
La importancia de san Gregorio Palamás en nuestra época
Por Anestis Keselópulos, Profesor de la Universidad Aristotélica de Tesalónica
Repasado 12/12/2025
San Gregorio Palamás en la historia y en el presente
Actas de los Congresos Internacionales de Atenas 1998 y de Limasol de Chipre 1999
Editado por Santo Monasterio Vatopedi, Athos 2000
“La verdad de las cosas”, hace bastantes años, es la que ha ayudado a concienciar el hecho de que san Gregorio Palamás es más contemporáneo para nosotros hoy que para su propia época.¹ (Amfiloki Rántovits). La persona y su obra, a pesar de que históricamente se alejan alrededor de seiscientos años, se encuentran a menudo en el escenario de discusiones y estudios teológicos, especialmente durante la segunda mitad del siglo pasado. El bienaventurado yérontas Sofronio el Athonita (ahora Santo), hisijasta y gran teólogo de nuestros días, sostenía que la teología ortodoxa no podría corresponder a nuestra época sin san Gregorio Palamás. Mientras que la intuición de un catedrático de universidad y estudioso de sus obras se expresó en 1973, cuando escribió: “el camino de la Ortodoxia hacia el futuro inmediato estará regulado decisivamente por la tradición de san Gregorio Palamás”, afirmación que se confirma cada día más.
San Gregorio Palamás vivió y actuó durante el siglo XIV. Como monje Aghiorita (de la Santa Montaña de Athos) y más tarde como obispo de Tesalónica, ofreció su vida entera a la ascesis, a su labor de escritura teológica, a su servicio sacerdotal y al servicio de testimonio y pastoral de la Iglesia Ortodoxa. El siglo en el que vivió fue una época perturbada no sólo por tumultos sociales, sino sobre todo por agitaciones, alteraciones espirituales y disputas dogmáticas, las conocidas controversias hisijastas. Él, teniendo un respeto absoluto y un sentido correcto de la santa parádosis tradición, se adelantó a una nueva forma y manera de expresión de su contenido. Así, la antiquísima enseñanza de la tradición patrística, que se refería al discernimiento entre esencia y energías increadas de Dios, toma gracias a él nuevas formas de expresión y se convierte en el atributo característico de su teología. Su adhesión orgánica a la santa parádosis tradición y su conexión viva con la experiencia hisijasta y eclesial le otorgan la libertad de la auténtica creación teológica. Tal como dice su biógrafo y patriarca de Constantinopla, Filoteo Kókinos, san Gregorio desarrolló su enseñanza teológica con “gran ciencia y libertad”³. Sin embargo, esta manera creativa de considerar la santa parádosis tradición y la forma viva de expresar la teología de Palamás chocaron con el estancamiento estático con el que afrontaban la santa parádosis tradición sus adversarios. A este hecho se debe también el carácter irónico con el que lo calificaron como “vulgar teólogo” y a su teología como “nueva”⁵.
Cuando Barlaam negó categóricamente la posibilidad de expectación, visión y κοινωνία (kinonía: conexión, participación, unión, comunión) con Dios en la vida de la Iglesia, mientras calificaba a los hisijastas como heréticos que fingían o simulaban ver la esencia de Dios, el conflicto se hizo inevitable. Con eje en la experiencia cristocéntrica de los santos de la Iglesia, san Gregorio Palamás tomó partido por los hisijastas. Si para Barlaam y sus seguidores la teología se agota en el apofatismo (decir lo que no es) y la agnosía (desconocimiento e ignorancia), para la experiencia vivida de la Iglesia —que los hisijastas viven con tanta intensidad— esta culmina en la zeoptía (visión de la Luz increada). Y mientras que para Palamás Dios es Persona que vive, opera y energiza dentro de la historia, y la teología es expresión de vida, para sus contrarios permanece como objeto que investiga el νούς nus (el espíritu del corazón de la psique), y la teología es su método de investigación y gnosis, conocimiento del intelecto (mente, racionalismo). En cambio, para Palamás la comunión entre Dios y el hombre es un hecho ontológico y una comunión existencial que no se agota en ningún perfeccionamiento moral; para sus contrarios escolásticos, que a causa de la simplicidad divina rechazan el discernimiento entre esencia y energía en Dios, la κοινωνία (kinonía: conexión participación, comunión y unión) entre el hombre y el Dios se realiza mediante el refuerzo de las fuerzas naturales del hombre.
