
De la vida de Santa María Egipcíaca: La κατάνυξις katánixis y las lágrimas
(Atanasio Mitilineos: Domingo V de Cuaresma)
(Kατάνυξις katánixis, es un término teológico que no hay palabra exacta en español, el que lo ha experimentado entenderá que es: perforación, pinzamiento, compunción y dilatación del corazón, que da como resultado las lágrimas (espirituales). Más abajo en el texto el Padre Atanasio hace un análisis más completo del término).
Nuestra Iglesia, queridos míos, el Quinto Domingo de Cuaresma lo ha dedicado a Santa María de Egipto. No es su conmemoración hoy -su memoria es el 1 de abril-, pero la coloca aquí, como ha colocado también en domingos anteriores la memoria de otros santos: San Gregorio Palamás, San Juan Clímaco, un domingo de veneración de la Cruz y otro domingo de la Ortodoxia. Lo hace porque quiere resaltar algo.
¿Qué quiere resaltar la Iglesia? Quiere decirnos exactamente esto: que la vida de nuestra santa madre María la Egipcia fue miserabilísima, un desastre. Sin embargo, el fruto de su μετανοία metania y de sus lágrimas la introdujo en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios y se convirtió en santa. Por tanto, la Iglesia con esto quiere decirnos: “No se desanimen. La Gran Cuaresma es un foso, un estadio, un campo de lucha y combate. Luchen, arrepiéntanse, lloren, clamen, y serán perdonados; no solo perdonados, sino también santificados. Y no solo santificados, sino también justificados. Es decir, reconocidos como hijos amados de Dios, viviendo en la eternidad junto a Él”.
En efecto, queridos míos, si preguntan qué fue exactamente lo que hizo que Santa María se arrepintiera y volviera a la μετανοία metania, es esto: era egipcia, -vivió en tiempos de Justiniano el Grande, en el siglo VI-, durante su vida vivía en desenfreno, pasó muchos años en el pecado, y un día fue con sus amigos, sus amantes, a Jerusalén para peregrinar. Como vemos hoy, por ejemplo, el Viernes Santo, los jóvenes van con sus novias -entiéndase: novias en el sentido inmoral, no bueno, sexual, lujurioso- al Santo Sepulcro, a la procesión del Επιτάφιο (Epitafio: procesión del Santo Entierro), a las celebraciones, a las procesiones de iconos, etc.
No se extrañen, esto ya es parte de la decadencia de los cristianos, que viven en la inconsecuencia, en el desliz. Porque si pensaran un poco, tendrían que preguntarse: “¿Qué estoy haciendo ahora? ¿A quién estoy siguiendo? ¿Estoy en la procesión del Επιτάφιο Epitafio de Cristo? ¿Y tengo a mi lado a mi amante, y peco?”. Es algo inconcebible.
Así era también Santa María de Egipto. Fue con sus amantes a Jerusalén para venerar. Era el día de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre. Intentó entrar en la Iglesia, pero una mano invisible la detenía en la puerta y no podía entrar. Lo intentaba, pero era imposible. ¡No podía! Entonces comprendió. Comenzó a tomar conciencia: “¡Soy pecadora! ¡Soy prostituta! Panaghía mía, Virgen María -dijo- ayúdame a entrar, y dejaré mi vida de pecado”. Y apenas dijo eso, se quebró y se dilató su corazón. Lágrimas brotaron de sus ojos, y en ese momento, la mano invisible dejó de impedirle el paso. Entró, veneró. Luego, al terminar la Liturgia, salió y desapareció. Cruzó el Jordán, y allí en el desierto del Jordán, queridos míos, vivió sola con Dios durante 41 años.
Allí, al final de su vida, la encontró San Zosimás, un sacerdote, a quien le narró su vida. Él le dio la Comunión y ella le dijo: “Vuelve el próximo año para comulgarme otra vez”. Pero el mismo día que recibió la Comunión, sintiendo su fin cercano, murió. San Zosimás encontró su cuerpo y lo enterró un año después.
