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May 17 2025

DOMINGO DE LA SAMARITANA

DOMINGO DE LA SAMARITANA

Diálogo con la Samaritana 4:1-30.

4:1 Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan,

2 aunque el mismo Jesús no bautizaba, sino sus discípulos,

3 abandonó Judea y partió de nuevo hacia Galilea.

4 Tenía que pasar por Samaria.

5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

6 Y allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino se sentó sin más al pozo; era como la ora sexta, (cerca las doce del mediodía).

7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

8 Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida.

9 La samaritana le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Dijo esto, porque los judíos odiaban a los samaritanos y no querían tener ningún trato con ellos”.

10 Respondió Jesús y le dijo: «si conocieras el regalo o donación que da Dios a los hombres, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le pedirías y él te daría a ti agua viva». (Es decir, le daría la energía increada Jaris-gracia  del Espíritu Santo que es el agua de fuente increada e inagotable, que como agua espiritual hace la catarsis, consuela, refresca, psicoterapia, ilumina y vivifica las psiques-almas, haciéndolas brotar y fructificar las virtudes y las obras buenas, más los frutos espirituales del Espíritu Santo.)

11 La mujer le dijo: Señor, si no tienes con qué sacar el agua, y el pozo está hondo; ¿de dónde, pues, te viene y tienes esa agua viva?

12 ¿Acaso, eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, sus hijos y sus ganados?

13 Respondió Jesús y le dijo: «Quien bebe de esta agua volverá a tener sed;

14 pero, el que beba del agua que yo le dé, no tendrá jamás sed, además, el agua que yo le daré se convertirá en agua manantial espiritual de fuente inagotable que siempre brotará regalándole vida eterna».

15 Le dijo la mujer: “Señor dame de esta agua para que no sienta más sed ni tenga que venir aquí a sacarla”.

16 Jesús le dijo la mujer: «Anda, llama a tu marido y vuelve aquí con él».

17 Respondió la mujer y dijo: “No tengo marido”. Le dijo Jesús: «Bien has dicho que no tienes marido,

18 porque cinco tuviste, y al que tienes ahora no es tu marido legal; en esto has dicho la verdad».

19 La mujer le dijo: “Señor, de todo lo que me has revelado, veo y considero que tú eres profeta. (Y aprovecharé la ocasión para preguntarte sobre un asunto religioso serio).

20 Nuestros padres adoraron a Dios en este monte. Pero vosotros los judíos decís que es Jerusalén el sitio donde hay que adorar a Dios”, ¿tú como profeta que dices sobre esto?

21 Jesús le dijo: «Mujer, créeme que está llegando la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

  1. «Vosotros los Samaritanos habéis rechazado la mayoría de los libros del Antiguo Testamento y adoráis lo que muy poco conocéis. Los judíos adoramos lo que conocemos mejor que vosotros y los demás pueblos. Porque el Mesías quien dará la sotiría redención, sanación y salvación de todos los pueblos proviene de los judío».

23 Pero llega la hora, y en ella estamos, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así son los adoradores que el Padre quiere.

  1. «Pero viene la hora, y ya estamos en ella, en que los auténticos y verdaderos adoradores venerarán y harán culto lógico al Padre en espíritu y en verdad. No un culto típico y simbólico, sino con el nus (el espíritu del corazón de la psique) iluminado y el corazón psicosomático psicoterapiado, limpio y purificado, así quiere el Padre que sean los adoradores».

24 Dios es espíritu y los que le adoran han de hacerlo en espíritu y en verdad».

  1. «Porque Dios es espíritu omnipresente y perfectísimo, por eso ilimitado, no se limita en lugares. Y aquellos que le adoran deben de hacerlo con toda fuerza y energía de su voluntad, con toda su psique, con todo su corazón y mente/intelecto, y con verdadera gnosis iluminada de Él, y con el culto que Le merece».

25 Le dijo la mujer: “Yo sé que vendrá el Mesías, que en helénico/griego se llama Cristo; y cuando él venga nos enseñará y nos aclarará todo.

