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Jun 15 2024

Filocalía tomo 5, San Marcos el Amable, Acerca de las palabras contenidas en la divina oración del corazón

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Ε΄

Άγιος Μάρκος ο Ευγενικός

Περί των λόγων που περιέχει η θεία ευχή,

δηλαδή το «Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με»

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 5

San Marcos el Amable

Acerca de las palabras contenidas en la divina oración del corazón,

 es decir, «Señor1 Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete o ten misericordia o piedad de mí, Κύριε Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, ελέησόν με».

 

Cuánta potencia y energía tiene la monóloga oración del corazón y cuáles son las donaciones que ofrece a quienes la utilizan, y en qué estado espiritual los coloca, no podemos decirlo nosotros. Sin embargo, los logos y palabras de los que está constituida esta oración, fueron descubiertos inicialmente por nuestros santos Padres, quienes no los inventaron por sí mismos, sino que aprovecharon la ocasión desde antiguamente de los logos y palabras de las mismas Sagradas Escrituras y de los destacados Discípulos de Cristo; o mejor dicho, los aceptaron como una herencia paterna y nos los transmitieron.

Así que, queda claro para aquellos que no aprendieron de su experiencia de que esta santa oración es por inspiración divina y un oráculo sagrado. Porque creemos que son oráculos divinos y apocalipsis/revelaciones espirituales y los logos de Dios, todo lo que Cristo dio a los santos Apóstoles para decir o escribir, Quien clamó y habló entre ellos.

Por lo tanto, el muy divino Pablo, clamando hacia nosotros desde la altura del tercer cielo, dice: «Nadie puede decir y confesar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo inspirado por y con Su energía increada jaris-gracia” (1Corintios 12:3). Con la palabra negativa «nadie», revela admirablemente que la invocación del Señor Jesús es algo muy elevado y superior a todo.

También, el gran Juan el Evangelista el más amado de Cristo, que proclamó los asuntos espirituales como truenos (de energías y luz increadas), comienza con la palabra con la que Pablo concluye y nos da la continuación de la oración de la siguiente manera: «En esto discerniréis si el espíritu es de Dios: “El que confiesa que Jesús es el Cristo, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos-Dios y hombre, el Mesías hecho hombre, este es de Dios”. [En esta señal y criterio conoceréis y distinguiréis con certeza el espíritu de Dios: Todo hombre que manifiesta que tiene carisma del Espíritu y confiesa, no sólo con palabra sino también con obras, que Jesús Cristo se encarnó realmente y vivió como hombre, es decir, que vino en la tierra como Θεάνθρωπος Zeánzropos-Dios y hombre redentor, este es realmente de Dios]» (1Juan 2:4). Ciertamente, él aquí utilizó una catáfasis afirmación positiva, pero atribuyó, al igual que Pablo, la invocación y confesión de Jesús Cristo al Espíritu Santo.

Ahora, que venga tercero Pedro, la cima suprema de los teólogos, para darnos el resto de esta oración. Es decir, cuando el Señor preguntó a los Discípulos: «¿Quién decís que soy yo?», adelantándose a los demás, como solía hacer el ardiente discípulo, y dijo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios» (Mateo 16:16), habiendo recibido esta apocálipsis/revelación, según el testimonio del Salvador mismo, del Padre celestial, o lo que es lo mismo, del Espíritu Santo.

Presta atención a estos tres santos Apóstoles que siguen uno al otro como en un círculo, tomando cada uno de los otros estas divinas palabras, de modo que el final del logos (frase) del anterior se convierta en el comienzo del siguiente. Es decir, uno dice «Señor Jesús», otro «Jesús Cristo», el tercero «Cristo, Hijo de Dios», y el final se une al principio como en un círculo, como dijimos, porque no hay ninguna diferencia entre decir Señor y Hijo de Dios, ya que ambos revelan la divinidad/deidad del Unigénito Hijo y declaran que es consustancial y coeterno con el Padre.

