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May 25 2025

Demostraciones sobre el Cristianismo, A. Mitilineos

Demostraciones sobre el Cristianismo C,1O.

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

 

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachillerato.

Índice

  1. “Se dice que todo el cristianismo está fundamentado, o se fundamenta, en la resurrección de Cristo. ¿Pero existen testimonios que prueben la Resurrección de Cristo?”
  2. ¿Cómo podemos nosotros, los cristianos, explicar y demostrar a alguien que creemos en el Dios verdadero?
  3. “Muchos ateos sostienen que todas las religiones tienen sus propias percepciones, convicciones, y creen que cada una tiene sus fines y propósitos superiores. Así, irónicamente, preguntan: ¿Dónde se ve que el cristianismo es una religión verdadera?” ¿Qué podemos responder a estas palabras?
  1. “Se dice que todo el cristianismo está fundamentado, o se fundamenta, en la resurrección de Cristo. ¿Pero existen testimonios que prueben la Resurrección de Cristo?”

Es cierto que podemos decir que el cimiento del cristianismo es la Resurrección de Cristo. Os diré, con un pequeño ejemplo, que se trata de un cimiento enorme. Cuando voy a comulgar, es decir, a recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, en el santo cáliz hemos colocado vino y pan -el prósforo (ofrenda especial de pan para la comunión) que hemos preparado. Y decimos que esto es el cuerpo y la sangre de Cristo.

Atención, mi lengua, ¿qué percibe? Percibe vino y pan. ¿Es vino y pan? No. ¿Qué es, entonces? Es el cuerpo y la sangre de Cristo, aunque mis sentidos no lo perciban. Del mismo modo que no percibían con los sentidos la persona o hipóstasis de Cristo. Cristo, entre los hombres, era un hombre humano, tan hombre que lo apresaron y lo crucificaron. No comprendían, y no alcanzaban a captar con sus sentidos, que era el Hijo de Dios, algo que ni siquiera los ángeles ni los demonios comprendían. Ni los ángeles ni los demonios conocían quién era Jesús Cristo.

Porque la divinidad o deidad es completamente invisible; no existe ojo de criatura creada que pueda ver la divinidad o deidad. La Santa Escritura dice: “Nadie ha visto jamás a Dios”. ¿Qué veían los sentidos de los hombres en Jesús Cristo? Veían Su cuerpo; la divinidad, no la veían.

Así como no podían ver la divinidad de Cristo, de la misma manera, ahora no podemos ver el matábole (cambio, transformación) del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

¿Pero cómo lo perciben nuestros sentidos? Como vino y pan.

¿Cómo percibieron los sentidos de los hombres cuando lo prendieron y lo clavaron en la cruz? Como a un hombre crucificado, y nada más.

¿Dónde está la base y el cimiento de que aquello que comulgamos es el cuerpo y la sangre de Cristo? Simplemente en que Cristo ha resucitado, y como ha resucitado, es Dios.

Por lo tanto, cuando nos dijo que tomaríamos vino y pan -por decirlo de una manera sencilla- y celebraríamos la Divina Liturgia, eso sería Su cuerpo y Su sangre.

¿Cómo sé que es el cuerpo y la sangre de Cristo? Respuesta: Lo dijo Cristo, ¡y se acabó, con eso basta!

¿Y cómo sé que lo que dijo es cierto?

Cristo resucitó de entre los muertos, ascendió, y descendió el Espíritu Santo, quien certificó quién es el Jesús Cristo.

Así que, la llave de la gnosis (conocimiento) de todo lo que Cristo nos dijo, es la Resurrección de Cristo. Correctísimo. Os decía que el cimiento, la clave, es la Resurrección de Cristo.

Entonces, si alguien pregunta: ¿ahora esto qué es? ¡Lo dijo Cristo, y se acabó, con eso basta!

¿Y por qué lo dijo?, ¿es así?

Sí, es así, ¡porque ha resucitado! ¡Se acabó, con eso basta!.

¿Queréis ver cómo lo dice el apóstol Pablo? Vamos al capítulo 15 de la Primera Epístola a los Corintios: “Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe y vana nuestra predicación” (1 Cor 15,14).

Es decir, que la identidad misma del cristiano cae en el vacío. Todo lo que antes decíamos sobre nuestro nombre como cristianos se desvanece.