26 Le dijo Jesús: «YoSoY, el que habla contigo».

27 En esto llegaron los discípulos y se maravillaron de que hablaba con una mujer. Pero ninguno se atrevió a decirle: “qué le estaba preguntando o por qué estaba hablando con ella”. Cosa que prohibían hacer en un lugar público los rabinos de los judíos.

28 Entonces la mujer muy emocionada dejó su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:

29 “Venid a ver a un hombre que me ha adivinado todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?”

30 Entonces los samaritanos salieron de la cuidad y venían hacia donde estaba Jesús.

Diálogo con sus discípulos 4:31-38.

31 Entre tanto los discípulos le insistían diciendo: “Maestro come”.

32 Él les dijo: «Yo tengo una comida que vosotros no sabéis ni la habéis visto».

33 Entonces los discípulos, como no habían captado el significado de los logos del Señor, se decían unos a otros: “A lo mejor las horas que hemos faltado, alguien le habrá dado de comer”.

34 Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió, y que acabe la obra, es decir, la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación del hombre.

35 ¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: «Alzad vuestros ojos y ved los campos ya dorados para la siega.

  1. «¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo que también existe la siega espiritual, en la que el logos de Dios puede fructificar en tiempo muy breve. Y para que os convenzáis, pues, alzad vuestros ojos y ved la multitud de samaritanos que están viniendo; además, de los otros pueblos que están listos para venir. Estos son como los campos de personas lógicas, en los cuales aún no se ha sembrado el logos de la verdad, pero que están dorados y preparados ya para la siega. Así también en todas partes del mundo las psiques-almas de los hombres ahora están maduras para recibir la σωτηρία sotiría es decir, la auténtica psicoterapia, terapia, redención y salvación».

36 Y el que siega en este campo recibe salario, se alegra y goza porque recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra y goza igual que el segador.

  1. «Y el que siega en este campo espiritual, recibe su salario por el Señor y se alegra viendo su cosecha espiritual no sólo ahora aquí sino también en la vida futura, la eterna. Porque está llamando y reuniendo hombres para la vida eterna. Así también por la siembra espiritual que se hace ahora, yo el sembrador me alegro junto con vosotros que segaréis».

37 En este caso se cumple aquel proverbio: “Uno es el que siembra y otro el que siega”. Yo he sembrado y vosotros mis descendientes segaréis.

38 Yo os he enviado a segar lo que no habéis trabajado; otros labraron, yo y los profetas antes que yo y vosotros os beneficiaréis de su trabajo».

  1. «Yo, el Señor del campo, os he mandado a segar lo que vosotros no habéis labrado; otros han labrado y sembrado, es decir, yo y los profetas, y vosotros entrasteis en sus labores para segar lo que no habéis sembrado».

La fe y conversión de los samaritanos 4:39-42.

39 Muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él, por el testimonio de la mujer, que decía: “Me ha adivinado todo lo que he hecho”.

40 Entonces cuando llegaron los Samaritanos donde él, le rogaron que se quedase con ellos en su ciudad para siempre; y se quedó allí dos días,

41 y muchos más creyeron al escuchar sus logos.

  1. «Y por las enseñanzas de sus logos que él mismo les instruyó, durante estos dos días, creyeron muchos más de los que habían venido al pozo rogándole que se quedara en su ciudad».

42 Entonces dijeron a la mujer: “Ya no creemos por las palabras que tú nos has dicho. Porque nosotros mismos hemos visto y escuchado, por lo tanto, estamos convencidos de que él es realmente el Sanador, Redentor y Salvador del mundo, el esperado Mesías, el Cristo.

 

Domingo de la Samaritana

Metropólita Serafín de las Islas de Kizira

«EL AGUA VIVA»


«…pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá jamás sed. Además, el agua que yo le daré se convertirá en un manantial espiritual, una fuente inagotable que brotará continuamente, otorgándole vida eterna …
τό ὕδωρ ὅ δώσω αὐτῷ, γενήσεται ἐν αὐτῷ πηγή ὕδατος ἁλλομένου εἰς ζωήν αἰώνιον» (Juan 4,14)

Queridos hermanos:

Estamos en el quinto domingo después de la Santa Pascua, conocido como el Domingo de la Samaritana.

