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May 23 2025

Domingo del ciego de nacimiento

Domingo del ciego de nacimiento [Juan capítulo 9]

  1. «Diferencias en la fe», por Atanasio Mitilineos
  2. «¿Dónde está aquel?» (Jn 9,12), por G. Dorbarakis

 

               Curación del ciego de nacimiento Capítulo 9

9:1 Pasando el Señor por medio de la ciudad, vio a un hombre ciego de nacimiento;

2 y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego?”

3 Respondió Jesús: «Ni éste pecó, ni sus padres, sino para que se manifiesten en él, el poder y las obras milagrosas de Dios.

4 Es preciso que yo haga las obras del que me envió al mundo mientras es de día; cuando llega la noche ya nadie puede trabajar.

  1. «Yo debo trabajar para la salvación del hombre y hacer las obras de Dios, quien me ha enviado al mundo, mientras sea de día, es decir, mientras estoy en la vida presente. Viene la vida futura, que es como la noche cuando los hombres paran de trabajar, es decir, cuando yo me vaya, los hombres paran sus obras, así también en la vida futura nadie de los hombres podrá trabajar ya para el cumplimiento de su misión. Por lo tanto no debo perder ni un momento».

5 Mientras estoy en el mundo, yoSoy la luz del mundo».

  1. «Mientras estoy en el mundo con mi enseñanza, los milagros y mi forma de vivir, yoSoy la luz del mundo».

6 Diciendo esto, escupió en la tierra, hizo con la saliva un poco de lodo y untó con el lodo los ojos del ciego,

7 y le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloam, que quiere decir “enviado”». Fue, se lavó y regresó a casa con la vista.

8 Los vecinos y los que antes le conocían que era ciego, decían: “¿no es éste que estaba sentado pidiendo limosna?”

9 Unos decían: es él. Otros no, sino que es uno que se le parece. Él decía: “yo soy el ciego de antes”.

10 Entonces le decían: “¿Cómo se te han abierto y sanado los ojos?”

11 Él respondió: Ese hombre llamado Jesús, hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: «Ve a lavarte al estanque de Siloam».  Fui, me lavé y recibí la vista.

12 Le dijeron: “¿Dónde está él?” Él contestó: “No lo sé”.

Tumulto e investigación de los judíos 9:13-34.

13 Llevaron a los Fariseos al que antes había sido ciego,

14 y era sábado el día que Jesús había hecho lodo y le abrió los ojos.

15 De nuevo le preguntaron los fariseos, cómo había recobrado la vista. Él les dijo: “Un hombre me puso lodo sobre los ojos, me lavé y veo”.

16 Dijeron entonces algunos de los fariseos: “Éste hombre no viene de Dios porque no guarda reposo el sábado”. Otros decían: “¿Cómo es posible un hombre pecador hacer semejantes señales y milagros?” Y hubo desacuerdo y división entre ellos.

17 Otra vez dijeron al ciego: “¿Qué dices tú del que te abrió y curó los ojos?” Él respondió: “Que es profeta”.

18 No querían creer los judíos que aquél había sido ciego y que se había curado la vista, hasta que llamaron a sus padres,

19 y les preguntaron: “¿Es éste vuestro hijo, de quien vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ve ahora?”

20 Respondieron los padres y les dijeron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego;

21 pero cómo ve ahora no lo sabemos; quién le sanó la vista de los ojos lo ignoramos; preguntadle a él que es mayor de edad, puede hablar por sí mismo”.

22 Sus padres hablaron así por miedo a los judíos, ya que habían decidido que, si alguno reconocía que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.

23 Por eso sus padres dijeron: “Ya es mayor de edad, preguntádselo a él”.

24 Volvieron a llamar al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria y gracias a Dios por tu sanación; nosotros conocemos que ese hombre es pecador”.

  1. «Llamaron, pues, por segunda vez el que había sido ciego, y le dijeron: “Da gloria y gracias a Dios que te ha sanado. Pero cuidado con éste hombre al que llamó antes profeta, nosotros a causa de la posición y el axioma que tenemos, podemos conocer y saber bien que éste hombre es pecador, porque anula el reposo del sábado. Porque nosotros estudiamos y conocemos la voluntad de Dios».