San Gregorio Palamás señalaba que la kinonía comunión entre el Dios y el hombre, no constituye una situación teórica o abstracta, sino un acontecimiento eclesiástico concreto. No se consuma en el ámbito de la teología teórica, sino en la vida de la Iglesia, y se identifica con el misterio de la Iglesia. La participación teofánica del hombre en la Iglesia, la “comunión de zéosis”, sin ninguna confusión entre lo creado y lo increado, se constituyó y fue el cimiento básico de la enseñanza soteriológica (tratado de “psicoterapia”, sanación y salvación) del teólogo aghiorita. Palamás, frente a Barlaam el Calabrés, Akíndinos, Grigorás y sus seguidores, rechazó no sólo las primeras raíces del escolasticismo en el Oriente ortodoxo y las provocaciones de un humanismo autonómico, sino —y esto es de suma importancia para nosotros— un estéril conservadurismo de la letra, principalmente, y una teología sin praxis, incapaz de expresar e interpretar su propia herencia, incluso cuando se ensalza y se jacta de ella.
El carácter increado de las divinas energías, que san Gregorio Palamás superdefendió sin dar a entender ningún concepto de panteísmo, asegura y garantiza la metamorfosis (transformación) del hombre en Cristo y, a través de esto, de toda la creación, como acontecimiento o hecho de comunión teantrópina (divino-humana), que se manifiesta esjatológicamente ya desde la vida presente. Defendió la experiencia vivida de los santos hisijastas como la experiencia de la Iglesia de Cristo, dando paralelamente orientaciones revolucionarias y radicales a las corrientes teológicas y culturales de su época; orientaciones que hicieron capaz a la Ortodoxia y a la Etnia Helénica de aguantar los difíciles tiempos de esclavitud (otomana) que siguieron. La teología de san Gregorio Palamás, por algunos, fue considerada como “ideología sin praxis” y como la responsable de los males que siguieron en el siglo XV. Esto no sólo está privado de seriedad científica, sino que traiciona la aproximación imparcial a la historia y a las fuentes.⁶ Menos mal —y esto es cierto— que hoy poquísimos comparten estas tesis, puesto que la teología hisijasta se encuentra en el epicentro no sólo de trabajos teológicos, sino también de muchas y amplias búsquedas científicas. Constituye el precioso tesoro catalizador para toda la teología cristiana y también el auténtico testimonio de la Iglesia Ortodoxa.
La teología de san Gregorio Palamás es teología de cosas y realidades, y no de conceptos e ideas. Se trata de experiencia de vida de la que dispone la Iglesia Ortodoxa. La base de los hisijastas permanece en la teofanía, en la expectación y participación de las energías increadas de Dios, que no se pueden aislar de la vida mistiríaca (sacramental), de la litúrgica y del conjunto de la Iglesia. Además, la teología hisijasta, como anatomía y desarrollo bíblico y patrístico de nuestra tradición, si se aísla de su base eclesiológica —que es la experiencia en Cristo— no se entiende sino sólo académica e intelectualmente. Esta aproximación o acercamiento intelectual de una sola dimensión inculpa y contiene en sí serios peligros.
En principio, de acuerdo con los filósofos escépticos, que dicen que “el logos se contradice con otro logos”, san Gregorio añade preguntando: “¿Y de la vida, quién?”.⁷ La teología, como experiencia y participación en Dios, está más allá de tecnólogos intelectuales, discusiones y disputas estériles. Manifiesta: “…porque no nos portaremos mal si discutimos y dialogamos sobre los nombres”,⁸ proyectando la costumbre y conducta de la tradición patrística. Sin embargo, cuando la experiencia de la Iglesia se expresó dogmáticamente de manera equivocada, de modo que el logos se convirtió en algo distinto de la vida en Cristo, entonces el santo entró en la lucha no de manera dialéctica o filosófica —como sus contrarios, tecnólogos escolásticos— sino demostrativamente; es decir, teológicamente, siguiendo los logos y verbos divinamente entregados, y “no sólo de los que saben, sino de los que han vivido, padecido y sufrido las realidades divinas”, que son los Padres de la Iglesia.
