
Sobre el ayuno
En la luz de los cuarenta días
Hemos entrado, en Cristo, hermanos y hermanas, en los 40 días de ayuno por el Amor de nuestro Cristo, por el Nacimiento del Dios-Hombre y Redentor y Salvador, del Crucificado, del que padeció, fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, de nuestro Señor Jesús Cristo, del Logos Encarnado y Segunda Persona de la Santa Trinidad.
Mateo 4,4: “Pero Él, respondiendo, dijo: Escrito está en las Santas Escrituras: no sólo de pan vivirá el hombre, sino de todo logos, dicho que sale de la boca de Dios, es decir, cuando Dios quiera y lo diga, el hombre vive también sin comida.”
Mateo 17,21: “Esta clase de demonios no se expulsa con nada más que con oración y ayuno.”
Romanos 14,17: “porque el reinado de la realeza increada de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo que las regala.”
Juan 6,51: «YoSoY el pan vivo que descendió del cielo; si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo les daré es mi sarx cuerpo y sangre, que yo ofreceré como sacrificio para la vida y la salvación del mundo». [51. «YoSoY el pan vivo, el que ha bajado del cielo, en mi interior tengo la vida que también la transmito a los demás; el que come de este pan vivirá eternamente. Y el pan que yo daré para que comulguen y se alimenten los fieles, es mi naturaleza humana o mi sarx (cuerpo y sangre) que la ofreceré como sacrificio para el despertar espiritual, la psicoterapia, terapia, redención y salvación de todo el mundo».]
Ayuno, Vigilia, Oración: ¡recibiendo dones celestiales!
Santiago 1,17: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces increadas y creadas, en el cual no hay cambio, ni sombra de variación.”
Ayunen, hijos míos; no escuchen a quienes dicen que el ayuno no es nada y que esas cosas las dicen los monjes.
No lo dicen los monjes, hijos míos, perdónenme: ¡lo dice Dios!
El primer mandamiento de Dios fue el ayuno, y también Cristo ayunó.
Y los demonios, y las enfermedades, y todas las pasiones, con el ayuno y la oración son expulsados. ~ San Jacobo (Iákovos) Tsalikis
❈El ayuno es también cuestión de Fe. ~ San Porfirio de Kavsokalivita
❈Pero si queremos que nuestro ayuno sea verdadero ante Dios, así como ayunamos de los alimentos, así debemos abstenernos también de toda otra falta y pecado espiritual y corporal. ~ San Teodoro el Estudita, el Gran Confesor
❈Si el ayuno no fuera nada, como muchos sostienen, ¿por qué entonces ayunó Cristo 40 días y 40 noches en el desierto?
Cristo no tenía necesidad de ayunar, pero dio ejemplo para nosotros, para mostrarnos que también nosotros debemos ayunar y que el camino hacia el Paraíso pasa por el ayuno, cosa que no cumplieron los Primeros en ser Creados.
Quien ayuna, restringe las causas de sus tentaciones; quien no ayuna, las aumenta, con el resultado de caer más fácilmente en el pecado.
El hombre debe ayunar con agrado y no hacer el ayuno a regañadientes, pues de lo contrario ese ayuno, ante los ojos de Dios, es como comida quemada. ~ Dimitrios Panagópulos, el Predicador†
❈El ayuno es el contrapeso de la desobediencia de los primeros en ser creados, cuyo núcleo es la obediencia.
Los primeros en ser creados no guardaron el mandamiento del ayuno, desobedeciendo. ~ P. Atanasios Mitilineos† (https://www.logosortodoxo.com/preguntas-y-respuestas-mitilineos/sobre-el-ayuno-salud-fisica-psiquica-y-espiritual-a-mitilineos/)
❈¡El ayuno engendra profetas!
¡Fortalece a los fuertes!
¡Hace sabios a los legisladores!
¡Arma a los héroes!
¡Entrena a los atletas!
¡Rechaza las tentaciones!
¡Convive con la sobriedad y la pureza!
¡En las guerras hace proezas y en tiempo de paz enseña la quietud!
¡Santifica a los consagrados y perfecciona a los sacerdotes!
¡Nadie puede acercarse al Altar y celebrar la Divina Liturgia sin haber ayunado antes! ~ San Basilio el Grande
❈Todos los libros patrísticos hablan sobre el ayuno… Los Padres insisten en que no comamos alimentos difíciles de digerir o grasos y pesados, porque hacen daño al cuerpo y también a la psique-alma.
Dicen que el corderito come las hierbas de la tierra y es tan apacible…
¿Ves que dicen “manso como oveja”?
En cambio el perro, el gato y todos los carnívoros son animales salvajes…
La carne hace daño al hombre…
Son buenos los vegetales, las frutas, etc.
Por eso los Padres hablan de ayuno y condenan la glotonería y el placer que siente uno con los alimentos ricos.
¡Que sean más sencillos nuestros alimentos!
¡Que no nos ocupemos tanto de ellos!
No es la comida ni las buenas condiciones de vida las que aseguran la buena salud…
Es la vida santa, la vida de Cristo.
Sé de ascetas que ayunaban mucho y no tenían ninguna enfermedad…
Nadie corre riesgo de sufrir algo por el ayuno.
Nadie ha enfermado por el ayuno.
Más bien enferman quienes comen carnes, huevos y lácteos que quienes son frugales.
Esto está comprobado…
Incluso la ciencia médica ahora lo recomienda.
Los que ayunan, ayunan y no sufren nada; es más, ¡se curan de enfermedades!
Pero para hacer estas cosas, deben tener Fe; de lo contrario, les entra ansia de comer…
El ayuno es también cuestión de Fe.
