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Sep 14 2024

Filocalía, preámbulo por san Nicodemo el Aghiorita el autor

Filocalía, preámbulo por san Nicodemo el Aghiorita el autor

 

San Nicodemo el Agiorita (1749 – 14 de julio de 1809) fue una de las figuras espirituales más importantes de la Iglesia Ortodoxa, teólogo, erudito y escritor, y uno de los principales representantes de la tradición filocálica y hisijasta. Nació en la isla del mar egeo Naxos y, siendo joven, abrazó la vida monástica en el Monte Athos, donde se dedicó al estudio de los Padres de la Iglesia y a la espiritualidad ortodoxa.

San Nicodemo es más conocido por su contribución en la recopilación y edición de textos espirituales de la tradición ortodoxa. Junto con San Macario Notaras, compiló y publicó la **Filocalía de los Padres Nípticos**, la presente colección de textos que trata sobre la oración, la vida níptica y la divina ησυχία hisijía interior (serenidad mental y paz cordial). La Filocalía es una obra que recoge la sabiduría de los Padres de la Iglesia y ha tenido una profunda influencia en la vida de los ortodoxos, tanto monjes como laicos, a lo largo de los siglos.

Además de la Filocalía, San Nicodemo escribió y editó muchas otras obras, como la **Guerra Invisible**, el **Exomologetarion** (manual de confesión), el **Pedalion** (un código de los Santos Cánones de la Iglesia), y el **Manual de Consejos Espirituales**. Sus escritos se centran en la guía espiritual, la confesión, la oración y la vida moral.

Las enseñanzas de San Nicodemo destacan la necesidad de μετάνοια metania continua, humildad, oración y vigilancia espiritual, temas que son centrales en la espiritualidad ortodoxa. Su canonización por la Iglesia lo sitúa entre los maestros y santos más importantes del Cristianismo Ortodoxo.

Filocalía preámbulo por san Nicodemo el Aghiorita

Dios, la naturaleza bienaventurada, la perfección suprema, el Principio Creativo de todas las cosas buenas y bellas, el que está por encima de lo bueno y lo bello, habiendo destinado desde siempre, según Su idea teárquica, hacer al hombre semejante a Él, y habiendo puesto en su νούς nus (espíritu de la psique) desde el principio este propósito antes que cualquier otra cosa, lo creó cuando lo consideró bueno. Y habiendo tomado el cuerpo de la materia y poniendo en él una psique-alma de Sí mismo, lo formó como un mundo, grande en el número de sus δινάμεις dinamis (fuerzas, energías y poderes) y superior en su pequeño cuerpo, para ver con supervisión la creación sensible y ser instruido en la creación inteligible, según el teólogo Gregorio. ¿Qué otra cosa es esto sino una verdadera estatua e imagen divina llena de todas las χάρις jaris gracias? Y después de darle la ley del mandamiento -como una prueba de su libre albedrío o independencia- decidió que debía replegarse y obedecerle a partir de entonces. Y, como dice el Sirac, lo dejó en manos de su juicio (Sabiduría Sirac 15:14) para elegir según su propia opinión lo que se le presentaba. El premio por cumplir el mandamiento sería la verdadera χάρις jaris (gracia, energía increada) de la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación), se convertiría en Dios y sería iluminado por los siglos con la luz verdadera e increada.

Pero, ¡oh maligna intriga de la envidia! El originador del mal no pudo soportar ver estas realidades y cosas realizadas. Se llenó de envidia contra el Creador y su creación, como dice el divino Máximo el Confesor. Contra el primero, para que no se manifestara en la práctica el poder laudable de la Bondad que deifica al hombre; contra el segundo, para que no se hiciera partícipe de esta doxa-gloria sobrenatural e increada por la θέωσις zéosis. Habiendo engañado completamente al hombre con sus astucias, el engañador lo hizo, con sus aparentemente buenas intenciones, desobedecer el mandamiento que lo habría hecho Dios (por la χάρις jaris). Y habiéndolo alejado de la doxa-gloria divina, el rebelde se imaginaba ser un victorioso atleta olímpico, porque pudo interrumpir el cumplimiento del plan pre-eterno de Dios.

