«

»

Dic 09 2023

Sobre la oración San Porfirio el Kafsokalivita

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y logos

 

Sobre la oración 

“Orad a Dios

con devoción, anhelo y agapi,

 dentro de la calma y serenidad,

con apacibilidad y sin presión”

 

Amigos en y de CristoDios-Hombre este capítulo del libro Βίος και Λόγοι Vida y logos, trata principalmente sobre la “monologa oración cordial, noerá, del corazón o de Jesús” «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; la traduzco como “oración cordial”, aunque hay párrafos que habla también sobre la oración en general.

De nuestro gran léxico ALFAωMEGA: «Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo. El “Kirie eleison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eleison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar.

Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

Pero decir, “Eléisonme ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, implica no sólo el deseo de perdón que comienza del miedo, sino que se trata de la súplica sincera del amor filial, que pone mi esperanza en la misericordia de Dios, y uno reconoce humildemente que es demasiado débil para doblegar su propia voluntad y mantener una cuidadosa vigilancia sobre sí mismo. Es una llamada a la misericordia, es decir, a la jaris (gracia, energía increada) que se manifestará en el don por parte de Dios de la fuerza que nos permite resistir a la tentación y superar nuestras inclinaciones pecaminosas. Es como un deudor sin dinero que pide a su benigno acreedor no sólo que le condone la deuda sino que se compadezca también de su extrema pobreza y le dé una limosna; esto es lo que estas profundas palabras “Eléison me ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, es como decir: «Dios misericordioso, perdona mis pecados y ayúdame a corregirme; despierta en mi psique-alma un fuerte impulso a seguir Tus mandatos. Dispensa Tu jaris (gracia, energía increada) en el perdón de mis pecados presentes, conscientes e inconscientes, y para que solo dirija hacia Ti la atención de mi nus (espíritu), de mi mente, de mi voluntad y de mi corazón negligentes.» https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

 

Sobre la oración

San Porfirio el Kafsokailivita – Vida y logos

 

El mismo Señor nos enseñará la oración

El hombre busca y pide del cielo la χαρά jará alegría y la felicidad. Pide lo eterno, lejos de todos y de todo, busca a encontrar la alegría en Dios. Dios es misterio. Es silencio, es infinito, es el Todo. La tendencia de la psique-alma hacia el cielo la tiene todo el mundo; todos piden y buscan algo celestial. Todos los seres, a Él se dirigen aunque sea inconscientemente.

A Él que sea dirigido vuestro nus (espíritu de la psique) con la atención y mente continuamente. Amad la oración, el diálogo, la charla, con el Señor. Todo se resume en la agapi, el έρως eros (amor ardiente) por el Señor, el Novio Cristo. Haceos dignos de la agapi de Cristo. Para no vivir a la oscuridad, girad el interruptor de la oración para que la luz divina entre en vuestras psiques-almas. En la profundidad de vuestro ser se revelará el Cristo. Allí en lo profundo está “la realeza increada de Dios. “La realeza increada de Dios está en vuestro interior” (Lc 17,21).

La oración cordial se hace solo con el Espíritu Santo. “Igualmente, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza y ablanda nuestros esfuerzos, sufrimientos y dolores; pero como nosotros en nuestras oraciones no sabemos orar y pedir lo que nos conviene, el mismo Espíritu intercede por nosotros e inspira en nuestros corazones gemidos inenarrables de compunción y dilatación del corazón, que nos elevan hacia Dios” (Rom 8,26). Nosotros no necesitamos ningún esfuerzo. Dirigíos a Dios con un estilo o actitud de dulos siervo humilde, con una voz rogatoria y suplicante. Entonces nuestra oración será agradable a Dios. Estar con devoción y reverencia ante el Crucificado y decir: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με, Kirie Iisú Jristé eleisón me, Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”. Esto lo dice todo. Cuando el nus con su mente del hombre se mueve hacia la oración, en un milésimo del segundo viene la jaris gracia divina. Entonces el hombre se convierte en agraciado y ve todas las cosas con diferentes ojos. Todo está en amar a Cristo, la oración y el estudio. Tomamos un millón y los partimos en pequeños fragmentos; el esfuerzo del hombre es una fracción del millón.

Antes de la oración la ψυχή psijí (psique, alma, ánima) debe prepararse con oración. Oración por la oración. Escuchad lo que el sacerdote ora místicamente, en el momento que se lee el Apóstol durante la Divina Liturgia.

“Ilumina, oh Soberano filántropo (amigo del hombre), en nuestros corazones la inmaculada luz de Tu conocimiento divino, y abre los ojos de nuestras psiques-almas a la comprensión de tus kerigmas o logos evangélicos. Infunde en nosotros el temor de Tus bienaventurados mandamientos, para que, habiendo vencido todo deseo carnal, podamos alcanzar un estado espiritual, pensando y actuando en todo según Tu beneplácito. Porque Tú eres la iluminación de nuestras psiques-almas y cuerpos, oh Cristo nuestro Dios, y a Ti te ofrecemos la gloria, junto con tu Padre sin principio y Tu bondadoso y vivificante Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.”

En la oración entramos sin darnos cuenta. Necesitamos encontrarnos en un ambiente adecuado. La relación con Cristo, el diálogo, el estudio, el candelabro, el incienso, crean el ambiente adecuado para que todo sea sencillo, “con sencillez de corazón”. Leyendo los salmos, las oraciones, los oficios, con eros amor ardiente, sin darnos cuenta, nos volvemos santos. Nos alegramos y deleitamos con las palabras divinas. Esta alegría y gozo es nuestro esfuerzo para entrar fácilmente en la atmósfera de la oración, el precalentamiento, como decimos. También podemos traer a nuestra mente hermosas imágenes de paisajes que hemos visto. Este esfuerzo es suave, sin dureza, sin sangre. Pero no olvidemos lo que dijo el Señor: “Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5).

El mismo Señor nos enseñará la oración. No la aprenderemos solos, ni algún otro nos la enseñará. No digamos que: “he hecho tantas postraciones, así ahora he asegurado la jaris gracia”, sino que pidamos resplandecer la luz increada de la divina gnosis/conocimiento y abrir nuestros ojos (psíquicos) para poder entender Sus logos.

De esta manera, sin darnos cuenta, amamos a Dios sir presiones, apretones, esfuerzo y lucha. Estas cosas que son difíciles a los hombres para Dios son muy fáciles. La oración se va haciendo sola. Y así de repente amaremos a Dios, cuando la jaris gracia increada nos habrá ensombrecido. Si amamos mucho a Cristo la oración se hace sola. Cristo estará siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Pero para que podamos permanecer en esta situación o estado y no perderla, se necesita έρως eros divino (amor ardiente), hace falta agapi divina y ardiente a Cristo. El eros se dirige hacia un ser superior. El amado, el Dios, anhela al que ama y quiere que llegue al amado. Dios que ama al hombre con amor desinteresado.

La agapi-amor a Dios es superior, cuando se expresa con gratitud. Es necesario amar, pero no como un deber, sino como la necesidad de comer. Muchas veces nosotros nos acercamos a Dios por necesidad a tocar y sentir, porque nada de nuestro alrededor no agrada ni alivia y sentimos desierto, soledad o vacío.

Para que venga Cristo en nuestro interior, es necesario que nuestro corazón esté limpio.

