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Nov 26 2025

Egolatría, egocentrismo φιλαυτία (filaftía), P. Atanasios Mitilineos

Φιλαυτία (filaftía) egolatría, egocentrismo

Atanasios Mitilineos (Domingo IX de Lucas (12, 16-21)

 

[Φιλαυτία (filaftía) egolatría, egocentrismo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, narcicismo. La φιλαυτία (filaftía), entendida como el amor excesivo hacia uno mismo, ha sido objeto de reflexión desde la filosofía clásica hasta la psicología contemporánea. Aunque en su origen griego podía referirse tanto al cuidado propio como a la vanidad extrema, hoy se vincula con actitudes como la egolatría, el egocentrismo y el narcisismo. Este concepto permite examinar cómo el desmesurado aprecio por la propia imagen o cuerpo puede distorsionar las relaciones humanas, afectar la identidad y limitar la capacidad de empatía. Analizar la filaftía implica, por tanto, explorar las fronteras entre la sana autoestima y el amor a uno mismo llevado al exceso. La psicoterapia y la sanación de la filaftía se encuentran ampliamente desarrolladas en la Filocalía, así como en las enseñanzas de todos los Santos Padres.]

 

La parábola del rico insensato, queridos míos, siempre, después de escucharla, nos deja melancólicos y preocupados. Esta parábola tiene elementos de una rica enseñanza, principalmente negativa. Desde un punto de vista, podríamos decir que la parábola del rico insensato es una historia sobre la φιλαυτία egolatría, el egoísmo. Y esto se hace evidente, ya que hay un abuso aquí del pronombre posesivo. “Mis frutos”, dice el rico insensato, “mis graneros, mis cosechas, mis bienes, mi psique-alma”. Ven, cinco veces usa este pronombre posesivo, “mi”. Y mientras escuchamos esta parábola, sentimos una sensación sofocante, con estos repetidos “mí”. Escuchar a una persona hablar constantemente sobre sí misma de manera tan intensa es algo que nos resulta feo e incómodo.

Y en medio de esta sensación sofocante vive y se mueve el φίλαυτος (fílaftos) ególatra, egocéntrico, solo, autosuficiente, inasociable, apartado. Y como dice Teofilacto: “No tengo compañía”, dice el fílaftos ególatra, “No tengo a nadie conmigo. No busco repartir mis bienes. No son de Dios, son míos. Yo solo disfrutaré de lo que tengo. No aceptaré a Dios en mi disfrute”. ¿Y cómo se acepta a Dios? Dios dice que hagamos limosna, caridad. “No quiero entonces. Los bienes son míos. Todos son vagos. Yo soy el que progresa. Son míos. Solo yo los retendré. Solo para mí”. Un fenómeno social es el φίλαυτος (fílaftos) ególatra, egocéntrico, queridos míos.

Pero, ¿qué es la φιλαυτία egolatría, (egocentrismo, narcicismo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo)? Dice san Máximo el Confesor: “φιλαυτία egolatría es la amistad irracional con el cuerpo”. “Es”, dice, “el egoísmo, el amor irracional hacia el cuerpo”. Prestad atención a esto. El amor irracional hacia el cuerpo. Es muy natural que el ser humano cuide de su cuerpo, de su salud, de su alimentación y de su vida. Es algo muy natural. Pero cuando sobrepasa ciertos límites, entonces se llama “amistad irracional con el cuerpo”, según el santo padre Máximo el Confesor.

Recordad cuando los israelitas estaban en el desierto y Dios iba a darles el maná, dio la siguiente orden: “Recogeréis maná solo lo que necesitéis para ese día. No recogeréis más maná”. Y esto porque Dios quería que cada israelita sintiera su dependencia de Dios. No quería que se sintiera solo, sino que dependiera de Dios. Cuando, queridos míos, Dios envió el maná, algunos se encontraron recogiendo maná para muchos, muchos días. Y notad que Dios les dio una señal. El maná de ayer se echaba a perder hoy. No se podía conservar. A excepción del maná del viernes, que se conservaba para el sábado, ese no se echaba a perder. Y eso era una señal. Para que quien recogía los bienes supiera lo que les sucedería. Para que lo entendiera.

