
Distinción entre “por existencia” y “por energía” de la procedencia del Espíritu Santo, según san Gregorio Palamás
(Konstantino Skuteris, Universidad Teológica de Atenas)
Repasado 20/12/2025
San Gregorio Palamás en la historia y en el presente
Actas de los Congresos Internacionales de Atenas 1998 y de Limasol de Chipre 1999
Editado por Santo Monasterio Vatopedi, Athos 2000
Al final hemos colocado tres términos importantes, muy utilizados por el Santo:
- Οἰκονομία (ikonomía: economía; economía de Dios o divina.
- ἐκ (ek); de, desde; διά (diá: por); y ἐν (en).
- Θεοπρεπής (th- zeoprepés)**: de forma o manera divina, según el modo de Dios, o tal como Dios manda.
Distinción entre “por existencia” y “por energía” de la procedencia del Espíritu Santo**, en los dos *logos* demostrativos sobre “la procedencia del Espíritu Santo” y en las «antepígrafas», según san Gregorio Palamás.
1) El análisis teológico sobre la procedencia del Espíritu Santo en san Gregorio Palamás es fruto de las conversaciones entre teólogos ortodoxos y latinos, en el marco de la unión de las Iglesias. Estas discusiones teológicas, desarrolladas en distintos momentos, pasaron por varias fases y se reanudaron también en el año 1334, durante el reinado de Andrónico III. Entonces llegaron a Constantinopla, como representantes del Papa, el obispo de Jersona, Francisco, y Ricardo, obispo del Bósforo. Con estos dos teólogos latinos conversó en un primer momento el teólogo Barlaám (grecolatino) de Calabria, ortodoxo procedente de Occidente. Sin embargo, Barlaám estaba influido por la mentalidad occidental y utilizaba de manera estricta el método dialéctico. Era natural, pues, que su argumentación no satisficiera a los teólogos ortodoxos y, sobre todo, a los procedentes de los círculos monásticos.
En su deseo de encontrar la expresión más auténtica de la enseñanza ortodoxa, san Gregorio Palamás, tras mucha insistencia por parte de sus amigos, redactó sus tratados sobre la procedencia del Espíritu Santo. En estos tratados, san Gregorio Palamás, en lugar del método dialéctico de Barlaám, sigue el método demostrativo; por ello titula sus *logos* como “Logos demostrativos”. San Gregorio considera que la dialéctica, que “intenta convencer con conceptos filosóficos humanos”, no produce absolutamente ningún resultado para la comprensión de las cosas divinas, puesto que, en definitiva, “lo divino es superior a todo *νούς nus* y *logos*”. En las cuestiones referentes a Dios, uno solo puede referirse a ellas de modo **Θεοπρεπής** (th/zeoprepés: de forma divina o según el modo de Dios, o tal como Dios manda) y “movido por el Espíritu”; este método san Gregorio lo define como “demostrativo”².
El punto de partida del método demostrativo es que la verdad “sobre los dogmas de Dios” no está compuesta por conceptos filosóficos abstractos ni por definiciones racionales. La teología examina “en palabras los supremos *logos* o *supralogos*”³, pero se manifiesta y es otorgada en forma de “inefable integridad y bondad” por el Dios Uno y Trino, “el único dador y guardián de la verdadera teología, de los dogmas y de los *logos* sobre la teología”⁴. Palamás considera crucial la tesis de que la teología no es resultado de la dialéctica, sino verdad pura “sobre el perpetuo y verdadero ser, que siempre es tal como es”⁵. Esta verdad se preserva y conserva auténticamente en la teosofía (sabiduría divina increada) de los Padres, quienes, para vivirla y proclamarla, se han apoyado en los testigos y oyentes presentes, que son sus discípulos y los Apóstoles.