Pero, para hablar según las divinas revelaciones y comunicados, el plan de Dios para la θέωσις zéosis de la naturaleza humana permanece por los siglos, y los profundos pensamientos de Él para todas las generaciones futuras (Salmos 33:11); es decir, los logos (principios) de la providencia y el juicio que buscan este propósito avanzan inmutables tanto en este siglo como en el venidero, según la enseñanza del divino Máximo el Confesor. Por eso, en los últimos días, el mismísimo Logos teárquico del Padre, por Su caridad y misericordia, anuló las voluntades de los príncipes de las tinieblas, y llevar a cabo y realizar Su antigua y verdadera voluntad. Por tanto, pon la complacencia del Padre y la sinergia cooperación del Espíritu Santo, se encarnó, asumió toda nuestra naturaleza y, habiéndola divinizado o glorificado, nos dio después Sus mandamientos salvíficos y deificantes  o divinizante. Con el bautismo, sembró en nuestros corazones, como semilla divina, la χάρις jaris (gracia, energía increada) perfecta de Su Espíritu Santísimo y nos dio, según el divino Evangelista, el poder de cumplir sus mandamientos vivificadores de acuerdo con los cambios de nuestra edad espiritual y, al cumplirlos, mantener encendida en nosotros la χάρις jaris (gracia, energía increada). Finalmente, para que demos frutos y hacernos hijos de Dios (Juan 1:12) y dioses, y llegar a ser un hombre perfecto en la edad espiritual para la plenitud de las donaciones y dones de Cristo (Efesios 4:13). Esto era, en resumen, el resultado y la conclusión de toda la economía del Logos increado para nosotros.

¡Ay! Aquí es necesario suspirar amargamente, según el divino Juan Crisóstomo (boca de oro). Disfrutamos de tanta χάρις jaris (gracia, energía increada) y fuimos dignos de tanta nobleza, que nuestra psique-alma, purgada, limpiada y purificada por el Espíritu en el Bautismo, brilla más que el sol. Y aunque como necios recibimos esta luminosidad divina, tan pronto por la ignorancia y más aún, oscurecidos por el aturdimiento de las preocupaciones mundanas, enterramos la χάρις jaris (gracia, energía increada) bajo los πάθος pazos (pasiones, emociones, vicios, adicciones, etc.) a tal grado que el Espíritu de Dios corre el riesgo de extinguirse completamente dentro de nosotros. Y sufriremos casi lo mismo que aquellos que respondieron a Pablo y le dijeron: “Pero ni siquiera hemos oído que haya Espíritu Santo” (Hechos 19:2), para que suceda en nosotros, como en el principio, según el profeta (Isaías 63:16), cuando la χάρις jaris (gracia, energía increada) no nos gobernaba. ¡Ay de nuestra debilidad! Ojalá desapareciera la maldad y nuestra lucha desmedida por las cosas sensibles.