La divina χάρις jaris gracia (energía increada) nos enseña nuestro deber. Para atraerla, se requiere agapi, anhelo. La jaris gracia increada de Dios quiere el divino έρως eros (amor ardiente). La agapi es suficiente para llevarnos al estado adecuado de “forma” para la oración. Cristo vendrá solo y se asombrará en nuestra psique-alma, basta que encuentre algunas cositas que Le agraden; buena voluntad libre, humildad y agapi. Sin estas no podemos decir «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me».

Tomemos, por ejemplo, una radio. Cuando tenemos la antena hacia el punto “x1”, digamos, donde se encuentran la mayoría de los transmisores radiofónicos, la emisión de la emisora se escucha mejor. En el punto “2” no hay tantos transmisores y se escucha algo menos. En el punto “3” no se escucha bien. Lo mismo sucede con la conexión y comunicación con Dios y con la conexión con lo divino. Cuando la psique-alma está orientada hacia el punto “x1” la conexión y comunicación es muy buena, pero, esto, por supuesto se debe a dos condiciones básicas; a la agapi y a la humildad. Con estas condiciones la psique-alma conecta y se comunica con Dios, escucha Su voz, recibe Su logos, toma fuerzas y jaris gracia divina, y se metamorfosea (transforma); se dirige suavemente hacia Dios, se dilata su corazón y se regocija. Cuando hay menos agapi y humildad –posición 2- la comunicación con lo divino es menos efectiva; y cuando la psique toma la posición “3”, no hay buena o casi ninguna conexión y comunicación, porque está llena de pazos, resentimientos, odios, enemistades y no puede elevarse.

Para que Cristo venga en nuestro interior, cuando Le invocamos con el «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», nuestro corazón debe estar limpio, sin impedimentos, libre de odio, de egoísmo y maldad. Debemos amarle para que nos ame. Pero si hay y persiste algo negativo o malo en nuestro interior, también hay un secreto. Y el secreto está en pedirle perdón o comentarlo a nuestro guía espiritual, pero esto requiere humildad. Si corriges tus errores aplicando los logos de Dios y no tienes remordimientos de conciencia y tienes calma y haces obras buenas, entras en la oración suavemente, sin darte cuenta. Después simplemente esperas pacientemente poco a poco hasta que venga la jaris gracia divina.

En cada cosa que os suceda, en cada situación, asumid vuestra responsabilidad en lugar de culpar a otros. Orad con humildad y evitad auto-justiciarse o no auto-justificarse. ¿Observáis, por ejemplo, rivalidad o antagonismo hacia alguien? Vosotros oración con agapi, infundid la agapi en el antagonismo y la rivalidad. ¿Habéis escuchado calumnia? Orad. Prestad atención, ya que “el oído de la envidia escucha todo, no queda desconocido ni oculto ni el más mínimo murmullo en su contra” (Sabiduría Salomón 1,10). Evitad, pues, murmullos inútiles y guardad vuestra lengua de condenas. Porque ni la expresión más oculta quedará sin consecuencias, atrayendo malestar psíquico. Una boca que emite mentiras, odios, envidias, rivalidades etc., llevará a la muerte (espiritual) a la psique-alma.

Debemos pedir a Dios que se haga Su voluntad en nuestra vida.

Nuestras oraciones no son escuchadas porque no somos dignos. Debemos volvemos dignos para poder orar. No somos dignos porque no amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Lo dice el mismo Cristo: “Si, pues, traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). Debes reconciliarte primero con tu hermano y perdonar para ser digno. Si no haces esto, no puedes orar. Si no eres digno, no puedes hacer nada. Cuando arregles y taches todas las cuestiones pendientes y estés listo, entonces vas y ofreces tu ofrenda o regalo.

Dignos se hacen los que desean y anhelan ser de Cristo, aquellos que se entregan a la voluntad de Dios. No tener ningún deseo propio tiene un gran valor; es todo. El esclavo no tiene ningún deseo propio. El no tener ningún deseo propio puede hacerse de manera suave, con agapi-amor a Cristo y aplicando Sus logos-mandamientos. «El que cumple mis mandamientos/logos y los tiene interiorizados, ése es el que me ama; y al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me apocaliptaré-revelaré a él, mediante la iluminación interior por la energía increada» (Jn 14,21). Requiere esfuerzo y lucha. Tenemos que luchar “contra los soberanos de las tinieblas de este siglo” (Ef 6,12). Tenemos que luchar “contra el león rugiente” 1Ped 5,8). No es permitido en nuestra lucha que consiga sus propósitos el polifacético diablo.

Esto requiere lágrimas, metania, arrepentimiento, oración, misericordia, súplica con la confianza en Cristo, no poca fe e incredulidad. Solo Cristo puede sacarnos del yugo de la soledad. Oración, metania, arrepentimiento y misericordia. Da aunque sea un vaso de agua si no tienes dinero. Y debes saber que cuanto más te santificas, más se escuchan tus oraciones.

No debemos chantajear a Dios con nuestras oraciones. No debemos pedir a Dios que nos libere de algo, una enfermedad, etc., o que resuelva nuestros problemas, sino pedir fuerza y fortaleza de Él para soportarlo. Como Él golpea con suavidad y amabilidad la puerta de nuestra psique-alma, así también debemos pedirlo amablemente, lo que deseamos, y si el Señor no responde, debemos dejar de pedirlo. Cuando Dios no nos da algo que pedimos persistentemente, tiene Su razón. Dios también tiene Sus “secretos”. Ya que creemos en Su providencia buena, ya que creemos que Él sabe todo sobre nuestra vida y siempre quiere el bien, ¿por qué no confiar? Oremos con sencillez y suavemente, sin pasión ni chantaje. Sabemos que pasado, presente y futuro, todo es conocido delante de Dios. Como dice el Apóstol Pablo, no hay criatura alguna que esté oculta ante el invisible Dios, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos un día dar cuenta” (Heb 4,13). No insistamos; el esfuerzo hace daño en lugar de bien. No persigamos para obtener lo que queremos, sino dejémoslo en la voluntad de Dios. Porque cuanto más lo perseguimos, más se aleja. Así que paciencia, fe y tranquilidad. Y si lo olvidamos, el Señor nunca olvida, y si es para nuestro bien, nos dará lo que necesitamos y cuando lo necesitemos.

Debemos pedir en la oración solo la salvación de nuestra psique-alma. ¿No dijo el Señor: “Buscad, pues, primeramente el reinado de la realeza increada y la justicia/virtud que Él quiere de vosotros, y todos estos bienes terrenales os serán añadidos junto con los incalculables bienes de la realeza increada de los cielos”? (Mt 6,33). Fácilmente, muy fácilmente puede Cristo darnos lo que deseamos. Y observad el secreto. El secreto es ni siquiera tenerlo en mente para pedir algo específico. El secreto es pedir nuestra unión con Cristo de manera desinteresada, sin decir ‘dame esto, aquello…’. Basta con decir, “Señor Jesús, compadécete de mí”. No es necesario que Dios reciba información de nosotros sobre nuestras diversas necesidades. Él las conoce mucho mejor que nosotros y nos brinda Su agapi-amor. El asunto es responder a ese agapi-amor con oración y aplicar Sus mandamientos. Pedir que se haga la voluntad de Dios; eso es lo más beneficioso, lo más seguro para nosotros y para aquellos por quienes oramos. Cristo nos dará todo ricamente. Cuando hay aunque sea un poco de egoísmo, no se puede lograr nada.

