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Jun 12 2024

Filocalía t 5 Calisto Tilikudis Sobre el estudio y la práctica Hisijasta y Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Ε΄

Κάλλιστος Τηλικούδης

Filocalía de los Padres Nípticos, tomo 5

Calisto Tilikudis

a) Sobre ele studio y la práctica Hisijasta

b) Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

* Calisto Tilikudis se identifica con San Calisto Angelikudis.

 

a) Sobre el estudio y la práctica Hisijasta

No es posible para uno volver a la μετανοια metania, arrepentirse sin ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y tranquilidad. Ni es posible acercarse ni siquiera mínimamente a la pureza sin retirarse del mundo. Ni es posible, relacionándose y viendo a la gente, ser digno del contacto y la θεωρία zeoría contemplación de Dios. Por eso, aquellos que han logrado, con su diligencia, arrepentirse de sus pecados y hacer la catarsis de sus πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, etc.) y alcanzar el contacto y la contemplación de Dios -que es el fin y propósito de quienes viven según la voluntad de Dios y el anticipo, por así decirlo, de la herencia eterna y de Dios- buscan la ησυχία hisijía y tranquilidad por todos los medios y consideran necesario retirarse del mundo y evitar a las personas con toda la disposición de su psique-alma. Y entonces, en la ησυχία hisijía y tranquilidad, su principio es el duelo o luto (espiritual según Dios), la autocrítica, la autocondena, con las cuales el duelo se vuelve más puro; vigilias, posturas de pie, continencia y esfuerzo físico, que tienen como resultado común el flujo de lágrimas de los ojos de aquellos que piensan humildemente, con κατάνυξη k atánixis (compunción, dilatación, contrición), por supuesto, del corazón. Así se ocupan de la catarsis y la logran con la virtud práctica. El fin de todo esto es la paz de los pensamientos, como hemos dicho que el de los anteriores es el flujo de lágrimas. Y entonces el νους nus con la mente comienza de manera natural a examinar cuidadosamente las naturalezas de los seres y a comprender el arte de Dios y a adquirir conceptos divinos. Y su tarea es la contemplación del poder, la fuerza y energía, la sabiduría, la doxa-gloria, la bondad y otros atributos de Dios, y penetra en los misterios de las Escrituras y disfruta de los bienes sobrenaturales y goza de las alegrías y gracias ultramundanas y se convierte en un recipiente de la agapi-amor de Dios. Así, es dominada por la agapi-amor divina y se regocija y alegra, porque ha alcanzado el fin de las virtudes, es decir, la agapi-amor del Creador de todo, sin sufrir en esto ninguna desviación, ni siquiera como sospecha. Claro, como ser humano sujeto a cambios, sufre deslizamientos e impulsos pecaminosos y movimientos impropios por muchas causas, pero debe corregirse nuevamente, alejando la desesperación y tomando alas de la esperanza en la filantropía divina, ocupándose con lágrimas y oración y los otros bienes mencionados, y deleitándose tanto como le sea posible en el paraíso divino de la agapi-amor, sin ver ya nada, ni forma, ni materia, ni figura y, en general, nada más, excepto las lágrimas y la paz de los pensamientos y la agapi-amor de Dios. Porque con estas realidades se evita el peligro del engaño y, como recompensa, llega la salvación de la psique-alma que tiene humildad, templanza, nipsis (sobriedad y vigilancia) y reza en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.

Cuando te sientes en tu celda, que tu νους nus (espíritu la psique con la mente en atención tenga confianza hacia Dios con humildad. La humildad debe extraerse de su propia bajeza e insignificancia; la confianza, del inigualable amor y perdón de Dios hacia el ser humano. Así, la psique-alma honra a Dios, cuando, con plena conciencia de su pecaminosidad, tiene confianza y ánimo en la filantropía de Dios y se entrega a ella. Por eso, el sagrado Pablo ordena acercarnos con confianza y franqueza al trono de la χάρις jaris gracia increada (Hebreos 4:16). Porque la confianza hacia Dios es realmente el ojo de la oración o el ala o alguna conexión supra-lógica. No para tener confianza porque uno es bueno -¡lejos de ti tal pensamiento!, sino para tomar alas de las esperanzas divinas, con la idea de la inefable filantropía y agapi-amor e indulgencia de Dios. Por lo tanto, reza con confianza y humildad y deja que te animen buenas esperanzas hacia Dios, según lo que hemos dicho, con la χάρις jaris de nuestro Señor Jesús Cristo.

