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May 18 2025

Domingo de la Samaritana: Conocimiento y adoración a Dios, Mitilineos

DOMINGO DE LA SAMARITANA [Jn 4,5-42]

Transcripción de una homilía del bienaventurado yérontas Atanasio de Mitileneos con el tema:

«CONOCIMIENTO Y ADORACIÓN DEL DIOS VERDADERO»

[Pronunciada en el Monasterio Komnineon de Larisa, el 17-5-1998]

 

A todos nosotros nos es conocido, queridos míos, aquel maravilloso diálogo que tuvo lugar entre el Señor y la mujer samaritana, como lo hemos escuchado hoy en la lectura evangélica del Domingo de la Samaritana.

Este diálogo se desarrolló junto al pozo de Jacob, del patriarca Jacob, cuando el Señor, cansado del viaje desde Judea hacia Galilea, se sentó allí. Pero era necesario, por razones de brevedad del camino, pasar por Samaria. Era Judea–Samaria–Galilea. Como diríamos hoy, Peloponeso–Tesalia–Macedonia. Para que tengamos, así, una imagen. Galilea era una provincia del norte.

Los discípulos habían ido a la ciudad para comprar alimentos. El Señor los esperaba allí, junto al pozo de Jacob. En ese intervalo llegó una mujer samaritana, es decir, originaria de la ciudad de Samaria. Y entonces se desarrolló este maravilloso diálogo, cuyo objeto, el tema principal, era acerca de Dios y del Mesías. Ella, asombrada por los logos del Señor, corre a la ciudad para anunciar a sus compatriotas acerca del Mesías. Dice: «¿No será este el Mesías?». Mientras tanto, regresaron los discípulos de la ciudad y prepararon una comida sencilla.

Pero el Señor, que esperaba a la Samaritana -esperaba que regresara con sus compatriotas- responde a los discípulos que le decían que comiera: «32 Él les dijo: «Yo tengo una comida que vosotros no sabéis ni la habéis visto». 34 Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me envió, y que acabe la obra, es decir, la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación del hombre. 35 ¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: «Alzad vuestros ojos y ved los campos ya dorados para la siega. [35. «¿No decís vosotros que aún faltan cuatro meses para la siega? Pues yo os digo que también existe la siega espiritual, en la que el logos de Dios puede fructificar en tiempo muy breve. Y para que os convenzáis, pues, alzad vuestros ojos y ved la multitud de samaritanos que están viniendo; además, de los otros pueblos que están listos para venir. Estos son como los campos de personas lógicas, en los cuales aún no se ha sembrado el logos de la verdad, pero que están dorados y preparados ya para la siega. Así también en todas partes del mundo las psiques-almas de los hombres ahora están maduras para recibir la σωτηρία sotiría es decir, la auténtica psicoterapia, terapia, redención y salvación»] (Jn 3: 32, 34-35)

Es decir, en otras palabras, ¿cuál era el alimento del Señor Jesús, del que dijo: «Yo tengo para comer»?
Era la salvación de los hombres. Ese era el principal propósito de Jesús Cristo; y, de hecho, para eso vino al mundo. Como también dice el Οίκος íkos de la fiesta —es un… para decirlo sencillamente, un canto-tropario que escuchamos en el Oficio de Maitines y que se llama íkos, este tropario particular y dice: «Vino buscando Su propia imagen».
Porque el ser humano es imagen del Logos de Dios. Con exactitud, el hombre no es imagen de Dios en general, sino imagen del Logos de Dios encarnado, aunque esta forma de decirlo parezca un poco anticipada en el tiempo, ya que Adán existió antes de la Encarnación del Hijo. Pero Jesús Cristo, en su naturaleza humana, es imagen del Padre celestial. Por lo tanto, el hombre es imagen de una imagen. Esto lo dice de manera muy bella san Ireneo de Lyon.

