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Jun 12 2025

Sobre el ayuno salud física, psíquica y espiritual, A. Mitilineos

Sobre el ayuno

salud física, psíquica y espiritual

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

Índice

  1. ¿El ayuno es una virtud?
  2. Sobre la virtud del ayuno.
  3. Algunos versículos de los Santos Padres sobre el ayuno

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachillerato.

1. ¿El ayuno es una virtud?

Por supuesto que sí. El ayuno es una virtud, y no solo eso: es la primera de todas las virtudes, como veremos a continuación, y os demostraré por qué lo es.

¿De dónde podemos saber que el ayuno es una virtud? Antes que nada, debemos entender qué significa “virtud”, para que lo sepáis siempre y podáis juzgar si algo lo es o no.

San Juan Clímaco, el de la Escalera, responde a la pregunta “¿qué es virtud?” de esta manera: “Es ἔργον (érgon): obra, trabajo hacia Dios por libre voluntad, buena disposición y preferencia”. Esta es la definición de la virtud.

¿Qué quiere decir esto? Tres cosas: a) Si algo es ἔργον (érgon), es decir, una obra o esfuerzo personal, b) si está dirigido a Dios, y c) si se realiza con libre voluntad; entonces eso es virtud.

Ahora, consideremos el ayuno.

¿Es un esfuerzo? Sin duda, lo es. Cuando uno no come lo que quiere y, en cambio, come algo sencillo y austero, eso implica esfuerzo. Segundo: ¿se hace esto con el corazón, con buena disposición interior? Tercero: ¿se hace para Dios?
Si la respuesta a estas tres preguntas es afirmativa, entonces estamos ante una virtud.

Pero si falta uno solo de estos tres elementos, no hay virtud.

Por ejemplo, si alguien hace una dieta: hay esfuerzo, lo hace con interés, pero lo hace para adelgazar o mejorar su figura, entonces no es virtud, aunque haya sacrificio.

Otro ejemplo: Si lo que hago, lo hago para Dios, entonces es una obra, un ἔργον (érgon). Pero si no lo hago con el corazón, si lo hago gimiendo y quejándome, entonces no es virtud.

Imaginad que en casa el padre o la madre dice: “Empieza el ayuno”, y vosotros protestáis: “¡Ay, otra vez ayuno…!”, entonces no hay virtud. ¿Por qué? Porque no lo hacéis con libre voluntad ni con buena disposición.

Por lo tanto, veis que, si falta alguno de los tres elementos mencionados, no hablamos de virtud.
Así que el ayuno es virtud porque contiene estos tres elementos. Veamos algo más.

No olvidéis que el ayuno es una de las tres primeras virtudes que Dios dio a los primeros en ser creados.

La primera: trabajar el Paraíso.

La segunda: vigilarlo o guardarlo.

La tercera: ayunar, es decir, no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Así que desde el principio hubo tres virtudes. San Basilio el Grande dice que el ayuno, o la abstinencia, es tan antiguo como el ser humano mismo. Ved, pues, qué antiguo es este mandamiento. Y no solo lo es cronológicamente, sino también en su profundo valor cualitativo.

Tal vez digáis: ¿no es más importante la humildad, el amor (agapi), la fe…?
Escuchad: ¿sabéis cuáles son los pecados mortales? Son siete.
¿Sabéis cuál es el primer pecado mortal?
La gula o glotonería.

¿Y por qué es el primero?
Porque la gula, el ansia por comer, abre la puerta a los otros seis pecados mortales. Y se llaman “mortales” porque conducen la psique-alma a la muerte (espiritual). Si uno no se arrepiente ni se confiesa, pierde su alma con seguridad.

Entonces, el primer pecado es la gula o glotonería. ¿Qué es la gula? Es el pazos (pasión, adicción, vicio,) ansia de querer comer, satisfacer dos cosas: a) la saciedad del estómago, que es el deseo insaciable de comer (gula), y b) el placer del paladar, es decir, comer por el sabor (glotonería).