Siempre debes buscar diligentemente lo que calma el cuerpo y libera el νους nus (espíritu de la psique) con la mente de molestias. Esto es: alimentación moderada, poca bebida, sueño corto, postura de pie según tu capacidad, genuflexiones tantas como soportes, apariencia humilde, vestimenta pobre, pocas palabras, las necesarias, dormir en el suelo y otras cosas que de algún modo doman el cuerpo. Junto con esto, usa lo que despierta νους nus (espíritu de la psique) con la mente y le ayuda a aferrarse a Dios. Esto es: lectura de las Sagradas Escrituras y de los Santos que las explican, también esto con moderación, salmodia con sentido, estudio de los logos (principios espirituales) de las Escrituras y de las maravillas que vemos en la creación, y oración con la boca hasta que la χάρις jaris (gracia energía increada) del Espíritu Santo la haga brotar del corazón; entonces es una fiesta diferente y es tiempo de otro festival, que no se dice con la boca, sino que se lleva a cabo en el corazón con la fuerza del Espíritu. Haz estas cosas como te escribo. Dobla las rodillas tantas veces como puedas y luego siéntate y reza. Cuando te canses en la oración, ve a la lectura, como hemos dicho, y luego vuelve a la oración. Y si te cansas nuevamente en la oración, levántate y canta, salmodia un poco y así vuelve otra vez a la oración. Y si nuevamente sientes acedía, ocúpate moderadamente con el estudio que mencionamos, y después continúa nuevamente la oración. Haz también un poco de trabajo manual, como obstáculo a la acedía (desidia, pereza espiritual), como has oído, santo, de los Padres. Siempre en toda tu labor piadosa, gustada a Dios, de la mañana hasta la mañana, que preceda la oración. Todo lo demás que dijimos sirve contra la acedía en la oración. Porque cuando la misericordia visita la psique-alma y la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo hace que la oración brote del corazón como de una fuente, de ahora en adelante el νους nus (espíritu de la psique) se ocupa solo de la oración y la contemplación, apartándose de todo lo demás, y solo la oración y la contemplación es su deleite en el paraíso de la divina agapi (amor incondicional).

De todas las obras de virtud, la oración es la más superior; genera las lágrimas del arrepentimiento, ayuda mucho en la paz de los pensamientos, impulsa al hombre a pensar solo en Dios que es la paz absoluta, genera la agapi (amor incondicional) de Dios. Solo esta hace la catarsis y purifica la parte lógica del psique-alma al imaginar a Dios, a quien se debe la catarsis incluso de los Ángeles; preserva la parte anhelante (deseo) de la psique-alma limpia, pura ante Dios, porque al conectarse y conversar con Dios que es infinitamente y sobrenaturalmente bueno y bondadoso por naturaleza, une todo el deseo del hombre a Dios; también calma y serena la parte irascible o emocional de la psique-alma, ya que cae ante Dios y le ruega y suplica y humilla la psique-alma y su egoísmo de esta manera, porque, ciertamente, nadie que ruega y suplica a Dios tiene una actitud y disposición sin humildad o iracunda. Por eso, en una palabra, todas las fuerzas del psique-alma y todas las acciones, prácticas y espirituales, las purifica la oración pura y las eleva, y más aún cuando va acompañada de la contemplación de Dios y del consiguiente divino έρως eros (amor ardiente), en la vida y práctica de la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) y tranquilidad, como dijimos antes. En la parte del corazón de donde brotan las lágrimas, allí debe estar dirigido tu pensamiento y que vea tu mente allí, inclinándose dentro de ti con una inspiración tranquila, cuando oras, y debe permanecer allí tanto como sea posible. Porque esto es extremadamente beneficioso y causa continuas y abundantes lágrimas, elimina el cautiverio de la mente y del espíritu, trae la paz mental y cordial, provoca la oración y ayuda a encontrar la oración del corazón con la ayuda de Dios y la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu vivificador, en el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo.