Y lo que es digno de asombro es esto: si escuchamos que la χάρις jaris (gracia, energía increada) actúa en otros, los envidiamos y calumniamos, y ni siquiera creemos que la χάρις jaris existe en este siglo. ¿Y luego? El Espíritu ilumina a los sabios en los santos Padres respecto a la continua nipsis vigilancia y atención en todo y la guarda del entendimiento, y les revela un camino para redescubrir la χάρις jaris un camino verdaderamente maravilloso y muy científico. Este era la oración continua a nuestro Señor Jesús Cristo, el Hijo de Dios. No solo con el νούς nus (espíritu de la psique) y los labios (esto es obvio para todos los que eligen la piedad y fácil para los primeros de ellos) sino volviendo toda el νούς nus (con la mente o intelecto unido en uno en contacto consciente con la oración) al hombre interior, lo cual es lo maravilloso. Así, dentro de ellos, en lo profundo de sus corazones, invocan el santísimo nombre del Señor, pidiendo con insistencia Su misericordia, en contacto consciente atendiendo exclusivamente a las palabras de la oración, no aceptando nada más ni de dentro ni de fuera, y manteniendo su νούς nus (espíritu de la psique) completamente sin forma y limpio. Tomaron los principios y, podría decirse, la materia de esta labor de la misma enseñanza del Señor. En algún lugar nos dice: «El reinado de la Realeza increada de Dios está dentro de vosotros» (Lucas 17:21). Y en otro lugar: «Fariseo ciego, limpia primero el interior del vaso y del plato, para que también lo exterior sea limpio» (Mateo 23:26).

Estas realidades y cosas no se dicen para la parte sensible del hombre, sino que se refieren al hombre interior. Y el apóstol Pablo escribe así a los Efesios: «Por estas razones doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesús Cristo, del que tomaron su existencia y su nombre todas las legiones angelicales en el cielo y todas las razas en la tierra, y le ruego de rodillas para que os conceda, conforme a la infinita riqueza de su doxa-gloria luz increada, al progreso de vuestro hombre interior y ser fortalecidos por la dinamis potencia, poder y la jaris-gracia energía increada del Espíritu Santo, y que Cristo habite en vuestros corazones por la fe» (Efesios 3:14-17). ¿Qué podría ser más claro que este testimonio? En otro lugar dice: «Cantando y alabando al Señor en vuestros corazones» (Efesios 5:19). ¿Lo oyes? Dice: en vuestros corazones. Pero esto también lo confirma el puntal Pedro, diciendo: «Hasta que el día amanezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones» (2 Pedro 1:19). Que esto es necesario para todo piadoso, lo enseña el Espíritu Santo en innumerables otros pasajes del Nuevo Testamento. Esto pueden comprobarlo quienes los examinan con cuidado.

A partir de este trabajo espiritual y científico, acompañado también de la posible ejecución de los mandamientos y otras virtudes éticas, debido al fervor que se genera en el corazón y la energía espiritual de la invocación del santísimo Nombre, los πάθος pazos se consumen. Porque nuestro Dios es fuego, y además un fuego que devora y consume la maldad (Deut 4:24). Luego, la νούς nus (espíritu de la psique) y el corazón se hacen la catarsis y se limpian, se purifican y se unen poco a poco. Y cuando se han hecho la catarsis y se unen entre sí, desde entonces los mandamientos salvadores se cumplen más fácilmente, desde entonces los frutos del Espíritu vuelven a surgir en el psique-alma y se otorga al hombre toda la abundancia de bienes. Y para decirlo brevemente, de aquí es posible regresar a la χάρις jaris (gracia, energía increada) perfecta del Espíritu que se nos dio desde el principio en el Bautismo, y que ciertamente existe dentro de nosotros, pero que los πάθος pazos han sepultado, como la ceniza a la chispa. Volverá a brillar esparciendo sus destellos hasta lejos, la contemplaremos, nos iluminaremos en del νούς nus (espíritu de la psique) y, finalmente, nos perfeccionaremos, nos divinizaremos y nos deificaremos de manera adecuada.

La mayoría de los Padres ahora mencionan esporádicamente en sus escritos este trabajo, con la idea de que se dirigen a personas que conocen el tema. Sin embargo, algunos, quizás porque comprendieron la ignorancia y la indiferencia de nuestra generación respecto a este estudio salvador, después de interpretar detalladamente su aplicación práctica con algunos métodos naturales, nos lo transmitieron gustosamente a nosotros, sus hijos. Lo elogiaron con muchísimos calificativos, lo llamaron el comienzo de toda obra teófila amiga de Dios, abundancia de bienes, claro distintivo de la μετάνοια metania, acto mental o intelectual y espiritual que constituye la coronación de la verdadera θεωρία zeoría contemplación, y nos exhortan a todos a esta obra tan útil y divina.