25 Entonces respondió él y les dijo: “No sé si es pecador o no, sólo sé bien y reconozco que yo era ciego y ahora veo”.

26 Le volvieron a decir: “¿Qué terapia te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?”

27 Él les respondió: “Ya os lo he dicho y no me habéis escuchado. ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que queréis también vosotros haceros discípulos suyos?”

28 Ellos le injuriaron, y le dijeron: “Tú eres discípulo de él, pero nosotros somos discípulos de Moisés.

29 Nosotros, como estudiosos y soberanos del pueblo, sabemos que Dios habló a Moisés. En cuanto a éste, nos es desconocido y no sabemos de dónde es y de dónde viene”.

30 El hombre les respondió: “Esto es curioso, que vosotros no sepáis de dónde viene, si es de Dios o no, pero él me ha abierto mis ojos y veo.

31 Sabemos todos muy bien que Dios no escucha a los pecadores. Pero si uno es piadoso, temeroso y respetuoso con Dios y cumple Su voluntad, a ése le escucha.

32 Desde que existe este mundo, jamás se ha oído decir que alguien haya abierto y sanado los ojos de un ciego de nacimiento.

33 Si él no fuera enviado de Dios, nada podría hacer, ni el mínimo milagro».

34 Ellos enfadados le dijeron: “Has nacido todo entero en pecado, ¿y te atreves a enseñar a nosotros?” Y le echaron fuera.

La fe y la ceguera 9:35-41.

35 Oyó Jesús que le habían echado fuera, y encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees, en el hijo de Dios, a pesar de lo que te dijeron los soberanos del consejo de los judíos

36 Respondió él y le dijo: “¿Quién es, Señor, para que yo crea en él?”

37 Le dijo Jesús: «Le estás viendo, el que habla contigo, él es».

38 Respondió él, iluminado por la jaris, la energía increada de Dios y dijo: “Creo Señor con todo mi corazón”, y se puso de rodillas ante él y le veneró.

39 Dijo entonces Jesús: «Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven, vean, y los que ven vuelvan ciegos espiritualmente».

  1. «Dijo entonces Jesús: «Yo he venido a este mundo para que se haga juicio y distinción entre los hombres buenos y los malos. Así que aquellos que por los estudiosos de la ley, los gramatís-escribas, intelectuales y los fariseos, son considerados como ignorantes y ciegos espiritualmente, serán iluminados por la luz increada y conocerán la verdad. Y aquellos que se presentan presumiendo como conocedores de las Escrituras y por sí mismos iluminados, a causa de su altanería, serán cegados espiritualmente».

40 Escucharon esto algunos fariseos que estaban con él, y le dijeron: “¿acaso nosotros también somos ciegos física y espiritualmente?

41 Jesús les dijo: «Si fuerais ciegos no tendrías culpa o pecado; pero como decís que veis, seguís permaneciendo en el pecado».

  1. «Les dijo Jesús: «Si fuerais ciegos espiritualmente no conoceríais las escrituras y no tendríais pecado por vuestra incredulidad. Pero ahora decís: Vemos y conocemos las Escrituras, por eso vuestro pecado permanece imperdonable, porque se hace con conocimiento».

 

 

 

DOMINGO DEL CIEGO DE NACIMIENTO [Jn. 9, 1-38]

Transcripción de una homilía del bienaventurado padre Atanasio de Mitileneos con el tema:

«Diferencias en la fe»

[Pronunciada en el Monasterio Komninio de Larisa el 4 de junio del 2000]

El Señor Jesús, queridos míos, dijo en cierta ocasión:
«Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?» Pero ¿qué fe buscará encontrar el Señor cuando, en Su Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida), regrese a la Tierra?

Es un pasaje que, personalmente, me ha impresionado muchísimo; porque se da indirectamente la información de que no habrá fe sobre la Tierra. Es decir, concretamente, la fe será algo raro en la Tierra. ¿Y qué fe? La fe en Su persona Θεανθρώπινο (zeanzrópino: divino-humana). Es decir, con el paso del tiempo, las personas dejarán de creer en Jesús Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre. Y esto sucede porque todos hablan de fe, pero en muchos de nuestros cristianos, la fe se ha diferenciado. Presten atención: la fe se ha diferenciado. Existe una fe subjetiva, con innumerables variantes y cambios.