A ella nos presenta hoy nuestra Iglesia. Es algo grande, queridos míos. ¿Qué fue el inicio de su despertar espiritual y su salvación? La κατάνυξις (katánixis: dilatación del corazón, compunción, recogimiento) y las lágrimas (espirituales). En efecto, San Simeón el Nuevo Teólogo dice que su padre espiritual, San Simeón el Piadoso, decía: “Nunca comulgues si no has llorado antes”. Esto es muy grande: que uno debe acercarse a Dios con κατάνυξις katánixis. La κατάνυξις es el punto de partida para acercarse a Dios, pero también, si quieren, es un fruto. Como fruto de la κατάνυξις katánixis son las lágrimas.
¿Qué es la κατάνυξις katánixis? Muchas veces lo decimos, pero debemos explicarlo. A menudo creemos que la κατάνυξις katánixis es una luz tenue, un espacio pequeño, un ambiente que inspira. Decimos: “Este templo es κατανυκτικό (kataniktikó: afectivo, de recogimiento, compungido”; o “la Liturgia fue kataníktika (afectiva, compungida, de recogimiento)”; o “los cantores fueron kataníktikos (afectivos, compungidos)”. Pero, ¿todo eso qué significa realmente? No estoy seguro de que se acerque a la realidad. “Κατανύσσω” (katanysso) significa literalmente “perforar profundamente”. Viene de “νύττω” (nito) que significa “pinchar”. “Κατανύσσω”, entonces, significa perforar profundamente, herir y dilatar el corazón. Es decir, cuando el corazón es traspasado y dilatado. ¿De qué es traspasado? De algo. Eso que lo hiere provoca las lágrimas. Eso es κατάνυξις katánixis: perforación, pinzamiento, compunción y dilatación del corazón, que da como resultado las lágrimas.
Así, el inicio de la vida espiritual con sentido es, queridos míos, la κατάνυξις katánixis. Y su fruto, como les dije, las lágrimas. Yo, personalmente, he sido testigo de algunas psiques-almas así, en las que uno puede ver que la χάρις (jaris, gracia, divina energía increada) de Dios ha tocado su corazón, y ya están en κατάνυξις katánixis (compungido, con el corazón dilatado). Uno lo ve en su rostro, porque ya ha ocurrido una transformación en su psique-alma. Y esta transformación es “el cambio, alteración de la diestra del Altísimo”. Cuando la mano derecha de Dios toca la psique-alma, esta se inflama, se hiere, se dilata. Entonces vienen las lágrimas. Y cuando uno ve esto en una psique-alma, dice: “Esa psique-alma ha cambiado de verdad”. Ha regresado, vuelto en sí con sentido. Es decir, con conciencia. Comprende, siente.
Créanme, queridos míos, no sé si lo que voy a decir, es fuerte, pero me temo que de cada cien personas que se arrepiente y vuelven en la metania solo una comienza con κατάνυξις katánixis. La mayoría vienen fríos a arrepentirse y se van fríos… Es como una olla que se pone sobre el fuego, pero no hay fuego debajo. Y no se puede cocinar nada. Así exactamente, cuando no hay el fuego de una herida divina, no puede haber vida espiritual. Es imposible.
Por eso vemos a muchos cristianos que, aunque comienzan a confesarse, a comulgar y a ir a la Iglesia, en realidad son como refrigeradores ambulantes. Y eso es algo terrible… Por eso también están preparados, ante cualquier tentación, a abandonar su vida espiritual, porque en el fondo no les ha costado nada… Uno no abandona lo que le ha costado. Un hijo que has dado a luz, no lo abandonas. ¿Por qué? Porque te ha dolido. Y una vida espiritual que ha nacido de un parto espiritual, de un dolor espiritual, de una herida en el corazón, no se abandona. Porque, simplemente, te ha dolido. Has provocado un parto espiritual.
San Gregorio de Nisa dice algo maravilloso: “Dios Padre es el arquero; el Hijo es la flecha. Y el Padre lanza con su arco la flecha -Jesús Cristo- hacia los corazones humanos. Y cuando el corazón es herido, traspasado por esta flecha, ¡oh entonces…!”. Herido por la flecha, es decir, por Jesús Cristo, entonces realmente, queridos míos, ¡es algo completamente distinto!