Pues bien, como os dije, algunos encontraron que recogían maná para muchos, muchos días. ¿Por qué lo hacían? Porque eran φίλαυτοι (fílafti: ególatras, egocéntricos, egoístas.) Hicieron este razonamiento egocéntrico, ególatra: “No sabes… puede que mañana Dios se arrepienta y no envíe maná. Al menos nosotros tendremos algo para comer. ¡Tal vez mañana Dios muera! Al menos nosotros tendremos comida”. ¿Veis, queridos míos, la necedad? ¿Veis, como diría san Juan Crisóstomo, “la insensatez”? ¿Cómo se puede calificar a alguien que piensa de esta manera?

La φιλαυτία filaftía egolatría también se muestra en lo que respecta a psique-alma, no solo al cuerpo como os he explicado hasta ahora. Dice san Pedro Damasceno: “φιλαυτία es amar nuestros propios deseos, pensamientos y voluntades”. ¿Qué es φιλαυτία egolatría? Es amar tus propios deseos y tus propios pensamientos, aquellos que piensas tú. Es decir, es una autocomplacencia, un narcicismo que tiene el ególatra y que vive una especie de narcisismo psíquico, sin interesarse por los demás.

El hombre que vive en filaftía menosprecia el valor de los demás. Considera correctos solo aquellos pensamientos o deseos que él mismo puede querer o pensar. Cuando habla, y aún peor, cuando habla de temas religiosos, teológicos o espirituales, no le interesa si el otro los entiende, basta con que él lo haya dicho y se siente satisfecho con lo que ha expresado, incluso si es en un lenguaje incomprensible, elevado, quizá teológico o filosófico. No le preocupa si lo han comprendido. Lo único que le importa es que él mismo se haya complacido al decirlo. Al respecto, el apóstol Pablo dice: “En la Iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a los demás, que diez mil palabras en una lengua extraña” (1 Corintios 14:19). «Prefiero», dice, «cuando estoy en la Iglesia, o en una reunión de personas, decir cinco palabras claras, correctas y comprensibles, en lugar de decir miles de palabras literarias que queden incomprensibles». O como también dice en su carta a los Corintios: “Que ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:24). «Cada uno no debe buscar su propia satisfacción, sino cómo dar satisfacción al otro». Porque cuando siempre busco mi propia satisfacción, soy φίλαυτος (fílaftos: ególatra, egocéntrico, egoísta, narcisista).

Si me lo permitís, quiero deciros que el hombre que vive en la lujuria es φίλαυτος fílaftos. Lo dice un psicólogo contemporáneo: «Si queréis sanar la lujuria, curad el egoísmo». La filaftía egolatría es una forma, una manifestación del egoísmo. Permitidme explicarlo de manera más detallada. Cuando vas a pecar con alguien, esa otra persona se convierte en un espejo, de alguna manera, en el que ves tu propio ser. Buscas al otro para tu propia satisfacción. Y el otro se convierte en un espejo en el que proyectas tu propio yo. Y a su vez, el otro te ve a ti como un espejo donde ve su propio ser para satisfacer solo su ego. Si queréis, no me digáis, conozco los argumentos, pero lo cierto es que, en estas situaciones, en esencia, cada uno ve su propio reflejo. ¿Queréis sanar la inmoralidad? Sanad la φιλαυτία filaftía.

Dice el mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Entonces, el mandamiento presupone que yo me amo a mí mismo. Sí. Sería impensable no amarme a mí mismo. Pero solo hasta cierto punto. Cuando borro de mi horizonte al prójimo, entonces tengo una filaftía egolatría desenfrenada. Pero ¿qué dice el mandamiento? Dice: “Con la medida y el criterio de tu propio amor hacia ti mismo – porque cada uno, por naturaleza, ama a sí mismo – debes amar también al prójimo” (Levítico 19:18; retomado por Jesús en Mateo 22:39, Marcos 12:31 y Lucas 10:27). Ahora bien, si amas al prójimo más que a ti mismo, entonces superas el mandamiento y manifestarías el fenómeno de la abnegación, del sacrificio personal. Y no hay límites en este tema. De todos modos, veis que puedo amar a mi propio ser, pero bajo la condición de que el prójimo no se desvanezca de mi horizonte. Lo repetiré, mantendré como criterio mi amor hacia mí mismo para amar al otro. Por ejemplo, amo mi ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) y tranquilidad. Quisiera que el otro también tuviera su paz y no lo molestaría. Me gustaría que me prestaran atención. Pues me aseguraré de atender también al otro, porque yo también valoro eso. Entonces, con este entendimiento, ya he superado la egolatría y me encuentro dentro del campo del mandamiento, es decir, de la virtud.

