Apocalipsis Unidades 21-30

Unidad 21  Apocalipsis 6, 5-8 Tercer y cuarto sello. El hambre y la muerte en el camino de la Historia y esjatologías.

 

Y ahora venimos a la apertura del tercer sello.

«Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser o animal espiritual, que decía: ¡Ven! Y miré, y he aquí un caballo negro, y el que lo montaba tenía una balanza en su mano. Y oí como una voz en medio de los cuatro seres o animales espirituales, que decía: Un litro o kilo de trigo por un denario, y tres kilos o litros de cebada por un denario; pero el aceite y el vino ni tocarlos ni privarlos» (Ap 6, 5-6)

Cuando se abrió el tercer sello, salió un caballo, y el tercer animal espiritual, que tenía y era como cara de persona, dijo al jinete “Ven”. Este “Ven” quiere decir que es tiempo ya, no pares, debes hacer lo que es debido hacer. Este jinete tenía en sus manos una balanza. El caballo negro simboliza el luto y la melancolía, tristeza por la plaga que trae consigo el jinete a los habitantes de la tierra.

La balanza, amigos míos, es el símbolo del hambre, hambruna, -además como se ve también en todo el pasaje del texto. Se trata de los alimentos que se dan por la balanza. Y realmente, se oyó una voz entre cuatro animales espirituales que decía esto: “Un litro o kilo de trigo por un denario, y tres kilos o litros de cebada por un denario», dado que el trigo en calidad es mejor que la cebada. La palabra χοῖ­νιξ jinix litro o kilo, es más o menos un litro, entre 900-930 gramos, es una medida homérica que se utilizaba en la época de Homero, y lo menciona también Homero (Odisea 19,28).

Para que tengamos una imagen de este valor que menciona aquí sobre los precios y las cantidades y podamos ver con exactitud también la hambruna, no tenemos más que hacer sino recorrer a los tiempos del Señor, entonces que se escribió el texto, para encontrar cuál era el jornal, el salario diario de aquella época. Apuntad que las parábolas del Señor no son historias reales, sino ficticias, plasmáticas. Pero no tienen nada de fantasía, no se parecen a los mitos de Esopo que hablan los zorros, los cuervos y los leones. En Sus parábolas el Señor toma de los datos y hechos de su época. Hablan los hombres, existe totalmente contenido real, pragmático, es decir, no pone cosas fantasiosas. Así que el jornal que se refiere allí, es el jornal de aquella época.

En el Evangelio según Mateo 20,2, el Señor en la parábola de los obreros de la viña, dice: “Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”. Así que el jornal era un denario al día. Así que con un jornal trabajado será comprado un litro de trigo o tres litros de cebada. Si debemos considerar que hoy en día el jornal trabajado de un obrero son más o menos mil dracmas, entonces un litro de trigo –los 900 gramos más o menos- deberán valer mil dracmas, y la cebada alrededor de 300 dracmas el litro. Esto sobre el precio, la carestía y la exactitud de las cosas.

Pero la cantidad se expresa por la balanza del jinete, que es lo conocido por nosotros como cartilla de racionamiento o cupón. A pesar de esto la hambruna, tal como nos describe aquí esta plaga, no es tan terrible, porque la voz que se oyó entre los cuatro animales espirituales añade: “pero el aceite y el vino ni tocarlos ni privarlos”, es decir, estos dos que no los desprecies, que son también igual de básicos para el alimento humano. Es conocido que  el trigo –la harina, el pan- el aceite y el vino son los tres alimentos representativos para la alimentación del hombre. Por eso también en la Ἀρ­το­κλα­σί­α Artoklasía (Ceremonia de consagración del pan) tenemos los panes y las dos botellitas que una contiene aceite y la otra vino, porque son representativos de la alimentación humana. Por eso también en la Ἀρ­το­κλα­σί­α Artoklasía, bendecimos y pedimos a Dios que no seamos privados de estos alimentos, sino que el Señor los bendiga para tener siempre en nuestra casa alimentos. Por eso decimos: “…y a los que celebran esta fiesta y este festejo, sus almacenes que estén plenos, llenos de alimentos”, es decir, no lleguemos al mal de pasar hambre. Porque, de verdad os digo que el hambre es un consejero terrible! ¡Es horrible el hambre, terrible! Sólo los que han sufrido y conocido el hambre pueden entender la magnitud de mis logos en este momento.

Quizás esto se va haciendo para los fieles y para el favor y gracia de ellos. Esto lo sacamos de esto que dice el Señor: “Y si aquellos días no fuesen acortados, es decir, si el Señor no acortase el tiempo de la prueba, y esto gracias a los fieles, “nadie podría vivir sobre la tierra” (Mt 24,12 Mrc 13,20).

El inolvidable Panagioptis Bratsiotis, profesor de Teología y Académico, en sus notas sobre el libro del Apocalipsis apunta lo siguiente: “La agapi de Dios reduce, modera su severidad de su juicio. En cualquier caso se trata de plaga o herida más clemente que la hambruna helénica del invierno horroroso del año 1941-1942. (Bratsiotis: “El Apocalipsis de Juan” pag 136).

Sólo los que vivieron en Atenas el año 1941-42 pueden juzgar y decir qué significaba hambre de aquella época. ¡Soy testigo presente de este fenómeno! No me olvidaré, amados míos, -me lo recuerdo muy bien- que en aquel periodo qué pan encontrábamos, si es que encontrábamos! Oídme y os haré una descripción. Y no es tanto para los mayores sino para los más jóvenes, y os rogaría que estos recuerdos que son muy importantes los tengan bien retenidos en la memoria de vuestro nus, para que os vayáis preparando –por supuesto que todos nosotros- para el futuro.

¡Me acuerdo que los hornos o panaderías daban pan, y qué pan! Nadie jamás supo la composición de aquel pan. ¡Decían que era de madera… lo llamaban ¡pan de madera! No se sabe si era de maíz. De todas formas una cosa muy rara. El caso es que no se podía amasar. Lo ponían en planchas metálicas, y como se pegaba en la base de la plancha –porque lo ponían dentro en una gacha para que sea asado, y así tampoco se asaba- ponían abajo en la base un papel. ¡Después lo cortaban y sacaban el pan de allí –igual que tenemos la rasera que quitamos los trozos de un pastel- se entiende junto con el papel que por supuesto no se despegaba! ¡Y quién esperaría de quitar el papel… lo comíamos tal como estaba! ¡Este tipo de pan era más o menos de 30 dramia alrededor de 100 gramos para cada persona con cartilla de racionamiento, y lo daban más o menos una vez cada cinco días, no cada día. Y deberíamos esperar fuera del horno de la panadería haciendo colas largas para llevarnos este pan “el pan de madera”.  ¡Íbamos muy temprano, a la una o las dos de la noche, para tomar el pan, porque si se supone que si alguno era de los últimos de la cola peligraba de quedarse sin pan, porque terminaba! Entendéis que nos sentábamos allí horas y horas, cuando teníamos la noticia de que la panadería iba a dar pan. ¡Y esto, lo repito, era una vez cada cinco días o a la semana y sólo 300 gramos por individuo! ¿Qué pensáis y decís? ¡Estas experiencias, por favor para los más jóvenes que a veces juegan fútbol con el pan! ¡Por ejemplo, si han comprado un bocadillo, lo comen y se sacian, y lo que les sobra lo dan una patada y lo tiran! ¡Ay, hijitos míos… una patada al pan! ¡Patada al pan…! ¡Es una provocación contra Dios…gran provocación!

Además, si debemos buscar las causas más profundas de esta plaga de la hambruna, que viene con la tercera plaga, es decir, la apertura tercera, debemos acudir al Levítico -y con la apertura de la segunda y de la cuarta plaga, allí veremos de nuevo el tema del hambre y de la guerra. Allí el Dios promete Sus bienes a su pueblo, si el pueblo permanecerá fiel a Dios y a Sus mandamientos. Si se aleja y se convierte idólatra, entonces muchísimos males le esperan al pueblo de Dios, entre las cuales también se encuentra la hambruna. Por tanto, las plagas o heridas se dan, porque la causa de ellas tiene su origen a la apostasía de los hombres. Esto es la causa principal. ¡La apostasía del hombre de Dios! Escuchad como esto lo dice el Levítico:

“Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto….” (Lev 26, 3-4). Y también “tendréis tantos alimentos que comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo” (Lev 26, 10).

Y cuando venga la nueva cosecha encontrará la vieja en vuestros almacenes. ¡Y será tan rica la antigua cosecha, y la nueva aún más rica, de modo que quitaréis la antigua cosecha de vuestros almacenes para almacenar la nueva cosecha, porque no tendréis ya más almacenes para almacenar vuestros bienes! Si me escucháis, aplicáis y cumplís mis mandamientos, y no idolatráis, estará sucediendo esto. “Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos… entonces tendréis vuestro pan en balanza, racionalizado, lo tomaréis con cupón, y comeréis pero no os saciaréis”. Aquí en “balanza” quiere decir, cierta ración con cupón o con cartilla de racionamiento. (Deuteronomio 26, 3-4·10·26). Las mismas cosas, amados míos, menciona también el profeta Isaías 3,1 y Ezequiel 4,16. Lo he reunido todo esto y os lo ofrezco.

Y el Señor predice: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes regiones. Y todo esto será principio de dolores” (Mt 24,7-8).

¿Qué deben hacer, amigos míos, los fieles cuando estudian todas estas cosas y son avisados sobre las plagas o heridas venideras?

Yo en este momento, -(todas estas cosas yo las he sacado del libro del Apocalipsis, vengo aquí y os las cuento, el primer alumno soy yo, es decir, el primero que aprende soy yo, y vosotros que oís)- y todos juntos diríamos: “Qué debemos hacer de modo que no venga a nosotros la hambruna, pero aunque venga la hambruna, los males y las tribulaciones, por lo menos en nosotros que no sea algo muy crudo, gordo y pesado? ¿Qué debemos hacer?

Primero antes que nada, debemos permanecer siempre junto al Señor y nunca apostatemos y que no pequemos. ¡Habéis visto que en nuestra época hay apostasía! Una vez, cuando era pequeño, expresiones como “estáis idolatrando y actuáis como idólatras” las consideraba exageradas, porque pensaba y decía que ya no idolatramos, y naturalmente creía que los pasajes y versículos de la Santa Escritura sobre idolatría no tenían ningún sentido para nuestra época. Amados míos, siempre tienen su sentido y significado. Nosotros los helenos-griegos y en general los pueblos cristianos, hemos comenzado a idolatrar, como nunca más antes. ¡Si pudiéramos medir el fondo y la magnitud de la idolatría de los pueblos cristianos, y en qué grado hemos negado nuestra cualidad cristiana, de verdad sentiríamos horror, friki! No hablo ya de herejía, no hablo ya de incredulidad a la persona de Jesús Cristo, que es el Nuevo-neo-arrianismo, sino que hablo sobre la idolatría que existe en el mundo. ¡Y sólo la presencia de la Masonería es idolatría purísima, idolatría de veinticuatro kilates! ¡Y es tremendo sólo con que uno lo piense esto! Por tanto, ¿qué hacemos hoy? ¡Apostatamos de Dios! Pero aunque nosotros decimos que no apostatamos, sino que permanecemos fieles a Dios, ¿nuestras vidas cuáles y cómo son? La fe es lo primero, pero el modo de vida que hacemos, ¿cuál y cómo es? ¡Todos somos pecadores, todos pecamos descaradamente delante de Dios, sin temor! Echad una ojeada al repertorio principalmente de los pecados carnales, por no decir todos los demás, el enriquecimiento, la avaricia, codicia, y…y…y… para ver allí cómo pecan sin miramiento ni contención hoy en día los hombres.

Por tanto, la fe y el carácter moral están en quiebra, tanto de nosotros los helenos como de los pueblos cristianos. Y ya que han quebrado, entonces vendrán estos males. Para que no vengan a nosotros como individuos –aunque sufrimos junto con los otros- deberemos tener mucho cuidado tanto en el tema de la fe como en el tema del carácter, la ética para no caernos bajo.

El Señor dice y promete al obispo de Filadelfia (3,10) en el libro del Apocalipsis que, “Por cuanto has aplicado, guardado y cumplido el logos que habla sobre la paciencia (en las tribulaciones y persecuciones), yo también te guardaré de la hora de la prueba tentación que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que habitan sobre la tierra”. ¿Y cuál es esta prueba, tentación? Pues, ya que has permanecido fiel en Mí, yo también te guardaré de la tentación, prueba que vendrá en toda la tierra. ¿Cuál tentación? La tentación de la guerra y la tentación de la hambruna, etcétera.

Debe aún en nosotros los fieles que nos distinga la continua austeridad  en nuestra vida, evitación del derroche, si de verdad queremos ser fieles. Nuestra época nos ha dado una imagen de derroche como nunca más ha habido en la historia.

Debemos aún valorar y sacar provecho también de las formas de mantenimiento de los bienes materiales. Cuando tenemos en nuestras casas, amigos míos, una cantidad de comida que vemos que no va a sobrar respecto a nuestras necesidades, no debemos retenerla, que se estropeen los alimentos y después tirarlos a la basura. ¡No! No debemos tirar los alimentos en la basura ni nada más. Cuando un material, sea comida, sea tela, sea cualquier objeto –una cuerda, un paquete- siempre tenemos que decir: “¿En qué puedo utilizarlo esto?”. Y si no encuentro la manera, pondré mi cerebro a trabajar y encontrará la manera. ¿Si hubiera hambre, no encontraría la manera de conservar veinte kilos de uvas o de frutas? ¿Por qué ahora no puedo encontrar la manera? Dice un dicho popular: “El hambre maquina y descubre artes”. Por tanto aquí diríamos que, cuando uno quiere progresar así las cosas, entonces el cerebro encontrará artes y formas de valorizar y sacar provecho de los materiales que existen y no debe tirarlos…

Me acuerdo… y muy bien me recuerdo amigos míos… Os pregunto, ¿podéis conservar carne fuera de la nevera, sin congelador, fuera de la conserva? Oíd lo que hacía mi madre. ¡Eran días, oscuros, muy tenebrosos aquellos! Los alemanes comían carne asada y tiraban los huesos. Los huesos de la carne asada tienen en su interior el zumo, así los tomaba mi madre y los ponía al horno. Y un hueso lleva restos de carne, cuando entra al horno hasta que se reste totalmente la humedad, se conserva meses en una bolsa de plástico, no se estropea. Así uno podía tomar estos huesos (que la carne la habían comido los alemanes) y hervir estos huesos mucho tiempo y sacar el zumo haciendo sopa echando dentro trigo cortado, u otra cosa cualquiera, algo así- y hacer algo que era  muy y más tonificante que el agua hervida sola. ¿Lo habéis oído?

¡Si debiera sentarme en una compañía cerrada para narraros cosas, qué, cómo y cuántas! ¡Os diré de los huevos podridos que los rompíamos y sacábamos la parte podrida, la tirábamos y el resto que no estaba podrido lo comíamos! ¿Qué más queréis que os diga? ¡Os diré sobre las cáscaras de patatas! ¡Los alemanes invasores crueles comían las patatas nuestras, tiraban las cáscaras y nosotros una vez lavadas las poníamos en la trituradora, las hacíamos puré, en una bandeja de horno, sin aceite -¡qué aceite!, si es que encontrábamos y, lo poníamos un poco por abajo y un poco por arriba- y lo poníamos al horno para hacerse una patato-empanada! Y os diré de las cáscaras de naranjas que las fieras alemanes comían la naranja y tiraban las cáscaras que las comíamos nosotros. ¡Hervíamos las cáscaras de naranja mucho rato se salía lo amargo y de nuevo lo pasábamos por la trituradora –la trituradora hacía muchos trabajos- y de nuevo hacíamos aquellos puré, poníamos también algunas pasas, hervían, hervían y hervían, y lo hacíamos dulce! ¿Qué más queréis que os diga?  ¡Tengo… muchas recetas de la hambruna para deciros! ¡Estas cosas las vivimos, las vivimos, las vivimos…! ¡Por eso amados míos, tengamos mucho cuidado al derroche, pero mucho cuidado!

Sobre este punto tenemos también el mandamiento por el Señor. Cuando los cinco mil se saciaron, el Señor dio el mandamiento a Sus discípulos: “Recoged los trozos sobrantes, para que nada se pierda” (Jn 6,12), ni una moya. ¡Lo interesante es que los cinco panes y las doce cestas alcanzaron y comieron los hombres y se saciaron, además que sobraron y se juntaron doce cestas de las sobras! El Señor no es tacaño cuando tiene que comer el pueblo y saciarse, porque allí el Evangelista nos dice que “se saciaron”, se llenaron. El Señor sacia de comida a Su pueblo-laós. Levantarte de la mesa y tener hambre es maldición, no es bendición. Pero el Señor dice “recoged los trozos sobrantes, para que nada se pierda”. ¡He aquí las clases! ¡Por favor, mucho os lo ruego! No tiramos nada de nuestra casa. ¡Si lo tiramos –metéroslo bien en vuestro cerebro- pasaremos hambre! Sólo si no tiramos no pasaremos hambre.

También se debe siempre, en los tiempos de εὐ­δαι­μο­νί­α efdemonía (bienestar material)- este tiempo que ahora vivimos- acordarnos del tiempo de la hambruna, tanto para que seamos austeros y sencillos en nuestra alimentación, como también estar preparándonos psicológicamente para una hambruna segura –¡pero segurísima!- que vendrá. Os lo digo una vez más: ¡Es segurísimo tarde o temprano, tal como me veis y os veo, la hambruna está viniendo!

Oíd algo sabio que dice la Sabiduría Sirac 18,25: Que te acuerdes en el tiempo de la εὐ­δαι­μο­νί­α efdemonía (bienestar material), y los días de riqueza que te acuerdes de la pobreza y de la privación”.

¡Sabéis, amados míos, a mí de verdad esto me sucede, he adquirido vivencias, experiencias sobre estas cosas, y no simplemente vivencias, pero hasta psicosis me han producido estas cosas! ¡Hasta psicosis, porque he visto cara a cara el hambre! Y yo también en algunos espacios de tiempo puntuales, gracias a Dios sólo pocos días, el año 1941-42 he pasado hambre. En otros tiempos no, por la jaris (energía increada gracia) de Dios no tenía hambre continua. Con estas cosas que os dije, es decir, los huesos, las cascaras de patatas y de naranjas, y algunas cositas más, nos hemos salvado y no hemos pasado hambre. Un pequeño período pasé hambre, pero esto fue por pocos días. Me levantaba por la noche, y, aunque sabía que en el armario no había nada dentro, me levantaba y lo miraba por si acaso encontrase algo. El armario que estaba allí en mi habitación, lo cerraba e iba a dormir, pero en poco rato me levantaba –porque cuando uno tiene hambre no puede dormir- encendía la luz y otra vez miraba en el armario, mientras que sabía que no había nada, ya que anteriormente lo había abierto. Y otra vez volvía a mirar por si había algo. ¡Es terrible! ¡Y esto ya no sólo ya se me ha hecho vivencia, experiencia sino como os dije, psicosis!

Así me sucede en cada comida, cuando voy a comer, digo: “¡Mira qué bonito es esto!, ¿cuando venga el hambre, lo tendré esto?”. Pelo la fruta -¡es cierto que hoy pelamos las frutas!- y digo a mi mismo: “¿Si tuviéramos hambre, tiraría las cáscaras?”. Tiramos una parte de la manzana o la pera con gusano, ¿pero si fuera el tiempo de la Ocupación alemana, de la hambruna, tiraríamos lo que tiene gusano? La Santa Escritura nos señala y recuerda que nos acordemos del hambre. Y el sabio Sirac también dice: “Desde la mañana hasta la noche el tiempo cambia, y todo corre y pasa rápido ante el Señor” (Sirac 18,26). Así también delante del Señor cambia también la Historia, es una rueda. Hoy comemos, ¿pero mañana?…

Y finalmente, ἐ­λε­η­μο­σύ­νη eleimosini (caridad, limosna, misericordia). Dice el libro de Salmos: “¡He visto al caritativo desde por la mañana hasta la noche dar caridad; y no le he visto nunca pasar hambre, ni él ni sus hijos!” Cuando damos caridad, amados míos, tenemos la esperanza de ser apiadados de Dios, nos tenga misericordia. Y por un lado sufrir junto con el laós-pueblo que pasa hambre, pero no moriremos. Si estas cosas las tenemos en la memoria de nuestro nus, entonces, investigando, estudiando y entendiendo el libro del Apocalipsis, tomamos la actitud y la posición correspondiente y nos formamos y esperamos, entonces tenemos la esperanza de quedarnos a la voluntad de Dios y no llegar a esta miseria, indigencia y desgracia, que serán encontrados los hombres que habrán apostatado de Dios.

Y ahora, amados míos, vamos a la apertura y desenlace del cuarto Sello.

«Y miré, y he aquí un caballo amarillo [pálido]; y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades seguía tras él, [para ir recogiendo las psiques de los que morirían]; y le fue dada [por Dios] autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, y con la hambruna, y con la peste, y con las fieras de la tierra» (Ap 6, 7-8).

Nos encontramos en el capítulo 6, 7-8 del libro del Apocalipsis. Si nos fijamos en la sucesiva apertura y desenlace de los cuatro primeros sellos –este es el cuarto- observaremos que tenemos un escalonamiento progresivo. Primero ante todo se proclama, predica el Evangelio y todo es agradable y optimo; es el Caballo Blanco. Después comienza la reacción del Satanás y de sus instrumentos y empiezan las persecuciones y el martirio contra los predicadores del Evangelio y sus portadores, y así se derrama mucha sangre, y tenemos los Mártires y las guerras civiles, diríamos revueltas civiles, en un rayo de acción muy amplio o limitado;  es el Caballo Rojo como fuego. Después viene el Dios a castigar a los perseguidores de Su Evangelio y a lanzar hambruna, luto y pesadumbre, que es el Caballo Negro, del tercer Sello.

Pero como los perseguidores no se avienen a razón y persisten en sus negaciones, como desgraciadamente también los cristianos que cayeron, y empezaron a vivir su vida anterior idolátrica, (como por ejemplo los bautizados cristianos que niegan su bautismo, niegan su cualidad cristiana y se hacen Masones, Budistas, ateos o cualquier otra cosa) y ellos también atacan y combaten contra los Cristianos, entonces viene, como castigo ya por Dios, el cuarto Sello. Con la apertura y desenlace de este Sello viene la guerra, el hambre y el ataque de las fierras de la tierra y la muerte con la peste como epidemia que es una enfermedad mortal –esto que llamamos en nuestra lengua mortífero- a la cuarta parte de la población de la tierra.

Como percibirán y entenderán, la apertura de los cuatro Sellos constituye un círculo continuamente repetido dentro de la Historia, es decir, tenemos un método cíclico de interpretación de los acontecimientos del Apocalipsis, algo que observamos en toda la historia de Israel, pero también en el mismo Antiguo Testamento como en el Nuevo. Pero sobre todo, esta interpretación cíclica de la Santa Escritura la vemos en el Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento tenemos el siguiente círculo: el Dios da Sus promesas, hace Su Testamento y dice “Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca del Señor lo ha dicho” (Is 1, 19-20).

El pueblo escucha. Pasa el tiempo, el pueblo se descose y olvida, empieza a idolatrar y viene el castigo. El laós-pueblo cuando vuelve en sí mismo, en la metania y se arrepiente, el Dios perdona y renueva Su testamento. Es decir, vienen los Profetas, los Jueces etcétera, los que han gobernado al laós-pueblo, y le recuerdan las culpas, pecados y los derechos de Dios, y otra vez el laós-pueblo vuelve en sí mismo, para luego después de poco tiempo ser olvidado, otra vez caer en la idolatría y otra vez viene el castigo. Tenemos estos círculos. Así podemos ver el Antiguo Testamento, pero así también podemos interpretar toda la Santa Escritura y toda la Historia. No copian los siglos uno al otro, como se dice, excepto por supuesto de la Santa Escritura; esto es una interpretación cíclica o circular. Es decir, lo que sucedió en el siglo pasado se hará también ahora y tal como se hizo el siglo antepasado, se hará también en el siglo siguiente; es decir, se irán haciendo continuamente las mismas cosas. Pero no es exactamente lo mismo, porque tenemos a la vez un método espiral o helicoidal que de acuerdo con ella, lo que vamos hacer en este siglo si, por un lado, se parece del anterior, por otro lado, tenemos una especialización diríamos, una condensación de las situaciones, y así volvemos otra vez al círculo, pero estamos un poquito más arriba del primer círculo; subimos hacia arriba con una continua condensación de las cosas, de los acontecimientos. Así estos Cuatro Sellos continuamente sin cesar se repiten en la Historia.

Os rogaría que esto lo entendáis muy bien. Si lo entendéis, entonces comprenderéis el libro del Apocalipsis, de otra manera se irán haciendo malas interpretaciones.

Y ahora vamos al análisis del cuarto Sello. El cuarto animal espiritual es “semejante a águila” real volando. El color del cuarto caballo es el amarillo pálido, o amarrillo-verdoso, el color de la muerte. El color amarillo en concreto lo ponemos cuando algo está puesto en “cuarentena” con señal una bandera amarrilla. Lo mismo hacemos cuando hay una enfermedad en algún barco, es decir, que elevan bandera amarrilla. Además que la cara amarrilla de una persona recuerda la muerte. Cuando vemos un ser humano que está amarrillo, pálido, parece como si esta persona está lista para morir. En consecuencia, el color amarrillo, este color amarillo pálido es el símbolo de la muerte. Además el jinete del caballo amarillo lleva el nombre de θά­να­τος zánatos muerte.

«Y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y Hades seguía tras él, [para ir recogiendo las psiques de los que morirían].»

Aquí se personifica el Hades igual que la muerte también se personifica y el Hades sigue la muerte. Es natural que la muerte la siga el Hades, pero atención en algo: Esta personificación tiene realmente algo importante que decirnos. Es decir, revela que esto aquí es un pasaje fuerte que demuestra que después de la muerte las psiques viven. Porque si las psiques no vivieran después de la muerte, ¿entonces para qué añadir aquí que detrás de la muerte sigue el Hades? Por tanto, para poner que detrás de la muerte sigue el Hades, es decir, aquel que recoge las psiques que han muerto, y por consiguiente los hace propiedad suya, los tiene como adquisición suya, significa que las psiques no mueren, pero la vida de cada ser humano que muere continúa también después de la muerte.

“Y  le fue dado autoridad”. ¿A quién se ha dado autoridad? A la muerte y a continuación al Hades. ¿De quién fue dada esta autoridad? Por Jesús Cristo, el Señor de la vida y de la muerte, y se le dio no por complacencia, sino por concesión. El Cristo es el Señor de la vida y de la muerte. ¿Cómo, pues, se da permiso a la muerte de recoger la cuarta parte de la población de la tierra? ¿El Dios lo quiere esto? Nunca. ¿Pero por qué lo permite?

Lo permite no por complacencia, no porque lo quiere, sino por concesión. No olvidemos nunca este discernimiento entre complacencia y concesión. Lo concede Dios para castigar los hombres.

El resultado de la plaga o herida, de la apertura y desenlace de cuarto Sello es la guerra, la peste (lo mortal), la hambruna, y las fieras de la tierra. Estas son las cuatro plagas como apertura y solución del cuarto Sello.

Además de la cuarta plaga, que son las fierras de la tierra, el mismo Señor cuando habla en el Evangelio sobre los ésjatos tiempos y acontecimientos y nos dice “porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; es decir, habrá guerras y pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mt 24, 7), muestra que estas cosas son realmente elementos de los ésjatos tiempos, pero sin que con esto signifique que no se repiten desde el momento que se escribió el Apocalipsis, porque los ésjatos empiezan desde el mismo momento que se escribió el libro del Apocalipsis, con condensación hacia los verdaderos ésjatos últimos tiempos y acontecimientos.

Puedo deciros que, si hay algo que electriza a cada oyente o lector del libro del Apocalipsis, son los elementos o datos guerra, hambre, enfermedad. Y si muchas veces tenemos una curiosidad persistente en querer interpretar la Escritura, es exactamente para encontrar lo qué sucederá más abajo, y si nos vamos a encontrar dentro de una guerra, hambre o enfermedad. Pero no me gustaría que pensáramos así, porque os dije que estas cosas se repiten continuamente. Pero os rogaré ahora que prestemos atención al análisis de estos cuatro elementos o datos, y entenderemos muchas cosas.

Primero las guerras. Las guerras son el resultado de las malas relaciones de los hombres, porque las guerras son las malas relaciones entre los seres humanos. El fenómeno de la guerra apareció encima en la tierra desde entonces que apareció el hombre. Los primeros hombres eran cuatro; Adán y Eva, Caín y Abel. Y sin embargo Caín asesinó a Abel. La cuarta parte entonces fue asesinada, puesto que en la totalidad todos los seres humanos eran cuatro. Desde entonces, desde el primer homicidio, asesinato que cometió Caín, hasta hoy en día se han cometido millares de guerras, realmente muchas miles de guerras en la Historia humana.

Pero quizás algunos dirían: “¿Entonces a qué viene la profecía, y del Cristo, y aquí ahora del Juan Evangelista, añadir sobre guerras, ya que en la época que aparecieron los hombres encima de la tierra tenemos guerras? ¿Por tanto qué nuevo nos añade, en el momento que el tema de las guerras es muy conocido, y es continuamente repetido, y muy densamente?

Primero antes que nada, se dice como profecía, para que piensen y crean los fieles que el Evangelio predicado al mundo encontrará tanto eco o repercusión, de modo que predomine en a la tierra la paz, según el himno angelical “y paz en la tierra” (Lc 2,14). Por tanto deben salir de esta percepción sobre todo los fieles, ya que ahora el Evangelio vino, y los pueblos cristianos o por lo menos los pueblos que conocen el Evangelio deben no tener guerras ya.

Atención, esto es un autoengaño, y en concreto este autoengaño diríamos que encuentra repercusión también en pequeñas extensiones, como en un pueblo¸ es decir, querer gobernar inter-cristianamente, y así las cosas irán muy bien. Amigos míos, no hay ninguna objeción que los gobernantes Cristianos podrían dar muchos bienes, pero no debemos creer de que evitaremos las guerra y los desordenes simplemente porque los pueblos son corruptos. Los pueblos cristianos cuanto más avanzamos hacia los ésjatos tiempos y acontecimientos, no tendrán mejora del espíritu cristiano, sino empeoramiento. Por tanto, ya que tendremos empeoramiento, no podemos tener más que guerras, y no será instalada la paz encima de la tierra.

Así primero antes que nada, la profecía tiene su valor en que no crean los hombres que a partir de ahora y en lo siguiente vendrán épocas bienaventuradas. No vayáis lejos, el Milenarismo T.J. lo creen esto. ¡Pero esto es un engaño, que proviene del Satanás! Por supuesto que llegaremos al pasaje que se menciona “mil años” (Ap 20,1-8), y allí veremos lo qué quiere dar a entender el logos de Dios.

¡Y no creéis y penséis que los Milenaristas   y los Testigos de Jehová cuando dicen que esperan una época de bienaventuranza encima de la tierra, una época que los hombres estarán comiendo con cucharas de oro, no influyen en su ambiente y a los Cristianos! Sus folletos que circulan y en concreto aquellos folletos de propaganda- tienen en su interior muy bonitas imágenes, fotografías y escenas, es decir, que presentan a los hombres alegres, felices, sonrientes y muestran jardines bellos con todos los frutos de la tierra encima de la mesa, y uno tocando la guitarra, otro a lado cantando, los niños jugando etc… ¡Interpretando el pasaje de Isaías 11,9, de que el león y el oso pastorearán juntos con el cordero! Esta interpretación no es aceptada, no es correcta. Por tanto, la profecía tiene su posición aquí, de que tendremos guerras y no paz, y aunque sea que sólo se delimite en esto, es bastante para ser justificada esta posición.

Paro todavía una cosa más. No se trata de las guerras acostumbradas, cuando el Señor habla sobre ellas, sino de guerras improvistas, extraordinarias y terribles. Por supuesto que ha habido guerras grandes y terribles y matanzas despiadadas dentro de la Historia. La Historia de los hombres está llena de guerras desde el principio hasta el final. La Historia humana es historia de las guerras, pero por muy terribles que fueran estas guerras, habrá guerras más extremas e inimaginablemente más terribles aún. Y se ve, amados míos, de que estas guerras nunca se previeron por la mente humana. Nunca el hombre ha imaginado terribles guerras, al grado que se vayan a realizar. Y se ve también que este inicio ya se ha hecho.

Leed, si queréis toda la Historia de los pueblos, pero en ninguna parte veréis la característica de guerra universal o mundial. ¡En ninguna parte! Sin embargo en nuestro siglo se han realizado dos guerras mundiales, una más terrible que la otra. Pero una tercera guerra mundial o universal… ¡Leed los periódicos, oíd las noticias, más o menos, y creo que tendréis una imagen qué significaría una tercera guerra mundial!

Os digo solamente esto. El Señor dijo la siguiente frase: “se levantará nación contra nación, y reinado contra reinado” (Mt 24,7 Mrc 13,8), y esto revela exactamente guerra mundial. Porque hoy no es un pueblo que hace la guerra contra otro pueblo, y quizás venga un tercer aliado a ayudar al primero o al segundo. Aquí tenemos verdaderamente una guerra universal, mundial y en consecuencia la expresión del Señor, la formulación “se levantará nación contra nación, y reinado contra reinado” hoy en día se hace comprensible.

¡Hace setenta años los hombres no podrían conceptuar e imaginar una guerra mundial; no podían, no era posible! (homilía año 1980). Un preámbulo de la primera guerra mundial es la guerra de Crimea. La guerra de Crimea fue una especie de guerra mundial, un comienzo, no exactamente mundial, sin embargo tomaron parte muchos pueblos o países en esta guerra. ¿Pero se podía esto considerarse como guerra mundial? ¡No, y por supuesto que tampoco uno podría imaginar una guerra nuclear que mataría fácilmente dentro de pocas horas, en veinticuatro horas, la cuarta parte de la población de la tierra! ¡Impensable! Amigos míos, antes de cincuenta años, estas cosas y realidades que decimos ahora eran impensables.

¿Sería posible alguna vez pensar uno que en una guerra tomarán parte doscientos millones de soldados? ¿Lo podría imaginarlo uno esto alguna vez? ¡Impensable e incomprensible! Sin embargo, en el pasaje 16º toman parte tres ejércitos: Los rojos, los amarillos y los azules. Si en principio Dios quiere, llegaremos a esto, allí veremos todas estas cosas y realidades. Y la guerra se hará en Mesopotamia, entre los ríos Éufrates y Tigre, es decir, en Persia. ¡Estas cosas fueron escritas hace dos mil años, y se refiere que los ejércitos que tomarán parte serán doscientos millones, “veinte miríadas”! ¡Y si tenemos en cuenta que sólo China es un billón de habitantes y que podría ser uno de cada cinco incorporarse al ejército, entonces sólo China dispondría de doscientos millones de ejército! ¡Esto hace unos pocos años era impensable!

En consecuencia la profecía sobre guerras tiene base, fundamento y no es una cosa suelta. Ha tomado un fundamento grande y tiene un valor muy grande, porque ya no habla de guerras acostumbradas, sino de guerras especiales, terribles y aterradoras.

Segundo, es la hambruna. Igual que las guerras, lo mismo azotaba nuestra tierra también el hambre, pero aquí se trata de un fenómeno como resultado de la apostasía, cosa que no sucedería si los hombres no apostatarían de Dios. Cuando el Señor habla de hambruna, y el evangelista Juan se refiere lo mismo a la cuarta plaga, el cuarto Sello, el Señor profetiza la apostasía y esto porque el resultado de la apostasía será también las guerras y la hambruna. A pesar de esto –mientras que siempre ha habido hambrunas encima de la tierra- se trata de plagas, hambrunas improvistas, extraordinarias y no acostumbradas, porque las hambrunas que había en la tierra eran principalmente locales. En concreto una hambruna la apunta el evangelista Luca en los Hechos y nos dice que esta hambruna, que la había profetizado Agabo y muchos otros profetas de la Iglesia, se realizó en la época de tal emperador, etcétera, (Hec 11,28).

Así que tenemos siempre hambrunas, sea por malos tiempos climáticos, sea por situaciones de guerra. Nosotros en el año 1941-42 y etcétera, no tuvimos hambruna por situaciones climáticas adversas, sino por situaciones de guerra. Estas situaciones son locales. Aquí habla de gran hambruna que tendrá carácter universal ¡Será algo que sucederá mundialmente, universalmente!

Oíd cómo lo dice el libro del Apocalipsis, en el 8º capitulo. (Veis que tomo datos paralelos, para poder tener así una icona-imagen de todo el libro, pero llegando allí volveremos a ver estos puntos y signos con más detalle). “Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo” (Ap 8,11). El ajenjo es una planta más bien venenosa que huele muy mal si la estrujáis en vuestras manos. Sus hojas son grisáceas tirando a verde, tiene frutos pequeños y su sabor es amargo. “Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo”; en vez de decir que las aguas se convirtieron en amargas, dice que se hicieron ajenjo, es decir, se hicieron amargas como el ajenjo “y muchos de los hombres se amargaron (envenenaron) por las aguas y murieron”.

¿Pero porqué se amargaron, envenenaron las aguas y en concreto “la tercera parte de las aguas”?

Si la tercera parte es número esquemático o real, en este momento no podemos decirlo. Pero insinúo y lo creo que no es un número esquemático, si no un número real. ¿Porque, amados míos, si unos años atrás, o el tiempo que se escribía el libro del Apocalipsis los lectores leyeran que se haría una guerra donde participarían doscientos millones de soldados, decidme por favor, creerían y pensarían de que se trata de un número real o de un número convencional? Seguramente dirían: “Esto es una cosa impensable, imposible de entender. Y ya que es impensable, entonces debemos decir que seguramente se trata de número convencional. Por tanto, no son doscientos millones, sino que quiere indicar la magnitud”. Hoy en día con la población que tenemos y con las condiciones de vivimos, es cierto que los doscientos millones son un número real. Así que aquí podrían decir los hombres: “¿Es posible la tercera parte de las aguas sean contaminados y hacerse amargas, envenenadas  y en consecuencia inadecuadas para beber, y también malas para regar nuestras plantas?”

Si  uno tiene en cuenta cuánto es la extensión de los océanos en relación con la tierra y que la “tercera parte de las aguas”, ríos y mares, serán inadecuados, ¿diríamos que la “tercera parte” es un número convencional? ¡Hoy en día con la energía nuclear y con la contaminación del medio ambiente que tenemos, amados míos, no sólo la tercera parte se contamina, sino todo el mar y los ríos, y los todos los mares de los océanos es posible contaminarse! Así lo insinúo yo, no sé si me equivoco, que la tercera parte de las aguas que serán contaminadas no es un número convencional. Pero pregunto: ¿Si hay una contaminación de este tipo, amigos míos, cómo podremos vivir y regar nuestras plantas! ¿He aquí porque viene la hambruna!

Aprovecho esta ocasión y os diré un ejemplo muy pequeño y totalmente local.  ¡En el Stomio (donde está el monasterio) en la playa hay muchos mejillones, muchísimos… allí pegados en las rocas… y os aseguro que me gustan mucho! Íbamos, pues, de vez en cuanto y recogíamos mejillones o amigos del pueblo nos los traían, y por supuesto los comíamos con muchas ganas. Unos hombres me decían que no las comamos porque los mejillones tienen cien veces más plomo que los pescados. En concreto se consideran como la medida de medir las aguas del plomo que llevan, y como ya están contaminadas por los residuos que caen en la bahía de Thermaicós (Tesalónica). ¡Una vez leí yo también que la bahía de Thermaicós (en Tesalónica) está muy contaminada y es muy peligroso para uno comer mejillones, y entonces, amigos míos, era la época que nos traían cinco kilos de mejillones fresquísimas, bonísimas! ¡Los veíamos como un manjar, los deseábamos mucho… pero tuvimos que tirarlas! Esto nos sucederá; no podremos poner en nuestras bocas nada, porque estará todo contaminado. ¡Es terrible! ¿Lo llegan a captar y entender esto? He aquí porque vendrá la hambruna en la tierra. Creo que ahora es fácil y bien comprendido.

Es cierto que hubo muchas hambrunas en la Historia, pero de que vendrá una hambruna de este tipo a causa de la contaminación del ambiente, del aire, del mar y de la tierra, ¿lo han pensado esto las generaciones anteriores? No. Esto, pues, es digno de profecía, por eso es profetizado.

Tercero, son las hambrunas, las enfermedades y la peste mortífera. Por supuesto que siempre en la humanidad ha habido enfermedades infecciosas, pestilencias, y otras enfermedades y epidemias, como las gripes. ¡En concreto la gripe española del año 1917 mató tanta gente, tanta que no ha matado la primera guerra mundial! Es cierto que tenemos muchos acontecimientos mortales de este tipo, exaltaciones de enfermedades, que el hombre no puede afrontar, ¿pero por qué el Señor aquí profetiza sobre peste y enfermedades epidémicas? Parece que se trata de enfermedades que los hombres jamás se lo pensaron e imaginaron que podrían existir encima de nuestra tierra, y parece que también de esto su principio ya está activado en nuestro siglo (años 1981).

¡Amigos míos, prestad atención, mucho cuidado! De todas estas plagas tenemos el principio  en nuestro siglo actual; y con las guerras mundiales, con una terrible guerra nuclear, con la hambruna y con las enfermedades epidémicas. Antiguamente las enfermedades eran infecciosas, derrumbaban y acababan. Pasaba una enfermedad en Europa, pasaba en África, pasaba en Asia, duraba por regla general uno-dos años, digamos, mataba mucho y allí terminaba. Después los hombres no tenían enfermedades sino sólo las acostumbradas. Hoy, primera enfermedad la maniaco-depresiva de los nervios, por la que existe también profecía especial en Deuteronomio. Escribe pues allí: “Os convertiréis en frenéticos, ¡Frenéticos, enajenados! Os iréis marchando por miedo de allí de donde nadie os persigue” (Deu 28, 58-68). La segunda enfermedad son las cardiopatías, y después el cáncer. Me sorprendió mucho cuando leí que dos de cada tres americanos tienen alguna forma de cáncer, tal como el cáncer de la piel, por ejemplo, que no es mortal, si no me equivoco. ¡No soy médico; si aquí tenemos oyentes médicos, que me perdonen si cometo errores médicos!

Quiero decir con esta manera que tenemos una expansión grande de este tipo de enfermedades, que no podemos afrontarlas, a pesar del progreso de la ciencia. ¿Podían los hombres anteriores, los hombres de los años pasados, imaginar que tendrían enfermedades neuróticas, psíquicas y depresiones? ¡Por tanto, amigos míos, aquí vemos también que hay necesidad de profecía! Así que se explica aquí también el porqué la profecía habla sobre pestilencias, es decir,  enfermedades epidémicas.

Las fieras de la tierra son la cuarta amenaza. Es cierto que siempre había fierras en la tierra que perjudicaban a los hombres, pero aquí se trata de casos improvistos. Me dirán: “¿O sea que aumentarán los leones, los osos, los tigres, las serpientes, y empezarán entrando en las ciudades, nos estarán mordiendo y estaremos muriendo? ¿Quizá algo así será?

Queridos míos, en principio antes que nada, debemos saber que las bestias o fieras se mandan en el caso de apostasía, y es una plaga el que se vuelvan contra al hombre, mientras que se crearon para servir al hombre. Leemos en el Levítico donde Dios dice: “Soltaré contra vosotros las fieras del campo, que os privarán de vuestros hijos, destrozarán vuestro ganado y os reducirán a pocos, de modo que vuestros caminos queden desiertos” (Lev 26,22).

Y por otro lado Ezequiel dice: “¿Cuánto más (perecerá) Jerusalén si Yo enviare contra ella mis cuatro azotes terribles (juntamente); la espada, el hambre, los animales feroces y la peste (epidemia), para exterminar allí hombres y bestias?” (Ez 14,21)

Amados míos, se ve que no son sólo las fieras conocidas del bosque, que es el león como dijimos, el tigre, etcétera; son unas otras fieras, que son peores que los leones. Primero antes que nada es la exaltación de las variedades de insectos, como son las moscas y los mosquitos, que son portadores de enfermedades, y que estos también se pueden calificar y caracterizar como fieras, porque pueden realmente traer consigo mucha catástrofe. ¡Estos insectos destruyen la agricultura, pero también a los animales, pero creo que serán fieras aún más terribles que enviará Dios, son… los microbios! ¿Quién creó los microbios? Los microbios, amigos míos, no se han hecho ahora; los microbios se hicieron en la época que el Dios creó los seres. Son microorganismos que los mantuvo el Dios para el castigo de los apóstatas y de los transgresores de Su ley.

Os diré un pasaje paralelo. Dice el apóstol Pedro que el Dios guarda fuego, dentro en la materia. Escuchad expresión por la segunda epístola del apóstol Pedro, y os asombraréis: “El Dios guarda, atesora el fuego en el interior de la materia, que de ella saldrá para quemar a los impíos” (2Ped 3,7). Hoy sabemos que la materia contiene energía, terrible energía. Parece que a esta energía, la que está guardada en la materia, el Dios la sacará y castigará a los impíos, pero a la vez, toda la creación cambiará y se hará nueva, tal como dice también el libro del Apocalipsis: “21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más”, y el profeta Isaías 65,17 y etcétera.

Así que el “guardar”, es decir, que es atesorar, podríamos decir también que son los microbios. Por supuesto que los microbios se hicieron por Dios, pero no tenían mandamiento de perjudicar al hombre. Ahora el Dios envía las fieras, que se llaman microbios, para que perjudiquen al hombre y castigarlo. Y vemos microbios, que aún no los han captado nuestros ojos, estos que hoy en día llamamos virus, y que de estos sufrimos virulencias, infecciones- que vengan ahora y nos ataquen e infecten. Y lo peor es que estos virus no los vemos, vienen nos tiran al suelo a nosotros los altaneros y presuntuosos, que nos hemos levantado con las puntillas de nuestros pies y nos hemos estirado con nuestra soberbia diciendo al Cielo: ¡No existe Dios! ¡Qué ironía… el hombre arrogante desgraciado caerse abajo muerto por una fiera invisible, que se llama microbio, que se llama virus!

Amados míos, se ve que también esto se debería hacer objeto de profecía. ¡De todas formas lo digno de apuntar es que sin que se trate de coincidencia, que en la plaga de la Cuarta apertura del Sello tenemos un uso acumulativo del número cuatro; cuarto sello, cuarto animal espiritual, cuatro plagas, la cuarta parte de los hombres morirá! Esto no es casual, ni al azar.

Otra vez repetiré, lo que hemos recalcado también desde el principio, es decir, la realización de las cuatro plagas es circular, con condensación hacia los ésjatos (tiempos y acontecimientos); y parece que el siglo veinte es el principio de la condensación. Por tanto, por esta razón amigos míos, tengamos mucho cuidado, no vaya ser que nos encontremos al principio de estos males. Amín.

 

Unidad 22  Apocalipsis 6,9-11 El diápsalmo del 5º Sello. Justos y martirio Cristiano

 

Y ahora vamos, con la ayuda de Dios, al quinto Sello. El quinto Sello se encuentra en el 6º capítulo, en los versículos 9 hasta el 11. Parece que hasta ahora en la apertura y desenlace de los Cuatro Sellos se ha dado la impresión de que dentro de esta matanza de los hombres entre sí y los castigos que se impusieron, dentro de este revuelto y en esta confusión e imposición de plagas, parece que los justos y los piadosos se han perdido, (acordaos del primer caballo, que sale alegremente el Evangelio para expandirse en la tierra, y viene las potencias contrarias las antíteas-antidios a combatirlo).

¿Dónde están hoy en día los justos? ¿Dónde están los Cristianos? Se han perdido. Es una percepción del siglo presente, porque sencillamente para ellos los justos son hombres indeseables. Amigos míos, puede ser que los justos y los piadosos hayan sido fastidiados, desdichados, perseguidos, martirizados y hayan derramado su sangre, pero existen y viven deleitando y gozando en el Paraíso.

Es aquello que apunta la Sabiduría Salomón –y en concreto os sugiero que leáis el capítulo 2 y 3 de este libro- y tomo de este un trozo muy pequeño, así como indicativa que dice: “Pero las psiques-almas de los justos están en la mano de Dios, y no les estará tocando la desdicha, el agobio y el castigo. En los ojos de los hombres impíos y malos pareció que han muerto y han sido exterminados y la muerte de ellos se consideró como maltrato, agobio, fastidio y la separación de ellos de esta vida como desaparición, pero ellos se encuentran en paz” (S. Sal. 3, 1-3)

¡Qué bello esto! Exactamente esta verdad que nos dice Sabiduría Salomón viene a darnos la apertura del quinto Sello.

«Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las psiques-almas de los que habían sido degollados por causa del logos de Dios y por causa del testimonio que tenían. [9 Y cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar celeste las psiques de los mártires que habían sido degollados durante las persecuciones por el testimonio del logos de Dios y del Cordero, el cual habían recibido y lo guardaban como tesoro incalculable]. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Soberano Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre [que se derramó injustamente] en los que moran sobre la tierra? Y a cada uno le fue dada una túnica blanca, y les fue dicho que descansaran aún un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos, el de sus hermanos que debían ser asesinados también como ellos» (Ap 6, 9-11).

Esta es la apertura del quinto Sello.

Como percibiréis, el de-sellamiento, apertura del quinto Sello es distinta de los cuatro primeros. Lo mismo sucede también en los dos próximos Sellos. Obviamente la apertura del quinto Sello constituye un diápsalmo de alivio y regocijo, por las cosas y realidades que se oyeron de los Sellos anteriores. Diápsalmo es una intercesión de otro texto sin tener relación con este, es decir, con el texto principal. Esto lo tenemos también en el libro de los Salmos. Para hacéroslo más comprensible, es igual que cuando veis la televisión, mientras está proyectando una película, de repente para y ponen anuncios. Después paran los anuncios y continúa la película. Aquí se hace un corte e interviene algo que no tiene ninguna relación con el tema principal. Esto como especie o género de literatura se llama diápsalmo y en la música intermedio. Así que la apertura del quinto Sello no tiene ninguna relación con los anteriores. Es un diápsalmo.

Es obvio, amigos míos, no es exactamente así. Es un intermedio por supuesto de alivio, un diápsalmo… porque el lector o el oyente, cuando escucha o lee la apertura de los cuatro Sellos, le sobrecoge un pena, tristeza. Allí de repente el escenario cambia, cambia el tema, y el lector o el oyente ve algo distinto que es de alivio y regocijante. Son los Mártires, aquellos que se sacrificaron para Cristo, y ahora piden algo de Cristo. Pero os expliqué que a pesar de esto no es  independiente, sin tener nada que ver con los primeros cuatro Sellos, porque simplemente, ya que se les da la respuesta, es decir, de que se van a añadir también los otros que darán testimonio y martirio y encontrarán justificación, justicia, esto es una respuesta principalmente a todas las anteriores. “¡El Evangelio ha sido predicado, pero vosotros os habéis hecho víctimas del Evangelio, porque los contrarios os han asesinado. ¡Pero no temáis! ¡He aquí, ahora estáis en el Paraíso, y en consecuencia no os habéis perdido, así que estáis presentes!” Por tanto el quinto Sello, pues, tiene relación con los cuatro Sellos anteriores.

¡De todas formas en la apertura y desenlace del quinto Sello tenemos el martirio cristiano! No sé qué himno se podría decir en el martirio cristiano. Un himno de este tipo sobre el martirio cristiano existe en la epístola del apóstol Pablo, que es el himno de la fe y a la vez el himno del martirio; también es de los dos. De todas formas el Señor pre-anunció el martirio; oíd cómo lo dice: “Bienaventurados y felices seréis los que os habéis convertido en mis discípulos cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros todo tipo de calumnias y mentiras por causa mía. Alegraos y deleitaos porque vuestra recompensa en los cielos será grande e incalculable. Porque también persiguieron a los profetas que ha mandado Dios antes que vosotros” (Mt 5, 11-12).

Así que el martirio es algo que concierne la realidad evangélica y que es la identidad del Evangelio. Por favor, prestad atención a lo que os voy a decir: ¡El martirio constituye la identidad del Evangelio! Esto significa que el Evangelio que no es perseguido no es auténtico. Persecución y Evangelio son dos cosas idénticas. Kerigma que es perseguido es auténtico. Kerigma que no gusta, ni agrada porque provoca removimiento y cambio de actitud en las conciencias, es auténtico. Como dice el apóstol Pablo, kerigma que va conforme los gustos de los hombres, agrada y calma sus conciencias, este kerigma es falso; “Porque vendrá el tiempo en que no soportarán mas la sana enseñanza, sino que llevados por sus propios caprichos, buscarán maestros con arreglo a sus concupiscencias y que les alegren sus oídos” (2Tim 4,3).

Los Profetas que clamaban “tenéis paz, tened cuidado, si apostatáis, viene catástrofe, vendaval contra vosotros”, no decían cosas agradables. El profeta Jeremías, por ejemplo, dice: “Me has adornado tu señorita, oh Sión, con los vestidos transparentes y los bellos cinturones… Cuerda podré en vuestra cintura como cinturón y seréis arrastradas cautivas a Babilonia”. ¿Era kerigma agradable? ¡No, todo lo contrario! Era tremendamente desagradable, pero era auténtico, porque como leemos, dentro de poco vino el cautiverio Babilónico. Lo mismo dice el profeta Isaías: “Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura” (Is 3,24).

Por tanto, el kerigma que es perseguido, significa que es auténtico.

Pero, la persecución a la vez constituye también un elemento esjatológico, es decir, que el martirio y la persecución no sólo existirán siempre, sino que, especialmente hacia el final, habrá persecución y también martirio. En consecuencia estas realidades constituyen elementos esjatológicos, y con esto entendemos que tendremos condensación del martirio.

Escuchad cómo el Señor lo dice esto: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis odiados de todas naciones por causa de mi nombre”.

Y san Cirilo de Jerusalén escribe las siguientes cosas: “¿Quién es el bienaventurado, el dichoso que dará testimonio con martirio a favor de Cristo entonces? Yo creo que por encima de los mártires anteriores, los ésjatos-últimos, postreros serán muchísimo más importantes, porque aquellos los más antiguos, los que están antes que el Anticristo habían combatido sólo con hombres, -con los instrumentos del Satanás- pero los contemporáneos del Anticristo combatirán con el mismo Diablo , que será y estará en la persona del Anticristo.

¡Por supuesto que, el Satanás no se encarnará, sino que habrá entrado en un individuo, que por el logos de Dios se llama Anticristo, y estará expresando plenamente, sin duda ni miedo alguno, la voluntad del Satanás! Es decir, será algo que en calidad y magnitud la humanidad hasta entonces no lo habrá re-encontrado y vivido.

 

Por tanto tenemos condensación del martirio.

¡El martirio cristiano, amados míos, constituye una idea fundamental del libro del Apocalipsis! Si quitamos el elemento del martirio del libro del Apocalipsis, entonces no tenemos libro del Apocalipsis. Por eso sabemos que en cada paso nuestro encontraremos esto y se interpreta de la siguiente manera: ¡Los Cristianos en su camino histórico tendrán martirio! Si realmente quieren levantar la bandera de Cristo, que tendrá encima la cruz y el símbolo de Cristo, tendrán martirio. ¡Esto es nuestro símbolo!

Por tanto, para el Evangelio que no es perseguido, debemos dudar tanto de su calidad como de su oferta. Algo estará sucediendo, quizá habrá sido adulterado, y esto es algo que conviene y beneficia al Diablo, porque él desearía que exista un Evangelio adulterado. Pero el Evangelio que es perseguido, es decir, el logos de Dios que es perseguido, el testimonio a Cristo que es perseguido, significa que hay autenticidad, y en consecuencia está vinculado y entrelazado el martirio con el Evangelio.

Pero, amigos míos, vamos a seguir mirando el texto sagrado en sus detalles.

La apertura y desenlace del quito Sello, aparece en el altar o sacrificadero celeste. “Vi bajo del altar” (Ap 6,9). Así que, tenemos pues, un nuevo elemento en la icona-imagen descrita del cielo. En el capítulo 4º, nos acordamos que el Evangelista vio que estaba abriendo una puerta al cielo, y a continuación vemos, y los estaremos viendo, que el divino Evangelista enriquece esta icona-imagen del cielo, que tiene todos aquellos elementos que se refirió al principio, y que continuamente se enriquecen. Además vemos también una dinámica dentro de aquellas escenas del cielo, no una inmovilidad.

Es el Altar Celeste. Toda la escena al cielo devela templo –el trono de Dios, etcétera, y siempre delante de Dios existe el Altar. Además con base este prototipo del cielo se crea en la tierra nuestro altar o sacrificadero el terrenal.

Es muy característico que cuando Moisés fue llamado al monte Sinaí para recibir la Ley, allí el Dios le dio los antítipos o copias, reproducciones del cielo (atención a este punto, está en el libro Éxodos 25,9 y 40) y le dijo: “Harás así conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios”, es decir encima de la montaña la tienda de cabaña del altar o sacrificadero será así. Y el arca tendrá estas dimensiones, tanto de largo, tanto de ancho y tanto de altura. Será construida de tal madera y será revestida con oro. Todavía los utensilios serán así y así. No se deja la iniciativa a Moisés o a los técnicos especialistas a fabricar los utensilios, simplemente porque se trata de muestras, de copias de las realidades celestes. Esto es maravilloso. Y continua: “Ten cuidado, lo que harás, lo harás exactamente tal como se te ha indicado encima de la montaña.

Y el apóstol Pablo en su epístola a los Hebreos 8,5, escribe: “los cuales sacerdotes celebran el culto de forma simbólica y sombra de las realidades celestes, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir la tienda del altar o sacrificadero, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte Sinaí.

(Aquí tiene una respuesta a los heréticos protestantes que utilizan hasta la saciedad el capítulo del Éxodo 20,4, tachándonos a los Ortodoxos de idólatras, utilizando mal la palabra Griega ídolo y encima no quieren aprenderla correctamente el Logos de Dios en Espíritu Santo nos ha dicho y enseñado lo qué hay que hacer y lo que no hay qué hacer… https://www.logosortodoxo.com/herejias/sobre-las-escrituras-los-iconos-y-los-protestantes/

Aquí haré un paréntesis muy pequeño, que la cerraré rápidamente. Quizás alguien insinuaría que la teoría de Platón “sobre ideas” era correcta; es decir, que los modelos, los prototipos, las ideas de las realidades terrenales son inmortales y se encuentran al cielo. Por supuesto, como sabemos, Platón antes de instalarse fijo en Atenas, hizo un periplo grande; había ido también a Palestina y a Egipto. San Justino el mártir y filósofo, le acusa como ladrón, lo mismo hacen también los primeros apologetas. Dicen que tomó las ideas del Antiguo Testamento y las edificó con su propio nombre de sistema filosófico. (San Justino filósofo y mártir, Apología TLG44,.8.1-10,3 pag 26-27).

No sé, amigos míos, si Platón fue ladrón o no, o si se ha prestado algo. Pero una cosa sí que es: puede que por un lado sea parecida la cosa así exteriormente, pero no es así. Porque hay una gran diferencia entre la filosofía platónica sobre las ideas y entre las cosas que aquí tenemos. Existe diferencia muy grande, pero no es el momento de analizar estas cosas.

El hecho es que tenemos unos prototipos, modelos en el cielo. No olvidemos que la creación entera es una icona-imagen y un reflejo de las divinas realidades, de las divinas energías increadas y operaciones. Tened en cuenta que todo el universo, según los datos e informaciones de la Física contemporánea, se hizo por la luz. Y realmente la luz es el primer elemento de la creación. “Dijo el Dios: hágase la luz, y se hizo la luz” (Gen 1,3). ¡Este primer elemento admirable, que se llama luz, es la materia y la energía, si se me permite decirlo así, por la que se ha creado el mundo material! Esta es la última palabra sobre el tema de la creación del universo. Tenemos la materia y la energía, y comenzamos no por la materia hacia la energía, sino de la energía sobre la materia. Por tanto, el universo fue creado a base con el dato y lo dado por la luz. Pero la luz no es más que una icona-imagen de la divina energía, es la icona de la luz increada, de la divina doxa-gloria increada, no de Dios, sino de Sus energías increadas. El hombre es icona-imagen de Dios, y, tal como dice san Cirilo de Jerusalén, es la única creación que es icona-imagen de Dios, y en concreto y lo subrayo esto, encima de un prototipo maravilloso,  ya que el hombre junto con el cuerpo –junto con el cuerpo y lo recalco- constituye icona-imagen de Dios. Somos icona-imagen de Cristo, a pesar de que Adán precede históricamente de Jesús Cristo. Nuestro prototipo es Jesús Cristo, porque con base con lo que se hubiera hecho, o quisiera hacerse, el Mismo como hombre, construyó a Adán.

Es el “antes de la creación del mundo el Cordero degollado” (Heb 9,26). ¿Veis aquí el modelo? Con base a este modelo se hizo el Adán, pero también toda la creación no es otra cosa más que el antítipo o copia de las Divinas energías increadas, y la principal energía es la luz. Esta luz creada es la icona-imagen podríamos decir de la divina luz increada, de la energía increada, de la divina doxa-gloria increada.

Así uno ve que, realmente lo que se crea, refleja como antítipo o copia el prototipo. Es majestuoso. Por eso el Dios dice a Moisés: “Ten cuidado, harás y realizarán las cosas que te dije, de acuerdo con el modelos, diseños que has visto encima de la montaña Sinaí”. Por tanto el Dios debe haber indicado los modelos, diseños a Moisés y haberlo dicho: “Esta copa se hará así”. El templo, -como en alguna de su doxa-gloria en la época de Salomón y etcétera- tenía centenares o unos miles de utensilios de plata, de oro y de cobre. Todas estas cosas no eran inspiración de los técnicos o artistas creadores, sino hechos de acuerdo con los modelos que dio Dios. ¡Así que nuestro altar o sacrificadero terrenal, esto que hemos creado sobre la tierra y nosotros en nuestros templos, es la muestra, modelo del altar celeste! Esto tiene muchas cosas que decirnos.