Debemos acercarnos a Dios solos con suavidad y sencillez en el corazón.

Cuando mantenemos con Cristo una relación de absoluta confianza, somos felices tenemos χαρά jará alegría, la jará-alegría del Paraíso; este es el secreto. Entonces, como san Pablo, clamamos: Además para mí toda mi vida es Cristo, ya que vivo en Cristo y Cristo vive en mí. Pero si muero también es ganancia para mí, porque así volaré hacia el cielo en plena comunión y unión con Cristo” (Fil 1,21) y: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí. Mi vida presente, la que ahora vivo en la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo a la muerte cruciforme por mí, para mi salvación (Gal 2,20). ¡Oh, qué es esto! ¡Locura! ¡Locura divina! Todas estas cosas se hacen suavemente y con sencillez.

Debemos buscar a Dios solos, con simpleza y sencillez. ¿Qué dice el sabio Salomón? Se necesita sencillez. “Ámense la justicia, ustedes los hombres de la tierra, piensen correctamente acerca del Señor y búsquenlo con sinceridad de corazón, porque él se deja encontrar por aquellos que no lo tientan, y se muestra a sí mismo a aquellos que no desconfían de él» (Sab Sal 1, 1-2). La sencillez es la divina humildad, es decir, tener confianza absoluta en Cristo; entregar a Cristo toda nuestra vida. Decimos en la Divina Liturgia: “…toda nuestra vida entregarla a Cristo nuestro Dios”, y en otro punto: “A ti entregamos toda nuestra vida, oh Soberano filántropo (amigo del hombre), y te suplicamos y te rogamos” (Divina Liturgia de san Crisóstomo).

Hace un tiempo, un obispo vino a hablar conmigo. Mientras recitábamos la oración, le pregunté:

-¿Qué quiere decir que oremos “en sencillez del corazón?

-Con sencillez, simpleza.

-¿Lo entiendes esto, venerable?

-Sí, lo entiendo.

-Eh, yo no lo entiendo, es misterio; esto se hace sólo con la divina jaris gracia increada.

-Ah, yo tampoco lo entiendo, me dice. Gracias por señalarme que solo mediante la divina jaris se comprende y se alcanza la sencillez y la simpleza.

Así debéis luchar en la vida espiritual, de manera sencilla y suave, sin presión, ni tensión, tampoco dureza o violencia. Lo suave y sencillo son formas de vivir la vida espiritual, ya que no se puede aprender externamente, de ninguna manera. Debe entrar místicamente, de manera secreta en tu interior, para que tu psique-alma abrace esta manera con la jaris gracia increada de Dios. Sin embargo, muchas veces, mientras intentamos lograrlo, el adversario se da cuenta y nos impide. Debéis aplicar el principio de “que no sepa tu izquierda qué hace tu derecha” (Mt 6,3).

Cuando quieres forzar o chantajear lo divino, no viene. Vendrá “el día que no lo esperas y la hora o momento que no conoces” (Mt 24, 50 y Luc 12,46). Tal y como me ha sucedido en la Isla de Patmos (ver pag 520).

Cuando se pierde la divina jaris gracia (energía increada), no hagáis nada. Continuar vuestra vida y vuestra lucha de manera sencilla y suave, hasta que, sin ansiedad ni agonía, la agapi, el eros divino (amor ardiente) y el anhelo a Cristo regresen. Y entonces todo va bien, y la jaris os colma y os alegráis. Uno de los secretos es las participación en los divinos oficios; entregaos a ellos y la χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios vendrá.

La llave para la vida espiritual es la oración cordial o de Jesús

Oren a Dios con las manos abiertas. Este es el secreto de los santos. Tan pronto como abrían sus manos, la jaris gracia divina los visitaba. Los Padres de la Iglesia consideran y utilizan la monológica oración cordial como más efectiva: «Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jrité eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”. La clave para la vida espiritual es esta monologa oración. Esta oración no la pueden enseñar, ni los libros, ni un yérontas, ni una maestro, ni nadie. El único maestro es la divina χάρις jaris gracia (energía increada). Si les digo que la miel es dulce, es líquida, es así y asá, no entenderán a menos que lo prueben. Lo mismo ocurre con la monologa oración del corazón. Si les digo, ‘es así, lo sientes de esta manera, etc.’ no entenderán ni orarán, “sino en y por el Espíritu Santo” (1Cor 12:3).

Solo el Espíritu Santo, solo la jaris gracia increada de Dios, puede inspirar la oración. No es difícil decir la monologa oración del corazón o cordial o de Jesús; pero no podéis decirla correctamente porque vuestro antiguo hombre patalea dando coces. Si no entráis en la atmósfera de la jaris gracia increada, no podrán hacer la oración cordial. Tan pronto como escuchan una palabra ofensiva, ¿se entristecen? Y tan pronto como les dicen algo bueno, ¿se alegran y brillan? Con esto, muestran que no están listos, que no tienen las condiciones. Para que venga la jaris gracia divina, deben adquirir las condiciones, la agapi-amor y la humildad; de lo contrario, se crea una reacción. Para entrar en este “estado de forma”, comenzareis con la obediencia. Deben entregarse a la obediencia primero, para que venga la humildad. Al ver la humildad, el Señor envía la jaris gracia divina y luego viene la oración sola, sin esfuerzo. Si no hacen obediencia y no tienen humildad, la oración no viene y hay miedo al engaño. Prepárense lentamente, suavemente, y hagan la oración en vuestros corazones o nus con su mente. Lo que está en el nus con la mente está también en el corazón.

Cuando llega la jaris divina, pronuncias el nombre “Cristo” y el nus se colma, el corazón también se llena.

Sólo con la divina jaris gracia puedes orar. Ninguna oración se puede hacer sin la divina jaris. Recordad las palabras de la Sabiduría Sirac: “Porque en la sabiduría se pronunciará la alabanza, y el Señor lo bendecirá y dirigirá por el camino correcto” (Sab Sir 15,10). Es decir, sólo el que posee la divina sabiduría-sofía puede alabar adecuadamente a Dios. Y el Señor concede la jaris gracia solo para esto. Cuando llega la jaris, cuando llega la agapi, dices el nombre “Cristo” y tu nus y corazón se llenan, se colman. Esta agapi, este anhelo tiene también grados. Vivir esta agapi significa desear adquirir cosas espirituales, incluso en los sueños. Todo lo haces dentro de la agapi; te mueves a través de la agapi; haces todos los esfuerzos por agapi a Dios; sientes la agapi de Dios por gratitud sin esperar obtener algo más. Tiene mucho valor decir la oración cordial o del corazón con ternura y suavidad de la psique-alma, con agapi y anhelo, hará que no te parezca cansina; como cuando dices: “madre mía… padre mío” y sientes pleno descanso.

