
Memoria de San Mateo el Evangelista – Interpretación del pasaje evangélico
San Juan Crisóstomo
Apolytikion Tono 3º. “De la fe divina”.
De la voz divina del Logos escuchaste,
y recibiste la luz de la fe,
abandonando el vínculo del telonio;
por eso anunciaste, oh Mateo Apóstol,
la inefable kénosis de Cristo.
Y ahora intercede
para que a quienes te honran
se les conceda el perdón de las faltas
y gran misericordia.
Ἀπολυτίκιον Ἦχος γ’. Θείας πίστεως.
Θείας ἤκουσας, φωνῆς τοῦ Λόγου, καὶ τῆς πίστεως, τὸ φῶς ἐδέξω, καταλείψας τελωνείου τὸν σύνδεσμον ὅθεν Χριστοῦ τὴν ἀπόρρητον κένωσιν, εὐηγγελίσω Ματθαῖε Ἀπόστολε. Καὶ νῦν πρέσβευε, δοθήναι τοὶς σὲ γεραίρουσι, πταισμάτων ἱλασμὸν καὶ μέγα ἔλεος.
“Pasando de allí, Jesús vio a un hombre sentado en su despacho de los tributos de aduana, llamado Mateo, y le dice: Sígueme. Y Mateo levantándose, lo siguió inmediatamente. Y aconteció que estando Él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores llegaron y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. «Y al pasar Jesús de allí, vio a un hombre sentado en el puesto de los impuestos, llamado Mateo, y le dijo: “Sígueme” [Mt 9,9-10]. (El hecho de que el Señor psicoterapiaba y sanaba también las piques-almas lo mostró nuevamente poco después. Pues, cuando se marchó de allí y pasaba cerca del lago, vio Jesús a un hombre que estaba sentado en la mesa de recaudación de impuestos, el cual se llamaba Mateo. Y a ese publicano le dice Jesús: “Sígueme”)
Así pues, después de realizar el milagro de la curación del paralítico, no permaneció más tiempo en aquel lugar, para no aumentar la envidia de Sus enemigos que lo veían allí, sino que, por consideración hacia ellos, se retiró, calmando con esta acción su pasión de odio. En efecto, también nosotros hacemos lo mismo cuando evitamos el trato con quienes nos son hostiles y mitigamos su tristeza con nuestras concesiones, reduciendo así la intensidad de su pena.
Pero, ¿por qué motivo no llamó también a este hombre (a Mateo) junto con Pedro y Juan? Del mismo modo que entonces fue allí y los llamó solo cuando vio que aceptarían bien Su invitación, así también llamó a Mateo cuando tuvo plena certeza de que lo seguiría. Por esta misma razón también atrajo a Pablo después de Su Resurrección. Porque Aquel que conoce bien los corazones de los hombres, y también las intenciones ocultas de cada uno, sabía cuándo cada uno de ellos aceptaría Su llamada, invitación. Por eso no lo llamó al principio, cuando su disposición hacia Él era aún dura, sino después de la multitud de milagros que había realizado y cuando la fama de Su nombre se había extendido ampliamente; así sabía que obedecería con mayor facilidad a su invitación.
Y merece admiración la filosofía y nobleza del evangelista, porque no oculta su vida anterior, sino que incluso menciona su propio nombre, mientras que los otros evangelistas lo encubren utilizando otra denominación.
¿Por qué dijo que estaba sentado “en el telónio puesto de los impuestos”? Lo dijo con el fin de mostrar el poder de Aquel que lo llamó, es decir, que no había abandonado aún esa ocupación injusta, ni se había apartado de esa mala práctica, sino que fue arrancado de en medio de esos mismos males. De modo semejante, también al bienaventurado Pablo le cambió el curso de su vida en el mismo momento en que estaba desatando su furor y su ira, lanzando su fuego contra los cristianos. Así también Pablo, invocando esto como prueba del poder de Jesús que lo llamó, escribe en su carta a los Gálatas: «Porque habéis oído acerca de mi conducta anterior en el judaísmo: que perseguía con exceso a la Iglesia de Dios y trataba de destruirla» (Y el hecho de que el Evangelio me fue transmitido por apocálipsis-revelación sobrenatural del mismo Dios, se prueba por mi conducta pasada; porque ciertamente habéis oído de la manera en que me comportaba antes, cuando seguía la ley y las costumbres de los judíos; habéis oído que perseguía con exceso a la Iglesia de Dios y procuraba destruirla) [Gál 1,13].
