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May 03 2024

Filocalía tomo 5 San Cálistos Angelicudis

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών

Filocalía de los Santos Nípticos, Tomo 5.

San Cálistos Angelicudis

 

Capítulos

Índice de Contenido

Sobre la oración (1-14)

  1. Si quieres conocer la verdad, toma como ejemplo e imita al guitarrista: inclina ligeramente la cabeza hacia abajo y, al ajustar su oído a la canción, golpea las cuerdas con destreza. Y una vez que toca las cuerdas juntas con arte, la guitarra emite la melodía, y el guitarrista, por la dulzura de la melodía, se regocija.
  2. Que te sirva, trabajador diligente de la viña, como una ilustración instructiva y no dudes. Cuando, al igual que el guitarrista, prestas mucha atención ahí, en lo profundo del corazón, encontrarás fácilmente lo que buscas. Porque la psique-alma que ha sido conquistada más allá del έρως divino (amor ardiente) no puede retroceder. Como dice el salmo del rey David: ´Mi psique-alma se ha adherido a ti y te sigue´ (Salmo 62, 9).
  3. Así que, querido amigo, imagina el corazón como una guitarra; las cuerdas son los sentidos; la tecla es la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro), que golpea con gnosis/conocimiento la tecla que es la memoria de Dios, y de ella proviene en la psique-alma un gozo inefable y refleja destellos divinos en el νούς nus (espíritu de la psique) puro.
  4. Si no cerramos los sentidos del cuerpo, el ´agua manantial que fluye´ no brotará dentro de nosotros (Juan 4, 14), es decir, el agua impetuosa que el Señor dio a la mujer samaritana, quien, mientras buscaba agua física, encontró que brotaba de dentro de ella el agua de la vida (es decir, la energía increada χάρις jaris gracia). Porque así como la tierra tiene agua natural y la deja fluir hacia afuera, de manera similar, la tierra del corazón tiene este agua natural que brota y sobresalta; y es como la luz paterna e increada que Adán perdió por la desobediencia.
  5. Como el agua de un manantial que fluye constantemente, así sobresalta el agua viva desde el psique-alma. Esta agua habitó en la psique-alma del teoforo (portador de Dios) Ignacio y lo hizo decir: ´No hay en mí fuego ardiente de materia, sino agua que energiza, opera y habla´.
  6. Esta bienaventurada, o mejor dicho, tris-bienaventurada, es decir, la nipsis vigilancia y sobriedad de la psique-alma, se asemeja a un agua que brota, sobresalta y surge desde lo más profundo del corazón. El agua que sale de la fuente la hace rebosar, mientras que el agua que brota del corazón y fluye de manera incesante, por así decirlo, desde el espíritu, inunda todo el interior del hombre con un rocío y aliento divinos, mientras al hombre exterior lo hace ardiente.
  7. El νούς nus que se ha hecho la catarsis de las cosas externas y ha sometido completamente los sentidos con la virtud práctica, permanece inmóvil como el eje del cielo, girado como en un centro en lo profundo del corazón; y teniendo el dominio sobre la cabeza, observa hacia allí, utilizando los destellos de la διάνοια diania (cerebro, mente, intelecto) como relámpagos para extraer de allí los divinos conceptos (y conocimientos) significativos, y someter todos los sentidos del cuerpo.
  8. Escuchando estas realidades, aquel que es inexperto o como niño que necesita leche (1Cor 3, 2), que no las toque, ya que está prohibido fuera de su tiempo. Aquellos que desean adquirir prematuramente lo que es apropiado para la madurez y que se apresuran de alguna manera a entrar en el puerto de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) sin la debida preparación, los Padres divinos lo consideran una pérdida de la mente o locura y nada más. Porque aquel que no sabe leer es incapaz de estudiar libros.
  9. Aquel que se ha movido después de una lucha dentro de la psique-alma por el Espíritu Santo, serena y pacifica el corazón y clama a Dios: ´¡Abbá, Padre!´ (Gál 4, 6). Eso no tiene forma ni apariencia, ni figura; nosotros, sin embargo, somos transformados por el resplandor de la luz divina e increada y, naturalmente, nos da forma con la quemadura del Espíritu divino. Pero también nos altera y nos transforma, como solo Él sabe, con Su divino poder.
  10. El νούς nus con la mente que ha hecho la catarsis con la nipsis se nubla y se oscurece fácilmente, si con la memoria continua de Jesús, no deja de ocuparse por completo de lo externo. Aquel que, mediante la vigilancia del nus con la mente, ha unido completamente la praxis, práctica con la θεωρία zeoría contemplación no se molesta en rechazar ruidos y en deshacerse de sonidos incoherentes o incluso articulados. Porque cuando la psique-alma es herida por el divino έρως eros (amor ardiente) de Cristo, lo sigue como Amado.
  11. El calmar los pazos, los deseos y los movimientos de la carne por aquellos que viven en el mundo, o incluso ocuparse de manera lógica según el proverbio ´ocupaos y aprended´ (Salmo 45, 11), puede lograrse fácilmente. Sin embargo, eliminarlos y erradicarlos por completo es imposible. La vida eremítica o solitaria, por otro lado, puede arrancarlos por completo.
  12. El agua que brota se mueve algunas veces más impetuosamente, otras más calmada y lentamente. La primera, debido a la velocidad del movimiento, aunque puede enturbiarse un poco, nuevamente se aclara fácilmente debido a su movimiento. Sin embargo, si el flujo de agua disminuye y se vuelve muy pequeño, no solo se vuelve turbia sino que también permanece casi estancada. Por lo tanto, necesita limpiarse de nuevo y ponerse en movimiento.
  13. A los principiantes y a aquellos que siguen el camino ético y práctico, el demonio los combate con ruidos incoherentes o articulados. A los contemplativos les presenta formas fantásticas, coloreando aparentemente el aire como luz o incluso fuego a veces, para engañar con estas artimañas al combatiente de Cristo.
  14. Si quieres aprender cómo orar, presta atención al fruto de la atención o incluso de la oración, y no te engañes. Porque, querido amigo, el fruto de ella es la katánixis (compunción, dilatación del corazón) continua, una conmoción del corazón y agapi (amor incondicional y desinteresado) hacia el prójimo. Lo contrario es claramente pensamientos de deseos, murmullos calumniosos, odio hacia el prójimo y cosas similares.

El Paraíso mencionado en la Escritura es una imagen/icona del ser humano (15).

  1. Así como los fenómenos son iconas/imágenes que describen las cosas invisibles del ser humano, similar es el hermoso paraíso plantado sabiamente por Dios en Edén hacia el este (Génesis 2, 8); es una imagen del ser interno del ser humano que tiene como tierra el corazón y plantas, cualquier νούς nus con su mente que quiera plantar, que fue creado a imagen de Dios, tiene las diversas consideraciones y contemplaciones sobre Dios y las divinas nociones y revelaciones decorosas en modo divino, es decir, muchas y diversas plantas, variadas en forma, fragancia espiritual, e incluso en sabor, deleite y placer. Esto es lo que evidencia la expresión ´en Edén´, que es el corazón alimentado de acuerdo con su naturaleza y tiene el placer y deleite divino claramente. Y en el amanecer del sol sensible está el paraíso sensible, pero el paraíso espiritual dentro del ser humano es según las iluminaciones del conocimiento/gnosis del sol espiritual e inteligible.

Porque, según los Padres, el corazón que carece de la luz del conocimiento no puede aceptar nociones divinas y contemplaciones, consideraciones y revelaciones decorosas como Dios manda, y en general llenarse de nociones divinas, tanto las más simples como las más perfectas, para convertirse en un paraíso nuevo híper-cósmico, superior al mundo. Pero incluso un jardín sin agua no puede tener plantas frondosas y fructíferas. Por eso, en el medio del Paraíso de Edén, vemos brotar una fuente, que se divide en cuatro principios (ramificaciones) y riega toda la superficie de la tierra, como está escrito (Génesis 2, 6). Dentro del ser humano, la fuente de agua viva es el movimiento vivificante del Espíritu Santo, del  cual dijo el Señor: «Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero, el que beba del agua que yo le dé, no tendrá jamás sed, además, el agua que yo le daré se convertirá en agua manantial espiritual de fuente inagotable que siempre brotará regalándole vida eterna» (Juan 4, 14), que brota maravillosamente desde el corazón como de algún Edén y se comparte en prudencia, templanza, justicia y valentía, que son cuatro principios de los cuales cuelgan todas las hermosas y divinas virtudes.

Por eso, de acuerdo con la secuencia, dice que riega toda la superficie de la tierra, quiero decir, el rostro del corazón, es decir, la energía para el crecimiento, la fertilización y el fructífero cultivo de las selectas virtudes divinas. Es maravilloso, dulce, admirable y encantador pensar en las cosas siguientes que hay dentro de la fuente, que representa el movimiento y la energía sobrenaturales del Espíritu vivificante desde el medio del corazón, como mencionamos anteriormente. La fuente no es de la misma naturaleza que las plantas o la tierra, ya que estas son diferentes de la fuente. Y en todas estas cosas, que no son pocas, el agua es suficiente para regarlas y alimentarlas y ayudarlas mucho a crecer, un agua para aquellas muchas plantas, aunque difieran tanto entre sí, de modo que algunas de ellas tienen una composición opuesta a las otras. Algunas tienen una naturaleza seca, otras húmeda, otras cálida y otras fría.

Hacia estas cosas, entonces, tan diferente entre sí, se dirige la fuente, como mencioné anteriormente, y presenta el agua única y uniforme que coopera en gran medida y se divide en cuatro principios, ofreciendo así a cada planta lo que necesita. No tiene la misma naturaleza que las cosas humanas, ya sea que uno la llame o conocimiento y contemplación relativa, pero ni siquiera de nuestro propio corazón proviene el resplandor divino y sobrenatural, la constante y eterna movilidad y energía increada del Espíritu vivificante; es una donación, regalo por la χάρις gracia (energía increada) para los fieles y proviene continuamente de manera sorprendente y paradójica desde el corazón, similar a una fuente que se divide, como dije, completamente en cuatro virtudes, y las ayuda enormemente y luego a todas las demás, mientras sigue siendo una sola agua.

Como espíritu, coopera en la sabiduría, como conocimiento/gnosis, ayuda al poseedor de la justicia. Porque se dice y es verdadero que durante la acción, es energía de corrección o moderación y poder, y revela desde muy lejos que realmente coopera en la moderación o templanza y, por supuesto, en la valentía. Que colabora en la agapi (amor incondicional) y en la sabiduría, testifican de manera confiable Pablo e Isaías. El primero proclama: “La agapi-amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5), y el segundo, al clasificar claramente el espíritu de sabiduría entre las siete energías y acciones del Espíritu (Isaías 11:2). Y el Espíritu no solo coopera en la agapi-amor, sino que también se convierte en espíritu de entusiasmo o celo, que de alguna manera es diametralmente opuesto a la agapi-amor. Porque la agapi-amor, como está escrito (1Pedro 4:8), cubre una multitud de pecados, mientras que el entusiasmo o celo avanza incluso hacia el control, a veces incluso hacia el asesinato.

Esto es testificado por Elías, el gran profeta y amigo de Dios, que pasó la espada sobre tantos sacerdotes de la vergüenza (3Reyes 18:40); también anteriormente, Fineés que mató con un golpe a la mujer madianita y al israelita (Números 25:80), y antes que ellos el mismo legislador venerado de la antigua Ley, Moisés, entregó muchas veces a la muerte a muchos, incluso de personas que pertenecían a la misma tribu. Para la praxis,  acción, el conocimiento/gnosis es más poderoso, mientras que para la θεωρία zeoría contemplación, la ignorancia que supera toda comprensión.

Sin embargo, sin el espíritu de la verdad y sin el espíritu del conocimiento/gnosis, es imposible que se realicen adecuadamente en la psique-alma como deberían. Así que la alegría del corazón y la tristeza que precisamente es exactamente la opuesta a la alegría, son resultados evidentes de la actividad y energía del Espíritu. Porque escuchas que la Escritura dice que el fruto del Espíritu es la alegría (Gál 5:22) y que a algunos Dios les da un espíritu de katánixis dilatación del corazón o compunción, (Rom 11:8).

Y en pocas palabras, según los Padres, es tan grande la δύναμη dinami  (poder, potencia y energía) del vivificante Espíritu Santo para cooperar en la virtud, incluso en disposiciones que parecen completamente opuestas entre sí, como mencioné antes, de modo que la Escritura lo llama fuego y agua, cosas completamente opuestas, porque el Espíritu ayuda y da vida y fortalece la energía para todas las cosas buenas y beneficiosas que conciernen la psique-alma. Por eso, la actividad y energía increada del Espíritu Santo se llama en la Escritura tanto en singular como en plural. Y el Salvador lo llama también fuente y ríos. Así que se divide en cuatro principios y avanza en todas las virtudes, y se convierte completamente en una nueva psique-alma para la psique-alma que participa en él, que la vivifica de manera sobrenatural y la impulsa hacia todas las obras apropiadas y buenas, y la perfecciona como debería ser. Creo que incluso la piedra que golpeó con su vara el legislador Moisés, de la cual brotaron ríos de agua de manera sobrenatural (Éxodo 17:6), es el corazón de piedra y embotado. De este, cuando Dios lo golpea adecuadamente con Su logos en lugar de una vara y lo lleva a la katánixis dilatación del corazón o compunción, fluye ininterrumpidamente y se mueve de manera sobrenatural la fuerza y energía (increada) del Espíritu como corrientes vivificantes, cooperando en todo de manera incomprensible y, ¿cómo decirlo?, aunque es, por naturaleza, un agua, vivifica adecuadamente a muchos e infinitos que participan en ella. Es verdaderamente sorprendente cómo esa piedra que se transportaba en un carro, derramaba agua que podría cargar miríadas e infinitos carros; ¿De dónde sacaba esta fuerza tan grande? Y además, ¿de qué vena fluía, ya que la transportaban? Sin embargo, mucho más asombroso para aquellos que piensan en las cosas apropiadas es que el corazón, algo tan pequeño que se transporta dentro de un cuerpo humano tan pequeño, emana y dispersa incesantemente una multitud tan infinita de miríadas espíritus, tanto como es necesario para la vida de innumerables cuerpos. ¿De dónde saca este poder y fuerza el corazón, y además, tan abundante, como si estuviera por encima de número? Verdaderamente, el espíritu, como dijo la Autoverdad misma, donde quiere, sopla, y escuchas su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va (Juan 3:8); pero siempre sopla. Por lo tanto, hemos recibido tal valor y jaris gracia increada de Dios para plantar dentro de nosotros un paraíso divino, como planta Dios, por supuesto no perceptible por los sentidos corporales, pero mucho más alto, espiritual e inteligible, de acuerdo con lo que tenemos delante, y esto es una gran bienaventuranza y supera cualquier pensamiento de aquel que aún no ha experimentado este sagrado valor.

Por lo tanto, entreguémonos por completo a Cristo nuestro Dios, a la Santa Trinidad, con reverencia, devoción y profunda ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), con sinceridad en la fe y aplicación de los mandamientos-logos. Permanezcamos así con la θεωρία zeoría contemplación que recogerá todas los consideraciones y contemplaciones anteriores y los conceptos, significados divinos, y, agregaré, también las teologías, y de alguna manera los plantará con la ayuda de Dios en el corazón; convenzamos, pues, a Dios con una oración adecuada con toda nuestra disposición y fuerza para que el Espíritu Santo permanezca en nosotros y permita que fluyan significados y conceptos divinos y supra-cósmicos, o, si prefieres, ríos. Porque el Señor dijo: «Al que cree en mí, y lo dice la Escritura: “de las entrañas de su psique-alma brotarán ríos de agua viva y su corazón se convertirá en fuente de agua espiritual inagotable”, [y no sólo será regado el mismo sino también los otros que están en relación con él,  es decir, brotará la χάρις jaris gracia energía increada.] Estos logos los dijo refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él» (Juan 7, 38-39). A Él sea la gloria por los siglos, el dispensador de dones que superan la mente.

La donación espiritual (16)

  1. Observa las donaciones de Dios, que no las retira cuando las da; observa también Sus jaris (gracias, energías increadas y favores), que nadie Le supera; y alégrate porque sigue el milagro de Dios. Reflexiona sobre lo que hizo en el primer hombre en ser creado, Adán, y luego en nosotros cosas superiores. Sopló en Adán el aliento de vida, la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu vivificante, y así Adán se convirtió en un hombre perfecto, es decir, con una psique-alma viva (Génesis 2, 7), y no simplemente con psique-alma. Porque el espíritu de Dios no es la psique-alma del hombre, sino que va hacia la psique-alma que vive espiritualmente. Es decir, el Espíritu que es santo y vivificante, realmente se convierte en psique-alma dentro del hombre que vive de acuerdo con la lógica y la forma divina de vida de la psique-alma.

Sin embargo, si el Espíritu de Dios no coexiste en la psique-alma, o lamentablemente la ha abandonado, entonces se pierde tanto la divinidad como la vida apropiada de la psique-alma lógica, y en su lugar surge un estado salvaje o incluso bestial. Porque sin el espíritu de Dios y el Cristo, no podemos hacer nada de lo que debemos hacer, como dijo el Salvador (Juan 15, 5). Por eso, Adán se convirtió en un hombre sin faltas, es decir, completo, no solo con psique-alma, sino con una psique-alma viviente, porque Dios sopló en él el aliento que es la vida para las psiques-almas lógicas.

Este aliento, pues, que Dios sopló en Adán, mientras estaba en él, le daba una doxa-gloria no pequeña y una brillante hermosura divina, ya que veía las cosas de manera perspicaz y profética y era, junto con Dios creador, un segundo dios debido a la χάρις jaris (gracia, energía increada), para que incluso el Creador supremo de todas las cosas se agradara y deleitara en las brillantes visiones y profecías de Adán.

Pero cuando se desvió y cayó en la maldita desobediencia, lamentablemente, el Espíritu Santo vivificante y luminoso se alejó de él, ya que no pensó en preservar este el gran honor, entonces realmente igualó su ser con las bestias insensatas y se volvió semejante a ellas (Salmo 48, 13). Y en general avanzó en la ignorancia e inapropiadamente y lejos del divino propósito, como en medio de una oscuridad terrible, y no podía levantar la cabeza en absoluto porque estaba claramente desierto del divino y sobrenatural regalo del aliento que Dios le había insuflado.

Pero llegó el tiempo de la misericordia de Dios, y de hecho, Dios envió Su Logos (increado) para “psicoterapiarnos” y curarnos de los males que nos dominaban (Salmo 106, 20). Y el Logos (increado) tiene el Espíritu, que está unido naturalmente a Él e ilumina y magnifica la divinidad/deidad del Logos, o, si alguien prefiere decir, Su δύναμη dinami (poder, potencia y energía) como dice el Profeta en nombre de toda la humanidad: «Enviaste Τu luz y Τu verdad; estas me han guiado y me han llevado a Τu monte santo, al sagrado -la comprensión unitaria más alta de tu ser— y a tus gloriosas residencias -las enseñanzas relacionadas Contigo» (Salmo 42, 3). Mientras el nus con la mente es conducido por Dios hacia estas cosas y asciende y reside allí, se eleva por encima de lo visible, acercándose de alguna manera al Dios Altísimo.

Por lo tanto, cuando vino, como dije, nuestro auténtico Logos de Dios, teniendo con Él por Su naturaleza como la Santo Logos de Dios el Espíritu Santo de Dios, y en consecuencia todos los que creyendo aceptaron el Santo Logos de Dios, inmediatamente también reciben el Espíritu Santo, que siempre sigue al Logos sin la menor duda. Y por supuesto que lo reciben no solo en persona, como antiguamente Adán por Dios Padre y luego los Discípulos de Cristo por la exhalación o soplo de Cristo (Juan 20, 22), sino invisiblemente y repentinamente, como el aliento de un viento, ya que es espíritu, que inspira abiertamente la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu; y aquellos que son partícipes del Espíritu lo ven espiritualmente con el νούς nus (espíritu de la psique) brotar constantemente como una fuente desde el corazón, iluminando y haciendo que el nus vea las maravillas del renacimiento y la divina doxa-gloria increada, todo lo cual es ciertamente posible. Y en general, con la sobrenatural participación del Espíritu con la jaris increada, el nus con la mente se convierte místicamente en un observador de las grandes cosas. Y el nus avanzando con la ayuda constante y provisión de la jaris increada, llega a visiones y previsiones con la iluminación del Espíritu, y así asciende a la orden de dios, viendo la unión hipostática de la naturaleza divina con la naturaleza hipostática del hombre y el derramamiento del Espíritu sobre todo, lo que Adán no vio de esta manera, ni, por supuesto, se convirtió en partícipe de la naturaleza divina (2 Ped1:4) y un hijo adoptivo real de Dios.

La energía y acción divina y la humana. La paz (17-18)

  1. Veamos ahora, en la medida de lo posible, la energía increada del Espíritu Santo dentro de nosotros y la situación que esta transforma y moldea, así como nuestra energía innata, inherente y sus consecuencias; también, cómo es difícil tener paz solo con nuestra propia energía y acción. Porque esto es el verdadero fruto de la energía (increada) del Espíritu, al igual que la agapi-amor real, la alegría, la paciencia, la apacibilidad y el ser participantes del Espíritu llenos de bondad, transmitiéndola abundantemente tambiéna los prójimos (Gál 5, 22). Ninguna acción y energía natural nuestra está separada del impulso psíquico, que es claramente parte del irascible o emocional de la psique-alma, y tampoco se mueve la energía dentro de nosotros sin voluntad. La voluntad en el práctico o practicante depende del deseo, como sin duda lo hace el contemplativo por atracción o vocación. Por lo tanto, ninguna acción y energía natural nuestra puede tener completamente muerto el deseo y la ira, si, como es natural, va a moverse. Sin embargo, la energía sobrenatural e increada del Espíritu Santo en el corazón, que no nace en absoluto de la naturaleza, sino que se revela incomprensiblemente a los agraciados o misericordiados, se mueve claramente sin la voluntad del hombre, o mejor dicho, se enciende como una antorcha. Por eso, no necesita nada nuestro en Su acción y energía, ni iluminación ni revelación del Espíritu, sino solo que el participante vea silenciosamente en el corazón y disfrute de manera sobrenatural.

De esto se desprende lo siguiente: debido a que la energía divina no necesita en absoluto ni voluntad para moverse ni por impulso físico, el deseo y la ira permanecen en inacción. Y, en general, la parte pasional de la psique-alma está desplazada, inoperativa e in-energizada mientras la inspiración divina del Espíritu vivificador opera en el corazón, mientras que el nus con la mente se regocija y vive. Así, pues, la psique-alma, con paz, serenidad y debida απάθεια apázia (sin pazos, sin pasiones, impasibilidad), se aproxima a Dios después de haber adquirido de manera maravillosa una relación con Él, iluminación y elevación del espíritu del cual se ha hecho participante por la donación de Dios. Y así ve que alcanza el conocimiento/gnosis de la belleza divina inefable y resplandeciente, ama apropiadamente a Dios sublime y se regocija de manera indecible, conociendo desde la inefable misericordia de Él, al tan grande Padre del Señor, el ilimitado, indefinido e incomprensible, a quien posee como herencia desde ahora. Y luego disfruta de una paz admirable, viendo ciertamente que para sí misma, con la jaris gracia increada de Dios, no falta en absoluto el bien supremo y trascendental. Y dado que, como dijimos, la ira no se mueve en absoluto debido a la energía auto-movida del Paráclitos/Consolador, la apacibilidad, la magnanimidad y la indulgencia, junto con la mayor cantidad posible de bondad, se convierten en la política del gobierno de la psique-alma, ya que estas son el fruto del Espíritu Santo (Gál 5, 22), en el cual participan los misericordiados y agraciados por Dios. Sin embargo, el espíritu del error, del engaño y la mentira, aunque parece que se mueve en la psique-alma sin la voluntad y el impulso del hombre que lo tiene, no hace calmar ni la parte pasional de la psique-alma sino más bien la enciende, ni produce amor a Dios, ni alegría, ni paz. Porque la mentira es desordenada, inconexa y completamente ajena a la paz divina y la serenidad.

  1. Te admiro, Señor, luz alegre y maravillosa, promotor del reposo y de la paz suprema, amado, por naturaleza magnífico, lleno de las jaris energías divinas, comúnmente y singularmente deleitoso, lo único que es todo vida del nus con la mente. Te admiro y me asombro, todopoderoso Santo Señor, si hay alguien que, cuando Tú lo tocas con Tu toque inefable debido a tu infinita bondad, todavía continúa viviendo para sí mismo y no para ti, el Supremo, la vida vivificante y la fuente de todas las bondades y bellezas sin excepción. Porque, si una mujer, solo porque te tocó, y no a Ti directamente, sino a Tu vestimenta, mi Salvador, y además no toda la vestimenta sino el borde, y en concreto ocultamente, sin embargo, inmediatamente fue liberada de su vida tan enferma y se volvió sorprendentemente saludable (Mat 9, 21-22), ¿qué puede imaginar alguien, Rey mío, que le sucederá y qué vida vivirá y para quién la vivirá aquel a quien Tú, mi Salvador, tocaste con tu toque divino inefable por bondad y de manera manifiesta, para mostrarle de esta manera maravillosa Tu misericordia? Sabemos que tocaste la mano de la suegra de Pedro, y la fiebre la dejó inmediatamente y se puso completamente sana, y se levantó y te sirvió con gran asombro y disposición (Marc 1, 30-31).

Pero este toque, primero que sucedió una vez en esa mujer y segundo, ocurrió externamente, es decir, en la mano. Entonces, si ella encontró inmediatamente su salud de esta manera, ¿qué sucederá con aquellos a quienes tocas inexpresablemente, no una vez, sino constantemente, noche y día, y no externamente, sino en el tesoro más profundo del corazón, oh Filántropo o Amigo del hombre, y los fortaleces abiertamente en sus obras y los animas en lo apropiado y les ofreces innumerables bienes y cosas buenas? Entonces, ¿cómo, Oh Altísimo, vivirán estos seres humanos para sí mismos y no más bien, como es lógico, completamente para Ti? O más bien, ¿cómo vivirán solo para Ti, no pensarán en sí mismos como miserables y no se inclinarán con humildad, juzgándose indignos incluso de la más pequeña recompensa frente a Tu ayuda tan grande y excepcional de Tu χάρις jaris gracia, energía increada? Gloria a Ti, verdaderamente Glorificado, que glorificas a los humildes y, después de glorificarlos, los haces aún más humildes, porque son tus deudores por Tus muchas, infinitas e inexpresables donaciones. Y entonces, después de regalarles la χάρις jaris gracia, energía increada como humildes que son, te encuentras arraigado de manera maravillosa en sus corazones, puesto que ahora ya están glorificados. Porque Tú, la Sabiduría de Dios, has dicho claramente en los libros de Salomón (Eclesiastés 24:12-13 y 16): ´Me he arraigado en un pueblo glorificado más allá de toda descripción, y por eso me levanté como el cedro en el Líbano, -es decir, en el corazón elevado muy por encima de lo bajo y terrenal- después de llegar a una altura o montaña divina, -es decir, a la altura de los pensamientos y conceptos divinos-, extendí mis ramas como el ciprés´. Quieres decir con esto que ´en aquellos a quienes me he arraigado con la jaris gracia del Espíritu, y mis ramas son todas doxa-gloria y jaris gracia´. Esto es realmente verdadero, oh Señor Autoverdad. Por eso, la psique-alma pura que eligió ser Tu novia deseó sabiamente y se sentó bajo Tu sombra; y tan pronto como se sentó a la sombra, certifica cuán dulce es el fruto Tuyo (Cantar de los Cantares 2:3), por supuesto que no desde el aspecto o faz, sino desde el sabor en su boca. Porque no todos, sin excepción, llegan al sentimiento de la dulzura de Dios; de hecho, todo lo contrario menos esto. Cuando dice: ´Como las plantas de canela y aloe, he dejado un olor fragante, y como la mirra elegida, he difundido fragancia´ (Sabiduría Sirac 24:15), esto no lo hace para todos. Esto lo revela Pablo al decir que para algunos él mismo se convirtió en el olor de vida que conduce a la vida, y para otros el olor de muerte que lleva a la muerte (2 Cor 2:16). Del mismo modo, la dulzura divina y, si quieres decirlo así, la doxa-gloria de Dios que se manifiesta con ella, no se da a todos, sino a algunos que tienen percepciones y sentidos espirituales. A aquellos que practican la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y han logrado, con el favor divino, la participación en el Espíritu vivificante e iluminador, y en general a los limpios y puros de corazón en la medida en que sea posible. Porque, como es bien lógico, sería una vida ruidosa, impura y sin una participación evidente del Espíritu, recibir la doxa-gloria increada de Dios y, en concreto Su aroma y dulzura en sentimiento en la psique-alma. Pero esto no sucede, no sucede. Por eso, es necesario evitar el mundo y, consecuentemente, el aislamiento y la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y el retiro, y la apropiada vida virtuosa y la nipsis sobriedad vigilante y la oración con atención y todo lo que sea apropiado para aquellos que vuelven en la μετάνοια metania y se arrepienten verdaderamente, para dar lugar a la inefable bondad de la divina misericordia y para inclinarse caritativamente, según su deseo, y habitar en la psique-alma que la busca con dolor, y convertirse en la maravillosa misericordia, es decir, Dios -¡qué jaris gracia!- unido a la psique-alma en un espíritu arraigado en lo más profundo del corazón, que resplandece desde allí de manera extraña y ata un tronco y se eleva mucho y extiende las ramas del nus o corazón y da fruto a todo lo espiritual, es decir, amor, alegría, paz, paciencia, bondad, indulgencia, apacibilidad (Gál 5:22) y muchas otras cosas buenas, con las cuales se alimenta el participante de la χάρις jaris increada. Por esto se juzga correctamente cuánta doxa-gloria, cuánto aroma y dulzura traen a la garganta de la psique-alma los frutos puros del Espíritu vivificante e iluminador. Por eso son verdaderamente bienaventurados los que han hecho la catarsis y son puros de corazón por la posesión de las virtudes, porque ellos verán, contemplarán a Dios (Mat 5:8), más completamente y más puramente en la vida futura, mientras que ahora como un compromiso o arras, como dicen las Escrituras. Según estas, no solo ven y verán, sino que también ´experimentarán´ adecuadamente las realidades sobrenaturales, como ahora les sucede en parte y las disfrutan en Cristo.

