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Abr 19 2024

INSTRUCCIÓN EN LA ΜΕΤΑΝΟΙΑ METANIA

Santa Metrópolis de Stagón y Meteoros

 

INSTRUCCIÓN EN LA ΜΕΤΑΝΟΙΑ METANIA

Guía práctica al Santo Misterio de la Confesión

  

Editado por el Santo Monasterio Gran Meteoro

Meteoros Kalampaka 1997

Contenidos

Prólogo

Nota introductoria

PRIMERA PARTE

Cuestionario basado en los diez mandamientos

Los siete pecados mortales y los pazos (vicios, adicciones y pasiones) que surgen de ellos

SEGUNDA PARTE

SOBRE EL MISTERIO DE LA SANTA CONFESIÓN EN GENERAL

  1. ΜΕΤΑΝΟΙΑ METANIA

Condiciones de una buena confesión

  1. Introducción
  2. El papel del Sacerdote-Confesor Guía Espiritual
  3. ¿Qué es y cómo debe ser la Confesión?
  4. OBSTÁCULOS DE LA BUENA CONFESIÓN.
  5. ΤΑ ΕΠΙΤΙΜΙΑ EPITÍMIA LAS PENITENCIAS O ANTÍDOTOS CONTRA LOS PECADOS Y LOS PAZOS
  6. CONFESIÓN Y PSIQUIATRÍA
  7. DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

ANTEPÍLOGO

APÉNDICE: LOS PADRES DE LA IGLESIA HABLAN SOBRE LA METANIA

El término Μετάνοια Metania

  1. Μετάνοια Metania del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del νούς nus (espíritu de la psique-alma) y la mente, (metanús), introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis/revelación de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Μετάνοια Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, psicoterapia y sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose… de nuestro Miniléxico filocálico, psicoterapéutico y teológico aquí https://www.logosortodoxo.com/filocalia/minilexico-filocalico/   (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en nuestra Web https://www.logosortodoxo.com/%CE%BC%CE%B5%CF%84%CE%B1%CE%BD%CE%BF%CE%B9%CE%B1-metania/).

Bendito sea Dios, quien no quiere la muerte del pecador, sino «que se arrepienta y viva». (Ezequiel 33:11)

Esta sentencia profética, tan consoladora para cada ser humano, no solo manifiesta la infinita misericordia de Dios y Su inagotable compasión, sino que también revela la gran verdad de que la vida pecaminosa, la vida alejada de Dios, es la muerte de la psique-alma, la privación de la verdadera vida.

El Señor, que obra maravillas, ha permitido que conozcamos desde nuestra juventud a santos y experimentados padres espirituales, quienes nos han guiado con una αγάπη agapi amor genuino, (desinteresado e incondicional) hacia la vida de nuestra Santa Iglesia y hacia el Misterio/Sacramento de la Confesión. En nuestro monasterio divinamente construido, por Su χάρις jaris (gracia, energía increada, nos ha hecho dignos de confesar continuamente a un grupo de personas que suben con ansia la empinada escalera del monasterio para recibir por la Santa Confesión la absolución o el perdón de sus pecados, encontrar la reconciliación, su reconexión y su restauración con Jesús Cristo. Y podemos afirmar con sinceridad que los momentos más conmovedores de nuestro ministerio pastoral son aquellos de la humilde Confesión de los fieles y las resurrecciones (o despertares espirituales) que el Espíritu Santo realiza a través del amoroso misterio/sacramento de la Μετάνοια Metania.

«Nunca el hombre», escribe el Santo Antonio de Kiev, «es tan hermoso, tan amado por Dios, como cuando se inclina ante Dios y ante el confesor para confesar su soberbia (orgullo y vanagloria). Tan pronto como el principal enemigo de nuestra salvación, el enemigo de Dios, el muro que nos separa de Dios, es derribado, es decir, la soberbia (orgullo y vanagloria), inmediatamente la psique-alma del que se confiesa se abre para recibir los pensamientos y deseos más santos, intenciones y decisiones divinas».

Esta heroica lucha del hombre por el autodominio y la autoacusación, esta liberadora apertura de los secretos del corazón al discreto Confesor, es un acto de humildad y liberación para el primero, una aceptación de la más alta confianza para el segundo, y en el Espíritu Santo, este encuentro de psiques-almas une a ambos con fuertes lazos espirituales, con una relación de padre e hijo, con una αγάπη agapi amor altruista, sincera y profunda en el Señor. Se trata de un nacimiento espiritual, de una verdadera recreación de Dios.

«Porque Dios», dice san Procopio el Grande de la cueva, «cuando perdona un solo pecado con un solo logos o palabra, pronunciado por su sacerdote ante el rostro del pecador, hace una obra tan grande y tan maravillosa que no podría lograr si creara mil mundos más bellos y más amplios que este que creó. Y la razón es que, cuando perdona y justifica a un pecador, no solo parece que forma un nuevo mundo adornado con las brillantes perfecciones de su χάρις jaris (gracia, energía increada), sino que parece también sacarlo de un oscuro abismo de la nada, en el que lo había sumido la acción corruptora del pecado».

En la práctica confesional ortodoxa, el fiel siempre se confiesa delante del padre o guía Espiritual, como si estuviera delante de Cristo, cara a cara. Así, el guía Espiritual asume al confesado, lo adopta espiritualmente y lo renace y lo renueva con la χάρις jaris del Espíritu Santo, mientras que en la psique-alma del confesor se produce el proceso de humillación practicando la virtud de la humildad. Por eso el sacerdote confesor es llamado padre espiritual, quien, con temor a Dios «como quien debe rendir cuentas» (Hebreos 13:17), sigue la lucha espiritual de su hijo espiritual y lo guía hacia la vida espiritual a través del μετάνοια metania.

«Quien peca contra Dios», escribe San Nectario de Pentápolis, «necesita reconciliador”. Dios podría haber reservado para sí este poder, el de perdonar pecados; pero dio a los Apóstoles no solo el poder de perdonar y absolver, sino también el de retenerlos. El poder de atar y desatar se les dio, como se ha demostrado por el uso que hicieron de él; a) Para el absolución y perdón de los pecados del hombre, y su reintegración en la κοινωνία kinonía (participación, conexión y comunión) de Dios, y b) para preservar la santidad de la Iglesia, como Santa e Inmaculada, como dice el Apóstol Pablo: “como Cristo se sacrificó y amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella a la muerte en la cruz, a fin de santificarla y hacer la catarsis de ella por medio del agua del bautismo y del logos divino que en el bautismo se dice: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, y esto para constituir la Iglesia y ponerla a Su lado como novia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida que la afea, sino santa y perfecta” (Efesios 5:25-27).

«Si la Iglesia», continúa el gran teólogo san Nectario, «careciera de este poder, ¿cómo podría cumplir su misión? ¿Cómo llevaría a cabo la obra de la redención? ¿Cómo se dirigiría a las naciones? ¿Cómo se mantendría santa e inmaculada? ¿Cómo rechazaría del rebaño a los que están en mal camino y necesitan instrucción? ¿O cómo recibiría a los arrepentidos que han vuelto a la metania? ¿Qué sentido tendría la conciencia ética de sus miembros? (San Nectario, Estudio sobre los Misterios, pag, 91-95,)

Todavía podríamos agregar que Jesús Cristo, con Su agapi-amor paternal, a los que vuelven a la metania, se arrepienten y confiesan su fe, les quita de toda ansiedad, angustia o duda sobre el perdón de sus pecados. Siendo perdonados por el Espíritu Santo a través del Misterio/Sacramento de la Confesión, sus pecados son perdonados para siempre.

Por esta razón, al final de la bendición de perdón, el Confesor, después de asegurar el perdón de Dios, elige enfáticamente:

«Dios… te perdone por mí, el pecador, todo, en el presente y en el futuro; y te presente ante Él sin condena, en ese temible Tribunal; y no teniendo ningún reproche por los delitos confesados, ve en paz.»

El padre espiritual, como un terapeuta experimentado, cuando tiene delante al fiel arrepentido, no solo escucha sus pecados, sino que también evalúa simultáneamente el grado de su angustia y su contrición, es decir, si confiesa sus pecados con tristeza, lágrimas y dolor de la psique-alma, o simplemente los enumera sin sentir nada.

Por las razones anteriores, es de escasa ayuda para la metania y, por lo tanto, es rechazable la práctica de la confesión en una cabina separada de los fieles con los sacerdotes, donde no existe la posibilidad de comunicación personal y tratamiento individualizado, sino solo una enumeración de pecados y consejos y reglas correspondientes. La confesión tipo protestante sin sacerdote frente a una imagen o al Crucifijo, y aún más el uso del confesor automático electrónico o computadora, es una invención demoníaca, ya que no solo priva al fiel de la humildad, sino que tampoco recibe a través de la Iglesia (del sacerdote), la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y la absolución, sino que falsamente tranquiliza su conciencia, haciéndole creer que en algún lugar su injusticia fue absuelta y posiblemente compensada por una buena acción sugerida por el confesor, o la computadora.

La Iglesia Ortodoxa, como cuerpo de Cristo, es un hospital para las psiques-almas, un centro de psicoterapia y curación de las enfermedades demoníacas, ya que, según San Juan el Teólogo, “para esto el Hijo de Dios apareció como hombre sobre la tierra, para deshacer y destruir totalmente las obras del diablo” (1Jn 3,8).

El propósito principal de la Iglesia no son las obras de caridad social, -aunque también se realizan-, sino la psicoterapia, sanación y salvación de los fieles, «por los cuales Cristo murió» (Rom 14,15), a través de su participación en los sagrados Misterios.

En las diversas religiones hay teorías y prácticas de expiación y purificación divina. Sin embargo, ontológicamente, solo Cristo ofrece la remisión de los pecados y la θέωσις zéosis (divinización, glorificación) de la naturaleza humana.

San Juan Crisóstomo, explicando la filántropa invitación del Señor: “Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente» (Mateo 11:28), dice: «Venid no solo fulanito, sino todos los que estáis en tormentos, los que estáis en dolor, preocupados y sumidos en pecado y enfermos. Venid, no para buscar castigos, no pediré explicaciones y responsabilidades, sino para absolver pecados; venid, no porque Yo os exija y pida cuentas, venid, no porque necesito vuestra gloria, sino porque deseo vuestra psicoterapia, sanación y salvación, porque Yo os daré descanso psíquico. No dijo: Os salvaré solamente, sino aún más, os estableceré en un lugar sin miedo o temor en un trono de divina doxa-gloria increada (San Crisóstomo homilía 38, EPE tomo 10 pág. 610).

Si los cristianos ortodoxos perdemos el Paraíso, lo perderemos por negligencia e insensatez. Porque nuestra Santa Iglesia, como una madre cariñosa, nos alimenta con el Cuerpo y la Sangre del Señor y nos provee de todos los medios para nuestra santificación y unión mística con el Salvador Cristo. El requisito básico para esta unión es la pureza del corazón, expresada adecuadamente por la boca del Logos de Dios en el Sermón de la Montaña: «Bienaventurados los que han hecho la catarsis y están limpios del corazón, porque ellos verán, contemplarán a Dios» (Mateo 5:8).

Necesitamos, por lo tanto, limpieza, pureza y claridad de pensamientos maliciosos, limpieza y pureza del espíritu de codicia, limpieza y pureza de soberbia, orgullo y vanagloria, contrarios a Dios.

Hoy, sin embargo, más que nunca, la pureza del corazón es difícil de encontrar, es un tesoro extremadamente raro. La educación de los niños es fundamentalmente egocéntrica y, debido a la baja natalidad, los propios padres cultivan en sus hijos el egoísmo, la autosuficiencia y la vanidad o vanagloria, haciendo imposible que enfrenten las pruebas de la vida y la fricción de las relaciones interpersonales.

Los estímulos del entorno externo, las imágenes y los sonidos de la televisión y otros medios de comunicación social de masas, contaminan literalmente la parte lógica o logística de la psique-alma, estimulan la parte anhelante de ella, debilitan el poder de la voluntad, proyectando el ideal del súper-consumismo, el ideal de un estilo de vida sin restricciones éticas y compromisos. El espíritu de la autojustificación, justicia y derecho propio y la afirmación de los πάθος pazos a través de argumentos psicológicos, la negación de la mayoría de las personas de reconocer errores y debilidades y hacerse humildes, crea personas egocéntricas y endemoniadas o demonopáticas, ya que el egoísmo es una cautividad demoníaca que aleja la χάρις jaris del Espíritu Santo de la psique-alma. Además el racionalismo en la aplicación selectiva de los Sagrados Cánones y los mandamientos o logos evangélicos (por ejemplo, en el tema del ayuno, la continencia, autodominio, moderación, etc.) en nombre de la moda de la época, las constantes concesiones en asuntos de honestidad y modestia elemental en nombre de la reina moda, o la tolerancia en cuestiones éticas incluso hacia las cosas y pecados más abominables, que, lamentablemente, tienen cobertura legal en la nueva ley de la Unión Europea, la negación del trabajo honrado y la búsqueda de ganancias fáciles de manera ilegal (tráfico de drogas, sobornos, etc.), todo esto lleva a los guías espirituales a pensar que la instrucción en la metania no solo es ayuda en la cultivación del espíritu de contrición, sino al mismo tiempo, es una reevangelización y educación principalmente de la nueva generación sobre lo que realmente es el pecado, qué exige la ley y la agapi-amor de Dios, hasta el punto de que en el momento de la salida de la psique-alma del cuerpo y en el Juicio Venidero no seremos juzgados según los principios de una institución política, sino según el Santo Evangelio, cuyas verdades son eternas e inmutables, y que debemos conocer.

«El Señor, que es filántropo, magnánimo y tolerante, está de pie pacientemente y paternalmente frente a la puerta de nuestras psiques-almas y llama. Mientras todavía tenemos tiempo antes de que la muerte nos alcance, ya que cada momento está próximo, respondamos a este llamado de salvación para el retorno a la metania y conversión.

La en Cristo agapi-amor de nuestra Fraternidad Monástica por nuestros hermanos en el mundo y su preocupación por el curso del mundo moderno llevaron a la redacción de esta guía práctica de Confesión titulada “Instrucción a la metania y conversión”. Padres y hermanos, así como sacerdotes casados, ofrecieron su ayuda para la selección y composición del material.

Durante nuestro largo servicio del Misterio de la Confesión en el Santo Misterio, observamos que muchos que vienen por primera vez experimentan timidez o no saben qué decir. También es un hecho que otros, aunque tienen buenas intenciones, están alejados del Misterio por ignorancia, miedo o vergüenza. Creemos que esta edición será una ayuda para ellos para un buen comienzo.

El libro no tiene pretensiones científicas ni pretende agotar completamente el gran tema de la μετάνοια metania y la perfección espiritual. La guía espiritual de cada psique-alma para psicoterapiaρ y curar sus pazos es obra del Espíritu que se lleva a cabo no con instrucciones generales y «recetas», sino de manera individualizada, según la psico-síntesis,  composición psicológica, las condiciones de vida, las necesidades y las capacidades del penitente. El Guía Espiritual, con la agapi (amor incondicional y desinteresado) en Cristo que posee y con la iluminación del Espíritu Santo, puede discernir cuándo usar la economía, cuándo imponer una regla, cuándo mostrar indulgencia y cuándo ser estricto. Así, para el mismo pecado, puede haber muchos y diferentes enfoques y tratamientos de terapia.

Este trabajo es una simple ayuda, basada en el logos del Evangelio y en la experiencia y enseñanza de los Santos Padres, así como en la experiencia espiritual de aquellos que participaron en la elaboración de los escritos. Nuestro deseo y nuestra esperanza es ayudar, junto con tantos valiosos libros relacionados, a nuestros numerosos peregrinos, a aquellos conmovidos por la grandeza meteorítica de los Meteoros y a nuestros santos monasterios Meteoros, en un enfoque más sustancial del Misterio psicoterapéutico y salvífico de la Confesión y en la experiencia vivida de la verdadera μετάνοια metania.

El Higúmeno Archimandrita Athanasios Anastasiou y los hermanos en Cristo que están conmigo.

Nota introductoria

La pureza de la psique-alma es el estado natural del ser humano. Porque Dios desde el principio lo creó, como lo afirma San Juan Damasceno, «sin malicia, recto, virtuoso, sin dolor, sin preocupaciones, adornado con el esplendor de toda virtud, dotado con todos los bienes». (San Juan Damasceno, Obras, EPE tomo A´pag 210).

Con la caída de los primeros en ser creados, comienza a deteriorarse y oscurecerse esta imagen divina y el lugar de las virtudes, que adornaban la psique-alma humana, fue ocupado por las múltiples maldades, resultando en que el hombre pierda cada vez más su belleza primordial y caiga en un estado contranatura, que es el pecado y los πάθος pazos. Así, la conciencia, la ley ética interior del hombre, se debilita constantemente y llega gradualmente a la ignorancia de Dios y el dominio demoníaco.

Sin embargo, la agapi-amor de Dios, incluso en esta trágica situación, no abandona a Su creación. Apocalipta-revela de muchas maneras al ser humano Su propio Ser y Su voluntad salvífica, hasta que llegue el tiempo en que se encarne el Hijo y Logos increado del Padre, quien completará y cumplirá la Ley de Moisés con Su enseñanza y, a través de Sus Pazos-Padecimientos y Su Resurrección, vencerá al diablo y redimirá a la naturaleza humana.

La Ley de Dios, tal como se expresa en las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tiene como objetivo restaurar al hombre de su estado de pecado a su estado natural de virtud y divinizarlo, glorificarlo por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo.

