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Nov 26 2024

Filocalía 4 San Simeón el Nuevo Teólogo. 154 capítulos prácticos y teológicos

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ 

Άγιος Συμεών ο Νέος Θεολόγος

154 Πρακτικά και θεολογικά κεφάλαια

Repasada traducción 26/11/2024

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 4

San Simeón el Nuevo Teólogo.

154 capítulos prácticos y teológicos

 

Breve biografía: Nuestro santísimo padre Simeón, quien por el don divino de la teología recibido fue llamado «Nuevo Teólogo,» vivió en la época de Constantino Porfirogénito, alrededor del año 1000 d.C. Fue discípulo de Simeón, conocido como el Piadoso, de quien aprendió en las prácticas ascéticas. Alcanzó tan alto grado de virtud y απάθεια (apázia: impasibilidad, sin pazos) y recibió la divina χάρις (jaris: gracia, energía increada) de manera tan abundante que resulta casi imposible describir plenamente su vida, como se relata en su extensa biografía.

Al haber recibido en su interior, por así decirlo, la totalidad de la δύναμη (dínami: poder, potencia y energía) del Paráclito, se convirtió en fuente de teología, en morada de la luz divina e increada, en una morada repleta de misterios inefables y, en general, en un hogar de sabiduría espiritual y conocimiento-gnosis divino. Inspirado por esta luz, compuso numerosas obras en verso y prosa, llenas de una gran utilidad espiritual.

De sus obras, hemos seleccionado e incluido solo aquellas que figuran al final de la Filocalia, traducidas para beneficio de muchos, pues de ellas emana un gran provecho para los lectores.

*   *   *

Comentarios introductorios: El intérprete más auténtico de San Simeón el Nuevo Teólogo fue el fallecido obispo de la Iglesia Rusa, Basilio Krivoshein (+1985), antiguo monje del Monte Athos. En su última obra, «En la luz de Cristo,» señala que el santo «empieza a ser conocido en Occidente, aunque no tanto como San Gregorio Palamás. Sus obras, que son más accesibles en lectura, pero de difícil asimilación, han sido publicadas en nueve volúmenes en la serie *Sources Chrétiennes*, y están así disponibles por primera vez en su texto original. Las obras de Simeón han sido estudiadas en entornos monásticos suscitando en algunos admiración y en otros escándalo. En general, el público amplio se siente algo perdido en estos volúmenes.

El padre Basilio continúa: «Para el mundo ortodoxo, que ama a los Padres pero no los lee mucho, Simeón, ignorado por la teología oficial nunca fue completamente olvidado, especialmente en círculos monásticos, sobre todo en el Monte Athos y en Rusia… La cautela hacia Simeón es especialmente característica de la jerarquía ortodoxa y aún más de los profesores de teología académica.

De hecho, los monjes del Athos leían las *Obras Completas* de San Simeón en la traducción de Dionisio Zagoraios, que, a pesar de la intervención de San Nicodemo para mejorarla, tuvo algunos errores. Los recopiladores de la Filocalia, buscando mostrar la diversidad espiritual en la unidad esencial de los Padres ascéticos y místicos y proporcionar a los ortodoxos un sabor de esta tradición, eligieron los Capítulos Prácticos y Teológicos presentes. Esta elección se realizó con sabiduría, para que el monje o laico, al iniciarse en los misterios de las energías increadas del Espíritu Santo, entendiera que la χάρις (jaris: gracia, energía increada), en cualquier forma que sea, no se otorga sin la práctica ascética para la catarsis de la psique-alma.

Como en todos los santos Padres, la vida de San Simeón tuvo una base ascética, y los Capítulos aquí incluidos son indicaciones de formación ascética cuya cumbre es la teología y la iluminación divina. Es innecesario recordar la relación indivisible entre la práctica (Praxis) y la contemplación (Θεωρία zeoría), y, por lo tanto, entre la vida espiritual y la teología.

La vida de San Simeón presenta una originalidad: desde joven, experimentó dos veces una iluminación radiante del Espíritu. Esta «sobria ebriedad» de la teofanía en forma de luz increada e inefable marcó su vida y formó su conciencia teológica. Esta luz divina llenó su corazón con un έρως (eros; amor ferviente, ardiente) hacia el Dios Trino en Cristo Jesús, de modo que nada podía consolar su psique-alma excepto esas energías de luz increada del Espíritu, e, incapaz de concebir la vida espiritual sin ellas, lloraba sin consuelo.

Toda su enseñanza, en los Logos, Catequesis e Himnos de divino έρως eros, presenta como medida de espiritualidad la αγάπη (agapi: amor incondicional), la iluminación y la posesión del Espíritu Santo. Aunque los criterios de San Simeón son particulares y por ello la teología académica se muestra cautelosa, en el fondo revela su sintonía con la tradición espiritual de los Santos. Además, su descripción de los έρως eros divinos, con sus expresiones visibles y tangibles, abrazos y besos realistas que pudieran parecer sentimentales, en realidad son acciones y energías increadas del Espíritu que demuestran su singular carácter manifestador, respetado por el Espíritu Santo, que actúa «según la disposición subyacente de la psique-alma», como afirma San Máximo el Confesor.

Para clarificar el fenómeno de las expresiones de San Simeón que «escandalizan», debemos señalar que todos los santos recibieron visiones de luz, revelaciones y manifestaciones de Dios, pero, por sus ocupaciones particulares, mantenían algo veladas sus experiencias íntimas del έρως eros divino y sus resplandores increados. En cambio, San Simeón, como monje y sacerdote dedicado a la oración y la contemplación, y sin mayores responsabilidades pastorales, experimentó a Cristo «como luz en cristal y como fuego en hierro», es decir, totalmente inseparable de su memoria, de su psique-alma y de su corazón “herido por la αγάπη agapi”.

Los 154 Capítulos son, según sus recopiladores, «llenos de gran utilidad,» girando en torno a la formación ascética y la teología que brota del corazón inspirado por Dios y dirigidos principalmente a monjes, aunque también son recomendables para laicos, pues él mismo recibió su primera teofanía como laico. Da especial importancia a la actitud de los monjes hacia sus hermanos, recomienda cuidado en sus relaciones, y advierte del peligro de comulgar sin amor y sin lágrimas. Él mismo era tan puro como sacerdote que no celebraba la liturgia sin ver el Espíritu Santo, el mismo que vio en su ordenación, «simple y sin forma, pero como luz,» diciéndole en secreto: «yo habito en los Profetas, Apóstoles y en los Santos y elegidos de Dios de hoy».

Respecto a la oración, San Simeón acepta toda oración beneficiosa que brote de humildad y αγάπη (agapi: amor incondicional). Aunque en su tiempo se usaba la oración del «Señor Jesús Cristo… compadécete de mí», y él mismo la practicaba por su origen evangélico y apostólico, pero nunca enseñó la técnica psicosomática de la oración, como se puede verificar en su biografía y todas sus obras. Se ha dicho con acierto que “Simeón no escribe sobre la oración, sino que ora». Sin embargo, Krivoshein añade: «Simeón escribe mucho sobre la oración, aunque no de forma sistemática», es decir, nunca enseñó el método psicotécnico, que, por otra parte, es una invención posterior atribuida a Nicéforo el Monje, el ‘de los italianos’. Los 154 Capítulos pertenecen a la larga tradición ascética, pero llevan el sello de la experiencia de Simeón.

 

154 capítulos prácticos y teológicos

 