Así ocurrió también entonces, cuando el Señor realizó el milagro de la curación del ciego. Cada uno decía lo que quería. Algunos cuestionaban si el milagro era real. Otros aceptaban el milagro, pero no lo confesaban, tal como los padres del ciego no lo confesaban -nos lo dice claramente el evangelista Juan-, porque temían ser expulsados de la sinagoga, ya que las autoridades habían dicho que cualquiera que confesara que Jesús era el Mesías, sería expulsado de la sinagoga.

Los dirigentes soberanos planteaban muchas dudas sobre si realmente se trataba de un milagro. Por eso, cuando llamaron o llevaron al ex ciego y le preguntaron cómo había sucedido todo aquello, él les relató cómo había ocurrido. Y de nuevo le vuelven a preguntar: «¿Y cómo fue que sucedió?». Y otra vez: «¿Y cómo sucedió?». Entonces él dice: «Bueno, esperen un momento. ¿No se los dije ya? ¿Por qué preguntan y repreguntan una y otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».

Entonces ellos se enfurecieron contra el ex ciego y lo echaron fuera. «¡Tú -le dicen- que estás completamente en pecados, nos vienes a decir a nosotros que queremos hacernos discípulos de Ése?». No dicen su nombre… dicen «Ése». No pronuncian su nombre… Y noten que existía la creencia de que quien nacía con algún defecto -un niño, o él mismo, se decía- había pecado (¿cuándo? ¿Pecó en el vientre de su madre? ¿Cuándo?), o que sus padres habían pecado. Así que, como este hombre había nacido ciego, entonces, según esa lógica, sus padres debían haber pecado. Y así sucesivamente…

El único que aceptó el milagro fue, queridos míos, el mismo ciego. Y cuando, un poco más tarde, el Señor encontró fuera al ex ciego, después de saber que lo habían echado fuera, etc., le dijo: «¿Tú crees en el Hijo de Dios?».
Y el ciego -el ex ciego- respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en Él?». Y el Señor le respondió: «Lo has visto, y el que está hablando contigo, ése es». (Y le estaba diciendo: “Aquel en quien te pregunté si crees, el Hijo de Dios, ese soy Yo que estoy hablando contigo”).
Y entonces el ciego responde: «Creo, Señor». Y «le reverenció y le adoró».

Un breve y lleno de gracia diálogo sobre la capacidad de alguien para creer. Permítanme, además, una pequeña observación.
Por supuesto, el Señor no abrió los ojos de todos los ciegos de Palestina. Ni tampoco se abren los ojos de los ciegos a lo largo de la historia por parte de cristianos, misioneros, sacerdotes, etc. Entonces, ¿por qué el Señor abría los ojos de los ciegos?
Para que pudieran ver el rostro del Mesías.
Eso es algo profundamente conmovedor. Aquel a Quien, si se salvan, verán por los siglos de los siglos. Estar en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Cristo es como un pequeño anticipo de que veremos Su persona, rostro, como dice el evangelista Juan en su primera carta: «Porque lo veremos, contemplaremos tal como es». Presten atención: «tal como es».

Hemos visto diversas actitudes de fe o de incredulidad frente a la Persona divino-humana de Cristo. Es decir, una diferenciación de la fe, o, mejor dicho, muchas diferenciaciones de la fe, como les dije desde el principio. Exactamente lo que dijo también el Señor sobre Su Persona divino-humana en los últimos tiempos: «¿Acaso -dijo- encontraré fe sobre la tierra?»

Claro está que “fe” y “creo” son palabras fáciles de pronunciar. Pero la fe verdadera tiene también condiciones previas y consecuencias.
Una condición previa de la fe sana es la humildad, queridos míos; para que puedas aceptar lo que se te revela. Sin añadir ni quitar, sin sacar conclusiones según tu parecer o como te parezca.
Hoy en día, nuestros cristianos tienen sus propias elecciones. Fíjense: sus elecciones personales respecto al tema de la fe.
Uno dice: «Yo creo a mi manera».
¿Cuántas veces no hemos escuchado esto? «Yo creo a mi manera»…
Hermano mío, ¿existe una fe subjetiva “a tu manera”?
La fe es una sola y no se puede modificar. Aquí vemos claramente que falta humildad. No quieren aceptar la fe que se predica y se enseña objetivamente. No. Esa la rechazan. Quieren creer como ellos consideran conveniente. Unas cosas las aceptan, otras no.
¿Ven, entonces, que aquí tenemos un orgullo? Es decir, ¿una ausencia de humildad?

