profeta diciendo: “Ha preparado una trampa en mis pies y doblaron mi psique-alma” (Sal 56, 7).

47 Aquel que quiere entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13) en la casa del poderoso diablo y arrebatar sus enseres (Mt 12,29), no debe desear la blandura, el peso y el volumen del cuerpo, sino que debe estar fortaleciéndose por el espíritu bueno y acordarse siempre Aquél que te dijo que “carne, cuerpo y sangre no heredarán la realeza increada de Dios” (1Cor 15,50). ¿Pero cómo nos fortaleceremos por el Espíritu Santo? Observemos con cuidado al Apóstol que dice que: la sofía-sabiduría de Dios es considerada necedad o tontería por los hombres (1Cor 1, 23-24); también el Profeta dice: “He visto al Hijo del hombre, y su forma era sin ningún honor y depreciada como ninguno de los hombres” (Is 3,3). Por tanto, aquel que quiere convertirse y hacerse hijo de Dios, primero debe sufrir la misma humillación, ser considerado como tonto o necio, deshonesto y mezquino, no apartar su rostro o cara de los escupitajos (Is 56,6), no buscar doxa-gloria ni belleza de este mundo o nada similar del mundo, no debe tener dónde reclinar la cabeza (Mt 8,20), ser injuriado y despreciado, ser considerado por todos como objeto de desdén y desecho, afrontar la guerra invisible, espiritual y mental o intelectual, la oculta y la visible. Entonces el mismo Hijo de Dios, Aquél que dijo: “Habitaré en vuestro interior y caminaré junto con vosotros” (Lev 26, 12), se apocaliptará-revelará en su corazón y la dará la dínamis (potencia y energía) y valor, de modo que pueda atar al fuerte y arrebatar sus enseres, y pisar sobre el áspid y el basilisco (Sal 90,13), y sobre de escorpios y serpientes (Lc 10,19).

48 No es pequeña la lucha que hace falta para aniquilar la muerte. Es cierto que el Señor dice: “La realeza increada de Dios está en vuestro interior” (Lc 17,21), pero también la muerte se encuentra de una manera en nuestro interior, la cual nos hace la guerra y nos captura. Por tanto, la psique-alma que no retroceda ni ceda por nada, hasta que mortifique a aquel que quiere hacerla prisionera. Y entonces huirá y se marchará todo dolor, tristeza, sufrimiento y llanto (Is 35,10), porque en la tierra sedienta, desierta y seca emanará agua y el desierto se llenará de fuentes de agua (Is 41,18). Porque el Señor prometió que llenará el desierto (corazón) con agua viva; primero mediante el Profeta que dice: “Yo daré aguas a los sedientos que caminan en el desierto” (Is 44,3), después también con todo lo que dice el mismo Cristo: “El que bebe del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás en el siglo” (Jn 4,14).

49 La psique-alma que es vulnerable y débil por la acidia o pereza espiritual, está claro que es dominada también por la incredulidad; por eso transcurre día a día posponiendo y no acepta el logos de Dios. En concreto, muchas veces da alas a sí misma con sueños, y no entiende la guerra que sucede en su interior, porque ha sido dominada e invadida por la presunción, la vanidad. Pero la presunción es invalidez de la psique-alma que no le deja para nada ver su debilidad e impotencia.

50 Igual que el recién nacido es icona, imagen del hombre perfecto, exactamente así es también la psique-alma icona de Dios que la ha creado. Por tanto, igual que el niño mientras va creciendo, tanto más conoce a su padre y cuando alcanza la edad adecuada, entonces se ven claramente las características del padre al hijo y del hijo al padre y se le manifiesta la fortuna paternal, así también la psique-alma antes de la desobediencia, debería progresar y llegar a ser perfecto hombre (Ef 4,13). Pero a causa de la desobediencia se hundió en un mar de olvido y en la profundidad del engaño y habitó en las puertas del hades (infierno). Por tanto, la psique-alma alejada en distancia tan grande de Dios, no podía ya acercarse y conocer ortodoxamente y correctamente al Creador. Sin embargo, el Dios la llamaba que retorne a Él y la conducía hacia Su reconocimiento, inicialmente a través de los Profetas y al final viniendo Él mismo. Entonces borró el olvido y el engaño. Después, al haber roto también las puertas del hades o infierno, entró en la psique-alma engañada, dando en ella el ejemplo de Sí mismo, a través del cual le sería posible alcanzar la plena madurez y la perfección del Espíritu.

Por tanto, el Logos de Dios se somete en la tentación por el astuto maligno (Mt 4,1) por economía o concesión. A continuación, soporta ultrajes y desprecios, insultos y violencias, escupitajos y bofetadas de aquellos temerarios, y finalmente soporta incluso la muerte en la cruz (Mt 27, 26-30), para mostrarnos, como dijimos, cuál es la disposición que debemos tener hacia aquellos que nos ultrajan, nos desprecian y nos injurian o incluso a los que persiguen nuestra muerte. Es decir, hacerse el hombre sordo y mudo ante sus enemigos, sin abrir su boca (Sal 37,14), de modo que viendo la energía, acción y destreza de la maligna astucia y como si estuviese clavado en la cruz, clamar con voz muy potente a Aquél que le puede redimir y salvar de la muerte (Heb 5,7) y decir: “Catartízame, púrgame, psicoterapíame y purifícame de mis pazos escondidos, si estos no dominan sobre mí, entonces seré un ser humano irreprochable e impecable” (Sal 18, 13-14). Entonces pues, el hombre una vez hecho irreprochable e impecable, encuentra a Aquél que ha sometido todas las cosas en su poder (Sal, 8, 6), reinando y reposando junto con el Cristo (Tim 2,12). A causa de la desobediencia, los pensamientos sucios y materiales han tragado la psique-alma y se ha hecho insensata como si no tuviese lógica. De modo que no es poco el esfuerzo que necesita para levantarse derecha en pie desde esta penumbra y entender bien la sutileza de la maligna astucia, y al escapar de ella, mantenerse con el νούς (nus: espíritu de la psique) sin principio (ni fin).

51 Si quieres volver en ti mismo, hombre, y adquirir la δόξα (doxa: gloria, luz increada) que poseías desde el principio y que se perdió a causa de la desobediencia, haz lo siguiente: Tal y como descuidaste los mandamientos (logos, principios espirituales) de Dios y has puesto tu atención y cuidado a los mandamientos y a los consejos del enemigo, así ahora alejado de aquel al que habías obedecido, vuelve al Señor. Pero, debes saber que con mucho esfuerzo y sudor de tu rostro (Gen 3,19) recuperarás tu riqueza. No es beneficiosa para ti la adquisición del bien sin esfuerzos y sudores, porque empezando desde el principio sin esfuerzos y sudores, has perdido lo que recibiste y entregaste tu herencia al enemigo. Por tanto, que entendamos cada uno de nosotros lo qué hemos perdido, y clamemos con lamentos como el Profeta, porque realmente nuestra herencia ha sido entregada a los enemigos y nuestras casas a los extranjeros (Lamentaciones Jer. 5,2). Y esto sucede porque desobedecemos el mandamiento y nos doblegamos a nuestras voluntades y nos contentamos con los pensamientos y deseos sucios y terrenales, y entonces nuestra psique-alma se encuentra a gran distancia de Dios y nos parecemos a los huérfanos que no tienen padre. Por tanto, el que cuida de su psique-alma debe luchar con todas sus fuerzas y energías para destruir los pensamientos y conceptos astutos malignos y todo lo que se levanta con arrogancia contra la gnosis (conocimiento) de Dios, y forzarse a sí mismo para mantener el templo de Dios sin mancha e inmaculado. Entonces, vendrá Aquel que prometió habitar y caminar entre nosotros (Levítico 26, 12). Y entonces la psique-alma recuperará su herencia y será digna de convertirse en templo de Dios. Porque el mismo Dios, después de expulsar al maligno con su ejército, reinará dentro de nosotros.

52 El logos dicho por Dios a Caín mediante la declaración clara: “Tu vida en la tierra será llena de llantos y lamentos, temblor y agonía” (Gen 4,12), según su contenido misterioso es tipo o modelo, imagen y figura de todos los pecadores. Es decir, la generación de Adán, tras la transgresión del mandamiento, se ha hecho culpable y responsable de los pecados y así es agitada y sacudida por inestables loyismí (conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) y llena de miedo, cobardía y turbación, ya que el satanás con la variedad de deseos y placeres perturba cada psique-alma que no ha renacido de Dios y la revuelca como el trigo en el tamiz. Pero el mismo Señor, queriendo mostrar que aquellos que siguen las voluntades y deseos del astuto maligno, mantienen la imagen de Caín, los controlaba y los reprochaba diciendo: “Vosotros tenéis como padre al diablo, y queréis hacer los deseos, las codicias, y las ambiciones de vuestro padre. Él era homicida desde el principio de la creación humana y no se mantuvo en la verdad, ni está en su interior el deseo por ella. Cuando inventa y habla la mentira, habla según su propia naturaleza, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44).

53 Debemos reflexionar y considerar cómo la vista del rey terrenal es deseada y buscada por todos los medios por los hombres y cómo cada uno que llega a la ciudad donde está el rey, desea ver aunque sea solamente su espléndida vestimenta lujosa y su ostentación ambiciosa. Sólo los hombres espirituales son indiferentes por estas cosas y las desprecian, porque han sido heridos y cautivados por la belleza divina y desean otra δόξα doxa gloria. Por tanto, si para los hombres carnales la vista del rey mortal es tan deseada, ¿cuánto más deseable será la vista del Rey inmortal para aquellos en quienes ha caído una gota del Espíritu divino y cuyo corazón ha sido herido por el divino έρως (eros: amor ardiente)? Por eso, ellos liberan de sí toda amistad mundana, para poder tener aquel anhelo y deseo siempre en sus corazones y nada más que esto. Y son muy pocos aquellos que, habiendo comenzado bien, también terminan bien y permanecen hasta el final sin tropezar. Porque muchos vienen en κατάνυξις (katánixis: dilatación del corazón, compunción) y muchos se hacen partícipes de la χάρις (jaris: gracia energía increada) celestial y quedan heridos y cautivos por el divino έρως eros. Pero al no soportar los esfuerzos que siguen y las tentaciones del astuto maligno, que ataca con muchos y variados artificios, permanecen en el mundo y se hunden en su abismo, debido a la flojedad, la languidez y la debilidad de su opinión y voluntad, o también porque fueron capturados por alguna inclinación pasional y viciosa hacia algo terrenal. Porque aquellos que quieren correr con seguridad hasta el final del camino, no toleran que se mezcle otro έρως eros y otra αγάπη agapi que la celestial.

54 Así como los bienes que nos ha prometido Dios son grandes e indescriptibles, también de la misma manera requieren grandes esfuerzos y fatigas, combates y luchas, en combinación con la esperanza y la fe. Y esto es claro por los siguientes logos del Señor: “Si alguno quiere venir en pos de mí y quiere ser mi discípulo, olvídese y niéguese a sí mismo, de su pecaminosidad y se prepare a sufrir muchas tribulaciones incluso hasta muerte por la cruz, tome su cruz y me siga” (Mt 16, 24), y: “Si alguno viene a mí para ser mi discípulo, y no aborrece y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, si ellos son impedimento en la nueva vida y aun también su propia vida cuando la ocasión lo requiera sacrificarla, no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 26). La mayoría de los seres humanos son tan necios e insensatos, de modo que quieren adquirir la realeza increada celestial y heredar la vida eterna y reinar por siempre con Cristo -realidad que es tan grande y por encima de todo concepto y más allá de toda comprensión-, sin dejar de vivir conforme a sus propias voluntades (egoístas y egocéntricas) y seguir a estas realidades, o más bien, siguiendo a aquel que siembra estas cosas descabelladas, vanas y claramente demoníacas, perjudiciales y dañinas.

55 Estos son los que permanecen impecables, sin caer hasta el final, es decir, aquellos que han odiado todos los deseos (concupiscencias) del mundo y a sí mismos, las distracciones fantasiosas del mundo, los placeres o el hedonismo y las ocupaciones mundanas. Porque esto quiere decir “negarse a sí mismo” (Mt 16, 24). De modo que con su propia voluntad cada uno es expulsado del reinado de la Realeza increada, es decir, porque no ha preferido verdaderamente los esfuerzos y las fatigas y no se ha negado a sí mismo, sino que quiere junto con el anhelo divino probar y gozar también de algunos deseos de este mundo y no dejar que su voluntad incline completamente hacia Dios. Esto se aclarará con un ejemplo: Cada uno discierne examinando las cosas del mundo y no se le escapa lo absurdo, inoportuno e inútil que está a punto de hacer. Primero, siente en su corazón la duda, y el peso de la balanza de la conciencia se inclina claramente hacia la parte de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) de Dios o hacia el amor del mundo, y entonces se manifiesta también externamente. Digamos que, uno discute y se pelea con un hermano, y al examinarlo discierne que, como se ha dicho, primero entra en conflicto consigo mismo, duda y objeta: «¿Debo hablar o no hablar? ¿Responder a estos insultos que me han dicho? ¿O mejor guardo silencio?” Así de esta manera él quiere seguir los mandamientos-logos de Dios sin renunciar su propia opinión y reputación, ni tampoco ha preferido negarse completamente a sí mismo. Entonces, si la balanza del corazón se inclina, aunque sea un poco, hacia la parte del amor al mundo, inmediatamente la palabra se extiende y llega hasta los labios. Después el νούς (nus: espíritu de la psique) se tensa interiormente como un arco y golpea y hiere al prójimo induciéndole a utilizar la lengua con las palabras y el mal llega a las manos, y a veces el mal lo incita hasta herirlo y matarlo. Por tanto, vemos de dónde comenzó y adónde llegó un movimiento pequeño de la psique-alma. Así sucede con todo pecado y praxis, donde la maldad seduce y acaricia la voluntad de la psique-alma con deseos mundanos y placeres carnales. Así se comete también el adulterio, así también el robo, la avaricia, la codicia, la vanagloria y así cualquier otro mal.

56 Las mismas buenas praxis, muchas veces, se hacen por vanagloria, la cual el Dios la juzga igual que el robo, la injusticia y los demás pecados. Porque dice la Escritura: “Dios dispersó los huesos de los que buscan agradar y gustar a los hombres” (Sal 52, 6). De modo que, con las buenas praxis, el enemigo busca y aspira a recibir culto, ser servido y alabado, porque él es tramposo y astuto, sagaz y pervertido

57 Lo que uno ha amado en este mundo presente, esto es lo que pesa en su διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) y de alguna manera la arrastra hacia abajo, oprimiéndola y no la deja elevarse. Porque las medidas, la inclinación y la balanza de la voluntad de estas personas parecen colgar de su corazón, y desde allí se realiza el juicio y el examen de todo el género humano, es decir, de los Cristianos que habitan en las ciudades, en los monasterios, en el campo, en los montes o en los desiertos. Es decir, si alguien se deja seducir voluntariamente de algo que ama, se revela que aún no ha entregado toda su agapi-amor a Dios. Por ejemplo, uno ama poseer tierras, otro dinero, otro servir su panza o regalarse en los deseos viciosos de la carne, otro, ama la sofía-sabiduría de los logos para gloria temporal, otro los axiomas (mandos, cargos) mundanos, posiciones de autoridad, otros los honores de los hombres, otro la ira y el resentimiento, porque el que uno se entregue a sí mismo al pazos, significa que lo ama. Otro ama discursos y discusiones, otro por regla general deja sus νούς (nus: espíritu de la psique) con su mente deambulando por aquí y por allá, o da mucha importancia a las palabras vanas y presume de maestro para tener gloria humana. Otro se inclina hacia la relajación, la languidez y la negligencia, otro se agrada adornarse con prendas lujosas y bonitas; otro ama el sueño, otro de la trivialidad y otro está atado y dominado de alguna cosa grande o pequeña del mundo y no le deja levantar cabeza. Porque el pazos que uno no lo ataca con valentía y no lo resiste con fuerza, por supuesto que goza con este, y este pazos teniéndolo y arrastrándolo hacia abajo, se le convierte como una cadena y una costra pesada en su διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) que no le deja a elevarse hacia Dios, ni dar culto, adorar y venerar solο a Él (Deut 6, 13). Porque la psique-alma que verdaderamente ha girado y dirigido su impulso hacia el Señor, entrega todo su deseo a Él y se niega a sí misma y no sigue las voluntades y deseos de su νούς (nus: espíritu de la psique).

58 Que seamos enseñados con ejemplos cómo se pierde el ser humano por su propia voluntad. Es decir, por amor a alguna cosa mundana, se lanza al fuego, se sumerge en el mar y se entrega a la cautividad. Supongamos que se prende fuego el campo o la casa de alguien. Por tanto, aquel que quiere salvarse, apenas darse cuenta del incendio, huye desnudo, dejando todo atrás, preocupado solo por su vida. Sin embargo, otro que pensó de llevar también algunas cosas de su casa, se quedó, y mientras recogía sus pertenencias, el fuego se extendió en toda la casa, le rodeó y le quemó. ¡Mira cómo éste por su propia voluntad y por amor a algo temporal, que valoró más que a sí mismo, pereció en el fuego! Otros se han visto en naufragios. Aquel que quiere salvarse se desviste y salta desnudo en el agua, y así consigue salvar su vida. Pero otro que quiso salvar también alguna de sus ropas, se hundió en las aguas, y tan solo por un pequeño beneficio -¡qué desgracia!- se perdió. Y de nuevo, supongamos que se anuncia un ataque e invasión de los enemigos, y apenas uno lo escucha rápidamente salió corriendo tal y como se encontraba y se marchó sin preocuparse por nada de sus pertenencias; mientras que otro por desconfianza no lo creyó, o quiso llevarse también algunas cosas, y al haberse retrasado fue capturado por los enemigos. ¿Ves cómo uno a causa de su propia voluntad, ya sea por negligencia o por su apego a algo mundano, pierde tanto el cuerpo como la psique-alma?

59 Realmente son pocos aquellos que han adquirido la perfecta αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) a Dios sin tener en cuenta para nada los placeres y los deseos del mundo y soportan las tentaciones del astuto maligno con paciencia y magnanimidad. Pero no debemos desesperarnos por esto ni ignorar la buena esperanza. Porque, aunque muchos barcos naufragan, también hay otros que atraviesan y superan la tempestad y llegan a buen puerto. Por eso tenemos necesidad de mucha fe, paciencia, atención y luchas; además de hambre y sed de lo bueno con mucha prudencia y discernimiento, pero sin vehemencia e insolencia en la oración. Puesto que la mayoría de los hombres quieren conseguir la Realeza increada sin luchas, sin fatigas ni sudores. Es cierto que bendicen a los Santos/as y desean su honor y sus carismas, pero no quieren participar en igual medida de sus tribulaciones, sufrimientos, esfuerzos y padecimientos. La Realeza increada la desean también las prostitutas, los publicanos y todo ser humano, pero para esto están las tentaciones y las pruebas, para que se manifieste quiénes amaron verdaderamente a su Señor, de modo que, con justicia, hereden el reinado de la Realeza increada de los cielos.