Por tanto, debajo de este altar o sacrificadero el sagrado Evangelista ha visto las psiques de los Mártires. Aquí el término psique tiene el sentido de espíritu. En otras partes tiene el sentido de vida, y en otras partes tiene el sentido de la hipostasis ética. Decimos a veces, perjudico mi psique, es decir, mi hipóstasis ética, y amo mi psique, o sea, amo mi vida. Ahora aquí el término psique tiene el sentido y significado de espíritu, que significa que aquí son los espíritus de aquellos que han martirizado por Cristo.

Así que vemos que los que mueren en el mundo presente, allí como psiques viven en un lugar propio familiar, en concreto si están salvados, viven debajo del trono de Cristo, del Sentado que está en el altar o sacrificadero. Este pasaje es muy dinámico muy potente a favor de la vida de las psiques, es decir, que el hombre cuando muere no se convierte en cero, en nada, no desaparece, sino que su psique va a un lugar propio familiar.

Pero uno se hará la pregunta: ¿Por qué las psiques de los Mártires están debajo del altar?

Ante todo primero que el Altar es convenido con sus degollamientos. Porque fueron degollados como Mártires, “sacrificadero o altar y degollamiento de mártires” es algo similar o parecido, que viene y está cerca. Incluso en los sacrificaderos o altares terrenales había un surco en la base, y cuando se sacrificaban los animales, la sangre corría allí en la base del sacrificadero. Pero la sangre es el portador de la vida, y la psique también que se llama vida, es portadora de la vida, y en consecuencia ya que la sangre estaba en el fondo a la base, abajo del sacrificadero o altar, por eso las psiques también están debajo del sacrificadero. Es realmente una icona bella y exacta.

Además cada fiel es víctima expiatoria o res de sacrificio, por consiguiente es el objeto del sacrificio, sin que esto signifique que dará su sangre literalmente al martirio. Desde el momento que un hombre se hace fiel, desde en aquel momento se cambia y se convierte en una víctima, en res de sacrificio. No lo olvidéis esto. Por eso os he dicho muchas veces que la ética del Evangelio es ascética, práctica, ejercicio espiritual. La espiritualidad del Evangelio es ascética, práctica (Ortodoxia=Ortopraxía, dicen los Padres).

He aquí cómo lo dice el Apóstol Pablo en su epístola a los Romanos 12,1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos en sacrificio (ofrenda) vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto lógico-espiritual”. El término πα­ρα­στῆ­σαι parastise ofrendar, presentar es de los términos que se utilizan mucho en los sacrificios. Ofrendar, presentar nuestros cuerpos a Dios. ¡Dice ofrendar, presentar nuestros cuerpos no las psiques-almas!

Veis que desde el momento que aceptamos y recibimos a Dios Trinitario nos hacemos sagrario o altar, que quiere decir víctima, res de sacrificio, y colocamos místicamente nuestro sí mismo encima de este altar o sacrificadero espiritual, como ofrenda agradable a Dios. Si esto, amigos míos, no lo hacemos, entonces no hemos sacrificado nada de nuestro sí mismo, esto que lo sepamos bien. Entonces no somos cristianos, por tanto, no nos encontraremos debajo del altar o sacrificadero, igual que los santos Mártires.

{Pero aún una cosa más que los vemos en la praxis. Posiblemente sabréis que cuando inauguramos un templo, dentro en la columna que está vacía y encima de ella ponemos la placa del altar o sacrificadero, de la Santa Mesa (la Santa Mesa para nosotros es el sacrificadero, porque allí se celebra el sacrificio de Cristo), se ha colocado una cajita pequeña, por costumbre de plata, con reliquias de los Santos (por costumbre la columna es una y se llama kálamos, pero en algunos casos son tres o cuatro columnas). Por regla o canon esto se hace en la inauguración.

Cuando hacemos el ciclo alrededor del templo tres veces el sacerdote tiene el “santo discario” cubierto, y es el mismo santo discario que tenemos cuando salimos a la Gran Entrada. Este santo discario lleva en su interior cajita de plata con santas reliquias. Hacemos la procesión para determinar el espacio del templo que será santificado o consagrado. Hacemos digamos, una pared que la marcamos imaginariamente con la triple procesión, se santifica, consagra y se ofrece a Dios. El espacio de afuera de estas fronteras es espacio impío, sacrílego y el espacio en el interior de estas fronteras es santificado, consagrado.

Las santas reliquias son el punto central de toda la celebración, y serán colocadas al kálamo (columna), como se mencionó más arriba. Esto significa que la base del altar o sacrificadero siempre la contienen los Mártires, según imitación del Altar o Sacrificadero Celeste. Aquí no tenemos las psiques, pero tenemos sus huesos, sus reliquias. Además aquí está el antitipo o copia del Altar o Sacrificadero Celeste. Después una cosa más. El Dios reposa, descansa sobre los Santos, “El que en los Santos reposa, descansa” (Is 57,15). Por tanto, cuando se realiza Su sacrificio, cuando se celebra el misterio de la Divina Efjaristía, el Dios reposa sobre los Santos, es decir, encima de las reliquias de los Santos que están dentro de la columna. ¡Es terrible!

Uno ve que el libro del Apocalipsis nos ha dado la icona-imagen del culto Ortodoxo. Por tanto, que no nos digan los heréticos que actuamos arbitrariamente. ¡Amigos míos, si deberíamos de hacer un preámbulo o dosier del libro del Apocalipsis en relación con el Culto nuestro, veríamos una identificación que sorprende mucho! ¡No hay ninguna cosa arbitrario o abstracta.}

(Esta intervención, si quieren se puede omitir, dice el autor en griego, pero yo creo que no, está bien dejarla).

Pero prestemos atención en algo. Bajo del altar o sacrificadero, las psiques de los Mártires no están como plenos seres humanos; es decir, las psiques no tienen sus cuerpos, porque esto ha quedado en la tierra. Y en concreto, -hoy festejamos la Sinaxis (asamblea) de los santos Incorpóreos, de los Ángeles y Arcángeles- las psiques de los Santos las acompañan los Ángeles. Esto lo vemos por la parábola del Rico y del Lázaro que la psique de Lázaro la tomaron los Ángeles y la transportaron al cielo. Así que, allí están sólo sus psiques, pero sus cuerpos se quedaron aquí en la tierra. Esto significa que los Mártires nos se encuentran encima de la “escena celeste”, sino debajo de ella.

Por favor, prestad mucha atención en este punto. El Evangelista Juan ve la “escena celeste”, pero no ve a los Mártires encima de la “escena celeste”, los ve por debajo de ella, debajo del Altar o Sacrificadero, y esto significa que los Mártires no están en el Reinado de la Realeza increada de Dios, sino en el Paraíso. Es cierto que se diferencia la Realeza de Dios con el Paraíso. Paraíso es el lugar o espacio de las psiques y el reinado de la Realeza increada de Dios es el lugar o espacio de los hombres completos. Cuando se hará la resurrección de los muertos y las psiques retornarán a tomar sus cuerpos, entonces será el reinado de la Realeza increada de Dios, entonces estarán encima en la “escena celeste” y no debajo de ella.

Os lo digo para que lo sepáis, que tenemos este discernimiento entre Realeza increada de Dios y Paraíso. Es cierto que estas cosas os las he dicho muchas veces, pero como aquí no hacemos una conferencia sino una clase, y como tenemos nuevos hermanos, o antiguos que deben fundamentar y concienciar bien estas cosas, no pasa nada si las oís cinco y diez veces. Por tanto, no se apure alguno, por favor, si oye estas cosas otra y otra vez.

¿Y cuál es la causa o razón del degollamiento de los Mártires? Lo dice claramente el texto sagrado: “por el logos de Dios y por dar el testimonio de Jesús Cristo”. Es decir, ¡vienen los Santos a dar testimonio y martirio de que éste que ha muerto encima de la cruz y resucitó de los muertos, es el eterno Hijo de Dios que se hizo hombre! Esta es la testificación. Esta testificación, amigos míos, es la que cuesta al Diablo, porque el colgamiento de Cristo encima de la Cruz y Su Resurrección, esto fue la ruina y el golpe sobre la cabeza del Diablo. Esto le costó mucho al Diablo. ¡Ni los milagros de Cristo le costaron, ni el saciar de los cinco mil… ni nada de nada; esto le costó mucho! El golpe a su cabeza, que destruyó la “serpiente antigua” su cabeza y lo pisoteó realmente, fue la Cruz y la Resurrección, (Gen 3, 15 Ap 12,19 y 20,2). Esta testificación, por tanto, cuesta al Diablo, por eso, cuando damos testimonio, entonces el Diablo nos ataca y nos combate. Cuando decimos que el Cristo era un filósofo, un renovador, un sociólogo o cualquier otra tontería y estupidez que uno quiera, estos son dichos demoníacos e invenciones demoníacas. El Diablo las dice estas cosas, porque quiere que se digan. Si decimos que “predicamos a Jesús Cristo crucificado y resucitado de los muertos” (1 Cor 1,23), ¡veremos cómo se comportará el Diablo!

Así que dieron su sangre, amigos míos, estos hombres, por proclamar el logos de Dios y dar testimonio del Cordero, de Jesús Cristo.

Dice que los Mártires debajo del Altar: «Clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Soberano Señor, Santo y Verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre [que se derramó injustamente] en los que moran sobre la tierra?» (Ap 6,10)               

Así que las psiques de los dormidos (difuntos), cuando se marchan de este mundo y se encuentran en su lugar propio familiar, por supuesto que entonces tienen plena conciencia. Esto lo vemos también de la parábola del Rico y del Lázaro. Es decir, están como si estuvieran durmiendo, pero no duermen. ¡Los Milenaristas T.J. y otros heréticos dicen que las psiques caen en un letargo, y después “sí, serán resucitadas”! Así dicen los heréticos, pero las psiques no resucitarán, sino los cuerpos. Las psiques no duermen, no están en estado de inacción, tienen plena conciencia. Cuando Abraham dice al Rico de la parábola “hijo mío acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida” (Mt 16,25), y etcétera, tiene plena conciencia de las cosas que hicieron en la tierra. Tanto Abraham como el Rico de la parábola tienen plena conciencia de lo que hicieron en la tierra.

Por tanto, claman con voz grande, expresando muy vigorosamente sus anhelos para la apocatástasis (restablecimiento) de este orden ético, por la atribución de justicia y el triunfo del bien que vendrá después de la Segunda Presencia-Parusía de Cristo. ¡Señor, cuándo vendrás!

Pero aquí tenemos que explicar que no se trata de una petición de venganza. Aquello que dicen “¡hasta cuando… vengarás!”, no es venganza que piden los Mártires para los que están en el mundo. ¡Sería muy extraño! Estos hombres, los Mártires, que ya vivían en el mundo, y sufrían estos terribles martirios, por despellejarlos sus pieles, extraerles sus ojos, la descuartización, amputación de sus miembros, sus freiduras y etcétera, entonces no insultaban a sus torturadores, no decían maldiciones, no se exasperaban y no se enfadaban, ¿cómo es posible ahora que estos hombres pidan venganza, ya que se justificaron y están en el Paraíso? ¿Es posible esto alguna vez?

Por tanto, algo distinto sucede. Es el clamor del Salmista: “Señor, ¿hasta cuándo me tendrás olvidado?” (Sal 12,2). Esto de “¿cuándo te vengarás de nuestra sangre que se ha derramado en la tierra, no es petición de venganza, sino que aquí existe un anhelo que esperan que sea realizado, tal como veremos a continuación; “¿Señor, nos has olvidado, nos has olvidado?”

La respuesta se dio una vez por el Señor: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Les va hacer esperar?” (Lv 18,7).  Esto es la venganza y no que el Dios vengará el martirio de los Mártires, ¡No! ¡En el fondo de la imploración está el anhelo de la resurrección de los muertos y el volver a retomar el cuerpo perdido! La psique siente que le falta su vestimenta, su casa y su templo, que es el cuerpo, este cuerpo que constituye toda la existencia humana. No lo olvidemos nunca esto. La psique separada del cuerpo nunca se siente bien. Además el hombre entero, como os dije anteriormente, constituye la icona-imagen de Dios.

El divino Juan Damasceno, en sus famosos troparios fúnebres, ve la icona-imagen de Dios yaciendo en el sepulcro. Pero si la icona de Dios estaba en la psique, ¿entonces cómo la ve yaciendo en el sepulcro? ¿En el sepulcro o en la tumba qué ve? En el sepulcro sólo ve al cuerpo, no ve la psique. Pero la icona-imagen está tanto en la psique como en el cuerpo que está en la tumba. Así pues, la psique no se siente bien, quiere su otra mitad, quiere su propio cuerpo.

Esto lo expresa admirablemente el Apóstol Pablo en su 2ª epístola a los Corintios 5,4, y allí vemos lindamente cuánto viene en antítesis con la filosofía platónica y cuán lejos está Platón, que considera que el cuerpo es como cárcel de la psique, y la psique quiere la liberación del cuerpo. ¡Dice que la psique se parece a Dios y no el cuerpo!

Escuchad, pues, qué dice el Apóstol Pablo: “Porque nosotros que estamos en este cuerpo, gemimos con angustia –tribulaciones, enfermedades, vejez, todas estas que pesan el ser humano- pero no quisiéramos ser desnudados de nuestro cuerpo, sino revestidos. Queremos vestirlo de nuevo, tomar otra vez nuestro cuerpo, incorruptible e inmortal, para que lo mortal sea absorbido por la vida” (cf 2Cor 5,4)

He aquí, pues, lo qué piden ahora los Mártires: ¡Piden su propia resurrección! Eso es. No piden venganza del mundo. Se entristecen por ellos, se lamentan y oran por ellos. Lo que quieren es su propia resurrección. Es como si dijeran en otras palabras, “¿Señor cuándo seremos resucitados?”. Pero el Señor nos prometió también a nosotros y nos dijo: “seguro que resucitaréis, oh, hombres; yo resucité para abriros el camino”. Y no resucitó para asegurarnos la Resurrección, sino principalmente para abrirnos el camino. La demostración es tema segundario; el abrir el camino es lo primordial.

Y leemos en el Evangelio según san Luca que el Señor dice: “y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá” (Lc 21, 17-18). ¡Curioso y muy contradictorio esto! ¿Aquí, Señor, nos dices que nos matarán los hombres, y sostienes que no se perderá ni un pelo de nuestra cabeza? ¡Aquí pierdo mi cabeza, y me dice que no perderé ni un pelo de mi cabeza!

¡Aquí da a entender que retomaremos hasta el último pelo de nuestra cabeza! ¡Habla de la resurrección de los cuerpos, amados míos, de distinta manera, sería muy contradictorio y en consecuencia rechazado!  ¡Que el Señor me perdone, pero esto ya sería una tontería! Pero nunca se ha considerado como tontería porque es tomado como resurrección del cuerpo.

En la época del Antíoco el Epifanís, uno de los posteriores descendientes de Alejandro Magno, (estamos a mitad de siglo 2 antes de Cristo), los siete hijos de una madre, la Salomé, sufrieron terribles martirios y murieron martirizados, se menciona en 2 libro 2 de Makabeos, y esto que ahora os voy a decir está en el capítulo 7, versículo 11. En concreto el tercer hijo antes de ser matado por su perseguidor, dice lo siguiente: “Del cielo he recibido estos miembros del cuerpo, mas ahora los desprecio por amor de las leyes de Dios, y espero que los he de volver a recibir de su misma mano”. Es decir, que todos estos miembros míos, pies, manos… los he recibido del cielo, de Dios, y gracias a las leyes de Dios los desestimo, y espero que un día por el mismo Dios otra vez los vuelva a retomar. De nuevo, no lo tome alguno de modo platónico, es decir, que retomamos nuestros miembros desde el cielo. Cuando aquí dice cielo, se entiende de Dios, en otras palabras es que estoy creado por Dios.

¡Qué bello esto! ¡El martirio de los Macabeos constituye, amados míos, como modelo de los Mártires de todos los siglos y de todas las épocas! Apuntad que el martirio de los Macabeos es el único martirio en el Antiguo Testamento que tiene todas las cualidades y características de los Martirios del Nuevo Testamento. Por esta razón el día 1 de Agosto festejamos la memoria de los siete Macabeos, de su madre Salomé y de su maestro Eleazar. Los festejamos como mártires del Nuevo Testamento, porque el martirio de ellos, como os dije, tiene muchas características del martirio cristiano. Buscad en todo el Antiguo Testamento, no encontraréis en ninguna parte martirio como esto de los Macabeos.

¿Y cuál es la respuesta que da el mismo Señor a los Mártires? Nos dice el libro del Apocalipsis: “Y a cada uno le fue dada una túnica blanca, y les fue dicho que descansaran aún un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos, el de sus hermanos que debían ser asesinados también como ellos” (Ap 6, 11).

Aquí vemos que ha sido escuchada la oración de los Mártires por el Cristo, porque aquello que pidieron se les ha sido dado, en praxis y verbalmente, es decir, con palabras. La respuesta en praxis es que se les dio túnica blanca, que es el símbolo del triunfo y de la bienaventuranza y dicha. También se les ha dicho que reposen y se tranquilicen. Así que toman la túnica blanca, también toman la petición de tranquilizarse y reposar.

Así que el Paraíso pues, es el reposo, pero es pre-disfrute del perfecto reposo, que es el reinado de la Realeza increada de Dios. Es pre-disfrute, y no disfrute. Además como se les ha dicho “que descansaran aún un poco de tiempo”, pero se inquieten por sus cuerpos y deseen enseguida la resurrección, deben, aunque sea en este pre-disfrute, que tengan paciencia y esperen un poco de tiempo.

Lo volveré a decir, el Paraíso es un pre-sabor o pre-disfrute de la bienaventuranza. La Realeza de Dios es sabor de la bienaventuranza, no lo olvidéis.

¿Cuánto esperarán? “Aún un tiempo corto”. Es el tiempo del Divino Juez en relación con la eternidad, que por supuesto es corto. ¿Qué son mil años para Dios? “Son como un día”, nos dice el Apóstol Pedro.

¿Pero comparado, simple y realmente, es tiempo corto? Es muy corto, amigos míos. Porque cuando ya vivimos y hablamos de ésjatos (tiempos postreros), y siempre en cada momento en una continua condensación hacia los ésjatos tiempos y acontecimientos, esto significa que el tiempo realmente es corto, y no simplemente comparado con la eternidad de Dios. Si se debiera comparar con la eternidad de Dios, entonces aunque dijésemos diez mil años, cien mil o cien millones de años, esto también sería un tiempo muy corto en relación con la eternidad de Dios. Por tanto, no se trata de esto, sino que el tiempo en realidad es corto, pequeño.

Otra vez también os dije, esto que os voy a decir ahora, pero no molesta si lo volvéis a oír. Es decir, que el tiempo desde Abraham hasta Cristo es de dos mil cien años y en este espacio del tiempo vemos que no hay ninguna prisa para venir el Redentor, venir la Primera Parusía-Presencia de Cristo. O sea que vemos los Profetas hablar de algo que será muy lejano en el futuro. Porque cuando el Dios habla a Daniel –está en el últimos capítulo de Daniel 12,2- le dice que resucitarán los muertos y darán cuentas, “También muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para vida eterna, otros para ignominia y vergüenza eterna”, y cuando Daniel escucha todas estas cosas, por supuesto que las escribe, Dios le pide: “Estas cosas séllalas, no tardarán en hacerse; y tú ahora descansarás de tus esfuerzos, es decir, morirás: No se harán en tus días –atención-, no tardarán en hacerse” (Dan 12,13). Por supuesto que aquí habla de la Segunda Parusía-Presencia de Cristo, pero aquellas cosas que escribe Daniel sobre la Primera Parusía de Cristo, no tardaron. Apenas pasaron seis siglos. ¿Lo sabíais? ¡Apenas pasaron seis siglos! Por tanto, esto significa que si la Primera Parusía de Cristo –en los dos mil cien años- no había prisa, dentro en el Nuevo Testamento, que encontramos continuamente lo “el Señor está cerca” y lo “vengo pronto, rápido”, ¿podemos hablar de miles de años? Yo lo entiendo así, ¿vosotros cómo lo entendéis? ¡En realidad debe estar “el Señor cerca”, no en comparación con la eternidad, sino en comparación con las primeras profecías y la Primera Venida de Cristo! ¡Realmente está “cerca el Señor”!

¿Pero cuánto será el tiempo? Será tanto, cuanto se necesita la complementación o cumplimiento del plan divino. Este plan divino tiene tres signos: El cumplimiento o complementación del tiempo, el cumplimiento o complementación del camino y el cumplimiento o complementación del número. Claramente nos lo dice el texto sagrado: “hasta que se completara el número de sus consiervos, el de sus hermanos que debían ser asesinados también como ellos”, y que ahora ellos están como psiques debajo del altar.

Por tanto, antes que nada, primero sobre el cumplimiento del tiempo, es el tiempo del fin, que es conocido sólo por Dios. El Dios sabe cuándo retornará, nosotros no lo sabemos. El tiempo de la Segunda Parusía-Presencia es conocido sólo por Dios. ¿Cuándo vendrá? Cuando se cumpla el tiempo. Os acordáis qué dice al Apóstol Pablo sobre la Primera Parusía de Cristo: “Mas cuando vino la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo…” (Gal 4,4). ¡Para la plenitud o cumplimiento hablaron los Profetas con sorprendente exactitud! Son las setenta semanas de Daniel. Cada semana es siete años. Siete por siete son cuatrocientos noventa años. Pero el comienzo de las semanas, dice Daniel, será desde el tiempo que empezará a construirse el templo y etcétera, y no desde el momento que se expresa la profecía. Y exactamente, amados míos, la profecía se cumplió sobre el tiempo. Por tanto se profetizó el tiempo de la Primera Parusía, y por eso dice el apóstol Pablo, “cuando venga la plenitud del tiempo”. El segundo tiempo no se revela-apocalipta. Es un secreto que sólo lo sabe Dios. Por tanto, cuando venga la plenitud del tiempo, entonces vendrá el Cristo. Sobre el camino, es la madurez en la plenitud espiritual de los Mártires. Hace falta esta madurez, porque nunca llegamos al martirio, si no hay madurez espiritual.

Y sobre el número, son los nombres de los que se han escrito antes de la creación del mundo en el libro de la vida. ¡No hay suerte, azar o destino, no que hay anticipo y determinación de los nombres, no! El Apóstol Pablo en la epístola a los Romanos dice que el Dios los que antemano conoció también los destinó (Rom 8, 29). No predestinó porque así lo quiso, “tú quiero que te salves, y a ti no quiero que te salves”, sino que “destinó a los que de antemano conoció”. Dios sabe quiénes son los que se salvaran antes de nacerse. ¡Para mí el Dios sabe si me voy a salvar, antes de haberme nacido, y para vosotros mucho antes, siempre en los siglos! ¡Siempre! Mientras existe el Dios, conoce los seres que vendrán a la existencia. Así conoce el número que Él quiere. Cuando se cumpla también el número, entonces será la Segunda Parusía-Presencia de Cristo.

Estas tres cosas cuando coincidan, el tiempo que fue determinado, la plenitud o cumplimiento del tiempo y la perfección, madurez espiritual de los Mártires, entonces, amados míos, vendrá el Cristo. Por eso les dijo “esperad un poco”.

San Andrés de Kesarea escribe: “…esto parece que piden los santos, el fin del mundo, es decir, la resurrección de los muertos, por eso también se les da la orden de tener paciencia hasta que lleguen al perfeccionamiento también el resto de sus hermanos.

Pero también es algo mucho más profundo. Aquí, amigos míos, se trata de una solidaridad entre la Iglesia triunfante y la militante. Es algo que nos impresiona realmente. ¿Podéis imaginaros que los hombres de la tierra, los fieles, comunican con los Mártires en la Iglesia triunfante? Pero amigos míos, ¿la Divina Liturgia qué otra cosa es?, sino una comunicación de la Iglesia triunfante con la militante. Esto es, y solamente esta es la razón principal. ¡Deben esperarnos aquellos, no deben entrar al reinado de la Realeza increada sin nosotros!

El Apóstol Pablo en la epístola a los Hebreos muy bellamente dice las siguientes cosas: Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido, es decir la resurrección de los muertos; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados –que es la resurrección– aparte de nosotros, sin esperarnos, deben esperarnos” (Heb 11, 39-40).

Sentaos y esperar, para que vengan también los otros y otros”. Aquí se refiere a los mártires del Antiguo Testamento. Aún no los justifica, es decir, no les concede la resurrección. Dice, no sin nosotros. Así pues, ya que deben esperarnos, existe una comunión, comunicación y solidaridad de la Iglesia triunfante y de la militante.

¡Qué cosas más bellas! Cuando el fiel vive estas cosas, realmente vive en otro mundo. Comienza a alterarse por el mundo presente, aunque es ciudadano de este mundo, como dice la epístola hacia Diógnitos, es decir, se casa, construye su casa, forma su familia, se mueve, va al mercado, tiene su oficio, vota y es ciudadanos del mundo presente, pero a la vez está viendo también lo de allí. ¡Allí está su patria!

Finalmente los Mártires son caracterizados, calificados como dulos-servidores o esclavos a lo referente a Dios y hermanos a lo referente a las relaciones entre ellos. Dice a sus co-dulos-consiervos y hermanos. Por supuesto a lo referente a Dios somos consiervos y entre nosotros hermanos. ¡Qué gran consuelo, pero que gran título también, si se supone que levantamos o aguantamos la corona del martirio –me refiero la corona de espinas- o más bien si aguantamos la cruz del martirio, llamarnos hermanos de los Mártires!… Hay una clase, un orden  muy simpático, agradable y bonito, son los Mártires. Cada Santo es un Mártir, sea por la sangre, sea por la conciencia, Amados míos, en la conciencia de la Iglesia el Mártir está a un nivel muy alto. ¡Os impresiona que los Santos muy importantes y por sus escritos, que sean festejados tan brillantemente por la conciencia de nuestro pueblo tan brillantemente como los Mártires! El Apóstol Pablo, uno puede decir, (aunque es también Mártir, es proyectado principalmente por sus escritos), que no se proyecta tanto como la santa Bárbara, la santa Paraskeva, san Pantaleimón, san Demetrio, san Jorge… ¡Y también los demás santos, como san Nicodemo, por ejemplo, no se proyectan porque mientras todos son Santos, todos son importantes, todos están allí, sus psiques están allí debajo del Altar o Sacrificadero, exactamente esto que se quiere recalcar por la conciencia de la Iglesia militante es el Martirio! ¡El martirio cristiano tiene otro resplandecimiento, tiene algo distinto, totalmente distinto! Por eso pues, los Mártires aquí tienen, diríamos, una posición totalmente excepcional, distinta.

Sin embargo, el diápsalmo o intermedio de este 5º Sello, terminándolo, vemos que es un diápsalmo admirable que viene a darnos descanso de aquellas plagas sucesivas, que de nuevo continuarán, cuando abrirá el sexto Sello, en concreto allí –¡oh Dios mío!- con un terrible terremoto. Pero hasta que vayamos al sexto Sello, quedemos con este diápsalmo, que vino a darnos descanso, hacernos respirar con alivio y alegrarnos por la vida de los Mártires. Los Mártires, como claramente lo hemos visto continuarán en los siglos “hasta que se completara el número de sus consiervos, el de sus hermanos que debían ser asesinados también como ellos”.

No conocemos, amados míos, qué va a parir o generar el día siguiente. Quiénes de nosotros que nos encontramos aquí, puede ser que lleguen a Mártires. ¡El Dios lo sabe! Nosotros sólo una cosa sabemos, que tenemos alistamiento, reclutamiento continuo de Mártires para la Iglesia celeste. Por tanto, por esta razón nos estamos edificando. Según san Cirilo de Jerusalén, el martirio es un carisma o don. Tal y como tienes el carisma de ser misericordioso o tienes el carisma de hacer sanaciones, así también el martirio es un carisma. Y el Espíritu Santo pro-prepara los futuros Mártires. Sin haber insolencia, ligereza, porque esto es una cosa terrible, es decir, que uno diga “¡ay si fuera un Mártir”; ¡entonces  traicionará el martirio! Sino que con mucha humildad decir sólo esto: “¡Señor te amo! Ayúdame a permanecer en Tu agapi. Y si tengo que martirizar, no lo sé, yo soy débil, edifícame. Una cosa sólo Te digo: Quiero seguir amándote. No Te amo lo que es debido. Dame la agapi martírica, si Tu agapi lo juzga”. ¡Y entonces el Espíritu de Dios, que nos juzgue, si nos quiere, entonces nos preparará para el martirio. ¡Y entonces seremos añadidos a los hermanos Mártires! Amín.

 

Unidad 23 Apocalipsis 6, 12-17 a´. La apertura del sexto Sello, 1ª parte. Terremoto de los elementos de la naturaleza y seísmo de los caracteres y costumbres.

 

Y ahora venimos, amados míos, a la apertura del 6º Sello del libro del Apocalipsis. No encontramos al capítulo 6º. El 61 Sello es muy amplio, pero se divide en tres partes. La primera parte es la plaga, que se refiere a la revuelta del universo. La segunda y la tercera parte son diapsalmos-intermedios, La primera parte tiene lo siguiente:

12 Y vi cuando [el Cordero] abrió el sexto sello, oí y hubo un gran terremoto, y el sol se volvió negro como saco de pelo, y la luna entera se volvió como sangre,

13 y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como una higuera suelta sus higos inmaduros cuando es sacudida por un fuerte viento.

14 Y el cielo fue replegado como un pergamino que se enrolla, y toda montaña y toda isla fueron removidas de sus lugares.

15 Y los reyes de la tierra, y los magnates, y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todos los hombres esclavos y libres se escondieron en las cavernas y entre las peñas de las montañas;

16 y decían a las montañas y a las peñas: ¡Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara del que está sentado en el trono [del Padre], y de la ira del Cordero [el Jesús Cristo]! 

17 Porque ha venido ya el gran día de su ira, y ¿quién puede mantenerse en pie?

Como veréis por la lectura, se trata sobre una icona-imagen majestuosa, que se ha prestado su material, casi con los mismos dichos o palabras de los Profetas del Antiguo Testamento, pero también de estos mismos logos del Señor sobre Su segunda Parusía-Presencia. Toda la icona muestra las revueltas universales, y no se limita sólo en el escenario de la tierra, sino que se extiende, como habéis visto en todo el universo.

El modo o forma que vamos a interpretar este pasaje, por una parte, es principalmente el método rectilíneo -os acordáis que os había dicho que debemos aprender bien los métodos y qué método estaremos utilizando cada vez- naturalmente no se excluye que en algunos puntos también la utilización del método circular o cíclico. Lo repetiré, y renovaré en vuestra memoria y gnosis-conocimiento, que según el método rectilíneo, los acontecimientos no se repiten, sino que sucederán sólo una vez. No podemos estar diciendo que por tiempos el sol estará oscureciendo, si se trata de verdadera oscuridad, ni podemos hablar de revueltas del universo cada equis tiempo corto, si se trata de revueltas reales. Estas se harán una vez. Por supuesto que tenemos también algunos puntos –los veréis cuando lleguemos a los puntos concretos del texto- que podríamos verlos con el método circular, tal como ya se ha dicho.

“Y vi cuando [el Cordero] abrió el sexto sello, oí y hubo un gran terremoto o seísmo”.

Como primer elemento de esta revuelta universal se refiere al terremoto, y en concreto gran terremoto. ¡Pero sobre qué terremoto se trata?

Es obvio que este Terremoto Grande no es el seísmo acostumbrado, éste que mueve una parte de la costra de la tierra, sino que se trata de un terremoto, como visteis en el texto, que conmueve y remueve el universo entero. Σει­σμός seísmo  además significa algo que se desplaza, se mueve de su sitio estable, oscila y cambia de sitio. Una parte de la costra de la tierra se va y oscila unos o más centímetros más abajo, más allá y tenemos un desplazamiento.

Pero no se trata de este tipo o forma de terremoto o seísmo, sino, lo repetiré, se trata de revuelta de todo el universo, y naturalmente en esta revuelta está incluida también la tierra, porque no puede esta quedarse ajena como un simple espectador de estas revueltas universales. Además estos acontecimientos que siguen, es decir, que el sol se oscurecerá y las estrellas que estarán cayendo, todo esto indica que no se trata de un terremoto acostumbrado.

El Señor esto de que sucederá en vísperas de la segunda Parusía-Presencia, lo dijo con la siguiente expresión: “las dinamis (potencias, fuerzas) del cielo se tambalearán” (Mt 24,29), conmoverán, removerán y desplazarán. Habrá sacudida y desplazamiento. Por supuesto que no será una marcha, algo que camina o corre, sino que simplemente se estará desplazando, todo se irá de su sitio. ¡Igual que una casa se sacude  por un terremoto, se mueve, no va… de viaje! Allí donde se encuentra la casa se tambalea, se mueve y sufre grietas y si este movimiento es muy fuerte entonces se cae. Pero esto sucederá en el cielo y el Señor es muy preciso cuando dice “las dinamis (potencias, fuerzas) del cielo se tambalearán”.

Por tanto, entendéis y percibís que “el gran terremoto” del libro del Apocalipsis, y lo “se tambalearán o sacudirán”, son idénticos, son la misma cosa.

Este terremoto del universo ya lo habían profetizado los Profetas del Antiguo Testamento. El profeta Hageo en su 2º capítulo en su versículo 6 y después en los 21 y 22, menciona sobre las cosas del terremoto, en concreto este pasaje del Hageo lo menciona el apóstol Pablo. Os leeré de la epístola a los Hebreos del apóstol Pablo, porque este pasaje lo interpreta, y dice lo siguiente:

Aún una vez más, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo”, dice el Dios. Lo “una vez más” significa que se hizo algún movimiento, desplazamiento, y ahora se hace todavía uno y último. Y el Apóstol Pablo interpreta: “Y esta frase: “Aún una vez”, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles, las incorruptibles” (Heb 12, 26-27).

El porqué lo veréis a continuación del tema.

Pero prestad atención. El versículo tiene un doble aspecto o faz, y el apóstol Pablo tiene delante de él este doble aspecto, pero también los Profetas cuando hablan sobre el tema este doble aspecto o faz la tienen delante de ellos. ¡Para que no se crea y piense de que se trata de cambio espiritual y no realista, el apóstol Pedro nos da otra faz o aspecto , es decir, de que se trata realmente de un seísmo, terremoto, realmente de un removimiento y revuelto de los cuerpos celestes! Escuchad lo que dice el apóstol Pedro en su segunda epístola: “Pero el día del Señor vendrá de repente como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo y desaparecerán, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (Ped 3,10). ¡Y los cuerpos del cielo o elementos que componen la creación una vez quemados, se disolverán de una manera como cuando quemamos un material, y lo separamos en sus elementos parciales que saldrán de sus junturas, y todo será quemado y destruido totalmente!

Por lo que habéis entendido de este versículo del apóstol Pedro, ¿alguno puede hacer una interpretación alegórica? ¡Ninguna! Se trata de icona realista que presenta una realidad tal y como la describe y nada más. Es esto que dice, y no es otra cosa. No dice esto y quiere dar a entender otra cosa, sino que es esto que dice con las mismas palabras. En concreto pone detalles que no tendrían ningún sentido que sean dichas en el caso que uno le gustaría hablar alegóricamente. Aquí no hay interpretación alegórica, sino que lo que dice el texto sagrado  es la interpretación literal.

Es cierto que Miguel Akominatis copiando a san Andés de Kesarea y a san Areza, describe las mismas cosas que os las voy a decir de la siguiente manera: “Aquí todas estas cosas se refieren en aquellas que sucederán un poco antes que el Anticristo”. Dice “un poco antes que el Anticristo”, pero debo deciros que también un poco después del Anticristo; son los dos aspectos o caras que lo veréis a continuación. Una cara o aspecto, la metafórica, es un poquito antes que el Anticristo. Pero la real, la faz o aspecto realista, lo que dice el texto, esto es lo que es, será un poquito después del Anticristo, y no podría ser antes, sino inmediatamente después del Anticristo. Escuchadlo: “Porque el seísmo o terremoto significa “cambio, desplazamiento de cosas”, tal y como se refiere en muchas partes de la Santa Escritura. Es decir, es el cambio de situaciones en la sociedad, comunidad y comunión de los seres humanos.

Por ejemplo, cuando -y volveremos hablar sobre el tema- hoy en día tenemos cambio de nuestras ideas, en nuestras costumbres, afrontamos de distinta manera las cosas y el Evangelio no lo vemos ya tal como lo veíamos hace dos mil años antes. Es en efecto sorprendente y maravilloso, y no tiene su otro anterior dentro en la historia del Cristianismo esto, de que lo podemos ver totalmente distinto el Evangelio, como en otra época. Cada época por supuesto puede ver el Evangelio bajo su propio prisma o punto de vista. ¡Pero es tan revolucionaria nuestra época –y esto está muy expandido y creído- de modo que hoy en día vemos las cosas totalmente distintas, tanto que, la generación que vivió tal como exactamente era el punto de vista dos mil años, se extraña cuando ve que la generación que viene explica las cosas totalmente, pero totalmente a revés! Esto sucede por primera vez en la historia del Cristianismo.

Tenemos muchos cambios y reformas, tal como la reforma protestante… pero las cosas no eran tal como están hoy. ¡Hoy en día tenemos rechazo universal! ¡Entonces simplemente se hacían algunos cambios, algunas reformas, veían de distinta manera las cosas; hoy en día tenemos rechazo total, universal! Esto exactamente es algo que, con mi pobre percepción, creo que es un elemento de desplazamiento, traslado; es decir, un terremoto o seísmo, diríamos, en la relaciones de los seres humanos, principalmente a lo referente a las ideas. No es que tenemos esclavos y señores, y ahora anulamos, cesamos la esclavitud. Para la esclavitud, amigos míos, habló el apóstol Pablo. La esclavitud se ha eliminado pacíficamente, aunque era tan ampliamente expandida. Ni podemos hablar de aniquilación de las clases. Verdadera diferencia de clases era entonces que había esclavos, pero ahora existe simplemente diferencia de clases en temas económicos. Entonces un esclavo estaba en una clase social distinta, estaba vendido. Por tanto, esta aniquilación de clases no es algo muy grande, en concreto diríamos que lo esperábamos. Hoy en día tenemos algo totalmente distinto; tenemos percepciones tan derrumbaderos, de modo que nada se queda y permanece en su sitio. Esto creo que es el terremoto o seísmo sobre los temas de percepciones que tenemos, especialmente sobre el Evangelio.

¿Decidme, en qué época se indultó y se alabó la homosexualidad-homofilofilía, por la que se jactan y enorgullecen los que la viven? ¿Decidme en qué época se aplaudió el aborto o el adulterio? Dos mil años, siempre ha habido adulterio. ¡En los Cristianos siempre había adulterio, pero nunca salió alguien a jactarse y a enorgullecerse en los balcones y decir que “yo soy adúltero y me enorgullezco”! Aquellos que eran adúlteros escondían sus adulterios con cualquier medio y modo. Hoy el adulterio es alabado e indultado. ¡Hoy en día se jacta y se enorgullece uno y dice que tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio! ¡También los homosexuales-homofilófilos antes se escondían, no lo manifestaban esto, pero hoy en día salen a los medios y a los balcones y se enorgullecen y se jactan diciendo “soy homosexual-homofilófilo”!

Por eso os dije que, por dos mil años, estas cosas sucedieron alguna vez, pero hoy en día son totalmente distintas. ¡Atención, no en los idólatras, ahora hablamos sobre los Cristianos, para los pueblos y naciones cristianas! Estas cosas son insólitas, por primera vez se ven, nunca antes se habían visto. ¡En los idólatras ciertamente había diferencia muy grande; acordaos de Sodoma y Gomorra antes de Cristo, acordaos también de los emperadores Romanos cuánta corrupción había ahí en sus cortes!

La otra faz o aspecto es el cambio, la renovación de los elementos de la creación, esta que dice el Evangelio “las dinamis (potencia, fuerzas) del cielo serán sacudidas”. La renovación de los elementos es esta que se anuncia en los Evangelios. Así que tenemos dos aspectos o faz.

Pero antes de avanzar, para ver el desplazamiento del universo, permitidme quedar un poco en el tema de los terremotos, seísmos, no con el sentido que ahora lo decimos –el desplazamiento de la fe, cambio de los caracteres y de las costumbres- sino con el sentido y significado el acostumbrado de los terremotos que cada tanto tiempo tenemos en la costra de la tierra.

Y los tres evangelistas sinópticos, Mateo, Marco y Luca, señalan que en los logos esjatológicos del Señor habrán terremotos, especialmente en los ésjatos últimos tiempos (Mt 24,27 Mrc 13,18 Lc 21,11). Luca en concreto de forma literal, y dando un tono, señala lo siguiente: “Habrán terremotos locales grandes”. Pone esto de “grandes”, que Mateo y Marco no lo añaden.

Por tanto, si deberíamos decir dos palabras sobre estos terremotos, en principio diríamos que estos seísmos, los terremotos terrenales, se diferencian de este terremoto por el que estamos hablando tanto rato. Además que hay esta aclaración “lugares, locales”. Estos terremotos no tienen ninguna relación con los cuerpos celestes, es decir, son exclusivamente terremotos terrenales; supongo que esto lo entienden muy bien.

Todavía esta calificación de “grandes terremotos”, indica que se trata de seísmos frecuentes, grandes y destructivos. Cierto que podríamos decir que los terremotos encima de la tierra se hacían y siempre se hacen, e incluso podemos dar también una explicación física, a pesar de que esto que llamamos “explicación física” no se transmite siempre literalmente, como exactamente podemos dar una explicación física también a la muerte, pero no lo decimos literalmente. Es decir, decimos que los tejidos del cuerpo humano se doblan y viene la muerte. Por supuesto que si debemos ver así la muerte, diríamos que, este es pues la explicación física de la muerte. Pero nadie puede tocar la profundidad de este fenómeno de la muerte y decir que no se trata de los tejidos que se doblan, sino que la muerte es esto que el Dios ha permitido entrar en el mundo a causa del pecado. El Dios no ha hecho la muerte (Sab Sal 1,13). Así que aquí decimos sobre algo de que es un fenómeno físico o natural y damos “explicación física”, porque se repite y porque venos como se hacen estas cosas. La explicación física es en realidad una cosa superficial, pero lo más profundo es que la creación se vuelve contra el ser humano, porque este ha pecado delante de Dios. ¡Esto por supuesto no lo percibe ningún científico en su observación, ni tampoco ningún experimento puede captarlo jamás!

Sin embargo, para que se haga profecía para “grandes terremotos”, parece ser que se trata de terremotos separados, muy grandes, muy destructivos, de todas formas especiales, tal como hemos visto guerras especiales. Os decía la vez anterior que tenemos guerras que tienen algo especial, particular, y por tanto digno de profecía. Las guerras siempre se hacían, pero una guerra en la que tomarán parte doscientos millones de soldados, esto creo que es digno de profecía, y se profetiza. Contaminaciones en la atmosfera, en el medio ambiente siempre tenemos, pero el que se contamine la tercera parte de las aguas es digno de profecía. Así también aquí, para que se haga profecía sobre terremotos grandes y locales, significa que tienen un carácter especial particular.

Aquello que me gustaría deciros sobre estos terremotos terrenales es que, de costumbre, consecuencia de un terremoto es antes que nada, primero que se remuevan las conciencias de los hombres, que vuelvan en sí mismo los hombres. ¿Habéis visto cuando ocurre un terremoto qué decimos? ¡Panaghía mía, virgen mía o Madre de Dios! ¡CristoDios mío! ¡Pero si tú hasta ahora decías que no crees en Cristo, y Le llamabas sociólogo y filósofo! No has implorado a otros filósofos y sociólogos que vengan a salvarte, ¿ahora por qué imploras a Cristo? Parece que dentro de tu subconsciente ha saltado la fe a la teantrópina-divino-humana naturaleza de Cristo, por eso Le imploras. Veis que muchas veces una θε­ο­μη­νί­α zeominía* catástrofe, desastre viene realmente hacer un seísmo o tambaleo a las conciencias humanas!

*(θε­ο­μη­νί­α zeominía catástrofe desastre, calamidad, cataclismo, palabra compuesta de dios y mensaje o aviso, que los helenos la utilizamos mucho en casos excepcionales, por ejemplo cuando hay condiciones climáticas muy malas, desastres naturales, seísmos etc.)

Todas estas plagas que vienen -como son los terremotos- muchas veces es la agapi increada de Dios, que viene con la forma de castigo para despertar a los hombres del letargo del pecado y de la apostasía y hacerlos volver atrás a Dios, ahora bien, todos los hombres, la mayoría no quieren hacerlo esto. ¡Esto lo vemos otra vez en el libro del Apocalipsis, de que el Dios concede una plaga, para que los hombres se arrepientan y vuelvan a la Metania, y ellos en vez de eso, blasfeman! Esto significa que el Dios viene con agapi, pero también con el látigo, sin embargo los hombres no entran en razón. Igual que los padres cuando castigan a sus hijos, no los castigan para vengarse, sino para hacerlos entrar en razón, corregirlos y moderarlos, pero ellos no aceptan ni entienden este castigo correctivo, que es sacado de la agapi de sus padres. ¡Se escapan de la casa y no vuelven más allí, porque consideran que sus padres los han atacado, de que son hostiles frente a ellos, y así no quieren quedarse ya en la casa; se levantan y se marchan!

Por tanto, amados míos, el mega terremoto es el desplazamiento o movimiento del cielo. Ahora vamos a los elementos y datos parciales: “…y el sol se volvió negro como saco de pelo, y la luna entera se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como una higuera suelta sus higos inmaduros cuando es sacudida por un fuerte viento.

La luna, ya que es iluminada por el sol y el sol se oscureció, entonces también la luna pierde ya su luz, se hace sangrienta, oscura. Esta revuelta de los cuerpos celestes, como os dije, es el resultado de este mega terremoto universal.

Veremos, amigos míos, lo que dicen los Profetas sobre estos temas, porque realmente no podemos decir muchas cosas, sino que sólo tomar de estos lo que más podemos.

El profeta Isaías sobre esta revuelta escribe las siguientes cosas en 13, 9-10: “He aquí viene el día del Señor…” Apuntad que los “días del Señor” por excelencia son dos; el primer día del Señor es la primera aparición de Cristo, y el segundo día del Señor es la segunda aparición de Cristo. Estos se llaman “días del Señor”.

Por supuesto que cada día es día del Señor, cuando el Señor viene a un pueblo o a un ser humano o a mostrar Su agapi y Su protección, incluso con castigo, esto se llama “visita divina”. Hay un pasaje que pregunta: “¿Qué harán aquellos que han perdido sus corazones cuando el Señor decida a visitarlos?” (Sab Sir. 2,14 Is 46,12). Para ellos el día del Señor es el día que Aquel visitará sus corazones. El día de la salvación es el día del Señor para cada uno, pero en la Historia universal dos son los días grandes: el día de la primera aparición del Señor y el día de la segunda parusía-presencia del Señor.

Y aquí dice: “porque he aquí el día del Señor viene”. E Isaías ve, no el primer día, sino el segundo. Aprovechando la ocasión, os diría amigos míos, que los Profetas del Antiguo Testamento no se agotaron. Sus profecías no se agotaron en la primera parusía-presencia de Cristo, esto que lo sepáis bien. No digáis que no tenemos necesidad de estudiar el Antiguo Testamento.

Y continúa el profeta Isaías y dice: “Pues las estrellas del cielo y sus constelaciones no darán más su luz, el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no hará resplandecer su luz” (Is 13,10).

Y el profeta Amós escribe: “y será durante el día aquel, dice el Señor el Dios, que se pondrá el sol del mediodía, y en pleno día se oscurecerá la luz de la tierra” (Amós 8,9).

En la profecía de Joel tenemos lo siguiente: Habla sobre el Pentecostés, para el acontecimiento del primer día del Señor, ya que el Pentecostés se refiere a la primera aparición de Cristo, e inmediatamente se encuentra el segundo día del Señor. Por tanto, sobre el primer día se refiere al Pentecostés, y dice: “derramaré de mi espíritu” (Joel 2,28), y esto lo interpreta claramente el apóstol Pedro a los sorprendidos hebreos en relación con los fenómenos del Pentecostés. Y dice que lo profetizó el profeta Joel, (ver Hec 2,17). Y a continuación dice el profeta: “tiembla la tierra, se conmueve el cielo; el sol y la luna se oscurecen, y las estrellas pierden su resplandor” (Joel 2,10)… “Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo” (Joel 2,30, Hec 2,19). Esto de “prodigios en el cielo” quiere decir desplazamientos, y “en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo” quiere decir guerra y catástrofe. Así que en la tierra tendremos catástrofes por operaciones y acciones humanas, y en el cielo catástrofes por desplazamientos, movimientos celestes. “El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, ilustre y grande” (Hec 2,20), que es la Segunda Parusía-Presencia de Cristo. La mitad de la profecía se hizo, es el Pentecostés, y la otra mitad es todo esto que os he leído.

El mismo Señor profetiza este tiempo, lo antes de Su segunda venida de la siguiente manera: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo;” (Mt 24, 29-30). “La tribulación de aquellos días” será por la presencia del Anticristo, con la persecución de los fieles.

Como entenderéis por estas cosas, no se trata de icona-imagen metafórica, sino de pragmática, real, esto es obvio.

Sobre la expresión que “el sol se volvió negro como saco de pelo”, Isaías escribe: “Revestiré de oscuridad los cielos, y haré como saco su cubierta” (Is 50,3), es decir, el sol se oscurecerá, se hará de luto, tal como entonces cuando estaban de luto ponían encima suyo un saco; es una expresión.

Sobre la luna que “se hace roja como la sangre”, el profeta Joel escribe: “se transformará la luna en sangre” (Joel 2,31 Hec 2,20).

Sobre la caída de las estrellas, Isaías escribe: “Y todas las estrellas caerán como las hojas de la parra y como caen las hojas de la higuera” (Is 34,4)

Aquí vamos hacer una pequeña observación. Cuando dice que “las estrellas caen sobre la tierra”, sabemos hoy en día que esto es impensable. ¿Cómo caerán las estrellas encima de la tierra? ¡La tierra es muy pequeña, no pueden caer todas las estrellas encima de ella, la disolverán! Supongo que se debe utilizar el llamado fenómeno, según el fenómeno o lo visto, tal como tenemos también la descripción del Génesis, de los seis días. La Santa Escritura utiliza datos y acontecimientos de cada época del momento de aquel tiempo que se escribe. Es decir, el evangelista Juan utiliza el sistema ptolemaico, donde la tierra se considera plana y es el centro del universo. Por tanto, ya que la tierra es plana, según el sistema ptolemaico, y es el centro del universo, obviamente cuando caen las estrellas caen sobre la tierra. Es cierto que hoy en día sabemos, según el sistema Copérnico, que no es posible que una estrella caiga sobre la tierra ya que no es plana.

Pero estas cosas, amigos míos, son datos técnicos que simplemente dan una icona-imagen. La Santa Escritura permanece siempre inalterable. No tiene importancia su expresión, importancia tiene que tendremos una revuelta de los cuerpos celestes.

¿Qué tendríamos que decir sobre todos estos fenómenos?

Tenemos dos tesis. Volveré en aquello que os dije antes. Una tesis constituye la icona-imagen de la situación social de los Cristianos y la otra las revueltas reales celestes. Sobre las revueltas sociales, san Andrés de Kesarea escribe las siguientes cosas: “Realmente la misma Santa Escritura tomando datos y elementos astronómicos, quiere señalar la caída de hombres importantes. El evangelista Juan dice que el Dragón ha levantado su cola en el cielo y ha hecho caer o ha derrumbado la tercera parte de las estrellas, (Ap 12,4). Y aquí toma un ejemplo, como en la época de Antíoco –leed por favor I Macabeos, y lo veréis esto- donde muchos hebreos se hicieron helenizantes y cayeron helenizados. Dejaron la ley e imitaron a los helenos-griegos, es decir, se convirtieron en idólatras.

Esto lo quería entonces el Antíoco el Epifanís, es decir, crear en Palestina la helenización de los hebreos, hacerlos dejar la ley y el culto al Dios verdadero y adorar a los ídolos, a Zeus, Atenea, etcétera, como los Helenos. Para este objetivo hicieron en Jerusalén el gimnasio o polideportivo y muchísimas más cosas, y muchos, demasiados se marcharon, apostataron de la Fe paternal. ¡Muchísimos! Además por esta razón se escribió también el libro de Sabiduría Sirac, para afrontar esta ola de helenización de los hebreos. Pero, como dice aquí san Andrés de Kesarea, cayeron muchos, y sobre todo ilustres, importantes y escogidos, como las estrellas, como el sol, como la luna. Tenemos esto que os dije: la negación y la apostasía, especialmente en los días del Anticristo, que se ejercitará opresión y coacción para que nieguen la Fe, o incluso los Cristianos de entonces tendrán fe tibia, floja.

¡Pero todas estas cosas indican que los hombres irán dejando la Fe y estarán cayendo, cualquier posición que tengan, incluso en la jerárquica! Lo vemos también en nuestra época, los que ocupan posiciones jerárquicas, es decir, sacerdotes, obispos, patriarcas, pueden –porque quieren mantener su posición- y se hacen masones, o co-caminan con la conducta y actitud de moral mundana. ¿Realmente es extraño y curioso! Esto quiere decir que las estrellas caen, el sol se oscurece, la luna oscurece. Es decir, se trata –una faz o aspecto- de icona-imagen metafórica, que indica la caída de hombres excelentes. Es decir, en una palabra, ¡el firmamento espiritual de los fieles se oscurece y se derrumba! Es esto que dijo el Señor, “Serán engañados también  hasta los escogidos, ilustres y excelentes” ((Mt 24,24 Mrc 14,22), ¡Serán engañados!!!

San Andrés de Kesarea de nuevo escribe en relación con el otro aspecto o faz: “Pero si otra vez estas sucederán de forma sensible –al sol, a la luna, a las estrella, etcétera- entonces cuando venga el Cristo, Él sabe cómo se harán estas cosas, Él que es caja fuerte de los tesoros ocultos o escritos de la gnosis increada y la sofía-sabiduría divina”. ¡El Dios sabe cómo se harán estas cosas!

Es digno de observar que es lo mismo que apunta san Arezas, obispo de Kesarea. Os leeré el texto para que no penséis que digo algo mío: “Está claro que las señales o signos sobre la cruz en nuestra visión e imaginación vuelven a pintar, el terremoto y removimiento de la tierra, el oscurecimiento del sol y de la luna, convertida en sangre… ya que también san Dionisio el Areopagita en su obra “zeominía” se refiere de los acontecimientos en la cruz y en la pasión, del oscurecimiento del sol y de la luna” (En el Apocalisis, J.P. Migne tomo CVI cap.18, pag597).

Es decir, Arezas se acuerda lo que sucedió durante la Crucifixión. Se hizo un gran terremoto y se oscureció el sol por tres horas. La Santa Tradición-Parádosi dice –y lo salvaguarda san Dionisio el Areopagita en sus textos Areopagíticos- que el oscurecimiento del sol sucedió a escala universal, porque esto san Dionisio lo había visto ya entonces en Atenas. Y más tarde fue Pablo y se convirtió en su discípulo.

Haré una muy breve observación. Cuando paró el camino del sol en la época de Jesús de Naví 10,12, el fenómeno fue universal. Lo encontramos en los escritos de los habitantes de América, de los aborígenes, los nativos locales. ¿Lo habéis oído? Cierro el paréntesis. Lo dije esto para que veáis que tenemos una dimensión mundial y no local. Así san Dionisio el Areopagita había percibido este cambio o metábole en el sol por tres horas, y lo apunta en sus obras Areopagíticas. Y dice aquí ahora: “Estas cosas fueron históricas, cuando sucedieron en la época de Cristo, cuando fue crucificado Cristo”. Estas cosas y realidades son una icona-imagen parcial de lo que sucederá cuando vuelva el Cristo.

Decidme, cuando leéis los Evangelios que se ha producido un terremoto, se abrieron las tumbas por el seísmo, que el sol se oscureció… ¿si queréis hacer un cambio, traslado, podéis y conviene? Ningún traslado ninguna alegoría podemos hacer. Tenemos metábole pragmática de los elementos de la naturaleza. Aquellas cosas que sucedieron en la Crucifixión, y son pasado para nosotros, aquellas que constituye, lo repito, alteración, metábole parcial de los elementos, es decir, se hicieron por poco tiempo, para mostrar qué se hará al final de la Historia cuando venga el Cristo.

De todas formas a continuación dice las siguientes cosas: “Y el cielo fue replegado como un pergamino que se enrolla, y toda montaña y toda isla fueron removidas de sus lugares” (Ap 6,14). El cielo fue replegado, como si se partiera en dos, como un libro girando. ¡Y el cielo se separó! Ahora prestad atención en algo. Amados míos, estas cosas las tomamos como castigo de los hombres, pero no es así exactamente.

Aquí se trata de una alteración grandiosa de este mismo cielo. ¡La icona-imagen no es metafórica, es pragmática, real! Metafórica es sólo sobre su terminología técnica, que el cielo se considera como un muelle –libro en forma de muelle, no libro acostumbrado con las hojas como cuando están pegadas en la columna- y se considera como una piel estirada. Tal y como nos dice el Salmo 103, 2, “extenderé el cielo como una piel”, Éste, es decir, el Dios que extiende el cielo como una piel. Es sólo la terminología técnica, esta que es considerada como metafórica, pero el acontecimiento es real.

El libro en la antigua época, el cilíndrico, era un pergamino, o sea, una hoja fina de piel o de papiro, fijado en dos maderas redondas, que se llamaban kontí, y estaban uno en una punta de la piel y el otro en la otra punta. Lo enrollaban poco a poco, y se cerraba el libro, se enrollaba. Por tanto, aquí cuando leemos que se abre el libro enrollado, entendemos que se abre con los dos kontí maderas, y se da la vuelta. Es como si estuviera escrito por dentro, que alguien lo abra y nos lo gira para que veamos lo que escribe dentro. Apertura y vuelco, esta es la icona-imagen.

Esto significa que el cielo sufre una alteración, además todas estas cosas que hemos mencionado antes, esto manifiestan y develan. Atención. ¿Cambiará el cielo? ¿Cambiará la tierra? ¡Sí, amados míos! ¡Cambiará el cielo, la tierra y todo el universo cambiará! Se convertirá en otra cosa. ¡Se transformará y se hará en otra cosa! David en su Salmo 101, dice: “Señor, desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido viejo los envolverás y serán mudados, o se cambiarán” (Sal 101, 26). Tú Señor que has cimentado la tierra y con Tus manos las obras de los cielos, todo esto se perderá, pero Tú permaneces y todos se envejecerán igual que una prenda, entonces Tu, como un abrigo viejo los revolverás y cambiarán, se hará todo nuevo. Tal como un abrigo viejo es deteriorado y envejecido y el  sastre lo da la vuelta lo de dentro hacia fuera, así el Dios girará los cielos y todo se hará nuevo.

Isaías escribe: “Y todas las fuerzas de los cielos se disolverán, y se enrollará el cielo como un libro” (Is 34,4); y se fundirán todas las fuerzas celestes, y el cielo girará como un libro.

Y el Apóstol Pedro, -¡escuchad qué exactitud!- dice: “10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón de la noche, y en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos, abrasados, serán disueltos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… 12 Esperando nueva tierra y acelerando del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos siendo quemados se fundirán. 13 Pero nosotros esperamos, según nos lo tiene prometido Dios, otros cielos y otra tierra nueva, en los que habita la justicia” (2Ped 3, 10-13). Pero nosotros según la promesa de Cristo, esperamos con anhelo nuevos cielos y nueva tierra, donde habita la santidad. Esto nos dice el apóstol Pedro. ¿Dónde estaremos? ¡No en la tierra!

El apóstol Pablo nos dice que “seremos arrebatados en las nubes”. ¿A dónde? El Dios sabe, amigos míos. ¡Aquí ya tenemos un escenario universal! Nosotros sólo sabemos esto: “seremos arrebatados entre nubes en los aires al encuentro del Señor” (1Tes 4,17).

Os acordáis de la Bienaventuranzas donde dice “bienaventurados y felices los apacibles porque ellos heredarán la tierra” (Mt 5,5). ¡El hombre apacible pierde su tierra o terreno, le llevan al juez y se lo quitan! ¿Señor, cómo ganará la tierra el hombre apacible”. ¿Cuál tierra? La Nueva Tierra será propiedad de los hombres apacibles. De la Nueva Tierra habla el Señor.

 ¡Si leéis la Santa Escritura ahora, después de todo esto que os digo, veréis cosas nuevas! Sí, amados míos.

Isaías dice: “Será nuevo cielo y nueva tierra“ (Is 65,17).

Pero esto también lo vemos en el libro del Apocalipsis, hacia el final. El mismo Señor dice: “He aquí, lo hago todo nuevo” (Ap 21,5). ¿Por qué? Porque se han envejecido. ¿Cómo han envejecido? Por el pecado. Es todo el universo donde entró el pecado, la corrupción y la muerte, por eso todo se debe hacer nuevo.

Pero atención. San Andrés de Kesarea dice: “Con “el cielo se enrolla como libro”, no significa que el cielo se perderá, sino que significa otra cosa, es decir, que el cielo se hará nuevo, hará un giro y cambia hacia lo mejor, como dice san Irineo”.

Realmente, san Irineo, amigos míos, -fracción 96- escribe lo siguiente maravilloso: “La hipostasis (base substancial) y la esencia-usía de la creación no desaparece, porque es verdadero Aquel que ha creado la materia, sino que sólo se cambia el formato, plano o forma. Lo que Dios hace no vuelve a cero o a la nada. Del cero o de la nada hizo el universo, pero el universo no vuelve a la nada o al cero. El formato, plano cambia, no la esencia del universo. Los cuerpos ya no serán giratorios, como la tierra, el sol y la luna, por ello serán desplazados, movidos, cambiarán. ¿Qué será? ¡Será el reinado de la Realeza de Dios!

Por eso también el Apóstol Pablo en su I epístola a los Corintios 7,31, en todo el capítulo se refiere sobre el tema del matrimonio y de la castidad. Y dice las siguientes cosas: “y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque lo que produce la forma, formato o plano de este mundo acabará”, os ocupáis de fortunas, con bodas etc… ¡No dice lo que produce el mundo, sino “lo que produce la forma de este mundo”, su forma pasa, termina su formato o plano, y esto es lo que cambiará! Y en el libro del Apocalipsis leemos “los reyes de la tierra… todos… irán a meterse y esconderse en los agujeros de la tierra” (Ap 6, 15-16) ¿Qué significa esto? ¿Dónde quedarán estos hombres en estos cambios?