La vida contemplativa. De qué necesita el contemplativo. La oración es parte de la contemplación, y los Padres desestiman la contemplación como oración (19).

  1. La vida contemplativa es compañera inseparable y cohabitante con la oración sagrada, y ambas son ramas teo-carismáticas y divinizantes o deificantes de la parte noerá-espiritual del nus de la psique. Por eso, son verdaderamente dos obras inseparables de la psique-alma que lleva en su interior a Dios y avanza hacia la θέωσις zéosis (divinización o glorificación). De hecho, estas dos, la θεωρία zeoría contemplación y la oración, están tan unidas que los Padres las llaman con un solo nombre, ´praxis y zeoría contemplación del nus con la mente´. Y dice San Isaac: ´La praxis del nus con la mente se encuentra en el trabajo sutil y en el estudio divino constante y en la oración ininterrumpida y cosas similares; se realiza en la parte anhelante de la psique-alma y se llama θεωρία zeoría contemplación´. ¿Ves más bien una característica o cualidad de unidad que de fusión de las dos, es decir, la oración y la zeoría contemplación? Y él mismo agrega que esta zeoría contemplación limpia y purifica en la psique-alma la energía de la agapi amor incondicional, que es deseo natural, que limpia y clarifica la parte espiritual y intelectual (del nus) de la psique-alma. Entiendes una energía de la parte contemplativa de la psique-alma, es decir, la oración y la θεωρία zeoría contemplación.

Por eso, San Máximo el Confesor explica y dice: ´El nus (espíritu de la psique) no puede hacer la catarsis y limpiarse sin contacto consciente y θεωρία zeoría contemplación de Dios´. Y aún dice: ´La retirada, la zeoría contemplación y la oración disminuyen el deseo y lo eliminan gradualmente, y nuevamente la parte logística o lógica de la psique-alma se mueve correctamente, cuando está tratando cerca de Dios con la zeoría contemplación espiritual y la oración´. Y aún: ´En la parte logística o lógica de la psique-alma, dale alas con la lectura, la zeoría contemplación y la oración´. Así que definitivamente la zeoría contemplación es necesaria para la oración y su compañera. Y ambas son acción y energía natural apropiada de la parte noerá o más bien de la parte logística de la psique, y están inseparablemente unidas entre sí. Esta acción la realiza la nus de manera saludable, y ambas se ayudan mutuamente cuando la parte  logística está sana y practica la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) con un conocimiento/gnosis profundo.

Por lo tanto, el nus con la mente que ora sin fuerza y energía contemplativa es llamado por los Padres un pájaro sin alas, ya que no puede elevarse hacia Dios con todo su ser y disposición ni abandonar completamente lo terrenal y acercarse a lo celestial con todo el ímpetu de la psique-alma. Según el Santo Máximo, la θεωρία zeoría contemplación limpia, purga y purifica el nus y la mente, mientras que la oración perfecta lo presenta desnudo ante Dios. Es evidente que esto se logra con la catarsis que proporciona la zeoría contemplación, la cual no puede adquirir el nus si no se eleva a la zeoría contemplación de Dios, como es apropiado. Porque, dice, la pureza y lucidez del nus con la mente se encuentra en la apocálipsis/revelación de los misterios. Además, la pureza y lucidez del nus con la mente es la perfección que existe en la relación con la zeoría contemplación celestial, que se mueve fuera de los sentidos con dinami potencia de la energía espiritual del mundo de lo alto de las innumerables maravillas. De esto se deduce que el contemplativo ora de una manera elevada, ya que tiene una διάνοια diania (mente, intelecto) clara a través del conocimiento/gnosis contemplativo. Y por esta pureza y lucidez suya, ve a Dios sin visión, tanto como es posible, y al orar se demuestra verdaderamente bienaventurado y feliz.

Dios es Espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo espiritual y verdaderamente (20).

  1. “Dios”, dice, “es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad” (Juan 4, 24). Dice “quienes lo adoran” en plural, no ´quien lo adora´ en singular. Y esto se debe a que quiere que todos se salven y conozcan profundamente la verdad (1Tim 2, 4), Aquel que ha preparado muchos sitios de residencia (Juan 14, 2) para el disfrute y deleite eterno de aquellos que serán justos, el portador de la gran voluntad de Dios (Isaías 9, 6), el Salvador, que con inmensa filantropía abre Sus brazos a los sabios, a los no tan sabios, a los que tienen habilidades lingüísticas limitadas y a aquellos cuya inteligencia es más débil. Y en general, para todos los seres humanos ha indicado un medio salvador que se realiza de muchas y diversas maneras, según la condición psíquica y la elección de cada uno, incluso según la fuerza y la enseñanza de aquel que se acerca a Dios y prometió adorar a Dios de la manera que hemos dicho.

Porque es posible que alguien, por falta de un maestro, sea de buena naturaleza y, sin embargo, no alcance la perfección del propósito divino. Algunos, aunque hayan tenido un maestro con experiencia en asuntos divinos y espirituales, no han podido llegar a la perfección debido a la falta de inteligencia. Sin embargo, tanto estos como los otros y en general todos, si lo desean, pueden adorar a Dios espiritual y verdaderamente, cada uno según su orden, o según su fuerza, o según la donación que Dios le ha dado.

Por ejemplo, incluso si alguien es ignorante, si vive de acuerdo con los mandamientos y la fe ortodoxa y sigue humildemente a otros que han tenido éxito, es evidente que también él adora a Dios espiritual y verdaderamente. Porque la fe realmente es espíritu, ya que habla abiertamente sobre Dios y sobre cosas y realidades divinas e invisibles. “Los logos que yo hablo y enseño son espíritu y son vida, por eso transmiten vida” (Juan 6, 63), dijo el Señor. Las enseñanzas admirables y divinizantes de la Autoverdad misma, no creo que alguien sea tan corto de mente como para separarlas de la verdad, aunque sea ligeramente.

Entonces, aquel que sigue la fe, como dijimos, verdadera y espiritualmente, enseñando acerca de Dios, es llamado práctico y θεωρητικός zeoritikós contemplativo. Del mismo modo, adora a Dios de manera espiritual y verdadera abiertamente aquel que se dedica al conocimiento/gnosis de los seres y de las Sagradas Escrituras, como los anteriores, y luego se concentra en Dios, dejando lo visible y sensible como otra carne, y asciende al comprensible e inteligible, es decir, al espíritu, y desde allí directamente al supra-nus (espíritu), y me refiero a la Verdad que supera toda verdad, a Dios.

Y aquellos que salmodian o cantan, así como aquellos que rezan, si entienden el significado de las palabras del salmo y de la oración y lo sienten, en la medida de lo posible, también adoran a Dios completamente de manera espiritual y verdadera. Porque, como es bien sabido por todos, las palabras sagradas de los salmos y de la oración son espíritu y verdad. Pero, por supuesto, también aquel que con una participación evidente y el impulso del Espíritu imagina a Dios ´de manera, condensada´, es decir, con la luz del conocimiento/gnosis, unificadamente y sin imágenes, adora y reverencia también de una manera más elevada a Dios espiritualmente y verdaderamente. Además, aparte de esto, aquel que refleja dentro de sí la luz (increada) de la doxa-gloria y la economía de Cristo, en la medida de lo posible, y luego, por el Padre mediante de Cristo, recibe la efusión del Espíritu Santo que opera en los creyentes y los apoya, realmente adora a Dios espiritualmente y verdaderamente, en la persona de Jesús Cristo.

La oración (21)

  1. 21. Aquel que enseña al hombre el conocimiento/gnosis (Salmo 93, 10) es Dios, según está escrito. Pero, ¿cómo enseña? Dando abiertamente la oración al que ora (1Re 2, 9) con un impulso sagrado del Espíritu que sopla incesantemente. Verdaderamente, esta sagrada oración, al ser el gran regalo de la supra-bondadosa Jaris gracia increada, se convierte en maestro para aquel que la ha adquirido y en un espejo puro del rostro de la psique-alma. En ella, el nus con la mente observa claramente sus desviaciones, vagabundeos, cautiverios, negligencias y engaños; sin embargo, también percibe el aire de la pureza, el resplandor de la zeoría contemplación, el espíritu de la elevación divina y teúrgica hacia Dios, la llama ardiente del divino έρως eros (amor ardiente), la simplicidad espiritual y la informidad y el correspondiente silencio ante todas las cosas, junto con la alegre sorpresa.

Y en general, a través de la oración, el nus con la mente ve, comprende y conoce claramente sin engaño las disposiciones psíquicas y la influencia de los pazos y discierne claramente los principios primarios de los poderes movientes de la psique-alma, corrigiendo algunos y dedicándose a otros, dependiendo de si son dignos de dedicación, cariño o corrección, respectivamente. Y a partir de esto, se introduce en el gobierno sistemático de los monjes y no solo comprende adecuadamente el uso del nus, y del logos, de la διάνοια diania (mente, intelecto) y los sentimientos con los sentidos a través de la experiencia, sino que también distingue cómo dar lo debido a la parte anhelante y a la irascible (emocional) de la psique-alma; y en general, aprende claramente a componer la armonía melódica y agradable de las potencias psíquicas con una experiencia inalienable de la διάνοια diania (mente, intelecto) y a entonar una melodía espiritual más dulce que cualquier otra, tanto con la praxis o práctica como con la zeoría contemplación. Por lo tanto, la muy amada paz de Dios, junto con la alegría llena de χάρις jaris que la acompaña y la agapi santa, acampa en el místico de la verdadera oración que está muy adornada por los frutos del Espíritu. Por lo tanto, aquel que decidió orar sin cesar, según el Apóstol (1 Tes 5,17), y tiene gran cuidado de aplicarlo, sin duda, se clasificará junto con los discípulos de Cristo, ya que siguió sus enseñanzas sobre la santa oración y se convirtió en hijo de la χάρις jaris por la δύναμη dinami (poder y fuerza) de Cristo.

De qué cosas necesita la oración y cuánto vale la pena honrarla, (22-23)

  1. Si la sagrada oración es capaz de enseñar y señalar solo lo que es apropiado para la virtud, como mencionamos anteriormente, ¿no sería merecedora de grandes elogios? Pero ahora, ya que no solo es maestra y guía, sino que, por su naturaleza, también impulsa hacia todo lo bueno, ¿de cuántos elogios y alabanzas no sería superior? Dado que tanto la enseñanza como la exhortación permanecen ineficaces debido a la debilidad de quien las recibe y necesitan una fuerza similar, descubrirás, si lo preguntas, que solo la oración otorga fuerza y energía espiritual a la psique-alma. La oración tiene tal y tanta fuerza en los virtuosos y con razón. Porque la oración inspirada y viva, para expresarlo así, que brota siempre del corazón con la manifiesta participación y energía (increada) del Espíritu vivificante, tiene como imprescindible consecuencia las siguientes tres necesidades: enseñanza de lo que es apropiado para los espirituales, apoyo en las luchas de la praxis o práctica y, sobre todo, la fuerza que facilita la ejecución de las dificultades. Por eso, nuestro Señor y dador del Espíritu dice: “Recibirán δύναμη dinami (poder, potencia y energía) cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1, 8). Esta potencia, nuevamente, la llama explícitamente Paráclito y maestro, diciendo: “pero el Paráclitos, es decir, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las verdades salvíficas y os recordará todo lo que yo os he dicho. Revelará-apocaliptará a los fieles mi misión, mi obra y lo relativo con mi nombre y mi persona y extenderá mi obra por toda la οικουμενη icumeni la tierra habitada” (Juan 14, 26). Es evidente que cada uno, a través de la oración, recibe la revelación del Espíritu para su beneficio, y a uno se le da el espíritu de sabiduría-sofís, a otro el de conocimiento/gnosis, a otro el espíritu de curación, y así sucesivamente, como menciona claramente el Apóstol, y todo esto lo opera el único y mismo Espíritu y lo reparte a cada uno como Él quiere, como lo declara claramente la enseñanza del divino Pablo (1Cor 12, 7-11). Que aquel que se convierte de alguna manera en partícipe de la donación del Espíritu, experimentará necesariamente estas tres realidades: dinami (poder, potencia y energía) sobrenatural, enseñanza supra-cósmica y divino fortalecimiento, es evidente por las palabras del Señor que dijimos.

Además, cuando el Señor dice: “Sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15, 5), muestra de manera irrefutable que en general, en todas las practicas, praxis o acciones, necesitamos la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) divina. Y cuando dice: “Pero vosotros no seáis llamados Rabbí (maestro), porque uno solo es vuestro maestro, el Cristo y todos vosotros sois hermanos, por tanto iguales entre sí” (Mateo 23, 8-10); revela claramente que el ser humano necesita enseñanza divina para praxis, acciones apropiadas y las obras según Dios. Y cuando asegura: “Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, Consolador y guía para que esté con vosotros siempre, el Espíritu de la verdad…” (Juan 14, 16), recuerda que la ayuda divina es absolutamente necesaria e inseparable de la divina χάρις jaris gracia, energía increada.

Se ha demostrado, por lo tanto, que la distribución de los carismas presenta varias diferencias, ya que la sofía/sabiduría es diferente de la gnosis/conocimiento, y la profecía no es lo mismo que las anteriores, y el don de curar es diferente, y en general, cada don-carisma del Espíritu, como los enumeró el Apóstol (1 Cor 12, 8-9), es diferente del otro. Sin embargo, cualquier carisma del Espíritu vivificante está adornado con estas tres energías y operaciones mencionadas. Entonces, ¿cómo puede un νους nus (espíritu de la psique) creado unido al cuerpo, convertirse en partícipe de las cosas espirituales y de la virtud, si no recibe un dinami (fuerza y energía) sobrenatural para esta participación, ya que ni siquiera los ángeles pueden hacer algo así? ¿Cómo, sin la iniciación e iluminación del Espíritu, será apto para alcanzar la participación en las realidades y cosas sobrenaturales? Es evidente que sentirá vértigo al intentar alcanzar tal altura de la divina generosidad y del impulso inquebrantable hacia la virtud, a menos que reciba el sagrado fortalecimiento del Espíritu. ¿Entonces, qué conclusión debemos sacar sobre la oración que se realiza con la inspiración del Espíritu, que es la causa de cada donación espiritual en la psique-alma y tiene consigo la fuerza, la enseñanza y el fortalecimiento del Espíritu Santo simultáneamente? ¿Cuántos elogios merece una oración así, que conecta con vínculos sagrados el nus con Dios en el nombre de Jesús Cristo, el verdadero Hijo de Dios? ¿Y cuánto debe ser honrada por aquellos que la han logrado por la divina χάρις jaris gracia, energía increada, y cuánto deben buscarla y pedirla aquellos que todavía la carecen?

  1. Cuando el nus, a través del estudio adecuado de las cosas divinas y con la ayuda del aliento del Espíritu vivificante, adquiera, por divina χάρις jaris gracia, energía increada, un claro conocimiento/gnosis de Dios, que sea consciente y atento de su debilidad y de cuánto falta a lo apropiado, de sus negligencias y desobediencias a sus deberes y, por lo tanto, su ignorancia de lo que es necesario. Y después de practicar así la justa y verdadera obra de la autocrítica o autocondena y la humildad, que se acerque a Dios a través de la oración, con la διάνοια diania (mente, intelecto) humilde y con confianza y esperanza en la incomprensible agapi amor incondicional de Dios por el ser humano, por una bondad inexpresable. Para esta agapi-amor, somos enseñados por san Pablo a acercarnos con confianza al trono de la divina χάρις jaris gracia, energía increada (Heb 4, 16). Porque Dios no acostumbra actuar como nosotros, sino de acuerdo con Su infinita misericordia. Por lo tanto, en el momento de la oración, no miremos hacia nosotros mismos, sino hacia la δύναμη dinami (poder, fuerza y energía) compasiva e infinitamente simpática de nuestro supra-bondadoso Dios y Padre para adquirir fácilmente en nosotros el έρως eros (amor ardiente) de Dios, el verdadero psicoterapéutico y salvífico.

En cuanto al pasaje: “Dijo Dios a Abraham: Sal de tu tierra”, y sobre la θεωρία zeoría contemplación (24)

  1. “Dijo Dios a Abraham (es decir, al ´pasajero´)*: ´Sal de tu tierra, de tus parientes y de la casa de tu padre, y ve a la tierra que te mostraré, una tierra donde fluye leche y miel” (Gén 12, 1). Dios habla ahora con un significado más elevado en el νούς nus (espíritu del corazón de la psique), donde se convierte en ´pasajero´ y pasa de lo sensible a lo espiritual e intelectual. ´Abandona tus sentidos y todo las cosas sensibles, perceptibles, y en general, todo el mundo visible, y ven a la tierra que te mostraré´. Esto se parece a lo que dice el Señor: «Una cosa te falta si quieres ser perfecto: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y adquirirás tesoro en el cielo; y después ven, toma tu cruz y sígueme, decidido y dispuesto a aguantar gracias a mi hasta la muerte por la cruz» (Marcos 10, 21), es decir, crucifícate para los sentidos y las sensibles y todo el mundo, y ven y sígueme mientras subo al Padre, ciertamente no sin el Espíritu hegemónico, gobernante. Porque allí dice ´Dijo Dios a Abraham´, es decir, el Padre a través del Logos, o sea, el Hijo. Y más adelante dice ´Y ve a la tierra que te mostraré´. Pero generalmente uno señala con el dedo. Y el dedo de Dios se llama el Espíritu de Dios, según el versículo: “Si yo expulso los demonios con el dedo de Dios”, (Lucas 11, 20), que en otro lugar dice “con el Espíritu de Dios”, (Mateo 12, 28). Así lo decían también los sabios de Egipto: ´Esto es dedo de Dios´ (Éxodo 8, 15), llamando así a la energía espiritual increada. ´A la tierra que te mostraré´, como diciendo, a la tierra a la que te guiaré con mi Logos y mi Espíritu. ´Una tierra donde fluye leche y miel´, esta es la comprensión y el conocimiento correcto de Dios, que el nus con la mente no puede alcanzar de ninguna otra manera, a menos que sea iluminado e inundado por el resplandor del Espíritu vivificante, que viene suavemente a través del Hijo.

Porque cuando el nus se acostumbra a superar el mal mediante su giro hacia las realidades espirituales, el Dios amante de la humanidad lo atrae para que cruce al otro lado, como Abraham, de lo sensible a lo espiritual y aún más allá, donde hay un tocamiento y una θεωρία zeoría contemplación y consideración uniforme de la Trinidad, y ciertamente Dios lo hace con la energía trinitaria increada y el poder de la Monarquía Divina. Porque Él, sobre todo, Dios y Padre, es la Tierra prometida que heredarán los apacibles y rectos en el corazón, como lo prometió el Espíritu Santo (Mateo 5, 5), y se convertirán en herederos si luchan con esperanza. Esta Tierra, -el Padre-, fluye leche y miel, es decir, las luces matutinas, los rayos gemelos, la vida y la delicia y la catarsis de todo el mundo. Porque el Hijo, que nació de el Padre y es inseparable de Él, de alguna manera podría llamarse Miel, porque asumió un cuerpo humano como un panal de miel, y a través de su encarnación, endulza y regocija de manera maravillosa a toda la humanidad con sus maravillosas enseñanzas y donaciones y muchas otras bondades innumerables e inexpresables.

La Leche es el Espíritu Santo, que es uniforme, no un nacimiento del Padre sino procedencia, como una emanación, de luz blanca, y alimenta con alimento divino a los seres lógicos que aún son niños, introduciéndolos en el reinado de la realeza de los cielos, como dijo el Señor. Por lo tanto, la tierra que fluye leche y miel es adecuadamente considerada el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a la cual el nus con la mente se transfiere con la guía, el poder y la energía de la Deidad Trinitaria tres-hipóstata (de tres hipostasis). Así como, según Pablo, nadie puede llamar al Señor Jesús sino por la jaris increada del Espíritu Santo (1 Cor 12, 3), de la misma manera, nadie puede concentrar la parte noética (intelectual, espiritual) de la psique-alma hacia la doxa-gloria y la majestuosidad de la Trinidad y adherirse a ella, sino con el poder, la potencia de la energía y la jaris gracia de la Trinidad, rechazando tanto las percepciones sensibles que caen bajo los sentidos como las percepciones intelectuales que se consideran en la Escritura y en lo sensible, y el abandono de lo terrenal. Porque así, con Tu luz, Señor, veremos luz (Salmo 35, 10), es decir, con tu resplandor unificado, te veremos a Ti, el Dios, que iluminas nuestros corazones y nuestros nus con sus mentes. Y ciertamente, después de contemplar y considerar, aprenderemos ´las cosas que nos han sido dadas por Dios´, para que nadie tenga derecho a jactarse de que ha logrado algo por sí mismo. Por lo tanto, aquel que antes se llamaba Abram, que significa el pasajero, cuando se fue de su tierra después de escuchar la voz de Dios y abandonó todo como se le ordenó y emigró a una tierra donde fluye leche y miel, se le renombra Abraham, es decir, ´padre de muchas naciones´. De la misma manera, el nus (espíritu de la psique) que se hizo digno de llamarse ´pasajero´, porque mediante la percepción sensible y los sentidos y todo el mundo, con la fuerza y la energía de la Deidad tres-hipostática, se trasladó su ser hacia la iluminación unitaria y la zeoría contemplación y visión de la Santa Trinidad, y así éste se convierte en padre y fuente de ‘muchas naciones’, es decir, de grandes, inexpresables y místicos conceptos y significados, revelando y dando a luz cosas maravillosas que nacen de dentro de sí mismo, con las cuales, como un padre con sus hijos, se regocija, se deleita y se llena de la paz en Cristo.

*´Abraham fue llamado ´el pasajero´ (Génesis 14, 13) porque provenía de una tierra al otro lado del río Éufrates, que ´cruzó, pasó´ cuando emigró a la tierra de Canaán. Esta palabra traduce la palabra hebrea ´ivrí´, que se helenizó como ´hebreo´.

La humildad y la θεωρία zeoría contemplación (25-26)

  1. Maravillosas son tus obras, Señor, y al contemplarlas, mi psique-alma se asombra. La causa de la elevación del nus con la mente se convierte en una gran ocasión para la humildad, y lo que eleva infinitamente la psique-alma, eso mismo la humilla o la convierte humilde en exceso. Es decir, el principio de la θεωρία zeoría contemplación es la humildad, y el fin de la humildad es la θεωρία zeoría. Incluso si alguien conoce toda la sabiduría de este mundo, sin humildad es imposible adquirir una θεωρία zeoría contemplación elevada. Digo θεωρία zeoría elevadora para distinguirla de la zeoría contemplación que tenían los helenos/griegos, que no era elevadora. Sin una θεωρία zeoría elevadora, el hombre no puede humillarse o hacerse humilde ni inclinar su cuello como un anillo (Isaías 58, 5). ¡Oh, la inefable sabiduría del sabio Creador nuestro! ¿Quién alguna vez concibió algo así antes de verlo, desde la humildad a la elevación suprema, o desde elevación a la humildad excesiva? Podría decirse incluso del nus divinizado que ´el que descendió es también el mismo que subió´ (Efe 4, 10), y agregar a esto ´el que subió es también el mismo que descendió´. Porque cuando el nus con la mente, con un conocimiento profundo, alcanza a través de la χάρις jaris divina e increada las alturas con humildad y se regocija como propias las cosas divinas que superan el logos y la razón, entonces se siente inferior a todo con humildad. David dice: “Señor, no elevé mi psique-alma en vanagloria, ni levanté mis ojos con altivez ante los demás. No busqué cosas por razones de ambición, ni emprendí acciones que superaran mi fuerza y valía, con el propósito de provocar admiración” (Sal 130, 1-2). Pero el nus, junto con esto, puede decir no inapropiadamente también lo contrario: “Señor, no me he humillado ni he afligido mi psique-alma, ni he llamado polvo y ceniza a mi ser, sino que cuando se enalteció mi corazón y mis ojos miraron hacia arriba, y viví grandes y maravillosas cosas que están más allá de mis fuerzas”. ¡Oh, admirable Creador y Rey, mi corazón se regocija cuando comprende la obra de Tu sabiduría, el nus con su mente, que ha sido creado sabio por tu providencia!
  2. El νούς nus (espíritu del corazón de la psique) con su mente que regresa con la ayuda de la χάρις jaris (gracia, energía increada) a Dios, al principio está en un estado de autoacusación, y por eso el hombre que tiene este nus o corazón llora y se lamenta, y sufre, llora y se abate según lo exige su corazón, y día tras día limpia, purga y purifica la malicia de su pasión y se humilla, como es apropiado, aunque no sin mucha aflicción y pena. Pero cuando logra con la donación de Cristo la catarsis necesaria a través de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y comienza a ver espiritual e intelectualmente lo que es inteligible y a elevarse hacia Dios y Su doxa-gloria, y mira constantemente hacia allí, después de la primera autoacusación cae en una segunda, espiritual, mental, grande, sin salida continua e ininterrumpida. Y a partir de esto adquiere entonces una humildad realmente más segura y profunda; al punto de que incluso si todos los hombres lo felicitaran abiertamente, él aún se ve a sí mismo con el sentido y sentimiento de su psique-alma y verdaderamente peor que cualquier hombre, y también peor que aquel que no es absolutamente nada. Porque aquel que no existe no puede pecar, mientras que él se ve a sí mismo pecar constantemente. Sin embargo, en esta situación de humildad, la mayoría de las veces se regocija y se alegra, no por sí mismo, por supuesto, porque ¿cómo puede alegrarse aquel que siempre acusa a sí mismo de pecar? Se alegra por el Dios compasivo que está más cerca que su propia respiración, o, para decirlo más claramente, que a través de su corazón crea y mueve corrientes de luz celestial y ríos eternos admirables del Espíritu maravilloso, y sobre-ilumina el nus (espíritu de la psique), y le dice claramente: “Estoy contigo” (Jer 1, 8). Y después de tenerlo como Su amigo, Dios le revela tangiblemente Sus misterios y lo alegra. Y entonces viene y dice lo mismo que David: “No nos ha castigado según nuestras iniquidades, ni nos ha recompensado según nuestros pecados” (Sal 102, 10). Y dice como Pablo: “Hemos sido salvados por Su χάρις jaris gracia, energía increada” (Efe 2, 5), aunque trabaja todos los divinos mandamientos-logos tanto como puede y odia con toda su fuerza cualquier injusticia (Sal 118, 128) y se esfuerza con gran cuidado y esmero por no omitir nada de lo que tiende a la salvación, a medida que le es posible. Pero quien ve que le falta la percepción y sentimiento de estas cosas y se da cuenta de que no las vive, ese aún no ha probado la θεωρία zeoría contemplación más verdadera, no ha comenzado aún a llorar con lágrimas incesantes, ni ha llegado a la unidad de la fe (Efe 4, 13) y al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 4), ni ve realmente la divina doxa-gloria increada, ni lo que está más allá de las cosas humanas, y en una palabra, no ha recibido el conocimiento/gnosis sobre el significado divino y humano de las cosas.