«Vino, pues, buscando su imagen», al hombre.
Más específicamente, dice un kekragario (tropario himno) del Oficio de Maitines. Tienen una posición y significado especial, por eso reciben nombres específicos: «Junto al manantial se presentó la Fuente de los milagros, a la hora sexta, para capturar el fruto de Eva».
Dice: La Fuente (Cristo) vino y se sentó junto al manantial; porque Cristo es la fuente de la vida. Y vino allí, donde está la fuente de los milagros, al manantial de Jacob, para sentarse al mediodía, a la hora sexta. ¿Quién?
A capturar el fruto de Eva.
El verbo zogréo (ζωγρέω) significa literalmente “pescar vivo”, atrapar. Pero aquí significa recoger el fruto de Eva. ¿Y quién era ese fruto de Eva? La mujer samaritana. Vino allí precisamente para recoger el fruto de Eva.
¡Qué hermosa es la himnografía y cuán precisa en su lenguaje! Por eso, queridos míos, la usamos tantas veces.

Nos conmueve especialmente el logos del Señor que dijo a Sus discípulos: «Levantad vuestros ojos y contemplad los campos, que ya están blancos para la siega».
Es decir: «Levantad los ojos para ver, mirad los campos, porque se han emblanquecido, se han secado, están listos para la cosecha». Y, naturalmente, se refería a los campos espirituales, a las personas. El Señor quería subrayar las necesidades espirituales de cada época, las cuales deben ser comprendidas.
Es una imagen hermosa la de esas espigas blanqueadas, que esperan la cosecha. Es decir, esperan el Evangelio, esperan que los hombres maduren espiritualmente.

¿Y cuáles son esas necesidades? Queridos míos, dos fundamentales y básicas. Todo lo demás viene después.
Primero: el conocimiento del Dios verdadero y del Mesías.
Segundo: la adoración del Dios verdadero.
Podríamos expresarlo de la siguiente manera —y muchas veces uso esta estructura, no importa si la repito:
Son tres elementos: Dios, yo (el ser humano) y el medio por el cual me acerco a Dios.

Así: yo soy el sujeto —no les estoy haciendo una clase de gramática; yo soy el sujeto. El Dios es el objeto. Y la relación que tengo con Dios es el modo en que me acerco a Él. O si se quiere, también el modo en que Él se acerca a mí. Como dice la Escritura: «Inclinó los cielos y descendió». Él viene, y yo voy, y nos encontramos.

De este modo, el conocimiento de Dios tiene una importancia fundamental. Por supuesto.
Pero también el camino es esencial. Ese camino es el Mesías. El Mesías es el Camino. Jesús Cristo dijo: «YoSoY el Camino». ¿El camino hacia dónde? Hacia el Padre. Y luego, una vez que conozco el Camino —retened esto, les diré algo al final— y también conozco al Padre, o sea, a Dios en general, entonces no me queda otra cosa más que adorarlo. Porque ese es el propósito de ese conocimiento.

Pero veamos esto más de cerca: el conocimiento del verdadero Dios y del Mesías. En verdad, el diálogo que se desarrolló con la mujer samaritana tenía como propósito la αποκάλυψις apokálipsis revelación del verdadero Dios.
Los samaritanos eran, en cierto modo, casi idólatras. Y esto, debido a una desgracia histórica. No tenían un conocimiento claro y preciso de Dios. Esta desgracia histórica fue, como ya les dije, que toda la región de Israel era una sola provincia. En concreto, en la parte norte vivían las diez tribus. Y debido a esa desgracia histórica, fueron conquistados por enemigos, fueron trasladados a otros lugares. Algo parecido a lo que ocurre hoy en el norte de Chipre: expulsamos de allí a los habitantes griegos y colonizamos con turcos.

Este tipo de cosa, este cambio de población, trae consecuencias terribles. Es una táctica antigua.
Y la usan generalmente los bárbaros. Sí. Los civilizados nunca recurren a este método.
Por eso les digo, fue una verdadera desgracia histórica para ellos.