Pero ahora lamento, y el πάθος pazos interrumpe mi logos. Todos los libros que filosofan sobre el trabajo verdaderamente purificador, iluminador y perfeccionador – para usar los logos y palabras de san Dionisio el Areopagita –, así como los otros que muchos llaman Nípticos (Sobrios), porque hablan de la atención, la vigilancia y la nipsis, todos juntos, que son como herramientas necesarias y útiles para la misma causa y tienen un solo propósito, que es hacer al hombre como Dios, casi se han perdido debido a su antigua escritura, su rareza, y – ¿por qué no? – porque nunca se han publicado en imprenta. Si quedan algunos, también están carcomidos y totalmente destruidos, y es como si nunca hubieran existido. Añadiré esto: porque muchos de los nuestros muestran negligencia y se ocupan de muchas cosas, me refiero a las virtudes físicas y prácticas, o, para decir la verdad, solo de las herramientas de las virtudes, y gastan su vida en ellas, mientras que en lo único, es decir, la vigilancia del νούς nus (espíritu de la psique) y la oración pura, no sé cómo, no les prestan atención sin ningún conocimiento-gnosis. Y este breve y dulcísimo trabajo corre el riesgo de perderse por completo, y con esto se oscurece y se apaga la χάρις jaris (gracia, energía increada), y junto con ella se escapa nuestra conexión y unión con Dios y nuestra θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación).

Y hemos dicho que este era el plan de Dios, puesto en acción desde el principio con toda Su voluntad. Esta es la conclusión final que concierne y abarca tanto la creación del mundo como la economía en del Logos de Dios relacionada con nosotros para nuestra salvación y vida eterna, y en general todo lo que se ha hecho de manera divina en el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Donde antes muchos, tanto laicos como reyes, y aquellos que vivían en palacios y cada día eran atormentados con innumerables tareas y preocupaciones mundanas, tenían una obra principal: la oración incesante en el corazón -y encontramos a muchos en las narraciones -, ahora por negligencia e ignorancia, no solo entre los que viven en el mundo, sino incluso entre los propios monjes que viven la vida monástica en la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), esto se ha vuelto extremadamente raro, con gran perjuicio, y muy difícil de encontrar. Y como carecen de esta herramienta, aunque cada uno lucha según sus capacidades y soporta los esfuerzos por la virtud, no producen ningún fruto, ya que es imposible fructificar sin la memoria o el recuerdo continuo del Señor y la pureza del corazón y del νούς nus (espíritu de la psique) libre de todo pensamiento maligno, vil y malo astuto. «Porque sin mí no podéis hacer nada», dice el Señor, y en otro lugar: «El que permanece en mí y yo en él, este da mucho fruto» (Juan 15:5).

De esto concluyo que no hay otra causa por la cual falten tanto los que sobresalen en la santidad y viven también después de su muerte, y se han reducido tanto los pocos los que pueden salvarse en nuestro tiempo, sino solo esta; es decir, que hemos descuidado este trabajo que eleva a la ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Y sin la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación) del νούς nus (espíritu de la psique), dijo alguien, no es posible que el hombre sea santificado, ni siquiera salvado. Esto solo es aterrador solo de escuchar, porque la santificación y la salvación son una y la misma cosa según la explicación de los sabios. Pero además hay algo más, y es lo principal: que carecemos de los libros que guían en esto. Pero sin ellos es imposible alcanzar nuestro objetivo.

¡He aquí, sin embargo, el siempre bueno y noble, el verdaderamente amigo de Cristo, el señor Juan Mavrogordato! En ningún aspecto cede el primer lugar a nadie en lo que respecta a la libertad, la generosidad, la filantropía, la hospitalidad y el resto del conjunto de virtudes. Siempre arde con el divino celo de beneficiar al público.