Así, estos bienaventurados Apóstoles nos entregaron y enseñaron a invocar y confesar en el Espíritu al Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios; son tres y más confiables que todos, ya que cada logos y palabra, según la Sagrada Escritura, se confirma con tres testigos. Pero también el orden de los Apóstoles que dijeron estas cosas no es sin importancia: comienza con Pablo, es decir, el último cronológicamente de los Discípulos, comienza la tradición secreta o mística de la oración, y a través del intermedio, Juan, avanza hacia el primero, Pedro, quien, con su amor ardiente, se acercaba más a Jesús que los demás. Esto simboliza, creo yo, nuestro progreso en el orden correcto y nuestra ascensión y unión con Dios a través de la agapi (amor incondicional), mediante la praxis, práctica y la θεωρία zeoría contemplación. Por supuesto, Pablo es la imagen de la praxis, como él mismo dijo: «Trabajé más que todos», Juan de la θεωρία zeoría contemplación divina, y Pedro de la agapi (amor incondicional y desinteresado), acerca del cual el Señor testificó que amaba más que a los demás.

Más allá de esto, uno podría notar que las divinas palabras de la oración indican el dogma correcto y la doctrina ortodoxa de nuestra fe y rechazan cualquier herejía de los kakodoxos (mala fe) herejes. Con el «Señor», que revela la naturaleza divina, se desaprueba a aquellos que dicen que Jesús es solo un hombre. Con el «Jesús», que revela la naturaleza humana, se rechazan aquellos que lo consideran solo Dios que imaginariamente en fantasía asumió la forma humana. Con el «Cristo», que incluye ambas naturalezas, refuta a aquellos que lo creen tanto Dios como ser humano, pero con las hipostásis separadas una de la otra. Finalmente, el «Hijo de Dios» desarma a aquellos que se atreven a enseñar la confusión de las dos naturalezas, ya que revela que la naturaleza divina de Cristo no se mezcla con Su naturaleza humana, incluso después de su unión. Así que estas cuatro palabras, como logos, palabras de Dios y espadas espirituales, anulan dos parejas de herejías, que, aunque son diametralmente opuestas, son igualmente culpables de impiedad y herejía.

  • «Señor1 Κύριε kirie«

derriba a los seguidores de Pablo de Samosata.

  • «Jesús Ιησού iisú»

derriba a los seguidores de Pedro Knaféas.

  • «Cristo Χριστέ jristé»

arruina a los nestorianos.

  • «Hijo de Dios Υιέ του Θεού ié tu zeú»

  derriba a los monofisitas seguidores de Eutiques y Dioscoro.

Así, nos fueron transmitidas estas divinas palabras, que con razón podríamos llamar “monumento de oración y ortodoxia”. Estas cosas por sí solas son suficientes para aquellos que en vida espiritual han avanzado en la edad según Cristo y han alcanzado la perfección espiritual; ellos abrazan cada una de estas divinas palabras por separado, tal como fueron entregadas por los santos Apóstoles, es decir, «Señor Jesús-, -Jesús Cristo-, -Cristo Hijo de Dios»-, (a veces incluso solo el dulce nombre «Jesús»), las adoptan y aceptan como una obra de oración completa. Y con esto, experimentan y se colman de una alegría espiritual indescriptible, se convierten y se elevan por encima de la carne y del mundo, y se hacen dignos de recibir las donaciones divinas. Estas cosas y realidades  dicen que las conocen los iniciados. Sin embargo, para los niños en Cristo y deficientes en virtud, se les ha transmitido como una adición adecuada el «ελέησόν με eleisón me1, compadécete de mí, ten misericordia o piedad de mí», que les muestra que son conscientes de sus medidas espirituales y que necesitan mucha ayuda y misericordia de Dios. De esta manera, imitan a aquel ciego que, deseando encontrar la luz, clamaba al Señor mientras pasaba: «Ιησού, Jesús, ελέησόν με ten misericordia o compadécete de mí». Algunos, por amor, expresan la oración en plural, pronunciándola de la siguiente manera: «Señor1 Jesús Cristo, Dios nuestro, compadécete, ten compasión, misericordia de nosotros». Esto se hace porque saben que la agapi (amor incondicional) es la plenitud de la Ley y los Profetas, ya que contiene y resume cada mandamiento y praxis, práctica espiritual. Al mismo tiempo, llevan consigo, por agapi (amor desinteresado e incondicional) también a los hermanos en una comunión de oración y alientan más a Dios al reconocerlo como el Dios común de todos y Le piden Su misericordia para todos. Y, por supuesto, la misericordia de Dios llega a nosotros con la fe ortodoxa en las doctrinas y dogmas correctos y con el cumplimiento de los mandamientos (logos, o principios espirituales) que, como demostramos, esta breve oración abarca ambos.