Por lo tanto, para adquirir la oración cordial, del corazón o de Jesús, nada de forzamiento, nada de presión y tensión, no hay que hacer nada de todo esto. No pensar, “lucharé para adquirir la oración y ganar el Paraíso”. No se debe pensar que ganarás cien veces más en el cielo. Pronunciar la monologa “oración cordial” sin cálculos, sin pensar en intereses propios, no con la intención de ganar algo. Y si haces mil prosternaciones para entrar al Paraíso, no tiene valor. Hacerlo por agapi incluso si Dios quisiera ponerte al infierno, que haga lo que quiera. Esto significa y es desinterés propio. No tiene valor hacer cien prosternaciones y no sentir nada. Haz 15-20 pero que se hagan con conciencia y agapi al Señor y para mejorar  en el cumplimiento de los mandamientos-logos. Así poco a poco los pazos se van, los pecados retroceden y suavemente sin presionarnos, entramos en la oración. Si estás vacío, lo que significa que no tienes agapi, aunque hagas prosternaciones y la oración cordial, no haces nada. Y cuando por cualquier causa entras en katánixis (compunción, dilatación del corazón), no pierdas la ocasión de decir la monologa oración cordial y así poco a poco, se convertirá en una vivencia, un hábito y una experiencia de vida. A medida que avanzas, lo que escuchas en el nus no es el pensamiento de la oración, sino algo diferente. Es algo que sientes en tu interior, pero sin que tú hagas algún intento. Este “algo” es la divina jaris gracia que te regala Cristo.

La κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) es un pazos divino, una pasión sagrada. Todo lo explico con la santa Escritura: “Pero uno de los soldados le pinzó y atravesó entre las costillas con una lanza, e inmediatamente salió sangre y agua pura” (Jn 19,34). Le pinchó con la lanza, y le hizo una herida. Esta raíz tiene la palabra κατάνυξις katánixis, del verbo “νύττω nito, κατανύττω katanito” que significa que estoy herido por la agapi a Dios. Lo dice allí en el Cantar de los Cantares: “Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, decidle que estoy profundamente herida de agapi-amor y desfallezco” (As As 5,8). Es decir,  la novia que busca al Novio Cristo, dice que está profundamente herida por su agapi hacia Él.  ¿Cómo viviré sin Él? Sufro profundamente cuando Él está lejos de mí. Por tanto κατάνυξις katánixis es dolor profundo; un Pazos divino, una Pasión sagrada.

Tomemos una imagen de las cosas humanas. El enamorado no puede vivir alejado de la persona amada, no hace falta que traiga la persona desde el nus con la mente al corazón, sino que apenas vea la amada, el corazón sobresalta, brinca de emoción. Cuando está lejos y la piensa, de nuevo salta su corazón. No hace falta hacer ningún esfuerzo. Lo mismo sucede con Cristo. Pero, por supuesto que allí está presente todo lo divino, el eros divino, la divina agapi, no la carnal. Está serena, en calma pero también entonada, más profunda. Y tal como en la agapi física, donde no ves la persona amada, sufres, así aquí también sufres. Pero también cuando estás con la persona amada, sufres por amor y te brotan lágrimas, igualmente aquí sufres por agapi y, sin darte cuenta, brotan lágrimas de agapi-amor, de katánixis (compunción o dilatación del corazón) y de alegría. Pero no siempre las lágrimas son una indicación; a menudo son resultado de debilidad femenina.

De manera suave debemos poner en nuestro nus (espíritu del corazón) a Cristo diciendo la monologa oración cordial

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”.

La oración noerá (con el nus, espíritu del corazón de la psique) o del corazón o de Jesús se realiza solo por aquel que ha arrancado y obtenido la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios. No debe hacerse con el pensamiento de «aprenderla, dominarla, alcanzarla», porque podemos caer en el egoísmo y el orgullo. Se necesita experiencia, anhelo, pero también sensatez, atención y prudencia para que la oración sea pura, lúcida y agradable a CristoDios. Un pensamiento como el «soy avanzado» lo arruina todo. ¿De qué podemos enorgullecernos? No tenemos nada propio. Estos temas son delicados y sutiles.

Oren sin formar imágenes o fantasías en sus mentes. No imaginen a Cristo. Los Padres enfatizaban mucho el estar sin imágenes en la oración. Con la imagen, hay resbalones, ya que en la imagen puede interceder otra imagen. Incluso el astuto maligno puede hacer intrusiones y perderemos la jaris gracia divina.

Que la oración se realice internamente con el nus y no con los labios, para no crear disgregación, división y así el nus vaya de un lado a otro. Con un modo suave, debemos poner a Cristo en nuestro nus o corazón, diciendo suavemente:

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”,

Que no piensen en nada más, solo en las palabras «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí». Nada más. Con calma, con los ojos abiertos para no correr peligro de fantasías y engaños, con atención y dedicación, diríjanse hacia Cristo. Reciten la “oración cordial” de manera suave y no forzosamente, sino cuando haya buena disposición y una atmósfera de katánixis (compunción, dilatación del corazón) y recogimiento, que es un regalo de la jaris gracia divina. Sin la jaris, se autoengañarán y pueden caer en luces falsas del maligno, engaños y extravíos.

No permitan que la oración se vuelva forzada. La presión puede generar una reacción en nuestro interior y causar daño. Muchos han enfermado por esta oración porque la hicieron bajo presión. Algo sucede, por supuesto, incluso cuando se hace forzada, pero no es saludable.

No utilicen métodos artificiales. No se necesita un pequeño taburete, ni inclinación de la cabeza, ni cierre de los ojos, ni ninguna posición especial.

Dicen muchos: «Siéntate en un pequeño taburete, inclínate y concéntrate».

Pero ¿dónde…? Probarlo y veréis. No es necesario concentrarse especialmente para decir la oración del corazón. No se necesita ningún esfuerzo cuando tienes divino έρως eros (amor ardiente). Donde sea que te encuentres, en un taburete, en una silla, en un automóvil, en todas partes, en la calle, en la escuela, en la oficina, en el trabajo, conduciendo, puedes decir la oración: «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí», suavemente, sin presión, sin tensión ni apretón. No te ates al lugar. Todo está en el έρως eros (amor ardiente) a Cristo. Si tu psique-alma repite con devoción, con anhelo las cinco palabras, «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí», nunca te saciarás. ¡Son palabras inagotables e insaciables! Decirlas durante toda vuestra vida. ¡Esconden tantos zumos divinos!

Ten el nus dirigido a Dios, y el corazón sobresalta espontáneamente de alegría.

Permítanme compartirles una experiencia reciente que tuve hace unos días. Vino aquí en Aghion Oros Athos un monje yérontas que se dedica a la oración cordial o de Jesús. Me preguntó:

-¿Cómo realizas la monologa oración de Jesús? ¿Te sientas en un taburete bajo, giras la cabeza y te concentras?

-No. En mi nus digo “Señor Jesús Cristo, compadécete de mí, eleisón me… Señor Jesús”, así lo hago dentro de mi nus con la mente y estoy atento sólo en las palabras.

– Yéronta, no estás expresando las cosas correctamente; estás hablando de manera engañosa. El nus debe estar en el corazón, por eso se llama “oración cordial”.

– Permíteme decirte algo más. En ocasiones de tentación, llevaba mi nus a la icona de Cristo Crucificado, con los pies clavados y sangrando, con la corona de espinas pinchando la cara, y yo arrodillado a Sus pies, Le decía: «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí, eleisón me».

-¿Y no ponías tu nus en el corazón?

-No, le respondí.

Estás en un engaño grande, me dijo: El nus debe estar en el corazón, por eso se llama «oración cordial o del corazón». ¡Grave error, engaño grande!”

