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ene 16 2014

El Misterio de la instrucción de Dios por la Χάρις

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Introducción y prólogo

La instrucción de Dios por la Χάρις (jaris, gracia) energía increada 

  1. La primera venida de la Χάρις (jaris)
  2. Levantamiento o abandono de la Χάρις (jaris) Camino hacia el desierto
  3. La nueva venida de la Χάρις (jaris)

Nipsis, hisijía y Teología ortodoxa.  Al final hemos puesto estos tres términos interpretados por el autor en otro libro magnífico con el título “Hisijía y Teología Ortodoxa”, que creo que corresponden a toda esta lectura.

 

Introducción

La Iglesia de Cristo no es una organización humana sino Θεανθρώπινα (zeanzrópina), Divino-humana, no es una corporación, sino el cuerpo Zeantrópino (divino-humano) de Cristo. Él es la cabeza de la Iglesia y Ella es Su glorioso Cuerpo que recibe la bendición, la vida y la santidad de la Cabeza. Así entendemos que la santidad de la Iglesia no depende de la santidad de sus miembros, sino de la santidad de su Cabeza, es decir, de Cristo. Él santifica también a los miembros de Su Cuerpo. Todo lo que se hace dentro de la Iglesia es misterio, es decir, no se puede interpretar por la razón de nuestra mente o intelecto. La vida en la Iglesia se concibe por los sentidos espirituales. El desarrollo de estos sentidos presupone una muerte. Así sentimos que cada muerte es resurrección y vida. Viviendo en la Iglesia y santificándonos por la energía increada del Dios Trinitario, adquirimos el bendito estado de la zéosis o glorificación que tiene varios grados. Pero es un hecho que la vivida zéosis es un misterio. Así que todo es misterio. Uno de estos misterios es también el renacimiento del hombre. Es cierto que “el renacimiento por arriba”, se dona con el Santo Bautismo pero continúa para toda la vida. El hombre pasa por muchos estadios o etapas. Generalmente este renacimiento se expresa por la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), la oración y el estado o situación de la oración. El Dios instruye al hombre para llegar a la perfecta comunión con Él. Esto se llama instrucción de Dios. En este camino del renacimiento completo por parte de Dios es posible que Él aparezca como muy duro.

No tengo mucha experiencia en temas de vida espiritual. Pero observé que muchos hombres de nuestra época recibiendo la instrucción por Dios, no la pueden concebir. Reciben la energía increada de la Χάρις (jaris, gracia) de Dios y en el período de privación o abandono de Ella, caen y se desesperan. Aquellos de los hombres que han sentido la complacencia de Dios y ha contraído Testamento personal con ellos y están pasando por la privación, pasan por situaciones que ninguna filosofía puede contestar. Sienten muchos vacíos y lagunas. Buscan confirmación y no la encuentran. Creo que muchos jóvenes contemporáneos pasan por esta gran prueba que corresponde con la vida infernal.

En una época que domina la confusión, la enseñanza Patrística que es expresión de la vida de la Iglesia es la única salida del camino sin salida que nos encontramos.

Dedicado a los que se han liberado de la tierra del Egipto y avanzan hacia el desierto.

Archimandrita Ierózeos Vlajos.

 

La instrucción de Dios por la Χάρις (jaris, gracia) energía increada 

La instrucción de Dios son las idas, venidas y escondidas de Χάρις (jaris, gracia energía increada) y todo el conocimiento sobre el Dios y la vida eterna, que se ofrecen al hombre. Esta instrucción es un misterio, puesto que todo lo que se energiza, opera en la Iglesia es misterio. Nos basamos en los Santos Padres que son los “iniciados por experiencia” y han recibido la apocálipsis (revelación) de Dios sobre estas realidades.

Sobre la instrucción a Dios existen muchos pasajes dentro en el Antiguo y Nuevo Testamento. No pretendemos desarrollarlos minuciosamente. Simplemente podemos decir introductoriamente que a los Cristianos que se dirige el Apóstol Pablo, provenientes de los Hebreos, recibieron la Χάρις (jaris gracia energía increada) de Cristo y enseguida afrontaron persecuciones de parte de sus compatriotas. Como se habían debilitado un poco, por eso les escribe esta epístola recalcándoles algunas verdades. Entre estas, generalmente la persecución y la tentación están íntegramente vinculadas con los hijos de Dios. En este misterio de instrucción se refiere todo el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos.

San Teofílakto analizando el contenido de la tentación que afrontaban los Cristianos que provenían de los Hebreos, y también por la razón por la que escribió el Apóstol la epístola observa: “Necesariamente el Apóstol Pablo escribe a los hebreos de Jerusalén, para consolarles de las tristezas, aflicciones y maldades que les habían causado sus compatriotas hebreos infieles; entonces los hebreos en Jerusalén tenían el poder de juzgar y encarcelar a los que ellos querían… (Heb 12)

Pero esta tentación no es sólo exterior es también interior. Es decir, que los primeros Cristianos afrontando el problema de la privación de sus corazones de la Jaris increada de Dios, no podían concebir este abandono de Dios. Estaban totalmente incapaces de interpretar este fenómeno de la vida espiritual, es decir, de la participación en la Cruz de Cristo. De acuerdo con la testificación de nuestros Santos, en esta instrucción se refiere principalmente el Apóstol. Porque Dios trabaja de manera incomprensible para la razón del intelecto o la mente humana.

A continuación diremos unas palabras dentro de la experiencia de los Santos Padres sobre esta instrucción de Dios y sobre este misterio de la vida espiritual. Este análisis es imprescindible, porque muchos Cristianos contemporáneos sufren de esta situación y a la vez no pueden dar ninguna explicación e interpretación y así caen a la depresión y la desesperanza.

En las obras de los Padres se presenta que la vida espiritual tiene muchos estadios o etapas. Principalmente se distinguen en tres: en la catarsis (sanación, purificación) del corazón, en la iluminación del nus y en la zéosis (glorificación, o perfeccionamiento). San Máximo el Confesor estas etapas correspondientemente las llama “filosofía práctica”, “zeoría o contemplación natural” y “teología mística”. Esta división empieza por Aristóteles y continúa en los Santos Padres, pero con otro contenido. Aristóteles divide las fases o etapas de la vida religiosa en la ética, en la física-natural y en la teología. Orígenes dice que: “el Cristiano mediante la práctica adquiere a Cristo como amo de casa (anfitrión), mediante la naturaleza como Rey y por la teología como Dios”.

Los grados de la vida espiritual son tres, según el logos de Cristo “YoSoY el camino (ética) y la verdad (naturalidad o naturaleza) y la vida (teología)” (Jn. 14,6). Εvagrio define al cristianismo como: “dogma de nuestro Señor Jesús Cristo constituido de práctica, física-naturaleza y teología. El mismo discernimiento se observa también en san Diádoco de FóticA EN SAN Simeón el Nuevo Teólogo quien ha dividido sus capítulos en: prácticos, gnósticos y teológicos. San Gregorio Palamás ha utilizado la misma distinción en sus capítulos: éticos, físicos o naturales y teológicos.

Pero estudiando las obras de los Padres y principalmente los llamados nípticos, encontramos una otra graduación de la vida espiritual. Esta es más profunda, sin anular los estadios anteriores de la vida espiritual. Porque es verdad, según la experiencia de muchos Santos Padres, la ida de un estadio a otro se hace con la energía increada Jaris de Dios y el dolor por la privación de Ella hasta una nueva venida. Así de acuerdo con esto, podemos distinguir la vida espiritual en tres estadios. En la venida de la increada Gracia, en su ocultación o abandono y en la nueva venida al corazón del hombre. Esta profunda experiencia la expresan los Teóforos Padres.

San Macario el Grande, en “Homilías espirituales”: “El que escucha al logos viene en recogimiento, contrición y después de esto privándose de la Jaris por economía y por el interés de los hombres, se introduce en la práctica y la guerra instructiva, combatiendo y luchando contra el satanás y después de mucho camino y lucha le llegan las victorias y se convierte en Cristiano”.

Esta observación es notable. Porque manifiesta lo dicho anteriormente. Es decir, esta instrucción es la guerra en tiempo de privación de la Jaris y muestra claramente que los estadios de la vida espiritual se identifican con la venida, la privación o abandono y la nueva llegada de la Jaris de Dios. Recalca sobre todo que el hombre se hace Cristiano no con el recogimiento por la venida de la Jaris, sino por la lucha que seguirá. Entonces se consigue, como vamos a decir más abajo, la experiencia y la gnosis (conocimiento increado) de Dios.