Ahora bien, los nombres divinos (Señor, Jesús, Cristo) con los cuales se nos dio la precisión de las doctrinas y los dogmas ortodoxos, se podría encontrar que cronológicamente aparecieron en este orden y secuencia, y que también nosotros los decimos tal como estos se apocaliptaron/revelaron desde el principio. Porque en todas partes el Antiguo Testamento proclama al Señor como Dios Logos, antes y después de la entrega de la Ley, como cuando dice: «El Señor hizo llover fuego del Señor» y «Dijo el Señor a mi Señor». Y el Nuevo Testamento, durante Su encarnación, presenta al Ángel dándoLe el nombre a través de la Virgen, diciendo: «Lo llamarás Jesús», y así se hizo, como lo afirmó el santo Lucas. Porque siendo, como Dios, el Señor de todo, quiso, con Su encarnación, ser también nuestro Salvador, así se traduce el nombre «Jesús». El nombre «Cristo», que revela la θέωσις zéosis (glorificación, deificación, divinización) de la naturaleza humana que asumió, Él mismo impedía a los discípulos usarlo antes de la Pasión o Pazos; sin embargo, después de la Pasión y la Resurrección, Pedro lo proclamaba audazmente, diciendo: «Que todo Israel lo sepa, que Dios le ha hecho Señor y Cristo». Y esto fue bien lógico, porque la naturaleza humana que el Logos de Dios asumió fue ungida inmediatamente por Su deidad/divinidad;  pero se hizo igual que lo que lo ungió, es decir, omotheo, semejante, mismo Dios, ya que mi Jesús fue glorificado con la Pasión/Pazos y resucitó de entre los muertos. Entonces, fue el momento adecuado para que se manifestara el título «Cristo»; es decir, cuando Él no solo nos benefició, como cuando nos creó al principio o cuando, después de nuestra caída, nos recreó y nos salvó, sino que también elevó nuestra naturaleza humana a los cielos, la co-glorificó Consigo mismo y la hizo digna de sentarse a la diestra del Padre. Fue exactamente entonces cuando comenzó a proclamarse como el Hijo de Dios y Dios por los Apóstoles, quienes anteriormente, al principio de la predicación, esta designación causaba temor y rara vez la usaban; pero después, la predicaban abiertamente sobre los balcones, como el mismo Salvador les había dicho.

Por lo tanto, las divinas palabras de la oración fueron colocadas en un orden correspondiente a la realización cronológica de la fe. Así que en todas partes se revela claramente la sabiduría divina de aquellos que las compusieron y nos las transmitieron: tanto porque siguen exactamente los apostólicos testimonios, confesiones y tradiciones, y de lo que destacan la doctrina y el dogma ortodoxo de nuestra fe, como porque nos recuerdan los tiempos en que se manifestó de diversas maneras la Economía de Dios para nosotros, guiándonos hacia la piedad y respeto a Dios con nombres apropiados cada vez.

Estas realidades, pues,, ofrecemos nosotros, en la medida de nuestras capacidades, en relación  a las palabras de la oración, como si hubiéramos cortado flores de algún árbol hermoso y grande; pero el fruto que estas contienen, que lo recojan otros, es decir, aquellos que a través del estudio y la práctica prolongados, lo han merecido al volverse abiertos de mente, receptivos y acercarse a Dios.

