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Dic 14 2023

Sobre la lucha espiritual San Porfirio el Kafsokalivita

ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΠΝΕΥΜΑΤΙΚΟΥ ΑΓΩΝΟΣ

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

Sobre la lucha espiritual

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

Cuando Cristo llegue a nuestra psique-alma, transformará todo en nosotros.

El ser humano es un misterio. Llevamos dentro de nosotros la herencia de siglos, todo lo bueno vivido y experimentado por profetas, santos/as, mártires, apóstoles y, sobre todo, por nuestro Señor Jesús Cristo; pero también llevamos el mal que ha existido en el mundo desde Adán hasta hoy en día. Todo está dentro de nosotros, los instintos y todo, y buscan satisfacción. Si no los satisfacemos, en algún momento se vengarán, a menos que los canalicemos hacia lo superior, hacia Dios.

Por eso, debemos morir al antiguo hombre y vestir al nuevo. Esto lo confesamos a través del Misterio/Sacramento del Bautismo. Con el bautismo ingresamos en la alegría de Cristo. “Pues, los que habéis sido bautizados en Cristo, y le confesáis como Salvador, os habéis revestido de Cristo y os habéis unido con Él” (Gal 3,27). El segundo bautismo es la confesión, a través de la cual se produce la catarsis de los pazos, la extinción o mortificación de ellos. Así es como viene la divina χάρις jaris gracia (energía increada) a través de los Misterios/Sacramentos.

El Señor decía a Sus discípulos: “Cuando venga el Espíritu Santo, os lo enseñará todo” (Jn 14,26). El Espíritu Santo nos enseña todas las cosas. Nos santifica. Nos diviniza o deifica. Cuando tenemos el Espíritu de Dios, nos volvemos incapaces de cometer cualquier pecado e incapaces de pecar. Cuando tenemos el Espíritu Santo, no podemos hacer lo malo. No podemos enojarnos, odiar, difamar, no, no, no…

Debemos hacernos llenos, rebosantes del Espíritu Santo. Aquí radica la esencia de la vida espiritual. Esto es arte. El Arte de los artes.  Abramos las manos y precipitémonos en los brazos de Cristo. Cuando Cristo viene, lo ganamos todo. Cristo transformará todo en nosotros. Traerá despertar espiritual, paz, alegría, humildad, amor, oración, elevación. La divina jaris gracia de Cristo nos renovará. Si nos volvemos hacia Él con deseo, anhelo, devoción, έρως eros (amor ardiente), Cristo nos lo dará todo.

Sin Cristo, es imposible corregirnos a nosotros mismos, no podemos liberarnos de los pazos vicios, pasiones. Solos no podemos ser buenos. «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Por mucho que lo intentemos, no tendremos éxito. Solo tenemos que hacer una cosa, dirigirnos a Él y amarlo «con toda nuestra psique-alma y corazón» (Mrc 12,30). La agapi-amor incondicional a Cristo, solo ella es la mejor psicoterapia y sanación de los pazos.

Dios ha puesto una fuerza en la ψυχή psijí (psique, alma, ánima) del hombre. Depende de él cómo la dirige, ya sea para bien o para mal. Si consideramos lo bueno como un jardín lleno de flores, árboles y plantas, y lo malo como espinas, y la fuerza y energía como agua, entonces puede suceder lo siguiente: cuando dirigimos el agua hacia el jardín, todas las plantas crecen, se vuelven verdes, florecen y se llenan de vida. Al mismo tiempo, las espinas, al no regarse, se marchitan y desaparecen. Y viceversa.

Así que no necesitas preocuparte por las espinas. No te ocupes de expulsar el mal. Así es como Cristo nos quiere, que no nos ocupemos de los pazos y del mal. Dirigid el agua, es decir, toda la fuerza de vuestra  psique-alma, hacia las flores y disfrutaréis de su belleza, fragancia y frescura.

No os convirtáis en santos persiguiendo el mal. Dejad el mal. Mirad hacia Cristo y Él os salvará. En lugar de quedaros afuera alejando al enemigo, despreciarlo. ¿Viene el mal de aquí? Rechazadlo de manera suave desde allí. Es decir, viene a atacaros el mal, vosotros dad vuestra fuerza interna al bien, a Cristo. Rogad: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; Él sabe cómo daros y de qué manera. Y cuando os llenáis de bien, ya no os volvéis hacia el mal. Os volvéis buenos solos con la divina jaris gracia increada de Dios. ¿Dónde encontrará lugar entonces el mal? ¡Desaparece!

Todo es posible con Cristo. ¿Dónde está el esfuerzo y la lucha para volverse bueno? Las cosas son sencillas, simples. Llamar a Dios y Él cambiará las cosas para bien. Si le das tu corazón, no habrá espacio para nada más. Cuando os vistáis a Cristo, no haréis ningún esfuerzo por la virtud. Él os la dará. ¿Sufres de miedo, fobia y desilusión? Volved vuestros ojos con miras a Cristo. Amadlo suavemente, simplemente, humildemente, sin exigencias y Él mismo os liberará. Volved a Cristo y díganle con humildad y esperanza, como el apóstol Pablo:¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom 7,24). Por lo tanto, os moveréis hacia Cristo y Él vendrá de inmediato. Su divina χάρις jaris gracia (energía increada) actuará de inmediato.

Debéis luchar en la vida espiritual, sencillamente, suavemente, sin violencia.

Nuestra Fe Ortodoxa es perfecta y profundamente filosofada y divinofilosófica. Lo sencillo es lo más precioso y divino. Así debéis luchar en la vida espiritual, sencillamente, suavemente, sin violencia, sin presión, ni apretones. La ψυχή psijí (psique, alma, ánima) se psicoterapia, se purifica y se santifica, con el estudio de los logos de los Padres, con la recitación de salmos, lecturas de escrituras divinas, la práctica de la psáltica salmodias bizantinas (canto eclesiástico) y la oración.

Por tanto, entregaos a estas cosas espirituales y dejad todo lo demás. En el culto y alabanza a Dios podemos llegar fácilmente sin cansancio ni dolor y sangre. Hay dos caminos que nos llevan a Dios, uno es duro y agotador, con ataques feroces contra el mal, y el otro es fácil a través de la agapi-amor. Hay muchos han elegido el camino duro y «han derramado sangre para recibir el Espíritu» (Rom 7,24), alcanzando así una gran virtud. Personalmente, encuentro que el camino más corto y seguro es el de la agapi-amor. Sigan este camino también vosotros.

Es decir, pueden hacer otro intento. Estudien y oren, y tengan como objetivo avanzar en la agapi-amor de Dios y de la Iglesia. No luchen para expulsar la oscuridad de la habitación de la psique-alma. Abran un agujerito para que entre la luz, y la oscuridad se irá (así de sencillo es). Lo mismo ocurre con los pazos y debilidades. No luchen contra ellos, sino transfórmelos en fuerzas despreciando el mal. Sumérjanse en los himnos, reglas, adoración a Dios y al divino έρως eros (amor ardiente). Todos los libros sagrados de nuestra Iglesia, la Paraklitikí, el Orologio, el Salterio, los Mensuales, contienen logos divinos y amorosos hacia nuestro Cristo. Lean con alegría, amor deleite y regocijo. Cuando se entreguen a este intento sencillo con anhelo, sus psiques-almas se van psicoterapiando, haciendo la catarsis y se purificarán de manera suave, secreta, sin darse cuenta.

Las vidas de los santos, y sobre todo la vida de san Juan el Kafsokalivita, me impresionaron. Los Santos son amigos de Dios. Todo el día podéis disfrutar de sus hazañas e imitar sus vidas. Los Santos se habían entregado totalmente a Cristo.

Con este estudio poco a poco gradualmente adquiriréis la apacibilidad, la humildad, la agapi y vuestra psique-alma se va haciendo bondadosa. No escoger formas o maneras negativas para vuestra rectificación. No necesitan temer al diablo, al infierno, ni nada. Producen reacciones. Yo también tengo algo de experiencia en esto. El propósito no es sentarse, golpearse y esforzarse para mejorar. El propósito es vivir, estudiar, rezar, avanzar en la agapi-amor, en el eros (amor ardiente) de Cristo y la agapi-amor de la Iglesia.

