
CONMEMORACIÓN DE LOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO
Transcripción de una homilía del bendito Yérontas Atanasio Mitilineos
Queridos míos, si el gran Apóstol Pablo fue llamado «Apóstol de las Naciones», para nosotros los helenos-griegos es el Apóstol de Helade-Grecia. Grecia le debe mucho. Es el Apóstol que amó a los griegos, porque también los griegos lo amaron a él. Se esforzó por nosotros en grado sumo. Aquello que escuchamos hoy en la lectura apostólica, que se refiere a sus fatigas, también nos concierne a nosotros, nosotros los griegos compartimos parte de las fatigas del gran Pablo. Todo lo que nos dijo cuando vino aquí, se resume en su discurso en el Areópago de Atenas. Es un discurso que refleja el estado espiritual de Grecia, pero también la ofrenda de Pablo. Por eso debemos estudiar con frecuencia ese discurso suyo en el Areópago (Hechos, capítulo: 17).
Y lo primero que nos dijo es que, a pesar de nuestro politeísmo y la multitud de templos y altares, en realidad desconocíamos al verdadero Dios. Incluso elogió a los griegos por su religiosidad, dijo que nos encontró, a nosotros los griegos, muy religiosos. Eso es muy halagador, aunque no conociéramos al verdadero Dios. Pero sí, nos encontró muy religiosos. Por eso nos predica al Dios desconocido y anónimo, o más bien, al Dios olvidado. Después de la caída de los primeros en ser creados, la verdad es que los hombres olvidaron al verdadero Dios y comenzaron a adorar lo que veían, lo que tenían ante sus ojos, es decir, la creación. Como dice Pablo en su carta a los Romanos, en el primer capítulo: “los hombres adoraron a la creación en lugar del Creador”. Entonces vino la oscuridad. El primer síntoma de la caída de los primeros en ser creados fue la idolatría.
Un segundo punto: “Y este Dios desconocido” —nos dijo allá, en la Pnika (Atenas) “es uno, y solo uno: un único Dios”, no hay politeísmo, hay un solo Dios, “y Él es el Creador de todo”. Literalmente dijo: “Dios, que hizo el mundo”. Dios. Un solo Dios.
Un tercer punto: que este Dios es Señor. “Señor” significa Señor absoluto. No hay otro que tenga dominio sobre la creación; Él es el único Señor. “Este”, dijo, “es Señor del cielo y de la tierra”.
Y un cuarto punto: que este Dios es providente. “Él da”, dijo, “a todos vida, aliento y todo”. Sí. No es una bienaventuranza pasiva que no se interesa por el mundo, como después surgieron varias teorías sobre Dios, que el universo es simplemente una máquina, que Dios lo dio cuerda, lo puso en marcha y luego se retiró, y ya no se interesa por el mundo, puesto que estableció previamente las llamadas leyes naturales. No. Dios interviene en todo. Nos impresiona lo que nos dijo Cristo: que “un gorrión”, ¿qué es un gorrión? un pajarito, ¿qué es el gorrión? Nada… “Dios lo conoce, y por eso cuida de él; no cae al suelo, es decir, no muere, si no lo sabe el Padre celestial, si no lo permite el Padre celestial”.
¿Hasta ese nivel de detalle, Señor?
Aún más, dirá el Cristo: “Los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”. ¿Quién se ha sentado jamás a contar los cabellos de su cabeza? Dios lo sabe todo y cuida de todo. Y además, nos dijo: “si cuida de las aves del cielo, ¡cuánto más cuidará de vosotros, los hombres!”, como dijo en Sus bienaventuranzas de Su homilía en el monte.
Además, dijo Pablo que Dios es el Dios de todos los hombres. Sin distinción de razas. Hoy sufrimos precisamente por el tema de las discriminaciones raciales. E incluso, a veces exageramos las cosas cuando calificamos como “racismo” acciones entre nosotros mismos -ya os lo dije, exageramos- y decimos que eso es racismo. Incorrecto, porque en esos casos ya no hay racismo. El racismo se da cuando existen verdaderas distinciones raciales, como por ejemplo cómo los blancos ven a los negros, cómo ven a los amarillos, a los chinos del Lejano Oriente, etc. Esas son las discriminaciones raciales.
Y sin embargo, Pablo nos dijo: «Y Él hizo», es decir, Dios, «hizo, de una sola sangre -de Adán y Eva- a todo pueblo humano para que habite sobre toda la faz de la tierra».
Si todos los hombres, sobre nuestro planeta, conocieran, vivieran y aceptaran el cristianismo, no existirían esas “discriminaciones raciales”. Allí encontraríamos también lo que llamamos “igualdad”, por la que tanto pelean, discuten las mujeres… Allí, en el Evangelio, encontraríamos la ausencia, como ya os dije, de distinciones raciales. Si tan solo viviéramos el Evangelio… Pero no lo vivimos, y permanecemos en la ignorancia, a pesar de que han pasado dos mil años desde la predicación de Pablo en Atenas. ¡Debería darnos vergüenza!