Por eso, continuando la anterior tradición patrística, señala que una cosa es “el que ha aprendido por experiencia”⁹ y otra aquel que tiene simplemente un saber en lo que concierne a Dios y a Su existencia (porque sólo conoce y sabe el que por experiencia ha aprendido y conocido las energías de Dios, según san Basilio). Sobre esto se refiere a un ejemplo expresivo del fuego: que, si se cubre con una cosa no transparente, puede calentar también el espacio alrededor, pero no puede iluminar. De la misma manera, el nus del hombre, cuando está cubierto por los tenebrosos y corrosivos pazos, no puede tener gnosis de Dios ni contener, por eso, su energía increada, la catártica (sanadora o purgadora).¹⁰ Uno tiene que padecer, vivir y experimentar las cosas y realidades divinas para tener gnosis y visión de Dios. Aquel que está privado de la divina experiencia a través de la vida y la praxis, está claro que no es “el que ha aprendido por experiencia”. En este caso considera a Dios sólo intelectual y racionalmente, y se parece al ciego que siente el calor del sol sin poder ver ni percibir su luminosidad.¹¹
Tal como se ha observado por los pensadores y los gnósticos de los primeros siglos, así como por los iconoclastas del siglo VIII y los escolásticos del siglo XIV de la época de san Gregorio Palamás, el tema que se expone y ocupa tanto a ortodoxos como a heréticos —cosa que es válida también para los intérpretes actuales de los textos bíblicos y patrísticos— es el siguiente: ¿qué relación existe entre Dios y el mundo? ¿Se trata de una relación ontológica, inmediata y energética, o de una relación indirecta y moral?
San Gregorio, partiendo de las descripciones icónicas del Dios inaccesible a todo y, a la vez, abordable de la Santa Escritura, y comenzando por el discernimiento, distinción entre lo increado y lo creado, ultradefiende y subraya la relación inmediata y energética entre Dios y el hombre. Dios, con sus energías increadas, se comunica con el mundo, proporciona continuamente el ser, el vivir, el logos y el perfeccionamiento, según la receptividad y la aceptación de los seres. Esta fe cimienta la energía renovadora, metamorfoseadora y terapéutica de la apocalipsis-revelación en la creación y en la historia.¹²
Por el contrario, los escolásticos de todas las épocas aceptan esta relación entre Dios y el mundo mediante medios creados y como prosperidad moral. Con esta consideración, los Misterios de la Iglesia, como caminos de la zéosis, caen y se convierten en símbolos que simplemente moralizan al hombre; en cambio, la pastoral terapéutica de la Iglesia se transforma y se convierte en una nomenclatura judicial (de leyes mundanas) y ético-plástica o plástico-moral. Porque la pastoral que no está fundamentada en la relación energética entre Dios y el mundo no puede entender el carácter terapéutico de la salvación ni ver los pecados como enfermedades. Ve los pecados como transgresiones, faltas y carencias éticas; por lo tanto, para su corrección se da preferencia al castigo.¹³
Además, aquí se debe señalar que en la tradición patrística no existe separación entre pastoral y teología. La teología tuvo siempre orientación pastoral, mientras que la pastoral se apoyaba en bases teológicas. Lo mismo es válido también para san Gregorio Palamás, quien tanto en su lucha contra los heréticos y en la redacción de obras antiheréticas como en sus homilías dirigidas a los cristianos de Tesalónica aspiraba a la instrucción pastoral y a la “psicoterapia”, es decir, a la sanación y salvación de los hombres. Sus puntos de mira y fines eran la preservación frente a las herejías, la terapia de los páthē, el consuelo, la súplica y la compasión en los sufrimientos, dolores y aflicciones, y, en general, la edificación y el crecimiento espiritual de los fieles.
Con especial sensibilidad pastoral tomó los términos de su época y los conceptuó kenóticamente (vaciamiento, despojamiento), adaptando el logos a los hombres con los que conversaba. Por eso su logos era penetrante, psicoterapéutico y consolador, tal como debe ser, por su naturaleza y misión, también el logos de los pastores de la Iglesia.
Para que la pastoral funcione como carisma y diaconía (servicio) de la Iglesia, es necesario que su logos profetice y teologice de manera paraclética (suplicante) y suplique agapíticamente (con amor). Pero esto no significa que no sea crítico ni que oculte la verdad. San Gregorio Palamás, alejado de cualquier minimalismo teológico, se apoya en la siguiente verdad imperturbable: «Los de la Iglesia de Cristo todos son de la verdad, y los que están en todas partes no son de la verdad ni tampoco son de la Iglesia».¹⁴
Por otro lado, mostró cuán abierto estaba al diálogo, no sólo con heréticos y heterodoxos, sino también con personas de otras religiones. Sin dejar de lado ni alterar la verdad, hablaba con discernimiento, sin miedo y con amabilidad. Por ejemplo, al iniciar el diálogo con los otomanos utilizó los puntos comunes entre cristianos y musulmanes. Pero cuando comprendía que no podía avanzar más, frenaba el diálogo de manera filantrópica y con discernimiento, demostrando que el logos teológico, teniendo como base la agapi, puede volverse crítico y exigente para la psicoterapia y no para la confrontación reactiva.
