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sep 01 2013

Reflexiones sobre la lectura evangélica del Domingo de Indicción

«Πάντες εμαρτύρουν αυτώ και εθαύμαζον επί τοις λόγοις της χάριτος τοις εκπορευομένοις εκ του στόματος αυτού
«Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de χάρις jaris-gracia que salían de su boca (Lc 4, 15-22). »

 

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Χάρις τού Ζεοῦ (jaris tu Zeú) Gracia de Dios ” (Jn. 1.14,16,17) es energía divina increada, innata e inherente riqueza de la Deidad. Especialmente en el campo de la redención, la Jaris es en particular el don de Dios, que se derramó del sacrificio de la Cruz de Cristo, y funcionando dentro en la Iglesia, envuelve al hombre débil y pecador, lo santifica cuando colabora libre y voluntariamente y le hace conseguir la zéosis. De la palabra Jaris viene c-jarísma, don, que es regalo de Dios en todos los hombres sin excepción alguna. No se puede exigir como “recompensa” por obras buenas. Pero se atrae especialmente con la ταπεινοφροσύνη (tapinofrosini, moral, actitud sensata y humilde interior), por la metania y el corazón quebrantado (cf.1P 5. 5). La divina Jaris se da con los santos Misterios ortodoxos de nuestra Iglesia. Esencia y energía están relacionadas; no hay esencia sin energía ni energía sin esencia. San Gregorio Palamás nos dice apofáticamente “No de la esencia conocemos a Dios sino de Sus energías y de increada esencia tenemos increada energía y de la creada esencia creada energía”. Los heterodoxos aceptando la jaris como creada, están muy confundidos y oscurecidos sobre éste tema.

 Desde hoy, 1 de septiembre, queridos hermanos, se inicia el año eclesiástico, es decir, el orden eclesiástico. Por eso también en nuestra Iglesia durante la Divina Liturgia se lee la parte aquella del Santo Evangelio, en la que se refiere en resumen sobre la obra sanadora y salvadora para el género humano del Salvador Cristo; y que esta empezó desde el día que vino en la tierra y durará hasta Su Segunda Parusía (Presencia). Todo este período se califica por el Profeta Isaías “como el año nuevo del Señor” (Is 61,2). Es decir, se califica como un nuevo, grande y largo año eterno que se manifiesta la caridad de Dios plena, perfecta e inseparable hacia los hombres pecadores y se ofrece la Divina Χάρις (jaris, gracia energía increada) de Dios para metania (introspección, arrepentimiento y confesión), sanación y salvación.

 Así el nuevo año que se inicia desde hoy es para cada uno de nosotros año de remisión y oferta para nuestra sanación y salvación psíquica, de parte del Caritativo Dios, con la condición por supuesto que de parte nuestra este año se convertirá en año de metania y retorno. «Todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de jaris-gracia que salían de su boca (Lc 4, 22). Aprovechando la ocasión, vamos a ver nosotros también hoy a quiénes se regala la Divina Jaris (gracia, energía increada) y qué regala a cada uno de nosotros.

Esta magnífica Divina Jaris, como energía increada apareció y se manifestó al mundo mediante el Hijo Unigénito de Dios, que aceptó el sacrificio en la cruz por nosotros. Con este sacrificio Suyo el Señor fundó sobre la tierra la Iglesia, con sus Misterios Divinos para que continúe Su obra por los siglos. La Jaris de Dios se regala a los que creen en Jesús Cristo. Por eso para que uno reciba la Divina Jaris increada, primeramente debe tener fe al Señor Jesús Crucificado. Pero esta fe no debe ser intelectual, mental, imaginaria y teórica sino de corazón y viva. La fe, que mediante los Sagrados Misterios de nuestra Iglesia, crea una relación personal y un lazo esencial con el Salvador Señor. Por lo tanto no es casualidad el hecho que durante el bautismo y nuestra incorporación en el seno de la Iglesia, primero se pide que seamos alineados con el Cristo y que creamos en Él. Sólo entonces nos convertimos en miembros de nuestra Iglesia Ortodoxa y tenemos derecho a participar al tesoro dado por Dios, que sólo ella es dueña y lo administra. Este tesoro se llama Divina Jaris (gracia energía increada).