60 Debes saber que en medio de las tribulaciones, los sufrimientos y los padecimientos, en la paciencia y en la fe, están escondidas las promesas de Dios, como también la δόξα (doxa: gloria, luz increada) y la adquisición de los bienes celestiales. Porque también el grano de trigo que se siembra en la tierra o el árbol que es injertado, deben primero alcanzar la descomposición y el deshonor, aparente, para después podamos disfrutar de la belleza y del fruto multiplicado. Pero si no pasaran por aquella descomposición y el aparente deshonor, después no tendrían aquella hermosura y esplendor. El mismo sentido y significado expresa también el Apóstol Pablo: “…animando a los discípulos y exhortándolos a permanecer en la fe, diciéndoles que tenemos que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reinado de la realeza increada de Dios” (Hec 14,22). Y el Señor dice: “Por vuestra paciencia sanaréis y salvaréis vuestras psiques almas o vidas” (Lc 21,19), y “en el mundo tendréis tribulaciones, tristezas y sufrimientos” (Jn 16, 33).

61 En la medida en que cada uno de nosotros, con fe y diligencia, sea digno de participar del Espíritu Santo, en esa misma medida será glorificado su cuerpo en aquel día. Porque lo que haya almacenado aquí en su psique-alma, se manifestará entonces también en su cuerpo.    Podemos ver este ejemplo en los árboles, cuando pasa el invierno y brilla el sol con más fuerza y esplendor y soplan los vientos, los árboles dejan brotar de su interior hojas, flores y frutos, y se visten con ellos como un manto. Asimismo, en ese tiempo, las flores silvestres emergen de las entrañas de la tierra y la cubren como un hermoso vestido. Para estas cosas dijo también el Logos de Dios que: “También en cuanto al vestido, ¿por qué os preocupéis, os estreséis y os angustiéis? Observad atentamente los lirios y las flores del campo, cómo crecen, no trabajan con fatiga, ni se cansan, ni tampoco hilan, pero os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos” (Mt 6, 28-29).

Todas estas cosas son prefiguraciones, ejemplos e imágenes de la recompensa de los salvados durante la resurrección. Ya que en todas las psiques-almas que aman a Dios, o sea a los verdaderos cristianos ortodoxos, el primer mes es el ξανθικός (xanzikós: brotador o productor de flores), es decir, el abril que manifiesta también la potencia y energía (resucitadora) de la Resurrección. Porque dice la Escritura: “Este mes será para vosotros el primer mes del año” (Ex 12,2). Este mes revestirá los árboles desnudos con la doxa-gloria que antes tenían escondida en sus cuerpos. Porque entonces serán glorificados mediante la luz inefable e increada que tienen desde ahora en sus interiores, es decir, la δύναμη (dinami: potencia y energía increada) del Espíritu, el cual entonces será también para ellos vestimenta, alimento, bebida, deleite, gozo, alegría, serenidad y paz y en general, la vida eterna.

d) Sobre la elevación del νούς nus espíritu.

62 El bienaventurado Moisés con la doxa-gloria increada que resplandecía sobre su rostro, en la cual ningún hombre podía fijar su mirada (Ex 34, 29-30), prefiguró cómo serán glorificados los cuerpos de los Santos en la resurrección de los justos, con la doxa-gloria increada que desde ahora se hacen dignos a tener en el hombre interior las psiques-almas fieles de los santos/as. Dice el Apóstol: “Todos nosotros a cara descubierta y el corazón libre -el hombre interior-, recibimos y resplandecemos la doxa-gloria luz increada del Señor como en un espejo y nos metamorfoseamos, transformamos en esta Su imagen, progresando espiritualmente de doxa-gloria en doxa-gloria, a medida que obra en nosotros el espíritu del Señor (2Cor 3,18). Y sobre Moisés dice la Escritura que se quedó en el monte cuarenta días y noches y no comió ni bebió (Éx 34,28), lo cual no es de la naturaleza humana; por tanto, recibía algún alimento espiritual. Este alimento lo saborean desde ahora las psiques-almas santas por el Espíritu.

63 La doxa-gloria increada, la cual poseen su riqueza, como dijimos, desde aquí las psiques-almas de los santos/as, ella cubrirá y vestirá los cuerpos desnudos en la resurrección y los transportará a los cielos sin darse cuenta. Entonces ya los Santos con el cuerpo y la psique-alma reposarán para siempre en el reinado de la realeza increada de Dios. Cuando el Dios creó a Adán, no puso en su cuerpo alas como los pájaros, ya que en el futuro en la resurrección le daría las alas del Espíritu, para que con ellas vaya elevándose y sea llevado donde quiere el Espíritu. Estas alas espirituales se han dado desde ahora a las psiques-almas de los Santos y los elevan a lo alto hacia la conducta y mentalidad celestial. Porque el adorno de los Cristianos ortodoxos es distinto y las vestiduras distintas, su mesa de comer es distinta y distinto el gozo y el deleite, porque conocemos que el Cristo vendrá desde el cielo y resucitará a todos los muertos desde el principio del mundo, como lo atestiguan las divinas Escrituras. Entonces los separará en dos grupos, y aquellos que tendrán Su marca que es el sello del Espíritu divino, los colocará a Su derecha y les hablará (Mt 25, 32-34). Porque, como dijo, “…las ovejas oyen y reconocen su voz, llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera para pastar. Y cuando ha sacado fuera todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Jn 10, 3-4). Y entonces sus cuerpos se revestirán de la divina δόξα (doxa: gloria, luz increada), es decir, la δόξα de las obras buenas y la δόξα increada del Espíritu que han recibido desde aquí las psiques-almas de los santos/as. Y así una vez glorificadas con la divina luz increada y arrebatadas a los cielos para encontrar al Señor, como se ha escrito, estarán para siempre junto con el Señor (1Tes 4,17).

64 Quienes se ocupan y se cuidan para conseguir la mejor vida posible cristiana ortodoxa, deben, en primer lugar, cuidar con todo detalle y gran diligencia la parte intelectual, distintiva y hegemónica de la psique-alma, de modo que puedan discernir con exactitud y claridad el bien y el mal, y expulsar de la naturaleza pura aquellos pazos que han entrado después contra natura y así puedan vivir irreprensiblemente sin obstáculos, utilizando como ojo el órgano o instrumento del discernimiento y así permanecer indemnes y libres ante influencias de la maldad. Porque la voluntad de la psique-alma es mantener los miembros del cuerpo incontaminados, libres de la corrupción de los sentidos, apartarse de las distracciones del mundo y proteger el corazón, para que no extienda hacia el mundo las acciones de sus pensamientos, sino que los limite en todas partes y los retenga lejos de cualquier cuidado e inclinación mundanos y bajos placeres. Y el Señor cuando vea que uno vive de esta manera y se ocupa por mantenerse con esta actitud y atención y teniendo la intención y predisposición de servirle con temor y temblor (Sal 2,11), entonces le ofrece también la ayuda de Su χάρις (jaris: gracia, energía increada). ¿Qué puede, sin embargo, hacer Dios con aquel que se entrega al mundo y corre tras los placeres hedonistas de este?

65 Las cinco vírgenes que quedaron despiertas y recibieron en los recipientes de su corazón el aceite ajeno a su naturaleza, es decir, la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu, pudieron entrar junto con el Novio en el banquete nupcial. Las otras, las necias, las malas que permanecieron dentro de los límites de su propia naturaleza, no se mantuvieron despiertas, ni se preocuparon por adquirir este aceite de alegría y gozo en sus corazones mientras estaban aún en vida, sino que de alguna manera se durmieron por relajación, negligencia, pereza y presunción en sus virtudes. Por eso se les fue cerrada la entrada en la sala nupcial de la Realeza increada (Mt, 25, 1-10). Es, por tanto, evidente que estaban sujetas a algún lazo y alguna amistad con el mundo, ya que no dieron todo su έρως (eros: amor ferviente, ardiente) y todo su anhelo al Novio celestial. Porque las psiques-almas que buscan la santificación del Espíritu, que es ajena a la naturaleza humana, encienden toda su agapi-amor por Cristo, allí caminan, allí oran, allí piensan, allí meditan y estudian, y se han alejado de todas las demás cosas. Los cinco sentidos de la psique-alma, es decir, la prudencia, la gnosis, el discernimiento, la paciencia y la misericordia, si no reciben la χάρις jaris increada celestial y la santificación del Espíritu, entonces serán realmente “vírgenes prudentes”. Pero si se quedan abandonadas en los límites de la su propia naturaleza, entonces son realmente necias y criaturas del mundo y de la ira (Ef 2,3).

66 La maldad es algo ajeno para la naturaleza humana, pero se introdujo por la transgresión del primer ser humano, y la aceptamos, y con el tiempo se ha convertido como natural en nosotros. Así, también, con algo ajeno a nuestra naturaleza, es decir,, por la donación celestial del Espíritu, debemos expulsar la maldad lejos de nuestra naturaleza y restablecerla en la pureza inicial. Pero esto si no se hace con mucha oración, fe, atención y aversión, alejamiento de las cosas del mundo, y si nuestra naturaleza, contaminada por la maldad, no es santificada por aquella αγάπη (agapi: amor incondicional, altruista, desinteresada) increada que es el Señor y si no permanecemos firmes e intachables hasta el final y si no nos apropiamos de Sus divinos mandamientos (logos, principios espirituales), no podemos conseguir el reinado de la Realeza increada celestial.

67 Quiero por un minuto examinar un logos sutil y profundo, según mi fuerza. El Señor infinito e incorpóreo por su infinita bondad toma cuerpo humano –puede decir uno- y se empequeñece a Sí mismo, Él que es grande y supra-esencial, para poder unirse a Sus criaturas espirituales y lógicas, es decir, a las psiques-almas de los santos/as y de los ángeles, de modo que ellas puedan también hacerse partícipes de la vida inmortal de Su deidad o divinidad. Porque también cada uno, ángel, psique-alma, demonio, según su naturaleza, es un cuerpo. Y por más sutiles que sean cada uno según su hipóstasis (base substancial), su forma e imagen que corresponde a la finura de su naturaleza, es también cuerpo fino o sutil. Por tanto, igual que el cuerpo según su hipóstasis es denso, así también la psique-alma que es cuerpo fino o sutil, tomó y se revistió los miembros de este cuerpo. Se vistió los ojos por los que ve, los oídos por los que oye, las manos, la nariz y en general todo el cuerpo y sus miembros se los vistió la psique-alma y se unió a él, por el cual también opera en todas las cosas que conectan con la vida. De la misma manera o modo, la inexpresable, inconcebible e increada bondad de Cristo empequeñece a Sí y toma cuerpo y se une con las psiques-almas fieles y queridas para Él, y las abraza y se convierte en un solo espíritu con ellas, y se hace un cuerpo con ellas, según el logos de Pablo (1Cor 6, 17); y se hace, podemos decir psique-alma en la psique-alma e hipóstasis en hipóstasis, de modo que tal tipo de psique-alma pueda vivir y existir dentro en Su deidad, divinidad, alcanzar la vida eterna, disfrutar y gozar de impecable placer de indescriptible δόξα (doxa: gloria, luz increada).

68 El Señor, para esta psique-alma, cuando quiere, se convierte en fuego que devora todo mal introducido en su interior, como dice el Profeta: “Nuestro Dios es fuego devorador” (Dr 4,24). En otras ocasiones, se convierte en reposo, descanso inefable e indecible, y a veces en alegría, serenidad y paz (Rom 14,17), y acoge y rodea la psique-alma. Solo es necesario que uno se esfuerce con buena voluntad y buenas maneras por amarLe y agradecerLe; y con la experiencia y el sentido (espiritual) verá que ha tocado bienes inenarrables, que ojo no ha visto, oído no ha escuchado y hombre no ha pensado ni ha sentido en su corazón (1Cor 2,9), es decir, todos los bienes que en ellos se convierte el Espíritu del Señor, por una parte, reposo y por otra, deleite, gozo, alegría y vida de la psique-alma que ha alcanzado ser digna de Él. Porque Él se convierte en cuerpo y se hace alimento espiritual, pero también vestidura y bellezas indescriptibles, para colmar así la psique-alma con alegría y gozo espiritual. Dice: “YoSoY el pan de la vida” (Jn 6, 35), y «Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero, el que beba del agua que yo le dé, no tendrá jamás sed, además, el agua que yo le daré se convertirá en agua manantial espiritual de fuente inagotable que siempre brotará regalándole vida eterna» (Jn ,14).

69 De esta manera, Dios también se les apareció a cada uno de los sacerdotes y los Santos del Antiguo Testamento, como Él quería y como era útil para el Santo que lo veía. Por ejemplo, de una manera a Abraham (Gen 18,2) de otra manera a Isaac (Gen 26,24), a Jacob (Gen 28,13), a Noé (Gen 9, 12-13), a Daniel (Dan 7,13), a Moisés (Ex 3, 4-6), a David (2Re 24, 16-17), y de distintos modos a cada uno de los Profetas (3Re 19, 11-12), empequeñeciéndose a Sí mismo y tomando forma de soma-cuerpo, como hemos dicho, se metamorfoseaba, transformaba y aparecía a los que Le amaban, no tal como el Mismo es, -porque es infinito y no cabe en ninguna parte- sino según la receptividad y la dinami (potencia y energía) de cada uno, por la gran e incomprensible αγάπη agapi increada que tenía hacia ellos.

70 La psique-alma que se ha hecho digna de ser habitada por la δύναμη dinami (potencia y energía increada) y de aquel fuego divino e increado y que la αγάπη agapi del bondadoso Espíritu se ha unido con sus miembros, es liberada completamente de todo amor mundano y terrenal. El hierro, el cobre, el oro y la plata cuando son arrojados al fuego se funden cambiando su naturaleza dura en blanda y mientras se encuentran en el fuego son flexibles y fluidos y han expulsado su dureza natural a causa de la dinami (potencia y energía) del fuego. Así también la psique-alma que ha recibido aquel fuego celestial (increado) de la αγάπη agapi increada del Espíritu, se aparta y se separa de todo apego y atadura hacia el espíritu mundano, se libera de las cadenas de la maldad y del mal y expulsa la dureza natural del pecado, dando poca importancia a todas las cosas considerándolas como pequeñas y despreciándolas. De hecho, digo que la psique-alma que fue poseída por este έρως (eros: amor ardiente), y aunque tenga hermanos a quienes ama mucho, pero que la impiden de esta agapi increada, a ellos también los negará. Pues, si el amor de la unión carnal del matrimonio conduce a la separación del padre, de la madre y de los hermanos, de modo que incluso cuando uno ama a alguno de ellos, lo ama superficialmente, mientras que toda su disposición íntima y anhelo lo tiene hacia su esposa; si, por lo tanto, el amor carnal libera de tal manera de cualquier otro amor del mundo, apenas y con dificultad aquellos que han sido heridos por ese anhelo divino desapasionado pueden aferrarse a algún amor ferviente por las cosas del mundo.

71 El Dios, como es bondadoso y filántropo, tiene magnanimidad, tolerancia y espera mucho tiempo la μετάνοια metania de todo pecador y hace una fiesta celestial por aquel que ha regresado en la metania. Porque Él mismo dice: “Os digo que así habrá más alegría en el cielo por un pecador que se vuelve a la μετάνοια metania, se convierte, se confiesa y se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan μετάνοια (metania: arrepentimiento, conversión y confesión). Así también se alegra Dios y los ángeles” (Lc 15,7). Pero si alguien, al ver esta bondad, magnanimidad y paciencia, y que Dios no castiga cada pecado porque espera nuestra μετάνοια metania, como hemos dicho, alguno descuida el mandamiento y convierte esta bondad -¡ay de mí!- en ocasión de desprecio, sumando pecado sobre pecado y levantando obstáculos y uniendo la pereza a la pereza, llegará al colmo o sumum del pecado y caerá en una tal ruina que no podrá levantarse más, sino que, tras sufrir una completa destrucción y entregarse por completo al maligno, será perdido. Así sucedió en Sodoma; después de que los habitantes llegaron y sobrepasaron todo límite de pecado, y no quedó en ellos ni una chispa de μετάνοια metania y arrepentimiento, fueron destruidos por la justicia divina con fuego (Gen 19, 24-25). Así también en la época de Noé; como los hombres eran desenfrenados en los impulsos de la maldad y no mostraban ninguna señal de metania, acumularon tal cantidad y magnitud de pecados que toda la tierra fue completamente destruida (Gen 6, 7). Así sucedió también con los egipcios, quienes pecaban mucho y maltrataban al pueblo de Dios, el Dios fue indulgente con ellos y no los entregaba a la ruina total, sino que con varios castigos parciales, los conducía a la μετάνοια metania; pero, debido a que después de un arrepentimiento temporal volvían nuevamente con amor a la maldad y continuaban su anterior incredulidad, y finalmente persiguieron al pueblo del Señor que huía de Egipto, la justicia divina los destruyó completamente (Ex 14, 27-28). Así también para el pueblo Israelita que pecaba mucho y mataba a los Profetas de Dios, el Dios mostraba Su acostumbrada magnanimidad y tolerancia. Sin embargo, cuando avanzaron tanto en la maldad que ni siquiera respetaron el axioma o cargo soberano de Cristo, sino que extendieron sus manos sanguinarias y asesinas sobre Él, fueron desterrados y pisoteados para siempre. Y Dios les quitó la profecía, el sacerdocio y la adoración o culto, y se las confió a las naciones que creyeron (Mt 21,43).

72 Acudamos, pues, con buena disposición, ánimo y prontitud a Cristo que nos llama, abramos y volquemos sobre Él nuestros corazones, y no seamos cobardes ni desesperemos por nuestra salvación. Porque esto es un sofisma, artificio o invento del enemigo, que con el recuerdo de los pecados pasados abre el camino a la desesperación, a la depresión, al agobio y al oscurecimiento (espiritual). Sino que entendamos bien que, cuando Cristo vino, se hizo psicoterapeuta y médico de ciegos, paralíticos y sordomudos y resucitaba los muertos que comenzaban a descomponerse (Jn 11, 39-44), ¿cuánto más no psicoterapiará y no sanará la ceguera del νούς (nus: espíritu de la psique), ¿la parálisis de la psique-alma y la sordera del corazón negligente? Ya que no hay otro sino Él que ha creado el cuerpo, Él también ha creado la psique-alma. Y si para aquellas cosas que se disuelven y mueren tuvo tanta simpatía y compasión, ¿cómo no va a mostrar filantropía y no psicoterapiará y no sanará la psique-alma inmortal que fue dominada por la enfermedad de la maldad y de la ignorancia y después viene a Él y le suplica? Porque Suyas son las palabras: “¿Y acaso el Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche, aunque en muchos casos tarda en responder (con el propósito de apoyarlos en la fe y a los injustos llamarlos en metania, confesión, arrepentimiento y conversión)? Os digo que pronto Dios les hará justicia” (Lc 18, 7-8), y “Pedid de Dios bienes espirituales y de los materiales las necesarias y se os dará, buscad y encontraréis el bien que queréis, llamad a la puerta de la divina agapi-amor incondicional y se os abrirá” (Mt 7,7) y en otra parte: “Os digo que, aunque no se levante para darle los panes por ser su amigo, al menos para que deje de molestarle, se levantará y le dará todo lo que necesite” (Lc 11,8).