La psicoterapia y sanación de los pazos y la adquisición de las virtudes correspondientes se logran mediante la aplicación y cumplimiento de los mandamientos divinos.

Según San Juan Damasceno, «la psique-alma se divide en tres partes: la lógica o logística, la irascible y la concupiscible o anhelante. Los pecados de la parte lógica son: la incredulidad, la insensatez, la blasfemia, la ingratitud y las complicidades en los pecados, que provienen de la parte pasional de la psique-alma. El tratamiento psicoterapéutico y sanación de estos males son la fe inquebrantable en Dios y los dogmas verdaderos y ortodoxos de la piedad, el estudio ininterrumpido de los logos del Espíritu, la oración pura y constante, y la gratitud hacia Dios. Los pecados de la parte irascible son: la crueldad, el odio, la antipatía, el rencor, el resentimiento,  la envidia, el homicidio y el orgullo, y la meditación continua sobre ellos y similares. La psicoterapia y sanación de ellos son la filantropía, la compasión, la agapi amor altruista, la mansedumbre, la paciencia, la simpatía, la indulgencia, la bondad. Los pecados de la parte anhelante o concupiscible son: la gula, la codicia, la embriaguez, la fornicación, la lujuria, el adulterio, la impureza, la lascivia, la avaricia, el deseo de vanagloria y amor al oro o dinero, la riqueza y los placeres carnales. La psicoterapia y sanación de estos son el ayuno, el autodominio, la moderación, la abstinencia, la caridad, la generosidad hacia los pobres, el deseo de los futuros bienes inmortales, el deseo del reinado de la realeza increada de Dios y la adopción divina». (Filocalía, tomo II, p. 303). https://www.logosortodoxo.com/category/filocalia/

Ciertamente, dado que las partes de la  psique-alma humana forman una unidad indivisible, al igual que las virtudes, los pazos no están aislados, sino que uno está relacionado con el otro, y si la psique-alma persiste en alguno de ellos, no podrá liberarse del resto. Aquel que desee volver a la condición natural original, es decir, a la condición de antes de la caída, y lograr la  θέωσις divinización o glorificación, (por la jaris increada), deberá luchar contra todos los pazos. La santidad se adquiere mediante la catarsis de todos los pazos y la realización del bien, siempre en colaboración con la divina χάρις jaris (gracia, energía increada), la cual se da según la medida de la predisposición y libre voluntad del ser humano.

En los Diez Mandamientos dados a Moisés por Dios mismo en el Monte Sinaí, y que resumen de alguna manera la Ley divina, se basa el cuestionario que se presenta en la primera parte de este libro. El propósito del cuestionario es ayudar al lector a identificar y aprender a discernir, no solo los pecados graves que son fácilmente perceptibles, sino también los «menos graves», según la percepción de muchos, y por lo tanto, a menudo descuidados, basándose no en una concepción legalista sobre el pecado, sino en el logos apostólico: “Porque el que guarda toda la ley, pero peca aunque sea un mandamiento, se hace culpable de todos los mandamientos o logos” (Santiago 2:10).

Es importante destacar que ningún pecado, por grave que sea, puede privarnos de la Realeza increada de los Cielos, si lo confesamos con un arrepentimiento sincero. Ni la cantidad ni la calidad de nuestros pecados son suficientes para agotar la misericordia de Dios, siempre y cuando los depositemos en la confesión con un arrepentimiento sincero en la estola (de confesión) del Guía Espiritual, y comencemos con una decisión firme una nueva vida de acuerdo con la voluntad divina.

La segunda parte se centra en las condiciones para una buena Confesión, que consisten principalmente en la μετάνοια metania introspección, conversión, arrepentimiento sincero y confesión. También incluye algunos comentarios explicativos sobre el Misterio de la Confesión, basados principalmente en el Libro de la Confesión de San Nicodemo el Aghiorita y especialmente en el «Consejo para el que se arrepiente».

Al final, se presentan como apéndice extractos indicativos de las obras de muchos santos Padres de la Iglesia, que se sumergieron profundamente en este gran misterio, siendo ellos los primeros en vivirlo.

Nuestra oración y deseo es que la confesión de todos nosotros sea completa, pura, salvadora, psicoterapéutica, sincera y agradable, para que no nos encontremos sin excusa en el Día del Juicio, sino que, borrando nuestros pecados mediante la Confesión frecuente, podamos inscribirnos en el «Libro de la Vida» (Apocalipsis 13:8) y obtener la ciudadanía en el Reinado de la Realeza increada de los Cielos.

 

PRIMERA PARTE

Cuestionario basado en los diez mandamientos

Los Siete Pecados Mortales y los pazos que derivan de ellos

Cuestionario basado en los diez mandamientos: Primer Mandamiento

“YoSoY el Señor tu Dios; no habrá otros dioses aparte de mí” (Éx 20:2-3)

¿Quizás alguna vez has negado a Dios o tu fe?

¿Quizás has sentido dudas o, por desconfianza racional, te has negado a creer en algún artículo de la fe ortodoxa o en los Santos Misterios y enseñanzas de la Iglesia?

¿Quizás por vergüenza, no has revelado tus posiciones y convicciones cristianas, tu mentalidad y respeto hacia la divina Parádosis-Tradición eclesiástica frente a aquellos que podrían tener opiniones opuestas o ser indiferentes a lo espiritual?

¿Quizás has permitido que pensamientos blasfemos y de incredulidad entren en tu mente sobre temas de fe o en lo que respecta a los divinos Misterios?

¿Quizás te has dejado llevar por enseñanzas cismáticas (papistas, etc.) o herejes (milenarios, protestantes, etc.)?

¿Quizás has recurrido a «iluminados», es decir, personas que han tenido algunas experiencias demoníacas y «revelaciones», las cuales perciben como acciones o actos divinos, resultando en su separación de la Iglesia y autoproclamándose «santos», explotando de diversas maneras a los fieles ingenuos?

¿Quizás has participado en ceremonias masónicas o similares?

¿Quizás has participado en cultos satánicos, sacrificios o en ceremonias neopaganas (idólatras)?

¿Quizás te has involucrado en grupos del Nuevo Orden (escuelas de yoga, meditación, escuelas gnósticas o teosóficas, religiones esotéricas o budistas e hinduistas, etc.)?

¿Quizás crees en la astrología (los signos del zodíaco)?

¿Quizás te ocupas de la magia?

¿Quizás has recurrido a magos para resolver problemas familiares, restaurar a tus hijos, alejar a personas no deseadas de tu círculo, atraer a alguien sentimentalmente o hacerle daño a un prójimo?

¿Quizás has ido a magos para «desbloquear» magia?

Recuerda que solo a través de los Santos Misterios y las oraciones de la Iglesia se combate al diablo.

¿Quizás has acudido a médiums, tarotistas, adivinos, astrólogos o adivinas para conocer tu «suerte o destino», para ser exorcizado, para recibir información sobre eventos futuros o para encontrar algo que has perdido, o para «llamar» a personas fallecidas para conversar con ellas, etc.? ¿Sabes que todo esto son obras del diablo para seducir a las personas?

¿Quizás te involucras en espiritismo o hipnotismo?

¿Quizás ves en la televisión películas con magos o hipnotizadores invitados, o lees libros sobre magia, adivinación, astrología, salomónicas o grimorios que incluso solo leerlos crea disturbios psíquicos y mentales, miedos, fobias y te lleva a la fe en Satanás y sus instrumentos (magos, médiums, etc.), con consecuencias dolorosas para el equilibrio psíquico y mental y también para la salud física?

¿Quizás le das importancia a los exorcismos saltando sobre el fuego el 24 de junio, la festividad de San Juan, o participas en las «hogueras»?

¿Quizás has ido a «curanderos» para ser tratado de la maldición?

Nuestra Iglesia tiene una oración especial para la maldición. Cualquier otro método es demoníaco.

¿Quizás te has disfrazado, ridiculizando tu propio ser y la imagen que Dios te dio?

¿Quizás vistes prendas que no son adecuadas para tu género?

¿Quizás le das importancia a las supersticiones, como que supuestamente el martes es un día de mala suerte, que el número 13 es malo, que el trébol trae buena suerte, que el ajo te protege del mal de ojo, etc.?»

¿Quizás consideras la presencia del sacerdote como una mala señal y te entregas a gestos indecentes?

¿Quizás instigas o presionas a otros para que sigan supersticiones o premoniciones y prejuicios?

¿Quizás has perdido tu esperanza en Dios, desconfiando de Su bondad y de la posibilidad de tu salvación?

¿Quizás has perdido la confianza en Dios de que Él puede y quiere perdonarte y ayudarte en tus necesidades?

Esta desesperación es el mayor pecado contra la esperanza en Dios y el arma más fuerte del diablo.

¿Quizás has pensado, deseado o intentado poner fin a tu vida?

¿Quizás te has jactado alguna vez de tus habilidades personales y fuerzas, de tus «recursos» humanos, considerándolos como la única forma de éxito en la vida, olvidando lo que dice el Señor: «Sin mí no podéis hacer nada»?

¿Quizás en las aflicciones, pruebas, muertes y tentaciones que a menudo provienen de nuestros propios pazos y pecados, culpas a Dios, quien todo lo soporta o permite para nuestra madurez espiritual y humildad, y sientes aversión, descontento o expresión de ira y condena por la providencia y justicia de Dios?

¿Quizás has expuesto tu vida al peligro sin una razón seria, para ver si Dios te protegería, olvidando el logos evangélico: «No tentarás al Señor tu Dios»? (Mt 4,7).

¿Quizás en un período de enfermedad grave, has rechazado la ayuda médica, esperando todo de Dios y menospreciando a los médicos que son «instrumentos de Dios»? (Sabiduría Sirac 58,1-3).

¿Quizás has recurrido a formas alternativas de medicina y terapia (homeopatía, acupuntura, iridología, cromoterapia, etc.), que no son completamente aceptadas científicamente y que ven al ser humano desde una perspectiva holística de las religiones orientales, ajena a nuestra divina Parádosis-Tradición Ortodoxa?

¿Quizás te acercas al Misterio de la Sagrada Comunión o Efjaristía sin la debida preparación y aprobación espiritual?

¿Quizás has faltado al respeto a lugares sagrados (iglesias, monasterios), tanto en términos de vestimenta como de comportamiento?

¿Quizás has manipulado o profanado descuidadamente objetos sagrados, como santa Mirra, el Agua Bendita, el Pan Consagrado, el Aceite de la Unción, el Incienso, etc., o incluso los has usado para hacer brujería?

¿Quizás has cometido el pecado de robar cosas sagradas, es decir, has intentado profanar un lugar sagrado, apropiarte o pisar una propiedad eclesiástica o sustraer algo (por ejemplo, íconos, reliquias, dinero, etc.) de un templo o un Monasterio?

¿Quizás descuidas la oración, que es alimento de la psique-alma y comunión divina?

¿Quizás se agota tu oración en peticiones que son principalmente o exclusivamente materiales y descuidas lo espiritual?

¿Quizás olvidas agradecer a Dios después de que se cumplen tus peticiones?

¿Quizás olvidas que más allá de las peticiones, la oración también tiene un carácter doxológico?

Debemos estar agradecidos a Dios por todo, por las donaciones materiales (salud, alimento, familia, hogar, dinero, etc.) y por las espirituales, así como por las pruebas que Él permite para nuestra corrección y crecimiento espiritual.

¿Quizás tu amor por Dios viene del temor o es utilitarista?

Nuestra Iglesia glorifica a Dios «por las donaciones visibles e invisibles que ha hecho en nosotros» (Liturgia Divina, Oración de Anafora o Ofrenda) y la tradición patrística preserva la necesidad de la oración de acción de gracias por las innumerables donaciones divinas: por hacernos seres humanos y no animales (por ejemplo, San Paisios), nos dio salud, alimento y vivienda, nos dio buenos padres, maestros, padres espirituales y pastores, nos colocó en la belleza de la creación, nos dio tiempos pacíficos, nos permitió nacer «Ortodoxos » y vivir libres para aprovechar nuestra pesada herencia. Además, nos dio la oportunidad de orar y participar en el Cuerpo y la Sangre de Él, y muchas otras cosas más…

Este amor es imperfecto. No debemos olvidar que Dios es nuestro Padre, por lo que debemos amarlo y adorarlo por agapi-amor, como hijos genuinos, y no por miedo, como siervos o mercenarios.

¿Tienes demandas irracionales y le pides a Dios cosas que no son para el beneficio de tu psique-alma?

¿Te justificas a ti mismo (autoderecho) por cada acción tuya y no aceptas ningún consejo o sugerencia, incluso ni de tu Guía Espiritual, negando así el juicio justo de Dios?

¿Acaso estás divinizando tu lógica y no aceptas con fe y humildad los mandamientos de Dios, rechazando o considerando algunos de ellos inapropiados, porque tu lógica no puede entenderlos? Además, ¿te estás convirtiendo en juez de las acciones de Dios o crees que sabes mejor que Dios lo que debe suceder en cada caso?

¿Tienes alguna duda de que con una Confesión sincera se te perdonan tus pecados?

El racionalismo es un desequilibrio de la soberbia, altanería y un pecado muy grave. El racionalista diviniza su propia lógica y olvida que la mente humana es finita, limitada, capaz solo de investigar y comprender lo sensible. Para lo celestial y sobrenatural se aplican otras reglas que superan la lógica. Las realidades espirituales se comprenden mediante la fe y la iluminación del Espíritu Santo, que se concede a las psiques- almas purificadas y humildes que han hecho la catarsis. Una confianza excesiva en nuestra lógica conduce al absurdo. Porque, ¿cómo podemos creer en Dios, estudiar y aceptar Su logos como verdadero, pero cuestionar Su agapi-amor, Su misericordia, Su caridad, Su perdón de nuestros pecados? El humilde confía absolutamente en las promesas del Señor sobre Su providencia y la absolución de los pecados mediante la confesión.

¿Quizás crees que solo tus buenas obras pueden salvarte y no la misericordia y la caridad de Dios?

¿Quizás confías solo y excesivamente en tu lógica, en tu inteligencia o en tu habilidad, y en las demás ventajas que crees tener, y piensas que con ellas encontrarás soluciones a tus problemas, olvidando que todas son regalos de Dios, son los talentos que Él te ha dado para que los aproveches y te pedirá cuentas por su buena o mala gestión?

¿Quizás te escandalizas y te quejas contra Dios por las pruebas y tentaciones que permite que te sucedan y no las enfrentas con paciencia?

Debemos saber que para la mayoría de las pruebas, la causa son nuestros pecados. El quejarse, o la falta de paciencia ante lo desagradable que nos sucede, es contrario al espíritu de la μετάνοια metania, del arrepentimiento, la humildad y la confianza en el amor de Dios. El hombre que se arrepiente y vuelve a la metania considera a sí mismo merecedor de cualquier castigo y sufrimiento y agradece a Dios por las aflicciones que nos enseñan la paciencia y nos santifican. El que gime y se queja ante las pruebas está dominado por el egoísmo y no tiene una verdadera metania y arrepentimiento. Un hombre así no puede sufrir voluntariamente por la adquisición de la virtud. La santidad con comodidades sin dificultades, sin aflicciones y penas es imposible de lograr. Las diversas pruebas son un excelente medio educativo en las manos de Dios. Al quejarse, gemir y descontentarse contra Él, negamos Su instrucción y educación, negamos nuestra salvación. Los Santos desean las aflicciones y las soportan con alegría y alabanza en cada dificultad.

¿Quizás te quejas porque tu νούς nus (espíritu de la psique) y tu lógica, así como el poder de tu conocimiento, no pueden explorar la profundidad de la sabiduría divina y consideras injusticias de Dios que muchos justos y piadosos sufran y sean afligidos, mientras que los injustos y pecadores prosperan y descansan?

Debes saber que lo que sucede en la vida de las personas, algunas veces ocurre por la concesión de Dios, otras veces por Su economía y otras veces para la enseñanza e instrucción, para que nos arrepintamos, volvamos a la metania y seamos salvos. Debes saber también que muchas otras cosas suceden en nuestro mundo por la voluntad de Dios, por razones que nosotros, los humanos, no conocemos, incluso si las consideramos «injusticias» de Dios. Además, no podemos lograr la salvación de nuestra psique-alma si el horno de las tentaciones y las aflicciones no la purga y la purifica haciéndola la catarsis de los pecados.

Segundo Mandamiento

«No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás a ellas, ni las honrarás. (Éxodo 20:4).

¿Quizás eres avaro o codicioso? Debes saber que «la codicia es idolatría» (Colosenses 3:5).

¿Quizás la razón de tu avaricia te impide alimentarte bien o descuidas el sustento de tu familia?

¿Quizás eres derrochador y gastas tu dinero en juegos de azar, apuestas, centros de entretenimiento, y privas a tu familia de lo necesario?

¿Quizás eres tacaño y no te importa la desgracia de los demás, evitando dar limosnas y hacer obras de filantropía y caridad?

¿Quizás eres glotón, esclavo de la panza y te preocupas constantemente por lo que comerás o beberás, dañando así tu salud?

¿Quizás te comportas con hipocresía como un buen cristiano mientras en realidad no lo eres?

¿Acaso crees en los sueños?

¿Acaso idolatras o divinizas personas o grupos en el ámbito artístico, deportivo, político?

¿Quizás incluso en el ámbito eclesiástico sucede esto y te conviertes en seguidor de personas en lugar de ser un miembro fiel de la Iglesia?

