
EL NEO-ARIANISMO DEL HERÉTICO CRISTIANISMO OCCIDENTAL
Referencia a la herejía papista sobre la «gracia (des-gracia) creada»
SANTA METRÓPOLIS DE EL PIREO
OFICINA SOBRE HEREJÍAS, SECTAS Y PARARELIGIONES
En Pireo, 5 de mayo de 2025
[Amigos en y de CristoDios, al final del texto hemos puesto los términos teológicos: 101. Increado (Ἀκτιστο, áktisto) e Creado (Κτιστό, ktistó) y 128. Luz increada]
Este año se cumplen 1700 años desde la convocatoria del Santo Primer Sínodo (Concilio) Ecuménico, en el año 325, por el primer emperador cristiano y santo de nuestra Iglesia, Constantino el Grande, con el fin de enfrentar la temible herejía del arrianismo, la cual sacudió a la Iglesia y amenazó su propia existencia. Su exponente fue el presbítero alejandrino Arrio, quien, impulsado por energía demoníaca, por la enseñanza y doctrina herética de reconocidos fundadores de herejías y por la soberbia y arrogancia personal, intentó derribar desde sus cimientos todo el edificio de la Iglesia, atacando de manera crucial el Dogma de la Santa Trinidad.
El objetivo inmediato del arrianismo fue la Persona teántrica divino-humana de Cristo, cuya divinidad negó, definiéndolo como “la primera criatura (o creación) de Dios”. Al negar la divinidad del Logos, también niega la Trinidad de Dios, reconociendo como Dios solo al Padre y considerando al Espíritu Santo como una “fuerza impersonal”.
La Santa Iglesia de Cristo, con la certeza absoluta de que la verdad es sinónimo de psicoterapia, redención y salvación, ha librado titánicas batallas contra las herejías, que como enfermedad endémica comenzaron a atacarla desde los primeros días de Su presencia terrenal.
Nuestro Señor, Psicoterapeuta, Redentor y Salvador Jesús Cristo nos enseñó que Él es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6). El evangelista Juan nos revela que Cristo era, es y será siempre “la luz de los hombres… la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene al mundo” (Juan 1,4.9). Esto significa que el mundo, antes de que el Logos se encarnara, se encontraba “en tinieblas”, las cuales conducían al género humano a “la sombra de la muerte”. El hombre caído en el pecado era incapaz de ver y experimentar la verdad, y aún más de conocer a Dios, ya que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Cor. 1,21). Por ello Dios quiso que “la Χάρις (Jaris: Gracia energía increada) y la Αλήθεια (Alízia: Verdad)” se difundieran en el mundo “por medio de Jesús Cristo” (Juan 1,17).
La verdad proviene de Dios y la mentira del diablo. La verdad psicoterapia, salva y libera, mientras que la mentira esclaviza y destruye. Por eso Cristo nos exhorta: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8,32). Esta liberación se entiende como la redención del engaño demoníaco, que esclaviza al hombre, oscurece su nús-espíritu y mente, debilita sus defensas espirituales y morales, enferma psíquica y espiritualmente y lo conduce al desastre, a la perdición y a la destrucción total.
Condición necesaria para la santificación del hombre es su participación en la Verdad, según el logos de Cristo: “Santifícalos en tu verdad; tu logos es verdad… para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17,17.19). Así, “Amín, amín, de verdad en verdad os digo: el que escucha los logos de mi enseñanza y cree en el Padre que me ha enviado, éste ha ganado la vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte espiritual del pecado a la vida eterna” (Juan 5,24); y, por el contrario, “el que me rechaza y no recibe los logos de mi enseñanza, tiene ya quien lo juzgue; el logos que yo he hablado, le condenará en el ésjato-último gran día del Juicio universal” (Juan 12,48). Cuando participamos de la verdad, recibimos una riqueza inagotable, como nos asegura el apóstol Pablo: “Pues conocéis la χάρις (jaris: gracia energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por agapi-amor incondicional nuestro, para que vosotros fueseis ricos espiritualmente por su pobreza; Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8,9).
¿Dónde podemos encontrar y experimentar la verdad que salva?
Solo en la Iglesia de Cristo, la Ortodoxa, que es «la columna y fundamento de la verdad» (1 Tim. 3,15), como Su Cuerpo glorificado, deificado, cuya Cabeza es Él mismo (Col. 1,18), y eterno maestro suyo el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, que la guía «a toda la verdad» (Juan 16,13).
