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Oct 01 2026

Hisijía ἡσυχία y Teología θεολογία Ortodoxas

 

Hisijía ἡσυχία y Teología θεολογία Ortodoxas

Extractos del libro del Metropolita Ierotheos Vlajos

 

Repasada traducción 01/10/2026

La hisijía ortodoxa está estrechamente vinculada con la teología ortodoxa, ya que, según la Tradición eclesiástica, la hisijía es imprescindible para vivir y experimentar una teología auténtica, inconfundible y libre de engaño.

La hisijía, con todo el sentido y significado de la palabra, conduce al hombre hacia una teología segura y sin error; y la teología exacta es fruto de la hisijía noerá (espiritual).

Fuera de esta unión entre hisijía y teología, predominan el escolasticismo (racionalismo) y el pietismo, es decir, la secularización y mundificación de la vida eclesiástica.

Contenidos

  • Hisijía ἡσυχία, nipsis νήψις y teología θεολογία
  • Logos encarnado y Logos no encarnado (pág. 228)
  • Logos inefables, increados y logos-conceptos creados (pág. 232)
  • Ley creada e increada (pág. 237)
  • El templo increado y el templo creado (págs. 238, 239)
  • La persona del Padre espiritual y el carisma del discernimiento

 

Nipsis νήψις, hisijía ἡσυχία y teología θεολογία

 

Al hablar de la νήψις (nipsis) ortodoxa, entendemos la constante atención y vigilancia del hombre para mantener su nus y su corazón limpio de los λογισμοί (loyismí) —pensamientos simples o compuestos acompañados de la fantasía— y de las imágenes que mortifican su libertad interior y su lucidez, apartándolo de la comunión con Dios y de su conocimiento.

Esta nipsis es calificada por los Padres como divina ἡσυχία (hisijía), es decir, serenidad mental y paz cordial. Es evidente que la hisijía comprende toda la lucha ascética del hombre por la catarsis (purgación, limpieza y sanación) del corazón, la nipsis y la oración interior.

Así pues, por hisijía entendemos principalmente aquel método que utilizaron todos los divinizados o glorificados para unirse con Dios y vencer la muerte, que constituye uno de los mayores problemas del hombre, tanto en el plano existencial como en el psicológico y biológico.

El método de la catarsis y de la iluminación del corazón y del nus, así como el modo mediante el cual se revela o apocalipta el lugar del corazón —espiritual o psicosomático—, que constituye el núcleo de la existencia del hombre, se denomina ἡσυχασμός hisijasmós. Este es el único método mediante el cual el hombre renace espiritualmente. Mediante este método puede ayudarse también al hombre a vivir la vida de los Misterios de la Iglesia. De otro modo, los Misterios operarían infernalmente.

Entonces resulta claro que el método terapéutico de nuestra Iglesia Ortodoxa consiste en la energetización, es decir, en la activación de la energía noerá del nus-espíritu del corazón de la psique-alma, de modo que esta se mueva paralelamente a la energía lógica y racional de la διάνοια (diania: mente, intelecto, cerebro), lo cual constituye la base para el desarrollo posterior del hombre hacia la θέωσις zéosis.

Quien ignora este método no puede conocer qué significa ser Cristiano Ortodoxo, ni cuál es la obra de la humanización (encarnación) de Cristo, ni cuál es la finalidad de la Iglesia.

Por lo tanto, este método puede resumirse en dos palabras: «ἡσυχία» (hisijía) y «θεολογία» (teología) ortodoxas.

La hisijía es el método de la catarsis y la iluminación del hombre, mientras que la teología es la gnosis (conocimiento) empírica de Dios, mediante la cual el ser humano alcanza la finalidad para la que fue creado -que es la zéosis- y puede sanar y conducir también a otros hacia la zéosis.

En cada época existen dos modos mediante los cuales los hombres hacen teología. Uno es el meditativo o dialéctico y el otro es el empírico y apocalíptico, es decir, por revelación/apocálipsis.

Al primero pertenecen los filósofos y los teólogos que filosofan; al segundo, los Santos Padres.

Es sabido que los herejes intentaban comprenderlo todo mediante la lógica racional de la mente (racionalismo). Ellos representan y expresan el cristianismo helenizado. En cambio, los Padres siguieron un método diferente y representan y expresan el helenismo cristianizado, porque poseen la experiencia de Dios. Esta experiencia se formula posteriormente mediante los términos de la lengua helénica. (pág. 184)

Los Santos Padres tienen un conocimiento claro de la diferencia entre la Teología Ortodoxa y la filosofía, principalmente la metafísica. Tampoco son de tendencia platónica, aristotélica o neoplatónica, sino que son divinizados o glorificados, es decir, glorificados mediante la catarsis, la iluminación y la zéosis, llegando a la unión con Dios por la energía increada de la Jaris. A partir de esta experiencia hacen teología psicoterapéutica.