Y finalmente, otro punto o mejor dicho, el penúltimo punto: «Dios puso en cada ser humano Su imagen, para que cada persona desee buscar el original». El original. Es decir, dijo: «que busquen al Señor —que lo busquen y acaso, lo palpen y lo hallen. Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos».
Palpa un poco en tu interior y hallarás a Dios dentro de ti. Eso fue lo que nos dijo Pablo: «Porque en Él vivimos, nos movemos y somos». Y existimos. Y estamos.
También nos habló de Jesús Cristo. Un último punto. Lo dejé para el final. Hablaba en general de Dios. Ahora concreta su mensaje y nos habla de Jesús Cristo, es decir, del Dios Logos que vino al mundo y nos anunció nuestra libertad, nuestra libertad espiritual, nos reveló al verdadero Dios, y demás.
Pero no teníamos la capacidad de entender a Pablo. Porque cuando habló de Jesús Cristo y habló de su Resurrección… ¡vaya! los sabios atenienses… no entendieron nada… ¿Qué significaba “resurrección”? Pensaron que era una deidad, la Resurrección, porque hasta entonces estaban acostumbrados a adorar a los dioses en pareja. Por ejemplo, en Egipto: Osiris e Isis. Aquí: Apolo y Deméter. Divinidad masculina y divinidad femenina. Y la divinidad masculina fecunda a la femenina, como en el caso de la tierra, por ejemplo, Apolo, el dios… el Sol, fecunda a la tierra. No es casualidad que el sol sea de género masculino, ni que la tierra sea de género femenino; el sol fecunda la tierra, y la tierra produce. Osiris —masculino— fecunda a la Tierra —Isis— y la tierra produce. Es decir, la divinización de la creación: del sol y de la tierra.
Así pues, al tomar a los dioses en pareja, cuando los griegos oyeron hablar de Jesús Cristo y de la Resurrección —la palabra resurrección es de género femenino— pensaron que se trataba de una divinidad. No pudieron escuchar más. Empezaron a malinterpretar. Empezaron a tergiversar. Pablo no pudo decir nada más —¿sabéis por qué?— porque los atenienses comenzaron a burlarse.
Pablo podría haberles dicho: “¡Esperad, sabios atenienses, no me habéis entendido! ¡Me habéis malinterpretado!”. Pero no lo hizo. Porque no se lo permitían, a causa de las burlas que le dirigían. Y le dijeron aquella frase… inimitable: «Está bien, está bien lo que nos dijiste. Te escucharemos en otra ocasión». Y Pablo descendió del estrado.
Sin embargo, más tarde empezaríamos a comprender. Como por su predicación creyó Dionisio el Areopagita —un gran hombre; ¡con un cargo importante, eh!— y Dámaris, una mujer importante de Atenas, y poco a poco se formó la Iglesia de los atenienses, la Iglesia de Corinto, la de Tesalónica… comenzamos a palpar realmente las palabras de Pablo y a empezar a encontrar la verdad. Eso fue lo que representó Pablo cuando vino a Grecia. Pablo…
Cuando Pablo llegó a Atenas —nos señala Lucas en el libro de los Hechos 17— «su espíritu se irritaba dentro de él al ver la ciudad entregada a los ídolos».
Un judío no podía ver ídolos. Pablo sufría al moverse entre los gentiles y ver los ídolos. No podía con eso. Se indignaba. Y aquí dice “se irritaba”.
¿Cómo explicamos esto de “se irritaba”? Se asombraba, se rebelaba, «al ver», cuando veía que la ciudad de Atenas estaba completamente entregada a los ídolos. De hecho, muchos atenienses mandaban esculpir estatuas de varias divinidades y las colocaban en las aceras, en sus jardines, etc. Hasta el punto que alguien contemporáneo dijo que en Atenas había más dioses que atenienses…
Sin embargo, si Pablo regresara hoy a Grecia, después de veinte siglos, queridos míos, y subiera a la Acrópolis de Atenas, ¿cómo vería a Atenas y, en general, a Grecia? ¿Y cómo la caracterizaría?
Hoy, queridos míos, volveríamos a tener necesidad de que nos hablara del Dios desconocido y anónimo. Porque hoy existe el ateísmo, algo peor que en aquella época. Entonces no existía el ateísmo; existía la idolatría. Y como ya os dije, Pablo elogió la religiosidad de los atenienses: “Veo”, dice, “que sois los más religiosos de todos los griegos”.