Acerca de la θεωρία zeoría contemplación (27)

  1. La creación con las cosas inteligibles y comprensibles que tiene y la Escritura con las espirituales, testimonian la doxa-gloria de Dios, Su realeza, Su sabiduría y Su δύναμη dinami (poder, potencia y energía) increadas y en general, Su grandeza. Sin embargo, ¿cuánta y cuál es la capacidad y naturaleza de sus testimonios? Muy limitada, como una gota en comparación con un océano. Dios no puso, por así decirlo, en acción toda Su infinita dinami (fuerza, energía), poder, sabiduría, gloria y grandeza para hacer lo que hizo, más bien, todo lo contrario, aunque nos parezca grande y glorioso, lleno de sabiduría y dinami. Pero hizo lo que era necesario, por exceso de bondad. Decidió lo que debía ser y procedió a la creación de acuerdo con Su decisión, proporcionalmente, simétricamente y armónicamente, y tanto como era necesario para que el ser humano habite y viva su vida, y lo que veía que era proporcional en su uso y disfrute. Cuando formaba a Adán, consideraba y contemplaba a todos los seres humanos. Y ahora es posible ver que ni la tierra que nos sustenta es insuficiente, ni sus habitantes son menos. Y la tierra era proporcional a lo que está aquí abajo, mientras que el cielo, el sol, el aire y el mar se hicieron en proporción a la tierra. Porque entre ellos mantienen la proporción que Dios les dio, quien conoce todo antes de que suceda y produce todo con orden, fuerza y poder que tienen proporción y armonía. Si el Creador no creara solo lo que necesitaba, sino de acuerdo con Su δύναμη dinami (poder, potencia y energía), sabiduría, gloria y Su grandeza, entonces en vez de uno veríamos innumerables mundos. Y de hecho, no mundos como el que vemos ahora, sino mundos extraños, paradójicos, sobrenaturales y más allá de toda comprensión, cuya belleza y sabia variedad, su doxa-gloria y resplandor, harían que la psique-alma no pudiera soportar fácilmente, sino que el cuerpo se desvanecería por los asombros y las sorpresas.

Dios quiso crear una criatura, al hombre, rey de la tierra y como otro dios entre las creaciones de Dios, y creó este mundo para las necesidades del hombre fácil y instantáneamente. Dejemos que alguien de los Profetas nos diga: ´Aquel que hizo la tierra como nada, y sobre la nada la afirmó´ (Isaías 40:23), y otro: ´El que extendió los cielos como una tienda de cuero´ (Salmo 103:2). Y el hecho de que Él solo eche una mirada hacia la tierra y la haga temblar (Salmo 103:32), ¿cuánta fuerza incomprensible revela?

Por eso también, todas las cosas visibles las produjo solo con Su logos. Sin embargo, las cosas más gloriosas y superiores están reservadas para el futuro siglo. Estas, para que la psique-alma pueda soportar verlas, se vierten de nuevo con la muerte como metal en la fundición de la tumba y se convierte en un nuevo ser humano para nuevas experiencias, deleites y visiones.

Mientras que las cosas visibles de este mundo son solo una sombra y como un sueño largo. Y si deseas asegurarte, mira el mundo invisible de los ángeles, si tienes tal poder, y sin duda verás allí belleza, gloria, sabiduría y δύναμη (poder, potencia y energía) que no solo son inefables e increadas, sino también incomprensibles. Aunque ese mundo fue creado solo con un pensamiento de Dios, con tanta variedad y maravillas. Y si todo esto se hizo con un pensamiento, ¿qué pasaría si funcionara toda la voluntad, sabiduría y δύναμη (poder, potencia y energía) de Dios? Pero ¿cómo es posible acercarse a algo así, es decir, entender lo infinito? Fin del infinito no hay, y donde no hay fin, no hay movimiento; solo hay una emanación hacia afuera, por así decirlo, una emisión parcial de energía desde la fuerza que emana de Su esencia/sustancia.

Por eso, todo lo divino que la creación y la Escritura nos muestran, en comparación con la δύναμη (poder, potencia y energía) de Dios, es algo vago, una pequeña gota frente a un océano sin fondo e infinito. Pero, creo que vale la pena, y ojalá lleguemos a conocer bien esta gota espiritual. Y después de extender nuestro νούς nus (espíritu del corazón de la psique) con su mente hacia lo infinito con la belleza, la doxa-gloria y el deleite de esta θεωρία zeoría contemplación de esta gota, y después de alabar tanto como sea posible al infinitamente Supremo, ojalá que nos unamos con nosotros mismos y con Dios en un estado de unidad ultra-terrena o supra-cósmica y nos convirtamos en nus con mentes simples, infinitas e indefinidas, imitadores de los Ángeles, en un gozo inexpresable y alegría cordial y deleite, con la energía increada y la χάρις jaris del Espíritu. Amén.

El práctico y el θεωρητικός zeorítico contemplativo (28-30)

  1. El práctico no puede dejar de salmodiar, porque busca para sí la apacibilidad, la mansedumbre y la vigilancia que corresponde a los prácticos. Pero el θεωρητικός zeorítico contemplativo no puede o no quiere cantar. No puede, porque recibe la energía increada de la jaris gracia divina y se llena completamente de regocijo espiritual en el silencio, ya que se alegra principalmente en un corazón tranquilo, en paz y sereno. Y no quiere, porque dirige su atención a una cosa y guía su psique-alma a actuar con pensamientos simples y pacíficos en una profunda serenidad. Por eso, es necesario que el contemplativo pase por la obra de la visión divina en el silencio. Aunque a veces parece estar leyendo algo, esto no es extraño para aquellos que saben que la mente es variable y que la naturaleza humana es compleja y susceptible de cambios. Sin embargo, debemos saber que el descanso después de la contemplación de la jaris gracia increada, es decir, la lectura, es inferior al trabajo de la zeoría contemplación, ya sea en sí mismo o para la escapada mental, porque el nus con la mente no puede mantenerse indivisible en ninguna lectura. Sin embargo, en la libertad espiritual, que se realiza secretamente en el silencio, la mayoría de las veces, el nus con la mente ve las cosas unidas, lo cual difiere mucho de la situación de la división. Si acaso, incluso en las cosas sensibles, ¿ver algo no es mucho más superior que escucharlo? Porque, como dice el proverbio y todos lo admiten, los ojos son más confiables que los oídos. Así como en lo sensible, sucede en lo mental; ver algo con la zeoría contemplación es mucho más superior que escuchar sobre ello, lo cual ocurre en aquellos que leen. Así también la samaritana; después de hablar con el verdadero Logos, predicaba a sus compatriotas la divinidad de Él. Sin embargo, cuando el Logos, por la riqueza de extrema bondad, vino a su ciudad y tuvieron la oportunidad de encontrarse con Él, decían que ya no necesitaban el testimonio de la mujer para conocer Su divinidad (Juan 4, 42). Lo mismo sucede, sin duda, cuando la διάνοια diania (mente, intelecto) da testimonio con palabras de lo divino que percibe en la psique-alma y en las fuerzas de la psique-alma; cuando λα psique-alma y sus fuerzas y facultades reciben, por la jaris gracia increada, la acción de lo divino que hasta entonces solo escuchaban, la psique-alma ya no necesita el testimonio externo. Porque todo el que escucha también necesita ver lo que escucha. Pero aquel que ve algo, no necesita que otro le enseñe qué es eso que ve, siempre y cuando tenga sus propios ojos y vea. Esto se puede ver también en Tomás, quien, aunque había oído, no creía, sino que decía: “Si no veo, no creeré” (Juan 20, 25). Es cierto que cuando vio al Señor, inmediatamente clamó fuerte y lo reconoció como su Señor y Dios, a quien antes de verlo dudaba, confesando la verdad por sí mismo. Y lo que no tenía cuando funcionaba el oído, es decir, la fe, lo adquirió tan pronto como lo vio. Así que de esto debemos distinguir tanta diferencia entre la praxis, acción y la θεωρία zeoría contemplación como entre el νούς nus con la mente y los sentidos.
  2. El niño y el adulto beben leche; sin embargo, el niño para alimentarse, mientras que el adulto por placer porque le gusta. El práctico lee y canta, al igual que parece hacer el contemplativo. Pero el práctico lo hace para fortalecer y asegurar su psique-alma, mientras que el contemplativo lo hace para el placer de la psique-alma y, además, para interrumpir un poco la ardiente y elevadora inclinación hacia Dios y el flujo de lágrimas de su corazón. Porque aunque el espíritu que está dentro de él se eleva hacia arriba y se alegra mientras goza con las divinas luminosidades y se transforma de doxa-gloria en doxa-gloria (2Cor 3:18) y se incrementa, pero la carne compuesta y el corazón que son de tierra se debilitan. Y así, el práctico estudia los divinos logos por el bien del conocimiento y la enseñanza que proviene de él. Mientras que el zeorítico contemplativo estudia aquellas cuyo conocimiento acepta con silencio y las aprende sin palabras, y las ve con los ojos espirituales, no puede decirlas con logos y palabras. “El oído de la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) –dice- escuchará cosas excelentes”; dijo cosas excelentes, pero qué tipo de cosas excelentes no pudo decir, por eso dejó de explicar las realidades inexplicables y supra-lógicas. Por eso bendigo a aquellos a quienes el divino Logos bendijo porque creyeron antes de ver (Juan 20, 29), me refiero a los prácticos; pero considero sobreabundantemente benditos a los θεωρητικούς zeoríticos contemplativos. Porque si el práctico, aunque no ha visto, es bienaventurado por su fe sola, ¿qué puede uno pensar del zeorítico contemplativo? Quien, además de caminar con fe (2Cor 5, 7), que es mucho superior a la acción, ha visto simultáneamente las grandes y excelentes cosas y vive en su corazón ascensos divinos (Salmo 83, 6) y ve más y más cada día, como es natural.
  3. En cada uno de los dos componentes del temperamento o de la mezcla humana, el Adornador y Creador del todo proporcionó adecuadamente el disfrute correspondiente y, por así decirlo, la vida. Y para el cuerpo visible del hombre, creó toda la creación que se ve, mientras que para el hombre inteligible o espiritual, es decir, para la psique-alma, produjo lo que se percibe y se comprende en la creación sensible. Porque tal como la parte sensible del hombre está unida a la inteligible o espiritual, así en toda la creación visible, debajo de cada cosa, parece existir la belleza inteligible, y ninguna de las visibles, incluso la más pequeña, carece de una conexión inteligible y comprensible. Esto es natural. Debía ser absolutamente así, ya que todas las cosas fueron hechas para el hombre a través del divino Logos del Pantocrátor/Todopoderoso, no que pareciera algo irracional había ocurrido, lo cual sucedería si junto con lo aparente o visible no existiera también lo inteligible y comprensible. Porque entonces el cuerpo disfrutaría con la colaboración de lo visible, mientras que la psique-alma cristiana quedaría vacía, y el cuerpo sería superior a la psique-alma, lo cual sería absurdo. ¿De dónde más la psique-alma obtendría vivir como le corresponde? ¿De Dios? Pero esto estaría fuera del orden que estableció Aquel que creó todas las cosas a través del Logos; porque entonces las esencias simples (los ángeles) se mostrarían inferiores a las compuestas (los humanos), si nosotros tuviéramos de modo inmediato la cualidad de ellos de moverse por sí mismos hacia Dios. ¿O quizás deberíamos elevarnos de nuevo desde lo puramente inteligible y así obtener el placer de contemplar las cosas y realidades divinas? Pero esto también nos haría iguales a los ángeles y sería antinatural, es decir, que los nus (espíritus de la psiques) materiales se elevaran por sí mismas hacia el Bien, similares a las inmateriales. Porque ellos no toman la vida y su elevación hacia el Primer Bien desde fuera de sí mismos, sino que comenzando desde sí mismos disfrutan de los resplandores divinos unificados. Mientras que nosotros, que somos naturalmente inferiores y secundarios después de los ángeles, nos elevamos gradualmente hacia Dios y Su belleza de una manera inferior y, por así decirlo, inferior a la de los ángeles, sin empezar por las sustancias simples o los puramente inteligibles. Esto es de los ángeles, es decir, comenzando desde sí mismos para elevarse hacia Dios. Nosotros comenzamos desde las cosas compuestas de acuerdo con la lógica y, llegando a las creadas simples, avanzamos más allá, hacia las increadas, como es adecuado según nuestra naturaleza, como dije. Y así nos reunimos, unitariamente, hacia nosotros mismos y hacia Dios.

Por lo tanto, para tener la capacidad que nos corresponde de disfrutar y vivir intelectual y espiritualmente y elevarnos hacia Dios, en todas las cosas sensibles están dispersos y coexisten las inteligibles o espirituales, que son percibidas por la θεωρία zeoría contemplación. Estas cosas el práctico no puede o no quiere verlas. No puede cuando no tiene a alguien o las Escrituras para mostrárselas claramente. No quiere cuando, incluso teniendo a alguien o las Escrituras, por presunción y mala astucia desconfía del prójimo y cree en sí mismo, y así se mantiene insensible y sin sabor de la enseñanza relacionada con estas cosas, considerando la letra de las Escrituras como una guía suficiente y utilizando la creación en un sentido estricto, solo para el servicio del cuerpo; piensa que esto es piedad y se conforma con eso, sin buscar nada más. En cambio, el contemplativo, seleccionando de la creación visible las realidades invisibles y encontrándolas de acuerdo con el espíritu de las Escrituras, avanza con alegría hacia las esencias simples. Y después de ver bien su belleza y su esplendor, las adelanta felizmente con la ayuda de la χάρις jaris gracia increada y se desplaza a las realidades increadas e inteligibles de Dios. Y después de sumergirse a la infinidad y la contemplación, tanto como es posible, se acerca inefablemente a los rayos de la belleza divina de una manera unitaria y sobrenatural. Y cuando asombrado disfrute de la belleza increada y la luminosidad completa en una situación o estado uno, unitario y uniforme, no puede imaginar en qué se transformará dentro de esta alegría y admiración. Así que recibe interminablemente el flujo del gozo divino y alegría divina y muestra sin envidia también al práctico el camino que conduce a la verdad, con logos y escritos.

La participación del Espíritu Santo (31-33)

  1. ¿Acaso conoces lo que se derrama en los corazones de los fieles y cuál es la señal de esta efusión? Es ciertamente el Espíritu Santo que procede del Padre a través del Hijo, que llena toda la οικουμένη icumeni tierra habitada. Está completo en todas partes y se derrama completamente en cada creyente. Se comparte sin sufrir nada y se participa sin ser impedido. Los signos de su participación o de su efusión en nosotros son el deseo de la pobreza con humildad, las lágrimas fáciles e incesantes, el amor perfecto e inmaculado hacia Dios y el prójimo, la alegría del corazón, la exultación por el encuentro con Dios, la magnanimidad en los acontecimientos, la bondad hacia todos y, en general, la bondad, la unión y la θεωρία zeoría contemplación y la luz del nus (espíritu del corazón de la psique), la incesante y cálida potencia y energía de la oración, y en una palabra, la despreocupación por las cosas temporales con la memoria de las eternas. ¡Cuán maravillosas son tus obras, Señor! (Sal 103,24). Verdaderamente, la ciudad de Dios ha sido proclamada gloriosa, (Sal 86,3), es decir, el corazón fiel.
  2. Si has escuchado y comprendido la gran voluntad de nuestro Dios durante la incomprensible complacencia de la sobrenatural filantropía del Padre, que mensajero de ella se hizo y la trajo Jesús (Isaías 9, 6) desde una excelencia, que supera toda noción de santidad, bondad y amor hacia el género humano, con la cual voluntad convergen todos los logos de los visibles en un logos concisa, el cual Dios prometió darnos (Isaías 10, 23), entonces nunca dejarás de sorprenderte y tener alegría y paz duraderas.
  3. Si llegas a conocer y comprender el propósito de la divina grandeza que tiene para nosotros, y lo que sucede entre nosotros y Dios como consecuencia de ese propósito, entonces comprenderás lo que Dios quiere para nosotros y hacia dónde se dirigen nuestros asuntos, y cuánto nos falta en lo que es apropiado. Esto, ciertamente, se convertiría en una obra de una grata tristeza, unida a una humildad completa y verdadera.

Sobre θεωρία zeoría contemplación (34-37)

  1. Aquel que estudia acercándose con visiones espirituales de nus todo lo que abarca la agapi-amor de Dios, indudablemente encontrará que en su psique-alma emergen los tres elementos sobre los cuales todas las Escrituras y libros hablan con entusiasmo para convencer a las personas de adquirirlos de cualquier manera: me refiero a la fe, la esperanza y la agapi (amor desinteresado, incondicional), el fin o más bien, el fundamento de todas las virtudes prácticas y contemplativas. Esta es verdaderamente nuestra sagrada tríada interna, mediante la cual nos unimos a la Santa Trinidad, acercándonos a Ella como lo hacen los ángeles.
  2. El nus (espíritu de la psique) saludable generalmente considera tres órdenes trinitarios de misterios alrededor de Dios: personal, físico y consecuente al físico. La primera tríada se revela en el nus o corazón principalmente a través de las Escrituras sagradas. La física se manifiesta también a través de la comprensión de los seres. La otra que sigue a la física se deduce también de la verdad lógica. Cuando el nus (espíritu del corazón de la psique) entra en la primera tríada, o más bien, para expresarlo más precisamente, cuando la contempla, encuentra al Inaccesible, pero no de manera simple. En la segunda, encuentra alegría en la sabiduría, unida a la sorpresa. Y cuando pasa a la tercera tríada, entonces penetra verdaderamente en el γνόφος gnofos (luz deslumbrante que supera a toda luz) donde está Dios. Entonces se vuelve completamente simple, ilimitado e indefinido, en una condición sin forma, sin figura. Cuando, finalmente, considera y contempla con estas tres tríadas, o más bien, cuando ve con ellas también una otra, de alguna manera una décima en orden, aquella donde habitó toda la plenitud de la Deidad corporalmente (Col 2, 9), como dicen los predicadores de la verdad, entonces ve realmente, dentro de la perfección y el fin de la gracia contemplativa, la paz que sobrepasa todo nus y entendimiento (Fil 4, 7).
  3. Y dividiendo de nuevo de la misma manera, la mente considera y el nus contempla de manera misteriosa tres disposiciones de jaris gracia espiritual en la donación de Cristo que emana paz: por encima del mundo, alrededor del mundo y dentro de sí mismo. En esta mónada o unidad trinitaria, o década de alguna manera, o la perfección de la zeoría contemplación, los dardos de la divina agapi-amor actúan en la psique-alma con jaris gracia beneficiosa, y el nus con la mente se sumerge en los misterios relacionados con él, se ilumina por ellos y se regocija y se alegra. Y él mismo, por supuesto, con la energía increada del Espíritu, dirige hacia Dios la fuerza amorosa de la psique-alma y la impulsa tanto como sea posible hacia el έρως eros divino (amor ardiente), y de esto comienza a amar a Dios muy naturalmente, y se eleva y progresa en ese amor y se dedica, ve y se esfuerza a sí mismo más en los mandamientos tanto como puede. Y se apresura con todos los medios con la ayuda de la jaris gracia increada para, de manera lícita, ensanchar y, si es necesario, perfeccionar dentro de sí la agapi-amor divina. Entonces, Dios y el nus se convierten de manera paradójica y asombrosa en un espíritu, ya que Dios está espiritualmente dentro del nus (espíritu de la psique) por aceptación, y el nus dentro de Dios por imposición. Y ve claramente lo que dice Pablo: “El que se une al Señor se hace un espíritu con Él” (1Cor 6, 17). Entonces, Dios se convierte para el nus en una luz brillante y amorosa, y el nus se regocija, deleita y admira la presencia de Dios y se alegra por el resplandor unificado de la luz trinitaria; y, como es natural, se pacifica y descansa en Cristo lleno de asombro y admiración.
  4. El nus con el intelecto contemplativo dice, -o entiende, o incluso ve, si lo prefieres-, cinco razones que se refieren generalmente a los logos del humanizado o encarnado Jesús, es decir, el logos de la doxa-gloria, la agapi-amor, la jaris gracia, la paz y el descanso. El logos de la doxa-gloria lo contempla desde la creación de las cosas, visibles e invisibles, porque todo fue hecho por él y sin él no se hizo nada de todo lo creado, (Juan 1, 3), ya sean los siglos y las edades eternas, es decir, el mundo celestial, o mucho más aquello que se hizo y sucedió en el tiempo. Y lo más grande de esto es que el Logos tiene la misma naturaleza y es coeterno con Dios Padre y con el Espíritu, ya que es la imagen/icona del Dios invisible (Col 1, 15) y el resplandor de su doxa-gloria increada (Heb 1, 3), teniendo por naturaleza todo lo que tiene el Padre (Jn 16, 15). Por esto, Él está en el Padre y el Padre está en Él (Juan 14, 10). El logos de la agapi-amor proviene del hecho de que el Logos increado se encarnó y habitó entre nosotros (Jn 1, 14). El logos de la jaris gracia energía increada proviene de la abundante efusión y donación a nosotros del Espíritu vivificante, porque todos hemos recibido de su plenitud y jaris gracia sobre jaris gracia (Juan 1, 16). El logos de la paz proviene de que el Logos se convirtió en el mensajero de la divina paz, llevando Su mensaje tanto a los que estaban cerca como a los lejanos (Efes 2, 17), realizando la paz (Efes 2, 15) y reconciliando lo terrenal con lo celestial (Col 1, 20); por eso, el Padre nos resucitó con Cristo y nos hizo sentar con Él en los lugares celestiales (Efesios 2, 6). Y, finalmente, el del descanso proviene, de que a través de Cristo, nos convertimos en herederos irrevocables de Dios, de quien no hay nada más significativo e importante, ni siquiera igual, porque supera con creces toda comparación. Luego, de estos cinco logos se guía espiritualmente y verdaderamente y ve en la Trinidad unida en una, tres logos unidos que resultan en un magnífico propósito secreto. Y así, con agapi-amor incondicional, autodisciplina, vigilancia, lectura y oración, con una actitud y conducta humilde y subordinada, y la virtud práctica, en la medida de lo posible, avanza de manera adecuada hacia las revelaciones contemplativas de Dios y las ideas nociones, divinas o conceptos divinos, y vive solo con Dios sin relajarse en absoluto de la atención debida y el temor necesario. Así disfruta de manera inexpresable los muchos y espléndidos dones del Espíritu, con divino amor y alegría y gozo cordial, y una paz sobrenatural y el resto de los verdaderos bienes (Gálatas 5, 22), y se convierte en el templo de Dios y en un nuevo heredero y, con una palabra o un logos, se convierte en posición dios por χάρις jaris gracia, la energía increada.

“Dios dijo a Abraham: Multiplicaré en gran medida tu simiente o esperma, etc.” (38)

  1. Después de esto, cuando yo miro al θεάνθρωπο zeánzropo Dios-Hombre Señor con una mirada pacífica de la psique-alma, llena de la vida y la iluminadora fuerza del Espíritu, y estudio esos cinco logos que mencioné, veo claramente que lo prometido se ha cumplido por el Logos encarnado, cuando Él antiguamente prometió a Abraham diciendo: “Multiplicaré en gran medida tu descendencia o esperma, como las estrellas del cielo y la arena en la orilla del mar” (Gén 22, 17). Cuando el venerable Pablo menciona el versículo: “En tu simiente o esperma serán benditas todas las naciones” (Gén 22,18; Gál 3,16), lleva la noción de la simiente o esperma a Jesús. Así, es muy razonable afirmar que la simiente de Abraham, que se multiplicó de esta manera, es el Señor Jesús, quien solo está lleno en exceso, debido a la unión y la energía increada de la deidad o divinidad, y es infinito en cuanto a su grandeza, inescrutable en cuanto a la multitud, y verdaderamente multitudinario como Dios de las jaris gracias (energías increadas), como las estrellas del cielo y la arena en la orilla del mar; proviene de la generación de Abraham y desciende de él de manera explícita y categórica. No es lógico suponer que este logos de Dios se refiera a Ismael, ya que él no era hijo de una madre libre (Gén 16,1, etc.) y Dios dijo a Abraham que su descendencia vendría de Isaac (Gén 21,12; Hebreos 11, 18); tampoco se refiere a Israel, ya que el número de sus descendientes no alcanzó tal magnitud como para que Dios dijera que serían como toda la población de la tierra. Solo el Señor y Cristo tienen tal multitud, Quien ha sido concebido de la simiente o esperma de Abraham y se ha unido con el Logos de Dios, y es una persona, hombre y Dios, y de Quien solo la paz es ilimitada (Is 9,7), Sus juicios y decisiones justas son inescrutables, (Sal 35,7) y Sus caminos son inexplorables (Rom 11, 33), y Su poder y sabiduría, y todas Sus divinas cualidades son infinitamente infinitas. En el rostro de Cristo, las naciones que entonces no existían fueron bendecidas de manera inesperada y se cumplió claramente la tan grande multitud con todas las cualidades que hemos mencionado.

Además, no era necesario ni conveniente para Dios mostrar favor al patriarca y prometerle una descendencia de naciones a través de su simiente o esperma. La satisfacción de tales cosas ciertamente conviene a los incrédulos, a los no cultivados y a los incultos; mientras que para una persona como Abraham, con excelentes principios, virtudes y amado por Dios, en la medida en que era el patriarca, era apropiado que encontrara satisfacción con todo su ser y se regocijara por la gnosis (conocimiento) y la zeoría contemplación de Dios, recibiendo de ellas una multitud de pensamientos y conceptos divinos, contemplaciones e iluminaciones, multiplicándose así de manera divina vaya creciendo ante Dios. En este sentido, Moisés también se convierte en un suplicante confiable para ver y conocer al Dios que se le reveló (Éxodo 33, 13, etc.). Y después de verlo, en la medida en que era justo verlo, se volvió tan grande y adquirió tanto conocimiento divino que nadie puede expresar.

En cuanto a Salomón, Dios le dio abundancia y multitud de sabiduría y gnosis-conocimiento en la medida en que la arena que está en el borde del mar, por lo que se multiplicó más que todos sus contemporáneos (3 Reyes 2, 35a-b). Quien reflexione comprenderá fácilmente en qué medida Dios multiplica a un ser humano o la descendencia de un ser humano dedicado a Él. Porque a Dios no le complace simplemente la multitud de personas, sino que se complace en la sabiduría y el conocimiento espiritual de la psique-alma y en las  otras innumerables virtudes divinas. Todas estas cosas las poseía abundantemente el Señor Jesús Cristo, la semilla o esperma de Abraham, en quien la plenitud de la Deidad habitó corporalmente (Col 2, 9), lo que supera infinitamente cualquier noción de multitud. De Él proviene cada ser y toda multitud, junto con los tesoros de conocimiento y sabiduría que están ocultos en Cristo (Col 2, 3). Y esto es verdaderamente un regalo divino y excelente, que Dios prometió de manera adecuadamente a Su distinguido amigo, el Abraham. Observa ahora la población de Jesús Cristo, divina e infinita, por los cinco logos y razones que mencioné anteriormente.

Primero, se revelan por Su doxa-gloria los gloriosos atributos de Su naturaleza divina, que Él posee por naturaleza como Dios verdadero, infinitos en su grandeza, como dicen los Padres que teologizan sobre ellos, e inescrutables en su multitud.

Luego, los atributos genuinos relacionados con la relación de filiación con el Padre y Su consustancialidad con Él, y los que provienen de Su unión con el Espíritu y la distribución de las donaciones, en las cuales participan innumerables seres humanos, quizás toda la οικουμένη icumeni tierra habitada, sin disminuir. Y entre ellos, también los atributos de la economía encarnada, los inefables e innumerables. Todo esto, para hablar brevemente, lo que proviene de Su doxa-gloria increada, lo que proviene de Su agapi-amor, de la jaris gracia, de la paz y de nuestro descanso en Él, si alguien lo observa en la medida de lo posible, verá cuánto más que las estrellas del cielo y la arena que está en el borde del mar, Jesús Cristo, la semilla de Abraham, se ha multiplicado secretamente. Y alabará, glorificando apropiadamente la promesa tan grande y sublime, la admirable y misteriosa y única digna de Dios que es la fuente de las jaris gracias y favores, que Dios cumplió en Su más distinguido de todos y fiel amigo, -el Cristo-, para el bienestar general del género humano y especialmente de los fieles. Doxa-Gloria a Aquel que se complació en convertirse así la población. Amén.

Alaba, psique-alma mía, al Señor (39)

  1. Alaba, psique-alma mía, al Señor, desde los cielos del cielo, Cuya esencia es luz increada; alábalo en las alturas celestiales, entre todos Sus ángeles y las potencias celestiales (Sal 145, 1-2). Tanto Su δύναμη dinami (poder, potencia y energía increada) como Su σοφία sofía sabiduría son dignas de alabanza, y bendito es Su santo nombre.