El domingo pasado, la lectura evangélica nos habló del acercamiento lleno de amor y del don de la curación física otorgado al paralítico crónico por el gran y divino Médico, el Θεάνθρωπος (Dios-Hombre).

Hoy, el Santo Evangelio nos presenta el encuentro del Médico y Salvador Cristo con la Samaritana, junto al pozo de Jacob. A ella, nuestro Señor filántropo, tras un diálogo sanador y revelador sobre el “agua viva”, el “verdadero culto divino”, y la “apocálipsis” (revelación) de su identidad como Mesías, le otorgó la sanación espiritual y el verdadero conocimiento de Dios (teognosía).

Cristo pidió a la Samaritana agua natural -la que sacia la sed física del ser humano- para iniciar el diálogo con ella. Y, ante su duda, le dijo que, si conociera la donación del Espíritu Santo y al que le hablaba, ella misma le habría pedido y habría recibido el agua viva: el agua inagotable de la Jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo. Esta agua espiritual limpia, refresca, consuela, sana y vivifica las psiques-almas.

Literalmente, “agua viva” es el agua de una fuente que fluye, no aquella que se encuentra estancada en un depósito o pozo. Es agua que no permanece quieta. Como dice un intérprete eclesiástico: no es como las aguas de ciénagas o pozos, que desprenden hedor, están corrompidas o podridas, sino agua viva: es decir, aquella que brota, salta y está en continuo movimiento.

“Agua viva” es también un símbolo de la vida eterna, de la psicoterapia, la sanación y la salvación, como plena satisfacción de todos los anhelos y necesidades del corazón. Es también “el agua manantial de la divina enseñanza”.

Por un lado, es agua que limpia la suciedad del pecado, apaga la llama de los pazos y sana la sequedad de la incredulidad y la esterilidad espiritual. Por otro lado, es agua viva porque es imparable y está en movimiento perpetuo.

San Cirilo de Alejandría dice que “agua viva” se llama la dación vivificante del Espíritu Santo, con la que la humanidad -ya seca y estéril de toda virtud- bebe la jaris (gracia, energía increada) vivificante, con la cual se adorna con múltiples y buenas ideas de los bienes celestiales.

Según Teofilacto, otro intérprete eclesiástico, se llama también “agua viva” porque la jaris del Espíritu Santo convierte la psique-alma en un movimiento continuo hacia el bien y le regala ascensiones espirituales.

Cuando la Samaritana, después de la revelación de su pasado pecaminoso hecha por Cristo, se convenció de que no tenía delante a un hombre cualquiera, sino a un profeta, le pidió que resolviera la diferencia entre samaritanos y judíos respecto a la manera correcta de rendir culto a Dios. Entonces, el Divino Maestro le reveló la gran verdad sanadora y salvadora sobre la manera del Culto Divino, al decir: «Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24).

Dios es espíritu, porque es Νούς (Nus) infinito, increado y eterno. Es un Ser lógico, incorpóreo, invisible e incorruptible. Es más fácil afirmar lo que Dios no es (teología apofática) que definir lo que Dios es (teología catafática). Es Espíritu: no tiene cuerpo, ni huesos, ni carne. ¿Pero quién conoce los caminos del Espíritu de Dios?

San Juan Crisóstomo aconseja que nuestro culto al Dios incorpóreo debe ser ofrecido a través de aquello incorpóreo que hay en nosotros, es decir, con el alma (psique), y con la limpieza, pureza y claridad del νούς (nus: espíritu de la psique-alma) No sacrifiques, pues, ovejas y terneros, sino que con todo vuestro ser haced un sacrificio vivo: crucificad vuestros egoísmos y rechazad y degollad los deseos animales carnales.

El culto a Dios, que es Espíritu, exige ante todo la participación de la naturaleza más interior del ser humano, aquella que ha sido liberada de todo impedimento. Es allí, en lo profundo del corazón, donde tiene lugar la αποκάλυψις apocalipsis revelación de Dios, ya sea a través del culto interior o mediante el culto exterior ofrecido por el cuerpo.