Y continua san Irineo: “”Donde se hizo la transgresión, estos cielos, este mundo se ha envejecido”, entró la muerte y la corrupción.

Me acuerdo de un artículo de un libro de astronomía del Ser Geims Gins, con el título en su artículo el “Sol muere”. Este libro ahora no existe. Hace muchos años que se ha traducido. Este fenómeno se observa también astronómicamente, sólo que no coincidirá la muerte del sol por parte física –digamos de la ciencia física- con la segunda parusía-presencia de Cristo. Estas cosas no coinciden: ¡Se hará… puede ser que mañana!

“Y por eso esta forma, formato o plano, el de la tierra y del cielo, es provisional, porque el Dios pre-conocía qué sucedería, de que vendrá el fin. Cuando pase esta forma o plano, el hombre sea renovado, por la resurrección de los muertos, y se perfeccione la corrupción, sin que ya se pueda envejecer, porque no habrá la muerte, será el cielo nuevo y la tierra nueva; allí  quedará ya para siempre el nuevo hombre y estará conversando con el Dios” (San Irineo:Inspección y control a la falsa gnosis, 5º libro 29,2). ¿Lo habéis oído? ¡La forma, formato o plano este será provisional! Decimos: “Cómo alimentaremos a nuestros hijos” ¿No ves la población de la tierra? La tierra es muy pequeña”. ¡La forma es provisional y nosotros nos preocupamos e inquietamos!

Así que la revuelta del mundo no es simplemente un castigo, sino una renovación del universo, y entonces, cuando se hará esta renovación vendrá el Cristo a llevarse los Suyos, los que habrán resucitado “para y en vida eterna” (Dan 12,2).

¡Amados míos, muy grandes, enormes cosas son todas estas e indican su admirable destino! Por tanto, vayamos ordenando y regulando nuestras vidas con aquellas que el Dios nos ha prediseñado y planteado. Amín.

 

Unidad 24  Apocalipsis 6, 12-17 b´ Apertura del sexto Sello, 2º parte. Seísmo para la renovación de los elementos de la creación.

 

Amados míos, debemos recalcar especialmente las cosas que van a suceder durante la apertura y desenlace del 6º Sello, porque esta revuelta universal que se describe dará los “Nuevos Cielos y la Nueva Tierra”, donde “habitará la justicia”, según la expresión del apóstol Pedro en su 2ª epístola 3,13. No debe escaparnos el futuro de la creación. Nos ayudará mucho en toda nuestra vida espiritual, porque por esta creación material está edificado también nuestro cuerpo. El Dios tomó barro o polvo de la tierra, es decir, tomó elementos materiales de la creación, y edificó, formó el cuerpo humano (Gen 2,7). Por tanto, no debemos desestimar la creación. Antes que nada, primero porque no debe estar subyaciendo en nuestra vida el elemento dual, esto que existe en todos los sistemas filosóficos, es decir, que la materia se considera algo malo, y lo opuesto. En nuestra época tenemos los sistemas materialista –por supuesto que no son nuevos, había desde la antigüedad- que no reconocen el espíritu y lo ponen a un grado inferior, también aquí tenemos una dualidad, es decir, ven la materia y el espíritu que estén puestos uno frente al otro. Esta es la posición dual, desgraciadamente se distingue en muchos cristianos. ¡Cuando, por ejemplo, hablan de matrimonio, lo consideran algo sucio, profano! “¡Te has casado, dicen, es cosa sucia!” ¿Pero por qué es cosa sucia? La menstruación la consideran sucia, y el esperma lo consideran sucio.

Estos son datos o elementos duales, y son demoníacos. No existe nada que sea profano, nada que sea sucio. Si el Dios en el Antiguo Testamento determinó que se coman o no se toquen algunas cosas, las determinó sólo por motivos y propósitos pedagógicos, instructivos y se observa en toda la Santa Escritura, que cuando el Dios concede algunas capacidades, posibilidades y libertades para la utilización de ciertas cosas por el hombre, siempre pone también una prohibición.

Dice el Dios a los primeros en ser creados en el Paraíso, “no probaréis esto” (Gen 2,17), no porque tenía algo malo esta fruta, sino por razones de disciplina. En el Antiguo Testamento también dice: “Comeréis de todo, pero la sangre de los animales no las comeréis; tiraréis la sangre en el suelo, pertenece a mí” (Deu 12,16). Y el Nuevo Testamento también pone vallas, limitaciones y dice: “Esto sí y aquello no”. ¿Por qué? Y siempre esto se hace, porque el Dios a donde da posibilidades, capacidades y libertades siempre pone también una limitación. ¡Esto que lo sepan los padres también desde el aspecto pedagógico…! Cuando conceden libertades, posibilidades a sus hijos, que pongan también unos límites diciendo: “Esto no. De esto puedes comer, de lo otro no”. Si lo nivelamos y lo arrasamos todo, es anti-pedagógico. Y me temo que posiblemente queremos aparecer como más pedagogos que el pedagogo Dios. Mucho me lo temo esto.

¡Sin embargo, si Dios dijo algunos no, los dijo sólo por motivos pedagógicos, y no porque estos tenían algo malo, además que eran creaciones de Dios! Es decir, no se introduce la dualidad por el Antiguo Testamento; ¡por Dios! Por eso el apóstol Pablo también dice “porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse” (1 Tim 4,4). Así que, cuando sabemos que la creación será renovada, y no sólo se renovará sino que será divinizada, glorificada o deificada, y que entrará dentro en la doxa-gloria luz increada de los hijos de Dios y se glorificará, nuestra posición frente a las cosas materiales será distinta. No estaremos considerando nada como sucio, nada desechable, sino que todo dentro en la jaris (gracia energía increada) de Dios, porque todas las creaciones son Suyas.

El que se va a renovar toda la creación, lo vemos no sólo como posiciones teológicas dentro de la Santa Escritura, sino que lo vemos también como acontecimientos. Os mencionaré, excepto por supuesto de esta piedra angular que se llama Resurrección de Cristo, y Su propio cuerpo que fue colgado encima de la Cruz, esto que fue tomado de las entrañas de la Θεοτόκος Zeotokos. La Zeotokos es hija de Adán, y Adán es producto de la misma tierra que ha tomado Dios, es decir, la materia para crearlo. Esto es la piedra angular de la verdad, pero tomaré sólo dos posiciones o tesis, para no cansaros mucho rato; una tesis es hagiográfica y la otra patrística.

Es digno de mencionar el hecho de la Metamorfosis-Transformación de Cristo, los santos Evangelistas no lo escriben en vano, porque no fue glorificado sólo el Cristo, sino también sus vestimentas se transformaron blancas como la luz, o como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos (Mrc 9,3). ¿Porqué las vestimentas? ¿Qué papel juegan las vestimentas del Señor? ¡Las vestimentas que son naturaleza irracional, inanimada, y efectivamente estas también son glorificadas!

Cuando san Serafín de Sarof –Ruso, 1833- habla con su discípulo Motovilof en un extremo del bosque nevado, allí la forma de san Serafín de Sarof es divinizada, deificada o glorificada, brilla, resplandece como el sol, y Motovilof observa que tiene el brillo también la nieve. ¿Por qué la nieve? ¿Qué posición o papel tenía la nieve en toda la santidad de san Serafín?

Amigos míos, también ella, la creación será divinizada o glorificada, y pre-sabor de esta zéosis-divinización son las iconas milagrosas y las reliquias milagrosas de los Santos/as. ¡Será divinizada la creación! ¡Cosa majestuosa! No sé si os he dicho otra vez, que algunos puntos quedaron y son los hitos o puntos cardinales, claves de mi vida, y aún permanecerán fijos. Un penúltimo punto clave fue la resurrección de los muertos. Aún esta cosa no la he asimilado, o digerido ¡No es que no la he creído, sino que rodea en mi interior el tema completo, como si lo hubiese escuchado por primera vez, apenas esta mañana!

El segundo fue la renovación de la creación. ¡Es como si este tema también lo haya escuchado esta mañana! Y a pesar de esto son muchos los años que lo sé. ¡Es tan fuerte que cuando uno ve la creación entera, siente contrición, regocijo profundo, dilatación del corazón de que esta creación se renovará, será divinizada, entrará en la doxa-gloria luz increada de Dios, se convertirá y se hará el reinado de la Realeza increada de Dios!  Entonces el hombre escatima la creación y piensa sobre ella de otra manera. Por supuesto que no es que la creación depende de nosotros, qué posición tendremos frente a ella. Nuestro comportamiento frente a ella no es más que teológico. Cuánto tonto es aquello que dice que “¡el Cristianismo vino para mejorar la creación por medio de la cultura! ¡Qué…estupideces…! ¡Perdonadme que hable así! ¡Vino el cristianismo a mejorar la creación mediante la cultura!… ¡Idioteces puras, cosas agridulces y revueltas sin sentido!

¡El Cristianismo vino a renovar toda la creación ontológicamente! ¿Qué importancia tiene si yo soy culturalizado o no, qué sentido tiene esto? La creación se hará nueva por el Dios, por Jesús Cristo. En consecuencia no preparo la creación para su renovación con el embellecer el bosque o una playa. Esto es una tontería. Sólo si nos encontramos en ambientes o planos culturales podemos hablar así. Son rechazados y no tienen ninguna relación con la cultura las cosas y realidades que estamos hablando. Nuestra posición frente a la creación es lo buscado. Que no tengamos una percepción dual, sino que veamos la creación como el elemento aquel que entrará junto con nosotros en la doxa-gloria luz increada de Dios. Esta posición nuestra tiene una importancia enorme, y a nosotros espiritualmente nos ayuda mucho. Así que, respetamos la creación; sabemos que tanto si la destruimos como si no, ella se hará nueva y no se pierde nada de ella. Pero cuando sabemos que se renovará, la respetamos. Así que las flores, los pájaros, el mar, todo, no los destruimos, no los arruinamos. Y la verdadera catástrofe –sin que sea aparentemente catástrofe- es cuando entramos profanamente dentro en la creación por nuestro pecado. Cuando pecamos, profanamos la creación. No tiene importancia que el Dios la hará nueva y ya no habrá absolutamente ninguna profanación! Pero nosotros tendremos peso en nosotros mismos, y como profanadores estaremos en el Infierno eterno.

¡Todas estas realidades, amigos míos, son muy importantes! Si alguna vez llegamos a sentirlas en nuestra profundidad, entonces todas estas realmente embargarán en nuestro interior. Cuando encendemos nuestra vela, cuando ponemos las flores en la icona, cuando encendemos nuestro candil, cuando adornamos el templo y lo cuidamos, todas estas cosas son materiales, pero entran en la creación renovada.

Cuando se hace la inauguración de un templo, el obispo vuelve alrededor del templo tres veces con las santas reliquias en procesión y el pueblo acompaña. Así se hace una cerca imaginativa  espiritual alrededor del templo y se cierra fuera todo el espacio profanado. Es una cerca, un espacio que es protiposis o pre-figuración de renovación del espacio de la materia. La Divina Liturgia es la renovación del tiempo, y el templo como espacio o lugar es la renovación del espacio. Cuando ponemos flores en las iconas y las adornamos, es un pre-sabor, un tipo, una pre-figuración de esta renovación de la creación, la renovación del espacio, o mejor, del tiempo-espacio para ser más exacto.

Estas cosas si las sabemos, ¿cómo estaremos viendo después la Divina Liturgia? ¿Podremos estar sentados en nuestra cama y oírla por la radio o verla por la televisión? ¡No creéis que dentro en nuestra conciencia, en nuestra percepción, entra y toma la cosa una nueva, totalmente nueva dimensión!

Esto es majestuoso, amados míos, y esto no lo ha imaginado jamás ningún filósofo. ¡Ninguno jamás! Todos hablan de reciclaje de la naturaleza, de una eterna situación de la naturaleza, pero nadie habla de una renovación ontológica. Los filósofos estoicos es cierto que decían que tenemos un reciclaje y renacimiento de la naturaleza, tal como la observamos, como un fenómeno natural, pero no hablaban sobre el renacimiento ontológico y la renovación que permanecerá por los siglos, sobre este tipo o forma que no lo captamos cuál y como será.

Tal como os dije la vez anterior, san Irineo dice muy acertadamente: “porque no desaparece la hipóstasis (base substancia) ni la esencia de la creación; porque Aquel que la ha creado es verdadero y certero, sólo la forma, la figura o formato de este mundo cambiará”; nada más. Cómo y qué se hará, sólo el Dios lo conoce. ¡De todas formas no habrá corrupción ni muerte! Cómo será esta creación, no lo captamos con nuestro cerebro esto, no lo sabemos; está en los secretos de Dios. Pero tenemos la solvencia, tenemos la demostración que es el metamorfoseado cuerpo resucitado de Cristo. Y esto se va repitiendo en Sus Santos. Cuando Sus Santos brillan con la luz increada del Metamorfosis, brillan también todas sus existencias, sus cuerpos y brillan incluso sus vestimentas, esto es una demostración que Cristo es verdadero, porque da a Sus Santos esta medida de la renovación y de la doxa-gloria de la creación. ¡Son muy grandiosas estas cosas! Bendigo, deseo y ojalá que Dios os ilumine, que altere vuestro nus (espíritu de la psique) y el corazón, y que os embarguen estas cosas y realidades y regulen todas vuestras vidas.

Ahora voy a mi tema, porque me parece que en esta conexión con lo anterior me he alargado. Aquí estará sucediendo, pues, esta revuelta del universo, es decir, el terremoto o seísmo que nos dice el evangelista Juan, y la apertura y desenlace del 6º Sello, y todavía antes de ser renovados los elementos de la naturaleza, se habrá hecho un otro gran terremoto. Además os dije la vez anterior que este “gran terremoto o seísmo” tiene dos facetas o aspectos. Primero antes que nada será antes del Anticristo, y es un seísmo de ética, carácter moral, ideas, y percepciones de vida. Es decir, que los hombres se harán distintos; habrán rechazado lo que sabían hasta ahora. Esto en la Santa Escritura se señala muchas veces como un seísmo o terremoto, y es el terremoto al nivel espiritual y ético. Estas cosas y realidades antes del Anticristo. Cuando venga el Anticristo y tendremos la culminación de este seísmo, del desplazamiento de caracteres de las conductas éticas a un nivel muy bajo y miserable que jamás se podría hacer, diríamos que al no va más, entonces se hará otro seísmo, es decir, el otro aspecto o faceta que será la renovación de los elementos de la creación.

Los Padres nos dicen que “el segundo terremoto”, es decir, la renovación del universo, se hará en “un cerrar y abrir de los ojos”. El apóstol Pablo esto nos lo dice en su 2 epístola a los Corintios, es decir, que la resurrección de los muertos y todas estas cosas, se harán en “una ráfaga (abrir y cerrar) de los ojos”, “ἐν ἀ­τό­μῳ en atomo, tiempo mínimo indivisible” (2 Cor 15,52). Utiliza dos expresiones para indicar lo rápido que se va hacer todo. Lo “ἐν ἀ­τό­μῳ en atomo” es el átomo, lo indivisible del tiempo, esto que no se fracciona, no se hace más pequeño en tiempo. No tiene otra palabra para poner el Apóstol Pablo. Por tanto, será el trocito más pequeño, mínimo del tiempo que pueda imaginarse el hombre. Es muy bella su expresión, aguanta y adviene también con la terminología contemporánea, porque no sólo tenemos el átomo de la materia, sino que tenemos el átomo del tiempo también. Pero para dar una icona-imagen de este término, como habla en hombres quizás sencillos, pone también una representación, que es muy a groso modo, pero es una representación. Es una ráfaga (abrir y cerrar) de los ojos. Cuando parpadeamos nuestros ojos no lo percibimos, porque no perdemos la imagen de nuestro horizonte óptico. Vemos los objetos que están en nuestro alrededor, pero nuestros ojos parpadean, se cierran y se abren, mojan la superficie del globo del ojo con lágrimas, pero no perdemos nuestro horizonte óptico, porque es muy rápido el abrir y cerrar de los ojos. Es mayor que de un decimosexto del segundo–si lo digo bien-, y en consecuencia no tenemos pérdida de la imagen. No cierran para abrir otra vez más lento o tarde, sino que abren y cierran rápidamente. Por tanto, esto lo dice “en ráfaga del ojo”, es decir, en un abrir y cerrar del ojo que no lo percibe nadie cuánto rápido se hace, y es la icona de la expresión de “ἐν ἀ­τό­μῳ en atomo”.  Esto nos lo dice la Santa Escritura y también los santos Padres eso dicen.

Pero parece ser que precederán revueltas que tendrán alguna longitud, o duración porque cuando habla de oscurecimiento del sol y de la luna y para caída de las estrellas, estas cosas no es posible que se hagan “ἐν ἀ­τό­μῳ en atomo” en mínimo tiempo indivisible, parecer se que tendrán alguna duración del tiempo. Ahora bien, cuándo será este tiempo lo desconocemos; parece ser que será un poquito largo. Algunas revueltas se irán haciendo a lo largo de algún tiempo, y los hombres se colmarán de miedo y terror, tal y como dice el texto sagrado.

 El que el sol se oscurecerá no es un cambio. Esto indica que el antiguo universo muere. ¡Pero la forma definitiva del cambio del universo, la renovación que de una manera nosotros vemos su muerte- se hará en una ráfaga (abrir y cerrar) de los ojos! Tal como la resurrección de los muertos se hará también en una ráfaga (abrir y cerrar) de los ojos.

He mencionado la palabra “muere” en relación con el cambio del universo, para mostrar que este viejo universo pasa, es decir, cae, se disuelve, se tambalea pero sin perderse nada. ¡Atención, sin nada perderse! Esto nos lo dice también la ciencia de la Física, que de la creación nada se pierde, porque el Dios lo que hace es “muy bueno”, y en consecuencia no se pierde. Esto da a entender también san Irineo, cuando dice que es verdadero, seguro y cierto el compositor de la materia; nada se pierde sólo se renueva” (San Irineo Libro 5 TLG 29.1-5)

Por tanto cuando tenemos este período del cambio del universo, de la muerte del universo… cuando estarán sucediendo estas cosas, los hombres encima de la tierra ¿qué harán? Escuchad lo qué harán:

«Y los reyes de la tierra, y los magnates, y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todos los hombres esclavos y libres se escondieron en las cavernas y entre las peñas de las montañas;  y decían a las montañas y a las peñas: ¡Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara del que está sentado en el trono, y de la ira del Cordero!  Porque ha venido ya el gran día de su ira, y ¿quién puede mantenerse firme en pie?» (Ap 6, 15-17).

Estas cosas y realidades que dice el evangelista Juan, y que realmente son ésjatos –son la última praxis un poquito después que el Anticristo- el Señor nos la dice de la siguiente manera:

“Entonces habrá fenómenos no acostumbrados y señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en las naciones de la tierra angustia, perplejidad y miedo de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas enormes; desfalleciendo los hombres por el temor, por la expectación y plenos de la agonía de las cosas que sobrevendrán en toda la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lc 21, 25-27).

Aquí no cabe ninguna alegoría; es sobre fenómenos físicos, naturales, es exactamente lo que dice. ¡Ninguna alegoría cabe aquí! Es decir, que habrá revuelta terrible. ¡Imaginaos… la mar enfurecida estará bramando, tendremos traslados celestes, situaciones celestiales, y encima de la tierra tendremos terriblemente grandes metáboles o cambios totalmente desacostumbrados! ¿Quién sabe qué dinamis fuerzas, potencias se ejercerán sobre la tierra? ¡Sólo lo sabe Dios!

El tema es doble: Será como castigo, pero a la vez también como cambio de la naturaleza. Y el Señor dice que estas cosas se harán un poquito antes de Su Segunda Parusía-Presencia, pero inmediatamente después del Anticristo, que habrá precedido. Y continúa el sagrado Evangelista, es decir, el Señor: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran doxa-gloria increada” (Lc 21, 28). Y entonces, cuando sucederán estas cosas, verán al Hijo del Hombre, es decir, a Jesús Cristo, viniendo en una nube con dinamis (potencia y energía) y gran doxa-gloria increadas. Por tanto, estas cosas que decimos, serán en poco tiempo, muy corto. ¿Serán por una hora, un día, una semana? El Dios lo sabe; de todas formas el tiempo será muy poco y corto antes que venga el Cristo, será realmente al borde de Su venida.

Pero vamos a ver este pasaje que os he leído más analíticamente. Aquí hay una setena de enumeración de clases de hombres: “reyes, magnates, tribunos, ricos, poderosos, esclavos y libres”. Tenemos siete clases. En los tiempos acostumbrados, como ahora, existe esta distinción de clases. Decimos, aquella o la otra clase de hombres, antiguamente en concreto estas clases eran más visibles aún. Se dice, y muy correctamente, que la máquina de coser trajo la democracia, no como forma de gobierno, sino como aniquilación de las clases, en el sentido que hoy en día todos ya vestimos las mismas vestimentas, el rey, el primer ministro, el ministro y hasta el último ciudadano de una ciudad, vestimos el mismo traje. Es decir, vino un tipo de allanamiento, nivelación; así se dice.

¡Sin embargo, cuando se harán todos estos fenómenos, y todos por sus miedos habrán acudido a los agujeros de la tierra, en las peñas y en las cavernas, allí se verá el verdadero allanamiento de las clases! ¡Y los grandes y los pequeños, los ricos y los pobres, los libres y los siervos o esclavos – todo lo que habrá en aquella época-, todos estos serán aniquilados por sus miedos, y todos correrán dentro en los agujeros y en las cavernas de la tierra!

¿Si acaso no lo hemos visto esto durante los bombardeos que se hicieron entonces en el año 1940 hasta 1944 en Grecia? Estas cosas que sucedieron entonces las volveremos a ver. ¡Todos estarán corriendo a los refugios y nadie podrá tener un refugio de lujo o no de lujo! Todos estarán corriendo a los refugios. Allí uno estará viendo realmente una aniquilación, un allanamiento. Y así será. Sin embargo, los que estarán recurriendo allí, serán principalmente hombres pecadores; no es que recurrirán los justos, sino que veréis un poquito más abajo también sobre los justos, que “se escondieron en las cavernas y entre las peñas de las montañas”. Hasta entonces en las cavernas, en los agujeros y en las peñas de las montañas, iban los justos y piadosos, perseguidos por los pecadores y perseguidores. Hasta entonces. Para ellos escribe el apóstol Pablo en su epístola a los Hebreos sobre los Santos: “de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Heb 11,38), porque estaban perseguidos por los discrepantes. Y ahora tenemos inversión de las cosas; ha llegado la hora de los pecadores de recurrir a los agujeros y a las cavernas de la tierra.

El profeta Isaías dice: “Y ahora meteos en las peñas y escondeos en la tierra  por el miedo de la presencia Señor, y de la doxa-gloria (luz increada) de Su dinamis (potencia y energía), cuando se levantará a destrozar la tierra.

Una icona-imagen de este tipo, pero que se refiere a los fieles, tenemos durante la conquista destructiva de Jerusalén, que es conocidísima por la Santa Escritura de que constituye un tipo o prefiguración de los ésjatos tiempos y acontecimientos. ¡El modo que vivieron los hombres durante el asedio, lo qué sucedió allí dentro de la ciudad, lo qué pasó, nos lo describe Josepo en la Arqueología Hebraica, y es terrible y horroroso! La conquista y catástrofe de Jerusalén constituye un tipo o prefiguración de los ésjatos tiempos y acontecimientos del Anticristo, Vespasiano comenzó el asedio y cuando fue llamado a volver a Roma, lo dejó después a su hijo Tito, quien continuó con éxito y finalmente la ciudad cayó. Vespasiano y Tito se consideran como iconas, tipos o modelos del Anticristo. Tenemos muchos tipos de Anticristo, como Antíoco IV el epifanís, pero tenemos también muchos tipos o modelos de Cristo. Y Salomón es un tipo de Cristo, David, Melquisedek son tipos de Cristo.

Así que, amados míos, la catástrofe de Jerusalén constituye un tipo o prefiguración, modelo de ésjatos tiempos y acontecimientos. Por eso el Señor en la profecía sobre los ésjatos, entrelaza la catástrofe de Jerusalén, y uno que no entiende, ve dos profecías, que por tiempo se diferencian, que se entrelacen y se presenten como una profecía (una se hizo el año 70 dC, la otra se hará con la Segunda Parusía-Presencia, el cuándo no lo sabemos). ¡Así uno que no entiende muchas cosas se lía y se pregunta sobre qué se trata; porque, mientras habla sobre la catástrofe de Jerusalén, habla también sobre “los signos o señales del cielo! Son dos profecías, que vuelvo a decir, se diferencian en tiempo, pero se dicen en un plano o formato.

Dice pues el Señor: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en la ciudad. Porque estos son días de castigo de Dios” (Lc 21, 20-22). Así que la huida a las montañas durante el asedio de Jerusalén entonces, es un tipo o modelo de la huida a las montañas después en los ésjatos tiempos y acontecimientos.

Nos dice aún el libro del Apocalipsis que los hombres  entonces estarán diciendo a las montañas, a las piedras y a las cavernas: ¡Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara del que está sentado en el trono [el Padre], y de la ira del Cordero [de Jesús Cristo]! ¡Es como si personificasen la creación diciendo y pidiendo la creación proteger a los hombres de la ira de Dios!

Estas cosas que dice el libro del Apocalipsis, el Cristo las dice en los Evangelios de la siguiente manera, como veis tomo paralelamente los Evangelios y el libro del Apocalipsis: “Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos”. El monte es lo que tiene altura y el collado no. Os dije que se harán tal como la imagen de Jerusalén y en los ésjatos tiempos se harán en una plenitud.

Es digno de observar que existe un acuerdo absoluto entre el libro del Apocalipsis y los Evangelios. Lo vemos claramente esto. Y yo no hago nada más que recurrir a los Evangelios, pero también a los Antiguos Profetas para garantizar aquellas cosas que dice el libro del Apocalipsis, y así podemos tener plena certeza sobre la verdad.

Es digno de observar aún al plano oxímoron, que es que tenemos la ira del Cordero. Pero el cordero es apacible, ¿cómo es, pues, que aquí tenemos ira del Cordero? ¡Es oxímoron, tonto!

Se refiere a esto porque el Mesías no es sólo el Redentor, sino que es también Juez. El capítulo 25, en el Evangelio según Mateo, nos indica a Mesías que es el Redentor, exactamente también como Juez. “Cuando el Hijo del Hombre venga en toda su doxa-gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en Su glorioso trono, y serán reunidas delante de él todas las gentes de las naciones; y apartará los hombres pecadores de los justos, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas, los justos a su derecha, y los cabritos, los pecadores a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los justos de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reinado de la Realeza increada preparada para vosotros desde la fundación del mundo y a los pecadores los enviará al Infierno” (Mt 25, 31-36).

Así vemos que el Cristo es también Juez, no sólo Redentor. Además el mismo dijo que todo juicio el Padre lo ha dado al Hijo (Jn 5,22). Al Hijo no como Dios sino como Θε­άν­θρω­πο zeánzropo Dios-Hombre, porque el juicio pertenece en hombre. Por eso dice “cuando venga el Hijo del Hombre”. No dice “cuando venga el Hijo de Dios”. Dónde están aquellos que dicen “el dulce, el dulcísimo Jesús… ¿será el castigador?”, ¡y permanecen siempre en el tema de la agapi y de la salvación, y no echan una ojeada también al Juez Jesús! Así reposan sus conciencias de que el Dios tiene tanta agapi, de modo que, como sea la cosa, no debemos presentarLe también como Juez. ¡Amados míos, el Mismo se presenta a sí Mismo como Juez, y en concreto nuestra Iglesia, por eso lo proyecta esto, un Domingo habla para el hijo pródigo para mostrar la agapi de Dios, de Cristo, y el siguiente Domingo –es en vísperas de la gran Cuaresma- habla para el Juicio, para que uno no crea que el Cristo es Él que lo perdona todo y lo tolera todo tal como es sin rectificación! Porque aquellos que dicen “el dulce Jesús…” no intentan paralelamente rectificar sus vidas, y permanecen siempre hombres caídos dentro de sus pecados.

Aún una cosa más que es peor. ¡Cuando los anunciantes del logos de Dios, los predicadores, hablan sobre el Juicio, para el Infierno y para el castigo, son considerados por los hombres que antes me he referido, de que se fanatizan, no tienen agapi, no hablan sobre la agapi, en cambio dicen que  el Cristianismo es agapi, agapi y… cariñitos!  No amados míos, el Cristianismo es agapi pero también es justicia. El Jesús es el dulce Jesús pero también el terrible Juez. Por eso, la espiritualidad Ortodoxa percibió a Jesús tal como lo reflejó o icongrafió en la cúpula del Monasterio de Dafne, de Athos, pero también en las cúpulas de muchos otros templos. Allí es el terrible Juez que lo ve todo. Veréis que uno de Sus ojos es dulce y el otro ojo te mira de una forma que digas: ¡Cristo Dios mío eres terrible! ¡He aquí el gran arte de la iconografía! Es decir, en el mismo rostro o cara se combina el juicio y la sotiría sanación, redención y salvación. Esta es la verdad y esta es la Ortodoxia. Este es el Evangelio y no sólo lo que nos conviene.

Continuamos: Y los que han huido a las montañas y a los cerros estarán diciendo “que ha venido ya el gran día de su ira…” (Ap 6,17)

¿Cuál es “el gran día del Señor”? ¡Este día es Su Segunda Parusía-Presencia! Entonces, durante Su Segunda Parusía se harán los siguientes únicos y grandes acontecimientos: La renovación del universo, la resurrección de los muertos, el juicio de todos, hombres y demonios, la expulsión y el envío de los pecadores en Infierno eterno y la instalación de los justos en la eterna Realeza increada. Todas estas cosas se harán con la Segunda Parusía de Cristo y todas consisten y componen el contenido del “ésjato día”, y del “gran día”, tal y como se llama por la Santa Escritura.

¡Este día “grande y glorioso” se llama glorioso porque gloriosamente aparecerá el Cristo -cuando la contemplan los Profetas, ¡tiemplan… tiemplan! Los Profetas vieron este “día, el grande, del Señor”. La vieron y la describen, a la medida que pudieron, para que tengamos una imagen-icona.

El Profeta Joel profetiza sobre el Pentecostés, profetiza también sobre el Anticristo y los ésjatos. Profetiza sobre los dos días ésjatos. Os lo he explicado otra vez. El primer día ésjatos es la primera aparición de Cristo, y el segundo día ésjatos es cuando tendremos la Segunda Parusía-Presencia de Cristo. Escuchad lo qué dice sobre la Segunda Parusía: “Ay, ay, ay, (tres veces ay) sobre este día, porque está cerca el día del Señor y vendrá como angustia, fatiga en la tribulación, fatiga… Porque es grande el día del Señor, muy glorioso, ¿y quién puede soportarlo?”. El profeta Joel la ve y se asusta, tiempla (Joel 1,15 ·2,11).

Y Sofonías por su lado escribe: “porque consumación, destrucción y fin, lo realizará para todos los habitantes de la tierra” (Sof 1,18). ¡«Συν­τέ­λεια sintélia» consumación quiere decir final de la Historia! Nunca la filosofía lo ha captado esto: ¡Historia fin! Igual que nunca ha captado la creación de la nada o del cero. El hombre no tiene ninguna relación con el cero, sino sólo el Dios. Por eso tiene necesidad de apocálipsis-revelación. Por eso ha sido apocaliptado-revelado que la creación se ha hecho del cero o de la nada y que la Historia, no la creación ahora, sino la Historia terminará.

“¿quién puede mantenerse en pie? (Ap 6,17)

Aquí es la pregunta de todos sin excepción alguna, de los pecadores y de los justos. Por eso el Señor en la pregunta ¿quién puede mantenerse en pie?, nos pidió “Velad, pues, en todo tiempo orando de modo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y podáis estar en pie, firmes delante del Hijo del Hombre” (Lc 21,36).

En la pregunta ¿quién puede mantenerse en pie?, el Señor responde: “Si siempre estáis despiertos espiritualmente -¡no dormirnos por la noche, si no que estemos en vela, en alerta espiritual y orando, vivir según Dios!- entonces os podréis mantener y estar en pie firmes delante de Cristo en aquel día el grande. Además la respuesta analítica a la pregunta -¡respuesta analítica!- ¿quién puede mantenerse en pie, firme entonces?, se da en el libro del Apocalipsis inmediatamente en el capítulo siguiente que es el 7º, pero en el mismo 6º Sello, con el doble diápsalmo-intermedio. En este maravilloso doble diápsalmo vemos cómo uno puede permanecer y estar en pie, firme.

¡Pero para los pecadores este día será un horror, friki, un temor y temblor por todas las cosas que se van hacer! Al contrario, para los fieles será un gran deleite y una justificación.

¿Pero no nos estarán templando y asustando todos estos fenómenos? Aquí amados míos, se hace un seísmo, y todos tiemplan, justos e impíos. Se hace una catástrofe, un vendaval y arrastra todo; ¡quién puede estar sentado y viendo estas cosas sonriendo!

¡No es lo mismo, porque allí estará y será la esperanza de Cristo, por la que, los Santos –especialmente en los días del Anticristo- estarán diciendo “Señor, Su rostro o cara queremos ver!”. El Cristo dijo: “¡Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis!” (Lc 17,22). El día que veremos Su rostro o cara será Su Segunda Parusía-Presencia. Por eso existe este anhelo ardiente. Por eso dice también Isaías: “El día de la recompensa ha llegado para ellos, y el tiempo de la redención está presente”. ¡Por esta razón los fieles estarán plenos de alegría!

He aquí cómo lo confirma esto nuestro Señor: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”, porque se acerca vuestra entrada al reinado de la Realeza increada de Dios (Lc 32,28). ¡Parece maravilloso, majestuoso!

Una icona maravillosa del diálogo o de la situación distinta entre los pecadores y los justos, durante aquel día el grande, terrible y glorioso del Señor, podemos tenerla en la Sabiduría de Salomón. Por favor leed los capítulos 4 y 5 en sus casas. Los pecadores fastidian y atormentan al fiel y dicen: “Ah, vamos a deshacernos de este, es un hombre de difícil manejo, ¡De difícil manejo! ¡Mejor que nos deshagamos de él! Pero cuando viene el día del juicio, la resurrección de los muertos –allí habla de la resurrección de los muertos, y es un libro de antes de Cristo- entonces ven al justo brillar como el sol. Y dicen los pecadores: “¿Qué pasa, a este que le perseguíamos, éste brilla y alumbra” ¿Cómo es eso? ¡Entonces nos hemos engañado! Es una icona muy bella.

Sobre todas estas cosas el apóstol Pedro escribe las siguientes realidades muy importantes: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,  esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2Ped 3,11-13). ¿Para qué nos sentamos y nos ocupamos con esto y lo otro, delante de un mundo que será disuelto y recompuesto? ¿Cómo debe ser nuestra vida?

Pero antes de cerrar este párrafo, que es la primera parte de la apertura del 6º Sello y que es herida (no plaga, sino también la renovación simultáneamente), me gustaría recalcaros que en la interpretación que hemos utilizado -¿lo habéis percibido?- es el método rectilíneo, es decir, que se harán sólo una vez. Sin embargo no falta totalmente también el método circular o cíclico, o sea, de la repetición. Esto que dice sobre la huida a las cavernas y a las montañas, es una situación particular, especialmente para los Cristianos perseguidos. La catástrofe con la forma de signos o señales en el cielo, (no señales en el sol o en la luna, pero cosas improvisadas) son una micrografía del Apocalipsis, amados míos, tal como se ve maravillosamente también en los frescos del monasterio san Dionisio, fuera del comedor. Allí está representada e iconografiada la Apocálipsis en toda una serie. Una científica Francesa hizo también una obra admirable sobre estas iconas-representaciones del Apocalipsis.

Si van –naturalmente sólo los hombres- al Aghion Oros, Athos en el Monasterio de Dionisio, ahora que analizamos el libro del Apocalipsis, observemos con especial atención estas iconas. (Yo el traductor, gracias a Dios las visité y encima tuve la suerte que un monje nos dio muchas explicaciones). Yo tengo una serie de fotos, pero no tenemos la posibilidad de proyectarlas para que las veáis. Veríais allí de forma anáglifo, expresivo que el iconógrafo es él también el intérprete de las iconas del Apocalipsis con el pincel. Nunca podría el iconógrafo, si no es hombre inspirado, en producir y transmitir los misterios de Dios. No es posible. El iconógrafo es también él un pequeño profeta, cuando con los colores que da tal como percibe –es decir, inspiración de Dios- aquellas cosas que están escritas en el texto sagrado.

El Yérontas Gabriel interpretó a estas iconas hace tiempo y decía: “¿Veis aquí? ¿No os recuerdan los refugios y los bombardeos?”. Diríamos, amigos míos, que un bombardeo, es cierto que se pierde el sol y la luna, cuando se levantan enormes nubes encima al aire, humos y cualquier otra cosa, tenemos oscurecimiento por un momento. Y cuando la tierra es excavada, porque las bombas caen como estrellas y son sembradas encima de la tierra, y entonces los hombres corren a los agujeros de la tierra y a los refugios. Esto según la interpretación circular, son pre-sabores, situaciones precursoras de aquellas cosas que finalmente, según la interpretación rectilínea, sucederán realmente al sol, a la luna y a las estrellas, y tendremos movimiento, desplazamiento de los elementos de la creación. Amín.

 

Unidad 25 Apocalipsis 7,1-8  El primer diápsalmo del sexto Sello. La protección de los fieles durante la hora de la gran tribulación.

 

Con la ayuda de Dios venimos al segundo diápsalmo-intermedio que constituye una doble icona-imagen del 6º Sello que se abre y se desenlaza por el Cordero degollado y nos queda el 7º y último Sello. Con la apertura del 6º Sello  continúa este doble diápsalmo que viene a responder a la pregunta agónica de la Iglesia: ¿quién puede mantenerse en pie?, delante de estos acontecimientos cosmo-históricos, universales. Es decir, después de la culminación de la agonía por los acontecimientos que sucederán por aquellas cosas que ya hemos analizado –y que esta agonía retornará más tarde- estos dos diápsalmos que contiene el 7º capítulo, vienen a dar al oyente y al lector un respiro consolante, alivio y regocijo antes de la agonía de los acontecimientos que seguirán. Pero esta icona cerrará, para entrar ya en la tormenta terrible de los acontecimientos más abajo que empiezan a partir de 8º capítulo. Amados míos, estos dos diápsalmos son un silencio, un oasis y una belleza, pero incomparable, sin igual delante de la terrible tempestad que viene. Son iconas muy deslumbrantes y fascinantes con mucho alivio y consuelo, y tienen como propósito de fortalecer la fe de los fieles y estabilizar la paz, la calma, la serenidad y el ánimo, por todos los acontecimientos que van a suceder.

El primer diápsalmo-intermedio es la primera visión-escena, y se realiza en la tierra. La segunda visión-escena, el segundo diápsalmo es una icona-imagen muy breve, pero icona muy dulce de la vida celeste de los fieles. Por tanto, tenemos los fieles de la tierra y los fieles del cielo y lo qué pasará en la tierra, y qué pasará en el cielo. Así que esta doble visión de escenas viene a informar al fiel, a cada fiel de todas las épocas de que no debe inquietarse por lo que va a suceder, y debe permanecer firme y estable en su vida, porque le espera la bienaventuranza y dicha celeste dentro en el reinado de la Realeza increada de Dios. Y con esta pequeña introducción ya entramos en el texto.

«Después de esto, vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol, [para evitar catástrofe y domine la serenidad, la calma]» (Ap 7,1).

Según la percepción antigua oriental, la tierra era plana y cuadrada. En el sistema ptolemaico tenemos la tierra plana, sin que se refiera que era cuadrada. En la Santa Escritura cuando se escribe uno de sus libros, se utilizan percepciones de cada época para expresar verdades eternas. Estas percepciones son como material, porque ¿cómo podrían entenderla los hombres de su época? A la vez así hay también la vigencia eterna, porque estas cosas constituyen iconas-imágenes. No tiene importancia si la ciencia encuentra cosas distintas. Ninguna importancia tiene, ni se derrumba la verdad de Dios. Son iconas, es material tomado según el fenómeno o lo visto; lo visto según lo fenómeno, es decir, se ven tal y como las percibimos.

Con esta expresión del libro del Apocalipsis, “cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra”, quiere expresar el plano o formato universal de la cosa. Tenemos una escena universal. Aquí diría, amados míos, que tengamos cuidado en este punto, es decir, no vayamos a creer que el Apocalipsis es un libro que viene a dar realidades helénicas, mediterráneas, del mar Egeo o de Konstantinópolis. ¡Es muy pobre este pensamiento! El Apocalipsis no es un libro que se ha escrito para los Helenos-Griegos, para Konstantinópolis, para el mar Egeo y para el Mediterráneo. No, amigos míos; El libro del Apocalipsis es universal. ¡Universal! No concierne a nosotros; concierne a todos los seres humanos. Además, con este sentido y significado tenemos los cuatro puntos cardinales y según el modo popular tenemos los “cuatro vientos”, como los cuatro puntos cardinales del horizonte, el Señor dijo lo siguiente: “Y enviará a sus ángeles con gran voz como de trompeta, y reunirán a sus escogidos, de los cuatro vientos, de un extremo al otro extremo de los cielos” (Mt 24,31), es decir, de los cuatro puntos cardinales del horizonte.

¿Cuáles son los extremos del cielo?

Según lo visto, ya que la tierra es plana, el cielo toca encima de la tierra. Esto da a entender “de un extremo al otro extremo de los cielos”, contiene todos los seres humanos, en cualquier lugar que se encuentren. Pero es una icona según lo visto o lo fenómeno. Por esa razón, tal como os expliqué, tomaremos estas cosas sólo como iconas, es decir, como realidad universal

Los cuatro ángeles son ángeles buenos, que sirven a la voluntad de Dios. Según la Santa Escritura, los ángeles guardan y vigilan toda la creación y la protegen de las intervenciones corruptoras principalmente del Satanás.

La falta del viento no es castigadora, sino operativa, enérgica; además que el soplo de los vientos, según la Santa Escritura, es castigador. Por eso otro ángel, el quinto, -lo veremos un poquito más abajo- les dice: “¡detened a los vientos, hasta que sellemos a los siervos!” (Ap 7,3). Es esto que escribe Daniel “y he aquí que los cuatro vientos del cielo tomaron y combatían en el gran mar” (Dan 7,2). La “gran mar” es el mar Mediterráneo. Allí tenemos representación concreta, por eso habla sobre este mar. Cuando se refiere a la tierra, la mar y los árboles, esto se hace para recalcar la presencia del viento. Porque el viento lo entendemos cuando hay olas, mar revuelto y cuando se mueven los árboles.

¡Pero dice que “detendréis al viento, hasta que sellemos a los siervos!” (Ap 7,3). ¿Qué sellamiento va hacer?

«Y vi otro ángel subiendo desde el nacimiento del sol, es decir, del paraíso, de la luz increada y de la vida. Este tenía el de Dios quien es la vida y la fuente de la vida, y llamó a los cuatro ángeles a los que se les había sido concedido el permiso y el poder de soplar los vientos y provocar daños y catástrofes en la tierra y en la mar, diciendo: Esperad, ¡no dañéis aún la tierra ni la mar ni los árboles, hasta que sellemos [con el sello de Dios vivo] en la frente a los siervos de nuestro Dios, [y así no vengan catástrofes sobre ellos]!» (AP 7, 2-3).

Os acordareis, cuando empieza la primera parte del diápsalmo-intermedio, durante la apertura y desenlace del 6º Sello, que los cuatro ángeles –os recuerdo algo de la homilía anterior- que retienen los cuatro puntos cardinales del horizonte para que no sople el viento, pero están preparados para traer grandes daños y catástrofes en la tierra; es decir, son los ángeles que sirven a la voluntad de Dios, tratando de castigar a los hombres por su apostasía. Pero que antes que entren en acción para el castigo, un ángel con gran voz gritó y dijo: “Esperad, ¡no dañéis aún la tierra ni la mar ni los árboles, hasta que sellemos [con el sello de Dios vivo] en la frente a los siervos de nuestro Dios, [y así no vengan catástrofes sobre ellos».

Realmente, interviene este quinto ángel, quien aparece desde el Oriente, que manifiesta que es un ángel bueno, porque el Paraíso se encuentra hacia el Oriente. Y este ángel sujeta y tiene en sus manos el sello del Dios vivo, es decir, del verdadero Dios, y clama con voz grande y dice que se deben sellar en sus frentes los siervos de Dios.

¿Qué significa sellamiento?

Es una costumbre antigua oriental que sea marcado en las frentes de los esclavos o de los animales, con el propósito de ser reconocida la propiedad del dueño. Esto se hace también hasta hoy en día a los grandes animales, las vacas, burros, ovejas, etc. Agujerean la oreja del animal y ponen una señal y de esta manera el dueño conoce su animal vivo, como también cuándo ha sido vacunado, etc.

Los Romanos usaban el sello candente con la letra f, que significa fugitivus, fugitivo. Ponían el sello en la frente de aquellos esclavos que habían intentado escapar. Cuando detenían a este tipo de esclavos, les ponían el sello candente encima en la frente y así estos seres humanos se distinguían siempre de que eran fugitivos.

Ahora esta icona de sellamiento, que había en aquella época, es traspasada a la época de Cristo y de sus dulos-siervos, esclavos de Dios.

El apóstol Pablo escribe a los Efesios: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, en el nombre por el Cual fuisteis sellados para que lleguéis hasta el día de la redención” (Ef 4,30).

¿Qué significa que el Dios decide sellar a los hombres suyos?

Era una representación simbólica de esta clausula de Grafía, como dice el libro Números 16,5 “conoce el Señor a los suyos” y 2ª epístola a Timoteo dice: Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: “Conoce el Señor a los que son suyos”; Y esta expresión significa que los ha sellado y demuestra que los conoce. Es el reconocimiento que hace el Dios a los fieles. Aquí exactamente se encuentra la respuesta en la pregunta “¿y quién puede mantenerse en pie, firme?”, cuando fue dada la plaga con la revuelta del universo. Aquí se da la respuesta de lo qué será para los hombres fieles. Serán sellados y tendrán la protección de Dios. Es decir, el Dios conoce los suyos y los protegerá.

Pero dice que este sellamiento se hará sobre las frentes de los fieles. ¿Cómo se hace exactamente este sellamiento?

Antes que nada, amados míos, primero nuestra Iglesia realmente sella  a los hombres suyos. Esto lo he mencionado antes, lo dice el apóstol Pablo: no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados. Esto hace ahora la Iglesia Ortodoxa siempre sellando sus fieles por los Misterios del Bautismo y del Crisma o Crismación, Unción. Así cada fiel que se hace miembro de la Iglesia Ortodoxa es sellado. Este es el sello del Espíritu Santo, que significa el Dios reconoce ya a “los que son realmente suyos”. Decimos: “Soy miembro de la Iglesia, es decir, he sido sellado”.

Pero también el Diablo sella los suyos. Primero si Dios quiere, cuando llegaremos a los capítulos 13,5 y 20,4 del libro del Apocalipsis, allí veremos cómo el Diablo sellará también los suyos hombres. Tal como la Iglesia Ortodoxa –el Dios- sella dentro de los siglos a los hombres suyos, así también el Diablo sella los hombres suyos dentro de los siglos. ¡Os asustaréis, pero es verdad! ¡La Masonería, amigos míos, no es otra cosa que el sello del Diablo sobre las frentes de la gente, tanto porque confiesan al M.A.T.S. el Gran Arquitecto del Universo, como también porque los hombres que son indicados a la Masonería, co-participan en celebraciones litúrgicas y así toman el sello del Diablo! ¡Por supuesto que si esto se lo decís, os pegarán! ¡Os lo negarán categóricamente! ¡Según nuestra Iglesia Ortodoxa este es sello del Diablo, porque cualquier cosa que viene a iniciar al hombre fuera de los santos Misterios de la Iglesia, es sello del Diablo. Aquí tenemos otra deidad, otra religión, que engaña a los fieles de Dios y los hace suyos!

¡Desgraciadamente también cristianos bautizados acuden allí, y esto es un pecado muy grave! ¡Han tomado el sello de Dios, y ahora lo desechan y aceptan el sello del Satanás! Hablo por lo menos para los heleno o griegos y en general para el mundo occidental, no hablo de Oriente, no sé a dónde van los mahometanos o los hebreos u otros.

Por supuesto que, tal como veréis –os lo digo para que tengáis una icona-imagen, para confirmar las cosas que os digo- el Diablo sellará a los suyos en la frente y en la mano. “El que no lleva este sello será excluido económicamente”. Lo dice el libro del Apocalipsis. “No podrá comprar ni vender” (Ap 13,17). ¿No se está haciendo esto ahora? Si uno no tiene el crisma, el sello de la Masonería no sube, no crece. ¡Lo veis! En realidad hay un aislamiento económico. Pero no olvidéis que estas cosas ahora tienen una forma parcial, pero entonces, cuando llegaremos a los días del Anticristo, y principalmente por excelencia a los días del Anticristo, entonces la cosa será lo que dice la palabra. Si uno no tiene el reconocimiento por el Anticristo, entonces, amados míos, uno no podrá vender ni comprar. Entonces el Anticristo hará literalmente un aislamiento económico.

¿Cuál será el propósito y objetivo de este sellamiento?

Atención a un punto. Cierto que no es evitación del martirio. El Dios no sella a los suyos para que se salven del martirio; al contrario, el martirio será más condensado. El Dios sella a los Suyos para que sean protegidos del engaño de los pseudo-cristos, y especialmente del Anticristo, que entonces estará engañando toda la οἰ­κου­μέ­νη icumeni tierra habitada. Esto es el sellamiento. Veremos más abajo qué es exactamente, cuál es su esencia, pero ahora decimos que el objetivo y propósito que se sellan los fieles es que tengan la capacidad y posibilidad de reconocer el engaño, verlo claramente y que permanezcan en pie, firmes, incluso también durante el martirio, incluso aún si dan sus sangres y sus vidas. Esto es el sello de Dios.

Me diréis que el tema es muy grande. ¡Es enorme, cuando existen hombres que esto no lo ven, no lo entienden! Si a uno que está preparado para ir a la Masonería le decís que allí será sellado con este sello demoníaco, no lo aceptará. No lo ve, por eso no lo capta. ¡Entonces el que uno vea el engaño es ya un Sello de Dios! Por tanto, roguemos que nos ilumine Dios, o más bien que nos ayude pera tener este sellamiento Suyo propio, para que podamos ver el engaño. No es poca cosa que uno pueda ver un engaño. Sólo aquel que tiene Espíritu de Dios puede ver el engaño; pero aquel que está privado del Espíritu Santo no puede ver el engaño; además esto es y quiere decir engaño.

Pero parece que esta protección de Dios a los hombres Suyos, no es sólo iluminarlos a ver el engaño y protegerlos del no caer en esto, sino que tiene un carácter más general de protección, sin que sea excluido el martirio. En concreto, el martirio se condensará, y esto porque el Señor dice: “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis” (Mt 24, 21-23). Quién sabe qué presión y qué cosa más terrible será. Las presiones que habrán entonces, no ha habido ni habrán jamás en la Historia, “y si aquellos días no fuesen acortados, absolutamente nadie sería salvo”. El verbo acortar quiere decir que fracciono una parte, por lo tanto, lo empequeñezco. Acortar los días, las hago menos, porque los días de la tribulación y gran presión se acortarán gracias a los escogidos, tal y como se refiere también, el texto, “por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mt 24, 21-23).

Así que aquí vemos una protección, por la que más o menos se ve que serán beneficiados también otros, ya que se acortarán estos días. Realmente, amigos míos, lo testimonia claramente la Santa Escritura, el dominio del Anticristo –exclusivamente sus días serán sólo tres años y medio. Veremos un poquito más abajo, que el Anticristo será un hombre que estará gobernando toda nuestra tierra. Pero incluso antes de que venga el Anticristo, estará el Pseudoprofeta, es decir, el precursor del Anticristo, que él también habrá provocado gran tribulación, tensión, angustia y tristeza a los fieles. Pero no estará por un largo espacio del tiempo, será pequeño, corto, y esto muestra que estos días se acortan, se empequeñecen en número, única y exclusivamente para que sean protegidos los fieles. “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis” (Mt 24,23 Mrc 13,21).

¡Por tanto, veis que el tema de la protección cae no tanto en el que a uno no le pase algo malo, no morir de hambre o no ser presionado, no sé de qué manera, con cárceles y martirios, como principalmente de no llegar a reverenciar, venerar a otro Cristo! Es decir, en la época de Cristo, o sea, un poco después de Su Resurrección, habían aparecido muchos pseudo-cristos, y lo mismo sucede, amigos míos, también en nuestra época. Las épocas de entonces con las actuales son paralelas. ¡También hoy en día aparecen muchísimos pseudo-cristos! Son aquellos que se anuncian como Mesías, dicen que ellos son el Cristo y que ellos salvarán la humanidad. El Señor dijo: “Así que, os dirán: Mirad, está en vuestras casas, está en los aposentos, no lo creáis, está en el desierto, no salgáis; no vayáis a ver”, no estará en ninguna parte ni en desiertos ni en casas ni por aquí ni por allá (Mt 24,26).

Este sellamiento tiene un carácter peculiar, según el caso, la situación y la época. ¡Aquí quiero que prestéis mucha atención!

En primer lugar tenemos un sellamiento profético, que nos lo refiere el profeta Ezequiel, y que se hizo entonces, en los años del cautiverio babilónico. Allí veremos claramente que se trata sobre la Energía increada de la santa Cruz. Esto entonces antes de Cristo, apuntadlo bien esto, con la Energía increada de la santa Cruz, se salvaron aquellos que no habían caído en el pecado, y en concreto en la idolatría.

Después tenemos un segundo sellamiento histórico. Cuando dije profético, apuntad que esto después se hizo realidad. Simplemente el profeta menciona este sellamiento y vemos cómo se energiza, opera de forma mística y no visible, por eso lo he llamado profético; además todos son proféticos. Tenemos pues otro sellamiento profético y esto tomó cuerpo, carne y hueso, es decir, se hizo histórico. Es la catástrofe de Jerusalén por Vespiano y a continuación por su hijo Tito, el año 70 dC.

Este segundo sellamiento nos concierne para el futuro, porque este sellamiento se hace continuamente.

El Cristo antes que padeciera encima de la cruz, habló sobre la catástrofe de Jerusalén. Dijo claramente que esta catástrofe será el resultado de los θεο­κτό­νων zeoktonos (asesinos de dios, teomatones) hebreos; ¡porque capturaron a su Dios y Le mataron! Esta ciudad debería ser castigada duramente. La condena la dieron con muchas formas los mismos hebreos para sí mismos, cuando dijeron “la sangre de él caiga sobre nuestras cabezas y sobre las cabezas de nuestros hijos” (Mt 27,25).

Cuando en la parábola de los malos labradores, fueron preguntados por el Señor, “¿decidme de estos malos labradores que maltrataron a los representantes que mandó el dueño de las tierra, y al final mataron también al mismo hijo del dueño, para que se convirtieran ellos en herederos de las tierras, decidme cuando vendrá el dueño de las tierras qué los hará?; y aquellos respondieron: “A los malos los destruirá sin misericordia o piedad alguna” (Mt 21, 33-44). Esto lo dijeron los Fariseos que Le oían que eran los oyentes. “A estos malos los destruirá de mala manera, sin piedad”.

Todavía el Señor habló una vez sobre “la piedra que rechazaron los edificadores” los hombres, los soberanos (Mt 21, 42 Mrc 12,10 Lc 20,17; IPed 2,7  Sal 117,22), aquella piedra que pone el Dios la desaprueban. ¡Cuando los hebreos oyeron el resultado, es decir, que caerá la piedra para destruirlos, dijeron “ojalá así no sea, Dios nos libre”! También cuando el Señor dijo que “el Dios los quitará la herencia y la dará a otra nación que dará sus frutos”, los oyentes hebreos otra vez dijeron “ojalá así no sea, no ocurra tal, Dios nos libre” (Lc 20,16).

Así que el Señor pre-avisó, pero no Le creyeron. Por tanto, este pueblo debería ser castigado. Pero entre ellos había también muchos que habían creído y para que no sean castigados ellos también deberían tomar una señal, un sello. Es decir, ser sellados los que no han creído, de modo que cuando venga la catástrofe terrible que se protejan los hombres Suyos. ¡Atención, la catástrofe de Jerusalén del año 70 dC es tipo o prefiguración de los ésjatos tiempos y acontecimientos! Es el tipo de la catástrofe del fin del mundo y del Anticristo. El Cristo dijo que los hombres Suyos serán protegidos y puso un sello. Oíd  qué sello.

“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación repugnante y desoladora, el que anunció el profeta Daniel, el que lea que entienda” (Mt 24,15). La “abominación repugnante y desoladora”, es que el templo de Salomón quedaría desolado, desértico, tanto por abandono de los hebreos, de los soberanos, del sumo sacerdote y de los sacerdotes, como el que el templo se habrá convertido en lugar de culto a los ídolos por los Romanos, los conquistadores. Habla de “lugar santo”. No dice templo. No hay la palabra templo ni nada, sino sólo la profecía de Daniel. Daniel profetiza también el tiempo que se cumpliría la profecía –y realmente se cumplió entonces en el año 70 dC- por eso el Señor utiliza esta profecía. Y esto “el que lea que entienda” es del evangelista Mateo y es algo criptográfico.

Y dice a continuación: Cuando veáis esto- la abominación repugnante desoladora- entonces los hebreos se marcharán hacia las montañas, entonces no sólo los que se encuentran en la ciudad de Jerusalén sino también los que se encuentran en la región de Jerusalén, es decir, los de exterior en los campos, ellos se marcharán a las montañas, y “el que se encuentra en el altillo o planta de arriba de su casa que no baje en la habitación a recoger sus cosas.

Las casas en Oriente tenían solana, altillo. Las solanar –por el sol- son planas, son terrazas, habitaciones. Allí los hombres muchas veces ponen los frutos, sésamo, pasas… para que se sequen. Por eso se llaman solanas, también tenemos solanas en los terrenos. Por tanto, sube el dueño de la casa arriba a la solana para dar la vuelta, digamos, las pasas, dándolas vueltas para que se sequen por el sol, y de allí ve de repente que vienen los ejércitos de lejos; pero no dicen cuáles. Entonces debe bajar rápidamente de la solana de la casa, pero que no entre en el interior de su casa para recoger cualquier cosa. Es muy natural cuando uno deber marcharse de repente, quiere llevarse algo útil y precioso de su casa, su dinero, un trozo de pan… ¡pero aquí el Señor dice que no se lleve nada! Una vez que ha bajado de la solana correr hacia la puerta de salida de la ciudad y salga fuera de la ciudad.

Y continuación dice el Señor sobre los campesinos: “Y el que está en el campo que no vuelva a su casa a recoger sus vestimentas”. Y el que está en el campo y tiene ropa vieja de trabajo, y su ropa buena la tiene en casa –cuando ve que se está rodeando Jerusalén por el ejército, entonces que no entre en la ciudad para llevarse sus vestimentas, no le da tiempo. Es conocido que una ciudad, cuando se da cuenta que vienen los enemigos cierra las puertas de entrada y nadie puede entrar ni salir. ¡En consecuencia los fieles no deberían encontrarse en Jerusalén!

Pero cuando llegó el tiempo, apenas cuarenta años después, amados míos, el año 70 dC, ni cuarenta años después, los Cristianos que tenían y cultivaban en su memoria este aviso del Señor, lo tenían siempre en sus memorias, entonces recibieron iluminación especial. Digo iluminación especial porque no podían avisar el uno al otro, ya que esto que dijo el Señor “¡no te dará tiempo bajar de tu solana a tu casa a tu habitación, al final te quedarás allí dentro en tu casa!” es literal. No había posibilidad de avisar uno al otro. Es decir, no quedaría margen de tiempo ni siquiera de avisar uno al otro. Cada uno debería actuar por su cuenta solo. Así los fieles se marcharon de Jerusalén y se salvaron.

Cuenta san Jacobo o Santiago que son miríadas estos fieles. Por supuesto que dentro en la ciudad no había miríadas sino también en el exterior con sus alrededores, porque el Señor no habló sólo para la ciudad, sino también para el exterior para toda la región. Por tanto, cuando los Romanos vienen para destruir Jerusalén, -instrumentos de la Divina Justicia, la justicia de Dios para esta zeoktono/divino-asesina ciudad y su divino-asesino pueblo- los Cristianos, amigos míos, se habían marchado. Y se observó el siguiente fenómeno: aquellos que no creyeron en Cristo y venían desde el exterior a Jerusalén para estar protegidos dentro de las murallas de la ciudad. Al contrario los Cristianos salían fuera de la ciudad y se iban a las montañas. ¡La catástrofe que se hizo cuando cayó la ciudad, fue terrible, horrorosa!… ¡Fue un modelo de los ésjatos tiempos y acontecimientos! ¡Terrible, horrorosa catástrofe!… ¡Incluso los hijos comieron a sus madres por el hambre! ¡Y cuando entró Tito dentro y degolló a los hebreos, se dice que ya no había maderas para crucificarlos!

Estas realidades nos las salvaguarda el historiador Jesepo. ¡Se dice que la tierra de la cuidad bebió tanta sangre, de modo que por muchos años no hacía falta abono! Se dice también que cien mil de estos hebreos fueron vendidos como esclavos en las ágoras del mundo conocido de entonces. ¡La catástrofe fue un hecho sin precedentes! ¡Los Cristianos no estaban dentro, se habían salvado! Fueron castigados los que permanecieron infieles, y tomaron toda la maldición de la sangre de Cristo, que cayó encima de ellos. Esto fue el segundo Sello que dio el Cristo.

Ahora tenemos un tercer sellamiento. Es este, amigos míos, que se hará en los ésjatos tiempos. ¿Este Sello de los ésjatos postreros tiempos cuál será? ¿Qué forma tiene? Básicamente diríamos que el Dios conoce, sin embargo algo tenemos que decir.