Cuando alguien se esclaviza a esta pasión (pazos), es terrible, y justo al lado están y vienen los pecados carnales, que son el segundo pecado mortal etc.

Así que, ¿cuál es la puerta de entrada a los pecados mortales?
La gula y la glotonería.

¿Y cuál es la puerta de las virtudes?
Su contrario: el ayuno o abstinencia.

Por tanto, el ayuno es la puerta de todas las virtudes. Así lo afirma nuestra himnografía, por eso, en la Gran Cuaresma, hablamos tanto sobre el ayuno. Se inicia el ayuno para que se cultiven las demás virtudes.

Ahora bien, ¿cuál es la esencia de la virtud del ayuno?

Debéis saber que la virtud del ayuno es esférica o poliédrica, es decir, tiene múltiples caras, múltiples dimensiones valiosas. Obviamente, en este momento no puedo hacer un análisis completo sobre el ayuno; solo quiero aclarar esta duda.

Pero supongamos que el ayuno no tuviera ningún otro valor, aún le quedaría uno esencial: la obediencia. Es decir: Dios lo dijo. Punto final.
-¿Por qué ayunas?
-Porque lo dijo Dios. Fin de la discusión.

Los primeros en ser creados podrían haberle dicho eso al diablo: “Dios nos ha dicho que no comamos. Punto.” Pero no lo cumplieron.

Así pues, queridos míos, es importante que sepáis por qué ayunamos.

Y algunos preguntan: “¿Dónde está eso escrito?”
Siempre hay personas con pereza espiritual, holgazanes que no quieren hacer ningún esfuerzo y preguntan: “¿Dónde está eso escrito? ¿Dónde lo dice?”
Pues la respuesta es sencilla: Lo ha dicho Dios. Y como lo ha dicho Dios, con esto basta, se acabó. O lo ha dicho Dios mediante la Iglesia.

Aunque el ayuno aparece abundantemente en las Sagradas Escrituras, aunque no estuviera allí, si lo dice la Iglesia, basta. Obedecer a la Iglesia es obedecer a Dios. Amén. (21, 43´40´´)

2. Sobre la virtud del ayuno.

Aquí debería decir muchas cosas, porque el tema es muy amplio, pero me limitaré a exponeros la columna vertebral del ayuno, un tema muy rico. Atención: el ayuno es un mandamiento de Dios, y debemos cumplir los mandamientos de Dios. Los primeros en ser creados no cumplieron el mandamiento del ayuno. ¿Qué dijo Dios? “No comeréis del fruto de este árbol” (Gén 2:17). No comer -es decir, ayuno. Los primeros en ser creados transgredieron este mandamiento. ¿Cuál mandamiento? “No comeréis”. Y pecaron, perdiendo así el Paraíso. ¿Lo veis? ¿Era pequeño este mandamiento? Hay quienes creen que el mandamiento del ayuno es pequeño, sin importancia. Incluso lo tergiversan, diciendo que “no molestan las cosas que entran, sino las que salen” y muchas otras cosas que no tienen relación con el ayuno, sino que son enseñanzas del Señor sobre otros temas.

El ayuno, pues, es un mandamiento de Dios. Pero, además, es un mandamiento con un carácter pedagógico muy rico. Especialmente porque fue el primero que se dio en el Paraíso, y del cual podríamos decir que es el introductor de las demás virtudes. Por eso, entre los pecados mortales -que son siete-, el primero, que da paso a los demás, es la gula o glotonería. Y su contrario es el ayuno. Si la gula es la puerta de los pecados mortales, entonces está claro que el ayuno es la puerta de las virtudes. Pero como virtud introductoria, el ayuno tiene un carácter pedagógico profundo, y necesitaría mucho tiempo para desarrollar plenamente esta tesis.