  1. La fe es morir por Cristo y en cumplimiento de Su mandamiento, creyendo que esa muerte será fuente de vida; es considerar la pobreza o escasez como riqueza, la humildad, el anonimato y la insignificancia como auténtica doxa-gloria, honor y resplandor social; es creer que al no poseer nada, se posee todo, o más bien, se ha obtenido la inagotable e inescrutable riqueza del conocimiento-gnosis de Cristo, y ver todo lo visible como barro o humo (Fil 3,2).
  2. Fe en Cristo es, no sólo que despreciemos todas las cosas agradables del mundo, sino que tengamos perseverancia y paciencia en toda tentación que nos viene y nos provoca tristezas y tribulaciones, sufrimientos y adversidades, hasta que Dios se digne a visitarnos, como dice el Salmista: “con toda mi paciencia esperaba al Señor y Él me visitó” (Sal 39,32)
  3. Aquellos que de alguna manera prefieren y anteponen algo de sus padres al mandamiento de Dios, no tienen la fe en Cristo (Mt 10,37), y ellos, por cierto, son condenados por su conciencia, si, por supuesto, tienen viva conciencia de su incredulidad. Cualidad y característica de los que creen es no transgredir en absoluto el mandamiento del gran Dios y Salvador nuestro Jesús Cristo.
  4. La fe en Cristo, el verdadero Dios, genera el deseo de las cosas buenas y el temor al infierno. El deseo de las cosas realmente buenas y el temor al infierno, provocan el cumplimiento exacto de los mandamientos (logos, principios espirituales). El cumplimiento exacto de los mandamientos-logos enseña a los hombres cuán débiles e impotentes son. La comprensión de nuestra verdadera impotencia genera el recuerdo o memoria de la muerte. Quien ha hecho del recuerdo de la muerte un compañero cohabitante buscará con dolor saber qué le espera tras su partida de esta vida. Y quien se ocupa por aprender sobre las cosas después de la muerte, debe, ante todo, privarse de las cosas presentes; porque el que está apegado con pasión a estas cosas, aunque sea mínimamente, no puede adquirir una plena gnosis-conocimiento de las cosas futuras. Pero incluso si, por divina economía, llega a experimentar y saborear de alguna manera esta gnosis-conocimiento, si no abandona rápidamente aquellas cosas a las que está ligado con pasión para permanecer completamente en esta gnosis-conocimiento, sin permitir a sí mismo pensar en nada más que esta, entonces también la gnosis que cree que tiene le será quitada.
  5. La renuncia del mundo y el retiro completo de él, junto con el distanciamiento y desprendimiento de todas las cosas materiales, las costumbres, las opiniones, las ideas y las personas del mundo, y la renuncia del cuerpo y de la voluntad, provoca en poco tiempo un gran beneficio psíquico y espiritual en aquel que con tanto fervor ha renunciado al mundo.
  6. Tú que te marchas del mundo, ten cuidado de no dejar al principio que tu psique-alma busque consuelo permaneciendo en él, aunque todos los parientes y amigos te obligan hacerlo. Los demonios les aconsejan así para apagar el fervor de tu corazón. Porque, aunque no llegan a impedir del todo tu intención, al menos la debilitan y la hacen más frágil.
  7. Cuando resistes con valentía a todos los placeres de la vida sin echarte atrás, entonces los demonios vuelven a tus parientes simulando como si te tuvieran compasión y los hacen llorar y lamentar por ti delante de ti. Sin embargo, entenderás esta verdad cuando, permanezcas inflexible, imperturbable también ante este ataque demoníaco, mientras que ellos los verás que se enciendan de repente con manía, furia y odio contra ti, evitándote como a un enemigo y sin querer siquiera verte.
  8. Cuando veas la tristeza que causan tus acciones en tus padres, hermanos y amigos, ríete del demonio que, de variopintas maneras sugiere e incita a que todo esto se vuelva contra ti. Con temor y gran solicitud retírate y ruega con insistencia a Dios para que llegues lo más rápido posible al puerto de un buen padre espiritual, quien aliviará y hará reposar tu psique-alma fatigada, oprimida y cargada (Mt 11,28). Puesto que el océano de la vida esconde muchas cosas que provocan peligros y plena perdición.
  9. Aquel que quiere odiar al mundo, debe poseer αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios desde lo más profundo de su psique-alma, y Su recuerdo o memoria perpetua. Porque nada, excepto de estas dos, hace que el hombre abandone todas estas cosas con alegría y las rechace como si fueran escombros y basura.
  10. No quieras de ninguna manera permanecer en el mundo por causas buenas razonables e irrazonables, justificadas o injustificadas, sino cuando seas llamado, debes obedecer de inmediato. Porque nada alegra y agrada tanto a Dios, como nuestra rápida respuesta. Es mejor rápida obediencia con pobreza, que la demora con abundancia.
  11. Ya que el mundo y las cosas del mundo son todas temporales y el Dios es incorruptible e inmortal, alégrense, regocíjense los que por Él habéis renunciado las cosas corruptibles. Corruptibles y perecederas no son sólo la riqueza y el dinero, sino también todo placer hedonista (hedonismo) y gozo del pecado. Sólo los mandamientos-logos de Dios son luz y vida, y así son llamados por todos.
  12. Hermano mío, si has recibido en tu interior la llama divina y por eso has acudido al monasterio cenobio (vida común) o a un padre espiritual, si éste o los hermanos monásticos que practican contigo, te exhortan a reposar y aliviarte con baños, comidas u otros cuidados del cuerpo, no aceptes, sino permanece siempre dispuesto a ayunar, a soportar penurias y a mantener la más estricta moderación y continencia. Así, si tu padre espiritual te invita a cuidar un poco el cuerpo, debes estar preparado para obedecer, sin que por esto imponer tu propia voluntad. Si, por otro lado, no sucede esto, soporta con alegría porque voluntariamente lo has preferido, y así obtendrás provecho y beneficio psíquico y espiritual. Si cumples esto, serás siempre en todo abstinente, auto-dominante y moderado y completamente renunciante y desprendido de tu propia voluntad. No solo eso, sino que conservarás la llama de tu corazón inextinguible, que te convence a renunciar y despreciar todas las cosas.
  13. Cuando los demonios hacen de todo y no logran sacudir nuestro propósito hacia Dios ni impedirlo, entonces se infiltran a escondidas en aquellos que fingen ser piadosos, hipócritas y tratan, a través de ellos, de obstaculizar a los que están en la lucha. Y al principio como si fueran movidos por αγάπη agapi-amor, compasión y simpatía, los incitan a buscar comodidades corporales, argumentando que es para que el cuerpo no se debilite -dicen- y caiga en la pereza espiritual. Después los invitan y los arrastran en reuniones y conversaciones inútiles, haciéndoles gastar sus días en ellas. Y cuando alguno de los luchadores escucha sus palabras y se vuelve como ellos, entonces le giran la espalda, se ríen y se burlan de su perdición y ruina. Si, por otro lado, no escucha sus palabras y mantiene su vida vigilante y apartada de todo eso, con reflexión y modestia, entonces comienzan a envidiarlo y hacen todo lo posible para expulsarlo incluso del monasterio. Porque la vanagloria cuando no recibe honores, no soporta ver frente a ella que sea alabada y elogiada la humildad.
  14. El vanidoso, vanaglorioso se ahoga viendo al humilde derramar lágrimas y beneficiarse doblemente; porque con estas apacigua y expía a Dios, y sin quererlo, hace que los hombres lo elogien.
  15. Cuando entregues completamente tu vida a tu padre espiritual, debes saber que ya eres ajeno o extranjero a todo lo que llevas contigo desde el mundo exterior: personas, cosas y dinero. Sin su opinión no desees hacer nada, ni tampoco pidas de él algo, ni grande o pequeño, al no ser que él por su propia iniciativa te ordene a tomarlo, o te lo dé con sus propias manos.
  16. Sin el consejo de tu padre espiritual, no des limosna con el dinero y los bienes que has traído, ni desees recibir nada de él de estas cosas a través de otro. Es mejor que seas pobre y extranjero y obedezcas, en vez de esparcir el dinero a los pobres siendo todavía un principiante. La demostración de tu fe limpia y pura es encomendarlo y confiarlo todo en tu guía, padre espiritual, como si lo encomendaras a la mano de Dios.
  17. No pidas ni agua, aunque te estés quemando, hasta que el padre espiritual solo te lo sugiera y ofrezca. Presiónate y esfuérzate en todo, convence a tu pensamiento con las palabras: “Si Dios quiere y eres digno de beber, lo revelará a tu padre espiritual y te dirá que bebas. Y entonces beberás con conciencia limpia, aunque aún no sea el momento.
  18. Alguien que había experimentado el beneficio espiritual y adquirido una fe pura e inconfundible a su padre espiritual, poniendo como testigo de la verdad a Dios, dijo: «He tomado la decisión dentro de mí de no pedirle a mi padre guía espiritual ni comida ni bebida, ni saborear nada sin que él me lo indique, hasta que el Dios lo informe y él me lo ordene. Y de esta manera no he fallado nunca en cumplir mi objetivo».
  19. Quien ha adquirido una fe pura y firme en su padre guía según Dios, viéndolo a él considera que ve al mismo Cristo. Y cuando se encuentra junto con él o lo sigue, cree firmemente que se encuentra junto con Cristo y que a Él sigue. Este discípulo obediente nunca deseará relacionarse con algún otro, ni preferirá alguna de las cosas del mundo por encima del recuerdo y la αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado, altruista) de su padre espiritual. Porque ¿qué hay más grande y beneficioso, tanto en la vida presente como en la futura, que estar junto con Cristo? ¿Y qué es más bello y más dulce que ver, contemplar a Cristo? Y si además se le concede hablar, conversar con Él, sin duda de ello absorberá y obtendrá vida eterna.
  20. Aquel que ama con toda su psique-alma a aquellos que le insultan, le ofenden o le quitan sus posesiones y cosas, y ora por ellos, en poco tiempo sube a un grado alto de progreso. Porque cuando esto se hace con el sentimiento del corazón, lleva al hombre a un abismo de la humildad y en fuentes de lágrimas, donde se sumerge lo tripartito de la psique-alma y asciende al cielo de la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) el νούς nus (espíritu del corazón de la psique), haciéndola contemplativa. Y con el sabor de la bondad celestial le hace que considere basura y escombros todas las cosas de esta vida, e incluso que tome también el agua y la comida alargando más el tiempo y sin disposición hedonista o placentera.
  21. El asceta o practicante no solo debe abstenerse de las praxis malas, sino que se ocupe también de estar libre de conceptos, ideas y pensamientos malos, y ocuparse continuamente de recuerdos psicoterapéuticos y espirituales, para así permanecer despreocupado por las cosas mundanas.
  22. Si uno desnuda todo su cuerpo, pero mantiene el velo en sus ojos y no quiere quitarlo, no puede con la desnudez del cuerpo ver la luz. Así también es aquel que ha despreciado todas las otras cosas del mundo y los dineros y ha sido liberado de sus πάθος pazos, si no libera también los ojos de su psique-alma de los recuerdos del mundo y los astutos malos conceptos e ideas malvadas, nunca verá la luz espiritual (increada), es decir, al Señor y Dios nuestro Jesús Cristo.
  23. Lo que hace el velo que impide a los ojos ver, lo mismo hacen también los pensamientos y conceptos mundanos y los recuerdos de esta vida en su διάνοια diania (mente, intelecto), que es el ojo de la psique-alma. Por tanto, el tiempo que los tenemos, no veremos; pero cuando sean quitados mediante la memoria de la muerte, entonces veremos claramente la verdadera Luz (increada), la cual ilumina todo hombre que viene al mundo de arriba.
  24. Aquel que es ciego de nacimiento no aprenderá ni creerá en el valor de lo escrito, pero el que alguna vez se haga digno de ver, atestiguará que las cosas dichas son verdad.
  25. Aquel que mira con los ojos físicos, sabe cuándo es de noche y cuando es de día, en cambio el ciego ignora ambas cosas. Y aquel que se ha psicoterapiado y sanado de la ceguera espiritual y ve con los ojos espirituales, habiendo visto la verdadera e inextinguible Luz increada, si por ραθυμία racimía (negligencia o pereza espiritual) vuelve a su ceguera anterior y sea privado de la luz, siente intensamente su privación, y no ignora de dónde provino esta. Pero quien es ciego de nacimiento, no sabe nada de esto ni por experiencia ni por su efecto, al no ser que por oído lo escucha y aprende de oídas algo sobre las cosas que nunca ha visto, y relata a otros aquellas cosas que ha oído; sin embargo, este también y los que le oyen no conocen sobre qué cosas hablan.
  26. Es imposible que uno sacie el cuerpo-carne con abundante comida y, paralelamente disfrutar de la bondad divina y la belleza espiritual. Cuanto más uno sirve a su panza o estómago, tanto más se privará de esta bondad y belleza. Y al grado que uno fatiga y esfuerza el cuerpo, tanto más se saciará de alimento espiritual y consuelo divino.
  27. Abandonemos todas las cosas terrenales, no solamente las riquezas, el oro y las cosas materiales de esta vida, sino también rechacemos de nuestras psiques-almas completamente sus deseos. Odiemos no solamente los placeres hedonistas del cuerpo-carne, sino también sus movimientos animales e irracionales y ocupémonos en mortificarlo con los esfuerzos y las fatigas. Porque con el cuerpo se manifiesta el deseo y resulta a la praxis. Y mientras el cuerpo vive, es normal que nuestra psique-alma esté muerta y difícil de moverse hacia cada mandamiento-logos divino, o incluso totalmente inamovible.
  28. Igual que la llama se dirige siempre hacia arriba, y en concreto si remueves la leña encendida, así también el corazón del vanaglorioso no se puede hacer humilde, pero si le dices las cosas que benefician, se enorgullece aún más. Es decir, cuando lo corrigen, lo instruyen o amonestan, contradice fuertemente; en cambio, cuando lo alaban y adulan, se engrandece de manera desmedida y se ensalza indebidamente.
  29. Aquel que ha decidido a contradecir, es para sí mismo espada de doble filo; sin saberlo mata su propia psique-alma y la aparta de la vida eterna.
  30. Aquel que contradice es igual que aquel que se entrega voluntariamente a los enemigos del rey. Porque la contradicción es el anzuelo, con la excusa como cebo, por la cual nos seducimos y tragamos el anzuelo del pecado. Por esto los espíritus de la mala astucia acostumbran a atrapar la psique-alma desgraciada por la lengua y el cuello, y a veces la sacuden hacia lo alto a la soberbia, y otras veces la arrojan al caos abismal del pecado, y así la condenan junto con los demonios que han caído desde el cielo.
  31. Aquel que siente un gran dolor en el corazón al ser despreciado e insultado debe saber que lleva en su interior la antigua serpiente. Por tanto, si soporta con silencio y paciencia o responde con mucha humildad, debilita y paraliza a esa serpiente. Pero si contradice con palabras amargas o habla con arrogancia y descaro, da fuerza a la serpiente para que derrame su veneno dentro en su corazón y le devore salvajemente sus entrañas; y así cada día esta serpiente se fortalece, devorando el mejoramiento al bien y la fuerza de su desgraciada psique-alma, con el resultado que a partir de este momento viva para el pecado, pero está completamente muerto para la virtud.
  32. Si quieres renunciar al mundo y ser enseñado a la manera de vida evangélica, no te entregues a un maestro no experimentado o a uno que tiene πάθος pazos, para que no seas enseñado la manera de vida demoníaca en vez de la vida evangélica. Porque las enseñanzas de los buenos maestros son buenas, en cambio las de los malos, malas. Y las semillas malas, sin duda, producen frutos malos.