Decimos, amigos míos, que el Dios conoce ya cuál será el sello de entonces, el que tendrán los fieles y se salvarán. Nosotros no lo conocemos. Será dado de manera mística espiritual, tal y como en el primer sellamiento que hizo el Dios a los habitantes de Jerusalén en la época de Ezequiel. ¡El Dios lo sabe! Pero podíamos decir básicamente que esto es de importancia fundamental, de que este Sello será para que los fieles eviten los males de aquella época, sino para que reconozcan el engaño, porque entonces todos estarán reverenciando, venerando al Anticristo como Mesías.

¡El Anticristo será un hombre maravilloso”… Escuchad: será filántropo, inteligente, unirá toda la tierra bajo el mandato de un sólo gobierno, y así no habrá guerras. ¡Será un hombre maravilloso, admirable! ¡Por eso los hombres no podrán discernir que este es el Anticristo! Cuando será instalado, estos tres años y medio que hemos dicho, entonces mostrará su sí mismo real. ¡Será el hombre endiablado, instrumento cien por cien del Diablo! ¡Pero entonces, hasta que llegue este momento para que los hombres comprendan quién es, le habrán venerado, reverenciado! Los fieles no deberán venerarlo ni alabarlo, y para que esto no lo hagan deben reconocer que éste es el Anticristo!

¿Quién es el que hará este discernimiento y reconocimiento?

Serán los dos profetas, el profeta Elías, quien volverá, y el profeta Enoc. Estos dos no han probado la muerte, pero entonces aparecerán y serán asesinados; serán colgados en la santa ciudad Jerusalén, en la plaza de la ciudad, tal y como nos dice el libro del Apocalipsis 11,8, pero ya habrán indicado al Anticristo. Excepto por supuesto de la indicación que harán los dos Profetas, serán también los fieles que tendrán el Espíritu de Dios, y podrán sin estos Profetas reconocer al Anticristo. Os diré un ejemplo.

Como sabréis, el Cristo cuando vino debería ser indicado, presentado. ¿Quién le conocía? ¡Nadie! Este que Le indicaría y presentaría debería ser Profeta, y en concreto Profeta grande. Este fue san Juan el Bautista, en el momento que dijo: ¡“Este es el Mesías”! Cuando los hebreos mandaron  sacerdotes y levitas y le preguntaron:”¿tú eres el Mesías?”, él respondió: “¡No! ¡Nada de nada! Yo no soy nada. Yo soy una voz clamando en el desierto, nada más, (Jn 1,19-23). Por tanto este Profeta, Juan el Bautista, indicó a Cristo. ¿A dónde le indicó y presentó? ¡A la multitud! Pero el Cristo ya se había reconocido por los hombres fieles, aquellos que tenían sus esperanzas y anhelos, pero correctamente puestos, por los fieles de Israel. Os los enumeraré: Es la familia de la hiperaghía Zeotokos, como también la familia de Zacarías y Elisabeth, que son los padres de Juan. Son también san Simeón el Zeodojos el Receptor de Dios, es la Santa Anna la profetisa, entonces que aún Jesús era niño. El evangelista Luca nos dice que los que entraban al templo a venerar, Anna los decía: ¡el Mesías ha venido! Pero lo decía sólo a los que tenían esperanza correcta sobre el Cristo, sólo a los que tenían gnosis-conocimiento y percepción correcta sobre el Mesías. Así que la indicación y presentación del Mesías, pues, no era necesaria que se diera por el Juan Bautista a los fieles, pero era necesario que esto se hiciera para los muchos. Para los verdaderos fieles, el Mesías había venido.

Por tanto, veis que los dos Profetas entonces estarán indicando al Anticristo, pero aquellos que serán cristianos correctos y estarán esperando a Cristo, estos, amados míos, no estarán esperando los dos Profetas para informarse de la verdad. La habrán discernido por sí mismo solos.

¡Por tanto, el Sellamiento se hace para este reconocimiento! ¡Para reconocer que éste es el Anticristo! ¿Me dirán que es tan terriblemente difícil? Amados míos, ¡Sí, sí y sí!…

Pero para que veáis cómo son las cosas y cómo sella místicamente el Dios, os diré, aunque sea en pocas palabras, este Sellamiento que se hace en la visión de Ezequiel, y en concreto se considera como caso o cuestión prótipo, modelo o prefiguración. Apuntar que este sellamiento, en general cada sellamiento, no se hace para realizar algo, que suceda algo o reconocerse algo.  Nosotros continuamente sellamos. Cuando por ejemplo, celebramos el Misterio de la Divina Efjaristía, el Sacerdote sella el santo Cáliz, es decir, con nuestra mano formamos la señal de la Cruz. Atención, con la mano en posición de bendición, bendecimos en forma de cruz el santo Cáliz. Esto es el sellamiento. Incluso, cuando bendecimos en forma de cruz en la cabeza de un hombre, esto también es sellamiento, y el sellamiento es la honrada Cruz.

Vamos a ver ahora la visión de Ezequiel. Está en el Antiguo Testamento en los capítulos 8 y 9, y os rogaría mucho que cuando vayáis en vuestras casas que leáis estos dos capítulos. ¡Os asombraréis! Y si podéis tener a lado alguna interpretación os ayudará muchísimo.

Allí pues, el Profeta Ezequiel narra que en un momento fue arrebatado mientras conversaba con los presbíteros en su casa, hablando sobre varios temas. Se encontraba muy lejos de Jerusalén, estaba en Babilonia. Allí dice que se hizo su arrebatamiento, en concreto fue arrebatado por los pelos de la cabeza. Por supuesto que los presbíteros que estaban a lado de él no percibieron nada más que el Profeta cayó o se introdujo a una éxtasis (extensión espiritual interior). Su traslado a Jerusalén no se hizo corporalmente, sino en Espíritu. El mismo percibió que su arrebatamiento no fue corporal, somático, sino que los presbíteros dentro de la casa le veían presente, pero sin que los esté hablando; ¡estaba en éxtasis! Es decir, el Dios le tomó y le llevó al templo de Salomón y allí le colocó en un punto concreto del templo.

Se mencionan muchas cosas, pero sólo os las diré muy rápido. Allí, pues, en una primera icona-imagen, el Profeta ve iniquidades del pueblo, incluso también culto al dios Hermes ganador de riquezas, el que trae ganancias. El Dios le lleva de aquí a otra parte del templo. Allí en una habitación, en un punto le dice: “excavar”. Excavó el Profeta –siempre en Espíritu, atención que es una visión- y una vez haya excavado una pared le dijo “entra aquí en el agujero que has cavado –como un sótano- y mira las iniquidades, que hacen los hombres”. Esta es la segunda icona-imagen. Y entró el Profeta y dice: “Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos abominables de la casa de Israel, (las vanidades, las cosas vanas, siempre son los ídolos en el Antiguo Testamento, y los abominables son los ídolos) que estaban pintados en la pared por todo alrededor. Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel -por tanto eran hombres serios-, y entre ellos Jazanías hijo de Safán –alguna persona de alto rango- en medio de ellos en pie, cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso” (Ezequiel capítulos 8 y 9).

¡No os recuerda esto la logia o templo de los masones con la variedad de símbolos que tienen! En las fotografías que se publicaron este verano en los periódicos, pero también en libros que circulan con las fotografías del interior de una Logia masónica o templo masónico, tenemos la misma descripción. Tenemos el altar de ellos, que en el fondo está la icona-imagen del sol, la icona de la luna y el triángulo el masónico, el compás y etcétera, estos son símbolos masónicos. Esta logia –el templo, ¡porque es templo!- está cerrado y nadie puede entrar dentro. Alrededor del lugar donde se encuentra una logia-templo, habitan hombres insospechados; es decir, que no saben lo qué sucede dentro. Pero el Dios abre un agujero a la pared y dice al Profeta: “¡Entra dentro para que veas lo que hacen!”

La descripción nos recuerda logia, templo masónico. ¡Existen muchos elementos así en los masones; tienen también inciensos, y muchas más cosas, porque tienen o rinden culto! ¡Rinden culto al M.A.T.S. el Gran Arquitecto del Universo, al sol! ¡Por eso a la parte derecha e izquierda del altar o mesa tienen el sol y la luna, y en los dos equinoccios del año presentan un banquete en honor del sol! ¡Lo repito una vez más, todo esto nos recuerda la logia, el templo masónico! Porque existen muchos templos masónicos y muchos masones, escuchad a continuación que sucederá. Se hará igual que se hizo entonces también en Jerusalén.

Tercera icona-imagen. El Dios ahora al Profeta le lleva a otro punto del templo, y allí “he aquí mujeres que estaban allí sentadas lamentando a Thamuz o Adonis”. El Thamuz es el Ádonis. Es una deidad, o sea la fisis-naturaleza que muere y resucita; es el culto a la naturaleza que en Invierno muere y en Primavera resucita. Y esta deidad, es decir, el culto a la fisis-natura, tiene el nombre de Ádonis o Thamuz, que es el nombre de aquella región allí. Por tanto, el Profeta vio las mujeres sentadas allí llorando a Thamuz, es decir, lloran a su muerte. De modo que también las mujeres idolatran. ¡Principalmente las mujeres!

La cuarta icona-imagen ahora es en otro punto del templo., en concreto fuera del templo, en un punto que está entre el altar y las entradas del templo. Allí dice, “he aquí vi junto a la entrada del templo, entre la entrada y el altar del Señor, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia al oriente”. El templo de Salomón estaba orientado a la inversa de lo que es nuestro templo. Es conocido que la puerta de cada templo Cristiano, mira hacia le occidente, pero la puerta de entrada del templo del Salomón miraba hacia el oriente, y así estos hombres tenían sus espaldas hacia el templo y delante de ellos tenían el sol, ¡al cual también dan culto! ¡Esto nos recuerda los Masones que rinden culto al M.A.T.S., que es el sol, el Gran Arquitecto del Universo, como dicen!

¿Y ahora qué sucederá? Esperad.

“¿Has visto estas cosas hijo del hombre?, dice el Dios al profeta Ezequiel, “¿has visto las iniquidades de mi pueblo ¿Las ha visto? Unas a escondidas y otras en plena luz”. Ve seis hombres que tienen hachas en sus manos y se les ha sido dado el mandamiento de degollar a todos los habitantes de la ciudad a causa de estas iniquidades de ellos. Pero antes que se realizase este degollamiento, aparece un otro hombre, el séptimo quien está vestido de túnica larga ribeteada y tiene una vestimenta especial con un cinturón especial. ¡Este es el Dios Logos que después se hizo hombre! Se le da el mandamiento obviamente por Dios Padre, a este séptimo hombre, pero quien no tiene hacha, como los otros seis y una voz le dice: Pasa por el medio de la ciudad, por el medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones, las idolatrías, los masonismos e inmoralidades que se hacen en medio de la ciudad. No pueden hacer nada, sólo una cosa hacen: ¡Gimen y se duelen! Vuelvo a decir los participantes son: ¡Los que están gimiendo y doliendo! No hacen otra cosa que estar gimiendo y doliendo por la situación desastrosa que había en Jerusalén. Y continúa: A todos aquellos –vosotros los seis hombres- que en sus frentes encontraréis la señal, a estos no los toquéis, y comenzar de mis santos.

Aquí un pequeño paréntesis: ¡Os acordáis otro sellamiento que hicieron los hebreos en Egipto por la sangre del cordero, en la parte de arriba de sus puertas y el ángel destructor no entraba dentro para matar al hijo primogénito? También allí era un Sellamiento. Los Egipcios lloraban y se lamentaban por las muertes de los prototokos-primogénitos, pero los hebreos no, porque se habían sellado. Estudiadlo esto en la Santa Escritura, en el Antiguo Testamento. Está en los primeros capítulos del libro del Éxodos (Ex 12, 21-28).

¡Los que tienen la señal en sus frentes, estos no los tocaréis, no los molestaréis, pero comenzaréis a exterminar primero los de mi templo santo, de mis santidades o los santos! Es decir, el exterminio comienza por el templo aquí donde está el sumo sacerdote, los sacerdotes y los presbíteros, porque ellos también caían en pecado. La catástrofe empezará de allí. Por eso a menudo decimos – y lo he dicho muchas veces quizás no públicamente, sino en particular- ¡que cuando venga la venganza de Dios a nuestro pueblo helénico comenzará de nosotros los clérigos! ¡Y esto no lo digo yo así arbitrariamente, sino que, he aquí, lo dice el Dios: de mis santos comenzaréis, de los míos empezaréis! ¡Sí, sí! Nosotros pagaremos primeros, porque nosotros primero hemos traicionado a Dios, y sigue detrás nuestro el laós-pueblo en esta traición de Dios y de la apostasía! ¡Esta es la verdad, amados míos!

¡Este signo era la Cruz! Os he dicho también otras veces que la energía increada de la Cruz siempre operaba, energizaba en el Antiguo Testamento. ¡Y aquí ahora en el Sellamiento no es otra cosa más que el signo de la Cruz!

Pero como el hombre niega la santa Cruz, y la niega con dos maneras. Teoréticamente, por no creer en Cristo y prácticamente por negar la dinami (potencia y energía) de la Cruz. Tal como dice el apóstol Pablo a los Filipenses para aquellos Cristianos que niegan a Cristo “de los cuales su Dios es la panza o estómago. Estos son enemigos de la cruz de Cristo” (Fil 3, 18-19). Es decir, son bautizados que no niegan teoréticamente a Cristo, Le veneran y Le reverencian, pero en sus vidas Le han negado, por ser hombres del hedonismo, de los placeres y de las diversiones. La Cruz es lo contrario. Es el símbolo de la continencia, de la austeridad y del sufrimiento. Esto quiere decir Cruz. Por eso el Apóstol Pablo llama estos Cristianos “enemigos de la cruz de Cristo”. Es obvio que si uno ha negado la santa Cruz, en práctica o en teoría, no tiene el Sello de Dios, y este en consecuencia va ser destruido.

Amigos míos, debemos investigar y preguntar a nosotros mismos: ¿Tengo el sello de Dios? Lo he recibido por mi Bautismo y mi Crismación, ¿pero lo mantengo? ¿Soy hombre con fe, fiel? ¿Vivo según la ley de Dios, de forma que pueda mantener imborrable este sello de Cristo?

Eso es un tema grande que preocupa a todos los Cristianos en cada época, pero especialmente preocupará entonces cuando venga el Anticristo, pero también ahora. No digamos que estas cosas las decimos para entonces, las decimos también para ahora. ¡Este sellamiento se ha hecho muchas veces dentro en la Historia!

Incluso algo más: Si mañana sucede una catástrofe, si mañana por la mañana suenan las sirenas, porque se está pasando una catástrofe, ¿quiénes se salvarán? ¡Se salvarán sólo aquellos que tienen la señal o signo de la Cruz en sus frentes! ¿De qué modo se salvarán?

Por supuesto, que posiblemente se salvarán, incluso se salvarán sus vidas, pero el tema o caso no está allí. ¡En una catástrofe de este tipo, entonces que los hombres se volverán contra Dios, los que tienen la señal de la cruz en sus frentes no caerán, permanecerán en pie, firmes! No les asustará nada. Permanecerán siendo hombres fieles. ¡En cualquier lugar de reclutamiento que sean conducidos, aunque entren en crematorios u hornos, a cualquier martirio que sean sometidos, permanecerán firmes, en pie!

Por tanto, como percibís, este Sello siempre lo necesitamos. Por eso debemos preguntarnos siempre: ¿Tenemos el sello de Cristo, lo mantenemos?

No tengo nada más que decir, amigos míos, sino sólo que el evangelista Juan escuchó el número de los Sellados que eran ciento cuarenta y cuatro mil. Aquí veremos quiénes son estos ciento cuarenta y cuatro mil, y dentro de ellos estamos también nosotros. (Fue la última vez que el Yérontas Mitilineos habló en el viejo templo de san Aquiles de la ciudad de Larisa).

Hemos visto, pues, que fue pedido que se sellasen aquellos que rinden culto al verdadero Dios, y creen en Él, el laós-pueblo de Dios, los escogidos. Y hemos visto el sentido y significado del Sellamiento es deposición y confianza a la santa Cruz. Pero esta deposición no tiene un carácter mecánico, tal como lo dice allí  que el ángel recibió la orden de sellar a los fieles. Anteriormente los mismos fieles depositaron sus vidas a la santa Cruz. Es decir, no es algo mecánico este escogimiento que hace el Dios, este sellamiento, sino que es algo esencial que sale de la libertad de la persona.

Y continúa: «4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de toda tribu de los hijos de Israel:

5 De la tribu de Judá doce mil sellados, de la tribu de Rubén doce mil, de la tribu de Gad doce mil,

6 de la tribu de Aser doce mil, de la tribu de Neftalí doce mil, de la tribu de Manasés doce mil,

7 de la tribu de Simeón doce mil, de la tribu de Leví doce mil, de la tribu de Isacar doce mil,

8 de la tribu de Zabulón doce mil, de la tribu de José doce mil, de la tribu de Benjamín doce mil sellados» (Ap 7, 4-8)

Esta repetición quizás os ha cansado amigos míos, pero tiene su propósito.

El evangelista Juan dice que oyó el número. Se supone que no ve la praxis del Sellamiento, sino que sólo escucha que es transmitido el número de aquellos que se habían sellado. Y este número posiblemente fue oído por algún ángel, es decir, que los que serán salvos serán ciento cuarenta y cuatro mil.

Ahora venimos a este famoso número ciento cuarenta y cuatro mil. Lo dije famoso porque ha sido objeto de grandes y salvajes usos abusivos de los heréticos, especialmente de los Testigos de Jehová y los Milenaristas, pero no poco también de los Pentecostales y de cualquier otro herético.

Por tanto, ¿qué es el número ciento cuarenta y cuatro mil?

Es doce por doce mil. Por eso exactamente he mencionado las doce tribus apropósito, como veréis a continuación, y no se trata, amigos míos, de un catálogo tedioso, que están escritas allí las doce tribus, porque como veremos, no tienen su orden natural, y eso provoca irritaciones interpretativas. Lo mismo sucede también con el catálogo del pasaje evangélico que oiremos el próximo Domingo, “Domingo de los Primeros Padres o Propátores”, que se refiere “de Abraham nació Isaac, de Isaac nació Jacobo…” etcétera. No es un catálogo tedioso, sino un catálogo por el que sale mucha teología y mucha historia. Lo mismo también aquí como verán a continuación.

Por tanto, el número ciento cuarenta y cuatro mil es un número doce de las doce tribus, multiplicado por el número de los doce mil hombres, de los que se constituye cada una de las tribus, y en consecuencia doce por doce mil, ciento cuarenta y cuatro mil.  Dice el Evangelista que el número de los sellados es este.

Y ahora surge la pregunta: ¿este número, tal como sostienen los T.J. Milenaristas, es un número exacto? ¿Se trata realmente sobre este número, es decir, que aquellos que serán salvos son este número, y no es ni uno más ni uno menos?

Obviamente que no, amados míos. Aquí exactamente está también el engaño de los heréticos, que creen que sólo estos ciento cuarenta y cuatro mil, los escogidos, sólo ellos serán salvos. Este número ciento cuarenta y cuatro mil, entra exactamente para expresarse el mismo número y no se hagan cálculos. Para que lo entendáis os digo lo siguiente:

Tenemos la parábola de las diez vírgenes. La parábola de las diez vírgenes está edificada de la siguiente manera: Las cinco vírgenes son tontas y las otras cinco vírgenes son prudentes. Puso cinco de las vírgenes que se salvan y cinco de ellas que no se salvan, es decir, puso el mismo número exactamente, para  bloquear posibles curiosidades, y alguna interpretación equivocada que quizás resulta de ella, para que salgan los porcentajes de aquellos que se salvarán. Es decir, digamos que alguien podría calcular de que se salvará el 70% o el 30% de la vírgenes, si fueran siete aquellas que se iban a salvar, que entrarían dentro, y las tres se quedarían fuera o viceversa. Pero nada de todas estas cosas, sino que dijo solo cinco y cinco. Por tanto, tal como en esta parábola puso cinco y cinco, el mismo número, exactamente para quitar las insinuaciones de que se da un número exacto, así también con el número ciento cuarenta y cuatro mil, que es doce por doce , se quita la insinuación de que se trata de un número real.

También la pregunta que se puso al Señor, “¿Señor, son pocos los salvados?; ¿si acaso serán muchos que se salvarán? El Señor respondió: “Luchad para entrar” (Lc 13, 23-24). No dijo número, Por tanto, ya que no respondió con número concreto, el número de los que se salvarán pertenece a la gnosis de Dios sólo y no puede ser el número ciento cuarenta y cuatro mil. Además un poquito más abajo, al segundo diápsalmo, que muestra la Iglesia celeste, la de los cielos, el Evangelista Juan dice que vio una muchedumbre que nadie podía enumerarla. ¿Cómo pues aquí se enumera la muchedumbre, allí no se enumera? Pero lo veremos a continuación.

Amigos míos, tres veces encontramos las palabras ciento cuarenta y cuatro mil en el libro del Apocalipsis. En un caso es este, es decir, se refiere en aquellos que serán sellados, estos que se salvarán. En el segundo caso es de nuevo ciento cuarenta y cuatro mil, pero no deja márgenes para doce por doce, y son aquellos que viven en castidad, “los que no se han contaminado con mujeres”, y lo dice no sólo de modo negativo, sino también positivo, “vírgenes son los que siguen el Cordero a donde va”, y se ve que se trata para los hombres y mujeres dedicados enteramente, como son los santos y los ascetas dentro en nuestra Historia eclesiástica. Por consiguiente tenemos un segundo caso de ciento cuarenta y cuatro mil; es decir, tenemos una referencia al número ciento cuarenta y cuatro mil dos veces; una pertenece a las doce tribus, como lo veis aquí, y la otra pertenece en aquellos/as que permanecen castos, vírgenes y se dedican a Dios.

Tenemos un tercer caso. Cuando es medida la ciudad, la nueva Jerusalén, la Realeza increada de Dios, se presenta con el muro de la ciudad que es cuadrado y muy alto, y se dan las dimensiones. El cuadro –si Dios quiere llegaremos allí- es un formato o plano perfecto. Posiblemente conozcan que el plano o formato perfecto es el cuadro, no es el círculo. La relación de la periferia con el rayo saca el número 3,14 que continua sin acabar. Por lo tanto el círculo no se puede cuadrar, el conocido problema. Por tanto el perfecto plano o formato es el cuadro. La ciudad de Dios se presente cuadrada, para indicar la perfección. Y la altura del muro de esta ciudad que la midió el ángel junto con Juan, es de ciento cuarenta y cuatro codos (Ap 21,17).

Ahora por supuesto que es inútil de decir que la ciudad no tiene muro, porque no se trata de ciudad tal y como nosotros la entendemos. No tiene muro porque allí no existen malos. Será el reinado de la Realeza increada de Dios. Los malos estarán en el infierno, por tanto, ¿por qué debe tener muro esta ciudad? Todas estas cosas son símbolos. Y el número de la altura del muro ciento cuarenta y cuatro, indica claramente que se trata de número simbólico, que lo veremos, si Dios quiere, cuando lleguemos allí. Estas cosas se encuentran al capítulo 21 del libro del Apocalipsis.

Os dije sólo para la historia de que encontramos este número tres veces, y vemos claramente que no se trata de un número real.

Pero aquí menciona las doce tribus de Israel. ¿Son realmente las doce tribus de Israel que se salvarán? ¿Es decir, aquellos que creyeron en Cristo, estos se salvarán y serán sólo de los Hebreos?

En la época de los Apóstoles, amigos míos, había en Palestina miríadas de Cristianos y esto lo vemos en que, cuando el Apóstol Pablo visitó Jerusalén, y el hermano de Dios Jacobo o Santiago le dijo: “Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído” (Hec 20,21). A pesar de todo esto no se trata de las miríadas de Judíos de aquella época, es decir, de los contemporáneos con los Apóstoles, sino que se trata del nuevo Israel, que será constituido por nacionales y hebreos, y son todos aquellos que creen y creerán en Jesús Cristo, durante todos los siglos.

¿Pero quién será este nuevo Israel? El nuevo Israel es aquel que recibió la semilla del divino kerigma por los doce Apóstoles. San Andrés de Kesarea escribe las siguientes cosas:

“Pero la exactitud de cada tribu quiere decir la multiplicación de la semilla apostólica; doce multiplicado por doce sobre la perfección del los millares del número, y así se constituyen dichos millares; porque los discípulos eran la semilla que ha caído en la tierra para la filantropía del caído y la multi-edificante sotiría salvación que se produjo por el fruto crucificado.

Es decir, el número de las doce tribus son los doce Apóstoles, amigos míos. No son el Judas, el Rubín, y etcétera; son los doce Apóstoles. El porqué menciona las doce tribus, lo veremos más abajo. Pero son los doce Apóstoles que predican el Evangelio. La semilla evangélica cae y se siembra por los doce Apóstoles. Por tanto, tenemos el número doce, y entra el número esquemático mil que indica multiplicidad y nos da ciento cuarenta y cuatro mil. Es decir, los doce Apóstoles corresponden a las doce tribus de Israel, sobre el mil que es número perfecto, y dan el ciento cuarenta y cuatro mil.

Y me diréis: ¿Cómo podemos saber nosotros que son los doce Apóstoles? Pero lo dijo el Señor: “vosotros mis discípulos, los doce os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt 19, 28 Lc 22,30). Así pues, no es el Rubín y el Judas y etcétera, sino que son los doce Apóstoles. Pero cuando los doce Apóstoles predican en todo el mundo, entonces son todos los hombres, todos aquellos que habrán creído o creerán, hebreos y nacionales. Nosotros también estamos allí. ¡Oídlo bien, amados míos, estamos nosotros también entre ellos! ¡Los que hemos creído, estamos también entre ellos! ¡Así que  somos el Israel de la jaris (gracia energía increada), el nuevo laós-pueblo de Dios!

Escribe el Apóstol Pablo: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje o esperma de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gal 3, 28-29). ¡Por tanto, “el linaje o esperma de Abraham” no son los doce Patriarcas, Rubín y etcétera, es el nuevo laós-pueblo de la jaris, son los Cristianos!

El mismo Señor dijo a Sus Apóstoles: “De cierto os digo que en el renacimiento, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su doxa-gloria increada, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre los doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt 19,28). ¿Cuál es este renacimiento? Es el nacimiento por segunda vez, el reavivamiento, la resurrección. ¿Os acordáis que dijimos que el mudo cambiará, -el sol, la luna, la tierra- es decir, que habrán revueltas universales? Todas estas cosas en el Evangelio según Mateo 19,28 por el Señor se llaman y se dicen con la palabra «πα­λιγ­γε­νε­σί­α». Paligkenesía renacimiento”. Esta referencia, pues, a las doce tribus de Israel muestra claramente que se trata sobre el Nuevo Israel, la Iglesia de Cristo.

Pero quizá preguntéis: “Por qué se mencionan las doce tribus”. La memoria de estas doce tribus tiene muchos elementos que dar. Observar y seguir, por favor, para veáis porqué menciona las doce tribus.

Os leo un poco desde el principio:

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de toda tribu de los hijos de Israel”;  y empieza; “De la tribu de Judá doce mil sellados…”. Así que empieza por la tribu de Juda. Pero conocemos que Juda es el cuarto hijo de Jacobo y que no es el primero, porque el primero es Rubín o Rubím. Así que Juda, pues, no es primero, sin embargo aquí pone primero a Juda y esto nos pone en una inquietud y duda, es decir, nos hace investigar el porqué.

¡Ninguna tribu dejaba que tome jamás sus derechos otra tribu, -además Juan es hebreo y esto lo sabe- si sobre todo tenemos en cuenta que Rubín muchas veces exigió y pidió las primicias, allí en el desierto cuando volvían de Egipto! Pero esto sucedió muchas veces también en la tierra prometida, cuando surgió el tema de reinado por rey. El primer rey Saúl es sabido que descendía de la tribu Beniamín. Después cuando vino David, que descendía de la tribu de Juda, con mucho esfuerzo fue reconocido por las doce tribus, porque no era la primera tribu. Se habían creado dificultades a David porque era la cuarta tribu y no la primera. Por tanto, ¿Por qué aquí precede el Juda y no precede el Rubín?

Simplemente: no se sigue el orden natural de las doce tribus. Esto nos saca desde el principio de una sospecha, o más bien de la afirmación de que se trata de las doce tribus de Israel.

Incluso pone primera la tribu de Juda, porque de la tribu de Juda desciende el Cristo. Entonces se trata sobre el nuevo laós-pueblo, el pueblo de la jaris, y no se trata sobre el antiguo pueblo de los hebreos. Es decir, se trata de nosotros los Cristianos.

En las doce tribus también no está incluida la tribu de Dan. Para cerrar el número doce, en vez de Dan entra Manasés. Pero Manasés es hijo de José. José tenía dos hijos, el Manasés y el Efrén. Cuando fueron bendecidos en Egipto por su abuelo Jacobo, aquel hizo lo siguiente: puso a su derecha al mayor el Manasés y a su izquierda al menor el Efrén, y sus manos las puso cruzadas para bendecir los hijos correspondientemente. Así que, una vez cruzadas sus manos, puso su mano derecha a Efrén y su mano izquierda a Manasés. Y tal como hizo la bendición, -hizo la señal de la honrada santa Cruz- ¡no padre, no es así padre!, le dice José, realmente inquieto y enojado. “No es Efrén el primero -el tema del primogénito era un asunto muy grande- el primogénito es Manasés”. “Lo sé hijo mío” dice Jacob. Tened en cuenta que Jacob estaba ciego y no veía. ¡“Lo sé hijo mío, conozco perfectamente lo que hago”! Porque de esta manera se daría la bendición a la inversa, primero al menor Efrén, y no al mayor. Y dice a José: “Cuando llegaréis en la tierra prometida, que el Dios ha prometido a mi abuelo Abraham, allí recibirán cada uno su parte. Además de ti el José, también recibirán su parte Efrén y Manasés” (Gén 48, 1-22”

Así pues, ahora Efrén no es mencionado y se refiere sólo a Manasés. Por tanto, aquí entra el escándalo: ¿Pero, ya que Efrén fue bendecido por Jacob primero antes que Manasés, por qué referirse a Manasés?

Y esto nos convence que no se debe prestar atención al orden natural que se puso en el Antiguo Testamento. Porque no es Manasés el primero que recibió la bendición. Es el primero de la generación, pero no el primero en la bendición. Entonces no se trata de los hebreos. Por tanto, en vez de Dan, entra Manasés y José. El Efrén como se convierte en treceavo, queda fuera, no existe. Así se completa el número doce. Pero diré una otra cosa, que el clero-herencia no lo tomó la tribu de Leví, y no debería ser incluida, pero es enumerada como tribu que recibe una promesa, pero no el clero-herencia. Y esto todavía nos conduce a la conclusión de que no se trata del antiguo catálogo de las tribus.

La tribu de Dan tampoco es incluida, porque de ella va a venir el Anticristo. En cambio la tribu de Juda que entra primera proviene el Cristo.

San Andrés de Kesarea escribe: “Se debe señalar que como de la tribu de Dan va a venir el Anticristo, por eso no está incluida en la composición del catálogo de las doce tribus”. (J.P Migne, tomo 105, logos 7, cap 19).

Así que se trata de que de la tribu de Dan va a venir el Anticristo, por el cual, amados míos, hablaremos más extensamente. Ahora diremos sólo algo muy breve. ¡El capítulo del Anticristo es muy grande! Veréis qué interés grande tiene y cómo nos va a sorprender cuando nos enteraremos quién es el Anticristo y cómo se moverá. Mientras tanto vamos a ver el testimonio de la Santa Escritura sobre el Anticristo y cómo se refiere exactamente de que proviene de la tribu de Dan.

Jacob, cuando bendecía sus hijos en Egipto, paralelamente con la bendición decía también una profecía para el futuro de la tribu de cada hijo. Naturalmente no para el hijo natural al que había nacido entonces, sino para el futuro de la tribu. Cuando bendijo a Judas –la bendición a Judas es un himno, porque exactamente de allí provendrá el Cristo. Dijo: “Y éste que será tu descendiente, es la esperanza y anhelo de las naciones”. No hubo mayor profecía pero también más jubilosa que esta, es decir, que “de ti vendrá Aquel que es la esperanza y el anhelo, no sólo de Israel, sino de todas las naciones, de toda la tierra y de todos los descendientes de Adán. Cuando yo el Dios –allí habla el Dios Logos increado, al Paraíso- digo a Eva que Él vendrá, Aquel el Cual te redimirá y te salvará, Éste nacerá de Juda. Y seguro que vendrá”. Era la esperanza y anhelo de todos los pueblos, de todas las épocas. Estas realidades dice Jacob a su hijo Judas.

Cuando le tocó a Dan, le dijo las siguientes cosas: “Dan juzgará a su pueblo, como si fuera una de las tribus de Israel. Y se convertirá Dan como serpiente, sentado junto al camino, como víbora junto a la senda, esperando morder el talón del caballo, y hace caer hacia atrás al jinete, esperando la salvación por el Señor” (Gen 49, 16-18).  Allí en la soledad, en el desierto no habrá alguien que le salvará a este jinete, esperará la salvación sólo de Dios.

Realmente la tribu de Dan ha dado al juez Sansón que ha juzgado, es decir, ha gobernado a todos los Israelitas como una tribu. Pero esto es una interpretación parcial. Para que no nos olvidemos que las Profecías del Antiguo Testamento no se agotan. No sé si lo conocéis esto, pero os lo he dicho otras veces. Excepto algunas pocas profecías, las profecías no se agotan en algún grado, hasta los ésjatos últimos tiempos de la Historia que tenemos la plenitud del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.

Otra vez se volverá hacer Juez la tribu de Dan, es decir, de la tribu de Dan saldrá en nuevo juez, gobernador mundial. ¡Éste, amados míos, será el Anticristo, que no sólo gobernará a los Israelitas como una tribu, sino todo el mundo. ¡Se hará sólo un gobierno, y éste que gobernará será Judío! Sus precursores serán el Sionismo y todos sus hijitos, Masonería, T.J, Milenaristas, Ecumenismo y etcétera. Por tanto, de la tribu de Dan, amigos míos, saltará el Anticristo que habrá hecho a todos los hombres y todos los pueblos de la tierra, un pueblo-laós.

Es digno de observar que en el recorte anterior es referida la serpiente. Por tanto, atención aquí ahora, este jinete es la Iglesia, y la serpiente es el Diablo, la “serpiente antigua” (Ap 12,9 · 20,2).

{Veremos más abajo en el libro del Apocalipsis que cuando el Dragón, la serpiente, vio que ha nacido el Hijo que es su enemigo contrario, y es Jesús Cristo- en concreto dentro en un versículo corto toda la historia de Cristo- esta Mujer, que a la vez es la ὑ­πε­ρα­γί­α hiperaghía la más santa Zeotokos y la Iglesia, tomó su Hijo y se marchó al desierto. Y entonces el Dragón sacó de su boca rio de agua, para hacer la mujer «πο­τα­μο­φό­ρη­τον potamofórito, portadora de río»” y ahogarla. Pero el Niño de la Mujer fue arrebatado al cielo. Por eso os dije, que dentro de dos palabras está la historia de Cristo, que termina con el “fue arrebatado” que da a entender la Ascensión de Cristo. Pero la Mujer queda en el mundo, solamente Su Hijo fue arrebatado. Se persiguió por el Diablo, el Dragón, se crucificó, resucitó y ascendió a los cielos. Pero queda la Mujer, permanece la Madre que es la Iglesia. Ahora el dragón echa agua detrás de ella para ahogarla y Ella corre al desierto para salvarse. Esto significa que no hay otro que ayudará. La ὑ­πε­ρα­γί­α hiperaghía Zeotokos veis que se identifica con la Iglesia y a la vez se discierne.}

El jinete, que cae hacia atrás, “esperando la salvación del Señor”, es la Iglesia, que será perseguida por el Anticristo duramente, sin misericordia, ni piedad dentro en la Historia, especialmente en los ésjatos últimos tiempos, y la Iglesia no estará esperando de ninguna parte su salvación, sino sólo por Dios, por el cielo. Por eso dice el Señor “cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención y salvación se acerca” (Lc 21,28). Realmente la sotiría redención y salvación de la Iglesia vendrá del cielo.

He aquí, pues, cómo profetiza Jacob sobre Dan y que de éste provendrá el Anticristo.

San Hipólito, en el tema sobre el Anticristo –en BEPES, tomo 61, página 201, versículo 29- dice lo siguiente. “Igual que de la tribu de Juda proviene el Cristo, así también de la tribu de Dan nacerá el Anticristo. Lo mismo también nos dice san Irineo (Contra las herejías, libro 5º, 30,2).

Y el Señor nos lo dijo esto de la siguiente manera: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; cuando venga el otro en su propio nombre, a ése recibiréis” (Jn 5,41). Y ése otro es el Anticristo.

¿Pero por qué se refiere a la tribu de Dan? Vamos a ver la historia de la tribu de Dan en pocas palabras.

La tribu de Dan –desde la época de los Jueces- cuando se instalaron todas las tribus en la tierra prometida, apostató. Si queréis, podéis leer en el libro de los Jueces los capítulos 17º y 18º. ¡Para ver cómo pidieron y finalmente recibieron los Danitas una escultura y la deificaron, y ya no subían a Jerusalén para venerar, sino que veneraban esta escultura! Es la única tribu que apostató de esta manera y no aceptó la religión de sus padres. En consecuencia la tribu de Dan es el símbolo de la apostasía. El Anticristo es el rostro, persona que quedará en las antípodas de Cristo. De todas formas esto es seguro, que el Anticristo provendrá de los hebreos. Por consiguiente, ya que de la tribu de Dan provendrá el Anticristo, no es posible que sea escogida y enumerada esta tribu con las doce tribus de Israel, o sea del Israel ya de la jaris (gracia energía increada) que es la Iglesia y el laós-pueblo de Dios. Es imposible.

Así que, la tribu de Dan, pues, es el símbolo de la apostasía, y no entra en el catálogo de los fieles que se salvarán. Esto significa que el que apostata de la Iglesia -¡y tenemos tantos apóstatas!- permanecerá a la tribu de Dan, que es el símbolo de la apostasía, independientemente si el Anticristo provendrá de los hebreos.

Todavía, es conocido que el nombramiento de personas y lugares, los hebreos tiene la costumbre de darlos nombre con un significado. Todos los nombres de los hebreos, de lugares locales o personales tienen un significado, es decir, expresan las características de profecía o de acontecimientos e incluso de comportamiento. Por ejemplo, Jacobo quiere decir telonero, porque cuando nacía Isaf, su primer hijo, Jacobo puso su mano y cogió el telón de Isaf que nació primero. Y en concreto más tarde cuando perdió su primogenitura y tomó la bendición de Jacobo, dijo: “Bien he dicho yo que este telonero, es decir, Jacobo me ha tirado abajo. Tomó él la primogenitura” (Gen 27,36). Habéis visto por qué Jacobo se ha llamado así, es decir, telonero.

Otro ejemplo: Isaf quiere decir velludo, y se llamó así porque exactamente tenía muchísimo pelo muy denso. Como había comido lentejas que en aquella región es rojiza, el plato de lentejas que le ofreció Jacobo, cuando le cocinó y le quitó la primogenitura, se llamó Edom, y los Edomitas sus descendientes. Y Edom quiere decir rojo, porque las lentejas eran rojizas.

Os he contado estas cosas de modo indicativo, para deciros que a los hebreos los gusta siempre poner nombres en personas y en lugares por algún comportamiento, o características corporales o de algún acontecimiento o de alguna profecía.

Si las cosas fueran así, entonces pues también los hijos de Jacobo que nacieron, los doce, no recibieron un nombre casual. Las cuatro madres, dos oficiales y dos estériles que no dieron hijos, las que han parido y dieron los doce hijos de Jacobo, varones, porque tenía también hembras, pero no se dice cuantas eran, estos hijos recibieron nombres de sus mismas madres que los han parido, y sus nombres tenían importancia por varios acontecimientos. Así, amados míos, teniendo estos doce nombres de los Patriarcas, analizando podemos encontrar elementos del nuevo Israel y sobre esto hace un análisis admirable y bonito san Andrés de Kesarea. Así que de estos doce nombres, sacamos las conclusiones que son cualidades espirituales de muchos fieles de todas las épocas, pero especialmente de los ésjatos tiempos, en la época del Anticristo.

Y comenzamos. Primero Judas, quiere decir confesión. Pero confesión en la lengua hebraica quiere decir doxología, alabanza.

Realmente los que se salvan por la fe, alaban, glorían y cantan a Jesús Cristo que proviene de la tribu de Judas. ¡Lo primero y fundamental es la fe y la doxología a Jesús Cristo!

Segundo, Rubín, quiere decir vista. Había dicho su madre: “Vio mi humildad; el Dios vio mi humildad” (Gén 29,32), Vio, vio, vio. Y como dice también san Andrés de Kesarea, “aquellos que tendrán corazón limpio, purificado, tendrán vista u ojos espirituales”. Realmente, la vista espiritual se ofrece y se asegura sólo por limpieza, pureza del corazón. “Bien aventurados los que han hecho la catarsis y son limpios purificados del corazón, porque ellos verán a Dios”. Y cuando dice que los que tienen el corazón catartizado, limpio y purificado, no se refiere a la Realeza increada de Dios. ¡Estas bienaventuranzas de Cristo no se refieren a la Realeza increada de Dios, prestad atención a esto, sino que se refieren a este mundo! Todos los Padres están de acuerdo en este punto, y en consecuencia la zeoría-contemplación espiritual de Dios es en el mundo presente para los que tiene catartizado, puro y limpio su corazón. Porque las cosas son cantidades rectas análogas, cuando más limpio está el corazón, tanto más es también la contemplación de Dios. Si uno tiene limpio, puro el corazón de modo que tenga alguna experiencia de la presencia de Dios, esto es una zeoría-contemplación espiritual. Sí amigos míos, tenemos en nuestro interior alguna experiencia, es decir, cuando vemos cómo interviene Dios dentro en la Historia, tanto en la personal nuestra como en la universal, cuando vemos cómo opera y energiza el Dios, cuando vemos tener una información empírica interior de la presencia de Dios – lo subrayo, empírica, es decir, que nosotros entendemos algo que el otro no puede entenderlo- significa que hay una zeoría contemplación espiritual de Dios. ¡Esto es la primera zeoría contemplación espiritual, el primer comienzo de visión, hasta el momento que llegue la vista al punto de ver uno la energía increada, la divina doxa increada, la luz increada del Metamorfosis! Por consiguiente, tenemos una gran intensificación de la zeoría contemplación espiritual de Dios, depende de la limpieza, pureza catarsis del corazón.

Tercero, Gad. La madre de Gad es la Lía, cuando parió el niño de Jacobo, dijo “en suerte, ventura” (Gén 30,11), es decir, soy bienaventurado, y lo llamó Gad, que quiere decir ventura, es decir, bienaventuranza, felicidad.

Bienaventurados, felices son los que tienen la información interior de que constituye el “remanente” (Rom 11,5) que se salvará. Estos son y deben estar felices. ¡Si, en este momento, amigos míos, tuviésemos la certeza –y cada uno puede adquirir esta certeza- de que constituimos el “remanente” de Dios, el que se salvará, no nos estaremos sintiendo des-graciados, desdichados, sino que seremos felices, a pesar de las tribulaciones, desdichas y fatigas que podríamos tener y sufrir!

Cuarto, Asir, que quiere decir dichoso, macarios bienaventurado o (Gén 11,13).

Son los que recibirán la dicha soberana, de que serán colocados a la derecha de Cristo; ¡“Venid los benditos de mi padre” (Mt 25, 34), los dichosos, macarios bienaventurados!

Quinto, Neftalím, que quiere decir “lucha, batalla” (¿) La Raquel cuando nació el segundo hijo de Jacobo de su sierva, que lo consideró como suyo, dijo: Dios me ha percibido y comprendido” (Gen 30,8), el Dios me ha ayudado, luché y vencí, que es la oración.

Y como dice san Andrés “son los que se apegan a Dios por la incesante oración”. ¡Amigos míos, no es la oración que uno hace por la mañana y por la noche! ¡Yo sería muy feliz, realmente muy feliz, si escuchara que hacéis oración por la mañana y por la noche! Pero os informo lo siguiente: No se trata de esta oración, sino de la incesante, que su forma es la imploración  «Κύ­ρι­ε Ἰ­η­σοῦ Χρι­στέ, ἐ­λέ­η­σόν με Kirie Jesús Cristo, eleisón me, Jesús Cristo Señor, compadécete de mí, ten misericordia de mí, alíviame…». Puede ser que no sea exactamente el mismo tipo siempre, pero siempre que sea referido el nombre del Jesús Cristo. Y cuando una psique-alma ora continuamente, en cualquier sitio o lugar que se encuentre, como también si se está moviendo, tiene esta monóloga oración incesante. En consecuencia este es el Naftalim, es decir, hijo de la oración; “el Dios me ha percibido y comprendido”.

Sexto es Manasés, que quiere decir olvido.

José cuando hizo su primer hijo en Egipto, estaba amargado, porque había sido vendido por sus hermanos en Egipto, a pesar de que recibió título grande y se hizo virrey de Egipto. Se casó, y cuando hizo su primer hijo lo llamó Manasés, es decir, olvido, o sea que el Dios me ha dado un hijo para olvidarme de la amargura de emigrante, exiliado y de toda la casa de mi padre; adquirir familia propia y olvidar la amargura del exilio, de la emigración” (Gén 41, 51).

Y ahora san Andrés dice: “Son aquellos que ya no se cuidan para nada de sus casas, porque están llenos de divino eros, por agapi y apego a Dios. Son aquellos que no se preocupan ya por sus casa,s porque la casa se opone al espíritu de Dios” (J.P. Migne, P.G. tomo 107 Logos 7, cap 18, pag 280A). Estos que ya dejan a los suyos, sus familiares y se dedican a Dios y a Su obra y diaconía (servicio). “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10,37). Es el caso de los ciento cuarenta y cuatro mil que siguen al Cordero “a dónde quiera que vaya” (Ap 14,4).

Séptimo, Simeón, que quiere decir, odiado o menospreciado. Había sido odiada la madre de Simeón por eso dijo “es odiada”. Eran dos hermanas y dos estériles y había envidias. Pero no me referiré más en la historia antigua.

Esto es una cualidad o atributo que el fiel pertenece al “remanente λεῖμ­μα lima”, y quiere decir el resto del pueblo que permanecerá fiel a Dios, y en consecuencia será odiado por el mundo. El Señor dijo: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros” (Jn 15, 18).

Así que los escogidos serán odiados por el mundo. ¡Por favor, observad, prestad atención y tened cuidado, -por supuesto como lo estáis haciendo-, a estas calificaciones, de modo que no vayáis a sentir que el otro os quema cuando os desprecia, os odia porque vais a la Iglesia, porque no os habéis hecho masones, rótary o cualquier otra cosa, o porque sois hombres fieles! ¡Os dirán hipócritas, os dirán muchísimas cosas y os odiarán! No entraréis en los salones de ellos; quedaréis fuera de sus salones y fuera de sus círculos, seréis odiados. Aquellos que saben quedarse firmes, aquellos que han concienciado en qué laós-pueblo pertenecen, ellos estarán preparados para ser odiados.

Octavo, Leví, que quiere decir, contratado, admitido. Y como dice san Andrés de Kesarea “los que han sido admitidos, tomados y admitidos por Cristo de modo divino” (J.P. Migne, P.G. tomo 106, Logos 7, cap 18, pag 280c).

Noveno, Isajar, que quiere decir salario. Dice su madre: “Dios me ha dado mi salario….” (Gén 30,18). Es una antigua historia. El fiel siente que recibe su salario, su recompensa. El Cristo lo prometió: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (AP 22,12).

Décimo, Zabulón, que quiere decir “regalo de Dios”; parecido como el nombre Θε­ό­δω­ρος Zeódoros o Teodoro regalo de Dios que lo tenemos nosotros en nuestra lengua helénica-griega.

Son los carismas del Espíritu Santo, que los reciben los fieles. El fiel es adornado con los carismas del Espíritu Santo. Fiel y sin carismas no se entiende. El carisma primero de los carismas es la agapi amor incondicional. Dice el apóstol Pablo: “Os diré cuáles son los mejores carismas para que los persigáis, pero el mejor de todos es la agapi-amor incondicional. ¡La agapi! El que tú tengas la correcta agapi es carisma y regalo del Espíritu Santo, amados míos.

Onceavo, es José, que quiere decir sumar, esto que se añade. Así le llamó su madre a José.

“Dijo el Cristo: “Pedid primero la Realeza increada de Dios, y todo lo demás os será añadido, sumado” (Mt 6,33). Esto amados míos, para que uno lo entienda bien hace falta mucha fe, especialmente en los ésjatos tiempos. Cuando uno ve que le ejercen aislamiento y exclusión económica por el Anticristo, entonces podrá decir “yo pido y busco primero la Realeza increada de Dios y todo lo demás me lo añadirá el Cristo, porque lo dijo el mismo”. Os dije que todas estas cosas y realidades son cualidades o atributos para un fiel.

Doceavo es Beniamín, que quiere decir “hijo de la tristeza, o del dolor”. Raquel es la segunda esposa de Jacobo e hizo sólo dos hijos; el primero era José y el segundo Beniamín. Cuando parió a Beniamín durante el nacimiento murió, pero un poquito antes de morir, le dio tiempo y puso nombre a su hijo, y lo llamó Beniamín, “hijo del dolor” “hijo de la angustia”.

Vamos a tomar de la icona-imagen –que me había referido la vez anterior, en los capítulos 8 y 9 de Ezequiel- que dice: “Presta atención, pasa por en medio de la ciudad, por medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella” (Ez 9,4).  Los fieles sólo tendrán dolores morales. éticos. Estarán viendo el mal y multiplicándose el mal será como un torrente impetuoso, y ellos no podrán hacer nada, sólo se estarán doliendo (moralmente).

Lo vemos hoy en día. ¡Cuántos hijos se pierden…! ¡Cuántos hombres se pierden…! ¡Cuántos caen en las redes de la indecencia e inmoralidad, de la prodiguez, derroche, ateísmo y drogas…! ¡Cuántos jóvenes se pierden….! ¡Sale uno por la ciudad y ve los jóvenes cómo gritan, cómo se ríen y cómo viven! ¡Dios mío, Dios mío, ah, ay estos jóvenes… psiques inmortales… se pierden! Duele. ¡Ve uno en nuestros colegios, nuestros hijos, ve…ve… observa a los hombres cómo piensan hoy en día, y le duele! Es dolor y tristeza que nace del mal que se está efectuando. Y para este dolor y pena habla ahora aquí el nombre de Beniamín. Sólo los fieles se duelen. ¿Y los otros? No se duelen, ¿Sabéis lo qué dicen? ¿Maravilloso? ¡Así debe ser el mundo! ¡Que no haya ningún freno, ningún límite, ninguna barrera, todo está como lo queremos y como nos gusta! ¡Pero los fieles se duelen!…

Aún una cosa más. Son estos los que tienen el corazón herido, para la agapi a Jesús Cristo y esperan –tal y como termina el libro del Apocalipsis- y dicen: “Señor, cuándo vendrás”. ”Sí vengo pronto” “¡Señor Jesús ven pronto, rápido! El Espíritu Santo que permanece en el mundo consuela a los fieles, y el Espíritu y la Novia, el Espíritu Santo y la Iglesia, dicen: “¡Ven, ven! Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap 22.17-20).

Amados míos, todas estas cosas y realidades son cualidades o atributos del “remanente”, que se sellará, serán las que distinguirán al laós-pueblo de Dios de el mundo que será condenado. Incluso todas estas cualidades caracterizan al hombre espiritual, que para su éxito debe estar trabajando con mucho cuidado y diligencia y también con mucho temor a Dios. Amín.

 

Unidad 26 Apocalipsis 7, 9-17 y 8, 1-6 Segundo diápsalmo y la apertura del 7º Sello. El sueldo de los fieles que tuvieron paciencia hasta el final de la gran tribulación, el sabatismo de la Historia y comunión de la agapi.

 

Hemos terminado el primer diápsalmo-intermedio, según la apertura y desenlace del 6º Sello, y empezamos el segundo, de nuevo según la apertura del 6º Sello.

En el primer diápsalmo se vio la situación de la Iglesia militante, con el sellamiento de los “ciento cuarenta y cuatro mil” fieles, y hemos explicado qué es esto. Ahora en este segundo diápsalmo, que está uno al lado del otro y conectan con la frasecita “después de estas cosa vi”, vemos apareciendo la Liturgia de la Iglesia triunfante.

El segundo diápsalmo es una escena que muestra cuál es el futuro de los fieles sobre la tierra, que se sellarán con el sello de la santa Cruz y aguantarán al engaño del Anticristo y en la gran tribulación de los ésjatos tiempos y acontecimientos. Este diápsalmo-intermedio constituye una de las páginas más bellas de la Santa Escritura, tal como lo veréis, y es la culminación del libro del Apocalipsis. Da la impresión que se trata de Liturgia celeste, por toda la Iglesia, los Ángeles y los hombres. Y leo este texto sagrado:

9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de toda nación y tribu, y pueblos y lenguas, que estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos de ropas blancas, con palmas en sus manos.

10 Y claman a gran voz, diciendo: ¡Atribúyase la salvación a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero!, [que se sacrificó para nosotros].

11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro seres o animales espirituales, y se arrodillaron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo:

12  ¡Amén! ¡La bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder y la fortaleza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos! ¡Amén!

13 Entonces uno de los ancianos tomó la palabra y me preguntó: ¿Quiénes son y de dónde vienen éstos vestidos con ropas blancas?

14 Y le he dicho: Señor mío, tú lo sabes. Me dijo: Éstos son los fieles que salen fuera de la gran tribulación, y lavaron sus ropas y las blanquearon en la sangre del Cordero.

15 Por eso están delante del trono de Dios, y le alaban día y noche en su santuario o templo celeste; y el que está sentado en el glorioso trono habitará entre ellos;

16 y no tendrán hambre, ni tendrán sed, ni caerá más sobre ellos el sol, ni calor alguno los quemará,

17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará [con agapi y cariño], y los guiará a fuentes de aguas de vida [que tienen y dan vida], y Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos [porque los habrá dado eterna alegría, felicidad y bienaventuranza de la Realeza increada de los cielos].

Este, amigos míos, es el texto del segundo diápsalmo-intermedio, que es una icona-imagen celeste, y se desempeña en el cielo. ¿Cuál es esta “gran multitud, la cual nadie podía contar”? Es toda la Iglesia triunfante del Israel, pero también de todos los pueblos, naciones y lenguas, de todos los siglos y de todas las épocas.

Esta “multitud incalculable” parece que se contrapone al número concreto de los fieles de la primera visión de los ciento cuarenta y cuatro mil. No se trata de contradicción ni de error, sino, como dice Brasiotis, “aquí lo incalculable o innumerable se dice por parte humana, allí el número definido -gran multitud, la cual nadie podía contar- es por parte divina”. Es decir, ¿cuántos son los que se salvarán? El Dios lo sabe, pero un ser humano, los verá a ellos como una multitud incalculable, innumerable.

Pero aquí vengo a subrayar algo que lo dije la vez anterior. La multitud en el cielo es “incalculable”, y el número ciento cuarenta y cuatro mil no tiene el significado del número concreto, como ya lo hemos analizado. Por supuesto, los Milenaristas  y los Testigos de Jehová dicen que ciento cuarenta y cuatro mil son los que tomarán el cuerpo humano, estarán sólo como psiques-almas y estarán en el cielo. Es decir, ¡niegan también la Resurrección! ¡Ay de ellos!

Toda esta “multitud incalculable”, como dice el texto sagrado, estaban en pie delante del trono y delante del Cordero. Es característica esta posición de los Santos firmes en pie. Por honor y respeto permanecen en pie, no se sientan. De esta icona-imagen litúrgica celeste también se inspiró nuestra Iglesia de modo que dentro en el templo permanecernos en pie, por supuesto sin que sea prohibido poder sentarnos. Además, también en la antigua Iglesia había sillas o bancos. Vemos también que este tipo, la estructura de la Iglesia, presupone bancos, asientos. Cuando se dice “Sofía-Sabiduría”, allí ponemos punto y seguido, y continuamos en pie. El Evangelio es Sabiduría y estamos llamados a permanecernos en pie, Ὀρθοί orzí rectos derechos verticalmente. Y al final, después de la Divina Κοινωνία Kinonía Comunión para los sentados, el Diácono proclama: Ὀρθοί orzí rectos en pie. Punto y después “…comulgando…”, a continuación, tal como lo decimos por costumbre. Lo Ὀρθοί orzí rectos es una petición técnica: que se pongan todos en pie, los que han tomado o comulgado la divina comunión o efjaristía…

Así que también esta estructura de la Divina Liturgia presupone asientos. Pero en nuestro Culto en algunos puntos nos levantamos  en pie, y debemos levantarnos. ¡Amados míos, lo veo muchas veces cuando el sacerdote sale a decir “Paz para todos”, uno recibe la bendición, y sigue sentado en su asiento! ¡Ve al sacerdote en pie bendiciendo y diciendo “Paz para todos”, y éste está sentado! Es feo esto, no es digno, es falta de respeto.

Incluso, cuando decimos cualquier bendición en la Divina Liturgia, siempre, por regla general, nos levantamos en pie, pero como no escuchamos las bendiciones, desgraciadamente, sino sólo la última parte, entonces nos levantaremos sólo en ellas, tal como son: “Porque a Ti se debe toda doxa-gloria, alabanza y reverencia…”. “¡Porque es Tuya es la Realeza, el poder…” y etcétera.

Estas son las locuciones acrósticas de las bendiciones u oraciones. Nos levantaremos y nos santiguaremos haciendo la señal de la cruz, y lo mismo haremos también cuando se oye el nombre del Santo Dios Trinitario.

Así que vemos pues, que esta multitud, los hombres fieles –los Santos- están en pie delante del Trono y delante del Cordero.

El que “estén en pie delante del Trono y delante del Cordero”, muestra que existe equivalencia entre el Padre y Jesús Cristo, y por eso los Santos están de forma de alabar o venerar, forma de culto delante del Padre y del Jesús Cristo. No están simplemente quietos en pie, sino que están de forma y posición de culto, de venerar. ¡En la Divina Liturgia no estamos parados o quietos en pie, es culto! No lo olvidéis. Es el único privilegio que tenemos de Dios, a rendirle culto durante la Divina Liturgia. Las vísperas, los maitines u otros oficios no son el culto. Culto es la Divina Liturgia, porque es sacrificio. Todos los otros Oficios se pueden calificar como oración, pero la Divina Liturgia es algo mucho más allá y superior que la oración; es culto.

La “vestimenta blanca” que viste esta “incalculable multitud”, es la prenda de los Mártires, de todos aquellos que han luchado victoriosamente contra el pecado, y en consecuencia es el símbolo de sus vidas renovadas, puras y limpias.

¡Todos los Santos son Mártires, sea por sangre, sea por conciencia, pero lo importante es que los Mártires del espíritu ascético o practicante, y este espíritu ascético, amigos míos, es lo que contiene todo el Evangelio, entero! A quien no le gustaría escuchar el espíritu ascético, practicante –en el sentido que me ejerzo espiritualmente- entonces este está realmente fuera del espíritu del Evangelio, fuera del sentido y significado de la Cruz.

La “palma” es el símbolo de la victoria contra toda tentación y contra al antiguo hombre, del mundo del pecado, de la conducta y moral mundana, pero también contra el Satanás. La multitud de los Santos clama con voz grande y fuerte hacia el “Sentado en el trono” y hacia “el Cordero”. Esta exclamación a gran voz es indicativa de la alegría y el deleite que tienen los Santos para su sotiría redención y salvación.

Si existe, amigos míos, una alegría grande, esta es alegría de sotiría redención y salvación. Lo diré una vez más: ¡Si existe una gran alegría y esta alegría es de la sotiría redención y salvación! Muchas alegrías tenemos en este mundo, pero ninguna se puede comparar con la alegría de la sotiría redención y salvación. Si yo sé que estoy salvado, no existe mayor alegría para mí. Si tengo la certeza que me he salvado, si veo mi existencia dentro en el reinado de la Realeza increada de Dios, ¿qué más quisiera? Todavía, la mayor gratitud de un salvado, es esta que siente el fiel, el hombre salvado, gratitud hacia Dios que le concedió la sotiría redención y salvación. Por eso los Santos claman a gran voz: ¡la sotiría redención y salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono y al Cordero!

Aquí vemos que el Padre envía al Hijo al mundo para que el mundo pueda redimirse y salvarse. La mayor doxología hacia el Dios es exactamente la atribución de la sotiría redención y salvación del mundo a Dios. El mundo se salvó porque Dios lo quiso. El Padre mandó el Hijo y el Espíritu Santo para salvarse el mundo. Si esto se lo decimos a Dios, Le decimos “Señor, eres nuestro Salvador, sálvanos”, entonces atribuimos  la mayor y más majestuosa doxología a Dios.

¡Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro seres o animales espirituales, y se arrodillaron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo” (Ap 7,11)

Aquí tenemos un discernimiento claro de los “santos y de los presbíteros”, de los ángeles y de los “cuatro animales espirituales” que otra vez son los ángeles. Quizás aquí los “presbíteros”, tal como son referidos, puede que sean Santos distinguidos, como también los “cuatro animales espirituales”, los Querubines, son existencias celestes distinguidas.

San Andrés de Kesarea viendo esta icona de los ángeles y de los fieles, escribe: “He aquí una Iglesia de ángeles y hombres… Tal como se encuentran de forma circular alrededor de Sentado en el trono y del Cordero, con esta posición ellos, indican la magnitud del honor y honra.

¡Así que una es la Iglesia y la Iglesia es la presencia de Dios y de toda Su creación creada; de los ángeles, de los hombres y también de esta creación irracional creada, de todo el universo y de todo el mundo material! ¡Todos estos constituyen la Iglesia, que por supuesto es una cosa muy importante!