¿Quizás te ocupas excesivamente de lo mundano (conversaciones no espirituales, chistes, logos vanidosos, charlas vacías, charlatanerías etc.) y no te importa o te molesta lo espiritual (discursos, conversaciones de contenido espiritual, participación en servicios religiosos, estudio de libros edificantes, etc.)? El Señor condena todo esto en el Evangelio de Mateo 12:16. Esta negligencia gradualmente conduce al olvido de Dios y a alejarse de Él y de Su Iglesia, y finalmente a la incredulidad.

¿Quizás te preocupas más por el cuerpo que por la psique-alma?

¿Quizás te preocupas y te apegas excesivamente a lo mundano, que es temporal, y olvidas que más allá de la tumba hay vida eterna?

¿Quizás te enfocas excesivamente en el interés propio, tu vida, tu honor, tus propiedades y tus bienes?

¿Quizás buscas vivir lujosamente, derrochando en exceso en comida, ropa, comodidades? Te caracteriza una excesiva preocupación por la limpieza y el orden de tu hogar. Gastas mucho tiempo y dinero en la decoración de tu hogar o en el embellecimiento de tu cuerpo. El resultado de todo esto es un apego excesivo a formas y cosas externas y superficiales.

¿Quizás te gusta presumir de tus carismas o virtudes (físicos o intelectuales) con palabras, acciones u obras? ¿O te complaces en tus propias ventajas y te consideras «la medida justa» con la que puedes medir a los demás, juzgarlos y condenarlos sin darte cuenta de que esto es blasfemia contra Dios, que es el único y justo Juez de cada uno de nosotros?

¿Acaso exaltas en exceso las cualidades de tu familia (hijos, cónyuge, hermanos) y te gusta jactarte de sus habilidades físicas, intelectuales o mentales, de sus virtudes y logros?

¿Quizás estás dominado por la pasión pazos de la megalomanía?

¿Acaso estás dominado por el pazos de la:
a) Φιλαυτία Filaftía (egoísmo, egolatría): La filaftía es el amor enfermizo y excesivo hacia uno mismo, que lleva a una verdadera idolatría del «yo» (egolatría), que se convierte en el centro de interés y el propósito de todos nuestros esfuerzos. La filaftía con el orgullo y la vanagloria es «la raíz y generadora de todos los males» y sus primogénitos hijas la soberbia, orgullo y la vanagloria, (Juan Sinaíta «Escalera»  Logos, 22, 28). No es una simple debilidad. Se esconde debajo de todos nuestros pecados, se desliza en cada una de nuestras acciones y envenena y destruye nuestras buenas obras. El orgulloso se considera a sí mismo como superior a los demás y su opinión como sabia. Quiere imponerse siempre a los que lo rodean. No tiene en cuenta la opinión de nadie, desprecia y critica a los demás, resaltando y magnificando sus defectos, mientras se hace ciego a sus carismas y virtudes.

  1. b) Vanagloria: Una fuerte tendencia a mostrar virtudes y habilidades personales, ya sean reales o no, con el fin de provocar elogios.
  2. c) Narcicismo o presunción: El narcicismo se manifiesta al estar satisfecho consigo mismo y llega incluso al autoelogio. San Basilio el Grande identifica al narcicismo o presunción con la autosuficiencia: «Además, el narcisista o presumido manifiesta en sí mismo también insolencia, descaro o desfachatez, creyendo con mayor precisión que tiene el juicio de sí mismo superior al juicio de la mayoría». Por otro lado, San Ignacio Teóforo describe al narcisista como un «espíritu errante».
  3. d) Coquetería o querer gustar a los demás: La coquetería es el intento de agradar a los demás y atraer su interés. La coquetería es la búsqueda de aprobación y admiración de los demás.
  4. e) Vanidad: El vanidoso busca honores y reconocimientos por virtudes que no posee, sin avergonzarse ante los elogios de diversos aduladores y oportunistas. El el amante de la vanidad tiene como objetivo supremo su propia gloria y por ella sacrifica la felicidad y la conciencia, a veces realizando acciones moralmente condenables para llamar la atención sobre su nombre.
  5. f) Jactancia: Narración con mucha ostentación de acciones y obras personales, o la disposición de una persona para alabarse y elogiarse a sí misma.
  6. g) Desfachatez o insolencia: La desfachatez o insolencia es, debido al orgullo, la falta de respeto hacia los demás, incluso hacia los mayores y superiores, falta de modestia y buen comportamiento, desprecio y falta de honor hacia los demás.
  7. h) Desvergüenza, sinvergüenza: Desvergonzado es aquel que habla inoportunamente, sin respeto por su interlocutor, interrumpiéndolo. Además, el sinvergüenza, muestra falta de cortesía en sus palabras, insultando a menudo a los demás. Relacionada con la autosuficiencia y la desvergüenza, es también la osadía; es un rasgo característico también del orgullo. No tiene ninguna relación con la valentía, aunque a menudo se percibe como tal. La valentía, el coraje y la audacia son características de los humildes, porque son un regalo del Espíritu Santo. La filaftía (egolatría) y la osadía suelen ir acompañadas de la cobardía, que es un resultado de la influencia demoníaca.

Todos los pazos mencionados anteriormente son hijos de una madre: la soberbia u orgullo. No hay un mal más terrible que el orgullo. Por sí solo, es suficiente para condenarnos eternamente. El orgullo, cuando no se combate, puede llevarnos a la arrogancia luciferina. Un pazos tan destructivo conduce al no arrepentimiento, sin remisión, cerrando la puerta a la misericordia divina. El orgullo llevó a Lucifer a la caída y al no arrepentimiento.

¿Quizás expresas tu opinión o juicio sin que te lo pidan?

¿Quizás insistes en tu opinión, ya sea correcta o incorrecta, sin respetar o discutir la opinión de los demás, con el fin de ser aceptado por ellos, incluso con arrogancia y autoritarismo?

¿Quizás careces de discernimiento y paciencia para escuchar el pensamiento completo o la opinión de tu interlocutor y lo interrumpes, mostrando así tu falta de cortesía y te conviertes así en sinvergüenza?

¿Quizás subestimas y menosprecias a los menos educados o menos afortunados que tú en términos de educación, en lo físico o económico? ¿Quizás areces de espíritu de renuncia y sacrificio por el bienestar de tus semejantes?

¿Quizás eres demasiado exigente, exigiendo constantemente servicios de los demás, y también en trabajos y tareas que podrías realizar tú mismo?

Tercer Mandamiento

“No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano”.

¿Quizás juras en vano en el nombre de Dios, de la Virgen, de la Cruz o de los Santos, solo para ganarte la confianza de los demás?

¿Quizás haces que otros juren para creer lo que te dicen?

¿Quizás has quebrantado el juramento que hiciste?

¿Quizás no has cumplido la promesa que hiciste a Dios o a los Santos?

¿Quizás utilizas pasajes de las Sagradas Escrituras para chistes o anécdotas vulgares?

¿Acaso blasfemas contra Dios, Cristo, la Virgen, los Santos y los Misterios?

¿Acaso maldices y envías al diablo a tus hijos, a tu mujer, las herramientas que usas, u otras personas, aunque sea de broma alguna vez?

¿Acaso olvidas que cada blasfemia contra Dios, Cristo, la Virgen, los Santos, etc., es una negación de la fe?

¿Acaso olvidadas que la blasfemia hace al hombre peor que el demonio? Porque «hasta los demonios creen y tiemblan» (Sant 2,19) y nunca blasfeman el nombre de Dios.

¿Acaso olvidas que cuando entregas a tus hijos al diablo, los privas de la divina jaris gracia de Dios y los entregas como regalo a Satanás, y pueden endemoniarse y ser poseídos por demonios?

¿Acaso olvidas que quien blasfema se entrega a sí mismo al diablo y él lo dirige hacia el mal?

Cuarto Mandamiento

«Haz todas tus obras en seis días, y en el séptimo día, sábado, descansa para el Señor tu Dios».

¿Acaso no asistes a la iglesia los domingos y en las grandes festividades?

¿Acaso cuando asistes a la iglesia, no sigues la Divina Liturgia desde el principio hasta el final, es decir, te vas temprano antes de que termine?

¿Quizás cuando asistes a la Iglesia, no participas con atención y reverencia en la Divina Liturgia, sino que a veces conversas y molestas a los demás, especialmente cuando se celebra algún Misterio/Sacramento (como el matrimonio, el bautismo)?

¿Acaso no guardas el descanso del domingo y de las grandes festividades, sino que trabajas o haces que tus empleados trabajen entonces?

¿Quizás no te preparas en estos días, domingos y grandes festividades, con continencia, para asistir a la Iglesia?

¿Acaso no dedicas los días festivos a Dios o descansas, sino que desperdicias el tiempo en embriaguez, juegos de azar, centros de entretenimiento pecaminoso? ¿Quizás no ayunas los miércoles (día de la concepción del Señor) y los viernes (día de su crucifixión), si no hay una razón de salud grave?

¿Quizás no comulgas regularmente, sino solo una o dos veces al año, y luego sin la preparación psicológica necesaria? Así, privas a tu psique-alma del alimento celestial, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que salva, redime, perdona pecados y psicoterapia, sana la psique-alma y cura el cuerpo.

¿Acaso no confiesas por ignorancia («no hice nada»), por error («hace lo mismo, se lo dije a la icona/imagen») o por arrogancia («cuentos de curas, ¿dónde encontraste eso»?), olvidando que sólo un día en la tierra el hombre pecará y que el Santo Misterio/Sacramento de la Confesión lo estableció Cristo mismo?

Quinto Mandamiento

«Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien y disfrutes de larga vida sobre la tierra.

Hijos,

¿Acaso no muestras el respeto adecuado, el amor apropiado, el honor y la obediencia a tus padres?

¿Acaso los contradices, los tratas con desdén, los insultas, levantas la mano y los golpeas?

¿Acaso desobedeces sus consejos y actúas con terquedad en lo que te dicen?

¿Acaso no les agradeces por todo lo que han hecho o hacen por ti, mostrándoles tu agradecimiento de diversas maneras?

¿Acaso no los cuidas ni los apoyas en tiempos de dificultad o necesidad?

¿Acaso no los atiendes en su enfermedad?

¿Acaso no les prestas atención en su vejez, no les haces disfrutar, no soportas las debilidades y rarezas de su vejez?

¿Acaso no te importa su opinión y en general te desentiendes de su bendición para el éxito de cualquier empresa tuya, olvidando que «la madera del padre sostiene la casa de los hijos, mientras que la maldición de la madre arranca los cimientos»? (Sabiduría Sirac 3:9)

Padres

¿Acaso no se preocupan por la correcta educación de sus hijos, ya sea física o psíquicamente?

¿Acaso no dan un buen ejemplo de armonía, amor, sensatez, tolerancia, perdón, y no crean un ambiente cálido en el que sus hijos puedan desarrollarse y convertirse en miembros sanos de la sociedad?

¿Acaso por vuestra negligencia y desgana no corrigen sus propias debilidades y errores, dando así un mal ejemplo a sus hijos?

¿Acaso no se preocupan por las amistades de sus hijos y no los protegen de malas compañías?

¿Acaso no se preocupan por su educación con buenos maestros o por aprender algún arte si no son buenos en las letras?

¿Acaso no les enseñan desde temprana edad la Fe Cristiana y no los alimentan con las enseñanzas de la Fe Ortodoxa y de la Patria? Es decir, intentar que aprendan ir a la Iglesia, a congregarse, a orar y sacrificarse por los demás, amar a la Patria, servirla con alegría como soldados, pero también como ciudadanos.

¿Acaso no les aconsejan cuando cometen errores, sino que con su excesiva tolerancia los dejan descontrolados en sus «inocentes» pasiones, según su opinión, y así establecen un comportamiento egoísta y negativo por parte de ellos?

¿Acaso no se preocupan por la calidad de los espectáculos y el entretenimiento de sus hijos y no los ayudan a aprovechar su tiempo libre de manera creativa y sin dañarse?

¿Acaso no los mantienen informados sobre temas sociales, sobre problemas vitales que conciernen a la restauración familiar, para que tengan las condiciones para crear su propia familia más adelante,   basada en bases sólidas, y vivir felices?

¿Acaso no les enseñan a sus hijos desde temprano el valor de la continencia antes del matrimonio, el error y el pecado de las relaciones prenupciales y la Santidad de la relación monógama, sino que los dejan vagar en un entorno lleno de estímulos, pansexualismo, perversión y corrupción organizada?

¿Acaso indirectamente transfieres a tus hijos tus deseos y metas inalcanzables? Por ejemplo, no habéis conseguido que el hijo se  convierta en médico o abogado y tu hijo debe serlo, aunque quizás él no desee lo mismo.

¿Acaso os oponéis a la decisión de vuestro hijo de dedicarse a Dios (convertirse en sacerdote, teólogo o monje) y reaccionáis, utilizando medios legítimos o ilegítimos, para impedirlo?

¿Quizás habéis prometido o impuesto algo a vuestros hijos que se conviertan en sacerdotes o monjes sin que haya tal inclinación en ellos, mientras que ellos quieren formar una familia propia? ¿Acaso los presionan de diversas maneras (autocracia, violencia o chantaje emocional) para que siempre hagan lo que vosotros queráis, aunque estáis equivocados, ignorando que de esta manera vuestro amor se convierte en opresión y tiranía, en lugar de ayudarlos a convertirse en personalidades maduras y libres?

¿Acaso consideráis a vuestros hijos como vuestra propiedad y no como regalos e hijos primero de Dios y luego vuestros?

¿Acaso vuestro comportamiento es inapropiado hacia los hijos y los insultáis o los castigáis sin una razón seria o para vuestro desahogo y no para educarlos?

¿Quizás consideran ustedes a los hijos como una «molestia» y una «carga intolerable» y expresan así ingratitud y resistencia hacia Dios que los ha dado?

¿O acaso su amor hacia los hijos depende de cuánto responden a vuestras expectativas y no podéis aceptar y tolerar finalmente cualquier deficiencia en ellos en cualquier área (desde la simple falta de agilidad hasta la discapacidad)? Un amor así es completamente egoísta.

¿Quizás no se ocupan personalmente de los hijos tanto como deberían, sino que delegan y confían su crianza en «niñeras» que no siguen la ortodoxa tradición y lengua griega (extranjeras)? ¿Qué semillas sembrarán en sus psiques-almas?

¿Quizás consideran a vuestros hijos como obstáculos para disfrutar y llevar una vida cómoda, porque implican esfuerzos y sacrificios para criarlos?

¿Quizás se conforman solo con un hijo, teniendo una concepción completamente mundana del asunto y sin darse cuenta de que el niño por sí solo no crece normalmente, sino que desarrolla una conducta egoísta por naturaleza y se vuelve beligerante y exigente? La negación de la procreación y el uso de diversos medios para evitarla muestran falta de fe en la providencia de Dios y son un gran pecado.

¿Quizás hacéis distinciones entre los hijos y contribuís a crear envidia entre ellos?

¿Muestran un amor y apego excesivos hacia vuestros hijos, hasta el punto de disminuir el amor hacia el cónyuge y así causar problemas en vuestras relaciones?

Esposos

¿Quizás no cuidas a tu esposa como deberías?

¿Acaso no le muestras el debido favor y no la amas como a ti mismo?

¿La afliges, la entristeces, la humillas y la menosprecias delante de los demás, considerándola inferior a ti?

¿Te comportas de manera autoritaria con ella, la maltratas, la insultas, la golpeas, la acusas delante de tus hijos, causando así graves problemas?

¿Quizás la maltratas sexualmente?

Esposas

¿Quizás no obedeces a tu esposo y no consideras su opinión, sino que haces lo que quieres?

¿Acaso no lo toleras cuando está molesto, sino que le respondes y no esperas a que se calme para decirle lo que quieres como una mujer sensata?

¿Con el paso del tiempo, no le muestras la ternura y el interés que mostrabas antes?

¿No lo respetas, sino que te desvías y lo insultas o menosprecias?

Preguntas comunes para los cónyuges:

¿Acaso ignoran que el matrimonio es una bendición de Dios y un honor especial para la pareja, porque se convierten en colaboradores de Dios en la creación de nuevas personas?

¿Quizás evitan la procreación de diversas maneras?

¿Ignoran que con su matrimonio se convirtieron en «uno» según el mandamiento de Dios y que el amor entre ustedes debe ser tan grande y único que ningún otro amor (hacia los padres, parientes, hijos, etc.) debe dividirlo?

¿Acaso exponen sus problemas, tristezas o diferencias ante sus hijos (por pequeños que sean), causándoles así traumas psicológicos?

¿Quizás no practican la debida moderación en los domingos, festividades (sobre todo en las fiestas soberanas del Señor y de la Madre de Dios), días de tristeza cruciforme y en otros momentos, -por supuesto de acuerdo mutuo-, para ocuparse en oración y ayuno? (1 Cor 7:5).

¿Quizás no amáis y no aceptáis a vuestro compañero/a como es, con sus virtudes y defectos, pero quieren adaptarlo a vuestros deseos y necesidades o hacerlo/la vuestro instrumento obediente?

¿Alguna vez habéis sentido remordimientos y os habéis quedado con ese pensamiento por haberse comprometido con el matrimonio o por haber elegido a vuestro compañero/a?

¿Para una convivencia pacífica, no cesáis mutuamente y no reconocéis vuestra culpa, y no os perdonáis mutuamente?

¿Acaso vuestra terquedad destruye la paz familiar y se quejan el uno contra el otro?