Debes saber, tú que ves y eres espectador de los misterios y gozador, que así como tenemos la dualidad de Dios y hombre, así también hay dos duelos o lutos, ya sea en género o en forma, y, por lo tanto, dos tipos de lágrimas. Diferencian mucho entre sí, aunque ambos son buenos y dados por Dios y provocan la benevolencia divina y, en consecuencia, la herencia divina. Los primeros tienen su inicio en el temor divino y de luto o duelo; los segundos, en la divina agapi-amor y Dios. Los primeros no alegran tanto, los segundos alegran y deleitan en extremo. Los primeros son de los principiantes, los segundos de aquellos que alcanzan la perfección con la χάρις jaris (gracia, energía increada).

Las labores de la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) son cinco. La oración, es decir, la memoria incesante de Jesús que se introduce en el corazón a través de la inspiración sin ningún otro pensamiento, que se logra con la continencia o templanza general, en la comida y el sueño y las demás sensaciones dentro de la habitación o celda con humildad; la salmodia a intervalos; la lectura de los sagrados Evangelios y de los santos Padres y los capítulos sobre la oración, y principalmente del Nuevo Teólogo, de Hesiquio y de Nicéforo; el estudio del juicio de Dios o la memoria de la muerte y cosas similares; y un poco de trabajo manual. Y nuevamente el regreso a la oración, aunque esto tenga dificultad, hasta que el nus (espíritu de la psique) con la mente se acostumbre a detener su deambular con la memoria del Señor y con la inclinación incesante en el corazón que tiene dolor o sufrimiento. Esta es la labor de los monjes principiantes que desean vivir en ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial). Este tipo, por lo tanto, debe evitar salir con frecuencia de su celda y debe evitar conversar y ver a cualquiera, a menos que sea absolutamente necesario, y aun entonces con cuidado, precaución y raramente. Porque estas cosas causan dispersión no solo en los principiantes, sino también en aquellos que ya han progresado.

En la oración que se realiza con atención, es decir, sin ninguna otra distracción, con el «Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios”, el nus con la mente, completamente inmaterial e inmutable, se eleva hacia el Señor mencionado, mientras que con el «“eleisón me compadécete de mí o ten misericordia de mí», se vuelve hacia sí mismo, no tolerando no orar también por sí mismo. Sin embargo, cuando con la experiencia progresa en la agapi-amor, entonces solo con el primero se eleva hacia el Señor, después de haber recibido información sobre el segundo. Por eso, los Padres no parecen haber entregado siempre la oración completa. Uno la menciona completa, como Juan Crisóstomo; otro, como Pablo, menciona «Señor Jesús» con la adición «con el Espíritu Santo» (1 Corintios 12:3), es decir, cuando el corazón recibe la energía del Espíritu Santo, con cuya fuerza también ora, lo que caracteriza a aquellos que han progresado pero aún no han alcanzado la perfección, cuyo rasgo característico es la iluminación. Juan Clímaco dice: «Con el nombre de Jesús azota a sus enemigos», y: «Que el recuerdo de Jesús se una con tu respiración», y aparte de «Jesús» no añade nada más. Sin embargo, también se permite a los principiantes orar espiritualmente a veces con todas las palabras de la oración y a veces con una parte, como dijimos; pero no deben hacer cambios continuos para que la mente no se disperse. Con la persistencia en el método de la oración pura que hemos mencionado, aunque a veces no se vuelve completamente pura debido a varias impresiones hostiles, pasionales y pensamientos, el que lucha adquiere el hábito de la oración sin fuerza y violencia al mantener el nus con la mente (en uno) dentro del corazón y no introducirse violentamente con la inspiración y luego escapar nuevamente fuera, sino permanecer allí por sí mismo y orar. Y esto se llama oración del corazón. Prevalece en ella un cierto calor o ardor en el corazón, que disipa los obstáculos que existían anteriormente y que impedían que la oración se realizara completamente pura, y así el nus con la mente ora, permaneciendo sin obstáculos dentro del corazón. Dentro de este calor, ardor y oración, nace en el corazón la agapi-amor por el Señor Jesús mencionado, que hace que broten abundantes lágrimas dulces de deseo del Jesús que se recuerda.