  33. Que supliques a Dios con oraciones y lágrimas para que te envíe guía-conductor espiritual que sea santo y sin pazos (libre de pasiones). Pero también tú mismo debes estudiar las Divinas Escrituras, y en concreto los escritos prácticos de los santos Padres, para comparar con ellas la enseñanza y las praxis de tu maestro y yérontas, viéndolas como en espejo y las examines. Y las que están de acuerdo con las Escrituras debes incorporarlas y mantenerlas en tu νούς nus (espíritu de la psique), pero las falsas y extranjeras discernirlas y rechazarlas, para no caer en error y engaño. Porque debes de saber que hoy en día existen muchos maestros mentirosos, engañadores y falsos.
  34. Aquel que no ve y promete conducir a otros es un engañador y falso y conduce a la perdición aquellos que le siguen, según el logos del Señor: “Cuando un ciego guía, a otro ciego, los dos caerán en el hoyo” (Mt 15,14).
  35. El que es ciego frente al Uno, es totalmente ciego frente a todo. El que ve el Uno, se encuentra en la contemplación de todas las cosas; permanece alejado de la contemplación de todas las cosas y, sin embargo, alcanza la contemplación de todas ellas, estando fuera de aquello que es contemplado. Cuando se encuentra así en lo Uno, ve todas las cosas; y aunque está en todas ellas, no ve nada de estas. Quien ve en lo Uno, a través de lo Uno ve tanto a sí mismo como a todo y a todos; y estando escondido en lo Uno, no ve nada de lo que está en todo.
  36. Quien no se ha revestido de la imagen-icona de nuestro Señor Jesús Cristo, del hombre celestial y Dios, en la parte lógica y espiritual de su psique-alma con conciencia y gnosis- conocimiento, es solamente cuerpo-carne y sangre, sin capacidad de percibir y sentir la doxa-gloria espiritual (increada) con palabras, al igual que los nacidos ciegos no pueden entender la luz del sol solo con las palabras.
  37. El que escucha, ve y siente, entiende el significado y la importancia de lo que se dice, porque ya se ha vestido la icona-imagen del celestial y ha llegado a la perfecta madurez espiritual, cuya medida es el Cristo (Ef 4,13). En este estado espiritual, puede conducir adecuadamente al camino de los divinos mandamientos-logos el rebaño de Dios. Aquel que no tiene esta gnosis (conocimiento espiritual), sino que se encuentra en otro estado, está claro que tampoco tiene los sentidos de la psique limpios, puros y sanos. Éste es mejor ser conducido, en vez de conducir, guiara otros.
  38. El que ve a su maestro espiritual y conductor como Dios, no puede contradecirle. Si cree y afirma que puede hacer ambas cosas, debe saber que se ha engañado. Porque desconoce la disposición hacia Dios tienen los hombres de Dios.
  39. Quien cree que en la mano de su guía espiritual está su vida y su muerte, nunca contradice. De la ignorancia de esta cosa nace la contradicción, que provoca la muerte espiritual y eterna.
  40. Antes de escuchar la sentencia, el procesado tiene el permiso de confesarse y hablar delante del juez para las cosas que ha hecho. Pero después de la exposición de los hechos y el juez haya sacado la sentencia, ya no puede objetar nada a los que le castigan, sea grande o pequeño.
  41. El monje antes de entrar en este tribunal y manifestar las cosas que esconde en su corazón, tal vez se le permite a contradecir, sea por ignorancia, sea porque cree que puede ocultar sus pecados. Pero tras haber revelado sus pensamientos y confesado sinceramente, nunca más ya se le permite contradecir al segundo juez después de Dios y soberano, hasta su muerte. Porque el monje que ha entrado desde el principio en este tribunal y se ha desnudado de todas las cosas que esconde su corazón, está desde antes convencido –si tiene algo de gnosis espiritual- de que el mismo es digno de muchas condenas y muertes y cree que con la obediencia y la humildad será redimido de todo castigo e infierno. Todo esto por supuesto si conoce de verdad lo qué significa este misterio.
  42. Quien mantiene imborrables estas cosas en su διάνοια diania (mente, intelecto), nunca más tendrá algún movimiento pasional en su corazón cuando sea corregido, aconsejado o inspeccionado. Porque el que cae en estos errores, me refiero a la contradicción y la desconfianza hacia su padre espiritual y maestro, cae lastimosamente en los abismos del hades (infierno) mientras aún viva. Y se convierte en morada del Satanás y de todo su sucio séquito, porque es desobediente y camina hacia la perdición (Ef 2,2).
  43. Te ruego a ti, hijo de la obediencia, que tengas estas cosas continuamente en tu νούς nus (espíritu del corazón de la psique) y luches con toda tu fuerza para que no seas derrumbado a los males del hades/infierno que hemos referido, sino que ruegues fervientemente cada día a Dios, diciendo: “Señor y Dios de todo, Tú que tienes poder sobre todo soplo y toda psique-alma. Que sólo Tú puedes psicoterapiar y sanar, escucha mi súplica que soy un desgraciado, y la serpiente que anida en mi interior, mátala por la visita de Tu santísimo Espíritu y extermínala. Y a mí, que soy pobre y desnudo de toda virtud, hazme digno de caer en los pies de mi santo padre con lágrimas, y mueve su santa psique-alma a la compasión para que muestre misericordia y caridad de mí. Y dame, oh Señor, humildad en mi corazón y pensamientos adecuados para mí el pecador quien se ha comprometido ante Ti a estar en μετάνοια metania. Y no abandones del todo esta psique-alma que ha venido para siempre junto a Ti y te confesó, te escogió y te prefirió en vez de todo el mundo. Señor Tú conoces que quiero psicoterapiarme y salvarme, aunque mi mal hábito (o adicción) se hace obstáculo. Pero en Ti Señor todo es posible, todo lo que es imposible para los hombres” (Lc 18,27).
  44. Aquellos que con temor y temblor han puesto el cimiento bueno de la fe y esperanza en el patio de la piedad y han colocado sólidamente los pies en la roca de la obediencia en padres espirituales y escuchan sus mandamientos-logos como si provinieran de la boca de Dios, y encima de este cimiento de la obediencia edifican con humildad sin dudar, ellos presentan inmediatamente progreso (espiritual). Y logran la gran y primera hazaña, renunciar a sí mismo. Porque el que uno cumpla la voluntad de otro y no la propia, esto no sólo provoca negación y renuncia de su psique-alma, sino también necrosis-mortificación hacia todo el mundo.
  45. Con aquel que contradice a su padre espiritual, los demonios se alegran. Aquel que se hace humilde hasta la muerte, le admiran los Ángeles. Porque éste trabaja la obra divina, ya que se va asemejando con el Hijo de Dios, quien hizo obediencia a Su Padre hasta la muerte, y en concreto muerte en la cruz (Fil 2,8).
  46. La excesiva e inoportuna contrición del corazón, oscurece y enturbia la διάνοια diania (mente, intelecto); extingue la oración pura y la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y produce gran dolor en el corazón, causando dureza, ceguera y mucha depravación. De esta manera los demonios emprenden conducir a los espirituales a la desesperación y agobio.
  47. Querido Monje, cuando te sucedan estas cosas, pero tienes en tu psique-alma gran celo y anhelo para el perfeccionamiento, de modo que desees cumplir cada mandamiento de Dios, y no caer y pecar ni siquiera en un logos vano (o palabra inútil), no quedarte atrás de los santos antiguos en la praxis, en la gnosis-conocimiento y en la contemplación espiritual; pero a pesar de esto, te ves a ti mismo impedido por quien siembra las semillas del desaliento y no te deja subir a tanta altura de santidad sembrándote pensamientos de descorazonamiento y desánimo, diciendo: “Es imposible psicoterapiarte, salvarte y mantener intactos todos los mandamientos de Dios”, entonces siéntate solo en un rincón, limítate a ti mismo, concentra tu pensamiento y toma decisión buena en tu psique-alma y di: “¿Por qué psique-alma mía estás alterada y anonadada, por qué desfalleces y estás perturbada? Pon tu esperanza en Dios, porque a Él abriré mi corazón; mi salvación no es por mis obras sino por mi Dios (Sal 142,2). ¿Quién puede salvarse por las obras de la ley? (Rom 3,20). Ningún hombre puede justificarse a sí mismo delante de Dios (Sal 142,2). Pero creyendo en mi Dios, tengo esperanza que Él me regalará la psicoterapia y la salvación a causa de Su inexpresable compasión e inmensa misericordia. ¡Apártate de mí, Satanás! Yo venero y alabo a mi Señor y Dios, Le adoro y Le rindo culto (Lv 4,8) desde mi juventud. Él puede psicoterapiarme y salvarme solo por Su misericordia (energía increada). Por tanto, aléjate y lárgate de mí Satanás. El Dios que me ha creado como a Su imagen y semejanza, te anulará y te destruirá”.
  48. Dios solo esto pide de nosotros los seres humanos: que no pequemos. Esto no es obra de la ley, sino guardia, custodia y vigilancia continua de la imagen-icona divina que tenemos y del divino axioma u honor. Permaneciendo en esto, como lo exige nuestra naturaleza, y vistiéndonos la espléndida túnica luminosa del Espíritu, permanecemos en Dios y Dios en nosotros (1Jn 4,13) y nos hacemos dioses/as por la χάρις jaris (gracia, energía increada) e hijos de Dios, iluminados por la luz de la gnosis-conocimiento de Dios.
  49. La acidia (desidia) y la pesadez del cuerpo, causadas en la psique-alma por la pereza y la negligencia, conducen al abandono de la regla o práctica habitual y al oscurecimiento del νούς nus (espíritu de la psique) y en desánimo, con el resultado que aparezcan en el corazón λογισμοί loyismí (conceptos, pensamientos simples o mezclados con la fantasía) de cobardía y blasfemia, de modo que no pueda entrar siquiera en su lugar habitual de oración, aquel que es tentado por el demonio de la acidia, sino que se convierte en perezoso, o incluso albergando pensamientos irracionales contra el Creador. Por tanto, una vez conozcas la causa y origen de esto, acude sin demora a tu lugar habitual de oración, postrado ante el Dios misericordioso, y ruégale con suspiros de corazón, dolor y lágrimas, pidiendo ser liberado de la carga de la pereza y de los malos pensamientos. Pronto se te concederá la liberación y el alivio de ellos si lo pides con dolor y perseverancia (Mt 7,7 y ss).
  50. El que ha adquirido corazón limpio y puro, este ha vencido la cobardía. El que se encuentra aún en el estadio de la catarsis, unas veces él ataca y vence la cobardía y otras es atacado y vencido por ella. Pero aquel que no lucha en absoluto es completamente insensible y es amigo de los demonios y de los πάθος pazos y junto con la vanagloria tiene también la soberbia, presumiendo y creyendo que es algo cuando en realidad no es nada (Gal 6,3); o bien es esclavo y sujeto de la cobardía y, a causa de su mentalidad, conducta y actitud inmadura e infantil, tiempla y siente miedo allí donde no hay razón para temer, pues no existe temor ni cobardía para aquellos que temen al Señor (Sal 13,5).
  51. Quien teme y respeta al Señor, no tiene miedo de los ataques de los demonios, ni sus débiles embestidas, ni tampoco las amenazas de los hombres malvados y astutos. Realmente siendo en su totalidad como una llama y un fuego ardiente, cuando camina de día o de noche en lugares peligrosos y oscuros, ahuyenta los demonios, los cuales más bien son ellos que se alejan de él y no él de ellos, para que no sean abrasados por la llama del fuego divino (increado) que resplandece de él.
  52. Quien tiene temor de Dios, éste, aunque viva entre hombres astutos malos no tiene miedo, porque tiene en su interior el temor de Dios y el arma invencible de la fe, con los que tiene la fortaleza y puede hacerlo todo, incluso las cosas que parecen en muchos como difíciles e imposibles. Éste es como un gigante entre monos o como un león rugiente entre perros y zorras, sosteniendo su esperanza y convicción en el Señor. Y con su conducta y actitud firme los golpea y los aterra teniendo como bastón de hierro el divino logos de la sofía-sabiduría (Sal 2,9).
  53. No solamente el que practica la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) o el que está subordinado, sino también el que es guía (higúmeno, abad) y superior de muchos, incluso el que realiza cualquier diaconía-servicio debe, sin duda, estar despreocupado, es decir, liberado de todas las preocupaciones de esta vida. Porque si nos preocupamos, nos volvemos transgresores del mandamiento-logos de Dios: “No se preocupen en su alma por lo que comerán o vestirán; todas estas cosas las buscan los gentiles” (Mt 6,31), y de nuevo; “Estad atentos que vuestros corazones no se hagan pesados por los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida” (Lc 21,34)
  54. Aquel que tiene el pensamiento en inclinarse y preocuparse por las cosas de esta vida, no está libre. Porque está dominado por la preocupación por ellas y esclavizado en ella, ya sea por sí mismo o por los demás. El que está libre de esta preocupación, no se ocupará de las cosas mundanas, sea por sí mismo o por los demás, incluso si es Obispo, Diácono o Higúmeno (guía, abad del Monasterio). Sin embargo, tampoco será inactivo ni despreciará nada, incluso de las cosas más humildes, sencillas y pequeñas. Haciendo todo según gusta a Dios o de modo divino, será libre de preocupaciones en todos los aspectos y en toda su vida.
  55. No derrumbes tu casa queriendo construir la casa de tu prójimo. Fíjate cuán peligroso y difícil es esto; no sea que, al intentar hacerlo, derribes tu propia casa y no logres edificar la del prójimo.
  56. Si no adquieres completa libertad de los apegos apasionados de las cosas, del dinero y riquezas de la vida, no intentes asumir la gestión de bienes, para no ser dominado por ellos y, en vez de recibir salario por tu diaconía-servicio, sufras la condena de ladrón y sacrílego. Y si te obliga a ello el higúmeno (abad, guía del monasterio), tú debes tener tal disposición como si manipularas fuego que puede quemarte. Y si te viene el pensamiento de sustraer algo de estas cosas, impídelo por la confesión y la μετάνοια metania, y con la bendición del abad permanecerás ileso.
  57. Quien no ha alcanzado la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), no conoce lo que es la απάθεια apázia, pero tampoco cree que existe encima de la tierra algún hombre que sea απαθής apazís (impasible, sin pazos). Porque, ¿aquel que primero no se ha renunciado y negado a sí mismo y no ha derramado su sangre para esta vida realmente bienaventurada, ¿cómo va a pensar que otro lo hizo para adquirir la απάθεια apázia? Del mismo modo, aquel que cree tener el Espíritu Santo, mientras no lo tiene en absoluto, no cree nunca cuando escucha sobre Sus energías increadas que se manifiestan en los que tienen el Espíritu Santo. Tampoco cree que exista alguien en esta generación que lo reciba, como los Apóstoles de Cristo y todos los Santos, las energías increadas del Espíritu Santo y que es movido por Él o que se ha hecho digno de verlo con gnosis-conocimiento y con sentido y percepción espiritual. Porque cada uno juzga a los demás según su propio estado, sea que tenga virtud o maldad.
  58. Una cosa es la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) de la psique-alma y otra la apázia del cuerpo. La primera santifica también el cuerpo con su resplandor y la inundación de la luz increada del Espíritu. La otra, por sí sola, no sirve de nada ni beneficia al que la ha adquirido.
  59. Aquél que desde el último grado de pobreza fue elevado por el rey a la riqueza y a un cargo importante y ha recibido de él un espléndido uniforme y la orden de estar a su lado, éste, pues, mira con anhelo al rey y lo ama mucho como su benefactor, y ve claramente el uniforme que se ha vestido y tiene conocimiento de su cargo y de la riqueza que le ha otorgado. Del mismo modo también el monje que verdaderamente se ha apartado del mundo y de las cosas del mundo, y se ha presentado ante Cristo obedeciendo con conciencia Su llamada y se ha elevado en una contemplación espiritual alta mediante el trabajo de los mandamientos-logos, ve sin engaño al mismo Dios y percibe y comprende con claridad su metamorfosis. transformación que ha experimentado. Es decir, ve siempre la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu que le sobre-ilumina, la cual también se llama vestidura, prenda y púrpura real. O más bien, es el mismo Cristo, ya que de Él se revisten todos los que creen en Él (Gal 3,27).