Con estas cosas nos exhorta a que nuestra petición a Dios sea oportuna y perseverante; dado que para esto vino, para que vuelvan los pecadores con Él (Mt 9,13). Entonces nosotros si nos alejamos con todas nuestras fuerzas de nuestros malos hábitos y adicciones, debemos aferrarnos al Señor, y Él no nos abandona dejándonos de lado, sino que está listo para ayudarnos.

73 Uno cuando está dominado por alguna enfermedad larga, cuando ya no recibe alimento y agua, se desespera y esto es una señal de muerte, los parientes y amigos se lamentan y lloran por él. Así también el Dios y los Ángeles se entristecen mucho y se lamentan por las psiques-almas que no pueden recibir el alimento celestial, espiritual. Por tanto, si te has convertido en trono de Dios, si tu psique-alma se ha hecho toda ojo espiritual y toda luz (increada), si te has alimentado de aquel alimento del Espíritu, si bebes del agua viva (Jn 4,10) y del vino espiritual que deleita el corazón (Sal 103,15), si tu psique-alma se ha revestido las vestimentas de la luz increada e inefable, si tu hombre interior ha recibido experiencia y certeza de todas estas realidades y cosas, entonces, pues, vives desde ahora realmente, pragmáticamente la vida eterna y descansas desde ahora junto con Cristo. Pero si aún no has recibido estas cosas ni las has hecho tuyas, llora fervorosamente y lamente el no haber obtenido todavía a esta riqueza tan grande, y que tu cuidado y tu súplica por tu pobreza sean incesantes. Pero, ojalá que la percepción de su propia pobreza la sintiera aquel que no posee esta riqueza divina, y no anduviera despreocupado como si estuviera saciado. Porque dice el Señor: “El que busca encuentra y el que llama la puerta se le abrirá” (Mt 7,8).

74 Si aquel aceite que se hacía de varias fragancias (Ex 30, 23-25) tenía tanta potencia, de modo que los que se ungían de este adquirían el axioma o cargo real (1Re 26, 11), ¿cuánto más aquellos que se ungen en el νούς (nus: espíritu de la psique) y en el hombre interior con el aceite santificante de la alegría y del gozo y (Sal 44,8) y reciben las arras del bondadoso Espíritu para alcanzar las medidas de la perfección, es decir, de la realeza increada de Cristo y de la divina adopción, teniendo el permiso de acercarse al Padre siempre que quieran y deseen? Porque aunque aún no han recibido completamente la herencia, porque aún llevan la carga del cuerpo, pero a causa de las arras del Espíritu sus esperanzas son seguras y no dudan en absoluto de que co-reinarán con Cristo (2Tim 2:12) y que tendrán en abundancia y sobrante el Espíritu; porque ya desde esta vida han probado aquella δύναμη (dínami: potencia y energía increada) y aquel placer divino. El velo que el Satanás ha puesto sobre los hombres después de la desobediencia y la transgresión, viene la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y con la catarsis y “psicoterapia” del hombre interior y del νούς nus, lo quita por completo y lo arroja como un trapo sucio lejos de toda contaminación e infección y del λογισμός loyismós (pensamiento) sucio de la psique-alma, queriendo hacerla sana, limpia, lúcida y pura y devolverla a su estado o situación inicial, de modo que vea sin impedimentos con ojos claros y despejados la δόξα (doxa: gloria increada) de la luz verdadera e increada. Tales hombres son arrebatados espiritualmente desde ahora en aquel siglo y ven sus bellezas, maravillas y milagros. Es decir, tal y como los ojos corporales, cuando están sanos y fuertes, miran con valentía los rayos del sol, así también ellos, utilizando su νούς nus iluminado y catartizado (psicoterapiado, purgado, limpiado y lúcido), ven continuamente los rayos y los destellos secretos del Señor.

75 Esta medida no se conquista fácilmente por los hombres, sino que requiere continuos esfuerzos y trabajos, muchas luchas y sudores. Porque muchos son aquellos que la χάρις (jaris: gracia, energía increada) está junto con ellos y opera, y la maldad se oculta en lo más profundo y no se aleja en absoluto, sino que los dos espíritus, el de la luz y el de la tiniebla u oscuridad, operan dentro del mismo corazón. Pero tú me dirás, indudablemente: “¿Qué hay en común entre la luz y la oscuridad? ¿O cómo puede haber en el mismo lugar el templo de Dios y el templo de los ídolos?” (2Cor 6, 14 y 16). Y yo te responderé lo mismo: ¿Realmente qué hay de común entre la luz y las tinieblas u oscuridad? O bien, ¿dónde y en qué la luz divina puede ser oscurecida, enturbiada o contaminada, que es completamente clara, pura e incontaminada? Como dice la Escritura, la luz brilla en las tinieblas, y la oscuridad no pudo apagarla (Jn 1,5). Así que, estas cosas no deben ser explicadas separadamente y de manera unidimensional. Algunos descansan y se complacen por poseer tanto χάρις jaris de Dios, justo la que pueden contener en sí mismos y no los venza el pecado que habita en el interior de ellos. Y así sucede que, ahora tienen oración sobria y descanso, y luego son atacados por pensamientos sucios y son tentados por el pecado, es decir, mientras co-existe también la divina χάρις jaris. Por tanto, aquellos que son superficiales e imprudentes y aún no buscan la exactitud, cuando sintieron un poco la energía increada de la divina χάρις jaris, creyeron que se liberaron una vez para siempre del pecado. Sin embargo, aquellos que tienen discernimiento y tienen el νούς (nus: espíritu de la psique) instruido, enseñado y prudente, no negarán que también cuando habita en su interior la χάρις jaris de Dios, de nuevo serán perturbados por los pensamientos indecentes y absurdos.

76 Hemos conocido hermanos que han disfrutado tan abundante la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), de modo que durante cinco, seis años se marchitó y se borró en ellos el deseo carnal. Luego, cuando pensaron que habían llegado al puerto y a la paz, entonces la maldad demoníaca se lanzó sobre ellos con tanta dureza, crueldad y ferocidad, que experimentaron sorpresa, asombro y espanto. Sin embargo, ninguno de aquellos que son perspicaces y prudentes se atreve a decir que, como tengo la χάρις jaris, me he librado del pecado. Porque ambos, como hemos dicho, la χάρις jaris y el pecado, actúan en el mismo νούς (nus: espíritu de la psique), aunque los imprudentes, superficiales e ignorantes, apenas sientan algún pequeño movimiento espiritual, dicen: “hemos vencido”. Yo creo que las cosas son de la siguiente manera: Así como cuando brilla el sol limpio y de repente cae en la oscuridad o en la niebla, la luz del sol se oscurece, de manera parecida sucede también con aquellos que han recibido la χάρις jaris de Dios, pero aún no se han catartizado, purgado, limpiado y psicoterapiado completamente, sino que en el fondo aún están atrapados por el pecado. Por lo que es necesario realmente mucho discernimiento para que uno perciba y se dé cuenta de estas cosas perfectamente a través de la experiencia.

77 Tal y como es imposible para uno sin ojos y lengua, oídos y pies, ver, hablar, oír o caminar, así también es imposible sin Dios y la divina energía increada hacerse uno partícipe de los divinos misterios y conocer la sofía-sabiduría de Dios o adquirir la riqueza del Espíritu. Porque los sabios helenos-griegos se ejercitan en logos y se ocupan diligentemente en logomaquias-controversias y disputas. Sin embargo, los dulos-esclavos-sirvientes de Dios, y aunque no son hábiles en palabras, se preparan y se edifican continuamente con la gnosis divina (conocimiento increado y espiritual) y la χάρις jaris de Dios.

78 Concluyo suponiendo que, incluso los mismos Apóstoles que estaban llenos de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Paráclito, no estaban completamente liberados de las preocupaciones, sino que junto con el deleite y la inexpresable alegría tenían también algún temor, que por supuesto, provenía de la misma χάρις jaris y no de la maldad. Porque la misma χάρις jaris increada los protegía para que no cayeran ni siquiera en la más mínima desviación. Y tal como un niño pequeño que golpea una pared con una piedrecita, no le hace nada, o tal como una flecha débil apenas daña a una coraza fuerte, así también una pequeña cantidad de la maldad al atacar a los Apóstoles no conseguía nada, porque estaban muy bien protegidos la coraza y la δύναμη (dinami: potencia y energía) de Cristo. Sin embargo, aunque eran perfectos, estaba presente en ellos también la libertad del libre albedrío o independencia, y no como algunos dicen insensatamente que después de la χάρις jaris increada se da enseguida la liberación de las preocupaciones y hay descanso. Porque, el Señor, incluso de los perfectos busca la voluntad de la psique-alma esté al servicio del Espíritu, para que ambos co-caminen juntos. Como dice el Apóstol: “no apaguéis la energía (increada) del Espíritu” (1Tes 5,19).

79 El que uno hable sobre las cosas solo con palabras es fácil, vano y superficial. Es fácil a cada uno decir, este pan, por ejemplo, se hace de trigo. Pero la forma detallada de su elaboración no puede exponerla cada uno sino solo aquellos que la conocen. Por tanto, el hablar uno a la ligera sobre la απάθεια (apázia: sin pazos, impasibilidad) y la perfección es fácil, pero aprenderlo y saberlo verdaderamente a través de la experiencia, significa que debe entender verdaderamente en la praxis (en hecho, práctica) cómo se obtiene la perfección.

80 Los que realmente dicen palabras espirituales sin saborearlas ni probarlas, a estos los asimilo con un hombre que en pleno verano y exactamente en pleno mediodía atraviesa un lugar desierto sin agua, y después, por la sed grande y ardiente que siente, se imagina con su mente que está cerca una fuente de agua fresca, dulce y limpia y debe de ella tanto como quiere sin que nadie se lo impida hacerlo. O incluso se asemeja con un hombre que no ha saboreado nunca la miel y trata de dar explicaciones a los demás para que entiendan cómo y qué clase es su dulzura. Tales hombres son realmente los que no han probado en la praxis y con información interior las realidades relacionadas con la perfección, la santificación y la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) y quieren hablar a los demás sobre estas cosas. Porque si Dios les concediese una pequeña percepción y sentimiento sobre algo de lo que dicen, entonces seguramente comprenderán que las cosas no son como las decían, sino que la verdad es muy diferente. Es decir, así el Cristianismo ortodoxo y real corre el riesgo de desviarse poco a poco de su camino normal y caer en la incredulidad, en el ateísmo (o en grupos de herejías). Así el Cristianismo ortodoxo y real es como comida y bebida, y cuanto más lo saborea alguien, más aviva el deseo de más. Y el νούς nus (espíritu de la psique) se convierte insaciable e imparable. Es como si alguien ofreciera una bebida dulce y refrescante a un sediento, se la prepara no sólo para la sed, sino también para el placer de la bebida, haciéndola así más apetecible. Pero estas cosas, como hemos dicho, no las comprendemos solamente con simples palabras sin experiencia, sino que se realizan en el νούς nus (corazón o espíritu de la psique) mediante la operación y energía mística espiritual del Espíritu Santo, y así se puede hablar sobre ellas.

81 El Evangelio ordena categóricamente a cada ser humano que haga o no haga algo para convertirse en amigo del Rey filántropo. Es decir, dice: “No te enfades o enojes (Mt 5,22), no desees (Mt 5,28), si uno te abofetea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mt 5,39). En cambio, el Apóstol, siguiendo de cerca los mandatos, instruye también cómo debe realizarse gradualmente el trabajo de la catarsis (psicoterapia y purgación) con paciencia, tolerancia y magnanimidad. Primero los alimenta con leche como a niños pequeños (1Cor 3,1-2), después creciendo los lleva a más edad (4, 14-16), y finalmente a la perfección (Heb 5, 14 y 6,1). Para entenderlo nos da un ejemplo, el Evangelio dijo que el abrigo se haga perfecto de lana, mientras que el Apóstol explicó claramente también como se carda el pelo, y cómo se teje, se cose y se confecciona el abrigo.

82 Hay algunos hombres que se abstienen de la fornicación, del robo, de la codicia, de la ambición y de similares miserias y males, y por eso se cuentan entre los Santos. Sin embargo, esto se aleja mucho de la verdad. Porque muchas veces, mientras que la maldad anida y vive allí en el νούς (nus: espíritu del corazón de la psique) de ellos serpenteando, parece que los ha dejado y se ha ido. Pero santo es aquel que se ha santificado y ha hecho completamente la catarsis de su ser interior. Un hermano, mientras estaba orando junto con otros hermanos, fue cautivado por la divina δύναμη dinami (potencia y energía), y con el arrebato de su νούς nus vio la suprema Jerusalén celestial y las moradas luminosas y la luz infinita, increada e inexpresable que allí hay, y escuchó una voz que le decía que este es el lugar de reposo y descanso de los justos. Después de esto, se infló de orgullo y creyéndose muy importante, cayó en las profundidades de los pecados y luego fue dominado por muchos males. Por tanto, si éste ha sufrido este tipo de cosas, ¿cómo es posible para cada uno decir: “como yo ayuno y vivo alejado del mundo y doy limosna o caridad de mis bienes” (1Cor 13,3) y me he protegido de los males que hemos dicho y no me hace falta nada, por consiguiente, yo también soy santo? Porque, como hemos dicho, la perfección no es la abstención y el alejamiento de los males manifiestos, sino la catarsis completa del hombre y la catarsis de la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro).

83 Tú que sostienes estas cosas, entra en tu interior y examina con atención tus λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía), y asómate encima de tu νούς (nus: espíritu del corazón de la psique) que es cautivo y esclavo del pecado, y observa la serpiente que está anidada más abajo aún del νούς nus y más profundamente que los loyismí pensamientos, en los llamados recónditos impenetrables de tu psique-alma, que busca matarte golpeando e hiriendo las partes más esenciales de tu psique-alma. Porque, verdaderamente, es un abismo incomprensible el corazón (espiritual, psicosomático). Por tanto, si has matado la serpiente, si has hecho la catarsis de toda tu suciedad que hay en tu interior y has rechazado el pecado, entonces alégrate y gloríate en Dios por la catarsis limpieza, psicoterapia y sanación que te ha dado Dios. Pero si aún no lo has hecho, entonces humíllate como pobre y aún pecador, y acércate suplicando a Cristo que te haga la catarsis, te purgue y te limpie de tus pecados ocultos (Sal 18,13). Porque todo el Antiguo y el Nuevo Testamento se presentan hablando sobre la catarsis, la psicoterapia, la purgación, la lucidez y la pureza, Y todo hombre judío e idólatra o pagano ama la pureza, aunque no todos pueden alcanzarla. La pureza del corazón no se puede realizar de otra manera, sino sólo mediante de Jesús. Porque Él es la Verdad en-hipostasiada (hipostática, fundamentada esencialmente) y la Verdad absoluta. Sin esta Verdad es imposible para uno conocer la verdad o conseguir la σωτηρία sotiría salvación (psicoterapia sanación, redención, salvación).

e) Sobre la αγάπη agapi

De nuestro Miniléxico: 1. Αγάπη (agapi)  amor, cariño. “Ὁ θεός ἀγάπη ἐστίν Dios es agapi-amor… Porque la agapi proviene de Dios” (1 Jn 4,7-8).

La Αγάπη (agapi) cristiana en su faceta divina y como término teológico ortodoxo es la primera y superior energía increada de las energías increadas de la Jaris de Dios. Se aproxima más a la misericordia increada y perdón de Dios que enseñaba Cristo Dios. La agapi está vinculada y unida estrictamente con la libertad y la verdad. Cada una depende y se enlaza con la otra, fuera de esta interrelación ninguna es auténtica. Dicen los Santos Padres Ortodoxos: Nadie puede conocer la increada agapi como energía increada de Dios si no es a través de la energía increada Χάρις (Jaris, Gracia) del Espíritu Santo. La agapi cristiana en su faceta secular, mundana se refiere al amor desinteresado, altruista o cariño, amor al cónyuge, a los padres, a los amigos, a los jefes y trabajadores, como también a las comunidades sociales y toda la creación.

Éste es el propósito de la psicoterapia de la Iglesia Ortodoxa, el convertir, mediante la constante metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la φιλαυτία (filaftía, egolatría) que es el creado amor interesado egocéntrico y enfermizo a uno mismo y al cuerpo y convertirla en agapi desinteresada divina e increada de Dios. Ésta comprende tres estadios: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: www.logosortodoxo.com).

84 Tal y como en las cosas visibles externas has renunciado al hombre exterior, dando caridad, limosna y has repartido tus existencias, así debes renunciar los hábitos pecadores. Y si has adquirido sabiduría carnal o gnosis (conocimientos) terrenales, recházalas. Si estás sostenido en las virtudes, méritos y cualidades de la carne, apártate de estas cosas, hazte humilde y empequeñécete. Porque solo así podrás hacerte discípulo de la necedad del kerigma o predicación del Evangelio (1Cor 1,21). Y en esta necedad encontrarás la verdadera sofía-sabiduría, no en palabras elegantes, sino en la δύναμη dinami potencia de la energía de la Cruz, teniendo en tu interior las mismas operaciones y sensaciones con aquellos que se han hecho dignos de adquirirla. Como dice Pablo, la Cruz de Cristo es para los judíos escándalo, y para los helenos-griegos necedad, pero para los salvados es sabiduría divina y δύναμη dinami (potencia y energía) de la sabiduría de Dios (1Cor 1, 23-24)

85 Incluso si has recibido sabor y gusto celestial y te has hecho partícipe de aquella sofía-sabiduría y has conseguido descanso en tu psique-alma, no presumas, no te enorgullezcas, ni confíes como si hubieses llegado ya a conquistar toda la verdad, para que no oigas tú también: “Y vosotros los Corintios esta idea tenéis, de que sois grandes y de alto rango. ¡Ya estáis saciados y satisfechos de todo! ¡Ya sois ricos por las dádivas espirituales! ¡Habéis llegado a reinar sin nosotros! ¡Ojalá reinaseis de verdad, para que nosotros también juntos con vosotros tomásemos parte en la realeza increada de Dios!” (1Cor 4,8). Pero aunque hayas saboreado las realidades celestes, debes creer que no has tocado aún al Cristianismo ortodoxo. Esta mentalidad, conducta y actitud que no sea superficial, sino que debes tenerla siempre sembrada y asegurada definitivamente en tu διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro).

86 Tal y como el codicioso, avaricioso que ha acumulado mucho dinero no se sacia, sino que cuanto más añade cada día (en su cuenta corriente), tanto más aumenta su deseo de más, o como aquel que se aleja de un río con agua dulce antes de quitarse la sed, siente aún más sed, así también a cada uno el sabor de Dios no sacia ni tiene límite ni fin, sino que cuanto más se enriquece con esta riqueza, tanto más se cree a sí mismo pobre. Los cristianos ortodoxos no consideran su vida preciosa e importante, sino que se sienten totalmente ínfimos y nimios ante Dios, y se consideran a sí mismos esclavos o sirvientes de todos los hombres. El Dios mucho se alegra y reposa con esta psique-alma por su humildad. Por tanto, si uno tiene algún bien o es rico espiritualmente, no crea y piense que por eso es algo o que tiene algo. Porque al Señor le da asco la presunción y la vanidad, y ella de inmediato ha expulsado desde el inicio fuera del Paraíso al hombre que escuchó que “seréis como dioses” (Gen 3,5) y se animó por esta esperanza vana. Piensa que tu Dios y Rey, pero también el Hijo de Dios, se ha vaciado a Sí mismo (kenosis) tomando forma de siervo o esclavo (Fil 2,7), que se hizo pobre (2Cor 8,9) y se ha incluido entre los deshonrados (Mrc 15,28) y fue crucificado. ¿Si así sucedió con el Dios, tú hombre compuesto de sarx, cuerpo-carne, que eres ceniza y tierra (Gen 18,27) y que no –¡ay de ti!- tienes nada bueno, sino que estás completamente sucio e impuro, cómo tienes una gran idea de ti mismo, te enorgulleces y presumes? Por tanto, tú, por supuesto si eres prudente, aún por algo bueno que has recibido de Dios, debes decir: “Esto no es mío, lo he recibido de Otro, y si Él lo cree conveniente me lo quitará”. Así, cada bien debes atribuirlo al Señor, y cada mal a ti mismo.