La misma experiencia expresa también el santo Yérontas Siluán el Athonita, según lo escrito por el Archimandrita Sofronio: “El Yérontas en su camino espiritual tenía la gnosis (increada) por experiencia. Manifestaba sus tres estadios: primero el recibimiento de la Jaris (gracia, energía increada); segundo la privación o abandono de ella y tercero, el regreso de la misma y su re-adquisición mediante la lucha para la humildad. Muchos recibieron la Jaris y no sólo de los que permanecen en la Iglesia, sino de los que se encuentran fuera de ella –porque en el Señor no existe persono-latría – sino que nadie conservó la primera jaris (gracia) y son pocos los que la readquirieron. El que ignora la venida de la primera Jaris, aquel que no pasó por la lucha por readquirir la Jaris, éste esencialmente tiene una experiencia espiritual deficitaria. El Yérontas Siluán era rico, no sólo de su experiencia interior, sino también de la contemplación de los ejercicios ascéticos espirituales de los Padres de la Iglesia y con el regalo de Dios no sólo era fiel en la Tradición de la Iglesia Ortodoxa, sino que en él se repitió la experiencia de los grandes Padres. (El Yérontas Siluán, pág. 192.)

Vamos a ver, pues, más detalladamente estos tres estadios de la vida espiritual.

 

1. La primera venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)

De los textos del Antiguo y Nuevo Testamento vemos claramente el hecho que el Dios se apocalipta (revela) de varias manera y formas a los Profetas.

“El Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos ésjatos (postreros) días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…” (Heb 1,1);

El Dios contrae con cada hombre testamento personal. No quiere que tengamos gnosis (conocimientos) para Él por testimonios de otros, pero Él Mismo se manifiesta y da Su propio conocimiento y el hombre adquiere la testificación personal sobre el Dios. Esta primera relación y gnosis personal, se hace en un período que el hombre no lo espera o después de su fatigosa búsqueda. Aún puede ocurrir hasta al hombre que le hace la guerra. Esto lo vemos en el caso de Apóstol Pablo, quien ve a Dios, al mismo Cristo que se le aparece y contrae un testamento personal con el hombre al momento que éste está yendo para luchar contra Él. Esta venida personal de la Χάρις (Jaris, gracia, energía increada) es una situación o estado divino. La psique del hombre aunque sea de manera débil e imprecisa conoce a Dios como Persona. Comprende con su corazón y nus, tal y como dicen los Santos Padres, que el Dios no es un estado abstracto, ni una potencia o energía abstracta o un valor grande, sino Persona. A Moisés cuando se le reveló, Éxodos 3,14, dijo YoSoY el Ων (On, el Ser). San Gregorio Palamás interpretando esta revelación y aparición de Dios recalca que: el Dios le dijo a Moisés “YoSoY Ων el Ser o la existencia”, no le dijo yo soy la esencia. De forma que percibamos que la esencia proviene del ser (o existencia) y no el ser de la esencia. Lo más profundo del Divino Ser no es la esencia o natura, sino el Ων (el Ser o existente), es decir, del Padre nace pre-eternamente o antes de los siglos el Hijo y procede el Espíritu Santo.

Esta primera venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) de Dios que cada uno la saborea y la siente diversamente, está llena de vivencias, experiencias del corazón y vida de festines místicos.

San Diádojo de Fótica nos dice que en este primer período de la venida de la Χάρις (jaris) recibimos un capítulo de la nueva vida, un capítulo de la Χάρις (jaris): “90- Al principio del período espiritual, si amamos con ardor la virtud de Dios, el Espíritu Santo da en la psique saborear la dulzura de Dios con mucho αίσθηση sentido, sentimiento y con cada información interior el nus puede con conocimiento exacto entender el premio perfecto de sus esfuerzos que realiza para Dios. Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi… (Filocalía t.1).

En este primer período de la venida de Dios recibimos un capítulo de la nueva vida, un capítulo de la Jaris. El Dios nos atrae hacia Sí Mismo, de modo que con muchas luchas y sacrificios poder familiarizarnos con Él. Sobre este dolor y lucha nos referiremos más abajo. Aquí deberemos apuntar que el nuevo período de la llamada de Dios, es un período de dulzura, goce espiritual y de experiencias espirituales.

En estos acontecimientos y especialmente en la pregunta: ¿Qué precede primero la Jaris o la tentación?, responde san Isaac el Sirio: No viene la tentación si la psique primero no ha recibido a escondidas o secretamente la energía increada de la Jaris… Por un lado precede la jaris al nus, pero el sentimiento de ella se retrasa.

Este ambiente pascual de despertar espiritual lo viven muchos. Nos basaremos en una experiencia escrita del bienaventurado Yérontas Siluán el Athonita, que la vivía después de la aparición de Cristo en él: «Al momento de la Epifanía (aparición, manifestación) de Dios el Yérontas fue informado en toda su existencia que sus pecados fueron perdonados. Se perdieron las llamas del hades (infierno) que se esparcían en su alrededor, cesó el infierno que vivía durante medio año. Ahora se le fue dado vivir una alegría especial, un gran alivio, descanso y paz con Dios. En su psique dominaba un nuevo sentimiento dulce de agapi para el Dios y los hombres, para cada hombre. Cesó la oración de la metania, se había ido aquella petición ardiente e insoportable de absolución de los pecados que no le dejaba dormir. Pero esto no significaba que ahora se podía entregar fácilmente a dormir.

El primer tiempo después de la epifanía en la psique de san Siluán, donde conoció la resurrección de ella y vio la luz increada de la verdadera y eterna existencia, vivió una fiesta pascual. Todo era bello, el mundo grandioso, los hombres agradables, la naturaleza inefablemente bella, el cuerpo cambió y se hizo ligero, fueron añadidas fuerzas, el logos de Dios le daba alegría en la psique, las vigilias nocturnas en la Iglesia y principalmente las oraciones en la celda se convirtieron dulces. La psique plena de alegría era caritativa con todos los hombres y oraba por todo el mundo». (Archim. Sofronio: San Siluán el Athonita pág 33-34)

No es posible describir este estado con palabras. La vivencia, experiencia de la Jaris energía increada no se puede encerrar en conceptos o dichos creados. Solamente el hombre renacido puede percibir esta realidad. En esta época todo es nuevo. Siente la presencia de Dios como presencia personal y contempla los logos o razones de los seres o entes en toda la creación. Todo está limpio y claro. Los pájaros, los árboles toman otra dimensión. Todo lo ve bajo la eterna e increada energía Jaris y la Luz Increada. Dejan de ocuparle los problemas comunes diarios. No se interesa por la opinión que tienen los demás sobre él. Desprecia toda fatiga y contrariedad. Su única ocupación es la oración y comunión con el Dios. Es una vida de referencia amorosa. Y este amor ha nacido por la venida de la Jaris.  Los pazos no actúan. El hombre “padece la zéosis o glorificación”.

Este estado bendito es superior a mí, es decir, realmente no tengo muchas experiencias de esta vida. Por eso, he rogado a un amigo monje en especial que está practicando en el Santo Monte Athos que me describa las cualidades o características de este tipo de vida. Conocía que tenía muchas experiencias benditas de este tipo. Con mucha agapi (amor) correspondió a mi petición y así escribo aquí esta descripción de la primera venida de la Jaris:

«Desde el principio de mi vida monástica, vivía una vida buena y tranquila. Los oficios al Monasterio y la vida Mistiríaca me daban calor, descanso y alivio. Esto hasta el momento que nació en mi interior algo distinto, hasta el momento que se desarrolló la vida interior. De repente sentí un ardor interior, un ardor de la divina agapi (amor, energía increada). La vida natural y buena que vivía hasta entonces, ahora me parecía muy oscura, sin sentido ni contenido. Comencé a encontrar el espacio del corazón, el centro de la existencia, aquella bendita parte donde se apocalipta (revela) por la Jaris de la ascesis el Mismo Dios. Este corazón es la persona, porque persona es “el hombre escondido en el corazón, un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1Ped 3,4). Hasta entonces leía estos libros, ahora los vivía en realidad. Sentía esto que dice el abad Pambó “si tienes tu corazón te puedes sanar y salvar”, y esto que dice san Gregorio el Teólogo “el Dios se une con dioses y se conoce al corazón”, y el Apóstol Pablo “…quien ha resplandecido en nuestros corazones”. El corazón que es el altar de los altares “de la unión mística entre el Dios y el hombre”. Sentía el corazón como Templo en el cual funcionaba y oficiaba el verdadero Sacerdote de la divina Jaris increada. Paralelamente con el latido del corazón carnal se escuchaba otro latido más profundo y más rápido. Este latido iba en sintonía con la oración de Jesús. O más bien, el mismo corazón decía la oración. Toda esta situación conectaba con unas características.

Se desarrolló una comunión erótica (amorosa) con el Dios. Entonces entendía por qué los Padres llamaban a Dios eros. San Máximo dice: “…nuestro eros se ha crucificado” y san Ignacio el Teoforo: “El Dios es eros (amor) y amado”. Cada día me sentía rodeado de Dios. Esta agapi, en aquel tiempo me había vuelto loco. El Dios, se vivía como caritativo, misericordioso, como dulzura. Se encendió en el corazón la bendita llama que quemaba los pazos y creó una hidoni (placer, gozo) espiritual inenarrable.