Alaba al Señor tomando como motivo las aguas que están por encima del firmamento y la luz que está por encima de ellas; desde el firmamento del cielo y su orden y su maravillosa rotación; desde el éter que todo lo quema; desde el resplandor y la belleza del sol, de la luna y las estrellas y de sus diferencias, la posición, el movimiento y el estado ígneo sin sustancia y su existencia, que es algo temiblemente maravilloso; desde la luz del día y su cambio durante su prolongación, con el cual todo el mundo es gobernado sabiamente y justamente.

Alaba, psique-alma mía, al Señor desde la composición de los cuatro grandes elementos del universo, es decir, el agua, el fuego, el aire y la tierra, que permanecen en una paz admirable y estabilidad maravillosa a pesar de que son opuestos entre sí e incompatibles.

Desde el impulso y la diferencia de las aves y la providencia para la vida y su preservación. Desde el mar y su poderosa fuerza, que se contiene con la arena, una fortaleza tan frágil, y desde todas las criaturas marinas, que son infinitas y tienen innumerables diferencias entre ellas en apariencia, tamaño, propiedades, vida y lugares de residencia, costumbres, habilidades y acciones.

Alaba nuevamente con paz, asombro y admiración al Señor que desde mar viene cada tipo de cosecha rápida desde de lo necesario para la vida humana.

Alaba con alegría al Señor desde la tierra y las innumerables criaturas que se mueven o reptan sobre ella y tienen diversas y numerosas diferencias entre ellas. Y ciertamente también de los árboles que crecen en ella, ya sean fructíferos o estériles, con diferencias asombrosas incluso entre los árboles del mismo género, y de las plantas cultivadas, los granos, las legumbres y todo lo que sirve para el aroma, el calor, el frío, la humedad, la sequedad, que difieren excesivamente de mil maneras. Y de las aguas multiformes y variadas, las lluvias, las nieves, el granizo, y de los truenos y los relámpagos.

Por tanto, de estas cosas y similares alaba y bendice, psique-alma mía, al Señor por Su δύναμη dinami (poder, potencia y energía increada) incomprensible, por Su sabiduría indescriptible y por Su doxa-gloria inefable e increada, y, sobre todo, porque de un Creador como Él, todas las cosas visibles fueron hechas para ti por la inefable e increada agapi-amor que tiene por ti, para que vivas en estas esplendideces y glorias divinas como es apropiado para tu naturaleza y tu lógica, y consideres y contemples la doxa-gloria, la sabiduría y el poder de tu Demiurgo-Creador que tanto te ama, que incluso entregó a Su Hijo unigénito por gracia y favor nuestro (Juan 3, 16), que se convirtió en hombre de una manera extraordinaria y maravillosa, que supera la comprensión humana.

Acerca de la θεωρία contemplación (40-41)

  1. ¿Qué pensó, por decirlo así, la suprema autoridad de Tu poder, Soberano sublime, y qué deseaste, si puedo decirlo, Oh Rey excelso, y qué anhelaste con un placer incomprensible, Oh Dios sumamente bueno, y qué hiciste por un agapi sin fin (amor increado), Señor Pantocrátor-Todopoderoso, con la providencia inefable de Tu bondad para nosotros, Oh Glorioso? ¡Doxa-Gloria a la bondad infinita que has mostrado sin restricciones para con nosotros, con una sabiduría providencial y un poder o fuerza sin límites, Tú que esencialmente no te mueves hacia afuera en nada! Permíteme decir, junto con el santo David: “¡Cuán grandiosas son tus obras, Señor, y cuán incomprensible es la profundidad de Tus pensamientos!” (Salmo 91, 6). Porque veo con el ojo espiritual y verdaderamente con la fuerza del Espíritu también que sea llena de doxa-gloria (luz increada) la casa del Señor (Isaías 6,1). Y al ver así, veo también mi propio ser dentro de la casa del Señor, lleno de doxa-gloria (luz increada) y jaris-gracia (energía increada), en un descanso inefable y una paz eterna e inexpresable. Y justamente me maravillo y me siento herido por las flechas de la divina agapi (amor incondicional e increado), y me quemo con un fuego amoroso en medio de una alegría espiritual, en gozo celestial, deleite y regocijo; y mi corazón, por la donación de la χάρις jaris gracia divina, está lleno de una luz sagrada cuya antorcha inextinguible es el Espíritu, si se permite expresarlo de esa manera. Y así, me introduzco en los logos de los seres, (las causas y misterios de todas las cosas), unidos en un logos místico, y veo que todas las Escrituras convergen hacia ese logos. Y se me apocaliptan-revelan muchos misterios que se refieren a ese único Logos y que se manifiestan a través de Él a aquellos que ven (con el ojo espiritual) verdadera y espiritualmente, que es el nus catartizado purgado e iluminado. Este logos es la gran voluntad de Dios, que vio David y cantó: “La voluntad del Señor siempre es fuerte y firme. Y los sabios planes de Su divina voluntad se realizan de generación en generación”, (Sal 32, 11). Porque nadie puede anular la voluntad del Señor (Isaías 14, 26-27). Esta voluntad se ve o se transmite no a través del aprendizaje, sino a través de la jaris gracia en-hipostasiada (substanciada), que ilumina el nus con la mente para comprender la verdad y le prepara para ver, contemplar las cosas sobrenaturales. “¿Quién conoce, Señor, el poder o fuerza de tu ira? ¿Y quién puede medir tu enojo a partir de Tu miedo?” (Sal 89, 11), dijo la Sagrada Escritura. Pero la sabiduría espiritual dentro de mí dice: “¿Quién conoce la dinami (poder, potencia y energía) de Tu agapi-amor y quién podrá medir Tu έρως eros (amor ardiente) a partir de tus obras activas?” “¡Maravillosas son Tus obras, Señor! Mi psique-alma está llena de gnosis espiritual (conocimiento increado) de ellas. Mi admiración es movida por la gnosis de Tu έρως eros (Sal 138, 14 y 6). ¿Quién puede contemplarla en su totalidad? No solo su cualidad se extiende al infinito del infinito, sino que con variedad inconcebible también avanza aquí y allá con sabiduría ilimitada y dinami análoga, ¡oh Señor inefable! Eres mónada, una unidad en naturaleza, potencia y energía, Tríada en Hipostasis (Subsistencias o Personas) y propiedades o cualidades personales. Bendito seas, Tú que nos bendijiste con toda bendición espiritual (Ef 1, 3) en la persona de Jesús Cristo y nos resucitaste con Cristo y nos hiciste sentarnos con Él en los lugares celestiales (Efes 2, 6) por encima de todo principado, autoridad, poder, señorío y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero (Ef 1, 21), y nos hiciste coherederos con Cristo (Rom 8, 17) y herederos Tuyos, de la Trinidad, del Dios Uno. Has dado admirablemente a nuestra autoridad todo lo celestial y terrenal en el nombre de Jesús Cristo, a través del cual fuimos justificados por Su logos sustancial y por la dinami (potencia y energía) de la jaris gracia increada. ¡Oh, la sobreabundancia de la divina agapi y del maravilloso ερως eros (amor ardiente) Tuyo, para que realmente lleguemos a ser partícipes de la donación de Dios, la Trinidad y del Dios Logos (increado)! Verdaderamente eres glorioso, Señor, que nos has transmitido incomprensiblemente tu doxa-gloria natural. Eres verdaderamente inefable e incomprensible para nosotros en lo que haces, y Tu έρως eros es demasiado impenetrable, oh Señor, por nosotros.
  2. Dichoso y bienaventurado es el hombre cuya percepción mental florece de la correcta ησυχία hisijía (paz cordial, serenidad mental y armonía de la psique tranquila) y, por así decirlo, vuelve a su verdadero ser y vive con la inspiración y el fortalecimiento del Espíritu. Esto, por la χάρις jaris (gracia increada) de Dios, es el fruto de una διάνοια diania (cerebro, mente, intelecto) sana que eleva las disposiciones de la psique-alma y, al mismo tiempo, moviliza al nus (espíritu de la psique) y transforma o altera fácilmente el corazón, mientras que la diania vuela hacia las cosas divinas. Lograr esto, o sea, volverse a sí mismo, sin la divina ησυχία hisijía científica (paz cordial, serenidad mental y armonía de la psique tranquila) y la pureza del nus con la jaris de Dios es más imposible que nadar en el aire. Junto con esto, es posible y beneficioso recordar a Dios y contemplarlo. Sin la percepción espiritual, la memoria de Dios es más bien un olvido de Dios, y la zeoría contemplación y la gnosis (conocimiento) de Él son más bien ignorancia e invisibilidad de Dios.

Aquel que, por la jaris (gracia, energía increada) de Dios, ha encontrado esta percepción divina, puede decirse que ha encontrado a Dios. No necesita palabras, ya que elige estar cerca de Dios y adorarlo. Elige el silencio, o más bien, se calla y permanece en silencio sin quererlo. En su interior reside un espíritu divino; la agapi- amor, la paz y la alegría espiritual brotan de él. Vive una vida diferente a la común y corriente. Se regocija y deleita debido a Dios, y los ojos espirituales ven una luz espiritual (e increada). En su corazón arde un fuego. La sencillez, la imperturbabilidad, la infinitud, la ilimitación, lo sin principio y la eternidad coexisten en él con asombro. Lágrimas constantes fluyen de sus ojos, y aún brota de su corazón un manantial de agua espiritual. Se une de manera única e integral a las realidades invisibles y espirituales, está rodeado por el resplandor del Uno, y la alegría  y el gozo que siente es sobrenatural, se entusiasma, se regocija, se alegra, admira y se asombra con el cambio que lo ha llevado a Dios. Aquel que ha experimentado esto entenderá y alabará, muy justamente, a Dios supremo, al Altísimo, al sin forma ni cualidad ni tamaño ni cantidad, al simple, al increado, al infinito, al ilimitado, al incomprensible, al inescrutable, al sin comienzo, al incorruptible, al inconcebible, al inexplorable, al sobre-excelente, al todopoderoso, al sumamente bueno y al sumamente hermoso. A Él pertenece la doxa-gloria y la alabanza por los siglos.

Sobre la iluminación divina (42)

  1. Invocando, Señor, a Ti, la Sabiduría, dijiste a aquellos que son pobres de nus (espíritu): “Venid, comed de mi pan y bebed el vino que he preparado para vosotros” (Prov 9, 4-5). Entonces, al creer en Tu inagotable filantropía, vengo, Señor, yo, verdaderamente pobre en el nus-espíritu, porque fallo en todo lo que hago. Te ruego, -mi súplica persiste en mí-, concédeme gratis, oh Dios misericordioso, alimento espiritual y bebida Tu Espíritu, que indudablemente es también luz (increada). Por eso, también los Tuyos dicen que aquellos que tienen el Espíritu llevan o se visten de luz (increada). Y cuando la luz brille dentro de mí de manera inefable, sentiré verdaderamente que Tú eres mi vestimenta, Tú eres mi vida santa y bienaventurada. Porque aquellos que llevan la luz, como dicen los Tuyos, oh Cristo, están vestidos de Ti (Gálatas 3, 27), el resplandor de la doxa-gloria (luz increada) del Padre (Hebreos 1, 3), la verdadera y eterna vida. Y ellos, según Tus Santos, también están vestidos del Padre. Así se convierten en claras y brillantes residencias y templos de la venerada Deidad triluz (tres luces en una); salen de lo visible, dejan de ocuparse de lo conceptual y material y descansan espiritualmente en Ti, la supra-divina Deidad trina y luminosa.

De dónde nace el divino έρως eros en la psique-alma (43)

  1. El divino έρως eros nace en el psique-alma con la obediencia a los mandamientos y a los dogmas divinos, y con el avivamiento o despertar espiritual que provoca el Espíritu vivificador en el corazón, y crece como una llama. Este έρως eros es como una psique-alma de pura, eterna y constante oración divina y la movimiento, la energía, la unidad y la sinopsis de ella, el éxtasis y la acción, y el verdadero disfrute de la luminosidad; el camino recto e inequívoco de la unión perfecta y sobrenatural con Dios y el inicio indiscutible de la iluminación substanciada espiritual del nus, según los Padres, que es el regalo de la θέωσις zéosis, el compromiso de la futura herencia de los Santos, la prenda de la doxa-gloria de Cristo, la vestidura celestial de la alegría ultra-terrena, el sello sagrado de la adopción y, en pocas palabras, el esplendor que eleva a los participantes ser semejantes a la imagen gloriosa de Cristo (Rom 8, 29) y co-partícipes de Su inefable divinidad, de modo que incluso los llama hermanos Suyos y herederos de Dios, y coherederos con Suyos, como realmente es, algo verdaderamente maravilloso. Por esto, pues, bienaventurado y dichoso es aquel que, con el cuidado adecuado de lo que hemos mencionado, ha adquirido el έρως eros (amor ardiente) inexpresable de Dios y está dedicado a la santa oración y a la vida hisijasta en paz y tranquilidad en Dios. Él realmente estará unido a Dios y sufrirá la supra-genial transformación divina, contemplando, viviendo y considerando ya desde ahora la alegría y el gozo los sufrimientos por Cristo y deseando con toda su psique-alma y su ser cumplir Sus mandamientos-logos (Salmo 111, 1). A Él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  2. De cualquier θεωρία zeoría contemplación, incluso la de los Querubines, Dios es infinitas veces infinitamente superior por naturaleza. Sin embargo, el έρως eros (amor ardiente) que proviene de una bondad infinita ciertamente se contempla. De este έρως eros surgieron, evidentemente de manera amorosa, las cosas visibles y las invisibles, que de todas formas fueron creadas para las comprensibles e inteligibles o espirituales. Por eso, en primer lugar, el έρως eros divino se revela rodeando las inteligibles comprensibles espirituales, es decir, los ángeles y las psique-almas, como más cercanos a Dios y más familiares. Porque es propio de la Divinidad tener más cercanas a las naturalezas espirituales e inteligibles, que Dios crea amorosamente y con la debida, podríamos decir, magnanimidad, también las demás creaciones, las sensibles. Por lo tanto, también pueden y muy brillantemente contemplar de alguna manera el έρως eros de Dios completamente invisible, es decir, a través de las cosas visibles, como si fueran tronos de Él, considerar el έρως eros como inteligible y sobrenatural.

Porqué entre el amante de Dios y el amante humano se manifiestan muchos acontecimientos que proclaman con gran elocuencia y desde muchos puntos el divino έρως eros, especialmente cuando en corazón iluminado el nus (espíritu de la psique) adquiere inmovilidad y fuerza para ver, recibiendo la energía espiritual, y luego iluminando como una antorcha, cuando la psique-alma recibe por la χάρις jaris (gracia, energía increada) el compromiso de la vida espiritual en el corazón con una delicada energía noerá espiritual (del nus). Entonces ya en la iluminación divina y sobrenaturalmente la psique-alma comienza inconfundiblemente y con seguridad a ver los regalos del Amante, por así decirlo, y se siente atraída por ellos en recordándolo y desear tanto como sea posible sin cesar evocando estos divinos regalos. Por estos imagina a continuación la cara del Amante felizmente sorprendida con exceso, quedando como paralizada por el divino έρως eros, dejando completamente atrás la sensación y comprensión de cualquier otra cosa, y se sorprende y no sabe qué sucederá debido a la exageración de la θεωρία zeoría contemplación. Y viviendo así estas cosas, salta y se regocija y no se preocupa por el cuerpo. Y luego, de alguna manera, ella también sube a amar a Dios y llega feliz a un fuego amoroso, llenándose de los misterios de Dios y teniendo en su corazón la energía increada del vivificante Espíritu Santo. Y entonces, de manera maravillosa, se forma un círculo sagrado y excepcionalmente dulce de la agapi-amor de este divino έρως eros, que proviene del conocimiento y revelación de las criaturas o creaciones, y este círculo muestra resplandecientemente a Dios como nuestro amante, elevándonos a nosotros también, a su vez, a los έρως eros (amores ardientes) de Dios, en los cuales nosotros también nos enamoramos de Dios, de modo que comienza de Dios y termina en Dios. Así que, por supuesto, llegamos a la semejanza de la divina icona/imagen con el dulce sentimiento o emoción y disfrute del divino έρως eros, y nos volvemos bondadosos con sabiduría, es decir, prácticos con θεωρία zeoría contemplación, amantes de Dios y amados por Dios, experimentando los misterios de la divina y vivificante unión y éxtasis y, en una palabra, las bienaventuradas experiencias del conocimiento de la eterna luz increada, por la χάρις jaris de Cristo, nuestro Señor.

El miedo que contiene la αγάπη agapi (45)

  1. Ustedes que se elevan en ágapes-amores de Dios y en descansos espirituales de secretos ερως eros (amores ardientes) y disfrutan con conciencia de este divino cáliz y se regocijan y se alegran de manera indescriptible, descansando en profunda paz, tengan miedo incluso, y teniendo cuidado a Dios, orar y humillarse de todas las maneras, escuchando al santísimo David que clama abiertamente a Dios: “Tú eres mi refugio y consuelo en los momentos de tristeza que me abruman. Eres la fuente de mi alegría y felicidad; protégeme de las tentaciones y peligros que me rodean”(Salmo 31, 7), y que enseña con grandeza, o más bien inspirado por el Espíritu Santo: ´”Servid al Señor con temor, para probar en vuestros corazones la alegría que lleva la piedad hacia Dios y el temor que trae consigo, no sea que lo enfurezcan con algún pecado vuestro” (Salmo 2, 11).

También vean a Pablo, el utensilio de elección (Hechos 9, 15), que fue llevado al tercer cielo y entró en el sagrado paraíso y escuchó los secretos, que no se permite a un hombre hablar (2 Cor 12, 2-4), después de estas grandezas teme que, habiendo predicado a otros, él mismo aparezca digno de desaprobación (1Cor 9, 27). Y si el divino maestro del mundo, David, dice: “Los que amáis al Señor, odiad el mal y las maldades” (Salmo 96, 10), enseña exactamente esto, que aquellos que aman al Señor deben temer. Es decir, como David veía que incluso después de la agapi-amor a Dios, la maldad intenta oponerse y de alguna manera mezclarse con la psique-alma, ordena muy razonable y apropiadamente que aquellos que aman al Señor y llegan a esta condición, también teman e incluso odien la maldad. Y si se les enseña a odiarla, entonces también deben temerla; porque Dios si no fuera digno de temor, no ordenaría el Profeta imperativamente que la odien, aquellos que aman a Cristo.

Por supuesto, es un estado elevado y divino y verdaderamente encantador sentir alegría, deleite y regocijo cerca de Dios al ver misterios sobrenaturales, sin embargo, la psique-alma está sujeta a metábole cambio y está muy cerca de la materia terrenal y del cuerpo que la contiene, tal vez para estar un poco temerosa en la lucha constante de no inclinarse nunca hacia el cuerpo. Y está vinculada maravillosamente con él y de alguna manera está de acuerdo con él queriendo o no queriendo, y co-padece y se ha alterado en algunas cosas por su naturaleza, por lo que se podría decir que no tiene poder. Y el cuerpo es un adversario inmutable para la psique-alma y le da muchos motivos y oportunidades que la empujan a resbalones. Por lo tanto, tiene gran necedad de anhelo, atención y oración por el miedo que surge. La psique-alma que se eleva hacia Dios tiene una gran necesidad de temor y temblor. Y cuánta necesidad tiene de atención y oración dejo que los oyentes más reflexivos lo piensen y lo disciernan. Y esto, por supuesto, mientras ya esté contemplando con la χάρις jaris iluminadora del Espíritu y experimentando en consecuencia las cosas de la divina αγάπη agapi (divino amor incondicional, desinteresado e increado).

Principio del formulario

Si Adán hubiera tenido un temor razonable junto con la exagerada donación de la imitación divina y profética que disfrutaba, no habría sido vencido de manera tan desagradable. Lo mismo también con Sansón, que nació de una promesa divina, y el portador de Dios, David, y muchos otros, entre ellos Salomón, el maravilloso en todo. Entonces, si personas así necesitaran temor, atención y anhelo junto con la oración, ¿qué debemos pensar de aquellos que aún no han recibido la donación y la energía sobrenatural e increada del Espíritu? ¿Quiénes aún no han ascendido a las ágapes-amores extáticos divinos y a las, digamos, bacanales de la belleza visible de Dios? ¿Cuánto miedo necesitan y cuánto temor, cuidado justo y oración en el nombre de Jesús Cristo, ininterrumpidamente y con un espíritu humilde?

La agapi-amor es de tres tipos (46)

  1. La experiencia sabe que el principio de la agapi-amor es triple, y según tres tipos son sus primeros, y ciertamente sus logos son de tres tipos. Existe la agapi-amor sensual, es decir, de los sentidos, hacia algunas cosas sensibles. Se trata de un apetito o deseo apasionado de algo deseado; por eso, muchas veces incluso los animales aman. Existe otra agapi-amor, un afecto lógico de la psique-alma hacia algo que se considera bueno, con el propósito de lograr el bien. Y la tercera agapi-amor es ciertamente espiritual, pero es del Espíritu vivificante. Es un encanto sobrenatural que impulsa el bien involuntariamente en el corazón y arde y actúa con la θεωρία zeoría contemplación de la Suma Bondad, es decir, de Dios. Porque así como Dios no se considera y contempla por la voluntad de la psique-alma hermoso e infinitas veces más hermoso que todo, sino por Su propia naturaleza, de manera similar también el divino έρως eros (amor ardiente) no se enciende por la voluntad del hombre, porque es una energía increada natural en perpetuum móbile (movimiento perpetuo) del Espíritu vivificante que actúa u opera en el corazón y está tan lejos de moverse por la voluntad de la psique-alma, de manera que suceda lo contrario, es decir, más bien esta energía increada desde su naturaleza mueve la voluntad. Por eso también se llama paráclisis súplica divina, porque por un lado es la energía increada de Dios sobre la psique-alma con inspiración e infusión del Espíritu, y por otro lado es la relación de la psique-alma vivificante con Dios, la única maravillosa unión y simpatía, que atrae y encanta todo el nus con la mente junto con todas las facultades y fuerzas de la psique-alma con todo su impulso hacia la unión con la divina belleza, junto con el deseo espiritual del bien. Por eso no se llama paráclisis súplica nada de lo anterior; ni el deseo de algo sensible deseado, ni la inclinación hacia algo bueno. Pero solo se llama súplica la agapi (amor incondicional y desinteresado) por la θεωρία zeoría contemplación del bien espiritual, que se mueve como deseo con la energía increada del Espíritu Santo con conciencia y sentimiento a través del corazón. Y el Espíritu Santo se llama Paráclitos (Suplicante), cuya energía es esta, que es realmente agapi, y cuyas representaciones son las otras dos ágapes-amores. O más bien, una, es decir, la agapi-amor de la psique-alma, que busca con la reflexión y el pensamiento el bien por el bien, es una representación justificada de la divina y espiritual agapi, mientras que la otra agapi-amor, la sensual, es una representación de la psíquica o emocional. Por lo tanto, apenas se conoce algo de la agapi, la dulce disposición y la súplica, y se tiene un completo desconocimiento de la agapi antes de recibir en su corazón perpetuamente y evidentemente la energía increada de la fuerza vivificante del Espíritu. Porque el λογισμός loyismós (pensamiento simple o unido con la fantasía o reflexión) no puede, de todos modos, mover desde dentro la sede de las facultades y fuerzas psíquicas, es decir, el corazón, sino desde fuera; mucho menos puede moverlo la sensación, percepción o sentido. Por eso, con estas últimas solo se ama superficial y aparentemente cualquier cosa.

Sin embargo, la energía increada del santo y vivificador Espíritu, cuando ocupa desde dentro la casa completa de la psique-alma desde sus profundidades y luego mueve con su encanto, como dije, todas las facultades, energías y fuerzas de la psique-alma hacia la θεωρία zeoría contemplación del Sumo Bien, agarra completamente la psique-alma hacia la divina belleza con un agapi-amor esencial y una fascinación sobrenatural.

Por lo tanto, solo aquel que es movido por Dios y tiene dentro de él las energías y acciones divinas como las que describimos, solo él aprendió con certeza, en el misterioso abismo de su psique-alma, lo qué es la agapi esencial y cuál es su disfrute. Y que ningún ser humano puede amar verdaderamente nada de entre las miríadas de cosas, ni siquiera a Dios mismo, antes de convertirse en partícipe del Espíritu vivificante, aunque ame tanto como pueda; pero tampoco conoce exactamente qué es la agapi-amor y qué inefable deleite y placer emana de ella con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo. A Él sea toda gloria, honor y adoración por los siglos. Amén.

El nus de tres maneras asciende hacia θεωρία la zeoría contemplación de Dios (47)

  1. Así como el movimiento del cuerpo necesita algo más, fuera de su orden, me refiero a los ojos, y algo más allá de su propia naturaleza, es decir, la luz, así también el movimiento del νούς nus (espíritu del corazón de la psique) necesita ojos diferentes a su orden y otra luz, más allá de su naturaleza. Por eso, cada movimiento del nus no es adecuado, sino solo aquel que se mueve con los ojos y la luz de la χάρις jaris increada, como dije. Los ojos del nus o de la psique-alma dentro de mí, como creo, son la apertura del corazón; la luz, el mismo Dios que actúa dentro del corazón a través de Su Espíritu. Y así como la luz sensible no guía correctamente al ciego, a menos que sea guiado por alguien que ve, de la misma manera la luz espiritual, Dios, no guía el nus con la mente de aquel que no tiene apertura del corazón, sino solo a través de alguien que la tiene. Pero los ojos sensibles no funcionan, es decir, no ven, sin luz. Tampoco, por lo tanto, la apertura del corazón actúa sin Dios, o más bien, ni siquiera hay posibilidad de que el corazón se abra si Dios no actúa y no se ve dentro y a través de él.

La participación de la visión (48)

  1. Después de la unión espiritual del corazón a través de la χάρις jaris (gracia, energía increada), el nus ve sin engaño ni confusión dentro de la luz espiritual y tiende a alcanzar su objetivo, que es Dios, renunciando por completo la sensación de los sentidos, sin dejarle ninguna impresión o alguna influencia de las fantasías de los sentidos. Nuestra nus es un instrumento divino y recibe en su interior el resplandor inaccesible de la belleza divina. Es, de hecho, un instrumento maravilloso porque se expande según la cantidad del Espíritu Divino que fluye dentro de él, y cuanto más fluye, más crece, en cambio en la afluencia (aflujo) más pequeña, disminuye también. Además, con la afluencia (aflujo) más abundante, se vuelve más fuerte, mientras que con la afluencia más pequeña, es más débil. También, si se derrama mucho en su interior, el instrumento se inclina hacia sí mismo y retiene lo que ha recibido sin derramarse en absoluto. Pero si dentro se vierte poco, no reacciona, se debilita y no puede retener lo que ha recibido. Y cuando recibe mucho, se vuelve más ligero; mientras que se vuelve más pesado y se inclina más hacia abajo cuando está más vacío de lo que puede contener. También retiene más fácilmente lo más abundante que lo menos. Es decir, se comporta al contrario que los instrumentos sensibles, que, entre otras cosas, retienen más fácilmente lo menos que lo más. Por eso creo que Juan, el hijo del trueno (de luz y energías increadas), dijo al principio de su Evangelio: 1:1 Ἐν ἀρχῇ ἦν Λόγος(en arjí in o logos). Junto con el principio era y siempre es el Logos; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es siempre Logos. [1:1 «En el principio junto con y en el espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material existía siempre el Logos increado, como Hijo y Logos de Dios nace siempre de-el Padre como Logos vivo, increado e infinito de Nus perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios; y el Logos era y es siempre Dios, increado, perfecto e infinito, tal como el Padre y el Espíritu Santo; (un Dios tres hipostasis/bases substistenciales o substanciales y una usía-esencia/sustancia y una energía increadas)»] (Juan 1:1); para que con la magnitud del logos expanda junto con el nus también que escucha los logos. Y con la mayor iluminación del objeto, otorgarlo mayor amplitud, y con el volumen de su logos, lo hace sólido, lo unifica y lo convierte apto para elevarse a la θεωρία zeoría contemplación de Dios y poseedor de Su sabiduría suprema. Y cuando Jesús le dice a Ananías acerca de Pablo: “Él es un instrumento escogido por mí” (Hechos 9:15), esto debe entenderse como refiriéndose a la parte espiritual del ser interno del hombre, fue arrebatado y trasportado hasta el tercer cielo, al paraíso y oyó logos inefables e increados que el hombre no puede decir y describir ni le es permitido apocaliptarlos-revelarlos, (2 Cor 12:4).
  2. * El capítulo 49 falta en el texto original

Sobre la θεωρία zeoría contemplación (50)

  1. El νούς nus (espíritu del corazón de la psique) del hombre es como un lugar que recibe el resplandor de la divina revelación. Su cualidad, de la cual hablaré, es maravillosa y opuesta a lo que sucede en el lugar sensible. El lugar sensible, cuanto más extenso es, tanto más recibe. Con el νούς nus, ocurre lo contrario: cuanto más se limita y se contrae, más adecuado se vuelve para recibir las cosas y realidades más grandes. Y cuando recoge y retiene cada movimiento suyo, ya sea lógico, espiritual o intelectual, o cualquier otro, entonces ve lo más grande de todo, a Dios. Lo ve tanto como le permite la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y tanto como la naturaleza material y creada puede ver más allá de la materia y la creación. No ve fantasías vacías, ni criaturas de su propio pensamiento como en un sueño. Pero ve dentro de la luz del corazón que recibe la energía increada de la fuerza inefable del Espíritu divino y sufre la transformación o alteración sobrenatural, de modo que quien la ha recibido duerme y descansa, mientras su corazón está despierto (Cantar de los Cantares 5:2). Y más rápidamente uno puede olvidar que es un ser humano que esta energía es divina y espiritual. Porque en esos momentos, tiene una vida vigorosa, espiritual, continua, ininterrumpida del corazón, que generalmente se sigue de lágrimas tranquilas y espirituales. Esta energía (increada) no solo reconcilia el corazón consigo mismo, sino también con todos los demás seres humanos. De esta energía surge pureza, dulzura, voces suplicantes ininterrumpidas, apertura del corazón, alegría y placer inexpresable. Aquel que ha sido digno de llegar a esto se aleja genuina y no simuladamente de toda sensación, sentimiento o sentido corporal, de toda alegría, riqueza o gloria de las provisionales cosas mundanas.

