
Actualizado 25/11/25
La filaftía (φιλαυτία) egolatría, egocentrismo
Kostantino Ikonomu, maestro y escritor, hijo espiritual del Yérontas Mitilineos
Introducción
Φιλαυτία (filaftía) es egolatría, el excesivo amor a sí mismo y al cuerpo. El hombre que sufre de filaftía suele ser identificado con el egoísta, el egocéntrico. Este no posee una imagen real de su estado o de sí mismo: gran parte de su “yo” es fantasioso e imaginativo, mientras que su autoimagen narcisista cambia constantemente. Busca continuamente la confirmación de los demás. Considera sus voluntades como derechos y omite sus errores. Por su egoísmo, siente miedo, sufre dolor, se avergüenza, se angustia y ansía; es fácil burlarse de él, ya que basta halagar su yo para inflarlo.
Sin embargo, el egoísmo no se limita al comportamiento egocéntrico; es principalmente lo que llamamos filaftía-egolatría. Los Padres nípticos, en sus escritos ascéticos, describen las manifestaciones de la filaftía y los medios para combatirla. La filaftía es la condensación de todos los πάθος pazos*. A causa de ella, el hombre contemporáneo intenta ser “Dios” sin Dios y actúa como los primeros en ser creados. Olvida que, como hijo auténtico después de la caída, es imagen de Dios, adoptado como hijo mediante el bautismo, y que la θέωσις zéosis (glorificación, divinización, la semejanza con Dios) es un don. A pesar de ello, busca reconocimiento personal, gloria propia, vanagloria y autodeificación. Dios, queriendo liberarnos de este amor enfermizo hacia nosotros mismos, nos manda amar enteramente a Él y, por extensión, a nuestro prójimo. Por eso el Señor dice: “Bienaventurados los humildes”, porque ellos pueden amar verdaderamente. *(Ver sobre el término pazos aquí: https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/ y también https://www.logosortodoxo.com/12-lexis-apocalipticas/)
Filaftía como πάθος pazos: El Apóstol Pablo a Timoteo advierte: “Debes saber que en los ésjatos-últimos días, vendrán momentos difíciles y se presentarán en el camino de la Iglesia circunstancias peligrosas. Porque los hombres serán egoístas, avaros amigos del dinero, altivos, orgullosos, blasfemos, maldicientes, rebeldes con los padres, ingratos, injustos, desnaturalizados, desleales, diabólicos, calumniadores, diabólicos, desenfrenados, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, obcecados, inflados y oscurecidos por la vanagloria, más amigos de los placeres carnales del hedonismo que de Dios, los cuales tendrán una apariencia exterior de piedad, pero en realidad están lejos, habiendo negado la fuerza de ella. Apártate lejos de ellos. Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Tim 3,1-5).
La filaftía es señalada primero como el pazos por excelencia, porque de ella nacen los demás. Los Padres consideran que la terapia “psicoterapia” de la persona comienza con el vaciamiento del egoísmo, madre y alimento de los pazos. La filaftía es “principio de todos los males” (san Máximo el Confesor), “la reina de los pecados” (san Gregorio el Diálogo) y “la necrosis, mortificación de la vida divina” (san Nicodemo el Aghiorita).
Si uno se ama excesivamente a sí mismo y se halaga, no se esforzará ni tendrá paciencia ante la tentación, ni aceptará lo malo que le sucede. San Hisiquio señala que los hijos de la filaftía son el auto halago, la autocomplacencia, la gula, la lujuria, la vanagloria, la envidia y el orgullo. El hombre fílaftos ególatra, incapaz de amar a sus semejantes, percibe a su prójimo como infierno suyo, un enemigo.
La Ilustración, el Romanticismo y la filosofía contemporánea de la “New Age” han transformado la visión del hombre, pasando de una perspectiva Θεανθρωποκεντρική (zaenzropoentikí) divino-humanocéntrica a una antropocéntrica. La sociedad occidental actual ensalza el yo; cada persona considera “verdad” aquello que produce conceptualmente. El hombre humanista busca autojustificación y autodeificación, la persona se convierte en individuo (átomo) y la sociedad en masa. Como consecuencia, vive en soledad: el “desierto de las ciudades”, según el Yérontas Moisés de Athos.