El intento de unirse a Cristo, esto es lo santo, divino y hermoso, un camino que alegra y libera la psique-alma de todo mal. Amar a Cristo, anhelar a Cristo, vivir en Cristo, como el apóstol Pablo que decía: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20). Ese debería ser vuestro objetivo. Que los demás esfuerzos sean secretos y ocultos. Lo que debe dominar es la agapi-amor a Cristo. Esto debería estar en la mente, en el pensamiento, en la imaginación, en el corazón y en la voluntad. Este esfuerzo debería ser el más intenso, cómo encontrarse con Cristo, cómo unirse a Él, cómo abrazarlo e incorporarlo dentro de ustedes.

Dejen todas las debilidades, para que el espíritu contrario no tome nota y os sumerja en la tristeza y depresión. No hagan ningún esfuerzo para deshacerse de ellas. Luchen con suavidad y sencillez, sin tensión, apretón y ansiedad. No digan: «Ahora me esforzaré, oraré para obtener amor, para ser bueno, etc.» No es bueno tensarse y golpearse para volverse bueno. Así reaccionarán peor. Todo debe hacerse de manera suave, natural y libre. No digan: «Dios mío, líbrame de esto», por ejemplo, la ira, la tristeza. No es bueno orar o pensar en un pasaje en particular; algo sucede en nuestra psique-alma y nos liamos aún más. Arrójate con ímpetu para vencer el pazos, y verás cómo te abrazará, te apretará y no podrás hacer nada.

No combatan directamente contra la tentación, no pidan que se vaya, no digan: «¡Por favor, Dios mío llévala!» Entonces la están dando importancia y la tentación aprieta. Porque aunque digan «llévatela, Dios mío», básicamente la recuerdan y más la alimentan. La disposición para liberarse, por supuesto, estará allí, pero será muy secreta y sutil, sin que se note. Debe hacerse místicamente, secretamente. Acordaos lo que dice la Santa Escritura: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” (Mt 6,3). Toda vuestra fuerza debe dirigirse a la agapi-amor de Dios, a la adoración a Él, a la adhesión a Él. Así, la liberación del mal y las debilidades ocurrirá secretamente, místicamente, sin que se den cuenta y sin esfuerzo.

Yo también hago este esfuerzo. Encontré que es el mejor camino de santificación, sin dolor,  sin derramar sangre. Es decir, mejor arrojarme a la agapi-amor, estudiando los cánones (reglas), los troparios (cantos bizantinos), los salmos. Este estudio, investigación y sumersión, sin que me dé cuenta, dirige mi espíritu-nus con la mente hacia Cristo y endulza mi corazón. Al mismo tiempo, oro abriendo las manos con anhelo, con agapi-amor, con alegría, y el Señor me eleva en Su agapi-amor. Ese es nuestro propósito, llegar allí. Es verdad, este camino es sin derramamiento de sangre.

Hay muchos otros caminos, como, el recordar la muerte, el infierno, el diablo. Así, por miedo y cálculo, evitas el mal. Yo el desgraciadito, en la medida de lo posible, no he aplicado en mi vida esos métodos que cansan, provocan reacciones y muchas veces tienen resultados opuestos. La psique-alma, especialmente cuando es sensible, se regocija y deleita en la  agapi (amor desinteresado) y se entusiasma, se fortalece y se transforma, cambia y convierte todo lo negativo, feo y malo.

Por eso, prefiero el «camino fácil», es decir, el camino que alcanzamos mediante el estudio de las reglas o cánones de los santos. En esos cánones o esas reglas encontraremos formas que utilizaron los santos, los ascetas, los monjes, los mártires. Es bueno «robar» esto. Hagamos nosotros también lo que hicieron ellos. Se entregaron a la agapi-amor de Cristo. Dieron todo su corazón. Robemos su método.

El trabajo espiritual que realizas en lo más profundo de tu psique-alma debe hacerse en secreto, que no sea percibida.

El trabajo espiritual que realizas en lo más profundo de tu psique-alma debe hacerse en secreto, que no sea percibida, no solo para los demás sino tampoco para ti mismo. Que el bien que haga tu propio ser bueno no lo note el malo. «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha». La «izquierda» es nuestro yo opuesto, que, cuando se entera, arruinará todo. El opuesto es nuestro yo malo o nuestro sí mismo, lo decimos así de una manera más refinada. El nuevo es nuestro yo o nuestro sí mismo en Cristo, mientras que el otro es el antiguo. Se necesita habilidad para que el antiguo no se dé cuenta. Se necesita arte y, sobre todo, la jaris gracia, energía increada de Dios.

Hay algunos secretos. El Evangelio y Cristo mismo nos instruyen sobre cómo prevenir ciertas cosas que dificultarán nuestra lucha. Por eso dice esto: «Que tu izquierda no sepa…». Por ejemplo, ¿quieres experimentar y saborear alegría de Dios? ¿Cuál es el secreto aquí? Incluso si lo crees y pides la jará-alegría, y dices, «Dios no puede dejar de dármela», Él no la da. Y la causa sois vosotros mismos. No es que Dios no quiera dar esa alegría, pero todo el secreto está en nuestra propia sinceridad, simplicidad y delicadeza. Cuando falta la sencillez y dices, «haré esto y Dios me dará lo que pido, haré aquello, haré lo otro…», no sucede. Sí, voy hacer esto otro, pero con tanta discreción, (secretividad), con tanta sencillez, simplicidad y delicadeza, para que yo mismo, que lo estoy pidiendo, no me dé cuenta.

Haced todo de manera suave y sencilla, simple y delicada. No hagáis nada con intencionalidad. No digas, «lo haré así, para que llegue este resultado», sino hazlo suavemente, sin saberlo. Es decir, ora de manera sencilla, simple y no pienses en lo que Dios regalará en tu psique-alma. No hagáis cálculos. Sabéis, por supuesto, lo que Dios regala en la conexión en contacto consciente con Él, pero es como si no lo supierais. No lo discutas ni contigo mismo. Así que cuando digas la oración, «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», dila suavemente, simplemente, y no pienses en nada más que en la oración. Estas son cosas muy sutiles y es necesario que opere y energice la jaris gracia increada de Dios.

Que tu corazón sea simple, no doble y mentiroso; bueno y no malo ni egoísta. La psique-alma sencilla, simple y buena es buscada por todos, descansan en ella y se acercan a ella sin temor, sin sospecha. Y la misma vive con paz interna, tiene una buena relación con todas las personas y con toda la creación.

El bueno, el verdaderamente bondadoso, aquel que no tiene pensamientos maliciosos y viles, atrae la jaris gracia increada de Dios. Principalmente la bondad, la sencillez y la simplicidad atraen la divina jaris gracia de Dios; son las condiciones para que Dios venga y «halle un lugar». Pero la buena persona debe conocer también las artimañas del diablo y de las personas, porque será muy molestado y fastidiado. Si no fuera así, debería vivir en compañía de los ángeles.

En la Santa Escritura el logos de Dios nos habla claramente sobre la sencillez y la simplicidad: “Amad la justicia, los que gobernáis la tierra; pensad rectamente acerca del Señor y buscadlo con sencillez de corazón, porque él se deja encontrar por los que no lo tientan, y se muestra a sí mismo a los que no desconfían de él. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el Poder, puesto a prueba, confunde a los necios. La sabiduría no entra en la psique-alma que maquina el mal, ni mora en un cuerpo sujeto al pecado” (Sabiduría Salomón 1, 1-4).

Sencillez y bondad. Eso es todo, esa es la clave para obtener la divina jaris  gracia, energía increada. ¡Cuántos secretos hay en la Sagrada Escritura! Una «psique-alma de artes malas», es la que está mal construida, la que fabrica el mal. Ni entra ni, aún más, habita en ella la sabiduría divina. Donde hay corrupción y mala astucia, no entra la jaris gracia increada de Dios.

“El pueblo asentado en tinieblas religiosas, en la ignorancia y el engaño, vio gran luz” (Mat 4,16)

Les he dicho muchas veces. Dedíquense al estudio de la Sagrada Escritura, de los Salmos, de los textos patrísticos. Dedíquense al estudio con divino έρως eros (amor ardiente). Busquen encontrar en el diccionario cada palabra y dedíquense a la lectura correcta, pura y significativa con la mente e intelecto claro escudriñando cada palabra. Investiguen cuántas veces dice la Sagrada Escritura una palabra, por ejemplo, la palabra “sencillez”, y cuántas veces dice otra. La luz (increada) de Cristo llenará vuestras psiques-almas. Así se cumplirá lo que dice el Evangelista Mateo: “El pueblo asentado en tinieblas religiosas y en la ignorancia y el engaño, vio gran luz espiritual (a Cristo), y a los asentados en región y sombra de muerte, esclavos psíquicamente, por la oscuridad del pecado, una luz increada desde el cielo resplandeció” (Mt 4,16).