También a los pescadores los llamó al grupo de Sus discípulos en el momento mismo en que estaban trabajando. Pero la profesión de aquellos (la pesca) era un tipo de oficio que no deshonraba, sino que era el trabajo de hombres sencillos del campo, puros y de gran candidez que vivían al pueblo; mientras que esta otra (la profesión del publicano; los publicanos en Judea trabajaban para los romanos. Tenían muy mala reputación porque cobraban más de lo que establecía la ley y se enriquecían a costa del pueblo; por eso eran considerados pecadores y marginados sociales) era una ocupación llena de desvergüenza y audacia, sin justificación razonable alguna, y un comercio rebosante de insolencia, así como un robo cubierto exteriormente por la apariencia de legalidad.
Sin embargo, Aquel que lo llamó no sintió vergüenza de nada de esto. Pero, ¿por qué me sorprendo de que no sintió vergüenza al llamar como discípulo a un publicano? En realidad, ni siquiera sintió vergüenza de llamar a una mujer pecadora, a la que no solo le dio el derecho de besar sus pies, sino también de mojarlos con sus lágrimas. Porque, en efecto, por este motivo vino al mundo: no solo para curar los cuerpos, sino también para liberar la psique-alma de la maldad. Lo que hizo también en el caso del paralítico. Pues, después de haber demostrado claramente que tiene la autoridad de perdonar los pecados, se acercó al publicano, para que ya no sorprendiera a nadie ver al publicano incluido entre los discípulos de Jesús. Pero, ¿por qué te sorprendes si incluso a él lo convierte en uno de sus apóstoles, Él que tiene el poder de perdonar todos los pecados?
Pero, así como has visto el poder de Aquel que lo llamó, observa también la obediencia de quien fue llamado. Porque no puso objeciones, ni le dijo con duda: “¿Qué significa esto? ¿Acaso me llamas a mí, siendo yo un hombre de tal clase, con un propósito dudoso?”, ya que una tal humildad habría sido inapropiada en ese momento. Sino que inmediatamente aceptó la invitación y no pidió ir a su casa a anunciarlo a sus familiares, como tampoco lo hicieron los pescadores. Y así como ellos abandonaron las redes, el barco y a su padre, de la misma manera él, después de dejar el puesto de recaudación de impuestos y la ganancia que obtenía de ello, siguió a Jesús, demostrando que su disposición estaba preparada para todo. Y, habiendo apartado inmediatamente su mente de todas las preocupaciones de la vida, confirmó con su total obediencia la invitación de Jesús en el momento apropiado.
¿Y por qué, podrías preguntar, no nos describió la llamada de los demás discípulos, cómo y de qué manera fueron llamados por el Señor, sino que simplemente describió la llamada de Pedro [cf. Mt 4,18-20: «Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano, echando al mar una red, pues eran pescadores, y les dijo: ‘Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres’»], de Santiago, de Juan [cf. Mt 4,21-22: «Y pasando de allí vio a otros dos hermanos, a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, que remendaban las redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron»], y de Felipe [cf. Jn 1,44: «Al día siguiente Jesús decidió salir hacia Galilea, y encontró a Felipe, y le dijo: ‘Sígueme’»], pero no se mencionan los demás.
Porque ellos se dedicaban principalmente a los oficios más humildes y despreciables. En efecto, no hay nada más bajo que el trabajo de un publicano, ni más insignificante que el oficio de los pescadores. Que incluso Felipe era de una familia muy humilde lo demuestra su lugar de origen [cf. Jn 1,45: «Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro»].