Esta actitud de agapi, que se mueve más allá de cualquier convencionalismo e intencionalidad, parece que fue captada y comprendida muy temprana y apocalípticamente por Nikolaos Prentzikis: «Sin lógica manifestada, el oponente Grigorás, el santo obispo Megadidáskalos Gregorio Palamás, con el corazón lleno de agapi hacia su prójimo, porque en su interior la psique purificada no puede tomar hipóstasis separada ni estar desconectada y apartada del conjunto, se retira solo y sugiere la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial); la hisijía que está tan cercana a la muerte como la única actitud ética posible del individuo que piensa en el conjunto del pueblo, allí donde los gobernantes se enajenan. El pueblo que más tarde, con la conciencia limpia, en lugar de la capitulación de su psique-alma, escogió el pesado precio de la esclavitud, proclamó santo a Gregorio Palamás y dejó a Grigorás terminar en la cárcel, aprendiendo que la gnosis (conocimiento), el aprendizaje, la capacidad, el logos y la sofía-sabiduría son injustos y vanos cuando la agapi no los ensancha, no los amplía y no los hace fraternales, de uno con el otro».¹⁵
Además, la manera o forma de intervención en las cuestiones sociales no tiene ninguna mezcla con la política ni identificación con algún tipo de política, ni testimonia ningún arreglo teológico al campo de oportunismos o intencionalidades políticas. Con finura y rectitud separó su posición y ejerció una crítica a las elecciones políticas del patriarca Ioanis Kalekas, cuando este cooperó en el golpe de Estado contra Ioanis Katakuzinós, después de la muerte del rey Andróniko III, negando por ello cualquier intercambio para ser apoyado en temas teológicos.¹⁶ Además, con el mismo equilibrio se distingue su actitud frente al movimiento de los celotes, a quienes inspecciona por sus crímenes en Tesalónica, pero paralelamente condena también a aquellos que, con su conducta supuestamente filántropa, alimentaron la violencia y la reacción de los celotes.
San Gregorio Palamás subrayó la participación del cuerpo en la απάθεια (ausencia de pazos, impasibilidad) y en la zéosis,¹⁷ pero también la metamorfosis de la materia y de la creación por la Luz increada tabórica, o de la Metamorfosis en el monte Tabor. Esta enseñanza suya tiene una admirable actualidad principal en nuestra época, en la que el hombre, olvidando la santidad y el valor de su cuerpo y, en general, de la materia, cae charlataneando en el hedonismo y el placenterismo material. Así, persiguiendo la hidoní (voluptuosidad, placer carnal y material) y pretendiendo el aumento del ingreso por cabeza, saborea su tragedia de autozéosis (autodeificación) y la catástrofe del ambiente natural. De este modo, la teología de san Gregorio Palamás, sobre la zéosis del hombre y la metamorfosis de toda la creación, puede responder y dar solución no sólo a los problemas existenciales, sino también a los problemas ecológicos sin salida del hombre actual.
San Gregorio Palamás, con la dimensión de su obra y su enseñanza hisijasta, empírica y eclesiocéntrica, subraya la importancia y la responsabilidad de la Ortodoxia para todo el mundo. Si se hace comprensible que la enseñanza y el testimonio de la Iglesia Ortodoxa no constituyen un asunto confesional ni se delimitan en la historia y el pasado, entonces se concientizará también la teología en su dimensión pastoral actual, y su diaconía podrá abrazar al hombre de hoy y dirigirse a sus necesidades y a sus problemas. Así se revela no sólo la actualidad y el carácter diacrónico de la Ortodoxia, sino también su carácter ecuménico y universal. Este único testimonio actual debe darse hoy, para que exista y viva la esperanza para el mañana y se comprenda la importancia de san Gregorio Palamás en nuestra época. Amén.
Anestis Keselópulos,
Profesor de la Escuela Teológica de la Universidad de Tesalónica
SUMARIOS DE LOS CONGRESOS INTERNACIONALES DE ATENAS Y LEMASOL DE CHIPRE
Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas),
www.logosortodoxo.com, heleno-griego nativo, instruido en la Santa Parádosi-Tradición y en la lengua (katharévusa) del Nuevo Testamento, la que actualmente se habla en el pueblo fiel heleno-ortodoxo.