Los Apóstoles fueron enseñados en todas las cosas directamente por Cristo, “la autoverdad, quien, como Dios existente y preeterno, siendo la propia verdad existente, se hizo también teólogo, mensajero y predicador de la verdad para nosotros”⁶. Por lo tanto, los Apóstoles, “enseñados e iluminados, fueron enviados a enseñar tal como fueron enseñados, a iluminar tal como fueron iluminados y a predicar con franqueza lo que había escuchado su oído… por apocalipsis = revelación dentro de la suprema luz del *gnofos* (luz que deslumbra y trasciende toda luz y desconocimiento de la esencia)”⁷. La diferencia entre el *logos* dialéctico y el *logos* demostrativo consiste en que el *logos* dialéctico es fácilmente invertible, contradictorio y alterable, y “por sí mismo tambaleante, indeciso y perturbador”; en cambio, el *logos* demostrativo “se considera consistente, invariable e inalterable”, está “en todo consolidado, siendo también afirmativo e inamovible”⁸.
2) Con base en este método y principio teológico, san Gregorio somete a juicio el *filioque*, término añadido al Símbolo de la Fe, y lo califica como “lo degenerado” (y muchos Padres llaman al *filioque* “el maldito hijito”), considerándolo una osadía que se halla en contradicción directa con la teología de la Iglesia, con los escritos y con los *logos* “que comúnmente han escrito y transmitido los ilustres Padres, escogidos y movidos por el Espíritu…”⁹. Por tanto, la adición del *filioque* al Símbolo de la Fe no constituye solo una desviación canónica, sino también una desviación teológica de aquello que ha sido entregado a la Iglesia por el Credo o Símbolo de la Fe “desde el principio, como redacción inalterable de la verdad”¹⁰.
(* *Filioque*: es decir, que el Espíritu Santo procede también del Hijo).
Lo importante e interesante es que san Gregorio Palamás no se limita solo a refutar teológicamente la teología occidental sobre la enseñanza de la procedencia del Espíritu Santo, sino que, paralelamente, expone una pnevmatología (espiritualidad) que es continuación y sinopsis de la enseñanza patrística, y que por sí sola resulta derogadora y destructora de cualquier dialéctica humana sobre el tema en cuestión. El obispo de Tesalónica, Palamás, tiene la profunda convicción de que la enseñanza que presenta es exactamente la misma que proclaman “las voces comunes manifestadas de los teóforos* teólogos, santos Padres, evangelistas, apóstoles y profetas de los siglos anteriores a ellos”. Su interés firme no es la explicación de un detalle teológico aislado, sino, más bien, esclarecer que “lo más mínimo sobre Dios no es cosa pequeña ni insignificante”. Detrás de este detalle manifestado existen consecuencias para la vida eclesiástica. “De un error o utopía desde el principio nacen muchos errores y utopías”, y “de una cosa inmoral e impía dada no nacen cosas piadosas ni morales”¹². Por un lado, ello conduce a confusión sobre las diferencias triádicas y, por otro, a la alteración de la ética y de la conducta moral de la Iglesia, puesto que la vida eclesiástica en general es icono (imagen) y reflejo de la comunión triádica.
(*Teóforos: portadores de la luz y de la energía increadas del Dios Trino).
3) Sobre el tema de la procedencia del Espíritu Santo, san Gregorio, como ya hemos señalado, no se limita solo a la crítica de las opiniones u opciones occidentales, sino que presenta una teología precisa, clara y consolidada. Esta se basa en el discernimiento entre la procedencia existencial u ontológica de las divinas Personas y la procedencia por la energía (increada) económica de ellas. Dicho discernimiento se fundamenta, evidentemente, en la distinción entre la divina esencia (increada) y las energías (increadas) de Dios, distinción que constituye la piedra angular de la teología de san Gregorio Palamás.