Por esta razón, los evangelistas nos describen principalmente a estos, junto con sus oficios, con el propósito de hacernos entender que debemos creerles incluso cuando nos narran hechos sorprendentes. Porque aquellos que consideraron apropiado no omitir nada de lo que se consideraba deshonroso, sino que antes que todo nos describen esto con total precisión, tanto en lo que se refiere a su Maestro como a sus discípulos, ¿cómo podrían ser considerados sospechosos al describir hechos sobrenaturales? Y más aún, cuando omiten muchos eventos y milagros, pero revelan con gran claridad y exactitud los Pasos de Cristo en la cruz, que eran considerados deshonrosos, así como cuando exponen de manera brillante los oficios y defectos de los discípulos y los antepasados de su Maestro, ¿cuyas faltas todos conocían? Por tanto, es evidente que narraban los hechos con absoluta verdad, sin escribir nada por interés de algún otro, ni por ostentación alguna.
Así pues, después de llamarlo, lo honró con un honor grandísimo sentándose inmediatamente a la mesa con él; porque de esta manera lo hizo tener esperanza de bienes para el futuro y le infundió aún más confianza y ánimo. Pues le curó su maldad de inmediato y no tras un largo tiempo. Y no se sentó a la mesa solo con él, sino junto con muchos otros, aunque esta acción se consideraba un delito, dado que no rechazó a los pecadores. Pero ni siquiera esto ocultan los evangelistas, mientras que los enemigos del Señor intentan acusarlo por estas acciones suyas.
Se reunieron también los telonis (aduaneros, publicanos) en la casa de Mateo, porque tenían el mismo oficio que él; pues él, lleno de orgullo y alegría por la venida de Cristo a su casa, los invitó a todos. Porque Cristo empleaba todo tipo de métodos de psicoterapias y sanaciones, no solo cuando enseñaba, ni solo cuando curaba, ni cuando reprendía a sus enemigos, sino incluso comiendo corregía a muchos de los malvados. Con todas estas cosas nos enseña que cada momento y cada acción pueden proporcionarnos provecho espiritual.
Aunque los manjares que en aquel tiempo se servían en la mesa procedían de injusticias y de avaricias, Cristo no rehusó participar, porque sabía que de allí iba a resultar un gran beneficio; y por eso entra en aquella casa y se sienta a la misma mesa con quienes habían cometido tales injusticias. Así debe ser el médico: porque si no puede soportar la suciedad de los enfermos, no puede librarlos de su enfermedad. Y por esta acción adquirió una mala reputación: tanto por haber comido con él, y como aquello tuvo lugar en su casa, y también por haber comido con muchos otros publicanos. Observa, pues, a sus enemigos, que lo acusaban por esta obra Suya: “Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores” (Mt 11,19).
Que lo oigan esto aquellos que intentan, con su ayuno, adquirir gran fama para sí mismos, y entiendan que nuestro Señor fue llamado “comilón y bebedor”, y no se avergonzó por ello, sino que pasaba por alto todas esas acusaciones para alcanzar Su propósito; lo cual, en efecto, sucedió. Porque el telonis (aduanero, publicano) volvió a la metania, se arrepintió y se hizo mejor. Y para que entiendas que esta acción suya —comer con él— produjo gran provecho, escucha lo que dice Zaqueo, que también era telonis (aduanero, publicano). Porque, cuando oyó a Cristo decir: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy debo hospedarme en tu casa” (Lc 19,5), lleno de alegría exclamó: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes la doy a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devuelvo cuatro veces más” [Lc 19,8] “(He aquí, Señor, la mitad de mis bienes la doy en limosna a los pobres, y si acaso, como recaudador de impuestos, utilicé calumnias, falsas denuncias o informes para perjudicar a alguien en algo, se lo devuelvo cuadruplicado)”. Entonces Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, por cuanto también él es hijo de Abraham” [Lc 19,9], (Jesús se volvió hacia él y dijo: ‘Hoy, con mi visita a esta casa, ha venido la salvación tanto para el dueño como para los suyos. Y era necesario que se salvara también este jefe de publicanos, porque él también es hijo y descendiente de Abraham, igual que vosotros que protestáis. También a él, por tanto, Dios le dio la promesa de la salvación). Así debe uno enseñar mediante todas sus acciones.