Aún más: el cristianismo, el Evangelio, es crucificador o cruciforme. Dice: cortarás tus pazos (vicios, pasiones, adicciones etc.), no serás un hombre vano, ni rico, etc. Aceptarás las injusticias en vez de ser injusto. Más bien, en esta vida sufrirás y llevarás tu cruz.

Si el cristianismo no es verdadero, ¿por qué habría de sufrir? ¿Por qué tendría que llevar esta prenda negra constantemente, que es color de luto? Y si queréis, no es solo para el sacerdote esta prenda; es para cada creyente. En realidad, significa que todos debemos llevar luto por nuestros pecados. Dice el Señor en las Bienaventuranzas: “Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina al mundo… bienaventurados y felices serán los pobres del espíritu porque de ellos es y será el reinado de la realeza increada de los cielos, etc.” (Mateo 6)

¿Qué significa esto? Que, para ser cristiano, uno debe asumir unas tesis, unas posiciones.
Pues si el cristianismo no es verdadero, y me encuentro en esta situación sin disfrutar de la vida, ¿qué vida? Esta vida mundana y materialista. Ni siquiera es digno hablar de la vida mundana, pero en ese caso, ¿por qué no hacer lo que quiero? Hacer lo que me da la gana, seguir mi propia voluntad. ¿Por qué no hacerlo?

Dice el apóstol Pablo: “Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más miserables, los más desgraciados y dignos de conmiseración de todos los hombres” (1Cor 15,19).

Es decir, perdemos una vida futura que, en ese caso, no existiría -porque si Cristo no ha resucitado, nosotros no somos nada-, pero además también perdemos esta vida presente. ¿Por qué no comer, beber y disfrutar de todo?

El mismo apóstol Pablo lo afirma: “Si en Éfeso luché contra hombres que parecían fieras, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos (como dicen los infieles y materialistas)” (1Cor 15,32).

Sea que haya luchado contra fieras reales, como mártir en la arena, o metafóricamente contra bestias humanas, ¿por qué tendría que sacrificarme si no existe la Resurrección de Cristo?

Pero dice el apóstol Pablo: “¡Pero el Cristo resucitó primero de entre los muertos y se hizo primicia de la resurrección de todos los que durmieron o murieron!” (1Cor 15,20).

Y el apóstol Pablo ofrece sus testimonios, porque la pregunta también es: ¿cómo se demuestra?, ¿cómo se prueba? Y, más aún, ¿cómo se prueba históricamente?

Atención.
Primero, cuando hablamos de fundamento o cimiento histórico, entendemos por ello los acontecimientos. Segundo, el testimonio de los acontecimientos. No basta con que algo haya ocurrido; debemos tener testificación de los hechos acontecidos.

He aquí lo que dice el apóstol Pablo en la Primera Carta a los Corintios: “Os transmito, en primer lugar, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras” (1Cor 15,3).

Atención, mucha atención: cuando queremos asegurar un acontecimiento históricamente, decimos que basta con tener testimonios históricos. Esto es un fundamento.

Especialmente en el ámbito de la fe, en el campo del cristianismo, tenemos dos cimientos. Atención: dos fundamentos.

  1. El acontecimiento histórico y su testimonio.
  2. La profecía cuando se cumple.

Para las cosas del mundo, normalmente, no tenemos profecía. Por ejemplo, decimos: “Alejandro Magno”, aunque en realidad sí aparece profetizado en el libro del profeta Daniel. Pero, en términos generales, hablamos de historia mundana, que nos dice que Alejandro vivió, hizo, conquistó, etc.

¿Cómo demostrar que existió Alejandro Magno?
Solo a través de los acontecimientos históricos.

¿Cómo demostramos un acontecimiento del cristianismo?
Por dos vías:

  1. Por los hechos históricos
  2. Y por la profecía cumplida.

Por eso, si leemos el Nuevo Testamento, encontraremos a cada paso expresiones como: “Está escrito” o “Según las Escrituras”, o se menciona a tal o cual profeta.

Aquí, el apóstol Pablo dice que: “Cristo murió según las Escrituras”.

Esto es testimonio, y además es según las Escrituras, es decir, según las profecías.

Y añade: “y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1Cor 15,4). El apóstol Pablo afirma que esto lo recibió como tradición, porque es un hecho, un acontecimiento. Es testificado y está según las Escrituras, es decir, profetizado.