  60. Muchos leen las santas Escrituras, mientras que otros las escuchan cuando se leen. Pocos son los que pueden conocer ortodoxamente el valor y el significado de lo que están leyendo. Muchos a veces declaran que son imposibles las cosas que se dicen en las santas Escrituras, y otras veces las encuentran increíbles o les dan una interpretación alegórica errónea. Y aquellas cosas que dicen las Escritura que sucederán en el tiempo presente, las consideran como futuras, mientras que las del futuro creen que ya han ocurrido y que suceden cada día. Y no tienen juicio ortodoxo, recto dentro de sí mismos, ni verdadero discernimiento entre las cosas divinas y las humanas.
  61. A todos los creyentes debemos verlos como uno, y pensar que en cada uno de ellos está Cristo. Y tener para cada uno tal tipo de agapi (amor incondicional), de modo que estemos dispuestos a sacrificar por él incluso nuestra vida (Jn 15,13). No debemos hablar mal ni considerar a ningún hombre malo, sino ver a todos como buenos (y enfermos espiritualmente), como dijimos. Y si ves a un hermano atormentado (enfermo) por los πάθος pazos, no debes odiar a él, odia los pazos que le combaten. Y si lo ves atormentado y tiranizado por los deseos y hábitos de los pecados anteriores (es decir, enfermos espiritualmente), más compasión debes tener para él, no vaya ser que tú también pruebes la tentación, puesto que estás hecho de un material que fácilmente pasa del bien al mal.
  62. El que es falso a causa de su hipocresía, o reprochable por sus obras, o rayado por algún pazos, o de alguna manera deficiente por negligencia en algo, este no se incluye entre los eslabones íntegros, sino que es rechazado como inútil e inexperto. Porque éste en tiempo de tensión puede convertirse en causa de romper la cohesión de la cadena y provocar división en lo indivisible y tristezas o tribulaciones también en las dos partes: en aquellos que han progresado, provoca tristeza y pena por los que han quedado atrás- y en ellos, dolor por la separación de los que progresan.
  63. Así como cuando uno arroja tierra sobre la llama de un horno encendido, la apaga, así también las preocupaciones y todo tipo de apegos emocionales y viciosos, aunque sea una cosa fútil y pequeña, extingue la llama que se encendió desde el principio en el corazón (psicosomático).
  64. Aquel que nutre en su seno el miedo a la muerte, desprecia toda comida, bebida y adorno y belleza en la vestimenta. Y no comerá, ni beberá hedónicamente o con deleite; sólo dará al cuerpo las cosas necesarias y sólo las que son suficientes para vivir. Renunciará cada voluntad propia y se convertirá con discernimiento δούλος dulos (siervo) de todo lo que le ordenen.
  65. Aquel que se ha entregado a sí mismo como dulos-siervo a sus padres espirituales según Dios, por miedo al infierno, no preferirá que le ordenen aquellas cosas que alivian el dolor del corazón, ni aquellas que disuelven las ataduras del temor. Ni obedecerá a los que pretenden conducirlo hacia esto de manera amistosa, halagadora o imperativa. Sino que más bien preferirá aquello que aumenta este dolor y deseará aquello que aprieta las ataduras del miedo, y amará lo que fortalece a este verdugo. En estas cosas persistirá, como si nunca esperase a ser liberado totalmente de estas. Porque la esperanza de esta liberación aligera el dolor y el sufrimiento, lo cual no beneficia a aquel que no vuelve a la μετάνοια metania fervientemente y no se arrepiente de corazón.
  66. En cada uno que empieza a vivir según Dios, son beneficiosos el miedo del infierno y el dolor o sufrimiento que nace de este temor. Aquel que se imagina que puede empezar sin este dolor o sufrimiento y esta atadura, no solo cimienta encima de la arena sus praxis, sino que cree también que puede construir una casa en el aire sin cimientos, lo cual es totalmente imposible. Porque este dolor o sufrimiento en poco tiempo genera toda alegría, y esta atadura rompe las cadenas de todos los pecados y πάθος pazos, y este verdugo no causa la muerte sino la vida eterna.
  67. Aquél que no quiera desviarse y escapar del dolor o sufrimiento que nace del miedo del infierno eterno, sino que lo sigue con su predisposición y voluntad y aprieta más sus ataduras según su resistencia, tendrá el camino más corto y se presentará delante del Rey de los reinados. Tan pronto como esto suceda y vea, contemple tenuemente Su δόξα doxa, (gloria, luz increada), en él inmediatamente se romperán las ataduras, el miedo verdugo se alejará de él y el dolor y el sufrimiento del corazón se convertirán en alegría, y se hará fuente que evidentemente brotará lágrimas eternas como un río, y espiritualmente serenidad, apacibilidad e indescriptible dulzura y alegría. Aún más, le dará valentía, fortaleza y buen ánimo para correr libre y sin obstáculos hacia la absoluta obediencia de los mandamientos (logos, principios espirituales) de Dios. Algo así es imposible para los principiantes; es una cualidad o atributo de los que han progresado y llegado por lo menos a la mitad del camino; pero para aquellos que se acercan al perfeccionamiento, esta fuente se convierte en luz (increada) con una repentina alteración o metamorfosis y cambio del corazón.
  68. Quien tiene en su interior la luz (increada) del Santísimo Espíritu, no pudiendo soportar verla, cae boca abajo con la cara en la tierra y clama gritando con sorpresa y gran temor, porque ha visto y experimentado algo que está por encima de la φύσις fisis (naturaleza) y de todo logos, noción y concepto. Y se convierte como un hombre que ha encendido en sus entrañas fuego, por el que se quema sin poder soportar el calor de esta combustión, está como si estuviera en éxtasis y como si no tuviera fuerzas para controlarse a sí mismo. Y conforme es bañado por lágrimas incesantes y se refresca con ellas, aviva más intensamente el fuego de su anhelo. Entonces derrama más lágrimas y con estas se lava y brilla con más esplendor. Y cuando sea completamente abrasado y se haga luz (increada), entonces se cumple lo dicho: “Dios que se une a dioses y se hace conocido por ellos, quizás en la medida en que ya se ha unido a aquellos que se unieron a Él y se ha apocaliptado-revelado a aquellos que lo conocieron”.
  69. Antes de adquirir el luto según Dios y las lágrimas, -que no nos engañe algún listo con palabras engañosas (Ef 5, 6) y que no nos auto-engañemos ni mantengamos ilusiones -, si no existe en nuestro interior arrepentimiento y verdadera conversión, ni temor a Dios en nuestros corazones, ni nos hemos condenado a nosotros mismos, ni nuestra psique-alma ha llegado a tener el sentimiento y percepción del juicio futuro y de los tormentos eternos. Porque si condenáramos a nosotros mismos y adquiriéramos lo anterior, inmediatamente fluirían también nuestras lágrimas. Sin estas lágrimas nuestro corazón duro no puede suavizarse, ni nuestra psique-alma adquirirá la humildad espiritual, ni encontraremos la fuerza y energía de hacernos humildes. Y el que no ha llegado a tal estado, no puede unirse con el Espíritu Santo. Por otro lado, el que no se ha unido a Él después de su catarsis, no puede llegar a la contemplación y a la gnosis-conocimiento de Dios, ni hacerse digno de ser enseñado místicamente las virtudes de la humildad.
  70. Aquellos que simulan hipócritamente tener virtud y cuyo exterior muestra una cosa, pero su interior está lleno de toda injusticia, envidia, contienda y hedor de los placeres hedonistas (hedonismo), son honrados como impasibles y santos por la mayoría, porque no tienen limpios, puros y lúcidos los ojos de la psique-alma y no pueden percibirlos por sus frutos. Pero aquellos que viven con piedad y devoción, con virtud y sencillez en el corazón y realmente son santos, los consideran como seres humanos comunes y vulgares, los tratan con desprecio y los consideran como cero, nada.
  71. Personas así consideran al charlatán y ostentoso como alguien instruido y espiritual; mientras que, al callado, que evita cuidadosamente la charlatanería, lo llaman rústico y tosco que no sabe hablar.
  72. Aquel que habla con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo es rechazado por los arrogantes, quienes, al igual que el diablo son enfermos padeciendo de soberbia u orgullo, le consideran como altivo y soberbio, y le evitan porque más bien se ofenden y se hieren por sus logos y palabras en vez de llevarlos en κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción). Por el contrario, a aquel que habla palabras bien tornadas de su cerebro o de lecciones y engaña a los demás en relación a la salvación, éste lo sobrevaloran en exceso halagándole y aceptándole. Y así no hay nadie entre ellos que pueda discernir y ver las cosas cómo son en realidad.
  73. “Bienaventurados y dichosos –dice Dios- los que han hecho la catarsis de su corazón y se han convertido sanos, limpios, puros y lúcidos, porque ellos verán, contemplarán a Dios” (Mt 5,8). El corazón limpio, puro y lúcido no se forma con una virtud, ni con dos, ni con diez, sino cuando todas juntas se unen en una sola, podríamos decir, y esta se alcanza en su grado perfecto. Pero tampoco entonces las virtudes pueden por sí solas hacer la catarsis del corazón, sin la energía increada y la presencia del Espíritu Santo. Igual que el herrero trabaja su arte mediante sus herramientas, pero sin la energía del fuego no puede realizar ni lo más mínimo de su obra, así también el hombre hace todo y utiliza las virtudes como herramientas, pero sin la presencia del fuego espiritual, todas las obras quedan inoperantes, inacabables e inútiles; no limpian la suciedad y el pus de la psique-alma.
  74. Por el santo Bautismo recibimos la absolución de nuestros pecados y nos liberamos de la antigua maldición y somos santificados con la presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, la perfecta χάρις jaris (gracia, energía increada), según lo dicho: “Habitaré en el interior de ellos y caminaré entre ellos” (2Cor 6,16), no la recibimos entonces; esta pertenece a los que tienen fe firme y segura y la manifiestan con sus obras. Porque cuando después del bautismo nos desviamos en praxis feas, astutas y malas, perdemos por completo la santidad que recibimos en él. Después, con la correspondiente μετάνοια metania, confesión y lágrimas, primero recibimos la absolución, perdón de nuestros pecados y a continuación la santificación junto con la χάρις jaris increada y celeste.
  75. Por la μετάνοια metania se realiza la eliminación de las praxis feas y repugnantes. Después de esta, se concede el Espíritu Santo, no por supuesto sin condiciones, sino analógicamente con la fe, la disposición y la humildad de los que vuelven a la μετάνοια metania y se arrepienten con toda su psique-alma, y después de que ellos hayan recibido la absolución perfecta mediante su padre y guía espiritual. Por eso es bueno que estemos en μετάνοια metania cada día, de acuerdo con el mandamiento-logos del Señor. Porque, el «μετανοείτε metanoite volved a la metania continua, porque ha llegado el reinado de la realeza de los cielos» (Mt 3,2), nos indica que el trabajo de la μετάνοια metania es continuo e ilimitado.
  76. La χάρις jaris (gracia, energía increada) se da como arras a las psiques-almas que quieren casarse con Cristo. Y así como sin arras la mujer no asegura que su unión con el varón será segura, de igual manera la psique-alma nunca se asegura interiormente que será eternamente unida con su Señor y Dios, o que se estará uniéndose junto con Él de modo místico e inexpresable y disfrutará de Su inabordable riqueza, si no recibe las arras de Su χάρις jaris y no las adquiere de manera consciente dentro de sí.
  77. Así como los compromisos de arras, cuando no son firmados por testigos de confianza, no aseguran el compromiso de arras, así también el esplendor de la χάρις jaris (gracia, energía increada) no es seguro antes del trabajo de los mandamientos y la adquisición de las virtudes. El trabajo de los mandamientos-logos y las virtudes son para el compromiso espiritual lo que son los testigos de los contratos de compromiso de arras. Con los mandamientos y las virtudes los futuros que se van a salvar adquieren la posesión del perfecto compromiso.
  78. Digamos que, primero se redactan los compromisos de arras con el trabajo de los mandamientos-logos, y después son sellados por las virtudes y se firman. Y entonces el Novio Cristo le entrega a la novia psique-alma el anillo, es decir, las arras del Espíritu.
  79. Igual que la novia antes del matrimonio toma del novio solo las arras, pero el dote acordado y los regalos prometidos espera tomarlos después de la boda, así también la novia de los fieles, Iglesia, y la psique-alma de cada uno de nosotros, primero reciben del Novio Cristo solo las arras del Espíritu. Sin embargo, los bienes eternos y la realeza increada celestial, espera recibirlos después de su partida de este mundo, igual que se asegura y se certifica por las arras, este compromiso actúa como un espejo que le muestra los bienes eternos y le asegura los acuerdos hechos con su Señor y Dios.
  80. Si el novio estando de largo viaje se retrasa o se ocupa de otras cuestiones y aplaza la boda, la novia puede enojarse, menospreciar su agapi-amor y borrar o romper el papel del compromiso de arras, abandonando así inmediatamente todas sus esperanzas de matrimonio. Lo mismo sucede también con la psique-alma. Si alguno de los luchadores y combatientes piensa: “¿hasta cuándo debo sufrir?”, y descuida por completo las luchas, las fatigas y los esfuerzos ascéticos, es como si borrara y rompiera con la negligencia y el descuido los mandamientos y los acuerdos por el abandono de la μετάνοια metania continua, y así pierde inmediatamente tanto el compromiso de arras como la esperanza hacia Dios por completo.
  81. Cuando la novia transfiere su amor del novio a otro y se une y duerme con él abiertamente o en secreto, no solo no recibe nada de lo que le prometió el novio, sino que también espera un merecido castigo y acusación según la ley. Lo mismo sucede también con nosotros. Cuando alguien transfiere su amor del Novio Cristo al deseo de otra cosa, abiertamente o en secreto, y su corazón se ata a esta cosa, se convierte en odiosa y repugnante para su Novio y no es digna de unirse a Él. Porque Él dijo: “Yo amo a los que me aman” (Pr 8,17).
  82. De estas señales cada uno debe comprender si ha recibido las arras del Espíritu del Novio y Soberano Cristo. Y si las ha recibido, que se cuide en mantenerlas. Pero si aún no se ha hecho digno de recibirlas, pues, que se cuide y se ocupe por las obras buenas, las praxis y la ardiente μετάνοια metania a recibirlas y guardarlas con el trabajo de los mandamientos y la adquisición de las virtudes.
  83. El techo de cada casa se sostiene por los cimientos y las paredes. Los cimientos a su vez, se colocan como imprescindibles y útiles para levantar el techo. Ni el techo puede ser construido sin cimientos, ni los cimientos son útiles o beneficiosos en lo más mínimo sin el techo. Así también la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu se mantiene con el trabajo de los mandamientos, mientras que las obras de los mandamientos se ponen como cimientos para la donación de Dios. Ni la χάρις jaris increada del Espíritu permanece sin el trabajo de los mandamientos, ni el trabajo de los mandamientos sin la χάρις jaris de Dios es útil y beneficioso.