87 El tesoro que dice el Apóstol que lo tenemos en recipientes de barro, (2Cor 4,7), debes creer que es la potencia de la energía increada del Espíritu, de la que se hizo digno de recibirla aún desde esta vida. Porque dice de nuevo el mismo en otra parte: “Por Dios vosotros estáis unidos y salvados con y en Jesús Cristo, el cual de parte de Dios se ha hecho y demostrado para nosotros los fieles infinita sabiduría increada, nuestra justificación y salvación gloriosa gracias a su sacrificio, y nuestra santificación y renacimiento de nuestros corazones, mas nuestra redención y liberación del pecado, para que, como dice la Escritura, “el que quiera presumir de los bienes que tiene, que presuma glorificando a Dios atribuyéndolo a Él y no a sí mismo” (1Cor 1,30).

Por tanto, aquel que ha encontrado y guarda en su interior este tesoro celeste del Espíritu, puede trabajar cada virtud y cada mandamiento-logos, no sólo limpiamente e impecablemente, sino también sin esfuerzos, sin fatigas y sin cansancio, cosa que antes lo hacía con mucho cansancio, esfuerzo y fatiga. Porque esto uno no puede hacerlo, incluso si quiere cultivar verdaderamente el fruto del Espíritu, antes de recibir el espíritu bondadoso. Cada uno, pues, debe esforzase y obligarse a sí mismo y corra con paciencia (Heb 12,1) y fe, y que suplique con fervor a Cristo para que alcance este tesoro celestial. Y entonces, como dijimos, con Su potencia y la χάρις (jaris: gracia, energía increada) podrá trabajar y practicar todas las virtudes de manera limpia, perfecta e incansable, sin esfuerzo, sin fatigas ni sufrimiento..

88 Aquellos que tienen en sus interiores la riqueza divina del Espíritu, cuando dirigen logos espirituales a otros, los transmiten a sus interlocutores como si los extrajeran del tesoro que tienen dentro de sí en el interior (Mt 12,35). Pero los que no han adquirido este tesoro en el fondo de sus corazones, desde el cual emana y brota la bondad de divinos recuerdos, misterios y logos profundos, sino que solo eligen ciertos pasajes de la Escritura de aquí y de allá y los tienen en la punta de su lengua, o bien, han escuchado de hombres espirituales, se jactan de estos logos, presentando lo ajeno como propio, y parecen ser padres de hijos ajenos, extranjeros. Ellos, aunque ofrecen a los demás un gozo y la alegría sin esfuerzo de los logos que dicen, después del discurso u homilía se encuentran y parecen a mendigos o pobres, porque cada logos suyo es como si volviese a casa de aquellos de quienes lo tomaron, y ellos quedan sin su propio tesoro, por el cual pueden gozar y alegrarse primero a sí mismos y luego beneficiar a los otros. Por esto debemos buscar y pedir de Dios que ponga en nuestro interior esta verdadera riqueza, y entonces será fácil también a beneficiar a los otros y transmitirlos logos espirituales y misterios divinos. Porque así ha complacido la bondad de Dios en habitar en cada uno que cree. Porque dice: “El que cumple mis mandamientos (logos, principios espirituales) y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada… En la casa de mi Padre hay sitio y muchas habitaciones; si no fuera así, os lo hubiera dicho; yo voy a preparaos el lugar» (Jn 14, 21 y 2).

89 Aquellos que se han hecho dignos de convertirse hijos de Dios y tienen resplandeciendo en sus interiores a Cristo, son dirigidos por el Espíritu de modos diversos y diferentes y son atendidos por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) en las profundidades de sus corazones. No es inapropiado traer ejemplos de los placeres mundanos para tener alguna idea de las divinas acciones y energías de la χάρις jaris en nuestra psique-alma. Es decir, a veces sucede que estos hombres disfrutan como si estuvieran en una cena real y se alegran con un deleite inexpresable e indescriptible. Y en otras ocasiones, sienten el placer espiritual como una pareja joven recién casados, mientras que otras veces, como ángeles incorpóreos, sienten tanta ligereza y agilidad en sus cuerpos de modo que crean que no tienen cuerpo. Y a veces como si gozaran y se emborracharan con una embriaguez indescriptible de los misterios del Espíritu, mientras que en otras ocasiones lloran y gimen suplicando por la salvación de los hombres. Porque son incendiados por la divina αγάπη agapi increada del Espíritu hacia todos los hombres y sienten sobre sí el luto de todos los descendientes de Adam. A veces, el espíritu enciende dentro de ellos tanta agapi (amor incondicional), unida con indescriptible placer, de modo que si fuera posible abrazarían a cada ser humano sin hacer ninguna diferencia entre bueno y malo. En otras ocasiones, se desprecian tanto a sí mismos que creen que nadie está por debajo de ellos, sino que son los últimos de todos. Algunas veces los inunda una indescriptible alegría espiritual, mientras que, en otras, como un hombre fuerte que ha puesto una armadura real y, tras bajar a la batalla, ha puesto en fuga a los enemigos, ellos se arman con las armas del Espíritu y luchan contra los enemigos invisibles y los arrojan bajo sus pies. Algunas veces los sobrecoge una gran calma y ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial divina) y los domina un admirable placer y deleite espiritual, y otras veces, se colman de prudencia y sabiduría-sofía divina y gnosis espiritual (conocimiento increado) indescriptible. Y en general, reciben tanta sofía-sabiduría por la χάρις jaris increada de Cristo, tanta que ninguna lengua pueda narrar. No obstante, a menudo a simple vista exterior parecen como todos los demás. Así que la divina χάρις jaris cambia de muchas maneras y se diferencia dentro de ellos, como si quisiera educar y ejercitar la psique-alma, para presentarla perfecta e impecable, limpísima y purísima al Padre celestial.

90 Las operaciones anteriores del Espíritu pertenecen a altos niveles o escalones espirituales que están muy cerca de la perfección. Estas diversas consolaciones de la χάρις jaris (gracia, energía increada) se realizan en ellos por el Espíritu de distintas maneras, pero siempre incesantemente, y una operación espiritual sucede la otra. Cuando uno alcanza la perfección espiritual, una vez haber hecho la catarsis completamente de todos los pazos y se una y se restablezca completamente mediante la inexpresable participación con el Paráclito (Suplicador o Espíritu Santo), y cuando también esta misma psique-alma es digna de convertirse en espíritu, porque se ha unido con el espíritu, entonces se vuelve toda luz, todo espíritu, toda caridad, toda alegría, todo reposo, todo deleite, todo gozo, toda agapi (amor incondicional), toda dulzura, toda bondad y belleza. Y de alguna manera está como absorbida en las virtudes de la potencia de la energía increada del Espíritu bondadoso, como una piedra en el abismo del mar que está completamente rodeada de agua.

Por tanto, aquellos que se han unido completamente con el Espíritu de Dios, se han hecho semejantes a Cristo y poseen las virtudes del Espíritu inmutables y presentan a todos tales frutos. Porque, ya que por el Espíritu se han hecho impecables e irreprochables, lúcidos y puros en el corazón (Mt 5,10), es imposible que presenten exteriormente frutos de maldad, sino que siempre brillan y resplandecen en ellos los frutos del Espíritu Santo. Este es el progreso del perfeccionamiento espiritual, de la plenitud que concede Cristo, a la que nos aconseja el Apóstol alcanzar, diciendo: “y conocer bien la agapi-amor incondicional que tiene Cristo hacia nosotros, la que sobrepasa todo conocimiento-gnosis humana, a fin de que seáis llenos de los múltiples carismas y donaciones que emanan y se dan de Cristo” (Ef 3,19)  y de nuevo: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe sin diferencias y contrariedades y al conocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto desde el aspecto de sabiduría y virtud espiritual, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Ef 4,13).

91 Sucede que, apenas que alguien se arrodilla en la oración, se llena su corazón de divina energía (increada) y la psique-alma se alegra junto con el Señor como la novia con el novio, como se ha dicho anteriormente. Esto lo dice también el gran Isaías: “Igual que se alegra el novio con la novia, así se alegrará el Señor junto a ti” (Is 62, 5). A veces sucede que un hombre así puede estar ocupado todo el día, y cuando en algún momento tiene la oportunidad de orar, el hombre interior es arrebatado a la infinita profundidad del mundo espiritual. Entonces le inunda un placer inexpresable e inconmensurable, de modo que el νούς (nus: espíritu de la psique) queda dominado de sorpresa y asombro, ya que ha sido arrebatado en las alturas, y durante este espacio de tiempo se produce el olvido de toda percepción, mentalidad y conducta terrenal, porque sus pensamientos –como hemos dicho- han madurado y han sido llevados prisioneros hacia las realidades infinitas e inefables. Y en esa hora, por la oración, sucede que se vaya también la psique-alma del hombre junto con la oración.

92 En aquel que pregunta si es posible siempre al hombre encontrarse en tal situación o estado, debemos decir lo siguiente. No hay tiempo en el que la χάρις jaris (gracia, energía increada) no coexista con el hombre, que no esté arraigada y no se vuelva como algo natural unido al hombre con el que coexiste. Y mientras la χάρις jaris increada es una, administra o economiza las cosas para el bien del hombre como quiere y de muchas maneras. Es decir, el fuego o la llama dentro en él, a veces quema más y a veces menos; y la luz a veces brilla más y a veces se vuelve más pálido, según la divina economía o administración, a pesar que la vela o lámpara arde sin apagarse. Pero cuando la luz se hace más luminosa, entonces el hombre se presenta como si se embriagara más por la αγάπη (agapi: amor incondicional e increado) de Dios. A veces esta misma luz que ilumina incesantemente en el corazón, abre un paso hacia la luz más interior y más profunda, de modo que el hombre entero sumergido y absorto en aquella dulzura y contemplación espiritual, no se encuentre ya en sí mismo, sino que viva al mundo como un tonto, necio y salvaje debido a la divina αγάπη agapi excesiva que se ha derramado en la psique-alma, y al placer y a la profundidad de los misterios que se ha hecho digno de penetrar y experimentar. Y sucede muchas veces en este tiempo alcanza los grados de la perfección y se libera de todo pecado y mancha, pero después de esto, sucede que la divina χάρις jaris se retira de alguna manera y cae sobre la psique-alma el velo de la fuerza y energía enemiga (demoníaca).

93 Debes saber que en lo relativo a la χάρις (jaris: gracia, energía increada) es como sigue. Supongamos que la perfección tiene doce escalones. Sucede, pues, uno puede llegar también a ese grado. Pero de nuevo, la χάρις jaris se retira y bajando un escalón se detiene, digamos, al undécimo. Revelamos anteriormente aquellas admirables realidades y maravillas que probó y experimentó aquel hombre. Si entonces tuviera estas maravillas continuamente en el mismo grado, no podría ni siquiera cuidar de sus hermanos y enseñarles. Porque ni podría escuchar, ni hablar ni ocuparse por algo, por pequeño que fuera, sino que se encontraría en un rincón extático y como borracho. Por esto, no se le dio la medida perfecta, para que tuviera tiempo para dedicarse también al cuidado de los hermanos y ocuparse con la diaconía-servicio del Logos.

94 Cuando escuchamos los logos de la realeza increada y nos vienen lágrimas, no debemos limitarnos a nuestras propias lágrimas, ni a nuestro oído al haber escuchado bien, ni a nuestros ojos al haber visto bien y pensar que eso es suficiente para nosotros. Porque hay otros oídos y otros ojos y otras lágrimas, como también otra διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro) y psique-alma, que es el mismo Espíritu divino y celestial, escucha, llora, reza, conoce y actúa verdaderamente según la voluntad de Dios. Ya que también el Señor cuando prometía a los Apóstoles la máxima donación del Espíritu, dijo: “Yo me marcho, pero el Paráclitos, es decir, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las verdades salvíficas y os recordará todo lo que yo os he dicho. Revelará-apocaliptará a los fieles mi misión, mi obra y lo relativo con mi nombre y mi persona y extenderá mi obra por toda la οικουμενη icumeni la tierra habitada” (Jn 14 26), y de nuevo: “Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis comprender, ni retener y sobrellevar a causa de vuestra imperfección. Pero cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad. Porque no os hablará por su cuenta, sino que os hablará lo que ha oído del Padre y os anunciará las cosas que habrán de ocurrir en mi Iglesia” (Jn 16, 12-13).

Aquél, pues, orará y aquél llorará; porque como dice el Apóstol, nosotros no sabemos orar cómo es debido, pero el Espíritu mismo intercede para nosotros con gemidos inenarrables que no se expresan con palabras (Rom 8, 26). Porque sólo en el Espíritu está manifiesta y clara la voluntad de Dios: “¿Qué hombre, en efecto, conoce el espíritu y las cosas íntimas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor 2,11).

Y cuando, según la promesa, en el día de Pentecostés, el Paráclitos (Espíritu Santo) descendió y la δύναμη (dínami: potencia y energía) increada del Espíritu bondadoso acampó o posó y habitó en las psiques de los Apóstoles (Hec 2, 1-4), les fue quitado de una vez para siempre el velo de la maldad, los pazos fueron abolidos y se destaparon los ojos (psíquicos) de sus corazones. Y al llenarse de sofía-sabiduría y hacerse perfectos por el espíritu, a través del Espíritu aprendieron cómo hacer la voluntad de Dios, y fueron guiados por Él a toda la verdad, ya que Él se convirtió en el gobernante y rey de sus psiques-almas. Por tanto, cuando a nosotros nos vienen ganas de llorar, mientras estamos escuchando el logos de Dios, supliquemos a Cristo con fe inquebrantable que venga el espíritu en nosotros, tal como lo esperanzábamos, el cual verdaderamente escucha y ora de acuerdo con la voluntad y el deseo de Dios.

95 Que consideres que la realidad de la cosa es la siguiente: Existe alguna fuerza oscura que cubre ligeramente el νούς (nus: espíritu de la psique) como una fina niebla. Y a pesar de que la vela arde siempre e ilumina, como hemos dicho, no obstante, existe algo que cubre esa luz (increada). Por eso no podemos negar que hombre así no es perfecto o completamente libre del pecado, sino que es, por así decirlo, tanto libre como no libre. Todo esto, por supuesto, no se hace al margen de Dios, sino por la divina economía o administración. Y a veces se derrumba y se quiebra esa muralla de separación (Ef 2,14), mientras que otras veces no se derrumba por completo. Ni tampoco la oración es siempre la misma, sino que a veces la χάρις (jaris: gracia, energía increada) arde, consuela y descansa más, otras veces la oración se vuelve más floja y reducida, tal y como la misma χάρις jaris economiza o administra para el interés y el bien del hombre. Sin embargo, a veces en algunos casos yo he llegado a la medida perfecta y he saboreado y recibido la experiencia de aquel mundo. Pero no he visto aún a ningún cristiano perfecto o libre completamente. Pero, por una parte, uno puede descansar por la χάρις jaris y hacerse digno de ver misterios y apocalipsis-revelaciones y hacerse partícipe de la χάρις jaris y saborear la abundancia de su dulzura y, por otra parte, coexiste el pecado en su interior. Estos hombres, por la χάρις jaris excesiva y la luz (increada) que los ilumina, fueron considerados, por inexperiencia, perfectos y libres. Yo no he conocido a nadie totalmente libre. Porque también a mí me ha sucedido en algunas ocasiones llegar a ese grado que he mencionado, y he aprendido bien y conozco quién es el hombre perfecto.

96 Cuando escuches sobre la unión o comunión entre novio y novia y de bailes, danzas, instrumentos de música y fiestas, no pienses en algo material o terrenal. Estas cosas se dicen solo por condescendencia, solo como ejemplo. La esencia de estas realidades y cosas es inexpresable, espiritual e inaccesible a los ojos carnales, y solo las psiques-almas santas y fieles pueden entender estas realidades. Porque la comunión del Espíritu Santo, los tesoros celestiales, las danzas y las fiestas de los santos Ángeles, se manifiestan sólo en aquel que ha probado y experimentado estas realidades; en cambio al que no está iniciado, no es posible ni siquiera entenderlas. Por tanto, escucha sobre estas realidades y cosas con piedad, hasta que por tu fe te suceda a ti y te haga digno de alcanzarlas. Y entonces entenderás por la experiencia de los ojos psíquicos, en qué misterios y bienes pueden participar las psiques-almas de los cristianos ortodoxos desde esta vida. Porque en la resurrección, también el mismo cuerpo de los hombres será digno de ver estas cosas y de alguna manera mantenerlas, cuando este también se convierta en espíritu.

97 Las bellezas y los frutos buenos de nuestra psique-alma, es decir, la oración, la agapi, la fe, la vigilia, el ayuno y el resto de las virtudes, cuando se mezclan y se unen con el Espíritu Santo, entonces ellas como incienso arrojado al fuego, emiten en abundancia fragancia y perfume; pero entonces nosotros también nos gobernamos y vivimos fácilmente según la voluntad de Dios. Porque sin el Espíritu Santo, como hemos dicho, nadie puede conocer la voluntad de Dios. Igual que la mujer antes de su matrimonio sigue su opinión y hace sus voluntades, pero cuando se casa, vive bajo la conducción de su marido y no hace lo que le plazca, así también la psique-alma tiene su propia voluntad y sus propias leyes y obras; pero cuando se hace digna de unirse con el esposo celestial, el Cristo, se somete ya a la ley de su novio/esposo y ya no sigue ni obedece más su propia voluntad, sino la voluntad de su Novio/Esposo Cristo.

98 El vestido de bodas del que habla Cristo (Mt 22,11), debes considerar que es la χάρις jaris (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Santo, y el que no se ha hecho digno de ser revestido de ella no participará en la boda celestial ni en aquel banquete espiritual.

99 Esforcémonos, pues, con fervor por beber el vino espiritual y divino y embriagarnos con una embriaguez sobria, para que, así como aquellos que beben mucho vino y luego dicen muchas cosas, también nosotros, después de saciarnos con este vino espiritual, hablemos narrando los divinos misterios, como dice el divino David: “Tu cáliz me emborracha como el vino más fuerte” (Sal 22,5).