Esta persona recibe y posee todas estas cosas de manera divina y espiritual en el corazón (esencia) y en el nus (energía), no solo con un pensamiento fino o sutil, sino con certeza, y no se regocija por la luz sensible. Porque, con este desvelo de la percepción y sentimiento, amplía y atenúa la dulce luz real, divina y espiritual. Por eso usa muy poco la luz sensible, tanto para el consuelo del hombre externo. Y todo lo acepta, todo lo soporta (1Cor 13:7), está asegurado en todo, gracias al estado de ánimo lleno de dulzura que siente por la αγάπη agapi (amor incondicional e increado) y la θεωρία zeoría contemplación de Dios. Y no hay nada que lo entristezca, excepto el pecado. Por este lugar, es decir, por el nus con el corazón lleno de agapi divino, David, el gran rey, trabajó mucho y nos enseña su deseo y revela a todos su esfuerzo, diciendo que no dio sueño a sus ojos, ni dejó que sus párpados tuvieran sueño, ni permitió que sus mejillas se relajaran, dice hasta que “encontró un lugar para el Señor” (Salmo 132:4-5); y el sabio Salomón aconseja: “Si el espíritu del gobernante (diablo) se levanta contra ti, no abandones tu lugar” (Eclesiastés 10:4). Y el Salvador, al decir “levantémonos y vámonos de aquí” (Juan 14:31) cuando celebraba la Pascua ceremonial* en el aposento alto (Marcos 14:15), insinuaba este lugar. Por eso creo que Él bienaventuriza y bendice a los “pobres de espíritu” (Mateo 5:3), indicando con la “pobreza de espíritu” la sístole contracción del νούς nus de todo y la desnudez, por así decirlo, y su concentración en sí mismo. Entonces, νούς nus no solo ve el reinado de la realeza increada de Dios, sino que también lo vive, adquiriendo un deleite inmortal y paz.

*El Antiguo Testamento Pascua, que era un ´tipo´ (prefiguración) de la pasión del Señor.

El práctico y el θεωρητικός zeorítico contemplativo (51)

  1. El θεωρητικός zeorítico contemplativo disfruta del deleite de la buena porción en relación con la verdadera zeoría contemplación, practicando en silencio y contemplando a Jesús. El práctico no ha experimentado este deleite, placer y, ignorándolo, se preocupa por muchas cosas, salmodiando, leyendo y fatigando el cuerpo. A veces, incluso acusa de ociosos y negligentes a aquellos que han extendido la parte noerá espiritual del nus de la psique-alma a cosas inteligibles que no aparecen a los sentidos, mientras que ocuparse de ellas es un deleite inexpresable, y contemplarlas es una alegría inefable. El práctico no parece haber considerado y contemplado que el verdadero Logos de Dios, que no necesita nada, le da descanso, porque es todo compasivo y caritativo, y nuestra alegría, nacida de Su zeoría contemplación, aunque Él es perfecto y no necesita que Le hagamos descansar nosotros. Por eso, elogia y acepta a María, que se sentaba a Sus pies, alimentada por la zeoría contemplación de Sus logos y estimulando su nus para entender, la elogia y la acepta; sin embargo, no elogia a Marta, aunque ella se preocupaba por muchas cosas, como narra el Evangelio (Lucas 10:38-42).

Con estas palabras, el Señor no quería aconsejar solo a aquellos, sino a todos los posteriores, no solo para que no acusen de perezosos a aquellos que se ocupan de la zeoría contemplación y se entregan a ella, sino también para que los elogien y se apresuren a imitarlos tanto como puedan.

¿Cómo ven los contemplativos? (52)

  1. Los zeoríticos contemplativos contemplan y consideran la situación de las cosas futuras y de lo que sucederá como si fuera en un espejo y a través de enigmas (1Cor 13, 12). Cuando el espejo refleja algo, lo que muestra no tiene volumen real ni es completamente cero, porque cualquiera que ame la verdad admitirá que lo que aparece en el espejo es una imagen clara de alguna cosa. De la misma manera, los seres y los acontecimientos no tienen base sustancial o existencia diferente a la suya, pero revelan imágenes innegables de cosas reales. Han adquirido el fuerza y energía de hacernos contemplar, considerar y guiar con seguridad hacia la verdad. Por lo tanto, cuando Pablo dice que caminamos por fe y no por vista (2 Corintios 5, 7), no pienses que habla de una fe que se crea solo con el oído y palabras simples. Porque entonces, como dice él mismo: “Ahora conozco parcialmente la verdad, pero entonces tendré perfecta la gnosis, tan perfecta como cuando fui reconocido como apóstol por Dios y me condujo al camino de la σωτηρία redención, sanación y salvación. (1 Cor 13, 12), y “Cuando venga lo perfecto e ilimitado, entonces desaparecerá lo parcial, limitado e imperfecto” (1 Cor 13, 10). Ves que el conocimiento actual nos ayuda a contemplar y considerar cómo será en el futuro, y la única diferencia entre el conocimiento futuro y el que obtenemos ahora es tan grande como la diferencia entre lo perfecto y sencillo de lo imperfecto. Además, aquel que dice que camina por fe y no por vista (2 Cor 5, 7) también dice en otro lugar: “Yo no corro ni lucho sin ton ni son a la aventura, ni peleo como quien da golpes al aire” (1 Cor 9, 26); tenía un conocimiento seguro y verdadero de las futuras realidades y cosas. Y esto no lo dice como inconsistente consigo mismo, -que así no sea; pero parece así porque la fe tiene un doble significado, al igual que la vista. Porque hay una fe que necesita prueba, que se basa solo en palabras, y hay una fe que no necesita en absoluto prueba, pero tiene suficiente persuasión para el creyente a través de algunas pruebas evidentes, y esto se llama fe substanciada (en-hipostasis).

Esto lo entenderás mejor con un ejemplo. Supón que te digo que vi a un tejedor que teje diversos diseños en telas y, con su hilo, puede colocar en la tela animales alados, formas de leones, buitres, caballos, carros, guerras y otras cosas similares. Entonces, si tú no viste esto con tus propios ojos, necesitas fe que se basa solo en palabras para estar de acuerdo. Pero si resulta que no ves al tejedor, sino la tela, entonces, sin que nadie te lo diga, entenderás de inmediato que esto es obra humana, porque no se hizo automáticamente y ningún animal tejió la tela. Entonces, se crea en tu psique-alma otra fe muy diferente a la anterior.

Del mismo modo, sucede con la vista externa. Has visto, por ejemplo, a una persona rubia o morena, alta, normal en todo, en los ojos, en la nariz, en el color de la cara, en los labios y en las demás partes que componen la forma de una persona. Esa es una forma substancial (en hipostasis).

Pero si alguien te describe la forma de ese tejedor que no viste, pero que aceptaste que es ser humano basándote en la tela que viste, ciertamente dirás que ignoras la forma substancial de él, ya que no lo viste con tus propios ojos, pero no negarás que ese tejedor es un ser humano y que tiene una forma substancial humana. Esta es una forma que vemos sin una base substancia o hipostasis específica y que, aunque no hayas visto, sin embargo se acepta sin dudarlo generalmente como si la hubieras visto.

Por lo tanto, para volver a nuestro tema, existe la fe basada en lo que se oye y se crea con un simple logos o palabra, y también existe la fe en base sustancial, en hipostasis con pruebas claras. Del mismo modo, está la forma dentro de algo que se considera como su sujeto, y esta también puede llamarse base substancial o enhipostasiada, y hay una forma que no está dentro de algo específico, sino que se considera como un concepto general sin ser atributo de ser múltiple en cuanto al género o especie.

Por lo tanto, todos los zeoríticos contemplativos están poseídos por una fe substancial o en-hipostasiada, pero no ven forma en base substancial o en hipostasis, sino general. Porque si Dios no fuera una forma inteligible y comprensible, ¿cómo se podría decir que es belleza? Así como es la belleza inteligible de Dios, que no la contemplamos y consideramos en una substancia o hipostasis específica, así también deberías pensar en su forma inteligible o espiritual, excelente, admirable, gloriosa, que sorprende a la psique-alma y llena e ilumina el nus y corazón con luz espiritual, y la baña con todo tipo de resplandores, y le crea la noción de Dios. Cuando vio esa forma aquel Manué dijo: “Estamos perdidos, mujer, porque hemos visto a Dios” (Jueces 13:22).

Y cualquier otro que haya visto esa forma visible, admite y confiesa que es la presencia de la imaginación de Dios. Y el gran Moisés vio a Dios así, como está escrito: “Dios se reveló a Moisés cara a cara, y no por símbolos” (Números 12:8). Si le faltara completamente la forma divina, entonces Dios sería completamente invisible. La belleza es simetría y de alguna manera es como invisible en cuanto al fenómeno externo. Si no se permite atribuir a la Deidad la forma apropiada, entonces no debemos atribuirle a Dios ni belleza ni, aún más, un rostro, que tiene tanto forma como belleza.

Pero sabemos que un Profeta dice: “Le hemos visto y no tenía forma ni belleza, y lo vimos; pero su aspecto o faz se había perdido desfigurada’ (Isaías 53:2-3).

Esto se dijo sobre la divinidad del Logos, mientras Él estaba colgado en la madera de la cruz como uno de los malhechores, sin tener ninguna característica de la naturaleza divina, porque como hombre, por supuesto, no tenía belleza, ya que estaba muerto, pero tenía forma, la forma de un muerto. David, cuando lo alaba como ´hermoso en belleza´, no se refiere a lo humano; por eso agrega: “La χάρις jaris (gracia, energía increada se derramó en Tus labios” (Salmo 44, 3), una característica evidente de la divinidad, de la cual también era la belleza. En muchos lugares, David se refiere al rostro de Dios, diciendo: ´Has girado Tu rostro de mí y he sido perturbado” (Salmo 30, 8), y “No apartes Tu rostro de mí” (Salmo 26, 9), y “Aparta Tu rostro de mis pecados” (Salmo 50, 1 1). Dado que no niega atribuirle a Dios rostro y belleza, de modo que ciertamente le corresponde a Dios, sin forma y sin referencia a un sujeto, es lógico que también se pueda decir que tiene una forma similar a rostro y belleza.

Esto es lo que también pensaba Pablo cuando decía: “Yo no corro ni lucho sin ton ni son a la aventura, ni peleo como quien da golpes al aire” (1 Cor 9, 26). Porque aunque no vemos a Dios y aunque no participamos de Él, de alguna manera vemos y comprendemos al sin cabida Dios.

Por eso David aconseja buscar siempre el rostro del Señor (Salmo 105, 4), porque cuando logramos imaginar su divinidad, encontraremos una jaris energía increada y un deleite y placer divinos, inmensos e inefables. Así dice David de sí mismo ante Dios: “Pero yo trabajaré en la virtud, y por medio de ella me haré digno de la alegría de contemplar tu rostro. Mi psique-alma se saciará cuando contemple, Señor, tu doxa-gloria” (Salmo 16, 15). Porque un gran e infinito resplandor de la gloria de su divino rostro ilumina a aquellos que consideran y contemplan a Dios verdaderamente y espiritualmente. Y el disfrute y la satisfacción de quienes lo han sentido son inagotables y, por así decirlo, insoportables en su exceso, mientras no se describe ni se comprende para aquellos que no lo han visto ni experimentado ni saboreado. Porque si uno no puede representar la dulzura de la miel a aquellos que no la han probado, ¿cómo puede enseñar de qué manera lo que supera al nus y mente a aquellos que no han visto ni aceptado el divino deleite y el placer que proviene de estas realidades? Pero sobre esto, basta, bastante hemos dicho.

El divino Pablo, teniendo fe en-hipostasiada o substanciada real en Dios y la excelente y sin hipostasis forma de Dios, decía que caminaba por la fe (2 Corintios 5, 7), naturalmente la fe en hipostasis, pero no con una forma específica que se considere en un sujeto, que no produce la θέωσις zéosis (glorificación, divinización) ingénita. San Máximo el Confesor dice lo siguiente: “Llamo θέωσις zéosis ingénita al resplandor hipostático de la Deidad según Su forma. Esto no tiene nacimiento, pero es una incomprensible revelación para los dignos”. Además, la belleza se manifiesta a través de la forma. Por eso, san Basilio el Grande dice sobre la belleza divina: “¿Qué hay más querido que la belleza divina?” Y también dice: “La belleza de la naturaleza divina y bienaventurada es verdadera belleza y se considera muy querida solo por el nus y corazón purificados que han hecho la catarsis”.

Por eso, Pablo testifica sobre sí mismo que, aunque acepte que soy simple y sin retórica en los logos de mi enseñanza, sin embargo, no soy pobre e inexperto sobre la gnosis conocimiento espiritual (2 Cor 11, 6). Porque era grande en la gnosis-conocimiento, lo que le hacía, en parte, conocer la divina supra-idea y supra-concepción de Dios con una forma divina comprensible, inteligible o espiritual. Teniendo esta gnosis-conocimiento parcial también el vidente de Dios, Moisés, y contemplando la forma divina que no existe en un sujeto específico y la belleza divina, dijo: “Si he encontrado jaris gracia delante de ti, muéstrame de manera perceptible y comprensible, para que te vea” (Éxodo 33, 13). Porque, en el pasado, había recibido la divina revelación y el resplandor de la divina belleza, pero no en un sujeto específico, por lo que también ruega por esto, porque era más perfecto; sin embargo, Dios no lo consintió, ya que es imposible que cualquier psique-alma espiritual, incluso angélica, lo vea, ya que supera los límites de todo conocimiento (gnosis increada). Moisés era, por supuesto, un vidente y veía a Dios en el gnofos  (luz incognoscible que supera a toda luz), pero no como una substancia o hipóstasis, sino con una forma y hermosura inteligible, sin sujeto. Así es en Su naturaleza ver a Dios, como dirían Moisés, Elías y, en general, el grupo de los profetas videntes de Dios. Y si avanzamos con la fe en-hipostasiada, que toma forma a partir de lo que consideramos acerca de Dios y se confirma por la radiante doxa (gloria increada) de Su bello rostro o hermosura facial y se atestigua por la forma de Su luz (increada) supraluminosa, y no con la fe que se basa en simples palabras que hemos escuchado, caminamos verdaderamente con la fe substanciada o enhipostasiada, pero no con alguna forma específica que se considere en un sujeto. En el siglo venidero no hay necesidad de fe, por eso está presente aquí la fe enhipostasiada. Entonces, la magnífica forma de la divina doxa-gloria increada se manifestará más claramente, por eso ahora parece más sombreada, como dice el Teólogo Gregorio, recogiendo aquí y allá las imaginaciones en algo que es una imagen de la verdad, es decir, revela una forma sombreada de ella. Entonces, la visión será cara a cara y se producirá la abolición del parcial, gracias a la revelación del perfecto (1 Corintios 13, 12 y 10), mientras que ahora, como dice San Agustín, el conocimiento-gnosis parcial de Dios es lo que asombra a toda psique-alma lógica con el έρως eros (amor ardiente) de su doxa-gloria increada. Con esto, la psique-alma adquiere su unidad y ve en una sola visión unificada el monótono o unificado Uno de Dios. En esta forma y belleza también este rostro se gratifica y se embellece y también se ilumina cada nus (espíritu del corazón de la psique) con alegría, hermosura y resplandor espiritual y trascendental. Con esta cosas hace sencilla, simple la fuerza  o facultad contemplativa y la eleva y la entrega en asombro. Con esto, la psique-alma se ilumina secretamente y se llena de divino placer, gozo y regocijo. Y en pocas palabras, con estas cosas y realidades, aquellos que anhelan ver y escuchar a la Divinidad se glorifican y se divinizan, convirtiéndose en amigos y seguidores de Dios, videntes o visionarios, aunque aún estén atados a esta carne. Y a través de ellas, ven y contemplan, como en un espejo con su percepción espiritual e intelectual, el gozo de los bienes futuros y, en parte, la condición de la vida futura, que ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado y ningún corazón humano ha concebido y sentido nunca (1Cor 2, 9).

 

“Jerusalén, la cual está siendo edificada como ciudad, cuyos participantes están unidos; porque allí subieron las tribus, las tribus del Señor, testimonio para Israel” (Salmo 121, 3-4). (53-54)

  1. “Jerusalén” se interpreta como “lugar de paz” y es un tipo del lugar de Dios, es decir, la psique-alma que tiene la paz en Cristo. Sin embargo, no cualquier psique-alma puede tener la paz en Cristo y llevar el nombre de la paz, sino solo aquella que está siendo edificada como ciudad que tiene la piedra angular que colocó Dios, como prometió, en Sion, una piedra preciosa (Isaías 28, 16).

Sion es la colina más alta, el observatorio de Jerusalén, que es un tipo de nus (espíritu del corazón de la psique) contemplativo de la psique-alma pacífica. Porque en otra aunque busques no encontrarás un nus celestial que vea la verdad desde lo alto, sino solo en un corazón que ha recibido la paz de Cristo y ha sido transformado completamente en una condición de vida inundada de paz. La psique-alma, por lo tanto, que tiene la paz divina y posee la piedra angular preciosa y los logos de las Sagradas Escrituras como piedras preciosas labradas para lapidar a las bestias que intentan subir al monte de Dios, y el asfalto, es decir, la humildad que activa u opera el Espíritu Santo, que quema con el fuego divino la dura petrificación del corazón y lo moldea haciéndolo un espíritu contrito, quebrantado y humillado; que aún tiene las aguas de las lluvias que el Salvador da de los ríos del corazón, y como madera de construcción que no se corrompe, los pensamientos de la verdadera praxis, acción, y los clavos y el taladro del temor y el esfuerzo duro en la obra de los mandamientos o logos divinos; que tiene como arquitecto al divino Logos y a sus artesanos, aquellos que, bajo Su supervisión, regulan las fuerzas y energías psíquicas, y posee todas las herramientas de construcción, el ayuno, la vigilia, la salmodia, la lectura y, en general, todo lo que contribuye como instrumento a la virtud, y el hilo rojo del nivel, las leyes sagradas de Dios en las Escrituras; y aún más, la luz y el sol espirituales, intelectuales y sobrenaturales que todo lo reflejan en la vida de la psique-alma; y en general, la psique-alma que, de manera divina y espiritual, posee todo lo necesario para la reconstrucción de una ciudad, esta es Jerusalén espiritual y se está edificando como ciudad para que habite el Dios de todo, la Tríada vivificante y sin principio ni fin.

“Yo, dice, y el Padre vendremos”- ciertamente espiritualmente – “y haremos nuestra casa en él” (Juan 14, 23); como si dijera ´lo haremos una ciudad, y de hecho una ciudad admirable, que se extiende hasta lo infinito´. Por eso el verso dice “la Jerusalén que está siendo edificada”, no ´la que ha sido edificada´. Así como Aquel que mora en ella es inabordable, así también la ciudad naturalmente debe extenderse hasta lo infinito. Y de hecho, dice ´que está siendo edificada´, no ´ciudad´, sino ´como ciudad´. Es decir, si pudiera construirse con la colaboración de muchos y variados y completarse en una obra que se extiende en altura, longitud y anchura para la morada del Rey sin principio, justamente se llamaría ciudad; pero, como esta construcción no puede terminar nunca, ya que la habita el Infinito, se le dio el  nombre justo en la Sagrada Escritura, no ´ciudad que ha sido edificada´, sino ´que está siendo edificada como ciudad´. Una clara señal de que la psique-alma es Jerusalén y que se construye como una ciudad es que sus participantes, es decir, sus facultades o fuerzas, se han unificado y no se dividen, ni vagan, ni fantasean, sino que viven tranquilamente con la paz de Cristo, todas juntas y unidas.Principio del formulario

Después el Salmista, como si completara su pensamiento, añade otra característica o cualidad de la construcción de los participantes unidos en la ciudad y dice: “Allá subieron las tribus, las tribus del Señor, testimonio para Israel” (Salmo 121, 3-4). Aquellos a los que el logos anterior dijo partícipes de la psique-alma, aquí se les llama tribus. Porque las facultades o energías y potencias de la psique-alma no son ajenas a ella, y aquellas que son simplemente tribus de la psique-alma se convierten en tribus del Señor cuando realizan ascensiones divinas y trascendentales dentro de la pacífica psique-alma, lo que es testimonio y confirmación para Israel, es decir, para el νούςnus (espíritu del corazón de la psique) que contempla a Dios, y todas cooperan en una obra divina, el conocimiento-gnosis de Dios. Todas estas tribus espirituales o inteligibles, convergiendo en un punto común, construyen la ciudad del Dios Pantocrátor/Todopoderoso, la pacífica y santa. Porque allí realmente suben las potencias espirituales, haciendo divino y divinamente perceptible al nus con el intelecto que contempla y ve a Dios. Cuando la psique-alma está dispersa y dividida, y las tribus o fuerzas no están unificadas, es imposible realizar ascensiones y construir la psique-alma, porque no hay allí lugar de paz ni Jerusalén que se construya, para que alguien pueda ver dónde está la realidad espiritual. Del mismo modo, cuando estas potencias o facultades se reúnen en un mismo punto, es imposible que no realicen allí ascensiones espirituales, atrevidas y audaces hacia el Señor, protegiendo y salvando el nus con intelecto que considera y contempla a Dios. Por lo tanto, la psique-alma, en un estado pacífico y tranquilo, cuando se construye espiritualmente como una ciudad, es decir, cuando los participantes -sus potencias o facultades-, se han unido para el mismo propósito, allí se realizan ascensiones del Señor las potencias o fuerzas espirituales y adquieren unidad y uniformidad, y se alían conscientemente con el nus que contempla a Dios. Entonces tú también susurra lo: “La Jerusalén que se está construyendo como ciudad, cuyos participantes están reunidos; porque allá subieron las tribus, las tribus del Señor, testimonio para Israel” (Salmo 121, 3-4), con la jaris gracia increada de Jesús Cristo, nuestro Señor.

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  1. Quizás no esté muy lejos de lo anterior agregar lo siguiente. Si quieres saber si la divina luz increada de la paz ha comenzado a ensombrecer tu psique-alma; si quieres ver tu psique-alma como Jerusalén, siendo construida como una ciudad; si sus participantes están todos juntos, ten cuidado; -es decir si todos los pensamientos y fuerzas se han unido con amor hacia sí mismas y entre ellas de manera unitaria y uniforme para que vayan construyendo ciudad, no separadamente, sino todas juntas; si ascienden allí a Jerusalén, que se está construyendo como ciudad, las tribus del Señor, es decir, las fuerzas generales de la psique-alma que son divinas, y ascienden juntas espiritualmente; si ves estas cosas en ti mismo, no dejes de construir. Recuerda la torre de Babel y su construcción y la confusión de lenguas, y aprende que no toda construcción es considerada buena también por los de afuera. Aquellos que tienen ojos, ven generalmente dos tipos de construcciones y ascensos. Una apunta al bien y se hace para que Dios habite en ella, y su señal es que sus «participantes» están unidos en el mismo punto y allí ascienden las tribus, las tribus del Señor, anunciando en la psique-alma cosas grandes y maravillosas y llenas de paz, agapi-amor y santidad, y la construyen. El otro tipo de construcción se hace para el mal y la ruina de la psique-alma; su característica o cualidad segura es la división y la terrible confusión de los idiomas intelectuales, y termina en que las pasiones (pazos) habitan en ella, como en la torre de Babel los lagartos.

Así que aprende la diferencia entre las dos construcciones, y no fallarás si quieres elegir la mejor. Si a menudo, de vez en cuando, no prevalece en lo más profundo de tu corazón la paz y la unidad de pensamientos y la luz espiritual; si no sube a tu corazón un placer inefable de la θεωρία zeoría contemplación de Dios; si desde lo más íntimo de tu corazón no emana continuamente un avivamiento y una energía espiritual inherente o en-hipostasiada, de modo que a menudo sientas que envuelve incluso las partes más altas de tu corazón, junto con alegría y jovialidad espiritual y una acción profunda y secreta o mística; si tu psique-alma no saborea misterios espirituales inefables; si no opera en ti una unificada y simultánea alegría inexpresable y una sorpresa incomprensible; si no aceptas dentro de ti la santificación de Cristo que comienza a surgir, aprende que tu psique-alma no es Jerusalén, ni se está construyendo como ciudad, ni sus participantes, es decir, sus λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía), están unidos, pero tampoco las tribus, es decir, las fuerzas generales, se han convertido en tribus de Jesús, ni ascienden allí proyectando en la psique-alma cosas maravillosas y misteriosas e iniciando y presentando en el nus e intelecto lo que el ojo no vio ni el oído oyó y no se manifestó en el corazón del hombre (1Cor 2, 9) que no es participante del divino Espíritu. Y ten cuidado de que construyas, pero la torre intelectual de Babel, cuyo final es la destrucción y la confusión y división de los lenguajes intelectuales y la pérdida total, como mencioné antes. También quería decir cuál es la causa por la cual algunos tienen una psique-alma Jerusalén, que se está construyendo como ciudad y cuál es la causa de la construcción y la destrucción de la torre de Babel y por qué los participantes de ella están juntos, mientras que en la torre de Babel hay división de lenguajes de todo tipo. Pero los omito tratando de ser breve para que me escuchen con agrado los oyentes.

En el pasaje: «Estos eran los nobles de los confines orientes del sol» (55-63)

  1. “Los nobles de los confines orientes del sol” (Job 1, 3) pueden ser aquellos que fueron ennoblecidos por los orientes, pero también por las iluminaciones y resplandores del sol intelectual y espiritual de la justicia y fueron perfeccionados con la θεωρία zeoría contemplación y la dedicación de sus intelectos hacia Dios; aquellos que nacieron de Dios y no de la sangre de mujer, ni del deseo del hombre o de la pasión carnal (Juan 1, 13). Los corazones y nus de ellos habitan en palacios celestiales divinos, y fueron dignos de relacionarse y asociarse con Dios y recibieron de Él los divinos e inefables misterios de Su reinado de la realeza increada. Ellos se han convertido en el cuerpo de Cristo, el Hijo de Dios, y en particulares miembros de Él (1Cor 12, 27), coherederos, copartícipes y compañeros de Él (Efesios 3, 6), cuya herencia es Él, y el Padre de ellos es el Dios Altísimo, y se han convertido en participantes de naturaleza divina (2 Pedro 1, 4) de manera supra-lógica. Ellos han sido sellados por el Espíritu Santo, en el cual participan, conectan y comulgan unos con otros y viven y ven; visten ropas completamente blancas como conviene al Espíritu, y vestiduras bordadas con piedras preciosas y perlas; llevan diademas y coronas con rubíes y amatistas y todo tipo de piedras preciosas, y comen y beben en la mesa real. Aquel alimento no trae saciedad, ni el néctar se satisface nunca. Porque todo es espíritu y ellos lo disfrutan espiritualmente. Hay muchas maravillas que ocurren en esos palacios reales. Fuego que refresca y revitaliza y provoca los ardientes deseos de la agapi-amor en el corazón, agua viva que habla y brota fuentes de vida eterna, un aire perfumado y un Espíritu que da vida y una luz triple que brilla uniformemente, simple y abundante.