Recuerden al Apóstol Pedro cuando negó a Cristo. Lo negó con cierta facilidad. Así como con cierta facilidad le había dicho que no lo negaría. Y apenas lo negó, el Señor estaba a pocos metros de distancia, como acusado. Entonces, cuando Pedro lo niega, canta el gallo y el Señor se vuelve y lo mira. Miren: solo se volvió y lo miró. ¡Ah, esa mirada! ¡Ah, esa mirada fue una flecha! Con el centro, el blanco, en el corazón de Pedro. Fue tan herido que, inmediatamente, como nos dice el Santo Evangelio, salió afuera y lloró amargamente.
Recuerden también a aquella mujer pecadora, cuando el Señor fue a casa de cierto fariseo llamado Simón. Ella entró allí y con lágrimas le lavaba los pies. ¿Por qué? Porque se había conmovido y dilatado su corazón profundamente por la presencia del Señor, sintiendo el peso de su vida pecadora. Por eso también el Señor dijo -vale la pena mencionarlo- a Simón, que le dice: «Simón, ¿me permites preguntarte algo?» -Porque él había pensado en su interior: «Si este fuera profeta…» Ni siquiera como profeta lo consideraba Simón; simplemente lo tenía por un maestro. -«Debería saber quién es esta mujer que ahora le está lavando los pies, y debería darle una patada y rechazarla». Entonces Jesús le dijo: «Simón, te contaré una historia. Dos personas le debían dinero a un patrón. Uno le debía 50 monedas y el otro 500. Como ninguno de los dos podía pagar, les perdonó la deuda a ambos. Dime, ¿cuál de los dos estará más agradecido?»
Simón respondió: «Pues, obviamente, aquel a quien se le perdonó la deuda mayor, las 500 monedas». Y Jesús dijo: «Exactamente. Esta mujer es a quien se le perdonaron las 500 monedas. Esta es la prostituta que fue perdonada. Por eso llora. Tú, pobre hombre, miserable, eres de los 50. También se te perdonaron tus pecados, pero no lo sientes, no tienes conciencia de ello…». ¡Es impresionante, asombroso!
Recuerden también, queridos míos, a las multitudes en el día de Pentecostés. Cuando el Apóstol Pedro salió al balcón del aposento alto para decir que lo que oían y veían era la manifestación, infusión del Espíritu Santo, que vino a testificar que Jesús no era un criminal, ni un engañador del pueblo, ni un falso mesías. El cielo mismo viene a dar Su testimonio. Porque si Jesús hubiera sido un engañador, un falso Cristo, ¿cómo habría venido Pentecostés? Cristo mismo lo había dicho: “Yo me iré, y enviaré al Espíritu Santo”. Y también: “Ustedes me verán como criminal, como embaucador del pueblo, pero Él, el Paráclito, el Espíritu Santo, dará testimonio de Mí, de quién soy Yo”.
El testimonio de quién es Jesús Cristo es la misma Pentecostés. Y Pedro salió al balcón… y les decía precisamente estas cosas. Y la multitud que se había reunido, quedó profundamente conmovida, herida y dilatada en su corazón. “Y al oír esto” -dice el texto sagrado- “quedaron compungidos, dilatados del corazón”, heridos en el corazón. Y dijeron: “Hermanos, ¿qué debemos hacer para salvarnos?”
Como comprenderán, el tema de la κατάνυξις katánixis es una obra de Dios. Una obra de la diestra del Altísimo. Pero no es solo obra de Dios. También es una obra de la buena disposición y voluntad del hombre. Si una persona no tiene buena voluntad y disposición, entonces Dios no puede hacer nada. Precisamente porque delante de Él está el tema del libre albedrío, es decir, de la libertad. Y verán que ni siquiera Dios interviene en el corazón humano si el mismo hombre no lo abre.
¿Qué dice en el libro del Apocalipsis?
“He aquí que estoy golpeando, a la puerta y toco, llamo”.
¿Qué significa “toco”? Golpeo, vengo a herir.
“Pero, si alguien oye mi voz, entonces me abrirá. Si no oye mi voz, sin duda no me abrirá”.