¿Quizás no honran y no aman a los padres del otro (suegros, suegras) o a los parientes del otro?

¿Acaso no honras y no respetas a los padres espirituales, sacerdotes, obispos, sino que, por el contrario, los menosprecias? ¿Te comportas con arrogancia hacia ellos, los criticas, cayendo así en el grave pecado de blasfemia?

¿Te niegas a obedecer al Guía Espiritual y prefieres siempre hacer tu propia voluntad? ¿Quizás no eres reverente y no honras a tu Santo protector, que llevas su nombre?

¿Quizás con tu vida pecaminosa, afliges o alejas a tu ángel guardián?

¿Acaso no muestras el debido respeto a tus benefactores, al maestro, a tu jefe de trabajo o incluso les muestras ingratitud por el bien que te han hecho, por pequeño que sea su favor, y que es un complejo de inferioridad, de envidia y del orgullo y del egoísmo heridos?

¿Acaso como benefactor, no eres utilitarista, es decir, esperando retribución, alabanza o agradecimiento de aquellos a quienes beneficias?

Sexto Mandamiento

«No cometerás adulterio»

¿Acaso has pecado cometiendo adulterio con alguien casado/a?

¿Quizás has practicado la prostitución o fornicación con alguien soltero/a, pariente o no?

¿Has dejado embarazada a una mujer y la abandonaste o la obligaste a hacer un aborto, es decir, cometer un asesinato?

¿Acaso te masturbas?

¿Has participado en relaciones sexuales ilícitas con otra persona, hombre o mujer?

¿Has participado en sodomía, homosexualidad, encuentros con personas del mismo sexo?

¿Has cometido bestialismo, zoofilia, teniendo relaciones con animales?

¿Has participado en actos sexuales indebidos con tu esposa?

¿Has utilizado demasiados adornos y perfumes para provocar?

¿Admiras y deseas sexualmente a un hombre o una mujer, lo que genera la pasión de la lujuria, culto a la carne y la sensualidad en tu psique-alma?

¿Has sido intermediario en la creación de una relación ilegítima y caer algunos/as a la fornicación y prostitución?

¿Has escrito cartas difamatorias de forma anónima sobre un hombre o una mujer con el propósito de romper una relación o acuerdo entre dos personas?

Principio del formulario

¿Eres orgulloso, egoísta, codicioso y bebedor, pazos pasiones que conducen a la prostitución y al adulterio? ¿Te complaces en seguir y acostumbrarte a ver espectáculos inmorales (películas, programas de televisión, espectáculos, programas nocturnos, pornografía, etc.), cayendo así en el pecado de la lascivia?

Especialmente para mujeres: ¿Acaso has tenido un aborto? ¿Sabes que el aborto es un asesinato, especialmente de los más despreciables?

Séptimo Mandamiento:

«No robarás»

¿Acaso has robado o estás robando cosas ajenas?

¿Quizás te has convertido en cómplice, comprando cosas robadas a ladrones?

¿Has tomado cosas de tu hermano u otra persona pariente y así has actuado injustamente?

¿En tu trabajo, te vuelves en ladrón (en el peso, en la cantidad, sobrevalorando los productos que vendes, haciendo exenciones de dinero, etc.)?

¿Has movido las fronteras de tu campo, robando así tierra de tu vecino, tierra que no te pertenece? ¿Acaso has reclamado bienes que no te pertenecen, ya sea ocultando o cuestionando un testamento o incluso instando a alguien a hacer un testamento a tu favor?

¿Has falsificado alguna vez la firma de alguien (familiar o conocido) para apropiarte de objetos o dinero que no te pertenecen?

¿Has abierto cartas ajenas?

¿Has robado animales o cortado árboles o frutos ajenos?

¿Has encontrado algo que no te pertenece y no lo devolviste a su dueño (billetera, dinero, etc.)? ¿Has pedido prestado dinero, herramientas, materiales, etc., y no los devolviste al propietario?

¿Has escuchado secretamente por curiosidad con el propósito de luego usar lo que escuchaste para propósitos maliciosos (calumnia, condenación, etc.)?

¿Participas en juegos de azar y tomas parte en juegos de azar (un «robo legal» para muchos) y así perjudicas a tu familia, robándola, y al mismo tiempo robas a tus semejantes?

Octavo Mandamiento

«No matarás»

¿Quizás has sido un asesino, ya sea intencional o involuntariamente?

¿Acaso has sido la causa del asesinato de otra persona con tus palabras, tus acusaciones?

¿Has incitado, aconsejado y ayudado en tal acto?

¿Deseas el sufrimiento del otro o te regocijas con su desgracia?

¿Guardas rencor, maldad, odio hacia los demás y esperas el momento de vengarte en lugar de perdonar?

¿Quizás no perdonas a aquellos que te han hecho daño o perjudicado, o algún mal o incluso a tu enemigo, o no buscas fácilmente el perdón de los demás?

¿Has rechazado a los pobres que se te acercaron, humillándolos y hablándoles mal?

¿Has practicado el aborto o has dado hierbas, píldoras, medicamentos para provocar un aborto en una mujer embarazada o quizás has infligido violencia a una mujer embarazada o la has cargado de cualquier manera para que pierda el bebé o le has impuesto el aborto de un niño ilegal?

¿Has recomendado a un médico que haga un aborto y así te has convertido en cómplice moral del asesinato y esa mujer en asesino físico?

¿Has dado instrucciones para evitar la procreación y así has ido en contra de la obra de la vida que Dios ha ordenado? ¿Acaso eres un elemento perturbador y provocas que otros peleen, a veces solo para divertirte?

¿Eres propenso a las disputas y te enojas fácilmente y te gusta discutir por cosas triviales? ¿Quizás has enojado y maldecido injustamente a alguien?

¿Has peleado y golpeado a alguien?

¿Has maldecido a ti mismo o a los demás? ¿Acaso no te has cuidado y has transmitido una enfermedad contagiosa?

¿Has causado alguna enfermedad a ti mismo o a otros debido al exceso de comida, bebida o placeres carnales?

¿Acaso al ceder al vicio del tabaquismo, dañas tu salud y la de quienes te rodean?

¿Alguna vez has tomado o estás tomando drogas de cualquier tipo que estén destruyendo tu vida, matando así tu psique-alma por la cual Cristo fue crucificado? Porque, según el Apóstol, «No sois de vosotros mismos, pues habéis sido comprados a un precio» (1Cor 6, 19-20), es decir, con la sangre de Cristo;

¿Has arrastrado y conducido a otros al uso de drogas?

¿Estás traficando o vendiendo la muerte blanca y dolorosa a la que conducen las drogas, para enriquecerte fácilmente, sin preocuparte por el mal que causas a tus semejantes, convirtiéndote así en asesino de ellos?

¿Estás utilizando otras sustancias aparentemente inofensivas (pastillas, LSD, «éxtasis», etc.), alimentando así un desorden difícil de curar y tiránico que daña tu salud física y psíquica, tu paz e incluso tu situación económica?

¿Te dejas llevar por el terrible vicio de la embriaguez que deshonra tu dignidad y el honor de tu familia, y te lleva así a una muerte lenta, destruyendo tu salud?

¿Frecuentas lugares (pubs, discotecas, bares, clubes, etc.) que promueven una vida deshonesta, inmoral y materialista, que lleva a las drogas, al fácil beneficio de las ilegalidades y a acciones que degradan la personalidad, conduciendo a la pereza, etc.?

Noveno Mandamiento

«No darás falso testimonio contra tu prójimo»

¿Acaso has dado falso testimonio o has hecho que otro dé falso testimonio para ganar algo?

¿Quizás dices mentiras para justificarte, para no culparte a ti mismo y humillarte?

¿Quizás no distingues tu confesión con franqueza y sinceridad, sino que culpas a los demás y les echas la culpa de tus acciones (suegra, nuera, esposa)?

¿Acaso dices mentiras para evitar hacer una voluntad que te han confiado?

¿Quizás has calumniado a alguien para dañarlo, humillarlo o difamarlo?

¿Halagas a los demás con falsos elogios para asegurarte su aprecio o ganar beneficios?

¿Te muestras hipócrita y falso para obtener el favor y la aprobación de los demás?

¿Eres sospechoso y crees en tus sospechas sobre los demás? Sepa que de este vicio surgen la curiosidad, los chismes, los susurros, las disputas, las condenas, etc.

¿Quizás te ocupas y vigilas detenidamente la vida de los demás más allá de lo que impone el deber y el amor hacia ellos? El resultado es que te vuelves tedioso para los demás y sufres daños espirituales.

¿Estás dominado por el espíritu de curiosidad y tienes la mala costumbre de preguntar constantemente y de manera indiscreta a los demás, especialmente sobre asuntos completamente personales?

¿Eres ocioso o hablador, lo que a veces te lleva a decir palabras inapropiadas y caer en el pecado de la condenación? No olvidemos el logos del Señor: “No juzguen y condenen para que no sean condenados” (Mt 7,1), y “con la medida que medís seréis medidos” (Mrc 4,24).

¿Quizás te dedicas a difundir noticias o secretos de otros (falta de discreción) y así creas conflictos y enemistades en las relaciones entre tus semejantes?

¿Acaso te entregas a chistes, ironías, imitaciones y risas basadas en los errores, defectos naturales o espirituales de los demás?

¿Te sobornas en tu trabajo (o aceptas y pides comisiones ilegales) y violas tu deber o te enriqueces o exiges servicios irrelevantes para ofrecer los servicios que estás obligado a ofrecer por la naturaleza del trabajo para el cual recibes un salario?

Décimo Mandamiento

«No codiciarás los bienes de tu prójimo»

¿Acaso has codiciado a la esposa o esposo de tu pariente o de otro?

¿Quizás has envidiado la felicidad de alguien o has deseado sus posesiones?

¿Te consume la tristeza y la melancolía debido al progreso o superioridad de alguien en algún área?

¿Te dejas dominar por la amargura y buscas formas de menospreciar o difamar a otros, tratándolos con dureza e injusticia?

¿Tu φιληδονία filidonía amor por los placeres y la vida de lujo te lleva a comparar constantemente tu vida con la de los más ricos, mientras te quejas de tu pobreza, pero al mismo tiempo desperdicias los excedentes de comida u otros recursos? Los excedentes pertenecen a los pobres.

¿Quizás es tu estilo de vida tan lujoso que escandalizas a tu hermano que puede estar pasando necesidades?

¿Buscas ambiciones, primeros sitios que no te corresponden o títulos que no te convienen?

¿Acaso no te opones ni combates los malos y viles pensamientos que te presenta el diablo, sino que te complaces en ellos y te comprometes en tu corazón a realizarlos en el momento adecuado?

La santa tradición de la Iglesia nos muestra el mejor y más efectivo medio de combatir los malos pensamientos con la oración sin cesar: «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, ten misericordia o caridad de mí, pecador». Esta invocación del santo nombre es un arma contra el diablo, porque nos fortalece con la jaris gracia increada de Dios y nos hace invulnerables a las tentaciones. Además, gracias a su brevedad, hace posible el «orar sin cesar» (1Tes 5,17), para que podamos alcanzar, con la jaris gracia increada de Dios, el «no pecar más» (Juan 5:14)

La invocación constante del nombre de Jesús a través de la oración del corazón es una práctica fundamenta para todosl, especialmente para los monásticos. Para los fieles que luchan en el mundo lleno de preocupaciones, el obispo de Diócles, Kalistos recomienda: «Podemos decirlo una o varias veces, en momentos dispersos del día, que de otro modo serían espiritualmente perdidos: cuando estamos ocupados en una tarea común o automática… cuando caminamos o conducimos… en un momento tranquilo antes de una conversación particularmente difícil; cuando no podemos dormir o antes de que nuestra mente se despierte completamente del sueño… Es especialmente útil en momentos de tensión, angustia y ansiedad… La oración cordial o de Jesús que, dado su repetición frecuente, se vuelve familiar y casi inconsciente, nos ayuda a permanecer en la presencia de Dios dondequiera que estemos, no solo en el altar o en el desierto, sino también en la cocina, en el taller, en la fábrica. «(Kálistos Ware, ‘El poder del nombre’, Ed. Akrítas, pág. 24-25).

Los siete pecados mortales y los pazos (vicios, adicciones y pasiones) que surgen de ellos

  1. Soberbia: Vanidad, orgullo, arrogancia, presunción, jactancia, desobediencia, desdén, hipocresía, terquedad, etc.
  2. Avaricia: Codicia, infidelidad, dureza de corazón, ansia de riqueza, robo, hurto, mentira, injusticia, perfidia, perjurio, simonía, sacrilegio, incredulidad.
  3. Lujuria: Prostitución, fornicación, adulterio, sodomía, bestialismo, corrupción de menores, incesto, violación, promiscuidad, masturbación, desvergüenza, ceguera mental, impiedad.
  4. Envidia: Celos, odio, malicia, rivalidad, calumnia, engaño, traición, homicidio, ingratitud, dolor por la prosperidad del envidiado.
  5. Gula: Glotonería, voracidad, amigo de la panza o estómago, embriaguez, derroche, hedonismo, placer carnal, lascivia, etc.
  6. Ira: enojo, odio, rencor, resentimiento, rivalidad, blasfemia, perjurio, maldición, insolencia, pelea, contienda, homicidio.
  7. Pereza (acedia, negligencia): Depresión, desgana, desánimo, cobardía, timidez, tristeza y resentimiento por el bien que debes hacer, pretexto en pecados, desesperanza, incredulidad, apatía y falta de buenas obras.

Al examinarse uno mismo, investigando con atención y sinceridad las profundidades de su psique-alma y descubriendo los muchos y variados pazos, los pecados, las faltas, las debilidades y las omisiones, quizás comprenda la desesperación por su salvación. Tales pensamientos de desesperación siembran y refuerzan el enemigo de nuestra salvación, el diablo, utilizándolos contra nosotros como uno de sus más poderosos instrumentos. Con su astucia distorsiona la verdad más reconfortante, que Dios es misericordioso, compasivo e inagotable en agapi-amor, cuyo infinito océano hace que incluso los mayores crímenes y los más terribles pecados se desvanezcan y se pierdan como una pequeña chispa.

El Señor, que instituyó el Misterio de la Metania y la Confesión como medio de psicoterapia, reconciliación y redención, también nos dio la promesa real en el Antiguo y Nuevo Testamento de que, mediante la sincera ματάνοια metania, arrepentimiento y confesión de nuestras injusticias y la firme determinación de liberarnos de los πάθος pazos padecimientos, vicios, recibimos el completo perdón. Por boca del profeta Isaías ordena: «Lávense y límpiense… detengan sus malas acciones… y aunque sus pecados sean rojos como el carmesí, se volverán blancos como la nieve, aunque sean como el carmesí, se volverán como la lana» (Isaías 1:16-18).

Para salvar a los pecadores, el Señor vino a la tierra, y ningún pecado, por terrible que sea, puede vencer Su bondad. Ningún pecado puede cerrarnos la puerta de la divina misericordia. No debemos temer ni la cantidad, ni el tamaño, ni el tipo de nuestros pecados. La Metania puede limpiar nuestra psique-alma del contagio del pecado. Para todo se ofrece el perdón a través del Misterio de la Confesión. Y no solo el perdón, no solo la salvación, sino también la santidad. Nos lo aseguran los antiguos perseguidores que se convirtieron en predicadores del Evangelio, los antiguos libertinos que se convirtieron en herederos del Reinado de la Realeza increada de los Cielos, los antiguos libertinos que obraron maravillas con la fuerza de la Cruz, los antiguos ladrones que se convirtieron en corderos inocentes del rebaño de Cristo.

El perdón ο la absolución es posible, la salvación es fácil, la santidad es alcanzable. El rescate de nuestra redención se nos dio en la Cruz, el contrato de nuestra libertad fue firmado con la Preciosa Sangre del Inocente Cristo. El perdón brotó de Su Sepulcro Vivificador y las puertas del Paraíso se abrieron para recibir a los pecadores arrepentidos. En nuestras manos sostenemos nuestra redención y nuestra bienaventuranza eterna. Mientras dure nuestra vida en la tierra y tengamos la capacidad de volver a nuestro Padre, confesemos como el hijo pródigo, «he pecado». Antes de que la muerte apague las esperanzas de nuestra salvación, arrepintámonos sinceramente y depositemos la multitud de nuestros pecados bajo la estola de confesión del Guía Espiritual. Esto es lo que Dios espera de nosotros. La firme determinación de abandonar las costumbres pecaminosas, los pazos padecimientos y vicios, dar el paso decisivo hacia el sagrado confesionario para desterrar de nuestra psique-alma la tiranía del pecado y, catartizados, psicoterapiados y purificados, revestidos de la Divina Χάρις jaris (Gracia, energía increada) inclinemos nuestro cuello bajo el yugo suave, ligero y redentor de Cristo.

Que nuestra fe y experiencia sean la gran verdad: Todos nuestros pecados pueden ser borrados mediante la Μετανοια metania y arrepentimiento, nuestros πάθος pazos pueden convertirse en virtudes mediante nuestra lucha y la χάρις jaris de Dios. Ningún pensamiento de desconfianza, duda o desesperación sobre la posibilidad de nuestra salvación debería apartarnos del misterio salvífico de la Confesión.

 

SEGUNDA PARTE

SOBRE EL MISTERIO DE LA SANTA CONFESIÓN EN GENERAL

Α. ΜΕΤΑΝΟΙΑ METANIA: Condiciones de una buena confesión

  1. Introducción

«Un joven oficial», dice el libro Gerontikón, «que hace poco había sido llevado al camino de Dios y aún luchaba con su conciencia, preguntó a su confesor si realmente, como se decía, Dios aceptaba tan fácilmente la μετάνοια metania del hombre.