El culto exterior debe estar íntimamente unido al culto que se realiza en el altar interior del corazón, siendo su expresión visible. Porque el verdadero culto implica la entrega total de nuestra naturaleza a Dios. Es el despertar de nuestra conciencia a Su santidad, la saciedad de nuestra διάνοια (diania: mente, intelecto) en Su verdad, la catarsis de nuestra fantasía en Su belleza, la apertura de nuestro corazón a Su agapi (amor incondicional), y la apacibilidad de nuestra voluntad a Sus divinas voluntades.

Es el agua viva -Cristo mismo, Su Santísimo Espíritu y el Culto Divino- lo que apaga nuestra sed, alivia nuestra ansiedad, nos fortalece y nos estimula en la lucha espiritual de la vida.

Por medio de la Jaris (gracia, energía increada) y la fuerza de los Santos Misterios, somos alimentados, vivificados y santificados.

Esto mismo ocurrió con la Samaritana, quien antes era una mujer mundana y extraviada. Sin embargo, cuando conoció a Cristo y dialogó con Él, se volvió hacia el alimento espiritual de la enseñanza divina. Su vida fue transformada radicalmente mediante la verdadera μετάνοια (metania: conversión, introspección, arrepentimiento y confesión) y se convirtió en predicadora de las verdades divinas, dando testimonio de fe y martirio junto con sus hermanas e hijos.

¡Ojalá tengamos sus santas intercesiones!

† Metropolita Serafín de la isla de Kízira

 

Domingo de la Samaritana

Páter Georgios Dorbarakis

«Entonces dijeron a la mujer: Ya no creemos por las palabras que tú nos has dicho. Porque nosotros mismos hemos visto y escuchado, por lo tanto, estamos convencidos de que él es realmente el Sanador, Redentor y Salvador del mundo, el esperado Mesías, el Cristo» (Jn 4,42).

El Señor, en el Evangelio de hoy, se encuentra con una mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Y, aunque el relato no parece centrarse en un tema puramente “moral” -pues la mujer había tenido cinco maridos y vivía con un hombre que no era su esposo-, en realidad Cristo le revela verdades fundamentales acerca de Dios y sobre la manera en que se debe venerarlo y adorarlo.

Evidentemente, el Señor valora más su búsqueda sincera que su estado moral actual. Él ejerce una forma de control espiritual indirecto, pero eficaz, como se manifiesta en las preguntas que ella le formula apenas se da cuenta de que está hablando con un profeta.

Tal es la conmoción que experimenta por lo que el Señor le revela (apocalipta) -sobre su vida personal, sobre Dios y, sobre todo, sobre la identidad mesiánica de Cristo- que corre a compartir su testimonio con sus compatriotas en Samaria. Y estos, confiando en la veracidad de su palabra, acuden a Jesús. Aquel mismo Jesús a quien, tiempo atrás, habían rechazado junto a sus discípulos, negándose a recibirle. Pero ahora se acercan, le escuchan y le ruegan que se quede con ellos.

Y a aquella mujer, quien, en esencia, los condujo hasta Cristo, y que más tarde sería conocida como Santa Φωτεινή Fotiní la Isapóstolos (la Iuminada o Luminosa , igual que un apóstol), le dicen: “Ya no creemos solamente por lo que tú nos dijiste; porque nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es realmente el Sanador y Salvador del mundo, el Mesías, el Cristo” (cf. Jn 4,5–42).

Este es precisamente el proceso de la fe: uno llega a Cristo porque alguien cercano -un amigo, un familiar- le ha compartido una experiencia personal con Él.

En este caso, fue la exclamación de la Samaritana la que despertó el interés de sus compatriotas. Lo mismo sucedió con los primeros discípulos: después de su llamado por parte del Señor, sintieron inmediatamente la necesidad de llamar a otros. Así, el apóstol Andrés fue a buscar a su hermano Simón, quien más tarde sería llamado Pedro; del mismo modo, Felipe llamó a su amigo Natanael.