El punto de partida para el entendimiento de la procedencia existencial del Espíritu Santo es que el Hijo y el Espíritu Santo, “sobre la hipóstasis (base subsistencial) paternal, son de la divina esencia”¹³. El nacimiento y la procedencia se refieren como atributos o cualidades exclusivamente de la hipóstasis paternal. Esto no significa en absoluto que el Hijo, como Dios, y el Espíritu Santo, como Dios, sean inferiores al Padre. En cuanto a “engendrar o nacer” y “proceder”, ello “se aplica solo a la hipóstasis paternal y no supone en modo alguno superioridad de la fisis o naturaleza del Padre sobre el Hijo y el Espíritu Santo, sino que la superioridad del Padre se afirma en referencia a la causa”¹⁵. En sus antepígrafos (contraescritos), san Gregorio manifiesta explícitamente: “Una y la misma es la persona del Padre, del cual nace o se engendra el Hijo y procede (surge) el Espíritu Santo. Por eso decimos que el Uno, como causa o causante, junto con los causados por Él, es un solo Dios”¹⁷. Si afirmamos que, paralelamente al Padre, el Hijo es también causa de la existencia del Espíritu Santo —esto es lo que añade el filioque occidental—, entonces, por un lado, se destruye la concordancia y la uniformidad ortodoxas, dado que en ninguno de los sínodos se ha teologizado que la procedencia del Espíritu Santo sea también por el Hijo¹⁷; y, por otro lado, el filioque, como fundamento, hace desaparecer el atributo o cualidad paternal, puesto que, paralelamente al Padre, “también el Hijo sería causa o causante, del mismo modo que el Padre es causa o causante”¹⁸. (Así, habría dos principios).
4) San Gregorio aclara que el Padre, como “deidad manantial y fuente de la deidad”, es causa de la existencia del Hijo y del Espíritu Santo. Esto significa que el Hijo es por “naturaleza o fisis” de el Padre, es decir, nace por naturaleza únicamente de el Padre. De forma análoga, también el Espíritu Santo es por naturaleza de Dios. Así como el Hijo nace de forma natural y perpetua del Padre, del mismo modo el Espíritu Santo, siendo ὄν (on, existencia o ser) de Dios, procede por naturaleza de Dios. Como naturaleza o fisis procedente del único Padre, el Espíritu Santo “emana de Dios, y lo emanado de Dios procede de la deidad emanante, que es el único Padre”¹⁹. Existe una referencia existencial inmediata del Hijo y del Espíritu Santo al Padre, la deidad emanante, sin que ello implique subvalorar la deidad del Hijo y del Espíritu Santo²⁰. San Gregorio atribuye a Dios Padre las denominaciones de “deidad emanante” y “fuente de deidad”, para mostrar que solo Él es la causa de la existencia del Hijo y del Espíritu Santo; y de esta causa “emana, surge el nacido” y también “surge, emana lo procedido”. El hecho de que el Hijo y el Espíritu Santo surjan y emanen de Dios Padre no devalúa en absoluto la deidad de ambos²¹, “porque la esencia de los tres es siempre una y la misma”²². La diferencia entre las tres hipóstasis no se da “en lo natural ni en lo esencial”, sino en el concepto de atributo o cualidad. San Gregorio apela a la precisión teológica de san Juan Damasceno y habla del atributo o cualidad del Padre como “sin causa y paternal”, del atributo del Hijo como “causado y filial”, y del atributo del Espíritu Santo como “causado y procedente”²³.
Para que sea comprendida la enseñanza ortodoxa sobre la procedencia del Espíritu Santo, san Gregorio Palamás se refiere, en primer lugar, al nacimiento perpetuo del Hijo del único Padre, enseñanza de la Iglesia tal como ha sido formulada y escrita por los Padres anteriores²⁴. Precisamente observa que las realidades referentes al Hijo son “más conocidas en nosotros” y, a partir de estas “las más conocidas”, intenta demostrar también aquellas que teológicamente se consideran más complejas. El Hijo y Logos de Dios, pues, “existe como Hijo natural del Padre”. Como Hijo natural de Dios es unigénito. Por lo tanto, la filiación del Logos tiene su singularidad, ya que es la única reconocida que existe del único Padre.
La filiación de los hombres no puede equipararse con la del Hijo unigénito, puesto que no se realiza de Él, único Padre, “sino de o desde el Padre por el Hijo”. Del único Padre es solo el Hijo natural de Dios; en cambio, en θέσις (zésis: tesis, condición, clase o posición), el hijo adoptivo es siempre de o desde el Padre por el Hijo. Así, el hombre, desde el Padre por el Hijo, se eleva y se une a la filiación divina y, a la vez, se une y se hace espíritu por la jaris (gracia), la energía increada. “El que se une al Señor, un espíritu es con Él” (1 Co 6,17). La distinción entre la filiación natural o por naturaleza y la filiación por θέσις (tésis) nos ayuda a comprender la procedencia existencial del Espíritu Santo y a distinguirla del envío de este a la creación. En cuanto a su existencia, el Espíritu Santo es “por naturaleza de Dios”, es decir, “por naturaleza procede de Dios, y la naturaleza procedida surge o emana de Dios”; esto es, existe únicamente de Él, el Padre²⁵.