100 «Bienaventurados los pobres en espíritu» (Mt 5,2). “Pobre en espíritu” es aquella psique-alma que conoce bien sus heridas, como también la oscuridad de los pazos que la está rodeando y busca constantemente la psicoterapia, la redención y la liberación en el Señor. Esta psique-alma soporta con paciencia las fatigas y no se alegra por ningún bien terrenal, sino que sólo busca al Médico bueno y tiene la fe, esperanza y convicción que Él la psicoterapiará y la sanará. Por tanto, ¿de qué manera esta psique-alma herida se hará buena y bella y será adecuada y con buena presencia para vivir con Cristo? ¿Cómo de otra manera, sino tal como fue plasmada desde el principio y con clara gnosis (conocimiento) y conciencia de sus heridas y su pobreza? Porque si no se complace en sus errores y en los hematomas de sus pazos, ni justifica sus errores, el Señor entonces no la hace responsable de la causa de su enfermedad, sino que viene y la psicoterapia, la sana, la cuida y la restablece una belleza incorruptible e impasible, sin pazos. Con la única condición de que no participe con su voluntad en lo que realiza, como hemos dicho, ni consienta en los impulsos de sus πάθος pazos que están activos, sino que con todas sus fuerzas clame al Señor, para que Él, mediante Su bondadoso Espíritu, la haga digna de liberarse de todos los pazos. Por tanto, esta psique-alma es bienaventurada y feliz. Pero, ¡ay de aquella que no tiene conciencia de sus heridas y cree que no tiene maldad alguna, por su gran maldad y dureza! Esta psique-alma el bondadoso Médico no la visita, ni la psicoterapia ni la cura, ya que ella tampoco le busca ni le pide psico-terapia, ni se preocupa por sus heridas, ya que cree que está bien y sana. Porque dice el Señor: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos” (Mt 9,12).

101 Son realmente bienaventurados, felices y admirables por sus vidas y del gozo sobrenatural, los que con fe ferviente y conducta virtuosa conocieron por experiencia y sentimiento los misterios celestiales del Espíritu y tienen como patria los cielos (Fil 3,20). Ellos son los mejores entre todos los hombres juntos. La demostración es obvia. ¿A quién de los que tienen poder y sabiduría, prudencia y virtud, mientras aún vivía en la tierra, sucedió subir al cielo y allí trabajar obras espirituales y contemplar las bellezas del Espíritu? Y ahora un pobre exteriormente, totalmente pobre, despreciado y desconocido por los vecinos que le rodean, cayendo con su rostro delante del Señor, sube al cielo conducido por el Espíritu y, con plena conciencia y sentimiento de su psique-alma disfruta con su  λογισμός (loyismós: pensamiento) las realidades y cosas admirables de allí y allí trabaja, allí se alimenta, allí tiene su patria, según el Apóstol que dice: “Nuestra patria se encuentra en los cielos” (Fil 3,20), y en otra parte: “«Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman». Y a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo lo penetra todo, hasta las cosas infinitamente profundas de Dios, y Espíritu es capaz de transmitir las grandezas de Dios, las que puedan caber en cada διάνοια (diania: mente intelecto, cerebro) humana” (1Cor 2, 9-10). Ellos son los verdaderos sabios, poderosos, ellos son los verdaderos nobles y virtuosos.

102 Pero incluso sin considerar esos carismas, dones celestiales, si juzgas a los Santos a partir de las realidades presentes, no dudarás de llamarlos superiores a todos. Por ejemplo, Nabucodonosor, el rey de Babilonia, construyó su estatua y llamó a todas las naciones para adorarlo. Esto por supuesto que lo economizó o dispuso con gran sabiduría Dios, para que en todos se manifestara la virtud de los tres Jóvenes y para que supieran todos que solo hay un Dios, el Cual habita en los cielos. Los tres Jóvenes prisioneros y privados de su libertad, se presentaron con buen ánimo y valor delante de Nabucodonosor, y mientras que todos los demás con mucho miedo le veneraban y no se atrevían a hacer otra cosa que obedecerle, quedando casi afónicos, como los animales que son arrastrados por la nariz, ellos permanecieron tan diferentes, de modo que ni siquiera querían que se supiera que veneraban al verdadero Dios, ni toleraban esconderse, sino que ante todos dijeron: “Tus dioses, oh Rey, no los adoramos, ni nos postramos delante de tu estatua de oro que has levantado”. Entonces para castigarlos, los arrojaron en aquel terrible horno, pero este horno dejó de ser horno ardiente y no mostró su energía candente”, sino que volviéndose como piadoso, los mantuvo intocables e indemnes de todo mal. Y entonces todos y el mismo rey a causa de los tres Jóvenes reconocieron y aceptaron al verdadero Dios (Daniel 3). Y por esta actitud de aquellos no solo se asombraron los hombres de la tierra, sino también los coros celestiales. Porque en las grandes hazañas buenas de los Santos no son ausentes ni los Ángeles del cielo, sino que están con ellos, como deja entrever el Divino Apóstol, diciendo: “Nos hemos convertido en espectáculo para los Ángeles y para los hombres” (1Cor 4,9). Puedes informarte de cosas y realidades semejantes también por el profeta Elías. Él siendo un hombre, demostró ser el más fuerte de la multitud, haciendo descender fuego del cielo (3Re 18,38). Pero también Moisés venció a todo Egipto y al tirano Faraón. Esto también lo verás con Lot (Gen 19,29) y al Noé (Gen 7,1) y con muchos otros que, aunque exteriormente parecían hombres de gran modestia, se sobrepusieron y dominaron por encima de muchos otros, prominentes, nobles y poderosos.

103 Si a cada una de las cosas visibles no viene para ayudarla alguna otra naturaleza exterior, ella permanece de por sí tosca, bruta e informe. Y eso porque la indescriptible sofía-sabiduría de nuestro Dios nos muestra mediante los misterios y los tipos o figuras visibles, que la naturaleza humana por sí sola, sin la ayuda divina, no puede presentar la plenitud del adorno de las virtudes y la belleza espiritual de la santidad. Así como la tierra, si permanece tal y como está y no es cultivada por los agricultores y no vienen a ayudar las lluvias y el sol, es inadecuada e incapaz de producir frutos. Así también cada casa, para que no esté a oscuras, tiene necesidad de esta misma luz solar, la cual no tiene la misma naturaleza que la casa. Hay también otros ejemplos similares a estos. Así también la naturaleza humana, como es imposible dar por sí sola los frutos de las virtudes, necesita del agricultor espiritual de nuestras psiques-almas, es decir, el Espíritu de Cristo, que es completamente extranjero y diferente de la naturaleza humana. Porque nosotros somos creaciones en cambio Él es increado. Esto es lo que cultivará con Su propio arte los corazones de los fieles, es decir, aquellos que se han entregado con toda su voluntad al agricultor espiritual y las preparará para que produzcan frutos perfectos del Espíritu, y brillará y resplandecerá Su luz increada en la casa de nuestra psique-alma que está oscurecida y entenebrecida por los πάθος pazos.

104 La guerra de los cristianos ortodoxos es doble y doble también la lucha. Por un lado, con las cosas que ve por la vista corporal, porque estas incitan, estimulan y cosquillean la psique-alma atarse apasionadamente con ellas y ser agradada por ellas. Por otro lado, por las potestades y las autoridades del terrible y maléfico dominador del mundo.

105 La gloria esplendorosa que había en el rostro de Moisés (Ex 34, 29-30) era el tipo o prefiguración del verdadero esplendor del Santísimo Espíritu. Es decir, igual que entonces nadie podía mirar al rostro de Moisés, así también ahora, este esplendor o gloria-doxa que brilla en las psiques-almas de los cristianos ortodoxos, no puede soportarla la oscuridad de los pazos, sino que es rechazada y expulsada por su fulgor, resplandor y se aleja.

106 Al cristiano ortodoxo que ama la verdad y a Dios, que ha saboreado la dulzura celestial y tiene arraigada y unida a su psique-alma la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y que ha entregado todo su ser a las voluntades de la χάρις jaris, le son odiosas todas las cosas de este mundo. Porque éste se ha hecho superior a todas las cosas del mundo. Y ya sea que hables de oro, de plata, de honores y glorias, o de buena fortuna, elogios y alabanzas, ninguna de estas cosas puede dominarlo. Porque este ha recibido la experiencia de otra riqueza, otra doxa-gloria y honor, y es alimentado psíquicamente con el placer incorruptible e increado, y tiene plena conciencia, sentido espiritual y plenitud mediante la comunión del Espíritu Santo.

107 Este ser humano ortodoxo tiene tanta diferencia de los otros hombres en inteligencia, gnosis (conocimiento espiritual increado) y discernimiento, cuanta tiene el pastor lógico de los animales ilógicos-irracionales que pasta. Porque participa en otro espíritu y otro νούς (nus: espíritu de la psique), en otra inteligencia y sofía-sabiduría diferente de este mundo. Dice el Apóstol: “Y nosotros los Apóstoles por supuesto que enseñamos sabiduría-sofía entre los hombres formados y avanzados desde el aspecto espiritual, pero no la de los hombres de este mundo y de este siglo, ni la de los soberanos pasajeros de este mundo, que todo esto es provisional y se disolverá; sino que proclamamos una sabiduría divina, misteriosa, oculta e inaccesible por la διάνοια diania (mente, intelecto e inteligencia humana), sabiduría increada que designó Dios, antes de la en tiempo creación, y decidió apocaliptarla-revelarla para glorificar a nosotros los fieles” (1Cor 2, 6-7). Por eso también este hombre ortodoxo difiere de todos los hombres que tienen el espíritu del mundo, como hemos dicho, sean prudentes o virtuosos, sean sabios, y entiende todos los hombres, como está escrito (1Cor 2,15), y conoce a cada uno de dónde habla y en qué se sostiene y entre quiénes se encuentra. Pero a él nadie de los hombres que tienen el espíritu del mundo le puede examinar y entender, sino sólo el que tiene el mismo espíritu, el espíritu de la deidad, como dice el Apóstol: “Hablamos de esto no con un lenguaje que nos ha enseñado la sabiduría y la retórica humana, sino con logos que nos los inspira el Espíritu, que expresan los conceptos y acontecimientos espirituales en términos espirituales para que comparándolos con otros espirituales los entendamos mejor. El hombre mundano carnal, es decir, el que no ha renacido y despertado espiritualmente y vive conforme sus instintos inferiores animales y sus πάθος (pazos: pasiones, emociones, adicciones, vicios etc.) no acepta las cosas que apocalipta-revela el Espíritu de Dios, porque le parecen que son locuras, necedades para él, no tiene la capacidad espiritual de conocerlas porque estas realidades se investigan, se razonan y se entienden de modo espiritual por la iluminación de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Santo. En cambio, el hombre espiritual, por el contrario, lo analiza e investiga todo, lo discierne y entiende fácilmente todo acontecimiento y a todo hombre, mientras que a él ningún hombre mundano (que vive con mentalidad y forma del mundo pecaminoso) y ajeno de la vida en Cristo Dios-Hombre, puede comprenderlo y juzgarlo” (1Cor 2, 13-15).

108 Es imposible para uno recibir el Santísimo Espíritu de otra manera, a menos que se despoje completamente de las cosas de este mundo y se dedique a la búsqueda de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresada) de Cristo, para liberar su νούς (nus: espíritu de la psique) de todas las preocupaciones de la materia y así dignificarse para convertirse en un espíritu con el Señor, como dice el Apóstol: “Pero el que se une al Señor de un modo misterioso se hace un espíritu con él, y se santifica por él” (1Cor 6, 17). Ahora bien, la psique-alma que está atada con alguna cosa del mundo y declina hacia esta, sea por riqueza, por gloria o por amistad mundana, no es posible escapar y atravesar la tiniebla u oscuridad de las astutas potencias malignas (demoníacas).

109 Las psiques-almas que aman a Dios y la verdad, no sufren ni la más mínima disminución de su έρως (eros: amor ardiente) hacia el Señor. Sino que, clavadas totalmente en Su cruz, tienen conciencia y percepción clara del progreso espiritual que se produce en su interior. Por tanto, heridas por Su anhelo y, por decirlo así, hambrientas para la justicia (Mt 5, 6) de las virtudes y del resplandor del Espíritu bondadoso, y aún si se hacen dignas de los divinos misterios y participan de la alegría y gozo celestial y de la χάρις jaris increada, no confían en sí mismas ni se creen que son algo. Sino que cuanto más dignas se vuelven para recibir los carismas o dones espirituales, se vuelven más codiciosos y con mayor esfuerzo buscan los bienes celestiales. Y cuanto más progreso sienten, tanto más voraces o golosas se vuelven para las realidades divinas. Y aunque espiritualmente son ricas, actúan como si fueran pobres, conforme la divina Escritura que dice: “Los que me comen tendrán más hambre y los que me beben tendrán más sed” (Sabiduría Sirac 24,21).

110 Este tipo de psiques-almas son dignas también de recibir la perfecta liberación de los pazos, y adquirir la iluminación y la κοινωνία (kinonía: conexión, comunión, unión) del divino Espíritu en plenitud de la χάρις (jaris: gracia, energía increada). Pero las que son perezosas y negligentes y evitan las fatigas y los esfuerzos y no buscan la santificación del corazón desde aquí en esta vida, no en parte, sino que la reciban completamente con paciencia, tolerancia y magnanimidad, ellas no tienen esperanza de comulgar con el espíritu Paráclito (Suplicante) en todo sentido, sentimiento y certeza y mediante Él liberarse de los pazos de la maldad. Estas, aunque se hagan dignas de la divina χάρις jaris, sin embargo, debido a que son engañadas por la maldad, dejan todo cuidado espiritual con la idea de que ya han recibido la χάρις jaris y se sostiene de ella y disfrutan de dulzura espiritual. Así estas psiques-almas es fácil que caigan en la arrogancia y presunción, ya que no quebrantan sus corazones, ni buscan la humildad y no humillan su mente y su conducta, ni son sedientas espiritualmente, ni luchan para llegar a la perfecta απάθεια (apázia, sin pazos, impasibilidad). Y al contentarse con esta pequeña ayuda de la χάρις jaris y progresar no en la humildad, sino en la exaltación, arrogancia y presunción, quedan despojadas incluso de este carisma que se habían hecho dignas de recibir. Porque la psique-alma que ama verdaderamente a Dios, como hemos dicho, aunque consiga innumerables virtudes, aunque consuma su cuerpo con grandes ayunos y vigilias, aunque se haga digna de recibir varios carismas del Espíritu y apocalipsis-revelaciones y misterios divinos, posee tal modestia como si aún no hubiera comenzado a vivir según la voluntad de Dios o sin haber adquirido ningún bien, y siente avidez y έρως (eros: amor ardiente) insaciable por la divina αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) que inspira el Cristo.

111 Para alcanzar estas medidas espirituales enseguida y fácilmente, no es fácil para nadie; sino que deben preceder muchas luchas, fatigas y esfuerzos, y pasen años con diligencia, pruebas y varias tentaciones, hasta llegar al perfecto grado de la απάθεια (apázia: sin pazos, impasibilidad). Así, después de haber sido probado con cada dolor y esfuerzo y soportar valientemente toda aflicción, sufrimientos y todas las tentaciones que provoca la maldad, se hace digno de recibir grandes honores y los carismas del Espíritu y la riqueza divina. Y después se hace también heredero de la realeza increada celestial.

112 La psique-alma que no tiene la exactitud de la forma de vida que hemos mencionado y aún no ha recibido el sentimiento de la santificación del corazón, pues, que esté en luto (espiritual) y busque y pida del Señor que le sea concedido este bien y la energía increada del Espíritu que se manifiesta en el νούς (nus: espíritu de la psique) con inefables contemplaciones espirituales. Según la ley eclesiástica, aquellos que han caído en pecados corporales, primero son castigados por el sacerdote con la privación de la divina comunión o efjaristía, y después, si muestran la μετάνοια metania correspondiente, se hacen dignos de comulgar. Pero los que en su vida no han tenido este tipo de caídas y son limpios y puros, aprueban y pasan al Sacerdocio y desde el lugar exterior pasan y son colocados al altar, para que sean liturgos-servidores o asistentes del Señor sentados con Él. Por tanto, así debemos pensar también sobre la comunión mística del Espíritu, por la que el Apóstol dijo: “La χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Señor Jesús Cristo y la agapi-amor (incondicional y energía divina) de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2Cor 13,13).

Las cosas siguen el siguiente orden. La Santa Trinidad habita en la psique-alma pura (la que ha hecho la catarsis) en sinergia-cooperación también con la bondad divina. Por supuesto que habita no como es, porque es incontenible, no cabe en ninguna parte, ni en toda la creación, sino a la medida que el hombre sea idóneo y receptivo para recibirla. Pero cuando la persona cambia un poco su rumbo, alejándose de la conducta voluntaria según Dios y entristece al Espíritu divino, el νούς (nus: espíritu de la psique) es alejado y privado del gozo espiritual, ya que la divina χάρις jaris, la αγάπη agapi y toda buena energía del Espíritu se retiran y el νούς nus es entregado en aflicciones y sufrimientos, tristezas y tentaciones y en espíritus astutos malignos, hasta que la psique-alma vuelva a caminar correctamente para agradar el Espíritu. Después, al haber demostrado su μετάνοιά metania con cada confesión y humildad, de nuevo se hace digna de ser visitada por la χάρις jaris y disfrutar del gozo y del deleite celeste más que antes. Si, en cambio, no entristece en absoluto al Espíritu, sino que continúa viviendo de modo que gusta a Dios y se opone a todos los pensamientos malignos, astutos y viles y permanece constantemente unida y apegada al Señor, entonces esta psique-alma con justicia y en consecuencia, de acuerdo con su comportamiento y conducta, progresa y se hace digna de recibir donaciones inefables y progresa de δόξα doxa (gloria) en gloria (2Cor 3,18) y de descanso en descanso más perfecto. Luego, después de alcanzar el perfecto grado del cristianismo ortodoxo, será incorporada y contada entre los perfectos e irreprochables obreros de Cristo en Su eterna realeza increada.

113 Considera las cosas visibles o fenómenos como figuras o tipos y sombras de las realidades invisibles. El templo que vemos es tipo o figura del templo del corazón, el sacerdote es el tipo o figura del verdadero sacerdote, la χάρις (jaris: gracia, energía increada) es de Cristo, etc. Por tanto, en esta Iglesia visible, si primero no se realizan las lecturas, las salmodias y no se sigue todo el orden del canon eclesiástico, ο según la Divina Liturgia, el sacerdote no puede celebrar el divino Misterio del cuerpo y la sangre de Cristo. Si se cumple todo el canon eclesiástico, pero no se realiza por el sacerdote la ευχαριστία efjaristía mística de la ofrenda o prósfora y la comunión del cuerpo de Cristo, entonces tampoco se completa el rito eclesiástico, y el culto al Misterio es incompleto. Lo mismo sucede también con el cristiano ortodoxo. Es decir, si no ha logrado el ayuno, la vigilia, la salmodia y toda la ascesis-ejercicio y virtud y la energía mística del Espíritu no se realiza por la χάρις jaris en el altar de su corazón con todo sentido, sentimiento, conciencia y descanso espiritual, entonces todo este proceso ascético es incompleto y casi infructuoso, porque no lleva el deleite y el gozo del Espíritu llenando su corazón de manera mística.