Esta luz es la luz increada de Cristo. En cuando adquiramos esta luz (increada), conoceremos la verdad. Y la verdad es Dios. Dios lo conoce todo. Para Él, todo es conocido y luminoso. El mundo es la obra de Dios. Dios ilumina este mundo con Su luz increada. Dios mismo es luz increada. Es luz porque se conoce a Sí mismo. Nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, por eso estamos en la oscuridad. Cuando dejamos que la luz nos impregne, entonces tenemos κοινωνία kinonía conexión y comunión con Dios. Si esto no sucede, entonces tenemos otras luces, mil luces, pero no tenemos la luz increada. Cuando estamos unidos a Él, Cristo nos hace luminosos. El gran resplandor, Su luz increada, la ofrece a cada uno de nosotros. Ojalá que la recibamos. Entonces adquirimos también una fe más profunda y firme y ocurre lo que dice el texto de la Sabiduría de Salomón: “…se manifiesta a los que no dudan”.

En aquellos que dudan, que tienen escepticismo y cuestionan, y que solo piensan con la lógica (de su intelecto o mente) y no están abiertos a Dios, Dios no se manifiesta. En las psiques-almas cerradas, Dios no entra, no fuerza, no transgrede, no viola. Por el contrario, en aquellos que tienen fe sencilla, sincera y simple, sin oscilaciones, Dios se manifiesta y les regala Su luz increada. La da abundantemente tanto en esta vida y mucho más en la otra.

Pero no piensen que todos aquí ven la misma luz (increada) de la verdad claramente. Cada uno la ve de acuerdo con su psique-alma, con su espíritu, con su educación, con su condición psicológica. ¿Entendieron? Por ejemplo, muchos ven una imagen o icona, pero no todos tienen los mismos sentimientos o emociones. Lo mismo sucede con la luz increada. La luz verdadera no alumbra lo mismo en todos los corazones. Es decir, el sol natural alumbra lo mismo, pero la casa que los cristales están negras, poco pasan los rayos de allí. ¿Entendéis? Por eso digo que lo mismo sucede con la luz increada, nuestros cristales están oscuros, nuestro corazón no está limpio y puro y la oscuridad no le permite pasar.

Incluso a nuestros santos/as y profetas les sucedía esto. Y aún así, según su limpieza y pureza, sentían la luz divina. ¿No son estas cosas una verdadera teología?

La alerta, vigilancia es el έρως eros para Dios

Mantengan siempre la memoria de Dios. Así, vuestra mente adquirirá flexibilidad. La flexibilidad del nus (espíritu de la psique) con la mente proviene de la vigilancia (alerta. La vigilancia es el έρως eros (amor ardiente) por Dios. Es tener siempre a Cristo en el nus con la mente y en el corazón, incluso mientras realizas otras tareas. Requiere έρως eros por Cristo, anhelo. Obtendrán la memoria de Dios a través de la oración cordial o de Jesús, “Señor Jesús Cristo…”, a través de las oraciones de la Iglesia, a través de los himnos, recordando las energías y acciones de Dios y, por supuesto, a través de la Sagrada Escritura y otros libros espirituales. Esto, por supuesto, requiere una bondadosa predisposición, libre buena voluntad; no se logra por coerción, presión o acción de obligar, sino principalmente a través de la divina jaris gracia increada. Sin embargo, la divina jaris requiere las condiciones, agapi-amor desinteresado y humildad.

Si vivís en la divina jaris gracia increada, el mal no os afectará. Si no vivís  lo divino, el mal os rodeará, la apatía, la indolencia os atrapará y sufriréis. Si veis apatía, indolencia, el hombre no está bien en la psique-alma. A menudo, cuando vemos a una persona tranquila, reservada, algo discreta, decimos: ‘Muy buena persona, una persona santa’. Sin embargo, puede ser apático, antipático, indolente. Los apáticos, los perezosos, no están bien ante Dios. La pereza es algo muy malo. La apatía es una enfermedad, es pecado. Dios no nos quiere apáticos, ni vivir como holgazanes, negligentes. ‘Olvidé hacer esta tarea, por ejemplo, cerrar la puerta cuando salí de la habitación’. ¿Qué significa ‘olvidé’? ¡Recuérdate! ¡Que tengas cuidado! En cambio el esfuerzo, el movimiento, el trabajo, la acción son virtud. El esfuerzo físico es una lucha, una lucha espiritual. Cuanto más descuidados sois, más os atormentaréis. Por el contrario, cuanto más devotos y cuidadosos sean, más felices serán.

En el Monte Athos, en la celda que tengo, la puerta tiene un viejo cerrojo. Hay que empujarla mucho para abrirla y entonces hace un ruido muy fuerte. Cada vez que alguien venía y la empujaba, el cerrojo hacía ‘kraaack!’. El ruido se escuchaba a cien metros de distancia. No podían abrirlo sin hacer ruido. Aunque era fácil y se los mostré, y practicaron, aún hacían mucho ruido.

Estas cosas parecen simples, pero están relacionadas con toda nuestra vida. Cuanto más os acercáis a Dios, más cuidadosos sois, sin buscarlo, en todas las cosas y también en las espirituales. Al cuidar de vuestras psiques-almas, con la divina jaris gracia increada os volvéis más inteligentes. ¿Habéis trabajado en vuestras vidas sin loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía? Cometéis errores, pero la divina jaris gracia increada de Dios os cubre.

El cristiano no debe ser apático o indolente, no debe dormirse en los laureles. Debe, donde quiera que vaya, con su oración y su imaginación, volar. Y de hecho, el cristiano que ama a Dios puede volar con su imaginación. Volar entre las estrellas, en lo infinito, en el misterio, en la eternidad, en Dios. Debe ser sublime, volando alto. Debe rezar y sentir que también se convierte en Dios por la divina χάρις jaris gracia energía increada. Debe convertirse en plumaje y volar con su pensamiento. Y su pensamiento no es solo una simple fantasía. Esto que decimos “vuela” no es fantasía, es realidad, no es alucinación. El cristiano ortodoxo no vive en las nubes, como solemos decir; percibe, capta y comprende la realidad y la vive. Acepta lo que lee en el Evangelio y en los Padres, lo abraza, lo vive, lo interioriza y profundiza en los detalles, lo hace experiencias. Se convierte en un receptor fino de los mensajes de Dios.

Cuando uno se ha convertido en cautivo del bien, cesa el pecado y vive el Cristo.

Dentro de nosotros tenemos dos mundos-kosmos, el bueno y el malo. Ambos se alimentan de una misma fuente de energía. Esta energía es como la batería. Si el malo conecta la batería, nos conduce a la destrucción. Pero si lo hace el bueno, entonces todo en nuestra vida es hermoso, tranquilo y divino. Sin embargo, la misma energía de la batería alimenta tanto al bueno como al contrario de nosotros. Cada vez estamos cautivos en uno de los dos, ya sea en el bien o en el mal. Debemos emprendernos por estar en el bien en lugar de estar en el mal.

Permíteme compartir otro ejemplo. En todo el mundo existen ondas de radio, pero no las percibimos. Tan pronto como encendemos nuestro receptor, las captamos, las escuchamos, las sentimos.

Lo mismo ocurre cuando entramos en el mundo espiritual. ¡Vivimos en Cristo, volamos! Entonces sentimos grandes alegrías y tenemos experiencias espirituales hermosas; entonces poco a poco, nos convertimos en cautivos del bien, cautivos de Cristo. Y cuando alguien se convierte en cautivo del bien, ya no puede maldecir, odiar o decir mentiras. Simplemente no puede, aunque lo quiera. ¿Cómo podría el mal atacar su psique-alma con desesperación, desilusión, apatía, indolencia y cosas así? La divina jaris gracia increada lo llena y esas cosas no tienen el poder de entrar. No pueden entrar cuando su habitación está llena de amigos espirituales, que están en el éter, en el infinito, -me refiero a los ángeles, los santos, los mártires y sobre todo a Cristo. Lo contrario sucede cuando alguien se convierte en cautivo del hombre antiguo. Entonces está poseído por el mal espíritu y no puede hacer el bien; se llena de malicia, condena, ira, resentimientos, etc.