Os diré que cuando una persona puede decir “NO” simplemente porque Dios lo dice, esto significa, primero, que posee una noesis, una comprensión ejercitada, que percibe y capta la voluntad de Dios. Segundo, que tiene una voluntad fortalecida, de acero, capaz de sostener ese “NO”. No es fácil decir “NO”. Por ejemplo, cuando me llaman las sirenas del pecado, ¿puedo decir “NO”? En la vida diaria, ¿cuántas cosas me conducen al pecado? ¿Puedo decir “no”? Solo si fortalezco mi voluntad. ¿Y qué fortalece la voluntad? El mandamiento, la virtud del ayuno. Porque si aprendo a decir “NO” a la comida, a la bebida (sobre todo alcohólica) también sabré decir “no” a la indecencia. ¿Habéis escuchado esto bien? Si alguien me pregunta: “¿Cómo podré ser casto, tener autodominio, evitar los pecados carnales?”, le diré: Aprende a ayunar, con todas las consecuencias que implica. ¿Qué significa eso? Aprender a decir “NO”. Y cuando aprendas a decir “no” a las comidas (y bebidas), también sabrás decir “no” a las ηδονές (hidonés: voluptuosidades, placeres carnales, hedonismo). Esto tiene un valor y una importancia enormes.

Además, cuando digo “no” y mi voluntad se fortalece, la emoción tampoco queda al margen. Porque amo a Dios, quien me pide que diga “NO”, para así poder permanecer ajeno al pecado. Entonces, mi comprensión percibe el mandamiento; mi emoción lo acepta con amor a Dios y lo cumple con alegría; y mi voluntad se hace de acero. Si una persona logra formar un carácter sólido –noesis comprensión clara, voluntad fuerte y emoción sana-, ¿no se convierte en una personalidad bella? He aquí el valor pedagógico del mandamiento del ayuno.

Y para que no olvidéis su importancia, os recuerdo un ejemplo muy típico de la Santa Escritura. Cuando el Reino del Sur, el de Judá, fue conquistado por el rey Nabucodonosor, este se llevó a todo el pueblo a Babilonia, incluyendo a cuatro jóvenes brillantes. Eran menores de veinte años. Los conocemos como “los tres jóvenes” y el famoso Daniel, quien era un poco mayor. Eran de la tribu de Judá y tenían educación principesca. Esto es importante, porque significa que desde casa fueron educados como príncipes. Al llegar a Babilonia, el rey eligió de todos los pueblos conquistados a los jóvenes más especiales para vivir en su palacio. Les hizo pasar test, exámenes rigurosos. De todos los hebreos cautivos, eligió solo a estos cuatro. Imaginad qué tipo de examen fue.

El rey ordenó que recibieran instrucción y comieran de su comida real. Uno podría pensar: “Si eran príncipes, qué suerte tuvieron de volver a un ambiente real”. Pero ellos no creían en la suerte, sino en Dios. Cuando vieron que la comida de los babilonios contradecía la ley mosaica (de Moisés) -como carnes de cerdo bien asadas-, dijeron: “Nosotros, no”. ¿Lo veis? Dijeron “no”: ayuno. Especialmente fueron y se lo dijeron al cocinero. En aquella época, el cocinero era también consejero del rey, incluso un general. No tengo tiempo de explicaros en detalle cómo era eso. Lo principal es que el mismo que rodeó y quemó Jerusalén fue este cocinero de Nabucodonosor.

Esto lo interpretan místicamente los Padres de la Iglesia de la siguiente manera: dicen que Jerusalén representa la Iglesia, la psique (alma) del hombre. ¿Y quién la conquistó? El cocinero, es decir, la gula, la glotonería, la ansiedad o avaricia por la comida.

Entonces los jóvenes dijeron al cocinero que querían comer solo legumbres y verduras. “Imposible”, respondió él, “porque si el rey nota que habéis adelgazado, ¡ay de mí!”. Pero ellos insistieron: “Prueba durante diez días dándonos solo legumbres, y si ves que adelgazamos, entonces nos das de las carnes que tenéis preparadas para el rey”. Dios iluminó al cocinero, y este les dijo: “De acuerdo, vale”.