Algunos sostienen falsamente que la enseñanza de San Dionisio el Areopagita es una expresión del neoplatonismo y que esta teología influyó posteriormente en los demás Padres «hisijastas». También es falso sostener que la teología escolástica sea un suplemento de la Teología Patrística y un método para comprender más profundamente la Apocálipsis (Revelación). De este modo se anula el contenido universal de la Teología Ortodoxa y, por esta razón, tales planteamientos no pueden ser aceptados por la Iglesia Ortodoxa. (pág. 399)

[…] No es correcto considerar la teología escolástica occidental como continuación de una supuesta teología escolástica Ortodoxa. Los Padres de la Iglesia tenían un conocimiento claro de la diferencia entre la Teología Ortodoxa y la filosofía, principalmente la metafísica.

Esto se debe a dos razones. La primera es que existe una diferencia entre la Teología Patrística, que es «hisijasta» y apocalíptica o reveladora, y la escolástica, que es intelectual y antropocéntrica. La segunda razón es que utilizan métodos diferentes.

El método de hacer teología de los Padres es catártico (purgador y sanador), iluminador y conduce a la zéosis; en cambio, el de los escolásticos es racionalista, reflexivo y está guiado por la fantasía e imaginación.

Por esta razón, los Padres de la Iglesia adquirieron un conocimiento vivencial, empírico de Dios. En cambio, los escolásticos llegaron a teorías que no pueden tener fundamento en la Ortodoxia, como, por ejemplo, la identificación de la esencia de Dios con su energía. (pág. 401)

Es interesante observar el error que comete la teología escolástica al identificar el término ratio (razón) con el término logos. Mientras que el primero significa una capacidad racional del intelecto para discernir y relacionar los objetos creados, el logos, en la lengua helénica, significa, entre otras cosas, reunir, concebir y definir en orden y armonía.

San Agustín distinguió la ratio en «superior» e «inferior». La primera la identificó con el intellectus, que también fue considerado erróneamente como equivalente al nus heleno.

Es sabido que, tanto en la antigua filosofía helénica como en la filosofía presocrática, el logos no significa simplemente la lógica de la mente, sino aquella fuerza que, en el universo, dirige y coloca en armonía la multiplicidad de las cosas creadas en toda la naturaleza.

Con este concepto de Logos se denominó a la Segunda Persona de la Santa Trinidad, como Aquél que expresa la voluntad de Dios y como Aquél por quien Dios ha creado el mundo.

También el nus, en la Tradición Ortodoxa, es el ojo de la psique (alma), una energía de ella, distinta de la energía lógica de la diania (mente, intelecto, cerebro). (pág. 402)

Generalmente, un principio básico de la teología escolástica, así como de los antiguos filósofos helenos, sostiene que existe una verdad uniforme que se da tanto a los Profetas como a los filósofos, y que existe también un método uniforme de conocimiento de Dios.

Sin embargo, tal como han demostrado los Padres de la Iglesia y, especialmente, San Gregorio Palamás, la verdad no es uniforme, sino doble: una es la verdad que adquirimos acerca de la creación y otra, la verdad acerca del Dios increado. Del mismo modo, existe un doble método de conocimiento: mediante la lógica adquirimos conocimiento del mundo, mientras que mediante el nus y el corazón adquirimos conocimiento de Dios, es decir, conocimiento de lo increado. (pág. 402; La doble metodología de San Gregorio Palamás, Congreso sobre San Gregorio, editado por la Santa Metrópolis de Tesalónica, 1986, pág. 75 y ss. https://www.logosortodoxo.com/category/san-gregorio-palamas/)

No puede haber, por tanto, ninguna relación entre la tradición escolástica y la tradición níptica de la Iglesia.

[…] La terapia, psicoterapia del hombre consiste en el descubrimiento de su energía noerá y en la distinción de esta respecto de la energía lógica. Mediante el movimiento paralelo e independiente de ambas energías, el hombre se completa: con la energía lógica adquiere relación con el mundo y, con la energía noerá, adquiere relación con Dios. Este método es muy sencillo. (pág. 178)

No se puede considerar escolasticismo, ni método escolástico, el hecho de que los Padres, en un determinado momento histórico, describieran ordenadamente la experiencia de Dios que habían adquirido mediante el nus y el corazón, utilizando los términos propios de aquella época. Los Padres dieron a estos términos un contenido diferente y sistematizaron la enseñanza de los Padres anteriores para hacer frente a las herejías y proteger a los miembros de la Iglesia.

No es correcto afirmar que la fuente de los escolásticos y, principalmente, de Tomás de Aquino, sea San Juan el Damasceno, ya que este se sitúa en una perspectiva completamente diferente.

San Juan el Damasceno codificó la enseñanza de los Padres anteriores a él y, sobre todo, consideró como guía espiritual a San Gregorio el Teólogo, de cuya enseñanza se sirve con frecuencia, así como de la de San Basilio el Grande. Todo lo que San Juan el Damasceno enseña acerca de Dios no tiene relación con lo que sostiene Tomás de Aquino.