5) El nacimiento del Hijo y la procedencia del Espíritu Santo a partir de la hipóstasis (base subsistencial) paternal de la divina esencia son definidos por san Gregorio como nacimiento y procedencia “por existencia”, respectivamente. El nacimiento “por existencia” del Hijo y la procedencia “por existencia” del Espíritu Santo suponen lo inmediato y único del Padre como único causante y único principio de origen del Hijo y del Espíritu Santo. Por ello, el Hijo y el Espíritu Santo “se tienen también como existencia próxima e inmediata del Padre”²⁷. Dios Padre engendra perpetua y verdaderamente al Hijo. Es importante recalcar que el nacimiento hipostático del Hijo no puede compararse con el nacimiento humano²⁸. El nacimiento del Hijo es natural y único (“uno y único engendrado o nacido que existe es el Hijo”), es decir, significa que el Hijo solo de la hipóstasis paternal, la deidad emanante, “se tiene por existencia”.
Del mismo modo, el Espíritu Santo “proviene por existencia” únicamente del Padre, y esta proyección no puede compararse con la energía de la expresión del logos del espíritu humano. El Padre, pues, de modo único, “expide, envía el Espíritu como por boca, pero no como la humana; no tiene una boca corporal o somática; por lo tanto, de Dios procede el Espíritu y de ninguna otra cosa o parte”²⁹ (aquí san Gregorio utiliza el logos de san Basilio contra Eunomio). Cuando san Gregorio emplea la expresión humana “por la boca”, para indicar que el Padre transmite el Espíritu, no da a entender en absoluto que la boca de Dios sea el Hijo, ni que el Hijo participe de algún modo en la proyección existencial del Espíritu. San Gregorio aclara inmediatamente este punto: “el Logos, el Hijo, no es la boca del Padre; de la boca, según san Basilio, proviene por existencia el Espíritu Santo”.
6) En la teología de san Gregorio Palamás, la tesis central es el discernimiento o distinción entre la procedencia “existencial” y la procedencia “por manifestación”³¹. Como ya se ha indicado, la procedencia existencial del Espíritu Santo se entiende como atributo exclusivo del Padre³², del origen personal sin principio ni fin. Por lo tanto, no puede sostenerse que el Espíritu Santo, en cuanto a su procedencia existencial, proceda u origine también del Hijo³³. La tradición de la Iglesia reconoce solo en la manifestación la procedencia del Espíritu Santo en comunión con el Padre y el Hijo. San Gregorio Palamás adopta la formulación clásica de san Juan Damasceno: “Por un lado decimos el Espíritu del Hijo, pero no decimos desde el Hijo; y por otro confesamos que mediante el Hijo se ha manifestado y se nos ha transmitido”³⁴. Sin embargo, san Gregorio es categórico al afirmar: “no por el Hijo tiene el ser o la existencia el Espíritu Santo”³⁵, aunque reconoce la doble “progresión” del Espíritu Santo, de la que incluso habla la Sagrada Escritura³⁶.
Lo interesante es que el obispo de Tesalónica, Palamás, no se limita a las palabras; principalmente le interesa el significado y el contenido de las palabras. Por ello, no duda en utilizar la preposición ἐκ (ek: de, desde, de parte) para manifestar no solo la procedencia “por existencia” del Espíritu Santo del único Padre, sino también la progresión por manifestación del Espíritu Santo desde el Padre por el Hijo, o incluso el envío ἐκ (ek: de, desde) de el Hijo. “Y la progresión del Espíritu Santo es dual… progresa desde el Padre mediante el Hijo y, si quiere, también se envía por el Hijo a todos los dignos y merecedores en los que reposa y habita”³⁷. San Gregorio no duda en afirmar que “no discutimos sobre los nombres”, porque esta procedencia no concierne ni manifiesta la procedencia existencial del Espíritu Santo, sino “el derramamiento, el esparcimiento en toda sarx (cuerpo-carne)”³⁸.