Buscaba tranquilidad, silencio y serenidad exterior. Las pequeñas celdas, los agujeros de las rocas, el horizonte abierto de la naturaleza y los lugares oscuros me recibían como un invitado. Las noches salía en los desiertos del Monte Athos ¡mayéutica! ¡Bendición! ¡Borrachera espiritual! En la soledad y en la multitud, en el desierto y en los monasterios cenobios (de vida común) vivía la presencia de Dios, la divina protección. Entonces se desarrollaron los demás sentidos, los espirituales, el sentido del nus o noeró, el oído espiritual y la percepción o visión espiritual. Entonces el nus estaba concentrado en el fondo del corazón y escuchaba incansablemente la dulzura de la oración que se hacía allí dentro. Todo el mundo interior estaba unificado. Todo indicaba que había nacido un nuevo hombre, un mundo nuevo y una vida nueva. Un calor lo quemaba todo. Igual que los discípulos en el camino de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino…?” (Lc 24,32)  La sensación, sentimiento de estos discípulos fue también vivencia y experiencia mía. Sentía muy bien el logos de Cristo: “He venido a poner fuego en la tierra y qué digo ya está encendida”. A veces este calor y fuego se transformaban en profunda herida. Sentía que este calor renacía mi existencia, primero a mi psique y después se extendía en todo el cuerpo. El sentido y sensación que ahora había nacido en un otro mundo era continuo. Saltaba como un niño. Aún había veces que sentía también mi carne como de un niño que acababa de salir del vientre de su madre.

Esto creaba profunda paz de los loyismí. El nus limpiándose continuamente expulsó todos los elementos extranjeros que le cubrían como escamas. Se hacía ligero y siempre encontraba refugio al corazón. Allí permanecía y gozaba espiritualmente. Allí algunas veces escuchaba también la voz de Dios, que era conmovedora y creaba fuentes de lágrimas. El conocimiento con el Dios era personal. La gnosis increada de Dios es un hecho real.

Algunas veces estaba en profunda metania. El nus en Jaris entrando al corazón veía la oscuridad, la porquería de la psique y de toda la existencia se derramaban lágrimas ardientes. El corazón lloraba. Las lágrimas del corazón se derramaban sobre este y le limpiaban del pecado. Paralelamente se abrían también los ojos y se convertían en fuentes de lágrimas. A veces sólo lloraba el corazón y otras veces sólo el cuerpo. Lamento, llanto profundo por la revelación de ser un prodigo… Mucho llorar pero no con desesperanza. Estaba conectado con el sentimiento, sentido de la agapi de Dios.

En aquel tiempo todo era bello. La palabra bello no tiene relación con la estética, sino con la realidad ontológica. Todo de la creación me provocaba un goce inenarrable. Todo expresaba la agapi de Dios. La lectura de la Santa Escritura alimentaba el corazón. Las palabras no iban a la lógica, razón (a la mente) sino que se introducían al corazón y lo vivificaban. Igual que el niño pequeño toma la leche del pecho de su madre y se alimenta, lo mismo el corazón estaba alimentado por el logos de Dios. Se hacía una trasfusión de sangre. Los libros de los Padres los leía desde otro prisma. Textos conocidos entonces los veía de distinta manera. Estaba como si hubiese adquirido ojos nuevos y como si hubiese aprendido una lengua nueva. Me sentía pariente espiritual de los Padres.

Entonces los pazos no operaban, sentía mi renacimiento. Estaba tan borracho (espiritualmente) que no me interesaba nada en absoluto. En mi interior había un deseo que no me amen los hombres sino que me desprecien. Puesto que tenía la agapi de Dios no me interesaba nada más. Vivía una vida enamorada, vida de lágrimas… La única ocupación era yo y el Dios. Buscaba la soledad que era la comunión: “cara a Cara o persona a Persona”. Cuando me ponía mi Yérontas durante el oficio o la Divina Liturgia a psalmodear, yo simultáneamente escuchaba la voz interior de mi corazón a repetir la oración de Jesús que se había hecho mi deleite.

Este estado duró casi cuatro años. Día y noche decía la oración. Y cuando dormía mi corazón oraba. Lo escuchaba claramente tratar con el Dios.

El que quiera comprobar si existe el Dios, que lo pruebe; ¡encontrará un Dios vivo! La Jaris de Dios, a mí el desecho de todo el mundo, me hizo digno de adquirir una gota de la gnosis increada de Dios».

Bendigo y envidio mi amigo especial y le considero como la mayor beneficencia de Dios hacia mí. Escribiendo estas cosas me recuerdo los logos de los santos Padres sobre el divino eros, sobre todo los de san Crisóstomo y de san Basilio.

Este ambiente de pascua, de resurrección espiritual, lo viven muchos. (Leed a Archimandrita Sofronio: “El Yérontas Siluanós el Aghiorita, pág.33-34. Isaac el Sirio pg.192, 193. San Diádoco de Fótica, en la Filocalía. San Juan el Sinaíta: Climax logos 5 y 7. San Basilio el Magno, San Juan el Crisóstomo, San Gregorio el Teólogo, san Simeón el Nuevo Teólogo y muchos más. Actualmente también muchos sacerdotes, monjes y laicos.)

Levantamiento o abandono de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)    – Camino hacia el desierto

Para cada hombre el tiempo de permanencia de la primera venida de la Χάρις (jaris, gracia, energía increada) es distinto. Este estado no durará mucho. Esto depende de varios factores. De su celo, de la economía con Dios, de la forma de vivir, etc. Sobre todo después de cierto tiempo se retira.

En las obras de los Padres esta situación de abandono de la Χάρις (jaris) es muy conocida. Pero la terminología es distinta. Θεοεγκατάλειψις (zeoengatálipsis, abandono de Dios), privación, abandono de jaris, levantamiento, etc. De todos modos se trata de la misma cosa, pero se hace por varias razones.

San Máximo el Confesor habla sobre este abandono diciendo: “Cuatro modos o formas son los abandonos generales: 1) por economía, tal y como al Señor, para que con el abandono dado, los abandonados sean sanados y salvados. 2) como prueba, igual que a Job y José, para que después se conviertan en pilares de valentía el primero y el segundo de sofrosini (templanza y serenidad interior). 3) por instrucción paternal, tal y como en el Apóstol Pablo, para adquirir la sofrosini (templanza, prudencia) para vigilar y mantener la Jaris. 4) el abandono por detesto, tal y como a los Hebreos, para que infernándose, cedan y giren hacia la metania (introspección, arrepentimiento y confesión). Todas las maneras o formas son salvíficas y plenas de divina filantropía y bondad” (Filocalía, t.2 p.51).

Estos abandonos de la Jaris están en el plan de Dios para ayudarnos para la sanación, el progreso espiritual y la salvación. Cuanto mayor es la kénosis (vaciamiento, despojo) tanto más es al doxa (gloria, luz increada) que nos espera.

¿Pero qué es esta privación de la Χάρις (jaris)? ¿Es verdadero abandono? ¿Cómo es posible que el Dios abandone totalmente al hombre?

En este punto los Padres son muy expresivos: “Es cierto que no se trata de un objetivo de total abandono de la Jaris, sino que la psique vive subjetivamente e individualmente la disminución de la energía increada de la Jaris como abandono de Dios” (Sofronio de Essex).

La θεωρία (zeoría, contemplación, expectación) de Dios se reduce en distintos grados y esta reducción el hombre la vive como abandono de Dios.

San Diádoco de Fótica habla sobre la concesión instructiva y por repulsión. La primera es por causas que quiere Dios que son para nuestra instrucción, sanación y salvación, en cambio la segunda es por nuestros pecados. «86…Porque la concesión pedagógica de Dios no priva la psique de la divina luz (increada). Tal y como ya he dicho, sólo la jaris esconde frecuentemente su presencia al nus, para exponer de una manera la psique a la maldad de los demonios, de modo que ella pida con temor y mucha humildad la ayuda de Dios, mientras estará conociendo poco a poco la malicia del enemigo. Es lo mismo cuando la madre rechaza de sus brazos por algún tiempo a su niño que no es dócil a las normas de la lactancia para que, asustado por hombres rudos o por ciertas bestias que lo rodean, vuelva con un gran temor y lágrimas al seno materno. En cambio la concesión que se hace por la repulsión a Dios, entrega la psique que no quiere a Dios, prisionera a los demonios. Pero nosotros no somos hijos que el Dios ha repulsado, -y así que no sea- sino que creemos ser auténticos hijos de la jaris (increada) de Dios, que nos ha amamantado con pequeñas concesiones y frecuentes consolaciones, de manera que por la bondad de la jaris lleguemos hacernos hombres perfectos, con plenitud de madurez espiritual» (Filocalía t.1 v.86).