También está la buena disposición del corazón. ¿Qué clase de disposición tienes como persona?
Está la sencillez de la psique-alma, como la expresó el Señor, queridos míos, cuando vio a Natanael: «He aquí -dijo- un verdadero israelita». Un hombre recto.
¿Saben, a pesar de esto, cuántos dicen que son rectos y no lo son?
Se engañan a sí mismos y a los demás. O mejor dicho… se engañan a sí mismos, porque los demás, una, dos, tres veces, acabarán dándose cuenta de que esas personas no son rectas.

Y también están las consecuencias…
Si la fe que uno tiene es correcta, esa será justificada, será elogiada.
Pero si la fe no es como Dios la quiere, porque cada uno cree “a su manera”, entonces no habrá justificación alguna.

Una fe, en verdad, «a gusto de cada uno» -decidme, por favor-, ¿haría milagros? ¡Nunca. Jamás!

Los judíos creían en el Mesías; es decir, que algún día vendría el Mesías. Pero cargaron su persona con tantas suposiciones, que cuando vino Cristo no Le reconocieron ni Le aceptaron; aunque la Sagrada Escritura, el Antiguo Testamento, nos da innumerables características del Mesías, una multitud. Pero estos hombres estudiaban, estudiaban a los profetas, etc., y al final no reconocieron a Jesús Cristo.

Dijeron los de entonces, contemporáneos del ciego, del ex ciego: los gobernantes, fariseos, escribas, sacerdotes, sumos sacerdotes -eran varios sumos sacerdotes, porque los ponían y los quitaban, simplemente respondo aquí a una posible duda que podrían tener-, los ponían y los quitaban los romanos. Basta deciros que el sumo sacerdote era vitalicio, y debía ser solo uno. Pero según convenía a los romanos -quienes, por supuesto, eran un ejército de ocupación-, ponían y quitaban a los sumos sacerdotes.

¿Qué respondieron ahora ante el caso de este ex ciego?

«Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; pero a este, no sabemos de dónde es» (Jn 9,29). «Sabemos», dicen, «que Dios habló a Moisés. ¿Este? ¿Jesús? No sabemos su procedencia». Y sin embargo, si hubieran estudiado el logos de Dios, habrían conocido muchas cosas.

Así pues, ridiculizan al ex ciego que defendía a Jesús Cristo. Él dice: «No sé lo que decís vosotros, pero solo esto os digo: que Dios no escucha a los pecadores». Y le respondieron con aquello que ya os mencioné: «Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros?» (Jn 9,34). Y como os dije, lo expulsaron. Una verdadera odisea…

Mientras tanto, el Señor afirmaba, sobre el mismo asunto, que la ceguera de aquel hombre -pues fue preguntado por sus discípulos-, la ceguera de ese hombre concreto no era resultado de ningún pecado. «Ni sus padres pecaron», dijo, «ni él pecó».

¿Cuándo habría tenido tiempo de pecar, si nació ciego? «Esto ocurrió», dijo el Señor, «para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9,3).

Sobre esta sola frase podríamos decir muchísimas cosas. Desgraciadamente, no tenemos tiempo. Es decir, que se preparó una situación, para que se realizara el milagro cuando el Logos increado de Dios viniera a la Tierra. Os diría, así a modo de ejemplo, que el monte Sion fue dispuesto de antemano para que se cumpliera la obra del Mesías, etc., etc., etc. ¡Una multitud! Una multitud de elementos…

Y la elección de este lugar, Palestina, a donde fue conducido Abraham, fue hecha por Dios, el Logos increado de Dios, la segunda persona de la Santa Trinidad. Le dice: «Ve allí, ve allá…». Y finalmente le dice: «Aquí te quedarás». Aquí. Esta es la Tierra Prometida, etc., etc.

Así es como quiso Dios el Logos increado aparecer dentro de la Historia. No digo más.