114 El ayuno y la vigilia son buenos, así como buenos son la ascesis y la ξενιτεία (xenitía: renuncia, apartarse y desprenderse del mundo). Por supuesto que estas cosas son solo el comienzo y la antesala de la vida gustada por Dios, por eso es irrazonable que uno confíe y cuente plenamente en ellas. Porque alguna vez, como hemos dicho antes, también la χάρις jaris increada la tenemos en algún grado, pero también la maldad acecha en nuestro interior, se vuelve astuta y se retira intencionalmente, y no actúa ni se muestra como es según su naturaleza, pero hace al hombre creer que tiene su νούς nus catarizado, purgado y psicoterapiado, limpio y lúcido, llevándolo a la arrogancia y presunción por su perfección. Después ataca como un atracador y lo arroja a los abismos más profundos.

Así como personas que han sido ladrones o soldados profesionales durante veinte años, saben perfectamente cómo poner trampas a sus oponentes, emboscarlos y atacar sus flancos para exterminarlos con un ataque sorpresa, mucho más aún la maldad, el diablo, que tiene miles de años de experiencia y su obra más agradable es conducir psiques-almas a la perdición, conoce perfectamente el arte de emboscar en los rincones ocultos del corazón, y cuando quiere, permanece quieto intencionalmente, sin actuar, para engañar y arrastrar la psique- alma a la presunción y hacerla creer que ha alcanzado la perfección.

Así que el cimiento del cristianismo ortodoxo es que, incluso si alguien posee todas las virtudes, no debe complacerse, ni confiar, ni pensar que ha logrado algo importante. Y aunque llegue a ser partícipe de la χάρις jaris increada, no debe pensar y creer que ha alcanzado algo, ni sentirse satisfecho, sino más bien entonces debe tener más hambre y sed, debe lamentarse y llorar, y tener su corazón completamente quebrantado.

115 Ten en mente que el estado espiritual es algo así: Supón un palacio real. A este pertenecen patios, vestíbulos y aposentos, algunos exteriores y otros más interiores, donde se guardan la púrpura y los tesoros. Después está una habitación interior aún más escondida, adecuada sólo para el rey. De esta manera si uno entra por las habitaciones exteriores y cree que ha llegado en las habitaciones más interiores, se engaña. Así también son las realidades espirituales, aquellos que combaten contra la panza, o vientre, el sueño y se dedican continuamente a los salmos y oraciones, no deben pensar que ya han llegado al final y al descanso (espiritual). Todavía se encuentran en los vestíbulos y patios y no donde se guardan la púrpura y los tesoros reales. Y si se han hecho dignos de recibir alguna χάρις jaris espiritual, tampoco deben dejarse engañar creyendo que han alcanzado el final. Conviene, pues, que uno investigue si ha adquirido el tesoro en su recipiente de barro (2Cor 4,7), si se ha revestido de la púrpura del Espíritu, si ha visto al rey y ha encontrado descanso (espiritualmente). Supón otra vez, que la psique-alma tiene cierta profundidad y muchos miembros, y que el pecado, una vez que se ha introducido, ha capturado y dominado todos los miembros, los pensamientos y los conceptos del corazón. Luego el hombre pidió la χάρις jaris (energía increada) del Espíritu y ella vino y se envolvió, digamos, en las dos partes de la psique-alma. Por tanto, aquel que no tiene experiencia, cuando es estimulado y animado por la χάρις jaris, cree que todos los miembros de la psique-alma han sido ocupados por ella y que el pecado ha sido desarraigado completamente, y no conoce que la mayor parte de la psique-alma aún está bajo el dominio del pecado. Porque es posible, como muchas veces lo dijimos, que la χάρις jaris opere incesantemente, igual que el ojo en el cuerpo, y que también coexista la maldad, robando de manera inteligente la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro). Por tanto, quien no puede discernir, cree que ha logrado algo grande, se enorgullece y presume que ha recibido la catarsis perfecta; mucho menos, está muy lejos de la verdad. Como dijimos antes, el arte del Satanás es también este, retroceder voluntariamente durante muchos años y no obrar las cosas que acostumbra, por supuesto con el propósito de introducir en la mente y en el νούς (nus: espíritu del corazón) de los que se están ejercitando en ascesis la falsa idea de que han alcanzado la perfección. ¿Acaso el que planta una viña obtiene inmediatamente el fruto? ¿O quien siembra los granos de trigo, enseguida siega? ¿o acaso se hace de inmediato hombre perfecto el bebé recién nacido? Mira a Jesús: siendo Hijo de Dios y Dios mismo, el Cristo, ¿de qué gloria descendió, y en qué padecimientos, sufrimientos, deshonra, cruz y muerte llegó? y de nuevo, ¿cómo fue exaltado por su humildad y se sentó a la derecha del Padre (Ef 1,20). Sin embargo, la malvada astuta serpiente, al sembrar desde el principio en Adam el deseo de convertirse en Dios (Gen 3,5), lo descendió a tal deshonra precisamente por esta idea arrogante y soberbia. Por lo tanto, tú también prestando atención en tu νούς nus (espíritu de la psique), vigílate y protégete a ti mismo a lo máximo que puedas, y ocúpate con gran diligencia y esmero tener siempre tu corazón humilde y quebrantado.

f) Sobre la libertad del νούς nus espíritu 

116 Cuando escuches que Cristo bajó al hades y liberó a todas las psiques-almas que allí estaban, no creas que estas cosas son tan lejanas y distintas que las que suceden hoy en día. Es decir, considerar que el corazón es un sepulcro y allí están enterrados los λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) y el νούς (nus: espíritu de la psique), sumidos en una profunda oscuridad. Viene entonces el Señor a las psiques-almas que le invocan desde el hades, es decir, en la profundidad del corazón, y allí ordena la muerte: “deja libres las psiques-almas prisioneras, las cuales buscan a Mí que puedo salvarlas”. Después, Él levanta la pesada piedra que cubre la psique-alma, abre la tumba y resucita al que verdaderamente estaba muerto y libera a la psique-alma encarcelada de su prisión oscura.

117 Sucede muchas veces que el satanás te hable según la fantasía en tu corazón, diciéndote: “Mira cuantas obras malas has hecho, tu psique-alma está llena de iniquidades, estás cargado con el peso de muchos y graves pecados”. Que no te engañe, pues, el Satanás con estas cosas y, con bajo el pretexto de la humildad, te empuje a la desesperación y a la depresión. Porque desde el tiempo que por la transgresión se introdujo la maldad en el hombre, el satanás adquirió acceso y capacidad de conversar diariamente de una manera a la psique-alma, como un hombre a otro, sugiriéndole cosas absurdas y necedades. Por tanto, tú respóndele: “Sí, pero tengo escritas las garantías de Dios que dice: No deseo la muerte del pecador, sino que retorne en la μετάνοια metania y tenga vida” (Ez 18,23 · 33,11). Entonces ¿por qué quiso bajar Dios en la tierra, si no fuera para salvar a los pecadores e iluminar a los que viven en la oscuridad y dar vida a los muertos (espiritualmente) por el pecado?

118 Igual que la δύναμη (dinami: poder, potencia y energía) adversa, así también la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) exhorta y persuade sin obligar, y eso para salvaguardar la libertad y nuestra independencia o libre albedrío. Por eso también por cuantos males hace el hombre por la indicación del satanás, es el hombre quien recibe el castigo, no el satanás, porque no fue arrastrado por la fuerza o la violencia, sino que con su propia libre voluntad obedeció a la maldad (o al satanás). Lo mismo sucede también con el bien. La χάρις jaris increada no atribuye el mérito del bien a sí misma sino al hombre, y por esto le glorifica, porque él se ha hecho causa del bien en sí mismo. Por otro lado, la χάρις jaris no obliga, como hemos dicho, con fuerza la voluntad del hombre, de modo que no pueda dirigirse hacia otra parte. Aunque coexiste, no obstante, da la prioridad a la independencia para que se manifieste la voluntad del hombre para revelar si declina hacia la virtud o hacia la maldad. Porque la ley no es para la naturaleza humana, sino para la independencia y libertad elección, que puede dirigirse hacia el bien o el mal.

119 Debemos proteger nuestra psique-alma y no dejarla conversar con pensamientos profanos, malignos y astutos. Igual que el cuerpo cuando se toca y se une con otro cuerpo se contamina y comete el pecado, así también la psique-alma se corrompe cuando recibe y acepta malignos astutos loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía) y consiente en ellos. Y no solo los pensamientos de mala astucia y lujuria o fornicación, sino también de toda clase de maldad, por ejemplo, la incredulidad, la cobardía, la vanagloria, la ira, la discordia y el conflicto etc. Esto es lo que significa “hacer la catarsis” de nosotros mismos de toda mancha y contaminación, tanto física, carnal como espiritual (2Cor 7,1). Pero debes conocer que existe corrupción, lujuria y prostitución también en la parte invisible de la psique-alma, la cual prostitución es operada por pensamientos, conceptos y fantasías absurdos e indecentes; y tal como aquel que corrompe el templo de Dios, o sea, el cuerpo, Dios le extinguirá, según el Apóstol (1Cor 3,17), así también aquel que corrompe la psique-alma y el νούς (nus: espíritu de la psique) por estar conforme y consentir en las cosas absurdas e indecentes, es digno de castigo. Por tanto, tal como debemos proteger el cuerpo del pecado visible, así debemos proteger también la psique-alma de los λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) indecentes y absurdos, porque ella es la novia de Cristo. Dice el Apóstol: “Os he unido con lazos de arras o alianza a un solo hombre, es decir, a Cristo, para presentar vuestra psique-alma pura y limpia, como novia pura y espiritual” (2Cor 11,2). Y mira con atención lo que dice la Escritura: “Con toda tu atención vigila y protege tu corazón, porque de él serás conducido a la vida” (Prov 4,23). Sepas aún que los pensamientos perversos e indecentes separan de Dios, como enseña la divina Escritura en (Sabiduría. Salomón 1,3).

120 Cada uno de nosotros debe pedir cuentas a su psique-alma interrogando y examinando cuáles son sus inclinaciones y tendencias. Si ve que su corazón no está en consonancia con las leyes de Dios, debe esforzarse con todas sus fuerzas para mantener tanto el cuerpo como su νούς nus inflexibles e indiferentes a los malignos astutos pensamientos, conceptos y fantasías, por supuesto que, si quiere, de acuerdo con la promesa divina, hasta que venga habitar en su interior el Καθαρός kazarós Puro. Porque Él prometió que habitará y caminará (2Cor 6, 16) en las psiques-almas puras, limpias y lúcidas que aman el bien.

121 Tal como el agricultor que pone toda su atención y esmero a su tierra, primero hace el arado renovando la tierra y recoge las espinas, y después le echa las semillas, así también aquel que espera recibir de Dios la semilla de la jaris (gracia, energía increada), primero debe limpiar o hacer la catarsis de su corazón, de modo que caiga la semilla del Espíritu para que rinda plenamente y dar muchos frutos. Si antes no se hace esto y no se limpia, psicoterapia o no hace la catarsis de sí mismo de toda mancha y contaminación carnal y espiritual (2Cor 7,1), aún es carne y sangre (1Cor 15,50) y se encuentra lejos de la vida.

122 Debemos observar por todos los lados cuidadosamente con agudeza los sortilegios, las trampas, los engaños, los dolos, los maleficios y los planes perversos del enemigo; porque como dice el Espíritu Santo con la boca de Pablo que se ha hecho todo para todos, para ganar a todos (1Cor 9,22), así también la maldad (el satanás) se ocupa y se hace de todo buscando llevar a cada uno a la perdición y a la ruina. Así el satanás en aquellos que oran finge que ora y reza con ellos con el propósito de engañarlos, entregándolos a la presunción y exaltación con el pretexto de la oración. A los que ayunan finge que ayuna con ellos, queriendo arrastrarlos a la presunción del ayuno. A los que tienen gnosis-conocimiento de las Escrituras hace las mismas cosas, deseando desviarlos y sacarlos del camino ortodoxo bajo el pretexto de la gnosis. En aquellos que se han hecho dignos de que les sea apocaliptada-revelada la divina luz increada, opera de un aspecto parecido, es decir, se metamorfosea, transforma en ángel luminoso (2Cor 11,14) para engañarlos presentando su propia luz falsa y atraerlos consigo. Y en general, así de distintas maneras aparece transformado a cada uno, tomando la forma adecuada, de modo que con la semejanza hacer prisionero a cada hombre y conducirlo a la ruina con un pretexto aparentemente bueno. Dice el Apóstol: “pues las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas del enemigo, destruir sofismas y toda altanería que se levante arrogantemente para impedir a los hombres conocer a Dios; además con estas armas espirituales atraemos a todo corazón con buena voluntad y lo entregamos a la obediencia de Cristo Dios-Hombre(2Cor 10, 4-5).

Observa hasta qué punto se atreve el arrogante Satanás: desea incluso vencer a aquellos que ya tienen a Dios con el conocimiento de la verdad. Así que cada uno con atenta vigilancia debe proteger y guardar su corazón (Pro 4,23) y pedir a Dios gran prudencia, sabiduría e inteligencia para que nos conceda darnos cuenta de los ardides y artificios del mal. Aún debemos mantener una actividad espiritual continua, proteger con prudencia nuestro νούς (nus: espíritu de la psique) y los pensamientos, y nos vayamos estructurando a nosotros mismos de acuerdo con la voluntad de Dios. Porque no hay obra más valiosa que este trabajo. Como dice el Salmista, su trabajo y obra es la doxología y la majestuosidad (Sal 110,3).

123 Costumbre de la psique-alma amante de Dios es que, aunque practique todas las obras de la virtud, las atribuya y adjudique todas a Dios y no a sí misma. Por eso, el Dios, al contrario, al ver la prudencia y el conocimiento sano y correcto de ella, le atribuye todo a ella, y mide Sus recompensas hacia ella como si hubiera trabajado y hecho ella todo sola, aunque, si quisiera juzgarnos, en verdad no se encontraría nada que pudiera justificarse el ser humano. Puesto que el dinero y todas las cosas que consideramos buenas por las que uno puede hacer obras buenas, son de Dios, la tierra y todo lo que ella contiene (Sal 23,1), incluso el cuerpo y la psique-alma. Pero también, el que uno sea un ser humano, esto también gracias a Dios lo tiene. Por tanto, ¿qué le queda propio entonces al hombre para justificar su soberbia y presunción o para auto-justificarse? Sin embargo, el Dios recibe y acepta como la mayor oferta de los hombres y la que Le da más alegría que cualquier otra cosa es la siguiente: Conociendo bien la psique-alma cómo es la realidad, todos los bienes que realiza, todo el esfuerzo que hace por Dios, todo lo que comprende y aprende, debe atribuirlo únicamente a Él y confiarle todo a Él.

124 Cuando una mujer viene en convivencia y unión con el marido, todas las cosas personales de cada uno se hacen comunes entre ellos, compartiendo una casa y una fortuna, tanto de las cosas visibles e invisibles. Y no sólo los bienes del hombre, sino también su propio cuerpo se convierte en posesión de la mujer, como dice el Apóstol: “La mujer no es dueña de su cuerpo, sino el marido; igualmente el marido no es dueño de su cuerpo, sino la mujer” (1Cor 7,4). Así es también la comunión verdadera y mística de la psique-alma con el Cristo, que se une con Él en un mismo espíritu (1Cor 6, 17). Por tanto, es lógico que se convierta, de algún modo, en dueña de Sus inescrutables tesoros, ya que ha llegado a ser Su esposa o novia. Porque cuando el Dios se convierte en propiedad de ella, es obvio que Sus propiedades son también propiedades de ella, ya sea el mundo, la vida, la muerte, los ángeles, los principados, las potestades, los asuntos y acontecimientos presentes y futuros, (Rom 8,38).

125 Mientras que el pueblo de Israel agradaba al Señor, aunque nunca lo que debería, al menos mientras mantenía algo saludable la fe hacia Él, el Señor los guiaba con una columna de fuego y una nube (Ex 13,21) y les abría el paso por el Mar Rojo (Éxodo 14:21), y muchas otras cosas maravillosas disfrutaba. Pero cuando se alejaban de Su αγάπη (agapi: amor increado e incondicional), entonces eran entregados a los enemigos y sometidos en amargas esclavitudes. Lo mismo sucede también con la psique-alma que ha conocido la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, y al haberse hecho primero la catarsis (purgarse, psicoterapiarse y purificarse) de mucha de infecciones y contaminaciones, después de hizo digna también de recibir las divinas donaciones; pero como no mantuvo hasta el final la αγάπη agapi debida a su esposo celestial, recayó de la vida de la que se había hecho partícipe. Porque es posible que el enemigo levante cabeza también contra aquellos que han alcanzado tales alturas. Así que, debemos luchar con todas nuestras fuerzas y cuidarnos para nuestra vida eterna con temor y temblor; y especialmente aquellos que han recibido el espíritu de Cristo no deben actuar con negligencia en nada, ni en lo pequeño ni en lo grande, para no entristecer al Espíritu del Señor (Ef 4,30). Porque tal y como se alegran en el cielo, según dice la Verdad (Lc 15,7), por un pecador que vuelve en la μετάνοια metania, así también vuelve la tristeza por una psique-alma que pierde la vida eterna.

126 Cuando la psique-alma ha sido juzgada digna de recibir la χάρις (jaris: gracia, energía increada), entonces el Dios concede aún más donaciones útiles, la gnosis (conocimiento espiritual), la templanza y el discernimiento. Por supuesto que Dios concede estos regalos cuando la psique-alma los pide, para que pueda servir agradablemente al Espíritu, del cual se ha hecho digna de recibir, sin ser engañada por la maldad, sin errar por la ignorancia, sin declinar por el descuido y la negligencia, viviendo sin miedo y para no hacer nada que no sea de acuerdo con la voluntad del Señor.

127 Igual que la energía y acción de los pazos, que es el espíritu mundano del engaño, la oscuridad y el pecado, habitará en un hombre que está pleno de conducta y mentalidad carnal, así también la energía del Espíritu luminoso habita en el interior del hombre que ha sido santificado, según los logos del Apóstol: “puesto que buscáis una prueba de demostración de que Cristo en mí habla” (2Cor 13,3) y “ya no vivo yo, sino que en mi interior vive el Cristo” (Gal 2,20) y “los que habéis sido bautizados en el nombre de Cristo, os habéis revestido a Cristo” (Gal 3,27).  También el Señor dice: “Vendremos yo y el padre y habitaremos en él” (Jn 14,23). Estas cosas no vienen de forma imperceptible y a escondidas, ni tampoco sin la energía efectiva, sino por la δύναμη (dínami: potencia y energía) y verdad en los que son considerados dignos. La ley del Antiguo Testamento buscaba retornar a los hombres en la teognosía (conocimiento de Dios) mediante preceptos que eran difíciles de soportar, y ponía sobre ellos un yugo pesado e inaguantable, sin extenderles una mano de ayuda, y esto porque no podía proporcionar la potencia y energía del Espíritu. Como dice también el Apóstol: “La Ley era imposible que fuera aplicada, a causa de la debilidad humana, etc,…”(Rom 8,3). Pero después de la parusía (presencia) de Cristo, se abrió la puerta de la χάρις jaris a los que creyeron de verdad, y se dona en ellos la fuerza de Dios y energía (increada) del Espíritu Santo.