¡Amados míos! ¡La Iglesia no es la metrópolis, ni la parroquia, ni el obispo, ni el patriarca ni el monje! Si ellos pecan… No podemos identificar sus personas con la Iglesia. Es muy pobre esta percepción, cuando algunos dicen: ¡has visto lo que hace la Iglesia! ¿Cuál Iglesia? ¿Algunos de sus representantes? ¿Si yo –yo….yo, el páter Atanasio- soy mala persona, qué culpa tiene la Iglesia? Cuando yo por mi vida indecente difamo la Iglesia, qué culpa tiene la Iglesia. Amados míos, que sepamos alguna vez hacer el discernimiento.  La Iglesia es κοι­νω­νί­α kinonía comunión, conexión y unión del Dios con Sus creaciones dentro de la bienaventuranza de Su Realeza increada. Esto es la Iglesia y no el cura de nuestra parroquia, nuestro obispo o patriarca, que los identificamos con la Iglesia. Por supuesto que también el sacerdote es miembro de la Iglesia, sí, y es un instrumento, pero existen también miembros indignos de la Iglesia, ¿qué se debe hacer? ¿Entonces, debemos condenar la Iglesia, porque existen estos miembros indignos? Es decir, según aquella receta antigua, diremos: ¿duele el ojo, se quita el ojo; duele la cabeza, se corta la cabeza? Eh, claro que no.

Esto, lo de “todos los ángeles”… ¡Cuántos son los ángeles?

Os lo había dicho también otra vez, lo sabéis. “¡Cuántos son el número!” dice san Juan el Damasceno. Es decir, ¡poned una mónada o unidad y poned a lado todos los ceros que queráis! ¡Escribid, escribid, escribid, añadid continuamente ceros… tantos son los ángeles! ¡Ay, ay…terrible! ¡Podéis ver, pues, todos estos ángeles con qué majestuosidad se mueven ¡Realmente es una icona-imagen que al ser contemplada provoca vértigo!

Es digno de observar que los ángeles también están en pie, derechos, tal como los Santos, por honor y respeto hacia al Santo Dios Trinitario.

Pero todavía, es destacable que los Santos están delante del “Sentado sobre el trono” y delante del “Cordero”, en cambio los ángeles están alrededor rodeando. Tal como nos dice la epístola a los Hebreos, son servidores, “son espíritus litúrgicos, ministradores” (Heb 1,14), en cambio el hombre no es persona litúrgica “mandado en diaconía”, por eso los hombres están frente de Dios, y los ángeles alrededor de “Su trono” rodeándolo.

La veneración de los santos ángeles es muy emocionante. Se postran en cara, reverencian y veneran a Dios, mientras atribuyen doxología a Dios. Primero antes que nada, dicen el “amén”. Este “amén” es el agradecimiento de los Santos, exactamente tal como el sacerdote dice la oración, bendición y el salmista dice el amén. Por tanto cuando los Santos terminaron su doxología diciendo que “a Dios pertenece nuestra sotiría redención y salvación”, los ángeles dijeron el Amén. Prestad atención ahora para que veáis la armonía que hay aquí. Es decir, hay una absoluta armonía de doxologías tanto de los Santos como de los ángeles.

¿Y cuál es la doxología de los ángeles? ¡La bendición, y la doxa-gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder y la fortaleza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos! ¡Amén!

Aquí se trata de una setena de doxologías, que sus sustantivos está con artículos, como: la gloria, la sabiduría, el agradecimiento o la acción de gracias,  el honor, el poder y la fortaleza”. Todos estos quieren mostrar que la sabiduría pertenece exclusivamente a Dios, también exclusivamente el agradecimiento o la acción de gracias,  el honor, el poder y la fortaleza. Todo pertenece exclusivamente a Dios. Es decir, aquí quiere indicar que tenemos un absoluto. Es aquello que dice el Apóstol Pablo sobre el Dios: “y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver… amén” (1Tim 6, 15-16).

Así que realmente este honor la encontramos con sentido y significado absoluto sólo a Dios.

Mas todo esto, el honor, la fortaleza, y etcétera, todas estas realidades son atribuidas “por los siglos de los siglos”. ¡No “en los siglos”, sino “por los siglos de los siglos”! Y otras veces os dije que la expresión “en el siglo”, expresa algo que está dentro del tiempo y terminará. Por ejemplo, decimos: la tierra permanece en el siglo. ¡Desgraciados T.J. Milenaristas…! Ellos dicen; ¿Veis?, el Dios cimentó la tierra y permanece en el siglo” (Sal 47,9 · 77,69). Si pero la Santa Escritura distingue y cuando dice “en el siglo”, entiende el siglo de la Historia. Aquí la eternidad se expresa por la formulación: «εἰς τοὺς αἰ­ῶ­νας τῶν αἰ­ώ­νων i tus eonas ton eonon En y por los siglos de los siglos». En consecuencia, efectivamente la tierra permanece en el siglo con el sentido de que queda hasta que acabe la Historia, pero después será tambaleada y se hará nueva. ¿Veis cómo interpretan los Milenaristas y los Testigos de Jehová?

La causa principal de la doxología de los ángeles ¿cuál pensáis que es? Después del himno y la doxología de los Santos, al final los ángeles dicen el Amén.

Amín quiere decir así sea, es verdad; que así sea, estamos de acuerdo. Es decir, que la salvación pertenece a Dios. Pero también los ángeles, amigos míos, se han salvado, no lo olvidéis. Y la salvación de los ángeles por su parte se debe a la encarnación o humanización, que es donde se consolida y se hace fija ya la santidad y la virtud de ellos, y ya no quieren pecar. Ya no hay metábole, cambio. El que podían y pueden siempre pecar es verdad, pero no quieren nunca ya pecar, y se hace fija ya la virtud y la santidad de ellos. ¡En consecuencia, con la encarnación del Hijo de Dios tenemos la consolidación fija de la santidad de los ángeles, pero aquí la salvación no es sólo propia de ellos, sino que es también de los hombres y de toda la creación creada!

Conclusión: ¡Los santos ángeles aman a los hombres y glorifican, alaban a Dios por la salvación de los hombres! Efectivamente así es, ya que los ángeles son mandados para diaconía o servicio a nosotros, y la sublime diaconía hacia nosotros no es sólo salvarnos y protegernos de algún accidente, por supuesto que esto también lo hacen los ángeles. ¿Os acordáis? Agar llora, “qué será de mi hijo que no tiene agua y morirá por la sed”. Llora también Ismael que tiene sed. Y entonces aparece un ángel y les dice: He aquí, allí un poquito más para allá hay un pozo, ves tú y tu hijo a beber agua” (Gen 16,7). Por supuesto que los ángeles se interesan por nuestra vida diaria, quizás allí donde nosotros no nos podríamos ocupar, pero la obra principal de ellos, amados míos, es nuestra salvación. Los ángeles son enviados para conducirnos a nuestra salvación. Por esta razón, cuando seremos salvos, se alegran, glorifican y alaban a Dios y Le glorifican cuando nosotros los hombres somos salvados.

A continuación en el diápsalmo, se explica de forma dialogada sobre este tema de la “multitud incalculable” de los justos. Vamos a verlo.

«Entonces uno de los ancianos tomó la palabra y me preguntó: ¿Quiénes son y de dónde vienen éstos vestidos con ropas blancas?» (Ap 7,13.

Es digno de destacar que en esta visión o escena que es una icona-imagen del reinado de la Realeza increada de Dios, el divino evangelista Juan no permanece como simple espectador, sino que participa en la vida de la visión o escena, participa vivamente, es miembro activo, está en un extremo pero participa en esta escena. Por tanto, surge una pregunta doble por un Presbítero hacia el Juan sobre la identidad “de los que están viniendo… quiénes son”.

Juan da una respuesta agradable al Presbítero, y le dice: “Señor mío tú has visto, tú conoces”. Realmente es una respuesta agradable la de san Juan, porque el Presbítero, por la pregunta que le hace, le provoca, porque posiblemente ve la duda en la cara del Juan, que quiere preguntar, pero no pregunta y así interviene el Presbítero.

Con lo dicho “Señor mío tú has visto, tú conoces” y con toda esta situación san Juan indica respeto hacia este Presbítero, el cual es un “Presbítero perfeccionado”, es ya existencia celeste, en cambio Juan está aún “encontrado en cuerpo” y “habitando en el mundo”.

Esta proclamación, “Señor”, es relativa, tal como decimos “la señora Zeotokos!, y no se refiere a Dios. Es totalmente relativa. La añadidura del pronombre “mío”, “Señor mío”, indica una familiaridad que tiene san Juan, e incluso indica que ya se ha adaptado con los habitantes del Cielo. Veis que los Santos, sea que estén aquí o allá, cualquier sitio que estén, se adaptan allí donde sienten que se encuentran en su propio clima, en sus propias posiciones y situaciones.

La respuesta que se dará por el Presbítero hacia san Juan, constituye –y atención a esto- una llave interpretativa que nos será útil para el entendimiento no sólo de la visión o escena, sino también a otros puntos de la Santa Escritura.

De estos tipos de llaves hermenéuticos o interpretativos tenemos muchos. Cuando el Señor por ejemplo, dice la parábola del sembrador y la interpreta nos da llave de una hermenéutica de una parábola. Y eso no es de poca importancia, al contrario es una cosa muy importante.

Me dijo: Éstos son los fieles van viniendo de la gran tribulación, y lavaron sus ropas y las blanquearon en la sangre del Cordero (Ap 7,14).

¡Curioso! ¡Es raro lavar una vestimenta dentro en la sangre del Cordero y que sea blanca! Por tanto, se trata de Mártires.

¡Pero es digno de destacar que el tiempo Presente que dice “éstos son los fieles que están viniendo”, que indica un cumplimiento, complementación continua de esta escena celeste con nuevos Santos! Es decir, ¡ve esta escena que no sea sólo estática, por parte del movimiento de los Santos, sino también creciente, el número de los Santos aumenta continuamente! En la Divina Liturgia, apenas termina el misterio de la Divina Efjaristía, es decir, el sellamiento del Misterio, allí donde el sacerdote, una vez dice lo “y haz este pan cuerpo honrado de tu Cristo”, etcétera, y tenemos a Cristo que se encuentra encima del santo Altar, dice hacia al Dios Padre: “De modo que los que comulgan que sea el Cuerpo y la Sangre de tu Cristo, en remisión de los pecados, en nipsis de la psique y en comunión de Tu Espíritu Santo”. Todas estas cosas constituyen los propósitos y fines del Misterio de la Divina Efjaristía para los que participan y comulgan. Y continua: ¡“En πλή­ρω­μα plíroma plenitud y tripulación del reinado de la realeza increada de los cielos”! Los fieles comulgan para constituirse en “plíroma tripulación y plenitud”, de relleno de Su Realeza increada, es decir, que sea restablecida Su Realeza. Por consiguiente, muy correctamente y exactamente apunta san Juan y dice “los que están viniendo”. No los que han venido, sino los que continuamente vienen.

Por lo tanto, amados míos, tal como Juan está en una esquina de la escena y ve esta majestuosidad, así también nosotros estamos dentro en este espacio. Y de aquí estamos llamados a convertirnos en santos, encontrarnos también nosotros en el baile de los Santos y de los Mártires.

Si me dijerais: “como que esto es demasiado no lo merecemos”, os preguntaría: ¿Entonces por qué decimos estas cosas aquí? ¿Entonces para qué queréis que digamos estas cosas, y me canso yo y os canso a vosotros? ¿Por qué razón? Estas cosas y realidades las decimos aquí para encontrarnos allá en aquel mundo, en aquel baile de los Santos. ¡Sí, amados míos! Así que los “los que continuamente están viniendo” hacen crecer el número continuamente.

¿Y cómo llegaron allí? “De la gran tribulación”. ¡Gran tribulación! Daniel habla de esta “gran tribulación” y dice: “Será un tiempo aquel de tribulación y angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones” (Dan 12,1).

Pero también el Señor lo confirma que “habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mt 24,21 Lc 13,19). Claramente se trata de la tribulación de los ésjatos últimos tiempos, por la gran tentación de la presencia del Anticristo; es evidente.

Tribulación aún será, amigos míos, también las distintas dificultades, como económicas, la huida de los hombres y la permanencia de ellos lejos de las ciudades, cuando venga el Anticristo, pero ¿por qué no hoy en día también? Acordaos que hasta los tres primeros siglos después de Cristo los hombres, los Cristianos huían al desierto. Lo dice el libro del Apocalipsis. Habla sobre la mujer con el Niño que se fue al desierto, es decir, la Iglesia. ¡La Iglesia acude y se refugia al desierto, a las montañas y a los agujeros de la tierra; allí huirá y se refugiará la Iglesia! Y acude y se refugia; dentro de los siglos acude y se refugia continuamente. Hoy, la Divina Liturgia en países y regiones que no se permite a celebrarla, se celebra en montañas, en casas, en sótanos y en agujeros de la tierra. Por tanto, son varias estas tribulaciones, también económicas, encarcelamientos y torturas. Si leéis un martilogio (libro de vida de los Mártires), veréis que se describen las torturas y los castigos, pero hoy en día tenemos modernos métodos de torturas, castigos y malos tratos.

Debo deciros lo siguiente: En la época aquella que torturaban a los Santos, los primeros siglos y quizás hasta ahora, hace poco, las torturas y los tormentos se referían al cuerpo, pero ahora tenemos también torturas, tormentos psicológicos, que alteran y destruyen la personalidad. Entonces uno podría sentir que se le estaba saliendo la psique, pero tenía autoconciencia, pero hoy en día, amados míos, someten al hombre a instrucción farmacéutica dentro en psiquiátricos especiales y le vuelven loco, y por supuesto así pierde su personalidad y entonces ya no puede hacer nada. Realmente hoy en día las torturas son tanto somáticas, corporales como psicológicas, con la última intención la destrucción, aniquilación de la personalidad humana.

De todas formas esta tribulación equivale con aquella que se refiere el mismo Señor al obispo de Filadelfia en el libro del Apocalipsis, que dice: “Por cuanto has aplicado, guardado y cumplido el logos que habla sobre la paciencia (en las tribulaciones y persecuciones), yo también te guardaré de la hora de la prueba (o tentación) que ha de venir sobre el mundo entero, para probar (o tentar) a los que habitan sobre la tierra” (Ap 3,10). Es decir, cuando el Dios vea que tenemos agapi a Sus mandamientos-logos y a Su persona nos protegerá de esta “gran tentación”.

¿Y cómo se sostuvieron los Santos, ante estas tentaciones? He aquí cómo se sostuvieron: “lavaron sus ropas y las blanquearon en la sangre del Cordero” (Ap 7, 14), en la sangre de Cristo. Os dije que es curioso. La Sangre de Cristo por supuesto que, amados míos, es siempre Sangre expiatoria para todos los hombres.

Pero cuando dice que “lavaron y blanquearon”, estos dos verbos activos significan que la Sangre se encuentra en alguna parte, y uno pone su manto y lo lava dentro de la Sangre de Cristo. Esto significa que la Sangre de Cristo está depositada y uno debe actuar para ganar su sotiría redención y salvación. La sotiría no viene de forma mágica, debemos nosotros también apropiarnos de ella.

Y ahora viene el salario, la recompensa: “Por eso están delante del trono de Dios” (Ap 7,15).

¿Lo ha pensado esto alguna vez hombre, amados míos, que puede alguna vez encontrarse “ante el trono de Dios”? Sin embargo estos son los bienes “que Dios ha preparado para los que Le aman, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre ni el nus del hombre jamás se ha imaginado” (1Cor 2,9), como dice san Pablo.

Y allí los Santos “veneran a Dios cada día y noche en su templo”. Esto significa el culto eterno a Dios por los santos como divinos sacerdotes ya. Es el Sacerdocio Real.

Esta expresión “día y noche”, muestra este continuo, esto lo eterno. ¡Todo el cielo, o mejor dicho, toda la creación creada es y se hará toda templo de Dios! Es el espacio del reinado de la Realeza increada de Dios, es este templo de Dios, tal como escribe san Andrés de Kesarea:

“Templo es toda la creación que se hará nueva por la intervención del Espíritu Santo; pero principalmente aquellos que han guardado entera la alianza e inapagable la luz del espíritu, a estos Dios ha prometido que habitará en sus interiores caminando junto con ellos.

En este templo, Su templo, el Dios no queda sólo sentado, sino que caminando también. Esto indica esta posición dinámica de Dios frente a Su creación, y especialmente frente a los seres humanos. Para eso apunta el sagrado Evangelista y dice: “Y el sentado en el trono acampará o pondrá su tienda de cabaña en y entre ellos”. ¡Es la promesa que ha sido dada por el mismo Dios!

Dice en su segunda epístola a los Corintios el apóstol Pablo: “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2Cor 6,16). ¡Es esta, amigos míos, la sublime κοι­νω­νί­α kinonía comunión y unión de Dios y los hombres dentro en Su Realeza increada!  

La consecuencia de esta relación es, positivamente y negativamente, que se refiere como a una icona-imagen durante la vida terrenal de los Mártires que han padecido y sufrido. En concreto: “no tendrán hambre, ni tendrán sed, ni caerá más sobre ellos el sol, ni calor alguno” (Ap 7,16). Esto significa que esta llamada vida física o natural encima de la tierra estaba llena de angustias y fatigas. Ahora vuelven a vivir la vida del Paraíso. Ahora los Santos son restablecidos (apocatástasis) al Paraíso, o, después de esto, en la Realeza increada de Dios, de donde faltan ya las nombradas necesidades físicas, pero también falta toda desgracia que existe en esta vida presente, como son tribulaciones, penas, enfermedades y muerte. Por eso añade: “…y Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos [porque los habrá dado eterna alegría, felicidad y bienaventuranza de la Realeza increada de los cielos]” (Ap 7,17).

Y todavía una cosa más e importante: “Que el Cordero que está en medio del trono los pastoreará [con agapi y cariño], y los guiará a fuentes de aguas de vida [que tienen y dan vida], (Ap 7,17). ¿Bella icona! ¡De verdad una escena paradisíaca”. El “Cordero” se comporta como pastor, y pastorea los fieles en praderas de eterno recreo. Esto es recordado por el Señor, donde dice: “YoSoY el buen pastor y conozco mis ovejas y las mías me reconocen a mí” (Jn 10, 14); “YoSoY la puerta; el que por mí entrare, se sanará y se salvará; y entrará en el redil para encontrar seguridad y descanso; además, en tiempo de pasto saldrá y hallará alimento. En otro sentido: por mí, toda psique o alma será segura y fuera de cualquier peligro espiritual, se alimentará de la salvadora verdad y obtendrá la vida eterna” (Jn 10,9; Sal 22,1-2). Y el salmista dice: 1 El Señor me pastorea y nada me faltará. [Mi Señor como pastor caritativo me protege, me alimenta y me guía. Nada me faltará]. 2 en verdes praderas me hizo acampar, y con agua de reposo me sustentó [En verdes campos ricos de pastoreo, en lugares de alegría y recreo plantó mi tienda. Con aguas cristalinas apagó mi sed y me revivificó] (Sal 22,1-2).

Este sabor del reinado de la Realeza increada de Dios, amados míos, hizo que todos los Santos permanezcan fieles hasta el martirio. Si hacemos vida limpia, pura y expiada, entonces nosotros también pre-saborearemos esta bienaventuranza y dicha, y en consecuencia permaneceremos fieles a Dios, a pesar de tantos males que maquina el Anticristo contra nosotros.

Ya se ha completado la apertura y desenlace del 6º Sello, amados míos, con el contenido de los dos diápsalmos-intermedios. Queda el 7º Sello por el cual se completa también el desellar, apertura y desenlace del “libro de las voluntades de Dios, que apocalipta-revela uno por uno el “Cordero degollado” que es el Jesús Cristo.

Con la apertura y desenlace del séptimo Sello se desenrolla una nueva setena de visiones o escenas, la cual tiene como característica las Trompetas. La primera setena tenía los Sellos; la segunda setena tiene las Trompetas. Suena la primera Trompeta y se revela-apocalipta una visión o escena; después suena la segunda Trompeta se revela-apocalipta otra y etcétera.

La extensión de estas nuevas visiones, escenas cubre la parte del capítulo 8º hasta el capítulo 11º. Debemos señalar que no se trata de una celebración añadida en tiempo por esta segunda setena en relación con la primera. No se trata de esto, sino que la primera setena, los siete Sellos que hasta ahora hemos analizado –queda el último que diremos ahora- cubre el espacio del tiempo desde la época que se escribió el libro del Apocalipsis, o si quieren, desde la época de la primera parusía-presencia de Cristo hasta la época de Su segunda parusía-presencia. De modo que los siete Sellos, con las siete apocalipsis-revelaciones, las siete visiones, cubre todo este espacio que existe entre la primera y la segunda parusía-presencia del Cristo.

El cumplimiento de la segunda setena que vamos a analizar a continuación contiene una Trompeta, ahora ya no es Sello- es decir, toca la Trompeta un ángel y se abre una escena, una visión, toca el segundo ángel y abre la segunda escena. Más abajo tenemos una tercera setena que la constituyen las siete Bombonas o Botellas, pero toda esta revelación-apocálipsis no tiene un tiempo nuevo, es decir, no terminan los siete Sellos y de allí comienzan las siete Trompetas. El tiempo no es otro, es el mismo. Por lo tanto, estas siete Trompetas, las siete visiones, escenas, son la cumplimentación o cumplimiento de las siete primeras escenas, visiones, que se refieren con la apertura y desenlace de los siete Sellos.

Así que los primeros siete Sellos, pues, dan un diagrama grande y general de la Historia que existe entre la primera y la segunda Parusía-Presencia de Cristo. La segunda setena con las Trompetas y la tercera setena con las Bombonas cumplimentan detalles. Por lo tanto, no se trata de tiempo distinto, sino de cumplimentación del diagrama general que se dio con la apertura y desenlace de los siete Sellos.

De todas formas lo que distingue la segunda setena, como también la tercera que veréis, no es sino sólo una presentación de las visiones, escenas, compleja y difícil de entender y a la vez terrible y dramática. ¡Los intérpretes se han dificultado mucho a analizar estas iconas-imágenes! Todas estas realidades se desarrollan en el análisis de las siete visiones que corresponden a los siete toques de las siete Trompetas, y, como he explicado, son aspectos de la apertura de los siete Sellos.

Os leo el capítulo 8º donde nos encontramos, los versículos 1-6:

1 Cuando [el Cordero] abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora, [por la seriedad y gravedad de los acontecimientos estremecedores que dentro de poco seguirían].
2 Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.
3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar [celeste], con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono; [y se le dio muchos inciensos que son las oraciones de los santos que están en los cielos para ofrecerlas y añadirlas con las oraciones de los fieles de la Iglesia triunfante al altar de oro que está delante al trono de Dios.]
4 Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos, [los que están combatiendo y luchando en la tierra]. 

5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y arrojó el fuego a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto. [Que son las tribulaciones y angustias, las cuales para los fieles son pedagogía para la virtud, y para los infieles castigo, catástrofe y desgracias irreparables].
6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
Y ahora vamos amigos míos ver el texto paso a paso.

«Cuando [el Cordero] abrió el séptimo sello»

Esto lo hizo el “Cordero degollado”, Aquel que está en pie delante del “libro de las voluntades de Dios”. Os acordáis supongo, que el evangelista Juan lloraba mucho cuando se oyó la voz diciendo que no existe nadie que pueda abrir los Sellos, y entonces recibió la respuesta por un “Presbítero” de que esto lo hará el “Cordero degollado”. Éste abre uno por uno los Sellos, es decir, revela-apocalipta progresivamente el camino de la Iglesia dentro en el tiempo y muestra lo que pasará y cuáles son las voluntades de Dios. Así que el “libro”, pues, es el símbolo de las voluntades de Dios, como diríamos antiguamente.

Y ahora llegamos al séptimo Sello: Cuando [el Cordero] abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora” (Ap 8,1)

El séptimo Sello, amigos míos, contiene dos facetas o lados; un lado se refiere a este mismo séptimo Sello y el segundo lado se refiere al comienzo de una nueva setena de plagas, que es representada por las siete Trompetas que tocan correspondientemente siete ángeles.

Sobre el primer lado o faceta, que se refiere en este mismo séptimo Sello, tendríamos que observar esto. Se hace un silencio al cielo, para indicar que al final de las plagas de la Historia vendrá el cese de todo, parará todo, se hará el silencio del mal y la acción de dejar de lado a los infieles y todos los pazos*. ¡Silencio! Todo se silenciará. Catástrofe, terremoto, tempestades, los cuerpos celestes se habrán removido, y se hace un silencio absoluto. Todo se ha acabado, porque el séptimo Sello es el último. *(Πάθος pazos, padecimiento, pasión, emoción, hábito, mala costumbre, vicio, patología también fervor, manía u obsesión según el contexto. En la terminología patrística se llama así a todo movimiento anormal, en el sentido de no natural, de las fuerzas y energías de la psique.. https://www.logosortodoxo.com/πάθος-pazos-y-ἀπάθεια-apazia-sin-pazos/

Y vemos, como dice san Andrés de Kesarea: “Que todo habrá parado y esto quiere decir “sabatismo σαβ­βα­τι­σμός”. Pero lo veremos a continuación.

Realmente, durante la apertura del séptimo Sello, se señala un silencio, porque recuerda el sabatismo de la semana y el sabatismo de la Historia. Sabatismo quiere decir descanso, reposo, quiere decir silencio, inactividad, apraxia. Pragmáticamente, realmente la Historia se ha acabado. Ya no hay acontecimientos. Cuando todas estas cosas se acaban, entonces tenemos el sabatismo, tenemos silencio. Pero apuntad que este silencio vendrá sobre la creación porque se habrá terminado todo.

Muy a menudo los Padres hablan sobre este sabatismo, y este sabatismo lo tiene cada ser humano. Por supuesto que el séptimo día es del Sábado, de la inactividad, que cesa todo trabajo y se atribuye, se rinde culto a Dios. “Hará sábados al Señor tu Dios”, estarás inactivo para ofrecer culto a Dios, (Ex 20,10 Deu 5,14).

La vida del hombre parece con una semana. Los seis días trabaja, estos son toda la vida del hombre. El séptimo día descansa, y este es su muerte. El cuerpo entonces está en el sepulcro, no lo tiene para trabajar. Si es fiel, entonces está en el Paraíso y allí sabatiza. Espera la resurrección de los muertos, para marcharse del séptimo día y pasar al Octavo Día. El Octavo Día es “uno de los Sábados”, aquel durante el cual el Señor resucitó, y es la resurrección de los muertos. En el séptimo día existe el silencio, pero en el Octavo Día no existe. Se hará la resurrección de los muertos, retomarán los hombres sus cuerpos perdidos y la creación se hará nueva, y entonces dentro en esta nueva creación habrá la eterna doxología a Dios por los siglos de los siglos y ya no habrá ningún silencio.

Así que el “silencio” es esto que es después de las plagas y un poco antes de la Segunda Parusía-Presencia de Cristo, es este tiempo en el que habrá terminado todo y sólo habrá la espera de la resurrección de los muertos. Esto ahora lo digo esquemáticamente, porque no podemos medir estas cosas.

En este punto, el que tengamos “el silencio en el cielo como por media hora”, se finaliza la apertura y desenlace de los siete Sellos, que, como os dije desde el principio, muestra a grandes líneas el camino de la Historia.

El que era “el silencio como media hora” significa que duró sólo media hora.

Por eso san Andrés de Kesaria escribe: “la media hora” del tiempo es este tiempo muy corto durante el cual una vez pasadas las plagas, y se habrá completado todo de la tierra, aparecerá la segunda parusía presencia de Cristo. Por eso pone “media hora”. Es una posición simbólica, para indicar que no es tiempo, día o año entero. Tal y como la parusía presencia del Anticristo no es más que tres años y medio, y pone este “medio”, no sólo porque realmente son tres años y medio, sino también para indicar que el tiempo es muy corto. Cuando la Santa Escritura pone “media hora”, indica siempre lo rápido, lo pronto o corto del tiempo.

Pero ahora hay también la otra faceta o lado del séptimo Sello. Precede un silencio. Ahora es la misma cosa. Uno es el cierre de los siete Sellos -que no os confundáis- y a la vez es la apretura de las siete Trompetas. El cierre de los siete Sellos y la apertura de las siete Trompetas coinciden en el séptimo Sello. Es un punto muy fino y sutil. Por tanto, tenemos en el mismo Sello, el séptimo, la segunda faceta o lado ahora, que es el comienzo de las siete Trompetas.

Esto muestra que después de este silencio que existe, seguirá algo terrible. Prestad atención, no mezcléis las cosas anteriores que os dije y así os liáis. Dijimos que uno cierra y el otro abre algo nuevo. Sucederá algo terrible. Delante de esto tan terrible que sucederá por las siete Trompetas, los siete toques de ellas, las siete escenas, visiones, vemos la sorpresa de los ángeles. ¡Los ángeles quedan atónitos y ahora esperan lo qué sucederá!

Dositheo de Jerusalén dice: “porque la sorpresa lleva al silencio”, es decir, cuando uno es sorprendido no habla; por eso dice el silencio se hizo en el cielo.

Y ahora todos los ángeles ven lo qué sucederá. Pero esto lo “qué sucederá”, para que no os liéis, en realidad es otra vez desde el principio; son los detalles de los siete Sellos, en consecuencia, vamos desde el principio del tiempo. Os dije: No se añaden tiempos, no vamos al final de los siete Sellos en tiempo y punto seguido al principio de las siete Trompetas. El tiempo es uno: desde el principio hasta la segunda parusía presencia de Cristo no tenemos otro tiempo. Lo dije dos o tres veces. Y otra vez lo digo para hacerlo a la medida que puedo más claro y certero. Esta pues, es la segunda faceta o lado de la apertura y desenlace del séptimo Sello, y como os dije, muestra esta extensión del cumplimiento o cumplimentación de los siete Sellos.

Pero antes que se desenrollen estos acontecimientos de las siete Trompetas se hace una preparación de estas escenas, visiones de la siguiente manera: “Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas” (Ap 8,2). 

El que los ángeles están preparados para recibir una misión, expedición, tomando cada uno una Trompeta, y será el que estará abriendo cada visión, escena y en consecuencia cada plaga, muestra esto que se escribe el libro de Tobit, de que los ángeles realmente sirven a las voluntades de Dios. Por ejemplo en el capítulo 12º al versículo 15, a los dos escogidos Tobit y Tobía, padre e hijo, el ángel dice: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Doxa-Gloria del Señor”.  Guardarlo esto, ¡el que los ángeles ofrecen las oraciones de los fieles! Los ángeles, amigos míos, son espíritus litúrgicos-funcionales que están en pie, derechos piadosamente delante de la Doxa-gloria increada de Divina, y estos espíritus litúrgicos, ministradores o servidores están preparados a ser enviados a toda diaconía, servicio (Heb 1,14).

Incluso la Trompeta en la Santa Escritura es conocido que se utiliza para señalar el inicio de importantes kerós-épocas o fiestas. Tal como nosotros tenemos el cañón que dispara para manifestar el inicio o el fin de una fiesta o del nuevo año o de un acontecimiento grande, así también tenían los hebreos la trompeta, como se refiere por lo menos en la Santa Escritura. Pero incluso la Trompeta es utilizada para anunciar acontecimientos esjatológicos que se van a realizar al final del mundo, de la Historia, y sobre todo durante el día del juicio y la resurrección de los muertos.

Por ejemplo, el apóstol Pablo, en su 1 epístola a los Tesalonicenses, dice lo siguiente: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1Tes 4,16).

O como dice el Señor en el evangelio según Mateo: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y recogerán y juntarán a sus escogidos, sus fieles de los cuatro vientos, desde un extremo del horizonte hasta el otro” (Mt 24,31).

Y en el Apocalipsis se refiere: “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar [celeste], con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. [Y se le dio muchos inciensos que son las oraciones de los santos que están en los cielos para ofrecerlas y añadirlas con las oraciones de los fieles de la Iglesia triunfante al altar de oro que está delante al trono de Dios.] (Ap 8,3).

“El trono y los siete ángeles” delante, es el escenario que por supuesto conocéis, y es todo aquello que hasta ahora se ha cumplido o cumplimentado. Otro ángel, el octavo ángel, además del número siete, vino y se quedó delante del “altar de oro”, y se llevó el incensario y el incienso, que correspondientemente se refiere al incensario que en el Antiguo Testamento se llama “fogón carbonero”, porque era un utensilio que en su interior llevaba los carbones encendidos, y el incensario se llama así por el incienso. En consecuencia el octavo ángel tomó el incensario y vino delante del “altar de oro” que estaba delante del trono.

Y se le dio muchos inciensos”. ¡Estos inciensos son las oraciones de los Santos! Esto lo hemos vuelto a encontrar en el libro del Apocalipsis. El ángel ofrece como incienso ante Dios todas las oraciones de los Santos.

Estas oraciones, como contenido, es la petición de la venida de la Realeza increada de Dios, el apoyo de los fieles y el castigo del mal. Además, las siete plagas que seguirán y esto es el preámbulo de todo lo que decimos- no son más que una respuesta a las oraciones de los Santos que ofrece el ángel a Dios.

Aquí vemos que la oración de los Santos se asimila con el incienso o humo de incienso que asciende hacia el cielo. El ángel toma los “inciensos” y los echa al altar para que suba el humo.

Realmente, en Salmo 140, en el versículo 2, decimos: “Que sea dirigida mi oración como incienso ante Ti….”

Pero también las oraciones de los Santos Padres se ofrecen por los santos ángeles hacia Dios. Esto se ve por el Ángel Rafael, como os he mencionado más arriba que dijo a Tobit y a Tobías “Yo Rafael, me llevé vuestra oración y la traje ante el santo Dios” (Tob 12,12).

En vuestra pregunta: “¿la oración no se dirige directamente a Dios? ¿Intervienen los ángeles? ¿El Dios no está en todas partes, no es Omnipresente? ¿Las cosas ocultas de nuestros corazones no las conoce el Dios? Respondo: Amados míos, el Dios está en todas partes, está presente y lo conoce todo, pero quiere que sea servida Su voluntad por todas estas existencias, de modo que dentro de esta diaconía-servicio saboreen la doxa-gloria increada y la bienaventuranza propia de Dios. Esto es todo.

Por tanto, los ángeles transportan nuestras oraciones a Dios, no porque el Dios no las conoce, sino que los ángeles transportan las oraciones de los fieles y de los Santos por la razón que os he explicado.

Muchas veces decimos: “¿Cómo puede conocer un Santo mi oración? Imploro a san Jorge, ¿pero cómo puede san Jorge conocer mi imploración? ¿Está presente?”. San Jorge no está presente. San Jorge está en el Paraíso. “Entonces, ¿cómo puede conocer? Presentes están los ángeles, los cuales nosotros cuando oramos a san Jorge, toman la oración y la conducen a Dios en nombre de san Jorge. El Dios para honrar a san Jorge, le permite hacer también hasta milagro, porque el mismo dijo “yo honraré a los que me honran” (1Re 3,30 Mt 10,32 Ap 3,5). Y como los Mártires y los Santos honraron a Dios, exactamente por eso también el Dios en nombre de ellos les da aquellas cosas que Le piden los fieles.

El ángel también, quien visitó a Cornelio, el ecatóntarco –está en los Hechos capítulo 10º versículo 4- le dijo: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios”.

Por tanto, nuestras oraciones suben al cielo, sólo basta que sean correctas y auténticas; es decir, ¡que no exista ningún resentimiento al hombre, que no esté falta de agapi y que no tenga avaricia! Cuando el corazón está catartizado, purgado, limpio y puro, entonces la oración sube a Dios.

Dice el texto sagrado del Apocalipsis: “Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos, [los que están combatiendo y luchando en la tierra] (Ap 8,4). Así que tal como dijimos, amigos míos, las oraciones de los Santos son aceptadas.

Aquí obviamente tenemos la intercesión de los Santos, pero también de los santos ángeles. ¡El Dios así lo quiere! Quiere que intercedan los Santos a favor de otros, hombres o ángeles a favor de otros seres, y seres a favor de otros seres. Así lo quiere Dios. ¿Por qué lo quiere? Sus voluntades por supuesto que no son conocidas todas, pero podíamos insinuar que el Dios quiere hacer todos Sus seres partícipes de la agapi increada (amor incondicional y energía increada). Porque  cuando vosotros me vais a decirme a orar para vosotros, esto es muestra de la agapi, es comunión de agapi, y cuando yo pido de vosotros que oréis por mi o por otro, esto también es una comunión de agapi incondicional.

Así pues, el Dios no hace Sus seres autosuficientes y autónomos, sino que los hace tener conexión, un vínculo entre sí, y este vínculo o enlace es el vínculo de la agapi incondicional. Así habrá esta comunión entre los seres, que realmente es un elemento muy importante. Por eso dirigimos oración también hacia al santo Ángel. Es cierto que en Vísperas un poco antes del final, tenemos una oración hacia el ángel, y decimos: “y ruega por mí al Señor que me sostenga con Su temor, es decir, tener temor a Dios, y hacerme digno dulos-sirviente de Su bondad”.

El “Altar de Oro”, que nos hemos referido, significa al mismo Cristo. San Andrés de Kesarea escribe: “Altar de Oro es el Cristo; por el cual se compuso toda dinamis (potencia y energía) litúrgica y santa, y son llevados los sacrificios martíricos” (J.P.M­i­g­ne, P.G., tomo 106, Logos 7, cap 21 pag 288b).

Realmente cada oración es recibida en el altar o sacrificadero que se llama Cristo, porque exactamente el Cristo ofreció Su vida como sacrificio expiatorio. Sacrificio expiatorio significa que nuestras oraciones subirán a Dios sólo con la dinami (potencia y energía) del sacrificio de Cristo. No es conocida nuestra oración a Dios, si no cae al altar o sacrificadero que se llama Cristo. ¡Cualquier oración e intento que se haga fuera del reconocimiento del sacrificio de Cristo como sacrificio expiatorio, es rechazado, inadmisible y por supuesto intento vano! Esto que lo sepamos bien amigos míos. Tenemos que saber que cada cosa que ofreceremos tiene que ser en el nombre de Jesús Cristo, creyendo en la fuerza de Su muerte. Es muy característico este caso, de que todo se ofrece al “altar de oro” que es el Cristo.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y arrojó el fuego a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto. [Que son las tribulaciones y angustias, las cuales para los fieles son pedagogía para la virtud, y para los infieles castigo, catástrofe y desgracias irreparables].

Esta escena está en el cielo, y muestra que ahora echa los carbones encendidos del “altar” abajo a la tierra. Cuando estos cayeron a la tierra, entonces “hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”. Es el pre-toque simbólico de las cosas que van a suceder inmediatamente, y más o menos así se cesa este “silencio” que precedió, para seguir con lo que viene.

El “fuego del altar” es la ira del Cordero, que cae sobre la tierra, y tiene carácter pedagógico pero también castigador. Pedagógico para aquellos que tuvieron la ocasión y capacidad de arrepentirse, volver a la metania, y castigador para aquellos que no querían arrepentirse y volver a la metania.

Los “truenos, voces, seísmo”  y etcétera, todos estas cosas son “espantos o terrores” del Señor, son aquellos que dijo el Señor que se harán “espantos o terrores” (Lc 21, 11), y “espanto o terror” es cualquier cosa que puede provocar miedo o terror al hombre.

San Andrés de Kesarea dice: “Todas estas cosas de antes del fin del mundo, son caracterizadas como “espantos o terrores”… que sorprenden a todos, y hacen aquellos que tienen buena voluntad, volver atrás, es decir, que vuelvan a la metania, al arrepentimiento”.

La culminación de estas terribles escenas, que van a seguir, como veréis a continuación, aparecen con esta icona-imagen pro-preparatoria, que dice: “Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas” (Ap 8,6).

Así que lo que el ángel echa en la tierra, es una pro-preparación. La culminación de esta pro-preparación es que los “siete ángeles”, delante del  “trono” de la divina doxa-gloria, están derechos firmes en pie preparados para dar el toque de trompeta, es decir, que comiencen las “plagas”. Amín.

 

Unidad 27  Apocalipsis 8, 7-13 Los primeros cuatro toques de trompeta. Plagas de la tierra, del mar, de las aguas dulces y de la atmosfera.

 

Y con la ayuda de Dios comenzamos:

« El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y se quemó la tercera parte de la tierra y la tercera parte de los árboles se quemó, y también toda la hierba verde se quemó» (Ap 8,7). 

En otras palabras; y tocó el primer ángel y entonces cayó granizo terrible en la tierra, que estaba revuelto con fuego y con sangre. De la caída de este extraño granizo, la tercera parte de la tierra quedó abrasada. Y también la tercera parte de las plantas y de los árboles lo mismo quedaron abrasadas, también todas las hierbas, en general del reino vegetal la tercera parte quedó abrasado.

Vemos que el primer toque de Trompeta tiene un carácter pedagógico, y esto se ve por lo que no sólo la tercera parte es herida, es decir, que no es una catástrofe integra, total, sino que es pedagógica y previsora.

Esta plaga recuerda, -y aquí quiero que pongan un poco atención- la primera y la séptima plaga de Faraón en Egipto. Os recuerdo que es muy valiosa, como la veremos. Todavía debo deciros que las siete Plagas que provienen de los siete toques de Trompeta, expresan las diez plagas de Faraón en Egipto.

Vamos a ver ahora la primera y la séptima plaga a Faraón, que se expresan por el primer toque de Trompeta del ángel. Y no olvidéis, -volveré a este punto- que las plagas de Faraón son históricas. ¡No lo olvidéis esto, cuenta mucho! ¡Es la llave de la interpretación! Desde la primera plaga y la séptima, pues, tomo los puntos más importantes, que están en el libro del Éxodos en el 7º capítulo sobre la primera plaga y en el 9º capítulo sobre la séptima plaga.

Os acordáis que Moisés, en nombre de Dios, con ayudante su hermano Aarón, apareció delante de Faraón y le dijo que dejara al pueblo de dos millones de Hebreos ir enfrente al desierto para venerar a Dios. ¡Naturalmente Faraón sospechó que, si este pueblo se traslada y  se va al desierto de Sinaí, desde allí se puede marchar y esto no le convenía, porque tanta gente de este pueblo para él eran muchas manos de obra que ofrecían mucho trabajo a Egipto! Por esta razón no había sido convencido.

Pero el Dios ya había avisado a Moisés que no tenga miedo si encuentra resistencia del Faraón, y que le autorizará, le entregará, de alguna manera, dando las plagas en sus manos, para tirarlas a Faraón  y a su pueblo que al final será obligado, bajo la presión de las plagas, dejar a los Hebreos marchar.

Así pues, aparecen Moisés y Aarón delante de Faraón y le pre-avisan. Pero aquel niega, y así le predicen la primera plaga, que después vino, pero aquel otra vez negó.

“Y Moisés y Aarón hicieron como el Señor lo mandó; y alzando la vara golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y delante de sus siervos” (Ex 7,10). El río es el Nilo, por el cual los Egipcios adquirían muchos beneficios; estaban regando sus tierras y debían agua sus animales… Es conocido cuan fértil es el río Nilo, es decir, lo muy fértil que es su llanura y cuán importante es este río para la vida de Egipto. Si Egipto no tuviese el río Nilo, no existiría Egipto. Llegaron hasta el punto de deificar al río Nilo, exactamente porque siempre los Egipcios pensaban que este río es la causa que su país sea tan fértil. Aarón cuando golpeó con su vara al agua del río Nilo delante de Faraón, su séquito y sus sirvientes,  “y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre; asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber agua de él. Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto” (Éx 7, 20-21). Así que el agua del río se hizo rojo como la sangre, los peces que había dentro en el río murieron, el río se ensució y comenzó apestar, y ya los Egipcios no podían beber agua del río, pero tampoco utilizar el agua de cualquier  otra parte, porque la sangre estaba en todo el Egipto. ¡Estaba en los pozos, en los lagos, en los recipientes de madera y barro, que posiblemente habían guardado aguas, en todas partes donde había agua se hizo roja como el color de la sangre!

Y Ahora la séptima plaga: “Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada y se convirtió en nación. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país” (Éx 9, 24-25). Es decir, caía el granizo tan exageradamente mucho como nunca había caído en Egipto desde que se ha hecho nación. Tal como a veces decimos que el granizo es como nuez que cae. Parece ser que era más grande que la nuez, por decir que nunca había caído este tipo de granizo en la tierra de Egipto. ¡El granizo afectó y daño a todo Egipto, a los hombres y a los animales, a todas las plantas, hierbas y árboles que había en la llanura, el granizo lo destrozó todo, no quedó nada en pie, derecho! Todas las plagas caen en todo Egipto, excepto la región que quedan los hebreos. Igual también la oscuridad o tinieblas que es la penúltima plaga, los hebreos tenían día, luz, alegría de Dios, y Egipto por tres días en “tiniebla u oscuridad palpada” como dice el texto sagrado (Éx 10, 21-23). ¡Buscaban a tientas, a palpo para encontrar algo; tan densa era oscuridad!

Aquí en cierta medida debo deciros en breve que, este fuego no es más que truenos, relámpagos y rayos durante la caída del granizo. Cuando hay mal tiempo, tempestades y caen rayos, es sabido que tenemos mucho ruido. Esto en la lengua hebraica se llama “voces”. Así que el “fuego” no es el fuego como lo entenderíamos, sino rayos y truenos que caen junto con el granizo.

¿Y qué es la “sangre”? Por supuesto que no es sangre, sino que es rojo como la sangre. No es nada más que un enrojecimiento que se ha repetido. Pero no olvidéis que el Dios no toma los elementos celestes para bajarlos en la tierra para las cosas que utiliza como plagas, sino que toma elementos terrenales para transformarlas en plagas encima de la tierra. Es muy natural; es decir, utiliza granizo y rayos.

Así muchas veces hemos visto este tipo de señales repetidas, tal como sucedió hace unos años en América, algo parecido en las playas de Florida. Prestad atención y veréis qué son. Son una clase de plantas del mar, acuáticas, algas que se desarrollan en el agua y son muy tóxicas. Me acuerdo que escribía el periódico de entonces que se había prohibido la gente caminar por las playas cerca del mar, porque tal como se rompían las olas, podían saltar gotas encima de los caminantes y sufrir mal y daño. ¡Tanta toxicidad tenía el agua que era rojísima como sangre, por la presencia de estas plantas, hierbas o algas acuáticas venenosas!

Así parece ser que sucedió también con el río Nilo, pero esto no era conocido a los Egipcios. Apuntad que por allí más o menos en el mes de Abril y Mayo el río baja muchas hierbas saprófitas, putrefactas, y su agua está un poco turbia y un poco rojiza. Lo digo así en plan información, pero esto no tiene ninguna relación con la plaga, porque sencillamente estos son saprófitos, que no son tóxicos, ni son venenosos; no mueren los peces, y el agua no es inadecuada para beberla; sino que simplemente dejamos el agua que repose y después lo bebemos. Pero en el río Nilo esta agua era inadecuada para beberla, los peces murieron y el río se ensució y apestó. En esto consiste la plaga, y aquí vemos claramente que tenemos el caso que la misma naturaleza es utilizada de una forma que perjudica y daña al hombre.

Esta gran semejanza de las ésjatas últimas plagas del toque de Trompeta con las plagas de Faraón, como en concreto ahora es la primera plaga, nos permite, amados míos, pensar que las plagas de Faraón constituyen un antecedente histórico o un tipo, modelo histórico, prefiguración de las plagas ésjatas últimas.

Tenemos también otros tipos o modelos históricos de esta forma de plagas ésjatas últimas, tal y como son las ciudades Sodoma y Gomorra, que fueron quemadas con fuego y azufre del cielo (Gén 19,24). Cuando decimos cielo, no entendemos el cielo que es el Dios. Cuando cae la lluvia, decimos que cae la lluvia del cielo en este sentido. Cuando cayó fuego y azufre y quedaron abrasadas estas dos ciudades, el castigo a ellas fue ejemplar. No se salvó nadie, sino sólo Lot, y desgraciadamente no su mujer y sus dos hijas.

No digo nada que no esté declarado y registrado en la Santa Escritura o en los santos Padres de nuestra Iglesia. Dice el apóstol Pedro sobre este acontecimiento: “y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente”, (Ped 2,6). El Dios ha dado como ejemplo, es decir, tipo o modelo, para aquellos que van a ser impíos e irrespetuosos en el futuro.

Así pues, amigos míos, aquí vemos que, tal como sucedió en Sodoma y Gomorra, así también las diez plagas de Faraón son un tipo o modelo histórico de las plagas ésjatas últimas. Por eso no debe escaparnos la idea de que los impíos serán castigados. ¡Segurísimo que serán castigados!

Atención aquí algo muy digno de observar: Las plagas de Faraón constituyen un tipo o modelo histórico y eran realmente plagas pragmáticas. Cayeron sobre los hombres y sobre los animales, encima de los cuerpos de los hombres y de los animales, y provocaron una gran catástrofe. ¡Esto significa que las plagas de los ésjatos tiempos serán reales, pragmáticas, o sea que nada de metafóricas! Os dije dos-tres veces que las plagas de Faraón son “tipos, modelos históricos”, y esto significa que no podemos ver, amigos míos, las plagas del Apocalipsis de modo metafórico o alegórico, y decir: ¡Posiblemente se trata sencillamente de alguna otra cosa, y el divino Evangelista quiere presentar esto, lo algo distinto, con una icona.imagen o representación; esta icona con el granizo y con el fuego, sea esto o aquello! ¡Sí, son icona-imagen real las diez plagas de Faraón, amigos míos, tanto más lo mismo son iconas reales también las plagas de los ésjatos tiempos!

Por tanto, las plagas de Faraón no son imaginación, son realidad. Y como os he explicado, sucedieron en el pasado, el siglo 15º antes de Cristo, en tiempo improvisado. Para que vengan aquellas plagas entonces, sucederá lo mismo también en los ésjatos últimos tiempos de la historia, – ¡decimos lo mismo, pero el Dios sabe la densidad y presión que puedan tener aún!- y en los ésjatos tiempos cuando los hombres habrán apostatado de Dios, habrán pecado terriblemente, y la apostasía de ellos habrá traído al Anticristo, -“porque ya está operativo, activo el misterio de la iniquidad” (2Tes 2,7)- habrá traído al Anticristo.

¡Por tanto, amigos míos, como entendéis, aquí tenemos realidades, y el Dios consolidó y aseguró Sus verdades con Sus praxis anteriores, y Sus praxis anteriores son los tipos o modelos históricos, por eso que nadie diga que estas cosas son cuentos! ¡No amigos míos, estas cosas no son cuentos! ¡Son verdad, es la terrible verdad! Tenemos los antecedentes históricos. Por esta razón cada uno de nosotros que intentemos a regular nuestras vidas de acuerdo con la voluntad de Dios, para que no nos encontremos en la clase de seres humanos que son apóstatas e incumplen la ley, pero que estemos en la clase del laós-pueblo de Dios, y el Dios sabe salvar a Su laós-pueblo. Igual que entonces a los Hebreos en Gesem estaban liberados de estas plagas que fueron impuestas a Egipto, así el Dios sabrá y tendrá Su modo en cómo salvar a los hombres Suyos dentro de estas plagas. Es tema y cuestión de creer con toda la fuerza y energía de nuestra psique-alma y comenzar a vivir la vida espiritual.

Homilía 38

«El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida» (Ap 8, 8-9). 

Nos encontramos amigos míos, en el 8º capítulo del libro del Apocalipsis, donde los ángeles tocan la Trompeta; en concreto nos encontramos en el toque de Trompeta del segundo ángel.

Con el toque del segundo ángel, vemos que ha caído en el mar un objeto. Dice que el ángel tocó la trompeta y un objeto muy grande como una montaña –no montaña, sino como montaña- que se estaba quemando con fuego, es decir, estaba ardiendo y cayó en el mar. Con esta su caída la “tercera parte del mar” de la tierra se convirtió en sangre, es decir, se enrojeció, y murió la tercera parte de los animales que estaban en la mar, pero también la tercera parte de los barcos que estaban navegando fueron destruidas.

Aquí realmente tenemos una plaga terrible, pero no es total, porque se refiere a la “tercera parte del mar”, la tercera parte de la vida animal que existe en el interior del mar, y a la tercera parte de los barcos. En efecto la plaga es terrible, pero contenida.

Aquí me gustaría que prestéis un poco de atención. Muchos antiguos intérpretes, que son también nuestros guías, -como es san Andrés de Kesarea, al que por supuesto que le seguimos, tal como dije, y también a san Areza que él también por su parte sigue a san Andrés de Kesarea –porque no tenían los datos y hechos actuales, por eso era casi imposible interpretar el libro del Apocalipsis realísticamente. Por eso veréis que intentan interpretarlo espiritualmente, alegóricamente. Pero muchas veces encontramos una interpretación que es alegórica, pero la misma nos indica que no acepta ni cabe interpretación alegórica.

Además el mismo Areza apunta que: “así debemos aceptar las cosas, que son símbolos, y que estas cosas no pueden tener realmente una acción u operación”, porque se encontraba en una época que era impensable la posibilidad de realización de las cosas dichas y reveladas-apocaliptadas por el libro del Apocalipsis.

Os diré un pequeño ejemplo. En Mesopotamia, el país en el que se encuentra entre los ríos Tigre y Éufrates –por eso se llama Mesopotiamia (en medio de ríos) -estaba el Paraíso de los primeros en ser creados. Esto no acepta ni cabe ninguna alegoría. Lo dice san Basilio el Grande en sus “homilías sobre el Exaimero-Seis días”: “Conocemos muy bien el método de la alegoría; muy bien la sabemos, pero aquí no acepta ninguna alegoría; es historia, no alegoría” (Homilía 9). No olvidéis también que en la Escuela Alejandrina- en concreto el más importante y representativo de esta escuela es Orígenes- se extravió y cayó en una hipérbole, exageración de la alegoría. El que podamos interpretar alegóricamente algo en algún punto, esto es verdad, pero no podemos hacerlo esto a todo, o sea, en todo lo encontramos delante nuestro única y exclusivamente porque no lo entendemos. Podemos dejarlo abierto. Así no podemos hacer una interpretación alegórica por todas las cosas que están dentro en el libro del Apocalipsis.

Retorno para decir el ejemplo que antes os dije: Allí en Mesopotamia, pues, nos dice que se hará una guerra terrible. Se reunirán tres ejércitos de caballería –pero la caballería no son caballos; esto es una icona-imagen- que sólo los soldados que cuentan son dos miríadas de miríadas. ¡Es sabido que una miríada es de diez mil, por tanto aquí tenemos doscientos millones de ejército! Un antiguo intérprete, y en concreto entonces que se escribió el libro del Apocalipsis –no olviden que san Andrés de Kesarea es del siglo 6º y san Areza es más o menos 7-8 siglo o posiblemente el 9º siglo- ¿Un antiguo intérprete o exegeta cómo sería posible explicar este pasaje? Todos los habitantes de la tierra de entonces serían unos doscientos millones, ¿cómo podría hablar de “doscientos millones de soldados”? ¡Por tanto pensaba que aquí debe haber una alegoría! Es decir, que el texto sagrado te empuja a que utilices alegoría. Todo lo contrario hoy en día el texto nos ayuda a no utilizar alegoría, ¡ya que sólo China que es fronteriza con esta tierra de la Mesopotamia dispone de doscientos millones de ejército! A pesar de esto, eso está referido en el libro del Apocalipsis que los “doscientos millones de ejército” serán de tres naciones. En consecuencia vemos que los antiguos intérpretes o exegetas les era imposible imaginarse la realidad de los ésjatos postreros tiempos y acontecimientos.

Por eso muy sabiamente apunta san Andrés de Kesarea lo siguiente: “el tiempo y la experiencia empíricamente revelará-apocaliptará a los nípticos o a los que están en nipsis”. Es decir, el tiempo y la experiencia apocaliptará-revelará la verdad en aquellos que tienen el corazón limpio, puro y lúcido. En concreto y sobre todo este punto no lo olvidéis nunca; es muy serio e importante este punto, que constituye la llave para la interpretación.

De verdad muchas veces me encuentro en una dificultad cuando me quedo delante de un texto y no sé cómo debo interpretarlo. Y tal como observo a los antiguos intérpretes o exegetas, veo que dejan unos vacíos, es decir, no responden, o responden alegóricamente. Por eso no os impresione si alguna vez veis que dejamos unos vacíos, o sea, unos puntos sin respuesta. No podemos conocer, no ha llegado la hora para estas cosas, pero podemos responder para aquellas cosas que ha llegado la hora. ¡Así, que no olvidemos que cuando viene el cumplimiento o cumplimentación, entonces se hace el entendimiento que nos irá dejando muy sorprendentes, estaremos quedando con la boca abierta! Esto por supuesto tiene importancia muy grande.

Esta plaga del segundo toque de Trompeta recuerda la primera plaga de Faraón, que es la contaminación de las aguas. La “montaña” según el Arezas es la ira de Dios. ¿Habéis visto? Es interpretado alegóricamente. Por tanto la montaña es la ira de Dios que cae encima de la tierra contra los impíos. Pero puede ser que sea real y sea un objeto que cae sobre la tierra, y que con su caída expresa la ira de Dios, ya que provoca catástrofe sobre la tierra. Veis que no nos alejamos. Incluso aunque utilicemos la alegoría, tal como aquí el Arezas, de nuevo podemos verlo  este punto como ira de Dios, pero no académicamente, sino por medio de un objeto que lo menciona el divino Evangelista, de que lo ha visto como una montaña grande ardiendo y cayendo sobre la tierra.

¡Este objeto, obviamente, según la descripción, cayendo en las aguas del mar, contamina el mar, por supuesto en extensión limitada, ya que dice “la tercera parte de la mar! Si se supone que tenemos tres grandes océanos, digamos, el océano Pacífico, el océano Atlántico y el océano Índico, podríamos decir que sería destruido uno de los tres océanos, la tercera parte de la mar. Es decir, tenemos una catástrofe totalmente delimitada.

¿Cómo se puede hoy en día contaminar una mar? En una época pasada, apenas antes de veinte-treinta años, esto era impensable, pero hoy en día es tan comprensible, de modo que nos asustamos y templamos realmente ante la gran facilidad por la que se puede contaminar un océano. Y por supuesto no sólo de una manera mecánica, como es el caso de derramarse petróleo en el mar por un accidente, sino que sólo una bomba atómica o una máquina radiactiva, amigos míos, puede caer o estropearse y contaminar inmediatamente las aguas. ¡Hoy en día es facilísima la contaminación de las aguas” ¡Facilísimo! (¡!!Después de 3-4 años más o menos de esta homilía sucedió el accidente de Chernobil, que se contaminó de radioactividad gran parte de la tierra por donde pasaron las nubes!!!).

Y por supuesto, en consecuencia de esta cosa es que tenemos también muerte de la vida acuática, y esto es muy natural. Cuando tenemos el aumento de la radioactividad, energía nuclear, cuando tenemos contaminación de las aguas, los peces mueren. Pero incluso también los barcos que se encontrarían en aquel espacio también serán destruidos.

De todas formas retornaré y os diré que esta catástrofe es totalmente delimitada, igual también la de la siguiente plaga, porque igual que la primera plaga, aquella también se refería a la tercera parte. Así que la primera plaga se refería a las plantas de la tierra, la segunda plaga  en la mar –siempre la tercera parte- y la tercera plaga se refiere a las aguas dulces. Las aguas de la mar se han infectado y ahora serán infectadas las aguas dulces. Por supuesto que cuando decimos la tercera parte no lo decimos con exactitud matemática. Se trata simplemente para una parte delimitada, menos que la mitad, así en groso modo.

Y ahora vengo, amigos míos, a la tercera plaga. No volveré a la segunda porque será enlazada con la tercera.

«El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una vela, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtieron amargas como el ajenjo; y muchos hombres murieron envenenados a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas y venenosas» (Ap 8, 10-11).

Así que vemos claramente que las aguas dulces se infectaron, ya que el tercer ángel tocó la Trompeta. Cayó una gran estrella desde el cielo ardiéndose como una vela, como una bala (o aerolito, bólido, proyectil). No era como las estrellas que están en el cielo, y veremos lo que puede ser. Además la palabra bala o aerolito es también un término astronómico, y se refiere exactamente a las cosas que caen sobre la tierra, y se llaman aerolitos, balas o meteoritos. Una cosa es la bala y otra el meteorito. Esto también lo veremos.

Posiblemente no parece que se trate de una plaga alegórica, como decíamos también en el primer caso. Según san André de Kesarea, efectivamente, se considera que la “estrella” es el Diablo que cae –y aquí tenemos interpretación alegórica- “y regando a los hombres placeres amargos, hedonismo… y se permitió al Diablo caer en la tierra y traer consigo también plagas castigadoras”.

Pero atención, según el mismo intérprete, san Andrés, puede que haya también una interpretación diferente. Sucede muchas veces que el mismo interprete que ponga dos o tres interpretaciones en algo y esté especulando.

Así que, san Andrés dice también: “O con lo de la “estrella” se expresan los males que van a venir en la tierra” –y esto parece que se adviene más con la realidad y se sale de la alegoría- y que sucederán a los hombres muchas cosas dolorosas, penosas, lamentables y amargas, un poco antes del fin del mundo; aquellas cosas que estarán viendo, que serán precursoras, más bien proemiales, prolongadas, tal como el Señor se ha ocupado antes hace dos mil años y nos las ha entregado.

Por tanto, amados míos, posiblemente sin que sea excluida tampoco esta interpretación de la plaga –que más bien constituye un lado o faceta- que se trate de una plaga sensible de acuerdo con los datos y hechos actuales. Y siempre cuando leemos la Santa Escritura y filosofamos o teologizamos sobre la Historia, siempre nuestro criterio deberá ser esto: Apostasía-castigo. Si queréis hacer un pronóstico sobre qué puede suceder a un pueblo.laós, no hay pronóstico más seguro que esto, independientemente si esto sucederá muy pronto o mucho más tarde: Por tanto, ¡Apostasía igual a Castigo! ¡Persistencia a la apostasía equivale a catástrofe; persistencia todavía más y más intensa en la apostasía equivale desaparición de la Historia! Si leéis el Antiguo Testamento veréis que allí existe exactamente este plano o formato. Cuando el laós-pueblo se apostata es castigado de Dios; vuelve a la metania y retorna a Dios, es terapiado, sanado. Otra vez se apostata de Dios, y otra vez es castigado, y así sucesivamente. El Israel no se perdió para siempre porque el Dios tiene un plan, pero otros pueblos se han perdido para siempre, ya no existen. Así que, si queremos pronosticar la catástrofe de un pueblo, veremos la forma o modo de vida de este pueblo, y así sacaremos conclusiones.