El Yérontas José de Vatopedi decía: “La filaftía se divide en dos partes: material y espiritual. A causa de ello, se irritan los dos tipos de pazos, los somáticos (corporales) y los psíquicos. La ira, el enojo aparece cuando se obstaculiza el camino de la filaftía. Quienes están dominados por los pazos corporales son movidos por deseos, apetitos y placeres insensatos; la ira surge por miedo a la privación de su satisfacción. Lo mismo ocurre con los pazos psíquicos, como la vanagloria, el egoísmo y el orgullo. Todos estos son motivos y herramientas de la ira, que nos separan de la agapi completa y de Dios, y nos preparan un lugar en el Hades y la muerte, el reino de Satanás”.
San Juan el Sinaíta aconseja: “Estate en nipis, vigílate y ten cuidado con la madre de todos los males, la filaftía, que es el paradójico amor al cuerpo. De ella nacen los apasionados y malignos loyismí (pensamiento simples o compuestos con la fantasía, ideas o reflexiones) de la gula, la avaricia y la vanagloria, que se originan bajo la excusa de la supuesta necesidad del cuerpo. De estos loyismí surge de nuevo la lista completa de todos los males. Por ello, es necesario tener cuidado y luchar contra la filaftía con mucha nipsis (atención, vigilancia y sobriedad). Contra la filaftía combaten la αγαπη (agapi: amor incondicional, desinteresado, altruista) y la εγκράτεια (enkgratia: templanza, continencia, autodominio). Dice el Apóstol Pablo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne (cuerpo) (Ef 5,29), sino que la trata con austeridad y dureza, y la somete a servidumbre (1 Cor 9,27), proporcionándole solo ropa y comida (1 Tim 6,8), y únicamente lo necesario para vivir”.
El Yérontas Paísios enseña: “Cuando el νούς nus (espíritu del corazón de la psique) se dirige a Dios, tiene al cuerpo como esclavo y le da sólo lo necesario para la vida. Si se dirige hacia el cuerpo, queda sometido a los pazos y busca continuamente satisfacciones corporales”.
La filaftía religiosa: Existe otra forma de filaftía, muy difícil de distinguir, vinculada con la religiosidad que es farisaísmo, fanatismo, fundamentalismo, superstición y celo exagerado. Uno puede cumplir rigurosamente los divinos mandamientos, pero si su voluntad no se alinea con la de Dios, sino con su propio reconocimiento y deseo de alimentar la filaftía, su religiosidad se convierte en formalismo vacío. Tal persona transforma la moral eclesiástica en un conjunto de cánones o leyes rígidas, creyéndose justa y salvada mientras impone a los demás órdenes absurdas, innecesarias y sin sentido. Permaneciendo atrapada en la forma externa sin discernimiento, pierde la esencia verdadera de la vida espiritual, convirtiendo la fe en un instrumento de vanagloria y autoengrandecimiento en lugar de camino hacia la unión con Dios.
Espejo del autoexamen: Según san Nicodemo el Aghiorita, el hombre debe examinarse, despreciarse y odiarse a sí mismo. Este odio, según el Santo, no es destructivo, sino que es sanador y salvífico, pues permite contradecir la conducta de la carne y la voluntad del diablo, sometiéndose así plenamente a la voluntad de Dios. Sin embargo, quien se halaga y se ama a sí mismo de manera desordenada e inconmensurable no podrá esforzarse, fatigarse, soportar las tentaciones ni someterse a la voluntad del Señor. El Santo Aghiorita añade: “Si eres fílaftos y te amas a ti mismo, en realidad te odias y te arruinarás”, recalcando que: “sin la filaftía, el diablo no puede perjudicar al hombre ni en lo más mínimo”.
Según los Santos Padres, Dios no mata al hombre; espera su metania —es decir, su introspección, conversión, arrepentimiento y confesión—. Por ello, en esta vida nos ofrece el perdón mediante la metania, como señala san Gregorio Palamás. El autoexamen que propone san Nicodemo contiene esta misma metania: “Examina la metania cómo la haces; observa primero cuál es tu disposición y ánimo interior, tu metania, y en qué consiste el aborrecer y odiar tus pecados más que cualquier otro mal”. Asimismo, sugiere examinar nuestras obras, discernir si se realizan por agapi o por mera obligación. San Nicodemo advierte: “Si son simplemente mundanas —que tú consideras valiosas y meritorias— los santos las llaman inútiles y perdidas, porque no contribuyen a la sanación ni a la salvación. Si tus obras son de este tipo, ódialas, recházalas y ocúpate únicamente de aquellas acciones y praxis por las que recibirás recompensa en el cielo”.