-Después hizo como si se marchara.

-Y le dije al monje, yéronta: escucha lo que te voy a decir. Allí cuando digo la oración cordial (o de Jesús), alguna vez mi jará-alegría se fortalece y cuando mi alegría se fortalece diciendo “Señor Jesús Cristo…», siento que el nus sobresalta dentro de mi corazón. Es decir, siento mi nus caer en el corazón y allí siento una jará-alegría, diciendo la oración. Empiezo con el nus de manera intelectiva y luego el nus se va sólo al corazón, cuando llega la alegría.

-¡Ah, así es, eso es! Me dijo. Perdóname porque he dicho que era un engaño.

El nus está allí donde piensa. El corazón no piensa. El nus bebéis tenerlo a Dios y el corazón sobresaltará espontáneamente de alegría; se regocijará, se compungirá y se dilatará. Para venir Cristo al corazón, debéis amarLe. Para amarle, Él debe amaros primero. Debe primero Él conoceros y después vosotros. Se asombrará también Él, si primero vosotros se lo pedís. Para que os ame, debéis ser dignos. Para ser dignos debéis hacer preparación.

En primer lugar, debéis ser desinteresados, alejados del interés propio egoísta. La oración debe ser desinteresada. Todo se realiza de manera mística, secreta y desinteresa. Es decir, no pensar que, si os concentráis con vuestro nus, la jaris gracia (energía increada) vendrá también en el corazón y tendréis sobresaltos. No debéis orar de esta manera sino con sencillez y humildad. Aspirar siempre la doxa-gloria (luz increada) de Dios. ¡Os he hablado sobre el ruiseñor! Él ora sin que nadie lo vea. Así debéis ser vosotros, desinteresados. Entregarse a la devoción y culto a Dios de manera mística, en silencio y en secreto.

¡Pero tened cuidado! Como dijimos, “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. No dejes que tu sí mismo malo lo sepa. Vivir el Paraíso y el nuestro sí mismo el malo no lo sepa y os envidie. No olvidéis que existe también la envidia del adversario.

Aún, la preparación es aprender a aplicar y cumplir los mandamientos-logos de Dios. Expulsar los pazos pasiones, condenas, juicios, ira, odio etc., de una manera suave y gentil. Es decir, no enfrentarse directamente al mal, sino despreciando el pazos girando hacia Dios. Dedicaos a los himnos, los troparios (cantos divinos) de los santos/as, de los mártires y los salmos de David. Estudiar la Santa Escritura y los santos Padres de la Iglesia. De esta manera vuestra psique-alma se suavizará, se santificará, se divinizará y estará preparada para escuchar los mensajes de Dios.

Poco a poco os irá visitando la jaris gracia (divina energía increada); entraréis en la jará-alegría. Comenzaréis a vivir la paz y, al hacerlo así, os haréis más fuertes con la divina jaris. No os estaréis enfadando, enojando, condenando, criticando mal, no tendréis mal humor, ni malos entendidos, aceptaréis todo con agapi (amor desinteresado, incondicional). Obtendréis aquello que dice el Apóstol Pablo: “La agapi-amor aleja la ira, es magnánima, paciente, y tolerante; la agapi no tiene envidia, no es presumida, ni se infla de orgullo y prepotencia, no hace nada feo e indebido, no es grosera ni egoísta y no busca sus intereses, no piensa mal para su prójimo y ni tiene en cuenta el mal del otro, no se irrita; La agapi-amor no se alegra por la injusticia; se alegra y goza cuando domina la verdad, todo lo disimula, sufre y aguanta, todo lo cree, todo lo espera con paciencia, todo lo tolera. La agapi-amor jamás decae y nunca falla, sino que permanece estable y eterna. Pero, las profecías que hay ahora como dones del Espíritu Santo desaparecerán, las lenguas cesarán, las gnosis, conocimientos y las ciencias de los hombres caducarán, vendrá tiempo que no serán útiles” (1Cor 13, 4-8). La “oración cordial o de Jesús” hace la catarsis y limpia la psique-alma y detiene al nus con su mente. La obra más perfecta se realiza en las profundidades abismales de la psique-alma humana, que están herméticamente cerradas y sólo son conocidas por Dios. Así vemos algo conmovedor, sensacional: seres humanos que se transforman en hijos de Dios, incluso cuando hayan alcanzado las profundidades de su auto-destrucción y auto-catástrofe.

Y yo el pobrecito, soy un trasto, este intento hago. No me manifiesto abiertamente en las oraciones, sino que oro de manera mística y secreta. ¿Lo entendéis? Viene la jaris gracia divina y también les envuelve a ustedes. Da una frescura, una jaris también a todos nosotros, que estamos aquí, que comemos juntos, que oramos juntos y nos relacionamos de manera sencilla. ¿Lo han entendido? Sólo un imprudente, alguien “duro de corazón”, a quien la oración no ha podido conmover, permanece ajeno de la jaris gracia divina. Oren para que Dios os revele las cosas desconocidas. Hay muchas cosas que desconocemos. Díganle a Cristo: “Lo que Tú quieras, lo que Tu agapi quiere, Señor”. Él os guiará; en Él deben poner sus miras.

La “oración cordial” no se hace sin un guía espiritual.

Para dedicarse exclusivamente a la «oración cordial» o de Jesús, es necesario contar con la dirección de un guía espiritual. La “oración cordial o del corazón” no se puede hacer sin la guía de un maestro espiritual. Existe el riesgo de que la psique-alma se desoriente, se extravíe y sea engañada. Es crucial prestar atención, ya que el guía espiritual enseñará cómo entrar en orden para la oración y evitar peligros como ver luces opuestas, vivir en engaño, oscurecerse y experimentar cambios agresivos en el comportamiento, etc. Esto podría dar lugar a la división y el conflicto de la personalidad.

¿Han observado cómo se gesta el engaño? Sin embargo, al avanzar en la oración cordial siguiendo los consejos del Yérontas, podrán vislumbrar la verdadera luz (increada).

El guía espiritual debe tener experiencia en la “oración cordial”. No puede enseñar a otros cómo orar si lo hace mecánicamente y no ha experimentado la oración con la jaris gracia de Dios. Lo expresará, por supuesto, basándose en lecturas y en las enseñanzas de los Padres. Aunque se han escrito muchos libros completos sobre la oración, muchos los leen sin comprender cómo orar. Podrían afirmar: “Los leemos, aprendemos la forma, nos preparamos, y Dios nos bendice y nos envía Su jaris gracia, y así comprendemos”. Sí, pero es un misterio. La oración y, sobre todo, la monologa “oración cordial”, es un misterio.

Se puede crear una terrible confusión y engaño con la “oración cordial”. Las otras oraciones las hacemos de alguna manera con nuestra diania mente (cerebro, intelecto). Simplemente las decimos y nuestros oídos las escuchan; tienen otra forma. Pero la monologa “oración cordial” es algo distinto. Es algo diferente que si en esta oración cordial la inclinación no proviene del buen yo sino del otro, el egoísta, seguramente empezarán a vislumbrarse luces, no la luz (increada) de Cristo, más bien, comenzarás a sentir una alegría falsa. Pero en tu vida y en tus relaciones, serás más salvaje, iracundo, ansioso y enojado. Bueno, aquí está la característica de aquel que está perdido y engañado. El engañado no reconoce ni acepta su engaño y perdición. Está obsesionado, fanatizado y actúa de manera perjudicial. Como sucede con los celosos, pero con celos no conscientes. Permitan que les comparta un ejemplo.