No obstante, si borro al prójimo de mi horizonte, entonces tengo una distorsión de mi personalidad, la cual ya fue señalada en los primeros en ser creados. Ellos fueron engañados por el diablo a través de la egolatría y el placer. «El fruto es hermoso», dice Eva, «es hermoso verlo, pero aún más hermoso es probarlo». Veis, el placer, la satisfacción. Pero, ¿y la filaftía? Al separarse los primeros en ser creados del amor de Dios, se quedaron en el amor a sí mismos. Ya no necesitarían a Dios. Porque el diablo les susurró: «…seréis como dioses; por lo tanto, no necesitáis a Dios». ¿Veis cuándo nació la egolatría? Nació en el Paraíso, en los primeros en ser creados. Por eso, en tiempos de apostasía, la φιλαυτία filaftía se manifiesta. De todos modos, así es como se presenta la filaftía en toda su gloria y esplendor.

¿Pero, cuál es la anatomía de la filaftía?

Escribe san Máximo el Confesor: «La φιλαυτία filaftía es la madre de todos los males». Y continúa: «El principio de todos los πάθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, padecimientos, patologías) es la filaftía; es la raíz, el comienzo, el origen de todos los pazos. Y su fin es la soberbia u orgullo. La egolatría y la soberbia son el principio y el fin de un mismo eje». «El que corta la egolatría, ha cortado todos los demás pazos que de ella nacen». Ya os he dicho antes que los pecados carnales tienen su raíz en la egolatría. Corta la filaftía, y no tendrás donde reflejarte. No tendrás puntos de apoyo para la maldad. No tienes dónde sostenerte, me refiero en cuanto al pecado. No tienes bases y argumentos del pecado.

¿Y qué pazos nacen de la filaftía? Dice san Hesiquio el Presbítero: «Los hijos de la filaftía son: los elogios en el corazón – ‘¡Ah!, me elogian’ –, la presunción, auto-gustarse – querer agradar y gustar a uno mismo y disfrutar de ello. Ya os he hablado antes de la palabra ‘narcisismo’. Permitidme deciros esto. Narciso era un joven que se enamoró de sí mismo. Quería verse en el espejo. No había espejos entonces, por lo que ponía un recipiente con agua y se miraba en la superficie del agua tranquila. Y se veía una y otra vez, y continuamente se enamoraba de sí mismo. Eso es el narcisismo. Y este querer autocomplacerme, agradarme y gustarme a mí mismo, presunción, vanidad. Admirar mi propio reflejo. Sentarme frente al espejo, ver mi imagen y disfrutar de los elogios, y que me elogien de diversas formas». También la glotonería es un hijo de la filaftía, la fornicación – como os he dicho antes –, la vanagloria, la envidia y, la corona de todo esto, la soberbia u orgullo». Y como también dice san Máximo el Confesor: «Aquel que tiene filaftía, está claro que tiene todos los pazos (pasiones, vicios)».

Pero, ¿de dónde viene la φιλαυτία filaftía? Evidentemente, surge de un «εγώ egó yo» enfermo. El «εγώ yo”  está enfermo. El » εγώ yo » constituye la personalidad. No es algo malo. Al contrario, constituye, os he dicho, la personalidad. Y la autoconciencia; es decir, «yo soy el padre Atanasio». Eso constituye la autoconciencia. Pero cuando este «εγώ yo» se enferma, entonces empieza a manifestar defectos. Uno de estos defectos es, en primer lugar, la enfermedad del «εγώ yo», que se llama egoísmo. La enfermedad del «yo» es el egoísmo (yoísmo). Y uno de los primeros «hijos» de esta enfermedad es la φιλαυτία filaftía. Comenzar a amarme a mí mismo.

Sin embargo, dice aquí san Máximo una observación muy sutil. Prestad atención a esto. Dice: «De la ignorancia sobre Dios proviene la φιλαυτία filaftía «. ¿De dónde nace? De la ignorancia de Dios. Cuando no conoces a Dios. Por eso, los primeros en ser creados se separaron de Dios y cayeron en el amor a sí mismos. Prestad atención a este punto. Quiero dirigirme a aquellos que quieren llamarse piadosos. Este fenómeno de la ignorancia de Dios y, por lo tanto, el nacimiento de la φιλαυτία filaftía, se observa en la teología del mundo protestante. El protestantismo cree en la salvación individual. «¡Me salvaré solo! No necesito a nadie más». Es decir, al estudiar y reinterpretar subjetivamente la Santa Escritura, dicen: «Toma, lee la Escritura. ¿Qué vas a entender? Lo que tú entiendas. No hay criterio eclesiástico».