Dice San Efrén el Sirio algo realmente maravilloso que, por favor, escúchenlo, porque nos interesa:
“Puesto que Dios nos ama a todos y quiere que todos seamos salvos, entonces Su Χάρις (Gracia, energía increada) viene y sobrevuela sobre nuestros corazones. Sobrevuela. El corazón está sucio, impuro, lleno de πάθος pazos. Entonces lanza una flecha. Viene, abre y hiere el corazón, un poco. Y produce una κατάνυξις katánixis, aunque quizás no tengamos buena disposición. Nada. Somos personas pecadoras. Así que Dios hiere un poco el corazón. A través de una predicación, de un ambiente, de un logos y una palabra, de un acontecimiento, de una situación. Y el corazón se hiere, es decir, se conmueve, se dilata y entonces siente una dulzura. Y Dios da una muestra, y te dice: ‘Esto sentirás cuando realices la catarsis y limpies tu corazón. Ahora he lanzado la flecha y me voy. Retiro mi flecha. Tú, si quieres, ofrece tu disposición y voluntad, y entonces crearás las condiciones para tener esta dulzura permanentemente’”. En otras palabras, nos da una muestra. Una muestra de Su αγάπη (agapi: amor incondicional) y de Su presencia. ¿Cuál es nuestra tarea a partir de ahí? Hacer la catarsis, purgar y limpiar nuestro corazón.
Pero digamos también unas palabras, queridos míos, sobre las lágrimas.
Dice San Juan Clímaco en su séptimo logos:
“El logos sobre las lágrimas puede nacer de muchas y diversas causas y motivos”, dice: Por naturaleza; hay personas que tienen facilidad para llorar. A veces se debe a una relajación del sistema nervioso, y con cualquier cosa lloran; por Dios; por tristeza contraria; por alabanza, cuando alaban a alguien, se emociona y llora; por vanagloria (puede llorar); por lujuria o sexo (puede llorar); por amor; por arrepentimiento y metania; por el recuerdo de la muerte, (puede llorar) cuando se recuerda la muerte, no con resignación pasiva, sino diciendo: “¿Qué estoy haciendo yo? ¿Qué estoy haciendo yo? Cometo injusticias, peco, como si fuera a vivir eternamente… ¿Qué estoy haciendo?” Esa es la memoria fructífera de la muerte, dice san Juan el Clímaco; por todo esto llora. Y muchas otras cosas.
Como ven, hay muchas causas para las lágrimas. Pero, ¿cuáles de ellas son legítimas? ¿Cuáles son las que realmente hacen la catarsis, purgan y limpian el corazón? ¿Cuáles son las que me darán espiritualidad auténtica? Son tres:
- a) Las lágrimas de la metania, arrepentimiento,
- b) Las lágrimas por la memoria de la muerte, y
- c) Las lágrimas por la agapi-amor de Dios.
Y las lágrimas de la metania, del arrepentimiento, queridos míos, son aquellas que uno derrama cuando comprende su terrible condición. Que ha sido un pecador. Tanto así que San Juan Clímaco se atreve a decir una expresión atrevida -lo dice él mismo: “Es un logos atrevido, pero así es: ¡Las lágrimas constituyen un segundo bautismo!”
Porque con el agua del bautismo somos catartizados, purgados y limpiados del pecado. Y con las lágrimas (espirituales del corazón) somos catartizados, purgados y limpiados de la suciedad, de la inmundicia del pecado.
Pero también están las lágrimas del luto o duelo según Dios, de la memoria de la muerte. Cuando el ser humano ve sus pecados y se entristece por sí mismo y se lamenta profundamente. Si alguien ve a una persona así, dirá que es infeliz, que está melancólica. No lo está. Es feliz.
Queridos, ¡pueden imaginar que detrás de un duelo o luto según Dios hay felicidad! ¡Que hay paz! Si conocieran que cuando alguien ve sus pecados y llora por ellos, siente una paz indescriptible, ¡la paz de Dios!… ¿Lo comprenden? Quien no ha experimentado tales estados cree que esa persona debe estar triste y desgraciada. Pero es un recuerdo esperanzador de la muerte. Es decir, es esto: préstenle atención. Es lo que dice el santo yérontas Siluán: «mantén nus-espíritu con tu mente en el Hades y no desesperes». ¿Qué significa «mantén tu nus-espíritu con tu mente en el Hades»? Porque el Hades es el lugar de las psiques-almas infernadas, por ahora; hasta que Cristo vuelva y se realice la resurrección de los muertos. El Hades es la antesala y presabor del infierno. No es el infierno. Es el preludio del infierno. «Mantén, pues, tu nus-espíritu con tu mente en el Hades», significa: «Ten tu mente en el lugar del castigo y del tormento». Decir: «No me salvaré». Esto es algo grande. Lloras y te lamentas por tus pecados. «No me salvaré. Soy muy pecador…».