Cuando el mal os ataca, mantener y tener la flexibilidad y vuélvanse hacia el bien. El mal debéis transformarlo, cambiarlo en bueno. Esta transformación solo es posible con la divina jaris gracia increada. Por ejemplo, el agua se convierte en vino en las bodas de Caná. Ha aquí, esa es la transformación; condesciende lo sobrenatural… Esto es sobrenatural. Por supuesto que con elementos químicos se puede hacer vino o mantequilla y ser semejante al original, pero esto no es auténtico. ¡La verdadera transformación la realiza la divina jaris gracia increada! Para que esto suceda, el hombre debe haberse entregado «con toda su psique-alma y con todo su corazón» a Cristo (Mrc 12,30).

Recordaos a San Esteban, el primer mártir. Estaba poseído por Dios y, mientras era perseguido y apedreado, decía sobre sus perseguidores: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado…» (Hec 7,60). ¿Por qué se comportó así San Esteban? Simplemente porque no podía hacer otra cosa. Era un cautivo del bien. ¿Piensas que es fácil recibir pedradas? ¡Trata de recibir una! Bueno, bien, bien, pero cuando una piedra te golpee, ¡empezarás a gritar «¡canalla!» y cosas así! Esto muestra que estamos poseídos por el espíritu maligno. Y entonces, ¿dónde puede entrar Cristo? Todo está ocupado dentro de nosotros. Pero tan pronto como entramos en la vida espiritual, tan pronto entramos en Cristo, todo cambia. Incluso un ladrón deja de robar, un asesino deja de ser un asesino, un sanguinario, un malvado, un resentido, un difamador… Todo cesa. El pecado cesa y vive Cristo. Así también el apóstol Pablo, que decía: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí».

La libertad no se gana si no liberamos nuestro interior de los problemas, de los conflictos y los pazos. Y esto, por supuesto, solo se logra con Cristo. En Cristo está la alegría. Cristo transforma el pazos la pasión en alegría.
Esta es nuestra Iglesia, esta es nuestra alegría, esto es todo para nosotros. Y eso es lo que la gente busca hoy en día. Y toman venenos y drogas para entrar en mundos de alegría; pero es una alegría falsa. Sienten algo en ese momento y al día siguiente están destrozados. Uno le frota, le devora, le destroza, le quema, en cambio lo otro, es decir, la entrega a Cristo, le vivifica, le da alegría, le hace disfrutar la vida, sentir fuerza y grandeza.

Esta es nuestra Fe Ortodoxa. Altitud, grandeza, jaris gracia, alegría, regocijo y deleite. ¡Cuánto las experimentaba estas cosas el profeta David! Decía: «Mi psique-alma anhela y desfallece por los atrios del Señor» (Salmo 83,3). ¡Qué hermoso, qué belleza!

En todas partes uno puede santificarse

Es una gran habilidad, un gran arte lograr que tu psique-alma se santifique. En todas partes uno puede santificarse. Y en Omonia (plaza central de Atenas) también se puede santificar, si así lo desea. En su trabajo, sea cual sea, puede volverse santo. Con la mansedumbre, la paciencia, la agapi amor desinteresado. Debéis poner cada día nueva serie, nuevo estado de ánimo, con entusiasmo y agapi-amor, con oración y silencio. No debéis tener ansiedad y angustia que producen dolor en el pecho.

Por ejemplo, puede suceder que les asignen tareas más allá de sus límites. No es correcto reaccionar, irritarse o quejarse. Esas perturbaciones traen mal al ser humano. Debéis considerar todo como oportunidades para la santificación. Y algo más. Hay otra ganancia: al asignaros mucho trabajo, aprendéis todo el proceso de trabajo, servís en más servicios, os volvéis más responsables. Adquirís conocimientos que tal vez necesiten más tarde. Si os asignan tareas que están más allá de vuestras capacidades, podéis decir con cortesía, por supuesto: «Perdóneme, no podré hacer este trabajo». Pero también podéis no decir nada y todo este esfuerzo os resultará beneficioso.

Así yo también, como os he dicho, cuando era niño, mi padre se fue a América a trabajar en el canal de Panamá. Yo era pequeño y mis padres pobres. Mi madre me mandó a trabajar en una tienda en Jalkida. Allí están un par de jóvenes más. Todos mandaban a mí y yo corría por todas partes. Todo lo que me decían lo hacía sin pensar mal. Esto me salió en bien. Un día que limpiaba la tienda, habían caído algunos granos de café sin ser molidos. Me asomé y los recogí para devolverlos al saco. El jefe que estaba en su despacho, me vio, entendió lo que iba hacer y me llamó; llamó también a los demás jóvenes y los dio clases de mi ejemplo. Allí se hacían grandes derroches y le causé muy buena impresión. Desde aquel día el jefe habló y nos repartimos los trabajos y pusimos en orden el almacén. Trabajaba en todo con cuidado, diligencia y sin objeciones. ¿He sufrido algún daño? No.

Debéis trabajar con diligencia, vigilancia, rapidez, simple y suavemente, sin ansiedad, con alegría y regocijo, con buena disposición. Entonces viene la divina Χάρις Jaris gracia, energía increada.

Debéis enfrentar todo con agapi, bondad, apacibilidad y humildad.

A menudo, uno puede sentir una angustia excesiva por la situación del mundo. Sufrir al ver que la voluntad de Dios no se cumple hoy entre los hombres o incluso en uno mismo. Experimentar dolor por el sufrimiento físico, psíquico y mental de los demás. Esta sensibilidad es un regalo de Dios y se encuentra con más frecuencia en las mujeres. Las psiques-almas que poseen esta delicadeza son particularmente receptivas a los mensajes y la voluntad de Dios. Sin embargo, estas psiques-almas sensibles corren el riesgo de ser explotadas. Si no entregan sus vidas a CristoDios con confianza, el espíritu maligno puede aprovechar su sensibilidad y llevarlas a la tristeza, a la depresión y la desesperación.

La sensibilidad no tiene corrección. Solo puede transformarse, cambiar, metamorfosearse, ser espiritualizada y convertirse en agapi (amor desinteresado e incondicional), alegría y adoración divina. ¿Cómo? Volviéndose hacia lo alto, con miras hacia Cristo. Deben convertir cada tristeza (sufrimiento, desesperación y depresión) en el conocimiento/gnosis de Cristo, en Su agapi-amor, en Su adoración. Y Cristo, que espera ansiosamente ayudarnos constantemente, os dará Su divina χάρις jaris gracia (energía increada) y Su poder y transformará la tristeza (depresión, melancolía, aflicción) en alegría, agapi-amor por los hermanos y adoración hacia Él. Así, la oscuridad se disipará. Acordaos del Apóstol Pablo. ¿Qué decía? “Ahora encadenado y encarcelado me alegro de sufrir por vosotros, y por mi parte completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones y sufrimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

Vuestra psique-alma que se entregue a la oración cordial: « Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», por todas vuestras preocupaciones, por todo y para todos. No miréis lo que os sucede, sino mirar la luz, a Cristo, como un niño mira a su madre cuando algo le sucede. Observen todo sin ansiedad, sin tristeza, sin presión, sin tensión. No es necesario forzarse y apretarse. Todo vuestro esfuerzo debe estar en miras hacia la luz, conquistar la luz (increada). Así, en lugar de entregarse a la tristeza, que no es del Espíritu de Dios, se entregarán a la doxología/alabanza de Dios.

Todas las cosas desagradables que quedan en vuestras psiques-almas y causan ansiedad, pueden convertirse en una oportunidad para la adoración a Dios y dejar de atormentaros. Tengan confianza en Dios. Entonces, estarán tranquilos y se convertirán en instrumentos Suyos. La tristeza muestra que no confiamos nuestras vidas a Cristo. ¿No dice el Apóstol Pablo: «en mil maneras somos atribulados y acosados, pero no nos abatimos; «?

Todo deben enfrentarlo con amor, bondad, mansedumbre, paciencia y humildad. Sean rocas. Todo puede romperse sobre ustedes, pero ustedes permanecerán imperturbables e inquebrantables. Sin embargo, dirán: «¿Es esto posible?». Sí, con la jaris gracia de Dios siempre es posible. Si lo tomamos humanamente, no es posible. Pero, en vez que os influyan negativamente, pueden haceros bien, que os hagan más firmes en la fe y en la paciencia. Porque el ejercicio para nosotros es toda reacción del entorno y las dificultades que nos rodean. Nos ejercitamos en la paciencia y la perseverancia. Oíd un ejemplo.