Para que uno pueda merecer estas cosas y las que siguen, que no es el momento de mencionar, debe tener cuidado, como hemos dicho, de nunca perder el temor a Dios, junto con el recuerdo de Jesús en el corazón y no solo superficialmente, para evitar fácilmente no solo las malas obras, sino también los pensamientos pasionales, hostiles y para progresar y recibir también información de aquí sobre la agapi-amor de Dios hacia él. Solo no debe buscar su manifestación, para no aceptar a aquel que es oscuridad y finge ser luz. Es decir, cuando la mente ve luz sin buscarla, no la debe aceptar ni rechazar, sino preguntar a quien pueda explicarle para conocer la verdad. Y si encuentra a alguien que lo enseñe, no solo según lo aprendido de las Escrituras, sino como él mismo ha experimentado la bienaventurada iluminación, sea Dios glorificado; pero si no, es mejor que no acepte la visión, sino que se refugie humildemente en Dios, llamándose a sí mismo indigno de esta contemplación o visión, como nos ha sido enseñado y lo practicaron los Padres. Porque aunque en otros escritos mencionan los signos de la iluminación errante y no errante, como escuchaste oralmente lo que dije, así también sobre esto escucharás cuando sea el momento. Pero ahora no es el momento. Ahora, junto con otras cosas y antes que otras, debes aprender esto: que así como aquel que quiere aprender a tirar con arco no lo tensa sin apuntar a algún lugar, así también aquel que quiere aprender sobre la ησυχία hisijía (serenidad mental y pazo cordial) debe tener como objetivo la apacibilidad constante del corazón. Nunca debe perturbarse ni ser perturbado por nada, excepto por la fe y piedad. Esto puede lograrse fácilmente si evita todas las cosas y generalmente permanece en silencio. Pero si alguna vez ocurre alguna perturbación, debe arrepentirse de inmediato y condenarse a sí mismo, y en adelante debe tener cuidado para, tranquilamente y con una conciencia clara, después de haber comenzado a invocar a Jesús, como dijimos, adquirir, mientras avanza, la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) para descansar en su psique-alma. Y esto no es todo; sino que la jaris también descansará la psique-alma completamente de los demonios y pasiones que la molestaban antes, y la alegrará con un gozo inefable e inexpresable. Porque aunque estas cosas vuelvan a molestar, no pueden actuar, porque la psique-alma no se inclina hacia ellas ni anhela su placer, ya que todo el deseo de este hombre se ha elevado hacia el Señor que le dio su χάρις jaris. Así que él acepta los ataques por la concesión de Dios, no por abandono. ¿Por qué? Para que su espíritu y mente no se enorgullezca del bien que ha encontrado, sino que con la guerra que sufre adquiera una humildad cada vez mayor, con la que no solo vence a los orgullosos enemigos, sino que también se considera digno de recibir donaciones cada vez mayores. Ojalá que nosotros también seamos dignos de estas donaciones del Cristo, quien se humilló por nosotros (Filipenses 2:8) y da abundantemente su χάρις jaris a los humildes (Santiago 4:6) ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

b) Selección de los santos Padres sobre la oración y la atención.