Por supuesto que la primera condición fundamental es la fe. Pero la fe por sí sola no basta. El hombre necesita tener también la moral humilde, que con ella se acerca a la fuente de la Divina Jaris increada. Donde hay orgullo, egoísmo y moral altanera es imposible que fluya y se manifieste la Divina Jaris. El egoísmo, como una barrera intercepta y bloquea la Jaris de Dios a descender de los cielos e inundar nuestra existencia. La moral humilde verdadera y profunda es el conducto necesario mediante el cual se canaliza sin obstáculos en la psique el agua salvífico de la Divina Jaris increada. Por muy grandes que seamos no dejaremos de ser lo que somos, es decir, hombres con debilidades y enfermedades que tenemos necesidad de ayuda y apoyo.

Todos sin excepción tenemos necesidad urgente de tomar fuerzas de Jaris increada de Cristo Dios, la que nos trae en la psique el Espíritu Santo, porque todos somos hombres débiles. La fuerza que tenemos está enferma. Puede ser que creamos que somos potentes y que disponemos de muchas fuerzas de manera que podamos arreglárnoslas a solas en muestra lucha espiritual. Pero la verdad es totalmente distinta. Los hombres nos parecemos como un junco movido por el viento, (Mt 11,7). Muchas veces una pequeña tentación nos tira al suelo inmediatamente. Otras veces tenemos dificultades para sobreponernos a las declinaciones y malos hábitos de nuestra psique. Y otras veces nos arrastra tan fácilmente el mundo del pecado que no podemos resistirle. Además, en las grandes tentaciones no aguantamos casi nada.

Es verdad que la Divina Jaris increada nos dona regalos altísimos y salvíficos. Nos regala el perdón, remisión de los pecados, quema los pinchos de esos y sana, limpia nuestra existencia de toda mancha de la carne y del espíritu. Da contenido nuevo y esencial en nuestras reflexiones y nuestros deseos. Nos dirige hacia lo espiritual y eterno, y nos desapega de las cosas y temas temporales, corruptas, degenerativas y materiales. Regala disposición y ganas para la oración, audiencia y estudio del logos de Dios. Nos hace vivir, no para comer, sino vivir como personas con destino altísimo y sagrado. Nos estimula a la lucha contra el pecado y nos protege de los ataques del astuto maligno. El que todo esto no es teoría se ve claramente de la multitud de ejemplos humanos que desde el momento que los ha visitado la Divina Jaris increada se convirtieron totalmente distintos que antes, verdaderos santos.

Junto con el regalo de la divinización o santificación, la Divina Jaris (gracia, energía increada) abre ante nosotros la puerta del paraíso. Del Paraíso del cielo que es incomparablemente superior del Paraíso de Edén, al que hemos perdido por la transgresión de los primeros en ser creados. Si el Cristo no extendiese Su santísima mano para atraernos cerca de Él sería totalmente imposible para uno entrar al Paraíso. La sanación, salvación del pecado y la herencia de la bienaventuranza de los cielos no es una hazaña nuestra. Es un regalo del cielo que nos han ofrecido las manos agujereadas del Crucificado Jesús. La salvífica Jaris increada del Crucificado que hizo al ladrón primer ciudadano del Paraíso, ella es la que conduce desde entonces continuamente cada hombre convertido y arrepentido al puerto sereno de la Realeza increada de los Celos.

¡Hermanos míos! Nuestro mundo hoy está pasando días difíciles. Todas las señales son decepcionantes. La indiferencia espiritual, la inmoralidad, la cuesta abajo, el desastre y la disolución. Imitemos al apóstol Pablo que dice: “con la Jaris de Dios soy lo que soy”, es decir, que su fuerza no es debida al sí mismo sino a la Jaris increada de Dios (Cor 1,10), que le ha fortalecido a permanecer estable ante las dificultades y vencer al maligno y sus maquinaciones. Sería una insensatez decir que en nuestras luchas espirituales podemos vencer solos sin la Jaris (gracia, energía increada) de Cristo Dios y sobre todo contra los enemigos de nuestra fe. Por eso, todos nosotros sin excepción debemos entender cuanto débiles somos y cuanta necesidad tenemos de la increada Jaris de Χριστός Jristós (Cristo) para lograr llegar al cielo y ganar la Realeza increada de Dios. Cuando esto se haya convertido en nuestra conducta moral e imploramos continuamente la increada Jaris  de Dios, no habrá ninguna duda de que venceremos y también nosotros nos haremos partícipes de la celeste Realeza increada de Dios. Así sea, amín.

†Abad Dionisios, del Monasterio Jrisiroitisa  Metrópolis de Pafos Chipre

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

 

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