En esa alteración de la población, olvidaron al verdadero Dios. Se mezclaron con quienes habían llegado desde otras regiones, desde otros países, y casi —no del todo—, casi se convirtieron en idólatras.
Y lo mismo sucede hoy, como pueden ver, lamentablemente, en nuestra época (y en Europa con los OTAN_NAZI que bombardean pueblos Cristianos Ortodoxos; véase Serbia y ahora quieren lo mismo con Rusia).

Por lo tanto, el conocimiento del verdadero Dios está terriblemente ausente, tanto entonces como hoy, entre nuestros cristianos. Sí. ¡Está ausente!

El ateísmo no acepta en absoluto la existencia de Dios.
El panteísmo (tododios), ese que identifica a Dios con la naturaleza o diviniza la naturaleza. El panteísmo confunde a Dios con la naturaleza. Es decir, idolatría.

El deísmo deísmo, con delta- acepta la existencia de un Dios trascendente, pero indiferente respecto a la creación. Dice: “Dios hizo el mundo, pero ya no le interesa nada más. Se encuentra en su propia bienaventuranza. ¿Y qué?”. Lo decimos. Sin darnos cuenta, somos deístas. “¿Qué, Dios se va a ocupar de nosotros, tan pequeños? ¿Su majestad divina se interesará por nosotros?”. Eso es deísmo. Es una concepción deísta. Atención, con delta: deísta.

El politeísmo, además, considera divinas las fuerzas de la naturaleza.
Decimos: “¡Qué cosas tan hermosas crea la naturaleza! ¡Qué cosas crea el sol!”. ¿El sol crea? El sol es una creación. Simplemente todo está dentro del plan de la Creación, tal como Dios lo quiso.

En todo caso, la ignorancia más trágica del ser humano después de la caída de los Protoplastos, primeros en ser creados, (Adán y Eva) es la ignorancia de Dios. Es el primer síntoma. Adán y Eva conocían a Dios. Sus hijos conocían a Dios. Los posteriores y posteriores olvidaban a Dios. Pero con el tiempo, lo olvidaron. Y lo perdieron de su horizonte visual. Lo único que tenían ante sus ojos era la φύσις fisis naturaleza: “La φύσις naturaleza, el sol, todas estas cosas me vivifican, me dan vida. ¡Así que este es mi dios!” Inmediatamente, los hombres cayeron en la idolatría. Es el primer síntoma de la caída: la idolatría, que se debe a la ignorancia —subrayo la palabra ignorancia— del verdadero Dios.

Por supuesto, esta ignorancia de Dios generaba también ignorancia sobre la verdadera naturaleza del ser humano. El hombre perdió el conocimiento de sí mismo. Así vemos en todos los sistemas filosóficos la gran pregunta: «¿Quién soy? ¿Yo, quién soy? No lo sé…»

«El hombre, ese misterio, ese desconocido», escribía Alexis Carrel, un francés. Escribió un libro titulado: «El hombre, ese desconocido».

Desconocido. Incluso aquello que vemos de la naturaleza humana es un misterio. Es decir, su organismo. ¡Cuánto más aún lo es su destino!

Así, desde el momento en que el hombre pierde a Dios, se pierde también a sí mismo. Pierde el conocimiento de Dios y, al mismo tiempo, pierde el conocimiento de su propio ser. Porque si decimos que el ser humano es imagen de Dios… ¿de qué Dios?

¡Si he perdido a Dios! Entonces, he perdido también mi propio ser, que soy imagen de Dios.

Por eso, el οίκος (ikos: canto) de la jornada -como os mencioné antes, el íkos del día- lo dice maravillosamente: El Logos de Dios «vino buscando Su propia imagen». Vino en busca de Su imagen, del hombre.

¿Y qué le dice ahora Jesús a la Samaritana?

«Dios es Espíritu». Y así como Dios se reveló a Moisés y le dijo, cuando Moisés le preguntó frente a la zarza ardiente: «¿Qué les diré a los hebreos cuando vaya a Egipto, donde Tú me envías? ¿Qué Dios me envía? ¿Cuál es Tu nombre?»