Toda la preocupación del asceta (practicante espiritual) debe ser no caer desde las alturas a las que ha llegado su psique-alma por la rebelión de los placeres o hedonismo. Porque, ¿cómo podrá mirar libremente hacia la luz espiritual con la que está emparentada el psique-alma que la lujuria ha encadenado? Por eso es necesario que practique sobre todo la templanza o continencia, que es el guardián seguro de la cordura, sano juicio, y que no permita que el soberano νούς nus con la mente se ocupe de pensamientos impuros. Es, por lo tanto, necesario el cuidado del hombre interior, para que νούς nus con la mente no se disperse y permanezca, de algún modo, enfocado a la doxa-gloria de Dios, para evitar la condena del Señor, quien dijo: ¡Ay de vosotros, γραματείς gramatís (escribas, escriba, teólogos de academia sin práctica) y fariseos hipócritas que os parecéis a sepulcros blanqueados, los cuales a la verdad se muestran hermosos por fuera, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera, ciertamente aparecéis justos ante los hombres, mas por dentro estáis llenos de hipocresía, basura e iniquidad» (Mateo 23:27-28).

Por eso se necesita una gran lucha, acorde con las leyes de Dios, tanto en el corazón como en los logos,  las palabras y acciones, para no recibir en vano la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios (2 Cor. 6:1), sino que, al igual que la cera toma una forma con el moldeado, así también nosotros, con la enseñanza de nuestro Señor Jesús Cristo, nos moldeemos y nos formemos según el hombre interior y cumplamos en la práctica lo que dijo Pablo: “Despojado del hombre viejo con sus praxis malignas y maliciosas y revestidos del hombre nuevo, que se renueva sin cesar, de modo de adquirir el conocimiento-gnosis profundo de Dios y os hagáis continuamente más perfecta imagen de Cristo, creado de Dios” (Col. 3:9-10). Llama «viejo hombre» a todos los pecados y corrupciones individuales. Y formar el hombre interior según la nueva vida, como dice (Rom. 6:4), hasta la muerte, para ser dignos de decir verdaderamente: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2:20).

Por lo tanto, se necesita gran diligencia y cuidado vigilante, no sea que trabajemos los mandamientos en contra de algo de lo que hemos dicho y no solo perdamos una recompensa tan grande, sino que también caigamos en amenazas tan terribles. Cuando el diablo emprende sus artimañas y, sobre todo con gran violencia, lanza como flechas encendidas (Ef. 6:16) sus pensamientos en la psique-alma que reposa y la quema de repente, haciendo que los recuerdos que una vez implantó se vuelvan duraderos y difíciles de borrar, entonces con nipsisvigilancia sobria y atención más intensas debemos frustrar estas artimañas, como un atleta repele con gran precisión y rapidez las ofensivas de los oponentes. Y debemos encomendar todo a la oración y a la invocación de la alianza celestial para la abolición de la guerra y la desviación de los dardos. Esto también nos lo enseñó Pablo, diciendo: «En todo, tomad el escudo de la fe, etc.» (Ef. 6:16). Por lo tanto, cuando la psique-alma relaja un poco la concentración y la intensidad de la mente y acepta recuerdos aleatorios de cosas fortuitas, entonces el pensamiento, sin entrenamiento y conocimiento, se ve arrastrado hacia esas cosas y, al ocuparse de ellas durante mucho tiempo, pasa de una larga deambulación (o largo vagar) a otra y a menudo termina en pensamientos obscenos y desubicados.

Pero esta falta de atención y dispersión de la psique-alma debe corregirse y restablecerse con una atención más cuidadosa y estricta de la mente, ocupándola continuamente en el estudio y la contemplación de lo bueno. Porque el filósofo atento, teniendo el cuerpo como un monasterio y un refugio seguro de la psique-alma, ya sea que se encuentre en el mercado, en una fiesta, en una montaña, en un campo o en medio de una gran multitud de personas, está instalado en su monasterio natural, reuniendo en sí mismo el nus (espíritu de la psique) con la mente, contemplando y filosofando sobre lo que le conviene. El perezoso puede estar sentado en casa y sus pensamientos deambular y vagar afuera; en cambio, otro puede, estando en el mercado y sobrio como en el desierto, estar siempre enfocado solo en sí mismo y en Dios, sin recibir con sus sentidos los ruidos que provienen de lo sensible y atacan la psique-alma.