‘Si por casualidad se rasga tu manto en algún lugar, hijo mío’, le dijo aquel, ‘¿lo tirarías de inmediato como inútil?’ ‘No, padre’, respondió él. ‘Lo coso y lo arreglo, tanto como sea posible’.

-‘Entonces, si tú lamentas tu vestimenta y no la tiras fácilmente, ¿cómo no lamentará Dios a Su criatura y hará todo lo posible para repararla?’, dijo el buen anciano Yérontas y calmó al joven.

En las oraciones y bendiciones del Misterio del Bautismo, que se leen al final de la Liturgia de San Juan Crisóstomo, el sacerdote ora al Señor por el recién iluminado cristiano:

«Que has otorgado a tu siervo la remisión de los pecados a través del Santo Bautismo, y la vida del renacimiento; que él, Señor Soberano, conserve la vestimenta de la incorrupción con la que se ha vestido, y la guarde sin mancha…”.

Así, el cristiano, limpio del pecado ancestral y de sus propios pecados, vestido con la luminosa y pura túnica de la Χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, comienza una nueva vida regenerada. Sin embargo, debido a los pazos que anidan dentro de nosotros y a la inclinación al pecado y a la negligencia, esta brillante túnica se oscurece, se ensucia y se desgasta, y poco a poco nos despojamos de la χάρις jaris gracia increada de Dios.

El Dios filántropo y misericordioso, conociendo nuestra incapacidad para preservar inmaculada esta divina vestimenta, estableció los medios y maneras por los cuales, después de nuestras caídas, podríamos recuperar la divina χάρις jaris, restaurar, limpiar y purificar la vestimenta de nuestras psiques-almas para ser dignos del Reinado de Realeza increada de los Cielos. Es decir, estableció el Misterio/Sacramento de la Metania y Confesión, dando a Sus Apóstoles el poder del perdón y absolución de los pecados y a través de ellos a sus sucesores, los Obispos y Sacerdotes.

Si sin el Santo Bautismo no podemos convertirnos en miembros de la Iglesia de Cristo, sin la Santa Confesión es imposible heredar el Reinado de la Realeza increada de los Cielos. Es un error creer que el cumplimiento de ciertas obligaciones religiosas, el asistir a la Iglesia, las limosnas y otras buenas obras pueden sustituir al Misterio de la Confesión. El logos del Señor es claro. La vida eterna nos es otorgada por el perdón y absolución de nuestros pecados. Y la absolución, perdón no se da por ningún otro medio sino por la Confesión. Pero para recibir la absolución y perdón a través del Misterio de la Confesión, no es suficiente el simple reconocimiento de nuestros pecados. Es necesaria una sincera μετάνοια metania, acompañada de una profunda conciencia de nuestra pecaminosidad y enfermedad espiritual y un humilde quebrantamiento del corazón.

El Señor, en su primer kerigma terrenal, proclama la μετάνοια metania, como el medio primordial para nuestra salvación. Y μετάνοια metania, significa el regreso del hombre desde la vida contraria a la naturaleza, que es la vida del pecado, a la vida según la naturaleza, como lo ordena la ley de Dios. Significa rechazo del diablo y subordinación y obediencia a la voluntad divina. La μετάνοια metania, es una conversión, un cambio de disposición, un cambio de pensamiento y vida, es un renacimiento interno, una verdadera metamorfosis, transformación. Según el santo Isaac el Sirio, «la μετάνοια metania, es dejar los pecados pasados y lamentarse por ellos» (“Ascética”, Logos 81). Y San Juan el Sinaita, en su obra maestra «La Escala», nos da la definición completa de la μετάνοια metania: «La μετάνοια metania, significa renovación del bautismo. La μετάνοια metania,  significa acuerdo con Dios por una nueva vida. Μετάνοια metania, significa el precio de la humildad y el abandono de la condenación. Μετάνοια metania, significa un alejamiento continuo de todo consuelo corporal. Μετάνοια metania significa autoanálisis, autocrítica y autoreproche; descuido y despreocupación por todo lo demás y cuidado por nuestra propia psicoterapia y salvación. Μετάνοια metania significa hija de la esperanza y rechazo de la desesperación. El metanoizado o penitente, el que ha vuelto a la metania, significa condenado absuelto de la indecencia y la vergüenza. Μετάνοια metania significa reconciliarse con el Señor a través de obras de virtud opuestas a nuestros pecados. Μετάνοια metania significa catarsis y purificación de la conciencia. Μετάνοια metania significa paciencia en todas las cosas dolorosas y tristes. Metanoizado, penitente, convertido, arrepentido y confesado significa ser el propio juez de sus castigos. Μετάνοια metania significa un castigo excesivo del vientre (mediante el ayuno) y un golpe o toque de la psique-alma concienciada” (Escalera, logos 5, pag 115).

No necesitaríamos la μετάνοια metania si la naturaleza humana no fuera propensa al mal, después de la caída de los primeros en ser creados, si por el oscurecimiento de la parte lógica o logística de la psique no hubiéramos olvidado a Dios y Sus mandamientos, si la creación divina creada “como a imagen de Dios”, el ser humano, no se hubiera hecho sujeto al diablo. El Hijo y Logos increado de Dios se hizo hombre y vino a la tierra, porque solo Él podía liberar a Su criatura de la tiranía del diablo, de las cadenas del pecado. Solo Él, con Su sacrificio en la Cruz y Su Resurrección vivificante, podría resucitar a una nueva vida en Dios al hombre espiritualmente muerto, solo Él, de esclavo de Satanás, podría hacerlo hijo de Dios y Dios por la Χάρις jaris (gracia, energía increada).

La obra redentora del Señor es continuada por la Única, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, la Ortodoxa, (no confundir católica con Roma o romanopapismo) que es el cuerpo de Cristo, el ambulatorio de las psiques-almas y los cuerpos, la madre y alimentadora de los fieles.

La Iglesia de Cristo, que en ella el “Espíritu Santo constituye y mantiene intacto todo lo divino instituido», con su enseñanza impecable, su orden inalterable y sus sagrados Misterios, obra la santificación de sus miembros, psicoterapiando y sanando con sus salvíficos fármacos la heridas y las enfermedades.

El Santo Bautismo, que es el principio y requisito de todos los Misterios, nos introduce en la Iglesia y al mismo tiempo renueva la «imagen», es decir, opera y activa así todos los carismas que Dios nos ha dado para trabajar nuestra salvación, y que después de nuestra caída cayeron en la inacción. La Μετάνοια metania y la Confesión nos reconcilian con Dios, ya que según Santiago el hermano del Señor, «la amistad con el mundo (es decir, el pecado)» es enemistad contra Dios», y «si alguien quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios» (Santiago 4:4).

 

  1. El papel del Sacerdote-Confesor Guía Espiritual

Para la eliminación de nuestra deuda de los pecados y nuestra reconciliación con Dios, se requiere, según San Juan Damasceno, un mediador.

«…Aquel que ha cometido el pecado y ha enojado de esta manera al Señor y Dios, no puede reconciliarse de ninguna otra manera, sino solo a través de la mediación de algún santo, amigo y siervo de Cristo, y con la evitación del mal… Si quieres, busca un buen mediador, guía y médico, para mostrarte caminos adecuados de μετάνοια metania para tu buena psique-alma como bondadoso consejero, y te dará el remedio o fármaco adecuado para tu herida, como médico psicoterapéutico, y como mediador con la oración y la representación personal que hará cara a cara, intercederá por ti ante Dios» (Juan Damasceno, Carta sobre la Confesión, EPE, tomo 8, pag 507-511).

Este médico, mediador y consejero es el Guía Espiritual. El Guía Espiritual es el sacerdote que, para esta obra sublime, tiene una bendición y gracia especial. En este servicio como sucesor de los Santos Apóstoles, tiene igual que los Apóstoles el poder de perdonar y absolver o no los pecados. El Confesor también es considerado padre Guía Espiritual y su relación con el penitente es una relación de paternidad y una conexión espiritual parental indisoluble. Su trabajo no se limita solo a escuchar los pecados del penitente y leer la oración de absolución o perdón. Tampoco se limita solo a ese momento de la Confesión. El Guía Espiritual, como padre, renueva al penitente en una nueva vida en Cristo, sigue la trayectoria espiritual de su hijo, lucha con él con instrucción, con regla, cuando sea necesario, y ciertamente con oración para curar las enfermedades, formar a Cristo en su psique-alma. Su esfuerzo y cuidado se expresan perfectamente en las palabras del Apóstol Pablo: «Hijos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes» (Gálatas 4, 19).

Esta relación paternal del Guía Espiritual con el penitente crea el clima de absoluta confianza que es necesario para que el segundo pueda revelar sus acciones más secretas y los pensamientos, deseos y meditaciones más íntimos y ocultos, incluso aquellos que no se atreve a confesar ni a sí mismo. Solo el Guía Espiritual, o el Yérontas (anciano sabio e iluminado) como suele llamarse, están en situación de curar nuestra ceguera espiritual. Es a quien confiamos nuestra psique-alma, a quien le revelamos nuestro pasado, comparte su presente espiritual, lucha con nosotros por nuestro progreso espiritual en el futuro. Un futuro que trasciende los límites de la muerte y se extiende hacia la eternidad.

El Guía Espiritual es el guía instructor hacia la psicoterapia, sanación y salvación de nuestra psique-alma. Rendirá cuentas a Dios, en el momento del Juicio, por cómo guió a sus hijos espirituales, cuánto oró por ellos, si los instruyó y ejercitó para preservarlos de las caídas, para iluminar su ignorancia, para cultivar en ellos la agapi amor incondicional a Dios y el celo o entusiasmo por la lucha espiritual, para alentarlos en las decepciones y amarguras de la lucha contra los pazos, para hacer de ellos herederos del Reinado de la Realeza increada de los Cielos.

Después, a la luz de lo anterior, en la indisoluble alianza sagrada entre el penitente y el Guía Espiritual en la lucha por nuestra salvación, es evidente que la elección del Confesor adecuado para nosotros no debe ser apresurada o aleatoria, sino después de una búsqueda y oración dolorosas y persistentes. Y desde el momento en que nuestra psique-alma se acerque a él, debemos anular nuestra propia voluntad y aceptar su logos y palabra en cada caso y en todo momento, porque es el logos de Dios para nosotros. Si se considera obvio que no podemos cuestionar lo que el médico prescribe para la curación de nuestro cuerpo, de manera similar, no serviría de nada juzgar y rechazar los consejos o prohibiciones del médico Guía Espiritual (psicoterapeuta) para nuestra psique-alma, porque de esta manera perseveramos en nuestra enfermedad y rechazamos la divina Χάρις jaris (gracia, energía increada).

Sobre la importancia de la obediencia al Guía Espiritual, el bienaventurado Yéronta Sofronio Sajarof el Athonita, en su libro «El Yérontas Siluan», escribe: «El Yérontas Siluan prestaba especial atención a la obediencia interna al Guía Espiritual, que consideraba un misterio de la Iglesia y una donación de la divina Χάρις jaris (gracia, energía increada)…

La viva parádosis-tradición y transmisión divina de la Iglesia, que fluye de generación en generación a lo largo de los siglos, es una de las facetas más fundamentales y, al mismo tiempo, más delicadas de su vida. Donde el discípulo no se opone en absoluto al maestro, la psique-alma de este último, respondiendo a la fe y la humildad, se abre fácilmente y quizás por completo. Pero tan pronto como surge la más mínima oposición hacia el padre Guía Espiritual, inevitablemente la psique-alma del discípulo se cierra y se corta el hilo de la tradición inmaculada e ininterrumpida.

En vano piensan algunos que el Guía Espiritual es un «hombre imperfecto», que necesitas explicarle detalladamente el asunto, porque de lo contrario no entenderá, o que «él también» puede equivocarse fácilmente «y por eso debes corregirlo». Quien discrepa con el Guía Espiritual y lo corrige, coloca su propio yo por encima del Guía Espiritual y deja de ser discípulo. Por supuesto, nadie es perfecto y no hay ser humano que se atreva a enseñar como Cristo, quien «tenía poder»… Pero incluso en los «recipientes de barro» se conserva el invaluable tesoro de las donaciones del Espíritu Santo. No solo invaluable, sino también, por su propia naturaleza, oculto. Y solo aquel que sigue el camino de la obediencia sincera y completa entra en este almacén del tesoro secreto, místico.

Así es como se comporta el obediente prudente o el penitente. Expone en pocas palabras la esencia de su pensamiento o situación y luego deja al Guía Espiritual libre. El Guía Espiritual, que ora desde el primer momento del encuentro, espera la iluminación de Dios y luego darle la respuesta. Tan pronto como siente en su psique-alma «información», da su respuesta, que se acepta como definitiva. Sin embargo, si el penitente pasa por alto el «logos inicial» del Guía Espiritual, entonces reducirá al mismo tiempo la eficacia y la energía del misterio, y la confesión se convertirá en una simple conversación humana.

Si penitente o obediente y el Guía Espiritual mantienen la actitud debida hacia el misterio, entonces la información es proporcionada rápidamente por Dios. Si por alguna razón la información no llega, el Guía Espiritual puede buscar explicaciones adicionales, que solo entonces se permiten. Sin embargo, si el confesado o penitente no presta suficiente atención al logos inicial del Guía Espiritual y lo sobrecarga con sus «explicaciones», entonces revela que le falta fe y no comprende el misterio. Esto sucede porque sigue el deseo oculto de llevar al Guía Espiritual hacia lo que él mismo piensa. En tales casos, comienza un conflicto psicológico, que el Apóstol Pablo llamó inútil (Hebreos 13:17).

Es una filantropía y misericordia trascendental de Dios el hecho de que no envió ángeles para ministrar en el Misterio de la Confesión y perdonar nuestros pecados, sino que confió esta misión a hombres, a sacerdotes, para que muestren compasión y comprensión hacia las debilidades y dudas de los seres humanos, ya que ellos mismos tienen la misma naturaleza humana débil y conocen la presión de las tentaciones. Descendientes de Adán y sacerdotes, necesitan ser purificados, tener la catarsis en el baño de la Confesión primero ellos mismos, para luego hacer la catarsis nuestra, purgar y purificar a nosotros.

  1. ¿Qué es y cómo debe ser la Confesión?

El Misterio de la Confesión es detalladamente descrito por San Nicodemo el Aghiorita en su libro «Exomologetarion, Confesionario», mostrando el camino para una participación completa y consciente en este. La confesión, según él, es «una revelación voluntaria, a través de la boca, de las obras, palabras y pensamientos malvados, siendo humillante, acusatoria, directa, sin vergüenza, decisiva, y dirigida hacia el cumplimiento espiritual legítimo».

Por tanto, según la enseñanza del santo Padre Nicodemo portador de Dios (o de la Luz increada), la Confesión debe ser:

a. Voluntaria

Debe ser un acto voluntario o una confesión de nuestros pecados. Nadie puede obligarnos a acudir al Misterio, y no es necesario que el Guía Espiritual nos arranque la confesión de nuestros pecados, no solo de los que hemos realizado en “obra” sino también de los que hemos hecho por “logos y en mente o intelecto y pensamientos». El requisito para la Confesión es un autoexamen detallado, el reconocimiento de nuestra culpa y la revelación de nuestros pecados con nuestra propia boca. San Nicodemo el Aghiorita nos dice que debemos apuntar nuestros pecados en un papel, para no olvidarlos. Si realizamos el autoanálisis adecuado y olvidamos algo, Dios nos perdona porque esto sucede involuntariamente, debido a nuestra debilidad. En algún momento, Dios puede iluminarnos para recordar el pecado olvidado para que no quede sin confesar.

b. Con κατάνυξις katánixis compunción o dilatación del corazón

Uno de los elementos característicos, quizás el más representativo, de la Confesión es la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón). El corazón se dilata cuando considera que con el pecado ha entristecido a Dios y ha desobedecido Su incomprensible e ilimitado agapi-amor y Sus incontables donaciones, prefiriendo la ignorancia. San Nicodemo enfatiza especialmente el espíritu de contrición, quebrantamiento del corazón que debe caracterizar la Confesión. La contrición es una tristeza y un dolor profundo del corazón, porque con los pecados el hombre primero y principalmente ha entristecido a Dios: «A ti solo he pecado» (Sal 50,6) como dice el Salmista. Al mismo tiempo, se manifiesta un fuerte odio hacia el pecado, que ha causado la ruptura de nuestra relación con nuestro Creador.

c. Acusatoria

La Confesión pura es «acusatoria», es decir, se realiza con autoacusación y autoreproche, sin intentar aliviar nuestra situación transfiriendo la responsabilidad a otros. Nosotros y solo nosotros somos responsables de nuestros pecados. Nadie, ni siquiera el diablo, nos obliga a pecar. Nuestra miserable condición se debe a nuestra propia debilidad y negligencia.