Y se plantea la pregunta: Bueno, ¿los escribas y los demás, no sabían leer? ¿Cómo leían a los profetas? ¿Cómo leían a Isaías? ¿Y cuando leían a los profetas, cómo los comprendían? ¿Y cómo los interpretaban?
Aquí uno puede ver que los intérpretes se habían puesto una venda sobre los ojos. ¿Por qué? Porque querían interpretar basándose en sus deseos personales. Curioso… Y no son pocos los que interpretan el logos de Dios basándose en sus deseos personales.

Entonces, ¿cuáles eran esos elementos que los llevaban a interpretarlo así? Eran, queridos míos, aspiraciones nacionales y condiciones económicas. ¿Lo oyeron bien? Aspiraciones nacionales y condiciones económicas.
Así pues, atribuyeron y cargaron al Mesías con la idea de que sería una figura que los liberaría del terrible yugo romano -antes vinieron los griegos, antes aún otros, los babilonios, los asirios, etc., habían estado más de 600 años bajo ocupación-, con la esperanza de recuperar su libertad.

Ahora, en pleno siglo XX después de Cristo -2.500 años bajo ocupación-, esa percepción se distorsionó dentro de ellos: el Mesías se convirtió en una figura nacionalista.
Y además, cuando viniera, los judíos -según creían-comerían con cucharas de oro. Hasta el día de hoy sabemos que los judíos siempre aspiran a la prosperidad, en todos los rincones del mundo. Se han convertido en banqueros, ustedes ya saben eso. Sí. Llevan en la sangre esa idea de liberación nacional -la cual, en efecto, ocurrió, pero… mmm… luchan con los palestinos…
No estoy haciendo política, simplemente describo la situación actual. Y siempre, en todas partes, quieren tener dinero. Enriquecerse, enriquecerse… Como si les hubiera faltado alimento, y ahora quieren comer. Y no solo comer, quieren prosperar con cucharas de oro.

Así también, queridos míos, nuestros cristianos. Sí. También nuestros cristianos se dejan engañar por falsas creencias, distintas formas de fe.
Y Dios permite que se extravíen porque anteponen sus pazos pasiones, vicios y sus deseos.

La fe, queridos míos, es un asunto de gran importancia. El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: “Muévete de aquí allá”, y se movería; y nada os sería imposible».
Con esta imagen quiere el Señor mostrar cuál es el poder de la fe. Así podríamos decir que todo es posible para el que cree. Los discípulos, por supuesto, ya tenían fe cuando siguieron al Señor. Sin embargo, ruegan al Señor que les aumente la fe: «Auméntanos la fe, Señor».
Es decir, a la que ya tenían, que se le añada más, y más fe.
La fe es un don para los corazones de buena voluntad. Es una energía increada que desciende sobre los corazones nobles. Una energía increada. Viene de Dios.

Debemos decir que los cristianos contemporáneos caen en el racionalismo. “Racionalizar” quiere decir: intento entender algo con mi mente, cerebro o intelecto. Y como naturalmente mi mente no lo abarca todo, lo que no entiendo, lo rechazo.
Pero no es correcto rechazar todo lo que no comprendo.

Ahora mismo, por ejemplo, en este lugar, hay emisiones musicales… ¿Las oyen? ¿Las ven?
Se revelan mediante un receptor de radio.
¿Significa que, porque ahora no oímos nada, no existen todas esas voces?

Por supuesto, la ciencia moderna ha demostrado, y ha demostrado claramente, que el racionalismo no es más que una enfermedad, una enfermedad de la mente.

Pregunten: ¿cuántos de nuestros cristianos creen en la Resurrección de Cristo? Pregunten: ¿cuántos creen en la resurrección de los muertos, que los muertos resucitarán…? Pregunten sobre la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo y sobre el Juicio Final, si creen en ello… Pregunten sobre el infierno eterno y la vida eterna… Y entonces verán qué respuestas reciben a todas esas preguntas.
Verán cuán debilitada está la fe, cómo varía la fe entre nuestros cristianos.
“Ah, en la Resurrección de Cristo sí creo… pero en la resurrección de los muertos no estoy tan seguro, tengo mis dudas.” Así hacían también nuestros antepasados, los corintios. Y San Pablo les escribe:
“Si los muertos no resucitan, entonces tampoco Cristo resucitó.” Porque lo uno es consecuencia de lo otro.
Y, por tanto, estaríamos todos en el mismo punto de partida, en nuestros pecados, y no habría salvación para nosotros.