Por eso, no puede errar. Solo Ella puede ser infalible y ningún ser humano, quien al separarse de la Iglesia formula enseñanzas y dogmas de su propia inspiración e invención, enseñanzas que el apóstol Pedro llama «herejías destructivas» (2 Pe. 2,1). Y verdaderamente son herejías de perdición, pues son semillas del diablo con el fin de frustrar la psicoterapia, redención y salvación.
«El Logos (increado) se hizo cuerpo-carne» (Juan 1,14) para liberar al género humano y a toda la creación de la cautividad de Satanás, la esclavitud del pecado, la corrupción y la muerte. Para devolvernos la capacidad de «llegar a ser hijos de Dios» (Juan 1,12). Para que recuperáramos la filiación adoptiva que habíamos perdido con Dios Padre (Gál. 4,5).
Según san Justino Popovich: «El Θεάνθρωπος (Zeánzropos: Dios-Hombre) Cristo, habiendo vencido la muerte mediante la resurrección, destruyó “el cuerpo de la muerte” como una realidad ontológica (cf. Apoc. 20,14.10), redimió al género humano de la muerte, y le otorgó la Vida eterna, la Verdad eterna, la Αγάπη (agapi: amor) eterna, la Justicia eterna, la Alegría eterna y todos los demás bienes divinos eternos que solo el Dios de la Agapi-Amor y de la Misericordia puede conceder, regalar. Y así resolvió todo el problema del hombre, todo el gran problema del ser humano. En verdad, desde que Dios se hizo hombre, se reveló como Θεάνθρωπος Dios-Hombre y, a través de Su Cuerpo -la Iglesia-, permaneció como Θεάνθρωπος Dios-Hombre en el mundo terrenal. Se convirtió una vez y para siempre en la máxima dignidad y en el criterio supremo del género humano, siendo Él el Único Dios verdadero y el Único Hombre verdadero, el Único Dios perfecto y el Único Hombre perfecto. […] Solo por medio del Θεάνθρωπος Dios-Hombre el hombre alcanza su destino establecido por Dios: se convierte en “Dios por la χάρις (jaris: gracia, energía increada)” y así llega a la plena realización de su existencia y de su personalidad. Llega a su eternidad divina a través de la divino-humanidad de Cristo. Viviendo en el cuerpo divino-humano de la Iglesia “junto con todos los santos”, el hombre se divino-humaniza gradualmente por medio de los santos misterios y las santas virtudes» ([1] https://www.impantokratoros.gr/anthropos-theanthropos.el.aspx)
Pero el diablo, “homicida desde el principio” (Juan 8,44), al conocer el divino plan de nuestra salvación en Cristo, se esfuerza por frustrarlo, sembrando «cizaña» (cf. Mt. 13,25) en el “campo divino”, engaños, errores y herejías. Porque sabe que Cristo salva como Dios encarnado, intenta desencarnar al Dios-Hombre, anulando así la posibilidad de la psicoterapia, redención y salvación.
«Toda la guerra de Satanás contra Cristo tiene un único propósito: desencarnar al Θεάνθρωπος Dios-Hombre, expulsar a Dios del cuerpo humano, de la materia, y dominarla por completo. Es decir, demostrar que Cristo no es Dios, sino un simple y débil hombre, y así apartar a los hombres de la fe en Cristo, quien es el único que puede vencer al dios del mal.» ([2] Justino Pópovits Άνθρωπος Hombre και Θεάνθρωπος y Dios-Hombre, Atenas 1970, pág 134)
Esa es la esencia de las herejías, y ese es el objetivo que han servido y sirven a lo largo de los siglos. Por ello, como se dijo anteriormente, la Iglesia ha librado heroicas batallas para anular su acción demoníaca. A través de los Santos Sínodos y los escritos de los teóforos (portadores de la luz increada) y santos Padres, se ha demostrado su origen satánico, sus errores, y se ha definido con precisión la fe psicoterapéutica, sanadora y salvadora de nuestra Iglesia.
Sin embargo, el arrianismo, a pesar de su condena en el Primer Santo Sínodo Ecuménico y en los Santos Sínodos posteriores, no ha desaparecido y sigue a través de los siglos intentando desencarnar al Dios encarnado y Salvador nuestro Jesús Cristo. El cristianismo occidental herético, tras su separación del único e indivisible tronco de la Iglesia Ortodoxa en el siglo XI, sigue «engendrando» nuevos errores y herejías atacando la fe «una vez revelada a los santos» (Judas 3). Añade enseñanzas erróneas y niega verdades, de modo que en nuestros días se predica un cristianismo herético y en gran medida anticrístico.