Él, pues, inspirado por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Cristo, que desea que todos los hombres sean salvos y divinizados o deificados, transforma nuestro lamento en alegría sacándonos del callejón sin salida. Expone al público el medio de la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación) con toda su psique-alma y, por así decirlo, ayuda con manos y pies y coopera de todas formas en este punto con el eterno -como se ha dicho- plan de Dios. Esto es doxa-gloria y grandeza. ¡He aquí aquellos escritos que nunca habían sido publicados en años anteriores! ¡He aquí aquellos que yacían en la esquina, ocultos y olvidados, despreciados y carcomidos, dispersos y esparcidos aquí y allá! ¡He aquí aquellos que nos guían sistemáticamente hacia la catarsis pureza del corazón, la vigilancia del νούς nus (espíritu de la psique), la recuperación de la χάρις jaris increada interior, y, añadiría, la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación)! Después de reunirlos todos sin escatimar gastos, los entrega a la gran y espléndida luz de la imprenta. (Sí, estos escritos que hablan de la iluminación divina, merecen también la luz de la imprenta). Con esta decisión libera a quienes conocen de los trabajos de la copia, y a la vez motiva a quienes no conocen a adquirir y poner en praxis y práctica estos escritos.

Así que, querido lector, gracias al siempre excelente señor Juan, tienes a partir de ahora sin esfuerzo y a bajo costo este libro espiritual. Un libro que es el tesoro de la nipsis sobriedad y vigilancia, el custodia y talismán del νούς nus (espíritu de la psique), la escuela secreta de la oración noerá o espiritual del corazón; un libro que es la sublime representación de la virtud práctica y la guía infalible de la θεωρία zeoría contemplación, el paraíso de los Padres, la cadena dorada de las virtudes. Un libro que es la densa enseñanza de Jesús, la trompeta que recupera la χάρις jaris (gracia, energía increada), y en pocas palabras, el mismo instrumento de la deificación, el más deseado de todos, que hemos pensado y buscado durante años sin encontrar. Por eso, sería tu deber inevitable y deuda conforme a toda exigencia de justicia rogar a Dios con largas oraciones por el benefactor y sus colaboradores, para que ellos también logren en igual medida o grado la θέωσις zéosis, y como se han esforzado por esto, sean los primeros en disfrutar  también de los frutos.

Ahora que hemos llegado a este punto, quizás alguien observe diciendo que no es lícito divulgar ciertos secretos del libro al oído de muchos, porque serían extraños para ellos. Porque, dice, hay y está acechando algún peligro en ello. Respondemos brevemente: ni nosotros, querido amigo, hemos emprendido esta empresa siguiendo nuestros propios pensamientos, sino más bien siguiendo el ejemplo de otros. Por un lado, la Sagrada Escritura ordena a todos los piadosos orar sin cesar y tener siempre al Señor delante de ellos (1 Tesalonicenses 5:17; Salmo 5:18). Según el san Basilio el Grande, es impiedad decir que hay algo prohibido o imposible en los mandatos del Espíritu. Por otro lado, está la tradición escrita de los Padres. Por ejemplo, Gregorio el Teólogo da al pueblo que pastorea el consejo de recordar a Dios más que respirar. Y el divino Juan Crisóstomo (boca de oro) escribe tres discursos enteros sobre la oración incesante y espiritual del corazón y en innumerables puntos de sus otros discursos exhorta a todos a la oración continua. Además, el maravilloso Gregorio el Sinaíta, viajando por varias ciudades, enseñaba el mismo trabajo salvador. Y Dios mismo, enviando a su Ángel desde el cielo con un milagro, selló esta verdad, refutando al monje que se oponía a san Gregorio Palamás, como se muestra al final de este libro.