El bienaventurado (ahora santo) Justino Popovich decía: Si quieres ver en qué medida tu fe es recta y saludable, compárala con los artículos del Símbolo de la Fe (Credo).
Y yo, muchas veces, cuando alguien me dice: “No creo en la resurrección de los muertos, no me cabe en la cabeza”, ¡eso es racionalismo! Digo: “Dios nos hizo de la nada, ¿y no nos hace de lo que ya somos, de lo existente? ¿Qué estás diciendo, hombre? Después… ¿sabes el Símbolo de la Fe (Credo)?” “¡Por supuesto!”, me responde. Entonces le pido que lo diga: “Espero la resurrección de los muertos…” ¿Entiendes lo que estás diciendo? Estás confesando que esperas la resurrección de los muertos, ¡y luego dices que no crees!

Hoy, queridos míos, ¡los cristianos vivimos una ceguera terrible! Hoy es el domingo del ciego, por eso tratamos este tema.
¡Ceguera terrible!
El Señor dijo: “Si os hablé de cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?” Les dije cosas terrenales y no creyeron. ¿Y si les dijera cosas del cielo, creerían? Seguramente no.

¿Y qué son las cosas “terrenales”?
Cuando el tabaco daña, no es necesario que nos lo diga Cristo. Lo vemos ante nuestros ojos, en los grandes carteles publicitarios del cigarro, donde abajo dice: “Fumar perjudica gravemente la salud.” Díganme, ¿quién ha dejado de fumar o quién ha evitado comenzar a fumar, especialmente los jóvenes, por ese mensaje escrito? ¿Ha servido de algo? En ninguna parte. Nada. La gente no cree ni siquiera en lo que ve.

Dicen: “El SIDA…” “El número de víctimas del SIDA está aumentando.” Y, sin embargo, no lo creen. Muchas veces, al oír programas y campañas contra las drogas -sobre todo contra las drogas y el cigarro-, uno se pregunta: ¿No entienden, personas, que se van a enfermar? ¡No lo creen! Dicen muchas cosas. Dicen que es cuestión de información. Pero no es solo un asunto de información. Es también cuestión de fe. Fe en lo referente a cosas terrenales. Sí, hay que estar informados, pero también hay que creer que verdaderamente hacen daño, por ejemplo, las drogas. Si lo sabes, ¿por qué las consumes? ¿Han desaparecido las drogas a pesar de tanta información y campañas? ¡No! ¿Por qué? Porque falta ese elemento de la fe. No de la fe en Dios -en este caso-, sino la fe en que las cosas son como son, y que realmente hacen daño.

¿Qué podemos decir sobre la necesidad de la fe respecto a los últimos (ésjatos) tiempos y acontecimientos?
Muchos consideran que la historia es cíclica. Que volvemos siempre al mismo punto. No es así. La historia es lineal. Presten atención a esto. El mundo comenzó y el mundo tendrá un final. Al menos en la forma en que lo conocemos ahora. Muchos creen en un mundo mejor, cuando en realidad el mundo va de mal en peor. La decadencia que azota al mundo en este momento, a nivel global, no tiene precedentes.
¿Quiénes ven todo esto?
Aquellos que tienen ojos para ver, lo ven. Todo se deshace, todo se desmorona, todo se hunde en el fango. ¡Todo! Cuando están por aprobar el matrimonio homosexual (año 2000), ¿qué dirían ustedes?
Caí en una tentación.
Ayer lo pensé. Lo comentaba con unos que estaban aquí, en una charla por la tarde. Por ejemplo… está bien, que no se incluya la religión [en documentos oficiales], no lo sé… no lo sé… Pero… ¿que tampoco figure si estás casado o no? ¿Que no aparezca el nombre del cónyuge? No lo entiendo. ¿Ustedes lo entienden? En un momento pensé y dije: Supongamos… ¿Qué cónyuge va a poner un hombre cuando está casado con otro hombre homosexual? Si hasta reciben apartamentos en Inglaterra, no sé dónde más. Sí. Como si recibieran un apartamento en una vivienda municipal. ¿Dónde va a aparecer el cónyuge si el hombre está casado con otro hombre? Sí. Acéptenlo si quieren. Y sin embargo, todo esto está escrito, y solo lo leen quienes pueden ver.