Y Dios respondió -¿sabéis Quién hablaba allí desde la zarza?- Era el Logos increado de Dios quien hablaba. Subrayadlo bien: No era Dios Padre, era el Logos increado de Dios. También en el Sinaí no era el Padre, sino el Logos de Dios, el que más tarde se encarnó.

¿Y qué responde, pues, el Señor?

«YoSoY el Ser (existente, existencia) Ἐγώ εἰμι ὁ ὤν egó imí el ón) ».

Eso dirás; (ὤν ón, es un participio del verbo «ser» (εἰμί).

Aquí tenemos una primera y gran aproximación a Dios: Dios es espíritu. Es decir, es un Dios trascendente. Está más allá de la creación.

Eso significa trascendente: no se confunde ni se identifica con la materia, ni con el mundo, ni con sus fuerzas. Es increado. Está completamente fuera de su creación. Por eso, incluso la palabra “Dios” es insuficiente.

Debo deciros que San Juan Damasceno se refiere muy a menudo a este asunto: que incluso la palabra “Dios” es inadecuada, porque también al dios Zeus lo llamaban “dios”, e incluso a la naturaleza la llaman “dios”.

Entonces, ¿qué es Dios? ¿Cómo Lo llamamos? Por eso, Lo llamamos “Hiper-Dios” (Ὑπέρθεος ipérzeos). Muy a menudo encontramos esta expresión: “Ὑπέρθεος ipérzeos”. Especialmente en las oraciones de la fiesta de la Teofanía: «¡Ὑπέρθεε ipérzee!»

¿Qué quiere decir “Ὑπέρθεε”? Es como decir: “Señor, no sabemos qué palabra usar, y usamos la palabra ‘Dios’”.

Pero como esa palabra ya está tan desgastada, decimos: “Eres más allá incluso de lo que entendemos como “Dios”’.

También Lo llamamos “ὑπερούσιον iperúsio”, es decir, “supraesencial”. Decimos “la esencia de Dios”, aunque por supuesto no tiene ninguna relación con la creación. Pero ¿cómo lo vamos a expresar? ¿Cómo vamos a denominarlo? Tenemos una incapacidad humana de expresión, de conocimiento, tenemos limitaciones.

Y así, colocamos este “«υπέρ hipér» delante y decimos: “¡Ὑπερούσιε iperúsie! Eres superior a todas las esencias, concebibles o inconcebibles”.

Todo esto muestra que Dios existe, es el ὢν ón, el que existe verdaderamente. Existe eternamente. Porque dice: “No fui, ni seré: Yo existo”. Y existe en el pasado, en el presente y en el futuro.

Por consiguiente, no tiene principio, es ἄναρχος (ánarjos: sin principio), eterno.

Venid ahora a comprender lo que significa “sin principio … y además: infinito.

Dios es también un ser personal. Cuando utiliza el participio del verbo εἰμί imí soy, ¿qué significa εἰμί?

Significa: “yo existo”.

¿Y qué significa «ἐγώ egó yo»?

Muchísimas veces encontramos esta frase en el Antiguo Testamento. Cientos de veces: «YoSoY el Señor, tu Dios» (Ἐγώ εἰμί Κύριος ὁ Θεός σου), «YoSoY» (Ἐγώ εἰμί). El «yo ἐγώ» expresa persona, el ««εἰμί soy» expresa ser (existencia). Por lo tanto, es una existencia personal.

Cosas muy importantes, queridos míos. Basta con ver cuán profundamente estaba hundida la antigüedad en esa ignorancia.

Así pues, Dios es un ser con autoconciencia.

Muy simple, muy sencillo, pero poderoso y esencialmente claro,

esta verdad la revela-apokalipta la Sagrada Escritura de la siguiente manera: «¿El que plantó el oído, no oye? ¿Y el que formó el ojo, no ve?» Aquel que ha hecho miles de millones de oídos, no solo en los humanos, también en los animales, ¿Él no oye? Aquel que formó los ojos… (os lo he dicho muchas veces, lo sabéis, queridos míos: la mosca, la abeja… ¡tienen seis mil ojos!, porque tienen dos grandes ojos compuestos)… ¿Aquel que hizo los ojos, no ve? Pero si oye y ve, significa que tiene autoconciencia.