“Fue sepultado… y resucitó al tercer día, según las Escrituras”

Su Resurrección es, por tanto, acontecimiento, hecho, entregado, testificado, y también profetizado. En el Símbolo de la fe decimos: “…según las Escrituras”.

Esa pequeña frase, “según las Escrituras”, ¿sabéis cuán fundamental e importante es?

Ahora se mencionan acontecimientos y muchísimos testigos que confirman lo siguiente: “y que apareció a Kefás o Pedro y después a los doce Apóstoles. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen o han fallecido. Después apareció a Jacobo (Santiago); después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a uno que nace antes de tiempo o como a un aborto, me apareció a mí” (1 Cor 15,5-8).

¿Dónde se apareció a Pablo? En el camino hacia Damasco.

El mismo apóstol Pablo dirá: “¿Acaso no he visto a Jesús Cristo, nuestro Señor?” (1Cor 9,1).
Sí, lo ha visto. Y él mismo apela a este testimonio como auténtico.

Porque cuando iba hacia Damasco, no estaba solo. Había otros con él. Los demás vieron la luz, el resplandor, escucharon la voz, pero no comprendieron lo que Cristo le decía a Pablo, porque no se les debía revelar.

Por tanto, el testimonio de la aparición del Cristo resucitado fue un testimonio real, acontecido en presencia de muchas personas. No fue una visión privada o un fenómeno puramente interior. Fue exterior, visible y ante varios hombres.

Queridísimos míos, la mayor respuesta a este tema es la siguiente:

Pablo no se habría convertido en el gran Pablo, si Cristo no se le hubiera aparecido. La gran espina para los hebreos fue San Pablo. Y el gran testimonio de la Resurrección de Cristo es Pablo mismo. Por eso lo perseguían con intención de matarlo. Así como también quisieron matar a Lázaro, que era la demostración viva de su propia resurrección y la prueba de que Cristo lo había resucitado.

Así que tenemos testimonio, y tantos testigos. Y lo más importante: este testimonio sigue vivo hasta hoy.

¿Hubo acaso una época en que no existieran cristianos, y luego comenzaran de nuevo a hacerse cristianos? No. Tenemos, entonces, una continuidad histórica ininterrumpida de cristianos. Esto es la Tradición viva.

¿Y cuál es esa Tradición?

Que Cristo resucitó de entre los muertos. Por lo tanto, el cristianismo es verdadero. Esto es grandioso, enorme. Todo está sostenido sobre esto.

Por consiguiente, el cristianismo es la demostración de la historicidad de la Resurrección de Cristo.

¿Y saben cómo el Señor garantiza esto?

El Señor dijo al apóstol Pedro, cuando habría de fundarse la Iglesia -el cristianismo- sobre la tierra: “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Hasta hoy el cristianismo permanece en pie, y sigue luchando. Por lo tanto, tenemos esta testificación histórica, que es la misma presencia continua del cristianismo en el mundo.

Me gustaría preguntaros: ¿sabéis cuántos testimonios tenemos sobre la existencia histórica de Alejandro Magno? ¿Sabéis, quizá, quién nos da testimonio de que existió Alejandro Magno? Queridos míos, solo un escritor: Arriano. Y él no fue contemporáneo de Alejandro.

Hoy, ciertamente, no tenemos las conquistas de Alejandro Magno ante nuestros ojos. Lo que tenemos son hallazgos antiguos. Pregunto: encontrar en los extremos de Persia y en las orillas del río Indo monedas helénicas antiguas, ¿es una demostración más contundente de que Alejandro llegó hasta allí que el hecho de que el cristianismo siga vivo en la historia? ¿Es más significativa la aparición de una moneda o de un monumento helénico que la continuidad viva del cristianismo?

Y si queréis, pensad: hoy no existe Alejandro Magno, ni sus conquistas. ¿Puede alguien dudar de que existió? Nadie. Entonces, ¿por qué se duda de la historicidad de la Resurrección de Cristo, cuando está tan abundantemente testificada?

Os lo diré con claridad: la duda y la respuesta se encuentran en el siguiente punto. Que Alejandro Magno haya existido o no, no tiene repercusión en nuestra vida, en nuestro futuro ni en nuestros problemas. En cambio, si existe el infierno y la βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Dios, si el alma vivirá eternamente o no, si habrá resurrección de los muertos y cuál será mi destino como persona, eso sí tiene importancia.