La procedencia del Espíritu Santo desde el Padre por el Hijo, es decir, la procedencia por energía, es descrita por san Gregorio de varias maneras. Se denomina “progreso…, complacencia o resolución, envío, donación y condescendencia”, y concierne a la santificación, a la enseñanza y al recuerdo de los fieles, así como a la inspección de los indisciplinados. La procedencia por energía del Espíritu Santo se entiende como “un movimiento y progresión del Espíritu Santo”³⁹. La procedencia por manifestación del Espíritu Santo se refiere a la divina voluntad, a la filantropía y a la complacencia; en cambio, la procedencia existencial es superior a la “por complacencia y filantropía” y no es “por voluntad, sino solo por naturaleza”. La procedencia “por existencia” del Espíritu Santo es únicamente movimiento y progresión desde el Padre, “preeterna y supragenial”, “inenarrable, inefable e incomprensible”. La procedencia “por filantropía” supone que el Espíritu Santo, a través del tiempo, siempre avanza, progresa y precede a la creación como “fuerza y energía santificadora enhipostasiada desde el Padre, sin dimensión alguna, y reposada en el Hijo”⁴⁰.
En la teología de la Iglesia se la denomina “agua viva por la jaris (gracia, energía increada)”. De esta agua, la fuente es llamada “el Hijo con el Padre”, y en otras ocasiones el mismo Espíritu Santo es llamado también fuente de agua viva⁴¹. Esto significa que la progresión “por energía” es acto y obra común de las tres Personas divinas, en contraposición con la “por existencia”, que es únicamente desde el Padre, “de la esencia según la hipóstasis paternal”.
7) San Gregorio Palamás tiene la profunda convicción de que la enseñanza sobre la progresión dual del Espíritu Santo es hagiográfica y tradicional. Sin embargo, el lenguaje teológico con el que san Gregorio aborda el tema, así como la manera y el modo en que expone su propio análisis, nos permiten hablar sin reservas de una comprensión más profunda del mismo. Esta comprensión se sostiene en la distinción entre la divina esencia increada y las energías (increadas) de Dios, y apoya igualmente la enseñanza de la Iglesia sobre la antinomia de lo participable y lo no participable (o accesible e inaccesible)⁴².
La gran contribución de san Gregorio Palamás consiste en tratar el tema con una precisión, claridad y exactitud teológica impresionantes. Especialmente la exactitud teológica, que no deja ni el mínimo espacio para una mala interpretación, se basa en la tradición patrística a la que se remite, honrada y proyectada de manera excepcional por el obispo de Tesalónica, Palamás. Sin embargo, su exactitud teológica y su dedicación a la auténtica Tradición Patrística no reducen ni anulan en absoluto la libertad que posee como teólogo ortodoxo para expresar la única y verdadera didascalía —la enseñanza eclesiástica— de un modo que hace su comprensión notablemente accesible.
El discernimiento entre el misterio de la Teología y el de la Economía de Dios, ya conocido por los Padres Capadocios, domina plenamente el pensamiento teológico de san Gregorio. Sobre la base de este discernimiento, el envío del Espíritu Santo a través del tiempo, desde el Padre y el Hijo, se diferencia de la procedencia preeterna, únicamente de el Padre. La aclaración de la procedencia existencial y de la procedencia por manifestación del Espíritu Santo constituye el capítulo más importante para afrontar la herejía del filioque. San Gregorio es plenamente consciente de que la teología occidental sobre el filioque es consecuencia de la incapacidad para comprender este discernimiento, y afirma explícitamente que no le preocupa la terminología, sino el contenido de las palabras. Esto significa que está abierto a recibir y aceptar una enseñanza sobre la procedencia dual del Espíritu Santo por el Hijo, siempre que esta exprese y manifieste la procedencia “por manifestación”, que concierne a la creación.
De este modo, la enseñanza del Santo Aghiorita, Palamás, sobre la procedencia dual del Espíritu Santo, con su profundo contenido y su autoridad dogmática, puede constituir la clave para la solución de un problema que separó durante siglos a Occidente de Oriente.