  84. Tal como sin el techo de la casa que ha quedado así por la negligencia del constructor, no solo es inútil, sino que provoca también burlas en contra de aquel que la ha construido, así también aquel ha puesto los cimientos de la obra de los mandamientos y ha levantado muros altos de virtudes, si no recibe también la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu con contemplación y gnosis-conocimiento de la psique-alma, es imperfecto y digno de ser compadecido por los perfectos. Él se ha privado de la χάρις jaris por dos causas. O descuidó la μετάνοια metania, o, viendo el conjunto de las virtudes, se ha desalentado por el infinito número de ellas y ha omitido alguna de aquellas que nosotros las consideramos muy pequeñas, pero son necesarias para completar la casa de las virtudes. Porque sin estas (las virtudes), no puede ser habitada por la χάρις jaris del Espíritu.
  85. Si por esto descendió a la tierra el Hijo de Dios y Dios para reconciliarnos, es decir, mediante el Sí mismo con Su Padre, con el Cual nosotros éramos enemigos (Rom 5,10), y unirnos conscientemente a Sí mismo a través Su consubstancial Espíritu Santo, ¿qué otra χάρις jaris increada conseguirá aquel que pierda esta? Por supuesto que ni se ha reconciliado con Él, ni se ha unido junto a Él mediante la participación del Espíritu Santo.
  86. Quien se ha hecho partícipe del divino Espíritu, se libera de los deseos y placeres pasionales y carnales, sin embargo, no queda separado de las necesidades físicas de la naturaleza. Por tanto, como liberado de las cadenas del deseo y apetito pasional y unido a la inmortal doxa-gloria y dulzura, se apresura sin parar a estar en las realidades celestes y a permanecer junto a Dios, y no desea alejarse ni un momento de Su contemplación y de Su insaciable deleite. Pero, al estar también atado a la corrupción y al cuerpo, se ve oprimido por esto, se arrastra y se vuelve hacia las cosas terrenales, y tiene por esto tanta tristeza, creo, cuánta tiene la psique-alma del pecador cuando se separa del cuerpo.
  87. Así como para aquel que ama su cuerpo y su vida, los placeres y el mundo, la separación de todos estos son la muerte, así también para aquel que ama la pureza y a Dios, las inmateriales y la virtud, es una muerte real incluso la mínima separación de su διάνοιας diania (mente, intelecto) de estos. Si aquel que ve la luz sensible cierra un poco sus ojos o alguien se los tapa, se aflige, se irrita y no puede tolerar de ninguna manera esto, sobre todo si estaba mirando cosas importantes, útiles y extraordinarias. ¿No se afligirá y no se entristecerá más quien es iluminado por el Santo Espíritu y ve, tanto de manera sensible como espiritual, en su vigilia o en su sueño, aquellos bienes que “que ojos no han visto y oídos no han escuchado y hombre no ha pensado con su intelecto ni al corazón del hombre llegaron (1Cor 2,9), los cuales incluso los Ángeles anhelan contemplar, si se ve separado de la contemplación de todo esto por alguna otra cosa? Porque esto le parece muerte y alejamiento de la vida eterna.
  88. Algunos han glorificado la bienaventurada vida eremítica y otros la vida cenobita (o común en el monasterio), otros ser guías del pueblo, administrarlo, enseñarlo y construir iglesias, por las que muchos se alimentan psíquicamente, espiritualmente y corporalmente. Yo no prefiero a uno ni elogio al otro, ni al otro lo acuso, sino que creo que en todo y en cada obra y praxis, la vida que se hace para Dios y de acuerdo con los mandamientos de Dios es plenamente bienaventurada.
  89. La vida de los hombres se mantiene por diversas ciencias, oficios y artes, es decir, cada uno ejerce su propio trabajo y contribuye por ello, y así dando uno al otro y recibiendo del otro, los hombres viven satisfaciendo sus necesidades físicas y materiales. Así sucede también en las cosas espirituales. Al practicar cada uno una virtud diferente y seguir otro camino en la vida, todos se dirigen desde diversas partes hacia el mismo propósito y objetivo.
  90. El objetivo de todos aquellos que viven conforme a la voluntad de Dios es agradar a Cristo, nuestro Dios, conseguir la reconciliación con el Padre mediante la participación del Espíritu, y de esta manera ganar su salvación. Porque esta es la salvación de cada psique-alma, y si esto no se hace, es inútil el esfuerzo y vano nuestro trabajo. Inútil será también cada camino de la vida, el cual no conduce a esto a aquel que sigue este camino.
  91. Aquel que ha dejado todo el mundo y se ha retirado a la montaña para encontrar supuestamente ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental), y desde allí escribe con ostentación a los que están en el mundo, felicitando algunos, adulando a otros y elogiando a otros, parece a aquel que se divorció de la mujer prostituta, fea y mala y se marchó en lugar lejano para liberarse incluso del recuerdo de ella; pero luego habiendo olvidado del propósito por el que se marchó a la montaña, le vienen las ganas de escribir a los que se relacionan con esa prostituta y se contaminan, digamos, a los que están con ella y los felicita. Éste, ya que con su intención admite las pasiones de ellos, participa de alguna manera en su mezcla con ella, si bien no con el cuerpo, pero seguro con su corazón y su νούς nus (espíritu de la psique).
  92. Así como dignos de elogios y bienaventurados son aquellos que viven en el mundo y mantienen limpios los sentidos y sus corazones de todo deseo vicioso y vil, del mismo modo son censurables y despreciables aquellos que viven en montañas y cuevas y desean los elogios y las alabanzas de los hombres. Porque estos son considerados adúlteros por Dios que investiga nuestros corazones (Rom 8,27). Porque el que desea que su vida, su nombre y sus obras sean conocidas y escuchadas en el mundo, se hace prostituto y adúltero en su relación con Dios, según dice David, igual que antiguamente el pueblo judío (Sal 105,39).
  93. Quien con fe firme e inquebrantable en Dios ha renunciado al mundo y las cosas del mundo, cree que el Señor es filántropo (amigo del hombre) y caritativo y acepta a los que vienen a Él con μετάνοια metania. Sabiendo que Dios honra a Sus δούλος dulos (siervos) permitiéndoles recibir deshonras, y los enriquece a través de sus pobrezas, y los glorifica a través de los insultos y los desprecios, y a través de la muerte los constituye en partícipes y herederos de la vida eterna; mediante todas estas cosas el hombre corre de prisa hacia la fuente inmortal como el ciervo sediento (Sal 41.2). Y con estos medios asciende hacia arriba como en una escalera por la que suben y bajan los Ángeles para ayudar a los que están subiendo, y en la cima de ella está sentado Dios (Gen 28,12 y ss) esperando que mostremos lo que podamos de nuestra buena disposición y voluntad; no es que se agrada al ver que nos estamos fatigando, sino porque siendo filántropo (amigo del hombre) quiere darnos los salarios como si nos los debiera.
  94. Dios nunca permite que aquellos que se acercan a Él sin reservas caigan sin levantamiento, sino que, cuando ve que no tienen fuerza y que son impotentes, coopera y ayuda, les ofrece refuerzo desde lo alto y los acerca a Él; sinergiza o coopera de las dos maneras, visiblemente y secretamente, de tal forma que ellos no se dan cuenta, y de otro modo desconocido, hasta que, tras subir toda la escala, se acercan a Él, y se unen completamente con Él, y olviden todas las cosas terrenales y encontrarse junto con Él allá en las alturas -ya sea con sus cuerpo, ya sin sus cuerpos, no lo conozco- para que vivan junto con Él y disfruten de los bienes inefables.
  95. Es justo primero colocar nuestro cuello bajo el yugo de los mandamientos-logos de Cristo, sin desenfrenarnos, ni retrocedernos, sino caminar ortodoxamente con buen ánimo y buena voluntad encima de sus huellas hasta la muerte y con ellos cultivando y renovando nuestro ser, que realmente es el nuevo Paraíso de Dios, hasta que el Hijo junto con el Padre a través del Espíritu Santo venga y habite en nuestro interior. Y entonces cuando Le hayamos adquirido completamente como residente y maestro nuestro, quienquiera que nos ordene y cualquier servicio que nos confíe, lo asumiremos y lo ejecutaremos con buen ánimo y buena voluntad tal y como Él quiere y desea. Sin embargo, no debemos pedirlo antes de tiempo, ni tampoco aceptarlo cuando nos lo asignen los hombres, sino que debemos ser firmes en los mandamientos de nuestro Señor y Dios, y esperar Su propia orden.
  96. Cuando se nos ha encomendado un servicio de las cosas divinas y nos hemos distinguido en este, si el Espíritu Santo nos dirige a volvernos hacia otro servicio, otro trabajo u otra actividad, no debemos presentar objeciones. Porque el Dios no quiere que seamos vagos y perezosos, ni que permanezcamos en el mismo trabajo que empezamos hasta el final, sino que progresemos y estemos en constante movimiento y dispuestos para conseguir cosas superiores, mientras que nos vamos enmendando por la voluntad de Dios y no con la nuestra.
  97. Quien se dedica a mortificar su propia voluntad, debe hacer la voluntad de Dios. Y en su propio lugar, debe introducir dentro de sí la voluntad de Dios, sembrándola e injertándola dentro en su corazón. También debe prestar atención con precisión a aquello que planta e injerta, es decir, si las plantas se han arraigado profundamente y han prosperado, y si en los injertos se ha cerrado la herida y ellos se han unido y se han convertido un solo árbol; si han crecido, si han sacado flores y si han producido fruto dulce y bello. Entonces olvidará también como era la tierra que anteriormente había recibido la semilla y la raíz sobre la que fue injertada aquella planta inconcebible, indescriptible e inefable que trae la vida.
  98. Al que corta su propia voluntad por temor a Dios, el Dios le regala Su propia voluntad sin que él lo sepa o lo tenga concienciado, y la conserva indeleble en su corazón; incluso le abre los ojos de su διάνοια diania (mente, intelecto) hasta que la conozca claramente y perfectamente, y le da la fuerza para cumplirla. Estas cosas las energiza u opera la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, y sin ella nada se puede hacer.
  99. Si has recibido la absolución, perdón de todos tus pecados, ya sea a través de la confesión o por haber vestido el santo hábito monástico angelical, ¡cuánta agapi-amor, agradecimiento y humildad se te proporcionará a través de esto! Porque mientras eras digno de innumerables castigos, no sólo te has liberado de estos, sino que también te haces digno de tener la adopción, la δόξα doxa (gloria, luz increada) y la realeza increada de los cielos. Dirigiendo siempre tu νούς nus (espíritu de la psique) a estas cosas y teniéndolas siempre en la memoria, prepárate y disponte a no ofender y deshonrar a Aquel que te ha creado, te ha honrado y ha perdonado tus innumerables pecados, sino que Le glorifiques y Le honres con todas tus obras, para que Él también te glorifique más a ti que te ha honrado por encima de toda la creación visible, y te llame Su verdadero amigo.
  100. Así como la psique-alma es más valiosa que el cuerpo, así el ser humano lógico es superior de toda la creación. Por tanto, hombre, no mires las magnitudes de las creaciones y las consideres más preciosas que tú. Sino que viendo la χάρις jaris (gracia, energía increada) que te ha sido dada y entendiendo el valor de tu psique-alma lógica y espiritual, alabar con himnos a Dios que te ha honrado más que todas las cosas visibles.
  101. Pensemos y examinemos cómo glorificaremos a Dios. El Dios es glorificado por nosotros, no de otra manera, sino tal y como fue glorificado por el Hijo. Es decir, con aquellas cosas con las que el Hijo glorificó al Padre, con estas cosas también Él fue glorificado por el Padre. Estas cosas nosotros también intentemos hacerlas con diligencia, para glorificar a Aquel que ha aceptado ser llamado nuestro Padre celestial y ser glorificados por Él con la δόξα doxa (gloria, luz increada) del Hijo, la que tenía de Él antes que el mundo fuera creado (Jn 17,5). Estas cosas con las que el Hijo glorificó al Padre son la cruz, es decir, la mortificación a todo el mundo, los sufrimientos, las tribulaciones, las tentaciones y todos lo demás padecimientos de Cristo. Cuando sufrimos todas estas cosas con gran paciencia, imitamos los padecimientos de Cristo y glorificamos con estos al Padre y Dios nuestro como hijos Suyos por la χάρις jaris y coherederos de Cristo (Rom 8,17).
  102. La psique-alma que no ha sentido que ha sido liberada totalmente de la conexión y del apego pasional y vicioso a las cosas visibles, no puede soportar sin sufrimiento las cosas tristes que le acontecen y los daños de hombres y demonios. Pero, al estar fuertemente atada con el apego pasional y vicioso a las cosas humanas, sufre mucho por las pérdidas económicas y se entristece por las privaciones de las cosas y siente fuerte dolor y angustia cuando recibe heridas en el cuerpo.
  103. Quien ha apartado su psique-alma de la relación y el deseo de las cosas sensibles y la ha conectado con Dios, no sólo despreciará los dineros y sus posesiones y no se lamentará si las pierde, como si no fueran suyas, sino también las cosas dolorosas y penosas que afligen su cuerpo, las soportará con alegría y el debido agradecimiento, viendo continuamente, como dice el divino Apóstol, el hombre exterior desgastarse, mientras que el hombre interior se renueva día a día. De lo contrario, no es posible soportar con alegría las tribulaciones que concede Dios. Esto requiere una gnosis-conocimiento perfecta y sabiduría espiritual. Aquel que carece de estas cosas, camina siempre a la oscuridad y tiniebla de la desesperación y la ignorancia y no puede en absoluto ver la luz de la paciencia y del consuelo divino.
  104. Todo filósofo especulativo por la ciencia humana, no se hará digno de profundizar en los misterios de Dios y verlos, hasta que no quiera primero hacerse humilde y convertirse como tonto o necio, expulsando junto con la altanería y la arrogancia también las gnosis-conocimientos que posee. Porque aquel que actúa así y sigue a aquellos que son sabios a las cosas y realidades divinas con fe incondicional, es instruido por ellos y entra junto con ellos en la ciudad del Dios vivo. Y conducido y alumbrado por el Espíritu divino, contempla y es enseñado aquellas cosas que ningún otro ser humano puede ver y aprender. Y entonces se convierte en enseñado por Dios (Jn 6, 45).
  105. Los enseñados por Dios, los discípulos de los sabios de este mundo los consideran tontos o necios. Pero en realidad tontos y necios son ellos, ya que están saciados con la atontada sabiduría mundana, la cual Dios ha demostrado que es tontería y necedad, de acuerdo con el divino Apóstol (1Cor 1,20). La misma sabiduría, el logos de Dios la llama terrenal, emocional y demoníaca (Sant 3,15), llena de conflictos, irascibilidad y envidia. Por tanto, mientras ellos son privados de la luz divina e increada, consideran engañados aquellos que viven en la luz increada y enseñan las cosas que están en ella, mientras que los engañados son ellos, los que no han saboreado los bienes inefables de Dios.
  106. El que ahora existan entre nosotros απαθείς apazís (impasibles, sin pazos) y santos/as llenos de luz divina e increada, los cuales han mortificado tanto sus miembros terrenales de toda suciedad y deseo pasional y vicioso (Col 3,5), de modo que no solo ellos mismos no piensan ni hacen ningún mal, sino que también, si otros los empujan, no sufren ninguna alteración de su απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos); por lo tanto, el que existan también ahora, lo sabrían aquellos que los acusan de indiferencia y que desconfían al escucharlos enseñar sobre cosas divinas con la sabiduría del Espíritu, los reconocerían por supuesto si hubiesen entendido los logos divinos que leen y cantan diariamente. Porque si hubieran adquirido la perfecta gnosis de las Santas Escrituras, creerían en los logos de Dios y en los bienes que Él nos regaló. Sin embargo, como carecen de estos bienes por arrogancia, presunción y negligencia, por ello calumnian por incredulidad a aquellos que participan de estos y enseñan sobre estos bienes.