No les hará daño si digieren bien su comida…
Los ascetas transforman el aire en albúmina y el ayuno no les perjudica.
Cuando tienen έρως (eros: amor ardiente) hacia lo Divino, pueden ayunar con alegría y todo es fácil; de lo contrario, todo les parece una montaña.
Quienes dieron su corazón a Cristo y con amor ferviente decían la oración, dominaron y vencieron la gula y la falta de templanza, autodominio.
Reflexiones Meteoritas (santos Monasterios Meteoros) sobre ayuno
“La Luz de los Cuarenta Días” del Archimandrita Varlaam Meteorita
❈Amaneció el 15 de noviembre y las campanas sonaban melodiosamente en el pueblo.
El anciano Iosif abrió la Iglesia antes del alba, como hacía cada año para la primera Liturgia de los Cuarenta Días.
Dentro del templo, la lámpara temblaba suavemente.
El anciano recordó las palabras de su maestro:
«La Cuaresma, hijo mío, no es privación. Es espera, es preparación del corazón para el gran misterio».
Poco a poco, los aldeanos comenzaron a llegar.
Primero la pequeña Elena con su abuela, llevando una pequeña vela.
Luego Manolis el pescador, el maestro, los jóvenes, los ancianos.
«¡Buena Cuaresma!», se susurraban unos a otros, y en sus ojos brillaba algo sagrado.
Comenzaban cuarenta días de lucha espiritual.
Cuarenta amaneceres con oración.
Cuarenta noches con ayuno, metania y arrepentimiento.
Todo para recibir a Aquel que viene: el Divino Niño en el pesebre.
Enseñanza moral:
La lucha espiritual no es una carga, sino alas para la psique-alma.
Cuando el corazón se prepara con ayuno y oración, la Navidad se convierte en un verdadero nacimiento de la luz (divina, increada) dentro de nosotros.
❈Con la entrada de la Cuaresma de Navidad, la psique-alma es llamada a permanecer con cierta vergüenza interior, como si contemplara una luz más intensa de lo que puede soportar. No se trata de ruido ni de sentimientos simpáticos, sino de ese suave golpe de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) que impulsa a la vigilancia y a la metania (cambio de mentalidad, conversión, introspección y confesión). Porque, como dicen los Padres, “empezar la obra buena exige honestidad, mansedumbre y humildad”. Y el inicio de todo esfuerzo espiritual se acompaña de titubeo, duda o vacilación; señal no de debilidad, sino de conciencia de nuestra enfermedad.
Esta Cuaresma, más tranquila y fragante precursor de la gran fiesta del Señor, nos exhorta no a la severidad del ejercicio externo, sino a la práctica más profunda de la catarsis del corazón. Cristo, que va a nacer “en un pesebre y cueva de animales”, pide de nosotros un espacio en la psique-alma, un espacio limpio y pacífico. Y ese espacio se abre no con gritos, sino con humilde oración, con silenciosa paciencia, con moderada templanza y continencia.
El hombre, sin embargo, teme comenzar. Ve sus defectos, su descuido, la debilidad de su conducta y ánimo. “¿Qué puedo ofrecer al Nacido?” se pregunta. Los Padres responden simplemente: ofrece tu libre buena voluntad o predisposición. No la perfección, sino la disposición. Porque Dios no pide logros de nosotros, sino un corazón quebrantado y humillado. Así incluso el pequeño esfuerzo, la escasa oración, el trabajo de un ayuno moderado, la abstención de una palabra amarga, se vuelven aceptables ante Dios, cuando se acompañan de sinceridad.
Esta Cuaresma nos enseña a suavizar el corazón endurecido y rectificar conductas enfermas. A dejar que entre un poco de χάρις donde anida la egolatría, el egoísmo. A reconciliarnos con el hermano. A vencer la oposición o contradicción. A regresar al silencio interior. Y todo esto con discreción, sin excesos, sin fingimiento, sin exigencias espirituales hacia nosotros mismos que generen orgullo y luego caída.
Cristo no nos pide que lleguemos perfectos al pesebre. Viene para completar Él aquello que nosotros dejamos incompleto. Viene como niño pequeño, para enseñarnos la simplicidad; como pobre, para enseñarnos el desprendimiento; como silencioso, para enseñarnos la fuerza de la paz interior. Y si nosotros lo recibimos con un poco de humildad, Él añadirá el exceso de Su χάρις jaris.
Entremos, pues, en la Cuaresma de Navidad con atención, con recato y con la conciencia de que el camino de la salvación no se abre con nuestras propias fuerzas, sino con la misericordia de Dios. Y si logramos algo, que sea esto: abrir un poco nuestro corazón, para que se encuentre un espacio para el Venidero o El que Viene. Amín.
❈En el pequeño puerto, el viejo Kostas tejía sus redes con devoción. Hoy, 14 de noviembre, fiesta de San Felipe el Apóstol, era el último día en que se comía pescado.
“Mañana —murmuró para sí mismo— comienza la Cuaresma de Navidad.”
Por la noche, su esposa cocinó una lubina que olía a mar y limón. Mientras la servía en el plato, su pequeña nieta preguntó: “Abuelo, ¿por qué no comeremos pescado a partir de mañana?”
El viejo Kostas acarició su cabecita. “Mira, hija mía, el ayuno es como preparar la casa para un gran invitado. Limpiamos nuestra alma para recibir a Cristo.”
Miró el pescado en su plato —un regalo del mar, bendición de San Felipe. Mañana comenzaría la preparación, silenciosa y dulce, como la primera nieve que cae sobre las montañas.
Enseñanza Moral:
El ayuno no es privación, sino preparación. Limpiamos nuestra alma para hacerla digna de recibir la luz del Nacimiento.
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