El Papismo y su otra cara, el Protestantismo, con sus decenas de enseñanzas erróneas, adulteran la verdad psicoterapéutica y salvífica de la Iglesia, atentando incluso contra sus dogmas más fundamentales. Entre otras cosas, ofenden también el Símbolo de la Fe (Credo), redactado por el Primer Sínodo Ecuménico y completado por el Segundo Sínodo Ecuménico, con la terrible herejía del (maldito hijito) Filioque, que altera la fe de la Iglesia en lo referente a Dios.
Uno de los más graves errores del cristianismo occidental es la enseñanza y dogma de la “χάρις jaris gracia creada”, la cual tiene consecuencias enormes en la teología de la psicoterapia y salvación.
Sobre este tema, citamos un fragmento de un texto bien fundamentado del folleto del Santo Monasterio del Paráclito en Oropós, Ática: “Uno de los mayores errores del Papismo es que identifica la esencia increada de Dios con Sus energías increadas. Y, además, que atribuye a Dios energías creadas. Pero sólo las criaturas tienen energías creadas. El Dios increado tiene únicamente energías increadas. En la teología ortodoxa se hace una distinción entre la esencia increada de Dios y Sus energías increadas. La esencia de Dios, por supuesto, es completamente incomprensible e inefable, y el creyente no puede tener comunión con ella. Sin embargo, sí se comunica con las energías divinas (la divina χάρις jaris gracia). Estas, al igual que la esencia divina, son increadas y no creadas. Es decir, son distintas de la esencia divina, pero no distintas de la Divinidad.
El creyente, mediante la μετάνοια metania, el arrepentimiento, el ascetismo (ejercicio, práctica espiritual), la oración y su participación en los Santos Misterios de la Iglesia, entra en comunión con las energías divinas increadas, y llega a ser “partícipe de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Es decir, a través de estas energías divinas increadas, y según el nivel de su lucha espiritual, el corazón del ser humano hace su catarsis, se purga y se sana de los πάθος (pazos: pasiones, vicios, adicciones, etc) su νούς (nus: espíritu de la psique, alma) se ilumina y es digno de “ver”, de forma mística e inefable, la divina doxa-gloria, la Luz Increada. Esta es la tradición ησυχαστική hisijástica de nuestra Iglesia.
Los Papistas, en cambio, no aceptan que existan energías increadas en Dios. Creen que Dios es una esencia inaccesible que no se comunica personalmente con el ser humano. Opera, energiza en el mundo no directamente, sino sólo indirectamente, a través de energías creadas. Para ellos, la jaris gracia divina es una entidad creada, que Dios produce para salvar al hombre. También creada es la gracia de los Santos Misterios, como también -según ellos- fue creada (hecha y deshecha o descreada) la luz del Tabor durante la Metamorfosis de Cristo.
Esta enseñanza tiene consecuencias desastrosas en la vida del cristiano. Porque, si en realidad la jaris gracia divina es creada, el hombre no puede alcanzar la terapia (psicoterapia), la santificación ni la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación y unión con Dios). Y esto se debe, simplemente, a que una criatura -una energía creada (gracia)- no puede redimir ni divinizar a otra criatura -el ser humano.
Así, los occidentales no hablan de θέωσις zéosis como objetivo de la vida humana, sino de una perfección moral: que debemos ser mejores personas, pero no llegar a ser “dioses por la jaris gracia inceada”. En consecuencia, la Iglesia no puede ser una comunión de θέωσις zéosis, sino una institución que brinda justificación a los hombres de forma legalista y judicial, a través de una gracia (des-gracia) creada. En última instancia, esto significa la anulación de la misma verdad de la Iglesia como una realidad de comunión teándrica (divino-humana).
La teología occidental, al rechazar la existencia de energías divinas increadas en Dios, se ha alejado de la teología patrística, y esto ha llevado a muchas otras herejías y kakodoxías. Porque los Padres de la Iglesia, cuando hacían teología, expresaban en lenguaje humano la experiencia que habían adquirido de su comunión con las energías divinas del Espíritu Santo (experiencia de θέωσις (zéosis); su teología era, por tanto, αποκάλυψις apokálipsis revelación directa del mismo Dios. En cambio, los Papistas, al no tener posibilidad de comunión con las energías divinas increadas, hacen teología basándose en la especulación humana y meditación. Su teología, por tanto, es una ideología metafísica humana, que no tiene relación con la verdad divina.