El profeta Daniel dice: “Hablará logos y palabras contra el Altísimo (el Anticristo), y desgastará a los santos del Altísimo, y pensará en cambiar los tiempos (el clima y la historia) y la ley, y le serán entregados hasta un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo”. Voy a detenerme en un solo versículo: Planea cambiar “los tiempos y la ley”. ¿Saben qué significa eso?

  • La “ley” es la corrupción de la ley; tenemos la ley escrita también en nuestra conciencia.
  • ¿Y qué son los “tiempos”? Es la naturaleza misma y el clima.

El matrimonio es algo natural. Pero cuando tú cambias algo natural y te casas con alguien del mismo sexo… ¡ahí lo tienes! Está escrito esto. ¿Quién lo lee? ¿Y quién puede detener el mal que se acerca a galope? Muchas cosas están ocurriendo en nuestra época, que anuncian el fin de la Historia. Y sin embargo, predomina la ceguera, y las personas no perciben nada.

Amados míos, Dios, a través del profeta Ezequiel, proclama: “Así dice el Señor: El fin ha llegado, ha llegado el fin a los cuatro extremos de la tierra. El fin ha llegado sobre ti, habitante de la tierra”. El fin ha llegado. Y aun el mismo pueblo de Dios quiere seguir sufriendo una ceguera profunda.

¿Quién es el pueblo de Dios?
Los cristianos. Para que vuelva a resonar la voz y logos de Dios que está escrito en libro del Apocalipsis: “Porque tú, a pesar de tu pobreza espiritual, dices: Yo soy rico en virtudes, y me he enriquecido con tesoros espirituales y de nada tengo necesidad; y no sabes que en realidad tú eres el desgraciado, el miserable, el pobre, el ciego en el reconocimiento de la verdad y el desnudo en obras de virtud.  Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, el espiritual, para enriquecerte en virtud, y vestiduras blancas para vestirte en tu psique-alma, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez espiritual; y unge tus ojos (de tu psique) con colirio (la enseñanza de mi luz increada), para que veas (tu propio estado y el camino que seguirás)” (Apocalipsis 3:17-18)

¿Y qué es el colirio que abrirá nuestros ojos y que debemos comprar de Cristo?

Es, amados míos, el Espíritu Santo. Sobre Él dice San Juan Crisóstomo: “El Espíritu Santo es el que crea otros ojos”. Él te dará otros ojos, para que veas la realidad. Y entonces veremos en qué estado de descomposición se encuentra el mundo actual…

Permítanme usar el lenguaje del evangelista San Juan, quien confiesa:

No améis al mundo, ni lo que hay en el mundo (en sentido moral). Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo: la codicia de la carne, la codicia de los ojos -(la televisión)-, y la arrogancia de la vida…” (1Juan 2:15-16). Tres coches a disposición de cada familia… Y continúa San Juan: “Hijitos, ya es la última hora, y como habéis oído que el Anticristo viene, ahora han surgido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última (ésjato) hora” (1Juan 2:18). Amén.

PARA GLORIA DEL DIOS TRIUNO
Y con profunda gratitud a nuestro guía espiritual, el padre Athanasios Mitilineos, transcripción y edición de la charla grabada: Eleni Linardaki, filóloga.

Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_137.mp3

Traducido por: χΧ jJ  https://www.logosortodoxo.com/

 

Domingo de la curación del ciego de nacimiento

¿Dónde está aquel? (Jn 9,12) Ποῦ ἐστιν ᾽Εκεῖνος;

Ante el gran milagro de la curación del ciego de nacimiento por parte de Jesús Cristo, los judíos se desconciertan y buscan al autor del milagro: “¿Dónde está aquel?”. Y el ciego, que recibe la pregunta, no puede dar otra respuesta más allá del nombre de Jesús y del hecho de su curación. Porque el Señor -a quien el ciego aún no conoce- le había mandado a lavarse en la piscina de Siloé. El hombre obedeció al logos (mandato) y, respondiendo con fe, fue sanado. Así, los judíos buscan a Cristo.