El Yérontas Macario el Egipcio, una vez asistió a una fiesta con su subordinado, quien iba delante. Aún siendo un principiante, tenía el celo o entusiasmo del aprendiz. Mientras caminaba el aprendiz, pues, encuentra a un idólatra que era sacerdote de los ídolos. Le habló mal, diciendo:

-A dónde vas, engañado.

Entonces aquel idólatra se enfadó, le pegó y le dejó casi inconsciente.

Después de un rato se encontró con el Yérontas. El Abad Macario, como era teoforo portador de Dios, cuando vio al idólatra en ese estado perturbado, le preguntó:

-Hombre de Dios, ¿a dónde te diriges?

Al escuchar estas palabras, el idólatra se calmó, se detuvo y respondió:

-Tu logos me ha suavizado y endulzado.

-Sí, dice el padre Macario-, veo que estás corriendo, pero no sabes hacia donde corres.

Pero lo dijo de manera humilde, cordial y fraternal.

Dice el idólatra:

-Tus palabras, cuando hablas, abren mi corazón, mientras que otro aquí, hace un rato, me dijo cosas opuestas y lo golpeé.

San Macario le habló tan bellamente, que poco a poco aquel hombre cambió su fe, se convirtió en monje y se salvó. Transmitió de manera buena y positiva el espíritu bueno, la energía increada, e impactó la psique-alma del idólatra. Mientas que el otro, el obediente, transmitió espíritu iracundo y perturbador, reflejando de lo que llevaba en su interior. (Abad Macario: Gerontikón, pag 71).

Por tanto, ya habéis oído y notado qué es el engaño. Cuando tienes a un yérontas o guía espiritual, no corres el riego de ser engañado. Al tener un yéronta teoforo, aprendes los secretos de la oración. Oras con el yéronta y gradualmente entras en la vida espiritual, aprendiendo a orar como él. Él no puede decirte: “haz así y asá…”. Simplemente, observas su ejemplo y lo imitas. Al acercarte al yéronta, él comparte contigo la enseñanza de la «oración cordial». Debes saber que si él no la practica, no te la enseñará. Pero, cuando ha vivido y vive la oración cordial, hay un misterio. El misterio es que tus palabras las escucha el enseñado, pero ve también la manera, cómo su corazón se abre y cómo habla, conecta y se comunica con Dios espiritual e intelectualmente (en contacto consciente con Dios con las palabras). Lo percibe su psique-alma. No sólo esto sino que conecta su psique-alma con la del maestro, y una psique-alma siente la otra. Sientes que estás en un “estado en forma”, cómo esta situación se desarrolla por la divina jaris gracia increada.

Estas cosas no son sencillas. Esto es enseñanza. Porque decimos la oración cordial no se enseña, pero realmente se enseña, cuando viven cerca de alguien que ora genuinamente. Al leer un libro sobre oración, es posible que no entiendas nada. Pero si tienes a tu yérontas cerca que ora, cualquier cosa que te diga la entiendes, la incorporas en tu interior y entras en la oración, y sin entenderlo estás conectando con él. No es el libro, no es una gnosis/conocimiento o saber, es el sentimiento, es la manera, es la apertura y el abrazo.

Y, ¿acaso esto que os comparto no es también una oración? Lo digo desde mi corazón, expresando cómo sentimos este sobresalto y anhelo. Si no es así, ¿cómo se explica que tenemos tanto anhelo?

La inundación de la divina agapi-amor llena la psique-alma de alegría y deleite.

Amemos a Cristo. Entonces, desde nuestro interior, brotará con anhelo, con fervor y con amor divino el nombre de Cristo. Clamaremos Su nombre en secreto, místicamente e incesantemente. Debemos estar delante de Dios con devoción, adoración, humildemente, sobre las huellas de Cristo. Que Cristo nos libere de cada aspecto de nuestro antiguo ser. Supliquemos que las lágrimas lleguen antes de la oración. Pero cuidado: «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha». Oremos con humildad, contrición y corazón quebrado: «¿Soy digno para que me des este tipo de jaris gracia, mi Cristo?». Entonces, esas lágrimas se convierten en lágrimas de agradecimiento. Me conmuevo; no hice la voluntad de Dios, pero busco Su misericordia.

Oren a Dios con anhelo y agapi-amor, en paz, con mansedumbre, con apacibilidad, suavemente, sin coerción, sin forzar duro. Y cuando decís la oración cordial, “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, díganla lentamente, humildemente, simplemente, con divino έρως eros (amor ardiente). Digan el nombre de Cristo dulcemente. Digan cada palabra, «Señor… Jesús… Cristo… compadécete de mí», suavemente, tiernamente, afectuosamente, en silencio, en secreto, mentalmente, pero con fervor, con anhelo, sin tensión, violencia o énfasis indecoroso, sin apretar ni empujar. ¿Cómo se expresa una madre que ama a su hijo? «Mi niño… mi niñita… mi pequeño… mi querido». Con anhelo. ¡Anhelo! Eso es todo el secreto. Aquí habla el corazón. «Mi niño, mi alma». «Señor mío, Jesús mío, Jesús mío, Jesús mío…» Lo que tienes en tu corazón, en tu mente, eso lo expresas «con todo tu corazón, con toda tu psique-alma, con todas tu fuerza de voluntad y con toda tu mente» (Lc 10,27).

¡Algunas veces es bueno decir fuerte en voz alta el “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, para que lo oigan también los sentidos, que lo escuche el oído! Somos cuerpo y alma y hay interacción.

Sin embargo, cuando te enamoras de Cristo, prefieres el silencio y la espiritual oración cordial. Entonces las palabras cesan. Es la interna quietud, el silencio, que precede, acompaña y sigue a la divina visita, la divina unión y la consolidación, unión de la psique-alma con lo divino. Cuando te encuentras en este estado, no se necesitan palabras. Esto es algo que vives. Algo que no se puede explicar. Solo aquel que vive este estado lo entiende. El sentimiento del amor te inunda, te une con Cristo. Te llena de alegría y deleite, lo que muestra que tienes dentro de ti la divina agapi-amor, el amor perfecto. La divina agapi-amor es desinteresada, simple, verdadera.

La forma más perfecta de oración es la silenciosa. El silencio. «Que toda carne calle». Allí se hace la  θέωσις zéosis (divinización, deificación, unión con Dios). En el silencio, en el misterio. Allí se encuentra la verdadera adoración, el verdadero culto. Pero para vivir, experimentar esto, debes alcanzar ciertas medidas. Entonces las palabras retroceden. Recordaos: «Que toda carne calle». Este modo, el del silencio, es el más perfecto. Así te vuelves divino. Ingresas en los misterios de Dios. No debemos hablar mucho. Dejemos que la jaris gracia hable.