San Juan el Damasceno distingue entre la esencia o naturaleza de Dios y sus energías increadas. Distingue también que Dios es inconcebible, incognoscible e incomunicable según su esencia o naturaleza, mientras que es concebible, cognoscible y participable según sus energías. (pág. 403)

[…]Tomás de Aquino identifica la esencia y las energías de Dios. Habla de la energía pura (actus purus) y de energías creadas de Dios, lo cual significa que llegamos a la comunión y a la relación con Dios mediante energías creadas… Esta es presentada en el texto como una de las diferencias fundamentales respecto de la teología Ortodoxa, esta es la herejía básica del papismo.

En su obra Summa Theologica encontramos principios fundamentales de la metafísica. Como consecuencia de esta perspectiva, se sostiene que Dios creó el mundo por esencia y no por energía y voluntad; que Dios creó el mundo a partir de ideas preexistentes y no de la nada; que la muerte es un castigo de Dios; que dentro de la creación existe una energía creada de Dios; y que la psique-alma anhela su regreso al mundo no nacido de las ideas, etc. (pág. 404)

[…] En la Teología Ortodoxa, sin embargo, no hablamos de «natural» y «sobrenatural», porque estas categorías pertenecen al ámbito de la metafísica y no al de la teología. Los Ortodoxos hablamos de creado e increado y, sobre todo, de las energías increadas que energetizan —es decir, operan— de distintas maneras en toda la creación.

[…] Según la Tradición Patrística, tal como la expresa también San Juan el Damasceno, la psique del hombre es lógica y noerá, lo que significa que posee dos energías: la energía lógica o racional, mediante la cual entra en contacto y se relaciona con el mundo, y la energía noerá (del nus), mediante la cual entra en comunión con la energía increada de la Jaris de Dios.

[…] Existe también un relato acerca de cómo el propio Tomás de Aquino habría hablado sobre su obra Summa Theologica poco antes de su muerte. Según esta información, durante la Divina Liturgia del 6 de diciembre de 1273, festividad de San Nicolás, se retiró posteriormente a su despacho y dijo, al contemplar su obra: «No puedo soportar esto». Cuando su amigo personal y secretario, que posteriormente transmitió esta información, le preguntó qué quería decir, Tomás respondió: «¡No puedo soportarlo! Todo lo que he escrito es paja». Después hizo una pausa y continuó: «Compáralo con lo que he visto y con lo que se me ha revelado/ apocaliptado, y estarás de acuerdo en que es paja».

Después de esto cayó en un profundo silencio que duró todo el invierno. Al comienzo de la primavera recibió la orden del Papa de dirigirse al Concilio de Lyon. Entonces dijo a su secretario: «Quizás Dios me conceda algo bueno al ir allí». Mientras se dirigía hacia Lyon, murió. (pág. 405)

[…] La posición de la Iglesia respecto de los textos de San Dionisio el Areopagita es muy importante. Se trata de textos que presentan la llamada teología mística de la Iglesia, la cual no tiene relación con el misticismo, sino con la teología níptica y el conocimiento empírico de Dios, con la iluminación del nus y la zéosis, y no con la iluminación de la lógica, la diania (mente, intelecto o el cerebro). La Iglesia, en su himnografía, reconoce la gran personalidad de San Dionisio el Areopagita.

Los Santos Padres honraron sobradamente las obras de San Dionisio el Areopagita. Entre ellos se encuentran San Máximo el Confesor, San Nikitas Stithatos y San Gregorio Palamás, quien hizo un uso prodigioso de la enseñanza de San Dionisio, entre otros. Existe una gran diferencia entre la enseñanza contenida en los textos de San Dionisio el Areopagita y el platonismo, el aristotelismo o el neoplatonismo. (pág. 407)

[…] La opinión de que el neoplatonismo ha influido en la tradición «hisijasta» y níptica de la Iglesia es falsa.

La ascesis, según la enseñanza Ortodoxa de la Iglesia, es condición indispensable para la vivencia de Dios «en sentido, energía e información». Cuando el hombre ha adquirido el conocimiento existencial de Dios, esta experiencia se formula posteriormente mediante logos. Los logos inefables increados de los Santos divinizados, glorificados —aquellos que han alcanzado la zéosis— son llevados al kerigma (predicación) y a la pastoral de la Iglesia mediante logos y conceptos creados. (pág. 408)

 

Logos encarnado y Logos no encarnado

 

El centro del Antiguo y del Nuevo Testamento es Cristo, con la diferencia de que, en el Antiguo Testamento, los Profetas veían al Logos no encarnado, mientras que, en el Nuevo Testamento, los Apóstoles y los divinizados o glorificados —aquellos que han alcanzado la zéosis— ven al Logos encarnado.

Todas las apocalipsis o revelaciones de Dios dentro de la historia son revelaciones del Hijo y Logos de Dios.

En el Antiguo Testamento, el Logos de Dios es el Ángel de la Gran Voluntad, el Ángel de la Doxa (Gloria); en cambio, en el Nuevo Testamento, el Logos de Dios se hace Cristo, puesto que la naturaleza divina, mediante la fuerza de la unión hipostática —la unión en una misma Hipóstasis de las naturalezas divina y humana en la Persona del Logos—, ungió a la naturaleza humana.