Pero la búsqueda de Jesús es un fenómeno recurrente en el Evangelio. Cuando era niño, lo buscaba Herodes porque lo consideraba una amenaza, ya que los magos lo habían reconocido como “el rey de los judíos”. Lo buscan muchas veces los fariseos y los líderes religiosos de Israel, porque lo consideran “peligroso”: transgrede el sábado y pone en cuestión sus tradiciones. Lo busca el pueblo sencillo, porque les dio de comer. Lo busca Herodes Antipas, deseoso de entretenimiento y diversión, pues había oído hablar de sus milagros. También lo buscan los discípulos de Juan el Bautista, porque su maestro les había señalado a Jesús como el Mesías. Viene a buscarlo Natanael, que había escuchado cosas admirables sobre Él por boca de su amigo Felipe. Lo buscan los samaritanos, llamados por una compatriota suya que testificaba que Jesús le había revelado toda su vida.

Y no solo en aquellos años en que Jesús caminó entre los hombres. En cada época y mientras exista el mundo, habrá personas que lo busquen. Pero no todos lo harán por las mismas razones ni con el mismo propósito. Como entonces, así será siempre: unos buscarán a Cristo movidos por odio y enemistad; otros, por mera curiosidad; otros, por una búsqueda sincera desde lo profundo del corazón, sedientos del “agua viva”; y otros, por amor (ἀγάπη) verdadero y desinteresado hacia Él, porque han sentido que la llama encendida en su interior por Cristo se extiende sin cesar, con fuerza y vigor.

¿Dónde está Aquel?

Esta pregunta no es solo de quienes están lejos de Cristo, sino también de quienes están cerca. Revela una verdad evangélica atemporal: nadie puede permanecer indiferente ante Él. Ante Cristo, uno siempre se ve obligado a tomar una decisión -positiva o negativa-, tal como Él mismo nos lo enseñó: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12,30).

Si se quisiera juzgar la variedad de quienes niegan a Cristo -es decir, sus enemigos, opositores o simplemente los indiferentes-, podríamos decir que los indiferentes son, tal vez, sus peores enemigos. Porque quienes luchan contra Él aún están ocupados con Cristo, aunque sea de manera negativa, y eso deja abierta la posibilidad de conversión. En cambio, los indiferentes no lo rechazan abiertamente, pero tampoco muestran preocupación ni interés alguno. A estos tibios se dirige con dureza el Señor en el Apocalipsis: “Yo conozco tus obras, que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, (y en estos por supuesto pertenecen los que son indiferentes sobre la fe), y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y no tengo necesidad de nada’; y no sabes que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Ap 3,15-17). Este pasaje claramente incluye a quienes viven su fe con indiferencia.

¿Dónde está Aquel?
En la búsqueda de Cristo -sobre todo como Sanador y Salvador de nuestra vida- no hay un solo camino. Y tampoco nadie puede asegurar cuándo ni cómo responderá Él. A nosotros nos corresponde buscarle; a Él, juzgar dónde y cómo se manifestará. Lo que sí sabemos es que su aparición lleva siempre el sello de la sorpresa: Aparece cuando menos lo esperamos, y donde menos lo imaginamos. Llega “con las puertas cerradas”, o en medio de las olas de la vida, cuando estás a punto de hundirte… y allí está Él, caminando sobre el agua junto a ti. Te acercas a alguien esperando ayuda, y de repente escuchas tu nombre… y es Él quien te llama. Caminas con un desconocido y, en un momento, se revela como “el mismo en otra forma”. Especialmente, se hace presente en la fracción del pan, en el Misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Pero apenas lo reconoces y quieres tocarlo… desaparece de tu vista. Sin embargo, Él mismo nos ha dicho con claridad dónde podemos encontrarle siempre en nuestra búsqueda: en el rostro de cada hermano, especialmente en los más pequeños y necesitados.
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto, en verdad os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. (El Cristo, el Rey, que es el Hijo de Dios y también Hijo del hombre, a los pacientes, a los pobres y a los desnudos, a estos que los vanidosos y orgullosos menosprecian, los considera como hermanos suyos, hijos del Padre celestial y los asiste con toda Su agapi. Por eso cada ayuda que se ofrece a ellos la considera como ofrecida a él mismo) (Mt 25,40).

Amén.

ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ     παπα Γιώργης Δορμπαράκης      Padre Jorge Dorbarakis

Traducido por: χΧ jJ  www.logosortodoxo.com

 

 

 

 

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