Lo mismo más o menos dice el mismo Santo Padre Místico en otro versículo: «87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea colmada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios. En el primer caso, debemos ofrecerle agradecimiento y confesión, porque pedagogiza, instruye nuestra opinión ignorante, retirando Su jaris (increada), para enseñarnos, como Padre bondadoso, la diferencia entre virtud y malicia. En el segundo caso, debemos ofrecerle una incesante confesión de nuestros pecados, con lágrimas sin tregua y más separación de los hombres, para que podamos, con el suplemento de nuestros esfuerzos, expiar a Dios de manera que mire y cuide como antes nuestros corazones. Pero, debemos conocer que el combate se hace con verdadero enfrentamiento entre la psique y el satanás, me refiero al caso de la concesión pedagógica, entonces como dije, la jaris (increada) se aparta, pero ayuda la psique sin que ella lo conozca, para mostrar a los enemigos de la psique que la victoria es solamente de ella» (Filocalía t.1 v.87).

Y en otro versículo recalca: Filocalía t1, v,69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente obra, energiza y opera a la psique que teologiza sus misterios de manera desconocida. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria. Debemos pues, por una parte entristecernos o afligirnos moderadamente, como abandonados, para que nos hagamos más humildes y seamos sometidos más a la doxa (gloria luz increada) del Señor; por otra parte, también regocijarnos como es debido tomando alas de la bondadosa esperanza. Tal y como el exceso de tristeza sumerge la psique a la desesperación y a la falta de fe, lo mismo también, el exceso de alegría y gozo lleva la psique al presumido engreimiento o arrogancia; hablo sobre aquellos que en cuestiones espirituales son niños; porque el término medio entre la iluminación y el abandono de la jaris es la experiencia, y entre la alegría y la tristeza, la esperanza. Dice la Escritura: “Con mucha paciencia esperé al Señor y Él puso Su cuidado y me atendió” (Sal 40,1), y “Cuando me embargan muchas tristezas dentro de mi corazón, tantos son Tus consuelos que colman con deleite mi psique” (Sal 93,19).

Con todo esto se ve claramente que, la Jaris no se aleja totalmente, sino que se esconde a sí misma para dar la facultad al hombre luchar contra el pecado y los pazos, buscando impetuosamente y ardientemente de nuevo la venida de ella. Esta lucha es fatigosa, dura y distinta para cada hombre. De todas formas, el hombre se encuentra muchos años en el desierto… Parece que camina al desierto espiritual, en tierra que no existe el soplo vivificador de la divina Jaris.

Cuál es el propósito del abandono de la Jaris, nos dice otra vez san Diádoco: 86…somos hijos auténticos de la jaris (increada) de Dios, que nos ha amamantado con pequeñas concesiones y frecuentes consolaciones, de manera que por la bondad de la jaris lleguemos hacernos hombres perfectos, con plenitud de madurez espiritual (Filocalía t1).

De esta manera dicen los Padres crecemos espiritualmente y de niños carnales llegamos a la edad de plenitud de Cristo, es decir, conseguimos la comunión, unión con Él y esta es la sanación y salvación del hombre.

Además, los hombres estamos llenos de pazos, por eso no podemos contener y mantener la Jaris increada de Dios. La Jaris nos indica el camino y después nos deja para “psicoterapiarnos”, sanarnos de modo que lleguemos a la Zéosis o glorificación. Muchas veces en nuestra vida espiritual sentimos que el cuerpo no puede seguir este camino de la psique hacia la Zéosis o glorificación.

“…El espíritu está dispuesto pero la carne es débil y enferma” (Mat 26,41).

Con esta instrucción de Dios, el cuerpo también adquiere una capacidad para seguir el camino de la psique…

San Nicodemo el Ayiorita hablando sobre el camino de los reyes Magos se refiere: “…Tal y como la estrella brillante que conducía y consolaba los Reyes Magos se escondió en el camino para probar la paciencia y fortaleza de ellos. Volviendo aparecer la misma se alegraron más que antes, “al volver a ver la estrella experimentaron una grandísima alegría” (Mt 2,10). De la misma manera también la Jaris de Dios acostumbra hacer a sus sirvientes y amigos tal y como dicen los Padres los llamados Nípticos: Igual que el niño cuando pierde su madre y la busca con llantos y lágrimas y enseguida que la ve aparecer por alguna parte corre con una alegría indescriptible, llorando y riendo se abraza a ella. Lo mismo pasa con la Jaris de Dios con el hombre”. (San Nicodemo el Ayiorita. “Ejercicios espirituales” pág 176).

San Diádoco de Fótica nos dice otra vez: “90- …Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi…”; y sobre la razón de la reducción de la jaris: 69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente energiza, obra y opera sus misterios a la psique que teologiza de manera desconocida. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria… (Filocalía t.1)

Este período es de asimilación de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) que ha probado el hombre con su primer contacto con ella. De esta asimilación nace la conciencia dogmática. Esta asimilación al asceta, practicante de este camino espiritual dura muchos años.

Basados en los datos de la historia de la Iglesia y nuestra comunicación con muchos ascetas, hemos llegado a la conclusión que la experiencia de la Χάρις (jaris) se asimila profundamente y toma la forma de la gnosis (conocimiento increado) espiritual a los que se hicieron dignos de grandes visitas, percepciones y visiones solamente después de muchos años de ejercicio. Esta gnosis exactamente queremos definir como “conciencia dogmática”.

La experiencia histórica de la Iglesia en la que tenemos incluidos los Santos Apóstoles y los grandes Padres nuevos y antiguos, nos da la capacidad de determinar el tiempo imprescindible para asimilación de la Jaris que es más de 15 años. Así la primera epístola de Apóstol Pablo (1ª Tes), se ha escrito 15 años después de la aparición de Cristo en él en el camino a Damasco. En muchos, el tiempo se prolonga en 20, 25, 30 y más años. Los Evangelistas y los demás Apóstoles escribieron sus testimonios y sus epístolas al paso de mucho tiempo de la Apocalipsis (Revelación) del Señor. Los Santos Padres nos informaron de sus visiones y vivencias generalmente al final de su camino ascético. Vemos en la vida de San Siluán el Athonita que pasaron más de treinta años antes para confesar su experiencia escrita con madura conciencia dogmática. Tan largo e interminable es el camino de asimilación de la Jaris que es energía y luz increadas.

La conciencia dogmática que tenemos en cuenta es escurrimiento de experiencia de la Χάρις (jaris gracia, energía increada) y no trabajo intelectual o escolástica de escuelas o academias. La expresión de la experiencia de los logos de los Santos no tiene el carácter de las obras escolásticas, sino que es auto-apocálipsis (auto-revelación) en la psique. El logos sobre el Dios y la vida en Él, progresa sin meditaciones dolorosas, simplemente nace desde el sobrante de la psique” (Archimandrita Sofronio pág.212-213).

Pero este período bendito no es tan fácil. El hombre pasa por fatigosos dolores y gran tristeza. Este lado lo recalcan los divinos Padres en sus obras, hablando por experiencia personal.

San Diadoco de Fótica: 87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para el perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea colmada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios… (Filocalía t1).

El dolor es grande. La psique que ha conocido a Dios y ahora ha perdido esta comunión. Antes de conocer a Dios todo era agradable. La vida humana con sus detalles y momentos felices le agradaban. Ahora todo esto no le agrada. Simultáneamente ha perdido también la Jaris de Dios y está desconsolada.  Cae en una angustia y desesperanza. Esto es el privilegio de la desesperanza. Llorar es el modo de vivir. La metania es interminable. La Jaris de Dios que secretamente (místicamente) se encuentra al corazón del hombre le hace no desesperarse. Así empieza la oración perseverante, el imparable gemido y la fuente inagotable de lágrimas. Clama constantemente a Dios. Su vida está regada con dolor.

San Simeón el Nuevo Teólogo describe en sus poemas describe muy bien esta experiencia… (Me es muy difícil traducir los poemas de este Santo, quizá en un futuro lo haga).

El archimandrita Sofronio hablando para los monjes/as aquellos que desde el principio de su vida monástica han conocido la Jaris de los perfectos, escribe: “Los ascetas que pertenecen a esta última clase sufren más que todos los demás, porque después de saborear la jaris increada, después de la zeoría (contemplación) de la luz increada, viven más profundamente lo contrario de antes que es la angustia, tristeza, la oscuridad del abandono de Dios y la perturbación de los pazos: sólo ellos conocen QUÉ han perdido. La vivencia de la energía increada jaris cambia al hombre entero y le hace incomparablemente sensible sobre cualquier fenómeno espiritual.

Esta última clase de hombres sufre más que los demás, porque la agapi de Cristo en el mundo actual se somete en “fuego de prueba que os ha sobrevenido” (1Ped 4,12). Porque la agapi de Cristo en este mundo ha de padecer (He 26,23).

El bienaventurado Yérontas Siluán pertenecía a esta última clase y así entendemos sus palabras: “Vosotros no podéis entender mi tristeza y angustia”, o “el que no ha conocido al Señor, éste no puede buscarle con llanto y clamor”.

Cuando describe el llanto y la tristeza inconsolable de Adán, después de su expulsión del Paraíso, esencialmente describe la tristeza y angustia de su psique por la jaris perdida. (San Siluan pag. 26-27).