San Juan Damasceno escribe: «Primero, no encarnado, como Logos; después, por vosotros, encarnado». El mismo Santo enseña también que el nombre «Cristo» es nombre de la Hipóstasis y no de la naturaleza. Escribe característicamente: «El nombre “Cristo” lo decimos de la Hipóstasis, no como dicho de una sola manera, sino como significante de las dos naturalezas. Pues Él mismo se ungió a sí mismo: como Dios, unge el cuerpo con su divinidad; y, como hombre, Él mismo es el Ungido. Pues Él mismo es esto y aquello. Y la unción es la divinidad de la humanidad».

Por eso, Cristo, «lo uno y lo otro conjuntamente», es llamado Dios y hombre, creado e increado, pasible e impasible. (San Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, pag:216).

En todos los pasajes del Antiguo Testamento que Cristo utilizó en su enseñanza, así como en los pasajes del Antiguo Testamento que interpretaron los Santos Apóstoles y que se referían a las revelaciones o apocalipsis de Dios, se trata de pasajes relacionados con la apocálipsis-manifestación del Logos no encarnado.

El Yahvé del Antiguo Testamento es «ὁ ὢν καὶ ὁ ἦν καὶ ὁ ἐρχόμενος» —o on, o in ke o erjómenos—: «el que es, el que era y el que viene» (Apoc. 1:4); es decir, el que es y existe perfectamente por sí mismo siempre; el que era y existía antes de todos los siglos, sin principio; y el que siempre viene, ahora y en el futuro, sin fin.

El Antiguo Testamento habla de la naturaleza divina del Logos de Dios; habla también de su naturaleza divina y de su naturaleza humana, que están unidas hipostáticamente en la Persona del Logos, en virtud de esta unión hipostática y de la antídosis (intercambio, contradación) de los atributos de las dos naturalezas. Y el Nuevo Testamento llama Cristo al Señor de la doxa-gloria y al Ángel de la Gran Voluntad del Antiguo Testamento. Así, el nombre «Cristo» se aplica también al Antiguo Testamento y se atribuye al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

San Juan el Damasceno dice que, cuando Cristo es llamado Hijo de Dios, esto sucede porque recibe los atributos de la naturaleza humana, que está unida hipostáticamente a la naturaleza divina; y cuando es llamado Hijo del hombre, manifiesta que recibe los atributos y las propiedades de la naturaleza divina.

Y esto sucede debido a la antídosis intercambio de los atributos de cada naturaleza, porque existe identidad de Hipóstasis y perijóresis (interpenetración, contenerse mutuamente) de las dos naturalezas. Precisamente por esta razón podemos decir acerca de Cristo: «Este es nuestro Dios, que apareció sobre la tierra», y también que «este hombre es increado, impasible e indescriptible».

Es clara la enseñanza de los Padres de la Iglesia que las apokalipsis (revelaciones) de Dios en el Antiguo Testamento, son apokalipsis del Logos no encarnado. La aparición del Profeta Elías y también del profeta Moisés en el Monte Tabor durante la Metamorfosis, muestra esta realidad, de que estos grandes profetas durante sus vidas veían al Logos no encarnado, al cual ahora reconocen en su carne -cuerpo. Sucedió también con Abraham, quien según el logos de Cristo: «Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver el día de mi encarnación, lo vio y se alegró» (Jn 8, 56-57).

También esto se ve por el hecho que el Cristo Resucitado en Sus discípulos que caminaban hacia Emaús, interpretó todas las cosas y realidades que se refieren las Escrituras que se realizaron en Sí Mismo. En concreto el Evangelista Luca escribe: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les interpretó y explicó todo lo que hay en las Escrituras referente a Él mismo”, (Lucas 24:27)

 

Logos inefables, increados y logos-conceptos creados

 

Los θεόπτες (theóptes), es decir, los visionarios de Dios, aquellos que contemplan y ven a Dios, son elevados al Paraíso y entonces escuchan logos inefables e increados, según el testimonio del Apóstol Pablo:

«Conozco a un hombre en Cristo que hace catorce años —si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo tampoco lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo; y sé que este hombre —si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado al Paraíso y oyó logos inefables e increados que el hombre no puede expresar ni describir, ni le es permitido apokaliptarlos-revelarlos» (2 Cor 12, 2-4).

Estos logos (dichos, palabras y conceptos) pertenecen a la realidad increada, que no tiene ninguna similitud con los logos, conceptos y comprensiones creados que proceden del mundo sensible y creado. Se trata de la participación en la energía increada de Dios, deificadora o divinizadora, que san Gregorio Palamás denomina νόησις ἀπερινόητος —noisis aperinóitos—, (es decir, una intelección o comprensión por el nus, una percepción espiritual que permanece incomprensible e inconcebible para la comprensión creada.)

San Pedro el Damasceno los denomina «conceptos divinos» y «comprensiones divinas».