Aquel que se acerca a comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en memoria de Él (Lucas 22, 19), quien murió y resucitó por nosotros, no debe solo permanecer limpio de toda impureza carnal y espiritual (2 Cor. 7, 1), para no comer y beber su propia condenación (1 Cor. 11, 29); también debe mostrar en sus actos que tiene la mentalidad y conducta de Aquel que murió y resucitó por nosotros, no solo permaneciendo limpio de todo pecado, sino también muriendo al pecado, al mundo y a sí mismo, y viviendo para Dios (Rom. 6, 11).

De los pensamientos malignos, algunos no tocan en absoluto la psique-alma si nos protegemos y nos rodeamos con gran seguridad, mientras que otros nacen y crecen dentro de nosotros cuando mostramos negligencia; sin embargo, si los detenemos a tiempo, se ahogan rápidamente y se entierran. Otros, sin embargo, nacen, crecen y terminan en malas acciones, corrompiendo toda la salud de nuestra psique-alma cuando nos toma y nos domina una gran negligencia. Lo bienaventurado es no aceptar ningún pensamiento maligno en absoluto. Lo segundo es, cuando los pensamientos ingresan, rechazarlos rápidamente y no permitirles que se queden más tiempo, para no contaminarnos con su mala astucia y maldad. Si somos negligentes incluso en este estadio, aún hay, por la benevolencia de Dios, cura para esta negligencia y se han preparado muchos remedios para tales heridas por esa inexpresable Bondad.

Por lo tanto, te ruego, mientras estés en tu cuerpo, no dejes libre tu corazón. Porque así como el agricultor no puede estar absolutamente seguro de la cosecha de su campo, ya que no sabe lo que puede suceder hasta que lo guarda en su granero, así tampoco el hombre puede dejar libre su corazón mientras respire. Y así como el hombre no sabe qué desgracia encontrará hasta su último aliento, el monje tampoco puede dejar libre su corazón mientras respire, sino que siempre debe clamar a Dios pidiendo Su realeza increada y Su misericordia. El maligno, sabiendo bien que quien ora sin distracción puede lograr mucho, se apresura por cualquier medio, razonable o irrazonable, a distraer la mente.

Nosotros, sabiendo esto, debemos oponernos a nuestro enemigo. Y cuando nos pongamos de pie para orar y nos arrodillemos, no permitamos que ningún pensamiento entre en nuestro corazón, ni blanco ni negro, ni de la derecha ni de la izquierda, ni escrito ni no escrito, excepto la súplica a Dios y el destello y resplandor que viene del cielo a la psique-alma, la parte hegemónica, soberana de la psique-alma. Se necesita una gran lucha y mucho tiempo en oración para encontrar la condición del corazón y la mente completamente libre de molestias, que es otro cielo dentro de nuestro corazón, donde habita Cristo, como dice el Apóstol: «¿No sabéis que Cristo está y habita en vosotros?» (2 Cor. 13, 5). El que quiera ver el estado de su nus, corazón y mente, que se guarde de todos los conceptos y pensamientos, y entonces verá su νούς nus(espíritu de la psique) similar al color celestial del zafiro. El νούς nus no verá dentro de sí el lugar de Dios, a menos que se eleve por encima de todos los pensamientos y conceptos de las cosas. Y no se elevará por encima de ellos, a menos que deseche las pasiones que lo atan a las cosas sensibles a través de los conceptos y los pensamientos. Las pasiones, ciertamente, las desechará con las virtudes; los pensamientos y los conceptos sutiles con la contemplación espiritual; y la contemplación, finalmente, cuando la luz increada le sea revelada.

Traducido por: χΧ jJ  www.logosortodoxo.com 12/06/2024

 

 

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