Así, dado que existe el criterio subjetivo, es muy natural que también surja un criterio subjetivo para la salvación: «Quiero salvarme. Entonces no me salvaré dentro de la Iglesia». Pero escuchad lo que dice el apóstol Pablo: «Haced en todo como yo, que me esfuerzo en complacer a todos en todo, no buscando mi interés, sino el beneficio y bien de los demás, para que se salven» (1 Corintios 10:33). En la Iglesia no busco mi propio interés. No busco cómo yo me satisfaceré, sino el beneficio de los demás. Así que este espíritu de la salvación fuera de la Iglesia, prestad atención, fuera de la Iglesia, hoy en día, con gran tristeza, está muy extendido en nuestro mundo ortodoxo. Cuando vamos a la Iglesia, por ejemplo, ignoramos quién está a nuestro lado. En la antigua Iglesia, cuando el diácono decía «¡Las puertas, las puertas!» – es decir, los no bautizados, los no miembros de la Iglesia, los catecúmenos, debían salir. Cada uno solo tenía que mirar a su lado, a aquellos que no conocían o sabían que no estaban bautizados, no podían quedarse dentro de la Iglesia. Hoy en día entra el más impío, el más ateo, el más hereje entra en la Iglesia. ¿Quién lo conoce? Viene a comulgar. ¿Quién lo conoce? Nadie lo conoce. Así que esta es la ignorancia que tenemos sobre los miembros de la Iglesia. Y lo peor es que no nos importa quiénes son los miembros de la Iglesia, qué hacen, quiénes son, dónde viven, cómo se llaman.

Cuando tenemos un memorial —lo habréis notado miles de veces—, se realiza después del final de la Divina Liturgia, cuando todo, absolutamente todo, ha terminado; el sacerdote dice el «Evlogitós bendito» para comenzar el memorial, ¡y toda la congregación se marcha! ¿Por qué, hermanos míos, os vais? «Bueno, es que alguien ha muerto y le hacen el memorial». ¿Quién se lo hace? «Sus familiares». Estáis equivocados. Lo hace la comunidad eclesiástica. Y un miembro de nuestra comunidad eclesial, de nuestra parroquia, ha partido hacia la otra vida. ¿No os interesa eso? ¿Acaso no queremos encontrarnos todos en el Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Dios? ¿Allí sí y aquí no? ¿Veis estas contradicciones? ¿Veis que buscamos la salvación fuera de lo que se llama Iglesia? Debes quedarte en el memorial. «Pero no lo conozco». Sin embargo, es una persona bautizada y es miembro del Cuerpo de Cristo, es miembro de la Iglesia.

Lo mismo ocurre con el bautismo, lo mismo con el matrimonio. En otro tiempo, el bautismo de un nuevo miembro era un acontecimiento. Toda la Iglesia asistía. Un nuevo miembro entraba en la Iglesia por medio del bautismo. Hoy te dicen: «asunto privado». Invitamos a los parientes, enviamos algunas invitaciones, vendrán ellos para el bautismo del niño y nada más. No nos interesa nada más…

Todo esto, queridos míos, es lo que ya os dije antes. Es la percepción de la salvación fuera de la Iglesia, de manera individual. Es decir, sin que los fieles participen en el conjunto del Cuerpo de la Iglesia. En cambio, los Padres de la Iglesia se interesaban por toda la Iglesia. San Basilio el Grande enviaba cartas en todas direcciones cuando oía que, en alguna diócesis, en algún rincón del mundo, ocurría algo incorrecto o torcido. Alguien podría decirle: «Ocúpate de tu diócesis». «No. No es ese el asunto. Cuidaré y pastorearé mi diócesis, pero me intereso por toda la Iglesia». Muchos, por ejemplo, hoy no asisten a la Iglesia, alegando que son buenos cristianos pero que se escandalizan en la Iglesia. Así tenemos una concepción egoísta y ególatra de la salvación. Una concepción ególatra. «Yo, por mí mismo, cómo me voy a salvar yo. ¿Qué? ¿Voy a ir a la Iglesia para ver a uno y al otro, o para soportar al mal cantor o al sacerdote extraño, raro? Yo me quedaré en casa, yo me salvaré. Haré mi oración y asunto terminado». ¿Lo entendéis? Tenemos una concepción ególatra, egoísta de la salvación, queridos. Cuando oramos, el Señor nos enseñó a decir «Padre nuestro». No nos dijo que digamos «Padre mío». Y ese «nuestro» significa que el Padre es común y la oración también es común. La elevamos a Dios y Padre.