Una vez vino uno y me comentaba las quejas de su esposa, le digo pues:

-¿eres tan tonto como hombre?

-¿Son tonterías lo que digo?

– Grandes tonterías le digo. Esta mujer tuya, te ama mucho.

– Sí, pero me hace estas cosas…

-Te las hace para santificarte, pero tú como tonto tu mente no lo deja. Te enfureces y, en lugar de santificarte, te atormentas.

Sin embargo, este hombre si tuviera paciencia y humildad, no perdería las oportunidades de santificación.

La paciencia es una gran cosa, una gran virtud. Cristo dijo: Si no tienen paciencia, perderán sus psiques-almas; para ganarlas, deben tener paciencia, “19 ¡Ganad vuestras psiques-almas para la vida eterna con vuestra paciencia y perseverancia!” (Lc 21,19). La paciencia es agapi-amor; sin amor, no puedes tener paciencia. Sin embargo, también es cuestión de fe. En realidad, somos incrédulos porque no sabemos cómo Dios lleva las cosas y nos libera de las dificultades y las aflicciones. Rueguen a la Panaghía:

«Vuelve el lamento en alegría,

cambia el duelo en regocijo,

y transforma la aflicción en alegría y adoración,

¡Oh Madre de Dios, única llena de jaris-gracia!» (Cánon a la Zeotokos).

El deseo y disposición de amar a Dios lleva consigo cierto dolor. Cuando queremos vivir espiritualmente, sufrimos porque debemos cortar todos los lazos que nos unen a la materia. Pero cuando queremos complacer a nosotros mismos o a los demás, lo que damos es amor, una acción y energía (sentimiento); es una fuerza de nuestra psique-alma que una parte de ella lo «gastamos» allí. Requiere atención, qué orden y prioridad le damos a nuestra vida, para quién será la «salida».

La aflicción o sufrimiento, en el sentido de Dios, lleva consigo alegría. Uno avanza debido a ello. No deja en su interior la tristeza (sufrimiento, depresión o desesperación) que corroe la psique-alma. Cuando hay humildad, no hay tristeza y depresión. El egoísta se aflige y se deprime mucho por cualquier cosa, por todo. El humilde es libre e independiente de todos y todo. Esto solo se logra mediante la unión con Cristo. Todos los sentimientos y sentidos funcionan de acuerdo con la ley del Señor. Estén listos para vaciarse ante cualquiera. Esto es libertad. Donde hay agapi-amor, hay libertad. Viviendo en la agapi-amor de Dios, vivís en libertad.

Con el anhelo a Cristo, la fuerza de la psique-alma se escapa de las trampas del adversario.

Muchas personas, sobre todo algunos cristianos también, no aceptan en absoluto la existencia del demonio. Sin embargo, no puedes negar al demonio. Creo que existe diablo, y digo incluso que si eliminamos en creer en la existencia del diablo del Evangelio, ¿qué sucede? El Evangelio se va, desaparece. Dice la Santa Escritura: “Para esto el Hijo de Dios apareció como hombre sobre la tierra, para deshacer y destruir totalmente las obras del diablo” (1Jn 3,8) y “También los demonios creen pero tiemblan de miedo ante el justo Dios” (Sant 3,19). ¿Estos pasajes qué manifiestan? ¿No revelan sobre de la abolición del diablo por el mismo Cristo? No podemos ignorar la existencia del diablo, cuyas obras Cristo vino a abolir.

Pero yo les digo, en lugar de ocuparse del diablo y sus maldades, en lugar de ocuparse de los pecados, diríjanse a la agapi-amor de Cristo. Vemos qué dice el poeta al canon de san Onésimo:

Con el vigor de tu actitud y virtud, oh Onésimo,

has pisoteados y eliminado las trampas y maquinaciones del engaño,

convirtiéndote en instrumento de clamores de sabiduría divina,

bendito sea Dios de nuestros Padres. (Tropario b, oda 7)

Aquí uno admira el espíritu del poeta. Él pone arte en la estructura del himno, es decir, en la trama, en la trama de la palabra. ¿Visteis lo que dijo? Prestad atención a cada palabra. ‘Maquinaciones del engaño’. El malvado colocaba trampas y el santo Onésimo las destruía ‘con el vigor de su actitud y virtud´. Con el vigor de su actitud y virtud, vencía a todos. Amaba, ansiaba a Cristo. Así es como sucede.

Satanás crea el mecanismo del engaño. Sin que lo notemos, el malvado coloca trampas. Con el anhelo de Cristo, la fuerza de la psique-alma se libera de las trampas y va hacia Cristo. Esto es algo diferente; más noble. Luchar contra tu enemigo es un esfuerzo con empujones y presiones. Pero en la agapi-amor de Cristo, no hay empujones. Aquí, la fuerza de la psique-alma se transforma sin esfuerzo. No debes reaccionar con los mismos instrumentos. ¡Ignóralo! Esta indiferencia hacia el enemigo es un gran arte. Arte de las artes. Se logra solo con la jaris gracia divina. Enfrentar el mal con la jaris gracia increada de Dios se hace sin esfuerzo, sin sangre y sin resistencia.

¿Qué dijimos? ¿No dijimos que el diablo es ingenioso? Los mecanismos del diablo son astutos. ¡Miedo, fobias! Por eso nosotros también debemos crear mecanismos piadosos de defensa, sin malicia, ni mala astucia para destruir el poder y la fuerza de sus trampas. ¿Algo así dice no el Apóstol Pablo a los Efesios? “Porque nuestra lucha no es contra gente de carne y hueso, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso que dominan sobre los hombres de este siglo pecador, contra los espíritus del mal, que moran en los espacios entre tierra y cielo. Por esto, recibid la armadura y las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo de ataques demoníacos y tentaciones y si aplicáis con exactitud vuestros deberes, los principios espirituales y mantenéis firmes vuestra posición, seréis vencedores y perfectos en todo” (Ef 4, 12-13). Cuando nos revestimos con la armadura de Dios, todo tendrá éxito; y de hecho, muy fácilmente. Todo es fácil cuando entramos en la jaris gracia divina. Entonces somos más libres, más fuertes. La jaris gracia divina nos protege. Si luchamos y amamos a Cristo, entonces obtenemos la jaris gracia divina. Armados con la jaris gracia divina, no corremos peligro, y el diablo nos ve y se va.

Yo, el pobre, el humilde, desde pequeño trabajé así y tengo un poco de experiencia. No quería pensar en las trampas, era indiferente respecto a ellas, no me importaban. Al principio, sin embargo, comencé de manera diferente. Me tumbaba en el suelo y decía que estaba muerto. Forzaba mi ser con la violencia de la muerte. Venían demonios y, en medio del miedo, decía: “Recuerda la muerte siempre, recuerda el infierno”. Lo dejé. Ya los había experimentado. Son buenos para los principiantes. Pero “el que teme no ha sido perfeccionado en la agapi-amor” (1Juan 4,18).

Escribe el santo Agustín: ‘Los pensamientos y las meditaciones me ocupan y me veo envuelto en discusiones’. Veis, aquí el viejo hombre hablaba con el nuevo, con el hombre según Cristo. Estaba teniendo una conversación. A mí no me gusta discutir con el viejo hombre. Es decir, me tira desde atrás, pero inmediatamente abro los brazos hacia Cristo y así lo desprecio con la jaris gracia divina, no lo pienso. Como el bebé abre los brazos y cae en los brazos de su madre, así hago yo. Es un misterio, no sé si entendéis la sutileza del asunto. Cuando intentas evitar al viejo hombre sin jaris gracia, lo vives. Pero con la divina jaris gracia, ya no te preocupa. Está en el fondo. Todas las cosas quedan dentro de nosotros, y las malas y feas no se van. Pero con la jaris gracia increada, se transforman, se metamorfosean. ‘Pongamos a un lado al hombre viejo, vestirnos del nuevo y vivir para Ti, nuestro Señor’, ¿no dice en la oración de la novena hora?

Cristo quiere unirse a nosotros y espera afuera de la puerta de nuestra psique-alma. Depende de nosotros recibir la jaris gracia divina. Solo la jaris gracia divina puede cambiarnos. No podemos hacer nada por nosotros mismos. La jaris gracia, energía increada nos dará todo. Pero nosotros debemos esforzarnos por disminuir nuestro egoísmo y la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor hacia sí mismo). Ser humildes. Darnos a Cristo y todo lo reaccionario o retrógrado, corporal y psíquico, desaparecerá.