La profunda alteración que provoca en la vida de la Iglesia la teoría de la gracia creada ocupó intensamente a la Ortodoxia oriental en cinco grandes Sínodos celebrados en Constantinopla durante el siglo XIV. En estos Sínodos se formuló claramente la experiencia ortodoxa, siendo el principal defensor de esta enseñanza el arzobispo de Tesalónica, san Gregorio Palamás. ([3] https://www.impantokratoros.gr/papismos-xteskaisimera.el.aspx)
El hereje Papismo, con su abundancia de errores y engaños, entre los que se cuenta también la herejía de la gracia creada, separó al cristianismo occidental de la Una y Santa Iglesia indivisible de Cristo, con consecuencias realmente aterradoras para el rumbo del mundo occidental. En primer lugar, la despojó de la increada Χάρις Gracia Divina, la cual opera y da fruto solamente dentro de la Iglesia, y que, según el recordado profesor padre Ioanis Romanidis, al ser portadora de las Energías Divinas Increadas, es también ella misma increada. Escribió: “La Iglesia es la doxa-gloria increada y Βασιλεία (vasilía: realeza increada) donde habita Dios y donde están llamados a habitar también Sus amigos. Así, la Iglesia es increada y creada, ya que lo creado recibe la Χάρις Gracia increada de Dios. En primer lugar, la Iglesia es la doxa-gloria increada de Dios. Incluso antes de la creación existía la Iglesia increada, como βασιλεία (vasilía) y doxa-gloria escondidos en Dios, en la cual habita Dios con el Logos y el Espíritu Santo. En este caso, la Iglesia es increada, es decir, es la doxa-gloria increada del Dios Trino, la Jerusalén celestial, que es madre de todos nosotros (Gálatas 4:26). Por eso también, “nuestra ciudadanía y política de gobierno está en los cielos” (Filipenses 3:20), y por lo tanto, como la Βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Dios, la Iglesia “no es de este mundo” (Juan 18:36). Luego, a través de esta doxa-gloria increada del Dios Trino, fue creado el mundo, en el cual se revela, se apokalipta la Iglesia increada que está en los cielos”. ([4] https://www.oodegr.com/).
Y continúa este gran teólogo ortodoxo: “La encarnación de Cristo reveló-apokaliptó esta Iglesia increada en el cuerpo glorificado, divinizado y deificado de Cristo, el cual se convierte en fuente de la jaris gracia y energía increadas de Dio. Esto se manifiesta -como veremos más adelante- en el hecho de que, así como la Χάρις Gracia increada de Dios ‘se reparte indivisiblemente entre los divididos’ y ‘se multiplica sin disminución entre muchos’, lo mismo sucede con el Cuerpo de Cristo en el Misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. En cualquier caso, aquellos que viven dentro de la Iglesia increada, que ahora se manifiesta más perfectamente en el cuerpo-carne de Cristo, se santifican y se glorifican participando de la Χάρις Gracia increada de Dios, y pasan a la Βασιλεία (vasilía) increada de Dios, al Paraíso, a la Iglesia celestial, a la doxa-gloria increada de la Santa Trinidad.
Bajo estas condiciones, decimos que la Iglesia es la Βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Dios; no se trata de una realidad creada, sino de una doxa–gloria increada. Por lo tanto, la Iglesia es increada y creada: porque es la doxa–gloria increada y la naturaleza humana creada que asumió Cristo, pero también esta naturaleza humana creada que Cristo asumió y divinizó, glorificó, participa de la Χάρις Gracia increada de la naturaleza divina, en virtud de la unión hipostática (subsistencial, substancial) de la naturaleza divina y humana en Su persona, y también ella se convierte en fuente de la Χάρις Gracia increada. Y aquellos que se unen a Cristo se hacen partícipes de la δόξα doxa gloria increada de Dios y son divinizados, glorificados por la χάρις gracia increada, convirtiéndose así en eternos e increados por la χάρις jaris increada. Esto sucede por medio del Misterio de Pentecostés”[5].
En nuestra Iglesia Ortodoxa existe una distinción, un discernimiento entre la esencia y las energías de Dios. Por lo tanto, Dios no es un ser extraño y ajeno, como lo concibe el cristianismo occidental, sino el Dios personal “de nuestros padres”, inaccesible en cuanto a Su esencia increada, pero accesible en cuanto a Sus Energías Increadas, mediante las cuales Él se comunica con Sus criaturas, y ellas con Él, siendo sanadas, santificadas, salvadas y glorificadas.