Es decir, durante la contemplación y expectación de la Luz increada, son abolidos todos los logos, palabras y conceptos creados; se vive la energía increada de Dios, deificadora o divinizadora, y, a continuación, el θεόπτης, el visionario de Dios, mediante la enseñanza, transmite y traspasa, en la medida de lo posible, esta experiencia divina —que se califica como «logos inefables e increados»— mediante logos, palabras y conceptos creados.

A pesar de esta θεοπτία (zeoptía), «visión de Dios», o θέωσις (zéosis), la experiencia permanece como misterio.

Así, durante la apokálipsis-revelación, el Profeta, el Apóstol y el portador de la apokálipsis ascienden al Paraíso y son iniciados en los misterios de Dios. Esta apokálipsis es superior a la oración y, en concreto, constituye el nacimiento de la oración pura.

Una apokálipsis de este tipo, que es superior a la gnosis humana, es denominada por san Isaac el Sirio ἄγνοια (agnia), «ignorancia». Es decir, se trata de una ignorancia que está por encima del conocimiento, de la gnosis.

El Profeta que adquiere esta gran experiencia apocalíptica, calificada como agnia, «ignorancia», en relación con los datos humanos y las realidades creadas, la transmite mediante logos, palabras y conceptos humanos, con el fin de realizar la catequesis y la enseñanza.

Sin embargo, aunque esta experiencia sea trasladada al ámbito de las realidades creadas para que pueda realizarse la enseñanza, en esencia permanece inexpresable e inefable. Pero cuando el fiel es catequizado y enseñado mediante estos logos, palabras y conceptos creados, puede alcanzar la apokálipsis y vivir y experimentar también él los logos inefables e increados y la energía increada de Dios, deificadora o divinizadora.

El caso del Apóstol Pablo es muy característico. Ascendió hasta el tercer cielo y entró en el Paraíso; escuchó logos inefables que no podía transmitir tal como los había escuchado, y fue iniciado e instruido en el conocimiento increado de los misterios de Dios. Sin embargo, posteriormente transmitió algunas de estas experiencias a sus hijos espirituales para conducirlos en su vida espiritual.

Por tanto, durante la experiencia fue iniciado en los logos inefables y, a continuación, trasladó esta experiencia, en la medida de lo posible para los hombres, mediante logos y conceptos creados; es decir, utilizando la lengua humana creada y las imágenes de la naturaleza creada.

Así, una vez trasladado el misterio de la apokálipsis-revelación a la realidad sensible, permanece misterio, pero se hace capaz de ser vivido por aquellos que ascienden y participan de la experiencia del Pentecostés.

Un ejemplo relevante de la relación entre los logos-conceptos creados y los logos inefables e increados es el acontecimiento del descenso del Espíritu Santo durante el día de Pentecostés.

El Espíritu Santo descendió a los corazones de los Discípulos y de los Apóstoles. Ellos vivían el misterio del Pentecostés, el misterio de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, y fueron iniciados en la fe revelada. Se escuchó una voz como de trueno, pero la gnosis, el conocimiento, se ofrecía interiormente, espiritualmente, en ellos.

Los Apóstoles eran vistos por los demás hombres, que se habían concentrado allí, como si estuvieran borrachos, debido a la sobria embriaguez de la experiencia apocalíptica. Pero, a continuación, cuando Pedro hablaba, cada uno de los oyentes lo escuchaba en su propia lengua, mientras el Espíritu Santo les apokaliptaba-revelaba los misterios (Hch 2, 1-13).

Es decir, una era la voz y el trueno que todos escuchaban, y otra, la voz espiritual que los Apóstoles escuchaban dentro de sus corazones; y otra distinta, la voz mediante la cual se transmitían los misterios del Espíritu al corazón de los oyentes por medio del kerigma, la predicación del Apóstol Pedro, aunque esta transmisión se realizaba mediante la voz creada de los logos y palabras de Pedro.

En todos estos casos actuaba el mismo Espíritu Santo de múltiples maneras.

Así vemos que existe una distinción entre los logos-conceptos inefables e increados y los logos-conceptos creados. Los misterios del Espíritu se viven mediante la participación en la energía increada de Dios, deificadora o divinizadora, que se califica como «logos inefables», mientras que la transmisión de estos misterios a los hombres se realiza mediante logos y conceptos creados, con la finalidad de conducirlos hacia los logos increados mediante la participación en la energía increada de Dios, deificadora o divinizadora.

Esta relación entre la Jaris increada de Dios y los logos y conceptos creados aparece en muchos pasajes de los Santos Padres de la Iglesia.

En muchos de estos pasajes se dice que, bajo la letra de la Ley, existe escondido el espíritu de la Ley. Es decir, que debajo de cada mandamiento de Dios existe una vida completa que es vivida por aquel que, en el Espíritu, puede introducirse en este mundo espiritual.

San Basilio el Grande dice que en cada logos y palabra de la Santa Escritura existe la δύναμις (dínamis), es decir, la potencia, energía y poder, que influye y actúa sobre la psique-alma del hombre y le proporciona alimento espiritual y vida.