Pero, ¿cómo sucede entonces?, dirá alguno, cuando Pablo en 1 Co 5,11 manda: “Lo que os decía es que no trataseis con el que presume de cristiano y es lujurioso, avaro, idólatra, calumniador, borracho o ladrón; con este tipo de hermano no debéis comer juntos.”
Ciertamente lo dice; pero no queda claro si lo ordena también a los maestros, y no solo a los hermanos cristianos. Además, aquellos aún no eran espiritualmente perfectos ni contaban todavía entre los hermanos. Y además Pablo manda evitar incluso a los que ya eran cristianos, si persistían voluntariamente en pecar. Estos, sin embargo, habían dejado de pecar y se habían transformado por completo.
Pero nada de esto logró que los fariseos se corrigieran; al contrario, acusaban a los discípulos diciendo: “¿Por qué come vuestro Maestro con publicanos y pecadores?”. Y cuando creían que los discípulos pecaban, acusaban otra vez al Maestro diciendo: “Mira, tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado” (Mt 12,2); mientras que en este caso difamaban al Maestro ante sus discípulos. Todas estas eran acciones propias de criminales, que intentaban separar del Maestro al grupo de los discípulos.
¿Y qué les responde la infinita Sabiduría? “No tienen necesidad” —les dice— “los sanos de médico, sino los que están enfermos” (Mt 9,12). Observa cómo transforma su acusación y le da un sentido contrario. Porque ellos consideraban un delito el que Él tratara con personas de ese tipo, mientras que Él afirma, por el contrario, que lo que no Le conviene —ni a Él ni a Su filantropía— es no relacionarse con personas de esta clase; y que no solo no es un delito corregir a hombres de ese tipo, sino que es algo de máxima importancia, que debe hacerse y que es digno de muchos elogios.
A continuación, para que no parezca que ofende a los invitados al decir: “ellos están enfermos”, observa cómo nuevamente suaviza esta expresión, reprendiendo a aquellos y diciendo: “Id, pues, y aprended qué significa: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’. Id, por tanto, a aprender qué significa aquello que dijo el profeta Oseas: “Quiero misericordia y compasión, y no sacrificio exterior que no está animado por una disposición interior buena y compasiva” (Mt 9,13; cf. Os 6,6) (:Porque quiero misericordia y compasión, y no un sacrificio externo y meramente ritual, que no esté animado por una buena disposición interior y por la misericordia. Quiero un conocimiento exacto de Dios y de Su voluntad, más que los sacrificios de holocaustos). Esto lo decía reprendiendo su ignorancia de las Escrituras.
Por esta razón emplea un lenguaje más severo, no porque se irrite —¡de ningún modo!—, sino para reducirlos a total desconcierto. Aunque, ciertamente, habría podido decirles: “¿No comprendisteis cómo perdoné los pecados del paralítico? ¿Cómo curé su cuerpo paralizado?”. Sin embargo, no dice nada de esto, sino que primero dialoga con ellos recurriendo a argumentos comunes y después utiliza testimonios de la Escritura. Porque, después de decir: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”, y de revelarles veladamente que Él es el Médico, entonces añade: “Id y aprended qué significa ‘Quiero amor activo y no sacrificio exterior’”.
De la misma manera actúa también Pablo. Primero, en efecto, recurre a ejemplos comunes y dice: “¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?” (1 Co 9,7). Luego añade ejemplos tomados de las Escrituras, diciendo: “Porque en la Ley de Moisés está escrito: ‘No pondrás bozal al buey que trilla’” (1 Co 9,9). Y de nuevo: “Así también el Señor ahora ordenó que los que anuncian el evangelio vivan del evangelio” (:Así pues, como Dios lo dispuso entonces, del mismo modo ahora el Señor ha establecido que quienes predican el Evangelio vivan del apoyo y de las contribuciones de todos aquellos que escuchan la predicación evangélica (1 Co 9,14).