«Con base en este discernimiento, mientras antes se consideraba que Dios era inaccesible en Su esencia, ahora se hace accesible a través de Sus energías divinas eternas e increadas. Aunque las energías divinas son inseparables de la esencia divina, pueden descender al mundo y acercarse a él, del mismo modo que los rayos del sol calientan la tierra. Así, las energías increadas pueden crear las condiciones para la αποκάλυψις apokálipsis revelación y la continua comunión de la naturaleza divina con el ser humano y la participación en ella.
Desde esta perspectiva, Dios revela-apokalipta Su doxa–gloria mística al mundo, que ahora puede ser experimentada carismáticamente y como don (ya que ‘nadie es digno’), viviendo mística y verdaderamente la presencia de Dios, participando de la revelación-apokálipsis de la naturaleza divina a través de las energías divinas increadas, las cuales, sin embargo, siguen siendo inseparables del seno de la Santa Trinidad.
Gracias al discernimiento entre esencia y energía, la inmutable e inalterable doxa-gloria de Dios se vuelve visible mediante la participación del creyente en el conocimiento-gnosis iluminador eterno, que se activa a través de los Santos Misterios, la veneración de la Santa y Vivificadora Cruz, de los santos íconos y de las santas reliquias» ([6] π. Δ. Λαζαρίδη https://www.romfea.gr/pneumatika/68457-i-akataliptos-ousia-tou-theoy-kai-i-gnosis-ton-akiraton-theion-energeion).
El Dios, según la herejía de la gracia creada, es concebido como un ser ajeno y extraño, totalmente inaccesible al hombre. Sus energías y Su gracia, al ser realidades creadas, permanecen ajenas a la Divinidad, y por tanto, aunque el hombre entre en contacto con ellas, no participa realmente de Dios.
Esta ausencia de participación fue compensada en el escolasticismo por la “gnosis-conocimiento de Dios” a través de la razón (racionalismo occidental). Pero, ¿acaso es posible que la mente (intelecto) humana finita comprenda al Dios completamente inaccesible e inparticipable? Por supuesto que no. ¿Entonces qué es lo que “comprende”? Una imagen de Dios, una construcción del intelecto humano. Lamentablemente, este ídolo (imagen) “divino” fue colocado en el lugar del Dios verdadero por el cristianismo occidental. Un ídolo que no tardó en “morir”, y cuyo “certificado de defunción” firmó la intelectualidad europea, a través de Nietzsche y Sartre. Un ídolo lamentable, hace tiempo ya rechazado por el hombre occidental, que se ha dirigido hacia las formas más extremas de ateísmo combativo de los tiempos modernos.
Puesto que, para el cristianismo occidental, la Χάρις Gracia Divina es una realidad creada, también lo es la Iglesia. Ya no es un hospital general, un taller de santificación, glorificación y divinización, como fue instituida por Su Fundador Divino, sino que ocupa el lugar de una organización terrenal, una asociación con actividades religiosas, morales, sociales e incluso políticas. La ausencia de la Χάρις Gracia Divina increada es reemplazada por autoridades humanas.
Un caso característico es el “Papa” en el Papismo, quien “encarna” la Iglesia, la cual no puede existir sin él. En el Protestantismo, la gracia divina increada es reemplazada por las Escrituras (separadas de la Iglesia) y por los líderes “carismáticos” de las distintas denominaciones.
Y aún más: dado que la Iglesia es “encarnada” por autoridades humanas, Cristo deja de ser necesario, y por eso ha sido “exiliado” al cielo, siendo representado por el “Papa” en el Papismo y por las Escrituras en el Protestantismo (y de cada fiel protestante que se hace infalible, enfermedad engendrada y heredada de su Padre el Papa, porque el Padre del protestantismo es el Papa, según los santos Padres).
Como realidad creada y “administradora” de una gracia creada, la “iglesia” del cristianismo occidental no tiene (ni puede tener) Misterios, y por lo tanto, no puede psicoterapiar, santificar y glorificar. Especialmente en el Misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía, la gracia creada no puede transformar los elementos creados -el pan y el vino- en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por esta razón, este Misterio supremo ha sido corrompido en la herética Occidente: su necesidad ha sido devaluada y su esencia distorsionada.
En el papismo, los elementos materiales han sido prácticamente desmaterializados: el pan ácimo se ha convertido en la “hostia”, es decir, una especie de “chip” casi transparente, y el vino no se administra a los laicos. ¡Los niños, hasta los siete años, no pueden comulgar!
En el protestantismo, la Divina Ευχαριστία Efjaristía no es un Misterio, sino una ceremonia, sin transformación alguna del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, entendiéndose simplemente la “presencia” de Cristo en ellos.