Más expresivo es el siguiente fragmento del Archimandrita Sofronio de Essex: “La psique que ha conocido a Dios se ha elevado a la contemplación del mundo de la eterna luz increada y después perdió esta Jaris, se encuentra en tal estado que no lo puede imaginar aquel que no lo ha vivido personalmente. El martirio y la aflicción de una psique así son inexpresables, siente una angustia, ansiedad metafísica particular. Para el hombre que ha vivido la dulzura de la indescriptible agapi de Dios no hay nada en este mundo que le pueda encantar. De una manera la vida terrenal se convierte en una carga angustiosa y él llorando busca otra vez la vida que acarició. Su aflicción la pueden comprender algo el marido que pierde su amada esposa o la madre que pierde su único hijo y esto parcialmente. Porque la agapi de Dios con su fuerza y valor, con su incomparable belleza y su imposición, supera infinitamente cualquier otra agapi humana. San Juan el Clímaco dice para los que han perdido la Jaris que su tortura supera la de los que están condenados a muerte y su luto es luto de muertos.

La magnitud de la pérdida, el dolor y las aflicciones asociadas con este empuje conducen a luchas excepcionales. La psique luchadora llega hasta el agotamiento de sus fuerzas, sin embargo no consigue lo anhelado. La jaris sólo en algunos momentos y por poco testifica que se encuentra cerca y otra vez se va. El practicante sufre horriblemente por el abandono Divino. Su nus, a pesar de la hazaña del logro de la oración interior incesante, pierde su lucidez. Las noches los demonios intentan distraer al monje de la oración o por lo menos no dejarle orar claramente. Muchas cosas no parecen claras y la psique se hunde en una duda y busca persistentemente a Dios. En su alrededor sólo encuentra demonios descarados.

“…¿a Ti Señor hasta cuando… por qué me abandonas?” (pag 40-41).

Entonces podemos hablar del llanto, la pena del Adán en los límites de nuestra vida personal. Entonces podemos comprender la tristeza de Adán después de cometer el pecado. Así se sentía también el Yérontas Siluán. El abandono o privación de la Jaris, lo vivía igual que su mismo progenitor Adán. Por eso escribe dolorido y suplicante: «El Adán, el padre de la humanidad, conocía al Paraíso, la dulzura de la divina agapi (amor, energía increada). Así después de su expulsión del Paraíso a causa de su pecado, abandonado de la agapi de Dios, lloraba amargamente y se lamentaba con profundos suspiros. El desierto resonó por sus sollozos. Su psique se torturaba con el pensamiento: “he decepcionado a mi amado Dios”. No se arrepentía tanto por la belleza de Edén, cuanto por la pérdida de la divina agapi que atrae insaciablemente la psique hacia el Dios.

Lo mismo también cada psique que por el Espíritu Santo ha conocido a Dios y después ha perdido la jaris, comprueba el luto adánico. La psique cuando decepciona y falla al Señor se apena y se arrepiente intensamente.

Adán se lamentaba y torturaba en la tierra y la tierra no le daba alegría. Anhelaba a Dios y gritaba:

“Mi psique ansía y tiene sed al Señor y Le busco con lágrimas.

¿Cómo no buscarle?

Cuando estaba con Él, mi psique deleitaba pacíficamente y yo era inaccesible e intocable para los enemigos.

Pero ahora ha adquirido poder sobre mí el espíritu maligno que sacude y tortura mi psique. Por eso mi psique se funde para el Señor hasta la muerte. Mi espíritu se precipita hacia el Dios y nada terrenal me puede consolar; mi psique no encuentra consuelo en ninguna parte, pero anhela sedienta a verle y disfrutar de Él hasta saciarse.

No puedo olvidarle ni un momento y de mi gran dolor, gemido y lamento, digo: «Ελέησόν με, ο Θεός, το παραπεσόν Σου πλάσμα». “Dios mío ten misericordia de mí, Tu criatura decaída”.

Así se lamentaba Adán y ríos de lágrimas caían de su rostro a la tierra. Todo el desierto escuchaba con asombro sus gemidos. Animales y pájaros se callaban por la pena. Y Adán se lamentaba porque por su pecado fueron privados todos de la paz y la agapi…

Y yo he perdido la jaris y clamo junto con Adán:

“Señor, ten compasión, misericordia de mí, dame espíritu de humildad y agapi”

¡Oh agapi del Señor! Aquel que te conoce te busca incansablemente y cada día clama: “Te anhelo Señor, y con lágrimas te busco. ¿Cómo no te voy a buscar?

Tú me has dado el Espíritu Santo para conocerte y esta divina gnosis atrae incesantemente mi psique cerca de Ti”.

Adán con lamento clama:

No me agrada el silencio del desierto.

No me atraen las cimas de las montañas.

No descanso por la belleza de los bosques y los prados.

No alivia mi dolor el canto de los pájaros.

Ahora nada me proporciona alegría.

Mi psique está rota por la magnitud de la pena.

He ofendido a mi amado Dios.

Y si el Señor me volviera aceptar al paraíso allí también lloraría y me lamentaría: porque decepcioné y amargué a mí amado Dios”.

Adán al ser expulsado del Paraíso, emanaba fuentes de lágrimas de su corazón herido.

Lo mismo cada psique que ha conocido al Señor se lamenta y llora por Él y dice:

“¿Dónde estás Señor? ¿Por qué escondes Tu rostro?

Mucho tiempo hace que mi psique no ve Tu Luz (increada) y te busca desesperada.

¿Dónde está mi Señor? ¿Por qué no Le veo en mi psique? ¿Qué Le impide habitar en mi interior?

No existe en mi interior la humildad de Cristo y la agapi para los enemigos.

Porque el Dios es Agapi (amor increado) infinita e ininterpretable». (pg. 487-489)

Entonces el atleta (practicante) vive y experimenta la muerte existencial. Porque la verdadera muerte es separación del hombre de Dios. El Dios es vida y el alejamiento de la vida trae inevitablemente la muerte. En este período el practicante vive y experimenta la memoria de la muerte como carisma. Repetimos no se trata de desesperación como la humana, sino de una desesperanza por Dios. No se trata de un miedo humano, sino un temor a Dios por la Χάρις (jaris). Esto lo entendemos, porque en el segundo caso se desarrolla la inspiración y la oración! Realmente la memoria de la muerte, según los Padres, no es un recuerdo de la muerte, porque esto pueden tenerlo todos los hombres viendo lo perecedero y la corruptibilidad del mundo. También es esto, pero principalmente la memoria de la muerte es carisma.

Con el término “memoria a la muerte”, la escritura ascética de los Padres no da a entender la conciencia del hombre que está acostumbrada sobre su mortalidad; es decir, el simple pensamiento de que moriremos, sino un especial sentido y sentimiento espiritual que está inspirado de la Jaris. Con la memoria a la muerte empieza la concienciación y el presentimiento de lo reducida que es nuestra existencia terrenal. A veces muy flojo y otras muy fuerte, finalmente se convierte en un sentimiento profundo de la corruptibilidad, el desgaste y lo pasajero que es todo lo terrenal y de esta manera cambia el posicionamiento del hombre ante cualquier cosa del mundo. Para él lo que no permanece eterno pierde su valor y aparece el sentimiento de que todas las adquisiciones terrenales son vanas. La atención del nus (el espíritu y energía del corazón) sale del mundo exterior que le rodea y se enfoca y concentra en su interior, donde la psique afronta en su propia cara el inefable abismo de la oscuridad. Este espectáculo aterra la psique y nace la oración intensa que es constante día y noche. El tiempo pierde su dimensión – en principio no porque la psique haya visto la luz increada de la vida eterna, al contrario, porque el sentimiento de la muerte eterna lo ha devorado todo. Finalmente después de pasar por varios estadios o fases, la psique entra en la órbita de la energía increada Jaris, en la esfera de la Luz increada divina sin principio ni fin. Pero esto no es una trascendencia filosófica, sino la vida en sentido real y no tiene necesidad de pruebas ni de demostraciones dialécticas.

Para él, el Dios ha muerto. El practicante o asceta espiritual en este estadio percibe la muerte en sus entrañas, en su existencia entera. Igual que cuando siente la energía increada Jaris en su interior, vive una experiencia de felicidad y gracia (una resurrección espiritual) y todo exteriormente está resplandeciente, lo contrario ocurre con el sentido de la muerte que domina su existencia. Todo es inerte, sin vida. Nada le satisface. Ve a todos los hombres mortales. Por eso no busca, ni quiere poder sobre los mortales. ¿No es un espectáculo macabro ver a uno ser soberano de mortales y muertos y hacerse soberano de un cementerio?