 Si me preguntáis, (1982) cómo vemos las cosas de la vida contemporánea aquí en Grecia, sino también a una escala mundial –por supuesto sin que aspire a obtener carisma profético, sino que es algo que el fiel puede verlo- os diría: “Muy mal, fatal! ¡Muy mal! Yo duermo y me levanto cada día como si esperase algo. Esto me sucede en los últimos años, es como si esperase algo. ¿Qué espero? ¿Qué queréis que más os diga? Algo espero porque como pueblo-laós (helénico) no vamos bien. Nos hemos desenfrenado, hemos sacado nuestro subconsciente más sucio ya a la luz pública y nos movemos galopando de tal grado de apostasía que no queda más que sólo se agote, diríamos, la magnanimidad y la tolerancia de Dios y venga ya el castigo. Así lo siento yo. Creo que es algo que muchísimos de una manera así deben estar sintiendo.

Por tanto, quizás aquí se trate de contaminación del ambiente, porque dice que serán infectados las aguas dulces, las aguas potables, los ríos… Apuntad que muchas ciudades, como aquí también nuestra ciudad es abastecida de agua por un río. No tenemos fuentes, no tenemos pozos y somos abastecidos por un río. Por tanto, si este río se contamina, ¿entonces qué agua beberá la gente de la ciudad? ¿Lo habéis pensado esto, amigos míos? Este tema en cuestión también se ha puesto en manos de responsables, y los responsables lo saben. ¡Sepáis que puede ser que en un momento dado que sea contaminado el río Piniós, y no tengamos agua para beber! ¿A dónde iríamos a buscar agua para beber? ¿Lo habéis pensado esto?

¿Pero cómo puede ser contaminado el ambiente? Por la caída de alguna bomba, y ya no digo de la bomba atómica, o de nitrógeno o de hidrógeno –cada vez tenemos algo nuevo- sino que simplemente si explota una máquina, puede crear radioactividad y hablo para toda maquinaria antigua, contemporánea o futura que puede producir radiactividad. Así las aguas se pueden contaminar, y los hombres muriendo por esta radiactividad.

Todavía podemos tener contaminación a un grado tremendamente preocupante -y esto por lo menos sucede en nuestra época- por los residuos de las fábricas que caen en el mar y en los ríos. El río Piniós está casi inútil, o comienza a estar inútil. El mar mediterráneo es el mar más contaminado del mundo. Estas cosas las leéis y las conocéis. ¡El mar Egeo ya no es la mar del Egeo .la más bella! ¡La bahía saronikós qué decir de esta bahía! ¡La bahía thermaikós en Tesalónica, por la que nos abastecemos con pescado! ¡Ya no se puede hablar de esto! Tengo el recorte de un periódico que escribe: “Mejillones cancerígenos en la bahía de thermaikós”.

Esto ha sucedido repetidas veces. Los peces están contaminados a un grado grande, porque caen los residuos de las fábricas en la bahía del thermaikós. Nuestros mares continuamente se contaminan. ¡Tened en cuenta que cuando sean contaminados los mares por todos estos elementos, no será posible que se limpie el agua! ¡No existe tal posibilidad! ¡Por no decir de los fitofármacos o herbicidas, que caen sobre la tierra con este uso imprudente que se hace para que tengamos frutas bonitas, tener muchos y tener esta εὐ­δαι­μο­νί­α efdemonía bienestar materia! ¡Hemos estropeado la tierra irreparablemente por el uso de fitofármacos! ¡Nuestra tierra está contaminada quizás hasta que acabe su Historia! Así dicen los especialistas. ¡El Dí-Dí-Ti que una vez sea echado en la tierra, permanece en ella y seguirá permaneciendo!

¡Todavía, amigos míos, en nuestra sangre también circula el nilón o plástico! Cuando ponemos nuestra comida dentro en cajas de plástico, en bolsos de plástico y etcétera, los alimentos toman algo del plástico. En efecto, el plástico se considera muy peligroso. Si tuviéramos que anularlo muchas fábricas son las que cerrarían. Así deberíamos retornar a los recipientes de cristal y de madera, que por supuesto que son materiales naturales y son totalmente inocuos para el hombre. Así que dentro de nuestra sangre circula nilón o plástico. ¡Y si el porcentaje aumenta, comienzan las enfermedades, los cánceres, las leucemias, varias enfermedades, estas que tenemos en abundancia en nuestra época! Por tanto, veis pues que ya tenemos contaminación del ambiente.

A lo referente sobre el nombre “Ἄ­ψιν­θος, ápsinzos ajenjo” es de la planta farmacéutica artemisía o apsíncios. Existe también en Grecia. Es una planta aromática pero con sabor amargo. En los hebreos había la percepción –y en el sentido alegórico se escribe en el libro del Apocalipsis- que esta planta era venenosa. Por supuesto que no es una planta venenosa, pero en gran dosis, es decir, sus residuos producen toxicidad.

Todavía la palabra “Ajenjo”, se expresa en género masculino, porque se adapta al género de la palabra el “astro” que tiene el nombre de Ajenjo. Pero el nombre de la planta es “la ajenjo”, es decir, de género femenino, y para que combine el ajenjo con el género masculino del astro, dice “el Ajenjo”.

No olvidéis también que según la expresión hebraica, los nombres de los objetos, de las personas o de los lugares, son tomados por una cualidad, atributo y por un acontecimiento.

¡Os acordáis de aquella planta, por la cual en sus ramas estaba liado y confundido un carnero, cuando Abraham había ido a sacrificar a Isaac! El nombre de aquella planta es “sabek” (Gén 12.13). En ningún diccionario encontramos esta denominación, simplemente porque esta palabra quiere decir “dejada”. Se llama así porque se dejó, se suspendió el sacrificio de Isaac y en vez de él se sacrificó el carnero. En consecuencia la denominación no es de la planta que simplemente tenía un nombre, sino que indica la cualidad que presentó esta planta durante el sacrificio, es decir, la mezcla y enganche de las ramas con los cuernos del carnero, y así no se sacrificó Isaac, se dejó libre.

Por tanto, amados míos, aquí “astro” se llama “Ajenjo”, y significa que producirá mucha amargura. Así pues se llama Ajenjo porque la o el Ajenjo es amargo. Es algo que lo encontramos a menudo en la Santa Escritura, y esto que lo sepan, por supuesto que si estudiamos la Santa Escritura.

¡Así como veis peligramos en nuestra época a contaminar todo! ¡Comemos y nos comen las comidas! No podemos libremente beber agua en cualquier parte, ni podemos comer algo libremente. ¿Y qué decir del pan? ¡Y aquello que contiene en su interior con el nombre general de conservante! ¿Ni alimentos…ni Conservas? ¡No hablemos de conservas! ¡De congelados, o de alimentos frescos que los inyectan hormonas y tantas cosas más! ¡Ni a este aire podemos respirar  y disfrutar libremente! Pensad en el caso de la polución de Atenas. ¡Ir a Atenas y respirar en tu corazón aquel vientecito fresquito con olor de tomillo en los cerros Himitós y Penteli que alguna vez se respiraba! ¡Estas cosas ya no existen, han muerto, quizás para siempre!

Aún, amados míos, no es imposible –además se estudia- que suceda también una guerra química. Si cae una bomba especial que tiene en sus interiores gases, sustancias especiales o microbios- que la cantidad de ellos dicen que es como un anillo- puede destruir toda la vida encima de la tierra. Por tanto, si cae un “astro”, “el ajenjo”, encima de las aguas y las contamina, ¿quién podría beber de estas aguas? Y mientras que los hombres ya no podrán beber, explotarán por la sed y morirán. Aquí uno ve que esta interpretación te provoca a pensar que ya no es alegórica sino que es realista; te provoca porque ya tenemos dados estos datos en nuestra época, es decir, la bomba química, las armas químicas y etcétera.

Pero no es imposible, amados míos, que esta caída del “astro o estrella” que sea también un meteorito, que sea realmente algo que viene de otra tierra o planeta, de otra parte. ¡Por supuesto que los meteoritos no son más que piedras quizás por la disolución de algún o algunos otros planetas, y pueden tener el tamaño de la cabeza de un alfiler e incluso más pequeño, y hasta toneladas enteras, miles de toneladas! Y estas piedras son incontrolables (adéspotas) para nosotros incontrolables, porque el Dios no tiene nada que ver con nada incontrolable- y giran en una órbita. Por tanto, muchas veces la órbita de la tierra coincide con la órbita de estos, entran en la atmosfera, y son estos que vemos como astros que caen del cielo. Como si de repente se desapega una estrella o astro del cielo, presenta una línea luminosa y cae. Esto lo sabéis que puede ser un astro diátono. Tenemos tres categorías de estrellas, las diátonas-subenanas, las balas y los meteoritos.

Por tanto, el astro diátono-subenano que puede ser igual que la cabeza de un alfiler, como os dije, entró en la atmosfera y produjo esta tremenda energía en luz. Sin embargo, está a una altura muy grande, y lo vemos tal como lo vemos, como una estrella cayendo. Si es una bala, es con un poco más de material y muchas veces produce ruido cuando entra en la atmosfera; y tercera categoría está el meteorito que este ya es un una roca grande, de algunos kilos hasta toneladas y miles de toneladas, que cayendo encima de la tierra provoca algo realmente terrible y catastrófico.

Os contaré sólo dos casos, porque en nuestro siglo –pero también en todos siglos- han caído muchos meteoritos. Os mencionaré un incidente antiguo y un contemporáneo. Se encontró pues un hoyo enorme en la mitad del desierto de Arizona en América, que fue creado por la caída de un meteorito. En una página de astronomía no muy antigua encontré que cayó antes de cinco mil años, pero en una astronomía más nueva encontré que se midieron otra vez las cosas, y dicen que cayó hace veinte mil años.

Un pequeño paréntesis: Estas mediciones, en concreto cuando se utilizan también para definir descubrimientos paleontológicos, sabéis, que “cabe mucha agua” (modo sarcástico). Lo digo para aquellos que les gustaría sostener que procedemos de la mona o del mono!… Así de groso modo las digo estas cosas. ¡Estas mediciones que se hacen “cabe mucha agua”! ¡Los mismos científicos dicen cinco mil años y después dicen veinte mil años! ¡Ha subido el precio! Bueno, dejémoslo.

La caída de este meteorito, pues, provocó un cráter de diámetro de mil ochocientos metros, con profundidad de doscientos metros y por encima del suelo del desierto cuarenta metros. Este cráter puede contener veinte campos de fútbol, con dos millones y medio de espectadores, tan grande es el hoyo que se ha abierto. El peso del meteorito que cayó, por la apertura que hizo se calcula en doce millones de toneladas.

También tenemos otra caída de un objeto que nadie lo ha visto, nadie lo sabe, aunque sucedió en nuestro siglo y fue tremendo. Sé que muchos de vosotros debéis conocer el suceso. Os lo diré sólo con dos palabras. Cayó en el año 1908 –por tanto en nuestro siglo- en Siberia y provocó explosiones, no sólo una sino muchas que se oyeron a distancia de mil kilómetros. Es decir, a groso modo, ¡es como si se sucediese algo en las fronteras, y la detonación sea oída en la isla de Creta! ¿Qué detonación debería ser esta? Provocó tal seísmo que todos los sismólogos del mundo describieron y registraron este movimiento de la olas que dieron muchas veces vueltas a la tierra. La descripción fue terrorífica. ¡Aparecieron llamas de altura de veinte mil metros vistas a distancia de cuatrocientos mil metros! Este fenómeno fue visto hasta el mar negro, mientras que sucedió en Siberia, en una región realmente inaccesible. Nadie pudo ir allí, a pesar de la primera misión que se organizó el año 1927, casi veinte años después de la caída, y sólo con avión.

Se observó, pues, que los árboles se habían cortado -porque allí había bosque- y todas estas cosas estaban a un rayo de sesenta kilómetros del centro de la caída. Todos los árboles, los troncos, todos estaban abajo al suelo, y habían caído a un radial, diríamos de la dirección del centro de la caída de este objeto curioso y extraño. Se calcula que su peso podría ser de cien mil toneladas.

Nadie hasta hoy en día sabe lo qué era. Se formularon varias teorías, pero sólo una de estas os voy a decir, porque sobre este tema hasta hoy en día no se ha dado ninguna respuesta. El libro que lo leí es la Astronomía del año 1977, y en consecuencia es en relación bastante reciente. Dicen, pues, que posiblemente era una contra-materia, es decir, que era un trozo de materia que vino desde el firmamento, desde el cielo, que su comportamiento era inverso en relación con el comportamiento de la materia que tenemos aquí en la tierra. Es decir, decimos que en un átomo de la materia tenemos el núcleo y el electrono negativo. Por parte de la carga eléctrica, el núcleo es positivo y el electrono es negativo. Si es a la inversa, es decir, el núcleo que sea negativo y el electrono positivo, entonces tenemos la contra-materia. Es algo que se ha hecho y se hace también en los laboratorios. Es decir, que podemos hacer antimateria artificial. Cuando se une la materia con la antimateria tenemos evaporación –o mejor desmaterialización, descomposición- es decir, producción de energía. No queda ningún resto, porque no se encontró nada de resto de todas estas cosas, e incluso produce atracción de energía terrible. Por esta razón se hizo esta explosión terrible.

¡Tened en cuenta que, como se dice, si se cayera cuatro horas y unos minutos antes, habría caído en Stalingrado (San Petersburgo) y toda la ciudad se habría destruido! ¡Pero cayó en el desierto de Siberia, muy lejos de regiones habitadas, y nadie le ha pasado nada en absoluto!

El Dios, que utiliza elementos materiales y leyes naturales, cuando viene a herir, dañar, ¿por qué sería excluido este objeto que fuera un meteorito no acostumbrado? Apuntad que, cuando Dios, hizo el milagro de ser separado el mar rojo y hacerse tierra firme y pasar los hebreos de allí, utilizó medios naturales. Toda la noche dice el texto sagrado (Éx 14,21), soplaba fuerte viento sur, y con su presión se separaron las aguas y quedó una franja de tierra, así de esta manera pudieron pasar de allí los hebreos. Esto que se hizo, es muy raro, pero posiblemente puede repetirse… Un compañero de estudios y amigo mío que vive en Inglaterra, me decía, que este fenómeno lo vio en un río en el norte de Inglaterra.

El aire había parado el agua del río, y no fluía; es decir, se había parado allí como una muralla. Una otra parte del agua se marchó, pero aquella agua se quedó allí. Cómo se hizo esto exactamente lo desconozco, pero el caso es que el fenómeno puede repetirse. Pero el fenómeno del mar rojo se explica como un milagro, porque se hizo cuando Dios le hacía falta. Allí es milagro.

El Dios utiliza estos fenómenos para hacer el milagro, no lo olvidéis esto. Así por su lado la Santa Escritura nos ayuda a entender las realidades que ahora se escriben en el libro del Apocalipsis. Por tanto, estas cosas y realidades no serán algo sobrenatural, no será tema espiritual, pero serán otra vez elementos materiales, pero que se tornarán contra nuestra tierra.

Y ahora vamos a la cuarta Plaga.

«El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de estos cuerpos celestes, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche» (Ap 8,12)

Aquí ahora tenemos el golpe contra la atmosfera. La tierra firme primero, después el mar, después las aguas dulces y ahora la atmosfera. Y la atmosfera es golpeada con consecuencias al sol, a la luna y a las estrellas o astros. Atención qué quiere decir con consecuencias. Por supuesto que no llega nada a las estrellas, sino en relación con la tierra. Os leo una fracción de la interpretación del memorable Panagiotis Trémpelas: “Y el cuarto ángel tocó la trompeta y señaló la θε­ο­μη­νί­α zeominía castigo divino, catástrofe contra los cuerpos del cielo y de la atmosfera. “Y fue herida la tercera parte de la luz y del vivificador calor del  sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, y se producirán anomalías meteorológicas y revueltas, para que no se viese la tercera parte de la luz del día, se oscureciese la tercera parte de estos cuerpos celestes, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo la luz de la luna y de las estrellas”. 

Así pues, aquí tenemos una anomalía de alumbrado de los cuerpos celestes en relación con la tierra. No se trata de alteración de los cuerpos celestes, como decíamos en la apertura y desenlace de los Sellos, algo que será ya hacia el final, cuando la creación estará preparándose a cambiar. Se trata del ofrecimiento alumbrador de los cuerpos celestes, pero en relación con la tierra. O sea que, en otras palabras, habrá unos fenómenos meteorológicos que estarán escondiendo la luz de los cuerpos celestes. Diríamos que tendremos una nubosidad que no será como nuestra nube conocida, que son gotitas de agua, que caerán dentro de un momento, se hará nieve, se hará granizo… o lluvia o se lo llevará el viento y se marchará. Será una nube que no podremos expulsarla y que estará a lo alto y nos estará impidiendo recibir la luz de los cuerpos celestes. El fenómeno será meteorológico. Para que lo entendamos, os diría que esta plaga es la correspondiente con la novena plaga de Faraón. Os recuerdo la plaga de Faraón, que nos ha dado muchos datos para que podamos entender esta plaga de los ésjatos tiempos.

“El Señor dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas u oscuridad sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera la palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densa oscuridad, tiniebla sobre toda la tierra de Egipto por tres días y ninguno vio a su prójimo en tres días, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en todas partes, en todo lo que hacían” (Éx 10, 21-23). Sería como si uno buscara a encontrar algo dentro en aquella habitación que no tiene luz, es decir, a tiendas, a palpo, intentando a encontrar algo. Pero en la región de Gesem donde estaban los hebreos, allí no había nada de oscuridad. El sol salía y se ponía normalmente y existía toda la luminosidad del sol, de la luna y de las estrellas.

Por tanto, esta plaga, como os dije, viene a ayudarnos a entender esta cuarta plaga del  Apocalipsis. De todas es formas es de destacar que la plaga de Faraón era “oscuridad palpable”, en cambio aquí no tendremos “oscuridad palpable”, sino que simplemente tendremos reducción de la luz del sol o de la luna por “tercera parte”.

Todo lo que habéis oído hasta ahora, desde la primera plaga hasta la cuarta, entenderéis que todas estas cosas se refieren al ambiente del hombre, es decir, a la tierra firme, al mar, a los ríos, y ahora a la atmosfera. Por tanto, es claramente un fenómeno meteorológico y está claro que tenemos una plaga del medio ambiente del hombre.

Esto nos recuerda un término muy contemporáneo, que le oímos a menudo en los medios de comunicación en las noticias y etcétera, el término πε­ρι­βαλ­λο­ντο­λο­γί­α perivantología ciencia de estudio del medio ambiente. Este término, se refiere todo lo que tiene relación con el medio ambiente; es decir, cómo nos ocuparemos de la contaminación o cómo ocuparnos para limpiar la contaminación. ¡No os impresiona que en ninguna otra época, absolutamente en ninguna otra época, no se haya observado algo así de este tipo! Nunca el hombre se había ocupado para arreglar su medio ambiente, porque cualquier contaminación de gases de combustión o de humos de coches era provisional. Era para un momento, por un rato, y después todo pasaba. Hoy en día tenemos un estado o situación de contaminación estable del medio ambiente, y vemos que estas cuatro plagas se refieren exactamente en esta contaminación. ¿No os impresiona esto?

Pero todas estas cosas y realidades que vivimos en este momento seguro que son preámbulos, porque se ve que viviremos situaciones muy feas, estaremos llegando al punto de hacernos Midas. ¡El Midas lo que tocaba se convertía en oro! ¡Iba a comer algo, no podía comerlo… se convertía en oro! ¡Todo lo que tocaba se convertía en oro! O sea que seremos ricos pero no podremos comer ya nada. ¡Estaremos viendo la belleza del mar, pero no podremos comer pescados! ¡No podremos comer nada, ni carne, ni leche… ni nada! En concreto es conocido que si se explota una bomba, la radiactividad será absorbida muy fácilmente por las hierbas, y las vacas comiéndolas presentan la leche con radioactividad. ¡Por tanto, estaremos viendo la leche, la carne o cualquier otro alimento, pero no podremos comerlos porque tendrán radioactividad! Los estaremos viendo pero no podremos hacer nada. O sea, en otras palabras, ¡veremos que habrá una situación muy fea en nuestro medio ambiente, y esta situación ya ha comenzado! (1982)

Pero atención, todavía quedan tres plagas restantes. Todas juntas son siete. Las cuatro se refieren al ambiente y las tres al ser humano. Pero aquí la agapi de Dios hace lo siguiente: Infecta el ambiente para crear metania, arrepentimiento y confesión al hombre y retornar a Dios, antes de tocar o molestar al hombre. Si el hombre no retorna en la metania, no se arrepiente, entonces sobrevendrán también las otras tres plagas, que afectarán y dañarán inmediatamente.

Por tanto antes de que sobrevengan estas tres plagas que se refieren al hombre, se hace un pequeño intermedio, hay un paréntesis, un algo, una pequeña interrupción. Oídla:

« Y vi, y oí a un águila volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz humana: ¡Ay, ay, ay, de los que habitan en la tierra [a los infieles e impíos], a causa de los restantes toques de trompeta de los tres ángeles que todavía han de tocarlas! [¡Por otras desgracias que seguirán!] (Ap 8.13).

Esta es una invitación y llamada a la metania, un kerigma de retorno a la metania… (Ver https://www.logosortodoxo.com/-metania/ 8. ΜΕΤΑΝΟΙΑ-METANIA

Pero un “águila” –atención aquí es una paradoxología, contradoxología- un águila hará el kerigma de retorno a la metania.

Por tanto, amados míos, hasta ahora algunos hombres hacían el kerigma al retorno a la metania. Y Noé hacía kerigma de metania a sus contemporáneos, y Juan Bautista hacía kerigma de metania, y hasta hoy se oye kerigma de metania, pero ¿cuántos escuchan este kerigma? Cuando el Dios vea que el kerigma no puede ser oído ni escuchado por los predicadores que predican el retorno a la metania, entonces utiliza una paradoxología o contra doxología, un fenómeno paradójico: ¡Saca un “águila” a gritar fuertemente con voz humana el “¡ay  ,ay, ay! ¡Desde muy alto para que le escuchen todos los seres humanos!

Me dirán: ¡Esto es un cuento! Pero por favor esperad.

Dice Arezas: “Los hombres estarán diciendo: ¡un águila está hablando! ¡Qué cosa más extraña… un águila hablando! ¿Qué dice esta águila? Dice: ¡ay a los hombres que no han vuelto a la metania, ni se han arrepentido, ni tampoco se preocupan de su salvación y no piensan en las cosas que más abajo vendrán!”

Y Dios pone el águila a gritar, tal como una vez puso al burro de Balaam el mago a impedirlo ir a la tierra de Moab para maldecir y hacer magia a los hebreos. Este hombre, a pesar de que el Dios le dijo que no vaya a Moab, él unció su burro, el famoso burro de Balaam, y se fue allí a maldecir.

El burro de Balaam, pues, el burrito, tal como avanzaba, iba y se apegaba encima de las paredes y las cercas. En efecto, es una costumbre de estos animalitos hacer esto, los que son de pueblo lo saben esto. Cuando montas encima de un burro, te arañará las rodillas, te arañará los pies porque te lleva apegando a las paredes y a las cercas. Él pegaba brutalmente al animal para que vaya por el camino correcto, pero el animal le llevaba por otra parte. Después por un momento quedó parado y no caminaba. Se enfadó Balaam y comenzó a pegar el animal, pegándole fuertemente sin piedad. Entonces el burro gira la cabeza y dice en voz humana: “¿Por qué me pegas? ¿Por qué me pegas?” Y al momento que el animal dijo “¿por qué me pegas?”, Balaam ve delante de él un ángel que impedía al animal a caminar y le dice: ¿A dónde vas? –En Moab. “¿No te dije que no te vayas allí?; pero bueno, así sea… ves pero vas a decir sólo lo que te voy a poner en tu boca”. ¡Así pues habló el burrito de Balaam! Esto, amigos míos, lo encontramos en el libro Números, capítulos 22-24 en el Antiguo Testamento.

¿Pero esta águila de entonces qué era?

Tal como interpreta san Andrés de Kesarea: la “águila” era un ángel. Un ángel en forma de águila. Los ángeles se pueden convertir en todo. Y es el ángel que clama (J.P. Migne P.G. Tomo 106, cap 25, pag 296A)

¿Queréis ver también algo análogo en la Santa Escritura? Es la estrella del Nacimiento. ¿La estrella del Nacimiento era estrella natural? No era una estrella natural, porque presentaba elementos que no manifestaban el comportamiento de una estrella natural. Las estrellas que están en el cielo salen y se ponen y nada más. Pero la estrella del Nacimiento salió “desde el oriente” (Mt 2,2·9). Aquí oriente no es el punto cardinal del horizonte, sino que significa algo muy luminoso, brillante. Pero esta estrella conduce a los magos hasta Jerusalén. Los conduce hasta allí y después se pierde, pero aparece otra vez cuando salen de Jerusalén. Y cuando llegaron a Belén, ya que los conducía continuamente, se detuvo sobre la casa que estaba el niño Jesús. ¿Era natural que una estrella se moviera así de esta manera? ¿Qué era, pues? Todos los Padres están de acuerdo que era un ángel en forma de estrella.

¡Y el “águila” que clama es un ángel en forma de águila, para crear esta paradoxología o contradoxología paradójica, y provocar impresión y sentimiento a los hombres, un seísmo a los hombres para que se arrepientan y vuelvan a la metania!

¿Pero volverán a la metania? Parece ser que no vuelven a la metania, y así seguirán las restantes tres plagas. Amín.

 

Unidad 28 Apocalipsis 9, 1-12  El quinto toque de Trompeta. La presencia demoníaca, atormentadora e insoportable en la tierra.

 

Homilía 39. Hemos analizado hasta ahora las cuatro Plagas que provinieron de los cuatro toques de Trompeta de los ángeles. Y ya que los hombres no se han arrepentido, no volvieron a la metania, como hemos visto, con aquel “águila volando en medio del cielo”, que hizo el kerigma de la metania, entonces continuó el lanzamiento también de las tres plagas restantes. Y así venimos a la quinta Plaga, que es el 9º capítulo. Os lo leo:

«1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; [el Satanás el sublevado contra el Dios] y se le dio la llave del pozo del abismo.
2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo [innumerables de espíritus malignos que allí había] como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo.
3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder [tiránico y malhechor], como tienen poder los escorpiones de la tierra [y pican a los hombres con sus aguijones venenosos].  

4 Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a planta verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.
5 Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento y dolor era como tormento y dolor de escorpión cuando hiere al hombre.
6 Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.
7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; 

8 tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones;

9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla;

 10 tenían colas como de escorpiones, y también en sus colas tenían aguijones; y se les concedió poder para estar dañando a los hombres durante cinco meses.

11 Y tienen por rey sobre sí al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolíon, es decir, Destructor o Exterminador.

12 El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes después de esto. 

[12 El primer “ay”, es decir, primera plaga ya pasó; una vez que estos espíritus demoníacos atormentaron a los hombres durante estos cinco meses. He aquí vienen dos “ayes” aún, o sea, dos plagas, después del primer ay].»

En esta Plaga, como habéis visto, tenemos algo muy misterioso. Iremos pues, amigos míos, analizando e interpretando trozo por trozo el 9º capítulo. Uno no conoce si tiene que interpretar alegóricamente o pragmáticamente (realmente), literalmente, porque los acontecimientos contemporáneos presionan mucho para que uno acepte esta línea de la interpretación literal, por mucho peligroso que se ha correlacionado y comparado el libro del Apocalipsis cada vez con el presente. Pero creemos que es igual de peligroso esperar uno continuamente en quedar en la interpretación del Apocalipsis fuera de la época del acontecimiento, cuando la  misma época presiona las cosas para que sea dada esta interpretación o exégesis.

Es decir, oí hace unos días que, por un amigo cómo unos entendidos comentaban sobre mí de que puedo ser engañado haciendo interpretación del Apocalipsis. Pero si tuviéramos miedo a interpretar el libro del Apocalipsis para que no seamos engañados, es igual de engaño el no ocuparnos para nada con este libro. Esto también es un engaño; lo percibís, supongo.

Por supuesto que, tal y como uno ve en todos los intérpretes antiguos y más nuevos, ellos algo que no lo entienden lo dejan, no lo fuerzan, no lo estiran. Pero todavía es también aquello que dice san Andrés de Kesarea que en cada época los hombres estarán entendiendo las cosas, y entonces dirán que esto es aquello que dice el libro del Apocalipsis. Por tanto, algo que no lo entendemos hoy en día significa que aún no ha llegado su hora, y esto será entendido mañana, el año que viene, en la siguiente cincuentena, y etcétera, de todas formas en el futuro.

Lo digo esto porque muchos tienen miedo a tocar este libro. Incluso nuestra Iglesia no puso este libro en sus lecturas por miedo, porque en Oriente los heréticos encontraban el libro del Apocalipsis toda herejía que querían servir, sobre todo los Milenaristas (hoy Testigos de Jehová). Por supuesto que no tal como está transformado hoy en día el Milenarismo, sino en el sentido de los mil años de la realeza de Cristo en la tierra, que es la antigua forma del Milenarismo. Pero esto no quiere decir que, como había heréticos que abusaron de este libro, no se debería de abrir y analizar. La demostración es que, por un lado la Iglesia no lo ha utilizado porque estaba azotada por las herejías, sin embargo, lo puso en el Canon del Nuevo Testamento, porque este libro del evangelista Juan, es un libro de inspiración divina. Y si tenemos en cuenta que ya al principio de su libro el Evangelista dice que “bienaventurado, dichoso el que lo lee y los oyentes que lo escuchan”, es decir, es como si dijera que no son felices, dichosos aquellos que no lo leen y no lo oyen.

Incluso más, este libro es el que viene a ayudarnos, a nosotros los fieles, a entender cada época, y a nuestra época, y estar esperando aquellas cosas y realidades que ya vienen, y así vayamos preparándonos para las cosas aquellas que debemos prepararnos. Por tanto, es un libro muy útil y necesario, a pesar de que veamos esta dificultad a interpretar algo y progresar. Esta dificultad es general, y además, como dijimos, en cada época podemos cada vez tanto más a entender algunas cosas. Este mismo libro del Apocalipsis, hace cincuenta años era mucho más incomprensible de lo que es hoy en día, porque, lo repito, estos mismos acontecimientos nos ayudan a interpretar, entender o hacer exégesis de este libro.

Pero vamos a ver el texto progresivamente, amigos míos.

Dice el divino Evangelista: «El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra»

¿Qué es esta estrella?

La verdad es que, la interpretación de esta estrella nos da también la llave para que entendamos esta plaga, la tanembrollada, misteriosa y terrible.

Pero, como escribe san Areza, esta estrella que ha caído, no es otra cosa más que el mismo Diablo o Satanás. Así que es el Diablo que cae desde el cielo encima a la tierra.

Realmente esto recuerda aquel punto de Isaías 14,12, pero allí es cierto que se hace referencia a persona histórica, pero la persona histórica no cubre la profecía. Es tipo o modelo de las cosas que se encuentran detrás de la persona histórica, del rey de Babilonia, por ejemplo de Nabucodonosor, quien arruinó a Palestina y al mundo conocido de entonces, y llenó de orgullo y soberbia su corazón. Pero detrás de Nabucodonosor está el Diablo, del cual prototipo o modelo es Nabucodonosor.

Pregunta Isaías: “¿Cómo ha caído desde el cielo el eosforos-lucero la estrella que sale al alba? ¿Veis? Son palabras que no convendrían al rey babilónico, a pesar que hacia allí se dirige, pero más allá del Nabucodonosor, ve al Diablo. ¿Cómo ha caído desde el cielo el eosforos-lucero que trae al alba, el que sale por la mañana? Esto quiere decir Eosforos, el que trae el alba, el que sale por la mañana, es el Lucero del alba. ¡Y fue destrozado, hecho pedazos en la tierra! Por tanto, he aquí el Diablo cae y se destroza en la tierra. Esto de “fue destrozado” naturalmente es relativo, porque el Diablo es espíritu. Cayó en la tierra, fue destrozado por su egoísmo, “caído de la fuente de la luz de lo alto”, es decir, del país de la luz increada de la doxa-gloria increada de Dios como nos dice la oración, (Oración de exorcismos de san Basilio)

Pero también el Señor con sus propias palabras habló para esta caída del Diablo: “Yo contemplaba a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lc 10,8). Contemplaba, veía… ¡Este “contemplaba o veía” qué profundidad tiene! ¿Cuándo contemplaba el Señor? ¿Entonces que caía, antes de hacerse hombre? ¿Ahora que vino con su encarnación o proféticamente, cuando el Diablo será arrojado al “lago del fuego”, durante el Juicio Final y será condenado? El Señor dice, “apartaos de mí, malditos a causa de vuestras obras, e iros al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, los demonios” (Mt 25, 41). ¿Cuándo ve el Señor la caída? ¿Entonces, antes, ahora o en el futuro? Tres fases existen, y el Señor ve, contempla también las tres. “Yo contemplaba a Satanás caer del cielo como un rayo”. Así pues, se trata de la caída del Satanás que actuará, operará encima de la tierra de forma maligna y maliciosa.

«Y se le dio la llave y se le permitió abrir el pozo del abismo»

El Satanás como conoceréis, nunca hace algo sin el Divino permiso y concesión. Os acordáis lo que sucedió a Job. El Diablo abre diálogo con el Dios, y sostiene que Job sirve a Dios porque su móvil es por provecho propio, interesado. Dios dio riqueza a Job, le dio salud, le dio muchos bienes, felicidad, por eso Le venera y Le alaba, sostiene el Diablo (Job 1, 6-12).

“No dice Dios, Job me alaba y venera incluso si no es rico”. “¡Quítale sus riquezas y verás si te va a alabar o bendecir!” Veis que utiliza la frase “si te va a bendecir”. Es lo opuesto de lo “te blasfemará” (es un eufemismo), y esto es exactamente lo que se entiende; es como si dijéramos el vinagre dulzón. Pero la Santa Escritura casi nunca utiliza la palabra blasfemar. Esta palabra no la encontraréis fácilmente en la Santa Escritura.

A continuación el Diablo pide y toma el permiso de Dios a probar a Job sobre su piedad y su fe, pero con el único requisito de no tocar su integridad física, no matarlo.

¡Amigos míos, en un día el Diablo provocó una catástrofe a Job sin precedentes! Si leéis el primer capítulo de Job, os sorprenderéis por la rapidez que operó el Diablo para destruir a Job. En un día sus diez hijos, mientras que estaban de fiesta en la casa de uno de sus hermanos, sopló viento fuerte, cayó el techo de la casa y los aplastó a todos. ¡Murieron todos!

¡Y llegó la noticia a Job de “que murieron todos sus hijos! ¡Después el mismo día vino la noticia de que también su rebaño de ovejas, de cabras, de burros, de caballos y camellos, etcétera, también estos fueron destruidos! ¡Si se dejara al Diablo libre, literalmente traería el universo entero patas arriba! Es muy grande y terrible su acción malhechora y criminal.

¡Pero no le dejan los ángeles, no le permite el Dios, el Diablo no puede, -lo diré así a groso modo- ni en los cerdos puede entrar! Entonces que lo hizo tomó el permiso por el Señor, y así salieron los demonios del endemoniado de la ciudad Gergesá, aquel pobre hombre, (Mt 8,31-32 Mrc 5, 11-13). ¡El Señor lo concedió, le dio permiso! Por tanto, amados míos, no pueden entrar los demonios ni siquiera en los cerdos sin permiso.

¿Pero por qué el Señor concede esto? Esto se hace por el no arrepentimiento  y la no vuelta a la metania de los hombres. A Job por supuesto no se hace esto. Allí se disuelve y se desenlaza el problema del juicio divino, pero no es el momento de hablaros de esto, pero os vuelvo a decir, que nada se hace sin la concesión de Dios, y esto por el no arrepentimiento, ni vuelta a la metania de los hombres.

Es decir, el Cristo ha permitido que entren los demonios en los cerdos para castigar a los Gergesenos porque alimentaban y criaban cerdos a pesar de la prohibición de la ley. El Dios permite así que el Diablo caiga en la tierra, y en concreto “desde la fuente de la luz de lo alto” destrozado, pero también para expresar y producir toda su maldad sobre la tierra, a causa del no arrepentimiento de los hombres. Además vemos también cómo produce el castigo a los pecadores. “Apartaos de mí, malditos a causa de vuestras obras, e iros al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, los demonios” (Mt 25, 41), o sea que, iros todos juntos. No en alguna otra parte, no separadamente, sino que iros juntos, porque no aplicáis ni cumplís mis mandamientos-logos, ahora permito al Diablo a traer vuestra ruina o catástrofe.

También tened en cuenta que al Infierno, si uno debe hacer una descripción sobre este, si puede… pero los Padres, amados míos, dicen que los demonios estarán entrando y saliendo en los hombres infernados, como espíritus que ellos son, en cambio los hombres estarán con sus cuerpos, porque tendremos resurrección de los muertos. ¡Estarán entrando y saliendo al hombre, y mientras los mismos también serán castigados, estarán afectando y dañando también a los hombres, y estarán intentando a encontrar alivio y refugio de el fuego del Infierno yendo dentro en el interior de los hombres los pecadores! ¡Es… es terrible!… Y estos hombres, no sólo serán castigándose por el fuego del Infierno, sino también por la presencia de los demonios. ¡Lo cuánto terrible es que uno tenga el diablo en su interior, sólo aquellos que lo probaron os lo pueden decir! ¡Es… es una situación insoportable!

¿Y cuál es este “abismo”? Es el lugar de permanencia de los demonios. Cuando el Señor curó al hombre endemoniado de Gergesá, aquel endemoniado hombre desgraciado, los demonios saliendo de él, “le rogaban que no los mandase ir al abismo” (Lc 8,31)

Aquí el “abismo” es el “pozo”, tal como lo ve el divino Evangelista en su visión, el “pozo” tiene una apertura o boca. Aquí pues, se compara el “abismo” con un pozo que tiene una apertura o boca que en su parte de abajo no tiene base es sin fondo. La palabra “abismo” quiere decir sin fondo, es decir, comienza desde la boca de la tierra y se pierde al caos, no hay fondo. Esto se llama “abismo”.

¿Pero qué significa “se le dio la llave del pozo del abismo”? Es como si este pozo fuera sellado y cerrado con llave, y se dio al Diablo la llave para abrir el pozo del abismo, es decir, abrir este pozo para que desde su interior salga algo. Esto es el poder que se da al diablo para que salgan y actúen las fuerzas malignas encima de la tierra, a causa de los pecados de los hombres y sus apostasías.

Cuando el Pilatos dijo al Señor: “¿Por qué no me contestas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte y autoridad para soltarte? Respondió Jesús: No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubiera dado Dios” (Jn 19, 10-11). Por tanto, le ha sido dado poder al Diablo, como antes hemos dicho.

¿Y cuál es este poder del Satanás sobre la tierra? Es traer todo mal que pueda. Forma del mal que ha traído en la tierra son las catástrofes, las guerras, pero también la horrorosa forma de vida de los hombres encima de la tierra que supera todo pensamiento humano, en tal grado que, como veremos a continuación, que los hombres estarán deseando morir. Atención a esto último, porque esto lo va analizar más abajo la plaga siguiente. ¡El sentimiento de vida es muy potente, y nadie jamás quisiera morir, pero los hombres, en la situación concreta, desearían morir, y sin embargo la muerte no vendría! En consecuencia tenemos una sobrevivencia terrorífica encima de la tierra. Es que también en el Infierno a los hombres que les gustaría ser mortales, no podrán.

El padre Justino Pópovits (ahora santo) dice que los hombres condenaron a Dios a la muerte, y no sólo en la Cruz. No digamos que los hebreos son los culpables…culpables y culpables… También nosotros los Cristianos, según el Apóstol Pablo “crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios” (Heb 6,6), volvemos a crucificar al Hijo de Dios y decimos, ¡Dios ha muerto! Cuando resultamos al ateísmo, predicamos exactamente esta muerte. Por tanto, oíd ahora: “Los hombres han condenado a Dios a la muerte, y el Dios ha condenado a los hombres a la inmortalidad” (San Justino Pópovits “Anzropos y Zeánzropos” pag. 40). ¡No hay cosa más terrible! Si muere un hombre ya no se castiga, porque cómo se va a castigar ya que ha muerto. Permanece inmortal y está castigado a la inmortalidad.

¡Así pues, los hombres viven encima de la tierra, pero viven dentro del horror! Y esta es la plaga terrible, la quinta Plaga tremenda.

“Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo [innumerables espíritus malignos que allí había] como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo” (Ap 9,2). Subió el humo del pozo que se está ardiendo, como humo que sale de una fragua ardiendo y el sol se oscureció, y el aire se contaminó por el humo.

¡Esto significa que el diablo se alegra creando catástrofes!

Este el “humo del pozo” son todas las desgracias y calamidades de una guerra contemporánea, que el humo que provoca cubre al sol y contamina la atmosfera que nos rodea.

Si quisiéramos comparar un correspondiente fresco aghiografiado del Monasterio san Dionisio de Athos, que fue pintado por inspiración divina hace más de trescientos años –alrededor del siglo 17º- no nos dificultaremos mucho a entender que el humo que vemos en este fresco de la pared parece como un champiñón que recuerda la explosión de la bomba atómica de Hiroshima del año 1945. Es decir, es la amenaza de una guerra nuclear, que los resultados destructivos de una guerra de este tipo los tenemos como muestra en Hiroshima. Una guerra nuclear se ve tanto por la profecía, como también por las cosas y realidades que vivimos, que es inevitable.

Esta presencia de la acción del Diablo en la Historia humana nos recuerda, volveré a decirlo, la catástrofe que trajo a Job. El Diablo trae la catástrofe, porque no soporta ver al hombre que se llame hijo de Dios, mucho más aún después del sacrificio de Cristo, por el que se hizo la adopción del hombre.

“Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder [tiránico y malhechor], como tienen poder los escorpiones de la tierra [y pican a los hombres con sus aguijones venenosos] (Ap 9,3). Es decir, esto que hacen los escorpiones con su cola, con su aguijón pican a los hombres, esto ahora lo pueden hacer también las “langostas”.

“Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a planta verde, ni a ningún árbol, ni alguna otra especie de reino vegetal, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes” (Ap 9,4).  Y se les fue dado a estas langostas poder a que no matasen a los hombres, sino que los atormentasen cinco meses; y este tormento y dolor era de tal modo, como cuando un escorpión pica a un hombre. Cuando un escorpión ha echado su veneno a un hombre trae mucho dolor, por tanto, así sufrirá también aquel que será afectado por estas misteriosas “langostas”. Y esto estará sucediendo durante cinco meses.

Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos” (Ap 9,6)

Como veis, esta terrible plaga, también son terribles sus consecuencias, nos recuerda de una manera como la octava plaga egipcíaca de Faraón que allí también se refiere a langostas. Prestad atención que os voy a leer un trozo de la plaga egipcíaca:

“Y el Señor trajo un viento del sur sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y al venir la mañana el viento del sur trajo la langosta. Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo antes ni la habrá después; y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto” (Éx 10, 13-15).

La plaga del Apocalipsis recuerda la plaga faraónica, “langostas” allí, “langostas” aquí, pero hay algunas diferencias.

Antes que nada, primero el daño se refiere verbalmente a los hombres, y no al ambiente del hombre, como es el reino vegetal. Se ha dado poder a molestar sólo a los hombres y no el reino vegetal. Después, la acción de las “langostas” es atormentadora, castigadora a los hombres, tal como afectan los escorpiones, mientras que las langostas no son venenosas. Después, el daño se refiere también verbalmente  de que será a los hombres “que no tendrán el sello de Dios en sus frentes”. Y finalmente estas langostas no serán de la forma de la langosta –un poquito más abajo esto lo veremos en la descripción- es decir, este insecto que conocemos, será, pero en otra forma extraña, curiosa y en consecuencia da un motivo de que esta langosta sea considerada como alegórica. Es cierto que existe un refrán árabe que dice que “la langosta se parece según su cabeza como caballo, según su pecho como león, según sus pies como camello, según su cuerpo como serpiente y según sus antenas como el pelo de una mujer”. Intentad a representar en vuestra imaginación la langosta tal como la conocemos y veréis esta descripción. Es decir, se parece según su cabeza como caballo, según su pecho como león, según sus pies como camello, según su cuerpo como serpiente y según sus antenas como el pelo largo de una mujer, tal y como lo describe también aquí este pasaje.

Pero ahora vamos a ver estas curiosas “langostas” del Apocalipsis. Aquello que vamos a comprobar y nos interesa muy mucho, es que no tienen ninguna relación con nuestras conocidas langostas. Esto me gustaría que lo entendiésemos bien, e incluso la correspondiente plaga de Faraón no es más que un tipio o modelo de la plaga de los ésjatos tiempos. Y la descripción que se hará ahora, veréis que no tiene ninguna relación con nuestras conocidas langostas.

Continuando su descripción, el divino Evangelista no dice que “las langostas”, sino que dice “estas que parecen semejantes a las langostas”. Así que el mismo divino Evangelista viene a decirnos que no son langostas, ya que no comen hierba, sino que sólo molestan al hombre. Por tanto “las semejanzas” de las langostas son:

7El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; 

8 tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones;

9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla;

 10 tenían colas como de escorpiones, y también en sus colas tenían aguijones; y se les concedió poder para estar dañando a los hombres durante cinco meses.

11 Y tienen por rey sobre sí al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolíon, es decir, Destructor o Exterminador” (Ap 9, 7-11).

Es decir, las semejanzas de las langostas se parecían a los caballos preparados para la guerra, en sus cabezas tenían coronas que parecían de oro –pero no era oro-, sus caras eran como caras humanas, y tenían pelos como los pelos de las mujeres y sus dientes eran como los dientes de los leones. Tenían como “corazas de hierro” –guardad lo “corazas de hierro”- y el ruido, y estruendo de sus alas parecía con el estruendo de muchos carros de guerra con caballos que se lanzan a la guerra. Estas cosas había entonces, y no había otra manera de ser expresado el ímpetu de un ataque de guerra. Así era el ruido de las alas de estos entes o seres misteriosos. Tenían colas que se parecían con las colas y los aguijones de los escorpios –como el aguijón de la abeja y de la avispa- y las colas de ellas tenían el poder de dañar y atormentar a los hombres durante cinco meses. Podéis ver en este fresco aghiográfico que os dije, cada una de las langostas agarrando un hombre, allí en forma esquemática, y le pincha y él caerse al suelo; en otro fresco se ve agarrando a otro hombre,  pincharlo, y caerse él también al suelo. Pero esto durará sólo cinco meses. Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión, es decir, exterminador.

Por tanto, amados míos, hemos visto por la descripción que nos hace el divino Evangelista, que es segurísimo que no se trata de nuestros conocidos insectos, sino de entes o máquinas satánicas. Además, lo repetiré, que habla de semejanzas, es decir, que no son langostas, sino que es algo que se parece a las langostas.

¿Por tanto, qué son estas “langostas”? Tenemos muy serias indicaciones de que se trata de máquinas voladoras destructoras, que estarán volando y esparciendo catástrofes a los hombres.

Con estas descripciones mucho nos dificultamos en no decir que las “langostas” tienen una semejanza sorprendente con los aviones. Y observáis un avión, veréis que se parece mucho a una langosta. El ruido de las alas de los aviones, y en concreto si son supersónicos, es tan tremendo, tan demoníaco, que recuerda armas, tanques de combate que corren en una guerra.

Por encima de nuestra ciudad, aquí en Larisa, pasan los aviones, en concreto en ciertos puntos es el trayecto de estos, como el punto donde nos encontramos. ¡Alguna vez, mientras sé que es un avión y está pasando ahora por encima, y que ya lo conozco y no es la primera vez que lo oigo, cuando ha pasado y su estruendo vuelve detrás, de verdad me siento como si se me rompiera la vesícula!

Sabéis que las vacas y los animales en general, pero principalmente las vacas no bajan su leche cuando sobrevuelan y pasan aviones por encima. Recortan su leche. Esto es sabido y se ha comprobado. Incluso los bebés en sus cunas se asustan y tiemplan de miedo. Igualmente todas estas cosas se han comprobado. ¡Pero aunque sabemos lo qué son, sin embargo nos asusta!

¿Amigos míos, os podéis imaginar  muchos aviones de este tipo encima del cielo? Sólo por el ruido que hacen estos aviones, uno realmente queda congelado y se vuelve loco. ¿Y si esto se repite cada día? ¿Y si uno debe permanecer muchas horas encerrado en algunos refugios? ¿Hoy en día en qué refugios podemos acudir y quedarnos? ¡Hubo un tiempo que en los refugios estábamos, horas y horas, días, días y noches enteras! ¿Cómo debe uno sentirse en el interior de estos refugios? ¡La segunda guerra mundial fue realmente terrible! ¿Si acaso, cuál será la tercera guerra mundial? ¿Y cómo será?

¡Por tanto, entendéis que aquí tenemos algo horroroso, verdaderamente horrible! ¡Habréis observado que tienen corazas metálicas! Se parecen “como corazas de hierro”, es decir, tienen un revestimiento metálico. ¡Nos dificultamos a decir que son aviones! Y cuando dicen que “también en sus colas tenían aguijones; y se les concedió poder para estar dañando a los hombres durante cinco meses”, lo vemos mejor de que se trata de aviones. Antiguamente, la ametralladora se encontraba a la cola del avión y allí el ametrallador. En los Welington de entonces, el año 1940, me acuerdo en el ejercito un avión abandonado, (y yo hice el servicio militar en la aviación), que la posición del ametrallador estaba allí en la cola. ¡Por tanto el poder estaba en la cola, es decir, ni más ni menos indica estas “langostas” –pongo ya entre comillas las langostas- llevan armamento, están armadas!

El rey de ellas, es decir, el jefe de ellas…. Como conoceréis las langostas son ingobernables, están sin rey. Las abejas tienen reina y obedecen muy fielmente a ella, pero las langostas no tienen rey, ni reina. Son ingobernables, por eso se mueven como quieren y como es conocido esta es la razón por la que finalmente caen en el mar y se ahogan. ¡Pero aquí, estas peculiares, curiosas y extravagantes “langostas” tienen “rey”!. Y esto todavía indica que no se trata de langostas. Y el nombre del rey de ellas es “en hebreo es Abadón, y en griego, Apolíon, es decir, Destructor o Exterminador”. (Por el traductor, creo que aquí las langostas se parecen mucho y son los drones actuales, se está apocaliptando.revelando la profecía y el padre Mitilineos lo describe muy bien, ya que cuándo él interpretaba el libro del Apocalipis, si no me equivoco aún no habían los drones, y que hoy en día los vemos cómo actúan sobre todo en zonas bélicas… yo no lo sé simplemente es una reflexión mía”)

Es sabido, y más bien así parece ser, que la palabra Ἀ­πολ­λύ­ων Apolíon es una atribución sarcástica del nombre de Ἀ­πόλ­λων Apólon. El nombre Apólon, según el Arquíloco de Paros 7º siglo adC, pero también más tarde por Esquilo, en su obra Agamenón, versículo 1082, es producido de las palabras ἀ­πό apó de, desde de y ὄλ­λυ­μι ólimi, quiere decir, destruyo totalmente, extermino. Esto quiere decir. Así pues el nombre del Apolíon del rey de las “langostas” manifiesta la obra destructora o exterminadora de estos terribles seres o entes satánicos.

Todavía quizás se trate también de guerras terribles, en las cuales se utilizarán aviones, y ya se han utilizado. Por primera vez en la historia tenemos dos guerras mundiales y por primera vez en la Historia en estas guerras –primera y segunda guerra mundial- se utilizaron aviones. ¡Por los bombardeos que hicieron estos aviones, las consecuencias, como lo sabéis, fueron terribles y catastróficas!

Me acuerdo, entonces era niño cuando se hacía la segunda guerra mundial, cuando se bombardeaba Londres, escribían los periódicos que el sol se oscurecía. Me lo he acordado ahora leyendo el libro del Apocalipsis. ¡Era tanta la cantidad de los aviones Alemanes, de modo que se oscurecía el sol! Y ahora lo qué caía de estos aviones encima del Londres, lo podéis imaginar… Esto que dice aquí el libro del Apocalipsis, de que “las langostas” hacían sombra al sol, me ha hecho recordar la presencia de los aviones que realmente hacían sombra en el cielo de Londres. Hay una interpretación que “el humo” no es humo, sino que es la nube de las “langostas” que se parece con el humo que hace sombra al sol.

El padre Gabriel Dionisatis, del Monasterio san Dionisios de Athos, que fue por una serie de años, varias decenas , higúmeno del Monasterio san Dionisios, cuando en el año 1962, habíamos visitado como alumnos de la escuela, al Monasterio san Dionisios en la Santa Montaña, nos guiaba explicando con elegancia y belleza los famosos frescos fuera del comedor del Monasterio. Están en el pasillo, allí alrededor de las columnas, e indican de manera histórica, es decir, toda la representación de las plagas del Apocalipsis pintadas con colores. Lo que os voy a leer, el Padre Gabriel lo ha publicado y os lo voy a leer literalmente:

“La exégesis o explicación de este cuadro contiene acontecimientos terribles, propias de la energía atómica. Representa un ángel de lo alto con trompeta grandiosa llamando en alerta, alarma y abajo monstruos en forma de langosta y escorpiones volando y arrojados desde el cielo, por donde han tirado la estrella al pozo del abismo y salió enorme humo expandido y su punta de arriba parecida a la forma de un champiñón, y abajo del pozo del abismo multitud de hombres muertos, unos con sus vestimentas, otros semidesnudos y otros con sus pijamas, y también en la parte izquierda unos cuantos hombres vivos, desfigurados, deformados; ¡y estos frescos fueron pintados hace más trescientos años desde hoy! Y algunos estaban desfigurados, los cuales no ven ni oyen… Estos, explica ahora el padre Gabriel, son los salvados en Hiroshima de Japón por el desastre de la bomba atómica, especialmente los hijos pequeños de ellos. Como nos narran los visitantes de esta ciudad, estos hijos permanecen en la misma altura como estaban entonces, ya que la radiactividad de la bomba atómica afecta la columna vertebral y no crecen en altura, sino que se amplia y se deforma, tal y como iconiza, representa este cuadro o fresco sobre los sobrevivientes. Es decir, esta es la icona-imagen, como es allí en el Monasterio. (Revista san Nectario, Tesalónica 1980, t.2 pag. 234).

De estas cosas que nos dice el libro del Apocalipsis, tenemos las siguientes cosas dignas de resaltar.

Primero. “Y les fue dado, que no matasen a los hombres sino que los atormentasen cinco meses”. Esto por supuesto de “no matar” es relativo, porque existe también la muerte; pero no es tanto la muerte, como principalmente la tortura y el castigo.

Segundo punto es. “Y en aquellos días…” Esta frase indica algo que será exclusivamente acontecimiento esjatológico, ya que ninguna otra parte nos dice el divino Evangelista en el Apocalipsis “en aquellos días”. Y continua: “los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos”. ¡Esto significa, amados míos, que los hombres, se entiende los que sobrevivirán, pedirán la muerte, querrán morir, porque estarán atormentados y castigados por las enfermedades que las habrá provocado la radiactividad, y no podrán aguantar!

No sé cuántas causas o cuál causa puede tener la enfermedad del cáncer, pero una cosa sabemos, que una de las causas que provocan el cáncer es también la radiactividad. Por eso los médicos aconsejan no hacer muchas radiografías, porque recibimos mucha radiactividad, que provoca cáncer, y después leucemia y etcétera.

Son enfermedades que realmente torturan a los hombres. Las enfermedades por la radiactividad no son sólo estas. ¡Es el horror que uno vive, y la demencia, enajenación que le sigue! ¡No puedo imaginarme que delante de una escena de este tipo de guerra que no se enajenará una persona! Por lo tanto, debe ser enfermedades de duración, somáticas, psíquicas o psicosomáticas.

Es digno de destacar que las primicias –especialmente en nuestra época- de las enfermedades la tienen las enfermedades psíquicas (por ejemplo la depresión). Esto es muy destacable. Pero podríamos, amigos míos, estas cosas que dice aquí el Apocalipsis, a resumirlas en las cosas que menciona en aquella profecía que el Dios ha puesto en boca de Moisés sobre el futuro de los hebreos, si iban apostatar de Dios. Por tanto, permitidme  a explicar profecía con una profecía. Porque aquello que está en el Antiguo Testamento, en el Deuteronomio capítulo 28 es profecía. Tiene señales muchas y terribles, pero yo hago elección de algunos, para que uno vea todas aquellas cosas que constituyen profecía vienen a interpretar posiblemente otra profecía, la profecía del Apocalipsis. Apuntad aún que estas cosas las dice Moisés a los Hebreos, al pueblo de Dios, si van apostatar. No olvidéis que ahora tenemos el laós-pueblo de Cristo, los Cristianos, por tanto, las mismas plagas y las mismas maldiciones caen a los hombres, al laós-pueblo de Dios, el que ha apostatado. Por tanto, no digamos que esto concierne sólo a los Hebreos, porque concierne también a los Cristianos que es el laós-pueblo de Dios. ¡Oídlo y os asustaréis!

“Pero acontecerá, si no oyeres la voz de tu Señor y Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos, logos y sus estatutos que yo te pido hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te dominarán, alcanzarán” (Deu 28,15).

“Y el Señor te tocará y te herirá con la úlcera o plaga Egipcíaca, es decir, con tumores, con sarna, y con picazón, que no podrás ser curado!” (Deu 28,27).

“El Señor te herirá con locura, ceguera y turbación en tu cerebro o mente” (Deu 28,28)

“Y te quedarás atónito, sorprendido y enajenado a causa de lo que verás con tus ojos” (Deu 28,34). Estarán viendo terribles degollamientos y catástrofes, y estas cosas que estarás viendo te volverán loco.

“El Señor te tocará y te herirá con maligna pústula o plaga en las rodillas y en las piernas, desde la planta de tu pie hasta tu coronilla, sin que puedas ser curado” (Deu 28,35). Desde las uñas de tus pies hasta tu cabeza te llenarás con este tipo de plagas o heridas.

“Y el Señor te colmará plenamente el corazón con melancolía y desfallecimiento de ojos, más tristeza y dolores psíquicos que estarán fundiendo tu psique-alma por el dolor (enfermedades psíquicas)” (Deu 28,65)

“Por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos, por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana!” (Deu 28,67).

Este es “el tormento, la tortura”, amados míos, esta es la Plaga. ¡Esta es la tortura que no acaba; estás torturándote sin morirte!

Continúa Homilía 40 Nos encontramos, amados míos, en la quinta Plaga, cuando el ángel tocó la trompeta y cayó la “estrella” encima de la tierra y se abrió el “pozo del abismo”, y de este salió “humo” y desde el “humo” salieron las langostas, con aquella forma peculiar. Hemos explicado muchas cosas también en el punto aquel que se refiere que serán dañados aquellos que habrán apostatado de Dios, y para dar una icona-imagen de este daño y perjuicio, hemos utilizado otra profecía del Deuteronomio, aquella de Moisés. Allí el Dios dice que: si no escucha y no hace caso Su voz, entonces será tocado por paraplejia, ceguera, locura o enajenación y otras muchas más cosas.

Pero es digno de observar y es curioso que de todas estas cosas y calamidades, no sucederán a los hombres que tendrán el sello de Dios, sino solamente en aquellos que no tienen el sello de Dios en sus frentes -que es la honorable santa Cruz- en ellos acontecerán todas estas cosas y realidades (Ap 9,5).

¿Veis una continua descristianización que se está haciendo al mundo contemporáneo? Esta continua descristianización, a nivel universal -y aquí también en nuestra patria, uno lo ve esto continuamente- ¡se ha llegado a tal punto que los hombres ya no se bautizan, no tendrán la santa Cruz como “sello” de ellos, no creerán en la santa Cruz! Pero aquellos que se han bautizado, si habrán negado la fuerza de la santa Cruz, ellos tampoco no podrán decir que tienen este sello de la santa Cruz, a pesar de que han sido bautizados. Por tanto, aquellos que tendrán el sello de la santa Cruz y estarán creyendo en ella, sólo ellos evitarán todas estas calamidades y males.

Y quizás surja la duda: ¿Cómo se hará esta elección, de modo que no les pase algo mal aquellos que serán el laós-pueblo de Dios?

Os recuerdo el pasaje 21, 36 del Evangelio según Luca, los muy destacables logos y palabras del Señor: “21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar firmes en pie delante del Hijo del Hombre”. Son muy apocalípticos estos logos del Señor, que vienen a dar exactamente la respuesta al punto de esta duda. Dice estaos despiertos, en alerta, velad en todo tiempo para que seáis dignos de evitar todas estas cosas y calamidades que se presentarán y para ser presentados delante del Señor. ¡Así que podemos escapar de las plagas o heridas que se refieren en el libro del Apocalipsis! El logos del Señor es clarísimo: “Para que seáis dignos de escapar de todas estas cosas que sucederán como plaga, y que os presentéis en pie firmes delante al Hijo del Hombre, con toda justicia, justificación de vuestro anhelo y de vuestra esperanza”.

Esta es la respuesta. El cómo se hará, esto sólo el Dios lo sabe. Tal como no sabemos exactamente cuando se hará también la resurrección de los muertos, es decir, el cómo un cuerpo que se ha hecho polvo, se quemó y desapareció, el cómo será restablecido, esto sólo el Dios lo sabe. Sólo Su bondad y Su omnipotencia es aquella que lo llevará todo acabo.

Pero tengamos cuidado también a este catálogo de las calamidades y desgracias que antes hemos referido al Deuteronomio. Si os habéis fijado, la mayoría de las plagas son principalmente de dimensión psíquica. Estas son situaciones que por costumbre afectan e hieren a los hombres que no tienen la fe correcta, viva.