  107. Aquellos que están llenos de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y perfectos en la gnosis (conocimiento espiritual) y en sofía-sabiduría divina, quieren visitar y ver a la gente del mundo solamente para llevarles alguna recompensa al recordarles los mandamientos-logos de Dios y la buena obra, por supuesto siempre que estos escuchen, comprendan y se dejen convencer. Porque los que no son conducidos por el espíritu de Dios, caminan en la oscuridad y no saben a dónde van (Jn 12,35), ni en qué mandamientos deben progresar; sin embargo, es posible que algún día despierten (espiritualmente) y reaccionen ante la presunción o altanería que los posee y acepten la verdadera enseñanza del Espíritu Santo y, si al escuchar la voluntad de Dios, sin mezcla ni engaño, vuelvan en la metania, se arrepientan y se conviertan, y por el cumplimiento de la voluntad divina recibirán algún carisma espiritual. Si finalmente no logran causarles a los laicos tal beneficio, entonces, lamentando la dureza de sus corazones, regresan a sus celdas y oran día y noche por salvación de ellos. Porque aquellos que están siempre junto con el Dios y llenos de todo bien y bondad no se entristecen por nada más, salvo por esto.
  108. ¿Cuál es el propósito y objetivo de la economía de la encarnación de Dios Logos, proclamado en toda la santa Escritura, aunque nosotros nos quedamos en leer sin llegar a comprenderlo?  De todas formas, el objetivo es que, participando Él de nuestras cosas, nos haga participes de las Suyas. Es decir, el Hijo de Dios, se ha hecho Hijo del hombre, para hacer a los seres humanos hijos de Dios, ascendiendo nuestro género por la χάρις jaris (gracia, energía increada) en aquello que Él mismo es por naturaleza, renaciéndonos por el Espíritu Santo e introduciéndonos directamente en el reinado de la Realeza increada de los Cielos. O más bien, nos regala la Realeza increada de los cielos para tenerla en nuestro interior (Lc 17,21), de modo que no solo tengamos la esperanza de que simplemente entraremos en ella, sino que al poseerla, debemos proclamarla: “Nuestra vida está escondida junto con Cristo en Dios” (Col 3,3).
  1. El bautismo no elimina nuestro libre albedrío o independencia ni la libertad de nuestra predisposición y voluntad, sino que nos regala la libertad de no ser ya gobernados y sometidos involuntariamente al poder del diablo. Después del bautismo, depende de nosotros el permanecer voluntariamente en los mandamientos-logos de Cristo, nuestro Señor y Dios, en el nombre del Cual hemos sido bautizados, y andar el camino de Sus preceptos, o bien, abandonar este camino recto, ortodoxo y volver a nuestro adversario y enemigo, el diablo.
  2. Quienes después del santo bautismo retroceden a las voluntades y deseos del maligno astuto y hacen las cosas que él los propone, por sí mismos quedan fuera de la santa matriz del divino bautismo, según el logos de David (Sal 57,4). Porque cada uno de nosotros no se altera, ni se desvía de su naturaleza, según la cual ha sido plasmado; pero al haber sido creado bueno por Dios (porque Dios no ha hecho nada malo), y siendo inmutable en la naturaleza que fue creado y en su esencia, cada persona realiza exactamente aquellas cosas que quiere y ha escogido por su voluntaria, decisión u opinión, ya sean buenas o malas. Es decir, igual que el cuchillo tanto si se utiliza bien como mal, no se altera en su naturaleza, sino que sigue siendo hierro, así también el ser humano, opera y actúa las cosas que quiere, como hemos dicho, sin desviar su naturaleza.
  3. No salva al hombre el dar limosna solo a uno; al contrario, al despreciar a uno, le provoca el infierno (interior). Porque las palabras de Cristo; “Tuve sed y hambre, etc.” (Mt 25,35), no se refieren a un momento puntual ni a un solo día, sino a toda la vida. Y el dar alimento, agua, ropa y cosas semejantes a Cristo no es cuestión de un solo acto; más bien, nuestro Señor y Dios ha declarado que siempre y en toda circunstancia acepta tales obras de Sus siervos.
  4. Aquel que dio limosna, caridad a cien personas y podía dar también a otros, saciar la sed y alimentar a muchos que le rogaban y clamaban, pero aun así los rechazó, será juzgado por Cristo como si no hubiera alimentado a Él mismo. Porque también en todos estos está Él, que es alimentado por nosotros en persona de cada uno de los más pequeños.
  5. Aquel que hoy ha dado a todos las cosas necesarias para el cuerpo, pero mañana, teniendo la capacidad de hacer lo mismo, se desentiende de algunos hermanos y los deja perecer de hambre, sed y frío, en realidad los ha abandonado en la muerte y ha despreciado al mismo Cristo quien dijo: “Cuanto hicisteis por uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40).
  6. Por eso el Cristo aceptó tomar forma de cada pobre y hacerse similar a cada pobre, para que ninguno de los que creen en Él se enorgullezca y se ensalce delante de su hermano. Sino que, cada uno viendo a su hermano y a su prójimo como si viera a su propio Dios, que se considere a sí mismo más pequeño que él, ya que le estará considerando como si viera a su Creador, y como tal recibirlo y honrarlo disponiendo todas sus existencias para cuidarlo y servirlo, de la misma forma en que nuestro Cristo y Dios entregó Su sangre para nuestra σωτηρία sotiría (redención, psicoterapia y salvación).
  7. Aquel que ha recibido el mandato de amar a su prójimo como a sí mismo debe hacerlo no solo por un día, sino por toda su vida. Y quien ha sido ordenado a dar a todo el que le pide (Mt 5,42), está llamado a hacerlo durante toda su vida. Asimismo, quien quiera y desea que otros le hagan el bien, (Mt 7,12), lo mismo será requerido hacer también él con los demás.
  8. Quien considera a su prójimo como a sí mismo, no tolera tener más que su prójimo; ahora bien, si él tiene bienes y no los comparte generosamente hasta llegar el mismo a ser pobre y asemejarse a su prójimo, no es cumplidor del mandamiento del Señor. Del mismo modo, aquel que desea dar a todos los que le piden no debe negar si lo posee ni una moneda ni un trozo de pan a quien se lo solicite. También aquel que no hace a su prójimo lo que desea que los demás le hagan a él (Mt 7,12), no cumple con el mandamiento. Así también, aquel que ha alimentado, saciado y vestido a cada pobre y necesitado y ha atendido sus otras necesidades, si desprecia a uno solo de ellos, será considerado como si hubiera pasado por alto a Cristo mismo, el Dios, hambriento y sediento (Mt 25,45).
  9. Quizás todas estas palabras pueden parecer duras y pesadas para muchos. Por eso quizás se pregunten con razón: “¿Quién puede llegar hacer todas estas cosas, de modo que pueda cuidar y alimentar a todos sin descuidar y dejar de lado a nadie? Pero que escuchen a Pablo quien declara: “Porque la agapi-amor incondicional de Cristo nos retiene todos, a nosotros y a vosotros unidos fuertemente, y murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que por ellos se sacrificó en la cruz y resucitó” (2Cor 5,14-15).
  10. Tal como los mandamientos universales contienen en su interior también todos los mandamientos parciales, de igual manera las virtudes universales abarcan las virtudes parciales. Porque el que ha vendido todos sus bienes y los ha repartido a los pobres y se ha vuelto pobre de una vez por todas, ha cumplido con sus praxis todos los mandamientos parciales, es decir, ya no tiene necesidad de dar a quien le pida, ni rechazar a quien quiera tomar algo prestado de él (Mt 5,42). Del mismo modo, quien ora sin cesar incluye en su práctica todas las demás formas de oración, y, por tanto, ya no tiene la obligación de alabar al Señor siete veces al día o a orar por la mañana, tarde y noche, ya que con su oración constante ha cumplido todo lo que normalmente se haría en horarios específicos de oración y alabanza. Así también, aquel que ha recibido conscientemente en su interior a Dios, quien otorga gnosis-conocimiento a los hombres, ha recorrido y salido de toda la Sagrada Escritura y ha obtenido de ella todo su beneficio, y ya no tiene necesidad de libros. ¿Cómo podría necesitar de libros aquel que tiene como compañero inseparable a Quien inspiró a los autores de las Escrituras sagradas y es iniciado e instruido místicamente en los misterios inefables, ocultos-secretos y profundos? El mismo será un libro inspirado de Dios para los demás, un libro lleno que contiene misterios nuevos y antiguos (Mt 13,52), escritos en su interior por la mano de Dios (Ex 51,18), porque ha cumplido todas las cosas y ha hallado reposo en Dios, (Gen 2,3), en la soberana Perfección original.
  11. El flujo que se produce en el sueño puede ser consecuencia por diversos motivos: por la gula o glotonería, la vanagloria y la envidia de los demonios. También puede suceder por una vigilia excesiva cuando el cuerpo, dominado por el sueño, teniendo miedo no vaya ser que le suceda esto. O bien, en la víspera de la Divina Liturgia, si uno es sacerdote o antes de la divina Comunión o Efjaristía, cuando uno se ha acostado con pensamientos de cobardía y miedo, es decir, no vaya ser que le suceda, se duerme y le sucede; lo cual también se debe a la envidia de los demonios. Incluso puede suceder si uno durante el día vea una cara bonita y luego la va recreando con la mente y se duerme con estos pensamientos fornicadores, que por ligereza y descuido no los ha expulsado, cae en esto durante el sueño, o tal vez también despierto, estirado en la cama. Sucede también de otra manera; son algunos como yo negligentes y perezosos que conversan sobre temas pasionales, ya sea de manera apasionada o indiferente; y luego, al ir a dormir, pensando en estas conversaciones y dialogando con ellas en su mente, se quedan dormidos y caen en esta avería; quizá también allí mientras conversan, uno de los puede ser perjudicado en ese momento. Por eso, debemos estar siempre atentos teniendo presente las palabras del Salmista: “Veo al Señor siempre delante de mí, porque Él está en mi derecha para no ser conmovido” (Sal 1,8), y cerrar nuestros oídos a este tipo de palabras. Igualmente, muchas veces algunos que apenas dejaron la oración, fueron empujados a los movimientos carnales, tal como hemos dicho también en el capítulo sobre la oración.
  12. Hermano, procura desde el principio de tu renuncia a sembrar en tu interior buenas virtudes, de modo que seas útil en la hermandad, y al final el Señor te eleve. Nunca te atrevas a tener confianza con el higúmeno (guía, abad del Monasterio), como hemos dicho antes, ni a pedirle que te honre. No establezcas amistad con los superiores, ni visites a menudo sus kelias-celdas, sabiendo que, si lo haces, no sólo el pazos de la vanagloria comenzará a echar raíces en tu interior, sino también te volverás odioso para higúmeno. ¿Cómo y de qué manera se hará esto?, el que tenga νούς nus sano que entienda. Mantente en paz en tu celda, sea cual sea. Y a aquel que quiere hablar contigo, no lo rechaces por falsa piedad. Pero si le hablas con consideración paternal, nunca te verás perjudicado, incluso si él es de tus contrarios. Y si no ves esto como provechoso, sin embargo, debes adaptarte al propósito de aquel que se beneficia.
  13. Debes tener constantemente el temor a Dios y examinarte cada día a ti mismo, qué has hecho bien y qué mal. Y las cosas buenas olvidarte, no vaya ser que caigas en el pazos de la vanagloria. Pero para las malas derramar lágrimas, confesarte y orar fervientemente. Este examen debe hacerse de la siguiente manera. Cuando acaba el día y llega la noche, reflexionar y examinarse así: “¿Cómo, con la ayuda de Dios, pasé el día? ¿Acaso he criticado, juzgado y condenado a alguien, o he despreciado, calumniado y escandalizado a alguien o he mirado a alguien con pasión y deseo o he desobedecido al responsable de mi diaconía-servicio y he descuidado del servicio o me he enfadado e irritado contra alguien o allí en el oficio o en la Divina Liturgia cuando estaba en pie he ocupado mi νούς nus (espíritu de la psique) en cosas y pensamientos inútiles o me cargué de negligencia y pereza dejando la iglesia y el canon? Cuando te encuentres en todas estas cosas que eres irresponsable, – lo cual es imposible, porque nadie es limpio de pecado ni un día de su vida (Jb 14,4) y nadie puede presumir que tiene el corazón puro (Pr 20,9)- entonces clama a Dios con muchas lágrimas: “Señor perdona todos mis pecados que he cometido con praxis y palabras, consciente o inconscientemente». Porque en muchas cosas nosotros somos culpables sin saberlo (Snt 3,2).
  14. Debes diariamente confesar cada λογισμός loyismós (concepto, pensamiento simple o unido con la fantasía) ante el padre espiritual, y lo que te diga, recíbelo y aceptarlo como si viniera de la boca de Dios, con certeza interior. No comuniques a nadie estas cosas, por ejemplo, “he preguntado esto y esto al padre, y él me ha contestado así; ¿Acaso me habrá contestado bien o no? ¿Y qué debo hacer entonces para rectificarme? Porque estas palabras están llenas de incredulidad hacia el padre y son dañinas para la psique-alma. Esto suele suceder principalmente a los principiantes.
  15. Todos los hermanos del monasterio debes verlos como santos y considerar solo a ti mismo como pecador y el último de todos, y pensar que, mientras todos serán salvados, solo tú te infernarás. Y cuando estás de pie en la Divina Liturgia o al santo oficio, estas cosas no dejes de pensarlas y no dejes de llorar ardientemente y con κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), sin dejarte influenciar por aquellos que se escandalizan o se burlan de tu posición y actitud. Pero si ves que de esto resbalas a la vanagloria, entonces salte de la iglesia para llorar en alguna parte a escondidas y después de nuevo vuelve rápidamente en tu sitio. Esto es muy bueno para los principiantes, sobre todo durante el exápsalmos (seis salmos), en la salmodia de los salmos, en la lectura y en la Divina Liturgia. También ten mucho cuidado de no criticar a nadie, sino piensa que «quienes me ven llorar y lamentarme, entenderán que tengo muchos pecados y orarán por mi salvación». Y ciertamente, si siempre piensas esto y lo realizas sin cesar, te beneficiarás mucho y atraerás sobre ti la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y te harás partícipe de la divina bienaventuranza.
  16. No te acerques a ninguna celda, excepto a la del higúmeno, y allí también rara vez. Si quieres preguntarle sobre algún pensamiento, pregúntale en la iglesia. Después de la Divina Liturgia u otro oficio retírate inmediatamente a tu celda, y después a tu servicio. Después de las vísperas, después de hacer una reverencia fuera de la abadía o despacho higuménico y pedir la bendición del higúmeno, corre silenciosamente y cabizbajo a tu celda. Porque es mejor decir un trisagio con atención y dormir, en vez de cuatro horas en vela con conversaciones inútiles. Pero donde hay κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y luto espiritual, allí sigue esplendor divino; y cuando este esplendor venga, expulsa la acidia, la pereza y la enfermedad.
  17. No debes tener amor especial con ninguna persona, y mucho menos por un principiante, incluso si te parece que lleva una vida ejemplar, y naturalmente mucho más si tiene una vida sospechosa. Porque, por costumbre, esta clase de amor, de espiritual se convierte en pasional o emocional dentro de ti, y caes en tristezas inútiles. Esto sucede con frecuencia entre los luchadores. Pero la humildad y la oración continua te enseñarán sobre esto. Nuestro tiempo no permite extendernos sobre el tema. El que entiende, que entienda.
  18. Debes mantenerte ajeno a cada hermano del monasterio, y mucho más a los conocidos que tenías en el mundo. Pero a todos debes amarlos por igual, tanto los piadosos como los luchadores, verlos como santos. Pero para aquellos que son negligentes como yo, debes orar extensamente por ellos. Pero, como dije antes, considerando a todos como santos, apresúrate con el luto (espiritual, según Dios) a hacer la catarsis de los πάθος pazos, para que seas iluminado por la χάρις jaris (gracia, energía increada), así verás a todos iguales y conseguirás la bienaventuranza de los que se han hecho la catarsis y son puros del corazón (Mt 5,8).