De este modo, el autoexamen se convierte en un instrumento indispensable para reconocer la verdadera intención de nuestras acciones y orientar la vida hacia la χάρις (jaris: gracia, energía increada) y la salvación.
Terapia. Los Santos Padres describen la terapia “psicoterapia” contra la filaftía. San Juan Crisóstomo enseña que el fílaftos (ególatra, egocéntrico, narcisista) debe adquirir humildad. Uno debe hacerse humilde contemplando el sacrificio del Novio (Cristo, Dios y Hombre), la perfección de las creaciones y Su infinita sabiduría. Un medio de ayuda fundamental es la Divina Efjaristía, donde todos actuamos como Iglesia con absoluta piedad y respeto. Pero también, de manera personal, cada uno de nosotros, al entrar en el espacio del ayuno, la oración, la obediencia, la ascesis y la lectura de los Evangelios, experimenta la debilidad de su propia naturaleza y contempla la altura a la que han ascendido los santos mediante la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios.
Si el fílaftos no desea corregirse, debe escuchar la Santa Escritura: “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado” (Lc 18,14) y “Dios resiste a los soberbios” (1Ped 5,5).
Cuando el hombre no comprende ni se beneficia de la jaris de las donaciones de Dios, sino que las toma tal vez como causa de vanagloria, entonces llega la gracia de las tentaciones. En algún momento, sin quererlo, es profundamente quebrantado y puede perder todo lo que creía tener como seguro: salud, fortuna y familiares.
Según san Máximo el Confesor, el desprecio del cuerpo y de la filaftía conduce a la θέωσις zéosis: “Si Gedeón no hubiera roto los cántaros, no hubiese visto la luz de las antorchas” (Juec. 7,20).
Así, si el hombre no desprecia su cuerpo, no podrá percibir la luz increada de la Deidad. Dios nos indica, mediante Su santa vida y logos, el camino de salida de la filaftía, hacia la redención y la libertad:
“Si alguno quiere venir en pos de mí y quiere ser mi discípulo, olvídese y niéguese a sí mismo, de su pecaminosidad y se prepare a sufrir muchas tribulaciones incluso hasta muerte por la cruz, tome su cruz y me siga” (Marc 8:34; Mat 16:24; Luc 9:23).
“Soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef 4,2)
“Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Cor 10,24)
“A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva” (Lc 6,30)
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt 5,44)
“Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Rom 12,14).
Será verdaderamente feliz quien Le siga, porque: «12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: «YoSoY la luz increada del mundo, y el que me sigue a mí fielmente, éste no andará en la oscuridad, sino que tendrá la luz increada de la vida. [12. Jesús le habló de nuevo, diciendo: YoSoY la luz increada del mundo. Aquel que me sigue con plena confianza y esperanza y obedece con buenas ganas mis logos, no caminará ni se encontrará jamás en la oscuridad del engaño y del pecado. Sino que tendrá en su interior la luz increada, vivificante y espiritual, que proviene de la verdadera vida increada, de Dios»] (Juan 8,12).
El Yérontas contemporáneo Georgios Kapsanis, en una entrevista, afirma: “Mientras nuestro corazón no esté liberado de la φιλαυτία filaftía, la χάρις (jaris, gracia, energía increada) de Dios no puede morar en él, expulsar la oscuridad, resaltar la belleza divina de nuestra psique creada por Dios, ni hacernos hijos de Dios y coherederos de Su realeza increada. La lucha contra la filaftía debe ser el deber de todos los cristianos: clérigos, monjes y laicos, porque la participación en el reinado de la Realeza increada de Dios es una vocación para todos. Deseo y espero que, con la χάρις de Dios, todos emprendamos esta lucha contra la filaftía, de modo que nos convirtamos en coherederos de la Realeza increada de Dios en Cristo”. (Yérontas Georgios, Monasterio San Gregorio, Athos: “La filaftía es la condensación de todos los pazos”).
Kostantino Ikonomu, maestro y escritor, hijo espiritual del Yérontas Mitilineos
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