San Gregorio el Teólogo habla de logos puros y candentes de Dios que queman el corazón del hombre que abre y estudia la Santa Escritura. Pero, como dice, esto no puede comprenderlo aquel que no ha podido entrar en los tesoros que para muchos permanecen ocultos, invisibles y oscuros. Es decir, en los logos de Dios existe una gran riqueza espiritual, oculta, invisible y oscura para muchos.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice que en las Escrituras habla el mismo Dios; en ellas existe la Χάρις (Jaris), la energía increada de Dios, y aquel que, con esmerada oración y atención, estudia las Escrituras puede avanzar desde la letra hacia el espíritu y encontrar al mismo Dios hablando.

Esto significa exactamente que en los mandamientos de Dios existe una unión mística entre la Jaris increada y los logos y conceptos creados.

Aquellos que poseen las condiciones eclesiológicas ortodoxas y las condiciones espirituales captan y viven la Jaris increada de Dios. Pero quienes no poseen estas condiciones ortodoxas permanecen únicamente en las cosas exteriores, en los logos y conceptos creados.

 

Ley increada y creada

 

Lo que se ha dicho anteriormente acerca de los logos y conceptos creados e increados es válido también para otra dualidad: la ley increada y la ley creada.

La ley del Espíritu se escribe en el corazón de los hombres transformados y metamorfoseados. A continuación, el Profeta renovado traslada a la ley creada y a expresiones creadas algunos aspectos de esta experiencia reveladora, con el único fin de guiar a sus oyentes, evitarles la confusión espiritual y conducirlos, mediante la catarsis, a la iluminación y a la zéosis.

Este es el sentido y significado de los logos del Apóstol Pedro:

«Porque Él, durante la Metamorfosis, recibió de Dios Padre el honor y la doxa-gloria cuando, desde la excelsa doxa-gloria —Luz increada—, se le hizo llegar esta voz: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia”. Esta voz bajada del cielo la oímos nosotros cuando estábamos con Él en el monte santo de la Metamorfosis. Por este testimonio del Padre nos confirmamos más aún en los logos de los Profetas del Antiguo Testamento acerca de Jesús Cristo. Por tanto, vosotros mismos hacéis bien en poner vuestra atención en estos logos proféticos, como en una lámpara que luce en lugar tenebroso, hasta que alboree el día y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; es decir, hasta que nazca y brille en vuestros corazones el Sol espiritual de la justicia, nuestro Señor Jesús Cristo» (2 Pe 1, 17-19).

El hecho de que la ley increada y la ley creada coexistan se ve en muchos versículos del Apóstol Pablo. Nos referiremos a dos de ellos:

«Nuestra epístola o carta sois vosotros mismos, escrita en nuestros corazones, conocida como auténtica y verdadera y leída por todos los hombres, pues notorio es que sois carta de Cristo, escrita por Él, utilizando a nosotros como instrumentos suyos, y escrita no con tinta, sino por la Jaris-gracia, energía increada, y la iluminación del Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, como la ley de Moisés, sino en las tablas de carne de vuestros corazones, que sienten y viven las dádivas y las verdades que da el Espíritu Santo» (2 Cor 3, 2-3).

Y también:

«Porque Dios, en tiempos de la creación, dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, y es Él quien ha hecho resplandecer y brillar la luz en nuestros corazones, para que nosotros conozcamos y demos a conocer a los demás la gnosis-conocimiento pura e iluminada de la doxa-gloria —Luz increada— de Dios, que se ha manifestado en persona por Jesús Cristo» (2 Cor 4, 6).

La epístola o carta pragmática, es decir, real, se inscribe en los corazones de los cristianos. Pero, a pesar de esto, el Apóstol Pablo también les envía epístolas para enseñarles y conducirlos a la vida espiritual.

Es conocido que, en la enseñanza de los Santos Padres de la Iglesia, se habla mucho de que el hombre está constituido de cuerpo y psique-alma. Del mismo modo, cada versículo de la Santa Escritura tiene cuerpo y psique-alma.

Es muy significativo el logos de san Máximo el Confesor en la Filocalía:

«91. Decimos que toda la Santa Escritura se divide en cuerpo-carne y en espíritu, como si fuera un ser humano espiritual. Y aquel que dice que la letra de la Escritura es cuerpo-carne y su sentido y significado es espíritu, es decir, psique-alma, no se ha equivocado. Y evidentemente es sabio aquel que ha dejado la parte corruptible y perecedera y se entregó por completo a lo incorruptible e imperecedero». (https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-ii/filocalia-tomo-2-san-maximo-el-confesor-200-capitulos-a-thalasio-sobre-la-teologia-y-la-economia-de-la-encarnacion-del-hijo-de-dios/)

 

El Templo increado y el Templo creado

 

Lo dicho anteriormente es válido también para el Templo creado y el Templo increado. El culto se realiza dentro de un Templo concreto, pero, simultáneamente, mediante la oración noerá (espiritual del corazón) y la teología empírica, el hombre puede introducirse en un Templo increado: el Templo de la Deidad.