Esto también responde a la pregunta anterior: ¿cómo afrontamos a nuestra familia cuando no quiere ayunar? Pues estos jóvenes comían legumbres. Cuando pasaron los diez días, el cocinero vio que estaban robustos y muy saludables. Finalmente, acordaron que nunca más les daría de comer de la mesa real.

Mientras tanto, los demás estudiantes del palacio comían aquellos cerditos bien cocinados, con salsas y asados, y hasta se los llevaban delante de las narices a los cuatro jóvenes para provocarlos. Pero ellos nunca comieron. Atención: ni una sola vez probaron.

Cuando llegó el tiempo de los exámenes, el mismo rey quiso comprobar personalmente la sabiduría de los alumnos. ¿Y qué descubrió? Que los únicos que eran realmente sabios eran estos cuatro jóvenes. A todos los demás los descartó. ¿Por qué? Está claro: cuando uno come y bebe en exceso, la mente se embota. Los antiguos helenos decían que una “panza ancha” -es decir, comer en exceso- no permite tener una mente sutil e inteligente. No se puede pensar bien.

Prueba a comer y beber abundantemente, y luego intenta estudiar o rezar. No se puede. Ni estudiar ni orar si uno está demasiado satisfecho. Pero estos cuatro jóvenes, al alimentarse con comidas ligeras, no grasas, desarrollaron una mente ágil. Sus pensamientos cortaban como cuchillas, como se suele decir: eran genios. Y fueron elevados a cargos altísimos, tanto Daniel como los tres jóvenes.

Cómo pudieron, más adelante, decirle al mismo rey Nabucodonosor: “No reverenciamos la imagen de Marduc, dios y protector de Babilonia”. Porque ya habían aprendido a decir “NO” en la comida. Y así, cuando se encontraron en el horno, Dios los protegió ¡y no se quemaron!

Quiero añadir unas palabras sobre los familiares. No creo que hacer ayuno sea tan difícil para una familia. Comer unas patatas, unas legumbres o cualquier comida de ayuno no es una molestia tan grande, tampoco para los familiares. Si en casa insisten, aprended cada uno a preparar vuestra propia comida.

Lo importante es que, si permanecéis firmes, podéis estar seguros de que un día ellos también empezarán a ayunar. ¿Cuándo? Cuando vean firmeza y estabilidad en vosotros. No los obliguéis. Es precisamente la estabilidad lo que regala el ayuno, cuando se ama y se aprende. El ayuno nos forma un carácter de acero, un carácter bello. Y ese carácter bello solo se forma con el ayuno en Cristo.

Esto es todo sobre este tema por hoy. (15, 15’18»)

3 Algunos versículos de los Santos Padres sobre el ayuno

San Juan de Kronstadt

Cuando el hombre come en exceso, se vuelve carnal, sin espíritu. Se convierte en carne sin alma. En cambio, con el ayuno, el hombre atrae al Espíritu Santo y se hace espiritual.

Cuando el algodón está seco y no empapado en agua, es liviano y vuela alto por el aire. Pero si se moja, se vuelve pesado y cae al suelo de inmediato. Lo mismo sucede con el alma. Es algo muy importante mantener nuestra alma liviana por medio del ayuno.

Yérontas Germano de Stavrovuni

El ayuno y la moderación en la comida son elementos de la μετάνοια metania y penitencia. Debemos comer lo necesario para vivir y para soportar nuestros trabajos. Debemos rechazar los alimentos refinados y lujosos. Además, quienes comen este tipo de alimentos se enferman con mayor facilidad y mueren más rápidamente.

San Ignacio Brianchaninov

La oración es débil si no está fundada sobre el ayuno, y el ayuno es estéril si no está edificado sobre la oración. El ayuno aleja al hombre de las pasiones carnales, mientras que la oración combate las pasiones del alma.