Esta es la kénosis (vaciamiento, despojo) del hombre según el prototipo de Cristo. Los Santos por supuesto que pasan por este estado. Es un hades, una vivencia del infierno. Las llamas del infierno queman la disposición, el deseo, aún hasta este mismo cuerpo…

Un joven monje en una carta que ha mandado a su Padre espiritual, se expresa de la siguiente manera sobre este estadio que vivía: “…Como sabrá, había empezado a perder la oración.  Ahora la he perdido totalmente. Intento hacer la oración del corazón o de Jesús, pero me cansé y no tengo el calor ni el ánimo que tenía antes…

El que haya perdido la oración me aflige y me preocupa mucho. Me siento como un animal que come y duerme. Tengo una tristeza y angustia profunda. Me consuela algo lo “así lo quiere el Dios” y tengo paciencia. Pero esta paciencia tiene sus límites. Me duele mucho. Lloro continuamente día y noche. Más llora mi corazón. Me siento vacío. No puedo orar y me siento muerto. Nada de este mundo me satisface. A lado mío lo veo todo muerto. Los hombres que encuentro los veo todos como mortales, cadáveres andantes. Todo a mí alrededor me habla de la presencia y la agapi de Dios, pero también todo me habla sobre Su ausencia. No puedo entender por qué los hombres se ríen, disfrutan y se alegran. ¿Cómo pueden hacerlo? Los veo reír, cantar y bailar y yo lloro. ¡Porque veo que estas cosas las hacen hombres muertos y cadáveres andantes!

Tengo la impresión que el cansancio corporal proviene de esto. He perdido la oración, a Dios, la agapi. Estoy muerto, deprimido y dolido. Los que están a mí alrededor no entienden nada. Sobre todo me bendicen. Pero yo estoy amargado, lo he perdido todo. No se puede comparar la tristeza que tengo con la de la madre que ha perdido su hijo o su marido.

Casi tres años estaba bien. Todo era agradable. Festejaba la presencia de Dios. El día se hacía noche y viceversa. La alegría era inexpresable. Ahora soy el hombre más desgraciado del mundo. ¿Existe alguien que me puede entender? Sé con seguridad que el Dios existe. Existe el Dios pleno de agapi (amor, energía increada), pero yo no existo para Él. ¡Estoy muerto!

No sé qué hacer. Espero, tengo paciencia, intento llenar mis horas con algo que me dará descanso; pero todos son pseudo-fármacos y autoengaños. Todo falso, provisional.  Lo que antes me agradaba, ahora me aflige y me cansa. Estoy como si no fuera un hombre normal. Sí, no lo soy. No me parezco en nada a los demás. Por lo menos los otros tienen algunas cosas por las que se pueden alegrar. Yo no tengo ni puedo. Estoy como si fuera incapacitado para todo. Soy un animal que come, duerme, habla y vive con los hombres… pero no se alegra, no siente nada, se ha perdido la sensibilidad. Cada momento que pasa sin oración es un infierno. Siento las llamas que me rodean.

¿Yéronta, dónde está el error y la culpa? ¿Qué debo hacer? ¿Cómo vivir? ¿Cómo protegerme para no caer en la depresión y desesperanza tipo humana? ¿Hay terapia?

No sé qué preguntar más. Estoy perdido. Te escribo esta carta como un perdido, afligido, amargado y apenado pidiendo ayuda. Soy un hombre sin oración interior esto lo dice todo.

Mi corazón se ha secado. El Dios está lejos de mí, soy un cero…”

Es importante referirnos e intentar explicar este período de la vida espiritual, porque la pasan muchos pero no conocen qué es exactamente esta situación o estadio. Llegan hasta el último punto de la desesperación y depresión, ignoran el carácter de la vida espiritual y la instrucción de Dios. Así están perdidos, se deprimen y se desesperan. Hay casos que monjes abandonan hasta la vida monástica y vuelven al mundo, transgrediendo los juramentos y promesas que han hecho a Dios cuando fueron ordenados. Como también casos de fieles, laicos que abandonan la Iglesia y la fe ortodoxa. Algunos van a los psiquiatras para dar una interpretación a estas situaciones y otros se vuelven dementes.

A todos estos les decimos que esta situación o estado es normal, natural. Todos los que luchan “la buena lucha o combate” pasan por esta tentación. De esta manera adquieren experiencia espiritual. Por eso hace falta mucha paciencia, oración intensa y tenacidad. El Apóstol Pablo escribe: “Si soportáis la instrucción, el Dios os trata como hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no instruye o enseña? Pero si se os deja sin instrucción, de la que todos han sido participantes, entonces sois falsos, y no hijos” (Heb 12, 7-9).

Se debe de decir que la poca oración de este período corresponde en oración de muchísimas horas del período anterior. El hombre en este tiempo aprende a orar espiritualmente. Aprende muchas formas de oración noerá o del corazón. El nus del practicante o atleta espiritual por el gran dolor, con la gran metania se concentra al corazón. Llora.  El nus se lanza al corazón igual que el barco que hecha el angla al fondo del mar. Permanece allí y eso es la oración noerá o del corazón.

Cuando hayamos conocido que este estado es el natural, debemos de encontrar también la manera de afrontarlo. En esto consiste la enseñanza de los Santos Padres Ortodoxos.

San Diádoco de Fótica en la Filocalía t.1 nos dice al respecto: «87- La concesión pedagógica trae gran aflicción y humillación, y después una moderada desesperanza en la psique, para que la parte débil, vanagloriosa y ambiciosa de ella venga a la humildad. Pero inmediatamente trae temor a Dios y al corazón lágrimas de confesión y un gran deseo para perfecto silencio. En cambio la concesión, por repulsión a Dios, deja la psique que sea llenada de desesperanza, duda, increencia, ira, orgullo o soberbia. Debemos pues, con nuestra experiencia discernir el tipo de concesión y analógicamente comparecernos a Dios. En el primer caso, debemos ofrecerle agradecimiento y confesión, porque pedagogiza, instruye nuestra opinión ignorante, retirando Su jaris (increada), para enseñarnos como Padre bondadoso la diferencia entre virtud y malicia. En el segundo caso, debemos ofrecerle una incesante confesión de nuestros pecados, con lágrimas sin tregua y más separación de los hombres, para que podamos, con el suplemento de nuestros esfuerzos, expiar a Dios de manera que mire y cuide como antes nuestros corazones. Pero, debemos conocer que el combate se hace con verdadero enfrentamiento entre la psique y el satanás, me refiero al caso de la concesión pedagógica, entonces como dije, la jaris (increada) se aparta, pero ayuda la psique sin que ella lo conozca, para mostrar a los enemigos de la psique que la victoria es solamente de ella».

El mismo Padre dice que debemos afligirnos, apenarnos con buena disposición y equilibrio, y en este caso no atormentarnos:

69- La jaris al principio acostumbra a resplandecer con su luz (increada) en la psique con mucho sentido o sentimiento; pero progresando en las luchas, principalmente obra, energiza y opera a la psique que teologiza de manera desconocida sus misterios. En el primer caso energiza y opera así, para hacernos y ponernos alegres sobre el camino de las divinas contemplaciones (zeorías), ya que estamos llamados de la ignorancia a la gnosis (increada). Pero en medio de las luchas quiere proteger y dejar nuestra gnosis espiritual alejada de la vanagloria. Debemos pues, por una parte entristecernos o afligirnos moderadamente, como abandonados, para que nos hagamos más humildes y seamos sometidos más a la doxa-gloria (increada) del Señor; por otra parte, también regocijarnos como es debido tomando alas de la bondadosa esperanza. Tal como el exceso de tristeza sumerge la psique en la desesperación y en la falta de fe, lo mismo también, el exceso de alegría y gozo lleva la psique al presumido engreimiento o arrogancia; hablo sobre aquellos que en cuestiones espirituales son niños; porque el término medio entre la iluminación y el abandono de la jaris es la experiencia, y entre la alegría y la tristeza, la esperanza. Dice la Escritura: “Con mucha paciencia esperé al Señor y Él puso Su cuidado y me atendió” (Sal 40,1), y “Cuando me embargan muchas tristezas dentro de mi corazón, tantos son Tus consuelos que colman con deleite mi psique” (Sal 93,19)».

…Es muy característico lo que dice san Nicodemo el Aghiorita refiriéndose a la estrella que han perdido los reyes magos yendo hacia el Cristo: «¿Pero, tú, hermano, cuántas veces te has amilanado y dudado, cuando ha faltado de ti el padre celeste que te estaba conduciendo; cuántas veces has gemido y quisiste volver hacia atrás, o sea, dejar el camino de la virtud que decidiste caminar y regresar otra vez al camino anterior del pecado, cuando la jaris (gracia, energía increada) de Dios se retiró de ti momentáneamente y te dejó probar alguna pequeña tentación o amargura del corazón u oscurecimiento del nus? Por ello, yo a razón de esta duda y amilanamiento tuyo he reducido que tú en este estado de virtud aún eres un niño y por eso siempre quieres comer leche, es decir, sentir la dulzura de la jaris, y al ser privado un poco de ella enseguida te conviertes en desesperanzado, estás perdido y te desesperas gritando tu también como Pedro cuando peligraba hundirse a la mar: “Señor sálvame” (Mt 14,30)».