Que Alejandro Magno haya existido o no, no importa. Por tanto, que haya quienes duden o no de su existencia, no tiene trascendencia. Pero en el caso de Cristo, sí la tiene. Porque si acepto que Cristo ha resucitado, entonces el cristianismo es verdadero, entonces Cristo es Dios, el Dios hecho hombre. Y ese mismo Cristo nos habló del infierno eterno y de la βασιλεία vasilía eterna de Dios. Pero eso no me interesa, porque quiero seguir pecando. Y como quiero mantenerme en el pecado, quiero hacer desaparecer las pruebas de la Resurrección de Jesús Cristo. Esta es la gran verdad: quiero hacer desaparecer estas realidades, quiero destruirlas.

San Juan lo expresa en su Evangelio: “La luz (increada unida con la creada) vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas del engaño que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo hombre que obra mal, odia y detesta la luz y no viene a la luz para que no sean descubiertas y juzgadas sus obras malas (cf. Jn 3,19-20).

Esta es la psicología de quienes niegan la historicidad de la Resurrección de Cristo: quieren permanecer en sus pecados -en sus enfermedades espirituales.

Y me pregunto una vez más: ¿Acaso molesta a alguien si Alejandro Magno existió o no? Para nada. ¿Estorba, en cambio, si Jesús Cristo fue o no Dios verdadero? ¡Eso sí, molesta! Y mucho.

Por eso, hijos míos, estad atentos: La prueba y la demostración las llevamos en el bolsillo. ¿Sabéis cuál es? Escuchad con atención:

Cada domingo incensamos la Santa Mesa, el Altar, y decimos: “La Resurrección de Cristo hemos contemplado; veneramos y reverenciemos al Señor Jesús Cristo, el único impecable…”

Mirad bien esta expresión: “La Resurrección de Cristo hemos contemplado”.
¿Dónde la hemos visto? ¿Somos testigos presenciales? ¿Es acaso una expresión equivocada o un recurso poético?
No lo es. El creyente experimenta interiormente a Cristo resucitado.
¿Sabéis qué dice el alma del creyente?

“Fiel es el Señor. Verdadero es Jesús. Verdadero es Jesús Cristo.”

Por tanto, sí hemos contemplado a Jesús Cristo.

Queridos míos, esta es la experiencia personal que vive cada creyente.

  1. ¿Cómo podemos nosotros, los cristianos, explicar y demostrar a alguien que creemos en el Dios verdadero?

Muchas veces nos dicen: “¿Cómo sé yo que cuando dices que tienes fe, el Dios en el que crees es verdaderamente Dios?”

La respuesta es simple: Viviremos de tal manera el cristianismo que, por la forma en que vivamos, demostraremos que lo que creemos es verdadero. Es decir, si vivimos con consecuencia y coherencia, entonces daremos testimonio a los demás de que nuestro Dios es el Dios verdadero, el Dios vivo. Porque llevaremos sobre nosotros la jaris (la gracia, la energía increada) de Dios y los j-carismas (los dones) del Espíritu Santo.

¿Sabéis lo que decían los idólatras?
Esto lo recoge Tertuliano. Decían: “¡Mira cómo se aman los cristianos antes de conocerse!” Esa inmensa agapi, ese amor desinteresado entre los cristianos, ¿qué indicaba?
Que lo que creían era verdadero, porque ¿cómo podrían tener esa gracia sin el verdadero Dios?

Escribe el apóstol Pablo algo muy digno de mención: “Nuestra carta sois vosotros mismos, escrita en nuestros corazones, conocida como auténtica y verdadera y leída de todos los hombres, pues notorio es que sois carta de Cristo, escrita por él utilizando a nosotros como instrumentos suyos, y escrita no con tinta, sino por la χάρις-gracia, energía increada, y la iluminación del Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, como la ley de Moisés, sino en las tablas de carne de vuestros corazones que sienten y viven las dádivas y las verdades que da el Espíritu santo” (2 Corintios 3, 2-3).

Como podéis ver, demostraremos a los demás que esto es verdadero por nuestra consecuencia y congruencia. Debemos vivir rectamente, para que el otro diga: “Este sí que es un verdadero cristiano”.