Presten atención: algunos lo dicen hipócritamente: «No me salvaré». No lo creen en lo profundo de su ser. Pero creerlo verdaderamente: «No me salvaré», y al mismo tiempo, no perder la esperanza de que uno puede salvarse. Porque si uno está en luto o duelo por sus pecados y pierde la esperanza de su salvación, entonces sí es verdaderamente desgraciado e infeliz. Entonces verdaderamente corre el riesgo incluso de enfermar psíquica y mentalmente. Pero la persona que está en luto o duelo, llora, tiene duelo, luto según Dios, y tiene la esperanza de la salvación, esa persona es bienaventurada y feliz. Es lo que dice el Señor en las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los que lloran y están en luto o duelo por sus pecados, porque ellos reirán». ¿Lo ven? Declara felices a los que lloran y están en luto, duelo por sus pecados. Pero no se refiere, claro está, a perder a un ser querido, a perder tus bienes. No se refiere a eso el Señor. Se refiere a que llores y estés en luto por tu condición pecadora. Entonces, sin duda, tendrás la paz. ¿Ven? Métodos contrarios a los métodos que propone el mundo. ¿Qué propone el mundo? «¡Diviértete, pasa de todo, pásalo bien, juégatelo todo, no te prives de nada! Y verás cuánta alegría tendrás». Allí es donde hallarás la depresión y la ausencia de paz… ¿Ven los métodos? ¡Contrarios! Los métodos de Dios son contrarios a los métodos del mundo. ¡Cosas completamente opuestas!
Y, finalmente, están las lágrimas que vienen de la agapi-amor incondicional a Dios. Quien ama a Dios, ama también Sus criaturas. A las personas, a los pájaros, a las plantas, a las piedras. Ama todo. Porque todo es creación de Dios y refleja Su sabiduría, Su agapi-amor y su fuerza y energía divina. Así, quien ha amado verdaderamente a Dios, es otra cosa. Dice incluso San Juan Crisóstomo: «Mira, cuando ofendas a Dios con un pecado, entristécete; no porque serás castigado, sino porque has entristecido a Dios». Esto sólo puede decirlo alguien que ama a Dios. Que lo ama verdaderamente. Y entonces, como dice San Isaac el Sirio, en una admirable enseñanza suya: «Y cuando uno tiene esta θεωρία (zeoría: contemplación) y por el recuerdo de esas criaturas y al contemplarlas, brotan de sus ojos lágrimas». Y esa es la agapi-amor indecible e incondicional. La agapi-amor indecible. La agapi-amor incondicional a Dios y a sus criaturas. Humaniza al ser humano, lo convierte en Hombre con H mayúscula.
Si tuviéramos que ver un modelo de ser humano, cuál sería ese modelo que se han propuesto a lo largo de la Historia, desde diferentes sistemas sociales y filosóficos, modelos o prótipos de personas. Nosotros diríamos: Este es el modelo de ser humano: el verdadero ser humano; el que tiene la χάρις (jaris, gracia increada) de Dios y la agapi-amor de Dios, la agapi-amor a todas las criaturas, y es un verdadero paraíso…
Oh queridos, la Iglesia nos ha puesto hoy la memoria de Santa María la Egipcia para decirnos que la κατάνυξις katánixis y las lágrimas son el punto de partida de nuestra vida espiritual.
PARA LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINITARIO
Atanasio de Mitileneos, homilía pronunciada en el Monasterio Komnineio de Larisa, el 8 de abril de 1984, transcripción de la grabación y edición en formato digital por: Eleni Linardaki, filóloga.
FUENTES: https://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_226.mp3
Traducido por: χΧ jJ https://www.logosortodoxo.com/