128 Después de que Cristo envió a Sus discípulos la donación principal y la bondad natural del Espíritu Santo (Hech 2,3), la divina energía fue transmitida a todos los que creían y habitaba en sus psiques-almas y psicoterapiaba, sanaba los pazos del pecado y los liberaba de la oscuridad y de la necrosis o mortificación espiritual (de ser espiritualmente cadáveres andantes). Porque hasta entonces, la psique-alma estaba herida, encarcelada y cautiva en la densa oscuridad del pecado. Pero ahora también, la psique-alma que no se ha hecho digna de tener como residente al Señor, ni de tener activamente la fuerza del Espíritu Santo habitando dentro de ella, sigue estando en la oscuridad. Pero en aquellos que ha venido la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Divino y habitó en las profundidades de sus νούς (nus: espíritu de la psique), en ellos el Señor se convierte en su psique-alma, como dice el divino Apóstol: “El que se une con el Señor, se hace junto con Él un espíritu” (1Cor 6, 17), y el mismo Señor dice: “Padre, tal como tú y yo somos uno, lo mismo también ellos sean uno con nosotros” (17,21). ¡Qué gran favor y bondad ha mostrado el Dios hacia la naturaleza humana, que tanto se ha humillado por el pecado! Cuando la psique-alma convivía con la maldad de los pazos, era una igual que ellos, y aunque tenía su propia voluntad, no podía hacer lo que quería, como dice el Pablo: “No hago lo que quería hacer” (Rom 7,15); ¡Cuánto más, entonces, cuando la fuerza de Dios visita una psique-alma que ha sido santificada y se ha hecho digna de Él, su voluntad no se unirá completamente a la voluntad de Dios! Porque entonces, la psique-alma verdaderamente se convierte en psique-alma del Señor, al ser voluntariamente gobernada por la fuerza y energía increada del bondadoso Espíritu y al no seguir ya su propia voluntad. Como dice el Apóstol: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?» (Rom. 8:35), es decir, de la psique-alma que se ha unido al Espíritu Santo.

129 Por tanto, quien quiere hacerse imitador de Cristo, para ser también llamado hijo de Dios, nacido del Espíritu, debe, antes que nada, soportar con valentía y paciencia las tribulaciones, padecimientos y tristezas que vienen, es decir, las enfermedades del cuerpo o los insultos, los ultrajes y los desprecios de los hombres, incluso los ataques de los enemigos invisibles. Porque por economía de Dios se conceden en las psiques como pruebas varias tribulaciones, tristezas y sufrimientos para que se manifieste y se revele que verdaderamente Le aman. Esto es una señal y característica de los Santos de todos los siglos, Patriarcas, Profetas, Apóstoles y Mártires, que han pasado no por otra parte sino por el camino estrecho de las tentaciones, las tristezas y las tribulaciones y así agradaron a Dios. Dice la Escritura: “Hijo mío, si vienes a servir al Señor, prepara tu psique-alma para las tentaciones; ten corazón recto y esperanza” (Sabiduría Sirac 2, 1-2). Y en otra parte dice: “Todo lo que te viene acéptalo como bueno, sabiendo que nada sucede sin la voluntad de Dios”. Por tanto, la psique alma que quiere agradar a Dios debe, antes que nada, abrazar la paciencia y la esperanza. Un artilugio o astucia de la maldad es también este, que en el tiempo de tribulación siembra en nuestro interior la acidia, para alejarnos de la esperanza en Dios. Pero el Dios la psique-alma que tiene esperanza en Él, nunca la ha abandonado para ser dominada por las tentaciones hasta el punto de no encontrar salida. Como dice el Apóstol: “No os ha llegado ninguna tentación insuperable. Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; junto con la prueba os dará fuerza para soportarla y superarla” (1Cor 10,13). Pero incluso el astuto maligno, tampoco entristece la psique-alma lo que él quiere, sino lo que Dios le permite. Los hombres conocen cuánto peso puede soportar una mula, cuánto un asno, cuánto un camello y cada uno lo cargan el peso que puede soportar; y el ceramista conoce cuánto tiempo pondrá los recipientes de cerámica en el fuego, para que no se queden en el fuego más tiempo de lo normal y sean inservibles, ni que queden inservibles quitándolos del fuego antes del cocido normal. Por tanto, si el hombre tiene tanta inteligencia y prudencia, mucho más, -infinitamente más- es la inteligencia y sabiduría de Dios que conoce cuánta tentación debe permitir que llegue a cada psique-alma, para que sea probada, experimentada y adecuada para el reinado de la realeza increada de los cielos.

130 Si el cáñamo no se golpea mucho, no puede ser adecuado para convertirse en finísimos hilos; pero cuanto más se golpea y se peina, más puro y útil se vuelve. De manera similar, una vasija de barro no puede ser utilizada por los hombres si no ha sido cocida en el fuego; también un niño es aún inexperto para las labores del mundo, porque no puede construir, plantar, sembrar ni realizar otras tareas. Del mismo modo, algunas psiques-almas, aunque hayan recibido la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), y tengan la seguridad interna de la dulzura y el reposo del Espíritu, por la bondad del Señor hacia su estado infantil, pero debido a su inmadurez aún no han sido probadas ni examinadas por los malos espíritus a través de diversas tribulaciones y tentaciones, y siguen siendo aún como niños espirituales, por así decirlo, no aptos aún para el reinado de la realeza increada de los cielos. Dice el Apóstol Pablo: “Si estuvieseis sin esta pedagogía, a la que a todos los verdaderos hijos de Dios participaron y saborearon, no seríais hijos auténticos, sino bastardos” (Heb 12,8). Así también las tentaciones, las tribulaciones y las tristezas de la vida son mandadas para el bien de los hombres, fortaleciendo y convirtiendo la psique-alma más auténtica y más firme. Y si ella persevera hasta el final con la esperanza en el Señor, es imposible que no alcance la promesa del Espíritu y la liberación de los pazos de la maldad.

131 Los santos Mártires, habiendo soportado muchos tormentos y torturas, mostraron una paciencia y constancia hasta la muerte y se hicieron dignos recibir coronas y δόξα (doxa: gloria, luz increada); y cuanto más grandes y duros fueron las torturas que sufrían, tanto más doxa-gloria, seguridad y franqueza obtuvieron ante Dios. Del mismo modo también las psiques-almas que se entregaron en distintas tribulaciones y tristezas, (ya sean externas, provenientes los hombres, o internas, causadas por pensamientos absurdos e indecentes, o por enfermedades corporales), si mantienen la paciencia hasta el final, serán dignos de recibir las mismas coronas que los Mártires y la misma franqueza o confianza. Y esto porque el martirio de las tribulaciones y tristezas que los Mártires soportaron por los hombres, ellos los sufren por los martirios de los astutos malignos espíritus, que incitaron a los torturadores de los Mártires en aquel entonces. Y cuando más tribulaciones del enemigo han soportado, mayor será la doxa-gloria increada que disfrutarán de Dios, no sólo en el futuro, sino también aquí serán dignos del consuelo del bondadoso Espíritu Santo.

132 Dado que el camino que conduce a la vida celestial es estrecho, angosto y lleno de tribulaciones (Mt 7,14), y son pocos los que lo recorren, por eso debemos, por la esperanza del cielo, soportar con firmeza toda prueba que viene del astuto maligno. Porque, por todas las tribulaciones que deberemos soportar, ¿qué podemos ofrecer como equivalente a las promesas del futuro que Dios nos ha prometido, o al consuelo que desde ahora el Espíritu Santo da a nuestras psiques-almas, o a nuestra liberación de la oscuridad de los πάθος pazos, o a la deuda por la multitud de nuestros pecados? Los padecimientos de este tiempo no se comparan con la doxa-gloria increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros (Rom 8,18). Por lo tanto, como hemos dicho, todo lo debemos tolerar y soportar por el Señor, como soldados valientes que morimos por nuestro rey. ¿Por qué, cuando estábamos en el mundo y en los asuntos terrenales de la vida, no nos encontrábamos con tales sufrimientos, tristezas y tribulaciones, pero ahora que hemos venido a servir a Dios, sufrimos tantos diversos tipos de tentaciones? Ves, pues, que las tristezas, sufrimientos y tribulaciones son por el Cristo, porque el enemigo tiene envidia de la recompensa que esperamos y quiere sembrar en nuestras psiques-almas desánimo, relajamiento, pereza y negligencia, a fin de que no vivamos de forma agradable a Dios y no seamos dignos de Su realeza increada.

Por lo tanto, por más que el astuto maligno se arme contra nosotros, si nosotros soportamos sus ataques con valentía y coraje, se disuelven todas sus maquinaciones y estrategias contra nosotros con la ayuda y alianza con Cristo. Porque nosotros tenemos como protector y defensor a Jesús. Recordemos que Él también ha pasado por este mundo siendo insultado, ultrajado, perseguido y burlado, y finalmente fue ejecutado de manera deshonrosa y humillante en la Cruz.

133 Si queremos soportar fácilmente todas las tribulaciones y las tentaciones, debemos desear y tener siempre presente ante nuestros ojos la muerte por Cristo. En efecto, este mandamiento tenemos: que carguemos nuestra cruz y lo sigamos (Mt 16, 24), lo que significa que estamos bien dispuestos y preparados para la muerte. Si tenemos esta disposición, como hemos dicho, es mucho más fácil sufrir toda tribulación, visible e invisible. Porque el que tiene el deseo de morir por Cristo, por nada se dificultará ni se enojará por las tareas dolorosas y tristes. Por esta razón creemos que las tribulaciones, los sufrimientos y las tristezas son pesadas y duras, porque no deseamos la muerte por Cristo, ni tenemos siempre nuestro νούς nus (espíritu de la psique) y mente fijados en Él. Pero el que quiere hacerse heredero de Cristo, debe desear también Sus pazos (padecimientos) con fervor (celo). Así que los que dicen que aman al Señor, se demuestran como tales en toda tribulación y tristeza que les viene y las soportan no sólo con valentía y coraje sino también con buena disposición y ánimo, porque tienen esperanza en Él.

134 Quien se acercó a Cristo debe, antes que nada, empujar e impulsar a sí mismo con fuerza hacia el bien, aunque su corazón no lo quiera. Porque el Señor, que no miente, dice: “La realeza increada de los cielos se gana por la dureza y la violencia y se apoderan de ella los que ejercen violencia a sí mismo” (Mt 11,12), y de nuevo: “Luchad para entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,24). Por lo tanto, como dijimos, debemos, aunque sea sin quererlo, empujarnos a nosotros mismos hacia la virtud, es decir, hacia la αγάπη (agapi: amor incondicional, increada y desinteresada), ya que no la tenemos; hacia la apacibilidad, mansedumbre aun careciendo de ella; hacia tener corazón amable, compasivo y amante del hombre, tolerar y soportar desamor y desprecios y tener paciencia con los despreciados, aunque aún no tengamos esta costumbre; perseverar hacia la oración, aunque no tengamos aún la oración espiritual. Si el Dios ve que luchamos así y empujamos con dureza y violencia nuestro ser hacia el bien, a pesar de que nuestro corazón resista, entonces nos concede la oración verdadera, nos da el corazón caritativo, la paciencia, la tolerancia, la magnanimidad, la alegría y en general nos llena con todos los frutos del Espíritu Santo (Gal 5,22). Ahora bien, si alguien está privado de las otras virtudes y se esfuerza con dureza o solo se violenta a sí mismo, digamos, en la oración para recibir el carisma de la oración, pero no se esfuerza para adquirir la apacibilidad, la humildad, la agapi y todo el género noble de las virtudes, así como una fe firme en Cristo y una vida atenta y cuidadosa, a veces el Espíritu Santo le concede en parte el don de la oración, como pidió, pero permanece desprovisto de otros bienes, porque no se esforzó en adquirirlos, ni los pidió a Cristo. Porque no solo debemos empujarnos hacia lo que mencionamos, aunque no lo deseemos, y pedirlo a Dios, sino también considerar indignas de decirse aquellas palabras vanas e inútiles, y estudiar siempre en los logos de Dios, tanto con la boca como con el corazón. Además, no debemos enojarnos ni estallar en gritos, porque el Apóstol Pablo dice: “Desterrad toda la amargura interior, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad contra el otro” (Ef 4:31). Asimismo, debemos evitar criticar, juzgar o enorgullecernos. Y así el Señor viendo que uno se presiona a sí mismo, como hemos dicho, y que se empuja con dureza, seguro que le dará la χάρις jaris de hacer sin esfuerzo ni fatiga y con facilidad aquellas cosas que antes ni siquiera con la dureza y el esfuerzo podría hacer, a causa de la convivencia con la maldad y maligno. Y entonces todas estas obras de la virtud se convertirán en algo natural para nosotros, porque ya vino el Señor, según Su promesa y se ha unido junto con él (Jn 15,5), y él también se ha unido con el Señor, por lo tanto, con Su χάρις jaris cumple con gran facilidad las virtudes.

135 Aquel que se ha esforzado solo en la oración, como antes hemos dicho, pero no se esfuerza en la humildad, la αγάπη agapi, la apacibilidad, la mansedumbre y el conjunto de las demás virtudes, tendrá el siguiente desenlace: Alguna vez, allí donde está orando, desciende sobre él la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada), porque el Dios es bondadoso y por eso satisface con filantropía las peticiones de quienes piden. Pero si este no se ha habituado, ni ha entrenado y no se ha hecho experimentado en las virtudes, pierde la χάρις jaris que ha recibido y cae en el orgullo, o quizás, la mantiene, pero no progresa en ella ni la aumenta. De modo que podemos decir que la residencia y el descanso del bondadoso Espíritu son la humildad, la agapi, la apacibilidad y todos los demás divinos logos-mandamientos (principios espirituales) de Cristo. Por lo tanto, quien quiere alcanzar la perfección mediante todas estas virtudes, que se tome como compañera la primera virtud, la oración y se ejercite con esfuerzo a amarla, y si su corazón resiste y disputa entrando en conflicto, debe procurar someterlo y hacerlo dócil y obediente a Dios. Porque en aquel que primero ejerció tal esfuerzo sobre sí mismo y de alguna manera ha domado la resistencia de su psique-alma y a través de la buena costumbre la hizo completamente obediente, y así pide y suplica con este estado psíquico, este hombre verá crecer y prosperar en su interior el carisma o don de la oración, regalado en él por el Espíritu, reposa en la modestia y la humildad; este carisma lo ha perseguido en combinación con la αγάπη agapi y la apacibilidad amorosa. Y entonces el Espíritu le regala también estas virtudes y le enseña la verdadera humildad, la auténtica αγάπη agapi, la mansedumbre y la apacibilidad, que previamente había buscado, forzándose a sí mismo. Y, al avanzar de esta manera, perfeccionándose según la voluntad del Señor, se volverá digno de la Realeza increada. Porque el humilde nunca cae. Es decir, ¿a dónde podría caer aquel que se considera inferior a todos? Así que el orgullo o la altanería es una gran caída, al contrario, la humildad es una gran elevación y un axioma o estatus seguro.

136 Aquellos que amaron verdaderamente a Dios, no han buscado servirle ni por la recompensa de la realeza celeste, ni como si persiguieran un beneficio comercial, ni por el temor al infierno que espera a los pecadores, sino porque le amaron como su único Dios y Creador, y entendieron que los δούλος (dulos: esclavos, siervos) deben agradar a su Señor y Creador. Ellos afrontan también con mucha sabiduría y prudencia todo lo que les sucede, porque son muchos los obstáculos y las trabas para lograr el agrado a Dios. Porque no son solamente la pobreza, el anonimato, la insignificancia y la soledad, sino también la riqueza y el honor pueden convertirse en tentaciones para la psique-alma. En cierta medida, incluso el consuelo y el descanso con el que la χάρις (jaris: gracia, energía increada) llena la psique-alma; si la psique-alma no percibe ni se da cuenta que se ha hecho digna de recibirlo y no lo utiliza con gran humildad y mucha prudencia, es muy fácil que se convierta más bien en una tentación y obstáculo para ella. Porque la maldad, bajo la apariencia de esta χάρις jaris, relaja la tensión de la psique-alma y provoca con astucia la relajación, la pereza y la indiferencia. Por eso, la χάρις necesita ser recibida por una psique-alma piadosa y prudente, para honrarla y presentar frutos dignos. Por tanto, existe el peligro que no sólo las tribulaciones, sino también las comodidades se vuelvan en tentaciones para la psique-alma, porque con estas dos el Creador prueba las psiques-almas, para que se revele claramente quiénes no consideran su αγάπη agapi-amor hacia Él como un medio para obtener ganancias, sino que lo ven a Él mismo como su única ganancia, digno de mucha agapi-amor y honor. Y para el negligente y pobre en la fe y niño en mentalidad, estas cosas se vuelven en obstáculos para la vida eterna, es decir, tristezas, dolores, enfermedades, pobreza y nimiedad, así como los opuestos, riquezas, doxa-gloria y alabanzas humanas; además también la guerra del astuto maligno que atenta sin ser visto. Invirtiendo ahora lo anterior, descubrirás que, para el creyente, prudente y valiente, esas mismas cosas contribuyen más bien a la adquisición de la realeza increada de Dios. Porque, según el divino Apóstol, sabemos que para aquellos que aman a Dios todo contribuye y coopera para el bien de ellos (Rom 8,28). Por lo tanto, queda claro que, cuando aquel que ama verdaderamente a Dios rompe, vence y supera todos esos obstáculos que se consideran impedimentos en el mundo, es poseído únicamente por el divino έρως (eros: amor ardiente), como dice el divino Profeta: “Me han enrollado las tramas y las confabulaciones de los pecadores, pero tampoco entonces me olvidé de Tu ley” (Sal 118, 61).

137 El divino Apóstol Pablo aclaró con mayor precisión y lucidez que el misterio perfecto del cristiano ortodoxo se revela y se hace conocido por la experiencia a cada psique-alma fiel, a través de la divina energía increada, la cual es resplandecimiento o esplendor de la luz increada celestial por la fuerza apocalíptica-reveladora del Espíritu Santo. Así nadie va a creer que la iluminación del Espíritu se hace solo con la gnosis (conocimiento) de los conceptos y significados divinos, para no correr el riesgo de perder el perfecto misterio de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) por ignorancia, pereza y negligencia. Por esto puso como ejemplo la doxa-gloria increada del Espíritu que irradiaba al rostro de Moisés (Ex 34,29), para ilustrar con claridad y certeza la gnosis (conocimiento espiritual). Dice pues: «Pues si la antigua ley que conduce a la muerte y se había escrito con letras sobre piedras fue gloriosa, hasta el punto de que no pudieran los hijos de Israel mirar el rostro de Moisés a causa de su resplandor, sin embargo, fue transitoria y quedaría abolida, ¡cuánto más no será glorioso el servicio-diaconía del Nuevo Testamento que dona a los hombres el Espíritu Santo! Si aquel servicio-diaconía de la Ley antigua, que su consecuencia era condenación del hombre, era gloriosa, mucho más será el servicio del Nuevo Testamento que proporciona justicia y salvación y tiene más rica y abundante la doxa-gloria increada. Porque lo que bajo este aspecto fue glorioso en aquel servicio, ni siquiera merece tenerse en cuenta comparado con esta otra doxa-gloria sobreeminente e increada del Nuevo Testamento. Porque si la ley antigua que fue transitoria tenía su doxa-gloria, ¡el Nuevo Testamento será acompañado de mucha más doxa-gloria increada que permanece por los siglos de los siglos!» (2 Cor. 3, 7-11). Dijo “abolida” porque el esplendor de la luz increada resplandecía e irradiaba en el cuerpo mortal de Moisés; y añade: “Teniendo, pues, tal esperanza, es decir, que nuestra obra en Cristo es inimaginablemente gloriosa y eterna, procedemos con plena franqueza para la divulgación del Evangelio” (2Cor 312).