Acordaos del Apóstol Pablo que decía: “¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom 7,24). Esto lo decía porque, cuando se encontraba al principio, su psique-alma se sentía incapaz de hacer el bien. Hacía el mal que no lo quería, por eso confesaba: “Dominado y oscurecido por el pazos o el pecado, no entiendo este mal que hago; porque no hago lo que interiormente quiero, sino aquello que detesto y odio, eso es justamente lo que hago” (Rom 7,15). Venía el espíritu del mal para desviarlo de su intento. Venía y le amenazaba diciendo: “te morirás”. Pero cuando se abalanzó la jaris gracia increada de Dios en su psique-alma, entonces se marcharon todas las dificultades y clamaba con entusiasmo: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí… ya que vivo en Cristo y Cristo vive en mí. Pero si muero también es ganancia para mí, porque así volaré hacia el cielo en plena comunión y unión con Cristo” (Gal 2,20 y Filip 1,21). ¡Has visto, ni muerte, ni infierno, ni diablo! Mientras antes era incapaz (el apóstol Pablo) de hacer el bien, después se volvió incapaz de hacer el mal. No podía, no lo deseaba. Se divinizó su psique-alma, se llenó de Cristo y no podía pensar o aguantar nada más en su interior,

Con la jaris gracia divina, todo es posible. Con la jaris gracia divina, los mártires de Cristo no comprendían los dolores que causaban los martirios. Con la jaris gracia divina, todo se vuelve indoloro. A este modo suave y blando tenéis que utilizar. No luchen por expulsar la oscuridad. No luchéis para expulsar la oscuridad. No lográis nada golpeando la oscuridad. ¿Estáis en la oscuridad y queréis liberarse? ¿Qué hacéis vosotros? Expulsáis con la fuerza la oscuridad, la golpean, pero eso no se va. ¿Queréis luz? Abran un pequeño agujerito y llegará un rayo de sol, llegará la luz. En lugar de expulsar la oscuridad, en lugar de expulsar al enemigo, para que no entre dentro de ustedes, abran los brazos al abrazo de Cristo. Este es el método más perfecto, no luchar directamente contra el mal, es decir, no combatir contra el enemigo, sino amar a Cristo, su luz (increada), y el mal (despreciándolo, no hacerlo caso) retrocederá y se retirará.

Cada ataque o asalto del maligno se enfrenta con desprecio.

El arma más importante contra el diablo es la Santa Cruz, que lo hace temblar. Pero la persignación debe hacerse correctamente. Es decir, con los tres dedos de la mano derecha unidas tocando la frente, el vientre, el hombro derecho y finalmente el hombre izquierdo, en señal de la cruz. La persignación se puede hacer simétricamente con las prosternaciones.

La conexión y comunicación con Cristo cuando es simple, suave, sin presión, hace que el diablo se vaya. Satanás no se va con presión, con fuerza o apretones. Se retira con la apacibilidad, mansedumbre y la oración. Se retira cuando ve que la psique-alma lo menosprecia y se vuelve hacia Cristo con agapi-amor. No puede soportar el menosprecio porque es orgulloso. Pero cuando te esfuerzas, el espíritu maligno toma nota y te ataca. No te ocupes del diablo ni le ruegues que se vaya. Cuanto más le ruegas que se vaya, más te abraza. Despreciad al diablo. No lo enfrentéis directamente. Cuando lucháis tenazmente contra el diablo, él ataca como un tigre, como un lince. Cuando le disparas una bala, él te arroja una granada. Cuando le lanzas una bomba, él te lanza un misil. No mires al mal. Mira el abrazo de Dios y cae en Sus brazos y avanza. Entregaos a Él, amad a Cristo, vivan con vigilancia. La vigilancia en aquellos que aman a Dios es esencial.

Las cosas son sencillas, simples y fáciles en la vida espiritual, en la vida en Cristo; solo necesitáis saber discernir. Cuando algo te moleste, un pensamiento, una tentación, un ataque, menospreciándolos a todos, dirigirás tu atención y tu mirada a Cristo. Él se encargará de elevarte después. Él te tomará de la mano y te dará abundantemente Su divina jaris gracia increada. Tú harás un pequeño esfuerzo. Tomas un millón y lo divides en pedacitos. Tomas una millonésima parte. La millonésima parte es el esfuerzo humano, es decir, un poco de disposición. Te mueves hacia Dios, y en un segundo, la jaris gracia divina llega. Piensas en ello y viene el Espíritu Santo. No hacéis nada. Os movéis hacia allí e inmediatamente viene la divina jaris gracia energía increada. Apenas que suspiréis, viene, opera y energiza. ¿Qué dice el Apóstol Pablo: “…el mismo Espíritu intercede por nosotros e inspira en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios” (Rom 8,26). ¡Sabiduría sublime! Estas cosas no son palabras simples, sino el vivo Logos de Dios.

Cuando veáis que el espíritu contrario viene a atraparos, no os asustéis ni lo miréis, ni intentéis sacarlo de vosotros. ¿Qué haces? El mejor método es el menosprecio. Abre tus brazos, abre tus manos a Cristo, como un niño que ve una bestia salvaje y no tiene miedo porque su padre está cerca y cae en Sus brazos. Usad este método, es decir, el menosprecio, en cada asalto del malvado y en cada pensamiento.

En aquel momento que vuestra psique-alma está en lucha y tiene necesidad, clamad: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; prevenir y anticiparse todo con la oración. Este es un gran secreto. En el momento de la tentación, cuando intentas menospreciarla, el malo te atrapa, te paraliza, te aprieta y hace lo suyo, no lo que tú quieres. Debes anticiparte a abrirte a Dios. Pero para lograrlo, la jaris gracia divina debe iluminarte. Si esto no sucede de inmediato, el malo te atrapa y mientras tratas de echarlo, ya te ha atrapado. Oíd un ejemplo que os voy a decir.

Le pedí a alguien que hiciera algo por mí. Él se negaba diciendo que la ciencia lo explicaba de manera diferente. Yo insistía, pero él no cedía. Estuve a punto de enfadarme. Lo percibí y en aquel momento inmediatamente volví y me dirigí hacia Cristo y previne el mal.

Esta será nuestra manera o modo de actuar: elevaremos las manos a Cristo y Él nos derá Su jaris gracia (divina energía increada).

Oíd otro ejemplo.

Una vez estaba camino a Turcovunia (barrio con pequeña montaña de Atenas). El camino tiene una declinación grande. Esta declinación era unos doscientos metros. La punta del camino era más recto. Allí arriba la madre del Nico estaba hablando con otras dos mujeres. Hablaban sobre cosas del barrio Abajo en el fondo estaba su hijo Nico corriendo hacia abajo jugando con otros niños. De repente veo a Nico subir corriendo hacia arriba y caer en los brazos de su madre y comenzó a llorar.

-Eh, le dice, ¿qué te pasa?

-Me ha pegado el hijo de Manolás.

El llanto paró inmediatamente, al mismo momento que se puso en los brazos de su madre.

¿Qué quiero decir con esto? Pues, en la hora de la tentación, lo fácil es girar y volver hacia la persona amada, dirigirse a Dios y hacia allí mirar vivamente, bien con deseo e inmediatamente vendrá la fuerza, vendrá el bien. Es decir, mientras estáis viendo que el mal viene a poseeros, vosotros apenas lo percibís de lejos, despreciarlo y correr en los brazos de CristoDios. Basta que os de tiempo primero girar y volver hacia allí. Así que, cuando vayáis al bien, nos os acordáis del mal. Pero esto no lo podéis hacer sino os volvéis y os dirigís a Cristo. Decimos alguna vez: ¡Deprécialo el mal! Eh, pues, esto es fácil decirlo, pero no es fácil hacerlo. Este menosprecio, desprecio tiene un gran arte, una gran habilidad.

El menosprecio del espíritu maligno solo se logra con la jaris gracia, energía increada de Dios. Vuélvete hacia Cristo, corre hacia Cristo, abre tus manos hacia Cristo, trata de conocer a Cristo, ama a Cristo, siente a Cristo, y en este esfuerzo tuyo, cuando tus móviles son puros, limpios y sinceros, la divina jaris gracia increada abre tu psique-alma y te dice: “Despierta tú, que duermes en el sueño del pecado, y levántate de entre los muertos (espiritualmente) del pecado, y Cristo te iluminará” (Ef 5,14). Allí dentro, en la divina luz, estaremos viviendo siempre, cuando nuestra psique-alma ame y anhele a Dios. Así, con la jaris gracia increada de Cristo, todas los logos y palabras de Cristo son fáciles, sencillos y verdaderos, ya que dijo: “no dudéis, porque mi yugo es bueno, fácil y útil, y ligera mi carga de las obligaciones y deberes que yo os impondré y yo os ayudaré para llevarla” (Mt 11,30).