  19. Hermano, que consideres que la perfecta renuncia del mundo es, en primer lugar, la completa mortificación o necrosis de tu voluntad, y después la liberación del vínculo, del apego y de la negación de los padres, parientes y amigos.
  20. También despojarte de todas las propiedades y repartirlas a los pobres, de acuerdo con el logos del Señor que dice al joven rico: “Vende todo cuanto tienes y dárselo a los pobres” (Mt 18,21). Incluso debes olvidarte de todas las personas que amabas, ya sea físicamente o espiritualmente.
  21. También, debes confesar todos los pecados y los secretos de tu corazón, los que has cometido desde la infancia hasta ahora, ante tu padre espiritual o ante higúmeno (abad), como si te confesaras al mismo Dios, quien examina “corazones y entrañas” (Sal 7,9). Sabes que cuando Juan bautizaba en el río el bautismo de la μετανοία metania, iban todos a él y confesaban sus pecados (Mt 3, 6). Porque de la confesión nace gran gozo y alegría en la psique-alma y alivio en la conciencia, según el logos del Profeta: “Confiesa tú primero tus pecados y serás justificado” (Is 43,26).
  22. También debes poner el pensamiento, después de tu ingreso en el monasterio, la certeza de que han muerto todos, tanto tus padres como tus amigos. Y que consideres como padre y madre a Dios y al higúmeno, abad. No pidas nunca de tus padres ni de tus amigos algo que necesites. Ahora bien, si ellos por providencia te mandan algo, acéptalo y ora por ellos porque se acuerdan de ti, pero entrega lo que te han enviado al comedor o al hospital del monasterio. Y esto lo harás con humildad, porque no es obra de los perfectos, sino obra de los muy pequeños.
  23. Todo lo bueno, hazlo con humildad, teniendo en mente al Señor que dijo: “Cuando hagáis estas cosas, decir que siervos inútiles somos, simplemente hemos hecho lo que es debido” (Lc 17,10).
  24. Debes tener cuidado en no tomar nunca la divina efjaristía comunión o teniendo algo contra otra persona, ni siquiera un simple pensamiento, hasta que consigas la reconciliación con la μετάνοια metania. Pero esto también lo aprenderás a través de la oración.
  25. Que estés preparado cada día para recibir todo tipo de tribulación y sufrimiento. Pensar que por estas tribulaciones y sufrimientos serás liberado de la multitud de tus pecados, y agradece al Santo Dios. Porque de esto uno adquiere una franqueza que avergüenza, según el gran Apóstol Pablo que dice: “Y no sólo esto, sino que nos alegramos también en los sufrimientos, conscientes de que los sufrimientos producen poco a poco la preciosa virtud de la paciencia, la paciencia fructifica y consolida la fidelidad, la fidelidad trae y consolida la esperanza firme hacia Dios;” (Rom 5, 3-4). Y la esperanza no avergonzará a nadie. Pero como dice la Escritura: «Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman” (1Cor 2,9), según la promesa que no miente en aquellos que por la sinergia (cooperación) de la χάρις jaris (gracia, energía increada) muestran paciencia en los sufrimientos y en las tribulaciones. Porque sin la χάρις jaris nada se puede lograr.
  26. Que no tengas nada material en tu celda, ni siquiera una aguja, excepto una estera o esterilla, una piel de oveja o manto, una túnica y lo que llevas puesto. Si es posible, no debes tener ni un taburete para apoyar los pies. Porque también hay una razón para esto. El que entienda, que entienda.
  27. Ni tampoco exijas del higúmeno nada más de las cosas te hacen falta, excepto de las cosas asignadas, y estas cuando él te llame y te las entregue. Ni tampoco te convenza el pensamiento que te viene a decir que debes cambiar alguna cosa de las que te da, sean del género que sean, tómalas con agradecimiento como si viniesen de Dios, y con estas debes caminar. Aún, no debes salir fuera a comprar otra cosa. Cuando tu hábito se ensucia, debes lavarlo dos veces al año, pidiendo con forma de pobre y humilde y con toda humildad un cinto de otro hermano, hasta que se lave y se seque el tuyo, y luego, nuevamente con gratitud, debes devolverlo. Lo mismo también debes hacer con el manto o sotana y con cualquier otra cosa.
  28. Debes esforzarte tanto como puedas en la diaconía-servicio. Dentro de tu celda, que perseveres en la oración con κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), atención y lágrimas incesantes. No debes pensar que, hoy trabajé mucho, así que puedo restar algo de la oración debido al esfuerzo físico. Porque te digo que, por mucho que uno se esfuerce en la diaconía-servicio, si se priva de la oración, debe considerar que algo grande ha perdido. Y realmente así es.
  29. Debes ser el primero en asistir a las celebraciones litúrgicas y salgas el último, a menos que haya una gran necesidad, especialmente durante al Orthros (oficio preparación antes de la Liturgia) y a la Divina Liturgia.
  30. Debes tener plena obediencia al abad o higúmeno por quien te has hecho monje, y debes realizar sin vacilar todo lo que te manda, hasta la muerte, incluso si te parecen imposibles. Porque de esta manera imitas a Aquel que obedeció hasta la muerte, y en concreto muerte en la cruz (Fil 2,8). Y no sólo al higúmeno, sino también toda la hermandad y a aquel que es responsable de asignar los servicios-diaconías, no debes desobedecer en nada, y si te manda alguna diaconía-servicio que es superior a tu fuerza, después de haberte arrepentido, pide perdón o la venia. Pero si él no retira la orden, entonces debes esforzarte mucho por cumplirla, teniendo en cuenta que la Realeza increada de los Cielos es para los que ejercen fuerza y violencia a sí mismos y ellos la arrebatan (Mt 11,22).
  31. Además, debes rodar con un corazón contrito a los pies de toda la hermandad, como si fueras una persona invisible, desconocida e inexistente. Quien en su vida se comporta así de esta amanera, me atrevo a decir que se hará perspicaz, clarividente y muchas cosas predecirá con la sinergia (cooperación) de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada). Esta persona llora también por los defectos de los otros, permaneciendo indiferente y no apegado a las cosas materiales, puesto que el divino έρως eros (amor ardiente) y espiritual no le permite deslizarse hacia estas. Por supuesto no es admirable que uno prediga las cosas; esto muchas veces proviene de los demonios. Sin embargo, quien tiene νούς nus sanado y lúcido lo comprenderá. Pero si alguien comienza a recibir y aceptar confesiones, tal vez sea privado de las cosas anteriores, ocupándose del examen de los pensamientos ajenos. Pero, si uno por gran humildad deja de hacerlo, es decir, hablar y escuchar, retorna de nuevo a la situación anterior. Está claro que la gnosis plena de estas cosas la tiene sólo Dios; yo estoy lleno de temor y no me atrevo a tener opinión sobre este tipo de cuestiones.
  32. Debes tener siempre en tu νούς nus (espíritu de la psique) a Dios, ya sea que duermas o estés despierto, y en la comida y la conversación, en el trabajo manual y en cada otra praxis, de acuerdo con el logos del Profeta: “Veía siempre al Señor delante de mí” (Sal 15,8); y que te consideres a ti mismo como el más pecador de todos los hombres. Porque cuando este pensamiento permanece mucho tiempo, por regla general sigue en la διάνοια diania (mente, intelecto) algún destello como un rayo. Y cuando más lo persigues con mucha atención y con διάνοια diania indiferente, con gran esfuerzo y lágrimas, tanto más brilla y más claro se ve. Y cuando se ve, se ama; y al ser amado, produce catarsis; y haciendo catarsis, convierte al hombre semejante a Dios, lo ilumina y lo enseña discernir el bien del mal. Pero, hermano, se necesita mucho esfuerzo y fatiga, junto con la ayuda de Dios, para que habite permanentemente en tu psique-alma y la ilumine como la luna en la oscuridad de la noche. Debes aún tener mucho cuidado también a los asaltos de los pensamientos de la vanagloria y presunción y no juzgar a nadie que veas que hace algo indebido. Porque los demonios presentan este tipo de pensamientos en la psique-alma, si la ven que se ha liberado de los pazos y las tentaciones con la visita y el establecimiento de la χάρις jaris (gracia, energía increada) y el estado de paz. Pero la ayuda viene de Dios. También el luto divino debe hacerse incesante en ti y no saciarte de lágrimas. Pero ten cuidado de no sufrir nada por el exceso de alegría y κατάνιξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), ni de creer que las lágrimas que te han venido son por tu propio esfuerzo y no por la χάρις jaris de Dios; de lo contrario, serán retiradas y las pedirás con mucha oración y no las encontrarás, y aprenderás qué gran regalo has perdido. Pero, Señor, ojalá que nunca seamos privados de Tu χάρις jaris. Sin embargo, hermano, si a ti te sucede esto, deja tu enfermedad en manos de Dios y, una vez que te levantes, extiende tus manos y ora diciendo: “Kirie-Señor eléison compadécete de mí que soy pecador, impotente y desgraciado, y mándame Tu χάρις jaris. No me dejes ser tentado más de lo que puedo. He aquí, Señor, ves la multitud de mis pecados en cuánto desánimo y en qué pensamientos me han traído. Yo, Señor, aunque quiera atribuir a los demonios o a la presunción la privación de Tu consuelo, no puedo. Porque conozco que los demonios combaten contra los que hacen fervientemente Tu voluntad. Pero yo que realizo cada día la voluntad de ellos, ¿cómo recibiré tentación de ellos? Seguro que estoy tentado debido a mis pecados. Y ahora, Señor, Señor mío, si es Tu voluntad y para beneficio mío, complazca que venga de nuevo Tu χάρις jaris a mí, Tu dulos-siervo; verla y alegrarme lleno de katánixis (compunción, dilatación del corazón) y llanto, e iluminado por su perpetuo resplandor, que me proteja de los sucios pensamientos, de toda cosa vil y maligna y de mis errores que cometo cada día con obras y dichos, con gnosis-conocimiento o ignorancia. Y asegúrame, Señor, que tengo libertad ante Ti, de las tribulaciones que caen diariamente sobre mí, Tu siervo, y que son provocadas por los demonios y los hombres, y de la anulación de mi voluntad, teniendo en mente los bienes eternos que esperan a quienes Te aman. Porque Tú Señor dijiste: el que pide, recibe, y el que busca encuentra, y al que llama la puerta, se le abrirá (Mt 7,8)”. Además de estas cosas, hermano, y con las otras que te ponga Dios en la mente, persevera en rogar sin aflojar por la pereza o acidia. Y el bondadoso Dios no te abandonará (Gen 28,15).
  33. En la kelia-celda que desde el principio has recibido del higúmeno, allí debes permanecer hasta el final. Si está vieja o en ruina y te produce inquietud, haz reverencia al higúmeno con humildad y recuérdaselo. Y si te escucha, alégrate; si no, también dar gracias, recordando al Señor quien no tenía donde reclinar Su cabeza (Mt 8,20). Porque si le molestas dos, tres o cuatro veces por este tema, adquieres frente a él confianza, franqueza y después viene la incredulidad y, finalmente, el desprecio. Por tanto, si quieres vivir una vida en divina ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental), no pidas nada para tu comodidad física corporal al higúmeno. Porque al principio no prometiste esto, sino, por el contrario, que todos te desprecien y te humillen, y tú, según el mandamiento del Señor, soportes esto con valentía (Mt 16,24 y 1Ped 2,21-23 y ss). Por tanto, si quieres mantener la fe y la agapi al higúmeno y verlo como un santo, guarda estas tres cosas: no pidas nunca algo para tu comodidad, no tengas mucha familiaridad o confianza con él y no vayas a verlo con frecuencia, como hacen algunos, supuestamente a recibir atenciones y beneficios de él, cosa que es incierta como todas las cosas humanas. No condeno que le reveles cada pensamiento que te viene. Si guardas estas tres cosas, entonces pasarás sin tempestades el mar de la vida, y considerarás a tu padre espiritual, sea quien sea, como un santo. Si dentro en la iglesia te acercas a él para preguntarlo sobre algún pensamiento y le encuentras ocupado con otro hermano por la misma causa o por otra y te deja esperar un poco, no te molestes y no pienses nada malo; sino quédate en otra parte con las manos cruzadas hasta que termine el otro y seas llamado tú. Porque los padres suelen hacer esto quizás a propósito, para probar y liberarnos de nuestros pecados anteriores.
  34. Debes ayunar las tres cuaresmas. En la Gran Cuaresma, come cada dos días, excepto si es una gran fiesta, sábado o Domingo. En las otras dos, come un día sí un día no. El resto de los días del año, debes comer una vez al día, excepto si es sábado, Domingo o festividad, pero incluso entonces tampoco te sacies.
  35. Procura hacerte un ejemplo provechoso para toda la hermandad en cada virtud, en la humildad, en la apacibilidad, en la misericordia, en la obediencia, incluso hasta a los más insignificantes, en la ausencia de ira y en la liberación de los pazos, en la pobreza y en la κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), en la falta de malicia y en la falta curiosidad, en la sencillez, en el alejamiento de cada hombre, en la visita de los enfermos, en consolar a los doloridos, en no apartarte de nadie que tiene necesidad que le puedas ser beneficioso, bajo la excusa de la comunicación con Dios por la oración- porque la αγάπη agapi es superior a la oración. Aún, debes ser compasivo y simpático con todos, que te falte la vanagloria, la franqueza y el examinar y criticar a los demás, no pidas nada del higúmeno y de los servidores, honrar a todos los sacerdotes, sé siempre cuidadoso en la oración, sencillo en tus maneras y muestra agapi hacia todos. No te muestres a los demás de que trabajas e investigas las Escrituras con el propósito de ser alabado. Estas cosas te las enseñará la oración que se hace con lágrimas y esplendor de la χάρις jaris (gracia, energía increada). Por lo tanto, cuando seas preguntado para algo útil, debes enseñar con mucha humildad sobre los estados espirituales altos, tal como te ilumina la χάρις jaris, refiriéndote en acontecimientos y experiencias de tu vida como si pertenecieran a otros, con pensamiento no vanaglorioso, cualquiera que sea aquel que te pregunta deseando ser beneficiado. Y aquel que quiere pedirte consejo sobre un pensamiento, no lo evites, sino toma sobre ti sus errores, cualquieras que estos sean, y ora y llora por él. Porque esto da testimonio de perfecta αγάπη agapi, compasión y simpatía. No lo alejes por temor a que te perjudique lo que oigas, porque con la sinergia, cooperación de la χάρις jaris no te sucederá nada; pero para que los otros no sean perjudicados, debes oírlos en un lugar secreto. Quizás, como ser humano que eres, sufras algún asalto del pensamiento, pero si tienes la χάρις jaris esto no te sucederá. Porque hemos sido enseñados a no buscar nuestro propio interés, sino el de los demás, para que se salven (1Cor 10, 24·33). Como hemos dicho antes, debes vivir despreocupado y pobre sin posesiones. Y entonces entenderás que la χάρις jaris opera en tu interior, cuando te consideras realmente a ti mismo como el más pecador de todos los hombres. Cómo esto sucede, no te lo puedo decir, Dios lo conoce.
  36. Durante la vigilia, debes dedicar dos horas a la lectura y otras dos a orar con κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción) y con lágrimas; hacer el canon que quieras, y los salmos, si quieres, recita los doce y el salmo Amomos (Sal 118) y la oración de san Ευστρατίο Efstratio*. Esto en las grandes vigilias; en cambio en las pequeñas, haz una secuencia más corta, según la fuerza que te da Dios. Porque sin Él nada bueno se puede lograr, tal como dice el Profeta: “De el Señor dependen todas las cosas que hace el hombre”, y el mismo Salvador dijo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Sin lágrimas no tomes nunca la comunión o efjaristía.