Konstantino Skuteris, Universidad Teológica de Atenas
Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) www.logosortodoxo.com
- Οικονομία (economía) Economía de Dios o divina. Economía= arreglo, ordeno (del verbo οἰκον-νέμω-ikon nemo, mi casa arreglo, ordeno).
Primero: La presencia por concesión de Dios de un hecho en nuestra vida para beneficio o instrucción (empleándose el verbo economizar con igual significado).
Segundo: Este término se usa para expresar el plan ancestral de Dios para la salvación del género humano, que se realizó con la humanización del Hijo.
Tercero: en la justicia canónica regular es la provisional y concreta desviación de la exactitud del cumplimiento absoluto de un canon o regla eclesiástica o tradición, que se impone en una circunstancia con discernimiento -sin mover claro está los términos dogmáticos- para la consecución de un objetivo o propósito de salvación de psiques.
El mismo Dios viene a lavar la derrota de nuestros ancestros y sanar el trauma de la raíz del género humano. La economía en Cristo, constituye una nueva recapitulación de la primogénita creación. El Padre por el Hijo en el Espíritu Santo celebra la regeneración, renovación del mundo, con epicentro naturalmente del hombre…
…discernimiento entre teología y economía, principio que lo ha introducido primero san Atanasio el Magno. Nos explica san Gregorio Palamás: la obra de la divina naturaleza es el perpetuo nacimiento del Hijo y la proyección del Espíritu Santo, movimiento que no tiene ninguna relación con las existencias o seres creados, en cambio, la obra de la divina voluntad y proyección es la constitución de la creación en el tiempo y en absoluta libertad. Por lo tanto, las cosas que funcionan en el espacio de la Deidad, funcionan por esencia, en cambio las que tienen relación con la economía funcionan por la divina voluntad y energía.
- Θεοπρεπής zeoprepís: Este bonito término es utilizado mucho por san Gregorio Palamás y san Máximo el Confesor. Es impresionante la manera θεοπρεπής que escribe a través del Espíritu Santo san Gregorio Palamás. Cada frase suya y cada palabra está escrita de modo θεοπρεπής y expresa un fondo divino admirable.
“Θεοπρεπής zeoprepís-de forma, manera divina o según el modo de Dios, o tal como Dios manda. La teología habla sobre Dios “θεοπρεπής-de forma divina o según la manera de Dios o dícese también como Dios manda”. La utilización de todos los conceptos y los iconos (imágenes) para la aproximación del Misterio Triádico y el dogma, se hace de manera “θεοπρεπής”. Por ejemplo, la fe es hiper logos, es superior a la lógica, la lógica dice uno más uno dos, la fe uno más uno igual infinito, hiperlógica divina. Dios Trinidad 1+1+1=1 un infinito, no hay dos infinitos. La lógica dice que no se puede resucitar, la fe sí. Los términos “Dios Padre”, “Hijo” “Espíritu Santo”, “Persona”, “esencia”, se utilizan por la teología de un modo “θεοπρεπής-de modo y manera divina” y se comprenden “θεοπρεπής, tal y como Dios manda”. El término “Padre”, tal y como escribe san Basilio el Grande y san Gregorio de Nicea, expresa la relación de Dios Padre hacia el eterno, atemporal y perpetuo nacimiento del Hijo. La misma analogía vale también para el discernimiento y la diferencia de la divina esencia y energía. No es posible que la esencia y la energía las tomemos como dos cosas o estados independientes entre sí. Pero, tal y como se recalca al Tomo sinódico, la esencia es la causante y la energía lo causado. Pero, todo esto se entiende “θεοπρεπής-de forma, manera divina” y no con la razón humana.
- Εκ, (ek de, desde). διά diá, por, para, medio de, de parte, a través, y εν en, al o a la. Ninguna energía del Padre se manifiesta en la creación aisladamente. Sigue la forma Θεοπρεπής (zeoprepís de modo, manera divina o tal y como Dios manda,) “de” el Padre, “por” el Hijo y “en” el Espíritu Santo”, percepción la que primero fue desarrollada por san Atanasio el Magno, y que, a continuación adoptaron también los otros Padres, como san Epifanio, san Basilio el Magno, etc.