Yo decía: “Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me”, y nuevos horizontes se abrían. Lágrimas de alegría y felicidad rodaban de mis ojos por el amor y el sacrificio cruciforme de Cristo. ¡Anhelo! ¡Aquí se esconde la grandeza, el Paraíso! Porque amas a Cristo, dices estas palabras, estas cinco palabras con anhelo o ansias, con el corazón. Y gradualmente, las palabras desaparecen. El corazón está tan lleno que basta con decir una palabra, «¡Jesús mío!», y finalmente ninguna palabra. La agapi-amor se expresa mejor sin palabras. Pero cuando la psique-alma realmente se enamora del Señor, prefiere el silencio y la “oración cordial”. La inundación del amor divino llena la psique-alma de jará-alegría, regocijo y deleite.

Esta psique-alma antes se había destacado en el Salterio, en las oraciones del libro “Paraklitikí”, en los himnos y escritos del libro “Mensuales”, etc. Ahora las palabras han cesado. Experimenta y vive profundamente la divina humildad. Cristo ha descendido en su interior y siente la voz divina. Está dentro y fuera del mundo, dentro del Paraíso, es decir, en la Iglesia, en el Paraíso increado. Dice Ignacio Brianchaninov:

«La oración del corazón es muy deseable, el silencio del corazón es muy deseable, vivir en el desierto más aislado es muy deseable, porque estas condiciones son particularmente propicias para la oración cordial y el silencio del corazón».

El silencio del corazón significa que nada te distraiga. Vivir solo con Dios.

Dios está en todas partes y llena todas las cosas. Trato de elevarme hacia lo infinito, entre las estrellas. Mi nus con su mente queda abrumado y anonadado en la grandeza de la omnipotencia de Dios, calculando las distancias de millones de años luz. Siento al Dios omnipotente frente a mí y abro mi psique-alma para unirme a Él. Para participar en la divinidad…

En la oración, la intensidad es lo que importa

En la oración, lo importante no es la duración en el tiempo, sino la intensidad. Oren aunque sea por cinco minutos, pero entregados a Dios con amor y anhelo. Puede suceder que alguien ore toda una noche y otro solo cinco minutos, y la oración de los cinco minutos sea superior. Esto es un misterio, pero así es. Escúchenme, hijos míos, les contaré un ejemplo.

Un monje caminaba por el desierto y se encontró con otro monje. Se saludaron.

  • ¿De dónde vienes? -le preguntó.
  • Vengo de la aldea tal.
  • ¿Cómo van las cosas por allí?
  • Tenemos una sequía terrible. Estamos afligidos.
  • ¿Y qué hacen al respecto? ¿Oran?
  • Sí.
  • ¿Ha llovido?
  • No ha llovido.
  • Parece que no oraron con suficiente intensidad.

Hagamos una pequeña oración aquí al Señor para que nos ayude.

Y así, mientras estaban allí, comenzaron a orar. Inmediatamente apareció una pequeña nube que creció, se volvió oscura, descendió abajo y ¡llovió! Llovió mucho. ¿Qué pasó aquí? Hubo una oración intensa, lo significativo fue la intensidad.

«Con fervor y con fuerza», como dice San Macario. San Macario oraba extensamente, con toda su psique-alma, con todo su corazón y con toda su mente. Se había entregado en cuerpo y alma a la adoración o culto con devoción. Puede que levantase la mano así y permanecer seco debido a la fuerte intensidad. Lo mismo ocurre con alguien que pronuncia una maldición y levanta la mano contra alguien y puede transmitir el mal.

Alguien me dijo:

  • Queremos que ores por nosotros.

Le respondí:

  • Oraré con mi corazón, con humildad ante el Señor. Oraré «en coherencia».

Dice:

  • ¿Qué significa «en coherencia».
  • Es decir, una oración consciente, (contacto consciente con Dios a través de la oración) con el nus con la mente concentrada. Aquí tienes un ejemplo: una vez se reunió mucha gente en una plaza y pedían que el profeta David les hablara porque había ocurrido algo importante y toda la multitud gritaba. El profeta salió y les dijo:

«Cantad a Dios, salmodiad;

cantad a nuestro Rey, salmodiad;

porque Dios es el Rey de toda la tierra;

cantad en coherencia» (Sal 46,1).

Se quedó contento y me dijo:

  • ¿Dónde está en las Sagradas Escrituras, voy a buscarlo? ¿Qué salmo es?
  • Creo -le dije- que comienza así:

«Todos los pueblos aplaudan con las manos, aclamen y glorien a Dios con voces de alegría…» (Sal 46,1).

El hombre de Cristo lo hace todo oración.

Todos nuestros problemas, materiales, corporales, todo lo encomendamos a Dios. Como decimos en la Divina Liturgia, “… y toda nuestra vida entreguémosla a Cristo Dios”. Lo que Tú quieras Señor, “….hágase Tu voluntad, igual que en el cielo también en la tierra”.

El hombre de Cristo lo hace todo a través de la oración. Las dificultades y las tristezas las hace oración. Sea lo que sea que le suceda, inmediatamente comienza: “Señor Jesús Cristo…”. La oración beneficia en todo, incluso en lo más simple. Por ejemplo, si sufres de insomnio, no pienses en el sueño. Te levantas, sales y vuelves a entrar en la habitación, caes en la cama como si fuera la primera vez, sin pensar si dormirás o no. Te concentras, dices la doxología y luego tres veces el “Señor Jesús Cristo…” y así llega el sueño.

Todo con la oración se arregla. Pero debes tener agapi-amor, la llama de la oración. Que no tengas ansiedad sino confianza en la agapi-amor y la providencia de Dios. Todo está en la vida espiritual. Todo se santifica, lo bueno, lo difícil y las cosas materiales y espirituales y todo lo que hacéis, hacedlo por la doxa-gloria de CristoDios. ¿Cómo dice el Apóstol Pablo? “Ya comáis, ya bebáis, hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para doxa-gloria de Dios” (1Cor 10,31). Cuando estás en oración todo se hace como debe ser. Cuando tienes la jaris gracia, todo se hace con alegría, sin esfuerzo y cansancio.

Cuando hacemos continuamente oración, Dios cada vez nos estará iluminando, incluso en los momentos más difíciles. Dios lo estará diciendo en nuestro interior. Dios encuentra maneras y formas. Podemos, por supuesto, combinar la oración con el ayuno. Es decir, cuando tenemos un serio problema o dilema, que preceda mucha oración y ayuno. Yo también así hacía muchas veces. De nuevo cuando tenemos peticiones sobre el mundo, decirla místicamente, secretamente; con la oración que se hace “a escondidas, en secreto” (Mt 6,6) y no se ve.  Mucha preocupación no facilita la oración. Dejad los teléfonos, las comunicaciones y muchas palabras con los hombres. Si el Señor no ayuda, ¿qué van hacer nuestros intentos? Por tanto, oración, y oración con agapi-amor desinteresado. Mejor ayudamos desde lejos con la oración. Los ayudamos de la mejora manera y la forma o modo más perfecto.

Cuando oramos por los demás, decir:

«Κύριε Ιησού Χριστέ, ελέησόν με Kirie Iisú Jristé eleisón me Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me».