Traducido por: χΧ jJ  www.logosortodoxo.com 15/06/2024

  1. Kirios Κύριος Señor y «Kirie eleison Κύριε ελέησον»

Κύριος (kirios) Señor y «Κύριε ελέησον  Kirie eleison». Κύριος (kirios) Señor con mayúscula Dios, Señor, Don o Cristo y con minúscula: dueño,  propietario, amo, lo más importante, principal, esencial. De Kirios viene Kiriakí Domingo. La palabra Kirios se usa en las traducciones del Antiguo Testamento de acuerdo con la antigua tradición, como atributo del nombre del Dios Hebraico que posiblemente se pronuncia “Γιαχβέ Yahvé”. Los hebreos por respeto al nombre de Dios evitaban pronunciarlo y en el lugar de las consonantes de la palabra “Γιαχβέ Iahvé” leían la palabra “Αδωνάι Adonai” que quiere decir Kirios, Señor. A consecuencia de esta práctica resulta en los años nuevos la malinterpretada paranoica palabra técnica de “Ιεχωβά iejová Jehová”, de las consonantes de la primera y las vocales de la segunda. El nombre “Γιαχβέ Yajvé” es el nombre por excelencia de Dios, con el cual se apocalipta (revela) en su pueblo (Ex. 3,13-15). El significado exacto de la palabra nos es confuso, pero de acuerdo con el Éxodo (Ex. 3,15) se manifiesta que proviene del verbo “soy”, “existo”. Así, revelado con este nombre, el Dios pone de relieve su principal característica, la existencia, en antítesis de los dioses del mundo idólatra que en realidad no existen. La existencia de Dios no es condición sine qua non de nadie, en cambio todo emana y toma de Él su existencia (Sal. 96,5) por las energías increadas. Dios dirigiéndose a los hombres con este nombre, no se presenta en ellos como alguien desconocido, sino expresa que es el que ha conocido el hombre en su historia (Ex. 6,2). Dios repitiendo su nombre en cada mandamiento (Lev. 18.4,5,6 y 19.10,14,16,18, y otros) no se manifiesta como un tirano dominador, que sólo la audición de su nombre produzca terror y miedo, y no dicta sumisión a los hombres, sino como Padre caritativo que beneficia a sus Hijos y pide de ellos un comportamiento parecido, análogo, que el de ÉL. La alocución “kirie” (en arameo: maré) durante la época del Nuevo Testamento se dirigía a destacadas personalidades como reconocimiento de su autoridad (Mt 8,8 Lc 6,46).

En el mundo Elenoromano, el título se daba al auto-deificado emperador (Hec. 25,26), en cambio los creyentes de distintos grupos llamaban con el mismo título sus dioses, (Cor 8,5). Los autores del Nuevo Testamento usando fragmentos del Antiguo donde Dios se llama “Kirios” en relación con el prósopon (persona, rostro) y la obra de Jesús, reconocen a Cristo como verdadero Kirios y Dios, (El. 3,5 con Hec 2.21 y Rom. 10.9-13, El. 3,4 y Am. 5.8 con Cor.1.8, Is.45.22-25 con Fil.2.9-11). San Dionisio el Areopagita sobre Nombres Divinos 2cap.1, 10 dice: “Además, la conjuntiva deidad posee la kiriotis (propiedad, posesión) de todo y es enteramente clara sobre la paternidad y la filiación, porque el nombre Kirios se atribuye al Padre y al Hijo en tantos puntos de la teología (se refiere a los autores teológicos del Evangelio), de manera que no hace falta ni que se mencione. También se dice “Kirios el Espíritu”, (2Cor 2,7).

«Κύριε, ἐλέησον» “Kirie eleison” es la oración más corta, condesada y concisa que lo dice todo. El “Kirie eleison” hace milagros. «Κύριε, ἐλέησον Kirie eleison» es una calificación, petición general de cada necesidad mía, de cada caso mío, de lo que me pasa y de lo que quiero y como no sé lo que voy a pedir, entonces digo a Dios, eleisón me” o “kirie eléison”, y Él sabe lo que me va a dar.

Eléison ἐλέησον significa ten compasión, caridad, misericordia, clemencia, sanación, ayuda, alivio, consuelo, socorro… No tiene nada que ver con piedad que muchos lo traducen en castellano. Piedad en griego es ευσέβια (efsevia) de aquí viene el nombre Eusebio, piadoso en castellano o latino.

Pero decir, “Eléisonme ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, implica no sólo el deseo de perdón que comienza del miedo, sino que se trata de la súplica sincera del amor filial, que pone mi esperanza en la misericordia de Dios, y uno reconoce humildemente que es demasiado débil para doblegar su propia voluntad y mantener una cuidadosa vigilancia sobre sí mismo. Es una llamada a la misericordia, es decir, a la jaris (gracia, energía increada) que se manifestará en el don por parte de Dios de la fuerza que nos permite resistir a la tentación y superar nuestras inclinaciones pecaminosas. Es como un deudor sin dinero que pide a su benigno acreedor no sólo que le condone la deuda sino que se compadezca también de su extrema pobreza y le dé una limosna; esto es lo que estas profundas palabras “Eléison me ἐλέησον με Ten compasión, misericordia o caridad de mí”, es como decir: «Dios misericordioso, perdona mis pecados y ayúdame a corregirme; despierta en mi psique-alma un fuerte impulso a seguir Tus mandatos. Dispensa Tu jaris (gracia, energía increada) en el perdón de mis pecados presentes, conscientes e inconscientes, y para que solo dirija hacia Ti la atención de mi nus (espíritu), de mi mente, de mi voluntad y de mi corazón negligentes».

De nuestro Gran Lexico, AlfaΩmega https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/

 

 

 

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