El Apóstol Pablo habla de la tienda creada, hecha a mano, de Moisés, y de la tienda increada del Logos. La tienda hecha a mano es la que construyó Moisés por mandamiento de Dios; la tienda increada, no hecha a mano, es el misterio que vive el hombre con la encarnación del Hijo y Logos de Dios.

En su Epístola a los Hebreos escribe:

«El punto culminante de lo que estamos diciendo es que tenemos un Sacerdote que se sentó a la derecha del trono de la Majestad divina en los cielos, y se hizo liturgo-servidor en los Altares del cielo y del verdadero tabernáculo —tienda— construido por el Señor, y no por un hombre» (Heb 8, 1-2).

Y también:

«Cristo, por el contrario, se presentó realmente como gran Sacerdote de los bienes venideros, a través de un tabernáculo más santo y más perfecto, no hecho por mano de hombre, es decir, no de esta creación, sino por la honrada y santa sangre de la siempre Virgen María» (Heb 9, 11).

Este Cuerpo es el mayor y más perfecto Tabernáculo o tienda de Dios.

El Templo increado es la contemplación de Dios de la que los Profetas se hacen dignos y merecedores. En el libro del Apocalipsis, san Juan el Evangelista analiza y explica el Templo increado en el que fue hecho digno de entrar mientras se encontraba en la cueva de la Apokálipsis, en la isla de Patmos.

Allí vio a la Iglesia celeste, a Cristo con Sus Santos, los Apóstoles, los Mártires y los Confesores de la fe. Vio la Realeza increada de Dios, el Paraíso, en el cual no había ningún Templo creado, porque el verdadero Templo era el mismo Cristo.

Es cierto que este estado lo describe mediante imágenes y conceptos creados; sin embargo, al mismo tiempo, las descripciones trascienden la realidad creada y muestran a qué estado espiritual es elevado el Profeta.

San Gregorio Palamás dice que Moisés subió al monte y allí vio «la tienda inmaterial», que es la fuerza y energía increada de Dios y la sabiduría de Dios, auto-hipostasiada. Entró en el gnofos —(literalmente, conocimiento de la Luz increada; el gnofos es la Luz que supera toda luz y, según los Padres, el desconocimiento de la esencia de Dios)—, y «todo dentro del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable».

Pero la tienda que construyó Moisés, y todas las cosas que se encuentran dentro de ella, la Santidad y todo lo que se realiza alrededor de ella, son símbolos sensibles «de las visiones… del gnofos».

Así, mientras lo contemplado en el interior del gnofos es sencillo, absoluto e inalterable, los símbolos, por ser sensibles y estar separados, son cambiables y compuestos, vinculados a los seres, es decir, a las realidades creadas. (San Gregorio Palamás, EPE, t. 2, págs. 616-618).

Esta realidad la vivieron también los tres Discípulos en el monte Tabor. En el momento en que contemplaban la visión de la doxa-gloria de Dios en la Persona —Hipóstasis— del Logos, el Apóstol Pedro dijo:

«Señor, qué bien se está aquí. Si quieres, hago tres tiendas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías» (Mt 17, 4).

Mientras Pedro pedía hacer tres tiendas creadas por mano de hombre, Cristo les reveló la tienda increada, porque, según dice el Evangelista:

«Mientras les estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y una voz desde la nube dijo: “Este es mi Hijo bienamado, en quien tengo complacencia; escuchadlo”» (Mt 17, 5).

El Θεάνθρωπος (Zeánzropos), Dios-hombre Cristo, que manifiesta Su divinidad a los hombres, es la verdadera tienda espiritual increada, que alivia y da descanso a los hombres. Por eso el Evangelista Juan certifica:

«Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó Su tienda o acampó entre nosotros, y nosotros hemos contemplado Su δόξα (doxa, gloria, Luz increada), como de Unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις (Jaris, Gracia, energía increada) y de Verdad».

14 «Y el infinito Logos increado en el tiempo se hizo hombre; y, teniendo como tienda y templo santo Su naturaleza humana, permaneció con mucha intimidad entre nosotros y como uno de nosotros aquí en la tierra. Y nuestros ojos se saciaron de Su resplandeciente y divina doxa-gloria, Luz increada, que se manifestaba en Sus milagros y Sus enseñanzas, además de Su vida santa e impecable en todo. Era y es la doxa increada, la cual no recibió como un don, como la reciben Sus criaturas lógicas, sino que la tenía por naturaleza del Padre, como Hijo Unigénito que era; pleno de Jaris, con la que hacía milagros y ahora nos renace, y pleno de verdad, con la que nos ilumina y nos enseña» (Jn 1, 14).

En su libro Apocalipsis, san Juan el Teólogo, refiriéndose al nuevo cielo y a la nueva tierra, dice que escuchó una voz potente desde el cielo que decía: «Y oí una gran voz del cielo que decía: “He aquí la nueva tienda de cabaña, o morada, verdadera y eterna de Dios con los hombres justos; y Él acampará y convivirá con ellos; y ellos serán Su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos”» (Ap 21, 3).