«YoSoY el Ser»  (el que existe, existente Ἐγώ εἰμί ὁ ὢν). Un Dios. Uno solo. Solo un Dios. Y la última αποκάλυψις (apokálipsis: revelación fue hecha por Jesús Cristo, quien dijo: «Te he revelado-apokalitado Tu Nombre a los hombres», etc.

“He revelado-apokaliptado Tu Nombre a los hombres”.

¿Cuál nombre?

No en plural, sino en singular, porque Dios es Uno, como concluye el Evangelio según Mateo: «Bautizándolos en el nombre -no “en los nombres”- del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

Esta es la αποκάλυψις apokálipsis completa y final, tanto en la historia como en la eternidad.

Esta, pues, es la verdad sobre Dios. Fuera de la Sagrada Escritura, hay una profunda oscuridad sobre Dios. Mirad a nuestros antepasados, a nuestros sabios antepasados, los helenos-griegos, que se supone eran refinados en mente… echad un vistazo a la teología idolátrica, para ver lo que creían.

Sí… ¡cosas terriblemente absurdas!

Con razón dijo Pascal: «Hoy creemos en un dios filosófico» (la mayoría de los cristianos hoy, en efecto, creen en un dios filosófico), «un dios que moldeamos nosotros mismos» -dice Pascal- «y no en un Dios revelado-apokaliptado». No debes imaginarlo. No debes fabricarlo. Sino que se te revelará. Y se ha revelado en la persona de Jesús Cristo.

Desgraciadamente, cuántos cristianos hoy no creen en Jesús Cristo,

y permanecen en la oscuridad del desconocimiento de Dios. Y lo extraño es que nos resistimos al Dios que se revela-apokalipta, y nos empeñamos en crear nuestro propio dios imaginario.

Todavía hace unos días se escuchó por la radio, decía alguien -un político: «Y ese dios, que cada uno crea según quiera creerlo». “Como cada uno quiera creer en él”…

El primer síntoma del pecado original fue la ignorancia de Dios. Y el primer síntoma de la salvación es el conocimiento-gnosis verdadero de Dios.

Un segundo misterio es el conocimiento del Mesías, del rostro, persona de Jesús Cristo, del Dios hecho hombre.
Es el conocimiento, vuelvo a decir, del Logos increado de Dios, que se hace hombre.

¿Y por qué se hace hombre?

Escribe san Cirilo de Jerusalén: «¿Acaso el Hijo de Dios descendió del cielo en vano, o fue para sanar una herida tan grande y grave?»
Cuál es esa herida? La ignorancia de Dios. «¿Acaso vino el Hijo en vano, para que el Padre fuera conocido?» «¿Comprendiste lo que motivó que el Unigénito descendiera del trono a la derecha del Padre?» «Se había despreciado al Padre, y era necesario que el Hijo corrigiera esa desviación». El Hijo debía corregir el desprecio que nosotros, las criaturas, le habíamos manifestado al Padre Dios.

«Era necesario que Aquel por quien todo fue hecho —el Señor de todas las cosas— trajera todas las cosas nuevamente a Él.» «Era necesario sanar la herida. Porque, ¿qué enfermedad puede haber peor que esta? ¿Adorar una piedra en lugar del verdadero Dios?»

Y ahora, la samaritana, queridos míos, dice al Señor: «Sé —cuando se abrió el diálogo— que viene el Mesías, el que es llamado Cristo»
(Mesías es en hebreo, Cristo en heléniko. El ungido/crismado, el designado por Dios). «Cuando Él venga, nos lo revelará todo» (Todo eso de lo que estamos conversando ahora, dice ella, Él nos lo explicará).

¿De dónde lo sabía la samaritana? De Moisés. Del Pentateuco.