Distorsiones similares han ocurrido también en los otros Misterios. Es característico, por ejemplo, cómo falta la Jaris Gracia Divina en el “agua bendita” de los papistas, la cual conservan con sal para que no se descomponga, realizando una ceremonia especial para ello. No es casualidad que los “misterios” y otras acciones litúrgicas de ellos presenten un trasfondo casi mágico.
Los “sacerdotes” papistas no invocan al Espíritu Santo para que envíe la Jaris–Gracia Divina Increada y realice el Misterio; ¡son ellos mismos los que lo “efectúan”, con frases como: “yo te bautizo”, “yo te unjo”, “yo te absuelvo”, etc.! En el protestantismo, ¡cada creyente se convierte en su propio “sacerdote”! (e infalible).
Debido a la negación de la Jaris-Gracia Increada en el cristianismo occidental, no existen santos, sino simplemente “buenas personas”, desde el punto de vista moral y de su aporte social.
Sobre esto escribió san Gregorio Palamás: «Si en verdad el don divinizante, deificante del Espíritu en los Santos es creado, y más aún como hábito o imitación natural (según lo enseña quien nos calumnia), entonces los Santos divinizados, glorificados y deificados no sobrepasan la naturaleza; no nacen de Dios, no son espíritu nacido del Espíritu, no se hacen un solo espíritu con el Señor al unirse con Él. Cristo no concedió el poder de llegar a ser hijos de Dios únicamente a quienes creen en su Nombre por el hecho de haberse encarnado, (cf. Jn 1:12 y 3:6; 1 Cor 6:17). Porque también antes de su encarnación esto existía en todas las naciones (si al menos existe en nosotros de manera natural), y también en todos los impíos y ateos actuales». ([7] https://amethystosbooks.blogspot.com/)
También son bien conocidos los criterios con los que el papismo “canoniza” a personas que se han distinguido sobre todo por su moralidad o contribución social, sin vacilar incluso en canonizar criminales (véase el caso del nazi Alojzije Stepinac), con base en los servicios que prestaron al sistema papal.
Tampoco existen reliquias sagradas, ni milagros, los cuales son fruto de la Jaris-Gracia Divina Increada, y que la gracia creada no puede realizar.
Genadio Escolario escribe: «Los apóstatas que se separaron de la Iglesia ya no tienen en sí mismos la Jaris-Gracia del Espíritu Santo, pues la transmisión se interrumpió con la ruptura de la sucesión». ([8]https://fdathanasiou.wordpress.com τ. 3).
La ausencia de la Jaris-Gracia Divina Increada en la “iglesia” papal ha llevado y sigue llevando al papismo de caída moral en caída. Su historia milenaria no es otra cosa que un interminable teatro de inmoralidad y crímenes. ¡El colmo de esto son los miles de casos de pedofilia y corrupción de menores, un número indeterminado de niños inocentes, en su mayoría con discapacidad, por parte de miles de sacerdotes francos criminales y corruptos, de todos los rangos!
Esto constituye también una prueba contundente de que el papismo, y en general el cristianismo occidental, desprovisto de la Jaris-Gracia Divina, no otorga a sus fieles la fuerza para superar sus πάθος (pazos: vicios, pasiones, adicciones etc.) y alcanzar al “nuevo hombre en Cristo”. Sin la Jaris-Gracia Divina increada, el hombre es incapaz, por sí mismo, de realizar este elevado objetivo. A esto se refería el Señor cuando dijo: “sin Mí no podéis hacer nada” (Juan 15:5). Como también escribió el difunto hegúmeno del Monasterio de San Gregorio del Monte Athos, el venerable Georgios Kapsanis: “Las desviaciones en la fe no alteran solamente la teología de la Iglesia, sino que también distorsionan la vida espiritual y eclesiástica misma, y por ello ponen en peligro inmediato la salvación del hombre. Fe y vida se interpenetran y, por lo tanto, cuando se pervierte la fe, la vida tampoco quedará indemne”, ([9] https://www.logosortodoxo.com/herejias/ortodoxia-y-romanocatolicismo-el-papismo-principales-diferencias/) .