Pero yo también te respondo, igual que entonces Jesús Cristo respondió a Pedro: “hombre de poca fe, ¿por qué has dudado y asustado?”. ¡Y qué admirable es seguir a Jesús Cristo cuando va hacia al monte Tabor para metamorfosearse! Es decir, ¡qué admirable es si ejercitas la virtud, aplicas y cumples los logos, mandamientos del Señor, cuando la jaris, la luz increada de Dios ilumina tu nus con los divinos resplandores!

¡Qué gran cosa es si muestras la paciencia y la valentía cuando la jaris de Dios endulza tu corazón con su calor natural, con su dulce recogimiento y con sus alumbrantes conceptos! Lo admirable es seguir a Cristo cuando va a la montaña de Gólgota para crucificarse, es decir, lo admirable es cuando te ejercitas a la virtud, no decaigas de ella cuando vengan las angustias, las aflicciones y las tentaciones, puesto que ellas son las sequedad, la dureza del corazón y la privación de recogimiento. La gran valentía entonces se pone a prueba, cuando la jaris increada de Dios te prive su dulzura y tú no te desanimas ni dudas de la fe para nada.

Metania o metanoízate es decir, cambia de parecer, confiésate y arrepiéntete, y hazte humilde, humíllate hasta el suelo, porque en las tentaciones que has encontrado al camino para la virtud no fuiste valiente sino asustado, desanimado, dudando de la fe y desesperado cuando para probarte se retiró por un poquito de ti la jaris de Dios. Agradezca al Señor que otra vez con Su jaris increada te ha visitado y no te dejó perderte totalmente, psalmodeando con David: “Si el Señor no me ayudara, pronto mi psique estaría al hades” (Sal 93,17). Y ruégale que te vuelva a dar las primeras dulzuras y alegrías de Su jaris; igual que le rogaba el mismo David. Haz también actos visibles como por ejemplo, abrazar la Cruz del Señor o Su icona-imagen, sobre todo sin haber nadie que te vea, clama y di tu también aquellas palabras de Job: Señor no te dejaré y no me voy de aquí hasta que me bendigas y calientas mi psique con recogimiento y con tu divina energía increada jaris, “no te dejaré, si no me bendices (Gen 32,26).

Dile también las palabras de la mujer Cananea: «Sí Señor, los perros también comen las migajas que caen de las mesas de sus amos» es decir, Señor dame un poco de aquellas jaris y consuelos que das a tus hijos espirituales y amigos, y pídele antes de que decida darte tentaciones, te fortalezca con Su energía increada Jaris ; tal y como dice san Isaac el Sirio para que puedas con su fuerza soportarlas felizmente” (San Nicodemo el Aghiorita: “Ejercicios espirituales” pg 176-177 y 178)».

La enseñanza patrística aconseja paciencia, oración, mas obediencia y referencia a los maestros que conocen por experiencia estas situaciones realmente benditas. Naturalmente, hacen falta hombres que han pasado estos estadios. Ellos son los verdaderos y correctos pnevmáticos (guías espirituales) que pueden conducir el pueblo de Dios. Este gran valor tienen los monjes en la vida contemporánea. Ellos dan alivio descanso (espiritual), inspiran, conducen y serenan al hombre.

San Diádoco de Fótica junto con todas las cosas espirituales que nos ha dicho y las hemos puesto en nuestro pensamiento, recalca que es imposible para nosotros adquirir la perfección de la divina Jaris. Por eso la psique se duele, y por eso la hace falta luchar de modo que poco a poco reciba la Jaris (gracia) que es la increada energía:

90- Al principio del período espiritual, si amamos con ardor la virtud de Dios, el Espíritu Santo da en la psique saborear la dulzura de Dios con mucho αίσθηση sentido, sentimiento y con cada información interior el nus puede con conocimiento exacto entender el premio perfecto de sus esfuerzos que realiza para Dios. Pero en adelante esconde este regalo precioso y vivificante, de modo que aunque trabajemos todas las demás virtudes, consideremos que no somos nada, por la razón de que no tenemos aún el hábito de la divina agapi. Entonces, principalmente el demonio del odio molesta las psiques de los luchadores, de tal manera que despierten odio contra aquellos que los aman, la energía destructora del odio trae hasta traición. Por eso la psique sufre más, por una parte, por el recuerdo de la agapi espiritual, y por otra, sin poder adquirirla con αίσθηση sentido, sentimiento, por estar privada de los esfuerzos ascéticos más perfectos. Es necesario, pues, que esforzándonos a nosotros mismos, trabajemos la perfecta agapi (amor, energía increada) para que lleguemos a saborearla con cada αίσθηση sentido, sentimiento e información interior. Porque la perfección de la agapi nadie puede conseguirla mientras se encuentra dentro del cuerpo, excepto los santos que llegaron hasta el martirio y la perfecta confesión de la fe. Porque aquel que ha llegado hasta el martirio, es transformado completamente y no tiene el apetito de comida con facilidad; porque, aquel que es alimentado de la divina agapi (amor energía increada), ¿qué más deseará de este mundo? Por eso el sabio Pablo, lleno de gnosis espiritual, de su propia experiencia nos anuncia el futuro disfrute de los justos: “La realeza de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz, gozo y alegría que da el Espíritu Santo” (Rom 14,17); siendo todo esto fruto de la perfecta agapi. Así que, aquellos que progresan a la perfección pueden saborear desde aquí abajo continuamente la perfecta agapi. Totalmente perfecta nadie la puede adquirir, excepto cuando lo mortal sea absorbido por la vida (2ªCor 5,4).

Cerrando este capítulo como una sinopsis podemos escribir el logos del Archimandrita Safronio: «Pero por grande que sea el primer regalo de la Divina Jaris, si no se asimila, es posible que el hombre pase por una sacudida y caiga. Un buen ejemplo tenemos a la persona del Apóstol Pedro. Encima del monte Tabor se encuentra en una bienaventurada incertidumbre. Después al tiempo del Padecimiento de Cristo Le niega. Pero cuando pasó el tiempo nos recuerda en su epístola la visión en el monte Tabor (2ªPed 1,16) como un testimonio para la verdad.

La asimilación de la Jaris (gracia) la energía increada no es para todos la misma. El camino normal de esta asimilación en líneas generales es el siguiente: La primera experiencia de visita divina toca profundamente al hombre y le arrastra totalmente hacia la vida interior, la oración y la lucha contra los pazos. Es un período de ricos sentimientos del corazón y lleno de fuertes vivencias y experiencias que atraen al nus entero a participar en ellas. El siguiente período es de privación o abandono de la Jaris, que hunde al hombre en gran aflicción y búsqueda embarazosa de las causas de esta perdida y el camino de vuelta a la donación de Dios. Sólo cuando pasan muchos años con intercambio de situaciones y etapas que generalmente se acompañan de la lectura de la Santa Escritura y las obras de los Padres de la Iglesia, conversaciones con Yérontas-guías espirituales y otros obreros de la piedad y después de largos años de guerra contra los pazos, el hombre descubre la luz de la gnosis (conocimiento increado por experiencia) de los caminos del Espíritu que viene secretamente (místicamente) y no por observación, “la venida de la realeza increada de Dios no viene por observación” (Lc 17, 20) ».

Esto es la conciencia dogmática, tal y como la hemos revelado, la vida profunda del espíritu y no una gnosis abstracta” (Sofronio Sajarof: “Contemplamos a Dios tal y como es”, pág.215-216).

 

La nueva venida de la Χάρις (jaris gracia, energía increada)

Después de la lucha por varios años viene de nuevo la Χάρις (jaris) al hombre y le llena de alegría interior. San Simeón el Nuevo Teólogo es el portador de esta tradición y experiencia. Nos dice que el que ha pasado este estado se convierte en “en un libro de inspiración divina para los demás”… En este estado el hombre se constituye en teólogo (o profeta) o más bien fuente de teología. Entonces la teología emana de toda su existencia…

Un respetado monje Aghiorita que pasó estos estadios me describió la nueva venida de la Jaris y lo que ofrece al hombre. “Por la Jaris de Dios pasé y superé este desierto de la vida espiritual. Entonces el Dios para mi parecía como si no existiera. Ahora las cosas son distintas, el Cristo con Su fuerza me ha sacado del hades que me encontraba. Y el mismo hades es un lugar donde no se introducen los rayos de la Increada Jaris o mejor dicho se vive como fuego. El hades de mi vida personal con la venida de la Jaris se ha convertido en todo iluminado. Igual que entonces el Cristo con Su bajada al Hades liberó los justos del Antiguo Testamento, lo mismo ahora el Mismo me arrastró de mi necrosis. El fuego del invierno y de la desesperación que antes me sobre-quemaba, ahora se ha convertido el luz increada de vida eterna y gnosis increada de Dios. Ahora percibo y entiendo muy bien la diferencia de la gnosis (conocimiento) cerebral o intelectual creada y la gnosis increada de Dios por experiencia vivida. La gnosis de Dios se ofrece a través de la iluminación (la oración noerá o del corazón) y la zeoría (contemplación) de Dios.