Esto significa que, desde la tienda creada, debemos caminar hacia la tienda increada, que es la visión de Dios en la Persona de Jesús Cristo.

Se trata de la vivencia de la zéosis mediante la Jaris, la Gracia, energía increada, que conduce a la visión de la Luz increada. Los que se introducen en esta tienda increada constituirán el nuevo Israel de la Jaris, el pueblo espiritual de Dios.

Así pues, todo lo dicho hasta ahora muestra que la Iglesia, mediante los Padres divinizados, glorificados y los Misterios, el culto y toda la tradición de la ascesis, conduce a sus miembros a la zéosis y la santificación.

La zéosis es la participación en la Jaris increada de Dios, que conduce al hombre a los misterios del Espíritu, los cuales han sido revelados gradualmente en la historia por el Logos no encarnado y por el Logos encarnado.

Las lecturas de la Santa Escritura, determinadas por los Santos Padres para ser leídas en las fiestas Soberanas y en las fiestas de la Madre de Dios, están estrechamente relacionadas con esta realidad: con la relación entre la Santa Escritura y la experiencia de los Profetas y Apóstoles; entre el Logos no encarnado y el Logos encarnado; entre los logos inefables y los logos-conceptos creados; y entre el Templo creado y el Templo increado.

 

La persona del Padre Espiritual y el carisma de discernimiento

 

El trabajo del Clérigo consiste en celebrar los Misterios, especialmente el de la Divina Eucaristía, que constituye el centro de la vida eclesiástica y espiritual, pero también en psico-terapiar, sanar a los hombres, de manera que puedan participar en los Misterios y comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ya que nuestra participación en los Misterios no se realiza sin condiciones.

La terapia “psicoterapia” se consigue en Cristo mediante la combinación de los Misterios de la Iglesia, especialmente el de la Divina Ευχαριστία Efjaristía, con la tradición hisijasta-níptica que posee la Iglesia. Es decir, la terapia no es un método que funcione independientemente de la energía increada de la Jaris de Dios, de la vida eclesiástica y de la vida mistiríaca (sacramental).

Cuando hablamos de terapia, entendemos la terapia del nus, del corazón, de los loyismí y de los pazos; y, esencialmente, entendemos la transformación y metamorfosis del hombre, el cambio de camino desde el estado caído en el que se encuentra después del acontecimiento conmovedor de la caída de Adán y Eva, y su conducción hacia la zéosis mediante la Jaris de Dios.

Este método terapéutico “psocoterapéutico” en su totalidad es enseñado por los Padres de la Iglesia y está atesorado en la Filocalía de los Santos Nípticos, en los santos Cánones de la Iglesia y, naturalmente, también está contenido en las palabras de las oraciones de los Misterios de la Iglesia, (https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/).

Si uno lee el Santo Efjologio (libro de bendiciones y oraciones), donde se encuentra dispuesto el orden de los Misterios de la Iglesia, y si interpreta ortodoxamente el contenido de las oraciones y bendiciones dirigidas a los catecúmenos, preiluminados, iluminados y creyentes, entonces podrá captar esta realidad.

Es cierto que el único Teólogo y Psicoterapeuta de los hombres es Cristo, y que este trabajo lo realiza la Iglesia mediante los Clérigos, que son Sus instrumentos para la terapia de los hombres.

Pero, para que el Clérigo no realice este trabajo de manera filosófica, moralista y humanocéntrica, tiene que ser conocedor por experiencia de todo este camino hacia la zéosis. Esto significa que él mismo ha vivido la energía increada, sanadora, iluminadora y deificadora de Dios, y que es un verdadero teólogo, en el sentido patrístico de la palabra.

Entonces puede ser Padre Espiritual y mostrar a los demás el camino de la terapia, de la santificación y de la zéosis. Aquí tiene aplicación el logos de Cristo: «Médico, sánate a ti mismo» (Lc 4, 23).

Así, el Teólogo es también Padre Espiritual y viceversa. Esto significa que el teólogo hace discernimiento entre las energías divinas increadas y las energías demoníacas, debido a su experiencia personal. Conoce la enfermedad y cómo se consigue la terapia; conoce por experiencia los «tejemanejes» del diablo y la energía increada de la divina Jaris y, por ello, puede conducir a sus hijos espirituales por el camino de la zéosis.

Estos temas tan serios, que constituyen la esencia de la ascesis ortodoxa y del método ortodoxo de instrucción terapéutica, son analizados por san Dionisio el Areopagita y san Gregorio el Teólogo, estos grandiosos Padres de la Iglesia.

Extractos del libro “Hisijía ἡσυχία y Teología θεολογία Ortodoxa” del Metropolita Ierózeos Vlajos

Se sugiere también leer el siguiente capítulo del mismo libro: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/%ce%b1%ce%af%cf%83%ce%b8%ce%b7%cf%83%ce%b7-eszisi-sentido-espiritual-sentimiento-y-%ce%bd%ce%bf%cf%8d%cf%82-nus-segun-san-diadoco-de-fotica/

Traductor: xX.jJ https://www.logosortodoxo.com/

 

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