Incluso en la historia de la Iglesia, vemos que el primer anuncio de Cristo en muchas regiones no fue realizado por misioneros oficiales o clérigos, sino por simples fieles, personas comunes que, tras haber tenido un verdadero encuentro con Cristo, quisieron compartir la Χάρις (Jaris: gracia, energía increada) y la Χαρά Jará alegría recibidas.

No actuaron como “misioneros profesionales” ni como “mercaderes del Logos de Dios” (2 Cor 2,17), como dice el Apóstol Pablo, sino como almas que no podían contener la plenitud de su alegría, una explosión del corazón ardiente que deseaba decir a los demás que había encontrado el tesoro de su vida.

Εscribe san Juan en su primera.«1:1 El que desde siempre junto y en el principio ἦν (in) existía y siempre es, lo que hemos oído, lo que hemos visto y contemplado con nuestros ojos, lo que han palpado nuestras manos, acerca del Logos (causa) de la vida.

1 Sobre el Hijo y Logos increado de Dios, el cual existía junto y en el principio, era y es coeterno antes que cualquier creación espiritual y material y lo que hemos escuchado, más lo que hemos visto con nuestros ojos y hemos vuelto a contemplar muchas veces con nuestros ojos espirituales y físicos, y lo que palparon nuestras manos acerca del enhipostasiado-substanciado Logos increado, el Cual en su interior co-eternamente tiene la vida y transmite la vida.

  1. Y la vida se ha manifestado, la hemos visto, damos testimonio de ella y os anunciamos la vida eterna, que existía, estaba y está siempre junto al Padre y se nos ha manifestado.
  2. Y esta vida enhipostasiada-substanciada en persona ha tomado naturaleza humana y se ha manifestado entre nosotros y la hemos visto con nuestros ojos y damos testimonio oficialmente de ella; y os anunciamos la vida eterna que existía, estaba y está siempre junto al Padre y se ha revelado a nosotros los Apóstoles y a muchos más hombres.
  3. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos para que mediante el Cristo estéis unidos con nosotros en κοινωνία kinonía conexión, comunión, unión y participación, como estamos nosotros en kinonía-comunión y unión cordial con el Padre y con su Hijo Jesús Cristo.
  4. Os escribimos todo esto para que nuestra alegría, que procede o emana de esta comunión con Dios y nosotros, sea plena y perfecta también en vosotros» (1Jn 1:1-4).

En realidad, el testimonio que alguien da sobre Cristo funciona como una llamada de parte de Dios para aquellos que escuchan. Se entiende como un llamamiento divino, pues Dios mismo utiliza como instrumento suyo al testigo. Tal como dijo el Señor a sus discípulos: «27 Y vosotros también daréis el buen testimonio, porque habéis estado desde el principio conmigo. [27. «Y vosotros también daréis el buen testimonio, porque estáis conmigo desde el principio de mi aparición pública, e iluminados por el Espíritu Santo entenderéis más profundamente y daréis testimonio de todo lo que yo hice y dije, predicando con claridad y certeza»] (Jn 15,27). En otras palabras, todo fiel que ha saboreado la dulzura de la presencia de Cristo en su vida se convierte en partícipe del testimonio del mismo Dios Padre, el cual comienza con Jesús mismo, el Primer Testigo de Dios: «Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para predicar y dar testimonio de la verdad. Y todo aquel que siente la disposición y el anhelo por la verdad, escucha, acepta y aplica los logos de mi enseñanza y así se convierte en copartícipe de mi realeza increada espiritual y celeste» (Jn 18,37). Este testimonio no se detiene en Él, sino que se extiende a todos los que creen en Él, como una cadena viva de fe. Porque, como también dijo el Señor: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae por su energía increada jaris-gracia, y yo lo resucitaré en el ésjato-último gran día del juicio.» (Jn 6,44).