(*es la oración: «Te engrandezco, Señor…», que se dice la noche del Sábado. Ver en el gran Horologion.)

  1. Come lo que te ofrezcan, sea lo que sea. También bebe un poco de vino con continencia sin murmuración. Si estás solo porque estás enfermo, come verduras crudas con aceitunas. Si algún hermano te manda algo comestible, acéptalo con agradecimiento y humildad como haría un extraño peregrino; come de ello, sea lo que sea, y envía lo restante a otro hermano pobre y piadoso. Si alguien te invita a un banquete, come de todo lo que ofrece, pero poco, conforme al mandamiento, guardando la continencia. Cuando termines y te levantes y le has hecho la reverencia como un extraño y pobre, agradécele diciendo: “Que Dios, santo padre, te lo recompense”. Pero ten cuidado no digas nada, incluso si te parece útil.
  2. Si algún hermano ha sido entristecido por el higúmeno o por el administrador o por otro y viene a ti, consuélalo y dile: “Créeme, hermano, esto ha sucedido como una prueba para ti. A mí también me ha sucedido esto de diversas maneras, y por mezquindad y cobardía me entristecía. Pero cuando me aseguré que era para probarme, soporto con mucho gusto y alegremente la prueba. Así que tú haz lo mismo, y te alegrarás más por tales tribulaciones». Pero si no hace caso y empieza hablar mal, tampoco entonces debes rechazarlo y apartarte de él, sino consuélalo tal como te ilumina la χάρις jaris. Porque el discernimiento es de muchos tipos, y tal como entiendas la situación del hermano y sus pensamientos, acércate según veas y no le dejes marchar sin ser psicotarapiado, calmado y sanado.
  3. Si algún hermano está enfermo y no has tenido la oportunidad de visitarlo durante mucho tiempo, mándale algo primero y avísale: “Créeme, padre santo, hoy he sabido que estás enfermo y te pido perdón.”. Después ves a visitarlo y, después de hacer una reverencia y orar, dile: “Padre santo, ¿cómo te ha ayudado Dios?” Y tras sentarte con las manos cruzadas, mantente en silencio. Si están presentes otros visitantes, ten cuidado y no digas nada, ya sea hagiográfico u otra cosa, especialmente si no te preguntan, para no sentirte incómodo después. Porque esto les sucede por regla general a muchos hermanos más simples.
  4. Si por suerte te sientas a comer también junto con hermanos piadosos, debes comer de lo que está puesto, cualquier cosa que sea. Si tienes una orden de no comer algo, por ejemplo, pescado o algo similar, y eso está en la mesa, si el que te ha dado la orden está cerca ve y convéncele para que te permita comer. Pero si no está, o si no conoces que no te lo permite, y por otro lado no quieres escandalizarlos, come y después comenta esto que has hecho, pidiendo perdón. Si no quieres hacer ninguna de estas cosas, mejor que no vayas a la mesa. Porque así obtendrás un doble beneficio: evitarás al demonio de la vanagloria y también los salvarás de escándalo y tristeza. Si estas comidas son de las más grasientas, guarda tu canon o regla. Sin embargo, también es mejor comer un poco de todo en ese caso. Lo mismo también si por suerte te encuentras en una mesa festiva, como legisla el Apóstol: “Comed toda carne que se vende en el mercado, sin andar averiguando nada por motivos de remordimientos de conciencia, pues del Señor es la tierra y su plenitud” (1Cor 10,28).
  5. Si estás orando en tu kelia-celda y alguien llama a tu puerta, ábrele. Y después de que se siente, háblale con humildad sobre cualquier asunto que te pregunte que le sea útil. Y si le pesa alguna tristeza, procura aliviarlo ya sea con palabras o con obras. Y cuando se marche, cierra la puerta y continúa tu oración. Porque tanto la reconciliación con Dios como la ayuda a quienes vienen a visitarte son igualmente importantes. Sin embargo, no debes hacer esto con los mundanos; mejor termina tu oración y luego habla con ellos.
  6. Si cuando estés orando, te invade algún miedo o escuchas estrépitos o veas alguna luz o cualquier otra cosa, no te turbes ni te asustes, sino más bien persevera en tu oración con más firmeza. Porque son los demonios quienes provocan perturbación y ruidos para que pierdas tu serenidad y abandones la oración, y después, cuando te hayas acostumbrado a esto, ellos puedan tenerte en sus manos como marioneta. Pero si allí donde tú haces la oración resplandece otra luz, que no puedo describirla, y colma tu psique-alma de alegría y eres dominado por el deseo de las cosas celestiales y muchas lágrimas con κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), debes saber que esto es visita divina y ayuda de lo alto. Y si persiste mucho este estado, dado que no podrás soportar más las abundantes lágrimas, dirige tu νούς nus (espíritu de la psique) en algo físico y con esto bajarás de esta altura. Pero ten cuidado no abandonar la oración debido a las intimidaciones de los demonios, sino como un niño pequeño, que cuando lo asustan corre a los brazos de su madre o de su padre y ahuyenta el miedo, así también tú corre con la oración hacia Dios y evitarás el miedo de los demonios.
  7. Sí allí donde estás sentado en tu kelia-celda, viene un hermano y te pregunta porque tiene guerra carnal, no lo rechaces, sino con κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), tal como te ilumine la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y de lo que conoces por tu propia experiencia, ayúdalo así y después déjalo que se vaya. Cuando se vaya, hazle una reverencia y dile: “Créeme, hermano, tengo esperanza en la filantropía de Dios, y que se marchará de ti esta guerra; sólo no cedas, ni te relajes”. Y apenas se marche el hermano, levántate y una vez pensando en su guerra, levanta tus manos hacia Dios y ora con lágrimas y gemidos por tu hermano, diciendo: “Señor Dios, Tú que no quieres la muerte del pecador, administra al hermano como tú conoces y como le conviene a él”. Y Dios bondadoso que conoce la fe del hermano hacia ti y tu propia simpatía y compasión por αγάπη agapi (amor) y oración verdadera para el hermano, aliviará su guerra carnal.
  8. Todas estas cosas, hermano, son adecuadas para la κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción), y debes realizarlas con corazón quebrantado, paciencia y gratitud, porque traen lágrimas, destruyen los πάθος pazos y provocan la Realeza increada de los Cielos. Porque la Realeza increada de los Cielos pertenece a los que se esfuerzan violentamente a sí mismos por alcanzarla, y ellos la arrebatan (Mt 11,12). Y si logras todas estas cosas, te liberarás por completo de tus viejos hábitos, quizás también de los mismos asaltos de los pensamientos. Porque es natural que la oscuridad ceda ante la luz y la sombra ante el sol. Sin embargo, si alguien muestra al principio negligencia en estas cosas y afloja en actitud y vigilancia y se ocupa de otras cosas, será privado de la χάρις jaris (gracia, energía increada); y entonces, cayendo en pazos malos, conocerá su impotencia y será dominado por la y el miedo. Pero aquel que logra estas cosas, no debe atribuirlas a su esfuerzo sino a la χάρις jaris de Dios. En efecto, primero debe hacer su catarsis, de acuerdo con el logos de san Gregorio: “Primero uno debe hacer su catarsis y hacerse puro y después acercarse al Puro”. Es decir, por las muchas lágrimas el νούς nus se purga y se limpia y recibe el esplendor de la divina luz increada, la cual ama incorporarse y residir a los que se cuidan de ella, y no disminuye, incluso si lo recibe todo el mundo.
  9. Preguntaron una vez al mismo bienaventurado y santo Simeón, cómo debe ser el sacerdote, y él respondió: “Yo no soy digno de ser sacerdote, pero sé exactamente cómo debe ser aquel que va a servir la Divina Liturgia delante Dios. Primero, pues, debe ser puro, casto no sólo en el cuerpo, sino también en la psique-alma, e incluso sea inmune de todo pecado. Segundo, que sea humilde tanto en la conducta y comportamiento exterior como en el interior de su psique-alma. Después, cuando está delante del divino Altar o santa Mesa, debe, viendo sensiblemente los divinos Regalos que están delante suyo, que vea espiritualmente la Deidad, sin tener ninguna duda. Y no solo esto, sino también al Mismo Señor que está presente invisiblemente en los honrados y santos Regalos, debe tenerle como residente en su corazón conscientemente, para que pueda con libertad, ofrecer las oraciones suplicatorias, y hablando como un amigo a otro amigo, decir: “Páter-Padre nuestro que estás en los cielos santificado sea Tu nombre”, de tal manera que esta oración muestre que tiene dentro de sí al Hijo natural de Dios, junto con el Padre y el Espíritu Santo. Así, por lo que sé, deben ser los presbíteros o sacerdotes. Perdónenme, padres y hermanos».
  10. Decía también esto, simulando como quien habla de otro, escondiéndose de sí para evitar la doxa-gloria de los hombres, pero obligado por filantropía, se manifiesta a través de sus logos y palabras: “Me dijo un hieromonje con valentía y atrevimiento porque me amaba, que “nunca he celebrado sin ver el Espíritu Santo, tal y como lo he visto cuando he sido ordenado y el Metropolita decía la oración de la ordenación teniendo el efjologio (libro de oraciones y bendiciones)”. sobre mi miserable cabeza”. Y yo le pregunté cómo vio el Espíritu Santo y en qué forma. Y me respondió: “Lo he visto simple, sin forma, pero como luz increada. Y mientras me maravillaba al principio al ver aquello que nunca había visto, y reflexionaba sobre qué podría ser, esto me decía en secreto como si me hablara con una voz familiar: «Yo así visito o me introduzco a todos los profetas y apóstoles, y a los actuales elegidos y santos de Dios. Porque yoSoy el Espíritu Santo de Dios». En Él pertenece la δόξα doxa gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amín.

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com.

 

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