Pero hoy no sólo hay idolatría; también hay ateísmo. No creemos en nada. Ese es nuestro infortunio. En consecuencia, tenemos αγνωσία agnosia desconocimiento de Dios. Sí, αγνωσία desconocimiento de Dios. No conocemos a Dios. ¿Hablemos de nuestros cristianos? Alguien podría decir: “¡Pues claro que conocemos a Dios!”. ¿Pero qué conocemos? ¿Podemos decir cosas elementales sobre Dios?
Si, muchos cristianos ni siquiera creen, para empezar, en la Trinidad de Dios. No creemos en la Providencia de Dios. Pensamos que Dios es como nosotros, perdonadme por expresarme así, cuando en nuestra lengua popular decimos expresiones diversas y extrañas: “¿Qué puede hacer Dios? ¿A quién mirar primero…?”. ¿A quién mirar primero? ¿Qué significa esto? ¿Que Dios es más o menos como nosotros, y le cuesta ver a los hombres y ayudarlos? Es decir, no creemos que Dios se preocupa por todos los hombres, etc., etc., etc.
Nosotros, los cristianos ortodoxos… Si fuéramos un poco más allá, veríamos esta αγνωσία ignorancia que existe… Y eso es una desgracia.
¿Sabéis, queridos míos, que estamos volviendo al dodecateísmo (12 dioses) del Olimpo y nos llaman dodecateístas? ¿Lo sabéis? Sí. Volvemos otra vez al politeísmo del Olimpo. ¡Qué desgracia la nuestra! Claro, os lo he dicho muchas veces y espero no sorprenderos con lo que digo; simplemente lo digo como recordatorio. Alguien que fue a Delfos nos contaba que encontró allí a un profesor universitario que estaba orando a Apolo…: “¡Oh dios Apolo…!” ¿Qué queremos, una paliza? ¿Acaso Pablo trabajó en vano para nosotros los griegos?
Cuidémonos, queridos míos, porque la mano de Dios se avecina con fuerza. Leía en el profeta Jeremías lo siguiente. Escuchad. Dios se dirige a Su pueblo, Israel, antes de Cristo. Y dice: Como Su pueblo se había desviado y había caído en la idolatría, porque envidiaba lo que adoraban los pueblos vecinos, dejaron al Dios verdadero y se volvieron a los ídolos, dice: “Aunque Moisés se pusiera delante de mí y Samuel —grandes personajes del Antiguo Testamento— y me rogaran por el pueblo, no los escucharía”. ¿Lo habéis oído? “¡No los escucharía!”.
Hoy, si pedimos la intercesión del apóstol Pablo para que salve a nosotros los griegos, ¿acaso dirá lo mismo Dios? “No escucharé al apóstol Pablo”. Y el pueblo preguntó: “¿Y a dónde iremos?”. Y Dios responde —lo diré, que Dios me perdone por decirlo así: “Id al diablo”. Perdonadme también vosotros. Para nosotros los griegos: “Id al diablo… Llevo dos mil años esperando. ¿Qué habéis hecho?”.
No es que no haya también un pueblo creyente. Lo hay. Escuchad pues lo que Dios dice aquí: “Una parte de vosotros morirá por la espada; una parte morirá de hambre; una parte irá al cautiverio”.
Entonces, queridos míos… Tenemos señales visibles de amenaza sobre nuestra patria, sobre nuestro pueblo. Tenemos señales visibles de amenaza sobre nuestra patria —¿lo oís? Lo digo dos veces. Si alguien se durmió por un momento, que lo oiga.
Queridos míos. San Pablo es la primera obra de arte de la divina χάρις jaris gracia. Pero también es el brillante ejemplo de buena voluntad. Así pues, imitemos al gran Pablo. Hagámonos pequeños Pablos. Sería la mejor respuesta a sus muchos esfuerzos por cristianizar nuestra patria. Helade-Grecia le debe mucho. Si honramos a Pablo, eso significa que tenemos a Cristo. Y si tenemos a Cristo, tenemos lo mejor para la conservación de nuestra identidad cristiana ortodoxa. Pero también de nuestra identidad helénica.
Y en este momento, como ya os he dicho, ambas están amenazadas. Nuestra Ortodoxia está amenazada -¿no lo veis?- y también nuestra helenidad está amenazada -¿tampoco lo veis? Por eso, es necesario aferrarnos fuertemente a Cristo, a quien nos predicó Pablo. Sí. Pablo. El gran Pablo, a quien tanto le debemos. Amén.
PARA GLORIA DEL DIOS TRINO
y con inmensa gratitud hacia nuestro guía espiritual,
el difunto y bienaventurado padre Atanasio de Mitileneos,
Transcripción y digitalización de la charla: Eleni Linardaki, filóloga [Homilía pronunciada en el Santo Monasterio de Komninio, Larisa, el 29-6-2001]
Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai kyriakvn/omiliai_kyriakvn_137.mp3
Traducido por: χΧ jJ https://www.logosortodoxo.com/