Esto se ve claramente en el caso de la Samaritana. Aunque al inicio no comprendía del todo, fue convertida -a través de su experiencia personal- en instrumento de Dios para llamar a otros de su pueblo. Y no se quedó en eso: después de ser plenamente incorporada a Cristo por el santo Bautismo, se movió como misionera no sólo dentro de Samaria, sino también más allá de sus fronteras. Su camino en Cristo fue sellado con el martirio de su sangre durante la persecución de Nerón, poco después de la mitad del primer siglo. No sólo ella, sino también sus parientes e hijos ofrecieron sus vidas por la causa de Jesús Cristo.

En una primera etapa, los samaritanos creyeron gracias al testimonio verbal de la futura Santa Φωτεινή Fotiní, que significa “la Iuminada o Luminosa”.

Pero luego avanzaron a una segunda etapa más profunda: la experiencia personal: «Entonces dijeron a la mujer: Ya no creemos por las palabras que tú nos has dicho. Porque nosotros mismos hemos visto y escuchado, por lo tanto, estamos convencidos de que él es realmente el Sanador, Redentor y Salvador del mundo, el esperado Mesías, el Cristo» (cf. Jn 4,42). Y es justamente esta segunda fase -el paso de la fe oída a la fe vivida- la que corona y completa el camino dinámico de la fe cristiana. Si uno no da ese paso, permanece en un estado infantil, una fe inmadura que no llega a dar fruto: «El hombre de doble moral es inconstante en todos sus caminos» (Sant 1,8). Es decir, el hombre con la duda, la vacilación y la fe tibia, su vida se vuelve caótica, y termina sumido en el sufrimiento, en la negación de la fe, o en una fe reducida a ideología superficial, sin fuerza para transformar su vida positivamente.

Este es, tristemente, el drama de muchos cristianos contemporáneos: permanecen estancados en lo que oyeron de pequeños, en lo que recibieron de sus padres o de algún entorno religioso. Pero no hicieron suya esa fe, no la vivieron ni la convirtieron en experiencia personal. Por ello, siguen siendo cristianos sólo de nombre, con una fe vacía. Por tanto, tiene plena validez lo que dijo de ellos el santificado Yérontas Paísios el Athonita: padecen “el síndrome del saco vacío”. Es decir, son personas que fueron incorporadas a la Iglesia por el santo Bautismo, pero nunca activaron ni desarrollaron este estado carismático.

Ciertamente, el mismo Señor ha apocaliptado (revelado) lo que sucede en estos casos, y esta apokálipsis (revelación) suena terrible y sombría: se trata de los “fieles” que, siendo ramas de Su viñedo, al no permanecer unidos a Él -a través de Sus santos mandamientos, logos y, por consiguiente, de la participación en la μετάνοια metania y la Divina Efjaristía- se secan, son cortados y echados al fuego (cf. Jn 15,1-6).

Por otro lado, cuando un fiel alcanza una relación personal con Cristo, se convierte en oyente atento y obediente libre de Su logos, y experimenta Su presencia viva en su vida. Esto indica que camina correctamente en la Iglesia, viviendo como miembro del Cuerpo de Cristo, Su Santa Iglesia Ortodoxa. Entonces, confirma continuamente que la sorpresa espiritual producida por la constante jaris (gracia, energía increada) en él, se convierte en un estado estable. Caminará siempre “de fe en fe y de doxa-gloria en doxa-gloria”, porque la experiencia de Cristo es un camino interminable, un constante ascenso hacia la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), como lo manifiestan con humildad nuestros santos.

De todos modos, es pena y lástima que nosotros permanezcamos en las “cáscaras” o “algarrobas” de los primeros pasos del camino espiritual, cuando tenemos en nuestras manos la fuerza, la energía increada y la alegría de la fe personal en Cristo, aquella que constituye la solución de todos los problemas esenciales de la existencia humana. Amín.

ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ παπαΓιώργης Δορμπαράκης Padre Jorge Dorbarakis

 

Domingo de la Samaritana Κυριακή της Σαμαρείτιδος

Santa Metrópolis de Filipos y Thasos

«El culto a Dios en espíritu y verdad»
«Η εν πνεύματι και αληθεία λατρεία του Θεού»

Una de las enseñanzas más ricas y completas de nuestro Señor nos la narra el Evangelio del domingo llamado característicamente “Domingo de la Samaritana”. En él, el Señor dialoga con una mujer de Samaria, algo completamente inusual y extraño para la época por dos razones:

  1. La mujer, por el hecho de serlo, no era considerada igual al hombre y, por tanto, se la consideraba indigna e incapaz de recibir enseñanza religiosa.
  2. Existía una profunda enemistad y división entre judíos y samaritanos.

En el pozo de Jacob, Jesús encuentra a la mujer samaritana y, tomando como punto de partida el agua del pozo y el deseo de saciar la sed, comienza una enseñanza sobre el verdadero culto a Dios. Ante la pregunta de la mujer sobre el lugar adecuado para orar y rendir culto, Jesús cambia el enfoque: no se trata del “lugar”, sino de la forma y el modo de la adoración. Le dice que ha llegado la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre “en espíritu y en verdad” (cf. Jn 4,23). Es decir, con la fuerza y energía increada del Espíritu (Πνεύμα), el cual revela la verdad (αλήθεια alízia).

Estas son las cualidades esenciales del culto verdadero: adoración en espíritu y en verdad.
Pero ¿qué significan realmente estos dos conceptos?

Sólo los renacidos del Πνεύμα (Pnevma) el Espíritu, tienen el derecho de adorar a Dios. Es decir, aquellos que, por el santo Bautismo y la Santa Crismación, han recibido Su sello, se han hecho miembros de Su Cuerpo, participan de Su vivificante Jaris (gracia, energía increada), y obedecen con fidelidad Su santa Voluntad.

El culto espiritual no se limita a actos exteriores ni a un cumplimiento formal de los mandamientos. No se mide por la cantidad de obras o virtudes con la intención de obtener recompensas futuras. No es un simple deber religioso, como asistir mecánicamente a la Iglesia, encender una vela, o recitar oraciones sin atención. El culto verdadero no emana de los labios, sino brota del corazón que arde de έρως (amor ardiente) hacia Dios.

Adoración espiritual significa devoción y entrega total a Dios: con toda el alma, todo el corazón, toda la mente, y todas las fuerzas de la voluntad. Es el agradecimiento sincero por las donaciones visibles e invisibles que Su Providencia nos ofrece en cada momento. Es vivir nuestra existencia como templo del Espíritu Santo, desde el cual se alaba y glorifica Su santísimo Nombre.

La verdad (αλήθεια) del culto nos ha sido enseñada por el mismo Cristo.
Con Su Encarnación, Su enseñanza, y Su sacrificio, nos ha revelado (apocaliptado) al verdadero Dios Uno en Trinidad, y el plan de la Divina Economía (concesión) para nuestra psicoterapia, sanación y salvación. Nos ha concedido el privilegio de participar en el Misterio de la Divina Efjaristía, de comulgar con Su Cuerpo inmaculado y Su Sangre preciosa, para así convertirnos verdaderamente en hijos de Dios. Ha abierto las puertas de Su eterna e increada Realeza, que estaban cerradas herméticamente a causa de la desobediencia y la falta de μετάνοια metania y arrepentimiento del hombre.

Adorando y alabando a nuestro Dios “en espíritu y en verdad”, recibimos jaris y fortaleza. Sentimos Su presencia viva a nuestro lado. Tomamos valor, coraje y ánimo para continuar nuestra vida, a pesar de los problemas y dificultades diarias. Ponemos nuestra esperanza en Él y seguimos subiendo nuestro propio Gólgota.
Levantamos nuestra cruz, sabiendo que después de la crucifixión viene la Resurrección, la serenidad eterna, el gozo sin fin y la entrada en la Realeza increada de Dios.