Quien siembra en tierra no cultivada, pierde la semilla y, en lugar de trigo, cosecha espinas. Así también nosotros, si sembramos oración en el alma mientras el cuerpo está gordo, en lugar de buen fruto, cosecharemos pecado. La oración se perderá o se contaminará con pensamientos vanos, fantasías impuras y sensaciones placenteras.

Nuestra carne proviene de la tierra y si no la cultivamos como la tierra, nunca dará buen fruto: el fruto de la verdad. Y si alguien cultiva la tierra con esmero, pero la deja sin sembrar, ésta se llena de parásitos. De igual modo, si debilitamos el cuerpo con el ayuno, pero no cultivamos el alma con la oración, la lectura espiritual y la humildad, entonces el ayuno engendra muchos parásitos: pasiones del alma, como la soberbia, la vanagloria y el desprecio hacia los demás.

Yérontas Efrén de la Skite de San Andrés de Athos

El ayuno se distingue en material (abstención de ciertos alimentos) y espiritual (abstención del pecado). Quien ayuna solo materialmente y no espiritualmente, no obtiene ningún beneficio. El verdadero ayuno consiste en un 80% de ayuno espiritual y solo un 20% de ayuno material.

Aquellos que solo practican el ayuno material son fariseos modernos.

Los enfermos no deben ayunar materialmente, sino espiritualmente.

El ayuno espiritual debe realizarse por todos los seres humanos y debe ser permanente.

Con el ayuno el hombre honra a Dios, ya que fue el primer mandamiento dado por Dios a los primeros en ser creados en el paraíso.

El hombre recibe χάρις (jaris: gracia, energía increada) no por comer poco, sino por obedecer al mandamiento del ayuno.

No ayunamos para perder peso ni para hacer dieta. En general, en el ayuno corporal uno debe levantarse de la mesa sin estar completamente lleno.

Sin ayuno, ninguna oración es aceptada por Dios. El verdadero ayuno está relacionado con la pureza del pensamiento.

Yérontas Efrén de la Skete de San Andrés (sobre los matrimonios)

Cuando uno de los dos esposos no quiere ayunar, por causa de la paz conyugal, el que desea ayunar debe ceder y romper el ayuno.

Dios ve la buena intención de quien quiere ayunar y esta persona debe intensificar su oración a Cristo para que ilumine a su cónyuge, de modo que cambie de actitud y también ayune.

Porque solo con esta táctica podemos ganar un alma y llevarla poco a poco al camino de Dios.

Yérontas Efrén de la Skete de San Andrés, Athos

Ayunamos los miércoles porque ese día Cristo fue traicionado y, principalmente, porque el diablo logró condenar a uno de los discípulos de Cristo, ¡a Judas! Y si uno de los doce fue condenado, ¡cuánto más en peligro estamos nosotros si no tenemos cuidado!

También ayunamos los viernes porque es el día de la Crucifixión de Cristo y, sobre todo, porque nuestros pecados crucificaron a Cristo, ya que Él fue crucificado por los pecados de todo el género humano. Por lo tanto, cada persona contribuyó a la crucifixión de Cristo.

Yérontas Simón Arvanitis

Quien ayuna según el ayuno que enseña nuestra Iglesia, se psicoterapia y se sana. Por eso hoy el mundo está lleno de enfermedades: porque se han abolido los ayunos.

Yerontisa Macrina Vassopulu

No sirve de nada ayunar de alimentos si al mismo tiempo criticamos, murmuramos, hablamos ociosamente y andamos de un lado a otro. “Oración, silencio y trabajo…”

Yerontisa Theosemni

El ayuno debe hacerse por Cristo, por ninguna otra razón. Muchas veces deseamos ayunar por algún tipo de conveniencia: como medio de dieta o para agradar a los hombres. Eso está mal. El único objetivo del ayuno debe ser el amor a Cristo y el asemejarnos a Él, siguiendo el ejemplo de los ascetas y santos.