Algunos ven al diablo presentándose de diversas formas, haciendo ruidos, golpeándolos, etc. Esto sucede más a menudo en aquellos que están confundidos. Los grandes Padres, como San Juan Crisóstomo, San Basilio el Grande y otros, no nos hablan del diablo, cómo se manifiesta, etc. Ellos procedieron de esta manera, es decir, con agapi-amor incondicional a Cristo. El satanás se revela según quién eres. Cuando alguien no ha comenzado correctamente la vida espiritual o es afectado por algo hereditario, ve al diablo presentándose frente a él, haciéndole ruidos, etc. A veces, una persona puede padecer esquizofrenia. El esquizofrénico se ve afectado por las experiencias de la antigua vida de sus antepasados.

Y algo más. No le demos al diablo derecho y móvil. Es decir, yo no permito ni un solo pensamiento de rencor ni un pensamiento de egoísmo en mí, para que el diablo no encuentre una ventana. La ventana es el derecho, el móvil. Cuando te alejas de Dios, corres peligro, porque el diablo te encuentra ‘sin protección’ y te domina. Escuchen también mi experiencia, que tengo un poco sobre estas cosas.

La santa humildad es la confianza perfecta o total en Dios.

La confianza total y perfecta a Dios, esta es la santa humildad. La perfecta obediencia a Dios sin objeción, sin reacción, incluso si algunas cosas parecen difíciles y absurdas. Abandonarse en las manos de Dios. Lo que decimos en la Divina Liturgia lo dice todo: “Entreguemos toda nuestra vida en Cristo Dios”. Lo mismo también la súplica que se dice místicamente por el sacerdote: “A Ti encomendamos y entregamos toda nuestra vida y Te rogamos, te suplicamos…” (Divina Liturgia de san Crisóstomo). A ti, Señor, entregamos todo. Esta es la confianza en Dios. Esta es la santa humildad. Esta transforma al ser humano. Lo hace θεάνθρωπο (zeánzropo) dios-hombre.

El humilde tiene conciencia de su estado interno y, por muy malo que sea, no pierde su personalidad. Sabe que es pecador y se aflige por ello, pero no se desespera, no se decepciona y no se desanima a sí mismo. El que tiene la santa humildad no habla en absoluto, es decir, no reacciona. Acepta ser observado, ser controlado por los demás, sin enojarse ni justificarse. No pierde su equilibrio. Lo contrario sucede con el egoísta, el que tiene sentimientos de inferioridad. Al principio parece humilde. Sin embargo, si alguien lo molesta un poco, inmediatamente pierde su paz, se enoja, se perturba.

El humilde cree que todo depende de Cristo y que Cristo le da Su jaris gracia increada, y así avanza. Aquel que tiene la santa humildad vive ahora en la tierra en la Iglesia increada. Tiene siempre la alegría de Cristo, incluso en las dificultades y cosas desagradables. Lo vemos en la vida de los santos. ¿Qué era el apóstol Pablo? Un hombre como nosotros. Pero, ¿qué pasó? Se convirtió en un instrumento de Dios, un recibiente elegido. Sus palabras lo testimonian: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí… para mí, vivir es Cristo y morir es ganancia”. Estaba ardiendo de agapi-amor por Cristo. La humildad lo elevó allí. Quemarse, ardiendo por Dios; eso es todo.

Si tenéis agapi-amor desinteresado por el prójimo y por Dios, Dios os dará la humildad, os dará santificación. Si no tenéis agapi-amor por Dios y por el prójimo, si soys negligentes, Satanás os atormentará, el viejo hombre se vengará, culparéiss a todos y a todo, os quejaréis diciendo: ‘¿Por qué dejaste esto aquí, por qué allá?’. Y pensarás que la culpa es de las tareas, del trabajo, del esfuerzo y cansancio. Dirás: ‘¿Qué pasará con esta situación a la que he llegado, cómo me estoy comportando?’, sin darte cuenta de dónde proviene esa situación. Mientras tanto, eso es la venganza de los instintos.

Cuando una persona vive sin Dios, sin paz, sin serenidad, sin confianza, sino con ansiedad, agonía, decepción, depresión, desesperación, adquiere enfermedades psíquicas, físicas y mentales. La enfermedad psíquica, la psicosis, la neurosis, la mental, la depresión son situaciones y condiciones demoníacas. También la habladuría humilde es demoníaca. Se llama también sentimiento de inferioridad o de culpa. La verdadera humildad no habla, no dice palabras humildes, es decir, ‘soy pecador, soy indigno, el menor y peor de todos…’. El humilde teme que, con las palabras humildes, caiga en la vanagloria. La jaris gracia increada de Dios no se acerca aquí. En cambio, la jaris de Dios está donde hay verdadera humildad, la humildad divina, la total confianza en Dios. La dependencia de Él.

Es de gran valor renunciar a la voluntad propia, no tener ninguna voluntad propia. El esclavo no tiene voluntad ninguna; lo que quiere su señor. Así también el siervo fiel de Dios. Te conviertes en Su siervo, pero en Dios te libras y eres libre. Esa es la verdadera libertad. Quemarse por Dios. Eso es todo. Lo dijimos otra vez. Si te vences a ti mismo por Dios, te sometes a Él y vives en la libertad de los hijos de Dios: “…porque de aquel pazos por el que uno ha sido vencido, en este pazos se ha esclavizado” (2Ped 2,19). Sucede como en el caso del subordinado que tiene completa confianza en su Yérontas y Dios le da la jaris gracia increada. Recuerden al Profeta Eliseo. Tomó el manto, golpeó las aguas del río y no las dividió en dos, como lo hizo el Profeta Elías, porque todo lo hizo con egoísmo y no con humildad. Después de humillarse y darse cuenta de que no podía hacer nada solo, buscó con humildad la ayuda de su Yérontas, el Profeta Elías, y recibió la jaris la energía increada. Las aguas se dividieron en dos y se hizo un camino para que él pasara (4Re 2, 8-15).

Por supuesto, se necesita un poco de esfuerzo, pero la humildad extrema no se logra solo con esfuerzos y luchas. Es el resultado de la jaris la energía increada. Lo digo por experiencia: todo lo que tengo, lo tengo de la jaris. “Si no edifica el Señor la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Sal 126,1). Todo lo da Cristo.

Seamos humildes en todo; en el pensamiento, en las palabras, en el comportamiento. Nunca nos presentemos ante Dios y digamos: “Tengo virtudes”. Dios no quiere nuestras virtudes. Siempre preséntate ante Dios como pecador, pero sin desesperación, sino “confiando en Su compasión y misericordia” (Triodion). Basta con encontrar el secreto.

El secreto es la agapi (amor incondicional y desinteresado) a Cristo y la humildad. Cristo nos dará humildad. No podemos amarlo con nuestras debilidades. Que Él nos ame a nosotros. Oremos mucho para que Él nos ame y nos dé el entusiasmo o celo para amarlo a Él también.

Si quieres filosofar y ser responsable de ti, sobre todo, echarás la culpa a ti mismo, te menospreciarás a ti mismo y te humillarás siempre. Es humildad creer que todos son buenos. Y si escuchas algo negativo sobre alguien, no lo creas. Ámalos a todos y no pienses mal de nadie, y ora por todos. No necesitas más filosofía. El corazón del vanagloriosos y egocéntrico no puede humillarse. Cuando lo controlan o lo corrigen, objeta fuertemente, mientras que cuando lo alaban y lo halagan, se comporta indebidamente. No importa lo que le digas, siempre quiere vanagloriarse más. Está ocupado girando en torno a sí mismo. Por otro lado, el pecador arrepentido que ha vuelto en la metania y se confiesa, deja de girar en torno a sí mismo, sale del sí mismo. Cuando se confiesa, no vuelve atrás.
El vanidoso vanagloriosos aleja su psique-alma de la vida eterna. ¡Al final, el egoísmo es pura tontería! Nuestra vanidad o vanagloria nos hace huecos. Cuando hacemos algo para mostrarnos y exhibirnos, nos volvemos vacíos psíquicamente y emocionalmente. Hagamos lo que hagamos, hagámoslo para agradecer a Dios; desinteresadamente, sin vanidad, sin orgullo, sin exhibición, sin egoísmo, sin, sin, sin… Sé un cantor en la Iglesia, en el monasterio. Tener una voz muy angelical y cantar a Dios sin saber que tantas personas te están escuchando, es decir, sin pensarlo. ¿Es posible? No es fácil. Esto es difícil. Por eso, muchos cantores se han extraviado. Por regla general, los buenos cantores tienen un gran egoísmo. No todos, por supuesto, pero la mayoría. Sin embargo, cuando tienes humildad, incluso si cantas hermosamente o lees hermosamente, no te afecta lo que piensan aquellos que te escuchan. Dirás, ¿y si cantas hermosamente y lees hermosamente y tu yérontas te escucha? No significa nada, si tienes humildad.