Por lo tanto, ellos al ver y disfrutar tales cosas, se separaron de las cosas terrenales y se unieron a las celestiales. Despreciaron lo que se ve y se entregaron completamente a lo intangible, inteligible. Pasaron por alto lo temporal y se acostaron entre lo permanente. Están físicamente abajo y caminan en el cielo. El cuerpo los ata y los atrae hacia abajo, pero el Espíritu hace una señal y las ataduras se queman y se disuelven; y tan pronto como se desataron las ataduras, inmediatamente ascendieron por encima de los cielos — ¡qué velocidad y qué sorpresa! Se volvieron unitarios conscientes con la mirada concentrada hacia Dios. Se aislaron de todo con la contemplación unificada de Dios; son trasladados de una doxa-gloria espiritual e increada a otra más grande (2 Cor 3, 18) y pasan de riqueza a mayor riqueza y disfrutan de las cosas y realidades inefables. Se dicen a sí mismos: «¡Qué gran riqueza de doxa-gloria y deleite!». Y al ver más en la riqueza de esto que antes, quedaron asombrados y vieron cuán desnudos de todo y pobres eran. Permanecieron inmóviles, o para decirlo más apropiadamente, se quedaron boquiabiertos de éxtasis y sus corazones se llenaron de alegría. Se convierten en seguidores y compañeros inseparables del Rey de los ejércitos o potencias y participan con los Ángeles, asombrados por la inundación de tanta χάρις jaris (gracia, energía increada) llenos de excesiva alegría por esta herencia inefable y por la inenarrable filantropía (amistad al hombre) y bondad. Estos son, por lo que conozco, los nobles de los confines del oriente del sol (Job 1, 3), por la χάρις jaris de Jesús Cristo nuestro Señor. A Él pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Cuando el νούς nus (espíritu de la psique) contempla la realidad divina de manera unificada con el poder de Cristo, entonces es tiempo de silencio (Eclesiastés 3, 7); porque es el momento del néctar divino, el tiempo de la αγάπη agapi (amor incondicional) y la alegría espiritual, el tiempo de los espectáculos misteriosos y el disfrute de las realidades sobrenaturales. Porque en ese momento, el nus con el intelecto ve claramente la copa en la mano del Señor, llena de puro vino inefable, y percibe claramente que se inclina de un lado a otro, y sabe con certeza que el fondo no se ha vaciado aún (Salmo 74, 9). Porque el fondo de la divina bondad que se derrama sobre nosotros, es decir, la profundidad de la riqueza y el límite de la χάρις jaris, nunca se revela completamente a nadie durante la vida presente, incluso si uno ha ascendido a lo más posible hacia Dios y a la θέωσις zéosis. El límite y la perfección se reservan para todos por igual en la consumación del siglo venidero. «Aún no se ha manifestado lo que seremos», como dice el discípulo amado (1 Juan 3, 2), y como dice el divino Pablo en 1 Corintios 3, 19, ahora sabemos en parte, pero lo perfecto se manifestará entonces, cuando las visiones de la verdad sean abolidas como en un espejo y esta sea revelada completamente, y todos, justos y pecadores, beberán de alguna manera del divino cáliz secreto y sentirán y comprenderán el misterio que ahora está velado y místico u oculto. Los justos beberán para tener un deleite y gozo más perfecto por su esperanza en Dios y por sus obras virtuosas. Para ellos, la Escritura dice: «Se embriagarán de la abundancia de Tu casa, y les darás a beber del río de tus delicias» (Salmo 35, 9). El Señor también les prometió que los haría sentarse a la mesa real de su Padre y los serviría (Lucas 12, 37), y prometió que bebería con ellos del nuevo cáliz en su reinado de la Realeza increada (Mateo 26, 29) y estará regocijándose y gozando con ellos. Pero los pecadores beberán bilis amarga y del eterno dolor, pena y tristeza, y de hecho beberán tanto como para comprender qué dulce néctar están perdiendo desgraciadamente los desgraciado debido a su necedad.

El divino David nos llama y nos exhorta a probar este néctar en la vida presente, diciendo: «Gustad y ved que el Señor es bondadoso» (Salmo 34, 9); pero los pecadores no se vuelven hacia él. Pero aquellos que se vuelven hacia él y obedecen este mandamiento-logos de David, ven la copa y sienten que se inclina de un lado a otro, beben de ambos lados con gratitud y disfrutan y endulzan los sentidos psíquicos de la psique-alma, y justamente con razón cantan himnos de agradecimiento al Señor, exclamando: «Tú Señor, en tu bondad has preparado ante mí una mesa de rica comida a despecho de mis enemigos. Antes de ser llamado en tu cena, has ungido con aceite perfumado mi cabeza, y me has embriagado con el cáliz rebosado de bebida deleitosa. El efecto de tu misericordia  me perseguirá en todos los días de mi vida y así yo alegre y feliz estaré habitando en el templo de mi Señor a lo largo del infinito de los días» (Salmo 22, 5-6), es decir, la futura, la permanente e inmortal; porque después de recibir los futuros bienes divinos, los tendremos para siempre.

Además, aquellos que prueban ambos lados del cáliz vivificador y renovador que está en la mano del Señor, y beben de él cada día, entienden muy bien lo que ven, sobre lo oculto, y de esto que rebosa y se derraba, deducen sobre el contenido en la profundidad, y desde el sabor parcial y anticipado entienden la plenitud futura.

Por tanto, puesto que está claro que los justos disfrutarán de aquello que disfrutan parcialmente desde aquí, atados aún a la grosura del cuerpo y la oscuridad de este mundo, por eso David no dijo, y con razón, que todos beberán, justos y pecadores; sino que después de haber dicho lo que era dudoso, si los pecadores también beberán (Salmo 74, 9), omitió como evidente lo confesado, es decir, decir de que los justos beberán.

Si los pecadores beberán, es innecesario decir lo mismo sobre los justos, ya que desde ahora se sacian de este cáliz rebosante, de modo que se regocijan, deleitan y exclaman: «Me has embriagado, Señor, con Tus creaciones, y me alegraré por las obras de tu mano» (Salmo 91, 5).  Al decir «las obras de Sus manos», se refiere a que sostiene y ofrece la copa llena de vino inefable y la inclina amorosamente de un lado a otro, preservando el sedimento del cáliz para el futuro. Ahora, una vez más, aquellos que están embriagados claman a Dios: «Tu cáliz nos embriaga como el vino más fuerte» (Salmo 22, 5), con la χάρις jaris de Jesús Cristo, nuestro Señor.

Voy a cantar a mi Poeta y te alabaré, Altísimo, que derramas tus misericordias sobre mí con tu χάρις jaris (gracia, energía increada). Me bordas, Oh Filántropo (amante de la humanidad), oh excelso Rey, Tu santo dedo en lo más profundo de mi corazón, como Tú sabes, que realizas maravillas y obras excelentes por Ti solo (Salmo 71, 18); y después de estimularme con Tu bordado, como es natural, me preparas con tu Santísimo Espíritu para ver las letras de Tu santa mano escritas en el libro de la vida y para imaginarme la belleza por encima de cualquier sorpresa de Tu mano, como corresponde al sentido y percepción espiritual, y verlo todo lleno de alegría y gozo místico con la χάρις jaris de Jesús Cristo, nuestro Señor.

Existe una paz, más aparente que real, cuando el cuerpo lo pasa bien, la cual genera mucha agitación en la psique-alma, aunque temporalmente simule estar en calma. Existe otra paz que sigue al aislamiento de los sentidos y la evitación de todo y la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial, tranquilidad). Pero incluso esta, aunque sea incomparablemente mejor que la anterior, no dura mucho. Porque cuando la psique-alma es molestada por el pensamiento, es natural que el cuerpo y el ser humano entero sufran. Existe una paz aún más elevada, la tercera paz de los sentidos y de la psique-alma, que viene cuando las fuerzas de la psique-alma y el hombre interior se serenan y se pacifican con una adecuada instrucción y cuidado; entonces uno puede orar con más pureza, lamentar con más dulzura y estudiar los logos divinos con placer. Pero esto aún no es la perfección de la paz. Así como quien toca la flauta o la guitarra no puede seguir tocando ininterrumpidamente; inevitablemente sus manos se cansarán, y surgirá algún motivo, ya sea una enfermedad o cualquier dolencia, para que el flautista deje de tocar la flauta o el guitarrista deje de tocar la guitarra. De la misma manera, en la psique-alma, que regula las armonías esenciales de sus fuerzas o facultades, lo inalterable no permanece constantemente, sino que se relaja de alguna manera, ya sea queriendo o no, debido a algo que le sucede o debido a su fácil alteración o por acedia (negligencia, pereza espiritual) ya que la psique-alma es, de manera paradójica, una de las creaciones y está unida a un cuerpo material y áspero de modo paradójico. Pero cuando, por la χάρις jaris, recibe en su interior la presencia del Increado que creó todas las cosas y participa conectando y comulgando el Espíritu vivificante, increado e inmutable, se vuelve maravillosa, recibe otra vida y, después de ser vivificada según la naturaleza del Espíritu vivificante, disfruta de la vida sobrenatural, la verdaderamente inmutable. Y realmente, así como vive con la fuerza vivificante, así también ve, porque esa fuerza vivificante es luz increada; y se regocija y se alegra al ver, por supuesto, lo que lo Sobrenatural le muestra sobrenaturalmente, y encuentra paz en la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filip 4, 7) por la excesiva vivificación nuevamente y la iluminación y la visión del más allá del entendimiento Vivificador, y la alegría de todos aquellos a los que ve secretamente o místicamente. Y no cambia en absoluto, no se cansa, ni presta atención a las trampas y asechanzas del enemigo. Sino que ve constantemente a Dios y las cosas de Dios, no por su propia voluntad, no por supuesto; sino con la fuerza, energía y el movimiento, pero también con la voluntad, diría, del Espíritu divino e inmutable que reside activamente y substancialmente en el corazón, no de una manera que uno pueda imaginar, sino como solo conoce ese Espíritu, que incluso investiga y conoce las profundidades de Dios (1Cor 2, 10) y enseña e inicia a Sus participantes con sentido y sentimiento de la psique-alma. Por lo tanto, hasta que cuidamos de encender dentro de nosotros y no se apague con nuestro peligro la divina χάρις jaris del Espíritu, con una conducta hisijástica (en paz y serenidad divina interior) y la santidad, estamos llenos de una paz inefable y sobrenatural del Dios tríadico, y entonces vivimos verdaderamente con humildad, agapi-amor y oración la paz del cuerpo y del espíritu y de la psique-alma, ininterrumpidamente, como dijimos. Porque la paz con esfuerzo y cansancio no es aún paz perfecta, sino una precursora que realiza la paz perfecta. Por lo tanto, la paz perfecta se realiza, como se ha dicho, completamente sin esfuerzo corporal, en el descanso del perfecto sabatismo y en el reposo de Cristo.
Entonces, hombre, una vez que comprendas que has recibido existencia cuando antes no la tenías, y entiendas bien a tu Creador y Formador, y observes por ti mismo la razón por la cual el Formador te trajo del no ser al ser, si piensas correctamente, entrégate amorosamente con todas tus disposiciones y con todo tu ser al dulcísimo Jesús, tu Dios y Creador y Formador, tanto en la práctica como en la θεωρία zeoría contemplación de Su persona. Porque cuando vives de esta manera, tanto práctica como contemplativamente, serás digno de recibir muchos carismas de Dios y te volverás dios por la jaris gracia y espiritual, completamente similar, tú, la creación, con tu Creador, y te regocijarás y deleitarás eternamente con el Señor y Padre tuyo en el reposo y agapi-amor hacia Dios y con la δύναμη (poder y energía) de Jesús Cristo, por los siglos de los siglos, elevándote por encima de todo lo que vemos. Amén.

  1. Cuando vi, discerní con la visión espiritual de dónde vine aquí de manera tan maravillosa y hacia dónde acabo; y tercero, imagino a Aquel que me trajo aquí y me gobierna y me llevará al final, y pongo en mí el nus con la mente al Padre inefable y Su agapi-amor, no puedo decir que lo ignoro. Y luego veo de alguna manera como en un espejo el misterio de Su propósito el relativo a mí. Por supuesto, por esto también me regocijo y deleito con estas tres cosas tanto como nadie puede expresar. Pero esta gran alegría es reemplazada muchas veces por una tristeza análoga, cuando me doy cuenta claramente de lo indigno que estoy hacia mi llamada y de cómo me comporto y me gobierno. Al ver luego cuánto me revelas la inaccesible doxa-gloria increada Tuya a través de la creación y comprendiendo tu agapi-amor inefable hacia mí que me presentas a través de la encarnación de Tu Hijo unigénito, y conociendo tu unión inexpresable y sobrenatural conmigo que me otorgas con una participación espiritual inefable e ininterrumpida, admiro excesivamente tu doxa-gloria increada y me asombro de Tu inusual misericordia hacia mí. Y así, después me sacas de todas las cosas visibles y me paras de todas las cosas concebidas y me reposas y me llenas de alegría inefable dentro de Ti, Santísima Trinidad supraesencial.

Cuando Dios, con gran sabiduría, quiso hacer al hombre otro ángel terrenal, una criatura celestial, hermosa y de forma divina a Su imagen, puso dentro de él la psique-alma espiritual adecuadamente y capaz de adquirir gnosis (conocimiento) y ciencia divinas. Por eso dice: «Yo dije que sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo» (Salmo 81, 6), es decir, que con la χάρις jaris (gracia, energía increada), como otros ángeles, debéis considerar y contemplar silenciosamente a Dios y elevaros amorosamente hacia Él en la luz espiritual. Que el hombre terrenal se eleve a un estado angélico es imposible, a menos que se convierta claramente en espíritu como los Ángeles. Que el fiel se convierte en espíritu por la fe del Dios omnipotente y generoso, recibiendo de alguna manera una segunda plasmación divina, lo revela el Salvador con lo que dice: «Lo que nace del Espíritu es espíritu» (Juan 3, 6). Que también los hombres nacen espiritualmente, aunque tengan cuerpo junto con la psique-alma, lo testifica el digno de confianza Juan, que dice: “Pero los que le aceptaron y creyeron, como Redentor, Sanador y Salvador, les dio potestad, valor y fortaleza para poder renacerse y estar convirtiéndose y haciéndose* continuamente en hijos de Dios, a los que creen en su nombre. (*El verbo γενέσθαι (yenesze) aquí define tiempo continuo hasta el último suspiro de nuestra vida, por la metania, dicen los santos Padres). Los cuales no son engendrados de sangre de mujer, ni de deseo, ni de voluntad de hombre, sino de Dios son renacidos” (Juan 1, 12-13). Por lo tanto, engendraron y nació según el hombre interior, al que es a imagen del Creador, porque este nacimiento no es según las leyes de la naturaleza, sino que sigue de aquellos que nacen espiritualmente por la χάρις jaris, independientemente de su voluntad. Por eso, como es natural, el νούς nus (espíritu de la psique) participante se convierte en trono del Espíritu Santo. Así como el hierro cuando entra en el fuego se vuelve fuego, no por su naturaleza, sino por participación, con la transmisión del fuego, mientras está unido al fuego, y de hecho se convierte en trono del fuego que se ha instalado y de alguna manera descansa en él, exactamente así el νούς nus, con el nacimiento o unión y participación del Espíritu, se convierte en espíritu y trono del Espíritu, al incluir obviamente Dios el νούς nus y al sentarse de alguna manera y descansar en él como en un trono. Esta es el admirable inicio del progreso de la psique-alma. No, por lo tanto, entender inicialmente el orden de los ángeles, digamos, de las potestades celestiales inferiores, sino el orden del Dios Altísimo; luego pasará al orden del Trono, después del Querubín, después del Serafín, y avanzará hasta que reciba por completo la calidad del ángel, es decir, el orden inferior, anunciando a los que están cerca las gloriosas y misteriosas obras de Dios con la inspiración del Espíritu. La participación del Espíritu debe, como dicen los sabios en las cosas y realidades divinas, preceder de Su transmisión. Así, es evidente que uno debe convertirse claramente en partícipe del Espíritu, para que el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) se convierta en Su trono, y luego transmita las realidades espirituales; uno debe, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu, convertirse en Querubín, que significa plenitud y abundancia de sabiduría espiritual, y luego transmitir sabiduría a los demás; debe convertirse en Serafín de manera similar, a través del conocimiento-gnosis de la sabiduría y bebiendo del recipiente también el vino de la sabiduría, llegar a las ardientes y vehementes ágapes-amores de Dios —porque eso significa Serafín—, y luego calentar y dirigir también a otros hacia los έρως eros (amores ardientes) divinos y luego inflamarlos; y así, continuar sucesivamente hasta que llegue al orden del ángel, es decir, enseñar a los que están cerca.

Por lo tanto, aquellos que no fueron elevados anteriormente por la χάρις jaris increada del Espíritu de Dios, ni son dioses ni tronos de Dios, ni querubines ni serafines ni otras órdenes espirituales inferiores, ni siquiera pueden ser ángeles rectos, ni podrán adorar a Dios, ni enseñar verdaderamente a otros lo apropiado con la inspiración del Espíritu. Por lo tanto, el verdadero progreso de la psique-alma tiene su origen en la participación del Dios Altísimo y avanza a través de las etapas que mencionamos, con el poder y la fuerza de Jesús Cristo, nuestro Señor.

Te glorificaré, inefable Señor, Santa Trinidad. No tanto como te conviene, Señor, sino  según lo permita mi fuerza. Porque Tú, Inexpresable, junto con todo lo que te concierne, estás infinitamente por encima y más allá de cualquier logos y palabra que intente hablarte y de cualquier nus y mente que intente comprenderte. Tú me creaste de la nada con Tu magnífica voluntad, formándome con tus manos como ningún otro de Tus criaturas, y dándome forma según Tu imagen y semejanza (Génesis 1:26); sin embargo, yo, el tonto, creado con tanta honorabilidad y gloria, me he vuelto muy ingrato hacia tus mandamientos o logos, aunque son santos y llenos de paz, verdadera alegría, energía y poder divino. Y lo más maravilloso es esto: antes de que me trajeras al ser, por mi bien y por el bien de mi vida, y para que pudiera mirar hacia arriba y comprenderte, y para el inefable deleite espiritual de la contemplación divina, creaste el mundo que tiene una magnífica belleza y gloria, y tanta fuerza y sabiduría creativa, y está decorado abundantemente y de todas las maneras posibles, que sin ellas ni siquiera podría existir por una hora, y con ellas vivo, físicamente, con felicidad en todo lo que disfruto y me sustenta, y psíquicamente, con todo lo que entiendo por θεωρία zeoría contemplación y me asombra con la omnisciencia y omnipotencia de tu providencia y el océano de Tu agapi-amor incondicional. Y tú hiciste todo esto, Inexpresable. Pero yo, el insensato, he vivido mi vida de manera disoluta hasta ahora, ¡ay de mí! Contrario a tus mandamientos, logos, que son tan agradables y amados por los sabios. ¡Ay de mi psique-alma por mi insensatez, mi endurecimiento, mi embotamiento y mi insensibilidad! ¿No sientes, profano, que el pobre, solo para vivir físicamente, y aún así temporalmente, se convierte en esclavo del rico y se somete de inmediato a los mandamientos de su señor, aunque algunos sean pesados, a pesar de que no los realiza por el bien del que los lleva a cabo, sino en beneficio del que los ordena? ¿Cómo, oh insensato, desobedeces tan groseramente los mandamientos de un Creador, Benefactor y Proveedor como este, aunque se den por tu bien y por la gloria inmortal? ¡Hay de tu vergüenza y el mal eterno que te espera!

Cuando volví a Ti, oh Señor excelso, la inefable fuente de placer, le dije a mi pobre y verdaderamente pecadora psique-alma, que es Tu propia creación, oh misericordioso y filántropo (amigo del hombre): «Psique-alma, tienes muchos bienes espirituales, come, bebe, regocíjate» (Lucas 12:19). Y cuando el pecador (el diablo) se levantó contra mí, sufrí y me humillé hasta el extremo (Salmo 37:9). Pero ¡qué grande es la riqueza de Tu bondad, oh Señor bondadoso! Cuando fallé y me desvié del camino recto y del bien, Tú me anticipaste de manera maravillosa y con carismas sin precedentes me trajiste de vuelta. Y en verdad comí y bebí, y luego me regocijé espiritualmente por tu misericordia y caridad, pero nuevamente me extravié muchas veces y fui desterrado, no sé por cuál de las dos razones: por la terrible trampa del demonio o por mi descuido, o tal vez por ambas, o quizás por algún juicio más profundo Tuyo, del cual surgen las concesiones, abandonos, tentaciones y castigos de varias maneras.

Así que muchas veces me hundí en el lodazal donde no había tierra firme (Salmo 68:3) y sufrí y me desmoroné mientras el aguijón del pecado me perforaba (Salmo 31:4), como una espina y en general por los muchos males que el enemigo tramaba maliciosamente contra mi psique-alma debido a mi terrible negligencia, pereza y mi exasperante necedad.

Pero Tú, nunca descuidaste mis sufrimientos, sino que incluso con una voz espiritual clamaste en lo más profundo de mi corazón y dijiste a mi psique-alma desesperada: «Yo soy tu salvación» (Salmo 34:3), no temas, sino vuelve a tu descanso, no te extravíes». Y así me consolaste, oh Jesús indulgente, y te convertiste en un brillante defensor de mi sanación y salvación, y Tú, que eres la mano derecha del Padre, me sostuviste con potencia y energía y Tu pedagogía me enderezó (Salmo 17:36) una vez más, como muchas otras veces, con la gran alegría de tus inefables misterios.

Ven, pues, Logos de Dios, en mi corazón como un sello de seguridad, para contemplar Tu sobrenatural belleza; ven a mis manos, para cumplir Tus santos y vivificantes mandamientos o logos; ven, Rey Jesús Cristo  supra-celestial, ven para que pueda vivir espiritualmente en Ti. Acércate rápidamente a mí, mientras vuelvo a Ti con toda mi psique-alma, Tú que eres el gozo supra-celestial de aquellos en quienes resides de manera inefable. Haz brillar Tu relámpago, oh Omnisciente, para que mi psique-alma espiritual se recoja en sí misma y luego en Ti, y para que se dispersen y se pierdan aquellos que me odian y se enemistan conmigo sin motivo (Salmo 3:8) y me persiguen injustamente y me afligen sin piedad. Guárdame, Señor, para siempre, te ruego como la pupila de tus ojos (Salmo 16:8), para que pueda contemplarte eternamente junto a Ti, oh Soberano glorioso e inefable.

  1. ¿Quién soy yo, oh Señor, yo que soy ceniza y tierra, y cuántos son mis días que paso como sombra (Salmo 143, 4) y como un breve sueño delante de Ti, oh Inconmensurable, ante cuyos ojos mil años son como el día de ayer que pasó, o como la guardia de un vigilante de noche (Salmo 89, 4); ¿Y qué conozco yo delante de Ti, que has hecho los cielos con gnosis-conocimiento (Salmo 135, 5) y la tierra y el universo con sabiduría, y además todo ello junto en un momento? ¿Quién soy entonces para presentarme ante Ti, oh Misericordioso, y ser juzgado por Ti? No, te ruego, no, te suplico, Señor, así como los padres no exigen cuentas a los niños por lo que hacen, ni siquiera piden una obra, sino que con buen corazón, con agapi-amor incondicional y cuidado los cuidan con ternura en todo lo que necesitan, y los alimentan y los protegen tanto como pueden. Por eso, oh Santo, nuestro verdaderamente eterno y amado Padre, como el Creador de todos nuestros mundos desde la nada, no te enfades por mis pecados y transgresiones, te lo ruego, ni me pidas obras, oh Misericordioso, según tu gracia, no, oh Bondadoso, no. Pero así como es apropiado para los niños, así y aún más y sin fin, perdona mis pecados y aumenta Tu donación inmaculada en mí, porque como débil en sofía-sabiduría, necesito mucho tu ayuda. Sí, Tú que me creaste, me formaste y me regeneraste, oh Glorioso, con el propósito supremo de hacerme digno; es decir, ya que con tus beneficios excesivos y tus represiones me has convertido en una icona/imagen genuina Tuya con belleza divina, para que me glorifiques de acuerdo con tu eterna y suprema doxa-gloria increada; además, no viniste a juzgar, sino a sanar y salvar al mundo (Juan 3, 17). Amén.
  2. Como Tú ves también, Señor, que conoces los secretos del corazón, me juzgo y condeno a mí mismo. No necesito, Oh Supra-Sabio, ningún otro juez. Solo en caso de cualquier duda, Oh Bondadoso, se realiza un juicio ante un tribunal. Pero cuando el condenado se ha juzgado a sí mismo de antemano y ve y confiesa verdaderamente a sí mismo no solo como pecador, sino que peca cada día y hora, ten compasión de él, Señor Filántropo (amigo del hombre), y no lo juzgues. Pido misericordia y solicito χάρις jaris gracia, Oh Fuente abundante de misericordia y beneficios. A ti te ruego, que has complacido a convertirte en ser humano por mí y que no nos castigas según nuestras transgresiones y por agapi-amor excesivo no nos devuelves de acuerdo con nuestros pecados (Salmo 102, 10); sino que más bien Tu amor innato nos vence y aleja de nosotros nuestros pecados tanto como el este está lejos del oeste (Salmo 102, 12). Así que te suplico, oh inocente Señor Jesús Cristo, Caritativo Señor, y te ruego, aunque indigno, que pases por alto cada una de mis transgresiones y cada uno de mis pecados y que concedas en mi corazón el sello perfecto de Tu Espíritu Santo, la verdadera donación santa, con tu poder, fuerza y sabiduría, para que así pueda actuar con sabiduría y entendimiento espiritual, con el poder de Tu χάρις jaris (gracia, energía increada), tanto como sea posible, lo que sea agradable delante de Ti, para que los ríos espirituales de Tu sabiduría inmaculada vuelvan a fluir verdaderamente desde mi corazón con el conocimiento de la verdad y con la luz adecuada y así me encuentre Contigo, partícipe y comulgante de Tus misterios, por los siglos de los siglos, es decir, iluminado por Tu luz sobrenatural e increada desde ahora, con tu inefable misericordia e inexpresable χάρις jaris (gracia, energía increada). Amén.
  3. Nadie comprende con absoluta claridad la insidiosa maquinación o asechanza —quizás deberíamos llamarla asalto demoníaco-, que literalmente es demoníaca, como aquel que escapó de los demonios y estuvo libre por un tiempo de las diabólicas asechanzas o asaltos. Y nadie los evita o se libera de ellos, como dije, excepto aquel que ha obtenido la ayuda del aliento divino, intrínseco en-hipostasis y constante en su corazón. Esto lo engendra la fe unida a la humildad y la agapi-amor activa a Dios y al prójimo, y el modo de vida hisijástica (ascético, paz cordial y serenidad mental) con vigilia y lectura, ya sea práctica o contemplativa, y luego teológica, después de la oración. Por supuesto, el amor activo es el cumplimiento de los mandamientos- logos de Dios en la medida de lo posible. De estas cosas proviene no solo un conocimiento/gnosis más puro y brillante de Dios, sino también un conocimiento preciso y un discernimiento más correcto de las insidiosas invenciones demoníacas y los asaltos contra la psique-alma. Entonces, las luchas se vuelven más grandes y el esfuerzo, el entrenamiento correspondiente para combatir a los demonios que envidian desmesuradamente y atacan sin descanso con furia para dañar cualquier parte de la psique-alma portadora de lo divino con gran malicia. Y si el verdadero Salvador no protegiera amorosamente a Su pueblo y no defendiera a Sus fieles, Cristo, ninguno sería verdaderamente psicoterapiado, sanado y salvo, ni siquiera santo!
  4. Sé muy bien y de hecho, lo confieso, oh Señor, que incluso de los animales más irracionales me vuelvo peor por negligencia, ignorancia y acciones irracionales, yo, el hombre lógico, ya que ellos se conforman con su naturaleza y viven de acuerdo con ella, mientras que yo no he conocido un solo momento cuál es la acción pura y adecuada a mi naturaleza, debido a la contaminación por los πάθος pazos impuros y la adhesión apasionada a lo mundano y la consiguiente confusión. Por eso me vuelvo como un necio y ni siquiera conozco correctamente cuál es mi naturaleza. Y he superado incluso los asaltos demoníacos y soy realmente peor que los propios demonios en la intención. Porque aunque yo igual que ellos, fuera inmune a las enfermedades y fuera inmortal y no tuviera necesidad de la vida, entonces sin duda sería el más miserable y grande en maldad y desenfreno a los impulsos absurdos y pazos indecentes. Ahora, ya que no solo no soy inmortal, sino que también sufro frecuentes y prolongadas enfermedades, transgredo y me regocijo en los pecados y estoy dispuesto a ellos. Y lo peor es que no me inclino hacia un solo mal para evitar los demás, como cada uno de los demonios, uno es de avaricia, otro de la vanagloria, otro de ambición, otro de amor por el placer, hedonismo, y otro trabaja para otro tipo de pazos, o más bien amigo y colaborador en ese pazos con aquellos que se convencen en ello; pero que yo solo soy amante y ejecutor de todas los pazos por mí mismo. Y de hecho estoy tan dominado por los pazos que, incluso sin incitación o asalto externo de los demonios, me dirijo hacia ellos, o más bien caigo lastimosamente en ellos por mi propia voluntad. Por eso, incluso todos los males que no he hecho, no es que no los haya hecho porque lo haya evitado de forma voluntaria o porque no lo haya querido libremente, sino porque no pude. Entonces, ¡cuán justamente me juzgo peor que los demonios! Ellos son inmortales y no se enferman y no tienen necesidades de la vida, y sin embargo, cada uno se inclina hacia un solo tipo de pecado. Mientras que yo, cuyos días no son solo pocos, sino que, como mencioné, están llenos de enfermedad, aflicción y lamento, corro con entusiasmo hacia cada pecado, listo y dispuesto, ¡ay de mí, para cometerlo! Por lo tanto, soy realmente mucho peor que los demonios. Pero Señor, Señor, Tú cuya misericordia es inconmensurable y que, por Tu naturaleza, eres el Psicoterapeuta, Sanador y Salvador, ya que también has otorgado la μετάνοια metania y el arrepentimiento incluso a esos demonios, si lo desean, sin malicia ni resentimiento; fortaléceme con sabiduría y todo lo necesario para que me arrepienta y vuelva a la μετάνοια metania como es debido por mis pecados y pueda expiar y redimir Tu santísimo rostro, Tú, la vida excelente y bienaventurada, y la eterna y sobre celestial alegría de los Justos, y la Autoagapi que olvida nuestras maldades, y la incomprensible filantropía (amistad al hombre) y compasión, ¡Oh Soberano! Muestra Tu gran y maravillosa misericordia en mi psique-alma que clama «ten compasión o misericordia de mí, oh Indulgente», para que quede demostrado claramente y lo aprendamos, que incluso para los demonios, si estuvieran en la condición de volver a Ti y decir «ten misericordia de mi» hacia Tu bondad infinita, no los dejarías fuera de Tu gran misericordia increada, ni los rechazarías, Tú, que eres la fuente de las donaciones. Por lo tanto, si tienes misericordia de mí, que soy peor que ellos y más malvado que las bestias irracionales, entonces verdaderamente no hay pecador, ni humano, ni demonio, que al caer delante de Ti y clamar «ten misericordia» y no encuentre inmediatamente Tu infinita bondad y Tu rica y extraordinaria misericordia sobre toda expectativa. Ten misericordia de mí, oh Jesús, Tú que eres nuestro Padre natural y la fuente de la misericordia.
  5. Hay muchas cosas que vienen a mi mente, Señor, pero no hay ninguna que entienda con certeza hasta el final, y en general entre todas no hay ni una sola que no me traicione en algún lugar su conocimiento. Por eso mismo, como es natural, me he demostrado claramente pobre en conocimiento-gnosis general y completo. Seguro, veo este cielo aquí y esta tierra, pero qué son ellos y dónde se asientan y cómo mantienen su cohesión y las muchas otras cosas alrededor de ellos y su naturaleza, las ignoro completamente. El aire, el agua y el fuego puedo mostrarlos muy fácilmente a quienes quieran, pero, cuál es la naturaleza de cada uno, si alguien pregunta, y cómo uno fluye hacia abajo y el otro sube hacia arriba, mientras que el aire en todas direcciones, para esto ni siquiera puedo abrir la boca para susurrar algo. Pero dejo de lado estas cosas, dándome cuenta de que no tengo que decir algo. Y un cabello, esta cosa insignificante, apenas cae en nuestro conocimiento de dónde viene y cómo y en qué orden cronológico sigue y qué secuencia. Y ¿qué valor tiene conocer sobre los cabellos?