Hoy en día preguntamos: “¿Por qué tenemos tanta exaltación de las enfermedades psíquicas en un grado exagerado? ¡Se consumen toneladas enteras, amigos míos, de los llamados fármacos tranquilizantes o psicofármacos! Esto sucede porque los hombres se encuentran en una inquietud, angustia y ansiedad. Se observa una situación de relajación o aflojamiento y disolución del sistema nervioso, la psique-alma se encuentra ya en estado de explosión y perdición. Es como si tuviéramos esto que el Dios amenaza aquí en el Deuteronomio. ¡Sencillamente un hombre con fe, hombre verdaderamente fiel no es posible que tenga jamás enfermedad psíquica o depresión la epidemia del mal llamado primer mundo de los países ricos!

Me acuerdo de un joven, de estos que quieren hacer una vida espiritual, que una vez sufrió una conmoción de los nervios y resultó en una clínica neurológica. Hace años de esto. He ido y lo he visto varias veces, hasta que salió de la clínica. El médico cuando le vio que leía la Santa Escritura y una revista religiosa, le dijo –y es en honor al médico- lo siguiente importante: ¡Si fueras cristiano correcto, no vendrías aquí dentro!

¡Es verdad, más verdad que la verdad! ¡Sí, efectivamente, un cristiano correcto no sufre conmoción nerviosa! Y Cristiano correcto no es aquel que simplemente va a la Iglesia o se confiesa y toma la comunión; no amigos míos, éste no es el cristiano correcto, sino aquel que ha captado el espíritu del Evangelio y vive de acuerdo con esto con absoluta libertad y con absoluta estima y agapi hacia el Evangelio. Este es el Cristiano correcto. Este que no tiene dividida su personalidad de modo que se encuentre entre el Dios y el mundo, el espíritu y la materia. Cristiano correcto es el hombre que realmente ha captado el sentido, significado y el espíritu del Evangelio. ¡Este no peligra de enfermedades psíquicas, cuando cree, no sólo en Dios, sino también a la providencia de Dios, este segundo elemento que nueve de cada diez de nuestros cristianos no lo tienen!

El Señor dijo: “No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis” (Mt 6, 25 Lc 12,22). Encontrarme Cristianos que no se afanen ni se preocupen para el mañana, para responderos si realmente nuestros Cristianos puede que no se enfermen por estas enfermedades psíquicas. Cuando entra la ansiedad, la angustia por el qué comeremos mañana, cómo construiremos nuestra casa, cómo mañana crecerán nuestros hijo, cómo esto, cómo aquello, entonces por supuesto que no ponemos nuestra esperanza y nuestro cuidado a Dios. Esto no significa que cruzaremos las manos. Puede haber la excusa que en nuestra época es una época que todos corren, corren, y corren… pero nosotros haremos lo que tengamos que hacer sin perder nuestra esperanza y fe en Dios.

Amados míos, tenemos muy mala impresión sobre el Evangelio. ¡No somos conocedores del Evangelio! Cuando recogemos y guardamos tantas y tantas cosas, cuando creemos que todo es necesario e intentamos a adquirirlas en nuestras vidas, entonces no podemos hacer más que adquirir alguna enfermedad psíquica. ¡Es decir, aunque sea sólo por poco tiempo si perdemos nuestro sueño, si damos vueltas y no dormimos, esto es el comienzo de las enfermedades psíquicas! Todas estas cosas por supuesto que son válidas para los hombres que no tienen edificación espiritual correcta.

Todavía debo deciros que, dice expresamente que los fieles que estaban en Jerusalén en la época que fue destruida la ciudad, se marcharon porque se acordaron del logos del Señor, que dijo que: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, marchaos, sabed entonces que su destrucción ha llegado; no quedéis en la ciudad” (Lc 21,20). ¿Quiénes se acordaron de esta advertencia del Señor? Sólo los fieles y por supuesto que sólo ellos se salvaron. Así diríamos que en cada época el Cristo tiene una seña o consigna secreta, mística que los fieles cuando la oyen, la perciben, pueden salvarse dentro en la Iglesia y por la Iglesia. Y cuál será esta seña o consigna sólo el Cristo lo sabe, no la sabemos nosotros. El Dios lo apocalipta-revela siempre en cada época.

¿Si se supone que caen bombas atómicas, no serán matados los fieles! ¡Amados míos, si se matan o mueren fieles, para ellos se abre el reinado de la Realeza increada de Dios, para ellos no existe daño y perjuicio ninguno, pero para el infiel cuando venga la muerte se abre el Infierno! Por eso, incluso aunque la muerte venga a los fieles, el daño o perjuicio no es grande, es muy pequeño, si es que esto se considera daño o pérdida.

Así cerramos este capítulo, por lo menos desde el lado o faceta de la plaga, tal como la hemos visto según el modo sensible, es decir, lo qué son las langostas, y etcétera. Pero puede ser que esta quinta plaga sea contemplada y considerada también espiritualmente.

San Andrés de Kesarea dice las siguientes cosas: “Creo que debemos tener en cuenta estas langostas, las peculiares, las curiosas, como guerra de los demonios contra los hombres” (J.P. Migne P.G. tomo 106 logos 9 cap 26 pag 287 D-300A).

Muchos intérpretes antiguos y más nuevos, percibieron como “langostas monstruosas” todas aquellas herejías con sus consecuencias. Por ejemplo, la caída del Papa, del obispo de Roma, tenía consecuencias terribles. Hablo sin pasión, creedme, hablo sin pasión y lo veréis a continuación, haciendo un análisis histórico.

Occidente ha hecho muchos abusos que finalmente condujeron al Protestantismo. Esto lo saben hasta los niños del colegio. El Protestantismo no existiría si Lutero, sacerdote de la Iglesia Romana, no viera estas indecibles realmente desviaciones y abusos.

Pero el Protestantismo que se creó, y este también en este momento tiene muchos millones de fieles, no son Iglesia, son comunidades. Simplemente porque la Iglesia se compone por el Misterio del Sacerdocio. El Misterio del Sacerdocio consiste y constituye la Iglesia y está compuesto por la Iglesia; es decir, el Sacerdocio, la presencia del Sacerdocio celebra todos los Misterios, como el Misterio de la Divina Efjaristía y el Bautismo que consisten y forman la Iglesia. Pero también el Misterio del Sacerdocio es recibido dentro en la Iglesia, durante la Divina Liturgia, dentro en el Misterio de la Divina Efjaristía; es decir, durante el Misterio de la Divina Liturgia se recibe también el Misterio del Sacerdocio. Así que el Sacerdocio consiste y está constituido por la Iglesia. Puesto que no existe Sacerdocio en el Protestantismo, no busquemos vanamente Iglesia. Pero percibís que esto significa que millones de Cristianos no son Iglesia! ¿Lo captáis esto? Es algo que cuando uno quisiera tomar las cosas con seriedad y pensar, le sobrecoge vértigo; ¿cómo se van a salvar estos hombres, qué sucederá?

Todavía la Iglesia Romana falsificó el espíritu del Evangelio, y de cruciforme, -que siempre ha mantenido Oriente- lo cambió en cultural y político. Así Roma, la Iglesia la transformó en organismo político y cultural. No es difícil entenderlo esto, cuando hablamos sobre la Iglesia de Roma, la cual es el estado Vaticano, y el obispo de Roma es a la vez también el Cesar o Presidente del estado, por decirlo así, de este estado. Así en sus manos tiene el poder eclesiástico y también el poder político.

Esta falsificación que se hizo en Occidente tuvo como consecuencia que sea creado el Renacimiento. Es conocido que el Renacimiento fue creado por una reacción hacia la Iglesia de Roma, porque los hombres de Occidente veían un atolladero pantanoso, algo que era muy natural, ya que la misma Iglesia esencialmente había muerto. Así se creó una corriente que pidió la liberación de los hombres de la Iglesia, pero también el giro a la cultura y al humanismo de la antigüedad. Esencialmente el espíritu de del Renacimiento es esto. Llegaron hasta el punto, incluso hasta en la arquitectura, de poner el ritmo helénico antiguo. La arquitectura del Renacimiento es claramente imitación, y es cierto que sus elementos no son más que una copia y una repetición, porque Renacimiento no quiere decir creación.

Así gradualmente, pero también en firme, comenzó el Cristianismo occidental a avanzar e introducirse hacia la mundificación y al secularismo. Secularismo es la creación de los Cristianos del siglo actual, es decir, Cristianos que ven la Iglesia de una manera que puedan mantener sus sociedades y comunidades para que disfruten de sus bienes, y como esto ha creado varias reacciones clasistas en el espacio de la filosofía o en el espacio de las corrientes sociales, así se creó muy rápidamente el ateísmo.

El ateísmo, amados míos, nació en Occidente. Las herejías existían en Oriente, pero nunca generaron ateísmo. El fenómeno del ateísmo, en dos mil años hasta ahora, nunca apareció en Oriente. Esto es producto de Occidente. Si me decís que en el espacio de la Ortodoxia, en el espacio de Rusia, se desarrolló el ateísmo, esto nos es por casualidad. Debo deciros que también Rusia desgraciadamente se hizo un renacimiento religioso que recibió influencias de la Iglesia de Roma, y esto tuvo como resultado –y esto no es por casualidad como os dije- de haberse desarrollado también en este espacio.

Así el ateísmo, con su turno, generó los sistemas sociales ateos, con el resultado que exista lo que escribe san Jacobo o Santiago el hermano de Dios en su epístola: “¿De dónde vienen las guerras, los litigios, los conflictos y las peleas entre vosotros? ¿No es de vuestros pazos emociones, vicios y resentimientos, los cuales combaten en vuestros miembros y dominan vuestros corazones? Codiciáis, ambicionáis y no tenéis, entonces matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar nada; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís a Dios con fe aquello que os conviene y es bueno y beneficioso para vosotros” (Snt 4, 1-2).

Así en plan rápido me he referido a estas cosas, porque aquí no tenemos la intención de hacer análisis de Historia, sino que así indicativamente decimos sólo algunas cosas para justificar esta plaga por parte espiritual.

¡Europa en algún momento empieza a descubrir a África, a Oriente Extremo y a América, y…hace colonias! ¡Y se convierte Europa colonialista! ¡Y millones de seres humanos bostecen bajo el colonialismo europeo! Pregunto: ¿Cuando iban los misioneros de Europa a predicar el Cristianismo en África o en Extremo Oriente, China, India y etcétera, podrían alguna vez ser aceptados, tal como serían aceptados los misioneros que no transportan este tipo de miasmas, estigmas de corrupción, es decir, que detrás de la misión cristiana no tengan propósitos y fines conquistadores? He aquí por qué surgieron y se crearon las reacciones y al final el ateísmo, por un cristianismo secularizado o mundanizado, un cristianismo que… más bien era un cebo, y más en el interior, en el fondo, el anzuelo de los intereses y de los placeres. ¡Porque sencillamente Europa quería vivir… materialmente! Europa no pensó cristianamente, es decir, convertirse y hacerse misioneros santos y así cristianizar América, África  y Extremo Oriente. No pensaron en hacerse verdaderos misioneros cristianos, tal como se hicieron los misioneros santos Bizantinos, sin tener visiones conquistadoras. Esto es muy característico. Igual que nosotros los Helenos-Griegos a donde vamos a predicar no tenemos carácter colonial, sino que queremos con todo nuestro corazón predicar a Cristo en aquellos que Le ignoran. Pero esto no se hizo por el Cristianismo Occidental.

Un intérprete más nuevo, en uno de sus libros que interpreta el Apocalipsis apunta las siguientes cosas: La revolución francesa se hizo en el año 1789. ¿Qué es la revolución francesa? Por supuesto que son muchas cosas, y hasta hoy en día se refiere por muchos y de muchos, pero esencialmente, amigos míos, no es otra cosa más que una estación, un punto de partida de sistemas sociales ateístas y materialistas. ¡Si uno quisiera hablar de libertad o igualdad, esta libertad e igualdad para estos sistemas estaban y están fuera de Dios! Esto es muy conocido a todos y el resultado es que hoy en día el mundo sea gobernado por estos principios y personalidades. Además que se manifiesta también de distintas fórmulas y maneras de que estamos gobernados por los principios de la revolución francesa.

Esto tuvo como consecuencia y resultado que hoy en día estar en el callejón sin salida de la anarquía, la miserable decaída moral, ética y la presencia del crimen. El mundo occidental, el Cristianismo occidental, llegó a este callejón sin salida, porque empezó equivocadamente. He aquí, por qué el Papa es calificado como el Anticristo. Todo el mal comienza de la Iglesia de Roma, la cual no colocó, no siguió ni aplicó el Evangelio correctamente.

Veis que no hay pasión o emoción; esta misma Historia responde, si la analizamos.

Así toda esta situación condujo la humanidad, tal y como la vivimos hoy en día, en el sentimiento y sensación de inseguridad, en las enfermedades psíquicas, al miedo a una guerra nuclear, que literalmente atormenta y tortura al hombre occidental. Nosotros tal como somos, nosotros los Helenos-Griegos, sin duda alguna, ya hemos recibido influencia de occidente. Esta situación ha conducido la humanidad, como os dije, al sentimiento de inseguridad, a esto que llamamos generalmente como cultura occidental. ¿Qué creéis que es la cultura occidental? Son todas estas cosas y realidades juntas.

¡Así, para que lo veas mejor, vienen los pséudo-místicos de Occidente, del Budismo, de la Meditación oriental, y nos dicen… que nos calmemos, relajemos! Desgraciados europeos… ¿tenéis miedo? ¡Sentaos, dicen, por la mañana en vuestra casa una hora a relajar vuestras fuerzas! Relajar quiere decir que el hombre occidental es aquel que vive dentro en este círculo vicioso de ansiedad, agonía, angustia, depresión, enfermedades psíquicas, sentimiento de inseguridad y miedo de una guerra nuclear. Tenemos todos estos males, amigos míos, que nos torturan y atormentan.

Podríamos decir que esta icona-imagen de la Plaga que se describe por el quinto toque de Trompeta, es esencialmente la icona de la realidad contemporánea. Los hombres son torturados por esto que ellos mismos han creado.

Pero permitidme de ver también un otro lado, una otra faceta que esencialmente es la continuación de la anterior.

La “estrella caída en la tierra”, como dice el texto sagrado, este astro que cayó en la tierra es el Diablo, y en consecuencia el Diablo trae el elemento diabólico dentro en la creación. Con este elemento diabólico, inspiró también a los primeros en ser creados cuando los puso la idea del mal. ¡Cuando los dijo que pueden deificarse sin Dios, de que pueden existir autónomamente, sin Dios y sin que el propósito y la finalidad de sus vidas sea el Dios, puso a los desgraciados pro-genitores nuestros, esencialmente e insospechadamente el elemento demoníaco! Sabéis también que este elemento demoníaco continúa hasta hoy en día a ser impuesto continuamente por el Diablo a los seres humanos.

Pero, prestad atención, el mal no es ontológico. Cuando decimos que no es ontológico, damos a entender que el mal no existe en alguna parte. El Diablo no es una existencia que ontológicamente es el mal. El Diablo es un ángel bueno que hizo malo. El mal no existe en alguna parte. Incluso, con el concepto y significado filosófico, si queréis, el mal no es el principio.

San Diádoco de Fótica escribe: “El mal no tiene existencia natural, ni nadie es malo por naturaleza. Porque el Dios no creó nada malo. Pero cuando uno empieza a desear el mal, entonces lo inexistente empieza hacerse existente y tal como quiere aquel que lo comete. Se debe, pues, con el ejercicio en la memoria de Dios, olvidar y abandonar la costumbre y disposición al mal. Porque la naturaleza del bien es más fuerte que el hábito del mal. Esto porque el bien existe, en cambio el mal no, salvo cuando lo cometemos”. (Filocalía tomo 1, v. 2-3 ver https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/100-capitulos-practicos-san-diadoco-de-fotica/)

Esto significa que el mal no existe en su naturaleza, ni nadie es por naturaleza malo. El mal existe en la voluntad o predisposición. Desde el momento que cometeremos el mal, entonces este toma hipóstasis (base substancial). Pero existe la libertad del hombre, en su predisposición, voluntad y en la acción; es decir, como lo quiero y quiero hacerlo, allí exactamente existe el mal. El mal como esencia no existe; esto es muy importante. Prestad atención. Por eso el Dios pone a los primeros en ser creados la prueba de la voluntad, con los dos árboles, el de la vida y el de la gnosis del bien y del mal. Esta como prueba será renovada más tarde a los Hebreos, cuando estarán en el desierto.

Leemos en el Deuteronomio que el Dios dice las siguientes cosas: “30:15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal… la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”.

Así diríamos que, el elemento demoníaco, sin haberlo creado el Dios –y esto lo recalco- existe en cada existencia lógica y libre. ¿Qué es el Diablo? El Diablo es ángel bueno, que solo pensó en el mal y creó el elemento demoníaco. El hombre también puede beber de la fuente del mal, porque es libre y lógico. En consecuencia, cuando el Dios dice “delante de ti pongo la vida y la muerte, la bendición y la maldición”, significa que el hombre puede crear en su interior el elemento demoníaco, convertirse y hacerse su fuente. ¡Pero el Dios exhorta que “tú escogerás la vida! El diablo simplemente incita y empuja al hombre hacia el mal, si el hombre finalmente condesciende. Pero también el mismo hombre es creador del elemento demoníaco, y esto tenemos que entenderlo muy bien.

Por tanto, cuando el Eosforos-Lucero cayó encima a la tierra “desde la fuente de luz de lo alto”, tal como nos dice nuestra Iglesia Ortodoxa, creó las condiciones del mal. ¡Así el hombre dejó el “pozo” de sus sentidos abierto – sobre el “Pozo” hablamos, no olvidéis esto, analizamos la icona de la quinta “Plaga”-y se llenó de humos de inciensos del mal el nus hegemónico (la parte hegemónica de la psique) – que es el sol, y se ha oscurecido, entenebrecido! Aún dejó abierto el “pozo” del subconsciente, y salió a la superficie de la vida social todo elemento destructor y destructivo. Salió el elemento demoníaco, salió el racionalismo, el ateísmo, que son icona imagen de los elementos destructivos del subconsciente del ser humano.

Voy analizarlas estas cosas.

Cuando en cada casa se introduce la televisión, amigos míos, con sus porno… por qué vamos y la compramos, por supuesto para tener televisión en casa, es decir, pagamos, no nos la regalan… ¿Sabéis una cosa?, cuando se da un consejo “no veáis televisión”, esto es impensable para el hombre contemporáneo que paga para tener televisión en casa, y tú le dices que no vea televisión. ¡Es como si hubiese pagado una entrada cara para el cine, entrar dentro y alguien le diga que tenga sus ojos cerrados y no vea la película!… ¡Pero… para esto paga, para ir a ver! Así pues, hemos dejado el pozo de los sentidos abierto. Ahora bien, ¿qué saldrá ahora de dentro? ¡Saldrán tantas tentaciones, saldrán los humos de los inciensos, las emanaciones de las tentaciones de los sentidos!

¡Dije sólo la televisión, no digo para todas las otras cosas! ¡No digo las tentaciones que tienen los bailes en las discotecas y a otras partes cualquieras! Todas estas cosas oscurecen el cerebro o la mente y el hegemónico nus, el sol, que dice el divino Evangelista que “subió el  humo del pozo como humo denso de un gran horno y se oscureció el sol y el aire. Por supuesto apenas deja alguna, diríamos, insolación. El hombre alguna vez entiende, pero no puede ver claramente.

¿Y qué decir del subconsciente humano que lo hemos dejado abierto? (Sólo un pequeño ejemplo os diré, amigos míos, todo lo digo sólo indicativamente, porque aquí ahora no podemos hacer grandes análisis). Cuando hoy en día en la educación de los hijos de las nuevas generaciones dominó el dogma de no reprimamos el niño porque se hará con complejos, es conocido que el hijo de cada época, es el Adán caído. La educación tiene como propósito y fin en cambiar el niño-caído Adán en hombre de la jaris (gracia energía increada), que sabe hacer su catarsis, limpieza y purgación también de la conciencia y del subconsciente. La educación contemporánea dice: “Deja el niño vivir como quiere”. Así, como supuestamente el niño no coja complejos, saca de su inconsciente aquellas cosas que existen en la humanidad anticuada, en los descendientes de Adán. Esta humanidad anticuada, cuando sale a la superficie, no es más que la criminalidad y todos los granos de todas perversiones que siempre ha cultivado el hombre en su interior. Ahora todas estas cosas, salen del “pozo abierto del abismo” y vienen a atormentar y torturar. Porque, cuando tenemos sociedades de hombres en las que dominan las satisfacciones de los sentidos y de los instintos animales y las emanaciones de situaciones que se encuentran en el subconsciente, ¿estas sociedades cuáles y cómo pueden estar y ser? ¿Lo entienden esto, amigos míos? Pero no es necesario entenderlo esto. Si echamos una ojeada a la vida social contemporánea, esto lo vemos. Vemos la realidad pintada en nuestra vida social contemporánea, no sólo en el espacio helénico, sino a nivel mundial.

Así la duda, el pesimismo, el nihilismo, la inseguridad y el peso de la presencia de la creación… ¡Sabéis, el hombre que no tiene en su interior a Dios, siente el universo como si fuera listo para caer y aplacarlo! Es un sentimiento que quizás muchos no lo entendemos, pero existe en los hombres. ¡Sienten que el universo caerá y los aplacará! ¡O incluso, el hombre sin Dios tiene el miedo de un universo enemigo. Tiene miedo al seísmo o terremoto, teme la tempestad, teme todos esos elementos, que en los últimos años realmente han salido de su órbita.

Todas estas cosas delante del hombre, el ser humano contemporáneo, crean un universo enemigo. Vienen a torturar al hombre como las “Langostas” que dice la “Plaga”, a este hombre sin sentido de su existencia y sin Dios. ¡Así tenemos las “Langostas -Erinías-Furias” que le torturan tan tremendamente!

Os diré aún un ejemplo pequeño. Son los narcóticos, las drogas. Estos son el contrapeso de la angustia de la tristeza, pena o melancolía, que huye el hombre contemporáneo. El cigarro, o tabaco, amigos míos, es también un narcótico, una especie de droga”. Por supuesto que es droga blanda, pero es el puente que conduce a las drogas. Un joven que nunca ha fumado, es muy difícil que fume, por no decir que es imposible conocer las drogas. El hombre que no quiere crear contrapesos o sucedáneos hedonistas por la amargura de la vida, este hombre puede aguantar; pero la mayoría de los hombres, exactamente porque dejaron sus sentidos a disfrutar todo tipo hedónico, placentero que existe y como entenderéis, ya aceptan muy fácilmente la provocación de todo tipo de elemento hedónico que se les ofrece. Contrapeso, sucedáneo improvisado, muy improvisado sin cuidado hoy en día son las drogas. El joven especialmente que hace uso de drogas o narcóticos, se autodestruye a la vez con el sabor del placer. Así tenemos disfrute del placer con la autodestrucción. El hombre contemporáneo, sea en teoría o en praxis, crea su auto-anulación y autodestrucción.

¡Es trágico! ¡Es muy trágico!… La humanidad hoy en día ha llegado a un terrible camino sin salida. No sé con qué manera expresar este camino sin salida. ¡La humanidad es digna de pena! Es exactamente esta Plaga que tortura a los hombres, con todo esto que ellos mismos han escogido.

Pero vamos a avanzar un poco. El elemento demoníaco, amigos míos, lo encontramos también en la cultura. No es casual que la cultura se desarrolló por la generación o estirpe de Caín. Se dice que Caín había ido frente del Paraíso, de donde se habían marchado sus padres, y allí construyó una ciudad, no con el sentido y significado que hoy la conocemos, sino como un lugar de residencia, y desarrolló la cultura. Esto, si queréis leedlo, pero con alguna ayuda para entenderlo; está en el libro del Génesis capitulo 4, 17-24. Cuatro descendientes suyos, cuatro hijos suyos crearon la cultura. En concreto para su hija única –eran tres varones y una hembra- se dice, según la tradición hebrea, que descubrió hilar el pelo e hizo la tela. Así  la generación de Caín desarrolló la cultura y no es casual esto. Caín recibió la maldición de Dios, y de la maldición que le perseguía quiso encontrar un contrapeso a la cultura que viene a ablandar la vida del hombre.

¡Al contrario, la generación de Set, que nació en sustitución de Abel que fue asesinado por Caín, permaneció al culto a Dios pero también a la sencillez de la vida! Por ejemplo, para Enós que es el hijo de Set, en el Génesis se refiere lo siguiente: “Enós creía y tenía esperanza en Dios, alababa, imploraba y rendía culto en el nombre del Señor el Dios” (Gen 4,26). Esto no existe en Caín.

Así se crearon, amigos míos, dos corrientes. Una corriente es de Caín, que está lejos de Dios y crea la cultura de forma galopante, para ablandar la dureza de la vida, pero también para contrapesar la amargura de su psique-alama, que no tiene paz y serenidad, porque está lejos de Dios y simplemente vive. La otra corriente es la generación de Set que alaba y venera a Dios y vive con sencillez; no crea cultura como la generación de Caín. Así se movieron las dos corrientes. Permitidme decir, si no me equivoco, las dos corrientes se movieron dentro en esta Iglesia de Cristo. En Oriente se movió la generación de Set y en Occidente la generación de Caín. Occidente, el cristianizado Occidente desarrolló la cultura, porque perdió a Dios. Oriente ha mantenido el culto a Dios, y como no tenía necesidad de mucha cultura, porque exactamente tenía el culto a Dios desarrolló una vida sencilla.

Por supuesto que la cultura técnica hasta un punto puede servir al hombre y ablandar su vida seguro, pero más allá de estos límites o fronteras, la cultura se convierte en angustia, ansiedad, depresión y en engaño y maldición.

Con el uso de la tierra y los materiales en su forma sencilla, los hombres no tienen ningún peligro, ni en su salud psicosomática ni en su ambiente. La icona-imagen, como ejemplo, que tenemos de hace pocos años antes, es que nuestros labradores no utilizaban fertilizantes ni otras cosas que utilizamos hoy en día y estropeamos la tierra, pero recibían en cantidad menos trigo. Las sandías eran pequeñas, los tomates también y en general las frutas y las verduras eran pequeñas. Los melocotones… -¡ah, la especie melocotones macaríticos! ¡Ya no existen! ¡Los melocotones eran pequeños pero llenos de aroma! Todas las frutas eran pequeñas, no tenían fertilizantes, pero tampoco eran grandes las exigencias de los hombres; comían austeramente y simplemente. Es esto que dice el Apóstol Pablo: “y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1Cor 7,31). No había abuso ni derroche, ni en el consumo ni en la tierra. Así también el hombre tenía salud y su ambiente también era limpio y saludable.

¡Pero vino otra época, vino la quinta Plaga! El hombre, como quiere satisfacer sus sentidos hedónicamente, voluptuosamente entonces el elemento demoníaco entró en su vida, dentro en su cultura, y ahora comienza a trasgredir la naturaleza para que le rinda lo máximo que pueda. Por tanto utiliza la Química, utiliza la energía nuclear, utiliza todas aquellas cosas que destruyen también su vida y también el ambiente.

Muy bellamente lo expresa esto el Salmista –todo está puesto en la Santa Escritura- en el 16º Salmo: “materialistas y glotones que sois, se han hinchado vuestras barrigas y la de vuestros hijos de los bienes escondidos a las profundidades de la tierra y dejaron y se saciaron también vuestros niños” (Sal 16, 14). De los bienes escondidos de Dios se ha saciado, hinchado la barriga de ellos, ¿Cuáles son “los bienes escondidos de Dios? ¡Vamos a sacar de los océanos, vamos a sacar de las profundidades de la tierra, vamos a sacar, no sé yo lo qué, para hacer, comer, no para cubrir nuestras necesidades, sino para saciar nuestros deseos! “Se han saciado los hijos y dejaron también para los niños”. Prestad atención a este versículo. El código Vaticáneo en vez de «υἱ­ῶν ión hijos», tiene «ὑ­εί­ων iíon cerdos», que quiere decir carnes de cerdos. Esto indica todavía que los hombres comen también comidas prohibidas, ya que la carne de cerdo se prohibía a los hebreos comer. En consecuencia, amados míos, qué comemos… ¡Qué llevan dentro estas cosas que comemos!… ¡Yo tampoco conozco lo que lleva dentro todo esto que comemos!

La traducción por el texto hebraico –esto que os he leído es de los setenta- es la siguiente: Los hijos de ellos están saciados, y dejaron además para sus niños, es decir, a sus nietos. Generación saciada, hijos saciados, y dejan también para sus nietos, cosa que indica claramente nuestra sociedad consumista.

Así forzamos, amados míos, la naturaleza –atención lo que dije, ¡forzamos la naturaleza!- para dar las frutas y las verduras súper grandes, pero también a toda época, es decir, pepinos, en el verano, pepinos en el invierno; tomates en el verano, tomate en el invierno. Ahora bien estos tomates y los pepinos si se hacen con inyecciones, con insecticidas o con hormonas, esto es otro párrafo, otra cosa. ¡Si con estos enfermamos, es otro párrafo! ¡Veis que por nuestra glotonería cambiamos las épocas para comer…comer! ¿Por qué tenemos que comer pepinos y tomates ahora en el invierno y no comer el invierno hortalizas y verduras? Serán más sabrosos los tomates y los pepinos si los comemos el verano. ¿Y por qué comemos en verano hortalizas y no comerlas en invierno? ¡Veis amigos míos! Forzamos la naturaleza. Los animales crecen con hormonas, porque nos hemos convertido en carnívoros. ¡Queremos comer mucha carne! ¡Si comemos menos entonces no tenemos necesidad de criar pollos de un kilo en treinta o cuarenta días! ¡Estas cosas son anormales! ¡Productos a un grado y tamaño sobrenatural, con el uso de sustancias químicas y no sé qué más, son cosas anormales, antinaturales!…

Es digno de destacar esto que dice el Salmista a continuación del 16º Salmo: Estas cosas son las que comen de las escondidas de Dios y se sacia la barriga o panza de ellos, “pero en cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia; y estaré satisfecho y saciado viendo Tu doxa-gloria luz increada” (Sal 16,15). Esto es el lado de Set y el otro lado es el de Caín. Es muy indicativo esto.

Así vemos que el hombre –tal como habla aquí- ve a Dios, se sacia con Dios, y de la naturaleza toma esto que le es necesario sin forzarla. Es esto que dice el Señor, “no sólo de pan vive el hombre” (Lc 4,4). Desde el momento que los hombres dirán que no vivirán sólo con pan, sino también con logos de Dios y con Su zeoría contemplación espiritual, entonces se crea el equilibrio de las fuerzas dentro en la naturaleza, y no tenemos esta “tortura” que tiene el hombre actual en la cultura contemporánea.

Podríamos decir, amados míos, que es aquello que querían indicar los antiguos Helenos, es decir, esta coacción de la naturaleza, con el mito del odre de Eolo. Y el mito dice que Odiseo o Ulises, como quería llegar ya a Ítaca y los vientos que soplaban le impedían, Eolo los englobó dentro en un odre y los dio a Ulises. Sin embargo, la tripulación abrió el odre en un descuido que estaba durmiendo Ulises salieron de allí todos los vientos –los hijos del dios viento, Eolo-   que ya libres soplaron y llevaron el barco en la isla de Kirki. Esto naturalmente disgustó a Ulises y etcétera. Es decir, no es fácil coaccionar, presionar uno la naturaleza, como hemos dicho.

Y existe también otro mito del mago aprendiz. Allí vemos que el mago aprendiz, que observaba su jefe haciendo varias cosas, y en una ausencia del mago jefe, pensó y abrió sus libros, y leyó el título: “¿Cómo puedo movilizar las fuerzas secretas o místicas de la naturaleza para que me sirvan?”. Y entonces comenzó a leer, y vinieron los demonios –veis, el elemento demoníaco, y le dijeron: “¡A tus órdenes!”. Y entonces él como quería limpiar y fregar el laboratorio, dijo a los demonios: “Quiero agua”. Entonces los demonios comenzaron a traer agua del pozo. Él se entusiasmó porque ahora el agua venía sin esfuerzo alguno y así podía fregar más fácilmente y más rápido. Pero los demonios, traían agua y lo arrojaban con los cubos en el interior sin parar. ¡Comenzó a inquietarse, porque los demonios traían… traían y comenzó el agua a subir! Entonces se asustó mucho. ¡Empezaron los objetos a flotar dentro en el laboratorio!  Por un momento llega el mago jefe y le pregunta: “¿qué son estas cosas?” ¡Aquel por supuesto conocía el secreto, y puso estas fuerzas de la naturaleza -el elemento demoníaco- a su sitio!

Amigos míos, el hombre ha descubierto el elemento demoníaco dentro en la naturaleza, lo liberó, y ahora grita e intenta a controlarlo, pero no puede. ¡Controlar por favor la energía nuclear o atómica! ¡Controlar las bombas atómicas o nucleares que amenazan la humanidad! ¿Existe control? ¡No, ya la cosa se escapa de nuestra manos, amigos míos, no existe este control.

¡Así hoy en día, mientras que la cultura intenta liberal las fuerzas de la naturaleza, aunque esta liberación se utilice, como dicen, para objetivos pacíficos, desgraciadamente el resultado es negativo! ¡La cosa está descontrolada, ya se ha escapado! La radiactividad, las composiciones químicas, todas estas cosas provocan mucho mal al hombre, pero también en su ambiente.

Esta, amigos míos, es la terrible quinta Plaga que viene a los hombres con el toque de Trompeta del quinto ángel, y la que comenzó a realizarse especialmente en nuestro siglo 20.

Y acaba esta Plaga con la antepenúltima frase: “El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes después de esto” (Ap 9,12). En concreto el siguiente “ay” es una guerra terrible. Es la tremenda y horrorosa guerra y se realiza en Mesopotamia, allí donde hoy en día están Irak e Irán (antigua Persia).

De todas formas, este logos, que “el primer ay pasó” constituye un colofón de esta quinta Plaga, pero a la vez es también un aviso de la venida de las dos siguientes Plagas terribles. El primer “ay”, que nos hemos referido, había la plaga-llamamiento hacia el arrepentimiento, vuelta a la metania. ¡Si no volvemos a la metania, al arrepentimiento, lo dijimos, vienen también los otros dos “ay”!

¿Pero amigos míos, volveremos a la metania, nos arrepentiremos? Amín.

 

Unidad 29 Apocalipsis 9, 13-21 El sexto toque de Trompeta. La guerra y el no arrepentimiento, ni vuelta a la metania.

 

Homilía 41 Y ahora, amigos míos, venimos a la Plaga que acaece por el toque de Trompeta del sexto ángel. Nos encontramos al 9º capítulo del libro del Apocalipsis y os leo;

«13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro ángulos o cuernos del altar de oro que está delante de Dios,
14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata y suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates.
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres.
16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era de dos miríadas de miríadas, es decir, doscientos millones. Yo oí su número.
17 Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. 

18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salían de sus bocas.
19 Porque la fuerza [destructora] de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, parecían a serpientes, tenían cabezas, y con [el veneno] de ellas dañaban a los hombres.

 20 Y los otros hombres que no fueron muertos por estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, no volvieron a la metania, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar;
21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su lujuria o fornicación, ni de sus robos» (Ap 9, 13-21).

Esta es la sexta Plaga, amados míos, que aquí se refiere el divino Evangelista en su Apocalipsis, que viene con el sexto toque de Trompeta; es del segundo “ay”. Esta Plaga es más intensa y más destructiva de la quinta o de las cinco anteriores Plagas con los cinco toques de Trompeta anteriores. El tema principal de esta Plaga es una guerra horrorosa que no tiene precedente en la Historia.

Pero vamos a ver el texto sagrado analíticamente.

«El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro ángulos ο cuernos del altar de oro que está delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata y suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates». 

La plaga tiene un carácter esjatológico potente y denso, pero existen pre-toques de ella dentro de cada época. Todas las guerras que se hacen son pre-toques de esta gran Plaga, esta es una guerra grande y horrorosa. Es aquello que dijo el Señor: “Y veréis guerras y oiréis rumores de guerras” (Mt 24,6 Mrc 13,7).

Aquí muchas veces se ha dicho que no es algo que se debería considerar como evidente, obvio, es decir, que las guerras siempre se hacían y etcétera, porque sencillamente, con la expansión del Cristianismo, se supone que los pueblos no harían guerras entre sí, y en concreto los pueblos cristianos, y sería considerado que habría la paz de Dios encima de la tierra. Pero el Señor avisa que no sólo no habrá paz, sino que habrá guerras, y estas guerras progresivamente serán mayores y más crueles, hasta que llegue esta guerra horrorosa y tormentosa, que como os dije no tiene otra precedente que sea parecida a esta guerra.

Así nos estamos preparando para esta “gran guerra”, y las dos guerras mundiales, únicas en la Historia, son el preámbulo de esta guerra grande y esjatológica de los últimos tiempos. La descripción tal como nos la hace el divino Evangelista, es inconcebible esta guerra, pero veréis que tiene todos los requisitos y diseños de ser real.

El “Altar” que ve el divino Evangelista, es aquello que había visto también Moisés en el monte Sinaí, y que se le había dicho que lo copie exactamente el diseño, y es “el Arca del Testamento”. Incluso es el altar de oro de los inciensos.

Y la voz que se oyó de los cuatro “cuernos”, los cuatro extremos del Altar es la voz de Dios, y es la respuesta a la oraciones de los Santos, que suben hacia Dios como inciensos, y es una icona-imagen que la habíamos visto la vez anterior.

Y esta voz de Dios dice al sexto ángel que toca la trompeta –aquí es un caso único- desatar el mismo ángel “los cuatro ángeles que están atados en la región del río Éufrates”.

¿Quiénes son estos cuatro ángeles que están atados?

Obviamente no son aquellos que hemos visto al 7º Capítulo al versículo 1, que sostienen los cuatro ángulos de la tierra, y allí retienen los vientos que lanzarían, sino que se dijo a ellos que los retengan, es decir, que retengan la catástrofe para que sean sellados los fieles. Es una icona-imagen bella, que indica que es retenida la ira de Dios para que les dé tiempo a los fieles a sellarse.

Aquí tenemos otra icona-imagen, que no son estos cuatro ángeles, son otros ángeles. Estos ángeles que se desatan son demonios malignos y astutos, no son ángeles, y son desatados por divina concesión, para provocar esta guerra horrorosa y durante la cual se va a matar la “tercera parte de la tierra”.

Una característica básica de esta sexta plaga es el lugar concreto. Hasta ahora hemos visto que siempre habla generalmente; habla de los mares, habla de los ríos… Pero toda nuestra tierra tiene mares, tiene ríos… Pero aquí tenemos un lugar concreto, y este lugar es la región del río Éufrates.

El río Éufrates, como es conocido se encuentra en el próximo Oriente, al cercano Oriente, emana de las Montañas de Ararat de Armenia y su desembocadura está en el Golfo Pérsico. Es un río que es fronterizo con Persia (Irán) y el actual Irak. Además que desde allí también emana el río Tigre. Son dos ríos que los dos desembocan al golfo Pérsico. Una vez en la antigüedad  estos ríos eran separados pero hoy en día se han encontrado y tienen común la desembocadura. El cauce de los ríos continuamente cambia, de todos los ríos, pero mucho más el cauce de los grandes ríos.

Pero cuando dice que todas estas cosas sucederán, nos va preparando y nos da primero el escenario, es decir, el lugar, la región del río Éufrates, allí donde sucederá esta “guerra grande”, y nos surge la pregunta:

¿Este lugar es real o espiritual, inteligible, tal y como es la Babilón espiritual?

Muchas veces veremos más abajo que se refiere a “Babilón la gran ramera, la gran ciudad”, pero es conocido que no existe hoy en día Babilón. Pero se traslada al carácter, las costumbres, la moral y el comportamiento de esta ciudad dentro de su Historia, de modo que todos los intérpretes digan que el sagrado Evangelista, cuando escribía sobre la “gran ramera que engaña al mundo” y etcétera, en aquella época esta ciudad era Roma. Pero puede ser que no sea sólo en una época, sino que sea alguna otra cosa, y algo distinto de más abajo. Pero quizás alguna vez puede ser que sea un estado o país entero, si uno tiene en cuenta que esta misma antigua Babilonia era un estado, independientemente si se ha expandido, y naturalmente después la ciudad se haya hecho capital. Pero igual que en Helade-Grecia teníamos polis-ciudad-estado, así también Babilón antes de ser imperio esta ciudad-estado. Nabucodonosor era el reformador y transformador de esta ciudad, que la convirtió en un estado inmenso y muy rico. Pero amados míos, la Babilón hoy en día no existe, sin que esto signifique que el logos en el libro del Apocalipsis no sea válido. Además que cuando el evangelista Juan en su libro del Apocalipsis se había referido a ella, ya había dejado ya de existir desde mucho tiempo antes. Así también el río Éufrates puede ser que no sea aquel lugar concreto, sino que sea un lugar espiritual o imaginario en alguna parte de la tierra. Esto no podemos saberlo con seguridad y certeza.

Todavía el río Éufrates es uno de los cuatro ríos más grandes del Paraíso, que se refieren en la Santa Escritura, es decir, que el Dios ha creado el Paraíso entre cuatro ríos, el Tigre, el Éufrates, el Geón y el Fisón. Quiénes son los ríos Geón y Fisón, ni podemos conocer ni es el momento de decirlo. Algunos dijeron que es el río Nilo, otros dijeron que el río índico o indós y otras muchas más otras cosas, expandiendo tanto el espacio del Paraíso, pero que pueden ser también ríos afluentes de estos dos ríos grandes. Pero esto no lo sabemos. Una cosa es cierta, que en aquel lugar concreto y ya no espiritual o imaginativo, sino lugar históricamente concreto- estaba el Paraíso de los primeros en ser Creados. Supongo que todos conoceréis que el Paraíso estaba aquí encima de la tierra. No era imaginario o espiritual, sino sensible, natural, era un Paraíso pragmático, real. Fue retirada la jaris (gracia, energía increada) de Dios, y así por supuesto ya no hay Paraíso.

Sí leéis, hoy en día esta región a pesar de ser muy fértil, es deprimente por parte de vista o expectación. La región aquella que se encuentra entre estos dos ríos grandes, es un paisaje muy feo y nosógono productor de enfermedades, pero que allí una vez estaba el Paraíso y esto indica que realmente fue retirada la Jaris (gracia energía increada). Después el Paraíso se hizo espiritual, es decir, las psiques-almas, cuando los fieles se van de esta vida presente, van al Paraíso y esperan la Resurrección (de los cuerpos). Pero Abel, por ejemplo, salió del Paraíso, pero fue al Hades y allí esperaba al Redentor. ¡Bajó el Cristo como psique-alma unida con la deidad increada –porque el cuerpo estaba encima de la cruz y a continuación a la tumba –y allí creó el Paraíso, y desde entonces el Paraíso es el lugar de los justos que esperan la resurrección de los muertos, es decir, volver a retomar sus cuerpos!

Ahora porqué allí donde estaba el Paraíso, el primer lugar de residencia de los seres humanos, porqué allí se realizará la catástrofe, esto constituye uno de los misterios de Dios y uno tiene que tener nus espíritu humano muy teológico para responderlo.

A lo largo de este río –como veis hacemos una aclaración- se encontraban las famosas ciudades. Estaba la famosa Babilón, estaba la ciudad Akad –tenemos también la llamada escritura akádica- estaba también la ciudad Ur, la patria de Abraham. Estas eran ciudades grandes.

San Andrés de Kesarea, y después san Arezas, nos dicen que posiblemente desde aquella región provenga el Anticristo, de Hebreos que se habían trasladado allí como cautivos, el siglo 6º antes de Cristo y ya no volvieron atrás. Quedaron allí y desde allí posiblemente provenga el Anticristo. Hay un testimonio en esta misma Apocalipsis, y desde allí sacan esta interpretación. Aunque digamos lo que digamos, el hecho es que el río Éufrates parece que puede enlazarse del sí mismo con el pasado, con la historia que os dije hasta ahora, pero también se puede referir como un lugar real de un escenario de terribles guerras, conflictos y choques bélicos.

Intentamos entender las profecías del futuro en relación con las que ya se han desenrollado. Os diré una antigua profecía que dice: “Allí donde se quedaron o se pusieron los pies de Dios” (Sal 131,7). Ahora me vino a la cabeza y os la he dicho como ejemplo. Un intérprete de las profecías de antes de Cristo, sería inconcebible pensar que podrían los pies de Dios quedarse o ponerse encima de la tierra. A pesar de esto, amados míos, el Hijo de Dios se hizo hombre y se quedaron, se pusieron Su pies encima de la tierra. Por tanto la interpretación que daban entonces era alegórica o cualquier otra cosa que queráis, pero nunca podían tocar este punto de la profecía que dice: “del cual sus pies se pusieron”. ¡Se pusieron los pies de Cristo! ¡El Cristo caminó encima de la tierra! Veis que muchas profecías se mueven así.

Otra profecía de Baruc dice que: “Se ha visto en la tierra y se relacionó con los hombres” (Bar. 3,38). ¡Aquí podríamos decir muchísimas interpretaciones, pero no podemos hablar sobre el cómo el Dios se relacionó con los hombres! ¿Pero cómo se ha hecho esto? ¡He aquí, se hizo! ¡Se relacionó con los hombres! ¡Si uno pensase qué interpretación podría dar y resultase decir que el Dios se relacionó tanto mucho con los hombres, de modo que comiera pan y sal con ellos, le dirían que “está fuera de la realidad”! En los Hechos de los Apóstoles leemos las palabras del apóstol Pedro de una de sus homilías: “A nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos” (Hec 10,41). Y Jesús estaba «συ­να­λι­ζό­με­νος sinalizomentos co-desayunando con ellos». El verbo sinalizome  que quiere decir, co-desayunar la raíz de la sal, que es esto que nuestro pueblo-laós dice popularmente “hemos comido con él pan y sal juntos” e indica una relación y comunión muy cercana y estrecha.

Trasladémonos, pues, todos juntos al Antiguo Testamento, e intentemos a entender las profecías que allí tenemos. Si debiésemos dar interpretaciones exactas que son también locales y trópicas sobre nuestras costumbres y encima de nuestra tierra, daríamos interpretaciones que serían consideradas como exageradísimas. Y a pesar de esto, en su realización exageradísimas, porque realmente el Hijo de Dios se hizo hombre y se relacionó, convivió con nosotros. Por tanto, ¿por qué las profecías que ahora pertenecen al futuro respeto a nosotros, por qué tenemos que trasladarlas a un escenario nubloso? Cuando dice Éufrates, ¿por qué no decir –por supuesto quizá diremos que estamos seguros- pero porqué no vamos a decir sencillamente “es el río Éufrates”, es decir, la región de Éufrates, la región de Mesopotamia, está allí donde hoy en día está el estado Irak y allí donde hoy está Persia o Irán? ¿Por qué no lo vamos a decir así? Lo dejo a vuestro juicio. Naturalmente nadie es infalible, ni somos profetas. Una profecía para resolverse, necesita también profeta para ser resuelta, por esa razón exactamente todos los que han interpretado el libro del Apocalipsis mantienen una cautela. Yo os digo sólo todas estas facetas o lados.

«Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres» (Ap 9,15).

Nos impresiona esta descripción del tiempo a escala ascendiente. Comienza de una hora, va al otro día, avanza al mes y llega al año. Esto nos impresiona mucho. Manifiesta que, por hablar de este modo, la decisión de Dios es inalterable y definitiva. Aquello que dijo Dios seguro que se hará. Pero todavía esta exactitud de tiempo también manifiesta hasta los detalles de la realización de la Plaga. Cuando dice la hora, el día, el mes y el año –que están todas las cosas tan definidas – indica la realización con todo detalle de esto que ya se está profetizando. Esto naturalmente no concierne sólo a esta Plaga, sino que concierne a todo el libro del Apocalipsis y a todas las profecías de la Santa Escritura.

Todavía observamos que en este versículo, que será matada “la tercera parte de los hombres de la tierra”, que muestra cuán asesina y mortal debe ser este conflicto armado bélico. ¡Si se supone que hoy en día la población de la tierra es de cuatro billones y medio (y hoy 2019 creo que supera los 7,5 billones o 7.500 millones según Google) la tercera parte será un billón y medio de hombres, es decir, se debe matar un billón y medio  o dos y medio actual, de seres humanos! ¡Es… es muy grande este número! ¡Si tenemos en cuenta que –si me equivoco rectificadme por favor- que en la segunda guerra mundial, me parece que han muerto cincuenta millones de seres humanos, entonces aquí serán muertos por la guerra treinta o cincuenta veces más de los que han muerto en la segunda guerra mundial! ¡En muy grande el número!

Pero atención en algo. ¡La capacidad y posibilidad de ser matados tantos hombres hoy en día existe, y produce vértigo esta magnitud de la catástrofe! ¡Hoy en día es muy fácil que sea matado todo este número de gente, es decir, un billón y medio! Y en concreto esto se puede hacer en un día, por no decir más rápido aún que un día. No olvidemos que tenemos perspectivas de este tipo de capacidades y posibilidades. No olvidemos esto.

«Y el número de los ejércitos de los jinetes era de dos miríadas de miríadas, es decir, doscientos millones. Yo oí su número» (Ap 9, 16). Dos miríadas de miríadas, o sea, doscientos millones; así que viene el divino Evangelista a darnos detalles sobre esta icona-imagen bélica.

Tal como vemos, se trata de caballería, pero, como sabemos de la continuación de la descripción, no se trata de caballos reales, sino que mantiene la nominación de caballería, y se trata, como veremos más debajo de terribles máquinas, sobre tanques o carros de combate de guerra. Como el libro del Apocalipsis se he escrito en la lengua helénica-griega, creo que muchos puntos podemos utilizar también de la lengua helénica (y el número seiscientos sesenta y seis, que es el número del Anticristo, será medido con el alfabeto helénico, si es que hasta entonces existe, y no con el alfabeto latino, según se va preparando). Así en el ejército Artillería, una fracción del ejército, es decir, una forma bélica del ejército, un tanque, son también las armas de guerra. Estas armas o tanques, carros de combate de guerra han sustituido la caballería, el ejército de la antigua caballería de guerra, tal como es conocido. Pero se ha mantenido la nomenclatura a las armas de guerra. Se ha mantenido, pues, la nomenclatura, pero ya no son caballos, sino que son tanques o carros de combate de guerra. Así también aquí, por un lado habla de caballos, pero no son caballos, son maquinaria terrible de guerra, como veremos.

Aún dice que el número de las tropas de caballería eran doscientos millones. Aquí no se refiere a los caballos, pero obviamente a los jinetes, porque cada caballo tiene un jinete, y así los soldados más bien eran doscientos millones de seres humanos. ¡Este número es muy grande nos impresiona mucho!

Quizás el divino Evangelista quiere adelantar nuestra duda, no vaya a ser que creamos que se trata de un error. Porque como sabréis también se han cometido errores también en los textos, particularmente en los números, y sobre todo en el Antiguo Testamento y podemos decir que quizás se trata de algún error que hubo copiando el texto o que se trata de un número alegórico. Si miráis antiguas interpretaciones hablan claramente de números alegóricos, por eso el divino Evangelista va rápidamente a decirnos que: “Yo oí su número”.  Utiliza el verbo “”, tanto porque quería indicarnos que no los ha contado –cómo los va a contar- como también para certificarnos que el número es este. Si se supone que fuera un número pequeño, entonces no tendría necesidad de decir que oyó el número de las tropas.

Amados míos, entonces que se escribía el libro del Apocalipsis por supuesto que este número era incomprensible, pero hoy en día no. ¡Si se supone que en este conflicto bélico se puede hacer en el espacio de Mesopotamia, sólo China puede ofrecer doscientos millones de ejército! ¡Sólo China, si tenemos en cuenta que en China en este momento (1981) son un billón de habitantes (hoy 2019 China es con una población de 1.392.730.000 personas, según Google) y si tomamos la quinta parte de la parte de los hombres son aptos para ser reclutados al ejército (sin contar las mujeres), entonces automáticamente tenemos los doscientos millones de ejército (y ahora más)! Sólo china en este momento puede ofrecer este número de ejército, mucho más también los países vecinos.

«Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre» (Ap 9, 17). 

Veis que el divino escritor avanza en el análisis y la descripción de la icona-imagen o escena detallada de su visión. Hace una distinción clara entre “caballos” y “jinetes” y nos dice que caballos y jinetes tenían las mismas corazas. Por tanto, primer punto: Caballos y Jinetes tienen las mismas corazas. Coraza es de una fabricación de hierro, es aquello que se ponían los antiguos guerreros para protegerse en la parte del pecho por una flecha, una jabalina o una espada del enemigo. Y el caballo, pues, y el jinete tienen coraza. Pero atención ahora.

Estos doscientos millones de los jinetes y de los caballos que vio el Evangelista tienen una diferenciación sobre el color; es decir, el caballo y el jinete tienen el mismo color, pero no tienen el mismo color todos los jinetes y todos los caballos. Esto por supuesto es muy natural desde primera vista. Por ejemplo cuando vemos dos equipos jugando el fútbol, ponen dos colores distintos para que conozcamos los equipos contrarios, digamos verde y rojo. Así, si viéramos unos jugadores jugando fútbol veríamos que la mitad sean verdes y la otra mitad rojos, o azules o amarillos o cualquier otro color. Así que aquí vemos claramente que hay tres equipos entrelazados. Y san Juan los llama rojos, azules y amarillos. Por tanto, aquí tenemos los rojos, los azules y los amarillos.

Estos tres colores corresponden posiblemente a tres cuarteles correspondientes, ¿si acaso tienen algo que nos recuerdan? ¿Quiénes son los rojos? ¿Quiénes son los amarillos y los azules? ¿Posiblemente representan a los Rusos, a los Chinos y al mundo Occidental? Todavía observamos que las cabezas de los caballos se parecen a cabezas de leones. Es el símbolo de la potencia. ¿Quizás sean carros de combate de guerra?

De la boca de estos peculiares “caballos” sale “fuego, humo y azufre”. De una manera estos tres materiales corresponden a los tres colores que ya se han referido. Es decir, el “humo” corresponde al “azul”, el “fuego” corresponde al “rojo” y el “azufre” al “amarrillo”.

«Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, por el fuego, el humo y el azufre que salían de sus bocas. Porque la fuerza [destructora] de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, parecían a serpientes, tenían cabezas, y con [el veneno] de ellas dañaban y envenenaban a los hombres» (Ap 9,18-19)

Tal como dice aquí el divino Evangelista, tenemos una diferenciación de la plaga, mientras que la plaga es una, es la sexta plaga. Tenemos una diferenciación de las plagas, y se refiere a los tres materiales, “del fuego, del humo y del azufre”, y con estos tres materiales es asesinada “la tercera parte de los hombres” de la tierra.

Quizás se trate para tres maneras o modos distintos por los que son dañados y heridos los hombres. Cuando, por ejemplo, dice “fuego”, quizá sean aquellos que serán matados por la caída de las bombas atómicas, de las armas nucleares. Cuando dice “azufre”, quizá sea una guerra química, que cumplimenta las bombas atómicas, y etcétera. Por tanto, parece hablar de tres plagas, mientras que en realidad es una, tenemos esta diferenciación de los medios de destrucción y catástrofe.

Estos “caballos” tienen “cabeza” y “colas que parecen serpientes”. Evidentemente se trata de carros de combate de guerra, que atacan con la parte delantera y también con la parte trasera, porque dice “Porque la fuerza [destructora] de los caballos estaba en su boca y en sus colas”, es decir, destruyen. Es algo que lo vemos muy bien en un carro de combate, que puede dañar por delante y por detrás.

Atención, amados míos, de todas estas cosas que hemos dicho podéis entender que todos los diseños de la plaga hoy en día son posibles. Tanques armas de combate nucleares existen. Ejército con doscientos millones de soldados fácilmente se puede reunir, y como os dije, sólo de China. Mesopotamia y en general en Oriente Medio con sus petróleos y su posición estratégica, hoy en día parece muy controvertida y bélica, es un punto de controversia y mucho conflicto. ¿Qué significan todas estas cosas? ¿Quizás esta plaga insinúa un conflicto bélico a escala mundial que esperaríamos en aquella parte?

Lo que os digo con interrogantes no puedo responder.

¿Quizás allí esperaríamos este terrible conflicto armado, el único conflicto armado en la Historia, allí en aquella parte?

« Y los demás hombres que no fueron exterminados en y por estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, no volvieron a la metania, ni cesaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ni ver, ni oír, ni andar; y no volvieron a la metania, ni se arrepintieron, de sus homicidios, ni de sus hechicerías o maleficios, ni de su lujuria o fornicación, ni de sus robos» (Ap 9, 20-21).

Amados míos, ¿cuál es el resultado de esta Plaga de los hombres impíos? ¡Es el embotamiento mental, porfía y no arrepentimiento, (no metania)! El caso recuerda a este duro Faraón, que por mucho que una plaga sucedía la otra, él tanto más duro se convertía. Su metania y arrepentimiento era fenomenal, de apariencia, porque en cada plaga, bajo el estado de miedo, decía a Moisés y Aarón: He pecado contra el Señor vuestro Dios, y contra vosotros. Mas os ruego ahora que perdonéis mi pecado esta vez, y que oréis al Señor vuestro Dios que quite de mí el mal de cada plaga mortal” (Éx 10, 16-17).

Habéis visto lo qué dice Faraón en cada plaga, amados míos. Debemos confesar que nosotros también desgraciadamente por regla general tenemos un faraónico arrepentimiento y metania. Cuando viene una plaga, una dificultad, un mal, una guerra nos arrepentimos, pero apenas  se va, lo olvidamos todo. Se ve muy claro, muy diáfano que el castigo por muy duro que sea, no nos conduce siempre al arrepentimiento y a la metania, si no hay también otro factor y este es la jaris (gracia, energía increada) de Dios, es la presencia del Espíritu Santo, es la buena voluntad y predisposición. ¡Sobre todo lo último, la buena voluntad y predisposición!

Faraón, cuando veía la plaga, aunque fuera con malos ojos, tal como la repiten los magos, no creía en Dios, y se hacía de nuevo duro y no dejaba a los Hebreos marcharse de Egipto. Lo mismo sucede también con nosotros. Un milagro de Dios por muchos se interpreta como algo del azar o por suerte o como natural, e incluso hasta espiritista.

Pero veamos, amados míos, el contenido del no arrepentimiento, la no vuelta a la metania de ellos. Tal como dice el texto; “no volvieron a la metania, ni se arrepintieron de sus homicidios, de sus hechicerías o maleficios, de su lujuria  o fornicación y de sus robos”, vemos que el sagrado Evangelista se refiere indicativamente a la transgresión del mandamiento primero, segundo, sexto y séptimo.

El primer mandamiento dice: No tendrás dioses ajenos delante de mí. El segundo mandamiento dice: No te harás ídolo de ti mismo, ni ninguna imagen semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; No te inclinarás a ellas, ni las honrarás. El séptimo Mandamiento dice: no cometerás adulterio; y el novenos: no robarás, (Éx  20, 3-14).

Es conocido que por el primer mandamiento dependen todos las demás mandamientos, sea como aplicación sea como transgresión. Por eso, amigos míos, se debe salvaguardar siempre la verdad sobre Dios. Y la teología no es ocupación escolástica e infructuosa, sino que es el punto de partida de todos los mandamientos, incluso a esta misma sotiría sanación, redención y salvación. Cuando hablamos sobre Dios, no podemos decir que no hace falta saber y conocer muchas cosas. Esta gnosis de Dios mantiene y salvaguarda la aplicación del primer mandamiento que antes nos hemos referido. También es sabido que el hombre tiende hacia la idolatría, y en consecuencia tiene necesidad de cada momento ser salvaguardado por esta gnosis, la profunda y verdadera gnosis increada sobre Dios.

Todavía es muy característica la descripción que nos hace el Apóstol Pablo sobre las consecuencias de la transgresión, principalmente de estos dos mandamientos que se refieren a Dios. ¡En su epístola a los Romanos en el primer capítulo, nos describe la situación del mundo antiguo, porque el antiguo mundo así estaba cuando el Evangelio le encontró, pero después el mundo antiguo, o mejor dicho, el mundo cristiano, se volvió hacerse lo que era antes de conocer el Evangelio! ¿Habéis oído lo que os he dicho? ¡El Evangelio encontró un antiguo mundo infame y le hizo cristiano, y este mundo cristiano volvió hacerse otra vez infame y negó el Evangelio!

Os leeré sólo el texto de la epístola, porque la hora ha pasado y puedo hacer análisis. Es el capítulo 1, 21-32:

“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron ni le agradecieron como a Dios, sino que se envanecieron en sus meditaciones (sobre los ídolos), y su necio corazón (por su vida pecaminosa) fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la doxa-gloria (luz increada) del Dios incorruptible, inmortal por materiales estatuas e  ídolos  en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. (Por esta impiedad y apostasía de ellos Dios retiró su jaris-gracia energía increada) y así se entregaron a la inmundicia ética, en las concupiscencias y en los deseos de sus corazones, de modo que ellos mismos degradan sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas y a la creación antes que al Creador que la ha creado, el Cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pazos pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios concedió que sean entregados a un espíritu-nus depravado, para hacer cosas indecentes y repugnantes; estando llenos de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; rebosados de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido bien la voluntad y la justicia de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que aplauden también a los que las practican”.

¡He aquí el catálogo del mudo antiguo, paro también, he aquí el catálogo del mundo cristiano occidental contemporáneo! Es el mismo. Así que vemos que la idolatría y la vida desordenada son inseparablemente conectadas y enlazadas.

Pero el Cristiano contemporáneo ha dado un paso más allá que el mundo antiguo. El Evangelio encontró al mundo antiguo que estaba idolatrando, pero hoy en día los Cristianos hicieron un paso de desfachatez, es decir, de la idolatría saltaron al ateísmo. ¡El fenómeno del ateísmo no había en el antiguo mundo, pero existe en el actual! En consecuencia nuestro mundo hoy en día es peor que cualquier otra situación anterior, porque ha negado a su Redentor y Salvador Cristo.

El apóstol Pedro dice: “y aun negarán al Soberano (Jesús Cristo) que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán viviendo con sus lascivias, por causa de los cuales el camino de la verdad será difamado y blasfemado” (2Ped 2, 1-2). El “camino de la verdad” es el Evangelio. ¡Será difamado y blasfemado el Evangelio por la vida de estos cristianos, que se han hecho muchos, realmente muchos!