Entonces las aperturas eran grandes. Ahora vino un equilibrio interior. No dominan los grandes cambios que conmocionan la existencia. Ahora hay un equilibrio espiritual, estabilidad y verdad. Porque la verdad es la inexistencia del olvido, por consiguiente la existencia de la estabilidad.

Esta nueva venida de la Jaris tiene grandes consecuencias. Me ha inundado una profunda serenidad que no se perturba por nada. Esta serenidad y paz interior no son afectadas por nada exterior. Todas las vivencias psíquicas se han convertido en experiencias espirituales. Los sentimientos son muy profundos. La Jaris increada de Dios se ha unido con mi naturaleza y la ha transformado en luz.

Antiguamente vivía intensos cambios y perturbaciones. Unas veces fuego y otras veces luz. Unas veces en alturas espirituales y otras veces al fondo del infierno.

Todo que viví anteriormente con la primera venida de la Jaris por un corto espacio de tiempo ahora lo vivo establemente y permanentemente.

El corazón ha conocido su apacia (sin pazos). Ha llegado a la iluminación que no es la gnosis de los arquetipos, sino la oración interior del corazón o noerá. Esto se hace incesantemente, el corazón habla y escucha. Adquirió los sentidos noerós (espirituales) y con ellos percibe, olfatea, escucha, ve y palpa a Dios. La catarsis del corazón no la veo sólo como una liberación de los pazos y los movimientos contranaturales, sino también como concentración y recogimiento de todas las fuerzas de la psique. Me he liberado de esta persona (careto) especial que se desarrolla por los engaños terrenales. Está claro que el centro de todas las fuerzas se ha convertido el Dios, el Cual ya no es un valor, ni alguien que habita en los Cielos sino en mi vida. No siento ningún otro que pueda compararse con Él. Él lo es todo.

Mi existencia se ha “psicoterapiado”, sanado. La lucha con Dios dejó de existir. Ahora no existen preguntas agónicas ni incertidumbre sobre Sus energías increadas. La psique conoce bien a Dios. Le siente como médico. El corazón continuamente habla y ora. Dice la oración noerá o del corazón imparablemente. Muchas veces basta con la repetición de la palabra Jesús y se deleita y goza. Palpa a Dios. Es cierto que me siento como el mayor pecador. No existe pecado que no he cometido, sea con el loyismós-pensamiento, sea con el deseo o acción. Pero siento a la vez como si fuera un otro que ha pecado de esta manera. Es decir, como si existiera un otro cuerpo que haya pecado. Así que la metania (confesión, introspección y arrepentimiento) a pesar de que existe ha cambiado de carácter.

El cuerpo también se ha metamorfoseado y puede aguantar la nueva vida. Todo testifica la existencia de Dios.

Generalmente en este tiempo siento profunda paz, serenidad y equilibrio espiritual. He adquirido otro sentido de las cosas y veo con otros ojos toda la creación y los hombres.

El Cristo se ha hecho mi vida, mi alegría, mi paz y mi gozo. Incesantemente Le alabo. No encuentro palabras para agradecerle.

Vivo continuamente rezando “psique-alma mía bendiga al Señor y todos mis interiores Su Santo Nombre”.

Cada día resuenan fuertemente en el corazón los logos de San Juan el Crisóstomo (boca de oro): “Cristo ha resucitado y los demonios han caído. Cristo ha resucitado y los ángeles se alegran. Cristo ha resucitado y en la tumba no existe ningún muerto. Cristo ha resucitado y la vida se gobierna. Cristo levantándose de los muertos, se hizo el principio de los que han dormido (muerto). En Él pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos amén”.

En este estado el hombre se constituye en teólogo (o profeta) o más bien fuente de teología. Entonces la teología emana de toda su existencia.

San Juan el Clímaco, logos 30, escribe: «12. El aumento del temor a Dios es el principio de la agapi. Y el final de la sanación y pureza es condición de teología. Aquel que ha unido totalmente sus sentidos (espirituales) con Dios es instruido a la teología por el mismo Dios, al contrario si no lo ha hecho, para este es peligroso y difícil teologar. 13. El Logos de Dios Padre consustanciado en aquel que habitará, le regalará perfecta catarsis, sanación, limpieza y pureza, mortificando la muerte. Es decir, transformar los pazos que mortifican la psique. Si el hombre no se convierte en recipiente santificado por la increada Jaris no puede ser teólogo. En vez de teología tenemos “tiología” logos del caído hombre mortal, en el cual por el pecado nace el escándalo de una teología que en vez de ser vida es portadora de la muerte (espiritual). 14. La pureza hizo teólogo destacado al discípulo (San Juan), quien con ella se hizo digno para predicar y sostener los dogmas de la Santa Trinidad».

… Sí, el hombre no pasa por estos estadios, según el logos de San Macario sobre estos pensamientos que nos hemos referido al principio, no puede considerarse Cristiano. Entonces “se hace Cristiano”. Mucho más, uno no se puede considerar Padre Guía Espiritual, si no ha conocido las venidas, las escondidas o abandonos y las nuevas llegadas de la Jaris, la energía increada divina. Porque entonces tendrá experiencia espiritual truncada (mutilada). Ciertamente es posible que el hombre se vaya de este mundo estando realmente al desierto de la vida espiritual, es decir, en este período de privación de la Jaris. Esto pasa en la mayoría de los Cristianos. A pesar de esto, si tiene paciencia y dispone de persistencia, él también entrará en la Realeza increada de Dios, tal y como se hizo con Moisés. No entró en la tierra prometida pero es el Gran Moisés que tiene tanta gloria, puesto que apareció durante la Metamorfosis de Cristo.

Debemos de rogar a Dios que abra el camino de Su gnosis a pesar de tener que pasar por tantas aflicciones y angustias espirituales. A la vez debemos de suplicarle que no nos abandone totalmente sino que en estos difíciles momentos nos proporciones alivio y consolación de manera que podamos aguantar el peso de las aflicciones.

El camino hacia la Realeza increada de Dios pasa por caminos misteriosos. La instrucción es incomprensible por la lógica o razón de la mente humana o del intelecto y los criterios de este mundo, pero es el único método seguro para la comunión, conexión y unión divina.

Me gustaría terminar estos pocos pensamientos sobre este gran misterio copiando enteramente el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos que resume todo lo que hemos dicho hasta ahora y nos da consejos y conductas. (Emplazamos al lector que la lea).

Ierózeos Vlajos

 

“Hisijía y Teología ortodoxa” del Metropolita Ierózeos Vlajos:

Cap. 1. “ Nipsis e hisijía”

Hablando sobre la νήψις (nipsis, sobriedad) ortodoxa entendemos la rápida atención y vigilancia del hombre para mantener su nus y corazón limpios, sanos y sobrios de los loyismí (pensamientos compuestos o simples) e imágenes que mortifican su libertad interior y lucidez y le apartan de la comunión con Dios y Su conocimiento.

Esta nipsis es calificada por los Padres como divina, ἠσυχία (hisijía, paz y serenidad interior). Es obvio que la hisijía es toda lucha ascética del hombre por la catarsis (sanación, purificación) del corazón, la nipsis y la oración interior. Así pues, por hisijía entendemos principalmente aquel método que utilizaron todos los deificados o glorificados para unirse con Dios y superar la muerte, que es uno de los problemas mayores del hombre tanto existencialmente como biológicamente.

Ἠσυχασμός (Hisijasmós): Para los santos Padres la catarsis (sanación, purgación) es la eliminación de todos los loyismí del corazón y la permanencia de ellos en la lógica o la mente y la iluminación es la clarificación del nus por la energía increada Χάρις (jaris, gracia) de Dios. Se llama hisijasmós el método de catarsis e iluminación del corazón y del nus, y el modo por el cual se apocalipta (revela) el lugar del corazón (espiritual o psicosomático) que es el núcleo de la existencia del hombre. Éste es el único método por el cual el hombre renace espiritualmente. Utilizando este sistema uno puede ayudarse también para vivir la vida de los Misterios de la Iglesia. De otra manera los Misterios operarían infernalmente.

Entonces resulta claro que el método de terapia “psicoterapia” de nuestra Iglesia es la energización, es decir, la activación de la noerá energía (espiritual humana) del corazón de modo que ésta se mueva paralelamente a la energía lógica, racional de la mente o intelecto, cosa que constituye la base para el desarrollo posterior del hombre hacia la zéosis. El que ignora este método, no puede conocer que significa ser Cristiano Ortodoxo, ni tampoco la obra de la humanización de Cristo ni la finalidad de la Iglesia.

Por lo tanto, este método está contenido en dos palabras: “hisijía” y “teología”. La hisijía es el sistema o método de catarsis e iluminación del hombre y la teología es la gnosis increada (conocimiento increado) de Dios, por la que el ser humano llega a la finalidad de su creación y puede sanar y conducir a otros a la zéosis o glorificación o perfeccionamiento.

Ierózeos Vlajos

Copyright: www.pelagia.org/ Santo Monasterio del Nacimiento de la Zeotocos

Traductor: xX.jJ

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