¿Qué significan todas estas cosas? ¡Que las “iglesias” del cristianismo occidental no son Iglesias! La Iglesia es una y única, indivisible, la que conserva intacta la fe “una vez dada a los santos” (Judas 3), sin añadiduras ni alteraciones, y esta es, demostrado está, nuestra Iglesia Ortodoxa Católica y Apostólica. (ver: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/el-termino-%ce%ba%ce%b1%ce%b8%ce%bf%ce%bb%ce%b9%ce%ba%cf%8c%cf%82-kazolikos-catolico-una-iglesia-santa-catolica-o-universal-y-apostolica/) Es la verdadera y única Iglesia de Cristo, porque permaneció y permanece absolutamente fiel a la santa parádosis tradición hagiográfica, hagio-sinodal y patrística, y existe en el mundo para psicoterapiar, salvar, santificar, divinizar y glorificar a las personas humanas. Funciona como un hospital espiritual, con Cristo como el Gran Médico y la Jaris-Gracia Divina Increada como medicina espiritual, la cual, en combinación con la verdad y la libre voluntad de los fieles, psicoterapia y sana a través de los Santos Misterios. Según el difunto profesor p. Ioanis Romanidis: “La función de la Iglesia y de la teología ortodoxa es terapéutica, psicoterapeutica a través de la catarsis, la iluminación y la θέωσις zéosis”. Sus demás actividades- educativas, sociales, formativas, etc.- son de importancia secundaria.
Hace poco tiempo, el Vaticano y el Fanar acordaron establecer una celebración común de la Pascua, así como conmemorar juntos los 1700 años desde la convocatoria del Primer Santo Sínodo Ecuménico. Pero nos preguntamos: ¿cómo podemos honrar ese gran Sínodo, que fue convocado para delimitar la verdad psicoterapéutica y salvífica de la Iglesia, junto con los heréticos occidentales que se han alejado enormemente de la fe genuina?
¿Cómo podremos celebrar junto al herético papismo ese gran acontecimiento, cuando él ha alterado el Símbolo de la Fe (Credo) establecido por ese gran Sínodo con la adición del (maldito hijito) filioque?
¿Cómo podremos celebrar junto al cristianismo occidental ese importante acontecimiento, cuando este ha reducido a Cristo y en gran parte lo ha expulsado de la tierra al cielo, tomando su lugar el “Papa”, autoproclamado como Su “representante” (como un comercial)?
¿Cómo es posible honrarlo a Él a través de su “representante”, que en esencia es quien lo ha sustituido, aceptando así, implícita pero claramente, Su ausencia en la tierra, a pesar de que Él nos aseguró que “he aquí Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)?
¿Cómo podemos celebrar el aniversario del Primer Sínodo Ecuménico con los neo-arrianos, cuando dicho Sínodo condenó al cabecilla de esa terrible herejía, Arrio, y condena eternamente a sus seguidores, que en este caso son los heréticos occidentales neo-arrianos?
¡Pero Dios nos reveló-apokaliptó claramente Su oposición a esta celebración profana con la muerte del “Papa” Francisco, y quizás también nos manifieste Su oposición mediante otros signos
Concluyendo nuestra declaración, señalamos una vez más la tragedia del hombre occidental, que permanece atrapado en el torbellino del cristianismo corrompido, el cual no solo no tiene nada positivo que ofrecer al mundo contemporáneo, sino que más bien actúa como un obstáculo en el camino espiritual de la humanidad, conduciéndola de caída en caída. La abundancia de herejías tanto del papismo como del protestantismo tiene consecuencias desastrosas para toda la situación general. En este caso concreto, la herejía papista sobre la gracia creada ha despojado a los seguidores de las comunidades religiosas occidentales del poder vivificador de la Χάρις Jaris Gracia Increada, de modo que ya no pueden vencer las fuerzas impías del mal, !y las sociedades occidentales se han convertido en verdaderos infiernos sobre la tierra!
Pero también advertimos otra tragedia (en su fase inicial) en nuestra propia Ortodoxia oriental. Actores eclesiásticos, embriagados por el opio del sincretismo ecumenista, se niegan a ver, desde la perspectiva de la tradición ortodoxa, la acción demoledora de las herejías del cristianismo occidental, considerándolas simplemente como “tradiciones diferentes” (por no decir traiciones), avanzando así a pasos acelerados hacia la “unión de las iglesias”, sin exigir la μετάνοια metania conversión, arrepentimiento y confesión de los herejes. En los interminables y ya tediosos diálogos teológicos, ortodoxos y herejes se esfuerzan por “ortodoxizar” (hacer parecer como ortodoxas) sus propias herejías, tratando de “entenderse” mutuamente y de encontrar “puntos de acuerdo”, para lograr una “unión” ya sea en un nivel minimalista o maximalista. Pero tal “unión” no será una unión verdadera, sino una fusión —una amalgama— de verdad y falsedad, totalmente incompatible con la propia naturaleza de la Iglesia y con nuestra parádosis tradición ortodoxa y patrística.