Debemos esforzarnos a toda costa por ser buenos. Eso es lo que intento, yo también, el pobre. Pero la fatiga viene de aquí, mi enfermedad me agobia desde allá, y no puedo hacer nada. Sin embargo, lucho. Quiero ser mejor, quiero amar y alabar a Dios con amor, con anhelo, y tengo sueños y hago esfuerzos, pero no logro nada. Pero esto me da alegría y una satisfacción de que finalmente estoy intentando amar a Cristo. No lo he logrado, pero lo deseo.

Quienes «tientan» a Dios son los que dudan.

El sabio Salomón dice que Cristo «se encuentra con aquellos que no lo tientan» (Sab Sas 1,2). Los que «tientan» a Dios son aquellos que dudan, vacilan o incluso peor aún, resisten el poder omnipotente y la sabiduría de Él. No debe nuestra psique-alma resistir y decir, «¿por qué Dios hizo esto de esta manera, por qué lo otro de otra manera, no podía hacerlo diferente?». Todo esto muestra una reacción interna y mezquindad; muestra la gran idea que tenemos de nosotros mismos, nuestro orgullo y nuestro gran egoísmo. Estos «porqués» atormentan mucho al ser humano, crean lo que el mundo llama «complejos», por ejemplo, «¿por qué soy muy alto?» o incluso lo contrario, «muy bajo?». Esto no se va del interior. Y uno ora y hace vigilias, pero ocurre lo contrario. Y sufre y se enoja sin resultado. Mientras que con Cristo, con la divina jaris gracia, energía increada, todo desaparece. Hay algo en el fondo, es decir, el «por qué», pero la jaris de Dios ensombrece al hombre y mientras la raíz es el complejo, allí encima crece un rosal con hermosas rosas y a medida que se riega con fe, con agapi-amor, con paciencia, con humildad, el mal deja de tener fuerza, deja de existir, es decir, no desaparece, pero se marchita. Mientras no se riegue el rosal, se marchita, se seca, se pierde, y de inmediato brota la espina.

Sin embargo, no es solo la reacción y los «porqués» lo que muestra que estamos tentando o probando a Dios. Tentamos a Dios cuando pedimos algo de Él, pero nuestra vida está lejos de Dios. Lo tentamos cuando pedimos algo, pero nuestra vida no está de acuerdo con Su voluntad, es decir, cosas en contra de Dios; ansiedad, preocupación, depresión, angustia, de un lado, y por otro lado, rogamos.

“Un vientre obeso no engendra sabiduría”

No te haces santo persiguiendo el mal. Deja el mal. Tened puestas las miras a Cristo y eso os salvará. Lo que hace santo al hombre es la agapi-amor incondicional, la adoración a Cristo que no puede expresarse, no se puede, no se puede… Y el hombre intenta hacer ejercicios, hacer esas cosas y mortificar su ser por la agapi-amor de Dios.

Ningún asceta se santificó sin ejercicios. Nadie pudo ascender a la espiritualidad sin practicar, sin ejercitarse. Se deben hacer ejercicios, ascesis. La metania, arrepentimiento, las vigilias, etc. son ejercicios, ascesis pero no con violencia. Todo debe hacerse con alegría. No son las prosternaciones que vamos hacer, no son las oraciones, es la entrega, la agapi-amor incondicional, el έρως eros (amor ardiente) por Cristo lo que lo hace fácil sobre las cosas espirituales. Hay muchos hacen estas cosas no por Dios, sino por ejercicio, por beneficio físico. Pero las personas espirituales lo hacen por beneficio psíquico, por Dios. Y también el cuerpo se beneficia mucho, no se enferma. Muchas cosas buenas vienen.

Dentro del ejercicio, las prosternaciones, la vigilia y otras austeridades está también el ayuno. «Un vientre obeso no engendra sabiduría». Esto lo sé por los Padres. Todos los libros patrísticos hablan sobre el ayuno. Los Padres enfatizan que no debemos comer alimentos difíciles de digerir, grasosos y pesados, porque hacen daño al cuerpo y, además, en la psique- alma. Dicen que el cordero come las hierbas de la tierra y es tan tranquilo. Mientras que el perro o el gato y todos esos carnívoros son todos animales salvajes. La carne hace daño al ser humano. Las hierbas, las frutas, etc., son beneficiosas. Por eso, los Padres hablan sobre el ayuno y condenan la glotonería y el placer que uno siente con las comidas ricas. Que nuestras comidas sean más simples. No nos ocupemos tanto de ellas.

No es la comida, ni las buenas condiciones de vida las que garantizan la buena salud. Es la vida santa, la vida de Cristo. Sé de ascetas que ayunaban mucho y no tenían ninguna enfermedad. No se corre ningún riesgo por el ayuno. Nadie ha enfermado por el ayuno. Los que comen carne, huevos y leche son los que más enferman, no los que tienen una dieta ligera. Esto está observado y comprobado. Incluso lo respalda la ciencia médica; ahora recomienda esto. Los que ayunan no solo no enferman, sino que se curan de enfermedades.

Pero para hacer estas, debéis tener fe. De lo contrario, os atrapa la glotonería, el apetito. El ayuno también es una cuestión de fe. No sufres daño con ayuno sino cuando no digieres bien tu comida. Los ascetas transforman el aire en alimento y el ayuno no les afecta. Cuando tenéis el divino έρως eros (amor ardiente), podéis ayunar con placer y todo es fácil; de lo contrario, todo te parece una montaña. Aquellos que entregaron sus corazones a Cristo y, con amor ferviente, pronunciaron la “oración cordial”, conquistaron y vencieron la voracidad, la glotonería y la falta de autocontrol.

Hoy en día hay muchas personas que no podían ayunar un día y ahora viven con una dieta vegetariana, no por razones de fe ortodoxa, simplemente porque creyeron que esto sería bueno para su salud. Pero debes creer que no te pasará nada si no comes carne. Cuando una persona está enferma, no es pecado que coma alimentos que no son de ayuno para apoyar su organismo.

La sal es necesaria para el organismo humano. Existe un rumor de que la sal hace daño. Esto no es correcto. Es un elemento necesario. De hecho, hay personas que lo necesitan mucho. A otros no les hace falta, mientras que a algunos les perjudica. Es una cuestión de elementos traza en el organismo. Se necesita un análisis microbiológico.

¡Yo qué sueños tengo! O sea, sobre el Monte Athos. He pedido trigo, para moler y hacer pan de trigo. Y pienso que mejor compremos legumbres, molerlas y mezclarlas, trigo con arroz, harina de soja con lentejas etc. Y además tenemos calabacines, tomates, patatas y otras verduras. Y con el Padre Hisijio teníamos un sueño. Una vez decíamos ir hacernos eremitas en alguna parte y comer. ¿Si acaso san Basilio el Grande no estaba allí al desierto, no hacía esto? Pero estas cosas a nosotros ahora no nos gustan.

Si no nos mortificamos, entrando en la ascesis ortodoxa, no hacemos nada. Debemos amar a Cristo y Él nos amará a nosotros. Todos los dolores pasarán, serán vencidos, se transformarán por Su divina χάρις jaris gracia (energía increada, el auténtico psicofármaco).

De alguna manera, si tienes en ti cinco grados de agapi-amor y utilizas dos para tus padres, otros dos para tus hermanos, ¿qué queda para Dios? Mientras que en Dios existen todos los amores del mundo. Si amas a Dios, amas todo, porque en Dios están todas las cosas, y así es como Dios quiere que lo ames Él mismo dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu psique-alma, con toda tu mente y con toda la fuerza de tu voluntad” (Mt 22,37).

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com, 14-12- 2023

 

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