Pero no necesito argumentos y palabras para esto. Las propias personas del mundo y aquellos que viven en palacios, teniendo, como dijimos, el estudio incesante de esto, confirman verdaderamente el logos y palabra y son capaces por sí mismos de refutar a los contrarios. Si ahora algunos se desviaron un poco, ¿qué tiene de extraño? La mayoría de las veces lo hicieron por vanagloria y jactancia, según Gregorio el Sinaíta. Pero creo que la principal y fundamental causa de esta desviación es que no se alinearon exactamente en todos los puntos con la enseñanza de los Padres sobre este trabajo, y no debido al trabajo mismo, por la agapi-amor incondicional de Dios. Este trabajo es santo y a través de él tenemos mayor necesidad de liberarnos de todo error, ya que el mandamiento de Dios dentro de la ley que conduce a la vida, «se encontró», dice Pablo, «costando la muerte a algunos» (Romanos 7:11-12). Esto no ocurrió por causa del mandamiento. ¿Y cómo podría ser, siendo “santo, justo y verdadero?” (Rom 7, 11-12)  Ocurrió por la maldad de aquellos que lo hicieron bajo el dominio del pecado.

¿Qué debemos hacer al respecto? ¿Condenar el mandamiento divino por el pecado de algunos? ¿Y descuidar tal trabajo salvador debido a la desviación de algunos? De ninguna manera. Ni una cosa ni la otra. Sino más bien, confiando en Aquel que dijo: «YoSoY el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6), con toda humildad y disposición de luto o duelo (según Dios) emprendamos la obra. Porque con aquel que está libre de vanidad y de búsqueda de la aprobación humana, aunque todo el ejército de los demonios se enfrente a él, no podrán ni acercarse, según la enseñanza de los Padres.

Así es esto, y este libro, por lo que hemos dicho, es evidente que promueve el trabajo intachable en todos los aspectos, en todos los puntos y de todas las maneras. Sería muy oportuno utilizar la invitación de la Sabiduría (Proverbios 9:1-6) para la cena y convocar con una proclamación en voz alta a todos al banquete espiritual de este libro, a todos los que no odian las cenas divinas, ni ponen como excusas los campos y los bueyes y las mujeres como los invitados evangélicos (Lucas 14:18-20). Venid, pues, venid, comed el pan de la γνώσις gnosis conocimiento y de la sabiduría y bebed el vino que alegra espiritualmente el corazón y os aleja de todas las cosas sensibles e intelectuales debido a la θέωσις zéosis (divinización, glorificación, deificación) que causa este éxtasis y embriaguez verdaderamente sobria. Venid todos los que sois partícipes de la llamada ortodoxa, laicos y monjes, todos los que buscáis encontrar el reinado de la realeza increada de Dios que está dentro de vosotros y el tesoro escondido en el campo de vuestro corazón (Lucas 17:21; Mateo 13:44). Y ese es el dulce Jesús Cristo.

Así, liberados de la cautividad de este mundo y del vagabundeo de vuestro νούς nus con la mente y con el corazón limpiado, psicoterapiado y purificado de los πάθος pazos, con la terrible invocación incesante de nuestro Señor Jesús Cristo y las otras virtudes auxiliares que enseña este libro, os uniréis entre vosotros y así unidos os uniréis todos con Dios, según la súplica de nuestro Señor al Padre que decía: «Para que sean uno, como nosotros somos uno» (Juan 17:11). Y así unidos con Él y completamente transformados por la posesión y el éxtasis que crea la agapi-amor divina, seréis abundantemente divinizados o deificados con un sentido espiritual y una plenitud segura de gnosis-conocimiento, y retornaréis al propósito original de Dios, glorificando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, la única Deidad suprema. A esta pertenece toda doxa-gloria, honor y adoración por los siglos de los siglos. Amén. 07/08/2024

Traducido por jJ Jristos Jrisoulas, xX Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com

 

 

 

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