Y como hoy en día, amados míos, apostatamos de Dios, del Dios vivo, por eso vendrá también el rechazo de los mandamientos, logos y la descomposición de nuestras sociedades. Representativamente el divino Evangelista se refiere al asesinato, a la lujuria o fornicación, al robo y a la magia.

Primero vamos a hablar sobre el asesinato u homicidio. ¡Hoy en día la vida humana no se tiene en cuenta como nunca sucedió en la Historia, a pesar que gritamos hipócritamente sobre los derechos humanos! La anarquía, el desorden, el crimen pagado y la tortura de los Cristianos en todo el mundo, las guerras criminalísimas, la indiferencia sobre la salud y la vida de millones de seres humanos, con la contaminación del ambiente, la falsificación de los alimentos, la falsificación de los fármacos y etcétera, es decir, todas estas cosas son una categoría del crimen, del asesinato directo e indirecto, están diariamente en nuestras vidas.

Después es la lujuria, fornicación o prostitución. La lujuria con este nombre, tenemos un escalonamiento de la indecencia y de la inmoralidad, que si se tendría que decirse, se pone rojo cualquier hombre honesto y serio. ¡Hemos llegado a verdaderas Sodoma y Gomorra, amigos míos! Hoy en día tienes vergüenza de decir el pecado que vive el mundo. Tienes vergüenza decir lo que los demás hacen. Tienes vergüenza hoy en día decir que una chica no tiene un amigo. Tiene vergüenza decir hoy en día que un joven no ha conocido la indecencia y la inmoralidad. ¡Te avergüenzas…te avergüenzas! Ha salido y se ha derramado a las aceras. Y lo anormal, no natural se considera como natural, normal. ¡Lo anormal se considera normal, lo pecaminoso se considera como decente, correcto, muy correcto, y el hombre puro, prudente, autodominante, sereno, virtuoso, humilde, templado y moderado, éste es considerado como fuera de toda normalidad y de toda realidad! ¡La filología de la indecencia –tal y como se presenta en las películas, en el cine, en la televisión, en fotografías y cuentos- ha sobrepasado todo precedente!

Pero tenemos también el robo, hurto. Es característica la referencia a este pecado con la expresión “de sus robos. Amigos míos, la presencia del robo se caracteriza por la ausencia de la agapi y del respeto al otro hombre, el interés propio, el bien estar material, la increencia y muchos más síndromes. ¡Hoy todos roban! El robo se ha hecho ciencia, pero también el sacrilegio ha sobrepasado todo límite tolerante. ¡Los hombres según un dicho popular roban hasta los ojos de la Panaghía (Santísima)! ¡Si existen aún hoy en día dieciocho millones de niños que morirán por el hambre 1982!, ¡esto se debe al gran derroche, el robo descarado de los bienes de muchos pueblos para interés propio de algunos pocos otros pueblos o países!

Y finalmente tenemos la magia, que es combinación de la idolatría y sucedáneo de la fe. Hoy en día los hombres creen cualquier locura y chaladura. Cualquier cosa que les digas, lo creerán, excepto al verdadero Dios. Decía uno más nuevo que: “¡en Egipto una vez se había deificado todo, el río Nilo, los cocodrilos, los ratones, las gatas… excepto al verdadero Dios!”. Lo mismo tenemos hoy en día. ¡El hombre contemporáneo de todo puede creer, todo puede considerarlo real, las más tontas enfermizas fantasías puede aceptarlas como realidades, excepto al verdadero Dios y al Evangelio! Este demonismo que se ha introducido por la magia, condujo a la endemonización a un grado lamentable. ¡Hoy en día tenemos seres humanos endemoniados como nunca más en otras épocas!

Amados míos, hoy en día nuestro mundo nos presenta la icona-imagen del paralítico de Bitscedá. Nuestro mundo está parapléjico, paralítico e impotente sin fuerzas para sanarse, pero tiene una diferencia con el paralítico de Biscedá: ¡aquel pidió que sea sanado, pero nuestro mundo contemporáneo quiere permanecer en su obstinación y en su no arrepentimiento sin metania!

Esta es la diferencia. Exactamente esta situación, la no metania, ni arrepentimiento, el que se refiere el divino Evangelista como resultado de la sexta plaga, exactamente esta situación traerá también las dos restantes “ayes” (plagas). Pero entonces… amados míos… que Dios se apiade y tenga misericordia de nosotros!!! Amín.

 

Unidad 30 Apocalipsis 10, 1-11 El primer diápsalmo del sexto toque de trompeta. El testimonio consolador de la divina doxa y voluntad

 

Homilía 42. Cuando con el sexto toque de Trompeta, amigos míos, se describió la Plaga de aquella guerra terrible en el espacio de la Mesopotamia y los hombres no se arrepintieron de sus pecados, ni volvieron a la metania, es digno de destacar que la Plaga aquella no se cerró con la característica “ay, la segunda pasó”. Esto manifiesta la prolongación de la Plaga que termina en el capítulo 11º versículo 13. En consecuencia el contenido de toda esta prolongación es de dos diápsalmos-intermedios que intervienen entre la sexta y séptima plaga, según los toques de Trompeta de los ángeles, tal como exactamente tuvimos la interposición de los dos diápsalmos entre la sexta y la séptima plaga, según el de-sellamiento del libro. Por tanto, igual que allí teníamos intervención de dos diápsalmos, ahora también tenemos interpuestos dos diápsalmos.

Habíamos explicado también allí qué es un diápsalmo-intermedio, es decir, que es un tema que parece que no tiene ninguna relación con aquellas cosas que se dicen y son un intermedio filológico. La palabra es tomada de la música, porque también aquí tenemos un intermedio musical, cambia el tema para crear otra impresión, y para dar descanso.

Así pues psicológicamente es necesaria la intervención de estos diápsalmos, para que sea dado tiempo al Profeta, pero también a los oyentes del logos del libro del Apocalipsis, volverse en sí por esta icona-imagen de las terribles y atormentadoras escenas, respirar un poco y a la vez se vayan preparando para la Plaga más abajo del séptimo toque de Trompeta, larguísima por lo menos en descripción, que constituye el punto central y el núcleo de todo el libro.

Durante la aparición de la séptima Plaga tenemos la presencia del Anticristo, que es también la última Plaga. Por tanto, percibiréis que la descripción es larguísima, difícil y terrible.

Por tanto, antes que entremos en esta terrible séptima Plaga y para que respiremos un poco de la anterior, que también era una plaga terrible, con aquella guerra sin precedentes en la Historia, vienen ahora estos diápsalmos a reconfortarnos, aliviarnos y calmarnos.

El primer diápsalmo se refiere al profeta Juan, y el segundo a los fieles. El Evangelista Juan ahora se encuentra en la tierra silenciosamente y observa estas cosas que se desarrollan en la tierra. Hasta ahora le teníamos al cielo, pero sin que el cielo cese de ser el punto de partida de todas estas visiones y escenas.

El segundo diápsalmo es continuación del primero, y se considera que interpretativamente es una página oscura de todo el libro, que se refiere a las dos personas, los dos Profetas –que veremos quiénes pueden ser- y que vienen a indicar al Anticristo.

Pero vamos ahora al primer diápsalmo. Os lo voy a leer todo el capitulo 10º. Haré sólo una lectura para que tengáis una icona-imagen general y después iremos interpretando poco a poco los versículos.

1 Vi descender del cielo a otro ángel potente, [y tal como el Hijo del Hombre] estaba envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
2 Tenía en su mano un libro abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando habló, siete truenos hablaron con sus propias voces potentes que eran como truenos. 

4 Cuando los siete truenos hubieron hablado, yo me preparaba para escribir sus logos; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella y mantén en secreto los logos que han dicho los siete truenos, y no los escribas.
5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, alzó  su mano derecha  al cielo,

 6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo se acabó, ya no queda más,

7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, y se haya celebrado el misterio de Dios, como él lo evangelizó a sus siervos los profetas, [del Antiguo y del Nuevo Testamento].
8 Y La voz que yo antes había oído del cielo hablando, de nuevo me habló, y me dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. 

9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma el librito y cómelo entero; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 

[9 Y salí hacia el ángel y le dije que me diese el librito. Y él me dijo: “toma y cómelo entero es decir, asimílalo, conciéncialo y mete en tu nus o corazón la profecía que contiene el librito; y te amargará tu estómago, pero en tu boca será dulce como la miel, es decir, será dulce y agradable el anuncio de la cumplimentación del plan divino venidero y de la segura redención, pero estará naciendo también el sentimiento de amargura y de tristeza a causa de las pruebas que lo acompañarán].

10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí entero; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando me lo comí, amargó mi vientre.

11 Entonces me dijeron: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Esto amigos míos, es el primer diápsalmo que constituye el capítulo 10º del libro del Apocalipsis. Pero vamos a ver el texto paso a paso.

«Vi descender del cielo a otro ángel potente, [y tal como el Hijo del Hombre] estaba envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego» (Ap 10,1).

Con este incidente del ángel, viene a confirmarse que comienza el final de las Plagas y a presagiar el “fin del mundo”.

Con la expresión “otro ángel”, se diferencia por supuesto este de los seis ángeles anteriores que tocaron la trompeta, pero tampoco tiene relación con el séptimo ángel que va a sonar la séptima Plaga. Toda esta presentación del ángel es θεοπρεπής zeoprepís (de modo o forma divina o como Dios manda). Baja desde el cielo, rodeado de nube luminosa, en su cabeza tiene la corona del arco iris y su rostro es como el sol y sus pies como columnas de fuego. También es muy fuerte, “ángel potente”, su altura es enorme, toda esta aparición de él supracósmica y majestuosa está a la altura de Jesús Cristo, al Cual representa y por el Cual es enviado para expresar a Juan el evangelista Sus voluntades.

Pero vamos a ver las características más analíticamente.

“Ángel potente”, en hebreo guibor. Recuerda el significado del nombre hebraico Gabriel, y que quiere decir “Dios potente”, que es Gabriel. Pongo la pregunta: ¿Posiblemente sea el arcángel Gabriel y se llama “potente”, porque sirve al potente Dios?

¡Aparece “ángel potente”, para apoyar a los fieles de una flojedad, pusilanimidad, tanto por los males de las Plagas, como también de la seducción del mal! ¡En nuestra época como nunca más hace falta tener el conocimiento del “ángel potente”, porque el mal viene muy seductor, y no sé yo quién puede permanecer siempre firme en pie! De todas formas esta presencia del “ángel potente” es un consuelo muy grande para los fieles, y se opone hacia el potentísimo mal del mundo… sobre todo cuando los Cristianos son menos en número e inferiores en axiomas, cargos (mundanos) y posiciones relevantes que la mayoría de la gente en este mundo.

Por tanto, tenemos necesidad de “ángel potente”. Tenemos necesidad de sentir su presencia, tal y como sentimos la necesidad de tener un gobernante fuerte o un jefe de familia fuerte. Tomo esta icona-imagen, cuando la esposa, el cónyuge y los hijos sienten que el cónyuge, el padre es una persona importante dentro en una casa, es una persona fuerte, tiene prudencia y voluntad dinámica, ¡todos sienten reposo, alivio porque tienen a lado suyo una persona fuerte! Así también los fieles, cuando sienten que tienen a lado suyo un ángel potente, esto es de gran valor y tiene una importancia enorme.

Este ángel fuerte era “el que estaba bajando desde el cielo”. ¡Atención, más abajo veremos que la “bestia”, el Anticristo, sale desde “el mar”, desde dentro de la profundidad, en cambio el ángel viene desde el “cielo” y esto nos declara que tiene una misión divina!

Una vez el rey Saúl fue a pedir consejo a una bruja, maga de su época, para saber el resultado de la guerra con los Filisteos. Esta bruja llamó a los espíritus, entre los cuales supuestamente fue llamado también el espíritu de Samuel el profeta –pero no es el espíritu de Samuel- para ser preguntado sobre el desenlace de la guerra que sería el día siguiente. Y dice ella: Veo los espíritus subir desde la tierra” (1Re 28, 23-24).  ¡Atención, dice que “suben desde la tierra”! ¡Son espíritus malignos! ¡Cuando vamos al espiritismo, a las llamadas popularmente médium, estos son espíritus malignos, no son las psiques-almas de los difuntos, sino que son demonios que fingen, simulan las psiques de los muertos, y nosotros vamos a preguntarlos! Allí estos espíritus no vienen desde el cielo, sino que están errantes vagando y seduciendo dentro de esta misma creación. La expresión “suben desde la tierra” indica exactamente su energía demoníaca, su poder de endiablar, endemoniar. El ángel que viene, viene desde el cielo y incluso expresa que, ya que viene desde el cielo, tiene una misión divina.

Insistiré todavía en esto “el que está viniendo desde el cielo”. El Señor nos dijo claramente que Le esperemos desde el cielo. Dijo: “Igual como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, cubre todo el cielo y al espectador que está en la tierra, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mt 24,27). La primera aparición de Cristo fue aquí en la tierra, con Su humilde nacimiento por la hiperaghía Zeotokos en Belén. ¡Pero la segunda aparición de Cristo será desde el cielo! Por tanto, si vienen otros Mesías -Cristos- y nos digan “yo soy el Mesías”, igual que lo va a decir también el Anticristo, sabremos que no habrán venido desde el cielo. ¡Los pseudomesías no vendrán desde el cielo! Es un elemento muy característico, y entonces podremos decir: “¡Eres el pseudomesías, el Pseudocristo, el Anticristo!”

El apóstol Pablo en la epístola a los Filipenses dice: “nuestra forma de gobierno y política está en los cielos de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesús Cristo” (Fil 3,20). ¡Desde allí Le esperamos venir, desde el cielo!

Cuando el Señor subió al cielo durante Su Ascensión, dos ángeles dijeron a los Discípulos: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que estaba con vosotros, que ha sido ascendido, del mismo modo vendrá de nuevo, tal y como le habéis visto ir al cielo” (Hec 1,11). En consecuencia la bajada de Cristo será desde el cielo y será visible a todos.

Con este dato y hecho que acabo de comentaros, vamos ahora a controlar e inspeccionar también a los Milenaristas T.J., ¡que dicen que el Cristo viene invisiblemente y que vino invisiblemente! ¡Ya que fueron desmentidos de que el Cristo, la Realeza increada de Cristo, vendría los años 1914, el 1918, el 1922, el 1923, y pongan y pongan fechas, de desmentido en desmentido, entonces llegaron a sostener que el Cristo vino… pero vino invisiblemente, y no Le vemos!… ¿Dónde invisiblemente? El Señor nos dijo que igual que es visible el rayo y lo ven todos, así vendrá. Por eso os dije todas estas cosas, para que no seamos arrastrados y engañados por los que dicen que el Señor está aquí corporalmente y que vino Su Realeza. ¡Es mentira! ¡El Cristo viene desde el cielo visiblemente, y es visible de todos los hombres!

Pero surge también una duda, -como veis, en los siglos se han añadido conocimientos que pueden crear dudas- de que ya que nuestra tierra es redonda, esférica y es habitada también en sus dos hemisferios, ¿y si el Señor vendrá a uno de los hemisferios, cómo Le verán los habitantes del otro hemisferio?

El Cristo, amados míos, es visible dentro en toda la creación, -no sólo en la tierra-, de una forma misteriosa, en cualquier punto que uno se encuentre. ¡En cualquier lugar o punto! ¡El Jesús concreto será visto desde cualquier punto por cualquier hombre, y en cualquier lugar que se encuentre en la creación! ¡Será visible en todas partes, también en Su Realeza, en el reinado de Su inmensa Realeza increada! Ni tampoco esta pequeña altura de un ser humano podría hacerlo pequeño, si se supone que existe una distancia local, el Dios es infinito e increado que se unió con la naturaleza humana. No, no existen estas cosas; estas realidades y cosas están dentro en nuestro conocido espacio, pero este espacio junto con el tiempo es corruptible y envejece. ¡Tendremos un nuevo espacio y un nuevo tiempo restaurado!

Y continuamos: El ángel tenía “iris”; es conocido que la iris es el arco iris, esto que vemos mientras aún está lloviendo pero ha salido el sol. Esto no es más que gotitas de agua que pasa la luz blanca del sol y se refracta en sus elementos parciales, a sus varias frecuencias, y así tenemos la variedad de colores. Es el símbolo de la paz y del intercambio, pero sólo con los fieles, no con los infieles e incrédulos.

En la época de Noé, os acordáis supongo, cuando terminó el cataclismo, apareció el arco iris. Por supuesto que no apareció entonces por primera vez, pero encima de esta señal el Dios puso una promesa: que no volverá a destruir al mundo por agua, es decir, por cataclismo. Por tanto, el Arco Iris no era algo que apareció por primera vez entonces, sino que es un fenómeno natural que siempre existía y existirá, y el Dios puso como señal este fenómeno natural. Tal y como nosotros ponemos como señal un árbol, una piedra, una roca para no perdernos y perder el lugar, así también el Dios puso una señal y dijo a Noé y a sus descendientes: “Cuando estaréis viendo esta señal, el arco iris, acordaos de esta promesa mía: no volverá hacerse cataclismo” (Gén 9, 13-17).

Ahora el ángel tiene el arco iris en su cabeza, que significa que ya no volverá hacer cataclismo. Pero también algo más, es que no volverá hacer catástrofe, sino que después de esta catástrofe ya no tendremos otra. ¿Y cuál es esta catástrofe? La primera catástrofe fue por al agua. ¡El Dios es verdadero, por tanto, no volverá hacer catástrofe, cataclismo por agua! La segunda catástrofe será por fuego. Lo dice el apóstol Pedro en su segunda epístola, y en concreto analíticamente de la siguiente manera: “Los elementos de la tierra estarán quemándose y disolviéndose, y la tierra y todo lo existe en ella será quemado totalmente” (2 Ped 3,10). ¿Qué fuego será esto? Hoy en día no nos es muy difícil entender qué es este fuego.

En otra frase suya el apóstol Pedro, que en este punto esjatológico es muy apocalíptico  y dice lo siguiente: “El Dios atesoró fuego dentro en la misma materia, dentro en la misma creación, el cual fuego está reservado para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2Ped 3,7). En el tiempo que se escribía la epístola era inconcebible. Lo único que podían entender los hombres, era que si tomaran dos hierros y los golpeasen, sacan una chispa o si la piqueta golpea encima de una piedra saca una chispa o lo mismo sucede si toman dos pedernales (como las piedras de mechero) y las golpean. Esto es lo que sabían nada más. ¡Hoy en día conocemos que esta misma materia contiene en su interior energía, que es de potencia enorme y aterradora! He aquí, pues, tenemos esta especificación, este conocimiento de la cosa, de que el Dios ha atesorado fuego, es decir, energía que permanece atesorada dentro en la materia y será manifestada, es decir, esta materia producirá y dará su energía, y se hará el cambio del universo. Os lo vuelvo a decir, el apóstol Pedro es muy apocalíptico. Esto significa que la primera catástrofe de los hombres fue por cataclismo con el agua y ahora será por fuego con la energía. En concreto el apóstol Pedro dice: “Cuando estas cosas se irán haciendo, cuando todo estará disolviéndose, ¿a dónde podemos quedar o parar los pecadores? ¿A dónde?”. Por eso dice a los Cristianos: “Hermanos míos, luchar para que seáis Cristianos correctos”. Así escribe en su segunda epístola: Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (Pe 3, 11-12).

En consecuencia vemos que esta “iris”, el  arco iris, se da por adelantado como una garantía de que no se va hacer otra catástrofe más que este del fuego. Esta catástrofe será la última, es decir, en lo siguiente de esta habrá el reinado de la Realeza increada de Dios, ya habrá terminado la Historia. Este es el gran consuelo y alivio para los fieles, para que no se desvíen, caigan, ni se angustien y se fatiguen. “No os fatiguéis, ni angustiéis”, nos dice el logos de Dios, como veréis a continuación. La presencia del ángel este propósito tiene, es decir, consolar a los fieles y ayudarlos, además que os lo he pre-anunciado, “porque ya no hay tiempo, el fin está cerca”.

El ángel también “está envuelto y rodeado por la nube”, esta nube es el símbolo de la divina protección.

Os recuerdo aquella columna de nube en el desierto que funcionaba con tres maneras: durante el día ensombrecía a los Hebreos en el desierto para que no sean quemados por los rayos del sol, por la noche era luminosa y los iluminaba como la luna, y cuando se trataba de viajar, marcharse del lugar que habían acampado e ir a otro lugar, la nube precedía y les indicaba el lugar a dónde tenían que ir. Entonces, uno diría que esta nube funcionaba lógicamente.

¿Sabéis cuál era aquella nube?

¡Era el Hijo de Dios que más tarde se encarnó, se hizo hombre! Los hombres no veían al Logos, porque era invisible, veían sólo la nube. El Cristo, que después se hizo hombre, es Aquel que conducía Su pueblo a la tierra prometida. ¡Le conducía, le ensombrecía y le iluminaba! ¡Sí, esto era una tremenda muestra de protección y una protección sensible! ¿Escuchad lo que os digo: protección sensible de Dios, del Dios Logos increado!

Por eso nuestra himnología toma un logos del Antiguo Testamento y dice muy bellamente: “Pueblo mío, ¿qué te he hecho y me has negado? ¿Yo que te he alimentado en el desierto con el maná, te he quitado la sed con el agua de una roca, yo que estaba en forma de nube, y te ensombrecía, te iluminaba y te conducía, pueblo mío, que es lo que hice y en qué yo tengo la culpa y tú ahora me niegas? ¿No me reconoces? ¡No me reconoces y me subes a la cruz! ¡Aunque me has subido a la cruz, mi sangre es capaz de sanar y lavar este pecado de tu Cristoctonía (asesinato a Cristo), y estoy preparado a perdonarte, pero ven!”.

¡Qué desgraciados estos hombres… permanecen alejados de Él! ¿Pero por qué los Hebreos se quedan alejados, lejos? ¿Y los cristianos que niegan y negaron, y en consecuencia niegan su Bautismo y dicen, por qué bautizarme? ¿Y si me he bautizado, me han preguntado mis padres a mí si quiero bautizarme? ¿O aunque me bautizaron, a mí de qué me sirve esto ahora? ¿Por qué tienen que llagar a ser anticristos? ¡Es terrible!

Por tanto la “nube” es el símbolo de la protección. Pero todavía es también el símbolo de la divina presencia; cuando el ángel aparece con esta nube, entonces indica que no falta la divina presencia. El Señor dijo unos logos melancólicos: “Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis” (Lc 17, 22). Vendrán días… ¿Cuáles son estos días? Principalmente el Señor tiene en cuenta estos ésjatos últimos días. Cuando habrá mucha tribulación, tristeza y angustia, y los fieles entonces dirán: “Señor indícanos una señal o signo de Tu protección”.

¡Este momento, si podemos concienciar esto, estamos y somos en un Pentecostés! Donde quiera que estén los fieles, se oye Su Logos y se ofrece culto a Dios, es la presencia del Espíritu Santo. ¿Os podéis imaginar que seamos mónadas, unidades o individualidades y que no exista esta sinaxis-asamlea, reunión? Esta sinaxis es una manifestación de la Iglesia dentro en la Historia. ¡Imaginaros la icona-imagen que existan unidades o individualidades que no se encuentran, y en consecuencia, que no tengan esta manifestación de la Iglesia dentro en la Historia! Digamos, por ejemplo, que haya una persecución y así no podamos reunirnos y encontrarnos. ¿Os impresiona porque los fieles iban cada noche a las catacumbas, iban a sus escondites, en lugares que no podían encontrarlos los perseguidores? ¡Sin falta, a cualquier precio iban cada noche a encontrarse poniendo en peligro sus vidas y la confiscación de sus bienes, sus fortunas! ¿Puede captarlo vuestra mente esto? ¿No podría cada uno quedarse en su casa a rendir culto a un Dios, y decir “por qué voy a arriesgar para ir a una sinaxis-asamplea? ¿Os habéis preguntado por qué lo hacían esto los fieles? Lo hacían porque de esta manera manifestaban la Iglesia dentro en la Historia, no sólo a los infieles, sino en sus propios ojos los fieles tienen la presencia de la Iglesia, y por consiguiente, el Cuerpo de Cristo. Tienen una muestra de este Pentecostés. El Cristo dijo: “No os separéis por diez días; estaos juntos” (Hec 1,4), para que se manifieste el Pentecostés en Jerusalén. Imaginaos ahora que no se haga aquí la sinaxis-asablea o reunión. No sé lo qué puede suceder, amigos míos, y así no podamos reunirnos no sólo aquí, ni tampoco en ningún templo, y no sólo para el kerigma, sino también para el Culto. Todo es posible; mañana puede suceder y venir todo tipo de cosas. Y vendrán. ¡Por los datos dados por las profecías, vendrán! Entonces si cada uno se queda en su casa y dice “¿existe otro fiel?” –tal como el profeta Elías, al cual no se le manifestó que existen también otros fieles, pensando y creyendo que estaba solo (3Re 19,10) – ¡entonces cada fiel estará pidiendo muestra de esta divina presencia, y no la tendrá! ”Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis” (Lc 17,22). ¡Serán tan duros aquellos días que no tendremos una muestra de Su parusía-presencia! Abraham también pidió ver el día, es decir, saber sobre la encarnación. ¿Pero cómo la vio? No la vio, sino que supo sobre la encarnación.

Por tanto, “la nube” que envuelve al ángel indica que a pesar de esto existe no sólo protección, sino que también la parusía-presencia de Cristo. ¡Por eso vemos este diápsalmo-intermedio que es tan consolador y fortificante!

Todavía leemos que el rostro del ángel era “como el sol”. Esto es también símbolo de la divina doxa (gloria, luz increada), que como sabemos la tienen también los seres celestes. Todos los ángeles y los Santos tienen esta divina doxa (gloria luz increada). Es la divina doxa que recibirán todos los fieles, si permanecen fieles y firmes en pie. Pero alguna vez puede ser que se doblen también los fieles.

Un caso análogo es entonces que el círculo amplio de los discípulos de Cristo se había escandalizado por la enseñanza del Señor sobre la comida de Su cuerpo. Atención a este punto; el Señor dijo: “Si uno no come mi cuerpo (carne) y no bebe mi sangre, no tendrá vida eterna, no tendrá la vida en su interior”, y algunos se escandalizaron. El Evangelista Juan en concreto allí dice que: “¡Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, a sus casas y a sus trabajos, y ya no Le seguían”, ya no volvieron junto con Él!  Se escandalizaron. Entonces el Señor giró y dijo a Sus discípulos: “Pues, ¿qué sería si vierais al Hijo del Hombre subir, por la Ascensión, a donde estaba antes de encarnarse? ¿Entonces creerías a este acontecimiento que se oye por primera vez?” (Jn 6,66·61-62). Es decir, ¿si pudierais ver mi doxa (gloria, luz increada), qué diríais?

Por tanto, amados míos, esta divina doxa luz increada es ofrecida a los fieles ahora por el ángel que su rostro parece “como el sol”, pero sin embargo deja aberturas de visión, contemplación de la divina doxa increada, para que sean fortalecidos los fieles de cada época.

En todas las obras escritas de san Isaac el Sirio encontramos una oración suya muy bella y se menciona también en libro “horologion”, en el Canon a Jesús Cristo, lo único que allí está un poco variada. Allí escribe lo siguiente: “Consuelos a aquellos que se están fatigando para Su agapi, por indicarlos las señales de Tu divina doxa increada”. Porque los ascetas, cuanto más se ejercitan, practican y viven alejados del mundo y del pecado, tanto más fieles, firmes e inflexibles permanecen, porque exactamente tienen estos testimonios y experiencias de la divina doxa increada, la Realeza increada de Dios, y tienen estos pequeños y grandes sabores análogos. Por supuesto que son sabores, ciertamente que son olores. Tal como exactamente, si paso por las calles de una ciudad y me vienen los olores de distintas comidas, entenderé que en esta ciudad no hay hambre, que existen alimentos, así lo mismo también aquí, cuando tengo el sabor, este sabor de la Realeza increada de Dios, entonces esto me consuela y me ayuda mucho. Exactamente por esto aquí aparece el ángel “como el sol”, porque, no olvidemos que también los fieles brillarán, tal y como nos dijo el Señor, “como el sol en el reinado de la Realeza increada del Padre” (Lc 13, 43).

También por descripción del Evangelista Juan, tenemos la icona-imagen del ángel que “sus pies son como columnas de fuego”. ¡En concreto en los frescos pintados en la Santa Montaña Athos, este ángel aparece con unos pies extraños, realmente como columnas y es altísimo! ¡El profeta delante de él es bajo de estatura, es tan altísimo y enorme como un Gigante! ¡Y con uno de sus pies pisa al mar y con el otro a la tierra –veremos qué significa esto- y estos pies suyos son de fuego, candentes!

San Arezas dice: “Que estos pies grandes de fuego, candentes, no son para otra cosa más que para el castigo de los impíos. Y cuando decimos que serán castigados los impíos, estos pies no se han figurado de la cualidad iluminante, sino de la candente. (Las dos cualidades de la luz, iluminar y quemar, a los fieles ilumina y a los infieles los quema o endemonia).

Y otra vez os lo había dicho esto, pero es muy notable este punto, y no molesta que volvamos a decirlo. El Dios es fuego y luz; o más bien, es luz por el que ilumina, pero a la vez también quema, tal y como el sol es luz que ilumina y a la vez quema. Los justos en el reinado de la Realeza increada de Dios, estarán recibiendo la luminosidad de la divina doxa increada, que estará emanando de Jesús Cristo. El evangelista Juan ya al final del libro del Apocalipsis, nos habla sobre la luminosidad: “No he visto sol en la ciudad de Dios. No he visto sol porque ilumina este mismo Cristo”. Es ya la divina doxa (gloria, luz increada), porque no tendremos necesidad de la luz del sol, de la creada luz solar. Así la luminosidad de la divina doxa increada permanece en los justos. ¡Pero la divina doxa increada llena todo a donde hay mundo creado! Llega también al Hades y al Infierno. Y allí por supuesto está presente Dios, pero allí no llega la luminosidad de la divina doxa, sino la causticidad de la divina doxa increada; no la luz increada que ilumina sino lo que quema. Por tanto, en los justos llega sólo como luz increada que ilumina sin quemar, y a los impíos, infieles no llega esto que ilumina sino sólo lo que quema. Así se explica porque es “la oscuridad, tiniebla exterior, extrema”, es decir, alejada, y muchas veces oscuridad, negrura y a la vez esta oscuridad no acaba nunca. ¡El fuego allí no es iluminante, es sólo caustico!

Lo que el ángel pisa en la tierra y en la mar, significa que viene a castigar a los impíos, infieles de la tierra -en cualquier parte que se encuentren- de esta manera, es decir, por la causticidad de la divina doxa increada.

Y continúa la descripción:

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra” (Ap 10, 2). Sobre la palabra “libro”, existen dos o tres escritos y uno de estos es “librito”, es decir, un librito pequeño.

Cuando el apóstol y evangelista Juan ve a este ángel en la tierra firme y en la mar, se ha dicho muy acertadamente que aquí alude la isla de Patmos. Patmos es una isla pequeña que si alguna vez la visitáis allí donde está la cueva del Evangelista, podéis ver que está rodeada de mar y vuestros ojos captarán el contorno de toda la isla. Así que, ve al ángel pisar en la tierra firme y en el mar, que es como si dijera que el ángel domina la tierra firme y el mar.

En consecuencia el exilio de Juan en la isla de Patmos no se hizo por debilidad de Cristo, sino por concesión de Cristo. Juan se encuentra allí porque esto lo quiere el Cristo, lo concede, pero el ángel muestra su dominio en toda la tierra. Es como si le dijera: “Juan, no tengas miedo, si estás aquí en esta isla seca, apartado y alejado de la Iglesia de Éfeso que tanto la amas, no te asustes; es porque el Dios lo permite que estés aquí. El Dios es potente. ¡Me ves cómo estoy pisando en la mar y en la tierra firme! No tengas miedo, no te asustes; el Dios es dominador de todo. Las potencias del mal, hagan lo que hagan, son muchísimo más débiles, debilísimas”.

Os dije que el ángel tenía un “libro pequeño”. Pero no es aquel libro que se ha referido en los capítulos anteriores, que Juan preguntaba “¿quién abrirá el libro sellado por los siete sellos?”, y nadie se encontró para abrirlo ni en el cielo ni en la tierra ni tampoco al Hades, y Juan lloraba. Os acordáis que describe el Evangelista Juan que cuando lloraba se oyó una voz del cielo que le dijo un ángel que estaba a lado suyo: “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David [según lo humano, Jesús Cristo], ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Ap 5,5), es decir, apocaliptará.revelará las voluntades de Dios y etcétera. Ahora aquí no es este libro, sino que es otro libro, más pequeño en tamaño, y no está sellado, está abierto. Esto indica que estas cosas que escribe este libro pequeño son parte del libro sellado.

Su contenido son el resto de las cosas y realidades que van a ser apocaliptadas-reveladas en el libro del Apocalipsis, es decir, las cosas que sucederán desde aquel punto hasta el final. Estas cosas que se apocaliptarán-revelarán son una parte. Y como estas realidades y cosas las va a escribir, no hace falta que el libro sea sellado, está abierto. Como si el ángel dijera: “Profetizarás –sobre esto se trata- profetizarás también las realidades y cosas más abajo”.

«Y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando habló, siete truenos hablaron con sus propias voces potentes que eran como truenos» (Ap 10,3). 

¡Muy raro esto aquí! Vemos el grito del ángel primero que sea una voz muy terrible, y que provoque miedo encima de la tierra, un miedo que condena o un miedo que hace a los hombres que vuelvan a la metania y arrepentirse rápidamente. Pero es necesario así hacerse, para que se asusten los hombres, o todavía, volver a la metania, arrepentirse.

¿Y cuáles son estas “voces” de los “siete truenos? El número siete indica plenitud. Con el trueno siempre tenemos la voz de Dios, pero la voz de Dios en el número siete significa plenitud. Por lo tanto tenemos información del mismo Dios.

Cuando una vez el Señor hablaba a las multitudes y giró Su mirada hacia el cielo y pidió que fuera glorificado el nombre de Dios, entonces se escuchó desde el cielo una voz como trueno, que decía: “Padre haz que sea glorificado tu nombre. Entonces vino una voz del cielo y dijo: «Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré». Y la multitud que allí estaba y había oído la voz, decía que había sido un trueno; otros decían: Le ha hablado un ángel” (Jn 12, 28-29). Esta voz era como trueno, era la voz del Padre celeste. Así que aquí la voz de los “siete truenos” es la voz de Dios.

«Cuando los siete truenos hubieron hablado, yo iba a escribir sus logos; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella y mantén en secreto los logos que han dicho los siete truenos, y no los escribas» (Ap 10,4)

Aquí se ve que el divino Evangelista escribe el momento o hora que ve la visión o escena. Quizás sea un punto que manifiesta cómo se escribió el Apocalipsis, es decir, veía y escribía, a pesar que la tradición nos salvaguarda que dicta el libro del Apocalipsis a su diácono Prócoro. De todas formas esto muestra que el deseo del divino Evangelista de escribir lo que se le va revelando-apocaliptando.

Pero he aquí, mientras la voz de Dios apocalipta-revela, a la vez impide que sean escritas las cosas que se van apocaliptando-revelando. La gnosis de estas cosas que escuchó el Profeta quedará sólo para éste. Sólo él conocerá estas cosas, quizás porque se trata de terribles castigos a los impíos, que estarían asustando y atormentando a los fieles que los estarían oyendo. Amigos míos, es que hay algunas cosas que no interesa que las sepa el hombre, no las aguanta.

Os diré uno, dos puntos que la sofía-sabiduría de Dios los esconde. ¿Sabemos cuándo moriremos? ¿Podéis imaginar si supiéramos cuándo moriremos? Nuestra vida sería un martirio si supiéramos y esperásemos el día que llegará la muerte. ¡Sería terrorífico! Pero aún una cosa más: ¡No sabemos cuándo será el fin del mundo! ¿Por qué el Dios lo esconde? Sencillamente porque no interesa que lo sepamos. ¿Por qué no reveló desde ahora cuándo vendrá el Anticristo o cuál será el nombre del Anticristo? El evangelista Juan, lo conoce el nombre del Anticristo lo oyó, pero no nos lo ha apocaliptado-revelado. Escribió sólo el número del nombre que es criptográfico.

Así también aquí ahora Dios le dice que “es sólo para ti no para el mundo. No lo escribas esto. Esto no se debe escribir”. Ahora la sabiduría y la agapi de Dios esconde, no apocalipta-revela. ¡Por tanto no es una debilidad, ni tampoco quiere que se nos nazca la curiosidad!  No se ha apocaliptado por las razones que hemos dicho. Pero cada vez que viene el momento, en el tiempo adecuado, se irá haciendo una apocálipsis-revelación.

Escribe Arezas: “Es como cuando tienes sello y para mantener con seguridad en tu cerebro la formulación de la escritura, indiferentemente a lo qué se refiere; quizás no interesa que sea apocaliptado-revelado antes de la presencia de los últimos tiempos”. Por tanto tenemos una criptografía o una ocultación o una callada. Se hace una insinuación, y se silencia lo más abajo.

Aquí es un privilegio del Profeta, pero duro, conocer aquello que los demás no saben y que no debe nunca apocaliptarlo-revelarlo. Debe saberlo solamente él. Imaginaos, amigos míos, que una persona sepa cuándo yo voy a morir. Yo ignorarlo, y esté despreocupado. ¿Cómo debe sentirse esta persona si me ama? ¡Así entendéis que esta gnosis-conocimiento es muy dura!

Algo análogo sucedió también con el profeta Daniel que vale la pena decirlo: “Pero tú, Daniel, mantén los logos, las palabras y sella el libro hasta que acabe el tiempo del fin” (Dan 12,4). ¿Cuál tiempo? No la Historia entera, sino hasta que acabe el tiempo para las cosas que se han profetizado, es decir, hasta el nacimiento de Cristo o todavía la presencia del Antíoco el epifanís, y etcétera.

Esto se debería hacer porque los que leen sus profecías no las entenderán, sino sólo cuando venga el tiempo adecuado. Prestad atención a esto, es muy importante. Nos ayuda a nosotros ahora entender el Apocalipsis. Lo que entendemos, significa que ha llegado el tiempo a entenderlo y lo que no entendemos, significa que aún no ha llegado este tiempo. Haced lo que queráis, pero el nombre del Anticristo no seréis capaces de desapocriptarlo-descifrarlo. Pero hoy en día podemos ver otros puntos, como decíamos la vez anterior, sobre los “doscientos millones de soldados del ejército de caballería”, que hoy en día esto lo podemos saber. ¡Cuando vemos aquellos colores que decíamos la vez anterior, el rojo, el amarillo y el azul, nos deja sorprendidos, anonadados! Sobre el sentido de estos colores en una época más antigua eran desconocidos. No podían los hombres insinuar nada con estos colores, pero hoy en día entienden muchas cosas.

Y nos impresiona todavía la continuación de esta profecía de Daniel, que es: “Y yo oí, mas no entendí; y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?” (Dan 12,8). Y yo oí, mas no entendí; Hay puntos que el profeta escucha pero no los entiende, y se debe explicárselos. Es decir, cómo estos últimos tiempos no son los ésjatos últimos de la Historia, sino que son los ésjatos en relación con el nacimiento de Cristo y etcétera, según la primera Parusía-Presencia. Aquí quiero señalar por una vez más que los Profetas del Antiguo Testamento no se agotan en la primera Parusía-Presencia de Cristo. ¡Los Profetas del Antiguo Testamento no se han agotado! Por eso debemos estudiar los Profetas, el Antiguo Testamento igual que el Nuevo Testamento. Es un engaño decir que debemos leer sólo en Nuevo Testamento. Los profetas no se agotaron, os lo repito una vez más. “Él respondió: Anda, Daniel, pues estos logos están cerrados, sellados y ocultos hasta que el tiempo termine. Hasta entonces muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados; y pasarán por fuego, por pruebas y serán santificados, y los impíos, los pecadores procederán más impíamente y se harán más impíos, más pecadores y ninguno de los impíos, de los pecadores entenderá, pero los piadosos estarán comprendiendo” (Dan 12, 8-10). Los impíos, los pecadores, estarán poniendo en sus manos el número 666 y no estarán entendiendo nada.

Por consiguiente la Santa Escritura y sus profecías, permanecen cerradas para los impíos. ¿Para impíos sabéis lo que es la Santa Escritura?  El Antiguo Testamento es un antiguo códice ético y legislativo, y el Nuevo Testamento también un renovado códice de ética, renovado y mejorado, pero este también se ha envejecido, así que no tiene mucha importancia. ¡Esto es la Santa Escritura para muchos y para los impíos, pecadores e inicuos! ¡La Santa Escritura es la vida que prepara, predice e indica el reinado de la Realeza increada de Dios!

Todas estas cosas amigos míos son indicadores sólo para los fieles, sólo para aquellos que tienen el Espíritu Santo, que los abre los ojos (espirituales) y ven. Es aquello que realmente deseamos y bendecimos tener con todo nuestro corazón.

Homilía (43) Continuamos:

«Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, alzó  su mano derecha  al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo se acabó, ya no queda más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, y se haya celebrado el misterio de Dios, como él lo evangelizó a sus siervos los profetas, [del Antiguo y del Nuevo Testamento]» (Ap 10, 5-7)

Aquí vemos que el ángel procede a una confirmación jurada, de que “el misterio de Dios” acaba con el toque de trompeta del séptimo ángel, y que ya no hay tiempo para nada más.

Esta confirmación jurada muchas veces se ha hecho por el mismo Dios en el Antiguo Testamento sobre temas importantísimos. El Dios se jura a Sí Mismo, no tiene alguien mayor que Él. Los ángeles juran al Dios vivo. Pero también en el Nuevo Testamento el mismo Señor, el Jesús Cristo, hace juramento, en concreto muy oficial ante el Caifás, cuando éste Le dijo: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios bendito. Jesús le dijo: Tú lo has dicho” (Mt 26, 63-64); es decir, acepto el juramento que me haces, en consecuencia lo juro, y a ti te confirmo que esto que has dicho así es, o sea, que soy el hijo de Dios bendito.

Y el apóstol Pablo, amados míos, jura repetidamente. Por supuesto que quizás os extrañaréis, ¿cómo puede suceder esto?, ya que el Señor nos dijo que “no juréis de ninguna manera”. Es cierto que por cosas serias no debemos jurar para nada, pero para temas muy grandes y serias el juramento está permitido. Pero estos temas muy grandes, amados míos, son también como grandes apocalipsis-revelaciones.

Pero también Daniel, al final de sus apocalipsis-revelaciones, nos indica que el ángel allí donde revela los misterios que se van a realizar, levanta también sus dos manos al cielo y jura a Dios que “cuando se acabe la dispersión todas estas cosas serán conocidas” (Dan 12,7), -no haremos más análisis de la profecía- todas estas cosas se realizarán y serán comprendidas.

La misma cosa, amados míos, sucede ahora también aquí con el evangelista Juan y el ángel que alza su mano derecha para jurar al Dios “viviente”. Este tiempo, por el que jura el ángel, es la duración de las cosas que van a suceder durante el séptimo toque de Trompeta, y que su núcleo es la aparición del Anticristo. Es como si le dijera: “No existe ya tiempo; el tiempo se ha acabado. He aquí el séptimo toque de trompeta, durante el cual aparecerá el Anticristo y será el fin del mundo y la aparición de Cristo”.

Pero con la aparición y acción del Anticristo acaba el “misterio de Dios”, tal como ha confirmado el Evangelista. En la Santa Escritura –y rogaría que esto lo recordemos- tenemos dos ésjatos últimos, postreros. Oiréis o leeréis muchas veces, “en los ésjatos tiempos”, “en los ésjatos días”, como aquello que dice Joel: “En los ésjatos días derramaré de mí espíritu” (Joel 3,2) y también lo menciona el apóstol Pedro en su homilía en el Pentecostés (Hec 2, 17-18). Ésjatos quiere decir últimos, postreros, extremos, las cosas que ya terminan, que se refieren a un final. Por tanto, tenemos dos ésjatos en la Santa Escritura, que corresponden a las dos Parusías-Presencias de Cristo. Lo que se refiere a la primera Parusía de Cristo se llama ésjato. Por lo tanto, la profecía de Joel “en los ésjatos días…” se refiere en relación con la primera Parusía de Cristo. Los Pentecostales, los heréticos y los Milenaristas T.J. esto lo interpretan sobre los segundos ésjatos últimos días, y por supuesto no es correcto, y esto tiene consecuencias. Pero la profecía de Joel seguro que no se agota entonces, porque habla de alteraciones de los cuerpos celestes, y esto significa que la profecía es doble y se refiere también a los dos ésjatos tiempos. Esta profecía especialmente, contiene en su interior también los dos ésjatos tiempos. Aquello que quiero que sepáis y os acordéis es que la Santa Escritura señala los dos ésjatos, se refiere a las dos Parusías-Presencias de Cristo.

Pero en estos dos ésjatos tiempos, de la primera y de la segunda Parusía de Cristo, corresponden también dos “misterios de Dios”. Es cierto que estos “misterios” se refieren crónicamente y morfológicamente a estos dos ésjatos tiempos, es decir, en el qué serán estos ésjatos. Por el primer “misterio”, que se refiere a la primera Parusía-Presencia de Cristo, escribe el apóstol Pablo: “Según la apocálipsis-revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde muchos tiempos, pero que ha sido manifestado ahora” (Rom 16,25). La “apocálipsis-revelación del misterio” es que el Dios se hace hombre. Grandioso “misterio de Dios”, que estaba oculto, secreto, nadie conocía nada. Los Profetas lo apocaliptan-revelan, pero allí también encubierto, apocálipsis-revelación bien escondida. Los mismos Profetas no tienen gnosis-conocimiento de la cosa. Profetizan sobre el Cristo, pero no saben muchas cosas. Escriben los que el Dios los apocalipta-revela. Apuntad que Daniel lo dice claramente en el último capítulo: “Pregunté al ángel para que me explique qué significan estas cosas que me estaba apocaliptando-revelando”. Y aquel me respondió; “Eh, anda, Daniel, para qué me preguntas; tú escribe estas cosas y no preguntes; en su tiempo se hará todo conocido” (Dan 12, 8-9). ¡Mirad qué expresión! Así está exactamente en el texto.

Así pues vemos que este “misterio el silenciado” tampoco los Profetas no lo conocían; ni los ángeles lo conocían, mucho más lo conocía tampoco el Diablo. ¡Nadie lo conocía! ¡Sólo Dios! ¿Y cuál era el misterio? Que Dios es Trinitario y que la segunda Persona de la Santa Trinidad se haría hombre. ¡Esto era inconcebible e impensable! Podría ser, digamos, la profecía de Baruc “y se relacionó con los hombres” (Bar 3,38) o “reverenciamos en el lugar en cual pisaron sus pies” (Sal 131 (2), 7), en el monte Sión. Podíamos tomar estas cosas metafóricamente, pero vemos que las profecías se realizan de una manera que en ningún caso podrían sospechar los hombres y los Profetas. ¡Mientras lo profetizaban, lo escribieron, pero quedó “misterio el silenciado, oculto”! ¡Así que el primer “misterio”, en los primeros ésjatos últimos tiempos, a la primera Parusía-Presencia de Cristo es esto: ¡La encarnación del Señor!

El segundo “misterio”, el “misterio de los segundos ésjatos tiempos”, es el tiempo de la segunda Parusía-Presencia de Cristo y la presencia del Anticristo. Es misterio. ¡Atención, es misterio! Lo digo porque cuántas veces dentro de la Historia han circulado varias cosas, circulan y circularán siempre, sobre el Anticristo, tales como: “vino el Anticristo… tiene tantos años!…” y etcétera… ¡Es misterio! Sólo cuando empiece a actuar, entonces será reconocido. Pero no podemos saber, porque, amigos míos, si sabemos cuándo vendrá el Anticristo, si decimos tantos años tiene y que entonces actuará, entonces está cerca también la segunda Parusía-Presencia. Pero esto permanece misterio. Por tanto, ¿cómo podemos saber el primero para sacar conclusiones sobre el segundo? ¡No sabemos nada.

Pero el primer “misterio” no nos interesa menos, el que, sobre todo, debemos familiarizarnos y apropiarnos con este misterio. No tiene importancia el que ya se ha apocaliptado-revelado. ¡Si no nos familiarizamos y no nos apropiamos del primer “misterio”, el segundo nos comerá! ¡Nos comerá…! Si no sabemos quién es el Hijo de Dios que se hizo hombre, el Θε­άν­θρω­πος zeánzropos Dios-Hombre, Jesús Cristo, entonces no entenderemos al Anticristo.

Todavía es digno de destacar que todos los Profetas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, profetizan hasta aquí, es decir, en los segundos ésjatos últimos tiempos. Os había dicho la vez pasada, pero lo diré otra vez, oportuna e inoportunamente lo estaré diciendo, que los Profetas del Antiguo Testamento no se agotan en los primeros ésjatos, que es la primera Parusía de Cristo. Los Profetas de Antiguo Testamento hacen saltos grandes y alcanzan a los segundos ésjatos tiempos. Debemos estudiar los Profetas. Lo dice el apóstol Pedro: “Hacéis bien al estudiar los Profetas” (2Pe 1,19). Y esto lo dice a los Cristianos, no lo dice en la Sinagoga, no a los Hebreos. No es marginado de la periferia el Antiguo Testamento; lo tendremos siempre delante nuestro, como también el Nuevo Testamento.

Pero todas las profecías acaban, como os dije, en la segunda parusía.presencia de Cristo. Hasta allí. Es esto que dice el apóstol Pablo en la 1ª epístola a los Corintios en el glorioso himno de la agapi: “sean profecías, cesarán”, “sea esto…sea aquello…. sea otro…sea profecías cesarán” (1Cor 13,8). Esto quiere decir que allí terminan. No tenemos ninguna profecía que se refiera dentro en el reinado de la Realeza increada de Dios. Pero aquello “por y en los siglos de los siglos”, significa siglo interminable o sea que no acaba, no caduca nunca este siglo, no termina. Ya no tenemos acontecimientos, no tendremos incidentes que sucederán dentro en el siglo interminable. En la eternidad no habrá incidentes. Estas cosas son sólo elementos del tiempo, elementos y datos de la Historia. Estaremos viendo la cara, el rostro de Dios y Le estaremos alabando y estaremos dentro en la bienaventuranza de Dios. Nada más; más abajo no sabemos nada, absolutamente nada. Por eso os dije que las profecías acaban hasta allí, en la Segunda Parusía-Presencia de Cristo.

Pero el texto aquí dice: “y se haya celebrado el misterio de Dios, como él lo evangelizó a sus siervos los profetas, [del Antiguo y del Nuevo Testamento]. No dice “tal como los informó”, sino que dice que “tal como los evangelizó”, que significa que no es una información simple que el Cristo a dado como Dios Logos a los Profetas y profetizan, sino que esta profecía es alegre. Cada profecía es alegre, por eso utiliza el verbo “evangelizó” y no “informó” u otro verbo.

Y esto que “lo evangelizó a sus siervos los profetas”, es que después de la Historia, la que está llena de aventuras, de peripecias, de negaciones y de persecuciones, viene el reinado de la Realeza increada de Dios, que es el verdadero descanso. Esto es el elemento evangélico dentro de todas estas profecías, el elemento y dato agradable y dichoso: “¡No tengáis miedo, pase lo que pase, viene la Realeza increada de Dios!”

Por lo tanto el significado de estos versículos es que los fieles, dentro en la Historia, dentro de los acontecimientos y las dificultades deben tener paciencia. El Señor dijo, en concreto dos veces: “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt 10,22· 24,13 Mrc 13,13), y “con vuestra paciencia ganaréis vuestras psiques-almas” (Lc 21,19). Así que el elemento que necesitan los cristianos es la paciencia. Pero como en nuestro hablar diario decimos que la paciencia también tiene sus límites, el mismo Dios dice que “la paciencia tiene sus límites y estos límites son cuando se acabe la Historia y vendrá el reinado de la Realeza increada de Dios. Estos son los límites. Por tanto, ten paciencia hasta que acabe a Historia. ¡No tengas miedo! Por esta razón el fin no tarda, ya vendrá la Realeza increada de Dios. ¡Y para confirmárnoslo -¡observad la agapi de Dios!- nos da confirmación o certificación jurada! ¡Bajo juramento! ¡El Dios jura que el fin no tarda!

« Y la voz que yo antes había oído del cielo hablando, de nuevo me habló, y me dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra» (Ap 10,8)

¿Cuál es esta “voz” que oye el Evangelista y que le anuncia lo qué tiene que hacer? Es la voz de Cristo. Juan recibe la orden de ser poseedor y conocedor del libro de las voluntades de Dios. “Ve y toma el librito que está abierto, –no dice el libro cerrado- en la mano del ángel”

Y salí hacia el ángel y le dije que me diese el librito. Y él me dijo: toma el librito y cómelo entero, es decir, asimílalo, conciéncialo y mete en tu nus o corazón la profecía que contiene el librito; y te amargará tu estómago, pero en tu boca será dulce como la miel, es decir, será dulce y agradable el anuncio de la cumplimentación del plan divino venidero y de la segura redención, pero estará naciendo también el sentimiento de amargura y de tristeza a causa de las pruebas que lo acompañarán.

¡Mandamiento realmente curioso! ¡“Toma el librito y cómelo entero”! Pero, amados míos, se trata de una expresión que nosotros la decimos en nuestra lengua helénica, y no es más que esto que decimos “lo he comido el libro, lo he tragado”, es decir, que lo he estudiado mucho y lo he aprendido muy bien. Esta es una icona-imagen plástica muy bella, que significa que se ofrece a Juan la gnosis-conocimiento, comprensión y asimilación de las cosas que van a suceder. Tendrá pleno conocimiento de todo.

Lo mismo sucedió también a Ezequiel, que en el segundo y tercer capítulo se le ofrece comer el libro (Ez 2, 8-10· 3, 1-3). Es la misma cosa. Es decir, no es un caso curioso o sin precedentes.

Lo que sí es curioso es que en la boca el sabor del librito es dulce, pero en el vientre o estómago amargo. Esto significa que termina el “misterio de Dios” y todas las cosas han llegado a su fin, y esto me produce una dulzura. ¡Doxa gloria y gracias a Dios! ¡Se acaban las plagas y se acaban las peripecias, las aventuras! ¡Por supuesto que tenemos todavía también las siete Bombonas, no lo olvidéis! Pero tal como os había dicho en la interpretación, en la introducción sobre los siete Sellos, los siete toques de Trompeta y las siete Bombonas, no es que va acabando una setena y comienza la otra, sino que son complementarias. La segunda setena es complementaria de la primera setena, y la tercera setena es complementaria también de la primera setena. En consecuencia las setenas van paralelamente.

Pero de cualquier manera que sea, el tema es que nos encontramos en la séptima plaga del séptimo toque de Trompeta. Y como veréis, aquellas cosas que son prioridad no son tanto los siete Sellos y las siete Bombonas, como los son los siete toques de Trompeta, que tienen las muy terribles y horrorosas cosas, porque durante el séptimo toque de Trompeta tenemos la aparición del Anticristo. Todas las demás cosas son complementarias de las cosas que nos informan las siete Plagas. Así que el divino Evangelista, cuando recibe la noticia de que todo esto se acaba, es decir, se entera por el libro de las profecías –por el “librito”- que todas estas cosas ya son y nada más, que todo se ha acabado, tiene mucha alegría. Es esto que decimos: “¡Doxa gloria y gracias a Dios, la Historia se acaba!

¡Pero tiene tristeza y angustia, porque ha oído que le “amargará el vientre”, cómo si el vientre tuviera sabor! Sabéis que nuestro vientre no tiene nudos o partes que saborean. ¡Si comemos algo amargo lo sentiremos en nuestra boca, no lo sentiremos en nuestra barriga o estómago! Con esta icona-imagen muy plástica, como antes os dije, el divino Evangelista, viendo las profecías que le apocalipta-revela el Cristo y que muchos hombres se perderán y aún pasarán males a los fieles, se entristece, y esto es la amargura del vientre. En efecto por un lado todo acabará, pero por otro lado se entristece hasta que acaben. Como ser humano co-padece con los fieles, pero también con los infieles e impíos. Porque es cualidad o atributo de los verdaderos Cristianos el “gozar, alegrarse con los que se gozan; y llorar con los que lloran” (Rom 12, 15).

«Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí entero» (Ap 10,10). No dice que lo comí, sino que lo comí entero, es decir, lo he tragado totalmente. Esto significa la asimilación, plena concienciación y gnosis de los “misterios de Dios”.

“Y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando me lo comí, amargó mi vientre” (Ap 10,10). Tal como se le dijo así también se hizo.

«Entonces me dijeron: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes» (Ap 10,11).

Atención aquí. Cuando “comió el librito” supo que estas cosas que más abajo se harán, principalmente el contenido de la séptima Plaga, esencialmente se enteró quién es el Anticristo. Cuando, por ejemplo escribe, “he aquí está la sabiduría; el nombre del ilícito es χξς, aquí está la sabiduría. El que tenga sofía-sabiduría, que aprenda, pues, qué es esto; es nombre de hombre”. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis; (Ap 13, 18).  Juan pues conoce el nombre. Atención, el nombre del Anticristo Juan lo conoce. Ofrece el número del nombre, pero no el nombre. Esto permanece oculto. Tal como os decía como ejemplo la vez anterior, el día de nuestra muerte permanece oculto para todos nosotros. ¡Pero muchas veces para los santos es conocida la fecha por ellos y se lo revela Dios! Así también aquí, el Dios le dice: “Esto no lo revelarás lo guardarás sólo para ti; no lo escribirás y es sólo para ti”. Cuando uno conoce tales tremendos secretos, decidme, ¿cómo debe sentirse uno? Por supuesto que no muy bien. Pensad que saber algunos secretos tremendos, y estar viendo los hombres, vosotros que conocéis sus secretos, y os tenéis que comportar con toda sencillez e ingenuidad como si no supierais absolutamente nada…  Y estos secretos, os digo, son tremendos… Cuando veis cómo se mueven estos hombres, a los cuales conocéis… y os debéis de comportar como si no pasara absolutamente nada. ¡Pero esto provoca mucha amargura!

De todas formas la gnosis-conocimiento en general provoca tristeza y dolor. Quizá esto no lo hemos entendido, pero es verdad. Dice por ejemplo el Eclesiastés-Salomón en el primer capítulo versículo 18 que: “¡Si en tu sabiduría conoces muchas cosas,  y vas añadiendo más gnosis, añades también dolor!

Os diré una cosa más. Cuando uno conoce la peligrosidad de un arma peligrosísima y terrible, es el inventor de esto y conoce la capacidad y posibilidad de dañar y destruir de un arma, ¿cómo debe sentirse? La multitud de la gente no sabe nada y está…despreocupada. Pero este que conoce qué significa esto que ha inventado, realmente se siente muy mal, fatal. Decidme una cosa más, si conociese que en cada momento puede ser utilizado su arma y se vas a destruir millares y millones incluso hombres, ¿cómo debe sentirse? Traspasad vuestra conciencia a la situación de la conciencia de él, y veréis que cosa más terrible es. Realmente la gnosis, amados míos, crea dolor y tristeza.

No obstante es digno de destacar que aquello que dice: “debes profetizar otra vez”. Con esto da a entender que cubrirá con profecías también la parte que falta del libro del Apocalipsis. Sus profecías tendrán carácter universal, y comienzan inmediatamente después del capítulo siguiente. Sólo prestad atención una cosa:

Aquí hay una mala interpretación, y os la había analizado antiguamente con el motivo de un incidente. Aquello que dice: “debes otra vez profetizar”, se había interpretado de que Juan no ha muerto. Si nos acordamos entonces que el Señor, en la comida en el lago de Tiberiada, dijo al apóstol Pedro que le siguiese y se levantó inmediatamente a la vez siguió también Juan y avanzaba con ellos un paso atrás. Entonces el Señor dice a Pedro: “Tú glorificarás a Dios con muerte por martirio”. Como eran amigos también con el Juan, el santo apóstol Pedro pregunta al Señor: “Señor yo moriré por martirio, te glorificaré martíricamente, ¿pero Juan cómo Te glorificará? ¿De muerte natural o martíricamente?” Y el Señor responde: “Si se supone que yo quiero que éste permanezca hasta que yo vuelva y no muera ni con muerte natural ni con muerte martírica, ¿a ti que te importa? Tú preocúpate de tu salvación” (Jn 21, 21-23).

Y como había circulado en los cristianos de entonces de que el Discípulo aquel no muere, el mismo Discípulo, el evangelista Juan –son palabras del mismo, las añade el mismo para sí mismo- rectifica y dice: “Esto Jesús no lo dijo, de que no muere, sino que lo dijo hipotéticamente”. ¡Eh, pues, amados míos, aquello que me exaspera es que algunas cosas que son tan claras en la Santa Escritura, se malinterpretan! Es una cosa curiosa. ¡Eh, pues, dentro en la Historia hasta hoy en día existe esta interpretación equivocada, de que aquel Discípulo no ha muerto! Está en alguna parte escondido, que sólo Dios sabe y vendrá a profetizar otra vez en los días del Anticristo, es decir, que concierne al séptimo toque de Trompeta y más allá.

Pero no es esto. Juan no es inmortal. Juan ha muerto. El mismo dijo que “si él no muere” esto lo dijo el Señor hipotéticamente. Por consiguiente, cuando más abajo se refiere a las profecías, aquello de “que debe profetizar sobre las naciones y los pueblos”, y etcétera, significa que a continuación, que de lo que hasta ahora ha profetizado, profetizará también más abajo. Es como si dijera que “hasta ahora has profetizado hasta allí; ahora profetizarás de aquí hasta al final”. Exactamente esto da a entender.

Así acaba el primer diápsalmo-intermedio con la presencia del ángel y la información de que Juan tiene que profetizar más abajo las cosas futuras que van a suceder. Y nos las escribe. Y comienza a escribir las cosas que van a suceder inmediatamente después del segundo diápsalmo. Amín.

Yérontas Atanasio Mitilineos

Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio”

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Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) 29/11/2019  www.logosortodoxo.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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