Nos seguimos preguntando: ¿por qué hasta ahora no se ha planteado para su discusión la herejía papista sobre la gracia (des-gracia) creada? ¿Nuestros representantes en el diálogo teológico no la consideran una herejía? ¿Acaso revocan su condena sinodal en múltiples ocasiones? ¿Nos encaminamos hacia una “unión” también con esta terrible herejía?
Sin embargo, tenemos la firme convicción de que todas las “uniones” que se realicen sin las condiciones que establece la Una e Indivisible Iglesia Ortodoxa de Cristo están destinadas a correr la misma suerte que las “uniones” del pasado: ¡terminarán en un fracaso lamentable! ¡Ese mismo será el destino de una posible “unión” con las “iglesias” del cristianismo occidental neoarriano!
Desde la Oficina de Herejías, Sectas y Falsas religiones, en Pireo, 5 de mayo de 2025
https://hristospanagia3.blogspot.com/2025/05/blog-post_327.htm
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/
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- Increado (Ἀκτιστο, áktisto) y Creado (Κτιστό, ktistó)
Ἀκτιστο (áktisto) significa «increado», «no constituido», «no construido» o «no formado», mientras que κτιστό (ktistó) significa «creado», «formado», «constituido».
No existe ninguna similitud entre lo increado y lo creado. En principio, Dios es áktistos, es decir, increado. Se llama «increado» a aquello que no tiene principio ni fin; en cambio, lo creado tiene un principio concreto, aunque no necesariamente un fin, porque Dios quiere que no lo tenga.
Dios no tiene cuerpo; el hombre sí. Lo increado es inalterable, inmutable e infinito. En cambio, lo creado cambia, se altera, se corrompe y se desgasta.
San Máximo el Confesor dice: «En Dios no hay nada creado, así como en el hombre no hay nada increado».
De la esencia increada de Dios son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La voluntad divina y la energía increada son comunes a los tres. Según el santo, en uno de sus pasajes se observa que, de las obras de Dios, algunas son iniciadas -es decir, tienen un principio de existencia- y otras no. Aquí, las energías increadas y perpetuas de Dios se califican como perpetuas porque lo perpetuo va más allá del tiempo y de los siglos. Y lo que trasciende el tiempo y los siglos es divino e increado.
Energía es la δύναμις dínamis -fuerza o potencia y energía- que manifiesta toda esencia, y de la cual la nada está completamente privada. La energía es el movimiento de la esencia de Dios, es decir, de la Deidad, aunque la esencia en sí no es movimiento.
Está claro, entonces, que la virtud, la bondad, la santidad, la inmortalidad y la agapi (amor) son energías de Dios, y que estas energías son perpetuas e increadas.
Existe una diferencia fundamental entre las energías increadas de Dios y las energías creadas de la creación. La virtud es una energía increada de Dios; sin embargo, las cosas virtuosas son creadas. La vida es luz, una energía increada de Dios, pero los seres vivos son creados; son el resultado de esa energía increada.
Por lo tanto, las energías de Dios no tienen principio: son perpetuas e increadas. Y como la esencia de Dios es divina, también Sus energías son divinas. Esta es una cuestión fundamental en la teología ortodoxa. Porque si consideramos que las energías de Dios son creadas, entonces se obstaculiza la posibilidad de alcanzar la zéosis (divinización, glorificación). Es decir, si Dios se comunica con el mundo a través de energías creadas, entonces no podríamos alcanzar la κοινωνία (koinonía: conexión comunión y unión) con Dios, y la salvación se vuelve imposible mediante esas energías.
En consecuencia, Dios permanecería desconocido para el hombre. Y si intentáramos unirnos con Su esencia directamente, se anularía la diferencia ontológica entre lo creado y lo divino increado.
No existe ninguna relación analógica entre lo creado y lo increado.
Por eso, lo Increado solo puede ser conocido por medio de Su autoapokálipsis (autorrevelación).
128 Luz increada
Ἄκτιστον Φῶς (áktiston fos) increada Luz. Es la energía increada de Dios que muchas veces se puede ver como Luz. Esta energía de Dios es la δόξα doxa (gloria, luz) increada de la deidad. Se llama increada Luz porque es divina por consecuencia increada. No es energía de la existencia creada. Es la energía y luz increada de la Metamorfosis del Señor en monte Tabor.