Por eso te ruego, Señor, líbrame del pazos de la jactancia o presunción, que se convierte en la causa de juzgar y condenar al prójimo y a cualquier otro. Luego, llévame bajo el amparo de Tu poderoso brazo, porque soy simple y muy lento en la percepción y entendimiento. ¿Quién entonces conoce la extensión del cielo y el volumen y peso de la tierra y el rápido y sin descanso camino del sol que se produce con asombrosa destreza y precisión? ¿Quién entenderá el poder que dirige con tanta sabiduría todas estas cosas? ¿Cómo aprenderá estas cosas el hombre que no tiene ni siquiera un conocimiento relativo para el mosquito? Y ¿de dónde las aprenderá? Yo soy demasiado necio e impotente para comprender el poder y fuerza de tu sabiduría. Y confiando solo en tu χάρις jaris (gracia, energía increada) debo hablar ya sea sobre la θέωσις zéosis o sobre la unión sobrenatural con Dios, que realiza el propio Dios y Su superior entendimiento.

  1. Solo aquellos que han recibido la χάρις jaris (gracia, energía increada) con la visión perspicaz espiritual pueden discernir y entender claramente y con gran certeza realmente a aquellos que no tienen esta percepción espiritual pero caminan psíquicamente. Porque, según el apóstol Pablo, tal persona puede discernir todas las cosas, aunque él mismo no puede ser comprendido por nadie más (1Cor 2:15). Sin embargo, en cualquier situación en la que se encuentren los demás, no solo no ven el vacío del Espíritu divino, sino que por su idiotez a menudo alaban como sabios a aquellos que están en la oscuridad, porque no han recibido la percepción y sentido espiritual de la χάρις jaris y son gobernados por un espíritu mundano y son psíquicos, como los llama el logos divino (1 Cor 2:14). Porque aquellos que tienen percepción y sentido espiritual y se han acercado a la semejanza de Dios juzgan las cosas no con arrogancia o llevados por lo que se ve, como hacen la mayoría, sino de acuerdo con la verdad inmutable y eterna que estas contienen, iluminados por el vivificador y luminoso Espíritu, que a aquellos en quienes habita, les concede una vida sobrenatural, diferente de la común, y luz y gnosis (increadas), por supuesto que no como la mayoría ven las cosas. Así fue el patriarca Jacob, quien cambió muchos lugares, permaneciendo espiritualmente en uno solo, y vio con ojos de discernimiento y habló mucho sobre sus hijos, dignos de admiración (Génesis 49:1 y siguientes). De la misma manera, Isaías, el profeta más elocuente, al ver a Jesús siendo llevado como una oveja al matadero (Isaías 53:7), ni fue arrastrado por Su pasión ni tropezó con esa humillación, sino que con ojos espirituales veía místicamente la doxa-gloria increada y los misterios escondidos en todo eso, como correspondía; él era tal que, aunque veía la forma y la belleza de Jesús desfiguradas (Isaías 53:3), así como Sus otros sufrimientos, sin embargo, confesaba Su divinidad.

Todos los santos Profetas eran espirituales en general, viendo espiritualmente las cosas invisibles con el resplandor del Espíritu. Pero aquellos que tienen el espíritu del mundo, o más bien, debo decir con más precisión, aquellos que están poseídos por el espíritu mundano, cualquiera que quiera observarlos fácilmente, que recuerde la fraternidad de los escribas y fariseos mencionada en los Evangelios, cómo se deleitaban en las apariencias y cómo anhelaban con pasión mostrarse y ser llamados maestros de Israel con toda su psique-alma, con su majestuosa apariencia y caminar, y no hacían nada más que el aspecto exterior y fingían ser virtuosos con sus buenas palabras (Mat 23:3 y siguientes). Por eso condenaron severamente a muerte a Jesús Cristo -¡qué terrible ceguera!-, el Hijo genuino del Dios de todos, la vida divina y verdadera, debido a la envidia que engendró en ellos el espíritu mundano. Es decir, si, como está escrito (Santiago 4:5), el Espíritu Santo no habla dentro de nosotros motivado por la envidia, es evidente que el espíritu del mundo habla desde la envidia y, en consecuencia, su juicio es injusto y oscuro. Por eso, como está escrito, golpearán sus pechos (Apocalipsis 1:7) en el día del juicio universal y se despreciarán a sí mismos y llenos de miedo verán a Aquel a quien traspasaron con una lanza (Juan 19:37) y dirán llenos de asombro: «¿No es este aquel a quien considerábamos como nada y cuyo estilo de vida considerábamos locura? ¿Cómo fue contado entre los hijos de Dios? (Sabiduría de Salomón 5:4-5)».

Porque después de ser engañados por el espíritu mundano y ser dominados por la oscuridad de la jactancia o arrogancia y tropezar gravemente, naturalmente no podían ver la verdad real y avanzar de acuerdo con ella, con la cual avanzan aquellos que tienen el Espíritu gobernante, hegemónico, recto e iluminador.

Acerca de los hombres espirituales, Pablo dice en otro lugar: «¿No sabéis que juzgaremos a los ángeles? ¿No somos capaces entonces de juzgar cosas terrenales?» (1 Cor 6:3). Así que aquel que tiene el Espíritu comprende todas las cosas (1 Cor 2:15), el cual, como dice el Señor, el mundo no puede recibir ni contemplar, ni ver (Juan 14:17). Por lo tanto, aquellos que no están revestidos con una verdadera percepción y sentido espiritual de la psique-alma y no tienen dentro de ellos el Espíritu Santo celestial que opere de manera indescriptible y mística y decir lo inexpresable, es evidente que tienen el espíritu del mundo. «Pero vosotros -dice Pablo- ya no sois carnales, sino espirituales, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero el que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece» (Rom 8:9). ¿Ves entonces que aquellos que tienen el Espíritu no son carnales? ¿Y que aquellos a quienes, desgraciadamente, les falta el Espíritu, no solo no pueden juzgar correctamente las cosas divinas, sino que ni siquiera lograron ser hombres de Cristo? En otro lugar, el Apóstol Pablo muestra más claramente la oposición del espíritu del mundo al Espíritu de Dios, diciendo: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que conozcamos lo más profundo y ancho posible las cosas que nos han sido regaladas por Dios” (1 Corintios 2:12). ¿Entiendes ahora que solo aquellos que han recibido el Espíritu de Dios pueden comprender las cosas divinas y la verdad completa? Como también dijo el Señor: «Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad» (Juan 16:13). ¿Ves cómo realmente viene al νούς nus (espíritu del corazón de la psique) y la mente la verdad completa, de modo que el juicio es fácil y seguro? Por eso, el Espíritu Santo es llamado Espíritu de voluntad, Espíritu de ciencia, Espíritu de prudencia y sabiduría (Isaías 11:2), Espíritu hegemónico gobernante (Salmos 50:14), Espíritu recto (Salmos 50:12), Espíritu de verdad (Juan 14:17). Incluso Isaías lo llama Espíritu de juicio (Isaías 4:4), porque con él la psique-alma se dirige a las cosas dichas con rectitud y las pone en práctica apropiadamente, ya que ella también es partícipe del Espíritu, y sin Él todo está lleno de oscuridad y vacío de verdad. Aquel que carece del Espíritu de verdad y de lo que hemos dicho, luego intenta también juzgar y sacará conclusiones equivocadas y errará en cuanto a la verdad. Nadie, dice, conoce los secretos del otro, sino el espíritu que está dentro de él; y el Espíritu investiga todas las cosas: Y a nosotros nos lo manifestó Dios por medio de su Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo lo penetra todo, hasta las cosas infinitamente profundas de Dios, (y Espíritu es capaz de transmitir las grandezas de Dios, las que puedan caber en cada διάνοια diania mente/intelecto e inteligencia humana). ¿Qué hombre, en efecto, conoce el espíritu y las cosas íntimas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios (1 Corintios 2: 10-11). Y si sin el Espíritu fuera posible encontrar la verdad, no se llamaría al Espíritu Santo Espíritu de verdad y Espíritu de juicio, y otras cosas que hemos mencionado. Si alguien dice que juzga sin el Espíritu de la verdad, será defensor de la mentira, porque implica algo inexistente y, en pocas palabras, se desviará de la verdad (es también Espíritu de juicio) y será exiliado por la voluntad de Dios y por la doxa-gloria increada de Dios, y será pertido justamente, porque juzga en contra de la verdad y decide con dureza, traicionando ciegamente lo justo, literalmente como otro Judas. Porque también él, el miserable, fue condenado por esto; porque traicionó vergonzosamente e injustificadamente la Justicia y la Verdad, a nuestro Señor Jesús Cristo, que el Padre nos envió como nuestra justificación (1 Corintios 1, 30) y que dijo que Él es la verdad (Juan 14, 6). ¡Fariseo miserable, ciego, te acercas vacío del Espíritu que ilumina los ojos de la psique-alma y tienes el descaro de juzgar falsamente el interior del hombre, como los fariseos de entonces veían —si es que veían— resurrecciones paradójicas de muertos y muchos otros milagros, que como verdadero Dios, el Jesús hacía solo con Su voluntad, y aunque deberían glorificarlo y alabarlo y creer en Él, se enfadaban y se entristecían por la sabia y misericordiosa abolición del sábado y porque los discípulos del Novio no ayunaban (Mateo 9, 15) y porque comían sin lavarse las manos (Marcos 7, 2). Completamente locos sin mente y espíritu-nus, diría yo, Fariseo tonto y lleno de oscuridad, ¿quieres corregir la fuente de la sabiduría y de los milagros inexpresables y, pasando por alto obras con tanta gran fuerza, te fijas, aparentemente, en las más insignificantes que se hicieron por un motivo incomprensible para ti? ¡Cuán desviado, ingrato e insensible eres! Y si te escandalizas, cuando no deberías, por cosas triviales, ¿cómo no te maravillas de los grandes milagros, que hizo más allá de lo común, y cómo no te acercabas entonces humildemente a Aquel que los realizó, glorificándolo como debías y alabándolo, y no le pedías con rectitud que te explicara la razón por la que hizo lo que tú crees que supera la medida común? Pero, como parece, la arrogancia, la presunción es lo peor y lo más terrible de todo, al igual que la maldad que les sigue. Es tan oscura como cree que conoce; y tan tonta como ignora su ignorancia. Además, otras veces, Fariseo ciego, no examinas si el interior del vaso está limpio, sino que crees que debes examinar y limpiar por fuera el vaso o el plato (Mateo 23, 26). Ni siquiera escuchas lo que Cristo, la verdadera σοφία sofía sabiduría, dice sobre el juicio: “No juzgues por las apariencias, aprende a juzgar con criterios justos y rectos” (Juan 7, 24). ¿No entiendes que no puedes juzgar justamente según la apariencia y tomar decisiones correctas? Esto es lo que significa ‘por las apariencias’, es decir, por lo que se ve. ¿Entonces tú, insensible, sin tener miedo ni siquiera a el mandamiento-logos del Padre, ni como parece que entiendes que no es lo que se ve y parece ser lo principal del hombre, crees que juzgar desde la apariencia trae muy poca vergüenza, en lugar de esconderte? Y, por supuesto, dado que vives privado de la vida divina, privado  de la luz increada, la sabiduría, la verdad y la gnosis conocimiento espiritual y los otros innumerables bienes que se derraman y se transmiten por el Espíritu, sin los cuales no solo no puedes juzgar lo ajeno sin error, sino que ni siquiera puedes ver en qué profundidades de maldad has caído. Quita, si te convenzo, la viga de tu ojo, quiero decir, la idea o la presunción de tu mente y nus (espíritu del corazón de la psique) y luego, después de ver, puedes justificadamente quitar la mota del ojo de tu hermano, es decir, el pecado que entró de manera inesperada y sin que se diera cuenta (Mateo 7, 5). Mientras tu ojo interior no vea la luz espiritual, la viga que tiene encima y que le causa ceguera es evidente.

Por lo tanto, antes de preocuparte de todas las maneras posibles por ti mismo y antes de alejar tanto como sea posible el mal de ti, ten cuidado y asegúrate de no ser engañado por el demonio y de no sufrir tribulaciones y padecimientos por tu propia ignorancia e idiotez al intentar cosas que solo pertenecen a los iluminados. Esta acción es muy insegura, precaria y peligrosa, muy peligrosa. Los que deben hablar y juzgar en secuencia son los “psicoterapiados” sanados, redimidos e iluminados por el Señor, como aconseja el divino David, es decir, aquellos a quienes el Señor ha redimido y librado de las manos de los enemigos (Salmo 106, 2), de los enemigos espirituales, y los ha reunido de las tierras, es decir, de las adicciones, de diversos malos hábitos , de indecencias y de los enemigos y extraños y de diversas naciones, y los ha unido consigo mismos y con Su doxa-gloria increada. Por lo tanto, aquellos que están reunidos, unidos e iluminados, como “psicoterapiados” redimidos y salvados, que hablen y juzguen. Pero tú, ya que no estás lleno de luz (increada) espiritual, como dije, asegúrate con el silencio y no te avergüences de aprender más y de confesar más tu ignorancia, escuchando cualquier logos y palabra, un logos de psicoterapia y salvación, por supuesto, y no de perdición. ¿Cómo no te hace entrar en razón el logos de Cristo: “Yo no juzgo a nadie” (Juan 8, 15)? ¿Y tú qué dices? ‘Yo juzgaré a todos’. ¡Qué ignorancia, por no decir qué insensatez! Dice la Escritura: “El Padre no juzga ni condena a nadie, sino que todo el poder de juzgar lo ha entregado al Hijo” (Juan 5, 22). El Hijo ha recibido el poder de juzgar del Padre; pero a ti, ¿quién te lo ha otorgado? ¿Acaso la Trinidad realmente reside y camina abiertamente dentro de ti, como es la promesa de Dios (2Cor 6, 16)? ¿Acaso ves a ti mismo dentro del Logos de Dios y el Logos de Dios dentro de ti? ¿Quizás estás dentro de Dios? ¿Fluyen acaso los ríos del Espíritu Santo o brotan claramente con una luz invisible e increada desde lo más profundo de tu corazón? ¿Posees todas las demás cosas que Dios obra abiertamente en sus santos? ¿O estás muy lejos de todo esto? Entonces, detén tu lengua para que no murmure y cierra tus labios para que no hablen mal (Salmo 33, 14). Busca cuidadosamente a otros para preguntarles y aprender de ellos; no prediques lo que eres enseñado; cuando otros te examinen, tú mismo no juzgues en absoluto. Porque es una gran insensatez que un ciego intente leer libros, y aún mayor que alguien crea que, sin el Espíritu vivificante, conoce las profundidades de los demás, ya que ni siquiera conoce los suyos con precisión. Pero estas son artimañas y pretextos del demonio maligno y envidioso que odia el bien, que se vuelven claramente contra nosotros a medida que endurecemos por nuestra presunción o jactancia y, en lugar de lo correcto, nos atrevemos a juzgar, de modo que con tal ignorancia tropezamos y nos desviamos de la verdad. Y en lugar de venir para aprender, permanecemos sin ningún beneficio y, aparte de nosotros mismos, nos convertimos en culpables de escándalo y perjuicio y daño para los demás, y somos responsables en el terrible tribunal de Dios, porque no discernimos que fue claramente una artimaña del diablo y no obedecimos el mandamiento, logos del gran Pablo, que dice: “No juzguéis nada antes de tiempo” (1 Cor 4, 5), antes de que el Señor venga dentro de nosotros y, con la χάρις jaris (gracia, energía) increada del Espíritu, nos ilumine y nos revele los misterios profundos. Y después de enseñarnos conocimientos-gnosis correctos y apocalipsis/revelaciones de visiones divinas y cosas místicas o secretas, y nos presente sin peligro de error hombres verdaderos espirituales y portadores de Dios, o más bien dioses, nos devolverá a la doxa-gloria (de antes de la caída) y nos restaurará en la χάρις jaris de la perspicacia y visión, cuando aprenderemos claramente cuán malo es juzgar sin tener la donación de Cristo. Y entonces, por supuesto, juzgaremos sin peligro de error y con rectitud.

  1. Desde el principio, Dios dispensó a Israel una gran ayuda y cuidado maravilloso, y lo tuvo como parte de Su herencia (Deu 32,9) más que a todos los demás hombres. Sin embargo, las grandes y asombrosas obras de ayuda y cuidado que Dios realiza a los fieles en Cristo (cristianos) superan con creces lo que hizo en Israel, tanto como la psique-alma es superior al cuerpo; y ensombrecen tanto las cosas que sucedieron entonces como el sol ensombrece y oculta las estrellas; y las obras en los Cristianos son tan superiores a las obras en los israelitas como el cuerpo es superior a su sombra. Porque aquellas cosas fueron realmente sombras en comparación con las nuestras, si alguien quiere profundizar. Allí estaba el Faraón, el amargo y despiadado gobernante, y los supervisores hostiles (Ex 1, 8-11), imágenes de satanás y su banda, que no causan daño corporal, sino que afligen de buen grado y sin piedad a la psique-alma misma. Allí Moisés guiaba al pueblo de Dios, mientras que en nosotros -¡qué inmensa superioridad!- ese verdadero Hijo y Logos en-hipostasiado substancial de Dios, mucho, infinitamente superior a la antigua Ley. Allí una vara (Ex 7,9 y 20,8 y otros), aquí una cruz: la vara de madera, de manera sorprendente, transformándose en serpiente, devoraba las serpientes; y la cruz, que era un instrumento de maldad, se convirtió en un instrumento de tanta bondad, como si hubiera cambiado, y resultó y se demostró ser destructor de los demonios. Allí los israelitas despojaban a Egipto y llevaban consigo oro, plata y vestiduras costosas (Éx 12, 35-36); vemos también nosotros cómo hacemos lo mismo en secreto en nuestro nus-espíritu y mente, transfiriendo la belleza sensible por el pecado a Dios. Allí una columna de fuego y nube guiaba directamente a los israelitas al mar (Éx13, 21-22); aquí la visión de Dios y Su ερως eros (amor ardiente), cuando la mente y espíritu-nus fiel y contemplativo llega a lágrimas incesantes, en las que toda malicia enemiga perece y muere, mientras el nus-espíritu ha pasado al otro lado, como entonces, después del paso del mar por los judíos, el Faraón y su ejército perecieron en el mar de manera asombrosa. Y en general, si uno examina lo que sucedió entonces a los judíos, verá que es sombra y tipo de lo que está sucediendo ahora a los verdaderos Cristianos.

Por tanto, si quieres diagnosticar y discernir cuán grande es la diferencia entre nosotros y los judíos de manera más resumida y más clara, recuerda la enseñanza de la antigua y la nueva Ley, que es apropiada para los Cristianos, y no te equivocarás en tu diagnóstico. La antigua ley enseña acerca de las creaciones, y en particular de las visibles, que ciertamente fueron hechas por Dios, y dice:

“En el principio creó Dios el cielo y la tierra, y todo lo demás” (Gén 1,1 y lo que sigue). Pero la enseñanza de los cristianos habla no solo de las cosas que están por encima de las visibles o sensibles, sino también de las  creadas invisibles, o más bien de las que están por encima de las espirituales increadas, diciendo: Ἐν ἀρχῇ ἦν Λόγος… (en arjí in o logos) Junto con el principio era y siempre es el Logos; y el Logos existía con Dios y está en Dios; y el Dios era y es siempre Logos. [«En el principio junto con y en el espíritu infinito e increado de la creación espiritual y material existía siempre el Logos increado, como Hijo y Logos de Dios nace siempre de-el Padre como Logos vivo, increado e infinito de Nus perfecto y sabio. El Logos como segunda hipóstasis o persona de la Santa Trinidad existía y está siempre inseparable de Dios; y el Logos era y es siempre Dios, increado, perfecto e infinito, tal como el Padre y el Espíritu Santo; (un Dios tres hipostasis/bases subsistenciales o substanciales y una usía-esencia/sustancia y una energía increadas)»] (Juan 1,1). La enseñanza de los judíos dice: “Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gén 1,26), mientras que la de los cristianos dice: “14 Y el Logos se hizo hombre de manera sobrenatural y plantó su tienda o acampó entre nosotros y nosotros hemos contemplado su δόξα doxa (gloria, luz increada) como de unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad. [«Y el infinito Logos increado en el tiempo se hizo hombre; y teniendo como tienda de cabaña y templo santo su naturaleza humana, permaneció con mucha intimidad entre nosotros y como uno de nosotros aquí en la tierra. Y nuestros ojos se saciaron de su resplandeciente y divina doxa (gloria, luz increada), que se manifestaba con sus milagros y sus enseñanzas, además de su vida santa e impecable en todo. Era y es la doxa increada, la cual no tomó como regalada como la reciben sus creaturas lógicas, sino que la tenía natural de-el Padre como Hijo unigénito que era, pleno de Jaris con la que hacía milagros y ahora nos renace, y, pleno de verdad con la que nos ilumina y nos enseña»] (Juan 1,14)

Aquella dice: “Y tengan dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre todos los animales de la tierra” (Gén 1,26), mientras que la nuestra dice: 16 Y de su plenitud todos nosotros hemos recibido, y añade Χάρις Jaris Gracia increada sobre Χάρις Jaris.

[«Y de su inagotable e infinita riqueza espiritual y de sus energías increadas hemos recibido todos nosotros. Y recibimos jaris increada sobre jaris y después la jaris de la metania y del perdón, absolución de los pecados recibimos también la jaris de ser hijos adoptivos y la jaris de la vida bienaventurada, alegre y feliz, y la vida eterna, y continuamente se añade en abundancia nueva jaris en la que antes hemos recibido»] (Juan 1,16).

Allí dice: “Dijo Dios: hágase la luz” (Gén 1,3), mientras que aquí dice: “Porque Dios, en tiempos de la creación, dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho resplandecer y brillar la luz en nuestros corazones para que nosotros conozcamos y demos a conocer a los demás la gnosis-conocimiento pura e iluminada de la doxa-gloria luz increada de Dios que se ha manifestado en persona por Jesús Cristo” (2Cor 4,6). Por lo tanto, después de considerar las dos enseñanzas que hemos mencionado, alguien tiene la capacidad de darse cuenta de cuánto superan y cuán incomparablemente superiores son las cosas que los cristianos han recibido de Dios en comparación con las buenas cosas que recibieron los judíos, y dirá verdaderamente que aquellas son sombra y tipo en relación con la verdad sobrenatural de los cristianos o más bien de Cristo. Y alabará y glorificará adecuadamente la divina χάρις jaris y providencia, cómo de la sombra y el tipo elevó tranquilamente al hombre a la misericordia suprema de las cosas súper-mundanas, por la χάρις energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo.

Dios, por su filantropía, se hace perceptible a través de todos los sentidos espirituales (64).

  1. Oh santísimo en-hipostasiado (substanciado) Logos de Dios, sabiduría y δύναμις dínamis (poder, potencia y energía increada); ¿cómo puedo alabarte, Señor, cuya esencia y doxa-gloria increadas son inaccesibles, cómo puedo alabar Tu bondad, que es infinita, siendo yo solo un ser humano y mi nus-espíritu y mente limitados? Sin embargo, te alabaré y te glorificaré tanto como pueda. Quizás a través de esto pueda comprender de alguna manera Tu doxa-gloria y tu bondad, y mi psique-alma se adhiera a ti con toda su fuerza. Como dijo el Profeta: «Señor, te he oído y temí, observé atentamente Tus obras y quedé extasiado» (Ab 3, 1-2). Tú, Logos Sublime, incomprensible, golpeaste a la puerta, es decir, al oído de la novia en el Cantar de los Cantares, y su corazón se conmovió por Ti (Cantar 5,4), y ella quedó extasiada, buscando ansiosamente verte, y aún clama: «Muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque Tu rostro es hermoso y Tu voz es dulce» (Cantar de los Cantares 2, 14).