Y siguiendo un poco más abajo demuestra que esta gloria increada incorruptible e inmortal del Espíritu que es acompañada de revelación-apocálipsis, desde ahora resplandece e ilumina a los dignos de manera inmortal e indestructible, en la parte inmortal del hombre interior. Dice pues: “Todos nosotros a cara descubierta y el corazón libre, reflejamos y resplandecemos la doxa-gloria luz increada del Señor como en un espejo y nos metamorfoseamos, transformamos en la misma imagen, progresando espiritualmente de doxa-gloria en doxa-gloria, a medida que obra en nosotros el espíritu del Señor” (2Cor 3,18). Aún dice: “mas cuando alguno de ellos sea conducido de vuelta al Señor Jesús Cristo, entonces es corrido el velo del su corazón para que pueda entender claramente la verdad. El Señor es espíritu, y donde está el espíritu del Señor, está la libertad, por el espíritu del Señor se quita el velo y la esclavitud de la ley y allí se encuentra la verdadera libertad” (2Cor 3, 16-17). Con todo esto ha mostrado claramente que un velo oscuro se ha colocado encima de la psique, el cual por la transgresión de Adam encontró el paso para introducirse en la humanidad. Pero ahora creemos que con el resplandecimiento o iluminación del Espíritu es quitado el velo de las psiques-almas realmente fieles y dignas. Además, por esta razón ha sido la venida de Cristo, y el Dios ha complacido que lleguen a estos grados de santidad los que creen verdaderamente.

138 Este esplendor o iluminación del Espíritu no es sólo una apocálipsis-revelación de conceptos e iluminación de la χάρις (jaris: gracia, energía increada), como ya mencionamos, sino que es un alumbramiento ο iluminación continua de la luz hipostática (con base substancial) dentro de las psiques-almas. Algunos logos de la Escritura con este significado son los siguientes: “Porque Dios, en tiempos de la creación, dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho resplandecer e iluminar con la luz en nuestros corazones para que nosotros conozcamos y demos a conocer a los demás la gnosis-conocimiento pura e iluminada de la doxa-gloria luz increada de Dios que se ha manifestado en persona por Jesús Cristo” (2Cor 4, 6), también: “Ilumina mis ojos, para que no duerma para muerte” (Sal 12,4), es decir, cuando la psique-alma se separe del cuerpo que no sea oscurecida por el velo de la muerte de la maldad. Más aún: “Abre más mis ojos para ver las realidades y cosas maravillosas de Tu ley” (Sal 118,18), y “Mándame Tu luz (increada) y Tu verdad; ellas me conducirán y me llevarán en Tu santa montaña y en Tu templo” (Sal 42,3), y “Resplandeció o alumbró sobre nosotros la luz (increada) de Tu rostro, Señor” (Sal 4,7).

139 También la luz (increada) que resplandeció y alumbró al bienaventurado Pablo en el camino de Damasco (Hec 9,3), por el cual fue elevado hasta el tercer cielo y escuchó misterios inefables, no fue una iluminación de conceptos y de gnosis-conocimiento, sino un alumbramiento o esplendor hipostático (substancial) de la potencia y energía del bondadoso Espíritu, en su psique-alma. Pero, por la excesiva brillantez de esta luz (increada) no pudieron soportarla los ojos carnales y quedaron ciegos (Hec 9,8). Por esta luz es apocaliptada-revelada toda gnosis (conocimiento espiritual increado) y es conocido verdaderamente el Dios en la psique-alma digna y amada por Él.

140 Toda psique-alma que, con su propio cuidado, esmero y fe, se ha hecho digna de revestirse perfectamente a Cristo desde aquí abajo con la potencia, la energía y la información interior de la χάρις (jaris: gracia increada) y se ha unido con la luz increada celestial de la icona/imagen incorruptible, ya es iniciada desde ahora en la gnosis (conocimiento) de todos los misterios celestiales hipostáticamente (substancialmente). Y en el gran día de la Resurrección también su cuerpo será co-glorificado con esa misma doxa-gloria increada celestial y será arrebatado en los cielos por el Espíritu, según la Escritura (1Tes 4,17), y se será digno de ser semejante con el cuerpo glorificado de Cristo (Fil 3,21), y así heredará también la eterna y sin sucesión Realeza increada junto con el Cristo.

141 Cuanto uno con su propio cuidado, esmero y fe, se ha hecho partícipe de la doxa-gloria celestial e increada del Espíritu Santo y ha adornado su psique-alma con obras bondadosas, tanto también su cuerpo en aquel día será digno de ser co-glorificado. Es decir, lo que uno ha atesorado ahora en su interior, se manifestará exteriormente entonces, al igual que en primavera brota el fruto que en el invierno permanece dentro de los árboles, como aclaramos en alguna ocasión. Por tanto, la icona/imagen divina del Espíritu, que los Santos de alguna manera tienen como impresa en sus interiores desde ahora, hará que entonces también al cuerpo sea divino en su forma exterior y celestial. Pero, ¡ay!, para los impíos y pecadores, el oscuro velo del espíritu mundano que envolvió su psique-alma y con la fealdad de los pazos ha vuelto a su νούς (nus: espíritu de la psique) oscuro y feo, también hará que sus cuerpos se presenten entonces oscurecidos y llenos de vergüenza.

142 Como después de la transgresión, la bondad de Dios condenó a Adam a la muerte (Gen 3,19), primero vino la muerte (espiritual) en su psique-alma, porque por la privación del gozo y del disfrute celestial y espiritual, se apagaron los sentidos espirituales e inmortales y quedaron como muertos, y luego siguió la muerte del cuerpo después de novecientos treinta años (Gen 5,5). Así también Dios ahora, que con la cruz y la muerte del Salvador ha reconciliado la humanidad, restablece la psique-alma que cree de verdad, incluso desde esta vida aquí, reincorpora el gozo y el disfrute de las luces y los misterios celestiales y reavive los ojos espirituales de la psique-alma con la divina luz increada. Después, también el cuerpo lo revestirá con una δόξα (doxa: gloria, luz) increada, incorruptible e inmortal.

143 Existen hombres que se han alejado del mundo y viven con decencia, honestidad y amor para la virtud, pero tienen el velo de los pazos, de los cuales todos somos culpables por la desobediencia del primero en ser creado, es decir, los que tienen mentalidad y conducta carnal, la cual el Apóstol Pablo la llamó muerte, diciendo: “La mentalidad, conducta carnal es la muerte” (Rom 8, 6). Ellos, pues, parecen a los hombres que caminan de noche iluminados por las estrellas, las cuales son los santos mandamientos-logos de Dios. Pero como aún no se han liberado completamente de la oscuridad, les es imposible ver todo con claridad. Ellos les conviene que se dediquen con mucho esfuerzo, diligencia y mucha fe en la virtud y que supliquen a Cristo, el Sol de la justicia (Mt 3,20) que alumbre sus corazones, para que puedan ver todo con precisión y claridad, es decir, tanto los ataques de las bestias espirituales que nos asedian de múltiples formas, como las bellezas del mundo incorruptible, ocultas a la vista cuyo placer es inenarrable, de la misma manera que son claras y evidentes para los perfectos en virtud y para aquellos en quienes la luz increada espiritual ha brillado dinámicamente en sus corazones. Porque, como dice el bienaventurado Pablo, el alimento sólido es para los perfectos, de los que por la costumbre han ejercitado sus sentidos espirituales en el discernimiento del bien y del mal (Heb 5,14). Pero también el divino Pedro dice: “con lo cual después de este testimonio del Padre nos confirmamos más aún en los logos de los profetas del Antiguo Testamento sobre Jesús Cristo. Por tanto, vosotros mismos hacéis bien en poner vuestra atención en estos logos proféticos, como en lámpara que luce en lugar tenebroso hasta que alboree el día y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones, es decir, nazca y brille en vuestros corazones el sol espiritual de la justicia, de nuestro Señor Jesús Cristo” (2Ped 1,19). Sin embargo, muchos no son diferentes de aquellos que caminan en la noche sin ninguna luz, sin siquiera el más mínimo rayo, es decir, algún logos divino que ilumine sus psiques-almas, de modo que casi parecen a los ciegos. Estos están completamente atados con las cadenas de la materia y los vínculos de la vida, no los retiene ni el temor a Dios, ni realizan alguna buena obra. Porque aquellos que viven en el mundo, como hemos dicho, son iluminados, como por estrellas, por los santos mandamientos de Dios, y mantienen la fe y el temor de Dios; estos no están completamente envueltos en la oscuridad y, por lo tanto, pueden tener esperanza de salvación.

144 Igual que los hombres en el mundo acumulan riqueza por distintos motivos y trabajos, es decir, unos por axiomas, cargos o magistraturas públicas, otros por el comercio, otros por trabajo manual o trabajos de agricultura y otros de diferentes maneras, lo mismo sucede también en lo espiritual. Algunos acumulan la riqueza celestial por diversos carismas, como se manifiesta por las palabras del Apóstol: “Tenemos diversos carismas, según la χάρις jaris de Dios que se nos ha sido dada” (Rom12, 6); otros por medio de diversos ejercicios ascéticos y de distintos trabajos espirituales y virtudes que se hacen sólo para Dios. Por el bien de esta riqueza, está prohibido juzgar, condenar o depreciar al prójimo. También son evidentes aquellos que encuentran oro mediante la extracción, es decir, los que luchan con magnanimidad, tolerancia y paciencia y adquieren alguna riqueza mientras los refuerza la buena esperanza. También son evidentes aquellos que se asemejan a los jornaleros y son perezosos y negligentes; estos comen inmediatamente lo que les cae, no llevan a cabo con paciencia las obras que hacen y parecen constantemente vagar desnudos y pobres. Es decir, esos son los que están listos y entusiasmados para recibir la χάρις jaris, pero son perezosos y reacios para trabajar y aumentarla. También son cambiantes y apenas prueban sienten pereza, y se cansan fácilmente en el trabajo y muestran desánimo; y así les es quitada esa χάρις jaris increada que habían recibido. Porque siempre la predisposición o voluntad indolente, perezosa, desganada, insensible y negligente está en desacuerdo con la χάρις jaris increada, vacía de buenas obras, inapropiada para Dios y sin doxa-gloria, tanto en este mundo como en el venidero.

145 Cuando el hombre pisoteó el mandamiento de Dios y cayó de la vida del Paraíso, le siguió su atadura con dos cadenas. Una es la cadena de las cosas de la vida y de los placeres carnales, como son la riqueza, la gloria, la amistad, la esposa, los hijos, los parientes, la patria, las propiedades y en general todas las cosas visibles, de las cuales el logos de Dios nos ordena liberarnos con nuestra voluntad. La otra cadena es invisible e interior. Es decir, la psique-alma está atada con oscuros lazos por los astutos malignos espíritus, a causa de los cuales no puede amar a Dios, ni creer y orar como quiere. Porque por la transgresión del primer hombre, todos encontramos dentro de nosotros resistencia en todo, tanto en las cosas visibles y manifiestas como en las invisibles y ocultas. Porque cuando uno obedece al logos de Dios y se aleja de todas las cosas mundanas y terrenales y renuncia a los placeres carnales, entonces al permanecer cerca de Dios y al dedicarse a Él, recibe la divina δύναμις (dínamis: potencia y energía) y aprende que en las profundidades del corazón se esconde otro combate y otra guerra de λογισμοί (loyismí: conceptos, pensamientos simples o unidos con las fantasías). Y si así permanece cerca de Dios y clama por la misericordia, compasión de Cristo, con gran fe y paciencia, pero también con la ayuda de Dios, puede liberarse de las cadenas, de los lazos y de la oscuridad de los astutos malignos espíritus, es decir, de las energías demoníacas de los pazos ocultos. Esta guerra por la χάρις (jaris: gracia, energía increada y la fuerza de Cristo, podemos ganarla, aniquilarla y abolirla. Pero sin la ayuda de Dios, es completamente imposible que alguien se libere a sí mismo del combate de los loyismí (conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía). Lo único que uno puede hacer es oponerse y contradecir a los pensamientos y no complacerse con ellos.

146 El que está mezclado y atrapado en las cosas de este mundo y de las variedades de sus ataduras, y es arrastrado por los pazos de la maldad, está muy lejos de conocer -como hemos dicho-, que hay algún otro combate, otra lucha y alguna otra guerra que no se ven. Basta que uno se desate y se libere a sí mismo de todas las cosas visibles y comience a permaneces cerca al Señor, para que pueda percibir, sentir y entender la continua lucha de los pazos y de la guerra invisible que hay dentro de nosotros. Porque, como hemos dicho, si estas cosas no se hacen con toda nuestra psique-alma y uno no se esfuerza por aferrarse del todo a Dios, no percibe, ni siente estos pazos secretos de la maldad y los vínculos o lazos internos, sino que corre el riesgo, mientas tiene traumas, heridas y abriga y alimenta pazos escondidos, creyendo que está sano y no enfermo (psíquicamente y espiritualmente). Pero, el que desprecia el deseo y la gloria, primero puede ver los pazos que están en su interior, y después suplicar a Cristo con fe; y después de recibir desde el cielo las armas del Espíritu, la coraza de la justicia, el yelmo o casco de la σωτηρία (sotiría: psicoterapia, redención y salvación), el escudo de la fe y la espada del Espíritu (Ef 6, 14-16), luchará y combatirá, vencerá y triunfará.

147 El enemigo maquina mil maneras para arrancarnos de la esperanza y la αγάπη agapi (amor incondicional) de Cristo. Es decir, trae en el interior de la psique tribulaciones, tristezas, angustias y depresiones mediante los astutos malignos espíritus, o provoca conceptos, pensamientos y fantasías indecentes, impuros e intolerables, reavivando la memoria con antiguos pecados, para conducir a la languidez, a la flojera y en pensamientos de desesperación e impaciencia a fin de que no es posible encontrar la σωτηρία (sotiría: psicoterapia, redención y salvación). Incluso el demonio quiere hacer que la psique-alma crea que estos loyismí (conceptos, pensamientos simples o unidos con la fantasía) nacen de ella misma y no por un espíritu maligno hostil (demoníaco) que maliciosamente inspira, sopla y siembra a escondidas con mucha maldad (sin darnos cuenta en milésimas de segundo). O bien hace esto, o bien planea fatigas corporales o inventa tribulaciones y ultrajes, tristezas, angustias y depresiones a los hombres. Pero, cuanto el astuto maligno más lanza contra nosotros estas flechas ardientes (Ef 6, 16), tanto más debemos avivar la esperanza hacia Dios y conocer exactamente que Su voluntad es probar las psiques-almas que tienen έρως (eros: amor ferviente) hacia Él, para que se manifieste si Le aman verdaderamente.

148 Mil años de esta vida, si se comparan con el mundo incorruptible y eterno, son como si uno recogiese un granito de arena del mar. Ahora piensa y reflexiona de la siguiente manera: Supongamos que puedes convertirte en el único rey de toda la tierra y gobernar solo todos los tesoros del mundo. Supongamos también que el inicio de tu reinado hubiese comenzado con el principio de la creación de los hombres, y el fin de este con el fin del mundo, cuando todas estas cosas visibles y todo el kosmos cambiarán y se transformarán. Ahora, pues dime, si tuvieras que elegir, ¿preferirías a este reinado terrenal, en vez del seguro y estable que no tiene absolutamente nada de transitorio y corruptible? Yo respondería que no, por supuesto si hubieses reflexionado y juzgado correctamente y pensaras bien por tu propio interés y beneficio. Porque dice el Señor: “Pues, ¿qué le vale el hombre ganar el mundo entero, si arruina y pierde su psique-alma inmortal? O, ¿qué dará el hombre a cambio de su psique-alma?” (Mt 16, 26); y sabemos que para la psique-alma no hay ningún otro rescate; porque la psique-alma sola tiene más valor que el mundo, ¿cuánto más la realeza increada de los cielos? Decimos que la psique-alma tiene mayor valor, en el sentido que en ningún otro ser o criatura ha complacido Dios en darle la unión y la comunión con Su Espíritu; ni en el cielo, ni en el sol, ni en la luna, ni en las estrellas, ni en la mar, ni en la tierra, ni en ninguna otra creación de todo lo que vemos, sino sólo al ser humano, al cual ha amado más que todas Sus creaciones. Por tanto, tomando las grandes cosas de este kosmos, es decir, la gran cantidad de riqueza y todo el reino de la tierra, reflexionando y juzgando correctamente, no los preferiríamos a cambio de la eterna realeza increada de los cielos, ¿qué le ha pasado a la mayoría que prefieren, en lugar de ello, cosas vanas, viciosas y al azar, es decir, algún deseo, un poco de gloria, una ganancia moderada y cosas similares? De todas formas, lo que uno ama de este mundo y está atado a ello, esto es lo que prefiere más que la realeza increada de los cielos. Y lo peor es que eso lo tiene incluso como Dios, como se ha dicho: “Les prometen la libertad, mientras ellos son esclavos de los pazos y de la corrupción que conduce a la destrucción; porque de aquel pazos por el que uno ha sido vencido, en este pazos se ha esclavizado” (2Ped 2,19). Por tanto, es absoluta necesidad que acudamos a Dios, que dependamos de Él, que nos crucifiquemos espiritualmente y físicamente y que caminemos de acuerdo con Sus santos mandamientos (logos o principios espirituales).

149 Sea como sea. ¿Te parece justo que la gloria corruptible, el reino temporal y las demás cosas pasajeras sean obtenidas con muchos esfuerzos y sudores por quienes las desean, mientras que co-reinar eternamente con Cristo y alcanzar esos bienes inefables se obtenga fácilmente y sin esfuerzo?

150 ¿Cuál es la economía de la parusía (presencia) de Cristo? El retorno y el restablecimiento, apocatástasis de la naturaleza humana a sí misma. Es decir, el Cristo ha devuelto de nuevo a la naturaleza el axioma, el privilegio y la dignidad del primer hombre en ser creado, Adam, -¡oh gran χάρις jaris divina, increada y real!- la donó la herencia celeste del bondadoso Espíritu, y tras sacarla de la prisión de la tiniebla y oscuridad, le ha indicado el camino y la puerta de la vida, por las cuales, cuando venga y llame, pueda entrar en la realeza increada. Porque dice: “Pedid de Dios bienes espirituales y de los materiales los necesarios y se os dará, buscad y encontraréis el bien que queréis, llamad a la puerta de la divina agapi-amor incondicional y se os abrirá” (Mt 7,7). A través de esta puerta, no es imposible que cualquiera que quiera encuentre la libertad de su propia psique-alma, y la psique-alma adquirir pensamientos que le convienen y hacerse digna de recibir y ser su co-habitante el Cristo, teniéndoLe como novio o esposo con la κοινωνία (kinonía: concexión, comunión y unión) del bondadoso Espíritu. ¡Qué inexpresable e inefable αγάπη (agapi: amor increado, desinteresado, incondicional y altruista) del Señor hacia el hombre que le ha creado como a Su propia icona-imagen! (Gen 1,27). Amín.

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com

 

 

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