La autoacusación, la autohumillación o autoreproche son características de la verdadera μετάνοια metania. El verdaderamente penitente, convertido, arrepentido y confesado constantemente ve sus propias debilidades y evita involucrarse en la vida de los demás y juzgarlos. Porque el juicio y condena es propio de los orgullosos, mientras que la humildad adorna la psique-alma de los penitentes arrepentidos y confesados. Quien se vuelve a la μετάνοια metania sinceramente desea padecer para ser purificado. Cree que es digno de cualquier sufrimiento, cualquier angustia, ya que ha entristecido y apenado a Dios. Se considera peor que todos los demás, no en palabras y formas externas de humildad, sino con una convicción arraigada en su interior, en contraposición al impenitente que considera a todos los demás inferiores a él. Aquel que experimenta una verdadera μετάνοια metania, cuanto más avanza en la virtud, más se considera a sí mismo pecador y débil. Al mismo tiempo, su esperanza en la misericordia de Dios crece cada vez más en su interior. La verdadera μετάνοια metania, mientras cultiva el luto/duelo espiritual en la psique-alma, también trae una alegría inexpresable y profunda, que ninguna tentación ni aflicción y tristeza del mundo puede quitar. Es una pena-alegre, un duelo alegre, una tristeza gozosa, de la que a menudo hablan los Padres de nuestra Iglesia

D. De rectitud

Es necesario reconocer nuestros pecados con sinceridad, rectitud y precisión, sin rodeos ni medias verdades y medios logos. No vamos al Guía Espiritual para escondernos, sino para revelarnos sin teatralidades ni embellecimientos. La rectitud y la verdad nos obligan a confesar al Confesor todos nuestros pecados, sin omitir deliberadamente ninguno de ellos, porque hacerlo sería burlarse del Misterio y nos haría imperdonables. Es un punto en el que debemos prestar especial atención. La ocultación aunque sea un solo pecado deja imperdonables e impunes incluso los pecados que hemos confesado. Esto no se aplica, por supuesto, a una posible omisión involuntaria debido al olvido o la ignorancia. Pero también por eso oremos, para que Dios nos traiga a la mente los pecados y omisiones que el tiempo, la ignorancia o la negligencia han cubierto con el olvido.

Por eso, una buena preparación para la Confesión es el autoanálisis y autoexamen cuidadoso, que nos lleva al conocimiento de nosotros mismos. Es indispensable el autoconocimiento, tanto para la Confesión como para la catarsis, psicoterapia y purificación de nuestra psique-alma. Sin embargo, también es igualmente difícil aceptar nuestros pazos pasiones, vicios y nuestras faltas. Necesitamos la iluminación de Dios para poder detectar las profundidades de nuestra psique-alma, ver claramente nuestra contaminación interna, necesitamos coraje y valor de aceptar nuestra enfermedad, debilidad e impotencia. El Señor, en Su gran misericordia y caridad, al principio de la lucha, no nos revela toda nuestra debilidad para que no nos desesperemos. Cuanto más avanzamos en la humildad, más jaris gracia divina adquirimos y más se nos revela nuestra condición enferma emocional, psíquica y espiritual. El autoexamen y el autoanálisis es una labor espiritual laboriosa. Es particularmente difícil en nuestra época, que está llena de estímulos externos y muchas distracciones, es difícil y doloroso hacer un autoanálisis y una reflexión profunda y requiere una gran autodisciplina para concentrarse uno en sí mismo.

ε. Sin vergüenza

La vergüenza es un sentimiento que el diablo utiliza en su beneficio. Cuando estamos a punto de pecar, la disminuye, y cuando decidimos confesarlo, la intensifica. Según Sirácides: “Porque hay una vergüenza que conduce al pecado. Y hay otra vergüenza que es doxa gloria y jaris gracia” (Sabiduría Sirac 4,21). La vergüenza acompaña al pecado, pero la vergüenza que uno siente ante el Guía Espiritual libera de la vergüenza frente al Juicio venidero y se convierte en doxa gloria y jaris gracia increada.

f. Decisiva

La confesión es sincera solo cuando va acompañada de la firme decisión de no repetir los mismos pecados; de lo contrario, el hombre, según el Apóstol, se convierte en «un perro que vuelve a su vómito» (2Ped 2,22), o en un cerdo que después de lavado se revuelca en el lodo. Sin embargo, como la voluntad humana es débil, Dios envía su ayuda con Su jaris gracia energía increada activada invisiblemente, nos transforma gradualmente, y con la ayuda del Padre Guía Espiritual, que se encarga de guiarnos y santificar nuestra vida.

g. Continua

Para tener frutos en la vida espiritual, se requiere nuestra asistencia frecuente al Misterio de la Confesión, no solo cuando cometemos un gran pecado. De la confesión continua, según San Nicodemo, se derivan los siguientes bienes:

*Los pazos, debilidades y malas inclinaciones y malos hábitos no aumentan ni se fortalecen, sino que, por el contrario, disminuyen y se debilitan con este tratamiento psicoterapéutico.

*Quien se confiesa regularmente, con autoanálisis y autoexamen regular, identifica con mayor precisión sus pecados y los recuerda más fácilmente.

*Y cuando uno comete incluso un pecado mortal, con la Confesión viene rápidamente la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios en su psique-alma, restableciendo de nuevo la paz. Por el contrario, si el pecado permanece sin confesar durante mucho tiempo, corroe la psique-alma con remordimientos y, lo más importante, nos priva de la divina χάρις jaris y nuestras buenas obras carecen de recompensa.

*Aquellos que se confiesan regularmente no se asustan ni temen la muerte. Siempre están listos, ya que con la χάρις jaris de la μετάνοια metania constante han realizado la catarsis y purificado sus psique-almas y esperan con alegría el paso de este mundo de corrupción a la bienaventuranza y felicidad del Paraíso.

*La Confesión continua es preventiva del pecado. Con el pensamiento de que uno se humillará nuevamente frente al Guía Espiritual y sufrirá su epitimia (penitencia), uno lucha por no pecar.

B. OBSTÁCULOS DE LA BUENA CONFESIÓN.

Nuestra actitud hacia el Misterio de la Confesión es declarativa en cuanto al grado en que hemos experimentado verdadera μετάνοια metania y arrepentimiento. Si consideramos la Confesión simplemente como una antesala, un proceso preparatorio necesario para la Comunión Divina, un «trámite» que realizamos dos o tres veces al año para obtener la licencia formal para comulgar, entonces lamentablemente estamos degradando el Misterio y degradando al sacerdote, de un liturgo (oficiante) a un simple intermediario, en un mercader de la divina Χάρις jaris que distribuye bendiciones indulgentes. Así, una relación personal -entre el penitente (confesado) y el Guía Espiritual- se convierte en una relación de toma y daca, donde el dolor por nuestros pecados es reemplazado por un sentimiento de autosuficiencia, autojusticia y autoderecho.

Si exceptuamos unos pocos elegidos -afortunadamente todavía presentes en nuestro mundo- que con los actos y obras de verdadera μετάνοια metania y arrepentimiento son agradables a Dios, la mayoría de nosotros nos conformamos con una tibieza espiritual, una vida llena de retrocesos, compromisos y conciliaciones, una Confesión que se realiza esporádicamente por costumbre, apresuradamente y sin discernimiento, sin esa relación misteriosa de obediencia al Guía Espiritual. Por eso no es sorprendente que la divina Χάρις jaris se vea obstaculizada para actuar en nosotros, transformándonos de «instrumentos de ira preparados para la destrucción» (Rom 9:22) en «recipientes de honor, santificados y útiles para el Señor, preparados para toda buena obra» (2 Tim 2:21). Y si alguna vez nos damos cuenta de nuestra pobreza espiritual, tal vez, si tenemos la buena predisposición y voluntad, corregiremos nuestras vidas. El problema para nosotros, los fieles contemporáneos, es que estamos satisfechos con este estilo de vida, nos consideramos «buenos cristianos» con una conciencia tranquila, porque cumplimos con ciertas obligaciones externas y evitamos acciones y praxis obviamente deshonestas o inmorales. Sin embargo, nos acercamos al Misterio de la Confesión sin tener plena conciencia de nuestra condición pecaminosa, patológica, viciosa y pasional, olvidando que solo el reconocimiento de nuestra debilidad y enfermedad es la esperanza de psicoterapia, sanación y salvación. La confesión y perdón de nuestros pecados se limita a una autoevaluación superficial, a veces respaldada por el intento de justificar nuestro propio comportamiento, a menudo callamos muchas fallas como insignificantes según nuestro propio juicio, y así ocultamos nuestras graves caídas en el pecado.

Por lo tanto, podríamos asistir durante años al Misterio de la Confesión y, sin embargo, no salir verdaderamente consolados, aliviados y descansados, sino permanecer inquietos internamente. Pero al dejar nuestros pazos y pecados sin confesión, los virus cancerígenos del pecado realizan su obra psíquica sin obstáculos. Los pazos, en lugar de ser confesados, nos dominan y nos alejan de la χάρις jaris de Dios. Y mientras permanezcamos en la inercia y pereza, sin un esfuerzo espiritual consciente, el diablo no nos molesta, porque no hay peligro de perder nuestras psiques-almas. Pero cuando sentimos nuestra situación y comenzamos un camino de μετάνοια metania, entonces él comienza también una feroz guerra contra nosotros, utilizando toda su mala astucia para impedir que nos despertemos de la somnolencia de la negligencia y embotamiento del corazón.

Un gran obstáculo para la μετάνοια metania y arrepentimiento y la buena Confesión, especialmente para las personas de la Iglesia, es el engaño de la autosuficiencia y el auto-contentamiento o autocomplacencia para sus «vidas virtuosas». Autoderecho, autojustificación y autojusticia es un enemigo muy peligroso y denota un orgullo interno. Si las características de la verdadera μετάνοια metania y arrepentimiento son la autocrítica y autoreproche, la humildad y la aceptación de nuestros pecados y pazos, uno puede darse cuenta de cuán lejos está de la μετάνοια metania y arrepentimiento la autosuficiencia, la autojustificación  y la autojusticia, que son fruto y muestra de soberbia (orgullo y vanagloria). El fariseo de la parábola es el tipo representativo del hombre autosuficiente, autojustificado y vanaglorioso. Se jacta de sus virtudes, se considera a sí mismo justo y al mismo tiempo desprecia al telonis recaudador de impuestos, viéndolo como un pecador inferior a él. El autojusticiero o autojustificado se convierte en su propio juez y otorga el título de justo a sí mismo, creyendo que Dios está obligado a recompensarlo. También se convierte en un juez autoproclamado de los demás, condenando incluso sus errores más esenciales. No reconoce debilidades, no admite errores. Con la ceguera espiritual que produce el orgullo, es incapaz de discernir su propia suciedad e impureza interna. Por eso no tiene el espíritu de contrición y quebrantamiento del corazón, no puede arrepentirse y confesarse sinceramente y, por lo tanto, no puede recibir la χάρις jaris de Dios. Y si hay buena predisposición, intención y voluntad, alguna vez la psique-alma, con la ayuda de Dios, despertará y se levantará. Pero si se ha endurecido por el orgullo, solo Dios sabe si hay esperanza de salvación.

La postergación también es una artimaña maligna del diablo, con la cual puede engañarnos fácilmente. Postergamos el asunto más importante y urgente de nuestras vidas, la μετάνοια metania, al futuro, creyendo que tenemos tiempo. Olvidamos que solo el presente nos pertenece. No podemos estar seguros del futuro. La hora de la muerte es incierta. Por eso ahora debemos tomar la decisión salvadora. Ahora debemos comenzar la μετάνοια metania.

Uno de los muchos medios que el diablo utiliza para impedirnos la Confesión es la desconfianza en la sinceridad del Confesor. Él infunde en muchos el temor de que el Confesor revele sus pecados. Esto es un engaño, porque los Confesores están obligados y comprometidos por terribles promesas ante Dios. Incluso si corren el riesgo de muerte, no tienen derecho a revelar y nunca revelan nada de lo que se confiesa ante ellos.

El último y más poderoso arma del diablo, especialmente contra aquellos que han cometido grandes y graves pecados, es la desesperación. Oculta astutamente la compasión de Dios, su misericordia ilimitada y su inagotable agapi-amor incondicional e increada por nosotros, y nos presenta solo como un Dios justo y vengativo. Además, borra de nuestra memoria la verdad de que nuestros sufrimientos se transforman en virtudes por la χάρις jaris (energía increada) de Dios, que Dios ofrece a cada uno que se humille, se haga humilde y se arrepienta sinceramente. La desesperación es una blasfemia contra Dios, porque es una negación de la agapi divina, la bondad y la misericordia, incluso una negación de Sus promesas. Si solo fuera posible hacer la catarsis y purificar la psique-alma de los pecados con nuestros propios esfuerzos, entonces todos tendrían derecho a ser dominados por la desesperación. Pero ahora, cuando Dios solo nos pide la decisión y el esfuerzo de vivir según Su voluntad, independientemente del pasado, ningún pensamiento de desesperación debe fastidiarnos y perturbarnos.

C. ΕΠΙΤΙΜΙΑ EPITÍMIA LAS PENITENCIAS O ANTÍDOTOS CONTRA LOS PECADOS Y LOS PAZOS

Alguien se pregunta, dado que la Confesión es el Misterio que otorga la absolución al individuo que revelará sus pecados libre y decididamente al Guía Espiritual, convirtiéndose y arrepintiéndose sinceramente de ellos, ¿para qué necesita «la regla», como se dice, es decir, ayunos, penitencias, prosternaciones, limosnas o incluso abstenerse de la Divina Comunión por un tiempo, según el juicio del Guía Espiritual?

Según San Nicodemo el Aghiorita, la aplicación y cumplimiento de la regla por parte del penitente o confesado es un criterio y una garantía de la verdadera μετάνοια metania y verdadero arrepentimiento. Los pecados se perdonan mediante la Confesión, pero ¿cómo se mantendrá firme el creyente en el bien si no hay un período de prueba? No basta con que uno muestre las heridas de su psique-alma al Guía Espiritual, también es necesario que reciba el tratamiento adecuado para lograr una psicoterapia y sanación completa, que en este caso es la aplicación de la regla. Solo el Guía Espiritual-Confesor está en posición de saber cuándo su hijo está listo para acercarse a la Divina Comunión «sin juicio ni condenación».

La mentalidad egoísta inflexible y el espíritu de desobediencia son incompatibles con la vida espiritual. “El castigo pedagógico que soportáis os sirve para educaros. Dios os trata como a hijos. ¿Hay algún hijo que no sea educado y corregido de varias formas por su padre? Si estuvieseis sin esta pedagogía, a la que a todos los verdaderos hijos de Dios participaron y saborearon, no seríais hijos auténticos, sino bastardos” (Hebreos 12:7-8)). La preocupación del Guía Espiritual es erradicar el egoísmo, este virus cancerígeno espiritual, de la psique-alma del confesante y ejercitarlo en la humildad. La humildad no solo atrae la divina jaris gracia increada de Dios, sino que también asegura la salud psíquica y mental; por el contrario, el orgullo, llena la psique-alma de complejos, la empuja hacia estados enfermizos, la conduce inevitablemente a la infección de energías demoníacas y a la posesión demoníaca.

D. CONFESIÓN Y PSIQUIATRÍA

Es un error que muchos confunden o equiparan la Confesión al Guía espiritual con la visita al psicólogo (mundano), ya que son cosas completamente diferentes entre sí.

La Confesión es un Misterio/Sacramento de la Iglesia y, como todos los Misterios, infunde en la psique-alma la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, mientras que la Psiquiatría, con todas sus ramas, es una ciencia. El principal propósito del Misterio de la Confesión es liberar al hombre del peso de los pecados mediante el perdón o absolución, su reconciliación con Dios, su santificación y preparación para el Reinado de la Realeza increada de los Cielos. La paz interior, el equilibrio psíquico, la alegría, no son el objetivo final de la Confesión, sino que vienen como carismas y regalos del Espíritu Santo como resultado natural de la restauración de la relación del hombre con Dios. La Confesión es necesaria para todos los que desean obtener la vida eterna, independientemente de si están sufriendo trastornos psíquicos o no. La ciencia psiquiátrica viene a ayudar en casos de trastornos de personalidad, enfermedades mentales o psíquicas.

En el Misterio de la Confesión, el creyente, con la χάρις jaris de Dios, adquiere autoconocimiento, identifica sus pazos y debilidades que lo separan de Dios. El Quía Espiritual, iluminado por la luz increada del Espíritu Santo, que escudriña los rincones y profundidades del corazón, discierne los pazos y el penitente confesado se enfrenta a su verdadero yo, reconociendo su debilidad y su enfermedad sin herirse, sin desesperarse y sin intentar justificarse. Los Santos Padres de nuestra Iglesia, como recipientes de la χάρις jaris increada de Dios, son los mejores psicoanalistas. Esta χάρις jaris la tienen también los Guías Espirituales, como ministros y administradores de los misterios de Dios.