Además, la Divina Liturgia no puede celebrarse con una sola persona, una sola figura, sino con muchas personas. ¿Por qué? Porque muestra que la salvación está dentro de la Iglesia. Por eso, debemos comprender que la salvación es un asunto eclesial. Mientras que, por el contrario, la filaftía (el amor desordenado a uno mismo) es un asunto anticristiano y antisocial.

Por supuesto, la φιλαυτία filaftía siempre ha tenido su lugar entre los cristianos, queridos míos, pero llegará a constituir un fenómeno especialmente propio de los últimos tiempos. El apóstol Pablo escribe a Timoteo, en su segunda carta: «Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amantes de sí mismos, avaros, arrogantes, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, incontinentes, enemigos del bien, amantes de los placeres más que de Dios» (2 Timoteo 3:1-4). Prestad atención: el calificativo «φίλαυτοι (fílafti) amantes de sí mismos» aparece en primer lugar. Si queréis, todo lo demás que sigue son frutos de la filaftía. Cuando yo soy un tipo hedonista y, digamos, no me intereso por mis padres, cuando soy una persona sin bondad, ¿no son todos esos frutos de la φιλαυτία filaftía? Todo lo que os he leído, queridos míos, son engendros de la filaftía. Es lo que dijo el Señor en otra ocasión: que «el amor de muchos se enfriará». Eso es. Precisamente porque los hombres se habrán vuelto fílaftos amantes de sí mismos. Y el amor se habrá convertido en un refrigerador. Y los hombres serán refrigeradores ambulantes.

Pero también la fe, incluso esta, esj(c)atológicamente, habrá disminuido. El Señor dijo: «Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?» (Lucas 8:18). ¿Por qué? Porque la filaftía, por naturaleza, es miope. Y el ojo del hombre no puede penetrar al universo sensible, sino que se queda solo en lo que ve. Y entonces la fe habrá muerto.

Queridos míos, la filaftía es un fenómeno de degeneración religiosa, por el cual el hombre pasa de la comunión a la noción de «άτομο átomo individuo». El Señor nos dio una imagen maravillosa y muy fiel en la parábola del rico insensato. Vive solo y únicamente para sí mismo, ignorando tanto a Dios como a los demás. La filaftía es una enfermedad grave, cuyo remedio es el constante florecimiento de la fe, de la teología y de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado, altruista). El Señor dirá en el Día del Juicio: «Estuve enfermo y me visitasteis». «Y vinisteis a encontrarme»; lo cual muestra que en el rostro del prójimo —esto es teología— está Cristo, está la fe, está la αγάπη agapi. Y no está la φιλαυτία filaftía. Pero también dirá: «Estuve enfermo y no vinisteis a mí». Lo contrario; lo cual significa: «Estáis llenos, rebosantes de filaftía». Dios, por agapi, queridos míos, «salió» de sí mismo y creó el universo, el mundo visible e invisible. Otra vez Dios «sale» de sí mismo y se encarna. Nuevamente por agapi-amor. La filaftía no existe en Dios. Y no debe existir tampoco en el hombre. Además, como dice el apóstol Pablo, «la agapi-amor no busca lo suyo». Y donde hay agapi-amor, allí está Dios. Y donde está Dios, la filaftía ha muerto. Y la φιλαυτία (filaftía: egolatría, egocentrismo, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), queridos míos, debe y tiene que morir. Amín.

A la gloria del Dios Trino y Santo,
Homilía realizada en el Santo Monasterio Komnineo, Larisa, 22-11-1987, con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual, el venerable y bendito Padre Atanasios Mitilineos,

FUENTES: https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/omiliai-kyriakvn

Transcripción digitalización y edición de la homilía: Sr. Atanasios K. y Eleni Linardaki, filóloga.

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

 

 

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