Yérontas Efrén de Arizona, Athonita

La χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios no se posa sobre un hombre con el estómago lleno. Por eso el ayuno es importante y de gran valor. Como dijo Cristo, los demonios se expulsan con ayuno y oración. Los Padres, cada vez que querían emprender alguna obra, la bendecían y la sostenían con ayuno. Cuando el ayuno se combina con la oración y la nipsis (vigilancia, alerta, sobriedad) el hombre alcanza grandes alturas.

Aquellos que no pueden ayunar debido a enfermedad, lo compensan con paciencia y gratitud a Dios.

Yérontas Anthimos de Agiannanis

El ayuno no es otra cosa que un verdadero desafío práctico al diablo, el gran mentiroso, que siempre intenta convencernos de que dependemos solo del pan, construyendo sobre esa mentira toda la ciencia mundana y nuestra existencia. El ayuno es la verdadera lucha contra el diablo. El que se domina y ayuna, endulza su boca con la oración del corazón. El ayuno es fármaco, medicina para la mejor salud y aumento de la virtud, protegiendo al hombre de todo ataque del mal.

Yérontas Joseph del Monasterio Vatopedi

Con el ayuno se derriba y se encadena uno de los gigantes de la perversión: la glotonería o gula, el invencible aliado de la naturaleza caída y del diablo. A través de ella, el diablo atrapa a la mayoría de sus víctimas.

La necesidad del ayuno la demostró el mismo Señor, cuando emprendió la regeneración de la humanidad, tras su bautismo en el Jordán. ¿Quién puede ahora negar este fundamento de la μετάμοια metania, la regeneración, la resurrección y la salvación? Si el mismo Cristo, sin pecado y sin pasiones (pazos), ayunó -y de manera prolongada-, ¿quién puede excusarse con debilidad o negación?

Y no olvidemos también la práctica de la sed (o bebida sobre todo alcoólica), que los experimentados en la templanza promueven como excelente lucha contra los deseos irracionales.

Yérontas Germán del Monasterio de Stavrovouni

Muchos han enfermado gravemente o incluso han muerto por comer y beber en exceso. Pero nadie ha sufrido daño alguno por guardar los ayunos de la Iglesia. Al contrario, el ayuno trae salud, no solo psíquica a la psique-alma, sino también física al cuerpo.

Yérontas Thaddaeus de Vitovnicha

El ayuno no es tanto abstenerse de comida, como abstenerse de pensamientos impuros. Uno puede no comer nada, pero eso es en vano si guarda rencor en su corazón y no puede reconciliarse con los demás.

San Arsenio Boca

El ayuno es el agua que apaga la llama de las pasiones.

Quien no guarda el ayuno, encenderá en su boca la llama de la ira, de donde surgen todas las discordias, mientras que las enfermedades vendrán una tras otra.

Padre Epifanio Theodoropulos

El ayuno tiene dos objetivos: ejercitar la templanza y autodominio del cuerpo mediante la restricción de alimentos ricos en nutrientes, y la conformidad con los mandamientos de la Iglesia, lo cual es una práctica para la psique-alma.

Ese es el propósito del ayuno: no es un billete directo al Paraíso, pero nos ayuda a adquirirlo.

Archimandrita Jaralambos Vasilopulos

La ignorancia es la principal causa del desprecio hacia el ayuno. Muchos desconocen los grandes beneficios que trae el ayuno, y por eso lo desprecian. Quien conoce los beneficios del ayuno -tanto para el cuerpo como para la psique-alma— ciertamente ayuna y no se deja influenciar por nadie.

Padre Atanasios de Mitileneos

No debemos ocultar que ayunamos cuando nos preguntan o nos ofrecen alimentos no aptos para el ayuno en días de ayuno. Eso es una confesión de fe, no hipocresía.

No lo hacemos para ser elogiados por ayunar, sino que confesamos nuestro ayuno por amor al Señor, aunque se burlen de nosotros.

Por supuesto, no vamos a salir a la calle anunciando que ayunamos, pero si la ocasión lo requiere en la vida, no debemos ocultarlo.

https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/pantiseis-pori-n

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

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