En cambio, hacia Sus discípulos, el Señor no habla del mismo modo que habla a Sus enemigos, sino que les recuerda los milagros, diciéndoles: “¿Aún no entendéis ni recordáis los cinco panes de los cinco mil y cuántas cestas recogisteis?” (Mt 16,9).
Pero hacia Sus enemigos no habla así, sino que, al contrario, les recuerda la común debilidad humana y les demuestra que también ellos están enfermos; pues no conocieron bien las Escrituras y, descuidando todas las demás virtudes, ponían todo el peso en los sacrificios. Al insinuar esto mientras les habla, sintetiza brevemente lo proclamado por todos los profetas diciendo: “Aprended el significado de ‘misericordia quiero y no sacrificio’”. Porque con estas palabras demuestra que no es Él quien transgrede, sino ellos mismos; como si dijera: “¿Por qué me acusáis? ¿Porque quito los pecados de los pecadores? Entonces también acusad al Padre por lo mismo”.
Esto mismo mostró también en otra ocasión, cuando dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo” (Jn 5,17); (:Mi Padre Dios trabaja hasta ahora continuamente y sin interrupción; porque no solo creó, sino que también gobierna el mundo y provee para él. Y Yo, por lo tanto, su Hijo, trabajo continuamente como mi Padre, sin interrumpir mi obra salvadora en los días de sábado) [Jn. 5,17]; y en este caso vuelve a decir: «Id, pues, y aprended qué significa: “Misericordia quiero y no sacrificio (:Id, pues, a aprender qué significa aquello que dijo el profeta Oseas: ‘Quiero misericordia y compasión, y no un sacrificio exterior que no esté animado por una buena disposición interior y por la misericordia’)”». «Porque así exactamente —dice— como el Padre quiere esto, así también lo quiero Yo». ¿Comprendes que aquellas cosas son superfluas, mientras que estas son necesarias? Porque no dijo: «quiero misericordia y sacrificio», sino: «quiero misericordia y no sacrificio». Pues aprobó lo uno, pero rechazó lo otro, y demostró que no solo no es prohibido aquello por lo cual lo acusaban, sino que además se enseña en la Ley y es incluso superior al sacrificio. Es decir, presenta también al Antiguo Testamento como concordante con lo que Él dice y como conteniendo estas enseñanzas en su propia legislación.
Después, pues, de reprenderlos con testimonios basados en ejemplos comunes y en las Escrituras, añade nuevamente: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, a conversión o a la metania” (Mt 9,13). Y se los dice como si los estuviera ironizando, del mismo modo que dice: “He aquí que Adán se ha convertido en uno de nosotros” (Gn 3,22), y también: “Si tuviera hambre, no te diría que me des de comer, porque mía es la tierra y todo lo que ella contiene” (Sal 49,12). Porque el hecho de que no había ningún justo sobre la tierra lo declaró Pablo con estas palabras: «Porque todos han pecado y están privados de la doxa-gloria de Dios» [Rom. 3,23]. Con esto, además, consoló también a aquellos que habían sido llamados allí. «Pues», dice, «tan lejos estoy de sentir aversión por los pecadores; además, solo por ellos he venido al mundo». Luego, para que no se volvieran más negligentes al oír que dijo «pecadores», no guardó silencio, sino que añadió: «para μετάνοια metania». «Porque no he venido al mundo para que permanezcan pecadores, sino para que vuelvan a la metania, se arrepientan y se hagan mejores». Amín
PARA GLORIA DEL DIOS TRINITARIO
Edición del texto: Eleni Linardaki, filóloga FUENTES: · https://greekdownloads3.files.wordpress.com/2014/08/in-matthaeum.pdf · Juan Crisóstomo, Obras Completas, Comentario al Evangelio según Mateo, Homilía XXX (fragmentos seleccionados), ediciones “Gregorio Palamás”, Editorial “El Bizancio”, Tesalónica 1978, vol. 10, pp. 298–315.
Traducido por: χΧ jJ https://www.logosortodoxo.com/