Monje Moisés de Athos, dice: “El Guía Espiritual no es psicólogo ni lo reemplaza. Es un anatomista de la psique-alma, un analista de los pazos, un humilde servidor de los Misterios de Dios. Está llamado a discernir lo psíquico de lo psicológico, lo espiritual de lo intelectual, el genuino testimonio experimental de lo emocional o lo enfermo, el arrepentimiento simple de la verdadera μετάνοια metania y verdadero arrepentimiento, discernir la aproximación al Misterio/Sacramento por una necesidad temporal o satisfacción de un miedo o simplemente para cumplir con nuestros deberes religiosos. El Guía Espiritual está llamado a discernir si el joven preocupado que viene a confesarse es inmaduro, nervioso, ansioso, carece de amor, tiene deseos no cumplidos, conoce la agapi-amor incondicional de Dios, los peligros del pecado, o si hay una enfermedad psíquica o mental grave, hereditaria, posesión demoníaca, etc.” (Monje Moisés de Athos, “El mensaje de la Santa Montaña” ediciones Tinos 1988, pag 104-105)

El psicoanálisis-psicoterapia (científico) detecta las causas de los conflictos internos, pero no puede otorgar el perdón y la absolución de los pecados ni atraer la χάρις jaris energía increada de Dios a la psique-alma del enfermo. Además, no está en su competencia discernir si una condición interna o una manifestación o acción son pecaminosas. Más allá de todo eso, está debilitada en señalar formas de liberarse de los pazos. La psicoterapia y sanación de los pazos se realiza mediante la cirugía inmaterial del Espíritu Santo, que utiliza el bisturí de una confesión pura y humilde y los medicamentos de la Divina Comunión y la oración, siempre y cuando se base en la libre voluntad y disposición del hombre y en un esfuerzo consciente, intenso y constante por su perfeccionamiento. El autoconocimiento, como se intenta lograr en el psicoanálisis científico, puede desesperar al paciente y crear aún más problemas psicológicos. Por el contrario, la Confesión, con la humildad que cultiva en la psique-alma y la divina χάρις jaris (energía increada) que la fortalece, fortalece su conducta y actitud para enfrentar valientemente su estado patológico pasional. Reconcilia al fiel consigo mismo y le da la fuerza para transformarse, metamorfosearse no para alimentar el sentido de autoconvicción y autocomplacencia, sino para complacer a Dios. La ciencia psiquiátrica puede ayudar, cuando un trastorno del equilibrio psíquico es causado por una enfermedad mental (por ejemplo, esquizofrenia, etc.). En este caso, la Iglesia no solo no rechaza, sino que también aprueba el trabajo de la ciencia, por supuesto, siempre y cuando, en su ejecución y aplicación, no se desprecien los mandatos evangélicos. Además, Dios «ha dado a los hombres gnosis-conocimiento para glorificarse en sus maravillas» (Sabiduría Sirac 38:6).

E. DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

Aquél que vuelve a la μετάνοια metania se convierte, se arrepiente y se acerca al Misterio de la Confesión con todas las condiciones necesarias, no se contenta solo con evitar el pecado, sino que también emprende una lucha constante contra sus πάθος pazos. La psique-alma, para convertirse en residencia, morada de la χάρις jaris energía increada del Espíritu Santo, debe hacer la catarsis y ser purgada y purificada del mal olor de los pazos. Esta poda o corte requiere una lucha diaria, con conocimiento, conciencia y determinación. A través del estudio del logos divino y las enseñanzas de los Santos Padres, el νούς nus (espíritu de la psique) se ilumina y vemos no solo nuestras debilidades obvias y los pazos manifiestos, sino también nuestras disposiciones internas más profundas y los resortes más sutiles de nuestras acciones.

En la lucha contra el pecado y los pazos, la «custodia o vigilancia» de los λογισμοί  logismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía) ocupa un lugar primordial. Todos los pecados comienzan en los λογισμοί  logismí. Primero pensaremos y desearemos el pecado y luego lo cometeremos. Los demonios alimentan y avivan nuestros pazos con estímulos adecuados. Sin embargo, es nuestra responsabilidad personal no solo rechazar directamente el pensamiento malicioso, pero si «conversamos» con él, es decir, comenzar a trabajar con el pecado en nuestra mente y deleitarnos en el pensamiento de él, hasta que finalmente «consintamos» y decidamos cometerlo, a pesar de que las circunstancias, -por divina providencia-, nos lo impidan. En este punto se cumple el logos del Señor: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre» (Mateo 15:19-20).

Por lo tanto, el corazón es el vivero de los pazos y el vivero de pensamientos maliciosos y astutos, si no luchamos por adquirir la catarsis y pureza de corazón, arrancando nuestros pazos o, mejor aún, transformándolos en virtudes. ¿Pero cómo alcanzaremos la tan deseada άπάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos por tanto paz interior)?

La Iglesia es el «camino» y nos ofrece formas prácticas de psicoterapia, redención y salvación. No se limita solo al perdón y absolución, sino que también ofrece psicoterapia y sanación. Nos recibe pecadores, impuros, débiles, y nos convierte en saludables, puros, santos, a través del Misterio de la Confesión, que es el medicamento olvidado -para la mayoría- y el baño espiritual de la ψυχή psijí (psique, ánima, alma).

En el Manual de Confesión, que es un destilado de sabiduría patrística, se proponen algunos principios prácticos por parte de San Nicodemo el Aghiorita para preservar al fiel después de la Confesión y evitar el pecado. Una manera efectiva de apartarse del pecado y adquirir humildad es no olvidar, sino recordar constantemente nuestros pecados: «Mi pecado está siempre delante de mí» (Salmo 50:5) según el Salmista. Una excepción a este punto son los pecados carnales, que no debemos recordar para no dar ocasión a nuevas caídas.

No es suficiente solo decidir no repetir el pecado. Esta decisión debe ir acompañada de evitar las ocasiones o motivos de pecado, porque «el que huye de las ocasiones o motivos de pecar, pero está caminando cerca ellos, muchas veces cae en los pecados por acercarse» (San Juan Crisóstomo, Logos 15 Sobre las Estatuas).

Un pensamiento disuasorio del pecado es también el recuerdo de la muerte. El pensamiento de que nuestra vida aquí en la tierra terminará algún día y que nos espera el juicio, y dependiendo de nuestras obras, la eterna condenación o la eterna felicidad cerca de Dios, puede apartar nuestra psique-alma de la dedicación a las alegrías y preocupaciones terrenales y dirigirla hacia el camino celestial. «Recuerda siempre tus últimos días y no pecarás» (Sabiduría Sirac 7:36).

Un arma poderosa contra el pecado y colaborador en la adquisición de la virtud es la oración. «Vigilad y orad, para que no entréis en tentación» (Mateo 26:41). El mandamiento salvífico del Señor nos protege del pecado, fortaleciendo nuestra resistencia a las tentaciones. La oración aumenta nuestra agapi-amor incondicional por Dios, tranquiliza nuestra psique-alma, aparta nuestra διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) de lo terrenal, fortalece la virtud, santifica todas nuestras obras. La invocación del Nombre del Señor, con la breve monologa oración cordial: «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete de mí o ten compasión o misericordia de mí, que soy pecador», puede ser para todos nosotros un dulce deleite y convertirse en nuestro aliado en la lucha contra el diablo.

La mayoría de las veces, el pecado nos seduce porque no somos conscientes de las consecuencias destructivas que conlleva. Es necesario que tomemos conciencia de que el pecado es separación de Dios y muerte espiritual, que constituye la forma más flagrante de ingratitud hacia el generoso amor de nuestro Creador, para poder combatirlo con mayor determinación. Nuestra verdadera tragedia no son las enfermedades, el hambre, la injusticia social o todos los sufrimientos de este mundo. Nuestra verdadera tragedia es el pecado. Solo el pecado nos despoja de la χάρις jaris gracia increada de Dios, aflige a toda la humanidad, nos priva de la adopción divina y de la herencia eterna del Paraíso. Si rompemos los lazos del pecado mediante la μετάνοια metania, nos liberamos del dolor, del sufrimiento, la ansiedad y la angustia y experimentamos en esta vida terrenal la inefable alegría de la presencia divina.

Mientras vivamos en este mundo, incluso si hemos aborrecido el pecado y con la ayuda de la divina χάρις jaris estamos practicando obras de virtud, por debilidad caemos en errores. Por eso, todos sin excepción, necesitamos la Confesión continua. La μετάνοια metania es el alimento de la vida espiritual. La vigilancia constante y la Confesión regular y sincera nos equipan con fuerza en la lucha contra el mal y nos garantizan un final pacífico, siempre que estemos en disposición espiritual y pureza. Quien se acerca regularmente a este Misterio/Sacramento de la pacificación y la agapi- amor con la verdadera μετάνοια metania y contrición no teme su partida de esta vida ni la hora de rendir cuentas ante el Justo Juez. Con la remisión de la deuda de sus pecados y la pureza del corazón, aquel que se ha revestido de la divina χάρις jaris increada espera el disfrute de la presencia de Dios en la eternidad.

Nuestros pecados, cualesquiera que sean, no pueden separarnos de la agapi-amor de Dios. Porque, «lo que es una chispa o gota frente al océano, así es la pecaminosidad humana frente a la infinita misericordia y filantropía de Dios, o más bien, no es ni siquiera una chispa o gota, sino aún menos. Porque, si bien el océano, aunque grande, es medible, la misericordia y filantropía de Dios es infinita». (San Juan Crisóstomo , “Sobre Metania”, homilía 8 PG 49,337). Solo la falta de voluntad, el desánimo, la negligencia y la demora o aplazamiento pueden obstaculizar nuestras relaciones con Dios. La persistencia en el pecado nos aleja de Él y nos condena al infierno de Su ausencia. Si la muerte nos sorprende antes de dar el paso decisivo para confesar sinceramente, ante la estola de confesión del Guía Espiritual, todo lo que pesa sobre nuestra psique-alma, estamos rechazando voluntariamente la misericordia de Dios, imitando la impenitencia del diablo y condenándonos nosotros mismos al infierno eterno, donde el fuego increado de la divinidad, en lugar de vivificarnos, nos consumirá y Su agapi-amor increada, en lugar de ser fuente de alegría, será un tormento continuo, porque nunca pudimos comprenderla, aceptarla, experimentarla y divinizarnos o glorificarnos (zéosis). Mientras tengamos tiempo, apresurémonos, como el hijo pródigo, a reconciliarnos con Dios y nuestro Padre. Él no nos pedirá cuentas aquí. No nos juzgará, no nos castigará. Está esperando darnos perdón o absolución, brindarnos paz y alegría tanto en esta vida como en la eternidad, los inefables bienes que ha preparado para nosotros «desde la fundación del mundo» (Mt 25,34). «He aquí, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación» (2 Cor 6,2).

 

APÉNDICE: LOS PADRES DE LA IGLESIA HABLAN SOBRE LA METANIA

San Juan Crisóstomo

«Si el castigo precediera a la corrección, el mundo se perdería y sería completamente destruido; si Dios fuera rápido para castigar, la Iglesia no habría adquirido a Pablo… La magnanimidad y la tolerancia de Dios hizo del perseguidor un predicador; la magnanimidad de Dios transformó al lobo en pastor; la magnanimidad de Dios convirtió al recaudador de impuestos en evangelista; la magnanimidad de Dios nos mostró misericordia a todos nosotros, nos cambió a todos, nos convirtió a todos. Si alguna vez ves a un blasfemo, convertido teólogo, si alguna vez ves a aquel que alguna vez contaminó su boca con obscenidades, ahora está haciendo la catarsis, se psicoterapia y purifica su psique-alma con himnos divinos, admira la magnanimidad y tolerancia de Dios y alaba la μετάνοια metania, y animado por este cambio, di: “Este cambio es obra del poder del Altísimo” (Salmo 76, 11).»

«Dios no espera a que pase el tiempo para que vuelvas a la μετάνοια metania, has dicho o confesado tu pecado, estás justificado, te arrepientes, has sido perdonado y misericordiado. El tiempo no elimina ni aleja el pecado, sino el modo en que te arrepientes es el que borra el pecado; es posible que pase mucho tiempo y alguien no alcance la salvación, mientras que otro, después de sincerarse en poco tiempo, se libere del pecado.

…El perdón o absolución de los pecados es fuente de salvación y premio por la μετάνοια metania, porque la metania es el medicamento psicoterapéutico y curativo del pecado; es un regalo celestial, un poder maravilloso, una jaris gracia energía increada que vence las consecuencias de las leyes. Por eso, no rechaza al prostituto o lujurioso, no rechaza al adúltero, no aleja al borracho o alcohólico, no aborrece al idólatra, no evita al calumniador, no expulsa al blasfemo, ni al arrogante, sino que cambia a todos; porque la μετάνοια metania es el fundidor del pecado.»

…El tiempo presente es un tiempo de μετάνοια metania y arrepentimiento porque hay un gran temor por los pecados que hemos cometido, si el arrepentimiento no precede al castigo… Apaguemos el fuego de los pecados, no con mucha agua, sino con unas pocas lágrimas. Es un gran fuego el del pecado y se apaga con pocas lágrimas; porque la lágrima apaga el fuego del pecado y limpia su mal olor.»

«…La μετάνοια metania es el remedio, medicamento de los delitos, la desaparición de las transgresiones, el borrado por las lágrimas, la franqueza hacia Dios, el arma contra el diablo, la espada que corta su cabeza, la esperanza de salvación, el exterminio de la desesperación; esta abre el cielo, esta conduce al Paraíso, esta derrota al diablo (por eso hablo constantemente de esto), así como también restringir nuestra audacia y coraje en nosotros mismos nos lleva a la caída. ¿Eres pecador? No pierdas tu esperanza; no dejo de proporcionar constantemente estos fármacos o remedios; porque sé cuán grande es el arma contra el diablo no ser dominado por la desesperación. Si tienes pecados, no pierdas tu esperanza; no dejo de decir estas cosas constantemente; y si todavía pecas todos los días, arrepiéntete todos los días, y así como en las viejas casas, cuando están a punto de derrumbarse, limpiamos los escombros y construimos nuevas, y no dejamos de preocuparnos constantemente por ellos, así también deberíamos hacer con nosotros mismos. Si te has vuelto viejo hoy por el pecado, renuévate a ti mismo con la μετάνοια metania introspección, conversión, arrepentimiento y confesión»  (Sobre metania”, Homilía 7 EPE, Vol. 30, p. 243-267).

San Efrén el Sirio

«Acércate, pecador; psicoterápiate y sánate fácilmente. Arroja de ti la carga de los pecados. Ofrece oración y derrama lágrimas sobre la parte corrupta. Este Psicoterapeuta y Médico es celestial. Porque es bueno, con lágrimas y gemidos, cura las heridas. Acércate, pecador, al buen Médico y Psicoterapeuta ofreciendo lágrimas, como el mejor medicamento. Porque así lo desea el Médico y Psicoterapeuta celestial, que cada uno sea psicoterapiado y curado con sus propias lágrimas y sea salvado, porque este medicamento no actúa más de lo necesario, ni irrita la herida, sino que la cura inmediatamente. El Médico y Psicoterapeuta espera ver tus lágrimas; acércate, no temas. Muéstrale tu herida, ofreciendo también medicamento, lágrimas y gemidos. He aquí, pues, la puerta de la μετάνοια metania está abierta; apresúrate, pecador, antes de que se cierre. No espera tiempo por ti, para que te desentiendas, ni esta puerta de la μετάνοια metania, mientras te ve indiferente, soporta esperar tu desprecio. Apresúrate a ser psicoterapiado y sanado. La hueste o tropa celestial se regocijará y se alegrará con tu μετάνοια metania «. (San Efrén el Sirio, “Obras” ´sobre la Metania”, tomo 1 pag 368, Edicione el Jardín de la Panaghía)

San Isaac el Sirio

«Después de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del santo Bautismo, se dio a los hombres la jaris de la μετάνοια metania. La μετάνοια metania es un segundo renacimiento espiritual; y aquel compromiso o arras que recibimos de la fe, lo aceptamos a través del don de la μετάνοια metania. La μετάνοια metania es la puerta de la misericordia divina, que se abrió para aquellos que la buscan. A través de la puerta de la μετάνοια metania entramos en la misericordia divina, y sin esta puerta no encontramos misericordia, porque todos hemos pecado según la Escritura divina, y merecemos la jaris gratuita de Dios. La μετάνοια metania es una segunda jaris, y nace en el corazón del hombre de la fe y el temor sagrado. El temor es el bastón paternal de Dios, que nos guía hasta que lleguemos al paraíso espiritual de las bienaventuranzas y gozos, y cuando llegamos allí, entonces nos deja y se vuelve atrás». (San Isaac el Sirio, “Ascéticos” Logos 72, pag 348)

San Juan Damasceno

«Confesión, pues, no es otra cosa que reconocimiento de deudas, es decir, reconocimiento de pecados, errores y necedades, es decir, desaprobación y condenación de la pobreza

…Por eso, primero evitemos el pecado. Porque si nos herimos con la flecha del pecado, y no nos quedamos mucho tiempo con su veneno… sino que corremos inmediatamente al médico espiritual y arrojamos el veneno del pecado con la confesión, y al escupirlo, aceptamos de buena gana como antídoto las reglas (epitimia) de la μετάνοια metania que nos da, luchamos por cumplirlas constantemente con fe ardiente y temor de Dios». (San Juan Damasceno, “Obras” EPE tomo 8, Carta sobre la Confesión pag 498-527)

San Cirilo de Jerusalén

«Dios es filántropo (amigo del hombre), y no un poco amante de la humanidad. Por lo tanto, no digas: he pecado, he cometido adulterio, he hecho muchas cosas terribles y no solo una vez, sino muchas. ¿Acaso, me perdonará? ¿Me dará indulgencia o amnistía? Escucha lo que dice el Salmo: ‘¡Cuán grande es tu bondad, Señor!’. Todos tus pecados no superan el tamaño de la compasión de Dios. Tus heridas no vencen la gran habilidad del gran Médico de cabecera. Solo entrégate a Él con confianza; revela a tu Médico tu enfermedad; di también tú como David, ‘confesaré mi pecado que me pesa al Señor”, y entonces algo similar a lo que dijo David te será aplicable continuamente, ‘y tú perdonaste la impiedad de mi corazón’… Y si todo un pueblo aún peca, la misericordia y filantropía de Dios no serán vencidas». (EPE, san Cirilo de Jerusalén, “Catequesis para los iluminados”, cataquesis B, pag 58-65)

San Marcos el Asceta

«La obra de la μετάνοια metania se realiza mediante estos tres mandamientos: la retirada y alejamiento de los pensamientos, la oración continua y la paciencia en las tribulaciones que nos suceden; esto debe hacerse no solo externamente, sino también interiormente, de modo que los loyismí (pensamientos simpes o unidos con la fantasía) persistentes vuelvan serenos y tranquilos. Por lo tanto, como con las tres virtudes mencionadas anteriormente se puede completar la obra de la μετάνοια metania, como lo ha demostrado el logos, pienso que la μετάνοια metania es adecuada para todos en todo momento, pecadores y justos, que desean ser salvados. Porque no hay límite de perfección que no se extienda en el tiempo para cumplir las virtudes mencionadas anteriormente. De hecho, a los que son principiantes se les introduce en la fe, a los intermedios se les avanza, y a los perfectos se les estabiliza en la fe

… Pero ciertamente me preguntarás, aquellos que realmente han complacido a Dios y han alcanzado a la perfección, ¿qué necesidad tienen de la μετάνοια metania? Por supuesto, algunos hombres se hicieron perfectos y existen, estoy de acuerdo; pero escucha con entendimiento y aprenderás por qué incluso ellos necesitan μετάνοια metania. La mentira proviene del diablo, dijo Dios, y el deseo de ver a una mujer y desearla, lo llamó adulterio, y comparó la ira hacia el prójimo con el asesinato, y para toda palabra inútil dijo que daremos cuenta. Entonces, ¿quién no ha sido tentado por la mentira, ha permanecido indemne de todo deseo provocado por la visión, y no ha discutido airadamente con el prójimo, ni ha usado palabras inútiles, para que no necesite la μετάνοια metania? Porque incluso si ahora no es así, pero una vez lo fue, debe estar en la μετάνοια metania y arrepentirse hasta que muera.