Porque realmente le gustaba decir lo que dijo Job: «Primero te escuchaba solo con mis oídos; ahora te veo con mis propios ojos» (Job 42,5). Como te escuchaba Señor, como Logos y Sabiduría, así te veo ahora como la Verdadera Luz increada, que ilumina a todo ser humano que viene al mundo (Juna 1,9). Una luz que ilumina al hombre cuando te ve por primera vez. Luego lo iluminas, como eres el espiritual sol de la justicia, para que felizmente pueda ver las realidades divinas y sobrenaturales aquel que, gracias a sus virtudes, ve a Dios y las cosas divinas con un έρως eros (amor ardiente) digamos supracósmico, de manera inexpresable. Por eso Juan proclama abiertamente: “y nosotros hemos contemplado su δόξα doxa (gloria, luz increada) como de unigénito de la misma naturaleza del Padre, pleno de Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad” (Juan 1, 14). Como verdadero Dios eres verdaderamente divina luz increada, como testifica nuevamente Juan, por eso aquellos que han recibido de tu riqueza (Juan 1, 16) en una donación inefable, ¡Oh Señor, inexpresable!, claman abiertamente que Tú, el Dios que ordenaste que la luz brillara desde la oscuridad, has brillado en nuestros corazones (2Cor 4, 6); y brillas de manera inefable y nos iluminas con Tu luz increada, para que así podamos ver cosas sobrenaturales y celestiales de la Χάρις Jaris (Gracia energía increada) y de Verdad” y nos regocijemos y nos alegramos de manera maravillosa. Por eso, desde Tu filantropía, no te percibimos solo con el oído y la vista, sino también con el tacto, como dice discípulo más intimo el evangelista Juan: “1:1 El que desde siempre junto y en el principio ἦν (in) existía y siempre es, lo que hemos oído, lo que hemos visto y contemplado con nuestros ojos, lo que han palpado nuestras manos, acerca del Logos (causa) de la vida. [1 Sobre el Hijo y Logos increado de Dios, el cual existía junto y en el principio, era y es coeterno antes que cualquier creación espiritual y material y lo que hemos escuchado, más lo que hemos visto con nuestros ojos y hemos vuelto a contemplar muchas veces con nuestros ojos espirituales y físicos, y lo que palparon nuestras manos acerca del enhipostasiado-substanciado Logos increado, el Cual en su interior co-eternamente tiene la vida y transmite la vida]” (1Juan 1,1). Y al convertirte también en vestimenta para los fieles, dándoles una vez para siempre descanso a los Tuyos, es evidente que vienes, oh Bondadoso, y tienes contacto espiritual y teúrgico con ellos. Porque aquellos que tuvieron la felicidad de creer y ser bautizados en tu nombre tuvieron aún más felicidad al vestirse a Ti, generoso, como escribe Pablo (Gal 3,27), el más sagrado predicador de la verdad. Así también Isaías, la voz profética majestuosa, se llenaba de alegría por el Dios Padre y Señor, porque lo había vestido magníficamente Contigo, la vestimenta de la salvación, y lo había adornado grandiosamente con la túnica de la alegría. Porque cuando el hombre piadoso Te ve, la luz increada y sobrenatural lo envuelve, ¡cuánta alegría y regocijo siente! Y más aún cuando te reconoce como su salvación, ya que Tú eres la salvación. Además, por tu agapi-amor infinito, Te vuelves perceptible incluso en el olfato espiritual cuando está sano según la fe; y en este caso también, das reposo y consuelas maravillosamente a los tuyos, que te alaban y glorifican diciendo: «Tu nombre es como perfume que fue derramado» (Cantar de los cantares 1,3), y proclaman también a los demás que «Mi amado es como una manzana preciosa a la vista y fragante al olfato, y dulce al sabor y su fragancia esparce el aroma de Sus ungüentos» (Cantar de los Cantares 2,3 y 1,12).

Por eso Pablo, que vestía de Ti, decía: «Somos aroma de Cristo» (2Cor 2,15). Pero también te conviertes en alimento para los fieles, en cena, en sustento, y qué verdadero alimento de la psique-alma das, y das vida y nutres de manera asombrosa y adecuada y alegras secretamente a quien participa de Ti. Esto lo experimentó y vivió el santo profeta David al saborearte con la energía increada de Dios, y decía a los demás: «Probad, saboread y ved que el Señor es bondadoso » (Salmo 33,9). Porque pareces una manzana, pero también eres alimento muy beneficioso, y los pobres, los «pobres de espíritu» (Mt 5,3), los humildes, comerán y se saciarán contigo, y te alabarán, Señor (Salmo 21,27), aquellos que te buscan constantemente como su alimento. Porque de tu abundancia de Tu fuerza y energía vital se derrama alimento sagrado y bebida, y las psique-almas de aquellos que Te tienen como alimento vivirán por los siglos de los siglos. Dado que eres increado, eterno e incorruptible, haces incorruptibles a aquellos que te consumen y los guías hacia la eternidad con la extraordinaria energía increada de Tu naturaleza. Por eso, desde Tu bondad infinita, que causa todo lo bello y es extremadamente benévola, llamas y ruegas a los seres lógicos, diciendo: «Venid, comed de mi pan y bebed del vino que he preparado» (Prov 9,5), llamándote así a Ti mismo pan santo; porque en otro lugar dices: «Yo soy el pan de vida» (Juan 6,35) y «Me abandonaron a mí, la fuente de la vida» (Jer 2,13). Y de hecho ofreces Tu cuerpo y Tu sangre, el pan y el vino, como alimento y bebida para ellos (Mt 26, 26-27). Así, con todos los sentidos espirituales, alimentas, deleitas y alegras a los Tuyos, oh Señor filántropo (amigo de la humanidad), y te conviertes para ellos en luz y vida y en todo tipo de disfrute de los bienes trascendentales y bellos. ¡Bendito seas, Jesús, maná espiritual celestial que alimentas a innumerables multitudes! Doxa Gracias y Gloria a tu inefable αγάπη agapi amor increado e incondicional por nosotros, oh Señor, y a Tu incomprensible e inexpresable misericordia y magnanimidad. Amén.

Espíritu de Dios habita entre los fieles (65-73)

  1. Es sumamente maravilloso en la percepción y sentido espiritual el soplo de Dios el derramamiento del Espíritu vivificante en corazones carnales, que han recibido una fe saludable en la economía encarnada del Logos increado. Que la donación, el poder divino y la energía del Espíritu vivificante fluyan en el corazón desde la divinidad increada y supraesencial es maravilloso, como hemos dicho. Pero que se una además con el corazón y se mueva sin cesar es extraordinario y llena al hombre de asombro.
  2. Es asombroso en verdad que, aunque el Padre creó todas las cosas, sensibles y espirituales, a través de Su divino Logos en sinergia, cooperación con el Espíritu, toda la Santísima Trinidad habite en la mente y corazón humano y camine claramente en él (2Cor 6:16), instalada allí de manera manifiesta. Es un gran milagro que a cada fiel le sea enviado un Ángel por la trisubstancial o tres-hipóstata Deidad; pero que la misma vivificante e infinitamente poderosa Trinidad se complazca en el hombre y lo fortalezca, actuando en él de manera divina y espiritual, esto verdaderamente supera cualquier asombro.
  3. Es verdaderamente maravilloso que el corazón constantemente fiel contenga en su interior el rayo sagrado del Dios altísimo de todas las cosas. Que Dios ilumine el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) desde afuera a través de las Sagradas Escrituras es dulce, sumamente beneficioso, filantrópico y maravilloso; pero que Él mismo se ofrezca verdaderamente y de manera real como luz increada en el corazón del fiel y no externamente, eternamente y no temporalmente, esto claramente supera el asombro, porque está más allá de toda comprensión y noción.
  4. Es realmente maravilloso, y muchos más aún, que Aquel a quien sostienen con alegría y asombro los serafines y todas las potencias celestiales, sea sostenido por el corazón del fiel. Y esto, ciertamente, es sumamente maravilloso; pero que no solo sea sostenido por él, sino que se una con él y llegue a ser uno con él, ¿cómo no superaría todo asombro?
  5. Es un verdadero milagro, no pequeño, que el Dios infinitamente sabio y poderoso, cuyo trono es el cielo, se convierta y se haga un trono en la psique-alma y sea un vehículo y lugar de descanso por la divina χάρις jaris gracia increada. Pero que Él la ame tanto que sea un espíritu con ella, que la haga partícipe de cosas celestiales y le apocalipte/evele secretos tan grandes, ¿quién podría admirarlo adecuadamente?
  6. Es realmente maravilloso y sorprendente cómo Dios, que no tiene un lugar de descanso (Isaías 66:1), descansa dignamente en el corazón. Luego, piensa, si un rey, incluso mortal y con un reino limitado, abraza amistosamente a alguien o toma su mano, aunque sea noble, cuánta gloria y honor, alegría y consuelo le proporciona, y por lo tanto cuánta alegría y regocijo. ¡Ahora bien, si sucede, no un rey mortal, sino el Dios eterno, sin principio e increado y Creador y Señor del universo, ante quien se paran innumerables legiones de ángeles y sirven mil millares (Daniel 7:10), toca a algún fiel misericordiado, no simplemente, sino sensiblemente en su corazón, o más bien, habita en él, no temporalmente sino eternamente, para estar con él y glorificarlo al máximo, y divinizarlo admirablemente, y regalarle innumerables bienes secretos y llenarlo con Su χάρις jaris gracia energía increada, ¿cuánta doxa-gloria y honor, alegría, gozo y felicidad experimentará él? Y sobre todo, de manera eterna, maravillosa e incomprensible! Ελέησον eléison, ten compasión o misericordia, Señor, Santísima Trinidad.
  7. Es digno de asombro cómo Dios, quien creó todas las cosas y, por lo tanto, las posee como Señor, es claramente y constantemente sostenido por un corazón fiel, mientras es incontenible sin cabida e inconcebible. Si un rey mortal y de corta duración entrara a golpear en la casa de alguien y entrara, comiera y bebiera con él como un igual y un compañero, esto ciertamente le daría al que lo recibió gloria, honor, alegría, placer y gran consuelo. Ahora, si el Rey eterno y Señor de todas las cosas y Creador de lo visible y lo invisible entra sin ruido no en la casa, sino en el corazón de un hombre misericordiado, no para disfrutar de los bienes que hay en su corazón, sino para comunicarle a su psique-alma fuerza y energía celestial y consuelo supraterrenal y gloria sobrenatural y eterna, ¿qué crees que sentirá aquel que lo ha recibido? ¿Y cuánta alegría y felicidad, gozo y placer tendrá? Muchísimo y maravilloso. Verdaderamente es un milagro inconcebible e inimaginable cómo Aquel que llena todas las cosas y está por encima de todo, hace que el corazón del ser humano sea Su morada y Su templo eterno.
  8. Dios, quien ordenó que la luz resplandeciera desde la oscuridad (2Cor 4, 6), brilla en los corazones de los fieles y los hace brillar con alegría. La αγάπη agapi, amor incondicional de Dios ha llenado sus corazones con el Espíritu Santo, que se les ha dado como garantía o arras (Rom 5, 5). Dios envía el Espíritu de su Hijo a sus corazones, y este clama: «¡Abba, Padre!» (Gál 4, 6). Así se unen al Señor, -¡una unión verdaderamente maravillosa!- y los fieles se convierten en un solo espíritu con Dios (1Cor 6, 17). Por lo tanto, ¿qué alcanza algo en la percepción y sentimiento de la χάρις jaris gracia energía increada, de lo que hemos dicho?
  9. Los fieles se convierten en herederos de Dios, coherederos con Cristo (Rom 8, 17), de alguna manera segundos Cristos y partícipes de la naturaleza divina (2 Pedro 1, 4), lo cual supera todo entendimiento y va más allá de toda διάνοια diania intelecto e inteligencia, y por ello se convierten claramente como hijos de Dios y colocados como dioses por χάρις jaris gracia energía increada. Y contemplan y experimentan o más bien, disfrutan, de manera sobrenatural los bienes celestiales, aquellos que ojo no vio, ni oído oyó, ni corazón humano concibió y sintió (1Cor 2, 9) que no superaron el nivel de la naturaleza. Doxa-Gloria a la incontenible sin cabida en el nus agapi-amor del Dios Padre, de la Trinidad, que nos amó verdaderamente desde una suma bondad inefable y celestial.

Cada fiel ha sido honrado excesivamente por Dios (74).

  1. Lo que nace del Espíritu, es espíritu (Juan 3, 6), según el logos de Cristo. ¡Qué χάρις jaris gracia incomparable! ¡Y qué donación inefable! Dios crea al hombre con tantos maravillosos carismas; pero, sin embargo, la criatura es por naturaleza una creación simple. Pero por su excesiva generosidad, el caritativo Señor, la Tríada supraesencial y omnipotente, después de dar a la criatura la χάρις jaris gracia increada de su Espíritu increado, une completamente e incomprensiblemente al hombre consigo mismo, lo deifica, lo hace hijo Suyo y espíritu. Al respecto dice: «Yo dije: ‘Sois dioses y todos sois hijos del Altísimo'» (Salmo 81, 6). Y está escrito sobre Dios: «Ha dado una orden que nunca será revocada» (Salmo 148, 6) y «El Señor ha hecho todo lo que ha querido» (Salmo 134, 6), y «La voluntad del Señor siempre es fuerte y firme. Y los sabios planes de Su divina voluntad se realizan de generación en generación» (Salmo 32, 11), porque Su naturaleza es increada, inmutable e inalterable. Por eso, Su Logos increado en hipostasis vino y nos trajo Su logos, Su mandato, Su voluntad y Su consejo como mensajero de esta gran y maravillosa voluntad sobrenatural de Dios (Isaías 9, 6). Así, sopla en sus discípulos el Espíritu (Juan 20, 22) y, al regenerarlos espiritualmente, los eleva secretamente o místicamente a la categoría de espíritu y los hace hijos de Dios. Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios (Romanos 8, 14), y si son hijos de Dios, entonces son también dioses, porque lo que nace tiene necesariamente la naturaleza de quien lo engendró. Por eso, el Sanador, Redentor y Salvador enseña a sus discípulos a llamar a Dios Padre (Mateo 6, 9), ya que son partícipes del Espíritu. De esta manera, la Santa Trinidad hace a los fieles dioses/as, hijos/as y espíritus, superando excesivamente toda donación, por maravillosa que sea, que alguien pudiera imaginar. Amén.

En el pasaje: «Extendió sus alas y los recogió, los tomó sobre sus plumas» (Deuteronomio 32, 11) (79)

  1. Presta atención, intenta sentir con el sentido espiritual lo que voy a decir ahora. Y sé muy bien que te sorprenderás y te llenarás de alegría espiritual o tal vez de divino placer. Dice el Espíritu Santo con la boca de David: «Tú que te sientas sobre los querubines, ¡muestra tu gloria!» (Salmo 79, 2) y en otro lugar: «Tú que ves las profundidades y los abismos, que te sientas sobre los querubines» (Salmo 98, 1) y aún: «Él se sentó sobre los querubines» (Salmo 17, 11). Entonces, ¿qué sucede con los fieles? ¡Qué distancia tan inmensa entre ellos y los querubines! Dios no solo se sienta sobre los fieles, como el ave sobre sus polluelos, dándoles vida, cuidándolos y protegiéndolos, y sintiendo una alegría maravillosa por nosotros. Pero -¡qué sorpresa por el contenido del amor divino!- incluso nos coloca sobre sí mismo, y hace de sí mismo una especie de vehículo paradójico más allá de toda comprensión, desde la abundancia de su agapi-amor infinito hacia nosotros. Y nos guarda con seguridad y nos guía indescriptiblemente hacia cosas inefables y sobrenaturales de la vida celestial. Y así nos prepara para el festín abundante, la paz inefable, el descanso y la divina y espiritual alegría y regocijo y el placer correspondiente. Porque también dice el piadoso Moisés, inspirado por el Espíritu: «Extendió Dios sus alas y los recogió, los tomó sobre sus plumas» (Deuteronomio 32, 11). ¡Qué agapi-amor incondicional incomprensible! Y solo el hecho de extender Sus alas y recibir a los fieles y así hacerse un brillante vehículo para ellos, es realmente superior al valor querrubínico y provoca una gran e inefable alegría y gozo. Pero el hecho de que nos tome y nos ponga sobre sus plumas, ocultándonos allí, según el divino David (Salmo 90, 4), esto ni siquiera puede ser visto ni alabado adecuadamente por un un nus (espíritu de la psique) y mente querrubínicos. Porque así como es incomprensible Tu grandeza, así también lo es Tu misericordia, oh Santa Trinidad; doxa-gloria y gracias a Ti.
  2. El esquema de los monjes y las promesas que lo acompañan, así como la vida monástica, requieren un νούς nus (espíritu) y entendimiento monacal y solitario. Solo Dios puede llevar a cabo y realizar esto, de acuerdo con la factible y reglamentada labor del monje. Lo obra con transmisión de la χάρις jaris gracia vivificadora; lo realiza mediante la θεωρία zeoría contemplación de Su unificada y unitaria realeza increada y la doxa-gloria pantocratórica-omnipotente. Porque solo Él es el Altísimo, independiente, desigual e incomparable en Su suprema excelencia, solo Él es el Todopoderoso por excelencia, que mediante Su participación se hacen posibles todas las cosas, solo Él es verdaderamente sabio, de quien procede como donación toda la sabiduría de los sabios, el único verdaderamente eterno y por lo tanto, el indiscutible Creador y Hacedor de todas las cosas y los seres. Por eso se ha dicho justa y correctamente: Porque de Él y para Él se han creado todas las cosas y por Él son gobernadas y aspiran en la doxa-gloria de su santo nombre. A él pertenece la doxa-gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Romanos 11:36).

Por lo tanto, todas las cosas buenas y hermosas en su totalidad tienen su existencia en Dios y son mantenidas y sostenidas por Él, y en Él encuentran su propósito y finalidad. Y aquellos que utilizan estas cosas correctamente, los unen y los conectan con Dios, que es, por así decirlo, el padre de la bondad, el amor, la providencia, la sabiduría, el conocimiento, la contemplación, la acción adecuada, la visión, y ciertamente del gozo divino y la consiguiente santa alegría, y de la paz celestial y del temor que engendra la piedad o devoción; también del poder y la voluntad, de la vida piadosa y la experiencia, y de todo lo que corresponde a la naturaleza lógica y la complace y la otorga doxa-gloria, la alegra y la hacen semejante a Dios y la divinizan. Por lo tanto, si, como hemos dicho, todo lo bueno y hermoso procede solo de Dios, aquel que ama lo bueno y lo hermoso y se separa y se aleja de Dios, la fuente y la raíz de todos los bienes y bellezas, se comporta de manera equivocada. Y no poseerá ninguno de los bienes y bellezas naturales, ya que se ha apartado indebidamente de Aquel que engendró, sostiene y contiene todos los bienes y bellezas. Pero cualquier bien y belleza que él piense que tiene, no será verdaderamente bueno y hermoso, sino un terrible engaño y una ilusión. Por lo tanto, es necesario para uno permanecer cerca de Dios con toda la voluntad y estudiar con celo solo Su ley y estar dedicado a Él. Solo de esta manera podemos alcanzar la verdadera doxa-gloria increada, el placer no adulterado, la riqueza infinita e inamovible y, en general, tener toda esta serie de bienes y bellezas que hemos mencionado; pero también tendremos a Dios de manera maravillosa residiendo y caminando dentro de nosotros (2 Corintios 6:16) y disfrutaremos verdaderamente de cosas sobrenaturales, supracósmicas, invisibles e inauditas para los sentidos externos. Y así viviremos de manera unitaria, monacal y contemplativa, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de nuestro Señor Jesús Cristo.

  1. Cuando el corazón lleno del Espíritu humilde lleva una vida tranquila y recibe la energía increada de la χάρις jaris, entonces el νούς nus (espíritu de la psique), habiendo tenido la dicha de unirse a la divina verdad, se convierte en espectador de muchas visiones, expectaciones divinas y se convierte en un iniciado de misterios ultraterrenales e inefables, y se considera a sí mismo como un recién llegado y un huésped pasajero entre los seres; y se regocija y disfruta claramente con la χάρις jaris del Espíritu cosas más allá de la διάνοια diania (mente, intelecto) y por encima del nus. Y en pocas palabras, a menudo imagina a Dios de manera paradójica y llega a estados de asombro y éxtasis hacia Dios, y se eleva hacia la θέωσις zéosis, -pasión dichosa y bienaventurada como ninguna otra-, en silencio y visión y posesión amorosa sobrenatural, con el impulso y la fuerza del Espíritu vivificante e iluminador, con el fuerza y energía de nuestro Señor Jesús Cristo. Amén.
  2. Aquel que se preocupa por ocuparse solo de Dios y de alguna manera habita en Él, y que lo ve vivamente y con la iluminación del Espíritu camina y habita dentro de él, éste ha llegado claramente al divino mandamiento de nuestro Señor Jesús Cristo que dice: «Permanezcan en mí, y yo en vosotros» (Juan 15, 4); se ha unido de manera paradójica con Dios y ha muerto maravillosa y bienaventuradamente con Jesús, convirtiéndose en un fiel obrero de los mandamientos o logos del Salvador. Porque Él dijo: «El que permanece en mí, y yo en él, produce mucho fruto» (Juan 15, 5), es decir, virtudes. Así que cualquiera que desee progresar devotamente y con amor divino en las virtudes, que apresure su ser con la θεωρία zeoría contemplación, la oración y el estudio más elevado, que permanezca y persista con toda su fuerza en Dios, para que Dios vea la santa lucha de la psique-alma e incline los cielos —¡oh maravilla, qué milagro!- y se manifieste completamente de manera inesperada para caminar y habitar dentro de la misma psique-alma, para que le haga su partícipe en disfrutar de todo tipo de bienes y bondades y para que agrade a Dios cumpliendo Sus santos mandamientos. Porque Él es quien dijo: «Sin mí, nada podéis hacer» (Juan 15, 5), incluso si creen que están haciendo algo.
  3. Si uno no debe ocultar el tesoro ni la sabiduría, sino usarlos para el bien común por agapi-amor, es seguro que tampoco debe retener sin registrar en su nus y mente el trabajo espiritual, la θεωρία zeoría contemplación y la elevación relacionados con Dios, sino que también debe entregarlos por escrito y registrarlos por el bien común por agapi-amor. El hombre es un animal lógico, racional, receptivo al conocimiento-gnosis y la sabiduría. Por lo tanto, cuando piensa en Dios y todo lo que sigue de la fe en Él, ciertamente adquiere una mente con el nus divino y adecuado, y entra valientemente con conocimiento-gnosis en la región de los mandamientos sagrados. En ese momento, necesita para ello un adecuado ayudante, es decir, a Dios como cooperador, o mejor dicho, como sostén, para decirlo más adecuadamente, y así que ora frecuentemente con lágrimas, pidiendo a Dios facilidad en sus mandamientos. Y cuando Dios se complace en apiadarse de aquel que lo suplica, como el padre se compadece de su hijo (Salmo 102, 13), entonces, ¡oh maravilla qué milagro!, Él derrama de Su Espíritu en su corazón y lo mueve a cálidas disposiciones amorosas hacia Él. Y le otorga audacia como un padre a su hijo, de una manera que nadie puede expresar, como un compromiso o arras con esa efusión vivificadora y energía increada del Espíritu a su partícipe, y lo endulza en exceso y lo beneficia, lo humilla y de otra manera lo exalta con doxa-gloria increada y honor a través de la unión con Él, y lo lleva a intensos incendios de agapi-amor, para que todo lo que vea alrededor de Dios lo considere verdaderamente suyo. Como en general, las espléndidas cualidades y prerrogativas del Padre, la riqueza, la gloria, el poder, la energía, la belleza, la sabiduría, el dominio y todo el esplendor, todos los bienes y bondades y la doxa-gloria y alabanza, son por naturaleza como un deleite, una gloria y una alegría del hijo. Por lo tanto, cuando la psique-alma, a través de la θεωρία zeoría contemplación natural, alcanza la participación en el Espíritu, y esto es contemplar y considerar dentro de Dios la Trinidad, como explica San Basilio el Grande, entonces realmente ve a Dios como un amante extremadamente ardiente y verdaderamente su propio padre, y por correspondiente, todo lo que es de Dios, lo considera suyo, de la manera que hemos dicho, y se contenta solo con imaginar a Dios con sencillez y se regocija excesivamente y se alegra con la χάρις jaris de nuestro Señor Jesús Cristo.

Sobre el placer principal (80)

  1. Creo que nadie que conoce claramente las cosas ignora que el placer se llama principalmente aquello que no está acusado por la naturaleza y la lógica, cuya energía perdura mucho y llena el corazón de alegría, gozo y felicidad, incluso después de su cumplimiento, algo que no sucede en absoluto con el placer carnal o hedonismo, que es aparente y no es el placer principal. Por lo tanto, que cada uno que desee el puro y duradero placer cordial y espiritual que lo busque, y no errará, sino que más bien su parte logística o lógica de su psique-alma se elevará fácilmente de las cosas terrenales a las celestiales, y luego toda su psique-alma. Porque este es el placer verdadero y principal del corazón, inalterable y genuino, que conviene a una psique-alma lógica e inmortal y reside eternamente, luminoso, inmutable e in-criticable, o mejor dicho, propicio y bendito, compañero silencioso de los Santos de todos los tiempos, pacífico, beneficioso, audaz, iluminador, respetable, piadoso, claro, consolador, lleno de alegría tanto durante su acción como después. Si has probado y experimentado este ηδονή hidoní placer cordialmente y espiritualmente, seguramente estarás de acuerdo con lo que hemos escrito. Pero si aún no lo has experimentado, al menos conserva con fe lo que hemos dicho.

Sobre el placer carnal

81 El ηδονή hidoní placer carnal, no cordial ni espiritual, está equivocado incluso en su nombre. Dado que trae consigo, cuando se realiza, un amargo arrepentimiento, es evidente que se llama placer falsamente. Es bastardo y ajeno a la psique-alma lógica, es irracional, grosero, apático, oscuro, ruidoso, molesto, temporal y se marchita rápidamente. Cuando el cuerpo envejece, se retira sin quererlo, lleno de vergüenza. Es condenable, miserable, inútil, cautiva, lleno de desprecio, sucio, estúpido, sin rostro, desesperado, descuidado, después de su realización, causa tristeza negra al que actúa y al que la ejecuta. Si has caído en este, seguramente reconocerás la verdad de lo anterior. Si, por otro lado, has sido guardado de esto por la mano de Dios, cree mis logos y palabras como verdaderas y sepas que cosecharás el glorioso fruto de la vida.

  1. Poseo una luz espiritual que brilla constantemente y una vida supracelestial y supracósmica, alimento divino y deleite, elevaciones paradójicas y atracciones, uniones y disfrutes de la Tríada Divina y afectos amantes inefables con Jesús Cristo, el Señor de todo. ¡Pero ay de mí en mi desgracia y tontería! ¡Ay de mí por el mal de mi tontería o idiotez! Mi nus-espíritu y mente, que de esta manera se ha vuelto sobrenatural por la χάρις jaris, a veces se engaña y se inclina hacia cosas falsas, terrenales, sucias y repugnantes, y se llena de mal olor, ¡ay de mí! ¿Quién no se asombrará y lamentará mi degradación y no suplicará compasivamente al filántropo Dios por mí, para que me conceda mayor poder, energía y potencia divina con el vivificante y luminoso Espíritu, para que pueda rechazar más fácilmente al enemigo malvado, el diablo, que conspira contra mi santa y maravillosa vida! Todos los santos ángeles y todas las psiques-almas de los justos, rezad y rogad a Dios por mí, que tengo pobre, baja e insensible la διάνοια diania (mente, intelectos, cerebro).
  2. Dios mío, Dios mío; no hay nada superior a Ti, porque eres incomprensible e imperceptible sin cabida. Eres todo, como el Creador de todo, e infinitas veces más allá de todo, como supremo y supraesencial. ¡Señor mío, Señor, doxa-gloria y gracias a Ti por la inefable unión santa y la armonía de los cristianos misericordiados y redimidos! ¿Cómo es que, viéndote, Señor, brillar en mi corazón día y noche, no siempre salgo de mí mismo por la abundancia de tu χάρις jaris (gracia, energía increada), sino que descuido y me vuelvo insensible a una donación tan grande, Omnipotente? ¡Ay de mí, cuán pecador soy!

Si supieras quién me ha ligado a Su agapi-amor incondicional y con quién me ha ligado y con qué, te sorprenderías inmediatamente y alabarías al Dios sumamente generoso y Le agradecerías excesivamente por las cosas gloriosas que ha realizado admirablemente debido a Su bondad.

Si entendieras cuán lejos estoy de lo apropiado en el misterio verdadero de Cristo, te dominaría inmediatamente la sorpresa y me culparías por mi tranquilidad, negligencia, pereza, inacción y descuido, por no decir abiertamente insensatez y estupidez.

En aquel tiempo Jesús habló y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las has apocaliptado-revelado a los niños; sí, Padre, esta era y es siempre Tu voluntad” (Mateo 11, 25-26).

Ora por nosotros y ruega que no experimentemos en nuestras penas de vida nada ajeno a nuestra fe que sea indigno tanto para Dios como para nosotros; y perdóname. Amín. (02/05/2024)

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com

 

 

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