¿Sabéis lo que dice Dios en el caso contrario?
Dice: “Por vuestra causa es blasfemado mi nombre entre las naciones” (cf. Romanos 2,24).

Porque la gente dice: “¿Tú eres cristiano? ¿Esto es el cristianismo?” Y así, se blasfema a Dios. Por eso debemos tener mucho cuidado, para convertirnos verdaderamente y hacernos personas divinizadas, de manera que nuestra propia vida y luz divina resplandezca a Dios. Cristo nos dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos:
si tenéis amor (agapi) entre vosotros
” (Juan 13,35).  Por esto conocerán todos -los ateos, los idólatras, todos- que somos de Cristo.

Esto es muy importante: ser consecuentes y congruentes en nuestra vida espiritual. Esa es la mayor y mejor demostración de que nuestro Dios es el verdadero Dios.

Y si queréis, es también el mejor kerigma (discurso, predicación) que podemos hacer a los hombres: no con muchas palabras, sino con la forma de nuestra vida, mostrar cómo debe vivir y moverse realmente el ser humano.

  1. “Muchos ateos sostienen que todas las religiones tienen sus propias percepciones, convicciones, y creen que cada una tiene sus fines y propósitos superiores. Así, irónicamente, preguntan: ¿Dónde se ve que el cristianismo es una religión verdadera?” ¿Qué podemos responder a estas palabras?

Es muy sencillo. No olvidemos que todas las religiones, excepto el cristianismo, son invención del hombre, es decir, son descubrimientos humanos.
Por ejemplo, mirad la masonería: ¿qué colocan delante de ellos? El sol.
Dicen: “Ay, solecito mío, te hago mi dios”. Esto es creación humana, lo inventa el hombre. Pero el cristianismo no es invención humana, sino que, en primer lugar, es por apocálipsis, por revelación divina.
Y en segundo lugar, el cristianismo tiene acontecimientos concretos.

¿Cuáles son esos acontecimientos? No me detendré en los milagros de Cristo, aunque son muchos. Los mayores acontecimientos son tres:

  1. La Resurrección de Cristo
  2. Su Ascensión
  3. El Pentecostés

Son acontecimientos reales, palpables, tangibles. Y no hablo aún de Su enseñanza, ni de Sus milagros. Tomo solo estos tres porque son piedras inquebrantables de la fe que demuestran que el cristianismo es verdadero. Porque, si Cristo no fuera verdadero Dios, ¿vendría el Espíritu Santo sobre sus discípulos?

Los hebreos decían que usurpaba atributos divinos. ¿Y qué dijo Pilato? Dijo: “Ha dicho que es Hijo de Dios”, en un sentido muy especial. ¿Qué otro testimonio queremos? Y sin embargo, fue condenado a muerte por la asamblea del tribunal que gritaba: “¡Culpable! ¡Crucifícalo!”

Pero si realmente hubiera sido culpable frente a Dios, habría descendido a los tártaros del Hades, es decir, a las oscuridades más profundas.

Sin embargo, Dios se complace en Él y envía el Espíritu Santo. Además, Cristo resucitó y luego envió el Espíritu Santo, quien da testimonio de quién es Cristo. Por eso Cristo dijo: “El Espíritu Santo dará testimonio sobre quién soy yo” (cf. Juan 14,26; 15,26; 16,13).

Por consiguiente, podemos afirmar con claridad:

  • Las demás religiones, por más que se jacten de tener algo especial, son invenciones de la mente humana.
  • En cambio, el cristianismo es αποκάλυψις apokálipsis revelación divina, y además, tiene acontecimientos históricos reales.

¿Qué acontecimientos presentan las demás religiones? ¿Que vino el sol a tocar la tierra y decirnos “buenos días, señores, yo soy el dios”? El sol nunca dijo tal cosa.

No olvidéis que Jesús de Naví (Josué) detuvo al sol. ¿Por qué? Porque proclamó el nombre del Dios verdadero. El verdadero Dios, el revelado-apokaliptado, está más allá y por encima de Su creación. Todo lo creado es obra suya. Y por eso nosotros tenemos fe en la única religión verdadera: el cristianismo. Fuera de ella no hay nada más verdadero.

Fuente: https://arnion.gr/ y https://athanasiosmytilinaios.blogspot.com/

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

 

 

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