…Si luchamos hasta la muerte estando en μετάνοια metania  y arrepintiéndonos, ni siquiera así podemos cumplir lo que es necesario. Porque nada es digno del reinado de la Realeza increada de los Cielos. Como comemos y bebemos, hablamos y escuchamos, así que por naturaleza tenemos el deber de estar en μετάνοια metania y arrepentirnos». (Filocalía de los Santos nípticos y ascéticos, tomo 13, pag 108-117)

Abad Isaías

«Cuidemos, entonces, queridos, de llenar nuestro candil con aceite mientras estamos en el cuerpo, para que la luz de nuestro candil ilumine y brille para poder entrar en Su realeza increada; porque el candil es la μετάνοια metania, y el aceite que está dentro es la práctica de todas las virtudes, la psique-alma santa… Aquellos que hacen sus voluntades en el pecado y no vuelven a la μετάνοια metania  y no se arrepienten, sino que están distraídos por el placer y cometen maldad con su engaño y la ligereza de sus logos y palabras y el grito en sus peleas y sin miedo del juicio de Dios y la falta de misericordia para con los pobres y otros pecados, sus rostros están llenos de vergüenza en este siglo y la gente los despreciará, y cuando salgan de este mundo, la vergüenza y la ignominia los llevarán al infierno o gehena…

Si quieres saber si se te ha concedido el perdón o absolución de tus pecados y errores, este es el signo: si no sientes ningún pecado en tu psique-alma o no comprendes cuáles eran cuando alguien habla de ellos, entonces has obtenido misericordia. Pero si todavía están dentro de ti, aguanta y llora por ellos, porque son temor, peligro y sufrimiento, y no puedes descuidarlos hasta que te presentes ante el tribunal de Dios», (EPE, «Filocalía de los Nípticos y Asceticos», vol. 12, pp. 74-101).

San Máximo el Confesor

«No toleremos los λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasia, reflexiones) que minimizan nuestros pecados y predicen que serán perdonados. Porque el Señor nos advirtió contra ellos: «guárdate de los falsos profetas que vienen a ti con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mt 7,15). Porque mientras nuestro νούς nus (espíritu del corazón) con la mente sea molestado por el pecado, no hemos obtenido el perdón del mismo; porque aún no hemos producido los frutos dignos de μετάνοια metania. El fruto de la μετάνοια metania es la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) de la psique-alma, mientras que la απάθεια apázia es la eliminación del pecado. Por lo tanto, todavía no hemos alcanzado el perdón perfecto de los pecados. Porque fuimos liberados del pecado ancestral por el santo Bautismo, pero del pecado que cometimos después del bautismo nos liberamos mediante μετάνοια metania». (EPE, «Filocalía de los Nípticos y Asceticos», vol. 14, pp. 438-441)

San Juan el Carpathio

«La luna que crece y decrece es un tipo de hombre, que a veces hace el bien y a veces peca, y luego, con la μετάνοια metania y el arrepentimiento, vuelve a la vida virtuosa. Por lo tanto, el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente de aquel que pecó no se perdió, como algunos piensan, así como el cuerpo de la luna no disminuyó, sino solo su luz. Entonces, el hombre recupera su resplandor con la μετάνοια metania, así como la luna, después de su disminución, se viste de nuevo con luz». (Filocalía, Vol. A, de San Juan el Carpatio, 100 capítulos consoladores para los monjes de la India, Trad. Ant. Galitis, p. 329, ed. El Jardín de la Virgen María, 1984)

San Silouan el Athonita

«Sea alabado el Señor que nos dio la μετάνοια metania y por la μετάνοια metania todos somos salvos sin excepción. No solo serán salvos los que no vuelven en la μετάνοια metania, y aquí veo su desesperación y lloro de compasión por ellos. Si cada psique-alma conociera al Señor, sabría cuánto nos ama Él y nadie se desesperaría por su salvación, ni siquiera se quejaría. La psique-alma que ha perdido la paz debe volver a la μετάνοια metania y arrepentirse, y el Señor perdonará sus pecados, y entonces tendrá alegría y paz. Y no necesitamos más testigos, sino que el Espíritu Santo testifica dentro de nosotros que nuestros pecados han sido perdonados, y la señal del perdón o absolución de los pecados es que has llegado a odiar el pecado.

…»Quien vuelve a la μετάνοια metania y se arrepiente de verdad, está preparado para soportar toda aflicción, hambre y desnudez, frío y calor, dolor y pobreza, opresión y destierro, injusticia y calumnia. Porque la psique-alma se eleva hacia Dios y no le importa lo terrenal, sino que ora con nus y mente pura al Señor», (Arquimandrita Sofronio, «El Padre Silouan», la Metania, pp. 383-386, Ed. G, Monasterio de San Juan Bautista Essex 1985).

Del Gerontikón

Texto 1: «Un joven, nos cuenta el Abad Juan de Lico, arrastrado por los placeres del mundo, se había sumergido en el fango de la disipación y del despilfarro. Sin embargo, en un momento dado, como el hijo Pródigo, volvió en sí y buscó el camino de regreso a la casa del Padre. Abandonó el mundo para encontrar en el desierto la redención, lejos de las tentaciones del pecado. Un antiguo sepulcro se convirtió en su refugio. Encerrado voluntariamente en esta primitiva cárcel, lloraba amargamente por su psique-alma herida.

Los ángeles se regocijaban, pero los espíritus malignos y astutos, al verlo alejarse tan inesperadamente de sus garras, no tardaron en atacar. Rodeaban la tumba por la noche y decían airadamente: «¿Quién eres, miserable? ¿Por qué nos has abandonado después de tanta amistad? Después de probarlo todo a fondo, decides volverte santo. Es demasiado tarde ahora para fingir ser sensato, esperando misericordia.»

-«¡Sal fuera, insensato!» le gritaban otros. «Tu compañía te espera.»

Los más malvados de ellos le susurraban: «Para ti no hay salvación. Allí donde te has metido, encontrarás rápidamente la muerte y la condenación eterna.»

¡Con cuánta malicia intentaron llevarlo a la desesperación! Pero el valiente luchador ya había decidido morir antes que volver atrás. Buscó con súplica ferviente la ayuda divina, despreciando la fantasía demoníaca.

La siguiente noche, el diablo se volvió amenazador: «Si no sales inmediatamente, no escaparás de mis manos.» Y como era de esperar, al no escucharlo, el demonio se le abalanzó y lo dejó casi muerto a golpes. Así fue como se vengó.

Sus parientes, preocupados por su repentina desaparición, lo buscaron por todas partes. Finalmente lo encontraron en un estado lamentable dentro de la tumba. Pero por más que insistieron, resultó imposible convencerlo de que los siguiera.

Otra noche, los demonios lo atacaron con una furia desenfrenada y habrían terminado con su vida con terribles torturas, pero no tenían poder sobre él. El atleta no se derrumbó. Prefirió perder la vida temporal antes que contaminar, después de su μετάνοια metania y arrepentimiento, su cuerpo y psique-alma nuevamente con el virus del pecado.

Entonces los demonios reconocieron su derrota: «¡Hemos sido vencidos, hemos sido vencidos!» gritaban con lamentos y desaparecieron, sin atreverse a molestarlo más.

Así liberado de toda prueba, el ex hijo pródigo permaneció en la tumba hasta el final de su vida, y fue digno de realizar milagros para mostrar el poder de la μετάνοια metania y arrepentimiento.» (Theodora Jamaki, «Gerontikón», p. 128-129)

Texto 2: «Un novato monje fue con tristeza al Santo Pimén.

«He cometido un gran error, Padre», confesó, «y necesito al menos tres años para arrepentirme».

-«Es mucho», le dijo el Santo.

-«¿Son suficientes tres meses, entonces?»

-«Incluso eso es demasiado», respondió el Santo.

-«Te digo que si te arrepientes sinceramente y tomas la firme decisión de no repetir nunca el mismo error, en tres días recibirás la bondad de Dios». (Theodora Jamaki, «Gerontikón», p. 128-129)

Texto 3: «Otro hermano preguntó al mismo Anciano si Dios perdona fácilmente los pecados del hombre.

«¿Cómo es posible que no perdone?», respondió el Anciano, «Él, que enseñó la magnanimidad y tolerancia a los hombres? ¿No le ordena a Pedro que perdone hasta ‘setenta veces siete’, es decir, hasta lo infinito?», respondió el Santo (Theodora Chamaki, «Gerontikon», p. 133)

Otro de nuevo pidió que le explicara qué es exactamente la μετάνοια metania.

“La no repetición del mismo pecado”, respondió el anciano san Pimén (En lo mismo p.133)

Texto 4: «Un monje muy piadoso y virtuoso tenía una hermana en la ciudad que vivía una vida pródiga y disoluta y arrastraba a muchos jóvenes al pecado. Los hermanos del desierto a menudo instaban al monje a ir a la ciudad para corregir a su hermana extraviada. Al principio dudaba. Temía los peligros que el mundo tenía para los jóvenes monjes. Pero finalmente, por obediencia, decidió bajar.

Tan pronto como se acercó a su casa paterna, los vecinos corrieron a informar a su hermana. El corazón de la hija descarriada saltó ante la noticia inesperada. Durante años había anhelado a su querido hermano. Abandonó a sus compañías y, como estaba en ese momento, con los pies descalzos y la cabeza descubierta, corrió a recibirlo.

Al ver la caída de su hermana con sus propios ojos, se perturbó. Su psique-alma lloró.

-«No te das pena por ti misma, hermana mía», le dijo con tristeza, «¿y aquellos que, por tu causa, se desvían? Piensa en lo que les espera después de la muerte.»

El rostro puro de su hermano, su actitud modesta, las lágrimas de compasión que brotaban de sus ojos, junto con la justa reprensión, conmovieron a la pecadora.

«¿Hay salvación para mí también?» susurraron sus labios. «Sí. Basta con que lo desees sinceramente.»

-«Llévame contigo», suplicó. «No me dejes sola luchando contra las olas salvajes del pecado.»

-Ponte tus sandalias, cúbrete la cabeza y sígueme», dijo el monje con determinación.

-Déjame venir como estoy, hermano, porque ¿quién sabe si, entrando en ese taller del diablo, tendré la fuerza para salir de nuevo?»

El monje se satisfizo con su estabilidad. Sin demora, la condujo fuera de la ciudad y juntos tomaron el camino hacia el desierto. Tenía la intención de llevarla a un monasterio femenino conocido suyo. Mientras caminaban, divisaron a lo lejos una caravana que se acercaba hacia ellos.

«Muévete un poco hacia un lado, hermana mía», le dijo el monje. «Ocúltate detrás de los arbustos, porque las personas que no saben que eres mi hermana podrían escandalizarse al vernos juntos.»

Ella obedeció de inmediato a su consejo. Cuando pasaron la caravana, su hermano la llamó para que continuaran su camino. Parecía no escuchar. Él se acercó, le habló de nuevo, la sacudió con el pie. No mostraba señales de vida. Había muerto. Vio sus piernas desnudas magulladas y desgarradas impasiblemente por las piedras del camino y las espinas.

El monje, inconsolable por la repentina muerte de su hermana, regresó a su celda. La duda lo consumía.

«Es imposible que se salve», le decía su mente, «porque no tuvo la oportunidad de hacer obras de μετάνοια metania

Narró a los Ancianos del desierto todo lo que sucedió con todo detalle. Ellos ordenaron ayuno y oración por la psique-alma de ella. Fue revelado entonces a un ermitaño muy santo que Dios aceptó el arrepentimiento de la pecadora y la clasificó entre los justos por la renuncia que mostró, despreciando no solo las cosas materiales, sino también su propio cuerpo.

Texto 5: Un joven, arrastrado por el tremendo poder del mal hábito, caía frecuentemente en un grave pecado. Sin embargo, no abandonaba la lucha. Después de cada caída, derramaba lágrimas ardientes y rezaba a Dios con estas palabras dolorosas: «Señor, sálvame, ya sea que lo desee o no. Soy como un ser terrenal, fácilmente soy arrastrado por el barro del pecado. Pero Tú tienes el poder de detenerme. No es maravilloso, Señor mío, si tienes misericordia del justo, ni siquiera si salvas al virtuoso, porque ellos merecen experimentar tu bondad. Pero conmigo, el pecador, muestra, Señor, tu misericordia y tu compasión, y sálvame de manera milagrosa, porque en toda mi miseria, solo en Ti me refugio, el desdichado.»

Esto es lo que decía el joven con conmoción, tanto cuando era dominado por la pasión como cuando estaba tranquilo. En ocasiones, cuando nuevamente era vencido después de una lucha agotadora, se arrodillaba de inmediato y repetía las mismas palabras, derramando torrentes de lágrimas. ¡Qué esperanza indomable en la divina compasión enfureció al diablo! Se le presentó con toda su furia y le gritó:»¡Miserable, ¿no sientes vergüenza cuando, en tales miserias, te atreves a orar y a tomar el nombre de Dios en tu boca? Aprende de una vez por todas que para ti no hay salvación.»

El valiente luchador no tuvo miedo, ni perdió su esperanza, como esperaba el diablo.

«Y aprende tú también», le respondió con valentía, «que esta habitación es una herrería. Tú das un golpe y yo tomo uno. No dejaré de luchar con la μετάνοια metania, el arrepentimiento y la oración hasta que te canses de luchar contra mí con el pecado.»

«¿Es así?» gritó el diablo con malicia. «Entonces aquí y ahora dejo de luchar contigo para que no aumenten los premios de tu paciencia.»

Y desapareció.

Desde ese momento, cesó la guerra del joven. Sin embargo, él no dejó de cuidarse ni por un momento y lloraba a menudo cuando recordaba sus errores.

«¡Buen trabajo!», susurraba a veces en su mente el enemigo, tratando de derribarlo ahora en la soberbia y vanagloria.

«Maldita sea esta bondad», respondía el joven con desprecio. «¿Acaso Le gusta a Dios que el hombre pierda la pureza de su psique-alma con acciones impuras y luego se siente a llorar?»

Texto 6: Otro joven se desvió, pero se arrepintió tanto que, cuando la divina Jaris (gracia, energía increada) lo visitó al escuchar un solo kerigma, dejó el mundo y se convirtió en monje. Construyó una cabaña en el desierto y lloraba todos los días con mucho dolor por sus pecados. No podía consolarse con nada.

Una noche, Jesús se le apareció en un sueño, rodeado de luz celestial. Se acercó a él con amabilidad y bondad:

«¿Qué te pasa, hombre, y por qué lloras tanto?» le preguntó con Su dulce voz.

«Lloro, Señor, porque caí», dijo el pecador con desesperación.

«Oh, entonces levántate.»

«No puedo solo, Señor.»

Entonces el Rey del Amor extendió Su mano divina y lo ayudó a levantarse. Pero él no dejó de llorar.

«¿Por qué lloras ahora?»

«Me duele, Cristo mío, porque te he entristecido. Derroché la riqueza de tus carismas en cosas inútiles.»

Entonces el Amo compasivo puso cariñosamente Su mano en la cabeza del pecador dolorido y le dijo con alegría:

«Si tanto te duele por mí, yo he dejado de lamentarme por lo pasado.»

El joven levantó la vista para agradecer a su Salvador, pero él ya no estaba allí. En el lugar donde estaba parado, se había formado una enorme cruz luminosa. Redimido y liberado del peso del pecado, se arrodilló y la adoró.

Con gratitud en la psique-alma después de ese drama, el joven regresó a la ciudad para convertirse en un predicador más ferviente de la μετάνοια metania y guiar a muchos otros desviados hacia Cristo. (En el mismo pag 149-150). Amén.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com

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