Aprovecho para deciros que los samaritanos aceptaban solo los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Todos los demás —profetas, libros históricos, etc.— los rechazaban. Por eso el Señor, donde les habló, les habló desde el Pentateuco. Por esa razón.

Y ciertamente esta mujer tenía un conocimiento ortodoxo, correcto, aunque incompleto, del Mesías que se esperaba. Por eso el Señor le responde: «Yo soy, el que te habla». «YoSoY», el Mesías. He venido. YoSoY.

Queridos míos, no se podría dar una respuesta más conmovedora.

¿Quién estaba frente a ella?
El Dios Logos encarnado. El Mesías.

La mujer quedó asombrada.
¡El mismo que habló en el Sinaí!
El Santo de Israel. El Señor. ¡Él mismo!

«Y nadie conoce al Padre si no conoce al Hijo». «Nadie va al Padre sino por el Hijo». «Y el que niega al Hijo, también niega al Padre».

Y es ateo, según el sentido que da la Sagrada Escritura. Lo dice claramente el evangelista Juan: «El que no tiene al Hijo, tampoco tiene al Padre». Y el conocimiento del verdadero Dios y de Su naturaleza nos da la primera fase de nuestra salvación.

¿Y cuál es la segunda fase?
La adoración: «Y los que le adoran, deben adorarlo en Espíritu y en Verdad».(Con E mayúscula en Espíritu y con V mayúscula en Verdad).

¿Qué significa esto?

Primero, está la adoración. Luego, la adoración es culto. Una cosa es hacer mi oración y otra encender una vela o mi lámpara de aceite. Eso es culto. Una cosa es venir aquí a orar, y otra muy distinta celebrar el Misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Eso es culto. La oración es una cosa. El culto, otra. Y el culto es la aceptación de Dios, la humildad ante Él,
el conocimiento de Quién es Dios y quién es el hombre. Es la ofrenda de la fe, es la ofrenda del amor.

Y todo esto, tanto externamente, con gestos, como internamente. Una cosa no anula a la otra. Ni una complementa a la otra. Ambas se ofrecen simultáneamente: el interior y el exterior.

El Señor, por supuesto, enfatiza el culto interior. No porque quisiera descartar el culto exterior, sino porque los judíos se habían quedado solo en el culto exterior.
Y los samaritanos también se quedaron en el culto exterior. Eso era todo.

Pero los Santos Padres ven algo aún más profundo, y prestad atención:
La adoración del Padre se realiza “en Espíritu”. Dice: «El Padre es adorado en Espíritu y en Verdad».
Como ya os dije, con «E» mayúscula, en Espíritu. No solo con el espíritu humano, sino con el Espíritu Santo.

Y también dice: «y en Verdad», con «V» mayúscula.
¿Y quién es la Verdad?
Es Cristo. El Cristo dijo: «Yo soy la Verdad».

Por lo tanto, el Padre es adorado por medio de la Tercera y de la Segunda Persona de la Santa Trinidad.
Eso significa «en Espíritu y en Verdad debe ser adorado».

Y si queremos extender aún más esto, como lo hace la Sagrada Escritura, el Nuevo Testamento: Nadie puede confesar a Jesús como «Señor» sino por el Espíritu Santo. Y nadie puede venir al Padre sino por el Hijo. Es decir, la adoración abarca a las tres Personas de la Santa Trinidad, en la relación que hemos mencionado.

Queridos míos, esta es la realidad.
Así, estos dos inmensos temas:

  • El conocimiento del verdadero Dios y del Mesías,
  • y mi relación con Dios, es decir, la adoración,

constituyen los grandes capítulos de nuestra fe,
que -si queréis así- dan sentido y valor a mi propia existencia.

Porque desde el momento en que conozco Quién es Dios, conozco también quién soy yo.

PARA LA GLORIA DEL TRINO Y SANTO DIOS,
y con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual,
el venerable y bienaventurado padre Atanasio de Mitileneo,

Digitalización y edición de la transcripción: Eleni Linardaki, filóloga.

Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_137.mp3

Traducido por: χΧ jJ  https://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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