Santa Metrópolis de Filipos y Thasos

 

Domingo de la Samaritana – Veneración en la Verdad

Jristakis Efstazíu, teólogo – Iglesia de Chipre

«Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad…Πνεῦμα ὁ Θεός, καὶ τοὺς προσκυνοῦντας αὐτὸν ἐν πνεύματι καὶ ἀληθείᾳ δεῖ προσκυνεῖν» (Jn 4,24)

El descubrimiento del sentido más profundo de nuestra vida ocurre dentro de la verdad de la Iglesia Ortodoxa, tal como nos la ha apocaliptado (=revelado) el mismo Señor. La lectura evangélica de hoy nos sitúa precisamente frente a este gran desafío: abrirnos y hacernos diáfanos, transparentes para poder recibir la gran verdad de la vida, que es la que sana, salva y eleva al ser humano a alturas espirituales insospechadas.

Nos encontramos cronológica y litúrgicamente a la mitad del camino hacia Pentecostés, y tal vez sea este el momento más adecuado para participar de la apocálipsis (revelación) que el Señor nos entrega en Su encuentro con la Samaritana: Él mismo es “el agua viva, el manantial para la vida eterna”.
Una verdad que debe tocar existencialmente al hombre, aterrizarlo y elevarlo espiritualmente.

Χριστοειδής ανύψωση – Elevación Crística

Cristo, en la persona de aquella mujer samaritana -de etnia distinta, estigmatizada social y religiosamente- se encuentra con cada uno de nosotros personalmente. Nos apocalipta (=revela) verdades impactantes. No se trata simplemente de un diálogo entre un judío y una samaritana, sino del encuentro entre el Hijo de Dios, Psicoterapeuta, Sanador y Salvador del mundo, que comunica incluso con los más despreciados, para ofrecer Su agapi (amor incondicional) y Su χάρις (jaris: gracia, energía increada).

Su verdad, que es la misma vida, fluye como agua viva que sacia la sed más profunda del ser humano, por más herido o extraviado que esté. Nos dignifica como personas, con un valor y una nobleza espiritual inigualables.
Este mensaje toca profundamente al hombre contemporáneo, que deambula desorientado, sin brújula ni norte, en un mundo que ha perdido el sentido. Pero Cristo sigue esperándonos, como nos lo recuerda en el libro del Apocalipsis: “Estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20). Nos llama a todos y cada uno por separado, personalmente. Nos llama por nuestro nombre, como el buen pastor a sus ovejas, para que recibamos el don de Su divina agapi (emoción divina).

En el pozo de la vida

Cristo está sentado junto al pozo de Jacob y conversa con una mujer samaritana, desconocida y marginada hasta entonces. Le pide agua.
El Señor también nos pide algo a nosotros: pequeños actos, movimientos, un ofrecimiento de nuestro amor, para que podamos salir de nuestro egoísmo, nuestro individualismo y abrirnos al encuentro con Él. Hoy más que nunca, cuando hemos abandonado nuestra alma al engranaje asfixiante del egocentrismo, es fundamental responder a Su invitación, permitir que Él nos quite la sed (dipsomanía) y nos sacie con Su verdad.

El agua viva

Como muchos de nosotros hoy, también la Samaritana, al principio, reaccionó racionalmente. Su razón le decía que aquel judío era su enemigo, que no valía la pena prestarle atención.
Pero Cristo quiso ofrecerle la luz verdadera, la energía increada de la vida.
A través del diálogo, la lleva a mirar su propia psique-alma, su estado espiritual. La confronta con su verdad.
Y entonces se rompe el muro del ego. Empieza a ver con los ojos del corazón. Reconoce las capacidades proféticas de su interlocutor y se hace digna de recibir la mayor αποκάλυψις apokálipsis revelación:
“YoSoY, el que habla contigo” (Jn 4,26).

La adoración verdadera

Queridos hermanos, Cristo nos pide abrir el corazón para recibir Su agapi, amor incondicional.
Cuando nuestra existencia se ilumina con Su presencia divina, nace en nosotros el deseo de adorar verdaderamente a Dios.
El verdadero culto -como afirma el Señor- es “en Espíritu y en verdad”.
Es la señal de que nuestra vida se renueva por la presencia transformadora de Su agapi, y se convierte en una existencia crística, irradiando toda la luz que el alma puede contener. Amén.

Jristakis Efstazíu, teólogo – Iglesia de Chipre Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

 

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