Oremos por la Iglesia, por todo el mundo, por todos. Toda la Cristiandad está inmersa en la monóloga “oración cordial o del corazón o de Jesús”. Si oráis sólo por vosotros mismos, esconde interés propio, es egoísmo. Pero cuando oráis por la Iglesia también estáis incluidos. En la Iglesia, Cristo está unido no solo con la Iglesia, sino también con el Padre y el Espíritu Santo. La Santa Trinidad y la Iglesia son uno. Vuestro anhelo debe estar en la santificación del cosmos-mundo, que se conviertan todos en Cristianos. Así, entráis en la Iglesia, vivís la jará-alegría del Paraíso, a Dios, porque toda la plenitud de la Deidad habita en la Iglesia.
Todos somos un cuerpo con Cristo como cabeza. Todos somos parte de la Iglesia. Nuestra Fe Ortodoxa tiene esta grandeza que une al mundo espiritualmente. El poder de la oración es enorme, muy grande, especialmente cuando es realizada por muchos hermanos. En la oración común, todos se unen. Debemos sentir al prójimo como a nosotros mismos. Esto es nuestra vida, nuestra alegría, nuestro tesoro, nuestro deleite. Todo es fácil en Cristo. Cristo es el centro; todos convergen hacia el centro y se unen en un solo espíritu y un corazón. Algo así sucedió en Pentecostés. Cuando todos están en audiencia la misma hora o momento, en el mismo lugar recitando el Salterio y todas las lecturas, se unen en audiencia por la χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios, porque esto que dice el lector, lo escuchan y participan todos. La fuerza de todos se multiplica, como si vieran una cosa bella y lo miran todos con anhelo. Pues, la vista de ellos que se mezcla con esta belleza, los une. Por ejemplo, la liberación de Pedro de la cárcel: “Mientras Pedro estaba de este modo custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba continuamente por él a Dios” (Hech 12,5). Esta oración rompió las cadenas y sacó a Pedro de la cárcel.

La agapi-amor y la adoración a Dios, el anhelo, la unión con Dios, la unión con la Iglesia, son el Paraíso en la tierra. Si arrancamos y atraemos la jaris gracia divina, todo es fácil, alegre y bendición de Dios. Encuéntrame alguna religión que hace al hombre perfecto y feliz. ¡Y esta grandeza es una lástima que no la entendamos!

Cuando enfrentamos algún problema, ya sea nosotros mismos o alguien más, debemos pedir oraciones también a otros y todos debemos rogar a Dios con fe y agapi-amor. Estén seguros de que Dios se complace en estas oraciones e interviene haciendo milagros. Esto no lo hemos entendido bien. Lo tomamos tan simple y decimos: «Reza por mí».

Debéis orar más por los demás que por ustedes mismos. Dirán: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», y siempre tendrán a los demás en vuestro interior. Todos somos hijos del mismo Padre; somos uno; por eso, cuando rezamos por los demás, decimos: «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me» y no «ten piedad de ellos». Los hacemos uno con nosotros mismos.

La oración por los demás que se hace suavemente y con profunda agapi, es desinteresada no egoísta y tiene un beneficio espiritual muy grande. Gratifica, llena de jaris al que ora, pero también gratifica a aquel por el que se está orando.

Cuando tienen un gran amor y ese amor os lleva a la oración, las olas de su amor afectan a la persona por la que estáis orando y crean a su alrededor un escudo protector, lo influencian y lo guían hacia el bien. Viendo su esfuerzo, Dios da generosamente Su jaris gracia tanto a ustedes como a esa persona. Pero debemos morir a nosotros mismos. ¿Entendéis?

Vosotros os entristecéis cuando los demás no son buenos, mientras que debéis dedicar a oraciones para que venga lo deseado por la jaris gracia de Dios. Con vuestra sabiduría, indicáis algo que no es del todo correcto. El secreto es otro, no lo que diremos o señalaremos a los demás. El secreto es nuestra dedicación, nuestra oración a Dios, para que prevalezca lo que debe suceder en nuestros hermanos por la jaris gracia de Dios. Eso es. Lo que no podemos hacer nosotros, lo hará Su jaris gracia.

En mi vida la primera posición la tiene la oración. No temo al infierno y no pienso al Paraíso. Sólo pido de Dios que se compadezca y tenga misericordia de todo el mundo y de mí. Si digo el «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», intensamente, incluso cuando tengo gente alrededor, no me aparto de la oración. Es lo mismo, oro, los recibo a todos con el Espíritu de Cristo y estoy bien dispuesto a bendecir y orar para todo el mundo. Intento amar a Cristo. Esta es mi aspiración. A causa de mis muchas enfermedades, no puedo hablar mucho. Sin embargo, me ayuda más la oración que las palabras.

Rezo por vuestros asuntos, pero eso no es suficiente. Mi oración debe encontrar una respuesta de ustedes. Dios, que envía Su jaris gracia a nosotros, debe encontrar nuestros brazos abiertos para recibirla. Y lo que Él permita será para nuestro beneficio psíquico. Pero no nosotros orando y ustedes durmiendo.

A menudo me acusan, “pero yo, como si fuera sordo, no escuchaba lo que decían en mi contra. Como si fuera mudo e incapaz de hablar, como si no pudiera abrir mi boca, no les respondía en absoluto” (Salmo 37,14). Para los que os acusan, haced oración. Decir el «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me», y no compadécete de él, y estará en esta oración también el que os acusa. ¿Alguien os dice algo malo y os entristece? Esto Dios lo sabe. Vosotros abrid los brazos a Dios diciendo, «Señor Jesús Cristo compadécete de mí, eleisón me»; hacerle uno con vosotros mismos. Y Dios conoce lo que le atormenta al otro en su interior y viendo vuestra agapi-amor va en ayuda de esta persona. Él escudriña las profundidades del corazón. ¿Qué dice el Apóstol Pablo a los Romanos? “Pero Dios que penetra y analiza las profundidades de los corazones, conoce lo qué quiere expresar por estos gemidos del Espíritu y sabe que lo que pide para los creyentes es lo que Dios quiere” (Rom 8,27).

Oren por la catarsis de cada persona, para imitar la manera angélica en vuestra vida. Sí, los ángeles no rezan para sí mismos. Yo así oro por las personas, por la Iglesia, por el Cuerpo de la Iglesia. En el momento en que oráis por la Iglesia, se liberan de los lazos de los  pazos pasiones. En el momento en que glorifican, alaban vuestra psique- alma se ablanda, se alivia y se santifica por la jaris gracia divina. Quiero que aprendáis este arte.

Dios quiere que nos parezcamos a los ángeles. Los ángeles solo glorifican a Dios. Esta es su oración, solo la alabanza. Es una cosa muy fina, sutil la doxología-alabanza; trasciende las realidades humanas. Nosotros somos hombres materialistas, perezosos y mezquinos, por eso oramos a Dios egoístamente por nuestro propio interés. Oramos a Dios para que arregle nuestros asuntos, que vayan bien nuestros negocios, nuestra salud, nuestros hijos, pero oramos humanamente y por interés propio. La doxología-alabanza es una oración desinteresada. Los ángeles no oran para obtener algo, son desinteresados. Dios nos ha dado a nosotros también esta capacidad, si nuestra oración es un constante acto de alabanza/doxología, una oración angélica. Aquí está el gran secreto. Cuando hayamos entrado en esta oración, alabaremos a Dios constantemente, dejando todo en Él, como la Iglesia desea: «…encomendamos toda nuestra vida a Cristo nuestro Dios». Esto son las «matemáticas avanzadas, las más altas» de la Fe Ortodoxa.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com, 10-12- 2023

 

 

Principio del formulario

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies